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  • Ana, mi cumpleaños, papá y yo

    Ana, mi cumpleaños, papá y yo

    «Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria. A establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis. Soy una neurótica, en el sentido de que vivo en mi mundo. No me adaptaré de mi mundo. Me adapto a mí misma.» Anaïs Nin (escritora francesa).

    Me gustan tanto los hombres como las mujeres, no me defino con ninguna calificación, ni heterosexual ni bisexual ni lesbiana, soy lo que soy en el momento que lo quiero ser.

    Hoy me levante feliz, es mi cumpleaños número 28, mi pareja Ana de 27, una bella rubia de ojos color del tiempo y un físico que no opaca al de nadie, pero que a mí me encanta, me preparó un desayuno al mejor estilo de hotel internacional.

    – Ya despertaste amor, feliz cumpleaños, espero hacerte pasar tu día como el mejor que hayas tenido hasta hoy, te he preparado varias sorpresas para festejarlo.

    – Buen día Ana, gracias mi vida, te amo.

    – Yo me siento amada por vos.

    Después del desayuno, parto para el trabajo, una librería hermosa que está ubicada en una buena zona de la ciudad con mucho movimiento de gente, hoy por suerte, no hubo tanto pudiendo responder todos los mensajes de felicitación recibidos. Como trabajo doble jornada salgo a las 20 horas y encaminándome a casa dispuesta a disfrutar el viernes como si fuera el último, aprovechando que los fines de semana no tengo que ir a la librería.

    Reconozco que estaba intrigada por las sorpresas que me tenía preparadas Ana, así como es callada y reservada, puede llegar a sorprender a cualquiera con sus “creaciones”.

    – Buenas tardes mi amor, como fue tu día, espero no vengas muy cansada, sin mirar ni preguntar pasa al baño ya tenés todo preparado, date una ducha que para cuando salgas esta la cena servida.

    No me dejo ni respirar, voy hacia el baño sumergiéndome en la bañera con el agua calentita, las sales para baño que había puesto le daba un aroma espectacular. Luego la inmersión relajante me seco disponiéndome a vestir. Lo que veo me llama la atención, la ropa preparada era totalmente sexi, lencería color rojo compuesta por un corpiño de encaje transparente que poseía como una ventanita que al soltarla dejaba expuestos los pezones y una tanga tipo hilo dental que se introducía entre mis glúteos, por la parte delantera, un triángulo de tela transparente que poseía una abertura justo donde debería cubrir los labios vaginales, un bodi transparente, con las mismas “prestaciones”, a esta altura mi vagina estaba muy mojada y palpitaba a full deseosa de lo que vendría.

    Encuentro debajo de toda la ropa, una caja cerrada y una nota que solo decía en mayúsculas y con color también rojo, PROHIBIDO TOCARSE, y más pequeño, abrir la caja y seguir las instrucciones.

    Ansiosa abro la caja que contiene un aparatito con una pera de silicona y una prolongación como si fuera una antena que finalizaba con una bolita.

    INSTRUCCIONES: en el fondo de la caja encontraras un frasco pequeño, en su interior posee un gel lubricante, tómalo y pon a la pera grande del artefacto, si te pusiste la tanga, afuera con ella; una vez lubricado introducir la pera en la vagina, si ya lo hiciste, otra vez colocarse la tanga, teniendo la precaución que la bolita pequeña quede en contacto con el clítoris. Ahora el bodi, los zapatos y a cenar.

    Me coloque un perfume que también había preparado, disponiéndome a salir del baño, el aparato era un poco molesto, pero me gustaba, debo decir que mi vagina se aclimato muy rápido, a los cinco minutos aproximadamente ya no me daba cuenta que lo tenía introducido.

    La mesa estaba preparada, todo dispuesto para comer, velas como única iluminación y el detalle, Ana se encontraba vestida igual que yo, hasta el calzado.

    Algo me llamo la atención, Ana tenía el celular en la mesa al lado del plato, cuando siempre queda en otro lado pues mientras se come no usamos los móviles.

    Luego de una opípara cena, era tipo paella con frutos de mar variados, bien regado con un tinto espectacular y de postre copa macedonia con helado.

    Lo raro de la cena fue que de a ratos sentía un cosquilleo en la zona vaginal, hasta que prestando un poco de atención me di cuenta que pasaba cada vez que tocaba el celular, la muy guarra manejaba el aparato que tenía en mí, lo hacía con una aplicación, esa intensidad de cosquilleo fue subiendo a medida que pasaba la cena, cuando me di cuenta mi morbo y el alcohol hicieron que tuviera un orgasmo, el que no reprimí dejando escapar un buen gemido de mi boca, mientras Ana reía pícaramente.

    – Esto es solo el comienzo.

    Me dijo mientras se ponía de pie caminando hacia mí con algo en sus manos, por la poca iluminación pude ver que era un pequeño maletín, lo venía abriendo en el camino dejándolo detrás de mí, en una mesa pequeña, alguna vez perteneció a un teléfono de línea, saco algo de él y lo coloco sobre mis ojos, ciñéndolo bien para que no se salga sellando la acción con un cálido beso en mis labios. Luego tomo unas cuerdas, que por su suavidad debían ser de seda y ato mis manos por detrás y a la silla, ahora sí, literalmente me comió la boca de un beso permitiendo a nuestras lenguas danzar dentro, buscándose.

    Así comenzó lo que sería la noche más hermosa que jamás pensé sucedería.

    Estuvo un rato dándome otra copa de ese postre que había preparado, intercalando con el vino de la segunda botella abierta, sin descuidar los toques de ese aparatito maravilloso que llevaba puesto.

    Con una música suave y romántica de fondo, soltó la soga, me llevo a la pieza, desato mis manos sacándome dulcemente el bodi, hecho esto, me sentó en otra silla volviendo a inmovilizarme, ahora también mis pies, atados a las patas de esta.

    Las vibraciones del aparato continuaban…

    Sin poder ver, mis sentidos se ampliaban, todas las sensaciones eran inmensas, siento sus manos, ellas empezaron acariciando mi cuerpo, no dejo un solo centímetro sin rozar con sus dedos, llego al corpiño desprendiendo las ventanitas, dejando expuestos mis pezones que sintieron la tibieza de sus labios, los absorbía y rodeaba con su lengua mientras rodeaba mi torso con sus manos hasta llegar a desprenderlo, no le costó sacarlo, al no tener sujeción sobre los hombros, fue fácil. Ya con mis senos expuestos siguió con su excelente trabajo, fue bajando, besaba alternamente mi abdomen y las tetas hasta que llegó a la tanga, abrió la hendidura que tenía la tela y ahí la cosa se puso más deliciosa, a la vez que recorría el contorno y los labios vaginales, la vibración del aparato me proporcionaba un placer nunca antes vivido, mi vagina chorreaba a mares, lo sentía bajar por mis muslos y esa lengua hermosa lo estaba bebiendo todo.

    Siento como va retirando el aparato vibrador de mi ardiente vagina, lo hacía con la boca, pues mientras lo sacaba me acariciaba con ambas manos.

    Algo raro estaba por suceder, siento en el rostro algo suave que lo recorría posicionándose en mi boca que fue abierta por dos dedos, introdujo esa tela en mi boca y la sujeto por detrás de mi cabeza, ahora si quería hablar ni siquiera podía, solo sonidos guturales.

    Aun con los ojos vendados quiero saber cómo he llegado a este punto, aturdida y queriendo saber que ocurría, ¿quién es? empecé a escuchar dos risas cómplices, lo verdaderamente cierto es que estoy gozando como nunca antes en mi vida.

    Cuatro manos ahora acariciaban mi cuerpo, unas las tetas otras la concha, dedos inquietos se metían en la caverna chorreante, quería gritar de placer y no podía, solo escucha risas y de a ratos los chistidos para que no intentara nada, ni moverme ni gritar (que de hecho no podía).

    Mientras esos dedos recorrían mi cuerpo, me fueron desatando, pero mi alegría duró muy poco, pues mis pies fueron nuevamente atados, ahora de frente a la silla, con mis manos hicieron lo mismo pero al asiento, quedando yo en una posición de L, con mi cabeza pegada al asiento también.

    Una lengua recorría mis labios vaginales y jugaba viciosamente con el clítoris mientras que la otra jugaba con mi orificio anal intentando meterse dentro por momentos, el placer que estaba sintiendo me tenía casi al punto del desmayo.

    Ya no aguantaba el inminente orgasmo, como podía gemía con mi boca tapada y así quedo mi concha ardiente, cuando de un solo empujón me entro una verga bien masculina, no era un consolador, que se movía a un ritmo que pensé no lo iba a resistir, las otras manos sacaron la venda de mi boca para poder respirar bien, aparte de respirar bien pude gemir y gritar mi orgasmo al tiempo que mi cavidad vaginal se llenó de esperma que golpeaba con fuerza contra el fondo en cada contracción.

    Su cuerpo reposo sobre el mío con esa carnosa verga dentro, la que fue perdiendo dureza hasta sacarla, de inmediato una lengua lamia los jugos mezclados que salían de la cueva, sentí como tragaba los jugos, me dio tanto morbo que mientras me la chupaba volví a acabar, veía estrellas por todos lados.

    Después de esta sesión de sexo me desataron acostándome en la cama.

    – Mi vida, ¿estas preparada para que saque la venda?

    – Si Ana por favor, quiero saber quién esa bestia que me hizo disfrutar tanto junto a vos.

    – Dos cosas para decirte, no preguntas, no quejas.

    – Me hiciste pasar el mejor cumpleaños de mi vida, prometo ningún cuestionamiento.

    – Bueno, entonces… a la una, a las dos y a las tres…

    Ana me saca la venda de los ojos y estos tuvieron un rato para adaptarse a la poca luz reinante, cuando lo hicieron no lo podía creer.

    Parado ante la cama y totalmente desnudo estaba mi padre, no lo podía creer, la poronga que me dio tanto placer fue la misma que contribuyo con su esperma para que yo esté aquí, ese mismo esperma que estuvo dentro mío y se tragó todo mi dulce pareja.

    Y lo prometido es deuda, no hubo preguntas, cuestionamientos ni quejas.

    – Hija querida, hacía rato que deseaba esto, hablando con Anita se lo comente y me hizo esta propuesta la que acepte sin dudarlo.

    – Les prometí algo, voy a cumplirlo. Solo tengo para decir que me encanto, y quiero pedir un regalo de cumpleaños extra.

    A dúo contestaron…

    – Lo que quieras mi vida

    – Sigamos que mi cumpleaños no termino.

    Que más decir, hicimos el amor toda la noche, Ana recibió su dosis de verga y mi papa la suya de chupadas varias.

    Hace ya mucho tiempo, meses, que una o dos veces por semana repetimos este fantástico trio, cada vez con más cosas nuevas, ya inventadas y otras que se nos ocurren a nosotros.

  • La profesora y sus alumnos

    La profesora y sus alumnos

    La atractiva y sexy profesora Laura de 30 años, especializada en derecho penal estaba corrigiendo los exámenes de sus alumnos, a unos les fue muy bien y a otros 4 les fue muy mal, estos eran: Eliseo, German, Maximo y Jeremias.

    Pero esos cuatro chicos estaban muy atractivos y Laura siempre pensaba en ellos cuando se masturbaba, el que más le gustaba era Eliseo con sus bonitos rizos rubios y ojos azules, una verdadera cara angelical.

    Pero Laura también tenia lo suyo ya que se mantenia muy bien porque hacia mucho deporte y comía saludable, era una mujer de deliciosas curvas, piel suave, senos redondos y grandes, cintura chiquita, culo bien parado y el cabello negro super brillante y suave.

    El ruido de la puerta del aula la hizo perder la concentración, levanto la vista rápidamente y descubrió que los cuatro chicos a los que les fue mal en el examen habian entrado.

    -Chicos- dijo ella con su voz dulce- Tomen asiento que voy a hablar con ustedes de sus calificaciones

    Tomaron asiento y Jeremías fue el primero que hablo.

    -Profe, nos tiene que dar una segunda oportunidad

    -A mi no me gusta desaprobarlos, pero sus exámenes estaban muy mal, deberian hacer un esfuerzo, yo se que ustedes pueden aprobar mi asignatura si se lo proponen.

    -¿Que debemos hacer?- esta vez el que hablo fue German

    -Primero deben entregarme los tres trabajos prácticos que me deben, luego ya veremos

    -Podriamos hacer algo mejor- dijo Eliseo con una sonrisa pícara en su rostro

    Laura no entendio lo que dijo Eliseo.

    -¿Como? No te entiendo- le respondió pero Eliseo se levanto de su asiento fue hasta donde ella estaba ella, tomo la cara de su profesora entre sus manos y la beso, primero suavemente y luego con desenfreno, pero ella continuo con el beso al ritmo que su alumno le exigía hasta se olvido que los otros tres chicos estaban ahi observando.

    Solo rompio el contacto para levantarse y que Eliseo comenzara a desnudarte, le desabotono los botones de su camisa y le quito la falda negra, luego le saco su ropa interior para dejarla totalmente desnuda y empezar a besar su cuello.

    Cuando Laura quedo sin nada de ropa ella vio que los amigos de Eliseo y el se desnudaron también, mostrando sus ricas y grandes vergas, todas duras como una roca, entonces la mujer comprendio que se iba a dar un verdadero festín que jamas olvidaría.

    Se acercaron a ella y la empezaron a estimular de la siguiente manera: Eliseo se dedico a su culo, lo acariciaba y le metia la lengua en su agujero, cuando se cansaba de chuparselo se escupia los dedos y le metia los tres haciendo deliciosos movimientos circulares.

    German se dedico a sus tetas: le mordia suavemente los pezones, se los escupia, acariciaba sus pechos con ambas manos ejerciendo un poco de presión y se las chupaba con desenfreno como si quisiera llenarse con las tetas.

    Maximo se encargo de la parte más sensible y deliciosa: la vagina.

    Hacia un trabajo muy parecido al de Eliseo pero le estimulaba la concha de maravilla chupandosela sùper rápido y luego acariciándosela.

    Maximo la besaba con el mayor erotismo posible y también le estimulaba muy rico la lengua cuando se encontraba con la suya y se unian.

    Pasaron cinco deliciosos minutos estimulandola y Laura se corrio en la boca de Maximo, fue una eyaculaciòn muy abundante y los otros chicos dejaron de hacer lo que estaban haciendo para beber los jugos vaginales de ella, el último que bebio fue Eliseo sin dejar ni una gota.

    Después llego el momento más rico de un acto sexual tan ardiente: la penetración.

    Finalmente ella se acosto sobre Maximo y el la penetro por la vagina.

    German y Eliseo la penetraron por atras los dos al mismo tiempo con fuertes embestidas que la hicieron gemir y que el cuerpo de ella se moviera super rico.

    Jeremias la penetro por la boca ahogandole sus gemidos pero eso le encanto.

    Le gustaba mucho lo que estaba sucediendo, amaba estar sometida por las enormes pilas de sus alumnos favoritos a partir de ahora.

    Pero en un momento ella noto un cambio: Jeremias empezo a follarle la boca con más fuerza y se tenso, luego eyaculo inundandole la boca y haciendo que una buena cantidad caiga en sus tetas.

    Maximo le puso sus dos manos en la espalda y de una embestida profunda eyaculo todo su semen dentro de su vagina, esa corrida fue la mejor ya que Laura sintio un líquido muy caliente dentro de su coño y eso le arranco un buen gemido.

    Los otros dos le penetraron muy fuerte el culo durante unos minutos más y le empezaron a dar unas buenas nalgadas para que su trasero se ponga colorado y lo consiguieron.

    Luego también se corrieron los dos juntos al mismo tiempo, una buena parte del semen fue a parar dentro del culo de Laura pero conservaron un poco para otras zonas.

    Eliseo saco su pija del otro de ella y derramo el semen que le quedaba en las tetas, German hizo lo mismo pero le eyaculo en su abdomen y un poco en sus piernas.

    -Estan todos aprobados- dijo la profe y a continuación recibio un beso de su amado Eliseo

    Así termino su día la profesora: llena de semen de cuatro estudiantes super atractivos.

  • Otra vez Ernesto

    Otra vez Ernesto

    Mediados de marzo, aun hacia algo de calor por lo que el viernes a la mañana me voy a la casa de la playa, mi esposo iría luego de trabajar pero al mediodía me llama diciendo que Ernesto estaba en Uruguay, en Punta del Este y nos invitaba a cenar que mandaría a alguien a buscarme y mi esposo iría directamente ya que tenía un día complicado de trabajo en Montevideo y terminaría algo tarde, le comenté que lo esperaba para ir juntos pero insistió en que vaya yo primero que no quería hacer esperar a Ernesto, allí tuvimos una pequeña discusión, parecía que mi esposo quería complacer a Ernesto en todo, inclusive dejarme a solas con él no sé con qué intención, como sea simplemente me dio la impresión que mi esposo otra vez me estaba “vendiendo” para beneficiarse de algún negocio con Ernesto.

    Durante toda la tarde quedé pensando en eso, entre algo de enojo, intriga y también algo de excitación por lo que en la tardecita me apronté con lo que tenía a mano que no era mucho por estar en la casa de la playa, encontré un vestido rojo de satén fino con una pierna al descubierto y en su parte de arriba con escote en V pronunciado y me puse un detalle como para darles una sorpresa a ambos.

    A la hora acordada pasa una limusina a buscarme, el viaje desde la casa de la playa a Punta de Este son unos 40 minutos por lo que tuve tiempo de relajarme, tomar algo de champagne y dejarme llevar por mi mente que comenzaba a fantasear con lo que iba a ocurrir aquella noche.

    Ernesto me esperaba en su apartamento de lujo, en el último piso de un edificio con una vista al mar espectacular, había contratado gente para cocinar y servir que me dio la bienvenida con champagne y me contaron cual era el menú de la noche, acto seguido Ernesto me hizo una recorrida por las instalaciones y luego nos sentamos en el amplio balcón a charlar, beber y picar algo, a unos pocos metros estaba el mozo esperando a recibir algún pedido y muy atento a que se vaciara la copa para volver a completar.

    Como siempre la charla fue muy amena, el es un hombre muy interesante con mil anécdotas que las cuenta de una forma muy particular entre graciosa y muy interesante, mientras esperábamos a mi esposo la pasamos muy bien, realmente muy a gusto hasta que la conversación deriva en los negocios que tenía planeados aquí en Uruguay y me da a entender que quiere hacer una especie de sociedad con “nosotros” a lo que comenté que no sabia que estaba incluida en ninguna sociedad, así que indague algo mas y me di cuenta que el y mi esposo hablaban mucho mas de lo que yo creía y no solo de negocios, en definitiva él quería invertir aquí, mi esposo se encargaría de todo, de buscar las locaciones, contratar las empresas tercerizadas, discutir y compartir toda la información con el para tomar juntos la decisiones y yo, pues yo que tenia que ver con eso?, bueno según Ernesto yo era por lo cual el había decidido invertir aquí, me dio a entender que sentía algo especial pero se sentía muy cómodo así siendo “el tercero” en una especie de matrimonio de 3, una locura!!!!

    De verdad no sabia si reír o llorar, por un lado me sentía alagada de que alguien como él se sintiera atraído por mí, por otro definitivamente mi esposo quería compartirme con otro hombre pero de forma permanente?! Esa fue mi rápida conclusión, realmente me daba la impresión que Ernesto por su poder económico estaba en una posición de dominación hacia mi esposo y pretendía que tanto el como yo estuviéramos a su disposición para satisfacer todos sus “deseos”

    Esa breve conversación quedó rondando mi cabeza y preferí no decir nada aun porque podría estar equivocada, la cuestión es que la noche siguió adelante, alrededor de las 21 llama mi esposo diciendo que había tenido una avería en la ruta y estaba esperando al auxilio que cenáramos que el llegaría mas tarde, cosa que hicimos, terminamos y los cocineros se despidieron, quedando solo el mozo a nuestra disposición, ya luego del postre abrimos otra botella de champagne y el me dice que tiene algo para mi que lo acompañe, voy detrás con mi copa casi vacía, entramos al dormitorio y me da un regalo que abro, era un collar muy fino, elegante y carísimo de diamantes, me quede sin palabras, no sabia que decir, si debía aceptar semejante regalo o no, a lo que el me dice si le permito ponérmelo, agarrando el collar de su estuche, me doy la vuelta y me agarro el pelo para que el lo prenda, lo único que me salió decir fue que mi copa estaba vacía jajaja, el llama al mozo que vino con la botella, yo estaba en el espejo mirando como me quedaba el collar cuando me pregunta que me parece, le digo me encanta y al mismo tiempo el mozo me sirve a lo que le digo, a ti te gusta? Me encanta dice Ernesto, no le pregunte a él, como te llamas le digo al mozo, Jorge contesta, ¿te gusta? Si claro muy lindo, gracias, le digo, ¿puedes traer la champanera con hielo por favor?, claro enseguida me dice.

    Jorge era un morocho joven de unos 25 años que toda la noche me había estado mirando el escote, y por supuesto que el champagne y su físico y la situación me llevaron a pensar en lo que iba a suceder, simplemente le iba a demostrar a Ernesto que no yo no era de su pertenencia ni de mi esposo quien no podía venderme porque yo soy libre!

    Cuando viene Jorge con la champanera le pido que se coloque detrás y que me desprenda el collar, Ernesto queda mirando sorprendido sin decir palabra, el chico muy nervioso lo desprende pero se le cae y queda enganchado en el escote de mi vestido, me doy vuelta y le digo si lo puede agarrar y dejarlo sobre el estuche, cuando levanta la mano para tomarlo yo lo ayudo corriendo el vestido dejando ver un poco mis senos, a el tiemblan las manos, lo agarra y lo coloca sobre el estuche arriba de la mesa, entonces le digo que está muy nervioso y no tiene de que preocuparse, si le gusto lo que vio, le tomo la mano y se la coloco en mi seno, eso, te gusta? ¿Te gustan mis tetas? Y me bajo ambos breteles quedando con mis senos al descubierto en frente de Jorge, allí lo beso y llevo su mano a mi seno, luego me doy vuelta y le llevo ambas manos a mis 2 senos tirando la cabeza hacia atrás jadeando en su oído, te gusta? Y llevo una de sus manos a mi entrepierna esquivando el vestido justo por encima de mi tanga, hago que me masturbe por encima de mis braguitas, ya estoy muy pero muy excitada, Ernesto mira sin decir nada, quedo parado con su copa petrificado, yo lo miro fijo a los ojos con cara de deseo y excitación alrededor de 1 minuto, cuando el se mueve me doy vuelta quedando frente a Jorge, lo beso apasionadamente luego me agacho, le desabrocho el pantalón y empiezo a tocar su enorme pija, era demasiado grande, la beso, le paso la lengua, me la meto en la boca pero entra solo la mitad, era enorme, nunca había visto algo tan grande en mi vida era una morcilla enorme de grande, yo estaba empapada, muy excitada pensando en tener esa pija adentro mío, Jorge también estaba excitado y comenzaba a salir jugos de su morcilla que me atragantaba, entre su tamaño sus jugos y mi saliva no podía respirar y tragaba todo lo que podía, me levanto lo beso nuevamente compartiendo los jugos y le desabrocho la camisa, le saco todo y me termino de sacar el vestido quedando solamente con la tanga roja y las medias negras.

    Ernesto a esa altura se había desabrochado el pantalón y se estaba tocando su verga, lo miro y me dice hoy tienes ropa interior, me doy vuelta nuevamente y le digo a Jorge que se acuesta totalmente desnudo se acuesta, yo me pongo en 4 entre sus piernas y me pongo su morcilla en la boca nuevamente, me levanto un poco y mientras con la mano izquierda sigo masturbando a Jorge estiro mi mano derecha y le agarro la verga a Ernesto, lo masturbo un poco, me la meto en la boca, se la chupo un momento y la suelto, le digo tengo ropa interior pero hay una sorpresa, y sigo chupándosela a Jorge mientras intento mirar a Ernesto que se termina de desvestir por completo entonces le hago seña con mis ojos, y el enseguida me entiende y va hacia mi parte trasera bajándome la tanga y descubriendo que tenía puesto un plug anal, con el que empieza a jugar, lo saca un poco y lo vuelve a meter, lo mueve de un lado al otro, cosa que me excita mucho mas aun, entonces me doy vuelta, me dejo caer boca arriba en la cama quedando mi cabeza a la altura de la verga de Jorge y Ernesto en frente a mi, me termina de sacar la tanga y le abro las piernas mientras me pongo nuevamente la pija de Jorge en mi boca Ernesto comienza chuparme mi conchita mientras juega con el plug, gemía mucho pero mis gemidos se ahogaban en la verga negra que tenia en la boca, enseguida tuve mi primer orgasmo y al mismo tiempo pensé que no aguantaría una verga tan grande por detrás a lo que rápidamente me monte sobre Jorge que estaba en la misma posición del principio boca arriba en la cama me fui metiendo su enorme verga, de a poco, al principio me dolió un poco pero estaba tan pero tan mojada y lubricada que enseguida me dilate y el comenzó a empujar, al cabo de unos pocos segundos tuve otro orgasmo, Ernesto se había quedado al costado por lo que lo busque y mientras Jorge me cogía cada vez con más fuerza yo le chupaba la verga a Ernesto quien estaba realmente muy excitado, entonces le dije si quería cambiar el plug por él, a lo que enseguida me abordo desde atrás sacándome el plug y metiendo su verga en mi culo, enseguida tuve otro orgasmo mas y al ratito Ernesto acabó dentro mio, al sentir su semen calentito en mi trasero tuve otro orgasmo, y a poco de eso Jorge dice que va a acabar, le digo adentro mío no, me saco a Ernesto de atrás y me levanto rápidamente apoyándome en las piernas de Jorge y masturbando su enorme morcilla hasta que acabó en todo mi abdomen, realmente esa leche calentita encima mío, me calentó más aun así que empecé a frotarme su verga por mi vagina, pásanosla por el clítoris, el aun vertía semen y yo tuve otro orgasmo.

    Allí todo termino, me fui al baño me duché y me volví a vestir, cuando salgo Ernesto también ya se había vestido, de Jorge no quedaba rastro, agarré mi teléfono para chequear, mi esposo estaba a 5 minutos.

  • Sexcape (III)

    Sexcape (III)

    Comencé a moverme suave y lento, la cuquita de Karla apretaba mi verga divinamente, mis dedos seguian invadiendo su culo, saque los dedos de él y mi verga al mismo tiempo haciendola gemir fuerte, puse mi verga en medio de los cachetes de su culo untando los jugos de su cuquita en el, Karla sabe mi intencion y también lo desea.

    K: – quieres mi culo cierto?

    D: -totalmente lo deseo!!!

    Se levantó nos besamos, agarro mi verga y me acostó en la colcha, poniéndose encima de mi, se lo volvió a meter en su cuquita mientras nos besábamos, mientras me cabalga suave puede notar un embarcacion a lo lejos y un movimiento en el agua pero pensé que eran idea mías, pero igual se lo hice saber a Karla

    K: -que rico papi! Que rico que nos vean y que estés duro todavía para seguir el espectáculo, sabes te has ganado mi culito- dijo sacándolo y poniendo la punta de mi Verga en la entrada su orificio anal con una sus manos y la otra apoyadas en mi pecho, la deje hacer, que tomara el control y disfrutara, se lo fue metiendo lento y suave, bufaba y suspiraba fuerte, mis manos no se quedaban quietas ,acariciaban y apretaban sus grandes pechos y hasta que lo tuvo todo completo quedó quieta sobre mi unos instantes, bajo a besarme.

    K: – disfrutalo papi! Demos un buen espectáculo y lléname el culo de leche!!!

    Se arqueo sobre mi y empezó a cabalgarme suave, lento y afincado con mi verga en su culo, sentia como su culo se acoplaba pero apretaba más fuerte que su cuquita mi miembro, poco a poco fue aumentando el ritmo coloco sus manos en mis piernas clavando sus uñas en ellas, suspiraba y gemia fuerte mirando hacia el cielo nocturno mis manos fueron directo una a su clítoris y la otra a uno de sus pechos, acción que le gustó y empezó a brincar sobre mi verga metida en su culo, me encantaba esa sus movimientos, la sensación que me daba su culo en mi verga lo apretaba como chupandolo, y se lo hacía saber con mis gemidos y ella tampoco se quedaba atrás. Deje tocarla y la tome de sus caderas y me empecé a mover duro y rápido debajo de ella, por su parte Karla tocó su clítoris y darse placer mientras taladraba su culo

    D: Karla voy acabar!

    K: yo también Dani! lléname de leche papiii! Si Aasiii!

    Ambos explotamos en un órgasmo brutal, Karla cayó sobre mi pecho temblando y yo aún con espamos de mi verga botando leche, nos besamos y ambos miramos hacia el agua y vimos la silueta de una persona que rápidamente se metió en el agua y de pedio en la oscuridad del agua y la noche.

    K: parece que una sirena disfruto nuestro encuentro- dijo sonriendo

    D: dimos un buen espectáculo no crees

    K: ya lo creo, ven vamos a descansar un poco capaz y mañana nos sacan de acá por inmorales a pesar de lo divino que estuvo.

    Nos metimos en la carpa desnudos acariciándonos hasta quedar dormidos completamente, desperte como a las 11 am porque escuche personas hablando vi que Karla no estaba a mi lado así que me pare tapandome y mirando afuera estába Karla sentada en la arena con otra chica, salí y me saludaron, Karla me presento. Se llamaba Mariana una chica como de 22 años, de tez morena clara con un cuerpo deseable unos pechos medianos paraditos, un culo igual mediano y duro, realmente un cuerpo divino, trajo una botella de vino y nos invitó a compartir un día en la enbarcacion con ella. Algo me decía que ella era la sirena que nos vio.

  • Lo hice en el metro de CDMX

    Lo hice en el metro de CDMX

    Hola soy Fernando, esta historia me paso hace poco tiempo fue en una noche cuando llovió mucho, por más que intente salir temprano y evitar la lluvia me agarró como a las 7 de la noche. Casi nunca me voy en los últimos vagones, pero esta vez opte por hacerlo para entrar en uno donde no estuviera tan lleno.

    No alcance lugar para sentarme así que me puse en una esquina y todos íbamos apretados, después de que todos entramos, se me acerco un señor viejito como de 60 años, un poco más pequeño que yo, gordo y con rasgos muy femeninos. Al principio no le di mucha importancia pero me dio curiosidad que se me quedó mirando, debido al calor llevaba una playera blanca apretada y se me resaltaba mi pecho.

    Cada vez se me fue acercando más y conforme se acercaba me iba calentando, como traía audífonos casi no escuchaba nada y disimulaba para no poner incómodo a nadie, el señor me intento hablar pero no le presta mucha atención por lo que no supe que me dijo.

    Como llegaba más gente llego el momento en que puse las manos hacia atrás para no tocar a alguien por accidente, al estar tan apretados el señor quedo a lado mío, hasta que quedamos repegados, no me dijo nada y me tomó de la mano, no sabía como reaccionar así que solo deje que pasarán las cosas. Al ver que no le fui indiferente, me dirijo la mano hacia su verga, no era muy grande pero la traía bien parada, la estuve estimulando hasta que sentí su pantalón mojado, me sorprendió el tamaño que fue adquiriendo hasta que sin pensarlo se detuvo el metro y abrió la puerta en la estación que tenía que bajar.

    Me distancie un poco para no ser evidentes, pero el señor de me acerco y comenzó a agarrarme el culo, me voltee de tal manera que pudiera agarrarmelo completo, me dejó super caliente pero tuve que seguir mi camino. Por último aproveché para probar su semen disimuladamente me agache para agarrar una mochila y le lami el pantalón, y pude comprobar el sabroso sabor de su verga. Llegando a mi casa me masturbe hasta quedar exhausto

    Ojalá pudiera probar otra verga de viejito pronto dejó mi correo y si eres mayor de 65 mi culo esta a su disposición: [email protected].

  • Mi puta obediente

    Mi puta obediente

    Desde hace un tiempo comencé a hablar con ella, no mencionaré su nombre porque no tiene caso saberlo, para mí sólo hay una manera de llamarla, ella es mi puta personal, pero sí que vale la pena describirla. Mi puta es flaca con un abdomen delicioso y un par de tetas grandes con unos pezones demasiado ricos, sus nalgas son simplemente una delicia pero lo mejor de todo es ese coño estrechito y caliente que tiene, siempre mojado con ganas de recibir verga.

    Me escribía cada día después de clases, cuando necesitaba calentarse el chocho y su novio no la dejaba bien satisfecha, me mandaba un par de fotos, cada vez más puta en ellas, abriéndose la raja para mí, metiéndose los dedos, poniéndose en cuatro, agarrándose las tetas e incluso cuando más caliente la ponía buscaba como perra en celo que meterse para calmar sus ganas de mi verga, ni siquiera llegaba a los 20 años y era simplemente más zorra que cualquier mujer mayor.

    Hasta ahora sólo la estaba moldeando a mi antojo, educándola para ser una muy buena perra para nuestro encuentro y tuvo que llegar ese día. La cita era un viernes en la noche, pasar por ella a escondidas, ya que el problema no sólo era que mi puta era infiel sino nuestra diferencia de edad y ese morbo de lo prohibido era lo que más me tenía a reventar la verga. Le ordené ponerse un vestido negro, escotado que le había comprado, sólo eso, nada más abajo.

    Cuando la vi se veía de infarto, las tetas parecían salirse de ese vestido y me dieron unas ganas de sacarlas en ese momento y mamárselas, pero sólo me limité a pasarle la lengua por ese escote y saludarla con una mordida en una de sus tetas con una buena agarrada de culo. La subí a mi camioneta, nos besamos con todas las ganas acumuladas y comencé a subir mi mano por su pierna buscando sentir esa panochita cerrada, mi sorpresa al subir fue descubrir que la muy zorra había desobedecido mis órdenes, llevaba una tanga negra que en otra ocasión hubiera sido motivo de mi erección, pero en esta ocasión no, porque la perra debía tener claro quién mandaba, la tomé fuerte y sin más jalé la tanga hasta que quedara enterrada entre sus labios vaginales mojando ese pedazo de tela de sus fluidos de golfa caliente, una vez empapada se la rompí y se la metí a la boca mientras la tomaba del cuello, le metí tres dedos en su raja estrecha, se escuchaban sus gritos ahogados por la tela, se sentía tan apretada, tan mojadita y caliente, tuve que usar mucha fuerza para que le entraran mis dedos, la miraba furisio.

    -Espero entiendas puta golfa, que cuando papi te da una orden tú obedeces, no me importa si quieres o no, tú obedeces pinche zorra que para eso eres mía, ¿entendiste zorra tetona?

    Entre gemidos y gritos comenzó a asentir con la cabeza, le saqué la tanga de la boca.

    -Que si entendiste puta

    -Sí papi, no te voy a desobedecer, por favor para, me arde, estoy muy apretadita

    -¿Que pare? si bien que te encanta estar abierta cabrona, hoy te voy a romper el chocho hasta dejartelo bien rojo putita, a ver que pretexto le vas a dar a tu noviecito cuando te vea toda partida y llena de mis mecos.

    Al decirle esto sentí como se empezó a mover como perrita en celo en mis dedos, su mirada cambió, la muy cerda se puso cachonda de pensar en mi verga partiendo esa raja que supuestamente tenía dueño, le encantaba a la puta recordar que era una pinche infiel siendo la sumisa de un hombre mayor, que sabía como hacerla gozar y ponerla con la panocha a escurrir.

    No la dejé correrse, la quería toda la noche ganosa y así fue, fuimos a una discoteca a bailar y no dejaba de bailarme, de repegarse a mi bulto, de buscar con sus nalgas mi verga y yo la manoseaba de la manera más cínica, me importaba una mierda si nos veían, le apretaba las tetas fuerte, se podían ver sus pezones duros sobre el vestido y yo aprovechaba cada oportunidad para pasarle los dedos por la raja y sentir como salían empapados de su vestido.

    El lugar se iba vaciando, ya eran casi las 5 am, quedaban algunos meseros, un par de ebrios en mesas y un par de gente en la pista. La saqué a bailar una última vez, mi verga ya estaba a reventar, tu chocho suplicaba que ya me la culeara y ella estaba ya loca de placer, toda golosa disfrutaba la música mientras le lamía la oreja, se la mordía y le susurraba las putas ganas que tenía de reventarle la panocha, lo rica que estaba, que sus tetotas me ponían el pito bien duro y que me moría por culearmela sin condón para sacarle leche de esas chichotas ricas. En ese momento ella comenzó a suplicar que quería verga que ya no le importaba nada, sonreír con malicia.

    -¿En verdad no te importa nada putita?

    -No, papi, por favor, ya quiero tu vergota dentro de mí, necesito que me rompas la cuca y me hagas tuya, quiero ser tu puta, tu perrita, quiero moverte la colita como te encanta que lo haga y me castigues por ser tan golosa.

    En ese preciso momento le saqué las tetas del vestido, ella como primer instinto trató de taparse.

    -Ni intentes cubrirte, si yo sé que no eres más que una puta ganosa, una pinche zorrita en celo que necesita sentirse no sólo deseada sino también humillada, te encanta ser mi juguetito perra, te fascina que te trate duro como una golfa callejera y hoy eso vas a ser, mi puto saco de hoyos, el juguete con el que me voy a sacar la leche.

    De sólo escuchar esto, comenzó a jalarse los pezones en medio de la pista, se movía más en mi verga y toda puta miraba a las personas a su alrededor, comenzó a hacer contacto visual con el dj y dos meseros que no podían creer lo que estaban viendo, parecía que les ofrecía las tetas y yo, sólo levanté su vestido y es mostraba su panocha escurriendo, comencé a dedearla ahí, le picaba duro la chocha, ella gemía sin control mientras daba todo un espectáculo digno de toda una puta profesional. La jalé del cabello, me dirigí hacía el encargado de seguridad que no dejaba de verle las chichotas a mi perra.

    -Como ves tengo una putita en celo que necesita mucha verga y no creo que aguante más tiempo esta panocha sin que me la culee, así que toma este dinero y nos vas a dejar culear en los baños como esta perrita necesita.

    Él me miró y me regresó el dinero, me dijo que después de tremendo show lo que quería era ver como la partía y lo rico que esa puchita tragaba pito. Sacaron a los últimos borrachos, sólo quedaba los dos meseros, el dj y el de seguridad, me pidieron que me la cogiera ahí mismo, era una discoteca pequeña, yo diría más bien un bar, por lo cual fue fácil que quedara vacío, nadie nos iba a molestar y la perrita iba a dar ahora sí su mejor show. La tiré en medio de la pista, le abrí las piernas y le pasé la nariz por toda esa cuca mojada, olía a perra necesitada, comencé a comerle la panocha, lamiendo desde su culo hasta su clitoris, jugando con sus labios vaginales se los mordía y los jalaba lento, le metía la lengua en el hoyo y la hacía ancha, movía mi lengua dentro de ella y me tomaba del cabello desesperada pidiendo más y más lengua, le jalaba los pezones mientras le comía toda la panocha rica, sus fluidos sabían deliciosos. Cuando miré hacía ella, estaba mirando a su alrededor, estaba cachonda la muy perra de tener a esos pendejos con las vergas duras viéndola, se la estaban jalando mirando a mi perra. Le di unas cachetadas y la tomé del cuello con fuerza.

    -Te gusta puta zorra? Te gusta que te miren no? Pues que vamos a hacer que más gente mire lo pinche cerda que eres

    Saqué mi teléfono y comencé a grabarla, la muy puta miraba fijo a la cámara se tomaba las tetas y comenzaba a chuparselas, ver esa escena hizo que quisiera partirla en dos, me saqué la verga y comencé a pegarle en el clítoris con ella, la tenía dura como piedra, las venas se me marcaban demasiado y comencé a frotarla en la entrada de su puchita, casi no entraba ni la punta, tenía 21 centímetros en la entrada de esa panochita apretada y muy pequeña, la tomé de la cintura y la embestí con fuerza, la seguía grabando, grababa como le abría esa panocha, como le rebotaban las tetotas, le grababa su carita de perra inocente pidiendo más riata. La tomaba fuerte del cuello, no paraba de chingarmela con fuerza y cada vez se estaban acercando nuestro espectadores a ella, uno de ellos le puso el pito en la cara y comenzó a jalarsela más duro como si se quisiera correr en la cara de mi perra. Así que la cargué, la estaba cogiendo parado y ella pensó que no iba a dejar que la tocaran, cosa que me agradeció, pero yo no estaba ahí para complacerla a la perra sino para complacerme la verga a mí y tratarla como la puta que en verdad es. Le abrí las nalgas mientras me la culeaba y les dije que le chuparan el culo. La perra empezó a gritar que no quería, que parara, que ya se quería ir.

    -Jajaja, ¿ahora ya te quieres ir? si te encanta ser una pinche perra, si te fascina estar bien llena de tus pinches hoyos cabrona y hoy te vamos a estrenar como la puta golosa que eres.

    La sometimos con fuerza, la manoseabamos todos, le chupamos cada espacio de su cuerpo rico, la amarramos con nuestros cinturones, estaba ya con las tetas mordidas, llena de chupetones, le comían el culo y el clitoris mientras yo no paraba de embestirla. Le tiraron un trago encima, las tetas le sabían a alcohol rico y comenzaron a meterle una botella por el culo, en ese momento la perra que rogaba que no quería comenzó a pedir que se la metieran más, estaba endemoniada esa puta.

    -Partanme la chocha, destrocenme, usenme. Quiero estar llena de sus mecos, quiero sus leches, quiero que me destrocen el culo y la panocha, quiero ser una perra sucia

    El jefe de seguridad comenzó a jugar con su cigarro en los pezones de mi perra, le encanta el dolor a la muy puta, le azotabamos el clitoris sin parar con los cinturones, yo no iba a dejar que otros usaran mi hoyo favorito de ella, esa panocha es mía y de nadie más. Le abrí sus nalgas y les dije aquí está este pinche hoyo es para ustedes, llenenla de pinche semen como pide la perra golosa. Me senté en uno de los sofás con ella encima ofreciendo su culo rico, se comenzaron a turnar, iban terminando y dejandole el culo lleno de leche, sentía en mi verga como ella no dejaba de correrse, estaba llena de fluidos. Ella estaba sudada, llena de semen en el culo, con la panocha ya roja de lo duro que me la estaba cogiendo y entonces sin piedad la tiré al piso la puse en cuatro, le amarré las manos a la espalda me la chingué con fuerza, la embestía violento, jalando su cabello y nalgueándola hasta que sus nalgas se pusieron moradas,

    -Eres mía pinche perra, eres mi puta, eres mi pinche esclava de pucha rica, así perra tetona traga mi pito que te voy a preñar zorra

    -No papi, por favor, no me estoy cuidando, córrete en mis tetas o en mi cara

    -Andabas de puta ofrecida pidiéndome leche sin condón, putita de mierda, ahora te callas y obedeces, que esto es mío y de nadie más perra

    Comencé a correrme bien adentro de esa perra, ella apretaba la panocha ordeñandome rico los huevos, la muy zorra estaba disfrutando mi leche caliente bien adentro y me encantó verla ahí, amarrada, humillada, llena de marcas, violada de sus hoyos, llena de muchas leches en sus hoyos y aprendiendo que de ahora en adelante sólo tenía un dueño, un amo y un papi, yo y solamente yo. Me levanté y le oriné la raja, marcando a esa putita en celo como mía, como sólo un pinche perro marca su territorio.

    Regresó a su casa llena de leche, poniendo cara de niña buena y al dejarla, unos minutos después me mandó foto metiéndose dedo rico en la panocha diciéndome que quería volver a verme, que necesitaba más de mi verga, su nueva adicción. Desde ese día, es mi puta personal, mi juguete favorito y no hay fantasía que no le cumpla ni día que no tenga la puchita caliente para ofrecermela.

  • Todo por sorpresa (parte 1)

    Todo por sorpresa (parte 1)

    Todo comenzó una tarde de cervezas con mis colegas. Ese día salimos pronto de la Uni, después de terminar el último examen del cuatrimestre, así que decidimos celebrarlo en nuestro bar de confianza.

    Yo soy una chica corriente, me llamo Vanessa, soy de origen puerto riqueño, pero he vivido toda mi vida en España, concretamente en Valencia. Soy una persona muy reservada y tímida, pero mis amigas son exactamente lo contrario.

    Mi amiga Jennifer empezó a hablar sobre unas siglas que decían algo así como «BDSM» y yo le interrumpí para preguntarle de que se trataba.

    -Jenni, nunca había escuchado sobre eso, ¿de qué se trata?

    -¡Pero qué dices Vane! ¿Nunca lo has probado?

    -Mmmh, ni siquiera sé que significan esas siglas.

    -Vane, mañana mismo te llevaré a mi local de confianza, te va a encantar.

    Yo me quedé absorta, tuvimos que ir tirando para casa, y me quedé toda la noche pensando en que serían esas misteriosas siglas.

    Al día siguiente me desperté con una llamada de Jennifer.

    -Vannesa! Estas preparada?

    -Ay Jennifer, me das miedo.

    -Tu tranquila, quedamos a las 20 h en mi piso, no te prepares mucho, porque te voy a prestar una ropa en específico, así que tendrás que cambiarte.

    -¿Como?

    Me puse unos tejanos y un top, me planché el pelo y me pinté los labios de color carmín, cogí mis auriculares y me puse a escuchar «Teléfono» de Aitana Ocaña.

    Llegué a su piso y nerviosa toqué el timbre.

    -¿Quién es?

    -Vannesa.

    -¡Adelante Vane!

    Me recibió con un traje de látex precioso, se veía a la perfección su silueta, esas caderas pronunciadas y esos pechos, dios mío.

    Le pregunté por que ese traje, y sacó su mano detrás de la espalda con otro traje igual.

    -Al baño a cambiarte guapa.

    -¿Qué?

    Una vez puesto, me miré al espejo, y me sentí completamente empoderada, sentí que no era Vanessa, era una versión de mí, que nunca había conocido.

    Sali del baño y Jennifer quedó boquiabierta.

    -¡Dios mío! -exclamo.

    -Te gusta lo que ves?

    -Estoy poniéndome cachonda Vane.

    -Jajaja, no seas tonta Jenny -Le dije.

    Después de unas risas bajamos al garaje a coger el coche, pusimos Lola índigo a tope para motivarnos, y empezó a conducir.

    Rápido llegamos al local, por fuera parecía un lugar serio, muy discreto para ser una «discoteca» o eso pensaba yo que seria.

    Entramos, usamos el guardarropa y fuimos a la barra a pedir unos cocteles.

    Jennifer se dirigió hacia una puerta, la abrió, y me dijo que pasase yo primero.

    Me quedé completamente fascinada, no podía creerlo.

    Jaulas con cerraduras y llaves, estanterías llenas de juguetes sexuales, látigos, preservativos y cosas que ni siquiera había visto jamás. Todo acompañado de una roja y tenue iluminación.

    Boquiabierta le dije a Jennifer:

    -Donde me has metido tía

    -Dale una oportunidad, te encantará -Me dijo. Aunque yo en ese momento quería que la tierra me tragase.

    Nos sentamos en unos sofás a terminar nuestro coctel, cuando me quise dar cuenta, estaba un poco mareada, y empecé a sentirme más comoda en ese ambiente.

    Mi sorpresa al ver que por esa puerta entraba Carmen, la mejor amiga de mi madre, no podía creerlo, torpemente traté de esconderme tras Jennifer, cuando noté una sedosa mano tocándome el cuello.

    -Que haces aquí Vanessa?

    Yo sentí un escalofrío, esa voz, ¿cómo podía estar pasando esto?

    Me giré y vi a Carmen, con un vestido rojo que marcaba minuciosamente cada centímetro de su cuerpo, llevaba un arnés con cadenas.

    -Carmen? Jajaja -Rei nerviosa- Mi amiga me ha traído a ver este local por sorpresa.

    -Yo suelo frecuentar mucho este sitio, sabes? -Dijo mientras acariciaba mi traje.

    «Me está tirando los tejos??». Pensé.

    Estaba completamente alucinada, nunca había mirado a Carmen con esos ojos, es la mejor amiga de mi madre ¡Joder!

    Continuará…

  • Historias de sexo en lugares poco convencionales

    Historias de sexo en lugares poco convencionales

    Con Jorge nos conocimos en la universidad. Ya hablé de él y de nuestro vínculo en mi relato “Noche de amor y sexo en la terraza”.  Quiero agregar que tuvimos un vínculo intenso, que no duró demasiado tiempo, pero en él hicimos cosas que jamás pensé que me animaría a hacer y que, hoy por hoy, tampoco me atrevería a repetir. Fue mi primer novio real. Me abrió las puertas de su casa, de su familia. Fue la única vez que pensé que algo podía durar para siempre. Igualmente, lo poco que duró, lo disfruté al máximo y hoy ocupa un lugar importante de mi corazón.

    Nuestra primera vez, no fue para nada romántica. O quizás sí, pero no de un modo convencional. Fue sobre el pasto, debajo de un puente. Habíamos ido a la casa de su abuela a conocer a su nueva prima. Estuvimos ahí un rato, pero mi falta de experiencia con familias de mis parejas hizo del encuentro algo incómodo, por lo que decidimos salir a caminar. Estábamos a tres cuadras de un rio, por lo que la travesía era algo interesante.

    Luego de caminar un rato, nos decidimos a sentarnos junto al cauce a contemplar la nada. Me cuesta mucho recordar cómo es que de estar sentados uno al lado del otro, pasé a sentarme sobre él, con su pija adentro mío. Pero trataré de hacer memoria.

    Llevábamos muy pocos meses de relación y estábamos en esa época en la que todo nos parecía lindo y nos excitaba. Antes de esa tarde, no habíamos tenido sexo, pero varias veces habíamos mantenido encuentros calientes en lugares poco convencionales. Nos veíamos todos los días, pero nos costaba dar el paso definitivo. Igualmente, nos divertíamos un montón.

    Desde la universidad hasta mi departamento, trayecto que no debería durar más de quince minutos a pie, solíamos hacerlo en más de una hora. Éramos de esas parejas que cada treinta metros paran a besarse, a tocarse un poquito. Y eso de tocarse fue lo que más nos encendía. No dejamos lugar de ciudad universitaria en el que hayamos estado a punto de pasar los límites. Había un lugar especial para nosotros muy cerca de la facultad de kinesiología. Había un árbol grande, medio oculto, pero muy cercano al paso de los peatones. En él me tocó por primera vez por debajo de la ropa. No fue planeado. Nos adentramos en ese sendero medio oculto y comenzamos a besarnos cada vez con mas intensidad. Primero sus manos optaron por manosearme por arriba de la ropa. Tetas, concha, mientras yo jugaba con el bulto que crecía cada vez más en su pantalón. Siempre me gustó usar remeras ajustadas, con escotes importantes. Entre tanto franeleo, una de mis tetas se escapó. Nos miramos fijamente por un instante, como evaluando la actitud del otro, hasta que sonreí. Jorge sacó mi otra teta de su escondite y comenzó a chuparlas, mientras friccionaba su mano libre fuertemente en mi concha, por encima del pantalón. Yo fui por más, y metí mi mano en el suyo, para encontrarme por primera vez con su pija. Ese primer contacto hice que me enamore de ella. Jamás desee tanto que me cogieran como esa primera vez, pero no pasó. Me agaché, la saqué de su escondite y me la comí. Quizás fue la tensión del momento y el miedo a ser descubiertos, pero lo hice acabar en menos de cinco minutos. Volvimos a besarnos apasionadamente, nos acomodamos la ropa, y seguimos nuestro camino.

    En el mismo lugar hubo varios encuentros similares, cada vez más intensos, pero sin llegar a una penetración, que era lo que más deseaba en la vida en ese momento.

    Otro lugar que fue muy importante en aquella época, fue en el parque Sarmiento. Por la calle Lugones, al lado de la pista de patinaje, existe un lugar al que nosotros llamábamos “la ciudad perdida”. Es un conjunto de estructuras y pasillos construidos con enormes y antiguas piedras. Si no me equivoco, son las ruinas del antiguo zoológico de Córdoba. Por ahí nos gustaba vagar, imaginar hechos sucedidos ahí en el pasado. El lugar, en pleno centro de Córdoba, pero bastante oculto para los transeúntes, al parecer, solía ser muy visitado por jóvenes. Las pruebas de ello era la cantidad de botellas de cerveza, cajas de vino, cigarrillos y preservativos (condones) que estaban por ahí dispersos. Eso nos daba gracia y, por otro lado, nos excitaba. A pesar de esos encuentros calientes, nunca habíamos hablado acerca de concretar el asunto. Y la verdad no recuerdo el porqué, ya que hablábamos de absolutamente todo. Bueno, de todo todo, parece que no. Pero creo que el hecho de haber dejado que todo fluyera, fue un extra para aquella ansiada primera vez,

    En la ciudad perdida, Jorge me chupó por primera vez la concha. Íbamos y veníamos, por los pasillos, nos reíamos, nos besábamos. Él me tocaba cada vez con más fuerza, con más ganas, con más deseo. Yo no me quedaba atrás, pero me gustaba jugar a histeriquearlo un poquito, lo que a él le encantaba. Esa vez, además de una remera rosa súper ajustada con escote hasta el ombligo, llevaba una mini falda negra de jean. Me apoyó contra una de las paredes de la vieja construcción y metió su mano entre mis piernas. Solo que esta vez, corrió mi tanga y empezó a jugar con los labios de mi conchita. Estaba súper mojada, lo que lo incentivó aún más. Luego de un rato de eso, me levantó como a una niñita y me sentó sobre la piedra. “Tengo hambre”, me dijo. Y sin esperar respuesta, me empezó a chupar la concha. Jamás en la vida me besaron así de rico. Sus labios, su lengua, sus dientes mordiendo despacito… era como si toda mi vida hubiese esperado ese momento. Varias veces le dije “basta”, pero no porque no quisiera que eso suceda, sino que el temor a ser descubiertos en esa situación era algo extraño e incómodo. Pero él siguió, y hoy lo agradezco. En algún momento olvidé todo y me dediqué a disfrutar. Si alguien hubiese aparecido en ese momento, se hubiese encontrado con una chica recostada sobre la roca, apretándose las tetas, gimiendo de placer, mientras un chico le chupaba la concha mientras se masturbaba. “Voy a acabar”, dije en un instante, lo que hizo que el ritmo de la chupada se vuelva mucho más intenso. Acabé, acabó él. De un salto bajé al piso y nos besamos con las mismas ganas que al principio.

    Escenas similares se sucedieron en el mismo lugar, como así también detrás del escenario que está en medio del parque Sarmiento, o junto al lago. Hasta que por fin pude sentirlo adentro mío.

    El sol estaba cayendo y la brisa de otoño era hermosa. El sonido que hacia el rio al correr bajo nuestros pies era arrullador, por lo que nos recostamos sobre la hierba a disfrutar. Estábamos demasiado calientes. Empezamos a besarnos, a acariciarnos, quizás, creyendo que una de esas extrañas sesiones de amor estaba a punto de suceder. Y así empezó. Besos, manotazos, roces. Pero fui yo la que fue por más. Estábamos recostados a la par, él me chupaba las tetas, yo le hacia una paja. Jamás había sentido su pija tan dura, hasta el momento. Por lo que decidí no pensar y ponerme en acción. Lo aparté de un empujón, me quité el pantalón, la tanga y lo monté. Sentir por primera vez la firmeza de su pija adentro mío es un recuerdo que todavía conservo con intensidad. Empecé a cabalgarlo despacito, con movimientos circulares y profundos. Me quité la remera y el corpiño y bajé para besarlo, sin dejar de moverme. Cuando aparté mi boca de la suya, pude contemplarlo por primera vez de manera real. Estaba ahí, indefenso y hermoso, disfrutando de mí. Y no lo pude evitar. “Te amo”, le dije. Pasaron tres segundos que para mí fueron tres años, en los que imaginé un millón de escenarios en los que era rechazada. Solo tres segundos le bastaron para responder: “yo también te amo”, me dijo.

    Las lágrimas que me inundaron los ojos, pero que no permití salir, me incendiaron el alma y el cuerpo, convirtiendo a mis primeros movimientos del principio sobre su pija, en una danza desquiciada. Sentí de repente una gran explosión adentro mío. No era mi corazón estallando de amor, pero fue algo similar. Una tremenda carga de semen me inundó la concha, mezclándose con esos jugos que venía largando yo desde la primera vez que me tocó una teta. Caí extasiada sobre su pecho, buscando su boca, para compartir el beso más agitado, dulce y placentero que nos dimos jamás. Quedamos así por largo rato, hasta que notamos que ya había oscurecido bastante y una suave llovizna con acariciaba indiferente.

    Nos vestimos despacio, en silencio, sin poder dejar de contemplarnos, sonrientes. Habíamos roto un límite, y eso nos liberaba muchos tabúes internos que ni siquiera nosotros sabíamos que cargábamos. De ahí en más, todo fue disfrutarnos. Hasta esa bendita noche en la que todo estalló entre nosotros, sumergiéndonos en un terrible Waterloo que nos haría alejarnos para siempre. Pero eso es material para otro momento.

  • Quizás seas tu

    Quizás seas tu

    Creo que es una historia interesante esta que me animo a compartir hoy, a petición de la perrita que la compartió conmigo, y será protagonista de futuras experiencias, pero esta, que ha sido nuestra primera sesión es el objeto de este relato.

    Aunque soy un hombre dominante, no lo llevo al extremo de otros autores que he leído, que se jactan de un dominio a diario, ni me va el cuero, no me gusta ponerme máscaras, menos aún la máscara de cuero que llevan algunos en los vídeos sado, de hecho, no disfruto el sado extremo, no hay placer para mí en torturar y provocar gratuito dolor, en resumen, dentro de mi experiencia, la dominación, para mi, es un ejercicio de confianza, dónde es la sumisa quien tiene la parte más importante bajo control, si ella no confía absolutamente en el amo, no habrá obediencia y entrega. Si el amo quebranta la confianza, la sumisa se irá, se rozan los límites, se elevan los niveles, pero no se irrespeta la confianza.

    Después de esta introducción te cuento que paso…

    Siendo un dominante con experiencia, he estado algunos años dedicado a la familia, trabajo, vida normal, pero esa “venilla” seguía por allí latente, una comezón en un rincón de la mente, para calmarlo, me reactive en un foro especializado en este tipo de encuentros, con una foto de mi rostro en un día de americana, y un perfil breve, directo y claro.

    Entre las personas que me contactan, hay muchas curiosas, o profesionales en busca de dinero por sus servicios, apareció una con rostro tierno y angelical, divertidísima, madre de dos hijos, residente en otra provincia, habría que hacer kilómetros si las conversaciones avanzan, tal como hicieron, dejé claro que sería una relación de sumisión, y ella tuvo que revisar qué coño había pasado, dónde se había metido… no tenía ni idea, por lo visto algún amigo muy liberal le había pasado el dato de la web, ella entró, vio la foto de un hombre guapo (o eso dice ella) y quiso conocerlo, de hecho volvió a entrar en la web para leer mi perfil, como NO había hecho, y entonces sí que comprendió que la esperaba, pero había buen rollo entre los dos, y ella deseaba nuevas experiencias, así que avanzamos.

    Vía chat empecé a dominarla, con órdenes sencillas, como saludar y despedirse, asumir que sería llamada perrita, puta, esclava, que se dirigiría a mí como señor o amo, que habría de enviarme las fotos que fui demandando y asumiendo las posiciones que exigí… desde el comienzo hemos tenido dos vertientes claras, leales amigos cuando hablamos fuera del rol, amo firme y perra obediente, cuando empiezan los juegos.

    De piel clara, rolliza, sonrisa fácil y un extraordinario coraje personal, ganó mi confianza, obedeció mis peticiones, y mereció el desplazamiento de su amo. Así que improvisadamente me metí 150 km en cuanto se levantaron restricciones y se permitió el movimiento, y me planté en su local, un espacio de restauración en un local que otros habían dejado por imposible, y ella, trabajadora como pocos, levantó y hace crecer cada día.

    Solo era un acercamiento, una Coca Cola, en una mesa desde la que observé sus movimientos, su cuerpo, pechos grandes, cadera generosa, un culo que sería un placer azotar… aunque tuvimos breves momentos para conversar, fue una charla amable, discreta, educada… ella tiene pareja, vecino de la zona, no había por que alterar su vida diaria, esto era su deseo secreto…

    Como amigo me invitó a conocer la cocina, los rincones interiores, el personal que se movía por allí, hacía imposible cualquier intento de nada, sin embargo, entre la cocina y la barra había un pasillo, solo usado por el personal, que no era mucho aquella tarde, así que en el momento exacto en que lo atravesaba para salir, me giré la sujeté de la nuca y la hale hacia mí para comer su boca, que respondió hambrienta, y deslizar mis manos palpando, apretando con firmeza sus buenos pechos, una delantera potente, tenéis mi palabra. Fue solo el abrebocas, marche sabiendo que la perra había disfrutado el pasabocas, hambrienta esperaba más.

    Unas semanas después regresé, me senté en el local, esperé paciente, ella estaba intranquila, nerviosa, la veía rematar pendientes, era el día que vendría a un habitación de hotel para ser mi sumisa… salimos, subimos a su coche, es de Europa del Este, así que mientras conducía me concentré en ver sus facciones… y apretar sus pechos…

    Menudo corte le dio llegar al hotel discreto, y encontrar a una paisana atendiendo la recepción, dudo, de nuevo nos tomamos una Coca Cola, y nos sentamos fuera por un momento mientras ella superaba la vergüenza, mientras estábamos allí sentados (me lo ha contado luego), me observaba llena de nervios, tenía miedo de una experiencia que no conocía, tenía miedo que mi vena dominante la atropellará, incluso tuvo miedo de no satisfacerme, pero el deseo fue más fuerte, nos registramos, así que subimos, y se rindió a su amo.

    Lo primero que hice fue orientarla contra la pared, sometiéndola, mientras mis manos recorrían su cuerpo, despojándola de su ropa, su cara se torcía por encima de su hombro derecho para corresponder mi boca, mis labios, mi lengua juguetona, mi cuerpo hacía el resto, siendo más alto, y ancho de espalda, la presión de mi cuerpo la mantenía en su sitio sin escapatoria, solo sentir, retorcerse, besar y susurrar: sí amo, cuando yo mismo soltaba en sus oídos: has venido hasta aquí para ser perra y esclava.

    Desnuda y rendida la lleve con firmeza hasta la cama, dónde se puso a 4 patas, altura justa para azotar sus nalgas abundantes, y penetrar su sexo, empotrándola sin miramientos, recuerdo que su rostro estaba enterrado en las sábanas y su manos apretaban tanto como podía abarcar, mientras tanto yo disfrutaba empotrar, retiraba mi cadera y volvía de nuevo a la carga, haciéndola clamar: ¡¡Ah!! Cada vez que empujaba con fuerza la cadera hacia delante.

    Me retiré, agarrándola del pelo hacía mí para que girará y se pusiera de rodillas junto a la cama, era el turno de enseñar cómo agradece el miembro de su amo, forcé un poco su boca, dejé que disfrutará la mamada, también retiré mi miembro venoso por momentos para ponerlo entre sus pechos, enormes, se perdía en medio de ellos, pero tenía ante mí una perra entregada, apretándola con sus pechos, iba de arriba – abajo con dedicación, y quitaba los pechos cuando ponía la mano en su cabeza, no hicieron falta palabras para que entendiera que era cuando le tocaba tragársela hasta el fondo de su garganta.

    La subí a la cama, boca arriba tendida de lado, de modo que mi mano izquierda llegaba a su sexo, húmedo, excitado, mi mano jugaba mientras yo seguía de pie ante la cama y ella, de medio lado, hacía su mejor esfuerzo por seguir comiéndomela: ensalivara bien, le ordené. Buena perra, se esmeró a consciencia.

    Lento me retiré, me dirigí a tenderme sobre ella, penetrándola a misionero, estaba encantada, en la gloria, gemía, sudaba, explotó aún más cuando me puse de rodillas ante ella y sujeté sus piernas hacía su pecho, sujetando con fuerza bajo sus rodillas y empujando sin delicadeza en su vagina… aunque solo era un pasatiempo; me retiré, dirigí la cabeza de mi pene a la entrada de su ano, se sobresaltó, no lo había experimentado muchas veces… Aquí es muy importante indicar que un buen amo es observador, si no sabes interpretar su cuerpo y sus señales puedes perderla… noté sus nervios, pero también su excitación, así que volví a penetrar su coñito para recoger más humedad y lubricación, entonces sin ternura, pero sin vacilación, puse mi pene en la entrada de su culo, y empujé sin ceder un ápice… hasta que su anillo cedió y mi polla entró despacio, sin prisa, enterrando cada centímetro de carne en su apretado culo, follándolo, empujando mientras sus gemidos y su humedad en la vagina mostraban como lo estaba disfrutando.

    Ahora fue diferente, pierna izquierda en alto sujeta por el tobillo con mi mano, mi mano derecha masajeando su clítoris, mi polla en su culo, dilatándolo, su pierna derecha extendida en la cama, aumentado su apertura y su disposición al máximo, allí estuvimos hasta que su orgasmo llegó, el mío se aproximaba, y fue cuando confirmé mis siguientes pedidos: a partir de ahora este culo es solo mío, y lo usaré cuando me dé la gana… a tu pareja nunca más… – Conforme, amo. (fue su respuesta)

    Con su aceptación y entrega de “propiedad” ya no aguante más, mi orgasmo explotó, llenando su culo de mi corrida, espesa y abundante, agh, como lo disfruté… Ella quedó rendida y yo me tumbé a su lado para recuperar el aliento.

    La verdad es que me recupero rápido, así que ambos tomamos una ducha, listos para el segundo asalto, ya no habría sumisión, era el momento de los mimos, así que regresamos a la cama, a besarnos, mientras yo acariciaba sus pechos abundantes, sus muslos, su coñito, recorría su cuerpo y ella mi espalda, mis nalgas, mis brazos, de nuevo a misionero.

    Ahora la penetre por el coño, poco a poco, acoplándonos, disfrutándonos, mimándola y acompañando sus caderas que empujaban hacía abajo al compás de mis empujes hacia delante, estaba excitada, mojada, tuvimos momentos en que costaba mantenerla dentro ante su humedad, este era un segundo asalto tierno, delicado, aunque su ardor no bajaba, así que empecé a penetrar con más fuerza, más intensidad, con empuje hasta explotar en su orgasmo fuerte… que terminó de echarme de su cuerpo con tanta humedad, a la vez que el placer que veía en su rostro confirmaba su deleite…

    Llegaba el momento de volver a la realidad, nos vestimos, regresamos, ella entró a su local, donde su familia llegó por sorpresa a celebrar su cumpleaños, a mí ella me había “soplado la vela” que daba gusto… yo seguí caminando hacía mi coche, de vuelta a casa, sin que nadie supiera quién era yo, ni que ella venía con una sonrisa de haber sido mi puta y mi perra de culo abierto…

    PD. He compartido este relato con su coprotagonista, cumplía mi promesa, recordar aquellos detalles ha sido especialmente valioso: se ha sentido respetada, valorada, a la par que sometida, ansiosa espera por nuevos encuentros y experiencias más intensas, ya habrá tiempo para juguetes y quizás una mujer más en la sesión.

    Espero que os guste y dejar algún comentario… es gratis.

  • Queriendo olvidar (capítulo dieciocho)

    Queriendo olvidar (capítulo dieciocho)

    En el pueblo no me fue difícil dar con William que sorprendido me saludó porque estaría convencido de que me quedaría con Luis. Le conté que lo sabía todo y le pregunté por qué no me lo había contado.

    – ¡Mira, cosita rica, tú tienes un problema! Siempre lo has tenido y es que te enamoras. – sentenció – Entre maricones y bugarrones no hay amor, hay solo singueta. No sé, pero no funciona, escúchame, no funciona el querer ser la gente o la pareja o la mujer o el marido de alguien, eso no funciona.

    – Pero… – intenté protestar.

    – No, no hay peros que valgan. Es muy simple, esto es para gozar, singar y ya.

    No compartía la idea de William, él tenía más años que yo, estaba en esto desde hace mucho y tenía, por supuesto, más calle que yo pero no podía aceptar aquel orden.

    – Mejor te hubieras quedado con el Caballo, allí tenías pinga a tope. Olvídate de ese Coque por el momento, ya esa pinga volverá a ti… – trató de calmarme – ¿Qué quieres hacer? ¿Para qué has venido?

    – ¿Por qué me ha hecho esta mierda?

    – Mira, culo, no cojas lucha con eso…, ¿qué vas a hacer? Ya todo está hecho…

    – Pero, pinga, ¿por qué no me lo dijo?

    – Ja, ja, ja … -rió William – ¿Qué te dije una vez? Te lo repito, tú eres maricón y los maricones están para eso, para que le den por culo, para que lo usen y chuleen, para mamar, para sacar leche a los machos…y ya. ¡Te lo dije y mételo en la cabezota esa! Coque te dio morronga y leche a montón, pues ya ¿lo gozaste? ¿Dime?

    – Coque me decía otra cosa…. – protesté yo.

    – No, no, maricón, el negro te decía lo que tú querías oír que es diferente. A ver, ven, … vamos…

    Me pasó el brazo por el hombre llevándome hacia el baño de La Placita, nos fuimos alejando de la claridad de la única farola de la parada, él me cogió la mano para que le cogiera la pinga. El muy cabrón ya la tenía dura. Entramos al baño que la parecer lo habían limpiado porque no apestaba. Fuimos a la última cabina, William me hizo bajar el pantalón y darme la vuelta. Iba a ir al directo. Escuché como se escupía la mano y sentí ensalivar mi culo, poner su pinga y meterla sin detenerse. Jadeé al sentirla de nuevo, mil veces me había singado pero siempre me provocaba aquella sensación de que me partía en dos. Pero él era el maestro, sabía cómo hacerlo y cómo dar placer. La sentí entrar, sentí como me cogía por la cintura y apretaba, eso quería decir que le gustaba. Yo apoyé los brazos en la pared y él me singó a lo macho, sin parar, apurando para venirse. Se vino, sentí como rugió y sus dedos se clavaron en mis nalgas. Sacó la pinga pero me dijo “quédate así”, alguien se puso detrás y metió su pinga. William me estaba chuleando como acostumbraba. No sabía quién era y aunque me hubiera vuelto, no habría visto nada con la oscuridad. El tipo que me singaba lo hacía con fuerza, al rato sentí que se estaba viniendo, respiré sabiendo que terminaría, lo escuché casi gritar mientras empujaba duro, pero no paró, siguió singándome. Su pinga seguía tan dura como al principio, siendo la segunda vez fue largo. Se pasó un buen tiempo dando pinga a su antojo hasta que se vino y entonces sí la sacó.

    Cuando volví la cabeza solo pude ver una silueta que salía por la puerta donde había más claridad, en ese momento sentí que alguien me abrazaba y presionando la nuca me obligaba a ponerme como antes. Era otro, otro más me estaba ya dando pinga a su antojo. Por el entrepierna sentía como chorreaba la leche que salía de mi culo, leche caliente. Escuché a William hablar con alguien, al parecer había allí otro. De pronto se vio la claridad de la llama temblante de un fósforo, olí el humo de un cigarro y otra mano que tocaba mis nalgas. El que me singaba terminó y se fue, me quede en la misma posición que estaba. El que fumaba empezó a acariciar mi ojete ya singado y lechoso, se me escapó un peo y la leche salió, pero la cogió con su mano y me la metió de nuevo. Después metió la pinga que resultó ser gorda y agarrándome por los hombros me singó empujando como tratando de demostrar que era el macho en aquella situación. Cuando terminó se limpió su pinga en mis nalgas y se largó.

    Me vestí y salí, afuera en el banco al lado de baño estaba William junto con alguien que por la oscuridad no lo veía, fumaba, al parecer fue el último que me había singado.

    – ¡Mira, culo! ¿Sabes quién es? – me dijo William.

    – No, como estaba yo, no pude verlo. – bromeé.

    – Pues mejor, vamos para su casa…vive aquí cerca…

    Salimos del parque oscuro, en la calle pude ver quién era. No lo conocía, llevaba un pantalón ancho y una camiseta blanca muy ajustada, tenía un bigote fino y tendría unos treinta y pico de años. Se le veía machote, fumaba a lo macho, muy varonil. Cuando llegamos a la esquina, William se despidió como acostumbraba y nosotros entramos en una casa que había visto mil veces pero nunca me había imaginado que allí viviera un bugarrón. Nada más entrar y cerrar la puerta de la calle, me atrajo para besarme, abrazarme y meter su mano por mi pantalón para llegar a mi culo, me lo acarició.

    -¡Mami, qué rico lo tienes! ¡Y mojadito como me gusta a mí! – me dijo mirándome a los ojos.

    – Papo, voy a tener que ir al baño, ya tengo el calzoncillo mojado…

    – ¡Bah, déjalo así! Lo tienes lleno de leche…¿te gusta?

    – ¿Qué?

    – Pues tener el culo lleno de leche…

    -¿Te dio la impresión de que no me gustaba?

    – ¡No, que va! – de nuevo me besó – al contrario, me di cuenta que lo disfrutas de verdad. ¿Sabes lo que me ha gustado de ti?

    – No sé…dímelo tú.

    – Pues que no eres como los demás mariquitas que nada más de meterle la pinga empiezan a lloriquear y a quejarse, vi que lo gozas mucho ¿me equivoco?

    – No, papo, no te equivocas, a mí me gusta que me den pinga, que me den leche y que me vuelvan a dar pinga…

    Se desnudó en nada y yo lo seguí, se sentó en el sofá invitándome a sentarme sobre su pinga. Cuando intenté hacerlo se me escapó otro chorro de semen. Tenía el culo que no podía más. Él cogió la leche y la uso como lubricante, me senté en su pinga mirándole a los ojos. Nos besamos con pasión cuando me senté completamente.

    – Mami, no te preocupes si se te sale la leche, yo te voy a llenar de nuevo ese culito.

    Yo apoyándome en las rodillas empecé a moverme, mirándolo, besándolo.

    – ¡Eso es lo que me vuelve loco! Pero cómo te gusta la pinga, …cojones, …tú eres el maricón que estaba buscando, ¿pero dónde estabas antes?

    Nos quedamos allí en el sofá, yo sentado sobre él moviéndome de arriba a abajo, él con los ojos en blanco mordiéndose los labios, jadeando.

    – ¿Te gusta? – le pregunté sabiendo su respuesta. – ¿Quieres que te saque la leche así?

    – ¿Vas a poder hacerlo? Mira que ya te di leche, ahora me voy a demorar…-me respondió coqueto.

    – Déjame que te saque la leche dando culo…

    – Pues dale culo a esta pinga, es tuya, mami…

    No dejábamos de singar, de acariciarnos, de mirarnos, de besarnos. Me sentía bien con aquel tipo que no había visto antes o que ni recordaba haberlo visto. Me tenía allí, clavado y yo dando cintura sobre él, y él gimiendo de placer. Cuando sentí al rato largo que sus dedos se clavaban en mis nalgas, supuse que era el momento que iba a venirse e intensifiqué mis movimientos. Él se vino rugiendo esta vez, apretándome contra sí y yo me vine también de lo caliente que estaba. Nos besamos con fuerza.

    – ¡Uf, qué rico!¡Cojones!, ¿te has venido solo sin pajearte?

    – ¡Sí, macho, me has singado tan rico que me vine solo!

    – ¡Bueno, yo ni me he movido, has sido tú! Pero eres el mejor, se te puede dar pinga y no hay que hacerte la paja, te vienes solo…, eres como una jeba, le das pinga y se viene.

    – Ya te dije que me gustaba… ¿o se te ha olvidado?

    – ¡Qué va! Esto no hay quien lo olvide…., vi cuántos te singaron en el baño y tienes aguante…¡Mira que he singado mariconcitos y todos se ponen a quejarse! Mira, ¿ves? La tienes adentro todavía y ni sacártela piensas…

    – ¡Papo!- lo besé- Es que siento que se te ha quedado dura después de haberte venido dos veces…

    – Yo puedo más…, solo tienes que pedir.

    En respuesta me levanté sacando su pinga y me acosté en el sofá con la piernas abiertas y levantando las nalgas en una clara invitación. Él me acarició las nalgas, pasó un dedo por mi culo húmedo y dilatado, se incorporó y empezó a besar mis nalgas, abriéndolas empezó a lamer mi culo. Me giré para verlo, me miraba, alzó la cabeza, tenía el bigote lleno de semen. Se puso sobre mí y metió su pinga, se acostó sobre mí suavemente para besarme. No era solo un beso, me daba la leche que había recogido de mi culo. Nos besamos como locos, como hambrientos animales. Me abrazaba, besaba, mordía, suspiraba a mi oído y me murmuraba muchas cosas, me decía “qué culo más rico”, “te quiero, te quiero”, “puta maricona”, “te voy a reventar de tanta pinga”, …, iba de frases soases a pasionales, y sin dejar de moverse suavemente y yo en el séptimo cielo de tanto goce. Se vino dos veces, yo solo una, repitió cada vez la misma operación que había hecho antes, se venía y sacaba su pinga, me comía el culo con la lengua y en un beso me daba su semen mezclado de saliva. Antes de quedarnos dormidos conversamos, me dijo que se llamaba Benito, que hacía poco que vivía allí, que antes vivía en Marianao pero por cosas del trabajo se había mudado paras el pueblo. Me propuso lo que antes me había propuesto Luis, El caballo, y que antes tantos me lo habían dicho. Le conté lo que había pasado, no tenía intención de ocultar la verdad aunque no quería que me tuviera lastima por lo que me había hecho Coque.

    – ¡Mira, no nos conocemos! Desde ayer estamos singando y me gustas, y creo que yo también te gusto. Así que no veo ningún problema en que sigas con el de Güira o con William o con quien desees, … eres tú quien tiene que decidir qué vas a hacer…

    – Pero…

    – No me digas nada- me besó- a ver, te conocí en ese baño público donde te estaban singando por turno gente que ni viste siquiera, no te juzgo, yo te singué…, lo que pasa es que me has gustado y lo que te propongo es que vengas de vez en cuando o todos los días, ya se verá quién eres y quién es tu macho. Pero antes de que me digas que quieres ser mi jeba, primero me tienes que conocer. ¿Probamos a ver si nos funciona?

    Yo lo abracé, después lo besé y me arrodillé para empezar a chuparle la pinga. Le dije que quería mi leche matutina, él sonrió y se dejó mamar, suspiraba, gemía al rato me dijo que quería singarme pero le dije que no, que yo quería mi leche de desayuno, después si quería podría singarme. Le mamé hasta que se vino en mi boca mientras gritaba y me agarraba la cabeza para que no devolviera su pinga de mi boca. Alguna gota cayó al suelo, la lamí. Me levanté, lo besé y me volví ofreciéndole mi culo. Se ensalivó la pinga y me la metió allí de pie en la cocina. Hicimos el amor a lo macho pero con pasión. Después desayunamos y yo me fui antes pues él tenía que prepararse para ir a trabajar. Me dijo mientras me daba un beso “ a las ocho ya estoy en casa”.

    Sabía a dónde tenía que ir para saber todos los detalles, encontré a la persona indicada, un viejo bugarrón que vivía cerca de Coque. Lo conocía pero nunca había tenido que pedirle un favor. Yo lo tenía claro que ir a su casa y pedirle que me contara lo que sabía no me saldría gratis. Me mandó a entrar medio sorprendido, pero cuando escuchó lo que quería la cara arrugada se le iluminó, no tardó ni un segundo en proponerme “te lo diré todo cuando te meta la pinga en tu culo”. Me hizo pasar al cuarto, me desnudé y me acosté en la cama boca abajo. Se desnudó y abriendo mis nalgas empezó a lamer mi culo, lo lamía, lo besaba, lo mordía. Después se acostó sobre mientras besaba mi nuca.

    -¡Mami, sientes lo que te espera!

    – Sabía que tenías buena pinga, eso lo saben todos…

    -Te voy a dar por culo mucho, hace un montón que no singo….

    – Pues dale, aprovecha…-le dije yo

    Sentí como ensalivaba mi ojete y ponía su pinga que a pesar de los años estaba dura. La metió suave, disfrutando lo que hacía. Se dio cuenta de que me habían singado antes, me lo dijo, yo le confirmé para que se sintiera mejor o se desanimara, pero siguió prometiendo que me llenaría de leche el culo. Al rato sentí que se venía, jadeó, gimió, pero no sacó su pinga por el contrario siguió como si nada en busca de una segunda vez. Fue cuando empezó a hablar, me dijo de la boda, de la celebración, de que se habían ido a un hotel en Varadero a pasar la luna de miel. Después cambiamos de pose, yo me senté encima, pero como no me gustaba, terminamos de nuevo en la misma pose de él encima. Cuando se vino por segunda vez, me besó toda la espalda, el culo a la vez que le daba lengüetazos.

    – ¿Quieres un consejo?-me dijo, yo asentí.- Mira lo mejor que haces es olvidar al negro…, sé para qué me has dado el culo, para saber dónde está ¿Y eso que resuelve? Él estará allí con su mujer, tú allá no tienes cabida. Ese tipo no sirve.

    – Pero, …

    – Los jóvenes están alocados, sienta cabeza y no te juntes con gente que no sirve. ¿Quieres hacerle sentir mal? Mira, solo te vale venir aquí y que él piense que te estoy singando, eso le va a doler más que un escándalo. Te lo digo, no comas mierda. Piénsalo bien…, machos que quieran darte pinga vas a tener a montones aquí. Sé que te gusta el negro, sé que tiene una morronga de lujo…pero no está para ti.

    Hablamos bastante tiempo, no era tan vulgar como parecía, me daba muchos consejos. Me hizo café, tomamos, hasta nos reímos un poco. Cuando me despedí, me dijo con sinceridad.

    – ¡Me gustaría singarte pero queriéndolo tú.

    – Algún día.- le dije yo a modo de despedida.

    Por la noche después haberme bañado, salí pensando que iría a casa de Benito pero al pasar por la parada de guaguas, coincidió que venía la de Güira y sin pensarlo me subí rumbo a casa de Luis. La guagua me dejó en la entrada de la finca, había tremenda oscuridad, pero se veía algo y sobre todo la casa, el portal alumbrado. Hacía fresco y la brisa era agradable. A mitad del camino los perros comenzaron a ladrar y Luis salió al portal, me alegró verlo, tan robusto y machote, con su tabaco en la mano. Salió del portal para ver mejor, los perros se me acercaron meneando los rabos, me habían reconocido.

    Luis me recibió contento, con esa sonrisa franca que tenía. Me tendió la mano, un gesto bien machote y nos fuimos adentro, cerrando la puerta me atrajó hacia sí, me abrazó besándome fuerte. Me gustaba su olor a tabaco, su saliva y hasta su sudor me atraía. Metió su mano por mi pantalón en busca de mi culo, suave, como deleitándose del momento. Nos mirábamos y nos besábamos al mismo tiempo.

    – ¡Bueno, lo tienej ahí y rico como siempre!- me murmuró al oído haciendo alusión a que sabía que había singado la noche que había estado fuera.- ¡Ejpero que te haigan trata´o bien ese culito!

    Empecé a contarle lo que había pasado pero no pude continuar porque ya se había sacado la pinga y me había presionado los hombros para que me arrodillara delante y empezara a mamar. Volví a sentir el sabor salado de su pinga, el olor de sus cojones. Me gustaba el muy cabrón.

    – ¿Qué me estabas diciendo?- me preguntó, pero no dejó que dejara de mamar su pinga- bueno, mamando no podrás contarme mucho.

    Yo asentí con un movimiento de la cabeza mirando hacia arriba y con la pinga en la boca. Eso nos gustaba a los dos, él lo disfrutaba y yo igual. Estuvimos así mucho tiempo, me pareció que buscaba venirse en mi boca, que le sacara la leche mamando y al rato me dijo que le sacara hasta la última gota. Lo sabía, su actitud ya lo descubría.

    – ¡Traga, uf, traga, maricón!- grito al venirse, y yo tragué algo y escupiendo un poco del semen le lubriqué la pinga.

    – ¡Métemela ahora que sigue dura!- le dije mientras abría mis nalgas.

    Luis lo hacía bien, el guajiro tenía aguante y fuerza, la pinga seguía como si nada hubiera pasado. Me la metió sin ceremonia alguna, directo, hasta el fondo. Suspiró, me abrazó.

    – ¡Cojones, mi vida, qué culito máj caliente! ¡Uf, te habrán da´o mucha caña ayer, pero lo sigues teniendo rico!

    Nos fuimos al sofá donde nos dejamos caer abrazados. Me abrazaba con una mano, con la otra sostenía el puro y daba bocanadas enormes.

    – ¿Sabes? Nos quedamoj un rato así, no te voy a singa…, dentro de una hora, maj o menoj, vienen unoj amigos a jugá dominó.

    – No pasa nada, mi amor…, ya singaremos después.

    – …o te singamos los cuatro por turno…, claro, sí tu quiere.

    – Tú eres quien manda, yo no te niego nada a ti…

    – ¡Mi vi´a, ejte que está aquí sabe lo que le gujta a usté!…pero a vel, cuéntame…

    Yo empecé a contarle todo, todo, porque sabía que le interesaba y más teniéndome clavado con su pinga dura. Le fui contando lo de William en el baño público, lo de Benito y después como fui al vecino de Coque al final me puse algo sentimental, casi se me salió un sollozo mientras me preguntaba por qué me hacía aquello. Luis empujó su pinga como diciéndome que pensara en lo que tenía y no en lo que no tenía. Me besó, un beso largo con sabor a tabaco.

    – ¡Mi amol, mira cómo te tengo! Deja de pensal en ese mielda….tú valej mucho.

    De verdad que me hacía sentir bien, era un tipo rudo y tierno, iba a lo que le gustaba sin miramiento alguno. Me besaba continuamente, me acariciaba y a cada rato me hacía sentir que me tenía cogido, se movía con suavidad o con su mano tocaba el borde de mi ojete lleno de su pinga gorda. Él sabía lo que me hacía sentir, yo me erizaba, gemía.

    – ¡Te quiero! Te quiero mucho…- le dije.

    -¡Pue pi´e pol esa boca!- me susurró al oído- ¡dale, pide…!

    – ¡Quiero la leche de mi marido!

    La respuesta la esperaba, me hizo acostarme sobre el sofá y empezó a singarme duro, como si fuera la última vez o como si hiciera un montón de tiempo que no singaba, se agarraba de mi cintura y bombeaba mi ojete provocando mucho gusto. Y así bastante tiempo hasta que sentí sus bufidos y sus manos apretando duro, se venía como un animal. Me dejó contentó, cayó sobre mi espalda, me besó muchas veces. Cuando se venía se volvía más tierno de lo que comúnmente era. Sacó su pinga todavía tiesa, de mi ojete dilatado se escapó el semen.

    – ¡Qu´date así, mami!, de´cansa un poco que cuando vengan loj socioj, ya velás! -me dijo mientras se ponía el pantalón y salía al portal a esperar a sus amigos que vendrían a jugar dominó. Al rato escuché el ruido de un tractor que se acercaba y los ladridos de los perros. Escuché las voces, los saludos, como se sentaban a la mesa, intercambiaban chistes, bromas- ¡Oye, Pepe, ve adentro y trae unaj ce´vesas!- dijo Luis.

    Pepe entró y se quedó como petrificado, se acercó y pasó su mano por mis nalgas, bajó por la raja hasta llegar al culo. Palpó mi ojete recién singado por Luis, se arrodilló y abrió mis nalgas con sus manos para ver mi ojete lleno de leche.

    – ¡Coño, pero si lo tienes chorreando leche!

    – ¡Si quieres puedes llenarlo de nuevo con tu leche!- le dije.

    Pepe al contrario de lo que pensaba, llamó a grito a los demás que entraron entre risas y bromas. Pepe seguía embobado con mi culo que escupía y lamía mientras murmuraba que le gustaba, pero muy rápido ya estaba metiendo su rabo en mi culo. Alguien ya se había plantado delante de mí blandiendo su pinga negra para que se la mamara. Alcé la vista para mirarlo, no lo conocía, tenía bigote, era negro. Me sonrió y con una mano me acarició la cabeza hasta llegar a la nuca para terminar presionando para que me tragara todo el rabo. A mi lado apareció una tercera pinga, gorda y cabezona. Nos sabía dónde estaría Luis, hasta que aprovechando un respiro pude verlo en un sillón sentado mirando. Estaba desnudo, con la pinga tiesa, las piernas abiertas, fumando su puro. Nos miramos, él se adelantó y me dijo que miraría todo, que ya después me singaría. Volvió a su sillón dejando a sus amigos desahogarse conmigo.

    La tanda fue larga, uno de ellos se vino muy rápido pero los otros dos se demoraron una eternidad. Ya había dejado de sentir algo, supuse que por la dilatación de aquellas singadas sin pausa que estaba recibiendo. No iba a protestar, cumplía con lo que le gustaba a Luis, mi macho y con lo que tanto me encantaba a mí. Me sentía agotado, allí quedé en el sofá mirando a mi hombre que me sonreía.

    Luis se levantó dejando que los otros se sentaran para mirar, se acercó, me besó mientras me preguntaba si me sentía bien. Con su mano recogió un poco de semen que se había derramado y me la dio para que me la tragara. Aquello provocó exclamaciones en sus amigos. Luis siguió recogiendo la leche que me iba saliendo y me la daba, yo le chupaba los dedos. Sabía que le gustaba mucho. Al rato me abrió las nalgas y empezó a lamer mi culo recién singado, después les dijo “ejto ej lo que vuerve loco a los mariconej” y tenía razón, sentir su lenga, los pelos de su barba y bigote me gustaba mucho, me hacía gemir de placer.

    – ¡Métemela, métemela, coño!-grité yo, sabiendo que eso le gustaba.

    -¿Qué quiere mi reina?-me preguntó Luis con zalamería pero sin detenerse de lamer mi culo.

    – ¡Quiero pinga, pinga!

    Me hacía pedir a gritos, suplicar. Sus amigos estaban alegres, decía que era mejor que una película porno. Luis se subió sobre mí diciendo que me iba a singar como nadie y así lo hizo. Cuando me metió su pinga volví a sentir ese placer, ese cosquilleo que me llenaba y me hacía moverme, revolverme. Estuvo dando pinga mucho rato hasta que dijo que quería darme la leche en la boca. Yo me arrodillé delante de mi macho y él me singó la boca hasta venirse. Yo me agarré de sus caderas para tragar todo su rabo, cosa que era casi imposible, pero toda su leche la recibí en mi garganta.

    El negro se acercó con la pinga de nuevo tiesa, quería singar de nuevo.

    – Oye, ya tengo el ojete rojo- le dije.

    – ¡Mi nene! – intervino Luis – Ej nuejtro invitao…¿lo vaj a dejal así? Ademaj tú erej maricóny a loj mariconej les gujta que les den pinga…

    No se habló más, el amiguete me metió su pinga sin considerar nada y me singó duro, muy duro. No niego que me gustaba, no lo negaría pero al menos un respiro tendrían que haberme dado, Luis se sentó delante de mí acariciándome la cara, a veces besándome y diciéndome que la estaba pasando bien, que yo me había comportado como lo que era, que desde aquel día mi culo iba a ser un chocho, que lo estaba haciendo bien, que me quería, que era su mujer.

    Si veía alguna mueca de disgusto, me besaba y me decía que aguantara, que yo tenía aguante. El negro seguía dando embestidas a su antojo. No paraba, era como una máquina singando, otro de los amigos se puso delante de mí para que se la mamara de nuevo. Yo solo abrí la boca porque lo que hizo fue singarme la boca. El que me singaba se vino dando gruñidos, cuando sacó su pinga sentí alivio pero por poco tiempo, el tercero me la metió de golpe. Quise librarme de él y del que tenía delante pero se confabularon para inmovilizarme dejando que el otro me singara. Grité y uno de ellos me dijo al oído que gritara, que gritara todo lo que pudiera porque nadie me iba a oír.

    – ¡Mira, mi nene! – intervino Luis cogiendo mi cara – Estáj aquí polque te gujta la pinga, te gujta que te singuen, así que goza ahora…aquí no hay problema, a nosotroj noj gusta dar pol culo y a ti que te den pol culo…

    Fue abusivo lo que me pasó, no esperaba que Luis me hiciera aquello. Me metieron un calzoncillo en la boca para que no gritara más, me ataron las manos y me singaron bastante tiempo, se turnaban, hacían chistes, me hicieron sentir despreciable porque lo que podía haber sido una orgía se había convertido en una violación. Aquella tortura terminó finalmente, me dejaron allí, me sentía molido pero más que eso era la rabia de todo. Traté de ponerme de pie pero las piernas no me resistían, olía a semen, mis nalgas, mis muslos estaban mojados y sentía como adormecido el culo.

    Luis después de despedirse de sus amigos vino, se sentó a mi lado y quiso besarme, volví la cara. No me hizo caso y me abrazó.

    – Nene, no te pongaj bravo…¿no me digaj que no te gutó?

    – No, cuando digo que no, es que no.

    – ¡A ver, mi vida!-me dijo mientras me besaba y sus dedos rozaban mi culo- Este culito está pa´eso, pa´singarlo. Pero si tú lo sabej bien…, a ti te guta la pinga, la leche y que te den pinga…- lo miré con recelo, él cogió mi mano y la llevó a su pinga-¿no me va a decil que no te guta esto?

    Me quedé con su pinga en la mano, él mirando a mis ojos, lo besé. Él sonrió satisfecho. Nos abrazamos, nos besamos.

    – Sabej, entre nosotros to va bien porque tenemos claro lo que nos guta.

    – Pero…

    – Na, de pero…a mí me gusta singar, dar pinga, dar leche…gozar y a ti te gusta dar el culo, mamar, tragar leche ¿Dónde eta el problema? Mira, nene, hoy haj tenido lo que muchoj maricones sueñan…y ahora tienes a tu macho aquí…

    Me besaba, me acariciaba, me iban tocando cada punto herógeno de mi cuerpo y cuando vio que se me ponía dura mi pinga, me hizo ponerme frente al espejo y comenzó a singarme. Luis sabía cómo tenerme, cómo sacar de mí lo que más me gustaba y lo que él deseaba.

    – ¡Mira, mira…! -me dijo mientras nos poníamos de lado para ver en el espejo como me clavaba su pinga.- Mami, tienej metío en tu culo tremendo pingón y yo, yo tengo este culito, el mejol del mundo.

    Era cierto, tenía el sexo de Luis dentro, gordo y largo, por eso le decía “El caballo” y además era un loco singando, le gustaba singar y singar, no se cansaba nunca. Era cariñoso y bruto a la vez, muy dado a las orgías. Allí frente al espejo me pidió que fuera su gente, que me quedara con él a vivir, que fuera su “jeba”. Me ofreció a que me quedara, que él me mantendría en todo y que no me iba a faltar lo que tanto me gustaba.

    Fue así como senté cabeza con aquel guajiro tosco y cariñoso, dulce y cañero. Nuestra relación duraría bastante.