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  • Historia de una hotwife: El Inquilino

    Historia de una hotwife: El Inquilino

    Hola machos cabrios soy su milf favorita Ishtar, les voy a contar otra experiencia sexual a través de un relato, espero me sigas en mis redes sociales, me encuentras como Ishtar Flores, a los que ya me sigan les agradezco el apoyo, sus fotos de sus miembros, me sonrojan, algunos están muy dotados, besos, sin mas preámbulo comenzamos. Besos en sus miembros.

    Mi esposo y yo decidimos obtener un ingreso extra, debido a los gastos de la Universidad de nuestras hijas, gastos de la casa y sumado a la crisis del país, era una buena idea rentar el cuarto de servicio que tenemos en la parte trasera del jardín, cuenta con un baño, y un especio para estudiar, la solución se le ocurrió a mi esposo me pareció totalmente descabellada en un principio, pero analizándola con calma termine cediendo. Solamente que mi marido puso una condición: Verónica por cuestiones de seguridad, debemos rentarle a una mujer, tú sabes por la seguridad de nuestras hijas, solamente respondí, ok. El anuncio lo colocamos a principio de este año, sin obtener grandes resultados, fueron pasando los días y meses y no encontrábamos a nadie que reuniese un perfil adecuado y que pudiera ayudarnos con los gastos, a pesar de que empezábamos a tener urgencia por aumentar los ingresos fuese como fuese. Por eso nos planteamos admitir en casa a un joven llamado Dionisio, hizo cita para el 14 de marzo.

    Aquella tarde de marzo, regresaba del trabajo cuando a lo lejos veía a mi esposo platicando con un joven alto, al llegar quede impactada, -Veronica, amor, mira te presento a Dionisio, viene a ver lo de la renta del cuarto, -buenas tardes señora, un gusto, dijo con voz grave. Hola joven, apenas pude responder. Dionisio es guapo, con rasgos finos, moreno claro, gallardo, alto, aproximadamente, 1, 84, musculoso. Cuéntanos sobre ti, dijo mi esposo Joel, mire señor, soy estudiante de Ingeniería y estoy en el último año de mi carrera, realizo mi servicio social, y solamente les rentaría por los siguientes dos meses, en lo que termina este semestre, por eso le pido que me acepten, tengo referencias personales y académicas, no tomo, no fumo, por favor, consideren, he estado buscando un lugar donde rentar, porque la señora que nos rentaba a los estudiantes tuvo que vender su casa, para irse a Guerrero. Dionisio, realmente era un excelente estudiante, mi marido, le dijo, está bien muchacho, te acepto porque se ve que eres un caballero decente. Dionisio, respondió; muchas gracias, voy a traer mis cosas, para dormir esta noche, aquí.

    Aquella noche, yo estaba como Puma en celo, pero mi marido e hijas estaban en casa, no podía hacer nada por lo que me conforme con masturbarme mientras me bañaba, aquel joven me había aumentado mis calores infernales. Al siguiente día, en la mañana coincidieron con mis hijas Livia y Estefani, su padre las presento, y como era lógica, quedaron completamente gustosas con Dionisio, al percatarse de esto, mi marido me comento; crees que la presencia del joven vaya inquietar a las niñas, en mi mente dije, mi amor, a mí ya me alboroto las hormonas- le respondí: Joel, el muchacho se ve decente aparte nuestras hijas son unas niñas educadas y tienen novios, mi esposo, asevero, tienes razón. Pasaron los días, y aquel joven, nos ayudaba siempre que podía, en las labores domésticas.

    Recuerdo una tarde, regresé a casa algo más temprano de lo habitual, y sorprendí a Dionisio mirando nuestras ropas en especial las prendas íntimas. No debió escuchar mi llegar, me gustó observarlo mientras se deleitaba con nuestras bragas. Todavía no se había percatado de mi presencia cuando de entre las prendas mojadas, toco una de mis tangas. Se quedó mirándolo por unos segundos como embobado. Me excito verlo, yo quería coger con ese macho cabrío, desde el dia que lo vi, de repente volteo y se sorprendió al verme en la cocina. Titubeó como quien atrapa a un niño pequeño cometiendo alguna travesura. Trató de disimular lo evidente, que le habían llamado la atención mis prendas más íntimas.

    -¿Te gustan? -Yo…, esto…, no sé qué decir, no te vayas a pensar- titubeó por unos segundos, -tan solo quería ayudar a quitar la ropa, pero ya que me has atrapado, aprovecho para decirte que seguro que te ves estupenda con ellas- trató de mostrarse galante a modo de cumplido mientras señalaba alguna de las tangas que había tenido entre sus manos. -Gracias- le agradecí el piropo. -Tú tampoco debes estar mal con estos boxers- dije señalando su parte intima, para desgracias nuestra, abrieron la puerta y él se retiró a su cuarto, eran mis hijas, habían regresado de la Universidad. Si bien esa fue la primera conversación un poco picante que tuvimos entre los dos, con la confianza y el paso del tiempo sucedieron algunas más por el estilo.

    Los siguientes días, se mostró en todo momento atento y educado, se desvivía por hacerme favores. Todo lo contrario, a mi marido, que no se levantaba para nada del sillón y siempre me mandaba a mí por las cosas que se le olvidaban a él, alegando estar cansado. Su conversación era amena e inteligente, y si bien alguna vez lo había sorprendido en algún desliz observándome las piernas o el escote, esto hacía que aumentara mi celo. En consecuencia, mi lujuria y astucia, hicieron que instalara unas mini cámaras, en su baño y recamara, a través de la aplicación lo monitoreaba en mi celular, el ver ese tremendo físico al bañarse me excitaba, necesitaba copular con ese macho, también me percate que se masturbaba viendo pornografía, lo raro era que no eyaculaba. Así transcurrieron los siguientes días.

    En el puente de la primavera, mis hijas salieron de viaje con sus novios, y mi marido y yo, salimos a una cena con nuestras amistades, aquella noche bebimos algo más de la cuenta, lo suficiente como para desinhibirnos en nuestro regreso de madrugada a casa y terminar haciendo el amor en nuestra cama. Los dos lo necesitábamos, llevábamos mucho tiempo en que el estrés y las preocupaciones no nos dejaban culminar. Sumado a que yo seguía molesta por el hecho de que mi marido me dejo sola en nuestro aniversario 25. Juro que estaba disfrutando inocentemente hasta que mi marido me alertó por los gemidos y grititos que estaba pegando. Yo siempre he gemido mucho, lo reconozco, y no me controlo cuando estoy próxima al orgasmo. -silencio- dijo mi esposo tapándome la boca a una mano, -si sigues gritando así nos van a oír hasta los vecinos- me susurró mi marido al oído mientras me penetraba a lo misionero tratando de que no hiciera ruido y con la luz apagada.

    -Lo siento no puedo evitarlo- articulé como pude entre jadeos y gritos. -¿Acaso quieres que te escuche Dionisio?,- me preguntó mi marido quitándome la mano de la boca para que pudiera respirar y alertándome para que no fuera tan escandalosa. Al decir el nombre de ese joven, mi calentura aumento, imaginándome copulando con ese macho. Evidentemente a mi esposo no le hacía ni pizca de gracia que nos escuchase nuestro inquilino. Mi marido comenzó a moverse de nuevo dentro de mí. Con su gordo cuerpo encima me costó respirar. Lo miré como estaba encima de mí al estilo conejero concentrado con los ojos cerrados. Quise encontrar en él una mirada cómplice que incendiara nuestro amor, pero no la encontré. Al contrario, lo observaba como permanecía ensimismado pensando en no venirse. Así continuamos por un momento, hasta que mi marido se corrió en mi interior completamente ajeno a mis necesidades, preocupado tan solo en su placer y en que no nos escuchase nuestro inquilino. -Ha estado genial, ¿no crees? – preguntó mi marido una vez que se salió de mí y se tumbó en su sitio al lado en la cama. -Claro que, si cariño, ha estado genial- repetí sus propias palabras.

    Al siguiente día, en la mañana me disponía ir a trabajar, y me cruce con Dionisio, quien me dijo-Al parecer ayer no la pasaste mal, disfrutaste el puente muy bien-¿Nos escuchaste?- le pregunté. -Era imposible no escucharlos- respondió como si fuese lo más natural del mundo para él escuchar yacer a otras parejas. -¡Qué vergüenza!- pronuncié tapándome la cara con las dos manos en plan mojigata.-Vamos Señora, no tienes de qué avergonzarte, es lo normal en una pareja- dijo tratando de quitar hierro al asunto. -Siento haberte despertado- traté de disculparme por haberle interrumpido el sueño. No tienes nada de que disculparte, al contrario, me gusto escucharte, bueno señora hermosa, me despido, que tengas un lindo día, así como tu sonrisa, me sonrojé y le di las gracias, aparte de que lo deseaba sexualmente, también era un caballero que me hacía sentirme una dama.

    Los días fueron transcurriendo, un miércoles creo recordar, cuando Dionisio se duchó al regresar de la Universidad y dejó la puerta de su baño entreabierta por primera vez en todo este tiempo, quiero pensar que por descuido. El caso es que, entre unas cosas y otras, entre pasar en el patio de un lado para otro haciendo las tareas de la casa, pude contemplarlo de pasada desnudo tras la cortina semitransparente de la ducha. Incluso en una de las idas y venidas me demoré intencionadamente por unos segundos en mis tareas contemplando su figura. En esos momentos, su figura difuminada desnuda tras una cortina de plástico y en comparación con la barriga de mi esposo, Dionisio le hacía honor a su nombre y su cuerpo era la de un Dios Helénico. Quise disimular haciendo como que pasaba por el pasillo del patio en el momento en el que escuché como se cerraba el grifo de la ducha. Dionisio corrió las cortinas de golpe mostrándose completamente desnudo mientras salía de la bañera con la intención de cubrirse con la toalla de baño. En esos momentos comprendí que se había dejado la puerta abierta del baño por verdadero descuido.

    Lo vi, me vio. Nos miramos mutuamente. Su mirada se cruzó con la mía en la distancia. Me sorprendió, me había atrapado. Se sonrió orgulloso de sí mismo mientras alcanzaba la toalla. Yo tardé en reaccionar presa del pánico. Él se demoró en taparse regocijándose de la situación y de mi asombro. Yo disimulé tratando de hacer ver que era todo fruto de la casualidad y un hecho fortuito debido a mis quehaceres como ama de casa en esos momentos. Me dijo: por fin vas hacer mía, mi amor, me tomo de la cintura y me beso, pero el encanto se rompió, cuando abrieron la puerta, era mi marido, y uno de sus socios, mi marido me llamo; Verónica, amor, ya vine.

    Aquella noche, me metí a la ducha, no pude evitar acordarme del cuerpo desnudo de Dionisio. Y eso que lo vi tan solo un instante, pero cuanto más me concentraba bajo el agua de la ducha en sus formas, con más nitidez y claridad rememoraba los detalles de su cuerpo. Tal es así que comencé a acariciarme poco a poco y terminé masturbándome, pude desahogarme a gusto. Quise sumirme en un mar de sensaciones placenteras e incluso dirigí el chorro de la ducha para que impactará directamente sobre mi clítoris, tal y como hacía de adolescente en casa de mis padres. Comenzaron a temblar en los primeros espasmos, pues resultó un orgasmo lento e intenso que me hizo gemir como una histérica. Lo que era en esos momentos. Una mujer desesperada que necesitaba calmar su cuerpo a toda costa. Me dejé llevar, grité, pero sobre todo disfruté. Al salir del baño di una revisada a las cámaras, y Dionisio se la estaba jalando, observé por varios minutos, después se guardó su miembro y fue a dormir, nuevamente no lo vi eyacular.

    Al otro día coincidimos, mientras mi marido aún se encontraba en el cuarto, me dijo, buenos días señora, buenos días Dionisio, ya te vas a la Universidad, ya bonita, te ves con sueño, si es que me desvele, mi mente me traiciono y pregunte-¿Te tocaste?- él se sorprendió, y a mí la idea me resultaba excitante en esos momentos, además de que no sé por qué, estaba disfrutando al hacerle confesar. Me hacía sentir poderosa al saberme deseada por otro hombre que no era mi marido, y con el que podía hablar claramente de estos temas. -¿En serio lo quieres saber?- me miró esta vez más serio de lo normal restando algo de naturalidad a la situación-Uhm, uhm. Si te tocaste pensando en mí, creo que tengo derecho a saberlo- le devolví la mirada provocando su respuesta. -Sí, me toqué- pronunció mirándome fijamente a los ojos orgulloso. – se me escapó una sonrisa de satisfacción al conocer su respuesta chupándome el dedo en plan niña mala forzando su confesión. -Tú lo has preguntado y yo te he respondido. ¿Qué quieres que hiciera? – se justificó de nuevo. -A saber, en qué estarías imaginándote. -Mejor no quieras saberlo- dijo antes de romper a reír los dos con risa floja tratando de aliviar el momento. El ruido de las llaves en la puerta interrumpió la risa. Mi marido se dirigía a nosotros. -¿De qué se ríen?- quiso saber mi marido.-De nada, de nada- dijimos los dos al mismo tiempo para asombro de mi esposo que no sabía de qué iba el tema y solo nos veía reír, tratando de aguantarnos la risa.

    El ultimo jueves de marzo, me tocaba entrar más tarde al trabajo, por lo que me levante a las 9am, no había nadie en casa, mi esposo en el trabo, mis hijas e inquilino en la Universidad- me levante de la cama, y llevaba puesta, mi tanga negra y mi sostén del mismo color, me dirigí al baño hice mis necesidades, y me puse una bata negra, era un conjunto sexi y elegante, baje a la cocina y desayune fruta, aún tenía tiempo para bañarme, estaba en el patio regando las flores, cuando escuche abrir la puerta de la calle era Dionisio, se sorprendió al verme en casa, yo una Puma en Celo, sabía que era el momento perfecto para aparearnos y le dije: -¿Te gusta?- al tiempo que abría mi bata y exhibía el conjunto para él. -Caray Verónica, estas preciosas- afirmó. No solo eres elegante para vestir también para dormir, que pijama más sexi. Yo me giré un par de veces y caminé pavoneándome delante suyo por todo el patio.

    Lo tome del cuello y lo bese muy tiernamente para después apasionadamente, mientras el tocaba con sus manos mi cuerpo, ambos deseábamos este momento, -bajo los besos a mi cuello, después a mis hombros, y finalmente coloco su mano en mi vagina, -mira nada más que caliente e inflamada, la tienes- muy hábilmente, metió sus dedos en mi panocha, la cual ya tenía fluidos -mamacita, mira como estas bien húmeda- poseída por la lujuria le dije: así me tienes desde el día que te conocí- nos besábamos, mientras metía sus manos por debajo de mi tanga, me cargo y me llevo a la sala, y empezamos a fajar y besarnos muy rico, -yo le agarraba su verga, la cual parecía iba a reventar el pantalón, me abría las piernas para acariciar mis muslos, y manosear mi vagina, me dijo: yo también desde el primer día que te vi, me encantaste, tus atuendos son sexis y provocativos, tu cruzado de piernas, te gusta alborotar a los hombres, que rica estas.

    Continuamos besándonos, y me arrodillé quede a sus pies y sin perder contacto visual comencé a desabrocharle el cinturón del pantalón. Tras desabrocharle el cinturón tiré del bajo de los pantalones apareciendo ante mis ojos uno bóxer negro que cubría un tremendo bulto. Me restregué aquel bulto en mi cara y lo mordí, eres tremenda Verónica. Luego tiré de la goma del elástico para descubrir como un resorte ante mis ojos una verga que cimbreó agradecida ante mi liberación. Si bien ya la había visto en video, cuando lo espiaba bañándose, verla en vivo, era un deleite, era muy grande unos 20cm, cabezona, se le marcaban las venas, morena, con la clásica curva hacia lado izquierdo y rasurada. Me detuve para mirarlo a los ojos deleitándome con su impaciencia.

    Posteriormente, hice lo justo para rozar su glande con la punta de mi lengua y comprobar su sabor. Un inconfundible olor a macho cabrio me penetró por las fosas nasales al mismo tiempo que saboreaba la punta de su pene. Recorrí con mi lengua de abajo arriba toda la longitud de su miembro. Procedí con una segunda y tercera pasada antes de engullir su verga en mi boca. Quise tragar cuanto pude y aprisionar su pene entre mis labios para ascender poco a poco deleitándome en cuantas sensaciones me producía estar arrodillada a los pies de aquel joven semental. Con mis dientes, agarre su prepucio e intentaba hacerlo para atrás, lo que hizo que gritara de dolor y placer. Con mi experiencia, de una sola mamada, me lo metí por completo en mi boca, sentía que me ahogaba, mientras Dionisio, me peinaba de una manera dulce, que hacía más delicioso el sexo oral, por un momento sentí desesperación pues me faltaba el aire, y él, aprovecho y me tapo la nariz, por lo que el aire no me entraba por ninguna manera, es un placer único, ahogarse en un miembro grande, pero con la fuerza de mi boca, alcance a morderlo, por lo que retiro su pene de mi boca. Y volvimos a repetir el acto oral, Dionisio no cabía de gusto al ver como su verga desaprecia en mi boca, se retorcía, incluso trato de aventarme ya que el placer era demasiado, pero yo se lo impedí devorándole con toda su dura verga.

    Posteriormente me levanto y me dijo quiero cogerte en tu lecho matrimonial, respondí, si amor, hazme tuya donde quieras, subimos y me aventó a la cama, quede a su merced, abrió fuerte mis piernas, retiro mi bata y empezó a besar mi tanga, la cual ya estaba muy mojada, -que rico, huele mi amor- le daba palmaditas a mi concha, inmediatamente quito mi tanga, la olio, se la enredo en su verga, después se dirigió a mis senos y quito el brassier para posteriormente mamar mis senos, parecía un becerro recién nacido, pegado a las ubres. Enseguida, bajo a mi zona íntima y empezó a chupar mi clítoris, con sus gruesos labios le daba buen trato, después besaba mi vagina, metía su lengua, le daba palmaditas, -ay que rico, mi amor- le decía mientas le agarraba los cabellos de su cabeza, me mordía sutilmente, se levantó y su verga la rozo con mi vagina, la cual ya ardía de deseo, se empezó a jalar la verga con mi tanga, y la ponía en mi concha, -esta muy caliente mi amor, ya métemela por favor, grite- tus deseos son ordenes, mi reina.

    En la clásica, pero fabula posición del misionero, me coloque boca arriba con mis largas piernas abiertas e inmediatamente mi semental se colocó encima de mí. Su miembro entro de un solo golpe –mmmm, aaaa, delicioso muchacho que rico miembro tienes, decía entre gemidos—me estaba penetrando rico, después lo sacaba lo frotaba en mi vagina y nuevamente lo metía. Yo lo envolvía con mis piernas, y nuestras manos se unían, mientras, el contacto visual que teníamos otorgaba una sensación de intimidad y complicidad. Nuevamente saco su miembro, y ahora fue despacio, sentí como ingresaba la cabeza –si amor, sigue asi- después la mitad de su pene, y nuevamente metió de un golpe, sentía que me partía en dos, así hizo esos movimientos varias veces, ese Toro semental, penetrándome, después subió mis piernas en sus hombros, y me embestía como un animal en celo, -te gusta amor- -sí, no te detengas- mientras me penetraba nos besábamos, me lamia mi cara, cuello, y nuestras manos se unían, después bajo mis largas piernas, y las abrió, tomándolas de mis muslos, para sacar su verga y meterla rápido, aunque ahora hacia giros, me partía la vagina y mis muslos, los abría muy duro, después mi espalda la arquee, me tomo de la espalda baja y me penetraba muy rico, posteriormente baje mi espalda, y nuevamente lo abrace con mis largas piernas.

    En seguida me cargo, quito las cosas de la mesa de mi cuarto, me coloco en ella, y el permaneció de pie, para comenzar a embestirme, Dionisio me levantando las piernas para después sujetarme por los tobillos. El plus de esta postura es que mi joven semental, disfrutaba de una panorámica de lo que estaba ocurriendo, estaba consiguiendo una penetración más profunda -señora Verónica, eres un manjar de los dioses, estas exquisita- estábamos follando muy rico, era un momento único, aquel hermoso y atlético joven, me hacía disfrutar como puta y dama-.-Siiih, aaa- gemí, mientras su verga se habría camino en mi interior. Le era fácil, penetrarme pues mi vagina estaba completamente empapada por dentro. Inmediatamente se recostó sobre mi cuerpo y esta vez sí empujó con fuerza, de tal modo que introducía su miembro a placer, yo recostada en aquella mesa, sentía mi espalda lastimarse por lo incomodo, pero mi cuerpo vibraba de placer. -uff que rico – chillé reprimiendo mi gemido mordiéndome los labios pensando que me partía en dos. Con sus movimientos de cadera respiré aliviada al comprobar como sus genitales chocaban contra mi perineo, señal inequívoca de que me había penetrado hasta el fondo. Respiré algo más aliviada, estaba gozando como una Leona, estaba extasiada, fue cuando tuve mi primer orgasmo, -aaaa, mmmm, que rico- moje a mi semental. Señora Verónica, que rico se sienten tus jugos.

    Me saco s miembro, y me hizo mamarlo, así lo hice, aun estaba extasiada por el orgasmo que había tenido, mamaba y apretaba sus testículos, y después su pene, me tomo de las manos y me levanto para besarme con lujuria, me mordió fuerte los labios, mi amor quiero coger ese culo sagrado que tienes, al tiempo que se acomodaba detrás de mí. Dionisio inmovilizó mis piernas con las suyas, podía sentir sus pelotas rozándose por mis nalgas, lo que me provocó cosquillas y una risa nerviosa al saber que teníamos el tiempo contado, antes de que llegaran mis hijas. De repente siento como un chorro de saliva cae sobre mi piel alrededor de mi ano y Dionisio comienza a embadurnarme reconcentrándola sobre mi esfínter. Se entretuvo en abrir y cerrar mis nalgas a dos manos hasta que en medio del juego siento la yema de uno de sus dedos presionando con sutileza contra el anillo más sensible de mi cuerpo. Inevitablemente mi cuerpo palpita, mis nalgas rebotan como flanes al contraer de nuevo los músculos de mis nalgas y hundo mi cara en la almohada mordiendo la funda ansiosa por gemir. -aaaaa, mmm- Casi me ahogo contra la almohada, me quedo sin aliento por unos segundos que Dionisio aprovecha para sodomizarme definitivamente con su miembro. Puedo sentir la palma de su mano abierta de par en par contra mis nalgas señal inequívoca de que me ha introducido el pene hasta el final.

    Empiezo a gemir, arqueando mi espalda al tiempo que me provoca cierto escozor. Totalmente soportable. Acto seguido puedo sentir como empuja un poco más adentro en mi interior. Se siente diferente, me quema por fuera al tiempo que estimula un montón de terminaciones nerviosas en mis entrañas. Comienza a moverse con cierto ritmo. Siento mi cuerpo temblar y dejo escapar un grito seco que temo me delate con los vecinos y me lleve a la ruina. Mi macho aprovecha para castigar mis nalgas y jalarme del cabello. Eso duele, pero me encanta, esa extraña sensación de picor que ya me resulta familiar, sonriente y poseída por la lujuria, deslizo mi mano por debajo de mi cuerpo hasta alcanzar a acariciarme el clítoris yo misma. Casi al mismo tiempo Dionisio comienza a moverse violentamente, castigándome muy rico, el dolor de mi esfínter es superado con creces por el placer de ser la puta de mi inquilino.

    Continuamos varios minutos así, nuestros cuerpos totalmente desnudos y sudados, hacen de la recamara un infierno, y yo gozando mi adulterio. Después saca su miembro, y siento palpitar mi ano a la vez que un inmenso vacío se apodera de mi cuerpo. Me volteo para mirarlo a los ojos. Veo como se recuesta en mi espalda. Siento su peso encima de mí aplastándome contra el colchón. Me cuesta respirar con él encima. Tiene la delicadeza de apartarme el pelo por detrás de la oreja antes de susurrarme en el oído…te amo Verónica, quiero cogerte diario, a lo que yo le respondo, seré tu puta las veces que quieras amor. Inmediatamente, alzo mi culo en pompa todo cuanto puedo para facilitarle la labor. Empujo y lo intenta, pero no entra, nuestros cuerpos están muy irritados, y le menciono, saca de mi mueble, un lubricante, se levanta y lubrica su miembro y mi ano, después separa mis piernas con los tobillos, una vez dispuesta lo vuelve a intentar. Siento como entra el glande, ese cuyas formas me parecen tortuosas. Duele. Esta vez duele mucho, así que vuelvo a morder la almohada para no chillar. Comienza a meter, la cabeza, después el tronco, el lubricante comienza hacer efecto, -sigue amor- le hago saber aguantando mi dolor y dicho esto siento como simplemente deja caer su cuerpo en mi espalda introduciendo centímetro a centímetro su larga y gruesa venga en mis entrañas.

    Muerdo la almohada, jalo las sábanas, después junta mis piernas y él se levanta, para penetrarme de una manera diabólica, -zaz-zaz- se escucha el choque de nuestros cuerpos, sumado a que golpea mis nalgas, sus fuertes manos dejan roja mis pompas, y su miembro destroza mi ano, minutos después comienzan a salir fluidos de nuestros órganos, que se comienzan a mezclar, no obstante, los fluidos internos de mi ano y su pene, se volvieron un lubricante, lo que ayudo a la penetración. -Dios mio, que rico me estás sodomizando- alcanzo a decir entre gemidos, me están rompiendo el culo de manera sublime y es ese pensamiento quien me anima no solo a morder la almohada sino a estrujar las sábanas en mis puños y aguantarme. Continúa atornillándome muy delicioso, y levanto la vista mientras muerdo las sábanas, y por el espejo alcanzo a verlo parado, es un semental en toda la extensión de la palabra, fuerte, alto, parecía una escena de la mitología griega, el Toro de Minos penetrando a Pasifae.

    Dionisio me besa en el hombro cuando siento que sus pelotas rebotan en mi culo lo que evidencia que me la ha metido hasta el fondo. Es justo lo que necesito. Ya está, está toda dentro y puedo soportarlo. Ves señora bonita, tú puedes con todo. Mi semental, se detiene una vez me sodomiza hasta el final al ver la expresión de mi rostro. Esta vez giro mi cara para sonreírle. .-Más- le digo con la cara desencajada por el morbo- quiero más- le hago saber. Él comienza a moverse dentro y fuera de mí. Ya eran las 3 de la tarde, mis hijas no tardarían en llegar. Enseguida, me volteo para mirarlo una vez más. Puedo ver las ganas reflejadas en su rostro por venirse dentro de mí. Su respiración es irregular y jadea, sé que su cuerpo lucha contra el impulso de su orgasmo a mi espera. No puedo evitar alegrarme por haberme entregado a un hombre como él.

    Deslizo de nuevo mi mano por debajo de mi cuerpo buscando acariciarme yo misma de nuevo. Dionisio también desliza sus manos por debajo de mi cuerpo para aferrarse a dos manos a mis pechos. De nuevo todo su peso en mi espalda. A mí me cuesta jugar con mi dedito y mi clítoris, y en cambio a él le resulta fácil jugar con mis pezones. Como me cuesta encontrar mi clítoris, decido introducirme uno de mis deditos cuando… ¡¡No me lo puedo creer!!. Puedo acariciar su polla entrando y saliendo de mi culo a través de mis entrañas. Apenas unas membranas nos separan. ¡Es increíble! -Uuuhm- un gemido intenso se escapa de mi boca debió escucharse hasta la calle. Dionisio se suma al placer intenso que ya siento moviéndose más rápido encontrando un buen ritmo que nos satisface a los dos. Siento como su miembro entra y sale de mi estrecho culo. Se siente bien y ambos sabemos que no tardaré en correrme para satisfacción de los dos. Mis dedos también se mueven más rápido en mi interior, ambos podemos notarlos. Sé que no se correrá hasta que no lo haga yo. De repente me falta el aliento, debo arquear la cabeza para poder respirar. Abro mi boca todo cuanto puedo para tratar de atrapar algo de aire. Aquel joven me muerde en el hombro al tiempo que pellizca mis pezones. Increíblemente el dolor me lleva a un placer inusitado. Mi cuerpo se estremece y una primera sacudida evidencia que estoy a punto de correrme.

    .-Dionisio, me corro- le hago saber con la voz entrecortada a falta de aire. Mis palabras provocan que mi sodomizador se mueva con golpes más secos y contundentes, golpeando con rabia contenida. Enfurecido. Hundo mi cara en la almohada mientras mi cuerpo comienza a convulsionar y estallo en un orgasmo estremecedor. .-Dionisio, me vengo, Dionisio, Dionisio, Dionisiooo- grito su nombre contra el edredón cuando exploto. Yo he culminado con otro orgasmo, pero Dionisio todavía golpea con fuerza contra mi culo. Ahora sí comienza a dolerme por momentos. Varios minutos, sigue castigándome, después caemos en la cama, pero él se sigue moviendo, que verga tan duradera.

    Posteriormente, Dionisio dijo, me vengo. -Córrete amor, quiero que te corras en mi cara- le susurro. -Por favor muchacho, quiero sentir tu crema en mi boca- pronuncio con la mejor voz de la guarra en que me he convertido. Saco su miembro prisionero de mi ano, y empezó a jalársela y como buena puta, le ayude, jalamos ambos aquella verga llena de venas, y en eso siento como un líquido caliente y viscoso es derramado en mi cara, salió mucho semen, cuando digo mucho era demasiado, me lleno literal la cara, me cerro un ojo, era muy oloroso pero amoroso, aaa son tuyos Verónica, muchos deliciosos espermas cubrieron mi bella cara, el seguía sacudiendo su miembro y otra cantidad de leche caía en mi pelo y hombros, -tienes mucha leche le comente- dijo sí, es que no me había masturbado en días, desde que te conocí- decidí confesarme y le dije: instale unas cámaras en tu baño y alcoba, he visto que te masturbas- sonrió, si se, que colocaste cámaras por eso me jalo la verga en dirección a la cámara, y si me he masturbado pero no he eyaculado, sabes es una cualidad que he desarrollado masturbarme y no eyacular, lo mismo en mis relaciones sexuales, muchas veces no he eyaculo es una técnica excelente, que permite controlar el placer, es poco conocida en los hombres, tener orgasmos sin eyacular.-le respondí: wow, amor, eres un semental en toda la extensión de la palabra, con su miembro juntó su semen y lo fue introduciendo en mi boca, ese semen de olor y sabor fuerte, me lo tragué por completo, le di unas mamadas, y besos a su miembro, y terminamos.

    Dionisio se dejó caer a un lado de la cama mientras me besaba en la boca. No se me ocurrieron palabras así que mejor seguir besándonos. Es su forma y la mía de agradecernos algo que ambos deseábamos desde hacía tiempo. .-Estuvo sublime- fui yo quien rompió el silencio y los besos para agradecerle el momento incorporándome de la cama en busca de mi camisón y mi ropa interior que yacían por el suelo de la habitación. –Amor, tienes que irte ya no tardan en llegar mis hijas- Ya no fui a trabajar, les diré que me dolió la cabeza, Dionisio se despidió con un besa en la boca, me bañe y me puse una bata, me recosté adolorida pero llena de gozo, a los 20 minutos llegaron mis hijas, sorprendidas al verme en casa. En los siguientes días continuamos fornicando, no podíamos hacerlo en casa, por la presencia de mi esposo e hijas, sumado a los vecinos que podían delatarnos. Así que nos citábamos en un hotel en el centro de la ciudad.

    El día primero de abril, tenía una entrevista en Centro Histórico, con una compatriota que radica aquí en México, para vender un departamento que tengo en mi tierra de Guatemala. Fiel a mi costumbre, me fui bien arreglada, estrené un mini vestido de color gris, muy pegado, demasiado sensual que resaltaba mis atributos, era de manga larga, esta vez decidí no usar medias, acompañada por unas zapatillas color blancas, que muchos hombres quisieran de aretes, mis dedos descubiertos, mis uñas pintadas de blanco, aquel mini vestido, resaltaba mi vientre plano, mis caderas y mis glúteos, era un deleite para los caballeros que me encontraba a mi paso, mi cabello suelto, y mis labios pintados de rojo.

    Aproximadamente a las 6 de la tarde regrese a mi casa mis hijas habían salido con sus novios, mi esposo como de costumbre trabajando incluso los fines de semana, llegaba a media noche, mi inquilino, había ido a una fiesta. Por lo tanto, la casa estaba sola. Asi que decidí, subir a mi dormitorio, tome un abrigo para salir a rumbear, sin embargo, mi sexto sentido de mujer, me hizo revisar el celular, y mirar las cámaras de Dionisio, y para mi sorpresa mi inquilino tenía totalmente abierta de piernas a mi hija Livia, no lo podía creer, mi nueva conquista estaba apareándose con mi hija. La verga de Dionisio, golpeaba la vagina de mi hija, escupió en su clítoris, e ingresaba la cabeza, -aaa que dura, decía mi hija—después enterraba parte de su tronco, -aaa, si, me encanta- decía Livia, mi inquilino toma de su diminuta cintura a mi hija y de un solo golpe metió toda su verga -aaaa —mmmm– gritaba muy fuerte, así hizo esos movimientos varias veces. No daba crédito a lo que veía, sin darme cuenta estaba viendo fornicar a mi amante en turno con mi hija, y juro que en ese momento me excite al ser espectadora de un coito y a la vez estaba celosa de mi propia hija, por lo que, cerré mi celular, no está bien mirar, me decía a mí misma y respire profundo.

    Aproximadamente a la hora, escuché abrir la puerta de mi casa, y salió Livia, supuse que iría a ver a su novio, fue cuando mi Leona interna, decidió ir a encarar a mi amante, toque fuerte la puerta de Dionisio, y al abrirla el quedo atónito, se encontraba sin camisa y con un short, le dije: que estabas haciendo con mi hija, desgraciado, desde cuando la frecuentas, estaba totalmente desquiciada llena de celos, no era yo, era una Puma reclamando su macho, exigiendo su puesto. –Tranquila, amor, tú eres especial, es cierto que me estoy cogiendo a tus hijas. Que, grite fuerte, -amor, ellas me buscaron, les guste, ellas también me gustan, vamos es algo normal- -no, replique- tu eres única, me doy cuenta, estas celosa, -no, cabron- claro que lo estas mami, ven pasa te voy a coger.

    Me tomo de la cintura y comenzó a besarme, mientras su manos me dedeaban y después apretaban mis nalgas y senos, –mmm, comencé a gemir, era tal mi enojo, celos y excitación, que hicieron una mezcla diabólica, y termine cediendo, lo bese y me arrimaba a su cuerpo atlético, -muack-muack- esos besos estaban llenos de pasión, le comenzaba agarrar su miembro, metí mi mano en su short, y pude notar que aún estaba fresca la leche –cabron, mira, como estas- si amor, así me dejo Livia, deslechado pero ahorita me recupero. –desgraciado, estas mojado por mi hija, la tenías bien abierta de piernas- y me respondió: como sabes que estaba abierta, nos espiaste por la cámara mientras cogíamos- -no, dije con sobresalto- y el muy infeliz, llevando su mano en mi vagina, dijo: pues esto no dice lo mismo, parece que estás bastante mojadita por aquí abajo. Me decía pasando sus dedos por encima de mis bragas, yo estaba mojadísima, ya ves amor, también te éxito el verme follar a tu hija, no dije nada, y empezó a besarme el cuello, sus manos apretaban mi trasero y yo me sentía hipnotizada dejando que Dionisio se apoderara de mi cuerpo, en ese momento me dio la vuelta, puse mis manos sobre la encimera, él apretó fuertemente su cuerpo al mío, él pasaba sus manos por toda mi cintura y mis tetas.

    -Dionisio, decia: ¡Ohhh que buena estás, joder! Dios como me pones. Mientras me besaba el cuello y el lóbulo de la oreja, sus manos no paraban, yo que no podía mover los brazos, me estremecía con los mordiscos que me daba en el cuello, echaba el culo hacia atrás, a la vez que inclinaba el cuerpo hacia delante, aquella tortura me hacía estremecer de gusto, notaba lo hinchada que tenía la verga, cada vez que echaba mi culo hacia atrás, era un lujo estar aprisionada por ese cuerpo atlético, sentir aquel abdomen marcado, esos pectorales definidos, yo ya estaba con una calentura y una tremenda excitación, sentía mis pezones duros, el muy cabrón viendo cómo me estremecía de gusto cada vez que me mordía el cuello, no dejó ni un momento de hacerlo, veía que aquello me hacía estremecer y gemir, retorciéndome de gusto, por lo que no tenía intención de parar, con mi culo pegado a su entrepierna. Enseguida volteo, quedamos de frente y nos besamos, yo estaba perdida, entregada y unas ganas de sexo enormes, no podía detener este deseo, le quité su short que parecía que iba a reventar con aquella verga erecta, Dionisio hizo un poco de fuerza en mis hombros indicándome que me arrodillarla, me hinque de rodilla, y quedo aquel trozo de carne delante de mi cara.

    Estaba dura muy dura, muy olorosa, aun tenia los rastros de semen, y fluidos de mi hija, no podía creer que minuto atrás esa verga había destrozado a mi hija y ahora haría lo mismo conmigo, la empecé a acariciar, notando lo caliente que estaba. Lentamente metí su verga en mi boca, y comencé a chupar aquel miembro. -Dionisio: ¡Oh que bien la chupas! ¡oh ohhh! Así, así, trágala toda, trágala toda, ¡oh ohhh!, despues de varias mamadas, decidí contemplar su falo, y darle besitos en todo ese enorme tronco, baje a las enormes bolas y las comencé a succionar, mientras con mis manos intentaba jalar ese enorme pene, decidí comenzar la felación, dando lengüetazos en su frenillo y glande, intentaba meter esa enorme cabeza, –mmm, parecía una paleta— para mi sorpresa me dijo: mamame el ano, le respondí, con asombro, que dices y el menciono, los hombres tenemos el punto G, en nuestro ano, por lo tanto, me hinque e inicie a meter mi lengua en ese ano, era un sabor desagradable, me dio una pastilla y el sabor mejoro la experiencia, -como puede mire su cara- y estaba completamente extasiado, era la primera vez que un hombre me pedía eso, seguí varios minutos, y Dionisio, tuvo un orgasmo, mendiga perra, que rico. Me haces tener orgasmos sin eyacular, posteriormente nos levantamos.

    Mientras nos besábamos, subió mi minivestido y bajo mi tanga, hasta las rodillas, estando de pie, iniciamos la fornicación, su miembro apunto hacía mi papaya y presionando un poco, entro todo su glande dentro de mí y después con su manos empujo mi cuerpo sobre su cuerpo introduciéndome todo de golpe su impresionante verga, llenándome por completo, sintiendo como iba entrándome ese miembro me iba rozando todas las paredes de mi vagina, era sensacional el placer que sentía al irme rozando su verga a medida que me iba penetrando, minutos después notaba como su punta me llega hasta la misma entrada de mi útero. Él se quedó un ratito quieto sobre mí y me decía: tu coñito bien acostumbrado a las vergas gruesas ¿Cuántos hombres han metido su verga dentro de tu vagina?, deben de haber sido bastante o los que lo han hecho la debían de tener bastante gordas ¿no?” si amor, muchas vergas, dobles y triples vergas, en mi vagina, ano y boca, respondí con orgullo. Y el asevero, eres una puta de lujo, una esposa caliente, le dije si soy una Hotwife. Mientras me penetraba nos besábamos, mis manos acariciaban su hermoso abdomen, mientras, yo decía: “Muévete, muévete más deprisa mi amor, sigue, sigue follandome, folla a esta puta que tanto has deseado, sigue, sigue no pares, asi, asi oh que bien me lo estás haciendo oooh mi amor sigue, por favor no pares…”

    Posteriormente, fuimos a su cama, me subió el mini vestido hasta la cintura, quito mi tanga y se arrodilló y tomó un par de almohadas y pidiendo que levantara la cintura las colocó debajo de mí, con suavidad levantó mis piernas y me las separó, mis rodillas quedaron casi sobre mis pechos y todo mi sexo totalmente a su merced, sin dejar de mirarme acercó su boca a mi entrepierna, sentí su cálido aliento, seguido de un lametón en mi rajita, atrapa mi clítoris en sus labios y lo succiona suave y lento, un gemido largo y fuerte sale de mi boca, continuó algunos minutos disfrutando de mi vagina a sus anchas, me estiraba el clítoris con sus labios, lo mordisqueaba, me daba largas lengüetadas que iban desde mi ano a mi clítoris, su boca era mágica, me encantaba todo lo que me hacía, tomé con mis manos mis piernas para jalarlas a mi pecho y dejar mi coño bien abierto. – Me encanta tu dulce coño, es un manjar, es tan jugoso, nena. No contesté, solamente cerré los ojos para seguir disfrutando el placer que me daba, abrió mis labios vaginales y su lengua recorrió todo lo largo de mi vagina, desde mi ano hasta mi clítoris, sentí su dedo medio juguetear con mi orificio anal y empujar, mi esfínter no ofreció resistencia alguna y su dedo se metió profundamente, no pude evitar dar un respingo y apretar las nalgas, pero una vez que empezó a moverse en mi interior me relajé, y aprovechó para meter su dedo pulgar en mi coño, su lengua seguía lamiendo frenéticamente mi clítoris, mis ojos se pusieron en blanco, casi me desmayo de placer, sus dedos se rozaban dentro de mí, solamente separados por un delgado pliegue, se me aflojaron las piernas y las solté, pero continuó con el ataque implacable de sus labios sobre mi clítoris, mis gemidos se volvieron interminables.

    – Papi, Ay, papi, papito, que ricooo, Ayyy, ahhh, me voy a correr, aghhh. Disfruta nena, no te preocupes, disfruta, goza, cómo yo estoy disfrutando con tu rico coño.

    Todo mi cuerpo se estremeció, espasmos recorrían mi cuerpo, y gimiendo como loca, empecé a correrme, mis flujos empezaron a escurrir y Dionisio, los bebía con gula, fue un orgasmo larguísimo, espasmo tras espasmo, hasta que poco a poco fue menguando, estaba exhausta, rendida, pero plenamente satisfecha, pensé que me daría un respiro, pero no fue así, me tomó de la cintura y me hizo dar media vuelta, acomodando una almohada bajo mi cintura para que mi trasero quedara levantadito y en pompa. Que cuuulooo, no sabes voy a disfrutarlo- dijo admirando mi carnoso trasero. Apretaba mis nalgas al tiempo que le daba besos y pequeños mordiscos, las abrió con sus manos y sentí su cara hundida entre mis nalgas, su nariz prácticamente en mi esfínter, me hacía cosquillas y sentía el aire tibio de su respiración acariciando mi más recóndito rincón, a pesar de que me había recién corrido, el placer no disminuía, cerré los ojos, dejándome llevar por el gozo que sentía, abrió más mis nalgas y sentí la punta de su lengua presionando mi esfínter, la sensación fue increíble, se me escapó un fuerte gemido, un escalofrío recorrió mi cuerpo, como si su lengua me transmitiera una corriente eléctrica, siguió punteando y lamiendo mi hoyito un largo rato, hasta que mi esfínter cedió y entró la punta de su lengua en mi interior, suspiré y mordí mis labios al tiempo que apretaba las sábanas, la movía en forma circular, avanzando cada vez un poco más, metiendo y sacando su lengua y combinando con chupetones en mi culo, después de un largo rato dijo: quiero cogerte analmente, asi como se lo hice a tu hija.

    Me tomó de la cintura, colocó unos almohadones bajo mi vientre y abrió mis piernas al máximo, quedando en esa conocida posición de entrega total, lista para el sacrificio, por el espejo vi que tomó una cantidad generosa de lubricante y lo aplicó en la entrada de mi esfínter, masajeando suavemente mis arrugados pliegues al tiempo que decía: – Tienes un culo hermoso, princesa, va a ser un placer enorme darte por el culo, ¿Quieres mi verga dentro? Iba a responder afirmativamente cuando empujó su dedo medio completamente lubricado y mi respuesta de transformó en un largo – Siiii, aghhh, que rico papi, sigueee. Siguió metiendo y sacando su dedo, dilatando mi anito, hasta que pronto fueron dos dedos en mi interior, los giraba en forma circular y los abría un poco ayudando a ensanchar mi conducto anal. Después empezaron las embestidas con su miembro, primero lentas y profundas, fue aumentando la intensidad, tomo mi cintura al tiempo que aumentaba la velocidad de sus embestidas, me empaló en una forma encarnizada por unos 20 minutos, tanto que sentía un poco de ardor en el interior de mi ano, pero no me importaba, el placer era mucho mayor, estaba segura que pronto se correría en mi interior, pero ese macho tenía mucho vigor y aún estaba muy erecto, a pesar de haber cogido previamente con mi hija.

    Posteriormente, saco su miembro, y mi culo tomo un respiro, lo limpio y lo masturbaba para mantener la erección, después de ese receso, me la fue enterrando muy lentamente, centímetro a centímetro me fue abriendo el hoyito, sentía como esa barra de carne avanzaba y avanzaba y empecé a dar bocanadas de aire para relajar lo más posible mi cuerpo, hasta que por fin sentí sus huevos chocar con mis nalgas. – Ya la tienes toda dentro princesa, que rico, tienes uno de los mejores culos que me he comido en mi vida, uuuf, es tan apretadito, suave y caliente. Después de un par de minutos sin moverse, dando oportunidad a que mi culo se adaptara al calibre de su verga, me dio una nalgada y empezaron las embestidas, me encantaba como su verga me recorría por dentro, cómo estiraba mis pliegues al máximo, llenándome por completo, entre gemidos y jadeos fue aumentando poco a poco la intensidad, mis nalgas chocaban contra su pelvis, me estaba taladrando divinamente, todo mi cuerpo se zangoloteaba, cuando de pronto se escapa su verga de mi culo y por la excitación del momento, apunta a mi hoyito y da un fuerte golpe de cintura ensartándome su verga hasta el fondo, ese embestida me tomó desprevenida y no pude evitar dar un agudo grito de dolor por la salvaje empalada.

    Me tomó de la cintura y reanudó sus embistes largos y profundos, ahora estaba preparada y ahogaba mis gemidos mordiendo una almohada y empecé a culear, el contacto se hizo más intenso, apretaba y relajaba mi culito para darle placer a esa barra de carne dura que me hacía tan feliz, el ritmo fue acelerando poco a poco, mis nalgas chocaban con su pelvis a toda velocidad, me susurraba mil obscenidades al oído, estaba en el séptimo cielo, apretaba las sábanas con mis puños y seguía mordiendo la almohada para ahogar mis gemidos, la cogida se prolongó mucho tiempo, nuestros cuerpos sudaban, en cada embestida mi coñito se restregaba contra las sábanas, hasta que ya no pude más y empecé a correrme, todo mi cuerpo temblaba, espasmos recorrían mi cuerpo, mis ojos en blanco, sentía que mi culo se contraía en cada espasmo, me embiste con todas sus fuerzas y siento el primer chorro de semen ardiente, eso intensificó mi propio orgasmo, siguió embistiendo y en cada embestida su verga se ensanchaba y largaba un chorro de su espeso y caliente néctar en mi interior, hasta que se desplomó sobre mí, sin sacarla, me tomó de la cara y me plantó un candente beso con toda su pasión.

    Ufff, Veronica, eres sublime, quedo a lado mío, mientras su semen escurría de mi ano, me dijo espera haremos el beso negro y blanco, acerco su boca a mi ano y succiono su propia leche, y me beso, fue un beso largo, mientras nos pasábamos aquel fluido blanco combinado con los fluidos de mi ano, con su lengua metió el semen, el cual cayo en mi estómago, me mordió muy fuerte mi labio, haciéndolo sangrar, era un macho que sabia tratarme como dama y puta, haciendo una combinación sublime. Juro por Dios, que mi inconsciente me traiciono, y dije estas palabras: soy mas hembra que Livia. Dionisio sorprendido, dijo: ambas son un manjar, me encantan, también Estefani, es una gran amante. Celosa, pero excitada solamente sonreí.

    Ya pasaban mas de media noche, revise mi celular y mi marido, mencionaba que seguía en la oficina, que llegaría temprano. Me dijo, aún falta otro round, la noche es larga, tu cornudo digo marido, llegara al amanecer, nos levantamos, y bebimos agua, pues al ser un atleta, él no bebe alcohol, hace un calor de los mil demonios, sumado a que yo tenía mi puti vestido, empezamos a besarnos. Mientras me desnudaba, me acariciaba todo mi cuerpo, me comentaba que nalgas tan ricas tienes, mira nada más como se te ven bien buenas, yo volteaba de reojo a ver el espejo, las movía cadenciosamente mientras me acomodaba la punta de su verga en mi coñito, empezamos a coger de pie, mientras nos seguíamos viendo en el espejo, luego di un salto y lo abrace con las piernas, Dionisio se inclinaba hacia atrás para ver cómo se deslizaba su pene en mi vagina, mis labios vaginales se veían rojos inflamados como se aferraban a su palo. —¡Ay que rico! ¡Ah! ¡Ay! ¡Sí! ¡Ah! ¡Ay, que rico! ¡Sí! ¡Cógeme rico! ¡Más fuerte! ¡Más! ¡Más! ¡No te detengas! ¡Ay, que ricooo! —Me estaba sintiendo muy querida y gozada por ese hombre. Súbitamente un sentimiento de vulnerabilidad me invadió y me erizó la piel. No tenía fuerza en las piernas, las sentía entumidas, un calor en mi vagina me estaba avisando que venía un orgasmo que, sería. —¡Ah! ¡Ah! ¡Me voy a venir! ¡Ay que rico! ¡Que ricooo! ¡Ah! —Mis pezones rositas se me endurecieron más y se me alargaron como montañitas y tuve un orgasmo fenomenal. Soy multiorgásmica, es como tocar el cielo con las manos.

    Enseguida, Dionisio, agarró una botella de lubricante y se lo puso en el miembro, se acercó y me lamió el ano de una forma deliciosa, para después lubricarme el culo con sus dedos aceitados, se me contraía el abdomen de la sensación tan excitante que me provocaba. Ese joven, se acomodó detrás de mí y colocó la punta de su verga en la entrada de mi ano. —¡Soy toda tuya papi, méteme la verga por el culo! Entonces él me tomó de la cintura muy fuerte y me jaló hacia atrás contra su verga, a la vez que de un solo empujón me penetró analmente hasta el fondo aventándome contra el tocador de su mueble, pude sentir la sensación de que una verga entrara por mi culo abriéndose paso en mi interior violentamente. Sentí una fuerte punzada, ese dolor desgarrador característico del sexo anal, cuando su verga topó en mi interior sentí que me rompía, fue tan excitante y doloroso a la vez. Dionisio, siguió penetrándome analmente muy duro, cada que me la metía sentía como topaba hasta el fondo, empujándome contra el tocador yo estaba llorando y gritando sin parar, gritaba tan fuerte y de forma desgarradora, con mi llanto entrecortado, mi corazón latía muy fuerte y sentía reventado el culo, me ardía mucho. Hasta que perdí las fuerzas, sentía que me desmayaba, mis piernas estaban entumidas no podía seguir de pie, estaba rendida con mis senos sobre el tocador.

    En el espejo de aquel tocador, veía el reflejo de mi sufrimiento y gozo a la vez, Dionisio, estaba completamente rojo, sus venas parecían explotar, sus fuertes bíceps, me excitaban, que delicioso macho, me estaba cogiendo. Él continuó ensartándome su verga sin piedad, mientras yo le gritaba cachondamente. —¡Ay que rico papi! ¡Sí, méteme la verga bien duro! ¡Así, papi, así! ¡Más rápido! ¡Rómpeme mi culo! ¡Se siente rico papi! ¡Que rico! ¡Ay! ¡Así! ¡Aaay! Él lo hacía brutalmente me causaba dolor y yo lo gozaba, era un objeto de placer para él, con el que estaba satisfaciéndose como un animal. Sentí que me ardía el culo como si tuviera cortadas, sabía que ya estaba teniendo mi sangrado, pues me da una sensación de dolor y placer ya que la sangre me genera fricción y me arde, lo que me excitó más y le grité mientras gemía. —¡Ay papi que rico! ¡Así, me duele mucho! ¡Que rica verga mi cielo! ¡Desgárrame el culo! ¡Que rico me sangra el culo! ¡Sí! ¡Así! ¡Cógeme más profundo amor!

    Continuamos con ese frenesí de lujuria, ya era de madrugada, estábamos bastantes irritados, pero aun con la lujuria al 100%, bebió la sangre de mi ano, y me beso, para después decirme, hicimos el beso negro y blanco, ya a tus 50 años, no podemos hacer el famoso beso rojo (menstruación) solamente sonreí, Nuevos besos, nuevas caricias, nuevos deseos de unirnos; completamente desnudos y sudados, me fue arrinconando en la cama, se recostó, me sujeté de su cuello y abracé sus caderas con mis piernas, sus manos me sostenían del trasero, y ambos empujábamos rítmicamente de modo que su miembro se encontraba con mi ano; que puedo decir sino que gloriosas arremetidas me hacían perder el aliento. Gemía como una perra, y agitaba mis caderas buscando más de sus estocadas, y mientras su miembro era devorado por mi ano, su boca devoraba mis pezones; tanta calentura en nuestros cuerpos no era calmada ni siquiera con la frescura del aire de la madurada mientras nos cogíamos. —Ohhh que rico, asii… muévete así Verónica… —Quieres que me mueva más? ¿te gusto así sucia y cachonda? —Ohhh sigue nena… me encantas así… cachonda y cochina… sigue…

    Sentada sobre él, con las piernas abiertas, y gracias a la altura que daban mis tacones, al fin tenía el control absoluto de los movimientos cabalgándolo a mi antojo. Mi melena oscura se revolvía cayendo sobre mis hombros mientras como una salvaje brincaba sobre su pene, sin más me contraje en explosivos movimientos que me dejaron exhausta en sus brazos. Comencé a cabalgar sobre su verga cada vez más rápido, él con las manos en mi cintura me ayudaba a impulsarme se escuchaba cada vez más fuerte el ruido de mi culo chocar con su pelvis, estaba fuera de mí, mis tetas votaban sin control, su cuerpo se inclinó, perdí el control y caí hacia delante con mis manos apoyadas sobre la cama, él aprovechó sin sacármela y me puso a cuatro patas, abrí mis piernas para que me follara bien, él estaba fuera de sí, comenzó a darme algunas cachetadas en mi culo mientras me follaba, me cogió del pelo y me llevo de nuevo al climax total, Dionisio, sin previo aviso… La metió de un solo golpe… ah no pude evitar que saliera un gemido de placer de mi boca al sentir aquella verga entrar de golpe, no podía evitar gemir ante aquellas envestidas… sentía sus huevos como rebotaban contra mi cuerpo uah que rico, a la vez que me follaba me azotaba y me gustaba.

    Enseguida se puso de pie, y cargándome me follaba de pie, mientras yo montada y ensartada en esa verga dura, con sus fuertes manos tomaba mi pelo y me jalaba mientras yo mordía sus ricos pectorales, después sus manos tomaron mis nalgas, las apretaba mientras, sus labios besaban mis tetas, los chupaba, mordía mis pezones, mientras yo cabalgaba sobre aquella verga, sus manos apretaban más y más mis nalgas, yo me movía al mismo ritmo, estaba gozando, la primavera aumentaba mi celo, Dionisio dijo, ya casi me vengo, Sentía como sus manos apretaba fuertemente mi cintura al mismo tiempo que se estremecía se iba a correr, aumenté el ritmo, comencé a hacer pequeños círculos con mi cintura, con su verga dentro de mí. En ese momento siento un estallido de leche dentro de mí–Yo: Ah… si rico vamos ufh joder si

    Yo también me vine, sentía como su leche se mezclaban con mis fluidos, nos quedamos un rato los dos abrazados sentía como toda su leche y mis flujos salían de mi ano, nos acostamos en la cama y así uno encima del otro nos quedamos unos minutos. “Veronica mi amor, eres una diosa” Me abrazó y beso para después apretar mis senos con fuerza lastimándome y pellizcando mis pezones, me beso el cuello, en ese momento sentía mucho calor en mi vientre y mi piel erizada y sensible pues ese hombre duro mucho penetrándome y me sentí muy vulnerada eso fue algo que estúpidamente me hizo sentir querida, ese hombre había gozado de mi culo, me había cogido con todas sus fuerzas desquitando sus ganas conmigo. En ese momento un calor arrobador envolvió mi cuerpo, me sentí plena. —Gracias mamacita que rico es coger contigo. —Me dijo muy apasionado. —Gracias a ti amor, que buena cogida me diste.

    Nuestros cuerpos cansados y extasiados, se rindieron y quede dormida en sus brazos, hasta que nos despertaron los rayos del sol, Verónica mi amor, por hoy ya es bastante, es muy tarde y tú marido no tarda en llegar. No quiero que corras peligro y nos agarre con las manos en la masa cuando llegue. Será mejor que te vistas y te marches a tu cuarto, como pude me levante toda adolorida, Dionisio me ayudo a vestirme, y me cargo para llevarme a mi recamará. Dionisio menciono: —Ufff señora hermosa delicioso… ahora si quieres ir a nuestra habitación? —Nuestra habitación? —Jajaja nuestra desde el día que te cogí en ella… solamente sonreí y lo bese, al llegar se despidió muy tiernamente de mí, mencionando lo siguiente; fue un dia fenomenal me cogí a la hija y madre, las amo, las hice hermanas de leche (semen) en mi mente, dije, ay amor, si supieras que mis yernos son las que nos hicieron hermanas de leche. Dionisio, finalizo: Verónica, te tengo una sorpresa para semana santa, sé que tus hijas saldrá de vacaciones con sus novios, solamente hay que confirmar que tu esposo trabaje, para elegir el dia, así que prepárate, mientras salía de la habitación, me quede pensativa, intrigada, excitada, que sorpresa me estaba preparando. Como pude ingrese a la ducha, y a los 10 minutos escuche a mi esposo entrar. Mientras me enjabonaba mi ano y vagina, llenas de fluidos y muy adoloridos, me mordí los labios imaginando la sorpresa de Dionisio, pero eso será otra historia, besos.

  • La pasajera de al lado. Lo rico de viajar de noche

    La pasajera de al lado. Lo rico de viajar de noche

    Hola mis lectores. Les traigo una nueva experiencia de mis vacaciones de semana santa. Resulta que mi esposa, sobrinos y yo fuimos a Acapulco para visitar a una de sus amigas y la familia de ella. Por cuestiones de trabajo yo solo iba de fin de semana y ellos se quedaron lo que resta de la semana.

    Compré mi boleto para viajar nocturno ya que quería compartir mas tiempo con la familia así que elegí el asiento 1, justo detrás del chofer. Cabe hacer mención que el camión venía prácticamente lleno así que imploraba que no me fuera a tocar alguien indeseable de compañero de viaje.

    Cuando empezamos a abordar, una chica como de 30 años, delgada, güera tostada por el sol y con acento como español se sentó a mi lado, dijo buenas noches, se quitó las sandalias, subió los pies al asiento y comenzó a ver su teléfono mientras el camión se ponía en marcha. Yo hice lo propio pero no deje pasar la oportunidad de verla. Era muy delgada pero de bonita figura. Llamó mi atención sus nalguitas pequeñas y redonditas al igual que sus tetitas.

    Minutos más tarde el camión apagó las luces y ella y yo guardamos el celular y cada quien disponía a dormir. Me disponía a descansar cuando me percaté que ella no traía suéter. Solo una blusa negra muy ligera al igual que su pantalón.

    Después de un rato ella empezó a dormitar y recargaba sus piernas hacia donde yo estaba. Eso me empezó a calentar y quise ver hasta donde podía llegar. Me hice el dormido y deje que el dorso de mis manos fuera acariciando esas pantorrillas y piernas conforme el camión se iba moviendo.

    Después de un rato ella se volteó y aproveché para levantar el descansabrazos intermedio y así poder tener más rango de acción. Me hice el dormido también y me gire hacia su lado anticipando que ella en algún momento se volvería a voltear lo cual paso unos minutos después. Su pecho quedó muy cerca de una de mis manos así que me fui acercando muy lentamente hacia esa tetita que se apreciaba muy antojable. Vino el primer rose y nada. No se movió ni nada. Vino el segundo rose y misma situación. Comencé a ser más insistente hasta que mi mano ya iba acariciando una de las tetas. Mi verga ya estaba muy dura y muy notoria debajo del pants que traía puesto. De repente ella despertó, tomo mi mano y dijo que era muy atrevido, que si mejor no tenía una chamarra que le pudiera prestar ya que tenía mucho frio.

    Le dije que no, pero que si no le importaba podría abrazarla a lo cual se negó por un momento pero no le di oportunidad de dudarlo. Pase mi brazo por atrás de su cuello y le dije que se acercara. Lo hizo y yo quede más que sorprendido. Nunca me había pasado algo similar. Así que la abrace, ella se acomodó de espaldas a mí y de inmediato acerque muy discreto mi pene a sus nalgas, esperando el miento para hacerlo presente. Después de un rato se dio la vuelta y puso sus manos entre sus piernas y estiro ambas piernas recargándolas en frente. Yo seguía abrazándola y aprovechando para rosas sus tetitas con mi mano. Puse mi otra mano sobre sus manos y de repente se acomodó y quito sus manos quedando la mi entre sus piernas, podía sentir su vagina, su calor e incluso su humedad. Después de unos minutos se dio cuenta y giró quedando sus nalgas en mi pelvis, yo ya sentía que exploraba y con más confianza acerque la punta de mi verga hacia su culo, cuando ella la sintió puso su mano hacia atrás como para protegerse las nalgas pero yo ya no podía y me arriesgue un poco más. Con mucho cuidado y discreción saqué mi verga del pants y la acerqué hacia su mano. Cuando ella la sintió solo la tomo y se quedó dormida. Yo empecé a mover su mano hasta que me vine en su pantalón.

    Después de un rato me quede dormido, el camión llegó a taxqueña, prendieron las luces y ella me dijo que si no se me había dormido mano y agradecía que la hubiera ayudado de regreso. Jejeje

    Cuando bajamos del camión dejé porque se pasara ella por delante y podía ver lo blanco de mi leche marcado en su trasero y ver que ella caminaba rumbo a un coche que ya la esperaba, sin que supieran todo lo que había pasado en ese camión.

    Mi mail es [email protected] para poder conocer sus comentarios.

  • No perdió la oportunidad

    No perdió la oportunidad

    Esta es la historia de una noche que me sigue apenando cada vez que la recuerdo y eso que ya pasó 1 año pero que por fin me decidí a compartir. Soy gerente de un restaurante, tengo 26 años, de estatura mediana. Tengo buen físico porque me cuido muño y soy vanidosa. Poquito bubi pero un buen trasero.

    Tengo un mesero que se llama Gustavo, el tipo es desagradable, desalineado y nefasto en toda la expresión ya que siempre me percato como ve a las demás chicas, ya sean clientes, compañeras y hasta a mí misma. Aun así lo tengo que soportar ya que ante los clientes siempre es muy bueno y le grada mucho al dueño del restaurante.

    Mi novio es alguien atlético y perverso que en la intimidad le gusta imaginarme con alguien más y cada vez que teníamos relaciones siempre me susurraba al oído lo mucho que le gustaría ver cómo alguien más se aprovecha de mí y me hace suya.

    Por mucho tiempo yo lo ignoré y solo le daba por su lado para no tener problemas y, en lo que cabe, complacerlo porque cada vez que le seguí el juego se prendía más y eso a mi me excita mucho.

    Ya por fin despues de tanto insinuarme acepté y le dije que me llevara a donde él quisiera y que por esa noche haría lo que él me dijera con quien él me dijera si eso era lo que busCaba.

    Llegó el día esperado y por supuesto estaba nerviosa pero curiosa a la vez. Me puse lo más sexy que pude. Usé un vestido corto, negro, pegadito y una tanga casi hilo dental negro también.

    Cuando llegamos al bar se veía de mala muerte, gente no tan linda como yo esperé ya que, al ser la primera vez creí que por lo menos me llevaría a un mejor lugar y mejor cuidado. Traté de no hacer caso a eso y no molestarme para no arruinar la noche pero es que era inevitable no sentirme incómoda por todos los tipos tan desagradables que había ahí. En fin, mi novio se levantó a la barra por unos tragos y al regresar le dije que ya 2 tipos se habían acercado para sacarme a bailar, aunque solo pasaron 5 minutos desde que me dejó sola.

    Él solo sonrió y me dijo que ya se lo imaginaba. Sabía que al llevarme a ese tipo de lugar muchos se acercarían con una sola intención; cogerme…

    Había unos tipos enfrente de mí que no dejaban de verme la entrepierna y es que esos sillones donde estabamos sentados eran muy bajos lo que hacía que se me viera todo. Pasaron unos minutos y despues de varios tequilas que me dio se acercó uno de esos tipos para sacarme a bailar enfrente de mi novio. Al final esa era su intención, que yo tomara cada vez más para que me relajara y tenerme más dócil, pues lo logró.

    Volteé a ver a mi novio para ver qué decía y solo con su mirada y un movimiento con su cabeza me dijo «ve con él» mientras que en su mano tenia su trago.

    Al llegar a la pista eramos pocos y el tipo este de inmediato se me acercó demasiado, tenía su mano en mi cintura y la otra casi en mi nalga. Despues me volteó para arrimarme todo su pene erecto. Era inevitable no sentirlo. Vi como le hizo una seña a otro tipo con el que venía a lo que de inmediato se acercó tambien. Este último olía ya a borracho, era un tipo como de 50 años, panzón y con ropa sucia, como que acababa de salir de trabajar. Se veía que se había salido a tomar una noche con sus amigos dejando a su esposa e hijos en casa obviamente.

    Y ahí estaba yo, una chica de 26 años en medio de dos tipos que me estaban oliendo, lamiendo, pegandome su pene, agarrando mis nalgas debajo de mi falda y diciéndome cosas sucias como… «estas bien rica niña, deja a tu novio y ven con nosotros, quiero tener tu boca en mi verga, etc.»

    Tenía todo en ese momento; un poco de miedo, asco, pero también y curiosamente ya sentía que me estaba mojando. No sabía si era la situación, las vulgaridades que me decían o el ver a mi novio cómo lo estaba disfrutando al verme en medio de esos dos.

    Así como así acabó la música y me escapé de entre ellos para irme a sentar un rato con él. Brindamos de nuevo con un para de shots, tomó mi pierna y me dijo al oído… «te veias supe rica amor, la tengo super parada al ver cómo te hacían lo que querían. Al escuchar eso me sentí mejor porque pensé que al menos había valido la pena. Yo pensé que ya estaría satisfecho con eso para al parecer, para él apenas empezaba.

    Me tomó de la mano y me dijo «ven, ya no aguanto.» Nos metimos a un cuarto que le dicen «cuarto obscuro» por obvias razones. Ahí nos comenzamos a besar, estaba super loco, caliente, me estaba casi desgarrando lo que traia puesto. Muy fuerte y brusco me tomó del cabello, se sacó su pene y me bajó para que se lo comenzara a chupar. Así estuvo unos minutos mientras que vi como le hizo señas a uno de los tipos con los que bailé antes ,que claro nos siguieron.

    «Métesela duro» – le dijo mi novio al tipo a lo que no esperó más y rápidamente obedeció. Me levantó la falda, me bajó fuerte mi tanga y de un solo golpe, después de haberse puesto saliva, me la metió. Así estuvo unos minutos para después venirse sobre mis nalgas.

    El tipo se alejó por fin de haber obtenido lo que quiso despues de la pista de baile. Cuando estaba a punto de levantarme sentí cómo alguien más me vuelve a empujar hacia abajo. Quise voltear a ver su cara pero claro estaba oscuro y este otro se acercó a mi vagina para empezar a chuparmela y lamerme el ano. No puedo negar que me sacó unos cuantos gemidos.

    Cuando por fin se acomoda para penetrarme siento como jala mi cabello, se acerca a mi oído y me dice…

    «Sabía que algun día serías mi puta…»

    De inmediato reconocí su voz, ¡¡¡era Gustavo!!! El desagradable mesero que trabaja conmigo. Quise incorporarme pero con su fuerza me seguía jalando del cabello hacia abajo cuando de repente sentí como fuertemente me la metió. Mi novio no lo conocía físicamente, aunque ya le había hablado de él. Además, el ya se había levantado y estaba entretenido con una chica de a lado tocandole los senos.

    Quería gritar, quería levantarme, quería hacer lo que fuera para que este maldito se quitara y se saliera de mi pero no pude. Pensé que solo provocaría una pelea, así que el asco y la pena de voltearlo a ver hicieron que solo me quedara ahí, a su merced.

    Me decía al oído cosas como…

    Estas deliciosa, jefecita…

    Sabía que algún día serías mi putita…

    Ya no eres tan mala cuando estas empinada, ¿eh?

    Así siguió por unos minutos, dándome como quiso y cuanto quiso. Y cuando finalmente se iba a venir, me jaló del cabello, me jaló hacia su pene y me lo metió en la boca. No me soltó hasta que hizo que me tragara todo su semen. Olía asqueroso.

    Ya cuando por fin acabó de hacerme lo que quiso, me hizo a un lado y me dijo «estuvo delicioso, te veo mañana en el trabajo».

    Ni novio no se percató de casi nada ya que él también acababa de terminar de venirse con la chica con la que estaba a lado.

    Le dije ya vamonos, por favor. Nos vestimos, no encontré la tanga que traía a lo pensé que Gustavo tal vez se la habia llevado de recuerdo.

    Al otro día solo llegué para renunciar, no les di explicaciones, solo no quería volver ahí. Cuando salgo, ese maldito hace sonidos con la garganta para que lo voltee a ver y ahí estaba él, viéndome depravadamente de lejos y oliendo mi tanga que obvio me robó como de recuerdo.

    Me moví de ciudad y hasta la fecha no vuelvo a saber de él.

    Fin

  • Mi mujer sintiendo por primera vez de verdad

    Mi mujer sintiendo por primera vez de verdad

    Mi mujer se llama Ana, tiene 41 años muy bien llevados, morena, de pelo negro, pero sobre todo un cuerpazo bien cuidado a base de gym, es muy presumida y se cuida mucho, le gusta vestir bien a la vez que provocativa.

    Llevamos 12 años de casados, pero desde hace 3 años me diagnosticaron un de próstata y debido a ello tengo disfunción eréctil, no puedo tener erecciones, con lo cual nuestra vida sexual se ha visto muy afectada, a veces le hago sexo oral pero conozco a mi mujer y sé que le encanta el sexo en varias ocasiones le he dicho que si necesita buscar fuera de casa lo que yo no puedo darle lo entendería. Ella se ofende cuando le digo esto, aunque lo comprende. Después de mucha insistencia de mi parte quedamos en que si algún día aparecía alguien que le llamara la atención se lo plantearía.

    Hace unos meses la lavadora dejó de funcionar, así que mi mujer llamó al servicio técnico, un técnico la contactó por teléfono y dijo que al otro día se pasaría, así al día siguiente llamaron al timbre y era el técnico. Era un hombre alto, más alto que yo, y fuerte, con una voz grave y sobre todo muy amable. Desde que vi la cara de mi mujer supe que le gustaba, notaba como le miraba y su forma de comportarse, era toda dulzura con aquel hombre. El técnico terminó de arreglar la lavadora pero dijo que lo mejor sería volver otro día a actualizar el software de fábrica.

    Cuando se fue le dije a mi mujer:

    – Te ha gustado, verdad?, es más te ha puesto cachonda y todo, he visto como le mirabas

    – ¿Qué dices?, ella intentaba convencerme de que no era así pero la conozco demasiado, al final terminó confesándome de que sí, de que le había llamado mucho la atención el técnico, que le gustaba como hombre. Le dije, tienes su número de teléfono, llámale para que vuelva a actualizar la lavadora cuando quieras.

    Me dijo que se lo pensaría pero al poco tiempo le escribió por Whatsapp, así que quedaron en que el técnico volvería al otro día en la mañana. Ese día se levantó temprano se aseó y se quedó con la bata de dormir, una bata rosa semitransparente que dejaba ver el tanga negro que llevaba debajo y sus pechos totalmente libres. Estaba terminando de peinarse cuando sonó el timbre, era el técnico, puntual.

    -Buenos días señora

    -Hola, no te esperaba tan temprano, perdona las pintas, apenas me ha dado tiempo a arreglarme

    -No se preocupe, está usted en su casa. Le dijo sin dejar de mirarle los pechos por encima de la bata

    Cuando mi mujer, algo nerviosa, se giró para dirigirse a la cocina el técnico clavó sus ojos en el culo casi perfecto que tiene ella. Llegaron a la cocina y comenzaron a charlar de forma animada, mi mujer en plan seducción le daba miradas y la conversación fluía entre risas, ella se abría un poc la bata dejando entrever sus senos, o se inclinaba en el fregadero para que se marcara aun mas el tanga negro. El técnico le dijo que era necesario actualizar el software de la lavadora, a lo que mi mujer respondió:

    – Quizás yo también necesite ser actualizada en algunos aspectos… le dijo mirándole a los ojos

    El hombre se quedó de momento un poco sin saber qué decir, pero enseguida reaccionó diciendo: encantado le actualizo lo que usted quiera!

    Se fue acercando donde estaba ella, como buscando su aceptación, ella no dejaba de mirarlo, aunque muy nerviosa, estaba literalmente temblando, por lo que de forma inminente iba a suceder, pero que tanto deseaba y que ella misma había provocado, hasta que él la agarró de la cintura y comenzaron a besarse, se besaban con deseo mientras él le quitaba la bata con sus manos grandes. Ella mientras tanto hacía lo mismo y le quitaba la camisa con deseo, casi con desespero.

    El la levantó y la sentó de golpe en la encimera de la cocina, pero ella dijo: uyyy que fría!!, se bajó y dijo, vamos

    En tanga ella y él solamente con el pantalón a medio quitar llegaron a la habitación, allí continuaron besándose de pie junto a la cama, ella terminó de quitarle el pantalón, dejándolo solamente en boxer mientras aprovechaba para agarrar la polla por encima del boxer, se tumbó en la cama él se desnudaba de prisa y se tumbaba encima de ella para seguir besándose, mientras se desnudaba ella no pudo dejar de mirarle su polla, al igual que aquel hombre era más alto que yo, tenía una polla realmente grande y gruesa, bastante más que la mía, es como comparar un boli con un rotulador…

    Él la besaba a la vez que alternaba chupándole las tetas y el cuello, en esa posición colocó su polla en la entrada del coñito de mi mujer y empujó, a lo que ella dio un respingo hacia atrás.

    – Qué pasa? Te ha dolido?

    – Un poco, es que la tienes muy grande y gruesa.

    – Tienes un coñito muy cerrado, se ve que no tienes mucho sexo…

    – La verdad es que últimamente no…

    – Pues habrá que hacer algo

    Diciendo esto comenzó a bajar pasando la lengua por el cuello, orejas, los pechos de mi mujer, su vientre, hasta llegar a su coño, hasta la lengua de este tío era grande, comenzó a pasarle la lengua por todo el coño, por el clítoris, en una vez que metió la lengua en el coño mi mujer tuvo un orgasmo brutal, en medio del orgasmo alcanzó a decirle: ven!, estaba deseando ser penetrada. El hombre subió rápidamente y comenzó a meterle aquel pollón poco a poco mientras mi mujer apretaba los ojos y gemía recibiendo aquella cosa tan gruesa como nunca había sentido.

    El hombre comenzó a moverse primero con suavidad hasta que fue aumentando sus movimientos, ella no paraba de gemir cada vez más fuerte, estaba gozando como nunca, sus manos se aferraban a la espalda ancha del técnico, como deseando que aquello no terminara nunca.

    El hombre comenzó a bombear con fuerzas, su polla cada vez más dura, así que le dijo: ¿dónde la quieres?, a lo que ella respondió entre gemidos, puedes correrte dentro si quieres, tengo anticonceptivo puesto, así que en algunos movimientos más la respiración del técnico comenzó a acelerarse, hasta tener un orgasmo dentro de ella, que al sentirlo volvió a correrse estruendosamente, esta vez sus gemidos eran gritos de placer.

    Aún después de correrse el tío seguía excitado, dándole polla, que la llevó a tener un tercer orgasmo igual de intenso, hasta quedar tendido encima de ella, ambos exhaustos de aquel tremendo polvo.

    Pasados unos minutos se separaron, quedando en la cama.

    -Necesito ir a lavarme al baño, ¿vienes?

    Ambos se levantaron y fueron al baño, ella se esmeraba en lavar bien ese pollón, estaba encantada con ese trozo de carne en la mano, jamás había visto y sentido algo así y a cada rato le decía, estás muy bien dotado, es grande y gorda… él reía y a su vez le lavaba el coñito y de paso le metía mano en el culete de mi mujer, ambos se estaban duchando.

    – ¿Entonces te gusta mi polla?

    – Me encanta!!

    – Hay algo en lo que estamos en desigualdad…

    – No comprendo, ¿en qué?

    – Algo que yo te he hecho per tú a mi no…

    Ella sonrió y sin decir nada, agarró la polla, se agachó delante del técnico y sin dejar de mirarle a los ojos con cara de putita se llevó la polla solamente a los labios, los abrió solamente un poco, sin dejar de mirarle… él dijo: vamos! ella comenzó a pasar la lengua por el capullo como si de un helado se tratase, luego alternaba esos lametones metiéndose la polla en la boca, hasta donde podía y como podía, y chupando, sin dejar de chupar… en ocasiones tenía que parar porque de tan gruesa le dolía la boca de tenerla tan abierta, o a coger aire, cuando él le empujaba un poco también tenía que parar con algo de nauseas pero volvía a su mamada, él solo disfrutaba mirándola.

    Así estuvieron un rato, hasta que él la tomó de la cabeza y comenzó a follarle fuerte la boca, ella abría los ojos e intentaba quejarse pero el tío estaba demasiado excitado… le sacó la polla, le dio la vuelta y le colocó los brazos en la pared, le abrió las piernas y comenzó a follarla desde atrás, ambos gemían como animales hasta que tuvieron un orgasmos fortísimo, casi al mismo tiempo, él tuvo que sujetarla pues a ella, debido a la intensidad del orgasmo se le aflojaron las piernas y casi se cae rendida…

    Volvieron a ducharse entre besos y caricias.

    – Antes lo había visto por encima de la bata, pero ahora que lo he visto mejor, tienes un culo espectacular!!

    – Sí, eso me dicen

    – Cariño, lo siento pero tengo otro cliente que ver y ya voy tarde, ¿nos volveremos a ver?

    – Cuando quieras!

    Se despidieron, el técnico se vistió y se fue

    Ese mismo día en la tarde en el Whatsapp de mi mujer…

    – Hola, me encantó lo de esta mañana, eres una diosa! tienes un coñito muy apretadito, se ve que no le han dado mucho uso últimamente!

    – Quizás, o también que la tienes muy gruesa! También puedes dilatarme el coñito!!

    – De momento me gusta así, me encanta como tu coñito me abraza toda la polla… y ese culo! madre mía!! ¿cuándo crees que podamos quedar de nuevo?

    – Luego te digo… la próxima vez será mejor.

    Continuará…

  • Probando un pene grueso y rico de un hombre maduro

    Probando un pene grueso y rico de un hombre maduro

    Un saludo cordial amigos lectores, les cuento que esto me ocurrió mucho tiempo cuando tenía 31 años, Samir es mi nombre, conocí a un doctor de 52 años, alto moreno claro y lindo, en una entrevista para exámenes médicos rutinario y desde que nos vimos nos gustamos, me hizo las pruebas rutinarias, conversamos un poco y nos despedimos.

    Pasaron unos días y nos encontramos en la empresa donde trabajábamos, me invitó llevar a mi casa, el cual accedí, hablamos durante el camino me dijo que desde que me vio le guste mucho e igualmente le comenté que soy de mente abierta, conversamos un buen rato de lo que podíamos hacer en los próximos días, ya que él es casado.

    Llegó el momento que íbamos a estar juntos lo llamé antes y le dije que se viniera preparado para tener una buena sesión de sexo puro.

    Así mismo llegó el momento de estar en mi casa, entro el carro a mi residencia y lo recibí de la mejor manera, me dio un beso y le respondí muy húmedo con mis labios que estaban llenos de saliva para que supiera que lo deseaba con muchas ganas. Entramos a mi cuarto y nos quitamos toda la ropa, antes de que el llegara, yo me había preparado para él, me depile todo mi culo mi cuerpo, para que sintiera mi piel completa, ya que antes de verlo desnudo sabía que tenía un pene enorme de 23 cm, me moría por tener ese grande pene entre mis labios y poder disfrutar de su glande.

    Para mí sorpresa lo vi desnudo e igual que yo, él estaba todo depilado, cuando bajé mi mirada, v su enorme pene, les confieso que era un poco más grande de lo que pensé, (26 cm) mientras nos besamos tocaba su glande con mis dedos y pude sentir lo húmedo que él estaba, así pude llevar sus líquidos preseminales a mi boca, para saborear lo que estaba a punto de tragarme.

    Dirmero me dijo: estás preparado para una jornada de sexo duro le dije que sí, mientras nos besamos me dijo al oído que bajara lentamente hasta su pene y le diera ricas mamadas, el cual accedí si protestar, cuando bajé hasta su pene, le di unas chupadas en sus tetillas, para excitarlo más, luego baje hasta su pene, y pude darle y rico beso.

  • El mecánico

    El mecánico

    Teníamos el auto en el mecánico. La idea era que mi marido lo pase a buscar cuando saliese de trabajar. Pero me llamó y me dijo:

    M: Gorda, ¿podes ir a buscarlo vos por favor? Salgo más tarde

    Y: Uh ¿en serio me decís?

    M: Si por favor, no llego.

    Y: Es que yo no entiendo nada.

    M: Ya hablé con él, es solo retirarlo. Yo después le pago.

    Y: Ok, si no me queda otra. ¿cómo se llama?

    M: Roberto.

    A las 17 h me puse una tanga blanca, un short blanco, un remerita sin corpiño y salí caminando para retirar el auto. La tarde estaba muy linda y calurosa. Cuando llegué estaba bastante transpirada. El sudor había mojado un poco mi remera.

    Entré al taller y vi a un señor de unos 60 años. Llevaba puesto un jean bastante ajustado que dejaba notar un buen bulto. No tenía puesta remera por el calor que hacía allí. Su torso bien trabajado mostraba grandes músculos. A pesar de su edad estaba en muy buen estado.

    Me miró de arriba a abajo sin perder detalle de mis pechos sueltos.

    R: Adelante señora, pase

    Y: Buenas tardes, vengo a buscar el Ford que dejó mi marido a la mañana.

    R: Claro, por supuesto. Venga que se la muestro.

    En ese momento pasó su brazo por mi cintura para acompañar el movimiento y con sus manos llenas de grasa me manchó mi blanca ropa.

    R: ¡Uh disculpe señora, que torpe soy!

    Y: No se haga problema.

    R: ¿Cómo no me voy a hacer problema?

    Tomó un trapo mojado y comenzó a frotarlo por mi espalda y mi cola. Sus intentos de limpiarme me estaban calentando mucho al punto que mis pezones lo evidenciaban. Al mojar mi fino short comenzó a divisarse mi pequeña tanga.

    R: No sale. Le pido disculpas.

    Y: No se haga problema en serio, después lo lavo.

    R: Bueno venga, le muestro una cosita que no le expliqué a su marido.

    Me acerqué al auto y me hizo poner frente al motor.

    R: Estírese y ve allá atrás

    Estirándome dejé mi culo a merced de Roberto. Sentí como me apoyaba su verga y confirmé lo que mis ojos habían visto. Su bulto era enorme y estaba totalmente duro.

    R: Toque esa palanca, ¿la siente?

    Y: Si, la siento muy bien.

    R: No tiene que estar así dura. Hay que hacer algo con eso porque se puede romper.

    Y: ¿Hay que cambiar esa pieza?

    R: No, solo hay que hacerle una especie de masaje. Su marido va a entender, es como si tuviese que satisfacer a esa palanca ¿me explico?

    Y: ¿Así?

    Comencé a jugar con esa pieza del auto como si la estuviese masturbando. Roberto comenzó a refregar su pija en mi culo. La excitación de ambos ya era incontrolable.

    R: ufff… si, siga siga… que bien lo hace ¿tiene experiencia?

    Y: Algo, me gusta hacerlo con los hombres que están necesitados

    R: No sabe lo necesitado que está este abuelo señora

    Y: Uh pobrecito el abuelito. No puedo negarle ayudarlo.

    Me di vuelta y comencé a besarlo. Tocaba todo su pecho con desesperación. El manoseaba mis tetas. Recorría por nuestros cuerpos fusionados una pasión incontrolable.

    R: Pero que puta resultaste bombón

    Y: No suelo hacer esto

    R: ¡Reconocé que sos una puta! O por lo menos mi putita

    Me agaché y le saqué la pija. Era enorme, venosa y gorda.

    Y: Si voy a ser tu putita, no hablamos del precio del arreglo

    R: No te preocupes, si me pagas en dos cuotas queda saldado

    Comencé a chuparle la pija como buena puta que era. Recorría con mi lengua cada lugar de sus 26cms de pija. Masajeaba sus huevos. Ya no me reconocía.

    R: ¡Seguí, seguí! ¡Quien bien la chupas bombón! ¡Nunca me habían dado una mamada como esta!

    De repente escuché ruidos. Dejé el chupete de lado y al girar la cabeza vi a un señor de unos 40 años parado mirando el espectáculo y haciéndose una paja.

    R: Te presento a mi hijo Federico. También es dueño del taller. Deberías pagarle a él también ¿no?

    Me incorporé y desnudé quedando solo en tanga. Me agaché agarrando la pija del hijo, que no la tenía tan grande como el padre, pero cumplía. Dejé el culo apuntando a Roberto y comencé a chupar la pija del nuevo integrante de la fiesta.

    Roberto aprovechó para correrme la tanga a un costado y empezó a jugar con su punta de lanza en mi concha. Yo estaba toda mojada, lo único que quería era que me la clave completa.

    F: Clientas así dan gusto tener.

    R: No le faltes el respeto. Ella paga como puede che.

    Roberto comenzó a penetrarme rápidamente. Parecía un pendejo de 20 años moviéndose. Era una maquina sexual imparable.

    Federico gemía sin importar que alguien pueda escuchar. De repente y sin avisar me acabó en la boca. Era mucha cantidad. Tragué lo más que pude. Una vez flácida, seguí mi juego con su papá. Mientras tanto Federico miraba y se la manoseaba.

    R: ¿Ya acabaste? ¡Pareces hijo de otro querido! 4 horas la voy a tener a esta puta acá. Anda cerrando el taller vos.

    Literalmente me tuvo 4 horas cogiéndome. Acabé 10 veces y él solo una en mis tetas y cara. Me llenó de leche.

    Me limpié como pude. Me volví a poner la ropa dejándole la tanga de regalo a Roberto. Me dolía todo el cuerpo.

    R: Que bien te portaste bombón. Pocas han soportado mi ritmo.

    Y: ¡Sos un toro salvaje! ¡Indomable! Vas a tener que darle alguna lección a este

    F: Este la próxima te rompe el orto querida.

    Y: Primero vas a tener que intentar imitar a tu viejo, sino te vas a tener que conformar con mamadas.

    R: Jajaja

    Me subí al auto y antes de sacarlo le di un beso en la pija a Roberto desde la ventanilla.

    Y: La semana que viene te vengo a pagar la siguiente cuota.

    R: Dale putita, cuando quieras.

    Me fui a casa y me bañé recordando la sesión increíble de sexo que había tenido.

    Cuando llegó mi marido me preguntó si el mecánico me había dicho algo.

    Y: El auto anda de maravilla. Lo dejó como un violín.

    M: ¿Afinado?

    Y: Si si jajaja Tiene un taller prolijo y limpio.

    M: Si, es muy metódico. Trabaja muy bien.

    Y: Me sorprendieron las herramientas que tiene, todo bien cuidado, ordenadas de mayor a menor, algunas muy grandes.

    M: Dejate de joder, mira en lo que te fijas.

    Y: ¡Bueno, el tamaño de la herramienta importa!

    M: jajaja

    Se rio sin saber que ya le conocía la herramienta a Roberto.

    M: Ya le hice la transferencia. Me confirmó que le llegó

    Me puse roja cuando escuché eso. ¡El hijo de puta le había cobrado a él y a mí también!

    A la semana siguiente, fui al taller a pagar mi segunda cuota. ¡Las putas tenemos palabra!

  • Puta por necesidad. Segundo cliente

    Puta por necesidad. Segundo cliente

    Después de la primera vez que me entregué a otro por necesidad lejos de sentirme culpable era para mí un refugio espiritual cuando mi marido me insultaba o llegaba borracho, bastaba con cerrar mis ojos y recordaba paso a paso lo que hice con Rafael, desde el momento de mi llegada a su casa hasta que salí de la misma, como si fuera una película en mi cabeza, la regresaba una y otra vez, poniendo en cámara lenta los mejores momentos, en los que gocé más, incluso percibiendo aromas de esa mañana lo que me hacía mojarme muy rico, también haciendo “close up” en el instante en que Rafael me metía toda su verga en mi vagina mojada después de haberla ensalivado.

    Mi marido seguía tomando, tal vez un poco menos, pero no había cambio en su conducta, a mí ya no me importaba mucho porque tenía un paraíso intelectual y al verlo agresivo en mis adentros pensaba “cornudo, si supieras que cogidota me dieron y que sabrosa verga me comí” Sin embargo, esos recuerdos con el paso del tiempo fueron desapareciendo poco a poco y ya no tenían el efecto de las primeras semanas, Crispín (es mi marido para los que no leyeron mi primer relato) en algunas ocasiones que llegaba sobrio se ponía romántico y me hacía el amor, pero yo ya no lo disfrutaba por varias razones, la primera porque sólo duraba 10 minutos y lo hacíamos debajo de las cobijas en la clásica posición del misionero, la segunda porque no había sexo oral de su parte y yo no me atrevía porque me iba a cuestionar si se lo hacía, la tercera es que él terminaba y se olvidaba de mí y yo me quedaba bien prendida.

    Así fueron como 3 veces en un mes y yo extrañaba una buena cogida. Cierto día fui a la tienda de Doña Mago y me preguntó cómo iba mi relación, le dije que igual, ella me comentó que le habían pedido una muchacha y me preguntó que si no me animaba a hacer el servicio, yo la verdad por educación le dije que lo iba a pensar y que le avisaba, pero no quería volverlo a hacer porque me daba miedo que esta vez si me vieran y fuera a tener problemas y es que mi pueblito era muy chico y todo mundo se conocía.

    Esa noche mi marido quiso hacerme el amor y yo me metí a bañar tenía toda la intención de gozar con mi marido, ya en la recámara me quité la toalla y me quedé desnuda, él le ponía más atención al partido de futbol que estaban pasando en la televisión que a mí, yo me puse una tanga que había comprado y mi marido ni se dio cuenta, me acosté junto a él y me dijo –Espérame que no ves que estoy viendo el juego. Me dio coraje y me dormí, mi marido ya no hizo nada por despertarme.

    En la mañana él se fue y ni siquiera se despidió, yo llevé a los niños a la escuela y de regreso me quedé con la señora de la tienda y le dije que si aceptaba el servicio, ella me dijo que ese día le hablaba al señor que se lo había pedido y tal vez la cita era para el día siguiente, yo le pregunté que si no era el mismo de la otra vez y me dijo que no, que era otro.

    Me fui a mi casa y pensé “si mi marido no me atiende, alguien más lo hará” así pasó todo el resto del día y ya por la noche imaginaba que me la iba a pasar súper. Me desperté temprano le hice el lonch a mi marido y a mis hijos, se fue Crispín y un poco después llevé a mis hijos a la escuela ya de regreso pase con la señora de la tienda y le dije que estaba lista, ella me dijo que me esperaban a las 11:00 y me dio la dirección, me dijo que era un hotel que llegara a la habitación 202, me dieron nervios de que alguien me pudiera ver entrando al hotel, pero eran más mis ganas de sexo que el miedo, como apenas eran las 9:00 me fui a mi casa a desayunar y después me metí a bañar.

    Disfruté mucho el asearme para alguien que no conozco, me enjaboné todo mi cuerpo, pero le daba más cuidado a mis tetas que son algo grandes pensando en que me las iban a chupar todas, mi cintura que como ya les había dicho es estrecha y contrasta con mi gran culo, también me enjaboné con entusiasmo mis nalgas que son grandes y redondas creo que es mi mejor atractivo y por último mi vagina después de haberle dado una depilada, en pocas palabras fue servicio completo, je je.

    Cuando salí del baño y entre a la recámara me quité la toalla y me miré en el espejo de cuerpo entero y la verdad me vi hermosa, no sé porque mi marido no aprovecha la buena hembra que tiene en casa, me puse la tanga que había comprado y que le mostré a mi esposo y que ni la vio, la había comprado en un catálogo a una vecina en pagos junto con un bra del mismo color que hacían juego, yo no uso pero la había comprado para excitar a mi esposo, cuando me la puse me gustó como se me veía, se me metía completamente entre mis nalgas dejando solo a la vista el triangulito de arriba, me hacía ver mis nalgas más redonditas de lo que las tengo y más paradas, mis piernas también lucían más largas y torneadas, el bra me apretaba un poco y hacía saltar mis tetas que se veían hermosas como si se quisieran salir, me puse encima un vestido y me arreglé para salir, muy poco maquillaje y sólo labial en los labios para no dar sospechas. Salí pedí un taxi y me llevo justo afuera del hotel, le pedí al chofer que diera una cuadra más que ahí no era, para cuidar que alguien me viera.

    Me bajé del taxi volteé a un lado y a otro me aseguré que nadie me viera y empecé a caminar al llegar a la entrada volví a mirar a todos lados y entré, pregunté a la recepcionista cual era la habitación 202 y me indicó cual, también me dijo que ya me estaban esperando, caminé por un pasillo y al llegar a la habitación toqué y me abrió un tipo alto, moreno, de complexión robusta sin llegar a ser gordo y con barba, me saludó y me pidió que me pasara, (nada que ver con Rafael) estuve a punto de salir corriendo por lo imponente de la personalidad del señor, pero pensé que iba a quejarse con Doña Mago y no me convenía quedar mal, total me aguante pasé y me senté en un sofá que había en la habitación, el señor se presentó me dijo que se llamaba Miguel y me ofreció algo de tomar, yo estaba tan nerviosa que le acepté una cerveza para ver si me tranquilizaba un poco, en lo que nos tomamos la cerveza me platicó que era viudo y que tenía un taller mecánico, pero que algunas veces contrataba muchachas para desahogarse sexualmente.

    Después se acercó y me besó yo correspondí al beso, se notaba una desesperación o necesidad de sexo ya que casi me quería comer, eso me calentó mucho, metía su lengua en mi boca con desesperación, mordía mis labios muy rico, su mano rápidamente busco mis nalgas y empezó a sobarlas y apretarlas con fuerza, beso mi cuello y poco a poco fue bajando hasta llegar a mis chiches las cuales sacó del bra y las lamió con alegría y entusiasmo, como son muy grandes las chupaba por un lado y por otro, después le dio su exclusividad a cada uno de mis pezones, los cuales se paraban de tan caliente que ya estaba, su barba me picaba por todos los lugares donde me recorría, era una experiencia que no había sentido, se sentía rico sentir esa sensación en mi piel.

    Después de un rato me cargo como si fuera una muñeca y me aventó a la cama, me pidió que me quitara el vestido, yo me paré y me quité el vestido quedándome sólo en tanga y bra, Miguel se quedó petrificado viéndome de arriba abajo y me dijo estás buenísima, ese tanga te queda fabulosa y que par de nalgas te cargas, ahora sí que Doña Mago me mandó algo bueno, le voy a dar una propina extra.

    Miguel me bajó la tanga con los dientes y al ver mi panochita de inmediato se clavo en ella, así de feroz como me besó ahora me comía la concha, metía la lengua por todos lados, daba ligeros mordiscos a ambos lados, por momentos boca y nariz estaban dentro de mí, yo en la luna retorciéndome de placer sintiendo esa embestida en mi cosita, al contrario de Rafael esta vez era más salvaje y con mucha intensidad, Miguel me pidió que me pusiera en cuatro, yo accedí rápidamente pensando que ya me iba a penetrar, pero él siguió chupando, parecía que le fascinaba mamar la vagina, después dio un cambió de dirección y me empezó a lengüetear el ano, al principio me saque de onda, pero sentía igual de rico que en la vagina o tal vez más, yo lo estaba disfrutando mucho, él trataba de meterme su lengua y eso se sentía genial, pasado un rato ya tenía yo ganas de que me metiera la verga así que me volteé y le bajé el pantalón y me llevé una gran sorpresa, tenía una vergota grande y gruesa, me asusté pensé que me iba a lastimar, pero ya no podía hacer nada, se la empecé a mamar pero no me cabía en la boca, hice un esfuerzo y me la comí, creo que sólo la cabeza porque si estaba grande.

    Después cambié de estrategia y mejor se la chupé por los lados y me bajé a los huevos, la verga la sentía pesada en mi cara yo creo que la cabeza rebasaba la frente, finalmente se acostó y me dijo que me sentara en ese monstruo, yo lo hice con mucho cuidado, empecé lento, pero era tan grande que no entraba, fui soltando un poco más de peso y sentí como se abría mi panocha me levantaba un poco y me volvía a bajar lento, así estuve unos minutos, pero sentí seco y me quité para darle una ensalivada y no me doliera tanto, continué con mi tarea y seguí igual lento, hubo un momento que Miguel se desesperó y me dio un jalón y entró toda esa verga yo sentí que me partía en 2, pero ya la tenía adentro así que con dolor y todo empecé a cabalgar ese tronco.

    Sentía una mezcla de dolor y placer que jamás había sentido al paso de los minutos ya mi puchita se había acostumbrado al grosor de ese pedazote de carne y subía y bajaba con un ritmo que Miguel me marcaba agarrándome de las caderas, pasado un tiempo me pidió que ahora me montara al revés para ver mis nalgotas que era lo que más le había gustado de mí, obedecí en el momento y me volví a sentar en esa delicia, esta vez ya no me costó trabajo, creo que ya me tenía bien abierta y al estar cabalgando me decía “Que hermosas nalgotas” “que bonito culote” y yo ya caliente le decía te gusta, él me contestaba que sí, después me dijo-Muévete perra.

    Eso me calentó más de lo que estaba y me seguí dando de sentones en su verga. Ya después me pidió que me pusiera en 4 y me ensartó muy rico, siguió diciéndome cosas sucias.

    –Que buena puta eres. Decía y yo le contestaba, sí y él seguía como loco metiendo y sacando su enorme arma, yo feliz.

    Descubrí que me gustaba que me gritaran cosas feas y mi vagina feliz de recibir ese castigo, por último me dio una acelerada muy rica y ya cuando se iba a venir me dijo que me volteara y así lo hice, casi sincronizados me aventó toda la leche en la cara, la que sentí caliente y escurriendo, Miguel se desplomo en la cama agitado y satisfecho, yo me limpié con una toalla que estaba ahí y después fui al baño a terminar de limpiarme me sentía sucia, pero satisfecha. Miguel me pago y salí del hotel nuevamente como agente secreto cuidándome de todos lados para que no me vieran.

    En el camino pensaba en que si mi marido en la noche quería tener sexo, iba a notar lo abierta que me había dejado Miguel, pero confiaba en que llegara borracho. Llegué de regreso con Doña Mago y le informé que ya había quedado su encargo, ella se sonrió y me dijo cuando gustes ya sabes…

    Fue la segunda vez que le fui infiel a mi marido, esta vez ya no me dio ningún remordimiento, tal vez estaba disfrutando este pasatiempo, hubo una tercera y última vez que hice cornudo a mi marido antes de venirnos a Estados Unidos, espero poder contárselas muy pronto, porque escribo a escondidas y no quiero que él se entere, si escribo aquí es para desahogarme y recordar.

  • Conversión (1)

    Conversión (1)

    El portazo es lo último que recuerdo de la pelea que tuve con mi esposa. Simplemente, salí de ahí porque ya no quería pelear más. Caminé sin rumbo en una ciudad que no es tan segura para estar de noche. Sentía rabia, sentía injusticia. Después de 8 meses sin sexo, preparé una velada romántica, pero ella no quiso participar, eso llevó a una pelea y que yo me encuentre caminando por el centro de la ciudad sin un destino fijo.

    Son las diez de la noche, veo un pequeño bar abierto y decido pasar a tomar un trago. No sé como volver a casa sin tener que pedir disculpas, ni sé si deba pedir disculpas por algo que ni siquiera sé si es mi culpa, mi cabeza da vueltas, imágenes de divorcio y pornografía se revuelven en mi mente mientras tomo una cerveza. Trato de pensar en mis opciones, ir donde un amigo, buscar un lugar para quedarme, volver a casa. No sé cuanto he tomado cuando me pasan la cuenta porque van a cerrar. Y vuelvo a la calle, a caminar, esta vez a la 1 de la mañana, por algunos de los barrios más peligrosos en lo que he estado. Todo me da vuelta cuando dos tipos aparecen y mi embriaguez desaparece de golpe ante la realidad, voy a morir.

    Los matones parecen sacados de una película barata, ambos con gorros, jeans y uno de ellos lleva algo en la mano, probablemente una navaja. 20 metros, 15, cada metro se me hace una eternidad y mi cabeza queda en blanco, entro en pánico y me paralizo.

    Siento una mano en mi espalda y luego una mujer se para frente a mí y me besa. Se gira y les grita algo a las dos personas que todavía se acercan, solo logro distinguir algunas palabras, sobre que soy su cliente. Algo les muestra y los tipos se detienen, levantan las manos y se van.

    Como despertando de un sueño veo a mi salvadora en ropas que gritan trabajadora sexual. Un top plateado que deja ver su ombligo con una pequeña chaqueta brillante, su pelo rubio es obviamente una peluca, debajo una minifalda negra, pantis y tacos altos. En su cartera de mano, está guardando algo que alcanzo a distinguir como una pistola.

    – ¿Bueno – Me dice – eres mi cliente o no?

    — Yo… — Me detengo nuevamente congelado. Mi rabia, el miedo, la sensación de que estuve a punto de morir, el alcohol, todo se mezcla y solo asiento con mi cabeza.

    Me da un precio y caminamos de la mano a un edificio cercano. Subimos las escaleras, cruzamos un pasillo y entramos en una habitación.

    Ella no espera que cierre la puerta cuando comienza a besarme en la boca y me presiona contra la pared. Empiezo a abrazarla y tratar de responder sus, pero la situación golpea en mi cabeza y en mi sexo de una manera que no había sentido en mucho tiempo. Ella, casi sin soltar mi boca de sus besos, me desviste, sacando mi remera desesperada y soltando mi cinturón dejando caer mis pantalones. Luego pone una de sus manos bajo mi bóxer y mi verga está dura como no ha estado en meses. Sin palabras, sin demoras, sin aviso, se arrodilla frente a mí y pone mi sexo en su boca. Que situación más excitante, apoyado en la puerta del departamento, con mi bóxer en las rodillas y viendo como mi sexo entra y sale de la boca de esta increíble mujer. Es más de lo que puedo aguantar y solo alcanzo a avisar en un susurro que voy a terminar, pero ella se pega aún más, chupando con ganas y recibiendo toda mi descarga sin perder una gota. Yo jamás había terminado en la boca de nadie y mi orgasmo reprimido se extendió por un largo minuto. Yo sentía como mi descarga continuaba, sentía cada espasmo con la mezcla de lengua y garganta de esta maravilla de mujer. Y con cada descarga, sentía como los problemas, el miedo, la incertidumbre se iban disolviendo. Mis rodillas van perdiendo su apoyo y ella sigue chupando y manteniendo mi orgasmo un poco más.

    Cuando empiezo a sentir mi miembro flácido en su boca, la situación sube a mi cabeza y comienzo a reír. Son los nervios, yo sé que son los nervios, pero no puedo dejar de reír. Ella termina de desvestirme, zapatos, pantalón y bóxer y me lleva hasta un sillón, yo todavía riendo. 45 años y jamás había pagado por sexo. Nunca había salido con una extraña, menos sexo en la primera cita. Y aquí estaba, desnudo en una habitación extraña, sin siquiera saber el nombre de mi salvadora.

    Ella desaparece un momento y vuelve con una cerveza que me entrega.

    No quiero arruinar tu momento de buen humor, pero primero deberías pagarme.

    Tienes razón, discúlpame, es mi primera vez haciendo esto.

    Saco dinero de mi billetera y se lo entrego. Ella lo lleva a otra habitación para guardarlo. Uso ese momento para tratar de calmarme. Así que cuando vuelve, ya no estoy riendo. La veo caminar y sentarse a mi lado.

    Bueno, parece que es tu primera vez haciendo esto.

    Sí, si lo es. Y gracias por ayudarme allá abajo, pensé que me iban a asaltar o algo peor.

    Soy Athena, te vi caminando y supe que no perteneces a este barrio, nadie anda por acá sin ser suicida. ¿Eres suicida?

    No, la verdad es que no. No quiero morir, solo que tuve una pelea con mi esposa y no estoy pensando muy claramente.

    Pobrecito, pero yo voy a poder consolarte.

    Oh no, no, yo ya debo irme.

    Pero pagaste por estar conmigo toda la noche. Velo así ¿Tienes donde ir?

    No, no, la verdad es que no.

    Entonces. Mira, tiéndete en el sofá boca abajo y yo te voy a dar un masaje en la espalda.

    Dudando y un poco curioso, le obedezco. Me tiendo en el sofá, de pronto sintiéndome vulnerable. En el momento en que empiezo a estar cómodo, siento sus manos sobre mis hombros. Sus manos son mágicas. No puedo creer lo tenso que estoy hasta que ella descubre cada nervio en mi espalda. Los primeros minutos son de revelación, de liberar tensión, de descansar. Pero pronto el masaje empieza a explorar otras sensaciones. Sus manos se mueven suaves sobre mi espalda y mis nalgas, se acercan peligrosamente a mis partes mientras acaricia mis muslos. Y gimo cuando derrama aceite tibio en mi espalda, esparciéndolo con dulzura sobre lugares que no sabía se sentían tan bien. Sus manos vuelven a mis nalgas, y pronto a la parte interior de mis muslos. Con un poco de presión me pide separar mis piernas, lo que hago. Más aceite y su mano se desliza por el interior de mis piernas hasta llegar a mis testículos. Los acaricia y moja con aceite, la sensación es deliciosa, surreal, erótica. Siento sus dedos volver a deslizarse por mis nalgas hasta sentir una presión en … Mi ano!

    -No, no, eso no. — Me giro con rapidez y ella solo sonríe.

    – Quizás algún día me lo pidas, pero por ahora, veo que tenemos algo importante de lo que preocuparnos.

    Diciendo esto, con sus manos aceitosas, toma mi verga y la empieza a masajear, subiendo y bajando con sus manos expertas. Vuelvo a relajarme, y cierro los ojos. No dejo de maravillarme lo rápido que me recuperé desde la espectacular mamada que me dieron hace unos minutos. A mis 45 años, volver a tener una erección tan rápido es toda una sorpresa. Sin soltarla, sin dejar de masajear, de masturbarme deliciosamente, ella se levanta, y dándome la espalda se sube sobre mí.

    La imagen es de lo más caliente que he vivido. Ahí estaba yo, desnudo, sobre el sillón, ella completamente vestida sobre mí. La textura de sus medias contra mis piernas, sus nalgas asomando brevemente desde su minifalda. La veo mover brevemente el hilo de su tanga y bajar sus caderas hasta posicionarse sobre mi verga. El sexo anal no es nuevo para mi, es algo que mi esposa me daba en ocasiones especiales, cumpleaños o san Valentín. Era algo que yo no podía pedir. Y ahora, aquí estaba con esta maravilla de mujer, sintiendo como mis 17 cm de verga iban entrando lentamente en su cuerpo hasta sentir sus nalgas sobre mis caderas y presionar más hasta sentirla completamente enterrada por mi sexo. Se quedó quieta unos segundos, y luego comenzó a moverse, despacio, delicioso, subiendo y bajando, yo viendo como mi verga entraba y salía desde su ano. Puse mis manos en sus nalgas y me dejé llevar.

    Sus movimientos rítmicos fueron acelerando y pronto sus nalgas golpeando mis caderas sonaban como un aplauso. Athena comenzó a gemir, algo que mi esposa jamás hizo cuando lo hacíamos así. Los movimientos de cadera fueron demasiado para mí y por segunda vez en la noche, volví a tener un orgasmo y fingido o no, pude sentir como el cuerpo de Athena se tensaba y tenía su propio orgasmo.

    No sabía que alguien pudiera tener un orgasmo haciéndolo por ahí, pero Athena quedó congelada, sus gemidos llenando la habitación y su cuerpo tenso sobre el mío le daba un toque especial a toda la situación.

    Ella se levantó con rapidez y corrió al baño. Yo tomé unas servilletas que estaban en la mesa y me limpié. Busqué mi ropa y comencé a vestirme cuando veo que asoma su cabeza desde el baño y me grita que no me vista. Bueno, pensé. La noche no ha terminado al parecer.

    Athena abrió la puerta del baño, pero no salió.

    ¿Amor, tengo una sorpresa para ti, pero puedes sentarte en el sofá pequeño, por favor?

    Ok, ya estoy sentado.

    Athena se demoró unos minutos. Al volver, venía vestida con una hermosa falda roja. En la parte superior, un corsé rojo con encajes negros y sobre los hombros una blusa transparente rosa. La falda, ajustada, con un corte en el costado, dejando entrever una pierna larga calzada con unas botas de taco algo rojas. En sus manos guantes largos de terciopelo negro que le llegan a los codos.

    Athena comienza a modelar su ropa, caminando de un lado al otro de la sala.

    ¿Te gusta lo que vez?

    ¡Guau! Te ves hermosa.

    Entonces esto te va a gustar aún más.

    Diciendo eso, pone música, baja la luz y comienza a bailar. Nunca he ido a un local nocturno. Jamás en mi vida había visto a una stripper en vivo.

    Athena se movía como si tuviera años bailando. Sus caderas al ritmo, sensual, erótico. Se acerca a mí, yo sigo desnudo en el sillón, con mi boca abierta y sintiendo algo que no sentía desde los 20 años… una tercera erección en una sola noche.

    Athena se acerca sensual, su pelo se mueve sexy y sus caderas se acercan peligrosamente a mí. Con movimientos sensuales se sienta sobre mí, moviendo sus nalgas sobre mis piernas, mi estómago, mi sexo. Luego vuelve a pararse y esta vez, pone una canción lenta. Empieza a moverse con sensualidad y delicadeza. Sin detener su baile, comienza a sacarse los guantes. La blusa, las botas, la falda.

    Solo con el corsé y su ropa interior, acerca a mí y entonces me doy cuenta.

    Frente a mí, oculto bajo los encajes de la tanga, su miembro.

    Quedé en shock, no supe qué hacer. Athena me veía esperando mi reacción. Muchas cosas pasaron por mi cabeza. Por primera vez en mi vida tenía sexo con una extraña, con alguien a quien había pagado, por primera vez había terminado en la boca de alguien, por primera vez había hecho terminar a alguien con sexo anal y ahora, ahora me daba cuenta de que ella siempre había sido un travesti.

    Athena, yo, no sé que decir

    Sabía que te sorprenderías. Si te quieres ir lo comprendo. Pero lo estamos pasando tan bien. Y podemos seguir pasándolo bien.

    Yo estoy paralizado. Por un lado, quiero correr a vestirme e irme. Por otro, nunca había conocido a una mujer tan sensual como Athena. Lo erecto de mi pene en ese momento era la prueba de que seguía interesado y parándome del sillón, me acerco a Athena y la beso.

    Esta vez soy yo quien toma la iniciativa. Mi cara pegada a su cara, su lengua entrando en mi boca y la mía entrando en la de ella. Con mis manos tomo sus caderas y la atraigo hacia mí, hasta que mi miembro erecto encuentra a su miembro bajo su tanga. Con mis manos temblorosas e inexpertas, suelto los lazos de su corsé hasta que este cae. Siento sus pechos sobre mi pecho. No sé qué doctor los operó para dejarlos tan hermosos, pero se merece una felicitación. No puedo evitarlo, mi boca se desliza por su cuello hasta sus pechos y los disfruto lamiéndolos y chupándolos. Athena gime con cada caricia que le doy. Mis manos se deslizan hasta sus nalgas y mientras la beso, chupo sus pechos, con mis manos bajo su tanga hasta dejarla desnuda. Abrazados y besándonos, bajamos hasta la alfombra. Ella queda acostada de espaldas y yo encima, nuestros miembros jugando entre ellos, yo chupando sus pechos. Hasta que ella levanta sus piernas y me invita. Así quedamos, con sus piernas en mis hombros, con su culo disponible, sus ojos cerrados y jadeando. Lentamente, disfrutando el momento, empiezo a entrar en su culo. No sé como no terminé ahí mismo, en la primera embestida. Todo me parecía tan erótico, caliente, el aroma de los perfumes, la hora, la música, la ropa tirada alrededor, mi verga entrando en su culo. Para cuando terminé de meterlo todo, Athena me miraba a los ojos, con una sonrisa amorosa. Entonces comencé a entrar y salir. Su culo apretaba contra mi verga y sus gemidos con cada embestida me calentaban más y más. Puse una de mis manos sobre sus pechos, apretando su pezón y sintiendo aún más fuerte sus gemidos. Su mano apretaba su otro pezón y la otra, la bajó hasta su propia verga y la comenzó a masturbar. Su verga era más grande que la mía, mas o menos el mismo grosor, pero al menos 3 cm más de larga. Yo jamás había tocado un pene distinto del mío. Pero estar encima de de ella, con mi verga en su culo, algo se apoderó de mi, la calentura, el momento sensual, los gemidos. Bajé mi mano y tome la suya mientras se masturbaba. Tratando de no perder el ritmo de mis embestidas en su culo, comencé a masturbarlo, tocando suavemente su verga, pero ella sacó su mano y la puso sobre la mía, como enseñándome que le gustaba. Y la pude sentir en todo su esplendor. Con mi mano no alcanzaba a cubrirla entera, así que bajé mi otra mano para ayudarme. Aumenté el ritmo de mis embestidas, los gemidos de Athena se intensificaron, pidiendo más fuerte y yo con desesperación comencé a mover mis caderas con más fuerza y más rapidez. Mis manos deslizándose arriba y abajo por su enorme verga y sintiendo la humedad de la transpiración y nuestros fluidos. Con un pequeño grito pidiéndome que no pare, Athena tuvo su orgasmo, una gran cantidad de semen brotaba desde su miembro, esparciéndose por su pecho y su vientre. Yo mismo sentí mi orgasmo crecer en mi interior y concentrándome, por segunda vez en la noche, terminé dentro del culo de Athena.

    Hora de volver a la realidad. Pedí un Uber y volví a mi casa, no sin antes prometerle a Athena que la volvería a ver.

  • Amo, soy tu sumisa

    Amo, soy tu sumisa

    Eran casi las 11 de la noche cuando llegué a su casa. Toqué la puerta y él me esperaba. Solo tenía una franela y un bóxer, con los pies descalzos, así apareció frente a mí cuando abrió la puerta.

    Yo iba con una falda negra, suéter y sandalias verdes pero sin ropa interior.

    Me recibió con su sonrisa franca, limpia y su cara de enamorado.

    Yo entré, cerró la puerta e inmediatamente lo besé, el me abrazó duro y de una vez bajo sus manos hasta mis nalgas. Metió sus manos bajo mí suéter y saco el suéter.

    Yo también saque su franela y yo solo decía – «aquí estoy mí amo» «aquí estoy mí amo, para ti, para servirte»

    Inmediatamente me arrodille, hice una reverencia baje mí cabeza hasta el piso y besé sus pies, lamí sus dedo, subí con besos y lamidos por una perna y por la otra hasta llegar allí, su polla que ya se veía abultada debajo del bóxer. Me apresuré a quitárselo para poder meterla en mí boca. Vi y sentí como fue creciendo dentro de mi boca. Mí amo disfrutaba.

    Lo escuchaba decir – «así es zorra, mí puta, mí perra, así es, no pares»

    Estuve allí de rodillas frente a él, con su polla en mí boca, la cual me lamí, mamé como un niño a su teta. Yo la tragaba toda, la sacaba y metía, luego él tomo con su mano halaba mí cabello y ponía fuerza para que yo lo hiciera con mayor firmeza velocidad. Ya no podía más, ya no controlaba ni mi salivación.

    Mí amo paró y me tomó de las manos, ya mis rodillas no soportaban más y me ayudó a parar.

    Me dio apenas un besito en los labios y me preguntó si deseaba tomar algo. Inicialmente tome agua y luego tomé un rico vino que me ofreció, mientras le contaba algo que vi mientras llegaba a su casa.

    Se interesó por mí salud y luego me acerque para besar sus labios. Para agradecer que se preocupara por mí.

    Inmediatamente me tomó de la mano y me llevó escaleras arriba a su habitación.

    – Quiero que te acuestes allí boca abajo… yo obedecí y él tomó mis muñecas y las ató a unas cadenas que estaban a los extremos de la cama, luego sentí que me azotaba con unas tiritas de cuero. Era suave pero firme, cada pausa aumentaba mí ansiedad. Él me decía que me amaba pero que debía hacerlo, por haberlo desobedeciendo, pues no fui puntual, que debía enseñarme a ser una buena puta, una buena sumisa. Yo lo acepté, mí amo no debe pasar por ese momento desagradable de esperarme.

    Yo recibí 20 azotes y la piel de mí espalda ya estaba roja, mis nalgas ya dolían, yo gemía y mi amo me decía, – “¿aprenderás a ser puntual? ¿No volverás a llegar tarde?”. – “Lo prometo amo, lo prometo”

    Luego de eso me soltó, me colocó una toalla encima y me abrazó para que no sintiera más el frío del aire acondicionado. Mis pezones estaban muy duros y sentí como pegaban de su pecho.

    Mis lágrimas surgieron entre el amor a mí amo y la sensibilidad de sentirme castigada.

    Mí amo me consoló yo empecé a besarlo y besarlo, lo lleve hasta la cama. Él se sentó y yo lo empuje quedando medio acostado con los pies en el piso, su polla se veía más parada que nunca. Lamí su polla y la mamé, luego me subí a la cama, él se subió también totalmente y continué mamando. Por momentos la metía toda en mi boca, hasta el punto que me producía arcada y la piel se me erizaba toda, salía y entraba de mi boca, tanto que en un momento mí amo tomo mí cabeza y la enterró más aún en su polla. Lo escuché gemir, de pronto sentí su leche en mí boca. Salió tan fuerte que la tragué sin pensarlo.

    Subí hasta su pecho me recosté sobre él y dormimos unos minutos, creoo! – “Te amo amo. Soy tuya, tu puta, tu perra, tu zorra, soy lo que tu desees que yo sea”, le dije antes de que el sueño nos ganara.

  • Noche de copas con mi tía

    Noche de copas con mi tía

    2 am terminaba una larga noche fiesta, mis amigos habían encontrado pareja para la noche y yo me dirigía a mi casa a dormir, recordé que la casa de mi tía quedaba más cerca y las piernas no me aguantarían hasta mi casa.

    Llegue y entré a la casa, mi prima me enseñó donde guardaban las llaves de emergencia así que no había problema, me dirigí al baño y al salir me topé con mi tía, ella se asustó, pero rápidamente me reconoció, me regañó por asustarla y se volvió a dormir.

    Recorrí la casa buscando comida, agua y un lugar donde echarme, pase por la sala, comedor, cocina, baño y por último las habitaciones, la cabeza me daba vueltas y no sabía dónde estaba metido.

    Entré en la habitación de mi prima y la vi así que me fui, fui al closet que estaba al lado y me asusté con unos abrigos y por último me fui a la habitación de mis tíos.

    Mi tío era un hombre muy ocupado, viajaba siempre y casi no estaba por casa, cuando vi su lado de la cama vacía, me metí sin pensarlo, abracé a mi tía por la cintura y le di un beso en la nuca.

    Supongo que ella estaba muy dormida, porque se dio vuelta y me besó, el alcohol empezó a distorsionar todo y fue cuando pasó, mis manos empezaron a tocar a mi tía, formaban sus caderas y cintura y ni tía no se despertaba, le saqué la ropa con cuidado y empecé a besarla.

    Cuando empecé a ser más intenso mi tía se despertó, rápidamente me dio un golpe a lo que respondí con un agarre muy fuerte de sus brazos, cuando empezó a gritar le tape la boca con sus bragas.

    Seguía lamiendo y besando su cuerpo y cuando mis manos se cansaron de agarrarla la ate a la cama.

    Ahí estaba yo, sacándome la ropa mientras manoseaba a mi propia tía, mi pene palpitaba por su entrepierna y mientras que ella suplicaba como podía que la soltara.

    La punta de mi pene tocó su vagina, los fluidos lubricaron la punta y los labios abrazaron mi miembro, pequeñas embestidas empezaron a aparecer, los gemidos y sollozos seguían el ritmo de mis movimientos, cada vez con más velocidad y potencia.

    Cuando tuvo la oportunidad mi tía me dio una patada en la pierna, esto hizo que cayera sobre ella y mi miembro entrara por completo, esta sensación repentina hizo que tuviera un orgasmo y me durmiera del placer.

    Por la mañana no recordaba nada y al ver a mi tía atada y a ambos desnudos supuse lo peor, en un acto de autopreservación desaté a mi tía y la vestí, la tapé y acomodé como para que pareciese que nunca fui.

    En mi casa al mirar mi celular pude encontrar unos cuantos videos sobre como tenía sexo con mi tía corriéndome en todo su cuerpo.

    A día de hoy mi tía no sabe nada de las fotos y videos que tengo de ella desnuda y atada.