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  • Mi tía se deja manosear

    Mi tía se deja manosear

    Este más que un relato son vivencias y experiencias con mi tía, algo suaves, pero verídicas.

    Más que nada quería contarles las varias veces que he manoseado o me le he insinuado a mi tía, porque esto no es algo que se contaría a cualquiera o seria bien visto si se lo cuento a alguien que yo conozca y espero que así como yo, ustedes se calienten al saber que todo lo que escribo son vivencias reales y no fantasías o historias ficticias.

    Bueno, la primera vez que sentí que mi tía me llamaba la atención fue cuando yo estaba acabando la preparatoria, supongo que causa de las hormonas y la calentura típica de la juventud. Todo comenzó a raíz de una mañana que yo estaba en casa de mi abuela, mi tía me pidió que la acompañara a unas vueltas y mandados en su auto. Esto paso hace unos años aunque de joven mi tía era delgada y guapa, con el tiempo por obvias razones tomó cuerpo de señora pero ahora a sus cuarenta y tantos sigue siendo muy guapa, hay veces que mi tía ha dicho que ya está gorda o ya no es una belleza y es muy vieja pero yo he aprovechado para decirle que todavía es bonita incluso a cantarle en su cara y sin descaro un fragmento de señora de las cuatro décadas de Arjona.

    Siguiendo con lo que detono todo… Al ir hacer los mandados esa mañana en su auto, mi tía llevaba una blusa normal y un pants de tela que hacía que se le marcara sus piernotas y su redondo culo, aún recuerdo el color café de ese pants. El punto es que cuando íbamos hablando en su auto, mi tía manejando y yo al lado suyo, de pronto comencé a acariciar su pierna (aún me pregunto de donde me salió el valor o la inercia para hacerlo de la nada) de arriba hacia abajo sobándole su pierna derecha y parte de su trasero; al yo hacer esto estaba super nervioso y hasta temblando, fingiendo escuchar de lo que hablábamos, cabe aclarar que los tocamientos no eran ligeros como de ir topando mi mano o la muñeca en su pierna, literalmente la andaba agarrando con la palma abierta y deslizando a mi gusto y lo que más me sorprendió es que mi tía ni me dijo nada no mostraba enojo, incomodidad o hasta gusto. Simplemente siguió manejando y platicando hasta que llegamos a un supermercado.

    También lo que recuerdo es que una vez hubo una fiesta familiar y nos quedamos a dormir en casa de unos familiares, ya todos estaban acomodados dormidos por alguna razón mi tía estaba en una cama sola y le pregunté que si me podía dormir al lado suyo porque ya no había camas libres, ella accedió, al ir avanzando la noche yo comencé a acariciar su culo porque estaba dormida boca abajo, algo muy osado porque en una cama enfrente estaba dormido su esposo con sus hijos.

    No sé si porque estaba dormida o simplemente me dejaba agarrar su culo no me decía nada pero en cuanto comencé descaradamente acariciar su vagina por encima del short comenzó a moverse y se dio la vuelta boca arriba, yo entrecerré los ojos y vi como se me quedaba viendo después de eso agarró una sabana delgada, se cubrió toda, al hacer eso yo estaba todo nervioso, mejor dejé de insistir y me dormí.

    Al pensar que a mi tía le incomodaba o me diría algo dejé de insistir y ustedes pensaran pues es obvio que ella no quiera o le moleste pero aquí viene la mejor parte las veces que ella solita puso de su parte o me sedujo.

    Recuerdo que tiempo después mi tía y yo estábamos en casa de mi abuela, yo estaba lavando ropa y mi tía pasó al lado mío y me dijo «ay que bueno que tú lavas tu propia ropa y haces quehaceres» entonces me comenzó a agarrar la cintura del lado izquierdo mientras seguía hablando, no era una caricia normal como de frotarme el cabello, dar palmadas en la espalda, agarrarme el hombro o brazo, literalmente estaba pasando su mano por mi cintura a la altura de mi short de arriba a abajo yo ni sabía que hacer o como reaccionar pero estaba agradecido de que lo hiciera, después pasó un familiar hacia el patio y mi tía dejó de acariciarme.

    También en otra ocasión yo iba bajando del segundo piso y mi tía estaba parada cerca de las escaleras y al ir yo pasando detrás de ella me sacó platica de la nada, se hizo hacia atrás pegando su culote en mi pene, y fingía hablarme de un tema que ya no recuerdo pero mi tía de lo más normal frotaba su culote en shorts, contra mi pene que le daban ganas de salir de mis shorts y ella de lo más normal seguía hablando y aplastando mi verga casi queriéndosela comer con su culo, esa vez la recuerdo bien porque después de que me dejó pasar fui al baño y vaya sorpresa que me llevé, tenía líquido preseminal en mis shorts, jamás me di cuenta si a mi tía le dejé manchado un poco sus shorts de la parte trasera porque ella traía unos shorts negros y no pude distinguir o ver una mancha, pero hubiera sido muy excitante y satisfactorio saber que ella también estaba manchada.

    También, dos veces vi a mi tía tal vez no desnuda pero si en ropa interior, no sé si por confianza o poco pudor. Recuerdo que estábamos en su casa por motivos de alguna reunión familiar y para mi fortuna era tarde, estaba oscuro y estábamos a solas platicando, cuando de la nada mi tía me comenta que ya se va dormir y se va poner ropa más comoda en eso veo que se saca la blusa dejando ver un par de tetas hermosas en un brasier y después se sacó el pantalón de mezclilla dejando ver unos calzones nada sexys, normales y de tamaño regular, aunque estaba un poco oscuro y era de noche alcancé a ver que su brasier y calzones eran blancos, aunque no duró mucho en ropa interior y se puso un shorts y una blusa grande para dormir fue para mi un deleite verla en ropa interior.

    La segunda vez que vi a mi tía en ropa interior fue muy parecido, ella estaba en la sala e iba salir y así sin batallar y de la nada se cambió en frente de mí quitándose blusa y pantalón de mezclilla para ponerse algo más formal. Esa vez yo si pensé ¿Por qué mi tía no se habrá cambiado en su cuarto? Pero obviamente a mi me encantó que se cambiara frente a mí. Hubo una vez en que casi me atrevo a verla bañándose pero al abrir la puerta mi tía preguntó «¿Quién es?» Y respondí «yo» a lo que me dijo «Ah, ya casi salgo» pero no me atreví a quedarme ahí.

    También otra cosa que recuerdo es que en una ocasión hubo una fiesta familiar, mi tía estaba parada hablando con unos familiares, yo llegué, saludé a todos y al saludarla me dio un beso cerca de la comisura de los labios, yo me quedé hablando con ellos y abracé a mi tía, así todo normal, comencé a bajar mi mano hasta su trasero, ella ni se inmutó, yo nada más le acariciaba su espalda y culo, y hasta descaradamente me atreví apretarle su culo así como quien aprieta una pelota antiestrés, mi tía no me dijo nada. Obvio nadie me veía porque estábamos pegados a la pared y todos andaban platicando.

    La última que recuerdo y la más descarada de parte mía. No sé si es porque yo andaba borracho o porque tanta osadía, la cuestión es que eran vacaciones y yo estaba en casa de mi tía. Todos habíamos estado tomando y al yo quedarme solo, ya para dormir, mi tía bajó a traerme unas cobijas para dormir, ella estaba en lo suyo acomodándome las cobijas en el piso, yo estaba sentado en su sillón y así sin ningún pudor me saqué el pene de los boxers y el pantalón. Me comencé a masturbar, mi tía seguía en lo suyo acomodando y cuando volteó simplemente me dijo «Tienes un celular muy grande» supongo que haciendo alusión a mi pene. Terminó de acomodarme el lugar para dormir, yo seguía masturbándome y mi tía solo dijo «Antes de dormirte vas al baño, buenas noches sobrino» (hasta la fecha yo sigo atribuyendo esa calentura al alcohol pero en el fondo sé que era algo que yo quería hacer, solo que si hubiera estado sobrio dudo mucho que lo hubiera hecho).

    Bueno, esas son algunas experiencias o vivencias eróticas que han pasado entre mí tía favorita y yo. De esos momentos, memorias, recuerdos, que supongo quedan guardados y almacenados en lo más profundo del líbido entre una tía y su sobrino.

    Espero haya sido de su agrado.

  • Siempre creí que mi fidelidad era muy firme (1)

    Siempre creí que mi fidelidad era muy firme (1)

    Capítulo 1. Repasando mi indoblegable actitud de cónyuge fiel durante la última semana. 

    Apenas Rogelio, mi amado esposo, salió para la oficina, salí del departamento, casi pisándole los talones. Yo tenía una cita en la confitería a media cuadra de su empleo. Fernando ¨el japones¨, su compañero, me había citado allí, y yo consideré que esa era mi oportunidad para aclararle sobre mi virtud de mujer fiel a mi marido. No tuve tiempo de arreglarme bien, pero mejor así; demasiado atildamiento podía darle ideas erróneas sobre las razones de mi asistencia a la cita. De modo que acudí con tan sólo mi faldita cortona y mi remerita dos números más chica, que me marca quizá demasiado la forma de los pechos y los pezones. La única concesión que hice al buen vestir fueron los tacos aguja. Claro que cuando camino con esos tacos altísimos, todas mis cosas se bambolean: los tetones y mi gran culo, provocan demasiadas miradas y comentarios masculinos en mi tránsito por la calle. Pero yo no me inquieto por ellos. Las mujeres fieles no hacemos caso de las miradas y comentarios lujuriosos, simplemente los ignoramos.

    Yo iba pensando en ¨el japones¨, y en como encararía la cosa con él. Fernando es un muchacho con muy poco roce, aunque quizá la expresión no sea muy exacta, ya que en nuestros encuentros anteriores me había rozado más de la cuenta, y por todos lados. Lo que yo quiero decir es que este japones no sabe como tratar a una mujer fiel y enamorada de su marido. La primera vez que nos quedamos solos, no vaciló en intentar abusar de mí. El es un hombre intensamente atractivo, pero yo consideré que era una prueba que me enviaba Dios, para probarme en mi fidelidad. ¡Y vaya si fue una prueba! Como Rogelio se había ido a un velorio, le pidió a su compañero que me hiciera compañía, así no pasaba toda la noche solita. Pero Fernando ¨el japones¨ trató de propasarse. Y cuando sacó de su pantalón su enorme pija erecta y me pidió que se la chupara, yo sentí que me estaba mojando. Pero le aclaré bien claro, que yo era una mujer fiel que no hacía esas cosas. Y Fernando me metió la punta de su verga en la boca. Y eso me confundió, ya que no era la respuesta que esperaba. También me confundió el fuerte olor a virilidad que salía de ese tremendo miembro nippon. Pero creo que las dos cosas que más me confundieron fueron el sabor de su glande, y el enorme tamaño de esa poronga, que era más larga que mi cara, mucho más que la de mi Rogelio, y también mucho más gruesa.

    Como Fernando me tenía la cabeza sujeta, no podía protestar, sino tan solo chupar y lamer. Y el japones no cesaba de decirme cosas soeces como que siempre había pensado que mi trompita era la de una puta mamavergas, y que bien se la mamaba, y cosas así. A mi se me había nublado la mirada, y cuando con su tranca en mi boca, levantaba la vista me encontraba con la sardónica sonrisa y esos ojos rasgados en la cara algo desenfocada de Fernando. Y yo quería sacar esa suculenta verga del interior de mi boca, para reprocharle el lenguaje irrespetuoso que esta usando conmigo. Pero en vez de eso acabe enloquecida. Y para no perder el equilibrio, tuve a agarrarme con ambas manos a esa chota que parecía de hierro.

    Yo sabía que nada de esto alteraba mi firme sentimiento de fidelidad conyugal, ¿pero lo sabía él? Me parece que no. Creo que mal interpretó mi inesperado orgasmo y creyó que era un permiso para que él continuara abusando de mí. No es cuestión de que te cuente todo lo que me hizo, pero baste decirte que no hubo hueco ni agujero mío que su tranca no visitara.

    Cuando nos citamos en esta misma confitería en que nos veríamos ahora, yo me sentí algo incómoda porque en otras mesas había compañeros de mi marido que me reconocieron y me miraban con sorna. A mi me dio bastante vergüenza porque supuse que ellos pensarían que le estaba siendo infiel a mi Rogelio. Pero no pude seguir prestándoles atención porque Fernando, con sus fuertes manos, había tomado las mías a través de la mesa, y atrapado mis ojos con los suyos. Y todo desapareció a mi alrededor.

    Y mientras me las acariciaba sensualmente, comenzó a hablarme de un modo tan irrespetuoso y soez, recordándome las cosas que habían pasado entre nosotros aquella noche, y yo comprendí que él no había entendido que yo era una mujer fiel a su esposo. No sólo eso, sino que sus caricias y sus palabras fueron haciendo su efecto, y la vista comenzó a nublárseme. E inesperada, e ineluctablemente, tuve un orgasmo, muerta de vergüenza.

    El japones parecía creer que tenía algún dominio sobre mí, lo que es un error de su parte, ya que yo soy una mujer muy fiel a su marido. Pero Fernando persistía en su error y pagando la consumición me sacó del lugar casi a la rastra, yo dando saltitos para acomodarme a su paso, mientras los conocidos de las otras mesas se sonreían. Yo lo seguí para evitar un escándalo. Y, no sé bien como, de pronto encontré que me había llevado a una pieza de hotel. Bueno, pensé, ahí podríamos hablar tranquilos.

    Pero no, Fernando me bajó la cabeza hasta la altura de su bulto, y yo, comprendiendo la situación decidí que no era buen momento para discutir, y se lo comencé a chupar a través de la tela del pantalón. Este hombre debe haber interpretado mal mi gentil docilidad y buena disposición, porque se puso a repetirme que era una perra chupapijas, Yo recordé que estaba allí para aclararle sobre mi virtud marital, pero el sabor de esa verga tomaba toda mi concentración. Y sin saber bien como, acabe, teniendo que abrazarme a sus piernas para no caer.

    Y Fernando peló su enorme miembro nippon fuera del pantalón y me ordenó mamársela. «A qué discutir», pensé yo y decidí esperar un mejor momento para hablar con él, y agarrándole la poronga con ambas manos, para que no saltara tanto, metí el glande dentro de mi boca y comencé a hacerle los honores. Debo reconocer que no me desagradó tanto, ya que su sabor a macho era muy rico. Pero él interpretó mi entusiasmo como agrado, y siguió llamándome puta mamona y diciéndome que yo por una buena garcha me perdía, y que él me iba a dar poronga para que tuviera y guardara. A mi la respiración se me había acelerado, seguramente por los nervios, pero disimulé mis sentimientos y lamiendo y succionando esa maravillosa pijota. Hasta que vi que se venía. El primer chorrazo de semen se me fue directo a la garganta, pero no tuve tiempo de tragarlo completamente, porque vino el segundo, que se me desbordó por la nariz. Y el tercero me dio tan fuerte en la cara, que me caí de culo. Y ahí me siguió regando por toas partes, chorro tras chorro. ¡Nunca había visto tanta producción de semen! Y recordé la mucho más pequeña verguita de mi marido, y sus mucho menos abundantes chorros, y para mi sorpresa, me acabe otra vez en medio de temblores y estremecimientos, mientras me seguían llegando los chorros de Fernando.

    Pero cuando se acabaron los chorros de esta tremenda poronga aún seguía rígida. Esto me impresionó mucho, ya que mi Rogelio necesita al menos una hora u hora y media para reponerse. Estaba comenzando a sentir respeto, por ese japones.

    Así que cuando me ensartó con esa cosa tan gorda y dura, y me la hizo sentir hasta la garganta, luego de dos o tres enterradas volví a correrme, lo cual me dio bastante vergüenza. Pero, que remedio, esa tremenda tranca seguía moviéndose dentro mío, como si recién comenzara. Y siguió cogiéndome durante por lo menos quince minutos, en los cuales comencé a ver torbellinos de colores y en un estado de semi conciencia sólo era capaz de gemir, jadear y seguir recibiendo. En esos quince minutos juntó tanta leche como en el primer polvo y cuando en una enterrada final de su verga me hizo sentir como sus chorros me iban llenando, fue tanta la impresión por lo que estaba recibiendo, que me corrí en medio de jadeos y alaridos.

    Ahí sí sentí vergüenza, porque él iba a pensar que a mi me estaba gustando lo que me estaba dando. Pero no debía preocuparme, ¡el nabo seguía al palo! Y dándome vuelta como si fuera una milanesa me lo metió en el culo, sin pedir permiso ni nada. Claro, este muchacho parecía creer que con su polla era todo poderoso, y a mi me hubiera gustado darle una lección, pero estaba hecha un estropajo y no tenía con qué resistir a esa chota tan dominante. Así que dejé que me hiciera el culo a su gusto. Y yo empecé a pensar que en este japones había algo que me agradaba, quien lo hubiera dicho, lo viriles que son los nipones.

    Pero no era tan superhombre como parecía pretender. Cuando se descargó en mi culo, la cantidad no fue tan copiosa como las anteriores, apenas el doble o el triple de la que descarga mi Rogelito la primera vez. Y luego se quedó dormido, el pobrecito, y cuando se despertó yo traté de aprovechar para hablarle de mi fidelidad, pero no me dejó: me pidió que le chupara la polla y me picó la curiosidad: quería ver cuanto podría descargar ahora, y se la mamé con ternura y consideración, durante más de veinte minutos, hasta que se vino. Y fue bastante cantidad.

    Debo reconocer que en el camino a casa, las emociones y sensaciones vividas volvían a mi mente una y otra vez. Y llegué a la conclusión de que no podía negar que Fernando me gustaba un poquitito, aunque eso no significara que yo fuera infiel a mi esposo. Eso jamás. Pero igual llevaba el sabor de su pija en mi boca, y el gusto de su semen, y recuerdos suyos en todos mis agujeros tan abusivamente abiertos, y el olor de su piel en mis fosas nasales. Así que estuve bastante nerviosa esperando a mi Rogelio, y tuve que tranquilizarme varias veces en el resto de la tarde. Cuando llegó mi esposo lo arrastré literalmente hasta la cama y le hice el amor con ganas y tanto entusiasmo que enseguida acabó. No sentí gran cosa, porque la polla de Rogelio entraba demasiado cómodamente en los agujeros dejados por el japones, y su acabada me pareció demasiado breve. Y ahí constaté que lo amaba, ya que definitivamente la lujuria había estado ausente. Y me dormí bastante más tranquila, aunque tuve que acariciarme varias veces. Rogelio, a mi lado, dormía como un angelito.

    Y yo sentí, aliviada, que nuestro matrimonio estaba salvado.

    A la mañana siguiente pude recibir la visita del viejo lujurioso del segundo piso que me lamió la conchita a su antojo, pero era ya tan cotidiano que ni me sentí vejada.

    Tampoco me sentí vejada cuando el portero me arrastró hacia el sótano para cogerme por todos mis agujeros. Lo dejé hacerlo, sin quejarme, a lo sumo gimiendo y jadeando. Y cuando salí para mi encuentro con Rogelio en el cine, ni los muchos orgasmos tenidos aquella mañana, ni el recuerdo del viejo sátiro lamiéndome, ni el entusiasmo del portero, pudieron apartarme de mi sentimiento de esposa bien portada.

    Lo que sí me descolocó un poco fue verlo llegar a Fernando a mi cita en el cine con Rogelio. Mi intimidad se humedeció un poco, pero lo atribuí a la sorpresa.

    Bueno, no les voy a aburrir contándoles las cosas que pasaron en el cine. Salvo decirles que fueron cosas que escaparon a mi control. Por suerte Rogelio absorto con la película no advirtió los orgasmos que me produjo el japones con sus dedos, primero en mi culo y luego en mi concha, ni tampoco advirtió cuando sacó su falo al aire y me hizo pajeárselo y finalmente, bajándome la cabeza, me descargó toda la leche dentro de mi boca. Ni cuando me fui al baño, siguiendo los pasos de Fernando, mi esposo perdió la concentración en la película.

    Y yo tenía bien claro que nada en mi conducta podía calificarse de infidelidad, ya que hasta los orgasmos se me producían sin buscarlos. Aunque debo reconocer que sentí cierto placer, pero bueno, una no es de fierro.

  • Echándote de menos

    Echándote de menos

    Recuerdo la primera vez que te leí. Era un relato de masturbación y me invitabas a que jugáramos como si estuviéramos juntos. Me pareciste tan cálido y sensual, que me parecía imposible que unas letras en la pantalla pudieran provocar esas sensaciones en mí. Recorría tus líneas con la mirada y notaba cómo se agitaba mi respiración, cómo se aceleraba mi pulso y cómo se humedecía mi sexo, llegando al orgasmo con las caricias de mis manos que en mi imaginación eran las tuyas. Y te seguí leyendo…

    Leía otros relatos, otros autores en mis ratos libres y aunque algunos me parecían realmente buenos, lo cierto es que siempre volvía a ti, a tu forma de jugar con las palabras, combinando lo delicado y lo morboso, lo sutil y lo explicito, pero sin caer en lo soez… y me hice adicta a ti. Te leí una y otra vez hasta que casi memoricé tus relatos y una noche, hallé el valor suficiente para contactar contigo, para enviarte un mail diciéndote lo bien que escribías y cómo me gustaría leer más relatos tuyos. No esperaba que me respondieras, ni mucho menos lo que vino después, porque a ese mail le siguió otro, preguntas, respuestas, confesiones… y finalmente me invitaste a hablar por chat. Nunca había hecho nada parecido, pero no pude resistir la tentación de hablar con la persona que había escrito esos relatos que tantas sensaciones me habían provocado.

    Unas primeras conversaciones establecieron las normas: ser sinceros y discretos, nunca nos ocultamos que teníamos pareja, que nuestras charlas eran un entretenimiento que podría acabar en cuanto uno de los dos así lo deseara. Y rápidamente descubrimos que teníamos gustos similares, que nos encontrábamos cómodos el uno con el otro. Los sentimientos hacia nuestros cónyuges no habían cambiado, pero incluso después de una sesión de buen sexo deseaba hablar contigo, que me dijeras qué me habrías hecho tú y decirte qué te hubiera hecho yo. Eras mucho más que unas líneas en la pantalla, realmente podía notar tu aliento susurrando en mi oído, tus manos acariciando mi cuerpo, tus labios en mi piel…

    El sonido que anunciaba que tenía un mensaje tuyo me hacía esbozar una sonrisa, los tres puntitos parpadeantes que indicaban que escribías me hacían tener contracciones en mi sexo. No sabíamos nuestros nombres ni apenas ningún dato el uno del otro, era nuestro acuerdo particular, no decir nada que pudiera hacernos identificables. Las descripciones vagas dieron paso a fotografías, algunas más sensuales, otras más explícitas y conocimos nuestros cuerpos. Ahora podía visualizar las manos que me habían recorrido centímetro a centímetro, el torso que había abrazado y apretado contra mí, el falo que me había llenado por completo.

    Jugábamos a que tus manos eran las mías y acariciabas todos mis rincones con maestría… a veces suave, a veces intenso, pero siempre con calidez. Mis dedos índice y corazón en mi vagina, el meñique rozando mi ano y mi succionador en mi clítoris mientras seguía tus instrucciones me llevaron al éxtasis, imaginando que eran tus manos las que me tocaban, que eran tus labios y tu lengua los que me estimulaban de esa forma, que te cogía el cabello para hundirte en mi, para correrme en tu boca y que probaras el sabor de mi orgasmo. Exhausta, sudada, con el coño palpitante, me decías que descansara, que imaginara que estabas a mi lado, que me acariciarías el cabello hasta que me quedara dormida mientras yo jugaba con el vello de tu pecho.

    Mis manos fueron las tuyas cuando te pedía que te quitaras la camiseta y los pantalones, que te acariciaras por encima de la ropa interior hasta notar cómo aumentaba la turgencia de tu falo, que te quitaras esos bóxers ajustados que tanto me gustaban para que tu polla erecta saliera disparada, para poder lamerla, besarla y saborearla hasta el fondo de mi garganta. Quería sentirla dentro de mí, con tus manos en mis pezones endurecidos, notar en mi oído tu aliento exhalando gemidos de placer, acariciar tu cabello y abrazar tu espalda mientras te pedía que siguieras y acabaras dentro de mí. Otras veces me daba la vuelta para que masajearas mi cuello, bajaras por mi espalda hasta llegar a mis nalgas y una vez allí jugaras con mi ano casi virgen, primero por fuera, lubricándolo con los fluidos de mi sexo, para introducir poco a poco un dedo y luego dos, hasta quedar preparada para ti, para recibirte sin prisa, sin pausa, disfrutando cada milímetro de ti. A cuatro patas, sofocando mis gritos contra la almohada, tu cuerpo abrazándome, tu polla en mi culo, tu mano en mi clítoris, me hicieron tener uno de los orgasmos de mi vida… Incluso jugamos a escribir juntos uno de tus sensuales relatos, propusiste una playa como escenario con un atardecer de fondo, aunque nunca llegamos a completarlo.

    Pero llegó el día en el que tus mensajes dejaron de llegar y los que yo dejaba en el chat se esfumaban sin respuesta a las 24 horas, como si estuvieran escritos en arena y los borrara la marea. Nunca fuimos una obligación y siempre supimos que algún día terminaría el juego, pero no añoro los buenos ratos que pasamos y lo que me hacías sentir.

    Mientras escribo estas líneas recordando nuestras charlas puedo notar cómo se moja mi ropa interior y cómo se humedecen mis ojos, luchando para no dejar escapar la lagrima que pugna por resbalar por mi mejilla, porque no puedo evitar echar de menos a mi compañero virtual.

  • El hombre que me cogió en el pub

    El hombre que me cogió en el pub

    He estado con mi novio actual durante tres meses. En una palabra, es genial. Queremos ir a un pub moderno con pista de baile el próximo sábado por la noche. En el pasado lo habrías llamado discoteca, pero según la juventud actual, aparentemente todo se denomina de otra manera. Como atuendo para esa noche elegí una blusa blanca y una falda negra. Dejé mi sostén y desabotoné la blusa con un botón extra, más de lo que estaría bien. La ventaja de esto era que mis grandes pechos quedaban libres en mi blusa. Si bailara entonces podrías ver más de mis pechos. Bien hecho. Esta vez lo hice sin cadenas alrededor de mi cuello. Esperaba que mis pecas en mis senos se vieran como joyitas. Me afeité la vagina completamente otra vez, porque me gusta la sensación de que todo, sí, absolutamente todo, sea suave y sedosa.

    Me puse medias negras para esta noche especial, y hoy usaría mis nuevos zapatos de tacón alto y grueso los que completarían el cuadro. Por lo general, ya no uso tacones altos, porque me he dado cuenta de que las mujeres pequeñas son muy populares entre los hombres. Eso probablemente habla del instinto protector en ellos. Pero hoy tenía muchas ganas de sentirme sexy, así que usé tacones altos, porque muestran mis piernas de manera hermosa. Tengo un poco de tiempo antes de tener que ir a reunirme con mi novio frente al bar. No, no me va a venir a recoger. Probablemente que después del pub pasemos toda la noche en la cama. Me paro frente al espejo y me maquillo. Cuando termino con eso, doy un paso atrás y me miro. ¿Mencioné que quiero sentirme sexy hoy? Me quito las medias, porque creo que son cualquier cosa menos sexy.

    Por medias me refiero a pantimedias en este caso. Pero hoy no. Las mallas son bonitas, además de que no me gusta andar con las piernas descubiertas. Sonrío para mis adentros y camino hacia mi armario. Cinco minutos después, estoy usando medias de nailon reales con un liguero de ocho correas. La sensación que tengo es emocionante, ¡me siento como una mujer real! Los tirantes asoman un poco por debajo del dobladillo de la falda. Sí, eso es mucho mejor. Tengo cinco minutos antes de tener que irme. Camino hacia la puerta y me quedo allí por unos segundos. Alcanzo debajo de mi falda con ambas manos y bajo mi tanga. Simplemente la dejo caer y rápidamente salgo corriendo por la puerta antes de que mi valor desaparezca. Estoy emocionada. No, no, solo estoy caliente. Me siento genial. Traviesa. Sexy. Camino rápidamente hacia el ómnibus y me subo. ¡Oh dios!, siento que todos los hombres saben exactamente lo que hay debajo de mi falda. O mejor dicho, lo que no está debajo. Ya estoy excitada. ¿Cómo puede ser eso?

    Unas pocas paradas más tarde, cuando me bajo, mi emoción decae un poco. Eso cambia inmediatamente cuando lo veo. Nos lamemos agradablemente y él pone sus manos en mis nalgas. No se da cuenta de que no llevo tanga, pero sé que muy pronto lo va a notar. Entramos y veo una mirada codiciosa y lasciva del portero en mis pechos. Mis pezones se endurecen bajo su mirada lujuriosa. Si tan solo supiera que estaba buscando en el lugar equivocado. Adentro está atestado y ruidoso. Nos abrimos paso entre los concurrentes. Cada vez que pasamos junto a un hombre, trato de sacar un poco mi trasero y frotarlo contra él. Ahora siento buenas vibraciones en el estómago. Un poco más tarde estamos en la barra y pedimos una bebida. Eso significa: pido un trago para los dos. Me inclino sobre el mostrador lo más que puedo, y el chico detrás de la barra me mira agradecido y observa mis grandes pechos, que se mueven libremente debajo de mi blusa.

    Mi novio y yo estamos parados al lado de la pista de baile. Hablamos entre nosotros. Un trago, un abrazo y luego un lindo beso francés. Protegida por su cuerpo, su mano también encuentra mis pechos. Juega con mis pezones. ¡Maldición! Ahora estoy tan excitada que me culpo por haber venido aquí. Estoy a punto de preguntarle si podemos irnos cuando saluda a dos amigos. Me presenta a los dos recién aparecidos. Me dan un beso y luego los tres se dirigen a la barra, yo me quedo sola y encendida, sin ropa interior en la pista de baile, y pienso en las cosas están saliendo mal. Decido bailar un poco. La pista de baile está llena. Pero está bien. Siento cuerpos extraños contra mis nalgas y senos. Cada toque es excitante, es lujurioso. Evito a las bailarinas y bailo cada vez más cerca de los hombres.

    Muevo mis caderas y de repente siento presión en mis nalgas. En un mar de cuerpos en movimiento, choco contra algo parecido a una pared. Sigo meneando mis caderas y froto un poco más fuerte contra esa pared. Miro por encima del hombro. Detrás de mí hay un hombre alto y bronceado. Él está parado allí. Me mira y me sonríe descaradamente. Veamos hasta dónde podemos llegar con este juego. Me inclino un poco hacia atrás, con la espalda contra él. Me inclino hacia él, vuelvo la cabeza hacia él y miro hacia arriba. Cierro los ojos y exhalo suavemente por la boca abierta. Un suave gemido sale con un poco de nostalgia de mi boca: «Mmmmm.» Finalmente, me rodea con el brazo y coloca la mano justo en la parte delantera de mi falda. Le agradezco empujando mis nalgas un poco hacia atrás.

    Pretende bailar y se zarandear con mucha facilidad. Su mano presiona contra el frente de mi estómago, empujando mis nalgas contra su cadera. Ahora siento lo que tiene en el pantalón, parece una enorme salchicha. Su excitación se siente claramente contra mis nalgas. ¡Maldita sea, su pene aparenta ser enorme! Lancé una mirada apresurada en dirección a mi novio. Está en la barra hablando con una hermosa rubia con un cuerpo gordo y sensual. Ahora me pone la mano en el culo. Bueno, espera un minuto, mi amigo. Mi bello hombre seguramente está preparado para algo. Empujo mi trasero hacia adelante y hacia atrás muy lentamente, contra su estómago. Siento su enorme miembro muy claramente en mis nalgas. Mi estómago tira como loco. Será mejor que termine este juego antes de perder el control.

    Cuando empujo mis nalgas un poco más hacia la derecha, de repente siento un dedo debajo de mi falda. Justo entre mis piernas. El dedo se mueve lentamente hasta mis labios vaginales. Luego empuja su dedo dentro de mi vulva sin previo aviso. Un leve gemido sale de mis labios. ¡Maldita sea!, esto se siente bien. Mi concha se moja repentinamente. Él sabe exactamente lo que está haciendo. Tampoco parece sorprendido de que yo permita que su dedo penetre en mí sin obstáculos. Lo tira ligeramente hacia atrás y lo empuja hacia adelante, hacia mi clítoris. Sigo presionando mis nalgas hacia él. Tengo muchas ganas de que me cojan allí ahora mismo. De repente hay un vacío en mi cabeza. No pienso ni por un segundo en mi novio o en la pista de baile. Solo su dedo entre mis piernas es importante. Y llega a mi clítoris. Lo escucho exhalar bruscamente detrás de mí, mientras recorre mis labios vaginales. Él juega con eso. Me inclino de lado contra él de nuevo. ¡Oh Dios, no permitas que se detenga ahora! Sigue frotando mi clítoris. Miro a mi novio por última vez. Está ocupado con la mujer rubia, o algo más, ya no me importa.

    Esto nunca me ha pasado. Ni perder los estribos ni que alguien se hubiera atrevido a tocarme en la pista de baile, y mucho menos a poner su mano debajo de mi falda. Me apoyo contra él con mi hombro izquierdo. Su mano derecha todavía está debajo de mi falda, dándome la excitación necesaria. Pero ahora también quiero saber con quien estoy lidiando. Puse mi mano en su cintura. Sentí su enorme pene a través de la fina tela de sus pantalones. ¡Gigantesco!, y tan duro como el acero. Lo quiero. ¡Quiero esa enorme pija en mi concha! «Pero claro, no acá en la pista de baile». Grita mi última pizca de resistencia en mi cabeza. ¡¿Pero dónde?! Ha retirado su mano un poco y luego mete otro dedo en mi vagina. ¡Ojalá empujara algo más allí ahora!

    Intenta meter un segundo dedo, lo cual no deja de ser un problema: su mano es enorme y sus dedos son muy gruesos. Como mi vulva es muy pequeña y apretada, tiene que empujar un poco más fuerte para meter su segundo dedo. Ahora saco mi culo aún más, para que para él sea más fácil penetrarme. En este momento todos podían ver dónde estaba su mano. Pero nada pasa. En cualquier caso, no me doy cuenta de si alguien nos está mirando. Todo el mundo parece estar bailando. La luz estroboscópica, la estrechez de miras, la multitud bailando. Todo nos protege. También me estoy volviendo más audaz y libidinosa. Pongo mi mano en la parte superior de sus pantalones y lo deslizo por su estómago dentro de sus calzoncillos. Toco su enorme pene de inmediato. Lo agarro. No es un sueño, es realmente enorme.

    En la parte superior es casi como un eje largo y grueso. Se inclina hacia mí. Por primera vez lo escucho decir algo:

    “Sube la falda.”

    Él tira de sus dedos hacia atrás. Yo apoyo mi espalda contra él de nuevo. Llevo mi mano hacia atrás y abro sus pantalones. Saco su enorme pene de su slip, protegiéndolo con mi cuerpo. Luego me levanto la falda y lo pongo entre mis nalgas. Ahora sí siento su vara. ¡Enorme y dura como una roca! ¡Me estoy poniendo caliente! Esa enorme pija en mis nalgas desnudas. Se inclina ligeramente, y siento que su enorme cabeza viene lentamente desde atrás entre mis muslos. Ya estoy a punto de alcanzar un orgasmo. Él finge que nunca pasó nada. Luego se estira a mi alrededor, agarra mi falda por el frente y frota mi clítoris. Su cabeza ha encontrado su camino entre mis muslos. El primer fluido de mi concha se filtra por mis medias de nailon. Debido a nuestra diferencia de tamaño, no puede poner su pene en mi vulva. Pequeñas estrellas de pura calentura bailan ante mis ojos. Me siento tan sexy y caliente.

    Un completo extraño me está toqueteando en la pista de baile, mientras mi novio está bebiendo cerveza y haciendo no sé qué con la rubia. ¿Qué debo hacer ahora? ¿Debería seguir jugando a este lujurioso juego? El último fragmento de mi espíritu me susurra: «No. Vete. Hazlo ahora que todavía no ha pasado nada.» ¡Pero mi cuerpo está pidiendo a gritos ese enorme pene! ¡Ese enorme pene, llenando mi concha con semen cremoso! Sí, hoy quiero ser una verdadera puta. Doblo la espalda para que mi trasero quede bien atrás. Inmediatamente abre los labios de mi vulva y empuja su pene hasta el fondo de una sola vez. Por lo general, tengo problemas con una verga muy grande, pero estoy tan excitada y húmeda que él puede empujarla hasta el final. Abro los ojos y gimo en voz alta. Afortunadamente, la música está en un volumen tan alto que nadie puede oírme.

    De nuevo me inclino hacia él. Solo puede hacer pequeños movimientos, pero no me importa. Solo quiero sentir su enorme pene en mi concha. Me empuja ligeramente hacia delante y pone una mano en la parte delantera de mi blusa. Su mano encuentra mi pezón duro como una roca y comienza a retorcerlo junto con el piercing en mi pezón.

    “Putita, te perforan por todas partes”, gime en mi oído.

    Sí, ¡estoy perforada! Y soy una putita siendo cogida por un completo extraño. Solo se mueve un poco. Simplemente nos balanceamos de un lado a otro, como si estuviéramos bailando intensamente. Muerde suavemente mi cuello y retuerce el piercing de mi pezón. Ya estoy tan excitada que quiero que me coja muy duro ahora mismo. Y le digo eso. Casi tengo que gritar, pero no me importa.

    «Quiero que me cojas muy fuerte ahora mismo.»

    Saca su pene de mi vagina, cubriéndolo con su camisa. Rápidamente se cierra la bragueta de sus pantalones. Yo tiro de mi falda hacia atrás sobre mis nalgas. Agarro su mano y lo saco de la pista de baile. Junto a la barra, a unos cinco metros de mi novio, veo un rincón oscuro con una caja grande.

    Camino hacia allí con mi hombre. Cuando creo que estamos al menos un poco escondidos, me siento en la caja y levanto su camisa, corro el zip de su bragueta y tomo su pene profundamente en mi boca. Pruebo su líquido preseminal. Agarra la parte de atrás de mi cabeza y comienza a marcar el ritmo, metiendo su vara suavemente en mi boca. Pero ahora quiero volver a sentir su enorme miembro. Me levanto, me doy la vuelta, me inclino sobre el cajón y abro mis piernas. No tarda en colocarse detrás de mí. Me sube la falda y me penetra con fuerza. Esta vez puede empujar su enorme mástil más profunda y fácilmente.

    “Sí, dale, cogeme. ¡Cogeme fuerte!” me oigo decir.

    Y lo hace. Agarra mis caderas y embiste su pene en mi vagina. Ahora gimo aún más fuerte. Después de un corto tiempo, me doy cuenta de que no pasará mucho tiempo antes de que se acabe en mi concha. Una sensación de victoria surge en mí. Sí, hoy estoy más que caliente. Sí, hice algo muy estúpido, pero también muy impresionante. ¡Y ahora un hombre extraño eyaculará en mí! Me toma desde el frente alrededor de mi cintura y debajo de mi falda. Encuentra mi clítoris de nuevo y lo frota salvajemente.

    “Oh, sí, así, adelante”, casi grito.

    Luego, cuando noto sus espasmos, yo también me siento arrebatada. ¡Él acaba con un fuerte gemido! Me alejo flotando en una ola de puro deleite. Mis rodillas se aflojan y tengo que sentarme en la caja. Su pene aún erecto se desliza fuera de mí. Veo pequeñas estrellas ante mis ojos.

    Con una sonrisa algo indiferente, me siento allí en el cajón, disfrutando de las réplicas en mi cuerpo.

    “Eres muy sexy. ¡No, solo eres una buena puta calentona!” Me dice inclinándose hacia mí.

    Aunque es un cumplido torpe, estoy feliz con él.

    «Vuelve mañana», dice y simplemente desaparece entre la multitud.

    Me siento satisfecha, feliz, pero también utilizada. Todo junto. Y así lentamente viene a mi mente la reproducción de lo que acabo de hacer. Rápidamente me alisé la falda y busqué a mi novio. No lo veo. De inmediato voy al baño y me refresco. Nadie me habla. Nadie parece haber visto nada. Cuando estoy presentable otra vez, lo encontré fumando afuera de la puerta.

    «Hola cariño, ¿dónde has estado?» pregunta con una sonrisa.

    Pero no es una sonrisa mala. Él no sabe lo que hice.

    “Necesitaba algo fuerte, lo digo con sinceridad. Y ahora ya he tenido lo suficiente y quiero irme a casa.»

    Me lleva a mi casa. Estoy en silencio. Me avergüenzo. Pero solo un poquito. Debería estar avergonzada de mí misma, pero no me arrepiento en absoluto. En casa me besa apasionadamente. Debería enviarlo lejos. Pero no puedo. Nuevamente siento el tirón en mi estómago. Me estoy poniendo caliente de nuevo. Peor aún: ¡muy caliente! ¿Por qué? Porque ahora sé que en una noche me voy a coger a dos hombres diferentes. La putita se conmocionar dentro de mí otra vez. Ella quiere eso. ¡No, YO quiero eso! Quiero experimentar esto hoy. En el pasillo recojo mi tanga del suelo y se la tiro. La mira, sin palabras. Levanto mi falda frente a él para que pueda ver los labios de mi vagina bien afeitados. Apuesto a que están rojos e hinchados, pero no me importa. Lo hace. Él no entiende. Pero viene hacia mí. Me besa y comienza a frotar mi clítoris con su mano. Y de nuevo encuentro que la excitación casi me abruma.

    Lo llevo hacia el dormitorio, me bajo la falda hasta las caderas y me acuesto boca arriba, con las piernas de nailon bien abiertas. Inmediatamente se me echa encima. Inmediatamente me penetra. No tengo idea de cuándo o qué tan rápido se quitó los pantalones. Me coge duro y frota mi clítoris. Gimo, grito y le ordeno que me coja más duro.

    “Estás muy caliente hoy. ¿Te portaste mal esta noche?» Me susurra al oído.

    “Sí, pero ahora estás en mi concha con tu buena pija, ¡así que dispara tu semen en mí!” Le grito.

    Momentos después él y yo acabamos gimiendo.

    Al día siguiente rompí con él.

    Tampoco volví al pub al día siguiente. Nunca volví a ver al hombre que allí me cogió.

  • Marisqueada

    Marisqueada

    No es algo nuevo, todos mis seguidores saben que me echo un maratón, que casi siempre comienza en viernes en la noche, y termina el lunes al mediodía. Lo que sí va a ser diferente es el enfoque de Semana Santa que tuvo.

    Para los que no saben, me encamo con mi marido desde el viernes en la noche, sólo tenemos espacios para descansar y comer algo, y lo suelto el lunes en la mañana, después de que cumplió con el mañanero que puede ser darme un biberón o regarme la leche en mi interior. Mientras él se baña, yo le preparo el desayuno y me vuelvo a acostar. En el momento que mi marido sale, yo me levanto, me visto y me voy al despacho de Bernabé, mi amante, quien me recibe ya encuerado. Me desviste y se pone a chupar todas y cada una de las partes donde mi cornudo me puso leche, o yo me la embarré para que la disfrutara Bernabé. Claro, lo que más le gusta es limpiarme las verijas y la panocha, esto último lo hacemos en un 69. Practicamos unas posiciones más y nos metemos a la ducha, donde él termina enculándome. En resumen, antes de mediodía salgo limpiecita y satisfecha de haber hecho feliz a alguien más, y me voy a casa para atender mis labores de ama de casa.

    El lunes 3 de abril, al regresar de mi habitual servicio de limpieza, me puse a ver el correo y contestarlo. En uno de ellos, Jonathan me preguntaba “Hola muy buenas tardes, ¿cómo está esa bodega recolectora de leche?”, a lo cual le contesté “Buenas tardes. Ya fue limpiada a pura lengua y vuelta a llenar…”

    También leí uno de Tita quien me preguntaba por algunas recetas para la cuaresma. Le anoté algunas que seguramente ya conocía, pero le cuestioné si su pregunta era para comida, o de las otras recetas que nos pusimos a escribir una vez. “Era pregunta real, pues no quiero ponerme a pensar, pero si tienes alguna nueva de las otras que son más ricas, no te olvides de dármelas”.

    El martes y el miércoles no hubo mucho qué decir, sólo asuntos de los correos. Como: “mándame otra foto”, pero ellos no me mandan nada; “Quiero conocerte”, “dame tu teléfono”, etcétera. Lo exigen, como si yo fuera a estar haciendo caso de caprichitos. ¡No señores!, aunque no lo crean, soy muy discreta. Mi marido cree que él es el único, mis hijos saben que soy una abnegada ama de casa y que, si me oyen gritar pidiendo “más”, es porque mi esposo me está dando mucho amor y, en todo caso, temen que su papá quede tieso en una de esas, muriendo con la sonrisa de felicidad puesta. De mis encuentros clandestinos, sólo doy cuenta aquí, en mis relatos y sólo sabe algo la ex de mi amante, pues comparto al sujeto con todo y cama, incluido un juguetito que nos compró (bueno, lo compró para ella, pero lo usamos las dos) y porque ella, así como yo, me conoce en fotos. La esposa de mi amante sólo sabe de la ex, pero no de mí, aunque alguna vez, hace muchos años, la conocí cuando fue a la oficina donde yo trabajaba a recoger algo (bonita, unos ocho años mayor que yo y once menos que la ex).

    En otras palabras, mis pecados lo saben los lectores y el padre que me confiesa, quien no siempre es el mismo, desde que ya no voy con el lujurioso que pedía detalles (¡hasta le tuve que dar la dirección donde habíamos subido mis fotos!, ¡Qué bueno que ya cerraron ese sitio web!). Todo eso lo saben los lectores, pero nunca faltan los que sólo han leído un relato mí y me preguntan cosas que están en otros; Yo los mando a que los lean, pero no es costumbre que lo hagan.

    Sin embargo, el miércoles releí las recetas que hicimos Tita y yo: “Crema batida”, la cual comienza con “Se toma un plátano macho y se agita fuertemente durante unos minutos para que suelte la crema a chorros”; otra más, llamada “Tamal de pescado con salsa blanca”, es para que la prepare un hombre y dice así: “Tome un tamal con olor y sabor a pescado. Abra un poco las hojas, lo suficiente para introducirle un chile a manera de inyección. Agite fuertemente el chile dentro del tamal hasta que escurra en el interior suficiente salsa blanca. Descanse un poco, sin sacar el chile y aproveche el tiempo para degustar un par de ubres sudadas, oprimiéndolas suavemente con los labios y las manos. Cuando el chile se haya salido, cambie de posición para que la dueña del tamal chupe el chile en tanto que usted degusta la salsa y el contenido de jugos del tamal. Si desea cocina de alto nivel, puede rellenar el tamal con la salsa de varios chiles y dejar reposar minutos u horas entre un chile y otro.”

    Pero la mejor fue la marisqueada: Pulpa de Jaiba, Almeja en su concha, etc. Los mariscos son afrodisiacos para el hombre, dice la tradición y no está errada. Sin embargo, no a todos les parece así, sólo a aquellos que gustan del olor y del sabor fuertes de la vulva pues los mariscos y pescados pueden llegar a tener ese olor y sabor de la mujer que quiere ser preñada y lo intenta varias veces al día. Para aspirar y degustar la exquisitez máxima es necesario hacer una buena preparación: Habrá que rociar abundantemente la almeja con leche bronca varias veces en el día, cuidando de que no haya otro sabor más (evitar principalmente el agua y cualquier otra sustancia que demerite el proceso). En los lapsos que no pueda verter leche, puede estimular con masajes el botón y las partes más sensibles del marisco, no importando que se desprendan vellos por la fricción, para que la almeja suelte buena parte de su jugo que es imprescindible para marinar y que la leche se fermente. Cuando el olor pueda atraer al comensal sin necesidad de llamar a éste, dele una entrada previa de ubre tibia y suave (hay quienes las prefieren algo bofas, es cuestión de gustos y de lo que la cocinera tenga) para que pase a saborear el plato fuerte, que seguramente durante la degustación sacará más jugo. Es de buen gusto acompañarlo con una ordeña oral.

    La almeja, cuando se tienen diferentes comensales y se les ofrece a todos para que la degusten (individualmente o en grupo), tiene muchas virtudes para la dueña, entre ellas la del políglota pues se conocen muchas lenguas.

    En esta ocasión, puesto que jueves y viernes no trabajó Ramón, mi marido, el maratón y recolección de leche inició desde el miércoles en la noche. El tiempo de descanso fue mayor, así que tuve tiempo de atender correspondencia, la cual seguía con olor a mariscos: “¿Qué tal?, ¿cómo está esa almejita rica?”, que yo contestaba “Babeando, con ganas de pecar, después de misa, claro.” o también “Espero que mi marido se le antoje mi almeja que huele a jaiba de tanto uso que le dio, hoy es día de mariscos y pescado”. También me enviaron la foto de un buen ejemplar, en descanso y sin pelos con la recomendación “por si se te antoja un camaroncito”, ja, ja, ja, ¡y sí! cuando están en reposo, reponiéndose del fragor de tantos disparos, parecen un camarón. Contesté “me chupé el que me encontré en la cama y aumentó de tamaño, hasta los sesos se le salieron”.

    El sábado, al despertarme, mi marido me cantó “Te voy a cambiar el nombre/ ahora te llamaras Gloria”. “¿Por qué Gloria?” pregunté. “Porque hoy la Gloria se abre y quiero entrar en ella”, me dijo con el palote muy crecido, y, abriéndome las piernas, ¡entró en la Gloria! ¡Fue divino!

    El domingo, después que el sábado disfruto de muchas posiciones y me regó las tres entradas, pensé que habría poca acción, ¡pero no!, lo primero que vi al abrir los ojos fue una vergota con gotas de presemen en el glande. “¿Quieres desayunar…?”, me preguntó. Antes de abrir la boca para tomar mi biberón, le pregunté “¿Por qué la traes tan crecida?”, “Es que es domingo de resurrección, y se levantó para ir al Paraíso”, me contestó y abrí la boca…

    Debo aclarar que yo no me bañe desde el jueves, imagínense como olíamos el lunes… ¡A puro pescado! Yo tenía las nalgas y las axilas bañadas varias veces con el sudor de las cabalgatas, además, me embarraba toda la leche que no entraba, la que se regaba en la panza o en la espalda.

    Hoy, lunes 10, mi marido me dijo “Vamos a bañarnos, vieja cochina, ¡apestas a pura cogida y sudor!”. “Báñate tú, yo te voy a hacer de desayunar y me bañaré más tarde”, le contesté y fui a hacerle el desayuno. Al salir mi marido, le envié un mensaje a Bernabé: “Tu desayuno está listo, amor, al rato te lo llevo”. “Te espero, no tardes”, fue la respuesta. Llegué con mi amante y en un santiamén ya estábamos en la cama. Él, con la verga bien parada, me olió y lamió todo el cuerpo, sin dejar una zona por donde pasara la lengua. No sé cuántas veces se vino, sólo recuerdo la del 69 que fue abundante y la de la enculada en la ducha.

    Limpiecita, llegué a mi casa y sonó el celular: “¿Cómo está mi esposa amada?”, preguntó mi marido. “Además de muy amada, también ya estoy limpia y bañada”, contesté. “¿Acaso lo segundo no implica lo primero?”, preguntó creyendo que cometí un pleonasmo. “No, papi, la limpieza es lenta, la hago por partes para gozar del olor y sabor del semen que me dejaste. Después, ya limpiecita, me baño muy bien con jabón”, le aclaré. ¡Qué Semana Santa, plena de recogimiento!

  • Una trans para completar

    Una trans para completar

    Un gusto, mi nombre es Camilo 28 años, soy de Medellín, que después de esto me enteré que era la cuna de las trans hermosas en el mundo, este relato pasó un viernes, después de una semana de trabajo cansado, pero sin haber visto a mi novia toda la semana, ni una gota de leche había desperdiciado esperando ser tragada por ella o dejada en su hermoso culo, salimos a comer y luego fuimos a un motel, yo loco de ganas, ella me confesó que le había dado una infección y que no podíamos tener sexo que me la mamaba todo lo que quisiera, eso me afecto más de lo que debería me la chupo rico, sin embargo quede empezado y le dije que la llevaba a su casa.

    Y así fue, la deje en su apartamento tipo 2 am, aburrido y con todas las ganas del mundo, fui a llenar de gasolina el carro cuando pasé al lado de la zona de tolerancia de las trans, no lo podía creer cada una estaba más buena que la anterior, unas tetas enormes y culos de fantasía, pero no me atrevía, nunca había pagado por sexo y menos a una trans.

    Entré a la estación y llene el carro, pero me pudo el morbo y di una vuelta más, solo para ver y curiosear, al frente mío un taxi dejaba una trans preciosa, una mona de aproximadamente 160, tetas enormes y de infarto, un culo enorme, la fantasía de cualquiera, pero con pene, me latía a toda el corazón y la verga se me puso durísima ella se acercó al carro y yo salí a toda asustado de lo que podría hacer, pero mi cabeza ya estaba dañada.

    Di la vuelta y abrí la ventana, ella tenía la cara fea, de hombre y la voz también, le pregunté que ofrecía y me dijo que nunca se me iba a olvidar esa noche (tenía toda la razón). Acordamos el precio y se montó al carro, me preguntó si alguna vez me la había chupado una trans y le dije que no, pero que había que probar, me dijo que ella era la mejor en eso (a ese día era la mejor mamada que me habían dado) me abrió el pantalón y me la empezó a mamar mientras manejaba, se me tragaba todo, le dio amor a toda mi verga cuando íbamos llegando al motel me dijo que si quería culear en el carro y yo asentí.

    Tiré la silla para atrás, me la chupo otro poco y saco el condón me lo puso y se subió la falda y me preguntó que si me molestaba verle la verga (la verdad en ese momento no me molestaba nada) solo quería metérsela, cuando le vi el pene vi algo enorme, 20 cm más grande que el mío bastante torcido, me encantó, semi duro pero cada que cabalgaba se ponía más y más duro, yo estaba en el cielo mientras ella me deslechaba se empezó a masturbar ese pene enorme me hipnotizaba.

    Me preguntó si lo quería probar y la verdad le hubiera dicho que si a cualquier cosa, se sacó mi verga de su culo y se acercó a mí, me violo la boca contra la silla de atrás del carro hasta que me lleno la boca de leche, me dijo que si me la tragaba me iba a recompensar y eso hice, bajo a mi verga le saco el condón y lo chupo como la diosa que era, no aguanté y le bote todo en su boca, fue perfecto, mi regalo fue la mirada con gárgaras con mi leche y se lo tragó, el mejor regalo que me han dado.

    Al otro día me encontré con mi novia en mi apartamento y me dio una mamada yo la miraba con un poco de lastima, pese a que se esforzaba eran incomparables.

    De ahí en adelante he tenido sexo con varias trans, algunas callejeras, y en todo tipo de contextos, a los que se preguntan si sigo con mi novia, no, ahora tengo otra sin embargo tampoco se acerca a lo rico que es tener sexo con una trans.

    ¡Gracias por leer esta historia!

  • Esta es la historia de cómo me conoció el jefe de mi novio I

    Esta es la historia de cómo me conoció el jefe de mi novio I

    Luego de ese rato en la sala de juntas con el jefe de mi novio me dio miedo volver a quedarme a solas con él porque no quería serle infiel a mi novio, nunca lo había sido, y en esa ocasión estuve muy cerca. Así que dejé de ir los sábados a acompañar a mi novio (Carlos), pero si iba de vez en cuando entre semana solo unos minutos en lo que él y sus compañeros terminaban sus pendientes y apagaban todo. Porque, aunque fueran pocos minutos se ponían buenas las pláticas, sus compañeros eran tremendos, de hecho mi novio era el más tranquilo. También había varias ocasiones en las que me rozaban las piernas y las nalgas, ya que los 3 escritorios en forma de L estaban acomodados muy justos y había poco espacio para pasar entre ellos. Algunas veces mientras mi novio estaba sentado frente a su monitor, yo me ponía recargada detrás de él y dejaba mi trasero bien paradito para que lo vieran sus otros dos compañeros y lo tocaran si se atrevían.

    Lo más común era que mientras estaba así inclinada se pararan al baño o a la cocina por algo, y normalmente cuando estaban detrás de mí me pedían permiso de pasar, yo hacía como que me recorría un poco a la izquierda, pero no me movía ni 5cm, mi novio no se podía percatar que tanto espacio había entre mis nalgas y el filo del otro escritorio, él solo sentía que yo les daba espacio para que pasaran. Así que siempre que pasaban detrás de mí me repegaban todo el paquete. Algunas veces me ponían su mano en la cintura y me presionaban un poco hacia atrás mientras me restregaban su verga de un lado a otro, yo sentía tan rico sentir como se les ponía dura en mi trasero. Otras veces hasta me daban un empujoncillo con sus vergotas entre mis nalgas, yo no podía evitar empujar un poco a mi novio y siempre me quedaba muda con miedo de que él pudiera sospechar algo, pero Carlos ni se enteraba.

    Con sus amigos solo pasaba eso, pues eran sus amigos, solo no podían controlarse al verme en esa posición. Pero un día pasó que llegó de sorpresa su jefe, Jorge, y yo ya lo extrañaba así que me apresuré a saludarlo de beso, me veía tan ofrecida la verdad, Jorge pasó hacia en medio de los escritorios y empezó a platicar con todos nosotros, preguntó como iba el trabajo y esas cosas de un jefe. Luego de eso mandó a los 2 compañeros de mi novio a hacer inventario de la herramienta de trabajo, lo cual les tomaría como media hora, y mientras nos quedamos platicando los 3 mientras mi novio seguía tecleando frente al monitor, así entre bromas le dijo el jefe a mi novio que yo siempre era bienvenida pero que no se fuera a distraer por tenerme ahí, a lo que yo me apresuré a responder que eso nunca pasaba, que siempre estaba ahí trabajando mientras yo solo lo veía desde atrás y me puse en posición detrás de mi novio con mi trasero bien levantado, mi trasero quedó a unos cuantos centímetros de la pelvis del jefe a lo que en cuestión de segundos el se fue acercando disimuladamente mientras seguía nuestra plática. Así terminé con la verga del jefe entre mis nalguitas mientras me daba pequeños empujones y también se movía de izquierda a derecha un poco.

    La platica trivial seguía y yo no podía evitar mover la silla de mi novio al ritmo al que el jefe estaba moviendo mi trasero, tenía un poco de miedo de que mi novio nos pudiera descubrir. Momentos después el jefe Jorge me puso su mano en mis nalgas y me las comenzó a sobar descaradamente, me las separaba y me las levantaba, me tallaba toda mi conchita y presionaba mi anito con su dedo pulgar, yo sentía tan rico y mi respiración se comenzaba a agitar, todo esto mientras los tres seguíamos hablando de cosas vánales. Yo sentía cada vez más rico por todo ese morbo de estar justo detrás de mi novio y que este ni se enterara. Así que cerré mis ojos disfrutando un rato, ya cuando abrí los ojos vi que la pantalla de mi novio estaba casi negra por completo y eso hacía que nos reflejáramos, el jefe detrás de mí y yo con mi cara de placer, me quedé helada esperando la reacción de mi novio, no dijimos nada. Solo el jefe de mi novio que no se percató del reflejo de la pantalla siguió con su manoseo bajándome un poco mi calza y metiendo su mano entre mis nalgas, cuando llegó a mi anito le costó un poco entrar porque yo era virgen de ahí, pero empujando más fuerte pudo meterme la puntita de su dedo índice, yo no pude evitar que se me escapara un gritito. Yo no quería que hiciera eso! Así que lo empujaba hacia atrás con mi trasero, pero eso solo hacía que su dedo entrara más en mí, solo me quedó aguantar lo que quisiera hacer conmigo. El jefe empezó a hacer movimientos circulares con su índice aun dentro de mi anito, eso me empezó a gustar como nunca antes y comencé a jadear y a echar mi aliento en el oído de mi novio. No sé si de verdad mi novio no se percató de nada porque lo que hizo él fue abrir otra ventana y seguir trabajando, pero ya con eso me di cuenta que mi novio era muy lento y no se enteraría de nada, y supe que llegaría el día en que le pondría los cuernos en su cara y con su propio jefe.

  • Mi hijo me dio por el culo creyendo que estaba dormida (2)

    Mi hijo me dio por el culo creyendo que estaba dormida (2)

    Hola amigos y amigas. Primero quiero agradecerles por los comentarios y consejos sobre mi primer relato.

    Como ya saben los que leyeron mi primer relato, mi hijo entraba a mi dormitorio cada vez que teníamos una fiesta en la casa y tomábamos licor, o cuando yo regresaba de alguna reunión con mis amigas, y estaba con unas copas de mas.

    Mi hijo de 19 años creía que yo estaba borracha y no despertaría. Y me follaba por el culo.

    Yo soporté por un tiempo esa actitud de mi hijo, porque tenía miedo de causarle algún daño emocional si lo confrontaba. También pensaba que el se iría de la casa.

    Claro que yo también trataba de disfrutarlo calladamente. Pero gracias a los consejos de ustedes, tomé la decisión de hacerle saber de alguna manera que yo estaba consiente cuando el me hacía eso. También quería decirle que me agradaba lo que el me hacía.

    Una noche que volví a la casa un poco mareada después de haber bebido licor en el cumpleaños de una amiga, decidí que esta noche haría lo que alguno de ustedes me aconsejaron. Me acosté como siempre con mi camisón de dormir, con mi calzón pero sin brasier.

    Después de un rato, entró mi hijo. Botó las sábanas, sacó la crema de mi mesita de noche, me lo puso en el ano y me penetró por el culo. Cuando yo lo sentí bien excitado, yo empecé a gemir y a mover mi culo. Primero despacito, luego mas fuerte. Mi hijo al percatarse de esto, se detuvo por unos segundos. Pero luego continuó con sus movimientos. Yo también seguí gimiendo y moviendo mi culo. Hasta que mi hijo llegó al orgasmo. Luego el se levantó rapidito y se fue. No me dio tiempo para decirle nada.

    Yo me asusté un poco. Me quedé pensando. Pero me dormí. Al día siguiente me levanté temprano le hice su desayuno y lo esperé que bajara de su dormitorio. Y venga a desayunar. El vino a la mesa a desayunar. Yole dije: hijito, quiero hablar contigo. El me dijo: yo no quiero hablar nada. Y se fue. Yo me quedé muy preocupada. Pero pensé que debe haber una forma para hablar con el.

    El llegó en la tarde y se fue a su habitación sin decirme nada. Entonces tuve la idea de ir a bañarme sabiendo que el siempre me mira cuando salgo de la ducha. La ducha está en el segundo piso donde están los dormitorios y se escucha cuando alguien se está duchando. Al salir con la toalla envuelta, encontré a mi hijo justo en la puerta de su dormitorio. Entonces al pasar delante de el, dejé caer la toalla. El se agachó para recogerla. Pero yo pisé la toalla. Y quedé justo con mi vagina a la altura de su boca. El levantó su mirada y me miró a los ojos. Luego puso sus dos manos en mis nalgas. Yo abrí mis piernas como invitándolo a besar mi vagina. El hizo justo lo que yo quería. Empezó a lamer mi vagina. Yo agarré su cabeza y lo atraje mas hacia mi vagina.

    Después de un rato en esa posición, el me alzó en sus brazos y me metió a su dormitorio y me puso sobre su cama. Allí el empezó a besarme todo el cuerpo. Agarró mis tetas las estrujaba y me mamaba como cuando era niño. Luego me dijo: voltéate mamita y dame el culo. Yo le dije: si mi amor pero déjame chuparte la verga. El se desnudó rápidamente y se echó en la cama con su verga tiesa como un palo. Se lo mamé con mucho amor y con deseo a mi querido hijo. El agarraba mi cabeza y lo jalaba hacia su verga, tratando de que me trague toda su verga. La verdad me llegaba hasta el esófago y casi me atoraba.

    Después de un rato, yo le dije: ya mi amor. Ahora tu lámeme la vagina. Yo me eché con las piernas bien abiertas. El empezó a lamerme torpemente. Yo le dije: tienes que lamerme suavemente. Mete tu lengua, y chupa mi clítoris. El hacía todo lo que yo le decía. Después se dio vuelta y se puso encima mío. Con su cabeza hacia mi vagina. Es decir hicimos un 69. En esa posición el me chupaba la vagina y me metía su dedo al culo. Haciéndome retorcer de placer.

    Luego de un rato así, el me dijo: ya mamita dame tu culo. Yo le dije: ya mi amor. Pero primero me vas a dar por la vagina. Abrí mis piernas lo mas que pude para darle mi vagina a mi hijo querido. El rápidamente me lo metió hasta el fondo. Sacándome un gemido de inmenso placer. El empezó a moverse con ese ímpetu de macho joven lleno de energía y con las hormonas al tope. Yo disfrutaba de la verga de mi hijo en mi vagina. Y me movía al ritmo de el. Gimiendo como puta.

    De pronto el se zafó de mi vagina y me dijo: ahora si ya dame tu culo. Yo le dije: está bien. Pero dime porqué te gusta meterme por el culo. El me dijo: es que tienes un culo que me vuelve loco. No he visto otro culo igual al tuyo. Y nunca he comido otro culo como el tuyo. Yo le dije: soy tu primera mujer? El me dijo: si. Eres la primera y la única. Nunca estaré con otra. Solo quiero tu culo y de nadie mas. Yo me di vuelta enseñándole mi culo. El me dijo: quiero ponerte algo debajo de tu culo para que esté levantado y mi verga te entre hasta el fondo. Diciendo eso, el puso dos cojines debajo de mi pubis. Quedando mi culo levantado como ya me había hecho otras veces. El se arrodilló detras mio y dijo: que rico culo tienes mamita. Yo le dije: es todo para ti mi bebé. El puso su nariz en mi ano. Lo olió varias veces luego me dio lengüetazos allí. Después mojo su dedo con saliva y me lo metió al culo. Hacía movimientos de mete y saca con su dedo. Luego se chupaba el dedo como un dulce y me lo volvía a meter. Me daba nalgadas sonoras con sus grandes manos.

    Después mojó su verga con saliva. Y escupió en mi ano. Yo le dije: me va a doler. Mejor ponme crema. El me dijo: aquí yo no tengo crema. Te dolerá solo un poquito. Diciendo eso, el puso la punta de su verga a la entrada de mi culo. Luego de un empujón me lo metió hasta el fondo. Yo di un grito de dolor: aaay. Me duele. Despacio por favor. El me dijo: ya estás con la verga dentro. Yo se que te gusta. Ya te has comido mi verga otras veces haciéndote la dormida. Yo le dije: pero esas veces me ponías crema. El me dijo: ya ves, yo sabía que estabas despierta. Y que te gustaba mi verga en tu culo. Yo me quedé callada y empecé a masturbarme el clítoris para sentir el orgasmo que me llegó rápidamente. Uno de los orgasmos mas fuertes que yo recuerde.

    De pronto el empezó a gritar: aaay mamita. Aaay mamita. Y derramó toda su leche dentro de mi culo. Yo sentí como palpitaba su verga dentro de mi culo y su semen caliente inundaba mis tripas saliendo por mi ano y chorreando por mis piernas. El se quedó inmovil encima mio con su verga palpitando dentro de mi culo. Así estuvo por diez minutos aproximadamente. Luego sacó su verga todo flácido chorreando semen. Se lo chupé y me tragué todo hasta dejarlo bien limpio.

    Después le di un beso en la boca y me fui a mi dormitorio a vestirme. Luego bajé a la sala a esperarlo. El bajó y se sentó a mi lado y me dijo: perdóname mamita. Yo le dije: no hay nada que perdonar. Lo que hicimos quedará entre tu y yo. Lo disfruté mucho y no te sientas culpable por nada. Solo tenemos que cuidarnos que tu padre no se entere. El me dijo: está bien mamita. Te amo mucho.

    Por la noche tuvimos sexo. El está con las hormonas al tope. Tiene mucha energía. Nos dormimos en mi dormitorio los dos desnudos. Al día siguiente que fue miércoles, el no quería ir a la universidad. Quería quedarse conmigo. Me perseguía por todos lados tratando de agarrar mis nalgas. Yo le dije: te doy mi culo pero vas a la universidad. El aceptó. Me folló el culo y se fue a estudiar. Del miércoles hasta el sábado tuvimos sexo dos veces por día una en la noche, y otra por la mañana.

    El domingo llegó mi esposo. Y por la noche quería tener sexo. Yo a duras penas le acepté. Porque estaba adolorida y cansada por las arremetidas diaria de mi hijo. Pero tuve que complacer a mi esposo para no despertar ninguna sospecha en el. Pero el se dio cuenta de mi apatía, y me dijo: estás enferma de algo? Te noto diferente. Yo le dije: no. Solo estoy cansada y me duele un poco la cabeza.

    Yo amo mucho a mi esposo. El es muy bueno con migo y con mi hijo. A pesar que no es hijo suyo. El lo quiere como si fuera su hijo. En la cama también es muy bueno. El siempre me hace llegar al orgasmo. Yo nunca me separaría de el. He notado que mi hijo se muestra serio con mi esposo. Antes no era así. El está muy pendiente que mi esposo seacerque a mi o me haga alguna caricia.

    Mi hijo no se aguanta los impulsos de tocarme las nalgas. Cuando no está mi esposo, yo le permito que haga eso. Pero el ya me metió la mano estando mi esposo en la casa. Ya he hablado con el al respecto. Pero elme dice que ahora yo soy su mujer. No se hasta que punto habré hecho bien o mal. Solo espero que mi hijo sepa comportarse cuando mi esposo está en la casa.

    Bueno. Ya les contaré como me va con mi hijo y mi esposo. En otro relato.

    Mi correo es: [email protected]

    Espero sus consejos y comentarios. Gracias.

  • Nueva información sobre el pasado de mi esposa

    Nueva información sobre el pasado de mi esposa

    Hace unos días reapareció mi amiga Diana, aquella con quien mi esposa compartió una salida en su etapa de prepago y con quien durante mi época de universidad me acostaba, aclaro nuevamente que desconocía que Diana se dedicara a ese oficio, lo hizo como me conto por experimentar, se dejó influenciar de amistades y termino como prepago, caso contrario a mi esposa que lo hizo por necesidad.

    En mi último encuentro con Diana ella me comento que sabía de dos encuentros más de mi esposa, algo nos contó vía WhatsApp Viviana, quien fue la que recomendó a mi esposa entrara como prepago, pero quedamos en que Diana me daría más detalles sobre el encuentro de mi esposa con su amigo.

    Hablamos por el WhatsApp y esto me conto:

    Diana: Dr. buenas tardes, ¿cómo le va?

    Yo: Dra., a mi muy bien, ¿y a usted?

    Diana: pues bien Dr., para no preocuparlo

    Yo: ay Dra., usted siempre tan considerada

    Diana: jajaja

    Diana: ¿puede hablar tranquilamente?

    Yo: si mi Dra., no tengo problema

    Diana: ¿Por qué se pierde tanto?, cuidado me deja un mensaje.

    Yo: no diga eso, tú sabes que te pienso siempre, además difícil saber si usted puede hablar sin problema.

    Diana: vino, me hizo el daño y se desapareció

    Yo: jajaja

    Yo: pero como hago para saber que su esposo no la está vigilando

    Diana: excusas

    Yo: bueno pues ¿cuándo nos vemos?

    Diana: cariño, difícil, tengo a mi marido como un chicle, no me da respiro

    Yo: vio, no es mi culpa

    Diana: pero no hiciste nada por contactarme de nuevo

    Diana: si no te escribo, tú ni recordarías a esta amiga

    Yo: te pido mil disculpas, pero no sabía qué momento era el indicado para comunicarme contigo.

    Diana: está bien, entiendo que ambos tenemos dificultades, pero podemos buscar alguna alternativa, el que quiere puede Dr.

    Yo: Ok mi hermosa amiga, le voy a escribir con más frecuencia para que recuerdes que no me olvido de ti.

    Yo: llevo tu imagen bien clarita en mi mente.

    Diana: jajaja

    Diana: si creo, me has explorado como pocos, y me has tenido como muy pocos.

    Yo: me encanta leer eso.

    Diana: amigo, como lo prometido es deuda, le traigo los detalles del encuentro de su esposa con mi amigo.

    Yo: uyyy, Dra. que buena noticia.

    Diana: le envió pantallazo de mi conversación con él.

    Me envió el pantallazo y así decía su conversación:

    Diana: hola mi gato, ¿cómo va todo?, inconseguible tú.

    Gato: Dianita mamacita, que milagro, a los años.

    Gato: Tú que te enamoraste y te olvidaste de los amigos

    Diana: jamás me olvido de mis amigos, jamás enamorada

    Diana: jajaja

    Gato: jajaja

    Gato: que bueno saber de ti, Vivi me dijo que me necesitabas, pero no sabía cuándo te podía escribir.

    Diana: gatico es que necesito información de una pelada que estuvo contigo en una de tus visitas acá a la ciudad.

    Gato: ¿cuál de todas?

    Gato: jajaja

    Diana: le decíamos Nena, es pelinegra, labios gruesos, ojos grandes, tetona, nalgona, de piernas gruesas.

    Gato: ya la identifiqué.

    Gato: ¿Qué pasa con ella?

    Diana: necesito detalles de la salida que tuvieron, todo sin omitir detalles.

    Gato: jajaja

    Gato: ¿y eso por qué?

    Diana: colabóreme amigo, es para una buena causa

    Gato: no pues que te puedo decir, tenía una invitación con unos socios para cerrar unos negocios, la salida era a comer primero y luego a bailar, la llame apenas tú me diste el contacto, cuadramos todo, le explique la situación y ella entendió, el día que llegue la llamé temprano, quedamos de vernos antes para preparar la salida, ella llego a mi apartamento vestida normal, sin maquillaje y con una maleta, nos presentamos y la verdad me pareció muy agradable, muy bonita, me pidió el favor de que la dejara arreglarse, le ofrecí mi cuarto, ella entro se ducho, se vistió, se maquillo y quedo hermosa.

    Diana: antes no te le metiste al baño, con lo pícaro que eres.

    Gato: pues la verdad si lo pensé, pero me pareció tan seria que me aguante las ganas, ella igual siempre dejo las puertas abiertas, pero me contuve.

    Diana: cómo cambia la gente, jejeje

    Diana: ¿y cómo se vistió?

    Gato: una blusa con la espalda destapada y un escote, obviamente no llevaba brasier, pantalón tipo cuero negro y zapatos de tacón, la verdad muy bella, me llamo la atención que llevaba sus manos y pies bien arreglados y el cabello súper cuidado.

    Diana: todavía anda así, poco ha cambiado, muy bonita la china.

    Gato: salimos a la cena, hablamos de todo con los demás, cenamos y luego tomamos unos vinos, ella nos recomendó uno que les gusto a las 2 chicas que acompañaban a mis socios.

    Diana: a las mozas, jejeje

    Gato: siii, tú sabes cómo son esas salidas.

    Diana: ¿y que más paso?

    Gato: mis socios se entonaron con los vinos y se descararon, empezaron a besarse con las mozas y para evitar problemas nos fuimos para una discoteca a seguir la reunión.

    Diana: ¿y tú y la nena qué?

    Gato: pues a ella fue a la que se le subieron los tragos, se puso muy ardiente, me tocaba el pene por debajo de la mesa, me decía al oído que quería estar en la cama conmigo.

    Gato: ya en la discoteca si le metí mano por todo lado, ella muy colaboradora se acomodaba para dejarme tocarla, cuando bailamos la apreté muy fuerte para que sintiera mi erección y ella me sobaba su vagina en la pierna.

    Gato: estuvimos hasta la 1 am en la discoteca, ella y yo obviamente nos fuimos para mi apartamento, estaba bastante tomada, se dejó hacer de todo, siempre con preservativo, se fue de mi apartamento como a las 5 de la mañana.

    Diana: ¿Qué es de todo amigo?

    Gato: pues de todo, la puse a chupar, lo hicimos por delante en todas las poses, riquísima en cuatro y montaba espectacular, tenía las tetas más grandes que he visto, me dejo venirme en ellas, termine comiéndomele el culo al borde de cama a petición de ella, eso fue lo que paso con ella.

    Gato: ¿para quién es la información?

    Diana: para el esposo, ella le conto que fue puta

    Gato: ay mk

    Diana: pero el man es fresco, eso paso antes de que él la conociera, en estos días estuve con él y salió el tema y quede en darle detalles de tu encuentro con ella.

    Gato: ¿todavía será puta?

    Diana: no creo

    Gato: voy a buscarla por el Facebook y le escribo.

    Diana: hágale, me cuentas que te dice.

    Diana: te cuidas, un abrazo, bye

    Gato: estamos en contacto, chao.

    Esa fue la conversación de Diana y su amigo, ella quedo en contarme que pasa cuando él contacte a mi esposa por Facebook.

  • Cómo logré cogerme a prima (capítulo 1)

    Cómo logré cogerme a prima (capítulo 1)

    Eran las 10:30 de la noche de un día viernes. Todo parecía normal. Yo estaba en mi casa, tranquilo, viendo una película. De repente un dolor intenso se hizo presente en el costado derecho de mi estómago. No era un dolor cualquiera, sino uno realmente fuerte. Tanto, que ni siquiera me podía parar.

    Fue entonces que tomé mi teléfono y le llamé a Anna, una prima que vive a solo 3 cuadras de mi casa. Ella es enfermera. Y aunque no somos primos muy cercanos, sí que nos saludamos y hablamos de vez en cuando.

    Ella tiene la misma edad que yo (30 años). Su piel es morena clara, tiene unas buenas tetas. Pero lo que más llama la atención de su cuerpo, es su culo. Ya que es grande y ancho. En cambio, su hermana (mi otra prima) tiene unas tetas enormes, pero un culo chico.

    Aun así, yo nunca había sentido atracción por ninguna de ellas. Pero ese día todo cambió. Ya que ese dolor de estómago, detonó algo, que ni ella ni yo pensamos que terminaría así.

    Pero bueno, empecemos con esta gran anécdota.

    Como te decía, yo estaba sufriendo con el dolor de estómago. No sabía qué carajos tenía. Pero sospechaba que era algo grave. Así que llego mi prima, me revisó y me dijo que probablemente sería un cálculo renal. Me dijo que teníamos que ir al hospital para que me quitaran el dolor y me hicieran los estudios correspondientes.

    Así que llegamos al hospital, me inyectaron y me hicieron los dichosos estudios. Y después de unas cuantas horas, confirmaron que tenía una piedra atorada en la vía urinaria. Por lo que me dijeron que me tenían que operar.

    Fue entonces que le hablé a mi mamá, quien fue a visitar a mi hermana a Monterrey. Le dije que no se preocupara, que Anna (mi prima) ya me estaba ayudando en todo. Y que la operación no era peligrosa ni nada. Y que cualquier cosa, Anna le llamaría, pero que no era necesario que viniera.

    Así que en términos simples, mis primas y mi tía me iban a cuidar, sobre todo, Anna. Quien es la enfermera y sabe todo sobre los cuidados post operatorios.

    Unas cuantas horas después, me operaron y luego me pasaron a un cuarto. En donde mis primas y mi tía ya me estaban esperando. Se quedaron un rato platicando conmigo, y luego se fueron. Solo se quedó Anna conmigo.

    He de decir, que esa noche la plática entre mi prima y yo fue rara. Porque solo hablamos de mi pene. Ella me preguntaba si me dolía, a lo que yo le decía que no. Pero lo que si me duele, le dije, es que no sé por cuanto tiempo no se lo podré meter a una chica. A lo que ella se carcajeo de risa y me dijo que no me preocupara, que en pocos días lo podría usar de nuevo.

    Entonces llegó el siguiente día, y me fui a casa. Y estando en ella, mi tía y mi prima pequeña me ayudaron con el aseo y la comida. Ya que mi prima Anna se fue a descansar. Y yo también hice lo mismo, me fui a descansar. Le agradecí a mi tía y a mi primita por su ayudarme, pero les dije que se fueran a su casa, que cualquier cosa yo les avisaba.

    Ellas aceptaron y se fueron. O eso creí. Ya que cuando llegué a mi cuarto, pues me comencé a desvestir. Y como vi que me bóxer estaba manchado de sangre, también me lo quite. Fue entonces que mi tía subió las escaleras y pudo ver por primera vez mi pene flácido y manchado de sangre.

    Ella rápidamente se volteó y dijo “perdón, hijo… solo te venía a decir que Anna llega como a las 6 de la tarde y se va a quedar contigo toda la noche”. A lo que yo, sin pena alguna que me viera, dije: “ok, tía… gracias por avisarme”. Luego ella se fue y yo solo pensé “espero que no piense que mi pene es así de feo”.

    Una vez llego la tarde, mi prima llego a la casa. Yo estaba acostado, viendo el celular y riéndome con algunos memes.

    -Qué tal, primo… ¿cómo te sientes? – preguntó ella.

    -Pues me duelen un poco los testículos y la ingle – respondí.

    -Es normal, tienes un catéter adentro del pene y te va causar molestias, expreso ella, y luego preguntó… ¿ya orinaste?

    -La verdad es que no – contesté yo.

    -No manches, primo. Tienes que orinar. Tu vía urinaria se debe limpiar de los residuos de sangre que quedaron ahí – dijo Anna con un tono de preocupación.

    -¿Cómo que sangre? – pregunté algo asustado.

    -Tranquilo, no te asustes, es normal – respondió.

    -Ah, ok – dije yo – y luego en tono de risa expresé lo siguiente “porque de mi pene solo quiero que salgan orines y espermas”.

    -Pues si quieres que tus espermas salgan limpios y sanos, tienes que orinar. De lo contrario, nadie se va a querer tragar esos espermas – dijo ella un poco sonrojada.

    Entonces la miré con sorpresa y luego ambos reímos.

    Acto seguido, bajamos a comer, platicamos un rato de la vida y otras pendejas, y luego nos íbamos a poner a ver una serie. Pero antes, ella me dijo que se iba a meter a bañar. Y que luego yo hiciera lo mismo, ya que llevaba un par de días sin bañarme.

    Por mi parte, yo asenté con la cabeza y esperé en la sala a que terminará de ducharse. Una vez ella terminó, subí a mi cuarto, tomé un bóxer limpio y me metí al baño. Y cuando me estaba desnudando, noté que no me podía estar mucho tiempo de pie. Ya que me empezaba a doler la ingle y los testículos.

    Entonces, le dije a mi prima que me costaba mucho estar pie.

    A lo que ella contestó: “espérame, ahorita te ayudo”.

    Yo solo pensé “¿cómo se supone que me va a ayudar?” “¿A poco me va a sostener mientras me baño?” Y antes de poder imaginar más cosas, ella tocó la puerta. A lo que me subí rápidamente el bóxer y el short que traía para luego abrir la puerta.

    Entonces ella entró. Y fue en ese preciso momento, en donde pude ver los pezones de mi prima. Ya que se le transparentaban de la camiseta blanca de tirantes que traía, junto a un short azul que dejaba sus enorme piernas y su gigantesco culo.

    Una vez lo dos estábamos en el baño. Ella me dijo que me ayudaría a bañarme, que me sostendría por la espalda. A lo que yo solo meneaba la cabeza indicando que no, que no me iba meter desnudo con ella.

    No seas payaso. Soy enfermera y hago esto todos los días con mis pacientes. No lo veas como algo morboso. Además, somos primos. No te voy a ver a nada. Es más, si quieres báñate con el bóxer puesto, para que así no te vea tu pitito y tus huevitos, dijo ella en forma de irónica.

    -¡Está bien! – dije sin estar convencido.

    Unos segundos después, me baje el short y procedí a meterme a la regadera. Entonces Anna se puso detrás de mí, y luego me sostuvo levemente por la cintura. Así que abrí la llave, cayó el agua, y comencé a ducharme.

    En ese instante, yo estaba un poco incómodo. Porque como te dije al principio, yo no sentía atracción por ella, ni muchos menos veía su cuerpo de forma morbosa. Para mí solo era mi prima y listo.

    Sin embargo, llegó un momento en donde me estaba enjabonando, pero como no me alcanzaba la espalda, le pedí a Anna que me soltaría tantito y que me tallara la espalda, por favor.

    Ella aceptó sin decir nada. Así que tomó el jabón y comenzó a enjabonar mi espalda. Luego me dijo, si quieres agárrate de las llaves y te restegro todo el cuerpo. Así terminamos rápido.

    -Va… me late – Contesté rápidamente.

    Acto seguido, comenzó a enjabonar todo mi cuerpo: espalda, brazos, piernas, cuello y hombro. Entonces le dije: me voy a voltear para que enjabones mi pecho y mis piernas por delante. Ella no estaba muy convencida, pero aceptó.

    Fue en ese momento que puede ver los grandes pezones de mi prima. Tenía unas aureolas muy grandes y cafés. No sé por qué, pero en ese instante solo quería bajarle los tirantes de su camiseta y comerme esos picudos pezones.

    Por supuesto, no lo hice. Pero fue la primera vez que miré a mi prima de manera diferente. Ahora bien, ella sabía que sus pezones se le marcaban, pero como soy su primo, no creo que imaginará que yo los vería con morbosidad.

    Además, no tuve una erección cuando vi esos ricos pezones. Lo cual, por un lado, haría que Anna no sospechara de mí y mis intenciones. Pero por otro lado, me dio miedo imaginar que mi pene no estaba funcionando correctamente.

    -¿Y ahora qué hago? – Pensé.

    -¡Ah, ya sé! – dije entre mí – y luego el dije a mi prima: oye, Anna… Me quiero lavar mi pene, pero siento que me voy a lastimar. Sé que es mucho pedir, pero me podrías ayudar.

    -¿Qué? ¡No! ¡Estás loco! – Gritó ella, y se hizo hacia atrás.

    -Oye, ¿qué pasó con lo de ser una enfermera profesional? – pregunté incrédulamente.

    -Si… pero… es que… no sé… no creó que te sientas cómodo tú… y yo tampoco – balbuceó, Anna.

    -Por favor, Anna… somos primos, ya lo dijiste tú… no hay nada morboso en esto. Eres solo una enfermera haciendo su trabajo.

    -¡Está bien!… Pero date la vuelta – contestó ella, no muy convencida.

    Entonces me di la vuelta y con mucho cuidado me bajé el bóxer. Acto seguido, ella se acercó a mí por la espalda, enjabono el centro de mi estómago y poco a poco fue bajando su mano hasta tocar levemente mi pene flácido.

    Uno vez llegó a él, no se detuvo. Sino que continúo bajando hasta los testículos. Entonces comenzó a enjabonarlos con delicadeza. Yo en ese punto estaba muy poco emocionado, ya que mientras mi pene no se parara, mi podría disfrutar del momento.

    Unos 20 segundos después de enjabonar mis huevos, mi prima tomó mi pene y comenzó a lavarlo. Pero no lo estaba haciendo en forma de masturbación, sino que lo hacía por partes. Primero frotaba un lado y luego el otro. Me imagino que es una técnica médica para que precisamente no se exciten las personas cuando las están bañando.

    El punto es que yo, mientras me sostenía de las llaves y mi prima tocando la verga, pensaba “¿por qué no se para?”, “¿será normal?”, ¿y si le preguntó a mi prima?

    Y mientras yo pensaba y pensaba, mi prima habló y dijo: Wow, primo… que gran control tienes. Cualquier hombre ya estaría súper excitado, pero tú no. Haz de ser muy bueno en la cama, susurró ella.

    Cuando yo escuché eso, me espanté y solo dije entre mi “no mames, eso quiere decir que esto no es normal”. Y mientras mi cabeza no dejaba de darle vueltas al asunto… Anna dijo… Listo, ya quedaste limpiecito de todo el cuerpo.

    -¿Quieres que te ayude a salir? – preguntó ella.

    -Yo puedo solo, respondí un poco triste.

    De acuerdo, dijo ella. Y luego se dio la vuelta para salir de la regadera. Fue en ese momento, que pude ver su gran culo mojado y pude notar que traía una tanga negra. Realmente se veían súper ricas esas nalgas. Y solo pensé: “si ella me dijera que me la cogiera en ese momento, no podría. Ya que mi pene no funciona”.

    -Oye, primo… me cambio de ropa y te veo abajo para ver una serie, ¿va? – Dijo ella en tono sonriente.

    -Si, ahorita que me vista te alcanzo – respondí.

    Luego de unos minutos, me vestí y bajé a la sala. Ella ya estaba abajo, estaba en la cocina preparando unos hot cakes con plátano y fresas. Se veían muy ricos. Y ella también… ya que solo se puso un short de licra rosita y una playera blanca que no estaba muy larga.

    Así que me acerqué a ella por la espalda, tomé su cintura por unos segundos, y luego le dije ”muchas gracias por estar aquí, apoyándome, y por supuesto, por lo que hiciste en el baño”.

    Ella se sonrojó un poco, se dio la vuelta y dijo: “no hay nada que agradecer, primo. Además, me encanta ayudar” y luego me dio un beso en la mejilla.

    Ya estando en la sala, ella me preguntó: ¿qué serie o película vemos? La que tú quieras – respondí. No seas así, primo. Dime el nombre de una, ándale – contestó ella un poco molesta.

    -Mmm… pon la que tú quieras – contesté en modo desinteresado. Ya que la verdad no dejaba de pensar en mi falta de erección.

    Fue entonces que Anna preguntó… oye, ¿qué te pasa, primo? Desde hace rato, cuando te ayude con lo del baño, te notó decaído. Creo que te sentó muy mal que te ayudará. ¿Te incomodó mucho lo que pasó? Digo, esto no se lo voy a decir a nadie.

    “No, al contrario, prima. Te agradezco mucho lo hiciste ahí. Fue una experiencia que no voy a olvidar nunca” – dije en tono agradecido.

    -Y entonces, ¿qué pasa? – preguntó Anna.

    -Mira, te lo voy a decir –expresé- hace rato cuando me estabas enjabonando mi pene y mis testículos, no me excité. Pero no era por tener un gran control, como tú me decías; sino porque mi pene no respondía. No puedo tener una erección, Anna.

    -Tranquilo, primo. Esto puedo ser por muchas cosas. Desde el medicamente que estas tomando, el propio catéter que tienes adentro, las anestesia local que te pusieron o una combinación de todas – dijo ella, mientras me tocaba mi mano.

    La verdad es que si estoy un poco asustado, ya que nunca me había pasado eso. Y si de repente deja de funcionar mi pene, pues imagínate – le dije. Pero bueno, lo que me acabas de decir me ha tranquilizado un poco, solo debo esperar un par de días para que todo vuelva a la normalidad, concluí.

    -A veces no necesitas días, sino horas. Y puede que a ti solo te falté estimularlo un poco para que despierte. Es más, ¿por qué no intentas estimularlo? – preguntó.

    -¿Cuándo? ¿Ahorita? – Pregunté un poco confundido.

    -Si… ¿Por qué no? No me digas que te da pena. Si hace un rato te toqué los huevos y tu pene, y no te dio vergüenza.

    -Sí, pero hace rato era por una cuestión de limpieza. Y ahorita sería por una cuestión de placer. Y la verdad no sé si pueda, le dije Anna.

    -Ah, ya sé – dijo ella- vamos a ver una película porno. Bueno, yo no la voy a ver, yo me subo al cuarto y tú la vez mientras te estimulas.

    A lo que yo contesté: -solo la veré con una condición.

    -¿Cuál? – preguntó.

    -Que la veamos juntos, propuse yo.

    -No, ¿cómo crees? – negó ella con la cabeza.

    -Mira – le expliqué yo – que te parece si bajo dos mantas, una para ti y otra para mí. Son para cubrirnos. De esta manera, mientras vemos la película, no sabremos lo que estamos haciendo.

    -Pero si yo no voy hacer nada, explicó ella.

    -Bueno, lo que voy hacer yo, que básicamente será masturbarme, le contesté.

    Ella: -no sé, primo.

    -Yo: ¿Sí o no?

    -Bueno, está bien – contestó Anna sin estar para nada convencida.

    Yo: Va, entonces si quieres mientras subo al cuarto por las mantas, tu pon la película.

    -Ok, dijo ella.

    Un par de minutos después, ambos estábamos en la sala. No estábamos ni muy juntos ni muy separados. Digamos que estábamos como a un brazo de distancia. Así que le di su manta, la cual uso para taparse rápidamente, y por supuesto, yo hice lo mismo con la mía.

    Entonces Anna le dio play y comenzó la película.

    En ella, había una pareja, en donde la mujer estaba durmiendo y el hombre iba saliendo del baño. Así que llega a la cama y comenzó a acariciar a su pareja, ella gozaba de dichas caricias, pero no habría lo ojos. Entonces el hombre comienza a besar sus piernas y luego sube a vagina para darle pequeños chupadas, luego sube por todo su abdomen hasta llegar a sus tetas.

    Hasta ese momento, yo ya me había bajado el bóxer y me estaba masturbando leventemente para no lastimarme. En cuanto a mi prima, su mirada estaba clavada en la televisión, sus manos estaban fuera de la manta y solo sostenía en una ellas su celular.

    Luego, en la escena de la película: la chica abre los ojos y disfruta de las caricias y los mordiscos que su esposo le da en sus pezones, mientras que con su mano le acaricia el clítoris. Entonces ella comienza a gemir levemente mientras le saca la verga su esposo de su bóxer.

    -Que buena película elegiste, Anna – le dije, mientras continuaba masturbándome. Ella no me contestó, así que volteé a verla. Y noté que sus manos ya estaban dentro de la manta y su celular en el borde del sillón.

    Yo me excité un poco al ver eso. Porque aunque no se veía si ella también se estaba masturbando, sí que puede observar su postura más relajada. Era como la mía.

    Fue entonces que en la película sucedió lo siguiente: la esposa tomó la verga de su esposo, acerco su cabeza, le hecho un poco de saliva y lo comenzó a masturbar con su mano. Entre tanto, el esposo no dejaba de meterle sus dedos en la vagina. Luego, ella lo empujo en la cama, besó su pecho y bajo lentamente hasta llegar al pene de él.

    En este punto, mi pene ya se estaba parando. Y eso me alegró mucho. Tanto, que voltee a ver a Anna y le dije: “Ya está funcionando mi pene de nuevo”. Por su parte, ella, sin quitar la vista de la tele, dijo con una voz entre cortada “que bien, primo”. Entonces, por instinto miré la manta de ella y noté un poco de movimiento.

    Ahí supe que se estaba tocando su vagina. Así que aproveché ese instante para quitarme la manta de las piernas y decirle, “oye, Anna, mira mi pene, ya está agarrando forma. Aún le falta, pero ya va. Entonces ella dirigió su mirada hacia mi pene, se remojó un poco los labios y solo dijo: “¿podrías apagar la luz?”

    Acto seguido, me levanté, me quité el short y el bóxer por completo, y con mi pene semi erecto fui apagar la luz. Luego regresé, pero en lugar de sentarme en donde estaba, me senté junto a Anna, y luego pregunté ¿te importa si me siento aquí, cerquita de ti? Ella me miró, luego miro mi pene y solo dijo: puedes hacerlo.

    Después de eso, tomé mi pene y miré de nuevo hacia la televisión. Ahí, la muchacha tomó el miembro de su esposo y lo comenzó a lamer, no se lo metía la boca, solo usaba la lengua para lubricarlo con su saliva.

    Entonces miré mi pene y noté que le faltaba un poco de saliva. Así que acerqué mi mano hacia mi boca y cuando ya estaba a punto de escupirme, miré a Anna, y le dije en voz baja: “me falta un poco de lubricante”. Luego, lentamente acerqué mi mano a su boca, puse uno de mis dedos en sus labios, ella los abrió un poquito y con la punta de sus lengua lamió discretamente mi dedo, luego me dijo abre la palma de tu mano, yo lo hice, y ella escupió.

    Entonces tomé ese escupitajo y lo batí por todo mi pene. Y continúe masturbándome.

    De regreso a la película, tanto Anna como yo, mirábamos fijantemente la escena. La esposa por fin se comió el pene de su esposo. Tenía una buena garganta, ya que cada mamada era más y más profunda. Era una escena muy erótica. Ya que aunque era porno, los gemidos no eran tan exagerados, incluso, me atrevería a decir que eran reales.

    Lo curioso, es que mientras la escena transcurría, mi prima comenzó a gemir levemente. Yo la voltee a ver y antes de decir algo, con mi mano izquierda comencé a jalar su manta. Ella no puso resistencia, al contrario, colaboró un poco en tirarla al suelo.

    En ese momento, mis ojos se dirigieron hacia su vagina y no podía creer lo que estaba viendo. Su short de licra rosita estaba súper mojado. Y se le había hinchado un poco la panocha, ya que se le metió la licra entre sus labios vaginales.

    Entonces, lentamente me acerqué a su odio y le dije: ¿por qué no te quitas esa licra y solo te quedas con la tanga? A lo que ella, sin dejar de masturbarse por dentro de la licra, me dijo en tono cachondo “no traigo nada debajo de la licra”.

    Cuando yo escuché esas palabras, me comencé a masturbar súper rápido. Quería que mi pene se pusiera erecto en su totalidad, pero aún le faltaba. Entonces, volví a ver a la película y en la escena, el esposo acostó a su esposa y eróticamente le comenzó a besar todo el cuerpo, luego bajo hasta su vagina y comenzó a comérsela. Le metía los dedos, mientras que al mismo tiempo le lamia el clítoris con su lengua.

    Mmmm…. aaah… oooh… siii… estos breves pero excitantes gemidos los comenzó hacer mi prima. Yo la miré rápidamente, luego miré su vagina, y solo escuchaba sus gemidos y ese hermoso ruidito que salía de su panocha mojada.

    Mi instinto me decía que le ayudará, pero no quería arruinar todo. Así que me contuve y volví a mirar la película. En este punto, el esposo dejo de comerle la vagina a su mujer y se puso encima de ella, y de un solo empujón la penetró. Ella gimió fuertemente, y también mi prima, quien solo decía… ahhh… siii… mmmm… asiii… maas fuerrrte.

    En ese momento, mientras ella gemía, yo llevé mi mano izquierda a su teta y la comencé a sobar lentamente. Ella se sorprendió un poco, y luego dijo: solo te voy a permitir eso, ya no hagas otro movimiento.

    -Lo siento, Anna. Solo que la película no logra excitarme lo suficiente para que mi pene se paré por completo – le dije, mientras discretamente pellizcaba su pezón.

    Es eso, ella dejo mirar la televisión, me quitó la mano de su teta, y dijo: “cierra los ojos… Si lo abres, me voy… Te lo juro”.

    Yo obedecí la orden y me recosté en el sillón. Entonces, escuché que ella escupió en su mano, y sin decir nada, tomó mi verga y comenzó a masturbarme lentamente. Yo quería abrir los ojos y ver su rostro. Quería saber si le excitaba hacer eso o si solo lo estaba haciendo para ayudarme.

    Sin embargo, no lo hice. Ya que me daba miedo que ella me viera y terminara todo. Así que me aguanté y solo me concentré en disfrutar del momento.

    Unos segundos después, ella paró de masturbarme. Y entonces dije, ya puedo abrir los ojos. A lo que ella contestó que no, que solo se estaba poniendo un poco más cómoda. A lo yo, rápidamente imaginé que se había quitado su playera.

    Entonces ella dijo: “esto solo lo hago para ayudarte”.

    A lo que yo solo respondí: “ok”.

    Acto seguido, sentí que ella se paró del sillón. Luego se arrodilló frente a mi pene. Y cuando yo pensé que me la iba chupar, solo sentí sus pezones tocando la punta de mi pene. Luego tomó mi pene y los puso entre sus tetas y comenzó a masturbarme. Básicamente me estaba haciendo una chaqueta rusa.

    Por mi parte, yo disfrutaba cada movimiento. Pero me moría de ganas por ver su cara. Así que discretamente abrí un ojo y claramente pude notar mi pene entre sus tetas, subiendo y bajando. Era increíble.

    Así que mi pene comenzó a ponerse un poco más duro. Y ella lo noto. Ya que de su boca salió el siguiente comentario: “wow, esto sigue creciendo”. Y antes de que yo pudiera decir algo, ella se puso de pie, y luego se sentó sobre mí.

    -¡Oooh, por Dios! ¿Y esto? Fueran las palabras que salieron de mi boca. A lo que ella solo dijo: me iba a meter tu pene en mi boca, pero como aún pueden salir residuos de sangre, prefiero no hacerlo. Así que haré otra cosa para que tu verga se paré por completo.

    Mantén tus ojos cerrados, no muevas las manos y solo concéntrate en hacer que tu pene se ponga lo más duro posible, ¿de acuerdo?

    Y antes de que yo pueda decir algo, ella comenzó a frotar su vagina contra mi pene. Podía sentir la tela húmeda de short. Yo sabía que no podía follarla en ese momento, pero en cada movimiento intentaba que mi pene se metiera entre sus labios vaginales.

    Ella se meneaba con calma para no lastimarme, y entre cada movimiento, yo solo podía sentir su aliento. Con el paso de los segundos, ella comenzó acelerar su movimiento de cadera. Yo creo que se excito, al igual que yo. Ya que comenzó a gemir levemente, mientras que yo, discretamente llevaba mis manos hacia sus caderas.

    Aaah…. Siii… Que rico… Oooh…. Esas eran las palabras que decía mi prima entre jadeo y jadeo.

    Por mi parte, yo aproveché ese momento de excitación por parte de ella, para acariciar por primera el riquísimo culo de mi prima. Era enorme y ancho. Lo acariciaba una y otra vez, y de vez en cuando, intentaba que mis dedos tocaran su ano.

    Y mientras ella y yo disfrutamos de ese momento. Abrí los ojos y pude ver lo cerca que estaba sus tetas de mi boca. Cada vez que ella hacia el movimiento para adelante, sus tetas se acercaban más a mi boca. Fue entonces, que hice un movimiento arriesgado. Puse mi cara entre sus tetas y comenzó a lamerlas.

    Ella lo notó rápidamente, y me dijo entre jadeos y gemidos: “no, no, no, para por favor”. Yo ignoré su voz y con mis dientes tomé uno de sus pezones, y comencé a pasarle la lengua en círculos. Ella se excito más y aceleró su movimiento de cadera…. Oooh… siiii… ahhh… asiii.

    Cada que ella gemía, yo le mordía más fuerte sus pezones, y más fuerte le agarraba el culo. Tanto ella como yo, ya estábamos súper excitados. Lo único que nos estorbaba era su short, el cual no dejaba que mi verga penetrara su panocha.

    Fue entonces que dejé de morderle sus tetas, tomé su cara con mis manos y la besé, mientras ambos nos movíamos, como si estuviéramos follando. Y en un momento de ese apasionado beso, me acerqué a su oído y entre gemidos le dije: “mi pene ya está súper duro”.

    A lo que ella solo contestó: “lo sé, puedo sentirlo todo”.

    Y lo sentirías mejor si te quitaras el short – le dije en tono cachondo.

    Ella no dijo nada, solo llevo una de sus manos a su vagina, luego acercó sus dedos a mi nariz y mi boca para que pudiera oler y saborear el sabor de sexo. Y luego dijo: esto es todo lo vas a obtener de mí. Así que disfrútalo.

    Acto seguido, aceleró su movimiento de cadera y dijo… Ohhh… ahhh… ohhh… Siii… me vengo… primooo.

    Por mi parte, yo solo gocé cada movimiento y cada gemido. Y aunque yo no pude venirme, me encantó saber que Anna si pudo.

    Ella, aun sentada en mis piernas y tomando su cara, dijo: “esto fue un error, primo. Nuca debió pasar. Me dejé llevar. Lo siento”.

    Por mi parte, yo solo le agradecí por su ayuda y le dije que no se preocupara.

    Entonces ella se paró, tomó su playera, me dijo que se iba a meter a bañar y que luego se iría a dormir.

    A lo que yo solo respondí: ok, que descanses.