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  • Paco, Paco (capítulo veintiuno)

    Paco, Paco (capítulo veintiuno)

    No hizo falta que llegará el sábado, el jueves me encontré “casualmente” a Paco en el parque, digo casualmente porque no me lo creo, estaba allí haciéndome esquina.

    -¡Coño, qué casualidad! – me soltó mientras me daba un apretón de manos. Estaba en la guarapera con otro tipo. – Mira, este es Paco también.

    -¡Vaya! ¡Paco y Paco! – solté yo a modo de broma mientras les daba la mano a ambos. – ¿Y cómo diferenciarlos?

    – Bueno yo soy Paco solo y él, Paco El Cachas. Estamos aquí con una carga – me dijo señalando al camión – y decidimos tomarnos unos guarapos. ¿Te tomas uno con nosotros?

    El otro ya se acercaba con los vasos en la mano, era un tipo alto medio achinado y de espaldas anchas, con unos bíceps que dejaba ver con descaro porque llevaba una camiseta sin mangas apropósito.

    – Dicen que esto da mucha leche. – bromeó Paco.

    -Bueno, yo siempre tengo. – dijo Cachas. – Creo que ya leche condensada.

    – ¿Dulce y espesa? – le pregunté con malicia.

    Paco me miró con una sonrisa cómplice, cuando el otro se fue a devolver los vasos me dijo.

    – ¿Quieres dar una vueltecita con nosotros en el camión? Llevamos la carga a La Ceiba y regresamos.

    -¿Y.…?

    – Si te lo estoy proponiendo es porque se puede. Anda vamos, no te hagas de rogar.

    Cuando llegó Cachas, Paco le dijo que yo me iría con ellos a dar “una vueltecita”, recargó la palabra con lascivia. Nos dirigimos al camión y nos metimos en la cabina, Paco al timón y yo entre los dos. Tomamos rumbo a la salida del pueblo hablando tonterías. Hasta que Paco se desabrochó la portañuela y cogió mi mano para que le tocara la pinga que ya la tenía bien dura. El Cachas no esperó mucho, al mismo tiempo que yo amasaba la pinga dura de Paco, él metió su mano por mi pantalón para ir directo al culo y meterme un dedo.

    – ¡Uf, qué culo! – suspiró.

    – ¡Pásate para la cama de atrás y encuérate! – me dijo Paco.- Ahora cuando salgamos del pueblo te vamos a dar lo que te gusta.

    Yo lo hice, me desnudé. El Cachas me acariciaba las nalgas, me miraba. Paco le pasó un tubo de crema y el Cachas se metió también en la parte atrás sobre mí, untó mi culo y me metió la pinga. No se la había visto, solo por encima del pantalón, pero me hizo jadear y más porque la metió de un tirón.

    – ¿Cómo te la sientes? – preguntó Paco que por el retrovisor miraba de vez en cuando. – Se me olvidó decirte que Paco tiene tremendo morrongón.

    Claro que lo estaba sintiendo, porque lo tenía encima y me singaba despacio, me besaba la nuca, las orejas. El espacio reducido no daba para más ni para moverse, una sensación rara pero placentera.

    – Tienes un culazo para estar singándolo día y noche. – me susurró al oído.- ¿Quieres que te dé mi leche?

    – Sí, préñame.

    – ¿Eres un maricón traga pinga?

    – Sí, lo soy, por eso me estás singado.

    – ¿Te gusta la leche de macho?

    – Sí, me vuelve loco.

    – ¡Pídemela, pídemela!

    – Dame leche, lléname el culo…, dame leche…

    Él se apuró y se vino, pero se quedó con la pinga dura dentro.

    – ¡Cojones, me lo singaría de nuevo! – le dijo a Paco.

    – ¿Qué dices tú? – me preguntó.

    – ¿Y tú cuándo me singas? – le pregunté.

    – Bueno, que te singue hasta que lleguemos y de vuelta yo.

    Así seguimos singando con suavidad, me acariciaba, me besaba, a veces se alzaba sobre mí y tocaba mi culo lleno de su pinga. Ya cuando estábamos llegando apuró para volver a venirse. Cuando me sacó la pinga se me escapó un chorro de leche. Paco me dijo que me quedara quieto detrás, que descargaban y ya. Corrió una cortina para que no se viera nada. Los escuché hablar con gente, el ruido al volcar la carga de graba. No pasaron ni veinte minutos cuando entraron de nuevo en la cabina y nos pusimos en marcha. Paco descorrió la cortina y palpó mi ojete húmedo.

    – ¡Oye!, ¡cómo se lo has dejado!

    – ¡Bien lleno! – dijo Cachas. – Ahora te toca a ti…, dale.

    Paco entró y me penetró, fue fácil porque ya estaba dilatado y húmedo. Me singó bien, con muchas caricias y besos, diciéndome lo que me gustaba, que me quería, que era lo mejor. Se vino bastante rápido. Después salió y se sentó en el asiento.

    – ¡Abre las piernas! – me pidió mientras ponía un trapo en mi culo. – Echa aquí toda esa leche.

    Hice lo que me pedía, era lo mejor porque si me vestía se me saldría todo. Después me vestí y me senté en la cabina con ellos.

    – ¡Oye, tocayo! ¿Por qué no nos vamos para mi casa? De todas formas, es hora de comida. – propuso el Cachas. – Me gustaría estar en la cama encueros los tres y gozar bien.

    No se dijo nada más, fuimos para la casa del Cachas que vivía a las afueras del pueblo en uno de esos edificios prefabricados que la gente llamaba “palomares”. Entrando fuimos quitándonos la ropa y directo a la cama. Por suerte tenía aire acondicionado en el cuarto. Nos metimos en la cama besándonos, acariciándonos, lamiéndonos. Paco me puso su pinga en la boca mientras el Cachas me abría las nalgas y empezaba a lamer, a escupir, a meter la lengua. Hablaba mucho, decía que me comería, que le gustaba. No esperó mucho para meterme la pinga de un solo golpe. Solo pude jadear algo porque delante tenía a Paco llenándome la garganta con su pinga. Al rato empezaron a turnarse para singarme, yo seguía arrodillado en el borde de la cama y ellos dos gozando. El Cachas me hizo girar y quedar con las piernas al aire, en ese momento me fijé que en el techo tenía un espejo donde se veía muy bien lo que pasaba en la cama, le gustó ver mi asombro e intensificó sus empujones a lo macho para venirse mugiendo. Enseguida Paco lo sustituyó y se apuró lo que pudo para darme toda su leche. Quedamos abrazados un rato, acariciándonos en silencio.

    – ¡Oye, compa, hay que llevar el camión al garaje! – le dijo Paco al otro – Mira, voy yo y ustedes dos se quedan un rato más, después vengo.

    – Bueno, no sé…, mira tú…- le respondió Cachas – Si quieres voy yo.

    – Papo, ¿no te vas a poner bravo porque vaya yo? – me preguntó Paco.

    – No, no pasa nada. – le dije – De todas maneras, el sábado iré ¿no?

    – Sí, claro que sí.

    -Nos besamos y se fue, el Cachas lo acompañó hasta la puerta, después vino y se acostó a mi lado pegándose bien y pasando una de sus piernas sobre las mías. Nos quedamos dormidos un rato. Me desperté cuando me llamó para comer algo. Había preparado una tortilla, ensalada de aguacate y limonada. Nos sentamos a comer, miré el reloj, eran más de las siete de la tarde.

    – Bueno, ya sé que no va a venir – le dije.

    – ¿Te molesta?

    – No, para nada, pero podía habérmelo dicho.

    – Bueno, te lo digo yo…, le pedí que nos dejara solos porque quería pasar la noche contigo. – Me dijo mientras acariciaba mi mano. – Me gustas un montón, ni te imaginas.

    – Tú también a mí.

    – Sé lo tuyo con Paco y su grupo…, me lo contó y lastima no haber estado allí el día que fuiste.

    – ¿Has ido alguna vez?

    – Una sola, ellos viven casi en la misma cuadra, ya sabes cómo está el transporte.

    – Sí, cuesta mucho a veces ir a algún sitio.

    Seguimos hablando de cosas diferentes, él lavó los platos, no me dejó hacerlo diciéndome que yo era el invitado. Puso el televisor y nos sentamos en el sofá. Al rato sonó el teléfono, por la forma en que hablaba supuse que era Paco. No me había dado cuenta de que había teléfono en la casa, bueno, como entramos tan acalorados que ni me fijé en nada.

    – Mi amor. – escuché la voz de Paco cuando me pasó el teléfono. – ¿No te pongas bravo conmigo?

    – ¿Quién te dijo eso? – Bromeé.

    – Nadie, pero por dejarte allí con mi compa.

    – Podías habérmelo dicho y no …

    – Pues salió así. – Me interrumpió – De verdad, tenía que habértelo dicho pero el camión tenía que llevarlo, eso no es mentira. No te digo más para que no pienses que quiero quitarte de encima dejándote allí. Sabes que ahora me arrepiento, lo envidio.

    – ¿Sí?

    – ¡Sí y mucho! Porque sé que te va a singar ese culo toda la noche y yo ahora quiero.

    – Has perdido tu chance. – Le dije riéndome.

    – ¡No me tortures! – suplicó – ¡Cojo un taxi y estoy allí!

    – ¡Y no te abrimos la puerta! – le dijo Cachas que estaba oyendo. Reímos un rato.

    El resto de la conversación fueron bromas, al final muy serio me dijo que me quería, que lo que me había propuesto era en serio. Nos despedimos con besos y prometiendo vernos pronto. Cachas cuando colgó el teléfono se me quedó mirando fijamente, me atrajo hacia sí en un abrazo para besarme.

    – ¡Quiero que esta noche no se acabe!

    Fue una noche pasional, un arrebato de sexo y pasión. Una noche larga y agotadora.

  • Corrompiendo a novia fresa (parte I)

    Corrompiendo a novia fresa (parte I)

    Hola me presento con un alias, Kiara de 22 años, 1.60, piel blanca, cabello café castaño que al pintármelo de rubio se ve muy elegante, ojos verdes, cara finita, piernas delgadas, pecho pequeño, pero bien redonditas y con culito pequeño pero firme que con su cintura delgada y vientre plano que se ve fenomenal. Siempre he sido una niña fresa, de una familia acomodada y por ser hija única soy muy consentida y algo difícil de tratar y siendo inocente al principio poco a poco fui siendo más atrevida con mi segundo novio.

    Las primeras veces que fajábamos apenas dejaba que me agarrara mi culito, poco a poco fue dejándome, siempre por encima de la ropa, ya sea los pechos o mi culito al final me deje hacer casi de todo con él. A pesar de no ser virgen solo me dejaba en la posición de misionero, pero con el tiempo el sexo era más intenso poniéndome solita en cuatro, aunque por la pena, únicamente me apoyaba de las palmas ya que sostenerse por los codos o con la cara me sentia muy sucia o puta algo que en ese tiempo no iba conmigo.

    Con el tiempo fuí cambiando de ropa interior al punto de usar solo de encaje ya sea tangas o cacheteros, no habria problema con las compras ya que me depositaban en la tarjeta y podia comprarme conjuntos de lenceria y ropa muy atrevida y mencionar que antes debajo de las faldas usaba bóxer o licra ahora solo uso tangas y faldas que apenas llegan por debajo de mi culito.

    Algo que me empezaba a gustar en las primeras veces que me cogia de misionero y al escuchar sus guarradas de mi novio por mi oido era la idea de dejarme manosear o coger con otros pero me excitaba mucho pensar que en vez de que sean chavos de la escuela y obviamente atractivos fueran señores, intendentes, choferes, vendedores, personas que solo podrian imaginarme en sus mas sucias fantasias.

    Una noche me sugirio que me dejara coger por otra persona, mi primo me decía siempre lo rica que estaba, pero como era de la familia no quería que fuera alguien conocido sabiendo que tengo novio y que conoce a mi novio. Cuando llego la primera vez que hice de mi novio un cornudo amateur, fue en la fiesta de mi mejor amiga. Aun sin saber lo que me esperaba, me habia comprado una lencería roja, la idea era modelarsela a mi novio y pensaba regalarle el culo que para ese entonces aun era virgen, mi primer anal.

    Describiendo ese conjunto era una tanga de encaje transparente realmente no cubría nada salvo las pequeñas figuras de flor que tenían al frente, pero se podía ver mi panochita delgada, rosa, depilada, que podría pasar como si nunca la habían penetrado, no tenia muchas relaciones por lo que aun estaba estrecha y parecia una pequeña rajita virgen. Debe mencionar que cuido mucho mi cuerpo sobre todo sus partes íntimas.

    El sostén haciendo juego, se me podían ver mis pezones pequeños y rosaditos. Me puso un top rojo dejando ver mi hermoso vientre y unos leggins negro dándole una forma increíble a ese culito con unos buenos botines, me puse mi labial rojo, un maquillaje discreto y una coleta como peinado, obviamente perfumada me veía increíble, como toda una princesa.

    Después de beber, bailar, unos besos, difícil que metiera la mano por debajo de los leggins sin que se note ya que le llegaba a la cadera teniendo un como un resorte en esa parte superior del leggin, solamente me manoseaba por encima de mi ropa, sentía como se calentaba mi entrepierna, el labial lo perdía, me lo ponía constante y entre cada descanso me susurraba al oído que quería coger, pero a pesar de la calentura no me gustaba que me hablaran sucio como palabras como perra o zorra, controlaba esa parte a pesar de todo.

    En eso me sugirio si me gustaría cogerme a otro, lo observo con duda y pregunto a quien podría cogerme que no me conozca de aquí y en eso me dice al del Uber. Estaba fascinada con la idea, alguien de una clase mas baja que yo tener ese placer, temblaba de la emocion, me preguntaba a mi misma si podría provocar alguien o si le gustaria cogerme, a partir de ahi me volvi en la puta que deseaba ser, podria conocer alguien que lograra convertirme asi y no el novio que tengo ahora. Lo besaba lento y mordiendo su labio, cada frase la decía con un tono más coqueto, tan sexy y perversa, el estaba caliente por la idea y yo igual, sutilmente accedi, mientras el pedia el Uber fui al baño y por primera vez me masturbe probe mis fluidos algo que me encanto, me puse mi labial y sali.

    Después de eso me sirve un vaso con bastante tequila, me lo tome de un jalón y fuimos al Uber. Al llegar notamos que era un señor entre 45 a 55 años, gordo, pelón y olía raro como si acabara de comer en algún puesto de comido cerca de un metro o algo por el estilo, estaba calientisima. Al subir le dimos la dirección de un hotel, este en particular podías aparcar el carro a un lado de la puerta del cuarto y se cubría la entra con una cortina, te brindaba esa discreción que necesitábamos en ese momento. Nos empezamos a besar, estaba tan caliente que me subi en las piernas de mi novio dandole la espalda al chofer, me movia en circulos o de adelante hacia atras rosando su verga, pasaba sus manos en mi culo y cuando me apretaba mi culito lo levantaba pensando que el chofer podria vermelo.

    En eso le pregunto si le molesta que estemos así y el responde claro que no y de broma el chofer dice aparte se tiene una buena vista. En ese momento me calente más y me movía más despacio, pero de forma más seductora, me apretaba mi culo y lo levantaba para que lo viera mejor, en otro momento no me habría comportado así, me gustaba mantener esa imagen de niña buena, chica fresa y de clase, pero ahí note que todo eso iba desaparecer. Al ser una chica presumida y envidiada por muchas esa noche podría ser humillada y cogida como una cualquiera así que dejándome llevar por el momento le digo al chofer si le gustaría ver más de esta vista.

    Con una sonrisa pícara le digo a mi novio en voz baja que no haga nada, el chofer se orilla en una calle, me llevo mis manos a mi cadera donde inicia los leggins levantandome un poco y con cierta lentitud bajo los leggins dejando ver mi tanga, mi culo virgen y dejando ver mi panochita tan solo cubierta por la fina tela de la tanga. Volteo a verlo y le pregunto si le gusta, me toco su culo abriendolo con mi manos diciendole que aun me han penetrado mi culo y que se le gustaria ser el primero con quien tuviera sexo anal, si desea mi cuerpo.

    El sin pensarlo dice que si, le digo que no falta mucho para el hotel, subo los leggins, me beso con mi novio y le digo al oído, listo no hay vuelta atrás, solo te toca ver mi querido cornudito me aprieta el culo por ultima vez y me bajo de el. Al llegar al hotel, mete el carro en el garaje, cerramos la cortina como si fuera de un local, se bajaron del carro mientras yo me volvia arreglar, observo que platican y parece que el chofer le hace una sonrisa burlona a mi novio mientras se retira por una botella de vodka, dejo las cosas en el carro y me bajo. Lo esperamos hasta que llegara, yo no dejaba de estar caliente, me tocaba mi entrepierna por encima del leggin que ya lo sentia muy humedo.

    Al llegar el chofer, agarro la botella y le dio un fuerte sorbo, me la quitan porque quiere que lo recuerde, me vuelvo a pintar los labios y ahora lo empiezo a besar a lado de su carro. Me recarga contra una pared y me besa como si me tragara con su boca, le repetia que le apestaba la boca, mas por morbo porque disfrutaba de eso, nunca habria imaginado besar alguien asi y el respondía con furia y siendo muy dominante que me callara, me cacheteaba y me cerraba la boca con sus besos. Me apretaba el culo y de lo fuerte me hacia levantarme aun mas, levante mi pierna derecha hasta la cintura del señor, él la sostiene con su mano izquierda mientras que con la derecha me tocaba desde mi culo hasta mi entrepierna.

    Estaba extasiada gemia tan fuerte y rico como nunca lo habia hecho sobre todo cuando me besaba por el cuello, apretaba mi muslo y mi culo, veia a mi novio y le decia mi amor ahora si sere la puta que tanto deseabas. Alejo al hombre y le digo que debo ir al baño al voltearme me agarra de mi coleta, la acerca a la su panza, me abre las piernas y me dice no zorrita, si quieres orinarte hazlo aquí. Al tenerme asi con las piernas abiertas, dedeándola por encima de su pantalón y parando ligeramente el culito, yo queria que parara pero el morbo, la calentura, pensar que en la escuela me ven como una princesa me deje hacer lo que quiso.

    Me agarraba por la cintura, me dedeaba y yo cerrando los ojos solo gemía con la cabeza viendo hacia el techo y de un suspiro empiezo a orinarme. Por la poca luz y por ser un color oscuro del leggin no se veia como dejaba humedo el leggin, el hombre exclamaba muy bien zorrita, sigue así. Me pone en cuclillas y se saca la verga y vaya sorpresa por el tamaño de su verga, era del doble de la de mi novio, me quise alejar y la fuerza, apenas y pude abrir mi pequeña boquita, mis ojos casi se me salen, el hombre solo me sujetaba de mi coleta y de una mejilla.

    Mi calentura me superaba por mucho con una mano agarraba su verga y con la otra me acaricia mi entrepierna, sentia ese liquido por mis dedos, entre sus anillos de oro y plata, me pasaba la mano desde adelante hasta atrás, incluso el dedo de Enmedio lo presionaba contra mi ano, queria, deseaba como loca ser penetrada, nunca habia sentido esa necesidad. yo no dejaba de ver al hombre, pasaba toda mi lengua por su verga, me metia un huevo a la boca, después el otro, haciendo pausas para sacarme los pelos de mi boca, regresaba a chupar mientras que el hombre tomaba vodka y de la nada de un tirón me mete la verga hasta donde pude, empiezo a escupir y casi vomitando, después de toser me dice que pasemos al cuarto, le digo que me espere para arreglarme y con gusto entro a entregarte mi cuerpo papi.

    Ellos entran y yo me siento en el piso, con las piernas abiertas sigo tocandome hasta tener un segundo orgasmo, me levanto me quito mi ropa dejandome en la lenceria roja que era el regalo de mi novio, me pongo un pequeño collar de tela con encaje que venia con el conjunto, me vuelvo a poner mis botines, me vuelvo arreglar el cabello y el labial y listo. Entro y mi novio esta en una esquina, el chofer en un sillón, camino lentamente moviendo mi culo muy rico, doy una vuelta y le pregunta si le gusta lo que ve, que era un regalo para mi novio.

    Él me dice que se observa mi rajita húmeda, mis pezones erectos y que con ese collar parecia una puta. Me excito como me hablo, le empiezo a bailar donde estaba el tubo moviendome para el, parando el culo, abriendo las piernas, enseñando mi panochita, mis pechos, chupando mis dedos y metiéndomelos en mi panochita. El hombre ya desnudo me pide que me acerque como una gatita, le pido que se acueste y que abra sus piernas, imaginense una carita finita de chica presumida y fresa, con rasgos finos y ojos claros, le besaba con tanta pasion el ano del señor, agarrando la verga con una mano y con la otra se masturbaba.

    Me empece a empinar, abriendo mis piernas no dejaba de meterme los dedos, le metía el dedo al señor, lo probaba dandome asco pero mas queria chuparselo. Se levanto el señor, me puso en cuatro, dejando caer mi cara en la cama, haciendo a un lado la tanga, me empieza a penetra ferozmente. Agarrando las sábanas, mirando al frente donde encima de la cabecera tenía un espejo veía la cara del señor, veía su cara cuando me jalaban de mi cabello que tanto cuido, veia mi cara de placer pidiendo mas y mas, gemía más rico, fuerte y rapido, exclamaba como si fuera una puta.

    Me dio la vuelta, coloco mis piernas en sus hombros y me penetro aún más fuerte, solo mis pequeñas piernas temblaban, las uñas rasguñaban su espalda, entre cada beso venia una cachetada, me ahorcaba, me quito el sostén y me mordía mis pezones al mismo tiempo que los lamia. Despues, me coloco como misionero y al sentir su panza velluda y su olor no deje de recordarle lo apestoso que esta y más sudando, pero eso me calentaba aun más, lo abrace con mis piernas y al mismo tiempo tuvimos nuestro orgasmo.

    El señor me quita la tanga, la huele y me dice que esta se la queda, agarra mi cabello de y se lo pasa por su verga, en otro momento habria odiado que agarraran asi mi cabello pero me dio igual, me quite la coleta y deje que ensuciara mi cabello con su semen. El chofer va a su pantalón y agarra una pastilla azul y le dice aun no se ha llevado su culo, ella no lo podía creer, el señor le quita los zapatos. Me dice, muñequita hoy serás toda mía, me levanta de la cama, poniendome en el sillón, parando mi culo dejando caer todo mi cuerpo en el mueble, nunca habia estado tan cansada despues de haber cogido, no podia hacer nada para resistirme, me tenia doblegada.

    Me pregunta si llevaba crema en mi bolso, le digo que si pero es algo fina, me da una nalgada haciando un grito muy fuerte de dolor y de excitacion, lo veo dirigirse a su carro con todas mis cosas, saca la crema y aprieta el tubo sacando toda la crema, la pone en su verga y empieza a penetrar mi culo. Poco a poco empieza a penetrarme, grito de dolor, abro mi culo con mis manos, las uñas postizas apenas logran agarrar mi culo por lo cansada que estaba, en me atraviesa más y más. Diciéndome, muñequita te hace falta más coger, estas muy apretadita, tu panochita estaba estrecha y tu culo ni que decir, en eso me empieza a meterme toda su verga hasta sus huevos.

    Le tomo tiempo, pero fue de lento a rápido, se escuchaba en el cuarto los sonidos de su cadera chocar contra mi culo, los pies se me retorcían al igual que sus piernas, agarraba más fuerte el sillón, gemía entre llanto y placer, arqueaba la espalda, me jalaba el pelo, me daba nalgadas tan ricas hasta que se corrió dentro de mi culo. Agarra mi top y me seca el semen que escurre, me dice ahora con esto te limpias cuando yo lo diga. De nuevo agarra mi cabello y limpia su verga. Tirada en el piso con las piernas abiertas, despeinada, me empezaba a orinar y yo solita abria la boca, solo observaba al señor con una mirada perpleja y excitada.

    La hora en aquel momento era 3:30 am aproximadamente, durante las siguientes cuatro horas me estuvo cogiendo, evitando el jacuzzi del cuarto, quería mantenerme con su aroma hasta que llegara a mi casa. En la cama, en el sillón, incluso un par en la parte de atrás de su carro y sobre el cofre del carro me cogió. Mis pies estaban negros por pasar en el piso del garaje y sobre todo por los orines, mi pelo olía a la verga del señor, esa panochita que tan orgullosa estaba por ser muy finita y rosada estaba destrozada por su verga, mi culo abierto, se observaba el semen seco saliendo de el, sobre mi culo.

    Cerca de las 10 am estaba en el sillón con las piernas abiertas, quede rendida, le pido que por hoy terminemos y así fue, intercambiamos números, apenas me pude vestir, el sosten como la tanga se las llevo, prometio regresarmelas en la siguiente ocasion que nos veriamos y asi fue. Al llegar a mi casa no había nadie, a pesar de oler mal no me bañe, me desnude, deje la ropa sobre el suelo y me vi en el espejo, ese dia pude ver como habia quedado, vi mi culo, mis pechos, mi panochita estaba mas que excitada recordando la noche, me acoste desnuda.

    Hasta el lunes que vi a mi novio le digo que quiero repetirlo, el no queria asi que termine con el y por suerte no fue ningun problema ya que despues se mudo y no volvi a saber de el. Con respecto al señor no pasaba un dia sin que le mandara fotos de mi cuerpo, me empece a comprar dildos y vibradores y el disfrutaba ya sea en fotos, videos o videollamadas lo puta que me estaba haciendo.

    Pronto iba tener mi fama de puta de la escuela y aqui es donde empezaba a disfrutar mas de mi cuerpo.

    Saludos.

  • Masajes con final feliz (parte 2)

    Masajes con final feliz (parte 2)

    (…) Con esa pija dura uniendo nuestras conchas, volvimos a acabar, esta vez, en el mismo instante. Nos fundimos en un beso y en un abrazo que se sentía como si estuviésemos envueltas en llamas. Totalmente empapadas en sudor y en nuestros propios jugos, sin dejar de abrazarnos, caímos rendidas en la cama. Apoyé mi cabeza en su pecho, mientras su respiración agitada me hacía sentir muy feliz.

    Salí del trancé cuando sonó su celular, el cual estaba sobre la mesa de luz. Lo tomó, leyó algo, respondió. “Tengo que juntarme con una amiga. Está cerca. ¿Le puedo decir que venga?”. Me pregunto. Me sentía totalmente agotada, sin fuerzas, pero con ganas de más. Ante mi silencio, volvió a hablar. “Es buena onda. Además, tiene un regalo para vos. Estoy segura que te va a encantar. ¿Le digo que venga?”. Como un autómata le dije: “Sí, pero rápido”.

    Quince minutos después, alguien tocó el timbre. Camila se levantó de la cama de un salto y fue a contestar el portero eléctrico. Sentí el sonido del timbre al abrir la puerta de abajo. Minutos después, vi parada en la puerta de mi habitación a una rubia alta, enfrascada en un vestido de látex rojo, dejando asomar por el escote a las tetas más hermosas que vi en mi vida. “Huelo a diversión”, comentó divertida. Me senté en la cama cubriéndome las tetas con la almohada. Camila llegó por atrás de la invitada y la tomó de la cintura. Abigail giró su cabeza y se comieron la boca con intensidad. Una de las manos de mi masajista se perdió debajo del vestido rojo. Noté de inmediato el regalo de la rubia.

    Sin separar sus bocas avanzaron lentamente hacia la cama. Camila cayó de espaldas, riendo a carcajadas. Con gran maestría, Abigail se bajó el cierre que el vestido tenía por detrás, liberando sus dos enormes y hermosas tetas. Debajo, tenía una pequeña tanga roja de encaje. A pesar del diminuto tamaño, la tela lograba contener perfectamente lo que allí guardaba. Camila se acercó a mí, me quitó la almohada y me besó. Me distraje por unos momentos saboreando esa boca que ya me era familiar, hasta que noté que una mano grande, pero delicada, me acariciaba el pelo. Giré la cabeza y la vi de pie junto a la cama, hermosa e imponente, con sus tetas apuntándome hacia la cara.

    La tomé de la cintura y la atraje hacia mí. Fue la primera vez que acaricié y chupé unas tetas operadas, y la primera sensación fue maravillosa. Duras, de una redondez perfecta y muy calientes. Lo primero que hice, fue tocar ambas al mismo tiempo, usando mis dos manos. Después, apoyé mi cabeza entre ellas, como si fuera una cómoda almohada. “¿Te gustan?”, me preguntó. “Las amo”, respondí. De inmediato, me atrajo hacia ellas haciendo que se las chupe. Fui directamente al pezón izquierdo, al cual le pasé la lengua como si de una paleta se tratara. Besé toda la superficie, mientras apretaba con fuerza. Sentí como alguien me tocaba la concha. Era Camila. No la veía, pero la sentía hermosamente. Estaba al lado mío, arrodillada, chupándole la pija a Abigail.

    Verla ahí abajo fue tan perfecto como una alucinación maravillosa. Abigail, despampanante, con unas curvas terribles, el pelo rubio sedoso hasta la cintura, tetas de ensueño… y la pija más hermosa que vi en la vida. Totalmente recta, larga, gruesa, venosa. Y como broche de oro, dos testículos perfectamente redondos, similares a un par de ciruelas maduras. Si mi destino fuese morir atorada, deseo con toda mi energía que sea por esa pija. Por más que se esforzaba, se le hacía imposible a Camila comérsela toda. A pesar de que nos conocíamos hace apenas poco más de una hora, me sentí en la obligación de ayudarla. Al notar mi deseo, Abigail retrocedió algunos pasos, indicándonos que nos arrodilláramos. Obedientes, lo hicimos. A pesar de que ya había compartido la pija de mi cuñado con mi hermana, esto era totalmente diferente. La pija de Abigail podría degustarse, sin problema, por más de tres o cuatro bocas a la vez. Su forma, su textura, su sabor… y el hecho de mirar para arriba y ver que la portadora de semejante pedazo era una mujer con rostro de princesa, hacía de la experiencia algo totalmente único y excitante. Mi boca iba de sus testículos a la boca de Camila, de la boca a la cabeza. Intenté varias veces comérmela toda, y la sensación de ahogo fue increíble. Su pija llenaba cada espacio en mi boca, no dejando ni el más mínimo sitio para poder respirar. Entre arcadas y besos logramos poner esa preciosura al máximo. Abigail nos tomó a ambas por el pelo, haciendo que la miremos a los ojos. “¿Quién la quiere primera?”, preguntó con voz totalmente seductora. Sin dejar pensar a mi compañera, me apresuré a contestar: “Yo, por favor. Dámela a mí”. La rubia sonrió, la morocha soltó una carcajada.

    Abigail nos tomó de las manos y nos ayudó a ponernos de pie. Me besó en los labios. Camila se sumó y nos dimos un beso intenso y húmedo. Sentí como su pija durísima se me clavaba en el vientre. La tomé con una mano y la arrastré hacia la cama. Camila se adelantó y se acostó en el centro. Me puse en cuatro, acercando mi boca a su concha. Por detrás, la rubia empezó a chuparme el culo. En eso estaba, cuando en un breve momento de lucidez, atravesó y se me instaló en la mente una idea perturbadora: si esa pija entraba por ahí, me iba a destruir. “Por la cola no”, alcancé a decir, cuando sentí como esa pija me llenaba la concha de una sola embestida, para comenzar a apuñalarme con una fuerza y una velocidad que no tenían ningún sentido. Mis gemidos inundaron la habitación y, estoy casi segura, que todo el edificio. Se me hacía difícil dedicarle la atención necesaria a la concha de Camila, por lo que atiné a estirar un brazo y agarrar a mi “consu”, para metérselo de una a mi morocha favorita. Traté de seguir el ritmo frenético de la cogida que me estaba pegando Abigail, pero se me hacía imposible. Acabé con una gran explosión, acompañada de un grito que me aturdió a mí misma, bañando a la hermosa pija que me estaba rompiendo toda. Caí rendida sobre el vientre de Camila, pero no por ello la rubia bajó la intensidad de la cogida.

    Sentí como “consu” dejaba mi mano, pasaba sobre mi espalda y lo tomaba Abigail. De inmediato lo sentí apoyado en mi culo. Duro, mojado por los jugos de Camila, entró de inmediato. Estaba totalmente abierta y entregada. “¿Queres que Abi te rompa el culito, bebé?”, preguntó la morocha. En un susurro casi inaudible, respondí: “Sí, por favor”.

    La sensación que me invadió al sentir esa tremenda pija al entrar sin preámbulos en mi culito, no la puedo comparar con nada. A pesar de su inmenso grosor y de mi estrechez anal, entró con una suavidad demoledora. ¿Contradictorio? Lo admito. Pero me cuesta describir con palabras esa sensación. Placer, dolor, entrega total. Me penetró con una fuerza arrolladora, mientras Camila sonreía y se metía con gran goce a mi “consu”. Los gemidos de las tres crearon una melodía de placer comparable con el más dulce canto de ángeles. No sé cuánto tiempo pasó. Minutos, horas, días. La voz de Abigail me devolvió a la realidad al preguntar “¿a dónde querés la lechita?”. A lo que respondí: “lléname el culo de leche”. Eso pareció encenderla más, lo que hizo que aumente el ritmo de sus arremetidas. Camila se arrodillo de un salto y metió el consolador en mi concha, mientras masajeaba los huevos de la rubia. Sentí como esa hermosa pija estallaba adentro mío, descargando una gran cantidad de semen, en el mismo instante en el que un orgasmo triple me paralizaba el cuerpo. De mi culo, la pija pasó directamente a la boca de mi masajista. Caí nuevamente rendida sobre la cama, totalmente extasiada, dolorida y mareada. Sentí como una boca tibia se metía entre mis nalgas y succionaba el cálido líquido que empezaba a desbordar. Luego de unos instantes, sentí un sonido atronador que me obligó a llevarme las manos a mis oídos, mientras un cuerpo caliente y liviano se desplomaba sobre mí.

    “Callate y quédate quieta”, dijo Camila, con una voz áspera y firme que jamás pensé que podría salir de su boca. Abigail, con todo el peso de su cuerpo sobre mí, comenzó a convulsionar. Cayó hacia un costado y pude ver un agujero en su cabeza, del cual emanaba un rio de sangre, tiñendo su rubia cabellera de rojo. Segundos después, se quedó quieta, con sus grandes ojos desorbitados. Totalmente desorientada, giré lentamente mi cabeza hacia el costado derecho de la habitación, en donde se encontraba un gran espejo. La imagen que allí vi me pareció algo totalmente surrealista: Camila desnuda, de pie frente a la cama, con ese hermoso pelo totalmente alborotado y una media sonrisa encantadora, con una gran pistola entre las manos, apuntando hacia mí. “Si te moves, perdes. ¿Me entendiste, bebé?”.

    A pesar de la larga noche que veníamos afrontando, la fiesta recién estaba a punto de comenzar.

    CONTINUARÁ

  • Seducida y follada por un caradura con sorpresa inesperada

    Seducida y follada por un caradura con sorpresa inesperada

    Julio de 2022. 

    Llevo una semana trabajando como camarera en una terraza de ocio nocturno. Tras terminar el curso en la universidad, pensé que no me llegaba con la asignación de mis padres, y decidí ganar un dinero extra para mis cosillas.

    Hace dos días, mientras repartíamos el bote de las propinas entre las compañeras, Lucía se quejó. Afirmaba que el reparto no era justo, porque mi aportación estaba muy por debajo del resto. Marta, la veterana entre todas, explicó que los clientes no dan buenas propinas a las chicas bonitas, sino a las picantes que alimentan sus fantasías. No es que yo fuera de puritana, pero reconocí que ellas iban escandalosas. Decidí de buena gana seguir el ejemplo.

    Ayer en mi dormitorio, tras poner patas arriba el armario, me decidí por una blusa blanca anudada por debajo de los senos, sin abotonar y sin sujetador. Al tener los pechos menudos, no pretendía resaltar su volumen, sino insinuarlos con la más leve inclinación del torso. Añadí un pantaloncito vaquero muy corto, que suelo ponerme cuando voy a la playa, y muestra una generosa porción de culo, dibujando una sugerente sonrisa de gato entre las nalgas y los muslos. Completé el look con la melena alborotada, botines de cuero marrón, bisutería justa y unas gotitas de colonia. Entonces noté el cambio y pensé, mientras me miraba en el espejo, la de pasiones que levantaría.

    Roja de vergüenza, apenas bajé de mi coqueto Seat 600 rojo en el aparcamiento, aguanté comentarios groseros y algún que otro silbido, como los que se emplean con el ganado. Los de mis compañeras, picantes y jocosos, tampoco rebajaron el color de mis mejillas, pero me sonaron diferentes. Luego bromearon con lo que ellas llaman, «la metamorfosis», y que definen como, «la gata que se convierte en tigresa».

    A eso de la medianoche, unos chavales ocuparon la mesa once, una de las que yo atiendo. Eran cinco y parecían bebidos. Se comportaron con educación durante un rato, hasta que las tonterías de unos animaron al resto. De este modo escuché comentarios del tipo: “¡vaya culo tiene la tía!”, “¡está para hacerle un favor!”, o el más recurrente en estos casos, “¡a esta le echaba uno detrás de otro!”. Nada que yo no pudiera manejar con un poco de tacto. Sin embargo, el que no decía nada era el más peligroso, el típico Casanova guapito que te desnuda con los ojos, mostrando indiferencia cada vez que le pillas haciéndolo.

    Cuando se marchaban, el tunante me ofreció un billete de cincuenta euros, y me pidió con exquisita cortesía que le cobrara todo. En ese preciso instante, como salido de la nada, mi jefe me arrebató el billete de las manos y se lo devolvió al otro, alegando que la ronda corría de su cuenta.

    Pregunté por el motivo de tanta generosidad, molesta porque esperaba una buena propina. Entonces, mi jefe explicó que era su primo, que allí nunca paga.

    Me lo presentó y nos saludamos con dos tímidos besos en las mejillas; pero, cuando nos separamos, un penetrante aroma varonil había invadido dulcemente mis fosas nasales.

    El encuentro fue breve porque sus amigos le apremiaban para marcharse. Quise preguntarle dónde iban; pero los clientes de la mesa cuatro, dando voces con los vasos vacíos en alto, reclamaban más bebida.

    Pasados unos minutos, de los otros apenas recordaba nada, pero del primo, ¡Caray con el primo! De él hubiese recordado la lista de los reyes godos si me la recita. Me quedé con que se llama Róber, diez centímetros por encima de mi metro setenta, tirando a cachas, con ojos marrones y avellanados, labios gruesos y rosáceos, el cabello castaño y cortito, y la voz melosa y varonil por igual.

    Mientras yo fantaseaba con Róber, Marta me abordó interrumpiéndome en lo mejor.

    -Sandra, ten mucho cuidadito con Róber -advirtió con tono ceremonial-, porque, semejante maravilla de la genética, no es bueno para una chica. Es un caradura, un picaflor de veinticinco, cuatro años mayor que tú, que te hará sufrir.

    Puesta en antecedentes y lejos de amedrentarme, pensé que Róber me convenía. Había terminado una relación tortuosa con un chico celoso y controlador meses antes, y me apetecía un amigo con derecho a roce.

    Cuando me tocó el turno de retirar vasos vacíos por la zona de la piscina, le vi rodeado de tres gatitas mimosas, dejándose querer mientras ellas le ronroneaban. Eran menudas y me parecieron vulgares, dos teñidas de rubio platino y la otra pelirroja.

    Si ellas iban de gatitas, pensé que yo debería hacerlo de zorra, y aproveché para insinuarme recogiendo los vasos caídos en el suelo. Lo hice exagerando el gesto cada vez que me agachaba uno por uno. De este modo aumentaban mis posibilidades de que viera algo entre mi escote. Me entretuve más de lo necesario esperando a que ellas fueran al baño, segura de que lo harían más pronto que tarde. Cuando finalmente lo hicieron, aproveché para acercarme a Róber y darle el remate. Primero le solté el típico, ¡cuánto tiempo sin vernos!; después mi particular, ¡qué calor hace!, consistente en ahuecar el escote con ambas manos al tiempo que refresco los pechos soplando.

    Las felinas regresaron antes de lo previsto, más zorras que yo y dispuestas a alborotar el gallinero. Fue la pelirroja, algo culona y con unas tetas de alucine, quien llevó la voz cantante.

    Me preguntó si no tenía nada mejor que hacer. Yo respondí que estaba en ello. Ella me miró los pechos al tiempo que se colocaba las tetas, y desplegando toda la artillería, replicó que yo era sorda además de no tener delantera.

    Esto fue la gota que colmó el vaso, una provocación en toda regla.

    Sacando las uñas, le respondí que era una niñata, exigiendo que me respetara, que no aguantaría sus impertinencias, y que prefería tener dos jugosos pomelos, antes que dos sandías pochas como las suyas. Me despedí añadiendo que me pagaban por trabajar, y no por estar de caca-cacareo en el gallinero.

    Si las gallinas dijeron algo, debió ser cuando ya estaba lejos, porque no las oí cacarear.

    Más feliz que una codorniz, entré en el almacén y metí los vasos sucios en el lavavajillas. Me disponía a salir de allí cuando alguien abrió la puerta, entró y se interpuso en mi camino.

    ―¿Sabes una cosa, rubita? ―Era Róber, que me miraba fijamente con sus penetrantes ojos, descarado, arrogante y muy seguro de sí mismo.

    La puerta se cerró sola antes de que mi corazón huyera acobardado.

    Sin darme cuenta y sin que me rozara, su cuerpo, delante del mío, me obligaba a recular hacia atrás, hasta topar con una pila de cajas a mi espalda.

    ―¡No lo sé! ―susurré con el corazón todavía en su sitio.

    Tras mi respuesta, que parecía ser la que él esperaba, se acercó más, llegando esta vez a rozar mi ropa con la suya. Entonces susurró en mi oreja con todo el descaro del mundo.

    ―Que tienes el mejor culo que he visto en mucho tiempo. Y tus tetitas, como peras maduras cuando te agachas, no las hay mejores en toda la región. ―Ciertamente las había visto―. Por no hablar de tu boca, una fresa que voy a comerme ahora mismo.

    No dijo más el muy tunante.

    Acercando sus labios a los míos, me dio un beso que terminó de noquearme y casi me meo de gusto. Estaba en estado de shock, incapaz de reaccionar ante su ímpetu, de puntillas porque me tenía agarrada del culo y tiraba de él hacia arriba, al tiempo que restregaba sus labios contra los míos, sin miramientos, con fuerza desmedida, aprovechando mi pasividad para soltar el nudo de mi blusa, dejando mis pechos libres, indefensos a merced de sus grandes manos, manoseándolos, apretando como si fueran de goma.

    Fue todo muy rápido, en apenas unos segundos que parecieron eternos.

    Luego liberó el botón de mi pantaloncito, bajó la cremallera e introdujo la mano hasta rozar el clítoris con las yemas de los dedos.

    Gemí golosa y maullé convertida en una gata en celo, como las otras, a las que Róber había dejado plantadas por mí, en un gesto que me colmaba de felicidad. No obstante, iba muy lanzado precipitando sus acciones.

    —¿Se puede saber qué haces? —le pregunté al notar que tiraba de mi pantalón con ambas manos hacia abajo.

    —Mi morbosa Sandra, creo que está más que claro —respondió con indiferencia.

    —Era una pregunta retórica. Lo tengo muy claro, pero no entiendo dónde está el incendio. Además, tengo que seguir trabajando.

    —No me vengas con excusas. —Me frenó en seco. Estaba preparado para una respuesta así—. Se nota que tienes tantas ganas como yo, y sé de buena tinta que estás en tu media hora de descanso.

    Seguramente eran excusas. No podía engañarme a mí misma pues el fuego del deseo me consumía. Era claro que yo le había provocado un rato antes, con idea de motivarlo para que me llevara por ahí al salir del trabajo. Este no era ni el momento, ni el lugar adecuado. Además, y no menos importante, su ímpetu pronosticaba que terminaríamos en un visto y no visto, y esto a mí no me interesaba, no después de tantos meses sin comerme un colín. Por otro lado, entregarme tan fácilmente podría traer consecuencias no deseadas. Por ejemplo, que se fuera de la lengua, que presumiera con sus amigos, unos chismosos que no dejarían títere con cabeza.

    No podía darle estas razones. Era mejor echar balones fuera.

    —Veo que has hecho los deberes, averiguando sobre mis horarios de descanso, y esto me halaga, pero deberíamos dejarlo para luego, en un sitio más adecuado.

    Inaudito: como si no hubiese prestado atención a mis palabras, me bajó el pantaloncito como cinco dedos, lo justo para introducir holgadamente la mano entre los muslos, suficiente para separar los labios vaginales y penetrarme con dos dedos.

    Invoqué a Dios gimiendo al sentirme profanada.

    Titubeante, sin medir las consecuencias, traspasé el umbral de su bragueta con la mano derecha, me abrí camino entre la prenda íntima y busqué su miembro. Lo noté muy duro, erecto como era de esperar, igual que cuando lo noté en el vientre en los besos de rigor al ser presentados.

    —Me encantan tus peras, porque no son grandes ni pequeñas. Tienen el tamaño justo para mí, también la forma, la textura y la consistencia —afirmó como lo haría un mercader de fruta, valorando la calidad del género, mientras las sobaba con la mano izquierda, para luego pellizcar los pezones, al tiempo que hurgaba con la derecha en el coño, deleitándome con sus hábiles dedos.

    Pensé que su forma de comportarse, actuando al tiempo que me regalaba el oído con su verborrea, respondía a una táctica empleada, seguramente, cuando alguna se le resistía. Y no se le daba nada mal, porque me arrancaba alaridos de placer, que yo agradecía con mi mano convertida en una máquina de masturbar.

    La simbiosis era perfecta: lo dado, por lo recibido.

    Por un instante me cuestioné si realmente era yo. No recordaba la última vez que me había sentido tan motivada, tan golfa, mucho más de lo que cabría esperar. Mi frágil cuerpo temblaba y las rodillas perdían eficacia. Era seguro que me desmayaría en cualquier momento si no recuperaba la cordura. Resultaba difícil conseguirlo con Róber transformado en una especie de animal rabioso.

    Me levantó del suelo por las axilas, y me llevó en volandas al cuarto de baño del almacén. En un periquete me depositó en el suelo, trabó la puerta con cerrojo y se bajó el pantalón, arrastrando la prenda íntima con él.

    —¡Madre del amor hermoso! —exclamé viendo lo que había surgido majestuoso entre sus muslos, segura del buen rato que pasaría apenas me la metiera.

    En este momento todo se precipitó.

    Consumida por los nervios, viendo que mi tiempo se agotaba, y decidida a llegar hasta el final, le pregunté si tenía condón y respondió que no. Yo tampoco lo tenía. Cómo iba a suponer que sucedería algo así.

    Salí precipitadamente del lavabo y comencé a rebuscar en los bolsos de mis compañeras, colgados en las perchas del almacén, por si alguna era más precavida que yo. Finalmente encontré uno en el bolso de… Ni sabía de quién era.

    Con la agilidad de una gacela regresé al lavabo, cerré la puerta, eché el cerrojo y me dispuse a ponerle la goma en la polla.

    Contemplé arrodillada aquello grande y erecto, y no pude resistirme a engullirlo. Róber lo agradeció gimiendo a medida que mis labios y lengua ganaban agilidad.

    —No imaginaba que fueras tan experta chupando…

    Róber contuvo la lengua porque los jadeos se precipitaban desde sus labios. Luego añadió que se la chupaba de lujo.

    Inesperadamente, cuando sentía que me deleitaba y él conmigo, me agarró del cabello y tiró hasta ponerme en pie.

    —¡Quítate el pantalón! —ordenó.

    Obedecí como si su palabra fuera ley, y con el pantaloncito también se fue la tanga.

    Me tomó de la cintura y me hizo girar 180 grados sin esfuerzo. Luego me arrebató el condón de la mano, se lo puso y aseguró descontrolado:

    —Apenas te he visto por primera vez, no te haces una idea de las ganas que tenía de esto.

    Me obligó a levantar la pierna derecha, apoyando mi rodilla en el borde del lavabo, y empujó mi cabeza hasta que toqué el espejo con la mejilla izquierda, arqueando la espalda con el culo en pompa y ansiosa por recibirlo dentro de mí.

    Noté cómo apoyaba el glande en la entrada de mi sexo, y luego penetró precipitadamente. Yo jaleé con gemidos de placer y algún que otro sonoro SÍ.

    Cuando los testículos rozaron los labios mayores, me penetró y comenzó a follarme enérgicamente. Entonces mis síes fueron profundos y repetitivos, así durante un par de minutos hasta que, de repente, escuché cómo se cerraba la puerta del almacén, y luego una voz apresurada, alguien tratando de abrir la del aseo.

    Al encontrar la puerta trabada, una voz femenina preguntó si estaba ocupado. Me pareció la de Lucía. Respondí que tardaría un rato porque estaba indispuesta, al tiempo que tapaba la boca de Róber con la mano derecha. Ella se lamentó porque andaba apurada con la vejiga a reventar, y se quejó porque no tenía más remedio que ir a los aseos públicos.

    Apenas se fue Lucía, obstinado como él solo, Róber pretendía reanudar lo que ella, inconscientemente, había interrumpido. Repeliéndole con las palmas de las manos en su pecho, le ordené que parase; pero Róber no entendía y preguntaba qué mosca me había picado. Le expliqué que lo de Lucía había sido un aviso de lo que podría pasar si nos pillaban, porque no podría soportar el bochorno. Indiferente y con una expresión de no pasa nada, Róber objetó que era improbable que nos pillaran.

    —No insistas más, porque también he sido insolidaria con una compañera —argumenté. Luego le hice una oferta más que generosa—. En lugar de insistir, espérame a la salida, porque juro dejarte hacerme lo que quieras y por donde prefieras.

    No fue suficiente para aplacar su ira.

    —¡Eso ni lo sueñes! —respondió con cara de pocos amigos, sin mirarme siquiera mientras se vestía—. No eres más que una niña estúpida, una de esas que primero provocan y luego te dejan con cara de idiota —añadió con gestos bruscos y alguno que otro grosero.

    —Eres muy libre de pensar lo que quieras, pero estás muy equivocado —respondí con indiferencia.

    —Esto ya carece de importancia. Lo que importa es que no quiero volver a verte más —dijo y se fue dando un portazo.

    Yo, aunque apenada, respiré aliviada cuando escuché cerrarse la puerta del almacén, agradecida porque se mantuvo dentro de unos límites aceptables, sin tratar de forzarme, sin ponerme un solo dedo encima, dejándome, no obstante, con un calentón del quince y un hilo de flujo vaginal descendiendo por la cara interna de los muslos.

    Tardé unos cinco minutos en recuperar la compostura, otros tantos en asearme la zona íntima, y apenas unos segundos en salir al exterior, buscando, desesperada, una bocanada de aire fresco.

    Allí todo seguía igual: las chicas trabajando, los clientes a lo suyo, Róber desaparecido y Marta en plan cotilla.

    -Tienes mala cara, Sandra. Como si tuvieras el palo de la escoba metido en el culo. Igual que Róber cuando ha salido del almacén.

    -Todo está en orden -respondí restando importancia-. Solo ha sido una bobada.

    No quise dar más explicaciones, por mucho que ella insistía. Y es que compartir secretos o intimidades con Marta, con su fama de chismosa, es como publicarlos en la prensa amarilla. Tan solo me limité a preguntar por Róber.

    -Apenas ha salido del almacén -dijo Marta entre susurros-, se ha juntado con un tipo y una tipa, y se han ido juntos los tres. No quiero aventurar nada, pero creo que han ido a follársela entre los dos.

    Asumí que sería alguna de las golfas con las que estuvo un rato antes.

    No supe más de Róber esa noche.

    Finalmente, cuando regresaba a casa, me cuestionaba cómo podía sentirme tan mal, sobre todo, siendo un tipo al que apenas conocía. En casa tumbada en la cama, comprendí que la situación me superaba, y me dormí resignada pasadas las seis de la madrugada, pensando cómo recuperaría a Róber.

    Pero esto es otra historia.

  • ¿Qué me dijo mi hermana Paca?

    ¿Qué me dijo mi hermana Paca?

    Cuando mi marido y yo decidimos no divorciarnos y volvimos a hacer vida marital. Mi hermana, fue a verme una tarde para platicar conmigo. Le ofrecí un café, ella lo aceptó, pero más tarde dijo “Ahora, dame coñac, que necesito valor para decirte a qué vine” Me sorprendí, pero le serví una copa y me pidió que dejara la botella de “Hennessy” allí junto. Yo encendí un cigarrillo y la escuché.

    –Me da gusto que hayas recapacitado y estén juntos otra vez Saúl y tú –asentí con la cabeza y esperaba una perorata moralista pues quizá ella supo que Saúl aceptó que continuara con mis amantes–. Deseo que sea para siempre y no vuelvas a involucrar a la familia en tus asuntos románticos.

    –Si lo dices por lo que pasó entre Raúl y yo…–inicié con el señalamiento donde trataba de justificarme por haber seducido a su pareja y ser ello la causa de su separación.

    –¡No! Eso ya pasó y lo que vine a decirte no tiene conexión con ello –me atajó la palabra de golpe– Déjame hablar– solicitó y le dio un sorbo a la copa para “darse valor” y seguir hablando–. Hace unas semanas tuve oportunidad de pasar una noche con Saúl, después de haberlo deseado durante muchos años –me soltó la confesión de golpe que me dejó callada.

    –… –¡No lo podía creer! Mi propia hermana. “después de haberlo deseado durante muchos años”, ¿deseado ella?, ¿mi marido?, ¿ambos?, ¿desde cuándo?

    –Iré despacio. Descubrí mi atracción por él, cuando ustedes comenzaron su noviazgo – y siguió contándome cosas que ocurrieron desde entonces.

    Mi hermana tomó otro trago de coñac y yo también me serví una copa para soportar lo que ella me contaba.

    –Algunos años después –continuó Paca–, cuando me estaba masturbando bajo la regadera con el jabón sin haberme dado cuenta que dejé la ventila inferior abierta; justo en el momento que terminó mi orgasmo, abrí los ojos y vi que Saúl me veía, recordarás que por esa ventila nosotras no podíamos ver bien, pero alguien con la altura de tu marido, esa ventila quedaba justo a la altura de sus ojos. De momento no lo reconocí y me cubrí las zonas con las mismas manos que me habían procurado el placer y me puse en cuclillas para que no me viera el mirón, quien empujó la ventila para cerrarla diciendo “Hay que cerrarla cuando te bañes”; reconocí su voz y me dio mucha vergüenza.

    –Sólo faltaba que estuvieras fantaseando con él y hayas pronunciado su nombre…–exclamé moviendo negativamente la cabeza.

    –No, todo fue en silencio –dijo, quizás aceptando que sí era Saúl el centro del pensamiento durante su gozo–. Confundida y creyendo que me vio todo el tiempo que tuve cerrados los ojos, me sequé y puse la toalla como turbante en el pelo. Colocándome la bata de baño salí y no lo vi. Caminé a la sala y él leía el periódico.

    –¿Para qué lo buscabas?, lo normal es que te hubieras metido a tu cuarto que estaba en la puerta siguiente –precisé, pensando que había gato encerrado.

    –Sí, así debería ser, pero… –no dijo más hasta haber tomado otro trago diciendo “más valor”– Le pregunté a Saúl “¿Por qué tenías que verme así?”, refiriéndome a la acción que yo había ejecutado. “Pues porque uno se baña desnudo, pero ni te vi completa, te agachaste de inmediato”, señaló, quizá para que yo creyera que no me vio masturbarme, pero me quedó la duda si me pescó o no masturbándome y cuánto tiempo. Pero resonaron en mí las palabras “ni te vi completa” y abrí la bata diciéndole “Ahora sí puedes verme bien…” Él se sorprendió, se puso de pie mirándome de arriba abajo y diciéndome “Sí, estás muy bonita”, ¡Me cerró la bata y abrochó el cinturón de ella! “Vete a vestir, bonita”, ordenó, dando media vuelta a mi cuerpo por la cintura y sobre la bata me dio una nalgada suave.

    –¿Qué hiciste después? –pregunté y le di otro sorbo a la copa.

    –Le obedecí. Me fui a vestir pues se me hacía tarde para salir. ¡Salud! –me dijo, ya entonada, y continuó–. Eso fue suficiente para mí, me emocioné bastante y soñé recurrentemente que Saúl me besaba al tenerme desnuda y cargada me llevaba a mi cuarto donde hacíamos el amor después que él se desnudaba para mí y me dejaba ver el vello negro del que salía un pene turgente y dispuesto…

    –Eso te ayudó a la imaginación de estar frente a él encuerada, pero antes de esta vez que estuviste con él, ¿tú lo habías visto desnudo alguna ocasión? –pregunté pues ella había cerrado los ojos al mencionar las últimas palabras, como si lo recordara también.

    –Sí, él era muy escandalosos al hacer el amor contigo. Me despertaba y corría a la puerta para escuchar mejor. Una vez tenían prendida la luz y pude ver algo por la orilla del marco y la regla que sirve de tope para cerrar la puerta –ambas dimos un trago más a la copa, levantándola como brindis, pero sin decir nada–. Al día siguiente, cuando él salió a trabajar y tú a comprar lo necesario para la comida, tomé un cuchillo grande como palanca y separé la regla un poco más, a todo lo largo, no tenía pegamento, sólo clavos. De esta manera no se notaba mi fechoría, pero fue suficiente para que la siguiente vez que tuvieron la luz prendida viera las escenas moviendo horizontalmente la cabeza para que la imagen se viera completa. ¡Ah, cuantas cosas ricas te hacía tu marido!, y qué apuesto se veía con el palo mojado por tus jugos –dijo otra vez esto último cerrando los ojos–. Dos años estuve así, masturbándome con sus jadeos y, a veces, cuando tenía suerte con la luz prendida, viéndolos y sintiéndome ser yo a quien Saúl tomaba del pecho, moviéndose hasta eyacular en mí.

    –¿Ya no te atreviste a seducirlo otra vez?, claro, antes de hace dos semanas –aclaré.

    –Sí, hace diez años, cuando ustedes estaban discutiendo siempre por tus aventuras con Roberto. Le dijiste que ya no lo verías, pero te volvías a salir con él cuando Roberto venía a la ciudad. Una vez escuché que le dijiste cruelmente a Saúl que mejor él se buscara a alguien que lo quisiera, que tú amabas a Roberto –ahora fui yo la que se tomó de golpe lo que quedaba en mi copa pues me he arrepentido de eso y otras pendejadas que le dije para humillarlo–. Saúl salió muy triste de la recámara, lo tomé de la mano y lo llevé a la mía; él se sentó en la cama a punto de llorar y yo me quité la blusa y el brasier, le ofrecí mi pecho, él abrió la boca y se puso a mamar, excitándose. Le bajé la cremallera del pantalón y al sacarle el pene, éste creció en mi mano. Me bajé el calzón y traté de sentarme en él. Mi teta se salió de su boca y me vio a la cara haciendo una mueca de sorpresa, bajó la mirada a mi pecho y cuando yo estaba a punto de colocarme su verga erecta en mi vagina, se levantó casi tirándome al piso. “¡No! Se parecen mucho, pero no”, me dijo, y se salió con el pene flácido colgando. Obvio, tú eres más bonita… –dijo Paca y ahora ella se tomó de golpe lo poco que quedaba en la copa; se sirvió más y me sirvió a mí.

    –¿En ese entonces tú eras virgen? –pregunté.

    –Sí, Raúl fue el primero, y Saúl el segundo, hace unos días… –Paca tomó otro gran trago volviendo a decir “valor, valor” y yo la secundé.

    –¡Perdóname por haber roto tu felicidad! –dije al bajar la copa y con lágrimas en los ojos– ¡Perdóname, Paquita! ¡Perdóname! –grité y me tomé otro gran trago.

    –De eso, no te preocupes –dijo volviendo a servir las copas– Él mostró que no valía la pena –y levantó la copa para completar el brindis antes de darle el trago –¡Gracias por enseñarme cómo era el canalla de Raúl! –y apuró gran parte de la bebida.

    –¡Buaaa! –solté el llanto, al sentirme culpable y vacié mi copa –pero ella me sirvió más– ¡Perdóname!, lo mío solo fue una de los ataques de ninfomanía que me dan –me justifiqué.

    –Ya pasó, Tita. Tú lo hiciste con Raúl, como con otros más, por esa enfermedad, pero lo que yo he hecho no sé cómo explicarlo. ¡Salud! Y ya no me interrumpas –dijo después del brindis–. El día que vino Saúl a reclamarte que habías vuelto a romper tu palabra pues vio que Eduardo acababa de salir de la casa. Se gritonearon y tú saliste del estudio gritando “¡No estoy loca!”. Yo traté de hacerte ver lo que Saúl te decía desde años atrás, que necesitabas apoyo médico y me corriste de mi recámara, a donde te habías refugiado. Salí y me entristeció la soledad en la que lloraba Saúl, mirando la cama del estudio con sábanas húmedas y ajadas, con vellos castaños y morenos, las cobijas revueltas, y el cuarto hedía a sudor y sexo. Al darse cuenta que lo observaba yo también con los ojos llorosos, él se levantó, y se despidió de mí con un beso en la frente. Me quedé muy preocupada y, al anochecer, cuando los niños y tú dormían, fui al departamento que Saúl ocupaba a unas cuadras de aquí, para ver cómo estaba.

    –Nunca te oí salir, me quedé dormida después de haber llorado mucho –dije dándole vueltas a la copa entre mis manos y recordando esa escena reciente de la discusión.

    –Sí, lo sé, también escuché cuando le hablaste a Eduardo pidiéndole que esa noche no viniera porque estabas indispuesta y diciéndole varias veces que luego le platicarías, seguramente ante su insistencia de contarle lo que te ocurría.

    –Perdón, ya estoy borracha y te interrumpí, continúa –me excusé.

    –Yo aún no me siento tomada, parece que esto no me aligera la pena –dijo volviendo a tomar un trago–. Llegué y tras la reja vi que la luz del departamento de Saúl aún estaba encendida. Esperé que llegara alguno de los vecinos y me colé. Subiéndome a la defensa de uno de los autos que estaban en la cochera, pude ver por la ranura de la cortina de la recámara que Saúl estaba desnudo, con tu fotografía a un lado, y acariciándose el pene, queriéndolo erguir para masturbarse. No perdí tiempo y toqué la puerta. “¿Quién es?”, preguntaba. “Yo, Paca”, le respondí. “Espérame un poco, déjame ponerme el pijama”, dijo y me abrió pronto. Se notaba que bajo el pijama no traía algo más, porque de la bragueta semiabierta le salían algunos vellos. “Pásale”, me dijo y, dándome la espalda, se arregló el pantalón cerrando los broches. “¿Pasa algo con Tita o los niños?, me preguntó. “Todos duermen, yo quería saber cómo estabas tú”. Saúl sonrió y me dijo “Te ofrezco algo?” Me dio gusto verlo bien, haberlo visto caliente y, entonces no supe de mí. “Sí, quiero esto”, le dije, metiendo mi mano por el resorte del pantalón y apreté lo que pude de su miembro mientras le daba un beso y me deshacía con la otra mano de mi blusa, yo tampoco llevaba ropa interior, ahora pienso que fui así de manera inconsciente. “Estás son iguales a las de ella”, le dije poniéndole una chiche en los labios y él abrió la boca, sentí cómo creció su miembro, le acaricie los testículos saqué ese pezón de su boca y le ofrecí el otro. Allí empezó todo… Él apagó la luz y me llevó a la cama. Estuvo como diez minutos entretenido en mi pecho. Nuestra ropa quedó en el piso o en otro lugar. Sin dejar de mamarme, me penetró y se movió como lo hacía contigo. Tu fotografía seguía allí, atrás de mi cabeza, iluminada con la tenue luz rosada de la pecera. Era evidente que pensaba en ti. “¡Nena, Nena! ¿Por qué eres tan puta?”, decía, y se movía con más enjundia. Cometí el error de despertarlo de su fantasía al decirle “Sí, sí, vente en mí”, cuando estaba a punto de eyacular, pues, aunque mi voz es parecida a la tuya, no es igual, además de que tú no le animabas a eso al hacer el amor. Saúl se salió de golpe y me baño el ombligo y los senos con tres chorros de esperma. “¿Por qué te saliste?”, pregunté con tristeza. “¡Perdóname, Paca!, creí que eras Tita, ¡perdóname!”

    –¡¿Qué hubiera pasado si te embaraza?! –exclamé y terminé otra vez la copa– Sigue, le pedí a Paca arrastrando las palabras y me serví más coñac.

    –Eso quería yo, tener el hijo que quería desde tiempo atrás… Ahora sí me está haciendo efecto, ya me siento tranquila –expresó y vació su copa.

    –¡¿Querías un hijo de Saúl desde antes?! –pregunté sorprendida, tratándole de servir más coñac.

    –No, gracias, ya dije lo que quería –me dijo impidiendo que le sirviera más bebida– Además, no quiero ofenderte ni decirte que ya no seas tan puta, porque ya estoy borracha. Era con Raúl con quien lo había acordado –Me lo dijo antes de quedar dormida con la cabeza sobre la mesa.

    En medio de mi borrachera me quedé pensando en todo el daño que hice al no hacerle caso a tiempo a Saúl de ver a un psiquiatra. En realidad, no me enojó que mi hermana se haya tirado a mi esposo, tampoco que otras parientes lo hubieran hecho, tratando de consolarlo y ser premiadas con un embarazo. Todo eso lo provoqué yo, también obligué a mi marido a tener amantes, aunque yo no quiera. Él probó el sexo con otras y le gustó, ¡ése sí es un pinche puto!

  • Fantasía con una mujer

    Fantasía con una mujer

    Bueno soy una mujer de 36 años, de la ciudad de Bogotá, con un enorme deseo de vivir una experiencia sexual con otra chica,  pero no es cualquier chica es la que deseo en mi mente y sé que existe, pero difícil de encontrar. Me encantan las vergas, los hombres, lo rudos que son y lo duro que cogen, pero siempre he deseado experimentar con una chica pero ha sido imposible, solo imagino ese día, que a la hora de la verdad, no creo que llegue nunca.

    Imagino una mujer profesional, madura de 30 años para arriba, profesional, inteligente, independiente, que mida 170 cm, acuerpada, con unas buenas tetas, una sonrisa encantadora y buena dentadura, piernas grandes y una cara muy femenina, pero ante todo muy sexual.

    A ese tipo de mujer me la imagino en el trabajo, alguien normal, siendo compañeras de trabajo, que hablamos poco pero hacemos gran equipo de trabajo. Un día se nos da por salir con los del trabajo a tomar algo en Chapinero un lugar muy concurrido en la ciudad de Bogotá, vamos todos y entramos a un bar y hablar, reímos y tomamos mucha cerveza, siendo las diez de la noche, todo se empiezan a ir porque tienen su hogares, quedamos ella y yo, porque no tenemos hogar y nada nos preocupa, ya un poco entondadas, me dice que me vaya para su casa, para seguirla, le digo bueno, lejos de imaginar, todo lo que iría pasar.

    Cogemos un taxi para irnos y nos vamos hablando todo el camino y riendo, hasta ahí todo normal, cuando llegamos a su apto, vive sola, dejamos las cosas en la sala y colocamos música, cada una empieza a tomar y a bailar, yo le propongo que bailemos muy sensual y empezamos hacerlo, ella de repente me dice que ahora vayamos bailando y quitandonos la ropa a la vez, yo le digo bueno, quedamos en ropa interior y empezamos a mover nuestros culos hacia abajo mientras bailamos reguetón y nos veíamos muy sexys, la mirada de las dos cambio al ver, como nos veiamos de lindas, ella se me acercó y empezamos a bailar pegadas, se dio la espalda y su culo quedo rosando mi vagina y mis tetas siento su espalda, así duramos dos minutos, sintiendo la respiración una de la otra, después ella coge mis manos y las pasa por sus senos, me gustó, le pregunto, te encanta? – ella responde si, yo le digo que también me gusta.

    Ya empiezo a mover mis manos por su cuerpo, cojo su cintura y su culo con fuerza, decido besar su cuello y pasar mi mano por la parte de atrás entre su entre pierna y empieza gemir, ella me dice más, le digo abre las piernitas y de pie bajo a su chocha, cuando tocó con los dedos está mojada, le digo, estás deliciosa, ya se da la vuelta y empezamos besarnos y juntamos nuestras tetas mientras la beso, la verdad es muy sexy y caliente, le cojo el pelo duro y meto mi lengua en toda su boca, después la llevo al sofá, la siento y beso sus tetas una por una, le digo que es una perra deliciosa y que por asolapa la voy a castigar, por tener una cuca tan caliente y empiezo a bajar hasta llegar a su vagina, tocó su clitoris y empiezo hacerle duro y ella grita de placer y mueve su cintura, dice me encanta, dame duro, eso haré, después meto mis dedos bien adentro de ella y esta mojada, abre toda sus piernas para ver su chocha rosadita y húmeda le doy lengua y después la beso, le digo estás deliciosa, ella me pone en cuatro y besa mi culo y mi vagina y gimo de placer.

    Después empezamos hacer una rica y deliciosa tijereta, donde no paramos y nos damos duro, que rico perra arrecha, sigue así no pare, están delicioso que nos sentimos, que nos venimos al tiempo.

  • Tres en la obscuridad

    Tres en la obscuridad

    ¿Qué tan excitante puede ser el sexo no consentido?

    Yo solía correr en el parque por las noches, lo hacía para relajarme de mi trabajo y mis ocupaciones. Solo un top y leggings para sentirme a gusto.

    Cierta noche, salí un poco mas tarde de lo normal por mi trabajo. Siendo viernes, el parque estaba más solo que de costumbre.

    Pase por una vereda cubierta de árboles que hacía difícil ver. De repente, sentí una mano que me cubrió la boca y me empujó hacia donde la vegetación era mas espesa.

    Tres jóvenes me sostenían contra el piso; no tendrían más de 20 años y tenían aliento alcohólico.

    Uno de ellos me agarraba las manos, otro las piernas, me impedían moverme. El tercero subió mi top despacio, cómo abriendo un regalo; dejó al descubierto mis senos que por el clima fresco, mostraban mis pezones erectos; acercó su boca y los empezó a chupar, lentamente.

    Sus amigos me voltearon y me pusieron a gatas. Mis pechos quedaron colgando; uno de ellos sacó una navaja y me la puso en el cuello.

    -No grites, ni te muevas.- me dijo y se metió bajo de mi y siguió regocijándose con mis pechos. Oí un cierre abrirse y un poco después, bajaron mis leggings de un tirón; estando a gatas, mi culo y mi vulva estaban a su merced. Unos dedos comenzaron a explorar mi vagina; mi cuerpo reaccionaba al trabajo en mis senos, la adrenalina y la situación, me empezaron a mojar. Un cilindro caliente me acariciaba de abajo hacia arriba, recogiendo mis jugos y esparciéndolos por toda la raja de mis nalgas; entre más me acariciaba de esa forma aquella verga dura, más me excitaba; la puso entre mis nalgas y era tanta la húmeda, que se estaba masturbando con ellas. El otro se sacó la verga y se masturbaba mirando.

    El que estaba detrás de mi, enfiló su falo en mi entrada y comenzó a empujar; lo hacía despacio, disfrutando el abrazo de mi cuerpo. Yo la sentía enorme, gruesa, larga; sentía que ya había ocupado todo mi espacio y aún seguía empujando. Sus huevos chocaron con mi entrada y el suspiró de placer. Cuando la sentí toda adentro, no pude evitar un temblor en mi cuerpo, los desgraciados me estaban provocando un orgasmo. Su bombeo era lento, bufaba cada vez que se metía, porque estaba muy estrecha.

    Me estaba viendo cuando sentí esa verga hincharse dentro de mi; el bombeo no cambio seguía siendo lento, el quería prolongar su placer. Se metió hasta adentro y se quedó quieto.

    -No acabes dentro… no uso ningún control… – le supliqué.

    Al oírlo, bufó y empezó a inyectar su semilla; perdí la cuenta de cuantos chorros escupió dentro de mi. Aún duro, se salió y me lo acercó a la cara.

    -límpialo bien… – me ordenó mientras me lo metía en la boca.

    Sentí otro falo invadiendo mi intimidad; los falos en mi boca y vagina me excitaron y comencé a tener otro orgasmo.

    -le está gustando… – dijo el que estaba debajo de mi.

    Mi pechos y pezones estaban muy sensibles de tanto chuparlos y de los orgasmos.

    El otro entró más fácil y bombeaba más rápido. El roce de su verga dentro de mi y en mi clítoris, estaban logrando hacer mi orgasmo más largo. Se recargó en mi espalda, me mordía los hombros y el cuello; nunca creí que me excitaría tanto el tener tantas vergas al mismo tiempo.

    Gimió en mi oído, mientras expulsaba su leche dentro de mi; era tanto lo que tenía dentro que comenzaba a escurrir por mis muslos; el olor era penetrante.

    Se salió de mi y me puso su falo en la boca y me hizo limpiarlo; cambiaron lugares y el tercero ocupó mi vagina.

    El último se extasiaba penetrándome y manoseando mis pechos; los usaba para hacer la penetración más profunda.

    Mi vagina estaba irritada y me dolía el bombeo. No tardó mucho en eyacular dentro.

    Estaba yo exhausta; el primero tenía la verga medio parada y se volvió a meter en mí. Ya no podía yo más, el esfuerzo de los orgasmos y el haber recibido 3 falos me impedía moverme. El solo bombeo un poco y comencé a sentir un chorro candente; el suspiró profundamente.

    -con esto, ya no quedas embarazada… – me dijo mientras orinaba dentro de mi.

    Nunca había sentido algo como eso, el líquido caliente salía de mi rozando mi clítoris, provocando, masturbando; no pude evitar venirme otra vez.

    Al verlos alejarse, me levante con esfuerzo; agradecí que mi ropa no estuviera desgarrada. Descubrí algo nuevo en mi; pero, como decirle a mi novio lo que quería experimentar una vez más…

  • Crucero de placer con mi hermana y mi madre (final)

    Crucero de placer con mi hermana y mi madre (final)

    «Ningún acontecimiento erótico existe aislado para ser experimentado sólo una vez y luego olvidado. Lo erótico existe sólo en la memoria: recordado, reimaginado, revivido una y otra vez en un presente incesante.» Joyce Carol Oates.

    Después del hermoso paseo a la luz de la luna y una noche tan romántica y sexual, venir caminando y encontrarnos con nuestra madre en el crucero, fue muy fuerte. ¿Se nos había acabado lo que habíamos comenzado? Lo bueno es que aun compartíamos cama con Carla.

    – Hola hijos, que alegría encontrarlos por aquí y que coincidencia más hermosa.

    – Hola mama, si la verdad estoy muy sorprendido, encontrarnos justo aquí.

    – Hola ma, viste que hermoso regalo me hizo José, necesitaba este descanso.

    Había algo raro que no me terminaba de convencer, ¿a Caro, no la había visto en el acto del mago?, bueno tal vez aún no había llegado al comedor o ceno en el camarote.

    – Si, tu hermano es una persona de gran corazón, y me gusta verlos juntos compartiendo todo.

    – El motivo de viaje tiene varias causas, te las vamos contando en el transcurso del mismo, pero sobre todo compartir con Carla la mayor cantidad de cosas.

    – Si mama, así es, ni te imaginas lo que estamos disfrutando.

    Poniendo énfasis en la última frase, se le escapo una risita cómplice.

    – Bueno mis amores, que les parece si las invito un trago en el bar del lobby.

    Casi a dúo contestaron, que bueno, se acepta.

    Nos trajeron los tragos mientras hablábamos los motivos que nos habían llevado a realizar el viaje, con Caro, sabíamos muy bien lo que nos impulsó a salir para despejarnos, pero, las respuestas de nuestra madre eran medio rebuscadas.

    Debo rescatar que mi madre estaba vestida como los dioses, portando una figura hermosísima, su físico es imponente gracias al Cross fit o como se llame la disciplina que hace, con un metro sesenta y cinco de altura, vientre plano, ese culo y sus piernas firmes, le hacen aparentar menos edad, y para no ser menos que su hijita… pechos operados también.

    Su voz me saco de mi pensamiento.

    – José, te hice una pregunta, que pensara esa cabecita…

    (Pensando) si supieras que pienso, te enojarías mucho, sumado a que me cagaste el viaje, pensando en todo lo que hicimos hace un rato con Carla.

    – Nada mama, tranquila, estaba planeando las actividades al llegar a Brasil.

    – Hijito, nos vamos a divertir, vas a ver, es una promesa.

    Carla me dijo si no me molestaba que esta noche durmiera con mama, sobre llovido mojado, me cayó como un balde de agua fría.

    – No Carla, no hay problema, yo mañana las paso a buscar para desayunar.

    Nos fuimos a descansar. Al otro día paso por el camarote de mi mama y vi algo que me sorprendió, como la puerta estaba entreabierta pase y quede perplejo, las dos aun dormían, estaban totalmente desnudas y en una silla, consoladores y vibradores, líquidos y geles lubricantes.

    Carla abre los ojos y me ve, haciéndome señas con su dedo índice que haga silencio y una seña para que me retire, me fui sin hacer ruido.

    Una vez fuera, mi cerebro trataba de procesar lo que habían visto mis ojos.

    Quedaba evidente que Carla le había contado de lo nuestro, porque mientras desayunábamos, nuestra madre no me dirigió la mirada en ningún momento.

    Pasamos la tarde tranquilos, pileta, sol y brisa marina. Nos retiramos a nuestros aposentos, quedando encontrarnos en el de mi madre a las veinte horas.

    Mientras nos bañamos y cambiamos hablamos de lo sucedido.

    – Mira José, no voy a andar con vueltas ni rodeos, lo que viste hoy hace rato que lo venimos haciendo con mami.

    – Hermanita, luego de lo pasado ayer con nosotros no soy quien para hacer ningún juicio de valor.

    – ¿Estás de acuerdo?

    – A ver, la cogida que nos pegamos, ¿te gusto, la pasaste bien?

    – Más vale, hermoso fue, la había soñado hace mucho.

    – ¿Y lo hecho con mama?

    – También, como dije hace rato de vez en cuando tenemos encuentros sexuales.

    – Entonces a disfrutar lo que resta del viaje princesa, ahora que esta la reina…

    La pasamos a buscar por su cuarto, aun se estaba bañando, entramos. Le dijo a Carla que le alcance la toalla, me desnude y le dije que hiciera lo mismo, entre al baño y aun tenia jabón o shampoo en los ojos.

    Mis manos fueron directo a su espalda desparramando el jabón que había en ella, lo que hizo más suave el recorrido a su sabroso culo, su piel se erizo, la gire hacia mí para pasar mi lengua por sus duros pezones. Con mis manos trate de descifrar el camino más erotizante para llegar a su concha ardiente.

    – Hace rato esperaba tus manos recorriendo mi figura, que tu lengua juegue con mis pezones y los chupes como mamabas en etapa de bebe.

    – ¿Cómo sabias que era yo?

    – Una madre reconoce el olor de su hijo.

    Nos secamos mutuamente, ella aprovechaba a jugar con mi verga que estaba dura.

    Carla pasó al baño para unirse a la fiesta, el lugar no daba espacio para los tres, besándonos y tocándonos salimos para dejarnos caer en la cama.

    Tantas veces imagine metiendo la verga y acabando litros de esperma dentro de mi madre, ahora que lo estaba haciendo realidad era un placer desconocido por mí.

    Carla se dio cuenta de la excitación de mi madre cuando vio su vagina chorreante de flujo, la beso por todos lados, al tiempo que le introdujo en el culo un dilatador anal, mi madre separo las piernas y le ubique un almohadón para que la vagina quedara elevada, mi hermana aprovecho para zambullirse a lengüetazos, nunca había visto chupar una concha así. Ella si sabía qué hacer, chupaba delicadamente los labios de esa chorreante vagina como buscando el premio escondido.

    Al llegar al clítoris, lo chupo suavemente, le dio unos pequeños mordiscos, esto hizo que mama arqueara el cuerpo y explotara en un tremendo orgasmo, Caro me agarro de los pelos metiendo mi cabeza entre las piernas para que sea yo quien probara esos jugos calientes de esa vagina palpitante, mi boca se atraganto de jugos agridulces que supe, no desperdiciar.

    – Te veo ahí y recuerdo el proceso inverso, Josecito saliendo de ahí, te juro que nunca se me había ocurrido que ibas a regresar, pero entrando de otra manera.

    Se ubicó arriba de mi hermana en perrito, quien le chupaba las firmes tetas con fruición, estirando con sus labios esos pezones duros. No pude aguantar más las ganas de cogerme a mi mama, le saque el dilatador anal, para, de un solo envión con mi verga deseosa de sexo y dura, llegar al fondo de la cavidad vaginal. Escuche entre gritos, gemidos, palabras que no entendía, solo sé que eran de placer.

    No dude en bombearla sin ningún tipo de piedad en un frenesí de meter y sacar. En un momento se salió de la vagina y la tomo con su mano enfilando la punta a su agujero más pequeño, que se encontraba deseoso de ser penetrado, apoye la punta y embestí casi con malicia hasta llegar a sus entrañas, mientras Carla ya se encontraba chupando la concha de mi madre mientras cómo podía por la posición la masturbaba frotando su clítoris.

    Su culo pedía más, estaba sediento de pija, palpitaba y me sorprendió que aguantara tremenda embestida que le estaba entregando.

    Ya habían acabado en tremendos orgasmos varias veces, ahora me tocaba. Aumente la intensidad del vaivén permitiéndome hacer todo el recorrido de la extensión de mi verga con precaución de no perder la ubicación ni la rítmica, hasta explotar en un tremendísimo orgasmo llenando las entrañas de mi mamita con mi líquido seminal que brotaba a mares con cada contracción de mi verga.

    Mi hermana se levantó, vino hacia donde estaba yo y me pidió que la sacara, viendo ese culo totalmente abierto que chorreaba semen, se puso a lamerlo y juntar el semen que salía con su boca, cuando ya no chorreaba más, besó a mama pasándole el líquido para que las dos pudieran saborearlo.

    En este punto y altura de la noche, nuestras pierna estaban temblando, nuestros cuerpos cansados y nuestros sexos satisfechos.

    – No señor y señora, yo soy quien organizo todo y no quiero quedar sin mi ración de pija, ahora quiero.

    – ¿Cómo decís? Como que organizaste todo.

    – Yo sabía que mama te quería caer, que deseaba tu entrada por donde naciste, que tenía una gran fantasía, que soñaba habitualmente que la embarazabas. ¿Estas arrepentido?

    – No para nada, pero me hubieras avisado, o podríamos haber tenido una charla entre los tres y organizábamos bien.

    – ¿Dónde estaría la sorpresa entonces? Cuando me dijiste del viaje, ahí hable con ella para que “de casualidad” nos encontráramos aquí.

    – Así es hijos, digo que al principio me dio un poco de vergüenza, pero me deje llevar, desde el momento que Carla me lo propuso, lo pensé y sin dudarlo acepte, ya el sexo con tu padre no es lo mismo, soy muy sexual como te habrás dado cuenta y no quería ponerle los cuernos a tu padre con cualquiera. Pero bueno, alguien aquí quiere más y vamos a darle lo que pide.

    Con mi hermana acostada, mama le introdujo uno de sus juguetes en la vagina, las deje disfrutar un rato con sus tetas, lo que me lleno de placer a mí también, acercándome, le metí la verga en su boca hasta llegar a su garganta, algo me éxito más todavía, el ruido de su flujo jugando con el vibrador, le pedí que se ponga de pie con el cuerpo sobre la cama, cosa que hizo de inmediato para recibir en su complaciente vagina todo mi miembro deseoso de esa apretada cueva, mama saco el consolador y apenas se introdujo mi pene me succiono hacia su interior húmedo, cálido, apretado, chorreante y palpitante. Su cuerpo comenzó a contornearse, su columna se encrespo como aviso del inminente orgasmo.

    Siento dos manos que se posan en mis glúteos y separan las nalgas, algo húmedo y tibio juega en mi orificio anal, haciendo que un fuego recorra todo mi cuerpo. Mientras esas sensaciones recorrían mi ser, el semen salió a borbotones impactando contra el cuello del útero de Carlita. Sin poder reprimirlo escapó de mi boca un gemido de placer que potencio y apuro el de mi hermana.

    Caímos rendidos en la cama aun con nuestros sexos palpitantes, los tres estábamos extasiados de todo lo vivido acariciando nuestros cuerpos.

    Con la promesa de seguir disfrutándonos por siempre, fuimos a ducharnos uno a uno.

    Obvio que perdimos la cena, por lo que pedimos unos sándwich al camarote organizando el resto de nuestro tour sexual.

    Lo que duro el viaje de ida y vuelta no paso un día que no tuviéramos el encuentro diario, ellas solas, mi mama y yo, mi hermanita y yo, los tres juntos, probamos todo lo imaginable y lo que quedaba por inventar.

    En Brasil, bajamos del barco solo para estar un rato en la playa, y comprar algunos recuerdos.

    De regreso, hablamos muchísimo de lo sucedido de todo lo que nos divertimos y todo los que nos queda divertirnos.

    Hace ya varios años de esto, aun nos seguimos juntando a disfrutarnos con la misma intensidad, en realidad la que viene asiduamente es Carla que sigue solterísima. Papa falleció de repente, mama no quiso venir a vivir conmigo, pero, vendió la casa y compro un departamento en el mismo edificio donde vivo yo.

  • Sandra la loba

    Sandra la loba

    Toño es un hombre corpulento de casi sesenta años que se maneja con un bastón desde que un accidente laboral le fastidiara el tendón de Aquiles, acompaña a su esposa a todas partes y en general es un buen tipo.

    Sandra es dependienta en el mostrador de carnicería de un súper: una mujer exuberante de casi metro setenta con una cara graciosa; el uniforme de trabajo es incapaz de disimular un cuerpo echo para el pecado; largas y torneadas piernas un pandero respingón los pechos redondos y de un respetable tamaño que suele mostrar siempre que tiene ocasión y descarada muy descarada: lo que se dice una buena pieza; a sus veintipocos es incapaz de recordar cuantos son sus “ex” y es que cambia más de pareja que de bolso; actualmente lleva casi un año con el mismo pero quien sabe lo que eso puede durar.

    Cuando su esposa recorre los pasillos Toño se sienta en un banco frente a la carnicería por no andar incomodando y como no es el típico viejo “pesado” cuando no están despachando las chicas suelen hablar con él; esa tal Sandra aprovecha cualquier oportunidad para “provocarlo” y él responde a las picardías de la chica con moderación aunque no sin un punto canalla.

    Un lunes casi a mediodía apareció Toño y la única que estaba libre era Sandra que como siempre empezó a caracolear para que la admirase.

    Parece que ayer tomaste mucho sol; se te ve la piel colorada.

    La chica se inclinó tirando del escote para mostrarle el pecho hasta las areolas diciendo.

    Fuimos a una playa nudista y no veas como me puse.

    — a lo que él respondió de inmediato con sorna.

    Imagino como se pondrían los demás al ver tus gracias.

    Sandra sonrió y dio el “asalto” por ganado; se dio cuenta que estaba solo y al preguntar le respondió que su mujer había ido a comer con unas amigas como hace un par de veces al año; después van a tomar helados o copas y no regresa hasta la noche.

    — preguntó entonces en que podía servirle y fijando la mirada de forma descarada en sus pechos le respondió.

    Si supieras en lo que estoy pensando no te andarías por las ramas

    Sandra se puso seria y sin bacilar le espetó.

    Me deben horas y salgo en diez minutos: media hora antes de mi hora habitual y si quieres me demuestras de lo que eres capaz.

    — Toño le guiñó el ojo y marchó empujando el carro en el que ya llevaba algunas cosas; Sandra lo vio entre los estantes mirando y echando algún producto en el carro y pensó. ¡Otro que se asusta!

    Unos minutos después entró en el vestuario de las chicas y comenzó a desvestirse; había dejado la puerta de la taquilla abierta para sacar la ropa y al cerrarla vio frente a si a Toño que la miraba con una sonrisa en los labios y que inmóvil preguntó.

    ¿Me esperabas? Si lo que decías ahí fuera era broma te pido disculpas pero si iba en serio puedo darte una muestra aquí y si te complace podemos ir a otro sitio para qué disfrutes del resto.

    — sin esperar respuesta le dio la vuelta atrapó sus pechos con rudeza; besó su cuello y le susurró al oído.

    .- sueño cada día con ese cuerpo serrano que tienes.

    — al decir eso aplastó su cuerpo contra el suyo añadiendo.

    .- voy a lamerlo todo como un helado.

    — lo dijo tras pasar la lengua desde el cuello hasta la oreja

    .- no puedo esperar para estar dentro de ti.

    — separó sus piernas con sus pies empujando su pelvis para que notara bien el “paquete”

    .- mira si la tengo dura y es por tu culpa.

    — hizo como si pretendiera clavársela.

    Mientras Sandra escuchaba su respiración se aceleró: llevó una mano atrás para acariciar ese “nabo” que se apretaba contra su culo y puso los ojos en blanco un instante.

    Toño presionó su nuca con la barbilla y ella se dobló hasta apoyar las manos en el banco; notó como el enorme capullo se paseaba entre sus “mofletes” guiado por la mano del hombre que la encarriló al fin y comenzó a meterla tímidamente entre sus labios.

    .- te voy a dar lo que te mereces.

    — fueron apenas un par de centímetros que retiró otra vez; repitiendo la operación varias veces hasta que Sandra exigió.

    ¡MÉTEMELA YA CABRÓN!

    .- eres una puta y lo sabes.

    — no había terminado de escuchar la frase cuando notó una punzada de dolor; con una fuerte embestida la había ensartado y sin pausa la sujetó por las caderas y comenzó a bombear.

    .- la puta del macho y ese soy yo.

    — cada caderazo hacia que Sandra se estremeciera; jamás había estado con alguien que la follara con esa energía; ni le pasó por la cabeza que alguien pudiera entrar y descubrirlos pues en su mente solo había una idea.

    ¡FOLLAR!

    — follar con ese tío que la estaba llevando al paraíso; con el primero de los orgasmos llegaron los problemas; Sandra es muy escandalosa pero al comenzar a bramar Toño alargó una mano y le tapó la boca; le dio varias zurras que le cortaron el “rollo” de inmediato; se giró enojada y él la atrajo aprisionando sus labios que mordisqueó haciéndose perdonar; hurgó en su boca con la lengua mientras manoseaba sus pechos y al soltarla dijo.

    Me encanta follarte pero no que te comportes como una mojigata. Prepárate para el mejor polvo de tu vida y cuando no puedas más te comeré el coño y si te portas bien volveré a la carga para reventarte el culo.

    — Sandra se dio la vuelta adoptando la postura original dispuesta a continuar; reculó hasta notar el enhiesto falo que de inmediato invadió de nuevo sus entrañas y en esta ocasión comenzó a culear a ritmo para notarlo todavía más adentro; el siguiente de los orgasmos tardó poco en aparecer pero en esta ocasión se tapó la boca con el antebrazo evitando así que se oyera aunque las continuas embestidas consiguieron que a ese primero se uniera otro para sorpresa de la joven a quien ningún “semental” había logrado servirla como “ese viejo” que la volvió loca.

    — le fallaron las piernas y Toño la sujetó para evitar que cayera; se oyó barullo y detuvieron toda actividad: se trataba de las chicas del turno de tarde que por fortuna emplean las taquillas de detrás que queda más cerca de la entrada; si ninguna iba al baño dispondrían de unos cuatro o cinco minutos para vestirse y salir disimuladamente antes de que entraran las del turno de mañana que se cambian en ESE pasillo.

    — tenían que espabilar y mientras Toño se abotonaba los pantalones recomendó a media voz.

    ¡No te entretengas! Ya te peinaras y maquillaras después; salgo por la puerta de carga y te espero en la parte de atrás; puedes acompañarme a mi casa si estas interesada en que “terminemos” lo que hemos empezado.

    — Sandra estaba perpleja además de entusiasmada y naturalmente que ¡QUERÍA MÁS! Recogió la ropa y entró en el baño donde se vistió con calma tratando de disimular las señales externas de “la calentura “que llevaba y que no desaparecería hasta que “el viejo” le diera lo suyo; sonrió ante ese pensamiento y tomó conciencia que no se trataba de un polvo; estaba lista para salir y lo hizo caminando lentamente poniendo especial atención en que no se viera las marcas que dejó en su antebrazo.

    — una de sus compañeras preguntó porque había tardado tanto en salir y le soltó la excusa que preparó mientras se maquillaba: se sacó uno de los vistosos pendientes que guardó en el bolso y a la compañera le mostró el otro asegurándole que estuvo buscando la pareja “sin encontrarlo” pidiéndole que si lo encontraba alguna de ellas lo guardara.

    — en la parte de atrás esperaba Toño que le hizo un gesto para que lo acompañara; entraron en el portal sin cruzarse con nadie y en el ascensor le dijo mirándola con ojos de vicio.

    Si pequeña si: me la puedes coger; mírala bien porque en cuanto entremos en casa te la voy a enterrar donde pille y te aseguro que me pedirás más y más.

    — Sandra se consideraba en deuda y quiso “vacilarle” además de compensar en parte a ese hombre que le había descubierto algo tan importante como su condición de multiorgásmica. Resbaló por su cuerpo arrodillándose frente a él; le sacó el cipote y comenzó a lamerlo con devoción; Toño la sujetó por los sobacos para ponerla en pie justo cuando se abría la puerta en el cuarto piso y entraba una vecina llamada “Paca” que preguntó.

    ¿Es que sube? Que putada.

    — subió con ellos hasta el ático y se quedó dentro murmurando algo sobre: “luces y flechas que se iluminan o no en su piso y algo de hablar con el presidente de la comunidad”

    — entraron en la vivienda y Toño prácticamente la arrastró hasta una especie de despacho donde había un sofá aclarándole que esa era “su habitación”, le desabotonó la blusa y vio que había prescindido del sujetador; soltó la falda y tampoco llevaba bragas; soltó su cinturón y dejó que el pantalón resbalara por sus piernas; la tremenda erección evitaba que cayera del todo; Sandra ayudó y se quedó mirándola como hipnotizada. Estaba babeando cuando oyó.

    ¡Tómala en tus manos y haz lo que te apetezca con ella!

    — se adelantó un poco se abrazó a él y volvió a resbalar por su cuerpo aunque en esta ocasión presionó el cipote contra su cuerpo; lo llevó hasta sus labios y después de unos cuantos lametones se interrumpió para mirar al hombre a los ojos y decirle vocalizando para que se entendieran claramente sus palabras.

    Quiero beberte y que disfrutes tanto como yo. ¡QUIERO HACERLO!

    — el hombre se apoyó en el sofá y la dejó hacer; como en tantas otras ocasiones se contuvo al ser la primera vez; ya habría momento de follarle la boca tal y como le apetece porque a ese tipo de mujer todo cuanto les propones les encanta.

    Lo cierto es que Sandra tenía un “toque especial” y mientras chupaba el tronco jugaba con los huevos y de vez en cuando también paseaba dedos y lengua por el perineo; para lo que Toño tuvo que separar bastante las piernas. Cuando todavía le era posible se despojó de la camisa: poco después necesito ambas manos para sujetarse al sofá y evitar caer cuando le fallaron las piernas.

    — la maestría de Sandra estaba fuera de toda duda y a pesar de que consiguió alargar el final mucho más que otras que la precedieron llegó el momento y oír los rechupeteos para evitar que se perdiera ni una gota confirmó que era una perfecta “mamona”; primero fueron potentes descargas después otras más débiles y por ultimo succiones para extraer hasta la última gota y fue en ese momento cuando se incorporó sin dejar de acariciar el cuerpo del hombre y mirándole a los ojos le dijo.

    Me encanta que un hombre sea paciente y me permita jugar con su verga sin importarle lo que haga con ella; ahora ya puedes hacerme lo que se te ocurra; soy tu puta y lo tengo muy claro.

    — la atrajo abrazándola fuertemente para sentir los pezones contra su cuerpo y le dijo al oído

    ¡Más fuerte! Dilo más fuerte. Quiero escucharte alto y claro.

    — Sandra repitió alzando la voz. ¡SOY TU PUTA Y LO TENGO CLARO!

    Eso me parecía al ver cómo te exhibías y si me convences te daré lo que quieres y ya veremos si aguantas lo suficiente para merecer ese título. Que eras una perra lo suponía. Que eres una mamona lo has “clavao”. Que eres una verdadera mujer es lo que voy a averiguar ahora.

    — parecía imposible: tenía una erección completa como comprobó Sandra a la que guió una mano para que lo comprobase; le dio la vuelta y la dobló sobre el respaldo del sofá; le separó las piernas y comenzó la fiesta; se apoyó en los riñones para dar la primera estocada que le arrancó un sonoro jadeo y al ver que llevaba su antebrazo a la boca se dobló sobre su espalda y desde los hombros paseó sus manos guiando los brazos de la mujer hacia sus costados; se irguió y tirando de sus manos comenzó el “martirio”: a Toño le encanta oír los jadeos de la mujer y cada vez que intentaba levantar el tronco elevaba sus manos y eso la obligaba a mantener la posición; la que facilitaba largos y potentes caderazos cada vez más enérgicos y cargados de esa energía que maravilla a cuantas tienen la oportunidad de disfrutarlos.

    — en esa tesitura llegó el primero de los orgasmos y Sandra se olvidó de todo; en su mente solo brillaba esa luz que percibió por primera vez en el vestuario de su trabajo y que desde ese momento seria su verdadero y único Leitmotiv; el faro que la guiaría desde ahora pues el avance había sido significativo. ¿Quién le iba a decir que “ese viejo” tenía las claves de su felicidad? Fuera quien fuera: su pareja debía acompañarla por ese camino que estaba segura que todavía guardaba alguna sorpresa.

    — los espasmos se multiplicaban y Toño supo que “la tenía”: fueron más de cinco los orgasmos que soportó antes de un desvanecimiento que la dejó grogui. Unos instantes que para él que estaba consciente solo fueron diez o quince segundos; para ella representó un paseo por ese mundo maravilloso en que todo y nada se confunden: donde no hay más “que eso” eso que en todo momento deseas: aunque seas incapaz de identificar pero con un valor añadido; sientes ese placer aumentado por mil y que parece no acabar y cuando las brumas van desapareciendo queda el deseo de “regresar” a ese lugar para quedarse.

    ¿Qué me has hecho? Me siento viva.

    — dijo apenas sin voz; agotada y emocionada al tiempo.

    Eres lo mejor que me ha pasado y no tenía ni idea que algo así pudiera existir.

    — todo eso desnuda doblada sobre el sofá y girando la cabeza para hablar con el hombre que todavía estaba dentro de ella y que no había terminado; se dio la vuelta y comenzó a culear al tiempo que lo animaba.

    ¡Eres el mejor amante que he tenido!

    — eso era evidente por cómo soportaba cualquiera de sus perrerías.

    ¡Me encanta tenerte dentro!

    — encadenar orgasmos era algo nuevo para ella: nunca había logrado dos seguidos.

    ¡Quiero que me rompas el culo! Lo habías prometido y lo quiero.

    — Toño esperaba esa petición desde hacía rato pero no se precipitó; continuó un poco más pero espaciando las embestidas; acompañó al cipote con un par de dedos que metía en la parte superior “machacándole” el clítoris aunque en realidad lo que quería era mojarse los dedos que poco después le introdujo en el culo; primero uno y después ambos masajeando alrededor; Toño es consciente del tamaño de su herramienta y no sería la primera vez que provoca escandalosas fisuras y lo último que deseaba en ese momento era asustarla.

    — el cambió de agujero fue mucho menos agresivo de lo que la mujer había imaginado a juzgar por lo vivido anteriormente; presionó con el capullo lentamente hasta superar el anillo anal; retrocedió hasta casi salir y volvió a entrar repitiendo la operación varias veces aunque en cada ocasión progresaba un poco más hasta que varios minutos después consiguió llegar al fondo del recorrido y aplastar su pelvis contra los cachetes de ese culo que acarició con delicadeza. Llevó una de sus manos delante para “ayudar” y los manejos en el clítoris cumplieron su misión; Sandra comenzó a culear al ritmo que marcaban los “pellizcos” que recibía en el maltratado clítoris y sin que Toño apenas se moviera todo comenzó a encajar.

    — los primeros espasmos llamaron poderosamente la atención de la joven pues jamás imaginó que “por ahí” lograra un orgasmo como el que a pesar de todo se avecinaba.

    — fueron muchos y fuertes los espasmos los que zarandearon a la pobre Sandra que notó resbalar por sus muslos sus fluidos y es que se “corrió” y ese orgasmo quizá por ser el enésimo fue mucho más fuerte que los anteriores o esa fue su sensación; las piernas apenas la soportaban cuando comenzaron las descargas. El chapoteo le llamó la atención y el modo en que los fluidos “circulaban” por sus entrañas la alarmaron pero no había forma de escapar de la trampa en que se encontraba; Toño se dobló sobre su espalda y besó su columna mientras la obsequiaba con las últimas y cortas descargas. Se retiró y Sandra comenzó a gritar nerviosa.

    ¡El baño, donde está el baño!

    — con las manos intentando “no salirse” corrió a saltitos hasta el baño al que la acompañó Toño; trató de cerrar la puerta y entre una estruendosa carcajada Toño le dijo.

    ¡Después de todo! ¿Te da vergüenza que te mire? ¡No seas tonta!

    — Toño trajo una toalla grande y le hizo tomar una ducha para eliminar los residuos del “escape”. La ayudó con el cabello tratando de que no se notara demasiado lo sucedido esa tarde. Estaba vestida y se escuchó la puerta; la esposa regresaba antes de lo previsto pero Toño reaccionó con calma.

    ¡Quédate aquí y espera a que salgamos a la terraza! no cierres fuerte y baja un piso por la escalera antes de llamar al ascensor. Mañana nos veremos.

    — espero unos instantes hasta que oyó.

    ¡Vamos a la terraza! me apetece tomar una cerveza mientras me cuentas como te ha ido con tus amigas.

    — Sandra llegó a su casa contenta; continuaría con su chico a pesar de haberle puesto los cuernos y trataría de avanzar por ese camino; ahora que se sabía multiorgásmica intentaría de que su chico u otro la ayudara a pasear por esa senda; había estado en el paraíso donde pensaba regresar cada vez que “el viejo” se lo permitiera.

    — al día siguiente: a media mañana vio venir a Toño con su esposa que al llegar frente al mostrador le pidió que fuera a por unas galletas de mantequilla; cuando el hombre marchó le hizo una seña a Sandra para que fuera a la punta del mostrador y allí acercándose mucho a ella para que nadie más lo oyera le explico.

    Toño me ha vuelto a ganar y ya vamos siete a uno; nos queremos mucho pero desde que le dije que ya no me interesaba el sexo y le di libertad para ir con quien quisiera; de vez en cuando hacemos una apuesta: yo le señalo una mujer y le propongo seducirla; si acepta cuenta como apuesta y como digo tu eres la séptima con la que me gana; no te apures porque nosotros estamos bien y jamás discutimos aunque comentamos lo que hace y como lo hace recordando cómo lo hacíamos antes juntos; esas mujeres son su harén y si quieres continuar formando parte estas son las condiciones; buscar un lugar donde encontraros; no exigir nada disfrutar lo que se pueda y tener claro que sois varias.

    Por cierto; no fui a comer con mis amigas; estaba en nuestra habitación desde la que vi vuestra fiesta en una tele de cincuenta pulgadas y las cámaras que hay en “su leonera” que se seleccionan con un teclado y es que Toño es un “manitas” muy considerado como has podido comprobar; eres una chica muy traviesa: casi tanto como lo era yo y eso es muy importante para los tres; lástima que me perdiera el episodio del vestuario.

    — en esas llegó Toño que sonrió a ambas mujeres que volvieron a hablar en voz alta y regresaron a su posición. Desde ese día han repetido sus encuentros; Sandra lo llevó a casa de su hermana que actualmente está en Bruselas por trabajo y más adelante ya se verá.

    ©PobreCain

  • Coronas y Hada

    Coronas y Hada

    Me contrataron para atender el bar en una fiesta en un chalet de ricos, gente de postín y pijos. No es que a esa gente le hagan falta mucha excusa para organizar un sarao. Era mi trabajo en esa época, soy un culo inquieto, un culo grande.

    Un servicio de catering lo había preparado casi todo y yo no tenía mas que presentarme con la blusa blanca y la minifalda negra. Como detalle me había puesto medias de las de ligas y un conjunto de lencería negra muy muy reducido.

    Algo rellenita, curvy le dicen, con mi larguísima melena rubia y los ojos azules jamas nadie ha dicho que yo sea fea, simplemente, una curvy, una gordi buena.

    Incluso las tentativas de algunos de los invitados me adulaban y no por que no fueran atractivos o no tuvieran dinero que eso allí parecía abundar. Estaba claro que querían echarle el lazo a todo lo que se moviera.

    Con el calor, a la caída de la noche de verano y el bebercio el ambiente se fue caldeando. Ellos con traje, tras trasegar una buena cantidad de alcohol, empezaron a perder las corbatas, las chaquetas e incluso los papeles.

    Ellas, algunas muy muy operadas para mantener una juventud y una belleza que creían se les escapaba. Vestidas, apenas, con carismos trajes de noche, bien acompañadas por maromos jóvenes hiper musculados.

    Otras, jóvenes con compañeros a los que definitivamente se les había escapado la edad, cualquier pretensión de belleza que hubieran podido tener en el pasado, una cintura delgada y hasta el pelo. Podrían llamarlos papis y en algún caso más flagrante abuelito.

    Desde mi privilegiada posición en la barra podía ver algunos jugosos besos, algún magreo interesante. E incluso algún seno o culo expuesto cuando la poca tela del vestido que trataba de ocultarlo era apartada por las ávidas manos de alguno de los fulanos allí presentes.

    No es que la fiesta llevara camino de convertirse en una orgia, vamos que más bien sí. Pero quien pudiera hacerse con los favores de un compañero sexual seguro que encontraría algún lugar discreto o no tanto en el que desahogarse. ¡Ah! creo que sí iba camino de bacanal o mucho me equivoco o esa era la definición.

    Entre tanto ricacho y putita o putito destacaba una belleza morena y de ojos tan azules como los míos que iba esquivando hábilmente las insinuaciones y manoseos de quien se le acercaba.

    La de pelo negro como ala de cuervo debía ser amiga de la dueña de la casa que se manoseaba con un jovencito en un rincón apartado del jardín. Mientras su marido le metía mano a los neumáticos melones de una rubia teñida y morena de rayos uva.

    La lasciva morena que a primera vista no parecía demasiado retocada por los cirujanos, o es que estos habían hecho un gran trabajo, apenas se cubría con un sensual vestido negro a juego con su cabello.

    Era ceñido, con la espalda desnuda hasta la hucha de un culito respingón y perfecto. Tenía un escote vertiginoso que le llegaba al ombligo sostenido por una sola cinta que le pasaba por detrás del cuello. Un largo tajo en la falda le descubría el muslo izquierdo casi hasta la ingle.

    Solo me había pedido para beber refrescos durante la tarde. Con lo que se mantenía bastante mas serena que el resto de los asistentes. No sé si eran ilusiones mías pero pensaba que le echaba algunos vistazos al bien expuesto escote de mi blusa.

    Debido al calor reinante tenía abiertos algunos botones mas de los requeridos, dejando ver bastante del nacimiento de mis pechos y buena parte del sensual sujetador negro de encaje.

    Pronto los asistentes empezaron a extraviarse en dirección a los dormitorios o a perder parte de la ropa alrededor de la piscina con lo que mi trabajo también se relajó. Ya iban casi todos bien servidos de copas.

    Hada, que así se me presentó, empezó a pasar mas tiempo sentada en la barra junto a mí comentando algunas de las jugadas mas sabrosas de la tarde.

    – No es un nombre muy común.

    – Ni el de Coronas, ya puestas. Es como si las dos hubiéramos elegido nuestros nombres o apodos.

    – Pues tú has acertado con el tuyo eres toda una belleza digna de un ser sobrenatural.

    La alagué con todo descaro.

    Siguió relatando las incidencias de la fiesta incluido el baile en tanga que dos esculturales chicas. A juzgar por su pericia, gogos de discoteca realizaban junto a la piscina al ritmo de la música calentando al personal.

    Hada me describió con pelos y señales los encantos de las dos mozas ya que las había visto mas de cerca. Lo que me indicaba que no era del todo inmune a sus gracias.

    – ¿Te fijaste en las dos chicas de la piscina? Son muy guapas. Llevaban dos vestidos muy pequeñitos hace un rato.

    – Si, han pasado por aquí a por sus copas. Muchas por cierto. A una de ellas le he visto el culito al completo. Estaba ahí mismo donde estás tú y se inclinó a atarse la sandalia. Un trasero muy bonito por cierto y parecía muy duro, pero seguro que el tuyo es mejor.

    – Gracias por eso, creía que no te habías fijado.

    – ¡Pues claro que me he fijado! Es imposible no apreciar tanta belleza.

    – Bueno, a lo que íbamos. Hace un rato que se han quitado los vestidos y están bailando. No me extraña que le vieras el culo y seguro que algo más. Sus tangas solo son cordones, al fabricante se le olvidó poner la tela.

    – Igual tengo que comprarme uno de esos para llamar tu atención.

    – Tu no lo necesitas para eso ya me has atraído y mucho. Están bailando muy bien ahí delante, no sé si son bailarinas o gogos. Mira el grupo de espectadores que han juntado.

    – Ahora solo tengo ojos para lo que tengo aquí delante.

    Aprovechando que estábamos solas en ese momento le sonreí picara y le pregunté si a mí me describiría de igual manera.

    – ¿Yo me merezco una descripción tan halagadora?

    – De ellas he visto mucho más que de ti. Vas muy vestida para que pueda dar muchos detalles.

    Devolviéndole la sonrisa me contestó que tendría que ver más de mí para poder hacerlo. Mientras uno de sus dedos jugueteaba con su escote abriéndolo hasta conseguir enseñarme el borde de la areola del pezón. No le costó mucho hacerlo por la poca tela de su vestido.

    – Tu puedes ver más de mí cuerpo, hasta ahora, que yo del tuyo.

    – Tal y como la gente está terminando con las existencias en un rato podría enseñarte todo lo que quieras.

    – Me encantaría y no solo ver.

    Haciendo una promesa que de verdad estaba deseando cumplir le dije que al ritmo que avanzaba la noche igual podíamos arreglarlo. Selló esa promesa con un beso suave en mis labios y una rápida caricia en mi culo. Puede que también deslizara la mano in poco más abajo, justo entre la falda y la blonda de la media, sobre la piel de mi muslo.

    Creo que fue en ese momento cuando me dí cuenta del no tan pequeño secreto que la morena guardaba entre sus muslos. Hasta entonces la perfección de sus formas y la sensualidad de su voz me tenían despistada.

    Por qué una sofisticada belleza como ella se había fijado en la camarera regordeta todavía es un misterio para mí. Quizá no había ninguna otra bisexual en la fiesta, pero lo dudaba. Puede que solo fuera tan superficial como todos los demás por allí y solo pensara en que yo era otra diversión sin compromiso.

    Desde luego yo no estaba como para hacer esas cábalas, simplemente me gustaba con todos sus complementos. Si ella quería diversión yo aún más y estaba dispuesta a pasarlo de puta madre con ella. Iba a ser mi primera transexual.

    Se fue en busca de un lugar discreto al que llevarme y a hacer un reconocimiento rápido mientras yo servía las últimas copas y apuraba botellas. Los dormitorios y los baños parecían ocupados y según me dijo por gente que no se preocupaba mucho de cerrar puertas.

    La piscina y sus alrededores la dominaba yo desde mi puesto y veía como las dos golfillas, perdón, gogos después de dar el espectáculo, estaban en remojo bien arrimadas a sus respectivos amantes mucho más mayores que ellas. Y alrededor de ellos había mas parejas en diferentes estados de embriaguez, digo de desnudez.

    Al final me llevó de la mano a un retirado rincón del jardín sobre la verde hierba y bajo una enorme luna llena. Donde por fin pude sacarle el elegante vestido comprobando que era casi lo único que tenía puesto aparte de sus sandalias.

    Solo con soltar un broche tras su fino y elegante cuello la ligera tela se deslizó al suelo apenas retenida por sus cónicos pechos. Necesitaba un tanguita para sujetar una parte estupenda de su anatomía.

    Y ahí cumplí con mi promesa de enseñarle mi cuerpo en un lento streep tease. Mi ropa fue cayendo despacio al suelo con la música de la fiesta que aún sonaba de fondo.

    La falda sólo con un meneo de cadera dejó a su vista el reducido tanga que apenas tapaba los labios de la vulva y las medias que solo llegabana la mitad de mis muslos.

    Mi blusa ya casi no tenía botones abrochados. Hada se había ocupado de irlos abriendo cada vez que venía a contarme algo de la fiesta. Así que deshacerme de ella y del suje no costó nada.

    De inmediato me lancé sobre ella para comérmela enterita. Arrodillada en el césped entre sus largos muslos con sus rodillas sobre mis hombros contemplé el tesoro de su polla vertical y muy dura perfectamente depilada. Asomaba del encaje negro de un elegante tanga que había hecho a un lado.

    Lentamente lamiendo la cara interna de sus muslos me fui aproximando al miembro con el sabor de su sudor en mi lengua. Me dediqué un buen rato a lamer sus huevos e incluso a jugar un rato con un dedo en su agujerito. Sabía que ella disfrutaría de su ano, y sus gemidos me indicaron que iba bien encaminada.

    Seguí subiendo. Besando la suave piel por el plano vientre a sus durísimas tetas. Me encantaba lamer sus pezones que parecían querer salir de la masa que los contenía de puro duros. Lamer sus suaves axilas depiladas, haciéndola gemir acariciando esos poco explorados puntos erogenos.

    Besar su fino cuello, incluso esa nuez que me había despistado hacía un rato. Hasta hacer contacto con los labios finos, que separándose solos al contacto de mi lengua golosa me dejaron entrar en su boca. Permitiendo que yo penetrase en su culo con dos dedos mientras nos besábamos con lujuria y mucha saliva.

    Mantenía su duro rabo duro vertical, inquebrantable a fuerza de pura excitación. Pero lo lógico era aprovecharlo, no dejar pasar esa ocasión que podía ser única.

    Mi propia calentura me llevó a subirme sobre su cadera y clavarme en su mástil, que fue entrando despacio, abriéndome y llenándome. Tan excitada estaba que no hizo falta más lubricación.

    De esa forma podía agarrarme a sus tetas y ella amasaba las mías. O yo misma me cogía una y me la subía hasta que podía lamer mi propio pezón con mi lengua.

    Hada también se incorporaba lo suficiente como para chupar mis pezones mientras agarraba con fuerza mi culo. Los venidos de ambas llenaban ese discreto rincón del jardín.

    El nylon de mis medias rozaba sus costados dando una sensación genial. Se tomó su tiempo para correrse, para llenar mi coño de semen. Para entonces yo ya había disfrutado de unos cuantos orgasmos.

    Puede que hubiera sido un chico, y tuvo que ser uno muy guapo. Pero para entonces ya sabía como hacer que una mujer se derritiera sobre, bajo o en ese rocoso pedazo de carne.

    Ambas conservabamos los tangas, solo los apartamos, y quise usar el mío para limpiarme un poco. Pero retuvo mi muñeca para coger mi cadera y tirar de mi cuerpo hacia su carita. Dejando un reguero que semen y flujo sobre su vientre consiguió que dejara mi vulva al alcance de su lengua juguetona.

    Ya me había corrido y varias veces, pero notar como su lengua recorría mi xoxito recogiendo su lefa y tocando el clítoris de vez en cuando consiguió que repitiera. Llegando a mi culo y clavando la sin hueso en mi ano. Quería su polla también allí pero ambas estábamos cansadas y aquello no reaccionaba.

    Mis gemidos se confundían con el resto de los que se oían por todo el jardín y los que subían desde la piscina. Un poco mas allá oía los suspiros y gritos de otra pareja follando entre los arbustos mezclándose con los que yo arrancaba de mi amante y ella me hacía dar a mí.

    Parece que todo el mundo había encontrado compañía de su gusto en aquella fiesta.

    Viendo que todo el mundo estaba ocupado decidí que era el momento de desaparecer. Le propuse venirse a dormir a mi apartamento, no rechazó la oferta y no ha sido la única noche que hemos pasado juntas.