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  • Mi cuñada, mi deseo prohibido

    Mi cuñada, mi deseo prohibido

    Hace poco más de un año con mi esposa nos pasamos a vivir a un departamento que queda junto al de mi cuñada Camila.

    Antes de pasar a vivir junto a mi cuñada, cuando la veía solo pensaba en ella como la hermana de mi esposa, muy bonita y todo pero nada más, aparte que es la hermana mayor.

    Cuando no pasamos a vivir al nuevo departamento mi esposa cambió, antes era más sexual, no había semana que no tuviéramos relaciones, tres o cuatro veces días, con dos o tres repetidas. Pero dejó de ser así, los fines de semana pasaba más con su hermana y su sobrina, quería que saliéramos los cuatro, los invitaba a que pasen con nosotros; nada que me negara. Ya que no podíamos tener intimidad en el día esperaba que en la noche pudiéramos saciar las ganas, pero me salía que estaba muy cansada, que habíamos tenido un día largo, etc.

    Al principio no me parecía raro, pero luego ya me molestó, primero porque pasaba hasta dos semanas sin relaciones; incluso llegué a pensar que me estaba poniéndome los cachos. En fin, en esas semanas, con el líbido y las ganas de sexo pensé en mi cuñada, quizá ella fue igual con su esposo y por eso se divorciaron. Hasta entonces no lo noté, pero empecé a comparar a mi esposa con mi cuñada. Mi esposa conversaba que se prestaban la ropa con su hermana, los vestidos y hasta los bracier. Entonces es cuando veía a mi cuñada y me imaginaba cómo eran sus tetas. Cuando ellas no se daban cuanta, veía las tetas de Camila, cuando se ponía vestidos escotados o camisas de tira y apretadas; hasta donde veía eran blanquitas, grandes.

    Cuando estábamos en su departamento los fines de semana, Camila se ponía leggins apretados, se notaba clarito su vagina. Me imagine que sería jugosa, depiladita. Eso me excitó tanto que a veces mi verga se ponía dura y tenía que disimular para que no lo notaran.

    Pasaron los meses y en ocasiones Camila notó que la miraba, y creo que no le fue indiferente porque no trató de evitarme o mostrar disgusto, más aún, a veces cuando se daba cuenta me sonreía y se miraba sus tetas y se acomodaba el bracier; luego vi que tenía nuevas blusas pegadas al cuerpo y delgadas, que se notaba su bracier, sus tetas grandes. Otras veces, cuando veíamos tele en la sala, se acostaba en el sillón y se notaba su vagina en los leggings, y sus nalgas. Se me ponía duro mi pene de imaginar como se vería en cuatro. Eso sí, solo la miraba cuando estaba seguro que mi esposa no se daría cuenta, no quería tener problemas.

    A veces Camila venía en piyama a ver a mi esposa, y fue cuando vi sus tetas, paraditas, sus pezones grandes se notaban por debajo de la blusa. Esas noches no pude evitar tener sexo con mi esposa pensando en su hermana, cerraba los ojos e imaginaba que era mi cuñada la que mamaba mi pene y lo ponía entre sus tetas para hacerme una paja, pensaba que eran las tetas de mi cuñada las que chupaba, eso ponía más duro mi pene y penetraba a mi esposa más fuerte. Cuando mi esposa estaba en cuatro imaginaba que era el culo de mi cuñada el que estaba penetrando. Hay días en que pienso como sería tenerlas a las dos en un trío, ambas son hermosas pero mi cuñada me excita de mejor manera, es el deseo de lo prohibido.

    Por fin llegó el día en que estuvimos solos y nos entregamos al deseo, ese día lo conté en mi primer relato.

  • Juego erótico de mi masajista

    Juego erótico de mi masajista

    En esta ocasión les relato mi última visita a un lugar de masajes. Los que leen mis relatos se habrán dado cuenta que mis últimos relatos han sido estas experiencias en lugares de masajes cuya reputación caen en esos que no se puede esperar que haya cosas ilegales y la verdad que no hay cosas ilegales, pues el sexo se da por puro consentimiento de ambos y no se involucra un pago extra que lo pueda colocar como un acto de solicitar u ofrecer prostitución. En esta ocasión me encuentro en línea un lugar que ya lo había visto en la calle, pero nunca me llamó la atención visitarlo, pues este no queda en un lugar comercial, este negocio es una casa común y corriente que queda en un bulevar principal y por tanto también puede funcionar como lugar de negocio.

    Viendo la información en línea, parece que solo se atiende con cita pues uno debe de pagar un pago mínimo de $50.00 y el resto dependiendo el servicio se paga al llegar al lugar. Debo decir que el sitio en la red muestra los certificados de cada una de las masajistas, lo que te da la impresión de que estas chicas son profesionales y que uno no debe esperar nada más que un rico masaje. Además de los certificados, estas mujeres tienen en común un bonito rostro, pues muestran un perfil de las masajistas, aunque la foto solo muestra sus rostros. Todas parecían tener una edad entre 25 a 35 años, al menos ese es mi estimado y decidí hacer la cita con una chica de rostro muy bello de nombre Alisa.

    Llegué vistiendo mis pantalones y chaleco deportivos y para agregar un poco de morbo me llevé puestos de esos calzoncillos estilo bikinis de tela semi transparentes de color blanco, lo cual es como estar desnudo y prácticamente se me mira el paquete comprimido cuando algo me excita. Toqué el timbre lo cual activa a la vez una cámara y escucho la voz de esta chica diciendo que aguarde y que llega en cinco minutos. Como siempre, soy de los que llegan de diez a quince minutos antes a cualquier cita, es mi naturaleza. Con los minutos veo llegar a esta hermosa mujer en un Mercedez Benz deportivo de color plata y Alisa se baja vistiendo unos leggins de color blanco y también por el frío de estos días lleva un suéter de color rojo que infortunadamente le cubría buena parte de su trasero. Aun así, estimé que debería tener un bonito y redondo trasero, al igual que inclusive vistiendo ese suéter, estimaba que Alisa debería usar brasieres de talla de copa C. No muy grandes, pero tampoco pequeños. Me saludó por mi nombre y me hizo pasar al interior.

    Entré en lo que parecía una sala normal muy bien decorada y Alisa se excusó y me pidió que aguardara unos minutos en lo que ella se alistaba y preparaba las cosas para el masaje. Cuando salió con los minutos Alisa me sorprendió porque se había hecho una cola con su cabello rubio que le llegaba a media espalda y el suéter se lo había removido dejándome ver una cintura bien definida y unos pechos que sobresalían en una blusa roja con un escote bastante sugestivo. Era una delicia ver a esta rubia, pero lo más rico y que hizo reaccionar a mi amigo fue ver ese redondo y perfecto trasero bien definido por ese ajustado leggins y que ahora podía leer el emblema de la marca en su parte trasera. Me pidió pasar a uno de los cuartos y este estaba semi iluminado y se escuchaba música de relajamiento y me invitó a tomar el baño en un yacusi que se podía sentir el agua con una agradable temperatura. Me pidió que me desvistiera y que tomara el baño y que ella vendría en unos cuantos minutos para empezar el masaje. El yacusi estaba condicionado para este tipo de negocios, pues prácticamente uno se podía acostar y ponerse cómodo y recibir como masaje previo la presión del agua que aparecía con fuerza por diferentes partes del cuerpo. Alisa salió y yo me desvestí y quedé totalmente desnudo en el yacusi a solas. A los minutos volvió a llegar y me pidió que me parara pues ella me iba a secar con unas toallas que llevaba. No dude en hacerlo, pues imaginé que Alisa estaba acostumbrada a ver a hombres desnudos todo el tiempo. Alisa quizá mida el metro sesenta, pues me llegaba al hombro y ella se paró en una de las gradas de la pileta para secarme la cabeza y el cuello. Creo que se incomodó en algo cuando me secaba la verga y esta había reaccionado con el estímulo de ese toque y el morbo que esto implica.

    La habitación era de buen tamaño, pues además del yacusi había una cama con su tocador, un pequeño sofá con una mesa, a un lado estaba la camilla de masajes y también una cama que, si no era matrimonial, era de buen tamaño. Me llamó la atención que no escuché llegar a nadie más en esos minutos y todo parecía que solo éramos ambos en toda la casa. Alisa me preguntó si quería que abriera las cortinas o si prefería el ambiente de semi luz del lugar. Opté porque las abriera, pues ella también me decía que los vidrios eran polarizados y que no se podía ver hacia adentro. La vista era agradable, pues era un bonito jardín con algunas fuentes de agua y una pequeña piscina entre unos pastos muy bien cuidados. Me acosté en la camilla especial boca abajo y Alisa comenzó con el masaje, primero con una toalla en forma de secarme y luego con otra más pequeña y seca me cubrió el trasero y se dedicó primero a masajear mis hombros posándose ella en la punta de la camilla dejándome sentir no solo sus manos, pero también su pelvis friccionando mi cabeza.

    No sé si estas mujeres lo saben, pero uno comienza a imaginar cosas con solo ese roce de su cuerpo. Alisa, desde ese punto llegó a mis glúteos y obviamente podía sentir su abdomen sobre mi cabeza y el roce de sus pechos de vez en cuando y todo junto a su perfume me estaba excitando que la verdad con los minutos mi liquido preseminal vertía y sabía que iba a dejar mojada esa sabana. Por un momento estiré mis brazos hacia adelante y Alisa seguía haciendo más de lo mismo en esa posición y ahora ella estaba entre mis brazos y sentía ese roce con sus bien definidas caderas. No sé si llevaba tanga o algún tipo de bragas, pues la verdad no se le traslucía o definía sus relieves. Me echaba algún tipo de aceite cuando me hacía plática acerca de mi colonia. Le di el nombre de esta y fue cuando me lancé a ver qué posibilidades había para terminar el masaje con algún final feliz.

    -¿Eres casada? – le pregunté.

    -Si… y usted ¿casado?

    -No… soy soltero.

    -¡Wow… eso no me lo esperaba!

    -¿Por qué lo dices?

    -¡No sé! Me parece un hombre muy elegante, un hombre de familia. Lo menos que usted representa es ser un hombre soltero. Aunque si había hecho una observación, pues no se le nota ninguna marca de anillo en sus dedos. ¿Pero si tiene alguna amiga especial… una novia?

    -Tampoco… quizá no tanto me (Y pare el hilo de ese pensamiento y se me cruzó en la mente decirle). – Bueno, para que tengas una idea, el único contacto con alguna mujer en los últimos tres meses fue una chica como tú que me dio también un masaje.

    -Difícil de creerle, pues como le dije, usted me parece un hombre muy elegante para que sea soltero.

    -¿Tienes hijos? -le pregunté.

    -Si, tengo una nena de 10 años.

    -¡Eras una adolescente cuando la tuviste?

    -No… tampoco. ¿Cuántos años cree que tengo? Tenía 22 cuando di a luz a mi hija y ya con eso le dije mi edad también. – y Alisa se ponía a reír.

    -Solo una nena… ¿No piensas ir por el varón? Ya pasaron diez años.

    -Uh… no lo creo. Tuve una cesaría en ese parto y el médico me dijo que los más probable me harían otra cesaría si salgo embarazada. Es que soy muy reducida… mire lo que le estoy diciendo. – dijo ella como sorprendida.

    -¿Reducida? -Repetí.

    -Si… soy reducida… usted sabe de dónde. -dijo como sugiriendo pena.

    Se había ido la primera hora de masaje y en esta plática y ahora Alisa me pedía que me volteara y hasta me puso una almohada. Vi que sus ojos enfocaban mi verga que estaba erecta pero no a su máxima potencia y ella con cierta delicadeza me puso la misma toalla que antes me cubría el trasero, ahora me cubría la verga, aunque por su estado se miraba levantada y ella como que se sonrió. Pensaba al resumir el masaje enviarle el mensaje y decirle que era una mujer muy hermosa, pero fue ella la me dio un cumplido similar:

    -Tiene un cuerpo bien tonificado… parece que se ejercita mucho.

    -Tú no te quedas atrás. Tienes un cuerpo muy atlético y sin que no me lo tomes a mal, tienes un rostro muy hermoso.

    -¡Gracias! Mire que ya me hizo que me sonroje. A propósito… disculpe mi desconcentración. Olvidé preguntarle si tenía alguna precondición… Algún lugar donde no tenga que aplicar presión o, al contrario, algún lugar donde deba aplicar más presión.

    -No te preocupes… todo me ha parecido muy rico, pero una vez más no te me molestes, he disfrutado de tu perfume de mujer y de tu belleza y solo con eso valió la pena hacer esta cita. Realmente eres una mujer muy bella.

    Ella estaba por la zona de mi cabeza cuando me masajeaba mis pectorales y tenía esas tetas que parecían se le salían por ese escote, obviamente mi verga ahora si estaba en su potencia erecta. Y como he dicho antes; las mujeres se excitan igual que uno. Si… mi verga estaba bien tiesa de solo oler su perfume y sentir sus manos sobre mi piel, al igual ella creo estaba excitada tocándome e imaginando mi verga que hacía levantar aquella toalla. Realmente yo no me iba a lanzar en las primeras, especialmente que era una chica muy linda, con una hija y casada y no quería arruinar ese ambiente amigable y sensualmente mágico que su naturaleza creaba, pero creo que ella estaba más excitada que yo por todo ese ambiente y fue ella la que poco a poco me fue guiando a tomar ciertos pasos. Todo comenzó por su observación a sentido de pregunta:

    -Es usted todo un caballero… realmente me encantan los hombres maduros como usted.

    -¿Por qué lo dices?

    -Bueno… quiero buscar las palabras apropiadas. Bueno, después de media hora de masaje es el primero que no se ha sobrepasado y no me insinuado alguna propuesta indecente. Y eso me hace calificarlo como todo un caballero.

    -La verdad… te juró que me ha costado y si pudieras haber leído mi pensamiento, no pensaras lo mismo de mí. – Alisa sonreía con un tono de risa.

    -Bueno… eso es lo que hace a un caballero; ese autocontrol. Me gusta su personalidad y quizá sea esta la que me pone a riesgo a mí. ¡No sé si me estoy saliendo de mis fronteras!

    -¿De qué hablas?

    -¿Mire… usted sabe lo que es un masaje de b2b? (termino en inglés)

    -No… realmente no lo sé. (realmente no lo sabía)

    -Mire… siempre lo he querido hacer, pero con la persona adecuada. ¿Usted cree que se puede controlar con ese tipo de masajes?

    -Creo que debes explicarlo porque no tengo idea de lo que hablas.

    -Mire… lo que significa b2b es que es un masaje de cuerpo a cuerpo. Yo masajeo su cuerpo con todo mi cuerpo, pero… usted se debe de controlar. ¿Quiere que lo intentemos?

    -¡Por supuesto! Espero no decepcionarte.

    -No creo que me decepcione… creo que usted es el candidato perfecto.

    -No sé si tú estás contra el reloj… ¿Y esa puerta tiene llave?

    -No se preocupe por el reloj… y de esa puerta, le aseguro que nadie la abrirá más que usted o yo. -me dijo.

    No sé si aquello era un experimento social, pero la idea no solo me encantaba, me excitaba. Me pidió pasar hacia la otra cama… cama que era más tradicional para los trotes del sexo o el ring de las batallas del amor. Me moví hacia esa cama cubriéndome con mi toalla como si fuera realmente necesaria. Me acosté poniendo una almohada y vi como esta hermosa mujer comenzó a remover sus leggins y quedo solo en sus bragas que eran del mismo color y que eran como una especie de pantalón corto deportivo de una tela elástica pero muy suave y no tenía costuras gruesas que se le marcaran a través de esos pantalones. Ella se subió sobre la cama y su rostro se acercó a mi oído y me dijo en forma de advertencia o condición:

    -Creo que usted es el hombre adecuado para esta fantasía… por favor no me toque y no me diga ninguna palabra. Al final, creo que usted y yo gozaremos de este momento.

    -Es una prueba difícil, pero si eso es lo que quieres, creo que tienes al candidato adecuado. -le dije.

    Alisa tomó la posición como si me fuera a montar de enfrente y ella continuaba con su pantaleta blanca y su blusa roja con ese escote llamativo. A penas pude observar sus bragas, pero esta tela revela fácilmente la humedad y supe que los tenía ya mojados. Me sonreía coquetamente y me volvía a recordar esa misma condición. Me pidió que pusiera mis brazos cruzados y con mis manos acomodar mi cabeza. Tenía en mi cerebro esa manera ceremoniosa de como se bajaba los leggins y esa imagen de ver esas piernas de tes blanca y estructura alargada realmente me excitaban. Ella removió la toalla que cubría mi verga y podía sentir el calor de su vagina y pude sentir plenamente su hueco húmedo cuando mi falo se vio comprimido en esa abertura divina. Solo era la tela de esos calzones deportivos los que separaban nuestros sexos y no pude resistir en decir: ¡Que rico!

    Ella me daba otra condición de no decir nada y que me mantuviera callado. Se miraba tan hermosa cuando me lo decía y Alisa se llevaba un dedo a los labios como señal de silencio. No entendía el porque el silencio si no había nadie en aquel lugar e inclusive la música de relajamiento había cesado y solo se escuchaba ese friccionar de las rodillas de esta mujer en la cama. Ella se llevó las manos hacia el extremo bajo de su blusa y la tiró hacia arriba para removérsela. Me quedaba ante mi solo con ese brasier blanco y podía observar ese cuerpo tan perfecto de piel blanca salpicado por algunas pecas por los hombros. Ese brasier le elevaba las tetas y se las hacía ver más grandes a través del escote y su parsimonia me desesperaba por querer ver eso pechos desnudos, pues estos desde mi posición se miraban espectaculares. Estuvo así por un par de minutos y con sus manos me frotaba los pectorales o masajeaba alguna de mis rodillas. Yo me mantenía callado.

    Parecía que se tomaba su tiempo, pero solo habían pasado dos minutos, los cuales me parecían eternos y se desabrochó el brasier de la parte frontal y ante mi quedaban desnudos uno de los más perfectos pechos que mis ojos hayan visto en mi vida. Tenían una forma redonda con un pezón café claro que parecían erectos, pues al igual que sus pechos estos también eran redondos y me llegó la sensación de tocarlos y mamarlos, pero no quería arruinar el juego o examen erótico de Alisa. Ella se levantó de la posición que estaba y me pidió que me pusiera boca abajo. Hice caso a su pedido y luego siento que esta linda mujer se acostó por sobre mí y siento esos dos hermosos pechos en mi espalda mientras Alisa masajeaba mis brazos con sus pequeñas manos. Su calor y su perfume eran deliciosos, pero esa sensación de sentir sus pechos sobre mi espalda hacía que mi verga vertiera mucho más liquido preseminal. Me dio un par de besos por la espalda mientras friccionaba su cuerpo en contra el mío. Ella se dio vuelta y ahora estábamos espalda contra espalda y podía sentir esas nalgas contra mi espalda baja y toda esa sensación más la imaginación volvía todo aquello extremadamente erótico.

    Con los minutos me pedía que volviera a la posición original y se sentó sobre mí al nivel de mi abdomen y me pidió que me llevara los brazos hacia atrás, como antes los tenía y por primera vez me pone su rostro frente al mío y veo como saca su lengua de una forma muy provocativa y sensual y la pasa por sobre mis labios. Tenía tiempos de no sentir una sensación así, pero ese roce de su lengua me mandaba un torrente de electricidad por todo el cuerpo comprimiendo mi glande suelto y llegando a mis huevos. Se acercó a mi lóbulo derecho y me dijo de una forma muy seductora: -Eres un hombre muy guapo y todo un caballero… verdaderamente me gustas, tienes una carita tan seductora de angelito bueno, pero intuyo que has de ser un diablillo en la cama. – Y volvió a lamer mis labios sin yo corresponder. Deslizó sus tetas por todo mi pecho y podía sentir esos pezones recorriendo mi abdomen hasta que los sentí llegar a mi verga. Mi verga estaba tan mojada que sus tetas quedaron empapadas de mi lubricación. A ella no le pareció importarle y por primera vez me toma del falo y se pegaba con mi verga en las tetas. Llegó rozando con sus tetas mis entrepiernas y rodillas y luego regresó haciendo el mismo recorrido y haciendo las mismas pausas en los lugares claves. Alisa estaba jugando con mi ansiedad, juego que muchas veces yo he sometido a muchas mujeres. Ella no sé con qué propósito lo hacía, pero la verdad me gustaba su juego. Volvió a tomar la posición de montarme y nuevamente mi falo quedaba doblado apuntando mi rostro y esta chica comenzó a mover su pelvis como si lo estuviera follando. Movía sus caderas de una manera muy seductora y me miraba con esa carita inocente y desde mi ángulo miraba como frotaba su conchita sobre mi verga y por más esta en decir que sus bragas blancas se miraban semitransparentes de lo mojado que estaba esa zona. Podía oler las feromonas regadas por toda la habitación de nuestros sexos y esta chica sin decir palabra, pero con su mirada me decía que lo estaba disfrutando.

    Con los minutos volvía a hacer otra pausa y esta vez se dio la vuelta para montarme a la inversa y esta vez podía ver ese redondo trasero cubierto solo por ese calzón deportivo y la verdad se le miraba precioso, que si alguien no tiene ese control mental capaz se va por sobre ella o simplemente te hace acabar a las primeras. Esa carita y ese hermoso cuerpo es la pócima perfecta para encontrar el paraíso fácilmente. Ese movimiento de sus caderas es una delicia y desde mi ángulo era una delicia ver como friccionaba mi verga que tal parecía no había esa barrera de la tela de esos calzones. Me tenía al borde y creo que ella también estaba en ese borde. Por lo delgado del calzón supe que tenía un tatuaje en una de sus nalgas, (Era una gatita) también había observado en la parte frontal una mancha oscura que no sabía si ese día los iba a descubrir. Por suerte Alisa hizo una pausa con sus movimientos y en esta ocasión se para por sobre la cama y me dice de nuevo: -Tienes un autocontrol que me dejas admirada… ya me imagino como has de ser en la cama. – Yo continuaba en silencio y solo le brinde una sonrisa y luego ella frente a mí se removió su calzón mojado por la secreción de ambos y me dijo de esta manera: Este masaje es cuerpo a cuerpo y ahora quiero que cierres los ojos, pues esto no quiero que lo veas, solo quiero que los sientas. – Y diciendo esto, me pidió que cerrara los ojos y me puso su calzón en el rostro y esa parte mojada me la puso al nivel de la nariz, que podía oler nuestras secreciones. Luego sentí sus labios por sobre mi glande y pensé que me iba a dar una mamada como final, pero me equivocaba, el beso a mi glande lo siento tan rico, pues fue algo delicado que apenas sentí las paredes de su boca y luego sentí que volvía por sobre mí en la misma posición montándome de enfrente y esta vez no había barrera, era su concha friccionando mi verga.

    Podía sentir ese calor hirviente de su panocha y ahora concentrado en el olor de su calzón y mi vista nublada por estos, mi sentido auditivo se volvía mas agudo, pues ahora por no poder ver, imaginaba lo que pasaba guiado por ese chasquido del friccionar de nuestros sexos, lo que antes no le había puesto atención porque todo lo podía ver. La respiración de Alisa se volvía profusa y su vaivén semi lento en todo esto se volvía un poco más acelerado. A través de una imagen difusa pues sus calzones me bloqueaban la vista vi la silueta de esta bella mujer jineteando hasta encontrar el cielo del placer. Se llevó las manos a sus preciosos pechos y comenzó a gemir del placer. De repente elevó su ritmo a revoluciones extremas y solo dijo una pequeña frase que me hizo saber estaba viviendo un orgasmo: ¡Oh my god! -dijo. Yo no resistí más, pues el olor de su calzón, los gemidos despavoridos y el calor de su vientre hicieron que explotara y todo mi semen cayo por sobre mi abdomen. Se sentía el olor, se vivía el placer del sexo y me quitó su calzón de mi rostro y de nuevo me volvía a saborear mis labios con su lengua y me dijo: ¡Eres increíble!

    El reloj marcaba 20 minutos más de la hora de masajes pactada y Alisa me llevó al baño para que nos aseáramos y estando ahí comenzó la plática:

    -¿Te gustó el masaje?

    -¿Puedo hablar? – le dije sonriendo.

    -Tú no pareces sumiso… gracias por hacer caso de mis locuras.

    -La verdad tú sabes que me encantó. Lo único que no me gustó, es que no podía tocar y hablar y quizá eso hizo que aguantara lo que aguanté. Tener esa barrera, como que bloqueaba en ciertos momentos la excitación. ¿Haces esto con tus clientes?

    -Honestamente se me ocurrió hacerlo contigo porque simplemente me caíste bien y te mostraste muy respetuoso.

    -No sabes lo mucho que me costó. ¡Eres una rica tentación!

    -Cuando estiraste tus brazos cuando comenzamos el masaje, pensé que me ibas a tomar del trasero… la verdad que me excitaste, pero también sentí como halago el hecho que no te hayas atrevido. Entonces supe que trataba con todo un caballero. Dime Antonio ¿verdaderamente eres soltero?

    -Si… ¿Por qué… no me lo crees?

    -Es que eres un hombre muy guapo y con seguridad podría decir eres un seductor. De seguro has de tener algunas mujeres.

    -No te niego que de vez en cuando tengo suerte y hoy mira que he tenido suerte… encontrarme con una chica tan hermosa como tú y vivir esto.

    -En mi caso, yo he sentido que he tenido suerte encontrarme con alguien como tú. Quizá por tu seriedad y tienes un instinto que no sé cómo llamar es que me atreví a hacer lo que hice.

    -No me digas que esta es tu primera vez haciendo esto con un cliente.

    -La verdad que si… nunca lo había hecho con un cliente y hoy como si todo se puso en su sitio. Están remodelando las otras habitaciones y no ha venido nadie por ello, ni clientes ni las otras masajistas y luego tú te apareces con esa sonrisa tan seductora.

    -¿Le habías sido infiel a tu esposo antes?

    -¿Cómo? No hemos tenido sexo… solo ha sido un masaje b2b… no ha habido penetración. -Y sonreía.

    -Bueno, para mi todo lo que hicimos fue sexo.

    -Para mi es como haber llegado a segunda o tercera base. Un Home Run ya es otra cosa. Y no te miento, le he sido infiel a mi esposo en varias ocasiones con uno de mis exnovios. Es que… es difícil de explicar. Mi esposo es monótono y cuando me sentía presa de esa monotonía siempre recurrí a mi ex, pues con él era más libre en la cama.

    -¿Todavía lo miras?

    -No… es que el cometió el error de casarse y quizá hubiera continuado, pero se movió para otro estado.

    -¿Te lo hacía más rico tu ex entonces?

    -Ni dudar… una diferencia entre el día y la noche comparado a mi esposo. -me dijo.

    La verdad que había tenido una rica corrida a pesar de que de cierta manera me corrí en el vacío, solo friccionado por la panochita exquisita de esta bella mujer. Ahora la tenía frente a mi bañándonos ambos desnudos y realmente yo quería más, pero no sabía si ella quería más. Si te gustaría saber que pasó después de este baño, escríbeme a mi correo electrónico y hazme las preguntas que quieras y te enviare el resto de esta experiencia exclusivamente a ti. Quizás recibas una rica sorpresa.

    [email protected]

  • Melissa (3)

    Melissa (3)

    Mande a mi esposo solo al aeropuerto, aún era muy temprano por lo que mi hermana seguía arreglando a los niños para enviarlos a la guardería, igualmente ella y el esposo se arreglaban para el trabajo, yo les ayude haciendo el desayuno, a los niños los recogió la ruta para el jardín, mi hermana y el esposo se iban en su auto, yo me dispuse a lavar los platos del desayuno cuando sonó el timbre, eran mi hermana y su esposo, cuando estaban en el parqueadero y a punto de subirse al auto, Arturo, el esposo de mi hermana piso mal y parece que se disloco el tobillo, venia apoyado de mi hermana, era tan enorme que casi que caía por su peso, yo me dispuse a ayudarla pero la verdad no podíamos con el para que subiera a su cuarto.

    H: Debemos llamar a una ambulancia

    A: Amor tranquila, es solo un esguince, ya se me pasará, ahora llamo a mi jefe que no podré ir hoy y cuando pueda subo a mi cuarto a reposar, no te preocupes

    H: Bueno, pero yo si tengo que ir al trabajo, trataré de salir más temprano pero tengo muchas reuniones programadas

    A: No te preocupes, ahora subo y me acuesto, con reposo se me pasa el dolor y más tarde hago algo de comer

    Y: Tranquilo Arturo, por lo de la comida no te preocupes, obviamente yo me iba a hacer algo

    H: Meli, tu que estudiaste enfermería lo puedes ayudar, hazle un masaje o algo en el tobillo

    Y: Claro, ahora te hago una compresa de agua tibia y te froto una pomada que tengo para los músculos

    A: No, que pena contigo, yo ya subo a mi cuarto y me recuesto un rato para que se me pase

    Y: Claro que te vas a acostar, pero si no vas a ir al medico, al menos yo te puedo ayudar, cierto hermanita?

    H: Si, por favor ayúdalo, que se sienta bien porque si no debemos llevarte a la clínica, bueno yo voy muy tarde, cualquier cosa me avisas porfis Meli

    Y: Claro, cualquier cosa te aviso

    Mi hermana se fue y quede sola con su esposo, yo estaba aun con mi pijama, un short cortisimo que mostraba todas las nalgas y una blusa de tiritas, que por poco salían mis tetas al aire.

    A: Bueno, yo voy subiendo

    Trato de subir pero le costaba mucha dificultad, así que me ofrecí a ayudarlo, el paso su brazo sobre mi hombro y su mano quedó muy cerca a mis tetas, al solo sentir su contacto mis pezones se pusieron como rocas, estaba tan caliente que me acerque más a el para que pudiera tener mi teta en su mano, el la retiro como si hubiera tocado algo caliente y me miró con cara de disculpa

    Llegamos al cuarto y lo ayude a ponerse en su cama.

    Y: Te ayudo a quitarte las botas

    A: No como crees, yo me las quito solo, no te molestes, es más ya estoy aquí acostado, ya tu puedes relajarte también jajaja

    Y: Claro, pero le prometí a mi hermana que te cuidaría, así que voy a hacerlo jajaja

    Le quite la bota y oh por dios!!! Su pie es enorme, si el mito de los pies grandes es verdad, ya me imaginaba la inmensidad de verga que tendría, pero me sacudí la cabeza, es el esposo de mi hermana, pensé.

    Y: Bueno, voy a hacerte un masaje, veo que esta un poco inflamado, eso es porque esta con la sangre «estancada» en tu tobillo y necesitamos que fluya.

    A: OK, pero no tienes que molestarte

    Y: No es molestia

    Empecé a sobar su tobillo, con una técnica que aprendí de mis días de enfermera, mire a ver como se sentía y lo que vi me dejó perpleja: una enorme carpa se formaba en su pantalón, era un bulto enorme, perdón hermanita pero al menos quisiera ver que te estas comiendo, así que seguí subiendo mientras lo masajeaba, por su pantorrilla.

    Y: Sabes, creo que tienes que quitarte el pantalón, es muy grueso y no puedo levantarlo bien

    A: E-e-e-ste… dejemos así mejor, no me sentiría cómodo quedarme solo en bóxer delante tuyo

    Y: Tranquilo, yo fui enfermera, y vi muchas cosas, esto digamos que es recordar viejos tiempos, ven te ayudo.

    El se desabotono el pantalón y yo lo fui bajando, si su paquete era enorme con el Jean puesto, ahora así se le formaba una enorme anaconda en sus pantalones. Yo solo me saboreaba

    Y: Este masaje hace que suba un poco la sangre, así que si sientes que algo se llena de sangre, debes decírmelo porque debo masajearlo

    Seguí subiendo lentamente, masajeando suavemente su pantorrilla, seguí hasta su rodilla y su muslo, tocando suavemente con mis dedos sus enorme bolas envueltas en la tela de su bóxer, lo que lo hacía gemir de una forma deliciosa, vi que su enorme verga se estaba saliendo por la parte a arriba de su bóxer de lo dura que estaba, era mi momento de actuar:

    Y: Oh, creo que la sangre subió hasta tu… bueno, tu… pene.

    A: Lo siento mucho, solo que llevo mucho tiempo sin… perdón, lo siento lo siento.

    Y: No te preocupes, pero en este caso, como es por el «masaje», necesito que la sangre baje de… bueno, de ahí

    A: Si… si tranquila, yo voy al baño y

    Y: Nooo, esto tengo que hacerlo yo, permíteme

    Saque su enorme verga, ufff estaba durísima, sus venas palpitando, empecé a masturbarlo suavemente pero el empezó a gemir fuertemente señal de que ya se venía.

    A: Lo siento, me voy a venir aaaah

    Inmediatamente puse mi boca en su enorme cabeza, traté de tragarme todo pero era demasiado, salía semen por la comisura de mis labios bañando su enorme verga de su leche .

    A: Perdóname, llevo mucho tiempo sin que tu hermana me tocara así y pues… lo lamento.

    Y: No te preocupes, esto fue mi culpa también jijiji, déjame te limpio

    Empecé a lamerle todo, dejando su verga completamente limpia de semen que trague gustosa, mientras seguía lamiendo su enorme falo, seguía igual de dura.

    Y: Sigue muy dura, tengo que usar medidas extremas.

    Inmediatamente me desnude y me senté en su enorme verga, enterrandomela toda de un solo senton en mi vagina que golosa la recibió toda, empecé a menearme arriba y abajo, la sacaba toda y me la volvía a enterrar toda disfrutando de su delicioso pene, siento que se pone más grande y me empieza a soltar chorro tras chorro de leche espesa y caliente en mis entrañas mientras me venía en un mar de jugos vaginales que me hizo estremecer y acostarme sobre el pecho del esposo de mi hermana.

    A: Wow, es el mejor masaje que he recibido en mi vida

    Yo solo le sonreí mientras su verga empezaba a perder dureza e iba saliendo lentamente de mi vagina haciendo que mojara toda su pelvis.

    Dormimos un rato así abrazados, luego el se levantó y me cargo llevándome hacia la ducha, donde nuevamente me penetro hasta corrernos juntos, luego se vistió y su pie ya no estaba mal, pero me dijo:

    A: Voy al medico, que me incapaciten estos días así me puedes masajear todos los días.

    Yo sonreí y me abalance a su verga dándole un beso sobre su ropa.

    Volvió del médico unos minutos antes que la ruta de sus hijos, lo que me dio la oportunidad de darle una deliciosa mamada devorándome todo su sabroso semen que desbordaba toda mi boca: Consiguió que lo incapacitaran por 3 días, y siendo hoy miércoles tenía hasta el viernes para cabalgar su enorme polla durante todo el día: Recogimos a los niños, luego llego mi hermana y el le contó de la incapacidad, mi hermana obviamente se preocupo pero me dijo:

    H: Que bueno que estas aquí Meli, así tu me puedes ayudar a cuidarlo.

    Y: Claro que si, lo voy a cuidar muy bien.

    Al día siguiente, desde que nos levantamos, despachamos a los niños y a mi hermana e inmediatamente me puse en 4 en la sala para ser penetrada nuevamente por el esposo de mi hermana, tuvimos sexo en toda la casa: el baño de huéspedes, mi habitación, la cocina, la habitación de mi hermana: La enorme polla de Arturo soltaba leche como una manguera llenándome completamente mi vagina: Pero mi hermana llegó con malas noticias para ambos.

    Continuará…

  • Se la chupé a mi policía favorito con mucho cariño

    Se la chupé a mi policía favorito con mucho cariño

    Relato aquí la tercera parte de mis experiencias.  Continúo lo acontecido en mi segunda publicación. En mis relatos anteriores me describo físicamente a detalle.

    Después de llenarme de cremita, el taxista me dio unos minutos para descansar mientras se fumaba un cigarro. Yo seguía en el asiento del copiloto, sin creer lo que había pasado, sentía como su leche me escurría por dentro. Cuando se me pasó un poco el calor me levanté y salí del auto para vestirme y acomodar mi ropa y cabello lo mejor que pude. El taxista ya iba en su segundo cigarro. Yo sentía su mirada indiscreta y descarada mientras me acomodaba el vestido y me trataba de peinar. “Mírate ahora, si antes parecías una prostiputa ahora te ves toda cogidota, el maquillaje corrido, las greñas desarregladas, tu vestido arrugado y empapado en sudor.” Me decía mientras terminaba de fumar. Eso me hizo sentir en parte enojada por que aun después de hacer lo que quiso conmigo me trataba como a una callejera de lo peor, pero también me gustaba tener su atención. Me acerqué y le besé los labios con ternura, sentí un apretoncito en mi pompi izquierda. Tiró la colilla de su cigarro y sacó unos billetes, los arrugó y los metió en mi escote entre mis dos pechos. “Te lo ganaste tetona, ahora si te ves como una prostiputa, con tu propina asomada entre las tetas, no seas codiciosa y déjatela hasta que llegues a tu pocilga.” Le respondí con otro besito. “Órale puta mete tus dos nalgotas en el coche, te llevo aquí cerca” Le hice caso y cerré la puerta con cuidado de no azotarla. Siendo discreta miré mi escote, apenas pude distinguir dos billetes de 20 pesos y uno de 50. La primera vez que me hacían el amor por dinero y había sido por 90 pesos. Me sentía humillada y enojada pero me excitaba sentirme debajo de él, sentir que él mandaba y que me había premiado con una propina.

    Le indiqué que me dejara donde estaba la estación de Metrobús enfrente de la plaza comercial donde nos encontramos por primera vez. Esa estación está a unos pocos pasos de la entrada de mi fraccionamiento, pero le quise hacer creer que tomaría el Metrobús por precaución. Se detuvo justo en las escaleras del puente peatonal que te lleva al andén del Metrobús, alrededor de esas escaleras hay muchos puestos de tacos y tortas.

    “Adiós amor” le dije inclinándome hacia el para besarlo.

    “Nada de amor puta, abre el hocico” le hice caso, se escuchó como jaló saliva y escupió un gargajo grande dentro de mi boca. “Si te vuelvo a ver en la calle te violo y te meto una madriza de esas que sé que te encantan pendejita, puta mierdera. Bájate de mi carro hija de la chingada” Aunque lo dijo con voz fuerte y seca. Sentí algo de burla y satisfacción en su tono de voz.

    Me tragué su regalo y me bajé del taxi algo asustada.

    Desde el momento en que abría la puerta sentí la mirada de todos los que estaban comiendo en los puestos y de los que los atendían. Ya varias veces había comprado ahí, estaba segura de que varios me reconocerían. Escuché como arrancó el taxi y se fue, no voltee a mirarlo pues me distraje con los silbidos y gritos de todos los hombres que me estaban viendo. Y no los culpo.

    Mientras viajaba en el taxi me miré al espejo, mi apariencia era terrible. El delineador de los ojos escurrido, el labial manchaba mis mejillas, mi cabello estaba hecho un desastre, por más que me acomodara el vestido seguro mi ropa interior se asomaba y transparentaba pues estaba empapado en sudor. Y como toque final, los billetes que se asomaban desde mi llamativo escote.

    Desde ese punto eran casi cien metros hasta la caseta de vigilancia del fraccionamiento. No me pude haber tardado más de tres minutos en cruzarlo, aún con el vestido zancón y los tacones. Pero me pareció eterno el recorrido. Sentía la mirada de muchos hombres sobre de mí y varios de ellos me conocían, los llegué a saludar en muchas ocasiones y les había comprado comida varias veces. Bastó ese instante para que me perdieran la estima. Se atrevieron a gritarme cosas como “¡Para eso me gustabas chula!” o “!Ya llegaron las tortas de niña fresa!”. El que más recuerdo fue cuando pasé al lado del puesto de los licuados. Se llama Román, casi cada mañana le compraba mi jugo de naranja y durazno. Siempre me lo tenía listo justo a la hora. Recién hecho. A veces ni siquiera me lo cobraba y bromeábamos un rato antes de irme a la universidad.

    “Ay mamita, con esas naranjotas me hago un jugo” me dijo Román mientras pasaba al lado de su puesto. Me detuve unos instantes para saludarlo. Como estaba ya entre dos puestos, casi no me veían.

    “!Romaaan! No digas esas cosas, nos conocemos…” le dije fingiendo estar enojada.

    “No si te reconocí en cuanto te bajaste del taxi. ¿Qué pasó? ¿Eso del estudio no es lo tuyo y ya te dedicarás a otra cosa?” Me dijo él y me sonrojé mucho.

    “No digas tonterías Román” Seguía fingiendo mi enojo. “Ya mejor me voy, gusto en verte”

    Le dije mientras el miraba descaradamente mi escote.

    “No pues espero que me tomes a cuenta los licuados que te he regalado” me dijo sonriendo.

    “¿A cuenta para qué?” le pregunte todavía más sonrojada.

    “No pues con razón dejaste la escuela, cero sesos” Se burló. Yo me reí y me despedí. Caminé los pocos metros que faltaban para la caseta de vigilancia del fraccionamiento. Pasó lo inevitable.

    Fernando el vigilante estaba sólo en la caseta, no tardó en darse cuenta que yo me aproximaba. Fijó la mirada en mí, en mis piernas. En mis pechos que sentía como brincaban cada que apoyaba mis tacones en el duro pavimento.

    “Angie, ya de regreso… ¿Todo bien? La veo algo mal…” me dijo con voz preocupada.

    “Hola Fernando, si todo bien, no te preocupes, nos vemos luego” lo que más me importaba en ese momento era llegar rápido al departamento sin llamar la atención. Evitando que me viera algún vecino en ese estado o que alguien me hiciera preguntas.

    “No no no, como crees? Déjame acompañarte hasta tu edificio, si quieres contarme que te pasó, está bien. Si no, no importa, pero quiero que llegues bien a tu departamento” me dijo con un tono que me pareció lindo. Como me quería mover rápido y no quedarme a discutir con él, preferí aceptar que me acompañara: “Si Fernandito, muchas gracias, eres un amor.”

    Comenzamos a caminar en silencio, sólo se escuchaban las aves y el sonido de mis tacones al golpear el concreto. Yo aceleraba cada vez más el paso por la prisa de querer llegar cuanto antes. Sin querer, mi tacón derecho se atoró en un hueco del pavimento, desprendiéndose. Exclamé “Aaaay” y me ladeé hacia Fernando que caminaba a mi lado derecho, casi cayendo si no fuera porque el alcanzó a sostenerme con su cuerpo y poniendo sus manos una en mi espalda y la otra sosteniendo mi brazo izquierdo. “Cuidado señorita, ya rompió su tacón Angie. Por caminar a aprisa.”

    “Gracias Fernandito, me salvaste.” Me di cuenta que tenía su mirada clavada en mi escote. Seguramente en ese momento se dio cuenta que traía varios billetes ahí metidos. Apoyándome en él, me incorporé y me logré parar sobre mi pie izquierdo y la punta de mi pie derecho. Fernando se agachó y levantó el tacón de mi zapato derecho que se había desprendido. Me lo dio y lo guardé en bolsito. “Lo bueno es que ya falta menos para llegar, si quiere apóyese en mi Angie y la ayudo a caminar” me dijo con tono lindo y amable.

    “Si Fernandito, muchas gracias, siempre salvándome. Llegando al departamento lo pego con cola loca.” Levanté mi brazo derecho para que se acercara y poderme apoyar en él. Pero en vez de eso me abrazó fuertemente. Sentí su mano derecha en mi espalda alta que estaba desnuda por el escote del vestido y su mano izquierda la puso en mi espalda baja. Sentí como me empujaba fuertemente hacia él. Mis pechos se aplastaban entre los cuerpos de ambos. Mis senos sentían su pecho cálido. Me pareció muy lindo ese gesto, me sentí apreciada por un amigo. Acerqué mi cabeza a la de él, sentí su olor a desodorante AXE mezclado con sudor. También tenía la cabeza algo sudada por el calor de esa tarde. Pero si al no le importaba abrazarme aunque yo estuviera toda sudada a mi tampoco me enojaba sentir su sudor de él. “Siempre que yo pueda apoyarla, lo voy a hacer señorita Angélica. Pórtese bien conmigo y yo la voy a cuidar” me pareció muy cariñoso ese comentario que me dijo de cerca. Le dije “Gracias Fernandito, siempre me pongo contenta cuando te veo”. En ese momento sentí que su mano izquierda bajo de mi espalda a mi pompi derecha. “Y se va poner todavía más contenta después de hoy” me dijo y en cuanto reaccioné le quite su mano de mi pompi con mi mano derecha. Me sentí confundida, me separé de él, terminando el abrazo. Lo miré a los ojos y le sonreí. Muchas gracias Fernandito eres muy lindo, perdón, ya quiero llegar al departamento.”

    Me acerqué a el de lado y pasé mi brazo derecho por detrás de su espalda y agarrando su hombro derecho con mi mano. Puso su mano izquierda en mi cintura, sentí como acarició un poco la parte lateral de mi abdomen. “Que bonito vestido, me gusta la tela suavecita y a usted se le ve muy bien señorita Angie” me dijo con tono amable, le respondí que gracias y él continuó hablando. “Y me parece muy bien como resalta tu cuerpo y que deja ver tu piel en varios lados” a eso no le respondí, cambié el tema diciéndole que ya estaba lista para empezar a caminar. Me apoyaba en la punta del pie derecho y daba un paso con el izquierdo. Así avanzamos varios metros en silencio. Él de repente acariciaba mi mano derecha que yo tenía en su hombro. Su mano izquierda seguía en mi cintura pero a medida que íbamos caminando la iba bajando poco a poco, hasta que llegó prácticamente a las pompis. Con cuidado tomé su mano con mi mano izquierda y la subí de nuevo a la altura de mi cintura. No dijo nada, como si nada hubiera pasado. Seguimos caminando. Después de unos metros más, me preguntó. “Los abrazos ricos ya vi que no los cobra. ¿Los besos también son gratis o esos de a como?” me sonrojé terriblemente. Estaba algo asustada pero todavía tenía la esperanza de que yo hubiera escuchado mal. Le dije que no había entendido la pregunta.

    “No se haga la tontita, a ver ¿Cuánto le cobró al del taxi?” me preguntó con tono seguro, llevando de nuevo su mano a mis pompis. “No sé que hablas, no te entiendo, mejor platícame del trabajo como te está yendo?”

    “Ahorita nos arreglamos en tu departamento entonces” me dijo riéndose y pasó su mano por en medio de mis dos pompis. Sentí que se me puso la piel chinita con eso y le aprete fuerte el hombro con mi mano. “¿Eso te gustó verdad?” me dijo sin dejar de reírse. Me puso de nuevo la mano en las pompis y se la quité diciéndole que se estuviera quieto. Ya casi llegábamos a la puerta del edificio. “Bueno nos vemos Fernando, muchas gracias” le dije, él se rio y me contestó “¿Ni un vaso de agua me ofreces por ayudarte?” con tono algo enojado le dije que se pasara un rato. Mi departamento está en el primer piso del edifico. Sólo hay que subir un par de tramos de escaleras. Él me seguía ayudando, pero en cuando se cerró la puerta del edificio, de nuevo puso su mano en mi pompis pero ahora apretándolas. De inmediato traté de quitar su mano de mi trasero pero esta vez estaba apretando mucho, no quería hacer un escándalo por lo que trataba de controlarlo discretamente. Seguimos caminando hacia la escalera, él con su mano izquierda en mis pompis, yo agarrada de su hombro derecho con mi mano derecha y con mi mano izquierda seguía tratando de quitarle su mano. De repente la quitaba pero solo para cambiarla de pompi. “Lo que siempre me gustó de ti Angie es que estás bien cachetoncita” seguíamos caminando y forcejeando pero ahora él cada que cambiaba de pompi, trataba de subir un poco mi vestido, razón por la cual yo tenía que alternar entre tratar de quitarme su mano o bajarme el vestido. No le decía nada por que no quería que se enojara o que yo me fuera a caer, tampoco quería llamar la atención de los vecinos del edificio, lo último que quería era que me vieran así con el guardia de la caseta. Sinceramente la situación me estaba excitando. El forcejeo, sentir que se estaban aprovechando de mí, sentir su mano en mi trasero, mi incapacidad para hacerme respetar, el riesgo de que alguien nos viera… En el descanso de la escalera yo ya sentía mi vestido a media nalga. Su mano estaba en contacto directo con la piel de mis pompis. Ahora cuando me bajaba el vestido tapaba su mano. El resto de la escalera la subimos así, yo tenía mi mano sobre la de él, pero ya me había rendido, ahora se la acariciaba. En el último escalón lo detuve y me puse frente a Fernando en el escalón de arriba. “Ya ponte serio, que quieres?” le dije con voz firme.

    “Quiero abusar de ti Angie, como estoy seguro que abusó de ti ese taxista” me dijo mientras tomaba mis pompis con sus dos manos.

    “N… no… no sé de de que ha… hablas” le dije con voz titubeante.

    “Ya me di cuenta que te vendes hermosa. Me vale madres y ahora me atiendes” subía cada vez más su tono de voz. Estaba perdida. No tenía otra opción mas que tranquilizarlo antes de que armara un escándalo. Rememoré mis momentos con el taxista y con Rodrigo y Eliseo. Y saqué de nuevo mi lado atrevido. Le dije con voz suave y sexosa:

    “Ay Fer por ahí hubieras empezado. A ti te atiendo gratis cuando tu me mandes.” Me humedecí los labios y paré la trompita para darle un beso en sus labios bien tronado.

    “mmmm que rico beso. Quien te viera, te veías según tu tan decente. Pero ya decíamos los otros polis y yo: con esa cara y esas nalgas seguro se dedica a otra cosa” eso me ofendió mucho y me hizo preguntarme que más decían de mi a mis espaldas. Pero justo cuando le iba a preguntar me plantó otro beso y me levantó; cargándome con sus manos que tenía en mis nalgas. Yo lo abracé con mis piernas y mis brazos y así me llevó cargando hasta la puerta de mi departamento. Saqué la llave de mi bolso y él abrió mientras me recargaba en la pared para ayudarse. Abrió la puerta del departamento y saco la llave, aventó la llave dentro y entró aun cargándome. Cerró la puerta y le echó seguro. Nos quedamos cerca de la puerta, tomó mi cabeza con sus dos manos y me comenzó a besar. Su boca sabía a cerveza. Me acariciaba la cabeza y el cuello mientras sus labios húmedos jugaban con los míos. No tardó en meter su lengua. Dudé un poco pero también le correspondí con mi lengua. Inevitablemente estaba saboreando su boca mientras nuestras lenguas jugueteaban y se tallaban la una con la otra. Su aliento sabía un poco desagradable pero creo que eso me excitaba más. De repente interrumpía el beso para decirme cosas “Siempre me han encantado tus labios gruesos y gordos como de pescado hinchado, hacen se te vea cara de mamadora. Seguro todos los que te ven se les antoja sentir esa boquita mama vergas, hasta tus primos y tus tíos.” Luego seguía besándome. Sólo me estaba diciendo cosas ofensivas y aunque me sentía muy enojada, al mismo tiempo me excitaba más y más. Me resultaba imposible parar esa situación pues me la estaba pasando muy bien y me parecía muy placentera. Mientras nos besamos pensaba en que lo había motivado a atreverse a tanto, a tocar mis pompis, a llevarme a mi departamento, a besarme de forma tan sexual, a hablarme sin respeto; me preguntaba a mi misma si eso sería mi vida de ahora en adelante. Si yo terminaría dedicándome a hacer feliz a un hombre tras otro.

    “No tengo mucho tiempo Angie, otro día gozo más de tu cuerpo. Pero hoy quiero disfrutar tu boquita, me quiero coger esa jeta coqueta de puta que tienes. Agáchate y chúpame la verga” Me dijo y obedecí.

    Me agache en cuclillas, con las piernas dobladas, sentando mis pompis sobre los talones y con las piernas bien abiertas. De inmediato el vestido se me subió y dejó ver mi tanga color rojo obscuro. Puse mis manos sobre las rodillas.

    “¿Así te gusta guapo?” le pregunté mirándolo hacia arriba y sonriendo.

    “Ufff que buena vista, y que puta te vez, déjame ver cuanto te pagó tu último cliente” me dijo mientras miraba mi escote.

    Metió su mano derecha entre mis pechos y tomó los billetes que el taxista me había colocado ahí, me pellizcó un poco el pecho derecho al tomarlos.

    “Veinte, cuarenta, noventa ¿Es todo? No pensé que fueras tan barata.” Arrugó los billetes y los volvió a colocar entre mis pechos. Sacó su cartera. “Toma veinte para que la mames bien Angie” me metió su billete entre los pechos. “Tengo quince minutos, hoy me toca el turno de la tarde noche. Otro día te vengo a darte verga niña”

    “Si guapo, te la voy chupar con mucho amor” le dije sonriendo mientras llevaba mis manos a su cinturón para desabrocharlo.

    “Más te vale, si no me gusta como la mamas te voy a agarrar a patadas” me dijo riéndose.

    “Si mi amor, espero que disfrutes de mis servicios” le dije con voz cariñosa.

    “Y dime ¿Cuál es tu nombre de trabajo?” me preguntó con una mueca burlona en su rostro.

    “El que quieras” le dije sonriéndole mientras con mis manos seguí desabrochando su cinturón.

    “Es a gusto del cliente entonces” dijo riéndose

    “Sipi” por fin pude abrirle el cinturón, noté como su panza se venció un poco en cuanto desabroché el cinturón.

    “Pues entonces yo te quiero decir coqueta mamadora cuando estemos a solas y muñeca cuando nos saludemos afuera. Tu siempre, pase lo que pase me dirás mi rey”

    “Si mi rey, como usted me diga” le dije mientras desabrochaba su pantalón y poco a poco bajaba el cierre.

    “Que bien portadita resultaste, de haber sabido ya te habría reventado esas nalgotas hace mucho tiempo coqueta mamadora” me dijo mientras me acariciaba mi cabeza, rascándola suavemente y despacio.

    Bajé poco a poco su pantalón me llené la vista de sus muslos gruesos y llenos de pelo, su camisa azul del uniforme de guardia de seguridad quedó colgando y de inmediato percibí un fuerte olor a sudor y a hombre. Era entre agrio y amargo pero en cierto modo me sentía relajada al respirarlo. Desabroché un par de botones de la parte inferior de su camisa y la hice a un lado. Llevaba puesta una trusa azul marino. Se curvaba adoptando la forma de su abdomen y se notaba dentro de la trusa un bulto prominente, mucho mas grande de lo que yo esperaba, tenía unos huevos enormes. Su pene ya estaba algo erecto y se ladeaba atrapado por la trusa.

    “¿Te quedaste bien apendejada verdad?” me dijo riéndose.

    “Discúlpeme mi rey es que me fascino su aroma y…”

    “No digas mamadas puta” me dijo riéndose mientras tomaba mi cabeza y la empujaba contra su bulto, presionando mi rostro hacia su pene y sus enormes testículos. Así la mantuvo un largo rato mientras tallaba su entrepierna en mi cara. Estaba muy caliente y muy sudada, sentía como su aroma agrio amargo se impregnaba en mi rostro. Cuando me soltó separé mi cara de su pene pero comencé a besarlo por arriba de su trusa en repetidas ocasiones. El olor de su trusa me parecía asqueroso y todavía me sentía bastante ofendida por como me estaba tratando. Pero entre más tocaba su pene con mis labios, entre más tronaba mis besos entre más percibía su aroma de hombre, más me excitaba. Cada beso que le daba a su pene me hacía querer darle otros diez besos más.

    Me agarró la cabeza fuertemente con sus manos y me dijo “Ya estúpida! Ponte a chupar verga Angie coqueta mamadora, culona, tetona, putona.” Eso me hizo enojar mucho y lo voltee a ver con el ceño fruncido. Él soltó una risita burlona “¿Te encanta que te hablen así verdad Angie de cagada? ¿Que chula estás, esta carita de zorra estúpida también la tiene tu madre?” me decía mientras me pellizcaba las mejillas de mi cara y con su zapato me tallaba la entrepierna. Lo interrumpí sacando su miembro erecto de su trusa. Abrí mi boca y saqué mi lengua mientras aún lo miraba a los ojos. Con mi mano izquierda sostuve su pene por la punta. Puse mi lengua en donde comenzaban sus bolas y lamí lentamente todo su palo hasta llegar a la punta de su pene, al llegar a la punta le di un besito y le di una chupada rápida. Volví a levantar su pene tomándolo suavemente por la punta y bajé mi cabeza a la altura de sus bolas. Comencé a chupar y besar su escroto. Tenía un sabor muy agrio y un olor muy fuerte. Toda mi boca se llenó de ese sabor entre amargo, agrio y un poco dulce, como a sudor pero de hombre, quizá algo concentrado por haber trabajado en un día caluroso. Comencé a meterme lo más que podía sus bolas a mi boca, con mi lengua jugaba con ellas y luego suavemente las sacaba. No me entraban todos sus testículos pero aun así lo estaba disfrutando y él también. “Maldita lamehuevos, eres adicta a chupar bolas, se te nota en la cara de piruja” No le respondía. Sólo seguía chupándolo, mi boca ya estaba llena de pelos de su entrepierna.

    “¿Mi rey, te está gustando mi servicio?” le dije con voz cariñosa.

    “Sigue mamándome la verga Angie coquetona, nalgona. Para eso tienes la boca.”

    Me metí su palo lo más que pude, llegó a la parte de atrás de mi lengua pero sólo me faltó un par de centímetros para que cupiera toda, no era tan grande. Pero se chupaba rico. Ya estaba soltando mucha mielecita, la empecé a meter y sacar. Al sacarla hacía un ruido muy similar al de los besos tronados. “Muy bien Angie, pinche vieja mamadora” me decía mientras me acariciaba la cabeza suavemente con sus dos manos. “No sabes, cada que pasabas por la entrada del fraccionamiento y te veía la jeta no podía pensar en otra cosa que cogerme tu cara de coqueta.” Me dijo mientras yo seguía metiendo y sacando su palo de mi boca, jugando con la punta de su pene con mi lengua, no rápido, pero con buen paso. A diferencia de sus bolas, su palo sabía sobre todo a sal y la mielecita que le salía era muy agradable pues se sentía calientita y suave y me ayudaba a resbalar mis labios alrededor de su palo. “Aaaah riquísimo Angie, sabía que esos labios los tenías para mamar palo. Tan gorditos y suavecitos.” Yo seguí chupando su pene hasta que él tomo su cabello con sus dos manos, como si estuviera formando dos colitas, una a cada lado de mi cabeza. Dijo: “A ver ya. Que quiero abusar de esta cara de estúpida que tienes, aprieta tus labios fuerte hasta que yo te diga.” Todavía con su pene en mi boca, apreté mis labios como me dijo, ya me imaginaba lo que quería hacer así que junté toda la saliva que pude cerca de su pene. Sentí un fuerte jalón en mi cabello, mi cara llegó hasta su cuerpo y su pene hasta mi garganta pero lograr tocar el fondo. Luego me volvió a jalar mi cabello, pero en el sentido contrario, sacando su pene. Y siguió repitiendo esos movimientos una y otra vez. Moviendo su cadera, a veces me golpeaba fuertemente la nariz con su vientre. Yo seguía apretando los labios de acuerdo con su instrucción y el seguía metiendo y sacando su pene de mi boca. Jalaba mi cabello con fuerza para controlar mi cabeza. Los dos estábamos sudando mucho, mi cara se llenaba del sudor de su panza cada que me metía todo el palo a la boca. Yo tenía los ojos cerrados, en ese momento me sentí como un verdadero objeto. Sólo estaba siendo usaba para satisfacer, ni siquiera me estaba moviendo, el me controlaba, yo no podía hablar. Yo sólo gemía y hacía exclamaciones ahogadas cada que me jalaba fuerte el pelo o me golpeaba la nariz contra su panza.

    De repente su pene comenzó a palpitar, sentía como se ponía más caliente de lo que ya estaba. Y así explotó. Toda su leche se disparó en mi garganta. Al mismo tiempo el soltó mi cabello y me tomó por la nuca; empujando con fuerza mi cabeza hacia su cuerpo. Mi nariz quedó completamente aplastada en su panza mientras mi boca se llenaba de su semen. “Ahhh que bien la mamas Angie, con este talento tendrás mucho dinero” seguía saliendo leche calientita y espesa, sabía a casi nada, algo dulce, pero con una textura muy cremosa, me estaba costando respirar por lo que me tuve que comenzar a tragar su leche para liberar mi boca y mi garganta pues no podía respirar por la nariz. “Eso es coqueta, trágatelo todo que se que te encanta. Me seguía aplastando la cara contra su panza y yo con su pene en la boca. Con mis manos trataba de empujarlo, pero el era muy fuerte. Se quedó así un largo rato más, yo apenas podía respirar, cada que inhalaba por la boca, sentía que me tragaba todo su aroma a sudor y semen. Poco a poco su pene se comenzó a poner suave y al fin me liberó. Sentí como mi cara se despegaba se du panza sudorosa. Yo estaba jadeando, con la boca llena de sabor a él. “Mírate Angie, con la cara roja, toda sudada y con mis pelos pegados en toda tu jeta.” Yo sólo escuchaba y seguía jadeando. Puse mis rodillas en el piso para descansar.

    “Antes pensaba que eras muy estudiosa pero ya veo que eres bien chambeadora. Te ganaste otro billetito coqueta.” Sacó un billete de 20 de su cartera y lo metió con algo de trabajo entre mis pechos. Luego tomó una pluma de la bolsa de su camisa y con la otra mano limpió el sudor de mi cara. Luego con su mano izquierda tomó mi cabeza por la barbilla y dibujó con su pluma en mi mejilla derecha “10/10”. “Tienes una boquita de 10, espero que tus tetas y tus otros hoyos estén igual o mejor, pronto vendré a probarlos y espero que mantengas la calidad del servicio si quieres que te recomiende” Me asusté un poco al oír eso. Sentía mis labios muy cansados, me temblaban. Con voz titubeante le dije: “Por favor, no le digas a nadie”. Él se rio y me dijo “Ya veremos coqueta, seremos amantes secretos mientras te sigas portando bien.” Mientras decía eso, se estaba acomodando la ropa.

    “Sabía que hacías maravillas con esa boquita tuya” me dijo mientras acariciaba mi cara y yo lo miraba tiernamente a los ojos. Manteniendo mi mirada en sus ojos, me lambí el labio inferior, pues sentía un poco de crema ahí. Luego con una sonrisa sincera le respondí:

    “Me alegra mucho que lo haya disfrutado, mi rey”

    “Sale muñeca, ya me voy, despídete.” Inclinó su cadera hacia adelante y le di un beso a su pene por arriba del pantalón. “Eso mi muñeca” me dijo y salió por la puerta dejándola abierta. Con algo de trabajo me puse de pie pues tenía las piernas entumidas, cerré la puerta con cuidado para no llamar la atención. Fui al baño, me miré al espejo y tenía el maquillaje arruinado y toda la cara llena de pelos. En mi mejilla derecha tenía escrito con letra torcida y con pluma negra “10/10”. La piel de mi rostro seguía algo enrojecida. A mi parecer me veía hermosa pero de nuevo había sido usada por un hombre y de nuevo lo había disfrutado. Me tenía que apurar a lavar la ropa y dejar el departamento sin rastro de lo que había pasado antes de que llegara mi prima. Ya eran casi las 7:30. Me desnudé rápido y me metí a la regadera. Puse el agua muy caliente. Mientras sentía el calor del agua sobre mi piel y todo el baño se llenaba de vapor no pude evitar pensar en lo que había pasado. Todavía sentía el sabor de Fernando en mi boca. Me comencé a sobar la entrepierna, el punto justo donde el taxista me tallaba con sus dedos. Tardé algunos minutos en llegar al orgasmo pero fue muy satisfactorio. Una sensación muy fuerte en todo el cuerpo. Al final sentí algo de cariño por Fernando pero me ponía nerviosa volvérmelo a encontrar en el fraccionamiento.

    Después del baño, todavía se notaba el “10/10” en mi mejilla derecha, me costo un poco más de tallarme con jabón para borrarlo por completo.

  • Mi más reciente confesión

    Mi más reciente confesión

    Ya he contado sobre Diego en “El primo diácono” y que siempre me confieso con mi primo le insisto que mi mayor pecado era querer seguir cogiendo con él toda la vida. Lamentablemente, por su situación, nuestra relación es secreta. Es difícil poder vernos debido a sus ocupaciones, pero a veces, cuando viene por acá, o vamos a la ciudad donde está asignado, me confieso con él y vuelvo a quedar en pecado que ambos lo tomamos como «venial» por el amor que nos profesamos.

    Pues resulta que Diego tuvo que venir a la CDMX para atender un asunto eclesiástico, su cita sólo requería un día, pero en la diócesis le autorizaron dos días más para estar con su familia, al fin que ya había pasado todo el asunto de La Cuaresma. En la casa familiar sólo están mi hija y una de mis hermanas y allí decidió Diego recibir a otros familiares. Mi esposo y yo vivimos en otra casa, la nuestra, pero él aceptó que yo estuviera atendiendo a Diego esos días ya que mi hermana y mi hija tienen varias ocupaciones. ¡Yo, encantada de atenderlo!

    Cada momento que estábamos solos era una sesión de arrumacos, manoseos y chupadas de sexo. Felices de estar juntos y coger sin molestias, pues era en la tarde cuando él recibía a las visitas. En la noche cada quien dormía en su cuarto (yo con mi hija), ¡claro!, era una casa decente.

    La primera mañana, ya que salieron mi hija y mi hermana, retozamos en la cama para reponer el tiempo que no nos veíamos. También, después del baño, preparábamos la comida y bocadillos para los invitados. Yo andaba con falda amplia y una camiseta, sin más, por lo que se le antojara al primo, quien siempre andaba con la verga de fuera. Además, yo traía una bata encima, por si se presentaba alguien, no se notara que no tenía sujetador. Diego se sentaba en el sofá y yo, levantándome la falda, me sentaba en su erección. Así la pasábamos, entre remolineos de mis nalgas sobre él, besos en mis tetas y boca y suspiros o jadeos al venirnos.

    –¿Cómo te trata tu nuevo marido? –me preguntó.

    –Bien, pero no tan bien como yo quisiera– contesté

    –¡Cómo es eso! ¿Te inflige por algo? –preguntó alarmado y consternado.

    –Ja, ja, ja. No, él es un pan y de trato dulce, pero no quiere darme lechita en su biberón, sólo me chupa las tetas, pero la panocha no, porque “es antihigiénico” –me quejé.

    –¡Dios me libre! ¿Y qué haces para completar tu “cuota”? – preguntó pues sabe que me fascina que me chupen la panocha y mamar verga.

    –Sigo con José, él sí lo hace muy bien, desde hace como 30 años, pero…–me quedé dudando si le contaba lo que José y yo hacemos últimamente.

    –¿Pero qué? Por lo que me has contado de José es muy buen tipo, ¿ya cambió? –volvió a preguntar con preocupación.

    –Sí, ya cambió todo… –señalé e hice una pausa expectante.

    –¡Cuenta! ¿Se molesta porque no lo dejas cogerte? –me instó por la continuación de mi respuesta.

    –Ya cogemos y me lo hace riquísimo, casi como tú, pero ahora es mejor –señalé.

    –¿Cuál es el problema? –preguntó frunciendo el ceño.

    –Quiero confesarme ahorita –dije solemnemente poniéndome de pie.

    Diego se levantó, se guardó la verga y fue a su cuarto por su estola morada y a ponerse su hábito. A regresar, se sentó en el sillón y yo me arrodillé ante él para que diera inicio el ritual, y entré en la relatoría de mis graves faltas.

    –Padre, me confieso que siempre deseé a mi papá y yo pensaba que sólo era un capricho que me quedó al verlo coger con mi mamá.

    –¿Tuviste relaciones o tocamientos con tu papá?

    –No, y confieso que estoy arrepentida de no intentar seducirlo cuando él vivía, pues con el tiempo se volvió más fuerte mi deseo, pero me mantuve firme en no provocarlo, ¡pero ahora me siento mal por no haberlo hecho! –expresé con mucho dolor sabiendo que pecaba por mantener ese deseo.

    –No caíste en la tentación y ahora te arrepientes de eso… ¿Crees que será pecado? Preguntó con una mirada bondadosa.

    –Sí, porque ahora ya cojo con mi padre –espeté tajante.

    –¡Por Dios! ¿Cómo puede ser posible eso? –preguntó Diego asombrado.

    Entonces le relaté lo que sentí cuando creí que José era mi papá (ya lo conté en el relato “Nuevas experiencias”), y que, con anuencia de José, él y yo nos comportamos como padre e hija cuando cogemos, incluso lo peino y le recorto el bigote como usaba papá.

    –El otro pecado es que te sigo amando y lo haré hasta el último de mis días –dije tomándolo de la mano y con los ojos llorosos.

    –En penitencia, reza un Ave María por ti y un Padre nuestro por mí; para José la misericordia del Señor por darte el amor que siempre deseaste. También, ve a donde reposan los restos de tu padre y dile que, a pesar de que pudieras ofenderlo, siempre lo amarás. Respecto al amor de nosotros, Dios sabrá perdonarnos pues es el amor del que estamos hechos…

    Recé en voz alta y le pedí a Diego que me acompañara al panteón, a la tumba de mi padre. Regresamos a casa y… seguimos con nuestro pecado venial, sólo nos quedaba un día.

  • Sigue la fiesta de año nuevo en la pileta (parte 3)

    Sigue la fiesta de año nuevo en la pileta (parte 3)

    Tras una larga sesión de besos y caricias entre los cuatro, Luli pidió que Diego la sentara en un desnivel que tenía la pileta en uno de sus extremos, lo que le permitía apoyarse en el borde con su espalda y sus codos, dejando sus piernas en el agua a medio muslo. La depositó suavemente y ella se arqueó hacia atrás pletórica de goce al quitarse la pija que le había causado varios orgasmos. 

    También Lorena se despegó de mí, no sin antes chuponearme con frenesí y obligarme a besarme con Diego. Lo miró a los ojos y le dijo: 

    -Te lo dejo todo para vos, ¡potro! 

    Su novio la miró extrañado, pero yo me adelanté y le tomé su poronga que no perdía dureza y estaba para tragársela entera, para sobársela lentamente mientras le acariciaba los firmes glúteos. 

    -Todo esto es lo que me tenés que dar, ¡potro! 

    Recién comprendió cuando la insaciable Lorena se acomodó entre las piernas de mi mujer para meterle la lengua en su concha repleta del semen de su novio para chuparla con avidez, tragándose la leche de su macho y los jugos vaginales de Luli. 

    Me acomodé detrás de la nueva amante de Luli, le abrí los glúteos y le metí mi poronga con facilidad en su incansable concha. Se meneó un poco hasta que me dijo que no me dejaría cogérmela si su novio no me poseía a mí. Atraje a Diego a mi espalda y me incliné ligeramente ofreciéndole mi culo ansioso de recibir caña. No tardó en apoyar su glande en la entrada de mi ano y empezó a empujar suavemente hacia mi interior, causándome escalofríos en todo el cuerpo. 

    Por suerte, no era gruesa, aunque era larga y apuntaba hacia arriba. Dilaté todo lo posible mi esfínter hasta que la cabeza de su pija pudo atravesarlo para hundirse lentamente hasta el fondo de mi culo. Nos quedamos quietos un par de minutos, mientras yo contraía y dilataba mi ano, susurrándole a Lorena en el oído que ya tenía toda la poronga del potro de su novio en mi culo. 

    -¿Te gusta así puto? ¿La tenés toda adentro? 

    -¡Siií! Me encanta cómo me coge Diego. Ahora te voy a coger de nuevo a vos con la pija y a tu novio con el culo. 

    -¡Síií! 

    Y empecé a menearme en un mete y saca suave pero profundo, clavando hacia adelante y ensartándome para atrás. Diego acompasó enseguida mi ritmo y empezó a cogerme tomándome de la cintura, bufando como un potro salvaje. Yo gemía, jadeaba, pedía más y me cogía a su novia, que se devoraba la concha de mi mujer provocándole sofocones y ahogados gritos de placer, demostrando que era una experta consumada en el arte lésbico. 

    -¡Puta, trola!, le murmuraba yo mientras la acometía llevado por las embestidas de su novio. 

    Debido a todas las corridas anteriores de los cuatro, el trencito duró más de un cuarto de hora, en las que Lorena no paraba de decirme 

    -¡Puto! Te está cogiendo mi novio. ¡Cómo te gusta la pija, puto! 

    -¡Siií! Es un potro, un semental, me la está metiendo hasta el estómago, ¡cómo me gusta como coge Diego! ¡Dame más, Diego! ¡Metémela toda bien a fondo! 

    El semental me pistoneaba cada vez más fuerte y más adentro empujándome hacia el interior de su novia que se comía la concha de mi mujer que no paraba de tener orgasmos múltiples cada tres o cuatro minutos, supongo. 

    En sí, era un orgasmo interminable y casi continuo, en el cual le tomaba la cabeza a Lorena para que le metiera la lengua más adentro. Cuando la pelvis de Diego y sus huevos chocaban contra mis glúteos me recorría como una corriente eléctrica de placer y deseo que le hacía pedirle más y más pija, hasta que tras un largo rato de meta y saca, se puso tieso y con varios espasmos me llenó el culo de semen, que me provocaron una corrida de campeonato en la concha de su novia, que se estrechaba y dilataba de una manera que me llevaba al delirio. 

    Agotados por la larga cogida en trencito nos desplomamos uno sobre el otro, siempre conmigo en el medio, resoplando y gimiendo cada vez más lentamente hasta que recuperamos un ritmo normal de respiración y nos fuimos retirando uno del otro muy a desgano, mientras Luli se recostaba agotada contra el borde de la pileta. 

    Atiné a darme vuelta para plantarle un larguísimo beso de lengua a Diego y susurrarle al oído que nunca me habían cogido tan rico, tan a fondo y con tanto placer. Lo tomé de la cabeza, lo miré a los ojos y le dije que había sido el mejor amante que había tenido hasta ese momento, volviéndolo a besar con frenesí. 

    El potro estaba agotado y se limitaba a decir que le había gustado mucho cómo yo me había movido para que él me enculara de esa forma y que nunca se había cogido a un hombre. 

    -¡Te desvirgué, potro! 

    Y le besé el cuello, las orejas y le susurré que me gustaría verlo otra vez coger a mi mujer, pero que me debía una.

  • Poema de mí

    Poema de mí

    Quiero que me beses caliente

    Me mires a los ojos

    Y me vuelvas a besar

    Para sentir que me quieres a mí antes que a mi cuerpo

     

    Quiero que huelas mi cuello

    Mientras me aprietas fuerte contra la pared

    Para sentir que te desespera perderme

     

    Quiero que masajees mis tetas

    Y las chupes con ganas

    Para sentir que tengo 20 años menos

     

    Quiero que separes mis glúteos

    Mientras te siento duro en mi vulva

    Para sentir la promesa de que me penetrarás intensamente

     

    Quiero que lamas mi clítoris suave

    Mientras acaricias mis muslos

    Para poder confiar en que no me dañarás

     

    Quiero que me penetres con tu pene caliente

    Suave y profundo

    Para sentir que me darás todo el tiempo que necesito

     

    Quiero que sigas mi ritmo

    Y seamos uno

    Mientras me miras, me besas

    Y probamos nuevas figuras

    Para recordar que soy hembra y que sé gozar sin límites

     

    Quiero que me dejes perderme y olvidar donde estoy

    Olvidar los esquemas y sentirme sólo a mi

    Para darte la mejor sensación  que te puedo dar

    Que ni tú ni yo podemos controlar

    Pero que el instinto se encargará de coordinar

  • Mi esposa sumisa

    Mi esposa sumisa

    Había sido solitario durante la mayor parte de mi vida y siempre había mantenido una distancia emocional de las relaciones románticas. Sin embargo, todo cambió cuando conocí a la mujer que se convertiría en mi esposa.

    La conocí en un posgrado que dictaba la facultad de arquitectura sobre diseño de interiores. Ella se sentaba atrás de todo, muy retraída. Aunque con timidez y ya pasado los 30 años, me acerqué a hablar con esa muchacha voluptuosa que no mostraba nada de su cuerpo y usaba lentes.

    Ella también había crecido en una familia conservadora que le había inculcado el miedo al amor y al sexo. Al principio, parecía reservada y no mostraba mucha cercanía emocional, pero cuando nos casamos, algo cambió en ella. Comenzó a ser cada vez más cariñosa y afectuosa conmigo.

    Sandra es una mujer de tes muy blanca, algo rellenita, con cabello negro y algo ondulado. Su busto es muy generoso y ella es de altura mediana. Siempre se viste de manera muy prolija, sin dejar ver nada de su piel. Aunque el propio tamaño de sus tetas hacía que quiera o no, su escote apareciera en todo momento. Yo mido 1,89, no tengo un mal cuerpo pero no estoy tallado a mano. Voy al gimnasio tres veces por semana y me mantengo. Mi pija es normal para mi altura, de 21 cm pero es ancha, blanquita. Tengo pelo castaño oscuro, lo uso corto.

    Sandra es una mujer muy trabajadora y dedicada a nuestro matrimonio. Siempre está arreglando la casa y las plantas, y manteniendo todo muy limpio. Le encanta mantener todo en orden y que todo esté en su lugar. Como decía, siempre se asegura de que esté cómodo y feliz, y me demuestra su amor con cada gesto.

    Parecía como si el hecho de saberse mi esposa la hubiera hecho tan feliz y relajado tanto que tuviera esa imperiosa necesidad de agradecerlo con cada gesto. Me encantaba ver cómo tenía la casa limpia, preparaba la comida y se ocupaba de cada detalle de la vida doméstica. Siempre se aseguraba de que estuviera cómodo y feliz.

    Juntos, descubrimos el amor verdadero y aprendimos a dejar atrás nuestros miedos para disfrutar de la vida como pareja.

    Con el tiempo, nuestro amor se hizo más fuerte y nuestra relación se convirtió en un hermoso ejemplo de lo que significa amar y ser amado de verdad. Nos dimos cuenta de que el amor y el sexo no eran algo de lo que debíamos tener miedo, sino algo que debíamos disfrutar plenamente.

    Con mi profesión de diseñador de interiores, me iba bien económicamente, y mi esposa algunas veces me hacía de secretaria. Por eso, decidió abandonar su trabajo de arquitecta y centrarse en nuestro hogar.

    Sin embargo, sabíamos que necesitábamos soltarnos más afectiva y físicamente el uno con el otro para fortalecer aún más nuestra relación.

    Aprendimos a superar nuestros miedos y a entregarnos el uno al otro sin reservas. Descubrimos que el amor verdadero no tiene límites y que juntos podíamos superar cualquier obstáculo.

    Aunque nuestro amor era fuerte y nuestro matrimonio feliz, el sexo era a la vez hermoso y romántico pero, con el tiempo, se volvió monótono y aburrido. Ambos nos sentíamos insatisfechos y deseábamos algo más.

    Hasta que hubo un día que lo cambió todo.

    Todo comenzó una tarde cuando volví muy cansado a casa después de hacer un muy buen negocio para redecorar un pequeño hotel. Llegué y me di una ducha y me tiré rápido en la cama, solo con un bóxer. Ella se acostó al lado mío y me abrazó. Comenzó a excitarme, tocándome la pija.

    Se acercó con movimientos suaves. Con las yemas de sus dedos comenzó a acariciar mi pene que se ponía cada vez más duro. Su rostro reflejaba una mezcla de ternura y admiración mientras contemplaba la belleza de mi miembro erguido. Se detuvo un instante para contemplarlo con atención y en sus ojos se veía una profunda emoción. Mientras me seguía acariciando, haciendo el típico movimiento de sube y baja se fundió en un momento único y especial. Es como si el tiempo se detuviera en ese instante y todo lo que importara fuera nuestra unión y el sentimiento de plenitud.

    Sacó uno de sus pechos gigantes y lo puso en mi boca, mientras me acariciaba la frente. Luego me pajeó cada vez más rápido hasta que antes de acabar colocó su boca en mi miembro para que acabe allí. Y mientras yo explotaba de sexo y de amor ella me miró a los ojos y tragó toda mi leche. Nunca me había imaginado eso ni siquiera remotamente. Su imagen con las dos tetazas afuera, su boca llena de mi poja y ella tratando, era hermosa.

    A partir de ese momento todos los días al volver del trabajo ella hacía eso. Cada vez había algo diferente. Una vez por ejemplo ella tenía una pollera sin nada abajo. Comenzó a masturbarme y puso su pierna sobre la mía, ella acostada a mi lado, como siempre. Su pollera se levantó y esa escena me volvió loco. También me hizo una paja, primero agarrando mis bolas que son bastante grandes y yo mantengo depiladas. Luego comenzó el sube y baja y me dijo que había visto a las chicas que seguía en Instagram y que le parecían muy lindas. Eso me hizo explotar de leche en su mano. Que me hablara tan libremente de otras mujeres me enloqueció. Yo tenía una cuenta oculta de Instagram donde seguía a mujeres tetonas y ella siempre lo supo y con una dulzura tremenda nunca me dijo nada.

    Al otro día se repitió lo mismo. Su atuendo era también una pollera larga, sin nada abajo y también sin corpiño. Sacó una de sus tetas y la puso en mi boca mientras me decía cosas como «mi niño» o «mi bebito» y me daba la teta. «Toma la teta de mami mi bebé». Cada día ella era más sumisa a mi placer, que parecía que era lo único que le importaba. Y cada día me hablaba más como bebota.

    Cada vez se ponía más y más puta hasta que comenzó a darme mucho morbo su carácter de sumisa. Yo ni sabía que era eso. Tan es así que un sábado por la tarde, luego de ir a hacer compras al supermercado, al llegar me senté en el sillón y le pedí que me sacara las zapatillas. Lo hizo. Le pedí que se se levantara la remera y se sacara el corpiño y deje sus tetas afuera, lo hizo. Le dije «ahora puta, chupale la pija a tu marido, y mirame a los ojos» y se arrodillo y así lo hizo.

    Luego de acabar nos abrazamos mucho. Ella me dijo que le encantaba esta nueva relación y que había leído mucho. Se llama sumisión. Le dije que la amaba e hicimos el amor. Me gustaba cogerla con las piernas bien a abiertas mientras le digo cosas dulces y sucias a la vez. «Sandra te amo y me encanta que seas mi puta, sos muy trola sabes?» y ella responde: «si papito, cogeme cuando quieras». Cosas así.

    Al otro día estuve en la oficina todo el día caliente esperando volver a casa. Apenas llegué le saque el pantalón con fuerza y la tiré en la cama boca abajo. Le empecé a acariciar su culo y le metí un dedo. Luego le coloque algo de crema y rápidamente la enculé. Ella gritaba de dolor. Al acabar me abrazó llorando y me dijo que quería estar casada conmigo para siempre. Eso me volvió a excitar y le pedí que me la chupe. Era la primera vez que teníamos sexo anal.

    Otro día por ejemplo la encontré cortando verduras en la mesada y le levanté la pollera y la masturbé mientras le chupaba el cuello y la oreja. Y esa misma noche la desperté de madrugada poniendole la yema de mi dedo indice en su cola y presionando. Ella se despertó y me dijo que me amaba, abrió sus piernas y me subí sobre ella y la taladré. Así eran nuestros días, una explosión de sexo. Ahora además habíamos avanzado porque le había ordenado que mantenga siempre muy limpia su cola y en cualquier momento, de sorpresa, yo la exploraba con un dedo.

    Pasaron unas semanas de sexo y abrazos y comenzo a venir a visitarla una amiga de ella, Natalia. Ella descubrió que el novio la engañaba y se sentia muy sola. Estaba triste.

    Natalia se vestia siempre de manera sugerente mostrando sus pechos grandes aunque no tanto como los de Sandra. Nosotros varias veces habiamos visto su Instagram para excitarnos. Me encantaba mirar sus fotos en bikinis chiquitos, o las fotos en boliches siempre con poca ropa.

    Sandra me chupaba la pija más de una vez mientras yo miraba esas fotos de su amiga. La relación con Natalia era cada vez de mayor confianza hasta que un fin de semana se quedo a dormir en uno de los cuartos. A los pocos meses era costumbre que se quede y esto que sucedio fue asi tal cual: una pata de su cama se rompió y yo lleve a mi esposa al baño, le dije que la invitara a dormir con nosotros. Verla a Natalia y a Sandra en la misma cama era mi sueño. Sandra hacía todo lo que yo le pedía como una verdadera puta sumisa de su marido.

    Natalia aceptó y aparecio con un camisón verde suave, que no dejaba nada a la imaginación. Dormí al lado de mi esposa y le amase las tetas con su amiga al lado. Esa noche no paso más nada.

    A la semana siguiente Natalia volvió y ya se dispuso a dormir con nosotros. Pero esa noche hablamos sobre la relación de sumisión que yo mantenía con mi esposa y ella nos hizo todo tipo de preguntas.

    Se enteró de las pajas que me hacía en todo momento, de la manera en que se arrodillaba a chuparmela cuando se lo pedía, de como me gustaba que me mire a los ojos en ese momento. Y tambien se entero de que a veces mirabamos su Instagram para excitarnos. Pareció no importarle y divertirle.

    Pero se detuvo en un detalle: no podia creer que yo le practique sexo anal a mi esposa aun cuando a ella le dolia. Sandra le explico que solo queria darme placer. Mientras hablabamos le toqué las tetas a mi esposa delante de su amiga.

    Esa noche dormimos los 3 en la misma cama y en el medio de la noche Sandra se subio a mi pija y me cabalgó. Al lado Natalia vio todo. Al despertar vi como uno de los pechos de Natalia salia de su camisón. La vista fue hermosa.

    En el momento del desayuno no pude creerlo. Tener a esas dos tetonas delante de mí. La lujuria me invadio. Sandra estaba en la mesada haciendo unas tostadas, con una remera blanca muy escotada. Estaba sola. Natalia entró en la habitación con pasos suaves y cuidadosos, sin hacer ruido y se detuvo un instante mirando. Natalia nunca habia mirando tanto a las tetas de una mujer. Sandra estaba expectante.

    En ese momento llegué y me detuve detrás de Sandra. Frente a ella estaba Natalia, con sus pechos casi al aire. Me pare como decia detras de mi esposa estaba apoyada en la mesada y le empece a masajear las tetas. Se las saqué y ante la mirada de Natalia le puse cremita en la cola y se la meti por el culo. «¿Ves Nati? Queres saber como le hago la cola a mi mujer?» le dije.

    Rapido. Furioso. De repente. Asi la penetraba. Ella gritaba de dolor y de placer. Natalia no podia creerlo. Asi estuvimos casi 10 minutos, Sandra gritando cada vez mas. Yo cada vez mas fuerte. Natalia con sus pechos al aire.

    La tenia sostenida con mucha firmeza. Sus tetas colgaban y se balanceaban y Natalia se las miraba. Yo tenia los ojos fijos tambien en Natalia. Sandra disfrutaba como nunca. Me ponía a mi que se mire y se hablen. Natalia le preguntaba si le dolía mucho. Ella le decía que sí. Siempre jadeando.

    Le pedi a Natalia que la bese para callarla y ella lo hizo. Me encanto ver sus lenguas juntas. Fue un beso de amor hermoso, se chuparon las lenguas y la cara. Natalia le agarró fuerte las tetas y Sandra hizo lo mismo.

    En un momento se separaron y se quedaron mirándose fijamente, sin decir nada, mientras el corazón de mi mujer latía con fuerza en su pecho.

    Al finalizar me fui a dar una ducha y las deje a las dos solas. Las encontre luego en la cama, abrazadas, Sandra llorando de felicidad, contandole cuanto me amaba. Natalia me dijo que algun dia queria probar ese placer.

    ….

    Pueden escribirme a mi mail [email protected] con sus comentarios.

  • El hoyo (2)

    El hoyo (2)

    De vuelta en mi departamento luego de visitar a mis padres aún tenía en mente la nota, estaba guardada en mi billetera por si en algún momento necesitaba algo de dinero fácil. Acomodando mi cuarto saque de entre mis cosas ropa interior de mi madre que seguramente se mezcló cuando estaba empacando, la tome y me la quedé mirando, nunca antes había sentido nada por otro hombre, pero esa vez no supe que me pasó, la baba se me caía de la boca, mi nariz se impregnó del olor, mis ojos se clavaron en cada cm de ese miembro. Sin notarlo una erección delató mis pensamientos, acaso me había vuelto gay? Acaso ahora tendría que ser la mujer de un hombre?

    Salí a caminar para despejarme, me tope con una amiga la cual era lesbiana, nos pusimos a charlar y yo preocupado le conté lo que sentía, omití la parte del baño sexual y todo eso, pero si le conté que de un momento a otro pienso en el miembro de un hombre y me excito. Ella entendió por lo que pasaba y me contó que no había nada de malo, que aún sería yo si decidía comer penes o vaginas. Regrese a mi casa y busque el papel, marque al número y ma espera parecía infinita, los peeps del teléfono me tenían enfermo y creía que nunca terminarían hasta que una vez grabe me dice «hola?» Mi voz nuevamente empieza a cortarse, en mi intento desesperado por decir algo solo pude pronunciar un suave y agudo «s-soy yo». Pude distinguir una pequeña risa antes de que el hombre dijese «Si, eres el del baño, reconoceria esa delicada voz donde sea» estaba atónito, mi voz jamás fue la más grabe de todas, pero siempre creí que sonaba algo varonil. «Estas libre hoy? Unos amigos y yo saldremos u buscamos a alguien que sepa lo que hace» continuo diciendo el hombre, yo respondí un si muy tímido y el colgó. No sabía lo que había echo, mientras intentaba buscar alguna forma de salir del país mi celular suena repetidas veces, era el señor con el que había hablado, en un par de mensajes me había dicho la dirección donde debía estar y me dijo donde ir a conseguir mi «nuevo uniforme».

    Una crisis surgió en mi, tenía nervios y pánico, a que se habrá referido con uniforme? En serio quiero ir? Muchas preguntad rondaban mi cabeza y no sabia que hacer. Mi celular suena una vez más «mándame un pulgar si confirmas que vendras». Los minutos pasaban y yo estaba inmóvil frente al celular, un impulso de coraje entra en mi tras recordar lo bien que lo había pasado en la gasolinera. Una vez confirmado mi asistencia me prepare un par de cosas en mi mochila y me dirigí a la dirección. Llegando en autobús a la dirección parecía ser una zona residencial común y corriente, nada que me indique donde es, me recorrí las calles buscando el número que aparecía «la casa 365 de la calle Los girasoles». Me detuve frente a ella un par de minutos antes de tocar, una casa de paredes blancas de dos pisos, techo de tejas y un gran patio arreglado y decorado, me acerque y antes de que pueda tocar el timbre de la casa la puerta se abre. «Pasa por favor, te estábamos esperando», me impresione un poco, jamas me habían recibido de esa manera, pedí permiso y entre a la casa. Una vez dentro pude ver como todo era normal, el hombre que me recibió era muchos años mayor que yo, podría intentar adivinar y decir que tenía unos 46 años a la vista, «en la habitación que está subiendo las escaleras justo a tu derecha está esperando tu uniforme». Lo miré y le di una sonrisa un tanto nerviosa en sinónimo de afirmación, subí lentamente mirando la casa, las fotos estaban dadas vueltas, supuse que el hombre estaba casado y ver las fotos le producía algo en su interior. Al llegar a la habitación pude ver únicamente unas bragas y unas medias largas, enserió seria solo eso lo que utilizaré? Sin poder hacer nada simplemente me desvesti y me puse la poca ropa que me dejaron, antes de salir de la habitación el hombre entro y me pidió que me sentará, saco de una pequeña bolsa unas pinzas y unos parches en forma de cruz, yo nunca había tenido experiencias así y el porno no era algo que me llamara mucho la atención así que no sabía para qué eran. Acerco las pinzas a mis pezones apretando las puntas con ellas para luego pegar los parches sobre estos. Al principio eran incómodos y un poco dolorosos, pero nada que no pudiera soportar, acto seguido el hombre me preguntó si estaría dispuesto a perder la virginidad en la parte de abajo. Me puse totalmente rojo, no sabía que responder, el hombre simplemente me miró y me dijo «la siguiente será precioso» guardando lo que estaba por tomar de la bolsa, no pude ver que era, pero la curiosidad me llevó a preguntarle, el hombre solo respondió «la siguiente vez podrás conocerlo». El hombre salió de la habitación y me dijo que podía usar maquillaje si así lo deseaba, me acerque a la mesa en donde estaban las cosas y las mire, levante mi mirada y me vi reflejado en un gran espejo, aprecie la vista y me sentí raro pero lindo, me gustó lo que podía ver.

    El hombre me llamó, lentamente baje por las escaleras para ver un montón de hombres que parecían tener la misma edad que el dueño de la casa. Estos hombres estaban sentados en la sala charlando, todos parecían empresarios o personas de negocios, ninguno parecia notar mi presencia, pero me sentía observado. El dueño de la casa me dirigió a la cocina donde me empezó a explicar mi trabajo. Este en resumen consistía en ser la sirvienta de la reunión, debía llevar la comida, la bebida y hacer lo que los hombres me pedían, recalcando «todo» lo que me pedían. El evento comenzó y un tanto nervioso empece mi trabajo, parecía una cena de negocios común, pero con algunos toques de más, algunos me pedían que me sentará en su regazo y les diera de comer, otros que les sirviera su bebida por mi cuerpo y así. Cuando parecía que iban a terminar de comer el que parecía ser el jefe me llamó, este me pidió sacarme las bragas, yo con algo de pena lo hice y se las di, el hombre empezó a olerlas y me dijo que mi cena estaba debajo de la mesa.

    Me agache y vi a todos los hombres con sus pantalones abajo, sabía que tenía que hacer y comencé. Empecé lamiendo el miembro del que parecía ser el jefe, mirando a mis lados tome los miembros de los hombres que estaban más cerca, quise dar mi mejor impresión y me esforcé mucho para hacer que se corrieran. El primer orgamos llegó por parte del hombre a mi derecha, este lanzó un potente chorro que cubrió el costado de mi cabeza, manos y brazos. Continúe con los otros dos hombres que no tardaron en descargar sus calientes fluidos sobre me, tenía mi rostro cubierto de semen, pero antes de que pudiera limpiarme uno de los hombres me dijo que me mantenga así. Me moví hacia atrás y seguí con los 4 hombres que faltaban. Los sabores y olores me habían vuelto loco, la mezcla de sensaciones me pedian más y más y mi miembro parecía que iba a explotar. Estuve debajo de la mesa unos 20 minutos, al salir pude ver como la mesa estaba totalmente libre, los hombres me pidieron que me suba y me recueste. Cuando estaba sobre la mesa el dueño de la casa empezó a traer el postre, eran trozos de pastel el cual coloco sobre mi cuerpo. Los hombres siguieron hablando y cuando notaron que todo estaba servido empezaron a comer, el roze de las cucharas sobre mi cuerpo y los miradas me excitaron mucho, no podía aguantarlo, un chorro de semen salió disparado de mi. Los hombres quedaron en silencio mirándome, estaba muy apenado, creí que había echo algo malo, pero en vez de eso uno de los hombres pasó su cuchara por mi miembro recogiendo el semen combinándolo con un trozo de pastel.

    Acabando el postre los hombres se levantaron y pasaron a hablar con el dueño de la casa, estos se fueron y el hombre se dirigió a mi, «la cena fue un éxito y la parte que más les encantó fuiste tu» yo estaba feliz, me sentía muy bien conmigo mismo. El hombre me ofreció su baño y luego fe una larga ducha me pago, cinco mil dólares por ser la sirvienta de estos hombres, era mucho más de lo que jamás había ganado trabajando. El hombre se presentó conmigo como Leandro, me contó que el trabaja para esos hombres y que era su responsabilidad traer algo «exótico» y de «calidad» a la cena de negocios de esa noche, además de eso me dio la tarjeta de su jefe, que fue el las complacido y luego me pagó un taxi para que volviera a mi casa.

    Al llegar a mi departamento me dirigí directamente a mi cama, estaba muy cansado y lleno por esta nueva experiencia. Leandro me dejo conservar las medias y las bragas que use y además me dio el contacto de una chica para que aprenda a maquillarme. No se si vaya con ella pero esto de ser la sirvienta de otros me gusto, quizás este sea el camino que deba tomar.

  • Trío lésbico con mi hermana y mi prima junto a la carretera

    Trío lésbico con mi hermana y mi prima junto a la carretera

    Clarita siempre fue una tonta, hasta la primera vez en que se la cogieron y se convirtió en la más puta de la familia. Conociéndome a mí y a mi hermana, sabes que decir que es la más puta, es muchísimo. A diferencia de nosotras, a Clari no le molesta mostrar sus títulos. Trabaja como prostituta desde los dieciocho años, por lo que ya tiene casi siete años de experiencia. Con eso le va muy bien, pero su verdadera mina de oro, son las redes sociales. A través de ellas, ofrece su contenido al mundo entero. Pero eso no es material para el relato de hoy.

    Hace meses que nos viene jodiendo con que vayamos a visitar a su mamá, que sería nuestra tía, la cual vive en un pequeño pueblo en el límite de las provincias de Buenos Aires y Santa Fe, del lado de la primera. Siempre que extraña a su mamá, nos busca a mí y a mi hermana para que, además de acompañarla en el largo viaje, seamos su escudo. Su mamá, a pesar del tiempo y de que sus muy buenos ingresos económicos ayudan a toda la familia, no está conforme con la profesión de su hija. No hasta el límite de decirle que deje de hacerlo, pero aprovecha cada ocasión para llenarla de preguntas y de advertencias sobre todo lo que puede salir mal. Y muchas cosas salieron mal, pero ella jamás lo sabrá.

    Logramos coordinar los horarios de las tres y emprendimos el viaje hacia el interior. Siempre que vamos soy la conductora designada, pero debido a que mi carnet de conducir está suspendido, le tocó manejar a mi hermana. Nuestra prima jamás aprendió a manejar. Se maneja siempre en Uber, servicio por el que jamás pagó con dinero. Quizás a eso se debe la confusión de todo lo que sucedió durante ese viaje.

    Aprovechando que no tenía que manejar, elegí el asiento de atrás, para poder recostarme y descansar. Con Julia al volante, Clara, desde el asiento del acompañante, se dedicó a cebar mate y empaparnos de sus locas historias laborales. A pesar de que todas eran muy similares, jamás nos cansamos de ellas. Les pone una emoción e intensidad muy contagiosas, casi siempre de risas, pero esa vez hubo mucho más.

    Quizás sea porque iba recostada en el asiento trasero y me sentía muy relajada, pero la historia sobre la cogida que le dio a un patovica en el baño de un pub, me calentó a sobre manera. Y al parecer, a mi hermana también, ya que, en el clímax de la historia, bajó a la banquina y se detuvo de golpe.

    ─No manejar y calentarme. Quizás vos puedas porque sos igual de puta que ella, pero yo no puedo ─dijo enojada, mirándome por el espejo retrovisor.

    Al parecer, notó de inmediato como mi mano se movía muy suavemente adentro de mi pantalón.

    ─¿Te estás pajeando, boluda? ─ dijo e inmediatamente las dos giraron para mirarme.

    ─Tranqui la profe ─comentó mi prima riéndose.

    ─Ella relata, vos manejas y yo hago lo que tengo ganas ─respondí mientras me sentaba.

    Mi hermana se cruzó de brazos, objetando que ya no iba a manejar más. Con mi prima comenzamos a reír a carcajadas. Parecía una nena caprichosa a la que no le querían comprar un dulce.

    ─¿Cuál es el problema de que tu hermana se haga una paja? A lo lejos se le nota lo necesitada que anda, la pobre.

    ─¿Necesitada? Esta coge más que vos. Y gratis, encima.

    Clarita paseaba su mirada entre mi prima y yo, con rostro algo incrédulo.

    ─¿Querés contarme algo, prima? ─me preguntó.

    Yo desvié la mirada. Mi hermana empezó su monologo.

    ─Hace dos semanas nos la cogimos con mi ex. En su casa. le rompimos el orto, nos la chupó a los dos. Se hace la santita, pero es tremenda trola.

    ─Che, boluda. ¿Cuántos años tenés? ¿Quince? ─le pregunté─. No entiendo por qué te pones tan histérica.

    Sus ojos estaban en llamas y su rostro de un anaranjado intenso. Había algo más que enojo en su expresión. Estuvo a punto de responderme, pero mi prima tomó la palabra.

    ─Vos que sos la intelectual de la familia ─me dijo─ ¿quién era el tipo que decía “los hermanos sean unidos, porque esa es la ley primera”? ¿Quiroga?

    ─Es del Martin fierro, de José Hernández ─respondí, confundida.

    ─Yo no tengo hermanos. Lo más parecido a eso, son ustedes. Y es horrible que me dejen afuera.

    ─¿Afuera de qué? ─preguntó Julia.

    Clara me miró fijamente, luego a mi hermana. Inmediatamente, la tomó por la nunca y la besó con violencia. Mi hermana intentó separarse, pero le costó bastante. Cuando lo consiguió, noté que un hilo de sangre le adornaba el labio.

    ─¿Vos sos pelotuda o que te pasa? ─preguntó alterada. Luego me miró─ Esta mina está igual de loca que vos.

    Antes de que diga algo más, acorté la distancia que nos separaba y la bese en los labios, prestándole mucha importancia a succionarle la sangre del labio. Se esforzaba por separarse. Cuando lo logró, le dije:

    ─Moderme, puta.

    Luego de mirarme por un instante con desconfianza, obedeció. Sentí una puntada caliente cuando sus dientes se clavaron en mi labio inferior. De inmediato, el sabor de su sangre se mezcló con la mía. Nos separamos y ambas miramos a Clara, que observaba el espectáculo con gran admiración.

    ─¿Querés ser nuestra hermana de sangre? ─le pregunté. Asintió─ Venì entonces ─le dije señalándole el asiento de atrás.

    Cruzó y se sentó a mi lado. Mi hermana la siguió, dejando a Clara entre las dos. La besé con la única intención de causarle dolor, y lo conseguí. Su labio fue el que más sangró de las tres. El asiento trasero se convirtió en un concierto de besos. Clara y yo, ella y Julia, Julia y yo, para finalmente acabar en un beso triple de bocas rojas y sangrantes.

    Mi hermana se montó sobre una pierna de Clara. La imité sobre la otra. Extendimos el beso, mientras le quitábamos el top deportivo negro. Debajo nos aguardaban sus hermosas tetas de quirófano, con pezones pequeños, rosados y duros. Para estar en igualdad de condiciones, le quité la remera a mi hermana y me saqué la mía. Nuestra prima se empachó de tanto chuparnos las tetas, mientras nosotras no dejábamos de comernos la boca.

    Estábamos demasiado calientes. Bajé una mis manos hasta la cocha de clara. A pesar de la ropa, ya se notaba la humedad. Metí mi mano y comencé a masajearla. Mi hermana metió una mano en mi entre pierna y Clara en la de mi hermana. Todo estaba perfectamente coordinado, como si lo hubiésemos hecho durante toda nuestra vida. Estuvimos un rato chupándonos y pajeandonos, disfrutando de nuestros cuerpos y gimiendo como tres gatas en celo, mientras de fondo sonaba María Becerra. A pesar de la incomodidad, nos desnudamos y logramos acomodarnos para darnos aún más placer. Clara se recostó sobre el asiento, yo me senté sobre su cara, y mi hermana, entre arrodillada y sentada en el piso del auto, comenzó a chuparle la concha a nuestra prima. A pesar de que estaba prendido el aire acondicionado, el calor que hacía era tremendo. Tanto, que de a poco se empezaron a empañar los vidrios. Mientras tanto, oímos que varios vehículos pasaron a nuestro lado tocando bocina, cosa que, en vez de amedrentarnos, nos incentivó aún más.

    Cambiamos de posición. Mi hermana se sentó apoyada en una de las puertas. Yo me puse en cuatro, de frente a ella y mi prima detrás mío. Besé a mi hermana, bajé a sus tetas y finalmente, a esa conchita tan rica que tantas ganas tenia de volver a chupar. Tan entretenida estaba, que no noté los movimientos de Clara. Al parecer, se estiró hacia los asientos delanteros, tomó su bolso y sacó su consolador, para meterlo de un golpe en mi conchita, mientras me chupaba el culo. La incomodidad de da darnos placer en ese lugar, se veía totalmente vencida por el morbo que sentíamos. Más allá de la relación incestuosa, el hecho de estar en un lugar casi público le daba un plus extra.

    Mi hermana acabó en mi boca, mientras yo acababa muy cerca de la de mi prima. Al notarlo, sacó el consolador, lo chupo y se lo metió en su conchita. Nos acomodamos como al principio: mi prima en el medio, nosotras sentadas en sus piernas. Entre las tres empujamos el consolador dentro de su concha. Por momentos lo sacábamos y lo chupábamos entre todas. Su sabor era riquísimo. La cogimos hasta hacerla acabar. Sus jugos estallaron de una manera tan violenta que nos empaparon completas todo el torso e incluso el pelo. Nos reímos a carcajadas, mientras nos recostamos una sobre cada hombro. Agitadas, nos besamos con ternura, hasta que un golpe en una de las ventanillas nos devolvió a la realidad. Giramos instintivamente nuestros rostros hacia ahí y nos encontramos con las miradas libidinosas de dos policías. Nuestros corazones se detuvieron de inmediato, al mismo tiempo en que dejamos de respirar.

    ─Señoritas, abran la puerta, por favor ─dijo uno de los policías.

    Nos miramos entre nosotras sin saber que decir ni cómo actuar. De la siguiente secuencia, no tengo memoria. Cuando reaccioné, estaba sentada en el asiento de atrás, temblando y cubriéndome el cuerpo con mis piernas, mientras con mis brazos las rodeaba con fuerza. El auto avanzaba a gran velocidad por la carretera, mientras mi hermana, a mi lado, colgada de los asientos delanteros, le gritaba en estado de histeria total a mi prima:

    ─¡Pará boluda, nos vas a matar!

    Después del increíble momento de placer que habíamos vivido, ahí estábamos. Desnudas, avanzando a toda velocidad, con mi prima al volante. Era la primera vez que manejaba.

    Continuará