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  • Toda la familia se involucra (hoy más unidos)

    Toda la familia se involucra (hoy más unidos)

    Antes de comenzar el relato quiero manifestar mi gratitud a todos los lectores y poner énfasis en aquellos que han confiado a través de mi correo,  [email protected], para que exprese sus vivencias, como es el caso del presente relato.

    Una persona de habla hispana que vive en Sudáfrica y es asiduo lector de CuentoRelatos, me solicito el que hoy, voy publicar.

    Nuestra historia comenzó hace rato, cuando aún vivíamos en Uruguay, mama, de nombre Elba y yo Nicolás.

    Trajimos nuestro romance a cuesta hasta Sudáfrica, donde seguimos disfrutando de nuestros encuentros.

    Te cuento como llegamos a este punto:

    Entrando a casa luego de una mañana agitada, encuentro llorando mi madre.

    – Elba, que pasa mamita ¿porque esas lagrimas?

    – Hola Nico, nada hijo, no te preocupes (rompiendo en llanto desconsolado)

    En silencio la abrace para contenerla, a la vez que le di un gran beso en la frente. Me cuenta que descubrió a mi padre engañándola, nada más y nada menos que con mi hermana Mariela, punto de partida para llegar a un juego de seducción entre ambos, que nos llevó a nuestra situación sentimental actual, siendo amantes hasta el día de hoy.

    Ya con aproximadamente seis meses de esta relación, por motivos laborales de mi papa, debemos mudarnos a putacientos kilómetros de distancia de nuestros afectos.

    Estamos teniendo una tarde de sexo como las habituales, el sabor de su vagina en mi boca cada día se hacía más sabroso, sus gemidos se dejaban oír claramente por todo el cuarto, pedía por favor que pusiera mi verga dentro suyo, yo no quería, mi intención era saborear el fruto que destilaría cuando tuviera el orgasmo, cosa que hizo casi inmediatamente, rebalsando mi boca de ese licor que me embriaga cada vez que lo absorbo. En el fragor de entregarnos al sexo, se nos había pasado la hora en que llega Wilson, mi padre.

    Apresuro mi turno de sexo escarbando las entrañas de Elba hasta llenarla de mi semen que desde temprano quería salir.

    Alcanzamos a ducharnos y cambiarnos a penas. Aun con el olor a sexo rondando la habitación escuchamos la puerta de acceso y sus firmes pasos ingresando.

    – Hola familia, como han pasado el día.

    – Hola viejito, todo transcurrió tranquilo, ¿tu trabajo?

    – Como siempre, aburrido entre computadoras, números y gente. Preparen todo para cenar, traje comida hecha.

    Solo faltaba Mariela, estaba en su día largo de facultad, habitualmente llegaba antes. Su arribo fue aproximadamente una hora después.

    Debo decir que por ser viernes, al otro día ninguno tenía obligaciones, cosa que aprovechamos para tomar algún vinito o cerveza, o en su defecto una bebida autóctona, la que más nos gusta es una llamada Umqombothi, una cerveza tradicional. Hecha con maíz, alto contenido de vitamina B y grados de alcohol más bajo que la mayoría de las cervezas comerciales. En el pasado, solo la bebían los hombres, a pesar de haber sido hecho por las mujeres.

    Hoy nos decidimos por el vino tinto, que fue elegido cuidadosamente por Wilson.

    Debo reconocer que el alcohol corrió a mares esa noche, al punto que las charlas iban subiendo de tenor. Hasta que Mariela envalentonada por los efluvios etílicos, blanqueo la relación con Wilson, cosa que nos sorprendió a mi madre y a mí, no es por qué no lo supiéramos, sino porque lo hablo, y delante de mi padre. Este, se puso colorado, el trago de vino que estaba en su boca lo atraganto, no supo que decir.

    Mi madre espeto:

    – Tranquilo Wilson, no desesperes, ya que estamos sincerándonos, quiero que sepas que tanto tu hijo como yo, ya lo sabíamos, desde que vivíamos en nuestro país. También quiero ponerte al tanto que, con Nico, también tenemos una relación.

    – Que decirte Elba, no estoy en condiciones de nada, solo de pedirte disculpas. Si quieres que me marche estás en tu derecho.

    – No Wilson, si llegamos hasta aquí en estas condiciones, tranquilamente podemos continuar así.

    – Es que no es que no te amé, ni pase mal mi vida sexual con vos, es que…

    – Silencio Wilson, ahorra excusas, ya lo hecho, hecho está, reitero, si llegamos hasta aquí así, continuemos. Calculo que si todos estamos de acuerdo podemos.

    Tanto Mariela como yo, después de conversarlo un rato, estuvimos conviniendo que no habría reparo. Al fin y al cabo, ambos disfrutamos de nuestros padres, como ellos se disfrutan.

    Pasamos largo rato hablando del tema, por suerte lo pudimos hacer en armonía y tranquilidad como personas adultas.

    Al otro día, todo transcurrió en forma habitual. Llegada la noche nos encargamos de la cena con Mariela, y nuestros padres de lavar y acomodar al terminar. Decidimos ver una película todos juntos, para ello preparamos café y rosetas de maíz con un buen licor para después de la infusión.

    Lo que nos costó fue elegir la película, y se me ocurrió poner en una bolsa los nombres de las cuatro pelis que nos gustaban, ganando la de Mariela, que se llama 365 días, así simplemente, 365 días. Cinta que luego nos enteraríamos tenía un alto contenido erótico. (zaga de tres filmes, se las recomiendo)

    Con el transcurso de ella, noto que mi madre se puso una manta finita sobre las piernas, imperceptible, pero me doy cuenta que su respiración se agita, (la conozco, ella es muy sexual).

    Esta película fue subiendo de tono, el alcohol había cumplido con su misión de la desinhibición, veo como Wilson abraza a Mariela, pasa su brazo sobre el hombro para detener la mano en su pecho apretándolo, Mariela deja que su boca emita un suspiro, sus bocas se buscan para permitir que sus lenguas se unan.

    Siento una mano metiéndose en mi pantalón buscando mi entrepierna, vulnerando mi ropa interior para tomar con firmeza, pero delicadamente mi miembro, el que se encontraba duro y quería liberarse del encierro.

    Mientras tanto, Wilson había levantado la falda de mi hermana hasta la cintura, haciendo de lado la tanga verde militar e introduciendo uno o dos dedos en su vagina; no podía ver bien, pero me lo imaginaba.

    Como otras tantas veces, la lengua de Elba y la mía danzaban en un baile frenético. Nadie prestaba más atención a la película, cada uno estaba filmando la suya.

    Comenzamos a sacarnos la ropa y en menos de un tris quedamos todos desnudos, Mariela se subió sobre papa, abriéndose de piernas y sentándose sobre sus muslos, haciendo desaparecer por el medio de sus labios vaginales el miembro erecto, grande y venoso de su amante.

    Me arrodillo en el suelo, acomodando a mama en el sillón, deposito las piernas de Elba sobre mis hombros, observo su vagina, me encanta su forma, deslizando un dedo en su contorno y entre ellos, los que se fueron separando para dar plena visión de su clítoris y entrada vaginal, que me invita a recorrer con mi lengua el camino desde ella hasta su ano. En un grito ahogado que fue subiendo de intensidad, apretando mi cabeza hacia el pubis, Elba se permite descargar su fluido.

    Papa y Mariela seguían en lo suyo, los dedos de Wilson jugando en la vagina nunca detuvieron su movimiento, estimo que jugando con el clítoris, su verga entrando y saliendo, al ritmo, sus jadeos y gritos que se ahogaban por los suspiros que escapaban de sus bocas, trataban de buscar aire para respirar con normalidad. La boca de papa se posó sobre las tetas redondas de Mariela, alcanzo a ver como con sus dientes muerde los pezones, su cuerpo se tensiona, para darle paso a los movimientos agitados de Wilson, que hicieron estremecer a la pareja cuando dejaba entrar a la visera vaginal de Mariela su jugo seminal. Jadeante ella se dejó caer laxa sobre él.

    Wilson saco su miembro, del interior de su vagina escurría un líquido blanquecino que poco a poco iba humedeciendo el sofá.

    Luego de tremenda sesión de sexo, Wilson y yo fuimos por unas bebidas, preparamos unos clásicos ron-cola para los cuatro, sentándonos en el sofá nuevamente, para conversar como si fuera habitual lo ocurrido.

    Me detuve a observar:

    · Elba preciosa mujer, cincuenta y cinco años muy bien llevados, morena, grandes tetas naturales y buen culo, un poco pasada de peso.

    · Mariela, un poco más baja que yo, cuerpo de gimnasio, no exuberante pero hermoso, piernas fuertes, pechos pequeños, brazos trabajados y culo firme.

    · Wilson, cincuenta y siete años, se le notan los casi dos metros que mide, fuerte y un tatuaje que recordaba su paso por la marina. Debo reconocer que es atractivo.

    Solo quedo yo, veintiséis años (dos más que mi hermana) herede algo de la altura de Wilson, no soy de gimnasio pero me mantengo bien, soy delgado y fuerte debido a mi trabajo, piel clara, pelo corto y crespo, vientre plano con algún musculo marcado.

    Tomando a Mariela del brazo, la hice ubicar a mi lado, bese sus labios por primera vez sintiendo su calidez y habilidad para hacerlo, sus pechos son suaves y sus glúteos tersos y duros. Cambiándola de posición, apoya la cabeza en el respaldo y sus rodillas en los almohadones, las separa lo más que puede, quedando sus partes a mi disposición. Voy desde su vagina hasta su ano, donde me detengo a lamer gozándolo, este comienza a dar pequeños latidos, como dándome permiso para continuar. Poniendo mi lengua en punta y dura, incursiono en su interior, originando una serie de gemidos que salieron de su boca sin reprimir ninguno de ellos.

    Con una mano busco su vagina húmeda por sus jugos y el semen que ya había recibido, mientras con la otra alternaba mis dedos y lengua en la salida del ano introduciendo uno y otro.

    Me di cuenta que tuvo visitas anteriores por esa vía, su predisposición me indico no necesitar lubricantes, solo use los fluidos que salían de su vagina, colocando la punta de mi pene en la pequeña abertura hice presión para abrirme paso, cosa que lo hizo fácilmente, entrando toda la longitud de mi verga sedienta de mi hermana, la tome del pelo a modo de rienda y con la mano derecha le daba nalgadas en ese hermoso culo, mis caderas iban y venían, cada vez creciendo en ritmo y más fuerza, el detonante para llenar su cavidad de mi líquido seminal fueron los gemidos y gritos de placer que profería.

    Al sacar mi pene, su agujero anal estaba abierto, viendo cómo se escurría el semen desde ese sitio hacia su vagina.

    Wilson sin perder tiempo, tomo a mi madre y hermana recostándolas en el sillón para que nos ofrecieran un espectáculo lésbico.

    Acerco dos sillas ubicándolas frente a ellas, dos lugares de lujo para dos espectadores privilegiados.

    Observando sus pelvis totalmente depiladas, me imaginaba el festín que se iban a proporcionar.

    Le sembró un gran beso de pasión, sus cuerpos completamente desnudos brillaban bajo la difusa luz de una lámpara. Su excitación era tal que besaban sus tetas introduciendo los pezones en su boca, alternando uno y otro. Fueron bajando entre besos por todo el torso hasta llegar a sus muslos firmes, para detenerse en sus respectivas vaginas, la una con su lengua jugando entre labios mayores y clítoris, la otra con sus dedos masturbando ese cuerpo tan bien cuidado.

    Sabíamos con Wilson que se venía el inminente orgasmo pues los gemidos pasaron a ser gritos que pedían la introducción de los dedos dentro de esas chorreantes vaginas. Comenzamos a masturbarnos parándonos al lado de ellas.

    Elba fue la primera en introducir tres dedos y hacer un mete y saca violento, Mariela la siguió metiendo índice y medio, mientras el pulgar jugaba con su clítoris, solo se escuchaba en la habitación, esos gritos placenteros que únicamente los arranca el sexo, estaban en un estado de excitación tal que ya no median el volumen de esos gritos que pedían mutuamente seguir, los cuales se elevaron cuando explotaron en un tremendo orgasmo cada una con una pequeña diferencia de tiempo.

    Nosotros seguíamos con nuestra masturbación mientras ellas trataban de recuperar aire y bajar la agitación que les había producido su momento.

    Fui el primero en descargar mi semen sobre ellas, un poco en la cara de cada una, que alcanzaron con sus dedos para llevarlo a su boca para probar el fruto de mi pene.

    Calculo que la excitación de ver esa escena, hizo que Wilson haga lo propio con su producto masturbatorio, sobre las tetas y parte de la cara, realizando el mismo procedimiento de no desperdiciar ni una gota del semen expulsado.

    Ya finalizada la faena, tomamos turnos para ducharnos y cambiarnos. Procedimos a sentarnos en torno a la mesa con un café, charlamos lo sucedido con toda naturalidad.

    – (M) Es como si lo hubiésemos hecho toda la vida.

    – (N) (riendo) es que lo hicimos siempre Mari, solo que no sabíamos.

    – (W) Es verdad, cuanto que nos perdimos. Por lo visto ya termino el secreto que, egoístamente, veníamos guardando.

    – (E) la verdad que, y voy a hablar por las dos, nos encantó disfrutar los hombres de la casa.

    – (M) si mama totalmente, hoy descubrí un nuevo Nicolás, no sabía que me podría proporcionar tanto placer mi botija.

    Y así mi estimado Luis, es como comenzó toda la historia, que aun continua con el correr de los años. Mi hermana se casó, pero nuestros encuentros familiares siguen su curso una o dos veces por mes.

    Prometo que lo sucedido es verdad, si lo consideras, espero la publicación del mismo. Atte. Xxxx. (me pidió no revelar el nombre verdadero).

    “Los sentimientos de valor sólo pueden florecer en un ambiente donde se aprecien las diferencias individuales, se toleren los errores, donde la comunicación sea abierta y las reglas sean flexibles, el tipo de ambiente que se encuentra en una familia cariñosa.” (Virginia Satir) Trabajadora social y psicoterapeuta.

  • Aquellos seductores ojos castaños…

    Aquellos seductores ojos castaños…

    Me crucé a mi primer amor una calurosa tarde de primavera. Los años habían pasado, pero eses seductores ojos castaños y esa dulce sonrisa la reconocería en cualquier parte.

    Aunque sus rasgos más característicos siguieran intactos, su aspecto había cambiado al igual que el mío. Tengo que admitir que ahora su rostro era mucho más atractivo, su mandíbula bien definida y el haberse dejado barba le daban un toque cautivador. Por otra parte, su cuerpo era fuerte y robusto, pudiendo apreciarse su marcado abdomen a través de la camisa blanca que llevaba puesta.

    Estaba claro que ese chico que había conocido se había convertido en todo un hombre. No era para menos, ya que habían transcurrido doce años desde que nuestros caminos decidieron separarse.

    Él había sido la primera persona en tocar no solo mi cuerpo, sino también mi alma. Me enseñó a disfrutar mi sexualidad, proporcionándome mis primeros orgasmos. Nunca olvidaré el día en que logré alcanzar el clímax por primera vez. El dolor y el placer se entremezclaban, mientras mi cuerpo se estremecía desenfrenadamente.

    A pesar de no poder estar juntos, nunca logré olvidarme de él. Entre nosotros siempre habría existido una conexión especial, una conexión que iba más allá de lo mero físico. Quizás por eso nunca habían durado mis relaciones.

    Ahora a mis treinta años, volvía a encontrarme al que había sido el amor de mi vida. Me acerqué a él para saludarlo y hablar un poco. Me comentó que también estaba soltero, que se la pasaba de aquí para allá por temas de trabajo y no había logrado establecerse con nadie. De hecho, ahora estaba alojado en una casa cercana, ya que sólo estaría aquí por unos días. Con una voz un poco temerosa me invitó a seguir la conversación en su temporal alojamiento.

    Entre risas y carcajadas estuvimos rememorando viejos tiempos con una copa de vino en mano. La tensión entre los dos se podía palpar en el ambiente, y sin darme cuenta habíamos llegado al dormitorio. Todo estaba sucedido demasiado rápido. Noté como él se acercaba y me abrazaba por detrás. Sus manos recorrieron todo mi cuerpo, haciendo hincapié en mis senos y logrando que estos se endurecieran. A su vez, mi sexo se humedecía dejándome lista para soportar sus apasionadas envestidas. Le gustaba empezar lento, mientras yo disfrutaba cada sensación. Con cada penetración aceleraba cada vez más sus movimientos, llegando a un punto en el que yo ya no podía detener los ahogados gemidos que salían de mi boca. Hasta que, finalmente, los dos conseguimos alcanzar el éxtasis del placer juntos.

    Totalmente relajada me acosté sobre su pecho, mientras nos besábamos y él acariciaba mi cabello. Aún recordaba lo mucho que eso me gustaba después del sexo y él siempre se había preocupado por mi satisfacción.

    No pude evitar entristecerme, sabiendo que al día siguiente tendríamos que despedirnos por segunda vez en nuestras vidas. Pero no estaba arrepentida, haberme acostado con él esta noche había sido como rememorar nuestros hermosos años de juventud. Años en los que se vive un amor puro e inocente, ese que rara vez se vuelve a experimentar ya de adulto.

  • Mi primo y su amigo me follan atada por todos los orificios

    Mi primo y su amigo me follan atada por todos los orificios

    Mi nombre es Sandra y tengo 21 años. Después de follar por la tarde con mi primo y su amigo por separado, por la noche me follan atada en plan esclava por todas partes y me llevan a comportarme como una zorra con ganas de recibir más y más.

    Resumen de la primera parte:

    Ayer salí a pasear en barco velero con mi primo Nacho. Su amigo Dylan, un australiano de pelo rubio y rizado, ojos azules y que está como un queso, se apuntó en el último momento. Hicimos nudismo y quedé maravillada con el miembro del rubito. Después de nadar un rato en el mar, me senté a descansar en unas rocas bajo el acantilado, para relajarme y se me pasara el calentón. En esto estaba cuando Dylan emergió del agua. Entre unas cosas y otras, terminamos follando allí mismo. Entonces entendí que ellos lo habían planeado con intención de follarme juntos al caer la noche, además de una sorpresa que, según el australiano, me tenían reservada. Estaba tan cachonda, que terminé enculada por mi primo como aperitivo de lo que habría de venir.

    “Mi primo y su amigo australiano me follan en un barco velero”

    Segunda parte y final.

    A eso de las diez de la noche, mientras yo disponía todo para la cena, Dylan y mi primo preparaban un par de trampas para capturar langostas. Dylan quedó a la espera cuando las echaron al mar y Nacho regresó conmigo, pero en la pequeña cocina todo estaba listo. Sin nada más que hacer, mi primo se entretuvo anotando datos en el cuaderno de navegación, y yo fui con el australiano. Me senté en cubierta igual que él, con las piernas colgando por fuera del casco.

    ―¿Cómo van las capturas? ―le pregunté forzando la sonrisa.

    Él tiró de la cuerda, estimó el peso y respondió igual que un niño impaciente:

    ―Todavía no ha caído ninguna, pero no deben tardar.

    ―¿Puedo pedirte un favor muy grande? ―pregunté poniendo morritos.

    El rubito asintió con la cabeza y quedó a la espera.

    ―Sube las trampas lo suficiente para que no caiga ninguna. Luego le dices a Nacho eso, que no han caído. Hazlo por mí, por favor.

    Dylan me miró sorprendido y tiró por el camino equivocado.

    ―No me digas que eres de esas que no comen nada que haya estado vivo.

    ―No, no es eso, como de todo, pero sin saber o ver cómo ha ocurrido. Con las langostas, supongo que será de forma cruel y estaré cerca. Prefiero no imaginarlo, ni comentarlo con Nacho, porque es un cabezota y me lo negará. Por otro lado, no entiendo que dos amantes de la fauna marina, pretendan lo que pretendéis ―añadí con los ojos humedecidos.

    Al verme en este estado, entendió cuán importante era para mí y lo hizo. Yo estaba tan feliz, no solo por salvar a las langostas, también porque se mostró comprensivo y solidario conmigo, que me abalancé sobre él, caímos al suelo y quedé tendida sobre su cuerpo. Le besé varias veces al tiempo que acariciaba su mejilla hasta la sien, luego le hablé conmovida.

    ―Eres un buen tipo. Imagino que tu mujer sabe la suerte que tiene contigo. Pero, ahora que caigo, si le dices a ella, en un arranque de sinceridad, algo sobre lo que ha ocurrido y ocurrirá, déjame al margen, porque Denia es una ciudad pequeña y no quiero problemas.

    ―Hace tiempo que arrastramos problemas y cada uno va a lo suyo ―dijo con un hilo de amargura.

    ―Pues lo que ella desprecia, otras lo aprovecharán, yo en este caso, porque debes ser un rompe corazones.

    ―No es tan fácil como imaginas, Sandra, porque la mayoría de las mujeres con las que puedo tener algo, saben que estoy casado y no es cuestión de airear mi vida sentimental.

    ―Pues no sufras por eso, Dylan, porque puedes llamarme cuando quieras y nos damos un homenaje en plan, soy la más puta de todas y tú el mayor pervertido.

    Esbocé una sonrisa tratando de despertar una en su rostro. Lo hizo y volví a besarlo, al tiempo que alzaba el vientre lo justo para introducir la mano entre la bermuda que vestía. Llegué a su verga y estaba dura como un salchichón.

    ―Espero que hayas rellenado el depósito desde que lo hicimos esta tarde ―le dije mientras se la acariciaba―. Mira que no admitiré gatillazos por parte de ninguno.

    Dylan soltó una carcajada y plantó sus grandes manos en mi trasero. Las percibí como si tocaran la piel desnuda, gracias a la tela fina de mi pantaloncito.

    ―Mejor no sigo, no sea que te vengas antes de tiempo ―le dije forzando una mueca maliciosa.

    Me deslicé por su cuerpo hacia abajo, tiré de la bermuda hasta que tuve el miembro a la vista, le di unos besos en el capullo y lo succioné unas cuantas veces, antes de ponerme en pie.

    ―Esto es solo un pequeño adelanto ―anuncié―. Ahora vamos con Nacho, que debe estar impaciente.

    Le ayudé a levantarse, subió las trampas vacías y regresamos con mi primo.

    Dylan le habló de las escurridizas langostas, tal y como acordamos, y yo añadí, bromeando, que eran discípulas del Gran Houdini. Todos reímos y nos conformamos con lo que había, que no era poco, con un menú compuesto por una tabla de quesos variados, otra de embutidos, un bol grande con ensalada de frutas, otro pequeño con pepinillos en vinagre ―que tanto me gustan― y pan en abundancia, acompañando con agua, vino y cerveza al gusto de cada cual.

    Después de cenar, mientras degustábamos un exquisito pastel de manzana que había preparado mi madre, los pepinillos seguían en la mesa porque yo era la única que los probó. Entonces se me ocurrió una maldad y me metí gateando bajo la mesa, fingiendo que buscaba un pepinillo caído.

    ―Estabas aquí, pequeño travieso ―dije con voz aniñada al tiempo que sacaba la verga de Nacho de su bermuda. Este dio un saltito sobre el asiento y añadí―. Ya no te volverás a escapar.

    Dylan era incapaz de contener las carcajadas. Nacho no reía, estaba entregado a la mamada que yo le practicaba.

    ―Parece que después de todo, este no era mi pepinillo, porque es demasiado pequeño ―bromeé tras un par de minutos chupando la polla.

    La dejé y me fui a por la de Dylan, que no me vio venir porque se mondaba de risa.

    ―Este pepinillo se parece más al que busco ―dije cuando la tuve en las manos―, pero también debo probarlo para estar segura.

    La metí en la boca y le dediqué más tiempo y entusiasmo. Había decidido que Dylan sería mi favorito en agradecimiento a su gesto con las langostas, también por mentir a su amigo por mí.

    Apenas salí de debajo de la mesa, Nacho anunció que me tenían reservada una sorpresa, ―como si yo no lo supiera desde la tarde, aunque Dylan no había especificado cuál era―, y propuso dármela. Yo negué con la cabeza y ellos quedaron mudos, lanzándose miradas de, esta tía está como un cencerro. Les di más motivos para pensarlo cuando salí corriendo hacia cubierta. Pocos minutos después salieron a buscarme, pero no me hallaban por ningún lado.

    ―Puede que se haya tirado al agua ―dijo Dylan.

    ―No hagas payasadas, Sandra, que de noche es peligroso nadar ―gritaba mi primo rodeando el casco con la vista puesta en el agua.

    Con el fin de que no se preocuparan, pues tan solo era un juego, hice un ruido premeditado, el australiano me vio entre la vela recogida en la botavara ―palo horizontal unido al mástil― y me pidió que bajara.

    ―No pienso bajar porque queréis abusar de mí ―dije conteniendo la risa―. Debéis saber que soy la hija del gobernador más importante en las Américas, del temible Gobernador de las islas Coños Vírgenes. Vosotros sois piratas, también temibles, que me han secuestrado sin pedir rescate, motivados únicamente por el deseo perverso de hacerme vuestra hasta saciaros. Dentro de lo malo, al menos no sois viejos ni feos, tampoco con pata de palo ni parche en el ojo.

    No pude contener la risa, ni ellos, que lo hacían a carcajadas.

    Viendo que Nacho venía a cogerme desde un lado, quise zafarme corriendo, pero Dylan me capturó en el otro, abrazando mi cintura fuertemente desde atrás y levantándome del suelo un palmo. Evité gritar, porque reinaba el silencio de la noche, ―alguien que estuviera a menos de unas millas podría pensar lo que no era―, y patalear demasiado por no lastimar al bueno de Dylan.

    ―Échame una mano, Nacho, que esta fierecilla está descontrolada ―dijo el rubito en plan, soy una nenaza.

    ―Nacho, no, por dios te lo pido, también por mis catorce hijos. ―Ya no pude contener la risa―. Porque es el granuja que me pervirtió siendo yo tan joven y desvalida.

    En una milésima de segundo, cambié ‘granuja’ por ‘mi primo’, parentesco que Dylan desconocía; Nacho le había dicho que solo éramos amantes.

    Riendo como un chiquillo, mi primo me cogió de los pies y juntos me llevaron al camarote, igual que dos matones de la mafia cargando un fiambre. Allí, a los pies de la cama, ―que ocupaba todo el espacio entre los mamparos de estribor y babor―, Nacho cogió una cuerda de nailon, mientras el otro me sujetaba fuertemente, la pasó por un gancho en el techo, me ató las manos juntas con un extremo, tiró de la cuerda hasta dejarme con los brazos en alto y los pies descalzos bien asentados en el suelo, y amarró el otro extremo a una barra de metal en el cabecero de la cama.

    ―No me azotéis, por favor ―gemí fingiendo temor―. Prefiero ser follada antes que recibir latigazos. Prefiero placer antes que dolor.

    ―Ya veremos qué hacer contigo, golfilla ―dijo Nacho metido en su papel.

    Yo no podía creer que aquella fuera la sorpresa que tan celosamente me habían ocultado. Lo mejor de todo es que me excitaba la situación, ya acostumbrada a que Nacho me lo hiciera atada desde que, el primer día, le engañase diciendo que me gustaba el sexo de este modo.

    ―Creo que lo primero sería desnudarla ―opinó Dylan en un arranque de lucidez―, porque así lo veo complicado.

    ―Elemental, querido Watson ―dejé caer con risitas.

    ―La desdichada no sabe lo que se le viene encima ―añadió Nacho desafiante.

    En un alarde de masculinidad, Nacho desgarró la camiseta que yo vestía. Entendí que conocía que para mí era vulgar y corriente.

    ―¡Bravo! He aquí, damas y caballeros, al pirata más temible de los mares ―proclamé a bombo y platillo, como el director de pista en un circo.

    ―Tú solito te lo has buscado, compañero ―dijo el australiano riendo como un canguro―. Ya no te quitas el San Benito, como decís en España. Con lo fácil que es hacerlo antes de atarla ―añadió.

    A modo de demostración para su amigo, Dylan me bajó el pantaloncito y lo sacó por los pies. Así quedé completamente desnuda.

    Entonces, Nacho aflojó la cuerda en el cabecero, vino a mí, se quitó la bermuda y me forzó a arrodillarme. No opuse resistencia, abrí la boca y pugné por tragar su verga erecta adelantando la cabeza hacia ella, pero Nacho era quien quería jugar ahora y retrocedió un paso. Gateé como buenamente pude, porque seguía con los brazos en alto, tratando de alcanzar la salchicha.

    Fue una situación para olvidar, la típica que no publicarías en las redes sociales por muchos millones que te hiciera ganar.

    ―Ya basta, Nacho ―le dije con carita de niña arrepentida―. Si me das el salchichón, mira que lo ensalzo por encima de una salchicha, prometo no burlarme más de ti.

    ―Esto es actitud, estimado Dylan ―presumió ante su amigo y luego avanzó un paso.

    Como tenía la polla inclinada hacia mi derecha, y Nacho seguía juguetón, me tocó esforzarme para abarcarla con los labios. ―Ya no te me escapas―, pensé, mientras convertida en una serpiente la tragaba. No obstante, Nacho se apiadó, ―entre comillas porque tenía tantas ganas como yo―, sujetándola con la mano para facilitarme la felación.

    ―Yo también quiero ―dijo el australiano al tiempo que se desnudaba.

    Se colocó al lado de mi primo y fui tragando una u otra polla en función de sus caprichos, alternándose en periodos de apenas medio minuto, suficiente para que mis labios y lengua hicieran maravillas, lamiendo el glande primero, succionando después antes de tragar cuanto buenamente podía.

    ―Es suficiente por ahora ―anunció mi primo y volvió a tensar la cuerda, suficiente para que mi cuerpo pudiera doblarse un tanto por la cintura.

    Mientras Nacho me acariciaba los pechos y pellizcaba los pezones, Dylan se puso a mi espalda, me separó la nalga derecha buscando la entrada vaginal y me hundió la pija con dos empujones. Opinando que con uno bastaba, estando tan mojada, arqueé la espalda y saqué culo.

    Las penetraciones ganaron potencia y velocidad, gracias a que Dylan me tiraba de las caderas y soltaba cuando el culo rebotaba contra su vientre.

    ―Tienes que probar ese culito casi adolescente, Dylan ―dijo Nacho pegado por delante a mí, mientras me masturbaba el clítoris con dos o tres dedos, ―era difícil precisarlo―.

    ―No paréis ahora, por lo que más queráis ―imploré gimoteando a las puertas del orgasmo, juntando los muslos y las piernas cruzadas, suspendida porque las rodillas no me sustentaban.

    No recordaba un orgasmo tan intenso a mis casi veintidós años, y lo festejé gritando al borde de la histeria.

    Nacho fue el siguiente detrás de mí. Me colocó de cara a la cama, para joderme bien jodida mientras yo se la chupaba al rubito subido en ella. Repitieron otra vez cada uno, pero el placer, aunque mucho, no era igual.

    ―Dylan, guapetón, hazme un favor y coge un botecito de lubricante anal que tengo en el bolso ―le pedí con extrema dulzura cuando noté que quería encularme―. Si os vais a dedicar los dos a lo mismo, creo que necesitaré ayuda.

    Desde el segundo día que follé con Nacho, lo tenía en el bolso por si acaso.

    El australiano se embadurnó la polla, luego puso una buena cantidad en el ano y me fue penetrando despacio, arrancándome gemidos de dicha con cada centímetro ganado, hasta que enterró la mitad y comenzó a sodomizarme enloquecido, arrancándome alaridos de placer, empujando al tiempo que tiraba de mí, aferrado con las manos a las tetas. Entonces recordé cuando nos espió por la tarde, especialmente su rostro excitado cuando mi primo me daba por el culo.

    ―¿Así se lo hiciste a la holandesa en Ibiza? ―le pregunté a Dylan girando el rostro hacia atrás.

    ―No fue lo mismo ―respondió entre jadeos―. Ella no movía el culito como lo haces tú. Yo apenas tengo que hacer nada.

    ―Entonces aprovecha para darme gustito en el clítoris con los dedos.

    Antes de que Dylan lo hiciera, mi primo se anticipó.

    ―Tú jódela bien el culito, que yo me encargo de lo otro.

    Nacho detuvo mis movimientos un instante, el tiempo justo para levantarme la pierna derecha y clavarme la verga en el coño por delante.

    ―Dale ahora, amigo mío ―dijo mi primo―, que esta zorra nunca ha probado dos pollas al mismo tiempo.

    En esto tenía toda la razón, porque nunca me habían hecho una doble penetración. Entonces, para guardar el equilibrio, pasé las manos atadas por su nuca, me colgué de su cuello y sentí cierta vergüenza, porque no podía ocultar mis gestos de putilla viciosa. Así llegué al clímax, exigiendo, al borde de la histeria, al australiano que me destrozara el culo.

    ―Ahora ponte tú delante, Dylan ―apremió mi primo―, que ya voy teniendo ganas de correrme y antes quiero disfrutar su culito.

    Antes de encularme, Nacho me metió dos dedos en el coño desde atrás y me folló con ellos al tiempo que me comía el cuello. Yo suspiraba con la boca muy abierta y los ojitos entornados. Luego introdujo la verga entre los muslos y quedó quieto. De este modo deslicé la raja por la polla con impetuosos movimientos de pelvis.

    ―Ahora lo necesitarás más que nunca ―dijo antes de embadurnarse el miembro con lubricante―, porque te voy a joder el culo hasta que me canse.

    Me obligó a levantar nuevamente la pierna y me la clavó en el ano de un envite. Dylan me la sostuvo en el aire y penetró el coño.

    ―¿Te parece que nos corramos cada uno en un agujero? ―propuso Nacho a Dylan.

    ―Dylan no, que apenas le conozco ―protesté anticipándome a la respuesta del otro, mirándole a los ojos―. No te lo tomes a mal, Dylan, pero no me gusta que se corran dentro de mí, sin tener plena confianza. Esta tarde lo hiciste en la boca y puedes repetir.

    ―No te preocupes, preciosa ―respondió comprensivo cuando empezó a follarme el coño―, porque tengo en mente algo intermedio.

    No discutí cuál sería ese algo intermedio y preferí esperar acontecimientos.

    Durante unos diez minutos los dos me dieron placer al mismo tiempo, acompasados como si tuvieran experiencia haciéndolo juntos. El primero en correrse fue mi primo, inundando el recto con varias descargas tibias y abundantes. Cuando hubo terminado, el rubito me liberó las manos, me forzó a tumbarme a los pies de la cama, juntó mis muslos y volvió a penetrarme el coño. Me folló unos minutos más, la sacó y me derramó el semen por encima del ano. Luego siguió pajeándose, disfrutando los últimos resquicios de placer, mientras observaba cómo el semen fluía por la raja de la vulva, ahora cerrada, hasta pringarme la cara interna de los muslos. Yo terminé masturbándome en esta postura, metiendo la mano por debajo del vientre, unos minutos más hasta correrme por tercera vez.

    ―Ha merecido la pena, compañero ―dijo el australiano a mi primo―. Es más pervertida de lo que habías comentado.

    Los dos rieron, y yo con ellos, feliz porque este tipo de comentarios me gustan en estas situaciones.

    Un rato después, mientras hablábamos distendidamente sentados en los bancos de popa, planeamos cuándo podríamos repetir. Si por mi fuera, querría todas las noches, pero no llegamos a concretar porque mi trabajo nocturno era un inconveniente: tampoco era cuestión de salir a las cinco de la madrugada, navegar hasta un lugar discreto, hacerlo y regresar con el día a dormir en casa y levantarme para comer con mis padres.

    Nos acostamos a eso de las cuatro de la madrugada, los tres juntos en la cama conmigo en medio.

    Era medio día cuando desperté con una extraña sensación, como si viviera un sueño. Abrí los ojos y mi primo no estaba, sin embargo, en la postura de la cucharita, noté deslizarse algo entre mis nalgas. Giré la cabeza y ahí estaba el australiano, paseándome la verga por la raja.

    ―No me digas que tienes ganas otra vez ―le dije con cierta apatía.

    ―Solo uno rapidito ―propuso él.

    ―Haz lo que quieras, pero yo no me muevo, que estoy para el arrastre ―respondí con la misma apatía.

    Solo consentí que me estirara la pierna derecha, la que tenía sobre la sábana, luego se arrodilló a horcajadas sobre ella, separó las nalgas con una mano y me penetró el coño. Así me estuvo follando unos diez minutos, luego colocó la polla delante de mi boca, la abrí y esperé con la lengua fuera a que se corriera en ella.

    ―Me has ahorrado el desayuno ―dije después de tragar su leche y reímos juntos.

    ―¿Iba en serio la propuesta que me hiciste anoche? ―preguntó poniéndose serio.

    ―Supongo que te refieres a cuándo te propuse llamarme cuando quieras y echar un polvo en plan guarro. ―Dylan afirmó con los ojos y le tomé la mano―. Claro que iba en serio. Es más, te diré algo y que quede entre nosotros. ―Afirmó con el mismo gesto―. Con Nacho me gusta follar y quedo satisfecha, pero contigo disfruto más. Creo que puedo compartirme con los dos cuando no estemos juntos los tres.

    En esto quedamos y fuimos con Nacho.

    Cuando regresábamos a puerto, mi primo me dejó llevar el timón por mar abierto. Aprovechamos esta situación para aclarar cierto asunto. No me gustó la encerrona que me había preparado con Dylan, aunque terminó gustándome. Por ello llegamos a una serie de acuerdos: por un lado, convinimos que era buena idea mantener en secreto que éramos primos fuera del ambiente familiar; por otro, limitarnos a una relación estrictamente sexual; por último, permití que me sorprendiera en el futuro y someterme a sus caprichos para que me viera como una golfa y yo a él como un cabrón, fomentando así una relación liberal alejada de los sentimientos románticos.

    Solo el paso de los días nos mostraría si el camino elegido era para bien o para mal.

    |――――――――――|

    Espero que el relato haya sido del agrado de los lectores. Reitero que los comentarios son buenos para conocer vuestras impresiones o sugerencias. Prometo responderlos todos.

  • El brujo (2)

    El brujo (2)

    Al día siguiente a mi mujer ya casi no le dolía el estómago por lo que el «tratamiento» estaba funcionando así que decidió ir al otro día a su consulta con el brujo.

    Así fue que ella se fue sola ya que yo no podía ir por motivos de trabajo o eso es lo que le hice creer ya que ese día pedí permiso de llegar más tarde ya que la cita era temprano, salí de casa como cualquier otro día y espere a que ella saliera, en esa ocasión salió con una blusa negra con escote y una mini de vuelo que le hacían lucir sus lindas piernas, ya pasados unos minutos emprendí el camino a aquella choza que estaba alejada de las demás y no tendría problema para esconderme sin ser visto, cuando me acerque pude ver y escuchar al brujo que le hacía preguntas sin sentido a mi mujer, como a qué hora llegaba yo de trabajar, cuánto tiempo de casada, que si desconfiaba de alguien que le quisiera hacer daño y otras tonterías.

    Las cuales mi mujer contesto diciendo que llegaba en la noche de trabajar, y que no desconfiaba de nadie, a lo cual él le contesto que no se preocupara ya que él la iba a curar y podría quedar embarazada, así que como la ves anterior le dio de beber un té y la hizo que se acostara para poder limpiarla con hiervas, aceites y esencias que poco a poco iban haciendo que mi mujer se relajara y quedará profundamente dormida.

    Así fue como el brujo prosiguió a levantarle la blusa a mi esposa y a chuparle sus pechos de forma desesperada y a acariciar sus piernas hasta llegar a su panochita a la cual empezó a acariciar por encima de su tanguita, que se veía que se empezaba a humedecer, por lo cual quiero suponer que no estaba del todo dormida.

    Así estuvo un rato hasta que el brujo se sacó su vergota y se la empezó a pasar por la boca hasta que logro introducir una gran parte dentro de ella asiendo que le hiciera un rico oral, que el brujo solo se retorcía de placer.

    Cuando tuvo la verga toda llena de babas le quitó la tanguita negra a mi mujer y se la dejo ir de una sola estocada haciendo que mi mujer diera un fuerte suspiro y así el brujo se la empezó a coger salvajemente como por media hora hasta que no pudo más y se vino dentro de ella, y creí que ahí acabaría todo pero no fue así, ya que el brujo saco su verga bien lubricada de los jugos y la corrida que se había dado y le dio la vuelta a mi esposa quedando casi en posición de perrito y el brujo prosiguió a chuparle su culito virgen y a meterle primero un dedo, después dos para empezar a dilatarlo y me dio mucho morbo ya que ni yo había podido ni tocárselo y el brujo estaba a punto de estrenarlo.

    Así fue cuando vio que ya lo tenía listo se agarró la verga que no se le había bajado ni un poco y apunto a su estrecho culo, que no creí que le fuera a caber semejante verga, con algo de trabajo logro meter la cabezota de su verga y en pocos segundos ya la tenía bien ensartada por el culo lo cual hizo que mi mujer se quejara pero no abría los ojos pero parecía que si sentía lo que sucedía así fue que el brujo espero unos segundos a qué ese culito se acostumbrara a su verga y empezó a bombearla lento, se la sacaba casi toda y se la volvía a enterrar completa así por varios minutos hasta que ya le entraba sin problemas y fue cuando empezó a aumentar la velocidad de su cogida asiendo que todo el catre se moviera de tal forma que parecía que se desarmaría en cualquier momento.

    Así se la estuvo cogiendo por un rato y después la puso de lado y se la siguió cogiendo por el culo por otros veinte minutos hasta que le llenó el culo le leche, a los pocos minutos despertó mi mujer y en ese momento yo me fui de ahí para mi trabajo y al llegar me encerré en el baño y me masturbe como nunca.

    Ya al llegar a casa le pregunte a mi mujer que le había dicho el brujo y ella me dijo que le había sacado algo del cuerpo y que quemaron ahí mismo y que estaría viendo mejoría en cada sesión, yo le pregunté que porque caminaba raro y me dijo que se había golpeado con algo la pierna pero que le diría al brujo para que se la sobara y así fue como la citó la siguiente semana a lo cual no pude ir pero en la noche que llegue ella me dijo que había ido otro brujo a ayudar que porque su mal era muy poderoso y necesitaba más ayuda y yo me quedé pensando si se la habrán cogido los dos porque dijo que no recordaba mucho de la sesión solo que la cargaban y que le decían groserías pero no sabía si era a ella o al mal que tiene y me dijo que la próxima semana tenía nueva sesión que aquellos dos brujos, así que intentaré no perderme la sesión de mi querida esposa.

  • Mi ex jefa

    Mi ex jefa

    Cómo ya he contado en relatos anteriores, mi ex jefa me inicio en el sexo lésbico.

    Después de unos meses de iniciar esa aventura, tuve que mudarme de Ciudad y renuncie al trabajo. Al principio ella se molestó, pero con el paso del tiempo lo acepto. Aun cuando yo necesitaba estar con ella, tuve que ocupar mi mente en otras cosas, porque el deseo de estar lo más cerca de ella se me hacía difícil. Extrañaba sus besos llenos de erotismo y pasión y esos mensajes que encendían mis deseos cada día.

    Hoy después de muchas semanas de no verla y solo mensajear, me avisó que estaría en la ciudad donde vivo y que me esperaba en un bar. Apenas salí, me dirigí al lugar, super excitada por la emoción de verla. No sé cómo me controle para no abalanzarme sobre ellos en cuanto la vi. Nos abrazamos, bebimos, conversamos, y en un mensaje discretamente me dijo: ve al baño y métete este juguete, te quiero bien perra para cuando vayamos a tu departamento. Hice lo que me indico y eso me puso al mil.

    No veía la hora en que saliéramos de ese lugar y viniéramos a mi departamento.

    Por fin llegamos… Nuestros labios se apoderaron entre si, no podíamos parar de besarnos, nuestras lenguas se enredaban, gemíamos, nos tocábamos, yo me apodere de sus tetas de sus pezones, con mis manos Mientras ella jadeaba y decía: cómo te extrañaba así perra caliente. Me jalo el cabello hacia atrás para penetrar mi boca con su lengua y yo no paraba de sentir como sus pezones se ponían duros.

    Así pasaron varios minutos, entre besos apasionados, devorando nuestros labios y lenguas. Estrujando nuestros pezones, tocando nuestras tetas. Tu mujer está aquí, contigo, no te detengas. El juguete dentro de mi se salió de lo mojada que me sentía. Despojarla de sus ropas, besar su piel desnuda y sentir como ella me quitaba la ropa, el sostén y que por fin después de tantos meses, su boca chupara mis tetas y succionara mis pezones, bastó para sentir un primer orgasmo. La deseaba, no podía aguantar más.

    Me tumbó en la cama, se montó sobre de mi y no paraba de decir, te deseo mi perra caliente, mi puta sabrosa. Dame tus jugos, eres mía, mi mujer. Solo mía

    La puse debajo mío y recorrí su cuerpo, fue mi turno de saborear mucho sus tetas, cómo las extrañaba cómo las deseaba y seguí bajando hasta llegar a su vagina, así rosadita, mojada, jugosa, que placer sentir mi lengua recorrer esa vagina que tanto deseaba tener para mí. Mi lengua la penetraba y ella me regaló un primer orgasmo. Ahhg estalló de placer mi hembra.

    Sin descanso seguimos tocándonos, besándonos cómo nos gusta, así… Entregadas la una a la otra. Gimiendo, jadeando de deseo y placer, hasta que nuestras vaginas se encontraron para hacer una rica tijera que después de varios minutos nos hizo explotar.

    Quedamos agotadas, desnudos nuestros cuerpos sintiendo la adrenalina de estar juntas, cuidado que nadie sepa lo que hacemos cuando nos quedamos solas. Y mientras escribo espero la dejo dormir, para que cuando despierte volvamos a amarnos como solo nosotras sabemos que no hacemos.

  • Querida tía

    Querida tía

    Era viernes, mi prima me pidió algo y fui a llevárselo a su casa, aun recordaba lo que le hice a mi tía y no sabía si ella lo recordaba. Por el camino pensé en miles de escusas y discursos para dar por sí pasaba algo. Al llegar me recibió ella, me dijo que pasara, que dejara lo que me pidieron en la sala porque mi prima tuvo que salir. Estaba aún más nervioso, todo parecía normal y tranquilo, mi tía me dijo que tenía algo que contarme así que me senté en el sofá.

    Ella se sentó a mi lado y se agarró las piernas, empezó a decirme que tuvo sueños raros conmigo, busco por Internet y sentía cosas raras por mi. Le pregunté que sucedía y ahí fue cuando mi rostro cambió.

    -Quiero sentirte dentro de mi- me dijo dejándome totalmente sin palabras. Yo no sabía que decir o como reaccionar.

    -Hace unas semanas estoy soñando contigo y no lo resisto- sus piernas se frotaban entre sí y sus manos temblaban en dirección a las mías.

    -Este… tía yo… yo no se que pensar…- de verdad estaba en blanco, ella creyó que lo que le hice fue solo un sueño y ahora ella no debajo de pensar en mi.

    Sus manos tomaron las mías y dijo -No pienses, solo hazme tuya- cerró sus ojos y acercó su cabeza a mi, ella quería besarme y yo entre en pánico. Tome su cabeza y la baje, no quería mirarla, pero ella llegó a otro lugar.

    -Vaya sobrino, si tanto querías debías pedirlo- su rostro quedo entre mis piernas y sus manos en mis muslos. Ella empezó a bajarme la ropa, era una mujer que nunca pensé ver así. -Tía… yo… -movió su cuerpo rápidamente aplastándome con el. -Puedes besar lo que desees sobrino- continuo sacando mi miembro parcialmente erecto. La situación se salio de control, mi tía estaba encima de mi a punto de violarme y no sabia que hacer. Fue rápida, metió mi pene en su boca y comenzó a moverse. Se sentía genial y no dure mucho antes de correr me en su garganta, podía ver como su entrepierna mojar su ropa. Luego de tragar todo lo que libere ella se levantó un poco, se bajo su ropa y se dio vuelta. -hoy seré tuya- me tomo la cara con su mano y me beso. Su lengua entraba y recorría cada parte de mi boca, a la par ella se sentó sobre mi pene. Un golpe muy rápido me dejó totalmente dentro de ella, era un lugar apretado, húmedo y muy caliente.

    -tu tío nunca me toca y hace unos meses que no siento un hombre dentro- empezó a moverse, sus enormes nalgas golpeaban contra mis piernas y mi pene se debilitaba llegando al orgasmo cada vez más rápido. Intente liberarme, pero el cuerpo de mi tía era muy grande. Se recostó sobre mi dejando sus pechos sobre mi cara. Creí que morderle podría ayudar, pero solo la excito mas. Ya no podía hacer nada, ella me usaría hasta estar satisfecha. Sus fluidos recorrían mi cuerpo que ahora le pertenecía a ella, más temprano que tarde, mi semen se liberó en su interior, pero ella deseaba más y más.

    Una hora y media paso, mi prima llega y vio a su madre sentada en el sofá, tomó lo que me pidió y subió a su cuarto. Yo aún estaba allí, acostado en el sofá, con mi miembro aún en el interior de mi tía, ella estaba leyendo algo mientras daba pequeños brincos. Ahora le pertenecía a mi tía y ya no podría escapar.

    Espero les guste este nuevo relato. Es una pequeña continuación del primer relato que subí, dejen su comentario y valoración si desean una tercera parte.

  • Con el compañero de trabajo de mi pololo

    Con el compañero de trabajo de mi pololo

    Tengo una cuenta de Facebook con nombre falso donde me gusta exhibirme a viejos verdes que se pajean con las fotos que le mando de mi culito, conchita y tetitas, algunos de ellos me envían fotos masturbándose con mis fotos y acabando en ellas (cum tribute creo que se llama) y me encanta.

    Cierto día, tenía una solicitud de amistad de un compañero de trabajo de mi pololo, que a veces compartía con nosotros en asados y carretes (fiestas) y es bastante atractivo el muchacho. Pensé mucho en aceptar la solicitud o no… ¿Y si me reconocía? ¿Y si le contaba a mi novio? ¿Si reconocía algún rincón de nuestra casa?

    Los primeros días, me ponía nerviosa de solo saber que estaba esa solicitud ahí y que existía la posibilidad de que lo aceptara a pesar del riesgo, pero a medida que fueron pasando los días, esos nervios, fueron mutando a morbo y cada vez que pensaba en ello, mi conchita se mojaba con la idea.

    Hasta que un día me decidí a aceptar su solicitud, pero no le hablé, pasaron unas horas y me saludó y empezó a hablarme, al principio, la conversación era bastante superflua – «¿Qué haces? ¿A qué te dedicas? – y cosas así, sin importancia, obviamente le mentía en casi todas para que no sospechara que era yo.

    Pero en la noche, empezó una conversación más subida de tono, elogió mis fotos y me dijo que era una chica muy sexy. Yo me ponía nerviosa por si el se daba cuenta de algo, pero no fue así, hasta ese momento sólo había visto mis fotos en traje de baño y algunas en ropa interior, hasta que me pide una nude… No sé por qué, pero mi vagina se mojó toda inmediatamente, el solo saber que un conocido me iba a ver totalmente desnuda, me ponía muy caliente, así que busqué una foto donde salgo mostrando mi culito desnudo, muy parecida a la que uso en este perfil, se la mando y me dice: «Guauuu, que culo más rico, me dan ganas de metértelo hasta el fondo»

    Me calentó su comentario y le respondí

    —¿Te gusta mucho? ¿Cómo me lo harías?

    – Primero te abro esas nalgas deliciosas y te meto mi lengüita en tu hoyito, luego me paso hacia tu vagina y así voy alternando

    —Mmm, qué rico imaginar eso

    -Sí, ya tengo mi pene parado solo con verte el culo

    —wow, en serio? Muéstrame el pico —yo ya estaba demasiado caliente…

    -Quieres verme el pico? Pero antes mándame una de tu chorito

    Así que le envié una foto con mi zorrita bien abierta, cosa que le encantó y me mandó una foto del pico bien parado, como lo tenía.

    Era una pichula hermosa, se veía grande, bien venosa, dura, con una cabeza rosadita que daban ganas de metérmelo a la boca y saborear todo ese pedazo de carne.

    —Wow, qué rica tienes la pichula

    En eso entra mi novio al dormitorio y me pregunta qué estoy haciendo

    Le dije: «Aquí, mostrando mi culito, pero te tengo una sorpresa?”.

    -Una sorpresa? Pero si siempre te muestras desnuda a otros hombres y me encanta que lo hagas

    -Sí, pero a que no adivinas quién me agregó

    Abrió los ojos enormemente y se lanzó a mi lado en la cama, diciéndome «Quién». Le mostré el celular y no podía creer que me estaba exhibiendo a su compañero de trabajo, sin embargo, se calentó igual y me pidió que siguiera.

    Seguimos intercambiando fotos con su compañero y mi novio salió de la habitación, después de un rato entra y me dice que lo acompañe, me lleva a un dormitorio pequeño que usamos para cuando vienen visitas desde otras ciudades a vernos, lo había ordenado un poco y me dice «Desnúdate».

    -¿Te dieron ganas de culearme? ¿Te calentó que me exhibiera a tu compañero?

    -Sí y quiero que el vea cómo te voy a culear, así que este dormitorio no lo podrá reconocer, ponte esta máscara (él también se puso una) nos desnudamos y nos tiramos encima de la cama y me dijo:

    -Ahora pídele una video llamada (cosa que nunca hago con los contactos de Facebook, sólo intercambio de fotos)

    —¿Video llamada? ¿Y si nos reconoce?

    -No lo hará, es demasiado weón para darse cuenta

    -Ok le dije y envié la video llamada, cuando contestó, estaba todo desnudo, con su pico al aire y se veía todo rico, durito como me gusta y le dije «¿Quieres ver cómo me culean?».

    —Sí, mientras me pajeo viéndote

    Así que mi novio se acerca, me mete el pico en la boca que me comía con ansias imaginando que era la pichula de su colega, y saboreé como nunca, hasta la garganta, se lo chupé más inspirada que nunca mientras miraba el pico de su colega. De pronto él nos dice «Chúpasela con el culo apuntando a la cámara» me puse así y él nos decía cosas como «Qué buen culo tienes putita» «Qué ganas de meterte la verga» lo cual me calentaba mucho más, sentía cómo los jugos de mi chorito corrían por la parte interior de mis piernas por la calentura que tenía, de vez en cuando volteaba a mirarlo cómo se estaba masturbando con mi culo y seguía chupando, hasta que mi novio me da la vuelta, dejándome toda desnudita de frente a la cámara y me ensarta su pichula directo en el culito, juro que por primera vez, no sentí ni un poquito de dolor, la calentura era tanta que entró sólo con un poco de saliva de mi novio y hasta el fondo y todo fue sólo placer.

    Mis gritos eran cada vez más fuertes y pasaba mi lengua por la cámara simulando que le chupaba el pico al colega de mi novio, de repente, empieza a gritar él y veo cómo salta su lechita que tantas ganas tenía de comerme, mi novio no aguantó más la calentura y me llenó el culito de leche caliente, lo cual me hizo llegar al orgasmo en ese momento. Cada chorro, era un espasmo en mi cuerpo, un shock eléctrico que me hacía acabar con muchísimo placer, apenas terminamos todo, mi novio tomó el celular y cortó la video llamada. El colega me siguió hablando y felicitándome, diciéndome que estuvo todo muy rico, pero que sería mucho más si lo hacemos en persona, mi novio me dijo «síguele el juego y después vemos qué hacemos», pero obviamente no nos juntaríamos con él, por ser del trabajo de mi pololo y podría traer algunos problemas.

    Al día siguiente, mi novio me doce que al llegar al trabajo, ve que está afuera su colega con otro más y mostrándole en su celular las fotos y todo lo que yo le había enviado, mi novio le dice haciéndose el desentendido «¿Qué pasa? ¿Que tienes ahí?» y él le responde —»Mira la minita que me estoy a punto de culear, ya me ha mandado todas estas fotos y pronto me juntaré con ella a puro darle». Mi pololo decidió actuar como incrédulo y le dijo «Jajaja el qliao mentiroso» restándole importancia a pesar de la calentura que le dio el saber y ver que otro de sus colegas también me había visto todo desnudo el culo, mis tetas y mi conchita…

    Esa noche llegó y me culeó con todo imaginándonos a cuántas personas más que conocemos les habrá mostrado mis fotos…

    Luego les cuento qué cosas pasaron después…

    Ojalá haya muchos comentarios hot para motivarme a escribir más de mis historias, besotes a todos.

  • Primera vez con trans en la calle

    Primera vez con trans en la calle

    Esto que voy a contar fue como es que me inicie en este o quizá, estos mundos. Soy de la Ciudad de México y tengo mucho tiempo que tengo relaciones con trans, ya contare otras, muchas ya no las recuerdo.

    En aquel entonces tenía unos 23 años, era un joven tímido, apuesto, algo delgado y con poca experiencia. Así que una noche estaba de fiesta y salí algo tomado y muy caliente. Ya en ocasiones anteriores había contratado a mujeres callejeras para desahogar mi necesidad, estaba por insurgentes, cerca de Mixcoac y vi a una muchacha que me llamo la atención, no recuerdo como era, pero bueno, por algo me gusto y llegue a un acuerdo con ella.

    Entramos a un motel, pedí un cuarto y estacione el coche, entramos a la habitación y ella fue muy caliente empezó a besarme y fajarme por todos lados, normalmente las prostis son secas y no te besan, eso me gustó mucho. Me pidió permanecer con la luz baja, lo cual no me llamo la atención, ella realmente me atendí como Rey, me fue quitando la ropa poco a poco y me daba besos por todos lados, la boca, el cuello, y en especial en el pecho, me tocaba y me decía: estas muy rico, ya me merecía algo así. Nunca había cachondeado con una mujer de la calle era llegar a penetrar rapidito y fin de la película.

    Termino de quitarme la ropa y empezó a mamarme la verga muy rico, estaba ya super excitado, así que le dije que ya quería cogérmela, empezó a quitarse la ropa que le quedaba, se veía poco porque teníamos casi todas las luces apagadas, me pidió que fuera de perrito, a lo que dije que si, pues también me gusta mucho esa posición, su puso en posición, yo me puse un condón, pero cual sería mi sorpresa que cuando busque con la mano su panocha me encontré con otra cosa a lo que le dije, “eres un hombre”, “no papi, -me respondió- soy una trans, que es muy distinto”.

    Le reclamé, le dije que me había engañado, que a mi no me gustaban los hombres y no sé cuántas cosas más. Y le pregunte porque no me había dicho antes de su condición, y me respondió: es que todos saben que las checas de esta esquina somos trans.

    Después de un rato, ya cuando ya estaba más tranquilo, me dijo, papi, pero estabas muy contento, estabas disfrutando mucho, cual es el problema conmigo, deja que te consienta te aseguro que te va a gustar mucho. Y después de mucho insistir, accedí a penetrarla por el ano, algo que era nuevo para mi y disfruté bastante.

    Termine, me quite el condón, me puse la ropa, no la regrese a su esquina, la deje en el hotel y en mi casa llegue a bañarme, quería en ese momento, quitarme el olor de puto que me había dejado, sin saber que iniciaba en mi, un gusto por las trans que continua muchos, muchos años después.

  • Lola y Ana historia de dos mejores amigas de pechos grandes

    Lola y Ana historia de dos mejores amigas de pechos grandes

    Lola y Ana eran inseparables desde que se conocieron en la universidad. Ambas compartían el sueño de ser escritoras, pero también la dificultad de relacionarse con los demás. Por eso, cuando terminaron sus estudios, decidieron mudarse juntas a una casa pequeña en los suburbios. La casa era encantadora, con una fachada de ladrillos a la vista y un techo de tejas rojas. En su interior, tenía solo dos habitaciones y un estudio pequeño para cada una, lo que las hacía sentir cómodas y acogidas. El pequeño patio estaba lleno de plantas de distintos colores y aromas, que refrescaban el ambiente y daban vida al lugar. Pero, sin duda, la cocina era el corazón de la casa.

    Con una amplia mesa de madera en el centro y estantes llenos de libros de cocina y novelas, era el lugar donde Lola y Ana pasaban la mayor parte de su tiempo. Allí compartían sus ideas, preparaban comidas juntas y discutían sobre sus escritos, mientras el aroma de las especias y las hierbas inundaba el aire. Era un hogar pequeño, pero lleno de encanto y personalidad, el lugar perfecto para dos escritoras en busca de inspiración.

    La vida de Lola y Ana era sencilla y tranquila. Se repartían las tareas del hogar, se apoyaban mutuamente en sus proyectos literarios y disfrutaban de las pequeñas cosas: ver películas, leer libros, pasear por el parque. Lola era correctora en una editorial pequeña y Ana todavía seguía recibiendo dinero de rentas de unos departamentos de sus padres. Ambas tenían 26 años.

    Lola era de estatura media, algunos pocos kilos de más, pechos grandes y redondos, tez blanca, de cabello rojizo casi anaranjado, con algunos bucles. Usaba polleras de todo tipo y vestidos floreados. Siempre se vestía con discreción y modestia. No le gustaba llamar la atención ni mostrar demasiado su cuerpo. Prefería los colores neutros y las prendas cómodas y prácticas y siempre agregaba algo de color. Su armario estaba lleno de camisas, faldas y vestidos de corte clásico y tejidos naturales. Su único accesorio era un collar de plata con un colgante en forma de pluma, que le había regalado Ana por su cumpleaños. Lola se sentía segura y elegante con su estilo conservador, que reflejaba su personalidad tímida y reservada.

    Ana era levemente más baja que Lola y era de cuerpo normal. Su tez era blanca algo cobriza. Sus pechos eran muy grandes, descomunales, más que los de Lola y su cabello negro. Sus facciones de rasgos finos. Solía vestirse de forma muy parecida a Lola, con ropa sencilla y sobria. Sin embargo, desde hacía un tiempo, había empezado a experimentar con algunos cambios en su vestuario. Se había comprado algunas blusas con estampados florales, algunos escotes, unos pantalones de colores vivos y unos zapatos de tacón bajo. También se había animado a usar algunos perfumes muy suaves y delicados, que le daban un toque de frescura y feminidad. Ana no quería renunciar a su estilo conservador, pero tampoco quería dejar de expresar su personalidad alegre y creativa.

    Lola tenía una sensibilidad especial para la poesía romántica. Se inspiraba en los versos de Becker, uno de sus poetas favoritos, y componía poemas de arte menor, con rima y ritmo cuidados. Sus poemas se estructuraban en tres estrofas, que expresaban sus sentimientos sobre el amor y el romance, y su anhelo de ser amada. Lola había terminado su primer manuscrito, una colección de sus mejores poemas, y estaba lista para enviarlo a un editor. Escondido había un poema en el que secretamente lo había escrito para Ana.

    Ambas eran heterosexuales pero por su educación aun sin experiencia alguna en hombres.

    Ana tenía una pasión por la novela de misterio. Le gustaba crear historias que mantuvieran al lector en vilo, con intrigas, secretos y sorpresas. Pero también le servía para hacer catarsis sobre todos sus miedos. Ana era una persona muy temerosa, que se asustaba con facilidad. En su novela, podía enfrentarse a sus propios fantasmas, y darles un sentido y una solución. Ana estaba terminando su primera novela, un thriller psicológico que narraba la investigación de un asesinato en un pequeño pueblo. Estaba muy orgullosa de su trabajo, y esperaba poder publicarlo pronto.

    Una fría noche de invierno Ana se despertó de madrugada por el sonido de sollozos que venían de la habitación de Lola, y se levantó de inmediato para ver qué estaba pasando. Golpeó suavemente la puerta y preguntó si todo estaba bien, pero no hubo respuesta. La habitación estaba en silencio, pero Ana seguía oyendo los sollozos.

    Decidió abrir la puerta lentamente, y lo que vio la sorprendió. Lola estaba hecha un bollito en su cama, con las sábanas y las almohadas abrazadas a ella, llorando inconsolablemente. Ana se acercó lentamente y se sentó en la cama junto a ella. No dijo nada, simplemente la abrazó con fuerza, dejando que su amiga se desahogara y llorara todo lo que necesitara.

    Después de un rato, Lola dejó de llorar y se quedó dormida. Ana permaneció a su lado toda la noche, asegurándose de que estuviera cómoda y tranquila. Al día siguiente, las dos chicas se levantaron como si nada hubiera pasado. No se habló de lo sucedido.

    Una semana después de la primera vez que encontró a Lola llorando, Ana se despertó de nuevo en medio de la noche por los sollozos de su amiga. Sabiendo que algo andaba mal, fue rápidamente a la habitación de Lola y la encontró hecha un bollito en su cama, temblando de miedo y con mucha tensión en su cuerpo.

    Lola usaba un pantalón pijama gigante y una camisa de dormir. Ana tenia tan solo su camisón de algodón que le llegaba casi a las rodillas.

    Ana se sentó a su lado y la abrazó con ternura, tratando de calmarla. Después de unos minutos, las lágrimas comenzaron a disminuir y Ana decidió que era momento de hablar sobre lo que estaba sucediendo.

    Ana: Lola, ¿qué está pasando? Estoy preocupada por ti. ¿Estás bien?

    Lola: (temblando) No lo sé, Ana. Tengo mucho miedo y siento mucha tensión en mi cuerpo.

    Ana: ¿Por qué tienes miedo? ¿Hay algo que te haya asustado?

    Lola: (suspirando) No lo sé, Ana. Siento que algo malo va a pasar, pero no sé a qué se debe.

    Ana: (tomándole la mano) Lo siento mucho, Lola. Pero recuerda que no estás sola. Puedes contar conmigo para lo que necesites.

    Lola: (sollozando) Gracias, Ana. Me siento tan vulnerable y asustada.

    Después de esa conversación, Ana y Lola hablaron durante horas sobre lo que estaba sucediendo en su mente y en su cuerpo.

    A partir de ese día trabajaron juntas para encontrar formas de manejar el miedo y la tensión que sentía Lola. Un día Lola se animó a hacerle a Ana un pedido:

    – Ana, tengo que pedirte algo y no sé como lo vas a tomar

    – Dime lo que quieras, no quiero verte más así, ya no escribes como antes, no cantas como antes, hasta la casa está más triste

    – recuerdas la noche en que dormiste conmigo?

    – claro que sí

    – Me gustaría que te quedaras a dormir conmigo también esta noche

    Así fue como a la noche Ana se pasó a la cama de su amiga. Hablaron hasta que se quedaron dormidas y a la mañana ante de levantarse Ana le dio un beso en la frente a su amiga.

    A medida que pasaban las noches se acostumbraron a dormir juntas y Lola dormía muy bien. De hecho a veces se despertaron abrazadas con mucha ternura. Ana usaba para dormir ropa más cómoda, que consistía en un camisón de algodón color rosa pastel y tenía mangas largas, perfecto para las noches más frescas. La tela era suave y liviana se ajustaba a su cuerpo, sin apretar ni incomodar. El cuello redondo y amplio le permitía respirar libremente y el diseño sencillo y minimalista le daba un toque elegante y sofisticado. En la parte trasera del camisón había un pequeño detalle de encaje que lo hacía aún más hermoso y femenino.

    A Lola le encantaba que Ana usara esa ropa para dormir y sobre todo oler el perfume de Ana. Era un perfume floral, de algo de intensidad pero suave y discreto. Esa fragancia dialogaba de manera perfecta con el perfume acuático de Lola, una fragancia fresca y limpia que a ambas le evocaba una cabaña que el abuelo de Lola tenía en el mar y al que ambas habían ido más de una vez.

    Una noche que Lola se sentía especialmente triste le pidió que Ana que se acercara más que quería oler su perfume y Ana estiró su cuello. Fue la primera experiencia sumamente tensa entre ambas. No se dieron cuenta en ese momento, pero la ternura dio paso a algo de otro carácter. Lola apoyó su cara en el cuello de Ana e inhaló profundo. Luego lo volvió a hacer. Mientras Ana comenzó a acariciar su cabello. Y así quedaron dormidas.

    Al otro día hablaron de lo sucedido a la noche. Empezó Lola:

    – Ana… tenemos que hablar

    – Sí, lo sé

    – lo que pasó ayer…

    – lo sé

    – ¿qué es lo que sabes?

    – que fue raro

    – somos amigas, nos queremos… nos acompañamos

    – sí, pero a ambas nos gustan los hombres

    – exacto

    – es que me duele verte triste

    – y a mi me relaja tanto dormir juntas, tu perfume

    – te propongo que no nos preocupemos y veamos como nos sentimos

    A la noche siguiente Ana se puso otro perfume. Uno todavía más intenso y poderoso. Se dio una ducha muy larga y recorrió todo su cuerpo. Además usó un camisón un poquito más corto y con un escote más amplio. Cuando entró a la habitación estaba a oscuras. Lola tenía su camisa abierta y nada debajo, pero Ana no pudo advertirlo porque la oscuridad era total. Hablaron largamente y entonces Lola le dijo que tenía mucho sueño.

    – creo que es hora de dormir

    – sí, ya es hora

    – tengo mucho sueño

    – acércate así dormis… me gusta que duermas relajada

    Lola se acercó al cuello de Ana y empezó a olerlo. Pero ya no con esa ternura tan especial sino ahora directamente respiraba en su cuello. Cada vez más. Ana empezó a suspirar y Lola se animó a pasar su lengua por el cuello de su amiga, que se movió. Lola le dijo si podía seguir y Ana le dijo que por supuesto. Entonces Lola sin preguntar se subió encima de Ana y apoyó su cabeza sobre su hombro. Ana sintió los enormes pechos de su amiga sobre su cuerpo y no dijo nada. Finalmente los corazones comenzaron a latir al mismo ritmo y con el paso de los minutos llegó el sueño. Al salir el sol de la mañana Ana despertó con los pechos de Lola casi sobre sus labios. Blancos, hermosos, de pezones redondos. Se levantó y fue a la ducha. No pudo tocarse.

    Al salir de la ducha rumbo a su habitación la vio a Lola boca abajo masturbándose. Se movía muy suavemente. Su cola perfecta levemente levantada, con movimientos circulares. Le dio pena verla sola y quiso ayudarla pero no se animó. Además se sintió muy nerviosa por la escena, nunca había visto algo así. Menos a su amiga. Decidió que era mejor no pensar.

    – Lola, cómo te sentiste ayer?

    – la verdad que muy bien, espero que no te haya molestado…

    – que hayas dormido con la camisa abierta?

    – si, no sabía si hacerlo. Pero estaba oscuro… y quería estar cómoda…

    – te parece que hoy a la noche yo haga lo mismo?

    – me pone algo nerviosa… pero podríamos probar.

    A la noche se repitió la misma escena pero esta vez Ana ingresó y se sacó su camisón. Quedó solamente con su ropa interior blanca de algodón. Sus pechos enormes ocupaban toda la situación. Eran el centro de la escena. Había una tenue luz de una vela aromatizante que Lola había dejado encendida. Al ver los pechos de su amiga Lola se sintió mucho más nerviosa. Esos pechos la encendían pero a la vez le daban mucha timidez. Tersos, suaves, de esa piel cobriza hermosa, que no llegaba a ser totalmente blanca. Ana se acomodó en la cama y comenzaron a charlar de lo que sea.

    – Nunca estuve desnuda con alguien en la cama y pensé que la primera vez sería con un hombre, dijo Ana

    – si, yo pensé lo mismo

    – Dime algo de mis pechos, no te gustan?

    – claro que me gustan, son hermosos, me duele que estén tapados pero me da vergüenza verlos

    – entiendo… dijo Ana y se los destapó de a poco.

    – creo que es hora de dormir, dijo Lola

    – Creo lo mismo, dijo Ana

    Entonces lola comenzó a olerle el cuello a su amiga, luego abrió la boca y le paso la lengua y luego lo besó con mucho cariño. Puso una mano en el pecho de Ana y sin saber por qué, comenzó a Llorar. Fuerte, desconsoladamente.

    – Lola, hermosa, que pasa?

    – no sé qué me pasa

    – lloras porque me quieres?

    – no lo sé

    – porque me odias?

    – no lo sé

    – por mi?

    – no lo sé, realmente no lo sé. No creo que tenga que ver con vos o nosotras. No sé con qué tiene que ver. Lola siguió llorando y Ana la abrazó. De repente se quedaron dormidas.

    A la mañana Ana se despertó con la boca de Lola en su pecho. Tomaba la teta como si fuera que la estaba amantando. Era la escena más hermosa que podía imaginar. Verla a Lola a los ojos, mirarla, sentir su pezón calentito, lleno de la lengua de su amiga.

    – Lola… esto me encanta

    – mmmm si? y así te gusta? (Lola dio vueltas circulares sobre el pezón de su amiga)

    – mmm si… dijo Ana mientras llevó una de sus manos al pecho de su amiga

    – Quieres probar los míos?

    – Sí, por favor

    Entonces ahora Lola le dio su pecho a Ana, que lo saboreó dulcemente. No se cansó de sorber de ambas tetas blancas de su amiga pelirroja. Así se quedó largo rato. Ambas sabían que ya era hora de besarse. Ana la miró a Lola. Tenía la boca llena del pecho de su amiga. Suavemente lo soltó y se acercó a su boca. Sacó su lengua que fue recibida por la de Lola. Un beso mágico. La suave brisa de la mañana entraba por el costadito de la ventana y acariciaba sus rostros, mientras ellas se perdían en ese abrazo apasionado que las hacía sentir únicas y eternas.

    Era un beso también poderoso y sexual. Ana era la más combativa, su lengua iba en busca de la cara de Lola. A la vez que le daba un beso le lamía la cara completamente. Sabía que posiblemente no pasaría más esa mañana y estaba decidida a darse todos los gustos. Lola se dejaba hacer y bajó su mano a su entrepierna y empezó a tocarse. Ana estaba decidida y bajó hasta la mano de su amiga y la corrió. Comenzó a lamerle la concha que estaba depilada y emanaba un hermoso perfume. Le abrió los labios y posó su lengua para darle el beso más profundo que pudo. Con su lengua acarició su clítoris y allí se quedó. Lola le dijo que por favor siga y que no cambie nada. La miraba a Ana hacer, desesperada por comer su hermosa conchita. Hasta que explotó en un orgasmo amoroso, sus piernas se estiraron y su cuerpo tembló. Ana la besó solo un poco más y se acercó a ella.

    Entonces fue el turno de Lola que bajó hasta los pechos de su amiga y allí se detuvo, entre esas dos montañas tersas y preciosas. Siguió un poco más y Ana le pidió que le diga que era su puta. Nunca habían hablado así. Hasta ahora era todo «corazón» o «princesa» o «amor». Lola le dijo:

    – soy tu puta, soy tu puta para siempre

    – mi putita

    – tu putita

    Lola siguió lamiendo y le metió los dedos. Con la lengua acariciaba el clítoris y con los dedos la concha. Al meter el dedo índice noto algo más rugoso y Ana le pidió que frote allí. Acabó enseguida. Lola subió y se abrazó a su amiga.

    Eran las 6 de la mañana del sábado. Durmieron hasta las 11 h. Se despertaron por segunda vez y desayunaron juntas. Todo había cambiado pero nada había cambiado. Emocionadas, pensaron juntas que lo mejor era volver a repetirlo cuando lo quisieran. Ambas querían.

    La tranquilidad de la pequeña casa era palpable en cada rincón. No había ruido alguno, excepto el suave canto de los pájaros que se escuchaba desde el jardín. El aire era fresco y perfumado, y entraba por las ventanas abiertas con una brisa suave y acogedora.

    En aquella pequeña casa, el tiempo pareció detenerse, y las preocupaciones desvanecerse. Cada suspiro se convertía en un momento de tranquilidad, y cada mirada en un momento de contemplación. Lola se sintió mucho más relajada desde ese día.

    La serenidad envolvía todo lo que la rodeaba, y creaba un ambiente de paz y armonía. Ana había decidido nunca más usar corpiño estando adentro. Y Lola había decidido tomar de las tetas de su amiga cada vez que lo quisiera. Por eso ya por la tarde, cuando Ana se sentó en el sillón, ella se puso en su regazo y le pidió la teta a su mejor amiga, que la colocó en su boca y la vio sorber.

    Mi mail es [email protected] me encantaría recibir sus comentarios y/o anécdotas para recrear en relatos. Y quien pueda valorar y comentar el relato lo agradezco.

  • El comienzo de todo

    El comienzo de todo

    Hola. Tenía en aquel entonces 18 años. Una mañana fui a visitar a mi hermana y su esposo. El, mono, grande y un gran carisma. Cuando el abrió la puerta tenía una pantalonera y una camiseta, pregunté por mí hermana y me dijo que estaba bañándose, que ya sabía yo como era esa rutina.

    Pasamos al cuarto y comenzamos hablando del clima. De repente el me preguntó por mi otra hermana, que si la había visto desnuda, a lo cual le respondí que si, acto seguido él se sacó la verga de la pantalonera y comenzó a sobarla y sin más me preguntó que si estaba peludita, mí hermana, que cómo la tenía…

    Eso me excito, desde hace varios años yo ya jugaba con mí pipi, lo restregaba con ganas contra la cama. El siguió acariciándolo que esté crecía, crecía, crecía. Me dijo que si lo quería tocar y mi primer impulso fue no, pero el cogió ni mano y comencé a masturbarlo, estaba grande y mojado. Poco a poco el mío se paró y él lo vio, lo acaricio por encima de mí jean mientras mí mano y la suya jalaban con cariño su verga.

    Todo termino al escuchar venir a mí hermana, pero esto narco hasta hoy mi vida.

    Si quieren contar experiencias o preguntar, a:

    [email protected]

    Chau y feliz paja.