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  • Vértigo

    Vértigo

    Vértigo, adrenalina, ansiedad es lo que siento previo a un encuentro con vos, nuestro tercer encuentro no iba a ser la excepción.

    Salgo de un cliente de Vicente López cruzo General Paz, el tráfico está insoportable miro a la izquierda para la Avenida todo cortado bomberos, giro a la derecha y logro bajar a la Avenida luego del corte, sigo y logro salir a Av. Libertador rumbo al edificio para llegar a la hora señalada, la de siempre.

    Es temprano doy unas vueltas, no aguanto más. Toco el timbre.

    Escucho tu voz jovial. “¡Subiii!”. Voy hacia el ascensor del fondo y mi pija presciente lo que está por venir. Toco el timbre del piso. Voyyy¡!. Al fin se abre la puerta ella siempre se esconde detrás de la puerta no entro hasta no verla.

    Me recibe con un terrible beso de contra la pared y el roce contra su vientre termina de ponerme la pija como un fierro. Gisella es alta, ella con tacos tenemos la misma altura. Esta hermosa vestida con su mini de tablitas, medias negras hasta la rodilla, corpiño color carne y su infaltable portaligas.

    -Vení amor vamos a habitación.

    Siguen los besos de garganta no aguanto más con la ropa puesta bajo el bóxer, y siento el golpe contra el ombligo.

    Sentado en el borde de la cama tomo el terrible producto que sus besos construyeron lo acomodo entre el corpiño y sus enormes montañas y empiezo a coger esas tetazas con movimientos lentos sin abandonar el cruce de lenguas.

    Ella saca su corpiño y abandona mi lengua para comenzar el rito Comenzó a mover su cabeza a un ritmo controlable para mí todavía. Continua profundo, lento, suave, rápido, lame un helado, círculos con la lengua en la punta del glande y para… ella sabe cuando parar, para volver a empezar no sé como lo hace pero sabe intuye y acierta. Exploto¡! pero no sigo vivo.

    Pienso en devolver algo de lo que estoy sintiendo y se me viene a la mente el afamado número erótico pero cuando veo semejante mujer parada delante de mío no puedo resistir cambiar de idea y le pido que se mire al espejo, frente a mi tengo el paisaje más hermoso jamás visto, su terrible orto apuntándome directamente, ella con su mano derecha tratando de acomodar mi tremendo garrote en su sexo, veo su fina cintura, distingo perfectamente la forma de sus pechos por los costados de su espalda y el sensual tatuaje por el costado de su cuerpo que termina en su muslo derecho.

    Placer extremo… finjo.

    -Dame otro forro.

    -Se rompió?

    -No dame otro forro.

    Calzado nuevamente Gi continua moviéndose sin parar es maravilloso lo que logra en mi, el cuatro es digno ser exhibido en los mejores museos y quedó plasmado en mi memoria para siempre.

    Gira y me dice. Necesito verte es orgásmico y comienza su cabalgata feroz, mueve el respaldo vuelan sus pechos, vuela su pelo y con sus mano me agarra de las muñecas con fuerza y abre mis brazos como estaqueándome, el ritmo es frenético, no quiero zafar, siguen los gemidos de placer, sigo durísimo.

    Hago un poco de fuerza, ella sede y ya en cuatro de nuevo el paisaje pero desde otro ángulo, me sumerjo y vuelo, deliro, me siento en ese lugar donde ella vive. Mis movimiento son lentos y profundos quiero llegar hasta el fondo y siento un grito. Aumento el ritmo con envestidas cortas en el fondo, salgo poco sigo ese loop frenético mis dedos resbalan por su espalda sudada seguiría eternamente…

    Todo nuestro tiempo estuve con la pija dura. Exhaustos los dos, ella alardeo 3 orgasmos y medio. Con mi mano y su boca termine mi faena en sus labios de color fucsia rosado.

  • Con mi psicólogo Rodrigo

    Con mi psicólogo Rodrigo

    Mi psicólogo Rodrigo es un chico alto, de contextura delgada, cabello marrón oscuro bien corto y ojos igual que su pelo, tez del color del caramelo lo cual es deliciosa.

    Es recién graduado así que tiene unos 26 años pero igualmente es muy apasionado por su trabajo y cuando el me habla siento una paz infinita.

    Hace unos meses que vengo haciendo terapia con el debido a mi ansiedad y pensamientos que no me dejan dormir por las noches.

    -Carmelina Aszun- anuncia el mientras se asoma para que yo entre a su consultorio.

    Me levanto e ingreso a la sala, es un bonito espacio con paredes blancas, su escritorio color madera y una camilla color negra muy comoda que es donde me acuesto para hablar con el.

    -Hola Corazón- me dice una vez que cierra la puerta.

    -Hola Rodri- le respondo mientras le pongo mis manos en su pecho y le doy un beso en la mejilla.

    El me toma de la mano y me sienta en la camilla, luego agarra la silla del escritorio y se sienta al frente mío.

    -Dime ¿como estas?

    -Te refieres a lo de la ansiedad no?

    -Si

    -Lo mismo de siempre, no he podido dormir y cuando duermo me despierto a las 4 de la madrugada

    -¿Te sientes alterada?

    -Pues claro que si, debo entregar los trabajos de la facultad y a veces los hago todos en una sola noche

    -Mi consejo es que debes distraerte, tienes una vida aparte de la facultad, yo se que vas a llegar a ser una exitosa abogada pero date un tiempo para ti misma.

    -¿Con que me recomiendas distraerme?

    -Sal al parque, ve a tomar un café, lee esas novelas románticas que tanto te gustan- de pronto su mano me esta haciendo una leve caricia en los muslos y yo me acerco más a el- otra forma es que te acuestes con alguien- termino diciendo mientras buscaba mi entrepierna.

    Pero en vez de responderle que mi idea era acostarme con el ahora mismo decidi sorprenderlo, con un movimiento me sente a horcajadas sobre el y lo bese en los labios, fue un beso profundo, con mucha lengua y caricias.

    Nos besamos con desenfreno y pasión contenida, se nos hacia imposible separar nuestras bocas de lo rico que estaba ese beso y solo con eso el tuvo una erección.

    Me separe de su exquisita boca para besar su cuello, luego nos miramos y ya no hacian falta las palabras porque ambos queríamos así que comenzamos a desnudarnos, yo con su ayuda y el con la mía.

    Quede maravillada con la visión de mi psicólogo completamente desnudo, porque a pesar de ser delgado tenia su pene grande y grueso que es perfecto para mi concha y culo.

    El se me quedo mirando, pues estaba cautivado y lujurioso a la vez

    Me sente en la camilla abriendo mucho mis piernas enseñandole mi vagina y el empezo con un rico sexo oral haciendo movimientos rápidos y circulares, yo lo tome de la cabeza para apretarlo contra mi concha y el profundizo la chupada haciendo que yo la sienta más rica, mientras me estimulaba la vagina me masajeaba las tetas a la vez, hasta pasaba sus dedos por mis pezones que estaban durisimos por la excitación.

    Luego decidimos hacer el 69, por lo tanto el se acosto en la camilla boca arriba y yo sobre el de manera que mi culo quedo sobre su rostro y su delicioso miembro quedo justo enfrente de mi cara por lo que decidí tomarlo y chuparle la cabeza lentamente, pues esta zona también es gruesa y la disfrute mucho porque me tome mi tiempo para saborearla, sentirla y que mis labios hicieran un buen trabajo con ella.

    Cuando decidí dar por terminada la cabeza de su pija, me meti su pene entero en la boca y asi lo empece a chupar cada vez más rápido.

    Como yo aumentaba la velocidad de la mamada el también aumento el ritmo con la estimulación del agujero de mi culo que ya estaba bien estimulado.

    Podía sentir su rápida lengua entrando y saliendo de su trasero, sentía un placer enorme y el también sentía lo mismo.

    Cuando todavía se la estaba chupando una abundante eyaculación masculina me inundo la boca pero la supe tragar a tiempo y fue lo más rico.

    Después me acoste en la camilla con las piernas flexionadas, el me tomo de las caderas y entro rápidamente dentro de mi vagina con su pene que estaba super duro.

    Sus embestidas eran las más deliciosas y su agarre de mi cadera era firme, el me daba cada vez más fuerte para que mis tetas se movieran y yo lo disfrutaba muchísimo.

    No quería que esto acabase nunca, deseaba coger con Rodrigo todas las horas del día pues su pene adentro mio me hacia sentir una sensación única.

    Luego me puso en 4, me tomo de la cintura y me dijo:- Esta es mi posición favorita, voy a darte super fuerte ahora- mientras introducía su pija en mi trasero.

    -Hazlo, dame fuerte- le dije entre gemidos

    Y el no mentía, fue verdad que se guardo toda la mayor velocidad de sus embestidas para mi trasero, nunca nadie me habia embestido tan fuerte así y esto me encantaba

    Mientras me penetraba el culo súper rápido me daba nalgadas, sus manos emitían un sonido espectacular cuando entraban en contacto con mi ojete.

    Después de unos minutos me eyaculo adentro y fue ahí cuando pude verme las nalgas y saber que las tenia bien coloradas, eso me gusto.

    -Eres mi última paciente del día, ya que mi turno ha terminado ¿queres ir a mi casa y quedarte a dormir asi seguimos con esta practica tan apasionada para ambos?

    -Si, vamos- le respondi mientras le daba un beso en los labios

    Mi correo es: [email protected]

    Por si quieren escribirme.

  • Probando frutas maduras y ajenas (1)

    Probando frutas maduras y ajenas (1)

    Inicié mi trabajo docente muy joven, me asignaron pocas horas de asignatura y, por ello también tenía otro trabajo en una oficina gubernamental. Así, a mis 23 años, en la mañana era burócrata y en la tarde asistía a dar mis clases.

    En la oficina, yo estaba bajo las órdenes de la ingeniera Goya, jefa de departamento de 30 años, quien tenía una subjefa llamada Carmen, de 37 años. Chela, la secretaria, tenía 35 años. Todas ellas casadas y con hijos. En ese departamento también había otros dos compañeros, pocos años mayores que yo. Resumiendo: éramos tres hombres, todos menores que las tres mujeres y yo era el menor de todos.

    Sin embargo, aunque mis dos compañeros eran pasantes a punto de titularse y mi jefa tenía título, todos me trataban con mucha benevolencia por ser un profesor y no por ser el menor, además del respeto que me otorgaban por mi actividad secundaria, poco a poco me fui ganando la estimación y confianza de todos.

    También, al ser las únicas mujeres de la oficina, poco a poco me fui interesando en ellas como mujeres pues estaban de muy buen ver, se antojaban para tocar y más. Ellas, por su parte, se mostraban hacia mí con coquetería en los primeros días, pero luego fueron más directas en lo que me mostraban cuando me llevaban documentos a mi escritorio y se agachaban para darme indicaciones sobre el contenido. En verdad me embobaba viendo en el escote la línea de las tetas y, a veces, cuando llevaban blusa y brasier ligero blancos me hipnotizaba viendo cómo se les marcaban los pezones de aureolas morenas.

    La mejor era mi jefa, quien un día me llamó a su escritorio.

    –Quiero que me digas la verdad. ¿Qué tanto me ves al pecho? Me parece que tu mirada me penetra…–me dijo sin ambages.

    –Espero que no se moleste con mi franqueza. Sus pezones se translucen como dos soles morenos. Dos hermosos pendientes encumbrando su monumental atractivo –expliqué y continué al ver que se sonrojó, al tiempo que apareció su sonrisa mostrando una bella dentadura– Confieso que me agrada su hermosura y que cada vez que la veo imagino un verso que luego escribo. Procuro no mostrar mis deseos, pero, si eso le molesta, le prometo que seré más discreto cuando esté frente a usted.

    –Sí, me gustaría que, cuando haya alguien más mirándonos, no te fijes en mis “pendientes” –señaló redoblando su sonrisa–. Gracias por tu sinceridad –expresó a manera de despedida, pero al levantarme para ir a mi escritorio, remató con una orden–: quiero que mañana me muestres los versos que has escrito.

    –De acuerdo, los traeré, pero quizá le resulten ofensivos –acaté, mostrando un ademán de desconfianza por el uso que pudiera darle.

    –¡Achis! ¿Tan grave es el asunto? –expresó con una leve sonrisa.

    –No hay ninguna mala palabra en ellos, pero sí dejan claro mis deseos… –dije mirándola a los ojos y esbocé una sonrisa que trató de ser seductora y otra vez su cara se puso roja al sonreírme.

    Al día siguiente le llevé una impresión de un pequeño poema que tuve que completar esa noche previa, titulado “Soles morenos”, donde hablaba metafóricamente de su pecho, su boca, su sonrisa y mi deseo de poseerla. Al rato lo veo”, me dijo tomando la hoja y la guardó en su cajón.

    Más tarde, cuando yo la veía, lo sacó y lo leyó alternando la mirada a mi cara y a la hoja en cada línea. Su rostro se dulcificaba conforme avanzaba en la lectura y de vez en cuando dejaba escapar un suspiro. Al terminar la lectura, me llamó.

    –¿No plagiaste ninguna línea o metáfora? –preguntó sosteniendo la hoja.

    –No, aunque quizá alguna metáfora se parezca a la de algún poeta, pero sería de manera inconsciente.

    –Está hermoso y me hizo sentir cosas nuevas. Quiero que me lo envíes a mi correo particular –dijo anotándolo en la misma hoja. Es peligroso tenerlo aquí, y más, en mi casa –dijo esto y me regresó la hoja.

    Me quedó claro que sólo le faltó decirme “Me mojé”. A partir de ese día, sus comentarios hacían referencia a las metáforas, pero sabíamos que ella debería dar el paso decisivo.

    La secretaria, cuidando de no ser vista por otras personas, volteaba hacia mí y giraba su silla para que viera cómo abría sus piernas, las mejores entre las de muchas oficinas circunvecinas, y ella me sonreía con deseo, el cual yo correspondía con un suspiro y una sonrisa discreta. Le conocí varias pantaletas, algunas translúcidas que permitían ver lo espeso de sus vellos morenos, algunos de los cuales escapaban de sus límites con mucha frecuencia. Se rumoraba que el padre del hijo menor de ella era el subdirector y que ya se la habían cogido muchos.

    En una ocasión, con motivo de las fiestas navideñas hubo una comida en la casa de la jefa, a la cual acudimos después del horario de trabajo. Ese día, a la hora del almuerzo, cuando mis compañeros salieron a comer algo, al abrir las piernas para que me diera el calentón diario, vi su breña en todo su esplendor, resaltando su clítoris y labios interiores entre lo oscuro de la maraña. ¡No traía calzones! ¡Se me paró la verga! Se puso de pie y lo más impresionante fue su mirada retadora, que mantuvo directamente a mis ojos, ensanchando su sonrisa conforme se acercaba a mí. Se pasó del límite de mi escritorio y descubrió mi turgencia queriendo salir del pantalón. Entonces fue que noté que tampoco traía sostén pues sus pezones estaban muy marcados y las tetas tenían una caída natural.

    –¡Aj, aj, aj…! –rio con sonoridad –ahorita vengo, voy al baño– expresó retirándose con un bamboleo de nalgas y chiches que me mantuvo humedeciéndome por el presemen al mirar la falda pegada que dejaba claro que no traía nada más entre la carne y el vestido.

    Cuando regresó, junto con los demás, se notaba que ya traía ropa interior.

    –¿Bailarás conmigo una o más piezas? –preguntó.

    –¡Claro, bailaré con todas las que me lo pidan! –contesté

    –¡Fatuo! –respondió mostrándome la lengua como muestra de desagrado.

    En la fiesta, bailamos alegremente y casi todos tomaron con muchas ganas. Yo bailé con las tres. Con Chela la primera pieza y más tarde otras más. En las últimas, cuando ya estaba muy bebida a todos se nos resbalaba dándonos varios repegones con sus tetas y sus piernas para calar el temple del pene que ella nos producía. Una de esas últimas veces, descaradamente me apretó la verga y me dijo en voz baja “Este nene la tiene muy buena…”, seguramente más de uno se dio cuenta de su maniobra y de mi gesto de sorpresa.

    Con quien mejor me acoplé para bailar fue con la señora Carmen. Confieso que emanaba un olor seductor, más allá de la delicada fragancia de su perfume y se complementaba con lo coqueto de su mirada y su sonrisa. Me contó que tenía dos hijos y que su marido trabajaba en otra oficina gubernamental, pero que tomaba mucho y los asuntos matrimoniales iban en franco declive por el vicio de su esposo; que, en lugar de besos y caricias, todo se había transformado en rechazo y malos modos. “¿También en la cama?”, pregunté. Su cara se entristeció y confesó “Me toma pocas veces y lo hace cuando viene caliente, seguramente porque las putas de la cantina sólo lo encendieron”, después de enjugar una lágrima que se le había salido remató con “Me hacen falta las caricias que me daba cuando aún no tomaba”. Yo miraba con deleite el movimiento de las ondas en su pecho y ella se dio cuenta, procediendo a ajustarse el escote para mostrar menos. “Con razón, no quieres compartir la belleza que tienes”. Volteó a ver mi cara con una gran sonrisa y, moviendo los hombros, bajó el escote del vestido para preguntarme “¿Así está bien?”. “¡Así estás hermosa!, dije y la estreché fuerte, oprimiendo mi pecho con el suyo y poniendo nuestros pubis en contacto. Volvió a sonreír y recargó su cabeza en mi hombro, aprovechando la suavidad de la melodía. “Debes darte otras oportunidades de disfrutar de hacer el amor”, señalé pensando en ser yo el agraciado. Ella se sonrió y asintió con la cabeza.

    Con mi jefa bailé, señalando sus encantos y recitándole al oído nuevos versos que, extasiada, escuchaba y apretaba mi mano aprobando mis palabras. Casi al final de la reunión, cuando todos andaban en pláticas de borrachos, me dijo “Acompáñame a la cocina” y jalándome me llevó hacia allá. En el camino colocó mi mano en su pecho. Entramos, cerró la puerta y encendió la luz. Me abrazó después de colocar mis palmas en sendas tetas y me dio un beso. Nuestras lenguas se trenzaron. En ese momento noté que en el segundo piso se apagó la luz de una ventana y se movió la cortina de esa habitación.

    “Parece que nos están viendo”, le dije tratando de separarme, pero ella me abrazó más fuerte volviéndome a besar, además de bajar su mano para acariciar mi gran erección. Yo me dejé hacer, pero también me atreví a meter mi mano bajo su brasier. Con poco trabajo saqué un pezón y lo lamí, de inmediato éste se puso rugoso y firme. “Que mi marido vea que yo también puedo ponerle cuernos”, dijo y apagó la luz. “Con eso tiene, por ahora…” balbuceó como si se tratara de una promesa y me llevó a la sala. Sólo Carmela, por su sobriedad, se dio cuenta de nuestra ausencia y esbozó una sonrisa maliciosa cuando nos vio de regreso.

  • Trio lésbico con mi hermana y mi prima (parte 2)

    Trio lésbico con mi hermana y mi prima (parte 2)

    Dejo al final de este relato el enlace a la primera parte del mismo.

    (…) La incomodidad de darnos placer en ese lugar, se veía totalmente vencida por el morbo que sentíamos. Más allá de la relación incestuosa, el hecho de estar en un lugar casi público, le daba un plus extra (…)

    (…) Agitadas, nos besamos con ternura, hasta que un golpe en una de las ventanillas nos devolvió a la realidad. Giramos instintivamente nuestros rostros hacia ahí y nos encontramos con las miradas libidinosas de dos policías. Nuestros corazones se detuvieron de inmediato, al mismo tiempo en que dejamos de respirar.

    ─Señoritas, abran la puerta, por favor ─dijo uno de los policías.

    Nos miramos entre nosotras sin saber qué decir ni cómo actuar. De la siguiente secuencia, no tengo memoria. Cuando reaccioné, estaba sentada en el asiento de atrás, temblando y cubriéndome el cuerpo con mis piernas, mientras con mis brazos las rodeaba con fuerza. El auto avanzaba a gran velocidad por la carretera, mientras mi hermana, a mi lado, colgada de los asientos delanteros, le gritaba en estado de histeria total a mi prima:

    ─¡Pará boluda, nos vas a matar!

    Después del increíble momento de placer que habíamos vivido, ahí estábamos. Desnudas, avanzando a toda velocidad, con mi prima al volante, manejando por primera vez en su vida. Una mezcla de excitación y adrenalina me hacía sentir como si flotara en una extraña nube de desconcierto. Giré mi cabeza y vi detrás avanzando a toda velocidad a un vehículo policial con las luces y las sirenas encendidas. De repente me sentí en medio de una película, en la cual éramos las delincuentes que debían huir para salvar sus cabezas. Pero ¿cuál era nuestro delito? Simplemente nos habíamos dado un poco de placer al lado de la carretera. ¿Era eso ilegal? Entiendo que, quizás, no sea de buen gusto para la gente normal. ¿Pero por eso debíamos ir a prisión? Maquinando estas y mil cosas más, estaba cuando un extraño movimiento del coche me sacó del estupor.

    Ya no estábamos en la ruta, sino que avanzábamos a toda velocidad junto a ella, por la banquina. Mi prima lloraba, mi hermana gritaba cosas sin sentido. Yo veía la escena como en cámara lenta, sin entender si eso pasaba realmente o estaba viviendo una pesadilla. El auto giró bruscamente y se metió por un camino de tierra. Detrás, el móvil policial no nos perdía pisada. Avanzamos varios metros y se abrió un claro en el camino. Una pequeña casa en estado de abandono estaba en el centro, rodeada por grandes árboles. ¿Eso era bueno o malo? No tuve tiempo de pensarlo. Lo siguiente que recuerdo es como nos deteníamos de golpe, inmediatamente después de recibir un gran impacto.

    Ya no se escuchaban las sirenas del vehículo de la policía, pero un insoportable zumbido en los oídos me aturdía. Me dolía todo el cuerpo y me costaba mantener los ojos abiertos. Mi hermana y mi prima eran dos figuras borrosas que parecían querer comunicarse conmigo, pero se me hacía imposible comprenderlas. Escuché la puerta abrirse, sentí una mano aferrarse a mi brazo y tirarme hacia afuera. El sonido de los pájaros era enloquecedor. La brisa cálida del campo me quemaba la piel desnuda y ensangrentada. Y no era simplemente la sangre de los labios, sino que noté varios cortes en la frente y en un hombro. Además de varios moretones oscuros que comenzaban a incomodarme.

    La escena era surrealista: las tres desnudas, rodeadas de campo, mi auto destrozado contra un árbol y los dos policías enfrentándonos. Una perfecta y extraña miniatura de video de película porno.

    ─¿A dónde iban tan apuradas? ─preguntó uno de los policías.

    Nadie respondió.

    ─¿Necesitan atención medica? ─pregunto el otro policía.

    Nadie respondió, a pesar de qué, sintiendo mi estado y viendo el de mis compañeras, era obvio que no estábamos del todo bien.

    ─Lo que estaban haciendo al costado de la carretera, está mal ─comenzó el primer policía─ Y después, lo de huir, mucho peor.

    ─Encima, destrozaron ese auto tan lindo… ─agregó el otro─ decí que se estrellaron contra un árbol, porque si se la daban contra esa casucha, se les iba a armar tremendo lio por daño a la propiedad privada.

    Miraba a mi hermana y a mi prima, y era como si no comprendieran absolutamente nada de los que nos decían. Como si no estuviesen del todo en ese sitio. Las dos tenían sangre en el rostro y temblaban. Clara parecía tener un golpe en una de sus piernas, por lo que no podía estar parada con normalidad. Las tres llorábamos en silencio, sin tener idea de cómo actuar.

    Uno de los policías, alto, ancho de hombros y con pectorales bien marcados, se acercó y con una mano me tomó de la cara obligándome a que lo mire. Me resistí un poco, pero logro su cometido.

    ─Vos pareces más entera… y estás más buena que esas dos. ¿Cómo te llamas?

    Una llama de odio se encendió adentro mío. Comencé a pensar con algo de claridad. Acabábamos de tener un accidente. Si su intención hubiese sido ayudarnos, ya deberían haber pedido ayuda o, al menos, nos hubiesen pedido que nos tapemos. No nos tendrían así desnudas en medio del campo, expuestas ante sus miradas libidinosas. En una breve fracción de segundos, un plan de escape se figuró dentro de mi cabeza.

    ─Soy Paula. Ellas mis novias, Kari y Belu. No sé de qué manera explicar lo que pasó. Venimos desde capital, cansadas, aburridas… y nos dejamos llevar. Después nos asustamos y… bueno ─terminé, señalando a mi pobre auto destruido.

    ─¿Novias? ¿Las tres? ─preguntó confundido el otro policía.

    ─Novias, amantes, compañeras ─dijo mi prima, saliendo del estupor─. Creemos que las etiquetas no son importantes, aunque a veces tengamos que usarlas para que nos entiendan.

    Terminó de hablar mirándome fijo a los ojos, como tratando de decir mucho más que lo que estaba diciendo. Julia se sumó al coro de miradas, dándonos a entender que comprendía la situación. El primero policía volvió a hablar.

    ─Supongo que necesitaran ayuda…

    ─Ayuda, diversión… ─empezó mi hermana─ al fin y al cabo, nos interrumpieron en la mejor parte…

    Los ojos del segundo policía, más bajito, entrado en años y en kilos, parecieron salirse de sus orbitas. Mi prima, con años de experiencia en tratar con hombres inseguros de sí mismos, avanzó hacia él.

    ─Me recordás mucho a un novio que tuve años atrás… ─dijo mientras le acariciaba el rostro─ aunque tengo que reconocer que tu uniforme me calienta mucho más que cualquier otra cosa que haya probado.

    Comenzó a acariciarlo desde el cuello hacia abajo, pasando por el pecho hasta llegar a su entrepierna. El hombre se puso rígido, como en situación de alerta.

    ─Tranquilo, si me porto mal, podes esposarme ─dijo y lo besó en los labios.

    El hombre se relajó y, con torpeza llevó una de sus manos a las tetas de mi prima y la otro al culo. Apretaba con fuerza y nada de delicadeza, mientras el otro policía observaba con malicia. Con mi hermana nos acercamos a él, tapándole el campo de visión.

    ─Vas a tener que conformarte solamente con nosotras dos ─dijo Julia.

    El hombre sonrió y sacó la porra que tenía colgada del cinturón, apuntándola hacia nosotras.

    ─Con mi amigo, podemos encargarnos de las dos ─dijo.

    Me acerqué más y puse la porra entre mis tetas, mientras la chupaba suavemente. Mi hermana se acercó al hombre y lo besó en los labios, mientras le acariciaba la pija por encima del pantalón. En eso estábamos, cuando notamos que mi prima, de la mano, se alejaba con el otro hombre.

    Me acerqué a mi hermana y a nuestro poli y me uní al beso. Estuvimos un rato así, hasta que me agaché y le besé la pija por encima del pantalón. De inmediato, el hombre desprendió su cinturón y abrió el pantalón dejando expuesta una pija tamaño estándar, pero muy gruesa y venosa, totalmente erecta. Me arrodillé y se la chupé. Minutos después, Julia también bajó. Se la chupamos durante quince minutos, aproximadamente, hasta que estalló en una acabada bastante intensa, seguida de un gemido casi animal. Lo hicimos recostarse en el césped. Me senté sobre su pija, frente a él y lo cabalgué de manera salvaje, mientras mi hermana, sentada a un costado, observaba y se masturbaba con la porra. Durante todo el acto, el hombre susurró cosas incomprensibles. Por momentos parecía decir nombres, o insultos, pero en un tono e idioma muy extraños.

    Acabó adentro mío, casi de manera tan potente como la primera vez. Sin dejar que le baje, Julia tomó mi lugar. Yo me senté sobre su cara para que me la chupara. Lo hizo increíblemente, tanto, que acabé dos veces. Pero mi hermana se estaba cansando y el hombre seguía al palo. Estando las dos encima de él, vimos acercarse a Clara, sola, con el arma y las esposas del otro policía. Ahora éramos tres contra uno. Era momento de darle fin a toda esa locura.

    Me estiré un poco y tomé la porra que había quedado a un costado. Esperamos un par de minutos y, por fin, el hombre pudo volver a acabar. Cuando lo sintió estallar, mi hermana gritó “¡ahora!”, a lo que yo estiré mis piernas, alejando mi concha de la cara del hombre, para meterle de un golpe seco la porra adentro de la boca aun abierta. De inmediato comenzó a sacudirse, mientras se ahogaba en su propia sangre. Clara se acercó rápidamente, hundiendo la porra con más fuerza. Luego de unos instantes, la sacó y, con ambas manos, le cubrió la boca y la nariz, haciendo que las sacudidas sean cada vez más violentas. A pesar de la fuerza que ejercía el hombre mientras se moría, pudo controlarlo sin problemas.

    Con mi hermana mirábamos la escena de rodillas, abrazadas a un costado, totalmente extasiadas. Nerviosas, pero muy excitadas. Nos besamos dulcemente, entre caricias que nos encendían cada vez más. En ese instante comencé a sentir que la amo como nunca amé a nadie. Y no es amor de hermanas. Es ese amor inexplicable, que prevalece a pesar de todo. Siento también que ella me ama de igual manera, aunque todavía le cueste admitirlo.

    ─Bueno bebas, es hermoso verlas comiéndose así, pero tenemos dos cadáveres de los que hacernos cargo. ¿Alguna idea? ─dijo Clara.

    Un año después, desde Madrid, todo aquello me resulta como partes de una vida anterior. Me llevó todo este tiempo decidirme a escribir esta historia. En el medio, hubo silencio, añoranza, resignación. Me conociste contándote una fantasía con mis alumnos (bastante cancelable, desde lo moral), te conté las primeras experiencias con mi primer novio (Jorge, te extraño, gracias por tanto), flashee sexo extrasensorial, me metí en tu intimidad y te sumé a las locuras con mi hermana. Podría haber muerto dos veces, pero acá estoy. Viva, a salvo, pero lejos de todo lo que me hacía feliz. ¿Valió la pena? Si mis alegrías y desgracia sirvieron para que te haga unas buenas pajas, bienvenido sea todo lo sucedido.

    Con este relato cierro una etapa extraña, cargada de cosas tan excitantes como dolorosas. Aprendí mucho, me auto descubrí como nunca. ¿Lo malo? Tuve que dejar mi vida en Buenos Aires y arrastré conmigo a mi hermana y a mi prima. El primer mundo es una hermosa locura, pero el estar tan lejos de donde uno se siente real, por las noches se vuelve algo muy doloroso. Pero hay que seguir. Siempre y a pesar de todo. Esto no es el final de nada, pero se me hace inevitable no verlo como a un nuevo comienzo.

    Gracias por leerme. Gracias por estar. Hasta pronto.

    Nota de la autora:

    Hola! Espero no decepcionarlos con este relato, ya que siento que, en cierta forma, la parte III quedó un poco en segundo plano. Con esta historia me embarqué en una complicada, lo admito. Pero me sirvió mucho para conocer y entender mis propios límites. Este último relato es bastante introspectivo, en el que muestro en primera plana a mis fortalezas y debilidades.  Prometo, en la siguiente fase (la cual inicia inmediatamente después de esta serie de 13 relatos), volver a encausarme en la morbosidad que tanto les gustó de mí. Deseo de todo corazón leer sus opiniones. Gracias por estar ahí.

    *****

    “Trío lésbico con mi hermana y mi prima junto a la carretera”

  • La primera y última

    La primera y última

    Remontando al año 2006 en ese momento tenía un amigo, llamado Dino, tal vez era su apodo, pero todos lo llamaban así, cursábamos estudios juntos, por lo que siempre se acercaba a mi hogar a realizar tareas del día a día.

    Un día el me confesó que le gustaba mi hermana, por lo cual decidí ayudarlo con ella, en ningún momento de mi vida yo había sentido algo por un hombre, es más para ese momento yo tenía novia, la cual me gustaba mucho.

    Mi hermana no le dio chance alguno, ya que ella tenía una relación con otra persona, un día hablamos dino y mi persona en el patio de mi casa, platicamos cosas de mujeres y estábamos excitados solos, en el patio.

    Mi amigo dice ya vengo voy a tomar agua yo me quedé allí afuera mientras el entraba a la casa, pasaron minutos y no regresaba, yo decidí entrar a la casa ya que no había nadie en la misma, cuando entro no lo encontré, en la cocina, pensé que se había ido sin decirme nada.

    Cuando entro a la pieza de mi hermana estaba el allí, parado oliendo la ropa interior de mi hermana, con el pene afuera, tocándose, me moleste le iba a decir sus cosas y me quedé callado viéndolo, veía si cara de excitado, y su enorme pene, grande grueso, y doblado hacia un lado no era recto su verga era doblada y color negra.

    En ese momento algo paso en mi me excite demasiado, verlo así masturbándose, el me vio se asustó y me pide disculpas, yo le dije ya que más estás loco, me pidió que no lo delatara porque todos pensarían que era un enfermo.

    Salimos de la pieza caminamos al patio y le pregunté. Que sentís el en ese momento, y me dijo que era lo máximo que olía rico su panti y que si dejaba que se la llevará, yo le dije que fuéramos otra vez a la pieza de mi hermana y que oliéramos juntos.

    Agarre la panti de mi hermana la olía, tenía un olor a orine con vagina, y tal vez semen de su novio, aunque me calenté más me calentaba ver a mi amigo, haciéndolo, comenzamos a masturbar cada uno por su lado, cuando de repente el me toca las nalgas, yo sentí miedo nervios asustado no sabía que hacer.

    Él me dijo relájate no es la primera vez para mí ya lo he hecho con hombres me dijo dino, yo intenté pero estaba asustado, el seguía tocándose y tocando me, cuando siento que el me abre las nalgas y comienza a lamerme el culo, tengo que decir que fue la mejor experiencia en ese momento para mí, sentía algo demasiado excitante me gustaba.

    Comencé a sentir que mi culo se dilataba se abría con cada chupada de mi amigo, además que comenzó a tocarme el pene, me masturbaba lamiéndome el culo, para ese momento yo solo deseaba que el me agarrara y me pusiera a lamer verga, y lo hizo era mi primera vez y se la chupe, estaba mojada y salía mucho líquido de su pene, saladito, babosito.

    Me puso de lado escupió mi culo y su verga, e intento meterlo, me dolía demasiado, ya no era placer era dolor extremo, su pene era demasiado grande, hasta que me lo metió, y comencé a sentí placer, tanto que sentí que iba eyacular rápido, y le dije voy a cavar, me respondió no lo hagas, eres sensible perrita, le dije no aguanto y de repente, mi amigo dejo de cogerme y se metió mi verga en su boca, yo me vine a chorros y él me decía dame más dame más, me pareció extraño porque él era el hombre en ese momento y se convirtió en una perra.

    Yo le dije que me cogiera más y me puso de espaldas me batió fuerte, eyaculo dentro de mi culo sentí su leche entrar, yo me sentí bien me gustó, salimos de la pieza como si no nos conocemos, no hablamos él se fue y yo me quedé.

    A la semana aproximadamente me dijo que si quería yo hacer algo con el rico, le dije que si, fui a su casa y para mí sorpresa él no estaba solo, estaban 6 amigos de él, con el eran 7, se quitaron la ropa y me obligaron a chuparle a todos, yo no quería y me agarraron y ataron mis manos y pies con trenzas de zapatos.

    Entre todos me violaron metían sus penes en mi culo además de introducir sus manos, me dejaron mal todo lo que hicieron.

    Desde ese momento decidí no hablarle más a mi amigo, y siempre he intentado estar con alguien pero no puedo esos pensamientos me invaden y causan terror en mí.

    Desde ese momento no tuve más relaciones con hombres, vivo con una mujer, hoy día pero siempre deseando tener sexo gay, mi esposa no sabe tampoco sé cómo decirle.

  • Mis últimos dos chicos

    Mis últimos dos chicos

    Es muy difícil superar mi sexo adicción, trato de hacerlo pero es algo que forma parte de mi vida. Tener sexo con mujeres lindas en Colombia es complicado, debes tener dinero para ofrecer, la mayoría quieren que primero las invites a comer en un buen restaurante, o que las lleves a bailar en buenas discotecas, es una cultura feminista que lastimosamente tienen las mujeres colombianas, son pocas las de mente abierta que les gusta tomar la iniciativa y hacerlo por placer, no por interés.

    Ellas siempre quieren ser conquistadas con regalos caros, y tienen el estúpido pensamiento que su cuerpo vale dinero y quien quiera sexo con ellas debe pagar un alto precio. Por eso tener sexo con hombres es más sencillo y más placentero, solo hablamos por redes nos mandamos foticos y nos vemos en el motel, ya sabemos a lo que vamos directo al grano y sin gastar dinero, yo sé que suena machista pero parecemos más inteligentes y disfrutamos al máximo los placeres del sexo sin poner barreras materiales o perjuicios sociales.

    Hace dos semanas volví a salir con dos chicos, esta vez no fueron morenos: el primero un hombre de unos 40 con cuerpo atlético bien depilado, bien aseado, nos pusimos la cita y fuimos al motelito, se quitó la camisa y me beso apasionadamente, eso me puso erecto enseguida. Me tocaba me besaba locamente, yo tocaba su abdomen y apretaba sus nalgas atléticas, se sentía muy bien, yo estaba en pantaloneta sin bóxer, el tocaba mi cola y mi pene, me quite la camiseta para que él besara mi cuerpo, mis tetillas, él lo hacía muy rico con mucho morbo.

    Me senté en la cama y saque su verga y la chupe rápidamente, tenía un sabor suave como si se echara algún tipo de crema para suavizar la piel, era delicioso, no muy larga pero gruesa, perfecta para mí. Chupe hasta que le dije que me quería sentar encima de él. Se puso el condón, me lubrique con aceite y me senté despacio, él sentado al borde de la cama y yo de espaldas hacia él. Olvide que antes de eso él me metió la lengua en mi agujero y fue delicioso, casi me hace venir, yo ya estaba dilatado.

    Monte encima de él con mucho placer, no me dolía ya que no era tan largo, lo disfrute mucho, después me puso posición de pollo asado y me lo metió delicioso, yo viendo porno en la tv mientras él me comía ya estaba que explotaba, le dije que se limpiara y me lo echara en la boca.

    Se acostó bocarriba y se empezó a masturbar, soltó sus chorros de leche y yo puse mi lengua para recibirlos, le lamí lo que cayó sobre su abdomen, al lado de su ombligo, yo parecía un perrito sacando la lengua y untándome de su leche, quede satisfecho él me dijo que nos volvamos a ver, yo le dije que sí, pero él pasaba ocupado trabajando todo el día y parece que también tenía pareja, entonces esa semana prácticamente no me volvió hablar.

    En esa misma semana me habló otro chico más joven y gordito, por la red social, me mandó fotos, también era blanco bien depilado, a pesar de ser gordito tenía una verga gruesa y tentadora. Se repitió la experiencia, vino, fuimos al motelito, yo tenía un sentimiento de culpa pues ya era el segundo chico en una semana. Pero la calentura me podía más, quería salir de la rutina y olvidarme de tantos problemas económicos que tiene un hombre casado con hijos. Hace meses no tenía sexo fuera de casa.

    El chico gordito tenía unas tetillas grandes como las de una mujer, sentía como chupaba unos senos jugosos, le tocaba y le chupaba sus pezones hasta mamar un rato su polla gruesa.

    Hice un recordatorio, en los últimos 8 años me he chupado unas 30 vergas y me lo han metido unas 29 veces, chicos diferentes, me siento muy promiscuo eso no me hace sentir bien como hombre con hijos. Siento un sentimiento de culpa.

    Pero me gusta escribir y me gusta el sexo, y lo hago con gusto, por eso cuento esto, me folle al gordito, le chupe su verga deliciosa y gruesa, mi ano me dolía del encuentro anterior que me unte un aceite y hasta me salió una verruga por la fricción, y sin importar eso, me senté encima del gordito todo grueso era muy cómodo y entro su verga dentro de mi fácil sin lubricante, puede saltar sobre él unos pocos minutos y sentir ese dolor placentero, hasta que me dijo para, me voy a levantar y se metió al baño. Su verga se encogió con el agua y su barriga la tapó por completo. Me dijo que se iba yo pensé que se había venido, pero me revise con mis dedos y no sentí rastro de leche, de pronto tuvo un orgasmo si botar semen pensé.

    Se vistió y se fue, primera vez que me pasaba eso. Yo seguí viendo porno y me masturbe, me duche y salí al rato del motel con mi ano bien abierto y dolorido, todavía han pasado varios días y tengo la verruga y el dolorcito en mi ano. Por ahora no pienso acostarme con chicos hasta que pase un buen tiempo. Espero que les haya gustado, besos a todos y a todas.

  • La hijastra pródiga

    La hijastra pródiga

    A los 18 me casé por primera vez. El feliz matrimonio duró 3 años hasta la muerte por cáncer de ella. Diez años después de su fallecimiento, me emparejé con una bella y caliente mujer. Ella, tenía una hija de 4 años la cual ayudé a criar hasta los 12, pues con su madre nos separamos.

    Doce años pasaron sin saber nada sobre sus vidas hasta que una tarde de domingo sonó el teléfono. Del otro lado una voz femeninamente grave se identificó como la Panchi y necesitaba saber si la podía recibir. Sin pensarlo le contesté que sí.

    El sol se ocultaba cuando en un taxi que tuve que pagar yo, llegó la “pequeña” Panchi. Al descender del carro, no la reconocí, pues no se parecía mucho a la niña que entraba tardíamente en la adolescencia.

    Alta (1.75), de exóticos rasgos orientales, gruesos labios y generosa boca. Estilizada y voluptuosa. Negro, liso y largo el cabello, delicado el cuello, juntos los hombros, ostentosos senos, breve la cintura, amplias sus caderas. Prominente, respingado, redondo y firme era su culo, largas y contoneadas las piernas y delicados y bellos pies. Sus medidas eran 100-60-90.

    Llevaba puesto un floreado, fluorescente, ajustado y corto vestido que le llegaba justo a la mitad entre la ingle y medio muslo. No traía sostén y calzaba un sexy y descubierto par de sandalias. La reconocí cuando, lejos aún, levantó su brazo saludándome. En cuanto le correspondí el saludo, corrió para, a un metro de distancia, saltar sobre mí y aferrarse con brazos y piernas, como un koala.

    Panchi: -abrazando con fuerza- hola papi Cami… no sabía a quien más recurrir… gracias… mi mamá me dijo que no te llamara, que no me ayudarías, pero sabes… fuiste al primero que llamé…

    Yo: hola hija… así que eso dijo tu madre… en fin… has crecido hasta convertirte en una hermosa mujer… me alegro… y esta es tu casa, cariño… puedes usar la misma habitación, si quieres…

    Panchi: -posando suavemente sus labios en los míos- sabía que me ayudarías… si me ayudas con el taxi prometo ser buena con las cosas de la casa.

    Yo: está bien, hija… cuánto es…

    No había notado lo solo que estaba hasta la llegada de Panchi. Su presencia en la casa cambió radicalmente el estilo de vida que llevaba. De manera natural, rápidamente nos acostumbramos a la nueva dinámica. Comencé a comer comida casera; a tener la casa aseada y mi ropa limpia y ordenada. En otras palabras, se notó el toque femenino.

    Dos meses pasaron como si nada. La convivencia era cordial y distendida. A mis ojos, la Panchi era mi niña. Todo cambió una madrugada que me levanté a beber algo. Al encender la luz de la cocina, me encontré con Panchi apoyada en el mueble de cocina, al lado del refrigerador, justo frente a mí, ataviada solo con un colales, bebiendo un vaso con leche.

    Levantó su mano saludando de lo más natural como si no estuviese mostrando sus fabulosos senos. Me quedé mirándola con la boca abierta mientras terminaba su leche de un solo trago. El miembro de inmediato reaccionó comenzando a revivir.

    Panchi: -mirándome completo, sonrió al detenerse en mi entrepierna.- buenas noches… hace calor… te pido disculpas si te molesta o importuna que me pasee por la casa así, pero es que hace tanto calor…

    Yo: para nada… al contrario, desde que estaba con tu madre que no veía a una mujer desnuda tan hermosa en la cocina de mi casa…

    Panchi: gracias… me voy a acostar… pero antes ¿te puedo preguntar dos cosas?

    Yo: claro…

    Panchi: dos cosas… te puedo tratar por tu nombre de pila?

    Yo: por supuesto… y la segunda pregunta…?

    Panchi: sabes Camilo… para ser honesta contigo, me he sentido incómoda con la ropa que uso diariamente en la casa…

    Yo: y por qué la usas?

    Panchi: porque pensé que te molestaría que delante de los demás o de tus amigos me pasee con la rompa que me gusta y con la que me siento cómoda…

    Yo: mira hija… tú puedes andar como te dé en gusto… ya te lo dije… esta es tu casa…

    Panchi: entonces de verdad no te incomoda verme así por ejemplo?

    Yo: no me incomoda… todo lo contrario… me agrada mucho que tengas esa confianza conmigo y ver que mi niña se convirtió en una hermosa mujer…

    Panchi: eres un dios, Cami… -bostezó- tengo sueño… y de nuevo gracias… por fin voy a ser totalmente yo… -al pasar por mi lado posó sus carnosos labios a milímetros de los míos en un para nada tierno beso en señal de despedida.- hasta mañana…

    Yo: si… nos vemos…

    Y partió caminando seductora y pausadamente hacia su dormitorio. En el umbral de la puerta, antes de entrar dio la vuelta. La notar que la miraba, sonrió y con la mano lanzó un beso de despedida.

    A partir de ese momento, Panchi comenzó a pasearse por la casa más ligera de ropa, pero sin mostrar mucho. Como botón de muestra y para que se hagan una idea de usar anchos e informes vestidos de algodón, comenzó a lucir, pantalones cortos de todas las telas muy rebajados con ajustados y diminutos petos. De los pantalones anchos y sin forma pasó a los apretados jeans con coquetos tajos.

    Como si nada pasaron otros dos meses al cabo de los cuales ya bromeaba en doble sentido con mis amigos, tratándola ellos como a uno más del grupo. El último sábado de cada mes, en mi casa desde hacía años, nos reunimos a jugar cartas, beber, charlar y ver porno. El primer sábado después de la transformación de Panchi, el tema principal de la noche después de asegurarnos que la aludida dormía plácidamente fue precisamente el cambio para mejor (según nosotros) que había experimentado.

    Sin embargo, en rigor, lo poco que cambió en la convivencia fue el hecho que empezó a usar ropa más atrevida; bromear con más soltura con mis amigos, bañarse con la puerta del baño abierta; levantarse por la mañana e ir a la ducha en toples y dejar de llamarme papi para solo usar mi nombre de pila.

    Desde su llegada los sábados se encerraba en su cuarto poco antes de la llegada mis amigos, pero el sábado del cuarto mes que vivía en mi casa, los recibió y departió un rato con nosotros, retirándose algo ebria. La conversación estuvo amena, divertida y al final algo picante.

    Panchi: ya po… en serio… oye Cami, el chico me está tomando el pelo ¿cierto?

    Yo: curiosamente, Panchi, esta vez el chico ha dicho toda la verdad…

    Panchi: o sea, es en serio eso que juegan 21 y al que se le acaba el dinero debe entregar la ropa?

    Yo: si… y se tiene que ir tal cual quedó…

    Panchi: y eso que apuestan las esposas…

    Yo: nunca hemos llegado a eso, pero sí… es parte del protocolo… primero dinero, segundo ropa y tercero las señoras…

    Panchi: y eso que durante toda la reunión en la televisión solo pasan películas de esas de sexo…

    Yo: así es… y no lo hemos hecho hoy, porque estás tú…

    Panchi: debo creer entonces que soy la única mujer que ha departido con ustedes en este club de toby…

    Carlitros: la única después de tu mamá… vaya que la extrañamos…

    Panchi: me siento sorprendida…

    Yo: sí y no…

    Panchi: -sonrió y más para sí que para nosotros, se dijo- gratamente sorprendida… -levantando la voz nuevamente- bueno muchachos los dejo… y para que lo sepan… me dan lo mismo las pelis triple x así que se preocuparon demás… chaito… hasta mañana Cami…

    Todos: buenas noches Panchi…

    Panchi: son unos idiotas… -nos dijo con una hermosa y luminosa sonrisa.-

    Como todos los domingos en la noche, ese festivo no fue la excepción, cerca de las 9 pm, llegaba, Francis, mi amiga con ventaja a pasar la noche. Esa oportunidad fue distinta, pues mientras follábamos, en no pocas veces, al ver el rostro de Francis, éste de pronto mudaba para aparecer el de Panchi. Francis aquella vez, gritó y aulló muchísimo más de lo acostumbrado.

    Todos los lunes a las 6 y media de la mañana, Francis se levantaba, duchaba y vestía, mientras le preparaba el desayuno. Ese lunes, al llegar a la cocina, encontré la mesa puesta para dos y a Panchi en una diminuta y sexy bata de levantarse, terminando de preparar la primera comida del día.

    Panchi: buenos días Cami…

    Yo: hola preciosa… cómo dormiste?

    Panchi: nada hasta que te quedaste dormido tú… -guiñando su ojo en señal de complicidad-

    Yo: -las mejillas ruborizadas- perdona… lo que pa…

    Panchi: … jajaja… tranquilo… si hasta me motivaron…

    Yo: jejeje… -aún el rostro sonrojado- ¿motivaron?

    Panchi: ya sabes!

    Yo: qué sé?

    Panchi: parece que aún estás dormido… me motivaron a masturbarme con su show…

    Yo: ahhh… jajaja…

    Panchi: casi me caí de la cama haciéndolo…

    Yo: jajaja… me habría gustado ver eso…

    Panchi: cuando casi me caí???

    Yo: no… cuando te masturbabas…

    Panchi: jajaja… idiota… jajaja… ya… la Francis está por salir del baño… voy por una ducha…

    Yo: gracias por el desayuno… no te sientas con nosotros?

    Panchi: nica… mira como estoy… parezco momia…

    Yo: -bajando la voz- pues me encantaría que Francis fuera igual de momia que tú al despertarse…

    Panchi: jajaja… malo…

    Yo: -siempre en voz queda- no me mal entiendas… Francis es una atractiva mujer y como es casada, tenemos la relación ideal para mí, pero está lejos de una mujer como tú… solo mírate…

    Panchi: -rojas las mejillas- gracias… por todo… de verdad… me recibiste sin preguntar nada… nadie ha sido así conmigo nunca, excepto tú…

    Yo: oh vamos… no es nada… además el único que ganó aquí fui yo…

    Panchi: eres un sol… mejor me voy a bañar… nos vemos en la tarde…

    Yo: nos vemos…

    Recuerdo que el mes me salió todo al revés y lo único rescatable fueron los domingos de Francis y las cotidianas, pero no por ello menos atractivas, exhibiciones de Panchi. Del resto, mejor ni acordarse. Empero me es imposible no mencionar que la guinda de la torta me llegó el jueves de la última semana del mes y fue una llamada de Francis avisándome que el último domingo no contaría con ella. Se me vino el ánimo al suelo. Al colgar vi a Panchi mirándome con intensidad.

    Panchi: qué te pasa, Cami…

    Yo: nada, reina…

    Panchi: y por qué tienes cara de funeral…

    Yo: en realidad este mes ha sido fatal… quiero que puro termine… Tu presencia en esta casa sigue siendo por lejos lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo…

    Panchi: gracias… pero aún no me dices qué te puso así…

    Yo: la Francis… no viene este domingo… justo el domingo que más la necesito del mes… en fin… ojalá no caiga un meteorito antes del sábado…

    Panchi: no deberías ser tan negativo… al fin y al cabo el mes aún no acaba…

    Yo: tienes razón, princesa… aún me queda el sábado…

    Panchi: oye Cami… habría algún problema que esté con ustedes… es que me aburro como caballo de feria y desde mi pieza escucho sus risas y el mes pasado, debo reconocer que lo pasé muy bien…

    Yo: no creo que pongan problemas, pero no deberías juntarte con gente de tu edad? Te veo salir, pero aún no traes ni amigos ni amigas ni pareja…

    Panchi: me arranqué de una tóxica relación con un tipo de malas costumbres y no quiero nada con nadie… me bastas tú y tus amigos… me siento cómoda entre ustedes y muy respetada y querida por ti…

    Yo: lo siento… como te dije… no creo que pongan reparos, pero lo que sí te van a exigir, al menos el Carlitros lo hará, que te atengas a las mismas reglas en los juegos… al menos eres buena en el 21… la reunión anterior no perdiste…

    Panchi: buena suerte en el juego, mala en el amor… y… no me quejo aunque a veces me gustaría fuera distinto…

    Decidí no avisar la presencia de Panchi, sino hasta que fuera evidente. Estaba seguro que ninguno se opondría, pues no solo se habían encariñado con la simpática e inteligente mujer que era mi hijastra, sino que también de forma disimulada, no perdían oportunidad de mirarla.

    De la misma manera que la junta anterior, fue Panchi quien los recibió, uno por uno a los tres invitados. Ninguno pudo evitar sonreír de oreja a oreja al verla tras el umbral. Sobre todo por cómo vestía.

    Una hora antes me preguntó si era necesaria una vestimenta adecuada o podría ser cualquiera a lo que le contesté que se pusiera lo que más le acomodara. De esa manera, tras la puerta de acceso, la anfitriona los recibía ataviada con un peto gris sin sostén debajo y un rebajado pantalón corto de algodón con el que mostraba el último tercio de sus redondas nalgas. Iba descalza.

    Una vez estuvimos los 4 sentados frente a la TV en dos sofás, Panchi nos sirvió nuestros tragos, se hizo el de ella y tomó asiento, interviniendo de inmediato en la conversación. Nos acomodamos de tal modo que en uno de los sofás estaban Carlitros, el chico y el siempre callado Nano y en el otro Panchi y yo.

    Panchi: les puedo pedir un favor (no sería el último)…

    Yo: habla pequeña…

    Nano: si por favor… me gusta el timbre de tu voz…

    Panchi: -rojos los pómulos- sé que siempre juegan y luego ven una película… podríamos hacerlo al revés hoy?

    Chico: por mí no hay dramas…

    Nano: me sumo…

    Carlitros: solo si escojo yo la peli…

    Panchi: acepto….

    Apagamos las luces y nos preparamos. Mientras pasaban los créditos al oído le susurré, -estás segura que quieres ver esto?- contestándome del mismo modo, -curiosidad…- y se explayó…

    Panchi: mi último novio era un pervertido y veía todo el día este tipo de películas. Siempre me pidió acompañarlo, pero nunca accedí… como tampoco lo hice a sus retorcidas peticiones cuando hacíamos, según yo, el amor, según él, follar…

    Yo: y por qué ahora sí…

    Panchi: no me lo hagas decir…

    Yo: no me vengas con esa a estas alturas…

    Panchi: -mirándome a los ojos, siempre en voz baja- tú eres diferente… me siento protegida… y respetada por tus amigos… cuando vi cómo me miraste esa noche en la cocina sentí de tu parte deseo y control y eso incentivó mi curiosidad…

    Yo: no sé qué decirte, Panchi…

    Panchi: no me digas nada… mira… la peli empezó… me puedo acomodar aquí… -dijo estirándose en el sillón y apoyando su cabeza encima de mi verga- qué cómodo… -agregó sonriendo sin dejar de mirar la TV.-

    Los 5 nos dedicamos a beber en silencio y no perderse detalle del filme. En él se contaba la historia de las vicisitudes de una esposa japonesa y su hija. La mujer en una precaria situación económica, conoce al que parecía ser un buen hombre que las acepta a ambas, casándose con la mujer y adoptando a su pequeña niña (4).

    Los años pasaron y cuando la niña cumplía los 15, la madre se fugaba con otro hombre, dejándolos a ella y a su esposo botados. El padrastro, cumpliendo un acuerdo previo, envió a la adolescente a un exclusivo y elegante internado por los siguientes 5 años donde mantuvo relaciones lésbicas. En medio del primer semestre, por teléfono, la chiquilla, en un arrebato de orgullo, le gritó a su padre que no lo quería ver nunca más, pues quería que la sacara.

    Pasaron otros cinco años y por el azar se reencontraron. Ella en problemas que él le ayudó a solucionar de inmediato. Se pusieron en la buena y ella volvió a su intacta pieza. Los desnudos femeninos pasaron sin pena ni gloria, pero la cosa cambió cuando el padrastro, un día que la vio saliendo del baño cubierta solo con la toalla, sin poder contenerse más se abalanza sobre ella para usarla.

    En medio del polvo y mientras el hombre se comía el coño de su hijastra a mordiscos, el mayordomo los sorprende y tras la sorpresa inicial, el patrón lo invita a unirse a la fiesta. Los asombrados ojos de Panchi no podían dejar de mirar cómo la mujer era follada por la boca y el coño, en cuatro patas, por dos vergas distintas, al mismo tiempo.

    Panchi: -con su mano en mi nuca me dirigió hasta quedar en medio de sus senos con el fin de hablarme al oído- Cami… eso es un truco, ¿cierto?

    Yo: no lo creo, reina… es real…

    Panchi: y parece que le gusta que… que la usen… Cami… a mi mamá ¿la trataste alguna vez así?

    Yo: claro… cuando ella me lo pedía… y respecto a la actriz… estoy seguro que le gusta porque además de gozarlo, le pagan por ello.

    Panchi: tienes razón… o mira… se les unió otro… -sin que su cerebro se diera cuenta, su mano derecha terminó en su entrepierna, quieta. Levantó la vista para mirarme a los ojos, siempre con la mano en el mismo lugar.- y no le duele que se lo metan por ahí… yo nica paso mi culito… con mi mamá ¿lo hicieron por atrás?

    Yo: sí… con frecuencia, pues le gustaba mucho… -mirando la cara de perplejidad de Panchi, agregué,- y solo le dolió, muy poco al principio de la primera vez…

    Panchi: oye Cami… es normal que me sienta excitada…

    Yo: estas películas son para eso…

    Panchi: -moviendo la cabeza sobre el miembro- o sea que eso que siento duro desde hace un rato en mi nuca… ¿es tu pene?

    Yo: mira… es otra historia… veámosla para entender el argumento…

    Panchi: cuál argumento? Está bien… sigamos viéndola…

    Pasaron los minutos y en la peli se mostraba que otro día, pagando los sueldos en la oficina, los 6 últimos albañiles, todos roperos de tres cuerpos, se pusieron de acuerdo y luego de cerrar la puerta y juntar las cortinas, se follaron a la pobre de a tres, tapando todos sus orificios al mismo tiempo.

    Panchi: -frotándose lenta y disimuladamente el coño por el lado del descubierto short, encima del calzón.- Cami… me haces otro favor…

    Yo: dígame…

    Panchi: ¿te molestaría disimuladamente tocarme los senos por debajo del peto???

    Yo: qué? En serio?

    Panchi: en serio… y en broma también… -pícaramente sonrió.

    Yo: pero…

    Panchi: Cami… solo me tocarás un poco los senos… ya te dije que me siento excitada… si no quieres o no puedes dímelo… está bien…

    Yo: y si los chicos lo notan… ¿estás segura?

    Panchi: hazlo con disimulo… y si lo notan… el que mira sufre y el que toca goza… ¿o no?

    Yo: -metiendo las manos para sentir sus turgentes senos- allá vamos…

    Por los 20 minutos finales apreté, masajeé y manoseé sus senos con el mayor disimulo posible. Faltando un par de minutos para el final, un leve quejido de mi hijastra, alertó a mis amigos, los que a partir de ese momento desviaron su atención hacia lo que pasaba en vivo y en directo a un metro de ellos.

    En cuanto noté que teníamos público, lentamente expuse sus senos a los ojos de mis compinches. Por su lado, ella abría las piernas sin pudor, los ojos cerrados, sus dedos sobre el manchado short. Al finalizar la peli, encendimos las luces para dirigirnos a la mesa a jugar. Panchi mostraba el rostro escandalosamente encendido, los ojos empañados y su entrepierna visiblemente empapada. Todos sabíamos de qué se trataba, mas nadie dijo nada.

    Carlitros: -una vez acomodados, los tragos servidos y las cartas repartidas- antes, como siempre, un salud hasta el fondo… salud!

    Todos: -entre chocando los vasos- Salud!

    Carlitros: supongo que la apuesta será la usual…

    Panchi: cual sería esa?

    Carlitros: mil por vuelta…

    Panchi: -el dedo índice sensualmente entre sus labios, meditaba.- mmmm… me parece muy aburrido quitarles el dinero…y si mejor apostamos un todo o nada… la peor mano entrega toda la ropa y si el que ya no tiene nada que dar, vuelve a perder se someterá a lo que la mejor mano con el concurso de los otros decidan las penitencias…

    Chico: te estás escuchando, ¿cierto?

    Panchi: estoy algo ebria y media tocada con la película, pero sí… me escucho…

    Nano: -hablándome a mí- y que haremos si la que pierde es la niña???

    Yo: qué me preguntas a mí??? Hasta donde sé, el nombre es lo único que le quedó de niña…

    Panchi: gracias Cami… ya soy grande y bien mujercita como para asumir los alcances de mis palabras o las consecuencias de mis actos… y la verdad no creo que pase, pero si pierdo… pagaré…

    Nano repartió las cartas ocultas. Luego, salieron un 9 para Carlitros, una J para el chico, un Kayser para Panchi, un 2 para Nano y un 8 para mí. Pidieron otra carta más, Carlitros, Panchi y Nano. Un 2 para el primero, un 4 para Panchi y un 6 para Nano.

    Al mostrar los juegos resultó ganador el Chico con un 21 real y perdedora la Panchi con una Q, una K y un 4, pasándose por 3 del límite. De inmediato me pareció curiosa la audacia de Panchi, pues la idea del juego era solo no ser el peor y con las dos primeras cartas era casi obvio que no lo sería…

    En cuanto mostró su juego, sonrió como si hubiese ganado, se puso de pie y con felinos y elegantes movimientos se desprendió de las tres prendas que traía encima. Volvió a sentarse. Justo antes de desvestirse, Nano levantándose también, encendió el resto de las luces para, como decía el lobo feroz de caperucita, verla mejor.

    Panchi: -luego de más de 10 segundos de erótico silencio, mirándola con deseo en los ojos. Sonrió.- me subo a la mesa para que puedan verme mejor?

    Chico: ya que insistes, -dijo y agregó estirando su mano, ofreciéndola.- por favor…

    Para asombro y deleite de todos mi hijastra le aceptó la ayuda y se dejó llevar hasta quedar de pie en medio de la mesa, girando sobre su eje, lentamente. Luego de poco más de un minuto, de súbito espetó, -suficiente… ¿podemos seguir?

    Sabía que con la película y los toqueteos había quedado prendida por lo que, caliente, la dejé explayarse con total libertad. Sus pezones erectos pedían a gritos ser chupados. Ahí estaba, hermosa, desnuda en medio de cuatro hombres mayores absolutamente excitados. Nano volvió a repartir.

    A Carlitros le salió una J, al Chico un 8, a Panchi un 7, Nano un As y a mí un 10. Pidieron otra carta el chico y Panchi. Al mostrar nuestros juegos quedó de manifiesto que por un punto perdía el chico, pagando de inmediato la apuesta. A Panchi casi se le salieron los ojos con la gruesa y venosa verga de mi compa. Seguimos.

    En las siguientes dos vueltas y a pesar de todos sus esfuerzos, perdimos sucesivamente Carlitros y yo. Panchi sin disimulo miraba cada verga con concentrada atención. En el siguiente turno Panchi volvió a perder. Quien debía sugerir a los otros la pena por ser el ganador era Nano.

    Nano: que la acusada se ponga de pie… -obedeció- la sentencio a bailar como stripper para nosotros una canción a nuestra elección…

    La música comenzó a sonar. El volumen de la TV, que pasaba otra película, se dejó en cero. La canción elegida tenía una duración de 8 minutos, los que danzó con erótica sensualidad hasta el último acorde.

    Quedamos todos prendidos, las vergas erguidas, los ojos ávidos. Justo antes de tomar asiento, la mano de Carlitros la tomó con firme gentileza y sin decir una sola palabra, la dirigió hasta dejarla, sin oposición alguna, tendida mirando al techo, sobre la mesa, las rodillas flexionadas y completamente separadas. Una mano sobre un seno, la otra en su entrepierna, lascivia en los ojos. Los chicos me miraron. Asentí.

    Carlitros: cariño… ¿nos dejas ayudarte???

    Panchi: -me miró, asentí,- si… -dijo y cerró los ojos.

    Sin más dilación, la rodeamos y comenzamos a tocarla, lamerla, chuparla, besarla y morderla por todo su cuerpo. A Panchi de inmediato se le puso la piel de gallina y se escucharon los primeros gemidos.

    Nano besaba con pasión la boca y el cuello de una entregada Panchi. Carlitros y el chico se apoderaron cada uno de un seno mientras por mi cuenta, lamía y chupaba con ansias desde el clítoris hasta su redondo culo. Me detuve justo antes del orgasmo solo para penetrarle el coño con mis dedos corazón y anular e iniciar ipso facto un vertiginoso sube y baja.

    Panchi: ah… por qué te detie… ay!!! Qué estás ha… aaaah!

    Menos de medio minuto más tarde, mi hijastra, con mis dedos en su interior inmóviles, eyaculaba, mojando todo a su alrededor con sus abundantes y aromáticos fluidos. Sin darle respiro, menos de un segundo después, reinicié el mismo sube y baja y con la misma intensidad.

    Poco más de 30 segundos después, Panchi iniciaba una serie de eyaculaciones que la mantuvieron en un lujurioso trance por el siguiente par de minutos. Durante todo ese tiempo y desde el momento en el que empezó, la chinita (en realidad su padre era japonés) como le comenzamos a decir, vocalizó la “a”, a veces entrecortadamente, a veces continua, aumentando y/o disminuyendo el volumen según la intensidad de la follada. Solo se detuvo a tomar aire, para de inmediato continuar como una suerte de válvula de escape.

    En cuanto la solté (consiguió acabar 6 veces en total) Carlitros tomó mi lugar para de una con la boca y lengua ocuparse del clítoris y con sus manos del coño y apretado culito. Nano y Chico se afanaban en los senos de la china, mientras me dedicaba a besar su cuello y orejas y ofrecerle degustar sus propios líquidos vaginales.

    Lamió, chupó y succionó mis dedos con un lascivo deleite. Ya no solo estaba entregada, sino que ya además se había convertido en una adicta a la lujuria y a la búsqueda del placer. Su generosa boca emitía sensuales quejidos. Los ojos cerrados, los puños crispados,

    Yo: todo bien, hija?

    Panchi: ah, ah, ah… -jadeaba audiblemente

    Yo: tomaré eso como un sí…

    Nos miramos con Carlitros y en un fugaz enroque nuevamente quedé entre las piernas de Panchi. Entonces, con la lengua comencé a comerme su delicioso clítoris. Lo lamía, succionaba y volvía a lamer para de nuevo succionarlo y así por un minuto.

    Luego, tras insertar mis dedos en su coño y dejarlos quietos, con mi otra mano froté su clítoris de menos a más, aumentando la presión y velocidad del movimiento progresivamente. Al poco, Panchi se retorcía envuelta en el dulce placer del orgasmo.

    Panchi: -impidiendo que la tocáramos con sus brazos- no me toquen por favor… Cami saca tus dedos por favor… no puedo seguir… por favor… ay! No! Ay! Ahhh! No-o-pa-a-a-re-e-e-ss…

    Sin atender a sus iniciales y poco convincentes ruegos, con mis dedos dentro suyo volví al clásico sube y baja. Desde el principio fue aparentemente brusco y veloz. Luego de unos cuantos, la china abrió al máximo sus piernas, tomándoselas ella misma para mantenerlas así. Segundos más tarde, entre alaridos de lujurioso placer, eyaculaba una, dos, tres veces.

    En cuanto acabó de expulsar fluidos por el coño, la tomé para ayudarla a darse la vuelta, quedando con sus piernas apoyadas en el suelo, el culo respingado y su cabeza ligeramente sobresalida por el otro lado. Aun jadeaba cuando le penetré con mi verga su húmedo coño y al mismo tiempo, Carlitros sin piedad hacia lo mismo por su generosa boca, iniciando una coordinada y feroz follada a dos bandas.

    La verga de Carlitros ahogaba las expresiones vocales de Panchi que la mía le provocaba. Por unos cuantos minutos estuvimos así hasta que fuimos reemplazados por el Chico y Nano. Más o menos la misma cantidad de minutos estuvieron ellos. Lo hicimos de esa manera por dos vueltas.

    Yo: -en la pausa del cambio.- estás cómoda, mijita?

    Panchi: si…

    Yo: -con la verga en su interior.- tienes un tentador y hermoso culito, hija… ¿puedo jugar con él?

    Panchi: una vez lo intenté con mi novio, pero el dolor fue demasiado… y no quiero que se me corte la leche…

    Yo: y si te prometo que casi no te dolerá… te prometo que paramos cuando tú digas… -asintió. Dirigiéndome al chico y tirándole un manojo de llaves, le dije,- ya sabes… corre… -luego a Nano que es el corpulento de nosotros,- la llevas en tus brazos, amigo por favor…

    Panchi: me llevas al único cuarto de la casa cerrado con llave?

    Yo: así es pequeña… ahora que los paños se han enfriado un poco… ¿quieres seguir de todas formas?

    Panchi: quien dijo que los paños se enfriaron?

    Nano: esa es mi chiquilla!

    La puerta daba a una corta y oscura escalera hasta un descanso, luego la subida continuaba pero desde la entrada no se podía apreciar, pues desde el descanso, la escalera daba un recodo que imedía ver el final de ella desde el umbral.

    Dieciocho escalones más terminaban en una gruesa y pesada puerta. Al traspasarla, se ingresaba a un cuarto de 8×8 metros ventilada por 4 menudas y rectangulares ventanas de 15×40 a pocos centímetros del falso cielo y una gran claraboya de 1.5×1.5 metros en medio del techo.

    Desde la puerta se podía ver toda la habitación, pues se encontraba ubicada en el ángulo inferior derecho y desde allí se extendía hacia la derecha, de frente y la izquierda toda la visual. De este modo, a la izquierda de ella, dos metros antes de llegar al fondo, pegada a la muralla, se encontraba una cama tamaño King.

    En la esquina opuesta y enfrente de la puerta, un jacuzzi para 6 personas. A los pies del albo lecho un pedestal adosado al suelo sostenía una delgada televisión de 50 pulgadas sobre una superficie giratoria. Así no importando el lugar de la habitación donde uno se encontrara, siempre no perdía de vista a las imágenes que pasaban por la TV.

    Siguiendo la misma línea, al fondo siguiendo la forma de la esquina podía apreciarse un sillón pegado a la pared con tres cuerpos a cada lado. Al frente de él a dos metros otro igual casi cerrando un cuadrado perfecto. En medio una firma y baja mesa de centro con superficie de vidrio.

    Cada rincón de la pieza estaba iluminado por lámparas de pedestal con la cabeza dirigible. Desde cada ubicación se podía controlar la intensidad de la luz. Sin embargo, el control maestro se encontraba al lado de la entrada. Además existía una luz central que alumbraba todo que se encendía cada vez que la puerta de entrada era abierta, manteniéndose así por el siguiente par de minutos, para luego apagarse.

    Panchi: -en cuanto ingresamos- wow… que lindo está todo…

    Yo: desde ahora en más, podrás venir cuando quieras…

    Panchi: -a Nano- me puedes bajar, galán… -tras dejarla de pie a dos pasos de la entrada- todos dentro, frente a ella, excepto yo que estaba detrás, a centímetros de tocarle la piel.- gracias, Cami… trajiste a mamá acá, supongo…

    Yo: con ella y por ella lo construí… desde que se fue, nunca más vine, excepto una vez por semana a limpiarlo… oye hija… aún quieres que sigamos?

    Panchi: -tras una corta carrera saltó sobre la cama. Luego gateando llegó al centro para sentase con la espalda erguida, las piernas cruzadas, la mirada atenta y juguetona.- ven Cami… me prometiste algo sin dolor… quiero que cumplas…

    Yo: -caminado con parsimonia hacia ella, sin sacarle los ojos de encima.- soldados… armas listas… -tomaron con una mano cada uno su verga- a sus puestos de batalla… ya tienen sus órdenes…

    Entre las carcajadas de Panchi, los cuatro, no dejando de saludar en forma militar y con la verga en una mano, la rodeamos. Sin previo aviso la tomamos para dejarla a lo perrito, para, de una, afanarnos en el cuerpo de la hermosa hijastra que tenía. Carlitros y el chico, cada uno con un seno en la boca. El primero además, frotaba su clítoris con ganas. Nano besaba sus labios, cuello y nuca con concentrada pasión mientras me dedicaba con mis dedos en su coño, a darle un animal sube y baja. Las carcajadas, fueron risas, las risas sin mediar nada, se tornaron en gemidos los que antecedieron a los audibles y eróticos quejidos. Panchi iba a toda velocidad hacia un nuevo clímax, mezcla orgasmo y eyaculación que la dejó vuelta loca.

    Los espasmos de su cuerpo aún no cesaban cuando al mismo tiempo, Nano por la boca y yo por el coño, comenzábamos a follarla lentamente. Luego de unas cuantas embestidas, el Chico y Carlitros se habían sumado ya cada uno a un lado. Esta vez era el segundo quien jugaba con el clítoris de Panchi.

    Entonces, con la punta de mi dedo índice, lenta, tierna, consideradamente incursionaba en el ano de mi hijastra. Costó un poco más meterle dos dedos que llegar hasta el fondo con uno y follarle el culo con el clásico mete y saca, extrayendo por eso, roncos aullidos de lujurioso placer desde la garganta de Panchi.

    Empero una vez que el culo de Panchi tuvo mis dos dedos dentro, comencé a aumentar la velocidad de la follada en ambos orificios. Los quejidos producto de un nuevo orgasmo fueron ahogados por la verga de mi compa Nano. En ese instante, de súbito me detuve y extraje bruscamente dedos y verga al unísono para, de inmediato, apuntar con el miembro al culo de Panchi y poco a poco, centímetro a centímetro penetrarlo.

    Los primeros quejidos fueron más de dolor que placer, pero en cuanto el glande estuvo completo dentro, la situación cambió. El dolor fue reemplazado por el placer y éste al cabo por la lujuria. Luego de unas pocas suaves, pero insistentes embestidas más, entre calientes jadeos, el culo de mi hijastra tenía dentro toda mi verga.

    Acariciaba sus redondas y brillantes nalgas cuando ella inició el mete y saca pausadamente al comienzo para ir aumentándolo en rapidez e intensidad, provocándose al poco un excitante orgasmo. No sé cuánto tiempo estuvimos así, pero al rato y después de varios orgasmos más de mi chinita, primero yo y segundos después Nano, eyaculábamos en su caliente interior.

    Fuimos reemplazados por Carlitros y el Chico, los que desde el comienzo y por casi tres minutos la follaron salvaje y bruscamente. Los aullidos de lujuria se intercalaban con innecesarias arengas por parte de la china, tales como, eso… fóllenme más fuerte o así… quiero que me partan en dos…

    Antes de acabar, decidieron detenerse e intercambiar de lugar. De ese modo, cada poco más de un par de minutos, se cambiaban de lugar solo para reiniciar el polvo tal cual iba. Es decir, gentilmente brusco. Así estuvieron por casi 20 minutos hasta que el chico le bañó los senos y la cara mientras Carlitros le llenaba el palpitante, depilado y delicioso coño.

    Panchi: -acostada mirando al cielo, apoyando su peso en ambos codos. El semen aún le colgaba en senos, la comisura de sus labios y barbilla en espesas gotas- qué follada he recibido… Cami… a mi mamá…

    Carlitros: escucha Panchi…

    Yo: si le vas a contar que sea todo y en el jacuzzi…

    Carlitros: -ya acomodados en el jacuzzi. Panchi lavada y apoyada en mi dorso, las piernas estiradas- cabros, corríjanme si me equivoco o me falta algo… Al tercer año de matrimonio entre tu mamá y Camilo, el Chico y yo la descubrimos engañando a nuestro amigo. En ese mismo momento la encaramos, exigiéndole que le contara a su marido. Luego de rogarnos por largo rato, accedimos a que lo hiciera a su manera dentro del plazo de tres meses con la promesa que no seguiría siendo infiel.

    Cuento corto. El último sábado de ese mismo mes, para asombro de todos los presentes, se sinceró con su esposo delante de nosotros como testigos argumentándole que llegaba un momento en el que la calentura era más poderosa que su juicio y por eso lo hacía, arrepintiéndose cada vez que lo repetía para luego sin darle tiempo de pensarlo agregó, si tú permites que sus sábados sea la puta de tus amigos y tuya, nunca más te seré infiel.

    Al cabo de unos cuantos sábados fuimos invitando de a una a cada una de nuestras esposas, pero ninguna le pudo seguir el ritmo a la insaciable… Desde hace años que no nos pasaba esto…

    Nano: todo terminó cuando por casualidad la sorprendí saliendo de un motel con dos tipos y al no ver a Camilo, lo llamé y quedó la grande…

    Panchi: -todo el relato le estuve acariciando y apretando sus senos.- He vivido en mentiras… mi mamá me dijo que te dejó por golpeador… y antes de esta noche, mis parejas anteriores me dijeron que no era caliente… y les creí… y resulta que ahora en lo único que puedo pensar es en por qué razón todas estas vergas erectas no están follándome…

    Sin más que decir, me puse de pie y con la ayuda de Nano, alzamos a la chinita caliente y lentamente por su dilatado culo se comió mi verga. Segundos después de acomodada, Nano introdujo la suya por el coño para iniciar un furibundo sube y baja a dos pistones con la estrella del show como el jamón del sándwich.

    Al cabo de unos minutos, en el aire se la pasamos al Chico y Carlitros y de la misma manera le dieron por otro rato. Dos vueltas más por cada pareja de vergas se dio la traviesa chinita, tiempo durante el cual alcanzó varios clímax. Cuando nos cansamos de esa forma, Nano la llevó en andas hasta la cama, mirándole la espalda y la verga ensartada hasta en fondo en su culo.

    Panchi: -siempre con la verga de Nano incrustada.- que rico… no sé qué me pasa, pero por favor les pido no se cansen pronto de reventarme todos mis agujeros… ahhh… Cami, por qué estoy tan caliente…

    Yo: -luego de mirarnos entre los cuatro amigos y sonreír.- mi humilde opinión, cariño es que lo caliente y puta lo llevas en la sangre y nadie antes te lo había despertado… te gusta?

    Panchi: -meneando ella su culo ensartado- muchísimo…

    Yo: entonces hija… mi recomendación es que lo disfrutes…

    Entonces Nano, siempre con mi hijastra en vilo, tomó asiento en el borde, se tiró hacia atrás llevándosela con él para luego ubicarme en medio de sus abiertas piernas y penetrarle su delicioso coño. Sin invitación Carlitros le penetró la boca, acoplándose de una al ritmo impuesto por Panchi en persona. Unos segundos después de coordinadamente follarnos a la chinita a tres vergas, el chico se nos unió, ofreciéndole la suya para que con la mano la masturbara.

    Por cada orgasmo en el que sucumbía Panchi, nosotros, en el sentido de las manecillas del reloj, rotábamos, cambiando de orificio que tapar. De ese modo, como nunca lográbamos alcanzar el ritmo para acabar, nos follamos a la china cochina como cariñosamente la apodé, por todos sus agujeros en diversas poses por varias horas seguidas.

    Al medio día siguiente, mientras desayunábamos los dos solos. Desnudos sentados a la mesa. Comíamos con avidez y cada vez que nuestras miradas se encontraban, una luminosa sonrisa destellaba en su exótico rostro.

    Yo: oye Panchi… ¿sentiste vergüenza en algún momento de anoche?

    Panchi: de hecho estuve muerta de vergüenza hasta cuando me di cuenta que descubrías mis senos no para ti, sino para ellos… ahí la calentura pudo más y terminó anulando mi sentido común… Sin exagerar, Cami, desde ese instante mi cuerpo quiso entregarse a la lujuria y no lo hice antes porque ustedes se dejaron perder…

    Yo: el burro hablando de orejas…

    Panchi: jejeje… te amo, Cami… te puedo pedir un favor?

    Yo: dime… -le dije sonriendo con ternura.

    Panchi: podrías follarme como lo hiciste con Francis aquel gritado domingo…

    Yo: tomándole la mano y guiándola para dejarla sentada sobre mi verga. La espalda erguida, los pezones erectos.- nunca pensé diría esto, pero… –tomándola de las caderas e iniciando un cadencioso adelante y atrás. Comenzó a gemir.-en fin… ahí va… siempre pensé que después de tu madre nunca más me volvería a enamorar y resulta que llegaste tú…

    Dieciséis meses después de esa noche, Panchi nos sigue acompañando el último sábado de cada mes y no pasa noche en la que no caliente nuestra cama. Todas y cada una de las tertulias han sido memorables, pero si les gustó esta historia y ustedes así lo quieren, les puedo relatar dos, tal vez tres aventuras de antología que mi hijastra nos hizo vivir.

    Como cuando, entrado el invierno, un día nublado, en una playa del litoral central semi desierta por la cual paseábamos los 5, de pronto se detiene delante de nosotros para decirnos que si no la follábamos, en ese mismo instante, al menos una vez cada uno, nunca más sería nuestra puta. O de la vez en el supermercado que se paseó sin calzón con un corto y ajustado vestido y al ser sorprendida por el guardia no encontró nada mejor que irse con él y conmigo al estacionamiento y ya saben…

    Hasta entonces…

  • ¿Cenamos?

    ¿Cenamos?

    Un jueves cualquiera en mi vida, mi nombre es Alexis, de camino al trabajo me llama Javier (un algo más que amigo), me sorprende ya que él no me llama casi nunca, me dice de quedar por la tarde para ir a tomar algo y después ir a cenar, me sorprende más porque cuando quedo con Javier es para follar en su casa y pasar un buen rato.

    Al finalizar el trabajo, me voy a casa y mi mente caliente me dice que esa noche voy a follar como nunca y que me tengo que preparar para la ocasión pero tampoco que se note mucho, busco en el armario, no me quiero vestir muy provocativa pero sí una prenda de roba con buen acceso a mi coño, solo de pensarlo… me pongo más cachonda. Al final me decido por un top sin sujetador, que se me marquen los pezones y una falda con un corte lateral y sin medias, con unas zapatillas blancas y una chaqueta tejana, todo muy casual, cómodo y a la vez provocativo.

    Quedamos a las 19 h en un bar que no conozco, es un lugar muy acogedor, con luz cálida y muy buen ambiente. Cuando llego, Javier ya está dentro, sentado en una mesa con una copa de vino, nos damos dos besos, me pido una copa de vino igual que Javier y empezamos a hablar de la vida, del día a día… pero mi mente va pensando que esa noche tiene que cambiar, no puede ser una noche sin más, tiene que ser una noche “para follar como nunca”. Javier mientras va hablando voy pensando, que se acabe la noche, pero también tengo curiosidad del que va a pasar por que con Javier esto es nuevo y aún me pongo más cachonda. Nos acabamos las copas de vino y Javier me dice que ha reservado mesa en un restaurante muy cerca de donde estamos. Esto aún me sorprende más, todos estos detalles y reservas… la curiosidad me puede y noto que estoy mojada.

    Una vez en el restaurante, nos sentamos en una mesa que tiene un sofá que hace esquina, nos sentamos de lado dejando la esquina del sofá en medio de los dos, pedimos cena para compartir, mi mente piensa: “estoy tan mojada y cachonda que no tengo ni hambre… pedimos algo rápido por favor”…

    Antes de que nos traigan los platos Javier me da una cajita y me dice que vaya al baño. Me levanto y me dirijo al baño con mi cajita y una sonrisa perversa y mirada cachonda, mi corazón va a mil de lo caliente y excitada que estoy. En la caja hay un pequeño vibrador y una nota que dice, “Póntelo y a cambio quiero tus bragas”, me introduzco el vibrador, me quito las bragas y las dejo en la caja y casi me corro solo en pensar lo que voy a vivir esa noche.

    Una vez en la mesa, le entrego la caja, ya nos han traído la cena y Javier saca las llaves del coche con un mando a distancia, nos miramos y con una sonrisa empezamos a cenar, sin darme cuenta Javier le da al botón y noto como se enciende el vibrador muy lento y mi mente piensa “empieza el juego señores”. Nos miramos y Javier sigue hablando como si nada. Al cabo de un rato, sube la frecuencia de vibración y se acerca a mí, estando a mi lado, en una esquina del sofá y gracias al mantel de la mesa que no se ve nada, Javier se chupa los dedos, lleva su mano debajo la mesa, me sube la falda y empieza a masturbarme muy lentamente subiendo más la frecuencia del vibrador. Yo no puedo más, estoy muy cachonda, mojada, excitada y necesito que me folle duro. Javier me mira y me dice, ahora voy a pagar y quiero que te levantes y vayas al baño que está subiendo las escaleras en el fondo del pasillo.

    Estoy en el baño, Javier entra, sin decirme nada se pone de rodillas, me levanta la falda, saca el vibrador, lo chupa y empieza a lamerme el coño, introduciendo sus dedos en mi vagina, cuando ya casi estoy a punto de correrme, se levanta, me gira y me penetra por detrás, muy duro, me agarra una mano y hace que con la otra me masturbe, estamos muy cachondos, poseídos por la excitación, por estar en un sitio público, me tapa la boca con la mano para no hacer ruido, el me penetra muy duro hasta que no aguantamos más y nos corremos, me mira y con una sonrisa de que esto aún no ha terminado, me pone el vibrador dentro de mi vagina y me dice que salga en dos minutos y que me espera delante de la puerta con el coche.

    Me subo al coche y nos miramos, no nos decimos nada, solo hay tensión sexual, yo vuelvo a estar muy mojada, Javier pone en marcha el vibrador mientras vamos camino a no sé donde, pienso que me da igual donde vayamos… mi mente está en que quiero follar más. Javier me mira, se desabrocha su pantalón, baja la cremallera y me dice que se la chupe, él está muy excitado, su pene está erecto, lo empiezo a lamer, sabe a mí, me lo introduzco en mi boca y empiezo a masturbarle con mi lengua, mis labios mis manos, Javier sigue conduciendo, sube la intensidad de vibración, yo me excito más. El pene de Javier está a punto de explotar de placer hasta que se corre en mi boca. Se abrocha el pantalón… yo ya no puedo más, estoy a punto de correrme y él me dice que no, que me espere… baja la intensidad de vibración.

    Llegamos a su casa, entramos, me tumba en la mesa del comedor, sube al máximo la intensidad del vibrador, me abre de piernas y empieza lamerme el coño, me pasa la lengua… muy lentamente, la empieza a mover por todo mi clítoris, vagina… le pido más, más rápido pero él va lento pero con la lengua muy dura, notándola como si fueran sus dedos mojados que me están tocando, de repente acelera sus movimientos, no puedo más, voy a explotar de placer hasta que le cojo la cabeza, aprieto su cara contra mi coño, notando su nariz, su lengua, su barbilla… que me aprietan el clítoris, vagina y parte del ano… no puedo más y me corro en su cara, el continua chupando mientras me voy corriendo, se levanta y me penetra, noto su pene dentro de mi muy duro, mi vagina está apretada y aún con contracciones, me levanta las piernas y me folla hasta correrse encima de mi barriga y mis pechos. Nos miramos, sonreímos y pienso, no estaba equivocada, sabía que sería una noche que follaría como nunca.

  • Mi nueva vecina

    Mi nueva vecina

    Este relato sucedió cuando tenía 22 años en ese momento decidí irme a vivir solo por primera vez. Una vez instalado en mi nueva casa comencé con mi nueva vida basada en estudiar y trabajar. Los días iban pasando con su correspondiente monotonía hasta que 3 meses después se mudó una chica justo enfrente de mi casa. Era muy atractiva, alta 1’75 cm para ser exactos, rubia con el pelo largo, ojos verdes, unas piernas largas y definidas, unas tetas grandes y un culo espectacular.

    Me la encontré subiendo por las escaleras cargada con la mudanza

    Yo: Espera que te ayudo

    Vanesa: Oh muchas gracias de verdad

    Yo: Nada, es que tienes muchas cosas y necesitas ayuda

    Cogí tres cajas de la mudanza y subí con ella hasta su casa, ella abrió la puerta y me dijo:

    Vanesa: Deja todas las cajas en el salón, ya las colocaré más tarde

    Yo: Como usted diga

    Vanesa: Muchísimas Gracias, y no hace falta que me diga de usted un chico tan guapo

    Con cierto atrevimiento la invite a tomar algo en mi casa.

    Vanesa: Me parece perfecto, no tengo nada que hacer ya he terminado con la mudanza, además así conozco a mi nuevo vecinito

    Entramos a mi casa y preparé dos cafés descafeinados y comenzamos a hablar, primero hice una introducción de mi lo que hago y mis gustos, después me contó que se llama Vanesa que tiene 24 años, trabaja en una empresa, está soltera y es transexual.

    Cuando dijo eso yo me puse muy cachondo, pero no me lo creía.

    Yo: No te creo, eres una mujer preciosa

    Vanesa: ¿Por qué no lo compruebas tú mismo?

    Vanesa empezó a quitarse los vaqueros dando paso a un tanga negro que mostraba un bulto considerable, tras esto se quitó el tanga y ahí pude comprobar que me equivocaba.

    Yo: ¡Vaya Pollón! ¡Es más grande que la mía!

    La pregunté sobre su dotación a lo que ella respondió:

    Vanesa: Me mide 22 cm, es toda para ti mi amor

    Nos morreamos muy guarro, yo le tocaba el culo y ella hacía lo mismo, mientras nos besábamos podía sentir su polla dura haciendo presión contra mi. Nos dirigimos hacia mi cuarto allí nos desnudamos primero ella y después yo.

    Estaba tan cachondo que me puse de rodillas para hacerle una paja a Vanesa.

    Vanesa: ¡Estoy muy cachonda, quiero que me la comas!

    Y me introduje esa polla dentro de mi boca, empecé a subir y a bajar a la vez que profundizaba más en mi garganta

    Vanesa: ¡Oh, si que bien lo haces!

    La saqué de mi boca y respondí.

    Yo: Es la primera que me como

    Vanesa: Buff, pues joder como chupas

    Continúe la mamada aumentando el ritmo, ella quería que me la tragara entera pero no podía y me daban arcadas.

    Vanesa: ¿Te gusta mi polla putito?

    Yo: ¡Si, me encanta!

    Vanesa: Pues ya verás cuando te la meta por el culo

    Su lengua soez me ponía muy burro.

    Tras estar 20 minutos comiendo ese pollón Vanesa me hizo parar.

    Vanesa: Ahora me toca a mí chupártela

    Y empezó una manada con un ritmo salvaje e intenso, Vanesa engullía todo mi pene mientras me pajeaba y conseguía meterlo entero en su garganta, era una fiera.

    Yo: No me la han chupado así nunca, me encanta

    Vanesa siguió con ese frenesí comiéndome la polla durante 20 minutos hasta que se la saco de la boca y dijo:

    Vanesa: Puff, tienes una polla y un culo, me vuelves loca

    Me indico que me pusiera boca abajo y empezó a tocarme el culo.

    Vanesa: Si no te has comido una polla antes, ¿nadie te ha follado no?

    Yo: No, nadie lo ha hecho

    Vanesa: ¿Quieres probarlo?

    Yo: Si, pero ten cuidado

    Vanesa: Lo haré con cuidado

    En esa misma posición comenzó a comerme el culo, yo estaba gozando muchísimo y parecía que Vanesa también disfrutaba mucho haciéndolo, tras estar un rato así se levantó.

    -Vanesa: Voy a por lubricante que tengo en el bolso, te tengo que preparar bien

    Enseguida volvió con el lubricante y soltó el líquido en mi culo y en sus dedos.

    -Vanesa: Si te duele me vas avisando voy a ir poco a poco

    Asentí con la cabeza y me realizó un masaje en mi mano para extender el lubricante e ir preparando mi culo, tras el masaje introdujo un dedo y empezó a hacer círculos en mi interior.

    Vanesa: ¿Vas bien?

    Yo: Sí, me está gustando mucho

    Vanesa: Voy con el segundo

    Con el segundo dedo me molestó un poco y note como mi culo se iba dilatando en comparación con un dedo.

    Vanesa: ¿Bien?

    Yo: Me molesta un poco, pero bien sigue

    Vanesa: Cuanto más lo hago más te acostumbras

    Estuvo unos tres minutos más con dos dedos.

    Vanesa: ¿Mejor?

    Yo: Si, ahora sí estoy gozando

    Vanesa: Voy con un tercero y luego mi polla

    Con el tercer dedo note mi culo abierto pero me estaba encantado ,Vanesa era una auténtica profesional.

    Vanesa: Yo creo que estás, ahora viene la parte más dura, ponte a cuatro patas

    Vanesa comenzó a hundir su polla en mi culo, al principio me dolía muchísimo y le dije que la sacara.

    Vanesa: Aguanta un poco, el dolor se va a convertir en placer

    Empezó a moverse a meterla y sacarla suavemente y poco a poco el dolor fue desapareciendo, me encantaba sentir cada centímetro de su enorme polla dentro de mi.

    Vanesa: Ahora te voy a convertir en mi putita, ya he roto tu culito y te voy a follar duro

    Vanesa incremento el ritmo y en ese momento empecé a gemir de placer.

    Yo: Joder, que bien me follas

    Vanesa: ¿Te gusta mi polla en el culo?

    Yo: ¡Puff, Me encanta! ¡vaya polla!

    Vanesa: Como me gusta que seas tan guarro

    Vanesa me follaba durísimo, me encantaba que follase de esa manera salvaje a cuatro patas.

    Vanesa: Quiero que me cabalgues amor

    La saco de dentro y cuando lo hizo pude sentir un vacío en mi culo. Me incorpore encima de su polla y comencé a cabalgar tras 5 minutos de la follada salvaje de Vanesa y su lenguaje soez me dijo:

    Vanesa: Me voy a correr, ¿dónde quieres en el culo o en tu boca?

    Yo: En mi boca

    Vanesa salió, empezó una paja yo abrí la boca y se corrió dentro. Después se la limpie enterita y me dijo:

    Vanesa: Me ha encantado desvirgarte, eres muy guarro nos lo vamos a pasar muy bien tú y yo. El próximo día quiero sentir tu rabazo en mi culo.

    Continuará…

  • Con mi prima después del gym

    Con mi prima después del gym

    Soy bisexual desde hace mucho. Hace bastante tiempo de esto, mis inicios. Exactamente ese día en que aumentó mi percepción del sexo.

    Antes de mi primera experiencia sexual con una chica, por supuesto, que ya conocía el sexo con los chicos y no era virgen. Pero quería probar algunas cosas nuevas a las que por otra parte tenía muy fácil acceso. Y lo sabia, quien era la persona con la que podía experimentar esas cosas nuevas.

    Este relato lo escribí por entonces así que mis habilidades como narradora no estaban muy desarrolladas. Espero me disculpen las deficiencias en estilo y narrativa. He hecho alguna corrección para intentar adaptarlo a los tiempos que corren pero intentando mantener el espíritu del relato intacto.

    Un dia cualquiera estaba en casa de mi prima Marta, que vive sola. Yo todavía habitaba con mis padres. Veníamos del gimnasio después de haber hecho ejercicio, camadas, sudadas pero también relajadas.

    No teníamos puestos mas que los pantalones cortos y las camisetas de tirantes. Nos habíamos quitado el resto del chándal, hacia calor. Todo lo que llevábamos era bastante fino y estaba sudado.

    Se podía apreciar una porción bastante amplia de nuestros senos. Casi como en un concurso de camisetas mojadas. Además a traves de la fina lycra blanca se le notaba incluso la morena pelambrera de su coñito. Ni siquiera nos depilabamos en esa época.

    Me invitó a su ducha y mientras me mostraba donde tenía las cosas yo me quité la camiseta sin esperar a que me dejara sola. Sabía que ella era lesbiana, habíamos hablado mucho de sexo. Pero hasta entonces no me había dejado tocar ni por ella ni por ninguna otra chica.

    – Quédate prima, podremos conversar y necesito que alguien me lave la espalda.

    Le dije que no se marchara, que podíamos charlar mientras me duchaba o que podría enjabonarme la espalda. Ella me miraba ojiplática, pues hasta entonces apenas había podido verme sin ropa.

    – ¿Estas segura?

    Me saqué el pantalón y me acaricié sin ningún pudor los dorados rizos de mi coño. Me metí en la bañera y abrí el grifo dejando que el agua caliente resbalara por mi piel.

    Ella tomó una pastilla de jabón, sí, aún se usaba eso y sosteniéndola con la palma de la mano, los dedos bien extendidos. Empezó a recorrer mi espalda acariciándome al principio con algo de miedo y respeto, por si yo protestaba. Pero al ver que la animaba con mi silencio y con algún gemido de placer siguió acariciándome y tocándome.

    – Sigue.

    Estaba de pie y ella trazaba círculos con su mano en mi espalda cada vez mas abajo. Pronto llegó al culo y continuó con él metiéndome la mano y el jabón por la raja. Manteniéndome bien abiertas las nalgas, me las acariciaba con la otra mano. Me gustaba que su dedo enjabonado jugara con mi ano. A veces intentando entrar dentro de mí.

    Entonces me dí la vuelta y la emprendió con mis senos, se cansó pronto o más bien le entró prisa y empezó a bajar por el vientre. Deslizando un dedo juguetón en el ombligo. La sensación de su mano, una sola todavía, recorriendo mi piel era sensacional. Aunque para entonces ya deseaba más, su boca y su lengua.

    Llegó al coñito que acariciaba con los dedos mientras sostenia el jabón sobre el monte de venus justo por encima de la almeja. Llenando de espuma la pelambrera de mi xoxito.

    Fue entonces cuando le quité la pastilla de la mano y comencé a desnudarla. Decidida por fin a hacerle el amor, tomando yo más iniciativa. Pronto le quité la camiseta por la cabeza, arrojé la prenda dentro de la bañera y me detuve un poco en jugar con sus pezones.

    Mientras rodeaba sus pechos con mis manos, noté como se le ponían duros los pezones como antes lo habían hecho los míos. Acariciaba esas dos preciosas masas de carne, no podía parar.

    Por fin nos besamos con pasión en la boca, sus labios carnosos, gruesos y rojos los dientes marfileños. Cada vez que se remojaba los labios con la lengua a mí me daban ganas de mordérsela. Primero exploré su boca con la sin hueso y después la mia recibió gustosa la suya. Mientras cruzábamos las lenguas y se acariciaban la una a la otra.

    Le fui bajando el pantaloncito despacio y la metí dentro de la bañera conmigo. Tirando de su manita. Donde me arrodillé y en un gesto de adoración me puse a chuparle el coñito. Metiendo mi lengua entre sus otros labios, hasta el punto mas alejado posible de su vagina.

    Apartando sus rizos morenos de mi camino y sintiendo el salado sabor de su intimidad. Poniéndome el hermoso y delicado clítoris entre los labios, besándolo y chupándolo.

    A cada lamida ella se retorcía de placer y sus jugos casi resbalaban por mi garganta. Jadeaba y se contorsionaba. Marta tenía un sabor maravilloso.

    Pero no se conformaba con eso, ella quería darme placer a mí. Me sentó en el fondo de la bañera para lamer mis pies. Nunca habría imaginado que fuera así de pervertida, pero todo lo que me hacía me encantaba y me daba placer.

    Mi prima cerró el agua y salimos. Cogí una toalla y me puse a secarla con cariño, primero los hombros morenos, los pechos abundantes que podía amasar suavemente de grandes areolas oscuras y pezones que salían casi un centímetro de ellas.

    Lamía sus axilas levantando sus brazos por encima de la cabeza. El vientre plano y el ombligo profundo, el vello profundamente oscuro del pubis y los muslos fuertes y un poco gruesos. La espalda en la que los omoplatos enmarcaban la fina línea de la columna y las caderas generosas con las amplias nalgas.

    Mientras hacía esto besaba con delicadeza la piel que ya había secado, suavemente rozando únicamente su suave epidermis con los labios.

    Ella hizo lo mismo conmigo. Mimándome contenta de tenerme al fin a su disposición como una amante entregada. Aprovechó para, teniéndome sentada en el lavabo con un pie apoyado en el bidet y los muslos bien abiertos lamerme el coño anhelante de caricias, provocándome espasmos de placer.

    Yo sujetaba y aprisionaba su cabeza contra mi cadera y ella deslizó uno de sus dedos entre mis nalgas hacia mi ano. Nadie me había comido el coño así, aunque más de un chico probó a hacerlo antes. Me corri en su lengua sin ninguna vergüenza.

    Nos dirigimos a su dormitorio, por fin.

    – ¿Quieres probar algo? Lo compre pensado en que algún día estaríamos así.

    De una mesilla sacó un vibrador que directamente me clavó en la vulva. Era una cosa fea de plástico teóricamente de color carne. Demasiado duro, aunque la forma fálica estaba bien conseguida. Incluso tenía un par de huevos por debajo.

    La diferencia que hay con las cosas que se venden ahora en la tiendas eróticas, mucho más sofisticadas. Por aquel entonces todo eso me importaba un pimiento dispuesta a disfrutar de todo lo que mi prima quisiera hacer conmigo.

    Me dijo que lo había comprado en honor a mi heterosexualidad esperando tenerme algun día así, húmeda en su cama. Me la imaginaba entrando en un sex shop cutre con su imagen de niña buena y un montón de pervertidos comiéndosela con la vista y casi me daba la risa.

    Se puso a mover el dildo con delicadeza dentro de mí y a girar sobre mi cuerpo hasta que se colocó encima en un sesenta y nueve.

    Así mientras yo gemía por el placer de la profunda penetración del juguete y su lengua traviesa en mi clítoris. Ella se corria una y otra vez a causa de mis inexpertos dedos y mi lengua curiosa en su vagina. A pesar de ello no debía hacerlo mal del todo pues le arrancaba jadeos. Recorriendo sus labios o intentando penetrar en sus secretos.

    Al cabo de un rato de profundos orgasmos me pasó el consolador y comprobando que ella tampoco era virgen con dos dedos, lo utilicé para seguir dándole placer. Con una mano manejaba el dildo y deslizaba por turnos los dedos de la otra en su culito amplio.

    Marta también jugaba con mis nalgas duras y respingonas mientras me chupaba el coñito. Más atrevida que yo deslizaba un dedo en mi ano. Nos corrimos muchas veces y me indicó que me diera la vuelta quedando boca abajo sobre las revueltas sábanas.

    Metió su carita entre mis nalgas clavando su lengua en el ano. Me gustaba jugar con esa parte tanto como a mí. Nunca había sentido algo así, era mi primer beso negro. Menos mal que después de la ducha lo tenía bien limpio. Gemía y suspiraba como una vieja locomotora de vapor.

    Se sujetó el consolador, menudas palabrejas de usaban por entonces, a la cintura. Cosa que el aparato permitía usando un arnés que parecía cuero pero en realidad era scay, de lo que se hacían los sofás, o un material similar. Lo deslizó entre mis nalgas intentando abrirse camino hacia el ano.

    Lo dejó fuera en el canal entre mis nalgas el tiempo justo para untarlo de lubricante en la imitación de glande. Al principio me dolía mucho pues aunque no era la primera vez que me lo penetraban si lo era con algo tan enorme. Sentia su peso sobre mí manteniéndome sujeta contra el colchón, sus labios cariñosos en mis hombros besándome el cuello y la nuca.

    El dolor pronto pasó pues me encanta que me follen el culo y clavando los antebrazos me puse a gatas levantando las caderas. Para así poder masturbarme si no lo hacía ella, pues alcanzaba a acariciarme la vulva con la mano.

    Con la otra ella me sujetaba del hombro y tiraba de mí para que el consolador entrase mas y mas en el ano. No dejaba de acariciarme la espalda, el culo o las deslizaba por las ingles hacia el coñito.

    Cuando me lo sacó del culo lo hizo solo paró para lavarlo y metérmelo en la vagina prácticamente sin que yo pudiera moverme. Tan anonadada estaba por el placer.

    Por fin cambiamos de postura y la tuve a mi disposición a cuatro patas, con el consolador enganchado a la cadera la penetré primero la vagina roja y profunda y luego el ano mientras no paraba de acariciar el culazo o masajear sus hombros. Tuve que lavar el aparato.

    Sujetándola del hombro le di la vuelta para que quedara de espaldas y volviendo a la postura clásica del misionero. Sintiéndome como uno de los chicos que me habían follado a mí la besé en la boca, lamiendo sus labios, la acaricié los pechos.

    Fui metiendo la falsa polla abriéndome camino suavemente entre los labios de su vagina mientras ella me agarraba las nalgas y cruzaba las piernas por detrás de mis rodillas.

    Seguíamos besándonos en la boca mientras frotábamos nuestros pechos en los movimientos del coito, los míos pequeños y duros sobre los suyos generosos y abombados. Perdí la cuenta de los orgasmos que tuve o los que ella tenía para cuando me arrancó el dildo de la cadera para volver a colocárselo ella.

    Situando su precioso cuerpazo sobre mí, sujetándose con los brazos rectos. El torso levantado y mirándome a los ojos, se dedicó a calentarme. Sin penetrarme, rozando solo los labios que se abrían al más mínimo toque dejando que acariciara la punta de mi clítoris con el falso glande vibrador.

    Entonces puse mis manos en su culo y tiré de ella con todas mis fuerzas obligándola a hundirse en mí. Luego no las quité de allí y se las amasaba mientras me follaba, mis piernas sobre las suyas.

    Ahora se lo que es la piel de melocotón, la increíble suavidad de la piel de una chica frotándose contra la mía, la suya de todo el cuerpo. De sus senos generosos, de sus nalgas suaves merecía con creces ese calificativo, puedes creerme pues se los besé y acaricié una y otra vez.

    Ahora conozco la sensación de ser multigiorgásmica y de correrme una y otra vez y conseguir que mi amante vaya de orgasmo en orgasmo.

    Para entonces nos encontrábamos algo cansadas y nos pusimos a vestirnos con ropa limpia la una a la otra renovando nuestros eróticos juegos. Deslicé las bragas por sus muslos arriba y volvió a correrse antes de que la prenda llegara a cubrir su pubis gracias a mi lengua.

    Marta me colocó unas braguitas y volvimos a besarnos en la boca, a frotar nuestros pechos y a deslizar ella los dedos en mi coñito antes de terminar de tenerlas puestas.

    Mi minifalda le volvió a permitir acariciarme los muslos y sus vaqueros de pata de elefante fueron una excusa para mis manos acariciadoras. lo siguiente fue su sujetador y camiseta y volví a mimar chupar y tocar sus hermosos senos. Luego fue mi blusa abierta la que provocó sus besos y caricias en mis pechos. Apenas podía separar sus manos y boca de mi piel.

    Entonces nos pusimos a charlar, como no, una vez mas sobre el sexo, el amor y las demás chicas.

    Le confesé el por qué por fin me había decidido a hacer el amor con ella después de tantos años de conocernos y de amistad en los que no me había dejado tocar. Del desarrollo de mi deseo por mi primita poco a poco, pensando en tener sexo con otras mujeres era evidente que ella había de ser la primera.

    Me contó como ligaba en la piscina o se acostaba con mujeres casadas hartas del egoísmo de sus maridos, de su indolencia y falta de imaginación. Y de como eran precisamente esas mujeres las más pervertidas y con ideas eróticas que siempre desarrollaban con ella. Me relataba sus aventuras sin pelos en la lengua, pero Marta siempre había sido así.

    También me relató su primera experiencia sexual con otra mujer: una preciosa pelirroja de pechos enormes, suaves nalgas y una vagina tan caliente y húmeda como la que más.

    Le había metido mano en el cine cuando fueron a ver juntas una peli que oh casualidad resultó ser de lesbianas. Hicieron el amor por primera vez en el coche de la pelirroja y luego en el piso de mi prima.

    A la pelirroja la conocería dos días después, todo un volcán de sensualidad y deseo. Marta nos dejó una habitación para nosotras mientras ella hacía el amor con otra de sus amigas, pero pronto nos juntamos las cuatro para disfrutar encima de la misma cama. Toda una orgía en la que disfruté aún más del sexo con otras mujeres.