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  • Mi trauma de ser un cornudo observador

    Mi trauma de ser un cornudo observador

    Como saben, es difícil vivir nuevas experiencias sobre todo en el entorno del sexo, en mi caso para quienes ya han leído antes mis relatos saben que a lo largo de vivir esas nuevas experiencias, descubrí como me excita ver a mi novia follar con otros hombres en mi presencia, solamente mientras los observo.

    Incluso he planeado como poco a poco inducir a uno de mis primos a que se folle a mi novia pero he puesto un alto a esa fantasía, pues me preocupa involucrar a familia en esto y que algo salga mal; me recuerdo a cuando ambos mientras hablábamos de sexo, chicas y fantasías y nos hacíamos la paja viendo porno en el cuarto por la madrugada y su grande y verga gruesa eyaculaba, así que no me parece mal que un día tenga un encuentro con el coño de mi novia.

    Sin embargo algo que me pasa es esa horrible sensación que me invade en el momento en que estoy viendo como se follan a mi novia, esa sensación de celos y humillación golpea mi ego de hombre con mucha fuerza, a tal grado que mis manos tiemblan, me sudan y siento retorcido mi estómago, como si ya en ese momento me arrepiento de estar compartiendo a mi chica con otro tipo. Es esa inseguridad de pensar si lo disfruta igual conmigo que con ellos, somos jóvenes, y no sé si eso tenga que ver, si tengo que aprender a dominar esas sensaciones, por el momento no he podido por más que lo he intentado en todos nuestros encuentros.

    En el caso de mi amigo Eduard y su primo, quienes son los únicos hombres aparte de mí con quienes mi novia ha estado, no sé si se trata de ellos o no, me explico…

    Ellos son hombres muy maduros literalmente, de 12 o más años mayores a nosotros, con otra mentalidad y experiencia sexual mucho más desarrollada a la mía incluso a la de mi novia. Por momentos cuando tengo esos lapsus pensando en esos ratos y recuerdo como han usado a mi novia, en serio, esas poses tan hijueputas con sus vergas grandes como han abierto el ojete y desatado todas, literalmente todas sus fantasías sexuales con ella, haciéndola a su gusto y placer aun cuando ella era tan sumisa y reservada a ser esa zorra tragadora de semen de esos tipos, me carcome de celos, y aunque luego en esos momentos de encuentros con esos sentimientos y sensaciones sé que lo disfruto mientras los veo, es cierto que también me afecta al pensar en ello. No sé cómo llevar las situaciones complejas con las que mi mente choca.

    Lo que me parece hasta raro de mi parte es que mientras fantaseo con el próximo encuentro y planeo como hacerlo siento que lo disfruto, pero una vez que estoy en el momento, todo aquello vuelve.

  • El morbo que despertó en mi mujer nuestra vecina

    El morbo que despertó en mi mujer nuestra vecina

    Mi esposa y yo somos una pareja, digamos normal en cuestiones sexosas, a nuestros cuarenta y tantos años con veinte de casados, hemos hecho una que otra locura de las clásicas, como hacer el amor en el auto o masturbarnos en la penumbra de un bar, nada que pueda presumirse como una verdadera hazaña; recientemente, me he percatado que Juliana mi mujer, a quien llamo Yuli de cariño, cuando salimos juntos, al ver a alguna chica atractiva, la desnuda con la mirada, haciendo comentarios como “que lindo se le transparenta la tanga a esa chica” o “con esos hermosos pezones que hombre se resiste”, lo que ha ocasionado que al llegar a casa, solo entrar, se desprenda de sus braguitas para hacer el amor, entregándose con verdadera pasión, por lo que hoy mismo, me atreví a preguntarle cuál era el motivo de este excitante cambio.

    No te agrada Carlo?

    Me encanta linda, sólo quisiera saber por mera curiosidad, pero si no quieres tocar el tema, lo entiendo y festejo que así sea.

    Si te cuento, tratarás de comprender sin ser prejuicioso?

    Te lo prometo amor.

    No sé qué me pasa Carlo pero… últimamente me he sentido fuertemente atraída por chicas sexis, al grado de masturbarme imaginando que disfruto el dulce sabor de una vulva ajena, sin embargo, debo aclararte que mi amor y atracción por ti no ha disminuido en lo más mínimo, te amo y espero puedas entender pues me da mucha pena confesarlo.

    Agradezco tu confianza Yuli y debo reconocer que me causa una excitación enorme imaginar el morbo que despierta en ti, ver mujeres sexis y quisiera, si te animas, que experimentemos con alguien, ya sea que estemos los tres o solamente ustedes, lo comprendería cariño.

    Eso harías por mi Carlo?

    Sin pensarlo amor, sabes? Yo tengo muchas fantasías reprimidas, que no te confieso por temor a que me tomes como un pervertido y esto que escucho de ti, me alegra, pienso que podría ser el inicio de una vida sexual intensa, que a nuestra edad es muy merecida.

    Me quieres platicar?

    No amor, primero quiero complacerte, ya habrá tiempo de contarte mis deseos reprimidos, va?

    Ese mismo día nos dispusimos a platicar como podríamos llevar a cabo la fantasía de mi rica esposita, cosa que no resultaría difícil de cumplir pues en verdad para la edad que tiene, es en realidad atractiva, sobre todo porque comúnmente usa leggins súper ajustados, que dibujan completamente sus lindas nalgas ocasionalmente adornadas con ligeras tangas, apenas perceptibles, y por delante… la perdición, si alguien se atreve en la calle a mirarle con descaro, puede ver como se transparentan sus rebeldes rizos púbicos ensortijados, creo es, para los demás, su mejor atractivo; sin embargo, físicamente lo que me enamora de ella en lo personal, son sus tetas pequeñas coronadas por unos lindos e insultantes pezones que se imponen retadores al sujetador pues aún sobre él, surgen turgentes desafiando la mirada más cándida de cualquier hombre, “o mujer”.

    Esa misma noche se presentó la oportunidad, pues con el pretexto de que se acercaba el fin de semana largo (semana santa), nuestros vecinos organizaron una salida de campamento a la montaña; Dulce, una señora de aproximados treinta y ocho años, divorciada hace diez, sin hijos, de cuerpo soñado pero de hábitos conservadores, muy amable pero introvertida, se ofreció a visitarnos en la casa para invitarnos a tal evento.

    Hola Yuli, perdona la molestia, fíjate que estamos organizando con algunos vecinos, una excursión a la montaña con motivo del fin de semana largo.

    Adelante Dulce, no es molestia, toma asiento y platícame de que se trata.

    Está en casa Carlo?

    En un momento baja.

    Ya reunidos, Dulce nos enteró de todos los detalles, costos, tiempo de estancia, lugar, etcétera, por lo que sin problema le confirmamos nuestra asistencia.

    Pues ya afinados los detalles, los esperamos el jueves a las siete de la mañana con su equipaje, la salida será a las ocho como se los informé, está bien? Hasta entonces.

    Ahí estaremos sin falta y gracias por la invitación, llegó muy oportuna, ja ja ja

    Una vez que se retiró Dulce, Yuli se quedó pensando.

    Crees que se pueda dar algo amor?

    Dejemos que llegue el momento y veremos qué pasa, no crees?

    El día de la salida, fue de total sorpresa, pues lejos de ser como lo imaginábamos, un autobús, varias familias con niños y demás, resultó que solo acudiríamos Tere y Martín, una pareja en los treinta y cinco con fama de saber disfrutar la vida, Dulce y nosotros; por lo que mi esposa se quedó impresionada de la poca gente que iría.

    Carlo, ya viste cuantos somos? Apenas seis personas.

    Cinco mami cinco, el conductor solamente nos deja y regresa el día que deba traernos.

    ¡Ya estamos mejor! ahora sí que nos aburriremos como ostras Carlo, y son cuatro días!

    Dos cariño, hoy y mañana, de acuerdo al programa que nos proporcionó Dulce, mañana por la noche cada quién puede elegir su destino, con la condición de estar el domingo a las seis de la tarde en el mismo lugar que nos dejaron, así que ten paciencia y disfrutemos nuestro paseo; acto seguido y cuidando de no ser observados, la tomé de sus nalguitas enfundadas en una licra transparente, la cual me facilito introducir mis dedos hasta sentir su cálido anito, acercándola al vehículo.

    Nos dispusimos a abordar acomodándonos justo en los asientos de la entrada, yo en la ventana y ella en el pasillo de la Urban que nos transportaría, Dulce, quien vestía un pareo con abertura hasta la cintura, procedió a abordar, por lo que al dar el paso, su vestido se corrió totalmente mostrando una delicada tanga estampada que difícilmente cubría su deliciosa vulva, por lo que mi esposa, al estar de frente a ella, observó sorprendida como por ambos lados de la delicada prenda asomaban unos finos rizos de su abultado pubis, Dulce al percatarse, se sonrojó y le dedicó una mirada apenada a Yuli, quien la ayudó a subir.

    Ésta, para salir del paso y no avergonzarla más, le susurró al oído que no se preocupara pues ella tampoco se había depilado pensando que al ir al bosque no habría oportunidad de andar con ropa ligera. Ambas rieron tímidamente y terminaron de instalarse.

    Consecuentemente al identificarse, se acomodaron en un mismo asiento quedando yo a la misma altura del otro lado, satisfecho de cómo se estaban dando las cosas.

    El viaje transcurrió normal, pláticas, bromas de vez en vez, una escala para estirar los pies, y como el destino estaba a sólo tres horas de la Ciudad de México, no hubo necesidad de detenernos más; al arribar y una vez instalado el campamento, nuestra autonombrada coordinadora de eventos, Tere, una mujer rolliza de esas que llamamos “gordibuenas”, salió de su tienda enfundada en un micro bikini de dos piezas que nos dejó sin aliento pues el sujetador apenas cubría sus pezones, que retadores se ofrecían hermosos a la vista y sus nalgas, mmm caramba, desaparecían la diminuta prenda entre ellas, haciéndola ver como si estuviera desnuda, por lo que mi reacción fue inmediata, dibujando una rica erección bajo mi pantalón, la cual tuve que disimular metiendo las manos a las bolsas para acomodarla hacia arriba, alcanzando a asomarse por debajo de la playera, desafiante, amoratada y brillosa; mientras Martín, no perdía detalle de la reacción que su esposa había causado en mí, dirigiéndome una mirada perversa.

    Bien chicos, dense prisa que el manantial de aguas termales nos espera.

    Quee? yo no traje bikini Tere.

    Y no lo necesitarás preciosa, el manantial es solo para nosotros, así que, vamos libera esas carnes Dulce.

    Yuli sabiendo que obligadamente tendrían que acondicionarse para tal actividad ya que la única que iba preparada para la ocasión era Tere, se dispuso a planear una solución.

    Adelántense Tere, Dulce y yo los alcanzaremos luego.

    Mientras Martín y yo, comenzamos a desnudarnos, yo, un poco cohibido quedé en bóxer solamente y Martín, descubriendo un jockstrap negro con el que, debo reconocer, lucían divinas sus nalgas, ups en verdad lo pensé; acto seguido, echamos a andar hacia el manantial, caminando muy a propósito detrás de ellos para contemplarlos.

    Caramba Tere, nunca nos avisaste que nadaríamos.

    Que te preocupa querido, somos adultos, vecinos y que mejor ocasión para conocernos más “íntimamente”.

    Siguiendo de cerca el vaivén de esas nalgas a las que se les dibujaban unos sexis hoyitos al caminar y las de Martín enmarcadas en esa deliciosa lencería mostrando su anito apenas cubierto por una fina vellosidad, comprendí que Tere tenía algún plan para el grupo y que sólo era cuestión de tiempo para que sucediera algo rico.

    Creo que su lógica no acepta discusión Martín, finalmente lo necesitamos, como vecinos, apenas intercambiamos un saludo y muchas veces, ni eso.

    Ja ja ja, hagámoslo pues, procuremos intercambiar algo más que “un saludo” ja ja ja.

    Ya en el manantial, que en verdad era hermoso, nos sumergimos en sus cálidas aguas disfrutando de una amena plática de vecinos; después de refrescarnos, mientras Martín buceaba un poco, Tere me pidió que le ayudara a salir para no resbalar.

    Auxilio ja ja ja.

    Permíteme vecina.

    Y acercándome a ella me dispuse a ayudarle, por lo que la rodee con mis brazos por la cintura y al impulsarla para que depositara esa ricas nalgas en la orilla, se me resbaló, ocasionando que mis manos se deslizaran corriendo el sujetador hacia arriba, dejando libres frente a mí, sus frondosas tetas que rozaron mi cara al caer nuevamente al agua, aprovechando Tere para pegar mi cabeza a ellas, frotándola lentamente en señal de no querer que nos separáramos.

    Anda Carlo hazlo.

    Y Martín?

    No te preocupes, él ya está disfrutando del espectáculo.

    Lo que me hizo volver la mirada y constatar lo dicho por Tere, pues él a pocos metros de distancia nos observaba de pie, apenas cubierto debajo de la cintura por el agua, auto erotizándose; yo, al ver su pene en total erección siendo recorrido por ambas manos, mostrando cuando lo frotaba hacia atrás una impresionante cabeza amoratada por la presión, sentí una extraña pero deliciosa punzada en mi virginal anito, lo que me hizo apretarlo inconscientemente sin lograr identificar que me sucedía, por lo que mi excitación se elevó al instante y desesperado me dispuse a saborear los rozados pezones que se me ofrecían retadores.

    Mmm rica boquita traviesa, pero disfrútalos papi, despacito, tenemos todo el tiempo del mundo y mi viejo, él solo quiere verme gozar de esta linda verga.

    Tiempo, eso me recordó que ya habían tardado mucho las chicas y que en cualquier momento podían aparecer y aunque lo que buscábamos Yuli y yo, era precisamente experimentar algo nuevo, creí correcto que fuera ella quien decidiera el momento y con quien, por lo que me excusé y entre apenado y excitado, me dispuse a salir mostrando mí ya potente erección, quise disculparme nuevamente pero Tere al comprender mi situación, sólo me tomo de la barbilla y me susurró al oído que no me preocupara y que fuera donde las chicas, pues esto prometía más de lo que pudiéramos imaginar; así, saliendo de las cálidas aguas del manantial, me dirigí a las tiendas que estaban instaladas a unos doscientos metros del lugar.

    Al ir hacia allá y tratando de relajarme para disminuir la deliciosa erección de que era objeto, en mi mente daba vueltas lo platicado con Yuli, cuanto más me acercaba, más fuerte latía mi corazón, imaginando que podía encontrarlas haciendo algo rico pues ya habían demorado mucho; al llegar, no hice ruido para poder espiar lo confieso, una vez que estuve frente a la tienda, solo se veían las siluetas en el interior, sentadas de frente con las manos perdidas en su bajo vientre, haciendo movimientos, sin que parecieran comprometedores, por lo que me dispuse a llamarles preguntando el porqué de su demora.

    Las estamos esperando chicas.

    Pasa Carlo, quiero que veas algo, crees que hice un buen trabajo?

    A que te refieres.

    Al asomarme al interior, ahí estaban, mi esposa cubierta tan solo por su diminuta tanga, una blusa y sin sostén, mientras que Dulce cubría su torso con una ligera frazada y abajo mmm no lo creía, estaba enfundada en un cachetero que no alcanzaba a contener sus hermosas nalgas, perdiéndose en lo más profundo de su delicioso hoyito prohibido, el cual enseñaba sin pena mostrando el excelente trabajo que había realizado Yuli.

    La depilé y me depilé, lo puedes creer?

    Pero si nunca te ha gustado depilarte amor.

    Es una experta, casi ni sentí, no te molesta que esté perdiendo el tiempo aquí conmigo? No sabía que ponerme, solo traigo bragas de este tipo y no sé si pueda salir así, me siento desnuda.

    Luces encantadora, debo decir que es alucinante verlas así, de hecho me agrada mucho que hayan compaginado chicas.

    Y que se pondrán arriba? Pregunté haciendo un ademan con las manos en el pecho.

    Como los sujetadores definitivamente son horribles, pensamos en cortar unas playeras a modo de ombligueras, quieres ver cómo lucen papi?

    Diciendo y haciendo, ambas se descubrieron liberando sus hermosas tetas al mismo tiempo para cubrirlas con las improvisadas ombligueras, privándome así de la erótica imagen que me obsequiaban.

    Sin tomar en cuenta que solo traía puesto un bóxer y que mi pene ya había respondido a lo visto ahí dentro, Yuli con un coqueto ademán señaló mi pene.

    Carlo, amor…

    Haciéndome notar que les estaba dando un espectáculo delicioso contemplando mi potente erección desde el interior de la tienda, por lo que instintivamente me cubrí con ambas manos el frente de mi delgada prenda que para colmo era de licra blanca y ya asomaba una rica humedad a través de ella.

    Dulce, sin poder desviar la mirada y sin disimular la excitación que le producía ver, después de tantos años, una verga totalmente erecta a tan sólo unos pasos de ella, se pasó las manos con delicadeza sobre sus erguidos pezones, denotando lo caliente que estaba.

    No creí que después de tantos años, pudiera ver algo así amigos y más la reacción que causaste en él amiga, perdón por decirlo pero tu esposo lo tiene hermoso, “muy hermoso”.

    Lo se linda solo que su reacción no ha sido provocada por mi precisamente, o me equivoco papi?

    Dulce al escuchar esto, con las mejillas encendidas solo atinó a agradecer el cumplido.

    Vamos, acércate amor, queremos admirarte.

    Al sentirse dueña de la situación, Yuli me jaló hacia Dulce, quien al sentirme muy cerca, cerró los ojos y deslizó tímidamente su mano izquierda, que era guiada por la de mi mujer hacia ese hierro candente oculto bajo la fina prenda, una vez que lo sintió, se estremeció tomándolo por sobre la tela y con voz tímida apenas perceptible pregunto, puedo?

    Quien tenía la facultad de autorizar dijo, adelante amiga, hoy somos otras, hoy me siento plena.

    En una especie de trance sin abrir los ojos, Dulce pasaba su mano sobre mi pene candente con delicadeza, deslizándola a lo largo, deteniéndose apenas unos instantes en lo más sensible del capullo, que resaltaba bajo la tela totalmente mojada por su delicioso néctar, para continuar en su descenso hasta mis testículos acariciándolos ahora con ambas manos mientras recorría con la lengua sus carnosos labios cubiertos por un rojo carmesí como saboreando algo delicioso.

    Ven amiga.

    Y tomándola por la nuca, la fue acercando lento hacia mí, por lo que tuvo que gatear para aproximarse; así, al sentir en su mejilla el calor de mi dilatada verga, comenzó ahora a pasar sus labios por todo el tronco dibujando con la lengua las inflamadas venas, comenzando a liberar de su prisión mi endurecido pene, primero la cabeza, que rodeándola con la lengua retiró el cristalino lubricante que de ella salía, continuó descubriéndola con sorprendente pasividad, recorriendo cada centímetro que asomaba del bóxer; una vez descubierta totalmente, abrió los ojos para deleitarse admirándola sólo unos instantes para volverla a ocultar bajo la delgada tela acariciándola nuevamente por sobre ésta, exigiendo con urgencia ser liberada.

    Yuli por su parte, extasiada por lo que veía, aprovechó la posición de Dulce, pasando sus tibias manos sobre las turgentes nalgas que al sentir la caricia, se elevaron como si tuvieran vida propia en señal de aprobación, por lo que mi mujercita se dispuso a correr hacia un lado la braguita que llevaba untado parte de su delicioso lubricante, la cual al ser retirada dibujó un hilillo cristalino que Yuli tomó con desesperación, saboreando por primera vez la lava hirviente de nuestra candente amiga.

    Dulce al sentir los dedos de Yuli hurgando en su resbaladiza vulva comenzó a pedir más y más.

    Aaggh, que delicia, jamás disfruté taaanto, no pares, por favor, no pares, aggh… así, esto es delicioso agghh, que esperas, insulta con tu lengua mi cosito querida.

    Al verlas en una escena tan erótica, supe que la bisexualidad declarada en ese instante por ambas, exaltaba mis sentidos increíblemente.

    Nuestra amiga sintiendo a Yuli hurgando por toda su intimidad, bajó de un tirón mi bóxer devorando por completo mi verga y, abrazando mis nalgas inició un mete y saca delicioso.

    Anda Yuli, hagámoslo juntos.

    Déjame gozarla papi, déjame realizar esta fantasía que jamás creí posible, ahhh que cosito más delicioso, eres hermosa, por favor no paren, mmm no paren.

    Así, apartándose, interrumpió el trabajo de nuestra vecina para darle un beso de fuego en el cual ambas saborearon los jugos que en la boca llevaban, estremeciéndose de pasión para después retirarse a disfrutar del erótico espectáculo, deslizando sus inundadas braguitas hasta los tobillos elevándolos y acercándolas a mi rostro.

    Te excita mi aroma papi?

    Y a ti, te excita el lubricante sabor de su cosito Yuli?

    Mmm, me enloquece, quiero verlos, me enardece pensar que están solos… que simplemente soy una memoria viva entre ustedes.

    En ese momento comprendí que la fantasía concreta de mi mujer, era vernos hacer el amor frente a ella sin tapujos, sin inhibiciones, solamente pasión, lujuria y desenfreno.

    Al ver que mi esposa quería mantenerse pasiva, opte por complacerla y tomando a Dulce por la cabeza, la separé de mi lubricado pene, llevando parte de ese ligeramente salado líquido en los labios, que lamí de ella con desesperación al tiempo que mi mujer exclamaba un ahhhg, era que con la escena le había llegado un centelleante orgasmo.

    Mi vida mmm, que delicia, se ven hermosos, no pares amiga, Carlo, mi amor anda, anda papi.

    Así que, deslizando mis manos por debajo de la improvisada ombliguera, descubrí las deliciosas tetas de dulce, que surgieron ante mí como pequeños volcanes, perdiéndose en mi boca, primero uno, del cual saboree desde su nacimiento hasta su turgente pezón que por la succión que ejercía, creció enorme, pasando a disfrutar el otro con la misma reacción, para continuar ahora alternadamente entrando y saliendo de ellos como si de una felación se tratara.

    Te gusta vida?

    Sigue aahhg, sigue papi.

    Hincados de frente como estábamos, sin dejar de disfrutar sus deliciosas teticas, con la verga apuntando al cielo, la elevé, le quité sus braguitas y la fui bajando sobre mi torso en una perfecta penetración que recibió con desesperante frenesí, estremeciéndose al máximo.

    Dioos, donde estuve todos estos años, ahh, ahhh, dame todo amor, dámelo así, no importa que sea la última vez.

    Comenzando un delicioso vaivén, adquiriendo sus caderas vida propia, moviéndose en un sube y baja que poco envidiaba de mi mujer, y ella?

    Ambos volteamos al escucharla, ahí estaba, tendida, suspirando acompasada con la boca muy abierta, mientras que una mano paseaba sobre sus pezones, jugándolos, estremeciéndola, la otra era devorada por lo más profundo de su lubricada vulva, sin perder detalle de lo que sucedía frente a ella, gimiendo delicioso; Dulce, al ver su recién depilado cosito expuesto, no pudo evitar inclinarse sin salirse de mí y posar sus labios en su ardiente vulva para abrirla con ellos e introducir su traviesa lengua tan profundamente que la hizo explotar en el mejor orgasmo de su vida.

    Ahhgg, ahhgg, dale tu lechita papi, déjasela dentro, quiero saborearla de ella, quiero beber de ella tu delicioso semen, te lo imploro ahhgg, me viene, me viene papi ahhgg.

    Por mi parte, incrementé mis movimientos haciendo que Dulce, saboreando y masturbando a Yuli, explotara, y yo enseguida en una mezcla de sensaciones ocultas…

    Vino la calma, el silencio, Yuli con las piernas contraídas, la tanga enrollada en los tobillos y la ombliguera al cuello, yacía viendo al cielo con la cabeza fuera de la tienda, mientras que Dulce y yo recostados, ella encima de mí totalmente desnuda y yo con el bóxer enredado en una pierna, el abdomen totalmente mojado por mi semen y sus fluidos mesclados, derrotados por la pasión, y mis manos, mis manos insaciables posadas en sus nalgas llevando restos de nuestra deliciosa sabia a su terso orificio posterior sintiendo la aceptación de continuar hurgando en ese desconocido pero sensible tesoro que ese día habría de perder su castidad por vez primera.

    Vamos chicos, levantémonos que nos aguardan.

    Aun crees que fue mala elección venir?

    Creo que identificarnos ha sido lo más excitante en mi vida.

    Y apenas llevamos medio día amor, les prometo que este viaje cambiará nuestras mentes por completo…

  • Me encuentro a mi ex en un antro

    Me encuentro a mi ex en un antro

    Hola, soy Fernando, esta historia tiene relativamente poco que pasó.  Todo comenzó cuando me encontré con mi ex por cosas del destino nos vimos en un antro cerca del dentro de la ciudad, antes usaba ropa cómoda y que cubría su cuerpo por su inseguridad, en esta ocasión la vi con más confianza en sí misma y traía puesto un short corto que dejaba ver sus enormes y hermosas piernas, incluso se le remarcaba un poco su vagina, además de una blusa corta que permitía verle su estómago, dándole una forma sensual a sus tetas.

    Estuvimos hablando por un rato, actualizándonos aunque casi no comentamos de lo que había pasado con Oscar, de quien sólo me comentó que habían dejado de verse porque se mudo lejos y no terminaron su relación.

    Al hablar me comentó que solo fue al antro para acompañar a sus amigas, lo que me sorprendió dado que antes no hablaba con muchas personas. Sus amigas llegaron por ella porque habían empezado a poner reggaetón y querían que bailará con ellas, nos despedimos alegres de vernos aunque ambos seguimos en el antro un tiempo más, solo que cada quien por su lado.

    Me quedé por la barra para tomarte unas cervezas mientras veía a mi ex como perreaba hasta el suelo, la manera casi hipnótica de como abría las piernas y su culo que al parecer había crecido. Note que entre sus amigas había un par de chicos acompañándolas, uno de ellos se le acercó a mí ex por atrás mientras estaba bailando, al ver que no le fue indiferente no pude evitar una erección super grande, el chico le estaba restregando el pito en todo su culo y mi ex se movía de forma que le daba a entender que quería algo más, aunque el chico aprovecho y no le alcanzaron las manos para agarrar el culo de mi ex afortunadamente solo se besaron un poco hasta que paro la música y regresaron a su mesa.

    Fui al baño para jalarmela hasta quedar seco, no quise esperarme pero como tenia mis dudas me acerque a mi ex para pedirle una cita como amigos en el mismo antro para la siguiente semana, a lo cual aunque estaba ebria, recordó los detalles y nos acordamos vernos.

    La siguiente semana había más gente porque hubo promociones, mi ex llegó y usaba unos pantalones ajustados tipo licra que permitía verle casi toda la vagina y sus curvas, mientras que usaba una playera algo infantil de Star Wars pero le quedaba muy ajustada a un paso de verse los pezones.

    Estuvimos hablando de la escuela y entré tragos y temas de nuestra antigua relación, con la calentura del momento le comenté lo que vi que había hecho la semana pasado a lo cual me respondió que si me había gustado y asente la cabeza sin pensarlo.

    Me propuso un juego en el cual ella cogeria con un chico y si me llegase a gustar, los podría ver, acepté aunque se me hizo raro que me dijera algo de manera tan organizada sin planearlo previamente, estuvimos tomando otro poco hasta que a mi ex le llamó la atención una mesa llena de chicos que al parecer celebraban una graduación y parecían de nuestra edad nos acercamos con ellos y les empezamos a hacer platica de como había sido terminar la escuela, comenzaron los juegos de preguntas y mi ex se empezó a acercar a un chico mamado o musculoso, me quede sentado con sus amigos hasta que en el clímax antes de que nos ganará la calentura, nos preguntaron que si éramos novios o estábamos saliendo a lo que contestamos que solo eramos amigos.

    Al parecer esa fue la pauta que esperaba el chico porque momentos después empezó a abrazar a mi ex y agarrarle sus tetas, sus amigos me empezaron a hacer más platica y como a distanciarme de ellos pero en ningún momento les quite la vista de encima por seguridad y porque me excitaba cada vez más mirarlos.

    Cada vez se hacía más de noche y notaba como es que ellos se calentaban más, llego el momento en el que el chico se le acercó a mí ex al oído y no pude escuchar lo que dijeron pero después se levantaron diciendo que iban a fumar, me levante de la mesa y despues de u rato dije que iba al baño para no levantar sospechas, el chico y mi ex fueron a la bailar y mi ex estaba perreandole intensamente al chico, se le veía remarcada una erección enorme, mientras la restregaba en su licra que de solo verla ya se veía mojada.

    No supe que hacer, tenía unas ganas enormes de verlos coger, mi ex entre la gente me vio y se acercó a mí, me dijo que había decidido coger con él porque le había agarrado el pito y dijo que no le cabía sus manos, me tomó de la mano y nos acercamos con el, hablo conmigo para decirme que no vivía lejos y nos podías quedar en su casa.

    Fuimos por nuestras cosas a la mesa, les dijimos a sus amigos que yo me iría a mi casa y ellos a la suya. Relativamente llegamos rápido metro, en el camino le agradecí y me dijo que no había problema mientras agarraba del culo a mi ex.

    Llegando a su casa ambos comenzaron a besarse mientras que yo preparaba algo de comida, se quitaron la ropa y me encantó el físico del chico, mi ex de abalanzó sobre el y empezó a mamarle el pito, al parecer tuvo pequeños problemas porque no le entraba en la boca de lo grueso que estaba, le quito su playera de Star Wars y sus senos estaban super erectos, se ve que estaba disfrutando mi ex porque empezó empezó salirle leche de sus tetas, el chico se impresionó y fue un poco gracioso porque pensó que estaba embarazada, hasta que le expliqué que era normal para ella a lo que continuo con abrirla de pierna y sobre un sillón le empezo a dar con todas sus fuerzas, no pudieron esperar hasta la recamara y ya estaban probando diferentes posiciones para hacerlo, estuvieron un rato haciendo 69, pero mi posición favorita fue cuando la puso de perrita y enfrente mio le dio de manera intercalada tanto por su vagina como por el culo y veía su cara de placer hasta que me corri.

    A pesar de que esta gordita mi ex el chico la cargo y la besaba mientras se la metía, le ayudaba para sujetarle el cabello y mover cosas conforme iban cambiando de lugares. También la levanto hacia su cama y metió su lengua estimulando su vagina, pude ver como mi ex hacía un squirt gigantesco, le lleno toda la boca al chico que al parecer con eso de prendió más y no paro de darle hasta el amanecer. Nunca me imagine ver a aquella chica tan linda tierna e inocente montar una verga tan grande como una puta, toda la noche se la pasaron cogiendo. La última posición que hicieron fue como en forma de cucharita mientras que aproveché para limpiar la habitación destrozada.

    Al amanecer le comenté a mi ex que había sido divertido, a lo que me respondió que no volvería a pasar poniendo como excusa que para el chico había sido incómodo tenerme junto y que ella estaba muy ebria y no había pensado claramente, nos fuimos de la casa del chico, tomamos el metro y al despedirme de mi ex me besó con un sabor de leche en sus labios.

  • Soy más puta que mi esposa

    Soy más puta que mi esposa

    Enlace al relato anterior al final.

    Cómo relaté anteriormente Víctor me había cogido contra mi voluntad, pero a pesar de todo, me había encantado su salvaje y brutal forma de coger, tanto así que había aceptado dejarme coger en otras cinco ocasiones a fin de “recuperar” los vídeos que tenía de mi esposa con Rodrigo, y no sólo fueron cinco, si no que me dejaba coger una o dos veces al mes, si bien seguía siendo la putita de Rodrigo y me encantaba serlo, la forma de coger tan dominante y desenfrenada de ese viejo pervertido tenía lo suyo, me cogía de una forma tan intensa que durante la cogida sentía que me faltaba el aire, mientras me insultaba y decía mil vulgaridades que me excitaban al máximo y me dejaba el culo ardiendo por varios días. Rodrigo sabía de las cogidas por “chantaje” de Víctor, pero no que me seguía cogiendo, de cierta forma le estaba siendo infiel, aprovechaba que Víctor vivía solo y que la pareja de Rodrigo solamente tenía turno nocturno cada tres semanas, que era cuando nos veíamos.

    Con el tiempo, el trato entre Rodrigo y Víctor se fue relajando, si bien no podía decirse que fueran amigos, ya no se sentía el ambiente tenso entre ellos.

    Víctor me preguntó cómo era posible que dejara que Rodrigo se cogiera a mi esposa y le respondí en forma sincera, sólo era sexo, nada más, le permitía a mi esposa darse el lujo de disfrutar de un macho como Rodrigo, quien era formidable en la cama, y que eso había incluso mejorado mi relación con ella, teníamos sexo más seguido, era más cachonda, se preocupaba por vestirse y arreglarse mejor, se veía más feliz y contenta y que de cierta forma, yo también le era infiel con el mismo hombre, quien lograba satisfacer mi lado femenino, y por lo tanto, entendía a mi esposa, la amaba y quería que se sintiera plena como mujer, cómo Rodrigo me hacía sentir.

    Habrían pasado alrededor de 8 o 9 meses cuando Víctor me dice que tiene una fantasía que quería cumplir: cogerme, mientras Rodrigo se cogía a mi esposa y los veíamos por web cam en directo, al principio la idea me pareció descabellada, pero poco a poco me fue convenciendo, sería algo excitante y morboso, Rodrigo y yo habíamos dejado de grabar videos después de que Víctor hackeo mi equipo, cachondo como siempre, no fue difícil convencerlo de volver a grabar, al contrario, le entusiasmó la idea, le excitaba mucho que se grabaran sus cogidas, sabía que era un extraordinario amante y le gustaba observar como se cogía a sus parejas y las hacía chillar de placer, me dijo que se sentía como el protagonista de una película porno, pero que no había tocado el tema por lo sucedido con Víctor, además le añadía mucho morbo cogerme mientras veíamos algún vídeo de mi esposa cogiendo con él.

    Llegó el día de la salida mensual de mi esposa con “sus amigas”, ese día le comenté que tendría que ir al trabajo a terminar una tarea pendiente, pero que no se preocupara que había conseguido quien cuidara a los niños. Efectivamente en la semana había estado preguntando con mis compañeras de trabajo y una de ellas me recomendó a una sobrina, y aunque mi esposa no estaba segura de dejar a los niños con una persona extraña, la convencí con las referencias que me habían dado.

    Nos bañamos y arreglamos. Mi esposa se había puesto un vestido corto color rojo, muy ceñido al cuerpo, de tirantes y con un ligero escote, se veía despampanante, se había arreglado con su atuendo más provocativo.

    Era morboso saber que cada quien se arreglaba para su macho y se me paró la verga, me sentía muy excitado, intenté controlarme y no me masturbé, lo cual no le resultó indiferente a mi esposa, quien sonriendo se acercó y dándome un beso me acarició la verga y me dijo:

    – Vaya parece que estás cachondo.

    – Así me has puesto, amor, te ves bellísima, seguramente serás la envidia de tus amigas.

    Solo sonrió con el halago, le había confirmado que se había vestido muy sensual.

    Salimos juntos y la llevé al centro comercial donde supuestamente se reuniría con sus “amigas”, y dónde seguramente ya estaría esperando Rodrigo, rápidamente me fui a casa de Víctor.

    Me estaba esperando, solamente con una playera interior y unos shorts cortos, tan pronto entré, cerro la puerta, me tomó de la cintura y me apretó contra su cuerpo, haciéndome sentir el calor de sus manos y cuerpo a través de la ropa, el olor a colonia y a jabón inundó mi nariz, acercó sus labios a los míos y me dio un cachondo beso mordiendo mis labios, al tiempo que una de sus manos recorría mi espalda y bajaba a mis nalgas y sin previo aviso hundió un dedo entre mis cachetes hasta frotar mi ano, la atrevida caricia me estremeció, dí un respingo involuntario apretándome más contra su cuerpo y pude sentir su ardiente verga, dura bajo su ropa y seguramente sintió la mía restregarse contra la suya, me miró a los ojos y sonrió en forma burlona.

    – Vaya putita, vienes caliente, ven entra que ya estoy cachondo por ver cómo se cogen a tu mujer.

    Me tomó de la cintura y nos dirigimos a su recámara, en el camino no dejaba de acariciarme las nalgas.

    Al entrar a la recámara, lo primero que veo es una enorme pantalla de televisión, no la había visto antes y sonriendo me dijo.

    – ¿Te gusta mi nueva pantalla?, la compré en honor a tu mujer, quiero ver a detalle como se la cogen.

    En cierta forma me halagó el comentario, su computadora portátil ya estaba conectada y me pidió conectarme al equipo de Rodrigo. En lo que me conectaba fue a la cocina y trajo una botella de vino y dos copas, llenó las copas y se me acercó por detrás, justo en ese momento logré conectarme a la cámara web del equipo de Rodrigo y empezó a transmitir, besó mi nuca y me agarró con firmeza de mi cintura restregando su verga contra mis nalgas, me retorcí entre sus brazos recostando mi cabeza contra su pecho en señal de entrega y su lengua se apoderó de mi oreja, la metió dentro y un gemido de placer escapó de mi boca, si bien no se puede decir que Victor fuera guapo, era tan viril y masculino que me hacía sentir una mujer en sus brazos. Sin dejar de lamer mi oreja y besar mi cuello, me empezó a desnudar, desabrochó mi camisa y luego mi pantalón, el cual cayó al suelo, me lo terminé de quitar con mis pies, lo mismo hizo con su ropa, pronto sentí su velludo cuerpo pegado a mi, la piel de mi espalda se erizó al contacto y lancé un suspiro, al tiempo que me dijo:

    – Me encantas Ariel, eres una dulce putita, tu piel es tan suave.

    Tomó una copa y dio un sorbo de vino, siento sus labios mojados por el vino en mi nuca y deja escapar un chorrito que resbala por mi espalda causándome un escalofrío, seguido de su lengua lamiendo mi piel.

    En eso escuchamos un ruido que viene del televisor y al voltear vemos que aparecen Rodrigo y mi esposa llegando a la cama.

    – Ven cariño, ya va a empezar la función- dice Víctor dándome mi copa de vino y se recostó en la cama abriendo sus piernas y con la espalda pegada en la cabecera, me pidió recostarme sobre su cuerpo, me abrazó con firmeza y sentí su aliento en mi oreja, su verga tiesa y palpitante quedó apoyada contra la parte inferior de mi espalda y el nacimiento de mis nalgas, alcancé a sentir un ligero flujo húmedo y viscoso saliendo de la punta y humedeciendo mi piel, me apretaba con fuerza en sus brazos, me hacía sentir tan hembra, su hembra, empezó a acariciar mis pezones y pellizcarlos, me sentía en el cielo.

    En la pantalla veía como Rodrigo llenaba de besos a mi esposa y poco a poco la iba desnudando, pronto la dejó solamente con la tanga y sostén puestos, mientras se iba desnudando, le quitó el sostén dejando sus pechos grandes y firmes al descubierto y hundió su cara entre ellos, escuché los primeros gemidos de mi mujer, Rodrigo parecía un becerro succionando en forma alternada los rosados pezones de mi esposa, Víctor continuaba acariciando mis pechos y me susurró al oído:

    – Que buena putita es tu esposa, es un dulce, uff, que envidia me da el cabrón de Rodrigo.

    Rodrigo seguía mamando los pechos de mi esposa sin cesar, sus manos bajaron a su cintura y le quitaron la tanga dejándola completamente desnuda, la hace girar y queda ahora sobre él en lo que le da ardiente y jugoso beso, sus manos acarician y aprietan sus nalgas, las abre y aprieta, se alcanza a observar su pequeño y arrugado esfínter.

    Ahora es mi esposa quien besa el pecho de Rodrigo y va bajando poco a poco, hasta llegar a su larga y gruesa barra de carne, abre su boquita y la cabeza de ese enorme falo desaparece en su boca, los gestos y gemidos de Rodrigo evidencian que no lo hace nada mal.

    – Que bien chupa la verga tu vieja, ¿y sabes?, tengo ganas de que me la chupen también – me dice al oído.

    No me hice del rogar, me incorporé y me arrodillé entre sus piernas, tomé su gruesa verga entre mis manos, al acercarme me llegó el fuerte olor de su verga, lo cual me excitó enormemente, la verga de Víctor desprendía un aroma muy fuerte, una verga de macho y abriendo mi boca, recorrí toda la cabeza con mi lengua, sentí como se estremeció y lanzó un gemido, abrí la boca y metí todo el pedazo de carne que me cabía en la boca, succioné con gula, el sabor saladito y ligeramente ácido de su verga inundó mi boca, su precum salía en abundancia y sentía como el viscoso líquido traspasaba mi garganta, salivaba en abundancia y mi saliva escurría por el tronco. Lo escuchaba gemir y gemir, seguí mamándosela tratando de metérmela hasta el fondo, sentí náuseas cuando la cabeza de su verga traspasó mi campanilla, pero no me importó, aguanté y seguí mamando, quería darle el máximo placer posible. Escuchaba también los gemidos de Rodrigo por el placer que le daba mi esposa y eso me enardeció todavía más, pensar que mi esposa estaba en mi misma situación, con una verga en su boca y dándole placer a su macho, sentí una especie de competencia para ver quién era la mejor puta y empecé a chupar la verga en mi boca en forma frenética, los gemidos de Víctor se volvieron más intensos, sus manos me tomaron de la cabeza y guiaba mis movimientos haciendo entrar y salir su verga, estaba seguro que pronto se correría en mi boca, cuando me jala del pelo y saca su verga, la refriega por mi cara y me dice;

    – Para, para, puta, me vas a hacer correr y ahora lo que quiero es cogerte como Rodrigo se está cogiendo a tu mujer.

    Giré mi cara y vi como Rodrigo se estaba cogiendo a mi esposa de frente con las piernas abiertas y una pierna sobre el hombro.

    Víctor se levantó y fue por un tubito de lubricante, lo abrió y se echó un chorro en la verga, la cabeza rojiza brillaba con el viscoso líquido, se acercó y tomándome de los tobillos me jaló hacia él, boca arriba, subió una de mis piernas a su hombro, exactamente la misma posición en la que se encontraba mi esposa, sentí su verga restregando mi rajita, buscando mi pequeño orificio, pronto lo encontró y mi cuerpo se estremeció al sentir el contacto de la punta de su verga y paré más la colita para recibirlo.

    De pronto sin previo aviso da un violento golpe de cadera y me la deja ir enterita, de una, hasta el fondo, no pude evitar dar un grito de dolor, si bien mi culo estaba acostumbrado al grosor de su verga, no me había dilatado previamente y la embestida había sido muy salvaje, el dolor se convirtió rápidamente en un calor tremendo, seguido por una ola de placer que recorrió toda mi columna, sentía sus huevos bien pegados a mis nalgas. Me la fue sacando hasta dejar solamente la cabeza dentro y nuevamente me empaló con furia, un nuevo gemido salió de mi boca y sentí que me faltaba el aire, Víctor me veía a la cara sonriendo, una sonrisa pervertida y burlona, disfrutaba las muecas que hacía cada vez que me empalaba.

    – Tienes cara de putita, me encanta ver las caras que haces mientras te cojo, cómo disfrutas mi verga, aghhh, toma putita, aghhh, toma.

    Arremetió una y otra vez, sentía como entraba y salía por mi culo y como lo iba abriendo cada vez más, adaptándose al grosor de su verga, la sensación de su verga frotando mis paredes internas era muy intenso y me hacía gemir sin parar, giré mi cara y ví a mi esposa en la pantalla, Rodrigo la tenía agarrada de los tobillos, bien abierta, siendo cogida con fuerza, sus piernas y pechos se balanceaban al ritmo de las arremetidas que le daba su amante, gimiendo como loca, mi esposa y yo empaladas al mismo tiempo en la misma posición, la única diferencia era que a mi esposa la estaban empalando por su coñito y a mí me estaban enculando, era una situación muy morbosa que difícilmente podría olvidar, cerré los ojos, me sentía mareado, Víctor me seguía empalando a toda velocidad, sus huevos chocaban contra mis nalgas con furia, cada vez gemía más fuerte y me decía mil obscenidades, entonces sentí que mi cuerpo empezaba a convulsionar, espasmos recorrían mi cuerpo, mis ojos se pusieron en blanco y ya no aguanté más, mi verga se ensanchó y empezó a lanzar chorros y chorros de leche que llegaron hasta mi pecho, al tiempo que gritaba como una loca, Víctor cerró los ojos y haciendo una mueca como de dolor gritó:

    – Ya no aguanto amor, ahí te va mi leche, te voy a preñar putaaa

    Me dio un último embiste profundo y tomándome de las caderas como si quisiera meterme hasta los huevos sentí como se descargaba dentro de mí, trallazos de leche ardiente inundaron mis entrañas, era tanta que al sacarla de mi interior brotó un chorro de leche que escurrió por mis nalgas. Se desplomó sobre mí y me dio un jugoso beso mordiendo mis labios, después se tendió boca arriba y yo me acurruqué en su pecho, en la pantalla ví que mi esposa y Rodrigo también estaban terminado, Rodrigo estaba llenando de leche el coñito de mi esposa, se la dejó enterrada mientras le daba un beso con pasión, después de unos minutos se recostaron uno al lado del otro, semi abrazados y empezaron a platicar entre ellos, seguramente de lo rico de la cogida.

    Mientras tanto, Víctor me elogiaba y me decía lo mucho que había disfrutado me dio una copa y juntos nos terminamos la botella de vino.

    Después de unos cuarenta minutos en la pantalla vemos como Rodrigo empieza a besar en forma cachonda a mi esposa y a apretarle las nalgas, algo le dice a mi esposa al oído y mi esposa asiente con la cabeza, se levanta y trae un tubo de lubricante, lo que me confirma que la acción está por reiniciar.

    La jala de las piernas y la pone al borde de la cama boca arriba, muy cerca de la cámara web que está grabando todo, estoy seguro que Rodrigo lo hace con toda intención de grabar el delicioso culo de mi esposa en primer plano.

    Pone un cojín bajo su cintura y jala sus piernas hacia adelante, casi hasta tocar sus pechos, en esa posición su coñito y culo quedan expuestos, su coñito está jugoso y palpitante, se nota que está recién cogido, sus lindas nalgas grandes y firmes quedan entreabiertas y queda al descubierto su pequeño orificio, cerradito, arrugadito y rosadito, parece palpitar de ansiedad, es imposible creer que ese diminuto agujerito sea capaz de recibir semejante verga, sin lugar a dudas mi esposa conserva un hermoso culo, Rodrigo abre el tubito y aplica una generosa cantidad en su culito, con un dedo masajea lentamente la arrugada y sensible entrada de su orificio, y empuja la yema de su dedo, mi esposa se retuerce y da un gemido, pero no pone resistencia, el dedo se va introduciendo poco a poco, desapareciendo en su interior, entre gemidos de mi mujer, mueve su dedo en forma circular, lo mete hasta la mitad y lo saca hasta dejar solo la yema dentro, todo es tan excitante que la verga de Víctor y la mía se han puesto duras y mi culito se contrae cómo si fuera a mi al que están dedeando.

    El dedo de Rodrigo desaparece por completo y mi esposa da un nuevo respingo y un largo gemido. Víctor alaba el culo de mi esposa:

    – Que buen culo tiene tu mujer, sus nalgas son firmes y el culito estrechito, se nota que le encanta la verga, ha de apretar bien rico.

    Le confirmé que mi esposa tenía un culo estupendo y como antes no le gustaba que la cogiera por el culo, hasta que llegó Rodrigo y la culeó y que desde entonces era una estupenda culeadora para disfrute mío y de Rodrigo.

    Poco a poco fue dilatando el culo de mi esposa, su dedo entraba y salía con facilidad, así que sacando su dedo, echo otro chorrito de lubricante y ahora fueron dos dedos los que entraban y salían del culo de mi mujer, Víctor tenía los ojos abiertos como platos sin perder detalle y tomando mi mano la llevó a su verga para empezar a masturbarlo.

    – Puta madre, que puta es tu vieja, mira como goza, le encanta dar el culo.

    Después de unos minutos era mi esposa la que movía el culo en círculos, y gemía como loca, gozando los dedos de Rodrigo, saca sus dedos, era la señal de que su culo estaba listo para ser empalado.

    Le pidió que se pusiera en cuatro al borde la cama, tomó el tubo de lubricante y se embadurnó toda la verga en forma generosa, abrió las piernas de mi mujer al máximo y empujó su espalda contra la cama para que levante bien el culo, se posicionó arriba de ella y empezó a restregar su verga recorriendo todo el canal, lo hacía de arriba abajo apuntando con su verga hacia abajo de tal forma que se apreciaba el tremendo garrote hinchado y venoso recorriendo toda la raja de sus nalgas, mi esposa gemía y le suplicó que se la metiera de una vez.

    La tomó de la cintura y empezó a presionar sobre su ano, lo hacía entrando desde arriba, tal vez no la mejor posición para coger, pero si para que quedara grabada la enculada en todo su esplendor, el apretado culo de mi esposa fue cediendo y entró la cabeza, mi esposa dio un grito de placer, al tiempo que su esfínter se cerraba sobre el tronco de esa majestuosa verga, después de un rato sin moverse sacó la punta de su verga y observé cómo quedaba un hueco que poco a poco se iba cerrando, algo sumamente excitante y morboso. Repitió la operación un par de veces y Víctor ya no pudo más, me pidió ponerme en cuatro con el culo bien empinado, así lo hice, misma posición que mi esposa, las piernas bien abiertas y mi cara contra el colchón, arqueando mi espalda para levantar bien mi culito.

    Me tomó de la cintura y me embistió de una sola estocada, hasta el fondo, mi grito se ahogó mordiendo las sábanas, sus huevos chocaron con mis nalgas, sus huevos pegados a mi culo me hacían sentir completamente llena, llena de mi macho, me empezó a coger con fuerza, Víctor al contrario que Rodrigo, era un bruto, pero me encantaba su salvaje forma de coger.

    En la pantalla veía como ya Rodrigo le había ensartado la verga hasta la mitad y seguía avanzando, era increíblemente morboso ver como el pequeño orificio de mi mujer se ensanchaba a límites insospechados, cuando ya tenía tres cuartas partes de esa tremenda verga en su interior, mi esposa se quejó y poniendo una mano en la pelvis de Rodrigo le hizo entender que ya no podía más, que detuviera el avance. Rodrigo obedeció y no siguió avanzando, empezaron las embestidas hasta tres cuartas partes de verga, al ver esto Víctor señaló.

    – Vaya, ya no le cabe más verga a tu mujer, es una gran puta, pero tú eres mejor, te la comes enterita y sin chistar.

    – Si papi, si, me encanta ser tu puta, sigue, rómpeme el culo, dame más.

    Me encantó el cumplido, que mi amante dijera que era más puta que mi esposa, porque en ese momento sentía un poco de celos, mi esposa era una verdadera hembra y tenía un agujero adicional, me sentía en cierta forma en desventaja, así que el comentario me enardeció y quise dar el máximo placer posible a mi macho, empecé a mover el culo en círculos como la mejor puta y lo hice gemir, le encantó y me volvió a elogiar dándome unas nalgadas que me excitaron más, me decía que le encantaba como movía el culo y como me iba tragando su verga, hasta el fondo.

    Entonces me incorporé y empecé a culear hacía atrás, clavándome la verga hasta el fondo y empecé a apretar la colita, si bien era algo doloroso ya que tenía el culo al rojo vivo, solo pensaba en dar placer a mi macho, sentía su verga ensancharse y contraerse al ritmo de mis apretones, sus gemidos se volvieron gruñidos, gruñía cómo toro y gritaba que le encantaba como le apretaba la verga. Me tomó de la cintura y me empezó a empalar en una forma encarnizada, me empalaba a toda velocidad y ahora aflojaba el culo cada vez que me empalaba y apretaba cada que la sacaba, en una sincronía envidiable, me dio un fuerte embiste y sentí que su verga se expandía e inmediatamente apreté el culo lo más que pude, prácticamente ordeñando a mi macho, empezó a convulsionar mientras gruñía y descargaba su leche en mi interior, al instante empecé a convulsionar también y empecé a gritar como puta, mi verga empezó a lanzar chorros de leche que mojaron toda la cama.

    Se desplomó sudoroso sobre mi cuerpo, exhausto, los espasmos de su verga y mi culo no paraban, involuntariamente le seguía apretando la verga y sentía como se seguía moviendo su verga en mi interior, en la pantalla entre gemidos, Rodrigo le estaba llenando de leche el culo a mi esposa.

    Después de un rato y ya más relajados su verga fue perdiendo rígidez y salió de mi culo, un chorro de leche escurrió por mis piernas.

    Ya habían pasado más de 3 horas y había que regresar, así que con un poco de dificultad me incorporé, sentía que me fallaban las piernas, y me tuve que apoyar en Víctor, la cogida había sido tremenda, me llevó a la ducha y tomando el jabón me bañó con suavidad, acariciando mi piel y abrazándome me dio un tremendo beso, al apretarme contra su cuerpo sentí que su verga se estaba poniendo morcillona, seguramente me podría dar una nueva empalada, pero ya no había tiempo y mi culo está deshecho, así que solamente le lavé la verga con jabón en agradecimiento, sintiendo como se ponía cada vez más dura, seguía alabándome y diciendo que era la mejor puta del mundo.

    Me ayudó a vestirme y salí rumbo a casa, cuando llegué estaba todo en calma, la niñera se había ido y fui al cuarto de mis hijos para asegurarme que estaban bien, después fui a mi recámara y encontré a mi esposa dormida (o probablemente fingía estarlo) y aunque en otras ocasiones la hubiera cogido, ya que me encanta cogerla recién cogida por Rodrigo, mi cuerpo no podía más y sólo le dí un beso, me quité la ropa y me recosté junto a ella, abrazándola con ternura, me quedé pensando, se veía tan tierna dormida, quien diría que fuera tan puta, sin embargo, me sentía más puta que ella y el escozor en mi culo me lo confirmaba, así me fui quedando dormido, ambos bien cogidos, con el culo lleno de leche de nuestros machos, pero bien satisfechas cómo hembras.

    Espero sus comentarios a [email protected].

    Relato anterior:

    “Tuve que dejarme coger para salvar mi matrimonio”

  • Sexo a través del tiempo

    Sexo a través del tiempo

    Todo parece indicar que nuestros antepasados no eran precisamente ejemplos de pureza. Muchas de las culturas antiguas llegaron a un refinamiento extraordinario en cuestiones sexuales.

    No pretendo hacer una crónica en profundidad de la sexualidad. Mi intención es mucho más modesta, recordad: Nihil novus sub sole. No hay nada nuevo bajo el sol y todo lo que tenemos hoy para disfrutar lleva en este planeta muchos siglos.

    Citaremos solo ejemplos de civilizaciones conocidas ya por la arqueología o por documentos escritos y famosas por sus perversiones. Evidentemente esto es un repaso somero a las culturas el las que él sexo era importante.

    La mayoría de las culturas antiguas tenian la prostitución religiosa, lo tomaban como un ritual sagrado dedicando los cuerpos jóvenes y hermosos al culto de sus dioses.

    El egipto faraonico era una cultura muy «sexual». Según sus jeroglíficos las relaciones homosexuales y el incesto entre hermanos era algo frecuente por no decir común. Se llegó al matrimonio entre hermanos al nivel de los farones. Pero todo el pueblo debía disfrutar igualmente de sus vecinos.

    Entre el pueblo judio a pesar de su ley y precisamente por estar recogidos en ella es por lo que se conocen esos casos, se fornicaba como en el que más. La poligamia y el concubinato era habitual, el voyeurismo era fácil, la homosexualidad no hubieran tenido que prohibirla sino se hubiera dado así como el bestialismo y en la misma biblia se relata un incesto entre padre e hijas.

    Todo ello ampliamente practicado. Lo mas normal era que los pueblos de alrededor con inclinaciones algo torcidas cargaran con la culpa como el caso de sodoma y gomorra.

    Para los griegos el ejemplo lo marcaban los dioses, en el Olimpo se daban todo tipo de perversiones empezando por el propio Zeus que tuvo innumerables amantes aparte de su esposa e incluyendo chicos como el grazón de Ida y otras a las que seducía haciendose pasar por animal. Así con estos precedentes los habitantes de la Hélade, conquistadores de Troya, tienen en gran consderación los asuntos del sexo.

    En un plano mas riguroso podríamos distinguir entre la población de las islas donde la mujer tiene un papel social y sexual importante en igualdad con el hombre y la del continente que mantiene a sus féminas con la pata quebrada y en casa.

    La mayor expresión de esta sociedad es la homosexualidad que se encuentra en todos los estratos sociales y que conoce todas las formas de la más vulgar a la mas sublime.

    El amor entre muchachos desempeña un papel preponderante en la pedagogía ya que el adulto transmite su virilidad al mancebo amado. Otro hecho que contribuye a la posición subordinada de la mujeren esta cultura era la posición privilegiada de la Hetaira, la prostituta que gozaba de especial consideración.

    En los siglos V y IV s. de C. se fundaron escuelas para las meretrices. Esto no se consideraba indecente, pues las prostitutas eran las únicas mujeres que poseian cultura. Esto unido a su experiencia en el campo que prácticaba Venus hacíá que los griegos no viesen mal que sus conciudadanos disfrutasen de estas señoras. Aspasia amante de Pericles fue la hetaira por excelencia.

    Fue encargada de la escuela ateniense de hetairas donde enseñaba a muchachas de todo el mundo a compartir su lecho y encantos con los componentes del otro sexo y fue la herotodidáscalos (maestra del erotismo) de Sócrates.

    Los herederos de esta cultura, los descendientes de Rómulo y Remo recogen esa tradición. Empieza por uno de los fundadores de la ciudad, Eneas disfrutó en su viaje desde Troya a la ciudad eterna, de la reina de los que luego serían los más acérrimos enemigos de su pueblo Dido reina de Carthago.

    Los romanos también se comportaron muy dignamente en ese campo. Ellos iban a depositar su semen en las vaginas de las matronas, eran tan aficionados a ese ejercicio y lo realizaban con mujeres jóvenes que algunos médicos comenzaron a dudar de la existencia del virgo, por que no habían visto ninguno.

    Aún las mismas familias de los emperadores contaban con altos exponentes de esta clase de matronas. Así Augusto tuvo bastantes problemas con su esposa e hija. Hubo además ejemplos de homosexualidad y bisexualidad como Neron o Galva.

    Mención de pasada merecen las perversiones en la ancianidad de Tiberio y su isla de los pececillos, heredadas por su sobrino nieto Caligula y su complejo de Edipo o el amor que le tenía a su caballo.

    Por entonces en la India toda una cultura se vuelca en la sensualidad y en el sexo como forma de espiritualidad llevándolo a niveles que apenas se alcanzan en otros continentes. Queda plasmado en el Kama Sutra y en las esculturas de sus templos donde se ven todo tipo de posiciones sexuales y de relaciones no siempre heterosexuales.

    Aunque tradicionalmente se ha considerado la edad media como una época de oscurantismo incluso en estas cuestiones la verdad es otra. Los nobles solian disfrutar de sus aldeanas incluso antes de sus legítimos maridos amparándose en el derecho de pernada. Aunque suponemos que si el marido tenia amor propio. Su mujer habría perdido la virginidad antes del matrimonio en el campo, el pajar o el granero.

    Ante la dificultad de trasladar el agua con los rudimentarios métodos de la época, los cubos. El baño en común era una práctica genralizada. Esto consistia en poner a toda la familia en remojo sino se incluía también a los vecinos y amigos durante un día o dos.

    En el trascurso de esta brillante medida de higiene, descendiente directo de la termas romanas donde el hedonismo y el lujo llegaron a límites escandalosos, se comía se bebía, se jugaba, se acariciaba y se respetaba lo menos posible la vagina senos y ano de las señoras de la familia. Seguro que también los jovencitos recibirán su parte de atenciones.

    En América aunque la falta de escritura no nos deja muchas pistas es fácilmente deducible que sus imperios tenían que perpetuarse de alguna manera y que no eran muy recatados en su forma de vestir. En Norteamérica la figura del transexual entre sus tribus fue recogida en algunas crónicas de colonos y tradición oral.

    Con la llegada del renacimiento comienzan las representaciones de cuerpos desnudos en pintura y escultura, aunque ya antes había algunos desnudos en el arte no eran ni abundantes ni fieles y se solían usar para ejemplificar en los pórticos de las iglesias.

    Es ahora con el redescubrimiento del arte griego y romano cuando el cuerpo humano, femenino y másculino, adquiere importancia por si mismo sin nada que lo cubra. Visto el ambiente general la gente aprovechó para liberarse y disfrutar por toda Europa entre guerras de religión y colonización de otros continentes.

    Con el barroco la gente se vuelve mas puritana y procura guardar sus vicios en la intimidad sin dejar de practicarlos. La figura del cornudo toma relieve más por abundancia que por su relevancia social. Aún así durante esta época hay crónicas de gente que se baña completamente en cueros en el mismo Manzanares.

    Luego llega la revolución, reyes que pierden cabezas y el pueblo comienza a beneficiarse de las bellezas, incluidas las nobles. Aunque suponemos que la masa por medio de algún lacayo o cochero joven y bello ya se aprovechaba desde antes de las bellezas y no tan bellas de las clases altas.

    Durante todo el s. XIX la revolución industrial y los nuevos mediós de comunicación dan un nuevo auge a la diversión sexual que aumenta más todavía. Aunque la moral victoriana se encarga de taparlo en la superficie han quedado suficientes libros y relatos de contenido erótico de esa época como para hacernos una idea de cómo disfrutaban de puertas para adentro. Incluyendo variaciones de dominación y spanking, formas más o menos abiertas de relaciones lésbicas y gays, orgias y formas de matrimonio poliamoroso.

    En los locos veinte de este siglo y la auténtica revolución en este campo de los sesenta a nuestros días. Aparte del conocimiento de todas la formas anteriores de disfrute el desarrollo de nueva formas de placer y de instrumentos y aparatos que aumenten ese gozo: Internet, juguetes sexuales y en el futuro qué nos espera ¿robots?

    El hombre creará al robot a su imagen y semejanza y se lo follará.

  • Infiel por mi culpa. Puta por obligación

    Infiel por mi culpa. Puta por obligación

    1. Nada es lo que…

    — ¡Parece que te vas muy temprano! —Me aborda mi esposo, con sus cabellos revueltos y tan solo sus pantaloncillos negros por atuendo, sorprendiéndome al entrar a la cocina para prepararme un café antes de salir de casa.

    —Ahhh… Hola mi cielo, buenos días… ¡Me asustaste! —Medio congelada, le respondo.

    — ¡Ehhh!… sí. Recibí un correo anoche informándome de una reunión a primera hora con la junta directiva. No sé muy bien para qué, pero supongo que debe ser por el éxito de nuestro grupo de ventas. Los últimos meses hemos logrado un estupendo repunte en las metas fijadas y ya no faltan muchas casas por vender en el condominio campestre. Tres nada más, y ya dejaré esa viajadera tan cansona los fines de semana. Después de eso nos pondremos las pilas para ofrecer tu proyecto y estaré más tiempo con ustedes dos. ¡Lo prometo mi cielo!

    Mi marido se mantiene firme en frente de mí, sin dejarme un resquicio para pasar a hacer lo que tenía en mente. Levanta el brazo derecho y lo dobla con lentitud, llevando su mano a la nuca, frotándosela como si algún dolor lo aquejara.

    —Uhum, ok. Ya veo. Por cierto mi amor, ¿a qué hora llegaste anoche que no te sentí llegar?

    —Tú estabas ya dormido cuando llegué, –respondo con fingida tranquilidad– y no te quise despertar. Me preparas un cafecito… ¡Please!

    Mi esposo se da la vuelta y con prudencia, se gira nuevamente alcanzándome el mug blanco con letras rosas donde se lee Mamá. Humeante aroma a caramelo tostado y dulce almendrado, servido casi hasta el borde. Y no deja de mirarme con esa manera suya tan peculiar, de querer preguntar algo sin hablar, arqueando únicamente la ceja izquierda, menguando el ojo diestro en espera de mi respuesta.

    —No tan tarde amor, –la mentirita piadosa, otra vez– serían… Hummm… ¿Las dos de la mañana, tal vez? Un poco más tarde quizás. No me fijé y al entrar tuve cuidado de retirarme los zapatos para no despertar con el ruido de los tacones a nuestro hijo. Pensé que te encontraría trabajando en el estudio, esperándome despierto, pero ya dormías como un bendito junto a él también. Se veían tan tiernos. ¡Los amo, como no te puedes hacer ni idea! —Respondo, colocando mi sonrisa de candorosa madre abnegada y esposa enamorada a la vez, evadiendo su inquisidora mirada al inclinar mi cabeza para fijar la vista en la taza caliente, soplar y beber un sorbo del ansiado café. ¡Fue a las cuatro de la mañana!… A las cuatro pasadas, lo recuerdo bien. – ¡Maldición!

    —Sí cariño, lo siento. Los dos estábamos cansados. La clase de natación siempre lo deja extenuado y después de cenar, jugamos un rato, vimos unos videos y se estaba quedando dormido en el sofá. Así que lo acosté y me quedé junto a él, para consentirlo. Al rato se durmió. No te esperé despierto porque ya te conozco, cuando los jueves sales a celebrar tus logros con tu grupito de ventas. Te demoras cada vez más… ¡Festejando! Y ni siquiera te da por llamar para ver cómo estamos. —Me reclama, rascándose despreocupado los testículos con una mano y repasando mi rostro con su detallista mirada.

    —Por favor cariño, no vas a empezar tan temprano con tus protestas que aún tengo una resaca de los mil demonios y no tengo ganas de pelearme contigo. Estoy aquí que es lo importante y ya ves que nada malo me pasó. —Doy dos sorbos seguidos, soplando en el intermedio para no quemarme la lengua. Debería mordérmela por mentirosa y quizás… ¡Me envenenaría!

    —No estoy empezando nada. —Me responde en un tono tan apacible como desconcertante, tal vez hasta neutro. No lo entiendo, tenía pavor de hallarlo enojado por mi tardanza hace unas horas. Y sin embargo aquí está, escuchándome tan tranquilo, causándome inseguridad. ¿Será que ya no le intereso para nada?

    —Estamos hablando nada más y tan solo te pido que estés más pendiente del niño. Te extraña mucho. Andas muy quisquillosa últimamente. ¿Estás segura de que todo está bien? Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea. —Me lo dice sin hacer el intento de abrazarme.

    —Lo único es que me está yendo bien en los negocios y a ti últimamente parece que te disgusta verme alcanzar el éxito. Salgo a celebrar, como tú lo hacías antes con tus amigos, y pues como no te agradan del todo mis compañeras ni mis compañeros, pues no te invito a salir con nosotras. Eso es todo, mi vida. —Mi marido me observa inexpresivo. Una serenidad que me intriga y me aturde, por ello me guardo otras explicaciones que sé muy bien que le disgustaran.

    —A ver mi amor… –Ahora si se acerca y una mano la apoya sobre mi hombro izquierdo y con los dedos de la otra, acaricia con ternura mi mentón. – Primero que todo me alegro por tus triunfos. Te lo mereces por el empeño que le colocas a todo lo que te propones. Jamás sentiría celos de tus logros. Y segundo… No todos tus compañeros me caen mal. Las chicas son divertidas pero ellas no son el problema, tampoco los otros. Solo ese pedante que se cree la última Coca Cola del desierto y que se empeña en sacarme de quicio al ser tan empalagoso sin que tú lo pongas en su sitio y permitiéndole ciertos… —Humm, lo sabía. ¡Celos! Por ello coloco mi dedo índice sobre sus labios para callarlo, aunque no pudiese hacer lo mismo con sus pensamientos, mucho menos con sus sentimientos de rechazo hacia él.

    —Por lo mismo amor, –le contesto después de dar otro sorbo– por eso decidimos que es mejor no volver a estar juntos en esas salidas a rumbear. Tú por tú lado y yo por el mío. No quiero que te sientas mal, que pienses mal y mucho menos que sufras por los comentarios de ese estúpido. —Sin decirme nada, hace una mueca de resignación y su mirada se concentra en mis ojos, luego en mi boca, detallándome.

    —Por él no te preocupes, vuelvo y te lo repito. Yo lo sé manejar. Créeme cuando te digo que lo tengo controlado, a pesar de que para todos los demás parezca que sigue siendo el intimidante lobo feroz, ante mí, su palabrería no tiene efecto alguno. ¡Descuida! Son tan solo lastimeros chillidos de perrito faldero. ¿Ok? Yo confío en ti y tú debes hacer igual conmigo. Así nos evitamos dolores de cabeza y la posibilidad de exponernos a una escena desagradable y perder todo lo que hemos logrado. —Acabo por aclararle el escenario, aunque me moleste tener que mentirle por un tiempo más.

    —Tienes razón mi amor, pero a ese «tumba locas» no lo trago. Me disgusta la manera que tiene de hablar de las mujeres y enumerar a todas sus conquistas según su desempeño en la cama. En fin, no hablemos más de eso. Solo espero que esta reunión sea para felicitarte y que te den algún bono extra por las metas alcanzadas. Y ojalá termines con la venta de esas últimas casas lo antes posible, y puedas quedarte aquí con nosotros dos. —Por fin me abraza con la fortaleza necesaria para hacerme sentir su acostumbrado calor y alejar de mi esos fantasmas que cada día aparecen con más fuerza, el miedo a que descubra otra realidad bien distinta a la que vivimos. Me gusta sentirme suya, protegida y amada. Me alegra ver que mi esposo me trata con benevolencia y se calma. ¡No quiero hacerle sufrir con mis inapropiadas conductas!

    —Bueno mi vida, te dejo porque se me hace tarde y debo tomar un taxi o pedir un Uber y no quiero que me coja algún trancón.

    — ¿Cómo así? ¿Dónde dejaste el auto acaso? —Vuelve a indagar con justificada razón, pero me desespera tanta preguntadera. Llevamos varias semanas así y cada día me cuesta más no decirle la verdad.

    —Pues donde va a ser. ¡En la oficina, bobito mío! Jajaja. –Le respondo risueña. – No voy a darle papaya a la policía para que me detenga en algún reten y me pesquen oliendo a alcohol. Con las chicas pedimos un taxi que nos acercara a la zona «T» y nos metimos unas encima de las otras y ya. Los compañeros se fueron en el auto de Eduardo. Ya sabes que él casi no bebe y menos cuando le toca hacer de conductor elegido.

    —Ahh bueno. ¿Entonces quién te trajo a casa fue él? —Nueva pregunta qué de hecho, me induce a inventarme otra mentira. Comienzo a sentirme incomoda pues, en el fondo, es un papel que no quisiera interpretar aunque llegados a este punto, es difícil dar un paso atrás cuando todo te empuja en el mismo sentido. Mi Audi debe estar esperándome a dos calles de distancia y tras el volante, aferradas las manos de mi amante y por supuesto, mi pactado chofer escogido.

    —Pues claro mi vida. Tu amigo es como mi guarda espaldas personal o como te dijo al comienzo de todo. ¡El ángel de la guarda que nunca me desampara! –Miro mi reloj, se me hace tarde.

    — ¡Uyyy! Chao mi cielo. Muakk. Te amo y… Solo deséame mucha suerte.

    Beso a mi esposo en los labios tenuemente, pero le acaricio con ternura el rostro con ambas manos.

    — ¡La tendrás! —Me responde sonriente y me sorprende nuevamente al besarme delicadamente el cuello, unos centímetros por encima de los pequeños eslabones de mi gargantilla dorada, causándome el mismo escalofrío que siento cada vez que estoy en sus brazos.

    — ¡Hummm! —Me susurra al oído.

    — ¿Te gusta? Es el nuevo splash que me recomendó nuestra vecina. —Le aclaro con un gesto de picardía.

    —No me refiero a este aroma, mi vida. Sino a la fragancia que traías impregnada al cuello de la blusa que usaste anoche. —Me responde sin mirarme, pues continúa olfateándome con su nariz, aún anclada sobre mi clavícula.

    —Ehhh, bueno mi amor y… ¿Qué tal me veo? ¿Estoy bien así para la reunión? —Le pregunto para cambiar de tema, pues me estaba incomodando.

    Me observa de arriba hacia abajo y doy un giro con gracia, como la bailarina de la cajita musical donde guardo mis preciadas joyas, enseñándole por completo, el outfit elegido.

    Una blusa Crop Top blanca para mostrar algo de piel sin parecer vulgar. La falda, de entubada gamuza negra y de talle alto, tres dedos por encima de las rodillas y con inserciones de cuero por los costados.

    Pantimedias de encaje negras con pedrería bordada. Zapatos de suela negra y plateado tacón delgado, –elevándome diez centímetros adicionales– con punta cuadrada y un coqueto moño de pequeñísimos y relucientes cristales. Por encima un blazer oversize de solido gris ceniza, abiertas las solapas y con mangas largas. Sin botones, obviamente. Un look para verme espectacular.

    —Pues te ves muy bien. Sencillamente preciosa, mi amor. ¡Hermosa y radiante! De seguro que vas a causar una gran impresión. —Me responde apartándose de mí, unos dos pasos pero sin soltarme de una mano.

    —Gracias mi cielo. ¡Eso espero! Ni tan formal para pasar desapercibida como si fuese una aburrida secretaria, ni tan casual para que el gerente se lleve una imagen poco profesional de mí. Un look para que me admiren y así, hacerles ver lo poderosa, segura y por supuesto, lo agradecida que me siento de trabajar en la constructora. Una empleada autentica e irremplazable. ¡Jajaja! —Le respondo feliz mientras dejo sobre el mesón de la cocina, mi taza de café.

    Mi esposo asiente y me acaricia las manos con amorosa delicadeza.

    —No te olvides que te queremos. Por cierto… ¿Te despediste de Mateo?

    — ¡Está dormidito! Le respondo de inmediato. —Dale mil besitos de mi parte y cuando despierte, dile a nuestro hijo que su mamita lo ama infinitamente. Este fin de semana tengo varias citas concertadas y tendré que viajar, pero dile que no he olvidado la promesa de llevarlo a ver los animales del zoológico. De verdad que los quiero con locura, cuídense mucho. ¡Nos vemos por la noche, mi amor!

    Doy media vuelta y de la estrecha mesita en el recibidor, tomo mi bolso y me dirijo con prisa hasta la salida, para evitar más interrogatorios y que mi marido no perciba de mí, algún gesto de nerviosismo que me incrimine. Un último repaso a mi anatomía frente al sinuoso y rectangular espejo… ¡Bien, perfecta! Abro la puerta de mi casa, para recibir en mi frente y en las mejillas, la fría brisa de este nuevo amanecer.

    Ahora con algo de angustia, –por sí alguna vecina chismosa se percatara de mi madrugadora salida– apresuro mi andar por los andenes que forman el laberinto de caminitos separando mi casa de las otras, hasta llegar a la portería que da a la calle por el sur y caigo en la cuenta de que esta apretada falda solo me permite avanzar dando unos cortos y rápidos pasos, como si fuese una geisha escapando de alguna ceremonia no concluida.

    — ¡Buenos días señora! —Me saluda atento, el gordinflón y sonriente vigilante, aun con la ruana de lana marrón por encima de su uniforme azul oscuro, –pero sin el kepis puesto– para amainar el frio y terciada una punta sobre el hombro derecho, dejando a la vista el grueso cinturón donde pende la funda con su arma reglamentaria.

    —Don Antonio, muy buenos días para usted también. —Le respondo y espero a que de manera caballerosa, me abra la puerta de metal.

    — ¿No sale hoy en su automóvil? —Me pregunta curioso.

    — ¡Cómo le parece que lo dejé en el taller! Pero no se preocupe que esta tarde me lo entregarán sin falta. —Lo sé, he sido muy cortante con el pobre, pero es lo primero que se vino a mi mente y además, estoy hastiada de tanta preguntadera.

    — ¡Que tenga un buen día! le deseo sin sonreírle, y salgo disparada o al menos es lo que yo creo, pues mis pies siguen dando pasos minúsculos en una imaginaria línea recta, pero eso sí, mirando al frente hacía la lejanía, algunas calles más allá en busca del paradero de mi auto rojo. Ehhh… Sí, allá está aparcado.

    Al llegar al sitio, me ubico al costado del conductor en espera de que abra la puerta y me permita ocupar mi lugar. Sin embargo para mi sorpresa, la ennegrecida ventanilla desciende lentamente, para ir apareciendo con algo de claridad, el anguloso y cuadrado rostro de Chacho, adornado por su inagotable y traviesa sonrisa, –estirando sus labios– deseando saludarme con un beso en la boca.

    — ¡Ni lo sueñes! —Le digo de pie, cruzada de brazos y aun fuera de mi vehículo, percibiendo en mis huesos el frio intenso de la mañana.

    — ¡Pero qué! –Me responde altanero alzando los hombros. – ¡Ni lo uno ni lo otro! —Le manifiesto mientras dirijo mi mano hacia la manija de la puerta del conductor.

    —No sé a qué te refieres, bizcocho. —Me habla con un gesto de falsa inocencia, exagerando la redondez de sus bellos ojos, teñidos con el color de las aceitunas.

    —Primero que tú no vas a conducir, y segundo, que no te saludaré de beso en la boca aquí a dos calles de mi casa. ¿Estás mal de la cabeza? Anda, córrete para el otro lado. —Finalmente me impongo y abro la portezuela.

    — ¡Upaaa, pero qué saludo tan agrio! Por lo visto no dormiste casi nada. Es eso, o que tu maridito te armó una escena de celos. —Me responde algo subido de tono, mientras como un ágil contorsionista, pasa primero una pierna sobre la consola central, –y luego la otra– apoyando una mano sobre el salpicadero y con la otra en el cabecero del asiento, para acomodarse de mala gana en el puesto del copiloto. Aprovecho y me retiro el blazer. Lo cuelgo en el gancho de la puerta posterior, con cuidado de no arrugarlo y me acomodo en mi silla.

    —A ver… Jose Ignacio, le respondo mirándolo tirana. —Tengo bastante sueño, ¿Sí? Y la cabeza parece que se me va a estallar por el dolor tan intenso que tengo en ella y en todo mi cuerpo, por no haber descansado como debería haber hecho. ¿Ok? Así que te voy a pedir el favor de no hablarme golpeadito. Y además que parte de… ¡No me nombres a mi esposo, para bien o para mal! ¿No entiendes? —Me mira un instante y luego se fija en mis manos, tomando la derecha, que le queda más cerca y me obliga con delicadeza a dejársela llevar hasta su boca, para besármela una y otra… Y otra vez.

    Pero el último beso lo acompaña con la humedad de su lengua y el deseo inacabado en su mirada avellana, haciéndome percibir con pequeños círculos, –de paso recordándome la noche de pasión, sus ganas contenidas y la dedicación mía– en un roce constante de su dedo por debajo de la palma de mi mano, causándome una placentera sensación, incitándome a revivir la magia de nuestra primera vez juntos, entregándonos «el chiquito».

    Su cabeza entre mis piernas y la mía en medio de sus muslos, acariciando sus pelotas y besando lo más escondido. Lamiendo nuestras humedades, saboreando los sudores y oliendo lo desagradable sin afectarnos; hurgando con dedos y palpando con nuestras lenguas el orificio deseado, antes para él prohibido y no entregado, pero prometido como premio desde mucho antes. Desnudos y alcoholizados, drogados, –con cocaína en su caso– y algo de «cripy» para elevarme. ¡Sí! El encanto de su primera vez culeándome y de la mía sodomizándolo. Él amándome y yo… Apenas queriéndole… ¡Pero ya! Ya sucedió y se acabó.

    —Lo siento mamacita rica, discúlpame. Es solo que después de lo de anoche, no he podido arrancarte de mi mente y… –me habla más calmado– pues tampoco he podido dormir nada por pensar en ti. Cada vez que nos separamos para que regreses a tu casa con él… con tu familia, me cuesta más, me resulta más difícil alejarme de ti y ya no sé cómo aguantarme las ganas de que permanezcas todo el tiempo conmigo. Te extraño tanto y a todas horas que no consigo sacarte de la cabeza. Meli… ¡Me tienes más tragado que calzoncillo de torero! —Eso ha sonado sincero, gracioso y muy tierno a su estilo, tanto que sonrío y me estiro lo suficiente, para estamparle un corto beso en su cachete izquierdo y le acaricio con suficiente firmeza, la barbilla.

    —Bueno bebé mío, vamos que se nos hace tarde y la verdad estoy ansiosa por conocer lo que los directivos tienen que decirnos. —Le digo, mientras me retiro los zapatos y a tientas, de debajo de la silla, busco mis sandalias para poder conducir de forma más cómoda, pero no las encuentro.

    — ¿Buscas estas? —Me pregunta, elevándolas en frente de mi rostro, sosteniéndolas pinzadas, entre su índice y el pulgar. Meciéndolas en el aire, para luego llevar una de ellas hasta su nariz y simulando olfatearla, poner cara de repugnancia, pero a su vez la aleja de mi alcance riéndose de forma traviesa.

    —Ven, dámelas ya por fis, que se nos hace tarde. —Casi parece que le suplico y mi voz sale aniñada, más dulce y entregada. Incluso sumisa.

    —Pero si a cambio me das un beso, o… Creo que llegaremos tan tarde, que de seguro en lugar de algún premio y felicitaciones, nos tendrán listas las cartas de despido tan pronto abramos la puerta de esa sala de juntas. ¡Jajaja! —Me reta desvergonzado, con la mirada fija en mis ojos, para luego descenderla parsimoniosa, hasta el satinado escarlata de mis labios, seguro de que conseguirá de mí, su deseado premio. ¡Pícaro chantajista!

    —Okey, okey… ¡Hummm! —Lo beso, suave al principio sin abrir demasiado mi boca, para poco a poco, dejar pasar por entre los labios mi lengua y así besarlo con mayor ahínco, sintiendo el calor húmedo de su boca entreabierta, que la abriga gustosa por saborearla de nuevo, rozando y absorbiéndola hasta casi envolver la suya con la mía. Con el mismo ímpetu erótico, que había demostrado algunas horas atrás.

    —Bueno bebé, ya no más o si no, nos vamos a calentar y ahí sí es que no llegamos nunca. ¡Dámelas ya, por favor! Haz conseguido lo que querías. —Le digo con determinación, aunque por dentro ese beso, convertido en oleadas placenteras, haya estimulado mi cerebro y hasta un poco más abajo, en el medio de mis piernas.

    — ¡Ufff, Meli! Que beso tan delicioso. Así da gusto madrugar para recogerte a diario, sin que me importe no haber dormido.

    — ¡Ni lo sueñes bebé! Esto no puede volver a ocurrir. Ha sido un error por mi parte. ¡Es peligroso! —Le respondo, mirando al espejo retrovisor donde se dibuja mi expresión de deleite y aprecio el morbo que me provoca ver los labios despintados, por una excitación descontrolada entre nosotros.

    —Es una lástima tener que ir para allá en lugar de aprovechar e irnos a hacer cositas ricas en mi casa. ¿No te parece, preciosa? —Chacho me responde entregándome el par de sandalias. Me las coloco y en seguida doy al botón de arranque y giro a la izquierda.

    — ¿A estas horas? ¿En serio? ¡Cambia esa música por favor! —Le digo, pues se escucha una emisora de reguetón.

    —Me aburren estas reuniones tan intempestivas y más, haciéndonos madrugar. Si como creo, nos van a llenar de elogios y de algún que otro incentivo, bien podrían hacerlo a medio día, delante de todo el personal para que a los demás les quede claro, quienes somos los mejores asesores comerciales, e invitarnos por lo menos a un buen restaurante. ¿Sí o no? —Me comenta, –ególatra como siempre– mientras los dedos de su mano izquierda, acarician el elaborado diseño de mi «earcuff» y juguetonamente, jalan hacia abajo un poco, mi estilizado pendiente de oro.

    —Eres un hombre incorregible, Chacho. Siempre queriendo lucirte frente a los demás y por lo tanto creo, que nunca cambiaras. —Le respondo con sinceridad, pero él se lo toma a broma carcajeándose, –escandaloso para no variar– mientras acelero con prudencia por la no tan congestionada avenida, hacia el oriente.

    Optimista, posa su mano sobre mi muslo y lo aprieta, deslizándola a continuación hacia mi rodilla, para intentar colarla por debajo de mi falda. Y lo dejo, pues sé muy bien que no lo logrará por lo ajustada de la tela, sin dejar por ello de sonreír, y mejor me concentro en cambiar de calle para acortar nuestro trayecto.

    — ¡Bebé!… Ya sabes que al llegar debes agacharte para evitar las cámaras de seguridad, –lo pongo sobre aviso– debemos ser muy prudentes y discretos. Es fundamental que nadie pueda vernos llegar juntos.

    —Siiiií, patrona. ¡Como usted diga! —Me responde frunciendo sus labios y blanqueándome los ojos, en un claro gesto de aceptación a regañadientes. Tiene el carácter de un niño malcriado, pero es lo que más me gusta de él. ¡Obvio, jamás se lo confesaré!

    Hemos llegado justo a tiempo al edificio, sin atascos de consideración y en la esquina doblo a la derecha.

    — ¡Agáchate ya! le ordeno a Chacho mientras enfilo la nariz de mi auto frente a la rampa inclinada y enseño la tarjeta de identificación a la cámara de seguridad. La cabeza del oculto acompañante reposa entre risas contenidas sobre mi regazo y la furtiva mano, acaricia mi tobillo derecho ascendiendo hasta perderse por la parte interna de mi pierna y todo en frente del control electrónico de acceso al garaje subterráneo.

    Algunos segundos de sonriente espera, hasta que por fin se levanta la metálica barrera blanca con bandas rojas y se les esfuma de la pantalla mi sonrisa perlada, dirigiendo los dedos de mi mano, –mientras vamos descendiendo– para pellizcar con firmeza, el cachete de mi travieso amante… ¡Reprendiéndolo sin que por ello deje de querer seguir sintiéndolo pues el placer inunda mi cuerpo!

    En el segundo nivel del sótano, cerca de las escaleras, aparco mi Audi justo al lado del blanco Honda Civic Coupe, –un modelo de la época de los 90– cuyo dueño se encuentra en estos momentos acariciando la parte interna de mi muslo derecho, con ganas eso sí, de ganarse un buen coscorrón, si su suerte se le tuerce y llega a rasgarme sin querer o queriendo, mis pantimedias.

    —Ya basta, por favor. ¡Compórtate! —Autoritaria le hablo, mientras acaricio sus cabellos y con suavidad le aparto, –aplacando sus intenciones que eran también mis deseos– y consigo que resignado, Chacho se incorpore acomodándose el pisa corbatas cromado.

    Me coloco los zapatos y bajo del auto, recogiendo el bolso y mi blazer. Chacho igual, del otro lado pero da un rodeo y se me acerca devorándome con la mirada, para luego abrazarme y decirme muy cerca de mi oído izquierdo…

    — ¡Mamacita! Estás tan buena que te comería con ropa y todo, aunque pase meses cagando trapos.

    — ¡Uichh! Tú y tus halagos, siempre tan encantadores, que hasta pareces un albañil. —Le respondo echando mi cabeza un poco para atrás, exhibiéndome y abriendo bastante mis ojos, con una sonrisa que no me abandona. Bajo la mirada y me libero de sus brazos.

    —Meli, no seas tan arisca. Mira que podríamos echar uno rapidín allí, justo detrás de aquella columna. –Y me la señala, tan convencido. – Es un punto ciego para la vigilancia. ¿Qué tal mi idea? —Sonríe, y bribón me guiña un ojo, con el morbo a punto de desbordar por todas partes.

    —Ajá, claro. ¡Cómo no! Ya lo sabes, ¡Aquí no! —Me toma la cara con sus manos y hace el intento de besarme, pero ágilmente giro mi cara y le digo…

    —Suficiente Chacho. ¿Pero qué te está pasando? ¡Ubícate! Y deja tu calentura para otro momento, que te hará falta. Mejor espera a que yo suba primero y cinco minutos después lo haces tú. Eso sí, antes límpiate la cara, que te han quedado pintados los labios y pareces un payaso. —De inmediato se lleva la mano a su boca, lo cual aprovecho para dejarlo solo y largarme.

    ***

    En los cristales de la entrada repaso mi vestuario. Reviso mi blazer para evitar algún pelo suelto por ahí. Aliso la falda por detrás sobre mis nalgas y saludo cordial al portero que me sonríe y seguro que terminará por repasarme el culo con su mirada no exenta de lujuria, justo cuando paso el torniquete del lobby. Ya dentro del elevador, frente al espejo retoco mi maquillaje. ¡Todo en orden! Aunque me giro un poco para detallar mi silueta, revisar las medias veladas que no tengan perforaciones de último momento y a dos manos, acomodo hacia el lado derecho, el alisado de mis cabellos dorados.

    Al llegar al doceavo piso, las puertas del elevador se abren y justo al frente, en la recepción se encuentra esperándome, la anciana jefa de recursos humanos.

    — ¡Buenos días Carmencita! Está de buen semblante hoy y tan elegante como siempre. —La saludo y a continuación como de costumbre, simulo darle un beso en su mejilla, para no tener que retocar mis labios.

    —«Mijita», la están esperando en la sala de juntas. Sígame por favor. — ¡Que parco recibimiento! Pienso para mis adentros. Hoy se despertó menopaúsica la viejita. ¡Jajaja! Me sonrió a sus espaldas mientras camino tras de ella. Menos mal que está a punto de jubilarse para que descanse y deje paso a nuevos espíritus que el suyo debe estar ya llamando a las puertas del cielo, y disimulada, me rio por la ocurrencia.

    En el salón de reuniones ya se encuentran acomodados alrededor de la rectangular mesa, el cincuentón director ejecutivo que apenas si se percata de mi llegada, pues ni se ha dignado a levantar la mirada, y tres hombres más que no conozco pero qué si se fijan algo en mí y están sentados justo al frente de don Gonzalo. ¿Serán los socios? Puede ser. Se me hace extraño que la mullida silla de la cabecera, permanezca vacía.

    El que me parece más mayor, quizás de unos sesenta y pico de años, luce una marcada calvicie, eso sí, no tanto como la de mi jefe, rapado total. Es más bien un tipo gordito y cachetón, no tiene demasiadas arrugas pero si bastantes pecas pardas repartidas en la frente, los pómulos y, principalmente, en el cuello.

    Permanece entretenido ojeando a través de unos pequeños lentes redondos con marco dorado, un grueso informe dentro de una cubierta roja, desestimando otra blanca y más delgada. De hecho me percato qué hay un juego similar de carpetas en frente de cada uno de ellos, igual que para el director. Las gafas de lectura evidentemente son muy elegantes, pero me parece que para la circular forma de su rostro, no le convienen tanto.

    El que está sentado enseguida a su izquierda, es algo más joven aunque su cabello ya lo tiene canoso totalmente. Es delgado. De rostro enjuto y nariz aguileña, los ojos azules como los míos, –tal vez un poco más claros– pero hundidos hacia el interior de las cuencas. El traje que luce, parece sacado del armario de mi abuelito, ¡Alma bendita! Café oscuro a cuadros y camisa color salmón. La corbata desde aquí, me parece que es de lana, de un oscuro marrón. Teclea algo en su móvil y luego, se le ilumina la mirada.

    Y el hombre que le sigue es bastante más joven, quizás sea el hijo de alguno de ellos, aunque la verdad no le encuentro el parecido con ninguno. Eso sí, muy llamativo con su traje de corte italiano, en un brillante gris. Con seguridad un costoso trabajo de diseñador y que como mucho, quizás ronde la edad de mi marido. Es un guapo «ojiclaro», para que negarlo… ¡Está como quiere el hombre! Además luce un corte de cabello moderno y una barba muy bien cuidada.

    Usa también unas gafas cuadradas de color negro y medio marco dorado, pero nada lee, solo mira sus manos. Suda un poco y su frente brilla, a pesar de estar tan fría esta mañana. No parece estar cómodo y tal vez para calmar los nervios, se distrae haciendo girar con sus dedos, la abrillantada sortija en su otra mano.

    Todos demuestran seriedad en sus semblantes y una majadera displicencia en su actitud. Ninguno tiene la gentileza de saludarme, lo que me hace sentir estúpida frente a ellos, desubicada en el espacio y lejana en cuanto a lo que esperábamos de aquel encuentro. Por lo que afirmo para mis adentros que tienen serios problemas de urbanidad, no así mi jefe inmediato, que por cierto a mi izquierda está sentado. Se pone en pie, me saluda con dos besos y me da su morbosa sonrisa por bienvenida.

    —Melissa, buenos días. ¿Qué tal noche pasó mi asesora estrella?

    — ¡Hola Jefe, buenos días! Le respondo fuerte y claro, para que los odiosos esos me escuchen. Me acerco a su oído y le susurro con rapidez mi interrogante.

    — Eduardo ¿Sabes de que trata todo esto? ¿Por qué esta reunión tan temprano? ¿Y los demás? —Mi jefe se inclina a mi derecha y me responde.

    —Pues para que te voy a mentir. No tengo certeza pero supongo que será para hablar de las metas alcanzadas y algo sobre el nuevo proyecto hotelero, así como para aclarar los rumores que se escuchan en los pasillos, ya sabes, sobre el nombramiento de Camilo como nuevo socio y director general de proyectos. —Presto atención a su respuesta y siento en mi corazón una profunda alegría.

    —Ahh y también con seguridad, –continua hablándome– nos van a hacer un reconocimiento como el mejor grupo de ventas de la organización. Es probable que me nombren como único director nacional de mercadeo, pasando a manejar a los otros grupos de la constructora y así, te librarás de mí. Por un tiempo, mi preciosa Melissa. ¡Por un tiempo! —Termina por decirme, dejando resbalar su mano por mi espalda hasta rozar mi culo, sin que ninguno de los presentes se percate, aunque yo si me incomode.

    — ¡Ojalá, mi querido Eduardo! Le respondo simulando felicidad. Y continúo alimentando para mi beneficio su ego, al decirle… ¡Sería un justo premio a todo tu esfuerzo! —Y suspiro suavemente, a la vez que tomo asiento a su lado en el extremo, deseando con todo mí ser, que ojalá sea así para finalmente, quedar libre de su yugo. Se escuchan algunas risitas fuera de la sala de juntas y todos, al unísono volteamos a mirar hacia la puerta que permanece abierta.

    Es la señora María que trae sostenida con sus manos, una gran bandeja de plata con dos jarras de vidrio con agua y vasos altos de cristal. Intenta disimular su alegría agachando la cabeza, pero viene con la cara colorada y con Chacho pegadito a su costado, abrazándola por la cintura. ¡Quien sabe que andaría diciéndole y regalándole a su oído!

    Mientras ella acomoda los vasos con timidez, – ¿Solo cuatro?– a un lado de las carpetas, uno a uno los va colmando del cristalino líquido y para variar Chacho, dándoselas de importante, da los buenos días en voz alta, mirando a alrededor, con su caminadito de conquistador, abotonándose el saco de su traje negro y se dirige con su mano estirada para saludar al director, por encima de la mesa, pero don Gonzalo se la deja extendida y por el contrario lo reprende por su tardanza, cosa que agranda nuestra desconfianza. ¿Qué ocurre?

    —Tarde como siempre, señor Cifuentes. ¡Genio y figura, hasta la sepultura! Siéntese por favor.

    Y Chacho, con un mohín en sus labios de desconcierto, retira el brazo y se acomoda en la esquina a mi derecha. La señora María al salir, pasa por su lado, rozándolo disimulada y le obsequia la chispa del deseo en una rápida mirada. ¡Otra más que le gustaría llevárselo a la cama!

    Empiezo a ponerme nerviosa, pues no aparecen por la puerta el resto de mis compañeros de ventas. En cambio, veo llegar a Milton, –el jefe de seguridad de la constructora– acompañando a Carmencita, quien bajo el arco de su brazo derecho trae otro paquete de folders. Pasa por detrás de mí, también rodea a Eduardo y se posesiona de la silla que queda justo al lado de don Gonzalo. Milton cierra la puerta y se queda allí de pie, con los brazos cruzados, como escoltando la salida.

    —Bueno ya estamos los que necesitamos estar, así que es mejor que comencemos esta reunión, pues todos tenemos cosas importantes por hacer. —Y el director mirando a Eduardo, luego a mí y por ultimo a Chacho, se explica… Ustedes tres por supuesto que no. ¡Pero aquí los socios, sí!

    —Como saben, nuestra empresa aunque es relativamente joven en el mercado inmobiliario, tiene como meta principal alcanzar renombre a nivel nacional, para próximamente expandirnos presentando licitaciones en países vecinos para algunos proyectos de vivienda, otros hoteleros e infraestructura vial. —Tras esas iniciales palabras, todos los allí reunidos, lo confirmamos moviendo nuestras cabezas.

    —Para ello es cierto que debemos esforzarnos por cumplir los más altos estándares de calidad en nuestras obras, utilizando un diseño diferencial en nuestros proyectos y poner en valor la inversión de nuestros clientes. Pero todo bajo unos parámetros de lealtad, honestidad, ética y valores morales, que todos ustedes conocen. —Don Gonzalo prosigue con su charla, pero yo solo deseo que vaya al grano, pues el cansancio y haber dormido tan poquito ya empieza a pasarme factura. ¡Bostezo sin querer, aunque lo escondo en la mano!

    —Desde siempre nuestro gerente general y socio fundador, ha pretendido que todos nuestros colaboradores, se sientan en esta organización como en su casa, trabajando como una acoplada familia y que cada miembro de este equipo, pueda alcanzar sus propios sueños personales disfrutando de un bienestar económico y en conjunto, hacer crecer día a día a esta compañía, transmitiendo esa sensación de familiaridad a nuestros clientes. —Hace una pausa para beber agua de su vaso y tomar de la mesa un plateado apuntador, antes de continuar su charla.

    —Es una lástima que nuestro gerente general, por compromisos ineludibles que no vienen al caso mencionar, no haya podido dirigir esta reunión. —Así que por eso, la silla al otro extremo en frente de mí, se encuentra vacía. Otra oportunidad desperdiciada para conocerlo en persona.

    —Eduardo, hace unos meses atrás sostuvimos una charla, –le dice a mi jefe, tomando entre sus manos una de las carpetas. La roja que es la más gruesa. – donde me expusiste tu necesidad de enfrentar nuevos retos junto a tu grupo de ventas. —Y la brillante calva de mi jefe, –cruzado de brazos– se ladea medianamente para prestarle la debida atención.

    —Querías hacerte un nombre en la organización, manejando las ventas de los proyectos más importantes, sin duda, encaminados a una clientela más selecta. Y aunque los resultados de tus dirigidos no eran los mejores en aquellos momentos, acepté entregarte y manejar las ventas del condominio de viviendas en Peñalisa y en las últimas semanas, te empecinaste en cerrar dos negocios que te aparecieron de la nada, para la primera torre de apartamentos en Cartagena. —El rostro de apostador, –acostumbrado a timar– no refleja emoción alguna; sin embargo los ojos grises de Eduardo a pesar de permanecer pequeños, –ante aquel reconocimiento– si dan algunos visos de un contenido orgullo y con su lengua da un rápido repaso a sus delgados y resecos labios.

    —Y sí Eduardo, observando los informes trimestrales de ventas, los números claramente avalan tu gestión. —Observo como mi jefe aspira y se le hincha el pecho, no solo de aire sino de mucha vanidad.

    Chacho sonriente y confiado, me guiña sin disimulo alguno su ojo derecho y emocionado, se frota las manos. Yo sonrío también y apoyo con decisión y ánimo, el que me había faltado hasta ese momento, todo mi cuerpo sobre el acolchado espaldar, para cruzar pudorosamente, mi pierna derecha sobre la otra y reposar mis manos, con los dedos entrecruzados sobre la rodilla descubierta.

    ¡Todo marcha sobre ruedas! Y sentí una inmensa satisfacción al imaginarlo.

  • Y entonces me empezaron a gustar las trans

    Y entonces me empezaron a gustar las trans

    Ya conté hace poco lo que fue mi primera experiencia, cuando no me había dado cuenta que contrataba a una chica trans, como fue ese primer encuentro y como me sentí.

    Un tiempo después, unos tres meses, estaba otra vez muy cachondo así que decidí ir a buscar a una “chica” y regresé a una de las esquinas en donde se ubican para ser contratadas.

    Había varias paradas y pues siempre en cuanto uno se para para preguntar llegan varias a la ventana para platicar, pero ninguna me convencía, quizá más por mis propios nervios que por ellas. Pues en esta ocasión yo me dirigía a la zona buscando una chica trans, me había gustado la primera vez y regresaba a buscar más emoción. Había un poco mas lejos una con un vestido rojo muy pegado, que prácticamente le llegaba a la nalga, tenía una excelente figura.

    Nos pusimos de acuerdo y de inmediato se subió a mi coche, yo manejaba super nervioso y ella se dio cuenta de la situación, así que me pregunto que porque tan nervioso? Y le dije que no tenía nervios, gran mentira.

    Entramos al cuarto, yo no podía dejar de mirarle las nalgas, me sonrió y me pidió que me quitara la ropa. Me quite todo en dos segundos jaja. Ella se quitó el vestido y el brasier, mostro un par de hermosas tetas y tenía una tanga roja como su vestido. Iba a apagar la luz pero le dije que no, que quería verla por completo desnuda, me dijo que le daba pena y le dije, ya sé lo que tienes entre las piernas, quiero verlo. Después de insistir se fue quitando poco a poco la tanga pero su miembro quedo atrapado de manera mañosa para que no lo pudiera ver entre sus muslos y ella cruzo las piernas. Le dije, anda, déjame verte bien, quiero ver tu verga, entonces me dijo; no es verga, es clítoris femenino y entonces abrió las piernas dejando escapar su dormidita verga.

    Se me paro la verga impresionantemente, me dijo, tócalo, a lo que obedecí gustoso. Cuando me di cuenta ya estábamos uno al otro tocando nuestro miembros, el de ella no tan grande pero el mío explotaba. Nos fuimos a la cama y me empezó a mamar la verga muy rico, de manera mañosa también dejo su verga cerca de mi cara, invitándome a chupar. No aguanté mucho la escena así que empecé a besarla ligera y torpemente. Después de un rato de eso me dijo, métetela toda, ya la pusiste grande y le dije que no sabía como se hacía, a lo que me dijo, mira como pongo la boca y me meto el tuyo, y ya saben como es eso, con una mano lo tocas y medio lo masturbas y tus labios los abres para recibir el caramelo. Y ahí estaba yo, en la cama haciendo un 69 con la trans. En un momento, entre mi ímpetu e inexperiencia sin querer le mordí un poco la cabeza.

    Me volvió a decir como hacer y mientras vio como lo introducía, me decía, ahora has esto, así no vas morder. Poco después se puso de perrito en la cama para que me la cogiera, esta vez la luz estaba perfecta, así que me puse el condón y pude ver con detalle como mi verga entraba en su culo, me encantaba el espectáculo, y empecé a bombear mas y mas, hasta que termine.

    Se fue al baño, era un cuarto pequeño, hizo pipí, no se si parada o sentada porque desde la cama no se veía el escusado, pero se escuchaba el ruido, después, aun desnuda, empezó a lavarse los dientes frente al lavamanos el cual si podía ver desde la cama. Le veía las nalgas y no pude contenerme, me acerque, me puse de rodillas, las tome con mis manos y les di unos besitos tiernos, ella agradeció el gesto, me levanto y beso mis labios fuertemente, yo le tocaba su verga en este momento. Nos vestimos y nos fuimos. En esta ocasión, si la deje en la misma esquina en la que la había visto.

  • Efecto llamada

    Efecto llamada

    Vivir cerca de un río, es lo que tiene: en cualquier momento puede aparecer una criatura que no te esperas que, surgiendo como de la nada, te hace replantearte la existencia. Yo pasaba de mujeres. Yo las ignoraba, en serio. Pero vamos a los hechos. Paseando por la orilla del río que atraviesa la ciudad, es decir, por el paseo asfaltado que lo delimita, vi a Emma. Supe después su nombre, yo no la conocía. Emma apareció de detrás de la valla que separa el río del paseo. Iba en pantaloncitos cortos y llevaba puesta una sudadera ancha.

    «Ah, sí, cariño, más, más, aahh, sigue», gemía Emma cuando yo la follaba. Debajo de mí, sus hermosas tetas vibraban al ritmo de mis embestidas. Su piel morena contrastaba con la blancura de mi polla, que yo introducía en su coño con gran ímpetu. «Qué polvo, qué polvo», me repetía yo en mi cabeza. Tan inesperado como satisfactorio polvo embelesaba mi mente torturada con tantos días de trabajo sin descanso. «Ah, sí, me corro, me corro, aahh», gritó Emma, «córrete tú, córrete tú, cariño», pidió Emma. Me corrí, sí: saqué mi polla y me pajeé hasta desparramar mi semen sobre su vientre. «Ahh, sí, sí, Aurelio», me dijo Emma antes de arrodillarse sobre el colchón para lamer las pocas gotas de semen que colgaban de mi glande y relamerse.

    A partir de esa noche, yo estuve caminando por el río cada día para poder volver a encontrármela; cosa que no sucedía. A veces, de entre las cañas oía un crujido y un pato levantaba el vuelo o un sapo buscaba refugio bajo el fango. Pero sin noticias de Emma.

    Una mañana, mientras me tomaba el café antes de irme al trabajo, viendo un canal de noticias en bucle, oí esto: «Misteriosa desaparición de una joven junto al río Guadalmedina, se cree que ha sido secuestrada por una banda de narcos que la esté obligando a prostituirse…, la joven en cuestión es una hembra en edad fértil que posee una belleza voluptuosa capaz de postrar a cualquier hombre». Bostecé para quitarme el sueño. Luego, me quedé pensando en que esa joven podía tratarse de Emma, que yo me la follé y que no me cobró por ello. Me quedé pensando en que Emma, sí, era bella, pero de una belleza terrenal, nada diferente de otras mujeres bellas con las que yo había follado. Al tiempo, entre estiramientos y más bostezos, vi que pusieron su foto en la pantalla, claramente retocada. Qué se proponían.

    Fue un efecto llamada: muchos curiosos, hombres y mujeres acudieron los días siguientes al paseo que bordeaba el río y se asomaban a ver qué veían. Algunos iban con billetes en las manos para no desaprovechar ni un segundo en llegar a un trato carnal. En cuanto a los narcos: ni rastro de ellos. Y me encontré con Josefina. «Hey, qué haces por aquí», le pregunté; «Busco a una mujer», respondió; «Claro, todos la buscan», dije; «¿La has visto?, vives frente al río»; «Por supuesto que la he visto»; «¿Te la has follado?»; «Para responderte a esa pregunta tendrás que subir a mi casa»; «¿Qué quieres?»; «Una mamada, por de contado»; «Así será».

    Josefina se desnudó en el saloncito. Ella era una mujer alta y delgada con unas líneas muy finas. Excepto sus tetas, operadas, que las tenía muy hinchadas, su cuerpo no tenía ni un miligramo de grasa. Se arrodilló ante mí y me bajó los pantalones para sacarme la polla y metérsela en la boca. «Oh, bien, bien, Josefina», la animé. Sus finos labios abarcaban el tronco de mi polla avanzando y retrocediendo; de vez en cuando, escupía mi polla y lamía el frenillo o el glande como si fuese una paleta helada. «Oh, Josefina, bien…, sí, me follé a la mujer esa de la televisión…»; «Mmm, mmm»; «Oh, oh, eché un polvazo con ella…»; «Mmpf, mmpf»; «Oh, oh, era una diosa, oohh», me corrí. Súbitamente, Josefina se incorporó: «¡Una diosa, dices!», chilló, aún con sus labios manchados de semen; «Sí», repliqué; «Lo sospechaba, lo sospechaba».

    Me contó algo sobre unas excavaciones, Josefina era arqueóloga. Me contó algo acerca de unos descubrimientos sobre una atávica religión de una ancestral cultura… La interrumpí: «¿Me estás diciendo que he follado con una criatura mitológica?», pregunté desconcertado. Entonces, Josefina abrió su móvil y me mostró la foto de una estatuilla femenina. No cabía en mí de mi asombro: ¡realmente era… Emma!

    «No, amor mío, no, Aurelio, no soy una diosa». Me dijo Emma abierta de piernas frente a mí. Porque sí, la volví a ver. Esta vez, estaba desnuda en una charca maloliente. Ere de noche. Salió del cieno oscura como la noche. Yo la envolví con mi camisa y la conduje a mi casa. «Aurelio, soy real, méteme tu polla y te convencerás…, ay, sí… ¿notas mi calentura?…, dame, cariño, dame, Aurelio, así…, sé lo de esas excavaciones…, ah, ah, sí, sí, Aurelio…, sé lo de mi parecido a la estatuilla…, espera, Aurelio, me doy la vuelta, quiero que me des por el culo para que te puedas correr tranquilo…, ay, sí, así…, pero soy una mujer del barrio, la gente ha perdido la cabeza creyendo tantas tonterías como se dicen…, aahh, Aurelio, aahh, sigue…, vivo justo ahí al lado…, ay, y me encanta el río, aahh…, ay, sí, ¡sí, síííí, aahh!, ¿te has corrido?».

    Saqué mi polla chorreante del culo de Emma. Ella se quedó de rodillas sobre el colchón apoyada en sus antebrazos aun gimiendo. Yo me tumbé a su lado y besé sus labios metiendo mi cabeza entre sus tetas y las sábanas. «Emma, yo no quería una mujer…», susurré; «Yo tampoco un hombre», respondió; «Pero quiero follarte siempre», continué; «Y yo a ti».

  • Las ventanas del hotel

    Las ventanas del hotel

    ¡Hola! En esta ocasión voy a contarles una pequeña experiencia que tuve el año pasado que aunque parezca algo simple, realmente me puso mucho y hasta hoy la recuerdo y me sigue excitando.

    Para los que ya conocen mi perfil sabrán que tengo novia y somos una pareja liberal que ama hacer tríos e intercambios. Pero este relato es más personal mío y va de voyerismo y/o exhibicionismo. Para los que no me conocen soy Darío, tengo 29 años, flaco, 1,78 m, pelo negro.

    Todo sucedió cuando con Cami mi novia habíamos ido de vacaciones a una ciudad con playas, no importa donde, el hotel tenía unos 4 pisos y las habitaciones tenían ventanas balcones (terraza como algunos lo llaman) con vista a un patio interno dónde estaba la piscina y enfrente nuestro, otra torre del mismo hotel con las habitaciones exactamente iguales, nos tocó una habitación en el segundo piso y pasé toda la semana observando a los vecinos de enfrente, sus movimientos, horarios aproximados y lo que más rutinario parecía era la hora de la limpieza dónde las mucamas del hotel hacían las habitaciones por la mañana, abrían las ventanas, hacían las camas y pasaban un buen rato limpiando.

    Entre los vecinos esa semana recuerdo a una familia de 3 asiáticas, madre y 2 hijas que estaban también en el piso 2 en diagonal derecha de nuestra habitación, muy reservadas en lo que se dejaban ver pero bastantes mironas cuando yo me paseaba en calzones por mi habitación. Un piso más arriba frente a nosotros había una pareja con un bebé y la chica solía pasearse por el balcón en bikini pero no mucho más que eso. Un piso más abajo en diagonal izquierda a mitad de semana llegó una pareja y la mujer era bastante descuidada con las cortinas, se desvestía con las ventanas abiertas y en dos ocasiones la pude ver en tetas y otras varias en tanga probándose pantalones.

    El resto de las habitaciones tenían gente pero la mayor parte del tiempo estaban con las cortinas cerradas, excepto cuando las chicas de la limpieza las abrían entre las 8 y 10 de la mañana, yo solía levantarme temprano mientras Cami dormía y me paseaba en ropa interior frente a mi ventana viendo los movimientos de las chicas de enfrente que estaban a unos 20 metros, fueron 2 o 3 veces cuando logré llamar la atención de alguna de ellas y note que me miraban aunque solo andaba en bóxer.

    El ante último día antes de volver a casa decidí que quería arriesgarme más, ya que no volvería en años a ese lugar, entonces me levanté temprano cerca de las 8 mientras mi novia dormía en la habitación y me fui al sector de la sala que tenía el balcón (terraza) abrí las ventanas y oberse cómo estaban las cosas en el edificio de en frente, note algunas chicas en piso 1, 3 y 4 que estaban bastante lejos pero justo en el piso 2 a nuestra misma altura vi que recién entraba a una habitación en diagonal izquierda a nosotros una chica flaquita, pelo castaño claro atado con una cola, ella recién había abierto las cortinas y estaba desarmando la cama, me pareció perfecto para animarme a mostrarme ya que estaba a la altura justa y en diagonal, abrí los vidrios de la ventana y acomode las cortinas de forma que solo se pudiera ver hacia adentro de mi habitación desde el punto donde estaba la chica en la habitación de enfrente, yo estaba en calzoncillos, tenía en ese momento un slip negro que parecía una sunga que marcaba mi paquete y no tapaba mucho más, me puse un toallón colgado en el cuello como si estuviera en plan de ducharme y empecé a caminar de un lado a otro disimuladamente para que la chica me notara, yo aún podía verla a ella a través de las cortinas que traslucían un poco hacia afuera, entonces en un momento ella se quedó observándome y me puse muy nervioso.

    Trate de actuar normal como si buscara ropa arriba de unas sillas mientras me paraba en el lugar donde ella podía verme de cuerpo completo por las cortinas abiertas, de reojo veía que me seguía mirando mientras juntaba las sábanas de la cama, entonces fue que decidí que debía animarme a más, después de todo yo estaba en mi habitación y ella era la mirona, no podían decidirme nada, a lo sumo podrían pedirme que cierre las cortinas y diría que no me había dado cuenta de ello.

    Decidí quitarme el calzoncillo, me lo saqué lentamente casi de frente hacia la ventana y lo deje en la silla mientras me hacía el que buscaba más ropa, solo con la toalla en el cuello mi pene ya estaba erecto pero trataba de disimular inclinándome hacia adelante como buscando algo, de reojo y a través de las cortinas podía ver a la flaca mirándome mientras se tomaba su tiempo para hacer la cama, me puse otro calzoncillo, esta vez un bóxer y empecé a caminar de un lado a otro asegurándome que ella siguiera allí viéndome, y así fue, ella seguía de curiosa en la ventana mirando hacia mi habitación, ya muy caliente y con el corazón a mil, decidí que si ella quería ver entonces le mostraría un poco más, me volví a quedar parado en su campo visual y me quite el bóxer, me hacía cómo que hablaba con alguien y seguía buscando ropa, daba vueltas y le dejaba ver mi culo y luego volteaba para que me viera la pija directamente, ella seguía mirando y yo me moría de morbo, temblaba de nervios, me excitaba muchísimo que una desconocida me estuviese viendo desnudo y yo seguía fingiendo no darme cuenta, pasaron unos 5 minutos así, yo seguía con la pija parada dando vueltas y ella seguía mirando mientras ordenaba la habitación.

    Luego note movimientos en las cortinas de otra habitación y me escondí detrás de mis cortinas, pude espiar que había otras 2 chicas espiando hacia mi habitación y me di cuenta que la chica que me había estado mirando les había contado seguramente por teléfono ya que estás 2 estaban en el piso de abajo, entonces me puse un poco nervioso y decidí ponerme los calzoncillos y un short, luego de un momento me asome al balcón a colgar mi toalla y efectivamente la chica de en frente seguía mirando ahora más disimulada y las otras 2 en el primer piso se asomaron y sonreían cómo desilusionadas por no haber visto nada raro, solo a un turista que salió de bañarse en short y colgó el toallón en el balcón. Luego me fui al baño y al salir ya todas se habían ido.

    Puede que a muchos les parezca una estupidez mi relato pero a mí realmente me excito muchísimo sentirme observado por una desconocida que me miraba la pija durante más de 5 minutos. Espero volver a hacerlo algún día en otro lugar, ya he hecho algo parecido en otros lugares pero solo en ropa interior, nunca lo había hecho quedándome completamente desnudo.

    En otra ocasión, si las valoraciones de este tipo de relatos son buenas, entonces les contaré mis demás experiencias exhibiéndome por ahí a desconocidas!

    Gracias por leer! Saludos!

    Darío

  • Melissa (6)

    Melissa (6)

    Después de salir del motel donde Julián y yo estuvimos toda la mañana, fuimos al centro comercial a buscar los adornos y todo lo necesario para la fiesta de mi sobrina, me había equivocado en su edad y ya iba a cumplir 8 años, no 7, así que ella misma me dijo que quería una fiesta de Wonder Woman, porque a un amiguito le gustaban los superhéroes.

    Llegamos de nuevo a la casa no sin antes descargar el enorme trozo de verga de Julián en mi boca durante el camino.

    Él se tuvo que ir así que me quedé sola en casa mientras llegaba mi hermana y su esposo. Cuando llegaron, Arturo estaba super celoso, preguntó que porque nos habíamos demorado tanto y que tanto compramos, yo solo le sonreía mientras disimuladamente le mostraba mis tetas y con eso se calmó.

    Mi hermana estaba furiosa porque no quería una fiesta temática, yo compre camisas de Wonder Woman para todos: una para ella, el esposo, nosotros los tíos y los abuelos, y a mi sobrina el traje completo de Wonder Woman. Ella dijo que no se quería uniformar ni nada de eso, pero Arturo dijo que era una buena idea y además la niña lo quería, así que rezongando se fue a hacer la cena.

    A. Que tanto hicieron tu y mi hermano?

    Y. Nada, solo compramos estas cosas

    A. Me dieron muchos celos que te hayas ido con el.

    Y. No te preocupes, estoy para ti también

    Y diciendo esto me agache disimuladamente y le di un beso a su paquete, esto lo volvía loco, se saco la verga para que se la chupara pero mi hermana estaba cerca así que lo calme dándole una lamida en toda la vena enorme que se le formaba en la verga.

    Acostamos a los niños y mi hermana a regañadientes me ayudo a poner los adornos, Arturo quería quedarse a solas conmigo pero no se pudo, mi hermana no sospechaba nada pero ya quería que todos fuéramos a dormir.

    La mañana siguiente seguimos, hice que algunas cosas como el pastel y el helado llegara a la casa de don Arturo, el abuelo de la niña. Adornamos todo muy lindo, con Wonder Woman en todos los motivos, todos nos pusimos nuestra camisa y la niña se puso todo el disfraz, me acorde mucho de mi a esa edad, aunque todas éramos bellas, mi hermana se había descuidado mucho, estaba muy delgada por tanto trabajo, y supe porque no se quería poner la camisa de Wonder Woman, hasta la niña se veía muy linda con ella y mis enormes tetas sin bra llenaban la camisa muy bien pero mi pobre hermana quedaba como un gancho. Durante la fiesta todos se quedaron mirándome, la excitación hacia que mis pezones se vieran obscenamente duros sobre la camisa, me dolían al contacto con la tela pero me encantaba sentir ese dolor y las miradas sobre mi.

    Llegaron los niños, todos venían con camisas de superhéroes, empezaron a jugar y a disfrutar la fiesta, la mayoría de padres no me quitaban los ojos de encima, y eso hacía solo que echarle leña a mi calentura, mis enormes tetas se querían salir de mi camiseta.

    Llego el momento de las fotos, Sofia mi sobrina solo quería tomarse fotos conmigo, decía que éramos como supergemelas. Pasaron todos los invitados, Tocaba el turno de la familia: primero los tíos, Mateo, Julian y yo, yo llevaba una falda no corta pero si ancha, me pare atrás de la niña y ellos dos a los lados, siento que una mano va subiendo por mi falda hasta agarrarme una nalga, era Julián, me asuste porque no solo había mucha gente sino su hermano al lado, pero siento que de mi otro lado también me agarran la nalga, me puse a mil, aunque estaba excitadísima también muy asustada por la reacción de ellos, ambos se encontraron en mi cola, se miraron uno al otro y se rieron, así quedó una foto, ambos sonriéndose entre ellos mientras agarraban mis nalgas.

    Pasaron después los papás, los abuelos y todas las fotos la niña las quiso conmigo.

    Después íbamos a repartir el pastel, todo lo de comer (pastel y helado) estaba en la casa de los abuelos, quería salir de aquí rápidamente porque la reacción de Julian y Mateo fue muy extraña, solo sonreían al verme pero no me decían nada más. Don Arturo por supuesto se ofreció a acompañarme a traer todo de su casa, su esposa se quedó ayudando a mi hermana a atender los invitados, aunque estaba un poco nerviosa, también me sentía muy caliente e iba a aprovechar el rato a solas con Don Arturo para darme un buen trago de leche de macho.

    Y. Don Arturo, estoy muy caliente, quiero que me la meta ahora, o que me ponga a chuparle esa verga pero la necesito ya mismo.

    El descaradamente se agarro de mi cola, mientras me decia:

    DA. Claro que si mi reina, estoy es que me la cojo, tengo las bolas cargadas de lechita solo para ti.

    Íbamos tan entretenidos que no nos dimos cuenta que venía alguien detrás nuestro.

    Apenas entramos a la casa me abalance coger la enorme polla de don Arturo pero para mi suerte, el que nos había seguido era Arturo hijo.

    A. Que diablos están haciendo? Papá?? Melissa???

    Yo seguía con la verga de don Arturo en mi mano, mi cara de susto y mi corazón latiendo a mil.

    DA. No es lo que piensas, hijo, yo….

    A. Pero papá, si Melissa sigue con tu polla en la mano.

    Inmediatamente reaccione y lo solté.

    Y. Espera Arturo, escúchame

    A. Que quieres que te escuche? Que también estas follando con papá?

    En eso cayó en cuenta de su error, nos había delatado a ambos.

    DA. Como asi, entonces, Uds. están follando también?

    A. No papá, no es lo que piensas, yo solo quería decir que….

    DA. Jajaja, tranquilo hijo, me encanta que compartas mis gustos en hembras, esta es una hembrota que se aguanta bien un pedazo de polla, no se va a aguantar dos, pero tranquilo, si tu callas yo también.

    Ambos se sonrieron y me miraron, aunque me sentía tratada como un objeto, me encantaba, pero en eso sonó mi celular.

    Y. Aló?

    H. Hola hermanita, me vas a dejar sola acá, entonces?

    Y. No no no, ya salgo para allá.

    H. Para allá fue mi esposo a ayudarles.

    Y. Si ya lo vi, acá estamos los tres pero no nos demoramos.

    No pudimos hacer más nada, cogimos la torta y el pastel, fuimos de nuevo a la fiesta.

    Yo estaba muy estresada y asustada, pero al mismo tiempo muy cachonda, quería ser cogida con fuerza, que me penetraran por todas partes, pero ahora los 4 se habían dado cuenta que me los cogia y no sabía cuál iba a ser su reaccion: le dirían a mi hermana? A mi esposo? Discutirian entre ellos?

    Pero no pasaba nada y ya los invitados se estaban yendo.

    Entre mi hermana, la suegra y yo, despedimos a los invitados, la niña pidió permiso para ir a una pijamada, mi hermana la dejo ir porque iban a ir más niños y niñas.

    Luego cuando estábamos haciendo aseo, vi que los 4 chicos, los 3 hermanos y el papá, estaban hablando entre ellos, y me miraban sutilmente, al menos entre ellos no se veía ningún problema.

    Terminamos de acomodar un poco la casa y don Arturo dijo:

    DA. Bueno, se acabó la fiesta pero hace rato no estábamos unidos mis muchachos y yo, quisiera que nos quedáramos tomando unas cervecitas aquí en la casa tuya Arturo, no vamos a incomodar a tu esposa, cierto?

    H. Por mi no hay ningún problema, yo ya iba a pedir permiso para acostarme porque estoy rendida.

    La esposa de don Arturo también dijo que ella se iba para su casa, yo no podía andar de ofrecida así que dije lo mismo, Julian y Mateo salieron por las cervezas y a acompañar a la mamá a la casa, antes de salir don Arturo los llamo y les dijo:

    DA. Acuérdense de pasar a la farmacia por aquello también.

    Se miraron y sonrieron.

    Mi hermana y yo nos fuimos a acostar, yo aun seguía inquieta, al rato sentí que Julian y Mateo llegaron, luego oí los pasos de Arturo entrando a la habitación de mi hermana. Pasaron 15 minutos y salió de su habitación, luego toco en la mía.

    A. Hola, ven abajo, te estamos esperando

    Luego se fue. Yo quedé aún más asustada, aún estaba vestida con mi falda y mi camiseta de Wonder woman. Baje lentamente y lo que vi me dejó asombrada: estaban los 4 desnudos, sus poderosas pollas enormes y morcillonas, baje inmediatamente.

    Y. Mi hermana esta dormida?

    A. Dormidisima, le dimos una ayudita para que durmiera, el bebé está con la abuela y mi niña se fue a la pijamada, así que aquí estamos solos para ti.

    Me puse de cuclillas, rodeada de esos enormes mástiles, los empecé a acariciar uno x uno hasta que quedaron completamente duros y babosos, empece a chuparlos, me los devoraba por completo, ellos me quitaron toda la ropa, empezaron a tocar mis tetas, me ponían sus pollas en la boca, en mis manos y en medio de mis enormes tetas.

    Y. Quiero que me cojan entre todos, quiero todas sus pollas dentro mío al mismo tiempo.

    Ellos no se hicieron esperar, Don Arturo, que fue el primero que me penetro la cola, empezó el tanteo por la parte de atrás.

    DA. Veo que los muchachos también han aprovechado este agujerito, jajaja el Julian ya se comio, cierto?

    Y. Por ahí pasaron todos, gracias a ti viejo morboso que me diste por el culo y me encanto.

    Sin esperar a decir nada más, inmediatamente Don Arturo me enterró su enorme polla dura en mi cola. Era una sensación super deliciosa, su hijo Arturo, no perdió tiempo tampoco y me empalo con su polla en mi vagina, sentir como era penetrada a dos bandas y con dos enormes vergas en mi boca era delicioso, me sentía completa, intercambiaba las vergas de Julian y Mateo en mi boca, su sabor era delicioso, sentí que las dos vergas en mi culo y mi panocha hicieron erupcion llenándome de leche tibia que se desbordaba de mis agujeros, fue el turno de Julian, se puso atrás mio y me lleno de su verga, era tan grande que aún con la leche que me había dejado su papá me dolió cuando la enterró toda. Mateo también pasó a llenarme la cuquita de su carne, el vaivén de sus vergas me tenis loca, gemia y gritaba como perra en celo, solo pedía más, mis gemidos despertaron a los Arturos que me llenaron la boca de sus vergas para dejarme tragar toda su leche, fue tanta que me salía por la comisura de mis labios llenando mis tetas de sus fluidos, Mateo se vino primero, mi panocha estaba tan llena de leche que se desbordaba por todo lado, Julian seguía bombeando mi cola, era increíble que el enorme trozo de carne de Julian fuera enterrado en mi culo que gustoso lo recibía, el dolor seguía pero era más el placer, minutos después me lleno el culo de su leche.

    Seguimos durante toda la noche, entre todos se turnaban mis agujeros, disfrutaba mucho sentirlos en mi culo, todos se vinieron en mi en todas partes, el primero que cayó fue Don Arturo padre, se despidió de mi dándome una buena dosis de leche en mi cola.

    Y. Don Arturo, le agradezco mucho que me haya enseñado a ser sodomizada, me encantó

    El se sonrío mientras se vestía y salía hacia su casa, vi que ya estaba amaneciendo, los pajaritos cantaban mientras yo tenia tres pajarotes que no se cansaban de penetrarme.

    Le siguió Arturo, que se fue a acostar con mi hermana totalmente deslechado. Luego Mateo, que me dejó su última descarga en mi boca, le limpie su verga y cariñosamente me dijo.

    M. Eres la única que se lo ha tragado, de verdad que hembras como tu muy pocas.

    Yo solo sonreí mientras seguía cabalgando la enorme verga de Julian, que ya entraba en mi colita sin mayor daño pero con mucho placer.

    Y. Ah ah ah, te amo, amo tu verga, ah ah ah, me vuelve loca, ah ah ah me vengooo

    No tenía ideas de cuantas veces me había venido y menos de cuantas veces con la polla de Julián bien adentro de mis entrañas. El se se descargo por completo, me cargo en sus potentes brazos y me llevó a mi cama, me arropó tiernamente y me dejó dormida, yo estaba hecha nada, semen salía de cada agujero de mi cuerpo, mi cola y mi vagina estaban rojas y mis labios irritados, pero era supremamente feliz.

    Mi hermana se despertó hasta la tarde, yo debía partir esa misma noche, aunque mi esposo había dicho que vendría por mi, decidi que debía irme ya, mi pasaje estaba comprado, mi maleta hecha, me despedí de mis sobrinos, la pequeña Sofia tenía una cara de pastel inmensa, brotaba felicidad por los poros, mi hermana lloro, quería que me quedara más tiempo pero no podía, aunque estaba triste de dejar esas 4 enormes vergas, sabía que todo lo que había hecho era malo y quería volver a casa y tratar de arreglar todo con mi esposo. Me fui sola en un taxi, tener a alguno de ellos cerca hubiera sido una tentación enorme, así que preferí evitar. Mi vuelo salió a tiempo y llegué a casa. Una enorme sorpresa me esperaba.