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  • Mi primo me engaña para que me folle un desconocido

    Mi primo me engaña para que me folle un desconocido

    El día de mi 22 cumpleaños, mi primo Nacho anunció que me tenía preparado un regalo muy especial, pero que debía recogerlo en su casa, a una hora concreta y en circunstancias especiales. El regalo resultó de lo más excitante. También otras sorpresas añadidas.

    Me acababa de despertar cuando, mientras me desperezaba, un sinfín de números pasaron en fila india por mi mente. Los escribí para analizarlos porque, recién levantada, no soy persona.

    «22 de julio de 2022, día de mi 22 cumpleaños».

    Tantos doses juntos debían presagiar algo bueno, o puede que algo malo. Lo interpreté como una alineación astronómica de doses, aunque las alineaciones solían vaticinar calamidades en la antigüedad. Preferí compararlo con una familia de patitos nadando en un estanque, que solo puede traer algo bueno, pero me faltaba la mamá. ¿Dónde estaría mamá pata? No solo encontré a la pata perdida, también a papá pato, cuando miré el reloj y marcaba las «12:02pm». Con esto estaba la familia numerosa al completo:

    «Las 12:02pm (papá y mamá) del 22 de julio de 2022, día de mi 22 cumpleaños».

    Me sentí tan feliz por mi buena fortuna, que le tomé prestado su patito de goma a mi sobrina de cinco años, y me di un baño con él.

    Con este ánimo me fui de compras al supermercado con mi hermana y mi sobrina, que llegaron el día anterior para festejar mi aniversario. Tomamos prestado el coche de mi padre, donde cabrían más cosas que en mi pequeño, coqueto y rojo Seat 600, con menos maletero que la concha de un caracol -caracol cuando saca los cuernos al sol.

    En esto estábamos cuando vi a mi primo Nacho, vagando por el pasillo de los lácteos, lanzándome besos y haciendo gestos obscenos, sin reconocer a mi hermana y a la pequeña. Le hice señas con los ojos hasta parecer bizca, indicándole que diera la vuelta y fuese por otro pasillo. Me excusé con mi hermana, fingiendo que había olvidado comprar algo, y fui tras él.

    Mi hermana conocía que Nacho había reaparecido tres semanas antes, después de doce años, pero no sabía que nos veíamos a diario, mucho menos que follábamos todos los días desde el tercero. Ella no entendería que nuestro primo, sangre de nuestra sangre, me tuviera subida en una montaña rusa de sexo depravado, con polvo y orgasmo diario, en el peor de los casos.

    Lo encontré en el pasillo de las carnes, lugar muy apropiado para hablar de deseos carnales. Lo vi como otro presagio de algo bueno.

    —Hace cinco días que no te veo —dijo con tono picarón—, y no sabes lo cachondo que me pongo cada vez que te echo la vista encima.

    Cinco eran los días que había estado fuera de Denia, recorriendo la costa con su barco velero hasta Málaga.

    —Yo también te echado de menos —me lamenté poniendo morritos—. El primer día de tu ausencia, estaba que me subía por las paredes, porque me faltaba mi ración de sexo. He recurrido a Dylan los siguientes.

    El sustituto, se llama Dylan y es un amigo australiano de mi primo, con pinta de surfista y que está par arrebañar el plato. Dos días antes de marcharse Nacho, nos montamos un trío con Dylan. Fue en el barco, cuando me prepararon una especie de encerrona para follarme entre los dos. A pesar de ello, lo disfruté mucho y quedé contenta. Entonces comprendí que mi primo es un sinvergüenza, que sus caprichos son muchos y llegamos a un acuerdo: yo aceptaría someterme a ellos, siempre que me diera la posibilidad de negarme, si no eran de mi agrado.

    —Eres una enferma sexual, pero me alegro por los dos —afirmó riendo y restando importancia.

    —Muchos entendidos en el tema afirmarían lo mismo —añadí en plan zorra—, pero entiendo que todo depende de cada persona y caso concreto. No es lo mismo echar un polvo al día, durante una semana, que echar siete en un solo día.

    Nacho soltó varias carcajadas, rendido a mi lógica aplastante y llamando la atención de cuantas personas había cerca.

    —Apenas he llegado esta mañana, he llamado a tu casa, porque tú no me cogías el móvil, —se lamentó Nacho—, y tú madre me ha invitado a comer con vosotros. —Le miré con cara de pocos amigos, pero Nacho se anticipó a mis reproches—. Sé que no me has invitado porque no sabías que llegaría hoy. Lo siento mucho.

    —Nunca lo traigo al supermercado —argumenté bromeando—, porque bastante nos roban con los precios, como para que también me roben el teléfono.

    —Entonces me marcho —dijo Nacho al tiempo que tomaba mi mano y entrelazaba los dedos hasta doler—. No obstante, te aviso que tengo un regalo muy especial para ti. Luego te doy más detalles.

    Se despidió con un piquito en los morros y un azote en el trasero.

    Durante la sobremesa, aprovechando que todos charlaban animadamente, fui a mi dormitorio, porque allí puedo fumar en secreto sin que me persigan por hereje. Iba por el segundo cigarrillo cuando, abriendo la puerta de improviso, mi primo Nacho me sorprendió. Fue tal el susto, que el pitillo salió volando impulsado por mi mano, con tan mala suerte, que cayó entre el escote de la camiseta que vestía. Como si bailara una danza india alrededor del fuego, di saltos enloquecida y me la quité sin medir las consecuencias.

    —Nunca me canso de admirar lo buena que estás —me dijo al tiempo que me soplaba el pecho derecho, justo en la zona del aterrizaje, marcada con restos de ceniza.

    Luego apresó los dos con sus grandes manos, al tiempo que yo caminaba hacia atrás, tratando de escapar y advirtiendo de las consecuencias si alguien nos pillaba. Le dio igual, porque me levantó en vilo y me llevó al rincón tras la puerta. Allí me puso cara a la pared, me levantó la minifalda, bajó la braguita y me clavó la polla en el coño. Fue un polvo rápido de apenas cinco minutos, que terminó conmigo en cuclillas y recostada contra la pared, recibiendo hasta la última gota de su esperma en la boca. Lo tragué y me relamí como tanto le gusta.

    —Si no estamos solos en casa, esto no debe repetirse —le dije con tono serio.

    Como el que ve llover, pidió que sacara mi ropa del armario, porque pretendía que vistiera escandalosa para ir a su casa. Se decantó por unos leggings de color hueso porque, cuando me los vio puestos, sin bragas debajo, opinaba que se marcaba mucho la vulva y se metía entre las nalgas. Luego eligió un top negro muy escotado, que le pareció perfecto sin sujetador, porque apenas cubría los pezones. Cuando me puse unas sandalias de cuero marrón y me vio en conjunto, exigió que fuese caminando así por la calle, que entendería el motivo cuando llegara a su casa. A mí me pareció que no conjuntaba nada con nada, pero consentí por no discutir y porque, estando su casa en la urbanización donde vivo, no sería más de medio kilómetro a pie.

    —Ahora me voy, porque tengo que preparar tu recibimiento —dijo muy sonriente al tiempo que me comía con los ojos—. Tienes que llegar a las nueve en punto. La puerta estará entornada y dentro unas instrucciones extra.

    El muy cabrón se despidió con el segundo azote del día, como si fuera una fulana, dejándome intrigada y con más ganas de sexo.

    Cuando mi primo se fue de viaje, me dio la llave y encargó que buscara alguien que le limpiara el chalet, porque se había cansado de vivir en el barco igual que un ermitaño. Como la vivienda llevaba doce años cerrada, desde que la familia se fuera a Cataluña, donde su padre fundó una próspera empresa de transportes, hicieron falta dos limpiadoras y tres días de duro trabajo. Allí es donde sacié mis apetitos sexuales con el australiano.

    Llegué puntual, entré y las indicaciones estaban en el vestíbulo, cogidas con pinzas en un caballete de madera. Desplegado, se trataba de un folio con un texto manuscrito que decía lo siguiente:

    Mi preciosa Sandra, gracias por venir a recibir tu regalo de cumpleaños. Entiendo que estarás confusa con tanto secretismo, pero es necesario dadas las circunstancias que conocerás a continuación.

    Debes recorrer el pasillo y llegar hasta el salón, pero debes hacerlo con la mente abierta, sin prejuicios, entregarte y cumplir al pie de la letra lo que te pida, sin peros y con mi palabra de que podrás marcharte en cualquier momento, si no te sientes cómoda.

    Dicho esto, la puerta de la calle está abierta, lo estaba para recibirte y puedes irte ahora mismo, si así lo prefieres. Por el contrario, si aceptas, cierra con llave, que seguirá en su sitio, si te arrepientes más tarde.

    Contrariamente a los presagios de los patitos y las carnes, me acojonaron tantos síes condicionales; pero cerré la puerta con llave, con lo que este gesto, en apariencia inocente, representaba.

    Luego caminé por el pasillo y llegué al salón. Estaba a oscuras y me detuve en la entrada. Le llamé a gritos porque no sabía dónde estaba. Enseguida se encendió una lámpara a mi derecha. Su luz era débil, apenas iluminaba en todas direcciones un metro cuadrado. Mi primo estaba bajo ella, sentado en una butaca, con las piernas cruzadas y un cigarrillo humeante en la mano.

    —Enciende la lámpara que tienes a tu izquierda, sobre la mesita —ordenó—, y gira sobre ti misma para que te vea mejor. Por cierto, ¡muchas felicidades!

    Agradecí la felicitación, prendí la luz y giré, igual que una modelo de moda, separando los brazos del cuerpo unos veinte grados.

    —Tienes buen gusto vistiendo —afirmó bromeando—. Estás preciosa, pero quiero que te desnudes despacio y mirando al frente, así podré admirar ese cuerpo que me tiene loco.

    Entendí que quería un striptease y lo hice lo mejor que supe, siendo mi primera vez. Primero me desprendí de las sandalias y luego del top, contorneando los hombros para ayudarme. Aproveché la desnudez de los pechos, anaranjados gracias a la luz cálida de la lámpara, para acariciarlos. Después pellizqué varias veces los pezones duros y empinados, al tiempo que me contorneaba y mordía el labio inferior. Los leggings salieron tirando del elástico con los pulgares en las caderas, las piernas estiradas y haciendo bisagra en la cintura para dejar el culo bien expuesto.

    —Me has puesto muy cachondo, Sandra —dijo mi primo. Observé que se tocaba metiendo la mano entre el pantalón—. Ahora quiero que te toques entre los muslos mirando al frente. Mientras lo haces, me gustaría que respondas a unas preguntas.

    Tan intrigada como excitada, los abrí lo justo y doblé un poco las rodillas. Luego introduje la mano y comencé a masturbarme, al tiempo que subía, bajaba y describía pequeños círculos con las caderas.

    —Me gustaría saber por qué estás aquí -preguntó.

    —Me has pedido que venga a recoger mi regalo —respondí tímidamente y ciega de vergüenza, pero sin dejar de tocarme.

    —Me refiero a por qué has cerrado la puerta con llave —aclaró—. No pensarías que se trata del típico regalo en cajita y con lazo rojo.

    —La he cerrado porque quiero entregarme, sin peros, como decías en la nota.

    —Dime qué has sentido viniendo vestida así por la calle. —Me había advertido que su capricho respondía a un propósito concreto.

    —He sentido vergüenza y excitación por igual. También deseada por buena parte de los hombres, algunos vecinos, que me he cruzado.

    Nacho dio una profunda calada al pitillo, luego sonrió, triunfante.

    —¿Te gusta el sexo por el sexo, el morbo, lo prohibido o lo que la mayoría repudia?

    Sin entender a qué obedecían tantas preguntas, respondí a cada una de ellas con un sí. Luego vino una que terminó por desconcertarme.

    —¿Te gusta el sexo con desconocidos?

    —Apenas tengo experiencia, pero depende de quién sea y si me gusta —respondí dubitativa.

    —Eres un regalo para la vista y la imaginación —afirmó—. Ya no hay más preguntas. Ahora quiero que conozcas a alguien. Lleva un tiempo ansioso, desde que le hablé de ti.

    Cuando me pidió que me desnudara, pensé que Nacho sería mi regalo especial; sin embargo, sospechaba que algo tramaba cuando insistió en que lo hiciera mirando al frente y no a él.

    Abandoné este pensamiento cuando una nueva lámpara se encendió delante de mí, al fondo de la sala. Bajo ella, apareció una figura masculina de aspecto atlético. Estaba sentado en el sofá, con las piernas flexionadas y semiabiertas. Vestía de sport, con zapatos marrones de suela blanca, bermuda gris claro y polo marinero azul marino, de esos que llevan un pequeño cocodrilo a la altura del corazón. Me resultó atractivo, sin exagerar, con el rostro serio y varonil. Calculé que rondaría los cuarenta, muy mayor para mí, pero merecía la pena, a pesar de la pinta de pijo que tenía.

    —Dime si estás cómoda o quieres marcharte —preguntó Nacho, dándome la oportunidad de recurrir a alguno de los síes condicionales, o comodines, de la nota.

    —Estoy tan cómoda como cabría esperarse —murmuré inclinando los ojos hacia el suelo—. No es lo que esperaba, pero he llagado muy lejos para rendirme ahora.

    —Ahora quiero saber qué opinas de Leo —preguntó Nacho, revelando el nombre de su amigo. Su tono era menos meloso, pero se mantenía, por los pelos, dentro de los límites marcados hasta ahora.

    —Sin ánimo de faltar, casi me dobla la edad. —No me mordí la lengua—. Pero es atractivo y está muy bueno.

    —Estaba seguro de que sería tu tipo —afirmó Nacho, sonriendo satisfecho—. Ahora quiero que te arrodilles, vayas gateando y gires ciento ochenta grados cuando llegues hasta él.

    Mi primo había llegado al límite de la perversión, pretendiendo que me entregara a un desconocido. No obstante, aunque mis sentimientos eran contradictorios, el reto me excitaba.

    No lo pensé dos veces y fui gateando, con la vista al frente, igual que una seductora gata, forzando los hombros a cada paso y balanceando el culo. Al ser menudos y firmes, los pechos apenas se movían, pero los pezones erectos y duros aportaron cierto glamur. El caso es que, a medio camino, su mirada penetrante me intimidaba. Entonces recurrí a la broma, como siempre que estoy nerviosa, fingiendo que había una hormiga muerta en el suelo.

    —Pobrecita, tuvo un triste final —dije conteniendo la risa. Luego hice como que la movía con la uña y añadí—. Buenas noticias, porque tan solo es un granito de arena, que alguien ha traído en la suela del zapato.

    Los dos rieron y proseguí gateando más relajada, con los labios entreabiertos, mordiendo el inferior como si fuera medio fresón y relamiéndolo después como una golfa. Así llegué a destino, di la vuelta, me apoyé en el suelo con los antebrazos y la espalda quedó a modo de tobogán, con el culo en lo alto. Finalmente separé las rodillas, quedando la fruta prohibida del pecado a la vista, percibiendo como los ojos del pecador se clavaban en ella.

    —No te quedaste corto cuando me hablaste de Sandra, amigo Nacho —opinó el desconocido—. Tiene una carita preciosa y su cuerpo juvenil es divino. Pero, sin desmerecer al resto, lo que más me gusta es el culo, con forma y textura de melocotón—afirmó mientras lo acariciaba con ambas manos.

    Si las caricias me ponían a cien, ni punto de comparación cuando descendía entre ellas, pasando por el ano hasta el coño. Entregada, cerré los ojos y gemí de gusto al penetrarme con dos dedos. —¡Dios! —, exclamé porque los retorcía en el interior, luego los sacaba, arañando la carne con las yemas de los dedos a modo de garfio, así varias veces, repetitivamente durante unos minutos de locura. Rompió la rutina deslizando los dedos entre los labios vaginales, desde el ano al clítoris, ida y vuelta, una, otra y otra vez, antes de penetrar nuevamente, repetitivo y constante.

    Satisfecho con mis muestras de placer, me soltó el cabello y tiró de él. Retrocedí gateando, entendí que este era su propósito, y quedé entre sus piernas con la espalda pegada a su cuerpo. A continuación, me obligó a girar la cabeza, forzándome la barbilla, y me miró fijamente a los ojos.

    —Eres una jovencita preciosa. —Me regaló los oídos como preámbulo de una petición—. Quiero que te pongas en cuclillas, por favor.

    Afirmé con los ojos y obedecí sin saber qué pretendía. Mis dudas se disiparon cuando abrió mis muslos hasta el límite de su elasticidad, y me forzó para quedar sentada sobre los talones. Gemí varias veces mientras agitaba las yemas de los dedos en el clítoris. Sonreí, imaginando que era un músico interpretando un solo de guitarra, y temí que quisiera matarme de placer siendo yo tan joven.

    —Fóllame el coño con los dedos, por favor —le imploré retirando su mano para masturbarme el garbanzo yo misma.

    Lo hicimos juntos un ratito hasta que, retorciéndome de gusto, percibí que me venía un orgasmo.

    —¡Más!… ¡Más!… ¡Más deprisa, pedazo de cabrón, que voy a correrme como una gua-a-arra! —supliqué al llegar al clímax, agitando la cabeza y gimiendo convertida en una auténtica golfa.

    Mi cuerpo se relajó tras los fuegos de artificio, y vi como brotaban del coño restos de fluidos, igual que torrentes que se precipitaban en cascada contra el suelo.

    —Eres una mujer muy ardiente y quiero entrar en ti —me susurró al oído—. ¿Me permites que lo haga?

    Me dio un beso en los morros y esperó mi respuesta.

    —¿Cómo quieres que me ponga? —respondí jadeando—. Tengo ganas de que me jodas, pero ponte preservativo.

    —¿Prefieres coito vaginal o coito anal? —me preguntó en plan académico de la Real Academia de Sexología. Demasiado finolis para mi gusto.

    —Me da igual que me la metas en el coño o que me des por el culo —respondí convertida en una puta barata de la academia de la calle.

    Le ayudé a desnudarse al tiempo que nos comíamos la boca frenéticamente, luego me dio un condón y se lo puse arrodillada, después de engullir la polla unas cuantas veces.

    —¿Cómo quieres que me ponga? —le pregunté atropelladamente, jadeando debido a la excitación.

    Entendí cuando empujó mi cuerpo con el suyo, ayudándome a caer, sujetando mi cintura por la espalda con los brazos. Quedé con la cabeza apoyada en el brazo del sofá, abrí las piernas, levantando la derecha para apoyarla en su hombro, y me fue penetrando el coño lentamente.

    —¡Dios! —exclamé cuando la tuve en lo más profundo.

    Empezó a moverse, primero despacio al tiempo que me comía la boca y el cuello. Luego se detuvo, alzó el torso, la metió y sacó por completo, tres o cuatro veces, y comenzó a darme una follada de infarto. Yo gemía descontrolada con el rostro mirando al techo y los ojos cerrados, al tiempo que le pedía más y más. Apenas fueron tres minutos mágicos y quedamos quietos.

    —Eres un regalo para cualquier hombre —me dijo controlando la respiración—. Mi buen amigo Nacho es muy afortunado follando contigo a diario.

    —No creo que tengas motivo de queja —le susurré mimosa—. Seguro que no te faltan los coñitos jóvenes.

    —Ahora quiero hacerlo desde atrás —propuso Leo—. Quiero verte el culo mientras te follo.

    Se apartó de mí para darme espacio, me di la vuelta y clavé la rodilla izquierda en el asiento y subí la derecha al brazo del sofá, separando las piernas todo lo posible.

    —Elige agujero —dije con el rostro vuelto hacia él—. Ahora tienes los dos que ni pintados.

    Apoyando la mano izquierda en la nalga contraria, dirigió la otra y volvió a penetrarme el coño. Con la polla dentro, subió el pie izquierdo al asiento y así ganó estabilidad para follarme. Mientras me daba lo mío, yo miraba su rostro desencajado y le animaba a esforzarse con grititos y comentarios guarros.

    —Hola, chicos. —Salida de la nada, sorprendió una voz femenina desde la puerta del salón.

    Yo no daba crédito a lo que veían mis ojos. Se trataba de una chica joven, poco mayor que yo, una morena de cabello largo, enfundada en un elegante vestido negro, muy ceñido y por encima de las rodillas, con un buen par de tetas y piernas largas. Analizada en conjunto, era preciosa y con un cuerpo de escándalo.

    Tratando de buscar respuestas lógicas a lo que sucedía, no hallaba ninguna en mi cerebro. Menos cuando se acercó a mi primo, le saludó con extrema confianza y le comió la boca. Luego vino a nosotros, quietos debido a la interrupción inesperada.

    —Hola, maridito —Dijo a Leo y le besó apasionadamente—. He tardado más de la cuenta, pero ya estoy aquí.

    —Esto es de lo más surrealista —dije perpleja, lanzando miradas a mi primo en plan, eres un chulo—. No sé que hago con la polla de un tipo, al que otra llama maridito, metida en el coño y con cara de idiota.

    Nacho asintió con los ojos, inmutable. Entonces recordé su nota y las condiciones.

    —Por cierto, me llamo Alicia. Encantada de conocerte —dijo la morena, muy animada, delante de mí cara y me dio un prolongado beso en los morros—. Pero, vosotros seguid, que parece que os he cortado el rollo.

    La nueva incógnita en la ecuación se fue correteando junto a mi primo —que no daba la cara con las pertinentes explicaciones—, y vi atónita como se subía el vestido a la cintura, se quitaba las bragas y se sentaba sobre Nacho. Así le hurgó en la bragueta y se introdujo la verga una vez la tuvo fuera, sin preservativo y sin distinguir si lo hacía en el coño o el culo.

    —Quiero hacerte unas preguntas y exijo respuestas directas —dije a Leo, que había reanudado las penetraciones a un ritmo muy lento, harta de tanta bufonada—. ¿Es Alicia realmente tu esposa? —respondió con un sí—. ¿Esto o algo similar lo habéis hecho con Nacho? —afirmó que tres días antes—. ¿Esto es un intercambio de parejas? —dijo que no, matizando que no era lo previsto.

    Con todo más o menos claro, empecé a moverme adelante y atrás, empalándome yo misma en su polla, para motivar una última y definitiva respuesta sincera.

    —¿Es esto una compensación por lo que hizo Nacho con Alicia?

    —Puede interpretarse así —respondió colaborando con las penetraciones—, pero no era una obligación, porque lo único que importaba era tu predisposición voluntaria. De ahí la importancia de que fuera imprevisto para ti.

    —Entonces sigamos, ya que todos lo admitís como algo normal —añadí y comencé a moverme más aprisa.

    Leo no se movía ahora, solo se limitaba colocar las manos en mis nalgas y acompañar con ellas mis movimientos de ida y vuelta.

    —Puedes hacerlo sin preservativo, pero solo si me das por el culo —dije a Leo en un arranque de rabia, viendo como Alicia se levantaba chorreando semen de… donde fuera que se la había metido mi primo.

    Leo la sacó, se quitó la goma y colocó el capullo en mi ano.

    —Escupe en el agujerito y lo embadurnas —le pedí un tanto temerosa antes de que la metiera—, porque tu polla será la más gruesa que me metan por ahí.

    —Iré muy despacio hasta que dilate. Confía en mí —respondió con tono tranquilizador.

    Fiel a la palabra dada, se fue abriendo camino hasta que entró la mitad, luego comenzó a encularme despacio con penetraciones poco profundas.

    —Ya es suficiente, Leo —dije tras un par de minutos, girando el rostro hacia él. Proseguí tras besarlo—. Creo que ya lo admito con normalidad y comienza a gustarme. Prueba más deprisa y te voy diciendo si debes frenar.

    Paulatinamente, aumentó ritmo y profundidad confiado porque mis gritos eran de puro gusto, intercalando con súplicas exigiéndole más y más.

    —A mí ya me viene —le dije con el rostro desencajado de placer—. ¿A ti te falta mucho?

    —Un poco más —respondió resoplando.

    —Entonces no te espero, pero sigue tú, aunque yo haya terminado.

    Llegué al orgasmo entre gritos desgarradores, representando un show improvisado para mi primo y Alicia, que nos miraban hipnotizados. Leo tardó un par de minutos más, derramando accidentalmente, porque se le salió un instante llevado por la pasión, cierta cantidad de semen por los labios vaginales y el clítoris. Inmediatamente la metió de nuevo y terminó dentro del recto.

    Yo sonreía viéndolo feliz. Entonces, llevada por un impulso repentino, le pedí que la sacara, me senté y le chupé la polla unos segundos, recogiendo en la boca restos de semen. No es frecuente que chupe una verga salida de mi culo, pero en ciertas ocasiones especiales puedo permitirme una excepción. Leo fue una de ellas.

    Terminamos tumbados en el sofá, abrazados, besándonos y sonriendo satisfechos entre caricias mutuas.

    —Me habéis puesto super cachonda —afirmó Alicia echándose sobre nosotros, todavía desnuda de cintura para abajo—. Ya estoy deseando repetir mañana.

    —No te apresures, cariño —le dijo su esposo—. Antes tenemos que celebrar con la cumpleañera y darle su regalo.

    —¿No era este el regalo? —pregunté confusa.

    —No, querida —respondió Alicia después de restregar sus labios contra los míos—. Si he llegado tarde es porque vengo de Gandía, de comprarte algo con dinero que hemos puesto entre los tres, pero había un accidente en la autopista y esto me ha retrasado un buen rato.

    —Al final, era cierto que tenías un regalo en cajita y con lazo rojo —añadió mi primo uniéndose al corrillo.

    Me ayudó a levantarme, antes de que la morena me desgastara los morros, y me pidió que me duchara. Él se comprometió a limpiar los restos de esperma derramados en la tapicería de cuero. Obedecí como una buena chica. Pero, para mi sorpresa, Leo entró en el cuarto de baño cuando me duchaba y lo hizo conmigo.

    —Mi adorada mujercita se ha encaprichado contigo —dijo y me puso contra la pared. Luego volvió a meterme la polla semi erecta en el ano, solo meterla, sin más—. Yo lo estoy con tu culo perfecto, y queremos que vengáis con nosotros a Ibiza el día uno de agosto. Nacho está conforme y podemos ir en nuestro yate, que tiene espacio para todos. La idea es pasar cuatro o cinco días.

    —Trabajo en una terraza de ocio nocturno y dudo que me den permiso tantos días —respondí dubitativa.

    Entonces comprendí que había ganado suficiente dinero para mis caprichos durante una buena temporada, teniendo en cuenta la asignación de mis padres y que corrían con todos mis gastos en el día a día como estudiante, y acepté llena de ilusiones.

    Después de casa de mi primo, me llevaron a la mía para cambiarme de ropa. No era plan ir a cenar a un restaurante vestida de aquel modo. Allí me entregaron el regalo que habían comprado. Cuando lo recibí a los postres, en cajita con lazo rojo y la abrí, quedé muda y conmovida con lágrimas de felicidad. Se trataba de un juego compuesto por anillo, pulsera, collar y pendientes, todo a juego y de oro rosa, no chapado, sino macizo, que les debió costar un ojo de la cara.

    El matrimonio ha regresado a Marbella esta mañana y mi mente no deja de fantasear con lo que habrá de venir.

    Fin

  • Nuestra tarde de verano

    Nuestra tarde de verano

    Es sábado por la tarde, del inicio del verano, pero con un calor que ya invade la ciudad. Hemos hablado por teléfono, apenas dos minutos. Las infinitas ganas de vernos no parecen caber en el wi-fi. Por eso quizás has aceptado que propusiera recogerte en apenas media hora. Poco tiempo para que una mujer se arregle; y demasiado para que quepa en mi impaciencia.

    Imprudentemente, paso por ti cinco minutos antes de la hora acordada; y eres increíblemente puntual. Apenas me haces esperar dos minutos y te veo salir de casa. Pero la puntualidad queda en nada cuando te veo cruzar la calle hacia mi coche. Vistes una falda larga no ajustada, de flores y una blusa de color rosa pastel. Tus rubios cabellos reflejan el sol de la tarde haciéndola más brillante, y tu sonrisa se adueña de toda la calle.

    Subes al coche, me miras y, traviesa, me guiñas un ojo. Me preguntas qué me pasa y me despiertas del shock. Sólo acierto a contestarte que acabo de ver un ángel y todavía no he reaccionado. Ríes sonoramente inclinando tu cabeza hacia atrás, y llenas de música tanto el interior del coche como el de mi alma. Mis ojos quedan prendidos en tus rojos labios.

    Apenas me repongo, te consigo decir que me pidas donde te apetece que vayamos. Pero sólo llegas a quejarte de tanto calor que hace. Te propongo una tarde de cine. El aire acondicionado nos ayudará a soportar cómodamente la tarde. Me preguntas qué película vamos a ver. Y te contesto que no lo sé, pero que sí sé lo que no voy a dejar de mirar.

    Tu perfume invade poco a poco el ambiente hasta hacerme respirar un fresco olor de lavanda sobre tierra mojada. El viaje se hace corto, y no porque conduzca rápido, como suelo hacer, sino porque no tengo ganas de llegar y dejar de sentirme así.

    Llegamos al cine, ningún título nos suena, pero qué más da. Mi mente empieza a elucubrar…, no, sigue elucubrando, y ya lleva rato haciéndolo… Una película de actores poco conocidos y de un tema pasado de moda es, sin duda, la mejor opción para vivir una tarde en la que sólo importemos nosotros.

    Por suerte la sesión empieza en menos de diez minutos, compro las entradas y nos metemos en la sala. Apenas no más de ocho personas en toda la sala. No miro los números de las filas ni los de los asientos que nos han dado; da igual, de la mano vamos hacia la parte más atrás de la sala.

    Dos filas más atrás, un poco alejados a nuestra izquierda queda una pareja de ancianos. El resto de espectadores quedan bastante más adelante.

    No has dejado de sonreír en ningún momento. Te siento exultante, yo diría que emocionada. Apagan las luces, y te sientas a mi izquierda. Sonriente y feliz te miro, y te beso en la mejilla. Entornas tus ojos y apoyas tu cabeza sobre mi hombro mientras me coges el brazo son tus manos. Eres la pura imagen de la felicidad.

    El olor fresco de tu cuerpo que noté en el coche se ha vuelto más fuerte y dulzón. Beso tu cabeza mientras salen los títulos de la película que ya he aceptado que nunca podré contar, porque no le voy a prestar ninguna atención.

    Paso mi brazo por encima de tus hombros para acercarte a mi pecho. Ahora tu perfume se hace más penetrante. Mi mano acaricia tu pelo, y la alargo hacia abajo a rozar tu cuello, poniéndote la piel de gallina a la par que mi excitación empieza a hacerse presente.

    Levantas tu mirada hacia mí y, tras susurrarte un “hola” con sonrisa incluida, no dudo en besar tu boca, más dulce que la miel.

    Mi mano derecha se ha vuelto decidida y valiente y acaricia, sucesivamente, tus pechos, erguidos y firmes, con ambos pezones, ya duros y enhiestos, perfecta muestra de tu creciente excitación.

    Un tenue gemido escapa de tu boca, ágilmente atrapado por la mía que, con la lengua, explora todo el espacio desde tus labios hasta tu lengua, silenciándolo.

    Mi mano baja a tu cintura agarrándote con más fuerza mientras nuestros labios se funden en un beso interminable, en el que nuestras lenguas bailan completamente abrazadas. Y con un lento pero firme y seguro recorrido, mi mano se aventura por tu ombligo acercándose a tu Monte de Venus. Tu falda de flores se muestra como muro infranqueable, por lo que mi mano decide que será más sencillo y hasta más apetecible ascender desde tus maravillosos muslos.

    Mientras con mi lengua acaricio el lóbulo de tu oreja, noto como te vas poniendo más y más cachonda por momentos, por lo que me atrevo a decirte con voz muy baja… “quiero quitarte las bragas…”. Ladeas tu cabeza para mirarme con ojos felinos y decirme, con una pícara sonrisa… “eso no va a poder ser”. Sorprendido, y un poco descolocado, me pones a mil cuando, antes de que pueda ni protestar, me sueltas…”NO llevo bragas…”.

    No consigo poder creerme lo que acabo de escuchar, pero ya nada me va a detener, el morbo que destilan tus palabras susurradas me ha hecho perder la cordura y la decencia, por lo que mi mano se apresura a bajar hasta tus piernas, y desde tus rodillas, mis dedos suben por tus muslos en el interior del jardín de flores de tu falda que, inevitablemente, aparto dejando tus piernas al descubierto y… Dios!, tu depilada vagina a mi vista. Siento que me falta hasta la respiración cuando la penumbra que permite la luz de la pantalla me deja ver y adivinar tu sexo, cuya humedad se evidencia en el tacto de mis dedos, que reclaman avanzar hacia su destino.

    Alcanzo rápidamente mi meta y comienzo a rozar tu clítoris con mi pulgar mientras dos de mis otros dedos se introducen en tu vagina, quedando completamente mojados. Sentir la humedad de tus calientes flujos pone mi pene al máximo de su dureza, ayudado por las firmes caricias que, sobre el pantalón, le realizas con tu mano derecha.

    Tu respiración se acelera y se convierte en jadeos y susurros que apenas pueden simularse en el ruido y las conversaciones de la película que deberíamos estar viendo.

    Te me abres de piernas para que mis dedos te penetren con mayor profundidad y aumento enseguida el ritmo con ellos, notando como tu vagina se empieza a contraer con fuerza justo antes del orgasmo que me anuncias con tu mirada, ahora totalmente lujuriosa.

    Acerco mi boca a tu oreja para ordenarte en el preciso instante que más dispuesta te encuentras… “CORRETE!!…”, y siento como todo tu interior se inunda, mientras cierras los ojos fuertemente e intentas inútilmente acallar los gemidos que escapan de tu garganta.

    Y no lo dudo un instante. Deseo tan intensamente saborear tu néctar que, directamente, con más imprudencia que valentía me arrodillo en el suelo de la sala y desde abajo observo tu cara de sorpresa o, tal vez, de terror. Sueltas un pequeño grito, que parece traer escondido cuán loco me consideras. Pero, en realidad, es así de loco como me consientes y, lo sé, me deseas.

    Mi boca engulle todo tu sexo palpitante, y su sabor me traslada a lugares desconocidos donde el placer es infinito y nos inunda por todas partes. Endurezco mi lengua que empiezo a mover con rapidez y firmeza por tu clítoris que ahora noto más grande y noto como te hace sentir intensos latigazos que recorren toda tu espalda. Y casi de inmediato, por morbo, por excitación o por verdadero terror a que seamos descubiertos, siento como te corres en un segundo e intenso orgasmo con el que quedas extasiada. Solo alcanzo a escuchar la palabra “loco” susurrada varias veces, mientras con una mano me sujetas instintivamente la cabeza impidiéndome que deje de chupar profundamente tu caliente y chorreante vagina.

    Podría parar, o quizás debería, pero no es lo que nuestras almas, en este instante unidas, nos piden a gritos de deseo silencioso. Por eso, mi lengua empieza a chupar con profundidad los labios menores de tu sexo, al tiempo que los míos los absorben e introducen en mi boca. Mis dedos han vuelto a penetrar en tu vagina por detrás del clítoris y acompasan el movimiento lento de mi lengua. Poco a poco, vuelvo a notar como se inicia tu estado de tensión, de acumulación de placer recorriendo e inundando tu cuerpo hasta que empiezan a temblar tus piernas, y, totalmente fuera de control, me regalas un tercer orgasmo que empapa toda mi cara.

    No sé si alguien se ha percatado, y tu tampoco estás en disposición ni de planteártelo, pero ¿acaso nos habría de importar?

    Me levanto del suelo y me siento a tu lado, mientras abriendo un poco tus ojos me regalas la sonrisa de gozo más linda del universo, derramas una lágrima que contiene toda la felicidad que puede caber en el alma, y juntos leemos los títulos de fin de la mejor película que hemos visto nunca en el cine.

  • Que delicia follar con mi prima

    Que delicia follar con mi prima

    Casi no la reconocí con el antifaz y sin la ropa que normalmente usa, pero ese lunar que tiene en el antebrazo es inconfundible. La mujer que está en el folleto es mi prima Mari; esta casi desnuda solo lleva un antifaz que no oculta sus bellos rasgos sino que los hace más exóticos y un coordinado de blanco de encaje que resalta contra su piel morena, tiene el sujetador caído de un brazo lo que deja al descubierto parte de su teta y se alcanza a ver el principio de su negro pezón por debajo la tela, una mano metida en su pelo ondulado y la otra tratando de tapar la parte más pequeña de su pequeña braga, no puedo quitar los ojos de ese par de tetas que siempre se me han antojado, sus caderas sugerentes y poderosas son otro punto focal, las piernas moldeadas por el ejercicio y esos tacones de mujerzuela que hacen que me ponga duro al imaginarla sobre mi verga.

    Tiene un número diferente al que usa con la familia así que lo guardo en mi teléfono y recuerdo comprar otro desechable para sacar una cita con ella. Por lo regular mi prima usa ropa holgada en su día a día, aunque cuando va a algún evento usa ropa más ajustada y sexi, la he visto también en traje de baño y he admirado su cuerpo en silencio por muchos años, pero esto se acaba pronto.

    — Hola me llamo Guillermo -le dije mi nombre real no quise ocultarlo ni creo que ella se imagine que en realidad está hablando con su primo.

    ¿Estás disponible?

    —¡Hola Guillermo! Hoy no. Mañana a las 8 de la noche

    ¿Te parece?

    —Perfecto.

    ¿Cuánto cobras?

    —$2500 la hora.

    Vaya la prima cobra bien, pero no importa con tal de tenerla entre mis brazos.

    —Ok

    —Ok? Eso significa que quieres que te reserve un tiempo?

    —Sí.

    —Necesito un anticipo del 50% puedes mandarlo por PayPal a la cuenta que viene donde encontraste mi número.

    —Va.

    Le hice la transferencia en ese momento y le mandé la captura de pantalla.

    —Listo Irene -Irene ese es su nombre artístico.

    —Ok entonces te veo mañana a las 7:30 en punto en el restaurante del hotel Riu junto al puente atirantado. Esto es para vernos a la cara antes de ir a la habitación dentro del mismo hotel, si hay algo que no le guste o a ti pues ahí queda todo. Si es a mí a la que le da mala espina te regreso tu dinero, si es a ti al que al final no se anima pierdes tu anticipo. ¿Estamos?

    —Entendido ¿Qué incluye el servicio?

    —Todo. Lo que quieras

    —Oral?

    —Sí

    —Anal?

    —Sí

    —Perfecto van a ser dos horas.

    —Bien.

    —¿Debo llevar los preservativos?

    —No, aquí tengo.

    —¡Hasta mañana Irene!

    —¡Hasta mañana Memin!

    —Una última pregunta Irene ¿Te calienta pensar en que te voy a follar?

    —Siempre estoy caliente papi.

    —Espera Irene ¿por qué ese apodo y esas caritas?

    —Te llamas como mi primo favorito. Y así le digo.

    —¡Oh! ¿haz follando con él?

    —Nooo

    —¿Por qué? ¿No te gusta?

    —Está muy mono y bastante bueno la verdad. ¿Te cuento un par de secretos y no dices nada?

    —Dime.

    —Me pone muy cachonda imaginar que me lo tiro, cuando vamos a la playa se nota que debajo del traje de baño trae una tremenda herramienta que quiero meterme en la boca.

    —Ok y qué te lo impide?

    —Esa es la segunda cosa: creo que es gay de closet.

    ¡¡¡Queee!!! Piensa que me gustan los chicos

    Casi se me escapa un grito y le digo que no lo soy pero me contuve.

    —Jajaja por qué lo piensas?

    —A pesar de que es muy guapo y muchas mujeres lo miran e incluso algunas de mis amigas lo han querido ligar nunca le he conocido una novia.

    —Oh!!! Pues tienes un buen motivo para pensarlo. Bueno no me pone muy cachondo hablar de tu primo gay así que te dejo descansar te veo mañana y trata de no pensar en tu primo o las ganas se te irán.

    —No, al contrario lo imagino y me vienen con más ganas.

    —Ok tú imagínatelo y yo pensaré en tu foto del folleto.

    —Bays

    No pasó ni un minuto y recibí una foto del cuerpo de mi prima sin que se viera su cara solo en ropa interior.

    —Pará que te pongas cachondo olvida a mi primo y concéntrate en la prima.

    —¡¡¡Guau!!!

    Eres hermosa.

    Me fui a acostar pensando en ella y lo que me había dicho también en que mañana es día feriado y nos vamos a ver en casa de la abuela temprano por la mañana o eso se supone.

    Me desperté más temprano que de costumbre, baje tomé café, un bolillo con frijoles y luego de bañarme salí con rumbo a casa de la abuela.

    Ahí las cosas fueron normales Mari y mis demás primos y primas jugamos baraja como siempre alrededor y bajo la sombra del guayabo justo en medio del jardín

    Mari se fue temprano de casa de la abuela con el pretexto de que tenía tarea y por estar de parranda todo el fin de semana no las había hecho.

    Yo me fui un poco más tarde, solo fui a casa a bañarme, ponerme loción y cambiarme la ropa.

    Desde mi departamento le mandé un mensaje del teléfono desechable.

    —Hola Irene!!! cómo te reconoceré?

    —Hola Guillermo!!! solo indica que te esperan en la mesa de Irene.

    —Ok espero con ansias poder tocarte.

    —No seas ansioso primero debemos conocernos y ver si hay química.

    Salí sin más demora al lugar de la cita con mi prima.

    Al llegar una linda chica me preguntó si tenía reserva y le dije lo que me dijo Mari así que la chica solo me sonrió y antes de dar media vuelta me dijo.

    —Sígueme

    Fui caminando detrás de ella y al dar una pequeña vuelta en una de las mesas la vi en la parte exterior del restaurante junto al vidrio y las macetas que adornan el lugar. Está concentrada en su celular y no vio quien llegaba a la mesa.

    Abrió mucho los ojos cuando me vio detrás de la chica a la cual le sonrió y le dio las gracias para ponerse de pie y recibirme.

    La observe de arriba a abajo. Esta impresionante en un vestido negro de un hombro es de licra y se ajusta a su cuerpo como guante, arriba deja a la vista su hombro izquierdo y me dan ganas de besar su clavícula libre. El vestido es corto y deja ver sus muslos torneados, trae unos zapatos abiertos que dejan ver los dedos de sus pies y unas tiras que suben cruzadas por sus pantorrillas.

    —¿¡Memin qué haces aquí!?

    —Hola Mari!!! ¿o te sigo diciendo Irene?

    —Tú eres mi cita?

    —Sí y la verdad tengo muchas ganas de follarte.

    —Quieres que deje de pensar que eres gay?

    —No, solo quiero hacerte disfrutar como siempre lo he querido y en el proceso disfrutarlo yo también.

    Una sonrisa se asomó en su boca.

    —Café?

    —Ya sabes como me gusta aunque la verdad preferiría subir de una buena vez.

    —No seas impaciente primo, la paciencia tiene sus recompensas.

    —Entonces ¿tenemos química?

    —Creo que siempre la ha habido, pero antes de ir más allá debemos quedar claros. NADIE, ABSOLUTAMENTE NADIE DEBE SABER ESTO. Ni que mantengo una vida secreta.

    —Creeme que estoy más que interesado en que siga siendo así y estoy seguro que no será la única vez.

    Ahora sí Mari sonrió claramente y dejando las bebidas intactas en la mesa se puso de pie y me tomó de la mano para que fuera con ella.

    El ascensor iba con más gente, pero no nos importó y nos fuimos hasta la parte trasera donde nuestros besos cada vez eran más intensos. No nos importó la gente, no nos importó que el ascensor fuera en forma de espejo y todos nos veían.

    Fue el comienzo del placer…

    Ya en la habitación me pidió quedarme solo en ropa interior y tirarme en la cama boca abajo con la cabeza al lado contrario de la cabecera. Hago lo que me pide y la dejo hacer su trabajo así que me relajo y no tardó mucho en sentir como sus manos aceitada comienzan a dar un masaje por mis hombros bajando por mi espalda y metiendo sus manos dentro de los bóxer para acariciar mis nalgas y ese pequeño detalle me pone sumamente caliente. Agarra y estruja cada nalga antes de volver a mis hombros y repetir el proceso varias veces más hasta que la escucho decirme que me de vuelta.

    Me doy vuelta y pone una pierna a cada lado de mi cabeza, ahora puedo ver que no lleva ropa interior y me topo directamente con un sexo liso y depilado.

    Sus manos comienzan de nuevo su trabajo y comienza por mis hombros para bajar hasta alcanzar mi verga. Pero a diferencia de lo que hizo con mis nalgas solo la acaricia por encima del bóxer negro que llevo.

    Al hacer este movimiento se estira y su sexo que tan cerca que puedo oler su aroma.

    Huele delicioso y no puedo evitar sacar la lengua y comenzar a lamer.

    Ahora por primera vez pruebo a mi prima y es delicioso, esta húmeda señal que esta excitada así que no me dice nada y prácticamente deja caer su peso en mi rostro para que pueda lamer más fácil.

    Mientras la más turbo con mi lengua ella me masturba por encima del bóxer. Pronto sus jugos son más abundantes, cuando encuentro su lugar más sensible se vuelve loca y se deja hacer. Intenta bajar mis bóxer por lo que levanto mis cadera para facilitar su trabajo.

    Su mano indica el ritmo de mi lengua, así que sube y baja a mi ritmo, la toma firme mientras con la otra mano acaricia el perineo y mis testículos estoy en el paraíso…

    Cuando alcanza el clímax aprieta muy fuerte mi falo y el dedo que tiene acariciando mi ano se inserta dentro de mí lo que aumenta mi placer de una manera que no esperaba.

    Sigo moviendo la lengua.

    Y la escucho decir:

    —Tienes una lengua mágica.

    Y en ese momento aumenta la velocidad de su mano buscando mi placer.

    Pero yo no quiero acabar todavía así que quito su mano de mi verga y solo dejo la que acaricia mis huevos y ano.

    Luego de un segundo orgasmo que la deja sin habla me pide que la coja.

    —¡Ven, por favor ven!

    Te necesito dentro.

    Se bajó de encima y me levanto de la cama mientras ella se tira boca abajo, levanta el culo poniendo una almohada debajo de sus caderas y me sé ofrece a mi separando sus nalgas con sus manos.

    Es una vista gloriosa y estoy tentado a sacar una fotografía.

    Busco el teléfono y lo hago.

    Luego busco el preservativo en el cajón que ella me indica lo coloco y pongo la cámara el modo video y sosteniéndolo con una mano tomó mi verga con la otra y la dirijo a su sexo. Entró fuerte en ella. La escucho gemir cuando mis huevos chocan en sus nalgas.

    —¿Te gustó?

    —Sí

    —Otro?

    —Sí

    Entró y salgo en ella mientras mi mano libre juega en su trasero, escupo sobre su ano y con mi dedo gordo acarició en círculos antes de empezar hacer fuerza hasta introducirlo en su culo, Paulina se deja hacer y sigue gimiendo cada vez más fuerte, dejó el teléfono junto a su cabeza y ella lo toma, estira su mano y ahora puedo ver su cara y gestos en la pantalla de mi móvil. Mi mano libre juega con sus tetas, jala su pelo o suelta alguna nalgada. Poco a poco su trasero va tornándose rojo bajo las nalgadas cuando siento que su orgasmo se acerca me inclino hasta morder su cuello y eso desencadena su orgasmo, no dejo de besar y succionar un punto fijo dejando una marca en forma de chupete.

    Salgo de ella solo un momento para darle vuelta y quedar frente a frente.

    La vuelvo a penetrar ahora viéndola a los ojos no duró mucho en sentir ganas de correrme así que aunque traigo preservativo le preguntó.

    —¿Dentro o fuera?

    Tiramelos en la cara.

    Salgo de ella antes que sea imposible detener mi placer y arrancando el condón de mi verga me masturba frente a ella mientras mi prima abre su boca esperando mi leche.

    Los chorros caen en su rostro, un gran chorro justo en su lengua fuera de la boca, otro en su cabello, uno más en su ojo izquierdo y el resto en su boca, cuello y pechos.

    Luego se mete mi verga en su boca y comienza a limpiar los restos de semen que quedan en la punta y tronco.

    —Que rico coges!!! Tal vez yo debería pagarte!!!

    Y si te dice eso la mujer que te cobró por sexo deberías tomarlo como un cumplido.

  • Itzel, Nelly y Dianita (2/3)

    Itzel, Nelly y Dianita (2/3)

    La relación con mi compa ya estaba más que rota, no infligió daño en la relación laboral afortunadamente, me refiero al grupo de trabajo que éramos a final de cuentas, pero nunca más me volvió a hablar sino era de trabajo.

    Entre semana Itzel y yo mensajeábamos cándidamente, y una que otra fotito sexi, nada explicito, lo más chingon es que ella disfrutaba el momento como yo, no andaba preguntando pendejadas como algunas mujeres me han dicho “y ahora que somos” o mamadas de ese tipo, esta chica no, Itzel vivía el momento junto a mí y era algo delicioso y fantástico y por las noches, nos entrabamos en video llamada para masturbarnos y veíamos mutuamente nuestros sexos hasta que corrían los chorros de fluidos corporales.

    No nos veíamos entre semana por el trabajo y salíamos tarde tanto ella como yo, por eso nos aguantábamos a vernos hasta el fin de semana: “hola rey como estas” y yo “muy bien chiquita bebe, como andas” ella dice “ando bien cachonda, quiero que la mames ya (con voz ultra sexi que si me dio un parón al cien)” y le digo “yo también ya quiero cogerte por todos pinches lados, me encantas, tu si sabes cómo tocar la flauta” a lo siguiente “ah amor! Me mojo solo de escucharte, te mando una foto de cómo estoy” (puf vi su panocha toda mojada, éramos un mar de excitación) a lo que me dice “vámonos de fin de semana a la playa, mis compas van a irse a Acapulco y nos invitaron” y yo “pues vámonos deja me pongo mi traje de baño jajaja”, me contesta “paso por ti el viernes por la tarde para que ya estés listo y ahora si me ayudaras a manejar eh” y yo digo “claro que si, a mi reina lo que quiera y cuando quiera y como quiera”.

     Llega el viernes y pasa por mí, para variar pues iba la pesadita con nosotros, a esas dos mujeres ya me las había cogido y de qué forma, e íbamos cotorreando como amigos de toda la vida, le pongo su nombre a la pesadita; Nelly, era una chica semi rubia, 1.60 m, buenos senos medianos, pero tenía más cola que Itzel y tenía un carácter que no cualquier hombre se le acercaba, podríamos decir: MAMONA pero guapa, eso sí.

    Íbamos rumbo a ese lugar paradisiaco, con un calor enorme, apenas traíamos ropa, ambas traían bikinis puestos con ropa muy ligera, y ambas se veían riquísimas, para darnos un trio en ese puto momento, yo iba pensando en esto que les escribo cuando de repente mi verga se levanta en verguiza y eso se percata mi copiloto favorito, Itzel me agarra el tubo de carne por debajo del short y comienza a acariciarlo, Nelly vio la mano juguetona así que decidió también comenzar a agarrar el pito, ambas con sonrisas lujuriosas, me hicieron orillarme a media carretera para bajarme el puto short y arrancar para que me fueran comiendo la verga en el camino, fue brutal esto, nunca había vivido tal experiencia, me la mamaban como podían las cabronas, apenas ponía media atención al camino es que era mucho para mí, ya quería tirar la leche para que me dejaran en paz, se lee raro pero era cierto.

    Hasta que comienzan con la mamada bestial de Itzel y me decía “ya amor, te vas a venir, queremos tu lechita, se la quiero pasar a Nelly con un besito rico” y Nelly “ándale cabron ya vente que quiero lechita, jálasela más duro al cabron” pues con eso tuve, su forma de hablar era también excitante hasta el huevo y les tiro lechazos de amor para ambas y luego Itzel le dio besos blancos a Nelly eso no dejaba que me concentrara en el puto volante, verlas besándose y riendo era un manjar, y mi verga que no se bajaba por ver tan glorioso espectáculo, hasta que rompí el hielo con una pendejada “a donde vamos a ir cuando lleguemos” a lo que me vieron feo y ninguna me contesto; con esto mi verga se relajó y nos olvidamos de mamadas en el auto por ahora.

    Ya por la tarde, estábamos en Acapulco con los compas, uno de ellos tenía un departamento con vista al mar y todo el pedo, era riquillo el vato, hasta ese día lo conocí, era muy buena persona el cabron, atento y más con mis viejas, Nelly lo mandaba al pito con su cara de pocos amigos e Itzel le daba entrada, a final de cuentas, esta mercancía es para todos, nos pusimos modo playero y al agua, yo estaba tan emocionado que hasta la verga la traía bien parada de ver viejas por todos lados de todo tipo color tamaño culonas tetonas de todo había, y Nelly se me acerca y me agarra la verga y me dice “güey se discreto no mames, ya varias viejas te la están mirando no chingues, no quiero que andes de coqueto con otras perras, sin antes habernos cogido rico a nosotras ok cabron” y yo “si, señora”; sintieron el sarcasmo, y de paso ahí me tomo de la mano y me regreso al departamento, y ahí me bajo el short y comenzó a mamarme la verga otra vez, sentía de lo mejor, lo hacía con violencia, enojo, furia, lujuria todo en una sola perra, “no mames ando bien caliente, métemela ya güey, ya apúrate cabron, métela” yo no tarde ni 10 segundos y que la ensarto solo le hice el bikini al lado así empecé a bombearla macabramente, metida tras metida, y ella no se media en su placer así que: ah perro!, maldito bastardo que rico lo haces me caga decir esto pero eres un hombre, no chingaderas! ¡Ah si dame más papi! Dámelo todo ya, vente dentro culero, ¡vente dentro! ¡Ah me vengo cabron! ¡Me vengo!!, sentí como me lleno de su flujo inmensamente mientras yo inmediatamente después le tiro la leche dentro de ella, fue delicioso.

    Terminamos se acomodó la ropa y me dijo “ya vámonos” y yo como perrito faldero la seguí, entramos al agua, mi otra ninfa ya se estaba besando con el dueño del departamento, era obvio que traían rollo, lo vi en sus miradas de los dos cabrones, se ve que la voltea y hay movimientos de manos debajo del agua, este fin de semana estaba más caliente que el mismo Acapulco, Nelly andaba nadando sola, como siempre yo entre al agua, y luego me junte con la banda, que estaban echando cheves bien frías, ahí cotorreando con ellos y ellas, había más chicos obviamente y otra más, la veía y se notaba que no era su ambiente, no era como las otras putas, me acerque a romper el hielo: “hola soy Fer, mucho gusto y tu” a lo que dice “soy diana, mucho gusto” continuo “que haces tan solita, deberías estar con los demás, son buenas personas, se ve” me contesta “es que no soy mucho de esto, es mas no se ni a que vine, me siento fuera de lugar” le digo “no mames diana, mira este lugar maravilloso, vente vamos a pasear, no te quedes así toda aguafiestas” y me dice “bueno, a ver que se puede hacer en este lugar”.

    Nos fuimos caminando por la playa platicando de nuestras cosas, era una chica de las que son aplicadas en la escuela, llegan temprano a su casa, no toman, no fuman, no hacen nada divertido en concreto, a simple vista, que me llamaba la atención de esta morra: sus tetonas, eran un par de almohadas, literal, y se veía que era rescatadísima porque no por equivocación las iba a dejar salir de tanta ropa: “ya ves, te dije que era mejor andar que estar ahí sin hacer nada” me dice “tienes razón, me siento mejor, eres buen compa, ojala podamos quedar en algún momento más, me agrada tu compañía y tu iniciativa” y yo continuo “estoy para servirte, que lindo que puedas disfrutar con nosotros todo esto”.

    Nos metimos al agua, se veía que era su primera vez en el mar, tenía miedo, no me soltaba la mano, la tome de la cintura y después pase a su espalda y mi verga comenzó a despertar, mi instinto afloraba, es que rozaba mucho con sus tetonas en cualquier movimiento que hacía, de repente siento un toqueteo y se separa de mí: “ah perdón era tu cosa esa, es que sentí algo que me rozaba las nalgas y era tú, perdón” no mames, estaba colorado de la cara y muy avergonzado: “no mames, perdóname dianita, no fue con intención de verdad, digo si me gustas y todo eso, pero tampoco llegaría así de repente a darte, discúlpame por favor” y ella “no te preocupes somos humanos, sentimos y cuando algo nos gusta nos expresamos, no sabía que te gustaba” y yo le digo “si claro eres muy guapa y pues que te digo que no te hayan dicho” hubo un silencio incómodo y nos fuimos saliendo del agua, tomados de la mano, ya era tarde y el sol comenzaba a irse.

    Llegamos al departamento ya varios andaban pedos pero bien felices, mis ninfas se andaban besando con el dueño y la Nelly con su hermano del dueño, lo bueno es que yo ya traía también parejita y la neta si quería cogérmela pero no sabía si eso iba a pasar y Diana me dice “me voy a duchar te busco más tarde, Fer, muchas gracias por levantarme el ánimo” a lo que digo “no, tu eres la que me levanta el ánimo jajaja” y si entendió: “si me di cuenta y estas durísimo” y se fue. Se me acerca Itzel me da un beso de esos que me encantan y terminando el beso de 3 minutos: “ya te quieres coger a dianita verdad, se te ve en la cara, papi, pero me dejas lechita a mí y a Nelly ya sabes cómo se pone si no le das lo que quiere, y yo también mi rey” y me dio otro beso rico de 4 minutos y una chaqueteada de verga y se fue a seguir cotorreando con el dueño del departamento.

    Mientras yo salí a nuestra habitación para darme un baño también, estábamos hospedados ellas dos y yo, había dos camas matrimoniales, así que por espacio no había pedo, me metí a la regadera y escuche que la puerta se abrió y era Nelly: “con que aquí estas papi, deja me quito la arena de todos lados, traigo en la panocha me la puedes quitar con tu verga, amor” (nunca me había hablado tan bonito la perra): le respondo “para luego es tarde, ven, acércate y déjate mimar” pues comenzamos nuevamente a cogernos en el baño, se la metí al instante, esta perra era adicta al sexo, a cada rato quería que se la metiera, de hecho no me dejo ni llegar a la cama porque ahí mismo me vine: ah mi amor! ¡Siento que me vengo, mi panocha va a explotar, me vengo ah! ¡Que rica verga tienes papi! Y yo: “toma mi leche, tómala toda, te la dejo ir perra!, terminamos de coger, unos 15 minutos, fue rapidin, me dice: “en una de estas noches, vas a sentir lo que es tenerme en pleno cabron, así que disfrútame toda, mientras me ofrezca a tu verga” y se vistió bien sexi y se largó con los vatos, en minutos entró Itzel y me vio con la verga flácida y echado en la cama: “ya te deslecharon papi, pues yo también quiero leche” y pues tuve que darle también a ella, se quitó todo y se montó, cabalgo como experta jaripera dando gritos de placer, mi verga estaba totalmente erecta y ella se veía hermosa, me gustaba más como me cogía Itzel, no se bajó hasta que comenzó a venirse, me aventó un chorro de su ser, a la par le tiro el mío y se cae conmigo en la cama, descansando de tanto placer: “me encantas cabron, y espérate ahora me baño y me voy a coger con el otro pero regreso contigo en la madrugada para que te prepares, no creas que me voy a quedar con ese güey” y se fue a bañar mientras yo descansaba cuando ella salió, se puso ropa sexi y se despidió con un faje superlativo de 10 minutos, ya se la saben, esos besos que solo ella sabia y esos manoseos marca diablo.

    Ya para este momento estaba agotado y tenía un “compromiso” con Diana, relativamente, pero ese día me fue imposible volver a salir, en algún momento de esa noche me quedé profundamente dormido, ya no sentí nada, ni siquiera cuando llegan las chicas al cuarto de hotel.

    Eran las 5 am abro los ojos, me sentía relativamente descansado traía un ligero dolor de espalda pero nada más, mis chicas aun no llegaban de la fiesta y eso me indicó que estaban allá dándose pasión y que en realidad no iban a llegar ni siquiera a reposar sus hermosos cuerpos aquí, me recosté nuevamente y cerré mis ojos, no sé cuánto tiempo había pasado, pero escucho que abren la puerta y eran ellas, hasta donde estaba me llego el olor a sexo y alcohol que traían era bastante fuerte, decidieron meterse a bañar juntas, yo no tenía cabeza para pensar en sexo, aun me estaba recuperando, me hice el dormido mientras ellas aun terminaban de bañarse y saliendo todavía me vinieron a buscar, o bueno, a mi verga, que reaccionó pero no se terminaba de levantar por completo, a lo que ellas dicen “mira, no se levanta bien, debe estar cansadísimo” la otra dice “si no mames le hemos hecho el amor ya varias veces en el día, déjalo descansar y mejor vamos a dormir, ya mañana lo seguimos cogiendo” a lo que yo resople sin que se dieran cuenta.

    Pues ahí ya habíamos pasado nuestra primera noche loca desenfrenada, nos quedaba la importante, de sábado para domingo; y estaba dispuesto a cumplirles a ambas, así que por eso me quede dormido hasta mediodía aproximadamente, ellas aun dormían profusamente yo me levante, tome un baño y salí a desayunar, ahí me encontré a Diana, a la cual le digo “hola Diana, disculpa que no salí ya lo que pasa es que me quede dormido, andaba muy cansado” ella me dice “no te preocupes, lo supuse, se te veía desde que te fuiste a tu cuarto en cuanto me dejaste, si gustas desayunamos” pues nos juntamos a desayunar, entre platica y platica estábamos muy a gusto, y la verdad no dejaba de ver sus enormes senos que eran inmensos, ella seguramente lo notaba pero no me decía algo, hasta que se acomodó la ropa que traía y yo me hice el desentendido y salí corriendo al baño para apaciguar ese hecho un poco bochornoso para mí.

    Volviendo del baño, me dice “veo que me estas mirando mucho mis pechos te confieso que siento bien cuando me los ves creo que eres el único hombre que he conocido que no disimula y aparte no sé porque me haces sentir bien, debe ser una sensación rara para ti el que te lo diga pero prefiero decirte, no sé si este bien” a lo que respondo “es que tienes unos hermosos senos, grandes, que dan ganas de tocarlos, créeme que a cualquier hombre que este por aquí si le preguntas directamente, te va a decir lo mismo que yo, sin duda alguna los tomaría y los haría míos, esa es la verdad” continua ella “me gusta tu sinceridad y que vayas directo, al grano, como dicen, me disculpo, debo ir a atender un asunto pendiente sigue desayunando, no te pierdas, te buscare en un rato, nos vemos”

    Me quede solo ahí comiendo con las ganas de comerme esos senos gigantescos, de verdad, pensé que habíamos abierto ya la brecha para entrar en acción, pero hasta ese momento no fue así, termine y decidí caminar por la playa, echando ojos atentos a cada una de las chicas lindas que andaban por ahí, ya era suficiente sol para mí, me di un chapuzón y volví al cuarto a ver como estaban las chicas, y claramente se veían bastante crudas, aun no se levantaban y ya pasaban de las 2 pm.

    La vida nocturna en este puerto es muy basta así que no las culpo de la tremenda peda que se metieron, volví a salir y en mi puerta ya estaba diana a punto de tocar: “hola ya vine por ti, ven te quiero llevar a un lugar lindo que me mostraron” y yo “ vamos, que ya me estaba quedando sin que hacer”, nos dirigimos a ese lugar, estaba un poco retirado pero sí que estaba bonito, con mucha calma: “que tal, te gusta el lugar” le digo “si, está muy tranquilo, alejado de todo bullicio, apenas escucho ruido, y debe ser de algún animal local” ahí ya no aguante más y me fui acercando como chiquillo enamorado, para darle un beso: ella “que haces, no, espera, no te traje a eso” no le hice caso y le plante el beso en esos labios suaves, a principio ponía cierta resistencia pero fue aflojando, se veía que no tenía mucha experiencia o tal vez nula, seguía besándola estilo telenovela, pero pasamos a la realidad, comencé a rozar mi lengua con sus labios poco a poco, hasta que comencé a adentrarme en su boca, tomamos ritmo, nos empezamos a abrazar con el beso rico que nos dábamos, ella respondía levemente con su lengua, pero la lujuria la poseía, y se hizo un ritmo más rápido, ahí es donde comencé a bajar mi mano hacia sus nalgas para estrujarlas suavemente, ella se estremecía un cierto tiempo, se veía su novatez, pero su cuerpo estaba listo para recibir placer, subí una mano y toque ese seno que me quería llevar a la boca, que riquísimo, estaban enormes y sentirlos me termino de para la verga para comenzar a rozar con su cuerpo, la frote en su cuerpo pero ella necesitaba que le fuera enseñando sino respondía en automático.

    Coloque una toalla grande que traíamos sobre la arena la fui recostando leve y comencé a comerme esos senos, le baje esa ropa que traía y a chupar se ha dicho, mientras con mis manos le comenzaron a hurgar debajo del short, una pucha peludita pero bien mojada, ella pujaba y gemía, estaba en la encrucijada si lo que hacía era correcto o no, termine de amamantar y pase al pozo, que rico de verdad, un sabor dulce, sus jugos salían de esa panocha nueva, que nadie había probado, ella “me estas chupando la vagina ah! Si! ¡Ah que rico se siente, nunca lo había hecho! ¡Hazme rico, que no me duela! ¡Que rico que siente tu lengua dentro de mi vagina oh sí! No pares de hacerlo” hasta que se vino: “me voy a orinar, muévete, quiero orinar, déjame hacerlo, te voy a orinaaa! ¡Ah ah! ¡Si! Que rico es esto! ¡Nunca lo había sentido!

    Estaba en el éxtasis total, es más, ella seguía moviéndose mientras yo hice una pausa porque me canse de la quijada, ahí prepare mi verga para metérsela suavemente, pero cual: “ya méteme tu pene, quiero sentirte dentro, si esta sensación fue magnifica, no quiero imaginarme cuando este tu pene dentro, métemelo” a lo que hice caso, y entro con toda facilidad debido a sus jugos de amor, se la metía y sacaba enérgicamente, no paraba, le estaba dando durísimo y ella gritaba de placer, se estaba dejando llevar por tanta lujuria, yo no quería que terminara, seguía bombeando en posición “patas al hombro” veía como rebotaban sus enormes tetas, fue para mí algo que me tenía que hacer venir rápidamente, pero pensando en otras cosas, se me iban las ganas: “cámbiame de posición, ponme en cuatro patas, así vi que estaban cogiendo a Nelly, quiero que me cojas así” nuevamente a la orden y la puse y para adentro el trozo viril, ahí gemía aún más fuerte, se empezaba a quedar ronca de tanto gritar, la primera vez que muchos quisiéramos tener pero pocos la han experimentado: “no te vengas dentro, quiero saber a qué sabe esa leche masculina” a lo que también obedecí, aumente el ritmo, lo único que se escuchaba eran sus gritos y las metidas de verga que le daba a velocidad alta, hasta que ahí venia la leche: “toma, toma que me vengo” se voltea rápidamente y abrió la boca y engullo la verga magistralmente como toda experta, tenía hasta el fondo el palo, y en su boca sentía mis contracciones cada lechazo que daba, no desperdicio ni una gota de semen, todo se lo trago fue algo digno de recordar.

    Nos tumbamos en la toalla, ella se acomodó junto a mí: “fue mi primera vez con un pene, ya me había masturbado con un consolador, pero no tiene punto de comparación, que rico es sentir un pene real dentro de la vagina, sientes como se mueve, como se ensancha y se pone más duro mientras me coges, y me gustó mucho que fueras tu quien me diera mi primera vez, muchas gracias” a lo que sigo: “yo tenía ganas de amamantarme en sus tetas, están deliciosas, y tu panocha esta riquísima también, te viniste delicioso, eres un manjar” ella dice “bueno, vámonos de aquí, la verdad solo quería caminar contigo en este mágico lugar y terminamos cogiendo, que bonito, nunca lo olvidare”.

    Nos separamos un rato nuevamente, volví al cuarto de hotel, para ver a mis chicas y ya no estaban, me dejaron un recadito: “hola, ya nos abandonaste, pero en la noche no te salvas así que no andes tan cogelon con dianita ok, besos en tu verga”, solo de leer ese mensaje mi verga se puso erecta otra vez, pero me fui nuevamente, los compas estaban en la playa jugando y echando cheves, me junte y ahí estaban mis chicas con unos bikinis que dejaban poco a la imaginación, dejaron lo mejor para el final, tome una cheves y estaba platicando con los compas, todos como hermanos de cheves, era una tarde muy rica, el calor se mantenía y el sol estaba a pleno, a lo lejos veía como unos güeyes retirados de todos, parecía que andaban cogiendo, decidí ir a ver, me acerque porque quería ver qué onda, ese lugar donde estábamos era más público, donde me cogí a dianita no, estos cabrones pensaron que estaban solos, pues que veo de cerca y vi unas tetonas, era dianita cogiendo con uno de los compas, me quede “ah pinche dianita solo le faltaba que le dieran cuerda, y ya va a soltar las nalgas a cada rato”, se veía que ya con la experiencia adquirida ya se movía mejor, los deje tranquilos.

    Volví a donde estaba y antes de llegar Nelly me intercepta como es ya una costumbre en ella: “hola guapo a dónde vas tan solito” y yo “hola mami, hacía mucho tiempo que no estabas tan cerquita de mí, ya te extrañan” ahí le enseño mi verga a punto de despertar, así sin ningún descaro, metió la mano y la comenzó a acariciar me dice “ya viste a dianita cogiendo con Raúl, ya se volvió una putita, o la volviste una putita, me quiero comer tu vergota papi, déjame darte unas chupaditas”. y que se baja y comienza a mamar, que delicia era sus mamelucos, cada vez que me hacía sentía más rico, no sé por qué pero era cada vez más excitante, me empezó a mamar más rápido, sabía que quería leche, me chaqueteaba la verga sin parar y me miraba: “me encanta este pito, te da leche siempre y a cada rato, quiero que me la metas en el ano” le digo yo “pero ahora no puedo, en la noche, esta mamada es discreta” y ella “me vale madres, quiero que me lo metas en mi culito apretado ya” se volteo y se ensalivo el culo y ella misma me ayudo a metérsela en ese ano que estaba súper apretadísimo, sentía la gloria en mi ser, parecía que nunca se la follaban por aquí, estaba súper cálido y rico, ella misma se clavaba, me estaba cogiendo literalmente, eso sí, no gemía se los guardaba para otra ocasión, veía de reojo que Itzel nos observaba, tenía una cara de “yo quiero de eso” hasta que llegó el momento y: “me vengo mami, te tiro la leche en tu culo” y ella “si dámela toda en mi hoyo quiero tu leche ya dentro del ano” y me vine tan riquísimo que le metí varios lechazos de amor en su ano que ya estaba bastante dilatado, se acomodó y volteo: “ah sí me encanta que me dejes chorreando mira, como tu leche sale de mi ser y va recorriendo mi pierna, toca” y me besa apasionadamente, ninguna como Itzel para eso, pero me agrado en demasía su beso lengüeteando en mí.

    El resto de la tarde fue pasando hasta llega a la noche, ya andábamos medios pedos, entre el cotorreo y otras morras que se nos añadieron ya era una fiesta playera, había drogas, sexo y alcohol por doquier, parecía una orgia en algunos momentos, porque ya veías parejitas cogiendo a discreción, a la dianita se la cogieron todo el día, en mi caso solo platicaba con chicas, no había conexión sexual con ninguna ya me había cansado, Salí de ahí y tome rumbo a la tienda me compre varias cervezas y me largue al cuarto de hotel, ya mis pies me cansaban, estaba quemado de la piel, quería relajarme y descansar, mis chicas andaban de calientes con los güeyes de la fiesta, tome baño y me refresque le subí al aire acondicionado y con mis cheves en mano, seguí mi propio cotorreo en el cuarto, encendí la música y comencé a dormitar hasta que me quede dormido unos minutos, desperté y pensé que era tarde pero solo habían pasado 15 minutos ahí continué con la peda hasta que ahora me perdí en el alcohol y la almohada.

    Siento algo, pero no sé qué es, pero es algo placentero, aun no puedo ni siquiera abrir los ojos pero siento algo cálido y reconfortante, pareciera que estoy soñando; apenas a ojos entre abierto veo a Itzel y a Nelly mamándome la polla a media asta, pero cuando veo esa imagen de las dos mamando mi verga se puso como tubo de fierro, yo aún todo somnoliento comienzo a disfrutar de esas mamadas, Itzel me chupaba la cabezona mientras Nelly me daba lengüetazos en el tronco y masajeaba mis huevos suavemente, no paraban de hacerlo, sentía mucho calor: “hola papi, ya estas despertando, te dije que no te escaparías de nosotras, queremos que nos cojas, ya despierta dormilón, quiero montarme en tu verga”, estaba muy ebrio y con sueño pero poco a poco me fui incorporando; trataba de usar mis manos, pero ellas eran más fuertes que yo en ese momento: “cómeme mi panocha ya cabron déjate de mamadas y hazme una” y Nelly se me trepo y me echo su cola a la cara, yo con mis manos acariciaba ese enorme culo y con mi lengua sin parar la metía y sacaba de su pepa, era delicioso, le chupaba todo, mientras Itzel seguía dándome una tremenda mamada de campeonato, acto seguido, deja de mamar pero siento como penetro su cavidad en un dos por tres, y comienza el concierto de gemidos entre ambas ninfas, solo escuchaba como se besaban mientras se movían, era algo mágico, algo difícil de describir sin sentir que el palo quiere salir y ser libre como en aquella noche espectacular, la primera que se viene es Itzel, sus musculos vaginales apretando mi verga al máximo, como ahorcándola,. ¡Ah sí me vengo cabrones, déjenme ir! ¡Quiero sacar todo ya! ¡Vénganse conmigo, todos juntos! ¡Ah sí, si me vengo! Solo siento como sus piernas flaquean y su chorro caliente fluye en mi polla, se tumba en la cama y Nelly aprovecha para montar, comienza a cabalgar delicioso, sabía hacerlo muy bien, “ahora si perro me quiero venir, ah. ¡Ah, sí! puta madre! ¡Me vengo en tu verga cabron! ¡Te tiro mi chorro, culero! Tomaaa! Y también se vino en mi polla, yo aún no me venía porque tenía mucho alcohol en mi ser y eso me retarda, ya estaba recuperada Itzel y nuevamente se deja venir con tremendo mamadon de lujo, mientras Nelly tomaba vodka para saciar su sed, y se pone en posición de cabalgar: “amigui, méteme ese trozo de verga en mi culo por fa” y la otra “deja te chupo tu culo para que te entre fácil” y le comenzó a mamar el hoyo, solo veía como se excitaba cada vez más, le encantaba que le dieran por el culo, Itzel tomo mi polla, la acomodo y se la dejo ir a Nelly sin piedad: “ah no mames perra me lastimaste el culo” pero le gustaba a la cabrona, comienza a cabalgar, entre tanto y tanto, sacaba mi polla para que me la mamara Itzel, que par de culeras, eran unas hembras habidas de sexo sin control, cambiaron de posición ahora penetraba a la otra y la primera mamaba, yo solo era un medio de satisfacción, no me cambiaron de posición en ningún momento, y no me venía, ya veía cansancio en todos: “no te quieres venir papi, déjanos tu leche, anda, córrete en nosotras ya queremos las dos tu lechita rica” mientras me chaqueteaba la verga, ahí venia el semen, se montó una vez más hasta que ya no aguante más: “ah papi dámela” y a las dos les tire lechazos a diestra y siniestra, sentía un alivio en mi verga tan chingon, que saque mucha leche para ambas, ni yo creía tener tanta leche guardada dentro de mis huevos.

    Caímos cansados a mas no poder, con el hecho de que se nos fue el tiempo, la habitación teníamos que entregarla el domingo a las 12 pm y nos despertamos a las 5pm, la tomamos una noche más, y si, ya sabrán que nos cogimos desde temprano porque los compas ya se habían ido, solo quedábamos nosotros 3, así que decidimos quedarnos a coger nuevamente, de ahí hasta las 5 am, entre descansos y cogidas, mi verga estuvo inhabilitada toda esa semana siguiente, me dolía si intentaba hacer el amor, este fin de semana fue uno de los más excitantes que he tenido en mi vida.

    Pero volví a ver a Dianita para una cita más y a mis ninfas las veo cada fin de semana para encamarnos un rato con una o con las dos.

  • Probando frutas maduras y ajenas (3)

    Probando frutas maduras y ajenas (3)

    A los pocos meses que ingresé a esa oficina, la señora Carmen me preguntó afligida si tenía alguna amistad en la escuela de bachillerato que estaba cerca de su casa.  “Si está el mismo director que hace un año, entonces sí”, contesté. “Es que mi hija se quedó en la raya y no logró ingresar”, dijo suplicante. De inmediato entendí su necesidad y le solicité la ficha y el número de folio con el que se registró la niña. Afortunadamente no hubo problema y la hija ingresó a tiempo.

    Pasaron casi tres años y recibí de su parte, una invitación para la boda de su hija. “Está embarazada” fue su respuesta cuando puse cara de interrogación. El novio ya cursaba el segundo año de licenciatura y se le consiguió un trabajo de apoyo a los sistemas de cómputo, trabajo que él podía desarrollar muy bien y tenía gran demanda en ese tiempo. Me dijo Carmen que ese problema se sumaba el alcoholismo de su marido, y debido a ello, éste no quiso saber más de la familia y terminaron divorciándose. Yo le sugerí que concluyera su licenciatura, la cual dejó trunca cuando se embarazó y la animé señalándole que le daría mi apoyo para estudiar las materias difíciles. Ella lo agradeció y se inscribió nuevamente.

    Cada vez que me pedía ayuda yo daba ejemplos donde se calentara:

    –Si tienes a tres personas en fila, ¿de cuántas maneras distintas pueden acomodarse? –le leía el problema.

    –¡Pues de tres!” –respondió.

    –No, mira, supón que eres tú, tu novio y yo. Nos sentamos encuerados acomodados como en el trenecito. Tú primero, después tu novio… No es lo mismo que tu novio primero y luego tú, ¿verdad?

    –No pues es distinto –contestaba.

    –¿Cómo te gustaría más?

    –Mi novio atrás… –contestaba.

    –Bueno, también es diferente, y muy rico, si tu novio va primero, luego tú, y al final yo: bien agarrado de tu pecho y muy bien asegurado por abajo –explicaba haciendo el ademán de que me la estaba cogiendo –ella se reía a la vez que su cara enrojecía–. Un día lo hacemos tú y yo de manera práctica para que lo entiendas bien –la amenazaba y ella quedaba en silencio, con la sonrisa en la boca, imaginando lo que hacía mucho le había dejado de dar su marido.

    Cada vez que la ayudaba, se despedía con un beso, siempre en la comisura de mis labios. A veces, al levantarse, se recargaba en mi pierna apretando la dureza de mi pene.

    –¡Perdón!, ya me di cuenta que a ti también te gusta cómo explicas –decía dándome una caricia sobre el pantalón.

    Carmen concluyó su carrera y, obviamente, me invitó a cenar a su casa para agradecérmelo. El hijo menor estaría esa noche con su padre, así que…

    Ella se vistió como si se tratara de acudir a una cena de gala. Como persona educada a la antigua, ella confeccionó su vestido sin mangas de lamé plateado sumamente pegado y escotado por delante y por detrás, en el cual, hasta el hoyo del ombligo se podía adivinar; no se diga las tetas y las nalgas donde claramente aparentaba no traer ropa interior (a fin de cuentas, ella estaba en su casa), pero sí, solamente traía unas pantimedias de seda muy clara para resaltar sus piernas. Por si fuera poco, su apariencia jovial se reafirmaba con los quince centímetros arriba de las rodillas que tenía la falda y las sandalias de tacón medio, también en color plateado. La indumentaria y el delicado maquillaje le restaba casi diez años de edad.

    Cuando llegué puntual a la cita, ella me abrió la puerta y me quedó clarísimo el alcance de esa cena…

    –¡Pasa, no te quedes ahí parado! –fue lo que me dijo al mirarme asombrado y boquiabierto.

    –Paso, y si me ha de comer el lobo, ¡que me coma! –grité y obtuve de ella una carcajada.

    –¡Ja, ja, ja!, eso será más tarde… –dijo premonitoriamente y me dio un pico en la boca–, te lo prometo…

    Con música suave, bailamos como dos enamorados calientes. Besé y acaricié sus brazos, sus manos y todo lo que estaba descubierto. Ella se untaba a mí para sentir mi pecho con el suyo, mi turgencia con sus piernas y me bajaba la mano para que ésta quedara más debajo de su cintura. En una de las piezas, donde ella cantó seductoramente la letra mirándome a los ojos, mis dos manos reposaron sobre sus nalgas hasta que concluyó la melodía. Al terminar, me invitó a sentar en el sofá.

    –¿Qué te sirvo de tomar? –preguntó solícita.

    –Además de ti, lo que quieras… –dije mirándola libidinosamente.

    Ella sonrió satisfecha de mi mirada, y me mostró las diversas bebidas que tenía.

    –Tomo lo que me des, incluida la sangrita con pelos, si es temporada –dije acariciándole el pubis.

    –No es temporada, pero otro día puedo invitarte, si es que tienes gustos de vampiro… –dijo, moviendo mi mano para que siguiera acariciando su vientre bajo–. Yo prefiero el vino, señaló hacia un par de botellas de Beaujolais.

    De inmediato me levanté y tomé el sacacorchos para destapar una. Después de que se aireó, Carmen trajo dos copas y serví la bebida. Ella, antes de que me sentara dijo “Quiero hacer un brindis”

    –Brindo por lo que lograste animar y enseñar a esta alumna burra para que terminara mi licenciatura. ¡Muchas gracias! –chocó mi copa y bebimos la mitad del contenido.

    –Quiero aclarar tres cosas: en primer lugar, la del logro fuiste tú; en segundo, no eres burra, el burro soy yo –dije lanzando mi pubis hacia adelante para hacer más notoria mi erección–. Por último, más que burra, pareces vaca –y me fui con la boca directo hacia su busto.

    –¡Ja, ja, ja! Con calma, goloso, para todo hay tiempo esta noche… –dijo sentándose y señalando que me sentara junto a ella.

    La música siguió y platicamos de sus hijos, de que ya no extrañaba a su marido pues aquello solo eran discusiones y maltratos en los últimos años. Cuando llevábamos más de la mitad de la botella de vino consumida, interrumpió la caliente plática que teníamos sobre Goya, la cual había iniciado con la promoción que ella le hizo a Carmen cuando le mostró el acta del examen profesional, la cual elevó sustancialmente su sueldo. Pero lo caliente derivó a aquella noche del festejo navideño…

    –Voy a servir la cena. Me esmeré mucho para complacerte –dijo y se fue hacia la cocina.

    –Debiste llevarme a la cocina como lo hizo tu jefa… –me queje a su regreso.

    –Sí, vi cómo fue y luego ella me platicó lo que pasó allí –contestó en tono sarcástico –, ¿crees que yo no tenía ganas de eso? Pero, por jerarquía primero es ella. También me contó los detalles de lo que pasó meses después, de lo cual yo sólo escuché los gritos, arrumacos y jadeos, no creas que no nos comunicamos. Eres un bocado apetitoso que podemos compartir…

    El menú era pasta verde; la ensalada, además de lechuga y demás verduras tradicionales tenía arándanos y champiñones frescos finamente rebanados; el plato fuerte de costillas de cerdo al horno con romero. La segunda botella de Beaujolais se terminó en la comida. Por último, sirvió de postre un flan horneado, riquísimo. Pasamos al café acompañándolo con unas deliciosas galletas caseras.

    En la sala tomamos el coñac y me dio un habano. “Sé que te gustan”, dijo pasándome un encendedor para prenderlo. No me dio detalles de lo que sabía sobre mis esporádicos encuentros posteriores con Goya, pero dejó claro que los conocía.

    –Lo que nunca supimos fue si te cogiste a Chela o no esa noche del festejo navideño. Todo lo que ella cuenta cuando la cuestionan es “Yo no me acuerdo, estaba muy borracha”, pero conociendo su fama de puta… ¿Qué pasó aquel día después de que me dejaron en casa? –preguntó.

    –Sí, ella estaba tan borracha que yo temía que volviera el estómago en el auto y afortunadamente no pasó –dije por toda explicación.

    –¿Cogieron? ¿Sí o no? –insistió.

    –Si ella dice que no, es no. Pero si dice que sí, que nos cuente los detalles, así como Goya te los cuenta –dije–. No sé si Chela sea muy puta. creo que es más la fama que le echan –rematé.

    –¿Sabes de qué tengo ganas…? –me preguntó al oído después de abrazarme– ¿Si te lo cuento, me lo concedes? –insistió melosa y yo pensé “Ya quiere que nos vayamos a la cama”

    –¡Claro que sí, a festejarte, vine! –dije y le di un beso que duró más de un minuto saboreando nuestras lenguas de coñac.

    –Quiero que bailemos desnudos –dijo comenzando a desabrochar mi ropa– es una locura que siempre quise, pero mi exmarido se ponía a cogerme al verme encuerada…

    –¡Espero no hacer lo mismo que tu exesposo! –exclamé al tenerla sin ropa.

    Nos levantamos y bailamos. Ella tenía preparadas varias piezas para cumplir su deseo largamente añorado. Hubo de todo, hasta un Twist donde lució un espectacular movimiento de tetas y de nalgas, obligándome a sacudir mi verga y huevos al ritmo de su frenesí. Claro, las más románticas, abrazados con una mano mientras que con la otra ella jugaba con mi pene y testículos y la mía con sus pezones, acompañados de largos y húmedos besos.

    –¿Te cuento otro de mis deseos para que me lo cumplas en este festejo? –preguntó susurrando en mi oído antes de meter su lengua en mi oquedad auditiva.

    –Si puedo lo hago, por mí no queda… –dije con voz de deseo.

    –¡Claro que puedes!, Goya me contó qué tan puto eres –afirmó jalándome el tronco que ya babeaba, salpicándose las piernas y la mano.

    –¡Ah, el puto soy yo! ¿Ella no? –pregunté con falso tono de indignación.

    –Sí, ella aprendió a ser puta con las veces que cogieron ustedes y ahora yo quiero ser la más puta de tus alumnas –dijo, llevándome hacia la recámara.

    Una vez que llegamos allá y me pidió que me acostara, sacó y encendió su laptop sobre el peinador. “¿Vas a video grabar las lecciones?”, pregunté. “No sería mala idea…”, dijo, y después de hacer una pausa añadió “¿Tú aceptarías?”. No supe que contestar.

    –¡Ya lo encontré! –exclamó, dándole play a una presentación en “PowerPoint” –éste me lo encontré en Internet. Es un compendio de posiciones sexuales y hay muchísimas que no me han hecho y quiero que me hagas todas las que podamos antes de caer rendidos –explicó tomando el control remoto y se acostó a mi lado.

    –“hay muchísimas que no me han hecho”, pensé que sólo habías cogido con tu esposo –repetí su dicho, enfatizando el plural, y precisé mi duda.

    –¡Pues no!, seguí tu consejo de darme otras oportunidades para disfrutar de hacer el amor. Claro que quería darme oportunidad contigo, pero nunca antes que mi jefa, a quien la dejaste encantada con tus versos, caricias y besos. Ella debía ser primero que yo en llevarte a la cama –me aclaró, dejándome ver que yo sólo era un juguete para estas bellas señoras maduras.

    –¿Cuántas posiciones hay allí y cuántas te faltan? –pregunté.

    –Eres el primero a quien le enseño esta joya de recetario con el fin de darme gusto –me aclaró antes de darme una chupada en el pene.

    Después que terminó de saborear la miel que soltaba mi glande, se incorporó y yo, en retribución, le chupé la vagina después de preguntarle con cuántos más se dio oportunidad.

    –¡Ay, qué rico! ¡Esto nunca me lo hicieron! Sí los tres oportunistas me pidieron que los mamara, además de mi marido, pero ninguno puso su boca en mi pepa. ¡Es delicioso el beso en estos cuatro labiooos! –gritó cuando le sorbí el clítoris.

    –Lo que pasa es que tú estás deliciosa, por eso sientes así –dije abrazándola y tomé el control para pasar rápidamente las diapositivas. Eran más de 20 posiciones, de las cuales, algunas eran solamente contorsiones de actos circenses. Regresé al inicio la presentación– ¡Comencemos! –dije devolviéndole el control.

    Me la cogí toda la noche, sin necesidad de ver la presentación. Sólo me dejé llevar por sus ganas. Disfrutó enormemente el sexo oral, y en el 69 probó el sabor del esperma, el cual le gustó mucho. “¿Te han hecho el sexo anal?”, pregunté para saber si también por allí se lo metería. “No”, me contestó, “¿Se siente rico?”, insistió. “A algunas les gusta y a otras no” dije sin mayor explicación. Se vino muchísimas veces, algunas seguidas, como vagones de trenecito, y yo sólo eyaculé tres veces, contando el mañanero. También la cargué en la ducha haciéndola gritar de felicidad.

    Al despedirme le dije “Revisa cuáles posturas nos faltan, y piensa si quieres probar por el ano. Tú pones la fecha y el lugar para continuar con tu festejo”. “Claro que lo voy a hacer, quiero graduarme de puta contigo, maestro” y me dio un rico beso húmedo antes de abrirme la puerta de su casa para que yo saliera.

    Al fin de semana siguiente, nos fuimos a un hotel en Cuernavaca, llegando desde el viernes y regresamos a la CDMX el domingo en la tarde. Cansados y felices, pero concluimos el curso de puta que Carmen se planteó, con enculada incluida. Claro que hubo otras veces más…

    Pd. Hace pocos días, me habló la hija de Carmen, suplicándome que fuera a darle el último adiós a su madre quien murió de una afección cardiaca. En el velatorio, cuando le di el pésame a la hija, le manifesté mi agradecimiento porque yo la quise mucho. “Lo sé, ella también a ti porque cambiaste su vida ante el derrumbe del divorcio. La animaste a superarse y ella fue feliz. Si acaso hubo algo más entre ustedes, a pesar de la diferencia de edades, ¡qué bueno! porque ella te recordaba con felicidad”, me dijo. Sólo le faltaba añadir que ese recuerdo seguramente era acariciándose la vagina y las chiches. DEP Carmen.

  • Bitácora de vida

    Bitácora de vida

    El único acto sexual innatural es el que no se puede hacer. Privar a alguien de actividad sexual en contra de su voluntad va en contra de nuestra naturaleza.

    Tengo la maravillosa oportunidad para escribir sin censura, libremente, como así también todo lo que necesito para comenzar mi diario personal o “bitácora de vida”. Emociones, sensaciones, desafíos, molestias e incertidumbres que tengo en la cabeza, apuntando mis deseos sin el más mínimo miedo.

    07/junio/1984.

    Querido diario, hoy día de mi cumpleaños número veinticuatro, comienzo esta “bitácora de vida”. Es mi deseo poder ordenar mis pensamientos con tu ayuda, así que gracias de antemano.

    08/junio/1984

    Hoy me levante peor que de costumbre, esto de comenzar a escribir y no saber cómo, me hizo pensar demasiado e hice un racconto de mi vida.

    Estudios completos, un buen trabajo, buena familia, dos relaciones largas truncas, amigos por doquier, amigos… en las buenas y con dinero en el bolsillo tengo muchos, pero verdaderamente me di cuenta en las malas, cuantos lo eran realmente.

    Una familia hermosa, mi padre profesional, mi madre con un emprendimiento casero de comida, y el eje de la razón por la cual me decidí a escribir, mi hermosa hermana Silvia. Bella por donde se mire, (desentona con su entorno familiar) el resto de la familia no fuimos agraciados como ella, digamos que no somos el estereotipo de los adonis. Con Sil nos llevamos muy bien, lo tuvimos que hacer a la fuerza, pues como la casa es pequeña compartimos habitación.

    09/junio/1984

    Ayer te hable de mi hermana, pelo largo hasta la cintura, rubio oscuro tirando castaño, ojos color miel, un metro setenta y uno de altura, dos tetas que sin ser grandes son deseadas como su culo respingón, por más de uno (incluido yo) vientre aplanado, un caminar de gacela, que decir, cuando va por la calle muchos se dan vuelta para devorarla con la mirada (cuando voy con ella me da muchos celos). Estudia para modelo, ya hizo un par de publicidades en revistas, su anhelo es trabajar en televisión.

    10/junio/1984

    El amor platónico es la concepción filosófica de un amor sin lazos sexuales ni románticos que fue propuesto por el filósofo griego Platón.

    Así como el la propuso, yo me propuse, romper con ese paradigma, como ya te habrás dado cuenta querido diario, ese platónico que habita en mí, es Silvia.

    20/junio/1984

    Querido diario, no te abandone, me he tomado estos días elaborando una estrategia para llevar a cabo mi plan de tener sexo con mi hermana. Ya te iré contando. Lo que sí puedo decirte es que cada día que pasa, me estoy enamorando más.

    22/junio/1984

    Antes de ayer comencé aplicando las primeras armas, creo que me fue muy bien, la note receptiva. Te voy a abandonar unos días, debo abocarme por entero a la tarea. Fin momentáneamente.

    Estos días de escritura me han abierto un poco la mente e hicieron que me anime.

    07/junio/2023

    Querido diario, esos días se transformaron en años, tengo un andar mas cansino, mi pelo (el poco que me queda) ya está blanco, pero aquí estoy de nuevo, no quería dejar sin registro lo sucedido, tal vez, algunos de mis hijos o mis nietos te encuentren alguna vez y se enteren la verdad.

    08/junio/2023

    Afincado hoy en España, continuo “casado” con Silvia. Nuestros padres fallecieron en un accidente. Tiempo después decidimos emigrar para vivir a pleno nuestra vida de pareja.

    Todo comenzó cuando me anime a entrar al cuarto en que dormíamos, a sabiendas que ella se estaba cambiando, pues había salido de bañarse. Al ingresar encontré justo lo que quería que pasara, ella estaba solo con la tanga puesta.

    – Eeeeh, que haces tontito, no ves que me estoy cambiando, porque no tocaste a la puerta antes. (esto lo dijo sin cubrirse y dándose vuelta)

    – Perdón Sil, pensé que estabas aun en el baño (clavando mis ojos en sus tetas redondas y pequeños pezones)

    – (riendo) por lo menos podes dejar de mirar mis tetas (lo dijo pero no se cubrió)

    – Perdón tenés razón (bajando la mirada a su entrepierna que se veía totalmente depilada)

    – (riendo aún más fuerte) y mi concha también atrevido (se acercó me dio un beso fugaz en los labios) ahora por favor retírate así me termino de cambiar.

    Me fui, no sin antes observar nuevamente el desnudo cuerpo de mi hermana.

    A partir de ese día me di cuenta que todo cambio, obvio que para bien andaba más suelta de ropa cuando nuestros padres no estaban, dormía en ropa interior, hasta sus besos de buenas noches eran distintos, un día en la mejilla, otros en la comisura del labio y por ahí se le escapaba alguno en los labios.

    Alguna vez, no sé si lo soñé o fue cierto, me pareció que levantaba mis sabanas para ver debajo, aunque sabe que no duermo desnudo.

    Cierto día nos encontrábamos desayunando y recibimos un llamado telefónico, ese que nadie quiere recibir, avisándonos que nuestros padres se encontraban en el hospital debido a un accidente, dejamos todo como estaba y salimos hacia allí, al llegar nos dan la noticia de su fallecimiento.

    Al término del entierro, regresamos a casa, mudos, solo se escuchaba nuestra respiración y algún suspiro esporádico.

    Con el agotamiento que teníamos decidimos ir a descansar, Silvia lo hizo en nuestra pieza, decidí ir a la cama de nuestros padres, para sentir su olor por última vez, donde me quede dormido.

    A mitad de la noche siento algo del otro lado de la cama, despierto y veo a mi hermana acostándose junto a mí.

    – No quería dejar pasar la oportunidad de sentir su olor aunque sea por última vez (me dijo con unas lágrimas bajando por sus mejillas)

    – Por eso me vine aquí.

    – Cuanto dolor hermanito.

    Llorando en silencio, nos abrazamos quedándonos dormidos.

    Al otro día, cuando despertamos, estábamos en la misma posición, ella me dio un beso en los labios y se puso de lado, dejando su pomposo culo pegado a mí ya duro pene por la erección matinal.

    La abrace pegándome más a ella, que dejo escapar un suspiro, paso su mano hacia atrás acariciando mi culo para llegar a tocar mis testículos, se corrió hacia adelante y tomo mi miembro con su mano (no lo podía creer).

    Necesitaba ir al baño, debía orinar, higienizarme y hacer que se me pase la erección.

    – Silvita, voy al baño y vengo.

    Estoy orinando y la veo entrar desnuda, sentándose en el bidé, orino ahí, higienizándose también, salió antes que yo.

    – Te espero en la cama.

    – Bueno, ya salgo (dije controlando mis nervios)

    Al llegar a la habitación, no estaba, pensé que estaba en nuestro cuarto, cuando iba para allí, la veo entrar, aun desnuda, la tomo de la cintura, besándola apasionadamente, fue un beso como nunca antes había experimentado, así caímos en la cama.

    Sin soltar su boca comencé por acariciar su costado, rozando su tersa piel con la yema de mis dedos, su tacto era hermoso, desde su cuello hasta sus duros muslos. Ella me imitaba.

    Su abdomen me invitaba para que lo acaricie, cosa que hice, intercalando con besos en su ombligo a la vez que con mis dedos rozaba sus labios mayores que se humedecían a una manera vertiginosa, separe estos para tener acceso a los labios más profundos y sin querer, mis dedos se fueron perdiendo de a poco en esa vagina empapada de sus jugos.

    – Por favor, te pido que seas suave, aún no he tenido relaciones con nadie, no me lo vas a creer, pero me estaba guardando para vos.

    – ¿En serio? Por qué no me lo habías dicho antes, te deseaba mucho.

    – Me daba vergüenza, pero pensaba proponértelo, con la duda si aceptarías.

    La calle de un beso, seguí jugando con su clítoris, más grande de lo que había visto hasta ahora, para ir bajando con besos por su cuerpo, al llegar al pubis totalmente depilado mi lengua hizo el recorrido que antes habían realizado mis dedos, mis labios aprisionaron ese botón que deseaba ser besado, su boca dejo escapar un gemido de placer al tiempo que sus fluidos producidos en su primer orgasmo invadían la mía.

    Tomo de la mesa de noche un preservativo que agarro de mi bolso cuando fue a la pieza.

    – Creo que llego el momento, (me dio el preservativo que me puse de inmediato) quiero que me hagas tuya, quiero sentirte dentro, probar por primera vez que se siente tener un hombre entrando en mi cuerpo, que de hecho te deseaba desde hace rato.

    – Si amor, este momento será placenteramente inolvidable para ambos, te lo prometo.

    Alinee mi pene entre sus labios vaginales y fui ejerciendo presión de a poco, hasta toparme con el intacto himen.

    – ¿Estas preparada?

    – Toda y completamente tuya.

    Ya se notaba en su cara que los primeros centímetros de mi verga deseosa queriendo explorar sus entrañas, la estaban haciendo disfrutar, su boca entreabierta dejaba escapar suspiros y gemidos. Fui introduciendo de poco hasta que dejo de ofrecer resistencia esa tela que marcaba el límite de su virginidad y la bienvenida al mundo del placer. Un pequeño grito mezclado en esos ruidos que escapaban de su boca me hizo detener hasta que pasara el “pequeño pinchazo” que luego me describió. Pasaron segundos para que me pida continuar, arremetí contra su cálida y húmeda vagina en una vorágine de meter y sacar el miembro, las penetraciones fueron despacio, poco a poco, suaves, gemía tanto o más que yo, haciendo el movimiento cada vez más rápido, sus piernas se abrazaron a mi cintura, mientras la pelvis subía y bajaba acompasada con mis movimientos, su cuerpo se tensó y sus gemidos se hicieron más fuertes, sentía como su útero palpitaba indicándome el primer orgasmo producido por un pene.

    Seguí haciéndole el amor mientras besaba sus rosados pezones y su boca de tibios y rosados labios.

    Tuvo dos orgasmos más antes que llenara con mi semen el preservativo, testigo de nuestro primer y no último encuentro sexual.

    Aun con mi pene dentro, deje reposar mi cuerpo sobre el de ella, quería sentir su calor en mi pecho. Sin dejar de mirarnos a los ojos me dijo.

    – Gracias, hace rato que esperaba esto, te deseaba con cuerpo y alma.

    – Que agradecer, si nos deseábamos los dos, ambos queríamos esto, me encanto ser el primer varón en tu vida sexual.

    Me dio un beso en el que nuestras lenguas se volvieron a encontrar.

    Al salir mi sexo de ese sitio cálido, una pequeña mancha escarlata en la sábana blanca daba cuenta de lo sucedido.

    Silvia se dio vuelta y la abrace por detrás, con mis brazos rodeando su cuerpo, las manos acariciaban sus duros pechos suavemente.

    Nos quedamos dormidos, no puedo precisar cuánto tiempo, solo sé que al despertar ella estaba allí, no había sido un sueño. Me encontré con una imagen angelical sentada de chinito observándome.

    – Te ves más hermoso mientras dormís.

    – Vos sos hermosa todo el día, te amo.

    – Yo me dejo amar por vos. Me encanto ser tuya por primera vez, fuiste muy dulce y suave, nada que ver con lo que me habían contado mis amigas en su fantasía cogedora, hoy me doy cuenta, gracias a vos, que eran todo fabulas que me contaban.

    – De ellas no te puedo decir nada pues no las conozco, lo que si te puedo decir es que te merecías perder tu virginidad con una buena experiencia y trate de hacerlo lo mejor que me salió.

    Me abrazo nuevamente besándome apasionadamente, mi verga estaba erguida otra vez.

    Haciendo que se ponga como un perrito, abrió sus piernas comenzando la sesión de sexo, tome su largo pelo y lo agarre como una rienda con mi mano izquierda, mientras con la derecha le daba palmadas en sus glúteos, cosa que pareció gustarle, pues dejo escapar su ya conocido gemido de placer que me volvía loco, vi como sus jugos salían de su encierro vaginal rodando por sus muslos, el olor a sexo tomaba posesión de mis fosas nasales exacerbando mi estado de excitación, estaba a punto de acabar, cuando recordé no tener puesto el preservativo, saque mi verga al tiempo que empezaba a salir mi semen, quedando esparcido en su espalda.

    Bitácora de vida. Final.

    Hace treinta y nueve años que convivimos, con dos hijos que acaban de dejar la adolescencia, nuestra fogosidad nunca se apagó, a pesar de los años transcurridos.

    Pudimos trabajar de lo que nos gustó, Silvia es aún, una modelo reconocida que logro trabajar en la T.V. Española y pude ejercer mi profesión de fisiatra, también con éxito por suerte.

    Hoy vivimos en la isla de Mallorca, en su capital, Palma de Mallorca, a minutos del Mediterráneo, extrañando mucho Argentina.

    Alguna vez quisimos casarnos. En España, su legislación desde 1978, prohíbe el matrimonio entre parientes directos, no se considera delito ni tampoco incesto. Al ser hermanos, no puedo figurar legalmente como padre de nuestros hijos así que lo hice como su tío.

    Querido diario (que no fue tan a diario) hoy finalizo dando cierre a mi historia, esperando que al momento de no estar más en el plano terrenal, nuestros hijos o nietos conozcan esta, nuestra historia, (aunque creo, en este punto, algo deben intuir) la que no nos animamos a transmitirle nosotros, o quizás sí. El tiempo lo dirá.

  • A mi mujer le gustaron las katanas

    A mi mujer le gustaron las katanas

    Yacíamos, abrigados en sudor, agitada la respiración, uno al lado del otro, observando el techo. Pensaba en las enigmáticas palabras de Javiera, mi esposa desde hace 23 años, cuando, en medio de un pasional polvo, le pregunté si tenía alguna fantasía inconfesa, ofreciéndome como respuesta, sueño con una noche en la cual pueda hacer lo que se me antoje sin juicios ni represalias posteriores…

    Yo: -adelantándome solo para que ella no lo preguntara primero- en qué piensas, pequeña?

    Javiera: en que tú no me has confesado tu más profunda fantasía… vamos… lo que sea te prometo no diré nada, solo escucharé…

    Yo: me apena de solo pensarlo, pero la verdad es que he soñado un par de noches con tu prima María Eugenia… me imagino porque es lo opuesto a ti. Tú, atlética, proporcionada, bello rostro. Ella: mediana estatura, voluptuosa, atractivos rasgos, pero bonita no es… en fin… eso…

    Javiera: gracias por confiarme algo tan tuyo… te parece que me abraces para hacer tutito… -ubicándonos en el centro de la cama en modo cucharita- oye… qué es eso que siento ahí abajo… no puedes querer más… eres un pirata…

    Yo: arrgh… -exclamé cerca de su oído, con la verga acomodada entre sus nalgas, subiendo y bajando con cancina lentitud-

    Javiera: ahhhh… amor… tengo sueño… ahhhh… está bien, pero cortita ¿ya?

    Yo: no me pidas servirme un filete sin mascarlo bien para disfrutar de su textura, sabor y aroma… si lo hacemos, lo único que te prometo es que cortito no será… ¿sigo?

    Javiera: ahhhh… eres un tramposo!!! Sabes que no puedo decirte que no… ahhhh… quiero que lo intentemos de nuevo, Clau…

    Yo: está bien, pero esta vez quiero que probemos una nueva forma… en su momento te la contaré…

    A pesar de casarnos cuando ella tenía 16 y yo 17, nos deseábamos como el primer día. Esa noche de martes casi no dormimos, logrando una exitosa y placentera follada anal. Los días pasaron felices, pues si antes nuestro sexo era bueno, a partir de esa noche fue increíblemente mejor.

    Tal vez un poco más de dos meses transcurrieron desde aquella épicamente espontánea noche, cuando un jueves de mediados de mes, como siempre llegué al departamento a las 4 pm, pero esa tarde no estaba vacío a mi arribo.

    Al abrir la puerta, escuché música clásica proviniendo del baño. En la esquinera del recibidor había una nota escrita con la letra de mi Javi. Amor, hoy llegaré cerca de las 8 solo para pasar por María Eugenia. Ella está ahí porque en su condominio cortaron el agua y el gas por reparaciones. En el freezer está tu comida. Te escribo esta nota porque ya sabes que me encanta hacerlo… Te amo mucho. Tu Javi…

    No era la primera que vez que la prima de mi mujer se duchaba en nuestro baño por lo que me aboqué a satisfacer mi hambre. Diez minutos más tarde, ya ataviado con mi tenida hogareña (camiseta, una talla más grande, con la 23 de Air Jordan, pantalón corto de pijama y, obvio, descalzo), sacaba del horno eléctrico mi almuerzo cuando de súbito la puerta del baño se abrió y desde el vaporoso interior emergió María Eugenia, el cabello mojado, descalza y malamente cubierta por una alba toalla, con felinos ademanes encaminó sus pasos hacia donde me encontraba, mirándola con la boca abierta.

    María Eugenia: -con la voz de alguien que no se siente ni sorprendido ni cohibido.- Hola Claudio… qué rico huele…

    Yo: hola María Eugenia… toma asiento… te comparto, porque siempre boto cuando me deja comida la Javi…

    María Eugenia: Gracias… si quiero… -dijo sentándose en la silla junto a la mía. Una vez acomodada, desde donde me encontraba podía notar que su coño estaba al aire y sus dos pezones a punto de escapar de su frágil prisión.- te molesta que me siente a la mesa en esta facha???

    Yo: la verdad no…

    María Eugenia: lo que pasa es que la ropa con la que llegué está mojada por una torpeza de mi parte y la que voy a usar en la noche tiene para estar en la secadora una hora más…

    Yo: tranquila, prima… molestia no es lo que siento, así que puedes comer en paz…

    María Eugenia: jejeje… siempre tan sutil…

    Comimos en afable conversación al amparo de un delicioso Carmenare. Los temas fueron los típicos: el trabajo, las relaciones, su reciente quiebre y las ganas que tenía de venganza, el mundo y por supuesto el sexo. Mediaba la segunda botella cuando de pronto y tras dibujarse una indescifrable sonrisa en su rostro, espetó,

    María Eugenia: tienes algo dulce para el postre…

    Yo: -luego de casi un minuto hurgueteando el freezer y la alacena, del primero extraje un envase de crema chantilly de esos que se aprieta una esquina y por un tubito por presión sale la crema.- solo tengo esto… ni un mísero tarro de duraznos hay…

    María Eugenia: -tomando su celular y pasándomelo.- me ayudas???

    Yo: claro, pero para qué necesitas ayuda?

    María Eugenia: confío en ti… sácame fotos con tu celular y con el mío filmas la sesión… quiero que el pelota del Saúl vea lo que se perdió para siempre…

    Yo: si realmente quieres hacer esto… hagámoslo bien, entonces!!! Dame un minuto. –en menos tiempo, entré y salí. En las manos, un casco de bicicleta, con una cámara adosada a su parte superior, de alta definición y dolby. Dejé el celular de ella grabando, ubicado estratégicamente.- Ahora sí… qué tienes en mente… wow… ¿ok?

    Sin preámbulos ni pudor, María Eugenia, dejó al descubierto, de una sola vez, su firme, curvilíneo y voluptuoso cuerpo, pues, en 170 centímetros de altura, se repartían juiciosamente las medidas 95-60-100, sostenidas en contoneadas y extensas extremidades inferiores y dos finos, delicados y proporcionados pies. Rubia de almendrados ojos casi negros, aguileña nariz, generosa boca, rodeada por gruesos y perfectamente formados labios.

    Un rostro adusto, pero apuesto, descansaba sobre un delicado cuello y estrechos y femeninos hombros. Éstos precedían a un par de senos de antología. Proporcionadamente grandes y de perfectas y naturales formas, eran coronados por dos breves y rosadas aureolas, rematadas por sendos y definidos pezones. La escasa cintura y el trabajado abdomen, acababan en anchas y seductoras caderas y un asombroso, firme y redondo culo.

    La verga me reaccionó de inmediato, notándose debajo de la holgada polera, a pesar de mis esfuerzos. Por largos y tortuosos minutos fui su fotógrafo personal, realizando todo tipo de tomas en las más diversas posturas, siendo no pocas, las del tipo porno.

    Con el correr de los minutos, pude notar la transformación en su mirada, expresión y timbre de voz. En varias oportunidades preguntó si me gustaba lo que veía a lo que, inefablemente le contestaba con un seco sí. En una se encontraba apoyada en la pared de espalda a la cámara, el culo respingado y abierto por sus manos, la cara volteada, en los ojos lo único que se distinguía era lujuria.

    María Eugenia: -soltó sus nalgas para tomar el envase de crema, untarse en la mano y con ella embadurnarse ambos senos y desde el ano hasta el clítoris, para luego sonreír como una niña que ha sido sorprendida en una travesura.- ups!!! Qué tonta… me ensucié… ¿me limpias??? Pero que no se desperdicie la crema… no me gusta botar comida cuando se puede aprovechar aún…

    Antes de lanzarme en picada entre sus piernas, de reojo miré el reloj de la pared. Faltaban 15 minutos para las 6 de la tarde. Lamí, chupé, froté, con mis dedos penetré su depilado, exuberante y aromático coño, mientras de tanto en tanto, jalaba tiernamente el pequeño mohicano que lucía sobre su abultado monte de Venus.

    Estimulé su clítoris hasta justo antes del clímax. Fue entonces que con mis dedos anular y corazón le penetré el coño para de inmediato iniciar en apariencia un rudo sube y baja. En menos de un minuto gimió, jadeó y se quejó, primero entrecortadamente para luego, al tiempo que eyaculaba profusamente, convertirse en un único y extenso quejido de asombrado gozo.

    Dejé que experimentara el placer fluir por su sistema nervioso por unos segundos y siempre con mis dedos dentro de su coño, inmóviles, pero presentes, para recomenzar con el sube y baja al mismo demoledor ritmo. Esta vez no me detuve cuando su coño expelía abundantes fluidos vaginales, por lo que en menos de medio minuto, alcanzó a eyacular 4 veces más, desplomándose sobre el empapado lecho.

    La acomodé, dejándole el culo parado, la espalda arqueada, separadas las rodillas, su peso apoyado en ellas y los hombros. Entonces, con mi erecta verga comencé a pasarla por toda su mojada rajita, desde el clítoris hasta el palpitante, prometedor y rosado ano.

    Yo: está todo bien, María Eugenia?

    María Eugenia: si… muy rico…

    Yo: me regalas tu culito, prima???

    María Eugenia: y si me duele…

    Yo: si haces lo que te diga, prometo que te gustará…

    María Eugenia: está bien… solo porque estoy caliente… apúrate…

    Yo: si quieres que me apure, entonces, frótate el clítoris y aprieta las muelas… ahí vamos…

    Comencé a follar su coño a un ritmo medio, pero llegando en cada embestida hasta el fondo. Al poco, con mi dedo índice, fui penetrando poco a poco su ano. Prontamente, el ano de la prima fue dilatándose hasta recibir sin dolor dos dedos completos en un mete y saca coordinado con el que llevaba en la vagina.

    Se comenzaba a retorcer víctima del tercer orgasmo cuando en dos rápidos y certeros movimientos, terminé de una sola estocada con toda la cabeza de mi verga dentro de su ano, recibiendo como respuesta un sonoro quejido mezcla dolor y placer.

    Yo: no pares de frotar tu clítoris…

    María Eugenia: duele mucho, Clau… pero es rico también… siento sensaciones raras… me gusta aunque me duela… esto es desconocido para mí… ay!!! Ah… suave… eso… ahhh… me voy de nuevo… no puedo creerlo… ahhh…

    Aproveché el orgasmo para llegar al tope con mis dedos y de inmediato comencé con el mete y saca, aumentando progresivamente el ritmo hasta establecernos en uno medio. Después de casi 10 minutos así, ya por el par final, la prima quedó atrapada en un extenso y uniforme orgasmo que terminó en el momento en el que acabé en sus intestinos profusamente. Miré el reloj. Dos minutos faltaban para completar una hora desde que me lanzara a su jugoso coño. Aún tenía tiempo para seguir gozando de la fogosa hembra.

    Llevábamos cerca de 15 minutos del segundo round, cuando mediante un mensaje, mi esposa me avisa que llegaría a las 9 por asuntos del trabajo. Nos miramos con María Eugenia y follamos como adolescentes por sus tres agujeros en todas las poses que se nos ocurrieron hasta que la alarma que había programado nos avisó que faltaban 20 minutos para la hora fatal por lo que poco después acababa en su boca, por última vez.

    Cinco minutos pasados de las 9 y mientras me duchaba, mi esposa llamó a su prima que llegaría en 15 minutos más y que no subiría por ella, por lo que debía de bajar a su encuentro. Esa noche, Javiera llegó de madrugada, más ebria de lo acostumbrado y, de pie al borde de la cama, tambaleándose, espetó.

    Javiera: Clauuu… Clauuu…

    Yo: -despertando- dime cariño…¿te sientes bien?

    Javiera: estoy muy caliente… te necesito… -y, desnuda, se dejó caer sobre el lecho.-

    Hicimos el amor y/o nos revolcamos alternativamente por largas, tiernas y rudas horas con una ardiente pasión, hacía tiempo, olvidada. Conciliamos el sueño, con el trinar de los pájaros, recibiendo el amanecer, durmiendo hasta el mediodía.

    En el transcurso de las siguientes semanas estuve a punto de contarle todo, pero algo dentro de mí me lo impedía. De este modo, los días, fueron semanas y sin darme cuenta, las semanas se acumularon en meses y así el tiempo pasó, llevándose con él, todo, menos nuestra cada vez mejor relación en la cama.

    Un día, Javiera llegó con la buena nueva de un ascenso en el trabajo. Asumía el cargo de gerente de negocios internacionales. Lo celebramos como es debido en un buen restaurante. Dos meses más tarde, me comenta que ese viernes tenía que recibir a dos importantes ejecutivos de una empresa japonesa y…

    Javiera: mi jefe me dijo que a los nipones les interesaba sobremanera la vida doméstica que, los ejecutivos de las empresas socias, llevaban por lo que era tradición invitarlos a cenar o almorzar a la casa… estoy nerviosa…

    Yo: tranquila, amor… eres buena en todo… qué te parece que los invites este viernes a cenar y preparo esa carne al horno que tanto te gusta… Luego, durante la sobre mesa, los adulamos mientras bebemos…

    Javiera: está bien… así lo haremos…

    La noche de la cena mi esposa escogió un ajustado y sensual vestido de algodón strech negro como la noche misma con un moderado escote, pero largo solo un palmo más desde donde terminaban sus redondas nalgas. Calzaba sandalias descubiertas del mismo color con terraplén y, como de costumbre, no llevaba sostén.

    Puntuales llegaron las visitas. Eran dos tipos con los típicos rasgos orientales de mediana edad, pelo corto, vestidos con el mismo traje negro y camisa blanca, sin corbata. El que individualicé como el jefe era de baja estatura, con prominente ponchera, cuello y brazos gruesos y fría mirada. Parecía un luchador de sumo en pequeño. El otro, en cambio, si bien poseía la misma mirada, era alto, atlético y de ágiles movimientos.

    Con la mirada siempre evaluando inquisidoramente, se sirvieron el aperitivo, el cóctel y la cena. Comenzaron a bajar la guardia en la misma proporción que ingresaban en la relajante embriaguez del alcohol. Luego de dos botellas de whisky entre los cuatro, ambas visitas, reían con soltura y no dejaban de adular a mi mujer. Dado que tenían nombres impronunciables al luchador de sumo lo llamaré Sr. Hatami y al deportista Sr. Kanagua.

    Sr. Hatami: no sé de qué se ríen… es verdad…

    Javiera: me está diciendo que en su país existen lugares donde los hombres llevan a sus esposas a que sacien su lujuria y pagan por eso?

    Sr. Hatami: básicamente, así es…

    Sr. Kanagua: no veo que sea algo malo o pervertido como escuché por ahí, al contrario es por mucho más civilizado que su liviana costumbre de casarse, engañarse y luego separarse con todo lo que eso implica tanto en lo económico como en lo humano…

    Yo: qué tiene que ver lo uno con lo otro…

    Javiera: eso mismo…

    Sr. Hatami: en nuestra cultura entendemos que el hombre puede engañar y seguir con la misma mujer, pero que la mujer, la mayor parte de las veces, engaña cuando ya no quiere estar con su esposo… y siempre al dejarlo es tachada como una mala esposa… para que eso no pase, tanto es esposo como la mujer, pueden practicar sexo libremente, sin posteriores recriminaciones… Mira, Javiera, acá tengo un video de mi esposa. Es de hace poco.

    Yo: sería impertinente de mi parte pedirle si me permite parear su equipo con la televisión… así lo vemos todos… y, por favor, si le molesta le pido perdón…

    Sr. Hatami: de ninguna manera, sería un honor compartir con ustedes el video…

    El filme casero tenía una duración de 28 minutos. Comenzaba con una entrevista en un cuarto de un inmaculado blanco a la atractiva y joven señora Hatami, sentada en un sofá a juego con las paredes, junto a su marido. El esposo nos explicó que le estaban preguntando varias cosas, como, si estaba ahí por su propia voluntad, si prefería fueran rudos o gentiles los amantes en la cama o si apetecía una o más vergas y si prefería varias, las quería todas al mismo tiempo o de una en una y cosas similares que nos dejaron a mi esposa y a mí, absolutamente prendidos.

    Si bien la señora se había inclinado por un polvo rudo con una verga grande y gruesa, el esposo, sin embargo, acercándose al tipo elegido y susurrándole algo al oído, cambió dramáticamente los planes. Esto porque después de hacerla eyacular repetidas veces y sentir dos orgasmos, tras penetrarla a lo perrito comenzó a follarle el coño con verdadera alevosía.

    Al poco, otros labios besaban su boca para casi al tiro, enchufarle la verga y, de una, follársela a un ritmo demoledor. De pronto miré a mi esposa. Hipnotizada por la pantalla, sin notarlo, llevó su mano hasta la entrepierna, separó poco a poco las rodillas y comenzó a tocarse por encima del mojado calzón. Los invitados, sentados en frente de nosotros, ya no miraban la tv.

    De pronto se me vinieron a la mente las palabras de mi esposa de aquella noche. Me levanté con cuidado para no interferir en su concentración y dirigí hacia los invitados que, con ojos de lobo hambriento, no se perdían ni un solo detalle. Me ubiqué por detrás, entre los dos.

    Yo: para nosotros sería un honor que se sentaran uno a cada lado de mi esposa para hacer todo lo que ella les permita… les pido paciencia porque esta es la primera vez que estamos en una situación como ésta…

    Sr. Hatami: será un honor, estimado señor…

    Sr: Kanagua: el más grande honor… señor mío y que nos deja a nosotros terriblemente endeudados con ustedes…

    Yo: ok… solo no hablemos de esto y no dejen mal a mi bella e inteligente mujer en su trabajo…

    Sr. Hatami: antes de venir hacia acá, entregamos un positivo informe a nuestros socios en Tokio sobre su esposa y la compañía donde trabaja…

    Yo: wow… no sé qué decir aparte de gracias… -Javiera tenía completamente separadas las piernas y un seno con su erguido pezón, expuesto, tocándoselo sin separar la vista de la TV. Ésta proyectaba una imagen donde la esposa estaba empalada por una verga en el coño y otra en el culo, más una tercera taladraba con vigor su boca…

    Ambos asiáticos se sentaron uno a cada lado de ella. Los miró y siguió enfocada en la película. Entonces, casi al unísono, chuparon, lamieron, succionaron y manosearon cada uno un seno, mientras con sus manos la desnudaban con ardiente parsimonia y sin oposición alguna.

    Por extensos minutos extrajeron del cuerpo de Javiera toneladas de placer y lujuria que la mantuvieron, sin siquiera usar sus vergas, de clímax en clímax y totalmente entregada a dos extraños en cuerpo y alma. Grabé cada detalle del tratamiento que mi esposa recibió gentileza de nuestros invitados a cenar.

    Luego de más de una hora de seguidos e intensos orgasmos y mientras Javiera yacía desparramada sobre el sillón, los hombres se desvistieron. El Sr. Hatami se sentó en el borde, tomó a Javiera, dejándola frente a él y de una sola vez la sentó sobre su verga, iniciando de una, un a todo ritmo mete y saca en su empapado coño. De cuando en cuando le succionaba con pasión un excitado seno.

    El Sr. Hatami hacía saltar sobre su verga a mi esposa con saña para luego, con el miembro enterrado, comenzar a mover sus caderas adelante y atrás cada vez más rápido hasta un nuevo orgasmo (otro más). De súbito Hatami, desempaló a Javiera y ubicándola entre sus piernas, agachada sin doblar las rodillas, hizo que le besara el cuerpo.

    Entonces, Kanagua, apoyando su mano en la espalada de mi mujercita, la acomodó, dejándole el culo aún más expuesto y ambos senos y labios a merced de la boca de su socio quien luego de solazarse en ellos, con su mano en la nuca de mi esposa, la llevó directo a que engullera su verga.

    De rodillas a menos de un metro de la escena, grababa excitado como nunca antes lo había estado, cómo Kanagua penetraba poco a poco el coño de mi esposa con su verga mientras con sus dedos, hacía lo propio por el culo. Hatami, al sentir quejidos, con su mano dirigió el brazo de Javiera hasta posarla en su entrepierna. Al oído le susurró, -tócate tú misma el clítoris- y la instó a continuar chupándole apasionadamente la verga.

    Javiera a pesar de ser una mujer ardiente en la cama, nunca había sido ni gritona ni tampoco multiorgásmica, pero estos señores eran verdaderos samuráis del sexo. Tenían a mi esposa chupándole la verga a Hatami y parándole el culo a Kanagua, quien penetraba su coño con la verga y su culo con dos dedos coordinadamente.

    Al cabo de un buen rato follándose a Javiera a tres bandas, Kanagua dejó ambos orificios libres en medio de otro orgasmo de Javi, la dio vuelta, dejándola de pie, de espalda a Hatami, jadeando, el mojado pelo pegado al rostro.

    Éste, luego de levantarse, la tomó por las caderas y lentamente comenzó a perforarle el culo hasta lograr incrustarle la verga completa. Le puso las manos donde terminan las piernas y empieza el culo, alzándola en vilo. Luego de unos segundos de paz, la dejó caer para luego levantarla, unas cuantas veces, obteniendo de parte de mi mujer, audibles gemidos de placer.

    Tras unos cuantos sube y baja, de súbito se detuvo. Kanagua aprovechó esos instantes de calma para ubicarse, mirándola a los ojos, entre sus piernas, para con tiento, comenzar a penetrarle el coño sin sacarle la verga del culo.

    El rostro desencajado, los párpados unidos a cal y canto, silenciosa la boca semi abierta, los puños crispados, arqueada la espalda, contraídos los acicalados dedos de sus delicados pies, todos síntomas que daban cuenta del tremendo gozo en el que flotaba mi señora.

    Una vez las dos vergas estuvieron acomodadas, iniciaron una demoledora doble penetración que desde el comienzo y hasta que los hombres acabaron dentro de ella, la mantuvo poseída por una cadena de orgasmos y eyaculaciones que, al final, la dejaron semi inconsciente, apoyando la cabeza sobre el pecho de Hatami.

    Entre los tres la llevamos en andas hasta nuestro lecho matrimonial. Profundamente dormida, respiraba con la paz del sueño, brillante aún el cuerpo por el sudor. La observé en silencio por casi un minuto. Hasta que de pronto fui interrumpido.

    Hatami: Venga, por favor… necesitamos conversar…

    Yo: tranquilo… cuando duerme así, no la despierta ni un camión pasándole por encima…

    Hatami: En nombre de mi socio y el mío propio quiero expresarle mi eterna y sincera gratitud, regalándole estos pasajes a usted y su esposa a Tokio por una semana con todos los gastos pagados, un viático de 2000 dólares y una limusina a su completa disposición…

    Yo: esteee… no lo sé…no es que no lo acepte, al contrario, me siento profundamente impactado por el ofrecimiento, pero tengo que hablarlo con ella y además están nuestros empleos…

    Hatami: no quiero que se ofenda, pero escúcheme… sabemos, porque investigamos a todos los involucrados cuando hacemos negocios… en fin, sabemos que usted es independiente y no gana más de lo que gana por convicciones. Sabemos que su esposa gana 5 veces más que usted… A usted le ofrezco por esa semana conociendo Tokio el salario de un año…

    Yo: wow… gracias…

    Hatami: y en cuanto a su esposa… hablaré con sus superiores. Les solicitaré la nombren supervisora en jefe de la fusión… Será un proceso largo y tedioso, durante el cual viajará constantemente y necesitará la asistencia de alguien competente…

    Javiera: -apoyando su peso en el codo- Amor…

    Yo: dime…

    Javiera: quiero hacerlo… pero solo sí tú también así lo deseas…

    Yo: -miré a mi esposa, le sonreí y le estiré la mano a Hatami- Está bien, Sr. Hatami, tenemos un trato…

    Kanagua: -asomándose por el umbral de la puerta abierta. Vestido.- Sr. Hatami… el chofer preguntó si puede pedir algo para comer… le contesté que subiera a buscarlo… ¿Está bien?

    Hatami: si… -miró la hora- creo que yo también comeré algo…

    Yo: lo sigo… ¿vienes amor?

    Javiera: tomo una ducha y los acompaño…

    Resultó ser que el chofer de la limusina era un tipo de color, nacionalidad haitiana, que perfectamente pudo haber jugado en la NBA porque medía poco más de 1.90 m, con el físico de un atleta. Su único detalle era un rostro menos que poco agraciado, pero que lo disfrazaba con un liviano y ameno carácter.

    Los cuatro hombres cada uno ubicado detrás de una de las sillas laterales, manteníamos una alegre charla, esperando a mi esposa. La que de pronto apareció rutilante, cruzando a penas cubierta con una pequeña toalla, como una saeta desde el baño a la pieza, cerrando la puerta tras de sí. Todos nos miramos con una sonrisa dibujada en los rostros.

    Dos minutos después, sale de la pieza vestida con un camisón amplio y largo hasta los tobillos, de blanca y suave seda y, sobre él, una corta bata de fino algodón del mismo color. Lucía sin maquillaje y el cabello mojado. Unas albas zapatillas con el logo del hotel escondían sus hermosos pies. Me acerqué para recibirla. Estaba maravillosa…

    En la segunda parte, y si ustedes así lo desean, les contaré qué fue lo que pasó el resto de aquella larga, asombrosa y lujuriosa noche en una de las habitaciones de lujo del Hyat… Solo les adelantaré que solo fue un “petí bouché” para lo que vivimos en el viaje a la isla de los Samuráis.

  • Mi suegro me da una sorpresa

    Mi suegro me da una sorpresa

    Tenía como una semana sin coger. Mi esposo había estado unos días de viaje y los otros, concentrado en sus reportes.  Estaba ya loca de ganas de ser poseída. Me le insinué un par de veces y él nada, ninguna bola me dio.

    Me masturbé. pero no me resultó suficiente. Seguía con ganas brutales de tener un hombre dentro. En mi desesperación, entré a un chat, pero me desanimé rápido, demasiado riesgo. Pensé crearme una cuenta en una página de citas, pero preferí no dar ese paso.

    La suerte me acompañó. Mi suegro me escribió para comentarme que, al día siguiente, estaría de paso por la ciudad. Que llegaba en un vuelo a la mañana y regresaba en uno a la tarde. Venía a una reunión de sus negocios. Me lo comentó como “al aire” para ver si estaba disponible. Y sí que lo estaba, con unas ganas salvajes de tener una verga dentro.

    Coordinamos. Llegaba a Lima, iba a su reunión, luego al almuerzo y trataría de escaparse un par de horas para coger. Quedamos en que lo esperaría ya en el hotel pues no tenía mucho tiempo. Acepté todo. La verga de mi suegro me hace volar y en ese momento la necesitaba y mucho.

    Para tener algo más de tiempo quedamos en un hotel en San Miguel, ya cerca al aeropuerto. Me pareció super. Me quedaba algo lejos, pero estaba dispuesta a todo. Me relaje sabiendo que mis necesidades serían atendidas.

    Al día siguiente me desperté. Desayuné. Fui al gym. Sabiendo que sería atendida ya, estaba relajada. Luego de almorzar algo ligero, me duché. Me puse una lencería muy sexy, pero rápida de sacar. Una falda voladiza, una blusa y listo, sin mucho arreglo. Pedí un taxi, pero a la esquina del hotel donde quedamos. Bajé y caminé al hotel. Pagué la habitación matrimonial. Dije que el señor XYZ llegaría a buscarme y subí. Decidí esperarlo acostada y sólo en lencería. Eran poco después de las 3 pm. El vuelo de mi suegro era pasando las 7 pm.

    Me quedé dormida un rato. Justo a las 4pm me desperté. A esa hora había quedado con mi suegro. Me lavé la cara y me acosté a esperarlo. Pasaban los minutos y nada. Llegaron las 4.30 y nada. Le mandaba mensajes a su whatsapp y nada, no los leía. Empecé a frustrarme. Sabía que máximo teníamos hasta las 6pm para que vaya al aeropuerto y no pierda su vuelo.

    A las 5 pm estaba furiosa. Ni leía mis mensajes, menos los respondía. Hacia las 5.15 le mandé un par de audios mandándolo a la m. Estaba indignada. Plantada. Había pagado el hotel, había dado la cara. Hasta imaginar al recepcionista verme salir sola me molestaba. Todo me ponía loca.

    Poco después de las 5.20 tocaron la puerta. Estaba tan furiosa que abrí con ganas de mandar en directo a mi suegro a la m. Al abrir lo encontré con otro señor. Me quedé pasmada.

    Con frescura entró a la habitación y le dijo a su amigo “te presentó a mi nuera, es la puta de la que siempre te he hablado”.

    Empezó a desnudarme y antes de tener tiempo de reaccionar, ya estaba con la verga al aire. Se sentó en el sofá que había en la habitación. Me dijo “chúpala”. Perdí la razón. Me arrodillé sobre la alfombra de la habitación y obediente se la empecé a chupar. Sin darme cuenta, su amigo se había desnudado. Se puso detrás de mi y con sus manos me acomodó como perrita. Seguía chupando la enorme verga de mi suegro, extasiada en el morbo de estar allí con ambos. De pronto sentí otra verga grande entrar en mi concha húmeda.

    Tuve un orgasmo, como casi siempre, demasiado rápido. Mi suegro recalcó el momento “vez, te lo dije, es muy puta”. Seguí chupando y seguí disfrutando al amigo de mi suegro en mi concha.

    Luego decidieron cambiar. El amigo se sentó en el sofá. Seguí en posición de perra. Su pene tenía todo el sabor de mi concha y de mi corrida. Lo empecé a lamer mientras mi suegro ensalivaba mi culito. Mientras lo hacía le decía a su amigo “con que rico culito se casó mi hijo”. Escucharlo decir eso me puso aún más puta. Así en perrito, me quebré lo más que pude. Siguió diciendo mi suegro: “la vez, vez lo puta que es?” y en una sola empujada me metió su pene enorme en el culo.

    Me sentí morir. Volví a tener un orgasmo casi instantáneo. Temblaba toda. Mi suegro me soltó todos los insultos de su repertorio. Puta, perra, pero que cornudo es mi hijo. Yo allí sumisa y obediente, con los dos viejos disfrutándome.

    El amigo de mi suegro eyaculó en mi boca. Me cogió la cabeza para que sólo me quede como opción tomar su leche. No era necesario, lo iba a hacer igual. Mi suegro llegó un par de minutos después.

    Subí a la cama. Ellos se arreglaron. Siguieron hablando de sus negocios. Yo era invisible. Al salir se despidieron y mi suegro reitero su ¿viste lo puta que es?

  • Vuelo nocturno (II)

    Vuelo nocturno (II)

    «Nunca creeré que Dios juega a los dados con el mundo» Eso afirmaba Albert Einstein, y yo también sostenía esa idea hasta hoy.

    Es sábado por la noche y hemos salido a cenar aprovechando que mi hija se queda en casa de una amiga y con la intención de dedicarnos algo de tiempo el uno al otro, que falta nos hace. Optamos por una pequeña pizzería ubicada en el barrio del Carmen. Prefiero los lugares recogidos, con poca afluencia de gente y en donde todavía prima el encanto de lo artesanal frente a la turba de los grandes centros comerciales.

    Un joven camarero nos atiende y nos pregunta donde preferimos sentarnos. Elegimos una mesa junto a la ventana desde donde podemos contemplar el deambular de la gente transitando por la estrecha callejuela. Elegimos un Ribera del Duero y unas tapas como entrantes. El joven nos sirve el vino, después chocamos las copas y brindamos por nosotros.

    Nuestra relación está en un buen momento, pese a ello, somos conscientes de que necesitamos dedicarnos más tiempo, puesto que la mayoría de las veces nuestros cargos nos impiden conciliar una vida familiar plena. Entre horas que le echamos al trabajo, viajes de empresa y obligaciones parentales no siempre tenemos la oportunidad de disfrutar de un momento exclusivamente nuestro.

    Mi marido me comenta las discrepancias existentes entre la plantilla y la dirección de la empresa. Él es el gerente y tiene que gestionar el descontento por un exceso de horas que se les exige a los primeros y las necesidades de producción de los segundos. Lo entiendo perfectamente, dado que es un conflicto de unos intereses que chocan entre sí, y en los que ambas partes contadas veces logran entenderse en lo económico y, aunque él es una persona condescendiente, en ocasiones, la presión de los accionistas le impide proceder como a él le gustaría, pues al final son los dividendos los que marcan la ruta, pero también, los que tienen que hablar en su nombre. Estoy segura de que encontrará el modo de que llegue a buen puerto el acuerdo entre el comité de empresa y dirección. Se lo digo mientras con mis dos manos le cojo la suya como muestra de apoyo, pero también para que dejemos los problemas laborales al margen de lo que pretendemos que sea una noche especial. Me da las gracias mientras insiste en el tema y por experiencia sé, que eso, más que convicción, es un síntoma de inseguridad. En ocasiones sus vacilaciones me desquician y por mucho que intente ayudarle él sigue albergando dudas y dándole mil vueltas a un asunto que podría resolverse en otro momento. Empiezan a aburrirme sus contrariedades e intento desconectar desviando la mirada a mi alrededor como si me interesara más la decoración del local o lo que ocurre en las mesas colindantes. Para alguien que sepa interpretar el lenguaje del cuerpo no le será difícil llegar a la conclusión de que me empiezan a fatigar sus tesis laborales.

    Otra vez, y ya con cierto hastío, dirijo la mirada de forma mecánica hacia la barra y el corazón me da un vuelco cuando veo al barman que me observa fijamente mientras llena varias jarras de cerveza. Me quedo patidifusa y aparto la vista sin saber qué hacer. Regreso al cansino universo de las huecas reflexiones con las que sigue martilleándome mi marido como si realmente me interesaran ahora mismo.

    Observo de nuevo por si ha sido una alucinación, o bien para cerciorarme de que he visto a quien creo haberlo hecho. Ahora estoy segura de que es lo segundo. Nuestras miradas se encuentran. Mi rostro palidece al tiempo que el barman me sonríe brindándome el mismo gesto de hace unos meses en el avión, por lo que una vez más, esquivo su exhaustivo examen ante una situación que me resulta de lo más embarazosa. Por el contrario, a él parece no importarle el hecho de que mi marido esté a mi lado, incluso apostaría que para él es una motivación añadida.

    Mi esposo parece no darse cuenta de la tesitura y sigue en sus cábalas. Por mi parte, ya estoy deseando marcharme de allí a la mayor celeridad y por diferentes motivos. Me resulta difícil gestionar esta desconcertante situación a la luz de lo que puede delatar mi aventura del pasado y por ello tengo presente lo vulnerable que soy en estos momentos. Ese tipo, no sólo podría arruinarme la noche, sino mi vida.

    Aquel episodio casi lo había relegado al cajón de los recuerdos sombríos y, de forma no autorizada, este sujeto ha vuelto a interferir en mi vida, del mismo modo, y sin autorización, como si mi cuerpo quisiera confabularse con ese individuo, ha empezado a mandarme señales improcedentes, es por ello que mis pezones se empeñan en pretender horadar mi suéter a la vez que siento una necesidad imperiosa de meter la mano por debajo de la mesa, apretarme y aliviar la desazón de mis bajos.

    Aún estamos en los entrantes y todavía no nos han traído la cena. Vuelvo a desviar la vista hacia el mirón y advierto un gesto de complicidad. El joven nos trae las dos pizzas que hemos pedido, sin embargo se me ha ido el hambre por completo. Intento aparentar normalidad en una situación que es todo menos normal. Como dos porciones de pizza para fingir serenidad pese a que la boca del estómago se me ha cerrado a cal y canto.

    Mi marido advierte mi silencio, incluso que estoy jugando con el tallo de la copa de vino sin beber, sin comer y sin apenas hablar. Me pregunta qué me pasa. Solo le digo que se me ha ido el hambre, pero no el motivo. Quiero decirle que nos vayamos y nos saltemos la cena, el café y las copas, puesto que mis apetitos son ahora de otra índole. Debería avergonzarme por excitarme con el pensamiento de algo que hice en el pasado y de lo cual no me enorgullezco, y mucho menos con un fulano que no me parecía, ni de lejos, atractivo, sin embargo, ¿por qué me cuesta reconocer que aquella insensatez fue lo más morboso, salvaje y placentero que hice jamás? Eso me dice que el placer no está reñido con la persona que creemos que es la equivocada.

    —No has comido nada, —me advierte mi esposo, como si acabase de descubrir el primer genoma.

    —No me encuentro muy bien. Necesito aire. ¿Por qué no pides la cuenta? —le digo, y servicial como sólo lo es él, levanta el brazo llamando al joven que acude ipso facto, no obstante, es el hombre de la barra quien nos trae la nota, al tiempo que nos pregunta si todo ha sido de nuestro agrado mientras me mira fijamente esperando una respuesta hasta que le digo que todo estaba delicioso intentando aparentar normalidad. Pero en esa mirada van implícitas muchas más cosas que mi respuesta. El hombre asiente y me sonríe. Mi corazón me late de forma descontrolada hasta querer salírseme del pecho. Su cuerpo casi roza con el mío, incluso hasta me parece advertir el olor del baño del avión y por unos segundos parece que viajo en el tiempo. Cosas del cerebro. Compruebo que su mirada se ha clavado en el canalillo de mi escote y retorcidos pensamientos rebotan en mi cabeza, y mientras mi marido teclea el número secreto de la tarjeta de crédito en el datáfono, el hombre me ofrece una tarjeta de visita por si deseamos encargar mesa en un futuro, pero estoy segura de que hay otra intencionalidad camuflada.

    En el coche, de camino a casa mi excitación va in crescendo. Las imágenes se suceden una tras otra como flashes en mi cabeza repiqueteando mis sentidos de tal modo que puedo notar la humedad entre mis piernas. Acaricio mi pezón derecho con disimulo y mi braguita resbala dentro de mi raja. Me apetece hacer una locura en vez de echar el típico polvo salvaje de los sábados en la cama.

    Poso mi mano en su entrepierna, pero parece que él no está tan excitado como yo. Le desabrocho el pantalón.

    —¿Qué haces? ¿Estás loca? —me pregunta y le contesto que sí, pero por él.

    —¿Por qué no hacemos una locura como en los viejos tiempos? —le pregunto yo. Él me mira como si estuviese ida.

    —¿No te encontrabas mal?

    —¡Para el coche en un descampado y fóllame! —le digo mientras su polla se hincha en mi mano.

    Buscamos las afueras de la ciudad y detiene el coche en un polígono industrial donde solíamos ir en tiempos remotos cuando las alternativas eran limitadas.

    —Estás loca, —me dice al mismo tiempo que meneo su polla con dinamismo. A continuación, mientras reclina el asiento me deshago de las bragas, le bajo los pantalones hasta los tobillos y me monto sobre él hundiéndome su verga por completo. Sus manos destapan mis tetas y me las oprime con fuerza al tiempo que yo cabalgo sobre mi corcel. Unos cuantos brincos bastan para que el orgasmo golpee mi coño traduciéndose en múltiples convulsiones internas, acompañadas de gemidos de placer y algún que otro grito exaltado. Después de ese sublime instante me pregunto si no me he delatado, pero me doy cuenta que está ahora demasiado excitado como para andar a la caza de incongruentes explicaciones. Me da la vuelta, se posiciona sobre mí para empezar con empujones lentos hasta convertirse en enérgicos embates. Mi excitación regresa e intento sincronizarme con el ritmo de los movimientos pélvicos que impone mi esposo. Cierro los ojos un momento y visualizo al energúmeno que me folló en aquel reducido espacio del avión.

    Ambos movemos las caderas cada vez más rápido en busca del clímax. Empiezo a gritar como una posesa y él me sigue, no porque intente imitarme, sino por lo salvaje del polvo y el morbo tácito. Le pido más polla. Le exijo que me reviente el coño y se afana en ello, pero es cuanto tiene. Vuelvo a imaginar aquel mango abriéndome en canal y el clímax me atrapa gritando y suplicando verga. Mi marido me acompaña en el orgasmo y sus jadeos me confirman que lo ha disfrutado tanto o más que yo.

    Al recuperar el resuello nos miramos a los ojos y empezamos a reímos a carcajadas como dos adolescentes ante la adrenalina de haber cometido un acto ilícito.

    —Estamos locos, —asegura.

    —Sí, —afirmo con una sonrisa.

    —Tenemos que hacer esto más a menudo, —me dice mientras se viste. Yo hago lo propio y abandonamos el lugar.

    Me despierto por la mañana sudorosa y excitada. Mi marido ya se ha marchado a correr sus siete kilómetros. Mientras me recreo en la cama pienso en lo ocurrido la noche anterior. A ambos nos gustó cambiar las reglas del juego y el escenario. Lo que él no sabe es lo que motivó tal cambio.

    Las secuencias del avión se congregan otra vez en mi cabeza para perturbar mi sosiego. Cierro los ojos y me veo arañando la puerta del W.C. mientras el energúmeno arremete con fiereza desde la retaguardia hasta conseguir alzarme del suelo con cada embate.

    Mis dedos se pasean por la raja evocando el instante y por un momento me pregunto cómo será tenerlo de nuevo dentro sin el estrés añadido de que alguien nos pille infraganti. Reconozco que ese morbo implícito fue un acicate, sin embargo, tener más tiempo y dar rienda suelta a nuestros más bajos instintos debe ser el summum.

    Busco en el fondo del cajón de mi mesita a mi fiel compañero de viajes, paso la lengua sobre él y lo introduzco en mi boca imaginando el mazacote del barman. Ensalivo la polla de látex recorriendo su textura para después introducírmela por completo. Vuelvo a sacarla y repito el movimiento hasta que hallo el ritmo deseado, mientras el dedo corazón de mi mano izquierda atiende el pequeño nódulo trazando movimientos circulares. Saco la polla de plástico embadurnada de mis caldos y me la trago con sonoros chasquidos hasta provocarme una arcada, después me la ensarto otra vez de tal manera que mis gemidos se intensifican. Mis caderas se retuercen serpenteando mientras me follo con la enorme polla.

    —Fóllame cabrón, —le grito al barman en voz alta como si estuviese conmigo y fuese el artífice de mi placer. El orgasmo me atrapa en esa fantasía gritando y articulando despropósitos.

    Pasada la euforia me pregunto si realmente es lo que quiero. No respondo por condicionantes sociales y culturales, pero en el fondo me atrae la idea. No es más que puro morbo, lujuria y un placer que aquel sujeto desató abriendo la caja de pandora, y en cierto modo estoy agradecida porque “nuestra” vida matrimonial ha subido de nivel, no sólo en el ámbito sexual, sino en la conciliación familiar y en nuestra relación de pareja.

    A los cincuenta el sexo sigue siendo algo indispensable, ahora bien, la monotonía, la falta de alicientes y el dar muchas cosas por sentadas suprime la palpable chispa de esos primeros años de relación. Llega a convertirse más en una necesidad fisiológica sin otros incentivos que los que te pide el cuerpo por esa misma vía. Nos nutrimos de fantasías para colmar ese hueco que se ha vaciado en el transcurso de los años, por ello, bienvenidas sean si logran llenar ese vacío. De ahí que desde ese sábado nuestra actividad sexual se haya duplicado en cantidad y en calidad. Pero, del mismo modo, al tiempo que ese ensueño alimenta la relación, también va aguijoneando mi integridad y ahora, a menudo, cuando estoy sola me masturbo para acallar la indecorosa vocecita que aporrea dentro mi cabeza. No siempre es fácil, como por ejemplo ahora.

    Cuando vengo de un viaje suelo tomarme un día sabático con el fin exclusivo de dedicármelo a mí misma, y con ello aprovecho para descansar, salir de compras, leer o cualquier otra cosa intrascendente que me haga sentir bien. Hoy es uno de esos días.

    Me doy una ducha, me acicalo y me pongo un vestido suelto, pero en el que se delinean mis formas. En realidad no sé lo que espero, ni tampoco estoy segura de saber qué es lo que quiero. Sólo sé que la vocecita me habla y tira de mí sin saber si es hacia la complacencia o hacia el abismo. No quiero pensar que van cogidas de la mano. Ya lo hice una vez y todo fue miel sobre hojuelas.

    Son las doce del mediodía. Deambulo por el barrio del Carmen. Sé a donde me dirijo. Estoy de espaldas a la puerta un poco nerviosa, pero el paso ya está dado. Abro la puerta del local con decisión y compruebo que no hay ningún cliente todavía. Aún es pronto para las comidas. El muchacho está limpiando el suelo con la fregona y se detiene un momento para quedarse mirándome fijamente. Mi compañero de vuelo está detrás de la barra secando unos vasos. Me observa, me sonríe y el muchacho entiende que busco a su jefe, y por consiguiente, continua con sus tareas.

    Avanzo hasta la barra y le saludo con un “hola” que me es correspondido con otro al que acompaña una ladina sonrisa.

    —¿Te pongo algún entrante o quieres pasar directamente al plato principal? —me pregunta sin dejar su tarea de secado. Me sonrojo un momento, pero entiendo que no tengo por qué. Sé a lo que he venido y no quiero mostrar signos de flaqueza. Los dos sabemos lo que queremos.

    —Pasemos al plato principal, —le propongo con diligencia. A continuación deja el seca manos en la barra, se quita el delantal y me hace pasar hacia adentro. El muchacho nos observa e imagino que ahora entiende lo que ocurre, pero no dice nada y sigue con sus tareas.

    Es una pequeña habitación que hace de almacén con la única luz mortecina que una vieja bombilla en el techo arroja. Hay unos estantes con botes, comida, fruta y otros enseres culinarios. Una mesa en el centro con una caja creo que servirá para nuestro propósito.

    El hombre me coge de la cintra y me atrae con sus manazas hasta él acercando su boca a la mía al tiempo que sus manos descienden hasta mis nalgas a través de la fina tela del vestido.

    —Sabía que vendrías, zorra, —me dice. —No he dejado de pensar en ti desde aquel día en al avión, y el otro día, cuando viniste con tu marido supe que volvería a follarte.

    —¿Y a qué esperas, cabrón? —le pregunto sintiendo como sus manos estrujan mis nalgas al tiempo que restriega su entrepierna por mi sexo.

    El energúmeno me da la vuelta en un arrebato. Echa la caja al suelo, me inclina sobre la mesa, me levanta el vestido, me baja las bragas de un tirón y hunde su cabeza entre mis nalgas olisqueando, lamiendo y deleitándose con mis caldos.

    —Menudo culazo tienes, joder, —oigo por lo bajo.

    Abro las piernas para facilitar la labor de su lengua y noto un dedo hundiéndose en mi raja. Ésta empieza a segregar fluidos que van deslizándose en su mano. Noto la presión de otro dedo que se une a la fiesta y un tercero que me hace exhalar un leve, pero placentero grito. Mientras tanto, su lengua recorre mi ano al tiempo que con las tres extremidades me folla con insistencia, y sé que si sigue así me correré rápido. Mis gemidos me delatan. Mi compañero de vuelo se pone en pie, se baja los pantalones, me da dos enérgicos azotes en las nalgas, posiciona su verga a la entrada de mi sexo y me penetra despacio, por lo que exhalo un elocuente gemido al mismo tiempo que la barra de carne avanza impertérrita hacia las profundidades.

    Siento como me llena por completo. Mis carnes se abren para albergar el obús y le pido que me folle. Sus manos se aferran a mis caderas y empiezo a sentir las acometidas de mi empotrador. Muevo el culo inducida por el placer y nuestros gemidos se tornan en gritos lujuriosos e impúdicos. Los sonoros azotes en mis nalgas se convierten en hostias con saña con la pretensión de dejarme las nalgas en carne viva. Me gusta su rudeza y los improperios que salen de su boca alimentan mi morbo, de ahí que estalle en un grito al que le suceden otros muchos sin que mi follador se detenga. No puedo parar de correrme, ni tampoco dejar de gritar. No sé si estoy con el mismo orgasmo o si los estoy encadenando de forma ininterrumpida.

    Levanto la cabeza y veo que el joven está a dos metros de mí masturbándose mientras contempla la pornográfica escena. Ni siquiera puedo procesar el hecho de que me estén observando mientras follamos. Al dueño del establecimiento tampoco parece importarle demasiado su presencia y sigue empitonándome como si le fuera la vida en ello, y en vista de nuestra pasividad al respecto, el voyeur se me acerca y me planta su enhiesta verga en la boca. Debería reaccionar, oponerme al menos, pero no puedo, de hecho, tampoco quiero. El morbo me atrapa en sus fauces y tampoco quiero que me suelte, pues la insensatez ya ha traspasado el umbral de la decencia.

    Ahora me es difícil explayarme con mis gemidos y mis gritos, puesto que la verga del joven pretende follarme la boca sin contemplaciones. Con sus manos sujeta mi cabeza impidiendo que me zafe. Empiezo a salivar y a emitir sonoros chasquidos con el miembro del chaval adentrándose en mi gaznate. Noto los pollazos en mi coño, los azotes en mis nalgas y los vergazos del joven en mi boca, y con todo ello, el sonido de la lujuria rebota en las paredes revelando el desenfreno de tres depravados.

    Reparo en una mayor presión de las manos del muchacho en mi nuca al tiempo que se acrecientan sus movimientos pélvicos, y con ellos, la presión de su polla en mis tragaderas. Los gritos le delatan y dispara su leche directamente en mi estómago. No puedo contener la sustancia y me libero de la verga que sigue arrojando esperma como si el depósito hubiese estado meses sin vaciarse. El semen impacta en mi cara reiteradas veces hasta que al joven se le aflojan la piernas.

    En éste momento puedo gemir y gritar con libertad con la tuneladora golpeándome los bajos. Los bufidos de mi compañero de vuelo se unen a los míos e incluso se intensifican anunciando la inminencia de su clímax. Siento los embates del toro desbocado que arremete en mi retaguardia y temo que de un momento a otro la desvencijada mesa se venga abajo conmigo encima. Su leche caliente me quema por dentro y sin dejar de embestirme me uno a él en mi enésimo orgasmo. Quedamos un instante recuperando el resuello en la misma posición. A continuación percibo como se desinfla el miembro dentro de mi cavidad y escapa de ella con un sonoro ruido. Seguidamente me da una nalgada como si fuese su yegua y con ello diese por concluida la cabalgada, pero me coge por la nuca y me planta un morreo que me sorprende, dado que mi cara y mi boca rebosan todavía del esperma del muchacho, lo cual me da que pensar. Su vibrante lengua se enrosca con la mía haciéndole partícipe de la ambrosía. Después hace presión en mi hombro haciéndome descender el rostro a la altura de su verga morcillona. Quiere que se la limpie igual que lo hicimos en el avión a modo de ritual. Me la introduzco en la boca iniciando la labor de limpieza relamiendo la mezcla de fluidos hasta que me retira dando por finalizada la gesta.

    No nos decimos nada. Ambos sementales se visten mientras yo me limpio la cara y mis partes íntimas con pañuelos. Después me pongo las bragas y me adecento un poco.

    Debería sentirme miserable por mis actos, pero no es así como me siento. Imagino que los dos especímenes que están abrochándose en estos momentos la bragueta piensan que soy una casada y hambrienta zorra caliente que ha venido en busca de rabo, y no andan lejos de la verdad. Me da igual lo que piensen, no obstante, me detengo un instante a reflexionar y a valorar esas supuestas opiniones. Tanto mi compañero de vuelo como yo estamos en la misma tesitura moral y tanto él como yo sabíamos lo que queríamos, en cambio, en esta avanzada, pero machista sociedad, uno hará una muesca en la empuñadura de su verga y la otra tendrá esa misma muesca en su reputación de mujer y esposa. No puedo cambiar eso, ni tampoco lo pretendo. He cumplido una fantasía con sorpresa incluida. Será mi secreto y también mi motivación para alimentar una relación que va viento en popa.

  • Ella necesita descargarse con otros, pero vuelve a mí

    Ella necesita descargarse con otros, pero vuelve a mí

    Creo que estuvo planeado desde el principio. Una chica muy linda para mí nivel usual, cuerpo trabajado y que va al frente, en los personal y en los negocios.

    En lo personal, en un santiamén me consiguió a mi, y en lo laboral, era jefa de personal de una empresa importadora. «Lo que son años de esfuerzo» decía ella.

    En la intimidad, ella se me venía encima, así como hace el hombre, invadiendo mi cuerpo, sobándome una y otra ve donde no se puede decir. Luego me llevaba a la cama y, generalmente, ella me cabalgaba, lento al principio y ahí yo ya no daba más: «sos lo mejor que me pasó en la vida», «haría lo que fuera por vos».

    Era, sin lugar a dudas, el mejor sexo de mi vida, pero ¿era el mejor sexo de su vida?

    Las garchadas eran feroces, y al terminar iba yo a la cocina, a prepararnos algo para reponer energías, y luego ya se hizo una costumbre que yo cocine y limpie; y cómo todo eso me salía muy bien, comenzamos a vislumbrar la posibilidad de que yo dejara mi laburo. Ella había ascendido a sub-gerenta y preguntaba ¿realmente necesitamos la plata que vos ganas bebe?, ¿no nos haría bien una división de tareas, y que vos te encargues de que nuestro hogar esté bien, limpio y acomodado y cuidar a mi madre?

    Deje el laburo y ahí empecé a cuidarla más. Cómo me dolió cuando comenzó a viajar a Europa por laburo, luego de que pegó el laburo de gerente, qué largas las ausencias, y cuantos celos los míos. Es imposible que con ese cuerpo (ese culo) ella no reciba múltiples invitaciones sexuales, pero sé que me quiere y no me haría daño.

    Un día volvió de viaje como siempre ella volvía: radiante. Yo estaba enojado porque no me dio bola durante su ausencia pero se enojó y ¡por primera vez!, me pegó una cachetada. Me dijo que trabajaba muchísimo por los dos y que a veces no tenía tiempo. Después hicimos el amor muy lento donde no deje de pedirle disculpas, pero las duda siguieron.

    ¿Por qué tanto viaje a Europa en la época de las comunicaciones instantáneas? Me entró el bichito y no salió más de mi, así que prepare una buena cena, la espere con el panty violeta que ella me había regalado y el body negro de lycra (sí, existió un lento proceso de semi sissyficacion que contaré más adelante), y en el momento justo, más o menos, le dije que ya sabía se veía con otros hombres (en realidad sos sospechaba), y que me hacía daño y que parara, que lucháramos por lo nuestro.

    Se sorprendió, le levantó de la mesa y me llevó a la cama «estas dudas son para charlar lo abrazados», pero cuando estábamos abrazados comencé a llorar, ella me abrazaba de atrás y me sentí muy contenido, y ahí dijo: «soy una mina con mucha energía, y me encanta la vida, el mundo, y soy ambiciosa y también te amo con lo profundo de mi alma», a lo que pregunte que tenía que ver con mi sospecha de que ella salía con otros tipos, y no tuvo piedad: «que las minas como yo necesitamos un tipo como vos», y que los tipos como yo son » los buenos y comprensivos que se bancan que su mina, a veces, se la garche otro».

    Me dio vuelta el mundo. Mis sospechas eran reales, y no sólo eso, me estaba informando que no iba a parar. Temblé como si me dieran electroshok, pero ella me abrazo tiernamente: «bebe, lo nuestro es lo máximo, sos lo más bueno del mundo, no te confundas, sos el número uno, los demás no te llegan al talón. Vos sos mi bebe querido».

    Ahí lentamente fue explicándome, como quien cuenta un cuento infantil y mientras me sonaba la cola como a un bebé que en la época em que nos conocimos, ella garchaba con su jefe, que los hombres con poder garchan maravillosamente y aclaro «vos garchas maravillosamente pero de otro modo, del modo tierno».

    Así que de entrada fui cornudito nomás, pregunté y me dijo que sí, pero que seguro ya con otra había sido cornudo también antes, que tid a mujer necesita el garche del alfa, que es biológico. Que esos tipos con poder hacen cosas que yo no imaginaba y la agarran de una forma en que yo no podía competir, pero en todo lo demás les ganas» me dijo.

    Luego me reconoció que cuando viaja a España, se la cogen los directivos de las empresas exportadoras; que consiguió varios cliente así porque en el ambiente de allá, es un secreto revelado que la firma de un acuerdo de exportación- importación viene con el añadido de la gerenta putita argentina, abierta y dispuesta en la habitación de un hotel. Dice que le encanta coger por guita y que no está mal.

    «¿Por qué no me sorprende esa erección que tiene mi bebé? y me abrazo del modo más tierno que existe.

    Así siguió nuestra vida. Yo esperándola en la casa para darle ternura y amor, rogando que no se la lleve otro definitivamente, ya resignado a que se la pasen entre varios en in juego de «tómala vos, damela a mi», y a las miradas burlonas en las reuniones sociales de oficina. Ella necesita descargarse con otros pero luego vuelve a mi. El sexo pasa, el amor queda.