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  • Éramos tres en la sala (partes 1 y 2)

    Éramos tres en la sala (partes 1 y 2)

    Estábamos en la sala los tres, mi marido, un ex compañero de trabajo y yo, ellos estaban sentados en el sofá y yo en un sillón individual.

    La razón por la que él estaba en nuestra casa fue porque vino a la ciudad a arreglar unos papeles y al no tener donde quedarse y siendo amigo de mi marido él lo invito a quedarse con nosotros.

    Recuerdo que yo llevaba un vestido blanco ancho de la parte de abajo y corto ya que me llegaba por encima de las rodillas, también llevaba puestas unas pantimedias en color natural, las uso todo el tiempo, me encanta usar pantimedias y las uso sin pantaletas ya que me incomodan.

    Aunque era mi ex compañero, en realidad hablaba mas con mi marido que conmigo, ya que por cuestión de celos yo procuraba no hablar mucho con él y que mi viejo no fuera a pensar mal.

    Estábamos viendo una película de terror y yo tenía las piernas tapadas con una manta.

    Cuando empezaron las escenas fuertes me asusté y me fui a sentar al sofá al lado de mi marido (argumentando tener miedo) y me llevé la manta con la cual nos cubrimos los tres, entonces ellos comenzaron a bromear sobre lo espantada que estaba y seguimos viendo la película los tres en el sillón, yo en medio de los dos aunque lógicamente más cerca de mi esposo, aunque de todos modos cerca de mi amigo.

    En un momento dado sentí como una mano comenzó a tocar mi pierna, eran una serie de caricias muy suaves y lentas desde mi rodilla hasta la mitad del muslo.

    Yo me recosté en el sofá con los ojos cerrados gozando de aquellas caricias y sonreí pensando en lo morbosa que era la situación, mi marido acariciándome bajo la manta a escondidas y a un lado de nuestro amigo…

    Tapada con la manta tomé esa mano y la llevé al interior de mis muslos invitándole a que me acariciara ahora esa zona mucho más sensible porque la verdad estaba disfrutando mucho esa situación.

    Seguí con los ojos cerrados deleitándome con las caricias que estaba recibiendo en la entrepierna, la mano se movía por el interior de mis muslos acariciándolos y apretándolos a placer, muy despacio y con tanto cariño que sentí como mi vagina comenzaba a mojar mis pantimedias.

    Abrí las piernas para que las caricias se fueran acercando a mi panocha hasta que sentí como esa maravillosa mano me acariciaba el coño por encima de las pantimedias pero por la postura en la que estaba solo podía acariciarme con un dedo, intenté moverme para dejarle vía libre a mi vagina y cuando abrí los ojos para hacerlo el corazón me dio un vuelco.

    Estúpida de mi, estaba disfrutando tanto del placer que me estaban dando que no me percaté hasta ese momento que las caricias no me las estaba dando mi marido sino mi amigo.

    Lo miré con furia, con ganas de darle una buena bofetada pero estaba recostado hacía atrás con los ojos cerrados haciéndose el dormido que lo único que hice fue suspirar de resignación y placer.

    Mi marido me miró y me dijo “No te muevas mucho que ya se quedó dormido, no se vaya a despertar”

    Estuve a punto de darle un codazo y decirle que el amigo estaba más despierto que él pero no lo hice.

    Estaba molesta pero no con mi marido ni con su inocencia, tampoco con nuestro amigo (con quien siempre he sentido franca simpatía y algo de deseo) que me acarició a placer, el enfado era conmigo misma porque aun sabiendo que era él quien me había metido mano, tenía que reconocer que me había fascinado.

    Me encantaron las caricias y lo que disfruté también fue la morbosa situación en que me las hizo ya que la humedad en mis pantimedias hacía tiempo que no la sentía y menos viendo una película frente a mi marido.

    Entonces tomé la decisión de hacerle caso a mi esposo de quedarme quieta para no “despertarlo”.

    El morbo de la situación me había puesto a mil y quería saber hasta dónde llegaríamos así que adopté la misma posición que él, me recosté en el sofá a su lado, eché la cabeza para atrás y me dispuse a dejarlo hacer pero antes cerré los ojos porque quería disfrutar al máximo todo lo que viniera a partir de ese momento.

    Al recostarme inmediatamente sentí su mano sobre mi vagina la cual me frotaba a placer, yo disfrutaba al máximo soltando jugos, tantos que cuando se dio cuenta de que sus dedos estaban mojados los llevó a su nariz para oler mi elixir haciendo como que se rascaba la cara para que mi esposo no se diera cuenta.

    Aquel gesto de ver que olía mis líquidos vaginales en presencia de mi marido enervó mi calentura hasta el punto que mis pezones me ardían y necesitaba un buen apretón pero era claro que no lo podía hacer y en cuanto me volvió a meter la mano debajo de la manta yo misma la puse entre mis muslos y la apreté contra ellos frotando mi húmeda vagina sobre sus dedos hasta que me vine como una perra en celo.

    Lo bueno que me dejó un rato quieta, seguro se dio cuenta y eso me dio tiempo para reponerme.

    Cuando pensé que todo había pasado sujetó una de mis manos y la llevó a su entrepierna, me incitaba a acariciarle la pierna y lo hice con gusto, noté que estaba excitadísimo y cuando llegué cerca de su erección me dio pena y retiré la mano.

    Nuevamente tomó mi mano y la colocó esta vez sobre su falo, entonces me decidí a darle placer, le pasé la mano por toda la verga que estaba durísima y ardía de caliente.

    Dios, no recordaba haber estado tan caliente en toda mi vida, era consciente de la presencia de mi esposo a escasos centímetros y eso contribuía a aumentar mi calentura así que decidí dar un paso más en esa morbosa aventura, comencé a frotarle la verga con fuerza.

    Claramente sentí como su pene palpitó en el momento en que lanzaba el semen a borbotones por debajo de su pantalón hasta que humedeció mi mano.

    Había ordeñado a mi amigo por primera vez y en presencia de mi marido y me había encantado hacerlo.

    Ahora se tenía que quedar ahí sentado, quieto y cubierto con la manta ya que la mancha en su entrepierna era muy evidente y sería una tragedia si mi marido viera esa escena.

    Al final de la película mi esposo se levantó para ir al baño, yo aproveché ese momento para susurrarle al oído.

    “Rápido, vete a la habitación y cuando salga te metes y te das un buen baño y me dejas el pantalón bajo la cama que mañana lo lavo”

    “Tú no te vas a bañar?” me preguntó.

    “Cállate y apúrate que si te hubieras quedado quieto nada de esto hubiera ocurrido”

    ¿Te gustó? me preguntó con una voz muy dulce.

    ¿Tú qué crees? Le dije dándole un ligero besito en los labios.

    No tuve valor para decirle que mis pantimedias aún estaban empapadas por lo ocurrido y que no me arrepentía por eso.

    En cuanto mi marido salió del baño él se metió para ducharse, fui a su habitación y agarré el pantalón que había dejado bajo la cama, olí su semen, me sentí orgullosa de haber sido la causante de aquel maravilloso néctar y me puse mas cachonda de lo que estaba, tanto que no resistí y saqué la lengua para probarlo.

    Su semen aún estaba caliente, estaba excitadísima que lo limpié todo con mi lengua, no dejé un solo remanente de él, tenía un sabor delicioso, me gustó tanto que juré saborearlo siempre que tuviera la oportunidad cuando el semen de mi marido no podía ni olerlo me daba asco pero son amores distintos.

    Pasaron 2 días después de aquel acontecimiento cuando mi marido y yo estábamos apoyados en la ventana de la cocina observando un alboroto en la calle porque había una fiesta en el vecindario.

    Mi esposo llamó a su amigo, que iba llegando, para que viera (gran error de su parte), la ventana no era muy grande y para que pudiera observar tenía que recargarse en mi esposo o en mi y era obvio que se recargaría sobre mi culo.

    Pasó un brazo por debajo de uno de los míos, la otra mano la puso sobre mi cadera y la cara entre la de mi marido y la mía.

    Lentamente se movió para según él ver mejor hasta que colocó su falo entre mis nalgas, yo estaba que ardía.

    La mano que tenía por debajo de la mía me acarició un seno, era el que estaba más alejado de mi marido y con la otra me acariciaba el abdomen y terminó tocándome por donde se le dio la gana.

    Parte 2.

    Después del penoso incidente en la ventana y durante los días que permaneció en casa, a cada rato aprovechábamos cualquier oportunidad para tocarnos, a veces el me metía la mano cuando yo estaba de espaldas, por ejemplo calentando la comida, y sabía que yo siempre usaba faldas o vestidos amplios, con medias y sin calzones, yo, desde la mañana que me bañaba y me vestía lo hacía pensando en que en algún momento el me miraría, me diría algún piropo y sobre todo me acariciaría aunque fuera levemente, pero de todos modos para mi significaba una enorme calentura, en mi casa viven además de mi esposo, mi mama y mi abuela, ellas aunque grandes de edad, bien se dieron cuenta de la enorme atracción que despertaba en mi ese hombre y casi adrede no me dejaban sola con él en ningún momento, por suerte el termino su trámite y le dijo un día en la mañana a mi esposo que ese día en la noche se regresaría a su ciudad, yo sentí al mismo tiempo tranquilidad y tristeza, pues cada vez eran más los deseos que me inspiraba su persona y la ternura de sus palabras, sus suaves caricias y los pocos besos que nos llegamos a dar, habían despertado en mi, a la mujer sensual y cariñosa que siempre he sido pero que la rutina ha ido dejando a un lado.

    En fin, mi esposo le ofreció llevarlo al camión en la noche, él, para compensar nuestra hospitalidad nos ofreció invitarnos a comer fuera ese día, pero mi esposo dijo que por su trabajo no era posible y mi mama y abuelita no quisieron ya que por la edad casi todo les hace daño, solo quedaba yo disponible, mi esposo insistió en que fuéramos los dos, ya que se le hacía descortés no aceptar su invitación y que si podía él se saldría del trabajo para estar un rato con nosotros.

    El día transcurrió como siempre, a ratos cuando estábamos solos nos decíamos y hacíamos caricias leves, y cuando fue mediodía, tomamos un taxi al restaurante ya elegido por los tres. Por supuesto en el camino nos fuimos tomados de la mano como novios y no dejamos de tocarnos y besarnos con verdaderas ansias, desafortunadamente llegamos rápido al restaurante y con sorpresa vimos que ya mi marido estaba ahí, pedimos y charlamos contentos los tres, hicimos planes para ir a su ciudad algún día e irnos a la playa, que dicen es muy bonita, a mi por supuesto se me hizo agua la boca de pensar estar en la playa con él mi lado.

    Cuando ya íbamos terminando la comida, yo me quite un zapato, discretamente, y le puse el pie en la entrepierna, ya que estaba sentado frente a mí, sentí como rápidamente tuvo una erección y bajó la mano, también discretamente, y me empezó a acariciar el pie, tobillo y muslo, con tal pasión, que provoco una humedad repentina en mis pobres pantimedias.

    De repente a mi esposo le sonó el celular y luego de unas instrucciones se levantó de la mesa y se disculpó por tener que irse, había ofrecido llevar de compras a mi amigo, pero no podría, me volteo a ver y me dijo ¿puedes llevarlo tú? Yo le dije que estaba bien, pero sin mucha emoción, por aquello de las sospechas, se despidieron y quedaron de verse en la noche para irse al camión, una vez solos, me dijo, ¿vamos a las compras? O vamos a otro lado, yo hice como que no entendí, y le dije suavemente, donde tú quieras, pidió un taxi y luego de una indicación rápida al taxista este nos llevó fuera de la ciudad, nos dejó en un bello hotel campestre y prometió regresar por nosotros en 2 horas, yo iba con mucha emoción y nervios, realmente nunca había sido infiel, aunque siempre he sido apasionada y caliente.

    Mi amigo se presentó como Sr. y Sra. Hernández y pidió una suite con jacuzzi, rápidamente nos llevaron a la misma y una vez solos, nos abrazamos y besamos con enorme ímpetu, eran muchos días de breves contactos y caricias y francamente ya lo deseábamos con muchas ganas, me beso, acaricio, por el cuello, la espalda, me cargo y abrazo con muchísimo amor, mientras no dejaba de decirme piropos y sentimientos de amor, yo, ya era su presa y permitía que me hiciera y dijera lo que fuera, cuando me pidió hacer el amor con él, me lo pidió con respeto y emoción argumentando que siempre me ha amado pero por el respeto y cariño que tiene por mi esposo, siempre se ha limitado, pero que en estos días, ya no le importa nada, además que se dio cuenta que la situación de nuestro matrimonio no es la mejor, por eso se animó a hacerme sentir una verdadera mujer, “como lo mereces”, dijo.

    Yo con lágrimas en los ojos y una gran vulnerabilidad por estar con un hombre como él, solo, asentí con la cabeza y le di un beso lleno de ternura y pasión, esa fue mi respuesta, ya tampoco me importaba nada y de ahí en adelante que el mundo ruede, yo estaba dispuesta a recibir ese momento como algo largamente esperado y merecido.

    Poco a poco y en medio de largos abrazos y besos, me fue quitando la ropa, primero la blusa dejándome solo con el brasier, luego los zapatos y por último la falda, de modo que solo quede con brasier y medias, como lo he dicho, no uso calzones de modo que me veía espectacular, y a la vez, a él, le desabroche la camisa y le abrí la bragueta, metiéndole la mano adentro del calzón, pude al fin tocar su enorme bulto, que se sentía listo para penetrarme, con suavidad nos acariciábamos sin prisa y con fervor, el me toco y lamio mis senos con dulces y suaves mordiscos y yo sin ningún pudor saque el pene de sus calzones y le di besos breves que fueron transformándose en ardientes lengüetazos, por ultimo abrí la boca y me comí el total de su verga, sentí que me atragantaba pero me encanto, cuando ya sentía que se venía, me alejo la cara del paquete y me dio un largo y profundo beso, intercambiando sus fluidos con mi saliva, el me acostó suavemente en la cama y me quito las pantimedias y el brasier, yo le quite los calzones y me monte en su cara, me dio una mamada de antología provocando que emitiera gritos y sonidos indescifrables.

    Luego para calmarme y relajarme, me llevo cargando al jacuzzi y suavemente me introdujo con él en las aguas turbulentas y calientes, se sentía realmente placentero el golpeteo de los chorros de agua y la sensación de flotar sobre su cuerpo, poco a poco y sin ninguna prisa me introdujo su pene en mi ansiosa vagina, yo sentía un gusto y placer como nunca había sentido en mi vida y concluí que ese era el momento más especial que había tenido con un hombre, inducida por sus brazos y acomodada de frente a él, me penetro de tal manera que yo sentía que me iba a traspasar, me dolía un poquito pero era un dolor realmente delicioso, sin darme cuenta empecé a sentir como que me salían una especie de burbujas de la vagina y sentía que me estaba orinando, en verdad, perdí la noción del momento y de repente, estábamos fuera del jacuzzi y él me secaba con una gran toalla y con gran amor, le pregunte, que había pasado y me dijo que cuando estábamos cogiendo en el jacuzzi yo me empecé a venir con fuertes convulsiones y gritos, se asustó y me saco del agua y me tendió en la cama.

    Me dijo que yo no paraba de temblar y que poco a poco me fui quedando dormida, he de aclarar, que no padezco de ninguna enfermedad pero por lo que veo, fue exagerado el placer que sentí, ya que desperté de lleno y estaba seca, el no dejo de abrazarme y darme suaves besos y poco a poco fui recuperando las ganas de sentirlo dentro de mí, otra vez, él no quería, ya que no quería arriesgarme pero para mí era vital sentirlo venirse en mi, le propuse que entrara suavemente y me puse a besarlo y lamerle todo el cuerpo hasta que me regalo una gran erección y me hizo suya ahora en la cama, lo fue haciendo con un cuidado extremo y poco a poco, yo fui sintiendo como me regresaban fuertes temblores y ganas de gritar, me controle para no asustarlo y apreté los labios vaginales para no venirme tan explosivamente, eso, le provoco una sensación inmensa y de pronto me dijo que se vendría, yo le pedí que arrojara su lechita en mi, y no se tardó nada en inundarme, con un chorro caliente que me provocó un escalofrío inaudito y otro orgasmo que yo pensé que me estaba orinando, cuando nos fuimos calmando.

    Vimos que habíamos dejado la cama completamente mojada con nuestros jugos, vimos la hora y comprobamos que ya estábamos sobre las dos hora que le dijimos al taxista y rápidamente nos vestimos y nos aprestamos a ir, a la casa, durante el trayecto el me tocaba en la entrepierna y cada que hacia eso, yo sentía otro torrente de jugo vaginal, en el camino, pidió al taxista que parara en un centro comercial y bajamos a comprar algunas cosas para disimular nuestra ausencia de toda la tarde, me pidió que lo esperara en un café, mientras el compraba algo, yo lo espere con calma mientras meditaba lo ocurrido en esos días, poco rato después regreso y tomamos otro taxi a casa, llegamos solo una hora antes que mi marido llegara a casa y lo llevara a su camión, después de despedirse de mi mama y mi abuela, me dio un breve abrazo y beso en la mejilla, que, juro me provoco un choque eléctrico y volví a sentir una humedad en mis ya mojadisimas pantimedias.

    Mi marido me propuso lo lleváramos a la central y sin muchas ganas le acepte su propuesta, ya estaba muy cansada y con sueño, pero el hecho de ir junto a el aunque fuera un rato, me despertó nuevamente el morbo y accedí, nos subimos a la camioneta de mi esposo que es angosta, yo iba en medio de los dos y por supuesto, el rápidamente aprovecho la oscuridad y la cercanía para rosar mi pierna y yo sabiendo que sería la última vez me deje hacer todo lo que quiso, en un momento que mi marido no vio, le toque la verga y la sentí dura y dispuesta, en eso mi marido le dijo que esperaba que le hubiera gustado su estancia en mi casa y el con una palabras muy gratas, le dijo: Amigo mío, te agradezco haber compartido conmigo tu hogar, no me imaginaba que tuvieras una familia tan acogedora, cuando dijo esos me alcanzo con la mano mi puchita y yo sentí un nuevo chorrito y burbujeo, de plano ese día me vacié.

    Al regreso de la central de autobuses yo ya no aguantaba el sueño y el cansancio, mi marido me comento que me veía cansada, yo esboce una sonrisa y le dije, si, han sido días muy intensos y eso me ha dejado agotada.

    Como pude llegue despierta a la casa y en cuanto llegamos me quede profundamente dormida. El inocente de mi marido, al día siguiente, me dijo, que para compensar tantos días de trabajo y agotamiento, me propuso que cuando tuviera vacaciones me llevaría a la ciudad de nuestro amigo, para pasar unos días en la playa, yo disimulando una sonrisa, le dije, está bien que sea cuando tú quieras.

  • Infiel por mi culpa. Puta por obligación (2)

    Infiel por mi culpa. Puta por obligación (2)

    2. Una mirada a tres despidos.

    — ¡Pero el fin no justifica los medios! —Prosigue don Gonzalo cambiando el tono de su voz a uno más grave y menos pausado,  abriendo la caratula del informe que reposa ya sobre la mesa, pasando varias páginas blancas hasta llegar a unas más coloridas, con vistosas ilustraciones y observo la cara de aflicción en Carmencita, con sus ojos color café casi a punto de llorar, tras el marco plateado de sus anteojos, fijos en los asombrados grises de Eduardo.

    —Y por tu afán de sobresalir en la constructora, –continua hablando el director con el mismo tono tajante y elevado– decidiste utilizar unos métodos que para nada están dentro del marco ético y moral de esta organización. Coaccionaste a tus subalternos para que a base de ofrecimientos de índole sexual, lograran con algunos clientes, concretar las ventas necesarias que les permitieran figurar dentro de la empresa, como los más efectivos de su grupo de ventas. — ¡Mierda! Observo a Eduardo y está lívido, quieto como una estatua. Chacho algo encogido, se toma la cabeza a dos manos, con desconcertado ánimo, mirando entre sus piernas la mullida alfombra y yo, descruzo las mías y enderezo la espalda, pues hasta el roce de la ropa me molesta. Boquiabierta me lleno de aire y sí, también de un repentino desconcierto, siendo consciente de que en nada se parece aquella reunión a lo que inicialmente pensamos que ocurriría.

    Y es que no comprendo… ¿Cómo carajos se enteraron?

    —Señor director, pero… ¿De qué está usted hablando? —Repentinamente le suelto mi comentario palmoteando la madera lacada, –haciéndome la fuerte– actuando como una indignada y acusada mujer en esta sala, alterando el incómodo silencio con mi ruidoso acto y sobresaltando a todos los presentes. Humm… ¡Como si no supiera bien a que se está refiriendo!

    —Por favor señorita López, ya está grandecita para ponerse con estas bobadas. Mejor deje su show para más tarde que con seguridad lo va a necesitar. —Me responde serio don Gonzalo y a continuación le solicita a Milton apagar las luces, para luego encender el video beam y proyectar sobre la tela blanca del fondo, una clara imagen mía, entrando abrazada de la cintura por mi cliente, el magistrado Archbold, al bar lounge del último piso en el edificio en Cartagena.

    — Melissa… ¿Se reconoce en esta imagen? —Me pregunta, de forma aséptica pero contundente, y no dudo ni un segundo en responderle.

    —Por supuesto que soy yo. Esa noche decidimos celebrar por todo lo alto, las ventas realizadas. ¿Cuál es el problema? —Le contra pregunto, mostrándome confiada.

    Sin inquietarse ni responderme, pasa a otra nítida imagen donde se ve a Eduardo conversar animado con el hombre que había adquirido el amplio local comercial del primer nivel, bebiendo whiskey. A su lado muy cerca se encuentra Chacho y nuestra anfitriona, besándose apasionados a pocos pasos de la piscina y con las luces de la amurallada ciudad al fondo por panorámica imagen. El director se pone de pie y se acerca hasta ponerse a la espalda de mi jefe y le pregunta, encorvándose ligeramente…

    —Eduardo… ¿Eres tú el hombre de guayabera blanca? —Mi jefe musita un sí, casi inaudible y tras unos segundos finalmente asiente con la cabeza. Y sin cambiar su ubicación pero con el apuntador laser sobre la misma imagen, tambien le consulta a Chacho si es él, quien nos muestra la pantalla.

    —Señor Cifuentes, y supongo que es usted el de la pálida camisa rosa, a no ser que tenga un hermano gemelo y no lo supiéramos. —Y Jose Ignacio responde algo temeroso… ¡Si señor, soy yo!

    —Bien, entonces estamos claros en que son ustedes y reconocen estar disfrutando de una fiesta, la noche del viernes pasado. ¿No es así? —Nos pregunta volviendo a acomodarse en su lugar, para pulsar el botón y adelantar algunas imágenes hasta dar con la que le interesa.

    —Y ahora en esta otra toma, hora y media más tarde, –puntualiza– ya todos sin ropa, bebidos y drogados al parecer con cocaína y marihuana… ¿También se reconocen? O si lo prefieren puedo colocar el video completo de las cámaras de seguridad e inclusive, para mejorar el sonido ambiente, podríamos ver las tomas que realizaba su jefe, con el móvil que le suministramos meses atrás, como herramienta de trabajo. —Enfatiza al pronunciarlo, mientras me llevo la mano derecha a la boca, estupefacta.

    Eduardo sale de pie en la fotografía meneándose su pichita con una mano, mientras con la otra sostiene su teléfono, filmando a placer. Y hablando de goce, estoy yo casi en el centro de la imagen, con los ojos cerrados y mis muslos blancos bien abiertos, cabalgando de espaldas encima de la oscura humanidad del magistrado, –estirado sobre una de las azules asoleadoras– disfrutando de la profunda penetración de su gruesa y venosa verga, a la vez que mi pezón, –el de la teta derecha– es lamido o chupado, ahora no lo recuerdo bien, por la boca de la cuchi Barbie anfitriona, quien a su vez de rodillas parece estar siendo culeada por un apasionado Chacho, sobre las baldosas de mármol.

    Me siento abochornada por aparecer así ante los desconocidos socios de esta constructora, frente a los ojos del director y por supuesto ante Carmencita, que no mira hacia la pantalla, pues se niega a verlo, pero que con un pañuelo de papel, –apartando el marco de sus gafas– ahora se seca algunas lágrimas. Y el jefe de seguridad, que no sabe si mirarme a mí aquí vestida, o a la versión desnuda de la imagen.

    Eduardo, –extrañamente calmado– solo contempla sus cuidadas manos extendiendo los dedos, y Chacho en una actitud mucho más nerviosa, se lleva a la boca la mano izquierda para finalmente con su fea y habitual manía, morderse las uñas. Pero ninguno de ellos dice nada y me desespero.

    — ¡Esto me parece una falta de respeto! ¿Cómo se le ocurrió espiarnos? Es claramente una invasión a la intimidad de sus empleados. ¡No tienen derecho! —Le grito a don Gonzalo, pero también dirijo mis ojos azules y envenenados por la ira, hacia los tres hombres a mi derecha, afirmando mis manos sobre el borde de la mesa. El gordo panzón se encuentra con los cachetes colorados, disimulando con su mano sobre la boca, una morbosa sonrisa. El flaco que tiene el cabello como un copito de nieve, me sostiene la mirada con impasible prudencia. Pero el más joven, que también me contempla, lo hace con odio, frunce el entrecejo y aprieta con fuerza su mandíbula.

    — ¿Falta de respeto, Señorita? ¿Está segura de lo que está diciendo? —La pregunta me hace girar la cabeza hacia el otro lado. ¡Irrespetuosos ustedes tres! Saltándose las normas éticas de esta organización y exponiéndonos con sus inmorales cierres de ventas, a quien sabe que cantidad de denuncias y demandas por parte de las familias de esos clientes. —Mientras escucho al director, siento la mano de Eduardo jalarme para atrás, con el fin de que tome asiento de nuevo.

    — ¿Espiarlos? Pregunta, señalándome groseramente con el movimiento de su dedo. —Por si no lo recuerda señorita, ustedes firmaron un contrato con unas cláusulas específicas, que al parecer no leyó con detenimiento. Esos teléfonos son propiedad nuestra, por lo tanto para protegernos y estar al tanto de sus actividades laborales, nuestro departamento de seguridad desde la entrega de los mismos, ha tenido libre acceso a todos los chats, intercambio de correos empresariales y toda la actividad multimedia registrada, así como a sus redes sociales.

    ¡Claro! Por eso está aquí Milton y lo miro con rabia y desprecio. ¡Sapo hijueputa! Lo insulto mentalmente.

    —Tengan en cuenta que estos aparatos, se les entregaron como instrumento de ayuda laboral, con la clara salvedad de que no deberían ser usados para otros fines distintos a facilitarles la comunicación con sus clientes y reportar novedades a sus jefes inmediatos. Nunca se les autorizó su uso para cosas personales, y menos para como en su caso, señorita… ¡Déjeme reviso! —Y don Gonzalo abre el folder rojo y busca algo en las primeras páginas y cuando lo encuentra, continua aclarándome la situación.

    —Concertar junto con su jefe, que determinados clientes obtuvieran beneficios sexuales a cambio de la compra de cuatro casas en el condominio campestre y el último negocio por supuesto… ¡El Pent-House de la torre uno en Cartagena! Con gusto le refresco la memoria. Un profesor de universidad pública y una pareja de ancianos jubilados, fueron los primeros en caer en sus redes. —Palidezco. Ahora soy yo, quien completamente expuesta, oculto mi cara a dos manos.

    —Un prometedor abogado que adquirió la tercera casa, como regalo de bodas. ¡Ahh! También esa olvidada presentadora de noticias que fue tan famosa y ahora publica pendejadas en contra del gobierno en las redes sociales, quejándose por todo. Por último el negocio de la semana pasada, su premio negro y gordo. El magistrado de la corte suprema y para más señas, padre del abogado recién casado. ¿Ahora si comprende señorita López, la gravedad de sus actos y que puede resultar en una cadena interminable de demandas para la constructora? — ¡Me tienen agarrada de los ovarios! Cuenta con toda la información. Pero… ¿Y a ellos nada? Me pregunto, y enseguida me llega la respuesta.

    —Y menos utilizarlos para filmar esos pornográficos encuentros para satisfacer tu parafilia sexual. O me equivoco… ¿Eduardo? —El director apaga el video beam, acto seguido se encienden las luces nuevamente y por fin mi jefe, sin sobresaltarse ni ponerse en pie, toma la palabra para… ¿Explicar la situación?

    —Gonzalo y señores de la junta directiva, lo que hice… ¡Lo que hicimos fue por el bien de la constructora! Los negocios están difíciles, bastante complicados de conseguir y la competencia nos lo pone muy difícil; los proyectos nuevos que colindan con el nuestro, pugnan en precio y diseño similar. Solo utilicé una estrategia, digamos que más concreta con esos clientes indecisos, al brindarles algo adicional que también deseaban. —El director y los socios lo observan enmudecidos. Entre tanto Chacho y yo nos damos una rápida mirada. La suya con cierto desconcierto y la mía algo retraída, sin saber realmente si me siento o no avergonzada. Él no estaba enterado de mis «habilidades» para cerrar las ventas.

    Lo de la orgia que se armó aquella noche en La Heroica, él con ella y su cliente, yo con el mío y luego todos revueltos, por supuesto que lo hablamos durante el vuelo de regreso el domingo, atribuyéndolo al exceso de alcohol y a la cocaína, en su caso. Por mi parte, al éxtasis y desinhibición que me produjo la marihuana, al aceptarle por fin a Jose Ignacio, fumar un poco de sus porros, pues nunca los había probado.

    De seguro que ahora, ya informado, se encontrará algo decepcionado y con bastantes preguntas, a las cuales no pretendo brindarle respuesta alguna. No es mi dueño ni nada mío, no es mí… ¡Jueputa! Sí mi esposo se llega a enterar… Tengo que hacer como los gatos, escarbar muy bien entre este lodazal y tapar todo este mierdero. ¿Pero cómo? ¡Maldita sea la hora en que decidí aceptar!

    — ¡Parece muy sorprendido señor Cifuentes! —Le dice de repente el director a Chacho y yo, con este dolor de cabeza que va incrementándose, cierro momentáneamente mis párpados y presto atención a su voz.

    —Cuando le encomendé trabajar en la venta del proyecto de vivienda de interés social al sur de la ciudad, a un joven con una personalidad decidida, facilidad de expresión, buena pinta y ganas de comerse al mundo entero, puse mis esperanzas en usted. Me di cuenta con el tiempo como se iba destacando en los registros mensuales sobre los demás. Excelentes resultados que no me defraudaban. —Don Gonzalo hace una nueva pausa para revisar el informe y José Ignacio más tranquilo, aprovecha el momento para darle las gracias. El director ni lo mira ni le responde, pero a los pocos segundos, continua hablando.

    —Y sin embargo, precisamente eso llamó la atención del gerente general y pidió un seguimiento a sus actividades comerciales. Y… ¡Ohh sorpresa! Como no iba a lograr esos éxitos si tú, Eduardo, –y lo señala con el dedo índice– le sugeriste después de una de sus acostumbradas salidas a beber en el bar de aquí abajo, el de la esquina; que enamorara a la gerente del banco para lograr que aprobaran los créditos hipotecarios de sus clientes. —Mi jefe inmediato continúa con su postura inalterable y no se fija en la mirada de Chacho, que parece suplicarle que intervenga en su auxilio.

    —Hasta ahí no habría problema, todos ganaban. Era su vida privada, ¿no es así señorita López? —Me mira, sonriéndose burlón y prosigue.

    —La señora gerente calmaba sus necesidades personales, el exitoso señor Cifuentes, destacándose como el mejor asesor del grupo, y tú Eduardo, metiéndote en el bolsillo una tajada de las comisiones cobradas. —No me siento asombrada, pues desde que llegué a trabajar en la constructora, era un rumor al que no hice caso, pero que se paseaba de escritorio en escritorio.

    —Pero el negocito se les terminó cuando el esposo de la señora gerente, los descubrió saliendo de un motel en Chapinero. ¿No fue así señor Cifuentes? Y finalmente ella renunció a su cargo y en su reemplazo, llegó a ocupar su puesto un hombre. —Jose Ignacio callado, inclina levemente hacia abajo su cabeza y luego igual de lento la sube, aceptando con estoicismo, aquella nueva revelación.

    —Pero usted Jose Ignacio, no aprende de los tropiezos, –lo mira fijamente y Chacho amilanado, le esquiva la mirada volteando su cara para verme– y le encanta jugar con fuego, metiéndose con mujeres ajenas y cuanto más prohibidas, más le encanta correr el riesgo. —Don Gonzalo entonces dirige su atención hacia mí y termina la frase diciendo, sin dejar de observarme… ¡Y más si son casadas!

    —Discúlpeme don Gonzalo, pero como usted lo ha dicho, esa es mi vida privada y tanto a mí como a esta organización, con o sin sexo de por medio, hemos salido bien beneficiados con esos negocios y le aseguro jefe, que ninguna de esas mujeres interpondrá queja alguna. —Por fin interviene Jose Ignacio, pasando su mano sobre su melena del lado derecho, acomodándose algún rebelde mechón. Sacando pecho y sonriendo jactancioso, dejando en claro por qué le llaman en la oficina el «siete mujeres». El socio más joven, que se encuentra a una silla de por medio, no deja de mirarlo con un profundo odio y como con ganas de comérselo vivo.

    — ¡Vaya, vaya! Todo un don juan que al final ha terminado entregando las nalgas al aceptar acostarse con el hombre que adquirió el último local comercial en nuestra torre residencial. ¿Y todo para qué señor Cifuentes? ¿Por el dinero o quizás por algo adicional? —Le responde don Gonzalo con mucha calma, pero en un tono bien sarcástico. Yo me quedo literalmente de una pieza, con la boca abierta, al darme por enterada de algo tan inesperado. ¿Chacho me salió maricón? ¿Todo por la comisión?

    ¡Ahora quien lo observa a la cara y bastante desencantada soy yo!

    — ¡Oferta y demanda, caballeros! Así de simple. —Escucho de nuevo a Eduardo intervenir repentinamente para complementar sus descargos, aun bien acomodado y cruzado de brazos.

    — Digamos que de esa manera logré que tomaran una decisión de compra más oportuna y afortunada para ambas partes. Jamás estuvo en riesgo el prestigio de esta organización, ni lo estará nunca, porque esos clientes no quedaron defraudados por la asesoría que les brindaron mis pupilos. — ¡Pero que mierdas! Pienso al escuchar que Eduardo como siempre, se jacta de unos éxitos que no son solo suyos. El esfuerzo fue mío y tambien de José Ignacio. En mi caso con el sudor de la frente y al abrirme de piernas. Y Chacho pues… No solo por su enredadora labia, si no ahora al igual que yo, por poner su culo de anzuelo para concretar ese último negocio.

    Carmencita que creía conocerlo muy bien, atónita niega con su cabeza sorprendida ante la cínica tranquilidad con la que se expresa su amigo Eduardo, y entre tanto don Gonzalo, –a quien noto disgustado– se lleva una mano a la frente mientras bebe otro poco de agua. Los vasos de cristal de los socios por el contrario, permanecen colmados en frente de cada uno, sin probar.

    —Eduardo, mejor guárdate tus trillados argumentos de ventas y excusas para otra compañía, porque para esta organización, la falta de ética y moral con la que han actuado, distan por mucho de los principios y valores con los que fue creada. —Don Gonzalo, con su rostro alterado se pone de pie y se ubica por detrás de la silla que ha permanecido vacía, apoya sus manos sobre el cabecero de piel marrón, y repasa con su mirada los rostros de los tres socios, como pidiéndoles algún tipo de autorización y a continuación se dispone a seguir objetando los argumentos de mi jefe inmediato.

    — ¿De cuál oferta nos hablas? ¿La que les hacías a esos clientes? ¿O al chantajista silencio que le ofrecías a esta señorita a cambio de entregar su cuerpo y dejarse filmar para tu malsano disfrute sexual?

    ¡Lo saben absolutamente todo! Nuestras conversaciones en los chats, las propuestas al e-mail de los clientes y aquellas citas concertadas por videoconferencia nos delatan. Tambien la exigencia de presenciar y filmar algunos encuentros sexuales, luego de firmar los contratos de venta y que le pedí que borrara, pero él estúpido insistió que los necesitaba para su goce personal y tambien para seguir extorsionándome. ¡A todo han tenido acceso! Pero me asalta una duda. ¿Por qué hasta ahora les incomoda la situación y no antes?

    — ¿Demanda? Tal vez el señor Cifuentes si tenga bien claro este concepto. ¿No es así? Cuando al ofrecimiento que su jefe le propuso, de aceptar tener sexo con un hombre, –por cierto muy repudiado por la familia de los dueños de esta empresa– para negociar la venta del local en Cartagena, usted puso como condición, que Eduardo interviniera a su favor para volver a reunirse después de mucho tiempo con la señora Graciela, la esposa de don Octavio, nuestro gerente general y madre de Tomás, aquí presente. — ¿Pero qué mierdas pasa aquí? ¿Qué es lo que acabo de escuchar? ¿Graciela es…? ¡Maldito embustero!

    Y de pronto, en un instante, el hombre más joven que estaba sentado a la derecha de Jose Ignacio, –a un asiento de distancia– se abalanza inesperadamente sobre Chacho tirándolo de la silla y cayendo los dos al piso, empieza a golpearlo sin darle la oportunidad de reaccionar, mientras vocifera desaforado… — ¡Te tiraste a mi mamá, desgraciado hijueputa! ¡Te voy a matar, perro malparido!

    Grita Carmencita, desencajada y muy asustada, a la par mía. Eduardo asombrado, se echa hacia atrás en su silla, más no hace nada más y los otros hombres reaccionan de manera similar. — ¡Hagan algo, lo va a matar! Grito desesperada. Milton por fin reacciona y se encarga de apartar a la fuerza al muchacho levantándolo por la espalda. Chacho yace desgonzado en el piso, sin aire y sin quien lo ayude a levantar. Sangra por nariz y boca, manchando la alfombra. Jadea y mirándome me estira su brazo, solicitando mi auxilio.

    ¡Y sí, obviamente lo hago! Me arrodillo junto a él, le tomo la cabeza y lo atraigo hasta mi regazo, –ayudándole a enderezarse un poco– ejerciendo algo de presión con mis dedos sobre la nariz, para intentar detener el sangrado. Don Gonzalo se acerca por detrás mío, ayudándome a levantar a Jose Ignacio y le entrega un pañuelo azul. Mientras yo lo sostengo, el director alcanza la silla y me ayuda a acomodarlo. Milton aun forcejea con un enfurecido Tomás, el hijo de esa señora que fue nuestra anfitriona en la noche loca, allá en «La Heroica».

    — ¡Tomás! Por favor, ya basta. ¡O te comportas o te marchas a tu oficina! —Le habla alto y claro don Gonzalo, como quizás su padre si estuviera presente lo haría, recriminándolo. Y veo que Milton por fin afloja el abrazo, liberándolo y me provoca temor que se pueda reiniciar la pelea, sin embargo el muchacho se arregla el saco y la camisa, no pronuncia una sola palabra, pero si aparta de mala gana las carpetas sobre el escritorio, para recoger sus lentes y salir de la sala de juntas, sobándose una mano, empujándome al pasar por mi lado y mirando a Eduardo con un profundo desprecio.

    — ¿Chacho cómo te sientes? ¿Quieres que te lleve a un hospital? —Le pregunto acariciando su frente y este, sosteniendo el pañuelo sobre la nariz, me la aparta con brusquedad, haciéndome sentir mal.

    —No es necesario Meli, estoy bien. —Me responde sin mirarme, pues su cabeza la mantiene echada para atrás con el lienzo azul ensangrentado cubriendo sus heridas y su voz pausada, demostrando que su humanidad no esta tan lastimada como si lo debe estar, su orgullo de hombre.

    Y sí, tan culpable me siento yo de todo esto, como él debe estarlo y en cambio, el estúpido de Eduardo parece no verse afectado, pues sigue bien acomodado en su silla, con las manos juntas por las palmas, frente a su boca. Me aparto de Chacho y de nuevo tomo asiento. Es mejor dejarle que se calme, más tarde hablaré con él.

    — ¡Qué situación tan bochornosa! Discúlpenlo por favor. Tomás me aseguró que mantendría la compostura en todo momento, sin embargo no lo ha podido cumplir y yo entiendo en parte esa reacción. Sí alguien se metiera con mi mujer o con mi madre, destruyendo la honra de mi familia, no tengo muy claro de qué manera actuaria. —Dice el director, tambien ya sentado en su silla, para continuar con su charla.

    —En fin, es mejor que demos término a esta reunión. Creo que no hay mucho más por discutir. Es claro para la junta directiva de esta organización, que tú Eduardo, no eres más que un embaucador, chantajista, corrupto y morboso voyeur. ¡Te pasaste de la raya! Estas despedido, al igual que ustedes dos, por aceptar y seguir sin rechistar las propuestas inmorales de su jefe inmediato. —No había de otra, era lo esperado. Respiro agitada y en mis ojos nace mi tragedia convertida en llanto. ¡Mierda! En lugar de premios o felicitaciones, saldré de aquí sin honra, sin trabajo y sin saber cómo enfrentaré esto con mi marido, con un futuro tan incierto que por fin he tomado conciencia que esto se está hundiendo, como mi vida misma.

    —Todo lo que está en este informe será mantenido en reserva por un tiempo, al igual que los videos. Nadie más en esta compañía tendrá acceso a ellos. Por su bien, esperamos de no vernos salpicados con su mierda. Y lo mínimo que esperamos de su parte, es discreción. —Don Gonzalo hace una pausa y algo le dice al oído a Carmencita. La directora de recursos humanos asiente y luego cruza una mirada conmigo, en sus ojos solo veo pesar. ¿Solo por mí? Me pregunto, inquietándome por la respuesta.

    —Obviamente, se les ha cancelado todas las comisiones y salarios pendientes hasta la fecha. Ni un peso más ni un peso menos. ¡No esperen una carta de recomendación! De hecho sería mejor para ustedes que obviaran en sus currículos, que trabajaron alguna vez para esta organización, ya que si nos llaman solicitando referencias suyas, nunca tendrán de nuestra parte, una grata respuesta. —Prosigue el director con el discurso de nuestros despidos.

    —Igual están en su derecho de no aceptar y hablar con sus abogados, pero créanme una cosa: Si deciden irse por las malas, nos veremos en los juzgados y les aseguro que los asesores de nuestro departamento jurídico, se lo van a hacer pasar muy mal. Así que los invito a que no lo piensen demasiado y firmen esa carta. —Tirito, pero no por temor de quedarme sin trabajo, no. Tiemblo al imaginarme la cara de mi esposo, cuando se entere. ¡Jueputa! No sé qué voy a hacer ahora.

    —Carmencita, por favor entrégale a cada uno los informes del departamento de seguridad y la carpeta con la carta de despido y sus respectivas liquidaciones. —Le solicita don Gonzalo a la mujer que siendo amiga de Eduardo, me ayudó desde el comienzo a mantener oculta, mi verdadera personalidad.

    Respiro hondo y doy una rápida ojeada al folder rojo. Son muchas páginas detalladas con fechas y horas. Fotografías de situaciones y eventos en mi mente, –ya lejanos y apartados en oscuros rincones– a los que no quería volver a evocar. Tambien en las últimas páginas, más imágenes del almuerzo en la ciudad amurallada, entre el magistrado Archbold, Eduardo y yo, para cerrar el trato. El paseo en coche tirado por un blanco caballo, al atardecer de este febrero tan caluroso junto al magistrado, dejándome acariciar y besar, con la Torre del Reloj atestiguando mi estadía. Y en secuencia otras, donde me veo entrando junto a él, a la habitación donde me hospedé en aquella hermosa casona colonial. Por supuesto que tambien existen varias tomas adicionales de esa orgia en la que participé por mi falta de escrúpulos, en aquella fiesta privada a la cual mi jefe nos invitó.

    —Y bien… ¿Que deciden? —La pregunta que realiza el director, me trae de nuevo a este incomodo presente, me asusta, me aturde, me mata aun estando tan viva. Así que observo el rostro de Jose Ignacio, al igual que el de Eduardo. Cada uno concentrado en revisar el contenido de la carpeta blanca, los dos muy serios e indecisos. Y me surge una inquietud, como posible salida de este atolladero.

    — ¿Nadie se enterará de todo esto? ¿Nadie más tendrá acceso a estas fotos y esos videos? —Le consulto a don Gonzalo, mientras de mi bolso extraigo mi bolígrafo Waterman, dispuesta a firmar.

    —Melissa, no es prudente ahora tentar a la suerte. Pero sí, a nadie le interesa saber qué pasó con ustedes en esta reunión. Será un… Una especie de divorcio por incompatibilidad de caracteres, pongámoslo así. Cada uno parte por su lado, en silencio y sin hablar mal del otro. ¿Estamos? Todo muere aquí. ¡Se lo aseguro! —Me responde y yo, más tranquila abro la carpeta buscando con rapidez la página final y esa línea negra, donde debo estampar mi rúbrica y lo hago, completamente decidida.

    —Muy bien señorita López, prudente y sabia decisión, aunque pueda costarle aceptarla. ¿Y ustedes dos qué esperan? —Se dirige a Eduardo y Jose Ignacio que aún no se resuelven, pero es claro que no tienen otra salida. Torciendo la boca de rabia y coraje, Eduardo firma. Chacho lo observa, luego repara en la página mía ya marcada y finalmente, estampa en la suya, las rectas y curvas estilizadas de sus nombres y apellidos.

    — ¡Excelente! Ahora si son tan amables, por favor coloquen sobre la mesa los teléfonos móviles y también sus identificaciones. Tendrán tiempo suficiente para tomar sus pertenencias y recoger en la oficina de personal, su respectiva liquidación. Milton los acompañará hasta la salida. Muchas gracias por la atención prestada a esta junta. —Concluye el director, entre tanto Carmencita pasa ubicación por ubicación, retirando las carpetas blancas. Las rojas por lo visto son nuestras y debemos cargar con ellas y luego ver qué hacemos con las culpas y faltas, tan bien desmenuzadas en su interior.

    Miro a Eduardo, que hasta hace unos momentos era mi superior, colocándose de pie y girándose, pero en sus pequeños ojos no encuentro ahora ningún apoyo ni tan siquiera afecto, supongo que bastante tiene él con su situación y desprestigio. Y por supuesto a José Ignacio, mi bebé, mi juguete, mi amante y ahora, ex compañero de trabajo. Chacho si me mira, pero por breves segundos, luego cabizbajo y maltrecho por supuesto, continua su andar desganado cruzando la puerta hacia el pasillo… ¡Abandonándome, huyendo de sí mismo!

    — ¡Señorita Melissa!… —La voz gruesa del gerente me detiene a dos pasos de la salida. — ¿Seria usted tan amable de esperar un momento? ¡Sentada por favor! —Intrigada pero rota, no le discuto y por supuesto que atiendo su deseo.

    ***

    Cuando ya estamos solos, don Gonzalo recoge con tranquilidad las carpetas y las apila, unas sobre las otras. Tambien toma la memoria USB de la ranura en el video beam, donde aparentemente están guardados los videos y las imágenes que prueban nuestras maniobras no tan santas para obtener las malditas ventas.

    Juega en sus dedos con ella, pues tiene la habilidad de un mago, como esos que usan una moneda, rotándola entre el índice hasta llegar al meñique y viceversa. Me quiere decir algo pero intuyo que no sabe por dónde empezar.

    —Este mundo es como un pañuelo… ¿No le parece, Melissa? — ¡Sí señor! Y nosotros somos los mocos que apartados, adornamos sus esquinas. Le respondo, tratando de mantener la serenidad, a pesar de que mi respuesta puede entenderse como una grosería, en absoluto era esa mi intención.

    — ¡Jajaja! –Se carcajea. – ¡De tal palo, tal astilla! Exactamente como me contestaría su padre, si aún viviera. —Me responde y yo me quedo sorprendida, boquiabierta… ¡Ojiplática!

    — ¿Conoció a mi papá?… ¿Cuándo? Y… ¿Adónde? —Le pregunto de inmediato, mucho más sorprendida ahora, que con todo lo anterior y el director me responde acariciando su mentón.

    — Hace muchos años atrás, sí. En la plaza de mercado al norte de la ciudad. Su padre desgranaba arvejas y luego las empacaba en una bolsa con bastante agilidad. Finalmente las cerraba con un fuerte y pequeño nudo y las apilaba bien niveladas, a un costado de la pirámide de mazorcas, enfrente de sus rodillas, sobre un mojado andén. —Eso debió ser cuando yo aún no había nacido. Le respondo.

    —No, en realidad usted tenía por aquella época unos tres años si no recuerdo mal. Yo vendía pólizas de seguros de vida. Me acerqué inseguro de ofrecerle a su padre mis servicios, pensando que no tendría ni las ganas ni el dinero para costearlas. Sin embargo me llevé una gran sorpresa, cuando su padre muy interesado me citó unos días después en su casa, por allá en el barrio Gustavo Restrepo. —Se pone en pie y se acerca hasta donde permanezco y se queda allí, mirándome.

    —Allí en brazos de su madre, conocí a una pequeña muy risueña y con la bella mirada azul de un ángel, sin duda, heredada de los ojos de su padre. No solo adquirió el seguro de vida sino una póliza de estudios universitarios para usted y sus dos hermanitos mayores. Esa venta me dejó marcado para siempre, no solo por la humildad con la que me atendió su papá y su madre, sino por la enseñanza que me brindó, para jamás despreciar a ninguna persona por su apariencia. Un gran hombre su padre, señorita Melissa Mariana López Jiménez. —Esas palabras dichas con tanto afecto y admiración, me conmueven hasta hacerme sentir un nudo en la garganta.

    —Don Gonzalo, yo… Le digo al borde del llanto. —Le agradezco sus comentarios hacia mi padre, en verdad me hacen muy feliz. Sus recuerdos sobre mi viejito, son muy hermosos, aunque el tiempo se está encargando de alejarlos de mi memoria, y saber por su boca, el esfuerzo de mi padre por brindarme a mí y a mis hermanos un futuro mejor, me emociona.

    —Al menos se ha visto recompensado, no tanto por mí, que me desatendí del negocio familiar porque nunca me ví vendiendo vegetales ni mangos o guayabas, pero en cambio sí por mis dos hermanos mayores, que se esforzaron bastante y siguieron adelante con el sueño de mi padre, logrando hacerlo crecer hasta llegar a convertirlo en la empresa exportadora de frutas y verduras, que él tanto soñó. —No aguanto más el remordimiento y en silencio, oculto de la vista de don Gonzalo, mi rostro entre las manos, y empiezo a llorar lo más silencioso que puedo.

    —No se culpe Melissa, no todos tenemos la misma vocación que nuestros padres. Por lo que leí en su hoja de vida, a usted le gustó mucho más los caminos del arte, la pintura y la literatura. –Me habla con suavidad y el peso de su mano la siento sobre mi hombro izquierdo. – Una cosa Melissa, es que uno piense que le gusta mucho una afición y otra muy distinta es que encuentre en ella, su profesión. Estoy seguro que su papá se sentiría muy orgulloso del camino educativo que escogió.

    — ¿Pero y cómo es que se enteró usted, de que yo era su hija? —Le pregunto entre sollozos.

    —Digamos que al tener entre mis manos su currículo, en la fotografía, ese azul intenso de su mirada me hizo recordar los vivaces ojos de su padre. Y las facciones delicadas de su rostro con ese brillante cabello largo y oscuro, me rememoró a la belleza de su madre. No estaba muy seguro, pero mientras usted estaba en Cartagena «negociando» –entre comilla con sus dedos la palabra– ese pent house, yo visité las oficinas de la empresa para saludar a su hermano mayor. Tiene una fascinación por los caballos de paso fino y entre tantas pinturas y cuadros colgados, se destaca la fotografía familiar cuando aún su padre vivía. Tendría usted unos… ¿Quince años?

    — ¡14! Murió unas semanas antes de que yo cumpliera los quince. Le respondo, y retira su mano de mi hombro, alejándose hasta volver a su silla para tomar los informes, desde allí me mira y continúa hablándome como si fuese un antiguo amigo.

    —Sin embargo Melissa, no me cabe duda de que si estuviera vivo, no le gustaría para nada el proceder suyo en estos últimos meses. Tuvo usted la decisión en sus manos de no iniciarlo o detener todo esto a tiempo, pero no lo hizo sin importarle, por lo que parece, que pudiera poner en riesgo su matrimonio. – ¿Será que lo sabe también? Me palpita con más fuerza el corazón. – Pero créame señorita López, que no entiendo por qué calló, por qué no habló y en lugar de ello, arriesgo su felicidad para darles alegrías a otras personas o… ¿Quizá quien necesitaba esa satisfacción, era usted? Eduardo es un abusador y enfermo sexual que necesitará algún tratamiento psicológico.

    — ¡Si señor! Es… Perdóneme la grosería, pero él es un malparido mal amigo, que me obligó a hacer cosas que no quería. —Le contesto, mientras voy secando con un pañuelo de papel, las lágrimas mientras don Gonzalo se ubica a mi derecha, cerca de la puerta.

    —Lo comprendo Melissa. Pero… ¿Qué hay de su amigo, el señor Cifuentes? Un completo vividor, que usa su pinta de galán de telenovelas para estafar el corazón de las mujeres que se dejan conquistar, y destruye a su paso con sus ínfulas de conquistador, sin importarle nada, a familias enteras, dividiéndolas y por supuesto rompiendo la vida y la confianza en mil pedazos, de esos hombres traicionados por sus novias o esposas, como en su caso. — ¡Jueputa! ¡Mierda! Lo sabe. ¡Tambien lo sabe! Me estoy sintiendo mal y este dolor de cabeza que no cesa, hasta estoy sintiendo ganas de vomitar, me falta el aire, necesito salir de aquí.

    —Novios o maridos que sí, seguramente con errores pero también con aciertos, como todos los seres humanos, han sido engañados. Pero son hombres que aman y confían aún en sus parejas y sobre todo en los valores y preceptos que implica mantener una relación sentimental. —Continúa hablando pero sin mirarme. Su vista se pierde hacia la longitud blanca del pasillo, que se observa tras la salida. Como si estuviera pendiente de que nadie lo pudiera escuchar.

    —Personas capaces y con un brillante futuro, con metas casi por cumplir y que trabajan denodadamente por un futuro mejor para sus familias, sus esposas y sus hijos. Hombres que van a terminar lastimados sentimentalmente, hundidos y vacíos emocionalmente. Y que en su día a día laboral, ya con sus sueños rotos, tal vez no van a producir igual ni tener la ilusión de acudir a su casa para encontrarse con aquella persona que lo traicionó.

    —Por supuesto, don Gonzalo. Pero es que usted no… Nadie sabe los motivos que tuve para relacionarme con Jose Ignacio. ¡Solo pretendí ayudar!

    Le aclaro mientras siento mi pulso acelerarse y una presión a su vez en el pecho que no me permite respirar con normalidad. Será tal vez angustia, pues me… ¿Está refiriéndose a mi esposo?

    —Todas nuestras acciones, para bien o para mal, siempre acarrearan consecuencias, que terminarán afectando a las personas que nos rodean, sobre todo a aquellas que más nos aprecian y nos aman.

    Me quedo en silencio pensando… Nooo… Él no, por favor. Mi marido no tiene por qué pagar los platos rotos. No él, Camilo no…

    — ¿Se puso usted a pensar en ello alguna vez, señorita López? O mejor debería llamarla… ¿Señora de García?

    ¡Queee! ¿Pero cómo se pudo enterar? Me empiezo a sentir débil y sudorosa.

    —Don Gonzalo usted… Por favor no lo culpe a él. Camilo no sabe nada. Yo… Voy a contarle todo. En serio.

    Le suplico y por más que intento ponerme en pie, las piernas no me responden. No lo consigo y me empieza una tembladera por todo el cuerpo.

    —Es una pena que no pueda hacer nada. –Me lo dice con un gesto en su mirada que demuestra sinceridad. – La junta directiva ha sido enfática en que el mal se debe cortar de raíz. A pesar de reconocer sus capacidades, su entrega total a la constructora y ese proyecto tan fenomenal que tiene en mente. Lo siento pero… ¡Estoy maniatado!

    — ¿Qué va a hacer? No lo puede despedir. Sus sueños, su proyecto… Por favor no. por favor… ¡Se lo suplico! Le termino por decir, aferrándome a su brazo.

    —Créame que la compadezco y para nada envidio la situación que ahora tendrá que afrontar. Solo le aconsejo que lo enfrente con la altura y humildad que habitaba… en el alm… de su padr…

    En un momento noto que las luces parpadean, pequeños puntos amarillos y verdes flotan frente a mis ojos, convirtiéndose en manchas pardas. Siento náuseas y su voz la escucho muy lejana, perdiéndome de lo último que me ha dicho.

    — ¿Señora? Melissa esta pálida como una vela. Se encuentra bien. ¿Melissa? ¡Melisss!…

  • Le di mi colita en el baño de un hotel

    Le di mi colita en el baño de un hotel

    Entramos al pequeño y poco luminoso baño, prendimos la ducha y aguardamos a que el agua esté a punto. Mientras tanto, aprovechamos para seguir besándonos. La dureza de su pija clavándoseme en el vientre era algo totalmente excitante. Moría de ganas de seguir comiéndola. Pero mientras tanto, opté por pajearlo. El vapor del agua comenzaba a subir, por lo que continuamos en lo que estábamos debajo del agua. El chorro no era del todo potente, pero ayudaba.

    Sus movimientos me hicieron notar que los besos y la paja no eran suficientes, por lo que decidí bajar. De rodillas bajo el agua, comencé a comerle la pija. Ya se había acabado eso en lo que él no podía moverse, por lo que comenzó a agarrarme con fuerza la cabeza para que su pija llegue al fondo de mi garganta. Y la verdad, tampoco es que tuviese que hacer tanto esfuerzo. Era enorme, ancha. Y eso, sumado al agua, hicieron que el aire me faltara varias veces, generándome varias arcadas. Pero me encantaba.

    Se la chupé hasta que, tirándome con fuerza por el pelo, hizo que me ponga de pie. Nos besamos, me chupó las tetas y me acarició la concha. Luego me tomó de la cintura y me hizo girar. Sabía lo que se venía. Levanté mi culo, exponiéndolo, como diciéndole “veni, entra, es todo tuyo”. Me levantó una pierna, tomándome por el muslo, y comenzó a frotar su pija contra mi conchita, para luego meterla de un golpe. El agua de la ducha me pegaba en pelo en la cara y en los hombros, mientras una de sus manos mantenía en el aire una de mis piernas y con la otra me apretaba las tetas. Las embestidas de su pija adentro de mi concha eran cada vez mas fuertes. “¿Te gusta, puta?”, me decía a los gritos muy cerca de mi oreja. “Me encanta, rómpeme toda”, era lo único que me salía decir.

    Estuvo dándome por la concha por un rato, hasta que, por mis movimientos, notó que acabé. Su respiración agitada, sus besos tiernos en mi cuello, se hicieron protagonistas de la escena. “Dame más”, le pedí en un susurro. Él sabía a qué me refería, por lo que empezó a rozar su pija contra la entrada de mi culito. No tuvo que esforzarse tanto, ya que de inmediato comenzó a abrirse. Sentí como su cabecita húmeda iba entrando, despacito, pero sin detenerse ni retroceder. Cuando estuvo toda la cabeza adentro, llevé mi culo para atrás, comiéndosela entera. El movimiento lo sorprendió, pero igual se subió enseguida y dio rienda suelta a una serie de rápidas y potentes embestidas contra mi culo. Comencé a llorar y a gritar de placer, pidiéndole que por favor me cogiera mas fuerte. Me encantaba lo que estaba recibiendo, pero me encontraba en una posición algo incomoda. Por lo que le dije que pare y lo hice sentarse en el piso. Algo nada higiénico, lo admito, pero en ese momento de tanta calentura, las cuestiones de bromatología pasan a un octavo o noveno plano.

    Me senté sobre él, de frente, metiendo suavemente su pija en mi culo. Cabalgue sobre él hasta sentir como mi culo se llenaba con su leche, en el preciso instante en el que una voz que venía desde los parlantes de la habitación decía que, si queríamos extender el turno, nos comunicásemos con recepción.

    ─No sé vos, pero yo estoy para un rato más ─le dije entre risas.

    La dureza de su pija, todavía adentro de mi culo, era la única repuesta que necesitaba.

  • Mi amiga y yo follamos con un madurito por dinero

    Mi amiga y yo follamos con un madurito por dinero

    Paseando por las calles de Ibiza, mi amiga Alicia, de 26 años, y yo, de 22, compramos unos vestidos escandalosos. Vestidas con ellos, nos sentamos en una terraza y allí convencemos a un madurito para follar con las dos a cambio de dinero.

    Hace diez días cumplí 22 años. Mi primo Nacho dijo que me haría un regalo muy especial. Me lo dio en extrañas circunstancias, a fin de cuentas, un intercambio de parejas. Mi primo y yo no somos pareja al uso, pero mantenemos relaciones sexuales desde hace un mes. Leo de 42 años y Alicia de 26 formaban la otra pareja. Pese a la diferencia de edad entre ambos, son un matrimonio feliz y liberal, que tanto se lleva hoy en día. Quedamos todos tan felices, que Leo y Alicia nos invitaron a pasar con ellos una semana en Ibiza, a bordo de un impresionante yate que poseen.

    Llegamos a la capital ibicenca el día 1 de agosto. Lo más interesante ocurrió ayer, día 3.

    Por la mañana, mientras ellos tomaban el sol en cubierta, Alicia vino a despertarme a mi camarote. Soy así de perezosa, siempre la última en levantarme. Entre que anoche lo pasamos de miedo los cuatro, o me quedé con ganas de hacer algo contigo, terminamos enrollándonos en mi cama. Fue mi primera experiencia lésbica; una de tantas para la impetuosa Alicia.

    Las dos quedamos con una sonrisa de oreja a oreja y decidimos compartir nuestra alegría con el mundo. Leo nos llevó a puerto en la zodiac y regresó al barco. Nosotras paseamos por las zonas más concurridas. Al pasar delante de una conocida cadena de tiendas de moda, quedamos prendadas de un conjunto expuesto en el escaparate. Alicia propuso entrar y probar a ver cómo nos quedaba.

    —Es como si lo hubieran diseñado para usted —dijo la dependienta a Alicia cuando se lo vio puesto en los probadores.

    —¿Solo tienen este modelo? —preguntó Alicia.

    —Hay otro igual, solo que cambia la combinación de colores —respondió la empleada.

    Mi amiga se empeñó en que yo me probara el otro. Luego, al vernos juntas en el espejo, insistió en que los compráramos, argumentando que levantaríamos pasiones allá donde fuéramos. Ella vestía el modelo igual al del escaparate, minifalda blanca y un top granate que poco dejaba a la imaginación. El mío igual, pero con top blanco y minifalda granate.

    —Yo no me lo puedo permitir —dije cuando vi el precio en las etiquetas.

    —No te preocupes por eso, mi dulce Sandra, porque yo los pago —respondió Alicia—. Son solo para hoy. Mañana los devuelvo y me gasto el doble en algo que realmente me sea útil en el día a día. Cuando vean la tarjeta con la que pagaré, no pondrán objeciones.

    Alicia y su marido no son multimillonarios, pero viven en Marbella y se ganan muy bien la vida. Él es dueño de una franquicia inmobiliaria que opera, principalmente, en la Costa del Sol. Su principal activo son las casas y mansiones de lujo. Ella tiene parte del negocio como esposa, pero, además, se gana buenas comisiones como vendedora.

    Cuando Alicia pagaba en la caja, nos leyeron los códigos con la ropa puesta, porque se empeñó en que saliéramos así vestidas. No obstante, y dejando a un lado el ustedes, la empleada nos hizo una advertencia.

    —Debéis tener mucho cuidado con la minifalda, porque es de estilo patinadora muy cortita. Más que nada porque, si subís escaleras o con la más mínima ráfaga de viento, se os verá todo.

    —Esto no es problema —dijo Alicia—. Llevando tanga, enseñaremos el culo en todo su esplendor, y para eso lo tenemos de escándalo, para escandalizar —añadió con tono pícaro.

    La empleada sonrió, dando la razón a mi amiga tras darnos un repaso visual.

    —Si miras hacia atrás —me dijo Alicia—, verás como nos mira. Esta, fijo que es lesbiana.

    Giré la cabeza cuando salíamos cogidas de la mano por la puerta, y efectivamente era así. Ella debió pensar lo mismo de nosotras.

    Paseando de la mano por la calle, en dirección al paseo de la playa, la gente se giraba al cruzarse con nosotras, especialmente varones de todas las edades. Pensé que no se debía a la ropa en sí, sino al contraste.

    En la playa nos sentamos en una terraza repleta de gente joven, con un alto porcentaje de féminas con cuerpos esculturales. Pedimos un Martini blanco con mucho hielo para cada una y Alicia me sorprendió.

    —Este es un buen sitio para lo que buscamos —afirmó mientras tomaba un buen trago.

    Antes de que yo preguntara, porque no buscaba nada concreto, ella desvió la atención.

    —¿Te gusta aquel tipo? —Señaló a un hombre cercano a los cincuenta años con pinta de extranjero.

    —De cara está bien. De cuerpo, un poco fondón, pero tiene un apaño —respondí recorriendo su anatomía con los ojos.

    Alicia quedó pensativa, haciendo lo mismo que yo.

    —¿Quieres que nos lo follemos entre las dos? —preguntó con una expresión maliciosa que me dio miedo.

    —Está bueno, a pesar de la edad, pero tanto como para eso, no sé yo —respondí echa un manojo de nervios.

    Alicia, que no precisaba más información por mi parte, se levantó y fue a sentarse con él. Hablaron animadamente durante unos diez minutos. Ella más que él, tomándose ciertas libertades propias de una fulana. La última me dejó boquiabierta, cuando le puso la mano en el paquete, justo antes de levantase y volver conmigo. La interrogué al respecto cuando estuvo sentada a mi lado y ella, con todo el descaro del mundo, respondió:

    —Es alemán en viaje de negocios y se aloja en un hotel cercano. Tengo un alto nivel de inglés y así nos hemos entendido. Está casado y tiene 52 años. Le he dicho que nos parece muy atractivo y que nos gustaría follar las dos con él.

    —Se te ha ido la cabeza, Alicia. Definitivamente se te ha ido —dije sin dar crédito a lo que escuchaba—. Pero, ya que estamos, ¿qué te ha dicho?

    Es cierto que estaba perpleja, pero me corroía la curiosidad.

    —Este es de los fáciles —respondió—, porque se sienta aquí para fantasear con las jovencitas, sabiendo que no tiene posibilidades. Aun así, me ha costado convencerle de que era cierto. Le he asegurado que no somos putas, pero que nos gusta follar con maduros por dinero; más que nada como una forma demostrar hasta qué punto le motivamos.

    Yo jugaba al doble juego de sentirme sorprendida y curiosa después. Así le pregunté:

    —¿Cuál ha sido su respuesta?

    —Me ha ofrecido 50 euros por hacerlo conmigo, más que nada por economizar —manifestó Alicia—. Yo he dicho que no me vendo tan barata, que cualquier profesional le cobraría menos, pero pendiente de terminar lo antes posible. Por el contrario, nosotras somos dos, somos más jovencitas, estamos más ricas y le daremos la mejor experiencia de su vida, sin límite de tiempo y por donde quiera. Teniendo esto en cuenta, he fijado el precio en 300 euros por las dos. Ha respondido que era demasiado. Yo he replicado que esperaremos quince minutos antes de buscarnos a otro más dispuesto. Que, si es capaz de pagar la misma cantidad por día, solo por dormir en el hotel, que debe rondar este precio, follando con nosotras tendrá motivos para dormir feliz una buena temporada. Finalmente, le advertido que, pasados diez minutos, el precio sube a 400 euros. Han pasado apenas cinco minutos, y podemos darle un aliciente.

    Sin esperarlo, Alicia me cogió por la nuca, me acercó a ella y, a mitad de camino, me comió la boca al tiempo que me sobaba el muslo, apartándome la minifalda lo justo para mostrarlo entero y buena parte del culo. Apenas nos separamos, ahuecó el top y se sopló los pechos, simulando que los tenía acalorados. El pobre germano no tardó en reclamarla con el dedo índice.

    Nuevamente volvieron a charlar un ratito y regresó.

    —Acepta con las dos por 300 euros —concretó Alicia—. Yo lo hubiese hecho gratis si no aceptaba. El caso es que tengo el nombre del hotel y número de habitación. Solo debemos seguirlo, entrar separados y subir a la cuarta planta.

    —Definitivamente, algo no te funciona en el cerebro —le dije mientras caminábamos por la calle, sin asimilar del todo la situación, pero tan decidida como ella.

    —No es la primera vez que hago esto —confesó como si tal cosa—. Me motiva presionar a este tipo de hombres, pero mucho más contárselo a mi marido. No veas el polvo que me echa mientras le doy todo tipo de detalles.

    Me sorprendió que tuvieran una relación tan abierta; sin embargo, confesó que se casaron precisamente por esto, y que el otro era igual de golfo. Eso sí, siempre fuera de su ambiente habitual, por aquello de dar una buena imagen.

    En la puerta de la habitación, llamamos y el tipo nos abrió al instante, con el rostro visiblemente feliz. Alicia puso la mano y esperó hasta que el otro depositó los billetes en ella. Entonces entramos.

    —Yo no domino el inglés como tú —dije hecha un manojo de nervios a mi amiga—. Te pido que me traduzcas todo, por si algo se me pasa por alto.

    —No te preocupes, mi adorada Sandra —respondió antes de darme un piquito—, porque este es de los que follan mucho y hablan poco. En todo caso, alguna que otra orden o sugerencias sobre lo que prefiere. Lo mejor de todo es que, al estar en un hotel, jamás se propasaría por miedo al escándalo.

    Ya no me quedaba la menor duda de que Alicia era una mujer inteligente y calculadora. Entonces nos desnudamos, para que el hombre viera que el material merecía el precio pagado. Luego mi amiga le tomó de la mano y le llevó al cuarto de baño para que se duchara, haciéndome un gesto para que les siguiera. Yo lo hice primero y ellos juntos a continuación. Alicia regresó conmigo cinco minutos después.

    —El pájaro ya está listo para darnos gusto —dijo sonriendo maliciosamente—. Con la ducha le ha bajado la erección, pero se la he chupado después de secarse y le he puesto un condón. Ahora la tiene más dura que el hormigón. Pero, debes saber que tú serás la primera. Para motivarlo, yo no sirvo porque sabe de primera mano que soy una golfa, le he dicho que eres tímida y debe sorprenderte. Por esto vendrá en un par de minutos, el tiempo justo para echarme en la cama y tú, poniéndote de espaldas al aseo, arrodillada y con el culo en alto, me comas el coño.

    Me sentí objeto de experimentación, pero una tenía que ser la primera y acepté porque me percibía muy motivada.

    Alicia se tumbó con las piernas abiertas y yo en la postura sugerida, justo en el borde de la cama. Mientras le comía el coño e introducía un par de dedos en él, sin prestar atención a nada más, supe que el alemán estaba detrás de mí cuando, abriéndose camino en mi coño, me penetró lentamente. Instintivamente, dejé de lamer, alcé el rostro y miré a mi amiga, con la boca y los ojos bien abiertos, al tiempo que lanzaba un gritito de asombro.

    —No me digas que has podido meterte su polla en la boca —dije alucinada por el tamaño que debía tener lo que me follaba.

    —Caída no parece tanto, pero erecta, es de las más gruesas que he visto —afirmó Alicia, sonriendo porque mis gemidos eran auténticos.

    —Imagino que tendrás lubricante en el bolso —apunté con la voz quebrada—, porque no quiero imaginar cuando nos la meta por el culo.

    Alicia soltó un par de carcajadas, afirmando con la cabeza.

    —Pero tú sigue chupando —propuso alzando las piernas abiertas—, porque se hace mejor cuando te follan.

    Así estuvimos unos cinco minutos, hasta que Alicia indicó al hombre que saliera de mí, para que nosotras intercambiáramos posiciones. El propósito principal, aparte de que ella disfrutara también, consistía en que el otro no se entusiasmara, y nos durase el mayor tiempo posible con breves y continuas interrupciones.

    Entonces vi la polla morcillona y rápidamente me coloqué en la cama, igual que lo había estado ella, ansiosa por ver su rostro cuando le atravesaran el coño. Fue un espectáculo verla mover el culo, al tiempo que me daba una comida de lujo, interrumpida cada vez que ella, alzando la cabeza, le suplicaba que la follara más. El alemán, por su parte, apoyado con las manos en las nalgas de Alicia, bramaba como un toro cada vez que la penetraba una y otra vez. Entonces entendí que ella los prefiere casados y maduritos, porque sus esposas no les permiten ciertas perversiones.

    —Tenemos que darle un descansito, no sea que perdamos al paciente —dijo Alicia bromeando—. Nos podemos colocar como estoy yo, demorándonos lo necesario, para que alterne entre las dos.

    Ella propuso la idea al hombre y aceptó encantado.

    Las dos nos colocamos juntas a cuatro, con las rodillas en el borde y los muslos semiabiertos, contorneándonos y gimiendo como dos verdaderas guarras. Yo fui la primera en recibirle, después de que me lamiera el coño varias veces. Le tomé la polla con la mano, forzando el brazo hacia atrás, pasé el capullo por toda la raja un par de veces, lo puse en la entrada y reculé para ensartármela yo misma.

    —Vamos, campeón, fóllame —le dije en inglés. Esto era fácil para mí.

    Retiré la mano, comenzó a penetrarme y mis gemidos de gusto no tardaron. Yo reculaba al tiempo que él embestía, subiendo y bajando levemente el culo, una y otra vez hasta que me vino el orgasmo, antes de lo que es habitual en mí.

    Alicia repitió mi gesto cuando fue su turno. Propuso dirigirle la polla cada vez que nos tocara, como un modo extra de frenar el ímpetu del madurito. De este modo seguía en forma después de cinco rondas en unos diez minutos.

    Nuevamente volvieron a hablar en inglés. No lo entendí todo, pero Alicia rellenó mis lagunas.

    —Quiere que yo me ponga en la postura del misionero y tú a cuatro por encima de mí. Entiendo que pretende follarnos por turnos teniéndonos bien a tiro.

    Yo quedé abierta de piernas con el culo en el borde de la cama. Entonces, sin esperar a que ella se colocara encima de mí, el tipo me la metió de un empujón y comenzó a follarme con energía. Alicia se sentó a horcajadas sobre mi vientre, mientras el otro me jodía bien jodida, no más de un minuto. Hizo lo mismo con ella, que arqueaba la espalda y me ponía los pezones para que se los chupara y mordiese.

    —No veo la hora de contarle esto a mi maridito esta noche —dijo Alicia fuera de sí.

    —Eres una auténtica zorra —añadí cuando me vi de nuevo atravesada por la polla morcillona—. Me obligas a contárselo a Nacho, porque Leo no se lo callará.

    En un momento dado, Alicia introdujo la mano entre su vientre y el mío y comenzó a masturbarse. Entonces rogó al otro que se la metiera. Él obedeció al instante.

    Después de un ratito dándose y recibiendo placer, continuó la conversación.

    —Mejor que sea así, mi tierna putilla. Ya verás lo satisfechas que nos dejan, porque con este no tendré suficiente porrrr hoy —añadió cuando se corría y juraba en arameo.

    —Imagino la escena —dije y besé sus labios para celebrar su orgasmo.

    —Quiero otro —exigió Alicia como una niña caprichosa—. Ahora que estoy exhausta, el ano se relaja y entrará mejor la polla. No tardaré mucho cuando me dé por el culo.

    Alicia y el germano conversaron por enésima vez y el otro acató encantado.

    —Voy a ponerme igual que tú —propuso ella—. De este modo, podremos masturbarnos para que venga lo antes posible cuando nos encule.

    Antes de hacerlo, tomó el botecito de lubricante anal, me puso una buena cantidad en el ano y luego en el suyo.

    El tipo comenzó a clavármela muy despacio, tal y como Alicia le había advertido. Emití varios gritos antes de tenerla a medio camino. Luego fue menos doloroso mientras entraba y salía muy despacio. Masturbando el clítoris llegó el placer y le pedí que acelerase. Me estuvo dando de lo lindo unos minutos, hasta que me corrí y vencida relajé el cuerpo.

    El tipo la sacó y se dispuso a entrar en ella. Ya estaba a punto debido a que se había estado masturbando mientras me sodomizaban.

    —¿No te duele? —pregunté perpleja a mi amiga, porque no mostraba signos o quejas de dolor cuando se la metía.

    —No es la primera de este tipo —respondió—. Hace un año me dio por el culo un negro en París, y era más gorda. Entonces, sí me dolió de lo lindo y creo que mi ano se quedó con el molde.

    Mientras yo trataba de imaginar cómo sería la descomunal polla del francés, Alicia gritó de gusto en el momento de correrse. El madurito prosiguió un par de minutos más. Entonces habló entre bufidos y ella le respondió.

    —Dice que quiere correrse en mi recto —Alicia confirmó lo que yo creí entender—. Le he dicho que no, pero tiene tantas ganas de algo extraordinario, que acepta terminar en la boca por 100 euros más.

    Solté varias carcajadas, alucinada con sus ocurrencias, pensando que debería dirigir el sindicato de putas y fijar los precios. A falta de esto, propuso otra idea.

    —Haremos una cosa, Sandra. Yo recibo la leche en la boca, pero no pienso tragarla como quiere él. Cuando termine, se la limpio con la lengua. Luego tú la coges y la chupas, ya limpia, mientras que yo aprovecho el despiste para escupir en la sábana y restregarlo. Como es blanca, igual que el semen, ya estaremos lejos cuando se dé cuenta.

    El alemán soltó otros dos billetes de 50 euros, sin tiempo que perder mientras se masturbaba, Alicia engulló la polla y el tipo terminó dentro de la boca. Luego actuamos como ella había previsto.

    Finalmente, nos vestimos apresuradamente, alegando que llegábamos tarde a una cita, y nos fuimos, dejando al madurito tumbado en la cama la mar de contento.

    La penúltima sorpresa, porque Alicia me daría otra por la noche, vino cuando, caminando por la calle, sacó del bolso los 400 euros y me los entregó.

    —¿Quieres que yo los guarde? —pregunté.

    —Son todos para ti —respondió.

    —No puedo aceptarlo —repuse—. Lo justo sería repartirlos.

    —No quiero que lo tomes como una ofensa, querida amiga, pero a ti te hace más falta que a mí. —Tapó mi boca con la mano antes de que yo protestara. Así continuó con su argumentación—. Sé por Nacho que has dejado el trabajo de verano por venir a este viaje. Puede que tengas otras razones; sin embargo, me emocionó que nos tuvieras en cuenta, porque en pocos días te he tomado mucho cariño y presiento que seremos buenas amigas. Ahora, voy a quitarte la mano, y te suplico que no digas nada y lo guardes, porque lo hago con el corazón. No dije nada, pero se lo agradecí con un morreo, abrazadas en mitad de la calle y delante de cuantas personas había cerca. Obviamente, esto no es nada del otro mundo en una ciudad como Ibiza.

    Lo mejor del día llegó después de cenar en el yate. Leo había dado permiso a los dos tripulantes hasta las tres de la madrugada y estábamos los cuatro solos. Entonces, demostrando que Alicia es la reina entre las zorras, tomó su teléfono, lo conectó inalámbricamente al televisor y reprodujo un vídeo donde se veía todo lo que hicimos con el maduro.

    —Ponlo en pausa, Alicia, porque no lo entiendo —le ordené, ella obedeció y yo pregunté con cara de idiota—. ¿Cómo coño has hecho para grabarlo?

    Ella reía a carcajadas. Respondió, orgullosa por su hazaña, cuando dejó de reír.

    —No te has dado cuenta, mi dulce y adorada Sandra. Ibas tan caliente y nerviosa al entrar en la habitación, que no te has fijado en que yo llevaba gafas puestas. Las he dejado en el mueble, junto al bolso, apenas hemos entrado. Pues bien, son unas gafas que tienen camuflada una cámara diminuta y graban cuando pulso un botoncito. Los vídeos son de pocos minutos, uno detrás de otro, y los he editado para que se reproduzcan seguidos.

    Nos mostró las gafas a mi primo y a mí, —Leo ya sabía de su existencia—, y todos reímos a gusto. Comenzó la reproducción desde el principio y pasamos un rato entretenidos. Luego nos dimos un festín sexual entre los cuatro en el camarote tipo suite, donde duermen Leo y Alicia, antes del regreso de los dos tripulantes.

    Procuro no imaginar las locuras con que me sorprenda este demonio, llamado Alicia, en días sucesivos.

    Fin

  • Por fin apareció

    Por fin apareció

    Por fin apareció y yo estaba un poco ocupado sin embargo contesté saludando y diciendo que le escribía luego que me disculpara, obviamente quería hablarle, pero tenía que darle un poco de suspenso darme un poco de importancia aunque no pasó mucho tiempo y ya le estaba contestando, me dijo que estuvo ocupada qué no había tenido tiempo de escribir hablamos un poco y le dije que si quería dar una vuelta y aceptó.

    Tengo un amigo que vive en un edificio no muy lejano a mi zona y siempre tenía el apartamento solo, lo llame y pasamos por allí, hablando nos tomamos unas cervezas y al momento de irnos notamos qué era tarde y el pasillo al ascensor estaba algo oscuro, pedimos el ascensor y al llegar no entre sino que la tome contra la pared la puse de espalda y comencé a besarle el cuello la nuca las orejas y a presionar mi pene erecto contra sus nalgas, ella reaccionó excitada metí mis manos en su pantalón y comencé a tocarla, teníamos un desespero divino quería cogérmela allí mismo.

    Creo que hicimos algún ruido mi amigo estaba observándonos por el ojo mágico de su puerta, ella se agachó y comenzó a mamármelo y se sintió la puerta abriéndose, ella se quitó y él dijo “tranquilos no se asusten más bien pasen qué aquí están más cómodos justamente debo salir”.

    Nos miramos con las ganas intactas y le hicimos caso, él nos dijo “están en su casa vuelvo en un rato” y se fue, esperamos unos segundos y nos lanzamos en el mueble las ganas eran inmensas, al cabo de unos minutos cuando ella estaba encima de mi divinamente en plena sala se escuchó la puerta, era mi amigo que solo dio tiempo que estuviéramos en acción para hacer su entrada.

    En ese momento entre la nota y la excitación no importo tanto.

    -no se preocupen no los molesto continúen.

    Ella me miró y yo la cambie de posición la puse en cuatro y comencé a darle había una mezcla de pena y de deseo en ella y mi amigo solo nos observaba ella se contuvo pero luego comenzó a gemir creo que la excito la presencia de mi amigo y él lo notó así que se lo saco del pantalón y se acercó paradísimo.

    Ella volteo a verme su cara era totalmente un poema de lujuria, el silencio habló por si solo ella se lo agarro y eso me dio morbo le di más duro y gimiendo se lo metió en la boca, luego comenzó a hacerlo con el yo los observe un momento y me excito aún más, ella estaba libre suelta salvaje empapada al estar cogiendo con dos hombres algo que no imagino ese día quizás.

    Le dije “ven móntate” y me senté en el mueble ella se subió de frente y le dije “quiero que te lo meta por detrás quiero verte la cara con dos guebos adentro quieres?” me dijo si de manera hambrienta.

    Mi amigo no tardó en acercarse y calcular el movimiento se hecho mucha saliva y comenzó a penetrarla de espacio ella paro un momento y le dijo que lo hiciera de espacio, lento iba entrando y su cara se transformó en una mezcla de dolor y placer sus gemidos cambiaron a algo más intenso y poco a poco ya nos tenia a los dos dentro de ella, la miraba de frente ella no me miraba solo gemía como loca sus gestos eran excitantes todo se sentía divino.

    Le di algunas cachetadas y le preguntaba si le gustaba ella se movía como cabalgando con locura erizada y extasiada estaba en otro planeta y entonces dijo:

    -voy a acabar!!

    Mi amigo le dio más duro yo me quede quieto sintiendo las contracciones de su vagina sus uñas se clavaron en mis hombros me abrazo y casi llorando acabo de una manera tan divina qué aun escucho esos gemidos en mi oído derecho.

    Mi amigo lo saco y acabo en su espalda yo lo saque la puse a un lado le dije abre la boca y me vine tremendamente mientras exhausta lo saboreaba y se lo tragaba…

  • Un pensamiento hecho realidad (2)

    Un pensamiento hecho realidad (2)

    Pasaron los días y no tocamos más del tema, pensé que solo se había quedado en el momento de excitación y de calentura.

    Tuvimos una reunión familiar, en la cual estaba su prima y Andrés, el novio de su prima, era una reunión muy normal, pero en un momento si vi que ella estaba sola bebiendo una copa con Andrés, el novio de su prima, los vi sonrientes pero con una expresión de sorpresa en la cara de Andres.

    Pasó la noche sin ninguna novedad, cenamos en familia y bebimos algunos tragos más. Ya era algo tarde y decimos irnos a casa, pero al momento en que iba en la puerta me llamo Andrés y me pidió un momento para hablar, y su pregunta sin rodeos fue: es verdad lo que me dijo Dani? A lo cual le respondí que si, que era una idea que se nos había metido en la mente y que queríamos que el fuera participe de aquella locura que queríamos realizar. El sin dudarlo y cómo si estuviera muy decidido me dice que nos espera el próximo viernes en su apartamento.

    La semana pasó algo rápido y con las ansias al mil porque ese día llegara. Días antes estuvimos hablando con Dani e imaginábamos ese día, pero no decidimos estar juntos solo hasta tener todas las energías para ese día y que la calentura fuera más grande.

    Llego aquel día, nos preparamos muy bien, Dani se había puesto súper linda, olía delicioso y yo había hecho mi parte para aquella cita. Llegamos al apartamento de Andres, golpeamos y este nos abrió la puerta, la tensión ya se sentía a mil sin haber pasado nada, cada uno en su mente creo que ya imaginaba este gran encuentro, estábamos sentados en su sala, cuando se la nada apareció Camila, la prima de Dani, la cual se notaba muy seria, Dani y yo nos miramos y pensamos que estaba enojada y que todo era una cita para una reclamación de parte de su prima por tal propuesta a su novio.

    Camila muy seria dice: en realidad iban a hacer esto? Todos quedamos en un silencio incómodo, cuando dice ya con un tono burlón, de verdad iban a hacer esto sin mi? Sentimos que el alma volvió a nosotros en ese instante.

    Empezamos a beber unas cervezas y Camila nos dijo que Andrés le había contado todo y que ella le permitía hacerlo pero si ella también podía hacerlo, al cual él no tuvo alguna objeción.

    Seguimos bebiendo bailando un poco, solo con la diferencia de que lo hacíamos con parejas cambiadas, Dani con Andrés y Camila conmigo; veo a Dani muy pegada a Andrés y no me molestaba pero no podía dejar de mirarlos, a lo que Camila gira mi cara hacia ella y me dice que no me preocupe por ellos, empezamos a bailar muy pegados, empiezo a sentir su respiración más fuerte, su senos pegados a mi pecho y el rose de nuestras manos se hace más intenso, a lo que Camila me dice: quieres que estemos como ellos? Cuando los boleto a mirar, Dani y Andrés se estaban besando, y Dani ya tenía la verga de Andrés fuera de su pantalón y lo masturbaba con gran intensidad, Dani me mira algo sorprendía pero emocionada y pide mi aprobación para seguir a lo cual le digo que siga con sus deseos, cuando yo pongo toda mi atención en Camila, veo como lentamente se empieza a poner de rodillas, quita mi cinturón, baja mis jeans y mi gran erección es muy notoria, ella me acaricia mis bolas y siento como su lengua empieza a subir desde ellas hasta la punta de mi verga, quien ya denotaba la excitación, por más que trato de olvidarme de Dani no puedo, así que la miro de nuevo y veo que ella tiene el pene erecto de Andrés dentro de su boca, lo chupaba delicioso, era muy excitante ver eso y al mismo tiempo sentir como Camila me lo chapaba a mi, fue algo que nunca imaginé porque Camila es una chica muy linda, centrada en sus cosas y en su novio.

    El tiempo fue pasando, desnude por completo a Camila y vi que Andrés había hecho lo mismo con Daniela, pero está ya estaba encima de Andrés dando grandes sentones, a lo que yo decidí poner a Camila en 4, tenía unas nalgas pequeñas pero redondas y firmes, lo cual me excito y sin pensarlo me arrodille frente a ellas y empecé a besarlas, puse mi lengua tensa y la empecé a meter dentro del ano de Camila, sentí como se empezó a retorcer, al mismo tiempo escuchaba los gemidos de Dani, quien no dejaba de cabalgar a Andrés el cual tenía su verga muy mojada, se veía brillar, seguí besando el ano de Camila, empecé a alternar con su vagina, la cual estaba súper mojada, olía y sabía delicioso, mi verga se iba a explotar, no soporte más y me aferre a esas pequeñas caderas y metí mi verga en su vagina la cual me demostraba su humedad, mi excitación por lo que veía y sentía era enorme, podía ver cómo Dani disfrutaba de esa verga y yo disfrutaba de su prima.

    Luego de tantos gemidos y excitación Andrés y Dani se hicieron al lado nuestro, ellas dos en la misma posición, en 4, así que yo podía ver cómo le destrozaban las nalgas a Daniela y Andrés veía cómo comía a su hermosa novia, de repente la situación se puso mas intensa y empezamos a ver cómo Dani y Cami se empezaron a besar, eso sí que nadie lo esperaba y nos llenó de excitación, a lo cual decidimos ponerlas en 4 pero en qué sellas estuvieran de frente, los dos hacíamos penetradas fuertes y ellas no se dejaban de besar, era muy excitante lo que pasaba, yo penetraba a Cami pero al mismo tiempo rozaba con mis dedos su ano, ella solo se mojaba cada vez más.

    Dani no dejaba de gemir, tenía su mirada perdida, se notaba que gozaba, hacía gemidos increíbles, todos nos mirábamos muy excitados ya a punto de eyacular, a lo cual Andrés dice nos venimos el cara de cada uno de su novia, así que cuando sentí ganas de venirme me salí de Camila y busque rápidamente la cara de Dani que con gran placer abrió su boca y comió todo mi semen, Andrés hizo lo mismo pero fue tanta su excitación que no alcanzo a llegar a la boca de Cami y todo su semen cayó en sus tetas a lo cual todos reímos.

    Así siguió la noche, seguimos bebiendo y en el mejor de los planes, cómo si hubiéramos planeado todo.

    Los encuentros siguieron, más calientes y divertidos, si desean contaré alguno más si así lo desean.

  • MaryCarmen y el chico del antro

    MaryCarmen y el chico del antro

    Después de haber terminado con su novio Sergio, y a pesar de haber tenido algunos acercamientos con un futbolista llamado Rolando, MaryCarmen era ahora una mujer libre, no tenía ninguna atadura a nadie, y estaba en plan de disfrutar la vida, es por eso que cuando Brenda y Liliana la invitaron el fin de semana a bailar, ella aceptó con gusto, en busca de una noche loca.

    Así que se pusieron de acuerdo, y era Brenda quien pasaría a recogerlas a ambas alrededor de las 10 de la noche, y así sucedió, y cerca de las 10:20 estaban llegando a una zona de antros, pagaron el estacionamiento y se dirigieron al de mayor fama.

    La fila para ingresar era bastante larga. Pero siempre existe la posibilidad de que un grupo de chicas se aventurara y se mostrara directamente con el cadenero, y es lo hicieron y claro, si tenemos en cuenta que esté trío de chicas estaba formado por, Brenda, la pelirroja de grandes senos, que llevaba unos jeans y blusa vaquera, con los suficientes botones sueltos como para que cualquiera pudiera notar que, no había nada detrás de esa blusa. También estaba Liliana, la chica con 4 o 5 kg de más, pero con un culo espectacular y una cara angelical, y por supuesto, su culo completamente embarrado en unos jeans, los cuales resaltaban aún más la figura redonda que ella orgullosamente presumía. Por último, estaba MaryCarmen, la morena de 1.75 m de estatura, con un cuerpo atlético y que presumía unas hermosas piernas torneadas debajo de un vestido blanco de una sola pieza, que le llegaba justo a medio muslo, tal vez unos 8 o 9 cm por encima de la rodilla. Cuando el cadenero las vio, simplemente sonrió y les permitió el acceso.

    Ya adentro, la intención era buscar una mesa libre, esto resultó ser imposible, todas las mesas se encontraban ocupadas y parecía ser que no tardarían mucho en dejar de permitir el acceso. Entonces, las chicas se acercaron a la barra y pidieron 3 botellas de agua, por supuesto, la intención de las chicas era no gastar más de lo necesario. Así que tomaron sus botellas y se alejaron de la barra y caminaron un poco alrededor de la pista, pasaron tal vez 20 minutos, cuando el primer chico en probar suerte, lo hizo con Liliana, sin embargo, algo no le agradó ella y el chico terminó por retirarse, no pasaron ni 30 segundos cuando un chico bastante apuesto se acercó al grupo Y después de dirigir sendos piropos a cada una, se dirigió a Brenda y le pidió que, si bailaba con él, Brenda aceptó, y se dirigió con el chico a la pista. Un par de minutos después, se acercó un chico de camisa blanca desabotonada a la altura del pecho, un pantalón gris de gabardina sin una sola arruga, alto, por encima del 1.80 o 1.85 m tal vez, cabello castaño, tez aperlada y con una sonrisa perfecta, saludo primero a Liliana y luego a MaryCarmen, detrás de él, llegó otro chico, quien repitió la acción, saludando a Liliana y posteriormente a MaryCarmen, el chico de camisa blanca se acercó al oído de esta última y le pregunto que si gustaba bailar, ella sonrió y asintió con la cabeza. El entonces, le ofreció su mano izquierda, para aquella que lo tomara con la derecha y guio el camino, mientras colocaba su mano derecha en la parte superior de la espalda de ella, de una manera por demás sutil.

    A un lado de ellos caminaba también el otro chico, guiando también a Liliana por la espalda, ambas parejas se dirigieron a la pista, aunque tomaron destinos diferentes. Mientras caminaba hacia la pista, MaryCarmen logró ver a Brenda a bailar animadamente con el chico que la había saca. Al llegar a la pista, la música electrónica estaba en su auge, y ambos comenzaron a bailar con la misma pista llena, no había mucho espacio entre ellos 2, pero el chico que se encontraba detrás de MaryCarmen, parecía bastante dispuesto a impresionar a la chica en turno, con algunos pasos sumamente exagerados, y terminó empujando a MaryCarmen en un par de ocasiones, tras el segundo empujón, volteó molesta, pero el chico parecía no importarle nada, entonces la pareja de baile de MaryCarmen, la tomó por las manos y la hizo cambiar de posición. Nuevamente el efusivo bailarín realizó sus movimientos exagerados, pero en esta ocasión se estampo con un muro, y en lugar de empujar, salió rebotado, tras su tercer intento de reclamar el territorio, el bailarín claudicó y se retiró a otra parte de la pista. Entonces el chico sonrió, se acercó a MaryCarmen y compartió una broma sobre el bailarín en su oído, pero al terminar no retrocedió lo andado y permaneció a la misma distancia. Sus cuerpos prácticamente se rozaban, él no retrocedía y ella no quería mostrar cobardía, no esa noche, pasaron unos 15 o 20 minutos y el ritmo de la música poco a poco se fue desacelerando. Liliana pasó por un costado de la pareja, meneando como solo ella sabía ese gran culo, pero ahora iba acompañada de otro chico y Brenda ya no bailaba, ahora estaba tomando una copa en una mesa con el mismo chico con el que había salido a bailar, el cual no dejaba de devorarle el escote con la mirada.

    Cuando el ritmo de la música obligó a que hubiera contacto entre los bailarines, el chico puso su mano derecha sobre La mitad de la espalda de ella, atrayéndola unos cuantos centímetros más hacia él, ella correspondió estirando la mano derecha y tomando la mano izquierda del chico, aceptando el contacto. Sus cuerpos ahora estaban en pleno contacto, mientras bailaban los pechos de ella se frotaban contra el pecho de él, al ritmo de la música. La mano derecha de él bajaba de manera lenta y prácticamente imperceptible, y su pierna derecha se encontraba entre las 2 piernas de él, ella podía sentir el roce de su pantalón entre sus rodillas y poco a poco se iban cerrando los espacios que había entre sus cuerpos, aunque el contacto no era total, la excitación de él era más que evidente y ella pudo percibirla después.

    El ritmo de la música poco a poco empezaba a cambiar, y antes que la oportunidad se escurriese como agua entre sus manos, el chico, que ya tenía su mano, posada parcialmente sobre el culo de MaryCarmen, le propuso a esta tomar una copa, ella aceptó y mientras ambos caminaban hacia la barra, la mano del chico, no se apartó ningún milisegundo del cuerpo de ella, más aún, su mano ahora estaba descaradamente posada sobre la parte derecha de su culo. Al llegar a la barra ella colocó su codo derecho sobre esta mientras él pedía las bebidas.

    La mano de él se separó solo lo suficiente para poder acomodarse frente a ella y nuevamente colocó la mano, ahora sobre su cintura, bajando un poco los dedos sobre la cadera, en ese momento, la barra se encontraba bastante socorrida, lo cual fue el pretexto ideal, para que él diera paso y medio hacia el frente, y su mano pudiera hacer mejor contacto con el cuerpo de ella. Desde la posición en la que él se encontraba, podía observar perfectamente lo que bondadosamente dejaba ver el pequeño escote el vestido de MaryCarmen, se inclinaba levemente sobre ella para decirle algunas palabras. y aprovechaba para mirar con más descaro. la plática era trivial. tanto en el caso de él como en el caso de ella. solo era una excusa poner los cuerpos cercanos, la mano de él pudo detectar, bajo la tela del vestido blanco de MaryCarmen, lo que podría adivinarse como una tanga, ese pedazo de tela bastante delgado y delicado que apenas se percibía.

    Llegan las bebidas y el chico maldice hacia sus adentros, con un evidente mal humor en su cara, saca el dinero, y el billete con el que paga es por mucho superior al costo de las bebidas, sin embargo, el chico le dice que se quede con el cambio, evidentemente no desea ser interrumpido nuevamente, MaryCarmen toma su bebida y da un pequeño sorbo, humedeciendo con ella sus labios, nuevamente el intercambio de palabras triviales, hablando un poco sobre las bebidas, pero en esta ocasión el chico aprovecha y en un movimiento rápido atrapa los labios de MaryCarmen con su propia boca, ella no rechaza el movimiento, y cuando la lengua de él presiona para entrar en la boca de ella, la acepta gustosa y es su propia lengua la que le da la bienvenida. Nuevamente las manos intervienen en el contacto, ella posa su mano derecha en el cuello de él, y él retoma el camino donde lo había dejado antes sobre su cadera, pero esta vez sus movimientos no son tímidos, su mano sube y baja por el costado de la cadera de ella, hasta que uno de sus dedos se engancha el borde del vestido, y poco a poco sus dedos se mueven de manera hábil, levantando ese vestido hasta que su mano completa está por debajo de él.

    El cuerpo de ella y la barra misma impiden que alguien más pueda observar sus movimientos, la mano del chico sube nuevamente, lo suficiente para comprobar lo que hacía rato había sospechado, debajo de ese vestido hay un diminuto tanga, el pequeño hilo alrededor de la cintura de MaryCarmen es la prueba de ello, ella al sentir el contacto sobre su prenda le sujeta la mano. Aunque sus cuerpos no se separan ni un milímetro, él motivado por la excitación que siente y qué MaryCarmen es capaz de sentir tocando su vientre, le susurra al oído que si quiere ir a otro sitio, ella no contesta, y mirándolo fijamente a los ojos y sin soltar la mano que segundos antes le había tomado, se dirige hacia la salida jalándolo de la mano, se dirigieron hacia el mismo estacionamiento en el que Brenda había dejado su carro. Él le abre la puerta y ella sube y mientras él sube al lado del conductor, ella saca de su bolso su teléfono, y le manda un texto a las chicas para explicarles que ella volverá a casa por su cuenta. Mientras él conduce ella guarda su teléfono y saca un labial para retocarse los labios frente al espejo de la visera, él, mientras tanto, coloca su mano sobre su pierna desnuda, y la mueve acariciando el muslo, MaryCarmen solo sonríe.

    El viaje al motel no tarda más de 4 minutos. Tras cerrarse la puerta automática, MaryCarmen recompone su vestido, esperando a que le abra la puerta del coche, cuando él lo hace ella sale sonriente, camina directo hacia las escaleras rumbo a la habitación. Al entrar en ella, MaryCarmen suelta su bolso sobre un pequeño sillón que se encontraba ahí, y comienza a caminar observando la habitación. Tras él va el chico quien la ve caminar y finalmente se sienta en la cama. Él le pregunta a ella si desea algo de beber, ella niega con la cabeza, mientras él se acerca lentamente a ella. Y cuando el se encuentra a menos de medio metro, tira de su cinturón y se deshace de el, posteriormente, va tras su pantalón y lo deja deslizarse por sus piernas., dejando ver un bóxer completamente negro, tras el cual se marcaba perfectamente una erección de gran tamaño, deslizó sus dedos por el elástico y comenzó a bajarlo de manera lenta, la erección brincó frente a ella, y no dudo en tomarla con su mano derecha, y con su lengua empezó a lamer la punta, dibujaba círculos alrededor de ella, mientras su mano seguía un movimiento rítmico y pausada, en un momento MaryCarmen volvió los ojos hacia arriba y vio la cara del chico, con los ojos cerrados, disfrutando lo que ella hacía, entonces ella comenzó a meterla dentro de su boca, primero lentamente, calculando qué tan profundo podía llegar. El ruido de su boca chupando ese falo, empezó a combinarse con los gemidos de él.

    MaryCarmen sintió una de sus manos colocándose sobre su cabeza. Ella continuó concentrada en lo que estaba haciendo, y tras, tal vez un par de minutos, esa mano intentaba frenéticamente disminuir el ritmo de ella. Entonces ella, tras abrir los ojos, disminuyó el ritmo y nuevamente volvió la vista arriba y lo observó con respiración completamente agitada y su camisa ahora completamente abierta, ella se separa un poco de su pene, tratando de darle un descanso al chico, quien, poco a poco recupero el aliento. Él se deshace por completo de su camisa y posteriormente dejo el pantalón, que aún se encontraba en sus tobillos, en el piso. Ella sonreía mientras lo miraba hacer y él le ofreció las manos invitándole a que se levantara, y así lo hizo ella. Sus bocas nuevamente volvieron a funcionar de manera autónoma, y mientras se besaban él recorrió con ambas manos su espalda, llegó a su culo y lo apretó y continuó bajando hasta encontrar el final de su vestido, en los bordes de este y comenzó a levantarlo lentamente, sus cuerpos se separaban únicamente para dejar subir la tela y finalmente, cuando fue necesario y sólo entonces, ella levantó los brazos y separó su boca de la de él.

    Ahora él podía admirar el cuerpo que había estado palpando durante buena parte de la noche, y finalmente pudo comprobar lo que había deducido tiempo atrás, ella llevaba un tanga de color blanco, diminuto, con el sostén a juego. Las manos de él buscaron inmediatamente el broche del sostén, mientras su boca se ocupaba mordisquear, chupar y besar el cuello de MaryCarmen. Después de que el sostén cayera, a un costado de donde había quedado su vestido. Él la tomó por la cintura y levantándola un poco, la depositó en la cama. Su boca empezó a bajar, llegó a los senos de ella y su lengua tocó sus pezones cafés. MaryCarmen arqueó la espalda, ofreciéndole por completo sus pechos, pero él no se quedó ahí, continuó bajando, su lengua recorrió las abdominales de ella y llegó a su ombligo, lo rodeó y antes de que llegara a la meta, sus manos se adelantaron. Una de ellas se metió entre la piel y el delgado hilo, y la otra fue directamente a tocar ese centro de placer. La prenda ya se encontraba húmeda, y al contacto de los dedos de él, MaryCarmen respondió con un gemido ahogado.

    No había tiempo para más, MaryCarmen inmediatamente enredo sus dedos entre el cabello rizado de él, tiró un poco de é, quien enseguida retiró la prenda, era hora de retribuir lo que minutos antes MaryCarmen había hecho por él. Él se dirigió rápidamente al clítoris de ella, y con pericia empezó a jugar con él, ella, con las rodillas flexionadas y los pies apoyados sobre el colchón, controlaba la intensidad subiendo y bajando la pelvis. Pero cuando el chico bajó más y metió su lengua entre los labios, con su dedo índice continuó frotando el botoncito de ella, perdió el control y se dejó llevar. No pasó mucho tiempo para que su cuerpo explotará en placer, la cantidad de fluidos que salieron de MaryCarmen provocaron una sonrisa en el chico, quién satisfecho por su trabajo, fue y buscó el preservativo que se encontraba en la mesita de la habitación, se lo colocó y retornó hacia donde estaba ella y colocando las piernas de ella sobre sus hombros, la penetró, los fluidos de ella lo hicieron muy sencillo.

    Tras unos segundos en los que ambos acoplaron su cuerpo al del otro, el comenzó a bombear lentamente, para poco a poco empezar a acelerar el ritmo, ambos los disfrutaban, ambos jadeaban y MariyCarmen daba gracias a Dios por la flexibilidad y elasticidad con que contaba en esos años. Tras un par de minutos él disminuyó el ritmo y MaryCarmen se lo recriminó en con la mirada, pero para darle un respiro, le pidió que cambiaran de posición. Ahora él se recostó y era ella la que estaba encima. Con la mano dirigió la dura erección hacia la entrada de su vagina y con delicadeza fue dejándose caer. Posteriormente se reclinó hacia el frente, ofreciéndole una magnífica vista de sus pechos y entonces comenzó a mover las caderas arriba y abajo, despacio, intentando llenarse por completo poco a poco. Complementaba el sube y baja con un movimiento circular. Posteriormente incrementó el ritmo, cuando pudo calcular todo el recorrido. Llegaba a salir casi por completo para después dejarse caer sobre la erección del chico de una manera salvaje, pero que ella disfrutaba de alguna manera. Cuando MaryCarmen notó tensión en la cara del chico, aceleró sus movimientos, la corrida era inminente y lo que ella buscaba era alcanzarlo, tras unos segundos el cuerpo de él se tensó y su pene comenzó a moverse dentro de ella, entonces ella también se dejó llevar, podía sentir esos movimientos en su interior, y se dejó caer sobre el cuerpo de él.

    Permanecieron así, durante varios minutos. Lo único que se escuchaba en la habitación era la respiración agitada de ambos, MaryCarmen podía sentir el subir y el bajar de su pecho. Cuando ella finalmente se recuperó, se recostó a un lado de él, acarició su pecho después su abdomen y finalmente tomó su pene y comenzó a masturbarlo de manera lenta y pausada, mientras ella besaba y mordisqueaba su pecho. Batalló un poco, pero finalmente, la erección volvió a aparecer ella no dejó de masturbarlo, hasta que comprobó que la dureza era total y entonces levantó la cara lo miró a los ojos y sonrió, él no perdió el tiempo y volvió a coger un nuevo preservativo, esta vez de la billetera que se encontraba en su pantalón. Mientras se lo colocaba MaryCarmen se acercó a la orilla de la cama y se colocó en cuatro, ofreciéndole una magnífica vista de su culo, él no dudó y la penetró de inmediato, con sus manos tomaba sus pechos y pellizcaba sus pezones, mientras ella se dedicaba a disfrutar la penetración. Esta vez el chico duro mucho más. Lo que permitió que Mary Carmen llegará el clímax antes que él. Después de hacerlo, MaryCarmen se dispuso a terminar lo que hace un momento no le habían permitido, le retiró el preservativo y continuó con la mamada. Esta vez no había quién lo detuviera, no pasó ni un minuto cuando él se corrió en el interior de su boca, ella no se retiró y cuando él terminó le limpió los pocos restos que quedaban en la punta. Ahora era él quien se recostaba a su lado Con los dedos recorría ambos pezones mientras se recuperaba. Ella se levantó y caminó hacia el baño cerrando la puerta tras de sí, abrió la ducha y se lavó el cuerpo, se secó y abrió nuevamente la puerta, él se encontraba en la orilla de la cama sentado. Ella tomó el tanga y se lo puso y posteriormente su vestido, enrolló el sostén y lo guardó en su bolso. Él se acercó a ella tratando de obtener algo, pero ella estaba satisfecha y además estaba convencida de que él no podría lograr una tercera ronda, se sentó en el sofá, cruzó las piernas y comenzó a observar cómo él se vestía, sin perder ningún detalle.

    Mientras él se colocaba los zapatos, MaryCarmen abrió la puerta de la habitación, bajo las escaleras y subió directamente el auto, 2 minutos después, él seguía las indicaciones de ella para acercarla a su casa. Estando ya a 2 cuadras, ella le pidió detenerse, cuando lo hizo, él le preguntó si podían intercambiar sus números telefónicos, ella como respuesta, se acercó a él, beso sus labios y tocó su lengua con la suya, después se separó, bajó del auto y antes de cerrar la puerta dijo:

    -Por supuesto que no.

    Y comenzó a caminar en sentido contrario a la circulación.

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  • Ana y Martín. Matrimonio. Sumisión

    Ana y Martín. Matrimonio. Sumisión

    Ana y Martin habían estado casados por cinco años y vivían en una hermosa casa grande con un jacuzzi en el patio trasero en las afueras de Madrid.

    Ana es una mujer de 33 años con un cabello pelirrojo brillante que cae suavemente sobre sus hombros. Su piel es suave y delicada, con un aroma dulce y floral que envuelve a cualquiera que se acerque a ella. Su personalidad amable y gentil hace que sea fácil hablar con ella, y siempre está dispuesta a ayudar a quienes lo necesitan.

    Sus pechos son grandes, sus pezones rosados. Usa grandes escotes dentro de su casa para atraer a su marido.

    Por otro lado, Martin es un hombre alto y robusto con una tez muy blanca que contrasta con su cabello oscuro y corto. Sus rasgos son fuertes y bien definidos, lo que le da un aire de seguridad y confianza. A pesar de su apariencia intimidante, Martin es en realidad una persona muy cariñosa y atenta, especialmente con su esposa Ana.

    Aunque su hogar era cómodo, Ana tendía a quedarse en casa la mayoría del tiempo, mientras que Martin pasaba largas horas trabajando como ingeniero en una empresa de construcción.

    Un día, después de regresar del trabajo, Martin encontró a Ana mirando la televisión en el sofá. «Hola, cariño», dijo Martin mientras le daba un beso en la mejilla. «¿Cómo ha sido tu día?».

    «Ha sido aburrido», respondió Ana. «He estado en casa todo el día y no he hecho nada emocionante». Ana vestía un vestido muy corto, como le gustaba a su marido.

    «¿Por qué no salimos a dar un paseo?», sugirió Martin. «Podemos ir al parque cercano y disfrutar del clima».

    «No quiero salir», dijo Ana con un tono de voz un poco quejumbroso. «Me gusta quedarme en casa y ver televisión».

    Martin se sintió un poco frustrado, ya que deseaba pasar más tiempo con Ana fuera de la casa, pero decidió no discutir al respecto. «Bueno, está bien. ¿Qué quieres hacer para cenar esta noche?».

    «¿Qué te parece si hago algo ligero, como una ensalada?», sugirió Ana.

    «Me encantaría», respondió Martin con una sonrisa. Acto seguido la tomo entre sus brazos y la llevó al cuarto. La tiró en la cama y ella ya supo qué hacer. Abrió las piernas para su marido y se sacó la bombacha blanca. Sacó sus tetazas afuera y lo esperó. Él se bajó el pantalón y el bóxer y la penetró sin esperar. Después de 5 minutos Ana ya había acabado y él la dio vuelta y le empezó a dar fuerte por el culo.

    – ay no sabía que querías esto amor

    – sí que lo sabías, mira como me esperaste

    – Martín… como siempre te esperé.

    – no me digas Martín decime como me gusta

    – papito, te esperé como siempre

    – no, me esperaste con la colita parada puta

    Luego de 10 minutos Martín logró acabar.

    Ana sonrió y se sintió más relajada. «Gracias. Me haces sentir bien y me encanta como me comes la cola con tu pija».

    Esos eran sus días. Con el tiempo, Ana comenzó a confiar más en Martin para tomar decisiones. Sin embargo, todavía le preguntaba a menudo sobre qué usar y qué cocinar. Un día, Martin se sintió frustrado y le dijo a Ana: «Sabes, me gustaría que tomaras tus propias decisiones. Confío en ti y sé que eres lo suficientemente inteligente como para tomar buenas decisiones».

    «Si no lo haces te voy a coger menos y mas rápido, acordate de que sos mi puta y te amo».

    Ana se sintió un poco ofendida, pero luego entendió lo que Martin quería decir. «Lo siento A veces me siento un poco insegura y necesito tu ayuda para sentirme bien».

    «Lo entiendo», respondió Martin con ternura. «Pero no tienes que sentirte insegura. Eres una mujer fuerte y hermosa, y estoy aquí para apoyarte».

    Ana se abrazó a Martin y sintió una oleada de amor. «Gracias. Realmente aprecio todo lo que haces por mí. Nunca dejes de cogerme».

    A partir de ese día, Ana comenzó a salir más y a confiar en sí misma para tomar decisiones. A veces, todavía le preguntaba a Martin por su opinión, pero se sentía más segura de sí misma y de su capacidad para tomar decisiones.

    Un día, después de una discusión sobre un tema menor, Ana comenzó a llorar. Martin se preocupó y la abrazó fuerte. «¿Qué pasa, amor? ¿Por qué estás llorando?».

    «Siento que he sido una carga para ti», sollozó Ana. «Siempre te pregunto qué hacer y cómo vestirme, y no quiero ser una carga para ti».

    Martin acarició el cabello de Ana y le dijo que se dé la vuelta. Mientras le subía el vestidito le dijo que la amaba, que ya no se preocupe, que él siempre le iba a decir como comportarse y vestirse. Acto seguido le clavo la pija en la cola y ambos disfrutaron.

    Este relato lo hice con Sandra. Pueden enviarme sus comentarios a [email protected].

  • Primera vez en tienda de ropa

    Primera vez en tienda de ropa

    Remo y Teo están saliendo desde hace unas semanas y aun no se han tocado, aunque Remo no puede esperar más, Teo no quiere tener sexo vacío quiere que sea especial.

    Un día Teo le dice a su amado que le acompañe a comprar ropa, actividad que Remo detestaba, pero que lo haría por él.

    Entonces en la tienda de ropa Teo escoge un montón de ropa, lo que a Remo le preocupa ya que sabe quien terminara pagando. Con una tierna sonrisa, Teo dice «me lo compras» y Remo no puede resistirse a ese encantos.

    Ya en el probador Teo se quita toda la ropa y sale a ver cuál se probará primero. Remo lo ve y no puede creerlo, claro que ya lo había imaginado desnudo pero esta vez era real y se veia perfecto con un cuerpo delgado y un culo que se notaba paradito pese al boxer rojo que llevaba puesto.

    Teo hizo una pantomima como si escogiera ropa y termino pasando su dedo por el pecho de su amado, pasando por su barrigota y llegando hasta su ya erecto paquete. Esto dejo atónito a Remo recién reaccionó cuando Teo dijo «no quieres venir, ya no quiero probar ropa, quiero probar tu pene».

    Remo no dudo ni un segundo en entrar al probador junto q él, en un instante Teo, quien habia pasado de ser lindo y tierno a ser una puta, le bajo los pantalones a remo y la empezo a chupar como loco, si Remo no decia que se iba a correr no bajaba la velocidad.

    El pene de Remo esta muy grande y baboso entonces le dijo a Teo que era momento de desvirgar ese culito, a lo que Teo se negó ya no se había lavado. Remo le dijo: tu crees que me importa mi amor, nada tuyo me da asco, date la vuelta nomás, te amo».

    Con esas palabras Teo no tuvo ninguna duda y se dio la vuelta para que Remo lo penetrara. De un momento a otro su pene estaba dentro, lo metia con suavidad y lento para que Teo se acostumbrará y se le dilatara la colita.

    Conforme pasaban los minutos le daba mas fuerte y más rapido. Teo gemía bajito para que nadie los escuchara.

    Después de 1 hora y media de sexo intenso, Remo se corrió dentro de él, fueron como 10 chorros de semen que se escurria por las piernas del pasivo.

    Se besaron intensamente y salieron tras vestirse. Un guardia de seguridad los esperaba afuera para reclamarles bochornoso acto, dijo que esta vez no les haría nada, pero que no se volviera a repetir.

    Tras salir de la tienda de ropa, la pareja conversaba sobre lo ocurrido y que Teo tenía razon eso fue mejor que tener sexo en una aburrida cama.

    Teas ese dia Remo y Teo tuvieron sexo dia tras día en cualquier lugar y momento, sin duda no perdian el tiempo.

  • Infidelidad con mi rica cuñada

    Infidelidad con mi rica cuñada

    Recuerdo un mes de abril:

    Todo empezó el primer día que te conocí, una tarde donde me llevaste la llave fue que te vi, te invite a pasar como niños jugando a las escondidas y sin decir nada caminamos hacia la misma dirección, miradas esquivadas, me robo un beso, habiéndome quedado boquiabierta.

    Como podría olvidar ese momento?

    Qué es lo que estoy sintiendo?

    Decidimos subir a mi cuarto te invite a pasar y nos comenzamos a besar sin temor a nada no importaba que nadie llegara, nos comenzamos a desnudar y te comencé a tocar las nalgas hermosas que tienes y te volteé, te puse de perrito, te comienzas a mojar y te comienzo a penetrar, sueltas tus primeros gemidos mientras te sigo penetrando lentamente…

    Ufff me aloca lo que hacemos y terminamos explotando, te tienes que marchar pero no podemos olvidar momentos ricos que nos comimos.

    Tomamos rumbos distintos, ella a sus clases de enfermería y yo a mi centro de labores, nunca podré olvidar como cogí a esa mujer de una manera distinta, cómo cogí a mi cuñada y la forma como la cogía me alocaba.

    Está historia continuará.