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  • Mensaje de mi esposa: Yo creo que puedo con los tres

    Mensaje de mi esposa: Yo creo que puedo con los tres

    Rocio, mi esposa, duerme plácidamente en la habitación del segundo piso. En el primer piso estamos Mario, Jhon y yo. Ellos son unos buenos amigos de toda la vida. Estamos bebiendo whisky, ya vamos por la segunda botella, la charla se pone ilógica y reímos mucho. Mario saca una bolsita con polvo blanco del bolsillo.

    Para seguir – Dice. Nos parece buena idea.

    Mario y Jhon están casados con sus respectivas parejas.

    Antier traté de metérsela a Sonia por el culo, pero le dolió mucho, no se pudo – Dijo Mario.

    ¿No lo hacen normalmente?- Preguntó Jhon.

    Nah, es solo en ocasiones especiales y depende de su estado de ánimo, o más bien, de su estado de embriaguez jajajaja –

    Quién lo dijera, con ese culazo que se manda tu esposa pensaría uno que lo usas más seguido – Dije.

    Heeey, cuidado jajaja – respondió Mario.

    Concuerdo, Sonia tiene unas nalgotas poderosas – Dijo Jhon.

    No sé, el anal no le gusta mucho – Dijo Mario.

    Que desperdicio – Dije.

    Pero qué me dices de Rocío, ella también tiene buen culo, ¿lo hacen por detrás? – me preguntó Jhon.

    Sí, ya lo tenemos controlado – dije.

    Ufff – Dijo Mario.

    Servimos otra ronda de trago y otra ronda de droga y salimos al patio de la casa.

    ¿Si te pudieras coger a cualquiera de las esposas de nosotros, a cual te cogerías?- Pregunté.

    A Roció – Respondieron al unísono.

    ¿A mi mujer? ¿Por qué? – Pregunté.

    Con todo respeto amigo, pero tú estás preguntando, siempre he creído que tu mujer debe ser un espectáculo tirando, ella es muy sensual- Dijo Mario.

    Sí, a mi me parece que Sonia está más buena, tiene mejor cuerpo, pero no sé porque pienso que tu esposa debe ser tremendo polvazo – Dijo Jhon.

    ¿Pero qué los hace pensar eso? – Pregunté.

    No sé, su forma de ser, es atrevida… no sé, es solo una percepción – Dijo Jhon.

    Sí, es como que… te la imaginas haciendo de todo – Dijo Mario.

    No estaban lejos de la realidad, mi esposa era bastante atrevida, siempre me preguntaba cual era el tope con ella, nunca decía que no a cualquier idea a la hora de follar. Pero quería oirlos más…

    ¿Pero qué imaginan? – Dije.

    Antier cuando le pedí culo a Sonia arrugó la cara y accedió a regañadientes, dime si me equivoco, pero Rocío ante una petición así se pondría en cuatro y abriría el culo para ti – Dijo Mario.

    Siempre he pensado que debe ser muy buena chupandola – Dijo Jhon.

    Bueno, sus presunciones son correctas, mi esposa es tremenda pa follar – Dije y sus ojos se abrieron.

    Empujado por el alcohol y las drogas empecé a contarles algunas intimidades. Como la vez que Rocío me llevó a un prostíbulo para conseguir una puta para los dos o la vez que hicimos un trío con una de sus amigas. No escatimé en detalles. Mis amigos estaban felices oyendo aquello.

    ¿Sabes que sería tremendo? Que nos follaramos los tres a Rocío – Dijo Mario.

    Ufff – dijo Jhon y reímos.

    Creo que podría con los tres jajaja – dije un poco excitado.

    Seguimos charlando sobre mi esposa y de repente me llegó un mensaje al teléfono.

    Quiero – Era de Rocío.

    ¿Quieres que? – respondí.

    He oído todo… creo que puedo con los tres

    Lo que yo no tuve en cuenta era que la ventana del cuarto donde estaba durmiendo Rocío daba directamente al patio donde estábamos hablando, ella escuchó todo.

    ¿Estás segura? – Le escribí.

    ¿Tú estás seguro? – Respondió.

    Si tú quieres yo quiero – Le dije.

    Yo quiero… ya voy –

    Yo estaba muy ebrio y drogado, no sé, pero aquello me gustó. Me emocionó. Pasó un minuto y mi esposa de repente se apareció en ropa interior en el patio.

    ¿Estaban hablando de mí? – Dijo y Mario y Jhon se quedaron congelados.

    Rocío caminó hasta donde estábamos y pasó frente a mí para dirigirse sobre mis amigos. Con cada mano atenazó sus vergas y los besó en la boca. Los tomó de las manos y los llevó a la sala, yo fui tras ellos.

    Quiero chupar, sáquenlas – Dijo Rocío poniéndose de rodillas entre nosotros.

    Agarró mi verga y la de Mario con las manos y empezó a pajearnos, mientras con la boca atendió a Jhon. Después de un rato se puso de pie.

    ¿Qué era lo que decían de mí? ¿Que me atrevía a todo? ¿Cómo qué?- Dijo Rocío.

    Sexo anal – se adelantó Mario.

    Por supuesto, esperame – respondió mi esposa.

    Rocío subió las escaleras rápidamente y bajó con un tarro de lubricante. Se embadurnó la mano y se la restregó entre las nalgas. Acto seguido se puso en cuatro en el sillón de la sala e invitó a Mario a acercarse.

    Mi amigo corrió el panty de mi mujer y posó su verga entre sus nalgas. No fue trabajoso ni complicado, yo lo sabía, la verga de Mario se deslizó suave dentro del culo de mi esposa.

    Aaah, dámelo papi – suspiró ella.

    Jhon y yo nos sentamos a mirar.

    Me toca – dijo Jhon y jaló por el hombro a Mario quien entendió de inmediato que debía dar paso al otro.

    Jhon también se folló por el culo de mi esposa. Yo fui el tercero, no me iba a quedar fuera de la fiesta.

    ¿Qué se les ocurre ahora? ¿Qué quieren que haga? – Dijo Rocío.

    Nos miramos pensando qué decir, era una gran oportunidad.

    Los tres al mismo tiempo, uno por la boca, uno por el culo y uno por el coño – Dije. Rocío sonrió.

    Me senté en el sillón y le pedí que se subiera encima mio, la penetré por el culo. Mario se adelantó para metersela por el coño y Jhon se puso a un costado ofreciéndole su verga en la boca.

    Que rico papis aaaah… ¿Así se lo imaginaban?… ¿Les… les… ah gusta? – Decía Rocío entre gemidos.

    Teníamos razón sobre ella eh? – Dijo Mario.

    Sé que tienen drogas, yo quiero – Dijo Rocío.

    Le dimos algo de cocaína y se volvió loca. Jhon y yo nos sentamos de nuevo a observar. Mario taladraba en cuatro con sevicia a Rocío mientras ella se agitaba golpeando su cuerpo contra Mario. De repente mi esposa empujó a Mario y fue directamente sobre Jhon, se dio media vuelta y mostrándole las nalgas le agarró la verga y se la encajó en el coñó para empezar a saltar.

    Ustedes hablaban de mí, de que yo era atrevida. Ahora yo voy a hablar de ustedes… Voy a decir quien tiene la mejor verga – Dijo Rocío.

    La verga más rica – Continuó – Es la más rica porque es ancha y larga, porque tiene una cabeza grande… y es la de mi esposo

    Acto seguido se levantó de Jhon y vino hacia mí para montarse en mi verga.

    Aaaaah… Papi que delicia ¿Te gusta que me follen tus amigos? – Me dijo.

    Sí mi amor me encanta

    Bueno, vengan, hay más huecos disponibles… y quiero dos vergas en el chocho

    Aquello fue nuevo. La verga de Mario se restregó sobre la mía buscando un espacio dentro del coño de mi esposa. Se sintió bien y ella lo disfrutó mucho. Para el gran final Rocío nos pidió que eyacularamos sobre ella. Salimos al patio, se puso de rodillas en la grama y nos pajeamos con la ayuda de su lengua hasta soltar bastos chorros de leche que cubrieron sus ojos.

    Rocío se fue al baño, Jhon y Mario se fueron para sus casas. Me acosté en la cama. Mi esposa salió desnuda y coqueta.

    ¿Te gustó eso? – Preguntó.

    Me gustó mucho

    Fue divertido. Y te mereces una recompensa

    ¿De qué hablas?

    Buscó su teléfono y mientras se acomodaba entre mis piernas para mamarme la verga, me mostró un chat. Un chat con Sonia. Además habían enviados unos 5 videos con todo lo que había pasado allí.

    ¿Qué hiciste? – Le pregunté asustado.

    Te conseguí un polvo mi amor… Sonia quiere hacer lo mismo – Dijo.

  • Historia ardiente de un pueblo conservador (1)

    Historia ardiente de un pueblo conservador (1)

    La tarde atrapó al pueblo con una lluvia que inició levemente y fue ganando fuerza con el paso de los minutos.

    La única puerta que permanecía abierta era la de aquella tienda de abarrotes fundada en la década de los 70’s. Madre e hija se apresuraron a ponerle aldaba al portón y se miraron una a la otra cuando escucharon a unos hombres acercarse. Era cinco y entraron como si el cielo no se estuviera cayendo. Pidieron cigarrillos y tomaron de la estantería pública bolsas de cacahuates y frituras varias.

    Con una mirada amable la señora aceptó el pago y les ofreció poner sus abrigos e impermeables tras tienda. Aceptaron e hicieron énfasis en su amabilidad.

    Muy pronto el ambiente se tornaría muy distinto. La señora tomó la iniciativa de cerrar ella sola la tienda ante la mirada sorpresiva de su hija.

    -Mamá, ¿qué haces? No conocemos a estos hombres.

    -Y eso me enciende cariño.

    -¿Qué estás diciendo, madre?

    -Sabes hija. Tengo tanto tiempo que no siento hombre. Tu padre falleció hace mucho tiempo y hoy te confieso conocerás a tu mamá en otro rubro social, ya es hora. Eres mayor de edad desde la semana pasada y quiero que también tú te des ese gusto. No tienes novio y creo que tu cuerpo ya necesita ser explorado por uno o varios varones. Suelta todo lo que has guardado cariño.

    La hija tomó las manos de su madre y le agradeció las pautas liberales que mostró y que no encajaban con lo apretado del pueblo. Su vagina empezaba a sudar tan sólo de imaginar que su madre haría equipo para atender a estos cinco caballeros que no esperaban tales encantos. La chica movió sus piernas en señal de excitación y la madre asintió.

    -Lo sé hija, estoy exactamente como tú. ¿Estás lista para disfrutar a cinco hombres?

    -Bastante lista madre. Y con tu consentimiento, no puedo esperar más. Además me has despertado la curiosidad de conocerte en la intimidad.

    -Vamos, que no esperen más. Hoy no te guardes nada, por favor.

    Esa tarde fue algo maravilloso lo que se vivió. El pueblo jamás había sido testigo de algo similar. Los ruidos de placer estaban a punto de conformar la sinfonía más bella jamás compuesta por el arte del amor.

    Continuará.

  • La diosa de mis sueños

    La diosa de mis sueños

    Lo que les voy a contar ocurrió de una forma insólita y al mismo tiempo fue una cosa de aquellas que nos pasan una vez en la vida.

    Todo empezó al final de una tarde de verano, cuando me sentía melancólico, triste por estar solo… Caminaba por la orilla del mar, sintiendo cómo mis pies descalzos eran bañados por la espuma de las olas que venían hacia mí como queriendo consolarme.

    La playa estaba casi desierta, era una de esas extensiones de arena que se extienden por varios kilómetros. Estaba pensando en la vida, que había sido mi madrastra. En ese momento nunca podría haber adivinado lo que me iba a pasar. Pensé en cuánto anhelaba a una compañera, una amiga, una cómplice, una amante o lo que fuera, todo al mismo tiempo. Con quien pudiera compartir todo el cariño y la ternura del mundo. Hasta entonces solo había tenido unas pseudo amigas a las que solo les interesaba lo que les podía aportar materialmente y no lo que les podía dar de mí. Fue entonces cuando mi mirada se encontró con una figura a la distancia que se acercaba en dirección opuesta.

    Continué con mis pensamientos, pero esa silueta se hacía cada vez más clara y deslumbrante haciéndome perder el foco de mis pensamientos. Empecé a notar que se trataba de una figura femenina. Vestía una túnica blanca, ancha que le llegaba casi hasta los pies, en sus manos sostenía unas sandalias, la forma de su cuerpo se podía ver a contraluz y su larga cabellera fluía dulce y lentamente al soplo de una ligera brisa cálida. ¡Qué divina imagen, como una musa saliendo de mis sueños!

    ¡Una mujer!

    Mientras se acercaba, pude ver que aún era joven, entre 25 y 35 años, piel blanca que contrastaba con su largo cabello negro lacio. Grandes ojos negros que sobresalían desde la distancia… ¡hermosos, como un sueño! Fue entonces cuando noté que ella también me estaba mirando. No sabía si apartar la mirada, pero me sentí como hipnotizado y seguí mirándola… Porque no soy persona de meterse con una mujer, nunca me gustaron esas cosas. Siempre he sido un poco tímido en el primer contacto con alguien y no me identifico con ese tipo de hombre que lanza piropos y comentarios inapropiados de manera maleducada.

    Empecé a ver los rasgos de su cara, sonrosada por el sol, una hermosa boca bien formada con labios carnosos pero no demasiado, sensuales, una nariz pequeña, un poco respingona. Estaba sonriente, con una hermosa y misteriosa sonrisa. Yo también sonreí, ante esa visión pensé, por un momento, que era fruto de mi imaginación y que tal vez estaba empezando a perder la razón por tanto querer tener a alguien. Pero no… fue allí que, estando a unos dos metros de distancia, dijo:

    “¿Entonces? ¿También estás caminando para ahogar las penas?”

    Abrí la boca y no salió nada, ¿era realmente cierto? ¿Estaba realmente hablando conmigo?

    “¿Quién yo?” Le pregunté.

    “¡Sí!” Dijo. “¡No veo a nadie más por aquí!”

    Y soltó una sonrisa entrecortada, estridente y delicada, una rara y hermosa risa.

    “Lo siento, pero estaba pensando en la vida que se me ha escapado.”

    “Así que somos dos.” -replicó ella.

    No sé cómo ni por qué, pero en ese momento sentí como si la conociera desde hace mucho tiempo, como si fuera parte de mi vida, y sentí que eso también era cierto por parte de ella. Hubo una empatía, una completa sintonía de sentimientos.

    “¿Podemos dar un paseo juntos?” Le pregunté.

    «¡Claro!” Respondió.

    Su delicada mano sostenía la mía de manera firme y tierna, nuestros pulgares acariciaban mutuamente el dorso de nuestras manos, sentía su piel sedosa y cálida que me transmitía deseo de cariño y atención. Caminamos unos minutos en silencio. El sol estaba bajo y no pasó mucho tiempo antes de que se pusiera. Nos detuvimos y vimos el espectáculo del ocaso. Los rayos de nuestro astro bañaban el océano, reflejando tonos cálidos que calentaban el corazón. Nuestros brazos se envolvieron en un tierno y acogedor abrazo, nuestros cuerpos se rozaron, nuestras miradas se cruzaron. Miré esos ojos negros por un momento. Me hablaban: me pedían cariño y amor. Lentamente nos quedamos cara a cara abrazándonos, ella envolvió mi cuello con sus esbeltos y firmes brazos, rodeé su esbelta cintura, presionándola levemente contra mí. Sentí el cuerpo de aquella mujer ansiosa de amor contra el mío.

    Podía sentir sus senos firmes contra los míos, su vientre apretado contra el mío. Era visible su respiración acelerada y nerviosa. Continuamos mirándonos a los ojos. ¡Qué mirada tan tierna! Nuestros rostros se acercaban y nuestros labios se tocaban. Sentí algo en el estómago, una oleada de sensaciones inexplicables que nublaron toda racionalidad que pudiera imponerse. Parecía un adolescente enamorado teniendo su primer beso. ¡Y qué beso! Nuestros labios permanecieron leve y delicadamente apretados durante largos segundos, nuestras bocas se abrieron y nuestras lenguas se tocaron, intercambiando caricias en una alegre danza al son de una imaginaria música de Vivaldi. Separamos nuestras bocas y nos miramos profundamente a los ojos, sonreímos como dos adolescentes enamorados.

    “Hmmm… ¡cómo quería conocerte!” Dijo.

    «¡Y yo! ¡Eres tal como siempre te imaginé en mis sueños!” Dije.

    “Bésame para asegurarme de que no estoy soñando.” Me pidió ella.

    Nuestros labios se encontraron nuevamente en un prolongado beso aún más apasionado que el primero, un beso que se prolongó por unos minutos, en el que nuestras lenguas volvieron a bailar. Esta vez de una manera más intensa, más sensual, en la que intercambiamos nuevas sensaciones explorando nuestros labios, sintiendo nuestras respiraciones cada vez más entrecortadas. Nuestras piernas cedieron y nos acostamos en la arena aún tibia, besándonos.

    Ya tirados en la arena, ella de espaldas y yo a su lado, inclinado sobre su rostro, nos volvimos a mirar y sonreímos. ¿Será realmente cierto? Pero yo no sabía nada de ella como ella tampoco sabía nada de mí. Pero eso, en ese momento, era lo que menos importaba. Algo mucho más esencial estaba pasando. Algo había nacido y se había desarrollado en nuestros corazones, en nuestras almas, en nuestros cuerpos. En ese momento, solo importaba disfrutar de eso mismo, eso que estaba creciendo en nosotros. Se levantó para quedar sentada a mi lado y nos abrazamos durante mucho tiempo, un fuerte abrazo.

    Mi rostro estaba contra su cuello, su cabello ondeaba desprendiendo un olor agradable y fragante.

    «El sol se está poniendo.” Me dijo besándome en el cuello.

    Sin decir nada, me di la vuelta, continuando sentado y abriendo las piernas. Pronto se acurrucó en medio de ellas, apoyando su espalda contra mi pecho. Envolví mis manos alrededor de su cuello y ella las agarró. Nos quedamos largo rato viendo ese espectáculo de la puesta del sol en el horizonte. Durante todo este tiempo estuvimos acariciándonos, sintiendo nuestras manos, nuestros brazos, nuestras caras… en esa posición: También podía permitirme acariciar su cuello, hombros y regalarle ligeros besos en el cuello y las orejas a los que ella respondía con placer susurrando desde su pecho algunos gemidos de placer.

    Tan pronto como el sol se puso, se volvió hacia mí con una sonrisa traviesa, era hermosa, sus ojos brillaban como dos diamantes sonrientes, su boca se abría con alegría y sensualidad como nunca antes había visto… se lanzó incondicionalmente sobre mí besándome y haciéndome recostar. Quedó encima de mí besándome apasionadamente. Me moría por tenerla entre mis brazos, por poder besarla toda y explorar toda su sensualidad más íntima. Mis manos comenzaron a moverse por su cuerpo, sintiendo su delicada espalda, sus caderas, sus muslos… Ella todavía estaba encima de mí besándome, mordiendo ligeramente mis labios, besando mi cuello, lo que me hizo sentir increíble, luego comenzó a bajar y besar mi pecho, sus manos abrían mi camisa y mi cuerpo afloró.

    Su cuerpo encima del mío se frotaba dulcemente balanceándose como una rosa en el viento. Mis manos subieron y encontraron los senos de mi musa. No eran muy grandes, pero eran firmes y delicados… soltó un suspiro y levantando un poco su cuerpo, abrió su túnica dejando esos hermosos senos blancos, con pezones marrones que hacían un hermoso contraste, pequeños y muy bien dibujados. En ese momento, lo único en lo que podía pensar era en besarlos… y como si adivinara mi deseo, los dejó caer en mi cara. ¡Wow… No podía creerlo! Pero aquella mujer era demás para mí, yo no merecía una mujer así, tan perfecta, tan querida, tan delicada, tan sensual y sobre todo tan en sintonía conmigo. ¿Podría ser que ella sintiera lo mismo que yo sentía por ella? Y en respuesta ella solo dijo:

    “Sé que esto es lo que querías… Siento que no te merezco, eres tan dulce, tan dulce.”

    “Tú también eres un amor, eres perfecta, completa… hummm…”

    Su pecho rozó mis labios y pensé en ese momento que sí, que estábamos en perfecta armonía de sentidos… A partir de ese momento, si hubo algún tabú se cayó al suelo y todo estaría permitido… nos involucramos, rodamos por la arena… en unos instantes nos quedamos sin ropa que fue arrancada en delicados giros… Yo solo quería besar todo ese hermoso cuerpo, sentía en mi toda la voluptuosidad de esa mujer, de esa Diosa.

    Se recostó de espaldas en la arena y con una sonrisa me hizo saber que estaba allí a mi disposición para que le diera todo el amor que se merecía. Me incliné sobre ella y la besé… Besé y exploré todo su cuerpo con besos acariciadores y otras atenciones. Ella simplemente dejó escapar unos gemidos de placer y de éxtasis. No sé cuánto tiempo pasó mientras la amaba… pero al mirar hacia arriba noté que ya era de noche y solo teníamos las estrellas iluminándonos y la luna comenzaba a asomarse tímidamente en el horizonte sobre el mar.

    No se veía a nadie, la playa estaba completamente desierta… en ese momento aprovechó para decirme:

    “¡Me siento tan bien, no quiero que este momento termine nunca!”

    “¡Yo también lo espero, mi amor!”

    “¡Amor!… Eso es todo. ¡Tú también eres mi amor!” Replicó.

    Sonreímos y fue entonces cuando nos abrazamos más intensamente y rodamos de nuevo por la arena… ella se subió encima de mí y sonriendo con aire de niña apasionada, empezó a besarme el cuello, el pecho… hasta que no aguantamos más… Hicimos el amor durante mucho tiempo… experimentamos con diferentes posiciones y terminamos en una en la que yo estaba sentado y ella también sentada frente a mí pero en mi regazo, rodeando mi cintura con sus delicadas piernas. Abrazándonos y besándonos…

    Llegamos al éxtasis en simultáneo y nos quedamos muy quietos. Por minutos. Abrazándonos, sintiendo el fuerte latir de nuestros corazones al unísono. Nos besamos suavemente… Yo estaba incrédulo con toda esta situación, ni quería creer que todo aquello hubiera pasado, que finalmente haya encontrado la mujer de mis sueños… y de esa forma… completamente surrealista… pero mi corazón se regocijaba de felicidad. Los ojos de mi amada también mostraban lo mismo que yo estaba sintiendo… nunca antes había visto unos ojos tan dulces, tan llenos de ternura…

    “Te amo como nunca he amado a nadie… ¡Hasta tengo miedo!” Le dije.

    “Amor, no tengas miedo, te conozco desde mis sueños, desde hace mucho tiempo, solo que no sabía que existías. Pero ahora que te he encontrado, nunca te dejaré.”

    Todavía en la posición en la que estábamos, nos abrazamos con más fuerza y al mirar hacia arriba vimos simultáneamente dos estrellas fugaces que dejaban su estela en el firmamento viniendo hacia nosotros como si nos bendijeran. Así que pedimos un deseo… un deseo secreto que tenía que ver con nuestro futuro. Nos sonreímos, miramos el mar que reflejaba la luz plateada de la luna que ya estaba alta, y en un momento estábamos de pie corriendo de la mano hacia el agua. Nos zambullimos, dimos unas brazadas.

    Esa agua fría, moderaba nuestras fuerzas, sin embargo, nuestros corazones de nuevo dentro del agua se unían en un renovado abrazo de pasión. Nuestros cuerpos desnudos se juntaron otra vez en un baile ayudados por el oleaje. Un beso salado… esa boca sobre la mía… ese cuello sensual volvió a despertar en mí sensaciones voluptuosas… y volvimos a hacer el amor, en el agua, a merced de las olas…

    Nuestros cuerpos se mantuvieron juntos como si fueran uno solo… ella entrelazó sus piernas alrededor de mi cintura y se aferró a mi cuello, yo la sostuve por la cintura. Nuestras bocas quedaron unidas en un beso apasionado… yo deliraba, y sentí que ella también. Nunca nos hubiésemos imaginado en esa situación, haciendo el amor en el agua, en una playa desierta en medio de la noche, teniendo como testigos simplemente… millones de estrellas y una luna creciente, que parecía estar sonriendo con nuestros felicidad. Regresamos a la arena donde nos acostamos uno al lado del otro, tomados de la mano, viendo brillar los testigos de nuestro amor, así como nuestros ojos brillaban de tanta satisfacción.

    “Te amo mucho.” Me dijo.

    Yo sonreí y mirando aquellos ojos dulces no resistí, la atraje hacia mí y le di un beso, susurrándole después:

    “Finalmente encontré la felicidad.”

    Ella se acostó con parte de su cuerpo sobre el mío, descansando la cabeza en mi pecho. Cerró los ojos mientras yo observaba las estrellas sintiendo el perfume de sus cabellos, ahora un poco mezclado con el olor salado del mar. Pasados unos momentos sentí que ella se había dormido. La noche ya estaba bastante avanzada y pasamos aquellas últimas horas ardiendo de pasión, haciendo el amor. Era natural que el cansancio la hubiese vencido. Yo también me sentía somnoliento y cerré los ojos teniendo el cuidado de acurrucarla un poco más contra mí. Nos quedamos dormidos mecidos por el sonido del mar… Ni sé lo que soñé, pues todos mis sueños se habían hecho realidad, ya no había más nada para soñar.

    Me desperté con el sol golpeándome en la cara. Pensé… ¿pero qué es esto? ¿Dónde estoy? Sí, ya recuerdo, mi Diosa… soy un hombre feliz, ella está aquí conmigo… la busqué con mi mano… abrí los ojos…

    ¡NO!… ¿dónde está mi amor?…

    No la veía por ningún lado. Miré el mar, por si hubiese ido a bañarse… pero tampoco estaba allí. Quedé atónito. No podía ser… había desaparecido. Comencé a buscar vestigios. Yo todavía estaba desnudo, mis ropas estaban a cerca de 5 metros de donde me encontraba… pero nada más. Busqué marcas en la arena que me dieran alguna pista, que me ayudaran a confirmar que era verdad, que efectivamente había pasado algo, pero la marea había subido y borrado cualquier marca que hubiese existido. Miré de nuevo a mi alrededor y nada… un completo desierto. Apenas se veían algunas gaviotas paseando por la arena.

    Me puse mis pantalones y me coloqué la camisa sin abotonarla. Me senté en la arena desolado, pensando en lo que habría ocurrido. ¿Será que ella se arrepintió y decidió desaparecer? ¿Será que yo hice algo que no le gustó? ¿O será que todo no fue más que un sueño? Terminé llegando a la triste conclusión de que todo había sido un sueño, un maravilloso sueño en que otra vez mi Diosa me había visitado. Aquella mujer realmente solo podría existir en sueños. Resignado con mi triste suerte me levanté y me fui caminando en dirección a mi casa.

    Cuando llegué fui a tomar una ducha y… ¡cuál fue mi sorpresa cuando vi marcas en mi cuerpo que no tenía antes…! Marcas de chupetones en mi cuello y en mis espalda unos arañazos que luego me recordaron los momentos de amor que pasamos… Al final no fue un sueño… Algo me hizo tener un presentimiento… Como loco corrí a revisar mi ropa en búsqueda de algo… en el bolsillo de mi camisa encontré un trocito de la túnica que ella traía vestida donde estaba escrito:

    “Te amo. Realmente existo. Espera por mí, todavía no es el momento. Una mujer que te ama.”

  • Amiga de un extraño (2)

    Amiga de un extraño (2)

    ¿Recuerdan al extraño del taxi? Pues dejamos de ser extraños, y nos veíamos cada dos semanas para tener encuentros, pláticas y demás.

    Pasamos varios meses y nuestra relación se estrechó cada vez más. Acordamos tomar unas vacaciones y nos fuimos a Costa Rica, Punta Islita fue el lugar que sería testigo de unos días llenos de pasión, caricias, y mucho sexo.

    Por razones obvias no podíamos de manera explícita decir a qué íbamos de viaje, solamente que nos íbamos de viaje. Él mencionó que iba a finalizar un negocio de importaciones y yo iba de parte del trabajo a unas capacitaciones.

    No viajamos juntos, ni en el mismo vuelo o el mismo día pero al llegar al aeropuerto lo vi, estaba ya en mood verano, unos shorts, sandalias y una playera que descubría sus brazos que tantas veces me habían cargado, estrechado y abrazado. Llegó con unas flores, y un cartelito que decía «Bienvenida Extraña» y yo lo amé, sabía la gracia que eso me hacía, Gabriel y yo ya no éramos extraños cualquiera.

    Me abrazó y dijo al oído «no sabes las ganas que tengo de cogerte», él lo dijo y yo sentí como un toque de electricidad recorría mi cuerpo. Me reí, tomé mis flores y caminamos tomados de la mano hacia el carro, él ya se había encargado de tener uno que nos llevara de vuelta al hotel o a cualquier otro lugar que quisiéramos.

    En el carro le pregunté si iba a manejar, y dijo no, «recuerdo que una de tus fantasías es que te toquen mientras conduces, así que hoy es el día en que la vas a cumplir…»; me volví a reír y le dije Ok acepto. Pero la verdad estaba nerviosa, no conocía el carro, el camino, el país, que tal si me paraban o perdía el control del carro, como fuera, ese día nuevamente haríamos magia.

    Subimos las maletas, eran 2 pequeñas ya que lo que menos llevaba yo era ropa, estaba dispuesta a estar desnuda la mayor parte del tiempo, junto a él la ropa estorbaba. Después subimos al auto, yo en el asiento del piloto y él como copiloto, pusimos la ruta y afortunadamente el hotel no estaba a más de veinte minutos así que podía manejar despacio, para no causar ningún incidente. Él tomó mi mano, la que yo llevaba en la palanca de velocidades y comenzó a frotar su miembro lentamente, lo que él quería era que yo supiese lo duro que estaba ya, y yo estaba encantada con saberlo.

    Una de las cosas que más me gustaban de Gabriel y yo era eso, no ocultábamos cuando estábamos calientes, o cuando nos sentíamos en otra frecuencia. Éramos honestos, si mentíamos a otros, por qué a nosotros también? Era una regla tácita entre la relación, las mentiras se quedaban afuera.

    No puedo poner en palabras lo sentido, vivido en una semana de vacaciones al lado de él, lo que puedo decir es que nunca en la vida había estado tan feliz y adolorida al mismo tiempo. Él usó todos los chats que teníamos para hacer exactamente lo que yo le había pedido, complació cada una de esas fantasías que tenía.

    De tantas les voy a compartir dos, para que se vayan haciendo una idea de como fue todo… Aparte del auto y la mojada que me dio, la siguiente fue saliendo a un CC del área, yo en falda, dentro un vibrador y él teniendo control total de mi.

    Pero esto es para la siguiente historia…

  • Cuatro me aman, y las cuatro son ajenas

    Cuatro me aman, y las cuatro son ajenas

    Melina, Lucrecia y Cristina son sobrinas por parte de mi hermano, mayor que yo por siete años, y han tenido la suerte de heredar una sola de sus características notables, su buen corazón. Se libraron de ser corpulentas, poco agraciadas y con un pésimo carácter. La belleza, físico hermoso y proporcionado, y trato generalmente afable son aportes genéticos de la madre, lo cual hace que dicha pareja sobresalga por el contraste, y quizá esa diferencia haya obrado a favor para que el matrimonio tenga más de dos décadas. Estas mujercitas se llevan dos años, siendo Cristina la menor con dieciocho.

    Yo, Alejandro, estoy próximo a los cuarenta, permanezco soltero y tengo un pasar más que bueno, pues a lo heredado de mis padres le agrego, mes a mes, los ingresos que me genera un centro de hemodiálisis del cual soy dueño.

    Por acuerdo, en vida de mis progenitores, ambos hermanos vivimos en el enorme predio donde se levanta la casa paterna, Julio construyó según su gusto y necesidades familiares, yo sigo en la casa de siempre, pues me niego a soportar la presión desgastante que significa edificar, y por eso es que la casa de los abuelos, hoy mía, mantiene su condición de espacio familiar al cual se puede acceder sin mayores limitaciones.

    Un sábado, a media mañana, saboreaba un café en la cocina comedor cuando me llamó la atención el diálogo entre mi cuñada y la menor de sus hijas, en el pasillo fuera de mi vista.

    – “Cristina, pienso que antes de entrar a esta casa debieras, por lo menos, anunciarte”.

    – “Mamá, desde que tengo memoria me he manejado así, entro y salgo cuando quiero, sin pedir permiso ni dar explicaciones, pues el tío Ale nos vive diciendo que esta casa es tan nuestra como la que tenemos de vivienda. No entiendo por qué debiera cambiar”.

    – “Porque seguramente Alejandro necesita momentos de tranquila intimidad como cualquier persona”.

    – “Totalmente de acuerdo y yo soy respetuosa de eso. Sin ir más lejos, una hora atrás, la puerta cerrada de su habitación es el aviso de que no desea ser molestado, y hubiera seguido de largo lo más tranquila pero los gritos de una mujer me paralizaron”.

    – “No habrás estado fisgoneando”.

    – “No, pero cuando escuché <Lubricame bien antes de entrar por atrás>, me di cuenta que debía respetar la intimidad de Ale, y me fui”.

    Al terminar la conversación me concentré en mensajes del celular y así me encontraron ellas al entrar. Un observador externo hubiera visto la cara despreocupada del varón, una cierta palidez en la mujer mayor y picardía en los ojos de la joven.

    – “De más está decirlo porque ya lo saben, están en su casa, sírvanse lo que quieran”.

    Ese domingo estaba previsto comer un asado en el quincho que hacía de unión entre ambas casas, tarea que esta vez me tocaba. Los invitados eran un matrimonio amigo con sus hijos y los novios de mis sobrinas. Éstas y su madre estaban preparando la mesa larga y después seguía yo solo. En un alto me preguntaron cómo me llevaba con mi hermano, el padre de ellas.

    – “Bien, a pesar de que no suele hablar, sino ladrar, y además lo quiero mucho”.

    – “Quién lo diría, pues no se deja querer”.

    – “Es que, además del parentesco, gracias a él tengo cuatro bellísimas mujeres a las cuales amo”.

    – “Te agarré lengua larga, metiste la cabeza en la boca del león ¿y a quién querés más?”

    – “Querida Melina, como ninguna es igual a la otra, tengo una manera de amar particular, específica y exclusiva para cada una. Y lo mejor es que ninguno de los afectos ha sido elaborado, diagramado o pensado; los cuatro son espontáneos, salieron solos a medida de la destinataria”.

    – “De todos modos el de mamá debe ser muy distinto por ser casada”.

    – “Sin duda Lucrecia, ella es mi querida cuñada”.

    – “Entiendo, pero si te da por abrazarla un rato, y al soltarla vemos que te chupás un dedo da para pensar que hay algo más”.

    – “¡Pero qué buena idea para agregarle placer al abrazo! Gabriela, cuñada querida, estas jóvenes nos están poniendo a prueba y tratan de sacar de mentira verdad; confiás en mí?”

    – “Por supuesto”.

    Acercándola a la mesada la tomé desde atrás y giramos dándole la espalda a las tres que observaban; ahí le dije que hiciera un movimiento ostensible de separar los pies permitiendo que pusiera los míos entre los de ella, para luego mover la cabeza como quien chupa cuello, oreja y mejilla, mientras mi manos iban y venían a la altura de la pelvis. Pasado algo más de un minuto nos dimos vuelta chupándome el dedo mayor izquierdo, pero antes de terminar el giro escuchamos a la mayor de las hijas, en alta voz y gesto de incredulidad.

    – “¡Mamá, es increíble lo que acabamos de ver!”

    – “Hijita, no viste nada porque estábamos de espaldas”.

    – “No hay que ser muy lista para darse cuenta que te chupaba cuello, oreja y mejilla, y encima te metía mano como un loco. Y encima el muy hijo de puta se chupa el dedo”

    – “¡Melina, qué palabras son esas!”

    – “Perdón, Ale dame el dedo que te chupaste”.

    Hice lo que me pedía mientras metía la mano izquierda entre el cuerpo de Gabriela y el mío. Mi sobrina olió el dedo y me miró extrañada, luego cayó en cuenta que yo estaba ocultando la otra mano y se le iluminó la cara con una sonrisa.

    – “Te agarré mentiroso, dame la otra mano”.

    Olió ella y a sus hermanas les hizo hacer lo mismo.

    – “Perverso, acá está el olor de la concha de esta . . .”.

    – “¡Melina!”

    – “Perdón mamá, me dejé llevar”.

    – “Querida sobrina, estás imaginando cosas”.

    – “Claro, y el olor es de las mollejas que pensás hacer a la parrilla”

    – “Si estás tan segura apostemos”.

    – “Perfecto, si tengo razón me regalás el último modelo de celular”.

    – “De acuerdo, y si yo gano te puedo tener cinco minutos abrazada como la tenía a tu madre y haciéndote lo que vos decís que le hacía”.

    – “Que sea otra cosa porque a mi novio le soy fiel. Aunque no importa, no puedo perder, hay testigos presentes. Acepto”.

    Cuando salí de atrás de la madre y empecé a acercarme su cara sonriente cambió a seriedad y palidez. Luego la seriedad dio pasó a asombro con boca abierta al ver que mi pulgar izquierdo estiraba el elástico de bermuda y calzoncillo, allanando el camino del dedo mayor derecho a frotar el glande.

    – “Ahora podrás sentir olores iguales”.

    – “¡Perverso, malparido, me engañaste!”

    Al verla taparse la cara y largar el llanto me arrimé para abrazarla.

    – “¡No me toqués con esas manos!”

    – “Sobrina querida, son solo los brazos. Fue nada más que una broma, bien sabés que no soy capaz de incomodarte, a las cuatro las amo mucho y mañana, todas, van a tener el último modelo de celular”.

    El episodio terminó dándole un beso en la frente y ella, con su cara en mi hombro, alternando risa y llanto.

    – “Bueno, terminó la broma, todos contentos pues se disiparon las dudas, ahora tengo que dedicarme a preparar lo necesario antes de poner la carne sobre la parrilla”.

    Mi hermano y familia estuvieron un poco antes de la hora pactada para recibir a los invitados. La temperatura cálida hizo que todos vistiéramos ropa fresca y cómoda; las mujeres con vestidos livianos y, las más jóvenes, exhibiendo sus bellas y apetitosas piernas. Después de servir, bien comidos y mejor bebidos, fui un rato a casa para darme una ducha y sacarme el olor a carne asada, para mayor comodidad durante la sobremesa.

    Al despedirse los asistentes regresé para avivar las brasas restantes y acelerar su apagado para la limpieza final. En esa actividad me encontró Melina.

    – “Te hacía con tus hermanas y novio”.

    – “Decidieron ir a la cancha a ver el partido de fútbol y, como soy la única que no lo disfruta, me quedé”.

    – “Bienvenida a la tarea”.

    – “No vine a eso sino a cumplir mi palabra empeñada en la apuesta”.

    – “Nada tenés obligación de hacer, fue una broma, quizá un poco pesada”.

    – “Tengo veintidós años y, desde que tengo memoria, alabás a las personas que cumplen su palabra; ahora te estás arrepintiendo de eso?”

    Seguimos la charla mientras me lavaba concienzudamente las manos.

    – “No, no me arrepiento, simplemente estoy sorprendido”.

    – “Será que no te animás?”

    Mi respuesta fue acercarme tomarle la cabeza con ambas manos y darle un beso en la frente. Después, mirándola fijamente bajé una mano acariciando la mejilla mientras el pulgar recorría sus labios. Cuando estos se abrieron recibiéndolo como si fuera un chupetín, recobré el habla.

    – “Lo que pasa en que el primer efecto de la sorpresa es una cierta parálisis. Sorpresa maravillosa que tardaré tiempo en asimilar tomando verdadera conciencia de lo que significa”.

    La di vuelta pegándome a su espalda y, apretándola contra la mesada, puse mi miembro en la divisoria de las nalgas que se abrieron sin oponer resistencia.

    – “Esto es lo que le hiciste a mamá?”

    – “Esto es lo que creíste que le hice a tu mamá”.

    – “Pero algo la tocaste”.

    – “Casi nada, en cambio a vos te tengo con la pija alojada entre los glúteos, una mano recorriendo tu conchita empapada y otra amasando una tetita con el pezón erguido”.

    – “Decime la verdad, te la coges a mamá?”

    – “Primero te devoro la conchita y luego contesto”.

    – “Eso no estaba dentro de la apuesta”.

    – “Es verdad, pero entra dentro de lo que ambos estamos deseando”.

    Sin darle tiempo a responder o protestar la senté sobre la mesa que había servido para comer, corrí el ruedo del vestido hacia arriba y sumergí mi cara en su entrepierna, que ella ofreció solita abriendo los muslos al ponerse de espaldas. Mi contribución a la postura de entrega fue llevar sus rodillas a los hombros y hacer que sus manos sostuvieran la exposición desde las corvas. De ese modo tenía las manos libres para complementar la estimulación principal a cargo de mis labios, que entraron en acción apenas corrí la bombacha a un costado.

    – “Porquería, hacerle esto a tu sobrina”.

    – “Y no te imaginás lo contento que estoy realizando tan maravillosa tarea, pero lo que realmente me pone feliz es sentir tu conchita yendo al encuentro de mi boca mientras el juguito que brota es un baño de bienvenida”.

    – “Tendrías que enseñarle a mi novio”.

    – “De eso hablamos después. Cuando estés por acabar te voy a meter la pija, quiero que corras conmigo adentro”.

    – “Yo te aviso, y hacelo tranquilo estoy protegida”

    Lo primero que hice fue darle un beso al anillo estriado.

    – “Asqueroso pero como me gusta, por favor, quiero sentirlo de nuevo”.

    Cumpliendo con su orden y siguiendo mi deseo, inicié con la lengua el camino que me llevaba del culito al clítoris, donde me detenía para apresarlo entre los labios y chuparlo mientras lo estiraba; luego me retiraba para iniciar un nuevo recorrido. En la cuarta etapa, succionando el botoncito me llego el aviso.

    – “¡Ahí viene, ya empieza la corrida!”

    Me levanté y puse en glande en la entrada que ofrecía alguna resistencia, resistencia que fui forzando mientras ingresaba hasta el fondo.

    – “Papito, estás entrado a presión, tengo los músculos contraídos, dale fuerte, que placer, me muero de gusto”

    – “Ya la tenés íntegra preciosa y te estoy regando”.

    – “Sí mi amor lléname de leche, siento cada palpitación, más, más”.

    Habiendo normalizado la respiración retomamos un tema pendiente.

    – “Es importante que observemos una regla muy sana; a nuestra intimidad no traigamos a nadie, ni siquiera con el pensamiento si fuera posible. En esos momentos, en que la voluntad está casi anulada y el entendimiento obnubilado, podemos llegar a decir algo de lo cual tengamos que arrepentirnos. Tenemos un montón de tiempo aparte para intercambiar opiniones en pleno uso de nuestras facultades, no hay razón para apurarse”.

    – “Tenés razón, me sumo a tu regla”.

    El que avisa no traiciona, por eso, dándole un beso en el ano, le dije.

    – “La próxima vez este culito no se salva”

    – “No va a haber próxima vez, no me dejaré engañar de nuevo, además no permitiré que un pariente degenerado lo inaugure”.

    Esa noche, leía en la cama mientras esperaba el sueño, cuando en el marco de la puerta aparece Melina.

    – “Qué sorpresa hermosura, adelante por favor, vení sentate”.

    Se sentó previo correr la sábana y, luego de sacarse por la cabeza el mismo vestido de la tarde, totalmente desnuda se acercó para besarme. Por supuesto, apenas salí de mi asombro, correspondí al beso y me dediqué a recorrer con las manos todo lo que estaba a mi alcance cuando ella corrió la boca hacia mi oído para decirme.

    – “Mi amor, quiero que me engañes de nuevo. Haceme el culito”.

    Y mientras hablaba se ponía en cuatro ofreciendo el anillo que, horas antes, se había negado a entregar. Pensando preparar bien ese terreno inexplorado tomé el lubricante que tengo a mano en la mesa de luz y comencé a untar, primero exteriormente y luego adentro haciendo correr el líquido mientras abría el ano. Terminado el aspecto mecánico pasé al emocional con caricias alrededor y en el centro de las estrías, haciendo ahí movimientos continuados de presión y alivio con la yema del dedo.

    – “Chiquita, me parece que la relajación va a ser más fácil si te ponés de espaldas con las rodillas a la altura de los hombros y te abrís las nalgas; así también veo en tu cara lo que vas sintiendo y, en caso de dolor o incomodidad, rápido me detengo”.

    – “Como vos digás”.

    – “Perfecto, y para un mejor deslizamiento vamos a poner una almohada arriba de la otra a lo largo, para que tu cuerpo esté elevado y tu culito a la misma altura que mi pija”.

    Y así fue, ubicado el glande en la entrada enfrentando un esfínter distendido, ella tomada de mis manos forzaba el acercamiento, graduando la penetración hasta que sus nalgas chocaron con mi pelvis. Viendo su cara distendida, indicando ausencia de dolor, ocupé las manos en acariciar la conchita y estrujar las tetas mientras mi boca cubría la suya, lo que producía una alternancia de quejidos agudos y apagados según el momento del beso.

    Su corrida desató una serie de contracciones en el recto que precipitaron la mía, y así al unísono ambos cuerpos entraron en rigidez y luego laxitud. Luego de la ansiada relajación la despedida fue una velada promesa de nuevas ediciones.

    – “Degenerado, espero que se cierre todo lo que abriste”.

    – “Si mi amor, seguro que se va a cerrar deseando en secreto ser nuevamente abierto”.

    – “Ni loca”.

    – “Entonces tendré que vivir con esa frustración el resto de mi vida”.

    – “No podés con tu maldad, ahora me siento responsable de tu equilibrio emocional”.

    El grand slam de Australia me obligó a madrugar ese domingo, pues era una final que me interesaba sobremanera ver. Mientras hablaban los presentadores escuché que alguien entraba, cosa poco común por la hora, pero la duda se disipó en seguida pues ante la puerta abierta de mi dormitorio estaba Cristina, ataviada como quien regresa de una salida nocturna, un vestido liviano cortísimo algo ajado y con expresión de cansancio y contrariedad.

    Como si hubiera sido algo ensayado, sin cruzar una palabra me hice a un costado abriendo la sabana para darle lugar, espacio que ocupó después de haberse descalzado. Un rato más permanecimos en silencio, ella acurrucada y pegada, con su cabeza en el hueco de mi hombro.

    – “Algún contratiempo?”

    – “No propiamente, fue una duda muy seria que se instaló en mi cabeza pero que ya logré disipar”.

    – “Te puedo ayudar en algo?”

    – “Ya me ayudaste, pues si quedaba algún resquicio por resolver lo hiciste al ofrecerme tu apoyo”.

    – “Cada vez entiendo menos”.

    – “Ahora te explico. Mis padres, con la mejor de las intenciones, me hubieran preguntado qué me pasaba y después de dar vueltas, aconsejarme, o retarme, recién me hubieran ofrecido ayuda. Vos lo hiciste antes de saber nada, y ahí está la diferencia”.

    – “No sé a qué se refiere al diferencia”.

    – “Sigo la explicación. Salí con mi novio y ya al comienzo de la noche encendimos los motores, con lo cual se fue caldeando el ambiente hasta que casi, casi, me entrego. En la discoteca franeleamos mucho y regresando en el auto, en el portón de ingreso nos masturbamos mutuamente. Acabé como una burra y con toda suerte había a mano una caja de pañuelos descartables, que de lo contrario tendría goterones de semen por todos lados. En ese momento me enfrié y no quise que mi primera vez fuera con él”.

    – “Hacés muy bien en reflexionar antes de hacer algo importante”.

    – “Es fruto de la tortura sin fin a la que nos sometías desde chicas <No permitan que otro piense por ustedes>; así salimos y por eso, a veces, papá se enoja”.

    – “Dejalo renegar tranquilo que si cambia lo vamos a confundir con otra persona”.

    – “Como sos reacio a preguntar te voy a contar acerca de la duda que he resuelto. Quiero que mi primera vez sea con alguien que me quiera, pero no un amor de temporada, o una calentura disfrazada de amor como le pasa a casi todas. Mis hermanas tratan de no recordar ese momento pues les provoca tristeza”.

    – “Muy buena postura”.

    – “Además me niego a ser un número. Y eso es lo que surge del anuncio que algunos hacen ante sus amigos, <Ayer me comí un virguito>. De ser una persona, de manera súbita, nos transformamos en una miserable membrana rasgada, sin goce, sin afecto, sólo un trofeo a exhibir y, algunas veces, a descartar”.

    – “Totalmente de acuerdo”.

    – “Además quiero hacerlo con alguien que me quiera mucho y me vaya a seguir queriendo”.

    – “Ahí lo veo difícil pues resulta demasiado aventurado pronosticar el futuro”.

    – “A vos te parecerá difícil, y da la sensación que los años te están quitando agilidad mental, pues yo lo tengo perfectamente resuelto. Quiero que vos hagás saltar por los aires mi himen, me llenés el fondo de la vagina de leche y me hagás delirar de placer”.

    – “Eh. . .”.

    – “No digás nada. Si rebatís uno solo de mis argumentos retiro el pedido”.

    – “Vení, quedate entre mis brazos, vamos a madurar emocionalmente este momento”.

    Bajé los breteles del vestido, primero deleitándome ante la belleza de unos pechos pequeños con los pezones erguidos, con el color rosa de la juventud lozana que no amantó, después la sensación táctil de esas protuberancias duras que, al ser oprimidas y levemente retorcidas provocaron gemidos placenteros, y por último soborear, chupando, mordiendo y tratando de abarcar todo lo que me permitía la apertura de la boca.

    Y llegó el momento de comer el manjar principal ofrecido bien abierto por sus manos. Lo recorrí íntegro haciendo detenciones en el ingreso con suaves empujes de la lengua y sorbiendo el delicioso jugo lubricante. Al orgasmo lo gritó y casi me asfixia apretando mi cara contra su conchita.

    Cuando se recuperó de la corrida, segunda de la noche, me encontró sentado al lado de la cama en la silla que recién había traído del comedor, concentrado en su desnudez y preparando la pija que tenía a cargo la ejecución de la próxima etapa.

    – “Qué hacés ahí, en una silla?”

    – “Te estoy esperando mi amor y además disfrutando con la vista. Vení, sentate a caballo de mis muslos, de esa manera vas a poder gobernar el ingreso y luego el progreso. Es la forma de evitar el razonable temor al momento de cruzar la barrera del himen”.

    – “Ves que tengo razón, uno de estos pendejos me hubiera clavado en menos de lo que dura un parpadeo”.

    – “Yo voy a tener quieto el miembro y vos hacé los movimientos, es posible que duela un poquito o nada, dependiendo de su elasticidad, eso no lo podemos saber ahora. Sí es seguro que a la mínima incomodidad te ayudo a retirarte”.

    – “Dejá yo voy a sostener esta hermosura, vos acariciame toda, culito, tetas, todo. Ahora abrazo la cabecita con los labios, empujo hasta que tope y disfruto esos recorridos cortos pero sabrosos. ¡Ay que maravilla, qué delicia sentir que se estira hacia adentro y luego vuelve, así mi amor, me encanta sentir esa piel suave que me frota, sacá tu lengua para chuparla mientras me muevo”.

    – “Esperá chiquita, dame un respiro o mi leche queda en la entrada”.

    – “Nada más que unos segundos mariquita y empiezo de nuevo. Vamos que se estira, ahora atrás y de nuevo forzándolo algo más, ahora mi amor, hacelo vos, un solo golpe y hasta el fondo. Ay mi cielo ya te tengo íntegro, déjalo quieto, deseo sentirme llena, podés acabar adentro, mañana me toca la regla”.

    – “Otro respiro para demorar la explosión”.

    – “No, déjame galopar aunque sean pocas veces. ¡Estás palpitando, degenerado, cogérla así a tu sobrina, yo también me corro, mi vida!”

    Abrazados, mejilla contra mejilla nos repusimos, ella se vistió para irse y yo volví a la cama.

    – “No pienso lavarme, me llevo tu leche a casa, gracias Ale querido, nada ensombreció mi placer y he gozado como la yegua más puta. Me encantaría poder contárselo a mis hermanas y a mamá para darles envidia”

    El sábado siguiente hubo comida familiar en casa de mi hermano y la invitación fue de Gabriela que pensaba cocinar arroz con mariscos, plato del gusto de todos. Después de tan rica cena y sobremesa mi cuñada propuso ver una película, pasatiempo aceptado por Lucrecia y yo. Julio prefería ver un partido en la cama, mientras que Melisa y Cristina salían con sus novios. La madre adujo sentir algo de frío en las piernas por lo cual trajo una manta liviana para cubrirnos. En eso estábamos cuando sonó el celular de mi sobrina.

    – “Es papá”.

    – “¿Tu papá?”.

    – “Sí mamá, porque además de cómodo es vivo, no te llama a vos porque sabe que le vas a contestar como para él, dice que comió demasiado y quiere un té de boldo”.

    Todo el diálogo se desarrolló mientras mi cuñada bajaba su falda y cerraba las piernas en tanto mi sobrina levantaba la manta para ir a la cocina. Apenas Lucrecia salió de la sala de estar, Gabriela se levantó como impulsada por un resorte tirando la manta al piso, se arrodilló en el sofá, recogió el ruedo del vestido en la cintura y, poniendo los hombros en el apoyabrazos volvió su cara hacia mí.

    – “Por favor, dámela con fuerza, tus caricias me han hecho hervir y hace días que no lo hacemos; rápido que hay poco tiempo”.

    Mientras bajaba el cierre del pantalón me arrimé a su cara para darle un rápido beso húmedo y decirle al oído.

    – “Sí querida mía, ahora la vas a tener íntegra”.

    Era tal la calentura de mi cuñada que unas cuantas entradas lentas, terminadas con un golpe seco, desencadenaron su orgasmo, que yo disfruté quieto, manteniendo profunda la penetración pero aflojando mis esfínteres y glúteos intentando evitar la corrida que hubiera alargado demasiado el acople, aunque el acompasado ordeñe de su vagina casi me derrota. Repuesta del esfuerzo y superada la laxitud habló.

    – “Hace días que tu hermano anda desganado, perdón, perdón, me olvidé que estando con vos no debo nombrar a nadie de la familia. Cuánto tiempo mantuvimos bajo control el instinto?”

    – “Quince años querida, regresé acá cuando había nacido Cristina y la noche de su décimo quinto cumpleaños, ambos, descarrilamos; nadie puede acusarnos de ausencia de voluntad y eso, en parte, atenúa nuestro sentimiento de culpa”.

    – “Ves que tengo razón en amarte, no mentís diciéndome que soy inocente para quedar bien, sino que además compartís el peso de mi carga, haciéndola más liviana. Ahora voy a salirme de la regla por unos segundos; hay algo raro en mí porque los amo a los dos y no sabría qué hacer si alguno me faltara. Ya volví a la regla”.

    – “Volviendo al tiempo de pasión reprimida, para mí fue como estar fumando sentado sobre un barril de pólvora, pues eso era tenerte cerca y esforzarme en no acortar la distancia, y ahora mejor te dejo, así cada uno cumple sus obligaciones”.

    Acostado, esperando el sueño, me vino a la memoria la noche en que dimos curso a los quince años de deseo contenido. Eran las dos de la mañana, los jóvenes transpiraban a gusto en la pista de baile, en una mesa alejada de los bailarines estábamos los padres de la homenajeada, dos matrimonios más y yo; cuando mi hermano acusó cansancio y dijo que en unas horas debía viajar, decidió regresar a la casa, cosa que imitaron los invitados, dejándonos solos a Gabriela y a mí, con el encargo de transportar a las cuatro mujeres cuando terminara la fiesta. Ahí se acercó la cumpleañera.

    – “Salgan a bailar no sea que, de pronto, los agarre la vejez”.

    Nos miramos, sonreímos y caminamos hacia el sector de baile justo cuando comenzaba la serie de lentos. Por supuesto, tenerla abrazada con el antecedente del deseo largamente contenido fueron suficiente para derribar las pocas defensas con que contaba, y así, imitando a casi todas las parejas, presioné levemente su espalda mostrando querer tenerla más cerca, pero dándole la oportunidad de oponerse sin tener que hacer fuerza. Su respuesta fue pegarse a mi cuerpo y corresponder al frotamiento de ambas pelvis aunque su pudor la hizo evitar mirarme y ocultar la cara en el hueco del hombro.

    Poco duró el intenso roce ya que de pronto se separó bruscamente pidiéndome regresar a la mesa. Sorprendido la acompañé y nos sentamos juntos, ambos un tanto cortados. Ahí tomó la copa de vino a medio llenar y de un solo trago la dejó vacía, manteniendo la mirada desenfocada hacia algún punto frente a ella. Evidentemente me tocaba romper el silencio.

    – “Estás incómoda o molesta?”

    – “No, simplemente tengo miedo. Recién casi hago una locura a la vista de todos, pues estuve al borde de colgarme de tu cuello, besarte con desesperación y frotarme hasta acabar como una burra”.

    – “Y yo te hubiera correspondido con el corazón galopando de alegría, pues hubiera sido concretar un anhelo largamente reprimido”.

    – “Y en un instante, ambos, tendríamos la vida arruinada”.

    Más tranquilo tomé una de sus manos que seguía aferrando la base de la copa y la apreté, cosa que fue recíproca.

    – “Te amo preciosa”.

    Su cabeza no se movió, pero una lágrima bajó por su mejilla.

    – “Yo también, hijo de puta”.

    Esa confesión no podía desaprovecharla; mientras seguíamos con la mirada al frente y los dedos de la derecha estaban entrelazados con los de ella, los de la izquierda bajaban el cierre del pantalón, sacaban con dificultad la pija dura y la cubrían con una servilleta. Cuando su mano, guiada por la mía, hizo contacto con el miembro erecto cerró los ojos diciéndome en un susurro.

    – “Perverso, te aprovechás de saberme indefensa”.

    – “Es verdad, pero me estoy aprovechando de que deseás lo mismo que yo, por lo que más quieras aliviá mi dolor de testículos, que desde el baile están al borde de la explosión”.

    – “Y como soy la culpable tengo la responsabilidad de darle solución”.

    – “No mi amor esto es cosa de los dos pero vos me podés ayudar, así divina, así mové la mano arriba y abajo, no importa que la servilleta quede como cartón; ya viene, ahí está saliennndooo”.

    – “Ahora tendré que lavarme las manos. En este estado no puedo saludar a nadie”.

    – “Antes debieras probar aunque sea una gotita”.

    – “Tengo razón al pensar que sos un degenerado, te voy a dar en el gusto porque te amo”.

    Y lo hizo, se chupó el dedo que tenía pegoteado de semen antes de levantarse y caminar hacia el baño. Yo, por precaución tomé la servilleta pegoteada y la dejé en una de las mesas ya desocupadas. Nuevamente sentada a mi lado acerqué un poco más la silla, llevando mi mano a su muslo, acariciando ascendentemente y de paso descubriendo la piel.

    – “No puedo creer lo fácil que te estoy resultando”.

    – “Es tu punto de vista, por mi parte no puedo creer lo feliz que soy al haber cruzado la distancia que nos separaba”.

    – “Esperá que me arrime a la mesa y ponga el mantel sobre mi falda”.

    Seguí el deslizamiento hacia arriba para encontrarme con la sorpresa de la vulva descubierta.

    – “¡Estás sin nada!”

    – “Me la saqué cuando fui al baño, daba por sentado que no me dejarías con las ganas. Ahora mi amor haceme gozar, entrá el dedo y rascá con la yema hacia arriba. Así tesoro, así, y con la palma frotame el botoncito, ¡ay qué delicia!”.

    – “No vayas a gritar”.

    – “Me voy a morder para no hacerlo. Cuando lleve la servilleta a los labios y tape el pecho es que estoy al borde de correrme, apretame una teta que eso me vuelve loca”.

    Seguí un poco más la caricia dentro de la vagina hasta que agarró la servilleta y llevó a los labios solo la punta mordiéndola; era el momento indicado para agarrar la teta más cercana, al abrigo de la tela que tapaba.

    – “Sí papito, el dedo bien adentro y retorceme el pezón ¡fuerte que ya viene, acabo, acabo mi amor!”

    Mi vista, que permanecía al frente para disimular, en ese momento se volvió hacia ella; el cuadro era casi tan placentero como un orgasmo, la cara contraída mordiendo la servilleta que las manos crispadas sostenían pegada a la boca, mientras un sonido gutural contenido salía por la comisura de los labios.

    La fase de relajación la hizo apoyada en el respaldo, con la cabeza ligeramente echada hacia atrás y tomando mi mano, la misma mano que había acariciado su sexo. Algo repuesta soltó la pregunta clave del momento.

    – “Y ahora, cómo seguimos?”

    – “Creo que debemos esforzarnos por continuar como antes. No hay razón alguna que justifique hacerle daño a cualquiera de nuestro entorno, ellos no tienen la culpa de mi claudicación ante el deseo, son inocentes respecto de mi locura. Que sea inmensamente feliz en esta relación no justifica mi conducta y seguramente tendré que vivir en esta mezcla, de júbilo asociado a vos, y dolor respecto del resto”.

    El resto de la reunión transcurrió tranquila y amena después de haber calmado la pasión.

    A las seis, llegaba con las cuatro mujeres, coincidiendo con mi hermano que cargaba su valija en un taxi pues a las ocho salía su vuelo. Después de despedirnos las damas entraron a su casa mientras yo estacionaba en la cochera. Ya en la mía apagué las luces, fui por agua a la cocina y al entrar al dormitorio veo en mi cama, tapada hasta el cuello a mi preciosa cuñada, que me miraba sin mover un músculo de la cara viendo cómo me desvestía.

    – “Esto sí que es una sorpresa, te vi entrando a tu casa”.

    – “Sí, y mientras saludabas a tu hermano me vine por el corredor de la cochera que comunica ambas casas. Cuando estacionaste me estaba desvistiendo”.

    Viéndome desnudo apartó la sábana mostrando que ella estaba igual y, dándose vuelta, para ponerse en cuatro apoyando cabeza y hombros en la almohada me dijo en un susurro.

    – “Ahora mi amor estoy lista para lo que falta”.

    Las gotas que caían, unas del glande y otras de la rajadura, atestiguaban que los juegos preliminares eran innecesarios, así que me ubiqué atrás, entre las rodillas abiertas, hice unas pasadas de la cabeza entre los labios resbalosos y apunté al ingreso; no hizo falta empujar pues parecía que esa boca aspiraba el tronco.

    – “¡Mi amor!, despacito, quiero sentir cada milímetro que entra y expande y, a cada tramo con sendos apretones, hacerle sentir que es bienvenido”.

    – “Entonces vos graduá el movimiento”.

    – “Sí tesoro sí, déjame que toque; falta un pedazo para que entre todo, qué delicia mi cielo”.

    – “Ahí topé”.

    – “Sí querido, ahora, así como estamos vamos a dar vuelta para quedar sentada y revolverme sobre esa barra sin peligro de que se salga”.

    – “Voy a tener menos aguante”.

    – “No importa, yo también estoy al borde pues vengo cargando presión hace rato, ¡ahí viene, las tetas, retorcelas, me corro y siento tus palpitaciones, fuerte mi cielo!”

    Al volver a la conciencia vi que su cara era clara muestra de agotamiento fruto de una muy agitada jornada, así que después de darle un rato de descanso le sugerí continuar la recuperación en su cama; no convenía que las chicas salieran a buscarla encontrándola donde no debía estar.

    – “Sos capaz de escucharme dos minutos sin interrumpirme?”

    Eso me dijo Lucrecia en una de las numerosas veces que veíamos juntos alguna película después de cenar.

    – “Seguro”.

    – “Bien, las tres putas gozan como yeguas, se retuercen como culebras en cada corrida que les arrancás, les faltan cuerdas vocales para gritar su goce, y yo me tengo que conformar, de cuando en cuando, con un placer que no merece el nombre de orgasmo. Vos decís que me querés, entonces, en nombre de ese amor, quiero lo mismo que ellas”.

    – “No suelo hablar de aquellas que comparten algo de mi intimidad, pero vos sos una de mis queridas sobrinas y, a pesar de alguna palabrita fuera de lugar, merecés una respuesta, ¿me hice entender?”

    – “No soy tan tonta como para no hacerlo”.

    – “Bien, en principio no tengo relación con ninguna puta; sí hay tres mujeres que me hacen el altísimo honor de permitirme gozar con ellas, todas son buenas personas y, por eso, me considero un tipo con muchísima suerte, mi querida Arisca”.

    – “No me contestaste si aceptás lo que te pedí”.

    – “No solo acepto sino que estoy enloquecido de gusto y no sé por dónde empezar”.

    – “Podrías intentarlo con abrazo, luego beso y después vemos”.

    Y así lo hice, un beso suave cubriendo sus labios con los míos y pasando la lengua por ellos, mientras la abrazaba juntando nuestros cuerpos. Después la llevé a casa entrando por la puerta de la cochera que da a la cocina-comedor.

    Ya adentro cerré con pestillo haciéndola apoyar la espalda contra la puerta y, sin darle tiempo a reaccionar me arrodillé, levanté su vestido y sepulté mi boca en donde su conchita se escondía tras la bombacha. Por si acaso le agarré las manos haciéndola participar en mantener la prenda arrollada en la cintura. Luego, al no percibir resistencia la solté para hacer deslizar por las piernas lo que obstaculizaba el contacto directo con la vulva, para que lengua y labios trabajaran provocando quejidos de placer en ella y, en mí, el gozo de saborear semejante manjar. Deleite no solo táctil sino también apto para deglutir pues lo que surgía del manantial era abundante.

    Estimando que para la corrida había que acelerar, apresé el erguido botoncito y, con un corto chupeteo como si fuera un pezón, precipitamos el orgasmo cuyas contracciones vaginales pude percibir metiendo todo el dedo medio.

    Ahora seguía el proceso de culminación. Aún bajo los efectos de la corrida la ayudé a llegar y sentarse sobre la mesa donde se dejó caer de espaldas iniciando la etapa de laxitud. Ahí aproveche para que todo su vestido quedara reducido a un rollo alrededor de la cintura, luego llevé sus rodillas a los hombros y, haciendo caso a la abertura que parecía llamarme, la penetré de un solo golpe.

    Al regreso de ese merecido descanso se encontró con la vagina ocupada, las tetas acariciadas y mi lengua hurgando su boca. Cuando se colgó de mi cuello comencé el movimiento, lenta la salida, lenta la entrada hasta la mitad y luego golpe haciendo sonar las nalgas.

    – “Ay madre mía, es lógico que griten, es natural que se retuerzan, están obligadas a gozar como yeguas, pues esta barra que me taladra es maravillosa”.

    – “Cuanto me alegro que te guste”.

    – “¡Qué estúpida no haberlo hecho antes! pero ahora estoy plenamente satisfecha pues tu amor no es posesivo y excluyente, sos feliz viéndome feliz con mi novio y compensás su déficit. Sé que vas a venir en mi ayuda cuando lo necesite, como lo has hecho siempre en otros aspectos de la vida. Te amo, tío y ¡macho! Ahora calladito e inmóvil, quiero concentrarme en las palpitaciones de tu pija escupiendo leche bien profundo”.

    Nos corrimos en cadena, yo primero y ella me siguió.

    – “Vos me apodás Arisca, y es verdad, lo soy. Te voy a explicar la razón con una sencilla frase <Si no tenés cómo defenderte, evitá el enfrentamiento>, por eso nunca permití que tu cuerpo estuviera pegado al mío. Ahora podés decirme Mansa”.

    Días después, un martes, me desperté más temprano de lo acostumbrado y llevé el mate a la cama, viendo las noticias y haciendo tiempo hasta la hora de salir. Sin esperarlo aparece en la puerta Gabriela, en camisón y chinelas, con gesto de tristeza. Dejé en la mesa de luz mi desayuno, le hice señas y cuando se sentó le tomé las manos.

    – “Me preocupa tu cara”.

    – “Me amás?”

    – “Sí, y mucho”.

    – “Me vas a dejar?”

    – “Sólo cuando vos quieras”.

    – “Me tendrías abrazada un rato?”

    – “Encantado, pero sigo con la incógnita”.

    – “Me desperté después que tu hermano se fuera a trabajar y, con la angustia de la pesadilla reciente, en la que me habías cambiado por otra, llorando fui al baño, me lavé la boca y aquí estoy”.

    – “Algún demonio te inspiró ese sueño que no se va a realizar, vení mi amor poné tu cabeza sobre mi pecho y a través de la piel sentí lo que mi corazón te dice”.

    Así estuvo un rato y se despidió con un beso.

    – “Te amo, me voy antes que se despierten las chicas”.

    No me puedo quejar pues el futuro pinta bien. Hoy tengo cuatro amores envidiables ya que están cimentados en un afecto profundo que excede lo meramente carnal. Convivimos, pero no todo el día todos los días, que es la parte desgastante, así que de no haber situaciones imprevistas y traumáticas me espera una vejez en dulce compañía.

  • Preñada y caliente

    Preñada y caliente

    Hola a todos, soy Lore la mami incestuosa, después de algún tiempo vuelvo a escribir tenía muchas ganas de hacerlo pero el tiempo no se había dado para hacerlo así que hoy traigo otra experiencia personal, voy a relatar como fue mi etapa de embarazo de mi hijo con el que los me siguen hace un tiempo mantengo una relación de 3 años ya.

    Nuevamente muchas gracias por permitirme contar mis experiencias y muchísimas gracias por leerlas y por sus comentarios y mensajes son súper importantes y perdón si tardó en responder a todos sin más demoras comienzo.

    Me voy a remontar a mis 22 años momento en el cual trabajaba en algo distinto a lo que hago ahora, era un taller donde había muchas mujeres y varios hombres, un compañero en particular de nombre Ariel de 25 años siempre me buscaba, o sea que no se entienda mal no me acosaba ni mucho menos, yo le gustaba y nunca perdía por de decírmelo, era un chico lindo pero yo no estaba particularmente interesada en él, yo tenía un novio de casi 1 año de relación, Rodrigo de 23 años, él trabajaba en otro lugar y aunque entre semana siempre nos veíamos después del trabajo los fin de semana éramos inseparables y a la hora del sexo dada nuestra edad en ese momento no nos guardábamos nada, cogíamos mucho y muy bien, siempre tomábamos precauciones para yo no quedar embarazada sea usando condones o yo tomando anticonceptivos.

    Llego un fin de semana largo y como no trabajamos con Rodrigo decidimos ir a pasarlo a Uruguay que está a una máximo de la costa de buenos aires, fueron 3 días de hermosos paseos pero sobre todo se sexo, mucho sexo haciendo de todo, pero lo más importante fue que en ese momento no nos cuidamos y al regreso a buenos aires y llegado el momento de que viniera mi periodo menstrual una prueba demostró que yo había quedado embarazada, vaya problema no??

    Algo que no estaba planeado pero en definitiva no era una molestia para mi, yo trabajaba y mi relación con Rodrigo de bastante tiempo no me hacía suponer un problema, aclaró que no me embarace adrede con la intención de asegurarme que él se quedara para siempre conmigo sucedió por descuido de ambos y bueno estaba entusiasmada pese a todo.

    Mi sorpresa fue cuando se lo comunique, incluso yo preparé una rica cena y hasta lo esperé provocativa con la idea de celebrar con una buena cogida la noticia pero Rodrigo no pensó lo mismo, se enfureció muchísimo y hasta haciéndome casi culpable exclusivamente de lo sucedido, pero más me sorprendió su pedido de que abortara el bebé, yo me opuse rotundamente y me fui muy decepcionada.

    Durante días me insistió con la idea pero le dije con autoridad que sola o con él yo continuaría con el embarazo, finalmente y después de muchas peleas la relación terminó, le dije que saliera de mi vida que yo no le pediría nada y que no me buscara.

    Yo con 2 meses andaba triste, quería a mi bebé pero estaba mal por la situación, fue entonces que un día después del trabajo mi compañero Ariel el que andaba interesado en mi se me acerca y me ve mal y pregunta que me pasaba, yo no quería decirle y él me invita a tomar algo, yo media cabizbaja acepte, no quería trasladar mis problemas a nadie pero luego de mucha insistencia de Ariel le conté todo, me escucho y eso era muy importante para mi, alguien que me oyera sacar de adentro mi bronca, incluso lloré.

    En ese momento se largó a llover y yo quería volverme pero era tarde y Ariel me dice que me iba a llevar en un taxi ya que vivíamos hacia la misma dirección, pero llegar a casa se hizo imposible ya que estaba todo inundado por el temporal así que me dijo que en su casa tenía una habitación que estaba vacía que podía dormir ahí por esa noche, no tenía alternativas así que acepté.

    Llegamos medio empapados, entramos él me trajo toallas y preparo café, se portó como un caballero, charlamos y reímos un poco, me hizo olvidar mi tristeza y cuando vi la hora eran las 12 de la noche y aunque al día siguiente era sábado y no trabajábamos le dije que me quería acostar, el me dijo que usara su cama y él dormiría en esa habitación que no usaba, yo me acoste me ayuda a sacarme el calzado y mientras me daba un pequeño masaje en los pies miro fijamente y me dijo si yo fuera Rodrigo gustoso cuidaría ese niño, sabes que siempre me gustaste Susi y mientras yo dudé un segundo me dio un rico beso en la boca.

    Me pidió perdón y se fue de la habitación, vaya que me sorprendió y su beso fue suave, tierno y me encanto, me acosté y mi cabeza y sobre todo entre pierna eran una revolución, este muchacho me abrió su casa y su corazón y teniendome allí sola incluso podría haber usado la fuerza para poseerme pero no lo hizo, me quite la ropa quedando solo tanga y corpiño de color negro que aún recuerdo, me dirigí a habitación contigua, prendí 3l velador de la mesa de luz, Ariel se despertó, el estaba en camiseta y bóxer, sus ojos sorprendidos no entendían nada, me subí encima y lo besé en la boca, él aún sin entender bien que pasaba respondió correspondiendo mi beso y nuestras lenguas se unieron deliciosamente, sus manos estaban en todo mi cuerpo, me desbrocho el sostén y mis tetas no tardaron en ser apretadas por sus manos y mis pezones succionados por sus boca, su verga se sentía palpitante y yo la saque de su boxer y baje a mamaria, la tenía de buen tamaño sin ser gigante era gruesa y estaba hecha un hierro, yo mamaba con intensidad y Ariel jadeaba de placer, se quito la camiseta quedando desnudo por completo y disfrutando mis chupadas cada vez más aceleradas.

    Estaba lista su verga dura y babosa por mi saliva, me quitó la tanga abrió mis piernas y de un suave empujón la tuve adentro, vaya que sabía meterla, me bombeaba con un ritmo tremendo «Mi amor que ganas de cogerte que tenía sos una potra ahhhh me encantas» yo le respondía «Papi acá me tenes, cogeme toda ah ayyy me partis ahhh que buenooo», sus metidas me hacían ir al cielo puso mis piernas en sus hombros y su verga castigaba mi concha con una intensidad divina «Ay papito ayyy me matas cogemeee ahhh», «Siiiii de ahora en más voy a ser tu macho y te voy a coger todos los dias».

    Afuera la lluvia arreciaba y nosotros teníamos nuestra propia tormenta de sexo y lujuria en la cama, me puso me 4 y continua taladrando mi concha que a esa altura era un mar de jugos, «Move el culo mi amor ahhhh me volvés loco ah», «Siii lo muevo para vos me gustará ahhh”.

    Caímos de costado y él seguía destrozando mi raja agarrado firmemente a mía tetas que parecian explotar de la calentura, me decía de todo al oído y mordía mi cuello, yo ya no podía más iba a acabar y le rogué que se viniera en mi adentro sin sacarla, me inundó mi concha de leche, yo temblaba de placer «Papito ay ah», «Ahhh mía amorrr como deseaba llenarte».

    Quedamos rendidos él sin salirse de mi hasta que su verga perdió dureza luego de tan tremenda descarga de leche, así tranquilamente nos dormimos, a la mañana siguiente no nos detuvimos, Ariel me continuó cogiendo, me hizo la cola que le entregué gustosa, «Papito rompeme el culo» le decía mientras me tenía a su merced en 4 dandome una cogida magistral, en la ducha sacaba bien mi cola para afuera y el mientras el agua caía sobre nosotros me daba por la concha, unos orgasmos que hacían estar en el paraíso me provoco con su verga que estuvo dura cada vez que la necesite.

    Ese fin de semana no dejó de cogerme y decirme cuanto deseaba que fuera suya, volvimos el lunes a trabajar pero a partir de ahí me quedaba a dormir en su casa, bah dormir y coger, no había noche e incluso mañanas donde no me lo hiciese, yo empecé a avanzar en mi embarazo y me llego la licencia por preñes, mi sorpresa fue al avanzar mi panza mi libido no disminuyo sino que al contrario mi deseo sexual se acrecentó, ahora era yo la que pedía ser cogida casi a diario, mis tetas crecieron de tamaño aunque siempre las tuve bastante grandes ahora estaba hinchadisimas y eso a Ariel lo enloquecia, me hacia unas turcas increíbles, su verga en medio de mis tetas me las cogia hasta que su leche salía y llegaba sin problemas a mi boca.

    Ariel los fin de semanas me pedía que anduviera solo e ropa interior por la casa y cualquier rincón era bueno para agarrarme y darme unas cogidas bárbaras, mis tetas ya producían leche y un día mientras le chupaba la verga apretó una de ellas y brotó la leche de mi pezon, entonces apreté más y regué su poronga con ella y luego chupe Ariel volaba de placer, mi concha vivía humeda y deseosa de verga y Ariel aplacaba mi fuego con su chorizo.

    La relación continuaba pero un día mientras cogiamos y estábamos ardiendo en la cama Ariel me dice «Te amo mi amor te amo» yo luego de la acabada que fue genial le pregunté por eso y me dijo que si que me amaba, guau vaya problema me dije a mi misma, yo lo quería y disfrutaba todo lo que habíamos vivido esos meses increíbles pero el me amaba y eso podía lastimarlo.

    Faltando un mes para dar a luz el me confiesa que tenía una propuesta de trabajo e otra ciudad, más dinero y una casa, me dijo que estaba dispuesto a hacerse cargo del bebé aunque no fuera suyo que quería que me fuera con él, yo estaba en una encrucijada, lo quería pero no lo amaba como él a mi, se lo dije y le aclare que lo podía irme con él, me lo pidió nuevamente pero no pude hacerlo, temí hacerle daño.

    Ariel igualmente se quedó conmigo hasta que nació Lucas nombre que él me propuso, me dejo viviendo en su casa e incluso supo venir los finde semana durante unos 3 meses donde cogiamos de lo lindo. Finalmente yo dejé su casa para que pudiera venderla y terminó una etapa inolvidable que no pude continuar para no herirlo.

    Yo seguí criando sola mi hijo y hoy es mi macho cogedor que me tiene súper cogida.

    Hasta aquí el relato de hoy, ojalá les haya gustado este relato diferente pero que hace mucho quería escribir, nuevamente muchísimas gracias a todos, espero sus comentarios y mensajes que como siempre repito son muy importantes para mi, dejo mi correo para los que gusten compartir experiencias, quieran contar o recibir consejos, [email protected].

    De nuevo muchas gracias un beso enorme a todos, los quiero mucho.

  • Mi casa de playa (3)

    Mi casa de playa (3)

    Desperté al día siguiente como a las 9 am… ¡Me dolía hasta el alma debo confesar! Toda esa sesión de sexo de ayer pues me dejó destruida. Pero caigo en cuenta que mi marido no ha llegado y se suponía lo haría temprano. Cuando reviso el celular me doy cuenta que tengo varias llamadas perdidas y mensajes de él… ¡Así estaría mi alma que ni oí el teléfono!

    Al revisar, me dice que lamenta no poder ir hoy tampoco de vuelta a la playa ya que su jefe se antojó de enviarlo a la capital a recibir unos clientes importantes de la empresa que llegaban al país y pues tenía que atenderlos todo el día. Quedé sorprendida ante aquella noticia y un poco molesta aunque, de no ser por esas tareas extras de mi Jose, no hubiese tenido el chance de gozar en forma extrema el día de ayer, haha, y hoy entonces aprovecharía descansar solita. Llamé a mi esposito y me explicó con detalle el encargo del mandamás de la compañía y que no podía negarse, ya que un aumento y ascenso estaban en juego y él quería ganarse los puntos. Resignada le dije que estaba de acuerdo aunque rabiosa. Mi marido vendría entonces hasta el lunes a buscarme para regresar a nuestro hogar. Decidí divertirme lo más que pudiese ese domingo pensando en viajar en peñero hasta algún cayo, preparando luego cena ligera y leyendo un buen libro en la noche.

    Repentinamente escuché afuera la bocina de un carro, me asomé y vi, sorprendida, al jefe de mi esposo… Salí con cara de molesta, olvidando que andaba con un pequeño short y una blusita corta casi transparente, y me preguntaba qué hacía ese señor aquí? Además que no dejaba de pensar que ponía a mi maridito a trabajar como que demasiado, restándonos tiempo juntos. Así pues me llegué hasta la reja y le dije:

    -Sr. Julio, y eso? Ud. por aquí?

    -Caramba, y ni siquiera los buenos días me das? – ripostó el viejo. Era un señor de casi 60 años, con barriga prominente y pero bien parecido a pesar de su edad. Me caía un poco mal de paso pero tenía razón, ¡fui poco cortes y era el boss de mi Jose!

    -Ah disculpe, es que recién me levanté y lo hice de poco humor…

    -Haha, ya veo… Vine a darle una vuelta a mi chalet de playa y recordé que estabas por aquí solita, Jose me contó en la ciudad. Quizás por mi culpa no estés pasándola con él este fin de puente y bueno, pasé a visitarte para disculparme.

    -Ummm, ok… Cierto, por su culpa no vino mi marido y se nos echó a perder el fin largo de paseo y relax. Pero entiendo que son responsabilidades de su cargo, no?

    -Correcto… Y sí todo sale bien y se dan las cosas, pues el mes que viene tendrá un mejor cargo y sueldo, ¡es casi un hecho!

    Medio sonreí, total, no me quedaba de otra. Entonces el Sr. Julio me dijo que si podía pasar, que había comprado unas empanadas, jugos y podríamos desayunar. Acepté y entramos pero le pedí disculpas por el aspecto que cargaba. El viejo me miró de arriba abajo, con sonrisa libidinosa me contestó que no debía disculparme, que era una mujer hermosa y que como fuese, hasta recién levantada y despeinada, me veía linda. Y más con ropita tan corta… Me ruboricé recordando mi aspecto, le pedí me diese unos minutos para tomar una ducha y medio arreglarme. Lo hice, me puse ahora un vestidito de flores tipo playero, corto, y mis cholas. Salí a la sala y desayunamos platicando un rato. Pero notaba la mirada deseosa del viejo, yo me hacía la boba y continuaba hablando. Al levantarnos, don Julio volvió a piropearme:

    -La verdad es que ese vestido te hace ver hermosa con el bronceado que cargas…

    -Gracias Sr. Julio… Es broceado de piscina ya que ni a la playa he podido acercarme.

    -Y eso? Imagino que es por desánimo al no estar con Jose… – ¡si supiera la verdad! -Y gracias a ti por compartir este rico desayuno. Voy a aprovechar para hablar un asunto de suma importancia contigo…

    -Ajá? Y qué será ese asunto? – dije preocupada.

    -Pues bien, me voy a sincerar… Cuando supe que estarías solita aquí, planifiqué lo de enviar a tu marido a que se encargase de los clientes. Inicialmente iba a hacerlo yo, pero implementé esa estrategia para venir hasta acá y mantener ocupado a tu esposo, sabía que no iba a negarse estando en juego subir de escalafón en la empresa.

    -Qué? Y por qué hizo eso? – me sorprendió su confesión y sinceridad…

    -Porque me gustas demasiado, por eso. Desde que te conocí no sabes las veces que te he soñado, eres tan hermosa, tan sensual. Tu caminar incita a la lujuria, llamas la atención de todo el mundo, ¡hombres y mujeres suspiran por ti!

    -Pe.. pero señor Julio, qué dice? yo no…

    -Mira, vine dispuesto a todo. Y si colaboras pues lo prometido se hará realidad tal como te conté con respecto a tu esposo. De lo contrario, una carta de despido estará sobre su escritorio el martes cuando se presente en su oficina.

    -Dios, pero don Julio, qué clase de persona es Ud.? Sabe que mi marido merece su ascenso y no puede despedirlo así, sin razones de peso o faltas… o porque yo no colaboré en quién sabe qué cosa… – le dije indignada.

    -Te diré qué clase de ser soy: uno que está con ganas de ti y dispuesto a hacer lo que sea por poseerte… ¡Nunca había hecho algo así pero mi deseo es más fuerte, tanto, que tramé todo esto para estar contigo aquí y ahora!

    -Nooo, no puede ser… Estar conmigo? Soy la esposa de su empleado de confianza, Jose es casi su amigo también, eso es un abuso, una grosería, ¡una locura!

    -Sí, estoy consciente de todo eso pero no voy a dar marcha atrás… Eres una mujer demasiado provocativa, divina, me vuelves loco, haces que pierda todo decoro…

    -Y su esposa? Ella es mi amiga… la conozco bien y…

    -¡Ni hablar de ella! – me interrumpió -Ella es mi esposa y la quiero aún, pero a ti te deseo con todas mis ganas y no me importan las benditas amistades, entiendes?

    Se levantó de repente y se acercó a mí, tomándome por la cintura y buscando mi boca. Lo rechacé, le decía que no, que me dejase en paz… Pero nada, ya estaba encendido el vejete. Apartó las tiras de mi vestido dejándome desnuda frente a él, se relamía los labios, sus ojos se desorbitaban y entonces comenzó a acariciarme y besarme toda, lamía mis pezones, apretaba mis nalgas, me olía:

    -Aaaah, qué hermosa y divina estás, cómo me gustas, hueles a sexo… eres la mujer más bella que haya visto alguna vez. Sabía que desnuda eras perfecta, qué piel tan tersa…

    -Suélteme por favor, ya déjeme señor Julio, nooo…

    -Trata de disfrutar, piensa que es por tu marido y el futuro de ambos, es una sacrificio que traerá buenos frutos… ¡Tómalo como un negocio!

    -Noo, nooo… ¡Esto no puede ser!

    -Pero es y ya, así que relájate y goza, coño…

    Me tumbó sobre el sofá, recorría mi cuerpo con sus dedos, con su lengua… Me recostó en el mueble empujándome con las manos hasta que se desnudó mientras yo lloraba y le suplicaba que parara. Al quedar en pelotas, observé una tranca bestial, ya botaba líquido preseminal y estaba paradísima. Usando su pene inició un recorrido por mi humanidad como un perro marcando territorio, regando su babita sobre mis pies, muslos, abdomen, senos hasta que llegó a mi cara y la frotó varias veces con su miembro.

    -Uuus ricurita, ahora bájate del sillón y arrodíllate, bombón…

    Lo hice, ya estaba decidida a colaborar por mi esposo y su carrera en lo que exigiese don Julio; en eso pensaba para sacar fuerzas. Exigió que abriese la boca y se la mamara, así que me fajé a hacerlo como ya era un arte en mí, se la besaba, ponía mi lengua puntiaguda y recorría su pene por su vena principal, volvía a chupar y el viejo gozaba de aquello. Así estuve mamando hasta que el señor Julio acabó en mi boquita, tragando toda su leche y luego se lo dejé limpiecito. Estaba empezando a erizarme todo aquello:

    -Cooño, qué mamada… Eres una especialista, eh? Con razón tu esposo te adora, hahaha. Ese pendejo tiene suerte nojoda… Pero esa suerte ahora es compartida, hahaha.

    Me pidió luego ponerme en cuatro sobre el sofá, de cara a la ventana y con el trasero levantado. Empezó allí a chuparme, recorría desde mi ano hasta el clítoris, de vez en cuando mordía levemente mis nalgas, besaba luego mis labios vaginales y yo empecé a mojarme bárbaramente. Mi cuerpo antes que mi mente decidió gozar de aquella humillación… Quizás el hecho del riesgo que tomó el viejo Julio y lo que planificó con tal de cogerme, que me deseara tanto, influyó también en mi excitación ya que, en el fondo, toda mujer valora un macho que se arriesgue a tanto por ella, así sea tan bajo como aquello que él hacía. Entonces los quejidos correspondientes salían sin control de mi garganta, de mi vientre, ya sintiendo, ya disfrutando… Y por supuesto, me invadieron dos orgasmos y por las contracciones propias de ello, el vejete se dio cuenta:

    -Ummm, lo estás gozando, verdad? Hahaha… Así mamacita, ves? Colaborar te hará bien y vas teniendo tus recompensas, hahaha… ¡Tanto tu culo como tu vulva son una delicia! Eres toda una puta nena, qué bien…

    Entonces sentí que su miembro enfiló hacia mi rajita, lo movía sin metérmelo y halaba de mis cabellos, me daba nalgadas, me insultaba. Yo empecé a moverme hacia arriba y hacia abajo y en círculos, como provocándolo:

    -Perra, eres una perra… Sabía que contigo gozaría y que al final tú te entregarías al pleno goce conmigo, zorra descarada, hahaha… Qué, quieres que te lo meta?

    -Siii, sí, métamelo por favor, no sea malito, ya no aguanto más… quiero que me haga suya señor Julio, ande, tome lo que vino a buscar y ahora le pertenece…

    El viejo metió su gran mástil de golpe arrancándome un gemido fuerte y empezó a cogerme duro. Yo ya estaba gozando de lo lindo sin importarme nada, sólo que me cogiese e hiciera sentir que era una puta:

    -Aaahg, aaay seño Julio, qué riiico, cójame… Castigue a la mujer de su empleado que es ahora su mujer también, ande, deme duro, sí? aaahg…

    -Toma mi vida, toma… Esto es para ti… Serás mi hembra de ahora en adelante y te tendré cuando yo quiera…

    -Ayyy sí, seré suya, su perrita… haré lo que me pida con tal de tener su guevo dentro de mí, seré su esclava… Aagh, aahg… lo buscaré y se la chuparé donde sea…

    Por mis palabras la exitación del viejo Julio llegó al climax, acabando ambos simultáneamente, algo difícil de lograr pero se dio en ese momento. Se separó de mí y yo me puse de pie buscando su boca, nos fusionamos en besos apasionados, bajé recorriendo sus tetillas, su gran barrigota hasta llegar a su verga ya flácida. Se la besé, le decía que era la verga de mis sueños, que si hubiese sabido que me deseaba tanto le hubiese sido infiel a mi esposo con él desde antes. Yo estaba realmente prendida en fuego, ya la puta que era había vuelto a aflorar. Mis comentarios hicieron que el señor Julio empezara a empalmarse de nuevo, por lo que metí su pene en mi boca para chupárselo con ganas locas, sobaba sus testículos y le daba apretoncitos… Al los minutos de estar así, ya su miembro estaba erecto, dispuesto a darme más cogidas ricas:

    -Siéntese don Julio, siéntese… ¡deje que yo ahora me mueva para usted!

    -Sí zorra, hazlo, entrégate a tu macho que te desea…

    Metí su virilidad esta vez por mi culo, quería sentir ese guevote en mi trasero. E inicié un sube y baja despacito primero para ir aumentando la velocidad poco a poco.

    -Aaahg, aaay, don Julio. Ummm, su guevo en mi culo se siente super, aaay, diviiinooo coooño… – Allí nos besamos nuevamente, me agradaban los besos y el aliento del viejo.

    -Eso lo imaginaba pero no sabía que podías ser tan re-caliente que te gustaba tirar tanto por el culo, hahaha, eres lo máximo en sinvergüenzura y ahora eres mia… – Inició una mamada de mis tetas que era un espectáculo, me hizo acabar de sólo chupármelas, hasta que vinieron otros orgasmos producto de la culiada que gozaba y de sentir aquel viejo cogiéndose a la esposa de su empleado, casi amigo… ¡Vaya amigo!

    -Ande don Julio, aahg, cójase a la esposita de su amigo Jose… Aahg, cójasela por puta…

    -Hahahaha, amigo? Un cabrón resultó ser sin saberlo mi «amigo»… Toma guevo carajita, gozátelo como nunca…

    -Sssii, ssiii, deme guevo, deme duro, aahg, aay, aay… Jose es un cabrón y me gusta más este pene que tengo dentro que el del, don Julio, aaagh…

    Sin sacármelo, nos levantamos y empezamos a coger por todos los rincones de la casa, en el baño, cocina, habitación matrimonial, la de huéspedes… Yo sufría de dolor y gozaba de placer ante aquellas arremetidas de ese falo que me penetraba sin descanso ni piedad. Así, luego de casi media hora de follar, el señor Julio descargó su semen en mi ano… ¡Qué cogida me dio, bárbaro el viejo para su edad! Nos separamos y veíamos con cierta ternura y complicidad, me senté en sus piernas y le dije, abrazándolo por el cuello:

    -Seño Julio, me gustó coger con usted pero quisiera que mi marido jamás lo sepa, sí? Ni nadie en la oficina, por favor… ¡Uy, qué pena, qué miedo, nooo! – bajaba la mirada y ponía cara de niña inocente.

    -Por la forma como te comportaste pareciera que le hubieses sido infiel antes a tu esposo, y más de una vez… O serán cosas mias?

    -Qué dice don Julio? Por favor, son cosas suyas… Yo había sido una mujer fiel hasta ahora, Ud. ha sido el único con quien he tenido relaciones sexuales aparte de mi esposo en el tiempo de mi matrimonio… Pero fue que me gustó mucho todito lo que me hizo, fue increíble lo que se ideó para cogerme, ¡y de qué manera tan sabrosa me dio el mejor sexo de mi vida! Muakata, muakata… – Le di unos besos mientras pensaba para mis adentros: «Si supiese todo mi historial de loba, haha».

    -Hahaha, pequeña puta, entonces quédate tranquila que este será nuestro gran secreto, siempre y cuando estés para mí cuando se pueda, ok?

    -¡Trato hecho! – le dije y reímos para luego besarnos suavemente mientas nos propiciábamos caricias cual enamorados

    (Continuará).

  • Eventos ocasionales

    Eventos ocasionales

    Nuestra relación es muy abierta y nos permite vivir experiencias interesantes, intensas y diversas, por lo general juntos, con muy excitantes intercambios y tríos, pero también, cuando la oportunidad se presenta, se producen cosas como la que les voy a relatar en las siguientes líneas:

    Estaba trabajando ya en la casa en la máquina de la oficina, con pendientes que quedaron del día. Quizás eran las 8 u 8:30 de la noche. Nuestro estudio tiene una mesa de trabajo que nos permite trabajar cómodamente uno al lado del otro y tenemos allí todo lo necesario para realizar nuestras actividades. Los cables de corriente están a la mano, la conexión a unas pantallas es fácil y accesible, teclados auxiliares y ergonómicos, las sillas son cómodas y nos permiten trabajar a gusto. Nuestro espacio de trabajo, durante la pandemia, nos fue de gran utilidad para seguir con nuestras responsabilidades. Ahora que ya hemos regresado a actividades más presenciales, es usado preferentemente en las tardes noches. También hay una pantalla y un sillón donde nos sentamos a ver algún programa o película. Una Alexa nos sirve de compañía cuando queremos escuchar música.

    Yo revisaba documentos, tomaba notas, acompañado de un vaso de agua con hielo que estaba a mi lado y disfrutaba dandole algunos sorbos.

    Ese día había salido más temprano que lo habitual y me había ido a seguir trabajando en la casa, esperando tu salida. En ocasiones me pedías que fuera por tí o de camino a la casa, te avisaba y coincidíamos en alguna parte para regresar juntos. También algunas veces alguna persona de tu trabajo te ofrecía acercarte a la casa.

    Yo estaba al pendiente del celular, mientras trabajaba en unos documentos que debíamos entregar.

    Sentí la vibración en la mesa por la llegada de un mensaje tuyo a mi celular:

    – ¡Hola amore! Ya mero termino. Guardo mis cosas y me voy para allá.

    – Qué bien amore, estaré al pendiente. Ven con cuidado. ¿Quieres que vaya por ti? Te escribí.

    – No te preocupes. Se está organizando pasar a tomar algo rápido y me voy para allá. Decía tu siguiente mensaje.

    – Sin problema amore. Yo sigo con cosas por hacer, estaré al pendiente. Tú me avisas. Alcance a enviarte en contestación a tu mensaje.

    Algo de tiempo después, digamos 40-50 minutos, otro mensaje tuyo:

    – Estoy en un café.

    – Provechito, aprovecha para cenar algo. Te contesté.

    Más tarde un mensaje breve de tu parte, surgió en la pantalla de mi equipo:

    – Creo que tardaré un poco más.

    – Sin problema amore. Contesté.

    Después de avanzar suficientemente con los pendientes, decidi prender la tele para escuchar algo diferente mientras sigo avanzando con cosas… unos minutos más tarde, otro mensaje tuyo:

    – Todo bien. Ya estoy sola con él. Creo que va a pasar algo.

    – Siempre que tu lo quieras está bien amore, estaré al pendiente. Te mando como contestación.

    – te aviso cuando salga

    Me respondes. Y no recibo nada más por un rato.

    Quizás un par de horas mas tarde, ya había terminado las cosas que tenía pendientes. Acomodado en el sillón veía un resumen de noticias y deportes cuando me llega este mensaje de tu celular:

    – todo bien amore, voy para allá, quiero estar contigo

    – te espero con los brazos abiertos amore… contesté

    Pasan unos 30 minutos cuando escuché un vehículo acercarse a la casa. Momentos después se abrió la puerta y entraste feliz, radiante, esa mirada de excitación, de deseo. Llevas contigo tu bolso de mano, tu saco, y una mochila donde llevas tus cosas del gym. Lo dejaste todo en la entrada. Te vas acercando al estudio, me puse de pie y de saludo. Me regalas uno de tus deliciosos y maravillosos besos, acompañados de tu abrazo donde me pegaste tu cuerpo hermoso a mi y pude sentir tus senos debajo de la blusa, no traías puesto ya el bra que llevabas en la mañana. Tu mirada de excitación complementaba tu sonrisa traviesa.

    Te decía:

    – bienvenida como siempre amore.

    Mientras nos fundíamos en un pasional beso, que continuó el abrazo delicioso que nos dábamos y que antecedió a una noche de mucho placer y pasión.

  • Aventura con Marta

    Aventura con Marta

    Pol estaba con unos amigos tomando un aperitivo como cada viernes y mientras charlaban animadamente esperando que les trajeran la carta se acercó una mujer que mirándole fijamente a los ojos preguntó.

    ¿Cómo estás? Pensé que nos veríamos antes.

    — dijo eso con tal seguridad que Pol supuso que se conocían aunque fue incapaz de ubicar ese rostro y ese cuerpazo, una falda clara por encima de las rodillas dejaba ver unas bellas piernas algo separadas haciendo que se marcaran los muslos, una blusa blanca en la que a pesar del sujetador se clareaban grandes y oscuras areolas coronadas por pezones como garbanzos que amenazaban traspasar el sutil tejido, el cabello rizado y rojo como el atardecer y unos enormes ojos negros con la mirada desafiante completaban la imagen, Pol se levantó como impulsado por un resorte y ella lo besó en las mejillas apoyándose en sus antebrazos y puesta de puntillas para salvar la diferencia de altura apoyó su pecho contra el del hombre que reaccionó inmediatamente anunciando a sus amigos.

    Bueno chicos, marcho con esta belleza antes de que os abalancéis sobre ella como buitres y no me preguntéis quien es porque no pienso decíroslo. ¡Nos vemos el lunes!

    — tomó a la mujer por el codo y la guio hacia la puerta mirando de reojo a sus compañeros que hacían gestos burlones sabedores que es un mujeriego empedernido.

    Salieron del local y la mujer sin dejar de caminar giró el torso para mirarle al rostro mientras preguntaba. ¡No me recuerdas ¿verdad?! .

    — era evidente y para no hacer el ridículo Pol respondió que lo sentía pero era incapaz de recordar donde o cuando habían coincido. En realidad dudaba que alguien así no hubiera calado lo suficiente como para no recordarla.

    — alegremente la mujer respondió.

    Soy Marta y la verdad es que no nos conocemos, bueno yo a ti un poco, soy amiga de una de esas mujeres que han tenido la dicha de pasar tiempo contigo aunque me pidió que no la denunciara así que si me lo permites no te diré de quien se trata, al menos por el momento.

    El hombre sonrió y continuaron caminando, ella se dejó guiar parloteando animadamente dando detalles sobre Pol para convencerlo de que era cierto que le habían contado algunas cosas que no aparecían en las redes sociales.

    Al llegar frente a un pequeño hotel sorprendida preguntó. ¿Qué hacemos aquí? Sin darle importancia Pol respondió.

    — ¿Qué crees? Me has convencido de que alguna de mis amantes te ha hablado bien de mí y por tanto he de intentar cumplir las expectativas que te hayas formado.

    Tomándola por la cintura esta vez, cruzaron la calle y entraron en el fresco vestíbulo.

    Pol se dirigió al mostrador mientras Marta ojeaba unos folletos con la vista baja, instantes después notó la mano de su acompañante en la cadera y un escalofrío recorrió su cuerpo. Caminaron hasta el ascensor y el tiempo que tardó en subir a la tercera planta se le hizo eterno, Pol estudiaba su rostro divertido y en silencio mientras ella lo miraba a los ojos un instante para apartar la mirada rápidamente, estaba fascinada por ese hombre que acercando sus labios al oído preguntó.

    — ¿De cuánto tiempo dispones? No me ha gustado nunca el cuento de cenicienta y lamentaría que de improviso dijeras. ¡He de marchar!

    En esta ocasión lo miró directamente a los ojos y respondió con voz temblorosa.

    ¡Tengo todo el fin de semana! ¿Será suficiente?

    — el ascensor se detuvo y caminaron hasta la puerta de la habitación, Pol la hizo entrar delante y al cerrar la puerta tras de sí rodeó la cintura de la mujer con sus fuertes brazos y apoyándose contra su espalda susurró en su oído rozando la oreja con los labios.

    No sé qué esperas de mí pero si confías y me lo permites trataré de sorprenderte.

    Marta sonrió y girándose le respondió que dispusiera de ella a su antojo.

    Te hare ver el paraíso y después me pides lo que se te ocurra.

    Al verte he sabido que eres una mujer muy fogosa aunque dudo que jamás hayas gozado cuanto mereces.

    Acariciar cada centímetro de esa piel tan suave será un buen comienzo.

    — dijo eso al tiempo que sus manos deslizaban los tirantes del vestido por los hombros, calló unos instantes para depositar un rosario de besos desde el hombro hasta el cuello haciendo que Marta se estremeciera con cada uno de ellos y mientras soltaba el sujetador continuó murmurando junto a su oído.

    Al verte he sabido que nos entenderíamos. Destilas sensualidad y huelo en ti la fragancia de la lujuria que muy pocas desprenden y solo unos pocos afortunados somos capaces de distinguir y apreciar.

    Voy a comerte y después beberé tu esencia.

    — dijo eso después de lamerle el oído sutilmente y a continuación solo se oyeron los jadeo de Marta en respuesta al buen hacer de Pol que se dedicó a acariciarle los pechos haciendo espirales en uno con la uña mientras lamia el otro evitando llegar al pezón lo que excitó a Marta de tal forma que trató de atrapar su cabeza, pero con suavidad Pol llevó sus muñecas atrás y bajó el vestido hasta la cintura y atrapó sus labios sorbiendo su lengua como si pretendiera arrancarla y Marta se abandonó totalmente y dejó de pensar o tratar de comparar lo vivido hasta ese día, quizás en otro momento trataría de hacerlo pero no ahora.

    Poco después el vestido estaba en el suelo y ambos estaban sentados en la cama, Pol la dejó caer de espaldas y se dedicó a acariciarle el interior de los muslos al tiempo que deslizó el tanga con suavidad hasta sacarlo totalmente, paseó los dedos por la vulva y separó los labios mayores antes de soplar varias veces hasta que Marta suplicó.

    ¡No me hagas sufrir más y tómame ya!

    — Pol hizo oídos sordos a tal petición y comenzó a jugar con el clítoris hasta llevarla al límite, los primeros calambres sorprendieron a Marta que los identificó como lo que ella conocía como “orgasmo” en ese punto y en el mejor de los casos era cuando el compañero-amante-esposo se corría dando por terminada la fiesta.

    También en este caso había llegado al final sin que la penetrara pero cuando en lugar de parar Pol continuó con sus manejos aparecieron los primeros espasmos y a continuación una explosión de sensaciones que jamás había experimentado ni soñado siquiera.

    Marta se oyó bramar y a pesar de intentarlo fue incapaz de controlarse, se retorcía y todo su cuerpo vibraba y con la mirada nublada vio a Pol sonriendo, cuando comenzó a normalizarse preguntó con voz temblorosa.

    ¿Qué me has hecho?

    Nada que no merezcas ni necesites. Respondió él con voz burlona.

    — Marta comenzó a sollozar pero Pol no estaba dispuesto a que se torciera la jornada, se había quedado sin comer pero no pensaba quedarse sin follar a esa mujer hasta hacerla como suele decir Pol-dependiente.

    Se tumbó junto a ella y la atrajo hacia sí.

    Le besó los ojos sorbiendo sus lágrimas y sin darle tiempo a reaccionar le puso la verga en las manos murmurando.

    ¿Quieres un poco de esto? Mira como me has puesto y no sería justo que lo dejáramos aquí.

    — Marta sonrió y comenzó a jugar con ese prodigio, no había conocido muchas pero esa era la más espectacular con diferencia tanto por el tamaño como por su firmeza.

    Pol la cubrió con su cuerpo apuntó el cipote en la cálida cueva y la metió lentamente hasta la mitad sacándola a continuación, repitió la operación varias veces y Marta exigió.

    ¡Decídete ya! Quiero sentirte dentro de mí y que me hagas enloquecer como has hecho hace un rato.

    — Pol se apartó para colocarse el condón que tenía preparado y en esta ocasión sí que llegó al fondo dando una tremenda estocada que arrancó un suspiro-jadeo a la sorprendida Marta que seguía alucinando con el estilo y dedicación de Pol, un desconocido que se esforzaba en hacerla gozar.

    Dejó de pensar y como antes se dedicó simplemente a sentir y disfrutar el momento.

    Pol manchaba lentamente al tiempo que acariciaba el perineo de Marta con dos dedos logrando así que el segundo orgasmo apareciera poco después con tanta o más intensidad que el anterior aunque en esta ocasión Pol y de forma cruel continuó con sus manejos disfrutando de la cacofonía que surgía de la garganta de Marta, una mezcla de jadeos lamentos suspiros y palabras del todo ininteligibles que fue aflojando a medida que lo hacia él que antes de que se extinguieran totalmente los espasmos volvió a la carga casi con furia en esta ocasión, con potentes y brutales embestidas que llevaron a la pobre y desconcertada Marta a otro orgasmo aún más intenso que el anterior llegando incluso a sufrir-gozar de un ligero desvanecimiento.

    En esta ocasión si la dejó terminar besando su congestionado rostro y con una expresión de satisfacción preguntó ella al fin.

    ¿Esto es lo que les haces a todas tus amantes? Me parece sensacional y quiero decirte a riesgo de parecerte rara que jamás experimente un orgasmo de verdad como estos que me has regalado y tengo claro que estoy en deuda contigo no te has corrido ni una sola vez y eso no es justo.

    — Pol la miró en silencio unos instantes y al fin respondió divertido.

    Si crees que puedes hacerlo trata de solucionarlo y ahora soy yo quien queda a tu disposición.

    — Dijo eso al tiempo que se ponía bocarriba, Marta se colocó a su lado y después de retirar el condón atrapó la polla entre sus pechos comenzando una “paja cubana” que no pensaba concluir y cada vez que el rojizo capullo quedaba al alcance de su ávida boca lo lamia y cuando le pareció soltó la presa que hacía en el tronco con las tetas para sujetarlo con ambas manos y comenzar lamer el capullo con gran maestría, le tocó el turno después al tronco hasta que se decidió a coger uno de los huevos y engullirlo totalmente aplastándolo contra el paladar con la lengua para cambiarlo después por el otro.

    Pol estaba en la gloria y era consciente que no era su primera vez por lo que no se le ocurrió sugerirle nada.

    Llegó el momento cumbre de la actuación en que Marta engulló el capullo y estuvo jugando con el hasta que decidió llevarlo al fondo de su garganta, en unas pocas ocasiones había asistido Pol a una demostración de control de ese tipo en que nada hacía sospechar la aparición de arcadas por parte de la artista.

    La forma en que se folló la boca fue magistral y seguramente por su dilatada experiencia en el tema hizo que la primera descarga se estrellara en el paladar de la mujer que sorbió el semen como un verdadero néctar tragándolo con deleite y presionando el tronco para regular la cantidad que salía y evitando así que se vertiera ni una sola gota, al terminar se tumbó sobre el vientre de Pol con la verga entre los labios acariciándola con suaves besos.

    Pol tiro de ella poco después colocándola sobre su cuerpo y después de besarla y sorprenderla de nuevo al compartir los restos que aún quedaban en su boca le propuso.

    ¿Nos tomamos un descanso? No sé tú pero yo no he tomado nada desde el desayuno y además me encantaría charlar un poco contigo ahora que vamos tomando confianza.

    Marta respondió haciendo un mohín que era una “putada” tener que salir en ese momento con lo bien que estaban pero se acercó donde había quedado el vestido y Pol la detuvo sujetándola por la cintura.

    ¿Dónde vas? En este hotelito y aunque no lo creas tienen servicio de habitaciones y es más, funciona las veinticuatro horas y puedes pedir lo que se te ocurra de esta carta.

    — Dijo eso alargándole un librito plastificado con un surtido más que completo de platos fríos y calientes además de bebidas de todo tipo, eligieron algo no demasiado pesado pues la intención era continuar después del descanso pues eran poco más de las cuatro y la tarde era joven.

    Pol preguntó tras hacer el pedido para ambos añadiendo una botella de cava y descorchar la que sacó de la nevera.

    Sabes muchas cosas de mí y me gustaría saber algo sobre ti y está claro que no has tenido ningún compañero de cama que se preocupara de hacerte disfrutar aunque se nota que te entregas cuando quieres.

    Marta tomó un largo sorbo y mirando la copa comenzó un amargo monologo.

    No pretendo darte pena pero quiero que conozcas algunos echos para que entiendas alguna de mis reacciones si llegan a darse.

    Mis padres se divorciaron cuando tenía doce años y pasé seis apartada de ellos y con buen criterio me enviaron a estudiar a Madrid para que no asistiera a las continuas disputas y aunque hablaba con ellos por teléfono no me vi con ninguno hasta que regresé a los dieciocho para ingresar en la Universidad.

    Mi madre no me hizo ningún caso pues éramos unas perfectas desconocidas sin nada en común.

    — Marta hizo una pausa, tomo el resto del cava como si lo necesitara y continuó con la mirada de nuevo centrada en la vacía copa.

    Mi padre, mi padre me aceptó dándome cariño y dos días después de instalarme en su casa y disfrutar de una animada cena con algunas parejas de amigos suyos me sedujo y no fue una violación pues acepté primero sus atenciones después las caricias y eso dio paso a una de las mejores experiencias sexuales vividas hasta el momento, si bien puedo asegurar ahora que he estado con otros hombres que no fue nada extraordinario aunque fue diferente y la explicación que me dio la mañana siguiente fue tan convincente que mantuvimos esa relación más de un año.

    Se terminó el buen ambiente el día que me forzó a hacer algo que no me apetecía y cuando protesté tratando de razonar y convencerlo que quizás en otro momento aceptaría el juego si me lo pedía, me dijo con desdén.

    — ¡eres tan puta como tu madre y fíjate cómo le va! Ya vendrás arrastrándote y suplicándome que te un poco de eso que ahora rechazas porque eres una perra que no merece ninguna consideración y puede que entonces no te lo de.

    Salí de su casa de inmediato y el resto de esa noche la pasé en un albergue y por la mañana contacte con una compañera de la universidad y me instale en su casa hasta terminar la carrera compartiendo gastos.

    No he vuelto a ver a ese mal bicho ni ganas y por fortuna eso solo me traumatizo un poco pero estoy dispuesta a superarlo con tu experiencia y pericia si te decides a ayudarme.

    — Pol tomo la copa de su mano dejándola sobre una mesita y la abrazó con más ternura que lujuria a pesar de que ambos permanecían totalmente desnudos, ella apoyó la cabeza en su pecho y en ese instante sonaron unos tímidos golpes en la puerta Pol se cubrió con un albornoz abrió la puerta y tiró del carrito hasta el centro de la habitación después de firmar una nota y desprendiéndose del albornoz otra vez dispuso las viandas sobre la mesa.

    Comieron con apetito y mientras lo hacían Pol preguntó.

    ¿Eres una mujer casada o tienes pareja? Lo he imaginado al decirme que disponías del fin de semana.

    — Marta respondió recuperando el buen humor y empleando un tono meloso.

    No pienso mentirte y no te diré de momento quien es mi confidente pero te contaré todo cuanto quieras saber sobre mí. Estoy casada desde hace cinco años con un buen hombre que no sabe hacerme gozar, follamos mucho pero solo él disfruta y abras notado que no he gozado jamás de un verdadero orgasmo y te aseguro que ahora que lo he probado trataré de disfrutar cuantos más mejor. Hace tres años tuve mi primera aventura que se coinvirtió en un rollo que duró más de ocho meses pero mi única satisfacción era la que obtenía por el morbo de engañar a mi marido pues mi amante tampoco me hacía disfrutar como esperaba, después de cortar con él estuve con varios aunque fueron cortas temporadas ya que no encontré a ninguno que me hiciera enloquecer como comentaban algunas amigas o compañeras de trabajo.

    Hace dos meses esa mujer de la que no te diré el nombre por el momento me habló de ti asegurándome que estarías encantado de mostrarme un camino que me llevaría a la gloria y hasta el momento se van cumplido las expectativas.

    — Apuraron el cava y Pol a quien Marta tomo de la mano se dejó llevar a la cama otra vez y sin mirarle directamente a la cara Marta susurro.

    Ya me has hecho ver el paraíso y ahora quiero que hagas algo por mí.

    — Se arrodilló cruzada en la cama y apoyando la cara en el colchón exigió.

    SODOMIZAME. Quiero que lo haga alguien que ha sido capaz de hacerme perder el sentido y aunque jamás lo he permitido estoy segura que he de experimentarlo y con quien mejor que contigo.

    — Pol trajo del baño un bote de gel y comenzó a masajearle el oscuro asterisco suavemente con un dedo untado en él consciente que era su primera vez y deseaba proporcionarle una grata experiencia para que lo incluyera desde ya en su repertorio, después de introducir ese solitario dedo y pasearlo alrededor consiguiendo que el anillo anal se distendiera introdujo un segundo y con ambos continuó con su labor y como además con la otra mano le estuvo manipulando el clítoris logró excitarla lo suficiente para que substituir los dedos por su falo fuera tarea fácil y con cortas embestidas llegó al fondo y con la pelvis pegada a los cachetes de la mujer preguntó.

    ¿Dispuesta? Ahora comienza la fiesta si lo estás.

    — Por única respuesta Marta se separó un poco y culeó violentamente indicando así que estaba lista y Pol no se lo pensó y comenzó a bombear con lentos recorridos hasta casi salirse y violentos para volver al fondo arrancándole con cada uno de ellos un profundo jadeo a la mujer que pronto comenzó a vibrar pues Pol no había dejado de trabajarle el clítoris llevándola al primero de una serie de orgasmos que se sucedieron hasta que trató de escapar dejándose caer aunque con eso solo logró que Pol tuviera que retirar su mano para evitar dañarla y cambiar el ritmo de sus embestidas hasta llenarle las entrañas de cálida y espesa lefa que rezumaba a con cada embestida hasta que Pol se derrumbó sobre ella extenuado.

    Al rato Pol se dejó caer a su lado y ella se giró para encararse a él y con los ojos entornados fue desmenuzando una frase que decía mucho sobre lo sucedido y sus consecuencias.

    Muchas gracias. Gracias por ser como eres y por ayudarme a superar un trauma que ningún psicólogo logró remediar.

    Tratar de hacerme sexo anal fue lo que me hizo apartarme de mi padre y nunca lo he considerado una relación enfermiza a pesar de que la mayoría de personas así lo consideran pero le faltó tacto, si en lugar de querer “tomarlo” a la fuerza lo hubiera pedido es posible que aún mantuviéramos el contacto en todos los sentidos.

    La verdad es que me ha gustado y te agradecería que la próxima vez si es que permites que la haya no seas tan delicado y me hagas sentir lo que realmente significa eso, mi sumisión y tu control total.

    — Pol la beso larga y tiernamente antes de responder.

    Pienso que nos continuaremos viendo y ha sido y será un verdadero placer pero tenemos que dar la velada por concluida pues esta noche tengo un compromiso para cenar con un cliente muy conservador que de hecho es el gerente pero la propietaria de la empresa es su esposa que la compró para proporcionarle un empleo y que no se sintiera un mantenido y mañana hay una comida familiar y tengo ganas de ver a mis sobrinas. ¿Cuándo nos vemos?

    Dijo eso al tiempo que se levantaba de la cama para dirigirse al baño y Marta respondió de inmediato aun tumbada en la cama recreándose en el cuerpo que tanto placer le había proporcionado en tan poco tiempo.

    Te esperaré en mi casa si te parece bien y no te apures porque mi marido no regresará hasta el lunes a mediodía, podemos pasar la noche juntos y mañana te haré un desayuno que jamás olvidaras.

    — Pol aceptó la oferta y al salir del baño recién duchado fue él quien se recreó contemplando el cuerpo de la mujer que lo espera en pie en medio de la estancia, grandes y erectos pezones sobre areolas oscuras coronaban unos pechos preciosos que sucumbían ligeramente a la ley de la gravedad como corresponde a una mujer de su edad que se cuide además de poseer una buena genética, vientre plano sobre la rosada y abultada vulva que mostraba signos inequívocos de que continuaba excitada a pesar de la reciente actividad le hizo un gesto con él dedo y lentamente Marta giró hasta quedar de espaldas contempló las nalgas y no se pudo resistir y al poner las manos en las caderas de la mujer esta se aplastó contra su cuerpo para notar de nuevo la preciosa herramienta que ya añoraba y Pol la apartó suavemente después de besar su grácil cuello diciéndole.

    ¡No seas golosa! En menos de veinticuatro horas volveremos a estar juntos pero tienes que dejarme ir.

    — Marta se apartó y después de darle un pico exclamó con voz cantarina mientras se dirigía al baño dando saltitos.

    Si me esperas cinco minutos y me acompañas hasta el restaurante donde nos hemos encontrado que es donde tengo el coche te daré las llaves de casa y el mando del parquin las plazas son las que hay a los lados del ascensor B. Es en la calle Pacifico 189 ático y estoy segura que te gustará.

    — Pol la acompaño hasta el restaurante y la vio partir en un Mercedes AMG S 65.

    Fue a su apartamento y descansó un rato hasta que se preparó para acudir a la cena con Rafael Gómez aquel cliente “conservador” según le había informado la chica que consiguió la cita y fue el contacto de la otra empresa el que incidió en ese punto.

    Tenía una reserva en un restaurante que cuenta con comedores reservados para este tipo de reuniones y también de otro tipo.

    Pol llego pronto y pidió cava de una bodega que conocía y cuando llego el cliente y se saludaron el tipo le sorprendió.

    He estudiado tu propuesta agilizaremos este asunto y vamos a tutearnos.

    Supongo que vas a comisión y creo que los precios son algo bajos y haremos lo siguiente.

    Se trata de enviar a mi empresa este precontrato aumentando los precios un quince por ciento pero ofreciendo la opción de no pagar el I.V.A. de ese quince por ciento, está todo especificado aquí y lo único que has de hacer es conseguir que firme quien corresponda y de ese modo las facturas que emitiremos serán por el valor nominal de la operación y de ese quince por ciento ingresareis un cinco a una cuenta que abrirás a nombre de quien quieras pero para ti y el otro diez a esta otra que es de un amigo.

    Si te parece bien podemos cenar y después iremos a celebrarlo y si no te cuadra firmaré con los de Burgos que fueron los que me dieron la idea y aunque me hice el ofendido no quemé las naves.

    ¡Acepto!

    — Con esa simple palabra entró en un juego peligroso porque es una estafa pero a groso modo entre la comisión y ese cinco por ciento serían más de tres mil euros al mes extras pero ya vería más adelante y si antes del primer ingreso lo pensaba mejor podía decir que era una confusión.

    Le saco de sus cavilaciones la voz de ese canalla diciendo.

    Vamos a cenar pero algo ligero porque después iremos a un sitio que me han recomendado. Quince años viviendo aquí y cinco golfeando y no lo conocía pero es que al parecer es muy exclusivo y no te apures porque paga mi empresa.

    Deja el coche aquí porque nos llevan y por seguridad en una limusina con cristales tintados.

    — En la puerta estaba la limusina y en algo más de treinta minutos llegamos al sitio en el campo, al salir del vehículo se veía la regia fachada de un edificio y una valla tan alta que no dejaba ver nada del exterior.

    En el interior los recibió una docena de mujeres bellísimas ataviadas al estilo griego con blancas túnicas y uno o ambos pechos descubiertos pero los únicos hombres que vieron eran cinco tipos enormes y vestidos con trajes idénticos a modo de uniforme que eran de seguridad.

    Las chicas los acompañaron seis con cada uno a una sala diferente donde lo acomodaron en un sillón y se fueron acercando de una en una mostrando sus gracias pero no estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad de pasar la noche con Marta y pidió a la que parecía la líder del grupo su voluntad de marchar y le acompaño a la primera sala en la que estuvieron y le preguntaron si era cierto que quería marchar, les aseguro que así era y lo acompañaron a la limusina que le llevo de regreso a la ciudad.

    Eran poco más de la una treinta y llamo a Marta para asegurarse que lo esperaba y su respuesta fue la deseada.

    No corras pero no tardes.

    Llegue a la dirección que me indicó aparqué junto a su Mercedes y al llegar al ático me abrió ataviada con una negligé negra y una copa de cava en cada mano.

    — Después de dos horas de sexo intenso y mientras tomábamos más cava pregunto por la reunión.

    Pues ha sido una cosa muy rara y no sé muy bien cómo terminará este asunto, es la primera vez que veo a ese tipo y me ha involucrado en una estafa, en realidad me la ha propuesto y por mi respuesta se supone que acepté y aunque no lo tengo muy claro en caso de aceptar representarían para mi unos tres mil euros extras al mes pero como te digo lo más fácil es que hable con mis jefes y que otro tome el relevo en las negociaciones con ese tipejo.

    Pero ¿es español? Pensaba que te dedicabas al comercio internacional bueno eso me dijo la persona que me hablo de ti.

    Ya se quien fue esa persona y no hace falta que le digas a Maica que lo he descubierto, resulta que cuando nos veíamos con frecuencia sí me dedicaba a ese campo pero la empresa y el tipo son españoles, él se llama Rafael Gómez y la empresa es Áridos Smith y Gómez con sede en Barcelona.

    — Marta comenzó a reír y no había forma de que aflojara y al fin me tomo ambas manos y me pidió que la ayudara a levantarse se acercó a un mueble y de un cajón sacó algo y nos sentamos en el sofá.

    No te lo había dicho pero mi nombre es Marta Smith y este inútil es mi marido, bueno lo era hasta hace dos minutos. ¿Lo reconoces?

    — Me mostró una fotografía de ambos con las pirámides de fondo y naturalmente él era ese Rafael putero y estafador con el que había estado unas horas antes.

    Me ayudaras a librarme de él necesitaba algo así de gordo para poder echarlo de mi orbita sin soltarle un duro.

    Naturalmente y voy ahora mismo al coche a buscar la documentación que me ha entregado porque me jodería mucho que me robaran el coche precisamente hoy.

    — Me vestí baje al parquin y al volver al ático los guardó en una caja fuerte y al preguntarle si su marido conocía la combinación respondió que no sabía ni de la existencia de esa caja.

    No es preciso que te marches a ningún sitio, es más necesito que te quedes por dos motivos, me gusta cómo me tratas y quiero que mi marido nos pille y cuando lo haga le diremos que eres investigador privado contratado por mí y le hare firmar los papeles del divorcio que voy a pedir a mi abogado que me los prepare ¡ya! Y que me los traiga antes de que termine el domingo.

    A las diez nos levantamos y sobre las doce sonó su teléfono.

    Dime Carlos…

    Si claro ahora te abro.

    Un par de minutos después apareció Carlos, un anciano cargado de energía que me presentó como su abogado.

    Te lo voy a leer aunque en definitiva no se lleva más que lo puesto y me refiero a la ropa de su talla aunque tiene que devolver el Rolex el anillo de diamantes el alfiler de corbata y algunas cosa más que pueden considerarse joyas.

    — A mediodía como estaba previsto apareció Rafael con su falsa sonrisa y cuando avanzo para besar a Marta vio a Carlos a quien conocía bien y no le gustaba porque aconsejaba a Marta y un poco más atrás a Pol y su cara cambio de color.

    ¿Qué significa esto ¡qué haces aquí!?

    Fue Marta la que hablo sin levantar la voz.

    Significa que mi detective privado te ha pillado en un renuncio y si no firmas el divorcio y todo lo demás que te presentara Carlos, iras a la cárcel por muchos años porque no solo será por estafa porque al ser matrimonio esta también el abuso de confianza y si me obligas a hacer una auditoria desde el primer día que te hiciste cargo de la empresa saldrá toda la mierda que guardas por los rincones y me dolerá, pero más me duele que seas un putero con mi dinero y que a mi apenas me mires.

    Dicho eso le hizo una seña a Carlos que literalmente empujo a Rafael hacia el despacho que hay en el pasillo, cerramos la puerta del salón sirvió cava y levantó su copa.

    Por la libertad.

    Después de ese día fueron muchos los que pasamos juntos y al cabo del mes me ofreció la plaza que dejo libre Rafael como gerente de su empresa y me lo estoy pensando.

    ©PobreCain

  • Al final me descubrieron, empiezo a liberarme (Parte II)

    Al final me descubrieron, empiezo a liberarme (Parte II)

    Las relaciones con Laura, mi esposa, mejoraron notablemente después de ser descubierto con Pedro el masajista, probablemente el pensamiento de que puedo tener relaciones con otra persona le hizo cambiar de actitud, ahora se muestra más complaciente, su erotismo ha pasado de negativo a positivo.

    Laura es una mujer de 1,62 metros, su peso debe ser muy cercano a los 68 Kilos; peso y estatura que le convierten en una rica flaca, su pronunciado pompis es la envidia de cualquier mujer y provocan lujuria en cualquier macho que le gusten las mujeres delgadas, su busto es agradable ni mucho ni poco, aún mantiene sus pechos levantados desafiando a la gravedad.

    Después de muchos años de casados empezamos a disfrutar del sexo anal, ha sido un bálsamo para salvar nuestro matrimonio, ahora nuestra relaciones sexuales son más intensas y con mayor frecuencia. Recuerdo que el calendario señalaba viernes, esa noche salimos a cenar en un restaurante muy elegante de la ciudad, para que señalar el menú, tan solo disfrutamos la velada, una o dos copas de vino tinto Merlot actuaron sobre Laura, la noto más libre, más excitante, al regresar a casa me pide que por favor la lleve a la próxima farmacia.

    Nos podemos cómodos para ir a la cama, miro de reojo la mesita de noche que utiliza mi pareja, guantes de látex, un tubo de lubricante. No lo puedo creer pero estoy seguro que me pedirá cambio de roles mientras hacemos el amor.

    Las caricias preliminares ponen los pezones de Laura apuntando al cielo, su cuerpo se estremece, me dice papito ahora te voy a penetrar bien rico, y tan solo te pido que pienses que estas con un hombre, se calza los guantes, me unta lubricante en la entrada anal, hace lo propio con sus dedos, me pide que me ponga me acueste boca arriba y que levante mis piernas para dejarle el mil arrugas a su disposición, primero un dedo, supongo que el índice lo introduce lentamente, siento llegar al cielo sin haber comprado boleto de avión, me besa intensamente, al oído me susurra, te gusta ser maricón verdad?

    La calentura no me permite contestar nada a Laura, tan solo siento que saca su dedo de mi apretado culito para juntarlo a otro dedo, de seguro el dedo medio y sin tener ninguna compasión me introduce los dos, no en forma violenta, pero tampoco lenta, empieza a moverlos en círculos pequeños, mi excitación no aguanta más, ahora mismo los mueve en vaivén los mete y los saca, tan solo puedo abrazar a Laura y disfrutar de este momento, justo en el clímax de la excitación saca los dedos de mi palpitante culito y ahora ya no es uno, no son dos, son tres dedos los que me introduce Laura, me caben perfectamente, el vaivén es interminable con cada entrada y salida siento que estoy próximo a terminar.

    Laura saca intempestivamente sus dedos de mi dilatado culito, y me dice estoy lista para que me penetres papi rico, se ubica en el filo de la cama, levanto sus piernas y de una sola todo mi pene es succionado por la húmeda vagina de mi esposa, es ella quien se mueve rítmicamente, sus movimientos se vuelven frenéticos, llegando al clímax luego de permanecer en este movimiento frenético, quien sabe por cuánto tiempo, amor me vengo es lo único que alcanzo a decir, espera un segundo que yo también termino para hacerlo iguales, fue fantástico acabar al unísono, los besos en su húmeda boca son el epilogo de esta culiada de maravilla. Laura pregunta, Qué me pusiste en el vino?

    Este cambio de actitud me motiva a invitarle a tomar unas deliciosas y merecidas vacaciones, escogemos el parque nacional Cotopaxi en la República del Ecuador, ubicado a unos 70 Km al norte de nuestra ciudad de residencia,

    La cabaña asignada para nuestro descanso está construida totalmente de manera, posee una chimenea para calentar el ambiente durante la noche o quizás en los días fríos, en el parque nacional nos quedaremos tres días y 2 noches, luego de acomodar las pertenencias en la cabaña asignada, observo que las cabañas son construidas con madera de pino, cada tabla es una obra de arte, el veteado de la madera es hermoso, además el olor típico del pino inunda toda la cabaña.

    Nuestra primera actividad al aire libre es caminar por los senderos muy bien señalados, los letreros son los adecuados, la información proporcionada por los mismos brinda seguridad para internarse por los variados caminos, al paso observas varias especies faunísticas, conejos salvajes, llamas, alpacas y uno que otro venado. Respirar aire puro es muy estimulante, en algunos lugares el olor a eucalipto en otros el pino es el reinante.

    La noche transcurre tranquila, la caminata matutina y vespertina nos obliga a tomar un pronto y merecido descanso, tan solo me queda energía para encender los leños y tratar de calentar el ambiente. Temprano en la mañana preparo el desayuno para Laura y mi persona, huevos fritos con tocino, jugo de naranja muy fresca, pan integral, mermelada de mora, café con leche constituyen la principal comida del día.

    Varios amigos nos han recomendado las caminatas fuera de los senderos señalizados, a escasos 2.5 Km, ya te encuentras con caminos muy empinados, el piso está compuesto de piedra suelta proveniente de las diversas erupciones del volcán activo más alto del mundo, al medio día nos espera un asado, carne muy delicada, salchichas de extraordinaria calidad así como los demás ingredientes de nuestro suculento almuerzo.

    En la tarde participamos en varias actividades lúdicas, en compañía de otros visitantes al sitio turístico, pronto obscurece y la noche se presenta fresca, una temperatura agradable sin mucho frío. Laura decide toma una ducha en agua fresca y caliente, hago lo propio con mi cuerpo, me siento renovado totalmente, lo que paso esa noche con Laura será motivo de otro relato.

    A la mañana siguiente Laura no me deja preparar el desayuno como agradecimiento a la noche de pasión y lujuria desbordante; lo va a preparar ella, el alimento es algo muy sencillo pero muy delicioso, sobre todo sabiendo que fue preparado con amor por las manos de mi adorable esposa.

    La mañana se presenta muy soleada, pronto nos recoge el vehículo 4 x 4 que nos llevara a las faldas de la fabulosa montaña, la idea es recorrer unos 10 Km, en sentido horario para tratar de recorrer todo el contorno inferior del Cotopaxi, el camino está plagado de piedras, arbustos pequeños que dificultan el transitar, en fin a eso venimos. Laura al final del día esta extenuada, adolorida, no puede más, decide recostarse y descansar.

    Al día siguiente aparecen los dolores en mis piernas, en mis nalgas gracias a uno o dos caídas sufridas en el trayecto, trato de aliviarme con remedios caseros pero pienso que lo mejor es recibir un buen masaje.

    Decido acudir a Pedro, ya conozco la clase de masajes que me puede brindar, me da cita para dos horas después de la llamada, justo a las 16 h de un lunes cualquiera, el G.P.S. hace su trabajo y en menos de 13 minutos estoy a las puertas de la sala de masajes, mi ingreso es autorizado por la ayudante de Pedro, una hermosa morena de ojos vivarachos, tan pronto estoy en la sala de espera puedo observar un cuadro dibujado en carboncillo, son dos hombres el uno es Pedro y el otro es una incógnita a resolver.

    Me llama la atención la elegancia, la amplitud de las instalaciones, el aseo de toda el área, todo bien ordenadito, cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa, en la pared lateral puedo ver esculpido en alto relieve el logotipo que Pedro lo tiene en su mandil y en la sabana que uso para proteger la camilla.

    Pedro no es atractivo físicamente, pero es un maestro con sus manos, el masaje anterior cumplió con su objetivo, mis piernas quedaron libres de dolor, sexualmente me llevo a las nubes y más allá, un metro con setenta centímetros, un tanto gordito, olor agradable, barba recortada bien mantenida describen adecuadamente al único masajista que conozco, pene normal que funciona adecuadamente es la mejor descripción que puedo hacer de Pedro.

    La cama para masajes está ubicada en un área reservada de su consultorio, es una camilla moderna, con tan solo aplastar el botón adecuado se eleva, dividida en tres partes totalmente independientes se mueven a voluntad del operador facilitando el trabajo de la persona que brinda los masajes. Su color es verde turquesa, tiene una gradilla para facilitar el acceso de personas pequeñas a la misma, el olor proviene de un humidificador estratégicamente ubicado, puedo distinguir un aroma a canela con sándalo sin lugar a equivocarme. Una banca amplia para facilitar desvestirse, roperos verticales a diferentes alturas dependiendo de la talla del cliente, todo bien pensado y ejecutado con un fino gusto.

    Procedo a desvestirme, cuando escucho una voz que me dice totalmente desnudo por favor, esa orden hace que mi mente recuerde todos y cada uno de los detalles del masaje anterior, al acostarme boca abajo sobre la camilla me coloca varias compresas calientes que de seguro facilitan el trabajo sobre los músculos, calculo unos cuatro minutos y medio, retira las compresas y con ese solo hecho me siento aliviado.

    El masaje es muy similar al anterior, parte superior de la espalda, brazos, piernas, glúteos, partes íntimas, salvo que esta vez una pequeña esfera vibradora empieza a recorrer mis adoloridas piernas, primero la izquierda luego la derecha, en esta posición mis nalgas quedan a disposición de él, esa bola vibradora se acerca peligrosamente a mi culito, empiezo a sentir placer y ganas de ser penetrado por ese instrumento vibrador, pero Pedro es un maestro sabe cómo calentarme de verdad.

    Por favor acuéstate boca arriba es el pedido, al hacerlo no puedo ocultar mi erección, Pedro no se admira pues eso es lo que estaba provocando al pasar la maquinita por mis nalgas y ojo del culo, no dice nada pero de reojo puedo observar la tremenda erección del pene de mi masajista, continua con su máquina vibradora por la planta de los pies, luego la pantorrilla, el muslo superior, la ingle y por supuesto la excitación aumenta al pasar por esa área de mi cuerpo, hace lo propio con la otra pierna, no recuerdo si era la derecha o la izquierda, en fin la excitación es extrema, Pedro lo sabe y sin pedirlo me roba un beso húmedo, prolongado, excitante, apasionado, me dice ya no aguanto más, quiero mamarte ese precioso pene que lo tienes Carlitos, tan solo avanzo a decir adelante maestro, para que describir como lo hace, sencillamente es fantástico, mi mano busca afanosamente el erecto mástil de Pedro, masajeo en diversas direcciones y lo siento cada vez más tieso, cada vez más provocativo, no aguanto más y con una señal le pido hacer un rico y fabuloso 69.

    Me subo sobre Pedro, me incomoda su gordura, me introduzco el glande en mi húmeda boca, me siento en el cielo, él hace lo mismo con mi aparato reproductor, poco a poco voy introduciéndome tan bello mástil en mi boca, hasta que logro hacerle una garganta profunda, no avanzo a explicarme como es que puede caberme tanta carne en mi boca, esto provoca reacciones en el cuerpo de Pedro, siento que su mamada es más intensa, casi estoy a punto de eyacular, le digo paremos un momento, se niega, entonces continuo con mi labor de succión, de arriba abajo, por los lados, todo adentro, puedo sentir que se pone más tieso, más duro, supongo lo que viene después pero no hago caso, cuando siento dos, tres, cuatro, quien sabe cuántos chorros de leche caliente invaden mi boca, no puedo describir el sabor, tan solo siento el placer de mi compañero, su pene se ha vuelto sensible, demasiado sensible, mejor no lo toco, no sé qué hacer con los mecos que tengo en mi boca, si tragarlos, escupirlos, o pasarlos a la boca de Pedro, decido escupirlos sobre un pañuelo desechable que amablemente me ofrece mi amante de turno.

    Me paro Pedro se pone enfrente mío, se arrodilla y procede a completar la mejor mamada que he recibido en los días de mi risueña existencia, un mete y saca fabuloso, todo mi pene en el interior de la caliente y húmeda boca de Pedro, cambios de ritmos, cambios de presión en la mamada me conducen a la eyaculación, lo hago sobre las manos de Pedro, aplasta mi pene para exprimir hasta la última gota de semen, al oído me pregunta, te alivio el dolor del cuerpo?

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