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  • Mi prima resuelve mi complejo

    Mi prima resuelve mi complejo

    Cuán dañino ha sido el porno a mi actividad sexual.

    Haciéndome cargo de mi estupidez, he visto como de a poco mi autoestima cayó por el suelo, mi actividad sexual menguo, por querer imitar a ese que salía en las películas xxx.

    Desarrolle mi complejo, debido a una autoimpuesta presión en mi psiquis, asumiendo una exigencia de rendimiento en la cama, ergo, sexual.

    ¿Mis grandes miedos?, que mi miembro no alcance una erección, su tamaño, si en la cama soy un buen amante y sobre todo algo que comenzó desde la escuela, ya adolescente, ni modo que me gustó ser el feo, quien la tenia del menor tamaño o el más gordito, mi autoestima fue cayendo a niveles abismales, me había olvidado verme desde otro punto, observarme obsesivamente, no había enfocado mis objetivos en recuperar el daño hecho a mi manera de relacionarme con el sexo femenino.

    Hasta que llego a mi vida esa persona especial.

    Con mis veintisiete años recién cumplidos, me encontraba en el departamento disfrutando un rico mate con unas tostadas mañaneras, acompañado de la paz que me daba haber terminado de pagar el préstamo que me otorgaron para saldar el valor de mi sueño, la casa propia, cuando escucho mi móvil avisando una llamada entrante.

    – Hola tío como andas tanto tiempo.

    – Que haces Robertito como va esa nueva vida de solitario.

    – Todo bien, extrañando el barullo de casa, ¿te puedo ayudar en algo?

    – Si, la verdad que mucho, hable con tus padres y me dijeron que directamente hablara con vos.

    – ¿Tan grave es? (dije riendo)

    – No, el tema es el siguiente, tu prima, Luna, quiere ir a estudiar a la capital, sabes bien que aquí no tiene oportunidades y me pidió si podía hablar con tus padres para que le dieran una mano con su residencia y ellos me dieron la idea de preguntarte a vos, así no estás tan solo.

    – Pero como no tío, ¿acaso no somos familia? Tengo inclusive dos habitaciones, ella tendría su espacio para no ser molestada.

    – Gracias Robertito, siempre tuviste un gran corazón.

    – No hay por qué darlas, solo avísame cuando llega para tener todo acondicionado.

    – Si todo va bien en aproximadamente una semana estaría por allí.

    – Listo tío, la espero, abrazos para todos y sabes que los quiero mucho.

    – Gracias sobrino, nosotros también te queremos.

    Grata sorpresa, venia mi prima a quedarse un tiempo conmigo, me dedique a hacer el aseo y acomodar la pieza vacía para que estuviera cómoda.

    En exactamente siete días recibo el mensaje a las seis treinta de la mañana, estaba en la terminal de ómnibus, a escasos cinco minutos de casa. No había pasado ese tiempo aun, cuando suena el timbre.

    Al abrir la puerta me encuentro con una Luna irreconocible, (no la recordaba así) alta, aproximadamente un metro sesenta y pico, casi setenta, piel aceituna, ojos verdes, cabello a los hombros moreno, cuerpo privilegiado, senos medianos (se apreciaban firmes) y un culito redondo, parado, llevaba unas calzas color negro que le marcaban todo, cuando digo todo, es todo, quede helado. Tengo que hacer un paréntesis observando una expresión, hay tres cosas que no mienten, los locos, los niños y los borrachos, ahora me tomo la licencia de agregar una cuarta, los locos, los niños, los borrachos y “las calzas” no mienten.

    – Primo, (se lanzó a mis brazos) tanto tiempo de no vernos.

    – Hola Luna, si tenés mucha razón, ha pasado mucho tiempo. Pero pasa, no te quedes en la puerta.

    Ingreso al departamento, la ayude con tres de las cuatro valijas con ropa y elementos que traía para afincarse. Mostrándole su cuarto le pedí que se acomode y se sienta como en su casa, mientras preparaba algo para desayunar.

    Ya tenía preparado el mate y unas galletitas cuando apareció en la sala que oficiaba de cocina y comedor. Una remera deportiva, que marcaba más sus pechos, unos pantaloncitos cortos de la misma tela que la calza (dejaban ver lo mismo) y unas pantuflas garra de león, que le quedaban hermosas pero cómicas.

    Pasamos largo tiempo hablando de cosas que pasaron tanto en nuestra niñez como en nuestro paso por la adolescencia, hasta llegar al día de hoy, noviazgos, aciertos, fracasos, deslices, familia amigos, todo lo que se cuenta la gente después de largo tiempo de no verse.

    Me conto que venía a continuar la carrera de psicología que había comenzado en forma virtual en pandemia y si era posible dada la situación, conseguir algún trabajo.

    Mi trabajo a veces es muy absorbente, y esta semana sí que lo fue, no permitiéndome interactuar con Luna demasiado.

    Llegado el viernes solo tuve que ir a recorrer un par de obras (soy arquitecto) cosa que hice por la mañana para liberar la tarde y pasar tiempo con Luna.

    – Hola Roberto, llegaste temprano hoy, pero tranqui, ya hice las compras para almuerzo y cena, prepare tarta de jamón y queso para ahora y asado para que hagas a la noche.

    – Que genio, fantástico sos un amor.

    – Te lo mereces sos mi salvador y mi héroe.

    – No es para tanto.

    Pasamos la tarde hablando de su semana, que consiguió ingresar a la facultad y anduvo conociendo el barrio, plazas cercanas, de lo atrevida que está la juventud, que le dijeron varias barbaridades etc.

    Llegada la tarde, fuimos al patio (pequeño pero patio al fin) acondicionamos todo para cenar afuera, (la noche estaba linda).

    Cuando el carbón ya estaba de un color rojo intenso lo esparcí debajo de la parrilla, me cerciore que la temperatura estuviera acorde para poner el asado sobre ella y así lo hice.

    Luna llego con dos copas que las había llenado con vino tinto y nos sentamos a beber, esperar por la carne y dialogar.

    Al no estar acostumbrado a beber habitualmente, los efluvios etílicos comenzaron con su efecto de… “habla, que lo haces muy bien”.

    Le comente mi teoría del efecto nocivo del porno, como se generaron mis complejos y demás.

    – Tranquilo primo, la persona más fea del mundo puede tener la mejor calidad sexual que exista, pero, siempre hay un pero, solo lo puede tener si ella misma se ve atractiva y su autoestima no este batallada.

    – Existen en la vida, como me ocurrió, esos momentos altamente traumáticos, toxicidad en las relaciones, que hicieron mierda mi seguridad, contaminando mi autoestima, cuando me hacían notar mis defectos físicos, gordura, fealdad y sobre todo el tamaño de mis partes.

    – La gran mayoría de las mujeres preferimos un pene con, aproximadamente, 16 centímetros de longitud, la vagina no tiene sensibilidad a lo largo de toda su profundidad. Solamente es sensible, en la primera zona cercana al orificio que comunica con el exterior.

    Nos miramos y echamos a reír, no podía creer estar hablando de eso con mi prima.

    Luego de una opípara cena, bien regada con vino tinto, (demasiado para ambos) llevamos la vajilla al lavabo, abriendo otra botella, e hicimos sobremesa, literalmente.

    Luna, acerco su silla, tomo mis manos mirando fijamente a mis ojos, muy despacio y suavemente fue acortando la distancia que separaba los rostros, hasta que nuestros labios hicieron contacto, se abrieron ligeramente para dar paso a nuestras ansiosas lenguas, que en su ritual, bailaban dentro de nuestras bocas demostrando nuestro deseo de entregarnos el uno al otro. Sin pronunciar palabra, en ese beso nos dijimos todo, siendo una catapulta para arribar al placer absoluto. Ese beso fue dado con nuestras almas, no con los tibios y húmedos labios.

    Le permitimos a nuestra ropa caer poco a poco al suelo, dejando nuestros cuerpos librados a la lujuria del momento con la impunidad que nos dio el alcohol.

    Tomándola de su cintura, la alce, ella cruzo sus piernas en mi espalda trabando sus pies, la deposite en la mesa de madera sentándola sobre su tibia superficie, bese todo su torso, sus pezones aprisionados en mis labios se erguían más y más duros a medida que los hacia danzar con la lengua, sus gemidos escapaban de la boca acompañados de breves suspiros y alguna que otra palabra que no logre entender.

    La piel de su abdomen fue rozada por mi lengua en su derrotero hacia la presea del placer. Separando sus delicadas piernas, hice contacto con sus labios mayores, la humedad me hizo saber que estaba por el buen camino, el sabor agridulce hizo explosión en mi boca acrecentando mi excitación. Curiosa e inquieta como badajo de campana, mi lengua exploro hasta el rincón más recóndito de su vagina ardiente, su clítoris endurecido fue la mejor invitación al placer que he tenido hasta ahora, No pudiendo contener mucho tiempo más el clímax, hasta estallar en un gran susurro que se convertía de a poco en gemidos, empujando con su pelvis mi rostro embebido de ese orgasmo interminable.

    Ya repuesta, se recostó sobre la misma mesa, que conservaría nuestro secreto. Su cabeza quedo colgando sobre uno de los lados, tomando mi mano me llevo hacia ella, con las suyas se aferró a mis caderas llamando a mi sexo para que ingrese a su cavidad bucal. La posición le permitía tenerla pronta para, lo que se avecinaba, una “garganta profunda”. Comenzó respirando fuerte por la nariz, para mantener luego un ritmo más lento pero parejo, alineo su boca a mi pene, jugando con él, lo lamio, chupo y mamo, a medida que lo fue introduciendo para jugar con la lengua y sus labios, cosa que me enloqueció, tiene una técnica asombrosa, como luego le dije, una “artista bucal”. Introducía el miembro a la medida justa, (por la experiencia solo de haberlo leído), sabía que daba arcadas, a ella no le dio en ningún momento, cuando por momentos me descontrolaba ella dominaba la situación con sus manos en mi cadera y sabia como hacerlo.

    Cuando estaba ya por derramar mi líquido seminal, ella detuvo la acción, bajó de la mesa, puso sus dos pies en el piso, abrió sus piernas recostándose con su abdomen, sobre esa mesa, cómplice de esta agitada noche.

    Su hermoso culo en pompa, dejaba expuesto su sexo dispuesto a ser explorado, me acerque con la sola carta de invitación que era mi sexo erecto deseoso de entrar a la fiesta que me proponía el de ella.

    Con el miembro viril elevado a su máximo exponente, me dispongo a vulnerar su rosada vulva, mi pene se fue abriendo paso entre sus labios, suave y lentamente, con la licencia que me dio la lubricación de su cálida y esponjosa “cueva del placer” que rebosaba de fluidos, propiciados por su eyaculación anterior.

    El vaivén de mi sexo contra el suyo era, podría decir, rítmico.

    Veo que con ambas manos se toma fuerte de los laterales de la mesa, tensa su cuerpo y sus nalgas se endurecen aún más, su cabeza se inclina hacia arriba, sus labios se separan y deja escapar una serie de gemidos mezclado con gritos de placer.

    – Que hermoso primo, me voy, acabooo. (la o, se estiró por unos segundos)

    Mis movimientos se incrementaron en rapidez, que, nuevamente le producen otro orgasmo, haciendo que yo obnubile mis sentidos, esa rapidez de movimientos se complementaron con golpes casi frenéticos de cadera, mis testículos, a punto de permitir al esperma salir de su encierro, golpeaban contra la zona del clítoris ahora con un ritmo vehemente.

    Explotamos ambos en un orgasmo espectacular, mi semen chocaba contra el cuello del útero, palpitante, mientras que su vagina apretaba y soltaba entre contracciones rítmicas mi pene.

    Saque mi falo de su hermoso encierro mientras veía el líquido espeso, blanco y en cantidad, salir de esa vagina de labios pequeños, chorreando las piernas de Luna.

    Sin decir una sola palabra y con cara de lujuria fuimos a higienizarnos.

    Al regresar nos sentamos desnudos en el futon tomados de la mano.

    – Querido primo, El sexo no es competencia, no importa saber quién es mejor en la cama, es un juego en el que debe haber calidad, no cantidad, si se unen ambas, mucho mejor, yo prefiero calidad.

    – Es que soy inseguro, mi autoestima esta anulada por años de ser pisoteada.

    – La autoestima y la seguridad, se dedican a echar por tierra los complejos y mejoran nuestras relaciones sexuales. Hace minutos atrás, me demostraste tu seguridad al momento del sexo y tu autoestima no está para nada baja, si no el hecho de desnudarte delante de mí hubiera sido imposible.

    Sabes una cosa, acabas de aplicar una regla implícita.

    – ¿Cuál Luna?

    – Que el órgano sexual más importante es el cerebro. Rompiste esa barrera que interfería y, desde ya te digo, sos muy buen amante.

    – Gracias primita, todo gracias a vos que te animaste, a mí no se me hubiera cruzado por la cabeza ni en sueños lo que hicimos.

    Nos fundimos en besos hermosos, llenos de romanticismo y ternura, lentamente, Luna, fue escalando mi cuerpo hasta situarse sobre mí, tomando el control de la situación, con su tierna mano ubico el miembro entre sus piernas, el que se perdió suavemente dentro del introito vaginal, el ritmo suave del movimiento peneano dentro de su vulva alcanzo para que su boca deje salir los gemidos más hermosos que alguna vez pueda haber escuchado.

    Estaba en pleno éxtasis cuando vi la invitación de sus senos para que los acaricie con mis labios, encerrándolos con suavidad, los bese con pasión y dulzura, sus gemidos se incrementaron, haciendo que mi urgente orgasmo se adelantara, mi semen presuroso y caliente se cobijó dentro de Luna, quien al sentir la tibieza del mismo en sus entrañas la hizo llegar también al clímax.

    Entre jadeos y transpiración, agitación y corazones agolpados nos tendimos en el sillón.

    – Primo, debo hacerte una confesión, es la primera vez en mi vida que alguien me hace el amor con tanta dulzura.

    – Gracias Lunita, para mi esta experiencia también fue sublime, muchas veces en mi fantasía soñé con esta situación.

    – ¿La verdad? A mí me paso lo mismo, infinidad de veces quise hacerte el amor, al ser demasiados pequeños no me animaba ni siquiera a insinuarme.

    – Bueno, al fin y al cabo a partir de hoy nos tenemos mutuamente.

    – Lo bueno es que pudimos romper con los tabúes abriéndonos a un sexo que no le vamos a poner límites.

    – Siempre, mi fantasma, fue el poder estar a la altura de una mujer sin que sea traumático.

    – Somos lo que exteriorizamos, tenés que quererte a vos mismo para poder querer a los demás. El narcisismo no es malo, con límites.

    – En ocasiones, mis parejas destruyeron mi autoestima, relaciones tóxicas le dicen, parejas inestables, creando un entorno de esa destrucción, que se tradujo a mis relaciones por venir.

    – El quererse es imprescindible, crear objetivos para mejorar valores y compartirlos en pareja. Aplica a ambos sexos.

    Han pasado varios años que estamos compartiendo vida de pareja, pero creo, estamos en un punto donde queremos formalizar algo más serio entre nosotros, blanquear la relación. Es algo complicado, no imposible, Podríamos hablar de aquellos que se estancaron en el pasado, conservadores, pero también de la sociedad actual, más liberal y “aggiornada”.

    Esperemos estén receptivos y actualizados cuando expongamos nuestro amor.

  • Siempre quise ser una chica mala

    Siempre quise ser una chica mala

    No me extrañó para nada cuando Lourdes me dijo que le gustaba ese chico. Era el más lindo de la clase; él era simpático, amable, muy comprador con su actitud y tenía unos ojos que desnudaban el alma con solo una mirada. Si fuese supersticiosa, creería si me hubieran dicho que era un brujo, porque la magia de sus ojos verdes cautivaba en solo un momento. Por otro lado me daba curiosidad saber por qué ella estaba interesada en él, si sentía la misma magia, o era otra cosa la que le generaba esa atracción.

    — No te ilusiones, está en otra liga — le dije, intentando hundir un poco sus expectativas —. además, se dicen muchas cosas de él ¿Por qué querrías estar con alguien así?

    Y era cierto. En la universidad los rumores corrían a cada rato, y él no se escapaba. El más fuerte de ellos es que era un mujeriego, que siempre estaba con alguna chica distinta y que era una persona extremadamente superficial. No me extrañaba para nada, seguramente tendría facilidad con las personas; carisma no le faltaba.

    Había, por otro lado, quienes comentaban que Diego no se sentía atraído por las mujeres, después de todo, nunca lo habíamos visto con novia y nunca supimos de alguna de las chicas que hubiese estado con él. Fuese cierto o no, me gustaba que sabía mantener su vida privada como tal.

    Había sido una clase aburrida, la profesora habló por horas sobre un tema irrelevante y que ya muchos conocían. Casi me había quedado dormida, pero me despertó el bullicio del salón vaciándose. Lou y yo caminamos juntas, aunque ella parecía decidida. Se separó de mí con una sonrisa y fue directo a encarar a Diego. La miré desde mi posición, todavía intentando despertarme, un poco incrédula de la confianza que había tomado en ese momento y celosa de que hubiera dado el primer paso.

    Para mi sorpresa, él le respondió con una sonrisa. No podía escuchar lo que decían, pero parecía muy alegre. Ella se dio vuelta y levantó la mano para saludarme, claramente se iba con él.

    _____________

    No sé lo que pasó entre ellos ese día, pero fue casi una semana después cuando me enteré que habían empezado a salir. Ella me lo contó con una sonrisa, muy alegre e ilusionada. Por mi parte pasé por una sensación muy agridulce, aunque no me podía sentir traicionada porque nunca le confesé a ella mi atracción por Diego.

    La clase pasó sin penas ni glorias. No hubo mucha comunicación entre nosotras ese día y no volvimos a hablar hasta el sábado, cuando hice una videollamada a Lou.

    — Shhh no digas nada — le dije y enfaticé con un dedo sobre mis labios —, quedate callada

    Silencié la videollamada y puse el celular en la mesita de luz, apuntando la cámara hacia mi cama. Me senté en la cama, le guiñé un ojo y dejé de prestarle atención al celular por un rato.

    Diego abrió la puerta de mi habitación y entró con dos vasos. Estaba hermoso, como siempre, sus ojos verdes parecían faroles que resplandecían ante la tenue luz del velador de mi mesita de luz. Me paré y caminé hacia él, no sin antes voltear a ver el celular con una sonrisa bastante atrevida. Me mordí el labio y lo miré directamente a él.

    — Estás muy lindo hoy — piropeé sin temor alguno —, siempre estás lindo, pero no sé, hoy estás más lindo

    Se río ante lo dicho. Seguramente recibía piropos bastante seguido, y lo que le había dicho no era la gran cosa. Aun así, lo correspondió con una sonrisa. Dejó los vasos sobre la cómoda y sin darle tiempo a nada más, puse mis manos en su pecho y avancé hacia él para darle un beso en los labios.

    Sentí como sus brazos me rodeaban y recorrían mi espalda. Me acerqué un paso más a él e hice presión en su cuerpo. Estaba tan caliente y se sentía tan bien en mí que no pude evitar apurar un poco las cosas. Profundicé el beso metiendo mi lengua en su boca, él lo aceptó y me siguió, sus manos recorrieron mi espalda Y se aventuraron a posarse en mis nalgas. Empecé a desabotonar su camisa, dejando ver unos pectorales muy definidos que se asomaban por cada botón que decidía sacar.

    — Ay boludo no sé qué me pasa, nunca me había pasado algo así — mentí — es que vos me podés.

    Me separé de él y levanté mi remera para mostrarle mis pezones duros y la piel erizada alrededor de estos. Completamente excitada. Él se sonrió, pero sus manos traviesas traicionaron el comportamiento tan estoico que había tenido hasta el momento, y se abalanzaron hacia mis tetas, empezando a masajear mientras sus índices jugaban con mis pezones.

    Mis manos bajaron mientras él se entretenía. Tenía experiencia en desabrochar cinturones, y lo hice sin mirar, sin sacar la vista de sus ojos mientras lo veía perderse en mis formas. Su pantalón cayó y mis manos tocaron una tela muy suave que ocultaba un miembro muy duro que palpitaba pidiendo salir.

    — Me alegra no ser la única que está así

    Esta vez fui yo quien hizo la sonrisa pícara que él ya me había repetido dos veces. Le di un piquito en los labios, muy suave, y me arrodillé frente a él. Lo miré fijamente a los ojos cuando mis dedos agarraron el borde de su bóxer y bajé la mirada para ver como poco a poco salía a medida que se lo iba bajando.

    Frente a mí, saltó como una bestia al acecho y se quedó dura, esperando. No esperé mucho, agarré su pija con mis dos manos y me relamí mientras le di una última mirada a los ojos antes de meterla en mi boca. Él terminó de sacarse la camisa y yo empecé a chuparla, de más lento a más rápido. Me había agarrado con fuerza a sus nalgas para tener estabilidad, él puso una de sus manos en mi nuca y acompañaba mis movimientos, aunque a veces presionaba para que la metiera más adentro en mi boca. Cada vez que la soltaba, podía ver como estaba más y más empapada de mi saliva, y eso parecía excitarlo muchísimo.

    Bajé una de mis manos y la metí por debajo de mi pollera para empezar a masturbarme mientras se la chupaba. Él puso su otra mano en mi nuca y me empezó a coger la boca sin piedad. Me la metía hasta el fondo y la sacaba por escasos momentos para darme un respiro. La tenía dura como una piedra, y sentía más evidente esa dureza cada vez que la sacaba y me pegaba con ella en la cara.

    No aguanté más, me puse de pie y mi remera cayó al piso cuando finalmente me la saqué. Arañé su pecho con mis uñas y me di vuelta para arrodillarme en la cama, quedando de cara al celular, aunque evité mirarlo. La llamada no se había cortado.

    Movía el culo de un lado a otro para tentar a Diego e invitarlo a venir. Él se acercó, me manoseó las nalgas por un momento, pero sus manos me agarraron y me empujaron para darme vuelta. Quedé con la espalda apoyada al colchón, y sus manos empezaron a masturbarme por encima de la tanga. Me miró fijamente, mordí mis labios para demostrarle que me gustaba lo que hacía.

    Mi primer gemido de la noche se escapó cuando sentí el hormigueo de sus dedos acariciarme suavemente. Hizo un comentario sobre lo mojada que estaba, pero tan distraída por el placer, no recuerdo exactamente qué dijo. Me volvió a dar vuelta, otra vez en cuatro. Escondí mi cara entre los brazos y paré el culo, lista para él, que no tardó en bajarme la tanga y empezar a tentarme al apoyar esa pija tan dura sobre mi conchita empapada.

    Un profundo gemido salió acompañando el momento en que me penetró. La sentí recorrerme por completo hasta que su vientre chocó con mis nalgas. Él la tenía tan empapada por mi saliva y yo estaba tan lubricada que entró como un guante. Me empezó a coger de a poquito. Sus ojos estaban perdidos en mis nalgas, y entonces alcé la mirada para ver al celular. Lourdes estaba atónita, pero podía notar que miraba con demasiada atención. No puedo decir que sentía, porque no lo se, pero tampoco me preocupaba mucho en ese momento.

    Diego me había agarrado por la cadera y me había empezado a coger más fuerte. Sentía como nuestros cuerpos aplaudían al chocarse y cada intento mío por respirar, era acompañado por un gemido de placer, y es que´a pesar de no tenerla tan grande, la tenía tan dura que la sentía en cada terminación nerviosa de mi cuerpo.

    Me agarró de los pelos y me levantó hacia él. Mi espalda chocó contra su pecho desnudo mientras él seguía parado al lado de la cama, empujando y sacándola constantemente. Me respiraba en el oído, calentándome todavía más.

    Llevé mis manos hacia las de él y lo hice agarrarme las tetas, me incomodaba como rebotaban con cada una de sus embestidas, y al mismo tiempo sentí el placer de sus dedos cuando inmediatamente pellizcó mis pezones y me mordió la oreja. Levanté mi pollera y empecé a masturbar mi clítoris mientras él seguía cogiéndome sin descanso. Empecé a sentir sus jadeos cada vez más fuertes, producto del cansancio y la excitación que generaba en él.

    Me dio vuelta otra vez, lo miré a la cara y me mordí un dedo mientras lo esperaba, aunque él tuvo la misma intención, porque sacó mi dedo de mi boca y puso el de él, el cual mordí inmediatamente y lo llené de mi saliva.

    Sus manos abrieron mis piernas, mi vagina odiaba la brisa de la ventana en su superficie mojada por cada segundo que él la tenía afuera. Pero su sufrimiento acabó cuando su verga volvió a recorrerla por completo para llenarla. Abrí bien mis piernas y dejé que siguiera cogiéndome como él quisiera. Me estaba haciendo completamente suya en mi cama, y yo no podía disfrutar más la manera en que me cogía.

    — ¿Cómo se siente? ¿Mejor que la de Lourdes? — pregunté provocándolo, y sabiendo que ella me estaba escuchando — ¿Se moja igual que yo?

    Mi sorpresa fue cuando su respuesta fue un «no», pero no por el simple hecho de la palabra, sino por la explicación que la siguió: Él todavía no se la había cogido. Fue un golpe de adrenalina muy duro el que sentí, pero eso me llenó de placer.

    Levanté la mirada para ver el celular y burlarme un poco de ella, aunque la sorpresa volvió cuando vi la imagen en la pantalla. Ella se estaba masturbando, y podía ver su cara de placer, sonrojada y jadeante mientras sus hombros evidenciaban el movimiento de sus manos. Fue una acumulación de sensaciones que finalmente me llevaron al orgasmo. Mi cuerpo tembló, mis piernas aún más, y lo acompañé con un gemido intenso que Diego recompensó con embestidas más rápidas y profundas.

    Se detuvo por un momento, me dio un respiro y un tiempo para recuperarme, pero inmediatamente después me puse de rodillas en el suelo, juntando mis tetas con ambas manos mientras él se masturbaba frente a mí. Hasta que finalmente toda su leche blanca y caliente cayó sobre mi piel.

    Respiré profundo al calmar la calentura, y me senté descansando la espalda contra la cama. Me di vuelta una vez más a mirar el celular, la llamada había terminado. Diego se sentó junto a mí, habló, pero mis oídos no escucharon nada de lo que decía, mi mente tenía muchas cosas que procesar.

    Fue entonces que lo entendí. Lejos de molestarla, me di cuenta de que mi amiga era una cornuda, de esas que se excitan siendo cornudas y viendo a su pareja con otras personas; y yo, era la que se cogía a su novio y satisfacía ese particular morbo. Seguramente sería motivo para una larga charla entre las dos…

  • Trío sexual con pareja de desconocidos en una playa pública

    Trío sexual con pareja de desconocidos en una playa pública

    Adoro ir a la playa. Recostarme sobre la arena y sentir como el sol se me mete en cada rincón de mi cuerpo, es una experiencia que disfruto totalmente. Lo que pasó esa tarde convirtió a esa costumbre de un simple día de playa en algo maravilloso.

    Llegué a la mañana temprano, cuando todavía no había mucha gente. Siempre me gusta caer a esa hora porque todavía puedo elegir el lugar en el que mejor me sienta. Pocos minutos después de instalarme, llegó una pareja que se ubicó a escasos metros míos. Ella, rubia, de muy buen cuerpo y una sonrisa radiante. Él, de cuerpo tonificado, calvo, pero muy poco agraciado de rostro. Hacían una pareja extraña, por lo que me dio curiosidad saber que era lo que los había unido. Los saludé e intercambiamos algunos comentarios sobre el lugar y el clima. Más avanzada la mañana, me invitaron a acercarme a tomar unos mates, lo cual acepté sin problema. Luego de algunos comentarios aislados de ella, la conversación se tornó en cuanto a lo sexual. Casi de la nada, me contaron algunas experiencias alocadas, pero dignas de ser plasmadas en un relato, que quizás escriba alguna vez.

    Rato después, ella me pidió que si podía acompañarla al baño, cosa a la que accedí. En el lugar, sin mediar ninguna palabra, me tomó por el cuello y por la cintura, empujándome contra la pared y me besó. Beso al que respondí con muchas ganas. El roce de nuestras tetas, traje de baño de por medio, era totalmente excitante. La rigidez de sus pezones me hacía muchas cosquillas, por lo que no pude contener la necesidad de chuparlos. Corrí su corpiño y me los comí por un rato largo, mientras ella metía una de sus manos en mi concha y con la otra me apretaba el culo. Estábamos demasiado mojadas. Tan de repente como al inicio, cortó el encuentro en seco, me tomó de la mano y salimos del lugar.

    Llegamos a nuestro sitio en la playa. Noté como su pareja estaba algo oculto por una gran sombrilla y unas tollas. Apenas podía ver sus piernas. “Pasa”, me dijo ella. Al ingresar al improvisado refugio, me lo encontré a él totalmente desnudo, masturbándose con la pija totalmente erecta, sonriéndome. Ella entró detrás de mí y me hizo una seña como diciendo “anda”. La cosa parecía ser sin preámbulos, así que corrí mi tanga y me senté lentamente sobre su pija. Al principio, me hizo doler un poco, pero las caricias de ella en mi espalda me tranquilizaron e hicieron que la cosa fluyera con más naturalidad. Lo cabalgué cada vez con más fuerza, mientras me besaba en los labios y ella me apretaba las tetas, arrodillada detrás mío. Sentí como su pija estallaba adentro mío, llenándome de abundante leche caliente.

    Sin dejar pasar un solo instante, ella me ayudó a ponerme de pie y se sentó sobre la pija de su novio, de espaldas a él. Yo me arrodillé frente a ella y le chupé las tetas durante un largo rato, mientras me tocaba la concha con fuerza. Luego de unos minutos, ella sacó la pija de su concha y me hizo que se la chupe. La mezcla de sabores me fascinó. Me indicó me sentara frente a ella y me metiera la pija en la concha. Así lo hice. Volví a cabalgar, con ella de frente a mí que no dejaba de besarme y de chuparme la cara.

    Esta vez fui yo la acabé en un estallido que casi me hace soltar un grito, pero que fue interceptado por la boca de ella a través de un beso dulce y apasionado. Luego de mi orgasmo, se vino el segundo de él. Cayó recostado, con ella en medio y yo arriba. Nos quedamos largo rato así, sintiendo como mis jugos y los de él descendían lentamente desde mi conchita hasta mis piernas. Luego, nos vestimos lo mejor que pudimos y decidimos ir al mar a lavarnos un poco. Ahí, nos besamos, nos tocamos un rato y jugamos con al agua. Al caer el sol, nos despedimos como grandes amigos, con la esperanza de volver a coincidir alguna otra vez.

  • Hijo le hace una visita conyugal a su madre

    Hijo le hace una visita conyugal a su madre

    En una cárcel femenina de máxima seguridad, un joven de peli marrón 18 años delgado y que medía 160 centímetros llamado Robín, fue a visitar a Nancy, su madre, la cual era una de las tantas prisioneras que habitaban en esa institución penitenciaria.

    Luego de haber hecho los controles de rutina para asegurarse de que Robín no llevara ningún objeto de contrabando, los guardias lo escoltan al área de visitas, en donde lo estaba esperando su madre. Nancy, la madre de Robín, era morocha de 42 años de edad, poseedora de unos pechos enormes gigantes, unos muslos gruesos, músculos perfectamente marcados los cuales no les quitaban su silueta femenina, una estatura de 223 cm de alto, y un par de nalgas enormes, las cuales siempre llamaban la atención de todos. En cuanto madre e hijo se encontraron, ambos se dieron un gran abrazo, pues no se habían visto en muchísimo tiempo.

    “¡madre, te extrañe mucho!” exclamo Robín, quien estaba muy contento

    “¡yo también te extrañe, mi hermoso hijo!” exclamo Nancy, muy emocionada “¡pero cuanto has cambiado! Te has vuelto un hombre muy lindo”

    “gracias, tu también has cambiado mucho” dijo el joven, sorprendido “¡tus músculos son impresionantes!”

    “si, es que he hecho mucho ejercicio, porque es la única actividad que podemos hacer aquí para no volvernos locas de aburrimiento” dijo Nancy “por cierto ¿Cómo está tu abuela? Mi abogado dijo que ella se convirtió en tu tutora legal después de que me encerraron aquí hace dos años”

    “si, ella está bien, aunque tuvimos muchas peleas” dijo Robín “veras: la razón por la cual recién ahora te he podido venir a ver es debido a que ella no me daba permiso para visitarte pero, ahora que soy mayor de edad, no necesito su autorización para venir a verte”

    “¡qué bueno que así sea! No sabes las ganas que tenia de verte” dice la milf, contenta “por cierto ¿tu abuela nunca te dijo del porque me encerraron?”

    “no, ni ella nunca me quiso contar, solo me dijo que debía mantenerme alejado de ti porque eras un peligro” dijo el joven “por cierto ¿Por qué te arrestaron, mama? Esa es una de las grandes dudas que siempre he tenido”

    “preferiría no hablar de eso ahora, es agua pasada” dijo ella, contenta “mejor pongámonos al día entre nosotros ¡Me imagino que tienes mucho que contarme de estos dos años que hemos estado separados!”

    Durante el resto de la tarde, Nancy y su hijo estuvieron hablando de todo lo que estuvieron haciendo durante el periodo en el que estuvieron separados, y ella le conto a Robín acerca de lo dura que era la vida en prisión.

    “¡realmente lamento que estés pasando por todo esto!” exclamo con lastima Robín “desearía poder ayudarte, pero no sé cómo”

    “En realidad, si hay algo que puedes hacer por mi” dice Nancy “veras, una de las cosas que más he extrañado durante el tiempo que he estado aquí es nuestra noche de juegos de mesas ¿lo recuerdas?”

    “¡si, me acuerdo! Todos los martes a la noche jugábamos un juego de mesa distinto”

    “bueno, me gustaría que me vinieras a visitar un martes a la noche para que juguemos a algo, como en los viejos tiempos”

    “a mí también me encantaría, pero no creo que se pueda, porque ese día y esa hora están fuera del horario de visitas de la prisión”

    “no te preocupes por eso. Logre hacerme amiga del Alcaide y, si le pido que te dejen ingresar en ese horario, él me dará el permiso”

    “¿de verdad? ¡Qué bien!” exclamo contento Robín, y abrazo a su madre “¡finalmente, podremos volver a tener una relación tan buena como la que habíamos tenido en el pasado!”

    “¡exactamente, hijo!” exclamo Nancy, mientras se mordía el labio inferior

    A la semana siguiente, exactamente el martes por la noche, Robín se dirigió a la entrada de la prisión con un tablero de juegos debajo del brazo.

    “¡buenas noches!” exclamo el joven “soy Robín, el hijo de Nancy, y vengo a visitar a mi mama”

    “lo lamento, chico, pero no puedes visitar a ninguna reclusa fuera del horario de visitas” respondió el oficial

    “lo sé, pero mi madre dijo que el Alcaide le había dado permiso ¿no le aviaron que yo vendría?”

    “déjame revisar…” dijo el guardia, y reviso su agenda “si, aquí está tu nombre ¡puedes pasar!”

    “¡gracias!” exclamo Robín, mientras el guardia le abría la puerta

    Luego, el guardia guio a Robín hasta una habitación sin ventanas y que solo tenía una gran cama matrimonial, y le pidió que esperase allí mientras él iba a buscar a su madre. Un rato después, el guardia volvió a la habitación acompañado por Nancy, la cual estaba esposada.

    “¡hola mama, que gusto verte!” exclamo el jovencito, y abrazo con cariño a su madre “iré preparando el tablero para comenzar a jugar lo más rápido posible”

    Mientras Robín preparaba el juego, Nancy se quedó hablando con el guardia.

    “recuerda: solo tienes una hora y ni un segundo más” dice el oficial, mientras le quita las esposas a Nancy “¡y ni se te ocurra intentar escapar porque estaré montando guardia en el pasillo!”

    “no se preocupe por eso, oficial, porque lo que menos quiero hacer ahora es salir de esta habitación” dijo Nancy, mientras se pasaba la lengua por alrededor de los labios

    El oficial se retira de la habitación, y Nancy camina hasta donde está su hijo, quien ya había armado todo para comenzar a jugar.

    “¡listo, ya termine!” exclamo Robín, emocionado “estará un poco incómodo jugar arriba de la cama, pero será mejor que jugar en el piso. Por cierto ¿Por qué solo hay una cama en esta habitación? En fin, no importa ¡comencemos a jugar!””

    “espera, Robín, yo sé que estas emocionado pero, antes de empezar, necesito contarte algo” dice Nancy, y se sienta en el borde de la cama “¡ven siéntate conmigo!”

    “¿Qué pasa, mama? ¿Ocurre algo?” pregunta Robín

    “es que quiero que sepas la verdad del porque estoy aquí” dijo ella, en tono serio “veras, poco tiempo después de que me separara de tu padre y de que tu nacieras, descubrí que tenía un gusto muy particular por lo hombres. A mi jamás me gustaron los hombres mayores o de mi edad, de gran estatura o de gran masa muscular, a mí me gustan más jóvenes que sean delgados y bajitos ¡ese es el tipo de hombre que me vuelve loca!”

    “entiendo, son tus gustos y se deben respetar” dice Robín “¿pero que tienen que ver tus preferencia con el crimen que cometiste?”

    “¿recuerdas todas esas noches en las que me iba y te dejaba con una niñera cuando eras más joven? Pues esas eran las noches donde iba a “cazar” a mi tipo de hombre predilecto por la ciudad. Todo iba bien hasta que, un día, intente seducir a un chico que era más joven de lo que parecía y la hermana mayor de este, la cual justo vio lo que estaba haciendo, me filmo, le mostro dicho video a sus padres, y estos me hicieron una demanda. Poco tiempo después, mi demanda fue a juicio y, aunque mi abogado intento explicarle al juez que lo que yo había hecho fue una simple equivocación, igual me declararon culpable y me mandaron aquí”

    “mama… yo no sabía nada de eso” exclamo el joven, quien quedo impactado por la historia “¡lamento de corazón que hayas terminado en la cárcel por un pequeño error!”

    “si, fue terrible, y estos últimos años han sido difíciles, pero por suerte volviste a mi vida” dice ella, mientras apoya su mano con delicadeza sobre la pierna de su hijo “te juro que, cuando te vi el otro día, casi ni te reconocí ¡te convertiste un joven muy guapo, bonito, y tierno!”

    “¡gracias… mama!” exclamo Robín, nervioso, mientras su Nancy se le seguía acercando “bueno… ahora vamos a jugar… antes de que nos saquen de esta sala de reuniones”

    “¡tú inocencia me da mucha ternura!” exclamo ella, entre risas “esta no es una sala de reuniones, es una habitación para visitas conyugales, y yo tengo ganas de jugar otro tipo de “juegos”.

    Finalmente, Nancy no pudo resistir más la tentación, y termino por darle un intenso beso a su hijo, el cual quedó perplejo. Al sentir la lengua de aquella voluptuosa y musculosa milf, todo el cuerpo de Robín se entumeció, y tuvo una gigantesca erección. En medio del intenso beso, Nancy empuja a su hijo, haciendo que este se acueste encima del tablero de juego, a la vez que ella se sube encima de él. Finalmente, madre e hijo separan sus bocas, las cuales aun seguían unidas por unos cuantos hilos de baba, y Nancy escupe dentro de la boca de Robín.

    “mama… yo… yo…” balbucea el joven, quien estaba tan excitado que no sabía que decir o que hacer

    “no digas nada, solo deja que yo me encargue de esto” dice Nancy, mientras saca el juego de mesa de la cama y se quita la parte de arriba de su uniforme de prisionera, dejando sus descomunales pechos al aire

    Nancy se desnuda así misma y a su hijo, y luego se acurruca detrás de este, presionando sus tetas contra la espalda de Robín, al tiempo que agarraba la inmensa verga de este con su mano derecha.

    “¡no sabes cómo extrañaba el olor y el sabor de un hombre joven!” exclamo Nancy, al tiempo que le lamia el cuello de Robín mientras masturbaba su pene “debo reconocer que he sido una pésima madre contigo, hijo. Me imagino que debiste sentirte abandonado durante esos dos años que estuvimos separados”

    “madre… no sé qué responder…” dice el joven, quien no podía pensar con claridad al sentir la masturbación y los intensos besos que Nancy le daba en el cuello

    “no tienes que responder nada, solo deja que yo me ocupe de todo” dice ella, mientras le muerde la oreja “¡esta noche, mami te va a dar todo el amor que te falto!”

    Nancy comenzó a acariciar, besar, masturbar, y chupar todo el cuerpo de Robín, y este gimió con fuerza al sentir los mimos que su madre le daba. Entre los actos lascivos que la milf culona le hizo a su hijo está besarle y lamerle los pezones, nalguearlo, morderle la oreja de forma sensual, chuparle la lengua, entre muchos otros. Luego, la milf se puso su cara en frente de las nalgas de su hijo, y metió su cara entre estas.

    “¡tienes unas nalguitas muy lindas!” exclamo ella, mientras se pasaba la lengua entre los labios “¡agradecida con el divino creador por este culito que me voy a comer!”

    La milf enterró su cara en el culo de su hijo y le comenzó a dar un intenso beso negro, al tiempo que con una mano seguía masturbando la verga del joven y con la otra le masajeaba los testículos.

    “¡es demasiado intenso!” pensó Robín, mientras gemía y se le caían algunas lágrimas de placer “¡no puedo creer que sea mi propia madre la que me está haciendo sentir así!”

    Una vez que la milf termino de saborear el culo de su hijo, hizo que este se acostara boca arriba, y esta se colocó encima de él.

    “¡te voy a amamantar como cuando eras pequeño!” exclamo ella, mientras ponía sus enormes tetas encima de la cara de Robín “¡chúpalas!”

    Robín acato la orden de su madre y, entre lamidos y mordiscos, empezó a saborear las inmensas tetas que esta tenia, lo que hizo que Nancy soltara gemidos de placer. Luego, Nancy se dio vuelta, y ella y Robín comenzaron a hacer el 69.

    “¡que jugosa verga tienen mi hijo!” pensó la madura, mientras le daba una mamada muy intensa a Robín “debería prohibirle tener novia para poder quedarme con este inmenso trozo de carne para mi sola”

    “¡mama tiene un sabor muy dulce!” pensó el joven, mientras le pasaba la lengua por todo el coño y por todo el clítoris a su madre “es dulce como miel”

    Después, Nancy se levantó, y se sentó sobre la cara de su hijo, la cual fue tragada completamente por sus inmensas nalgas.

    “¡dale un beso negro a mami!” exclamo ella, mientras restregaba sus nalgas contra la cara de Robín “¡lo quiero tan apasionado y ensalivado como el que yo te di!”

    “¡a la orden, señora!” exclamo el joven, y comenzó a lamer el ano de su madre, lo que hizo que esta soltara gemidos de placer

    “¿te gusta como sabe mi culo?”

    “¡si, tiene un sabor intenso pero muy excitante!” respondió él, y continuo dándole placer a la culona madura

    Finalmente, y una vez que su hijo le dejara el culo bien lubricado con su saliva, Nancy se puso encima de él, introdujo su la verga de este dentro de su coño, y comenzó a cabalgar sobre él.

    “¡Muévete mas duro, mas duro!” grito el joven, mientras genia de placer

    “¡a sus órdenes, mi hijo querido!” respondió la milf, mientras se acostaba sobre él, y lo besaba apasionadamente

    Tras un buen rato de estar cabalgando la verga de su hijo, Nancy cambio de posición y se preparó para tener sexo anal con este en posición amazónica.

    “¿listo para el plato fuerte de la noche?” preguntó Nancy, en tono coqueto

    “¡hazlo con todas tus fuerzas, madre, que yo aguanto!” respondió apasionadamente Robín

    De un solo sentón, Nancy se introdujo la verga de Robín en el culo, lo que provocó que ambos gritaran de dolor pero, tras unos pocos movimientos, ambos entraron en un intenso mundo de placer, del cual ninguno de los dos quería salir. A medida que pasaba el tiempo, los movimientos de Nancy se fueron haciendo más bruscos, pero Robín fue capaz de aguantar los fuertes sentones de su madre y de disfrutar de todo lo que esta le hacía. Finalmente, madre e hijo tuvieron un gran orgasmo, y los dos quedaron tendidos en la cama, uno al lado de otro.

    “¡eso fue impresionante!” exclamo Nancy, mientras besaba la mejilla de Robín “de todos los encuentros que he tenido con jovencitos, este ha sido sin dudas el mejor”

    “¡gracias, madre, yo también la pase genial!” exclamo el joven “esto fue más divertido que jugar un juego de mesa, lástima que ya se nos está acabando el tiempo”

    “no te preocupes, ya estuve hablando con el alcaide, y me dejara juntarme contigo todos los martes a esta misma hora”

    “¿en serio? ¡Qué gran noticia!” exclamo Robín, y abraza a Nancy “¡te prometo que la próxima vez seré más activo para que la pases bien, porque hoy fui muy pasivo y deje que hicieras casi todo el trabajo!”

    “¡no te preocupes, a mí me gustan los hombres que son como tu: flojitos y cooperando!” exclama la Nancy, y besa una vez más a su hijo

    Unos minutos después, el guardia ingresa en la habitación, y ve a Nancy y a Robín jugando el juego de mesa que el joven había traído. Madre e hijo se despiden, y el guardia escolta a Nancy hasta su celda.

    “se te ve muy relajada y contenta” dijo el guardia

    “si, hacía tiempo que no me sentía tan relajada y feliz” dice la milf

    “se ve que jugar juegos de mesa te relaja”

    “si… juegos de mesa” dijo ella, mientras sonreía pícaramente

  • Con la novia de un amigo

    Con la novia de un amigo

    I

    Después que la vida nos separó a casi todos, hicimos la promesa de juntarnos, al menos, una vez al año. Elegimos el sábado siguiente a la semana santa. El lote lo conformábamos 15. Seis mujeres y 9 hombres. A las primeras juntas asistimos en pleno, pero con el correr de los años, por diversos motivos, nos juntábamos 7 de los 15, todos hombres.

    De los 7, tenía contacto permanente con 5 y me juntaba a diario con 3. Con Edgar nunca congeniamos del todo por lo que al separarnos, solo nos veíamos en la junta anual y ahí casi ni compartíamos. Con todos los otros mantenía una cordial y sincera amistad.

    Cuando el año de la junta coincidió con mis 30 años, esa tarde, Edgar no llegó solo. Prendida a su mano derecha traía consigo a una llamativa y sexy mujer. Parecía modelo. Alta, 1.73 (usaba tacos altos con los que casi llegaba al metro y ochenta centímetros), delgadamente curvilínea, prominente busto, estrecha la cintura, ligeramente anchas las caderas, proporcionado y redondo culo, estilizadas y largas piernas y bien cuidados y maquillados pies.

    Cabello largo hasta la cintura, liso y negro como la noche. Escondía detrás de un perfecto bronceado color canela, una blanca y tersa piel. Ojos marrones, pequeña y fina nariz y un par de asombrosos y gruesos labios circundando una generosa boca. Asumí que sus mediadas andaban por los 90-60-80.

    Vestía ajustados y negros jeans, un peto negro debajo de una corta polera fucsia corte campana, estrecha en los hombros, sin mangas ni escote, amplia abajo. Le llegaba hasta justo en medio entre los senos y el ombligo. Encima se cubría del frío con un amplio y largo abrigo, negro también.

    Edgar: hola chicos… les presento a Francine, mi novia. Nos casaremos el próximo mes y por supuesto todos están invitados.

    Todos: hola Francine…

    Edgar: amor… para hacerla corta. El de rojo es el Truji, al de azul dile Zeta, al de blanco con pelo corto Rorro, al de celeste Marciano, al de negro, Guatón y al de blanco con pelo largo, Pollo (yo)…

    Francine: -con un agradable y más grave que agudo tono- hola a cada uno… es un placer estar acá… Ed me ha hablado mucho de ustedes… gracias por recibirnos… pueden decirme Fran…

    Zeta: nada de gracias señorita… vamos a bailar… con permiso Indio… -le dijo a Edgar al tiempo que tomaba de la mano a su novia y la conducía hasta el centro de la sala.-

    Marciano: -ya bailaba la novia del Indio Edgar- oye indio… de dónde la sacaste?

    Edgar: jejeje… es hermosa o no cabros…

    Rorro: claramente que sí, amigo…

    Truji: y cómo baila, amigo… me duelen las muelas de solo verla…

    Yo: una diosa, indio… te felicito… pero por qué te casas tan rápido…

    Edgar: porque estoy seguro que es la mujer de mi vida… es bella, simpática, inteligente, glamorosa y por si fuera poco todo lo anterior, tremendamente caliente… ¿qué más puedo pedir?

    Marciano: nada, amigo… pero yo tendría cuidado con la combinación inteligente y caliente…

    Yo: escúchalo indio… además… casi ni la conoces… pero qué sé yo…

    Rorro: traten al menos de ocultar su envidia, cabros…

    Todos: jajaja…

    Esa junta la llevamos a cabo en un privado de un conocido bar que se encuentra en un segundo piso. Ciento veinte metros cuadrados cada habitación y eran cuatro, completa e igualmente equipadas.

    Se accesaba a ellas por una escalera ubicada cruzando la cocina, en un pequeño patio de luz. Al subir los peldaños se ingresaba a un largo angosto y mal iluminado pasillo con dos puertas a cada lado. En cada una un número grande la identificaba.

    Desde la entrada, a la izquierda, en toda la esquina, un inmenso TV adosado a la muralla. A casi tres metros, lo rodeaban dos sillones ubicados en diagonal uno enfrente del otro de 4 cuerpos con una pequeña mesa baja entre ellos.

    Siempre a la izquierda en la esquina del fondo se podía apreciar la única puerta de la habitación además de la de ingreso. Conducía al baño. Antes de la pared del baño, había juegos de video, flippers o pin ball y lentes de realidad virtual. Justo al frente, en la otra esquina, había un bar con una barra para unas 10 personas y al medio de la habitación una hermosa y fina mesa de pool.

    Por toda la pared entre el bar y la esquina superior derecha había tacos colgados y alacenas con juegos de bolas, talco y tiza. En la esquina derecha desde el umbral de la entrada, tras tres escalones se apreciaba un jacuzzi familiar con una capacidad de 8 personas. En síntesis, el lugar era a todo dar.

    II

    Fran resultó ser una estupenda e incansable bailarina conocedora de diversos estilos. Danzó por más de una hora. Después del Zeta, siguió el Guatón, su novio, el Truji, el Marciano, el Rorro y finalmente yo. Cuando llegó mi turno, estaba toda sudada, con el pelo tomado en una sensual cola de caballo, descalza y solo un delgado peto le cubría sus asombrosos senos.

    Los dos primeros temas fueron sendos Rock’n roll, luego un par de salsas, otro par de bachatas para finalizar con dos baladas que danzamos muy juntos, moviéndonos cadenciosamente. Durante toda esa hora, ninguno de los presentes dejó de beber. Incluso la novia del indio Edgar, bebía a la par de todos nosotros, pero a diferencia de su hombre, transpiró el alcohol, por lo que si bien se encontraba ebria, no lo estaba tanto.

    Mientras danzábamos, el Truji, el Guatón y el Marciano jugaban pool; mientras el Indio, el Zeta y el Rorro, bebían tequila a destajo sentados frente a la TV, viendo porno. Sin ir más lejos, cuando llegamos donde se encontraban, ambos notamos que Edgar estaba totalmente borracho tocándose la verga sobre la ropa. A Fran se le subieron los colores a la cara producto de la vergüenza, apretó mi mano y nos alejamos dirigiéndonos hacia los juegos electrónicos.

    En el trayecto le comentaba lo diestro que era de niño en los Flipper’s, ofreciéndome como profesor si era necesario. Fran solo se rio todo el camino, mirando de cuando en cuando sobre su hombro a su desconocido novio. Comenzamos a jugar y como la ley de Murphy sí existe, las 4 primeras bolas se me pasaron casi sin tocarlas.

    Fran disfrutaba tirándome bromas y pullas. Sin embargo, en la quinta y última bola todo fue distinto. Al poco, tenía la atención completa de la novia del Indio y cuando se prendió la luz que daba un juego si la apagaba, detuve la bola con el patín derecho y con el dorso de la otra mano secar el sudor que perlaba mi frente.

    Fran: estás a punto de sacar un juego, Pollo… apuesto a que te quedas con el molde hecho…

    Yo: -sin mirarla. Concentrado, pues si botaba las dos cartas que quedaban, obtenía el premio- si lo logro, qué me das?

    Fran: serías dueño de un besito mío… en tu boca…

    Yo: me parece… pero antes define besito… y tú qué esperas de mí si fracaso…

    Fran: menos de 15 segundos es un besito… y si yo gano… esta fiesta no se acaba si no bailamos de nuevo rock’n roll…

    Yo: acepto la apuesta… ahora deja concentrarme… -sin vacilar bajé el patín y dejé correr la bola hasta el punto adecuado. Entonces, levanté el patón, impulsando la plateada bola derecho hacia su objetivo, derribando ambos tarjet de una sola vez. Detuve la bola otra vez.- puedo cobrar mi apuesta una vez termine con esta bola?

    Fran: -acercando uno de los varios pisos para tomar asiento al lado para seguir mirando.- no hay problema…

    Seguí jugando. Dos veces con tres bolas al unísono. Acumulaba y acumulaba puntaje. Tanto así que al poco sonó el primer juego gratis por alcanzar determinada cantidad de puntos. Seguí botando cartas, surcando ramplas y pasadizos.

    En tanto, Fran se levantaba de su lugar, apoyando sus senos sobre el borde del Pin ball, dejando marcas cada vez que los retiraba solo para ubicarlos en otro lado. Con el rabillo del ojo la observaba… con el paso del rato, miraba con menos frecuencia hacia el Indio. La última vez que lo hizo, su novio dormía en el suelo, al lado de los sofás orinado en el pantalón entre sus dos compipas, el Rorro y el Zeta. Agitó la cabeza como reprobando el comportamiento de su futuro esposo.

    Fran: te puedo hacer una pregunta, Pollo…

    Yo: por supuesto… dime –le dije sin dejar de jugar.

    Fran: es frecuente este comportamiento en Edgard… o sea, la verdad nunca lo había visto así, pero tampoco nunca lo había visto con sus amigos… me da miedo que sea…

    Yo: por qué me preguntas algo así… sabes que soy su amigo y por ello al menos no lo delataría…

    Fran: te lo pregunto precisamente por la respuesta que me acabas de dar… Ed habla mucho del Zeta y el Rorro y de los otros, pero de ti, rara vez… debe ser por lo aparentemente petulante y evasivo que muestras… pero yo no he visto ni lo uno ni lo otro…

    Yo: cuanto tiempo llevas con el Indio?

    Fran: 8 meses…

    Yo: y te quieres casar?

    Fran: hasta ayer estaba más cerca del sí… pero ahora lo estoy dudando…

    Yo: espera… me queda poco para el otro juego…

    A la máquina se le encendieron todas sus luces justo en el momento que alcanzaba los números para el segundo y último juego por ese concepto. Solo quedaba sobrepasar el récord, pues en ese caso, eran 3 juegos de premio, pero a pesar de estar lejos aún, seguí.

    Fran: -al fondo se escuchaban risas. Mantenía parada la bola en el patín derecho, apuntando a la rampla.- a que no botas la carta…

    Yo: me conviene más lanzarla por la rampla central…

    Fran: no lo creo… yo creo que es más fácil la rampla que las cartas con esa paleta y por eso tienes miedo de fallar frente a mí…

    Yo: -mirándola a los ojos y senos alternativamente- acaso estás usando psicología inversa en mi contra, bandida? -sonrió como niña que ha sido descubierta con las manos en la masa.- qué me das si lo hago? Recuerda que ya me debes un besito en la boca de 15 segundos…

    Fran: eso está pendiente… pero se hará… qué quieres tú?

    Yo: que me muestres tus senos por 30 segundos…

    Fran: por diez…

    Yo: 20 y no peleamos…

    Fran: que sean 20…

    Yo: ¿en serio? O sea, genial…

    Fran: y si fallas?

    Yo: mmmmm… quedamos a mano… pero te aseguro que no lo haré…

    Fran: me parece lo de quedar a mano… pero eso que no fallarás hay que verlo… tira de una vez…

    Las únicas luces que salían de la esquina de los juegos electrónicos era precisamente la que ellos emanaban. Sin embargo, era suficiente para de cerca, ver con todo detalle. Los chicos jugaban entretenidos pool mientras el Zeta, ebrio, continuaba hipnotizado con la TV, viendo porno y el novio, embrutecido por el alcohol.

    Una vez más me concentré antes de ejecutar el tiro. Las dos cartas volvieron a caer tras el certero impacto. Luego de un par de rebotes, logré controlar la bola. Levanté la vista y ella, sin preámbulo alguno, levantó su peto, dejando expuestos sus hermosos senos, proporcionadamente grandes y perfectos en sus formas.

    Sus rosados, definidos e inhiestos pezones s estaban rodeados de breves e igualmente rosadas aureolas. El tiempo pasó y con ello, la bella y excitante mujer, volvió a cubrir sus pechos. Seguí jugando. De súbito se levantó y antes de partir, me dijo, -espérame aquí… vengo al tiro…- y qué creen… Seguí jugando…

    III

    Entró al baño y menos de un minuto después salía con su corta polera fucsia corte campana, estrecha en los hombros, sin mangas ni escote, amplia abajo que le llegaba hasta justo en medio entre los senos y el ombligo, pero sin su peto. Nuevamente tomó asiento para observar. Una vez más detuve la bola para analizar las posibilidades. Conté los bonos acumulados, miré mi puntaje y descubrí que lo había conseguido.

    Fran: todavía te falta para el récord, Pollo…

    Yo: -mirándola fijamente a los ojos- si lo paso me das ese besito, pero mostrándome tu calzoncito…

    Fran: si pierdes todo queda en nada…

    Yo: hecho…

    Fran: por qué sigues mirándome sin tirar…

    Yo: quiero ver cómo te sacas los jeans…

    Fran: Tan seguro estás?

    Yo: totalmente…

    Fran: entonces no te importará saber que si pierdes serás mi esclavo hasta que me retire… deberás obedecer por humillante que sea, todo lo que te ordene hagas….

    Yo: ok, pero ser esclavo por varias horas es mucho… si gano, te subes sin calzón al flipper’s y me dejas jugar con mi lengua en tu coño por medio minuto…

    Fran: mmmm… me parece justo…

    Entonces, la novia del indio se despojó con sensuales movimientos de sus jeans y tomó asiento, cruzando las piernas. Seguí jugando. Boté dos corridas de cartas, unas cuantas vueltas a las ramplas y por última vez, detuve la bola. Al levantar la vista, nuestras miradas de inmediato se encontraron.

    Yo: -en susurros- si dejo pasar la bola y logro de todas formas el record serías mía por unos minutos??? Pero igual quiero ese beso que me debes antes…

    Fran: jejeje… es tentadora tu oferta, pero y los demás… está el Ed también…

    Yo: todos están en la suya… y tu novio está en otra dimensión… nadie está pendiente de nosotros… míralo tú misma… además… tan segura estás que vas a perder?

    Fran: el problema que tengo es que quiero perder… -Entonces, dejé la bola pasar y la llamé…

    Quedó entre el frente de la máquina y mi persona. Nos miramos intensamente. En ese momento no existía nada más que nosotros. Uno frente al otro, separados por centímetros. Entonces, ella cubrió la distancia que nos alejaba, fundiéndonos en un apasionado y sensual beso que definitivamente se prolongó por mucho más de lo previamente establecido.

    Detrás, la máquina contaba los puntos de bonos acumulados y, al final, sonaban 3 juegos gratis cuando se sumaban los últimos activos y al mismo tiempo, tomaba a Fran de la cintura para dirigir el salto y dejarla sentada en el borde del aparato, justo cuando emergía la bola extra.

    Con tierna impaciencia la despojé de su calzón. Ella, una vez expuesto su depilado coño, separó las piernas para recibir mi lengua tal y como estaba estipulado. En el instante antes de comenzar, la miré desde donde me encontraba. Miró por breves momentos hacia su dormido prometido y unió sus párpados.

    Chupé, lamí y froté su clítoris por poco más de un par de minutos hasta que, repentinos temblores se apoderaron de su febril cuerpo, invadiéndola un repentino e intenso orgasmo. No me permitió tocarla, pero para relajarla la besé tiernamente por el cuello y rostro. Cedió.

    Segundos después, de súbito y en una sucesión de rápidos y certeros movimientos, le introduje mis dedos corazón y anular en el coño e inicié, ipso facto, un fulminante sube y baja. Al principio presentó unos débiles amagues de resistencia, pero al poco, se dedicó solo a gozar, eyaculando poco menos de un minuto después.

    Descansó con mis dedos en su coño por un par de segundos y volví al mismo frenético sube y baja que prontamente sumergió a la espectacular mujer de Edgar en una sucesión de eyaculaciones por otro par de minutos más.

    En cuanto la solté, bajó de la máquina a duras penas. La ayudé a levantarse y terminé de desnudar. Luego, del brazo la di vuelta y, tomándola del pelo y las caderas penetré su empapado coño hasta el fondo de una sola estocada. Jalaba de su largo cabello como si estuviese domando a una yegua salvaje al tiempo que sacudía su coño con profundas y veloces embestidas.

    Cada ciertas penetradas, la hacía caminar unos pasos hacia la mesa de pool. A medio camino se dio cuenta de mis intenciones y comenzó a resistirse a seguir la ruta trazada. Solo lograba uno o dos pasos tras potentes y vertiginosas folladas.

    Fran: no… no… qué se supone que haces? Ahhh!

    Yo: – bajaba la velocidad de la follada para hablar, pero la aumentaba repentinamente entre frases, acercándonos unos cuantos pasos más a la mesa.- Francine, cariño… eres tan hermosa… una modelo… confía en mí… y… tendrás… la… noche… de… tu… vida…

    Fran: y qué hago con Ed?

    Yo: a estas alturas, cariño es un detalle tu novio… pero solo para que te quedes tranquila… te prometo que él, nunca… lo… sabrá… -nos detuvo a medio metro de la meta el Guatón- Avíspate!!! –le dije.

    IV

    De una, mi compa sacó al aire su descomunal verga y en una cadena de coordinados movimientos el Guatón la tomó por las nalgas, alzándola, solo para, en vilo, clavarla en su descomunal verga y seguir a un ritmo similar, bajándola y subiéndola como si fuese una pesa liviana. Fran gozaba como poseída. De pronto abrió los ojos para mirar, esta vez sí por última vez, a su borracho novio.

    No pasó mucho para que entre el Truji y el Marciano, la tomaron de los hombros y sin resistencia, dejó todo su peso en los brazos de mis amigos, recibiendo a cambio, chupadas, succionadas, lamidas y suaves mordidas en ambos senos al tiempo que el Guatón no cejaba en su intento de partirla en dos y yo por mi parte, taladraba su boca con saña. Fran jadeaba ahogadamente. Uno, dos, tres orgasmos sin pausa y la bella muñeca seguía recibiendo placer como si nada.

    En tanto, el Zeta dormía embrutecido por el exceso de tequila a pocos metros de sus compadres el indio y el Rorro, igualmente ebrios. Husmeando, por accidente descubrí que desde la muralla, entre los sillones y los juegos electrónicos, se desprendía una cama de dos plazas tipo box spring lista para ser utilizada.

    Una vez nos acomodamos con la novia de nuestro amigo al centro de la cama, la ubicamos en cuatro patas, para recibir miembro por la boca y el coño y con una verga en cada mano, todas al mismo tiempo.

    Nos fuimos rotando cada par de minutos de posición. A la tercera oportunidad desde casi el comienzo de mi turno con su coño, con mi dedo índice, penetré, lentamente su ano. Al notarlo, el Truji soltó el seno izquierdo de Fran y comenzó a frotar su clítoris.

    Mi tiempo acabó cuando ya l bombeaba a la par con el índice por el culo y mi rabo por el coño. El Truji, en cuanto me reemplazó siguió con el mismo tratamiento y después de él, el Marciano y después el Guatón hasta que me volvió a tocar.

    Entre tanto, Fran se encontraba atrapada en una red de lujuria y lascivia que la mantenía de clímax en clímax, abandonada a lo que su cuerpo pudiese sentir. Justo cuando otro orgasmo la embargaba, de una sola vez le metí mi verga por su culo hasta el glande. Se quejó, pero continué considerada e insistentemente

    Al final de mi turno ya le follaba con decisión su culo, misión que cada uno de mis amigos siguió con religiosa y obediente pulcritud. Dimos una vuelta más aforrándole por el culo. Conmigo iniciamos el turno final por lo que la follamos de a uno hasta acabar. Al cabo de taladrar su culo por casi 10 minutos, terminé eyaculando profusamente líquido seminal dentro de su respingado culo.

    De ese modo y más o menos el mismo tiempo, se follaron a Fran el Truji, el Marciano y finalmente el Guatón. Éste último, la tomó exactamente igual que la primera vez, clavándole de espalda a él su vergota en su dilatado culo. Mientras gritaba como loca con la polla del Guatón, los demás, alternadamente, fuimos penetrándole el coño con los dedos, simulando una doble penetración.

    Durante el último minuto y siendo doblemente follada, alcanzó un orgasmo permanente que le duró varios segundos después que el Guatón la dejara chorreando semen sobre la cama, desparramada.

    Fran: -casi dos minutos después, habló.- oigan chicos… me han dado la follada de mi vida… todavía tengo la piel de gallina… que rico me siento… -miró la hora en su reloj de pulsera (10 minutos faltaban para la 1 am) se levantó y comenzó a hurgar por el lugar.-saben dónde quedó mi ropa chicos… -dijo, parada en medio de la habitación, los brazos en jarras, desnuda, despeinada y lujuria aún en la mirada-

    Yo: para qué la quieres?

    Fran: como que para qué la quiero… no me puedo ir desnuda…

    Yo: en eso estamos de acuerdo, bella, pero aún no te irás así que no la necesitas… mejor ven para acá que esto recién comienza… quieres una ducha o prefieres seguir de inmediato…

    Fran: pensé que se había terminado la fiesta… que rico… -dijo y se lanzó en una corta carrera que culminó tras un corto vuelo con su cuerpo en el medio de la cama. Acostada nos miró.- si me preguntan, quiero más… pero y si ese pastel se despierta?

    Marciano: no se complique por eso, mijita… -todos le indicamos por señas que callara, pero continuó.- mira… esos tres antes o después, eso no importa, pues siempre terminan igual… el Indio es igual de borracho de lo que tú eres cachera… dicho de otro modo, los mata de trola despertarán en sus casas unas cuantas horas después del mediodía de mañana… así que no hay excusas para que me chupes la verga… -dijo acercándosela a la cara-.

    Fran: -tomó el miembro flácido de Marciano tragándoselo entero, una, dos, tres veces, para luego hablar.- si les dijera que hasta hoy no me gustaba chuparlo… me creerían? –silencio- es cierto… tan cierto como que antes de hoy nunca me imaginé siendo follada por más de un hombre al mismo tiempo… y mírenme… estaré enferma? Soy una pervertida?

    Yo: si quieres una respuesta rápida, es no y sí… no estás enferma y sí, eres una completa pervertida, pero al menos yo, no le veo nada de malo en serlo… te gustó? Te sientes culpable? –le chupaba la verga con afán cada vez que no hablaba.

    Fran: siguiendo tu línea de respuestas… si y no…

    V

    No hubo necesidad de más arengas, los tres restantes nos abalanzamos sobre ella para chuparle todo. Menos de un minuto después de lamerle el cuerpo entero, el Guatón la alzó de frente a él, solo para penetrarla por el coño al tiempo que chupaba sus excitados senos .

    Al cabo de unas cuantas embestidas, me acerqué por detrás de Fran y con decisión le incrusté, poco a poco, mi verga por su dilatado culo hasta que de pronto, toqué fondo. Momentos más tarde, nos follábamos coordinadamente a dos bandas a la novia del indio quien gritaba descontroladamente que le dieran más duro y más rápido.

    Al igual que la vez anterior, por turnos nos servimos de a dos y a veces de a tres vergas a la bella y lujuriosa Francine, por lo que estuvo contenta, recibiendo polla y gritando como demente hasta que poco antes de las 4 am, pues nos avisaron que el local cerraría. Entonces, prontamente nos organizamos.

    En efecto, luego de montar en un taxi al indio, al Zeta y al Rorro, los demás partiríamos a mi departamento donde continuaríamos con la bacanal solo si Fran estaba dispuesta a cumplir con una sencilla cláusula. La condición para subirse al automóvil fue que debía hacerlo desnuda a lo que accedió sin protestas ni dilaciones.

    Durante el trayecto, sentada en el asiento del copiloto encima del Guatón, fue exhibiéndose gustosa a quien la viera mientras mi compa le masturbaba coño y culo, con sus ansiosos dedos. Sin ir más lejos, en los dos semáforos en rojo que nos tocó hubo alguien quien se deleitó por algunos segundos, manoseando sus excitados senos y le gustó.

    Media hora más tarde, la novia del indio que desde esa noche quedó con la chapa de india, se comía las vergas del Guatón y el truji por el culo y el coño respectivamente entre sonoros y sentidos quejidos. A cada orgasmo de ella, la pareja de vergas cambiaba y así estuvimos hasta bien entrada la mañana. Despertamos a media tarde, comimos algo y la fuimos a dejar a su depto. Nos despedimos de beso en la boca y un papel con su número.

    Fran: -fuera del auto apoyada en la ventana abierta- como yo lo veo, chicos, el asunto es así… si no me llaman al menos una vez al mes, le diré al Ed que ustedes me forzaron… qué les parece?

    Guatón: -rara vez hablaba- en el mismo lugar… el mes que viene, el primer viernes, al siguiente mes, el primer jueves, al que sigue el primer miércoles y así… de ese modo no habrá un patrón sino hasta el décimo cuarto mes… ¿alguien entendió?

    Fran: es un trato… los amo a todos… no me fallen… adiós…

    Yo: -una vez en camino- oye Guatón… esa sí que fue una salida de choro… creo, cabros que se merece ser el primero en partirle el culo la siguiente vez a la Fran…

    Todos: jajaja…

    Marciano: -sentado detrás. El Truji dormía a su lado.- para dónde vas?

    Yo: a reservar el local para el siguiente encuentro… cuándo era, Guatón?

    Guatón: el primer viernes del siguiente mes…

    Yo: mmmmm…

    Marciano: en qué piensas, Pollo?

    Yo: en lo mucho que falta para ese viernes… qué les parece que lo reservo para la semana que viene y para ese viernes?

    Truji: -levantando la mano sin cambiar de posición.- me sumo…

    Marciano: a qué te vas a sumar?

    Truji: -irguiéndose.- a la idea de follarnos a la Fran el siguiente fin de semana… y que reservemos de una la siguiente reunión… pero agregaría, si ustedes me lo permiten, que nos la follemos al menos dos veces al mes y no solo una… por mí nos juntamos con ella una vez por semana…

    VI

    Nos miramos entre todos y solo contestamos riéndonos con forzadas ganas. Una vez en el local, nos reunimos con el dueño para negociar los términos del alquiler. Justo antes de cerrar el trato recibo una llamada de un número desconocido.

    Yo: aló… con quien tengo el gusto?

    Fran: hola bello… te llamo porque no puedo sacarte de la cabeza y acabo de hablar con Ed y se quedará con su mamá… y me preguntaba si estarías ocupado esta noche?

    Yo: -a Fran- escucha con atención indiecita linda… -al dueño- oye Pepe si te pago la mitad de los días que reservé, me regalas esta tarde y noche el mismo cuarto…

    El dueño: eres insoportable, Pollo maldito… de acuerdo… el cuarto es tuyo un segundo después de ver el depósito en mi cuenta…

    Yo: pues anda a verlo porque mi compa Truji lo acaba de hacer… es evidente que el precio de no amigo incluye los tragos… -el dueño gesticuló en una mueca de asco- ¿al menos los tragos?

    El dueño: ves que lo eres… está bien… supongo que lo de siempre, ¿cierto?

    Marciano: eres el mejor, Pepe… el mejor…

    Yo: -tras despedirnos de Pepe. Una vez más me dirijo al teléfono.- ¿Escuchaste?

    Fran: fuerte y claro…

    Yo: te voy a buscar?

    Fran: solo si eso implica un viaje desnuda y sobre las piernas del Guatón, pero esta vez con su verga dentro de mí…

    Yo: mmmm… no lo sé querida, ya conoces al Guatón… es medio tincado… y tú no le gustas para nada…

    Fran: jajajaja… eres un tonto… ¿Vienes o no?

    Yo: solo si dices que sí… no le cuentes a los cabros, pero arrendamos el local todos los jueves de aquí hasta fin de año… queremos verte más seguido, pero acordamos que esa frecuencia era la más sensata… aunque si fuera por mí, te vería todos los días…

    Fran: haces que me sonroje, Pollito… acepto la oferta…

    Yo: vamos por ti… te llamo cuando llegue…

    Dos semanas después, por boca del Rorro, supimos que Fran le montó el show, al indio, de la novia indignada y avergonzada por su comportamiento. Asimismo, le condicionó el matrimonio, obligándolo a prometer que ella sería invitada a cada junta de amigos de ahí en adelante. Él, extrañado, pero feliz, aceptó sin pensarlo dos veces.

    Por supuesto le dimos la despedida de soltero al novio y novia al mismo tiempo, sin que el indio se diera cuenta que eyaculó en los senos de su futura esposa de lo borracho que estaba. Sin embargo, ya pueden ostentar 5 años de feliz matrimonio, tiempo durante el cual nos convertimos en visitas frecuentes del indio, pues lo incluimos en nuestros martes de póker y jueves de Fifa y mortal kombat y (a solicitud de Fran) al sábado mensual de cine en grupo para después irnos a un bar a comentar la película.

    Si les gustó, puedo contarles algunas de las mejores anécdotas que hemos vivido con la deliciosa y caliente esposa del indio. Como cuando casi nos sorprende el indio o cuando llegó sola un sábado de películas y nos fuimos a un motel a pasar el tiempo hasta la última función a la que asistimos y al notar que nuestras sospechas eran correctas, pues, solo nos encontrábamos nosotros en la sala (al menos fue así por un rato), continuamos lo que ya habíamos empezado tres horas antes.

  • El trío con mi amigo y su hija transexual

    El trío con mi amigo y su hija transexual

    Mi amigo, Juan, vive con su hijo diez y nueve años, Mario, alto delgado y muy, muy guapo. La madre tras el divorcio se largó y se la dio por desaparecida. Se había ido con su monitor de tenis, Todo un tópico.

    Él y yo quedábamos de vez en cuando para ponernos al día. Lo normal era vernos en alguna cafetería y a veces seguir con unas copas.

    Una tarde calurosa tomábamos café con hielo en su casa y estábamos solos en el salón. El chico estaba en su habitación.

    Cómo siempre comentábamos las cosas de la vida cuando el hijo pasó por allí camino de la cocina.

    Llevaba un pantalón de lycra muy ajustado y corto, marcando su culito prieto y respingón y una camiseta amplia con grandes escotes que apenas disimulaba su torso. Sólo lo justo.

    Tenía la melena suelta cubriendo sus hombros.

    No pude hacer otra cosa que quedarme mirándolo asombrado. Lo cierto es que era un espectáculo precioso.

    – ¡Que guapo se ha puesto tu chico! ¿Ya tiene los diez y ocho? Juan.

    – Diez y nueve recién cumplidos.

    El padre se dio cuenta de cómo lo miraba, ¿con deseo?, creo que era algo evidente. No es que los hombres me atrajeran de forma especial aunque algunas experiencias había tenido de joven.

    – Sí, ha crecido de maravilla. ¿Verdad?

    Ahora, más maduro, no me consideraba con una sexualidad definida simplemente me exitaba lo que me excitaba.

    Tanto siguiendo porno en Internet como con lo que veía en la realidad. Esa temporada andaba bastante cachondo.

    El chico tenía algo especial, algo que me atraía y excitaba. Solo lo veía algunos minutos cada vez que nos encontramos pero esta vez había en él algo distinto. Más suave, más femenino.

    Cuando volvía de la cocina su padre le dijo:

    – Cariño por qué no le muestras a nuestro invitado lo que puedes hacer, en lo que puedes convertirte, lo que eres.

    Me sonreía socarrón sabiendo la sorpresa que me iba a llevar en unos momentos.

    – ¿Estás seguro?

    – Pues claro. Nos divertiremos. ¿No has quedado hoy?

    – No. Soy toda vuestra.

    Supongo que todavía obnubilado por su duro culito no me fije en que había usado el femenino para dirigirse a ella misma. Ni en los duros pechitos que asomaban de vez en cuando por los recortes de la camiseta.

    Así que en ese momento de distracción ella se giró y volvió a su habitación. Juan me sirvió otro chupito de pacharán que era a lo que habíamos pasado tras el café. Siguió la conversación como si nada hubiera pasado aumentando así mi despiste.

    Esa tarde hacía mucho calor en esa casa. Me puso como excusa que el aire acondicionado se había estropeado. Pero aún no sé si todo estaba preparado.

    Se quitó la camisa como si nada. Y no es que antes de esa tarde no nos hubiéramos visto desnudos en algunas ocasiones.

    – No te importa que me ponga más cómodo. ¿Verdad?

    – No. Para nada, como si estuvieras en tu casa.

    Sonreí, sin saber muy bien de qué iba todo aquello. Y un poco asombrado por ver su torso depilado.

    – No sabía que ahora te quitabas el pelo.

    – Mario me ha dicho que me queda mejor así. ¿A ti que te parece?

    – Que tiene razón. Yo también voy así desde hace un tiempo.

    – ¡A ver!

    En ese momento solo me subí la camiseta para mostrarle mi torso y barriguita depilados.

    Con una copa más y la conversación fluida había pasado el tiempo suficiente para que una sublime aparición hiciera acto de presencia en el salón.

    Se había vestido como una perfecta colegiala. Había recogido su larga melena en dos coletas a ambos lados de su cabecita. Un buen maquillaje disimulaba cualquier rasgo masculino que le quedara y no eran muchos.

    La blusa blanca casi trasparente dejaba ver un sujetador de encaje muy sexy. No había mucho que sujetar pero la presencia de la prenda ya era un bonito detalle.

    La falda tableada a cuadros era tan corta que a poco que se inclinara se le vería el prieto culito. Unas calzas por encima de la rodilla y unos zapatos con un inverosímil tacón completaban su atuendo.

    Dio una vuelta sobre sí misma para que pudiera verla al completo. Se me escapó un silbido de admiración. Era eso o quedarme con la boca abierta. Y tenía que demostrar que lo qué estaba viendo me estaba encantando.

    – ¡Vaya sorpresa!

    Se sentó sobre los muslos de su padre de lado y empezó a darle cariñosos y húmedos besos por todo el rostro. He de admitir que yo me moría de envidia. Deseaba que esos besos fueran para mí.

    – ¿Qué te parece mi hija?

    – Es una preciosidad. Nunca pensaría que de un tipo tan feo como tú pudiera salir esa belleza. Y además tan cariñosa con lo cardo que has sido tú siempre.

    Bromeaba, pero la verdad es que estaba deseando unirme a ellos.

    – Por cierto. ¿Cómo se llama?

    – Ha decidido llamarse Mónica.

    – Y tú cómo siempre le has dado todos los caprichos.

    – Este merecía la pena, viendo los resultados.

    – Desde luego que sí. Mónica, eres un monumento.

    – Gracias. Eres muy amable con una chica como yo. Papi, ¿le puedo agradecer a tu amigo sus dulces palabras?

    – Pues claro cielo. Ya sé que siempre te ha gustado.

    Ahora si que se levantó y vino conmigo. Su caminar meneando la cadera era hipnótico. Hasta las coletas se movían sobre sus torneados hombros.

    Se sentó sobre mis muslos pero conmigo mirándome de frente, con sus rodillas a los lados de mis muslos. Me besó, pero fue un beso muy en serio, con abundante intercambio de saliva. Al que evidentemente correspondí con todas las ganas.

    Dejaba caer saliva en mi boca como una fuente. Yo jugaba con la lengua con ella y se la devolvía. Era algo completamente lascivo. A la vez me acariciaba la cabeza y el cabello intentando meter más de la sin hueso entre mis labios.

    Tiró de mi camiseta haciéndome levantar los brazos para sacármela. Para ello tuvo que separarse un poco de mi cuerpo. Pude alcanzar sus tetitas con mi lengua. Mordisqueaba sus pezones por encima de la ropa. Y lamía su escote.

    Deslicé las manos con suavidad por la tersa piel de sus muslos, hasta conseguir aferrarme a sus prietas nalgas con las dos. Aquello parecía mármol tallado por un escultor griego de hace siglos.

    Sólo llevaba un tanga para sujetar aquello que ya parecía bastante duro. Aún lo escondía la faldita pero se apoyaba en mi vientre. Así que estaba tocando la piel de su culo. Amasando las nalgas mientras acallaba sus gemidos con mis besos.

    Monica empezó a bajar por mi cuerpo. Lamia mi oreja y de ahí pasaba a mi cuello. Notaba el suave roce de su piel en la mía. Se puso a mordisquear mis pezones justo como me gusta a mí hacerlo con las chicas. Y a lamer mi torso.

    Me hizo levantar los brazos para pasar la húmeda por mis depiladas axilas. Lo estaba gozando pero yo también quería disfrutar de su cuerpo y hacerla gozar.

    La levanté al peso y la tumbé en el sofá donde estaba yo sentado. Empecé a librarla de parte de su ropa. Abrí la blusa para disfrutar de la vista de un torso suave y cada vez más femenino.

    Los pechos empezaban a apuntar y el sujetador de encaje trasparente apenas los ocultaba. Con la habilidad de la experiencia abrí el broche con una sola mano. Como la prenda no tenía tirantes eso bastó para deshacerme e ella.

    Me lancé a comerme esas preciosas tetitas. Lamiendo y chupando de sus pezones como si pudiera sacar leche de ellos. Desde luego pensaba sacar leche de otro sitio. Sus gemidos suaves pronunciados con voz ronca y sensual me indicaban que le gustaba.

    En ese momento se nos unió su padre y le dejé una teta para que me ayudara a hacer disfrutar a la muchacha. Nos miramos a los ojos un segundo y sobre el cuerpo semi desnudo de su hija nos besamos por primera vez.

    Fue un beso suave apenas juntamos los labios. Pero de completa complicidad. Promesa de cosas más profundas y completas. Ella nos acariciaba las cabezas revolviendo nuestro cabello o la espalda de ambos.

    Así que no me contuve y como lo tenía tan cerca mientras seguía mandando de la tetita deslicé una mano suavemente por su espalda hasta agarrar una nalga aún cubierta por las bermudas.

    Dejé el pecho a mi amigo para seguir explorando tan deseable cuerpo. Lamí el plano vientre adornado con un pequeño pircing. Por como lo contraía al recibir mis caricias le gustaba.

    Mientras mi mano subía despacio por la calza, pasando la rodilla, hasta alcanzar la suave piel de su muslo. La cara interna con largas, suaves y lentas pasadas de mis dedos.

    Sus gemidos en voz gutural y en bajito nos llenaban los oídos. De pronto la mano de mi viejo amigo se posó en mi muslo subiendo hacia mi polla. Que estaba ya muy dura por cierto.

    Yo ya había llegado al tanga bajo la corta faldita. Tiré de la diminuta prenda para liberarla de ella. La dura polla hacia un gracioso bulto el falda. Pero no durante mucho tiempo pues enseguida levanté ese trozo de tela.

    Es un aparato fino, recto, orgulloso con el glande morado. Incluso tenía hecha la fimosis. Durísimo. Perfecto para follar cualquier culo que se le pusiera delante.

    – ¡Qué lindo!

    Hacia años que no veía un pene tan bonito, depilado y con olor a limpio. Y tan duro que parecía a punto de explotar. Empecé pasando la lengua por los huevos pelados con lo que conseguí un estremecimiento de su cuerpo y un profundo gemido gutural.

    – Cabrón, qué bien la comes.

    Me estaba esmerando con ella. Dando largas lamidas al tronco. acariciando el frenillo con la lengua y metiéndome el glande en la boca. Y salivando bien todo el aparato.

    – Me gusta hacer disfrutar. Y tú te o mereces.

    Para entonces mi amigo había sacando mi rabo al aire, pétreo, rocoso, forjado. Yo también lo tengo depilado y su mano me acariciaba en una lenta y placentera masturbación mientras se dedicaba a lamer las tetitas de su hija.

    Ya no quería parar, deseaba su semen en la lengua y luego compartirlo con ellos en un beso lascivo. Cuando se corrió subí hasta su dulce rostro y deje caer la lefa mezclada con mi saliva en su boquita que abrió al máximo para recibirla.

    De inmediato metí la sin hueso en la boca para jugar con la suya. Al cruce de lenguas se unió su padre en un beso a tres. Era la primera vez que me morreaba con mi amigo. Y lo estábamos haciendo con la lefa de su hija de por medio.

    – ¿Nos vamos a la cama?

    No me molesté ni en responder. Me incorporé y la cogí en mis brazos. A pesar de su altura pesa poco, es muy delgada. Ella rodeó mi cuello con sus manos acariciando mi nuca y el cabello mientras la llevaba por el pasillo.

    – Ya sé el camino. Ábreme la puerta.

    Iba delante de mí y creo que fue la primera vez que me fijé en el culo de mi amigo. Y parecía algo bastante apetecible. Me di cuenta de que podría… de que me iba a follar al padre y la hija esa misma tarde. Y que lo íbamos a disfrutar los tres.

    La dejé caer en la cama. Tenían las sábanas revueltas y se veían ocupados los dos lados del colchón. Así que aquellos dos ya dormían juntos. Ahora fue ella la que a cuatro patas se puso a abrir mis bermudas para dejarlas caer a mis pies junto al pequeño slip que arrastró con ellas.

    – Joder, sabía que estabas bueno. Pero es aún mejor de lo que pensaba.

    – ¿En serio habías pensado en mí?

    – Desde que me gustan los hombres y hace ya mucho de eso.

    Ya me tenía desnudo del todo. Se incorporó lo suficiente como para lamer mi pecho y chupar mis pezones. La condenada sabía lo que hacía. Me estaba poniendo a mil. Mientras sujetaba mi polla con suavidad.

    Fue bajando despacio, sin prisa, pasando la lengua por los abdominales y el ombligo. Iba a por mi rabo y estaba claro lo que quería hacer con él. Se metió mis huevos en la boca. Su lengua en mi escroto me provocó una corriente eléctrica que me llegó del glande por la columna al cerebro.

    Sujetaba mis nalgas separándolas y deslizando un dedo por mi ano, juguetona. Yo jadeaba por todo lo que ella me hacía. Juan entre tanto se había puesto detrás de ella y le lamía y le mordisqueaba las nalgas.

    Cuando Mónica tenía mi glande entre sus labios me corrí. Era imposible aguantar con todo lo que estaba sintiendo. Pero la situación era tan morbosa y ella tan bonita que mi polla quería aguantar.

    Desde luego que perdió dureza. Ella siguió chupando. Pasando la lengua por mis huevos y toda la polla. Acariciando mi vientre y llegando a pellizcar mis pezones. Con ese tratamiento me recuperé enseguida.

    Su padre le había abierto bien el ano con la lengua y la dedos. Le había puesto bien de lubricante y Mónica no me dejó ni moverme. Fue ella la que subió sobre mi cadera y se clavó mi resucitado rabo en ese precioso culito que siempre había admirado.

    Sujetando sus marmoreas nalgas fui bajándola dejando que su cuerpo rodeara mi tronco. Un gemido se nos escapó a los dos a la vez cuando llego a apoyarse en mis muslos clavada hasta mis huevos.

    – La noto en el estómago, cariño.

    Juan dividía sus besos entre Mónica y yo, repartiendo saliva y lengua con generosidad. Además de sus caricias, claro.

    – Acércame la polla.

    Le dije. También la tenía bien depilada, más gruesa y algo más corta que la de Mónica. Y estaba genial chupar sus huevos mientras su hija me cabalgaba despacio pero profundo sintiendo mi polla en su culito. Mi mano fue sola al rabo de la nena que también se había puesto duro de nuevo. La masturbé suave al ritmo de sus movimientos.

    Mi otro brazo rodeó la cintura de mi amigo para jugar con su culo, amasar sus nalgas y deslizar un dedo hasta el ano. La última vez que lo había visto en un vestuario de un gimnasio era muy peludo, ahora estaba suave y sin un pelo. Sus jadeos decían que le gustaba así que le dije:

    – Súbete quiero comerte el culo.

    Lo hizo me puso el trasero sobre la boca, también alcanzaba sus huevos. Mientras ellos se morreaban con lascivia dejando caer saliva sobre mi vientre, momentos después la lefa de ambos se unía a las babas sobre mi piel.

    Viciosos y lascivos desmontaron para recoger esa mezcla con las lenguas. Juntando sus cabezas sobre mi estómago. Pero el que no se había corrido era yo. Aguardaba más después de mi primer orgasmo.

    – Vamos papi. Prueba su polla, quiero ver como te folla.

    Ella misma me ayudó a incorporarme muestras su padre se tumbaba boca arriba. Natalia se puso detrás de la cabeza de Juan para tirar de sus tobillos y arquearq la espalda dejarme en culo en la posición perfecta.

    No sé cuando se había puesto lubricante pero mi polla entraba bien, fácil y suave. La cara de vicio de Natalia mientras me follaba a su padre era de antología.

    No sé cuánto duramos así pero todos estábamos muy excitados. No sería mucho tiempo y le llené el culo con mi semen a uno de mis mejores amigos. Y eso que hasta ese día nunca nos habíamos tocado con lascivia.

    – Ha sido genial. Que vicio tenéis. Mira que nos conocemos hace años y nunca había sospechado esto.

    – Esto es bastante reciente. Tú también has estado genial. Imaginaba que eras morboso pero esto…

    – ¡Vamos chicos! ¿Y yo no he hecho nada?

    Eso lo dijo acariciandose sus pechitos y poniendo cara de vicio. Provocándome aún más. Los dos nos echamos a reír.

    – Si cariño, tu eres perfecta. La putita más morbosa y lasciva que he conocido nunca. Eres quién ha conseguido sacar de mí todo lo que he reprimido estos años.

    – Espero que me volváis a invitar. Me gustaría seguir explorando con vosotros.

    Natalia se me acerco mimosa y volvió a colgarse de mi cuello.

    – ¿Y conmigo a solas? ¿No me quieres llevar a cenar ya bailar algún día?

    – Desde luego cielo. Si quieres salir con un viejo como yo.

    – No eres nada viejo y me encantaría estar más veces juntos. Mi papi no es nada celoso. ¿Verdad?

    – No claro. Mi nena puede tener todos los novios y novias que quiera. Pero no hay que parar todavía.

    Ni que decir tiene que continuamos esa pequeña orgia durante toda la noche y buena parte del día siguiente. Sin vestirnos y sin dejar de acariciarnos, lamernos, besarnos más que para comer, ducharnos y dormir algún rato.

  • Yo y mi espejo

    Yo y mi espejo

    Mi compañera de empleo Carolina me vuelve loco. Está posiblemente en sus 30 años, con unos pantalones bien ajustados que acentúan su buen torneado culo y una cara preciosa. Cada vez que tengo que pasar por su cubículo y veo su silueta siento que mi verga se endurece. Me la paso fantaseando como sería tenerla en mi recámara desnuda y meter mi lengua entre sus carnosas nalgas, lamer su anillo anal y explorar profundamente ese orificio negro de pecado. Sé que me perdería en esa cavidad pegajosa y de lujuria que pocos se atreven a explorar. No hay nada más prohibido que comerle el culo jugoso a una mujer y a embriagarse en sus jugos salados y pegajosos.

    Ya habían pasado tres días de visualmente degustar del culo de Carolina. Llegué a mi casa esa tarde y sabía que mi esposa no llegaría hasta tarde en la noche. Ya estaba listo para una rica masturbada a nombre de Carolina. Me desnudé completamente y ya mis 7 pulgadas y mis enormes bolas estaban pidiendo alivio. Me gusta ver mi rostro y como mi cuerpo reacciona a este ritual pecaminoso, así que traje mi espejo y lo puse entre mis piernas. Así podía observar mi verga completamente parada y mi saco carnoso bien grande, sin lugar a dudas llena de mi gloriosa leche.

    La cabeza de mi pene ya empezaba a goterear la saladita clara que yo lujuriosamente con mi dedo empezaba a saborear. Mi espejo reflejaba el rostro de un hombre cachondo, endemoniado de placer, listo para hacerse otra sabrosa puñeta. Con mi mano derecha y mi dedo índice empecé suavemente a frotar mi ya húmedo falo, donde sensaciones increíbles me hacían morder mi labio inferior. Con mi mano izquierda me agarraba y frotaba mi saco testicular, tratando de ordeñar esa caliente leche guardada por días.

    Miraba al espejo y nunca había visto mi pinga tan grande y dura. Apreté con dos dedos la corona de mi glande y un buen goterón de la clara perlada salió, humedeciendo mi falo. Me llevé una muestra de mis dedos humedecidos de jugo a mi boca y volví a saborearlos. Si sólo Carolina pudiera ver lo que estaba haciendo a su nombre. Que viviera conmigo el placer que me daba.

    Suavemente agarré mi verga con mi mano derecha y lentamente empecé a ordeñarla, arriba hacia abajo, abajo hacia arriba. Me excitaba mirarme en el espejo y ver mi rostro en éxtasis, mis ojos perdiendo sus órbitas mientras me daba este fabuloso placer. Fantaseaba con Carolina sentada a los pies de la cama, completamente desnuda, fijada en como yo lujuriosamente me daba placer por ella. No tomó mucho en yo empezar a sentir ese cosquilleo en mi bajo vientre, y mis piernas empezaron a ponerse tensas. Miré al espejo y me fijé que empezaba a respirar fuerte y a jadear un poco. Mi mano empezó a ordeñar esa verga a un ritmo mas rápido. Los dedos de mis pies empezaron en unísono con contracciones y empezaba a perder el control de mis piernas, anunciando una espectacular corrida. «Qué rico, ya la siento Carolina, me estoy viniendo…me estoy viniendo…» balbuceaba mientras sentía mi volcán en completa ebullición.

    Llegué al punto donde no podemos parar. Mi puño iba a mil revoluciones y alcé la vista para verme en el espejo. Con un ahogado grito, tres buenos chorrotes de mi caliente semen salieron disparados, cayendo en mi pecho, pierna y mano. Tres días frenando mi próstata de un prohibido placer me han dejado temblando por unos segundos. Con mis dedos limpié toda la leche derramada y con mi pasión sin freno me saboreé mi salado semen, pensando en Carolina mamando mi verga.

    No hay nada más sabroso que alargar una masturbación a tres o cuatro días. Es un orgasmo sin igual.

  • Calzones de mi cuñada y mi suegra

    Calzones de mi cuñada y mi suegra

    Mi historia comienza cuando conocí la casa de mi exnovia. La distribución de su casa era muy rara y por algún extraño motivo tenían la lavadora en el baño.

    Las primeras veces que fui a su casa no prestaba mucha atención, solo iba al baño para cagar u orinar después de que mi exnovia me jalara la verga a escondidas en su cuarto o me hiciera un oral.

    En algún momento se me ocurrió asomarme dentro de la lavadora y vaya que me llevé una gran sorpresa. Encontré que había unos jeans enredados de mi cuñada (la cual tenía 20 años). Decidí sacarlos y encontré que adentro estaba su brasier y el calzón que se había quitado antes de bañarse.

    En esa primera ocasión solo admiré todo el flujo que había en la parte que tenía contacto con su vulva. Y pese a que no me lo acerqué a la cara, pude percibir ese rico olor a fluidos de una mujer joven y virgen (mi cuñada era muy tímida y se veía a kilómetros que nunca había tenido relaciones). La combinación perfecta entre sudor, fluidos y seguramente unas gotas de orina, hacían desprender un olor adictivo.

    A partir de ese momento, siempre buscaba pretexto para ir al baño y como soy un hombre que se toma su tiempo para cagar, mi exnovia nunca sospechaba algo al respecto. Después empecé a encontrar calzones de la mamá de mi exnovia (era una mujer de unos 50 años con buen cuerpo). Era delicioso oler ese aroma de mujer madura, que era mucho más penetrante que el de mi cuñada.

    Llegó un punto en el que llegando a casa de mi exnovia, le comentaba que tenía que cagar y me iba a oler y lamer los calzones de su hermana y su mamá. Colocaba el calzón de su mamá alrededor de mi pene y me empezaba a masturbar mientras que con la otra mano sostenía el calzón de mi cuñada en mi nariz y en mi lengua. Creo que han sido de los orgasmos más intensos que he tenido en mi vida. Me excitaba mucho el tener ese aroma fresco para irlas a saludar inmediatamente después con un beso en las mejillas. Era como si las saludara pero tendiendo presente el sabor y aroma de sus fluidos.

    En una ocasión, mi exnovia salió del país por un tiempo. Cómo me llevaba bien con su hermana, un día fuimos a un parque de diversiones ella y yo. Cuando regresé para dejarla en su casa, mi suegra me invitó a cenar, a lo cual accedí sin pensar que lo primero que haría mi cuñada era meterse a bañar mientras yo platicaba con mi suegra. Al terminar de bañarse, de inmediato fui a buscar ese valioso tesoro y ahí estaba. El calzón recién quitado y con todas las manchas y aromas después de un día intenso de caminar, gritar y sudar en el parque de diversiones. Cómo no había tenido sexo en varios días debido a que mi novia no se encontraba en el país, la cantidad de leche que tenía guardada en las bolas era grande y tras oler ese manjar, salpiqué todo el baño con mi semen. Me sentía como un semental.

    Una de las mejores veces fue cuando me quedé a dormir en su casa. Al despertar, la hermana y la mamá de mi exnovia se acababan de bañar porque iban a salir. Al irse de la casa, me quedé solo con mi exnovia pero le dije que tenía que ir a cagar. De inmediato me asomé a la lavadora y wow. Hasta arriba estaba toda la ropa de ambas. Continúe con mi rutina de probar y oler ambas prendas (en esta ocasión aún estaban muy húmedos los calzones), sin embargo, anteriormente tenía cuidado de no mancharlas de semen, pero en esa ocasión no pude más, mi suegra y mi cuñada debían de tener un poco de mi leche en sus prendas. Seguí y seguí hasta explotar y dejar un poco de mi leche en ambos calzones, justo en la parte en la que estaba sus fluidos vaginales frescos.

    Al terminar, sequé bien mi pene con ambos calzones, y retiré el exceso de semen de los dos, dejé las bragas en su lugar y regrese con mi exnovia. Cuando regresé al cuarto con mi exnovia, lo primero que hizo fue sentarme en su cama, ponerse de rodillas y amarrar su cabello. ¡Me hizo un oral brutal! pero lo que más me volaba la cabeza, era pensar que seguramente mi pene tenía un poco el sabor de mis cuñada y su mamá. Estaba tan caliente que no sé de dónde me volvió a salir una gran carga de leche directo a la boca de mi exnovia.

    Finalmente, puedo cerrar diciendo que esa dinámica se volvió muy constante. Cálculo que lo hice unas 20 o 25 veces, hasta que terminé mi relación con ella. Es algo que extraño mucho y que sin duda seguiría haciendo. Lamento no haber grabado algún video o tomado foto pero en fin, esas deslechadas ya nadie me las quita.

  • Mi esposa recatada quiere una gran verga negra

    Mi esposa recatada quiere una gran verga negra

    Son casi las 4 am, 3:49 para ser más exactos, un sonido constante entre sueños me despertó, no sé, como si algo chocara con algo, de repente un sonido muy aleatorio en velocidad, lento, rápido, rápido, más rápido, lento. Noto que la cama está vacía y las sábanas frías, el foco del baño está apagado, y solo pienso —quizá bajó a tomar solo un poco de agua—, volví a cobijarme y tratar de recuperar mi sueño, pero mientras, el sonido seguía constante, traté de no tomarle importancia y ya más decidido y consciente por la hora, porque en una hora tenía que levantarme para ir al trabajo.

    Desperté una hora después, me preparé como todos los días, baño de agua fría, desayuno express por las prisas. Transcurrió el día y pensé en el sonido que no me dejaba dormir, traté de darle una explicación, pero simplemente no se me ocurrió nada con que asociarlo.

    Llegué a casa, mi esposa muy linda me recibió con los brazos abiertos, contenta de que haya llegado de mi jornada de trabajo. Mientras me cambiaba de ropa y me ponía cómodo para cenar, le platiqué a mi esposa lo que pasó en la noche, le expliqué de los ruidos y ella me dijo que había bajado a buscar una aspirina para el dolor de cabeza, que no pudo conciliar el sueño y bajó solo por un vaso de agua y el medicamento.

    Transcurrió la noche, nos fuimos a la cama a descansar, yo ya más tranquilo porque supe lo del ruido de la noche anterior, ya acostados mi esposa me dijo que se sentía mal, como desesperada, que ella no quería dormir, yo, me moría de sueño, solo dijo que vería una película a ver si la relajaba y lograba dormir, yo me dormí como un tronco, pero algo curioso pasó, como eso de las 2 am me despertó el mismo ruido, mi esposa no estaba en la cama de nuevo, traté de descifrar el ruido, pero esta vez era un poco diferente, porque ahora también se alcanzaba a escuchar una respiración intensa tratando de sofocarse para no hacer ruido.

    Me levante, intenté no hacer ruido, baje muy lentamente las escaleras, alcanzó apenas a percibir a mi esposa en la sala, con su celular prendido, pero no distingo que hace; su abultada cabellera no me deja ver, al intentar bajar; un escalón me delató, rechino y mi esposa apagó el celular espantada, se incorporó rápidamente en el sillón y solo dijo —amor ¿estás despierto?— solo respondí que sí, rápido encendí la luz y continue diciendo que quería asegurarme que estaba bien y saber si el dolor de cabeza había vuelto, me contestó que sí, que tenía dolor otra vez, pero que ya se había tomado la pastilla. Me quedé pensando y pregunté de inmediato, —¿te tomaste la pastilla con toda la casa a oscuras?— noté un poco de nerviosismo en su voz y confirmó, sí, como ya me la tomé, estaba esperando a que me hiciera efecto y estaba viendo por lo mientras mi celular, pero creo que ya mejor me voy a subir a dormir contigo de una vez, me dijo ve a la cama, enseguida te alcanzo.

    Sacado de onda y con la curiosidad, me subí a dormir, mi esposa apagó la luces y se escuchaban sus pasos para regresar a la cama, ya en la habitación me dijo voy rápido al baño ya para venirme a acostar, dejó su celular en la cama y la pantalla de su celular se encendió, lo miré para apagarlos, pero vi en una notificación que decía esposa caliente monta una gran verga negra, deje el celular rápido porque se escuchó que regresaba a la cama. Me hice el dormido y mi esposa me dio la espalda pero seguía con el celular, en voz baja alcancé a escuchar que dijo, —mensa, no lo cerré, deja activo las alarmas—, yo no lo podía creer mi esposa, no es que ella sea la más santa y recatada, pero ella nunca fue partidaria de ver porno, y cuando se lo llegué a mencionar solo decía que no le llamaba la atención, que le resultaba falso y que ¡meh! simplemente eso no la ponía.

    Pasó los mismo del día anterior, rutina para ir a trabajar, regresar a casa, mi esposa muy linda recibiéndome con los brazos abiertos, con una deliciosa cena, charlando un poco y prepararnos para ir a dormir tipo las 11:30, pero solo que esta vez fingiría dormir para saber qué es lo que hacía cuando se bajaba por la “aspirina”.

    Duré así dos horas hasta que sentí que se levantó de la cama lo más sutil posible, casi no hizo ruido, tomó su celular, abrió la puerta muy lentamente y se bajó a la sala, yo hice un poco de tiempo, unos 25 minutos para darle oportunidad a que iniciara lo que ella tenía que hacer, pasado este tiempo aproximamamente, bajé muy, pero muy sutilmente casi sin respirar, esquivo el escalón que me delató, me asomo y veo que mi esposa semiacostada en la sala, está viendo porno en el celular, alcanzo a medio distinguir que se ven dos tipos negros cogiendo con una mujer, la mujer se veía en cuatro, un hombre negro bien dotado se la cogía por el culo; el hombre le daba unas nalgadotas a la mujer mientras el otro hombre le metía la verga en la boca, la mujer del video se veía como se atragantaba porque no le alcanzaba a mamar toda la verga del sujeto, pero lo que más me sorprendió, pero en serio me sorprendió es que mi esposa se estaba masturbando con un gran dildo, no un dildo cualquiera, era un dildo bastante grande, casi del tamaño de una regla, bastante grueso, color negro, me sorprende porque una vez mencioné que deberíamos de darle más sabor a nuestra intimidad con un juguetito sexual, pero se negó, diciendo que eso no hacia una esposa decente.

    Ahora asocio el sonido de lo que era que chocaba, era ella metiendose tremendo pedazo de verga negra de silicon, con su panochita escurriendo de mojada mientras veia como dos negros se cogian a una mujer, se saca la verga de la panocha y la empieza a mamar como si fuera una verga de verdad, la llena de saliva y la se la vuelve a meter en la panochita jugosa, por alguna razón la escena de mi esposa con las piernas abiertas y metiendose esa verga casi hasta al fondo y viendo porno, me prendió, tuve una erección instantanea, quería bajar a cogermela con fuerza, con furia, con excitación, solo me quedé observando como se masturbaba, de repente vi como su respiración se aceleraba y como suprimia sus gemidos para no hacer ruido, vi como sus caderas se movian por voluntad propia, y pum se vino, tuvo un orgasmo, se dejo la verga de silicon adentro y se cubrió la boca, soltó un respiro muy hondo y dejo el celular, yo trate de subirme lo más rapido posible para que no se diera cuenta que yo estaba ahí con la verga parada viendo como se masturbaba.

    Regresé a la cama, bien caliente, me hice el dormido, ella se metió a la habitación, dejó el celular en la cama y fue al baño, creo que le planearé una sorpresa, pero esa lo contaré en el siguiente relato. Si quieres saber qué pasó, comenta y si veo que hay apoyo, subo la segunda parte.

    Gracias por leerme.

  • Historia ardiente de un pueblo conservador (segunda parte)

    Historia ardiente de un pueblo conservador (segunda parte)

    Los 5 hombres aguardaban en la tienda. La lluvia no cesaba y la señora les invitó a ponerse cómodos porque la tempestad parecía ir para largo.

    Los hombres se quitaron sus chamarras y la jovencita les ayudó a colocarlas fuera del alcance de certeras gotas que ya entraban a la tienda.

    La señora cerró por completo el negocio y se dispuso a hacer lo que su vagina le dictaba con ansiedad. Tomó del brazo a uno de ellos y le sugirió al oído:

    -Aprovechemos el tiempo. Gocemos de un rato agradable con un café.

    -El señor entendió a lo que se refería la señora al ver que le guiñaba un ojo.

    Para pronto el hombre empezó a besarla en los labios ante la sorpresa de sus otros cuatro compañeros de viaje.

    La joven se acercó mucho a un hombre mayor y le pasó la mano por el pecho, sobre la camisa, y la tentación creció.

    El señor tomó a la joven y también la empezó a consentir con unos besos tiernos sobre sus labios.

    Mientras los dos hombres se hacían de los jugosos labios de madre e hija, los otros tres hombres se sacaron el pene y empezaron a frotárselo.

    La señora vio aquel surtido de penes mientras sus labios eran devorados y soltó un leve gemido que excitó a quien la besaba. Bajó su mano y sintió la rigidez del miembro y alcanzó a ver cómo le quitaba el hombre la blusita a su hija.

    Los demás hombres gozaban del espectáculo haciendo con su miembro las veces de una boca succionando la punta de sus bellos penes.

    Entre los hombres había un joven de apenas 19 años que era el que tenía el pene más grueso y largo.

    Quien atendía a la señora descendió con sus ardientes labios a su cuello y le dio oportunidad de ver el enorme pene del jovencito escurriendo ya el líquido preseminal. La señora se mordió el labio inferior y cruzó miradas con el joven invitándolo a acercarse a participar con su enorme polla.

    La joven por su cuenta ya atendía a fondo a su hombre y le succionaba el pene ante la mirada lujuriosa de los otros dos hombres que permanecían limando su herramienta listos para entrar en acción. Los pechos de la joven eran tan hermosos como los de su madre quien ya los tenía expuestos con los pezones endurecidos y dos bocas lamiéndolos.

    La joven tenía planes muy eróticos que había visto en películas porno y que pensaba llevar a cabo en esto que apenas iniciaba.

    Por su parte la madre tenía mucho tiempo sin sentir a un hombre y en su mente pasaba la idea de tener a tres hombres al mismo tiempo.

    Ninguno de los 5 esperaba esto y el pueblo se empezaba a llenar de pasión. Una pasión que poco a poco se convertiría en la mayor lujuria jamás escuchada a través de gemidos y vista por los ojos de dos mujeres que cada fin de semana asistían a misa.

    Lo que está por ocurrir es algo que prenderá todas las vaginas y penes que podamos leer y ser partícipes de esta historia tan erótica.

    Continuará.