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  • Aventuras de una ninfómana (parte 5)

    Aventuras de una ninfómana (parte 5)

    Hola de nuevo mis adorados lectores.

    Como en cada nueva entrega en esta continuo narrando la experiencia que viví en aquel club privado como esclava sexual de Juanjo y la inesperada sorpresa que me tenía preparada para media noche.

    – Vamos zorra, ya has comido bastantes pollas por el momento. Ahora toca disfrutar de un rico conejito.- Me anuncia retirándome las esposas y la barra y tirando de la cadena obligándome a andar a cuatro patas como si fuera su mascota.

    La rubia que hasta hace un momento le estaba comiendo la verga a mi amo ahora se encuentra sentada en el sofá, con la espalda recostada contra el respaldo del asiento y con las piernas flexionadas y bien abiertas.

    Siempre me he considerado heterosexual aunque sí que alguna vez he pensado que buena está esa tía, que envidia de cuerpo, pero de ahí a liarme con una… ni de coña, a mí lo que me van son los rabos y dudo un momento antes de seguir avanzando.

    – Vamos Maka, confía en tu amo y obedece.- Me dice agachándose en cuclillas a mi altura y sujetándome por la barbilla con una de sus manos y sin soltar la cadena de mi cuello.- Sabes también como yo que lo estás deseando. Que lo estás gozando todo como la puta ninfómana que eres.- Y no le falta razón, con esto termino por convencerme y someterme a todo lo que me pida que haga esta noche.

    Sin hacer esperar más a mi amo y a la zorra que me mira acariciándose las tetas con ambas manos acerco mi cara a su sexo completamente depilado el cual desprende un ligero olor a fluidos. Aún a cuatro patas comienzo a pasar mi lengua entre sus hinchados labios y sobre su clítoris inflamado a la vez que noto como Juanjo ha empezado a comerme el coño haciéndome gemir contra el chocho de la rubia.

    Eso parece excitarla y agarra mi cabeza con ambas manos presionando mi cara contra su húmeda raja. Se lo que quiere, yo misma lo quiero ahora asique la complazco hundiendo mi lengua en su caliente vagina haciéndola suspirar de placer.

    – Basta, poneros en 69 encima del sofá, par de golfas.- Nos ordena mi amo encantado con la situación a la vez que tira de mi collar haciéndome apartar para acto seguido colocarme tumbada en dicho sofá boca arriba y con la rubia sobre mí.

    A estas alturas hay varias personas de pie enfrente nuestra disfrutando del espectáculo que no es poco. Puedo apreciar como una mujer entrada ya en la cuarentena pajea a otro tipo sin apartar la mirada de nosotros. Un par de jóvenes aún con las toallas en sus cinturas pero con un apreciable bulto en ellas.

    Pierdo la noción de lo que hay a mi alrededor cuando siento el coño de la rubia pegarse de nuevo a mi cara a la vez que noto como ella me comienza a lamer toda mi almejita.

    Empiezo a gemir atragantándome con el rio de fluidos que sale de su coño cuando noto que retira su sexo de mi cara y es sustituido por el rabo de Juanjo que me la mete hasta donde puede dejando sus huevos reposar en mi frente. El muy bastardo lo está disfrutando en grande alternando mi mamada con metérsela por el culo a la rubia.

    – Vamos pequeña zorra, lubrícamela bien.- Me ordena sacándosela del culo a la otra y enterrándola en mi garganta hasta donde le es posible.

    La rubia no ha parado ni por un momento de comerme el coño, ahora ha incluido un par de dedos a la diversión, noto que me estoy corriendo de nuevo sintiendo como me devoran el chocho y me follan con salvajismo la boca.

    Nada más correrme y sentir como mi sexo se derrite en la boca de mi compañera mi amo vuelve a enterrar su verga en su culo y yo me quedo laxa disfrutando de poder volver a respirar y del delicioso orgasmo que acabo de tener.

    Mi amo no para de empotrar a la rubia que se bambolea sobre mi cuerpo resbaladizo cubierto de sudor y fluidos cuando de golpe saca su verga del dilatado trasero y se corre en tres grandes cargas sobre su agujero y mi cara.

    – Vamos zorra, límpiame bien la polla.- Me ordena encaminado su pene semi erecto y totalmente empapado a mi boca.- Y tú, largo de aquí, ya hemos acabado contigo, vuelve con tu amo.- Le dice a la rubia después de darla una cachetada en el trasero para que salga de encima de mí.

    La chica se retira sin decir nada no antes de darme una última mirada y sonreírme de manera coqueta. Yo la devuelvo la sonrisa y colocándome a cuatro patas sobre el sofá comienzo con las tareas de limpieza que me ha impuesto mi amo.

    – Te estás portado muy bien preciosa.- Me elogia a la vez que me acaricia la cabeza mientras que termino de dejarle el rabo reluciente y otra vez bien parado.- Te mereces un premio especial por lo bien que lo estás haciendo.

    Esas simples palabras y sus caricias me hacen saltar de emoción. Acabo de descubrir que me vuelve loca hacer feliz a mi amo. Estoy pensado esto cuando Juanjo vuelve a recoger la cadena que cuelga de mi cuello y me hace levantar del sofá y empezar a caminar otra vez por el pasillo.

    Creí que ya había visto casi todo el local pero me equivocaba, al final del pasillo había unas escaleras que daban al piso superior. Desembocaban en otro pasillo con tres puertas a cada lado espaciadas entre ellas, este piso parecía mucho más pequeño a simple vista.

    – ¿Lo estas disfrutando?- Me pregunta a la vez que nos detenemos en frente de la ultima puerta a la derecha.

    – Si amo, lo estoy disfrutando muchísimo.- Le aseguro sonriéndole ampliamente.

    – Bien, pues sigue siendo así de obediente el resto de la noche y te aseguro que lo gozarás aún más y recuerda que no puedes hablar, solo cuando yo te lo permita.- Hago un gesto afirmativo con la cabeza dando a entender que lo haré sin dudarlo y eso parece satisfacerle sobre manera.

    – Eres mi puta preferida Maka.- Me asegura besándome apasionadamente y abriendo la puerta de la habitación.

    Nada más entrar puedo apreciar que es una habitación de paredes oscuras y poco iluminada. Colgados de dos de las paredes hay unas pantallas reproduciendo escenas porno de todo tipo llenando el lugar de gemidos y jadeos.

    Pero lo que capturó mi atención sobre todo lo demás fue el tipo que había parado en medio de la sala. Era más alto que yo, musculoso pero sin ser excesivo, justo como a mí me gusta, piel pálida o al menos la que se podía ver ya que llevaba puesta una camiseta sin mangas de lo que parecía ser látex que se pegaba a su cuerpo como una segunda piel y unos pantalones como los de rodeo dejando solo su verga aún fláccida y su trasero al aire. Unas botas que parecían ser militares por lo poco que dejaban ver los pantalones y para terminar el conjunto llevaba puesto un verdugo de cuero negro con tres cremalleras, una en la boca cerrada y las dos de los ojos abiertas.

    – He traído a mi nueva mascota para que juegue contigo pero ya sabes cuál es el precio ¿no?- Le dice mi amo a la vez que tira de mi correa para que me coloque a su lado y comience a girar lentamente para que el encapuchado me vea bien.

    El tipo se limita a asentir con la cabeza y los brazos cruzados sobre el pecho.

    – Ok, toda tuya.- Cierra el trato entregándole la correa y sentándose en un sillón orejero rojo que hay cerca de una cama de matrimonio en uno de los extremos de la sala.

    El tipo tira de la correa sin miramiento y me lleva hasta una cruz que hay en la pared justo enfrente de la cama y el sillón. Me estampa contra la madera en forma de aspa y amarra cada una de mis extremidades a las de la cruz dejándome totalmente inmovilizada y abierta.

    No pierde tiempo y se posiciona a mi espalda cogiéndome de la coleta tirando de ella hacia él y suelta un gruñido gutural en mi oído que me hace jadear de placer, es una bestia salvaje y estoy deseando que me folle hasta reventarme.

    – Te dije que es la más guarra que he tenido.- Oigo decir a mi amo a la vez que siento la verga del encapuchado restregarse entre mis glúteos completamente dura.

    – Tu, bastardo, tienes que empezar con el pago antes de seguir jugando con ella.- Escucho notando como el tipo se separa de mí y me deja ahí, colgada, sola y bien cachonda.

    Durante un rato no tengo ni idea de lo que está pasado ya que solo puedo oír los gemidos que salen de las televisiones y ver la pared frente a mi cara. Mierda, estoy a punto de protestar cuando recuerdo que no puedo hablar y no quiero hacer enrojar a mi amo asique me mantengo callada y parece que soy recompensada por mi paciencia ya que noto al tipo encapuchado de nuevo a mi espalda.

    Me estremezco cuando percibo sus manos agarrar mis nalgas y abrírmelas con brusquedad para acto seguido sentir su lengua lamiendo todo a su paso. Hmmm joder, no paro de retorcerme forcejeando con las ataduras y chorreando por el coño de lo caliente que me estoy poniendo.

    No son solo las lamidas y penetraciones de esa lengua experta si no el pensar que este cabrón se está comiendo las corridas de Juanjo y el otro tipo que me ha follado. Con eso en mente y su lengua hundida ahora en mi vagina me corro soltando una marea de fluidos directos a la boca de ese desgraciado.

    – ¿Qué? ¿Te gusta como sabe su coño?- Le pregunta mi amo que ahora está justo a mi lado y dentro de mi pequeño campo de visión.- Espero que le hayas limpiado bien todas las corridas que tenia.- Le dice con sorna y eso a mí me hace excitarme aún más.

    – Joder, esta perra está bien caliente hoy, tiene cara de insatisfecha, tenemos que remediar eso.- Asegura mi amo ensanchando su sonrisa.- Mira que eres guarra. Te gusta que te traten como a una puta ¿Verdad?- Me pregunta a la vez que siento como el otro tipo se levanta del suelo y deja de comerme el coño.

    – Si, me vuelve loca.- Jadeo mirándole a los ojos y relamiéndome incitándole a que sigan jugando conmigo.- Soy la más puta, amo.

    – Ya la has oído, es la más puta asique no te contengas porque yo tampoco pienso hacerlo.- Comenta volviendo a salir de mi campo visual.

    Lo siguiente que sentí fue como me insertaba lentamente algo duro, rígido y de grandes proporciones por el trasero hasta hundírmelo en lo más profundo de mi ser. Gemí con fuerza al percibir como aquello que parecía una barra de metal empezaba a entrar y salir con rapidez de mi trasero.

    – Ah, ah, ah, siii.- Chillé descontrolada sin poder evitarlo corriéndome otra vez al ser repetidamente sodomizada por lo que descubriría más tarde era un bate de beisbol de metal.

    – Maldita zorra desobediente. ¿Quién te ha dado permiso para poder hablar?- Me reprende mi amo duramente tirando con brutalidad de mi pelo doblando mi cuello hacia atrás y haciéndome gemir medio de dolor medio de placer y aún con el bate insertado en mi trasero y sobresaliendo de el.- Está claro que necesitas una lección que te quite las ganas de hablar. Tú, enséñale cuales son las consecuencias de desobedecerme.- Le ordena al otro tipo que no sé qué está haciendo ahora mismo a mis espaldas.

    El primer latigazo de dolor ardiente lo sentí cruzándome la media espalda. No fue exageradamente fuerte pero sí que me hizo encogerme más por la sorpresa que por el dolor intenso. Dolía sí, pero también me ponía súper cerda, mierda, me estaba fustigando un desconocido y me encantaba. Si eso era un castigo quería más.

    Los latigazos con la fusta continuaron durante un rato más restallando contra la sensible piel de mis espalda, glúteos y finalizaron con ráfagas rápidas y cortas contra mi sexo abierto haciéndome estremecer de dolor y placer.

    – Joder Maka, qué diría nuestro querido Marco si te viera ahora.- Me suelta el cabrón mirándome a los ojos y con una enorme sonrisa pintada en su cara.- Dejándote azotar y con un bate metido en el trasero hasta la mitad.

    Yo gimo lastimosamente como respuesta ya que ni siquiera puedo articular palabras de lo excitada que estoy. No me reconozco, ahora mismo lo único que quiero es que me sigan follando, azotando o lo que demonios quieran hacer conmigo.

    – Parece que has aprendido la lección.- Concede mi amo satisfecho mientras que el otro tipo me saca el bate del trasero sin miramientos y me libera de mis ataduras para después tirarme de golpe contra la cama cayendo de costado en ella.

    Puedo ver a Juanjo de nuevo sentado en el sillón encarado ahora a la cama y meneándose la polla.

    A los pocos segundo ya tenía al tipo encapuchado sobre mí a horcajadas sentado sobre mi estomago. Me aprisionó ambos brazos con sus piernas y quedándose de rodillas encaminó su polla a mi boca. Me la metió del tirón y comenzó a fallármela con fuerza haciendo que me ahogara repetidas veces con ella casi al borde de la asfixia y el clímax.

    A todo esto Juanjo con el rabo ya rezumando precum se posicionó de pie dejando mi cabeza entre sus piernas y deleitándome con toda una panorámica de sus bajos para acto seguido coger al bastardo de la cabeza y colar su polla por la cremallera ahora abierta de su boca para bombear rítmicamente dentro de ella.

    Yo no me lo podía creer, le estaba mamando la verga a un tipo que parecía salido de una película sado y este se la estaba comiendo a Juanjo, ¡a Juanjo! no pude reprimir el orgasmo que me produjo el morbo que me daba todo aquello.

    – Mira, se ha vuelto a correr la muy cerda, mira la mancha en el colchón entre sus piernas.- Le dice mi amo al tipo a la vez que retira su polla empapada de su boca.- ¿Cuántas veces te has corrido ya hoy puta?- Me pregunta a la vez que el otro tipo saca su verga de mi garganta para que pueda responder.

    – No lo sé amo, perdí la cuenta.- El suelta una carcajada a la vez que oigo gruñir al enmascarado que se está levantando de encima de mí.

    -Es hora de lo bueno.- Juanjo dice esto a la vez que comienza a amarrar mis manos a unas argollas que hay en el cabecero enrejado de la cama.

    – Tu métesela por el coño que su culo es mío.- Ordena Juanjo con su tono de mando y haciéndome estremecer de solo pensar en otra doble penetración.- Mira como se retuerce la muy salida de solo pensar en cómo no la vamos a follar.

    El encapuchado a modo de respuesta vuelve a gruñir a la vez que se posiciona sobre mi y entierra su verga en mi palpitante sexo. Me sujeta de ambas piernas y las dobla haciéndome tocar las rodillas casi con los hombros y dejando mi trasero al alcance de la polla de Juanjo.

    Este la introduce de un solo empujón y empieza a embestir al ritmo que su amigo me folla el coño. No puedo para de gritar y gemir sintiéndome totalmente llena, me van a desgarrar de lo fuerte que me están follando estas dos bestias salvajes pero no me importa, lo estoy gozando a lo grande. Poco rato después siento como el rabo aun duro de Juanjo sale de mi trasero y ahora es solo el encapuchado el que me está follando como si no hubiera un mañana. Mi amo no se ha movido de su posición de rodillas entre las piernas abiertas del otro tipo que me la está enterrando hasta los huevos y me mira con lujuria sin perder detalle de las caras que estoy poniendo.

    Cuando cierro los ojos y me dejo llevar por otro maravilloso orgasmo y al abrirlos de nuevo me doy cuenta que el encapuchado ha parado en seco dejándome la verga bien metida y le escucho gruñir de nuevo y removerse. No me lo puedo creer, Juanjo se la está metiendo por el culo al bastardo que me está follando. Creo que puedo correrme solo con eso del morbo que me da.

    – Parece que la gusta que te la meta por el culo.- Se carcajea mi amo a la vez que agarra al tipo de la quijada con una mano para que me mire y comenzando a fallárselo a buen ritmo.- Sois un par de putitas, mis putitas.- Ambos asentimos a la vez que comenzamos a gemir escandalosamente al retomar ambas follas.

    El enmascarado no para de follarme fuerte y profundo y por lo que siento Juanjo no es menos fallándole a él. No sé cuánto tiempo estuvimos así solo sé que cuando estaba por correrme otra vez mi amo volvió a felicitarme por ser tan buena perra.

    – Esta es la sorpresa que te tenía preparada.-

    Me dice sin dejar de sodomizar al tipo encapuchado y sin que este deje de metérmela. Lo que me hizo volar la cabeza no fue eso si no el rostro que aparición cuando mi amo le sacó la mascará al encapuchado. Era Marco, mi marido, yo no podía creerlo y me quede rígida como una tabla intentado procesar lo que pasaba en ese momento.

    – Mira que cara se le ha quedado.- Dijo Juanjo volviendo a retomar las embestidas y nalgueando a mi marido mirándome con esa maldita cara que decía. Te follo a ti, a tu marido y a quien se ponga por delante. Eso como no me puso a cien, eso y los gemidos que soltaba Marco al ser follado por Juanjo y al retomar sus embestidas contra mi coño.

    Poco más hizo falta para que los tres terminásemos corriéndonos. Yo gemí y me retorcí lastimándome las muñecas experimentado uno de mis mejores orgasmos. Marco terminó por sacármela y aún siendo embestido por Juanjo se corrió sobre mis tetas gimiendo extasiado no sé si conmigo o con la verga de Juanjo. Y este al final terminó por vaciar toda su carga en lo profundo del agujero de mi marido.

    Pensé que después de aquello me soltarían pero no fue así al menos no de momento.

    – ¿Creías que no sabía nada de lo que te dedicas a hacer cuando no estoy?- Me preguntó Marco limpiándose la corrida de su trasero y su polla medio flácida con una toalla burdeos y con un tono que no denotaba enfado para mi sorpresa.

    A todo esto Juanjo se había sentado en el sillón y disfrutaba de la escena encendiéndose un cigarro del paquete de fortuna que descansaba sobre una mesita de noche y al lado de un cenicero.

    Le miré pidiendo permiso para hablar pero me hizo un gesto negativo con la cabeza y yo obedecí. Justo ahí es cuando me di verdaderamente cuenta que le pertenecía, que era su esclava y que eso ya no era solo un juego si no que era totalmente en serio. Y me gustó, me encantó.

    – Que hijo de puta, que bien entrenada la tienes ya.- Comentó divertido mi marido para mi asombro y encendiéndose otro cigarro el también.

    – No estoy enfadado Maka. Se desde el comienzo todas tus travesuras y como has podido ver a mí también me gusta jugar asique por mi podemos seguir disfrutando.- Me aseguró restándole importancia y haciéndome flipar en colores.- Aun así creo que mereces un pequeño castigo o premio, según se mire.- Continuó pero está vez miró a Juanjo antes de seguir hablando.- Quiero llevarla a esa sala, está claro que llevabas razón asique quiero que goce esta noche como la ninfómana que es.- Le propuso a mi amo ignorándome ambos momentáneamente.

    – Claro, será el broche de oro a su entrenamiento.- Y con esto dicho me desataron del cabecero de la cama y Juanjo volvió a tirar de mi cadena con un nuevo destino y con Marco acompañándonos ahora él también totalmente desnudo salvo por las botas que si que eran de estilo militar.

    Lo que pasó después os lo contaré en mi siguiente entrega. Ya me despido de todos y para no perder la costumbre cierro el pc y salgo desnuda a la terraza notando la brisa fresca de esta noche de mayo sobre mi piel y con Marco empalmado siguiéndome. Después de descubrir que soy una ninfómana exhibicionista se ha terminado por unir a mí en varias ocasiones a mis espectáculos nocturnos. Sin más preámbulos me recuesto en la tumbona y mi hombre me folla sin descanso para disfrute de los vecinos habituales y con mi bala vibradora a toda velocidad metida en su culo. Adiós amores… felices sueños húmedos.

    Espero con ansias vuestros comentarios, en serio que me encantan.

  • La confesión de hoy: Terminé en el culo de su hermana

    La confesión de hoy: Terminé en el culo de su hermana

    Voy a confesar la que es, por mucho, la noche más excitante de mi vida.

    Nuestra forma de divertirnos puede parecer algo extraña y habrá quien no le vea sentido. Igual no es algo que nos preocupe, solo nos concierne a nosotros.

    Por ejemplo, hay días en lo que a ella le gusta que veamos porno mientras la masturbo con sus juguetes. Ella elige los videos, elige los juguetes, ya sea su consolador grande o el vibrador, alguna de las joyas para su culo… todo, ella lo decide todo… las posiciones, el porno romántico o sucio… -Incluso me ha pedido que le relate historias de mis encuentros con otras mientras la masturbo- así, ella se viene hasta 3 o 4 veces.

    Todo termina empapado, sus fluidos me bajan por mis brazos, me pringa la cara sin reparo o deja el colchón totalmente mojado después de orinarse. Y es hasta que ella está totalmente satisfecha que me permite ponerme el condón, se da vuela en cuatro, ya sin muchas ganas y me apresura a darle pinga para venirme. Tengo que apurarme, eso porque si me tardo más de tres o cuatro minutos para venirme, simplemente se quita y me toca terminar por mi mano. En fin, disfruto mucho que me utilice así para su placer.

    Ahora sí, la confesión de hoy.

    Salimos como parejas ella y yo, además de su hermana con su nueva adquisición de esa semana. Debo decir que incluso a mi me impresionó, el tipo estaba bien hecho, un rostro varonil, su cuerpo tonificado, era alto y bien vestido. Una sonrisa blanca y cuidada, su cabello negro y con piernas y brazos de musculatura simétrica.

    Fue una noche divertida, salimos, se consumió alcohol, un poco de marihuana, se comió bien, nada del otro del mundo. Hacia la madrugada, decidimos regresar a nuestras casas, sin embargo, después de que pasamos a dejarlos en nuestro automóvil, nos invitaron a pasar, insistieron en hacer el after party… y pues, accedimos.

    Ya cómodos en su sala, seguimos consumiendo, hablando y divirtiéndonos. Una hora había pasado cuando su hermana estaba sobre ese tipo varonil, comiéndoselo a besos y ya incluso desabotonando su camisa. Sin decir nada, se levantaron y entraron a la habitación, pero sin cerrar la puerta. Como era de esperar, empezamos a escucharla gemir y a él respirando profundo para embestirla, pues sus cuerpos se escuchaban chocando y generando humedades.

    Nosotros, desde los sillones en la sala, también estábamos excitados.

    La volteé a ver y sin mediar palabra, nos sacamos la ropa mientras nos besábamos. Ya desnudos, ella tomó el control, como siempre. Me hizo arrodillarme frente al sillón en el que estaba tan cómoda, abrió las piernas y me hizo masturbarla. Pero en esta ocasión, me obligó a cerrar la boca, la estaba masturbando mientras escuchábamos a su hermana gemir y a ese tipo decirle todo tipo de barbaridades y groserías. Cuando su hermana gritó sin ningún pudor que ya se iba a venir, ella me pidió subir yo también la intensidad, eso al mismo tiempo que ella se movía con mas ritmo con mis dedos penetrándola. -Estas perras se vinieron casi al mismo tiempo, como su hubiera estado planeado.

    Ella terminó y se dio vuelta, era mi turno- Ya no escuchaba a su hermana gemir, pero a ese punto yo ya estaba al borde de explotar. Así que la acomodé y comencé a disfrutar de su culo de cuatro, como era costumbre para mí. -Quería venirme para aprovechar, sabía que tenía que hacerlo rápido mientras ella estuviera dispuesta a dejarme penetrarla.

    La sorpresa fue ver a su hermana al frente de nosotros, con su rostro rojo, sudando y estimulándose el clítoris mientras me veía empotrar a su hermana contra el sillón. Así estuvimos, los tres, varios minutos. Llegado el momento, sentía ganas de venirme y su hermana pudo leerme en mis movimientos. Se acercó, inclinó su culo como ofreciéndomelo y dijo -sácala de ahí y termina en mis nalgas.

    Obedecí a su hermana, la saqué y me quite el condón, me masturbe con mucha potencia hasta que me vine y exploté toda mi leche en esas nalgas grandes y blancas. Mientras estaba extasiado, la vi jugando con la leche y esparciéndola en sus nalgas. Luego, se reincorporó y regresó a la habitación con él.

    Todo terminó, nos vestimos y regresamos a casa. Yo nunca me imaginé involucrarme así con su hermana, pero a la postre, eso solo me ha traído beneficios, aunque eso es material para otras confesiones…

  • Una relación prohibida

    Una relación prohibida

    Entraba el mes de julio, y yo había terminado mis deberes de la universidad, no acostumbro a salir o viajar mucho, ya que yo absorbo mis gastos de educación, además casi no acostumbro a salir a beber, acaso muy de vez en cuando, conozco mis limites cuando se trata del alcohol, y más cuando se trata de Tequila, una sola copa y pierdo el control de mí, me pone muy cachondo. En fin.

    Vivo con mi tía Paola, hermana de mi mama en la ciudad de México, yo soy originario de Jalisco, y pues no me va mal en la vida, no tengo novia ya que estoy enfocado en mis estudios como médico, y es muy demandante, a veces me estreso mucho porque ya llevo mucho sin aventarme una buena coshada, pero bueno… He aguantado muy bien.

    Yo soy un tipo de lo más normal, un poco robusto de musculatura y alto de 1.79, un poco güero, y pues mi herramienta me mide 21cm algo gruesa.

    Mi tía por otro lado es la mujer que la mayoría desea, de cintura delgada, unas nalgas muy bien marcadas, un buen par de tetas algo grandes, de pezones marcados de tamaño mediano, cabello negro y largo, con muy buena forma ya que no tuvo hijos y su esposo falleció hace 8 años y a pesar que trabaja desde casa, ella corre en un parque cercano a casa pero frecuenta el gym, y aun así se conserva muy bien.

    Mi relación con mi tía es de lo más normal, pero hay mucha confianza entre nosotros, ya que el departamento donde vivimos es pequeño, tenemos que compartir cama, pero en los 6 meses que eh estado con ella nunca ha sido incómodo.

    Recuerdo esa mañana, me levante como de costumbre a las 7 am un poco más concentrado de lo normal ya que era día de exámenes finales de los parciales, así que tome mi toalla y para ahorrar tiempo me quite el bóxer desde el cuarto ya que mi tía no estaba, había ido a correr, y caminando con mi herramienta afuera entre al baño y me lleve una sorpresa al ver a mi tía saliendo de la ducha completamente desnuda y mojada.

    Yo: Tía, discúlpeme, pensé que no estaba, que se había ido al parque (Tapándome con la toalla que traía en la mano y boqui abierto)…

    Paola: Luisito, se toca antes de entrar (Lo dijo con una sonrisa algo picara). Hoy tengo que empezar a trabajar temprano y por eso me regrese más temprano.

    Me dijo mientras se tapaba con una toalla, me extraño mucho que no se incomodara.

    Paola: Oye ¿Para qué te tapas?, ya me viste, no es justo que yo no te vea.

    Yo: Ya tía… Perdóneme.

    Ella salió riéndose y diciéndome –Tranquilo, no me molesta para nada, además hay confianza entre nosotros.

    Comencé a ducharme y mi mente estaba a 1000 por hora, y mi garrote se empezó a poner duro, intente concentrarme para los exámenes y poco a poco se me fue olvidando.

    Termine, y cuando salí ya listo, mi tía me tenía preparado el desayuno.

    Paola: ¿Listo para tus exámenes?

    Yo: Si, estoy nervioso, pero seguro…

    Paola: Me parece muy bien Luisito, y ya hoy sales de vacaciones, por fin tendré algo de compañía en la casa, me dejas aquí solita.

    Yo: Jeje, tal vez podamos ir al cine en las vacaciones o algo, a usted le sobra mucho tiempo, es muy buena en su trabajo.

    Paola: No te creas, pero si me gusta acabar temprano, bueno ya vete a la escuela que vas a llegar tarde.

    El día pasó sin contratiempos, y regrese a casa, cansado y con hambre, además que volví a recordar lo que paso en la mañana.

    Abrí la puerta y mi tía ya preparaba la comida, era algo tarde, pase a saludar y me lleve una sorpresa, mi tía llevaba un mini short negro bien pegado y una playera sin mangas que me dejaba ver sus tetas por los lados. Trague saliva y la salude…

    Yo: Ya llegue, ¿Ya termino de trabajar?

    Paola: Si, y pensé que llegarías con hambre así que te prepare algo.

    Yo estaba medio pendejo, se veía bastante sexy, y nunca se había puesto algo así en los 6 meses que llevo viviendo con ella.

    Paola: Ve a dejar tus cosas y vamos a comer.

    Asenté con la cabeza y me fui a la recamara con la cara bien roja, regrese y ella ya había servido los platos, pero fue distinto, acomodo su silla justo a un lado de la mía y muy muy cerca, se estaba portando muy extraño.

    Nos sentamos a comer y cada quien platico de su día pero ella no dejaba de verme a los ojos mientras comía, y con la playera escotada que llevaba, podía ver sus tetas, yo deliraba, no podía dejarlas de ver, y ella lo noto.

    Cuando terminamos ella me dijo:

    -Quería ver una película en el cine, pero veo que estás cansado, que te parece si vemos una película aquí, compre palomitas-

    A lo que le respondí:

    -Si quiere, pero no le garantizo quédame despierto-

    Cambiamos y nos fuimos al sillón que por cierto es muy pequeño, ella se sentó a mi lado encendió la tele y vimos una película, estuvo bien y no pasó nada hasta que cuando ya íbamos a apagar la televisión, por accidente se cambió al canal porno, intente apagarla pero el control se me cayó.

    Mi tía me dijo:

    -Míralo, y decías que estabas cansado-

    Yo le respondí:

    -Fue un accidente, déjeme apagarla-

    Recogí el control y mi tía me lo quito, me jalo al sillón otra vez y me dijo:

    -Ahora vamos a seguir viendo películas-

    Me senté de golpe por el jalón que me dio y le dije:

    -No tía, como cree, no puedo ver esto con usted-

    Ella me contesto:

    -Te dije que había confianza entre nosotros no te preocupes, además es solo una peli.

    Yo: De verdad no es necesario, ya me quiero ir a la cama a dormir.

    Apago la tele y encendió la luz y me dijo que quería hablar conmigo.

    Yo: Dígame.

    Paola. Mira, sé que te sientes incomodo pero quiero que exista esa confianza entre nosotros, te o dije desde que llegaste a vivir conmigo. Te quiero confesar algo, Hace mucho tiempo no estoy con un hombre, y con los que me cruzo son unos patanes, así que pensé… si no te molesta, y si tú quieres, podemos vernos desnudos, tocarnos, y tal vez hacerlo de vez en cuando.

    Yo: ¿Cómo se le ocurre eso? No podemos.

    Ella se me acerco y me acaricio el brazo.

    Paola: Mira, sé que está un poco mal, pero tómalo como si nos ayudáramos mutuamente, yo te ayudo a calmar tus ganas ahorita que no tienes novia y tú me ayudas a sentirme mujer otra vez, no puedo quitarme de la mente tu rica verga.

    Yo: Noo. No está bien y además imagínese si se enteran mis papás.

    Paola: No me digas que no te guste cuando me viste en la ducha, vi tu mirada, será nuestro secreto, anda, por favor te necesito.

    No podía dejar de imaginarnos cogiendo, y mi temperatura estaba muy arriba, pero mi moral no me dejaba de atormentar.

    Me dijo:

    -Mira, nadie tiene por que enterarse, ya estamos grandes, puedo ser tu tía afuera, y tu mujer en la casa-

    Eso me prendió todavía más, así que me dije –ya que carajos.

    La tome por la cintura e hice que me montara, ella me tomo del cuello y nos dimos un apasionado beso, nuestras lenguas se cruzaban mutuamente, mi tía suspiro profundamente y me dijo al odio muy tiernamente –Gracias mi amor, te juro que no te vas a arrepentir, ahora tu tía te va a cuidar y te tratara como el rey que eres.

    Bajo a mi cuello y me empezó a besar, su lengua lamia mi cuello, yo suspiraba de placer, mis manos bajaron a sus nalgas y la comencé a masajear, ella gemía suavemente mientras me chupaba la punta de las orejas, comencé a besar su cuello lentamente mientras tocaba sus ricas tetas, estaba en el cielo, metí mi mano debajo de su blusa y comencé a jugar con sus pezones, ella gemía un poco más rápido.

    Me detuvo un momento y se sacó la blusa dejando sus tetas al aire, eran preciosas, quería comérmelas, ella me dijo.

    -Soy tuyo amor, hazme tu mujer.

    Empecé a chupar sus tetas, con mi lengua pasaba por la punta de sus pezones, dando círculos por sus aureolas, ella gemías más y más.

    -Así amor, cométetelas bebe- Mi decía mientras me sujetaba de la nuca para no despegarme de ella, estaba en el cielo, ya no la veía como mi tía, la veía como mi mujer, quien estaría dispuesta a tener sexo cuando yo quiera.

    Me separe un poco de ella y le dije que se para, ella de levanto mientras yo me quitaba el cinturón y me bajaba el pantalón, ella me ayudo hasta que mi verga quedo afuera.

    Ella dijo:

    -Mira que rica verga tiene mi niño, mmmm, y es toda mía.

    Apenas termino de hablar y se la llevo a la boca, estaba durísimo, ella se lo trago por completo, mientras mi verga entraba y salía de esa boca, empecé a sentir esos calambres deliciosos, yo gemía, apretaba los puños mientras miraba al techo, me la chupaba como toda una profesional, pasaba su lengua por la punta de mi verga y se la metía por completo hasta la garganta.

    Ella paro y me dijo:

    -Quiero el primer sorbo en mi rajita.

    Me termino de quitar el pantalón, y se bajó su short, yo la veía detalladamente, sus piernas bien contorneadas, sus rica rajita bien depilada, rosita podía ver sus labios bien rasurados, me levante, la tome por la cintura mientras le daba otro beso de lengua, y la acosté en el sofá, le abrí sus piernas y con mi lengua comencé a tocar toda su rajita, de arriba abajo, primero con la punta de la lengua, hasta usar toda, ella se retorcía del placer.

    Me tomaba de la cabeza haciendo que me hundiera más en su sexo, estaba muy mojada.

    Después de ese oral, la levante, y la cargue tomándola desde sus nalgas y mientras la llevaba al cuarto, nos fundimos en otro apasionado beso, la bajé y me senté en la cama, la tome por la cintura, y le chupe las tetas de nuevo mientras le metía los dedos en su rica rajita.

    Termine, así que de la cintura de li da vuelta con su culito hacia a mí, y la fui sentando en mi verga lentamente, sentía como mi verga entraba despacio en su rajita, ella gemía, y cuando llego al fondo ella pego un grito de placer.

    -Ah mmmm que rico amor.

    Apoyo sus manos en mis rodillas y empezó a subir y a bajar, no podía creerlo, esa sensación que no había sentido con otras, ella gemía más y más hasta que soltó el primer orgasmo…

    -Aaah -Gemía mientras sus piernas temblaban, ella se levantó lentamente hasta que mi verga salió de su rajita, la tome por atrás y mientras le daba otro beso y le tocaba sus tetas, la tumbé a la cama, ella abrió sus piernas, dejándome ver a detalle su hermosa conchita, puse la cabeza de mi verga en su rajita y la volví a penetrar, y con mi verga adentro me incline para besarla mientras la taladraba, mis movimientos fueron más violentos, ella no paraba de gemir del placer, estuve así por 10 minutos, me canse y la cambie de posición, hice que me montara, poco a poco se la fue metiendo hasta que empezó a bajar y subir violentamente.

    Sus tetas rebotaban y su cara denotaba placer, eso me éxito mucho y me corrí dentro de ella, nunca había soltado tanta leche, ella se detuvo un poco y empezó a hacer movimientos de vaivén, mis ojos casi se ponían blancos, ella me vio a los ojos con mucho amor y aun con mi verga y mi leche adentro me comenzó a besar, estaba en el cielo.

    Ella se levantó dejando caer un poco de mi leche, vio mi verga y se la volvió a llevar a su boca, era increíble, ¿Cuánto hubiera dado por una esposa así?

    Termino y dijo:

    -Listo ya está limpia corazón.

    Me levante y camine a mi mochila, necesitaba un cigarro, y cuando voltee a verla, acostada de lado con mi leche escurriéndole todavía.

    Cuando asimile lo que había pasado mi mente quiso entrar en pánico, pero por alguna razón no le di tanta importancia como al principio, ella por su parte se limpiaba.

    Termine de fumar y regrese a la cama, ella se acercó y nos quedamos recostados abrazados un rato y comenzamos a platicar.

    Ella: ¿Ya estas mejor?

    Yo: Si, honestamente si lo necesitaba.

    Ella: Cuando quieras amor, no preguntes y cógeme como quieras y donde quieras, pero bueno, ya es algo de lo que no podemos dar marcha atrás, así que, que quieres que sea para ti.

    Yo: O sea ¿Cómo?

    Ella: Si, quieres que sea tu novia, esposa, puta, amiga, sé que suena a juego de rol pero si me gustaría saber lo que piensas.

    Yo: Mmmm… Lo que usted quiera.

    Ella: ¿Y si quiero tratarte como mi hombre, como mi esposo?

    Yo: Pues tardare en acostumbrarme pero siempre que sea aquí en casa creo que está bien.

    Ella sonrió y nos volvimos a besar, ese beso sí estuvo largo para mí, como de unos 5 o 6 minutos.

    Nos fuimos para la ducha, y justo cuando nos estábamos enjabonando, mi verga se volvió a parar, ella lo vio y me empezó a masturbar tiernamente mientras me besaba, yo le tocaba las tetas y su rajita, no aguante más y la voltee de espaldas, y frotaba mi verga contra su culito, ella se volvió a excitar, gimiendo suavemente, y poco a poco fue parando su culito más y más y me dijo.

    -Cógeme por el culo mi amor.

    Ella tomo algo del botiquín del baño, era un lubricante de esos famosos, comenzó a ponérmelo en mi verga.

    Ya lubricado lo guio a su culito y lo fue metiendo, ya a media verga yo sentía que ya me corría otra vez, estaba muy apretado, ella se quejaba, pero parecía que no quería quedar mal y se la metió de golpe, se quejó mucho, yo le pregunte:

    Yo: ¿Estas bien?

    Ella: Si amor solo hazlo despacito.

    Yo me empecé a mover lentamente ella se quejaba, pero conforme lo hacíamos ella parecía acostumbrarse, o eso pensaba, me dijo:

    -¿Ya vas a acabar? Es que me duele mucho.

    Yo le contesté:

    -Sí, ya casi.

    No pasó ni un minuto y volví a correrme dentro de ella, el saque lentamente para no lastimarla, ya una vez terminada me dijo:

    -Te prometo que la próxima vez te hace sentir mejor con mi culito.

    Le contesté:

    -No te preocupes, pero si te duele no hay que hacerlo-

    Ella sonrió y nos volvimos a besar, cerramos la llave de la ducha, nos secamos, y nos fuimos a la cama ya cansados.

    Ella me hizo abrazarla por atrás, y así nos quedamos dormidos hasta la mañana siguiente, ella me despertó con un beso de lengua al que yo le correspondí y me dijo que iba a prepararme de desayunar.

    A partir de ese día nuestra relación por así decirlo todavía continua, ella me trata como a su esposo, mientras hago mis tareas ella me atiende, me da masajes, y yo le correspondo tratándola como mi mujer. Que por cierto es muy celosa y ya me dijo que no quiere verme con ninguna lagartona de la facultad.

    Espero te haya gustado este relato. Y gracias por leerlo.

  • Sexo con ella y el novio

    Sexo con ella y el novio

    Después de varios intentos logre conseguir una cita con una pareja swinger dos jóvenes mente abierta, ella era una chica morena de buen cuerpo como de 25 años, el chico también era joven blanco y delgado.

    Se notaba que lo hacían por placer y también por ganar algo, nos tomamos algo y nos fuimos a un cuarto de hotel.

    Con senos grandes, caderas anchas y una buena cola, tenía unos labios gruesos como a mí me gusta, los bese apasionadamente, nos untamos de saliva, beso con lengua muy apasionado, mientras el chico la tocaba y le besaba sus pezones, ella ya estaba en tanga se veía muy excitada, pues éramos dos chicos dándole placer, el chico ya estaba en pantaloncillos y yo podía ver su bulto duro y largo, yo me quite la camisa el pantalón ya estábamos cómodos y calientes los tres.

    Seguí besando a la chica le cogí sus tetas y se las chupaba, el chico empezó a masturbarse, yo estaba concentrado en ella, él dijo si quieres le puedes hacer oral, sin dudarlo me tire Asus piernas y le corrí la tanga, tenía su vulva toda mojada con un olor fuerte pero rico. estaba depilada y empecé a meterle la lengua me sumergí en sus jugos y en su humedad, mi boca toda untada, la chica me gustó mucho, era morena y me encantaba, el novio solo miraba y la besaba con placer, después se me abalanzo a darme un beso yo con toda la cara untada lo bese, intercambiando saliva y el sabor de los jugos de la chica – yo estaba súper excitado con una erección muy dura, la chica se acostó y le pusimos las dos vergas en la boca, ella empezó a chupar y a gozar de nuestras vergas, de repente el chico bajo y se prendió de mi verga , también la chupaba con muchas ganas, yo sentía que me iba a venir, los dos chupaban mi pene deliciosamente.

    Cambiamos de posición y yo se lo chupe a él también, lo tenía algo peludo pero rico, le hice una rica mamada. Ya no aguantamos mas y el empezó a penetrar a la novia, yo veía y también quería hacerlo. Él la puso en 4 y me dijo que lo hiciera pero con condón, me lo puse y empecé a penetrar aquella chica morena. Estaba deliciosa en 4 con esa cola grande, yo la cogía con gran placer, después la volteé hacia arriba para ver sus grandes tetas y su cara de placer mientras yo se lo metía fuertemente, seguí besándola y comiendo su cuerpo, él le puso su verga en la boca mientras tanto, eso me gustó mucho ver como ella chupaba, él me dijo si yo quería que me penetrara, le dije sí, pero con lubricante. Saco un lubricante del bolso de ella y se puso un condón, yo me puse de pie y deje que él me metiera los dedos untándome con el lubricante, sentí un dolor placentero, ella miraba y se reía, me dio vergüenza pero yo también quería ser penetrado, el chico empezó a besar mi nuca y mi espalda yo le cogí la verga y la puse en la entrada de mi cola.

    Estábamos de pie, el detrás de mí, ella tirada en la cama sudando, caliente, desnuda tocando su clítoris con placer. El metiendo su verga dentro de mí lentamente, me incline hacia la cama y pare mi cola para que me cogiera más rico. Empezó las embestidas y gracias al lubricante entraba y salía muy rico, entonces ella se acercó y abrió sus piernas para yo metérsela, mientras el me tenía clavado por detrás yo la clave a ella y quedamos los tres conectados, yo encima de ella y el detrás de mí, yo estaba que me corría.

    Él dijo – me vengo – echo su leche dentro de mí pero con preservativo, el chico no aguanto y se vino. se quedó un rato pegado en mí trasero , dejando escurrir su polvo, ella se sentó y empezó a chupar mi verga otra vez, el chico se salió de mí y pude ver su leche colgando del condón, se fue al baño mientras yo seguí y ella chupándome fuertemente la verga, me dijo échamelo en la boca, le descargue mi semen en su boca y sus pechos, como era morena se veía espeso, blanco y cremoso, ella lo disfrutaba mucho mientras se tocaba su clítoris con sus dedos largos.

    Me imagino que ella se vino varias veces aunque no nos dimos cuenta pues el chico me tenía penetrado, fue el único trio con chica que hice y fue una experiencia muy agradable, nos duchamos nos besamos y salimos del hotel como si nada hubiese pasado.

  • Me gusta mi tío

    Me gusta mi tío

    Ni idea como llegamos a esto, pero mi tío me tiene loca. No sé si soy yo o él es también parte de esto pero me gusta todo de él… lo miro y simplemente me excita. Me lo imagino tirándome y jalándome mi pelo, quiero chupársela y tomarme su semen.

    Nos conocemos mucho en realidad bastante, él tiene 27 y yo tengo 20. Antes nos veíamos como la sobrina graciosa y cariñosa y el tío maduro y achorado. Íbamos a jugar pelota o verlo jugar cuando salía con sus amigos también iba con mis amigas porque en el barrio siempre salíamos así, iba en plan de verlo jugar nada más y ahí me di cuenta de su pene, fui a espiarlo al baño y lo vi me excito muchísimo que quería chupárselo pero no sé cómo él lo vería y hasta quizás me diría algo raro me dije. Llegue a casa y me masturbe como una puta toda una zorra por lo que había visto y decía su nombre gimiendo.

    Luego paso y pensé que esas ganas de querer que me coja mi tío desaparecerían pero nada de nada, muchas veces tenía la casa sola y tenía unas ganas de llamarlo con cualquier excusa pero en vez de eso prefería masturbarme viendo sus fotos y fantaseando con él. Tengo sueños con el que me está tirando y eso me gusta, vernos teniendo sexo y esas ganas de meterme su pene en su boca y yo tragarme su semen eso me excita o que el me chupe mi vagina eso me pone muy caliente quiero que me jale el pelo y me trate como su puta o también verlo mientras se la estoy chupando.

    Tengo varias fantasías con él y creo que las tengo con él porque él es un tipo muy abierto para estas cosas o sea para el sexo y aparte una vez cuando fui a su casa lo encontré tirándose a su enamorada y como la hacía gemir y le daba en las nalgas también lo encontré masturbándose. Mis amigos de la Uni son payasos y lo que veo en mi tío no lo he encontrado en otra persona ahí en la calle, en la chamba o en la u. O sea el no sé qué tiene que no solo me prende y me excita también me gusta o sea estoy enamorada porque siempre hemos compartido experiencias, no sexuales porque en esa parte mi tío no dice mucho solo con sus patas del futbol pero yo si se lo que hace, sale a pelotear y viene tarde porque luego va a tirarse a alguna zorrita que se le arrima, eso hasta me pone celosa.

    He querido invitarlo a tomar o sea pero solos sería muy raro y no sé, mi plan es salir a tomar y borrachos decirle que me gusta que quiero que me folle y luego ir a un telo para que me meta su pene y tragarme su semen.

    Mi tío me gusta mucho y me la quiero jugar por él porque si, o sea esperar que una zorra venga y se lo quede no pasa por mi cabeza. Por ahora sigo fantaseando y siento que esta cosa crece más. Mi tío es el que provoca mis fluidos y que haga que me chupe los dedos con mis fluidos imaginándome que es el. Viendo porno entre la sobrina y tío dedearme pensando en él porque quiero que me cache.

  • La chica nueva de la boutique

    La chica nueva de la boutique

    Cada fin de semana mi esposa va a hacerse la manicura a una boutique de uñas que está a unas calles de nuestra casa. Ella vuelve siempre tan contenta con sus uñas decoradas, o con extensiones acrílicas, de esas puntiagudas. A mí me gusta cómo se le ven, el problema es cuando me pide que la acompañe y estamos ahí un buen rato. Una de tantas veces entramos a la boutique y, para nuestra sorpresa, la muchacha que le decoraba las uñas a mi esposa regularmente se había enfermado, una chica regordeta y demasiado pálida que se llamaba Mandy o Mindy.

    —Regresa hasta la próxima semana —había dicho la dueña de la boutique, que atendía a una señora en ese momento. — pero hoy está la chica nueva, Selene. —añadió la estilista como si con eso alentara mis ganas de quedarme dos horas a esperar mientras la nueva chica hacía su trabajo.

    Pero pensé demasiado rápido, pues del cuarto del fondo apareció una joven preciosa, como si hubiera salido de un harem, y se dirigió a nosotros con paso delicado y un discreto contoneo de caderas. Mientras se acercaba la observé a detalle. Alta, delgada, pero con muy buenas curvas, todo en ella parecía estar en su lugar. Su cabello amarrado en una coleta larguísima que descansaba en su hombro izquierdo. Su tez clara. Sus labios finos, su nariz larga y respingada, sus ojos cafés claro eran lujuria, sensualidad.

    —Hola, ¿Puedo hacer algo por ti? —dijo dirigiéndose a mí e ignorando por completo a mi mujer.

    Tanto fue mi nerviosismo que no supe cómo reaccionar ante esa belleza de mujer. Sin embargo, me quedé callado solo unos segundos.

    —De hecho, mi… —¿de pronto me daba pena admitir que era un hombre casado? —mi esposa quiere una manicura.

    —Hola —interfirió ella con cara de pocos amigos — No, muchas gracias. Estaba buscando a Missy. Pero ya nos dijeron que está enferma. —Luego me tomó de la mano — Gracias, señora Denise, otro día vengo.

    Salimos, prácticamente yo iba arrastrado por mi esposa.

    —¿Qué pasa, gordita? — a ella le gustaba que la llamara “gordita”, pero en este momento pareció no gustarle.

    —¿Gordita? — dijo echa una furia — Gorditas las del mercado. ¿Crees que no me di cuenta cómo te miró esa?

    —¿Qué dices? — disimulé, pero era obvio que a mi esposa no podía engañarla, menos en esos momentos. Ella estaba completamente muerta de celos.

    —No te hagas, Héctor. También vi cómo la miraste.

    —Gordi… mi amor… no te pongas así, es solo una joven que quiso ser amable.

    —Sí, la vi. La vi queriendo ser amable contigo. Es más, ¿por qué no vas y te la traes con nosotros?

    La verdad es que ganas no me faltaban.

    —Karen… Escucha, mi amor, vamos a El Sueño a tomarnos un café. Olvidemos esto. ¿Sí?

    A mi esposa le gustaban tanto los snacks y el café que preparaban ahí que su semblante cambió enseguida.

    —Anda. — insistí mirándola tiernamente mientras la tomaba suavemente de las manos —. No le dirás que no a un mocca y a unos ricos brownies.

    Ella me miró de un modo diferente, estaba por caer en la tentación. Y después de meditarlo unos momentos, me dijo:

    —Está bien, mi amor. Vamos. Perdóname por esta escenita.

    Esa noche la pasamos increíble, tanto que hicimos el amor como hacía semanas que no lo hacíamos. Sin embargo, esa noche (omitiendo los fuertes ronquidos de mi esposa) había algo que no me dejaba dormir: No podía dejar de pensar en la chica nueva de la boutique.

    Tres días después, regresando del trabajo, pasé por la calle Madero, donde estaba el local de la boutique que rezaba en letras rosadas: “Denise Design”. En ese momento salió de ahí la joven de la vez pasada. Selene. No podía olvidar ese nombre que de por sí sonaba sensual.

    Caminó frente a mí; y yo, hipnotizado por esas hermosas caderas, la seguí, ignorando que debí dar vuelta una cuadra atrás. ¡Dios mío, qué mujer! Su larga coleta ondeaba de derecha a izquierda a cada paso, como el péndulo de un viejo reloj. Selene llevaba una blusa café oscuro y un pantalón beige muy ajustado. La punta de la coleta terminaba justo donde empezaban sus nalgas.

    “¡Qué buenas nalgas!” pensé y agregué para mi deleite: “En verdad, tus dos colas me gustan.”

    Entonces ella se volvió.

    —Disculpa, ¿me estás siguiendo?

    —¿Qué?… No, perdone, señorita.

    —Perdóname tú a mí, creí que me estabas siguiendo.

    —Eh… no, no, perdona.

    Y volví en mis pasos. Me sentí tan idiota hasta que llegué a mi casa. Y durante toda la noche, mientras Karen roncaba sonoramente, no dejé de pensar en la chica nueva de la boutique.

    Llegó el siguiente fin de semana. Mi esposa no me pidió acompañarla esta vez, así que actué con astucia. Le escondí las llaves de la casa antes de que saliera y luego la alcancé en la boutique. Cuando entré la estaba atendiendo su estilista de siempre, Lindsay.

    —Oye, mi amor. Se te han olvidado las llaves. — anuncié y me senté en uno de los sofás.

    Ella me miró un poco sorprendida. Luego comenzó a reír.

    —Héctor, ¿no te diste cuenta que eso no importa? Tú pudiste abrirme la puerta cuando yo regresara.

    “¡Qué estúpido!” “Parece que la verga no es lo único que se te sobre calienta, grandísimo idiota”.

    —Eh… sí, bueno, pero… es que yo iba a salir… — salvé la situación — a comprarte unos brownies, gordita.

    Karen se ruborizó al escucharme llamarla así. “Qué pena enfrente de ellas” debió haber pensado. Karen no estaba gordita, solo un poco llenita, pero es verdad que últimamente no hacía mucho ejercicio.

    —¿Quieres esperarme, amor? Y vamos juntos al café — me sugirió.

    —Sí, gordita.

    “Por cierto, ¿dónde está la chica nueva, señora Denise? Ajá, la buenota”.

    —Señora Denise, ¿me permite pasar a su baño? — pregunté sólo por decir algo.

    A ella no le gustaba que le dijeran señora, ella era Miss Denise, porque se sentía la más joven y guapa de la ciudad. Pero a mí me importaba poco. Me señaló el cuarto del fondo y me levanté.

    —De hecho, está ocupado. — me advirtió Lindsay —. Está la chica nueva.

    En ese momento salió ella. La mujer que me privaba de mis sueños e invadía mis pensamientos. Selene. ¡Dios! ¡Qué mujer tan perfecta Selene!

    Llevaba una blusa negra ligeramente escotada, una mini falda azul bastante entallada y zapatos de tacón con correa. Me miró y me dijo:

    —Hola. Tú eres el que me seguía el otro día, ¿no?

    Fue mi turno de ruborizarme. Las miradas de las mujeres presentes cayeron sobre mí con un peso que casi pude sentir físicamente.

    —¡¿QUÉ?! — Karen estaba furiosa.

    Obviamente esa noche no cenamos brownies ni hubo sesión de amor. Nada.

    A la medianoche yo, solo, en el sofá, sin poder dormir pensé en Selene. Pensé en su trasero, pensé en su coleta, pensé en su hermoso rostro, tan joven. Debía tener unos 25 años quizá. No más. Entonces poco a poco fui quedándome dormido.

    Un ruido seco me despertó y di un sobresalto. A los pocos segundos el sonido se repitió. Alguien llamaba a la puerta. Yo me acerqué y pregunté quién era.

    —Soy yo. Selene. Perdona la hora, Héctor, pero tu esposa olvidó sus llaves en la boutique.

    “¡Dios! Era ella… ¿En serio era ella?”

    —¿Me dejas pasar?

    No lo pensé más, abrí la puerta y la dejé entrar.

    —Hola, Selene. Mi esposa está durmiendo y yo…

    —No vengo a ver a tu esposa, sino a ti, Héctor.

    Selene me miró con picardía. Luego me tumbó en el sofá y se me montó. Nos besamos con deseo, mucho deseo. Ella apenas podía resistirse.

    —Sé que piensas en mí todas las noches desde que me conoces, Héctor. Y he venido para que me hagas tuya.

    De repente se había desabotonado su blusa. Debajo no traía brasier. Entonces le besé los senos, pequeños pero firmes. Luego la ayudé a quitarse la mini falda, ella hizo lo propio con mis pantalones de pijama. Con dos dedos le hice a un lado sus bragas y comencé a penetrarla una y otra vez. Mientras ella gemía cada vez más fuerte. Después de un rato la volteé acomodándola de perrito y me la cogí duro, con mi mano izquierda sostenía su larga coleta, con mi mano derecha le daba unas sonoras nalgadas.

    —¡Más, Héctor! ¡Dame más! ¡Ah!

    —Selene, estás bien buena, mi amor. Dejaría a mi esposa para quedarme contigo sin pensarlo.

    —¡Déjala y tómame a mí! ¡Así me gusta, así!

    —¿Te gusta, preciosa? ¿Quieres más?

    —Sí… ¡Dame más! ¡Ah! ¡Dame duro! ¡Así! ¡AAAY!

    En ese momento mi esposa encendió la luz de la sala y yo, asustado, me salí de Selene justo en el momento en que eyaculé, manchándole la espalda y el cabello.

    Y desperté…

    ¡Dios! ¿Había sido un sueño? Me incorporé y me miré, tenía los pantalones un poco húmedos y una erección que me hizo sentir tan viril, tan joven. No estoy viejo, pero siento que últimamente el ritmo de mi vida se vuelve aburrido. Tengo 40 años y mi esposa me lleva tres años. Quizá Selene… “No”, me dije en medio de la oscuridad. “Esto no puede seguir así”.

    A la mañana siguiente Karen se veía con ánimos, pero seguía un poco enojada conmigo, a pesar de que intenté explicarle que lo que había sucedido era un malentendido. Yo no había seguido a esa chica. Bueno, eso fue lo que le dije a mi esposa. Luego pasaron dos visitas más a la boutique y yo veía a Selene de reojo cada que podía, mientras ella trabajaba a un lado de Nancy o como quiera que se llamara la gorda pálida que prefería mi mujer.

    Hasta que una noche salí yo solo a comprar pan, porque mi esposa estaba enferma de gripe y hacía bastante frío. Estábamos a mediados de noviembre y esta vez salí en el auto, pues, aunque parezca gracioso, nos quedaba más lejos la panadería que la boutique.

    Justo cuando regresaba a mi casa me detuve en un alto. Y frente a mi auto, iluminada por los faros, cruzó la mujer más perfecta que conozco: Selene. Se me paró el corazón y se me paró la verga. No exactamente en ese orden. Selene llevaba puestos unos jeans blancos ajustados y un suéter azul marino o gris que parecía no cubrirla del frío totalmente. Le eché las altas más por instinto que por otra cosa y volteó a verme. Se las volví a echar y se detuvo.

    Bajé la ventanilla y le dije:

    —Hola. ¿Te acuerdas de mí?

    Ella, desconfiada, se acercó un poco a mi auto.

    —Hola. Eres Selene ¿no? Mi esposa y yo vamos a la boutique donde trabajas.

    —Ah, eres tú. —Por alguna razón que aún desconozco ella me sonrió. Luego se acercó y añadió ya más en confianza: —Eres el hombre que va con esa mujer de las blusas de abuelita.

    “¿Karen usaba blusas de abuela? No me había dado cuenta”.

    —Eh… sí, soy yo. — ¿Qué más da? Le seguí a corriente. — Está haciendo mucho frío. ¿Quieres que te lleve?

    —Amm…

    “Dios, que acepte por favor. No te pido otra cosa en la vida. Por favor, castígame después, pero que diga que sí”.

    —Bueno. —¡Aceptó! — Está bien.

    Y mientras ella se acercó a la puerta del copiloto yo le agradecí a Dios. Aunque mi lujuria era provocada por Satán.

    Se sentó a mi lado. Estaba temblando un poco, así que tomé mi chamarra del asiento trasero y se la di.

    —Gracias. Creo que iba a congelarme allá afuera. Iba a caminar al menos unas siete cuadras, me salvaste…

    —Héctor. Me llamo Héctor.

    —Yo soy Selene.

    —Sí, lo sé. — le dije un poco nervioso y ella me sonrió.

    Nos estrechamos las manos. Ese fue mi primer contacto físico con ella.

    Platicamos un poco, le conté de mi trabajo como profesor. Ella me contó que antes quiso ser maestra de preescolar, le gustaban los niños, cosa que a mi esposa no. Luego el viaje terminó, llegamos a su casa.

    —Oye, de verdad gracias por traerme, Héctor.

    “Dios, una cosa más. Por favor que me invite a pasar a su casa”.

    —Oye… ¿Por qué me da la impresión de que tu esposa siempre está molesta conmigo?

    —¿Qué? No está… —pero sí que lo estaba, más bien estaba celosa. — ¿Por qué dices eso?

    —Porque siempre me mira feo.

    —Pues ella…

    —¿Es porque te gusto?

    —¿Perdón?

    —Es eso, ¿verdad? — ella rio coqueta —He visto cómo me miras.

    —Bueno, yo…

    —Sé que te gusto, Héctor. No lo niegues. Tú me gustas también.

    —¡Eso es estupendo!… Pero yo… soy…

    —¿Casado? Ah, sí. Lo olvidé. Estás casado con la vieja gorda que se viste como abuela.

    —Ella no está gorda… ¿O sí?

    —Deja de perder el tiempo con ella, Héctor. — Luego me miró la entrepierna.

    —¡Convénceme! — le dije entre furioso y excitado.

    —Así me gustas más, Héctor. — y se inclinó sobre mi erección. Me tocó. Me sobó un poco, su delgada mano de dedos largos se movió lentamente dentro de mis calzones, masajeando mi pene. Yo le retiré la mano y me desnudé de la cintura hacia abajo. Ella miró mi pene, coqueteándome, lo sostuvo, me miró a los ojos y me dijo:

    —Apuesto a que quieres que te la mame.

    La tomé del cabello y con ambas manos le bajé la cabeza.

    —¡Hazlo, por favor!

    Me hizo la mejor mamada del mundo. Yo solo veía su larga coleta subiendo y bajando, me puso bien duro, incluso dos o tres veces sostuve su cabeza abajo, provocando que se atragantara con mi verga.

    Cuando terminó estaba muy excitada, la besé, compartimos nuestras lenguas, nuestro aliento, nuestra saliva y algunos gemidos también. Luego encendí la luz del auto para verla mejor, pues la luz de la calle no nos alumbraba mucho. Los vidrios ya estaban bastante empañados debido al frío del exterior y el repentino calor dentro del auto. Nuestro momento era privado. Tomé a Selene por la cintura, la desvestí y por primera vez vi su cuerpo desnudo, perfectamente trabajado. Se notaba que iba al gimnasio.

    —¡Estás buenísima! — le dije y ella me sonrió.

    —¿Traes condones? — fue su respuesta.

    “¡No puede ser! No cargo condones en la cartera desde hace años. Así no va a querer coger conmigo”. ¿Por qué a veces soy tan idiota?

    Esto último lo dije en voz alta. A lo que ella sonrió nuevamente, y, mientras me miraba a los ojos se montó encima de mí. Me desnudó completamente.

    —No te preocupes, si me embarazas tendrás una excusa para dejar a tu esposa.

    Entonces entré en Selene, entré en ella una y otra y otra vez. Hasta que ella comenzó a gemir cada vez más fuerte.

    —Espera — le dije y ella se detuvo.

    Acomodé el asiento hasta que estuvimos casi acostados, ella encima de mí. Ignoramos si alguien afuera nos veía o no. A pesar de los vidrios empañados. Sólo queríamos disfrutar del momento.

    —Ese día estabas siguiéndome ¿verdad?

    —Por supuesto que sí. — la besé fuertemente.

    —¿Me deseas, Héctor?

    —¡Sí, nena!

    —¿Me deseas? ¡Ah! — Continuó meneándose una y otra vez.

    —Sí… Cada noche pienso en ti, Selene.

    —¡Ah! ¿En serio?

    —Cada puta noche. No puedo dejar de pensar en ti, Selene.

    —¡Ah! Héctor. Hazme tuya.

    —Eres mía, nena… ¡Eres mía!

    —¡Sí, Héctor! ¡Hazme tuya! ¡Hazme tuya! ¡AH!

    Cuando eyaculé dentro de ella fue como estar en el paraíso del placer. En mi harem sólo la quería a ella, y a ninguna otra.

    Selene me rodeó con sus brazos y me besó.

    —Quédate a dormir — me dijo.

    Nos vestimos a medias y bajamos del auto. Mi celular sonó en ese momento, era mi esposa. Selene me miró, me quitó suavemente el celular y contestó.

    —Él está conmigo. Soy la chica nueva de la boutique y tu esposo es un amante increíble.

    Luego me di cuenta que no había contestado la llamada, sólo había apagado mi celular.

    —Ven, te necesito en mi cama. — me tomó de la mano y entramos a su casa.

    Nos desnudamos nuevamente en su habitación. De pronto me puse a pensar si había habido algún otro hombre en esa cama con ella. Pero no me importó. La deseaba tanto.

    Nos besamos y la acosté. Luego me coloqué encima. Selene me recibió una y otra vez. Entre gemidos de placer. Sus largas piernas me tenían preso.

    —¡Ah! ¡Héctor! ¡Sí!

    Mecimos la cama cada vez más fuerte.

    —¡Ah!

    Selene me abrazaba y me enterraba sus decoradas uñas en la espalda.

    —¡Ah!

    Yo la miraba a los ojos mientras la penetraba.

    —¡Ah! ¡Así, guapo! ¡Asíii!

    Luego de un rato la giré, quise dominarla completamente haciendo mi sueño realidad. Así que la puse de perrito y la embestí duro.

    —¡Duro, papi! ¡Ah! ¡Más duro!

    Y le di más duro. Ayudándome con mis manos en sus nalgas. A punto estuve de venirme, así que salí un momento de su vagina. Tomé su coleta bañada en sudor con mi mano izquierda. Luego tuve una idea.

    A mi esposa jamás le había hecho un anal, pero a Selene no se lo perdoné.

    —¡AAY! Por ahí no, Héctor.

    —Tranquila… Te va a gustar.

    —¡Ah! — eso le gustó. —¡Ah! — Eso también le gustó. — ¡Ay, mi amooor! —Eso le encantó.

    Y le di duro y más duro. Sus nalgas hacían un hermoso sonido al rebotar en mi bajo abdomen. Cuando ella comenzó a gritar mi mano derecha exploró su vagina, masajeándola cada vez con mayor ritmo.

    —¡Ah! ¡Sigue así! ¡Asíiii!

    Su voz se hizo aguda, como el chillido de un ratón. Luego tuvo uno, dos, tres espasmos. Fuertes, incontrolables. Hubo orgasmos también. Se mojó en las sábanas de su cama. Yo aguanté un poco más y cuando sentí que iba a venirme me salí de su ano y entré en su húmeda vagina una vez más. ¡Dios! Cuánta humedad, cuánta belleza, cuánto placer. Eyaculé dentro de ella deliciosamente mientras mis ojos se cerraban con fuerza. Un orgasmo más.

    Esa noche dormí con ella.

    A la mañana siguiente le dije a mi esposa que había ido a ver a un amigo al hospital. Y que no pude llamarla. Ella se molestó por supuesto, pues se había preocupado.

    Llegaron varios fines de semana en que acompañé a mi esposa a la boutique. Selene y yo intercambiábamos una que otra mirada cómplice de vez en cuando, pero no nos hablábamos. Hasta que un día, mi esposa y yo, notamos su ausencia.

    Karen preguntó por ella, extrañándose más que yo mismo.

    —Oiga, miss Denise, ¿Y la chica nueva?

    La señora Denise contestó:

    —¿Selene? Ya no trabaja aquí. Fíjese que la muy lagartona se metió con un hombre casado hace unos días.

    —¿Qué dice?

    —Bueno, ese es el chisme que me contaron.

    Esa misma noche fuimos a tomarnos un café a El Sueño. Mi esposa seguía sin creerse por completo la historia de la chica nueva de la boutique. Cuando de pronto, se acercó a nuestra mesa una camarera a la que el uniforme se le ajustaba bastante a su hermosa figura. Iba peinada con una coleta larguísima. Era Selene, a quien mi esposa miró con desconfianza. Sin embargo, no hubo ningún inconveniente. Cuando terminamos pagué la cuenta y Selene me entregó discretamente, junto con el cambio, una servilleta que rezaba: “Estoy embarazada”.

    Y mientras escribo esta historia en mi estudio, con dos maletas listas a mis pies, me digo: Ese bebé necesitará hermanitos. Y algún día dirán que dejé a mi esposa por la chica nueva de la boutique.

  • Carmela

    Carmela

    Los miré besarse con gula. Carmela dejaba a Johan amasarle las nalgas. Cerraban los ojos. La pareja estaba bien a gusto, moviendo abrazados al ritmo del funk suave del concierto. Lamentaba haberlos acompañado.

    Hacía un par de semanas, había conocido a Johan en la piscina municipal donde solía ir a nadar después del trabajo. Nuestros horarios coincidían y siempre nos encontrábamos en el mismo carril, conversando de unas cosas y otras entre dos largos. Claro, era yo quien había hecho el primer paso, preguntándole alguna estupidez sobre la marca de gorro de baño. Era de los “éste, sí o sí”. Y déjenme decirles que, fuera de la arrechura que se puede desprender de la mirada de un hombre, cuando se ve en ropa de baño, hay algunas dudas que se convierten en ganas tremendas. Johan no era muy alto pero tenía un físico armonioso, una sonrisa encantadora, humor y un bañador bóxer insoportablemente lleno. Lo miraba bajo el agua o cuando él pasaba al lado de la piscina y se veía nítidamente la forma de su verga bajo la fina tela negra. Yo sabía que no lo dejaba indiferente y que probablemente a él también le costaba mantener su contundencia mientras estábamos a unos centímetros el uno del otro y con tan poca ropa. No les extrañará, estimados lectores, saber que me había imaginado mil cosas con Johan, en mi cine en la cabeza tenía una producción más prolífica que los grandes estudios de Hollywood. El escenario que más me gustaba era en una cabina de los vestuarios. Entrábamos a escondida los dos y, sin palabras ni preliminares, me daba la vuelta, me apoyaba contra la pared y abría las piernas. El venía detrás de mí, solo necesitaba apartar mi bañador para deslizarse sin problema en mi concha. Así, parados, me cachaba con fuerza unos largos minutos, tapándome la boca para que nuestros vecinos de vestuarios no nos escuchen. Con la otra mano, bajaba mis tirantes para liberar mis tetas y amasarlas. Se retiraba justo antes de venirse y se masturbaba para que su leche brote sobre mi culo medio descubierto mientras yo llegaba al orgasmo reemplazando su verga por mis dedos. Sexo puro, directo, perfecto.

    Al ver cómo me miraba cuando yo salía del agua, estaba segura que, en su cine personal, tenía escenarios más morbosos aún.

    Aquel viernes, después de que le contara que pasaba el fin de semana solita en la ciudad, que estaba aburrida y que extrañaba a mi novio, me propuso acompañarlo a un concierto en la noche. Obviamente acepté. Antes de salir, ordené mi departamento, pasé la aspiradora rápidamente, cambié las sábanas y las toallas – no me digan que nunca tuvieron este tipo de precauciones de “por si acaso” – y elegí concienzudamente mi tanga. La tensión sexual que existía entre nosotros era tal en una piscina pública, que había pocos chances que nos quedemos en hablar de gorros de baño en una oscura sala de concierto y con un par de copas.

    Lo esperé un buen rato delante de la puerta de la sala de concierto. Miraba a la gente entrar por pareja o pequeños grupos de cuarentones. Después de unos veinte minutos y asqueada por fumar un cigarrillo tras otro para darme contundencia, le mandé un mensaje para preguntarle si había tenido algún problema que le impidiera venir. Apenas guardaba mi celular en el bolsillo de mi abrigo que una carcajada de risa de mujer me hizo dar la vuelta. Era una chica alta, morena, con el típico corte serio a la Victoria Beckham, que se moría de la risa corriendo apurada, jalada por un hombre. Por Johan. Era evidente que habían empezado su noche hacía un momento y que estaban en la alegría de las primeras copas, hablaban fuerte entre dos risotadas y les costaba un poco mantener su trayectoria hacia la entrada. Johan me vio en el último momento, mientras iba a entrar sin prestarme la mínima atención.

    —¡Sandra! ¡Sí viniste!

    —Hola —contesté, incómoda.

    La chica que lo acompañaba y que me miraba con una sonrisa maravillada y un toque condescendiente no era guapa, no, era escultural. Una modelo. De los que posan con sus curvas encantadoras para la ropa interior más fina y sexy. Llevaba una chaqueta de simili negro y un mono beige que dejaba ver sus formas perfectas. Una cintura fina, unas piernas largas que anunciaban un culo precioso. Sus senos eran un encanto, no llevaba sostén. Los noté plenamente redondos y su ínfima forma de caerse dejaba imaginar con delicia su peso, que hacía que sus pezones miraban ligeramente hacia el cielo. Eran obviamente reales. Los quise mamar en seguida.

    —Te presento a mi novia, Carmela.

    —¡Encantada! —me dijo, regalándome un abrazo, cuyo entusiasmo no era fingido, junto a una ola de su perfume a vainilla.

    No me dejaron tiempo para contestar y entraron en la sala de concierto, invitándome a seguirlos con un gesto. Me sentí bastante tonta. Me había equivocado por completo. Johan no tenía las menores intenciones conmigo, o por lo menos, ninguna que llegara más allá de proponerme entretenimiento musical para esta noche. Les dejé acercarse al escenario y me dirigí a la barra para pedir una copa de vino. La sala estaba llena, la música agradable, el ambiente perfecto y había puras parejas a mi alrededor: iba a ser una noche muy larga y aburrida.

    Carmela vino a buscar un par de cervezas y me llevó con la mano hacia donde bailaban, pegados al escenario. Me sonrió, y sus labios finos y pintados de rojo volvieron a colocarse en su sitio natural, imbricados con los de Johan. Parecía que podían pasar horas así, bailando lánguidamente con los ojos cerrados. Un Lego humano. Encajaban perfectamente, eran guapos y los envidiaba. Con Carmela, tenía un sentimiento extraño. Normalmente, la hubiera sencillamente odiado, pero, al mirarlos, tenía también ganas de besarla y pegarme a su cuerpo para sentir sus senos cálidos contra mi pecho. Nunca había tenido nada con una mujer, fuera de un par de besitos con amigas mientras era estudiante, de borrachas y puro juego. Estaba un poco confundida y, tomando sorbitos del Cabernet mediocre que tenía en mi copa, no podía despegar mis ojos de Carmela. Sin dejar de besar a Johan, me lanzó una mirada. La chispa y la pólvora a la vez. La mirada que te confirma lo que ni siquiera te habías atrevido a imaginar. Los lectores que ya conocen mis hazañas sabrán a qué mirada me refiero. La que había cruzado por primera vez en los ojos oscuros del tremendo barbudo. La que había vuelto a encontrar en su versión más celestial con el mozo. La que me había regalado Matías durante dos años, dominando las pecas de sus mejillas, cada vez que me desnudaba. La que Lionel tenía para mí desde que se había casado. La de Alejandro, excesiva e insoportable que me hacía implosionar de deseo: morbo violento y urgente.

    Las canciones seguían unas tras otras, no sé si era una buena banda, no escuchaba realmente. Era innegable, la insistencia con la cual me miraba jugando con la boca de su novio no me dejaba duda. En la penumbra del concierto, Carmela me provocaba. ¿Cómo había percibido la parte más perversa de mi persona? ¿Había leído en mi mente? ¿Sabía que había luchado para despejar las fugaces ganas de mamarla apenas la había visto? Este Cabernet era definitivamente malo. Carmela le dijo algo a la oreja de Johan que asintió con la cabeza. Se acercó a mí y me dijo que iba a buscar otras cervezas, proponiendo traerme una. Sentí su cabello sedoso contra mi mejilla y sus labios rozar mi oreja, me había puesto una mano en la cintura con delicadeza para hablarme. La dejó caer para agarrar la mía y entrecruzar sus dedos con los míos antes de desaparecer en medio de la gente en dirección de la barra. Esperé unos segundos, lo que me pasaba era nuevo, estaba excitada por una mujer, realmente. Sentía mi clítoris latir entre mis piernas y mis labios íntimos invadidos por la humedad que hasta aquel entonces solo había sido provocada por hombres. Tenía que calmarme. Johan miraba a la banda con una sonrisa extática, nunca había visto a alguien tan aficionado por la música lenta. Me acerqué para decirle que iba al baño, me contestó algo inaudible sin mirarme, totalmente acaparado por los acordes del bajista.

    Atravesé la sala sin pararme a la barra y bajé las pequeñas escaleras que llevaban a los baños. Me lavé las manos y me eché agua en la cara. Mi arrechura se había despertado y era difícil contener las imágenes obscenas que asaltaban mi mente. Claro que le cacheteaba el culo y me sobaba la concha en su cara. Claro que la mamaba mordiéndole los pezones. Claro que la ultrajaba hurgando su culo. Claro. Agarré una servilleta de papel del dispensador para secarme la cara, resoplando. Un cuerpo se pegó al mío, abrazándome por atrás. Un par de manos recorrieron mis caderas y mi barriga hasta llegar al límite de mis tetas. Seguí con la cara escondida en la servilleta mientras cabellos sedosos acariciaban mi nuca y unos labios empezaban a besarme el cuello. Reconocí el olor a vainilla, pero no quería mirar todavía. Disfrutar sentirla, ardiente y arrecha, pegada contra mi cuerpo. El morbo ganó rápidamente sobre mis hesitaciones y mi ausencia de experiencia. Me di la vuelta, le agarré la nuca y busqué su lengua con la mía. Si era claro que había sentido mi morbo latente, todavía estaba lejos de imaginarse a cuál demonio había sacado del abismo.

    La abrazaba con fuerza y nuestras manos bajaron en sincronía hacia nuestros culos respectivos. Sus gestos eran una mezcla de delicadeza y de afirmación, no era la primera vez que tocaba a una mujer. Los míos eran más apurados, traicionando mi excitación al descubrir estas curvas plenas y firmes. Tenía más culo que yo y era perfectamente redondo. Lo amasaba con fuerza y le mordí suavemente el labio. Descubría la fuente de lujuria que es el cuerpo de una mujer deseosa y el huracán de excitación que me provocaba ser al mismo tiempo su fuente. Carmela respiraba hondo, pasó su mano debajo de mi blusa y recogió mi teta con su mano suave, y empezó a jugar con mi pezón endurecido. Sentía los suyos contra mi pecho, duros como dos botones provocadores ornando las masas encantadoras de sus senos. Me dio un lenguazo en el cuello de una sensualidad increíble antes de susurrarme:

    —Nunca había tocado a una mujer, ¿verdad?

    —No…

    —Y ¿te gusta?

    —Me encanta…

    —Sentimos lo mismo, ¿sabes? Me estoy mojando y estoy segura de que tú también…

    Hervía, era como tener un espejo de mi arrechura, no me cabía duda de que la tanga de hilo que había adivinado debajo de su mono estaba tan empapada como mi propia ropa interior. Me jaló hacia un baño y cerró la puerta con llave. Tuve un momento breve de pánico. “¿Y ahora?”, pensé. A estas alturas de excitación, si hubiera estado con un hombre, le hubiera comido la verga con gula apenas el cerrojo corrido. Mi boca siempre fue una zona particularmente erógena y hasta la considero como un órgano sexual. Me encantaba tenerla completamente ocupada por un sexo o tener mi lengua regada por chorros de semen o de saliva mezclada con mis propios fluidos. Mi boca. Cuántas veces la abría y sacaba mi lengua mientras me venía bajo la mirada de mis amantes, esperando recibir algo allí que terminara de llevarme al colmo. Una perrita jadeante… Carmela me volvió a besar, su lengua jugaba con la mía, agarró mis manos, las puso sobre sus senos y perdí el control al mismo tiempo que las dudas. Era dos globos perfectos, libres y cálidos, irresistibles. Abrí el cierre que su mono tenía en la espalda, me dolía el clítoris por la excitación. La parte de arriba del mono cayó sobre su cintura, desvelando lo que deseaba tanto. No creo que tomé más de un segundo para mirarlos, enseguida, acerqué mi boca a la altura de su pezón izquierdo y lo empecé a lamer delicadamente. Recogí su otro seno con la mano, su piel era muy suave y su peso me provocaba una sensación de satisfacción extraña. El pequeño pedazo de carne oscura se endurecía bajo mis lenguazos y agarré a su vecino para pellizcarlo suavemente. Carmela suspiró, había tomado su entrepierna a plena mano y se amasaba la concha a través de su ropa. Era un momento surreal, abrí la boca como si me hubiera querido tragar todo su seno, succionándolo y lamiéndolo. Lo comía a boca llena y me encantaba. Sentía que su cuerpo se tensaba, su placer subía. Me agarró la barbilla para que volver a besarla, pero algo me paró, y nuestros labios entreabiertos se suspendieron unos frente a otros: había levantado mi camiseta y rozaba sensualmente sus tetas contra las mías. El espectáculo de sus pezones acariciando a los míos era un encanto, me electrizaba. Me quedaba perfectamente inmóvil y la dejaba ondular.

    —¿Te sigue gustando, Sandra? —me preguntó por la forma con una sonrisa traviesa.

    Sin dejarme tiempo para contestar, me besó, buscando mi lengua con la suya. Carmela besaba húmedo. Era seguro que lamía como una diosa. La imaginé con la verga de Johan clavada en la boca, su saliva chorreando a la comisura de sus labios, qué maravillosa puta complacida debía de ser esta mujer… Sentí que desabrochaba el cierre de mi pantalón y, sin dejar de besarme, su mano alcanzó mi sexo, estábamos hirviendo. Pasó sus dedos entre los labios de mi vagina, hizo entrar apenas una falange – por puro juego para frustrarme, seguro – y retiró su mano. Recorrió mi abdomen con sus dedos mojados por mis líquidos, pasó por una de mis tetas, jugó su pezón unos segundos y los llevó a nuestras bocas. Los lamimos con el mismo morbo, éramos dos perritas arrechándose mutuamente.

    Se arrodilló, bajó mi pantalón y me lanzó una mirada que nunca olvidaré en la vida. Tenía a una golosa lúbrica que me miraba a los ojos mientras aplicaba toda la superficie de su lengua sobre mis labios íntimos. Empezó a lamerme magistralmente. Había conocido lo que pensaba ser el colmo del arte del sexo oral con algunos de mis amantes y Carmela acababa de superarlos, volando, con unos lenguazos. Sus labios pintados de rojo se estiraban para poder comerme la totalidad de la concha o se apretaban cuando me succionaba deliciosamente el clítoris. Su boca era suave y precisa, tanto como su lengua ágil que se abría un camino en mi vagina. Sabía exactamente cuáles eran los detonantes femeninos, los había experimentado a todos, recibiendo y provocándolos. Dado cómo su mano se agitaba en su mono, no me cabía la menor duda sobre su placer y su excitación. Después de unos deliciosos instantes, animada por mis suspiros, me metió directamente dos dedos que entraron sin pena en mi concha empapada. Esta mujer leía en mis pensamientos. Añadió rápidamente un tercer dedo y se puso a jugar, entrando, saliendo, apartando los dedos en mi intimidad para abrirme, saliendo de nuevo para frustrarme antes de entrar de nuevo y llenarme. Carmela aumentó la succión de mi clítoris, me lo aspiraba como nadie se había atrevido a hacerlo. La seguía mirando tocarse, con mi sexo sobre su boca, su busto desnudo con sus tetas pesadas que balanceaban y rozaban mis rodillas. Se masturbaba frenéticamente y gemía con la boca tapada. Me imaginé a mí misma en esta posición, pero con la boca llenada por una verga. Sin duda se me veía tan zorra y tan reina como Carmela. Cerré los ojos y un conjunto demencial de sensaciones me llevó al orgasmo.

    Apoyé mi espalda a la pared y sentí los labios de Carmela, mojados por mis jugos pegarse de nuevo a los míos. Había recogido algo de mis líquidos en su lengua y, con un movimiento delicado, lo vertió directamente en la mía. Nos besamos con mi sabor a limón tibio y suave. Ella seguía masturbándose lentamente, con algunos gemidos apenas perceptibles de mujer lánguida y deseosa. La quería complacer y sentirla venirse, arquearse por el placer que yo le procuraría, quería apoderarme de ella siendo la dueña de sus sensaciones. Hice que se diera la vuelta y la abracé por atrás, amasando sus tetas, pero ya a plena mano, con firmeza y cierta fuerza, lo que la hizo gemir un poco más fuerte. Después de haber comprobado su placer mientras la mamaba, unos minutos antes, ahora notaba que también le gustaban las caricias más rugosas. Al disponer de un par de tetas tan hermosas, mi perversidad y mis ansias de dominación y de control se despertaron. Me puse a jugar con sus pezones, los agarraba y jalaba con tanta fuerza como a mí me gusta. Carmela se retorcía de placer, frotaba su culo contra mi pubis. Aguantaba bastante el dolor y se deleitaba de él, pero yo tampoco quería dañar estas hermosuras con las cuales tenía la suerte de poder jugar, irritando su piel. Dejé sus pezones y puse mis manos, una después de otra, frente a su boca.

    —Escupe —le dije.

    Se ejecutó con aplicación, llenándome las palmas con su abundante saliva. Las manos lubricadas, retomé sus senos y volví a amasarlos lento y firmemente. Los agarraba a manos llenas en su base y deslizaba hacia sus pezones, como si fueran dos ubres que quisiera ordeñar. Lejos de disgustarle, la humillación leve que le regalaba le encantaba. Le gustaba ser una hembra lasciva a la espera de los cuidados de su dueño o, en este caso, de su dueña. Entre dos suspiros, soltó su sexo y pasó su mano por encima de su hombro para presentar sus dedos a la altura de mi boca. Me metí a chuparlos enseguida. Era la primera vez que probaba el sabor del sexo de otra mujer. Apreciaba el mío, pero este… Este era una golosina para la morbosa que soy. Era una explosión de lujuria en mi boca, tal como cuando el semen ahí brotaba, una delicia viscosa, líquida, cálida, salada y dulce a la vez, pero con este toque de acidez imperdible y delicioso proviniendo del sexo de una mujer. Quería más. Abandoné una de sus tetas para ir a recoger el precioso líquido entre sus piernas. No me sorprendió encontrar un sexo completamente depilado, hirviente y babeante, su tanga apartada de un lado y mojando directamente la entrepierna de su mono. Recogí un poco de su jugo para probarlo de nuevo. Ahora conocía el sabor preciso de la arrechura. Carmela abrió más las piernas con un gemido insatisfecho, quería venirse.

    —Fóllame —me dijo con una voz ronca entre dos suspiros.

    Volví a hundir mis dedos en su concha como si fuera la mía, adivinando sin esfuerzo lo que deseaba. Se empezó a escuchar un exquisito y característico chasquido provocado por mis dedos en su vagina. La masturbaba como a mi me gusta hacérmelo cuando estoy cerca del orgasmo, con tres dedos y movimientos hondos como si buscara entrar toda mi mano en su concha. Mi palma apoyaba contra su clítoris y yo sabía que, dado como movía sus caderas, Carmela volvía esta presión deliciosa. Sentía su placer subir más y más, le besaba y le lamía el cuello y la nuca, a medida que su cuerpo se tensaba.

    —Más fuerte… —suspiró.

    Obedecí, con movimientos aún más hondos y con más fuerza, hasta casi levantarla por su concha chorreante, empalada sobre mis dedos. Los músculos de su vagina se contractaron y Carmela ahogó un gemido ronco de placer. Me maravillaba, se estaba viniendo largamente, llenándome la mano hasta la muñeca del líquido tibio de su goce.

    Nos quedamos así unos instantes hasta que se recuperara y se diera la vuelta para besarme. Nos volvimos a arreglar la ropa que ni siquiera nos habíamos quitado, sonriendo. Carmela tenía una mancha mojada a la altura de su concha y le llegaba hasta la mitad del culo. Le dije que iba a tener que encontrar alguna prenda para taparla si no quisiera que se notara al salir del baño.

    —No te preocupes, tengo lo que hace falta —me contestó.

    Abrió la puerta del baño y descubrí, estupefacta, a Johan frente al marco, con una sonrisa voraz y viciosa. Con un gesto, le ofrecía a su novia un fular oscuro.

    —Felizmente estoy para pensar en eso, ¿verdad amor? —le dijo —Estaba seguro de que ibas a terminar toda empapada al conocer a Sandra…

    Después de la sorpresa de encontrarlo aquí, me invadió una ola de calor al saber que nos había escuchado todo este tiempo. Me empezaba a gustar mi nueva pareja de amigos.

  • Probando dos penes grandes y rico mi maduro me inicia (1-2)

    Probando dos penes grandes y rico mi maduro me inicia (1-2)

    Una vez más mi lectores queridos, le comparto lo sucedido con Dirmero, mi doctor de pene grueso y rico.

    Ya consumido el amor con él, lo demás fue más accesible, Dirmero fue varias veces a mi casa y tuvimos mucho sexo rico, tenemos un fetiche con la baba espesa y combinando nuestros fluidos preseminales, sobre todo a mí, que me gusta sentir su esperma en mí boca y tragar todo de él, antes de hacerle sexo oral, tenemos mucho intercambio de saliva, tomamos bebidas que nos de sabor y mucha baba, cómo gaseosas o jugos naturales, para compartir nuestros líquidos, una vez que nos besamos nos tocamos todo el cuerpo para llegar las zonas íntimas de más placer.

    Le doy besos en sus tetillas, las lleno de saliva y el me da de su saliva para que esté más húmedo mis labios, a la final termino tragando toda su baba, mientras continúo chupando sus pezones, Dirmero se da jalones en su pene grueso y rico el cual termina todo lleno de líquidos preseminales, siempre hace que toma con sus dedos y me da una cantidad de líquidos preseminales y lo lleva hacia mí boca.

    Eso me gusta mucho, a él le encanta que le dé besos en su cabeza sobre todo que le pase mi lengua sobre el orificio del glande, así sale un poco más de líquido preseminal, luego de hacer todo estos actos, viene lo más importante, hacer mamadas profundas, no me puedo tragar todo, es un pene de 26 cm y un poco grueso, apenas me cabe la cabeza y un poquito mas, es muy grande, le hago muchas mamadas a medias profundas y cuando estoy en el acto, el escupe desde la altura ya que suelo estar de rodillas y su baba resbala por el tronco de su pene hasta llegar a mi boca, y sentir su saliva combinada con sus líquidos preseminales es muy excitante.

    Pasando a otro plan, Dirmero me comenta que tiene un amigo de raza negra que le gusta mucho hacer trío, eso me emocionó muchísimo ya que nunca lo he hecho, me dice que el fin de semana que viene, que me prepare para un jornada de sexo fuerte con él y Calvin, es el nombre de la persona que estará teniendo intimidad con nosotros, le comenté que nunca había estado con dos hombres al mismo tiempo. Me dice Dirmero, quieres disfrutar sexo del bueno, respondí que si! Ok me dice Dirmero, vas a saber que se siente tener dos penes grandes para ti solo!!!

    Calvin tiene el pene más grande y más grueso que el de mi hombre, a Dirmero yo le he dado las mejores mamadas en mi vida, me dice descuida no te dejare solo, ya que Calvin quiere probar tu culo porque yo le he comentado sobre ti y nuestra relación.

    Pasado semanas por fin llegó el día viernes que tendríamos sexo para tres, ese día para mí era muy importante, ya que mi hombre me paso buscando muy temprano a mi casa, cuando me subo a su coche, el siempre me espera con el pene fuera de pantalón para darle ricas mamadas, a él le encanta mucho que le haga sexo oral antes de que me meta su pene en mi culo.

    Una vez terminando del sexo oral, me trago todo su semen y el me pide que habrá mi boca para darme saliva y tragar todo sus líquidos.

    Cuando vamos en camino para donde Calvin, me da instrucciones precisas como debo saludarlo antes de hablar con el, Obedecí y le dije que está bien y haría todo lo que me pidas, el muy contento, dice, se que vamos a disfrutar todos, recuerdas que tendremos tres días de sexo puro, y regresamos el domingo en la noche. Ese comentario me lo dice, y yo me emocionó más porque por fin voy a tener dos penes grandes para mí solo!

    Parte 2:

    Calvin tiene el pene más grande y más grueso que el de mi hombre, a Dirmero yo le he dado las mejores mamadas en mi vida, me dice descuida no te dejare solo, ya que Calvin quiere probar tu culo porque yo le he comentado sobre ti y nuestra relación.

    Pasado semanas por fin llegó el día viernes que tendríamos sexo para tres, ese día para mí era muy importante, ya que mi hombre me paso buscando muy temprano a mi casa, cuando me subo a su coche, el siempre me espera con el pene fuera de pantalón para darle ricas mamadas, a él le encanta mucho que le haga sexo oral antes de que me meta su pene en mi culo.

    Una vez terminando del sexo oral, me trago todo su semen y el me pide que habrá mi boca para darme saliva y tragar todo sus líquidos.

    Cuando vamos en camino para donde Calvin, me da instrucciones precisas como debo saludarlo antes de hablar con el, Obedecí y le dije que está bien y haría todo lo que me pidas, el muy contento, dice, se que vamos a disfrutar todos, recuerdas que tendremos tres días de sexo puro, y regresamos el domingo en la noche. Ese comentario me lo dice, y yo me emocionó más porque por fin voy a tener dos penes grandes para mí solo!

    Llegando a la casa de Calvin, Dirmero, me dice que hacer, indicándome: cuando lleguemos al apartamento de él, el estará en toalla corta siempre deja salir la cabeza de su pene, lo saludas con un beso tierno y rico en su glande el ya sabe cómo responder, yo me dije me gusta mucho esa idea, y le dije que eso haría, antes de bajar del auto, le dí una mamada de pene a mi hombre para que esté enterado que yo le pertenezco solo a él. El lo sabe y se contenta mucho al saberlo.

    Ya una vez frente a la puerta de su apartamento tal como me dijo mi hombre, hice lo que me pidió, antes de darle el beso en su pene, mi hombre le dio un beso a Calvin y eso me dio celos, una vez ellos se saludaron, hice lo que debía, Calvin tenía asomada la cabeza de su pene, entre la bata de baño, note que la tenía un poco húmedo, por qué Dirmero le llamo y le dijo que íbamos llegando, dije Dios que rica, les juro era más grande y gruesa que la de mi hombre, baje me puse de rodillas y le di una mamada rica y profunda, Dirmero me miró y se puso celoso y me dijo a mí no me das chupadas como esa, le dije, que dejara los celos que este fin de semana vamos a disfrutar todos juntos, continúe dando mamadas a Calvin, y Dirmero le dice a el, voy a escupir tu pene y mi pareja se tragara todo, Dirmero se acerco hasta el pene de Calvin y ve que mis labios tienen toda la cabeza cubierta alrededor, me dice, habré tu boca, y Dirmero me llena de su saliva rica mi boca y parte de su pene, el cual trago todo su líquido.

    Una vez dentro de su apartamento y nos dimos la bienvenida, fuimos a su cuarto, para prepararnos y tener nuestro encuentro de sexo puro, el cuarto de Calvin es muy bonito y grande, nos quitamos toda la ropa y cada uno nos estábamos preparando para este día, entre al baño para asearme y depilarme un poco, siempre estoy depilado, no está demás hacerlo otra vez, me estoy duchando y entra al baño Calvin! Puedo bañarme contigo, le dije que si, accedió y se puso a mi espalda, yo estaba muy emocionado, me voltee y vi su enorme pene grande y grueso, más que el de Dirmero, oh wow!! Lo enjabone y lo lave, mientras hacía esto, me dijo que se iba a rasurar su ano, si lo puedo ayudar, le dije que si muy emocionado.

    Continuará…

  • Suplícame que pare

    Suplícame que pare

    Mi tierna y pervertida niña.

    La nuestra es una relación vertical donde yo mando pero ella tiene el control.

    ¿Por qué es así?

    Bueno porque Laura así lo desea, porque cuando se encuentran un sádico y alma sumisa no hay nada que lo pueda impedir.

    ¿Qué si somos felices?

    Mucho

    ¿Por qué digo que yo mando pero ella tiene el control?

    Fácil yo doy las órdenes y ella obedece.

    Yo pongo tareas y ella las realiza, nunca le exijo algo que no puede hacer, nunca la pongo en riesgo, ni arriesgó su salud, sé que aunque no esté presente ella llevara a cabo cada tarea que le ponga: aunque duela, sea humillante o difícil. Lo hará con gusto lo veo cuando me cuenta como le fue y los detalles que se le dificultaron, sé que si algo no puede hacer o lo olvida me lo dice. Ella sabe que nunca me extralimitaría con ella y que en cuanto ella así lo quiera podemos parar por la razón que sea. Es fácil es confianza, es comunicación, es pertenencia.

    La primera vez que durmió a mis pies me sentí raro, tal vez hasta un poco incómodo, pero ella así lo deseaba, no dudo cuando se lo propuse o tal vez ella fue la que me lo insinuó. También estaba la excitación y el de verla ahí de saber si podría dormir de esa manera y cómo eso podría modificar nuestra relación aún en pañales.

    Hoy lleva unos días en castidad forzada esperando este encuentro. no es tan malo, la vuelve más atenta, más práctica, más servicial, más voluntariosa, más obediente…

    Hoy llego ansiosa y hambrienta a la sesión, con el placer contenido en la mirada, ya desde antes lo noté, desde la última conversación donde acordamos el encuentro, no me lo dijo abiertamente, pero había algo en su mirada que la delataba. Quería y deseaba desesperadamente una sesión lo confirme con su frase de despedida:

    -Espero con ansias que saque al sádico que lleva dentro. Espero que haga poesía sobre mi cuerpo. Con cera, fusta o su mano.

    Y ahora aquí estamos la tengo frente a mí…

    La botana estaba en la mesa, un plato de: patita, trompa y oreja; sal, limón y chile de árbol acompañados de una cerveza oscura a medio terminar.

    Cuando Laura apareció al otro lado de la calle no pude evitar la sonrisa y la sorpresa. Venía con un aspecto distinto. Son pocas las veces que la he visto con el cabello así pero se ve igual de hermosa.

    Vestido gris claro de cuello alto, manga larga, el vestido le llega a medio muslo, dejando al descubierto una fracción de la piel de sus piernas entre el vestido y las panti medias oscuras cobijada por unas botas negras arriba de la rodilla

    No aparenta sus cuarenta y tantos años, se ve más joven, siempre ha sido así.

    Sus oscuros cabellos ondulantes como la marea alta del mar ahora hoy son lisos, sus labios por lo regular pintados de un rojo intenso ahora vienen al natural con sólo un poco de brillo que los vuelven apetecibles.

    Su rostro es inevitable, simplemente es hermosa. Es más tetas que caderas y culo.

    Me levanté para recibirla, nos saludamos y besamos, le abrí una silla frente a mí invitándole a sentarse. Su cara se iluminó cuando vio la botana, sé que le encanta así que comimos y bebimos hasta quedar satisfechos mientras nos devorábamos con la mirada de vez en vez.

    Un par de cervezas después salimos del local de Paco y subimos al auto.

    Maneje con rumbo a la montaña allá donde la calma y la paz proliferan entre árboles milenarios y aves de cantos hermosos, seguí manejando más allá del panteón judío, más allá de donde se pierde la ciudad y sólo puedes observar la naturaleza y alguna que otra mansión en la cresta de los cerros.

    Llegamos a nuestro terruño: una residencia sobre la colina con su arquitectura de varios desniveles acoplados al entorno como si la casa se fundiera con la montaña.

    Desde ahí tenemos una vista clara del valle y la presa de la concepción que surte de agua a la ciudad. Más allá comienza el parque nacional «los tres suspiros»

    —Te tengo una sorpresa.

    —Qué?

    —Ya lo verás.

    Bajamos del auto, Laura con una mirada de incertidumbre y yo con una sonrisa traviesa.

    Fuimos directo a la enorme habitación que olía a jazmín y margaritas. Desde un principio me gustó su tamaño es ideal para jugar, dar unos buenos azotes, poner varios muebles de tortura y placer que incluye un enorme baño para relajarte antes después de las sesiones. Hoy hay flores en la mesa de centro, de ahí el aroma. Los muebles son lujosos, una cama enorme con sábanas de algodón blanco, junto a ella nos espera una bandeja de plata con quesos, jamón recién servidos junto a una hielera con champagne.

    Las pesadas cortinas están abiertas y nos ofrecen una vista hermosa de las montañas.

    Los rayos del sol se filtraban en la habitación formando así una escena surreal que dejan a Laura como una diosa de oro cuando los rayos acarician su piel. La mujer recatada, puritana y reservada para la sociedad, esta a punto de transformarse lo noto en su mirada…

    Le doy un tiempo para que se prepare, así que salgo de la habitación y le doy su espacio, luego de 5 minutos regrese con ganas de gozar de mi sumisa.

    Cuando entró de nuevo a la habitación veo las velas que Laura ha preparado para la sesión sobre la mesa junto a las flores y no puedo evitar sonreír. Ya siento esa sensación que se apodera de mí cuando jugamos.

    Laura ahora está sin ropa esperando por su señor, yo voy descalzo y solo con los pantalones puestos.

    Pongo en play el sistema de grabación y me acerco a ella

    La sesión inicia como siempre lo hacemos.

    Ella: a mis pies desnuda y dispuesta.

    Yo: de pie delante de ella esperando sus respetos.

    Todo inicia con un beso suyo. Cuando esta lista se postra y deposita un suave beso en cada uno de mis pies. Me gusta la suavidad de su boca al besar mi empeine, lo hace como si se le fuera la vida en ello, sé que ella lo disfruta y lo desea; eso se nota en su devoción.

    Cuando termina de besarme se queda quieta mirando mis pies y esperando mis órdenes.

    —Mirame

    Laura levanta su rostro hacia mí

    En mis manos sostengo su regalo, le muestro su sorpresa con una gran sonrisa y veo en sus ojos la ilusión que le hace. A Laura le encanta la cera sobre su cuerpo así que mandé hacer una mordaza de hierro en forma de hueso para una cachorra con un porta velas con movimiento en cada extremo, de tal forma que pueda ajustar donde caerá la cera y si la quiero en vertical u horizontal.

    —¡Abre la boca!

    Laura me obedece y yo la rodeo para acercarme desde atrás, hasta quedar muy cerca de su cuerpo, hasta rozar con mi pantalón su culo.

    Disfruto ponerla nerviosa, sé que eso la vuelve loca: el casi roce, la casi caricia, sentir mi aliento en su cuello, el sentirme cerca y a la vez tan lejos.

    Antes de ajustar el juguete en su boca formuló una pregunta:

    —Y dime ¿cuál de estas velas hiciste pensando en este momento?

    Ya sabía su respuesta:

    —Todas.

    Me aleje de ella para ir por la velas, elegí el par en púrpura.

    Me puse enfrente a ella y coloque una a una las velas dejándola observar como preparaba su tortura y su placer.

    Antes de poner la mordaza en su boca quiero comprobar algo. Laura nunca me decepciona, al poner mis dedos sobre su zona íntima me doy cuenta que esta totalmente empapada

    —Mirate aún no ha comenzado y tú ya estás cachonda.

    Mis palabras la sonrojan, pero se que también la ponen en forma guarra.

    Le di a probar sus jugos en uno de mis dedos y luego metí otro en mi boca.

    Ya tenía unos minutos con la boca abierta cuando por fin coloque el juguete en su lugar y lo cerré por la parte de su nuca.

    Luego voy a una de las gavetas y tomo algunas cuerdas.

    Comencé a tejer nudos sencillos sobre la parte superior de su cuerpo, un par de nudos bastaron para dejar Inmovilizados sus brazos a la espalda, y con algunos movimientos cruzados adorne sus tetas en de forma rombos. Seguí inmovilizando su cuerpo de forma simple y limpia, la quería sin movilidad pero con la mayor parte de la piel expuesta, por eso solo amarre sus piernas juntas a la altura de sus rodillas y tobillos.

    Después la ayude a ponerse de rodillas y encendí las velas.

    Las velas comenzaron a consumirse rápidamente y la primera gota de cera cayó sobre su pierna derecha a la mitad de su muslo.

    Fui a sentarme en mi sillón favorito un cómodo sillón azul ultramar desde donde domino toda la habitación, me serví una copa y comí un poco de queso, observándola disfrutando de su placer desde la distancia, disfrutando de mi placer al verla tan sometida, vulnerable, entregada.

    La vela se iba consumiendo poco a poco, gota a gota sobre su piel.

    Disfruté mucho la transición de sus piernas a sus tetas, iban por la mitad cuando las primera gotas rozaron sus pezones Laura vibró y gimió un poco entre el dolor y el placer que le provocó la cera caliente, estaba extasiada.

    El color púrpura dominaba su cuerpo cuando las velas por fin se consumieron. La habitación se lleno de ese olor a vela tan peculiar cuando las apague.

    Quite la mordaza de su boca. Lo más seguro es que Laura tuviera la mandíbula cansada por tenerla tanto rato abierta y quisiera descansar, pero yo tenía otros planes.

    Me saqué la polla y la acerque a su boca.

    —Chupa.

    Laura comenzó a mamar mi verga salvaje desenfrenada endureci con su boca, disfrute sus caricias unos minutos antes de tomar el control.

    Mis manos tomaron su cabeza y empuje mi falo en su boca fui a fondo. Conté hasta veinte y salí de ella.

    —¿Te gustó?

    —Sí

    —Suplicame que siga

    —Por favor no pare.

    Me clave de nuevo en su boca esta vez hasta el 25.

    —¿Te gustó?

    —Sí

    —Suplicame que siga

    —Por favor no pare.

    Repetí el proceso hasta llegar al 60, nunca había durado tanto tiempo con la polla dentro de su boca cuando terminamos jadeaba en busca de un poco de aire.

    La deje descansar un poco mientras le quitaba las cuerdas. Después fuimos y nos sentamos frente a frente cada uno en su sillón comimos y bebimos un poco.

    Pará esos momentos se apoderó de mí una apremiante necesidad de ella, besarla, tocarla entrar en ella…

    Bese la fina piel de su cuello, seguí en mi viaje por su cuerpo besando y acariciando hasta llegar a su zona más íntima.

    El negro vello de su pubis seguía siendo chino lo besé justo en el límite del vello ahí donde se esconde un tatuaje pequeño que dice:

    Mójate en mí

    Y eso hago abro sus piernas con mi mano hundo mi lengua entre sus pliegues, me esmero en darle placer. Mi lengua juguetona la explora con avidez y sus reacciones me indican por donde ir. Chupo, lamo, beso, succiono, muerdo, acarició, disfruto con sus jadeos, con sus piernas que comienzan a moverse sin control, con sus manos sobre mi cabeza jalando mi cabello, con sus jugos empapando mi boca.

    Cuando esta casi a punto de estallar le digo

    —Suplicame que pare.

    —Qué!? -Sé que me ha entendido, pero debe estar ansiosa por un orgasmo

    —Suplicame qué pare -esta vez lo hace.

    —Por favor señor deténgase.

    Y dejó de tocarla, detengo cualquier estímulo, caricia y contacto. Esta cabreada lo veo en sus ojos, pero no le desafía, espera calmada su recompensa.

    Dejó pasar unos minutos y comienzo el proceso.

    Besos, caricias, sexo oral hasta llevarla al limite.

    —Suplicame qué pare.

    —Por favor señor deténgase.

    Juego con ella varias veces antes de dejarla correrse y cuando lo hace explota descontroladamente los días en castidad y las frustraciones previas son recompensadas con un orgasmo maravilloso que la paraliza unos segundos. No le doy descanso y sigo moviendo mi lengua hasta dejar su clítoris hinchado y sus piernas temblando. Después me pongo a la altura de su boca y la beso, quiero que pruebe su sabor en mis labios. Nos besamos mientras dos de mis dedos se clavan en su vagina y la masturbo. No pasa mucho hasta que vuelve a estallar y me suplica que la penetre.

    Quiero ver su culo mientras lo hago por eso la ayudo a ponerse de pie Laura me conoce y sabe lo que busco así que pone sus manos en la cabecera del sillón se inclina un poco y abre sus piernas para darme un acceso fácil y quedar expuesta.

    Estoy ansioso y me clavó en ella con fuerza.

    Está húmeda y caliente, me recibe con un gemido placentero y comienzo a bombear fuerte quiero correrme, mis bolas chocan contra sus nalgas cuando llego a fondo, sé que eso le gusta. Tiro de su cabello con una de mis manos mientras la otra sigue aferrada a su cadera estallamos casi al mismo tiempo en un concierto de gruñidos.

    Salgo de ella y observó a la mujer que ha decidido ser mi cómplice y se deja llevar por todas nuestras fantasías. La veo y se me llena el pecho de orgullo y entre las piernas siento el palpitar de la sangre en mi verga.

    Está inclinada sobre el sillón con las palmas sobre el respaldo.

    Observe sus nalgas nunca me canso de verlas, ni sus muslos, ni sus pantorrilla, toda ella es una obra de arte.

    Me acerque a ella y me agache hasta alcanzar su cuerpo; deje un reguero de besos y caricias suaves desde su cuello hasta sus nalgas que mordí un poco.

    Sentí su cuerpo estremecer al paso de mi lengua, me percaté de su piel erizada cuando jugueteaba un poco con mi lengua sobre su columna vertebral.

    —Señorita tienes unas nalgas hermosas aunque para mi gusto son muy blancas y a mí me gustan más sonrojada, cuenta.

    Comencé a nalguearla mientras Laura contaba

    Uno

    Dos

    Tres…

    Las gotas de semen ya bajan por sus piernas como si fuesen un collar de perlas.

  • Sebastián y su gran pene

    Sebastián y su gran pene

    Soy mamá, tengo hijos en edad escolar y soy parte de los grupos de whatsapp de mamis; Grupos en los que los intercambios de mensajes son una constante.

    En uno de esos grupos está Sebastián, papá de Juani, de cuarto año, la nueva amiga de mi hija.

    Sebas es nuevo en el grupo, llegaron a la ciudad a finales del año pasado, desde una provincia del interior de nuestro país.

    En el comienzo del ciclo lectivo, en la reunión inicial, la suerte hizo que elijamos sillas contiguas, recuerdo hacer comentarios tontos para romper el hielo.

    Desde que lo vi atrajo mi atención.

    Me ponía nerviosa cuando me descubría mirándolo, pero no podía dejar de hacerlo

    En cuanto lo conocí quise saber más sobre él, hice averiguaciones, pregunté a otras mamás. Supe que es papá soltero, que se mudó a la ciudad persiguiendo una oportunidad laboral, que tiene 35 años, me dijeron, además, que es odontólogo y, sobre todo, es muy lindo.

    Nos encontramos en cada reunión de padres, fiestas escolares y varias veces en la puerta del colegio a la hora de entrada y salida de nuestros hijos.

    La repentina amistad entre nuestras hijas fue la oportunidad perfecta para cruzar nuestros teléfonos y comenzar a conocernos un poco más. Quería saber si la información que las otras mamis me habían proporcionado era correcta.

    Y así fue, encontrábamos a diario alguna excusa para saludarnos y hablar por unos minutos mientras nuestras hijas jugaban antes de entrar al cole. Con el tiempo nuestras conversaciones se fueron alargando, se sumaron los chats privados, hablando cualquier tema como pretexto para tener contacto.

    Una tarde al retirar a mi hija de la escuela, ella me pidió permiso para que Juanita, su amiguita, fuera a mi casa a pasar el resto de la tarde jugando. Por supuesto que acepté encantada.

    Era la mejor oportunidad para verlo fuera del ámbito escolar, más relajados, sin otros padres que interrumpan nuestras charlas.

    En la puerta del colegio nos encontramos, como siempre, y acordamos que pasadas las 20 h recogería a su hija en mi domicilio.

    La tarde fue eterna, estaba ansiosa de verlo. Yo sabía que le gustaba, no me lo había dicho, obviamente, pero se le notaba… él a mi me gustaba mucho, tampoco se lo había dicho, pero se me notaba.

    La noche se asomaba, mi pareja aun no salía de su trabajo, escuché el timbre y mi corazón se aceleró, mis piernas temblaban.

    Al abrir la puerta lo vi sonriente, aun con su ambo celeste, tan sexi, tan correcto, nos saludamos muy afectuosamente, beso en la mejilla y abrazo corto de por medio, sonreímos pícaros y lo invité a pasar por un té para que su espera sea más grata, mientras nuestras hijas jugaban aún en la habitación, y se preparaban para la despedida.

    Mientras el agua se calentaba y preparaba las tazas me moví por la cocina para mostrar mis caderas, mi culo y mientras colocaba las tazas sobre la mesa le confesé: -me gustas! -sin pensarlo, las palabras se cayeron de mi boca.

    Sorprendido me miró y me dijo: -pero… estás casada!

    Pero me gustas y mi pareja no está. Arremetí.

    Al alcanzarle la taza me incliné un poco más para que mi escote mostrara mi falta de sostén.

    Su mirada quemó mis pechos. Cruzamos miradas y sonrisas y un beso húmedo se coló entre nosotros.

    Y fue solo eso, un beso.

    Mi pareja estaba próxima a llegar y las niñas aparecían por la cocina para despedirse por fin.

    A la mañana siguiente nos encontramos de nuevo en la escuela, nos saludamos como siempre, delante de nuestras hijas, de manera correcta, ignorando el beso de la noche anterior.

    De regreso a mi casa, recibo un mensaje de Sebas en el que me pedía vernos en su consultorio.

    Quiero hablar: -me dijo.

    Acordamos una cita, llegué puntual, perfumada y con ganas de ver que ocultaba ese ambo debajo.

    Me senté en un cómodo sillón de la sala de espera, aguardando el momento de quedarnos a solas.

    Cuando su última paciente se retiró del lugar, Sebas cerró la puerta con llave y se sentó a mi lado, en el sillón.

    Coloque mi mano sobre su pierna y note como se tensionaba.

    No teníamos nada para decirnos, las palabras sobraban.

    Apoyó su mano sobre la mía y las llevó a su entrepierna, -mira!- me dijo.

    Estaba excitado, su pene duro lo demostraba.

    Introduje mi mano por debajo de su ropa, y toque su verga caliente, húmeda.

    ¡Cómo me calentaba ese hombre!

    Me coloque de rodillas, frente a él, desnude la parte inferior de su cuerpo y comencé a practicarle sexo oral.

    Cerró sus ojos, mordió su labio inferior y apoyó su cabeza en la pared, mientras chupaba su pija, podía ver su cara de placer.

    Apreté su miembro fuerte con mi mano y comencé a besar todo su pene, me lo introduje en la boca, y comencé a practicarle sexo oral, recorriendo con mi lengua su verga dura.

    ¡Para!- me dijo mientras sostenía mi cabeza.

    No paré, seguí chupándola. Un exquisito líquido blanquecino inundó mi boca, saboreándolo aún me puse de pie, apoyándome sobre sus piernas con mis manos, me incliné para besarlo.

    Estaba toda mojada, muy excitada pero su próximo paciente estaba al caer.

    Después hablamos.- le dije y me fui muy caliente.

    Se quedó en esa misma posición, en el sillón de la sala de espera, solo me miró al irme con una sonrisa de placer en su hermosa cara.

    En los días siguientes nos vimos en la escuela, al retirar a nuestros hijos, la atracción era muy intensa pero nos comportamos muy bien, disimulando ante el resto, solo nos saludábamos con un beso en la mejilla, como olvidando el sexo oral pasado.

    Aunque durante el resto de los días los mensajes hot no dejaban que la calentura disminuyera, no volvimos a vernos a solas.

    Nuestros encuentros siempre eran con nuestros hijos de por medio.

    Al cabo de dos semanas nuestras ganas mutuas de volver a encontrarnos a solas y nuestras calenturas aumentaban. Ya eran incontrolables.

    Le conté a mi amiga de los chats, del sexo oral en su consultorio y de la imposibilidad de volver a vernos sin ser descubiertos.

    Temíamos que algún otro papá del cole nos sorprendiera, o lo que era peor, nuestros hijos.

    Ella me conoce muy bien, somos amigas desde nuestra infancia, sabía que para mi era solo una travesura rapidita.

    Me ofreció su casa para lograr el encuentro sexual.

    ¡Cuidate! me dijo mientras me daba las llaves.

    ¡Pasala super! se despidió.

    Llame a Sebas. Lo cité en esa dirección, le aclaré que teníamos poco tiempo. Suspendió el turno siguiente y en menos de quince minutos estaba allí, parado en la puerta, mas sexi que nunca.

    Nos arrancamos la ropa sobre el sillón.

    Tomó mis pechos entre sus manos suaves mientras los chupaba y yo desesperada arrojaba su Ambo al piso.

    Ya desnudos, tocándonos en el sillón, me penetro.

    El placer de tenernos y la adrenalina de la aventura era evidente en nuestros jadeos.

    Con movimientos lentos y profundos me cogió, yo solo acompañaba sus movimientos con mis caderas y mis uñas dejaban rastros en su cuerpo.

    Sus labios recorrieron mi cuerpo, erizándolo a su paso con lamidas suaves y besos húmedos.

    Me senté sobre sus piernas, besé su cuello y su pecho mientras mi mano sujetaba su pene duro y húmedo y jugaba con él sobre mi vagina.

    Introduje su miembro en mi culo y con movimientos lentos y profundos, tal cual me había cogido él, lo hice yo.

    Con toda la calentura acumulada que ambos cargábamos me sujeto de la cintura, no se porque ese movimiento me excito aun mas y estallé en un superorgasmo.

    Aún nos quedaban unos minutos y los disfrutamos acariciando nuestros cuerpos desnudos, agitados esperando la calma después del placer.

    Después de un largo beso de despedida Sebas volvió a su consultorio.

    Yo acomode el sillón y esperé a que regrese mi amiga para agradecerle y contarle lo explosivo del encuentro carnal.

    Con Sebas seguimos en contacto, por la amistad de nuestras hijas.

    Está cada dia mas lindo, y a mi me gustan las aventuras…