Blog

  • Festival música

    Festival música

    Esta es una obra de semi-ficción. Algunos nombres, personajes, empresas, organizaciones, lugares, acontecimientos y hechos que aparecen en la misma fueron modificados por la autora en el uso de su libertad literaria.

    En la ciudad hubo un festival de música al aire libre el viernes, sábado y domingo, en el gran parque público. Como ambos tenían trabajos estables, irían el sábado por la noche y volverían a casa el domingo por la madrugada. A Eleny estaba emocionada era una buena oportunidad de salir de la rutina.

    Esposo: «Bebecita, puede que haga calor durante el día, pero por la noche va a hacer frío, la última banda no terminará hasta pasada la medianoche».

    Eleny: «Estoy lista para cualquier eventualidad” pensando en la una falda larga.

    Con las bendiciones en casa de los abuelos, cuando Eleny salió de la ducha, su esposo estaba algo emocionado.

    Esposo «¡Bebecita! ¡Nomas tantito!» suplicó.

    Eleny: «¡Mor, No! Me hubieras dicho antes de bañarme, no voy ir todo “olorosa” toda la noche. Pero, si quieres, ¿Por qué no me comes mientras te masturbas? ¿Te gusta hacer eso?».

    Con muy pocos juegos previos, su esposo pronto enterró la cabeza entre sus muslos. Masturbando furiosamente, mientras lamía la calva panocha de Eleny, pronto disparó sus mecos sobre una toalla.

    Eleny gimió de frustración, al sentir que él disminuía la velocidad y perdía interés en satisfacerla. Al oírla gemir, su esposo, en su inopia, pensó que ella también se había corrido. Mientras él se duchaba, Eleny usó sus dedos para alcanzar un orgasmo insatisfactorio.

    Camino al concierto su esposo, no dejo de estar juguetón, insinuándole que probablemente, durante el concierto tuvieran oportunidad de satisfacerse, idea que maravillo a Eleny, por lo cual, cedió a la solicitud de su esposo para quitarse las pantaletas, en coche.

    Poco antes de llegar, su esposo se detuvo en una tienda de conveniencia y regreso con una botella de ron.

    Eleny: «¿Para qué es eso? Casi nunca bebemos. ¡No quiero que te emborraches y después no me cumplas!» gritó.

    Esposo: «No se permite el alcohol en el parque y vamos a estar allí durante horas. Pondré un poco de esto en botellas de agua para mantenernos calientes. No nos emborracharemos». sonrió «¡Las botellas caben en mi mochila! ¡La seguridad nunca lo sabrá!»

    Durante toda la noche, su esposo había toqueteado a Eleny, teniéndola en un estado de euforia erótica, A las once en punto, el ron se había acabado, causando la baja de lívido en su esposo y la frustración de Eleny, Finalmente embriagados ambos, estaban apoyados sobre una barandilla de seguridad disfrutando de las bandas. El contraste de los juegos de luces de los grupos contra la oscuridad natural del parque los envolvía junto a más de mil personas deambulando o tambaleándose. Usando la barandilla como apoyo, para no ser llevados por el empuje de la corriente humana, la pareja disfrutó de la música.

    El Roger, había estado “trabajando” toda la noche, buscaba la oportunidad de agenciarse alguna cartera o celular, por enésima vez en esa noche. Cuando observo a la pareja apoyada en la barandilla. No hacía falta ser un científico espacial para saber que estaban etílicamente alegres, “presas fáciles”, pensó.

    Moviéndose de cerca detrás de la mujer, El Roger rodeo con su brazo buscando el celular de la mujer que estaba metido en la cintura de su falta, entonces ella empujo sus nalgas contra su entrepierna. Inmediatamente su verga reacciono rígidamente buscando la hendidura carnosa, formada por sus posaderas.

    Sin obtener alguna otra reacción, El Roger, simplemente aprovecho el momento suavemente levantó la falda lo suficiente para que su mano alcanzara su panocha, encontrándose con la grata sorpresa de la desnudes de su raja, Ella se estremeció cuando sus dedos tocaron su rendija húmeda, pero nunca gritó ni trató de escapar. Cada vez más valiente, El Roger frotó su rígido clítoris, mientras insertaba un dedo en su resbaladiza abertura.

    Al escuchar a Eleny gemir, en la penumbra

    Esposo: «¿Pasa algo, cariño?».

    Eleny: «No… No… Todo es simplemente maravilloso. La noche … la música … todo se siente tan bien».

    Después de escuchar la conversación, El Roger supo que esta perra quería verga, y quien era el para negársela. Desabrochándose los pantalones, dejó que su gruesa verga se liberara al fresco de la noche. Su trozo de carne rígido estaba parado en un ángulo de cuarenta y cinco grados y ya goteaba. Usando ambas manos en el interior de sus muslos, abrió los labios de su coño y levantó su cuerpo. Su monstruo tuerto fue atraído hacia su coño como si fuera un imán. Bajándola suavemente sobre su tranca, la mitad de su verga se deslizo fácilmente su vagina chorreante.

    Eleny: «¡Dios!… ¡Oh Dios! Tranquilo… Despacio, ve despacio… Por favor» susurro

    No tenía idea de quién estaba detrás de ella y no quería saberlo. ¡Estaba siendo llenada y eso fue suficiente!

    Esposo: «¿Qué dijiste, cariño? ¿Estás bien?».

    Eleny: «¡Estoy bien! ¡Me siento genial!»

    Mirándola con preocupación, su esposo pudo ver, con los reflejos de los juegos de luces del concierto en la oscuridad, su cuerpo moviéndose como si estuviera al ritmo de la banda. Pero estaban tocando rock y ella se movía al ritmo de un vals. ¡Estaba realmente borracha! Bajando la cabeza, miró sus pies. ¡Estaba de puntillas! ¿Cómo pudo hacer eso? ¡En realidad parecían estar fuera del suelo! La mente ebria de su esposo no aceptaba lo imposible e inmediatamente lo olvidó.

    Por ahora, El Roger tenía toda su verga dentro de su vientre. Comenzando con penetraciones cortas y poderosas, su verga pronto se hundía más y más fuerte. Su panocha se aferró a su verga como un guante de cuero apretado.

    Eleny temblaba como una hoja al viento, gimiendo y gimiendo silenciosamente con cada embestida profunda.

    Eleny: «¡Me encanta! ¡Me encanta! ¡Más fuerte!… ¡Más rápido! ¡Oh Dios! ¡Se siente tan bien!»

    Por el rabillo de sus ojos etílicamente borrosos, su esposo podía ver los giros salvajes de Eleny. Sin duda fue una sorpresa descubrir cuánto amaba la música rock. A él también le gustaba la música, y se sentía bien ver a la banda, pero Eleny se movía tan fuerte y rápido entusiasmada con la música. ¡Definitivamente, No más alcohol para ella!

    El Roger sintió la enorme carga que se elevaba hacia la cabeza de su verga, con un poderoso empujón le inyecto su semilla en lo profundo de su útero como una bala de cañón, la lleno hasta desbordar por su bien cogida panocha.

    Eleny: «¡Oh! ¡Dios mío! ¡Ya llego! ¡Ya llego!» gimoteaba suavemente.

    Mientras los zarcillos de placer se extendían por su cuerpo. ¡Estaba en llamas! Su cabeza se sentía como si fuera a explotar. Con un último estremecimiento, su orgasmo se hizo más lento y se detuvo.

    Esposo: «¿A dónde llegas? Baja de la nube, bebecita» murmuró.

    Al sentir que el monstruo de carne dejaba su panocha y su falda bajaba, Eleny se quedó con una sensación de vacío. Sintió un fluido espeso y pegajoso resbalando por sus muslos y piernas. Sus rodillas no la sostenían y agarró los hombros de su esposo.

    Eleny: «Mor, Vámonos. Estoy cansada y con sueño».

    Cuando llegaron, se las había arreglado para limpiarse la parte interna de las piernas sin que su esposo lo supiera. Ya en la habitación.

    Eleny: «¡Mor, Quiero que me comas de nuevo! ¡El concierto me puso tan cachonda!»

    Tomando la iniciativa, lo empujó sobre la cama y se sentó a horcajadas sobre su rostro.

    Su esposo estaba sorprendido, pero feliz de cumplir. No vio su coño crudo y rojo, pero pudo sentirlo cubriendo completamente su boca. Sin recordar que alguna vez había sido tan grande, abrió la boca y metió la lengua, lo más profundo posible. ¡Guau! ¡Estaba realmente cachonda! Su boca se llenó una y otra vez con su fluido espeso. Sabía deliciosamente diferente a otras ocasiones.

    ¡Qué maravillosa esposa tenía!

  • Cornudo en castidad

    Cornudo en castidad

    «Mira mídetelo con el de un hombre de verdad» dijo mi esposa mientras su toro ponía su enorme herramienta en su rostro.

    Ese pene moreno y grueso de su expareja que nunca pudo superar, por otro lado estaba yo con un pene muy pequeño y encima de eso intimidado ante santo tamaño mi miembro se escondía aún más.

    «Vuelve a ponerte tu cinturón y ve a la esquina a observar»

    Obediente me retire a mi esquina que era el usual lugar donde veía a mi mujer hacer el amor con un sinnúmero de bien dotados y energéticos machos.

    Algunas veces incluso era yo el que los llevaba al motel y los esperaba afuera mientras ellos cogían y solo me llamaban.

    Pero esta vez no, está bien estaba en primera fila viendo las hermosas tetas de mi esposa ser mamadas por su amante.

    Con un cinturón de castidad puesto no podía tener erecciones y llevaba más de 30 días con el incluso llegué a tener orgasmos al ser penetrado por mi esposa pero mi pene no dejaba la jaula.

    «Perro ven aquí se obediente y gánate un premio» -Dijo mi esposa en un tono cruel y burlón.

    «Besa los huevos que mantienen feliz a tu esposa» -Añadió su amante.

    Tímidamente me acerque hincado a la cama su ex estaba tirado sujetando su pedazo de carne fácilmente 25 cm y gordo.

    Me acerque rápidamente y los bese mientras ambos reían.

    «Ya sabía que eras un puto puerco solo por aceptar tu naturaleza cornuda hoy vas a poder sentir una pucha, querida te vas a dejar coger por tu cornudo pitchico»

    «Si mi amor lo que digas mi rey»

    El que mi esposa fuera una perra sumisa con el me daba aún más morbo ya que ella siempre fue dominante conmigo y decía que así era su naturaleza pero lo que con el tiempo descubrimos es que solo un verdadero hombre puede domarla lo que hace que me sienta más denotado en mi estado de cornudo.

    El toro se levantó y mi esposa siguió su miembro mientras esté la llevaba con una cadena de mascota hasta el sofá de la habitación.

    «Levanta la cola perra» y le dio una nalgada.

    Sin embargo algo aún peor pasaría ya que al momento de estar cerca de mi esposa y de su deliciosa pucha simplemente no pude tener una erección…

    Continuará.

  • Acabar

    Acabar

    Me toco despacito, como si mi cuerpo fuese de cristal.

    De fondo suena Taylor,

    porque siempre es mejor con ella ahí.

    De reojo miro al reloj,

    que avanza como un estúpido que no comprende nada.

    Mi sexo húmedo estalla

    en leves estruendos

    que parecen palpitaciones

    de un corazón

    al borde del abismo.

    Porque acabar sola es como morir

    añorando esas tardes

    en las que nada en el mundo tenía sentido

    más que nuestros cuerpos desnudos y jadeantes

    sobre la cama

    bajo la ducha

    en el sillón.

    Deshaciéndonos de pasión

    de ese sexo desenfrenado

    imposible de acabar.

    Linda paradoja

    no acabar de acabar.

    Decir “no puedo más”

    cuando lo único que quiero

    es más.

    Más amor más sexo más locura.

    Más, más y más.

    Hasta acabar

    para volver a empezar.

  • Quizás deberías entrar y que ella te cuide

    Quizás deberías entrar y que ella te cuide

    En tu defensa la puerta estaba ligeramente abierta, solo eras un hombre preocupado que escuchó ruidos raros en el cuarto de la hija de su amigo, ¿qué clase de mal hombre no se asegura de que una joven esté bien?

    Sobre todo considerando que siempre fuiste muy apegado a ella, ibas siempre detrás de ella, cumpliendo todos sus deseos con tal de tener su atención en ti por un rato.

    Muchas veces terminabas sentado frente a ella preguntándole qué quería, lo que sea que fuese, ibas a salir a buscarlo, o ibas a hacerlo, a veces solo era salir a caminar con ella, otras te pedía que guardaras algún secreto que seguramente la metería en problemas.

    Tu amigo a veces se enfadaba por eso, siempre terminabas abogando por ella, pero no te importaba, la chica era dulce y amable contigo, te cuidaba más que nadie, asegurándose que comieras bien, que tomases agua, cosas así que te hacían sentir especial.

    Para ser honesto muchas veces tus otros amigos te decían que eras demasiado sumiso cuando la chica aparecía, obviamente no era mentira, no podías evitarlo, por suerte solo pensaban que era algo platónico después de todo la viste crecer. Ninguno sabía cuantas veces inventabas problemas o excusas para que su padre y ella fueran a tu casa solo para poder tenerla allí un momento, dejando su perfume en tu casa o si eras muy afortunado, en ti.

    Tus manos se posaron en el picaporte, la puerta estaba levemente abierta. Nunca intentaste abrirla sin antes pedirle permiso, pero ese día era la excepción, no sabías que esperar detrás de esos leves sonidos, creíste que quizás se había lastimado o algo así, de última si solo era un malentendido le pedirías que te disculpe para prometerle que jamás lo harías otra vez.

    Pero no te esperabas la morbosa escena delante de ti, nunca, ni siquiera en tus sueños más sucios, te imaginaste verla así, tu respiración estaba agitada y tu rostro se sentía cálido. Estaba parada allí vistiendo ese bonito conjunto de lencería que viste más de una vez colgado en el patio o doblado en la pila de ropa limpia. El rosa pastel del conjunto combinaba perfectamente con sus encajes y pequeños volados debajo del sostén que para este punto estaba siendo aplastado por los pechos de ella. Seguiste mirando aunque sabías que está mal, una gran culpa te quemaba, te sentías como un viejo pervertido mirando a una joven. Pera era imposible mover tu vista a otro lado, estabas hipnotizado, viste sus muslos frotándose entre ellos lentamente, ¿cuántas veces tuviste una erección pensando en ellos sobre tus hombros? O en su suave estómago, siendo apretado por la ropa interior, te imaginaste la cara tan linda y sensual que ella pondría al sentir tus manos allí o cómo te sentirías tú al apoyarte en ella. Aunque lo más importante era ver como tu amorcito liberaba sus pechos del sostén, finalmente, lo arroja al piso sin mucho cuidado. Sus pezones captaron tu atención al instante, eran grandes y amarronados como los que habías visto en videos desesperado por encontrar alguna actriz que se pareciera remotamente a ella.

    Sus pechos se veían extremadamente suaves, como si pudieras amasarlos, tu princesa siempre fue una chica gordita, sus pechos no eran firmes, pero eran grandes. A veces imaginabas que tan difícil sería meter ambos pechos en tu boca, chuparlos como si fuera a salir leche de ellos a la vez que su mano acariciaba tu cabeza susurrando dulces palabras hacia ti.

    Tu mano fue a tu pantalón, sentías tu erección poco a poco se hacía más visible, palmeabas tu pene, querías ir lento, después de todo no todos los días tenías a tu princesa así.

    Al principio solo eran ligeros pellizcos y masajes delicados, pero ahora tironeaba sus pezones mientras que con su otra mano moldeaba suavemente sus pechos, la podías escuchar gemir en voz baja, pero se notaba en su rostro que no era suficiente para satisfacerla. Cuando su mano viajó hasta su clítoris tuviste que morder tu labio para evitar soltar un jadeo. Frotaba su clítoris mientras la otra jugaba con sus pechos, sus dedos se movían lento, pero poco a poco comenzó a subir la intensidad de sus movimientos hasta que de pronto sacó su mano y la llevó cerca de su rostro, lamía sus dedos brillantes. Tu boca se abrió ligeramente, viendo como volvía a introducir sus dedos entre sus húmedas pantis para volver a tener su propio sabor en la boca.

    ¿Podrías imaginarte que sabor tendría la vagina de tu princesa? Quizás dulce, o salada, realmente no te importaba, solo querías sentarla en tu rostro para devorarla en ese mismo instante, que tire tu cabello enredando sus dedos en el, que le dé sentones a tu cara como si fueras su juguete favorito y se frote en ella hasta que tu rostro esté bañado en sus jugos.

    Sus dedos finalmente se deshacen de la última pieza de ropa, la tira cerca de ti y toma algunas prendas de ropa que tenía cerca, las apila para poder frotar su vagina en ellas, sientes que estás mirando una de esas películas porno al ver como se mueven sus pechos y cadera, al oír sus suaves gemidos. Querías tener unos orgasmos junto a ella, pronto iban a correrse juntos, pero para cuando su espalda comenzaba a arquearse, susurrabas insultos en voz baja, no hacía ella, sino a ti mismo por estar hecho un desastre y estar tan desesperado por correrte, necesitabas rogarle que te deje correrte pronto, ya no aguantabas más.

    Ella se bajó de su pequeño montículo de ropa, estaba buscando algo mientras gateaba, estaba ansiosa por encontrarlo, por un momento creíste que quizás te había descubierto, pues, la viste acercarse a la puerta, por suerte solo estaba buscando algo, intentas ver que es, imaginabas que era algún dildo o un vibrador, pero era una vieja camisa tuya que olvidaste alguna vez, estabas sorprendido, te preguntabas que iba a hacer con ella. La viste sonriendo alegre mientras se sentaba más cerca de la puerta, ahora podías apreciar mejor su figura. Tu mirada se fue rápidamente hasta su rostro al oír un fuerte gemido salir de sus labios, estaba oliendo tu ropa a la vez que sus dedos jugaban con su clítoris, su cadera se movía levemente intentando encontrar algo de fricción.

    Aunque lo que nunca vas a olvidar es ver a tu linda princesa frotando la prenda en su vagina, poco a poco comenzó a llamar tu nombre, susurrando pequeños cumplidos dirigidos a ti, o al menos al que estaba en su mente, decía que lo estabas haciendo muy bien, que eras un buen chico, toda esa atención era demasiado, no pudiste aguantar más, una fuente de semen se desborda de tu mano mientras vez que ella seguía jugando. Pronto ella también tuvo un orgasmo tan fuerte que tuvo que recostarse.

    Querías entrar a ver como estaba, darle las gracias por darte el show perfecto, decirle que era la chica más sensual que hayas visto. Aunque no te atrevías todavía, una especie de vergüenza se apoderaba de ti, sabías que ella te deseaba tanto como tú a ella, pero no podías dejar de pensar en que pasaría si no podías complacerla como ella se merecía o si solo eras una fantasía y nada más.

  • Mi caliente mujer y la polla de mi padre

    Mi caliente mujer y la polla de mi padre

    Nuria, mi mujer, es una hembra caliente a tope, de 45 años de edad, y que está cachonda todo el día, al igual que yo, una milf majestuosa en toda la extensión de la palabra, amante de la lencería sexy, con unas tetas extraordinarias de aureolas y pezones oscuros, coño peludo asombroso y un culo magistral.

    Con motivo de las fiestas navideñas mi padre, ya entrado en años y viudo, nos visitó en mi casa para pasar parte de éstas con nosotros. Aunque ya se conocían personalmente por numerosas visitas nuestras a mi pueblo fue en esta ocasión cuando ambos congeniaron de manera más íntima, dándose una confianza mutua que fue a más a cada momento, lo que provocó que mi padre fuese adoptando hacia ella una actitud cada vez más pícara, obteniendo por su parte respuesta similar, con detalles como indirectas varias y miradas de deseo que a mi mujer provocaban sobremanera, mientras que ella, aún en mi presencia, se mostraba muy cariñosa hacia él, adoptando actitudes como abrirse de piernas más de lo normal cuando lo tenía sentado frente a sí mostrándole sus tangas y bragas sexys o sentándose en el salón con sus preciosas tetas sueltas y sin sujetador, exhibiéndolas tras blusas transparentes más abiertas de lo normal también, algo que en mí iba despertando a cada momento más lascivia y curiosidad.

    El segundo día que mi padre pasó con nosotros, por la tarde y tras la comida, marchó a dormir la siesta a la habitación que habíamos preparado para él, entrando yo en la nuestra para cambiarme de ropa ya que tenía que salir a la calle a realizar diversas gestiones. Cuál fue mi sorpresa al salir al salón cuando me encontré a mi mujer, agachada, mirando por un agujero de la puerta de madera a mi padre, cachonda perdida y tocándose su inmenso y peludo coño, al ver cómo se marcaba acostado en la cama una paja monumental, con su polla de 24 centímetros enormemente tiesa y dura, pensando en mi mujer. Aun así, viendo que yo la miraba, no cesó de tocarse y me dijo que la estaba poniendo muy cachonda y que esa polla ella la tenía que probar. Yo le hice caso omiso, entré en el servicio a peinarme y mientras lo hacía empecé a escuchar sus gemidos de placer al correrse tocándose el coño sin parar, despertando en mí un morbo increíble.

    Salí del baño y ella estaba tendida en el sofá del salón tocándose aún, pidiéndome disculpas por haber actuado así pero, al mismo tiempo, muy satisfecha y gozosa con su corrida. Yo la miré y, con las mismas, salí de casa a realizar mis tareas aunque no se me iba la instantánea de la cabeza y mi mente se centraba en lo visto, poniéndose mi polla extremadamente dura solo al pensar que el asunto podría ir a más en mi ausencia.

    Tras varias horas en la calle regresé a casa y, tal y como me temía y había pensado, al abrir la puerta con sigilo escuché gemidos de mi padre en su habitación y frases como «Sigue, sigue… Así, así… Qué bien lo haces, zorra. Así está mi hijo contigo. ¡Menuda puta tiene en la cama!», a lo que ella asentía con su cabeza, respondiéndole «a tu hijo le encanta que se la chupe y se corre como un hijo de puta en mi boca cada vez que se lo hago». Yo no dije nada pero me imaginé lo que estaba ocurriendo.

    Sin mediar palabra y casi sin moverme me senté en el tresillo del salón y tras unos minutos pensando en cómo actuar me levanté despacio y me dirigí sin hacer ruido a dicha habitación, cuya puerta estaba entreabierta, pudiendo observar desde fuera cómo mi mujer, con una preciosa trenza, vestida con elegantes medias negras y liguero y portando unos majestuosos tacones, le hacía en ese momento una espléndida mamada a mi padre, que tenía su enorme y grandiosa polla dura y tiesa y gozaba de placer como jamás antes lo había visto con mi madre en vida. Acto seguido fue ella quien le pidió a mi padre que le comiese el coño, a lo que él accedió gustoso.

    Mi mujer se acostó en la cama, se abrió de piernas y mi padre se sumergió en su majestuosa y peluda raja para comenzar a comérsela y deleitarla con gozo mientras ella gemía cada vez más de placer inmenso sujetando con sus manos la cabeza de mi padre y pidiéndole que no parase hasta que consiguió correrse dos veces como una loca. Seguidamente ambos se pusieron en pie y mientras se besaban y abrazaban cachondos y calientes, mi mujer se encargaba de mantener bien duro y tieso el inmenso pollón de mi padre acariciándolo de arriba a abajo con su mano y posteriormente agachándose para chuparlo y mamarlo de nuevo, acariciando al mismo tiempo sus repletos huevos, con unos ojos de vicio increíbles y totalmente fuera de sí mientras mi padre gozaba como un gran cabrón con la cabeza erguida mirando hacia arriba y los ojos entreabiertos por el placer que le proporcionaba la zorra de su nuera.

    Tras su exhibición con la boca mi mujer le pidió a mi padre que se acostase en la cama, subiéndose ella encima e introduciéndose el pollón en su coño, ya muy mojado, comenzando a cabalgar como una poseída. Esa estampa de mi mujer, vestida con su fina lencería, siendo follada por mi padre sin darse cuenta de que yo los miraba a escondidas, hizo que tuviese que sacar mi polla, ya durísima y enorme, para comenzar a pajearme suavemente y aguantar sin correrme hasta el final del espectáculo con el que ambos me deleitaban.

    Era fantástico ver a mi mujer gozando como una auténtica puta mientras gritaba sin cesar y le decía a mi padre frases como «¡Fóllame, fóllame. No pares, mi suegro cabrón!», «¡Dame fuerte y métemela hasta el fondo de mi coño, es tuyo y quiero tu polla para mí. Cada vez que quieras puedes venir a follarme, seré tu zorra y tu puta siempre y tu hijo un cornudo consentido que va a ver con sus propios ojos cómo su padre se folla y da gusto a su mujer mientras él mira y se pajea!». Por su parte, mi padre, sujetándola y apretándole su extraordinario culo se la seguía metiendo locamente y con rapidez, provocándole un inmenso orgasmo que la hizo chillar y gemir de auténtico placer.

    La exhibición de ambos continuó con un cambio de postura, siendo mi mujer la que se acostó en la cama boca arriba, levantando sus hermosas piernas para ponerlas sobre los hombros de mi padre mientras que éste se las sujetaba con fuerza y le volvía a clavar su enorme polla placenteramente en lo más profundo de su peludo coño, con embestidas brutales que a ella estremecían de auténtico gustazo, consiguiendo que se volviera a correr inmensamente entre chillidos y alaridos mientras mi padre le decía frases como «¡Córrete, putita mía, que aquí está tu suegro con su inmensa polla para darte gusto y placer!», «¡Qué lástima no haber venido antes para follarte como te mereces!» o «¡No imaginas las pajas que me he hecho pensando en ti a diario desde que te conocí y las veces que has hecho brotar la leche de mi polla mientras imaginaba cómo te follaba, zorra cachonda y caliente, puta más que puta!».

    El espectáculo continuó con un nuevo cambio de postura aunque antes, la golfa de mi mujer volvió a realizarle a mi padre una nueva mamada durante unos minutos. En esta ocasión, la zorra caliente se puso a cuatro patas brindando su majestuoso culo y su espléndido coño a mi padre de forma trasera haciendo que él, con su polla totalmente erecta y dura, se pusiese aún más cachondo de deseo, atizándole duras embestidas con las que ella no paraba de correrse una y otra vez. Entretanto, en un determinado momento, mi padre se puso en cuclillas y, despacio, suavemente, fue introduciendo su pollón en el culo de mi mujer mientras le decía «¿Qué te creías, que tu suegro no iba a follarte este pedazo de culo que tienes…?» o «¡Qué buena estás, zorra caliente y puta. Mientras esté aquí tengo que follarte varias veces al día, tengo que darte mi polla y mi leche a todas horas, golfa, aunque mi hijo esté presente; y si quieres te follamos los dos a la vez!», lo que hizo que ella comenzara a tocarse el coño y a meterse los dedos con rapidez mientras él la follaba por el culo de forma bestial y caliente, provocándole varios orgasmos que la hacían chorrear piernas abajo, mojando toda la cama con sus ricas corridas. Mi mujer pedía con lujuria a mi padre que no parase de metérsela y él le obedecía agarrándola por la trenza que llevaba en el pelo y alternando sus acometidas tanto por el coño como por el culazo espléndido de mi hembra.

    Yo continuaba presenciando la maravillosa follada de ambos mientras acariciaba suavemente mi dura y enorme polla cuyo capullo ya se encontraba hinchado por la excitación y a punto de soltar una majestuosa corrida. En previsión de que eso pudiese ocurrir en cualquier momento tomé la decisión de abrir la puerta y entrar en la habitación, lo hice totalmente desnudo y tocándome la polla mientras ellos me miraron con extraordinarias caras de placer al tiempo que mi padre me decía «¡Mira, cornudo, cómo me follo a la puta de tu mujer, su coño y su culo lo vas a tener que compartir conmigo a partir de ahora. Está buenísima y me encanta lo zorra y golfa que es. Es una auténtica perra de pies a cabeza»; por su parte, mi mujer asentía y me rogaba que le permita que mi padre la folle cada vez que quiera, a lo que accedí mientras me acercaba a ella para poner mi dura polla en su boca y me la mamase, lo que hizo maravillosamente con extraordinario deseo y pasión. Mientras esto sucedía, mi padre le dijo entre jadeos «¡Me voy a correr de un momento a otro, zorra. Te voy a dar toda mi leche ya mismo!», respondiéndole ella a gritos «¡Sí, sí… Córrete, cabrón mío, hijo de puta. Dame toda tu leche, suegro mío!», segundos después y con su enorme polla metida en el coño de mi mujer, mi padre comenzó entre gemidos a llenárselo de abundante leche en una corrida monumental que enloqueció a mi mujer diciéndole «¡Qué rico, qué rico… Uhhhmmm… Qué calentita y que rica tu leche, cariño mío, hijo de puta. Qué bien me follas, cabronazo mío!», mientras que él proseguía metiéndosela para esperar a que yo también me vaciase. Tras unos minutos en los que mi mujer, a cuatro patas, continuó chupando mi polla y besando mis huevos, mi capullo explotó de gozo corriéndome en su ansiosa boca, que se tragó toda mi leche relamiéndose de gusto para finalizar con una muy buena limpieza de polla para no desperdiciar ni una sola gota.

    Este fue el comienzo de una serie de encuentros en los que ambos gozaron de placer mientras yo me convertí en un cornudo consentido.

  • Libertad condicional (II)

    Libertad condicional (II)

    En vista del persistente mimbreo del móvil sobre la mesa, Merche lo introdujo en el primer cajón para que dejase de importunar. No le gustaba contestar si en ese momento atendía a alguien, considerándolo una falta de ética profesional.

    Cuando terminó el asesoramiento a su cliente lo acompañó hasta la puerta, le dio la mano y se despidió hasta su próxima cita.

    Abrió el cajón y devolvió la llamada perdida.

    —Hola Soy Mercedes Serra. Tengo varias llamadas perdidas.

    — Sí, —respondió el hombre al otro lado de la línea. —Perdone que la haya molestado. Sólo serán unos minutos de su tiempo. Me llamo Mario Cuesta. Soy el abogado de oficio de Hassan Hamidi, —manifestó al tiempo que una voz de fondo le interrumpía gritando “tú no eres mi abogado, huevón”. —Discúlpeme —continuó diciendo. —Estoy en comisaría e intento establecer un diálogo con mi cliente, pero se niega a colaborar. Dice que sólo hablará con su abogada. Si es usted, entiendo que asume su defensa, y por tanto, yo me hago a un lado.

    Se hizo el silencio durante unos segundos en los que un sinfín de pensamientos rebotaron en su cabeza hasta que el abogado interceptó el mutismo.

    —¿Sigue usted ahí? —preguntó el letrado.

    —Sí, sí. ¿De qué se le acusa? —preguntó tras el impasse.

    —Robo con arma blanca.

    —Es reincidente, —le informó Merche.

    —Lo sé, —dijo él. —Le caerán varios años. Su ficha policial es de todo menos alentadora.

    —Ya no soy su abogada. Así lo acordamos ambos.

    —Él no dice lo mismo, pero siendo así, asumiré yo su defensa.

    —Sí, es lo mejor, —añadió. Inmediatamente escuchó la voz de Hassan de fondo.

    —No me dejes en manos de este memo, —gritó Hassan intentado hacerse oír.

    Merche escuchó sus quejas y permaneció callada con el corazón encogido. Por segunda vez se veía en la misma encrucijada. Pensaba que había dejado atrás al controvertido personajillo y sabía que de un modo u otro siempre terminaba enredada en su tela de araña.

    Quería auto convencerse de que se reformaría y ese engaño a sí misma, era poco menos que pedirle peras al olmo.

    —Yo me encargo, —admitió con reservas después de meditarlo unos segundos.

    —Está bien, —la espero aquí, concluyó el letrado.

    Mientras conducía hacia la comisaría dudó de su decisión. Sabía que ésta no conduciría a buen puerto. Él debería haber aprendido ya a afrontar las consecuencias de sus actos. Había tenido la oportunidad de resarcirse y no la había aprovechado. Viendo su ficha, cualquiera entendía que era culpable de todo lo que se le acusaba. Ella podía encontrar otro resquicio legal para que no ingresara en prisión. Lo que no le gustaba era que aquel gandul le tomara el pelo o la tachara poco menos que de ingenua.

    Merche entró en comisaría. Todos los allí presentes se voltearon a contemplar la atractiva y elegante fémina caminando con paso firme e imperativo hacia el mostrador.

    —Quiero hablar con el detenido Hassan Hamidi, —exigió. —Soy su abogada.

    —El detenido ya está con su abogado, —alegó el agente.

    —Ahora lo soy yo, —decretó ella sin titubear.

    El hombre vaciló, bajó la vista ante la desafiante mirada de la letrada y la instó a seguirla. Abrió la puerta de la sala y la hizo pasar.

    Iba con un traje chaqueta gris marengo compuesto por una falda de tubo que cubría sus rodillas y una americana que se ajustaba a su silueta. El abogado la contempló con fascinación, eso sí, acompañada de absoluta discreción. Fue Hassan quien no pudo disimular su atracción hacia ella. Llevaba el cabello suelto y lucía un maquillaje sencillo. No necesitaba más. La mirada del gandul recorrió su anatomía traspasando la fina tela de su atuendo, y la visualizó desnuda como tantas otras veces. Conocía a la perfección cada curva de su fisionomía y la sangre fluyó sin que pudiese evitarlo siguiendo el curso de la gravedad.

    Los abogados se saludaron, se dieron la información pertinente y el letrado abandonó la sala alegrándose de abandonar un caso que de antemano sabía que estaba perdido.

    Merche cerró la puerta y lo miró indignada.

    —¡Hola fierecilla, —saludó Hassan, sin embargo, la mirada inquisidora de ella no daba mucho pie a chanzas fuera de lugar.

    —Te lo advertí, Hassan. Te dije que si no te reformabas acabarías mal. Me prometiste que lo harías y quise creerte, pero reitero que contigo es imposible. Acabarás tus días en la cárcel.

    —Te tengo a ti fierecilla.

    —¿Te parece gracioso todo esto? Porque a mí no me hace ni pizca de gracia. Te advertí que si volvías a delinquir no contases más conmigo.

    —Y aquí estás… —subrayó.

    —No me subestimes, Hassan o me iré por donde he venido sin mirar atrás.

    —No lo hago. Todo lo contrario. Sé que eres la mejor y que me sacarás de aquí.

    —¿Tienes dinero para pagar la minuta?

    —¿La amistad que nos une no cuenta?

    —¿Acaso crees que vivo de hacer obras de caridad? ¿Tengo cara de imbécil, o crees que soy una puta ONG? —preguntó alterada.

    —Puedo pagarte en especies, —bromeó él.

    Merche lo miró con displicencia, cerró la carpeta y la metió en su maletín.

    —Adiós Hassan. Debes aceptar al abogado de oficio. Con tu actitud pasota y tus modales de macarra no voy a defenderte.

    —Está bien. Seré bueno, —admitió retractándose.

    —Ser bueno no es el único requisito. No tienes dinero para pagar mis honorarios, puedo obviar eso y ser benevolente, pero en cualquier caso tendrás que pagar la fianza. ¿De dónde vas a sacar ese dinero?

    —Había pensado que me lo prestaras tú y ya te lo devolveré.

    —Ahora si que estoy segura de que me tomas por imbécil, Hassan.

    —Conseguiré el dinero. Te lo prometo.

    —Tus promesas no tienen ya ningún valor. ¿Cómo vas a conseguirlo, robando otra vez para pagar una fianza por acusación de robo? ¿Cuándo acabará esto?

    —Dame una oportunidad.

    —¿Cuántas te he dado ya? No soy tu madre, ni tu tutora, Hassan. Dejé de ser también tu abogada precisamente por ésta situación en la que nos encontramos ahora. Tienes que saber qué haces con tu vida y en qué líos te metes. Ya estás crecidito.

    —Tú lo sabes bien, —dijo con segundas.

    —Adiós Hassan, —se despidió Merche mientras abandonaba la sala de interrogatorios.

    A los cinco minutos entró un oficial de policía y le quitó las esposas.

    —Eres libre, capullo, —le informó a regañadientes el oficial. —De momento, —matizó a continuación.

    El joven se levantó mirando a su alrededor sin entender qué había pasado. Después fue acompañado a la calle, se encendió un cigarrillo, aspiró el humo y lo lanzó con parsimonia dándole de nuevo gracias a Alá. Ahora bien, de sobra sabía que era a Merche a quien debía dárselas.

    Por su parte, ella no necesitaba justificarle a su marido los cinco mil euros que pagó por la fianza del muchacho. Sería después, durante la defensa de su caso, cuando sus explicaciones podrían hacer aguas.

    Pese a que el indolente joven lograba socavar la estable vida de Merche, sus contrariedades no eran pocas, pues aquel gandul era indomable e indomable seguiría a despecho de sus animosos esfuerzos. Podía ocultar lo de la fianza, lo que no podía era controlar su idiosincrasia. Su impredecibilidad no sólo le incomodaba, sino que la intimidaba, por ello, después de tres meses de armonía volvía a incursionar en su vida sin permiso como si estuviese viviendo un déjà vu. A ella, que siempre le gustaba tener controlado cada detalle de su vida, con él presente, pensar en eso era poco menos que una utopía.

    Quiso hablarlo con su esposo. Quiso decirle que había pagado su fianza, sin embargo eso comportaba profundizar en más detalles que no le apetecía contar, como el interés que les había unido durante los tres años de litigios en los que se la estuvo beneficiando con su absoluto beneplácito. Aquel patán lograba que arañase el suelo de una manera que nadie había logrado, incluso había rozado la adicción sexual de necesitar a aquel gandul para aplacar sus desmesurados apetitos sexuales. ¿Podía decirle eso? Obviamente, no.

    Con esas premisas y con las reminiscencias del pasado a flor de piel, su deseo se reactivó y empezó a transpirar. Se acercó a su esposo y lo buscó con la mano, y al contrario de ella, éste estaba en su fase REM y entendió que no se iba a despertar ni viniéndose abajo el edificio, por tanto, su mano redirigió la ruta en dirección a su sexo y sus dedos patinaron por su humedad. Bastaron unas cuantas fricciones en la raja para alcanzar el clímax, ahogando los gemidos y elevando sus caderas en una acción impulsiva e improvisada. Después, su ritmo cardiaco retornó a la normalidad y se quedó dormida con la mano en su sexo.

    —¿Te encuentras bien? —preguntó Félix tras cinco minutos de incómodo silencio. Normalmente el desayuno era un momento importante del día en donde cada uno exponía lo que iba a ser la jornada aportando la experiencia y los conocimientos del otro. Hoy no era ese día. Hoy era uno de esos repletos de reflexiones internas en el que los dilemas sentimentales opacaban los asuntos laborales.

    —Estoy bien, con un poco de jaqueca, —mintió.

    —¡Tómate algo! No te vayas así, —le sugirió.

    —Lo haré, —afirmó. Después separaron sus caminos y cada cual condujo hacia su respectivo despacho.

    Ya en el bufete tomó otro café con su secretaria. Diez minutos de cháchara para a continuación sentarse a recopilar pruebas para el caso en el que trabajaba.

    No pasaron ni cinco minutos cuando saltó un mensaje de WhatsApp. Vio de quien se trataba sin abrir la aplicación y lo obvió. Otro “bip” volvió a sonar y escudriñó sabedora de que alguna trivialidad se le habría antojado a Hassan.

    —Necesito que hablemos fierecilla. —Sólo será un momento.

    Estaba convencida de conocer el verdadero significado de ese “necesito que hablemos”, así como el de “sólo será un momento”. Un momento que bien podían ser dos o tres horas. No necesitaba ni la primera opción, ni tampoco la segunda.

    —¡Hassan! Tengo trabajo. Intenta no molestarme. Yo te iré poniendo al día si hay alguna novedad. No te preocupes, —escribió.

    —Necesito verte, —repitió.

    —No me escuchas, Hassan. O no me lees.

    —Es importante, créeme.

    —No, no lo es y lo sabes.

    —Lo es, —contradijo.

    —Está bien. Ven a mi despacho.

    —No puedo. No tengo con qué ir.

    —Coge un bus.

    —No tengo dinero. Lo gasté todo en la fianza.

    —¡Serás cabrón!

    —¡Vente! —insistió.

    Merche sabía que aquella, bien podría convertirse en una conversación de besugos y que podían estar toda la mañana con el toma y daca sin hacerle cambiar de parecer. Barajó la idea de ignorar sus mensajes y también la de apagar el móvil, pero éste era una herramienta importante de su trabajo. ¿Por qué insistía en complicarle la vida de aquel modo? O mejor dicho, ¿por qué jugaba con ella con semejante altanería y descaro? Con todos sus defectos, reconocía que tenía carácter. Su palabra siempre era la última.

    —Iré en cuanto pueda, —escribió dando por concluida la conversación.

    —No tardes, —contestó haciendo honor al último apunte.

    Hizo unas llamadas, recopiló información para uno de los casos en los que trabajaba y revisó su agenda. Tenía una cita en hora y media y otra en dos horas y supuso que sería suficiente para despacharlo. A continuación le dijo a su secretaria que se ausentaba. Seguidamente enfiló hacia el barrio marginal que detestaba. Aparcó varias manzanas antes y caminó en dirección al antro donde tantas veces había estado.

    Llamó al timbre y no tuvo que esperar más de dos segundos. La puerta se abrió de inmediato con un atronador ruido. Subió los tres pisos y Hassan la esperaba en la entrada. La hizo pasar y Merche lo contempló de arriba a abajo. Vestía unos vaqueros cortados y deshilachados por arriba del muslo. Sin nada en la parte de arriba, exhibía su fibroso torso con pretensiones provocadoras.

    —¿No puedes ponerte una camiseta al menos? —le recriminó.

    Pese a ser una mujer acostumbrada a manejar situaciones comprometidas, e incluso al límite, con Hassan se sentía incómoda, ya que entendía que con él no controlaba nada. Todavía estaba todo muy reciente, de tal modo que su atracción animal hacia él era manifiesta y Hassan contaba con ello. Se colocó su mugrienta camiseta de los Lakers para complacerla.

    —¿Quién es tu modisto? —bromeó ella viendo la andrajosa prenda de la que, al parecer no tenía intención de desprenderse.

    —Me peleé con Emporio Armani y ya ves. Es lo que hay, —dijo haciendo gala de su chabacano atuendo.

    Ambos sonrieron.

    —Pues aquí estamos, —señaló Merche esperando saber el porqué de su visita.

    —Quería darte las gracias por pagar mi fianza. No sé qué habría hecho sin ti.

    —¿Entiendes que no soy tu madre?

    —Lo tengo claro. Mi madre me abandonó. Eres mucho más que eso, —señaló, por lo que Merche quiso tragarse sus palabras.

    —Pues no actúes como un niño. Te he pagado la fianza. No tendría por qué haberlo hecho. Pero, al margen de eso, ¿sabes que me pones en una situación embarazosa con tus arrebatos y tus rabietas? El estar aquí en estos momentos ya me coloca en una situación comprometida, por no decir en un aprieto, sin mencionar el hecho de abandonar a otros clientes para satisfacer tus pueriles caprichos.

    —Antes no ponías tantos reparos para venir.

    —Las cosas han cambiado, Hassan. Creí habértelo dicho.

    —¿Tú crees que han cambiado?

    —No lo creo. Lo afirmo.

    —Bueno… ¿Cómo iba a darte las gracias si no? Te fuiste de la comisaría sin darme la oportunidad de hacerlo.

    —Podrías haberlo hecho por teléfono.

    —Soy un caballero. Las cosas importantes se dicen de tú a tú.

    —Sí. Te falta el sombrero, —bromeó. —Tu caballerosidad sería de elogiar si fuese auténtica, pero sabes que no lo es.

    —Menudo concepto tienes de mí, fierecilla.

    —Nos conocemos un poco, Hassan.

    —Es cierto. ¿Sabes qué pienso?

    —Sí, —afirmó.

    —¿Cómo lo sabes?

    —Tu entrepierna habla por ti y siempre va por delante. Vas a reventar ese andrajoso pantalón.

    —Veo que no se te pasa nada por alto. Eres muy observadora. Esa es mi fierecilla.

    —Esta vez no, Hassan. No hagas que me arrepienta de mi generosidad.

    —Todo lo que hice lo hice por ti.

    —No puedo creer que estés hablando en serio.

    —Créeme que así es. Era el único modo de llamar tu atención.

    —¿Sabes que eso es acoso?

    —Yo lo llamaría amor.

    —No degrades esa palabra a ese nivel. Nuestra relación era únicamente carnal.

    —¿Puedo preguntarte algo?

    —Adelante.

    —¿Me has echado de menos durante estos tres meses?

    —Mi vida ha estado muy tranquila todo este tiempo. Esa es la verdad.

    —Pero no has respondido a la pregunta.

    —Te mentiría si dijera que no, pero sólo en casos puntuales, —admitió.

    —¿Para aplacar tus picores? Yo lo he hecho cada día.

    —No sé si te he dicho alguna vez que quiero acabar con esto, o si te lo he dicho tropecientas veces.

    —¿Tu marido te hace feliz?

    —¿Y a ti qué te importa?

    —Eso es un no.

    —No, no lo es, es un sí.

    —Para ser abogada no sabes mentir, fierecilla. Sabes que si no soy yo será otro a quien busques en un momento dado para que calme tus picores.

    —¿Por qué eres tan cabrón?

    —Puede que lo sea, pero también soy franco.

    —Ésta relación nunca debió prolongarse tanto tiempo.

    —Yo nunca te obligué, fierecilla. Yo soy quien te busca ahora, pero recuerda que eras tú quien lo hacía en el pasado para apaciguar tu entrepierna.

    —Eres un cabronazo.

    —Sí. Soy tu cabronazo.

    —¿Entiendes que no quiera seguir con eso? ¿Podemos dejar ya esta conversación y centrarnos en lo verdaderamente importante?

    —¿Qué es más importante que esto? Mi vida es una mierda, ya lo sabes.

    —¿Por qué dejaste el trabajo?

    —Me echaron.

    —Algo harías para que te echaran.

    —Soy un puto moro, ¿recuerdas? Además, me pagaban una mierda.

    —Y es más fácil conseguir dinero a punta de cuchillo, ¿no?

    —De un modo u otro, siempre he sobrevivido. Nunca le he hecho daño a nadie.

    —Quien lo diría atracando e intimidando cuchillo en mano.

    —Como te he dicho, era una manera de acercarme a ti.

    —Pero no era la primera vez, ni la segunda.

    —Eran otros tiempos.

    —Sí, claro.

    —Sabía que no te mantendrías al margen, pero en el supuesto caso de que no quisieras hacerte cargo de mi caso, como segunda opción estaba la cárcel. Allí te dan de comer y he de reconocer que últimamente pasaba mucha hambre, de las dos, —destacó.

    —No hablas en serio.

    —Totalmente.

    —Puedo mover algunos hilos y conseguirte un trabajo.

    —No te molestes fierecilla. Nadie quiere a un delincuente, y menos si es un puto moro.

    —Puedo hacerlo. Es cuestión de que quieras tú.

    —No quiero darte pena.

    —No lo haces.

    —¿Sabes lo que quiero?

    —¿Qué?

    —A ti.

    —No me jodas, Hassan.

    —Es lo que más deseo. Joderte. Eres mi diosa. La dueña de mis pajas.

    —No sigas por ese camino, Hassan.

    —Mira como me tienes, —dijo cogiéndose el abultado paquete. —Déjame complacerte como mereces. Sé que lo deseas tanto como yo.

    Merche dio media vuelta para marcharse y Hassan la retuvo en la puerta, se pegó a ella por detrás, le apartó el cabello y le mordió el cuello. Ella se resistió intentando que emergiera su temperamento al mismo tiempo que la hinchazón de su hombría presionaba en sus nalgas a través de la fina tela de la falda mientras sus pezones se endurecían.

    —Te deseo fierecilla, —le susurró al oído.

    Merche se negaba a someterse de nuevo a sus deseos y con esos postulados, le costaba reconocer que también eran los suyos hasta que cerró los ojos y dejó de pensar dejándose llevar por un apetito que la arrastraba a la lujuria una vez más. Su amante le restregó su abultada entrepierna entre las nalgas como si pretendiera penetrarla así, después le dio la vuelta, se acuclilló, subió la falda, bajó sus medias y sus bragas y abrevó en la fuente de la que manaba el néctar de la diosa que era para él, mientras a ella le costaba mantener la estabilidad. La lengua repasaba cada pliegue de su sexo haciendo pequeñas incursiones para después centrarse en el botón. Merche cogió su cabeza e hizo presión para que no escapara. Un dedo se hundió buscando el recóndito punto G, a la vez que el clítoris recibía el golpeteo de diligentes lengüetazos e irremediablemente se corrió con profundos jadeos pronunciando su nombre. Hassan se incorporó, desabotonó su bragueta y la verga saltó como un resorte, le levantó la pierna a ella, se cogió la polla y se la hundió con un certero golpe de riñón. Merche exhaló un gemido al sentir la vigorosa verga abriendo sus carnes y Hassan inició un vaivén de sus caderas al tiempo que la despojaba de la americana y la camisa para a continuación apoderarse de sus pechos lamiéndolos con auténtico fervor. Mordió sus pezones, los retorció y los estiró con los dientes en un afán de empacharse de ellos.

    Merche echó la cabeza hacia atrás disfrutando de las sensaciones. Se agarró con ambas manos a las duras nalgas de Hassan, apretándolas con saña como una gata encelada. El cipote arremetía con fiereza en su coño a un ritmo endiablado y con él, ella gozaba de cada uno de los embates, con cada una de sus caricias y con cada uno de sus mordiscos. Fue el momento que Hassan aprovechó para comerle la boca pillándola por sorpresa. Aquello iba contra sus principios más básicos, pero no pudo librarse de su ímpetu. Después sucumbió a las sensaciones. La lengua de Hassan buscó la de Merche y de forma automática se enroscaron sistemáticamente en un intercambio de saliva para después morderse los labios con verdadera pasión.

    La polla de Hassan buscaba sus profundidades incrustándose hasta lo más profundo de su ser. Su pelvis acompañaba los bruscos movimientos de él en una sincronización que los llevó a ambos a un orgasmo compartido. Notó la leche caliente abarrotando su útero al tiempo que ambos amantes compartían su placer sin abandonar el beso. Ahora bien, cuando tomó conciencia supo que había roto el pacto inquebrantable que tenía consigo misma. Sólo su marido la besaba y así debería haber seguido siendo, pero ya estaba hecho. No había vuelta atrás para eso, ni tampoco para el polvo del que también ella se había beneficiado. No se enorgullecía. Tampoco se arrepentía. Sólo lamentaba ceder siempre ante aquel gandul al que no lograba arrancarlo de su vida.

    —¿Te ha gustado el beso? —preguntó Hassan.

    —Eso ha sido un desacierto.

    —Ha sido nuestro primer beso. Eso debe significar algo.

    —Significa que es el primero y el último, —dijo mientras recogía sus bragas del suelo para vestirse.

    Hassan se sentó en el cochambroso sofá con las piernas abiertas mostrando sus vergüenzas con indecencia. Después frotó su miembro de forma pausada mientras contemplaba a Merche vistiéndose.

    —¿Qué coño estás haciendo? —pregunto ella.

    —¿A ti que te parece? —preguntó él moviendo la mano con parsimonia arriba y abajo. —Me hago una paja.

    —¿No has tenido suficiente?

    —Sabes que no fierecilla.

    —Entonces te dejo con tu paja. Yo me voy, —dijo ella ya con el bolso en la mano.

    —¿No te apetece comértela? —le preguntó mostrándole todo su potencial. Merche contempló de nuevo el garrote que la encumbraba a las más altas cimas de un impúdico placer. Su boca se abrió deseosa de forma involuntaria.

    —Eres un hijo de puta, —aseveró.

    —Lo sé. Y tú una zorra ninfómana. ¡Ven! Y rézale a Alá, —le ordenó mostrándole la desproporcionada polla mientras se estiraba los huevos. Merche metió la mano en el bolso, cogió el móvil y le mandó un WhatsApp a su secretaria para que cancelara sus citas. A continuación se arrodilló ante él, cogió el falo con la mano y antes de metérselo en la boca exclamó:

    —¡Menuda verga tienes, cabronazo!

    —¡Anda, cométela, que has estado mucho tiempo en dique seco.

    Merche escupió reiteradas veces en el capullo, después esparció la saliva por todo el falo y abrió sus fauces para devorarlo emitiendo sonoros chasquidos mientras se atragantaba con el cimbrel. Hassan cogió su cabello y le hizo dos coletas, una a cada lado a modo de asidero, pero también de riendas con las que dirigir la cadencia de la felación.

    La cabeza basculaba al ritmo que él marcaba y después de tres largos minutos se sacó el pilón de carne de la boca para relajar sus mandíbulas, por lo que sendos pollazos se estrellaron en su cara sin previo aviso. Después volvió a hacerse con el garrote para recorrer toda su orografía con la lengua hasta llegar a los huevos colgantes. Se introdujo uno en la boca y lo golpeteó con la lengua, a continuación hizo lo mismo con el otro a la vez que su mano se movía arriba y abajo de la estaca. La lengua retrocedió de vuelta por el mismo camino a fin de atrapar de nuevo el glande con la boca y seguir con la felación. Hassan la apartó y le propinó otros dos contundentes pollazos en la cara. No deseaba correrse. Merche se desnudó mientras ambos se miraban con lascivia. Después se sentó sobre él, asió el mango posicionándolo a la entrada de su coño y fue dejándose caer despacio para sentir cada centímetro mientras iba adentrándose en sus entrañas. Con la misma parsimonia volvió a sacársela para ir repitiendo la acción cada vez más rápido.

    Hassan la volvió a besar y pensó que su promesa ya había sido quebrantada, por lo que los chasquidos de los besos se unieron a los de la verga percutiendo en su coño. Las manos de él se aferraron a las nalgas de Merche acompasando el ritmo de la excelente jinete. El dedo corazón buscó el ano y desapareció en él al mismo tiempo que el infatigable mazacote aporreaba en sus adentros.

    Mientras gozaba de su potro, Hassan le susurró al oído.

    —Quiero follarte por el culo.

    —Eres un cabrón hijo de puta, —señaló entre gemidos.

    Hassan se levantó sin sacársela. Merche no se desenganchó. Se cogió a su cuello y sus piernas se enroscaron en su cintura mientras saltaba sobre el mástil.

    —No pares, cabrón. No pares de follarme, —gritó con desesperación, pero Hassan extrajo su verga y dejó a Merche en el suelo ordenándole que se colocase a cuatro patas.

    —¡Muéstrame tu culazo en pompa! Quiero rompértelo a pollazos.

    Merche siguió sus órdenes, se inclinó en el suelo y apoyó la cabeza en una almohada mostrándole sus encantos. Sabía el suplicio que venía ahora, pero conocía el irreverente goce de después.

    Hassan observó un instante la octava maravilla y babeó mientras se frotaba la verga. A continuación se acuclilló, se la cogió, la ensalivó, la dirigió a la entrada del ojete e introdujo la cabeza morada. Merche mordió la almohada para no gritar. La polla siguió avanzando hacia las profundidades haciéndole saltar las lágrimas. Era inútil pedirle que se detuviera porque no iba a hacerlo, de modo que tragó saliva y aguantó estoicamente el doloroso proceso de la dilatación hasta que un vislumbre de placer se mostró en sus esfínteres, de tal modo que los gritos ahogados en la almohada se liberaron tornándose en gemidos placenteros perturbados únicamente por las penetraciones más violentas.

    Hassan la cogió del pelo con las dos manos cual auriga gobernando los caballos de los carros en las carreras de un circo romano.

    El calor de la época se hacía de notar en la estancia mal acondicionada, y unido al aumento de la temperatura corporal y al ejercicio, suscitaba una abundante sudoración que abrillantaba el cuerpo de Hassan embelleciéndolo hasta tal punto que el sudor caía en abundantes goterones sobre el cuerpo de Merche. Ésta buscó con la mano su clítoris a fin de darse más placer y alcanzar el orgasmo.

    —¡Fóllame más fuerte! —le pidió entre gritos mientras la empalaba. —¡No pares de follarme! —gritó de nuevo ante la inminencia del clímax.

    —Sí, mi fierecilla, —articuló él sin apenas aliento bufando como un semental que embestía a su yegua.

    El teléfono vibró en el bolso sin que Merche advirtiera la llamada. Sus gritos eclipsaban cualquier otro sonido. Gritó y se explayó sin reservas dando todo lo que tenía, siendo testimonio del goce, así como de una liberación de deseos reprimidos e insaciables, y cuando Hassan le dio todo el placer que cabía esperar, extrajo su miembro del ano, se dio unos enérgicos meneos y expulsó con potentes chorros su simiente sobre las nalgas y la espalda de su diosa. Después se dejó caer exhausto en el suelo. Merche abandonó la postura servil y fue a darse una ducha rápida. Después buscó su ropa y se vistió en silencio ante la atenta mirada de su amante.

    —¿Cuándo volvemos a vernos, fierecilla? —preguntó el gandul.

    Merche no contestó. Cogió su bolso y se fue con un forzado “adiós”.

    Al llegar a su despacho su secretaria la puso al día informándola de que los dos clientes citados estaban molestos por la cancelación de la cita, sin embargo, no era esa su mayor preocupación.

    El teléfono vibró de nuevo en su bolso y se sintió abrumada ante la insistencia de Hassan en una situación que se le estaba yendo de las manos. Sacó el móvil para recriminarle una vez más, pero vio que era la segunda llamada de su marido.

    —Dime amor, —respondió nerviosa.

    —¿Estás bien? —preguntó él.

    —Sí, bien. Un poco liada.

    —Te he llamado antes.

    —Acabo de ver la llamada.

    —He oído que Hassan ha vuelto a delinquir.

    El corazón de Merche le dio un vuelco ante la inesperada aseveración. No esperaba que se enterara tan rápido.

    —Así es, —dijo de forma escueta intentando evaluar hasta donde sabía.

    —Imagino que vas a representarlo.

    —Sí. He aceptado su defensa, —reconoció intuyendo que también lo sabía.

    —¿Por qué no me lo has comentado esta mañana?

    —Porque no estaba segura de querer seguir llevando su caso.

    —No deberías haberlo hecho. Es un caso perdido y sabes que no te va a pagar.

    —Lo sé, —afirmó.

    ¿Le habrían soplado también el pago de la fianza? De ser así, ese dato llevaba a plantearse otras preguntas para las cuales no tenía respuestas, o al menos, no eran lo decentes que cabía esperar. ¿Hasta dónde sabía? No podía estar segura y esperó a que le formulara la pregunta que podría arrinconarla a la pared, pero no fue así, al menos de momento.

    —Te dejo. Tengo que atender a unos clientes, —dijo despidiéndose con una sequedad que no era la habitual.

    ¿Realmente tenía que atender a unos clientes o no deseaba hablar de temas espinosos por teléfono? Pese a la arisca despedida, su voz parecía tranquila, pero todo el mundo sabía que antes de la tempestad todo parecía absolutamente normal.

    Tan sólo quedaba ella en el bufete. No quería irse a casa. No estaba preparada para enfrentarse a él, o no deseaba hacerlo, aunque no se trataba de un enfrentamiento, sino más bien, de reconocer la insidia. ¿Qué tenía que decir en su defensa? Ella era abogada y conocía mil artimañas para retorcer la realidad, pero no estaba segura de si quería hacerlo, o debía tener la gallardía de sincerarse y así redimirse. Su vida en estos tres años había sido como un castillo de arena alejado de las inclemencias del tiempo, de la brisa que pudiese erosionarlo y de las mareas que lo derribaran, pero de repente vino la pleamar y en un instante el castillo se vino abajo.

    Se había estado follando durante los más de tres años que duraron los litigios por sus fechorías a un vulgar delincuente de veintiocho años. ¿Cómo contarle eso? ¿Cómo adornarlo? ¿Cómo decirle que la ponía cachonda y que cada vez que hacían el amor, era la tranca de Hassan la que la inspiraba? ¿Cómo explicarle que aquel gandul desaliñado le había proporcionado los mejores orgasmos en su dilatada vida sexual? ¿Cómo describir su sometimiento voluntario constante? Sin mencionar la aportación de Félix con sus conocimientos y sus enlaces para sacarlo de prisión y como pago, la felonía de ambos. Cada motivo era más abyecto que el anterior y el hecho de representar la verdad desnuda significaba que él no conocía a la mujer con la que vivía. Su única opción pasaba por endulzar sus palabras porque estaba segura de que también tendría que comérselas.

    Entró en casa contrita. Cerró la puerta y dejó las llaves en el recibidor. Después entró en el salón dispuesta a encajar todos los golpes. No más mentiras. No más excusas. Se acabó. No deseaba seguir con la máscara del engaño.

    La cena estaba ya en la mesa. Félix había encargado unas delicatesen y estaba esperándola para descorchar el “Protos Vendimia Seleccionada del 2020”.

    —Hola amor, —saludó él al tiempo que descorchaba la botella. A continuación le dio un beso y sirvió el vino en la dos copas.

    Merche estaba confusa. Entendía que todo habían sido cábalas suyas y que no sabía nada de la fianza y mucho menos de sus infidelidades. ¿Qué hacía ahora, seguir interpretando el papel de buena esposa o sincerarse como tenía pensado hacerlo? La siguiente pregunta le indicó el camino a seguir.

    —¿Por qué le has pagado la fianza? —preguntó mientras chocaba su copa con la de ella. Después tomó un sorbo del excelente vino.

    —Pensé que debía hacerlo, contestó Merche.

    —¿Te lo estás tirando?

    Era la pregunta del millón. ¿Por qué no le sorprendió? Merche dejó la copa de vino en la mesa y asintió.

    —¿Desde cuando? —quiso saber.

    —Desde el principio, —admitió.

    Un atronador silencio invadió el salón durante diez eternos segundos.

    —¿Le quieres?

    —No.

    —Luego, sólo es sexo.

    —Sí.

    —Tres años follándotelo son muchos, por lo que deduzco que el sexo con él es insuperable, —insinuó.

    Merche guardó silencio, lo que reafirmaba su observación asegurando que algunos silencios eran más reveladores que cientos de palabras.

    —Entiendo que no me equivoco, —afirmó, y ella bajó la mirada sonrojada y avergonzada.

    —¿Ha habido alguien más? —preguntó.

    Merche asintió. No pudo mentir, y tampoco quiso. El paso ya estaba dado y pensó que era mejor hablar de la verdad que duele y luego sana que la mentira que consuela y luego mata, sanar o morir ya poco importaba. Todo cuanto dijera él sería verdad y como mejor defensa sólo cabía decir que su matrimonio había sido una mentira. Eso es lo que pensaría Félix, aunque ella no lo veía de ese modo. Amaba a su esposo más que a nada en el mundo, pese a que su forma de demostrarlo no fuese la más ortodoxa.

    —Siento todo el dolor que te he causado, —dijo ella sin ninguna pretensión de defenderse.

    —No son los celos lo que me mortifica, sino el no haber sabido hacerte feliz, o lo que es peor, el no haber podido.

    —Aunque no me creas, he sido la más feliz.

    —Imagino que en algunos aspectos sí, en otros, evidentemente no. No voy a odiarte por ello. Me quedo con nuestros momentos de alegría y felicidad y en los vínculos creados en esas ocasiones. No voy a dejar que el odio borre cada instante de los que hemos vivido y para eso, tenemos que eliminar las barreras de los prejuicios, lo cual requiere coraje. Tenemos que hacer las paces con nuestros días. No podemos olvidar que la vida está de nuestro lado.

    Hizo un inciso para sorber de la copa, después continuó.

    —Siempre supe que en la cama necesitabas algo más, y aunque no tenía la certeza, estaba casi seguro de que me habrías engañado en más de una ocasión. Eres una mujer muy bella y siempre he pensado que no estaba a tu altura, y ¿sabes? Controlé mis celos y asumí esa idea como algo normal, intentando mostrarme digno de tu amor. Te quiero. Lo soportaría todo para tenerte a mi lado, pero no puedo impedir que te vayas. Si ha llegado el momento, lo asumiré. Eres libre para irte en busca de tu felicidad. Nunca te impediría ser feliz, —dijo cogiendo su mano. Merche apoyó la cabeza en su hombro. Todo lo que tenía que decirle había perdido importancia. Él era capaz de manejar la situación de una manera que ella nunca podría.

  • Dominada

    Dominada

    No soy una mujer excesivamente atractiva, mido 1.57 y peso 67 kilos, con lo que se entrevé que soy rellenita y es cierto que tengo unas buenas tetas y un pandero que invita a ser acariciado.

    Quizás es por todo esto que ya de soltera era una chica traviesa y más atrevida que mis compañeras, no es que fuera una facilona pero siempre tuve más sexo que ellas y eso en buena parte fue porque me propuse ser deseada a pesar de mi físico que no era espectacular, cuando terminé la universidad en Salamanca me trasladé a Madrid para ejercer como maestra y mujer seria y decente.

    Ahora ya hace seis años que me casé con Marcos, es también profesor y nos conocimos en el instituto en el que ambos trabajamos, es un buen hombre al que he ido dejando que me fuera convenciendo para hacer esas cositas que tanto me gusta hacer pero que a un esposo no hay que pedirle de buenas a primeras, cada vez que le veo con ganas de probar algo diferente simplemente me dejo convencer para probarlo y como es natural siempre lo consigue.

    Siempre resultó muy tímido y recuerdo los apuros que pasó cuando pensó en que le hiciera una mamada, no sabía muy bien cómo hacerlo y opto por el mejor de todos los caminos, comenzando a hacerme sexo oral y cuando estaba a punto de correrme en su cara, se dio la vuelta y montamos un 69 de los que hacen época y como es lógico eso ya forma parte de nuestro repertorio habitual.

    Una tarde, mientras descansábamos de una de nuestras siempre intensas sesiones de sexo me dijo si había algo por lo que sintiera curiosidad, sonriendo le dije que pensaría en algo y unos días después tenia en video la película SM-Rechter (El Juez SM) que es subtitulada pero la trama es y cito, un juez con un matrimonio a punto de romperse ingresa al mundo del BDSM a pedido de su mujer que le revela después de meses de depresión que hace años, tiene la fantasía de ser dominada y castigada

    Después de verla me preguntó si esa era mi fantasía y le respondí.

    -No es algo que me vaya a llevar a una depresión, pero cuando me sueltas una nalgada me excito y tú también, creo que podríamos probar algo y ya veríamos si seguir o dejarlo, sucedería como con todo lo que hemos hecho hasta ahora, solo seguimos practicando aquello que nos satisface a ambos. ¿Recuerdas como abandonamos la idea de emplear un consolador en tu culo porque no te sentías cómodo? Yo lo sigo empleando por adelante o detrás según el agujero que dejes libre porque te gusta notarme llena y a mí también.

    Entonces Marcos, como reflexionando me dijo que pensaría en algo.

    Ese viernes me sorprendió gratamente porque como siempre se lo había currado.

    Después de cenar me dijo que tenía algunas sorpresas y la primera fue ofrecerme un antifaz que al ponérmelo me dejó a oscuras y decirme que me iba a desnudar él.

    No era la primera vez que me dejaba desnudar por él pero si la primera en que mis ojos no estaban fijos en los suyos o en su verga si es que se había desnudado él antes o simplemente contemplando como se iba formando ese bulto que tantas satisfacciones me había dado.

    Me guío hasta la habitación y me colocó a los pies de la cama. Tenemos una de esas que parecen antiguas de latón con la parte de los pies de más del metro veinte y bolas en las esquinas, me apoyo en el travesaño superior y me fue separando las manos hasta quedar casi crucificada, con unos pañuelos me sujetó y después de susurrarme si esta bien y quería continuar le pedí que me siguiera sorprendiendo.

    El primer golpe me pareció casi una broma pues lo dio tímidamente y aunque me escoció un poco comprendí que lo TENIA que hacer mucho mejor y así se lo dije. Los siguientes fueron mas consistentes pero seguí pensando que lo podía hacer mejor y continúe animándole para que me diera más fuerte y él se fue animando hasta que dejo el látigo y note sus manos sobre mis generosos pechos y sus labios besando mi espalda, seguramente tenia marcas y se asustó, me soltó y me hizo sentar en la cama después de sacarme el antifaz. Entonces le dije.

    -No tengas miedo de lastimarme, me ha gustado mucho cuando te has animado un poco, pero creí que una vez tomado el ritmo seguirías hasta pedirte que parases, incluso deseé que después de eso siguieras un poco más para darme a entender que soy tuya y puedes hacer conmigo lo que te apetezca.

    Ese día la cosa no siguió por ese camino, me hizo ver que golpearme era también un gran esfuerzo emocional para él, siempre me había cuidado y las novedades sexuales en nuestra relación siempre habían progresado de forma lenta, después de un rato lo desnudé y esa noche fue la primera vez que trague por completo su eyaculación, hasta el momento siempre se había retirado para evitarlo, lo que no sabia es que me encanta ese punto de la mamada, pero mucho habíamos ganado ese viernes ambos, aunque sin el saberlo aún mucho más yo que él.

    Al día siguiente me desperté tarde, Marcos tenia el desayuno preparado cuando me despertó con un dulce beso, pasamos la mañana comprando para la semana y por la tarde recogimos un poco la casa pero poco después de las ocho le vi trabajando con la coctelera y sirvió unos mojitos, yo me pongo tonta enseguida con el alcohol y el bien que lo sabe, empezamos a beber en silencio imaginando cada uno un panorama diferente, después hablamos de lo bien que lo podíamos llegar a pasar si fuéramos capaces de evolucionar y conseguíamos liberarnos de tantos convencionalismos, cuando había bebido algo más de la mitad de mi vaso, repartió lo que aún quedaba en la coctelera, estaba un poco cargado de Angostura y Ron y lo cierto es que yo comenzaba a estar muy cachonda entre lo hablado y el largo mojito.

    Sin decirme nada, me mostro en una mano el gato de 9 colas con el que me había castigado la noche anterior y en la otra el antifaz, lo tome y me lo puse en la frente mientras me dirigía a la habitación sacándome la escasa ropa que llevaba, desnuda frente a la cama me coloque bien el antifaz y esperé a que Marcos me colocara a su antojo, en esta ocasión me coloco de espaldas y me puso una almohada en los riñones, me ató las manos como la noche anterior, pero me di cuenta que estaba dispuesto a introducir variantes.

    También con lo que imagino serian fundas de almohada me ató los tobillos a las patas de la cama, quedando totalmente abierta de piernas y brazos, solo de imaginar lo que podría hacerme en esa postura comencé a mojarme de forma exagerada, entonces oí que salía de la habitación e imagine que iría a buscar alguna otra sorpresa, lo primero que noté cuando regreso es como me iba metiendo el vibrador que empleamos, cuando lo puso en marcha pensé que. Plas, plas, plas.

    Me había soltado cuatro palmadas, dos con cada mano en el lateral de mis tetas que rebotaron de lado a lado, me coloco una mano en la boca y dijo.

    -No te quiero oír. Hoy sabrás que puedo darte parte de lo que necesitas.

    Dicho esto me coloco unas pinzas metálicas en los pezones, y eso si que me dolió pero comencé a amarlo más, sabia que eso le dolía más a él que a mi y lo estaba haciendo, a continuación comenzó a darme con el látigo en el interior de las piernas de forma espaciada, eso hacia que ardieran pero no daba dos golpes en el mismo sitio, después subió hasta la barriga y la parte baja de los pechos. Eso dolía más ya que los tenía doloridos por las palmadas iniciales.

    No se el rato que llevaba en eso, cuando ceso momentáneamente y noté que paraba el vibrador, precisamente cuando estaba cerca de llegar al orgasmo, no entendía como era posible que el dolor fuera tan excitante, pero lo cierto que cuando paró lo comencé a echar en falta.

    Por un momento pensé que había dado la fiesta por terminada, pero las pinzas permanecían en los pezones que ya comenzaban a adormecerse, entonces sin avisar ya que lo tenia todo a su disposición, metió el vibrador en un solo y seguro movimiento en el culo, poniéndolo en marcha otra vez y retirando las pinzas.

    Acerco la verga a la entrada del coño y comenzó con el juego de si-no, eso me enloquecía y bien que lo sabe, metió media de una sola estocada que agradecí aunque su rudeza me sorprendió. Con cuatro caderazos había llegado al fondo y me fue dando hasta llevarme otra vez a las puertas del orgasmo.

    Iba a ser algo memorable, yo estaba excitada como no lo había estado nunca antes y por como empujaba el condenado notaba que él también, cual seria mi sorpresa cuando se retiro y parando el vibrador preguntó.

    – ¿Te gustaría que fueran varios los tíos que te la metieran por todas partes?

    Calle un instante, pensando que quizás no lo había entendido bien o que estaba bromeando.

    – Contesta perra.

    – ¿Te gustaria que fueran muchos para ti sola?

    – Eso se te nota en la cara de golfa que tienes ahora mismo.

    Estaba claro que había entendido bien y que tenia que responder, entonces recordé una de las frases que había sonado en nuestra ultima conversación liberarnos de tantos convencionalismos realmente no se quien de los dos lo había dicho, pero ambos habíamos coincidido en que seria algo muy bueno, pero nunca imagine que lo tuviera presente y debería pronunciarme al respecto tan pronto aunque le respondí.

    -SI, me gustaría que fueran muchas pollas para mi sola, pero contigo a mi lado y siendo la tuya la principal. No me imagino teniendo sexo sin ti.

    Sin contestar se aproximó y comenzó a besarme los pezones que recuperaron la sensibilidad de golpe, metió su polla en mi lentamente y llegando al fondo puso en marcha el vibrador, en esta ocasión si que me llevo al más maravilloso orgasmo que había tenido nunca, sus besos eran profundos, absorbentes, succionaba mi lengua como si pretendiera arrancarla y sus caderazos incluso después de llenarme de su cálido semen, eran firmes y potentes, había creado un monstruo pero bendito monstruo.

    Cuando me soltó de la cama, nos tendimos en ella abrazados mucho rato en silencio, apenas hacia una hora que habíamos llegado a la habitación y ese día no lo olvidaré nunca, ya que fue el principio real de nuestro cambio como personas y como pareja, al rato fui besando su cuerpo hasta llegar a su hermosa polla, que al contacto con mis labios reacciono como cabía esperar y después de jugar con ella mucho rato obtuvimos ambos la recompensa esperada.

    Todo en nuestra vida no era solo sexo, al ser los dos de un nivel cultural semejante también compartíamos aficiones, como la lectura, la música y también nos apasiona viajar, aunque no son imprescindibles los grandes viajes a lugares exóticos, nos gusta mucho conocer los muchos y diversos rincones de nuestra geografía, para ello empleamos siempre que podemos juntar más de dos días para hacer alguna salida.

    Llegaba el largo puente de mayo, este año dejábamos las clases el viernes 27 de abril y tomando el lunes 30 de abril como día de libre elección, las clases no se reanudaban hasta el jueves día 3 de mayo, ya que el 1 es la fiesta del Trabajador y el dos de mayo lo es de la Comunidad de Madrid.

    Marcos me dijo que le habían hablado de un lugar estupendo donde poder disfrutar de un Retiro Espiritual, algo que ya habíamos hecho en alguna ocasión y que supuse, vistos los recientes acontecimientos y como estaba dando un giro tan radical nuestra vida sexual, quizás fuera bueno para reflexionar sobre el tema, aunque yo lo tenia muy claro y nunca traté de forzar las cosas con Marcos más de lo necesario.

    Cuando le pregunté a donde iríamos esos seis días me pidió que me dejara sorprender.

    Salimos el mismo viernes al terminar las clases por la carretera que conduce a Valencia, me quede adormecida por el cansancio y la tensión acumulada durante la semana, y me despertó el traqueteo de una carretera secundaria con muchos baches y que no se veía demasiado transitada, cuando pregunté donde estábamos solo respondió que llegando. Al volver un recodo apareció ante mis ojos la silueta de un edificio que parecía un pequeño castillo medieval.

    Paramos en la puerta, y apareció un monje enfundado en un habito marrón con capucha como lucen los Franciscanos, la larga barba y su mirada directa le daban una apariencia de bondad, entonces nos indicó que le siguiéramos y rodeando el edificio entramos con el coche en un patio que habían destinado a tal efecto, vimos otros tres coches, nos dijo, que los huéspedes no tenían por qué coincidir en ningún momento si así lo deseábamos.

    Ayudó a Marcos con las bolsas, nos acompañó hasta los que serian nuestros alojamientos y me sorprendió que fueran dos celdas individuales aunque consecutivas, nos dijo que después de dejar las cosas y si necesitábamos cambiarnos de ropa, nos esperaría para acompañarnos al que seria nuestro comedor, se presentó como nuestro guía y que seria él en todo momento quien se encargaría de nosotros, no seria necesario que lo buscáramos pues su obligación era estar pendiente de nosotros.

    La cena fue la que nos sirvió otro monje, era una comida abundante pero sin poder elegir platos, de primero unas verduras salteadas con jamón que estaban realmente buenas, de segundo un asado de tira como solo he comido alguna vez en casa de unos amigos argentinos, todo ello regado por un vino casero de alta graduación muy bueno, y de postre una cuajada con miel casera en la que aun se encontraban pequeños restos de los panales.

    Durante la cena sonaba una suave música de ambiente que nos permitió hablar, pues nuestro guía se había quedado fuera del pequeño comedor, entonces le pregunté a Marcos como había elegido ese sitio que me parecía demasiado serio y formal.

    – Espera a que nos vayamos, para juzgar si me he equivocado o no en la elección del lugar.

    No quise discutir, aunque me parecía que íbamos a aburrirnos mucho allí, o quizás en realidad Marcos lo que pretendía era que realmente reflexionáramos sobre nuestro futuro. Terminamos de cenar y nuestro guía nos precedió camino de nuestras celdas, pasamos por una especie de vestuario, donde nos entregó túnicas y sandalias holgadas, diciendo que deberíamos emplear dichas prendas mientras estuviéramos con ellos.

    Continuamos andando, me encontraba incomoda cuando se rozaban nuestras manos, imaginando que se podría dar la vuelta y vernos. Al llegar a la puerta de mi celda bese en la mejilla a Marcos y entre en ella, comprobé que no había cerrojo y que solo una balda evitaba que la puerta se abriera, eso me hizo pensar que quizás al rato aparecería Marcos para pasar la noche juntos.

    Me desnudé y al rato viendo que no aparecía me acerque a la puerta a oscuras, pude ver en el pasillo sentado en una silla a nuestro guía, leyendo a la luz de una pequeña lámpara de aceite un libro que se veía raído por tanto huso. Entonces supe que esa noche y las siguientes no tendría más sexo que el que yo misma me proporcionara en el más estricto silencio, desde la celda se accedía a un baño que se veía de reciente construcción y que disponía de una pequeña ducha.

    A la mañana siguiente, después de tomar una ducha y ataviada con la túnica que me habían proporcionado la noche anterior, salí al pasillo al oír a Marcos hablando con nuestro guía quien nos acompañó a desayunar, cuando terminamos nos llevó a presencia de un monje Anciano, que con una dulce voz dirigiéndose a Marcos preguntó si nos apetecía conocer algo en especial del monasterio, a lo que con prontitud respondió que había oído hablar de las mazmorras, ante la mirada inquisitiva del monje solo dijo la palabra. Justine.

    Eso fue suficiente para arrancarle una sonrisa de satisfacción al monje, que asintió y tiro de un cordón disimulado al extremo de una cortina, aparecieron dos monjes más corpulentos que nos acompañaron en silencio por una serie de pasillos hasta unas escaleras que conducían al sótano. Uno de ellos preguntó si alguno de los dos tenia intención de probar los aparatos un SI quizás demasiado entusiasta salió de mi garganta.

    Al llegar a una sala en la que se veían una serie de aparatos de tortura, que ni hubiera imaginado siquiera que pudieran existir. El monje aclaró que ellos debían instruir sobre su funcionamiento al menos la primera vez, Marcos asintió y con una sonrisa franca el que había hablado antes aclaró.

    .- Todo esto que ven es el museo y nada de esto se usa en la actualidad, aquí al lado en cualquiera de estas salas es donde se pueden probar los diferentes aparatos que si se pueden emplear.

    Fue entonces cuando me fijé en una serie de puertas con ventanucos, y ante mi mirada expectante prosiguió explicando.

    – En la actualidad tres de esas salas están siendo empleadas, y en los tres casos tenemos permiso para que vean si lo desean que es lo que sucede dentro.

    Fue Marcos quien miró en una de ellas y por su rostro comprendí que le gustó lo que vio. Entramos en la sala que nos indicó el monje y me quede helada. En un extremo de la misma había una especie de tabla de planchar, en otro una jaula metálica de apenas un metro de lado, que no permitía estar ni de pie ni sentada pues del piso sobresalían unos hierros de unos 20 cm de alto. En otro de los extremos de la sala había unas argollas que pendían del techo sujetas a cadenas que se fijaban en las paredes, y otras dispuestas en el suelo que también se podían separar al contar con poleas a tal efecto.

    Para terminar, pude ver en la pared que quedaba libre una serie de cuerdas, látigos, fustas, mordazas, y cepos que intuí serian para diversas partes del cuerpo, y una caja de la que salían una serie de cables que pensé que no serian para nada agradable, entonces el monje que en todo momento había hablado preguntó.

    – ¿Está segura de querer probar algo de esto? Puede comenzar el circuito y detenerlo cuando lo pida, esta primera vez seria yo quien aplicará el correctivo como si lo mereciera, en parte para instruir a su pareja si le parece bien aceptar, y naturalmente con el permiso de él también.

    Le respondí que aceptaba, estaba dispuesta a cumplir con las expectativas de Marcos y ese seria el primer paso, de todos modos siempre lo podía parar como me había dicho.

    También Marcos asintió dando así su consentimiento, entonces con un certero movimiento que solo podía proporcionar la práctica, soltó las lazadas de los hombros que hacían las veces de tirantes de la túnica, que cayo al suelo dejándome en tanga y sujetador.

    Como si yo solo fuera un mueble, me movió para que quedara la túnica fuera de mis pies y sin mirarme a los ojos me coloco una pulsera que sujetaba un pulsador que coloco en la palma de mi mano, con voz autoritaria ladro más que dijo.

    – Apriete el boton. He de saber que funciona antes de continuar.

    Obedecí y pude ver como se iluminaban unas luces rojas intensas, entonces me coloco una mordaza y me llevo hasta las argollas que pendían del techo, me despojo del sujetador de forma mecánica y coloco unos grilletes forrados de borreguito en las muñecas, tiro de la cadena hasta que mis brazos quedaron bastante alzados y separados, entonces me bajo el tanga y se agacho para sujetarme los tobillos con unos grilletes semejantes a las de las muñecas, también tuve que ir separándolos según tiraba de los tensores hasta llegar a donde creyó oportuno, cuando miré a Marcos vi que no perdía detalle, pero no le vi preocupado ni molesto por como me estaban tratando.

    Estaba ensimismada, tratando de imaginar que pasaría por la mente de mi marido cuando me colocaron una capucha que me privo de ver lo que se avecinaba. Lo primero fueron una serie de latigazos no demasiado fuertes pero dados con gran maestría, que lograron sobresalir con creces por encima de los que me había dado en casa Marcos, notaba como la piel me ardía pero estaba dispuesta a aguantar lo que pudiera por los dos. Lo que siguió fueron una serie de suaves fustazos en los pechos, que al no causar demasiado dolor me hicieron que comenzara a mojarme. Entonces oí la voz de mi verdugo.

    – ¿Puedo continuar? Asienta si quiere que así sea, y apriete el pulsador una vez para comprobar que me ha entendido.

    Obedecí en ambas cosas, creía que podría aguantar algo más que lo soportado hasta el momento. Poco después note que me colocaba unas pinzas en los pezones, me molestaban algo, pero cuando mis brazos fueron avanzados y quede inclinada hacia adelante, noté una fuerte tensión en los hombros y tenia que hacer fuerza para evitar que los brazos se vencieran, me coloco una especie de trapecio a medio camino entre la garganta y los pechos, que fue tensando para evitar que me dislocara los hombros, agradecí el gesto pero en cuanto termino con ello, me colgó algún tipo de pesos en los pezones, eso si que dolía pues parecía que se fueran a arrancar.

    Unos instantes después noté unos dedos untándome gel a la entrada del culo, y a continuación como un consolador se abría paso hacia su interior, era muy frio y duro, me pareció metálico y la sensación no era para nada agradable, pero tampoco tenia un tamaño exagerado y pensé que lo aguantaría sin problemas, me molestaban más los pesos en los pezones que de vez en cuando eran movidos por alguien, desconozco si por el verdugo o quizás el propio Marcos, que a fin de cuentas si que sabia a donde nos dirigíamos cuando me trajo aquí.

    Unas pinzas en los labios vaginales empezaron a darme algo de miedo, no por mi seguridad que tenia asegurada por la presencia de Marcos, lo que me preocupaba era que tal vez no fuera capaz de resistir lo que fuera que hicieran con ellas, mis dudas se disiparon cuando una serie de cortas descargas eléctricas comenzaron a alternarse entre el consolador metálico que tenia en el culo y las pinzas de mis labios vaginales. Cada vez parecían más largas e intensas, me retorcía como una culebra pero mis movimientos estaban limitados por las ataduras. Entonces el verdugo me hablo otra vez.

    – Por hoy dejaremos los aparatos y pasaremos a otra actividad si le parece bien, mañana si así lo desea será su acompañante quien se encargue de esta parte con mi supervisión.

    Asentí y apreté una vez el pulsador para comunicarle que le había entendido. Me puso vertical y después procedió a desatarme tanto las manos como los pies, a continuación me saco la capucha y por ultimo me saco la mordaza, en realidad no habría hecho falta pues en ningún momento intenté gritar, pero supongo que es parte del protocolo.

    Estaba desnuda ante el monje y Marcos, entonces me preguntó de forma muy directa.

    – ¿Es cierto que en alguna ocasión ya le han hecho esta pregunta?

    – ¿Te gustaría que fueran varios los tíos que te la metieran por todas partes?

    – Y más importante, ¿sigue pensando de igual forma? De ser así solo asienta y espere.

    Me quede sorprendida pero expectante. Asentí y esperé sin saber muy bien que es lo que sucedería a continuación, lo cierto es que estaba bastante cansada, pues si bien no había estado más que una hora y media atada en las argollas se me había hecho cortó pero intenso. El monje había sacado su propio pulsador y lo había empleado, vi entrar a varios monjes todos ellos corpulentos, el verdugo me acompaño hasta la tabla de planchar y después de manipularla quedó casi vertical y un poco inclinada hacia atrás, entonces reparé en una especie de asiento en medio y unos pequeños soportes a los lados.

    A una señal suya, tres de los monjes se despojaron del hábito mostrando unas tremendas erecciones, uno de ellos se sentó en la improvisada silla y se recostó en la tabla, dos de los que conservaban el habito me sujetaron por los brazos y piernas y como si fuera una pluma me depositaron de espaldas a él encima de su cipote que se abrió paso camino de mis entrañas, estaba más que lubricada y abierta por efecto del consolador eléctrico, no intente librarme de la presa que me hizo y simplemente me deje hacer. Sus manos se apoderaron de mis doloridos pechos, pero los pezones reaccionaron de inmediato, erguidos como los de una quinceañera con mucho frio.

    Otro de los mocetones, se aproximó de frente y comenzó a pasearme la polla por los alrededores del mojado coño, estaba deseando que se dejara de monsergas y me penetrase ya, entonces ambos miramos a Marcos que con lo ojos como platos hizo una seña de aprobación, de súbito noté como su capullo comenzaba a taladrarme, era impresionante, pero estaba acostumbrada a notarme llena, comenzaron con un metisaca que me estaba destrozando.

    Iban cambiando de ritmo, precisamente para evitar que alcanzara el orgasmo demasiado pronto, pero noté que en ningún momento el que tenia enfrente trato de besarme, eso en parte me molestaba pues es una parte importante para mi en las relaciones sexuales, aparto el tronco lo suficiente hacia atrás para permitir que Marcos me besara, cerré los ojos imaginando que seria cuando se emplearían a fondo para hacerme llegar.

    Marcos se retiro y al instante un capullo se posaba entre mis labios recién liberados, no dudé y los entreabrí lo suficiente para que dejar claro que aceptaba, me fue penetrando la boca como si me la follara, era otro el ritmo que mantenía, pero tan vivo, que al mantenerla apretada con la lengua contra el paladar conseguí que se corriera en pocos minutos. Fui tragando lo que me soltaba que no era poco, cuando los otros dos que estaban totalmente compenetrados, me hicieron alcanzar el tan deseado orgasmo abandoné esa polla para no lastimarla, y de paso gozar de ese gran momento que me estaban proporcionando.

    Tuve una gran eyaculación, algo en mi no demasiado frecuente en los últimos tiempos, por su parte siguieron manchando firmemente incluso después de haberse corrido en mi de forma abundante y sin protección, algo en lo que reparé mucho después cuando ya no había nada que hacer, cuando quede medio adormecida entre ese par de sátiros, ayudaron a salir al que tenia delante y después me desclavaron del que estaba sentado en la plancha, al retirarme entendí lo de los soportes laterales, eran los apoyos para los pies del que me había follado la boca.

    Se retiraron todos menos el verdugo y Marcos, entonces me acompañaron hasta un baño que no había visto antes y el verdugo fue quien me lavó sin tocar más de lo necesario.

    Después de secarme bien con unas suaves toallas, me vistió con la túnica y colocando mi mano sobre la de Marcos, nos precedió hasta llevarnos a presencia del Anciano, que al vernos preguntó si la visita había sido de nuestro agrado. Marcos le respondió que mucho, y por mi parte, después de asegurarle que había sido muy instructiva le pregunte.

    – ¿Ustedes podrían colocarme unos aros en los pezones?

    Marcos me miro como escandalizado, pero el Anciano con solemnidad respondió que no había problema, solo se trataba de que fuera consciente de que eso producía algo de dolor, menos del que muchos imaginaban pero dolor a fin de cuentas. Le respondí con una pregunta.

    – ¿Mucho más dolor, que el que me espera en estos días que me quedan de estar aquí?

    Con una sonrisa franca me respondió que naturalmente mucho menos, además aseguró que era el medico que cuidaba de la salud de los miembros del monasterio, y encargado de revisar los análisis de los clientes para asegurarse que podían ofrecer sus servicios sin protección, quien se encargaba de esas cosas que por otro lado no era nada infrecuente, incluso colocaban aros en el clítoris y labios mayores si se solicitaban. Aún pregunté algo más.

    – ¿Qué tipo de monasterio es este?

    En todos estos años, nunca había encontrado nada semejante y no es una crítica, estoy encantada de estar aquí y me gustaría poder regresar algún día.

    Sin abandonar su cara de bondad me respondió.

    – Solo se trata de uno de tantos monasterios Cartujos que la Iglesia ha condenado al cierre, aduciendo que no estaban a su servicio.

    La comunidad decidió renunciar a las aportaciones de la Iglesia y a su patrocinio, no hacemos misas ni ninguna otra actividad relacionada con la Iglesia ni en su nombre.

    Habrán visto que no hay crucifijos en las celdas y ofrecemos un servicio personalizado a quienes lo solicitan y en los términos que lo piden, de hecho estamos constituidos como una industria hotelera y como tal pagamos impuestos.

    Después de comer nos acompañaron a una celda con una cama de dos plazas donde ya estaban nuestras cosas, después de una siesta en la que no faltó un buen polvo con Marcos a pesar que estaba destrozada y de aclararme que había enviado por fax nuestros últimos análisis de sangre, salimos en busca del Anciano quien me hizo acompañar a presencia del medico, mientras Marcos se quedaba tomando una copa de una especie de brandi que también fabrican y venden.

    La verdad es que la colocación de los aros no fue tan dolorosa como había imaginado y estaba dispuesta a soportar, de regreso también yo tomé una copa de ese brandi y Marcos preguntó si podíamos salir del Monasterio, a lo que el Anciano respondió que era preferible no hacerlo, ya que en realidad habíamos llegado de noche y los coches de los residentes estaban ocultos, y era mejor mantener separados a los visitantes ocasionales que llegaban a por licor o miel, de los que disfrutaban del retiro espiritual especial.

    Los siguientes días fue Marcos quien se encargó del castigo bajo la supervisión del verdugo, que fue diverso y siempre agradable pues se mantenía dentro de unos limites soportables, o quizás es que cada vez mi cuerpo soportaba más dolor, lo que si era fijo pero en cada ocasión de forma distinta eran las relaciones con varios de los monjes jóvenes, que cada día me sorprendían con innovaciones y grandes orgasmos, incluso llegaron hacerme perder el sentido en dos ocasiones, además Marcos fue invitado a conocer a los acompañantes de las otras tres parejas que estaban allí, y participo en el martirio de al menos otras dos mujeres, con buenos resultados según me contó en nuestros aposentos.

    El día de nuestra marcha fue cuando substituyeron los aros terapéuticos por unos de oro, y aun tuvimos una sorpresa más cuando nos cobraron con tarjeta Visa los día de estancia al precio de 64€ por persona y por los extras 300€, cuando le comentamos que a que se referían con los extras, nos aclaró que eran los servicios médicos y el precio de los aros, en total 1068€ por los seis días que nos supieron a gloria, después de lo mucho que se había reforzado nuestra unión, al alcanzar un nivel muy superior el tipo de sexo que podríamos practicar desde ese momento.

    Ahora nos vemos no solo con esas parejas que compartieron estancia en el monasterio, también con algunos amigos que comparten nuestros gustos.

    Marcos se ha convertido en un Amo muy apreciado por las otras mujeres y también por uno de los hombres al que le gusta ser dominado pero que su esposa también prefiere el rol de dominada, con lo que todos estamos la mar de contentos, esperamos el principio de las vacaciones con verdadera ansia, los primeros seis días ya los tenemos reservados en el monasterio, y después ya tenemos contratada una casa rural para quince días doce personas, supongo que las orgias serán tremendas, pero quizás eso lo pueda escribir después de las vacaciones.

    © PobreCain

  • Rentboy

    Rentboy

    Tengo diez y ocho años, casi los diez y nueve, y todavía no me he estrenado. Me masturbo de forma compulsiva, todos los días, muchos varias veces, y tengo muchas ganas de probar eso del sexo, quiero hacer el amor con una chica.

    Me imagino lo que sería tener su cuerpo desnudo con el mío y mi polla dentro de su coñito. Pero siempre he sido un pardillo.

    Aunque cada vez empieza a importarme menos el que sea una chica o un chico. Estoy empezando a fijarme en los cuerpos de los chicos de mi edad y a veces en gente más mayor, mujeres u hombres. Veo en la piscina o en la disco, cuerpos semi desnudos. Me fijo en sus culos que cogería, amansándolos entre mis manos o en sus pollas que lamería.

    Empezaba a no pensar en otra cosa que en el sexo y en todo el morbo que me gustaría realizar con alguien. Supongo que eran hormonas revolucionadas. El no haberme estrenado.

    Pero todo eso se quedaba en la imaginación hasta esta tarde. Hoy me han ofrecido que me dedique a chapero. Así de claro y de duro. Me han dicho que con mi cuerpo y mi cara y además virgen podría ganar mucho dinero. Todo un vicio para cualquiera.

    Ahora estoy tirado en mi cama, agotado por la experiencia, intentando recordar cada detalle y dejarlos plasmados en mi nuevo móvil.

    Me lo ha propuesto Juan, un chico que se dedica a ello. Es un conocido de mi madre y yo en la inopia, nunca había relacionado esos dos hechos. Aunque mi madre por su cuerpo no necesitaría pagar por esos servicios la discreción que ofrece Juan lo compensa.

    Mueve mucha pasta y no puede atender a todos sus clientes, que consigue por anuncios páginas web y el boca a boca. Haciendo uso de su segundo teléfono móvil mantiene su profesión con una cierta discreción.

    Lleva buscando otros chicos que le ayuden en su trabajo una temporada. Y se ha acordado del hijo de una de sus clientas suficientemente atractivo según él.

    Creo que ya se lo ha contado a mi madre y le ha pedido su permiso para proponérmelo. Supongo que como mi madre piensa que no valgo ni para estudiar ni para trabajar, esa podría ser una salida profesional interesante para mi cara bonita y mi cuerpo fibrado.

    Hemos quedado en un pub oscuro y tranquilo donde imagino que lleva a algunos de sus clientes antes de pasar a mayores. Y así sin paños calientes se ha lanzado.

    – No sé cómo plantear esto, es la primera vez que busco un ayudante. Así que allá va. Eres un chico guapo y podrías ganar mucho dinero alquilando tu cuerpo para sexo. Tranquilo y déjame terminar antes de rechazarlo de plano.

    Yo me estaba moviendo nervioso en el cómodo sillón al oír lo que me estaba contando. Pero ni por un momento me había planteado marcharme. Aunque me había sorprendido estaba claro que lo que me contaba me interesaba.

    – Yo hace tiempo que me dedico a ello y como sabes no me va nada mal. Yo podría pasarte clientes y enseñar como va el tema. ¿Qué te parece la idea?

    – Me intriga y creo que me excita. Podría probar y ver como me va.

    – Genial. Te iré poniendo un poco al tanto.

    Durante casi una hora me estuvo contando anécdotas, la mecánica de cómo buscaba clientes y de sus relaciones con ellos y ellas. Y lo que me contaba cada vez me intrigaba y excitaba más. Aunque eso ya daba igual, mi propia fantasía me había convencido antes incluso de que Juan me dijera nada.

    Por supuesto me dijo que la mayoría serían hombres. Pocas mujeres se atreven todavía a contratar ese tipo de servicios. Pero alguna hay como mi propia madre.

    Tras la larga conversación incluso me sacó a bailar a la pequeña pista y ni siquiera éramos la única pareja de chicos que se movía al ritmo de música. Muy juntos cogidos de la cintura, nuestros cuerpos pegados al completo.

    Así noté su lengua por primera vez en mi cuello, humedecido mi piel. Estaba seguro de que algún posible cliente nos estaba mirando en ese preciso momento desde algún rincón oscuro. Todo me excitaba.

    Luego fuimos de compras. Me ha comprado un móvil nuevo solo para el trabajo. Lo hemos estrenado haciéndonos algunos selfies que van directos a las páginas web.

    Me ha llevado de tiendas para comprarme ropa más sexi de la que uso habitualmente y que hasta ahora me compraba mi madre. Incluidos gayumbos nuevos, tangas y suspensorios y algunas camisetas muy trasparentes. Más fotos con el móvil, esta vez ya sin ropa en los probadores de esas tiendas.

    Y hemos acabado en su piso alquilado solo para ejercer el negocio, su picadero. No quería pensar la de veces que mi madre habría pasado por allí. Para esa hora ya tenía claro que el primero que quería probarme era él y no solo serían negocios, esperaba que también hubiera mucho placer.

    Allí me invitó a una nueva copa. Relajados y sentados en el sofá intentó besarme. Al principio me resistí, un truco que él mismo me había enseñado, pero no mucho.

    La verdad es que me tuvo cachondo toda la tarde y si de verdad iba a dedicarme a ello este era un buen momento para empezar. La notaba dura en mis pantalones cada vez que me metía la mano en el bolsillo, así de excitado estaba.

    – ¿No crees que deberías ir practicando?

    – ¿contigo?

    Le pregunté sonriendo.

    – No veo a nadie más por aquí.

    Se me echó encima. Pronto abrí la boca a su lengua exploradora. La mía correspondió a sus besos introduciéndose entre sus dientes. Tenía muchas ganas de saborear una boca.

    Ya tenía la suya a mi disposición y la aproveché. Nuestros labios y lenguas jugaban sin descanso cambiando saliva de boca en boca. Hasta dejarla caer sobre mi pecho solo porque yo estaba debajo.

    Sus manos empezaron a explorar mi cuerpo primero por encima de la ropa. recorriendo mi torso sobre mi blanca camiseta, hasta que consiguió sacármela de los vaqueros.

    Me acarició la piel del vientre y del pecho metiendo la mano por debajo de la tela. Pellizcaba mis pezones duros como guijarros. Sin querer darse cuenta aún de que mi picha dura apretaba contra la bragueta.

    Seguía tierno y dulce acariciándome sensualmente sin dejar de excitarme. No tenía ninguna prisa a pesar de mi impaciencia que él mantenía a raya. Mi lengua correspondió en su boca, en el filo de su mandíbula en su oreja. Lamiendo su piel.

    Juan me sacó la camiseta y empezó a besarme las tetillas sorbiendo mis pezones, lamiéndome desde los hombros y pasando la lengua por mis axilas. Me hacia cosquillas y me excitaba a la vez. Quería demostrarme que no sólo la polla es capaz de dar placer.

    Toda la piel es un órgano sexual y yo lo estaba notando. Y tendría que usarlo en mis nuevos desempeños.

    Así comenzó a bajar la cabeza lamiendo mi epidermis hacia mi vientre. Sin dejar de meter la lengua en mi ombligo. Abrió mis pantalones y se llevó una sorpresa ante la dureza de mi rabo.

    En cuanto metió la mano dentro de mí calzoncillo saltó fuera de la prenda apuntando al techo. Vaya, parece que él también tenía algo de prisa.

    Mi polla inmediatamente desapareció entre sus labios. Jamás me habían hecho una mamada. Jamás una lengua había tocado mi polla. En cuanto se paseó por el frenillo y acarició mi glande tuve un enorme e inmenso orgasmo y eyaculé en su boca. Ya más relajado podríamos seguir explorándonos.

    Goloso, casi se tragó mi semen. Todo él, relamiéndose tras mis trallazos directos a la lengua. De su boca saboreé por primera vez el sabor del semen pues lo retuvo en la boca lo suficiente como para ofrecérmelo en un beso que acepté encantado.

    Creo que me voy a aficionar a eso del beso blanco. Cachondo como estaba seguía cumpliendo casi todos mis sueños en la forma de perder la virginidad.

    Lo único que me faltaba era una chica, pero ninguna hubiera sido tan pervertida, tan puta como mi nuevo jefe. Ninguna tía me hubiera hecho lo que Juan me estaba haciendo, ni me hubiera dejado disfrutarlo como pensaba hacerlo.

    Él sabía que yo no había tenido sexo con nadie mas que con mi mano y dulcemente terminó de desnudarme. Sacando mis prendas y acariciando cada centímetro de piel que descubría. O se inclinaba y besaba esa piel.

    A continuación se desnudó él, sensual, sin prisa. Y me enseñó por fin su mástil fino y largo perfecto para tenerlo en mi culito como estaba deseando. Seguía tratándome como a una dulce jovencita virgen a quien mimaba y a la que deseaba. Y que lo deseaba a él con muchísimas ganas.

    Ahí agarre su polla y estando yo sentado y él de pie me lo llevé a la boca. Comencé a comer mi primer rabo, goloso, lo saboreaba lo apretaba contra el paladar con la lengua.

    Pasaba esta por toda su longitud hasta los testículos, los depilados huevos que también me introduje en la boca. A pesar de no haberlo hecho nunca no parecía que lo hiciera mal pues él gemía sobre mi cabeza. Me dijo:

    – Ensalívalo bien y date la vuelta,

    Subí mis rodillas al sofá y mirando a la pared le ofrecí mi culo en pompa. Que ganas tenía de sentirlo ahí.

    Se agachó detrás de mí para comerme el culo, lamer el ano y morderme las nalgas. Me echaba saliva entre ellas y clavaba la lengua en el ano. Como preparación para lo que vendría después. La húmeda en mi culo me estaba dando sensaciones que no había tenido nunca.

    Otra cosa a la que hacerme adicto, el beso negro.

    Comenzó a follarme, primero con la lengua, luego con un dedo, suave y lento. Yo le pedí dos dedos y le dije que sin miedo, que yo me metía dos cuando me masturbaba en la ducha. Él me contestó que le había salido una auténtica putilla y pasó a meterme dos dedos. Pero enseguida le pedí la polla.

    – Quiero tu rabo en mí. Quiero que me folles.

    Y así pasó a metérmelo, a bombear, lubricado con nuestra saliva y con parte de su copa que dejaba caer poco a poco en mi culo. Me folló durante media hora sin sacarla, besándome los hombros acariciando mi pecho y vientre y acariciando mi rabo con sus manos.

    Cogiéndome de la cadera para metérmela hasta el fondo. Para clavarla hasta los huevos. Hasta que los suyos golpeaban los míos cada vez que entraba en mi cuerpo.

    A mí me encanta hurgarme el culo con mis dedos, con palos, cepillos de dientes, con lo que fuera o se asemejara a un pene. Lo hacía en la ducha la mayor parte de las veces.

    Desde luego lo gozo pero no hay nada como un rabo duro y caliente creo que me hizo tener orgasmos por el ano. Desde luego los he tenido y muchos de entonces aquí.

    Se corrió en mi interior, a pesar de la cintura de confines que habíamos comprado. Creí sentir cada golpe de su leche en mis intestinos. Me tumbe boca arriba en el sofá y seguimos besándonos en la boca otra vez. Quería volver a notar su lengua en el ano limpiando la lefa, yo lo hubiera hecho.

    Acariciaba mis genitales suavemente y se dio cuenta de que aunque no tengo mucho vello en el cuerpo los tenia con todo el pelo. Así que cogiéndome de las manos me condujo al baño y me metió en la bañera. Allí siguió mimándome y besándome.

    – Vamos a depilarte.

    Me lavó y duchó entero, como a un niño y me enjabonó bien los huevos. Luego cogió una maquinilla de afeitar y me rasuró el poco pelo que tenía por las ingles los testículos y alrededor del ano, y en los sobacos. Me dijo que me iba a llevar a donde lo depilan a él de forma definitiva y con láser.

    – Va a quedar genial y muy sexi.

    Tendría una piel suave. Solo me dejó una tira de pelo justo encima del rabo. No soy muy peludo pero el tacto del escroto nuevo y suave me sorprendió. Con tanta manipulación y tocamiento se me estaba volviendo a poner dura. Cosa que le alegró y allí mismo en la cómoda bañera me lubricó el rabo con el gel de ducha.

    – Ahora me follas tú.

    – Por mí encantado pero tendrás que guiarme. Es mi primera vez.

    – Lo sé y vamos a ser muy dulces y suaves para que vayas cogiendo rodaje.

    Se sentó sobre mí introduciéndoselo poco a poco en el culo. Yo apenas tenia que sostenerlo de las nalgas.

    Él mismo, en cuclillas aguantaba su peso y se movía follándose el culo con mi picha. Yo desmadejado me dejaba sentir, me limitaba a gozarlo y disfrutar el fenomenal polvo Solo sentía la polla apretada por su ano.

    Toda mi consciencia concentrada en un solo punto, el glande que asomaba periódicamente entre sus depiladas nalgas para volver a desparecer de inmediato dentro de su cuerpo.

    Gemía él, gemía yo y vi mi semen resbalar por mi tronco en un orgasmo fenomenal. Él se derrumbó sobre mí y volvimos a besarnos abrazados. Dándonos toda la lengua que podíamos y riéndonos.

    Creo que me va gustar trabajar con mi nuevo jefe. Juan me tenia ganado, aparte del dinero, que desde luego me importaba, el placer que había sentido y pensaba tener a partir de ahora y hacer sentir a los demás. No pensaba cortarme en absoluto con nadie.

    Y ese nadie incluía a mi madre. Tenía que averiguar que pasaba exactamente entre ella y Juan. Además de compartir esa clienta en particular con mi jefe. Al fin y al cabo mi progenitora además de tener un gran apetito sexual conservaba una figura envidiable y una carita preciosa.

  • Ayudando a un amigo

    Ayudando a un amigo

    Esto pasó cuando tenía 19 vivo en un barrio muy feo, tanto que cada que llueve se va la luz y se inunda horrible (esto va a ser relevante para la historia).

    Un día estaba aburrido en mi departamento así que le mandé mensaje a mis amigos para que pasáramos el rato a lo que aceptaron.

    Cuando llegaron les dije que viéramos una película o que jugáramos al uno a lo que todos dijeron que al uno.

    A media partida se empezó a poner aburrido porque nadie perdía asi que a un amigo se le ocurrió la idea de cada que alguien comiera más de 3 cartas le podíamos Aser una pregunta y el tenía que contestar si o si, nos pareció buena idea para aumentar un poco la diversión.

    Cuando le tocó a mi amigo, digamos le Mike, bueno cuando le tocó a Mike que le preguntaramos todos le preguntamos cosas «normales» como si seguía virgen o si tenía a alguien que le gustará, hasta que a alguien se le salio preguntarle qué si se había sentido atraído por un hombre.

    Todos nos quedamos en silencio el solo dijo que no y seguimos con el juego, cuando terminamos de jugar todos dijeron que se iban y les dije que estaba bien que a ver cuando nos volvíamos a reunir.

    Cuando todos se fueron me di cuenta que Mike seguía en mi departamento, le pregunté si quería hacer algo para pasar el rato y el solo me respondió.

    -te has sentido atraído por un hombre?

    -bueno si, soy gay y tú lo sabes jaja

    -tienes razón jaja sabes la verdad ya no se que me gusta

    -alguna duda? puedes hablar conmigo si quieres

    -en serio? Gracias pero no quiero aburrirte con mis problemas

    -para nada no es problema

    -esta bien tomaré tu palabra

    Pasaron las horas y se hizo de noche y me dijo que ya se tenía que ir, pero como si el destino nos estuviera dando una señal para que lo ayudara empezó a llover muy fuerte.

    Le dije que si quería se podía quedar a dormir que no había problema a lo que respondió que no que Hiba a llamar un taxi, pasaron minutos y nadie contestaba o le decían que no entraban este barrio porque sabían cómo se inunda aquí.

    Le dije que ya no se hiciera del rogar y que se quedará a lo que finalmente acepto, le acomode una colcha que tenía guardada, cuando ya nos íbamos a acostar me dijo que se iba a desvelar un rato para intentar calmar sus dudas.

    Pero el destino tenía otros planes jaja de repente se fue la luz.

    -genial justo a tiempo

    -sabes si quieres calmarte un poco te puedo prestar mi compu si quieres

    -en serio? Gracias

    -esta en el otro cuarto la contraseña es ****

    -ok gracias

    Esa fue la peor idea que pude tener, porque en la tarde antes de que ellos llegarán me cansé de esperar y me puse a ver videos de ya saben que y recordé que no había cerrado las ventanas.

    Cuando fui a cerrarlas lo encontré tocándose, no se cómo seguían funcionando los vídeos si no había luz pero eso era lo que menos me importaba en ese momento.

    No sé que me pasó pero no pude dejar de verlo era un pene muy bueno para alguien que media 1.68, era como de 20 cm era grande y grueso y lo quería para mí.

    Lo empecé a ver mientras se tocaba y yo me empecé a tocar también después de unos minutos terminamos yo terminé y me limpie pero el se quedó hay sentado disfrutando de su corrida.

    Entre en el cuarto y lo encontré sentado retomando el aire, cuando me vio me dijo que no era su intención verlos y que los iba a cerrar pero no se pudo controlar.

    Yo no conteste y solo me incline y tome un poco de su semen, no se si era por el momento o por otra cosa pero cuando lo lleve a mi boca lo sentí como lo más rico del mundo, me preguntó que que estaba haciendo a los respondi.

    -dejame ayudarte con eso

    Cuando escucho eso le llegó un segundo aire, se le puso duro como roca y firme como un martillo, me incline y le empecé a limpiar su pene mientras el solo gemía de placer.

    Me puse a jugar un poco con sus bolas que se veía que había estado guardando mucho por varios días, después de un rato me dijo que la quería meter en mi boca a lo que acepte sin oponerme.

    Batalle al inicio porque nunca antes había tenido algo tan grande y grueso dentro de mi boca, hice la lucha y lo logre me empecé a mover hacia adelante y hacia atrás.

    Despues de casi media hora de chupar y lamer su pene me dijo que le encantaba como chupaba pero quería probar otra cosa, bajo sus manos por mi cuerpo hasta llegar a mis nalgas y las empezó a apretar con fuerza, me hacia gemir y tener espasmos por todo el cuerpo, le díje que podía ser rudo si quería a lo que accedió.

    Me empezó a nalguear y a decirme que era su perra eso me prendió aún más tanto que ya estaba muy mojado y se notaba.

    Me bajo el shorts para dejar expuesto mi pene súper duro y húmedo intentando salir, se inclino y me empezó a chupar por encima del boxer, hizo que me corriera muy rápido, me dijo que era muy perra y que necesitaba un castigo par ser tan mala.

    -si está perra necesita un castigo

    -pues si perra ahora ponte de rodillas y dime que soy tu amo

    A lo que accedió muy fácil por lo encendido que estaba

    -usted es mi amo y yo soy su perra

    -si perra ahora ladra como la perra que eres

    También accedí a eso jaja cuando ando caliente hago todo lo que me dicen.

    -guau guau

    -si perra ahora ponte en cuatro y ruega por tu castigo

    Y así lo hice me puse en cuatro y rogué por ser castigado, el me empezó a dar nalgadas y yo solo podía decir «guau guau» mientras me ponía más y más caliente.

    -te gusta perra? Eh

    -me encanta amo asotame más por favor

    Me corrí mucho y el me vio y me hizo lamer todo lo que se cayó al suelo y a sus zapatos.

    -lamelo perra se buena y limpia a tu amo

    -guau guau

    Mientras lo limpiaba el se puso detrás de mi y apoyo mi cara contra el suelo y me empezó a mamar el culo, sabía lo que venía y estaba más que preparado para recibirlo todo.

    Cuando estuve lo suficientemente dilatado empezó a meterla, primero fue lento y cuando tenía la mitad dentro metió lo que quedaba afuera de golpe, y solo pude soltar un gemido de placer, solo podía pensar en el entrando y saliendo de mi.

    Después de un rato de coger me lavando y me puso contra la pared y empezó a darme duro mientras me tocaba con una mano y con la otra me jalaba el cabello, me excite tanto que me corrí en su mano.

    Cuando el vio eso llevo su mano a su boca y lo comió y me dijo que sabía a perra.

    -lo siento amo

    -claro que lo sientes perra, como castigo te voy a llenar el culo

    -si amo por favor

    Y así lo hizo se vino en mi, yo solo podía gemir, sentía como me llenaba y como disparaba dentro de mi, cuando terminó de correrse me tomo de los labios y me dio un beso bien baboso de lengua me dijo que solo el me podía coger y el dije que si.

    Después de un rato de estar cogiendo como conejos se vino por última vez antes de caer dormido, yo me corrí junto con el, cuando terminamos le dije que iba a tomar un baño para limpiar todo mi ser por que parecía que me hubiera bañado en semen (aunque fue casi igual jaja) me dijo que estaba bien y que en un rato el entraría conmigo.

    Lo estuve esperando pero nunca entró si que me bañé normal cuando salí lo vi dormido asi que yo también me dormí.

    En la mañana me desperté y el seguía dormido pero su amigo ya estaba más que listo para empezar el día, a duras penas pude contener mis ganas de chuparlo así que en fui al baño para lavar mis dientes y orinar, cuando regrese note que no estaba así que lo busque por toda la casa.

    Lo encontré en la cocina haciendo huevos revueltos me vio y me dijo que eran en forma de disculpa por como me trató anoche, le dije que no había problema y le pregunté que si ya no tenía dudas.

    Me dijo que no que gracias a mi estaba 100% seguro y que no sabía cómo agradecerme.

    Le dije que ya se me ocurría «algo» me dijo que no podía esperar y se abalanzó sobre mi.

    Esa mañana si desayunamos pero terminamos con hambre.

    Esto fue hace como 2 años aún hablamos pero ya no tanto porque ya consiguió pareja y yo también pero de vez en cuando nos reunimos a «platicar» jaja.

  • Sexcape (IV): Cójanme y enséñenme

    Sexcape (IV): Cójanme y enséñenme

    Conversamos muy corto con nuestra nueva amiga, donde pudimos conocer que era una niña de cuna y que su papá la consintió con un viaje en bote a la isla para animarla y sacarla de la depresión que tuvo por la ruptura de su novio, mientras conversábamos pude notar como me escaneaba el cuerpo buscando algo que deseaba y la complací haciendo como descuidadamente se me caía la manta que me cubría dejando al descubierto mi miembro morcillon haciendo que se relamiera y mordiera el labio, Karla la saco del trance haciendo un comentario.

    K: por dios Dani aún la estamos conociendo y ya le estas arruinando la sorpresa.

    Fui hacia la carpa desnudos me puse un short y empecé acomodar un poco nuestro desastre mientras ellas reían y hablaban, ya recogido todo nos montamos en una pequeña lancha rumbo al velero allí nos recibieron el capitán y sus ayudantes. Ya allí nos atendieron como reyes comimos y tomamos vino mientras conversamos de muchos temas hasta que ya el vino empezó a hacer más efecto y se desinhibieron dónde Mariana fue directa

    M: saben me agradan y les voy hacer más franca, los invite porque quiero experimentar, probar ya que mi ex me catálogo de cerrada e inexperta y por eso me dejo.

    K: guao seguro te pidió ese culito que te gastas y se lo negaste por miedo.

    M: la verdad si y no, el me tocaba con sus dedos mientras me penetraba pero cuando la punta de su verga toca la entrada me retiro, así que he querido pero el miedo me domina.

    D: ok pero cuando estás hablando de experimentar quieres hacerlo con los dos o solo con uno.

    M: estoy dispuesta con los dos, sería bueno con ambos ya que así puedo saber el secreto de Karla de como lo disfruta.

    K: y como tú sabes que lo disfruto?

    M: los vi anoche, primero con los binoculares del contramaestre desde acá y luego me lance al agua para acercarme a verlos de cerca y vi tu cara cuando tuviste el orgasmo cuando lo cabalgaste con su pene metido en tu culo.

    Mi verga empezaba a reaccionar y Karla lo noto y la agarro por encima de mi short.

    K: uumm ya veo que te gustó el show que vistes; yo estoy dispuesta y el ni se diga la pregunta es si tú te vas a dejar meter está cosota en ese hermoso culito y a experimentar un poco mas.

    M: si estoy dispuesta quiero que me cojan y me enseñen -dijo acercándose, besándome y poniéndose encima de mi.

    M: uummm que bien se siente -dijo mientras afincaba y movía sus caderas encima de nuestras partes, Karla solo veía mordiéndose los labios hasta que decidió actuar, se puso atrás de Mariana y le quitó la parte de arriba del traje de baño dejando expuesto sus pechos para mí disfrutes, Karla sujeto los pechos de Mariana y los dirigió a mi boca, empecé a chupar, morder suavemente provocando sus primeros gemidos, mientras Karla se dedicaba acariciar a Mariana, interrumpí la faena.

    D: y lo quieres hacer acá o en sitio más cómodo.

    Mariana se levantó y nos agarró de la manos y nos llevó al dormitorio principal del barco, entramos era mediana, una cama amplia un closet y una pequeña silla junto con una pequeña mesa; cerró la puerta con seguro, tomo el teléfono llamando al capitán pidiendo que no la molestarán que estaría ocupada con sus invitados, mientras lo hacía Karla ya me había quitado el short frente a ella, le dio lamida recorriendo mi verga, besando la punta de mi verga, me coloque detrás de Mariana afincando mi verga ya dura en su culito aún cubierto por el trajes y de baño, besaba su cuello y acariciaba su cuerpo.

    Karla por su parte se empezó a desnudar y acariciar su cuerpo, ya desnuda completa se acercó a nosotros, nos besamos intensamente Karla y yo mientras pegaban sus cuerpos ambas mujeres chocando sus pechos, Karla apretó las nalgas de Mariana con su mano y con la otra mi verga, paso de mi boca al cuerpo de Mariana besando el cuello y luego bajo por el a recorrer su cuerpo.

    Mariana gemía suave y constante; le comía y chupaba los pechos de Mariana, mientras ella y yo nos besamos, mi mano se perdía ya dentro del traje de baño de Mariana sintiendo lo mojada que estaba, acariciaba el clítoris de Mariana, Karla llegó a ese lugar preciado, ambas chicas se miraron mientras Karla sujetaba los laterales del traje de baños Mariana le dio su aprobación para que se lo quitará y así lo hizo, ya desnuda Mariana completamente.

    Karla paso sus manos a las nalgas de Mariana abriéndolas para poner entre ellas mi verga sin penetrarla aún solo para pajearme con ellas un poco, paso su lengua primero por mis dedos saboreando los jugos de la cuquita de Mariana, hizo a un lado mis manos y paso la lengua por la cuquita de Mariana haciéndola gemir más fuerte echando su cabeza hacia atrás apoyando su cuerpo al mío para no caer en el piso y empezar a disfrutar.