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  • Mi jefa fetichista

    Mi jefa fetichista

    Mi cabeza daba vueltas y mis pensamientos volaban girando también a una velocidad vertiginosa, no podía dar crédito a lo que estaba ocurriendo…

    Si no lo estuviera viviendo, y solo lo imaginara o contara, sería tomado por un febril fantasioso, o todo un maldito mentiroso. Pero afortunadamente para mí; todo era real!…

    Inusual, muy improbable y por eso mismo, también muy poco fidedigno, más no obstante; factible…

    Sentí la potentísima e incoercible sensación de una explosión que estaba por estallar, cerré los ojos cuando lancé el primero de varios abundantes chorros de semen sobre sus pies…

    La candente escena que había ocurrido parecía tan irreal, como las que suceden en las películas pornográficas, pero sí había ocurrido… Y en la oficina de mi jefa!

    Sé muy bien que sería tomado como un fantasioso embustero si me atreviera a narrar este candente relato sin aportar algún tipo de evidencia incontrovertible de que eso en realidad ocurrió, aunque también sé lo riesgoso que eso sería…

    Observé totalmente absorto el parsimonioso fluir del semen, que escurría por efecto de la gravedad como una lenta cascada sobre el empeine de su hermoso pie…

    Lo que yo había acabado de hacer era no sólo muy excitante y placentero, sino también muy imprudente…

    Era un motivo inmediato de despido, plenamente justificado debido a la transgresión que representaba a las rigurosas políticas de relaciones interpersonales establecidas por la empresa…

    – Sabía que tú eras todo un fetichista de pies en cuanto te vi!… -Dijo exhalando un profundo suspiro de satisfacción mi jefa.

    Yo ni siquiera había reparado en que tenía afición por ésa filia sexual, hasta que conocí a mi jefa, y de inmediato quedé prendado de sus hermosas y sensuales extremidades inferiores…

    – Mientras mantengas mis piernas y mis pies bien irrigados con tu semen, no tendrás ningún problema en ésta empresa!…

    Agregó con la doble intención de dejar bien claro mi papel, y también de tranquilizarme, pues ella sin lugar a dudas notó mi perplejidad y desazón ante las posibles consecuencias de mis actos…

    Tenía apenas un par de semanas trabajando en ésa empresa, y menos de una semana de haber sido asignado a la oficina en la que ahora me desempeñaba como su asistente.

    Desde que llegué, ella me dejó muy clara mi condición de sub alterno y subordinado. Ella emanaba dominio y poder, mi sumisión total a ella se dio con total naturalidad…

    Me fascinaba el poder contemplar completamente absorto el portentoso espectáculo de sus hermosas piernas exhibidas en minifaldas y entallados vestidos, en especial sus tersos y satinados pies calzados en sensuales zapatillas de tacón alto…

    Ese día en la oficina, en pleno horario laboral, por fin se había hecho realidad mi más anhelada fantasía erótica y sexual fetichista…

    Ella era la jefa, y yo su asistente, y a partir de ése momento, me había también convertido en su podolatra, en un fetichista que se encargaría en total sumisión, de cumplir sus deseos irrigando sus hermosos pies con mi semen…

    Pensé que tenía el mejor trabajo del mundo, y lo corroboré así, en cuanto escuché a mi jefa decirme:

    – Te portaste muy bien, y por ello, te has ganado una buena mamada de verga!…

    Debo confesar que al escucharla decir ésa frase, temí que todo cuanto había ocurrido no fuera sino un sueño erótico, y que despertaría feliz con una tibia humedad en mi entrepierna, que se transformaría en decepción y anhelo…

    No obstante, en cuanto su ávida boca engulló la total longitud de mi erecta Verga, me sentí nuevamente no sólo en la realidad, sino como en la escena de una película pornográfica…

    Sonreí con gran satisfacción al saberme sumamente afortunado por poder disfrutar del excelso placer que me prodigaba mi hermosa jefa al cumplir mis más candentes fantasías sexuales fetichistas…

    Cuando ella me hizo eyacular en su boca, y se tragó mi semen, yo estaba totalmente extasiado y también completamente convencido, que tenía sin lugar a dudas, el mejor trabajo… Y también; a la mejor jefa del mundo!…

    FIN

  • Por fin disfruté como se debe

    Por fin disfruté como se debe

    Viernes 5 de mayo de 2023.

    Mientras el Uber me llevaba a la casa del chico que acaba de conocer por una aplicación yo estaba muy tranquila, pero pensaba qué estaba pasando. Desde cuándo tenía esa necesidad desesperada de coger con alguien. Tenía en mente sus fotos, y algunos videos que él me acababa de mandar masturbándose. Sin mucho éxito tapaba mis pechos con mi abrigo puesto que no me había puesto corpiño y la liviana y apretada musculosa que llevaba dejaba ver mis pezones parados.

    Al llegar al edificio de golpe olvidé su nombre, pero no me importó. Toqué el timbre y abrió la puerta de su casa. Nos saludamos y me hizo pasar. Fue al instante que nos dimos cuenta que ya teníamos un vínculo y nos dimos un beso en los labios.

    Él sirvió vino y agua para mí. Probé unos sorbos de su copa pero quería estar totalmente consciente así que seguí tomando agua. Hablamos muy vagamente de algunas cosas típicas, trabajo, estudio… Realmente no recuerdo porque no era lo que me importaba. Sabía que estaba ahí para un encuentro casual y nada más.

    Empezamos en el living. Estábamos de pie, apoyados en la parte de atrás de un sillón. Dejamos nuestras bebidas y nos miramos de manera penetrante. No dijimos nada. Nos empezamos a besar y acariciar despacio y cada vez más fuerte mientras teníamos los cuerpos pegados.

    Él me acariciaba el pecho y me masajeaba hasta que levantó mi remera y me empezó a chupar los pezones. Respirábamos con fuerza.

    Cada tanto yo le lamía el cuello y mordía el lóbulo de su oreja. Lo sentí gruñir despacio. Después nos besamos un poco más y empecé a tocar su entrepierna por encima del pantalón. Ya estaba muy duro.

    Lo masajeé hasta que él se desabrochó el cinturón y empecé a tocarlo por encima del bóxer. Todavía con la remera levantada me agaché frente a él, le bajé la ropa interior y empecé a lamer su pija bien despacio.

    Pasaba mi lengua lentamente de abajo hacia arriba, desde la base de su pene hasta la punta, hasta que empecé a metérmela en la boca y chuparla de a poco. Él me agarraba del pelo y tiraba un poco de él. Cada vez me entraba más y más en la boca hasta que me tocaba la garganta.

    Entonces me puse de pie para besarnos un poco más. Él aprovechó para desabrochar mi pantalón y acariciarme por encima de la tanga. Yo mientras tanto lo masturbaba. Empezaba a suceder lo que estaba esperando con tantas ganas.

    Entonces corrió mi ropa interior y empezó a rozarme toda, sin nada de por medio. Me susurró «era verdad que te mojás mucho» y seguido a eso me introdujo un dedo en mi concha.

    Gemí de placer mientras él metía y sacaba su dedo de mí, cada vez con más fuerza. Ambos gemíamos y de golpe paramos para poder irnos a su cama.

    Subimos y apagamos algunas luces. Sólo quedaba una luz tenue.

    Yo tenía algo de ropa pero él nada. Se acostó y yo me puse sobre él. Mi cuerpo separaba sus piernas así que seguí con lo que más me gusta hacer, chupársela bien. Seguí lamiéndole la verga, cada tanto la escupía para mojarla. Le pasaba la lengua de arriba a abajo, le lamía los huevos y la base de ellos. Me dio vía libre para bajar más y lamer su ano mientras con las manos lo masturbaba. Lo disfruté mucho, y él gemía como loco de placer mientras mi lengua jugueteaba por toda su entrepierna.

    Volví a succionar su pene una y otra vez. Lo escuchaba darme indicaciones y cada vez que hacía lo que él me pedía lo sentía disfrutar todavía más.

    Entonces me pidió que me sacara la ropa y así lo hice. Quedamos desnudos. Ambos. Nos besamos y tocamos. Él apretaba mis tetas, las lamía y mordía. Con la punta de su pene golpeaba mis pezones. Se recostó y yo me arrodillé a su costado. Mientras lo chupaba un poco más él me metía los dedos una y otra vez.

    Si verga estaba empapada y lo escuchaba decirme que la chupaba muy muy bien. Agarraba mi cabeza con locura para marcar el ritmo y teníamos muchísima confianza, tal que guio mi mano para que, muy despacio, le metiera un dedo en su intimidad, sin sacar su pene de mi boca. Escuché su placer, estaba tan rica… Cada tanto la metía hasta mi garganta y paraba cuando sentía una arcada pero al instante volvía a chuparla y morderla un poco.

    Estuvimos así unos minutos hasta que me detuvo y te dijo «querés que te coja?» Casi le supliqué que sí. Entonces me puso boca abajo en la cama, agarrándome el pelo con fuerza. Me nalgueó el culo y me gritaba que lo levantara mientras me nalgueaba cada vez más fuerte. Esa furia me calentó todavía más. Entonces me metió uno o dos dedos, no estoy segura. Y con la otra mano masajeaba mi clítoris pero con fuerza. Cada vez más brusco. Yo gritaba y gemía del placer.

    Él seguía metiendo y sacando sus dedos, escupiéndome la concha para mojarla todavía más hasta que yo no daba más y me aparté. Entonces él se levantó y fue a buscar un preservativo. Mientras se lo ponía yo agarré mi lubricante para ayudar todavía más. Volví y me senté en la cama. Él me miró con la pija parada y ya protegida. Se subió a la cama y se puso delante mío. Separó mis piernas. Le pedí que fuera despacio. Me miró y con la punta de su pija me rozó el clítoris unas cuantas veces. Entonces bajó un poco su pene y lo puso delante de la entrada de mi vagina. Muy despacio empezó a meterlo. Gemí muchísimo, sentí cada centímetro suyo entrando en mí hasta que entró por completo.

    Empezó a entrar y salir a ritmo, flexionó mis piernas sobre mi pecho, lo tenía de frente gimiendo mi moviéndose todo el tiempo, escuchando mis gritos. Cada tanto agarraba una de mis tetas y la apretujaba con locura.

    Seguimos así, después me puso de costado y siguió cogiéndome así. Hasta que paramos. Se sacó el preservativo. Hicimos una pequeña pausa. Entonces me preguntó si podíamos coger por atrás. Le dije que podíamos intentar. La verdad es que nunca había logrado disfrutarlo del todo.

    Me recostó boca arriba. Y empezó a masturbarme, tocando mi clítoris primero y metiendo sus dedos en mi vagina. Entonces agarró mi lubricante y se llenó los dedos con él. Su mano derecha empezó a masajear mi ano muy despacio. Yo estaba disfrutando mucho de placer así que me relajé y dejé que metiera un dedo por ahí sin oponer resistencia.

    Su otra mano hacía muy bien su trabajo, estaba demasiado caliente. Empecé a sentir como hacía distintos movimientos en mí culo y creo que introdujo más dedos, ya no estoy tan segura, sólo sé que cada vez me gustaba más. Movía sus manos con locura y mi ano estaba muy abierto, más de lo que creí. Su mano que estaba en mi clítoris me volvía loca y yo estaba casi en la puerta del orgasmo así que lo detuve.

    Pidiéndole que parara porque iba a acabar y quería que me la metiera. Se puso delante mío otra vez, como la primera vez que me la metió. Quiso que no usáramos protección pero yo insistí, entonces se puso uno y bañó su pija de lubricante. Le pedí que por favor fuera muy despacio, que me iba a doler. Entonces me besó y tranquilizó. Me relajé. Puso su pene delante de mi ano y empujó muy despacio. Hice fuerza para relajarme. Él masajeaba mi clítoris para ayudarme. Empujó un poco más y entró la cabeza. Grite de placer y de sorpresa porque no me dolió. Él iba muy despacio pero yo, al darme cuenta que no me dolió, le pedía más.

    Entonces metió un poco más su verga, llegó a la mitad. Gemí tanto de placer. La metía y sacaba y cada vez que la volvía a meter entraba un poco más. Hasta que sentí su cuerpo chocando contra el mío, por completo. Eso solo significa que había entrado completa. Yo estaba tan sorprendida de que no me estaba doliendo y que lo disfrutábamos tanto los dos. Siguió meriendo y sacando su pene de mi culo una y otra vez. Yo gemía y gritaba cada vez mas. Me miró y me dijo «me vas a acabar?» Entonces agarró mi mano y la puso en mi concha para que me tocara mientras me cogía el culo.

    Empecé a rozarme mientras lo sentía por atrás cada vez con más placer, seguí y seguí hasta que lo sentí llegar, como nunca desde todas partes de mi cuerpo: llegó el orgasmo. Grité y grité tanto mientras mis piernas chorreaban mis líquidos. Lo gocé y disfruté mientras él me la seguía metiendo. Entonces empecé a temblar del placer.

    El paró de a poco, dándome lugar para que disfrutara. Despacio salió de dentro mío y yo grité. Se recostó a mi lado y se sacó el forro. Yo seguía disfrutando pero quería que él también lo hiciera, entonces me arrodillé a su lado y empecé a chupar su pija una y otra vez mientras la apretaba con mi mano.

    Sentía cómo se ponía muy muy dura y la sangre se transportaba a través de ella. Él gemía y apretaba mi cuerpo, hasta que corrió mi mano despacio y él empezó a masturbarse mientras yo lamía una y otra vez la cabeza de su pene. Sentí su cuerpo tensarse así que ya iba a venirse. Metí su pene en mi boca, la parte que me dejaba libre su mano y no paré de chuparlo hasta que lo sentí explotar.

    Llenó mi boca de leche, con un grito ahogado seguido de gemidos. Con mi boca llena seguí chupándola un poco más mientras él sentía placer, hasta que finalmente me aparté y me tragué todo su jugo. Me acosté a su lado, en su pecho y ambos gemimos hasta calmarnos.

  • Sexting con mi pareja y una confesión inesperada

    Sexting con mi pareja y una confesión inesperada

    Nos gusta el sexting, intercambiamos fotos, nos contamos hasta el último detalle de lo que nos gusta. Eso no es extraño, ni nuevo, todas las parejas lo hacen.

    Sin embargo, hemos dado otro paso en nuestros juegos morbosos.

    Últimamente he insistido mucho en lo que me excita imaginarla con otro, insisto en masturbarme pensando en que está mamando otra verga, una más grande y rica que la mía. O en lo mucho que me pone imaginar a otro tipo chuparle las tetas o penetrarle el culo.

    Pues, en medio de esos juegos la he convencido a jugar a las confesiones, hacerlo con el compromiso ineludible de decir siempre la verdad, sin importar lo incómodo que pueda ser.

    Le he preguntado: ¿en este tiempo has jugado con alguien más, te has masturbado pensando y viendo a otro?

    Ella: sí.

    …Obviamente, eso me dejó tan perplejo como excitado… y seguí preguntando.

    Yo: ¿Cuándo fue la última vez que lo hiciste?

    Ella: Ayer por la noche, después de que nos despedimos para ir a dormir.

    Una sensación de un vacío en mi estómago, un mareo y mi verga hinchada y bombeando.

    Yo: Perra… y ¿te gustó?, ¿salió bien?, ¿has tenido un orgasmo?

    Ella: Sí, he terminado mientras jugábamos y usaba el vibrador. Él también se vino, me ha enseñado las fotos y los videos. Fue muy sucio para hablar y justo cuando se vino me mandó un audio para que lo escuchara gemir.

    Yo: Quiero ver esa picha. ¿Me quieres reenviar alguna de sus fotos?

    Ella: fotos y 1 video

    Yo: No puedo creerlo, eres una perra. ¿Y por qué juegan? , ¿ya te lo has comido?

    Ella: sí, muchas veces y desde hace 5 años, aunque no es seguido. Le gusta que lo sometan, me deja darle cachetadas, orinarme sobre él, meterle el dedo en el culo y hasta lo he penetrado con un arnés.

    Yo: No puedo creerte, eso es una mentira!!! Conmigo no haces nada eso. Es como hablar con otra persona.

    Ella: sabes que me gusta complacer. Y eso es lo que lo pone a él. Y justo por eso te digo la verdad justo ahora, me gusta obedecer para generar placer. Esa es mi debilidad.

    Yo: dame detalles, ¿se ha venido en tu cara?, ¿cómo le gusta cogerte?, ¿Qué es lo más sucio que han hecho?

    Ella: cuando estamos cogiendo y ya tiene ganas de venirse me avisa, dejamos lo que estemos haciendo y le doy una mamada para que se venga en mi boca. Termino escupiendo su leche en mis tetas, sabes que no me gusta el sabor del semen. Pero a él le gusta lamer su propia leche mezclada con mí saliva, la chupa de mis tetas y eso sí me prende. Casi siempre cuando lo hace me provoca un orgasmo.

    Yo: ¿y me dejarías verlos coger así?

    Ella: No, eso no lo haré, no quiero que lo arruines con tus celos… pero si me lo pides, te contaré cada detalle e incluso, te diré por un texto justo antes de coger con él… incluso, te escribiré durante.

    Yo: perra, voy a explotar. Me estoy masturbando y ya me voy a venir. Déjame solo, voy a disfrutar y asimilar esto. Mañana nos veremos y hablaremos.

    Al día siguiente nos vimos, fue algo incómodo al principio, pero desde que somos pareja no creo recordar un día con mejor sexo que ese. Culeamos sucio, con besos románticos y sexo algo violento con algún aire de venganza.

  • Mi caliente visita

    Mi caliente visita

    Hace algunos años, de manera imprevista recibí la noticia de que un amigo de crianza de mi esposo pasaría unos días con nosotros en nuestro departamento. Él es un hombre con mucho dinero y posición, por lo tanto yo estaba algo nerviosa ya que casi no lo conocía, no se trataba de cualquier persona y adicional a esto mi esposo y yo vivíamos en un departamento muy pequeño, estábamos recién casados y tenemos pocas cosas como para ofrecerle a alguien con tanto dinero.

    Él es una persona bastante humilde, ha trabajado bastante para tener las cosas que tiene y bueno, por su trabajo ha viajado mucho por el mundo, los primeros días yo mantuve algo de distancia ya que no lo conocía tanto y mi esposo sí compartió más con él, aunque ambos siempre trataban de incluirme en las conversaciones y hacerme partícipe.

    Hubo un día en el que me quedé sola con él ya que mi esposo trabajaba y yo estaba libre. Ese día me desperté, mi esposo se estaba terminando de alistar para ir al trabajo y él ya estaba despierto, mi esposo se fue y yo me quedé con él en el comedor hablando mientras él me mostraba fotos de sus viajes y sus experiencias, me habló de lo que está bien y lo que está mal… de un momento a otro comenzamos a hablar de sexo a lo que yo no vi tan inapropiado ya que la noche anterior habíamos tocado el tema y a mi esposo lo noté tranquilo, así que decidí seguir hablando con él sin ningún problema.

    Él le habló muy abiertamente de sexo, de lo que le gustaba hacer y lo que le gustaba que le hicieran, me habló como quizás nadie nunca me había hablado hasta ese entonces, yo tenía mi mente sumamente cerrada, llena de prejuicios y tabúes. A pesar de todo, yo me sentí bastante cómoda hablando con él así que no hice nada para evadir o cambiar el tema, él por lo que habíamos hablado ya había notado que a mí me faltaba muchísimo por vivir y que era muy inocente para muchas cosas y fue ahí cuando me invitó a ponerme de pie para según él darme una demostración, él se puso enfrente de mí, me abrazó y ahí sí me sentí extraña y volví a tomar mi asiento, él se sentó y continuamos hablado, luego me volvió a invitar a ponerme en pie y lo volví a hacer pero esta vez me abrazó de una vez y con sus manos me tocó mi trasero y bordeó todo mi cuerpo mientras me puso contra la pared, ahí ya si me sentí muy incómoda y le pedí que se apartara, él se detuvo e inmediatamente comenzó a pedir disculpas por su atrevimiento, las cuales acepté al ver su cara de arrepentimiento, le dije que no se sintiera mal, que no había pasado nada, que eso quedaría entre nosotros dos y yo no le diría a nadie.

    Ese día habíamos planeado ir al mall y le pedí que hiciéramos como si nada hubiese pasado, que actuáramos normal y continuáramos con el plan del día, así fue…

    Llegamos al mall muertos de hambre, llegamos al restaurante y comenzamos a hablar de temas irrelevantes a lo acontecido en la mañana, hasta en un momento me confesó que si no fuese la esposa de alguien a quien aprecia tanto (mi esposo) pues él habría hecho lo que fuera por conquistarme, que desde el momento que me vio había estado controlándose y que ese día en la mañana no aguantó más, yo quedé sin palabras y no respondí nada al respecto.

    Llegó su último día de estadía en nuestro departamento y ese día mi esposo se fue antes al trabajo y yo salía más tarde, por lo tanto me quedé sola con él de nuevo. Recuerdo que él muy intencionalmente me miraba cada movimiento que daba mientras preparaba el desayuno y me dijo “me he estado aguantando estos días y hoy no lo haré” se levantó de la silla y me abrazo con fuerza desde la espalda, yo me volteé y le di de vuelta el abrazo, me pidió que me quedara y no fuera a trabajar, propuesta que rechacé.

    Él se fue a un hotel y mi rutina con mi esposo volvió a ser como siempre, pero no salía de mi cabeza todo lo que él me decía y todas esas conversaciones sexuales que despertaron en mí tantas ganas y curiosidades, definitivamente él había logrado lo que quería en mí (calentarme).

    Continuamos hablando por mensajes a escondidas de mi esposo y llegó un punto en el que ya definitivamente tenía muchas ganas de que él me cogiera y hacer todo las cosas que habíamos hablado. Pero la culpa y solo pensar de serle infiel a mi esposo, definitivamente ¡no podía!

    Un día estaba sola en mi departamento y mi esposo estaba trabajando, le envié y le hice saber que estaba sola y él me preguntó que si yo estuviera con él en ese momento, qué le haría? Pensé cómo responderle por varios minutos, cuando me estaba disponiendo a responder, suena el citófono, era él… mis nervios subieron a mil!!

    Él llegó y sabía que no estaba ahí para hacer vida social, sabía que me quería coger y aunque yo también a él, yo no quería serle infiel a mi esposo y eso era lo que yo intentaba explicarle a lo que él intentaba justificar y convencerme.

    En un momento se sentó al lado de mí en el sofá y sin preguntar metió sus manos entre mis piernas y se dio cuenta de mi humedad y fue ahí cuando afirmó que no se iría sin lo que fue a buscar (cogerme)

    Comenzó a besarme mientras tenía su mano en mi vagina, luego sacó su verga para que yo notara que estaba tan caliente como yo y yo apenas vi su verga no pude evitar llevármela a la boca, estaba tan excitada y a la vez ansiosa de probar todo lo que habíamos hablado que no pensaba con claridad lo que estaba haciendo. En esta oportunidad puedo afirmar ese dicho que dice “la curiosidad mató al gato” es cierto.

    Él se terminó de desvestir y bueno, yo solo tenía puesto un vestido y un bikini, no había mucho que quitar… estaba deseosa de sentir su verga en mi vagina así que me senté encima de él, metí su verga en mi vagina y comencé a balancearme de forma lenta sensual para poder sentir a detalle cada milímetro que su verga entrando en mi vagina y a la vez apretaba con fuerza dentro de mí para sentirla perfectamente.

    Ese momento no duró mucho, luego nos fuimos a la habitación, me acostó en la cama a la altura de que mi vagina quedara casi al borde, alzó mis piernas con sus manos y comenzó a penetrarme con fuerza y sin ningún tipo de compasión. Me pidió que me masturbara mientras él me penetraba, eso hice, me masturbé y no pude contener mi orgasmo en ese momento. Él se detuvo y luego yo fui por otra mamada, esta vez más extensa, para poder apreciar su verga con mi lengua, la llevé a lo más profundo de mi garganta repetidas veces, simulando una penetración pero en mi garganta hasta perder el aire, también me di un par de chupadas fuertes a la cuales él me pedía que me detuviera y yo no obedecía, me gustaba ver su cara de dolor y placer. Viajé con mi lengua hasta sus huevos y los chupaba, jugaba con ellos mientras con mi mano le masturbaba su rica y caliente verga.

    Luego me puso en cuatro, igual al borde de la cama, me penetró, puso un pie en el suelo y otro al borde de la cama para tomar impulso y esta vez sí lograr partir mi vagina con todas sus fuerzas, me pegó un par de nalgadas fuertes pero a la vez no dolorosas, eran nalgadas excitantes. Le pedí que se viniera dentro de mí y eso hizo, no lo dejé que la sacara de una vez, cuando acabó apreté lo más fuerte que pude para esta vez sentir cómo era él ahora quien se doblegaba.

    Ese día al llegar mi esposo del trabajo le di la mejor cogida en compensación a lo puta que me había portado.

    Él a los días se fue del país y a veces hablamos por mensajes.

    [email protected].

  • Las fantasías de Leia

    Las fantasías de Leia

    Hacía tiempo que Leia no estaba tan nerviosa, desde aquella noche de fantasía había pasado mucho tiempo y muchos cambios en su vida.

    Pero este nervio era distinto. Ella, que no acostumbra a estar nerviosa, que lo tiene todo bajo control, no daba pie con bola. Pero esta vez conocía el motivo y cada vez que lo recordaba menos atinaba porque más nerviosa se ponía. Hacía menos de un mes había conocido a un voluntario en museo, «Seal». Era el típico museo al que ella no hubiera ido si no fuera porque la habían arrastrado. Y menos mal que la arrastraron. Desde el minuto uno, algo le llamó la atención de él, tanto así, que se saltó unas pocas reglas de sociedad y consiguió contactar con él. Pero si se sorprendió de algo fue la rapidez de él en contestarle. Y así empezó todo.

    Ese lunes, Leia estaba nerviosa porque sabía que iba a tener «su medicina» ya que había llegado a la conclusión que el nervio que tenía se asemejaba al «síndrome de abstinencia». La primera vez que estuvo con Seal fueron unas 3 horas que a los dos les pareció un suspiro. Consiguieron conectar de tal manera que todo fluyó con una naturalidad que a los dos les sorprendió, como si se conocieran de toda la vida.

    Ese lunes habían vuelto a quedar. Por fin pudieron cuadrar agendas, y querían que todo fuera como la última vez (al menos).

    Para esta vez, Leia estaba dispuesta a recibirle con unos de los picardías que tenía sin estrenar, el negro en concreto. Sabía que le podía durar poco puesto porque cuando él entrase por la puerta no dudaría en intentar quitárselo. No estaba dispuesta a separarse de su cuerpo, de su boca, más que el tiempo necesario para respirar. Aun así, tenía previsto un plan B por si conseguían estirar más el rato que estuvieran juntos.

    En esta ocasión, Leia quería «estrenar» la ducha de su piso, es grande, amplia, y con un sistema de lluvia que hace maravillas para después pasarlo a la cama y seguir investigando juntos y conociendo el cuerpo del otro. Estaba empezando a estremecer con los recuerdos y los planes cuando tocaron a la puerta. Fue corriendo a abrirle a Seal. No les dio tiempo a cerrar la puerta del piso y ya estaban sus bocas juntas. Ese deseo, esa pasión, no era normal. Pero, aun teniendo ese deseo, esa pasión, no era rápido, ni brusco. Sino algo más bien continuo, tranquilo. Los dos necesitaban absorberlo todo del otro y eso solo se puede hacer tranquilamente.

    Como Leia había supuesto, Seal empezó a querer quitarle la «ropa» que tenía, le «molestaba» para sentir el suave tacto de la piel de Leia (o eso le decía para ver si se salía con la suya). Pero, fue ella quien terminó ganando, ella sí consiguió quitarle la ropa a él, además él tenía más ropa que ella puesta. Seal no se resistió y eso que apenas habían avanzado de la puerta de la casa. Él hizo el intento de ir directo al cuarto de Leia pero ella lo frenó, lo llevó hacia el plato de la ducha. Él captó enseguida las intenciones y no puso resistencia ninguna, ahora sí que iba a poder quitarle la ropa a Leia.

    Cuando estaban los dos sin ropa, en la ducha, con el agua caliente cayendo sobre sus cabezas (aunque para ser justos más quemaban mas sus cuerpos juntos que el agua), la tensión que había entre ellos no era normal. Él le rodeaba el cuello con besos y con su lengua mientras una mano la pasaba por los pechos de ella y la otra por el trasero para pegarla más si cabe hacia él. Mientras ella disfrutaba de sus caricias y con una mano acariciaba la cabeza de él, con la otra mano disfrutaba jugando con su miembro. Cuando él intentaba bajar con su boca para los pezones ella, Leia fue la que lo paró. Él la miró «protestando» pero enseguida vio la sonrisa picarona de Leia y captó la idea. Era ella la que se iba a agachar hacia su pene, para tenerlo entre sus labios y juntos con sus manos, moverlo firmemente para darle placer a él, aunque más bien, la que más disfrutaba era ella ya que se aprovechaba y le hacía «sufrir» a él.

    Lo que no sabía ella, ¿o si?, era que «dónde las dan, la toman» y él solo estaba esperando su turno para vengarse de ella. En una de las veces que Leia se levantaba para seguir saboreando los labios de él, la sujetó contra la pared, y no la dejó moverse. Empezó por su cuello, bajó hasta sus pechos, mordiendo los pezones suavemente. Antes de que Seal pudiera seguir, Leia le hizo señales para que viera lo que tenía en la ducha de manera «camuflada». Había puesto una botella benjamín de cava que todavía estaba fría (aunque la temperatura en general era muy elevada). Seal lo aprovechó y en vez de beber directamente, utilizó el cuerpo de Leia, dejando que chorrease por su boca, sus pechos, ombligo y dejándolo caer hasta su zona más inferior, aprovechando para pasar su boca por el clítoris y los labios internos y darle ese placer a Leia que hace que se estremezca y se le erice la piel, llegando a penetrarla con sus dedos, consiguiendo que Leia tuviera su primer orgasmo.

    Después de eso, los dos terminaron en la ducha, se secaron como pudieron porque no querían separar sus cuerpos más de lo necesario y se fueron hacia el dormitorio.

    Cuando estaban en la cama, él fue hacia su mochila y sacó unas esposas que se las puso a Leia y le tapa los ojos para anularle un sentido. Con el corazón a 1000, ya que ella no sabe por dónde puede acariciarle, o pasar suavemente la lengua, él se aprovecha y va creando una reacción sobre su piel. Ella no puede «defenderse», sigue con las esposas. Seal va viendo cómo Leia se retuerce y gime de placer a la vez que hace gestos con la boca, mientras le están dando pequeños bocaditos en los pezones. Seal sigue aprovechándose de su lugar privilegiado, y con sus manos se dedica a acariciar esa piel tan suave, que le llamó la atención la primera vez que pudo acariciarla sin ropa. Las caricias que se centran en sus nalgas, acaban en un movimiento suave pero directo, para poder separar las piernas y poder llegar con sus dedos a donde tantas ganas tenía.

    Mientras seguía jugando con su boca entre la oreja y el cuello, en ese momento la mano derecha se posicionó para separar sus labios los labios mayores y menores, hasta humedecer el dedo índice y poder tocar la parte más sensible de Leia. Ella, indefensa aún, se retuerce para poder coger un poco de aire, pero Seal también aprovecha para poder besar eso labios, cosa de la cual no se cansa, hasta que para y empieza a bajar poco a poco, aprovechado su cuello, pechos, ombligo hasta llegar al premio gordo, una zona que Seal se queda impresionado y se le escapa una ligera sonrisa, al notar que está bastante húmeda con su propia lengua, cosa que le agrada bastante. Los dos lo están disfrutando como si no hubiera un mañana. Para ellos el tiempo se detenía. Pero cuando de reojo miraba un reloj que tenía Leía en un mueble a los pies de su cama lo que parecía que eran cinco minutos en sus cuerpos ardientes en la realidad habían perdido la cuenta de la hora a la que llegó Seal a casa de Leia. Cada vez empezaba a notarse más la complicidad que había entre ambos.

    Seal se incorpora un poco para quitarle las esposas a Leia y el pañuelo que le tapaba los ojos, en ese momento se miraron. Hay miradas que lo dicen todo. Leia aprovechó e hizo un giro de caderas y casi sin que le diera tiempo a Seal a reaccionar se hizo con el cambio de posturas. Ella estaba ahora arriba y tenía la posición dominante. Posición que aprovechó para volver a bajar su lengua por todo su cuerpo, desde las orejas, el cuello, el pecho, hasta llegar a su pene y poder introducirlo lentamente en su boca, con suaves movimientos hacia dentro y fuera, jugando con la lengua y ayudándose de sus manos y dándole «suaves» bocados en la base del pene y los testículos, para volver a introducir el pene en su boca y seguir jugando con su lengua en la zona más sensible, y sintiendo como Seal se estremece de placer, sobre todo cada vez que aceleraba el ritmo de movimientos.

    Sabiendo él lo que le gustaba esos movimientos y lo que podía pasar, la paró. Quería seguir disfrutando de ese momento. La agarró y la llevó contra si, estando las dos bocas juntas de nuevo. Sin que se dieran cuenta ya estaba uno dentro del otro. Seal no podía quitar su mirada del cuerpo de Leia, mientras ella con unos movimientos de cadera muy suaves hacía que los dos cuerpos se movieran a la par, como una máquina nueva y bien lubricada. Seal no perdía el tiempo y le ayudaba cogiéndole fuertemente las nalgas a ella mientras veía como se mordía los labios y abría la boca de una forma, que hace que él casi no pudiera aguantar más. Leia se dio cuenta y le hizo sentarse en la cama con su espalda apoyada en el cabecero y ella se puso encima de él, así podía tenerlo rodeado con su cuerpo y él tener los pezones de ella y el trasero mucho mas a su alcance.

    Y con él más pegado a su cuerpo (como si se pudiera estar más pegado de lo que ya estaban) comenzó a moverse, ayudada por las manos de él. De pronto, se miraron, esas miradas que no necesitan traducción, esas que te llevan a otro universo del placer, y como un maravilloso fin a toda esta locura, los dos consiguieron tener el orgasmo a la misma vez, quedando los dos extasiados pero sin querer separarse los cuerpos. Temían que si se separaban no fuera real y tuvieran que volver al mundo real.

    Se quedaron disfrutando ese último momento de placer. Cuando se dieron cuenta, el tiempo de estar juntos se había terminado. Él se tenía que ir, ella no quería que él se fuese. Quedaron en seguir probando nuevas maneras de disfrutar tan intensamente juntos y nuevas fantasías por descubrir.

  • Sin mirar (relato de mi primera experiencia lésbica)

    Sin mirar (relato de mi primera experiencia lésbica)

    Hace algunos años tuve una vecina que era prostituta. Y además era ciega. Sí, una combinación rara. Pero, curiosamente, para ella y para sus clientes la combinación funcionaba muy bien.

    Nos hicimos amigas y ella me contó todo sobre su vida y sobre su trabajo. Y me contó por qué el hecho de no poder ver le resultaba favorable para ser una mejor prostituta.

    Me explicó que cuando una persona no tiene alguno de sus sentidos, los demás se intensifican. Al ser ciega, Antonella tiene más sensibilidad en el tacto, el gusto, el olfato y el oído. Y aprovecha muy bien ese exceso de sensibilidad para darles un mejor servicio a sus clientes.

    Una tarde estaba de visita en el departamento de Anto. Hacía poquito que nos conocíamos. Como yo tenía mucha curiosidad sobre lo que hacía y sobre su ceguera, la estaba matando a preguntas. Pero por suerte a ella no le importaba. Supongo que no tenía muchas oportunidades de contarle sobre su vida a una amiga.

    El departamento de Anto estaba enfrentado al mío, los dos con balcones que daban al pulmón de manzana. Prácticamente podíamos charlar de balcón a balcón.

    El mismo día que me mudé empecé a escuchar sus gritos y gemidos exagerados cuando estaba con sus clientes. No me aguanté la curiosidad y empecé a espiarla. Muy mal lo mío…

    Pero así descubrí sobre su profesión y su discapacidad (mejor dicho, sus capacidades diferentes). Y, como tengo una curiosidad enfermiza, quise experimentar. Y empecé a vendarme los ojos cada vez que me masturbaba o hacía el amor. No sé si habrá sido sugestión, pero me pareció que por lo menos el tacto se me había sensibilizado bastante.

    Esa tarde que estaba en lo de Anto se me dio por contarle sobre mis experimentos de vendarme los ojos durante el sexo. Le conté que realmente notaba que, cuando me tapaba los ojos, mis otros sentidos se hacían más sensibles. Entonces a ella le picó la curiosidad, y me dijo que me podía dar un entrenamiento rápido para intensificar mi sensibilidad todavía más. Obviamente no tuvo que insistir.

    Me prestó una pañoleta y me vendé los ojos. En la primera parte de ese entrenamiento me dijo que me iba a enseñar a ver con el tacto y con el oído.

    La primera consigna fue tocarle la cara para ver si era capaz de detectar si estaba alegre o triste, palpando su boca y sus mejillas. Después me hizo acercar mi oído a su cara para ver si podía darme cuenta si estaba respirando por la boca o por la nariz.

    Esas fueron las pruebas fáciles. Después vinieron las difíciles. Yo tenía que dejar mi mano floja y Anto me iba a hacer tocar distintas cosas. Y yo tenía que adivinar qué era lo que tocaba, pero tenía que descubrirlo al primer contacto. No valía manosear.

    Así me hizo tocar su pelo, su oreja, su lengua, su ombligo. Venía adivinando todo bien, hasta que me hizo tocar algo blando y un poco rugoso que no supe qué era. Después me dijo “ahora vas a volver a tocar lo mismo, pero lo vas a notar un poco cambiado. A ver si te das cuenta de qué es”. Cuando lo volví a tocar, ya no estaba blando, y estaba bien claro qué era.

    “¿Te toqué un pezón?”, le pregunté, sorprendida.

    “¡Exacto!”, me dijo toda contenta.

    Empecé a sentirme un poco confundida. No sabía si había hecho eso nomás de jodona, si para ella era algo re normal tocarle una teta a otra mujer, o si tenía alguna otra intención. Me puse un poco en alerta, pero no quise demostrárselo. La verdad era que la estaba pasando bien, me gustaba esa amistad íntima con Anto, y la curiosidad por saber qué venía después era mucha como para interrumpir ese momento.

    Sin destaparme los ojos le pregunté si se había sacado la ropa, y me dijo que iba a tener que averiguarlo. Sí, me estaba invitando a tocarla. La sensación de curiosidad se había transformado en una excitación muy rara y muy nueva.

    Extendí mis brazos para tocarla pero ella se apartó. “Con las manos no. Quiero que aprendas a descubrirme como yo descubro a mis clientes”.

    “Bueno, no sé, ¿qué hago?”, le pregunté.

    “Vas a verme usando tu cara. Tu boca, tu lengua, tus mejillas, tu nariz, tus orejas”.

    Iniciamos un juego en el que ella acercaba a mi cara distintas partes de su cuerpo, y yo debía detectar qué era cada una, usando todos mis sentidos menos la vista. Me explicó que ella aprendía a conocer a sus clientes a través de las sensaciones que le transmitían. Aromas, sabores, texturas, sonidos, todo eso se combinaba en su mente para formar una imagen que era mucho más completa que la que hubiera podido percibir con los ojos.

    El juego terminó cuando lo que acercó a mi cara fue su boca, y se encontró con la mía. El hecho de no poder verla me ayudó a no pensar que estaba besando a una mujer. Simplemente me dediqué a sentir ese beso, a percibir las muchas diferencias con todos los besos que había dado hasta ese momento.

    Me aparté y la desafié a que ella me descubriera. Me quité la venda de los ojos, me desnudé y empecé a ponerla a prueba, como ella lo había hecho conmigo.

    Descubrí cómo su ceguera intensificaba sus otros sentidos en el momento en que con su lengua estimuló mis labios vaginales con una delicadeza y una precisión que hasta ese momento no creí que fueran posibles. Me había quitado la venda para ver cómo su boca se impregnaba con la humedad de mi entrepierna. La estaba tomando de la cabeza para que su lengua se metiera más adentro de mí, cuando ella se detuvo, se echó hacia atrás y me dijo “vamos a la cama”.

    Así lo hicimos. Nos acostamos y nos abrazamos. Sus manos recorrían mi cuerpo como si me mirara con los dedos. Nunca había sentido caricias como esas. Probablemente ninguna persona que no sea ciega pueda acariciar así.

    Entre gemidos y susurros le dije que lamentaba no haber llevado mi consolador. Entonces ella sonrió y me dijo que buscara en una caja que tenía debajo de la cama. Revisé la caja, que era como un sex-shop en miniatura. Había consoladores de todos los tamaños y formas. Saqué uno que me impresionó por su curvatura. Anto lo llamaba “el deforme”.

    “Acostate y relajate”, me dijo.

    Me agarró de un muslo para que abriera mis piernas, cosa que hice dócilmente. Tanteó hasta encontrar mi entrepierna y fue deslizando el consolador con suavidad entre mis labios. Dejé escapar un gemido ahogado.

    La forma inusual de ese consolador fue tocando lugares de mi interior a los que un pene normal no podría llegar. Antonella lo movía en círculos mientras me besaba la boca y acariciaba mis pechos. La abracé con todas mis fuerzas y empecé a estremecerme, a la vez que movía mi pelvis para acompañar al movimiento del juguete. Mis gemidos se fueron transformando en gritos.

    De pronto ella se quedó quieta. Mantuvo el consolador apretado en mi interior, pero sin moverlo. Sabía que yo estaba al borde del clímax, y quería que fuera mi cuerpo el que fabricara el orgasmo, que lo hiciera sin ayuda, para que fuera más lento y duradero. Me gustó la idea, así que yo también me quedé quieta, con los ojos cerrados, sin mover un músculo, pero respirando por la boca agitadamente, con mis manos aferradas a sus hombros y mi atención puesta en los rincones de mi vagina que estaban siendo estimulados por el juguete. Desde allí se empezó a gestar un temblor que rápidamente se esparció por todo mi cuerpo, llegando a cada rincón, a cada órgano, a cada célula de mi piel.

    Me sentí presa de un clímax que pareció quedarse suspendido en el aire durante un instante eterno. Mi boca empezó a abrirse y en ella se fue formando un gemido que arrancó como un susurro ronco, y de a poco fue cobrando volumen hasta culminar como un alarido. Abrí los ojos y noté la cara de excitación de Antonella, con su oído atento a mis reacciones.

    Hubiese querido relajarme para saborear la satisfacción de ese orgasmo, pero me incorporé para devolverle el favor a Antonella mientras estaba excitada.

    Le dije que era su turno de acostarse y relajarse. Entonces ella tanteó la caja de consoladores hasta encontrar su preferido, el más grande de todos.

    Antes de introducírselo, quise volverme ciega otra vez, así que busqué la pañoleta y me vendé los ojos. Al tanteo, busqué su entrepierna y fui calzando ese enorme consolador entre sus labios, con la mayor suavidad. Siguiendo sus enseñanzas, puse toda mi atención en sus suspiros y gemidos.

    Moví el consolador con muchísima lentitud. Los ruidos que hacía Antonella me estaban excitando otra vez. Casi sin proponérmelo, con la mano libre comencé a acariciar mis pechos, sin dejar de mover el juguete en el interior de mi amiga.

    Sus gemidos eran como los que hacía cuando estaba con sus clientes preferidos. Significaba que realmente lo estaba disfrutando. Y eso me excitó más todavía.

    Estuve tentada de quitarme la venda de los ojos y mirarla, pero me aguanté. Me acosté sobre ella, sin dejar de empujar el consolador en su interior, hasta que soltó un grito de goce intenso. La besé con la boca abierta, y el grito resonó en mi interior. Nuestras lenguas lucharon enloquecidas.

    Su cuerpo inició un movimiento ondulante y sus gritos se intensificaron. La recorrí íntegramente con mis labios y mi lengua. Abrí sus piernas para poder colocar mi cabeza entre ellas y así lamer la cara interior de sus muslos, a la vez que empujaba el consolador hasta el fondo.

    Las dos gemimos, gritamos, nos tocamos desaforadamente. De pronto sentí que ella cambiaba de posición. Sentí que se colocaba debajo de mí, que agarraba mis piernas y las ubicaba a ambos lados de su cabeza. Quedamos en un 69 perfecto. Empezó a lamerme y a meterme su lengua, haciendo pausas para gritar y gemir. Yo hice lo mismo, mientras intensificábamos nuestros movimientos y gritos, hasta que acabamos las dos al mismo tiempo.

    Me desplomé sobre ella, con mi cabeza apoyada en su pubis, y el mío apoyado en su cara. Me quedé un rato largo jadeando y recuperando la respiración. Tener dos orgasmos seguidos y tan intensos, era algo que no me pasaba todos los días.

    Cuando logré reunir las fuerzas para incorporarme, me senté en la cama y me quité la venda de los ojos. Anto se sentó a mi lado. Sentí ganas de llorar, aunque no sabía por qué. Anto se dio cuenta, me abrazó y me besó en el hombro.

    “Vení, ayudame a preparar el mate”, me dijo para relajar la situación.

    Nos vestimos y nos pusimos a tomar mate y charlar hasta que oscureció. Me hubiese gustado quedarme con ella hasta el día siguiente, pero necesitaba estar sola para pensar.

    Me despedí acariciándole la mejilla y besándola dulcemente en los labios.

    El sexo con Anto no me convirtió en lesbiana, pero sí me hizo más exigente y dejó la vara muy alta para todas las relaciones sexuales que tuve después. Pocas veces volví a sentir sensaciones como las de ese día. Pero esas sensaciones me quedaron grabadas a fuego en el alma, y me basta con recordarlas para encender mis deseos cada vez que busco excitarme.

    Esa noche volví a mi casa sin saber quién era yo realmente. Estuve horas mirándome en el espejo, preguntándome si habría más cosas de mí misma que todavía no había descubierto.

    Quizás se pregunten si soy lesbiana, si soy bisexual, no binaria, o qué. Yo también me lo pregunté a partir de ese día. Y la mejor respuesta que me di fue decidir no ponerme etiquetas. Ni para definir mi sexualidad ni para definir ningún otro aspecto de mí.

    Porque ponerse etiquetas es limitarse. Podría decir “soy escritora”, “soy fotógrafa” o “soy madre”, pero estaría limitándome a ser esa única cosa.

    ¿Si me gustan las mujeres? No, en general no. Sentí atracción por una única mujer. Antonella. A ella le ponen siempre dos etiquetas bien grandes: ciega y puta. Pero no conocí a nadie que pudiera ver la realidad con tanta claridad como ella la ve. Y que pudiera amar con tanta calidez, a pesar de que, por su profesión, necesita que su corazón se mantenga frío e insensible.

    Si querer a una mujer me convierte en lesbiana, en bisexual, en no binaria o en alguna otra cosa, realmente me da lo mismo. Pónganme la etiqueta que quieran.

    Pero yo prefiero que, si me van a poner una etiqueta, que sea una que diga simplemente “Fátima”.

  • Méndez cantautor

    Méndez cantautor

    Entré a trabajar en el Bingo de Mar del Plata, ahí había muchos compañeros y compañeras, todos de mi edad entre 25 y 30, lindos grupos hacíamos, el trabajo era pesado y cuando coincidían, algunos descansos, salíamos a cenar y bailar.

    Méndez era rubio bonito, desde el primer día se puso pesado con Migo, que mis ojos, que mi sonrisa, pasaron como 2 meses, todo marchaba tranquilo. Cumpleaños de una de las chicas. Cena y baile en un bar que frecuentábamos, había bandas y grupos, estaba bueno.

    Yo trabajaba al día siguiente, así que salía un ratito, mi novio Iván salía de trabajar, cómo a las 2, así que pensé en regresar a esa hora más o menos. Ivan como siempre la noche anterior, que te vas a poner, que bombacha y quién te gusta de los chicos, a quien le vas a coger en tu primer salida, me tocaba como siempre y terminaba con varios orgasmos, diciendo que vería, no sé. La promesa íntima, de que si se presentaba la oportunidad, confíe en que podía hacer lo que quiera.

    Mesa grande éramos como 14, cena simple, tomé un poco de vino y un Dr. Lemon que era lo habitual en mi. Termina la cena comienzan a juntar las mesas y correr para la pista, de frente al escenario, Méndez se sube y canta, de Franco de Vita, te Amo. Bastante bien, se baja entre aplausos, me encara y me come la boca con un beso. Yo helada, llena de vergüenza, rodeada de los compañeros, todos nuevos, me quedé dura, devolví en parte el beso.

    Me llevo de la mano a otra parte y siguió intentando besarme, sin mucha suerte, le dije que tenía marido, que no era tan así de golpe, bailamos, me compró otro trago, me dijo que quería darme un beso, que mi lunar, que mis ojos, que mi pelo.

    Yo no sabía cómo evadir, pensando en Iván, accedí a besarlo dos veces, se reía, bailamos como una hora. Vamos le dije, acá no están todos los chicos, tenía un auto rojo y llegamos a casa rápido, era cerca. Estacionó y accedí a besarlo, metió su mano y obvio encontró todo muy mojado, eso le enloqueció, va toda costa quería seguir, me ofreció ir a un hotel, le dije que no, ya sin soltar mi pecho, me besaba, me chupaba y se movía enloquecido, quería ponerla a toda costa.

    Abrí la puerta del auto y me trate de bajar, él se bajó casi saltando del auto, yo abrí la puerta de mi casa y entré al pasillo, muy nerviosa, el entró, cerró la puerta y me estampó contra la pared, me besaba, me metía la mano entre mis piernas, había una escalera, le dije, tranquilo por favor, puede estar mi marido, se calmó, subió dos escalones, me quedé abajo y le abrí el pantalón, comenzó a hacerme el Amor por la boca, todo su miembro, largo y no muy grueso entraba y salía, como si fuera mi vagina, acabó rápido, me tragué el semen y le seguí chupando, con sus quejidos, creo que Iván veía de la ventana de la cocina, que daba a la escalera. Una luz alumbraba ligeramente la escena, me apoyé en el pasamano y Méndez comenzó a penetrarme desde atrás, bombeaba cómo enloquecido, me había subido ligeramente el vestido, me corrió el hilo que tenía y me cogió como 10 minutos. Me acabó nuevamente en mi boca, me tragué su segunda leche. Me volvió a girar y me la metió en la cola, estaba muy excitada y gemir varias veces, miré la ventana de la cocina y sin duda Iván estaba disfrutando ver cómo Méndez cantautor, me metía todo su largo pene en mi culito hambriento.

    Estaba por acabar, me giré y sin dudarlo, se la chupé hasta que descargó su tercera leche, me la tragué y seguí chupándole sintiendo como se ponía flaquita, me incorporé, lo besé, se guardó su pito, le abrí la puerta y me despedí.

    Entré a mi casa y no estaba Iván, llegó una hora después, yo estaba dormida, al día siguiente, le conté, todo lo sucedido y nos pegamos un mañanero impresionante.

    Trabajé 3 años ahí, Méndez fue asiduo visitante de mi cola especialmente. Pero lo mejor fue, la experiencia con 3 compañeros en un boliche. Iván presente y de su mano, la pasé genial.

  • Mi nueva empleada

    Mi nueva empleada

    Y mi relato anterior titulado “La Thalía”. Les platiqué, cómo conseguí a mi primer empleado gay. Y cómo nos la pasábamos bien rico. Yo tengo un negocio de helados, trabajo solo.

    En una ocasión, una joven de muy buen ver, llegó a comprar. Y mientras le despachaba, me preguntó de forma sonriente y coqueta. Usted trabaja solo aquí verdad? Le respondí que sí.

    Me dijo con una sonrisa pícara: ¿y no necesita un ayudante?

    Le miré a los ojos, luego a sus labios y después a sus pechos.

    Le pregunté: ¿buscas empleo?

    Me contestó que sí.

    Le pregunté: ¿Y dónde vives?

    Me dijo: aquí arriba.

    Me sorprendí. Arriba de mi local hay dos departamentos en renta.

    Le dije: ¿hace cuánto rentas aquí? No te había visto.

    Me dijo: acabo de llegar, tengo como dos días rentando aquí.

    Órale,¿ vives con algún familiar? (Yo para descartar cualquier problema con su pareja.

    Me dijo: sola con mi bebé. Pero no encuentro trabajo.

    En ese momento comencé a excitarme.

    Le dije: mira el único empleo que te puedo ofrecer, es de ayudante en las mañanas para preparar la producción.

    Y ya le expliqué el horario Y cuánto le iba a pagar.

    Me dijo: muy bien, ¿cuando empiezo?

    Le dije: mañana mismo si tú quieres.

    A la mañana siguiente llegó muy temprano, a las 5 de la mañana. Su niño de un año se quedó dormido en el departamento. Y ella bajó a trabajar conmigo.

    Los primeros dos días fue puro trabajo. Casi no platicábamos de nada, solo trabajo. Fue ella quien comenzó a hacer las preguntas el tercer día.

    Usted es casado? Me preguntó.

    Yo le dije que sí.

    ¿Y su esposa por qué no le ayuda aquí?

    Yo le platiqué que porque ella tiene otro negocio.

    Ahí quedó la cosa y seguimos trabajando.

    Al cuarto día, ella fue quien con una sonrisa pícara me dijo: me gustaría encontrarme a un hombre como usted así de trabajador.

    Yo solo sonreí, le dije: ya llegará, no te preocupes, eres muy linda, tienes bonito cuerpo, y eres muy trabajadora.

    Ella sonriente me dijo: ¿te parezco bonita?

    Yo le dije: mucho, no entiendo por qué tu esposo no vive contigo.

    Me platicó que ambos eran muy jóvenes y que él no quiso tomar la responsabilidad de padre, así que él, decidió irse a trabajar al extranjero. Dejándola sola para hacerse cargo del niño.

    Mientras me platicaba eso, yo me excitaba cada vez más. Yo tengo 45 años y ella solo 22.

    Tienes unos lindos ojos, le dije.

    Gracias, me contestó.

    Y seguimos trabajando.

    Al quinto día trabajando Me dijo, quiero agradecerle por la oportunidad que me dio para trabajar con usted. Nadie me daba empleo por mi niño. No tengo dónde dejarlo. El dinero se me terminó, y ya no tenía para seguir buscando.

    Eso me conmovió un poco, Y pensé inmediatamente en el niño.

    El día de la paga, le regalé una gran despensa de alimentos. Entre ellos. Le puse pañales para su bebé, leche y otras cosas que el niño ocupaba.

    Ella se sintió tan agradecida, que no encontraba la forma de pagarme tal agradecimiento.

    Yo le dije: no te preocupes. El niño no tiene la culpa.

    Una mañana, llegó muy bien arreglada. Se veía tan espectacular, que me atreví a preguntarle.

    Y ahora a dónde tan guapa?

    No me contestó, solo me miro a los ojos, y avanzó hacia mí de una forma tan sensual.

    Me abrazó, y comenzamos a besarnos.

    Fue tanta mi excitación, que ya no cruzamos palabras y comenzamos un cachondeo tremendo. Su lengua en mi boca me excitaba demasiado, mi erección estaba al 100% . Tanto que casi rompía el pantalón.

    Comencé a mamar aquellos senos tiernos, grandes y jugosos.

    Mis manos volaban hacia sus nalgas respingaditas.

    Me arrodillé frente a ella y comencé a mamarle el clítoris.

    Ella estaba tan excitada, que solo cerraba los ojos y gemía muy rico.

    Ya démelo por favor, suplicaba muy excitada.

    Se dio la media vuelta y se recargó sobre la mesa abriendo las piernas, esperando ser embestida por mi fierro que ya estaba en su máximo esplendor.

    Me saqué el falo para penetrarla, pero recordé que no tenía preservativos. Entonces le dije: solo puedo hacértelo anal.

    Me dijo: está bien, pero déjame lubricarlo. Se dio la media vuelta y se inclinó frente a mí, comenzó a darme unas deliciosas mamadas de ensueño.

    Ver aquella boquita angelical mamándome, me excitó aún más.

    No quise venirme en su boca, aún no.

    Le ayudé a incorporarse, le di la media vuelta, la recargué frente a la mesa, y me incliné atrás de ella para lamerle el culo, le di una rica mamada anal, que solo se retorcía de placer.

    Ya démelo, por favor, suplicaba excitadamente.

    Me ensalive el fierro y lo acerqué a su hoyito. Poco a poco fui penetrándola, solo escuchaba sus gemidos de dolor. Con una de sus manos intentaba separarme. Pero después se relajaba y se hacía hacia atrás, devorándose todo mi miembro, poco a poco. Mi fierro se hundía en ella como una barra de mantequilla En un sartén.

    Con mis manos acariciaba sus dos preciosos senos. Mis pantalones y los suyos, se encontraban hasta los tobillos.

    Poco a poco comencé un rico vaivén.

    Suave, suave, me suplicaba, con los ojos cerrados y mordiéndose los labios.

    Poco a poco se fue acostumbrando a mi fierro, hasta que ella sola comenzó un delicioso vaivén.

    Con una de sus manos, comenzó a masturbarse, mientras el otro seguía recargado sobre la mesa.

    Así, así. Decía, mientras se masturbaba y se hacía para adelante y para atrás adelante y para atrás, con un ritmo cada vez más frenético.

    El sonido que provocaba el choque de sus nalgas y mi pelvis, nos excitaba aún más.

    No tardó en alcanzar un enorme orgasmo.

    Sus gemidos, sus movimientos, y lo apretado que tenía el ano, hicieron que me viniera inmediatamente dentro de ella.

    Dándole una embestida salvaje, olvidando que era su primer sexo anal.

    Cuando llegué a la eyaculación.

    Sentí que le aventé como un litro de espermas.

    Mis piernas quedaron temblorosas. Y la abracé.

    Permanecimos un momento así. Hasta que mi fierro comenzó a perder erección.

    Cuando mi pene salió totalmente de aquel delicioso hoyo de placer.

    Me dijo: En mi bolso, traigo toallitas de bebé, pásame unos y límpiese también.

    Ella se limpió la vagina y el recto.

    Yo me limpié totalmente el pene.

    No dijimos nada. Ella se subió los pantalones, se acercó a mí, me abrazó, me besó tiernamente, me miró a los ojos con sus brazos rodeando mi cuello y con una sonrisa sensual.

    Me dijo casi susurrando: Gracias.

    Desde aquel día se volvió mi empleada y mi amante.

    Al niño no le falta ropa, juguetes ni comida. De eso me encargo yo.

    En cuanto a nuestra relación, solo sexo anal y sexo oral. Nada más.

  • El peluquero de mi novia

    El peluquero de mi novia

    ¡Hola! En esta oportunidad les vengo a contar una experiencia que vivimos el año pasado con mi novia Cami, para los que no nos conocen les recomiendo leer mis otros relatos primero para conocernos un poco más.

    Hacía rato con mi novia veníamos con la fantasía de hacer un trío en un hotel, para lo que uno debería entrar escondido en el asiento trasero del auto, resulto que quisimos agregarle un poco de morbo a lo que íbamos a hacer y decidimos que tenía que ser con un desconocido, ya que con nuestros amigos habituales no tendría mucha gracia.

    Empezamos a buscar un candidato y luego de descartar a varios conocidos, nos encontramos en la lista al chico que le corta el pelo a Cami en su salón, su nombre es Matías, ella me comentó que la atendió varias veces y le parecía muy lindo, alto, flaco y musculoso, pelo castaño oscuro y ojos verdes, 24 años. Me contó que tenían pequeñas charlas en la peluquería pero nunca llegaban a nada… le insistí que él sería buen candidato si es que a ella le gustaba y que busque la forma de invitarlo. No tardó ni una semana que ya había conseguido su número con la excusa de hacerse unos tratamientos en el pelo que llevaban varias horas y se los podía hacer a domicilio. Organizaron para verse la semana siguiente.

    Ese día llegó y yo los dejé solos mientras él hacía su trabajo, Cami me conto que le ofreció algo de tomar y fueron entrando en mayor confianza hasta llegar a tomar unos tragos con alcohol, paso la tarde y llegó la noche, 21hs aproximadamente, yo volví a casa y ya habían terminado con el pelo, ellos hablaban, Matías casi sobrio pero Cami se notaba entonada, la dejé seguir bebiendo un rato más y luego le ofrecí a Mati llevarlo a su casa, nos fuimos al auto y Cami se llevó una botella por la mitad de vodka. Ya en el auto Mati se notaba un poco tímido pero aun así le seguía los chistes a Cami que bebía largos tragos de vodka para tomar valor, ellos hacían chistes sobre su borrachera y yo conducía sin rumbo porque ni le había preguntado a Matías dónde vivía, conducía despacio por calles vacías ya cerca de las 22 h y preguntaba de a ratos, “que hacemos? A dónde vamos?”. “No sé, no se…” respondían, hasta que la cuarta o quinta vez que pregunte «a dónde vamos?».

    Cami me respondió como en chiste, «al telo vamos» (hotel) jajaja todos reímos y yo para no dejarlo como chiste agregué un «bueno dale» «dale vamos» dijo ella y Mati sonrió y también se sumó «sii vamos, ya fue»… no perdí más tiempo y me dirigí a un hotel, era uno de esos que te atienden por teléfono y cámaras, así que le dije a Mati que se oculte en el asiento de atrás por si acaso no nos quisieran dejar entrar. Entramos! Cerré las cortinas que tapaban el auto y de a uno nos metimos en la habitación sin que nadie nos vea.

    Habitación con jacuzzi, lo puse a llenar mientras con Mati agarramos a Cami al costado de la cama y empezamos a besarla y tocarla, él por delante le comía la boca y le tocaba las tetas mientras yo por detrás acariciaba su espalda y tocaba su culo, ella suspiraba con fuerza y ya parecía haber perdido el efecto del alcohol… Mati le saco su remera mientras yo le desprendí el corpiño y lo deje caer para que él viera sus tetas, se excito mucho y empezó a chupárselas mientras Cami empezaba a gemir… por debajo ella tenía una pollera de jean negra que empecé a desprender y a bajársela mientras me arrodillaba detrás de ella y besaba su culo que ahora solo tenía una pequeña tanga negra muy sexi.. le quite la pollera y Mati empezó a tocar su conchita por arriba de la tanga, yo seguía besando su culo y note como ella separaba de a poco las piernas para dejarlo entrar por delante con más facilidad.

    Ella empezó a desabrochar el pantalón de Mati y lo dejo caer hasta sus rodillas, mientras lo tomaba de la cintura y acariciando su bóxer se fue agachando buscando sentarse al borde de la cama y empezó a pasar su lengua sobre el bulto de Mati.

    Yo me aparté y me recosté en la cama a observar, quería ver bien de cerca como mi novia le hacía sexo oral a un desconocido. Y así fue que le bajó el bóxer y empezó a lamer la punta de su pene mientras con su mano derecha le agarraba los huevos y los apretaba y con la mano izquierda rodeaba su cintura y lo agarraba del culo. Mati enseguida la tomo de los pelos y la llevo a marcarle el ritmo, primero despacio y solo metiéndole la punta de la pija en la boca, pero en unas pocas embestidas le empezó a meter toda la pija hasta la garganta, la hacía ahogar por momentos y ambos gemían al ritmo cada vez más rápido mientras Cami le comía la pija y apretaba sus huevos. Yo desnudo acostado viéndolos a un metro de ellos con la pija parada esperando que Cami decida que hacer, unos minutos después ella se dio vuelta y me busco para chupármela, empezó de manera muy frenética y se quedó en 4 patas con el culo hacia Mati como pidiéndole a gritos que por favor la cogiera.

    Él no perdió tiempo y busco un condón, se lo puso rápidamente y agarro a mi novia de la cintura empomandola con la primer embestida, ella temblaba completa y me apretaba la pija mientras me la chupaba, pronto la empezó a coger tan fuerte que no podía mantener mi pija en la boca de Cami, así que agarraba su pelo y apretaba su cabeza de costado contra mis huevos, yo seguía acostado, ella en 4 y Mati cogiéndola por atrás, entonces empecé a hablarle «te gusta mi amor?» «Te gusta como te coge Mati?» «Te gusta la pija de Mati no?» «Pedile que te coja más fuerte!» Todo esto la ponía cómo loca y Mati la cogía más fuerte, rebotaba contra su culo y ella le decía «ay me encanta, seguí, cogeme más fuerte dale» «Me encanta como me coges, me encanta tu pija Mati, metemela toda».

    No pude aguantar verla así y me levanté antes de acabarme encima, y me fui a ver si ya estaba listo el jacuzzi, los dejé en esa posición cogiendo solos mientras yo los miraba a unos metros. Me senté en el borde del jacuzzi mientras probaba el agua y estaba a 2 metros de la cama viendo de atrás a Mati como se cogía a mi novia en 4 patas, me encantaba ver esa escena desde ahí, luego él la acostó boca abajo y se subió encima de ella haciéndole que levante el culo y volvió a cogérsela por la concha contra la cama. Yo desde atrás veía perfectamente como asomaba la concha de Cami toda mojada e hinchada y Mati le metía la pija hasta el fondo hasta hacerle rebotar sus huevos en los labios, ella gemía casi gritando y en pocos minutos tuvo un orgasmo muy fuerte y Mati no paro de cogerla, lo que la llevo a otro orgasmo seguido… luego el acabo dentro de ella y finalmente pararon a descansar mientras yo terminaba de acomodar el jacuzzi como un buen cornudo que se calienta viendo como se cogen a su novia.

    Nos metimos los 3 al jacuzzi, lleno de espuma, era bastante fantasioso, le llene las tetas de espuma a Cami y empecé a cogerla bajo el agua, luego se puso en 4 y empezó a chuparle la pija a Mati que estaba sentado en el borde del jacuzzi con las piernas abiertas, le hundía la cabeza en su pija haciéndole garganta profunda mientras yo la cogía por atrás, fue hermoso verla así toda mojada llena de espuma bien atragantada con la pija de su peluquero. Luego ella se arrodilló frente a nosotros en el agua y nos masturbo a los 2 juntos pidiéndonos que le acabemos en la cara y en las tetas… yo acabe primero y se lo di en la cara y el resto en las tetas, Mati acabo después y pude ver cómo le dio un potente chorro de semen directo en la boca abierta de Cami que lo saboreo con muchas ganas, luego nos chupo las pijas a ambos para limpiarnos lo que había sacado y nos empezamos a bañar para irnos, ya que no teníamos mucho tiempo.

    Sinceramente me gustaría haber probado hacer más cosas ahí adentro, pero el tiempo no nos alcanzó, aunque no descartamos volver a hacerlo, tal vez con otra persona. Aun así me quedaron estos recuerdos que me despiertan mucho morbo, de ver cómo se cogen a mi novia delante mío.

    Espero les haya gustado.

    Saludos.

    Dario

  • Mi primera vez con una embarazada

    Mi primera vez con una embarazada

    Fue en un mes de septiembre, ella era una mujer de cabello largo y negro, estatura media, de ojos color café oscuro, de piernas gruesas y una nalga redonda… Sus senos habían pasado de talla 36 a 34 ¿la razón? Ella tenía 6 meses de embarazo.

    Hacía meses no nos veíamos dado que estábamos en ciudades distintas, pero aun así dialogamos frecuentemente. Una vez fui a la ciudad donde ella estaba residiendo y le llamé a ver si podíamos vernos y ella accedió. Debo decir que si bien estaba embarazada se veía muy muy linda y sexy. De entrada me impresionó lo bien que se veía dado que ella me había comentado que no se sentía tan linda últimamente y vaya que estaba errada en ese comentario. Nos vimos a la hora del almuerzo, en un restaurante de comida italiana (a ella le encantaban las pastas) y por ello decidí invitarla a ese sitio.

    Ella pidió unas pastas fetuccini con salsa carbonara, ensalada y un filete de salmón y un jugo de frutos amarillos. Yo en cambio pedí unos canelones de pollo y champiñones y una copa de vino. Comimos en ese lugar y ella me había dicho desde hace tiempo atrás que deseaba conocer una nueva heladería italiana que habían inaugurado y no había podido ir entonces luego del almuerzo y posterior a la cita médica de control prenatales fuimos a Antonia’s Gellateria.

    Mientras disfrutábamos de nuestro delicioso helado artesanal italiano, ella comenzó a sonreír sin motivo alguno, y le pregunté que había pasado y ella me dijo (…) Es que me acabo de acordar de lo que dijo la médica… Que si tú y yo éramos esposos… Te pusiste nervioso… Y ella luego dijo que pena mi imprudencia es que hacen bonita pareja… Y ella seguía sonriendo y…

    En ese momento le dije (…) Si es cierto me puse nervioso (…) -pero ella no sabía que me gustaba mucho- y te confieso que a pesar de no haberte visto durante mucho tiempo te vi más linda que la última vez que te vi y ello a pesar que dices que no te sientes linda desde el embarazo (…)

    Ella quedó en silencio se sonrojó mucho, y agachó la mirada y yo me excuse de lo dicho no quería incomodarla y cuando puse mi mano en su rostro para así mirarla nuevamente me dijo (…) Yo también he sentido cosas por ti (…) E -hizo una pausa – quería verte para saber si aún sentía cosas por ti (…) Ella estaba soltera desde hace cuatro meses y yo estaba divorciado desde hace cinco años (…)

    Hubo un silencio incómodo por un tiempo solo nos mirábamos hasta que ella se decidió y me dio un beso (…) Y me dijo hace tiempo deseaba besar tus labios (…) Y si sé que estoy embarazada y tal vez no desees ver mi cuerpo desnudo dado que seguramente anhelas mi otro cuerpo y yo la interrumpí y le dije yo te deseo sin importar si el estado en el que estás y empezamos a besarnos y ella que vivía sola en un apartamento de hace ocho años me dijo que estaba dispuesta que pasaran más cosas y me dijo lo has hecho con una embarazada? Y le dije que no y me dijo, hoy será tu primera vez si en verdad me deseas hoy me conocerás desnuda.

    Y así fue, fuimos a su apartamento, antes de ingresar de prender el carro comenzamos a besarnos en el carro, y ella me tomó mi mano izquierda y se la llevó a su vagina, oh sorpresa estaba supremamente mojada, no me esperaba que estuviera así y ella me dijo mira como me tenés.

    Su apartamento quedaba cerca al lugar donde estábamos así que llegamos pronto, una vez ingresamos al apartamento, ella me dijo que me sentara en el sofá, y que si deseaba vino o cerveza le dije que vino estaba bien, ella me sirvió una copa de vino tinto y me dijo que la esperara que iba a la habitación a dejar los documentos del examen, pero cuando regresó. Vino con una bata color negra, transparente y una diminuta tanga que con sus nalgas se veía muy pequeña, se veía muy sexy.

    Y empezamos a besarnos suavemente sin prisa, ella llevó su mano a mi verga y sintió que yo estaba muy erecto, que ya estaba excitado, mientras ella hizo ello, yo poco a poco comencé a quitar su blusón y por primera vez tenía sus grandes senos frente a mi sin nada que ocultara su tamaño real era muy lindos, redondos, con pezones color café claro, ella empezó a acariciarlos y me dijo te gustan? Y dije si por supuesto y dijo que esperas para chuparlos y empecé a chuparlos lentamente, yo quería hacerle el amor, quería ir despacio sin prisa y recorrió cada rincón de sus bellos y grandes senos y luego baje a su zona abdominal la acaricie suavemente y con varios besos y llegué a su vagina, le corrí un poco al lado izquierdo y ella me dijo estoy lista para ti.

    Ella estaba de pie y yo en el suelo empecé chupar y lamer su húmeda y muy caliente vagina, estaba muy muy caliente mientras metía mis dedos en su vagina y chupaba su clítoris ella se estimulaba su senos, dos dedos de mi mano derecha estaba dentro de su vagina y mi mano izquierda estaba acariciando su culo grande, sentía cada vez más fuertes sus gemidos, sentía que se miraba más y más, hasta cuando me dijo me voy a venir no pares y yo hice justamente lo que me pidió, seguir chupándole, seguir acariciando su vagina con mi lengua, con mis labios, con mis dedos hasta que ella se vino en mi boca ella temblaba, su piel se erizó completamente y cuándo ya dejó de temblar, me dijo que rico me chupaste, me encantó.

    Ahora es mi turno, dijo ella, me bajó el jean y comenzó a acariciar mis piernas con ambas manos y me dio una nalgada fuerte con su mano derecha, me quitó la camisa y empezó acariciar mi pecho mientras me besaba ya no eran besos lentos eran besos muy intensos. Yo sentía que ella estaba esperando que se diera este día, sentía que estaba sedienta de mi así como yo de ella y empezó a chuparlo, comenzó a besarlo, desde la base del pene y lo lamía todo y se lo llevó a su boca primero comenzó a besar el glande y luego me dijo tenés una verga grande y gruesa y se la empezó a tragar lentamente, sin prisa pero con una habilidad erótico y sensual única y empezó a chupármela, mientras me chupaba acariciaba mis piernas y bolas… Que rico se sentía y luego de un rato de chuparlo me dice… Sabes, quiero montarme y sentirla toda dentro de mi. Y así fue.

    Ella se puso de espalda a mí y empezó a cabalgar, que rico se sentía entrar en esa vagina caliente y húmeda, mientras ella se movía hacia adelante y hacia atrás y yo veía esas nalgas grandes como se movía, acariciaba sus tetas… Que rico se movía… Ufff… Mmmm… Que rico se siente me decía. Y luego lo sacó y me dijo vamos a mi cama quiero que me lo metas de lado y así fue entramos a su habitación y ella se acomodó y se puso de lado y empecé a metérsela en esa posición que ella había elegido, me movía suave y luego rápido mantenía un ritmo y luego le dije quiero hacerlo sentado y me senté en al borde de la cama y la puse de espalda y le dije ahora soy yo quien llevará el ritmo.

    La tomé de sus manos las lleve un poco hacia atrás y empecé a darle duro, ella gemía intensamente. Y su gemido se mezclaba con el sonido de sus nalgas al golpear con mi zona genital, le di duro, me gustaba como ella gemía y cómo pedía que le diera duro hasta cuando sentí que estaba por venirme y ella antes de ello me dijo no te vengas quiero que me eches tu leche en mi boca y así fue. Al sentir que ya estaba por venirme, le saque mi verga y ella comenzó a chuparla y así terminé de pie al borde de la cama y ella sentada agarrando con ambas manos mis nalgas y chupando y tragando cada gota de leche de mi verga dura, grande y gruesa.