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  • La interminable noche sexual de Año Nuevo (parte 4)

    La interminable noche sexual de Año Nuevo (parte 4)

    -Chicas, con Diego vamos a sacarnos el gusto a cloro, dije y tomé de la cintura a mi amante para salir de la pileta, como si fuésemos novios.

    Me siguió, lo hice subir primero por la escalerilla, para lamerle el culo y mordisquearle los glúteos y nos fuimos a la ducha que había cerca. Era una suerte de poste con dos lluvias contra puestas a cada lado.

    -Ahorremos agua, le pedí y abrimos un solo grifo para bañarnos juntos.

    Nos enjabonamos mutuamente con gel de baño, él profundizando en mi culo y yo en sus genitales sobándole generosamente su pija empinada de nuevo.

    -¡Sos un potro! Estás siempre al palo, no se te baja nunca, le dije y lo atraje hacia mí para comerle la boca apasionadamente.

    Mientras lo tomaba de la cabeza para el morreo, él se apoderaba de mis nalgas y las masajeaba empujándome contra su cuerpo. Estuvimos así varios minutos dándonos profundos lengüetazos y girando hacia un lado y hacia otro como poseídos, sin dejar de acariciarnos y sobarnos el culo y la pija.

    Tuvimos que despegar nuestros labios para respirar y recuperar aliento, aproveché para enjuagarlo bien y empecé a lamerle el cuello, los pectorales, mordí suavemente sus pezones erectos, lamí uno por uno sus abdominales, me comí su perfecto ombligo ovalado, casi femenino, hasta que llegué a su glande rosado, brillante y palpitante que chupé con mucha dulzura al principio y luego me lo comí con avidez, tratando de engullirme la mayor parte de su tronco venoso y recto como un mástil. Lamí, chupé, saboreé y tragué su hermosa pija haciéndolo estremecer de placer, mientras le iba metiendo el dedo índice en el orificio de su ano que tanto deseaba gustar.

    Me tomó suavemente de la cabeza para cogerme por la boca y empezó a menearse al compás de mi masaje anal, al que ya había sumado mi dedo medio. Lo dejé hacer para dilatar más su precioso culo virgen, mientras me comía el apetitoso manjar de su pija siempre dispuesta, mirándolo a los ojos como pidiéndole cada vez más y él me daba más y más.

    Se picaron las chicas, que habían estado reposando y vinieron por lo suyo, ávidas de poronga, como yo. Se arrodillaron las dos y me hicieron a un lado para compartir el miembro del semental, al tiempo que yo me paraba a desgano dejándoles lugar y volviendo a apoderarme de la boca generosa de Diego frenéticamente.

    Él tenía las manos ocupadas empujando las cabezas de las chicas que le estaban chupando la pija con ansia, así que me coloqué detrás suyo para apoyarle mi poronga entre sus glúteos y besarle el cuello, los omóplatos, le lamí la columna vertebral de arriba abajo y de nuevo hacia arriba provocándole escalofríos que le ponían la piel de gallina, mientras no dejaba de jadear por la tremenda mamada que le daban entre las chicas.

    Mi lengua jugueteaba en su espalda hasta que siguió de largo metiéndose entre sus firmes y redondas nalgas que separé para lamer en círculos su rosado orificio que ya había trabajado con mis dedos haciendo que inclinase un poco su torso hacia adelante lo que aproveché para meterle la lengua lo más adentro que pude dentro del ano, entrando y saliendo varias veces, mientras él me tomaba de la cabeza para empujarme más adentro de su culo, que yo seguía perforando lingualmente con apetito voraz.

    Se meneaba como una anguila para recibir mis lengüetazos y cogerse por la boca a las chicas, lo que me puso como un burro, así que me alcé de nuevo y apoyé mi glande en su ano virgen y empujé suavemente para ir metiéndolo muy despacio, centímetro a centímetro, al tiempo que Diego daba un respingo, jadeaba fuertemente por la doble chupada de las chicas y porque mi pija se deslizaba dulcemente en su interior hasta que pude atravesar su esfínter y meterla toda sin provocarle más que estremecimientos y gemidos ahogados.

    Me quedé quieto un par de minutos dejando que él se menease solo hasta que pude iniciar mi mete y saca acompasado a su ritmo, sin forzar la situación. Giró su cabeza para mirarme a los ojos con lujuria, lo besé con furia apasionada y lengua ávida, me retribuyó con ganas y aceleró sus meneos, volviéndome loco de gusto. Lo tomé de la estrecha cintura y empecé a embestirlo al compás de sus movimientos sintiéndome en el paraíso al ver menear su culo a un ritmo cada vez más rápido y más a fondo.

    Las chicas parecían atragantarse con la cogida bucal, pero no soltaban su prenda, tragándosela una a la vez o las dos al mismo tiempo, besándose con la pija en el medio o entre ellas desaforadamente. Estuvimos largos minutos cogiendo y mamando los cuatro, gimiendo, jadeando y bufando como potros y yeguas en celo, aprovechando que ya habíamos tenido varios orgasmos esa noche y buscando que ese momento sexual durase mucho más de lo acostumbrado, que puede haber sido un cuarto de hora, fácilmente, hasta que, seducido por el meneo de su cuerpo perfecto, mi pija entrando a fondo y casi saliendo de su ano ya dilatado y acomodado como una funda a mi poronga, no pude aguantar más y eyaculé media docena de espasmos en el culo de Diego.

    Éste acabó en las bocas de las chicas que chuparon su semen como si fuera un néctar de los dioses, besándose y compartiéndolo entre ellas y volviéndolo a chupar hasta dejárselo bien limpio. A mí se me aflojaron las piernas y tuve que apoyarme sobre su espalda sin salirme de su desvirgado y precioso culo, murmurándole al oído que era un potro hermoso, que fue el mejor polvo que me había echado en la vida y que verlo solamente me provocaba oleadas de placer.

    Se giró para besarme de nuevo en la boca largamente con mucha dulzura y me dio las gracias porque nunca había pensado que le produjera tanto gusto que lo cogieran por el culo. Le dije que había dejado a las chicas despatarradas por la polenta de su pija incansable y que era nuestro semental. Nos lavamos y enjuagamos de nuevo, cada uno con la pareja del otro, con besos, caricias y morreos incesantes, hasta que una suave brisa nos causó frío y tuvimos que secarnos, taparnos con las toallas y descansar en las reposeras, agotados por el frenesí sexual de la noche de fin de año y año nuevo.

  • Flor y Carlos

    Flor y Carlos

    El cumpleaños de mi novia estaba por llegar. Nos habíamos cambiado hacía poco de ciudad, por lo tanto, lo pasaríamos solos.

    De todas formas, el pastel no podía faltar, se puso a buscar una pastelería cercana. Encontró una e hizo su encargo por Whatsapp, estaría listo para el día siguiente. Fuimos a recogerlo. Llegamos a la tienda y nos atendió una chica venezolana, fue bastante amable, aunque algo cortante. Para nuestro pesar, ella nos dijo que nuestro encargo estaba disponible en la otra sucursal. Nos molestamos, no teníamos auto, hacía bastante calor y no nos quedaba cerca. La chica se lamentaba porque efectivamente nadie nos había comunicado que el retiro no era en la sucursal principal.

    Ella hizo una llamada y nos dijo: “les van a traer su pedido, tomen asiento, en unos minutos ya debe estar acá”.

    Le dimos las gracias y nos sentamos a esperar.

    Pasan 10 minutos, llega un tipo en moto, nos entrega el pastel, nos pide las disculpas del caso y nos vamos.

    Llegamos al departamento, servimos la mesa, abrimos la torta y nos damos cuenta de que no es lo que pedimos y peor aún, es del sabor más odiado por mi novia.

    Ella envía un mensaje a la tienda con una foto del pastel bastante molesta. La respuesta no se hizo esperar, nos quedaron de enviar la torta y nos hicieron un gran descuento para la siguiente compra.

    Pasaron 30 minutos y le llega un mensaje a mi pareja avisando que ya estaban en nuestra dirección. Bajamos y estaba la chica que nos atendió, acompañada del tipo que nos trajo el pastel en moto. Se disculparon, estaban con mucho trabajo y nos prometían una atención especial si decidíamos comprar nuevamente ahí.

    Nos fuimos a celebrar, comimos pastel, quedamos bastante conformes, estaba delicioso. Luego del enojo, mi novia les envió los agradecimientos por mensaje, ellos la recibieron de muy buena forma.

    Llegó el fin de semana, salimos a un bar. De repente me doy cuenta de que alguien me saluda de lejos, no los reconocí para nada, ellos se acercaron hasta nuestra mesa y nos dimos cuenta de que era la misma pareja de la pastelería.

    Se veían muy bien, muy diferentes, ella usaba un vestido largo hasta los muslos, color negro. El vestía una camisa y jeans. Nos costó bastante reconocerlos, hasta que los escuchamos hablar.

    Se presentaron, “somos Flor y Carlos”, nos dijo la chica, ¿nos recuerdan cierto?

    Yo: “si claro, nosotros somos Belén y Eric”.

    Carlos: “este lugar es muy bueno, nosotros hemos venido varias veces”.

    Flor: “les molesta si nos sentamos con ustedes?”.

    Vi la cara de mi pareja, estaba cansada y quería irse pronto, pero ella misma les contestó: “si no hay problema”.

    Intercambiamos historias, nos contaron de su relación, de sus trabajos y nosotros de la nuestra. Eran bastante buenos para conversar, sobre todo Flor. El tiempo se nos pasó bastante rápido, lo pasamos bastante bien con la compañía, pero era tarde, estábamos cansados y decidimos irnos.

    Al llegar a la casa miro mi teléfono y veo 2 solicitudes de amistad, una de Flor y la otra de Carlos, le preguntó a mi pareja y me dice que ellas se habían agregado mientras conversaban.

    Nos fuimos a la cama y tuvimos una muy buena cogida de celebración.

    Al terminar de coger, reviso mi celular y veo un mensaje de Flor diciendo: “espero hayan cogido rico”. Preferí no decir nada a mi novia, dejé el mensaje en visto y me fui a dormir.

    Despertamos, tomé mi celular, pero ya no vi el mensaje, seguramente Flor lo había borrado avergonzada.

    En la semana Carlos me habló por si teníamos planes el fin de semana, le dije que sí, teníamos que ir a visitar a familiares. En el transcurso del día seguimos conversando temas variados. Tipo 11 pm, me dice que ya está por irse, que Flor lo está llamando para coger.

    Yo: “que lo pasen bien”.

    Carlos: “ustedes van a coger esta noche?”.

    Yo: “no lo creo, tuvimos un día agotador y estamos cansados”.

    C: “qué lástima, inspiración no creo que te falte, tu chica está bastante buena”.

    Me sorprendí de sus palabras y me quedé algunos minutos sin contestarle, para luego responder: “gracias”.

    Quedé pensando si contarle o no a Belén sobre aquellos mensajes algo más subidos de tono.

    Al día siguiente decidí contarle, se sorprendió. Después la noté algo molesta, pero nos olvidamos del tema.

    Pasaron algunas semanas y quisimos ocupar el descuento que nos prometieron en la pastelería, fuimos a ver Flor. Elegimos el pastel. Flor nos dijo que cerraría unos momentos y que la esperáramos algunos minutos, nos dio a probar una receta nueva que estuvo diseñando, estaba bastante delicioso el sabor. Nos fuimos y quedamos en hacer algo el fin de semana.

    Por chat las chicas comenzaron a buscar opciones. Quedaron en ir un hotel spa que incluía masajes, tinajas, etc. Íbamos por 1 día y 1 noche.

    Mi chica estaba algo dudosa con que bikini llevar, no había demasiada confianza con ellos, pero considerando los masajes y las tinajas era mucho más cómodo optar por algo pequeño. Además, sin que se diera cuenta, le guardé en el bolso uno más pequeño aún, el cual usó una vez en unas vacaciones que nos dimos en el caribe hace algunos años.

    Después de una semana agotadora llegó el día, viajamos todos juntos en el auto de Carlos, ambas chicas iban similares, con vestidos cortitos hasta la mitad del muslo.

    Mi novia mide 1.60, es de piel blanca, tiene el cabello liso y de color castaño claro hasta la mitad de la espalda, unas piernas largas y muy buenos muslos, ideales para agarrar. Trasero grande a comparación de su cintura, y sus senos son un poco más grande de lo que pueden abarcar mis manos. De cara es hermosa.

    Flor es un poco más alta que mi novia, morena, cabello oscuro y crespo. Muy buenas piernas, muslos un poco menos gruesos que mi novia, pero muy sensuales. Si bien su trasero es pequeño, es muy bien formado. Lo más espectacular de su cuerpo son sus tetas, bastante grandes y al verlas parecen operadas, pero luego comprobamos que no lo eran.

    Ambos vestidos eran similares, floreados y con un leve escote.

    Con Carlos íbamos de camisa y short, muy simples. Yo mido 1,70, de contextura delgada y piel blanca. Carlos, algunos centímetros más alto que yo, moreno y sin ser para nada gordo era considerablemente más grueso que yo.

    Entramos y optamos por comenzar en la sala de masajes, pero antes fuimos a conocer nuestras habitaciones, eran continuas, pero totalmente separadas. Nos duchamos rápidamente y bajamos.

    Flor y Carlos nos esperaban ubicados sobre las camillas de masajes con una toalla sobre ellos esperando a ser atendidos.

    Nosotros bajamos en bata y bajo ella estábamos vestidos como si fuéramos a la piscina (Belén en bikini y yo en short). Entraron 2 hombres para atender a las chicas y para nosotros entraron 2 mujeres. Nos dijeron que nuestro masaje era de 30 minutos. El tiempo se pasó volando y creo haberme dormido por algunos minutos.

    Al terminar la sesión nos dijeron que estábamos en libertad de acción por 20 minutos, nos recomendaban esperar para que nuestros cuerpos se fueran temperando y añadió un: “están en la privacidad de su casa”.

    Flor le dijo a Carlos: “puedes seguir mi masaje?”.

    Carlos siguió instrucciones, masajeó las piernas de Flor, subiendo hasta su trasero. A continuación, se acercó a ella y la besó apasionadamente, con nuestra atenta mirada. Mientas me acerqué mi novia y empecé a tocar sus piernas debajo de la toalla.

    Flor: “disculpen, con el masaje quedé prendida”.

    Carlos: “ambos quedamos, ustedes no?”.

    Belén: “¿será verdad el tema de la privacidad? ¿No habrá alguna cámara o algo?”.

    “Eso nos dijeron”, decía Flor mientras pasaba su mano sobre el bulto de su esposo.

    Ellos se comenzaron a besar fogosamente sin parar y al mismo tiempo que el tocaba sus tetas, Flor metió su mano bajo la ropa de Carlos.

    La escena era bastante morbosa y mi erección era tremenda, puse la mano de mi pareja sobre mi verga, ella avanzó un paso metiendo la mano bajo mi short.

    El ambiente estaba muy caliente, pero todo se detuvo cuando escuchamos la puerta. Nos ordenamos la ropa y dejamos pasar al personal. Nos retiramos al comedor.

    Aparte de comer, bebimos varias copas de vino. Fuimos soltando la lengua, y ya con mucha más confianza nos contamos anécdotas de todo tipo, nos reímos mucho. Ya algo alegres, decidimos ir a la piscina temperada.

    Con Carlos fuimos los primero en entrar a la piscina.

    Mi novia se quitó la bata y ante la atenta mirada del resto, estaba usando su bikini más pequeño, el que yo mismo le había guardado a escondidas, eso me sorprendió mucho. Antes de que entrara a la piscina, Flor la toma de su mano, y la hace dar una vuelta, apreciamos su cuerpo y lo espectacular de su trasero. Carlos estaba con la mirada fija en mi novia. Ahora fue el turno de Flor de quitarse la bata, tenía puesto un bikini MUY pequeño, lo que nos dejaba ver un lindo trasero. Pero lo increíble era como se le veían las tetas con un bikini tan pequeño, parecía que se le iban a salir, que delicia de mujer. Mi novia me estuvo mirando atentamente, pero no dijo nada. Ambas se sonrojaron cuando la atención se fue sobre ellas.

    En la piscina había poca gente y ya varios iban de salida, cada pareja se comenzó a besar. Flor esperó que ya no hubiera nadie y dijo: “disculpen, espero no les moleste”, le bajó el short a Carlos, sacó su verga y lo comenzó a masturbar. No estábamos cerca a ellos y sumado al efecto natural que produce el agua no se podía ver nada realmente, pero se entendió lo que estaba haciendo. Para mi sorpresa mi pareja hizo lo mismo conmigo.

    Pasaron unos 5 minutos y mi novia, me dijo al oído: “subamos”.

    Flor: “se van a coger?”.

    Yo: “si, ustedes?”.

    Carlos: “también”.

    Cada cual ingresó a su habitación.

    Mi novia al cerrar la puerta me tiró a la cama me mamó un par de veces el pene y cuando se dio cuenta que estaba listo, se montó y comenzó a cabalgar. Sus tetas rebotaban muy fuerte, la agarré de las caderas y comencé a impulsar mi pelvis hacía arriba para darle más profundidad a su montada, se inclinó hacia adelante y yo aproveché de comerle los pezones. Mi novia empezó a gemir muy fuerte y en ese mismo instante escuchamos gemidos cercanos, sin duda eran de Flor.

    Era evidente que ellos también nos escuchaban y eso nos calentó mucho más.

    Flor desde la otra habitación me dijo: “Eric ponla en 4”.

    Belén: “pero ustedes hagan lo mismo”.

    Flor: “acérquense a la pared”.

    Belén agarró algunas almohadas para apoyarse. Sentimos a Flor golpear la pared mientras Carlos comenzaba con las embestidas. Mi novia se acercó y aparentemente imitó la posición en la que estaba Flor, pero al otro lugar de la pared que nos dividía.

    Flor: “que rica está la verga de Carlos, ¿cómo está la de Eric?”.

    Belén: “te digo altiro”.

    Se agacha se la mete entera en la boca, le dice a Flor: “está muy caliente, jugosa y dura. Lo acabo de comprobar con mi boca”.

    Flor: “que ricooo, ya quisiera probarle la verga a Eric”.

    Hubo un silencio que duró algunos segundos.

    Belén: “le gusta que se la coman entera”, le dijo a Flor.

    Flor: “tengo la boca grande y caliente, les prometo una buena mamada”.

    Carlos: “doy fe de eso, es una experta con la verga en su boca”.

    Yo: “es la mejor que te lo ha hecho?”.

    Carlos: “es la única que me lo ha hecho”.

    Flor: “nunca hemos estado con otras personas en ningún sentido… Eric siéntate en el sofá pequeño y quiero que Belén se suba sobre ti y ponga las tetas en tu cara mientras te monta, haremos lo mismo”.

    Quedamos sorprendidos con tal confesión.

    Siguiendo el juego, nos cambiamos de posición.

    Se escuchaba el palmoteo de las nalgas de las chicas con nuestras piernas, los gemidos empezaron a subir de volumen por parte de todos, estábamos llegando al clímax. Yo le comía las tetas a mi novia que no daban más de duras y grandes. La tomé de las caderas y ella se afirmó fuertemente de la pared, comenzó a moverse adelante y atrás, cada vez más rápido.

    Belén: “no doy másss”.

    Flor: “esperaaameee. Acabemos juntas”.

    Belén bajó un poco su ritmo, mientras yo me dedicaba a lamer sus pezones.

    Flor: “Belén acaba conmigooo. Quiero que nos llenen de semen la vagina al mismo tiempo”.

    Belén: “estás listo Carlos?”.

    Carlos: “vamos!!”.

    Flor: “uuuf estoy cerca, muy cerca. Que rico se debe sentir estar sobre la verga de Eric. ¿Intercambiemos vergas?”

    La respuesta de Belén fue gemir y soltar uno que otro grito, ambos muy fuertes y descontrolados. La pared física que teníamos entremedio se sentía cada vez más delgada en nuestras mentes y en ese orgasmo los sentimos a ellos casi a nuestro lado compartiendo cama.

    Flor: “estoy llena de leche, me voy a la ducha”.

    Yo: “nos vamos a la ducha también”.

    Con mi novia nos recorrimos mutuamente el cuerpo con las manos enjabonadas, desde el cuello hasta los pies. Sin decir palabra alguna. Le estuve comiendo los pezones que permanecían duros. Antes de salir se arrodilló y me comió algunas veces la verga.

    Nos secamos y acostamos sin preocuparnos de la ropa. El alcohol y las ganas nos mantenían aún el cuerpo caliente. Mi verga, aunque ya no estaba dura, continuaba caliente.

    Noté que mi novia se había dormido profundamente, lo mismo me pasó a mí que caí rendido por varios minutos.

    No sé cuánto tiempo habrá transcurrió en aquella siesta, pero me di cuenta de que eran recién las 9 pm, me levanté al baño, vi a mi chica despertar. Bajamos y fuimos a comer.

    Ya habíamos terminado de cenar hace harto rato. Nos pusimos a revisar el celular y nos quedamos mirando. Flor había creado un grupo en el chat de Instagram con nosotros 4 como integrantes, y el primer mensaje de Flor decía: “¿sigamos jugando?”.

    Continuará…

  • Mi primera vez en un set de fotos

    Mi primera vez en un set de fotos

    El mensaje por Instagram me había dejado un poco confundida. Me ilusionaba un poco el hecho de que alguien así llegase a interesarse en mí sin yo haber hecho nada para merecerlo o ganarlo, pero me daba desconfianza; porque en internet sobran estafas y escasea la sinceridad.

    Hablé con la persona responsable, María, al final de la conversación, mis dudas y desconfianza desaparecieron, al parecer se trataba de una marca seria, independiente, pero con ganas de crecimiento. Me ofrecieron pagarme en efectivo o con canje, era algo que podía decidir más tarde, por lo pronto, tenía una cita con María en su oficina y, si todo iba bien, ese mismo día se haría la sesión.

    Todavía no te conté por dónde va la historia ¿verdad? María era la representante de una marca independiente de ropa interior. Me habían visto en Instagram y al parecer mi perfil les había parecido lo suficientemente interesante como para ser modelo de su marca, o al menos para una sesión de fotos. Yo nunca había hecho nada así antes, pero me entusiasmaba mucho, aunque, entre nosotros, tengo que confesar que la exposición que iba a recibir me daba un poco de miedo.

    La cita fue el jueves por la tarde. Estuve toda la semana ansiosa, pero llegado el momento, la ansiedad se transformó en inseguridad. Fui sola al lugar de la entrevista, un error, lo sé, pero tengo que anticiparte que todo salió bien en esta historia. Era un edificio bastante austero, no estaba descuidado ni aparentaba malas condiciones, pero su fachada era fría, con ventanas espejadas y un salón inmenso en la entrada, con una mesa al final donde un guardia de seguridad me pidió el documento y me hizo anunciar antes de poder entrar; el típico edificio de oficinas.

    Se presentó ante mí Ramiro, el fotógrafo. Que fuera hombre me daban aún más nervios, pero era un chico muy simpático, a simple vista atractivo. Era alto, muy alto, si no medía 2 metros, estaba muy cerca de ellos, con barba y bigote estilo Van Dyke –sí, lo googleé para poder contarte con detalle- y pelo largo que llevaba recogido a lo alto de la cabeza.

    — Podés mirar el estudio y curiosear lo que quieras — me dijo amablemente — la máquina de café es libre, no lleva ficha.

    Dejé mi cartera y, con algo de timidez, empecé a mirar el estudio. Era una oficina muy grande, con muchas luces y cosas que yo no conocía, pero seguramente servían para mejorar la iluminación. Dejé mi cartera en una mesa y me puse a mirar fotos en la pared. Había de todo, aunque me llamó la atención ver ahí unas cuantas fotos de desnudos; todas muy cuidadas y artísticas, pero interesantes al punto de llegar a sonrojarme con algo que vi.

    Ramiro se acercó y se paró junto a mí, miró las fotos en silencio, aunque me asusté de la presencia repentina y di un pequeño salto que él respondió con una risa y una disculpa por haberme asustado. Fue simplemente la sorpresa, no lo había visto venir.

    — ¿Todo este lugar pertenece a la marca? — pregunté sorprendida ¿Una marca independiente contaba con un estudio fotográfico así?

    —No —respondió inmediatamente Ramiro—, el estudio es mío, ellos me contrataron para la sesión nomás

    Me sorprendió el nivel y el profesionalismo que veía en sus fotos. Cosas así había visto únicamente en internet.

    — Sos excelente — respondí tímida ¿Qué me pasaba?

    Me agradeció con una sonrisa muda, vi las comisuras de sus labios separarse para responder, pero me salvó en ese momento la música de mi celular sonando para avisar una llamada. Con un gesto con la mano me disculpé y atendí, era María.

    Con mucha pena y algo de culpa me avisó que estaba retrasada y que llegaría dos horas más tarde a nuestra reunión. Avisé que, por desgracia en ese momento, había llegado temprano, lo que la hizo sentir aún más culpable a ella y ahora un poco también a mí, aunque alivié la tensión con una sonrisa acompañada de un «no te preocupes, Ramiro me está dando un tour por su estudio» y consecuentemente un abrupto giro de mi cuerpo para quedar de espaldas a él ¿Por qué tenía que nombrarlo? ¡Qué vergüenza!

    — ¿Así que un tour? — bromeó después de que corté

    — ¡Perdón! — me disculpé inmediatamente. — Es que creo que se sintió un poco mal por incomodarme, quería romper la tensión.

    — ¿Habías posado antes? — preguntó

    Una conversación acompañada de un café surgió entre los dos. Él tenía mucha experiencia, me contó sobre sus mejores sesiones, algunos premios que había ganado –y que tenía visibles en el estudio- y también un poco de su vida. Tenía cuarenta años y la fotografía no solo era su pasión, era su estilo de vida.

    Me separé un poco de él para curiosear las cosas que María había dejado preparadas. Él fue quien me indicó que había una caja con productos de la marca para la sesión, y me terminó ganando el impulso por saber qué es lo que pretendían que me ponga. Realmente había de todo, desde conjuntos decentes y recatados, hasta algunos muy jugados y provocadores. Me sentía algo confidente con Ramiro en ese momento, por lo que no me ganó la timidez al momento de mostrarle una tanga negra, diminuta, acompañada de mi incrédula expresión como de «¿En serio tengo que posar con esto»

    — Es linda — respondió, apartando la mirada de su cámara, limpiaba las lentes en ese momento —, el negro va bien con cualquier tipo de cuerpo o persona… Pero creo que tu color es otro.

    Arqueé una ceja, aún más incrédula ¿Qué me estaba diciendo?

    — ¿Eso que significa? — reproché en parte bromeando, en parte indignada — El negro es mi color favorito

    — Y no digo que esté mal — me detuvo —, pero es ir a lo seguro.

    Se acercó a mi ubicación y metió la mano en la caja para sacar la caja de un conjunto que evidentemente había visto antes.

    — Este, en cambio, es un color que te sentaría divino.

    — Rosa… — reproché otra vez, quitándole la caja de las manos.

    — ¿No confiás en mi criterio?

    Suspiré, mil motivos tenía para debatir por qué el negro era MI color, pero él también tenía muchos argumentos con qué refutarme y era bastante bueno con la palabra. Terminé zanjando la conversación con un impulso de idiotez.

    Fui detrás de un biombo que tenía en el estudio y me probé el conjunto. Me pesa y duele admitir que tenía razón, y que no solo el color, sino el conjunto me quedaba mucho mejor de lo que esperaba; pero el orgullo no me dejaba perder el debate.

    — ¿Ves? — salí y me mostré — Horrible

    Ramiro se rio. Suspiré indignada, pero me duró muy poco en cuanto me di cuenta de que estaba prácticamente desnuda frente a él. Y dirán: «En la sesión lo ibas a hacer igualmente» ¡Pero no es lo mismo! Me sonrojé como un tomate y corrí otra vez al biombo, aunque la voz de Ramiro me trajo de vuelta al mundo.

    — ¿Querés probar? — escuché.

    Me asomé y estaba él acomodando unos cuantos focos hacia una zona donde había extendida una especie de lona blanca –que seguramente tiene un nombre-. Señaló una x en el suelo y me mostró la cámara en sus manos.

    No sé por qué me sentía tan tímida en ese momento, yo no soy así, pero me acerqué a paso lento hasta donde me indicó y me quedé parada. Me invitó a posar y él se preparó para sacar algunas fotos. Había demasiada rigidez en mi cuerpo, y es algo que me remarcó unas cuantas veces, decía que las poses no eran naturales. Se acercó a mí después del décimo intento fallido y sin aviso ni permiso, tocó mi pierna para acomodarme, mis brazos y mi cintura. Me puso en una posición extraña, algo incómoda, pero me indicó tomar aire y relajarme; después de eso hizo la foto.

    Una foto realmente increíble. El talento y experiencia del fotógrafo era evidente.

    Me solté más después de eso. Foto a foto, mi recientemente descubierta timidez desaparecía y dejaba salir un lado más carismático en mí, o al menos eso sentía. Ramiro daba indicaciones, me pedía otras poses, y yo cumplía con todas ellas; incluso hice uso de la lencería que la marca había traído para la sesión y me cambié varias veces el conjunto.

    Me dejaba llevar, disfrutaba de hecho lo que estaba haciendo, aunque parte de mí me estaba llevando a tomar impulsos, y esos impulsos me hacían ser más jugada. Las poses eran cada vez más sugestivas, y Ramiro me incentivaba a seguir por ese camino. La adrenalina recorría mi cuerpo, mis pulmones llenos de aire me hacían marear y sentía como poco a poco el corazón bombeaba más fuerte ¿nervios? No, ya no era eso.

    Veía a Ramiro tan estoico, tan profesional, él estaba en un punto completamente opuesto a mí, y en un momento eso llegó a molestarme ¿Cómo es posible que yo estuviese tan excitada y él siguiera como si nada? La experiencia que tenía en su trabajo era digna de admiración, pero entonces estaba dispuesta a romperlo.

    Tenía puesto en ese momento un conjunto de encaje rojo. La tanga era muy delicada, los patrones en el encaje exquisitos, el rojo muy intenso y apasionado. Entre la delgada capa del corpiño podía verse incipiente parte de mi pezón. Miré con picardía a Ramiro, él seguía ensimismado en su trabajo. Repetidas veces intenté mirar su pantalón para ver si notaba algo, pero no podía distinguir, las luces apuntando hacia mí eran muy fuertes y de él solo veía una penumbra.

    Arrodillada en el piso, recorrí mi vientre con la mano hasta posar el pulgar en el borde de la tanga. Mi otra mano fue inmediatamente a mis labios para jugar con ellos, miré distraída a otra parte mientras mordía mi dedo. El click de la cámara me avisaba cada vez que él me hacía una nueva foto, y entonces cambiaba de posición sin que me dijera nada. Bajé mi otra mano, las dos empujaban suavemente mi tanga, podía verse más mi piel, y provocaba con llegar hasta lo más bajo, aunque no lo hacía. Otra foto y entonces mis manos juntas recorrieron mi cintura, llegaron a la parte baja de mis pechos, se posaron en ellos, otra foto y entonces se agarraron, y otra foto. Subí lentamente, jugando con los índices sobre mis pezones, sentí el ansiado click, inesperado esta vez, y me aferré al borde del corpiño con los dedos índices. Lancé una mirada provocadora a la cámara.

    Ramiro no decía nada, me quedé quieta esperando escuchar algo de él, con la mirada le pregunté «¿sigo?» aunque no hubo respuesta. Presioné con los índices y poco a poco bajé el corpiño, dejando asomar la areola, otra foto. Parecía comunicarse con la cámara, el click me daba el ok, me alentaba a seguir. Y es lo que hice, bajé por completo, dejando que mis pechos escaparan de la delicada tela roja que los recubría.

    No escuché el click.

    Alcé la mirada.

    El fotógrafo había bajado su cámara. La penumbra mostraba tan solo una silueta parada ahí, con ambos brazos a los lados de su cuerpo con la cámara en una de sus manos. Noté nervios en él, los brazos le temblaban.

    — Se me ocurrió que una foto así estaría linda — provoqué ante su silencio y me quité el corpiño por completo. Aun de rodillas, dejé que mis tetas cayeran por la gravedad las levanté con el antebrazo — ¿Qué opinas?

    Lo vi levantar su cámara, aunque sus movimientos fueron lentos y temblorosos, como si su tan particular y llamativamente efectiva manera de comunicarse mediante “clicks”, empezase a tartamudear. Sonreí, y esta vez con más picardía, sentía muy en lo profundo el placer de haber logrado romperlo.

    Click, otra foto.

    Me senté en el piso, ambas manos hacia atrás, lentamente abrí las piernas. Me había empezado a mojar hacía ya un buen rato, pero él no se había dado cuenta hasta ese momento en que, seguramente, la lente de su cámara captó esa humedad en mis piernas.

    Y otra foto…

    Mi mano bajó lentamente recorriendo mi cuerpo, una serie de clicks me indicaba que había hecho fotos de mi acción, me posé sobre mi vagina, mis dedos se movían lentamente y se empapaban al acariciar con suavidad el delicado botón rosa bajo la suave tela de la tanga.

    Y una vez más una foto.

    — ¿Puedo ver esa última foto, Rami? — dije en voz suave, aguda, pero casi ronroneándole a mi fotógrafo.

    Lo pude ver acercarse lentamente se veía algo nervioso al caminar. Me sorprendía ver como alguien con su portfolio, su experiencia y las fotos colgadas en su pared, llegaba a tener tal grado de timidez. Probablemente fuera su completo profesionalismo y lo recto que se veía al apegarse a las normas de su trabajo, lo que hacía que una situación como la actual lo descolocase.

    Cambié mi postura, ya no estaba sentada, sino que me puse de rodillas frente a él cuando estuvo cerca. Bajó las manos para mostrarme la cámara. Posé mi mano derecha sobre su pierna y con la otra acaricié su mano al aferrarme de su cámara para ver la foto. Alcé la mirada mordiendo mi labio inferior y pude verlo completamente sonrojado.

    — Sos muy bueno sacando fotos — volví a ronronear.

    Me daba seguridad y confianza ver como los papeles se habían invertido. El como yo, tímida al principio, había podido sacar de mi interior a la Cami más primitiva y salvaje, y como él, seguro, profesional, estoico, se había roto por completo ante los deseos de, posiblemente, la modelo más puta que había posado frente a su cámara.

    Dio un paso atrás, pero volví a acercarme a él. Me quedé mirándolo y él intentaba verme, pero su mirada no sabía dónde posarse ¿Qué tenía que hacer en ese momento? ¿Lo provocaba con una burla y una ironía, o lo intentaba calmar para hacerlo sentir más cómodo?

    — Ya que estamos cerca, sacame algunas fotos desde acá — pedí con voz aniñada, pero aun intentando sonar sensual para sus oídos.

    Llevó la cámara hacia arriba y apuntó, yo de rodillas, seguramente en la foto podían verse sus piernas. Me mordí los labios, provoqué a la lente, claramente con la cámara en manos se sentía más confiado.

    Acaricié sus piernas y me aferré fuerte a su pantalón mientras sentaba los glúteos en mis talones para darle otra toma. Había empezado a sacar fotos en ráfagas y me prendía el sonido y el leve temblor que sentía en sus piernas. Dejé escapar una risita y miré a un lado, después volví a intentar hacer contacto visual con él a través de la lente de su cámara y recorrí sus piernas hacia arriba hasta llegar al cierre de su pantalón.

    No dijo nada, no se quejó, no se movió, no reaccionó; pero en mis manos podía sentir una evidente respuesta a todas las dudas que en mi mente se habían planteado desde hacía unos cuantos minutos. Había algo muy duro latiendo dentro de su pantalón, y mis manos, intrépidas y curiosas, se aventuraron a descubrirlo. Bajé el cierre lentamente, ante su falta de reacción seguí, aceptando el permiso que su silencio me otorgaba. Bajo el algodón de su bóxer se sentía aún más fuerte el contorno de su miembro.

    — Tenés algo muy grande escondido acá — volví a hablarle a la lente de la cámara

    Un último movimiento bastó para sacarla. Era la verga más grande que había visto en el mes. La tenía muy dura y caliente, y en mis manos podía sentir como palpitaba al momento de agarrarla. Una mano no bastaba, pude sujetarla con ambas, y sonreí a la cámara esperando la respuesta, el famoso “click” con el que había estado conversando hacía rato.

    Y la foto no tardó en llegar.

    Jugué con mis manos, empecé a masturbarlo, olvidándome ya de las fotos, aunque aún sentía de fondo el sonido cada vez que hacía una nueva. Acariciaba mi mejilla con la punta de su glande y me atrevía a dar las primeras lamidas a su tronco, provocándolo, aunque me daba cuenta de la sensibilidad que tenía en ese momento porque las piernas de él temblaban y sufrían ciertos espasmos cuando su glande, que empezaba a mojarse, rozaba mi piel.

    — Tranquilo Rami. No queremos que esto termine tan rápido ¿no? — pregunté. Se lo veía agitado.

    Bajé las manos y las puse en mis rodillas para impulsarme hacia arriba. Una vez de pie y junto a él, bajé su cámara, la hice a un lado y puse firme mi mano en su pecho, ansioso y tembloroso, con el fuerte latido de su corazón bombeando salvaje producto de la excitación.

    Besé su cuello, lamí sobre el lugar que había besado y subí hasta llegar a su mejilla. Era tan alto que tenía que pararme en puntitas de pie para lograrlo. Intentaba controlar su respiración, hacer que se calmara. Mi otra mano bajó, esta vez desviando su atención del enorme pene que ansiaba por contacto. Me encargué de deshacerme de su cinturón y después desabroché el botón de su pantalón, que cayó hasta sus tobillos. Miré hacia abajo, había crecido.

    — Tocame Rami — ordené con voz dulce

    Di un paso hacia atrás y me expuse a él. Bajé las manos y entrelacé los dedos detrás de mi espalda. Mis pechos estaban a su merced. Se agachó a dejar la cámara en el piso y se acercó tímidamente. Con la mirada lo invité a sacarse esa timidez, mordí otra vez mis labios. No voy a mentir, yo también estaba nerviosa, agitada y mi corazón vomitaba adrenalina. Intentaba contener la respiración agitada, pero la calentura me podía.

    Sentí su mano aferrarse suavemente a mi pecho, la otra acompañó el movimiento segundos más tarde. Empezaba a masajear mis tetas muy suavemente, falto de experiencia. Lo miraba fijo a los ojos mientras él se acercaba. Intentaba sacarle la timidez. Se acercó un poco más a mí, aunque no pude evitar reír al ver como lo hacía.

    — ¿Y si te sacas el pantalón? Estás caminando como pingüino — bromeé.

    Sonrojado, nervioso y avergonzado por mi comentario, intentó sacárselo, pero se tropezó y no llegó a caerse porque lo agarré de los brazos para evitarlo. Lo miré otra vez, volví a reír.

    — ¿Te ayudo?

    Me arrodillé frente a él, le saqué las zapatillas y finalmente no solo el pantalón, sino también su bóxer, abandonaron la partida. Lo miré desde mi lugar y volví a agarrarla con una mano. Suspiré, la excitación, la adrenalina y el miedo por mi travesura se combinaban en una sensación hermosa que me hacía excitar y volar de placer sin aun haber hecho nada más que agarrársela.

    Un escalofrío recorrió mi cuerpo, pero no era algo malo. Me volví a morder el labio, esta vez no de manera voluntaria, no para provocarlo, más bien como un acto reflejo intentando calmarme. Abrí la boca y me acerqué, por fin mi lengua saboreaba su glande rosada, que entraba en comunión con mis labios, mi saliva, la humedad de mi lengua y el primer gemido de placer de Ramiro que sonó como música para mis oídos.

    Era una situación muy irreal ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué estaba pasando? Ya todo me importaba muy poco. Las luces apuntando a mi posición, un chico atractivo con una pija tan grande y toda para mí, era el perfecto argumento para una porno, y ahora esa pija llenaba mi boca y yo hacía mi mejor esfuerzo por hacerlo durar tanto como pudiese. Había fantaseado algo así tantas veces, me había tocado bajo las sábanas imaginándolo, y ahora por algún extraño motivo, capricho del destino, se me estaba cumpliendo de una manera tan inesperada ¿Será que, inconscientemente, por eso acepté la sesión de fotos?

    Su mano se acercó a mí. Sentí sus dedos entrelazarse, tímidos, entre mis rulos. Una caricia en mi mejilla con el dorso de su mano recorrió la piel y acomodó un mechón de pelo detrás de mi oreja. Su mirada hacia abajo se había posado en mí, algo más confidente, más seguro. Sus movimientos tenían más confianza ahora, pero seguían siendo suaves y cuidadosos, y eso me gustaba. Me excitaba la ternura en su actitud a pesar de tenerme de rodillas y con la boca llena por su enorme verga.

    Me alejé un momento para tomar aire y le sonreí esta vez obviando la picardía, sino con sinceridad. Limpié la comisura de mis labios con mi mano y recosté la espalda en el piso, sobre la alfombra blanca donde me estaba haciendo el set de fotos. Abrí mis piernas para darle la bienvenida y extendí mis brazos hacia adelante, clamando su proximidad.

    Se arrodilló, terminó de sacarse la ropa –solo quedaba la remera en él- y avanzó gateando hasta dejar mi cuerpo entre sus brazos y su cadera entre mis piernas. Flexionó los brazos para bajar y besó mis labios. Me abracé a su espalda y una de mis manos se aferró a su nuca para profundizar ese beso. Al alejarse pude ver el vapor manar de nuestras bocas. Me estremecí en otro delicioso escalofrío cuando sentí su pene rozar mis piernas y posarse sobre mi tanga.

    — Por favor, Ramiro, metela de una vez — rogué.

    Sentí su mano correr mi tanga para hacerse lugar, pero un movimiento torpe que le impedía encontrar el lugar. Bajé mi mano sin dejar de mirarlo a los ojos, la agarré por el tronco y ayudé a sus movimientos. Con una embestida muy suave recorrió mi vagina por completo hasta llenarla. Pude sentir entre mis dedos que no había entrado toda, y aun así la sentía tan adentro, tan profunda dentro de mí.

    Moví mis caderas rogando por que empezara a moverse. Él intentaba controlar sus movimientos, lo hacía lento ¿nervios? No quería presionarlo, dejé que se sintiera cómodo. Abracé su cintura con mis piernas y lo acompañé en cada una de sus embestidas. Su espalda se tornó recta, se alejó de mí dejándome sentir el frío de la distancia, pero sus manos pronto se encontraron con mis tetas y empezaron a jugar con ellas. Se agarraba ahora más fuerte y acompañaba sus juegos con el movimiento de sus caderas que poco a poco me iban amoldando a él.

    El chapoteo de su pene en la humedad de su vagina sonaba delicioso y me prendía al escucharlo. Rogué porque ese momento se volviera eterno, lo estaba gozando, y él lo hacía tan suave, pero a la vez tan rico.

    — Ramiro… — ronroneé — me vengo

    Gemí mordiendo mis palabras en un profundo placer. Dobló su espalda otra vez, cruzó su brazo detrás de mi espalda y su mano se posó en mi nuca. Pude sentir como mis pechos se aplastaban contra el pecho de él y su boca encontraba la mía una vez más. Sus caderas aceleraban, el ritmo suave y constante se volvía vertiginoso. Acompañaba mis gemidos y parecía guiarse por ellos. Me daba más fuerte, más profundo y el placer aumentaba hasta el punto tal que no pude contenerlo más.

    Mis piernas se abrazaron con mucha fuerza a su cuerpo y mis brazos hicieron lo propio. Inconscientemente clavé las uñas en sus hombros al sentir la electricidad recorriendo cada parte de mi cuerpo. Gemí fuerte, muy fuerte y jadeé al momento de acabar. Temblé por un momento y perdí toda la fuerza de mi agarre, dejando caer mis brazos a los lados y soltando el abrazo de mis piernas que lo mantenían preso de mi cuerpo.

    Él la sacó, agarró su pene entre sus manos y se dispuso a masturbarse para acabar, pero la excitación fue tal que no hizo falta que trabajase mucho en ello. Casi inmediatamente, su leche bañó la parte baja de mi vientre y mi pelvis por completo. Se dejó caer sobre mí y me regaló otro beso en los labios. Su semilla se sentía cálida sobre mi piel.

    — Sos el mejor fotógrafo que conocí en mi vida, Rami — bromeé mirando el techo.

  • Infiel por mi culpa. Puta por obligación (6)

    Infiel por mi culpa. Puta por obligación (6)

    Tres verdades.

    Han transcurrido unos pocos minutos y yo sigo aquí, sentada de medio lado con las rodillas juntas y mis manos sobre ellas. Mi esposo ha terminado el desayuno y ahora me da la espalda nuevamente. En la cocina enjabona, refriega y enjuaga, en un silencio casi funerario, tan solo opacado por el chirriante cotorreo de una bandada de loritos apostados en lo alto de los árboles cercanos, y el chorro de agua –intermitente a ratos– del fregadero.

    A un costado de este sofá, están desparramados sobre el piso, algunos cd’s sin sus carátulas, unas revistas de arquitectura y diseño, así como un libro de blanca tapa dura sobre ellas. Me inclino un poco y tuerzo el cuello para encuadrar el título con mi mirada. «Memoria de mis putas tristes» de Gabriel García Márquez. ¡Qué curioso! La imagen del hombre en la portada, alejándose, también me ignora.

    Justo al lado me encuentro con algo nuevo. Un minicomponente negro y gris, al frente, insertada una memoria USB plateada y un bombillito amarillo que parpadea. ¿Qué estaría escuchando? Con femenina curiosidad, oprimo con mi dedo la tecla de pausa. Ahora puedo oír la melodía y letra de una canción, para mi desconocida.

    …«Yo solo busco un ritmo lento. Tú velocidad. Yo solo pido una dulce mentira. Tú toda la verdad.

    Tú que sabrás, si despiertas lejos de esta casa. Tú que sabrás si no vives dentro de esta jaula. Tú que sabrás, si nunca nadaste en mis entrañas»…

    ***

    ¡Mierda! Mariana me ha descubierto, de nuevo.

    Se me olvidó apagar el minicomponente o al menos, haber cambiado esa melancólica Playlist y haber colocado otra de reggae o bachata, alguna más festiva para que no pensara como ahora debe estar haciéndolo, de que yo solitario, la añoraba.

    —Y bien, miremos que trajiste por aquí. —Le hablo a Mariana como para restarle importancia a su descubrimiento, entretanto reviso el contenido de la bolsa, mientras ella continúa ensimismada entre versos y melodías.

    Una botella de Licor de Curaçao y dos paquetes de «Parliament» para ella. Los rojos míos, están acomodados muy cerca de la media de aguardiente, junto a los plastificados anturios rojos. Puede que sea muy temprano para unos «guaros» pero tal vez no para unas copas de este azul con su sabor enigmático, –perfecto para esta reunión– entre dulce y amargo.

    No tengo copas, así que tomo los dos vasos que están sobre la bandeja al lado de la jarra y vierto en ellos un poco, –alrededor de una onza– de Curaçao, otro tanto del vodka que me quedó de la última jugarreta de dominó entre Eric, Pierre, los dos huéspedes, William y yo. Y el toque final… Por supuesto un chorrito de limonada y hielo picado que aún conservo en la heladera portátil. Como no tengo a mano una coctelera para agitar la mezcla, uso como mezclador mi dedo índice, total, estamos en familia.

    ¡Ya tengo dos «Blue Lagoon»!… Para ofrecerle a… ¿Mi invitada?

    ***

    — ¿Y esa canción? No reconozco quien la canta. Tiene una letra melancólica, con un mensaje que da para hablar de nuestra actualidad. —Le digo a mi esposo levantándome del sofá, y me acerco hasta el mesón. Del otro lado esta Camilo terminando de preparar dos cocteles. ¿Vamos a celebrar?

    —Es verdad, el mensaje es muy personal, de sentimientos íntimos que muchas veces las personas no ven en los demás. —Le respondo y a continuación doy la vuelta, me coloco en frente suyo, ofreciéndole su vaso.

    —Lo que llevamos por dentro… Y discúlpame la humilde presentación pero copas no he comprado. —Le digo mirándola y retirándome dos pasos—… Y queremos exteriorizar, –continúo mi discernimiento– lo que es comúnmente confundido con el tan acostumbrado… «Es solo un mal momento. ¡Ya pasará!» —Mariana asiente y sin perderle la vista al nivel, agita suavemente la bebida.

    —Pero de ese íntimo tormento, muchos no están dispuestos a escuchar en verdad, y el consejo que te ofrecen no apacigua y al contrario ofende, porque al parecer ninguno se interesa en comprender el intenso dolor y te hundes más en tu soledad. —Ella se muestra serena y no aparta su mirada de la mía.

    —Qué triste que se siente no ser comprendido. ¿No es verdad? —Camilo abre un poco los ojos, como sorprendido por mi apunte. —Y entonces… ¿Brindamos? —Le consulto a mi esposo, elevando frente a su rostro, el coctel.

    — ¿Existen motivos para hacerlo? Este reencuentro es apenas una mera formalidad para concluir lo que meses atrás debimos enfrentar. —Le respondo mientras doy media vuelta y me dirijo hasta la esquina derecha del sofá.

    —Creo que mejor cambiamos la música. Coloquemos algo más alegre. ¿Te parece? — Le pregunto a Mariana dándole la espalda, y busco en el menú, otro tipo de música en las siguientes carpetas de la memoria USB.

    —A mí me da igual. Vine hasta aquí, como dices… ¡Para hablar! Coloca lo que gustes. —Le respondo y me acerco hasta el sofá, pero apartada en la otra esquina y me acomodo el vestido antes de sentarme. Esta vez sí cruzo una pierna sobre la otra y de mi bolso extraigo la cajetilla de cigarrillos y el encendedor.

    Elijo una selección de vallenatos y para no llevarme sorpresas, oprimo la tecla para que de manera aleatoria, los temas se escuchen variados. No alcanzo a girar mi cuerpo para enfrentarme a ella, cuando la primera canción que se escucha es del Binomio de Oro. ¡Bendita Ley de Murphy! Las primeras notas de ese acordeón parecen desgarrar, con sonidos lentos como mis primeros sollozos al saber la verdad, el tenso ambiente que nos rodea.

    …« ¡Ay, mi vida! Este es un sentimiento para ti.

    ¿Cómo hago compañero pa’ decirle

    Que no he podido olvidarla?

    Que por más que lo intente, sus recuerdos

    Siempre habitan en mi mente

    Que no puedo pasar siquiera un día

    Sin verla, así sea desde lejos

    Que siento enloquecer al verla alegre y

    Sonreír y no es conmigo.

    Yo sé que le falté a su amor

    Tal vez porque a mi otra ilusión me sonreía»…

    Mariana voltea su cabeza y me mira. Yo levanto los hombros y comprimo mis labios, indicándole de esta manera que no ha sido mi intención incomodarla.

    —Lo siento, si quieres la puedo cambiar. —Le digo pero viéndola tranquila, mejor doy el primer sorbo a la azulada bebida.

    —No te preocupes, déjala. Esa canción es bonita y así como ahora, tendremos en común muchos momentos en los que con seguridad más adelante, queramos o no, vamos a escuchar canciones que nos removerán los recuerdos, estando juntos o… —Me callo y esquivo el café de sus ojos, mirando hacia la ventana y luego hacia el techo, reteniendo la humedad de mi melancolía y en suspenso el final de la frase. Quiero decirle que tal vez separados nunca, si lograra yo su perdón a mis engaños y un nuevo comienzo, si él pudiera resetear de su mente mis pecados.

    —Melissa… ¿Qué tal si mejor llamamos a Iryna y hablamos con Mateo? —Sé que es un momento incómodo para los dos, por lo cual pienso que así, aliviaremos el peso de estas sensaciones.

    —Okey, mi am… ¿La llamas tú? —Y advierto cierto nerviosismo en Camilo. Para calmar los míos, enciendo mi cigarrillo y noto que no tengo a la mano, donde arrojar las cenizas.

    — ¿Yo? Ehhh, bueno. Está bien. ¿Ahora donde habré dejado el bendito teléfono? —Me palpo la camisa y los shorts. No lo siento y lo busco con la mirada por los alrededores.

    —Lo dejarías en la alcoba o… ¿De pronto en el baño? —Le sugiero. ¿De paso puedes alcanzarme un cenicero? —Mi esposo gira la cabeza, da otro sorbo al coctel, la inclina ligeramente y sobre la mesa de dibujo, levanta un pliego por la esquina, para hacerse con el pando recipiente de metal bruñido y dos colillas.

    En silencio me acerco hasta la cocina y en el cubo de la basura arrojo los restos fumados de mi espera. Ahora recuerdo el lugar donde he dejado el móvil en la habitación y sin prisa voy hasta la esquina derecha de la cama, cerca de la almohada y lo recojo. Mariana me espera sin perderse ninguno de mis pasos, allí acomodada en su habitual elegancia, desenvuelta en medio de una fumarola que escapa lento de su boca.

    Desbloqueo la pantalla y busco en la aplicación de mensajería el nombre de nuestra extranjera vecina. Toco el símbolo de video y espero. Un timbre, dos y al tercero la imagen de la pelirroja aparece seria y no tan sonriente, como usualmente se comportaba conmigo.

    —Buenos días, «vecina perrdida». —Me saluda Iryna con su extraño y gracioso acento a ratos, pero llamativo y hasta enamorable al arrastrar suaves las consonantes, obviando los artículos, –dejando todo indeterminado– y trasteando de lugar algunas letras todavía, sin dejar de usar la «a» al final, en vez de la «o». A pesar de los años vividos junto a su marido en mi patria y el español estudiado de pequeña en un liceo privado.

    — ¡Hola mi monita encendida! ¿Qué tal te encuentras? ¿Por qué tan seria? —Le digo yo sonriendo, entre tanto voy avanzando hacia la puerta y sobre su marco, recuesto mi espalda; sin dejar de observarme, Mariana apurada, dando un sorbo al coctel, se deshace del cigarrillo en el cenicero, se pone en pie, –estirando el vestido por sus caderas– y se me acerca con su carita alegre y la emocional curiosidad.

    — ¿Haber, por qué crees tú? ¡Claro, no estoy feliz! No me has buscado en media anio. Ni una llamada Camilo, ni una. ¿Y crees que deba estar sonriente contiga? Y no soy «mica» o rubia, soy peliroha. ¡Carambas! —Me dice enojada.

    Iryna parece estar molesta, pero sé que en el fondo es mentira, ella es como esas muñecas rusas, que te muestran una cara pero debajo se esconde otra y unas más, sonrientes todas. Quizás un poco dolida pues tampoco le avisé de mi partida, pero todo fue muy rápido y además porque ella, –a pesar de todo– se considera como la mejor amiga de mi esposa.

    —Bueno, bueno. ¡Pero si me vas a regañar!… ¿Para qué me pegas? —Y le guiño un ojo, sonriéndole.

    —Si no es porque tenga a tu hijo aquí conmiga, jamás me llamarías. ¿No es verdad? —Me recrimina sin subir el tono de la voz. No alcanzo a debatir con la rusa aquella suposición, pues Mariana ya a mi lado, interpone su cabeza entre la pantalla y mi visión.

    — ¡Amiguis! ¿Cómo estás? Ya sé que anoche no te llamé como quedamos pero la verdad, entre registrarme en el hotel y desempacar, –y vuelvo a mentir– se me pasó. ¿Cómo está mi Mateo? ¿Sí durmió bien? ¿Las molestó mucho? —Le pregunta Mariana a su amiga y yo, camino afuera, sin ver la reacción en el rostro ovalado y en aquel par de ojos verdes de nuestra vecina.

    —Meli, también tú marchas y te olvidas de mí. Pero yo te perdona porque te quiero mucha. Y sí, tu angelito no molesta para nada. Durmió coma un lirón, en la cama de mi Natasha. ¡Mateooo! Ven aquí y hablas con tu madre. —Me emociono al saber que voy a poder hablar con mi hijo y con suavidad aparto del hombro un poco a Mariana, para colocar en horizontal la pantalla y poder verlo entre los dos, evitando el brillo del sol.

    — ¡Mamitaaa! —La voz de mi Mateo gritando emocionado se escucha un poco lejana. Y a mí me palpita con fuerza el corazón.

    Mariana se lleva las manos a su cara, reposa las palmas sobre sus mejillas, inquieta al escucharlo. No se percata de que la observo detenidamente. Respira tan fuerte que puedo sentir el calor que emana de sus fosas nasales, al hacerlo tan cerca de mi antebrazo. Su boca entreabierta, los labios secos y un poco agrietados; la puntica rosada de su lengua asomando apenas, sin brindarles humedad. Y yo me aguanto estas ganas de calmarle con mi boca su resequedad. ¿Por qué mi cielo, por qué?

    Mi hijo grita dichoso al saber que podrá hablar conmigo. Estoy por supuesto encantada de que me vea por video, pero también porque podrá hablar con su padre y vernos juntos después de tanto tiempo. A mi esposo le tiembla un poco el pulso. Igualmente lo veo emocionado. Así no diga nada, lo intuyo, sé que me mira, –su reflejo en la pantalla es mi cómplice– y me repasa con su mirada. ¿Qué podrá estar sintiendo ahora, después de estar separados estos meses? Volver a compartir este instante los tres, así sea por medio de una videollamada. ¡Pobrecito, amor mío!

    La imagen de la cocina se desenfoca momentáneamente, las baldosas beige se mecen y las paredes blancas van y vienen, como si algún temblor las mareara, hasta que en el pasillo se estabiliza de nuevo y puedo observar a mi pequeño que viene corriendo.

    — ¡Mamiii!… ¡Mamitaaa! ¿Encontraste a mi papito? —Me pregunta mi pequeño, sin un saludo de por medio, pero es apenas comprensible y su felicidad la demuestra dando pequeños saltos de alegría.

    — ¡Si mi bebé, por fin lo encontré! —Le respondo animada y sonriente, miro a mi esposo, con ganas de llorar, pero esta vez de felicidad.

    Sin embargo, me percato de que Camilo hace una mueca de disgusto, levanta la cabeza, la proyecta para atrás aspirando oxigeno como si le faltara aire para colmar sus pulmones, frunce el ceño y su mirada cambia por un momento. ¿Qué le pasa?

    — ¡Hola mi príncipe hermoso! Aquí estoy loquito mío. ¿Cómo estás? —Saludo a mi pequeño, agitando mi mano frente a la cámara, alegre de verlo con su pijama amarilla de Bob Esponja. Le encanta usarla a diario, a pesar de tener varias más.

    — ¡Papiiii!… ¡Papitooo! —Grita emocionadísimo y se acerca demasiado a la cámara. Su boquita se pega a la pantalla, regalándome un beso.

    —Te amo mucho mi campeón. —Le digo y en seguida también le envío un beso.

    — ¡Loco túuuu!… ¿Ya vas a volver? — Me responde Mateo y un suspiro se me escapa, me estremezco pues no deseo mentirle.

    — ¡Ya casi mi pequeño, ya casi! Estoy por terminar ese trabajo que te conté. —Finalmente le respondo y Mariana se coloca de nuevo frente a la cámara.

    — ¿Y te has portado bien con Naty? De lo contrario mamá no te llevará las gomitas de colores que me pediste. —Le pregunto a mi pequeño y él se queda en silencio un momento, pensativo haciéndome pucheros y balanceando el cuerpo con sus bracitos echados para atrás.

    —Siii, mamita. Jugamos mucho y me dormí en su cama. Naty está en el baño haciendo popó. —Responde y me llevo la mano a la frente, conteniendo mis ganas de reír por su infantil sinceridad. No sabe mentir. Camilo si se ríe y por supuesto sin verla, las carcajadas de Iryna también las puedo escuchar.

    — ¡Oyeee! Como dices eso delante de todos. —Le reprendo con suavidad, pero apurado continúa explicándose, con sus manitas elevadas a los lados como si alabara su espontaneidad.

    —Pero es verdad mamita, suena como anoche. Ella se tira peos en la cama dormida, como tú. —Me responde y por supuesto se me suben los colores a mis mejillas, al verme de repente delatada.

    —Mateo, hijo… Hummm, hay ciertas cosas que es mejor no contar. Como lo que acabas de decir. Hay que tener cierto respeto por la privacidad de los demás. A ti también se te escapan gases y yo no voy por ahí contándole a todo el mundo lo que te sucede. —Intervengo en la conversación y lo veo pensativo, rascándose la orejita con su mano.

    —Ahhh… ¿Entonces tampoco puedo decirle a nadie que tita Iryna se quedó dormida en la sala con el televisor encendido y también ronca como tú? —Me responde intrigado y yo me llevo el dedo índice a los labios para silenciarlo, pero ya es tarde. Mariana me mira, –sonriente triunfadora– pues ya me lo había asegurado y yo no le creía.

    — ¡Carambas, pequeñín! Que yo nunca ronca. Solo pensaba en voz alta. Ehmm, mejor diles que ayer fuimos a comer pizza y jugaste en los carritos chocones con mi Natasha. —Interviene nuestra vecina para aclarar aquella eventualidad, pretendiendo detener nuestras risas.

    —Mi bebé, recuerda que tienes unos deberes que terminar para el colegio. Pídele por favor a Naty que te ayude con eso. ¿Vale? —Y es que mi hijo dentro de unos días deberá presentar un dibujo de su animal favorito. Yo le ayudé un poco antes de viajar, y ahora quiere de mascota un patico amarillo que vio en una granja, durante el último paseo junto a mi amiga Iryna y su hija Natasha.

    — ¿Papito me puedes comprar colores? Los míos no colorean bonito como los de mamá. —Claro que sí campeón, yo te los compro para que pintes todo igual de hermoso como lo hace tu madre. Y le lanzo otro beso, frente a la pantalla. Lo veo saltar de alegría y a Mariana, llevar el dorso de su mano a sus ojos para quitarse de encima algunas lágrimas.

    —Y ahora hijo debo dejarte, tengo que seguir con el trabajo. —Me despido de mi Mateo, moviendo mi mano izquierda como si fuese un ringlete.

    — ¡Que te vaya bien papito! —Me desea Mateo, y yo recibo de mi pequeño estas palabras ya tan conocidas y tan extrañadas. No puedo… Miro hacia otro lado de la pantalla. ¡Se me escapan mil lágrimas!

    — ¿Mamita? —Dime hijo. —Recuerda tu promesa. Debes traer a mi papito agarrado de una oveja. — ¡Jajaja! Por supuesto, mi bebé. Yo te lo llevaré de una oreja. Te amo, recuérdalo. Ahh y Mateo compórtate con tu tía Iryna y por supuesto con Naty. ¡O de lo contrario no comerás gomitas!

    —Amiguis, muchas gracias. Te debo una. —Y ya está el rostro enfocado de nuestra vecina, en lugar de la pequeña figura de mi Mateo.

    —No es nada preciosa. Lo cuidaremos bien. Vayan ahora y hablen toda la cosa. Espera verlos pronta… Juntos. ¿Me oyes tú?… ¡Vecina ingrrata! Un beso para los dos. — ¡Gracias por todo, mi monita encendida! Yo también te quiero. Muakk. Le respondo y antes de que me sermonee, con una sensación de amargura doy por concluida la videollamada.

    — ¡Pufff! Bueno Melissa ahora sí. Al mal paso, darle prisa. —Ella no me mira de inmediato, por el contrario sigue con la humedad anillando sus párpados, observando hacia la piscina. Se fija en los dos hombres que se acomodan desnudos, en las asoleadoras de ratán.

    —Johann se llama el rubio y Nikolaus, el rapado. Son los últimos huéspedes, aunque llegaron primero que los demás. William los conoció en Bonaire, cuando estuvo encargado de hacer un reemplazo en el banco y de regreso se trajo consigo a estos alemanes. —Sacio la curiosidad y Mariana asombrada, los observa con detenimiento.

    — ¡Pero están desnudos! ¿Ahora permites hacer nudismo? ¿De cuándo acá cambiaron las normas? —Le pregunto sorprendida mientras veo que el rubio se pasa de bueno y el rapado, –un poco menos musculoso– tampoco está nada mal. Ya están con un tono demasiado rojizo para mi gusto y sin embargo el rubio con esmero, esparce aceite por todas partes al otro.

    —Pues a William le pareció conveniente. —Le respondo a Mariana, quien no aparta la mirada del accionar de los alemanes. Johann de costado al pie de su novio, le embadurna los hombros y el pecho con loción bronceadora.

    —Sube la tarifa un poco, –continúo relatándole la decisión tomada– pero es un plus que con gusto han pagado. Ya sabes que no es muy común en Curazao, andar libremente por ahí con todo al aire. El próximo jueves de hecho, llegaran tres parejas más y se quedaran dos semanas. —Mariana aunque me escucha, no me determina, empecinada en seguir, –seguramente curiosa– el recorrido de las manos del uno sobre las piernas y el torso del otro.

    — ¿Se están dando un «pico» o es que me parece? Acaso ellos son…

    —Sí, una enamorada pareja. Y Melissa, por favor no los mires tanto que pareces provocada. ¡Si quieres cuando terminemos te los presento! —Y me mira ella ahora sí, con rostro de enfado por mis últimas palabras.

    —Lo siento Melissa, no lo dije con ironía ni por ofenderte.

    —Ummm, okey. No te preocupes. —Le respondo aunque sí, me ha hecho sentir una fisgona cualquiera, cuando no siento el más mínimo interés. Simplemente me he dejado llevar por el desconcertante momento de la desnudez. — ¿Entramos? Le digo a mi esposo, pues en verdad ya hace bastante calor.

    Doy una última mirada a ese par de hombres desnudos antes de ingresar de nuevo a la cabaña y enfrentarme al juicio donde mi marido será jurado y juez. Yo por mi parte, llevaré frente al estrado mi conciencia por abogado defensor y las verdades que me atormentan como pruebas, dispuesta a asumir la pena que él me imponga. Pero con la esperanza de que si aún me ama… ¡Quizá me absuelva!

    — ¡Ohhh, por Dios! –Caigo en cuenta– Y a todas estas… Kayra, ¿Qué dice al respecto? —Le pregunto a mi marido, sumergiéndome en la penumbra del salón, siguiéndole los pasos de nuevo hasta llegar al sofá.

    —Pues al principio al verlos así, se santiguo siete veces, creo. Pero después de un tiempo se acostumbró y dejó sus aspavientos, aunque aún no asimila que las partidas de dominó, cuando vienen Eric y Pierre, se hagan completamente al natural con sol o bajo la luz de la luna y las antorchas.

    —Ya veo. Ehhh, ¿Y tú? ¿También lo practicas? —Me pregunta Mariana mientras aparta un cigarrillo de la cajetilla y yo agoto de un sorbo mi coctel.

    —Ya sabes… ¡Donde fueres, haz lo que vieres! Bueno, para ser franco, no todas las veces. —Camilo me responde, levantando los hombros y colocando en su cara una maliciosa sonrisa y en mi mente visualizo la escena. Dos parejas de homosexuales, un solterón empedernido y mi esposo, jugando, apostando algo de dinero e ingiriendo bastante alcohol. ¡Espero que no haya ido a más!

    — ¿Y bien? ¿Te gustó? —Le pregunto a Mariana y me dirijo sin prisa hacia el mesón de la cocina, temeroso de iniciar lo que se supone, no podemos ni debemos demorar más, pues debe aclarar nuestro futuro. Tomo la botella de tequila por el gollete, elevo mi cabeza y dirijo finalmente valeroso, la mirada hacia el sofá. Sus labios apresan el borde de cristal de su bebida, también está ella a punto de agotarla y entre sus dedos, el índice y el corazón, –de la misma mano– hace equilibrio encendido, el enrollado tabaco.

    — ¿La videollamada? Por supuesto. —Le respondo. —Mateo te extraña demasiado. Tanto… ¡Como yo! Camilo se sonríe y balancea el envase del tequila, tentándome.

    —Bueno eso también, pero me refería al coctel. ¿Te preparo otro? O para tomar impulso a tus palabras, necesitas algo más…

    — ¿Fuerte? —Le colaboro para culminar su frase, sin apartar la vista. —Aguardiente sería lo ideal pero ahora tengo la garganta reseca. ¿Tienes cerveza?

    —Hummm, déjame ver. —Reviso la nevera y palpo las latas que están más abajo. — ¡No están muy frías pero creo que servirán! Se lo comunico y sin esperar su respuesta, destapo dos Club Colombia.

    Me acercó al sofá y le ofrezco una. Mariana agradece y me la recibe. Acomoda su cuerpo hacia su derecha, descruzando las piernas y apaga por fin el cigarrillo en el cenicero. Yo por el contrario enciendo uno de los míos y me siento en la silla giratoria, apoyando mi tensa calma en el espaldar. ¡Dispuesto por fin a escuchar, es imposible demorarlo más!

    — ¡Ahhh, que delicia! —Comento para los dos, después de dar un inicial y largo sorbo a mi refrescante cerveza. Camilo fuma, más no bebe. Me mira y no dice nada. —Bueno como dijiste, no hay motivos para brindar. Pero… ¡Saludcita!

    — ¡Pues salud! le respondo, elevando hacia el frente mi lata de cerveza. —Al fin de cuentas es lo más importante en esta vida. ¿No es así, Melissa? Pronuncio y bebo un trago que me sabe emocionalmente glacial, antes de tomarme los amargos que con seguridad vendrán con su relatada verdad.

    —Sinceramente, es así. Aunque igualmente son importantes otros aspectos para vivir mejor. ¿No es así, Camilo Andrés? —Le respondo calcando su sarcasmo, y mi marido se acomoda mejor girando hacia la izquierda su cuerpo, bien abiertas y flexionadas las piernas, afirmando sus zapatillas nuevas sobre el graduable reposapiés.

    — ¿Cómo el amor y el dinero? Le pregunto. Ehh, me alcanzas el cenicero, ¿por favor? Gracias. —Doy un leve toque al filtro con mi pulgar para deshacerme de la ceniza y de paso en mi pecho, esta opresión.

    —Pues sí, esas bendiciones son tambien necesarias para vivir bien. —Acierto a responderle y creo saber para donde vamos con esta conversación pero realmente ahora, no sé cómo lo haré ni por donde comenzar. ¿Con cuál frase? ¿Cuáles eran las palabras? ¡Mierda! No las recuerdo ahora. ¡Se viene el empujón!

    —Y bien Melissa, creo que ya puedes comenzar a hablar de lo que has venido a conseguir de mí. —Le digo finalmente para acabar lo más pronto posible con esta charla demasiado dilatada.

    — ¿Ha llegado la hora? Ufff… Hummm. Yo… ¡No sé por dónde empezar! —Y Mariana se coloca en pie. Ya no alisa el tejido de su vestido, no le preocupa. Tampoco se frota las manos, como usualmente hace cuando va a expresar una idea o en este caso, sus disculpas.

    ***

    ¡Creo necesitar aire! También un espacio para calmar estos nervios y por supuesto una luz que me pueda iluminar las ideas para dar comienzo. Me acerco muda hasta la entrada, con la puerta abierta de par en par y alargo el tiempo descolgando mis brazos. Aprieto mis manos perturbada y en la cerámica del suelo observo dibujada, trapezoidalmente la claridad de esta mañana. ¡Yo no la tengo!

    Todo un guion de telenovela, estudiado frente al espejo de nuestra habitación y sobre nuestra cama, la maleta de viaje aun sin hacer. Con gestos de arrepentimiento y movimientos de mis manos para acentuarlo, que en este momento no los encuentro. No me sirvieron de nada, pues en el apuro de encontrarle espacio a mi automóvil en el parking del aeropuerto en Bogotá, se me quedaron refundidos allí a la hora de cargar con mi equipaje, y ahora he olvidado por completo el parlamento. Pero ni esta lánguida postura ni mis sudorosas manos, son las ensayadas hasta bien entrada esa madrugada.

    Actriz definitivamente no era, y mentirosa tampoco quería parecer, aunque bien que le mentí varios meses mientras abusaba de su confianza lenta y progresivamente. Y sí, nerviosa y trastornada, repruebo esta audición estrepitosamente, ante la realidad que tengo en frente de mí, después de tanto tiempo de no hablarle ni mucho menos verle. ¡Da igual! Las verdades que necesito que conozca, no requieren de luminosos escenarios y mucho menos de sonoros aplausos. No creo que mi esposo, –como único espectador– esté por la labor de ponerse de pie en su palco y festejármelas. Me doy vuelta para acercarme a Camilo, pero sin verle. ¡El manto de la vergüenza me envuelve!

    ***

    Rígidos los brazos, cayendo algo apáticos a los costados. Cierra con rapidez las manos hasta dar consistencia al puño y luego las expande, separando ampliamente sus finos dedos. ¡Veo destellos en uno de ellos! Es por culpa de la dorada y real alianza que le coloqué, aquella tarde soleada de un antiguo agosto.

    Repite la operación varias veces, acompañando con este nervioso gesto sus cavilados pasos en una diagonal, entre el sofá y el umbral de la entrada. Desde allí, aclarada Mariana se gira y ahora entorna la mirada. Regresa hacia mí, cabizbaja y sin iluminarme con ese par de tallados topacios azules que me enamoraron. Finalmente me acomodo en el sofá respetando el abandonado lugar y su pensativo silencio.

    —Camilo, mi amor… —Mi esposo se lleva ahora una mano a su frente y con ese acto detiene mí enredado comienzo, pero no la deja allí sino que la desplaza hasta su coronilla, labrando surcos con sus dedos en el oscuro castaño de sus ondulados cabellos. ¿Estará dispuesto a escuchar o a rebatir cada argumento mío?

    —Ahh, ya veo. ¿Aún soy tu amor, Melissa? Le respondo y un tanto incomodo también me pongo en pie con la lata de cerveza ya tibia en mi mano.

    —Por favor, déjame expresarme a mi manera. Permíteme hablarte con mis palabras y sobre todo como yo lo siento. Entiendo que sea difícil para ti. Créeme cuando te digo que para mí, lo es aún más. Y sí, mi vida… ¡Por supuesto que te amo! Yo no he dejado ni un instante de hacerlo. Sonara estúpido y falso, hasta difícil de creer, pero así lo ha sido siempre y así lo es. Por ello es que me estoy haciendo un lio para comenzar.

    — ¡Ahh carajo! bonita forma de amarme la tuya. ¿No te parece? Hace unos cuantos meses, teniéndome cerca se te olvidó hacérmelo saber y sentir. Ahora estando separados, resulta que vienes para recordarme algo que a ti nunca se te olvidó, pero pasaste por alto. En fin, solo da inicio por el final, que en conclusión, es el motivo por el cual estas acá.

    —Pues Camilo, es evidente que estoy aquí para intentar que regreses conmigo, a tu hogar para estar con tu hijo. Mateo te necesita y creo por lo visto hace instantes, que tu igualmente a él. —Mi esposo se incomoda. Lo sé porque frunce el ceño, aprieta la mandíbula y hace el ademan de intervenir para expresar algún tipo de juicio moral negativo.

    —Espera, déjame continuar. —Le suplico, juntando palma contra palma mis manos y rozando con los dedos, la punta de mi nariz. Un gesticulado… ¡Por favor! Que no fue estudiado sino que me ha salido tan sincero y natural que he logrado calmarlo momentáneamente, antes de proseguir.

    —Comprendo que para conseguirlo, es imprescindible lograr que me perdones y olvides mi engaño. Entiendo que no lo concibas y creas ahora que voy a utilizar a nuestro hijo como víctima para forzar tu regreso.

    —Pues sí, Melissa. ¡Por favor! Eso es lo que parece. —Le respondo y deslizo hacia afuera del empaque, un nuevo cigarrillo. —En familiar sincronía Mariana, toma uno de los suyos, bastante tranquila ante mi reclamo y me ofrece candela con elegante discreción, pero enseguida persiste.

    —No Camilo, no usaré a Mateo como comodín. Pero en verdad, la aflicción en nuestro hijo, su mal dormir y sus llantos, así como nombrarte siempre en sus juegos imaginarios y añorar las salidas contigo al parque, fueron suficientes motivos para darme el valor de buscarte. Nuestro hijo es quien menos merece sufrir, y el ser que me dio la fuerza necesaria para enterrar mi rencor por tu cobarde partida y buscar una solución, una manera de poder encontrarte para él primordialmente y sí, también para mi bienestar emocional. —Mi esposo pensativo, con fuerza aspira aire y para responderme, expulsa el humo contenido del cigarrillo, por la nariz en dos hileras grises, despavorido el resto entre sus labios a medio abrir.

    —Lo que tu llamas cobardía, yo lo entiendo como desilusión, decepción, desengaño, frustración… Pero sí, en eso tienes mucha razón Melissa. Yo no creo que Mateo merezca crecer sin su padre, y con tu traición hacia mí, le estamos endilgando un tormento que no tiene por qué vivir. Sin embargo los dos sabemos que la única solución posible es que conciliemos una custodia compartida. Que permitas verme con mi hijo allá o aquí. Unos días cada mes. No pienso arrebatarlo de tus brazos, como te ha hecho pensar tu tía y ese estúpido abogado, acusándome de querer secuestrarlo, solo porque lo llevé conmigo ese fin de semana sin consultártelo. ¡Tan solo me despedía! —Mariana me observa aun de pie y asiente con su cabeza, más no sonríe. Bebe de su cerveza, un trago. Quizás no es la respuesta que esperaba escuchar.

    —Hummm, sobre eso pues que te puedo decir. Fui una idiota al dejarme convencer por ella y al ver que no regresabas con mi hijo a la casa, enloquecida le pedí consejos y en vez de asumir la responsabilidad por mis faltas, avergonzada por quedar ante mi familia como la puta que era, sin decirle a ella la verdad, por el contrario te culpé por todo. Acepté tontamente sus recomendaciones. Debía alejarme de ti y no dejarte ver más a Mateo. ¡Otra más de mis cagadas! En verdad lo lamento mi vida. Como ves, es mi deber pedir de ti, más de un perdón.

    —Lo increíble Melissa, es que la única que cambió en este tiempo fuiste tú y aun así, quisiste hacerme ver ante tu familia como un desalmado secuestrador. ¡De mi propio hijo! No lo esperaba de ti.

    —Cegada por tu actitud distante y ese silencio eterno, fui culpándote sin justa razón, sin decírtelo a la cara. Evitándome a todas horas, no era la solución a nuestros problemas, Camilo. En un principio pensé que te faltaba valor, negándote a enfrentarme, pelearnos, discutirme o insultarnos. ¡Lo normal! Luego entendí que con tu mutismo, tan solo protegías lo poco bueno que quedaba de mí, dentro de ti.

    —Yo… Quise decirte muchas cosas Melissa, pero… –le respondo sin mirarla, avergonzado de lo que llegué a pensar de ella–… Pero ninguna de esas palabras, eran buenas para la mujer que amé. ¿Gritarte? Ya no era necesario. «Después del ojo afuera, ya no hay Santa Lucia que valga» ¿No crees? —Doy un sorbo pero no me sabe a bueno. Necesito algo más intenso, que le cause ardor a mi garganta, antes de concluir mi respuesta. ¡Un «guarito» podría ser!

    Me dirijo hasta el mesón y del lavavajillas tomo dos copas 10°, alargados tubos de un cristal inclinado, obsequio de la pareja alemana a la cuarta o quinta noche de arribar aquí. Mariana también lo desea y se coloca al otro costado del mesón. La conozco. Nos conocemos muy bien. Casi las reboso de aguardiente, como acostumbra a decir ella… «Uno doble con cara de triple». Y deslizo una, hasta colocarla en frente suyo. Sin brindis como acordamos, cada uno bebe sin asco de la suya, hasta vaciar el fondo.

    — ¡Buaghhh! ¡Brrrrr! Juemadre si quema. Exclama Mariana arrugando los labios de su boca y achinando los ojos.

    —Sí señora, el primero casi siempre entra en reversa. —Llenando de nuevo las copas para continuar, comparto su opinión.

    — ¿Golpearte? —Y ahora si presto atención a su reacción.

    Mariana entre cierra los ojos y mueve la cabeza de izquierda a derecha, pero con la rapidez necesaria para, ante mi interrogación, negarse a creerme capaz de algo así.

    —Tú nunca lo harías… —Se le escapa débil la frase en alcoholizadas letras tras un corto sorbo del ardiente licor. ¡Un punto a su favor!

    —Eso jamás lo haría Melissa, yo no me perdonaría jamás lastimarte y convertirme en un maltratador como tú ex novio. Así que asumí que el silencio sería una mejor manera de hacerte saber, como de roto me habías dejado. De hecho, lo único que te desee interiormente, fue que pudieras ser feliz con… el tipo ese. Ya que junto a mí, al parecer no te era suficiente.

    Mariana y yo nos observamos enmudecidos en estos escasos metros cuadrados que fueron tiempo atrás, ocupados por compinches ojeadas, mimos y besuqueos, risotadas de complicidad y caricias premeditadas para fomentar posteriores encuentros sexuales, llenando de amor nuestro hogar. Y ahora cada uno ocupa su respectiva esquina, cual ring de boxeo.

    Tomamos aliento sin el agitar de la toalla, bebemos aguardiente en lugar de agua y fumamos apartados sin charlas sobre cómo proteger la quijada o la indicada manera de lanzar el próximo gancho al costado. Estamos perdiendo nuestra amorosa complicidad. ¿Quién iniciará el siguiente asalto?

    ***

    —Camilo… Ya que has aceptado verme y hablar, quiero decirte ante todo que te amo, que nunca he dejado de hacerlo. —En el rostro de mi esposo se dibuja una risita burlona, da media vuelta y bebe de una el resto de aguardiente. Se aleja hasta la entrada de la cabaña, de nuevo dándome la espalda.

    —Espera, espera mi cielo, déjame seguir. ¡Quiero pedirte que me perdones! Pero no solo una vez, ni dos o tres. Mil veces perdón, mi amor. Te lo pediré hasta el cansancio, hasta que tú puedas o quieras… —Quedo en suspenso y Camilo se detiene. Alza los brazos hasta aferrarse con ambas manos al travesaño de la puerta. Y renace en mis ojos, el conocido ardor tras tantas horas de llanto.

    —Pero necesito explicarte, contártelo todo y antes de volver a juzgarme, aunque estés en todo tu derecho de hacerlo y repudiarme, es preciso que sepas que no todo fue por mi maldita culpa. —Y se impregnan de húmedas congojas mis ennegrecidas pestañas.

    — ¿Pero de que me hablas? No comprendo Melissa. —Mirando al exterior, –donde aún permanecen recostados de espaldas al sol los dos alemanes bronceándose los culos. – le pregunto sin verle. Y en mi mente tintineando, aquella proposición de Rodrigo… ¡Déjala hablar, solo haz de cuenta que no estas enterado de nada!

    —No he regresado para mentirte. ¡Ya no, Camilo! Voy a ser lo más sincera posible, aunque la verdad nos duela. ¡Sí mi vida! No voy a ocultarte nada. Debo hablarte de frente, así que mírame… ¡Mírame cariño! —Le ordeno con firmeza y mi marido lentamente se gira, aprieta entre sus dientes el consumido pucho y en su mano derecha, apenas sostenida con dos dedos, la copa vacía.

    Me acerco hasta él, con la botella de aguardiente en mi mano. Abarroto su acristalado cilindro y a continuación el mío. Lo miro fijamente, –mi respiración está algo agitada, moqueando un poco además– y finalmente me inundo de valor para decirle… —La primera verdad es que soy culpable de traición, y fue por mi propia decisión el haber sido infiel. Te pido perdón por ello. — Mi esposo ni parpadea.

    —La segunda, es que desgraciadamente para ti y para mí, por culpa del malparido de tu amigo, en una puta me convertí. También te pido excusas por eso. —Camilo sigue serio e imperturbable, sin dejar de mirarme, luego da un sorbo.

    —Y la tercera verdad mi vida, es que estoy enterada de tus aventuras, –ahora si reaccionan sus pupilas– lo he asumido y te perdono mi amor. Comprendo que hubieses caído con una, pues yo lo propicié. ¿Pero con la otra? Con mi amiga, no me lo esperé. ¡Me sorprendiste! —Ahora si perturbado, se cruza de brazos.

  • Probando dos penes grandes y rico mi maduro me inicia (5-6)

    Probando dos penes grandes y rico mi maduro me inicia (5-6)

    Parte 5:

    Yo seguía mamando mucho, Calvin sacó su pene dentro mi culo y se acercó hasta donde mi hombre ya que yo tenía su pene en mi boca, lo maravilloso ocurrió, tenía dos penes para mí en frente y para mí boca, le daba, chupadas ricas a los dos penes al mismo tiempo, estaba probando dos líquidos preseminales de mis dos hombres, la combinación era muy rica, así pase un buen rato mamando mucho, eran divino tener los dos glandes a mi disposición.

    Mi hombre se levantó y va directo a mis nalgas, ahí empieza a darme ricas lamidas de culo, me escupe mucho mi ano, estaba lleno de saliva rica, mientras chupa el miembro grande de Calvin, Dirmero me daba placer anal, luego de lamer mucho mi culote, Dirmero se levanta y me penetra, extrañaba el rico pene de mi hombre en mi culo, me cogia muy rico, demasiado diría yo, apenas el viernes pasaba las 4pm, estábamos follando muy rico, era mucho sexo puro, una vez terminando de mamar el pene de Calvin, se corre en mi boca, esperma muy espesa, el sabor era algo extraño ya que tenía el sabor de mi hombre y pues estaba acostumbrado al sabor de esperma de Dirmero, igual me trague toda la leche de Calvin.

    Ya Dirmero se levanta y va hacia mi boca a darme una porción más de esperma de su pene rico, acabó cómo nunca, y él me levanta mi cara y una vez tragando todo, Dirmero tenía mucha baba por darme me escupe la boca dejando caer rica saliva espesa, extrañaba saborear su combinación de esperma y saliva me chupaba los dedos.

    Ya terminamos de coger rico, nos duchamos y nos lavamos todo nuestros cuerpos, a la 6 pm accedimos a preparar comida y sentarnos en la mesa a comer, porque teníamos mucha hambre de tanto follar, Dirmero y Calvin, se dan la tarea de hacer la comida para tomar energía y descansar un buen rato, ya que en la noche teníamos otra jornada sexual que realizar, todos estamos desnudos y mis dos hombres mientras preparaban comida, me llevaban picadas hasta a la sala donde veía un poco de TV, Dirmero hizo batido de jugo, me la llevo en un vaso, metió su glande en el vaso de jugo, esto lo hacíamos en mi casa, tenía su glande lleno y espeso de jugo, así aprovechaba en chuparle la cabeza del pene, a la final me tomé el batido.

    Calvin veía ese espectáculo y aprovecho en masturbarse y me llevo una rebanada de pan llena de esperma, me dijo acá tiene para que pruebes, sabía que me iba a comer el pan, me di el gusto de comerme el pan lleno de leche, me gusta mucho, nunca lo había hecho, una vez terminado de cocinar me llaman para la sala comedor para probar lo que había preparado, comimos nos reímos mucho de lo que hicimos, planificando lo que debías hacer en la noche y los dos días que nos quedaban, mientras comíamos me senté en el pene de Dirmero y me clave su pene en mi culo, me gusta mientras como con mi hombre, comía y le daba comida como si fuera mi bebé, Calvin se animó, el comía y se levantó para meterme su enorme pene en mi boca, estaba excitado, estaba babeando su glande, aproveche en pasar mi lengua y tener un poco de líquido preseminal y darle a Dirmero para que probara, quedamos todos encantados dé lo que hacíamos.

    Nos levantamos, Dirmero y Calvin se van arreglar cosas en la cocina, ellos al mismo tiempo me dicen, ve al cuarto arreglarlo, que vamos a acostarnos para dormir y recuperar energías para así poder coger rico cuando nos despertemos.

    Parte 6

    Así mismo fue y una vez todo en orden, yo los estaba esperando en el cuarto, me gusta usar hilo dental, para que ellos me detallen mis nalgas y así excitarlos mucho., Ellos llegaron desnudos y amasando sus penes, A mi hombre se le notan unas venas gruesas que hacen ver el pene grueso y rico, ellos dejaron la luz a medía luz para así poder vernos y poder disfrutar mientras dormimos, Dirmero estaba cansado y cuando dormidos juntos suelo estará a la altura de su cadera para meterme su pene en mi boca y poder conciliar el sueño de mi hombre.

    Los tres nos acostamos y hice lo que le gusta a Dirmero tener su pene en mi boca mientras se queda dormido, a los pocos minutos se queda en un sueño profundo, mientras Calvin me veía, me saco el pene de mi boca de mi hombre, y me volteo a conversar con Calvin, mientras hablamos, masajeaba su enorme rabo, y más se ponía grueso y duro, logrando hacerle movimientos circulares con mis dedos en su glande, ya que salía líquido preseminal, el cual me llevaba a mis labios, y así mismo nos besamos un buen rato mientras chupaba su lengua muy rica, le pedía que me diera saliva espesa, la cual tenía mucho, así nos estábamos quedábamos dormido, mientras logré voltearme para abrazar a Dirmero.

    Calvin metía sus dedos en mi ano llenos de saliva, para poder meter la cabeza de su pene y poder disfrutar mientras nos quedábamos dormidos, yo movía mí culo para que el pudiera meter todo su tronco y sentir hasta sus bolas, el lo fue metiendo poco a poco, me dolía mucho, le pedía que parará y no hacía caso a lo que le pedí, hasta que por fin metió casi sus 29 cm de pene, me dijo al oído, mi vida ya está todo mi pene dentro de tu ano, si claro que sí lo sentía, así mismo empezó el mete saca, en menos de unos minutos me llenó el culo de esperma, me dejó todo húmedo, salía de su glande mi culo y mucho líquido, logrando tomarlo con mis dedos y saborear todo, así nos quedamos dormidos.

    El día viernes desde que llegamos temprano fue muy placentero, follar desde las 9am has casi las 6pm, claro está, durante ésas horas hicimos pausa, y disfrutamos mucho.

    Nos despertamos casi a las 10 am, relajados, uno al lado del otro, yo estaba en medio de mis dos hombres, ellos me dieron besos, aun estando debajo de las sábanas, pude sentir ésos dos penes gruesos y llenos de líquidos preseminales, yo amanecí con el pene de Calvin dentro de mi culo, y como estaba frente a Dirmero, me besaba muy rico, nos levantamos, acondicionado la habitación para así poder empezar a coger rico, fui al baño a cepillarme y a prepararme un poco, tengo aceite de coco y le pedí a Calvin que me untara un poco dentro de mi ano, Dirmero estaba muy emocionado y más lleno de energía, me levanto y me cargo mucho logrando meter su pene en mi culo, me besaba con ternura y un poco brusco, al mismo tiempo Calvin me tomo por mi espalda e igual logro meter su pene también en mi ano, no me lo creo tengo dos penes grandes en mí culo.

    Continuará

  • Escapada a la montaña con mi madre (XII)

    Escapada a la montaña con mi madre (XII)

    Se acercaba la hora de cenar, pero mi cabeza solo podía estar en un sitio, con la misma idea rondando una y otra vez. Las dudas comenzaban a asaltarme, y no eran pocas precisamente. Sí claro, por un lado la idea de ver a mi madre en medio de un gangbang, rodeada de tíos usándola como un juguete sexual… Dios, escrito sé que suena horrible, pero muchos me comprenderéis cuando digo que hay como un morbo especial en eso. Obviamente yo respeto a mi madre con toda mi alma, y es la única persona en el mundo por la que daría mi vida (lo siento papá). Y vamos, sobra decir que no podría soportar ver a alguien tratándola mal. Contradictorio, pensaréis algunos. Y no os falta razón claro, pero precisamente esa es la gracia.

    En el sexo mientras todo sea consensuado y hablado de antemano por ambas partes, podríamos decir que todo vale, y el tratar en la cama de forma dominante a una persona a la que en el día a día respetas a más no poder, eso queridos amigos, es una de las magias del sexo. La cosa son los contrastes, por ejemplo, mirad el caso contrario, el de mi madre. Es una madre, con todo lo que ello conlleva, es decir, una mujer que vela por su familia, pero que ante todo es una figura de autoridad inamovible. Y sin embargo ahí la tenéis, rogándole a su propio hijo que se la folle duro y pidiendo prácticamente a gritos que este mismo la someta, convirtiéndola así en un mero juguete sexual.

    Obviamente por esto y por muchas más cosas, la idea de ver como varios tíos la someten de esa manera (además ordenado por mi) era de lo que más cachondo me podría poner en este mundo, pero claro, ¿qué pensaría mi madre de todo esto? Sé perfectamente que ella lo disfrutaría como nadie, pero de la fantasía a la realidad hay un gran paso. Además, el factor fundamental aquí era mi padre, ya que aunque lo que hayamos hecho hasta ahora a ojos de mucha gente pueda parecer lo más horrible del mundo, ir a un bar expresamente a follar con cuantos más tíos mejor es algo quizá demasiado premeditado. ¿Y si al proponerle esto ella se enfadaba y decidía cortar nuestra relación?

    Al fin y al cabo era solo una noche la que nos quedaba de vacaciones, y supuestamente una vez regresáramos a casa todo esto debía terminar. Y digo supuestamente porque mi cabeza todavía no quería procesar eso. Ya no solo por el sexo, que obviamente jugaba un papel fundamental, si no por el resto de cosas que lo rodean. Es decir, dejar de dar besos de buenos días… apartar a un lado las caricias y los toqueteos furtivos… En fin, esas muestras de cariño propias de las parejas.

    En ese momento escuché como mi madre me llamaba para cenar desde la planta baja. Me había quedado tan absorto en mis pensamientos que ya daban casi las 21:30. Me levanté de un salto de la cama y abrí la puerta completamente decidido. Se habían acabado las comeduras de cabeza, si era cierto que esa iba a ser nuestra última noche en esta retorcida relación incestuosa, tenía que jugármela para que fuera lo más legendaria posible.

    Una vez abajo me encontré con mi madre preparando la mesa del comedor. Colocando los platos y los cubiertos alrededor de una ensalada de pasta, la cual tenía una pinta increíble. No tan increíble eso sí como ella, la cual como ya era costumbre lucía impresionante. Tenía su preciosa melena recogida en un moño casual bastante sexy, mientras que puesto llevaba uno de sus típicos camisones de seda, esta vez color lila clarito. Sobra decir que obviamente lo que más destacaban eran sus imponentes tetas, ya que aunque el camisón no llevara nada de escote, la fina tela permitía que estas se marcaran tambaleándose con sus movimientos a la perfección, pudiendo ver sus pezones como si prácticamente no llevara nada.

    Nos saludamos con un piquito y nos sentamos dispuestos a cenar. El ambiente era de lo más relajado, pero los nervios no paraban de atormentarme. No hablamos demasiado en lo referente a sexo, simplemente charlábamos sobre varios temas banales de forma distendida, lo cual no me animaba mucho precisamente a sacar el tema. Tenía la cabeza en cualquier lado menos en la conversación, por lo que mi madre no tardó demasiado tiempo en darse cuenta de que algo me rondaba por la mente.

    -Hey cielo -mientras me acariciaba la mano- ¿estas bien? Te noto como distraído.

    -Eeeh… Sí sí, todo bien tranquila -dije yo sonriente intentado no preocuparla-.

    -Venga hombre, que las madres no somos tontas -decía ella divertida-. Vamos cuéntame qué ronda por esa cabecita.

    -Puees… Nada verás, es una idea a la que le he estado dando vueltas desde hace un rato.

    -Mmm… Interesante. Y de qué trata cuéntame.

    -Bueno tiene que ver con el vídeo que vimos antes, ya sabes, el del »gangbang».

    -Uuy. Sabía yo que iba a tener algo que ver con eso. Pues mira antes de que digas nada -dijo ella acercándose hacia mi oído mientras comenzaba a acariciar mi muslo-, estoy deseando volver a probar lo que hicimos hace un rato…

    -Yo… yo también mamá… -en ese momento pensé en dejar a un lado la idea y tirarme sobre ella, pero tenía un plan y había que mantener la mente fría-. Pero, ¿no preferirías hacerlo bien esta vez?

    Estas palabras hicieron que mi madre se cortara un poco, apartando su mano de mi pierna y volviendo a sentarse en su silla.

    -¿Cómo bien? No se a que te refieres cielo -obviamente por su tono de voz sabía perfectamente a lo que me refería-.

    -Pues eso, bien hecho. Es decir… Ya sabes… Como en el vídeo -su cara era un poema-. O sea quiero decir, es solo si te apetece, he estado buscando información por internet y…

    -Pero hijo -me interrumpieron sus palabras-. ¿Me estás proponiendo lo que creo que me estás proponiendo?

    -Sí mamá ya te lo he dicho, como en el vídeo. Te estoy ofreciendo experimentar un »gangbang».

    -Pe… pero… Yo… Yo no sé si podría hacer algo así…

    -Ya lo sé, -esta vez fui yo quien interrumpió- por eso dudaba en si decírtelo. Sé que es algo muy fuerte, y que igual te sentías culpable por papá.

    -No cariño, no es en papá en quien pienso ahora mismo. Obviamente estaría fatal y sería una falta de respeto horrible hacia él, pero a estas alturas creo que he hecho cosas peores -dijo señalándome de arriba a abajo, provocando en mi una leve sonrisa-. Estoy pensando en ti cielo. Puede que suene estúpido, pero acostarme con otra gente ahora mismo, no sé, sería como… Como ponerte los cuernos…

    -Ay mamá… -dije dándole un abrazo-. Tranquila cariño, sé como te sientes, porque yo siento exactamente lo mismo. Creo que no podría acostarme con nadie más y, sinceramente, sí que me pondría un poquito celoso que tú lo hicieras con otra persona.

    En ese momento ella iba a comenzar a hablar, pero a sabiendas de lo que me iba a decir decidí cortarla y continuar mi discurso.

    -Sé lo que me vas a decir, pero escucha. Si bien es cierto que me entran celos al imaginarte con otra persona, también me pone extremadamente cachondo imaginarte rodeada de tíos… Follándote -en ese momento su cara cambio, pasando de una expresión preocupada, a una algo mas libidinosa-, y además sé, -dije acercando mi mano por la cara interior de unos de sus muslos, aproximándome peligrosamente a su desnuda entrepierna- que tu te mueres porque algo así pase.

    -Cielo… Aahh… -mi mano acariciaba a ratos su coño-. Si te soy sincera ya sabes que me pone demasiado cachonda la idea. Pero es una fantasía, solo eso… ¿Cómo vamos a organizar algo así en tan poco tiempo? Ya sabes que una vez volvamos…

    -Lo se amor, pero por eso no te preocupes, yo me encargo de todo. He buscado por internet y hay un sitio donde organizan cosas del estilo, y lo mejor de todo es que está apenas a una hora en coche.

    -Dios cielo no sé… Esto igual es demasiado locura. ¿Y si nos ve alguien?

    -Es un sitio muy discreto no te preocupes. Tú confía en mi, voy a dejarlo todo organizado para que estés lo más cómoda posible cariño. Pero bueno, de momento, ¿habrá que buscarte un modelito no? Quiero que esos hombres se peguen por mi mujer… -Según acabé la frase me acerqué a su boca, comenzando un rico y apasionado morreo mientras mis dedos se clavaban completamente en su coño-.

    -Agh… -gemía ella separándose de mis labios, mientras con sus manos sujetaba mi muñeca-. Joder cielo… Sé que esto es una locura… Pero… Pero… Agggh… -no pudo terminar la frase, ya que mis dedos comenzaron a tomar mejor ritmo, mientras que mi mano libre le agarraba uno de sus pechos por encima del fino camisón-.

    -Hoy vas a disfrutar como nunca en tu vida amor… -decía mientras pellizcaba unos de sus pezones-. Me voy a encargar de que nunca olvides esta noche… Pero primero, toca que elijamos ropa -dije yo levantándome y dejándola a medias de un inminente orgasmo-.

    -No me jodas… ¿En serio me vas a dejar así? Vamos cielo… Mami necesita correrse… -Decía ella levantándose hacia mí, cogiendo una de mis manos y llevándola de nuevo hacia su entrepierna, todo esto con su voz de niña buena, sabiendo lo mucho que me pone-.

    -Y claro que te vas a correr cariño… De hecho hoy te vas a correr como no te has corrido en tu vida -decía yo acariciándole la barbilla-. Y por eso mismo, quiero dejarte así. ¿Sabes por qué?

    -¿Por qué amor? -Su voz sonaba de lo más caliente posible-.

    -Para que tu coño esté bien preparadito, porque hoy, te van a follar hasta que te desmayes… -dicho esto pegué su cuerpo contra el mío y le planté un sucio morreo, morreo en el cual ambos mezclamos nuestras lenguas todo lo que pudimos y más-. Ahora sé buena, y sube a buscar algo bien sexy para la ocasión.

    -Joder… No sé cómo he aguantado tanto tiempo sin alguien que me ponga tan cachonda…

    Mientras decía esto, pude ver como subía las escaleras en dirección a su habitación, por lo que era mi momento de dejar todo bien preparado. Cogí el móvil y me puse a investigar de nuevo en las páginas que ya había visitado hacía un rato. Decidí crearme una cuenta y mandarle un mensaje privado a ese usuario, el que hablaba sobre el pub situado bajo el hotel. Se veía que era bastante conocedor del asunto, por lo que toda información que me pudiera dar me sería útil, pero además necesitaba alguna forma de entrar al sitio en sí, ya que en el post mencionaba que necesitabas ser conocedor de una especie de contraseña, o bien entrar por invitación.

    Por suerte y para mi sorpresa, el usuario no tardó en contestarme.

    -Buenas!! Verás estaba buscando información sobre locales de intercambio, y al ver tu post me he animado a escribirte, ya que parece que sabes bastante sobre el tema. ¿Me podrías orientar un poquito?

    -Heey qué tal! Si claro, no eres el primero que me escribe buscando más info tranquilo jajaja. Coméntame, ¿qué estabas buscando concretamente?

    -Bueno verás, mi novia y yo llevamos interesados en el rollo de los gangbangs desde hace un tiempo, y he visto que mencionabas una especie de pub donde se podían probar cosas del estilo, el que estaba debajo del hotel ya sabes.

    -Sii claro! Un sitio muy muy interesante. Además para primerizos en estas experiencias está muy bien, porque es un sitio muy elegante y nada basto, como que no asusta de primeras sabes jajaja.

    -Pues es justo lo que andábamos buscando!! Queremos probar cosas nuevas pero tampoco meternos de lleno en lo más loco claro jajaja.

    -Claro claro, yo cuando empecé la verdad es que estaba cagado jajaja. Pero na luego ves que es un mundo increíble, buen rollo por todos lados vaya. ¿Y para cuando tenías pensado ir?

    -Bueno ahí está la cosa. Estamos de paso por la zona y nos hemos decidido hace bien poco, de hecho nos gustaría probar esta misma noche.

    -¿¿Esta noche?? Buf eso si que va a estar complicado. Normalmente para nuevos hay una semana o dos de lista de espera.

    -Oh que pena… Pues entonces difícil, porque mañana mismo nos vamos jajaja.

    -¿En serio? ¿Mañana? Joder pues vaya faena… Mmmm… Oye, ¿puedo preguntaros la edad? Si no es mucha indiscreción vaya.

    -Si claro sin problema! Yo tengo 26 y mi chica 47 -tuve que mentir un poco en la edad para que no sonara tan loco el asunto-.

    -¡Wow! Sin duda una pareja inusual jajaja. Pues mira si te soy sincero, tengo un contacto que trabaja ahí, y os podría intentar colar para esta noche, pero cosas tan de golpe es complicado que las acepten. ¿Podría hacerte un par de preguntillas antes?

    -¡Sí claro! Sin problema pregunta lo que quieras.

    -Vale no sé si has leído el post entero, pero hay varias formas de ir. Lo primero sería saber que roles lleváis cada uno.

    -Sí sí, me lo leí entero tranqui. Pues verás ella sería la que »recibiría» por así decirlo, y yo sinceramente no tengo muy claro si participar o no, la verdad es que todavía no lo he decidido.

    -Vale tranquilo, con eso es suficiente de momento, de hecho lo importante casi siempre es saber quien va a recibir, como tú bien dices, ya que el que la otra parte participe o se mantenga al margen no influye demasiado. Vale pues sabiendo que es ella la parte recibidora te tendría que hacer otra pregunta, aunque esta es un pelín mas comprometida, espero que no te importe.

    -No claro claro, tú pregunta lo que necesites vaya, no te cortes.

    -Te lo agradezco, es que nunca sabes como de abierta es la otra persona al tratar estos temas jajaja. Bueno pues el tema es que tendría que preguntarte por los atributos físicos de tu pareja. Verás sé que suena un poco feo, pero para invitaciones de última hora suelen fijarse bastante en lo que es el físico, ya que al tratarse de algo extraordinario deben asegurarse de que va a funcionar en la sala, no sé si me explico.

    -Sí sí claro, lo entiendo. Pues mira si te soy sincero, extraordinario es la palabra perfecta para describir a mi chica. Ya que veo que estamos en confianza voy a hablar sin tapujos. Rubia, buenos pechos, un cuerpo maduro pero firme, caderas de infarto. Lo que es una MILF en toda regla, no te voy a mentir. Por no hablar de que es una de las mujeres mas preciosas que he visto de cara. Créeme amigo, si la vieras en la vida real no podrías articular palabra -igual me había venido un poco arriba, pero visto lo visto tenía que jugar todas mis cartas, además, tampoco estaba diciendo ninguna mentira precisamente-.

    -Wow… La verdad que me dejas sin palabras. No es que aparezcan muchas mujeres con esa descripción no te voy a mentir, pero sin duda para que un chaval de tu edad ande con una mujer madura, debe de estar de infarto.

    -Infarto es poco, te lo aseguro.

    -Pues amigo, no quiero crearte ilusiones, pero por lo que me estás diciendo me da a mi que no lo vais a tener precisamente complicado para entrar. Además últimamente hay muchos chavales relativamente jóvenes por la sala, y esos la mayoría de las veces van ahí buscando mujeres como la que me acabas de describir. Mira ahora mismo voy a llamar a mi colega y veré qué puedo hacer, pero yo de vosotros me iría arreglando. En cuanto sepa algo te aviso por aquí.

    -¡Mil gracias tío! Voy a comentárselo ahora mismo a mi chica. ¡Espero tu mensaje!

    No me lo creía. ¿Esto era real? ¿Estaba apenas a unas horas de acompañar a mi madre a un gangbang? ¡¿Qué?! Mi cerebro apenas podía procesarlo, pero ahora no era momento de quedarse en las nubes, sino de prepararse para aquella magnífica noche que nos esperaba. Según bloqueé el móvil me dispuse a subir a la habitación de mi madre para darle la noticia y de paso, ayudarla a elegir conjunto. Al abrir la puerta me la encontré prácticamente desnuda, con unas medias negras algo translúcidas, las cuales le cubrían casi todas las piernas, llegando hasta su entrepierna y realzando así su perfecto culo. Por otro lado el resto de la ropa se encontraba encima de la cama, prácticamente toda sacada de su maleta y hecha un revoltijo.

    -Ey cariño, ¿qué tal? ¿Todo bien? -dijo en un tono nervioso de la que se acercaba a darme un beso. Se notaba que estaba un poquillo alterada-. Verás me he puesto estas medias pero no sé que más debería ponerme. ¿Cómo es el sitio? ¿Hay algún tipo de código de vestimenta?

    -Mamá tranquila, estas demasiado nerviosa.

    -Claro es que si vamos en coche igual debería maquillarme al llegar. ¿Será mejor que lleve tacones o plano? Es que los tacones creo que me realzan la figura, pero en plano también estoy coqueta, y además iré más cómoda.

    -Mamá, ¡mamá! Tranquilizate por dios -dije acercándome a ella y cogiéndola de las manos-. Por favor mírate, estás revolucionadísima. Ven siéntate -ambos nos sentamos a los pies de la cama-. ¿Vas a decirme qué te pasa?

    -¿Que qué me pasa? Pues que esto es demasiado fuerte. O sea, quiero hacerlo, estoy totalmente segura de que quiero hacerlo, es más, me muero de ganas de que llegue la hora. Pero es lo que te dije cenando, una cosa es imaginártelo y otra enfrentarte a ello.

    -En normal que estés nerviosa cariño. Yo también lo estoy, y eso que mi papel es mucho más secundario que el tuyo que digamos -dije en tono animado, haciendo que mi madre liberara un poco tensiones-. Mira tranquila, me he informado bien y ya esta todo encaminado. El sitio es un bar muy normal, no pienses que nos vamos a meter en ningún antro de mala muerte, de hecho por fotos que he visto parece hasta un poco elegante y todo. Pero no te obsesiones con qué llevar, ya sabes que estás preciosa con cada cosa que te pones -este comentario despertó una mueca de ternura en mi madre, la cual acompañó con un beso en mi mejilla-.

    -Eres un amor cielo, siempre usas las palabras correctas para hacerme sentir bien. Pero entonces, ¿dices que ya lo tienes todo mirado? Es que yo no tengo ni idea de como van estos temas. ¿Hay que contactar de alguna manera con el sitio o cómo es?

    -Sí bueno algo así, de hecho estoy pendiente de la confirmación, pero vaya que todo pinta genial. Y por la ropa no te preocupes, en serio. De hecho… Puestos a preocuparme por algo relacionado con la ropa, yo me preocuparía por la interior. Al fin y al cabo ¿quieres estar sexy para tus acompañantes de hoy, no?

    -Dicho así… Pero bueno… Supongo que sí, claro -dijo algo sonrojada-. Había pensado en llevar el conjunto que me compraste, ya sabes, este blanco de encaje. O si no alguno de mis conjuntos de sujetador de braguitas combinados con estas medias. ¿El rojo quizás? -dijo cogiendo el sujetador y probándoselo por encima-. Pero no sé, igual queda muy soso.

    -Bueno… Creo que es hora de contarte un secreto…

    -Uy… No sé si ese tonito me asusta o me encanta… ¿Se puede saber a que secreto te refieres? -dijo ella con sonrisa de circunstancia y poniendo los brazos en jarra-.

    -Bueeno… ¿Te acuerdas de los regalitos que te di? Los del sex shop.

    -Claro que me acuerdo. Es más, creo recordar que en mí turno de dominación te ordené que me dieras todos. ¿No es así?

    -Correcto correcto, veo que te acuerdas. Pues verás… La cosa es que me guardé uno para una ocasión especial, y… Bueno… Creo que especial se queda corto en este caso.

    -¡Serás…! -Dijo riéndose mientras me lanzaba el sostén rojo-. ¿En serio te guardaste uno? Se suponía que cuando uno dominaba el otro no podía negarse. ¡Tramposo!

    -Lo see… Lo seee… Pero si te lo hubiera dado en ese momento se hubiera quitado toda la gracia. Además, gracias a eso hoy podrás estrenar un modelito del que no tenias ni idea. ¿No es genial? -decía yo entre risas-.

    -Hmm… Bueno pero que sepas que esta te la guardo. De hecho vas a estar una semana castigado sin sexo ninguno.

    -Claaro como si lo fueras a cumplir. Sabes perfectamente que eso sería tan castigo para ti como para mí. Ademas, ¿en dos semanas ya estaríamos en casa no? ¿O sea que quieres…?

    -¡Bueno! ¿Me traes ya mi conjunto o no?

    Yo simplemente asentí con la cabeza y fui directo a mi cuarto. ¿De verdad ella tenía en la cabeza el continuar con esto aún volviendo a casa? Es cierto que mi padre muchas veces se tiraba días, incluso semanas fuera, por lo que podría ser más o menos viable seguir con nuestra relación sin que nadie sospechara nada. Pero, ¿y los vecinos? En algún momento alguno fijo que escucharía algo. Muchas preguntas y posibilidades asaltaban mi cabeza en este momento, pero no podía perder el tiempo con ellas. Llegué a mi cuarto dispuesto a coger la bolsita que contenía el conjunto, la cual había guardado encima del armario, cuando una notificación sonó en mi móvil. Efectivamente y para mi suerte, era el mensaje que estaba esperando.

    -Buenas tio! Os lo he conseguido, de hecho están encantados de que os paséis por allí! La sala abre a las 00:00, y suelen cerrar sobre las 06:00 más o menos, pero vaya depende de la peña que haya y tal. El protocolo es muy fácil, simplemente tenéis que entrar al bar como cualquier otro cliente. Una vez dentro, veréis una puerta tapada por una cortina que pone »acceso huéspedes». Ahí encontraréis a un figurín trajeado custodiando la puerta. Lo único que tenéis que decirle para pasar es: »Hola buenas, hemos perdido la llave de nuestra suit matrimonial de la quinta planta, ¿nos podrían dar una copia?» Sé que es mu peliculero, pero así funciona esta gente jajaja. Nada, una vez hecho esto podréis pasar y él mismo os indicará el camino. A disfrutar campeones!! Por cierto cualquier cosilla escríbeme y te doy algo más de info, consejo o lo que necesitéis.

    Perfecto, todo marchaba sobre ruedas. Tras esto decidí mandarle un mensaje para darle mil gracias, y de paso pedirle alguna indicación más del funcionamiento, así lo podría ir leyendo y comentando con mi madre en el coche. Hecho esto ahora sí, cogí el conjunto y volví con ella.

    -¡Aqui lo traigo! -Dije entrando por la puerta con la bolsa en mano-.

    -¡Ay, que ganas! ¿Cómo es? ¿Se parece al blanco? ¿También tiene ligueros?

    -Bueeno, la verdad es que puede que algo tengan en común, pero es un pelín distinto.

    -¿Cómo de distinto?

    -Pues bastante distinto. De hecho no sé hasta qué punto se le podía llamar »ropa» interior -dije haciendo énfasis en el »ropa»-.

    -Suena interesante… A ver, a ver, déjame verlo -se la notaba entusiasmada-.

    Tras esto decidí sacarlo de la bolsa. El conjunto en sí no es que fuera un conjunto como tal, ya que solamente estaba compuesto por una pieza. Era como una especia de body, como un arnés de cuerpo entero formado por tiras, ya que ninguna parte de este tapaba zonas como los pechos, el culo, o la vagina, simplemente las rodeaban, quedando estos totalmente expuestos, dando un efecto, efectivamente, algo parecido al otro conjunto blanco, realzando zonas como las tetas pero de una manera mucho más reveladora.

    -Oye… ¿Y cómo se supone que se pone esto? -Decía ella divertida, intentando desenredar ese manojo de cuerdas negras-.

    -Pues debe ser un poco complicado, pero mira, en la bolsa trae un manual y todo.

    El manual era apenas un pequeño folleto que te daba una serie de pasos para poder colocarte el arnés sin fallecer en el intento. En la portada salía el cuerpo de una chica luciéndolo, algo más delgada que mi madre, pero con las mismas proporciones de pecho más o menos.

    -¿Y esto se supone que me va a quedar así? -Sin duda su tono sonaba bastante entusiasmado-.

    -Pues eso se supone. Bueno claro, a ti te quedará mis veces mejor, eso seguro.

    -Ay que zalamero eres… -decía acariciándome la mejilla-. ¿Y de talla crees que me irá bien?

    -Bueno era talla única. Se supone que el material se estira y se adapta bastante bien. ¿Ves? -dije yo estilando la tela, la cual efectivamente daba bastante de si-.

    -Bueno pues supongo que no será tan complicado de poner. ¿Y cómo crees que quedaría mejor?¿Con las medias o sin ellas?

    -Hombre pues puedes probar de las dos maneras. Por la foto parece que varias tiras bajan un poco por los muslos, así que igual mejor sin ellas, ¿no? Pero bueno eso ya como más sexy te veas tú cariño.

    -¡Pues probaré de las dos formas sí! -decía mirándose al espejo emocionada-. Pero oye hijo, este conjunto… Bueno lo compraste para nosotros, ¿no? Quiero decir… Lo compraste para que yo lo utilizara contigo. ¿Estás seguro que quieres que lo utilice hoy? Ya sabes… Con otros hombres… -Sin duda su preocupación era sincera-.

    -Ay amor… Gracias por pensar en mí de esta manera. Eres demasiado buena… -dije acercándome a ella, acariciándole la cara mientras con la otra mano le apartaba el pelo de esta-. Pero creo que estás un poco confundida -su cara se mostraba confusa-.

    -¿Confundida? ¿En qué cielo?

    -Pues verás cariño… Hoy, no te vas a poner esa lencería para esos hombres… Te la vas a poner para mí -la mano que acariciaba la mejilla comenzaba a bajar hasta su cuello-. No te vas a correr para esos hombres… Te vas a correr para mí -comenzaba a agarrarla del cuello-. Hoy, no te vas a follar a esos hombres para que disfruten… Te los vas a follar para que yo, disfrute -la otra mano que acariciaba su pelo, recogió este mismo en un puño, sujetándola así firmemente tanto por su melena como por su cuello-. Todos esos tíos se van a correr encima tuyo, pero no por su disfrute… Si no por el mío… Para poder verte bien llenita de leche, y de cuantos mas hombres mejor. ¿Lo has entendido, mamá?

    -Sii… A mami le ha quedado muuy claro cariño… -Decía con voz lujuriosa mientras con la cabeza asentía lentamente-.

    -¿Ah si? Entonces dime… ¿De quién eres?

    -Tuya amor…

    -Así me gusta… ¿Y de quién es tu culo cariño?

    -Tuyo cielo… Solo tuyo…

    -Exacto… ¿Y tus tetas?

    -Tuyas… Son sólo de mi hijo…

    -¿Y tu coño? Vamos, dime de quien es tu precioso coño…

    -Tuyo cariño… Tuyo para que hagas con él lo que quieras… -dijo con una voz completamente depravada-.

    -Entonces supongo, que tu preciosa boca también es mía, ¿me equivoco?

    -No te equivocas amor… Es tuya… Tuya y de nadie más…

    Apenas le di tiempo a terminar la frase cuando me abalancé a comerle la boca. Sentía que mi polla iba a reventar. Mis manos seguían ahorcándola e inmovilizándola, mientras nuestras lenguas danzaban en un guarro, brusco y salivado morreo, el cual sentía que podría durar por los siglos de los siglos. Pero como todo en esta vida, llegó a su fin, siendo mi madre sorprendentemente la primera en apartarse.

    -Hijo… Necesito… -se notaba que estaba bastante agitada-. Necesito pedirte una cosa…

    -Claro mami… Puedes pedirme lo que quieras cariño…

    -Por favor… Tengo demasiadas ganas de… De hacer una cosa…

    -Pídemelo sin miedo amor…

    -Por favor cariño… ¿Puede… ¿Puede mamá chuparte la polla…? -dijo con una voz casi susurrante mientras me miraba desde abajo fijamente a los ojos-.

    Yo ante esta pregunta no tuve otra opción que aceptar sus ruegos. Tras esto me separé de ella, desprendiéndome de mi ropa y sentándome en la cama. Una vez acomodado, miré a mi madre, la cual permanecía de pie delante mío, y le hice un gesto con la mirada, señalándome mi erecto pene, el cual estaba duro como nunca (o mejor dicho, como siempre, siempre y cuando se tratara de mi madre). Tras recibir mi orden, se recogió el pelo en una coleta improvisada, mientras se arrodillaba a los pies de la cama, dejando a la altura perfecta mi polla de su boca. De esta manera escupió sobre esta y, sin preliminar alguno, se la introdujo hasta lo mas hondo, ocasionando un pequeño sonido de arcada y haciéndome sentir cada rincón de su garganta. Empezó de esta manera una mamada totalmente desatada, la cual iba alternando entre gargantas profundas y salivadas pajas, momentos que aprovechaba para recuperar un poco de aire.

    Pasados varios minutos sentía que iba a reventar. Mi madre seguía chupando y chupando, pareciendo incluso por momentos estar poseída por algún tipo de demonio lujurioso. Pero no, ese no era ningún demonio, era la depravación de una madre totalmente sometida al incesto con su propio hijo. Yo no aguantaría mucho más, quería correrme, y por mucho que me gustara correrme en su boca, esta vez necesitaba algo mejor. Sin pensármelo dos veces y presa del deseo, la agarré del pelo, cortando su rica y salivada mamada y poniéndola de pie para, acto seguido, tirarla sin cuidado ninguno sobre la cama. Ella captó al instante lo que estaba pasando, e instintivamente se puso a cuatro patas, con su cabeza apoyada sobre el montón de ropa, y su espalda completamente arqueada, haciendo que su culo quedara en perfecta posición. Si yo ya iba loco, la imagen de mi madre meneando el culo esperando a ser ensartada me puso completamente malo, por lo que metí mi polla lo más rápido que pude en su coño, el cual estaba tan mojado que se sintió como un cuchillo caliente cortando mantequilla. Nada más meterla ambos soltamos un gemido de puro placer, comenzando así una follada dura y rápida.

    -Aggh… Joder así hijo así… Dios llevo toda la noche deseando esto… ¡Más..! ¡Dame más fuerte!

    -¿Te gusta eh? Agghhh… Sabía que chuparle la polla a tu hijo no iba a ser suficiente para ti… ¿Verdad mami? -dije mientras le soltaba un par de azotes en ese gran y precioso culo, el cual rebotaba una y otra vez sobre mis caderas-.

    -Aah… No amor… Uf… Sabes que mami siempre necesita que te la folles así rico… ¡Aghhh…!

    Si bien hacía unos instantes estaba a punto de correrme en la boca de mi madre, el cambio de posición me había dado el tiempo suficiente para refrescarme, por lo que ahora bombeaba con total seguridad de que iba a ser ella la primera en alcanzar el orgasmo. Y efectivamente, así sucedió. Pasados apenas un par de minutos mi madre comenzó a anunciar su inminente corrida, por lo que yo aceleré aún más el ritmo, agarrándola de la nuca y pegándole la cabeza al colchón. Después de un par de embestidas pude notar como su vagina comenzaba a contraerse entre espasmos, y como sus piernas temblaban de puro placer, mientras sus gritos inundaban la habitación. Ella se había corrido, pero a mí todavía me faltaba un poco, por lo que decidí no detener mi labor. Podría haber hecho que me la chupara, o haberla sacado para pajearme y acabar sobre ella, pero no quería eso, quería correrme dentro, y era lo que iba a hacer. Después de bajar un poco la velocidad de mis penetraciones, estas fueron recobrando poco a poco el ritmo.

    -Aay… Cariño… Cariño dame un segundo…

    Decía mi madre intentando recobrar el aliento, palabras que yo ignoré por completo. De hecho solo me dieron ganas de seguir más, porque sabía que cuando ella se acababa de correr, podía encadenar un segundo orgasmo en cuestión de segundos.

    -Cielo por favor…. Dame… Agh… Dame un segunditooaagghh…

    -Aaggh… -yo hacía caso omiso-.

    -Cariño… Porfa… Si sigues así… Aggh jodeer…

    -¿No querías correrte mami? Pues venga… Córrete otra vez para mi… Córrete para tu amo… -Dije agarrándola de la coleta y tirando de ella hacia mi, haciendo que su espalda topara contra mi pecho, lo cual sin duda por como apretó su coño, pude sentir que le encantaba-.

    -Aaagh sii… Quiero correrme para mi amo… Por favor cariño… ¡Aaaagh por favorr..! ¡Haz que tu puta se corra…! -Una vez más, esas palabras me volvieron loco. Tras esto la solté del pelo, bajando mi mano por su vientre, hasta toparme directo con su clítoris, el cual comencé a frotar haciendo que se volviera loca de placer. Por otro lado mi mano restante consiguió atrapar con fuerza una de sus tetas, las cuales botaban completamente descontroladas.

    -¡Aaaggh! Así… Así cariño, ¡así, así, así! Aaay joder que rico cielo…

    -Pues esto no es nada comparado con lo que te espera hoy… Aaaah joder… Ahora mismo estás pensando en todos eso tíos follándote, ¿verdad? Aah… -Decía yo pegado a su oreja-.

    -Siii… Dios me voy a follar a todos los que pueda… Aaagh… Voy a dejar que me revienten por todos laaahhh-doss…

    -¿Eso será si yo te dejo, ver… ¡Aaaghh…! ¿…verdad…?

    -Claro cariño… Mami es solo tuya… Aaaghh… Sabes que eres mi amo… Puedes hacer con mi coño todo lo que tú… ¡Aaaagh jo-derrr! ¡Todo lo que tú quieras hijo!

    -Aaagh… Pues de momento voy a follarme este coño… Aaagh… Voy a hacer que el coño de mi puta se corra para mí…

    Tras esto volví a tirarla sobre la cama, apoyando su cara de nuevo contra el colchón pero esta vez poniéndole los brazos a la espalda, como su estuviera esposada, quedando de esta manera totalmente inmovilizada. Yo por mi parte apoyé uno de los pies en la cama, tomando un mejor angulo para poder ensartarla completamente con mi polla, la cual a este ritmo iba a explotar un mar de corrida en cualquier momento.

    -¡Aaay! ¡Así cariño, así! Jooo-der la siento toda… ¡La siento toda, la siento todaagh!

    -Vamos cerda… Ahhh… Córrete.. ¡Córrete para mí!

    -Aahhh sii… Me corro cariño… Dios que rico… Que rico te follas a la puta de mamá… Aaah sigue… Sigue que me voy… ¡Sigue que me voy!

    -Yo también mamá… ¡Aaah! ¡Joder yo también…! ¡yo tambien me corro! ¡aaagh!

    -Ay que rico… Ay nene que rico… ¡Que rico…! ¡Que ricoo…! ¡que rico! ¡que rico! ¡que ricoooagh!

    Y así entre gritos, ambos explotamos. Yo no paré de penetrarla ni un solo segundo, haciendo que mi lefa se mezclara a la perfección con su corrida, y que estas salpicaran toda la cama. Por otro lado, mi madre se concentraba en seguir recibiendo, disfrutando de como su propio hijo no paraba de ensartada, mientras su coño se sentía cada vez más y más lleno de leche, llegando esta a desbordarse entre sus piernas. Después de un pequeño rato así, mi polla perdió algo de rigidez, por lo que decidí sacarla lentamente, disfrutando de la visión de ese rojizo y precioso coño goteando todo tipo de fluidos cual grifo que no cierra. Una vez nuestros cuerpos se desengancharon, ella se dio la vuelta, quedando boca arriba intentando recuperar la respiración. Yo me acosté a su lado, para, como ya era costumbre, darle unos besos por su sonrojado rostro, y unas caricias por todo su cuerpo.

    -Me niego… Me niego cariño… -decía ella casi susurrante-.

    -¿A qué te refieres mami?

    -Me niego a renunciar a esto… No se cómo haremos… No creo que sea e momento de hablarlo… Pero aunque volvamos a casa, me niego a cortar esta relación -decía esta vez mirándome a los ojos-.

    -No sabes lo feliz que me hace oír eso mamá… Y que sepas que yo también me niego -dije acariciándole la cara-. Pero no te preocupes, estoy seguro de que sabremos llevarlo bien.

    -No sé que decirte cielo…

    -Claro que sí, porque aunque siempre te he amado como hijo, desde que esto empezó te amo de otra manera. Estoy completamente enamorado de ti mamá, y sé que tu sientes lo mismo. Por eso sé que todo saldrá bien, porque si dos personas se aman tanto como nosotros, harán lo que haga falta para estar juntos.

    -Ay… Cariño… -sus ojos casi se tornaban llorosos, pero su sonrisa me dejaba ver que era de pura felicidad-. Yo también siento lo mismo amor, ya lo sabes… -Decía ella emocionada mientras se acercaba a darme un beso, esta vez no lascivo, si no más romántico, como de película-. Hay que ver eh, hace un segundo diciéndome barbaridades y ahora me sueltas lo más bonito que me han dicho en la vida. ¿Se puede saber quién te ha educado así de bien? -dijo entre risas-.

    -Pues una madre que tengo, que ademas de lista está como un tren -dije yo divertido dándole un beso en el cuello-. Pero en serio, esa es la gracia. Los jueguitos que tengamos en la cama se quedan ahí, en la cama. Una vez escuché una frase que decía: »En la calle trátala como a tu reina, en la cama como a tu puta». Y he descubierto que me gusta bastante aplicarla. ¿Es un buen refrán no?

    -La verdad que es el mejor refrán que he escuchado en mi vida -decía ella divertida-.

    -¿Verdad que sí? Ah y por cierto. Sabes que me encanta que me digas esas cosas… Ya sabes… Lo de que tu coño es mío y eso…

    -Claro que lo sé amor. Y sabes que a mí me pone a cien sentirme así. No como un objeto cualquiera, sino como tú objeto. Dios la idea de sentirme totalmente sometida a tus deseos… Es imposible de describir con palabras lo cachonda que me pone…

    -Y a mi cielo… Llevo fantaseando con follarte desde hace años, pero ni en mis mejores sueños me hubiera imaginado algo tan increíble.

    -Hmmm… Ya veo… Así que el nene lleva años muerto por follarse a mami eh… -decía ella con voz provocativa mientras se acariciaba las tetas, sin duda sabía cual era mis puntos débiles-.

    -Venga sabes de sobra que estaba muerto por ti. No había día que no me pajeara pensando en tu cuerpo… Tu culo… Joder, estas tetas… -dije agarrándole una de ella-. Dios, soñaba con poder acariciarlas aunque fuera por un segundo. No te haces una idea de lo que me ponía rebuscar entre la ropa sucia una de tus braguitas… Era como oler el cielo…

    -Ay que pervertido eres -decía divertida dándome un suave golpe en el pecho-. ¿Quieres que te cuente un secreto? Aún que me da un poco de vergüenza, ya te aviso.

    -Ahora cien por cien me lo tienes que contar. Venga no te hagas de rogar.

    -Bueeno. Verás hace un par de años empecé a notar que de vez en cuando me desaparecía ropa interior.

    -No me jodas, ¿lo sabías?

    -A ver en ese momento no como tal, nunca llegué a plantearme que fueras tú. Quiero decir obviamente lo sabía, pero supongo que mi cerebro prefirió no procesar esa información. Además siempre acababan apareciendo en la lavadora días días después, por lo que nunca le di mayor importancia.

    -Dios… Si me lo hubieras dicho hace unos días me hubiera muerto de la vergüenza, pero si te soy sincero, ahora mismo me está poniendo un poco.

    -Pues prepárate que falta lo bueno. Como te digo nunca quise darle muchas vueltas al asunto, pero un día pasó algo un poco especial. Era una época en la que no sé por qué, tu madre andaba, ya sabes, algo más caliente de lo normal. Por esa época me animé a explorarme un poquito más a mí misma, incluso me compré algún juguetito.

    -Hmmm… Me gusta por donde va la historia…

    -Y más que te va a gustar. Verás, un día estabas en clase, era casi la hora de comer y yo ya había terminado las tareas del día. Estaba en mi habitación leyendo, básicamente esperando a que tu padre y tú llegarais, y me entraron ganas de aprovechar que la casa estaba vacía. Total que empecé a tocarme un poco, pero sin quitarme la ropa por si en algún momento llegabais uno de los dos. Me metí la mano por debajo de las bragas y empecé a masturbarme, hasta que a los pocos minutos me corrí. Recuerdo que me corrí manchando bastante, lo cual por aquel entonces no era algo muy común. Por esto decidí cambiarme de ropa interior.

    -Creo que ya sé por donde van los tiros.

    -Seguro que sí -decía ella con una sonrisa juzgante-. Total que cuando a la noche me puse a meter la ropa a lavar, por »sorpresa» -decía haciendo comillas con las manos-. Esas braguitas habían desaparecido. Obviamente no le di importancia, de hecho ni lo procesé demasiado, pero a los días me fijé que esas braguitas no volvían a aparecer. De hecho tardaron como cuatro o cinco días en aparecer mágicamente en la lavadora.

    -Menudo misterio -decía yo en tono de broma-.

    -Pues sí que fue un misterio sí, pero espérate porque la historia sigue. A la semana siguiente se dio una situación parecida, solo que esta vez tendría la casa para mi sola más tiempo. La cosa es que vez de desnudarme, como solía hacer, no sé por qué decidí quedarme de nuevo con la ropa puesta. Se dio la misma situación y, efectivamente ese par de braguitas tardaron en regresar más de la cuenta.

    -Un momento… ¡Me acuerdo de esa época! Hubo una temporada hace un par de años en que tus bragas olían como nunca habían olido. Era un olor muy fuerte, pero me ponían a cien. Recuerdo que las guardaba debajo de la cama durante días, y todas las noches me acababa haciendo dos o tres pajas con ellas. ¡Dios no me acordaba! -mi cerebro acababa de desbloquear un recuerdo totalmente olvidado-. Pero recuerdo que eso se mantuvo bastante tiempo, no fueron dos ni tres veces, igual duró incluso meses -tras esto mi madre sonrió con una mueca de circunstancia-.

    Un momento… ¡¿Lo hacías aposta?!

    -Bueeeno… Sí y no… O sea evitaba pensar directamente en que lo hacía para ti, pero durante ese tiempo por alguna razón me ponía extremadamente cachonda hacer eso. Además, cada vez era más premeditado. Había mañanas en las que me tocaba dos, o incluso tres veces, para dejarlas lo mas mojadas posible, y luego las echaba al cubo, esperando pacientemente que desaparecieran. Por alguna razón ver como esas braguitas en las que me había corrido desaparecían, no sé, era algo que me ponía demasiado.

    -No me lo puedo creer mamá. Esas fueron literalmente las mejores pajas de mi vida. Durante esa época me pasaba el día esperando a que llegara la noche para poder cascármela con tu olor. Pero oye, si tanto te ponía, ¿por qué paraste?

    -Pues porque hubo un día que me pasé, cruce una linea que me hizo replantearme lo que realmente estaba haciendo.

    -¿Y qué fue?

    -Verás, una mañana como cualquier otra estaba recogiendo la casa, y en cierto momento entré a tu cuarto para ordenar un poco. Ya sé que no te gusta pero ya que estaba quería recoger algo de ropa sucia. Total que mirando debajo de tu cama encontré una de mis braguitas, una que había ensuciado hacía un par de días atrás. Tenía pensado dejarlas ahí, pero decidí agacharme a por ellas. En ese momento confirmé que eras tú el que me las robaba, y sé que suena estúpido, porque era más que obvio, pero como te digo nunca había querido ni plantearme esa idea. Una vez con ellas en la mano me senté en la cama, y enseguida pude darme cuenta del fuerte olor que desprendían. Un olor fuerte, pero rico, que me puso a cien en un segundo. Habrían pasado apenas unos minutos cuando, sin darme cuenta, ya tenía mi otra mano acariciando mi coño.

    -Mamá, ¿me estas diciendo que te hiciste una paja en mi cama?

    -No cielo, no fue solo una.

    -¡¿Qué?! -Yo no me lo podía creer-.

    -Verás, empecé solo con intención de hacerme una rápida, simplemente para quitarme la calentura, pero en cierto momento decidí olerlas, ya sabes, un poco experimentar lo que tú hacías.

    -Pero mamá, tú sabes que en esas braguitas yo era donde…

    -Ahí vino el problema. Enseguida me di cuenta de que por unos de los lados había restos de semen, pero para mi sorpresa no me dio asco ninguno, de hecho todo lo contrario. Comencé a tocarme con más y más ganas, acabando entre chorros, los cuales nunca antes había soltado. Una vez acabé sentí algo que pocas veces me había sucedido. La calentura no bajaba, al contrario, aumentaba. Poco a poco me fui desprendiendo de mi ropa, quedando completamente desnuda sobre la cama de mi hijo, y tocándome una y otra vez. A día de hoy no recuerdo cuantos orgasmos llegué a tener, pero si sé que estuve más de una hora sin parar ni una sola vez. En cierto momento llegó el clímax de la cuestión. Me había corrido apenas hacía unos segundos, y admirando mis braguitas pude apreciar que por el interior también había restos de semen, pero este algo más fresco.

    -Si bueno, no todas las pajas eran de noche, la verdad es que algunas aprovechaba nada más levantarme. Ya te digo que por esa época era un no parar.

    -Pues ese no parar tuyo me hizo ir por un camino la mar de peligroso. Al ver ese semen tan fresco, una llamarada recorrió todo mi cuerpo y, bueno pasó lo que es obvio.

    -Me gustaría que me lo contaras -decía yo mientras iniciaba una lenta paja, lo cual animó a mi madre a tocarse ella también-.

    -Está bien. Bueno, como te digo en ese momento estaba totalmente fuera de mí, por lo que sin pensármelo dos veces saqué mi lengua, y la pasé de arriba a abajo, recogiendo toda la leche que pude. En cuanto ese rico sabor hizo contacto con mi boca un electrizante latigazo recorrió mi cuerpo de arriba a abajo, haciendo que me corriera entre espasmos, y tapando como pude mis gemidos con mi propia mano. Pero no me detuve ahí. Seguí tocándome, y tocándome, cada ve con más ganas. Metiéndome los dedos, pellizcándome los pezones –en ese momento mi madre comenzó a replicar las acciones narradas en la historia-, lamiendo cada resto de lefa de esas braguitas… La lefa de mi propio hijo… Me corrí una, dos, tres veces, todo en cuestión de minutos. Cada vez que pasaba mi lengua y sentía ese rico sabor… Nunca en mi vida había estado tan cachonda. Llegué a pensar cosas que a día de hoy parecerán tonterías, pero que en ese momento eran auténticas barbaridades. En cierto momento llegué a fantasear con la idea de probar tu lefa directamente, que en algún momento aparecieras por la puerta dispuesto a correrte en mi boca. En cuanto ese pensamiento se cruzó por mi mente me corrí de un manera totalmente descontrolada, gritando casi sin cortarme.

    En ese momento era yo el que no aguantaba más. Me puse de rodillas al lado de mi madre, y sin decir nada comencé a pajearme a la altura de boca, pero sin hacer que me la chupara. Ella entendió al momento lo que estaba haciendo, estaba recreando aquella fantasía que tuvo en su momento, por lo que sin pensárselo mucho, abrió bien la boca, sacando la lengua tanto como podría para recibir toda mi lefada. Por otro lado comenzó a tocarse a una velocidad impresionante, con una mano masajeándose su clítoris, mientras con la otra metía y sacaba sus dedos a un ritmo bestial, haciendo que el chasqueante sonido de su mojado coño inundara toda la habitación.

    -Cielo has pillado a mami siendo mala en tu cuarto… Aaaghh… -Me sorprendió que llevara el roleo tan en serio, pero a la vez me puso extremadamente cerdo-.

    -Ya lo veo mamá… Y veo que has descubierto que me hago pajas con tus braguitas…

    -Eso ya lo sabía desde hace tiempo amor… Te las he estado dejando bien mojaditas para que te pajearas con ellas… Aaagh…

    -Hay que ver… Parece que a mami le pone cachonda saber que su hijo se corre con sus braguitas…

    -Agghh… Sí… A mami le pone muy cerdita que su hijo se la quieta follar…

    -Y por lo que veo también le pone muy cerdita la lefa de su hijo, ¿no…?

    -Sii… De hecho ahora mismo estaba fantaseando con una cosita…

    -¿Ah si? Agghhh… -Yo estaba a punto-. Y dime mamá, ¿que cosita era esa?

    -Pues a mami le gustaría mucho que su hijito le diera de su leche… Aquí… -apoyando su dedo índice en su mentón y sacando una vez más la lengua-.

    -Pues estás de suerte… Porque siempre que me pajeo pienso en acabarte en esa boquita tan preciosa que tienes… Ahhhh…

    -¿En serio amor? Pues haz a mami feliz venga. Córrete en mi boquita… Aaagh… Vamos cielo… Mami quiere tragarse toda la lechita de su hijo…

    -Si mami… Sii… Toma… Aghhh… Toma toda mi lechita cariño… ¡Aagh!

    Una vez más, de mi polla comenzaron a salir disparados chorros de espesa lefa. El primero cayó en su cara, cruzando esta de lado a lado, mientras que para el resto apunté directamente a su boca, la cual permaneció en todo momento abierta, dejándome ver como se iba llenando de blanco por todos lados. Segundos después era mi madre la que estallaba en otro orgasmo, soltando un squirt propio de una actriz porno y dejando así las sábanas aún mas mojadas de lo que ya estaban. Una vez terminó de disfrutar sus corrida, me miró fijamente a los ojos, cerrando suavemente la boca para después, coronar con un sonoro trago, dejando claro de que se había tragado hasta la última gota de mi leche.

    -Dios mamá eso ha sido increíble… Ojalá esto hubiera pasado en su momento…

    -Si cielo… Ojalá… Pero hubiera sido bastante bastante distinto. En es momento, justo después de correrme con esas imágenes en la mente, la realidad me cayó como un jarro de agua fría. Paré todo lo que estaba haciendo, saqué todas las sabanas y las metí al momento a lavar. Las bragas eso sí las volví a dejar en su sitio para que no sospecharas nada. Y después de eso ese jueguecito se acabó. La culpa me atormentó durante meses, y si bien de vez en cuando me seguían faltando braguitas, sabía que yo no tenía nada que ver en el asunto, por lo que borré toda idea relacionada de mi mente.

    -Pues se te dio muy bien eh -dije mientras le limpiaba de su mejilla mis restos de semen-.

    -Serás cabrito -dijo entre risas dándome un suave manotazo-. ¿Oye qué hora es?

    ¿No se nos habrá pasado la noche?

    -No mujer tranquila -dije estirándome hasta la mesita para ver el reloj, el cual marcaba casi las 23:00-. El sitio en cuestión abre a las doce, pero están abiertos hasta súper tarde. Eso sí, vamos a ducharnos ya y a prepararnos, que cuanto antes lleguemos mejor -decía mientras me levantaba de la cama y me dirigía hacia la puerta-.

    -Me parece bien. Es que a lo tonto no veas si nos hemos liado eh, y eso que no querías que me corriera… -decía ella en tono burlón desde la cama

    -Hombre es que ante tremenda mujer uno no se puede resistir. Además, lo de antes de dejarte a medias era para jugar un poco contigo más que nada -dije en un tono bacilón para después salir corriendo hacia la ducha

    -¡Serás! ¡Eso no se le hace a una madre! ¡Ven aquí que te vas a enterar!

    Continuará…

    Nota: La siguiente será la última parte de este relato, ya que como sabéis nuestras vacaciones se acaban aquí. Dejadme saber si queréis que continúe en algún momento con alguna historia suelta, una vez ya en nuestra casa, o si preferís alguna experiencia nueva. Cualquier propuesta o idea es bien recibida, os leo!

    ¡Nos vemos en la próxima!

  • Mi zorra, su café y la leche de mi padre

    Mi zorra, su café y la leche de mi padre

    Tras la majestuosa follada a la que se sometieron mi mujer y mi padre la tarde anterior y una noche en la que ella y yo también lo hicimos varias veces por todos lados de una forma subida de tono por la calentura acumulada y comentamos la experiencia vivida con mi padre, a la mañana siguiente Nuria se levantó temprano para preparar el café para el desayuno. Vestía un precioso conjunto de lencería blanca compuesto por sujetador, tanga, liguero y fantásticas medias sexys, acompañado de unos maravillosos tacones, que se había puesto por la noche, aparte de porque le gusta utilizarla también para ponerme a mí caliente, cachondo y excitado por el morbo y el deseo inmenso que me invade cuando la veo vestida así.

    Tras morrearse profundamente conmigo mientras yo le acariciaba sus piernas geniales y su culazo maravilloso, ella salió de nuestra habitación dejando la puerta entreabierta mientras yo apuré un cigarro en la cama durante varios minutos más a la espera de que el café estuviese preparado. Antes de llegar a la cocina se desvió hacia la habitación de mi padre para darle los buenos días y preguntarle si le apetecía un café, a lo que él respondió que sí, acercándose hasta su cama para darle un beso que se convirtió en apasionante morreo mientras él le magreaba tetas, coño y culo por encima de su lencería, lo que yo escuchaba desde la cama.

    Mi mujer salió de su habitación y se dirigió a la cocina, no llevaría allí ni 5 minutos cuando, desde mi cama, vi pasar a mi padre por el salón totalmente desnudo y con su polla de 24 centímetros bien dura y erecta dirigiéndose a la cocina, lo que hizo que yo saltase de la cama como un resorte y sigilosamente para observar. Mi padre se plantó ante mi mujer y cerró un poco la puerta dejándola algo entreabierta por lo que yo pude, por tanto, presenciar desde el salón lo que estaba a punto de ocurrir.

    Al verlo entrar Nuria, que se encontraba preparando el café sobre la encimera, se giró hacia él y le dijo «¡vaya, suegro, cómo has amanecido esta mañana!», a lo que él le respondió «Llevo así toda la noche. Te he estado escuchando follar con mi hijo y tus jadeos y gemidos me han obligado a hacerme varias pajas mientras te escuchaba, zorra. No te imaginas cómo me he corrido pero aun así me tienes cachondo y caliente como un puto perro», palabras que consiguieron arrancar una sonrisa muy pícara y caliente por parte de mi mujer, quien volvió a girarse para continuar haciendo el café. Mi padre, por su parte se fue hacia ella y, por detrás, comenzó a abrazarla por la cintura y el vientre mientras besaba suavemente su espalda y sus brazos, aprovechando para desabrocharle el sujetador y comenzar a acariciar y masajear sus extraordinarias tetas y pezones por debajo del mismo mientras le decía «¡Mi puta, qué tetas y qué pezones tan extraordinarios tienes. Cómo estás de buena, hija de puta!», gesto cariñoso al que mi mujer respondió girándose de nuevo para morrear a mi padre con lascivia y morbo mientras le cogía la polla con una de sus manos acariciándola de arriba a abajo para mantenerla dura y agachándose para chupársela suavemente humedeciendo el ya hinchado capullo con su lengua y carnosos labios, preguntándole «¿Te quieres correr otra vez, cabrón…? ¿Otra vez quieres darme tu rica leche…?, lo que provocó en mi padre mayor excitación aún. Tras la mamada cariñosa y caliente de varios minutos con la que fomentó en él sus ganas de follársela de nuevo, se levantó y prosiguió con su tarea de preparar el café en grano para cocerlo en una olla mientras mi padre la miraba fijamente y excitadísimo muy cerca de ella, al darse cuenta le volvió a agarrar su tremendo e hinchado rabo y lo condujo hacia sí para que se lo refregase por detrás por su maravilloso culo y abriéndose un poco de piernas para sentirlo también entre ellas en la raja de su peludo coño por encima del tanga, quitándose el sujetador totalmente para que él le sobara de nuevo las tetas y los pezones con sus manos, lo que a ambos acabó de poner muy cachondos y calientes.

    La calentura iba creciendo y tras poner a cocer el café en la olla, mi ardiente hembra dejó libre la encimera recostándose en ella y pidiéndole a mi padre que le comiese el coño, él se mostró encantado y le quitó su precioso tanga blanco mostrándose en todo su esplendor la majestuosa raja peluda de mi hambrienta zorra, ya muy húmeda por el calentón. Se agachó un poco y despacio, muy suavemente, comenzó a lamerla con su lengua de arriba a abajo sumergiéndola en lo más profundo de su clítoris, proporcionando a Nuria un placer indescriptible. Ella comenzó a jadear y a gemir de placer mientras que con una mano sujetaba la cabeza de mi padre para que no parase de comérsela, diciéndole «¡Qué maravilla, cabrón. Qué bien me comes el coño!», «¡Sigue… Sigue… Así… Así… Ohhh… Ohhh… Uhhhmmm!», «¿Te gusta el coño que tengo…? «¿Te gusta el coño peludo de la puta de tu nuera, cabronazo…?», respondiéndole mi padre «¡Es maravilloso, zorra. Qué coño tienes. Es mío, gran puta!». En apenas 5 minutos mi padre consiguió que mi mujer se corriese varias veces entre gritos, gemidos y jadeos de placer provocando en mí una excitación increíble por la escena que nuevamente presenciaba, comenzando a acariciar suavemente mi polla, a punto de reventar, por encima del bóxer y con increíble deseo de sumarme a la acción aunque preferí esperar el desarrollo de la misma.

    Acto seguido y muy excitada y cachonda, Nuria bajó de la encimera, puso a mi padre apoyado a la misma por la cintura y, de rodillas, comenzó a realizarle una mamada viciosa y descomunal. Era alucinante ver cómo se tragaba el inmenso pollón de mi padre, cómo lo lamía de arriba a abajo y cómo chupaba su hinchado capullo mientras le acariciaba los huevos repletos de leche al mismo tiempo que él se estremecía de auténtico placer por el gustazo que estaba recibiendo.

    No quería correrse sin antes follarla y previendo que podía hacerlo de un momento a otro debido a la excitación contenida puso a mi mujer de espaldas a él, de cara a la encimera y apoyada en la misma, subiéndole una de sus piernas y clavándole su extraordinaria polla en lo más profundo del peludo coño de mi mujer, sujetándola por el hombro con una mano mientras que con la otra acariciaba fuertemente su pierna y su culo; ni que decir tiene que ella gozaba como una puta perra sintiendo en su raja el rabo de mi padre, estremeciéndose de gusto y diciéndole «¡Qué cabronazo, qué bien me follas, hijo de puta. Tendría tu polla metida en mi coño y en mi culo todo el día. Te la estaría chupando a todas horas. Cómo me gusta, jodeeer!, mientras mi padre le preguntaba «¿Te gusta cómo te folla tu suegro, gran puta? ¿Te gusta mi polla?», a lo que ella respondía «¡No lo dudes. Es míaaa, es míaaa, suegro cabrón. Tu polla es míaaa, para la puta y zorra de tu nuera!

    Mi mujer experimentó así un nuevo orgasmo mientras que mi padre se contenía por lo que cambiaron de postura echándose él al suelo de la cocina y montándose ella encima de su dura polla para cabalgarla durante varios minutos fuera de sí. ¡Qué gozada tan inmensa ver desde atrás cómo le entraba en su fantástica raja el pollón de mi padre mientras el le apretaba duramente las perfectas cachas de su culazo! En ese momento estuve a punto de unirme a ellos y comenzar yo a follar a Nuria por el culo al mismo tiempo con mi dura y tiesa polla pero de nuevo preferí esperar y continuar en mi rol de apasionado espectador.

    Tras otro orgasmo de mi mujer ésta se levantó y volvió a recostarse sobre la amplia encimera de la cocina para que mi padre la follara de forma placentera, lo que hizo durante varios minutos también avisándola de que muy pronto se correría, momento que aprovechó mi mujer para parar, apagar la olla y coger una taza en la que echó un buen poco de café, la depositó en el suelo y se arrodilló de nuevo ante la polla de mi padre para mamarla y chupar su capullo durante varios minutos hasta que él exclamó gimiendo «¡Me corrooo, me corrooo putaaa… me corrooo… Ahhh… Ahhh!», mi mujer cogió la taza de café del suelo y la situó bajo la maravillosa polla de mi padre, que en ese momento comenzó a derramar una gran cantidad de leche dentro de la taza, mezclándose con el café en una espléndida nueva corrida mientras que Nuria lo ayudaba acariciándole el pollón de arriba a abajo y culminando con una buena limpieza del mismo con la boca hasta tragarse todo el resto de leche de su capullo.

    Tras el nuevo show sexual ambos, ya de pie, se comenzaron a morrear apasionadamente, quedando mi padre de espaldas a mí y mi mujer de cara, viéndome de frente tras la puerta y cómo me tocaba mi excitada polla, por lo que supo que nuevamente yo había sido testigo de todo, guiñándome un ojo y lanzándome al aire un beso con sus labios para continuar morreando a mi padre.

    Yo me fui a sentar al tresillo del salón para esperar a tomarme un café y ellos salieron de la cocina besándose y cogidos de la mano ante mis ojos, mi padre tomó asiento en uno de los sillones totalmente desnudo mientras que mi mujer entró en el baño para lavarse el coño después de la follada y disponerse posteriormente a servir el desayuno.

    Seguidamente y ya con el café en nuestras respectivas tazas, mi zorra hizo acto de presencia en el salón sin sujetador ni tanga, tan solo con liguero, sus preciosas medias sexys y sus tacones, mostrándonos sus maravillosas tetas y su peludo coño y sentándose a mi lado en el tresillo, morreándome apasionadamente y preguntándome «¡Qué, cornudo mío!, ¿te ha gustado la nueva follada que me ha pegado tu padre para empezar bien el día…?», a lo que respondí señalando mi dura polla con el dedo acariciándomela ella con su mano por encima del bóxer, bajándolo un poco y dándome unas breves y suaves lamidas y chupadas en el capullo para decirme después «¡No te preocupes, cari, que tú también volverás a gozar de mí y conmigo más tarde porque también quiero tu rica leche!».

    Comenzamos a tomar el café y mi padre, en silencio, observaba a mi mujer mordiéndose los labios cuando ella dijo «Voy a tomarme, ¡creo!, el café más rico de mi vida», comenzando a degustarlo muy despacio tras echarle azúcar y removerlo bien. Se estaba tomando el café en el que mi padre había dejado toda la abundante leche de su monumental corrida en la cocina y se relamía de gusto con los ojos entreabiertos y cara de puro vicio mientras decía «¡Jodeeerrr, qué rico, qué rico…!», pasándose la punta de la lengua por sus labios para saborearlo aún más. Verla hacer eso posibilitó que mi padre volviese a comenzar a acariciarse su gran polla de arriba a abajo en el sillón poniéndose nuevamente dura y tiesa como un palo mientras mi mujer lo miraba con unos ojos abiertos como platos por el deseo. Yo, por mi parte, me acerqué a Nuria y comencé a magrearle las tetas, de nuevo muy duras, y a chuparle sus pezones mientras que con la otra mano le acariciaba su peludo coño introduciéndole dentro mis dedos, un coño que de nuevo estaba húmedo y dispuesto para gozar. Ella le pidió a mi padre que se pusiese en pie para comerle otra vez la polla y pajearlo y a mí que le comiera su raja, lo que hice con gran gustazo durante varios minutos consiguiendo para ella dos fantásticos orgasmos. Tras terminar, mi padre me pidió que me apartase con rapidez y se dirigió a su coño para dejar regada de abundante leche toda su pelambrera mientras ella se la extendía con la mano por la misma y por toda su raja al tiempo que yo, meneando mi polla encima de la cara de mi mujer, comencé a correrme en la misma dejándola también toda llena de una leche que con los dedos de su otra mano ella se encargó de ir llevando a su boca para tragársela toda relamiéndose de gusto.

    Así fue como terminó uno de los desayunos más placenteros que los tres recordamos y cómo la zorra y puta de mi mujer disfrutó del café hasta ahora más caliente de su vida.

  • Historia ardiente de un pueblo conservador (final)

    Historia ardiente de un pueblo conservador (final)

    La tarde se vencía junto con la lluvia mientras la señora y su hija de 18 años seguían atendiendo sexualmente a puerta cerrada a los 5 hombres que llegaron a su tienda de abarrotes.

    La mamá ya completamente desnuda se encontraba ahora a gatas a punto de recibir a uno de los hombres. La hija vio de reojo que su mamá colocaba el pene del hombre no en su vagina si en el ano y la chica sonrió lujuriosamente. También ella se animó y empezó a lamer dos falos al mismo tiempo. Mientras tanto en el sillón permanecía un hombre frotando su polla suavemente al tiempo que veía cómo gozaban sus otros cuatro compañeros. Deslizaba su mano por el ancho pene como preparándolo para entrar en acción. Y así lo hizo efectivamente. Se incorporó y escupió su arma y se abrió paso entre sus amigos para acercarle el pene a la chica que ya lamía dos penes. Ahora ella juntó con sus manos las tres cabezas y las escupió varias veces lubricando aún más aquellas vergas que deseaban su coño.

    La pusieron también en cuatro y recordando lo que había hecho su madre, guio con su mano a uno de ellos a que se introdujera todo en el ano. Sus senos colgaban y el joven le lamía los pezones mientras también la chica conducía su alargado miembro a la húmeda vagina.

    El tercero se dedicó a follar su boca intensamente. Tres hombres le estaban dando por todos lados a la jovencita que ardía ya en placer y pronto tendría su primer orgasmo. Un orgasmo que su mamá escuchó perfectamente bien y que la motivó a también buscar el suyo.

    La señora arremetió contra la verga del hombre que penetraba su culo y empezó a lamer con fuerza el pene que se metía en ocasiones a su boca deslizándose por la lengua. Su boca subía y bajaba hasta los huevos del hombre y este ya no podía más, quería eyacular.

    Le pidió la señora que esperara un poco.

    -Quiero que todos se vengan en mi hija. Me excitaría verla llena de leche.

    Al terminar de decir esto los hombres se entusiasmaron y sus penes orgullosos se agrandaron más mostrando venas de pasión por todos lados.

    La chica terminó varias veces más.

    La señora la rebasó en número de orgasmos. Aquella habitación olía sólo a sexo.

    Uno de ellos gritó ya no puedo más y sacó la verga del ano de la joven y le arrojó todo el semen en la espalda.

    La mamá se zafó de sus dos penes y los invitó a vaciarse en su hija. Les tocaron las nalgas las dos, madre e hija, y parados todos le abrió la boca a su hija mientras la mamá se masturbaba y les dijo vénganse con toda confianza y fuerza en su boca.

    Abre, perra le gritó su mamá que tenía la chica en un concepto muy conservador y esta orden la excitó. Abrió la boca y al unísono dos de ellos se vinieron abundantemente en su boca y cara. Los otros dos también se acercaron y aunque uno de ellos quería aventarle toda la leche a la mamá, esta le tomó la verga y se la colocó en la mejilla. Les acarició el punto G a los dos y se vinieron muy intensamente gritando y gimiendo riquísimo al tiempo que la madre veía cómo salían borbotones de leche de la punta de sus vergas y se lanzaban directamente en la boca y cara de su hija de 18 añitos.

    Esta historia tan linda dejó gemidos en el pueblo y siempre será recordada como algo que el pueblito conservador jamás había vivido.

    FIN

  • Literal, nos enfiestamos con papá

    Literal, nos enfiestamos con papá

    Alguien acciona el pulsador del timbre, un sobre se desliza por debajo de la puerta, el encabezado decía, Roberto, lo abro, dentro hay una invitación con el siguiente texto:

    “Estás invitado al evento más grande, no podemos adelantar nada, solo podemos decirte, si quieres disfrutar una noche diferente, explosiva e inolvidable, te esperamos el próximo día sábado a las veintidós horas, no te vas a arrepentir.

    Vestir de sport.

    Firma: Anonymous.”

    (La dirección estaba en el reverso de la tarjeta)

    Sabían cómo despertar mi interés, la duda me carcomía, ¿qué tipo de fiesta era? ¿Por qué tan misteriosa la invitación? ¿Quién era Anonymous? ¿Por qué a mí?

    Esto ocurrió un día martes, evalué durante el transcurso de los días restantes hasta el sábado, no me decidía.

    A las diecinueve horas de ese sábado tome la espectacular decisión de ir, y tenían razón, no me arrepentí ni me arrepiento de haber ido.

    Llegue a la hora señalada, una casona del tipo colonial me abrió sus puertas, solo se escuchaba música muy suave, recibiéndome un anfitrión con un disfraz de arlequín.

    – Hola, sabíamos que vendrías, si fueras tan amable ingresa por esa puerta, la regla principal es que no hay reglas, solo una observación, no podes verle el rostro a nadie y nadie puede verte el rostro.

    Agradecí la indicación disponiéndome a traspasar la misteriosa puerta, con un numero impreso en un cartón que me entrego “arlequín”, el numero era el cincuenta y siete. En la habitación había infinidad de lockers, busque el que coincidía con mi cartón procediendo a su apertura. Las instrucciones eran sencillas, tomar el disfraz asignado y pasar por la puerta de la izquierda, me cambié, guardando mis pertenencias en el mismo casillero, lo cierro con la llave que se encontraba dentro.

    Me veía muy elegante con la vestimenta de beetlejuice, traje entallado, a rayas blancas y negras, peluca con esos pelos locos, corbata negra y zapatos de charol negros también, la única diferencia es que en vez de tener la cara pintada de blanco, usaba una máscara desde la frente hasta la punta de mi nariz, que dejaba mis labios y mentón al descubierto.

    Al traspasar la otra puerta que me habían indicado, me recibe “la novia de chucki” también con una máscara a medio rostro como la mía, me invita a pasar, la música estaba un poco más fuerte, había disfraces por todos lados (con esa mascara, que solo dejaba ver boca y mentón) alguien deposito en mi mano una copa de Martini dulce.

    – Hola, buenas noches.

    – Hola (respondí) ¿con quién tengo el gusto?

    – Con Cleopatra, la reina del Nilo. La última reina del Imperio Antiguo de Egipto, hija de Cleopatra V y Ptolomeo XII (riendo y girando sobre un pie)

    – Beetlejuice, mucho gusto.

    – Sé muy bien que es la primera vez que vienes por aquí.

    – Como te diste cuenta.

    – Pues estas muy perdido jajaja

    – Si mi reina, (haciendo una reverencia) es tal cual.

    – Disfrutemos nuestra noche.

    “Cleopatra” se adueñó de mí. Fue lo mejor que me pudo haber pasado, un físico que no era de modelo pero estaba muy gustoso, se dejaban entrever dos senos maravillosos, su piernas si bien estaban rellenitas, se notaban de gimnasio y un culo hermoso, altura similar a la mía, su mirada traspasaba la máscara. Me hacía acordar alguien, pero su vestimenta y mascara, no me permitía dilucidar a quien.

    Luego de hacer un refill de nuestras copas, me tomo de la mano, me llevo hasta uno balcones alejados, solo iluminado por una bombilla de luz tenue.

    – Te está gustando la invitación que te han cursado.

    – Hasta el momento si, ¿sos habitual de estas fiestas?

    – Son varias veces que vengo, mi primera experiencia fue buena, por eso quise experimentar otra y otra, creo ya se convirtió en vicio. (riendo)

    – Espero que a mí me pase lo mismo.

    – Te prometo que así será.

    Esto último me lo dijo a la vez que su mano acariciaba mi miembro por arriba del pantalón, se acercó y me dio un largo beso en los labios.

    Quede sorprendido y se dio cuenta.

    – Besame, quiero que nuestras salivas se confundan en la humedad de nuestras lenguas.

    Sin dudarlo lo hice, fue el beso más tierno desde hace mucho tiempo.

    Cleopatra había desarrollado a la perfección el arte de seducir.

    Se puso de rodillas frente a mí, bajando lentamente la cremallera y aflojo el cinturón, lo que hizo más manejable la situación, el pantalón cayó hasta mis rodillas, mi verga dura y erecta salió eyectada del bóxer, Cleopatra la llevó de inmediato en su boca, lamiendo y besando la punta, la tome delicadamente del cuello, ella no se hizo de esperar introduciéndola en su boca. A la vez que acariciaba su pelo, acompañaba el movimiento de su cabeza que permitía suavemente mi verga entrar y salir, su lengua por momentos recorría desde la cabeza hasta los testículos, jugaba con el agujero de la uretra, cosa que me volvía loco, sus manos paseaban por el tronco ya palpitante, mis gemidos le avisaron que estaba por tener un orgasmo, quiero sacarla de su boca, me toma de los glúteos con ambas manos llevándolas hacia ella, cuando mi verga toco el fondo de la garganta exploto descargando una gran cantidad de semen que trago en su totalidad, lo que chorreaba por la comisura de los labios lo ingresaba con la lengua y el resto era ayudado con sus dedos.

    Dicen que la reina Cleopatra fue una especialista en el sexo oral, apodándola «Merichane», que quiere decir «La boca de diez mil hombres» y «Chelión», que significa «La de los gruesos labios».

    Mi Cleopatra había estudiado bien la historia de Egipto y hasta ahora representaba bien el papel.

    Observando a mi alrededor había cantidad de parejas en actitudes sexuales, orales, penetraciones, lésbicas, en fin una orgia pero individual, cada pareja estaba en lo suyo.

    Aún no había salido de mi asombro por lo que acababa de suceder, cuando, al estilo de un artista marcial o bailarina de ballet, elevo una pierna por arriba de mi cabeza, depositándola en mi hombro, mi sorpresa fue mayúscula al darme cuenta que no traía ropa interior, quede absorto mirando esa vagina totalmente y muy bien depilada que dejaba ver la humedad producida por la excitación, escapar en medio de esos carnosos labios, como autorizando la entrada de mi falo.

    Tenía una posición de privilegio, ante mi vista, unos labios vaginales, dilatados como nunca, ni en mi imaginación había visto.

    Sus manos se apoyaban en mis hombros al tiempo que mi pene quería ingresar, Cleopatra puso en contacto nuestros genitales haciendo la cadera hacia adelante, quería la cabeza del pene dentro, quería que la llevara al éxtasis.

    Sudaba, su pierna en tierra temblaba, deseaba ser taladrada en forma urgente, quería sentir dentro mi verga palpitante y caliente.

    De un solo movimiento, le introduje el miembro, con ferocidad, me tomo con sus manos de la cintura, ejerciendo fuerza contra su vagina para que fuera más profundo, ella quería más.

    Baja la pierna que tiene en alto, sus temblorosas manos arañan mis flancos, sus extremidades inferiores se ponen rígidas, sus talones se elevan dejándola en puntas de pie, uno gemidos que buscaban apoyo en un sonido gutural me avisaba su orgasmo, corrección, tremendo orgasmo, su liquido salía a borbotones al compás de las contracciones vaginales.

    Sin esperarlo hizo algo que me sorprendió, se alejó unos centímetros, girando recargo su torso en la barandilla del balcón, dejando expuesta sus hermosas nalgas. Al ver que yo no reaccionaba, tomo mi miembro con una mano, pasándolo por su chorreante vagina para llevarlo a su orificio anal lubricándolo, lo apoyo y recién ahí caí en la cuenta, la presión que ejercí, no fue mucha, se abrió camino fácilmente penetrando solo el glande, una vez que estaba dentro, los movimientos fueron más y más profundos cada vez, hasta hallar el tope de mis testículos contra sus suaves nalgas. Perdiendo la noción del tiempo, estuve con el frenético mete y saca, sus grito ya eran más audibles, nadie prestaba atención, cada uno en lo suyo.

    Sus orgasmos se reiteraban uno tras otro, nunca había vivido algo así, llegando a la conclusión que el placer no está brindado por el sexo, sino por el amante.

    Seguí bombeando ese culo hermoso hasta que explote en un tremendo frenesí de espermatozoides que ocuparon el espacio rectal de Cleopatra. Que gran orgasmo, ese que se devoro las palabras, lo único que nos permitió fue aullar y gemir, expresión que salía de nuestras entrañas, tuvimos todo permitido, pero nos privó de la palabra.

    Mi pene fue perdiendo su dureza saliendo de a poco, de su esfínter anal salía el producto de mi descarga, deslizándose con lentitud por sus muslos.

    Aun recostada sobre la baranda de ese balcón colaborador, con su boca entreabierta buscaba aire para terminar de reponerse de la agitación que tremenda sesión le había provocado.

    Incorporándose, giro hacia mí, me miro fijo a los ojos acerco su boca a mis labios entreabiertos sellando la sesión con un prolongado beso.

    – Gracias Beetlejuice, no sabes cuánto hacia que esperaba esto.

    – ¿Qué? ¿Me conoces?

    Alcance a ver el rubor en lo poco que observaba de su rostro, rozo mis labios con los suyos y sin decir nada giro, acomodo la túnica blanca y se fue.

    Me quede en la fiesta observando a las parejas, en un deliro de sexo incontrolable. La impunidad del anonimato, el olor a las feromonas, la desinhibición por el alcohol y la libido en su máxima expresión, nadie reparaba en el otro.

    Por largo tiempo busque a mi Cleopatra, se había esfumado, no la volví a ver. Solo con un pensamiento en mi cabeza, las palabras dichas por ella antes de retirarse.

    – Si te gusto y la pasaste bien, cuando te retires vas a encontrar una caja, deja tu tarjeta de invitación con el nombre de la persona que quieras invitar, solo si estás dispuesto a regresar algún día. Ellos los van a contactar, pero, nadie te asegura que sepas si vino o quien va a ser, solo si conoces su geografía corporal, tal vez y solo tal vez, puedas tener sexo con ella.

    Al momento de retirarme hice lo dicho por mi anónima pareja sexual de ese día, dude en poner algún nombre, pero luego de pensar mucho, lo hice, “Patricia” y a continuación el apellido.

    Llegue a casa, me acosté previo paso por una reparadora ducha, quería recapacitar saber qué y por qué me había ocurrido justo a mí la experiencia, parte la sabia, me habían invitado, pero ¿Quién? ¿Por qué? ¿Había sido Cleopatra? ¿Quién era la misteriosa y buena cogedora que había estado escondida detrás de esa mascara?

    Me quede dormido con mis pensamientos, soñé que bailaba toda la noche con una dama, no sabía quién era, no tenía rostro.

    Al día siguiente, desperté entre ladridos y gruñidos de mi fiel perro King, que jugaba con mi hija en la sala.

    – Buen día Patricia.

    – buen día papito, que tarde amaneciste hoy, jajaja, parece que anoche, mientras tu hija estudiaba, el señorito estuvo de fiesta.

    – Perdón niña, al momento de irme no escuche que usted estuviera en casa.

    – Tenés razón pa, salimos con las chicas a tomar algo, vos donde fuiste.

    Me agarro desprevenido, menos mal que estuve rápido para la respuesta.

    – También fui con los muchachos, jugamos al póker.

    – Que bien, mire usted al señorito, bueno pa, espero lo hayas pasado lindo, desde que mama se fue, no te había visto disfrutar y hoy veo otro rostro, más feliz.

    – Gracias hija, creo que esta noche me la debía de hace rato.

    Continuamos con las tareas habituales de domingo, limpieza, un pedacito de carne a la parrilla, por la tarde lavado de ropa.

    No podía sacarme de la cabeza a Cleopatra.

    Comienza la semana y comienza la aburrida rutina, la única variante era la reina de Egipto rondando en mi cabeza sistemáticamente.

    El día martes, se repite lo ocurrido, timbre, sobre bajo la puerta con el encabezado Roberto, tras el mío, otro más, con el encabezado Patricia.

    Antes que venga de la facultad, voy a su cuarto y lo dejo en la mesa de la computadora, al fin y al cabo, estaba cerrado, pero yo conocía su contenido, ella no sabía que la propuse para la fiesta.

    Sin querer toco el mouse y el monitor comienza funcionar de a poco; grande fue mi sorpresa, cuando vi a Patricia tomándose auto fotos, vistiéndose de cleopatra en un lugar lleno de lockers que se me hacía conocido.

    Mi amante secreta era mi propia hija, cosa que me excito más saberlo, puesto que yo mismo la propuse para la próxima fiesta.

    No hay que experimentar solo una vez, no hay que olvidar ningún hecho sexual, en lo que sea asuntos de sexo, somos los locos los que tenemos más experiencia.

    Al llegar a casa, fue directo a su cuarto, desde allí grito:

    – Papa ¿estás en casa?

    – Si pato, que ocurrió.

    – ¿vos recibiste este sobre?

    – Si mi vida, quien más vive aquí, que yo no me haya enterado.

    – ¿Lo abriste?

    – No mi amor, la correspondencia es privada, fijate que esta sellado. (riendo por dentro)

    Con todo el morbo de lo sucedido, sabiendo quien había sido la persona con quien había tenido un sexo maravilloso, urdí un plan que descartaría la invitación a la fiesta de este sábado.

    – Hija, prepárate que voy, hago unas compras y vengo, así salimos a cenar.

    – Papa, hoy tengo un compromiso.

    – No hay problema, regresamos temprano, yo tengo que salir también.

    – Qué bueno, así hacemos cena de padre e hija.

    – Así es hijita, cena…

    De regreso, baje del auto unas bolsas que traía, entré a mi domicilio, le dije a Patricia que me espere en el auto, dejaba la compra y salía.

    De regreso y ya en el auto, partimos hacia el restaurante, donde nos esperaban con una mesa que había reservado, la cena estaba animada, el ambiente espectacular, muy buena comida y muy buen vino.

    Llegamos a nuestro domicilio, Patricia apurada se fue a cambiar de ropa para salir. Grande fue su sorpresa cuando encontró sobre su cama acomodado, el mismo traje de Cleopatra que había usado en la fiesta de disfraces.

    Tardo como una hora en salir y un rato más también. Escucho abrirse la puerta, sale ella vestida con el atuendo. Más se sorprendió al verme con el disfraz a mí también.

    Nos miramos por un rato, fuimos acercándonos de a poco, nuestras bocas se buscaron y las lenguas comenzaron con su danza de amor, es ahí, donde por primera vez desde hace mucho tiempo sentí el primer beso de amor verdadero.

    Nuestras manos acariciaban los cuerpos deseosos, mi sexo quería saltar de mi pantalón cuando mis manos recorrían su anatomía.

    Con dulzura fuimos despojándonos de nuestras prendas, Patricia se arrodillo y tomándola de los brazos no se lo permití, la tumbe en el sillón, pidiéndome que haga lo que me venga en gana, que me cedía todo su cuerpo, iba a ser marinero, timonel y capitán.

    Besando su cuerpo, hago el recorrido hacia su ya hambrienta vagina, abre sus piernas a modo de invitación, pero no me detengo ahí, sigo por sus piernas hasta sus suaves pies, quería disfrutar de la piel desnuda, esa piel que me dejaba hacer. Cada vez más cerca, me dispuse a beber de esa fuente, saque mi lengua, rozando su entrepierna y parte de sus labios, se estremeció al igual que yo. Su sabor y olor invadieron mis sentidos, una y otra vez mi legua danzaba entre sus labios separándolos, buscando llegar a invadir la parte interna de esa vagina que me permitía saborear sus fluidos, vulnerada la primer barrera, busque ese botón en la parte superior que ya se encontraba duro y fuera de su capullo, para lamerlo y darle pequeñas succiones. Esas acciones hicieron que en este punto comience a pedir más, introduje mis dedos índice y medio haciendo suaves movimientos, su pelvis se eleva y retrae cada vez más rápido, vaticinando ese orgasmo inminente. Mis dedos comenzaron en un frenesí de movimientos, su cuerpo temblaba y pedía más, hasta que en un grito desaforado salió un despedido de su vagina un torrente de líquido con una fuerza que yo no había visto nunca, (después me entere que se llama squirting) el que bebí con fruición saboreando el producto vaginal de mi hija.

    Cleopatra, con su enjuta mano, tomo con delicadeza mi miembro masturbándolo con suavidad, con la misma suavidad que fue acercando su boca a él para introducirlo, podía notar como los toques de su lengua jugaban con el tronco de mi pene, sus melodiosos chupetones en la cabeza del pene eran dignos de un Óscar, al observar mis reacciones, concentro su felación en esa zona, haciendo que mi miembro se inflame cada vez más, volviéndome un orate mayúsculo al ver como esa boca complaciente no rechazaba mí ya y a punto de explotar, verga, deseosa de esa boca y ese cuerpo.

    – Papi esa lechita es toda mía, no te voy dejar ni una gota, la quiero toda para mí.

    Luego de decirme esas palabras, tomo su pelo con ambas manos, haciendo una cola de caballo, su ritmo lo imprimía solo con su boca y su mirada penetrante clavada en la mía, al sentir la palpitación que precede a la eyaculación acelero el ritmo, su lengua se hizo más ágil en mi verga, el semen salió disparado hacia el fondo de su garganta mientras seguía chupando para exprimir al máximo ese producto y tal como lo prometió se la tomo toda.

    Sin poder creer que mi verga seguía erguida, no lo dude, la tome arrodillándola en el sillón para que me dejara a disposición el orificio anal, entendió bien el mensaje, se arrodillo y con la cabeza apoyada en el almohadón llevo sus manos hacia sus glúteos abriéndolos lo más que podía, me quede absorto viendo como palpitaba ese lugarcito que en un momento iba a ser penetrado. Con la mano tome mi miembro pasándolo por su vagina para recolectar el líquido viscoso que salía de ella, lo fui sacando de poco para untarlo en ese hueco que me esperaba. Ya bien lubricado lo apoye haciendo presión, al principio costo, pero al haber pasado el glande, el resto de mi falo ingreso sin resistencia, observe su rostro, sin emitir sonido mordía sus labios inferiores, soltó una de sus manos del glúteo para dirigirla a la vagina masturbándose al ritmo de mis estocadas, teniendo un rápido y ruidoso orgasmo, mejor dicho del primer y rápido orgasmo, ya que estos se repetían unos tras otros, el volumen de sus gritos de placer iban en aumento, cosa que me éxito más y más con cada uno de ellos, hasta explotar en un tremendo derroche de semen que impacto contra sus vísceras.

    Agitados y transpirados nos tendimos en ese sillón que había observado toda la secuencia, para abrazarnos, hizo que mi abrazo sea por detrás, nuestra relación cambio desde ese encuentro, primer encuentro de los tantos que vendrían con la misma, o me atrevería a decir con más intensidad cada vez que ocurría, cada sábado a las veintidós horas y con el mismo disfraz.

    – Papi, en esa fiesta, siempre supe que eras vos…

  • Hotwife partida doble

    Hotwife partida doble

    La mañana había sido muy cachonda, le había tomado fotos atrevidas en mi privado, mostrando su rico cuerpo y su sensual lencería, llegamos hasta el punto de que probara su rica humedad y mas que humedad diría yo, entre en ella sintiendo ese calor rico, sobre el escritorio, sin embargo no hubo orgasmo de ninguno de los dos.

    Dentro de ese cachondeo me dijo, “pídeme que vaya de puta con el”, uff claro que era algo que deseaba también, le pregunte, “quieres ir a putear mamita? ¿Quieres ir a que te cojan?, ella contesto, “ si, papi, quiero ir a que me faje rico y coja”.

    Para la tarde ya tenía una cita por la noche con él, quedamos que se escaparía una hora y regresaría a contarme los detalles mientras lo hacíamos rico, y que si necesitaba más tiempo me marcaria para decirme que ya iba en camino, esa sería la señal de que estaría un rato más para un segundo round.

    Llego la noche y ella se apresto a salir en busca de ese placer tan rico que habíamos descubierto, de esa adrenalina que le daba que la desearan y que su marido lo supiera y la invitara a perderse en los placeres carnales en brazos de alguien más.

    Antes de salir, cachondeamos rico, ella iba empapada ya, tocarla fue algo delicioso, imaginar que la dejarían igual o más mojada y además dilatada lista para probarla. No pude resistir la tentación y la voltee contra la pared baje su mallón e hice a un lado la tanga… después de eso embestí, mi verga resbalo fácilmente ante tanta lubricación, gimió al recibirme y se movió muy rico como suele hacerlo… le susurre al oído, que iba bien rica que bien mojada, que si ya deseaba sentir como la fajaban y calentaban rico, ella solo decía “si, si papi, quiero sentir como me coge”.

    Así calientes interrumpimos el acto y ella salía a reunirse con él, en la complicidad de una casa que el utilizaba como departamento de aventuras, en la que seguramente llevaba a más mujeres pero que en esta ocasión era mi mujer… mi hotwife.

    Acordamos que llevaría lencería sexy y se cambiaría para el antes de nada, a mí me encanta verla en lencería es algo sumamente excitante, le pedí que cuando se cambiara me enviara una foto antes de que fuera a sus brazos a que la hiciera gozar… y así lo hizo, me envió la foto de como salía ya el baño de la casa cambiada para aumentar los deseos de su amante.

    Hablamos de que podría terminar donde ella se le antojara, en donde ella deseara sentir la leche que había trabajado.

    Llego la llamada a los 50 minutos, y con voz muy jovial me decía que iba a pasar a dejar a sus amigas a su casa porque no traían auto, y que después ya venía a casa, era la señal de que habría un segundo round…cosa que me puso todavía más excitado y ansioso de que llegara y me contara con lujo de detalles lo que había sucedido.

    Al llegar su relato fue el siguiente mientras hacíamos muy rico el amor…

    “cuando llegue me empezó a comer a besos, fajamos rico, me cachondeo no pasamos de la sala, la ropa empezó a caer, pedí tiempo y fui a cambiarme para darle la sorpresa, ahí te mande la foto de como saldría para él.

    Salí, y deje que me admirara… luego de eso siguieron los besos, quería probarlo y baje a mamarle la verga, la tenía dura y rica ya, le di una mamada que oirás en la grabación, el solo gemía de placer y me decía que le encantaba que era una diosa.

    Saco un condón y me monto en su verga dura, yo moría por sentírsela de nuevo, me llenaba rico, me monte en él y cogimos delicioso, me hizo jadear muy rico papi, me dio muy rico hasta que me hizo gemir en un orgasmo delicioso, diciéndome que era una diosa, que era su diosa, seguido a esto otro orgasmo delicioso, fueron seguidos y no dejaba de jadear de cómo me hacía venir, fue tan intenso que el termino también vaciándose dentro de mi…pero dentro del condón.

    Nos quedamos uno al lado de otro mientras recuperábamos el aliento después de tan intensa sesión, ya recuperados, charlamos de todo y nada.

    Luego la temperatura subió nuevamente, me tocaba rico, me abrazaba, entonces fue cuando te marque para poder seguir disfrutando lo que me hacía.

    Al regresar de la llamada, me monto rico, haciéndome gemir delicioso, después de unos momentos le pedí que me pusiera en cuatro, así lo hizo y empezó a darme delicioso papi, me habría rico y me chocaba contra las nalgas, me decía que mi culo estaba rico, mientras no dejaba de embestirme.

    Me volteo y me abrió rico de piernas papi, dejándole ver mi pucha escurrida, se metió entre mis piernas y me la abrió delicioso con su verga, me tenía sobre el respaldo del sillón, mientras no dejaba de entrar y salir de mí, tu putita lo disfrutaba y le decía que si era su puta, que si era rica su puta, no aguanto más y me lleno nuevamente de leche papi… en el condón claro.

    Era tarde, me vestí y salimos… y aquí estoy contándote mientras me la metes rico… que tal me la dejo papi?…