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  • El peor relato porno de la historia

    El peor relato porno de la historia

    ¿Te digo la verdad? No tengo ni la más puta idea sobre qué escribir. Estoy totalmente bloqueada. Quizás sea por la falta de sueño, o por el exceso de pensamientos que se agolpan en mi cabeza intentando ser pensado. Siempre que escribo, de fondo suena Taylor Swift. Pero hoy siento que de escucharla no haría más que largarme a llorar. Por eso, suena una lista de reproducción a la que titulé “Para Cami”. Cami, en parte, es la villana de mi relato “Masajes con final feliz”. Digo en parte, porque mi amiga no es una asesina. Pero es una persona especial, por eso le dediqué una lista de más de treinta horas de rock nacional argentino que jamás escuchó. Pero eso no es lo importante.

    Propuse una maratón de cinco relatos en cinco días. Te tiré los títulos, pero acá estoy, fallando al segundo día. No me siento preparada para afrontar esos relatos. El sábado, cuando lo pensé, no me pareció demasiado accesible, pero no. El primer relato, sin pecar de soberbia, es tremendo. Me encantó. Lo amo. Creo que “Papá estrena mis tetas nuevas” va a ser un clásico de acá a mil años. Benditos aquellos suscriptos a mi canal de Telegram VIP. ¿Autobombo? Quizás. Pero, de nuevo, eso no es lo importante.

    Conocí a Camila de una manera similar al relato de los masajes, aunque sin la parte dramática. Por un momento creí enamorarme de ella, tanto, que hice hasta lo imposible por perderla. Y la perdí, aunque no del todo. Hoy es mi mejor amiga, y está muy arriba en la lista de gente a la que voy a querer por siempre.

    Sí, ahora viene lo porno.

    Con Cami pasamos dos días de vacaciones en Carlos Paz. Alquilamos un departamento, fuimos al teatro, discutimos. No hubo demasiado sexo, salvo la noche en la que pasé más de media hora chupándole la concha. Todavía siento su sabor en mi paladar cuando cierro los ojos. A pesar de ello, ningún fantasma se asoma durante las largas jornadas de charla, mates y conversaciones pesimistas sobre el mundo. Bueno, no sé qué más.

    ¿Te chupo la pija? Bueno, dale. Estoy enojada conmigo misma por no poder calentarte, pero déjame probar. Sentate, o quédate parado, me da igual. Yo me arrodillo y te como la pija de un bocado. ¿Te gusta? Yo sé que sí. Te encanta verme así de enojada y de puta. Tranquilo, no voy a morderte. Tan cebada no estoy. Tu pija en mi boca me calma, no lo voy a negar. Tu mirada de temor y lujuria hace que la humedad de mi concha me haga sentir un poco viva. Si, boludo. Viva. Déjame ser un poco dramática. ¿Qué te molesta? ¿Acaso no te estoy chupando la pija mil veces mejor que tu ex? Esa pelotuda de la que tuviste la grandísima suerte de escapar. Y ahora estás conmigo, la boluda que escribe relatos, como si tuviese tiempo libre. Dejá, mis dramas no son tu culpa. Que me esté calentado si es tu culpa y de la hermosa pija que tenés. Ya no me alcanza con solo comerla. Quiero besarla, acariciarla, meterla entre mis tetas y sacudirla con fuerza. Su dureza me hace doler un poco, pero me encanta. Mis tetas grandes y suaves festejan cada vez que te tengo entre ellas. De verdad…

    Bien, ya te la chupé y te pajeé con mis tetas. Te encantan mis tetas, ¿verdad? A mí también. Como ya te conté en el relato anterior, puedo pasar horas frente al espejo mirándolas y tocándolas. ¿Qué si me las chupo? Obvio, me encanta chupar tetas. Sobre todo, las mías. No podés creer que sea tan puta, ¿verdad? Acostate en el piso. No importa que esté frio, estoy yo para calentarte. Termino de sacarme toda la ropita y estoy con vos. Me saco la pollerita. No, el short. ¿O preferís que sea un jeans? Bueno, dale. ¿Tanga roja o negra? ¿Roja y negra? ¿De Newells o de Colón? Si a vos te calienta…

    Ya desnudita, con todas mis bellezas al aire, me siento despacito sobre tu pija. ¡Estás al palo, papi! ¿Qué estará haciendo Cami? Recién le dije que cuando lea mis mensajes y no pueda responder, que al menos me envíe el emoji de una palmera para saber que está todo ok, y que no está en una capsula a punto de ser inseminada por Aliens. Me dijo que─ ─ Perdón, perdón. Volví. Pongo tu pija entre mis piernas, me froto sobre ella, notando que no das más. ¿Me la querés poner? Tus ojos en llamas gritan que sí. ¿Y para qué está la Martinita si no es para complacerte? Agarró tu pija y la meto lentamente en mi conchita. Mmm… que rico se siente… empiezo a moverme despacito, de atrás hacia adelante, sin meterla hasta el fondo. Amor, que rico que sos, que hermosa pija tenés, ¿por qué no me coges todos los días? ¿Ah, por qué? Decime, hijo de puta. Empiezo a moverme más rápido, intercalando movimientos circulares con sentones. Me encanta como se te van los ojos, como te mordes los labios. Si, hijo de puta. ¿Te gusta cómo te cojo? ¿Sí? ¿Qué nadie te coge como la puta de los relatos? Dale papi, lléname la concha de leche, ¿sí? Dale bebé, dámela toda. ¿Qué ya vas a acabar? ¿Me querés llenar la concha de leche o querés que me la tome? Dale, me la tomo. De un salto me libero de tu pija, me pongo al costado y empiezo a pajearte. ¿Ya viene? Abro la boquita y la espero. Dale, papi, dámela. Sí amor, me la quiero tomar toda.

    Acabaste. Que rico. Que rica que es tu leche. Te chupo la pija hasta dejarla seca. Hasta que te duela tanta succión. Me tengo que ir a dormir. Ojalá los dioses quieran que hoy vuelva a soñar con Cami. Chau.

  • Mi profe favorito

    Mi profe favorito

    Desde luego él era mi profesor favorito. El más joven del instituto, con la universidad recién terminada el más guapo y con mejor cuerpo. Me pasé el último año suspirando por ese duro culito que se marcaba en sus vaqueros.

    Pero estaba convencido de que él también miraba mi culo o mi torso cuando llevaba camisetas ajustadas.

    Durante el verano y los primeros días de universidad, ya con diez y nueve años, he ligado con chicos e incluso he llegado a follar. También ha caído alguna chica, por qué no. Pero no me he olvidado de mi profe preferido.

    El otoño está siendo especialmente cálido. Todo el mundo sigue vistiendo ropa de verano. Ligera y luciendo el cuerpo. Así que yo, como todos, ando cachondo todo el día.

    Aún recordaba los días de tutoría. Por que no iba a hacer una visita a mi viejo instituto. Sobre todo ahora que había cumplido los diez y nueve y ya no era alumno. Podía visitarlo a una hora en la que sabía que estaría solo. Casi nadie iba a esas tutorias.

    Él estaba tan concentrado corrigiendo unos exámenes que ni siquiera levantó la cabeza de la superficie de la mesa. Estaba aún más guapo de como lo recordaba. Intenté bromear.

    Di unos golpecitos en el marco de la puerta y le hablé desde allí.

    – Profe, no estoy conforme con la última nota. Creo que merecía algo más.

    Aún sin levantar la cabeza puso una expresión de fastidio. A nadie le gusta que le lleven la contraria en una decisión que ha tomado.

    Por fin me miró. Y entonces al reconocerme su bella sonrisa iluminó el aula.

    – Mario ¡eres tú!. Pensaba que no volvería a verte. Al terminar los cursos casi nadie vuelve por aquí.

    – Bueno a mi me apetecía volver a verte. Digo volver a ver este sitio. Hubo buenos momentos y tenerte a ti delante eran de los mejores.

    – Vamos, no soy tan bueno.

    Le estaba coqueteando descaradamente a ver si entraba al trapo. Así que me lancé del todo.

    – Pero sí que estas muy bueno y muchos nos dábamos cuenta. Y la tuya era mi asignatura favorita.

    – ¿En serio pensabas así?.

    – Pues claro. Y no era el único, muchas perdían las bragas por ti. Se te hubieran echado en los brazos solo con chascar los dos.

    Le puse la mano en el antebrazo en un gesto de confianza. Y esperaba que de algo más sin tardar mucho.

    – No exageres.

    – No seas modesto. Has tenido que darte cuenta antes de como todos te miramos con ojos de cordero degollado.

    – Bueno, tengo ojos en la cara. Claro que se nota pero nunca me atrevería a hacer nada con un alumno y menos aún menor de edad.

    – Lógico. Pero yo ya no soy tú alumno, y me sigues gustando. Estás aún mejor que cuando en clase te miraba el culito en tus apretados vaqueros.

    Podría darle la opción de rechazarme de una forma educada. Pero eso no es o que quería. Deseaba comérmelo a besos. Así que seguí con la presión sin soltar su brazo y alagándole.

    -Tú también estás estupendo. Me gustaba cuando llevabas tus camisetas ajustadas marcando el torso.

    – ¿Como esta que llevo ahora?.

    – Justo como esa.

    No hacia falta decir mucho más. Él seguía sentado en su mesa y yo a su lado apoyando el culo en el borde. Así que me incliné y lo besé. Todavía hubiera podido rechazarme pero me correspondió con sus labios cálidos, gruesos y sensuales.

    Besaba mejor de lo que había imaginado. Mordisqueaba mis labios con los suyos y no se apresuró con la lengua. La deslizó en mi boca en el momento justo en busca de la mía.

    Podían habernos pillado aunque sabía que en todo el edificio solo quedaría el personal de limpieza y estaría en la otra ala.

    – Así que, señor Rodríguez, piensa usted que debería haberle puesto más nota.

    Me dijo con una sonrisa pícara.

    – Creo que esto lo compensa profe.

    – Me parce que tuviste la nota más alta de tu clase, pero si llego a saber que besas tan bien te hubiera puesto matrícula.

    – Entonces no hubiera tenido excusa para venir y volver a verte.

    Mi mano había subido por el brazo acariciando el bíceps y llegando a su cuello. Hasta alcanzar su mandíbula y guiar su rostro en nuestro beso.

    Él en cambio había puesto la suya en mi cintura y empezaba a tirar de mi cuerpo buscando más contacto entre nosotros.

    – Deberíamos cerrar la puerta.

    – ¿Te da miedo que te pillen follando con un chico?.

    – No con uno tan guapo como tú.

    Para entonces ya había empezado a subir mi camiseta desnudando mi vientre. Seguía sentado, solo se inclinó para pasar la lengua por mi vientre.

    Terminé de sacarme la prenda y la arrojé a la misma silla en la que me sentaba el curso anterior. Cuando tenía el culo en esa tabla nunca pensé que conseguiría aquello que tanto deseaba. Y allí estábamos.

    Me acerque a la puerta y eche el pestillo. Pero si alguien quería vernos eso no sería un gran problema. Tenía un cristal trasparente, vertical y estrecho junto al picaporte. Así que de todas formas nos verían.

    Volví despacio hacia su mesa. Luciéndome. El no me pedía de vista mirando mi cuerpo y sonriendo con una mueca lasciva que me encantaba y que nunca le había visto.

    – Quiero ver más de tí. Llevo dos cursos deseándolo. ¿Por qué no te quitas la camisa?.

    – ¿Por qué no vienes aquí y me la quitas y tú?.

    Así que lo hice. En vez de arrancar los botones de un tirón me o tome con calma. Le puse de pie y empecé a soltarlos uno a uno. Fui yo el que me senté en su silla, la del profesor en la que nunca había apoyado mi culo. Besé cada centímetro de la piel que iba descubriendo.

    Separé la tela un poco más hasta dejar sus pezones pequeños, oscuros y muy duros al alcance de mi lengua lasciva. Le dediqué un buen rato a lamerlos y besarlos, oyendo sus jadeos.

    – Tenía que haberte suspendido, para verte así mucho antes.

    – No hubiéramos podido hacer esto. Por mucho que yo lo deseara.

    Bajé por su vientre. Me entretuve un rato metiendo la sin hueso en su ombligo. Estaba jugando con él y me encantaba. Cuando terminé a abrir la camisa seguí con sus pantalones. Abrí el cinturón, el botón y la cremallera.

    Deslicé la mano entre la tela hasta agarrar la polla por encima de la licra de sus boxers. Estaba ya bien duro, lo había excitado. Me mataba la anticipación y eso era aún mejor.

    Por fin le di un tirón a su ropa, lo dejé a medio muslo y el bonito rabo dio un salto apuntando justo hacia mi cara. Ni siquiera me molesté en usar las manos.

    – En mamadas tendré que ponerte un sobresaliente.

    – Pues vamos a por la matrícula, profe.

    Acerqué la cara a su pubis y empecé a lamer desde los huevos. Los chupé un momento y seguí lamiendo el tronco. Me interrumpía para darle besos y continuaba hacia el glande.

    Me esmeré en esa mamada. Lamía el pubis bien depilado. Volvía a los testículos y luego al glande que me metía en la boca pasando por el tronco. Mojaba su piel con mucha saliva. Usaba la mano para seguir acariciando su piel. O la subía hasta su pezón y pellizcarlo.

    Alguna vez tuve que apartar su mano de mi nuca. Me gusta hacerlo a mi ritmo, sé que se me da bien. No quiero que me obliguen a tragar más de la cuenta. Pero captó la indirecta enseguida. Se puso a acariciar mis hombros y cabello sin intentar forzar más la situación.

    Lo miraba a los ojos y cuando separaba la cabeza ponía cara de vicio. Aunque no hacía falta excitarlo más. Notaba que estaba a punto de correrse. Tenía las dos manos en sus nalgas, prietas como talladas en mármol. Las amasaba y separaba. Deslizaba un dedo hasta el ano acariciándolo.

    Yo tenía la polla como una estaca aún encerrada en mis vaqueros. Pero no importaba quería su lefa. Se inclinaba y llegaba a alcanzar mis pezones y pellizcarlos con suavidad.

    Al fin se corrió en mi boca. No tenía por qué tragarlo. Dejé que su lengua lo buscara en mi boca. El beso fue lascivo, guarro, la saliva y el semen pasaban de una boca a otra removido por las sin hueso.

    Sin dejar de acariciarnos, la manos e ambos recorrían la piel desnuda del otro. Él notaba mi polla dura y el tubo de lubricante en el bolsillo.

    – ¿Esto es tu móvil o es que te alegras de verme?.

    – Me alegro mucho de tenerte así desnudo. ¿Me quieres hacer el examen de follar?.

    – Por supuesto. Tengo el culo deseándolo.

    Terminó de sacarse la ropa. Y se apoyó en su mesa, se inclinó poniendo el culo en pompa. Volví a sentarme en su silla para poder comérselo a gusto.

    Le dediqué un buen rato a lamerlo, besar sus nalgas. Era el culo que veía cubierto en las clases por sus pantalones y ahora estaba desnudo ante mí. Lo estaba disfrutando y haciendo que él gozara conmigo.

    Clavé la lengua en su ano. Estaba claro que yo no iba a ser el primero en penetrarlo. Se dilataba solo al roce de la húmeda. Él mismo se separaba las nalgas para que yo pudiera lamer todo su culo.

    – Se ve que usted ha aprobado este curso. Profe. Parece que ha estudiado mucho.

    Se le escapó un gemido. Le puse gel con dos dedos dilatando un poco más. Sus jadeos me decían que lo estaba haciendo bien. Me puse una buena cantidad en mi mástil.

    Me levanté con la polla como el acero y los pantalones por los tobillos. Apoyé el glande en el aro rugoso de musculo y apreté. Hice fuerza y empujé. Un poco más dentro hasta que mis huevos dieron con los suyos.

    Me movía despacio. Sin prisa deslizándome en su recto, buscando el placer de ambos.

    – Quiero verte la cara. Quiero mirarte a esos preciosos ojos azules mientras me follas.

    – Déjame hacer sitio en la mesa y gírate.

    Los exámenes no terminaron en el suelo por centímetros. Pero conseguimos sitio para que él se tumbara boca arriba con el culo justo en el borde de la tabla.

    Volví a arrimar el instrumento a su agujero donde entré sin problemas. Volví a empujar dentro de su cuerpo. Esta vez podía agarrar su polla que empezaba a ponerse dura de nuevo, despacio pero cada vez más firme.

    Acariciaba sus huevos y el vientre. Me puse sus piernas en el pecho. Agarrando sus muslos para poder hacer más fuerza. Justo al lado de mi cabeza tenía sus pies. Solo tuve que girarla un poco para pasar la lengua por la planta de uno de ellos.

    Hasta eso me apetecía. Lamer todo su cuerpo. Él me miraba a los ojos con la expresión ida de quién está gozando sin complejos. En ese momento levanté la vista y me di cuenta de que alguien nos observaba por el cristal de la puerta.

    – Estás para matrícula. Pocas veces me han follado así.

    Yo no podía distinguirlo a la distancia de la puerta que estaba. Pero quien fuera debía tener una vista perfecta del espectáculo y tenía que estar gustándole mucho. Pues no había hecho ni un ruido y no parecía que fuera a montar un escándalo.

    Eso me daba aún más morbo. Salió mi vena exhibicionista y me esmeré tanto en darle placer a mi profe preferido como un buen espectáculo al mirón o mirona.

    – Folláme.

    A ponerme lascivo y morboso. No tenía manos suficientes para acariciar toda su piel. Seguía lamiendo y besando sus pies. Ya no dejé de moverme hasta que me corrí dentro de su cuerpo.

    – Eres un vicioso.

    Empujé más las piernas hasta su pecho. Y me incliné a volver a comer su culo. Le clavaba la lengua hasta donde podía recogiendo mi propio semen. O subía por sus huevos y me volvía a meter la polla en la boca. Mi profe seguía gimiendo con el rabo bien duro.

    – Quiero follarte yo, pero la de la limpieza estará a punto de llegar aquí. ¿Por qué no te vienes a casa el sábado?. Pasaremos un buen día.

    – ¡Profe! Qué escándalo. Quieres seducir a un chico como yo.

    Le contesté riendo. Me acerqué a sus labios y le volví a dar un jugoso morreo. Y luego pasé a lamer su oreja y decirle muy bajito.

    – No me lo perdería por nada. Y supongo que la mirona que hemos tenido todo el rato también querría venir.

    A punto estuvo de tener un esguince en el cuello de lo rápido que giró la cabeza hacia puerta. Pero la sombra ya no estaba allí.

    – Tranquilo, creo que le ha gustado el espectáculo. No dirá nada pero igual le gustaría participar.

  • Otra vez afónica

    Otra vez afónica

    Como ya saben mis lectores, les llamo maratones porque inician el viernes en la noche y terminan el martes a mediodía. De hecho, comienzo con, Ramón, mi marido. ¡Me encantan estos fines de semana en la cama con las piernas abiertas, la pepa muy encharcada y el culo bien aceitado! Todo para su uso, y vaya que me usa mucho…

    El semen que se escurre, sea de mi boca o por mis piernas, me lo restriego en las piernas, los pies y el ombligo. También preparo unas tetas con crema cuando le hago una rusa, en este caso un poco de crema va a mis axilas o a mi cuello. Cuando me encula, a veces le pido que se venga salpicándome las nalgas y la espalda. El resultado es que, en la mañana del lunes, cuando él despierta me da mi lechita con su biberón de carne, yo quedo embadurnada de jugos míos y esperma de mi amorcito.

    A veces se notan algunas capas de excreciones secas sobre mi piel. Mi marido me pide que me bañe con él, pero me niego aduciendo que le debo preparar el desayuno. “¡Vieja cochina, hueles a puro sexo, como una puta!”. Le contesto que sí soy muy puta, pues fui su puta durante muchas horas.

    Para la segunda parte, de las nueve a las doce del día, voy con Bernabé, el relevo. Salgo de mi casa en cuanto se va mi marido y llego a al departamento donde me espera mi querido para darme limpieza, a pura lengua, por todo el cuerpo y luego vuelvo a recibir verga y leche de sus huevos, es decir, los básicos. Yo pongo la fruta: melones y papaya. El maratón termina con una enculada en la ducha. Así que cuando llega a hablarme mi marido, siempre le digo que ya estoy limpia y bañada, y no es pleonasmo.

    Mi amante y yo llevamos quince años de amor subrepticio. Él me pide que llegue llena de leche, porque le gusta el atole que hago con Ramón y lamer mi cuerpo por todas las zonas en las que me embarré la leche de mi marido. El gusto lo adquirió con su primera esposa, quien es muy puta y desde entonces le daba la leche que le dejaban sus amantes en la pucha. Aún se la coge y ella le prepara atoles de sabores diversos.

    Además, la ex, desde joven y hasta la fecha, siempre le ha transmitido el conocimiento y novedades que aprende de los otros. Me asombra mi amante, quien en ese poco tiempo de convivencia semanal (a veces son dos días a la semana) me deja desfallecida de tantos orgasmos que me provoca. Imagínense todo lo que yo he aprendido en este tiempo de nuestra relación, y los malabares que he tenido que hacer con mi esposo para que él también aprenda, practique y disfrute al máximo las novedades. Mi trabajo es hacerle creer que las cosas se le ocurren a él, también es seleccionar videos porno para que veamos juntos y le pido que me haga lo que vemos, o las variantes que me enseñó Bernabé.

    Hoy regresé a casa con problemas en la voz, igual que la semana antepasada, esa primera vez lo platiqué por correo con algunos amigos lectores. Por lo que me doy cuenta, el Viagra que ha tomado mi amante Bernabé estas dos veces es la causa. En ambas ocasiones sucedió casi de forma idéntica.

    ¡Bernabé me tuvo ensartada tres horas seguidas! Yo me la pasé en puros gritos de felicidad. El muy cabrón se tomó un viagra (pero seguramente se había echado antes otro para agradar a su esposa) y, además, se abstuvo de eyacular; lo hizo al final. Entre tanto, después de las mamadas y lengüetazos de rigor, mantuvo un tolete rígido viajando por mis tres orificios usuales, haciéndome venir una y otra vez, también tuve trenecitos de orgasmos. Supongo que mis gritos de “¡Ah, ah, ah…!”; “¡Oh, o, oh…!”; ¡Uh, uh, uh…!”, con todas sus posibles combinaciones, se escuchaban en todo el edificio cada vez que me sacudía con los golpes de su pubis, perforándome el útero, el recto y la garganta.

    –¡Para ya, mi nene! ¡Me vas a matar! –le gritaba llorando de felicidad, pero él me daba con más enjundia…

    Por fin, cuando estábamos en la regadera, a donde me llevó cargada sin sacarme la verga del ano, se vino como si fuera manguera y se le desinfló el pene. Sentí un gran alivio…

    “¿Le pasa algo señora?”, me preguntaron en el mercado a donde pasé a comprar lo faltante para preparar la comida del día. “No, sólo es cansancio, a mi edad ya no aguanto como hace años”, contestaba. Llegué muy usada a la casa, sentía que iba caminando con las piernas abiertas. Le pedí a mi hija que se hiciera cargo de la comida y me fui a la cama. Dormí un buen rato.

    –¿Ya está lista en la cama mi puta personal para seguir amándonos? –preguntó mi esposo cuando llegó y me vio en la cama.

    –Estoy descansando. Creo que por hoy no habrá más amor… –le dije con una voz ronca y apenas audible.

    –¿Estás enferma? ¿Por qué estás tan ronca?

    –Yo creo que fue el sol y el aire los que me fastidiaron la garganta, le contesté, hace dos semanas.

    Me lo creyó entonces, pero hoy, que me encontró en las mismas condiciones, eso sí, oliendo a jabón de tan bien que me baña Bernabé. Me dijo que fuéramos a ver al doctor, porque yo casi no me enfermo y él veía raro que otra vez estuviera mal de la garganta. Pensé “¡Pinche Bernabé, en qué líos me mete”!

    –Vayamos con el médico para que te recete unas inyecciones –me dijo.

    –Las que a mí me gustan son las inyecciones intrapiernosas o anales de penecilina o vergacilina, mi amor, no quiero nada más, pero ya tuve muchas desde el viernes –contesté dándole un beso.

    Dada mi afonía, parecía que yo había estado, in situ, echándole porras a la selección mexicana en un reñido quinto partido del mundial y me imaginé zangoloteando las tetas como mi tocaya, la “Chiquiti-bum”, pues tenía también un ligero dolor en las chiches de tanto que me bailaban en cada embestida del sátiro, pero adorado, Bernabé…

  • Fuiste infiel y te agarraron, ahora vas a cagar fuego

    Fuiste infiel y te agarraron, ahora vas a cagar fuego

    Laura, a sus treinta y cinco está apetecible; la combinación de una buena genética con un moderado pero perseverante cuidado del cuerpo, ha dado como resultado que atraiga a cualquier hombre que no prefiera los hombres. A eso hay que sumar una exquisita femineidad, delicadeza en los movimientos y destacable aptitud para socializar.

    Leopoldo, su esposo, arriba por diez años es poseedor de una viril apostura y algo retraído en comparación con su mujer, lo cual se evidencia en el tiempo que ambos dedican a reuniones, llamadas telefónicas, intercambio de mensajes, etc.

    El pasar del matrimonio es muy bueno; el cargo jerárquico de ella en una empresa le reporta buenos ingresos que solventan con creces sus necesidades personales, pues quien cubre los gastos del hogar es él cuyo desahogo económico es sensiblemente mayor, ya que además de tener un estudio jurídico junto a dos socios amigos de la adolescencia, heredó de sus padres la casa que habitan y un hotel.

    Entre las cosas que contribuyeron esa sana convivencia estaba el respeto de las relaciones personales anteriores a la unión. A ninguno se le ocurría pensar que la vida de cada uno había comenzado en el momento del matrimonio, por lo cual ambos cultivaban esos lazos que enriquecen y ayudan a prevenir el tedio producto de la rutina, eso sí, respetando la prioridad siempre en favor del cónyuge.

    Una cierta inquietud lo asaltó al marido cuando tomó conciencia de que los tiempos compartidos en el hogar habían disminuido en cantidad y calidad afectiva. Es sabido que cuando los cambios son lentos pero sin pausa resultan imperceptibles en el día a día, hasta que de un momento a otro se toma conciencia de que la variación producida es enorme respecto de algún tiempo atrás.

    Cuando te enseñan la técnica para la solución de problemas dicen que lo primero es averiguar la causa, y el método comienza por contestar una pregunta simple «Qué pasa ahora que, antes del problema, no pasaba». La tarea de evocación y búsqueda no le costó mucho luego de ubicar el momento en que la intimidad empezó a declinar. Lo cambiante era la cantidad de tiempo fuera de casa y eso en las dos facetas, laboral y social.

    Siendo un tipo metódico y poco amigo de estimaciones al boleo, tomó papel y lápiz para hacer simples sumas. El resultado dio que a las amigas antes le dedicaba tres horas y actualmente siete; referente al trabajo las cantidades dieron cuarenta antes, y ahora cuarenta y tres, siempre por semana.

    Si las amigas seguían siendo las mismas es muy difícil que las costumbres hubieran cambiado tanto, entonces ¿qué había cambiado en el trabajo? Pregunta sencilla de fácil respuesta pues ella lo había contado en su momento, el jefe era uno nuevo.

    Siguiendo el sabio dicho «Zapatero a tus zapatos» ni se le ocurrió oficiar de investigador, para eso también había especialistas, así que contrató los servicios de una agencia cuyo dueño conocía. El encargue fue buscar si entre jefe y subordinada había algún vínculo más allá de lo estrictamente laboral y, en caso afirmativo reunir todos los datos posibles acerca de la relación.

    En cuatro días estaban los primeros resultados. Los dos implicados tenían la misma edad, él casado, dos hijos, muy buena pinta y fama de mujeriego. Algo pagado de sí mismo, el buen nombre de sus conquistas le importaba menos que tirarse un pedo, y por tanto no disimulaba sus escarceos en el trabajo, a tal punto que varios estaban al tanto de quien era la que se abría de piernas; por otro lado había un registro fotográfico de la pareja ingresando a un hotel por horas una noche en que, teóricamente, tenía reunión de amigas; además estimaban que esta situación se daba desde un mes y medio atrás.

    Dos días después de recibir las pruebas de la infidelidad de Laura, y habiendo pasado la crisis del dolor, se reunió nuevamente con Julio, el titular de la agencia, para ampliar la tarea encomendada.

    – “Esto le va a salir muy caro doctor, vamos a tener que hacer intervenir a varios y comprar algunas voluntades para obtener buenos resultados”.

    – “Asegurada la reserva, la plata no es problema. Con vos puedo hablar tranquilamente. Si la muy cara venganza puede oficiar de escalera para salir del pozo en que me encuentro, y así tratar de rehacer mi vida, el dinero estará perfectamente gastado”.

    – “No hay problema, lo voy a hacer de manera que usted quede ampliamente satisfecho”.

    Días más tarde, estando Laura en el negocio de su amiga Beatriz entró un joven apuesto, vestido a la moda pero sobrio y elegante. Esperando ser atendido miró a la mujer, que también esperaba, e hizo un manifiesto y detallado recorrido de su anatomía, al punto que cuando le toco registrar las nalgas hizo un paso al costado para tener mejor enfoque. Estaba terminando el escaneo cuando la dueña se acercó.

    – “Hola, te puedo ayudar en algo?”

    – “Seguro que sí señora, al pasar vi la vidriera y recordé la pasión de mi hermana por la lencería de calidad y, como en una semana será su cumpleaños, pensé buscar aquí el obsequio”.

    – “Por favor, no me tratés de usted, mi nombre es Beatriz”.

    – “Gracias, yo soy Rómulo”.

    – “Perfecto, tengo una buena variedad, cuáles son las medidas?”

    – “Ahí me encontrás desnudo, no tengo idea”.

    Entonces recorrió con la vista el salón, señalando a la amiga visitante.

    – “Es como la señorita”.

    – “Señora”.

    – “Quien lo diría, si es por la expresión facial y la lozanía de la piel se podría pensar que recién salió de la adolescencia”.

    – “Esa exageración es producto de tu galantería, esperemos que el marido no se entere”.

    – “Al contrario, mejor que se entere y la cuide bastante pues seguro que muchos quisiéramos robársela”.

    – “Vos también?”

    – “Ahora que la miro con detenimiento, yo el primero”.

    – “Laura, por favor acércate, acá Rómulo quiere llevar un conjunto y no sabe las medidas pero dice que su hermana es como vos, ¿cuáles son las tuyas?”

    – “Te las diré al oído porque no hay que divulgar intimidades”.

    – “Perdón, no los presenté, Rómulo, esta señora es mi amiga Laura, y tampoco la trates de usted”.

    Mientras Beatriz buscaba muestras siguió el diálogo.

    – “Laura, un gran placer”

    – “Siempre mirás así a las mujeres?

    – “No siempre, en estos tiempos en que las mujeres tratan de ser iguales a los hombres, solo miro a aquellas que siendo lindas derraman femineidad, sin que ello les impida tener una personalidad bien afirmada. Gracias por ayudarme con las medidas, y tenés razón en no divulgarlas pues podés estar alimentando la imaginación de un desconocido que podría ser un violador serial”.

    – “No lo parecés”.

    – “Y no lo soy, pero ante una curva pronunciada hasta el más equilibrado vuelca”.

    – “Gracias por lo que me toca”.

    – “Por nada eh. . .”.

    – “Qué ibas a decir?”

    – “Es que casi descarrilo en la curva con algo inconveniente, sobre todo si recién nos conocemos”.

    – “Por favor no me dejés con la intriga, te juro que escucharé sin enojarme”.

    – “De todos modos si te sintieras molesta tendrías razón, pues en cierto modo es un atrevimiento y más siendo casada. Te iba a decir que en lugar de que te toquen las palabras preferiría que lo hicieran mis manos y, ya que el vuelco es inevitable, mi sueño sería que en lugar decir las medidas, hicieras de modelo”.

    En eso llegó Beatriz con varios conjuntos para elegir que desplegó sobre el mostrador.

    – “De qué hablaban?”

    – “Le contaba de la buena calidad de tus prendas”.

    Los conjuntos presentados eran preciosos, en una gama que iba de los muy sugerentes a los recatados, y en la elección el comprador pidió el parecer de ambas, agregando que el principal beneficiado sería su cuñado pues, sabía por su hermana, que le encantaba verla con esa única vestimenta. Seleccionada la compra, profundizó el galanteo.

    – “Laura, de todos estos, cuál sería de tu gusto?”

    – “Este”.

    Y señaló uno que cubría muy bien tanto adelante como atrás pero, en el sector de la entrepierna, era transparente. Cuando la interrogada tomó conciencia de que estaba haciendo partícipe de una intimidad al recién conocido ya era tarde. La sonrisa del varón, mirándola y mordiendo su labio inferior, fue más que elocuente.

    Días después, un sábado, estaba Rómulo tomando un café en el patio de comidas del centro de compras donde había adquirido el regalo para su hermana, cuando le llama la atención una pareja que se sentaba unas mesas más allá. Encontrando en ellos algo familiar prestó atención cayendo en cuenta que la mujer era Laura; cuando se sentaron ella quedó en cuarto de perfil respecto de él, mientras su acompañante lo hacía casi dándole la espalda.

    Naturalmente centro su vista sobre ella y, cuando las miradas se encontraron, la saludó sonriendo con una leve inclinación de cabeza, siendo correspondido de la misma manera después de constatar que el acompañante miraba su celular.

    Los siguientes minutos fueron de intercambio de gestos de agrado, ostensibles en el varón y velados en la mujer hasta que ella se levantó dirigiéndose al sector de baños. El perseguidor hizo lo mismo para encontrarla en el pasillo.

    – “Me estás siguiendo?”

    – “Eso desearía pero no sé dónde vivís ni donde trabajás, así que debo rogar que la suerte nos reúna como ahora. En este papelito está mi teléfono, por favor, de vez en cuando un saludo”.

    – “El que está conmigo es mi esposo, ni se te ocurra acercarte”.

    – “No veo por qué, soy incapaz de hacer algo que te perjudique”.

    – “De acuerdo con tus intenciones, pero vos no me mirás, sino que me comés con los ojos, y eso se nota”.

    – “Perdón, pero no lo puedo evitar, me tenés trastornado, he perdido los papeles con vos. Un pedido especial y casi inocente; ese vestido te cubre demasiado arriba y abajo, cuando vuelvas a sentarte, me darías el gusto inmenso de subirlo apenas arriba de las rodillas?”

    – “Estás loco”.

    – “Sí, loco por vos”.

    – “Me voy, no puedo demorarme más”.

    – “Te ruego, no olvides mi pedido”.

    Lo habitual en la señora de Leopoldo es usar vestidos sueltos, con reducido escote y bajando un palmo de las rodillas. No necesita exhibir su cuerpo para cautivar, esa tarea está a cargo de sus bellas facciones y el contraste entre la delgadez del físico, sus pechos medianos y las firmes nalgas que, insinuándose bajo la tela, hacen volver las miradas sobre su femenino y elegante andar.

    Vueltos cada uno a su mesa el macho siguió con la vista clavada en el objeto de sus deseos, mientras la hembra deseada trataba de seguir la charla del marido sin poder sustraerse al placer de saberse observada y así, cada vez que cruzaban las miradas recibía gestos rogando que elevara el ruedo.

    Y tanto va el cántaro a la fuente… que bajó la mano y lentamente corrió la prenda hasta más arriba de las rodillas, todo sin dejar de prestar atención al acompañante. Permaneció así unos instantes y miró al destinatario de la muestra, para encontrar su cara sonriente mordiéndose los labios y pidiendo abrir los muslos que se mostraban firmemente apretados.

    Entre avergonzada y arrepentida con rápido movimiento volvió la tela a su lugar mostrando cara de contrariedad. Cuando nuevamente miró al mirón percibió el gesto lastimero reiterando su deseo. Solicitud, y negación con la cabeza, ocuparon algunos minutos hasta que la perseverante insistencia tuvo su premio, y el Lobo se comió a Caperucita porque ella quería ser comida, de manera que moviéndose en la silla se ubicó bien de frente bajando la mano mientras hablaba con su compañero. Esa fue la señal para que Rómulo alistara la cámara del celular y enfocara con el zoom.

    Como si fuera algo ensayado el registro de imágenes comenzó al aparecer las rodillas y siguió hasta que los muslos, después de mostrar en su nacimiento la transparencia de la bombacha durante un ratito, se cerraron lentamente para volver a ocultarse bajo el vestido. El último gesto visto por ella fue leerle los labios diciendo «Precioso, gracias».

    Esa tarde Laura no pudo sustraerse a la tentación de enviarle un mensaje.

    – “Me alegro que te haya gustado”.

    En seguida se encendieron las señales celestes de lectura, pero la respuesta se hizo esperar un poco. Llegó mostrando dos textos y dos imágenes.

    La primera escritura decía <Esta noche, al acostarme, esperaré el sueño mirando esta preciosidad>, y a continuación la foto de ella, abierta de piernas mostrando la parte transparente de la bombacha ubicada en la unión de los muslos, mientras su cara estaba vuelta dándole frente a su esposo.

    El segundo texto agregaba «Pero mientras miro esa delicia me daré el gusto en soledad», y más abajo la imagen de él, tirado en la cama, mirando el teléfono que sostenía en la mano izquierda mientras la derecha empuñaba el tronco de una majestuosa poronga que se alzaba desde la deprendida bragueta.

    – “Por Dios, no vuelvas a enviarme algo así, es muy peligroso y ya borro todo”.

    Y lo borró, pero después de ir al baño y pajearse como una poseída, mirando con ansias la pija del galán

    El viernes siguiente tocó reunión con amigas, programa frecuente que consistía en cena y después tragos en alguna discoteca; poco antes de salir llegó un mensaje «Lo que daría porque fueras soltera y así tenerte para mí toda la noche de este viernes»; la respuesta fue rápida «Por más que fuera soltera no podría, con mis amigas cenamos en El Rancho y después tomaremos algo en Cronopios»; la contestación fue corta «Gracias por el dato».

    Cuatro amigas, cómodamente ubicadas en sillones semicirculares alrededor de una mesa ratona, vieron acercarse por un costado al apuesto joven que, en una ojeada con gesto de sorpresa, paró.

    – “Beatriz, Laura, qué coincidencia”.

    Acercándose para saludar a ambas con una beso en la mejilla les contó que había venido con dos amigos los cuales estaban ya emparejados y, para matar el aburrimiento pensaba repetir su consumición. Aceptado el ofrecimiento de invitarlas con algo siguió camino a la barra para volver haciendo equilibrio con las cinco copas. Consecuencia lógica de las bebidas ofrecidas fue que las damas le hicieran lugar entre ellas, ubicándose en medio de las dos conocidas.

    Después de agradecerles la ayuda en la compra les contó que el regalo había sido muy bien recibido así que pensaba repetirlo cuando fuera la oportunidad. El peso de la charla lo llevaba Beatriz por lo cual el caballero giraba más la cabeza hacia la derecha, aunque sin desatender a Laura sentada a su izquierda. Esta llevaba el habitual vestido holgado, liviano y a media pierna, teniendo sobre la falda una camperita por si refrescaba a la hora de irse.

    El hacerle espacio en el asiento hizo que estuvieran casi pegados y así Rómulo, mientras hablaba con la dueña de la lencería, recorría suavemente con el dorso de la mano izquierda el muslo cuya piel conocía por la fotografía, pero ahora el tacto era quien se encargaba de la sensación aunque hubiera ropa de por medio.

    Igual que en el café la insistencia logró su cometido. La hembra deseosa, simulando acomodarse, corrió el vuelo del vestido para que no fuera apretado al sentarse. El macho al darse cuenta la miró agradeciéndole con una sonrisa y mientras su cabeza giraba hacia el otro lado la mano se internaba bajo la tela y hacía contacto con la piel, provocando un estremecimiento en ella, que ubicó la campera disimulando el movimiento invasivo.

    Evidentemente el deseo de ambos había entrado en espiral ascendente pero debían ser cuidadosos, así que lentamente progresó la mano varonil hacia la cara interna de los muslos para encaminarse a la unión y ahí, comenzar la primera incursión en ese nido ajeno.

    El progreso de las caricias hizo que el flujo aumentara su caudal y tentara al invasor a saborear ese líquido espeso. Para ello volvió la cara hacia Laura y, sacando la mano, se llevó los dedos a la boca. La expresión de quien no puede creer lo que ven sus ojos dominaba la cara de la hembra que, estupefacta, contemplaba esos labios que alternaban palabras con lamidas.

    Saciado el saboreo la mano volvió a la cueva, cuyo sabor había probado, hasta que las uñas femeninas se clavaron en el antebrazo que había tenido apretado durante el ingreso de los dedos. Fue la señal para que el varón decidiera avanzar de otra manera.

    – “Laura, querés bailar conmigo?”

    Al ver que asentía sin hablar tomó una de sus manos para llevarla a la pista donde la abrazó y, a paso de baile la fue llevando a la otra punta; habiendo comprobado que la multitud de bailarines los ocultaban de la vista de las amigas la apretó desde las nalgas para besarla con urgencia, cosa que ella no solo acepto sino que colaboró decididamente. Sin necesidad de palabras esta mujercita mostraba su claudicación, indicando que, carnalmente, tenía un nuevo dueño.

    – “Ahora, lo que viste en foto, está al alcance tu mano, agarralo con ganas como si fuera tu tabla de salvación, como si tu felicidad dependiera de su dureza”.

    – “No, aquí no”.

    – “Mejor que lo hagás porque de lo contrario, aquí en la pista te voy a clavar como si fueras una mariposa. Así preciosa, recorré con dulzura ese tronco que palpita por taponar tu conchita”.

    – “Yo también lo deseo pero aquí no podemos”.

    – “Es verdad, de hacerlo nos echarían, pero así, de pie y bailando vas a acabar como una burra”.

    Y pasando del dicho al hecho se ubicó de espaldas a la pared, lentamente le subió el ruedo del vestido y metió la mano bajo la bombacha por segunda vez. Los que bailaban solo podían observar a un hombre hablando al oído de una mujer, que miraba la decoración del muro de en frente.

    – “Así putita, gemí tranquila con mis dedos adentro que nadie te va a escuchar”.

    – “No sigás que me voy a caer”.

    – “No tengás miedo, yo te sostengo”.

    Y así fue, de no ser por los brazos masculinos su último gemido y estertor la hubieran encontrado sentada en suelo.

    Repuesta de la corrida y con la voluntad anulada fue llevada a un sillón desocupado en uno de los rincones, pero en seguida cambiaron por otro que dejaban libre y daba la espalda al sector destinado al baile. Al sentarse, arremango el vestido y se estremeció cuando la piel de sus piernas hicieron contacto con la fría superficie.

    Nuevamente la boca de la infiel fue visitada por la movediza lengua del conquistador que, en seguida, la invitó a saborear algo más.

    – “Ahora tesoro, buscá lo que estás deseando comer para luego beber su jugo”.

    Como una autómata bajo el cierre de la bragueta, sacó el miembro duro y, mirándolo embelesada se lo llevó a la boca. Mientras ella sorbía con deleite él entrando por atrás alternaba caricias y entradas en culito y conchita. La lubricación delantera facilitaba el ingreso en el anillo estriado.

    – “Mi amor, ahora no hay tiempo, pero la próxima este anito no se salva”.

    Mientras las caricias renovaban su excitación a pasos agigantados empezó a sentir la tensión en el cuerpo del varón junto a un sonido gutural que anunciaban la próxima corrida, concretada en las palpitaciones de la pija escupiendo leche.

    Tragadas las emisiones fue levantada como si fuera una muñeca y en lo que dura un parpadeo se encontró a caballo de los muslos de Rómulo, con el vestido en la cintura, la bombacha corrida y su vagina ocupada por el palo que antes tenía en la boca.

    – “Ahora preciosa no hay que permitir que se ablande, removelo dentro tuyo que vas a acabar de nuevo”.

    Una mano frotando el clítoris y la otra oprimiendo por turnos las tetas lograron su cometido y esta vez sí quedó hecha una piltrafa abrazada y con el miembro todavía duro en su interior. Al recuperarse, horcajada y chupando la lengua del que la había sometido se sinceró.

    – “Querido mío, nunca había gozado tanto en tan poco tiempo, te amo”.

    – “Vamos preciosa te tengo que devolver a tus amigas o se extrañaran del lapso que llevamos alejados”.

    Llegaron al sillón que habían dejado cuarenta minutos atrás, ella con paso vacilante y gesto de cansancio, cosa que preocupó a Beatriz.

    – “Parecés agotada, te sentís bien?”

    – “Sí, creo que se juntaron la bebida con una bajada de presión”.

    – “Bueno chicas, les devuelvo la amiga, ha sido un placer, que sigan bien”.

    Ya sin la presencia de Rómulo, acercándose y en voz baja, Beatriz le habló a Laura.

    – “Mi sugerencia es que tengas cuidado con este muchacho, puede traerte algún dolor de cabeza”.

    Mientras hacía la seña de asentimiento pensaba, qué diría si supiera que todavía tengo en la boca algunos grumos de su semen.

    El lunes siguiente llegó un mensaje al teléfono de Laura «Cuando puedas llamame, necesito tu ayuda». Como estaba en el trabajo no adoptó precaución alguna para cumplir el pedido.

    – “Recibí tu mensaje”.

    – “Gracias por contestar, necesito el punto de vista de una mujer. La empresa me va a pagar el alquiler de un departamento pequeño pero cómodo y, en la elección hay cosas que a los hombres se nos escapan. El miércoles a la tarde tengo que ver uno a estrenar pues el edificio se terminó hace poco. No nos llevaría más de una hora y, de paso podemos tomar un café, me podrás acompañar?

    – “De acuerdo, a qué hora”.

    – “A las dieciocho en la esquina de Ayacucho y Maipú”

    – “Perfecto, nos vemos”.

    El miércoles llegó del trabajo a las quince, hora habitual, comieron y luego de una pequeña sobremesa, el esposo se tiró un rato a descansar; al despertarse alrededor de las cinco de la tarde vio que ella se estaba arreglando.

    – “Estás por salir?”

    – “Sí, Juana anda algo deprimida y me pidió que fuéramos a tomar un café. No me digas que te has vuelto controlador”.

    – “De ninguna manera, eso sería contradecirme, pues a lo largo de los años hemos acordado y respetado la propia autonomía, además ningún control sirve ya que esa atadura artificial transforma en obligación lo que debiera ser voluntaria y jubilosa unión”.

    – “Si querés me quedo”.

    – “Para nada, yo deseo que en pleno uso de tu libertad hagas todo aquello que contribuya a tu felicidad”.

    Ante esas palabras se sintió una mierda; él preocupado por su felicidad y ella preparándose minuciosamente para gozar la infidelidad. Así, con cierto sentimiento de culpa, fue al encuentro de quien la había hecho gozar como una perra en la discoteca.

    En la esquina donde habían acordado él la esperaba con su elegancia habitual y sonriente. Para disimular se besaron en la mejilla, aunque la lengua del varón saliera un poco para recorrer esa porción de piel.

    – “Loco”.

    – “Es verdad, estoy enloquecido con el recuerdo de esa boca, que ahora solo me rozó la cara, pero días atrás hambrienta me comió la pija y sedienta bebió mi leche”.

    – “Por favor no me recordés eso que todavía no entiendo cómo pude hacerlo. Hace un rato Leopoldo me despidió diciendo que deseaba mi felicidad en lo que sea que haga. Me siento una basura”.

    Pocos metros caminaron hasta la entrada donde los esperaba un señor que les franquearía el ingreso. Rómulo la presento como su novia que lo ayudaría a elegir el nidito de amor. El rubor, que empezó a insinuarse en la cara de la aludida, aumentó súbitamente cuando cayó en cuenta de la alianza que lucía en el anular izquierdo.

    El departamento tenía dormitorio, baño y cocina comedor amplios y luminosos haciéndolo atrayente. Mientras la pareja miraba el aparato proveedor del agua caliente el hombre que los acompañaba recibió aviso de que otras personas querían ver un departamento más grande ubicado en un piso superior.

    Rómulo le dijo que atendiera tranquilo mientras ellos pensaban sobre los muebles y adornos que necesitarían comprar y, mientras hablaba separaba con una mano las nalgas de Laura haciendo que el orificio del ano fuera presionado por algún dedo invasor. La hembra manoseada disimuló como pudo, aunque complacida por dentro, y apenas se escuchó el ruido de la puerta cerrándose se volvió hacia quien hurgaba sus posaderas para recriminarle el atrevimiento pero no pudo, su boca fue tapada por los labios del que la acariciaba y que parecía tener más de dos manos; sentía que simultáneamente le tocaban los pechos retorciendo los pezones, dos dedos se introducían en la vulva, algo entraba en su culo y una última le recorría la espalda buscando la cremallera.

    Al bajar el cierre trasero y hacer caer la prenda al suelo quedó en corpiño y bombacha con las manos tapando la cara y la cabeza gacha por la vergüenza, pues la luminosidad natural permitía que cada parte del cuerpo fuera apreciada con nitidez. Los pezones tratando de perforar las copas y la tela transparente de la entrepierna mostraba el vello púbico mojado por el flujo y cayendo lacio.

    – “Me pueden ver a través de la ventana”.

    – “Me encantaría que alguien pueda apreciar la belleza de la hembra que comparte placeres conmigo”.

    Y tomándola de la mano la llevó frente a la puerta de vidrio corrediza que daba al balcón haciéndola arrodillar, para luego extraer el miembro y acercárselo a los labios.

    – “Por lo que más quieras, no me hagás esto”.

    – “En este momento lo que más quiero es tu boca devorando mi pija que hace rato viene erguida esperándote”

    Increíblemente obediente lamió, chupó y se pasó por la cara el glande baboso en un gesto de atracción insalvable.

    – “Qué lástima tener tan poco tiempo disponible, hubiera querido que me alcance para distribuir semen en boca, vagina y culito, pero tendré que conformarme con entrar un poco en cada uno y eyacular en el último”.

    – “No por favor, va a regresar el encargado”.

    – “No te preocupés mi cielo lo haremos rápido, ahora toca conchita, vení acá, así mi vida, medio cuerpo afuera de la ventana, ahora girá un poquito el torso para que pueda ver el movimiento de tus tetas al ritmo de los empujones con que te clavo”.

    – “Por favor no me hagás eso, alguien que me conozca puede, de casualidad, verme”.

    – “No te preocupés hermosura, ni tu madre reconocería en esta puta a la señora del doctor que no muestra las rodillas y mucho menos el canal que divide los pechos”.

    – “Realmente sos malo conmigo, te aprovechas de mi debilidad, con vos sí soy una puta pero no lo puedo remediar. ¡Ay madre santa, me viene, me corro, quédate dentro un poquito, dame tiempo a terminar!”

    Cuando terminó el orgasmo, agarrada al marco de la ventana fue bajando hasta el piso donde quedó sentada en la falda de Rómulo que le acariciaba la cara.

    – “Veo que gozaste bien mi cielo, ahora un minuto de descanso y hacemos la última etapa, acostate con la colita para arriba y mientras te relajás lubrico bien el conducto que me va a recibir”.

    Cumpliendo con el aviso hecho en la discoteca había llevado un pote con vaselina líquida. La laxitud de Laura facilitó la apertura del ano para verter el líquido y hacerlo correr por las paredes.

    – “Por favor poné cuidado para no lastimarme”.

    – “Desde luego mi amor, voy a hacer todo lo posible para que no te represente un sufrimiento. Vos simplemente aflojá al máximo todo tu cuerpo, hace de cuenta que en lugar de recibir vas a evacuar”

    Buena alumna resultó, el ingreso fue apenas resistido y sobrepasado el primer tramo el resto fue fácil. Para ella resulto una sensación desconocida pero su buena disposición para la entrega hizo tolerable la incomodidad. El macho, con experiencia en el tema apeló en seguida al frotamiento de la vulva para que el placer opacara la molestia y diez estocadas fueron suficientes para regar con leche el recto.

    – “Menos mal que no me rompiste, pues mi marido se hubiera dado cuenta”.

    – “Espero que al llegar no te toque, porque va a encontrar grumos que nada tienen que ver con lo que habitualmente sale. Arreglémonos que apenas llegue el encargado nos vamos”.

    Al día siguiente Julio lo llamó a Leopoldo.

    – “Hola doctor, lo llamo porque creo que, para conseguir el objetivo, lo que tenemos es suficiente. Estimo que prolongar la actividad es gastar tiempo y dinero sin por ello modificar el resultado. Tendrá algo de tiempo para ver lo obtenido?

    – “Desde luego, podrás venir al estudio?”

    – “En media hora estoy”.

    Reunidos en el despacho conectaron la memoria portátil a la computadora y vieron lo filmado en la discoteca y después en el departamento vacío. Coincidiendo ambos en dar por concluida la actividad de reunir pruebas, acordaron empezar la etapa final.

    Sesenta días pasaron desde aquel encuentro fortuito en la lencería de Beatriz, fecha presente en la memoria de la adúltera que temprano, sentada orinando, antes de salir para el trabajo, mandó el mensaje aludiendo a la conmemoración.

    – “Mi amor, gracias por estos dos meses de afecto entrañable, dicho en sentido literal, pues mis entrañas añoran tu presencia”.

    La ausencia de las dos tildes celestes indicando haber sido leído no apareció mientras estuvo en casa y tampoco al ocupar su escritorio en la oficina. El «Día de la Dulzura» es un invento de los comerciantes para aumentar sus ventas, y las masas aborregadas siguen esos dictados de la moda para no sentirse marginadas. Por eso a nadie le extrañó que, próximos al festejo, esa mañana, apenas empezada la jornada, llegara una caja conteniendo tantas bolsas como empleados, exhibiendo nombre y apellido del destinatario con un deseo de feliz día y atribuyendo el envío al Directorio.

    Los más ansiosos abrieron rápidamente, dándose con una pequeña caja de bombones, que empezaron a saborear aplaudiendo tan exquisita iniciativa hasta que un empleado, que miraba fijamente la pantalla, frenó el festejo preguntando.

    – “Alguien abrió el pen drive que está en el fondo de la bolsita?”

    La que contestó fue Laura.

    – “En la mía están solo los bombones”.

    El que había hecho la pregunta la miró con una expresión que decía, «es lógico», y volvió la vista a las imágenes que desfilaban, dándose cuenta que la jefa de división se aproximaba.

    – “No creo que te convenga mirar esto”.

    – “¡Santo cielo!”

    Y se vio a sí misma, mirando la cámara con la cara descompuesta y un rictus de dolor-placer ante las acometidas de Rómulo que, teniéndola en cuatro, sepultaba una semejante poronga en su culo. Su paso tambaleante hacia la mesa de trabajo, tapándose la cara, fue interrumpido por la voz de una compañera diciéndole que el subgerente la requería con urgencia. Pálida, llamó a la puerta.

    – “Pasá puta, no te imaginaba tan fotogénica y además una consumada actriz, esto explica el poco tiempo disponible para mí en los últimos dos meses. Ahora vas sentir lo que acarrea una traición, pues lo que en este momento están viendo tus compañeros me voy a encargar de que llegue hasta los barrenderos de la cuadra”.

    – “Y vos sos el indicado para hablar de traición, basura”.

    La salida del despacho fue seguida de un sonoro portazo, dirigiéndose a juntar sus cosas y abandonar el edificio. Ya en la calle, abrumada por lo sucedido, lo llamó a su marido preguntándole si podía buscarla.

    – “No querida, lo lamento, estoy en casa rumiando mi desgracia”.

    – “¡Qué pasó!”

    – “Cuando llegues te lo cuento”.

    Al entrar al comedor y ver a Leopoldo frente a la portátil, con la caja de bombones al costado, comprendió dolorosamente que había tocado fondo.

    Y como las malas noticias vuelan, antes del anochecer el grupo de amigas ya estaba al tanto, algo que se hizo evidente cuando ninguna contestó sus intentos de comunicación. Las personas que caen en desgracia son ayudadas cuando son inculpables respecto del motivo de su situación. Cuando el calvario fue una elaboración personal, el entorno escapa como de un apestado. Rómulo, que le había prometido amor eterno, que había lamentado conocerla ya casada, a quien acompañó para elegir el futuro nido de amor, ni siquiera abrió los mensajes.

    La mañana siguiente se formalizó el pedido de divorcio y dentro de la semana se acordó con el juez la manutención hasta la sentencia.

    El día después de la hecatombe producida por el contenido de la bolsita, llegó al mostrador del empleado de seguridad del edificio el joven que dejaba los cuadernillos de ofertas semanales de algún supermercado. Esta vez se trataba de un comercio próximo a inaugurar. Como el muchacho ya era conocido, después de recibirle algunos, lo dejó entrar para distribuir en oficinas de los pisos superiores; cuando salía le preguntó.

    – “La tapa muestra buenas ofertas, ¿sabés cuándo inaugura?”

    – “Ni idea, seguramente adentro dirá, me los entregó un señor que no conocía”.

    El guardia separó cuatro ejemplares para su familia y siguió con la tarea. Media hora después sonó su teléfono.

    – “Te habla Horacio, de la compañía Serfin, entregaste las propagandas del supermercado?”

    – “No señor, aquel que desea retira, nosotros no entregamos”.

    – “Te quedan algunas?”

    – “No señor, otras veces permanecen toda la mañana, pero hoy a los quince minutos ya habían desaparecido”.

    – “La puta madre, perdón, se me escapó”.

    Intrigado, el empleado tomó uno de los cuadernillos y, abriéndolo, entendió todo. La hoja del medio estaba ocupada por fotografías del subgerente que recién había llamado, en plena y variada actividad sexual con la jefa de división que le dependía.

    Naturalmente ninguno de los ejemplares guardados fue recibido por su familia, dejó uno para él y los otros a distribuir entre sus compañeros.

    Como era de esperar a la secretaria del gerente general le faltaron piernas para hacerle conocer a su jefe el contenido del folleto, haciendo hincapié en la imagen que mostraba al hombre apoyando las nalgas en el escritorio y, entre sus piernas abiertas, a la mujer de rodillas con una buena porción del miembro en la boca. Era el momento, largamente esperado, para vengarse de las insinuaciones repugnantes que había recibido del engreído hijo de puta.

    Y así la desaparición de la adúltera fue seguida, un día después, por la del galán que se ufanaba de usarla.

    Finalizada la tarea hubo una última reunión entre Leopoldo y Julio, pues éste quería entregarle las constancias que habían quedado en su poder para que el cliente dispusiera de ellas según su parecer.

    – “Julio, quiero agradecerte lo bien que has manejado este asunto que excedía mis fuerzas, además tenemos que arreglar cuentas, seguramente te debo algo”.

    – “No doctor, de lo que usted me adelantó, sobró plata y mucha”.

    – “Entonces voy a necesitar otro servicio, de lo que quedó hacés dos partes, una para vos y otra para Rómulo, cuya excelente actuación debo reconocer, aunque para mí fuera un dolor espantoso”.

    Ahora a remontar la cuesta.

  • Recipiente de semen

    Recipiente de semen

    El jueves cuando desperté no tenía idea de lo que me tenía deparado el fin de semana.

    Tres días intensos y llenos de lujuria y experiencias únicas, tres días junto a mi señora viviendo momentos que nunca se olvidarán

    Tengo un pene de mediano a pequeño, yo diré que mas pequeño que mediano, en su máxima extensión mide 11 centímetros y eso fue fundamental para ganar el castigo o el premio según sea tu perspectiva…

    Soy Esteban, mido 1.65 lo que me hace un poco bajo para el promedio además tengo un pequeño problema de sobrepeso, soy empresario y dueño de una compañía donde todos me respetan y obedecen. A mis 35 años disfruto de una libertad económica que la mayoría no va conseguir en toda su vida, lo que la vida no me lo dio en mi físico me lo compensó con cerebro esa es mi mayor fortaleza y por eso tengo lo que tengo.

    Pero hay una faceta que nadie en mi empresa conoce.

    Llevo dos años bajo el dominio de mi señora, le pertenezco, ante ella soy Jakie, la obedezco y le cumplo sus caprichos no porque ella no pueda comprarlos sino por el placer que me otorga obedecer y ella por tener un perro con el cual divertirse, llevo dos años de castidad continúa encerrado en alguna jaula para impedir algún desliz, ella guarda la llave, solo la quita unos minutos al día mientras me baño y me aseo, bueno y cuando toca descarga también la quita (a veces). Me deja vaciarme una vez cada quince días, si es que me porto bien, si no debo esperar otros 15 días para poder correrme. Por lo regular me masturba hasta correrme en sus pies y luego tragar mi lefa, otras me masturbo bajo sus órdenes sigo sus indicaciones; más lento, más rápido, solo usa dos dedos, solo acaricia la cabeza, golpea tus huevos, otra vez, más fuerte, correte. Otras ocasiones me estimula analmente hasta que me corro aun con la jaula puesta. La primera vez fue raro y me sorprendió la intensidad del orgasmo sentí que me iba a dar un infarto jajaja!!! Pero ahora deseo ese momento en que ella me usa como su mariquita y usa mis agujeros para su placer

    Le sirvo:

    Soy su criado

    Ama de llaves

    Su alfombra

    Su orinal

    Su perro

    Un mueble

    Su puta

    Nunca me deja follarla, pero si he tenido la suerte de verla follar con su macho mientras mi pene gotea de ganas encerrado en la jaula y ellos se divierten.

    Para todos Fernanda es mi mano derecha, es diez años mayor que yo, pero se cuida de una forma que parece más joven, morena, culta, preparada. Me ha hecho ganar mucho dinero, antes de ella la empresa comenzaba y apenas cubría la nómina de un par de empleados ahora somos la más importante de la región en la fabricación de componentes electrónicos.

    La primera vez que tuvimos una ganancia millonaria estaba tan excitado que tuve una erección al saber la fortuna que gane. Quería follar a Fernanda ahí mismo, ella lo noto…

    Creo que ahí fue el comienzo de todo

    Cuando la contraté no sabía el placer que obtendríamos mutuamente, no sé bien cómo llegamos a la relación que hoy tenemos, pero me gusta.

    Y ahí estaba yo: doblado sobre el escritorio de mi oficina con las bragas rosa a mitad de mis muslos y el pantalón sobre las rodillas humillado y aguantando un grito de dolor mientras Fernada aprisiona mis testículos fuertemente con una mano y su dedo índice y medio metidos en mi culo.

    Por fortuna mi oficina es la única de todo el edificio que tiene privacidad, no está muy alejada de las otras oficinas directivas, pero está separada.

    Todas las oficinas se encuentran en el último piso debajo de la maquinaria de producción. La oficina del director está en el ala oeste, me encanta ver el atardecer desde ahí por eso exigí al arquitecto que la dejara en ese lugar. Las demás están del lado este: son cubículos de tres por tres. Unidas una junto a la otra, cada una tiene una puerta de cristal, al fondo está el escritorio, en las paredes laterales hay repisas empotradas para sus instrumentos de trabajo, fotos o lo que ellos decidan para su comodidad, hay un par de sillas enfrente de cada escritorio para los clientes pero entre cada cubículo hay un enorme cristal a medio metro de la entrada lo que te deja de cierto modo expuesto antes tus compañeros de al lado.

    Aunque si alguien entrará en ese momento, seguro que se sorprendería con la vista del jefe con los pantalones bajos y doblado sobre el escritorio, con cara de dolor, los huevos prisioneros y un par de dedos en el culo.

    —No te olvides Fannie querida hoy salimos rumbo a Valverde para ir a la reunión en casa de Mistress Sofía. Aunque la fiesta comienza en la cena de mañana quiero llegar desde hoy porque mañana quiero ir de compras contigo. Tenemos algo preparado que van a volverse locas todas las mariquitas.

    ¿Entendiste?

    —Sí señora entendí

    —Bien mariquita, debes estar ansiosa por usar ese pequeño clítoris y tener tu descarga ¿verdad? ¿Cuánto llevas sin correrte?

    —Dos meses señora.

    —Dos meses!!! Jajaja has sido una niña muy mala por eso el castigo.

    —Gracias señora.

    —Espero que pasado mañana no me dejes en mal delante de todas las chicas. Por cierto también va mi novio así que hay que pasar por él antes de irnos.

    Me decía todo muy cerca de mi oreja, casi en un susurro no para que no la escucharán afuera sino para sentir mis ganas contenidas.

    Luego me soltó y pude respirar, sacó los dedos de mi culo y me los dio a lamer

    —Limpialos.

    Chupe sus dedos, por fortuna estoy preparado y limpio en todo momento, con una vez fue suficiente para aprender esa lección que no quiero repetir.

    —Súbete los pantalones no quedaras que alguien entre y te vea así verdad maricon.

    Apenas me subí los pantalones ella salió saludando como si nada hubiera pasado a mi secretaria.

    Llamé a Alondra a mi oficina en cuanto Fer se fue.

    —Quiero que canceles todas mis reuniones de mañana, no vendré te veo hasta el lunes. Disfruta tu fin de semana.

    Salí de la oficina y solo pasé a casa por lo necesario para el viaje del fin de semana.

    Fernanda me esperaba en su habitación. La ayude a hacer la maleta y preparar todo lo necesario. Luego corrí a mi habitación a preparar la mía:

    Un par de pantalones y camisas, mi traje de mucama, bragas y calzado cómodo para el día y las zapatillas de tacón para la noche.

    Subimos al coche y antes de dirigirnos a casa de Mistress Sofía pasamos a recoger al novio de mi señora. Estacione fuera de su departamento subí las escaleras y baje con la maleta de Octavio, abrí la puerta trasera para que se subiera junto a Fernanda y luego acomode la maleta con el resto del equipaje en la parte trasera de la camioneta.

    Maneje las tres horas de trayecto escuchando sus jadeos y gemidos…

    La casa era enorme una casa señorial remodelada con todos las comodidades de hoy en día, un gran jardín verde y cuidado alrededor de la finca principal.

    Mistress Sophie ya nos esperaba junto a un par de sirvientes enjaulados y con solo un moño de mesero en el cuello, éramos los octavos en llegar y ya solo faltaban dos señoras que llegarían hasta mañana.

    Nos llevaron a nuestras habitaciones, me sentí mal cuando uno de ellos tomó el equipaje de mi señora ese es mi trabajo, pero como ella no lo impidió fui caminando detrás de ellos sin saber bien que hacer.

    Nos llevaron a la habitación era enorme y limpia, una gran cama donde dormiría mi señora y su novio, posa pies junto a la base de la cama, un par de sillones junto a la ventana para leer un rato, un baño pulcro y un tapete de terciopelo por un lado de la cama. Di por hecho que ese iba ser el lugar donde dormiría, pero cuando nos estábamos instalado uno de los sirvientes -el que me arrebató la maleta de mi señora-, me dijo: siguenos.

    Me giré sorprendido a mi señora preguntando con la mirada si le hacía caso o no.

    —Ve con ellos querida. En cuanto te instales regresas para que me ayudes a preparar mi baño.

    Eso me dolió, no esperaba dormir en otra habitación. Solo deseaba que no estuviera muy lejos.

    Mis esperanzas se desvanecieron en cuanto salimos de la casa, cruzamos el hermoso jardín y nos dirigimos a un edificio que parecían ser caballerizas.

    Ya no había caballos en la propiedad pero al menos había espacio suficiente para pasar un par de noches cómodas.

    Espere que me indicarán en cual podía dormir, pero siguieron caminando más allá del edificio aquella parte de la propiedad no era tan elegante como lo demás. Llegamos a las perreras, aunque no había nadie en ellas vi que varias ya estaban ocupadas por las maletas que estaban dentro de ellas. Me indicaron que entrará después de la última ocupada, aún había lugar para varios más pero yo sabía que sólo se ocuparían dos más allá de la mía.

    No estaban sucias pero eran más pequeñas y me daría muchos problemas mantener mi ropa limpia.

    No había un lugar para colgar mi traje de mucama, no había un baño, no había una sola silla, no había una cama solo una especie de tapete y una sábana por si se sentía frío, no había baño en su lugar tenía una cubeta. Así que no tenía mucho para acomodar deje mis cosas así como estaban dentro de la maleta y fui con mi señora.

    Puse la bañera en la temperatura que le gusta y mientras se bañaba le preparé café, saqué la ropa de la maleta y la acomodé en su lugar.

    Cuando salió del baño me puso el collar con mi nombre y así oficialmente comenzaba mi fin de semana bajo sus órdenes.

    Me mandó a mi jaula sin usarme, sin que su novio me usará, sin que necesitarán de ninguno de mis orificios así que me fui triste y contrariado a mi jaula-dormitorio donde ya me esperaba la cena, un tazón de leche en el suelo y un poco de carne con salsa.

    La mañana siguiente salimos a almorzar temprano para después ir de compras, la reunión con todas las señoras comenzaría oficialmente hasta la cena así que teníamos toda la mañana libre.

    Salimos de la casa solo ella y yo Tavo se quedó a disfrutar de la alberca.

    Fernanda quería pasar un rato íntimo conmigo antes de que comience todo.

    Siempre que voy con Fer debo tomar mucha agua. Ella encuentra divertidos mis esfuerzos por no orinar.

    Por si no lo sabes cuando llevas puesta una jaula de castidad debes mear como señorita, sentada en algún baño.

    Y esa humillación en específico pone muy cachonda a mi dueña.

    Así que desde temprano tomé agua, fui al baño antes de salir de casa tratando de ganar algún tiempo, pero es casi imposible que durante el resto del día no le pida permiso en varias ocasiones.

    Sí vamos por la calle y no hay baño cerca me deja ir a buscar alguno y me indica a dónde va para que la alcance allá. En mas de una ocasión he estado a punto de la vergüenza pública ante la disyuntiva de hacer del baño como niña en plena calle, hacerme en los pantalones o rezar para encontrar un baño cerca.

    Sí por el contrario ya estamos en algún restaurante o tienda departamental se divierte negándome permiso cuando hay baño cerca y yo bailo un poco tratando de aguantar, siempre busca la mesa más alejada de los baños.

    —Señora puedo ir al baño-le digo con una mano apretando sobre mi pantalón.

    —Vamos Fannie puedes aguantar un poco más, ¿verdad? Mejor toma otro sorbo de agua.

    Y así en medio del almuerzo, aprieto mis piernas mientras tomó otro basó de agua.

    Solo hasta que ve mis súplicas en mi mirada y hay alguien lo suficientemente cerca para escuchar se apiada de mi y dice:

    Puedes ir al baño bebe no quiero un accidente de nuevo.

    No me detengo a mirar la pareja de jóvenes que se han sentado a un lado yo simplemente salgo corriendo al baño.

    No la miro pero sé que se ríe de mí mientras les explica que tengo un pequeño problema de incontinencia.

    Cuando regreso ella ya ha pagado la cuenta y pedido otra botella de agua que debo beber antes de que llegue el mesero con la tarjeta.

    Luego vamos a una tienda de lencería, sé lo que me espera. Ahí dentro Fer no se detiene y habla fuerte sin importar quien pueda escuchar.

    —Querida por favor quiero dos conjuntos de bragas de seda iguales. Uno en talla chica para mí y otro para esta mariquita que llevo de mascota.

    Al final solo encontramos bragas color blanco.

    —Estas estarán perfectas.

    Paga, que para eso te traje.

    El resto de la mañana fuimos al spa: manicure uñas con fondo blanco y alguna cereza dibujada, pedicure y aunque siempre tengo mi cuerpo depilado fuimos a depilarnos para estar perfectamente para la reunión.

    Pasé gran vergüenza, porque no me había podido asear y ya había sudado bastante, aparte de la tierra del suelo de mi dormitorio.

    Mi señora lo sabía y vi su cara de diversión al notar como las chicas del spa hablaban de mi falta de higiene. Por poco se niegan a atenderme pero mi señora les explico la situación y pronto se unieron a las burlas.

    Gran parte de tarde la pase en su alcoba ayudando con las labores, planchar su ropa, limpiar la habitación -que estaba impoluta pero algo debía de hacer-, ayudarla con su vestuario, luego me despidió y me dijo que me vería en el comedor a la hora de la cena.

    Faltaban un par de horas y yo aún no me había bañado, ni sabía en dónde me podría asear porque en el cuarto que me dieron no había.

    No necesité buscar un lugar para asearme, al bajar la escalera me esperaba uno de los esclavos de servicio que me indico que lo siguiera.

    Me llevó a una habitación grande, no como las de las señoras pero cómoda y con lo necesario.

    Mi ropa estaba en la cama.

    Fui al baño y abrí la regadera, fue un placer ducharme y sentir el agua limpiando mi cuerpo.

    Salí y me puse las bragas que compré en la mañana sin demora, puse manos a la obra: planche mi traje de mucama, limpieza y saque brillo a mis tacones, puse crema por todo mi cuerpo para tener la piel suave y tersa.

    Tomé mi perfume con olor a jazmín; es el favorito de mi señora, dice que es un olor muy femenino y me sienta bien, por último antes de vestirme lubrique un poco mi ano y un plug negro de mediano tamaño, me senté poco a poco sobre él hasta tenerlo en su totalidad dentro de mí. Me sentí lleno, limpié el exceso de lubricante y me vestí:

    Las medias blancas con franjas negras primero, después el ligero en mi pierna derecha, luego el vestido, siguieron Diadema y pulseras, labial, aretes, los tacones los dejé de último, no quería cansarme antes del evento.

    Cuando salí de la habitación faltaban 5 minutos para la hora.

    Estaban la mitad de los sumisos, yo fui el sexto, pero no había ninguna señal de las Mistress.

    Los sumisos faltantes llegaron corriendo a escasos segundos de que las puertas se abrieran para la entrada de las señoras.

    En cuanto ellas y sus parejas tomaron sus lugares cada una de nosotras nos postramos a los pies de nuestra respectiva dueña.

    La cena transcurrió entre risas y humillaciones.

    Alguna que otra señora dejó que otra jugará con su mascota, alguna nalgada, bofetada o apretón de huevos.

    Todas se burlaron cuando nos iban presentando.

    Nosotras debíamos caminar alrededor de la mesa y saludar a cada pareja luego al llegar a nuestro lugar levantar las faldas para mostrar la jaula de castidad.

    Las risas explotaban cada que una subía su falda y los testículos escapaban de la pequeña ropa interior de mujer que traíamos puesta.

    —¡Qué patético te ves!

    —¡Mira si este y por poco ya nace chica!

    —¡Están llenas de leche!

    Antes de concluir la cena nos explicaron la dinámica del siguiente día.

    Y revelaron la sorpresa que nos tenían.

    Por la mañana antes de almorzar

    Carreras de carroza:

    Cada sumiso sería enganchado a una carreta por medio de un arnés, arriba de la carreta estaría nuestra señora y ganaría el primero en cruzar los 100 metros de pista.

    Limpieza:

    Esta contó desde anoche en la cena. Cada señora calificó a los sumisos y depositó un sobre sus calificaciones.

    Flexiones:

    El que haga menos flexiones en un minuto perderá la prueba.

    Sostener vasos en una charola:

    El que dure más tiempo con una charola y 4 vasos llenos será el vencedor.

    Rapidez:

    También comenzó la calificación desde anoche en la cena, pero mañana habrá una prueba en montar el servicio que también se tomará en cuenta para el puntaje.

    El perdedor será un recipiente de semen para todos los demás sumisos, luego de dos meses en castidad seguro agradecerán tener un orificio donde desahogarse.

    Luego dieron por terminada la cena para nosotras, las señoras y sus acompañantes fueron a otro salón solo con el personal de la casa de la anfitriona.

    Los demás sumisos fuimos llevados de nuevo a nuestra perrera-habitación.

    No dormí muy bien con la excitación del evento. Quería ganar todas las pruebas más que por el premio de poder deslechar para que mi señora estuviera orgullosa de mí.

    El día empezó temprano, llegamos al jardín solo con la jaula de castidad y el tapón a al puesto.

    Ahí nos pusimos la pechera para tirar de la carreta.

    Quede enganchado y listo para la señal de inicio.

    El comienzo fue difícil, jalar la carreta a cuatro patas, sobre el pasto y con el peso de una persona. Todos sufrimos al arrancar pero en cuanto tomamos el camino de cemento fue más fácil.

    La meta estaba al otro lado de la propiedad, cerca de la alberca, cuando llegue sudado y exhausto al piso de teca mis rodillas estaban rojas.

    Dure varios minutos jalando aire por la boca, el esfuerzo valió la pena.

    Quede en segundo lugar.

    Las pruebas fueron pasando y en cada una de ellas yo me esforzarse por dar el máximo, cuando miraba a mi Señora de reojo veía el orgullo reflejado en su rostro.

    Nunca baje del tercer lugar en cada prueba.

    Agregaron algunas pruebas que no estaban previstas, como el que aguantara más tiempo en cierta posición, o el que soportará la mayor cantidad de varazos en las nalgas o el de ver quien era el último en doblarse bajo una patada en los testículos.

    En la de limpieza y rapidez fui el ganador por votación de cada una de las señoras.

    Al final de las pruebas yo tenía el puntaje más alto.

    Por lo que mi pecho se llenó de orgullo cuando iban a anunciar a la ganadora del mini campeonato.

    Pero antes de darme el premio Sophie la anfitriona dio un pequeño anuncio que cambió el rumbo de todo.

    —Por último falta la prueba más divertida de todas.

    El tamaño de sus clítoris.

    Una medición será en estado flácido y otra erecto se tomará el promedio.

    El miembro más pequeño será el recipiente.

    Me dieron una mención por mi esfuerzo, pero aún podía ser el recipiente de todos, estaba con sentimientos encontrados por una parte quería tener ese honor, pero por el otro quería follar una vez más un orificio.

    Cada una de las señoras se puso a un lado de su sumiso, sacó la llave de la jaula y la retiró, uno a uno fueron pasando al frente para la primera medida, el primer lugar tenía doce centímetros en estado de flacidez mientras que el último solo cinco, con mis escasos siete centímetros quedé en el lugar ocho de diez, sonreí al imaginar poder usar el hueco de uno de los dos últimos lugares.

    Luego nos dieron la instrucción de comenzar a estimularnos algunas señoras hasta ayudaron a sus sumisos entre ellas la mía. Fue espectacular sentir sus manos acariciando y estimulando mi clítoris y las bolas que cuelgan de él frente a todos. Rápidamente engrose y crecí a su máxima capacidad con mis escasos 11.5 centímetros en estado erecto no alcance al primer lugar en estado flácido lo que provocó la risa y burla de todos.

    Al final quedé lejos de los quince centímetros del penúltimo lugar.

    Mi señora se acercó a mí.

    —Estarás bien cariño

    Ya lo hemos hecho antes.

    Se digna y tendrás una recompensa.

    De ahí siguió el desayuno y luego nos mandaron al baño para que nos diéramos un baño.

    Yo estaba mentalizado y dilatado, estaba limpio y tenía dispuestos mis orificios para recibir a cada uno de los que quisieran usarme.

    Tenían un tipo de estrado ahí estaría yo en medio de todos junto a la piscina, con el culo expuesto por tres horas.

    Mi señora inauguró mi culo con su arnés negro favorito.

    Luego uno a uno fueron llegando los sumisos llenos de leche y calientes, algunos me follaban la boca mientras otro usaba mi culo.

    Poco a poco me fui llenando de leche por todos lados, la cara, la boca, el culo, la espalda, las nalgas.

    Debo decir que no sufrí, al contrario: el placer que me provocaron fue suficiente para yo también vaciar las bolas. Tuve varios orgasmos protáticos que me dejaron agotado y deslechado.

    Al final estaba agotado, pegajoso, sucio y feliz.

    Cada uno de los que me uso fue comprensivo y si bien cada uno se corrió mínimo dos veces en mí al final recibí sus muestras de cariño y cuidado.

    Entre todos me llevaron al baño y me asearon, me dieron de cenar y me dejaron dormir en una cama cómoda junto a los brazos de mi señora que no dejó de abrazarme en ningún momento.

  • Mi relación con don casado infiel

    Mi relación con don casado infiel

    Cometí un error. Me dejé llevar por un impulso. Ni siquiera fue por pasión, porque no hubo ninguna pasión. Sólo un impulso, un único impulso, que fue más fuerte que yo. Paso a relatar.

    A él lo bauticé “Casado Infiel”. Porque era casado y era infiel (lo siento, no estaba muy imaginativa para los nombres). Y también era un mentiroso; me quiso hacer creer que, antes de conocerme, nunca le había sido infiel a su esposa. Yo me pregunto, si no era infiel, ¿por qué andaba con un preservativo escondido en la billetera?

    En realidad decía eso para librarse de la culpa. Me decía: “vos me hacés hacer cosas que yo jamás sería capaz de hacer”. Claro, entonces la culpa de su infidelidad era mía, ¿no? Pelotudo. Y lo peor era que me caía bien.

    Casado Infiel era visitador médico. Debía ser muy buen vendedor porque me vendió una imagen de tipo sincero, con sentimientos, buena onda, sin segundas intenciones. Y yo compré, como una ingenua.

    Su modus operandi es el de un cazador: estudiaba muy bien a su presa antes de atacar. Y a mí me estudió y me aprendió de pe a pa. Y planeó cada movimiento con cautela.

    Por ejemplo, no me invitó a salir de entrada. Estaba harta de los pesados que sin saber ni mi nombre me proponían ir a tomar un café. Pero Casado no lo hizo, e hizo bien.

    Cada vez que venía a que yo le entregara sus cajas de muestras me hablaba de algún tema que a mí me interesaba. Qué se yo… me hablaba de espiritualidad, de literatura, alguna película que había visto… Y se mostraba genuinamente interesado en cada cosa que yo le contaba. Y recordaba cada detalle: en cada charla me preguntaba acerca de cosas que habíamos hablado en charlas anteriores. Me prestaba atención. Y eso es algo que valoro mucho, y que pocos hombres hacen.

    Era un tipo de cuarenta y pico, pelo entrecano, siempre bien afeitado. Cuerpo cuidado, pero sin exagerar. Lejos de la metrosexualidad. Bien vestido, pero también, sin exagerar.

    Un día vino a llevarse una caja que no me aparecía en la compu. Entonces tuve que ir con él al depósito para verificar el lote. Y ahí no sé qué me pasó. Le dije que teníamos que ir a una parte cerrada del depósito, de la cual yo sola tenía la llave.

    No sé si fue el sonido de su voz, si fue su perfume, o si inconscientemente yo estaba buscando un padre para mi hija y el aire paternal de este tipo me sedujo. Pero la cosa es que lo violé. Y él no puso mucha resistencia que digamos. Me consta que lo disfrutó. Le arranqué la ropa, me desnudé, lo tiré al piso, entre las pilas de cajas de medicamentos. Me trepé encima suyo. Mi concha agrandada de madre primeriza engulló su miembro de un bocado, lo bañó con mis jugos, lo friccionó hasta hacerlo eyacular. Y hasta causarme el primer orgasmo en mucho, mucho tiempo; el primero que no fuera masturbándome, claro.

    Hacía mucho que no me desnudaba ante un hombre (dejando de lado a los médicos que me atendieron en el parto). Y a pesar de que aún no estaba cómoda con mi cuerpo de madre, con él no tuve ningún pudor.

    Pero no fue ese el error que cometí. El error vino después: acepté salir con él.

    Qué sé yo por qué. Hasta el día de hoy me lo sigo preguntando, y no encuentro respuesta. Pero me invitó a tomar un café (como hacen todos los otros pesados) y (a diferencia de lo que hago con los otros pesados) le dije que sí. Supongo que quien dijo que sí fue mi cuerpo, recordando la experiencia del depósito, y confiando en que se repetiría. Pero no se repitió nada.

    Resulta que eso de “tomar un café” en realidad significaba ir a un telo. Yo imaginaba que iríamos a eso, pero creía que habría algo más, algún preliminar, o algo después, pero no. No hubo nada.

    Es que no conozco mucho de las rutinas de los casados. Por lo visto, siempre andan con poco tiempo, entonces no tienen posibilidades de charlar, de pasear a la luz de la luna o de quedarse abrazándote después de coger. Sus excusas (partido de fútbol, cerveza con los amigos, pasear al perro, gimnasio, etc.) les compran periodos breves de infidelidad. Tan breves son esos períodos que no alcanzan para otra cosa más que para un polvo.

    Y así fue nuestra “salida”. Un polvo en un telo. Ni siquiera nos quedamos hasta que terminara el turno. Luego, un frío beso de despedida, y chau hasta mañana. Horrible. Y yo, re ingenua, me había comprado un conjuntito nuevo, me había depilado hasta el último pelito, me había perfumado, y me había entusiasmado con eso de “estar de vuelta en carrera”.

    Lo más triste fue que él se quedó con la sensación de que la habíamos pasado bien, que habíamos tenido una linda experiencia. Porque después empezó a insistir con que lo hiciéramos de nuevo. Lo que no se dio cuenta fue que perdió todo su atractivo. Se volvió el más pesado de todos los pesados. Me empezó a escribir cartitas, a llenarme el WhatsApp con audios melosos, a traerme flores. Me contaba que con su esposa ya no pasaba nada. Que eran como primos, que dormían juntos pero que ni se tocaban. Que ya no había pasión, no había fuego, no había nada. Y claro, seguro que la culpa era de ella. Casado Infiel no tiene la culpa de nada. Si el sexo entre él y su esposa era como el de nuestra “salida”, la re entiendo a la esposa. Yo que ella le hubiera metido los cuernos.

    Le dije que se dejara de joder, que por su culpa me iban a echar a la mierda del trabajo. Pero el tipo insistía. Juré que, si me echaban por su culpa, la iba a ir a buscar a la esposa y me iba a hacer su amiga. Y entre las dos íbamos a idear la venganza más espeluznante que Casado Infiel se pudiera imaginar.

  • Carlos me pide que me toque frente a él

    Carlos me pide que me toque frente a él

    Saludos. Hace tiempo no sacaba un momento para leer relatos y escribir.

    Les cuento que con Esteban salimos casi 6 meses, creo que gracias a él aprendí mucho fue una experiencia genial, desde entonces he seguido saliendo con mayores e incluso ya he probado con otras mujeres, lo que si no he hecho es salir con otro casado.

    Después de Esteban empecé a salir con Carlos de 37 años, un barranquillero.

    Quiero contarles la primera vez que me masturbé frente a un hombre.

    Estábamos en su apartamento ya llevábamos un rato pasándola bien, él estaba encima de mí jediéndome, al rato se paró y dejó mis pies al piso.

    El empezó a tocarse frente a mí, yo me sentí un poco extraña pero el solo me veía fijamente mientras se tocaba.

    Finalmente explotó y se regó por mi cuerpo, yo seguía sintiéndome un poco extraña, lo siguiente que hizo fue ir recogiendo su leche en mi cuerpo con sus manos y me las hacia lamer.

    Luego se tumbó en la cama a mi lado y me dijo ahora te toca masturbarte para mi, les aseguró que me sonrojé mucho estaba también nerviosa no había hecho eso nunca antes delante de nadie.

    Yo me pare frente a él, al principio estaba como congelada, él nada más se reía.

    Empecé a tocarme muy tímidamente, él acostado con un tarrito me regaba de aceite. Él disfrutaba viéndome tocarme, lo hice así por un rato, yo no sabía ni que decir solo me tocaba para él.

    Luego me hizo acostarme, vendó mis ojos y empezó a tocarme y besarme super rico, para mis adentros dije ufff por fin se sació de verme tocarme y me fui relajando.

    Al rato sentí uno de los consoladores encenderse me lo pasó y me pidió que me lo metiera y llevó mi otra mano a mi clítoris para que me tocara yo solo dejé que quitara mi mano mientras sostenía el consolador frente a mi.

    Finalmente pude tener u orgasmo raro pero rico y con los ojos vendados.

    Luego en otras ocasiones me volvió a pedir los mismo, pero cada vez para mi fue mas natural.

  • Afortunado trabajo con Ana

    Afortunado trabajo con Ana

    Las oficinas de mi trabajo se encuentran en el centro de la ciudad. El espacio es reducido en el área de atención al público y como complemento dispone de unos almacenes donde se guarda la documentación de archivo en la zona de sótanos del edificio.

    Recientemente se ha incorporado una nueva compañera para realizar una sustitución de larga duración. Se trata de Ana, una mujer de unos cincuenta años, casada pero sin hijos, de belleza innata y delicada, y con un cuerpo maduro bien cuidado durante años.

    Lleva su melena rubia siempre suelta y le cae de forma insinuante sobre sus hombros.

    Para vestir a diario suele usar blusas y corpiños que dibujan artísticamente sus senos bien dotados, redonditos y suculentos. Y una cadera bien definida que reclama ser explorada descendentemente de forma generosa. Su imagen y compostura me atrajeron desde el primer instante que la vi y, según deduje por sus miradas, ella fue consciente de ello desde el primer instante.

    Yo llevo diez años trabajando en esta empresa, por eso me asignaron la misión de enseñar a nuestra nueva compañera cómo funcionaban los procedimientos internos de la empresa.

    Esa mañana tuvimos que bajar al almacén para buscar archivos de varios años atrás. Ana vino conmigo para conocer el lugar y el sistema de archivo de la empresa. Ese día Ana vestía de forma casual, con pantalón tejano y blusa.

    Todo discurría con normalidad, charlábamos amigablemente mientras realizábamos la tarea encomendada. Al recoger una caja del suelo ambos nos agachamos simultáneamente. De forma accidental divisé todo su escote y pude ver su sostén, blanco de encaje y con tela semitransparente. Bajo esa prenda se dibujaba el increíble dibujo de sus pezones coronados por unas preciosas aureolas y quedé absorto observando aquella imagen.

    El ambiente se notaba cargado de tensión sexual. Sin hablar por unos segundos seguimos en la tarea pero un instante después me fijé en su trasero. Su espectacular culo bajo esos ceñidos pantalones vaqueros ligaba perfectamente con el resto de su cuerpo. Ana es una mujer muy atractiva, pero su madura edad era un estímulo indescriptible para disparar mi deseo sexual mas salvaje.

    Ella se giró, me miró sonriendo y tras observar mi depravada expresión, dedujo inmediatamente los pensamientos que invadían mi mente para apropiarse de mis intenciones.

    Con determinación y naturalidad me preguntó si iba a ayudarla o no.

    No sé por qué, y en puro atrevimiento, le pregunté, a qué quería que la ayudase… lo que desencadenó un silencio aún mayor. Estábamos ya muy cerca, nos miramos de arriba abajo y, en un intercambio de roles, ella pasó a ser la institutriz que debía enseñarme a mí cómo interpretar las miradas y el lenguaje corporal.

    Se me acercó directa y decididamente, dejándose mirar y sintiéndose dueña de mi voluntad. Me besó, y correspondí. Nos besamos de forma suave y cálida, muy apasionada. Ana sabía a carmín y su boca era miel. Su lengua rozó la mía. Abrió la boca y me mordió el labio inferior. Una auténtica fiera había sido liberada.

    Siguiendo sus indicaciones, cerré con llave el archivo y nos acomodamos. Quedamos de pie apoyados en la pared. Yo desabotoné su blusa con calma. Sin quitarle el sujetador, extraje sus tetas para empezar comérselas. – Vaya ricura de pechos!!, pensé.

    Lamí golosamente toda su amplitud. Mamé aquellos pezones que pedían que mis labios se apoderasen de ellos, los mordí y succioné hasta que mi compañera me clavó las uñas pidiendo tregua.

    Palpé lentamente en culo prieto de Ana y sobé a placer a mi maestra. Ella jadeaba con sigilo cada vez mas caliente, más excitada y más ansiosa de nuevas acciones.

    Su mano fue directa bajo mi pantalón. Ana buscó mi sexo y lo acarició diligentemente. Mi falo se puso más duro aun. Ella me bajó los pantalones y con todo el deseo imaginable empezó a mamar mi verga. Ya no había pudor alguno. Ana lo lamía y le escupía con puro deseo, lubricando y tragando mi pene con total maestría. Me miraba pecaminosa. Lo tenía entero en su boca. Sus ojos delataban el vicio que había acumulado durante días.

    Yo la observaba atónito y caliente perdido. Ana se puso en pie y se giró.

    Desabroché y le bajé los pantalones. Aun detrás de ella, me agaché para besar y lamer su culo. Bajé sus braguitas y mi lengua lamió su rajita y su delicioso ano con puros lametones de deseo salvaje. Su olor, su sabor y su aura de diva se apoderaron de mi voluntad. Empapé su culito y lamí cada rincón de su entrepierna. Ella sacaba cadera contra mi boca y con sus movimientos exteriorizaba su deseo de recibir más lengua y le comí todo su coño y su orto.

    Me puse de pie. Rocé sus labios vaginales con la punta de mi poya y, sin prisa alguna, unté mi pene con la crema vaginal que afloraba de su coño. Tras lubricar mi falo la penetré de forma deliciosa. En esos momentos pude percibir el calor de la zona interior de su coño empapado en jugos.

    Mientras se sucedían las embestidas desde atrás, agarré y sobé sus tetas a placer. Disfruté amasándolas.

    Por momentos le daba cachetadas en su precioso culo y noté como sus jadeos y gemidos crecían. También sus movimientos se descontrolaron y con fuerza mis embestidas crecieron al compás de las suyas. Ana estaba empotrándose contra mi cuerpo, haciendo que toda mi dura verga se alojase en su cavidad.

    Estábamos entregados, calientes, salvajemente sexuales y noté como su cuerpo comenzó a dar convulsos espasmos incontrolados. Ana se corrió abundantemente mientras mi poya no paraba de entrar y salir de su interior.

    Aguantamos de pie, sosteniendo la postura para que ella recuperase el aliento tras venirse y nos besamos con lengua. Ella me miró con expresión pícara. Me dijo que deseaba sentir el calor de mi semen en su boca. Mis ojos se abrieron sorprendidos y mi sonrisa delató la respuesta.

    Ana se giró y agachó hacía mí. Lamió todos sus jugos de mi tronco y mamó verga con soltura. Yo agarré su cabecita y sostuve su melena rubia con una mano. Mi cadera empujaba mi pene dentro de su juguetona boca. Ella dio varias arcadas pero mantuvo su mamada hasta hacerme eyacular. Mi poya largó unos generosos chorros que inundaron su boca y llegaron a su garganta. Toda mi leche cayó en su boca, no dejó escapar ni gota.

    Me encantó besarla con su boca aun impregnada del sabor de mi orgasmo. Fue una delicia abrazarla mientras nos besábamos. La sentí vibrar de felicidad en aquel abrazo. Tras unos minutos para recomponer el desaguisado, nos dispusimos a salir de nuestro refugio y volver a la zona donde nuestros compañeros, ajenos a nuestra aventura, seguían trabajando tranquilamente.

    Ana siguió siendo mi compañera durante varios meses mas. Fueron muchas las enseñanzas que recibí de tan interesante y experta mujer

  • Gordito y amigo

    Gordito y amigo

    Hola antes de empezar les comento que recientemente me robaron mi teléfono por lo que no he podido contestar los correos de [email protected] pero en cuanto pueda les contestare, si me mandan correo diciendo cuál es su mayor fantasía les contesto con una foto de mis pechos de regalo.

    Nuevamente me presento soy Fernando esta es la continuación del relato pasado, como les había dicho el señor que vino a arreglarme unas cosas en la casa me cogió super rico y me había dicho que si invitaba a un amigo suyo a lo que acepte sin pensarlo. Habían pasado unos días y quedamos de vernos en la mañana aunque no sabía exactamente a qué hora llegarían, cuando tocaron a la puerta me sorprendí de verlos el primero era el señor super guapo con su barba sucia, con una panza hermosa, traía puesto un pantalón de mezclilla y una camisa de cuadros, mientras que su amigo era casi lo opuesto a él, se veía muy delgado, sin cabello, traía puesto un pantalón de mezclilla y una playera roja.

    En la entrada nos saludamos como si nada todo normal, cuando entramos y cerramos la puerta, me ganaron las ganas y me abalance sobre mi gordito hermoso me estaba comiendo a besos, mientras su amigo solo me miraba de manera muy lujuriosa. Les invite algo de tomar pero solo me dijeron a manera de broma que querían probar la leche de mis pechos, creo que todos estábamos muy calientes, se nos notaba en todo lo que hablábamos, comenzamos presentándonos, para que su amigo no se sintiera incómodo me senté en las piernas del gordito, quien aprovechaba para meter la mano y agarrarme el pecho.

    Su amigo nos comentó que hace tiempo que tuvo problemas con su esposa y que solo el trabajo lo mantenía ocupado, me dio mucha ternura, porque aunque estaba igual de grande que el gordito se había quedado solo, sin pensarlo más les propuse que me esperaran porque quería experimentar algo con ellos, corrí para mi cuarto y por primera vez me puse ropa de mujer, tenía una falda de mi ex y me quedaba perfecta, como no tengo blusas improvise con una camisa procurando mostrar un escote. Al salir del cuarto les pedí que cerraran los ojos y me empezaron a decir esto:

    Gordito: Mmmmm te ves super rico ya quiero metértela

    Su amigo: Yo también quiero de solo verte se me puso dura

    Yo: Que están esperando chicos? vamos a mi cuarto

    No lo pensaron más y nos empezamos a besar entre los 3, mi gordito no dejaba de acariciar mis pechos, aunque su amigo o se quedaba solo viendo bajo sus manos en cuanto pudo para agarrar mi culo. No sé si fue por la calentura o porque he perdido mis hormonas masculinas que me corrí en ese momento. Ambos se sorprendieron pero me dijeron:

    Gordito: No tengas prisa tenemos toda la tarde para llenarte este culo

    Su amigo: pido primero para probar este culo

    Yo: perdón no pensé que me pondría tan caliente

    Baje las manos para sentirles la verga y ambos estaban mojados, cuando me baje para mamárselas me sorprendió el tamaño la de mi gordo es gruesa y venuda mientras que la de su amigo esta larga aunque no muy gruesa, aun así disfrute mamarles las vergas pero no logre que ninguno se corriera en mi boca al primer intento. Al terminar de lamérselas me pusieron sobre la cama y me dijeron que me dejara puesta la falta y la camisa, después estuvieron diciendo bromas como:

    Gordito: que quieres primero al frente o por detrás?

    Su amigo: Yo quiero ese culo, me encanta la forma que tiene

    Gordito: está bien úsalo primero pero me lo dejas bien lubricado

    Yo: No se preocupen pueden jugar con mi oyó todo lo que quieran

    Gordito: vente para acá y dame eses pechos

    El gordito me estuvo chupando, lamiendo y mordiendo mis pezones, mientras que su amiga me cogia con todas sus fuerzas, al escucharme gemir en voz alta, el gordito me besaba cada que abría la boca, después de un rato cambiamos de posición y hablaron de que se turnarían para comerme:

    Gordito: Es mi turno ábremelo de piernas

    Su amigo: Entonces usaré su boca para correrme

    Al sentir la verga del gordito no pude evitar correrme de nuevo y su amigo aprovecho para ponerme su enorme verga en la boca, estaba toda sudada pero su sabor estaba delicioso. El tener mi culo y mi boca ocupados me prendían como nunca antes había estado.

    Su amigo todo el primer descanso y descanso tomándose un baño, mientras el gordito me seguía dando, para estimularme en ocasiones me agarraba los pechos o ponía su mano en mi verga. Se corrió en mi culo y me dijo:

    Gordito: Ya te llenamos los dos de lechita

    Yo: Me encanta que me llenen

    Gordito: Que te pareció mi amigo?

    Yo: Me gusta mucho y su verga está muy rica

    Gordito: Me agrada que mi puta esté feliz

    Yo: (Me sonrojo mucho) Entonces soy tu puta?

    Gordito: Claro que si (me agarra del culo y me besa metiéndome si lengua hasta la garganta)

    Su amigo: Seguirán hablando o seguimos con el segundo round

    Yo: Claro que seguimos solo deja voy al baño

    Su amigo: Como que baño? Vente y hazte aquí

    Gordito: No te conocía esos gustos

    Yo: pero quiero hacer del 2 y pipí

    Su amigo: No te preocupes a mí me encanta, la lluvia dorada

    Gordito: (Me ve con confusión) bueno si tú quieres está bien

    Yo:(veo al gordito) si para ustedes está bien

    La verdad si me dio un poco de asco hacerme enfrente de ellos pero al ver que no se opusieron me gano y me hice del baño en la cama, los salpique un poco pero la verga de su amigo creció y se ve que le gustó demasiado porque me empezó a coger con todas sus fuerzas de piernas abiertas, el gordito descanso y solo nos veía coger con cara de gusto. Su amigo me cogió tan rico que empecé a gemir y para callarme me besaba muy intenso.

    Después de descansar el gordito dijo que empezaría el tercer y último round porque tenían que irse a trabajar. Me coloque encima del gordito y nuestros cupos quedaron expuestos para su amigo que seguía caliente de verme hacer del baño, fue intercalándose de culos, hasta que poco antes de correrse nos hizo oral en el ano hasta que el gordito y yo nos corrimos y su amigo prefirió mi culo para correrse por última vez. Nos la pasamos toda la mañana cogiendo hasta que llegó la hora de irse. Los acompañe cerca de la entrada para despedirlos y dijimos:

    Gordito: Me encanta tu culo luego vendré sin mi amigo para darte como la primera vez (me beso y dedeo mi culo)

    Su amigo: Muchas gracias por todo (se me acerca al oído y me susurra que quiere comerme en otra ocasión)

    Yo: muchas gracias por venir y cuando quieran podemos repetir.

    El estar con ellos y probarme ropa de mujer me ha motivado a afeminarme más, algún día me gustaría ponerme tanga, usar tacones y ponerme una peluca.

  • Infidelidad y me gustó

    Infidelidad y me gustó

    Hola me llamo Araceli tengo 42 años casada soy delgada 1.50 de estatura nunca me he considerado muy atractiva, pero tampoco fea y les voy a contar algo que me sucedió.

    Una vez salí de trabajar mi horario de trabajo es de 12 del día a 9 de la noche más el tiempo en que se tarda en salir.

    Bien pues saliendo de trabajar me encontré con un ex novio que tuve antes de casarme y la verdad es que me dio gusto verlo nuevamente y saludarlo pero hasta ahí nada más.

    El al verme se emociono y me saludo de beso en la mejilla cosa a la que no le di mucha importancia y sin más me dijo que si quería ir a tomar un café y platicar a lo que le respondí que no ya que por el horario era tarde y tenía que llegar a casa.

    El dijo que no había problema que quizás en otra ocasión sería y de la nada me dijo que si quería que me daba un aventón a mi casa para que no llegara tarde y en el camino pasar a una tienda por un café y aprovechar el camino para platicar.

    A lo que en verdad no le vi nada de malo y acepte su ofrecimiento.

    Ya en camino a mi casa el me empezó a decir que me veía muy bien y que me había asentado el matrimonio cabe decir que tengo ya 20 años casada y hasta ese momento no había pensado ni imaginado serle infiel a mi esposo.

    Cuando el me dijo que me veía bien no lo dijo exactamente con esas palabras si no de una forma más prosaica cosa que la verdad me excito pero trate de mantenerme en calma y no dar pie a otra cosa.

    También me dijo que aún sentía algo muy profundo por mi y que aunque sabía que era algo casi imposible le gustaría volver a ser parte de mi vida.

    A lo que respondí que efectivamente era algo muy difícil dada mi situación sentimental actual.

    Al llegar a mi casa después de un aproximado de 50 minutos nos despedimos y el se acercó para darme un beso en la mejilla y yo al corresponder la despedida me acerque y en ese momento el se volteo hacia mi y me dio el beso en la boca.

    Trate de rechazarlo pero cuando sentí su lengua tocando la mía no resistí y nos besamos intensamente por unos segundos y cuando reaccione lo empuje diciendo que no podía ser pero nuevamente me jaló hacia el y me volvió a besar no quería que siguiera pero lo abrace diciendo que no se detuviera.

    En ese momento sentí como se me estremecía todo el cuerpo haciéndome mojar mis panties.

    Me di cuenta que no había vuelta atrás ya no podía rechazarlo al sentir su mano jugando debajo de mis panties húmedas y sin importar nada más me quite los panties mientras que el me desabrochaba la blusa y el brasier lo bese con desesperación mientras que impulsivamente le metí la mano debajo del pantalón y le agarre su miembro erecto y mojado y el se desabrochó para que pudiera tomarlo mejor.

    Al sacarlo de su pantalón me asombro el tamaño sinceramente no lo recordaba tan grande pero aún con mi asombro me acerque tomándolo con la mano y lo acerque a mi boca primero rozándolo únicamente con mis labios y un poco con la lengua por espacio de unos minutos y en un momento de excitación abrí la boca y lo metí dentro saboreandolo y jugando con mi lengua sintiendo como salían pequeñas gotas de líquido seminal.

    Estaba tan excitada que cuando me di cuenta tenía levantado mi trasero dando vista hacia la ventanilla del carro y sus dedos recorrían desde el ano hasta mis labios vaginales una y otra vez entrando y saliendo de mi vulva hasta que llegó el momento en que no aguante más y le pedí que me metiera todo su miembro.

    Me acomode un poco de lado y sin tanto preámbulo el me coloco su miembro en la entrada de mi vagina y al sentirlo yo empuje mi trasero hacia el sintiendo como entraba por completo y empezó a moverse y entraba y salía y cada vez más mojado mientras que el me sujetaba de las chichis haciéndome gemir y pedir más y más sin importarme nada le empecé a hablar de manera que jamás me imaginé y el me pedía que le dijera palabras fuertes fue entonces que perdí el respeto hasta por mi misma y le decía que me la metiera que le cogiera y cosas así y el me decía que quería hacerme su puta y yo le respondía que si era yo su puta y que me encantaba su verga.

    Fueron los 40 minutos más excitantes en mi vida hasta que el me dijo que lo iba a sacar porque sentía que se venía y le dije que no que terminara dentro para sentir su calor al momento en que sentí su eyaculación llenar mi vagina sentí el mejor orgasmo que jamás haya sentido ni siquiera con mi esposo.

    Una vez que terminamos todavía nos besamos y tocamos nuestros cuerpos y nos besamos disfrutando de lo sucedido.

    Trate de secarme el semen que quedó fuera de mi vagina y que escurría desde dentro pero no encontraba nada para hacerlo fue entonces que el me dijo que así me dejara y que solo me pusiera mi pantie y así lo hice me termine de vestir y como ya era bastante tarde le dije que me tenía que ir.

    Nos despedimos y entre a mi casa donde ya me esperaba mi esposo.

    Le dije que me tenía que bañar porque entraba temprano a trabajar el dia siguiente y eso lo hice para que no se fuera a dar cuenta de que había tenido sexo recientemente saque rápido mi ropa para bañarme pero mi esposo me tomo de la mano y me llevo al comedor para que cenaramos y al terminar la cena fuimos a nuestra habitación y nos acostamos y para no levantar sospechas me quite la falda y la blusa como siempre lo hago y me acosté únicamente en ropa interior.

    Cuando de momento mi esposo me jaló hacia el para darme un beso de buenas noches me imaginé que se daría cuenta pues de alguna manera sentía yo el aroma sexual de quién me había cogido recientemente.

    Le di un beso y le dije que estaba muy cansada y me voltee hacia mi lado fingiendo que me iba a dormir y cuando menos me imaginé el me bajo el pantie y me acerco su pene y yo asustada se lo agarre y se lo dirigí hacia la entrada de mi vagina y el empujó y me lo metió tan fácil que ni lo sentí pero tenía que fingir así que le decía que despacito el empezó a meter y sacar y me dijo que ahora sí me había mojado muy rápido y solo me quedo decirle que era porque me hacía sentir muy rico hasta que poco después el se vino dentro de mi diciendo que había Sido muy rico y que había Sido muy especial ya que me sintió más caliente que de costumbre acto seguido me volteo la cara y me beso intensamente y me tocaba mi vagina y yo más caliente aún de lo que ya venía lo bese imaginándome que aún estaba con mi antiguo novio mi esposo me tocaba toda y me besaba las chichis hasta que de momento me dijo que abriera las piernas y bajo lentamente besándome el cuerpo hasta que llegó a mi vagina y la besaba suavemente cosa que me hizo estremecer como nunca y en ese momento le apreté la cara hacia mi vagina y la chupo delicioso y metía su lengua en ella haciéndome venir otra vez hasta que la dejo limpia y cuando ya nos acomodamos para dormir me dijo que le había encantado el sexo que acabábamos de tener.

    Me dio otro beso y se durmió pero yo me quedé despierta recordando que había estado con día hombres el mismo día y mejor aún que el primero me había cogido como nunca.

    Aún nos vemos de vez en cuando y lo hacemos y me hace sentir una verdadera mujer tenemos poco más de un año teniendo encuentros sexuales y la verdad es que no me arrepiento aunque a veces me recuerde la conciencia pero no puedo dejar a ninguno de los dos a mi esposo lo amo con todas mis fuerzas pero a mi amante también además de que me hace el amor muy rico.

    Mi Telegram es @Nacholive.