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  • Con el maestro poeta

    Con el maestro poeta

    No soy como el clásico que se describe musculoso y toda la cosa, yo mido 1.57, soy moreno claro, medio robusto, con barba, lampiño, aunque no me considero guapo dicen que soy simpático, soy bisexual activo.

    Muchas veces nos vamos con la finta del ser muy varonil es señal que también lo es en una cama, te das cuenta cuando lo compruebas eso me sucedió hace un año.

    En una de las invitaciones a eventos literarios forme parte del jurado calificador, escuche una voz varonil de un hombre cuarentón, con bigote, barba, cabello ondulado vistiendo de traje sastre, llego diciendo: buena noche maestro bienvenido esperemos que esta velada sea de su agrado aproveche para saludarlo de mano, en sus hijos vi que no era indiferente.

    El evento inicio entre poesías, poemas, declamaciones entre los tiempos de descanso probaba el delicioso mezcal pero sin dejar de ver que el maestro me veía con cierta mirada que ya conocemos, el evento finalizo con la participación del maestro poeta dilatándonos con una magnifica poesía. Entre el calor de la noche y con esos mezcales nos despedimos siendo yo el último en agradecer al maestro poeta su invitación, cuando llegue a él inicio la conversación:

    Yo: maestro agradezco su invitación, sobre todo me sorprendió su forma de declamar, espero que pronto se repita, maestro poeta: el gusto de nosotros tenerlo como jurado.

    Nos dimos las manos y en eso siento un papel que decía: Me llamaste la atención este es mi wasaps, pero cuando ya este solo me mandas un mensaje ya que debo cuidarme de mi personal docente, ni dos veces me lo dijo cuando estuve solo le escribí un hola a lo que el contesto ven a donde rento aquí tengo más mezcal, quiero conocerte mas ala, uff cuando leí eso me puse duro, tome camino entre con cuidado a donde renta, el abrió la puerta me invito una copa de esa bebida de los dioses el mezcal.

    Al calor del mezcal el poeta se me acerco para darme un rico beso de lengua el cual respondí mientras tocaba mi bulto que estaba despertando con esas caricias, me acostó en su cama con un arranque de ira me quito la camisa para iniciar besar mi cuello, mis pectorales yo ardía de calor pues sabía que eso que hacia me prendía, brutalmente metía sus manos dentro de pantalón sacando mi pene de un lado del bóxer donde me la acariciaba, me saco el pantalón dejándome sin nada para atragantarse con mi pene, lo chupo cual paleta, lo lamio, lo jugo dentro de su boca, sentí ese roce de sus labios en mi glande, me lamio las bolas, las metió en tu boca, mamaba cual becerro pegado a su ubre.

    Después lo volteo para chuparle, lamer, morder las nalgas velludas, seguí en su culito donde lo abrí para meter mi lengua húmeda y caliente, sentí como entre ahí, donde empecé con el mete y saca hasta que me dijo: ya yaya quiero papi que me la metas, ya no aguanto, saque mi lengua de ese culito, lamí su espalda, sus hombros, mordí sus orejas, olí su cabello, el mismo saco el condón para ponérmelo lentamente y mientras lo metíamos le dije:

    -Tu solo matate, tú solo entiérratela

    Así fue el mismo se la metió, lanzando un gran gemido ayg, escuche como entro, el mismo inicio el ritmo lentamente, lentamente tan lento, pues así lo quería, muy lento, me subí sobre él, ahí lo tome del cuello para después cogérmelo fuerte, fuerte me prendía el escuchar el sonido de mi verga con sus nalgas, empezamos a sudar, pero no parábamos de coger, hasta que sentí esa gran sensación de venirte mientras él apretaba ricamente su culito, descansamos un momento, nos levantamos para después darnos un baño, estando ahí puse jabón a mi verga para después penetrarlo de nuevo debajo de la regadera, al final dormimos juntos bien limpios.

    Me gusta disfrutar el cuerpo de otra persona con el mío, después uso ropa femenina de encaje pero eso paso en otra ocasión.

    El Oaxakeño – Jukileño

  • Angélica la tía de mi esposa

    Angélica la tía de mi esposa

    Empezaba el mes de abril de este año y me habían asignado de mi trabajo viajar a otra ciudad para promover un producto de la empresa, me iban a dar viáticos para toda una semana incluyendo transportes, pero por lo necesitados que estábamos mi esposa y yo por que se aproximaba el nacimiento de mi hijo quería ahorrarme lo más que pudiera para para regresar con algo extra de dinero.

    Mi esposa alma me comentó que le podía decir a su tía Angelica si me podía quedar una semana en su casa y así nos ahorrábamos el hotel y me quedaría con ese dinero e igual manera que si ella me daba raite a la explanada donde iba promover el producto pues también nos estaríamos ahorrando ese dinero.

    Me presento mi nombre es Víctor tengo 29 años, mido aproximadamente 1.75 y soy de cuerpo delgado, mi esposa se llama alma ella es más bajita que yo, tiene 27 años y es de muy buen cuerpo. Somos un matrimonio joven y seremos papas en los próximos meses.

    Continuando al relato, alma logró hablar con su tía lo cual le dijo que estaba bien que pues tenía la casa sola solamente vivía ella y tenía dos recamara desocupadas.

    Angelica es una mujer de 58 años viuda desde hace 25 años y con un hijo que vive en el extranjero, la tía Angelica tiene sus tetas operadas están de tamaño normal y bien firmes, su culo y sus piernas son de buen tamaño siempre se a catalogado por tener buenas piernas y culo, lo que no tenía eran tetas y es por eso que se las opero, su pelo es castaño con mechas blancas de canas, la verdad que no está mala para echar varios polvos.

    Llego el domingo y me tocó viajar, al llegar a la central de autobuses ahí estaba Angelica, bajo de su auto para saludarme de beso en el cachete, abrió la cajuela subí mis maletas y nos fuimos a su casa.

    A: se qué vienes cansado así que te llevaré a tu cuarto para que te instales.

    Y: no se preocupe, que pena incomodarla

    A: no te preocupes tengo la casa sola y sobran cuartos, sirve qué haces compañía.

    Me instale en mi cuarto y salí al comedor ya que Angelica había pedido pizza para cenar.

    Angelica como estaba muy acostumbrada a estar sola me imagino traía un short muy corto y una blusa muy suelta y no traía brasier, cenamos y nos fuimos acostar.

    Llegando el lunes me desperté y fui a desayunar Angelica ya tenía echo el desayuno y me dijo que me sintiera como en casa que agarrara lo que quisiera con confianza, me preguntó el horario de trabajo y me comentó que me llevara su carro que ella no acostumbraba a salir en las mañanas, que ella practicaba yoga en su casa y solamente salía en las tardes cuando era necesario.

    Así pasaron los días y el jueves ya en la tarde me comentó

    A: te noto algo estresado, que te parece si vamos a cenar

    Y: si estoy algo tenso por esto del viaje, pero si vamos a cenar sirve que me distraigo

    A: aquí adelante hay un bar donde venden alitas, hamburguesas y todo eso

    Y: okey me baño y nos vamos

    Eran las 7 de la tarde cuando salí al comedor a esperar Angelica, salió de su cuarto con un vestido unos tres o cuatro dedos arriba de sus rodillas y estaba algo escotado, huaraches de piso y muy poco maquillada, se veía hermosa

    A: como me veo, me cambien bien para la ocasión?

    Se giró y dio una vuelta enseñándome el vestido, casi pude notar parte de su nalga en ese giro.

    Y: se ve muy bonita

    A: ándale no digas tonterías y vamos a cenar

    Llegamos al bar, comenzamos a platicar, pedimos la cena y algunas cervezas de echo me invito unos shots de tequila. Angelica fue al baño y cuando regresó al paso de unos 10 minutos, se acercó una pareja un poco mayor, como de la edad de Angelica o más grande y nos comenta.

    Qué guapa está tu sugar mommy, por lo que le comenté

    Y: si esta muy hermosa y le agarre la mano Angelica y se la bese.

    Que se la pasen muy bien dijo la pareja y se retiraron.

    Angelica y yo nos comenzamos a reír, pero nunca soltó mi mano. Después de un rato me acerque un poco Angelica y le dije

    Y: como la ve con lo que dijo la pareja

    A: pensaron que era tu sugar, te pasaste con eso de que estoy hermosa

    Y: solo dije la verdad

    A: anda no sigas que me sonrojo

    Y le di un beso en la frente, pasada de las 10 pedimos la cuenta y nos salimos a tomar el auto y me dijo maneja ya que como soy tu sugar tienes que manejar por mi, nos dirigimos para la casa y todo el camino se fue cantando y bailando en su asiento.

    Llegamos a la casa y dice

    A: tenia mucho que no me sentía así, ya te irás a dormir? O me acompañas unas copas de vino tinto

    Y: le acompaño una copa

    Ella prendió la bocina y puso algo de música y comenzó a bailar y a beber

    A: vamos baila conmigo disfruta este momento

    Comenzamos a bailar, en sus movimientos y brincos, se le podía ver parte de sus nalgas, la verdad que de solo verle las piernas y sus pies me tenía vuelto loco. Hasta que llegó el momento bailando sus tetas chocaron en mi pecho y casi nos caíamos, la alcancé agarrar pero nuestras bocas quedaron casi juntas. Era como un momento de novela, los dos nos fuimos acercando hasta que nos besamos, y despacio la fui acostando en la alfombra. Comencé a besarla, después fui bajando mi boca hasta llegar a los tirantes del vestido, y con la boca se los fui haciendo a un lado, baje hasta llegar a sus tetas le baje el vestido y le quite el brasier, comencé a jugar con sus pezones, los besaba, los chupaba y los succionaba, también le pegaba pequeñas y suaves mordidas.

    Me quitó mi camisa, y comenzó a besarme mi abdomen, yo volví a seguir jugando con sus tetas, mientras que ella me comenzaba a desvestir el pantalón, quedé en puro bóxer, y comenzó a jugar con mi pene por encima, le quité todo el vestido solamente tenía su calzón cachetero, me puse en la posición 69, me quitó el bóxer mi amiguito quedó Justo en su boca, yo le hice para un lado el calzón y comenzamos hacernos un rico seco oral, los dos gemíamos, los dos disfrutamos que lo gramos tener casi al mismo tiempo nuestro orgasmo, ella tragó toda mi leche y yo pude disfrutar todos sus jugos vaginales.

    Nos paramos y así desnudos nos fuimos al cuarto, volvimos a besarnos, volvimos acariciarnos, después me acosté y ella se montó en mi verga, comenzó a cabalgar ella llevaba el ritmo yo le tocaba sus piernas y sus tetas, ella fue subiendo el ritmo, echó su cabeza para atrás y soltó un largo gemido y bajo el ritmo, había tenido un orgasmo, la coloqué de perrito coloqué mi verga en la entrada de su vagina y se la metí de un solo golpe, estaba muy mojada su cueva, ella comenzó a gemir y se tocaba su clítoris, yo aprovechaba para nalguear ese hermoso culo, le dije que ya iba terminar y solo dijo inúndame mi vagina de tu leche vamos dámela adentro y sin sacarla y moviéndome más lance mis chorros de leche dentro de ella, ella volvió a gemir y sus piernas temblaron, se volteó y comenzamos a besarnos, nos quedamos así desnudos y dormimos juntos, ese fue el primer día que tuvimos relaciones por las noches. Sin duda una mujer muy hermosa y experimentada a la hora del sexo, se mueve como toda una experta…

  • Dos parejas en la misma casa

    Dos parejas en la misma casa

    Era un día normal como cualquier otro cuando escucho que mi esposa recibe una llamada de una amiga que teníamos mucho sin ver y quería venir de visita a la ciudad donde actual mente vivimos.

    Mi esposa es morena clara cabello oscuro largo, mide 1. 64 complexión delgada, tiene pies hermosos, un culo muy apetecible y es una persona muy linda, actualmente ella tiene 23 años, sus experiencias son muy pocas ya qué nos juntamos a muy temprana edad y no disfruto mucho de otras personas.

    Yo sin embargo soy un hombre de tez clara, mido 1.85, estoy lleno de tatuajes por casi todo mi cuerpo, el tamaño de mi miembro ronda los 17.5 y los 18 cm, experiencias sexuales he tenido varias desde temprana edad, me considero una persona esporádica mente pervertido y con la mente muy abierta para poder separar el deseo sexual del amor verdadero.

    Bueno, ya una vez resumida la apariencia de mi esposa y mía, continuamos con la experiencia vivida.

    Su amiga le llama para preguntar si la podíamos recibir a ella y a su actual novio en nuestro departamento, sería cuestión de uno a dos días por lo que Gabriela lo platica conmigo y yo sin ningún inconveniente accedo, le comento que la esperábamos con gusto y que llamara cuando estuviera cerca para salir a recibirlos.

    Al llegar al departamento su amiga Melany de 22 años morena, de estatura parecida a Gabriela (mi esposa) portaba un vestido de color azul floreado qué dejaba ver sus piernas y su figura, se veía muy bien, su novio que le vamos a poner el nombre de Alejandro, tiene 23 años y es un poco más bajo de estatura qué yo, es de complexión delgada y también con tatuajes.

    La tarde siguió después de conversar un rato, la hora de comida estaba encima por lo que acordamos separarnos y salir a comprar algo de comer, la idea que pasaba por mi cabeza era que Alejandro y yo fuéramos por la comida y las chicas se quedarán en casa, pero Gabriela comenta -¿Por qué no van tu y Melany por la comida? y por mientras Alejandro me ayuda a preparar unas botanas y las bebidas para comer. Melany – pues me parece buena idea. Se despide con un beso de Alejandro y nos apresuramos a ir por la comida, le comento a Melany por el camino que por lo menos nos íbamos a demorar una hora y media ya qué estaba algo retirado, a lo que ella comenta que no tenía problema.

    (Esta parte de la historia fue contada por mi esposa después de la visita de los amigos. Ella se abrió a mi al confesarme su infidelidad, yo indague para saber los detalles por el morbo qué esto me provoca.)

    Se quedaron Gabriela y Alejandro solos en casa (Gabriela portaba un vestido de color café, unas chancletas normales y el cabello suelto) Alejandro como cualquier otro hombre comenzó a sacar platica y hacer bromas ya preparada la bota se van los dos a la sala y se sirven un par de tragos, Alejandro empieza hacer preguntas de sexo, por lo que Gabriela las contesta y la atención sexual se fue apropiando de ellos, lo que hizo que esto estallara fue cuando ella le punta a Alejandro si le gusta la vaina con vellos púbicos y rasurados y el comenta que depende la mujer, qué si se tratara de ella se la comía como la trajera, por lo que Alejandro toma la iniciativa y la besa ella se sube a sus piernas y empieza a frotare sobre la erección qué Alejandro el empieza a masajear su culo qué se podía sentir todo por el tipo de vestido, rápidamente la recuesta sobre el sillón y descubre sus tetas, qué empieza a chupar y los gemidos de Gabriela se apoderaba del departamento.

    Al principio ella dudo en llevar esto más allá pero la excitación la domino por lo que Alejandro quita su vestido y la lleva a nuestro dormitorio y quita su ropa interior de encaje y nota que estaba muy húmeda, Gabriela siempre tiene vello púbico por lo que Alejandro baja y comienza a chupar su vagina hasta que siente que Gabriela no puede más y saca su pene y lo mete sin más preámbulos por lo que comienza a en vestirla de una manera salvaje después la pone en cuatro y chupar desde su vagina hasta su culo y vuelve a penetrarlas hasta qué Gabriela empieza a estallar en chorros y esto a él lo prendió demasiado por lo que metió su pene mientras la nalgueaba y se vino dentro de ella.

    Déjenme sus comentarios si quieren saber que pasa después de que regresamos por la comida.

  • La separación

    La separación

    Para mediados del año 2018 mi esposa y yo nos separamos, me aburrí de su cantaleta, llegaba del trabajo enojada a alegar y buscar por que pelear, un buen día rente un apartamento pequeño con dos cuartos, también alquile un local en el cual coloque mi consultorio y saque todas mis cosas de la casa, le informe a mi esposa que ya no viviría más con ella, que se quedara ella en la casa y así ella y yo estaríamos tranquilos.

    Para ese entonces yo salía con Carolina, ella es la mamá de uno de mis pacientes, ella me visitaba casi a diario al salir de su trabajo, en algunas ocasiones paso la noche conmigo, además de ella me acosté con mi cuñada varias veces (fue nuestra segunda etapa, ya les contare lo que nos ha pasado con ella), y con Liliana, una exnovia de mi barrio.

    Un domingo cerca de las 5 pm me llamo mi cuñada, me extraño porque ella hacía poco se había ido de mi apartamento, habíamos pasado todo el día juntos, me llamo para decirme que mi esposa iba para mi apartamento, no demoro en llegar, el portero del edificio me informo de su llegada, ella subió y al abrir la puerta vi que estaba cargada de maletas, dijo: “vengo a que arreglemos las cosas, te pido el favor de que intentemos salvar nuestro hogar”, hablamos largo y tendido, me dijo que sabía que yo estaba saliendo con Carolina, pero que entendía, yo no le di, ni le pedí ninguna explicación, ella se acomodó en el cuarto, guardo parte de su ropa y seguimos hablando tratando de remediar la situación.

    Pasaron dos semanas y la verdad trataba de mejorar las cosas, pero el estar solo fue algo muy difícil de cambiar, hacia todo lo posible, pero en ocasiones era complicado, Carolina me seguía frecuentando, pero yo no tenía la misma disponibilidad de tiempo, ella se aburrió y hasta allí llego todo, Liliana también pedía atención y al ver mis negativas también termino todo, mi cuñada también estuvo alejada por algún tiempo, pero después entendió y nuestra relación volvió a la de cuñados.

    Salíamos ya más frecuente con mi esposa a comer y a pasear, estábamos adaptándonos de nuevo, una tarde una de sus amigas del trabajo la invito a una cena, ella me pidió que la acompañara y de mala gana acepte, ella para alivianar las cosas cuando me estaba bañando se me metió a la ducha y tuvimos una buena sesión de sexo, ella se vistió como siempre muy linda, llegamos a la cena, pasamos a una sala y estuvimos charlando un rato y bebiendo, salimos de allá casi a la media noche, mi esposa había bebido bastante y estaba muy alegre, me pidió que fuéramos a otro lugar a seguir la noche, para esos días un viejo amigo había colocado un local de música y decidí llevar ahí, llegamos y el sitio estaba casi lleno, nos acomodamos en la barra y aparecieron varios conocidos, mi amigo el dueño me vio y me pidió que me hiciera cerca de él, mientras el colocaba la música hablamos y recordábamos viejas épocas de colegio, mi esposa estaba muy contenta y reía al escuchar nuestras historias, bailábamos y ella me sobaba su vagina en mi muslo y tocaba con su mano mi pene, a las 2 am ella me dijo que nos fuéramos a un motel, nos despedimos y salimos, en el camino mi esposa me dio una mamada como pudo en medio de su ebriedad.

    Entramos al cuarto y mi esposa se me lanzó a los brazos, empezó a decirme: “quiero recuperar el tiempo que perdí, quiero que todo sea como antes, que vivamos felices”, se desnudó ella y me desnudo a mí, me tumbó en la cama y empezó a mamármela como loca, se tragaba mi pene y no dejaba de mirarme, ¿te gusta?, me preguntaba, yo le respondía que sí, cuando menos lo esperaba me pregunto: ¿así te la mamaba Carolina?, jamás en la vida mi esposa me había preguntado nada referente a lo sexual con otra mujer, el de las preguntas siempre había sido yo, la mire y solo sonreí, dime, dijo ella, quiero saber que tan diferente fue estar con ella, volví a sonreír y empezó nuestro dialogo:

    Yo: todas lo hacen diferente, cada una tiene un estilo propio para hacerlo

    Esposa: ¿lo mama rico?, me pregunto

    Yo: si bastante

    Esposa: ella tiene cara de arrecha

    Siguió mamándomela con mucha fuerza, se atrancaba con mi verga, pero no paraba

    Esposa: a mí me gusta sentir la verga en mi garganta, ahogarme con ella

    Esposa: ¿Carolina se la traga toda?

    Yo: no amor

    Esposa: ¿lo intento?

    Yo: siiii

    Esposa: ¿se tragó tu semen?

    Yo: siiii

    Esposa: ¿Qué fue diferente al estar con ella?

    Yo: todo amor, los besos, su aroma, su estatura (Carolina es bajita), su cuerpo, sus gemidos, las caricias.

    Esposa: ¿lo hace rico?

    Yo: si mucho, como tú lo dijiste, es muy arrecha.

    Esposa: ¿lo hacían sin condón?

    Yo: al comienzo no, después si

    Esposa: ¿está muy rota?

    Yo: si bastante, ha tenido mucha vida

    Esposa: ¿tanto como yo?

    Yo: yo diría que si

    Esposa: ¿hicieron algo nuevo?

    Yo: nuevo, nuevo, no, a ella me quedaba más fácil alzarla, y cuando lo hacíamos parados por detrás le podía dar más duro por su estatura

    Esposa: pobre mujer que dolor

    Mi esposa se subió y empezó a cabalgarme, se lo metía durísimo y gemía como loca, se apretaba y besaba sus enormes tetas, así estuvo por unos 10 minutos, repetía que estaba arrepentida de su comportamiento y que no quería volver a estar lejos de mí, se puso en cuclillas y seguía montándome con un ritmo desenfrenado, no dejaba de besarme, yo sabía que ella estaba a punto de venirse y empecé a apretar sus tetas y morder sus pezones, eso hizo que tuviera uno de sus orgasmos a chorro, ella seguía moviéndose más lento y me besaba con ternura, de pronto empezó a llorar, le pregunte que le pasaba y ella me respondió: “amor es que yo también estuve con otras personas en este tiempo”, la mire y le hice cara de asombro, ella me abrazo y me pidió perdón, yo le dije que no se preocupara, que igual estábamos separados, que por mí no había ningún problema, la acosté boca arriba, me subí en ella, la penetre lento y empecé a preguntarle:

    Yo: ¿con quienes te acóstate?

    Esposa: primero con Juan carlos dos veces, después con un capitán de la policía que estaba en un tratamiento en la clínica 4 veces y por ultimo con un técnico de un laboratorio 2 veces.

    Yo: ¿y te comieron rico?

    Esposa: si amor, pues fue muy raro estar con otro hombre después tanto tiempo, pero si disfrute, no lo voy a negar.

    Yo: quiero escuchar donde te comieron y que te hicieron

    Esposa: Con Juan estuvimos en el apartamento de la mamá, me acosté con él dos días seguidos, el primer día me dio vino y aprovecho mi borrachera para hacerme de todo, me puso a mamar, luego lo hicimos por delante en muchas poses, luego lo hicimos por detrás también en diferentes poses y terminamos otra vez haciéndolo por delante.

    Yo: ¿y al otro día?

    Esposa: fue más corto el encuentro, pero fue muy apasionado, el me grabo mamándosela y haciéndole la rusa, me pidió que lo cabalgara, pero que me lo metiera por detrás y terminamos él haciéndome un oral y luego penetrándome en misionero.

    Yo: ¿y con el policía como empezaron y cómo terminaron?

    Esposa: él me empezó a molestar en la clínica, me invitaba a tomar café y una tarde me invito a cenar, después de la cena en el carro me deje manosear, luego me invito un sábado a salir desde temprano, me llevo a un restaurante campestre, y aprovecho mientras llegaba la hora del almuerzo para manosearme, yo había llevado un vestido corto color mostaza, con los hombros destapados, unos pisahuevos y un conjunto de ropa interior negro.

    Yo: te fuiste facilita

    Esposa: la verdad si, el me llevo a un balcón del restaurante y hay me bajo el vestido de los hombros y se pegó a mis tetas, me las besaba y las mordía, me quito las tangas y las guardo en su bolsillo, me dedeo, primero con 1 un dedo, luego 2 y termino metiendo toda su mano en mi vagina, me hizo venir muchísimo, metió sus dedos en mi boca para que probara mis jugos, después me hizo voltear, lubrico mi ano y empezó a meter sus dedos, cada que me metía un dedo me lo decía al oído, me metió hasta 4 dedos, nos llamaron para almorzar y me dijo que en la cabaña que había alquilado me iba a meter la mano completa por el culo, pasamos al comedor, y él había pedido vino para acompañar, me hizo tomar esa botella prácticamente a mi sola, me pregunto si quería algo de tomar para llevar a la cabaña, le dije que vino y el llevo otra botella, pidió las llaves de la cabaña y en el camino me pidió que me bajara el vestido y caminara con las tetas al aire, luego me pidió que le mostrara mi vagina y las nalgas, apenas entramos a la cabaña yo me desnude y él me sirvió una copa de vino, me la tome de un solo sorbo y él se apodero de mis tetas, las chupaba como loco, me las apretaba, me las mordía, me dejo varias marcas, me sirvió otra copa y me hizo acostar en la cama boca arriba, él se sentó y empezó a jugar con mi vagina, me lubrico y metió toda su mano dentro de ella, me decía que yo era una perra, fácil, que estaba muy honda y nos dábamos besos con lengua, me preguntaba que si siempre había sido perra y yo le respondía que sí, me dio una copa más y después me puso al borde de la cama con las piernas abiertas, pensé que me iba a penetrar, pero él me metió un dedo en el culo, y me dijo: “este culo también esta bien roto”, y me daba nalgadas, eso me excito mucho, me metía cada vez más dedos, yo empecé a jugar con mi clítoris y él me dijo: “cuantas veces no te habrán tenido así zorra, mira como disfrutas”, ¿te meto la mano completa perra?, si papi, has lo que quieras, y empezó a empujar su mano completa en mi ano, pensé que no entraría, pero poco a poco me la fue metiendo, nunca antes había sentido esa sensación, él me decía perra, zorra, loba y me nalgueaba, empecé a gritar porque me iba a venir y el me dio dos cachetadas suaves, ¿ya te habían hecho esto?, me pregunto, no papi, eres el primero que me hace esto, ¿te gusta? Me repitió, si papi, me encanta, le respondí y me vine.

    Yo: a ti te cabe de todo por detrás y por delante amor, sigue

    Esposa: él saco su mano de mi ano y fue al baño, apenas llego frente a mí, me arrodille, le saque la verga y el me la empezó a sobar en la cara, estaba muy lubricado, me tomo por la cabeza y me la metió a la boca, yo empecé a mamársela y él me la metía profundo buscando ahogarme, yo aguantaba mucho y él me dijo: “que perra, hasta la boca la tiene rota” y me metía su pene como si me penetrara, me dejaba tomar aire y volvía a hacerlo, me tuvo así como unos diez minutos y me pregunto: ¿quieres que te lo meta por la cuca?, yo le respondí que sí y él se desnudó y se subió en mí en posición de misionero, me metió su verga de un solo golpe y yo solté un quejido y el me volvió a cachetear, esta vez más duro y me dijo: “no finjas perra, estas muy rota para que te duela”, en esa pose me dio duro, nuestras pelvis sonaban, yo gemía y el me cacheteaba y me decía loba, zorra, tuvimos un orgasmo juntos, el cayo a mi lado y descansamos un largo rato.

    Yo: ¿te gusto que te pegara?

    Esposa: me excito mucho eso, tú también me has hecho eso, pero nunca pensé que otro se atreviera o que yo me dejaría.

    Yo: ¿hicieron algo más?

    Esposa: él me pidió que lo masturbara, nos besábamos muy apasionados el me tocaba por todos lados, cuando su pene se puso duro me pidió que me colocara boca abajo y me lo metió por detrás, lo hacía muy duro y me halaba el cabello, nos dábamos besos y el me repetía lo perra y fácil que era, me puse en cuatro y el seguía dándome por el culo, me tuvo en esa pose un largo rato, luego le pedí que se acostara, me senté en su pene metiéndolo por mi ano y lo cabalgue hasta que me vine, el me apretaba y me mordía los pezones, me dijo que iba a venir y le dije que lo hiciera en mi cara me senté en la cama y el me lleno de leche toda, nos bañamos y el me dejo cerca a la casa.

    Yo: ¿y las demás veces?

    Esposa: nada del otro mundo, fuimos a moteles, él y yo siempre sin tiempo, también se la chupe en su carro tres veces, pero esa primera vez fue la mejor.

    Esposa: a él lo trasladaron y todo acabo.

    Yo: ¿y con el ultimo?

    Esposa: es un joven, solo tiene 21 años, me miraba mucho, me llevaba dulces, un día me escribió por whatsapp y me invito a comer algo, acepte su invitación, nos besamos, la verdad me le ofrecí completamente, me deje tocar y yo también lo toque a él, al día siguiente le escribí y le dije que quería hacer el amor con él, lo recogí cerca de su trabajo y fuimos a un motel, era muy tímido y eso me gustó mucho, le chupe el pene un largo rato, me le puse en cuatro, lo cabalgue, y nos vinimos el primero y luego yo, después de recuperarnos se lo volví a chupar para que se le parara y cuando cumplí mi objetivo le dije que me lo metiera por detrás, me acosté boca arriba y le abrí mis piernas al máximo, él no lo hacía duro así que lo tome por las nalgas y le dije que me diera con fuerza, el entendió y me dio con todo, yo le gemía en la cara, lo besaba y le pedía más y más, me vine primero y luego él se vino en mi culo, nos bañamos y salimos.

    Yo: comiste colágeno

    Esposa: si amor, no solo tú puedes

    Yo: ¿y la segunda vez?

    Esposa: lo cité en la casa de mi mamá una mañana, lo recibí solo en una salida baño, me acosté en el sofá de la sala y él me hizo un oral delicioso, esta vez fue más atrevido y me mientras me daba lengua metía sus dedos en mi vagina y en mi ano, me hizo venir a chorros, luego me puso en cuatro y me lleno de semen, pasamos a la habitación y le di una mamada brutal, el gemía del placer que le estaba dando, me tomaba de la cabeza y no dejaba que me sacara su pene de la boca, me pidió que me acostara y lo hicimos en misionero, luego me puso en cuatro, luego al borde de cama, yo gemía mucho, esta súper excitada, le pedía que no parara y me vine de nuevo, el me pidió culo y yo me subí para meterme su verga en mi ano y lo cabalgue como loca, solo pensaba en darle placer a ese muchacho, le dije que quería probar su semen, que me avisara cuando se fuera a venir, a los pocos minutos me dijo que ya estaba, me arrodille en el suelo y él se vino en mi boca, en mi cara y en mis tetas, me tome lo que cayó en mi boca y recogí también lo de las tetas y la cara, de pronto sonó alguien en la sala y para mi sorpresa era mi mamá, la puerta del cuarto estaba abierta de par en par, mi mamá había visto y escuchado casi todo, el chico salió volado y mi mamá me dio un gran regaño, pero me hizo ver que ese comportamiento me iba a hacer perder mi hogar y me aconsejo que te buscara y luchara por estar contigo.

    Yo: pero no desaprovechaste el tiempo, me alegro de que hayas disfrutado tu soltería.

    Esposa: no quiero estar nunca más lejos de ti mi vida

    Terminamos nuestro polvo con un rico orgasmo mutuo.

    No volví a preguntar sobre ese tema, pero tuvimos unas buenas sesiones de sexo luego de ese día.

    Hasta un nuevo relato.

  • La tenista y el patinador

    La tenista y el patinador

    Ellos eran dos amigos que se criaron juntos en el mismo barrio, y luego de cumplir los 18 años perdieron el rastro el uno del otro, ella era una rubia de 1.70, de ojos verdes, cabello liso color rubio natural, de lindo cuerpo, piernas largas, glúteos grandes y duros, ella era deportista de alto rendimiento – tenis de mesa-, y él era un muchacho de 1.77, trigueño, de ojos claros, cabello liso color negro, de cuerpo ejercitado en la medida que era patinador. Y esa vez se vieron luego de muchos años de no saber nada del otro, ella había cambiado de ciudad y él también, y esa noche se dio una fiesta de deportistas debido a que eran los Juegos Nacionales y mientras que compartían unos con otros un amigo de él, le dijo que tenía que conocer a la próxima capitana del equipo de tenis de mesa nacional y si, era ella, la mujer que tanto él anhelo besar cuando eran adolescentes y que en varias ocasiones por cosas del destino nunca se dio…

    Ambos se reconocieron… Y se unieron en un abrazo lleno de afecto, cariño pero ante todo de un amor mutuo… Y empezaron a hablar de sus vidas, de sus carreras deportivas hasta cuando llegó la pregunta incomoda, él no podía dejar de hacerla y ella no aguantaba las ganas de saber si él estaba soltero. Él le preguntó primero si estaba soltera, casada o vivía con alguien…? Ella se sonrojó y le dijo aún no me he casado y tampoco hay con quien. Él inmediatamente sintió un alivio y una nueva ilusión, y ella le dijo y tú? Ya tenés esposa e hijos? Y él respondió no, porque a penas me acabo de encontrar con quien deseo ser esposo y ser padre. Ante lo cual ella, se sonrojó y se sentía muy nerviosa.

    Luego de la charla y de bailar varias canciones de salsa, merengue, bachata y otros ritmos… decidieron no dejar que la noche acabará ahí y se fueron del lugar… No se despidieron de ningún compañero, solo decidieron irse sin medir palabras ellos sabían que había cosas que tenían que poner en escena. La integración era cerca a la playa por eso decidieron irse a un lugar más alejado donde hubiera mayor intimidad y privacidad y mientras la brisa de esa noche caribeña movía esa bella cabellera de ella, iban por la playa agarrados de la mano, hasta cuando llegaron a un lugar donde ya no se escuchaba la música del evento y donde ellos quedaron en un espacio de intimidad, secreto y lujuria…

    Sus miradas desnudaban al otro, y ese deseo hace que sus dos cuerpos se acerquen y empiecen a explorarse con el ánimo de compartir y recibir placer, es por ello, que él se abalanza sobre ella y pone su mano derecha sobre su mejilla y de manera delicada la acaricia para luego llevar su mano hasta la parte de atrás de su oreja y se devoran con las miradas y poco a poco sus bocas se juntan para ser una sola. Y entre beso y beso sus cuerpos comienzan a tomar otra temperatura, ella empieza a sentir que sus pezones poco a poco se agrandan, su piel se eriza y empieza a sentir que poco a poco su vagina comienza a palpitar…

    Ella siente que su cuerpo está respondiendo a esos besos y caricias que ese hombre le da… Y claro ella siente que ese hombre tiene la verga erecta gruesa y dispuesto a darle placer. Pero ella antes de tenerlo dentro, prefiere que él le bese, acaricie y meta esa lengua en su vagina, que tome cada gota de fluido que salga por su entrepierna ansiosa de placer.

    Por eso ella, se quita su vestido rápidamente y queda en ropa interior de encaje color negro, que se pega a su cuerpo de manera perfecta y a la vez, él se quita su camisa y demás prendas quedando así totalmente desnudo, y ella al ver sus piernas y brazos bien formados y ante todo ese pene grande y grueso, no duda un segundo en arrodillarse y empezá a chuparlo.

    Ella lo chupa de varias maneras, en un momento solo acaricia con su lengua el glande, en otro momento con su mano derecha lo masturba mientras que chupa sus testículos y en otro se lo mete todo a la boca mientras pone sus manos en las nalgas del hombre que devora sexualmente, luego ella se quita el brasier y deja al descubierto sus lindos y bellos senos y mientras sigue chupando el falo de su amado se acaricia sus tetas. Pero, él también está deseoso de chupar esa vagina y por ello, le pide que se acueste, ella sin mediar palabras obedece y él se tumba sobre ella, besando su boca acariciando sus senos, luego bajando poco a poco a esos senos deseosos que los chupen, él empieza a besarlos, chuparlos y acariciarlos…

    Y se va bajando lentamente, sin prisa pero con un deseo enorme, de llegar a la entrepierna de esa mujer que gime… y su cuerpo se eriza con cada beso y caricia, y cuando llega ahí justo donde ella deseaba que él pusiera su boca, él se percata que el panty-tanga está muy húmedo, completamente húmedo y no duda ni un instante en besar la vagina sin quitarlo, ella lleva su mano izquierda sobre la cabeza de su amante, como indicándole que es ahí donde debe estar, y su mano derecha acaricia sus senos, se moja en su boca dos dedos y acaricia sus pezones. Mientras él, quita ese panty totalmente empapado de fluidos y empieza a devorar ese triángulo de placer.

    Lo besa una y otra vez… Mete su lengua en la vagina caliente, húmeda y deseosa del más rico placer. Y con su mano izquierda llega al clítoris y empezá chuparlo y lamerlo y morderlo de manera erótica, y mientras lo hace, introduce uno de sus dedos de su mano derecha, ella gime cada vez más fuerte y él mete otro dedo – ya son dos- y no deja de mover la lengua sobre ese clítoris.

    Y mientras él besa, acaricia, devora y se sumerge en su vagina… Ella respira cada vez más agitada cada vez siente que se aproxima un tsunami de placer sexual, y llega el momento en que ella le dice que no pare que siente que ya está por venirse por eso él, se concentra cada vez más en sentir esa vagina que palpita, que se moja mucho más y que en definitiva inunda la sabana de placer… Hasta cuando ella… Ahhh siii… Mmmm mmm… Y su cuerpo se arquea, porque en ese momento está sintiendo que se viene… Sus ojos se tornan blancos y lo grita más para dentro que para fuera… Y descarga todo ese placer que tiene ella dentro de sí, luego él se empieza a acomodar para empezar a penetrarla pero tuvieron que detenerse porque uno de los vigilantes de los hoteles de la zona, empezó a hacer la inspección programada en la zona aledaña al hotel…

    (Continuará)

  • Papá estrena mis tetas nuevas

    Papá estrena mis tetas nuevas

    Cuando cumplí quince años me hicieron una fiesta increíble. El lugar hermoso, el vestido soñado. Estuvieron presentes todos los que yo quería, pero… creo que no lo disfruté como debería haberlo hecho. No me gustan las multitudes. Siempre busco escaparle a lo masivo. Pero me fue imposible escapar de mi propia fiesta y por eso, en cierto modo, terminé padeciéndola. Había dos opciones: fiesta o viaje a Disney. Como una boluda, elegí la fiesta. Al notar mi decepción, mis padres me dijeron que para el regalo de los dieciocho años lo pensara mejor.

    ─No tengo nada que pensar ─respondí con mi taza de café en la mano─. Quiero las tetas.

    Mamá dijo que no le parecía mal, dirigiendo una mirada inescrupulosa hacia mis “normales” pechos de quinceañera. Papá, algo avergonzado, dijo que no sería necesario, que todavía me faltaba desarrollarme. Y yo confiaba en que así sea, pero desde los doce, trece años, al notar que mis amigas se desarrollaban mucho más rápido que yo, comencé a acariciar la posibilidad de pasar por el quirófano.

    Siempre me llamaron la atención las tetas. A pesar de que en esa época no eran muy llamativas, podía pasarme horas frente al espejo acariciándomelas. Y, como suele suceder, una cosa llevaba a la otra. La primera vez que me masturbé fue luego de calentarme con mis propias tetas. Desde esa vez comencé a mirar a las mujeres de una manera diferente. No soy una pajera que va por ahí mirando tetas, pero sé admirar y reconocer un buen par.

    Luego de aquella conversación, el tiempo siguió su curso. Y a pesar de que mis tetas crecieron un poco, a los dieciocho no tenía todavía lo que yo consideraba un buen tamaño. Desde hacía un año, a pesar de que cada vez faltaba menos para el límite tácitamente impuesto para mi desarrollo, el tema no había vuelto a tocarse. Quizás, debido a la muerte de mamá. Desde entonces, quedamos solos en casa con papá. Nuestra relación siempre fue muy de compañeros, nada fuera de lo normal. Pero desde que quedamos solos, este vínculo comenzó a estrecharse. Fueron muchas las noches en las que desperté a los gritos a causa de las pesadillas. Él siempre acudía intentando tranquilizarme. Y lo conseguía. Entre sus brazos siempre me sentí a gusto, protegida de todo. Fueron muchas las noches en las que, luego de mis pesadillas, él se quedaba a dormir en mi cama. Repito, nada fuera de lo normal. Hasta la noche antes del día en el que volvimos a tocar el tema de mis tetas. Justamente la noche que iniciaba el día de mi cumpleaños número dieciocho.

    Luego de una típica pesadilla y de que papá me tranquilice, se recostó en mi cama como infinidad de veces. Como mi cama era de una plaza, estábamos muy pegados. Casi siempre dormíamos cucharita. Horas antes a la pesadilla, papá había salido con unos amigos. Al parecer, habían tomado un poco de más. En su aliento se sentía el dulce aroma del buen whisky. A diferencia de otras veces, estaba más cerca y más cariñoso. No pensé nada malo hasta que noté algo duro apoyándose en mi culo. Traté de alejarme un poco, pero él se acercó más. Como no ronca, se me hacía imposible saber si estaba dormido o despierto. A pesar de la complicidad que nos unía, no me sentía tan cómoda para decirle algo. Así que opté por quedarme quieta y en silencio. Pasaron las horas y se hizo de día. Al despertar me di cuenta de que una de sus manos se aferraba con fuerza a una de mis tetas, mientras que la otra estaba dentro de su bóxer. Su pija ya no estaba erecta, pero si totalmente empapada, al igual que su bóxer, mi short y el pequeño espacio de la cama que nos separaba. Opté por seguir inmóvil, hasta que sentí que despertó. Sentí como suspiró profundamente, como compungido. Luego me besó en la cabeza y susurro “perdón”, para luego salir de mi habitación.

    Me costó decidirme a levantarme. Me daba mucha impresión el solo hecho de pensar que tendría que mirarlo a los ojos. Me preocupaba por mí, pero mucho más por él. Ese “perdón” que dijo antes de abandonar la cama me destruyó y me demostró que lo que había ocurrido no había sido su intención. Que el hecho de haber bebido horas antes le había jugado una mala pasada. Desde la muerte de mamá, papá jamás estuvo con otra mujer. Me daba mucha pena pensar que lo más cercano a tener sexo había sido conmigo, dormido, un poco ebrio. Pero no me podía quedar todo el día en la cama. Encima, era sábado. Ni él iba a su trabajo, ni yo al colegio. Y teníamos planes para pasar todo el día juntos. Me di una ducha eterna, me cambié lo más lento que pude y me dispuse a bajar a desayunar. Antes de entrar a la cocina me propuse actuar lo más normal que pudiese. La situación era demasiado incómoda para mí, ni quería pensar en lo que él estaba sintiendo.

    Entré en la cocina y me costó reconocerla. El ambiente estaba por demás cálido, la luz del sol entraba en borbotones, haciendo brillar cada cosa que tocaba. Toda la superficie de la mesa estaba cubierta por deliciosos platos. Parecía el desayuno buffet de un importante hotel de lujo. Pero ahí a un costado estaba papá, contrastando de manera abismal con el entorno. Su rostro ojeroso y sombrío parecía salido de una película de horror de los años veinte. En ese momento no lo noté, pero hoy siento que su presencia era muy similar a la del sonámbulo de El gabinete del doctor Caligari. Me dio demasiada pena verlo así, por lo que decidí poner lo mejor de mí y hacer todo lo posible por olvidar la madrugada anterior.

    Con mi mejor sonrisa corrí hacia él y me colgué de su cuello para besarle ambas mejillas. Me deseo feliz cumpleaños y le agradecí por el maravilloso desayuno que nos había preparado. Me indicó que me sentara en mi lugar en la mesa y de inmediato comenzó a poner frente a mí todos los regalos que había preparado, no sin antes colocarme la corona que uso el día de mi cumpleaños desde que cumplí cuatro años. Al parecer, la sombra que se había entrometido entre los dos había desaparecido. O quizás simplemente se había ocultado momentáneamente.

    ─Llegó la hora de hablar de lo importante ─dije de manera abrupta.

    ─Me temo que sí ─respondió papá dejando vislumbrar un leve enrojecimiento en su rostro.

    ─Te juro que tuve mucha paciencia ─empecé─, traté de aceptar mi realidad, mi genética, los tiempos de mi cuerpo… pero no hubo caso.

    Terminé la oración desviando instintivamente mi mirada hacia mis pechos. Papá hizo lo mismo, lo que convirtió su rostro en un tomate. Logró serenarse de inmediato, por suerte.

    ─ ¿Buscaste algo de información? ─quiso saber.

    ─Tengo todo. Si confirmo antes del mediodía, pueden operarme el lunes a primera hora.

    El silencio de papá puso sobre la mesa una catarata de pensamientos que jamás conoceré. Asentía en silencio, haciendo todo lo posible por no mirarme a los ojos. Luego de varios minutos que me parecieron eternos, finalmente habló.

    ─Está bien, confirmalo.

    Casi que no lo dejé terminar la frase, ya que di un salto y me senté sobre sus piernas, rodeándolo con mis brazos. Lo besé en las mejillas, en los ojos, en la frente… y en los labios. Fue un beso húmedo, dulce, acelerado, pero tierno. A pesar de la rigidez de su cuerpo, sus manos me acariciaban con vehemencia la cintura y mi culo. Creo que el beso duró un par de minutos, luego de los cuales me puse de pie de un salto, roja de la vergüenza.

    ─Yo… ─no tenía ni la más mínima idea sobre como continuar.

    ─Anda a hacer ese llamado ─dijo papá, evitando mirarme.

    Di media vuelta en silencio y obedecí.

    Pasamos el resto del fin de semana hablando lo justo y necesario. No sé qué hizo él, pero yo traté de no pensar en lo sucedido y enfocarme en quien iba a ser a partir del lunes. Pasé muchas horas frente al espejo, desnuda, contemplándome en silencio. Mis tetas se veían bien. Jamás había recibido quejas sobre ellas, sino todo lo contrario. Cerraba los ojos y las veía, casi que las sentía a las nuevas. Y eso me calentaba muchísimo. A pesar de ello, ese fin de semana no me masturbé. Sin manifestarlo, sentía que si lo hacía, en ese momento podría cruzarse la imagen de papá y eso me destrozaría.

    El post operatorio fue horrible. No puedo explicar con palabras el dolor que sentí durante esa primera semana. Sentía en las tetas dos volcanes que me quemaban y que en cualquier momento podrían estallar. En la cintura y en la espalda sentía una presión tremenda, lo que me obligó a mantenerme lo mas quieta que pude. Al tercer día, llegó el momento de bañarme por primera vez. Obviamente que no pude hacerlo sola, por lo que papá tuvo que ayudarme. Fue esa la primera vez en la que me vio totalmente desnuda. A pesar del dolor, me fue imposible no contemplar la posibilidad de que algo extraño suceda. Pero no pasó. Al menos, algo con tintes turbios. Papá me trató con mucho cuidado y cariño. Con un trapo húmedo recorrió todo mi cuerpo de la manera en la que le había indicado la doctora. Cada vez que me tocaba la piel se sentía tirante y me hacia doler. Papá frenaba y me pedía perdón. Yo sonreía y lloraba al mismo tiempo. En ningún momento sucedió nada extraño. El contacto de sus manos con mi piel me hacía doler, por lo que no daba lugar a ninguna otra sensación. Él en ningún momento dejó vislumbrar que estuviese sintiendo algo incómodo. Era la primera vez que me veía totalmente desnuda en más de diez años. Y estaba así, desnuda, dolorida, con las tetas enormes e hinchadas, casi retorciéndome de dolor.

    Pasó el post operatorio y comencé a amigarme con mi nuevo cuerpo. No podía creer que esas hermosas y perfectas tetas fuesen mías. Si en el pasado dedicaba gran parte de mi tiempo a tocarme y a contemplarme desnuda frente al espejo, desde entonces esa tarea se convirtió en un ritual de cada día. Totalmente redondas, con los pezones siempre arriba, como pidiendo ser besados. Pero no era solamente yo quien estaba encantada con mis nuevas tetas. En el colegio siempre fui muy de llamar la atención simplemente por mi presencia, pero desde que caí por primera vez con mis tetas nuevas, causé sensación. A falta de pocos meses para terminar el año, se me hizo innecesario comprar una nueva remera del uniforme, por lo que, la remera que ya me quedaba ajustada antes, ahora enmarcaba mis nuevas tetas de una forma encantadora e imposible de no quedarse mirando. Las propuestas para salidas, juntadas o, directamente, encuentros sexuales ocasionales, comenzaron a llover de manera incontrolable. A pesar de que estaba totalmente dispuesta a disfrutar de mi sexualidad sin inhibiciones, algo en mí me obligaba a rechazar cada propuesta. Sin saberlo de manera consiente, me estaba guardando para algo especial. Me estaba guardando para papá.

    Luego de esas dos situaciones extrañas con papá, llegó la operación. El doloroso post operatorio le puso paños fríos a esa incomprensible tensión sexual que nos envolvía. Pasaron las semanas y la relación volvió a la normalidad, con algunos pequeños cambios. Varias veces sorprendí a papá mirándome las tetas. No de manera libidinosa, pero era obvio que notaba el cambio. Y no solo en el tamaño, sino que también mi actitud se había visto afectaba. Estaba más contenta, más segura, más expresiva. Estaba totalmente agradecida con él por el regalo, por lo que, también de forma inconsciente, comencé a cercarme más. Me volví más cariñosa, más demostrativa. Nada fuera de lo normal, claro, pero esta nueva actitud estaba encendiendo dentro de él algo que estaba a punto de estallar. Y estalló.

    Volví una tarde del colegio y noté que, a causa de la presión, la remera se me había roto en ambas axilas. Una cagada. Por un lado, seguía aferrada a la excusa de que no tenía sentido comprar una remera a falta de apenas unos meses de clases. Pero por otro, me fascinaba como se veían mis tetas así de apretadas. Porque no es que las apretaba para abajo, sino que las contenía dándole una forma incluso más perfecta de la que ya tenían. Así que decidí que lo mejor sería repararla. Busqué el kit de costura de mamá y me dispuse a realizar la actividad en el living. Papá no volvería hasta tarde, supuestamente, así que me quité la remera quedándome en corpiño. Inmediatamente después de cortar el hilo de la segunda axila, llegó papá.

    A pesar de la sorpresa, no me sentí incomoda. Durante varias semanas pasó viéndome desnuda mientras me ayudaba a bañarme y cambiarme, por lo que a esa altura ya habíamos superado una barrera de intimidad. Eso pensaba, al menos. En lo que no pensé fue en cuál sería su reacción al encontrar a su nena de dieciocho años, con la pollera súper corta del uniforme escolar y un corpiño de encaje rosa que apenas contenía a sus grandes tetas nuevas.

    ─Hola pa ─lo saludé.

    Él no respondió. Se quedó unos instantes mirándome. Su rostro era extraño. Algo anormal había en sus ojos. Decir que estaba poseído es un montón, pero creo que es un calificativo que se acerca bastante a lo que noté en ese momento. Sin decir nada, se acercó hasta donde yo estaba y, lentamente, se arrodilló frente a mí. Dejé la remera y los elementos de costura sobre la mesa ratona y nos quedamos mirándonos a los ojos. Comencé a acariciarle la cara, el pelo, los labios. Ninguno parpadeaba. Teniéndolo tan cerca y sintiendo como su respiración se agitaba cada vez más, logré interpretar lo que expresaba su rostro: me deseaba. Y yo también lo deseaba a él.

    Acerqué mis labios a los suyos y lo besé cálidamente. Fue como un beso de dos amantes que por primera vez están auto descubriéndose. Lo rodeé con mis brazos y lo atraje lo más que pude hacia mí, mientras él me tomaba de la cintura. Logré sentir el ritmo de su corazón acelerarse cada vez al entrar en contacto su pecho con mis tetas. Separé mis labios de los suyos con delicadeza.

    ─¿Querés verlas? ─pregunté señalando mis tetas. Él asintió.

    Me desprendí el corpiño por atrás, liberándolas. El tamaño de sus ojos creció instantáneamente, dejando escapar por ellos el gran placer que lo invadía.

    ─Tocalas ─le dije.

    Lo hizo directamente con las dos manos, al mismo tiempo. A pesar del gran tamaño de sus manos, le fue imposible abarcarlas en su totalidad.

    ─¿Viste que lindas quedaron?

    ─Hermosas ─respondió.

    ─Gracias pa, por esto y por todo. Te amo ─dije, mientras una lagrima me recorría el rostro.

    De inmediato, papá se puso de pie, como asustado.

    ─Perdón Marti, perdón.

    Intentó alejarse, pero me puse de pie y lo detuve.

    ─No papá, no tengo nada que perdonarte. Quiero… ─no supe como continuar.

    Papá se agachó un poco y volvió a besarme. Lo tomé de la mano y llevé hasta el sofá, indicándole que se siente. Lo hizo, y yo me senté sobre sus piernas, continuando el beso. Sus manos me recorrían la espalda de forma incontrolable, como si quisiera tocar toda la superficie junta. Corté el beso y lo miré de nuevo a los ojos.

    ─Papi, ¿te gustan mis tetas nuevas?

    El tono de la pregunta sonó totalmente pervertido. Mi voz sonó como la de una nena que está pidiendo por favor que le compren un helado.

    ─Me encantan ─respondió papá en un susurro.

    ─Papi, chupamelas, porfa.

    Sin esperar respuesta, atraje su cara hacia mis tetas. Las chupó con deseo, con pasión, con una calentura que me fascinó. De inmediato sentí como su pija estaba muy dura. Comencé a frotarme suavemente, aunque cada vez con más intensidad. A medida que yo subía la intensidad del frote, él me chupaba las tetas con más ímpetu. Iba de mis tetas a mi boca, llevando sus manos de manera incontrolable entre mi espalda y mis nalgas.

    ─Ahora quiero chupar yo ─dije.

    Sin esperar respuesta, dejé mi posición y me arrodillé frente a él. Desprendí el cinto, luego el pantalón y se lo quité. Comencé a acariciarle la pija por encima del bóxer. A pesar de la calentura de ambos, aun se percibía cierta tensión en el ambiente. Por lo que sentí que debía decir algo como para terminar de romper el hielo.

    ─Así que de acá salí yo, ¿verdad? ─dije mientras liberaba la pija de papá de la presión del bóxer.

    Largó una carcajada hermosa, a la que yo correspondí. Por varios segundos le costó, hablar, tiempo en el que yo no dejé de acariciarle la pija.

    ─Si amor, de acá saliste. Y esta hoy te va a entrar por todos lados.

    Esa no era la voz de papá. El tono que utilizó jamás lo había escuchado antes. Me sorprendió, pero me encantó. Terminó de decir esa frase, me tomó de la cabeza y me metió de un golpe toda la pija en la boca. Me ahogué y se me llenaron los ojos de lágrimas.

    ─¿Qué pasa bebe, vas a llorar? ─preguntó con esa voz que no era suya.

    ─Sí papi, voy a llorar. Y te voy a dar la mejor chupada de pija de tu vida ─respondí.

    Y me dispuse a ello. A mí me encanta chupar pijas. Lo disfruto muchísimo. Pero siempre empiezo despacito, besando, recorriéndola con la lengua, para ir comiéndola de a poquito. Pero no fue así esta vez. Fuimos directamente a la parte en la que me como tanto la pija, que me cuesta respirar. La pija de papá es hermosa. Larga, gruesa, totalmente recta. Venas de distinto color y grosor le dan aspecto divino. Podría decirse que la pija de papá es muy estética, algo que suma mil puntos cuando hablamos de pijas. estuve largo tiempo chupándosela, hasta que en un momento me aparta.

    ─Para, marti ─dijo, ahora sí con su voz.

    Me detuve. Me puse de pie, me quité la tanga y volví a sentarme sobre él como al principio.

    ─Papi ─dije, volviendo a besarlo.

    Me alejó un poco de su boca y dijo:

    ─Marti, ¿qué estamos haciendo?

    Se lo notaba compungido, dolido y temeroso.

    ─Pa, te amo. Más que a nadie en el mundo. Y el amor es amor. Se vive y se expresa como se puede. Y hoy me sale así.

    Luego de unos instantes en los que no hicimos más que contemplarnos en silencio, respondio.

    ─Pero…

    ─Peros hay miles ─interrumpí─. Y la mayoría tiene que ver con cuestionamientos sociales, morales y religiosos. ¿Me amas?

    ─Obvio que te amo. Más que a nada ni a nadie, pero…

    ─Pero nada ─volví a interrumpir─. Soy tu hija, tu nena, tu amor. Por favor… ya llegamos hasta acá, y de acá no se vuelve. Por favor, sigamos.

    Dije y volví a besarlo. Decidimos dejarnos llevar. Romper con todo prejuicio y estigma social para darnos amor. Su pija totalmente erecta rozaba mi conchita húmeda y caliente, como suplicando entrar en ella. Comencé a moverme lentamente y ella sola encontró el camino. El sentirla adentro fue el estallido de ese volcán que veníamos alimentando hace tiempo. Sentir su pija adentro mío por primera vez fue el momento más placentero de mi vida. Comencé a moverme cada vez más rápido. De atrás hacia adelante, de arriba hacia abajo. Llevé sus dedos a mi boca, los chupé para luego llevarlos a mi culo. Empezó a frotarlos, a abrirme despacito para luego introducir uno lentamente. Al sentir un dedo entero en mi culo, acabé por primera vez en una explosión avasallante que le bañó la pija.

    Sin dejar de penetrarme, se puso de pie y, tomándome de la cintura con ambas manos, empezó a moverme hacia adelante y hacia atrás. Colgada de su cuello las penetraciones eran cada vez más fuertes y profundas. Sentir toda su pija adentro mío era mágico. Jamás me habían cogido así de rico como lo estaba haciendo papá. En esa posición sentí como su pija estallaba adentro mío, rebalsándome la conchita de leche. Quedamos abrazados por algunos instantes, hasta que me bajé y, de rodillas, le chupé la pija tragándome toda su espesa y caliente leche, dejando caer algunas gotas en mis tetas, para untarlas sobre ellas.

    A pesar de la tremenda cogida que nos habíamos dado, los dos seguíamos tan calientes como al principio.

    ─Papi, quiero más ─le dije.

    No me respondió, pero sin perder tiempo me ayudó a levantarme, me puso en cuatro sobre la mesita del living y me penetró de un solo golpe, para hacerlo una y otra vez de manera frenética. Mientras hacía eso, me frotaba la entrada de mi culo, como preparándola para algo. Cuando uno de sus dedos entraba y salía por mi culo sin esfuerzo, le dije:

    ─Papi, haceme la colita.

    De nuevo, sin responder, llevó la cabeza de su pija a la entrada, y empezó a frotarla. Yo, cada vez más caliente, no dejaba de masturbarme. Al sentir mi estremecimiento, papá volvió a meterme la pija en la concha justo cuando un orgasmo me sacudía por completo. Sin dejar pasar un momento, papá metió su pija totalmente bañada por mis jugos adentro de mi culo. La sensación de placer que sentí en ese momento no se compara con absolutamente nada. Luego de cuatro o cinco embestidas, volví a tener otro orgasmo que, por poco, me hace perder el sentido. Pero al contrario de eso, me volví loca.

    ─Dale papi, cógeme fuerte, rómpeme toda, por favor. Sacate todas las ganas que me venís teniendo, dale, sí.

    Esto hizo que las embestidas de papá se parecieran a las de una bestia hambrienta, carente de razón. Cogíamos como dos animales.

    ─Dale papi, así. Rómpele el culo a tu nenita, si, así. Rompeme papi, si, te amo papi, te amo.

    ─¿Te gusta así bebé? ¿Te gusta la pija de papi?

    ─Sí papi, amo tu pija, me encanta que me cojas así.

    Dejando su pija adentro de mi culo, me tiró con violencia del pelo y me atrajo hacia él.

    ─Pendeja de mierda, tus tetas me salieron carísimas. No te va a alcanzar la vida para pagármelas, ¿sabés?

    ─Sí papi, mis tetas son tuyas.

    ─Para pagarme, vas a tener que darme el culo cada vez que yo quiera, ¿sabés?

    ─Sí papi, mis tetas, mi culo, son tuyos cuando quieras.

    Al parecer, esto le dio una inyección de calentura, por lo que, sin soltarme el pelo, me dio una serie de embestidas mucho más violentas que todas las anteriores, para luego estallar en leche adentro de mi culo. Extasiado, dio unos pasos hacia atrás y cayó rendido sobre el sofá. Mareada y envuelta en una nube cálida y extraña, me senté sobre él, con mi espalda contra su pecho. Con ambas manos, comenzó presionarme las tetas.

    ─Papi… en serio, gracias por las tetas.

    ─Amor, te mereces todo lo mejor del mundo. Y sobre lo que dije recién… de pagarlas… es obvio que no me debés nada ─dijo, algo avergonzado.

    ─Ya sé, pero igual. Son tuyas cuando quieras ─respondí.

    Así como estábamos, giré mi cabeza y lo miré a los ojos.

    ─Pa, te amo.

    ─Yo también te amo, nena.

    Y nos besamos hasta quedarnos dormidos.

    Nos despertamos horas después, cuando comenzaba a oscurecer. Nos dimos un baño juntos, en el que no hubo más que unos besos y unas apoyadas. Pedimos comida y nos metimos a la cama a mirar televisión. Desde esa noche, y por varios años hasta que me fui a vivir sola, dormimos siempre juntos. Hoy papá ya no está, pero por siempre me van a acompañar los recuerdos del hombre más importante de mi vida. Él que más amé, el que más me cuidó. El que más feliz me hizo, en absolutamente todos los aspectos de mi vida.

  • Mi esposa es muy tetona. Breve relato de amor

    Mi esposa es muy tetona. Breve relato de amor

    Recuerdo aquellos días en los que vivíamos en aquella pequeña pero acogedora casa en medio de la ciudad. Yo, un abogado de éxito, me destacaba por mi imponente estatura, mi cabello oscuro y una tez blanca que acentuaba mi elegancia. Mi esposa, una mujer de estatura media, con curvas que atrapaban las miradas de todos a su paso. Sobre todo una cola redonda y unos pechos enormes. Su sonrisa era tan radiante que iluminaba la habitación, a pesar de su leve inseguridad acerca de su figura.

    Nuestro hogar era un remanso de paz en medio del ajetreo cotidiano. Las paredes estaban pintadas en tonos cálidos que invitaban a la relajación y los muebles, seleccionados con esmero, creaban un ambiente acogedor. En la sala de estar, fotografías enmarcadas capturaban los momentos más felices de nuestro matrimonio, mientras un cómodo sofá nos acogía para compartir tardes de películas abrazados. La cocina, llena de aromas deliciosos, era el escenario de nuestras aventuras culinarias y de innumerables momentos de complicidad.

    Sin embargo, hubo un día en particular que marcó un quiebre en nuestra relación. Llegué a casa agotado después de un largo día de trabajo y noté de inmediato que ella llevaba corpiño bajo su camisa. Para mí era sumamente importante y especial que ella tuviera sus tetas sueltas. Me encantaba llegar y sumergirme en ellas. Blancas, tersas, grandes, de pezones rosados, eran mi perdición. Una sensación de temor se apoderó de mí, y mi mente empezó a divagar por los caminos más oscuros. La inquietud se instaló en mi corazón, y una avalancha de preguntas y suposiciones comenzó a nublar mi razón.

    La confronté, exigiendo respuestas, y nuestras voces se alzaron en una discusión intensa. Los argumentos resonaban en la habitación, cada palabra cargada de dolor y frustración. Ella me dijo las palabras más hirientes, que ya se había cansado de que sus lolas (ella las llamaba así) le pesaran tanto. Yo, luchando por comprender ese motivo egoísta detrás de su decisión, y ella, sintiéndose atacada y herida. La tensión en el ambiente era palpable, como un frágil hilo a punto de romperse. El mundo se me venía encima con un dramatismo sin igual.

    Me senté en el sillón y me agarré la cabeza. Las lágrimas brotaron de mis ojos y me sentí sumido en una profunda angustia. Le pregunté por qué había hecho eso, por qué había dejado de llevar sus tetas al aire o al menos sin corpiño. Pero sus respuestas eran esquivas, como si no supiera cómo expresar sus emociones. Cada palabra que pronunciaba me hundía aún más en un mar de incertidumbre y desesperación.

    La noche avanzaba y el conflicto parecía no tener fin. Ambos nos encontrábamos sumidos en un silencio incómodo, incapaces de encontrar las palabras adecuadas para reconciliarnos. El peso de nuestras emociones se acumulaba en la habitación, pesando sobre nuestros corazones. Cada intento por consolarme o encontrar consuelo resultaba en un fracaso doloroso.

    Casi como un rayo de luz en la oscuridad, ella se acercó a mí y colocó sus pechos en mi boca. Un destello de esperanza iluminó mis ojos mientras mamaba de tus senos. Veía cómo el brillo de sus ojos impactaba en los míos. Fue en ese instante que entendí que sus pechos en mi boca eran un símbolo de nuestro compromiso y amor mutuo. Esa noche la puse en cuatro y la penetré cómo nunca, mientras le abría la cola para ver el agujero de su ano.

    Luego de acabar ella me miró con ternura y me susurró palabras de amor y arrepentimiento. Me abracé a ella con fuerza, sintiendo que el vínculo que compartíamos volvía a fortalecerse. La paz se apoderó de nuestros corazones y nos dimos cuenta de cuánto significábamos el uno para el otro.

    Aquella noche, mientras nos abrazábamos en silencio, pude ver en sus ojos el reflejo de su amor y remordimiento. Comprendí que, al igual que yo, ella también había pasado por momentos de dudas y que yo también debía ser comprensivo.

    Al día siguiente, al regresar del trabajo, mis ojos se posaron en sus tetazas, porque llevaba una camisa blanca abierta. Una sonrisa iluminó mi rostro y sentí una alegría inmensa. Era un recordatorio constante de que nuestro amor era más fuerte que cualquier conflicto. Le pedí que se diera vuelta y le agarré sus pechos, frotándolos con fuerza. La fui corriendo hasta la mesada de la cocina, le subí su pollera y la penetré en esa posición. Sus tetas se balanceaban. Yo era feliz.

    A medida que los días y las semanas pasaban, nuestro matrimonio florecía con una nueva fuerza. Aprendimos a comunicarnos más abiertamente, a expresar nuestras preocupaciones y miedos, y a brindarnos apoyo mutuo en momentos difíciles. Ella me dijo que a veces necesitaba usar corpiño, porque si no le dolía mucho y yo le pedí que tratara de no usar corpiño en mi presencia.

    Con el tiempo, nos dimos cuenta de que el amor verdadero no se trata solo de momentos de felicidad deslumbrante, sino también de la capacidad de enfrentar los desafíos y superarlos juntos.

    Aquellos días fueron un punto de inflexión en nuestra relación. Nos mostró que el amor no es perfecto, pero que está dispuesto a luchar y crecer. Y así, seguimos adelante, escribiendo nuestra historia de amor con cada gesto de cariño, cada palabra de aliento y cada mirada cómplice. Hoy la amo más que nunca.

    ______

    Son mis primeros relatos para mujeres me gustaría que me escriban a [email protected] con sus opiniones. Gracias.

  • El sabroso culo de Laura

    El sabroso culo de Laura

    Corría el año 2003, yo era radio operador en una estación de policía, a diario recibía llamadas con reporte de alguna alteración al orden, algún sospechoso merodeando alguna zona, o simplemente para pedir orientación relacionado a la seguridad pública.

    Un día recibo una llamada como cualquier otra. Era una chica que reportaba a unos jóvenes tomando en vía pública y alterando el orden. Eran sus vecinos. Le tomé el reporte y le indiqué que una patrulla avanzaba para verificar la información.

    Una hora después la misma chica vuelve a llamar, indicando que ninguna patrulla fue al sitio que ella había indicado. Yo le indiqué que ya había avanzado una patrulla y que reportó nada en el lugar. Pero que no se preocupara enseguida le enviaba otra unidad.

    Con esa llamada comenzó una serie de llamadas posteriores, pero ya no era para reportar algún evento, sino para platicar simplemente. Creo que mi melodiosa voz la sedujo al oído. (Es broma)

    Después de un par de meses de platicar por teléfono, pensamos que ya era tiempo de conocernos personalmente. Debo mencionar que en esos años no existía la tecnología que existe hoy en día, hoy puedes hacer una videollamada y saber cómo es la persona que está al otro lado de la línea telefónica, en esos años no era así, al menos no donde yo vivo. Quedamos de vernos en un lugar público.

    Cuando la vi por primera vez, me quedé impresionado, creí que estaba exagerando cuando se describió cómo era ella. Yo fui 100% honesto y me describí tal y como soy.

    Al verla con su belleza natural, y todo me gustó de ella. Me acerqué para saludarla y cuando me habló reconocí su voz. En verdad era ella.

    Aquel día solo platicamos un momento en el parque, fuimos a un centro comercial y compramos unos refrescos y unas galletas.

    Después de un par de horas de platicar, nos despedimos, y continuamos con nuestras vidas.

    Seguíamos conversando por teléfono, cuando no estaba de turno, yo le marcaba a su casa desde un teléfono público.

    Meses después a mí me sacan de la oficina de radio, y me mandan a campo con los demás compañeros, un día me toca cuidar la zona de bancos que está cerca de su casa, yo le llamé para saludarla y decirle que estaba por ahí. Me preguntó que si podía ir a verme, yo le contesté que sí.

    Fue a verme y me llevó algo de comer. (Tiempo después me confesó que la primera vez que me vio uniformado y con mis gafas de sol, se excitó).

    Comencé a pedir esa zona de banco, y un día ella fue a verme para invitarme a su casa a comer. Yo acepté la invitación. Me la llevé a su casa en la patrulla. En su casa no había nadie más que ella. Sus papás trabajaban y llegaban de noche. Teníamos la casa sola para nosotros.

    Siempre era lo mismo, llegábamos, ella calentaba algo de comer, comíamos, le ayudaba a lavar los trastes, la abrazaba, nos besábamos apasionadamente, ella me agarraba el bulto, yo le masajeaba la panochita, y ya calientes, comenzaba a desabrochar su blusa. Me encantaba mamarle los senos. Sus gemidos me excitaban más, antes de penetrarla la ponía a mamar mi falo, una vez ya estando en su máximo esplendor, yo procedía a mamarle la panochita, darle unas buenas lengüeteadas en el culo.

    La penetraba primero por la vagina, la tomaba en varias posiciones, poco antes de terminar se la metía por el culo y le descargaba toda la leche. A ella le encantaba el sexo anal. A veces cuando no teníamos mucho tiempo, solo me lubricaba mi falo con saliva, y se lo introducía por el recto, le daba unas embestidas salvajes y me venía pronto.

    Cuando teníamos tiempo suficiente, me hacía un sexo oral muy rico, me chupaba el palo tiernamente, como una paleta de caramelo el cual no quisiera terminar nunca, terminaba en su boca Y a ella le encantaba tragarse todo mi semen. Muy seguido me la llevaba al cine, siempre me hacía sexo oral y se terminaba tomando toda mi lechita.

    Lo hacíamos en todas partes, en la recámara, en la cocina, en las escaleras, en el auto, en el cine, en el hotel, en los sembradíos, etc.

    Duré dos años con ella en esa relación así. Hasta que me cambiaron de agrupamiento. Después ya se me hacía difícil ir a verla, fuimos perdiendo contacto poco a poco, hasta que llegó el día en que ya no nos vimos más.

    Fue todo muy rico mientras duró mi relación con Laura.

    Después conocí a otra, anduve con otra y otra y otra y otra.

    Las anécdotas que les cuento son reales.

    En la siguiente anécdota les voy a platicar cómo pasé de un chico tímido a un seductor.

    Porque yo físicamente no me considero afortunado de la belleza, llegué tarde a la repartición de belleza. Y eso me hizo un chico muy tímido. Un joven muy inseguro.

    Ya les platicaré qué fue lo que pasó que lo cambió todo.

    En mi cama desfilaron decenas de mujeres.

    Tuve mucho sexo con todas ellas.

    Hoy soy un hombre de 45 años felizmente casado con una hermosa mujer, tengo una joven y hermosa empleada que es mi amante. Y hay unas cuantas mujeres que me tiran la onda como para tener sexo casual.

    Este conocimiento que quiero compartirles a los chicos tímidos, lo voy a dividir en tres partes:

    Clases de seducción I; Clases de seducción II y Clases de seducción III.

    No soy un especialista en seducción, ni soy un maestro, menos un Casanova. Simplemente soy un tipo normal y común, que algunos dirían que tengo suerte con las chicas. Pero esto no es cuestión de suerte, seducir mujeres es cuestión de conocimiento. Yo soy la prueba viviente que funciona lo que aprendí.

    Ya les estaré platicando, nos vemos hasta una próxima publicación.

    Los quiere mucho su amigo PERVERSO 69.

  • Madre e hija en el metro

    Madre e hija en el metro

    Muy buenas noches, me gustaría publicar un relato sobre un arrimón:

    Me llamo Diego, tengo 28 años y soy ingeniero, mido 1,80 y soy de piel blanca, en mis años de universidad hacía mucho ejercicio entonces algo quedó de esa época en mí, se podría decir que tengo buena complexión.

    Cómo ya es costumbre todos los días me dirijo al metro (línea b) para trasladarme hacia mi trabajo, siempre procuro dar un rondín por el andén para ver qué par de ricas nalgas encuentro y sobre todo que estén disponibles para formarme tras ellas y poder restregar mi verga al momento de abordar.

    El día de hoy todo iba de lo más normal, se me había hecho tarde como de costumbre y llegaba corriendo a la estación para abordar al metro que ya venía llegando. De pronto me pude percatar que junto a mi venían bajando las escaleras dos culos deliciosos, literalmente perfectos, ese tipo de genética privilegiada que solo se encuentra aquí en México, madre e hija entalladas ambas en un par de pants ligeros, típicos de tela de algodón, que más que cubrir resaltaban es par de culos y permitían admirar lo bien formados y lo carnosos que se encontraban, era tal la magnitud de esos culos que se lograba apreciar como al marcar cada paso esa deliciosa pulpa tersa y firme se contoneaba de un lado a otro.

    Bajaron a toda velocidad para abordar dirección Buenavista, obviamente me tenía que formar tras de ellas y arrimar mi verga a como diera lugar, afortunadamente eran bastante ingenuas y muy fáciles de engatusar, pues bastó con un par de movimientos de cadera y dos o tres empujones para quedar justo detrás de ambas.

    La primera en sentir mi verga fue la hija, mostraba cierto miedo o pena de sentir como poco me abrí lugar hasta ella y sobre todo como mi miembro se ponía duro gracias al roce de su suculento manjar y al vaivén del metro, logro ponerme muy duro, a tal grado que sentí que como si mi verga fuera a explorar de placer, solo podía ver cómo lo disfrutaba de una manera un poco rara, pues no se quitaba y mucho menos le desagradaba, solo creo le daba pena que su madre viera como alguien se hacía una especie de rusa con sus nalgas.

    sin embargo en pleno agasaje su mamá se percató de lo que pasaba y con un par de miradas le pidió que se alejara, la verdad sentí que se había acabado la diversión y que en cualquier momento habría problemas, mi sorpresa fue que ocurrió todo lo contrario, la mamá al ver mi verga erecta sobresalir de mi pantalón de vestir se acercó hacia mi y sin dudarlo se puso justo entre su hija y yo.

    señores si la hija estaba firme, rica y dispuesta, la mamá era algo de otro mundo, su culo era tan grande, tan carnoso y sus nalgas tan paradas que literal se comió a mi verga, entro todita en su raja y no pude hacer nada más que dejarlo apuntando hacia su la derecha, cosa que aprovecho para mover el culo al compás del metro y así sentir toda mi verga por ambas nalgas.

    Todo era tan delicioso que no pude evitar sentir como salía un poco de semen de mi verga y manchaba mi pantalón, fue tanta mi calentura que no dude en sacar mi verga para así sentir ese culo a plena piel, la mamá se percató de esto y no hizo más que pegar más las nalgas a mi y moverlas de izquierda a derecha con todas sus fuerzas, hasta que no pude contenerme y toda mi leche salió, le dejé una mancha gigante en su pants rojo de leche, justo en ese momento íbamos llegando a Oceanía y escuché como le decía a su hija «segura que aquí bajamos?». No podía creer lo que me había pasado.

    Siempre había leído este tipo de historias pero nunca me había pasado, al bajarse las dos, solo pude ver cómo la hija incrédula le reclamaba a la mamá por semejante mancha se semen en su culo, mientras que la mamá solo se destinó a reírse, tocarlo y olerlo, sentí tan delicioso que olvide mi mancha en el pantalón y el apeste a semen que invadía todo el vagón, dos o tres mujeres vieron todo lo ocurrido y solo se limitaron a ver mi verga mojada y lamerse los labios.

  • Mi primer oral y como ayudé a un primo

    Mi primer oral y como ayudé a un primo

    Esto pasó hace como un años o dos en ese tiempo ya había empezado a tener dudas de mi sexualidad, pero tenía miedo de quitármelas con sexo.

    En ese mismo tiempo un primo muy cercano (digo muy cercano por qué literal vivía detrás de la casa de mi abuela) se sentía muy estresado.

    Y no lo culpo él es el menor de tres hermanos, pero pareciera que es el mayor el pobre, él se encargaba de la casa de la comida de poner dinero en la mesa incluso sus hermanos mayores le pedían dinero porque son tan flojos que no quieren buscar trabajo y siguen viviendo con mi tía, ella lo obligaba a prestarles dinero y cuando él les intentaba cobrar mi tía los defendía diciendo la misma frase de «a ellos no les tienes que cobrar por qué son tu familia».

    Todo ese estrés había provocado que termine en el hospital varias veces por tanto estrés que guardaba cada vez que llega a trabajar tienen que checarle la presión dos veces al día una cuando llega y otra cuando sale.

    Bueno ya me fui mucho por las ramas el punto es que a mí me molestaba verlo así, y se me ocurrió intentar ayudarlo, intenté de todo, invitarlo a salir como amigos obviamente antes de lo que pasó solo lo veía como un amigo.

    Casi siempre me decía que no porque tenía que trabajar o estaba muy cansado, pero un día acepto.

    Yo me alegre mucho porque ya tenía planeado a dónde llevarlo, fuimos primero al cine y después a comer algo a un snack que encontramos, cuando ya nos íbamos le dije que le tenía una última sorpresa.

    Lo lleve a un basurero (no era el mejor lugar para una salida de amigos pero funcionaba) me preguntó que hacíamos allí y le respondí que lo había llevado a liberar estrés, le di un bat y una resortera y empezamos a golpear un coche abandonado.

    Cuando terminamos de golpear el coche me dijo que se sentía mejor y me dio las gracias, yo como forma de regresarle las gracias le empecé a hacer cosquillas.

    El manoteaba y en uno de esos manoteos llevo mi mano a su pene, pare de hacerle cosquillas y los dos nos quedamos en silencio, le dije que no era mi intención y que me disculpara el me dijo que no había problema.

    De repente note que se le había parado y no le pude quitar los ojos de encima y el lo noto y me dijo que miraba y le respondí que no podía evitarlo y le empecé a contar las dudas que tenía, el se quedó callado y de la nada se bajó un poco el pantalón y dijo «si quieres te puedo ayudar a despejar las dudas» en el fondo sabía que el también quería que lo hiciera para liberar estrés, le dije que si el quería y dijo que si y se bajó el pantalón de forma que su pene quedará de fuera.

    Yo lo empecé a masturbar lento poco a poco, el solo podía soltar gemidos de placer, afortunadamente el basurero donde estábamos no era muy visitado así que podíamos hacerlo sin temor a ser descubiertos.

    Mientras se la jalaba él me dijo que ya no podía soportar y que estaba a punto de correrse, no lo dejé y le puse una liga que tenía del postre que había comido antes, había leído que si ponía una liga alrededor del pene podía evitar que se corriera, asombrosamente funcionó y no se corrió.

    Le dije que me lo iba a poner en la boca y el asintió con la cabeza , cuando lo puse en mi boca el soltó un gemido fuerte, me preguntó si había hecho eso antes y le dije que no que era mi primera vez, él se disculpó por tomar mi primera vez así, le dije que no había problema si él era mi primera vez, me dijo que también era su primera vez con un hombre y que no sabía que hacer.

    Le dije «solo relájate y disfruta», seguí chupando por casi media hora más, cuando note que ya no podía aguantar más le quite la liga, nada más quitarla soltó un gran chorro en mi boca y cara, lo probé y le lo trague, me pidió disculpas otra vez y yo le dije que no había problema.

    Cuando nos limpiamos para volver, me pidió si lo podía ayudar más a menudo como lo había hecho ese día, le dije que si que no había problema.

    Le seguí ayudando durante varios meses pero nunca pasó de unas chupadas, ya no lo hacemos porque se distancio de su familia y consiguió pareja, me alegro por el pero a veces siento que lo necesito en mi.