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  • Con mi padre Adel

    Con mi padre Adel

    La relación que tengo con mi padre a mis 20 años de edad no es la misma que tienen todas las chicas con sus respectivos padres.

    En principal, mi padre es guapo y muy seductor.

    Siempre nos estamos dando caricias, en las noches dormimos juntos en la posición cucharita donde le apoyo mi trasero en su miembro, también nos damos suaves besos en la boca.

    Así que no fue inesperado cuando sucedió esto que voy a relatar a continuación.

    Yo tengo la costumbre de andar con tangas de hilo super chiquitas caminando por mi casa y con sostenes apretados para que mis tetas se marquen mejor.

    Ese día estaba con una tanga de hilo color azul y un sostén del mismo color.

    Ingresó a la sala de estar donde se encontraba mi padre leyendo su periódico, estaba tan atractivo como siempre, pues a sus 58 años se mantiene en muy buena forma, cuando me vio dejo el diario y sus ojos se posaron rápidamente en mis pechos.

    Me acerqué hacia él y fue ahí cuando Adel me tomó de la cintura y quedé sentada a horcajadas sobre él.

    -Hola hija -me dijo mientras me acariciaba la espalda.

    -Hola padre -le respondí mientras le daba un beso en la boca, cuando el beso terminó me di cuenta de que mi padre me había quitado el sostén y ahora tenia los pechos libres para él.

    Le puse ambas manos en su cabello que ya estaba un poco canoso aunque lo seguía teniendo negro y continuamos besándonos, pero esta vez no fue un beso suave e inocente, esta vez fue un fogoso y ardiente con mucha lengua de por medio, y para agregarle más pasión él me empezó a acariciar los senos.

    -Me calientas mucho, quiero cogerte -me dijo entre gemidos

    -Haceme lo que tú quieras papi, soy toda tuya -le respondí mientras el me besaba el cuello y yo empezaba a desnudarlo.

    Luego yo me levanté de la silla para quitarme la tanga mientras Adel se desnudaba por completo dándome una bella visión de su cuerpo masculino en todo su esplendor.

    -Que buen miembro, papi -le dije mientras me ponía de rodillas y le tomaba su miembro con una de mis manos.

    -Es todo tuyo -me respondió.

    Luego le puse mi lengua en la cabeza sobre su pene y fui bajando despacio para saboreárselo mientras que con mis manos le tocaba suavemente sus enormes testículos que seguro eran también muy ricos, cuando estuve lista me lo metí entero en la boca sin vacilar y no paré de chupárselo, después hice la mamada más profunda aumentando la velocidad.

    Pero en todo el proceso del sexo oral mantuve mis ojos en los de mi padre mientras él me acariciaba el cabello y acompañaba el ritmo de mis lamidas moviendo sus caderas haciendo que su pija entre más profundo en mi boca.

    Solo me detuve cuando sentí que su eyaculación inundaba mi boca y me la tragué toda, recién ahí quité mi boca de su sabroso pene para chuparle sus testículos, pues, los huevos de mi padre también merecían un buen sexo oral.

    Sus huevos eran suaves y muy ricos para chupar, pues, si por mi fuera le chuparía los testículos a mi papá todo el día, en esa zona les pasé mi lengua haciendo unos lentos movimientos circulares para sentir su forma, luego también tomé velocidad y ya pasé a hacerlo frenéticamente como si quisiera llenarme de ellos, finalmente se los dejé un poquito rojos, pero bien mojados por mi saliva y mi padre estaba muy satisfecho porque me dijo que era la mejor haciendo sexo oral.

    Luego me senté devuelta a horcajadas sobre mi papi y como estábamos desnudos fue más fácil que mi concha hiciera contacto con su pija aunque todavía él no me había penetrado.

    Yo empecé a moverme sobre Adel y a dar unos ricos saltos haciendo que mis tetas se movieran y él me las acariciaba y chupaba a la vez.

    Esa rica práctica fue como un juego previo a la penetración, un simulacro del sexo para sentirnos mutuamente.

    Cuando ya no aguantamos más, di un salto y abrí mi concha lo más que pude para enterrarme la pija de él muy profundamente y así nos unimos.

    Luego él me puso las manos en la espalda y empezó a mover su cadera muy rápido para que la penetración, sea más rica, más placentera y lo fue, durante esos minutos yo tenía mis manos en su cabello y no podíamos parar de besarnos.

    Luego pasamos a una postura que Adel me dijo que le encanta: él se sentó con las piernas juntas mirando para el frente y su pene bien erecto, y yo me senté encima de su pija dándole la espalda a mi padre y mirando hacia adelante, él me sujetó de los senos y así comenzó devuelta la penetración mientras ambos nos ayudábamos a mantener el mismo ritmo que era apasionado y salvaje a la vez.

    La última fue una postura para que él me diera por el culo, yo me senté con mis pechos apoyados en la silla y levantando mi orto hacia él, entonces Adel me tomó de las caderas y de una sola embestida me penetró el culo y para mí fue lo mejor.

    Las embestidas con las que él me penetraba el culo era lo más salvaje, y se sentía bien rico, me sentía mucho mejor que cuando me dio por la vagina y esto hizo que le repitiera que soy su puta una y otra vez.

    Porque así lo era, me había convertido en la puta de mi propio padre y me encantaba serlo.

    Finalmente llegamos al clímax y él eyaculó adentro de mi culo.

    Desde ese entonces mi papi me coge todos los días.

    Mi gmail es: [email protected].

  • Cumpleaños de mi amiga

    Cumpleaños de mi amiga

    Hola nuevamente, mi amiga Euge cumplía años, en enero, calor, verano, diversión. Había quedado en ir a su departamento, dónde se hacía la previa, tomaríamos unos tragos y luego iríamos a un boliche, los que quieran ir. Estábamos esperando a que lleguen las chicas, vino Karen con 3 amigos cordobeses muy lindos, más jóvenes que nosotros, pero bastante atrevidos.

    Karen los había conocido en Brasil, había tenido relaciones con uno, los otros no habían participado, así que había un par de chicos libres. Iván venía más tarde, cuando salía del trabajo e iríamos al boliche.

    Tomando unos tragos, Sergio el hermano, se puso bastante atrevido y pesado conmigo, es muy guapo, rubio, ojos azules, un poco bajito, pero muy atrevido y picante, no dejaba de intentar acercarse a mi.

    Llego Iván, no le gustaba a Sergio, se puso loco, no sabía que hacer para llamar mi atención, mucha gente reunida había cerca de 30 ya, apagaban las luces y la música estaba alta, le conté a Iván, que este chico estaba muy pesado.

    -Te gusta -me dijo metiéndome la mano desde atrás y acariciándome la cola, me mordía los labios y me besaba.

    -Está guapo -le dije- son 3, los conoció en Brasil.

    -ummm que chévere, podrías ir a Brasil -me decía- una semana, te gustaría ir y estar con 3 chicos como esos? -Me metía ya 3 dedos en mi empapada vagina.

    -podría ser -le dije, abriendo las piernas para que me entre 4 dedos al fondo, nos besábamos y franeleamos.

    Sergio miraba y parece que vio más de la cuenta, estaba cada vez más intenso, en un momento me llamo Karen, fui a charlar con ella, me dijo al oído, si iríamos al boliche, que ellos van.

    -Vas a bailar conmigo -decía Sergio, muy excitado y pesado.

    -Puede ser -le dije y me fui dónde estaba Iván.

    -Está enloquecido con vos, cómo te mira, ummm -me dijo volviendo a meterme la mano entre mis piernas- estás empapada -me dijo levantándome la bombacha incrustada ya y empapada me la tenía levantada y mostrándole mi culo al grupo de Karen, eso fue demasiado.

    Fuimos al boliche, tomamos dos tragos más, bailamos y amontonados con la gente del boliche y los casi 20 que fuimos, no dejaba de meterme sus dedos el la vecina, que la tenía ya no mojada, era una ducha de lubricación, estaba muy caliente.

    -Quieres cogerte a los chicos? -Me dijo- yo quiero verte cogiendo con los cordobeses que te hagan un sándwich.

    Yo reía y seguía bailando, la verdad tenía unas ganas tremendas de que me cojan a lo bestia. Nos besábamos y creo que ya tenía 4 dedos metidos creo que unos 10 orgasmos ya acompañaban mis bailes. Iván estaba muy caliente, decidido a que pase de todo. Sergio bailaba al lado nuestro, Iván, me levantaba la pollera y en un momento me dirigió la cola contra Sergio, no entendía nada, Iván le dijo al oído, si tenía forro, se lo puso en 3 segundos y mientras Iván me besaba, Sergio me tocaba y me metió su pene, me recorrían escalofríos, tenía la piel de gallina, sentía su penetración, Iván, me besaba y me preguntaba si me gustaba, me encanta le dije, moviendo la cola y abriendo más para que me entre hasta el fondo. Unos 10 orgasmos más creo fue lo menos que tuve.

    Sergio acabó enseguida, me di la vuelta y nos besamos, estaba muy excitada, volví hacia Iván, me dijo “quieres más? Vamos para el fondo” me dijo agarrándome de las nalgas, miro a Sergio y fuimos unos metros hasta un living, había una esquinita libre, le dijo a Sergio que se siente y me dijo a mi que lo cabalgue, me subí encima de Sergio que la tenía grande y estaba listo, lo comencé a cabalgar, besándolo con pasión, se acercó Daniel el amigo de Sergio, Iván le dijo al oído si quería metérmela en la cola.

    Me hicieron un sándwich delicioso, tenía los dos penes en mis 2 agujeros, cabalgaba con todas mis ganas, tenía decenas de orgasmos, lubricada sin creer, besaba a Iván a Sergio y a Daniel. Terminó Daniel en mi cola, se acercó Matías, el que estaba con Karen. Y pidiendo permiso a Iván, me la metió también en la cola. Espectacular, no sé si sentiré nuevamente esto le decía a Iván, me encanta, me mordía la oreja, terminó Sergio en un orgasmo tremendo gritando. Daniel se sentó en el sillón y lo cabalgue, cada vez, con más ganas, Matías no terminaba más, la tenía muy ancha, mi cola estaba feliz, nunca había sentido tanto placer, Matías terminó y Sergio se apuntó a mi cola.

    Más de 1 hora, no podía creer, todos los orgasmos que tenía, Matías se puso dónde estaba Iván y me puso su pene en mi boca, ya no sabía nada de Iván, creo que no estaba cerca, Matías acabó y me tragué todo, Daniel aparte de tenerla muy grande, duró mucho tiempo, Sergio terminó. Besando seguí con Daniel. Me la sacó de la vagina y me metí en la cola, disfrutando muchísimo, lo cabalgué hasta que terminó.

    Sergio estaba muy caliente aún, no sabía cómo seguir, muy excitado me la metió en la boca y se la chupé, mucha gente nos miraba, descubrí a Iván mirando como se la terminaba de chupar a Sergio y terminaba en mi boca.

    Me incorporé, busque a Iván, lo besé y me acercó una botella de Dr. Lemon, había ido a la barra a comprar cuando desapareció, “cómo estás?” Me dijo, mientras me metía la mano, “ummm -me dijo- cuánta leche, te gustó?”.

    -Me encantó, riquísimo, nunca hice esto, me siento una puta.

    -Las putas cobran, a vos te gusta coger -me dijo, mientras me metía nuevamente la mano.- Empapada estás, tu bombachita está desaparecida, me dijo Sergio que se van a Córdoba el lunes. Vos querés ir a despedirte de los 3 mañana?

    Me reí nerviosa, pero “me encantaría” le dije.

    Le besé, seguimos bailando me despedí de Sergio, Daniel y Matías, con un beso en la boca y les dije que mañana voy.

    Nos fuimos a casa y cogimos cerca de una hora, lo cabalgué sin parar me la metí adelante, atrás y en la boca, espectacular.

  • Dos parejas en la misma casa (II)

    Dos parejas en la misma casa (II)

    Melany y yo íbamos de regreso al departamento, mientras yo le preguntaba como era su vida sexual ahora que vive con Alejandro, por lo que ella me comenta que el sexo con Alejandro es muy bueno sin embargo le gustaría seguir experimentando con más personas por lo que asiento a ese comentario y continuamos el resto del camino platicando de la ciudad.

    Al llegar al departamento notamos qué Gabriela estaba en el baño y Alejandro se encontraba despreocupada mente recostado en el sillón viendo videos, Melany se apresura a darle un beso y después sale Gabriela qué nos pregunta si aviamos traído todo, por lo que respondo qué si, y los invito a sentarnos a la mesa a comer antes de que la comida se enfríe.

    Se llegaron las 9 de la noche y ya estábamos un poco entrados con las copas, confieso que la calentura gobernaba mi cuerpo y de vez en cuando besa y tocaba las piernas de Gabriela, por lo que Melany al estar más ebria qué los demás propone jugar a la botella, de momento lo dude un poco, ya que ella nos dice que lo que pase aquí, aquí se queda y nadie se tenía que enojar, por lo que Alejandro dice que por él no tiene problemas, Gabriela responde de manera pícara qué ella tampoco y eso me obliga a responder qué jugáramos un poco.

    La botella comenzó a girar y las preguntas calientes no faltaron, después de tres vueltas de preguntas, tenían que seguir solo retos, le toco a Melany mandar a Gabriela y de reto le pone besar Alejandro por 1 minuto sentada en sus piernas, Gabriela voltea a verme en signo de permiso y yo asiento con la cabeza, se lanza sobre Alejandro y comienzan a besarse, Alejandro como todo mano larga le toca el trasero un poco y el minuto acaba, así pasaron los retos hasta que toco qué las mujeres se pusieran en cuatro patas, y levantarán sus vestidos para mirar sus traseros, Alejandro se fue con Melany yo con Gabriela, empezamos a nalguear sus traseros y después a besar un poco sus nalgas hasta que Melany se levanta y propone darnos un baño pero intercambiando parejas.

    De momento yo negué con la cabeza y Gabriela me dice que es solo un baño qué no hay nada de malo por lo que le cedo la confianza y le digo que está bien que pueden pasar primero al baño ellos primero (Alejandro y Gabriel) los dos se paran cada uno a buscar sus cosas para poder ingresar al baño y poderse cambiar después de la ducha.

    Gabriel y Alejandro se despiden de nosotros y Melany pone música, pasan tres minutos y Melany me dice que están cogiendo, por lo que le digo que no, ella para la música y dentro del baño se escuchaban los gemidos de Gabriela y los aplausos qué provocaban los dos cuerpos al chocar, escuchar eso me llena de calentura por lo que empiezo a besar a Melany y después la recuesto en el sillón y abro sus piernas para chupar si vagina, confieso que sabia deliciosa y los gemidos de Melany y Gabriel se apoderado del departamento, sentí que Melany se iba a venir sobre mi boca por lo que paro de chupar y me dirijo a sacar mi miembro y lo pongo sobre su boca, al escuchar que se están cambiando, nos acomodamos rápidamente y disimulamos lo nuestro y al salir del baño Gabriel y Alejandro se rieron cínicamente y nos dicen que seguimos nosotros.

    Voy a dejar esta historia hasta aquí, si les gusta lo narrado y quieren que continúe déjenmelo saber en los comentarios.

  • Sexo sin compromiso, trío

    Sexo sin compromiso, trío

    Hola, les contaré mi primer relato y mi inicio en tríos e intercambios. Llevábamos un matrimonio de 10 años con mi esposa, yo 36 y ella 33, en nuestra intimidad siempre hablamos de integrar a alguien, ya sea hombre o mujer y disfrutar del sexo sin compromiso, después de un tiempo llego a nuestro barrio un matrimonio un poco mayor, ella 38 y el marido 48, nos fuimos conociendo y entramos en confianza, más con ella que con él, pero nunca le hablamos de nuestras verdaderas intenciones, las cuales eran invitar a ella a un trío con nosotros, Verónica, como es su nombre, era una mujer bien atractiva, unas caderas redondas y un trasero que resaltaba a simple vista, sus senos se veían no grandes, pero redondos y duros, yo con mi esposa fantaseábamos con tenerla entre nosotros, Verónica se hizo bien amiga de mi esposa y yo me aleje un poco para que se creará confianza entre ellas, al poco tiempo mi esposa le empezó hablar de nuestra intimidad y lo bien que lo pasábamos juntos, ella en cambio su reclamo era que su esposo era solo trabajo y trabajo y las veces que lograban tener intimidad, todo terminaba mal por lo rápido que acababa su esposo, no tenían química en la cama.

    Llegó el cumpleaños de mi esposa e invitamos a Verónica que nos acompañará a comer fuera de la casa, a un restaurant bien conocido, allí conversamos y unos traguitos, al volver a nuestra casa, ya era tipo 11 de la noche, Verónica nos quiso acompañar un ratito antes de irse a su casa, unos traguitos más y la cosa se puso interesante, ambas comenzaron a bailar y moverse, yo solo observaba, mi esposa comenzó a sacarse su blusa y quedó solo con sostén mientras Verónica al parecer se sintió atraída y cada vez más cerca de mi esposa, llegaron a abrazarse y tocarse, ambas quedaron solo con ropa interior.

    Verónica una morena preciosa, mi esposa nunca había insinuado siquiera querer estar con una mujer y sin embargo la besó, acarició y le besó su entrepierna por sobre el calzón, para que les digo mi excitación al verla a ambas, después fue el turno de Verónica, pero ella fue más allá, le quitó sostén y calzones a mi esposa y la lamió y chupo completa, estuvieron en eso como media hora sobre la alfombra, sin lugar a dudas las 2 tuvieron orgasmos por sexo oral entre ellas.

    Mi esposa se acercó a mi y comenzó a bailarme y tocarme, mientras Verónica solo miraba y una que otra vez tocaba a mi esposa, de a poquito se fue acercando y pude saborear lo delicioso de su cuerpo, unos senos duros con pezones pequeños y una vagina depilada y jugosa, nos fuimos al dormitorio y por fin las tuve a las 2, fue excitante, las 2 estaban muy calientes, mojadas a más no poder, entre ambas me hicieron un sexo oral que tuve que contenerme para no acabar en ese mismo momento, a Verónica le lamí y chupe su vagina hasta sentir sus jugos que le corrían por los muslos, mientras ella le acariciaba y chupaba los senos a mi esposa.

    Verónica por un momento se paró de la cama e insinuaba colocarse contra la pared, yo sin más aproveché de girarla y contra la pared , le abrí las nalgas y le puse mi pene entre sus piernas, ella sola lo tomó y se lo coloco en la entrada de su vagina, solo me quedó empujar y de a poquito la fue abriendo, una vagina estrecha y caliente, de más está decir que fue lo máximo disfrutar de su cuerpo, ella se notaba que le gustaba y solo atinaba a quejarse y empujar su trasero contra mi miembro, tuve unas ganas de acabar dentro de ella y llenarla, pero me contuve, pues mi esposa estaba esperando su turno, cuando Verónica pidió descanso, tuve la oportunidad de disfrutar a mi esposa, quien estaba tan o más excitada que lo normal, como por nuestra convivencia diaria yo ya la conocía perfectamente en la intimidad, a los pocos minutos logró su último orgasmo y yo pude acabar.

    En el intertanto Verónica le había avisado a su esposo que estaría con nosotros y que terminando el cumpleaños la iríamos a dejar, que en realidad vivía relativamente cerca, lo que sucedió tipo 2 de la mañana.

    Resumiendo salió todo estupendo y fue nuestro primer trío y el inicio de nuestra vida en el sexo sin compromiso, más adelante vendrían otros tríos e intercambios que son para otra historia.

  • Flor y Carlos (parte 2)

    Flor y Carlos (parte 2)

    Luego de escucharlos coger, continuaba el juego.

    Eric: “¿a qué quieres jugar?”.

    Flor: “¿fueron a cenar?”.

    Belén: “en eso estamos, ¿y ustedes?”.

    Carlos: “Flor se está comiendo el postre jeje”.

    Flor, manda un audio… Por la cantidad de gente en el lugar y como ya habíamos terminado de cenar salimos a un lugar algo escondido del enorme jardín que tenía el hotel.

    Belén puso el audio y se escuchaban los sonidos de la mamada, con bastante saliva y al parecer la chupada era con un ritmo lento pero intenso, terminando con un “mmm que rica”.

    Antes de que pudiéramos decir algo, Carlos escribe: “y ustedes, no comerán postre?”.

    Mi novia me mira, toca mi verga sobre el short, toma su teléfono y escribe en el chat grupal: “por lo que me acabo de dar cuenta mi postre ya está listo y en condiciones de ser devorado”.

    Flor: “y que esperas para devorarlo?”.

    Belén mete su mano bajo mi short agarrando mi verga erecta, me besa intensamente y me comienza a masturbar, olvidamos un rato los teléfonos celulares. Paramos lo que estábamos haciendo y seguimos recorriendo el enorme jardín, nos encontrarnos con un baño del personal de mantención, entramos, ella bajó mi short y se metió mi verga en su deliciosa boca un par de veces luego sacó su celular y puso: “ya me la estoy devorando”.

    Yo: “ambas escriben con la boca ocupada jeje”.

    Carlos: “Flor está sedienta, te mueres lo rico que lo mama”.

    Mi novia toma su celular y sin sacar mi verga de su boca, lee el mensaje de Carlos y me dice: “lo debe hacer rico Flor”.

    Yo: “sí, me da la misma impresión”.

    Mi novia detiene su mamada, me mira a los ojos y me dice: “quieres que Flor te la chupe?”.

    Yo: “estás segura de lo que me estás preguntando?”.

    Me la comenzó a chupar más intenso y me volvió a preguntar: “quieres o no?”.

    Yo: “Sí. ¿Pero estás segura de querer seguir con este juego? ¿Hasta dónde quieres llegar?”.

    Belén: “estoy segura de querer seguir, me tiene demasiado caliente este juego, estoy empapada. ¿Tú quieres seguir?”.

    Yo: “sí, quiero. Pero si en algún momento algo no te gusta o alguno se siente incómodo detenemos todo, ¿bueno?”.

    B: “bueno”.

    En eso escuchamos ruidos cercanos de personas conversando, nos ordenamos y salimos a ahí. Subimos a nuestra habitación. Revisé el celular y había un mensaje de Flor: “escuchamos una puerta, ¿eran ustedes? ¿regresaron?”.

    Yo: “si, acabamos de regresar”.

    Flor: “qué harán? Carlos me lleva un rato comiendo la vagina”.

    Belén: “que buena idea nos diste jeje”.

    Me metí entre las piernas de Belén y le comencé a dar una lamida por los bordes de sus labios, estaba casi escurriendo, cuando le fui abriendo la vagina comenzó a chorrear, estaba realmente caliente. No dejé esperando a su clítoris que ya estaba algo endurecido y le comencé a pasar mi lengua.

    Flor: “¿ya te está dando rico?”.

    Belén: “sí, pero esto hace que me den más ganas de comerle ahora mismo la verga”.

    Flor: “amiga súbete, hagan un 69”.

    B: “que buena idea!”.

    Belén se subió arriba mío con su vagina sobre mi boca.

    Flor: “hicimos lo mismo que ustedes, Carlos tiene la verga sabrosa. Belén, ¿te gustaría verle la verga a mi esposo”.

    Como pude agarré mi celular y me puse al corriente de la conversación, cuando justo mi novia responde: “sí, me gustaría”.

    Flor mandó una selfie de ella con la verga de Carlos casi completa, donde ella le pasaba la lengua por la cabeza de su verga.

    De inmediato le pregunté a mi novia si le había gustado la foto, sin dudarlo me digo que sí.

    Flor continuó la conversación en el chat: “y mi foto?”.

    ¿Lo harás?, le dije a Belén.

    En ese momento veo que mi novia manda una foto, la abro y veo mi verga, al igual que la foto de Flor, Belén salía con su lengua en la cabeza de mi miembro, cual se notaba casi completo.

    Flor: “que ricaaa se ve, me tienta”.

    En ese mismo momento, Carlos envía una foto, al abrirla se ve completamente la vagina de Flor.

    Flor: “qué vergüenza».

    De inmediato hice lo mismo, la vagina rica y jugosa de Belén apareció en primer plano ante los ojos de todos en el chat. Ninguno se consultó el envío de fotos a su pareja y al parecer nadie tuvo problemas con eso.

    En eso escuchamos a Flor gemir, junto con sonidos fuertes de embestidas, no se habían aguantado lo ocurrido y simplemente empezaron a coger.

    Cuando nos dimos cuenta de ello sonó el celular de mi novia, era Flor llamándola. Le contestó, y entre gemidos nos dijo: “no quiero escribir más”.

    Me acosté de espaldas sobre la cama, Belén me pasó su celular con la llamada aún activa, se metió mi pene en su sabrosa vagina y comenzó a cabalgar, muy rápido e intenso, yo tomaba sus tetas con mis manos. De fondo escuchábamos gemir a Flor.

    Quise adelantarme dando un paso más, tomé el celular y activé la videollamada, enfoqué a mi pareja, ella estaba con su cabeza hacía el cielo, por lo que, de primeras no se dio cuenta. Cuando Flor dice: “que rica tetas tienes Belén”. Mi novia se dio cuenta, se puso roja y dejó de moverse, pero sonrió y continuó. Comenzó a jugar con sus tetas hacía la cámara.

    Flor le dijo a su esposo que se la quería mamar, colocó su teléfono en una mesa apuntando la cámara hacía a ellos, con lo cual nos daba un espectáculo de primera.

    Belén también quiso volver a chupármela, tomó ella misma su celular y mientras jugaba con mi pene en su boca miraba atentamente a la cámara. De pronto la llamada se cortó. A los segundos escuchamos la puerta de nuestra habitación.

    “Déjame ir a ver”, le dije a mi pareja. Abrí un poco la puerta, eran Flor y Carlos en bata. Me hice a un lado y pasaron rápidamente.

    Flor me miró la verga aún erecta y dijo: “se ve más deliciosa en directo”. Se quitaron las batas y pudimos apreciar el cuerpo de ambos. Ella era espectacular, delgada de cintura, pero de grandes senos.

    Ella nos tomó de las manos y nos sentó con Carlos en el sofá de la habitación, se puso entre las piernas de su esposo y se la empezó a mamar. Mi novia hizo lo mismo.

    Ambas chicas se comían las vergas con muchas ganas demostrando lo caliente que estaban. Flor me mira fijamente mientras se la mamaba a Carlos, y me hace un guiño. Toma la mano de mi novia y la pone sobre la verga de Carlos. Mi novia me mira sin quitar la mano sobre su verga. Lentamente lo empezó a masturbar mientras su esposa le comía la verga sin dejar de mirarme. Al instante Flor agarró mi verga, todos paramos por unos segundos en señal de aprobación, nadie dijo palabra alguna y seguimos. Ambas dejaron de chupar mientras masturbaban a vergas cambiadas.

    Flor miró a mi novia y le dijo: “mejor nos podemos en la dirección correcta no?”.

    Mi novia me miró y le di mi aprobación.

    Sin perder tiempo, Flor se ubicó entre mis piernas y mi pareja algo dudosa hizo lo mismo con Carlos.

    Flor: “que jugosas están estas vergas”.

    Belén: “están bien gordas”.

    F: “podríamos meterlas a la boca”.

    Yo: “por mí no hay problema”.

    Al terminar de decir eso mi novia comienza a meterse la punta de la verga de Carlos en su boca. Flor nos mira, sonríe y se mete mi verga a su boca, pero a diferencia de mi novia se la mete completa y hasta el fondo, se queda unos segundos así con la boca llena y luego se la saca.

    Flor: “Que ricaaa, tenía muchas ganas de hacerlo”.

    Eso fue un antes y un después, comenzaron a realizarnos un sexo oral de locos, cada cual con su estilo. Mientras mi novia era experta con la lengua pasándola por la cabeza de la verga, Flor daba mamadas profundas, muy rápidas y calientes. Yo estiré mis manos para de una vez por todas tocar las tetas de Flor, tenía los pezones duros. Comenzó a pasar mi verga por sus pezones, se daba pequeños golpes. A continuación, se la metió en la boca una vez más para dejarla aún más mojada y luego se la puso entre medio de sus senos, comenzando una paja exquisita.

    Carlos: “Flor ya está vuelta una puta, aprovéchala Eric”.

    Me puse de pie, con mis manos le armé un moño con su pelo y comencé a cogerle la boca. Carlos hizo lo mismo, tomó a mi novia y le puso su verga completa en la boca.

    Flor: “dame tu teléfono Eric, no traje el mío”.

    Se lo pasé y comenzó a sacar fotos, se lo pasó a Belén para que ella también fotografiara mientras ambas mamaban vergas ajenas.

    “Quiero hacer algo, pero quiero que lo intentes tu primero”, le dijo Flor a Belén.

    Ella tomó a Belén y la hizo arrodillarse entremedio de nosotros, mi novia entendió le mensaje, comenzó a masturbarme mientras se comía la verga de Carlos y luego cambiaba de la mía. Flor que estaba grabando y sacando fotos dijo: “ahora me toca a mí”. Se puso entremedio de nosotros, y le pasó el celular a Belén, pero a diferencia de mi novia, ella me agarró de las nalgas y se metió mi verga muy profunda en su boca hasta que sintió la punta en su garganta, aguantaba algunos segundos y se la sacaba. Al sacársela escurría mucho líquido de su boca, el cual era una mezcla entre su saliva y mi lubricación. Luego, lo hizo con su esposo. Ella estaba muy roja, incluso le salieron algunas cuantas lágrimas, pero tenía muchas ganas de hacerlo. Para continuar, tomó nuestras vergas, sacó su lengua y posando para las fotos nos dio varias lamidas.

    Pasaron varios minutos en esta dinámica de jugar con nuestras vergas en sus bocas, hasta que Flor se puso de pie, nos acercó a los 4 y comenzó a besarse con su esposo, nosotros hicimos lo mismo que ellos. En tanto nos besábamos con nuestras parejas, las chicas tocaban nuestras vergas, pero cambiadas. En eso Flor termina el beso con Carlos y nos queda mirando, me agarra la cara y me besa muy caliente. Carlos sin perder tiempo agarra a mi novia y también la besa. Ambas chicas instintivamente ubicaron nuestras vergas duras entremedio de sus piernas y en contacto directo con la apertura de sus vaginas rozando sus clítoris. Se comenzaron a mover para sentir las erecciones. Eso no duró mucho tiempo, ya que Flor nos sienta en la cama. Luego, agarra a Belén y le da un beso, el cual ella correspondió muy ganosa, el beso fue suave y dulce en un principio, pero luego fue con mucha intensidad, fue muy caliente ver sus cuerpos juntos. Al terminar el beso Flor dijo: “me los quiero coger a todos!!!”.

    Quedamos tan calientes cuando las vimos besarse que Carlos tomó con fuerza a su esposa, la puso en 4 y le metió la verga, se la comenzó a coger con todo. Yo quise hacer lo mismo con mi novia, pero Flor le dijo a Belén: “acuéstate acá”.

    Mi novia fue, Flor la tomó de sus caderas y puso su vagina casi en su cara.

    Flor: “quiero probar esto”.

    Belén agarró a Flor de la cabeza y la sumergió en su vagina, ella comenzó a comerla con muchas ganas mientras Carlos se la cogía lentamente.

    Mientras Belén gemía, yo acercaba mi verga a su boca, entre gemidos la comenzó a chupar.

    Carlos me pide que me acerque, saca su miembro dentro de Flor y me deja la vagina de su esposa a mi merced, “cógetela”, me dice en voz baja, casi imperceptible.

    La tomé de los hombros y sin avisar le metí la verga a Flor, ella se dio cuenta altiro, miró hacia atrás para confirmar sus sospechas, comenzó a gemir muy fuerte, aumenté la intensidad de la cogida y esos gemidos se convirtieron en gritos.

    Mientras tanto, mi novia contemplaba la escena estirando su mano para agarrarle la verga a Carlos.

    Carlos miró a Belén y le dijo: “te voy a coger, abre las piernas”, ella no se hizo de rogar y giró cambiando de posición apuntando su vagina hacía él. Le metió la verga repetidas veces, al rato subió las piernas de mi novia hasta ponerlas alrededor de su cuello y la comenzó a penetrar muy profundo, con sus bolas chocando con la entrada de su vagina, se escuchaban fuerte las embestidas y los gemidos de ambos.

    Yo continuaba dándole a Flor en 4, mientras ella se acercó a mi novia y le robó un beso bien intenso interrumpido por las cogidas que les estábamos dando.

    Flor se giró bruscamente y ahora me besó a mí, se arrodilló y se metió mi verga a su boca hasta topar con su garganta, lo hizo un par de veces más y me empujó a la cama, volvió a mamar mi verga, dejándola listo para montarme, me dio la espalda mientras veía mi verga desaparecer dentro de su vagina. Empezó con pequeños saltos, para luego soltar sus caderas con movimientos de adelante hacía atrás.

    Las 2 parejas estábamos con la calentura al máximo, cogiendo como locos.

    De repente Flor se frena y con bastante brusquedad nos dice: “no dejaré pasar esta oportunidad para hacerlo”.

    Todos detuvimos lo que estábamos haciendo y pusimos nuestra atención en ella. Flor me pone un preservativo que sacó desde su bata, y sin darme opción se comienza a meter mi verga, pero esta vez por su ano. Fue lentamente y sin apuro, le costó un poco y cuando llegó a metérsela completa dio un suspiro.

    Al pasar los segundos se fue acostumbrando a la sensación y su intensidad fue en aumento, ya en confianza con la penetración empezó a frotar su clítoris con sus dedos mientras disfrutaba de una verga en su ano.

    Carlos: “¿quieres seguir tu plan?”.

    Flor le hizo un gesto a su esposo para que se acercara. Carlos se sube y le comienza a meter el pene en su vagina. La sensación fue extraña, pero para su esposa fue el éxtasis, sentimos su cuerpo temblar, ella comenzó a moverse con mi verga en su ano, al mismo tiempo que su esposo le comenzaba a coger la vagina, ella gemía muy contenida y pedía que siguiéramos. Luego de algunos pocos minutos Flor comenzó a acabar.

    Mi novia que tenía otra perspectiva visual me contó algunos días después lo siguiente: “Flor estuvo moviéndose lentamente mientras ustedes estaban en su interior, cuando se dispuso a acabar, estuvo con los ojos en blanco, daba pequeños saltos. Cuando ya no se pudo contener le dijo a Carlos que se saliera, se frotó si es que 3 veces su clítoris con sus dedos y con tu verga aún en su raja comenzó a tener un fuerte orgasmo que se escuchó muy fuerte”.

    Belén que estuvo frotando su clítoris sin parar durante todos esos minutos notó que estábamos con las vergas y las bolas hinchadas a más no poder, se arrodilló ante nosotros y comenzó alternadamente a darnos su mejor mamada de la vida.

    Flor tendida en la cama miraba la escena y nos dijo: “denle toda la leche, que no se desperdicie ni una gota”.

    Carlos no dio más y dijo: “ya estoy”, mi novia se metió toda su verga quedándose con toda la leche, luego de algunos segundos la sacó de la boca, la chupó un par de veces más y la dejó limpia.

    Luego continuó conmigo. Sin pensarlo la agarré de su pelo y le cogí la boca con fuerza, fueron varios chorros calientes hacía su garganta, al terminar Flor fue a besarla intensamente y le dijo: “que rico, sabes a leche”.

    Continuará…

  • Mi primer par de tetas. Una cogida épica

    Mi primer par de tetas. Una cogida épica

    Sentada en la mesa del comedor en un día de verano. Aprovechando que trabajo completamente desde la casa, me siento cómoda en un top de tirantes y unos shorts que apenas alcanzaban a cubrir mis nalgas. Estoy descalza, con mis uñas pintadas de un suave color rosado. Mis largas piernas, perfectamente depiladas, están cruzadas bajo la mesa. Mis manos cuidadosamente manicuradas, se deslizan por el teclado de mi laptop. Mi cabello rubio es corto, estilo pixie, lo cual me da un alivio ante el intenso calor.

    Suena el intercomunicador. El conserje me informa que un paquete ha llegado para mí e insiste en subir a mi departamento a dejarlo.

    Lo recibo con una sonrisa. Abro la puerta lo suficiente para que él pueda mirarme de cuerpo entero, pero nadie más en el pasillo. Es un hombre de unos 50 o 60 años, amable, caballeroso, respetuoso y que no pierde una excusa para tocar a mi puerta. Me tiene ganas desde el momento que me vio. Es inofensivo, así que lo dejo mirar a sus anchas.

    No soy una mujer de nacimiento, pero con la dieta y ejercicio que moldeado un cuerpo tonificado y femenino del que me siento orgullosa. No he querido buscar ninguna cirugía, pero la curiosidad y el morbo de sentirme con unos pechos femeninos me carcome. El paquete contiene mi primer par de senos de silicona.

    Me desvisto inmediatamente y corro a probármelas. Son copa G, deliciosamente enormes y pesadas. Para una copita B o D, me hubiera puesto unos rellenos de silicón. Las quería grandes, que se sientan y se luzcan. Que provoquen lujuria pura.

    Son exactamente de mi color de piel y se usan como un strapless, de manera que se ajustan perfectamente a mi pecho. Puedo moverme con total libertad, y mis tetas se mueven exquisitamente conmigo.

    Tengo preparado el atuendo perfecto para estrenarlas. O más bien, para que mi hombre las estrene. El momento es ideal, pues tengo unos 30 minutos antes que él llegue.

    Me pongo un bikini de lunares, con una tanga que no cubre nada mi culito, apenas un triangulito que tapa el frente. La parte de arriba apenas sostiene mis nuevas joyas. Sandalias de tacón de 12 cm completan el look.

    Estoy en la cocina cuando llega mi amor, me saluda desde la puerta y cuando entra, me encuentra de espaldas a él, y así le converso causalmente mientras preparo la comida. Por supuesto al entrar ve ese culo mío con el que tanto ha gozado, completamente a vista y disposición suya; y como todo hombre de sangre caliente, se acerca decidido a agarrarme las nalgas con sus manos grandes y callosas. Con ambas manos ahí, aun no descubre la sorpresa.

    Finjo un sobresalto (pues es justamente lo que esperaba) y aún de espaldas, volteo la cara para besarlo tiernamente, mientras meneo mi cola contra su pene. Ya está despierto, solo tiene que salir a jugar.

    Sus manos en mis caderas, mis labios en los suyos, con una mano libero su pija y me la pongo en mi hoyito.

    Una de sus manos sube por mi torso y se encuentra con mis nuevos senos. El efecto es inmediato. Esa es su sorpresa, ahora viene la mía.

    Sus manos se aferran salvajemente a mis pechos. Con lo que solo puedo describir como un bramido digno de un gorila en celo, su pija que hasta hace unos segundos entraba suavemente en mi agujerito, me ensarta hasta el fondo, levantándome completamente. Mis manos buscan apoyo, pero no lo necesito. Me tiene a su merced. Si me la saca, me caigo, pues solo su pija me sostiene, pero en este momento siento que esta tranca nunca más saldrá de mi.

    Me coge como una bestia, poseído, follando mi culo a placer mientras me estruja mis bellos senos como si su vida dependiera de ello.

    Me hace girar en su tremenda pija, quedando por fin cara a cara. Sin detener su bombeo, me besa apasionadamente. Esos besos en que las lenguas se mezclan y confunden, muerdes los labios, donde más que besar, quieres simplemente saborear completamente a tu amante.

    Con mis piernas abrazo su cuerpo, sus manos en mis nalgas, mis manos abrazando su cuello, mis nuevas tetas rebotan al ritmo de las embestidas.

    Mi primer orgasmo no tarda en llegar. Ese temblor en todo mi cuerpo, el grito que no logra salir, los ojos en blanco, la “O” en mi boca que nunca miente… Y mi macho me aferra aún más fuerte y me ensarta con firmeza.

    Me recupero, apenas, y lo miro directamente a los ojos. Sonrío mordiéndome el labio, y con mis piernas lo aprieto más hacia mí. Siento como si mi ano se envolviera alrededor de su pija, apretándola, aprisionándola. Me hace suya, y él es mío.

    Me coloca de espaldas en la mesa, mis piernas sobre sus hombros, sus manos en mis pechos. Acostada dejo caer mi cabeza hacia atrás, mis brazos estirados, mirando el techo mientras me siento en el cielo. Completamente entregada, lo dejo hacer mientras me da el mejor sexo de mi vida.

    Por un segundo me la saca, por un segundo me siento vacía, y justo cuando lo miro desafiante, me la vuelve a clavar con nuevos bríos.

    Un orgasmo increíble me invade, infinitamente mayor que el primero. El terremoto sacude mi cuerpo, contrae mi ano y me deja sentir todas las venas de la pija de mi hombre, que en ese momento libera una violenta explosión. Su semen me llena completamente, mis manos se aferran a sus nalgas, garantizándome que ni una gota irá fuera de mí.

    Nuestros gritos de placer se fusionan, el macho conquistador, la hembra satisfecha.

  • Desearía ser yo

    Desearía ser yo

    Tengo ganas de contarles un secreto, algo que no me animaría a contar sin un seudónimo que proteja mi identidad. Cuando el novio de mi Roomie se queda a dormir en el apartamento sé que será una noche de provecho para mí.

    Ella es mucho más joven que yo, pero por el azar del destino terminamos compartiendo vivienda, pues estudia en una universidad que está muy cerca de mi lugar de trabajo, es funcional para ambos y ninguno se mete con el otro. En los últimos dos años nuestra relación se limita a saludarnos cada mañana o conversar sobre situaciones puntuales del apartamento como averías o mejoras.

    Nunca le he dicho o insinuado absolutamente nada, ni lo haré, pero me vuelve loco verla caminar con esas piyamas cortas que quieren explotar en su trasero con cada paso que da. Es pequeña de estatura, pero con unas caderas de infarto que se contornan en esa cintura que me hace pecar. Y esa cabellera roja, colochos desordenados en su rostro lleno de pecas, uff, me transforma la cabeza. Ayer fue la primera vez que casi caigo en evidencia, pues salió de su habitación con una blusa abierta en el frente, sostenida solo por un pequeño cordón que la unía en sus tetas, esas tetas grandes y redondas. Fue imposible para mí no voltear a verle. Es una joven deliciosa.

    En fin, yo disfruto mucho cuando llega su novio a dormir a la casa. La primera vez que pude verles coger fue en una madrugada de diciembre. Llegué al apartamento a eso de las 3:30 am y cuando abrí la puerta salieron corriendo, desnudos ambos, hacia la habitación. Pero los segundos que vi ese trasero correr han sido mágicos para mí.

    La segunda vez fue cuando entré al cuarto de baño a darme una ducha y ellos que, habían entrado antes, pues no cerraron con llave. Entré y la encontré de rodillas en la ducha dándole una mamada mientras él tenía la cabeza hacia atrás, con el rostro en el agua. ¡Qué envidia le tengo!

    En todo caso, en las noches no es que dejan nada a la imaginación. Ella gimiendo sin reparo y pidiendo pinga con un lenguaje tan sucio y obsceno que me hace dudar que sea la misma que me saluda cada mañana. Hace unas noches le gritaba, le exigía, le pedía que le escupiera en la boca y le halara del cabello, que la castigara por ser tan perra.

    Tenemos la habitación al lado, es claro que cada vez que su novio llega, yo me preparo para tener una noche de masturbación y leche. Nos separa una pared, pero desde donde me estoy masturbando puedo sentirle el aliento. Desearía ser él, desearía ser yo quien chupa esas tetas mientras lo cabalgan, desearía ser yo el que la ponga en cuatro y le deje ir mi furia y demostrarle toda la lujuria que me produce ese culo. Desearía ser yo…

  • La casa de Sénet (capítulo 3): Trío hipnótico

    La casa de Sénet (capítulo 3): Trío hipnótico

    Ricardo esperaba en una alcoba en la segunda planta de la Casa de Zénet. Había disfrutado de las siete horas de placer con Nataku y ahora tocaba el segundo macho.

    La puerta se abrió lentamente y escuchó los pasos descalzos de Mendosa entrar a la pieza. Su respiración profunda y pausada encantó a Ricardo, al tiempo que el argentino se colocaba delante suyo

    El muchacho ciego sujetó a Mendosa de las caderas y palpó que sólo traía puesto el bañador. –“Encuerado 48, duerme y sé un zombi”. Obedéceme eres mío.-

    Dijo Ricardo a la vez que le rompía el traje de baño.

    -Soy el esclavo encuerado… Y obedeceré… Estoy encuerado y obedeceré… Soy un zombi encuerado y obedeceré… Estoy hipnotizado… Un zombi encuerado… Un zombi hipnotizado, encuerado… Obedeceré… Obedeceré…-

    Repitió el argentino perdido en su trance.

    Ricardo comenzó a palparlo, besarlo, chuparlo. Deslizó sus manos a lo largo de las perfectas piernas de Mendosa y jugueteó con el miembro del encuerado argentino, mientras este gruñía preso de la satisfacción.

    -Marcus me dijo que podía profundizar en ti la hipnosis y que de hecho era algo recomendable y eso haré. Sobre la cama hay un conjunto de ropa para ti, sé que no te gusta usarla, pero es una orden. Póntela.-

    Dijo Ricardo, mientras daba de palmadas en la cama.

    Mendosa no osó rechazar la orden y comenzó a vestirse. En realidad sólo se trataban de un traje de baño de licra, geans, una camiseta y unos mocasines. -Listo Señor… Estoy listo para…-

    Ricardo puso su mano en la boca. -No te di permiso para hablar, sólo debes hablar cuando yo te lo mande. Ahora, vamos hacia tu habitación especial. Quiero que me lleves hasta allí, pero en cada sección de la casa que atravesemos quiero que te quites una prenda, me beses y digas: “Estoy encuerándome, y al encuerarme caigo más en trance, más en la hipnosis. Quiero que sólo te dejes el bañador. ¿Entendiste?-

    -Si, entendí… Sssi.-

    Respondió Mendosa.

    -Y como cada vez que te encueres quiero que profundices tu hipnosis, y al final te quiero tan profundamente hipnotizado que serás todo un zombi como ordenó tu Amo Marcus.-

    Pidió Ricardo.

    -Sssi… Señor… Obedeceré…-

    Contestó Mendosa con su cabeza caída hacia un lado.

    -Bien comencemos, llévame a tu habitación especial, guíame, vamos guapo.-

    Dijo Ricardo.

    Mendosa lo tomó del brazo y comenzó a guiarlo. Una vez salieron al corredor se deshizo de los mocasines al sacárselos de un punta pie y se inclinó para besar a Ricardo. -Estoy encuerándome… Y cada vez que me encuero… Caigo más en la hipnosis… Más en el trance…-

    Dijo el sometido y sexi argentino.

    Después subieron las escaleras y cuando alcanzaron el descanso, se quitó los geans. -Estoy encuerándome, y mientras me encuero, caigo más en la hipnosis… Más en el trance…-

    Murmuró Mendosa, mientras besaba a su cliente.

    Ricardo palpó con lujuria las piernas desnudas de Mendosa; apretó sus muslos, dio varias nalgadas al argentino y se apoderó una y otra vez de sus labios, mientras las erecciones de ambos chocaban.

    -Eres magnífico, sigue, sigue.-

    Pidió el ciego.

    El argentino lo llevó a la tercera planta de la casa y lo guio a lo largo de un corredor, donde se sacó la camiseta y repitió una vez más la instrucción.

    Entonces Alfonso salió de una de las puertas, completamente desnudo y con el hipnocopio en su mano. -Aquí estoy señor Ricardo… Mendosa debe mirar el hipnocopio antes de seguir con usted… Son órdenes de mi Amo…-

    Dijo el español.

    -Sí, sí, puedes activarlo, Marcus ya me explicó. Mendosa, abre tus ojos y mira el hipnocopio. Míralo y cae totalmente en el trance. Quítate el bañador y queda encuerado por completo, hipnotizado por completo.-

    Ordenó Ricardo, mientras le ayudaba a quitarse el bañador.-

    Mendosa obedeció. -A es un círculo que hipnotiza… Yo… Yo… estoy encuerado…. Soy un zombi encuerado y obedeceré… Obedeceré… Estoy hipnotizado… E hipnotizado soy gay… Encuerado soy gay… Totalmente hipnotizado… Totalmente encuerado… Obedeceré…-

    Repitió Mendosa con las luces del hipnocopio sobre sus pupilas.

    -Listo… Señor… El trance ha sido reforzado… Mendosa está en la profundidad total…. Mi Amo Marcus estará complacido… Yo estoy sonámbulo y desnudo y estoy listo para obedecer… Yo también haré lo que usted diga…-

    Dijo Alfonso perdido en su sonambulismo.

    -¡A la mierda!, voy a usarlos a los tres, Alfonso trae a James por favor y pídele a Marcus que venga, quiero pedirle permiso para algo. Ve, anda.-

    Indicó Ricardo.

    Alfonso acató la orden y salió de la habitación. Entre tanto Ricardo se apoderó del desnudo Mendosa y lo exploró a placer. Pellizcó sus piernas y mordió su fuerte pectoral. Mendosa correspondía a cada toque y besaba al cliente ciego sin nada de decoro. El argentino jadeaba y disfrutaba de ser usado por su cliente, hasta el momento en que la puerta se abrió e ingresaron James, Alfonso y Marcus.

    -¿Todo bien amigo?, ¿Estos putos zombis han hecho algo que te molestara?

    Inquirió el malvado Marcus Krauss.

    -No, ¿qué va!, estoy más que complacido. Quería pedir tu permiso para utilizar el hipnocopio con ellos tres. Sé por lo que me comentaste que Mendosa y James ya están dominados por el hipnocopio, pero sé que Alfonso está sonámbulo. Sabes que mi gran fetiche siempre ha sido el control mental y quiero con tu permiso ponerlos en un trance muy muy profundo y así usarlos. A Nataku ya lo disfruté, pero a ellos tres quiero usarlos a la vez, y totalmente en trance, sé que ya están hipnotizados, pero…-

    Marcus lo interrumpió al ponerle la mano en el hombro. -Entiendo lo que quieres decir, por eso somos amigos. Sí, pero tengo que ayudarte a eso, yo sostendré el hipnocopio, y podrás dar instrucciones, ya sabes sólo instrucciones para inducirlos en sus trances más y más y después ordenarles en el aspecto sexual lo que quieras y allí ya te dejaré solo para que sigas. ¿De acuerdo?-

    Preguntó Marcus, mientras tenía una mano sobre la desnuda espalda de Mendosa y otra sobre la de Alfonso.

    -Vamos, entonces. Claro, claro. De hecho para que no me equivoque, dales tú las instrucciones de inducción y déjamelos listos para usarlos.-

    Marcus sonrió perverso y tomó el hipnocopio en sus manos. -De acuerdo. Alfonso, Mendosa, James abran sus ojos y miren el disco, mírenlo y caigan en el trance, yo soy el disco, yo soy el disco, yo soy su Amo Marcus. Miren el disco y duerman más. Alfonso sé más sonámbulo, más dormido Kaligari. Mendosa, encuerado e hipnotizado. James duro e hipnotizado, sé un zombi. Los tres ya están hipnotizados y ahora caigan en trance más profundo., duerman más-

    Mandó Marcus, mientras activaba y alzaba el hipnocopio.-

    Los tres abrieron sus párpados y clavaron la mirada en el hipnocopio. Las pupilas de Alfonso se tornaron rojas y su cuerpo se volvió totalmente rígido. James no dejaba de ver el disco giratorio, pues era el más acostumbrado a su influencia. Mendosa reflejaba el disco en su extensión y movía su cabeza para seguir su movimiento.

    -Bien, así, alcen sus brazos, sus brazos son dos duros hierros. No dejen de mirar el disco. Ricardo tocará sus brazos y cuando los toque, sus brazos serán de hierro y estarán arriba.-

    Dijo Marcus, a lo que el ciego tocó los brazos de los tres y cada uno alzó sus brazos.

    -Bien, ahora, voy a pedirles que cuando diga 1, cierren sus ojos, cuando diga 2, los abran nuevamente y miren el disco con firmeza y cuando diga 3, dejen caer los brazos y se sumerjan totalmente en un trance como nunca antes. Totalmente sonámbulo Alfonso, totalmente hipnotizados James y Mendosa. Ahora vamos. 1, 2, 3, 1, 2, 3, 1, 2, 3, ¡abajo los brazos, cierren sus párpados y duerman, duerman, duerman! ¡sonámbulo Alfonso, Kaligari”, “Hipnotizado y encuerado”, “Novio Zombi””. ¡Ahora duerman!-

    Ordenó Marcus.

    -Ese es un círculo que hipnotiza… Yo… Yo… Soy un sonámbulo… Soy un zombi sonámbulo y obedeceré…Haré lo que me digas… Estoy en trance… Sonámbulo… Dormido… Duermo Profundamente… Sonámbulo… Hipnotizado…-

    Repitió Alfonso.

    -Ese es un círculo que hipnotiza… Encuerado cada vez más estoy en trance… Totalmente en trance… Yo estoy encuerado e hipnotizado… Yo obedeceré… Soy un zombi encuerado y obedeceré…-

    Afirmó Mauro Mendosa.

    -Ese círculo… Ese círculo… Me hipnotiza… Hipnotiza… Yo soy un novio zombi, un zombi y obedezco tu voluntad… Soy un zombi… zombi… zombi…-

    Aseveró James.

    -Bien, ahora continúen en su trance profundo y obedezcan a Ricardo, por las horas que le quedan, le quedan 30 horas, obedezcan zombis.-

    Mandó Marcus.

    -Sssi… Somos zombis y obedeceremos…-

    Dijeron los tres al unísono.

    -Listo, Ricardo, están sumergidos en la profundidad hipnótica, en el caso de Alfonso es el más hipnotizado, porque él ya estaba sonámbulo y ahora también está hipnotizado. Puedes hacer con ellos lo que te plazca. Te dejo para que sigas con tu festín, si quieres a Nataku, basta con que aprietes el timbre que está en la pared y vendrá con ustedes.-

    Dijo Marcus mientras abandonaba la pieza y estrechaba las manos de Ricardo.

    -James, quítate la ropa, te quiero desnudo como los demás, los zombis no deben usar ropa.-

    Dijo Ricardo.

    -Los zombis no deben usar ropa… Sssi… Debo quitarme la ropa… Debo, quitármela… Quitármela… Debo quitármela… Estar desnudo… Sí, Señor… Soy un zombi y debo quitarme la ropa…-

    Dijo James mientras se sacaba su conjunto y lo dejaba caer al lado de la cama.

    -¿Te gusta quitarte la ropa James?-

    Cuestionó Ricardo, mientras se quedaba con la camisa del alemán.

    -Sssi, me gusta sacarme la ropa… Me gusta ser tu novio… Tu esclavo… Tu zombi…-

    Dijo James, mientras se sacaba los zapatos.

    -Alto, alto, déjate los zapatos y el resto de la ropa. Aguarda. Alfonso, Mendosa, quítenle la ropa y quiero que se lo cojan, se lo cojan los dos y después James, quiero que tú me cojas a mí, y mientras te cogen, quiero que digas que eres un novio zombi. ¡Quítenle la ropa y cójanselo!-

    Demandó el muchacho ciego.

    Alfonso sujetó con violencia a James, mientras Mendosa le arrancaba los pantalones y le rompía el bóxer. Alfonso lo arrojó contra la cama y sin dudar lo penetró de una sola estocada rudo y salvaje, mientras Mendosa le daba una poderosa mamada.

    -Yo soy tu novio zombi… Soy un zombi… zombi… Un novio zombi… Zombi…

    ¡AAAAAH, SOY… UN ZOMBI… AAAH… SOY UN ZOMBI!-

    Gritó James al ser envestido una y otra vez por la dura verga de Alfonso y al ser duramente succionado por la hábil boca de Mauro Mendosa, que de rodillas no dejaba de atacar el miembro de su compañero.

    Ricardo entonces se arrodilló también y comenzó a masturbar la Berga de Mendosa, que gimió al contacto.

    -¡Soy un zombi!, ¡soy un zombi!-

    Gritaba James en el culmen del placer y mientras el semen de Alfonso llenaba su culo y su propia Berga lanzaba poderosas descargas en la boca de Mauro Mendosa.

    El argentino gruñó presa de un doble orgasmo cuando la mano de Ricardo lo llevó al placer y cuando los dedos del ciego también frotaron su próstata.

    -¡Estoy encuerado, hipnotizado… Hipnotizado soy homosexual!… Obedeceré…-

    Dijo Mendosa con la boca llena por el esperma de James.

    -Soy un sonámbulo… Un esclavo sonámbulo… Y soy homosexual… Disfruto tener sexo con otros hombres… Estar sonámbulo es un honor… Ser usado es un privilegio… Estar desnudo y ser utilizado como un prostituto me complace… Estoy sonámbulo… Estoy sonámbulo… Sonámbulo…-

    Repitió Alfonso mientras se abrazaba a Ricardo y atraía a Mendosa también a la cama.

    James se unió y entonces el muchacho quedó acostado sobre Alfonso y Mendosa, mientras James a un costado se apoderaba de sus labios.

    -Yo soy un zombi… Soy tuyo… Por favor, úsame… Déjame complacerte mi Señor… Déjame cumplir tu orden y hacerte disfrutar…-

    Repitió el hipnotizado alemán.

    -No, mi Señor… Déjame a mí… Yo soy el capataz de estos perros… Yo estoy sonámbulo… Y sonámbulo tengo sexo con quien mi Amo ordene… Tú eres mi cliente… Yo soy tu sonámbulo prostituto… Y déjame hacerte partícipe del sexo… Yo soy sonámbulo… Tener sexo para mi Amo Marcus es un honor… Tener sexo con quien mi Amo ordene es un privilegio…-

    Dijo Alfonso mientras empujaba a los otros para quedar solo con Ricardo.

    -Tú me convenciste, eres el segundo que más me ha gustado, después de Nataku. ¡Eres todo un macho papacíto!, ven conmigo y enséñame lo que haz aprendido del Amo Marcus. Cógeme. Y mientras él me coge, ustedes no dejen de repetir que son zombis, recuerden que son esclavos, unos miserables esclavos. Putos prostitutos de mierda, están hipnotizados, son zombis y prostitutos.-

    Dijo Ricardo.

    -Yo estoy sonámbulo… Soy un zombi sonámbulo… Un prostituto y disfrutarás de mí… Lo harás… Yo complazco a los hombres y los clientes de mi Amo… Tener sexo contigo es un privilegio… Complacerte es un honor… Úsame… Disfrútame… Soy tuyo… Soy un zombi sonámbulo y soy tuyo…-

    Repitió el castaño.

    Ricardo lo sujetó del hombro y pronunció su comando. –“Somnámbulo“, ahora duerme más y cógeme, cógeme con todo lo que tienes zombi.-

    Pidió Ricardo con voz ronca.

  • Infiel por mi culpa. Puta por obligación (7)

    Infiel por mi culpa. Puta por obligación (7)

    7. Buenas razones.

    — ¿Y entonces después de todo, ahora vienes a restregármelo en la cara? —La enfrento aparentando tener confianza pero por ahora carezco de ella, pues estoy muy nervioso y obviamente arrepentido por lo sucedido. Mariana incluso da un paso hacia atrás, ya que con seguridad he colocado mi pose de pitufo gruñón, cruzado de brazos y ceño fruncido, espantándola. No es mi intención pero es lo que mi conciencia me dicta.

    —No mi cielo, en serio que no vine a eso. ¡Para nada! —Le hablo con cariño y extrema delicadeza, –pretendiendo reconducir la situación– pues me da la impresión que de no hacerlo así, se me puede ir de las manos he intento tranquilizarlo. Camilo descruza sus brazos y termina de beber el poco aguardiente que estaba en el fondo de su copa.

    —Digamos que no te vine a ver con la mentalidad de juzgarte ni a requerir de ti, más explicaciones. Lo asumo porque yo me lo busqué, cuando se lo propuse a ella a tus espaldas. Lo de Iryna, sinceramente si me sorprendió, pero ella al confesármelo, se mostró conmigo muy arrepentida, aunque para ser sincera, yo pienso que llevaba un tiempo obsesionada contigo. Eso fue el día que se enteró que había decidido venir a buscarte y le pudo el remordimiento. —Camilo despliega su brazo y extiende frente a mí el vacío recipiente.

    — ¿Y quién se lo dijo a ella? –Le pregunto a Mariana.

    — ¿Qué? ¿Lo del viaje? —Me responde de inmediato sin mirarme.

    Se sirve primero y luego cae en cuenta de que mi mano aún la tengo estirada y me mira con ese par de cielos azules bien abiertos, para luego achinarlos, arrugar su nariz y poner esa carita de niña consentida que tanto me derrite, adornándola con su perfecta sonrisa, alza los hombros para luego bajarlos y por fin deja caer con suma precisión, el chorro de aguardiente en mi copa.

    —Fue Natasha. Pero no quiero saber nada más, salvo que tú… ¿Me lo hubieras confesado? —Camilo ladea su cabeza y de nuevo se da la vuelta, para mirar hacia la piscina, –bajo el marco de la puerta de madera– por algo que le ha llamado la atención.

    — ¡Hey, Johann!… Ah, ah. —Le pego un grito, moviendo mi dedo índice de izquierda a derecha en el aire, para hacerle saber que lo he visto y así evitar que siga con su espectáculo.

    Siento como Mariana se me acerca por detrás, pegándose a mi costado y curiosa asoma su cabeza. Para disminuir el impacto del sol al salir del oscurecido interior de la cabaña y usa su mano derecha como visera, observando al horizonte. Intenta averiguar de qué se ha perdido pero la acción ya la he interrumpido, y los dos alemanes van tomados de la mano hacia el interior de la casa, con las toallas atadas a la cintura. Entonces me toma del antebrazo y me pregunta…

    — ¿Qué pasó? —Yo levanto los hombros y me dispongo a aclararle la película.

    —Pues que… «Bueno es cilantro pero no tanto». Estos dos que se estaban empezando a calentar demasiado y me di cuenta de que Johann, se la estaba chupando a Nikolaus.

    — ¿Es en serio? — Dice Mariana sorprendida. Lleva una mano a su boca entreabierta y endereza la espalda. Entonces levanto los hombros, tuerzo la boca y le expongo mi punto de vista.

    —Pues sí. Y una cosa es permitir que se doren como pollos en asadero, las nalgas y las pelotas, pero otra muy distinta es aceptar que sus demostraciones de afecto sean tan subidas de tono.

    — ¿Te imaginas donde los hubiese llegado a pillar Kayra? Esa mujer es capaz de agarrarles por las vergas y hasta de cortarles los testículos con su cortaúñas. —Finalizo mi comentario y me dirijo hacia el interior de la cabaña, dejando a Mariana allí, pensativa.

    —Disculpa. ¿Qué me decías? —De nuevo pregunto pues no le presté demasiada atención. No me responde y entonces observo como Mariana sigue en la puerta, riéndose a carcajadas. ¡De seguro que se debe estar imaginando la escena!

    —… ¿Melissa? —Al pronunciar su nombre, ella me mira y de a poco deja de reír. Levanta su brazo derecho, extendiéndolo hacia mí, solicitándome un momento para respirar y poder hablar.

    — ¡Olvídalo, olvídalo! Ehmm… Estoy aquí para confesar mis culpas y poner la otra mejilla. Si quieres contarme algo de eso o pedirme perdón, hazlo después de conocer… de saber lo que hice. —Le digo con algo de recelo.

    Camilo asiente positivo y en silencio se dirige hasta su habitación. Desde aquí, de pie aun en la entrada puedo escuchar que abre y cierra cajones buscando algo. Y luego de unos momentos regresa hasta ponerse en frente mío, con un objeto negro en su mano.

    —Hará bastante calor Melissa, y como ves aún no he comprado el bendito ventilador. Podemos seguir hablando afuera en el porche para estar más cómodos. ¿Te parece? Ten, esto es tuyo. —Y le entrego el práctico abanico plegable de ébano, estampado con vistosos caracteres japoneses dorados que un día le ofreció un vendedor ambulante en el muelle, observando como atracaban los cruceros, junto a nuestro pequeño Mateo.

    — ¡Lo guardaste! Gracias mi cielo. —Le digo al recibir mi abanico y extenderlo para darme un poco de refrescante brisa.

    — ¡Me parece perfecta tu idea! Déjame colocar aquí la mesita de madera y traer la nevera portátil para enfriar nuestras bebidas… ¿Aun tienes hielo? —Le pregunto. Y entonces reparo en que es extraño para mí, para él quizás también, esta muestra de familiaridad.

    —Hummm, creo que no pero en la cocina de la casa debe haber. ¡Ya regreso! —Le digo a Mariana y del piso en nuestra cocina… ¿Nuestra? Ufff, en fin. Termino de recoger la pequeña nevera por los costados, cargándola conmigo en dirección a la casa, y dejo a Mariana acomodar junto a mi silla mecedora, la mesita redonda.

    —Joven Camilo… ¿Qué se le ofrece por aquí? —Indaga curiosa mi negra hermosa cuando me ve ingresar a la cocina por la puerta posterior. La veo apurada sirviendo el desayuno para nuestros huéspedes.

    —Solo un poco de hielo, Kayra. Necesitamos enfriar las botellas y… yo hacer un poco de tiempo para romper la tensión del momento, esa es la verdad. ¿Aún no llega Maureen? —Le pregunto a Kayra, mientras del congelador tomo dos bolsas de hielo picado.

    —Me alegra que se lo estén tomando con tranquilidad. Siempre hay que hablar cuando existen problemas en la pareja, pero lo mejor mi niño, es empezar reconociendo los de uno mismo. Vaya para allá y se desahogan, pero no se me vayan a exceder con los tragos. ¿Okey? «Mucho alcohol entumece la entendedera y afloja aparte de otras cosas, la lengua» ¡Jajaja!… ¿Maureen? Esa bendita muchacha me salió igualitica a su padre. ¡Demorada para todo! —Me responde como siempre, risueña y despreocupada.

    Le hago caso y cuando estoy por atravesar la puerta, la escucho preguntarme…

    —Mi niño… ¿Sí estaba Dushi la limonada? ¡Oopss!

    Sin contestarle, atravieso por el costado izquierdo el borde de la piscina y me doy cuenta de que Mariana en el porche, ha sujetado de los ganchos la hamaca colgante de tela, donde William suele echarse la siesta después de almorzar y sobre la mesa está colocada la botella de aguardiente, nuestras copas 10°, las cajetillas de cigarrillos separadas por el cenicero de plata en el medio y su mechero Clipper. No la veo fuera y al empezar a ascender el primero de los tres escalones de madera, por la ventana abierta de la sala, observo solo su cabeza. ¿Qué hace?

    ***

    Mientras regresa camilo, acomodo la mesita y me doy mañas para colgar bajo el alero de la entrada, la colorida hamaca de William. Necesito crear un ambiente sosegado para poder relatarle mi historia sin que se le alteren los nervios, aunque preveo que con lo que va a escuchar, le van a explotar las neuronas. Así que, si Camilo se acomoda aquí, balanceándose, espero que se relaje lo suficiente y no me vaya a mandar de buenas a primeras a la mierda. ¡Dios mío, dame valor! Y a mi esposo templanza.

    ¿Música suave ayudará? Sí, pero… ¿Cuál? ¡Tal vez la que hace semanas atrás me pasó Naty a mi teléfono!… Solo espero no volverme un ocho para conectarme al pequeño equipo de sonido.

    — ¿Necesitas ayuda en algo? —Le pregunto al verla agachada manipulando el mini componente de sonido, mientras voy echando dentro de la nevera, las otras cervezas, un litro de Coca Cola y la botella de Ron.

    —Ehhh, pues la verdad que sí. No he podido emparejar mi móvil con este aparato. Me colaboras… ¡¿Please?! —Le respondo sin voltear a verlo pero luego al acercarse me roza con el pecho mi espalda y de su cuello, aparte de su cálida respiración, logro embriagarme del olor de su colonia preferida. Esencias de lima, piña y un toque final a miel, jazmín y rosas. ¡Mi obsequio de cumpleaños!

    Al recibir de sus manos el teléfono, me doy cuenta de que le ha cambiado la funda. Ya no es el rosa fuerte de antes, en su reemplazo ha puesto una blanca pero por el respaldo tiene impresa el dibujo de una sexy Harley Quinn. Oprimo la tecla del bluetooth en el equipo, selecciono el «pairing» y espero a que detecte el móvil de Mariana.

    —Listo, ya está. No era tan difícil, ¿cierto? —Y le paso de nuevo su teléfono.

    —Gracias, eres un am… –no continúo la frase pues no deseo incomodarlo o que piense que a pesar de todo lo ocurrido, estoy aquí y le hablo como si a mí me hubiese dado igual. – ¡Soy muy lerda para estas cosas! —Termino por decirle y busco la carpeta de música y en ella, los últimos hits que Naty me grabó.

    — ¡Okey, miremos a ver qué gusto musical tiene esta chiquilla! —Y me giro pero ya no está a mi lado.

    Lo busco con la mirada en la sala pero lo ubico por la ventana de la sala, afuera y de pie sirviendo los tragos, con un cigarrillo sin encender todavía sujeto entre sus labios. Y me deleito al verle así, con esa pinta que escogió tan deportiva pero elegante y su actitud tan madura al recibirme. ¡Mi hombre! ¿Cómo pude hacerte tanto daño, mi amor? ¡Qué estúpida fui!

    Cuando salgo al porche me llevo la primera sorpresa. Mi plan empieza a torcerse, pues camilo ha decidido acomodarse en la silla mecedora y entre sus piernas veo el libro de caratula blanca, sin abrir eso sí. Doy al play, subo al volumen y justo me llega la segunda, pues la primera canción que se escucha es «What About Us» de Pink. Camilo me mira de inmediato, extrañado levantando la ceja izquierda, pero no se incomoda. Buenooo… ¡Nada mal para empezar!

    —Melissa… ¿Un guaro? ¿O prefieres otra cosa? Ni cerveza o Ron, porque apenas se están enfriando. —Una pregunta tonta, pues por su mirada, ya me doy por enterado de cuál será la respuesta.

    —Un chorrito de aguardiente mientras tanto. ¡Pero uno doble con cara de triple! —Le respondo sonriendo y de paso de la mesa, tomo uno de mis cigarrillos y lo enciendo.

    Camilo me sirve el trago hasta el borde y me lo ofrece. Se lo agradezco con un ¡Gracias! que se me escucha medio enredado, al mantener presionado del filtro entre mis dientes, el cigarro al mismo tiempo. Creo que me lo voy a tomar despacio, –pienso– mientras voy estirando la tela longitudinalmente teñida a rayas rojas, azules y amarillas de la hamaca que me va a servir de trono para balancear mis ideas, pensando por dónde empezar. ¡No quiero herirle más!

    ***

    Mariana extiende un poco la hamaca y se acomoda. Recoge por los costados la tela de su vestido, arremangándola con estilo entre la mitad de sus piernas. Y apenas rozando con las puntas de sus pies el piso de madera, se balancea con suavidad y bebe un poco de su aguardiente.

    Ahora tengo tiempo de sobra para fijarme en su nuevo corte de cabello. Ya no lo peina por la mitad como antes. Una onda alta como una ola del mar, nace de su diestra creciendo a la izquierda, y se cruza alta dejando despejada su frente. Luego hacia el otro lado cae como una cascada, –en principio sinuosa– desbordándose al final en una caída lisa y recta, rozando la frontera de su albo hombro.

    Tras expulsar algo refinada, una estrecha bocanada de tabaco, Mariana cae en cuenta de que la observo y nerviosa se pasa la mano, perdiéndose sus dedos precisamente por aquel lateral de su cabeza, despejándose la oreja con su candonga dorada, engalanándosela; y el arco de sus cejas negras y anchas, ahora se destacan mucho más con algo de iluminación sobre sus dos hermosos ojos azules, enrojecidos un poco por haber llorado tanto.

    — ¿Qué me miras?… ¡Camilo no!… No me digas que tengo pegado un bichito raro, que me muero. —Niega con la cabeza y sonríe. ¡Me sonríe!

    Levanto mi copa y mirándola en voz alta digo: — ¡Salud!

    — ¿No que no teníamos nada por qué brindar? —Me contesta mostrando en su cara de mujer bonita, un semblante de extrañeza.

    —Pues cambie de opinión. Creo que si podemos brindar por nuestra infelicidad. —Le respondo y en seguida, Mariana, baja avergonzada su mirada.

    — ¿Sabes, Melissa? –Me mira y presta atención. – Han sido muchas noches de insomnio, tratando de dilucidar en qué te falté. Dando vueltas por esta zona, rodeando la piscina, yendo hasta el jacuzzi y luego venir a sentarme en los escalones, cuestionándome… ¿Que hice yo para perderte? —Y dicho esto, bebo hasta el fondo de la copa, atragantándome con el aguardiente hasta toser ligeramente.

    —No mi cielo, tu no hiciste nada mal. No te culpes. Fui yo, quien por una estupidez de mi parte te fallé y con mis actos, tiré por tierra tus sueños y los míos por igual. Tú me has dado todo, mi cielo. Me has hecho la mujer más feliz del mundo. Me has brindado todo tu amor, tu compañía, tu atención, nuestro hijo… Tú siempre me has consentido y hecho caso a mis deseos. —Camilo se pone en pie. Ahora deja sobre la mesa su libro y toma por el cuello, la botella de aguardiente. Se me acerca sin prisa para colmar de nuevo mi copa y se regresa en silencio para sentarse de nuevo, en espera de que yo continúe con mi confesión.

    —Pero… Quizás si sea esa tu única culpa. Has compartido mis sueños, intentando hacerlos realidad. Nunca te negaste a cumplir mis infantiles caprichos, respetaste mis pensamientos; nunca negándome nada, aun teniéndolo todo contigo. Como aquí, cuando los tres vivíamos felices en este edén. Estábamos tan bien, gozándonos esta paz y tranquilidad… Y por hacerme caso para que respondieras a esa llamada y luego presionarte para que aceptaras ese trabajo en Bogotá y mudarnos de nuevo… ¡Maldeciré por siempre ese día, mi amor! —Suspiro y hago una pausa, presiento que voy a volver a llorar.

    Y suena la siguiente canción. Ed Sheeran cantando «Perfect». Esa sí que me encanta, se escucha en la radio a todas horas y sé que a Camilo también le agrada, pues la tarareaba cuando trabajaba en el estudio de nuestra casa hasta bien entrada la madrugada, y al llevarle su taza de café, él dejaba lo que estaba haciendo para invitarme a bailar, sin importar que en el suelo, arrugáramos con nuestros pies descalzos sus detalladas perspectivas de exteriores en medios pliegos de cartulina durex, o los borradores de sus planos, elaborados en gruesos pergaminos.

    —Eres culpable de hacerme caso en todo lo que digo o quiero. Ese ha sido tu único error, mi vida. Ningún otro, lo juro. —Se lo digo mirándolo fijamente, él no me aparta su mirada. Es extraño, pero su rostro no expresa señales de asombro, aunque si percibo en el café de sus ojos, nacientes halos de melancólica humedad.

    — ¡Salud! –le digo a mi esposo y él me mira. – Pero Camilo, mi vida… Voy a brindar primero por mí, al encontrar en ti al hombre de mi vida y en segundo lugar, por ti. Por hacer tan feliz durante todos estos años, a esta mujer que ahora tienes al frente de ti. ¡Tu mujer! —Yo levanto la copa y bebo, sin dejar de observarlo. Camilo no me copia la idea, no me sigue el brindis y por el contrario, acciona su zippo plateado y da fuego al cigarrillo, que hasta ese momento se había librado de quemarse, aspirado por su boca. Eso me entristece, sí. ¡Al parecer a mi esposo le importa muy poco lo que le acabo de decir!

    — ¿Pero cuál mujer de todas? ¿Aquella que por años me fue fiel? O… ¿La que me puso los cachos con el hijueputa ese? ¡Cuál, Melissa! ¿Dime por favor a quien de ellas tengo ahora frente a mí? —Mariana permanece muda, llevándose eso sí, la mano izquierda a la frente cubierta con algo de sudor.

    Bebo otro sorbo, esta vez uno corto, pues recuerdo la recomendación de Kayra. Me levanto y con tres pasos, me planto muy cerquita de ella, que al verme deja de balancearse. Estiro mi mano y le alcanzo el cenicero, aunque me importe poco que la ceniza de su cigarrillo se estrelle contra el piso y mejor presto mayor atención al roce de sus rodillas cubiertas por la tela, contra mis piernas.

    — ¿Sabes, Melissa? Eras mi prioridad y quien le daba sentido a mi vida en todo. Nunca te falté al respeto, te entregué sin dudarlo mi corazón y toda mi confianza. Tuviste siempre mi atención, jurando estar de por vida a tu lado. Celebré tus ocurrencias de niña consentida con abrazos y sin reparos. Valoré la madurez con la que expresabas tus sueños y tus metas, eso siempre me encantó de ti. –en el rostro de Mariana se divisa la turbación y algo de desconcierto. – Te brindé la seguridad de que haría lo que fuera para que obtuvieras en tus noches y tus días, la felicidad más absoluta que toda mujer merece y sueña. Nunca tuviste quejas de mi lealtad, ¿o me equivoco? —Mariana niega con el movimiento de su cabeza, dándome la razón.

    —Melissa, mutaste en otra persona. Una mujer mentirosa y manipuladora. ¡Una completa desconocida! Y sí, tuve mucha culpa al no pedirte que… ¡No! La verdad es que debí haberte exigido que renunciaras y te quedaras en casa. O que buscaras otro lugar para trabajar. Por supuesto que me siento culpable de acabar con nuestro hogar. —Sé que mis palabras la hieren, pero es que para mí…

    —Eras tú, mi mundo y mi diario apoyo. –continuo hablándole sereno y sin moverme. – Aprecié toda la paz que con tu compañía me brindabas. Esa si es la mujer mía. La que amé, la única que he amado. ¿Era esto lo que querías escuchar de mí? ¡Pues ya está, hay lo tienes! —Mariana permanece callada, aceptando resignada mis planteamientos y aspira de forma tan apresurada su cigarrillo, que no se da cuenta de que ya no le queda tabaco por fumar.

    —Escucharte decir esas palabras, no solo han confirmado el dolor que te he causado, si no el amor que aún sientes por mí. Yo también he sufrido con todo esto, no vayas a creer que no, mi vida. Con todos estos meses que pasaron sin saber de ti, de cómo estabas, ¿dónde?, ¿con quién? Mil preguntas que yo misma me respondía todas las noches a solas, después de dejar dormido a nuestro hijo en su cama, y todas ellas con una única y dolorosa respuesta para mí… ¡Por infiel y por puta! Así que sí, mi cielo. Estoy aquí no solo para pedir que me perdones, también para intentar recuperar tu confianza con verdades que te herirán aún más. —Y mientras Camilo me escucha expectante, mis ojos encharcados por las lágrimas no han dejado de observarlo pues en su mirada veo que tiene ganas de llorar, pero se las aguanta.

    —He venido para declararte que nunca dejé de amarte, que te amo, y que te amaré por siempre. Pero aceptaré tu decisión, la que sea que tomes, pero mi amor… ¡Tan solo te pido que me escuches! Como antes mi cielo, cuando eras tan solo aquel amigo que enamorado, me brindaba su hombro como apoyo. —Camilo suspira, levanta la vista hacia los barnizados listones de madera del techo y luego siento como nuestro pequeño contacto físico se deshace.

    Muy despacio se aparta y en silencio marcha hasta bajar por la escalinata. Fuma lo que resta de su cigarrillo y con un rápido movimiento de sus dedos, lanza su colilla lejos, traspasando el blanco muro; con la botella de aguardiente en su mano, camina pensativo bajo el cielo semi nublado de este casi medio día, virando hacia la izquierda de la cabaña y busca la sombra que le ofrecen las arqueadas ramas del cocotero que plantamos entre los dos, arrimándose bastante hasta apoyar su frente contra la corteza gris del tronco, dándome así nuevamente la espalda. — ¡Fue el destino el que nos puso en estas! —Le digo casi gritando, reclamando su atención.

    —Pues el mío pintaba bien, Melissa. –Me responde desde su refrescante refugio. – Tenía una mujer que amaba, un hijo al que adoro, esta bonita casa en el paraíso, un hogar contigo en la sabana y un trabajo que aunque al principio no me agradaba, con el tiempo le tomé cariño y además, por poco y logro que mi proyecto hotelero se hiciera realidad. Pero el tuyo Melissa… Ese te llevó por otro camino, distorsionando al mío. ¿Casualidad? ¿Infortunio? O… Tu decisión. —Termina por decirme Camilo mirándome a la cara, pero no con ira o desprecio, más bien mostrándome aquella faz ya conocida por mí, de su resignación.

    —Te recuerdo mi vida, que fue una decisión de los dos y bueno, que nos dejamos seducir por la loca idea que nos propusieron entre Fadia y el hijueputa de Eduardo. —Le respondo firme, aunque se me escuche a disculpas baratas. Intentaré que comprenda que tanto el como yo, nos vimos envueltos en aquel mundo de mentiras, –por mi capricho, es verdad– jugando a ser un par de desconocidos entre tanta gente que creían conocernos tan bien.

    Con cuidado de no echarme encima el trago, me pongo en pie y camino hasta la mesa. Otro cigarrillo saco de la cajetilla, pero no voy a encenderlo, tan solo lo sostendré entre mis dedos para disimular los nervios. Por la ventana de la sala, se escapan los pegajosos sonidos jamaiquinos del reguetón «Con Calma» de Daddy Yankee y Snow, la canción de moda que Natasha se empeñó en enseñarme a bailar, y que yo me gocé en varias rumbas junto… Junto a él. ¡Incluso una vez ante la presencia de mi disgustado esposo!

    — ¿Por qué dices que ellos dos tiene la culpa de todo esto? ¿Acaso que hizo Eduardo de mal? Tan solo me llamó para avisarme que en la empresa donde trabajaba, buscaban a un arquitecto que se hiciera cargo de concluir un proyecto que el anterior había dejado a medias a causa de una enfermedad. —Cuestiono a Mariana que parece estar elevada recordando algo pero al escucharme, dirige su maquillada mirada, –iluminada por el sol de este medio día– hacia la sombra refrescante donde estoy medio recostado, para explicarme con calma…

    — ¡Todo! Mi cielo. Ese asqueroso me… Chantajeó. Pero no me voy a adelantar pues todo tiene un comienzo y necesitas saberlo mi vida, pero en orden hasta el final, como te gusta y como debe ser. —Y sin que Mariana lo perciba, a pesar de estar casi al corriente de todo, escucharlo de su boca con seguridad sé que me va a lastimar.

    —Como bien dices, tú y yo lo hablamos, aquí mismo. ¿Recuerdas? — Ahora sí le doy fuego al cigarrillo, bebo hasta el fondo vaciando mi copa y decido que es mejor sentarme en la segunda escalinata, antes de continuar.

    —Sopesamos los pros y los contras e insistí en que era bueno para tu desarrollo profesional, volver a nuestra casa en Bogotá e integrarte en esa constructora. Otro cambio para nuestras vidas pues aquí ya habíamos pasado un año largo y a mí, me hacía falta mi familia y el ambiente de la gran ciudad. —Veo como Camilo se me acerca, inclina la botella de aguardiente y al servirme derrama un poco mojándome la mano. ¡Pobrecito! Es que continua nervioso y por eso le tiembla el pulso.

    — ¿Dónde estuvo lo malo, Melissa? Regresamos y nos organizamos de nuevo. Empecé a trabajar a mitad de diciembre y tú pudiste pasar las festividades junto a tu madre y tus hermanos. Mateo estaba feliz, tú también y yo igual de verlos a ustedes dos tan contentos esa navidad. ¡No entiendo que te pareció tan mal! —Le respondo y con cuidado paso por un lado, subo los escalones para recoger de la mesita de madera un cigarrillo y el cenicero. Me doy la vuelta y decido acomodarme al lado izquierdo de Mariana, pero un escalón por arriba.

    Observo como la parte posterior de su vestido, me permite apreciar la parte alta de su espalda desnuda y bajo el contorno recto que forman sus cabellos sobre la nuca, unas vertebras más abajo, tatuados asoman los pétalos de la flor de Liz con la cual una noche se me apareció, así como si nada.

    Que ganas de acariciar a dos manos, la nacarada suavidad de su piel o de rozarla simplemente con las yemas de mis dedos como tantas veces sucedió y con la amorosa paciencia de aquella primera vez. ¡Pero no lo debo hacer!

    —No mi Cielo, en verdad no hubo nada malo. Estábamos bien pero me fui sintiendo abandonada, aburrida de estar en casa todo el día sin hacer nada. Aquí fue diferente pues lo que logramos, lo planeamos y construimos entre los dos. No fue tu culpa, te lo aclaro de una vez. —Siento como Camilo me escudriña por detrás con su mirada. Es como si quisiera tocarme y abrazarme. Ojala lo hiciera y yo no tuviera que contarle todo y se terminara esta pesadilla ya. ¡Ilusa, eso no sucederá!

    —Pero dirigías todo en nuestra casa. Te encargabas de Mateo e ibas al club. –Le refuto su punto de vista. – Te veías muy a gusto de pasar las tardes rajando con las vecinas. No parabas de hablar de tu amiga rusa y de lo divertida que era su hija adolescente, y cómo por esa razón eras el eslabón entre su rebelde juventud y la inconforme madurez maternal. —Mariana se gira de medio lado hacia mí. En sus mejillas noto el rubor producido por la alta temperatura, confirmado por las gotitas de sudor en su respingada nariz, y esa sonrisa leve trazada por sus labios ya despintados, con su hermoso rosa natural.

    —Además Melissa, –continúo– me colaborabas con tus ideas para las reformas y tus conceptos me sirvieron muchas veces para convencer a los nuevos propietarios de realizar otras adecuaciones antes no planeadas, generando satisfacción en ellos, ingresos adicionales para la constructora y por supuesto, una palmadita en mi espalda por parte de la junta directiva. —Levemente, a Mariana se le van entrecomillando latinas sus mejillas, y pensativa asiente al recordarlo.

    —Sí, mi vida. Y estaba feliz de colaborarte pero… ¡Algo me estaba haciendo falta! La verdad es que sentí algo de envidia, no solo de verte ocupado en lo que te gustaba, también de cómo me hablabas de lo que sucedía día tras día en tu oficina o de tus salidas a beber por las noches con esos amigos desconocidos para mí, pero que con tus comentarios y variadas anécdotas, me los hiciste tan cercanos. ¡Y me dieron ganas de trabajar de nuevo! Tener igualmente un nuevo mundo para vivir otras experiencias y salir de la rutina; poder compartirlas en las noches contigo y que no me vieras como una más de aquellas amas de casa, monótonas y aburridas. —Camilo suspira y pensativo, deja descansar su mentón en la herradura que se forma entre su pulgar y el dedo índice de la mano izquierda, antes de responderme.

    —Pero es que Eduardo era el que me obligaba a salir con ellos para fraternizar y dejar de lado de tanto trajín. –le manifiesto como si fuese un chiquillo reprendido después de cometer alguna travesura. – Además me contabas cosas nuevas todos los días, de Mateo y tuyas, para nada aburridas. Como cuando ibas de compras con Fadia a conocer los almacenes de los nuevos centros comerciales, y se demoraban horas probándose vestidos y zapatos o hablando de los últimos chismes de la farándula, cuando iban a la peluquería. —Intento justificarme, aclarando que me gustaba todo aquello que para ella era una monótona sombra en nuestra cotidianidad.

    — ¿Lo ves ahora? Fadia y Eduardo, cada uno por su lado, sí que incidieron en nuestro destino. Él te fue arrastrando a esa nocturna vida social y ella, se aprovechó de mis confidencias para incitarme a salir a buscar que nuevas rutinas fuera de casa. Me dijo que no te comentara nada y que te diera la sorpresa cuando ya tuviera algo concretado. Hasta me acompañó a algunas entrevistas y al ver que no me salía nada, se enteró de una vacante en la constructora y ahí empezó a maquinarlo todo. ¡Para su lésbico beneficio y el de su enfermo esposo!

    — ¡Espera, espera! ¿Qué estás diciendo? ¿Fadia lesbiana? ¿Eduardo entonces que pinta en todo esto? ¿Con eso te chantajeo? —Aparentando asombro le pregunto a Mariana, pero mantiene sellados los labios algo temblorosos y el lapislázuli de su par de iris, –que cuando habla emocionada encandilan cristalinos a su audiencia– ahora se van eclipsando bajo el pliegue de sus parpados maquillados con un trío de vivos colores difuminados que contrastan con su semblante, apagado y arrepentido.

    Y me quedo sentado a su lado en espera de una respuesta que no llega, porque unos gritos desaforados que provienen dos pasos adelante de la puerta de la cocina en la casa, se le anticipan y consiguen que nuestras cabezas roten al mismo tiempo, quedando los dos sobresaltados.

    — ¿Meli?… ¡Meliiii! —Es Maureen, que con sus brazos extendidos, eufórica viene dando brincos hacia donde estamos, sonriente y dichosa de ver nuevamente a Mariana.

    No hacía falta que soplaran del noreste los alisios para que los enrollados rizos marrones de su leonina cabellera, saltaran conforme al movimiento alocado de su cabeza. Mariana y yo nos ponemos en pie.

    ***

    Es Maureen quien con su voz de niña, pronuncia en voz alta mi nombre, evitando así, que diera respuesta a las preguntas de mi esposo. No puedo creer la belleza de mujer que ahora da saltitos de felicidad al verme. ¡Pero si cuando me fui era tan solo una niña de quince años, apenas desarrollándose! Y ahora veo la curvilínea figura de una preciosa mujer adolescente qué viene a mi encuentro, risueña e impetuosa.

    Sus cabellos ensortijados, que ahora lucen trenzados y enredados con un look de «rastas jamaiquinas», que le sientan sencillamente espectacular, los lleva en un precioso peinado de media cola, con algunos mechones semi recogidos hacia un lado, atados por detrás de la cabeza y el resto caen libres sobre su hombro izquierdo hasta cubrir algo de su pecho.

    Los rayos de sol en este medio día, hacen aún más intenso el centelleo de sus negros ojos almendrados que resaltan bajo unas cejas rectas pero bien delineadas en ese hermoso rostro cuadrado, con su nariz pequeña y ancha; boca amplia con labios carnosos, pintados de un llamativo anaranjado. Dentadura perfecta y blanca como la de Kayra, aunque el color de su piel si es bastante más claro que el de su madre, pero conservando los rasgos característicos de sus raíces afro-caribeñas.

    Viste un top magenta sin mangas, tipo chaleco y de tela acanalada; con la parte del busto rodeado por un diseño coquetamente fruncido y un cordel atado en el frente a modo de un pequeño moño. Bastante ajustada y corta, dejando ver en su vientre plano y bien definido, un coqueto piercing en su ombligo. Maureen posee ahora una figura atlética, lejana a la de aquella infantil delgadez. Los senos le han crecido bastante, casi tan redondos como los míos. Firmes y paraditas, sus bubis le suben y bajan al compás de sus apresurados pasos, y puedo adivinar que no trae sostén, pues sus pezones templan altivos la delgada tela y se transparenta mediana, su areola café.

    Cintura de avispa con piel tersa y al caminar apresurada hacia mí, viene oscilando de manera sexi sus pronunciadas caderas, con una natural seducción. Personificada inocencia y sensualidad, enfundada en unos pequeños shorts blancos de tela de jean, –deshilachados– que le brindan un toque bastante sexi a esas redonditas nalgas firmes y al continuar hacia abajo, termino por admirar sus muslos largos, brillantes y torneados. En los pies sin medias, unas rosadas zapatillas «Vans» ajedrezadas, que le brindan aparte de agilidad, juvenil comodidad.

    — ¡Bon biní Meliiii! —Me da la bienvenida acompañada de un fuerte abrazo y dos besos que me dejan con seguridad, mis mejillas coloreadas por sus carnosos labios naranjas.

    — ¡Gracias Maureen! Pues ya lo ves, yo por aquí de pasadita, como visita de médico. —Le respondo feliz de verla, tomándola de las manos.

    — ¿Kon ta baí? —Me pregunta con su tierna vocecita. Eso si no le ha cambiado para nada. Y sonriente, da un paso hacia atrás y me observa de pies a cabeza, deteniendo su mirada en mis tetas, asombrada.

    —Estoy muy bien muñeca, feliz de estar de nuevo en este paraíso. Gracias por preguntar. Le contesto y luego cortésmente me intereso por su estado. — ¿Y tú?

    —Mi ta bon, Danki. –me responde al tiempo que sus manos se liberan de las mías. – ¡Estas divina, Meli! Muy «fashion» con tu vestido y el nuevo corte de cabello. Te hace ver más… ¡Madura! Pero igual de Dushi. —Le sonrió pero pienso si es que… ¿Me está diciendo vieja?

    — ¡Y tu muñeca, te ves divina!, le respondo. —Te ves muy «cool» con ese peinado y esos delicados atrapa sueños pendiendo de tus orejas. ¡Cómo has crecido, por Dios! Te has convertido en toda una mujer. ¿No estarás ya rompiendo corazones, o sí? —Le pregunto y de inmediato noto como nerviosa se lleva el dedo meñique hasta su boca, mordiéndolo levemente y sus ojos cafés, se desvían hacia mi izquierda, como buscando refugio a mi pregunta… ¿En mi marido?

    —Más de uno la acecha, pero esas carnitas no son carroña para cualquier buitre. ¿No es así Maureen? —Dice de repente Camilo, abriendo sus brazos para cobijarla en un afectuoso apretón.

    Pero la ya no tan pequeña jovencita, riéndose a carcajadas, le rodea con sus brazos por el cuello, saltando sobre mi marido para afirmarse con sus largas piernas achocolatadas por la cintura, haciendo que mi esposo tambalee y se eche un paso para atrás, a la vez le estampa un sonoro beso en la mejilla derecha. Camilo se da una media vuelta y la deposita con cuidado sobre el tablado del porche, un poco sorprendido por aquel saludo tan efusivo y… ¿Romántico? ¿Pero qué mierdas pasa aquí?

    — ¡Jajaja! Es verdad que varios compañeros de la universidad me han echado uno que otro piropo, pero Meli, yo tengo mis metas bien claras y primero está el estudio, que el placer vendrá después. –Me responde con sensatez. – ¡Pero qué calor hace hoy! Cami, de casualidad no tendrás… ¿Algo frio y Dushi por ahí? —Y sonriente, Maureen pasa hacía el interior de la cabaña, como Pedro por su casa, con una acostumbrada confianza que se me hace extraña.

    — ¿Cami? Aprovecho el momento de soledad y le hago el comentario a mi esposo, mirándolo con una furia disimulada en mis ojos y sí, algo celosa. Mi marido solo atina a levantar los hombros y decirme: —Es solo el desparpajo de la juventud. ¡Tranquilízate Melissa!

    Pero dentro de mi cabeza empiezan a barajarse miles de posibilidades. Tantos meses separados… ¡Un hombre tiene sus necesidades! Esta calurosa y paradisiaca isla… ¡Ellos dos aquí solos! Una de joven también las tiene, no tenemos por qué ser tan diferentes a los hombres… ¡Este ambiente festivo! Mi esposo sin ser muy guapo, sí que es bastante atractivo y… ¡Ella con esa belleza núbil! Mierda… ¿Será que le quedaron gustando las «sardinas» a Camilo?

    Humm, siento celos, sí. Y bastantes, pero con todo lo que le hice… ¿Tengo autoridad para reprocharle algo?

    —Meli… ¿Y Mateo dónde está? —Me pregunta Maureen, mirando para todos lados y con dos latas de cervezas, goteando ambos envases, su fría y refrescante humedad.

    —No está aquí, Dushi querida. Lo dejé en Bogotá al cuidado de una amiga. —Le respondo y ella apaciguada, frunce los carnosos labios, provocando con ello que se asomen dos pequeños hoyuelos en sus mejillas. Me ofrece una cerveza y ella destapa primero la suya. ¿No le trajo una a Camilo?

    —Es una lástima, estaba emocionada por verlo. ¡Debe estar inmenso mi chiquitín pinguín! —Y da un sorbo largo a su cerveza. Se acerca a mi esposo, pasa su brazo por la cintura, bastante cariñosa y recuesta su cabeza sobre el hombro de Camilo, que me mira ahora con detenimiento.

    Yo destapo la mía y con agrado siento el delicioso sabor a malta de la cerveza, bajando por la garganta refrescándome, pero eso sí, sin dejar de observar las afectivas muestras de cariño con las que se tratan estos dos. Finalmente, Maureen se separa de Camilo, le entrega la cerveza y baja las escalinatas, –meneando sus caderas– hasta llegar a mi lado para envolverme con sus brazos nuevamente.

    —Bueno ya te saludé, Meli. Ahora me marcho a ayudarle a mamá con el almuerzo. Si me demoro más es capaz de darme un par de nalgadas. ¡Feliz reencuentro, Dushi preciosa! —Me dice guiñando un ojo y sonriendo con picardía. Sale corriendo como una exhalación hacia la casa pero antes de entrar, desde allí nos grita: — ¿Y qué van a hacer más tarde? Porque yo voy a sacar a estos alemanes de este encierro y darnos un buen paseo por Jan Thiel Beach para que conozcan. ¡Y tú, galán!… –le grita a Camilo– Cuídala mucho. Y le envía por los aires, un beso.

  • Lorena se coge al gerente y yo se la chupo a Diego (parte 1)

    Lorena se coge al gerente y yo se la chupo a Diego (parte 1)

    Pasados un par de meses de aquella inolvidable fiesta de fin de año con Lorena y Diego, recibí un mensaje de éste en mi celular.

    -Necesito hablar con vos.

    -¿Te pasó algo?

    -No, digo sí. Se trata de Lorena, pero lo tengo que hablar en persona. ¿Podemos vernos hoy?

    -Sí, claro, pero no puedo llegar al centro antes de las 19.

    -Dale, me da el tiempo justo para ir al gimnasio después de la oficina y nos encontramos en un café, ¿te parece?

    -Sí, Diego, nos vemos a la tarde.

    Me llamó la atención la urgencia del pedido, pero algo después de las 19 llegué al bar donde me esperaba Diego, sentado en uno de los reservados al fondo del local, que en la puerta tenía un sugestivo cartel de “Gay Friendly”. Como siempre, estaba impecable, vestido con una chomba blanca bien ceñida y bermudas color crema también ajustadas, que resaltaban su piel bronceada y su cuerpo marcado en su justa medida. Me sorprendió que apenas sonriera al verme, nublándose enseguida su mirada. Lo besé cerca de la comisura de sus labios y le dije al oído:

    -¡Hummm, qué rico perfume!

    -Me lo regaló Lorena, me lo trajo de Cancún, me dijo y se le humedecieron los ojos.

    Me senté a su lado y le apoyé la mano en el muslo para acariciarlo y preguntarle qué le pasaba.

    -Lorena se acostó con su jefe, me dijo entre triste y contrariado.

    -No puede ser, si te quiere con locura. Está enamorada de vos.

    -Sí, así creía, pero se fueron a un congreso en Cancún, y se la pasaron cogiendo los tres días.

    -¿Quién te dijo?

    -Ella y me mostró los videos.

    -¡No te puedo creer!

    -Mirá, y me mostró varios videos cortos de ella bailando muy sensual con un hombre muy atractivo de unos 40 años en una disco, besándolo desenfrenadamente en un ascensor, chupándole la pija en el balcón de una habitación de hotel y montándolo furiosamente sobre la cama, mientras él le sobaba sus tetas generosas.

    -¡Ufff!, le dije, ya totalmente empalmado, viendo una y otra vez las escenas de Lorena con su jefe.

    -Es el subgerente y va a reemplazar al gerente porque éste se jubila. Le ofreció el puesto a Lorena y ya está cobrando el reemplazo como subgerenta, pero se la llevó al congreso en Cancún y terminaron cogiendo todos los días.

    -¿Te dio alguna explicación?

    -Sí, que se dejó llevar por el ambiente, que el tipo está re fuerte, que es un caballero, que la trata siempre muy bien, que una cosa llevó a la otra, se pusieron muy calientes y cogieron sin parar los tres días. Él es casado, la mujer es preciosa y están enamorados, así que sólo fue una aventura de tres días, me dijo.

    -¿Y entonces? Ya está, ya pasó, no te hagas la cabeza. Ella te quiere a vos, no te dejes llevar por algo pasajero.

    -Sí, me dijo así, pero no lo puedo asumir. Me contó que un par de veces que habló conmigo, estaba cogiendo con él, diciéndome que estaba en el gimnasio para disimular su agitación y que más se calentaba por hablar conmigo.

    Vino el camarero, un chico que más parecía modelo que camarero, de altura mediana, unos 20 años, simpático, carilindo, rubio de ojos claros y vivaces, nariz fina, labios finos y rojos, bien dibujados, cuello largo y brazos ligeramente musculosos, vestido con una remera rosa ceñida al torso con el logo del bar y pantalones negros bien ajustados hasta encima del tobillo que resaltaban un precioso culo y un paquete de buen ver.

    Ordené un trago largo para mí y una copa de vino blanco para Diego y le pregunté al chico cómo se llamaba, porque me atrajo inmediatamente.

    -Gonzalo, para servirles, me dijo con una sonrisa amplia y cordial.

    Diego seguía mirando los videos y yo le acariciaba la pierna para deleitarme. Encontró otro video de Lorena y su jefe teniendo sexo en la playa, desnudos, ella montada encima de él, meneándose sobre su pija mientras él le comía frenéticamente los pechos, jadeando los dos como perros en celo. Llevé mi mano a su bulto, que estaba durísimo y se lo empecé a sobar.

    -Estás re caliente, le dije. No sé por qué te sentís mal, si te gusta verla así. Y sabés que te quiere.

    -Sí, me lo dijo un montón de veces.

    Se hizo otro video con su celular, cuando el jefe se la metía por atrás en la misma playa y ella jadeaba como una yegua mientras con voz entrecortada decía a la cámara:

    -¡Diego, te quiero, te amo! ¡Mirá cómo me está dando, pero yo te quiero a vos! ¡Cómo me gusta!

    Y se corría nombrándolo a Diego. Me daba pena verlo como lagrimeaba viendo los videos, pese a que lo excitaban mucho y le pusieron la pija durísima que yo no dejaba de sobarle por encima de la bermuda.

    -Te la chuparía acá mismo, le dije, para ver si te calmás y te das cuenta que no la podés perder.

    Sonrió apenas y me miró.

    -¿Sabés que acá se puede? Es un local gay friendly y no tengo nada debajo de la bermuda.

    -¡Hijo de puta! Sacala ya que te la como.

    -¿Estás loco? ¿Serías capaz?

    -Sacala y vas a ver.

    Se desabrochó el botón superior de la bermuda y bajó el cierre, liberando su poronga húmeda de precum que enseguida empecé a manosear para impregnar mis dedos y chupármelos con deleite.

    -¡Puto!, me susurró al oído.

    -¡Siii!, le grité, y luego le vocalicé: ¡Te la voy a comer ya! Me recliné y se la empecé a chupar con ansia del glande hasta el tronco, haciéndolo gemir de placer. Tras varios minutos, escuché la voz del camarero:

    -Lamento interrumpir, pero les traigo la copa de vino y el trago.

    Me levanté despacio, relamiéndome, y le agradecí:

    -Tenía hambre y no me pude resistir a comerme este manjar, mostrándole impúdicamente cómo le sobaba la pija enhiesta a Diego.

    -Se ve deliciosa, dijo Gonzalo. Lástima que me falta una hora para terminar mi horario.

    -Te podemos esperar, ¿no Diego?

    -Sí, yo no tengo drama.

    -A las 20 termino, me doy una ducha y nos vemos a la salida.

    -¿Viste cómo te levantó el ánimo?, le dije a Diego sin dejar de acariciar su pija.

    -Un poco, sí.

    -¿Un poco?, mirá cómo la tenés. No me la puedo perder y me incliné para darle otro par de minutos de una rica y profunda mamada, haciendo un video con mi celular para mandarle a Luli.

    -Mirá con quién estoy, con Diego, le escribí.

    Y sobre el video, le puse:

    -Ésta la conocés muy bien.

    -Estoy en clase, me respondió. En un par de horas, termino y me junto con ustedes, ¿puedo?

    -Claro que sí. Tal vez no te esperemos para empezar, pero cuando llegues, te ponés al día.

    -¡Siiiií!

    -A ver de nuevo los videos, le pedí a Diego. Hay un par que se los tiene que haber grabado alguien, le dije.

    -Sí, me dijo que un chico que les puso el hotel para que les hiciera de valet y guía de todo el día.

    -¿Tenés fotos de ese chico?

    -Sí, déjame buscar.

    Había un par de fotos de Lorena vestida con una tanga que mostraba más de lo que cubría con el valet, un muchacho moreno muy lindo, de altura mediana, cuerpo escultural, luciendo un minúsculo slip flúo en la playa, él tomándola de la cintura en una foto, mientras la mano de ella desaparecía en su trasero y abrazados mirándose a los ojos como enamorados en la otra.

    -¡Un bombón de chocolate!, le dije, pensando que seguramente Lorena se lo habría cogido también, pero sin decirle nada.

    -Ella me contó que Brian, el chico valet, estudia hotelería y es gay, me dijo Diego.

    -¡Qué lástima que no se lo trajo para acá!

    -¡Qué puto sos!

    -¿Vos no te lo cogerías? Está para comérselo todo.

    -Cuando te calmes, todo esto se aclare y te cases con ella, porque no te la podés perder, le vamos a pedir que nos mande más fotos de Brian, que las debe tener. Brindemos por eso, le dije.

    -Se acerca la hora de salida de Gonzalo, guardá esa pija deliciosa que tenés, pago en la caja, voy al baño y nos vemos en la puerta, le dije.

    Pagué y pedí por el baño. El encargado me dijo que usara el del vestuario de los empleados, porque estaban arreglando una pérdida en el de los clientes. Allí fui, oriné tranquilo y cuando me lavaba las manos vi por el espejo a Gonzalo a mis espaldas que se estaba bañando en la ducha. Di un respingo, porque tenía un cuerpo de estatua griega, tostado, sin marcas de traje de baño, ni de slip ni nada.

    -Este hijo de puta toma sol en bolas, pensé, y lancé una exclamación apagada:

    -¡Guau!, qué lomazo.

    Giró la cabeza, sorprendido, y me sonrió. Me volví a poner instantáneamente al palo. Estaba terminando de enjuagarse y había dejado la toalla colgada fuera de la ducha.

    -Te la alcanzo, balbuceé, sin dejar de mirarle el cuerpo de cabo a rabo.

    -Si querés, yo te puedo secar todo el cuerpo.

    -Como quieras, me respondió.

    -¡Hummmm! ¡Qué caramelo me cayó del cielo! pensé.