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  • El que desea, encuentra

    El que desea, encuentra

    Llegué una tarde a una ciudad del sur de la provincia de Buenos Aires, después de muchos años (mas de veinte) desde la última vez que había estado. La encontré muy parecida a como la recordaba, los mismos sonidos, los mismos olores, me gustaba estar ahí…

    Caminé varias horas por el centro, por sus galerías, tomé un par de cervezas y la tarde se empezó a ir, debo buscar un hotel me dije, y empecé a caminar.

    Quien sabe porqué me dirigí con rumbo a la vieja estación, lugar donde se asienta la zona roja de la ciudad, todavía no oscurecía. Encontré un viejo hotel, paredes de ladrillo desgastado, un cartel pequeño, entre.

    Una señora me recibió apáticamente, le pedí una habitación individual, tomó mis datos, me cobró por adelantado, me dio los detalles y me acompañó hasta la 216, abrió la puerta, me entregó la llave y se retiró.

    La habitación parecía enorme, una cama de dos plazas, una estufa radiador encendida, y un baño con bañera que parecía lujo innecesario pero que me encantaba.

    Después de descansar unos minutos, salí a buscar algún bar o pizzería para comer y tomar algo. Lo encontré muy cerca, ya la noche había llegado hace rato, la vida nocturna ya se paseaba por el barrio, el pub me esperaba en esa esquina. Entré, solo dos mesas estaban ocupadas.

    Pedí una cerveza grande, y una napolitana chica, revisé el celular por costumbre y entonces note que alguien me observaba, miré muy lentamente y me encontré con su mirada clavada en mi, una sonrisa casi perversa que me hizo mirar hacia otro lado.

    Era una chica trans, morocha, alta, de calzas negras, botas largas, y campera de jeans celeste, acompañada por otra chica trans bajita, de pelo castaño, linda, con mini engomada negra, bucaneras rojas y campera larga también roja.

    Durante casi dos horas las escuché reírse, mirarme, me resultaban agradables. Antes de irme les invité una cerveza, les dije chau chicas, compré un pack de cervezas y salí rumbo a mi hotel.

    Llegué a mi habitación, me saqué la ropa y me metí en la ducha, me bañé rápidamente y me metí en la cama, dejé una bolsa de cocaína en la mesa de luz, el sueño me alcanzó en muy poco tiempo.

    Desperté sintiendo una respiración agitada en mi nuca, pensé que era un sueño, pero no, era muy real… la morocha de la pizzería estaba sentada en la cama tomando cocaína, en ropa interior, la otra, acostada detrás mío apoyaba su pene en mi cola.

    Quise reaccionar, sorprendido enojado, pero la morocha, muy tranquila me dijo, te regalaste y perdiste, bebe, sentí el caño de una pistola acariciando mi nuca, su otra arma jugaba con la puerta de mi ano todavía por sobre el calzoncillo, la morocha pasaba una sevillana por mi ombligo, mientras su enorme pija asomaba de su bombacha roja.

    Quise ser amable, decirles que por favor no lo hagan, pero solo conseguí que la morocha (Fernanda) me apretara con fuerza la cara y me escupiera en la boca insultándome. Noté que la chiquita (Camila) bajaba mi ropa interior y filmaba con su celular como su punta acariciaba mi puerta, mientras me apoyaba antes, sentí que era bastante gruesa, no adivinaba su largo, sentía su carne tibia y sin forro.

    Fernanda la tenía enorme, demasiado gruesa para ser tan larga, ya la había dejado salir por un lado de su bombacha, negra, babeando y también sin forro, había acomodado su celular para captar cada detalle, para esa altura estaba paralizado por el miedo.

    «Te vamos a llenar de leche» «te vamos a coger toda la noche» «jamás vas a olvidar este día» «y mañana también te vamos terminar de romper». Mientras Fernanda me decía esto, me escupía, me insultaba y acercaba su pene a mi boca, Camila ya metía un poco más que la punta, entrando y saliendo de mi ano, casi suavemente, La enorme pija de Agustina mojaba mis labios con su líquido pre seminal y entraba en mi boca, sin delicadeza, su cabeza tocó mi garganta y dejó más líquido ahí, después empezó a bombear rápido y profundo, ella parada al costado de la cama, yo de costado chupándosela, cada tanto acercaba su boca a la mía para escupirme dentro.

    Cuando mi mente estaba tratando de convivir con esa humillación, Camila me la metió con fuerza y hasta el fondo, parecía que me llegaba hasta la columna, dolía, ardía… cada estocada parecía llegar más adentro. Se movía más rápido, apretaba mis nalgas y más dolía, jadeaba, me mordía el cuello, y filmaba todo.

    Las dos me cogían duro y rápido y después de decirme «no desperdicies ni una gota putito» sentí como Camila llenaba mi culo de cantidad de leche tibia y cuando intente quejarme la leche de Fernanda se atoró en mi garganta, y lleno mi boca, no sacó su pija y me obligó a tragar hasta la última gota.

    Después de unas cervezas y unas líneas Camila fue a bañarse.

    Creí que ya terminaba todo, que estaban más tranquilas e intenté levantarme de la cama para conversar.

    Sentí la mano morocha tomándome del pelo por detrás, arrodillado en la cama. De un empujón me tiro contra la almohada y me tiro todo su peso encima, junto mis piernas y sentí ese miembro gigante nuevamente duro, mi cola estaba lubricada con la leche de Camila, pero el dolor fue insoportable, parecía desgarrar las paredes, me cogia muy fuerte, quería lastimarme, me insultaba, me decía que siempre me iba a acordar de ella y se reía, rápidamente sentí sus chorros de leche adentro, acabo por minutos pero no salió, su pija seguía enorme. Camila recién bañada empezó a coger mi boca con mucho ritmo y Fernanda volvía a bombearme lentamente pero con fuerza, después de varios minutos Camila le dijo tengo la leche lista Fer, la morocha empezó a cogerme muy rápido mientras Cami filmaba de cerca, Fernanda entre gemidos e insultos volvió a llenarme y salió para ver la leche que quería salir y filmarlo, Camila tomó su lugar, me penetró, me mordió la espalda y me cabalgó por minutos hasta que sentí sus chorros llegando muy profundo.

    Eran las 5 de la mañana y esto todavía no iba a terminar.

  • El de atrás paga

    El de atrás paga

    Esto pasó no hace mucho en ese momento no tenía tanto presupuesto para gastar hasta que me pagarán así que tenía que hacer sacrificios.

    Estaba en una tienda de abarrotes comprando, cuando tuve que pagar noté que no tenía suficiente dinero, pero en realidad necesitaba las cosas así que intenté regatear.

    Quien me estaba atendiendo era una chica muy guapa de color y con pelo bien peinado, le supliqué que me rebajará un poco el precio, pero no lo logré, hasta que se me ocurrió aplicar la maniobra de «el de atrás paga».

    Le dije y dijo «señorita atrás de usted no hay nadie» le dije que no me estaba entendiendo, le dije al oído y se sobresaltó, se puso muy nerviosa y temerosamente aceptó.

    Le dije que cerrara por unos cuantos minutos y lo hizo, me llevó a la parte de atrás de la tienda y me empecé a desvestir (no es por presumir, pero tengo un buen cuerpo, unas buenas tetas, pero no tan buen culo).

    Cuando me quedé desnuda frente a ella la noté muy nerviosa, yo me acerqué lentamente a su boca y la besé, fue un beso muy bueno, pero mucha baba, cuando la solté me dijo que estaba muy linda.

    Le di las gracias y le dije que podía tocar si quería, aceptó y me tocó las tetas, las apretó y jugó con ellas, yo me sentí muy excitada y ella lo notó y también y se empezó a desvestir.

    Quedó en ropa interior y no le pude quitar la mirada de encima, me preguntó si estaba bien y le dije que si.

    Siguió desvistiéndose y quedo solo con las bragas, me acerque a ella y le dije que estaba muy linda, le acaricie un poco por encima de las bragas y sentía como se mojaba, yo también me empecé a mojar y ella me empezó a tocar también.

    Nos estábamos tocando mutuamente hasta que nos vinimos, quedamos allí recuperando el aliento.

    Cuando recupere el aliento me puse entre sus piernas y la empecé a lamer, ella estaba muy excitada lo veía en su mirada, la lamí hasta que se vino en mi boca, después de eso ella se puso en mi culo y me empezó a mamar, me metía los dedos en la vagina mientras lo chupaba hasta que me vine.

    Le dije que era muy buena en eso y me dio las gracias, estuvimos haciéndolo por un par de minutos más hasta que nos vinimos por última vez.

    Después de eso nos vestimos y salimos lo más disimuladamente que pudimos, yo me fui con mis compras y con sus bragas como regalo de ella y ella se quedó con las mías, me dio su número y ahora estamos planeando salir como amigas a ver que pasa.

    Aún tengo sus bragas, las uso de vez en cuando para tocarme y espero que ella haga lo mismo.

  • Hermana y hermano en los Alpes. Historia de amor filial

    Hermana y hermano en los Alpes. Historia de amor filial

    Año 1878. Vivimos en esta cabaña, mi hermano y yo, en medio de las montañas nevadas de los Alpes. Nuestra relación se construyó sobre una amistad profunda y sincera. Nos quedamos solos en la casa de nuestros abuelos. Me encuentro a mí misma, una mujer de 30 años, contando nuestra historia, pues en los secretos de mi corazón se esconden los misterios de lo que nunca me atreví a decir en voz alta. En ocasiones, el temor a la palabra nos sumerge en un diálogo solitario, donde nuestros susurros se convierten en ecos perdidos en el vacío del silencio.

    La cabaña, humilde y acogedora, es nuestro refugio. Él, un hombre de 38 años, alto y fornido, trabaja en el campo, encontrando en la tierra un solaz para su alma. Yo, 30 años, de estatura media, morocha con ojos marrones y pechos normales, no me creo gran cosa. Me dedico a las tareas del hogar, hallando en los quehaceres cotidianos un sentido de propósito.

    Pero bajo la aparente sencillez de nuestra vida, anida un conflicto silente que amenaza con romper la armonía que hemos construido con tanto esmero. Me he enamorado de él, y el miedo al rechazo me paraliza, manteniendo mis sentimientos ocultos en lo más profundo de mi ser. ¡Es mi hermano! Trato de no caer, traté de no pensar, pero no puedo. Es así que, determinada a derribar esa barrera invisible, comienzo a tejer una telaraña de seducción, enredando mis miradas con deseos y pronunciando palabras cargadas de significados velados.

    Los días pasan y nuestros diálogos se vuelven cada vez más intensos, impregnados de una tensión latente. Él, ajeno a los secretos que oculto, responde con una amabilidad inocente, sin entender los anhelos que yacen detrás de mis ojos. Sin embargo, otro conflicto emerge en mi corazón. La sombra de la inseguridad se cierne sobre mí, convenciéndome de que soy fea y aburrida, incapaz de capturar su atención de la misma manera que él cautiva la mía.

    Mis pensamientos se entrelazan con los susurros del viento que atraviesa las rendijas de nuestra morada. Me pregunto si alguna vez podré reunir el valor necesario para abrir mi corazón y revelarle la verdad. Las palabras se atascan en mi garganta mientras sigo tratando de descifrar las señales que él, inconsciente de mi lucha interna, envía al universo.

    En aquellos tiempos, la vida en los Alpes se caracterizaba por el aislamiento y la crudeza de la naturaleza que nos rodeaba. La nieve cubría los paisajes, creando un velo blanco que aislaba nuestras almas de los tumultos del mundo exterior. Cada día, enfrentábamos el desafío de sobrevivir en un entorno hostil, donde el frío penetrante se convertía en nuestro más feroz enemigo. Sin embargo, en medio de esa lucha diaria, se forjaban conexiones profundas y verdaderas entre las personas que compartíamos esos territorios inhóspitos.

    Nuestra cabaña se erguía como un bastión de calidez y seguridad en medio de la vastedad blanca. Las paredes de madera crujían suavemente, como si fueran guardianas de nuestros secretos más íntimos. Cada objeto en su lugar, cada rincón cuidadosamente adornado, era un testimonio de nuestro afán por crear un hogar en aquel paraje desafiante.

    En las mañanas, despertábamos al abrazo gélido del alba, cuando el sol apenas se asomaba sobre las montañas. Desayunábamos juntos, compartiendo tazas de café caliente y pan recién horneado. Él, con sus manos ásperas y fuertes, había labrado la tierra para proveernos de alimento. Yo, en cambio, me dedicaba a las labores domésticas, encontrando consuelo en el orden y la limpieza que reinaban en nuestro hogar.

    Conforme avanzaba el día, el trabajo en el campo reclamaba su atención y él partía hacia las faenas diarias. Mientras tanto, yo me entregaba a las tareas de la casa, intentando que cada detalle estuviera perfecto para su regreso. Limpiaba, cocinaba y preparaba su comida favorita, con la esperanza de conquistar su corazón a través de sus sentidos.

    Y así, al caer la tarde, esperaba su regreso con un palpitar agitado en el pecho. Me cambiaba de ropa, optando por prendas más provocativas, anhelando que mis nuevos atuendos despertaran su atención y despierten en él los mismos anhelos que habitaban en mí. Cuando escuchaba sus pasos acercarse a la cabaña, mi corazón se aceleraba y mi respiración se entrecortaba.

    Él entraba en la cabaña, exhausto y cubierto de nieve, y yo le daba la bienvenida con una sonrisa. Sin decir una palabra, me acercaba a él, ofreciéndole mi ayuda para desprenderse de su abrigo cargado de la jornada. Mis manos temblaban ligeramente mientras deslizaba los botones de su camisa, permitiendo que mis dedos rozaran su piel. El contacto nos envolvía en una tensión palpable, una corriente eléctrica que trascendía las palabras y nos sumergía en un océano de emociones prohibidas.

    En una noche especialmente fría, mientras la ventisca azotaba las ventanas de la cabaña, nos encontramos acurrucados juntos en la misma cama. El frío se había infiltrado con tenacidad, y ambos buscábamos en el calor de nuestros cuerpos un refugio contra la gélida realidad. Allí, envueltos en mantas y abrazados por la oscuridad, nuestros corazones latían al unísono, en un ritmo que parecía trascender el tiempo y el espacio.

    Esa noche, mientras el viento susurraba su canción de invierno, él, estando dormido, me abrazó por atrás. Uno de mis pechos se escapaba por el escote de mi camisa y él lo tomó con su mano. Nunca me sentí tan tensa y feliz. La nieve caía afuera, ajena a nuestro íntimo encuentro, mientras el fuego crepitaba en la chimenea, testigo mudo de mis sentimientos. Finalmente caí dormida con su mano en mi seno.

    La vida en la cabaña se regía por el ritmo lento y pausado de las estaciones. Durante el invierno, nos aferrábamos a la calidez del hogar, compartiendo momentos íntimos y llenos de complicidad. La leña crepitaba en la chimenea, proyectando sombras danzantes en las paredes. El aroma del pan recién horneado inundaba el aire, invitándonos a disfrutar de su sabor reconfortante. En esas noches de invierno, las estrellas brillaban con una intensidad sobrenatural, como si quisieran guiarnos hacia nuestros destinos entrelazados.

    En otra fría noche volvimos a dormir juntos y volvió a pasar lo mismo. Solo que al despertar su mano seguía allí, pero ahora jugando con mi pezón. No supe qué decir e hice como que me despertaba. Él retiró su mano.

    Y así, en medio de la quietud y la soledad, nos sumergíamos en una danza delicada de deseos y secretos compartidos. Cada gesto, cada mirada, era una pequeña chispa que encendía el fuego de nuestra pasión. Pero en aquel momento, mientras dormíamos juntos por el frío, nuestros cuerpos se acercaban cada día más.

    Era en esos momentos íntimos, en los que la oscuridad se desvanecía y solo quedábamos nosotros dos, cuando podía vislumbrar un futuro en el que nuestras almas se liberaran de las cadenas del miedo y el rechazo. Una promesa tácita se había tejido entre nosotros, una promesa de explorar juntos los senderos inciertos del amor.

    Sin embargo, el destino es caprichoso y los secretos, aunque guardados con celo, siempre amenazan con salir a la luz. ¿Podría reunir el coraje suficiente para desvelar mis verdaderos sentimientos?

    El invierno se extendía ante nosotros, y en los días por venir, tendría que encontrar las respuestas que habitaban en lo más profundo de mi corazón.

    Una noche de mucho frio y viento en la que la puerta parecía partirse, decidí ir más allá y me acosté desnuda. En la oscuridad pude sentir su cuerpo detrás de mí. Él puso su mano en mi pecho y empezó a jugar. Estiré mi mano hasta sentir su miembro por vez primera. Era grande y grueso. Como lo imaginaba. Se subió encima de mí y me penetro mientras me besaba.

    A partir de aquel momento, nuestra relación floreció en una pasión incontenible. Los días se convirtieron en una sucesión de momentos compartidos, donde las risas y las caricias se entrelazaban con las palabras susurradas al oído. Descubrimos el amor en su máxima expresión, explorando los rincones más profundos de nuestro ser y encontrando en el otro un refugio de ternura y complicidad.

    Cada día nos amamos mas y mas y aprendí todo sobre él y el todo sobre mí.

    La cabaña, que una vez fue testigo de nuestras miradas cargadas de secretos, se convirtió en el escenario de un amor desenfrenado. El fuego de la chimenea nos acompañaba en nuestras noches de pasión, mientras las llamas danzaban al compás de nuestros cuerpos entrelazados.

    Las estaciones pasaron, y el invierno dio paso a la primavera. Nuestro amor floreció como las flores en los prados alpinos, llenando nuestros días de colores vivos y fragancias embriagadoras. En aquel rincón mágico, lejos del bullicio del mundo exterior, encontramos un paraíso donde el tiempo se detenía y solo existíamos él y yo.

    Ahora solo quiero tener su miembro en mi boca. Todavía no me animo a pedírselo. No quiero que deje de respetarme y necesito sentirlo adentro mío todas las noches. A veces tengo la suerte de que me despierte con su enormidad dentro de mí y me siento llena y plena. Soy feliz.

    ….

    Puedo recibir correcciones o comentarios en:

    [email protected].

    En este relato intenté indagar en las ilustraciones del entorno, tratando de que sea ese entorno un personaje fundamental.

  • Un whatsapp imprevisto

    Un whatsapp imprevisto

    Me llamo Debora y este año he acabado el bachiller. Este verano va a ser un verano diferente puesto que nos preparamos para irnos a la universidad y será el de una pequeña despedida de la rutina de nuestro pueblo.

    Este verano tengo muchas ganas de disfrutar y desconectar del curso una vez cumplidos los objetivos. La carrera que quería está asegurada y un grupo de amigas nos iremos a vivir a una nueva ciudad en un piso de solteras y porque no decirlo de zorritas.

    Llevo todo el año quedando con un chico de una pandilla de otro instituto, un chaval majo y deportista. La verdad que el tío está bueno pero no sé porque, no me despierta ese lado salvaje que tengo ganas de descubrir. Follamos los fines de semana, nos lo pasamos bien, pero no me da lo que quiero.

    En su grupo de amigos hay un chaval rubito, con cuerpo atlético, un chaval que de primeras no llama la atención pero que tiene algo que me pone cachonda. El tío está muy bueno, tiene un cuerpo fuerte y fibrado, le encanta el deporte y se le nota. Su sonrisa inocente estoy convencida de que tiene algo oculto.

    Este chaval, de nombre Adan, es de pocas palabras, muchas veces charlamos brevemente de cosas sin importancia y sale a relucir toda su timidez. En el fondo, hay química entre nosotros, noto que a él también lo pongo cachondo pero nunca pasamos de cuatro palabras tontas.

    Un jueves por la tarde nos fuimos a la playa. Después de un rato en el agua mi rollete me metió la mano en mi sexo, me puso muy caliente. Me gustó la excitación de ponerme tan cachonda con nuestros amigos alrededor. Yo a su vez le agarré la polla y se la meneé con suavidad pero con firmeza a la vez. Un segundo más y se hubiera corrido allí mismo. Al salir del agua llegó Adan, que venía del último entrenamiento de la semana. Esto acabó de ponerme el coño chorreando. El chaval venía todo marcado, venas, abdominales, músculos y hasta debajo del bañador se intuía una polla un poco erecta.

    Cuando llegué a casa, no sé muy bien porque le mande un mensaje a Adan interesándome por cómo habían ido los entrenamientos para su competición del fin de semana. La verdad que no me importaba nada esto, pero sentía la necesidad de sacar tema de conversación. Tras un rato hablando la charla fue tomando un camino bastante hot, cosa que me sorprendió y me agradó al mismo tiempo. Ese chico tímido en persona se transformaba en el mundo digital y me estaba poniendo más cachonda aún de lo que ya estaba. No sé muy bien como llegamos a ese punto pero solo podía leer que lo ponía muy cachondo cada vez que me veía, que le encantaría acariciarme la piel, besar todo mi cuerpo, lamerme hasta comerme el coño…. No daba crédito a lo que estaba leyendo. Yo por supuesto, alimentaba ese fuego porque estaba más cachonda que una mona y quería probar como rendía ese deportista.

    Después de varias horas chateando y ya sin poder aguantar más, le propuse que al día siguiente por la mañana se viniera a mi casa. Quería probar todos esos deseos que estábamos expresando. Mis padres no estaban y era el momento ideal de intentar follarme a ese chaval que me daba tanto morbo. Tras quedarse un poco cortado con mi invitación finalmente aceptó. Está claro que lo suyo es el mundo virtual, en el cuerpo a cuerpo se acojono un poco, pero bueno, había aceptado y estaba ansiosa por probar.

    A la hora acordada, puntual como un reloj suizo, sonó el timbre de mi casa. Fui a abrir la puerta con un sujetador que dejaba a la vista un profundo canalillo, un tanga enano y una bata transparente propia de una peli porno. No quería que se echara atrás en el cara a cara y no dar pie a la duda.

    Al abrir la puerta sus ojos se salieron de las órbitas al ver mi modelito y contra todo pronóstico se abalanzó sobre mi dándome un morreo exquisito. Se me humedeció el coño solo con ese beso. Me siguió besando con intensidad a la vez que me empotraba contra la puerta del armario de la entrada. Cerramos la puerta de casa y siguió el beso. Le quité la camiseta, que cuerpazo tenía. A la vez veía como crecía algo debajo del pantalón. Le empecé a comer el cuello y a bajar lentamente para descubrir que escondía. Llegué al pantalón, se lo desabroche y se lo bajé. Debajo de aquel bóxer había algo muy interesante, se lo mordí por encima del calzoncillo y sentí como se estremecía del gusto. Rezaba porque no se corriera sin haber ni siquiera empezado.

    Tras lamer eso escondido por encima del calzón se lo bajé y ufff, que polla más rica, gorda y grande estaba escondida. Se la empecé a comer con suavidad, estaba entusiasmada con mi juguete nuevo. A la vez q se la chupaba cada vez más profundamente no podía parar de pensar en como la sentiría dentro.

    Cuando la tenía dura se la agarré y lo arrastré a mi habitación, en ese momento el cogió las riendas. Me tiró en la cama, me quitó toda la ropa, me comió las tetas y bajó a mi coño donde me lo lamió con una exquisitez absoluta, no pude resistirme a gemir. No podía parar de gemir y le grité que me follara. En ese momento me metió la polla, menuda explosión de placer, volví a gritar y eso hizo que acelerara. Yo solo quería que me la metiera y sacara, no podía hablar, solo gemía y gritaba. Mi coño estaba chorreando. Me dio la vuelta y me folló a cuatro patas, me agarró del pelo y me embestía fuerte. Me encantaba, no podía parar de retorcerme de placer. Le gritaba que siguiera y el empujaba más fuerte, me trataba como una zorra, me encantaba.

    Cuando me soltó el pelo, lo tiré en la cama, me subí encima de él y empecé a follarlo haciendo sentadillas sobre su polla, sus ojos nos podían disimular que estaba rabioso de placer. Yo también lo estaba, me agarraba el pelo y solo gemía, cada vez más fuerte. El me agarraba las tetas que saltaban arriba y abajo. Me había corrido ya un par de veces y él me dijo que no aguantaba más, me quite rápidamente de encima y le comí la polla hasta que se corrió encima de mis tetas.

    Fue el mejor polvo que había echado en mucho tiempo, el verano prometía. Sabía que esa timidez ocultaba algo salvaje.

  • Suggar baby intercambiable

    Suggar baby intercambiable

    Hola, me llamo Susana, tengo 21 años, morena de cabello largo y algo ondulado, con tetas medianas, delgada, con un culo bien formado y algo alta.

    Tengo un suggar que es muy lindo conmigo y llevamos saliendo aproximadamente hace un año, él me compra cosas lindas o invita a lugares que me gustan y a cambio casi siempre estoy con él en un momento tranquilo o teniendo mucho sexo lo cual también me gusta bastante, casi no somos de involucrarnos en nuestras vidas privadas pero está vez hizo una excepción y me invitó a una fiesta de su trabajo.

    La noche anterior me había quedado a dormir con él aunque casi no dormí pues estaba emocionada por la invitación a esa fiesta, no era de llevarme a esas fiestas elegantes, así que desde que me levanté me comencé a arreglar, me veía tan feliz que me dio una sorpresa, entre al cuarto y a ver una bolsa estaba un vestido rojo precioso, medias negras altas con encaje sexy y unos tacones plateados con cuerda alta.

    Al llegaron todo iba bien, todos se veían muy lindos y lindas y conforme estábamos me iba presentando como su novia algo que me parecía muy lindo pero a su vez notaba que algunos me miraban con algo de morbo o incluso deseo, algo que en cierto modo me gustó.

    Miró a un amigo suyo desde lejos y nos acercamos a él, lo acompañaba una linda chica como de mi edad pero un poco más pequeña en físico, ellos comenzaron a charlar y yo hice mi misma con la chica no tardamos mucho en decir nuestra relación con el hombre y ella también iba de suggar baby, notamos como ambos nos miraban y después de un rato se acercaron, mi hombre me empezó a acariciar las nalgas y a ella la beso el suyo.

    Nos alejamos de las demás personas y empezamos una conversación entre los cuatro donde nuestros hombres hablaban de como teníamos sexo, la chica y yo estábamos algo avergonzadas y mi hombre me dijo al oído «hermosa, mi amigo tiene ganas de hacerte el amor y la verdad quiero probar a esa chiquilla suya, ¿qué te parece hacer un intercambio por hoy? Él también puede darte dinero» estando algo nerviosa e intrigada dije que si.

    La otra chica también acepto y apenas llegué con el otro me dio una nalgada, cada quien se fue por su lado y ya en el auto del hombre estaba nerviosa, creo que llevaba tanto tiempo follando con mi suggar que esto lo sentía como una aventura, llegamos a su casa y me ayudó a bajar del auto, también todo era muy lindo, entramos y nos empezamos a besar, fuimos a su cuarto y me dijo que me pusiera linda mientras él regresaba, abrí el armario con mucha ropa linda y lencería, imagino de la otra chica.

    Me quite el vestido y use algo de lo que había ahí cuando el entro me encontró sentada en la cama con un baby doll negro semi transparente que me llegaba poco más arriba de mi entrepierna usando un hilo y nada en las tetas, me levanté y acerque a él tocando directo su erección en el pantalón, lo mire con una sonrisa pervertida pues más allá del dinero sentía tremenda verga, tome el vino y copas y las dejé en una mesita mientras él se quitaba la ropa.

    Se conservaba muy bien para un hombre de 46-47 años, yo solo me encargue de quitar su bóxer y efectivamente mirar la tremenda verga que tenía, me sorprendió tanto que le puse de cuclillas y la empecé a masturbar mientras tocaba mi rostro, le di unos besos a la punta y él me dijo que tenía un peinado muy lindo y no lo quería arruinar así que llevo su mano detrás de mi cabeza y bajo mi cabello empujando para meter su verga a mi boca.

    Empecé a chupar de manera sexy y constante y el rápido tomo mi cabeza y empezó a dar embestidas a mi boca haciéndome babear más y chupar con fuerza su verga, sin duda un hombre dominante, me tomo con ambas manos mientras me hacía suya penetrando mi garganta, haciendo una garganta profunda, su sabor y olor me estaban volviendo loca y sentía que ya estaba mojada y lista para recibirlo, la saco y me quede jadeando y acariciando mi cuello.

    Me levanto y dio un beso muy rico mientras me quitaba el hilo, me dio media vuelta y empujó hacia la cama con mis tacones apoyados en el suelo y la parte superior en la cama, lo mire y al llegar detrás de mi sin decir nada la comenzó a meter como si fuera un juguete, su verga era ancha por lo que me dolió un poco al meterla pero me acostumbré rápido, me sentía como una mujer casada siendo infiel y probando otra verga.

    Me la metía toda muy duro mientras yo me aferraba a las sábanas con manos y dientes, me dio nalgadas y su verga no paraba de abrirme al natural, le dije del condón y él dijo que se había hecho la vasectomía por la otra chica, de alguna forma eso me excito más, después de un rato metió sus manos debajo de mi y me levanto con mi espalda en su pecho sacando el baby doll y quedando solo con las medias y tacones.

    Entre mis gemidos decía su nombre y una de sus manos que estaba en mis tetas subió a apretar mi cuello hasta que mis gemidos eran bajos y dijo «llámame por lo que soy perra» y con mi cuello apretado alcancé a decir «papi» y me soltó un poco pudiendo respirar mejor, me dio besos y algunas mordidas en los hombros y espalda mientras que cada embestida se sentía como un rayo de placer me llenaba toda y venía de mi útero.

    Después de estar así un rato mis piernas temblaban y él al ver esto las tomo juntas y sin sacarla me acostó del lado, mi coño apretaba más su verga así y todo mi cuerpo se movía mientras recibía nalgadas duras, mi coño tenía espasmos y el frotaba mi clítoris, no dije nada pero sabía que iba a pasar y empujó toda su verga dentro dejándola hasta el fondo unos segundos hasta llevarme al orgasmo.

    Sentía mi cuerpo en llamas con ese orgasmo que me dejó temblando manos y piernas, me beso la mejilla y saco su verga mientras se subía a la cama acostado y dijo «ven puta es tu turno de hacerme acabar» las piernas me estaban temblando pero aun así fui con el y lo empecé a montar duro, apoye mis brazos en la cabecera de la cama para impulsarme y él jugaba con mis nalgas y tetas.

    Me daba muchas nalgadas y en un momento subió sus manos a mi suave espalda y me rasguño, grite de placer con un poco de dolor, ni siquiera yo sabía que algo así me podía excitar, sentía que en cualquier momento podía colapsar pero no dejaba de moverme y apretaba mi coño lo más que podía aun estando sensible su verga llegaba más profundo que antes y mi sudor corría por todo mis cuerpo lubricando un poco.

    En un momento daba saltos más lentos pero casi sacando toda su verga y el de sorpresa tomo mi cintura y me presionó para meterla toda y quedarse quieto, mientras estaba así tuve otro orgasmo para poco después sentir su verga palpitar y llenar de semen mi coño, lo mira sorprendida y bajo mi rostro para besarnos, después de unos segundos termino de correrse y me ayudó a sacarla dejándome suavemente sobre la cama.

    Después abrió la botella en la mesita y bebimos los dos, dormimos en la misma cama y en la mañana siguiente tome un baño, me vestí y me fue a dejar con mi suggar y vi de nuevo a la chica igual con besos y algunas mordidas sexys, me anime a hablarle pues ambas estábamos felices y me dio su número. Ya después estuve con mi suggar un rato y me fui a mi casa.

    Fue mi primer intercambio y fue algo extraño pero sobre todo sexy, si tienen la oportunidad y están de acuerdo háganlo. Ojala lo hayan disfrutado si es que si díganlo, adiós.

  • El spa de Ma´ (parte 4)

    El spa de Ma´ (parte 4)

    Candance

    Mi hermano está por casarse. La verdad es que la mujer no me desagrada, simplemente me parece un tanto difícil de tratar. Recuerdo la primera vez que mi hermano la llevó a casa a conocer a nuestros padres; melena cobre teñido, esbelta figura, piel bronceada y por Dios Santo esos enormes senos que por poco escapan de su vestido de diseñador, al parecer fui la única que se fijó en ello porque mis padres la amaron al momento.

    Ahora estoy en casa de ambos echada en su sofá. Mi hermano me ha pedido llevarla a recorrer la ciudad en lo que él y mis padres van en busca del mejor restaurante para que él le proponga matrimonio. No sé a dónde llevarla, son ellos quienes viven en la ciudad, yo deje mi lluvioso y frio Londres por venir a dicha cena. Estoy revisando una lista de los mejores sitios a los que ir con una amiga, ella no es mi amiga pero tendrá que serlo por el bien de la familia y mi hermano. Un spa. No recuerdo cuando fue la última vez que fui a uno, y la verdad necesito uno en estos momentos si tendré que estar más tiempo con ella.

    Dabria es quien conduce, yo solo me limito a verla de reojo. Ella me pone de los nervios, y no sé si sea por su apariencia, no me considero bisexual y mucho menos lesbiana, claro que llegué a besar alguna amiga en mi juventud solo por curiosidad, pero está mujer me pone la piel de chinita por su simple apariencia. Ahora lleva la melena de color rubio hasta el pecho, sus piernas largas y bronceadas enfundadas en una falda de tubo y su blusa abotonada ceñida a su gran pecho y abdomen plano. Aunque ella haya cambiado su forma de vestir en los últimos años a la de una mujer más madura y profesional, sigue levantando miradas a donde sea que vaya.

    Llegamos. No leí demasiado las reseñas, solo me basto con leer que no hay ningún hombre para saber que era ahí donde quería ir. Amo a los hombres, y sobre todo si tienen una gran verga incluida que usan para azotarme el culo y darme grandes estocadas, pero mi último ligue me rompió el corazón y quiero tener distancia de ellos por un tiempo.

    Ambas bajamos, nos miramos por encima del coche y sin decir ninguna palabra entramos al edificio. Una amable mujer nos recibe, no lleva más que un sostén de cocos y una mini falda ula con unos largos tacones de palma. Nos ofrece varios paquetes, tomamos el más costoso qué es el que dura más y el que parece mas relajante; nos lleva por un pasillo angosto con paredes de cristal a los lados y vistas al mar así como vistas a sus zonas tropicales, se detiene en una puerta con un letrero en ella «Palma Barbarié» saca una llave y abre haciéndonos una seña para que entremos.

    – Esperen aquí. En unos minutos llegará Belén, su masajista. – Cierra la puerta al salir. Dabria y yo solo nos miramos fijamente, una en cada lado de la habitación.

    – Está haciendo demasiado calor – se abanica con la mano.

    – Ni qué lo digas. – Miro por fuera de la ventana.

    – ¿Por qué estás tan molesta? Has sido tú quién escogió este lugar, la verdad no pensé que te gustarán estás cosas y menos las chicas. Tal vez te hubiera propuesto venir antes de haberlo sabido.

    – ¿De qué estás hablando, Dabria? – La mire un poco confundida.

    – Qué este es un spa para lesbianas. Mis amigas me han hablado de él, lo que pasa aquí se queda aquí, eso no deja mucho a la imaginación que es un lugar para tener sexo pero lo cubren con el nombre de spa. – Debí haber leído las reseñas antes -. Y como has pagado el más caro, supuse que te gustaban las chicas, si te soy sincera yo no me quejo, salí con varias antes de estar con tu hermano.

    Antes de que pudiera hablar la puerta se abrió, entrando una mujer madura de tal vez cincuenta años. Tenía la melena rubia con algunas canas, parecía que había sido muy guapa durante su juventud, aún seguía siéndolo. Llevaba una filipina blanca, una falda corta blanca y zapatillas de aguja de color plata.

    – Hola. Me llamo Belén, seré yo quien las atienda durante su estadía aquí. No se preocupen lindas, están en muy buenas manos. – Belén camino por toda la habitación, sacando cosas de un lado y de otro -. Permítanme acomodar el lugar antes de empezar.

    Belén se puso en cuatro para poder acomodar varias velas sobre una pequeña repisa y darles fuego. La tenía frente a mí, vi su tanga blanca encariñarse a su coño, movió el culo de un lado para otro y, eso me calentó. Mientras lo hacía Dabrie me sonreía pícaramente susurrando un «lo ves», Belén se levantó, fue hasta el escritorio y saco una bala sonriendo lujuriantemente.

    – Ahora si, empecemos. – Gimió.

    Se sentó en la colchoneta del suelo, mirándonos, abrió sus piernas a la altura de sus hombres, saco el pecho y levanto su falda. Ahí estaba un triángulo blanco cubriendo su coño, una pequeña humedad se marcaba en el centro de su tanga. Bajo la mano en la que tenía la bala, la encendió y comenzó a frotar su coño en pequeños círculos lanzando gemidos entre susurros. Hasta que la tela estaba empapada y las vibraciones no podían pasar por la humedad, removió la tela a un lado dejando ver un coño rosado perfectamente depilado donde estaba empezando a escurrir una nata blanca, quería chupar esa nata. A mi lado Dabria había empezado a acariciar sus senos, mordiendo su labio inferior, mis piernas estaban flojeando indecisas si acercarse a ella o a Belén.

    Me acerqué a Dabria, me acerque por detrás, cubriendo sus senos abultados con mis manos; desabroche los botones y subí su brassier por encima de sus tetas, dos grandes melones saltaron a la vista con pezones rosados erguidos. Los tomé entre los dedos acariciando sus pezones y pellizcando, Dabria se retorció contra mi cuerpo, aproveche el descuido para besarla en el cuello buscando un punto sensible que la hiciera gemir para mí. Deslice una mano por su abdomen sintiendo como se contraía, baje hasta sus muslos acariciando por encima de la tela, enrolle la tela y metí mi mano entre sus muslos. Sus bragas estaban húmedas, frote tanto que mi piel ardió por la fricción. Sin resistirlo más tome un costado de su ropa interior en mi puño, subiendo la tela más hasta que gimió en el momento que la tela se metió entre su hendidura, teniéndola así, moví mi puño de un lado a otro para que sintiera la fricción de la tela en su vulva y clítoris. Al frente, Belén tenía la cabeza echada hacía atrás, gimiendo más fuerte mientras hundía un dedo y después dos en su coño, con la bala frotando su clítoris.

    – También quiero tocarte, Candance. Déjame hacerlo. – Se dio la vuelta y me miró.

    Me besó. Su lengua entrando y saliendo por mi boca y de vez en cuando sus dientes mordiendo mis labios. Acaricie su culo, se separó sacándome la blusa por la cabeza, mi brassier negro estaba dejando salir mis tetas muy excitadas, las tomo sobre la tela y masajeo, eché la cabeza hacía atrás cuando desabrocho el brassier dejando caer la tela y empezó a morder mis pezones. Tome su cabello en mi mano e hice un puño con él, viendo por encima como los chupaba y pellizcaba, tenía el culo hacía afuera apuntando a Belén, quien se arrastró a gatas para tomarla por el culo.

    Le termino de sacar la falda, le bajo la tanga y empezó a besar sus nalgas. Abrió sus nalgas, para hundir su lengua en su ano y resbalar hasta su coño, Debría movió su culo en la cara de Belén, mientras a mí me chupaba las tetas y deslizaba su mano por la tela de mi pantalón corto. Mi tanga estaba mojadísima, así que no le fue difícil hundir dos dedos en mi coño.

    – Preciosa, por favor siéntate en mi cara. – Gimió Belén para Dabria.

    Las tres nos separamos, quitándonos lo que nos quedaba de ropa. Belén me entrego un dildo vibrador que se pegaba en las superficies, así que nos acomodamos. Yo estaba en cuclillas sobre el dildo entrando y saliendo de éste besando a mi cuñada, Belén estaba bajó ella comiéndole el coño mientras una sex machine la penetraba con tanta fuerza que pensé se desarmaría la máquina. Las tres no podíamos dejar de gemir con Dabria pellizcando mis tetas y yo las suyas y Belén comiéndole el coño éramos dignas de una película porno. El tiempo se pasó y nuestra cita había concluido, pero Belén no nos dejó ir hasta no terminar con ello.

    Belén nos hizo cambiar de posiciones, puso su coño maduro sobre mi cara. Yo recostada comiendo su coño y las manos atadas sobre mi cabeza, Dabría estaba acostada mirando mi coño mientras me penetraba con un maxi dildo, la sex machine se la cogia ahora a ella. Belén estaba chupando un pene de goma, que después se giraba y lo pasaba a Dabria para que hiciera lo mismo.

    – ¡Vamos Candance! ¡Así! – Gemía Belén para pellizcarme las tetas.

    Yo levante la cadera más hasta que el dildo me froto el clítoris y mi orgasmo estaba llegando junto con el de Belén. Su nata desprendió de su coño a mi boca, traté de tragarlo todo pero los borbotones que se hicieron en mi boca hacían que escurriera la nata fuera de mí, tenía un sabor agridulce. Y mi cuerpo no pudo más, pasando ondas de placer por todo mi cuerpo hasta la puntas de los pies, sentí como se me hinchaban más las tetas. Dabria se levantó al igual que Belén. Primero se acariciaron unos segundos para dejarme descansar, las manos de ambas moldeando las tetas de la otra, se besaban.

    Dabría me acomodó la sex machine para que me penetrara colocándome también una mordaza en la boca. Ambas siguieron acariciándose, Belén se sentó sobre el escritorio y Dabría se colocó un arnés, Belén la tomo de la cintura y la beso, Dabria entró lentamente en ella, ambas gimiendo a la vez. Se movió con más fuerza, sus caderas chocando tras estocada y gemidos, sus manos acariciando sus tetas, Belén bajo su mano para acariciarse su coño mientras Dabria seguía cogiéndola con tanta fuerza que cayeron varios papeles del escritorio. Entonces, me corrí por una segunda con el dildo de la sex machine dentro de mi vagina.

    – Date la vuelta. – Gruño Dabría para Belén.

    Así lo hizo. Se bajó del escritorio, apoyo su cadera en la superficie y se inclinó con el culo empinado hacía Dabria. Ella resbaló el dildo del arnés por su coño tomando jugos de éste para pasarlos por el ano de Belén, Belén cerro las manos entorno al escritorio y Dabria la penetro con tal fuerza que unos gemidos entre sollozos se escaparon de los labios de Belén, quién dejo el culo quieto para que Dabría entrara y saliera de su ano tantas veces quisiera. Entonces, Belén comenzó a mover el culo para que mi cuñada la cabalgara, Belén sin dejar de gemir y sus tetas moviéndose de arriba abajo, saltando y chapoteando en su piel sudorosa. Cuando no pudo más se separó de Belén, se acercó a mí, me desató las manos me puso en cuatro me acomodo la sex machine en el coño y dejó que nuevamente me penetrara, Dabría unto aceite sobre mis nalgas y me penetro analmente. Mi cuerpo sintió una gran oleada de placer entre mis dos orificios siendo penetrados, Belén temblorosamente se acercó y levanto mi cabeza agarrándome del cabello poniendo mi boca en su coño para yo chuparle la nata que acaba de expulsar por su delirio de placer.

    Me corrí otra vez, y luego otra y otra. Me corrí tantas veces como no me había corrido antes. Me comí la nata de Belén y Dabría. Y ellas la mía.

  • Tropa Loca (3)

    Tropa Loca (3)

    Esta historia comienza en la prepa, donde varios compañeros del grupo nos juntábamos para salir de paseo o ir a las fiestas. Mi novio, Saúl, no formaba parte de esta bolita porque él estudiaba ya su licenciatura. Aunque algunas veces sí me acompañó a las fiestas que organizábamos, nunca lo hizo a las excursiones.

    Precisamente en estos paseos es donde se daba la parte sexual, se hacían parejitas, que no necesariamente eran novios, y se perdían por un rato para darse mimos, toqueteos y algo más. Producto de ese algo más, nos obligó a juntar dinero para pagar dos abortos a las compañeras más inexpertas.

    Yo estuve a punto de coger con uno de los amigos que más me gustaba, Felipe, pero no lo hicimos, en ese momento, sino varios años después y lo conté en el primer relato de esta serie. También relaté en la segunda parte cómo cogí años después con Soto, un compañero muy tímido que me gustaba mucho y en la época de estudiantes me lo llevé aparte en uno de los paseos del grupo, lo besé, le apachurré el pene por encima de la ropa y lo obligué a mamarme las tetas; él se dio gusto magreándolas mientras mamaba, pero se negó a más.

    Hubo dos casos más. Uno de ellos con “El Geronte”, así le decíamos a Otilio porque era el mayor del salón y también el jefe de grupo. Con él me besé, acostados sobre la hierba, me subí en él e hicimos movimientos de coito, pero sin desvestirnos. Él se sacó el pene y me lo ofreció, yo sólo le di unos tironcitos y me abrí la blusa para que chupara mis pezones, que ya los había acariciado metiendo su mano. Cuando me insistió en coger, le dije que en ese momento no podía, “quizá después”, y él ya no insistió.

    Sin embargo, la suerte quiso que nos encontráramos en una fiesta que se dio en casa de una tía de él. Mi esposo Saúl y yo habíamos sido invitados por una amiga mía. La reunión se hizo en la zona que ocupaba la cochera y el jardín frontal de la casa. Otilio y yo nos reconocimos de inmediato y bailamos, cosa que no le importaba a Saúl porque a él no le gusta la bulla de la música estridente y la luz negra que se estilaba entonces.

    –Sigues estando tan hermosa como antes –me dijo bajando la mirada hacia mi escote–. ¡Estás mejor, ya eres madre! –exclamó recargando su ante brazo en mi pecho y yo sonriendo sólo afirmé con la cabeza–. Quiero volver a probar tu pecho… –dijo sin más y me llevó a una parte más obscura.

    –Aquí no se puede –le dije dándole un beso en los labios.

    Sin embargo, seguimos calentándonos. Él toqueteaba discretamente mi pecho sobre la ropa y yo me repegaba el pubis para sentir su turgencia, también, más de un par de veces bajé una mano para acariciarlo, en la última sentí el pantalón húmedo.

    –Sí se puede, ¡ya verás! Cuando vayas al baño, recorre dos puertas más adelante, te espero allí –me dijo–, estaré atento cuando vayas.

    En ese momento terminó la pieza y me llevó a mi lugar. Cuando pasó mi amiga, le pregunté donde quedaba el baño. Ella me señaló la puerta de acceso a la casa y me dio indicaciones. Todo esto lo observaba Otilio y se fue adentro antes que yo.

    –Ahorita vengo, espero no tardarme mucho, pero traigo malestar estomacal –le dije a mi marido y me encaminé al interior.

    Recorrí dos puertas más allá, tal como me dijo “El Geronte”, y vi una puerta emprejada, la empujé y Otilio me hizo pasar, la cerró con seguro, causándome algo de susto. Se trataba de un cuarto donde guardaban “tiliches”, no había ni dónde sentarse.

    –Verás que sí se puede, Tita –me susurró antes de abrazarme para besarme.

    Todo un experto, con una mano en mi espalda, me bajó el cierre del vestido y luego jaló los tirantes del vestido y el sostén al mismo tiempo, dejando mi pecho a su disposición.

    –Varios años después, pero quiero cumplir lo que dejé pendiente, lástima que no hay tiempo… –le dije acariciándole el pelo mientras mamaba.

    Estuvo chupándome el pecho un buen rato. Después me lamió los óvulos de las orejas y el cuello para calentarme más, al tiempo que se sacó el falo.

    –Aunque sea poco tiempo, pero yo también quiero amarte –susurró, me levantó la falda y sentí su enorme verga entre mis piernas.

    –¡Oh, qué grande se siente!, y está caliente… –exclamé deseando que me la metiera ya.

    Bajé mis dos manos, con una me hice la pantaleta a un lado y con la otra acaricié el tronco. ¡Apenas podía abarcar su circunferencia con mi mano! dirigí su miembro hacia mis labios interiores y lo friccioné en mi flujo que ya empezaba a escurrir por el deseo.

    Una vez que el glande húmedo de presemen resbaló hacia adentro de mi vagina, me colgué de su cuello, subí mis piernas apretando su cintura, me cargó de las nalgas y escuché los dos quejidos que lanzamos cuando me penetró hasta el fondo. Me moví, y él siguió mi ritmo con sus manos subiendo y bajando mi cuerpo.

    Esa posición la practiqué muchas veces con Saúl, cuando éramos novios, por ello me salía con una maestría de puta.

    Ambos temblábamos por la fogosidad del momento, y, con el contacto de sus manos en mis nalgas, aunado a los arremangones que me daba en los labios esa formidable herramienta de Otilio, comencé a tener varios orgasmos continuados, yo daba gritos ahogados en cada venida que tenía, hasta que sentí que se hinchó el tronco y escuché un bufido. Sentí tres descargas dentro de mí “¡Qué rico…!”, exclamé. “Sí, muy rico…”, dijo Otilio al comenzar a bajarme cuando su exangüe pene salió de mí. Apenas puse los pies en el piso, me subí los tirantes, di media vuelta y le pedí que me subiera la cremallera, mientras me acomodaba yo el sostén y el vestido.

    “Sí se pudo”, le dije dirigiéndome a la salida del cuarto y él me abrió la puerta. Fui al baño, donde me limpié. ¡Hasta las medias traía chorreadas de flujo y semen! Al salir al patio, lo vi con una cara de satisfacción y cansancio. Tomó mi mano, la besó y me dijo “Gracias, ya estoy en paz”. “Yo también”, le dije sonriendo y me retiré a donde estaba Saúl.

    –Vámonos, no estoy bien –le dije sobándome la panza.

    –Te ves agotada, Nena, parece que estás enferma –dijo colocándome el dorso de su mano sobre la frente–. ¡Estás sudando y tienes la cara encendida! Despidámonos de tu amiga –señaló hacia donde ella bailaba y nos fuimos a despedir.

    ¡Claro que estaba con la cara y el cuerpo sudados! ¡Claro que estaba agotada!, pero era por los orgasmos que me sacó “El Geronte” y su vergota extra grande. Nunca me habían metido una de ese tamaño.

    Al llegar a casa, fui al bidet para asearme. Con el chorro de agua tuve un orgasmo más y me sentí débil. Esa noche soñé que le chupaba la verga a Otilio, ¡eso me faltó! La imaginé como mi tacto la sintió: enorme, venosa y circundada. Al amanecer, me tomé el semen de Saúl, quien se despertó después que su verga había crecido en mi boca con las caricias de mi lengua y las deliciosas sorbidas que le daba al glande. Ese tamaño estaba ideal para mi boca…

    De Otilio, “El Geronte”, ya no supe más, pero la cuenta entre los dos, quedó satisfactoriamente saldada.

  • Nuevas sensaciones

    Nuevas sensaciones

    Tuve que salir unos días de la ciudad, algo de trabajo, solo eran 5 días, pero están 5 días que no iba a estar con Dani, días que no iba a sentir su piel, ni sus besos ni nada parecido.

    Nuestra comunicación para esos días solo se basa en mensajes, llamadas, nos decíamos lo mucho que nos extrañamos y que tantos días sin sexo eran un infierno.

    Llego mi último día fuera de casa mi mente no dejaba de pensar en Dani, cada que la recordaba mi pene se ponía súper duro y solo me quedaba el consuelo de masturbarme pensando en ella.

    Al llegar la noche hablamos con Dani, ya pronto estaríamos juntos e iniciamos una charla caliente de todo lo que haríamos cuando regresara. Surgió la idea de hacer una video llamada y tener »sexo» Dani índico que le gustaría verme tocando mi pene y accedí sin problema, yo le pedí que desean ver sus pequeños pero deliciosos senos, ella sin problema quito su blusa, quito su brasier y ante la cámara quedaron esos ricos pezones, algo efectos de la excitación.

    Yo no dejaba de tocar mi pene un solo segundo y se lo enseñaba a Dani, estaba tan excitado que se veía a simple vista cómo salía líquido de mi pene, lo sorpréndete fue que ella me pidiera que lo recogiera con mis dedos y lo comiera.

    Fue extraño para, porque a pesar de que somos bastantes abiertos a lo sexual nunca imaginé algo así o nunca he imaginado hacerlo con otro chico.

    Pero era tanta la excitación que apreté mi pene, salieron algunas gotas de líquido, los tomé con mi dedo, se los mostré a Dani y los saboreé muy lentamente en mi boca. Para sorpresa mía no sabían mal y me había gustado, así que cada que los veía salir los tomaba y comía, creo que eso generó mucho excitación en Dani porque ella empezó a hacer lo mismo y si que era fascinante ver si vagina mojada y que ella comiera sus fluidos.

    Yo estaba sentado sobre la cama, algo recostado y se podía ver todo de mí, hasta mis nalgas y creo que eso fue lo que vio Dani, porque me pidió algo más que nunca imaginé. Me pidió que acariciara mi ano, que ella quería verlo y que cuando llegara a casa lo quería lamer, todo era muy incierto para mi pero era excitante, así que me recosté, abrí mis piernas y empecé a rozar mi ano con mis dedos, ella no paraba de tocarse al verme y noté que hacía lo mismo, acariciar su ano, creo que el momento era muy caliente para ella, no dejaba de decir que metería su lengua en mi ano y que si dejaría meter algún o algunos dedos dentro de él.

    Yo solo asistía con mi cabeza diciendo que si, pues para otra sorpresa, lo que sentía no era desagradable, y lo primero que se me ocurrió fue decirle que haría algo para ella, vi cómo sus ojos quedaron atentos al celular, empezó a ver cómo me puse en 4, abrí mis nalgas, me unté los dedos con saliva, me empecé a acariciar el ano y de la nada dejé ir uno de mis dedos hasta el fondo de mi ano, no me desgradaba, era placentero, pero creo que era más placentero porque Dani me observaba, g solo escuchaba cómo salían sus gemidos, realmente eso le estaba excitando bastante. Veía cómo sacaba sus dedos de su vagina, de su año y los lamía, aún tengo esos recuerdos en mi mente, seguimos así por un rato yo metía y sacaba mi dedo de mi ano y ella solo decía que ella deseaba hacerlo, que quería meter todos su lengua en mi ano, tenía mi verga muy dura y sentía que no aguantaba más, así que me senté de nuevo, metí un dedo en mi ano y empecé a tocar la verga al tiempo, le dije a Dani que se pusiera en 4 y se tocara, ella obedeció mía órdenes, así que incremente la velocidad de mis tocadas hasta que le dije que mirara como salía mi leche y así fue, tuve un orgasmo placentero y mi leche salió disparada en varias direcciones.

    Dejamos nuestro juego con la conclusión de que al siguiente día pondríamos todo en práctica.

  • El culazo de mi hijastra mayor y mi dura polla

    El culazo de mi hijastra mayor y mi dura polla

    Desde que la conocí personalmente tras comenzar mi relación sentimental con su madre, siento auténtica devoción por Sara, mi hijastra mayor, sobre todo por su cuerpazo sexy. Es una hembra viuda de 27 años, madre de cuatro hijos -¡sí, sí, cuatro hijos!- y físicamente alta, grande y fuerte, que posee una boca muy bonita con labios extraordinarios y sensuales, unas tetas medianas tirando a grandes, redondas y preciosas, con aureolas y pezones hermosos y oscuros, unas piernas grandes maravillosas, un coño peludo en su vulva pero con los labios vaginales depilados así como un culazo impresionante que hace que a cualquier hombre se le ponga la polla muy dura y tiesa al verla y sienta inmensos deseos de llevársela a la cama para follarla, en definitiva que despierta un morbo increíble.

    En ausencia de mi mujer, Sara me invitó a cenar a su casa con ella y con los niños, invitación que acepté, la cena se prolongó más de lo normal y, al hacerse tarde, me propuso que me quedase a dormir, lo que también acepté. Los pequeños se marcharon a la cama ya que al día siguiente su tía -mi hijastra pequeña- los recogía temprano para llevarlos al colegio mientras que nosotros dos nos quedamos hablando hasta la madrugada en el salón tomándonos unas copas.

    En un momento de nuestra conversación Sara me dijo «Voy a mi habitación a cambiarme de ropa. Me voy a poner cómoda», permaneciendo yo sentado en el tresillo del salón viendo la televisión mientras ella volvía. Mi sorpresa fue mayúscula cuando la vi salir con una bata transparente bajo la que tan solo llevaba sujetador y tanga de color blanco, dejando al aire casi todo su cuerpo y las espectaculares nalgas de su maravilloso culazo, lo que hizo que mi polla se pusiese bien dura bajo el pantalón marcando un buen bulto en el mismo, lo que ella notó perfectamente aunque guardó silencio y no dijo nada, sintiendo yo en ese momento enormes deseos de correrme haciéndome una buena paja ante sus ojos para que me viese aunque contuve las ganas.

    Continuamos hablando largo tiempo sentados en el tresillo del salón y para mí era irremediable no lanzar miradas a sus tetas y sus piernas maravillosas, algo de lo que también se dio cuenta en algún momento que otro respondiendo con una pícara sonrisa. Continuamos charlando otro rato y bien entrada la madrugada nos marchamos a dormir despidiéndonos con un beso en la mejilla en el salón y dirigiéndonos cada uno a su habitación, ¡o al menos eso creí yo en un principio!

    Ya instalado en la mía me quedé en bóxer para dormir y, con la luz encendida, comencé a acariciar mi excitada polla de 23 centímetros por encima del mismo consiguiendo una erección brutal mientras pensaba en Sara y en lo buena que está, en su culazo enorme y en mis deseos de follarla, procediendo a comenzar a hacerme una nueva paja a su salud -habían sido ya muchas desde que la conocí- mientras la nombraba en voz baja, sorprendiéndome gratamente cuando comencé a escuchar suspiros tras la puerta y a Sara, que en voz baja decía «¡Jodeeerrr, qué polla tan rica tiene!, ¡Qué pollón, cielo santo!, ¡Uhhhmmm!», lo que me puso más caliente y cachondo aún y propició que, tras varios minutos, me corriese de forma abundante derramando gran cantidad de leche mientras gemía y jadeaba de placer y ella desde fuera decía «¡Qué rica!, ¡Qué corrida tan maravillosa!, ¡Jodeeerrr, cuánta leche!, ¡Uhhhmmm!». Era evidente que me había estado espiando a través del agujero donde va la manilla de la puerta y de la que ésta carecía de forma temporal, algo de lo que habíamos estado hablando también en nuestra conversación.

    Totalmente relajado tras mi monumental paja me dejé dormir, despertándome por la mañana la voz de los niños cuando se disponían a marchar al colegio con su tía, a la que escuché hablar en voz baja con su hermana sobre lo acontecido en la noche anterior, lo que me produjo un morbo fuera de lo normal.

    Una vez se marcharon de casa los pequeños, Sara volvió de nuevo a su habitación para continuar durmiendo algún tiempo más ya que era muy temprano, yo salí al baño y al atravesar el salón vi la puerta entreabierta por lo que me acerqué y me asomé sigilosamente encontrándomela tendida en la cama, de espaldas a la puerta y sin la bata, tan solo en ropa interior, mostrándome su fantástico culazo en todo su esplendor.

    Raudo y veloz volví a mi habitación para coger el móvil y realizarle unas cuantas fotos que servirían para excitarme, pajearme y correrme pensando en ella. Volví a asomarme y continuaba en la misma posición por lo que pude hacerle varias fotos que me excitaron muchísimo y consiguieron que mi polla de 23 centímetros se pusiera dura y tiesa de nuevo, dispuesta a todo.

    De esa guisa fui al servicio y, a la vuelta, me senté en la cama pensando qué hacer, decidiendo volver a su habitación y verla de nuevo con la excusa de pedirle un cigarro, al llegar toqué a la puerta y ella se giró, se levantó sin inmutarse y sin taparse y yo no pude por menos que exclamar «¡Joderrr, Sara, cariño mío, cómo estás de buena y qué culazo tan extraordinario tienes!», a lo que ella me respondió «Tú tampoco estás mal, tienes una polla maravillosa, de vicio para gozar. Anoche te la vi cuando te pajeabas pensando en mí y me puse muy cachonda, teniéndome yo también que pajear y correrme aquí, en mi cama. Te estuve espiando y me encantó tu corrida. ¡Joder, la leche que echas!», lo que hizo que yo me sintiese un poco cortado ante la situación pero tremendamente excitado.

    Ella se acercó, me dio el cigarro y me besó cálidamente en la boca, morreándome suave y morbosamente con sus labios perfectos y excitantes diciéndome «Y esto de regalo, que sé que te gusta mucho», lo que provocó en mí una calentura bárbara que se transformó en una nueva y dura erección de la que ella fue testigo mientras se mordía los labios de deseo. Le pedí fuego, encendí el cigarro, le di las gracias y, totalmente sorprendido y sin mediar palabra, salí de su habitación ante su cachonda y caliente mirada, entrando de nuevo en la mía muy excitado. Me tendí en la cama boca arriba y de nuevo comencé a acariciar y tocar mi polla por encima del bóxer con el deseo de volver a pajearme y correrme pensando en mi hijastra, acto seguido me lo quité del todo y la dejé a la vista totalmente tiesa y dura, con su capullo hinchado por la excitación contenida y con irrefrenable deseo de volver a derramar abundante leche, comenzando a hacerme suavemente y para prolongar el placer una nueva paja pensando en ella.

    Escasos minutos después, cuando estaba en plena acción y para mi extraordinaria sorpresa, Sara irrumpió en mi habitación con el pelo suelto, vistiendo un precioso conjunto de lencería negra compuesto por sujetador, tanga, liguero y maravillosas medias sexys y luciendo unos majestuosos zapatos de tacón transparentes, dejándome su imagen totalmente perplejo y sin palabras.

    Cuando la vi entrar tan solo pude decirle «Sara, cariño, ¿qué haces…?», a lo que ella me respondió «Vengo a ayudarte para que goces de placer conmigo, que sé que lo estás deseando». Le pregunté «¿Y si de esto se entera tu madre…?», contestándome «No se enterará, no te preocupes, será nuestro gran secreto» y añadiendo «Sé que me deseas con locura desde hace mucho tiempo y quiero que me folles y me hagas gozar de gusto con tu polla como lo haces con mi madre». Estas palabras me pusieron aún más enormemente cachondo, me desplacé hacia un lado y le dejé hueco en la amplia cama, se acercó a ella y se tendió junto a mí.

    En cuanto la tuve a mi lado le pasé mi brazo por su cuello y comenzamos a besarnos y morrearnos con pasión y calentura mientras que con la otra mano le acariciaba sus enormes piernas y le magreaba las nalgas de su extraordinario culazo. Ella, por su parte, mientras nos besábamos me abrazó con una mano y con la otra me acarició el torso hasta que llegó a mi dura polla, que comenzó a masajear suavemente de arriba a abajo mientras me susurraba al oído «¡Qué polla tienes, cabrón. Ya nos lo había dicho mama a mi hermana y a mí. Por eso tenía ganas desde hace tiempo de gozar con ella y de llevármela al coño y te diré que Rocío también», lo que me dio un morbazo increíble.

    Tras un caliente y largo morreo comiéndonos la boca y magreándonos todo el cuerpo, Sara me dijo que estaba deseando que le comiese el coño y me pidió que lo hiciese, quitándose el sujetador y el tanga y dejando al descubierto sus extraordinarias tetas y su maravillosa y excitante raja. ¡Qué delicia y qué sensación verla tendida en la cama, abierta de piernas, totalmente desnuda para mí, tan solo con el liguero, las preciosas medias sexys y los tacones!, lo que llevaba deseando hacía mucho tiempo.

    Comenzamos a morrearnos de nuevo, comiéndome sus labios suavemente mientras le acariciaba con ternura sus tetas, calentándola aún más a cada segundo, bajé a su cuello haciendo lo propio hasta que llegué a comérselas y a chupar sus pezones oscuros, pasando mi lengua por sus grandes aureolas.

    Ella me pedía que no parase y seguí bajando lentamente mientras besaba y pasaba la punta de mi lengua por todo su cuerpazo. Finalmente llegué a su coño totalmente mojado y me sumergí en él comiéndoselo de arriba a abajo al tiempo que le introducía varios dedos dentro, arrancando en ella suspiros y gemidos muy calientes que desembocaron en una corrida alucinante en mi boca, degustando su exquisito néctar femenino mientras me decía totalmente excitada «¡Hijo de la gran puta, qué bien me comes el coño. Cómo me gusta, jodeeerrr!, a lo que le contesté «Como se lo hago a tu madre. Te lo hago como se merece una puta zorra como tú, que está buenísima y me pone la polla muy dura. Cada vez que quieras podrás gozar conmigo como una jodida perra. Me pones muy cachondo y caliente, gran puta», palabras que a ella excitaban mucho más aun volviendo a experimentar otro genial orgasmo de placer con una corrida majestuosa.

    Seguidamente le pedí a Sara que me chupase la polla porque tenía inmensas ganas desde hacía mucho tiempo de que me hiciese una buena mamada y de sentir sus preciosos labios y su maravillosa boca comiéndome el capullo. Me tendí en la cama y ella se situó para hacerlo de tal manera, arrodillada en la cama, que quedaba a mi vista y a mi mano su extraordinario culazo en pompa y su grandioso coño, rozando mis piernas con sus tetas y sus pezones por su posición. Mientras ella comenzó a mamar y chupar mi dura polla de una forma que me llevó al éxtasis yo acariciaba su coño por detrás y magreaba su culazo por todas partes, deseándola un poco más a cada segundo mientras le decía fuera de sí y entre gemidos «¡Cómo la chupas, zorra. Qué maravilla. Qué ganas tenía de sentir mi polla en tu boca, gran puta. Ah… Sigue… Sigue, puta, sigue chupándola, es tuya. Ahhh… Ahhhh!

    Con una excitación contenida incontrolable le dije a Sara que quería follarla, yo continué en la misma posición y ella procedió a subirse encima de mí, introduciéndose por fin mi tieso rabo en su coño mientras exclamaba cachonda perdida «¡Qué gustazo, por Diosss, qué gustazo tan grande, cabrón! ¡Fóllame, cariño mío! ¡Fóllame fuerte, mi rey! ¡Cómo deseaba tener tu pollón en mi coño, hijo de puta! ¡Qué bien follas a tu puta hijastra. Ahora entiendo también la pasión de mi madre por ti! ¡Quiero ser siempre tu puta y tu amante zorra!». Estas palabras provocaban aún mayor excitación en mí, volviéndome loco y follándola aún más fuerte.

    En pleno éxtasis de ambos, Sara me pidió que la follase por el culo, en lo que ella contaba con gran experiencia y algo que le gustaba muchísimo, a lo que accedí encantado porque lo deseaba con locura. Se situó a cuatro patas, me puse en cuclillas y comencé a follarla suavemente primero y con duras embestidas después a las que ella respondía totalmente cachonda y fuera de sí tocándose y metiendo sus dedos en su maravilloso coño para provocarse un nuevo orgasmo mientras me decía «¡Fóllame, fóllame por el culo así, cabrón, no pares que me corro, que me corro mucho y me encanta, hijo de puta! ¡Sigue, sigue…! ¡Así, así…! ¡Cómo me gusta que me folles así, por Diosss…! ¡Ohhhhh… Ohhhhh…! ¡Dame fuerte sin parar! ¡Fóllate a tu puta zorra con esa rica polla que me encanta! ¡Ahhh… Ahhhhh!», palabras que me calentaban más a cada segundo mientras mi verga le atizaba duras embestidas al tiempo que ella se corría de nuevo mientras me decía «¡Qué ganas tenía de que me follases, cabrón! ¿Te gusta el culazo que tengo…? ¡Es tuyo y para ti, fóllamelo con ese pollón tan rico! ¡Fóllate a tu zorra como has deseado cuando te has pajeado pensando en mí!», añadiendo «A partir de ahora ya no tendrás necesidad de pajearte, cada vez que estés cachondo y caliente y no te folles a mama, si quieres follarme a mí solo tienes que decírmelo y seré tuya». En ese instante, entre gemidos y jadeos muy agitados, Sara tuvo otro orgasmo maravilloso al tiempo que yo, también jadeando de inmenso placer, comencé a correrme soltando una inmensa catarata de leche dentro de su culazo, lo que le encantó, sacando mi polla del mismo y aprovechando ella para chupármela y hacerme una buena limpieza, saboreando mi capullo y tragándose todo el resto de mi lefa.

    Seguidamente nos quedamos descansando en la cama mientras nos fumábamos un cigarro y conversábamos sobre lo ocurrido, diciéndome ella «¡Jodeeerrr, cabronazo, el pedazo de polvo que me has echado. Cómo me has hecho gozar con tu polla. Es increíble lo bien que me has follado!», a lo que yo le contesté «Me alegra mucho que te haya gustado, amor mío. Ten por seguro que ha sido el primero de muchos polvos con los que te haré gozar y retorcerte de placer. A partir de ahora te follaré cada vez que quieras o me apetezca hacerlo a mí. Serás en secreto mi caliente zorra». A continuación, totalmente desnuda, vistiendo solamente liguero y las fabulosas medias sexys, acompañadas de sus bonitos tacones, Sara se levantó y se dirigió a la cocina para preparar un café para los dos.

    Ya de vuelta a la habitación con el café, se sentó de nuevo junto a mí en la cama, encendimos otro cigarro y proseguimos conversando en un tono cachondo y muy caliente, diciéndome «Sé que hace mucho que me deseas y desde que mama nos dijo a mí y a mi hermana Rocío que tenías una polla fabulosa y grande tenía muchas ganas de probarla. El día que nos lo dijo me puse muy cachonda y cuando llegué a casa por la noche tuve que hacerme una paja pensando en ti y en tu pollón, a esa siguieron otras muchas cada vez que te veía; siempre miraba hacia tu bragueta a ver si estabas empalmado y te notaba el bulto en el pantalón, lo que conseguí notar en varias ocasiones poniéndome muy caliente», contestándole yo «¡Cada vez que te veo me pongo muy cachondo y se me pone la polla muy dura y tiesa con solo imaginarme follándote, tu madre lo sabe y eso a ella también la pone muy cachonda».

    Continuamos nuestra conversación subida de tono y Sara me dijo «Como te comenté antes, mi hermana Rocío también tiene muchas ganas de que te la folles. Esta mañana, cuando vino a casa a por los niños para llevarlos al colegio, le he comentado que anoche te vi la polla y cómo te pajeabas pensando en mí y se ha puesto muy cachonda», respondiéndole yo «Pues ni te imaginas cómo me pone ella a mí de caliente, las pajas que me hago pensando en ella también y la cantidad de leche que echo cuando me corro. Me pongo muy cachondo cuando la veo, me encantaría comerle ese enorme par de tetas que tiene y sus pezones, comerle el coño para que se corra bien y follármela una y otra vez. Está buenísima, le pasa como a ti». Al escucharme, Sara se iba poniendo de nuevo muy cachonda y me dijo «No te preocupes, yo voy a hacer posible un encuentro entre vosotros a solas para que te la folles bien follada y goces de gusto con ella. Tranquilo que eso no tardará en ocurrir».

    El que Sara estuviese tan guapa y bonita, desnuda para entregarse a mí como una zorra, y el morbo que me había creado lo que me acababa de comentar sobre su hermana, mi polla comenzó a crecer de nuevo mientras ella me miraba con ojazos de auténtico deseo, poniéndose muy dura y tiesa y sintiendo enormes ganas de follármela de nuevo. Comencé a abrazarla y besarla de nuevo mientras le penetraba su maravilloso coño con los dedos humedeciéndolo de nuevo y estremeciéndola de gusto. Acto seguido le pedí que nuevamente me chupase la polla y lo hizo con maravillosa disposición, pasándome su lengua de arriba a abajo y comiéndome los huevos fuera de sí mientras me decía «¡Qué polla y qué huevos tienes, hijo de puta! ¡Ufff… Uhmmm… Me encantan y me gustaría estar todo el día con tu polla en mi boca para sacarte toda la leche y tragármela entera!». Yo, por mi parte, recibiendo inmenso placer y con los ojos entreabiertos le dije «Mi polla será tuya cada vez que quieras, puta zorra, y te daré mi leche cada vez que te apetezca», añadiendo «Y si quieres se lo pides a tu madre y hacemos un trío, os follo a las dos sin problema y si tu hermana se apunta también».

    Tan calientes nos estábamos poniendo de nuevo que le pedí a Sara que se acostase en la cama boca arriba y pusiese sus enormes piernas sobre mis hombros para follarla placenteramente. ¡Jodeeerrr, qué delicia ver cómo mi pollón duro y tieso entraba en su adorable coño dándole un gustazo y un placer inmensos!, verla así provocó en mí una excitación fuera de lo normal.

    En esa posición la estuve follando durante minutos hasta que le pedí que se pusiese a cuatro patas, brindándome una imagen escandalosamente brutal con su coño abierto de deseo y su culazo en pompa. Acerqué mi tiesa y dura verga a su rico coño y comencé a darle embestidas que la llevaron al éxtasis provocándole varios orgasmos casi seguidos mientras me decía «¡Fóllame, fóllame más, por Diooosss, por favor te lo ruego, mi amor, no dejes de follarme! ¡Sigue… Sigue, cariño mío, sigue…! ¡Ohhhh…! ¡Ahhhh…! Sara era un volcán en erupción, una auténtica bestia del sexo que estaba gozando como una perra y una zorra majestuosa y que tras largo tiempo hizo que yo no aguantase más mi deseo, saqué mi polla dura de su rico coño y la dirigí s su boca, ella la abrió en su totalidad y comencé a correrme entre gritos y alaridos regándola con una gran cantidad de leche que también llegó a sus ojos y su cara, tragándosela toda mientras me decía «¡Qué rica, mi vida, qué rica! ¡Jodeeerrr, cómo te corres! ¡Cuánta leche, hijo de puta! ¡Cómo me gusta que me pongas así! No tengo ninguna duda de que a partir de hoy seré tu puta a la hora que quieras», finalizando con un ardiente morreo de rodillas en la cama mientras nos abrazamos apasionadamente.

    Por último y antes de salir de la habitación para ducharnos, le pedí que provocase ese encuentro a solas con su hermana Rocío para hacerla gozar y follármela con todo el deseo del mundo, al igual que ella, lo que me prometió haría en cuanto ella llegase a casa tras recoger a los niños del colegio.

    Así terminó una mañana extraordinariamente caliente y fogosa con la puta zorra de mi hijastra mayor, la primera de otras que vendrían, con un culazo lleno de placer por mi follada y con una polla dura y tiesa por el gozo recibido.

  • La familia de la playa

    La familia de la playa

    No es que nos haga mucha gracia el sol. Así que cuando vamos a la playa bajamos tarde por que ambos nos quemamos con facilidad. A Marcos le gusta bañarse y nadar algo en el mar.

    A mí lo que me gusta es simplemente tumbarme en la arena con el bikini mas pequeño que tengo y quedarme adormilada o ver al resto de la gente y sus cuerpos casi sin nada que los cubra.

    El sol iba bajando y alrededor casi todo el mundo empezaba a recoger y marcharse. Mientras que nosotros queríamos ver la puesta de sol y quizá disfrutar de un rato de caricias y de meternos mano en la arena y el agua a la luz de la luna.

    No muy lejos solo quedaba una pareja de cuarentones como nosotros, con su hijo, un guapo chaval de más de diez y nueve que no habría cumplido los veinte.

    Me llamó la atención su cuerpo bien formado y su diminuto bañador. Pensaba que un chico así haría lo posible por librarse de sus padres y largarse de juerga a la disco mas próxima.

    Todo lo contrario, estaba de lo mas cariñoso tanto con ella como con él. Los tres aprovechaban cualquier descuido para acariciarse y tocarse tanto o mas que nosotros.

    Me pareció incluso que el chico le había estado metiendo mano a su madre por las tetas mientras le ponía bronceador. Pero suponía que eran solo imaginaciones morbosas mías. Y eso que el sujetador de ella aun mas pequeño que el mío solo le cubría los pezones y poco mas.

    A mí en cambio lo que se me había recogido era la braguita entre los cachetes del culo y hacia rato simulaba un tanga. Sabía que los dos o los tres, pues las chicas también nos fijamos en las demás, habían estado mirando en nuestra dirección.

    Yo también sabia que Marcos se había fijado en la poderosa delantera de nuestra vecina. Y pude que también hubiera estado mirando el cuerpo fibrado y sexy del chico.

    Como ni ellos ni nosotros hacíamos intención de marcharnos y eramos los únicos que quedábamos en la arena. Decidimos que era absurdo seguir fingiendo que nos ignorábamos por educación.

    Así que nos levantamos y fuimos a presentarnos casi al mismo tiempo que ellos habían pensado hacer lo mismo. Nos fuimos acercando mientras ellos se ponían de pie para recibirnos.

    Empezamos con naderías sobre lo bonita que estaba la Luna y lo buena del agua del mar. Para juntar las toallas y seguir charlando sobre nuestras vidas y de disfrutar de algún baño nocturno y de la playa solitaria.

    – Hola. Somos Marcos y Olga.

    – Buenas noches. Ha hecho un día estupendo. ¿Verdad?

    – Nosotros Juan, Sara y nuestro hijo Mario. Encantados de conoceros.

    – Un día genial de playa, sí.

    – Y gente muy guapa y sexy.

    – Si sobre todo vosotros.

    – Vosotros también estáis estupendos.

    – Y esa maravilla de chico. ¡Qué guapo es!

    – Modestia aparte. Me salió bien. Y tan dulce y cariñoso.

    – Ya me di cuenta que no se te despega.

    Juan, Sara y Mario el chico eran simpáticos abiertos y yo sospechaba que entre Mario y su madre, ¿solo con su madre? la ternura superaba lo meramente filial. No tenía ni idea de lo que pasaba allí. Podían ser solo imaginaciones mías. Pero parecía que ese cariño ocurría con sus dos progenitores.

    Marcos jugueteando me soltó el nudo del bikini desnudando mis pechos delante de nuestros nuevos amigos. Como he hecho top les otras veces no me importó gran cosa. A esas alturas ya tenía los pezones duros como escarpias.

    Y menos me importó cuando Sara hizo lo mismo con el suyo mostrando sus pechos dos tallas mayores que los míos y también sin marcas de sol. Además esas maravillas aun siendo de buen tamaño se sostenían solos sin apenas caída.

    – ¡Vaya tetas mas bonitas!

    Eso empezó a caldear el ambiente todavía mas y las bromas fueron subiendo de tono. A esas alturas nos apetecía ver sus cuerpos desnudos del todo. Y creo que ellos los nuestros.

    No se quien propuso lo del baño pero nos fuimos todos al agua entre bromas y risas siguiendo las chanzas entre fugaces roces entre todos. Jugábamos en el agua.

    Mario se arrimaba a Marcos, yo suponía que por que no se atrevía a acercarse a mí. Pero me di cuenta que le había agarrado el paquete por encima del bañador mas de una vez. Estaba claro que le iba la carne y el pescado. Como a mi chico, que había aprovechado para acariciar las respingonas nalgas del muchacho.

    – A ver chicos, nosotras estamos con las tetas al aire y vosotros seguís tan tapados como antes.

    Fue Sara la que se quejó de que nosotras enseñábamos más que ellos y lo hizo mirando directamente a su hijo. Este aceptó el reto diciendo que a el no le importaba mostrar más y tiró el minúsculo speedo a la arena.

    – Mami, ya sabes que a mí me gusta andar desnudo. Por todas partes.

    A la luz de la luna llena todos vimos su bonita polla depilada y a esas alturas ya muy dura. Apuntando al frente. Visto que el dique se había roto, la siguiente fui yo. Aproveché y también mostré mi vulva depilada. Mi tanga terminó al lado de su slip en la arena.

    Luego Sara se quitó la braguita. De inmediato su culo poderoso atajo la atención de los presentes. Y por fin nuestros dos maridos terminaron de desnudarse. También luciendo sus duros rabos y pubis depilados.

    – Ala, todos en bolas. Menos mal que estamos solos. Y no nos ve nadie.

    – Bueno solo nosotros.

    Ya todos en pelota picada del todo los roces se hicieron mas intensos y provocativos. Yo amasaba con confianza los pechos de Sara a la que parecía que le agradaban mis manos. Me atraían mucho las dos grandes tetas.

    – Nena, son magníficas.

    – Las tuyas son preciosas, tan duras.

    Marcos le agarró el culo a Mario que se lo entregó en bandeja y se lo restregó por la polla. El chico se arrimaba a mi pareja sin complejos y este correspondía agarrando todo lo que podía. Incluso durante unos momentos le estuvo masturbando suavemente.

    – ¡Menudo culo tienes!, chaval. Duro como una piedra.

    – Como mi polla que tienes bien agarrada. Jajaja.

    Juan echó mano a mi culo a la vez que al de su mujer. Acercándonos más a las dos hasta que nos besamos con ternura y lascivia en los labios. Las dos seguíamos acariciándonos, provocándolos más. A esas alturas los tres chicos tenían la polla bien dura y las dos teníamos ganas de notarlas dentro.

    – Se os ve cachondos.

    Sara mirándome a los ojos fue a sujetar en su mano la de mi marido que encantado se lo permitió. Seguro que pensando en la estupenda cubana que aquel hermoso par de tetas podían proporcionarle. Así que se aferró a ellas.

    – ¿Puedo ponerla en tus tetazas?

    – Luego, seguro.

    Yo conseguí agarrar el rabo de Juan mientras Mario arrimaba la suya al poderoso culo de su madre. Juan y yo mirábamos sonriendo el trio mientras sus manos se deslizaban por mi húmeda piel. Me gustaban sus caricias, largas llenas y suaves por todo mi cuerpo sin ir directo a mi vulva como habría hecho cualquier otro hombre.

    – Tienes una piel maravillosa.

    Yo también los miraba y así pude ver como mi marido y su hijo se daban lengua por encima del hombro de Sara a la que tenían emparedada entre los dos. Ella debía estar caliente por todas las caricias de su marido e hijo durante el día.

    – ¿No te importa que tu hijo sea tan cálido con ella?

    – También lo es conmigo y a ella le encanta vernos. Nos lo pasamos mucho mejor así, queriéndonos mucho.

    – Se os notaba bisex, ya nos dimos cuenta.

    – Vosotros también.

    Me decía lascivo pasando la lengua por mi oreja, lamiendo mi piel caliente.

    Para no perdernos el espectáculo Juan se coloco a mi espalda y echó mi larga melena sobre el hombro para mordisquearme el cuello y la nuca y deslizar en la raja de mi culo su polla bien depilada y durísima.

    Yo lo pajeaba sin prisa, entre mis nalgas, moviendo el culo arriba y abajo despacio. Los dos jadeábamos y gemíamos por el placer que nos estábamos dando. Amasaba mis peras, pellizcando los pezones con ternura.

    – ¡Que duras tienes las tetas!

    Cuando ya pensaba que buscaba con el glande mi ano que no le hubiera negado, dobló las rodillas y se abrió camino entre los labios de mi coño que chorreaban jugos. Con una mano masajeaba mi clítoris aumentando mis orgasmos y la otra pellizcando con suavidad mis pezones. Se me escapó un fuerte gemido.

    Frente a nosotros Sara se había arrodillado dejando que las pequeñas olas acariciasen su pubis mientras se había colocado el rabo de Marcos entre las tetas. Le daba lamidas al glande de mi marido. Mientras de vez en cuando giraba la cabeza y se tragaba la polla de Mario. Que no había dejado de morrearse con mi marido y de pellizcar sus pezones.

    – Cielo, ¿Me ayudas?

    Le pidió Sara a su hijo. Que se arrodilló a su lado en el borde del agua. Le ofreció la polla de mi marido sujetándola por la base y los huevos. Ver a esos dos pibones compartir el rabo de mi chico mientras me follaban sin prisa fue una de las experiencias más morbosas que he tenido.

    Estábamos muy cerca así que lo veía muy bien. Solo tenía que editar la mano y acariciarlos. A todos. No me iba a cortar, recorría sus pieles sensual, todo lo que podía alcanzar.

    Aprovechando que estábamos tan cerca me agaché doblando la cintura. Consiguiendo que su marido me la clavara hasta los huevos mientras buscaba la boca de ella con mi lengua Con sabor a la polla de mi chico.

    Como pensaba, ella respondió a mi beso con su saliva sin cortarse y estiró la mano con la que no sujetaba los huevos de Marcos para acariciarme las tetas. Casi no había palabras tan solo gemidos, jadeos y suspiros de placer que todos soltábamos.

    – Sois tan pervertidos como nosotros.

    – ¿Quieres probar mi culito?

    Mario viendo que mi chico es bisexual y atendía a sus caricias le pidió que le follara, que quería probar su polla en el culo. Marcos siempre atento a las necesidades de los demás no se hizo de rogar.

    – Tumbate boca arriba en una de las toallas.

    Levantó sus piernas hasta el pecho lampiño enseñándonos a todos el estrecho ano. Me agaché un poco más, soy muy flexible. Me liberé por unos momentos del rabo que me taladraba. Y no pude evitar lamer y ensalivar ese culito Disfruté del sabor salado del agua de mar en su suave piel preparándolo para la polla durísima de mi chico.

    Su padre se puso junto a la cabeza y le ofreció el nabo. El chico mientras recibía el de Marcos en el ano de puso a comer los huevos y la polla de su Juan que aún debía conservar el sabor de mi xoxo. La polla dura de Mario golpeaba su propio vientre al ritmo de la follada.

    – Sara ven conmigo.

    Aproveché el momento en que los chicos estaban tan ocupados para hacerme con los favores de la madre. A la que tenia ganas desde que me fijé en sus tetas, buscando los jugos de su coño con mi lengua. Nos tiramos en otra toalla al lado de ellos.

    – ¡Comémelo todo! nena.

    Metidas en nuestro sesenta y nueve. Pues ella también clavó su lengua y dedos en lo mas profundo de mi chorreante coño. De vez en cuando le echábamos miradas a nuestros chicos lo que nos ponía aún mas cachondas. Todo ese espectáculo porno gay, un bello trio de chicos.

    Juan viendo que nosotras nos lo montábamos solas le puso el culo en la cara a su hijo que empezó a comérselo con ganas mientras era bien follado por Marcos. El culo y los huevos. Mis orgasmos se encadenaban uno tras otro según ellos me acariciaban, follaban y lamían.

    – ¡Joder, que rico!

    Con la postura que tenían mi marido se inclinó y se puso a comerle la polla al marido de mi nueva amante. La postura era un poco más forzada pero había más contacto entre sus pieles.

    – Esta no es la primera polla que comes. Se ve que te gusta.

    Una vez que disfrutamos nuestros jugos durante un rato y después de habernos corrido ambas en la boca de la otra vimos que nuestros chicos tardaban en correrse y fuimos a echarles una mano en tan placenteros menesteres. Como si necesitaran nuestra ayuda.

    Yo deseaba la polla de Mario en mi culito que su madre se había encargado de poner a punto lamiéndomelo y follándolo con sus dedos. Ese rabo duro me había llamado la atención incluso antes, cuando todavía estaba tapado por su bañador.

    – Cambiemos, quiero la polla nueva. No os vayáis muy lejos.

    – No me separarían de ti ni con una grúa, cariño.

    Sara quería la de mi chico en su coñito. Se dispuso a cabalgarlo tumbado de espaldas para para así permitir que Juan se la follara por detrás al mismo tiempo. Otro trio con Sara empalada en medio de los dos hombres.

    Yo estaba a cuatro patas sin dejar de comerle la boca a la otra chica. Esperaba la polla de su hijo.

    – Por el culo chico, fóllame.

    Ella, cuya concentración no fallaba más que en la cima de sus intensos orgasmos todavía podía estirar un brazo con el que acariciaba los huevos de su hijo mientras este me enculaba o penetraba mi coño libre con dos dedos.

    – Seguid, no paréis.

    Esta vez no dejamos que ninguno de ellos se escapara sin dejar su semen dentro de nuestros cuerpos. Se corrieron los tres chicos con fuertes gemidos con pocos segundos de diferencia. Pero desde luego en ese momento no estaba yo para hacer comparaciones o tomar notas.

    – Estás aún más rica con salsilla, nena.

    Para seguir unos momentos más mientras ellos perdían sus durezas. Nosotras volvíamos a lamernos entre nosotras. Nuestros orificios de donde rezumaba el semen, recogerlo con la lengua y compartirlo en un beso blanco.

    Ni que decir tiene que pasamos el resto de las vacaciones juntos renovando nuestros juegos.