Blog

  • Mamá y yo, cumplimos nuestro deseo más secreto

    Mamá y yo, cumplimos nuestro deseo más secreto

    Nuestro departamento, nuestro refugio, dos vidas muy solitarias, mama y yo. No digo ermitaños, somos sociables y nos gusta compartir, pero también nos gusta la protección que nos da nuestro hogar. Tal vez sea eso, tal vez sea la búsqueda de los ratos de paz que tenemos como madre e hijo con vidas muy agitadas.

    Mi mente da vueltas, solo sabe pensar, ojala tuviera una llave On-Of, o prende y apaga para no pensar tanto, ya me hierve la “unidad sellada”.

    Una gran duda me aqueja, seré yo o les pasa a todos los hombres; a puertas de cumplir diecinueve años, sigo enamorado de mi mama. Este deseo comenzó hace un año, cuando por casualidad pude verla desnuda saliendo del baño.

    Esa noche se encontraba ebria, nunca la había visto beber, salió de la ducha en traje de Eva. Piernas largas y torneadas, una cadera digna de una escultura de Miguel Ángel, su culo redondo y vagina cuidadosamente depilada, dos tetas esculpidas y sobre todo muy bella, no entiendo por qué el zángano de mi padre la engañó; siendo ese el motivo por el cual había bebido.

    Con mucha vergüenza la ayude a llegar a su cuarto y vestirla para que se acueste. Le había pegado el “pedo” alegre, se reía y por momentos lo puteaba a mi papa, para luego volver a reír. Estaba muy movediza, calculo, producto de los mareos, que me dificultaba poner en su cuerpo la ropa.

    Lo que estaba sucediendo, me dio la posibilidad, y prometo que fue sin querer, de tocar sus partes, bueno, sin querer en un principio.

    Intentaba poner su corpiño, cuando roce sus tetas, su piel se erizo y sus pezones rosados, que eran perfectamente rodeados por dos areolas del mismo tono, se pusieron duros. No resistí la tentación de tocarlos y apretarlos, sus labios inferiores fueron mordidos por sus dientes, inexperto en el tema pensé que le estaba haciendo mal.

    Quise poner su tanga, costándome más que la prenda superior, al fin logre llegar a sus caderas y obvio el rostro me quedo bien de frente a su vagina, no resistí la tentación de tocarla, lo hice delicadamente, dejo escapar un gemido, nuevamente me asuste, deje de tocar, y le pedí que levantara el culo para poner la prenda, para mi sorpresa, se dio vuelta y tomo la posición de perrito.

    Mi verga estaba a punto de romper mi pijama.

    Incrédulo no entendía que pasaba, al verla así brillante y húmeda, pase mi dedo por su vulva para recoger ese líquido y llevarlo a mi boca, quería, necesitaba, conocer su sabor.

    Nuevamente gimió, presuroso le coloque el tanga, la hice acostar tapándola, y me despedí con un beso, al despegar mis labios de sus mejillas, ella me tomo de la cabeza, me dio un beso en la boca y me dijo que me quedara a dormir con ella, asentí.

    Me ausente al baño y como si fuera un niño, me masturbe pensando en toda la secuencia, oliendo la tanga usada hacia un rato hasta que mi semen salió catapultado de mi miembro.

    Me dispuse para recostarme en su cama, al llegar dormía profundamente, la hice a un lado de la cama matrimonial, me acosté quedándome dormido, pensando que había pasado, que había hecho, estaba bien o estaba mal.

    Al día siguiente me levante temprano dispuesto a preparar el desayuno, pero me arrepentí, limpie el desastre que había dejado mama en el baño y la cocina, acomode en general el departamento.

    Acabe como a las once, prepare un desayuno y unas aspirinas para la seguramente, dolorosa resaca que tendría Betty.

    – Buen día ma, nochecita agitada ¿no?

    – Hola hijo, la verdad que sí, no debería haber tomado, hasta lo que me acuerdo, me estaba bañando, después se me borro el disco rígido (dijo riendo).

    – Si señora tal cual es así.

    – Quiere decir que me tuviste que traer a la cama y vestirme, que vergüenza.

    – Para nada mama, lo hice como lo hacías vos cuando yo era pequeño, nada más.

    – Gracias mi ángel guardián.

    A partir de ese día, no pude, puedo, ni quiero olvidar el cuerpo desnudo de mi madre, hace ya un año que tengo la recurrente idea, tener sexo con mi madre.

    Físico de bailarina de tango, que, de hecho, lo es.

    A partir de su profesión secundaria, profesora de baile, (ella es abogada) comencé mi “avance” para poder resolver mi Edipo, el que quería consumar.

    Era lunes, en el desayuno, comencé preguntando y haciéndome el interesado, sobre cómo era eso del baile. Ella solícita me dio un resumen sobre ello.

    – El baile, sobre todo, no solo es para manifestarse físicamente, tiene una connotación del tipo sexual y se encuentra en cada una de las culturas.

    – ¿Es para tanto?

    – Si te pones a pensar, con él, podes experimentar y lograr agradables sensaciones, sobre todo si el ritmo tiene derivaciones sexuales que sean del tipo genuina, como, por ejemplo, la lambada. Que tiene un coqueteo constante. Digamos un preámbulo al sexo.

    Pero. ¿Por qué estas interesado en el baile?

    – La verdad, te veo física y emocionalmente bien, lo que me hace pensar que, debido a tu profesión, el escape que tenés dando clases de tango, te sienta bien.

    – ¿Para tanto?

    – Si mama, tenés un cuerpo espectacular, y cuando hablamos me dejas impresionado de tu capacidad. No entiendo aun como el bobo de mi papa dejo escapar, por una chirusa, a semejante mujer como vos, yo en su lugar te tendría como una reina.

    – Gracias mi príncipe. (Lo dijo sellando la conversación con un beso rozando mis labios) cuando gustes empezamos unas clases de tango. (haciendo el ademan del baile).

    Toda la semana transcurrió con la tranquilidad habitual. Hasta el día sábado en que me dedique a buscar alguna receta en internet para esperarla con una rica cena. (Gracias Google y YouTube).

    Me gaste gran parte de mis ahorros en una comida, que dicen, es afrodisiaca, bien valía la pena el gasto por lo que vendría después.

    Hice vieiras con espárragos sazonados con ajo, decorado con semillas de granada y caviar negro.

    Como guarnición, una ensalada de rúcula y espinaca, varios frutos del bosque, arándanos, frutillas, cerezas, moras, maqui con dos higos cortados al medio, aceitunas negras, queso de almendras, limón y aceite de oliva.

    Para regarlo, un buen vino tinto.

    Le prepare la bañera con agua caliente y sales aromáticas, elegí la ropa interior y la de vestir, todo a mi gusto.

    La mesa, con un par de velas aromáticas, para que la cena sea a media luz, la temperatura dentro del departamento estaba a veinticuatro grados. Creo haber acondicionado todo para el plan que había organizado.

    Al llegar Betty, le sorprendió mi iniciativa, pero, por su rostro se notó que le agrado, nos saludamos, le ayude con su portafolio y abrigo, tomándola de la mano la acompañe a la puerta del baño, prendí unas vela que también había puesto allí, le dije que tomara ese baño reparador, que tanto necesitaba.

    Sale de su baño de inmersión vestida con la ropa que le prepare, estaba infernalmente bella.

    Jeans blancos, una chemise en crudo y zapatillas al tono, su ropa interior era un conjunto blanco que apenas cubriría su vagina y senos.

    Nos sentamos a cenar, la atendí como se lo merecía, como una reina. Halagó durante la misma, todo el empeño que puse, mientras yo le platicaba sobre el baile.

    Apuró una copa de vino a terminar la cena y me contesto al respecto:

    – No te voy a hablar de tango, ya escuchaste mucho de él, hay otro ritmo que me gusta mucho también.

    Se levantó de la silla, puso música de Lambada suave, me tomo de la mano y comenzamos a bailar.

    – La Lambada, se baila en pareja, con los cuerpos pegados y movimientos suaves y fluidos. El hombre lleva el ritmo y guía a la mujer, quien realiza los movimientos sensuales.

    (Comenzó a realizarlos, mi miembro, comenzó a crecer palpitante dentro de mi ropa interior). A menudo se baila con una combinación de pasos de samba y salsa, y se caracteriza por los movimientos de cadera y los giros.

    En algunos lugares de Brasil, me explicó, la lambada fue prohibida debido a su contenido sexual explícito y alegaciones de que fomentaba el libertinaje y la promiscuidad.

    – Opino en lo que se refiere al placer, hay que emplear todos los sentidos y yo, acepto cualquier reto.

    – He estado sola mucho tiempo, necesito que me ayudes como hombre. Me dijo casi en un susurro.

    – No paro de pensar en vos mama. No importa la hora del día, siempre quiero tocarte y entregarme a besar cada parte de tu cuerpo.

    – Llevo mucho tiempo pensando en este momento, no sé qué me atrae, no sé lo que es, ni siquiera sé lo que tienes, no lo puedo evitar, tu figura me llama, no hagas suplicarte que me cojas.

    Esta noche me he dado cuenta de que lo que más deseo es poder tenerte encima.

    (Tomando ella el mando) vas a ir a la cama, con la luz apagada, esperándome. Quiero que como hombre me demuestres que sabes complacer a una mujer.

    – Mis dedos, mi lengua, mi boca, mi pene en fin todo mi cuerpo desea el tuyo.

    Me encantaría que me dejes besar todas tus partes y con mi curiosa lengua recorrer lo más profundo de tu ser.

    – En este momento hijo querido, me está pasando, que mis deseos hacia vos son demasiado sucios.

    Como me lo indico, fui a la cama, me desnude, apagando la luz me tendí en su lecho. Lecho y cuerpo, el que tantas veces compartió con mi padre y ahora serían míos.

    Mis sentidos avisaban que se acercaba, sus pies, no hacían ruido sobre la alfombra que vestía el cuarto, el olor a su perfume invadía el aire; a medida que se acercaba se profundizaba ese aroma.

    Sobre mi espalda siento la tibieza de sus manos que recorren su extensión, caricias sutiles iban y venían, desde mi nuca hasta mis glúteos marcados por el gimnasio, la piel se me erizaba a la vez que mi sexo palpitaba, me entregue al juego.

    Súbitamente me di vuelta poniéndola de espaldas, la tome de las muñecas y sentándome a horcajadas sobre ella le dedique un beso en la boca, digno de una película.

    Mis labios comenzaron a recorrer su anatomía, su cuello estilizado se había entregado a mis besos a la vez que de su boca salían suspiros y gemidos que eran música para mis oídos. Sus pechos eran una invitación a la lujuria, mi boca dio cuenta de ellos, trayendo a mi mente como habría sido mi etapa de lactante y los mame como si fuera un bebe.

    Continué el itinerario que en mi mente había pergeñado; pasando por su plano abdomen hasta llegar a su entrepierna, notando la humedad de la zona, su sabor agridulce me hizo el convite para deleitarme en suculento banquete de jugos segregados por el lugar del cual, hace algunos años, mi cuerpo había salido.

    Separe con mi lengua sus labios, abriendo esa entrada hasta hoy deseada por mí, sus gemidos seguían creciendo, investigue con ella todo lo que su longitud me permitió; suave y blanda cavidad ansiosa de entrar en acción, sus pulsaciones se transmitían a mí en forma de pequeñas contracciones, sensación casi indescriptible que sentían mis papilas; sabor y movimiento, combinación perfecta para seguir entregándonos al placer.

    Abrió lentamente sus piernas dejando expuesto el terciopelo de su vulva, permitiéndome llegar a su botón mágico, duro, erguido, su estimulante rincón del placer.

    Al sentir la calidez de mi ansiosa lengua, otro gemido me da aviso de un buen recibimiento a su morada.

    – Hijo, necesito un hombre dentro, haceme tuya, necesito tenerte, deseo tenerte.

    Suavemente me posiciono sobre ella, su mano dirigió mi sexo deseoso de acción, sorprendida por el tamaño, debo reconocer que mi miembro sale del estereotipo, tiene una dimensión por arriba de la media normal, la humedad reinante hizo todo más fácil.

    – Despacio por favor, nunca tuve dentro uno de ese tamaño y hace rato que no lo hago, dejemos que se acomode.

    Accediendo a su pedido fuimos a su ritmo, de más está decir que ella lo marco, cuando se aclimataba daba pequeños golpes de cadera hacia arriba, haciendo que ingresara con cada uno de ellos, un poco más. Un vez que mi falo erecto ocupo el aforo de su cueva esponjosa, comenzó el periplo de vaivén, arrancando nuevamente esos grititos entre dolor y placer que ya habían entrado hace un rato en mis oídos.

    Nuestros corazones palpitaban en sincronía a un ritmo acelerado, la respiración se agitó al tiempo que su cuerpo se ofreció más, formando una tensa curva hacia el cielo, el interior de su vagina comenzó a palpitar expulsando sus jugos retenidos hacía bastante tiempo ya.

    – Hijo de mi corazón, me haces muy feliz, por favor seguí, no te detengas, tengo más para ofrecer. (Al decirlo, lo hizo con la voz entrecortada, lo que me avisaba la llegada de un segundo orgasmo).

    – Si mama, acá esta tu hombre, quien te posee desde hoy y para siempre.

    Con un grito de placer casi al unísono, descargue mi semen en su interior, llenando toda su víscera con el producto de mis testículos, sintiendo como nuevamente tensaba su cuerpo y caía como desmayada sobre el colchón cubierto con sábanas blancas, impolutas.

    Repose mi cuerpo sobre el suyo, mi sexo en su sexo, ambos palpitantes, se negaban a abandonarse.

    – Hermosa noche me estás haciendo pasar, no quiero que termine nunca.

    – Mami, es la primera de muchas más que nos esperan.

    – Nunca he disfrutado del sexo como hoy, verdaderamente me pusiste a gozar y disfrutar.

    – Me pone feliz verte feliz.

    Betty sin dudarlo, me pidió que baje de su cuerpo, cosa que hice presuroso, se puso a cuatro miembros y me pidió que la penetre. Debido a todos los líquidos reinantes no me costó mucho ingresar nuevamente, para embestir en un frenesí de hormonas sexuales desparramadas por doquier.

    Mi madre, luego de tener un par de orgasmos más, se dejó caer nuevamente en la cama, dándose vuelta e invitándome a proseguir, cosa que hice, esta vez con sus piernas sobre mis hombros.

    – Por favor despacio, tengo temor que me duela más, creo, hijo mío que con el tiempo vamos a poder hacerlo más relajados y por otros lados también.

    – Si mama, lo que más quiero de vos, son esas dos partes de tu cuerpo que hacen las cosas más sucias, para hacer cosas sucias.

    – ¿Te sorprenden las cosa sucias que hago? No quiero que vayas a pensar que mi amor por vos, es, cosa sucia.

    – (riendo) solo en estos momentos mama.

    Volvimos a la acción para acabar intercambiando su fluido espeso y lechoso, con mi semen caliente.

    Sus piernas temblaban, las baje del sitio incomodo pero placentero donde se encontraban para recostarnos abrazados.

    – Fue hermoso hijo, gracias por la felicidad que me entregaste.

    – Como diría Joaquín Sabina en su canción. Que poco rato dura la vida eterna por el túnel de tus piernas.

    Al día de hoy, ya mude mi ropa al sitio donde otrora, ocupaba la de esa persona que no supo valorar lo que tenía, vivimos vida de pareja creando e inventando, para no caer en lo rutinario.

    Sigo con mis clases de Lambada, que en este punto no creo terminar nunca de aprender, se imaginaran por qué.

  • Infiel por mi culpa. Puta por obligación (8)

    Infiel por mi culpa. Puta por obligación (8)

    —Y bien, ¿por dónde andábamos? —Le pregunto a Mariana, instándola a continuar con sus explicaciones, pero no me responde de inmediato. Se mantiene allí de pie mirando hacia la casa, pensativa.

    — ¿Ehhh? ¿Qué dijiste? —Me contesta después de unos segundos, abriendo mucho sus ojos dándome a entender que efectivamente, Mariana se había apartado de este momento dentro de sí misma, –pensando en vaya a saber uno que cosas– más sin embargo por la expresión de su rostro algo contrariado, puedo percibir que esta disgustada, celosa… ¿Quizás?

    —Melissa, te pregunté que si podíamos continuar con nuestra charla. —Nuevamente le explico y ella lleva la mirada a la muñeca de su mano, para observar con detenimiento alguna notificación en su smartwacht; acomoda gradualmente sus cabellos por detrás de la oreja, –aunque para mi está bien peinada– y en seguida dirige el azul intenso de sus ojos adónde me encuentro y me sonríe de manera controlada.

    A dos manos, recoge a la altura de sus caderas la tela de su vestido colorido, alzando algunos centímetros el negro dobladillo y enseñando la blancura de sus pies, –calzados por unas elegantes sandalias con tiras en forma de «T», casi planas. – y empieza a subir de medio lado los escalones. Pasa por mi lado apenas rozándome con su brazo desnudo el costado derecho de mi pecho, pero no se detiene en el porche, por el contrario avanza hasta el interior de la cabaña abanicándose coqueta la cara y se da media vuelta para decirme…

    —Hummm, pues para ser exacta, hablábamos de cómo empezaron nuestros problemas con aquellos cambios. Pero espera Camilo, dame un minuto y reviso algo. —Le contesto y lo dejó allí en el porche, bebiendo la cerveza que le entregó Maureen, mientras me dirijo hasta el sofá en la sala y tomo asiento, para revisar con calma si tengo algún mensaje o llamada perdida en mi teléfono. Me preocupa no tener noticias aún del estado de salud de mi mamá.

    Al revisar la aplicación de mensajería, me da alegría ver que tengo tres de mis hermanos y uno de Naty. El de mi hermano Antonio que está en Bogotá al frente de la empresa, me informa que van a comenzar a exportar frutas a algunos países de Europa y el otro mes a Japón. Me alegra y sonrío. Pero los otros dos me desconsuelan pues Julián, mi otro hermano que se encuentra con mi madre en Dallas, me informa que el tratamiento local no ha dado buenos resultados por el avanzado estado de la enfermedad, así que lo que sigue ahora serán las quimioterapias y por supuesto que mi mamá se encuentra triste y su ánimo bastante bajo.

    Eso me angustia bastante y quizás tenga que viajar pronto a verla. Ninguno de ellos sabe que me encuentro ahora en Curaçao, tratando de arreglar mí matrimonio. Así que a los dos les escribo indicándoles que los llamaré después. Quizás lo haga en la noche cuando regrese al hotel. Naty me ha escrito preocupada por la reacción de Camilo. Le explico en pocas palabras que me ha recibido bien. Hasta ahora sin gritos o groserías. Esta «sardina» ha resultado ser una buena amiga.

    ***

    Veo a Mariana adentrarse en la penumbra del interior de la cabaña, y por la ventana de la sala observo como toma su teléfono móvil, revisándolo con detenimiento. La veo sonreír y sus dedos se desplazan ágiles sobre el teclado. Y se me revuelca el estómago de nuevo, de solo imaginar que ella haya seguido viéndose con el malparido de su amante, a pesar de las advertencias que le hice antes de volar hasta aquí.

    No quiero pensar más en ello, así que mejor me daré la vuelta para no verle más la cara a Mariana y que sus gestos de alegría aparte de delatarla, me hagan sentir peor, recordándome lo ocurrido entre ellos dos. Me siento de nuevo en la mecedora y me encenderé otro cigarrillo para acompañar lo que me resta de cerveza.

    — ¡Listo! —Grita Mariana a mis espaldas y escucho el taconeo de sus pasos recorriendo el trayecto desde el sofá hasta detenerse de nuevo, al costado de la mesa redonda. Le miro ahora sí la cara, y en ella no hay rastro de emoción, al contrario, solo veo un gesto de preocupación.

    — ¿Qué tienes? ¿Pasó algo malo con Mateo? —Le pregunto intranquilo.

    —No cielo, el niño está bien. Es solo que me han escrito mis hermanos. Lo bueno es que van a exportar algunas toneladas de fruta a Europa, no es mucho pero es un comienzo. ¿No? Pero lo otro si me preocupa, pues me ha escrito Julián para contarme como va evolucionando mi mamá, después de iniciar su tratamiento y al parecer está más avanzado de lo que pensábamos. —Me responde sinceramente compungida, y yo me siento un completo idiota por pensar tan mal de ella. Sin embargo, –pienso– que es la desconfianza y el desengaño que pesan tanto, inclinando en su contra la balanza.

    —Melissa, si quieres podemos dejar las cosas así como están y tú mejor viajas para estar con ella. ¡Te necesita! —Le comento poniéndome en su lugar, pero ella se planta en frente mío con esa mirada de determinación que tanto conozco y sé que no cejará en su empeño por terminar lo que apenas estamos comenzando, relatándome desde su punto de vista, esta dolorosa historia.

    —Lo único que quiero por ahora es permanecer aquí contigo, aclarando lo que nos pasó y despejando para ti, la incógnita de esos porqués que te atormentan. Luego si me marcharé contigo o sin ti, pues yo lo tengo muy claro y ya decidí. Faltas tú mi cielo, si al terminar de escucharme hallas la paz que te robé y tomas la decisión de perdonarme. Si logras entender mis motivos o condenarme por los mismos, a vivir sin ti. —Le respondo melancólica pero diáfana a mi esposo, que como siempre antepone mi tranquilidad a la suya.

    —Está bien, Melissa. ¡Como quieras, quiero! Arranquemos con esto entonces. —Le sugiero y le pregunto a continuación…

    — ¿Sigues con esa cerveza o cambiamos al aguardiente? —Se le dibuja una media sonrisa y sin responderme con palabras utiliza el llamativo azul de sus ojos fijos en plena conexión con los míos; bebe de su lata, lento y con calma, confirmándome así su respuesta.

    A mí no me queda nada, por lo tanto me sirvo un nuevo guaro y observo como sus dedos deslizan hacia fuera de la cajetilla blanca, un cigarrillo. Antes de llevarlo a su boca, yo ya tengo listo el fuego de mi encendedor y estiro mi brazo, acercándole la llama. Aspira una sola vez y se da vuelta cerveza en mano, contoneando sus caderas. Hipnotizante y sexy, se bambolea el hilado tejido a diestra y siniestra, obligándome a descender por sus redondas nalgas y de paso, secuestrando mi mirada.

    De nuevo extiende la gruesa tela, estirando aquel multicolor arco tejido, deshaciendo la comba y se acuesta de medio lado elongando sus piernas, hasta que sus pies sin sus sandalias, casi rozan la esquina; eso sí, sin importarle que al hacerlo por el declive, la falda de su vestido se le remangue y me muestre, –espontáneamente o no– la atractiva desnudez de sus piernas hasta un poco más arriba de las rodillas.

    ***

    —Camilo tu…, con esas salidas a rumbear y las llegadas tarde a casa por culpa de tu amigo, –meciéndose suavemente, retoma la conversación– y yo al salir en compañía de Fadia, no solo al club o para arreglarnos el cabello y las uñas, como te lo contaba, sino visitando empresas de construcción, oficinas de diseño y almacenes de decoración, buscando trabajo, es que nos fuimos dejando enredar en aquella telaraña. Fue como al finalizar febrero, un año largo atrás… ¿Recuerdas?

    —Si claro, pero no fueron fiestas en sí. Te lo dije. ¡Te conté más o menos como fue! Sencillamente quiso que lo acompañara a beber y hablarme orgulloso de los resultados de su equipo de ventas. Los deseos suyos por dirigir las ventas a nivel nacional. Luego insistió en que yo debía conocerlos. —Le respondo, mientras a su lado de pie y fumando, me remonto al pasado.

    — ¡Buenas, buenas mi apreciado arquitecto! ¿Trabajando hasta tarde? Humm, creo que ya es hora de apagar los equipos y salir de estas cuatro paredes a respirar aires nuevos. —Estaba tan absorto trabajando en mi computadora, que no escuché cuando entró en la oficina.

    — Ahhh, hola Edu. ¡Pero si apenas son las siete y media de la noche! —Le respondí observando la hora en la pantalla de mi teléfono móvil y echando hacia atrás mi espalda, estiré mis brazos a lado y lado para descansar, recogiéndolos nuevamente para con mis manos cerradas, frotarme los ojos con los nudillos.

    —Tienes razón pero resulta que hoy es viernes amigo mío y tenemos una cita con un buen whiskey para este pecho tan estresado, y un par de cervezas frías para esas manos tan trabajadoras. — ¿Otra vez? Pensé de inmediato, negando con la cabeza, pero sonriéndole asombrado por su invitación.

    — ¿Qué? ¡No, no, no! Creo que te equivocas Edu. Ya salimos el miércoles pasado, estuvo genial y te lo agradezco porque me despejé un poco de todo esto, pero ahora necesito terminar con las remodelaciones para poder irme a casa con Mariana y Mateo. Ha estado hoy sola en casa todo el dia y voy a llevarle una gran pizza napolitana, para ver una maratón de dibujos animados juntos con Mateo. Los tengo muy descuidados últimamente. —Tal vez no fuesen las mismas palabras pero recuerdo haberle respondido más o menos así. Sin embargo Eduardo no dio su brazo a torcer y me aclaró la situación.

    — ¡Error, querido amigo! Tu esposa y la mía han salido muy temprano hoy al club. Estuvieron en el gimnasio, un rato largo en la piscina; luego sudando como yeguas en la sauna y por la tarde en su acostumbrada sesión de latonería y pintura con ese marica peluquero de cabecera que las mantiene al dia en la moda y los chismes de las famosas. ¡Ahh! Y con servicio de masaje extra, además. — ¿En serio? Le respondí algo extrañado.

    —Recogieron a tu hijo en el jardín preescolar y de hecho, –dijo observando su preciado reloj Longines– deben estar ahora mismo en el centro comercial dispuestas a comer crepes. Ya sabes sus gustos. Para Fadia el de lomo árabe qué es su pasión y el de pollo peruano para Melissa. A tu pequeño Mateo, waffle de nutella y banano por supuesto. Dudo mucho que tu mujer y tu hijo tengan ganas más tarde de comer pizza. ¡Jajaja! ¿No te lo conto? ¡Camilo, por favor!… ¿No me digas que no la has llamado? —Me comentó con mucha seguridad.

    —Yo puse cara de extrañeza, pues no lo sabía. De hecho recuerdo sentirme enojado pero no contigo Melissa, sino conmigo mismo por no haberte hecho ni una sola llamada en todo el dia.

    Mariana me observa desde su elevado y cómodo lugar, sin decir nada. La ceniza de su cigarrillo forma un peligroso arco a punto de sucumbir y en su otra mano la lata de aluminio dorada, ocultándome su boca. Decido tomar el cenicero, igualmente mi copa de aguardiente y con solo dos pasos y medio, ya estoy de nuevo junto a ella. Con un breve toque de sus dedos, los vestigios consumidos del tabaco descansan en el platillo y mirándome antes de hablar, aparta de sus labios, la cerveza.

    —No pareces hombre, Camilo. –Me sorprende y abro los ojos, pasando saliva. – ¡Jajaja, no cielo, no es lo que piensas! Es solo que… ¡Eres muy detallista! Lo recuerdas todo muy bien. Sí, así fue mi cielo. Ese viernes, al salir tú de nuestra casa, recibí un mensaje de Fadia para cuadrar la agenda de mi dia. No tenía muchas ganas la verdad, ya que me encontraba muy baja de ánimo pues mis entrevistas aun no rendían el fruto esperado. Por eso tras dejar al niño con su profesora en el jardín, le respondí el WhatsApp a Fadia para aceptarle su propuesta. Y yo tampoco te llamé porque ella me comentó que ese dia ibas a tener varias reuniones importantes con el gerente de proyectos, el supervisor y el ingeniero estructural. No te quise importunar.

    —Sí, también me sorprendió eso de ti Melissa. —Le contesto, a la vez que me pongo a pensar en quién mantenía a esa mujer tan bien informada. ¿Eduardo? ¿O alguien más?

    —Como sea, Melissa. Ese viernes por la noche, tuve la desgracia de que el destino lo pusiera en mi camino, sin presentir que se aparecería en el tuyo un tiempo después, para destrozar nuestro matrimonio y mi vida. —Mariana deja de mirarme, y a mi parecer ella algo avergonzada, desvía su rostro hacia la entrada de la cabaña, exactamente hacia el dintel de la puerta donde se pasea con cautela, una pequeña lagartija azulada y antes de responderme se le escapa un suspiro corto, como si ese pasado, viviera en ella muy presente.

    —Uhum, sí. Recuerdo que me dijiste que esa noche entre todas las personas que te presentaron, él te había caído como una patada en tus pelotas. —Le contesto a mi esposo sin mirarlo, pues me avergüenzo ahora al recordarlo y mejor concentro mi atención en un pequeña «bombi» que temerosa, se mueve pegada en la entrada. ¡Cuánta razón tenía sobre la personalidad presuntuosa y arrogante de Chacho!

    —Eduardo me dijo que en el bar de la esquina nos estaban esperando las personas que formaban su grupo de ventas y querían celebrar el que les hubiesen asignado la comercialización de la última etapa en el condominio de Peñalisa. Y fue cuando te llamé para avisarte que me demoraría un poco y tú no pusiste problema, de hecho en el tono de tu voz te sentí alegre y bastante relajada.

    —Lo que sucedió cariño, es que Fadia durante la cena me dio esperanzas de una oportunidad laboral, pero que debía esperar unos días más a que se confirmara la vacante y que para la fecha de tu cumpleaños ya tendría esa noticia para ti como regalo. No me dijo nada más, dejándome intrigada pero feliz y prometiéndole que no te contaría nada hasta que fuese una realidad. Así que pensé que tú tenías derecho a distraerte esa noche. Yo ya lo estaba, aunque estuviera loca por compartirlo contigo. No te quise molestar. —Camilo asiente con su cabeza, observándome. Y bebiendo de su copa me responde con un intrigante…

    — ¡Hummm, ya veo! ¿Por qué no me di cuenta de eso antes?

    ***

    Se me ha terminado la cerveza, así que con cuidado hago un primer intento por sentarme, solo que no lo logro al mecerse bastante la hamaca por el movimiento y siento que me voy a ir de para atrás. ¡Doy un grito! Mi corazón se acelera y palpita muy rápido, como las vertiginosas pulsaciones del comienzo de la canción que se escucha ahora. «Bad Guy» de Billie Eilish, que no me transmite mucho, pero por lo visto para Naty si, ya que esa chica es su artista preferida. Me gusta más «Ocean Eyes», la verdad algo influenciada por el color de mis ojos.

    Camilo extiende caballeroso su mano y la tomo con firmeza. ¡Pufff! Suspiro aliviada al sentir la fortaleza de su agarre, varonil su tacto y la inconfundible tibieza de la piel, con la seguridad que me ha transmitido siempre. Un repentino escalofrió me recorre la espalda hasta alojarse en mi nuca, erizando los poros de la piel y los vellos en mis antebrazos. Pienso que es debido a la angustia mía, de que quizás no lo pueda recuperar al terminar con esta conversación. Como quisiera poder cobijarme en sus brazos… ¡Te extraño tanto, mi amor!

    —Gracias, casi me caigo. ¡Jajaja! –Le digo sonriente, afirmando mis pies sobre el tablado. – Voy a buscar otra cerveza… ¿Quieres una? —Le pregunto a mi marido y él asiente cerrando sus ojitos cafés, liberando como en cámara lenta, –tal vez Camilo tampoco lo desee– su mano de la mía.

    —Bueno pues sabes que sí. ¡Te lo agradezco! Mojemos la palabra y de paso, calmemos esta sed. —Le respondo, admirando de nuevo sus curvas y la elegancia de sus pasos al caminar. ¡Parece flotar!

    — ¡Pufff, que calor Dios mío! Estoy desacostumbrada. —Dice Mariana, resoplando y entregándome una lata fría de cerveza. En seguida la destapo con agilidad, para devolvérsela y tomo la que tiene en su otra mano para mí. Ella me sonríe agradecida.

    — Muchas gracias, Cielo. – ¡Siempre atento e igual de bello! – Pero sigue contándome, y entonces esa noche… ¿Te sacó a la fuerza o cómo fue? —Le insto para conocer más detalles de aquel encuentro, aunque tuerza su boca en un claro gesto de disgusto. Como ha sido siempre, desde que el destino les hizo coincidir.

    —No para nada, solo hizo el amague de llamarte para pedir tu permiso, como si me diese miedo hablar contigo y avisarte de los nuevos planes. Finalmente, te marqué al móvil y ya. No pusiste reparos y finalmente salimos del edificio, caminando hacia ese bar.

    —Al dar el segundo sorbo a mi cerveza, se acercó a la barra un hombre joven vestido con un traje de paño todo de negro. Camisa de algodón con doble puño, sedosa corbata con un pisa corbata cromado y mocasines con punta de charol. A ese tipo lo había visto minutos antes cuando llegamos con Eduardo al lugar. Estaba sentado en una mesa cercana a la entrada del bar, acompañado por dos mujeres y otro hombre. Lo que me llamó la atención fue la manera en que estaba sentado. Al revés, con las piernas abiertas y los codos sobre el espaldar, entrecruzando los dedos y riéndose por algo.

    — ¡Sí, es muy de su estilo! Siempre haciéndose notar y dándoselas de importante. —Me comenta Mariana, y es lo que no logro comprender. ¿Por qué con un tipo como ese?

    ***

    — ¡Y qué, viejo Eduard! Pensé que ya no vendrías. ¿Finalmente te dio permiso tu mujercita? ¡Jajaja! —Le habló a mi amigo colocando su mano sobre el hombro, con un dejo en su voz que me pareció muy burlón. Eduardo no se molestó para nada con ese saludo chancero, y sonriente le contestó…

    —Muy gracioso José Ignacio, pero creo que te estás pasando de chistoso y se te olvida que así no se le habla a un jefe. —Le respondió simulando seriedad, retirándole la mano con un movimiento hacia atrás de su hombro.

    —Nah, nah. De eso nada. ¿Se te olvida que ya no estamos en la oficina? Tú mismo nos dijiste que aquí fuera, todos somos exactamente iguales. Las formalidades se quedan atrás encerradas entre esas cuatro paredes, porque aquí solo venimos a disfrutar de una sana amistad. ¡Amigos para lo bueno y lo malo! Ese es tu lema. ¿O me equivoco? —Y ambos rieron, dejándome pensativo y bastante mosqueado con la actitud tan desinhibida entre ellos dos.

    —El tal José Ignacio se giró un cuarto de vuelta y me miró de arriba para abajo, sin borrar de su boca esa sospechosa sonrisa, pasándose la mano diestra por el lateral desvanecido de su cabellos negros, para preguntarle a Eduardo sin mirarlo… — ¿Y este quién es?

    —Es el arquitecto Camilo García, quien se está encargando de terminar la construcción de las casas campestres del condominio en Peñalisa. ¡Y además es mi mejor amigo! Nos conocemos desde hace tiempo, cuando trabajamos como asesores de seguros, pero luego emprendimos caminos diferentes en otras actividades. Camilo con sus diseños arquitectónicos y yo en lo comercial. —Le respondió Eduardo, echándome su brazo derecho sobre mis hombros, apretándome hacia él con fortaleza, para terminar dándome una palmada en el centro de la espalda.

    —Mucho gusto, soy Camilo. —Respondí tras aquella concisa presentación. Le estiré mi mano y me la tomó, dándome un fuerte apretón, que duró unos segundos mientras subíamos y bajamos los antebrazos, en una fastidiosa sincronía.

    —Pues arquitecto, encantado de conocerlo. Soy José Ignacio, pero mis amigos me dicen Nacho. Y por supuesto que usted también puede llamarme así. Bienvenido al grupo de los vagos de la constructora. ¡Vagos pero triunfadores! Jajaja. —Recalcó finalmente, carcajeándose y soltándome la mano.

    —Bueno vamos a sentarnos en la mesa, que aquí solo se esconden los solitarios «cachoneados» y demás perdedores, para ahogar sus penas en el alcohol. ¡Margaritaaa! –Le gritó a una empleada que se encontraba tras la barra sirviendo unas bebidas. —Bizcocho, necesito otra mesa y dos sillas para mis amigos. ¿Qué van a tomar ustedes dos? Nos preguntó.

    —Yo otro amarillito y para Camilo, una cerveza fría. Le respondió Eduardo. —Nahh, no vamos a empezar la noche con remilgos. ¡Margaritaaa!… Una botella de ron y la jarra de Coca Cola. Ahh y suficientes rodajas de limón. —Nunca le pidió el favor ni le dio las gracias a la joven mesera, yo por el contrario le sonreí y deslicé sobre la superficie de la barra, el envase de mi cerveza vacío y bajo el, un billete de veinte mil pesos como propina.

    ***

    —Uhum, y conociste esa noche a los demás. A Elizabeth, a Diana y a Carlos. ¿No es así? ¿Qué te parecieron de entrada? —Le pregunto, aunque quizás para Camilo ellos no eran tan importantes, solo unas personas más a las cuales yo conocería un tiempo después.

    —Pues Elizabeth me cayó muy bien. –Le respondo, recordando lo mejor posible esa noche. – Es una mujer muy inteligente y objetiva, además de hermosa. Tiene un gran parecido a Grace Kelly, con su peinado estilo «años cincuenta», pero con el cabello de color cenizo aunque con los mismos flecos ondulados. ¿No te parece? Es refinada, elegante y maneja muy bien los gestos y sus posturas al hablar; para que la atención de quienes la escuchan, no se distraigan con sus otros encantos aunque siempre se vista tan recatada. En eso se asemejaba mucho a ti. —Le puntualizo a Mariana, que me observa pensativa y pendiente de cada palabra que he dicho sobre Liz.

    —Digamos que no se destaca por tener un humor estridente, al contrario que Diana, pero conoce bien como destacarse argumentando con bastante ingenio sus ideas y sobre todo es muy buena trabajadora. Cuando tiene que pararse en la raya, lo hace con decisión. Sobre todo cuando tu querido amigo, intentaba sobrepasarse con ella, a pesar de saber que ella estaba recién casada. Ella no cayó en la tentación, como tú. —Mariana se coloca cerca de la hamaca, me mira y me contesta… ¡Aha! Y… ¿Cómo estas tan seguro de eso?

    — ¿Sabes Melissa? Me precio de tener una buena intuición y con respecto a Liz, esa noche pude ver en ella a una mujer que sabía hacerse respetar y que sin pasar por odiosa, repelía los constantes avances, entre palabras y abrazos disimulados, que tu amante varias veces intentó sin darse por vencido. —Me contesta Camilo con un tonito que me sonó a reproche. Y me quedo pensando en esa comparación y en… ¿Liz?

    — ¡No es mi amante! —Le respondo contrariada y herida, pues el hecho de que me lo esté restregando me hace sentir más culpable, pero no creo que sea el camino indicado para llevar a buen término mi postura de mujer arrepentida, infiel pero engañada y sobre todo, de puta pero obligada.

    —Tranquilízate Melissa, no ha sido mi intención herirte o incomodarte. Solo estoy recordando como pasaron las cosas y además que como lo pediste, estoy en plan de amigo confidente y he dejado a un lado el papel de esposo traicionado. Así te hablaría yo, si solo hubieras sido amiga mía y pidieras mi consejo. —Mariana asiente pero en sus ojos observo algo de humedad, visos diversos de rabia, tristeza o angustia… ¿Dolor?

    — ¡Okey, como digas! Pero quiero que entiendas que me molesta que hundas tu dedo en la llaga, pues también he sufrido con todo esto, aunque no te lo creas. Y sobre todo, te recuerdo que estamos hablando de una época en la que yo no lo conocía. Tiene un nombre y se llama José Ignacio. Es más, para tu información no he vuelto a verlo. —Le explico, no tanto para justificar mis faltas, pero si para darle a mi esposo un poco de tranquilidad.

    — ¿Estas segura de eso? —Me pregunta y de inmediato niego con la cabeza. He venido hasta aquí para ser lo más sincera posible y la manera en que me interroga me hace pensar que sabe algo. ¿Pero cómo? ¿Quién?…

    —Camilo, solo lo vi una vez más después de aquello. Cuando te marchaste sin decir ni una sola palabra, te busqué por todas partes y al no hallarte, tuve que hacer de tripas corazón y comunicarme con el hijueputa de Eduardo. No sabía nada de ti, pero me comentó que a Jose Ignacio lo habían hospitalizado y sí, fui a verlo preocupada. Después de todo lo que paso entre ambos, me sentí en la obligación de ir a visitarlo. Te juro que no tenía otra intención. —Mi marido no deja de observarme y nerviosa esquivo su mirada para encenderme otro cigarrillo. Camilo me imita y prende uno de los suyos.

    —Claro, claro… ¡Pobrecito! Y se puede saber que le pasó. —Responde expulsando a parte de su falso interés, una humareda gris por la nariz.

    —Pues casi no me habló. No quería verme por allí y solo logré sacarle unas pocas palabras. Me contó que había tenido un accidente en la motocicleta y poco más. Se había dislocado el codo, y la mano derecha la tenía inmovilizada desde arriba de la muñeca. Varios hematomas en la cara alrededor de los ojos y la boca. Ahh, y el tabique de la nariz roto. No me demoré, en serio. De hecho, él mismo me dijo que no quería volver a verme en su puta vida. ¡Tal cual! Y te juro que sentí alivio. No he vuelto a saber nada de él ni me interesa. —Mi esposo se da la vuelta para mirar hacia la casa, pero alcanzo a ver como se le dibuja una sonrisa de satisfacción.

    — ¡Hummm!… Huele delicioso. Kayra ya debe tener listo el almuerzo. ¿Quieres que nos sirva en el comedor de la casa, o mejor aquí, en el nuestro? —Le pregunto y al girarme, sin querer al mover mi pie, la piso justo de medio lado.

    — ¡Ayyy! Ouchh. Me pisaste. ¡Juepu!… —No culmino la grosera palabra por respeto a Camilo, tapándome la boca con mi mano, pero preciso me ha pisado en el dedo chiquito, –el que más duele– haciéndome brincar del dolor, dejando caer al piso el cigarrillo.

    —Lo siento, en verdad. Perdóname. No me di cuenta que estabas detrás de mí y tan cerca. ¡Déjame ayudarte! —Y tomo a Mariana por el antebrazo y con ella dando saltitos en un solo pie, le acompaño hasta el interior de la cabaña y en el sofá le ayudo a sentarse.

    —Ufff, ayayay. ¡Flaco, pero pesas más que mi conciencia! jajaja. —Le digo cerrando con fuerza los ojos, arrugando la nariz y con esa risita estúpida que me causan las punzadas en mi dedito, mientras mi esposo con su rostro de preocupación, se arrodilla ante mí y me frota con sus manos, mi empeine y los dedos de mi pie.

    —Lo siento Mari… ¡Melissa! Fue sin querer, lo juro. ¿Te duele mucho? —Le pregunto mientras le acaricio el pie y de paso me recreo en la curvatura blanca de su pantorrilla y en la redonda cima de su rodilla. Por supuesto que repaso la tentación de su muslo descubierto hasta la cintura y… Nada más.

    — ¡Un pocototote, pero ya pasara! Sigue, por favor… sigue sobándome. —Le respondo y sin pudor alguno, levanto mi pierna un poco más, corriendo hasta mi cintura el ruedo de la falda, dejándole a mi esposo una clara visión de la desnudez de mi pierna, de manera inocente, claro está.

    Y me pongo a pensar en los golpes que nos da la vida, pero este en especial, aunque duela y me haga ver estrellitas, me encanta. ¡Camilo me está acariciando!… Después de tantos meses de añorarlo.

    — ¿Te pongo hielo? No quiero que se te amorate. ¿O alguna cremita de manos? —Le pregunto pero al mismo tiempo recuerdo que no uso de eso. Tal vez Aceite de coco que es lo único que tengo para broncearme. ¡Sí, eso es!

    —Espera ya vengo, solo tardo un minuto. —Descuelgo con cuidado su pierna y salgo disparado hacia el baño.

    —Tranquilo mi cielo, no creo que sea para tanto. O… ¿Sera que se me va a inflamar? Ouchh, solo ven aquí y frótame. —No quiero aprovecharme de la situación pero… «A caballo regalado no se le mira el colmillo». Quizás Camilo no requiera de un recuerdo mío, teniéndome aquí a su lado, vivita y coleando. Pero sí, se lo voy a recordar. Y pensando en eso, es que lo veo venir con un frasco de «Hawaiian Tropic» en sus manos.

    —Bueno, no tengo cremas pero creo que con esto te aliviaré un poco el dolor. —Le digo y de inmediato Mariana vuelve a levantar su pierna, extendiéndola hacia mí. En esta ocasión, puedo mirar un poco más alla. ¡Son negros! Me arrodillo nuevamente y dejo que el talón de su maltratado pie izquierdo, repose sobre mi rodilla. Yo estoy preocupado pero a Mariana la veo… ¿Sonriente?

    — ¿De qué te ríes? ¿Qué te parece tan gracioso? —Le pregunto intrigado.

    — ¡Jajaja! Camilo… Estábamos hablando de aquella noche y justamente ahora nos pasa esto. ¿Es que acaso no lo recuerdas? Cuando llegaste a la casa de madrugada, todo prendidito por el ron y la cerveza, empezaste algo conmigo precisamente por los pies. —Listo, ya he puesto la carnada. Ahora a esperar y ver si mi esposo muerde el anzuelo.

    — ¿Cuándo llegué a casa esa noche? Ahhh, ya caigo. ¡Sí, sí! Pero no me demoré mucho, –que no llegué tan de madrugada– y tampoco bebí tanto. Todo estaba en silencio y luego de revisar la alcoba de Mateo y confirmar que estaba bien dormido, te encontré en nuestra habitación, acostada de medio lado con tu cabeza sin apoyarla en la almohada y tus brazos extendidos hacia mi lugar; sobre la mía un libro que seguramente leías antes de quedarte dormida. ¿Cuál era? —Le pregunto a Mariana, mientras continuo apretando el dedo más pequeño de su pie; acariciando y friccionando su empeine y el talón.

    —Uhum… ¡Sí, lo recuerdo bien! Era «Afrodita», de Pierre Louys. Estaba obsesionada por terminarlo y conocer el final de aquel enamoramiento entre el escultor apetecido por todas las mujeres de Alejandría, Demetrios, y su adorada efigie hecha carne, la cortesana deseada por todos, Crysis. Tres objetos anhelados y tres delitos cometidos por un insólito capricho. Ya pecador, se arrepintió y terminaron los dos con sus codicias convertidas en pesadillas, y a pesar de sus primigenias ganas, con en el devenir de sus pasiones, acabaron con una inocente crucificada. —Le respondo a mi esposo, que continúa frotándome los dedos de mi pie con una mano.

    —Que premonitorio, ¿no? –Le respondo y prosigo recordando. – En fin, que te vi allí con tus piernas ocupando el resto de la cama, una recogida y la otra bien estirada. Revueltas las cobijas, cubriendo tres cuartos de tu espalda. Tan solo sobresalía de la sabana uno de tus pies, eso sí, con las uñas bien pintadas y sabiendo lo friolenta que eres, intenté cubrirlo pero te moviste un poco y no quise despertarte. Me desvestí en silencio dentro del vestidor, quedando solo en calzoncillos, y me acerqué a tu mesita de noche, para apagar la lámpara. Te veías muy tierna, placida e iluminada con tu cara desmaquillada. Ya te lo he dicho mil veces, ¡Eres más hermosa sin una gota de maquillaje y mejor desnuda que vestida y pintoreteada! —Y le sonreí, recordando aquella madrugada.

    —Recién llegaste no te sentí, pero luego algo somnolienta, me pareció escuchar algo parecido al siseo de una serpiente y me desperté, cuando quizás eras tú que retirabas de la cintura del pantalón, tu cinturón de cuero. Me alegré por saber que habías llegado e intente dormir de nuevo esperando que al acostarte, apartando las cobijas, observaras lo que me había comprado para ti. Ehhh… ¿Me das un poco? —Le pregunto y Camilo mecánicamente, me alcanza su cigarrillo y continúa masajeándome.

    —Entrecerré los ojos para jugarte una broma, mi cielo. Dejaste encendida la luz del vestier, pero apagaste la luz de la lámpara de noche mientras acariciabas con ternura los cabellos que cubrían mi frente, creando una atmosfera íntima e inesperada. No te dejé un espacio libre donde pudieras recostarte, –lo hice a propósito– quería que me descobijaras y te deleitaras con el panorama de tu regalo. Así que intentaste sin éxito correr mi pierna estirada un poco y ahí fue que abrí los ojos, para sorprenderte, saludarte y de paso, yo estiré mis labios buscando que me besaras antes de que recostaras tu cuerpo a mi lado.

    —Y lo hice. Te dije cuanto te amaba y tú de improviso, sonriendo, con tus manos me apartaste con suavidad y yo equivocado, pensé que tan solo pretendías seguir durmiendo. Así que retiré las cobijas y me llevé la sorpresa de ver tu cuerpo con ese conjunto de ropa interior que yo no conocía. De hecho me sorprendí de ver tus blancas pompis divididas a la mitad por ese lazo negro, que partía de un diminuto triangulo de tela translúcida, atada a tus caderas. No era usual en ti, utilizar ese tipo de prendas íntimas tan pequeñas y sugestivas. Siempre preferías los cacheteros o los bikinis de estilo más ancho, para tu mejor comodidad. —Creo que sonríe al recordarlo.

    — ¡Jajaja, sí! Recuerdo tu carita de asombro. Te quería impresionar y llamar de nuevo tu atención, hacer que te dieran ganitas de nuevo. Me tocaste el pie, acariciándolo por la planta, luego el empeine y me los besaste. —Sonríe, yo fumo y le paso la colilla acabada a Camilo.

    —Humm, no lo recuerdo así. De hecho creo que fuiste tú que girando el cuerpo, colocaste el pie derecho sobre mi pecho, con esa manera tuya de mirarme tan traviesa y sonriendo suspicaz, como retándome. Brillaban esas uñas por el esmalte, igualmente carmín como las de tus manos. Decoradas con unos puntitos brillantes en el dedo gordo y en el siguiente. Me parecieron deseables y… ¡Chupables! De hecho la delicada forma egipcia de tus pies siempre me ha fascinado. —Le confieso, mientras detallo que ya mis manos están acariciando un poco más arriba de su talón de Aquiles, abandonando al lastimado dedito.

    — ¿Acaso yo te pedí que me lamieras la planta, causándome cosquillas y luego que llevaras a tu boca los dedos, chupándolos de uno en uno? Y sí, aunque no lo dijeras, yo si lo note desde un comienzo. Fue morboso verte hacerlo con tanta pasión y sentirlo con los ojos cerrados, eso fue… ¡Me excitaste! —Le reconozco.

    — ¿Y no fuiste tú Melissa, quien abriendo las piernas me incitaste a continuar? Recuerdo bien que empezaste a tocarte las piernas, arañando con sensualidad las corvas y la parte interna de tus muslos, rozando las ingles; paseabas las yemas de tus dedos sin premura por sobre el transparente nylon negro con sus coquetos encajes, bordeando las fronteras del pubis y delineando la «W» que se forma en tu cuquita ya excitada, uniendo los párpados, gimiendo tan bajito. —Mariana tiene los ojos cerrados tal vez imaginándolo, sin querer o no, más relajada se le ha abierto el compás de sus piernas.

    — ¡Me hacías percibir cositas ricas y desconocidas! Sentir mis dedos humedecidos por tu lengua, babeados y chupados por tu boca, era una excitante novedad. Y tu mano rozándome, –las mías entre tanto, van repitiendo lo recordado– deslizándose tan suave desde el tobillo hasta la parte posterior de mi muslo, manoseando con fuerza mi pantorrilla, era una necesidad. ¡Tenía mis ganas de ti, cinco días bien atrasadas! —Siento mi pierna caer lentamente y el calor de sus manos, desvaneciéndose. ¿Se me acabaría la suerte y Camilo ya habrá despertado de su letargo?

    ***

    Era necesario levantarme y apartar esa sensación que estaba haciendo palpitar y endurecer mi verga. Además estaba transpirando por el calor y aquellos morbosos recuerdos. Algo frío necesito y un cigarrillo para entretener a mis dedos. ¡Mariana ya está bien del pie!

    — ¿Otro cigarrillo y una cerveza? ¿Estas mejor? —Le pregunto medio nervioso y algo excitado. Mariana abre sus ojos, brillando aquel par de topacios en su hermoso rostro y ruborizadas las mejillas, pero con un gesto de decepcionante abandono noto en él.

    —Ehhh, si gracias. La que encuentres más fría, y no te olvides del cenicero. —Le respondo intentando que no se me note la decepción que me causa el que haya dejado de acariciarme el pie. Mientras lo veo ir hacia la cocina, yo recojo mi pierna y me reviso el colorado dedito, eso sí, sin cubrirme la pierna.

    Cuando me acerco al sofá para entregarle la cajetilla de cigarrillos, el encendedor y su cerveza, observo la tensa blancura de su muslo recogido. El talón reposa ahora al borde del cojín, la quijada apoyada en su articulada rodilla y el rosa de sus labios, bien pegados a esa tersa piel, con sus dos manos frotando la planta y los dedos de su aceitado pie.

    Mariana enciende su cigarrillo y me ofrece su llama para el mío. Yo enseguida, destapo una lata y se la entrego. Coloco el cenicero sobre el descansabrazos del sofá y me acomodo a su lado, estirando mi espalda y en el borde superior apoyo la nuca, liberando por la nariz dos fumarolas que se van uniendo, dispersándose un poco más allá.

    Camilo está muy callado, pero se acomoda justo al lado mío. Ya no siento en él, ese inicial rechazo. Lo siento más tranquilo en su papel de solo amigo. Íbamos bien recordando esos bonitos instantes, no creo que debamos dejar que se apague esa llama de pasiones antiguas, que nos ha tranquilizado y unido, todo gracias a su pisotón, así que después de un trago de cerveza, me atrevo y me lanzo a continuar con los recuerdos de esa madrugada.

    — ¡Hummm!… Quería que hicieras lo que quisieras de mí esa noche, besaras lo que besaras, tomaras de mi cuerpo lo que desearas. Nada me importaba más que sentirme tuya. ¡Aunque llegaste más tarde de lo que esperaba! —Le hablo a mi marido con los ojos cerrados, rememorando la situación, el ambiente y las acciones. Y pienso que finalmente lo he logrado. ¡El pez grande ha picado!

    —Uhmmm… ¡Que no llegué tan tarde, Dios mío! Además te veías muy dispuesta a que sucediera lo que pasó. Yo también tenía ganas de estar contigo esa noche. Necesitaba amar a mi mujer y adorarla como siempre, aunque hubiese comenzado por sus pies. ¿Todavía te duele? —Le pregunto, pues Mariana aún continúa con su pierna recogida y la falda del vestido se mantiene resignada a permanecer enrollada entre mil arrugados pliegues, obsequiándome la visión completa de los músculos tensionados de su muslo, la comba de sus gemelos y la aceitosa brillantez de su lastimado pie.

    —Ya no tanto, pero descuida… No le diré a nadie que me has golpeado. ¡Jajaja! —De forma algo vanidosa le respondo sonriente, pero mirando hacia la ventana de la sala, al igual que mi marido lo hace en este momento.

    — ¡Estás muy graciosa! Cómo esa noche estabas y lo empezaste todo. —Le respondo incorporándome un poco para dar otro sorbo a mi cerveza.

    — ¿Yo? Ajá, si claro. ¡Cómo no! ¿Quién era el que no dejaba de chuparme el pie, mirándome embobado?

    —Yo, pero es que tú no hacías más que provocarme, dibujando círculos con los dedos en tu vientre, apretando tus senos por encima del sostén y humedeciendo con la punta de la lengua, tus labios.

    —Pero tu dijiste algo que nos terminó por encender. ¿Cómo era? —Le pregunto mirándolo fijamente y no es que yo lo hubiera olvidado, para nada. Lo que deseo es que Camilo me lo vuelva a decir, ahora, como en aquella ocasión.

    — ¿Sabes algo? ¡Tengo ganas! Eso fue lo que te dije mientras veía como las uñas rojas de tus dedos, jugaban a apartar casi hasta la mitad, la tela negra de esa tanga, dejando uno de tus rosáceos labios a la vista, para luego volver a cubrirlo y posar tu mano en tu culo, estrujando la nalga, separándola de la otra y mostrándome descarada un poquito más.

    — ¿De qué? Yo te respondí mientras me acariciaba. Pero ya mis ojos habían descubierto la dura erección que me aguardaba tras ese pantaloncillo y a pesar de las ganas, me contuve y te empecé a calentar. Continuaste diciéndome…

    — ¡De que a ti igualmente te den ganas! Y dejé tu pie en paz y me lancé por tu corva, lamiendo la parte posterior de tu muslo.

    — ¡Jajaja!… Sí, yo intuí el lugar al cual querías llegar. Pero era para mi juego muy pronto, y cerré mis piernas para apartarte, distanciarte de mí vulva y te pregunté de nuevo… ¿Ganas de qué?

    — ¡De quitarnos estas ganas con más ganas! Te respondí, pero colocaste tú otro pie sobre mi rostro, y al sentir la tibieza también lo besé y me lo llevé a la boca, para chuparte los dedos como hice con el otro. Al momento me vi con tus blancos pies ensalivados, tratando de penetrar mi boca al mismo tiempo y tú, bastante excitada por el sexo oral que les prodigaba, me respondiste entre gemidos…

    — ¡Uyyy sí, que rico sería eso, loco mío! –Lo recuerdo muy bien. – Y tú me levantaste de las piernas, tomándome con fortaleza de los tobillos. Ahí fue cuando aproveché para retirarme la tanguita y subirla hasta las rodillas. Al darte cuenta de mi reacción, me soltaste y te bajaste los pantaloncillos, dejándome apreciar tu poderosa erección.

    —Sí, y yo quería pero por lo visto tú aun no estabas muy dispuesta a dejarme penetrar tu cuquita, aunque hubiese visto como estaba henchida por las ansias y humectada de tus ambrosías.

    —Cuando te vi completamente desnudo y con la dureza de tu verga, separada de tu vientre solo un poco y apuntando hacía el techo, decidí postergar lo que yo igualmente deseaba y con las plantas de mis pies aun humedecidas de tu saliva, arropé tu pene entre ellas y te comencé a pajear; al principio algo descoordinada, lo admito, pero luego de un rato ya lo hacía mejor y se te escuchaban fuertes los gemidos. ¡Jajaja! Que locura, ¿cierto?

    — ¡Ufff, Uhum! Teníamos una fuerte conexión. Nos atraíamos como imanes, sin frases ni invitaciones, tan solo con una mirada y un gesto de tu boca. —Le comento mirándola allí tan cerca de mí, que hasta puedo oler su fragancia, pero no el de su habitual perfume «Coco Mademoiselle» de Channel, no. Huelo su aroma de hembra excitada, ese olor que conozco de memoria, capaz mi nariz de reconocerla entre muchas. Y lo pienso sin decírselo a Mariana obviamente, ya que de solo haberlo percibido, me estoy empezando a excitar también y no quiero que ella lo note.

    —Yo creo que aún podemos, mi cielo. En serio que sí, tan solo es que tu…

    — ¡Joven Camilooo! ¿Se puede? — ¡Providenciales aquellas palabras! Y me pongo en pie como un resorte, a pesar de que la erección bajo mis pantalones, –deseando algo más– le atestigüe a Mariana, mis crecientes deseos.

    —Claro que si, Kayra. ¡Sigue, sigue! ¿Qué te pasa? ¿Necesitas algo? —Le respondo, sentándome apresurado en la silla giratoria, frente a mí mesa de dibujo, mientras ella ya nos habla desde la entrada.

    — ¡Pasa mis niños, que ya está el almuerzo! Y para celebrar tu visita mi niña, te he preparado algo especial y Dushi. Ahh, y tranquila que no es «Yuana» ni nada que tenga que ver con las iguanas. ¡Jajaja! —Y Mariana se pone en pie, quizás cojea un poco pero mi negra hermosa no lo nota.

    —No tenías por qué molestarte ni ponerte en esas Kayra. Estábamos pensando con Camilo en salir por ahí, para no molestar. —Le respondo abanicándome por el calor, sí. ¡Pero el de la conversación!

    —Nada de eso mi niña. ¿Almuerzan en el comedor de la casa o desean mejor aquí? —Nos pregunta Kayra limpiándose las manos con su delantal.

    — ¡Aquí mejor! —Respondemos mi esposo y yo, al mismo tiempo.

  • En los vestuarios, me comí a Gonzalo, el camarero (parte 2)

    En los vestuarios, me comí a Gonzalo, el camarero (parte 2)

    Empecé a secar el cuerpo desnudo de Gonzalo, el camarero, con suma delicadeza, acariciándolo más que otra cosa, mientras él gemía de placer. La cabeza, su espalda de atleta, sus glúteos firmes, redondos y apenas cubiertos por una fina pelusa rubia, sus piernas bien torneadas hacia abajo y hacia arriba, volviendo a manosear sus nalgas con la toalla.

    -La verdad es que está para comérselo, o al menos para lamerlo, le dije.

    Sólo suspiró y abrió un poco las piernas, así que empecé a lamerle un glúteo a la vez y luego le pasé la lengua por la raja del culo, abriéndole un poco más los glúteos para ver su ano rosadito y palpitante, totalmente depilado.

    -¡Qué rico! ¡Sin pelo, como a mí me gusta!

    Le lamí la entrada del ojete en círculos arrancándole estremecimientos y más gemidos. No dudé en pasarle mis brazos hacia adelante para atraparle su verga dura y recta como una estaca para pajearlo mientras ya le metía la lengua en su orificio todo lo que podía, una y otra vez, y él se inclinaba hacia los grifos para dejarme su culo en pompa.

    -¡Estás al re palo!

    -¡Siiiií! Estoy muy caliente desde que te vi comiéndole la pija a tu amigo.

    -Date vuelta que te seco por adelante y te voy a calmar esos celos.

    Lo ayudé a voltearse y quedamos frente a frente, mirándonos a los ojos. Le envolví el pecho con la toalla y le besé los labios, apenas, con dulzura, hasta que empecé a trabajarle la boca con mi lengua y se trenzó apasionadamente en un juego de espadas. Apreté su cuerpo contra el mío y nos chuponeamos un par de minutos casi sin respirar. Nos detuvimos para tomar aliento y empecé a secarle el resto del cuerpo de escultura, deteniéndome largo rato en sus genitales y me arrodillé sobre la alfombra para los pies para secarle las piernas, quedando mi cara frente a su glande húmedo de líquido pre seminal.

    Saqué mi celular y me tomé un corto video mientras me lo engullía golosamente. Me guardé el teléfono y tomándolo de sus firmes glúteos lo insté a cogerme por la boca. Me comí el glande, el tronco y llegué a tocar su pelvis con mis labios, empezando una mamada de campeonato de varios minutos hasta que se tensó, me tomó de la cabeza para acompañar mi ritmo, se arqueó hacia atrás y eyaculó varios chorros de semen que chupé y tragué sediento, al tiempo que Gonzalo emitía jadeos y gritos ahogados.

    Se la seguí chupando y sobando para dejarle la pija bien limpia, sin dejar de apretar y empujar sus nalgas hacia mí. Me puse de pie, lamiendo sus abdominales, sus pectorales y mordiendo suavemente sus pezones, lamí y besé su cuello y llegué a su boca para besarlo con ansia desenfrenada, que acompañó con mucha pasión.

    Nos detuvimos para recuperar el aliento y mirándome a los ojos me dijo que había sido una de las mejores mamadas que le habían hecho.

    -No te creo, con el cuerpo escultural que tenés y lo hermoso que sos, te deben haber hecho muchas mejores.

    -¡Posta que fue espectacular!, me dijo con voz entrecortada. ¿Para qué querés la foto?

    -Para mandársela a mi amigo y a mi mujer.

    -¿A tu mujer? ¿Sos casado?

    -Sí, ya la vas a conocer. Ella me conoce y sabe todo de mí.

    -¿Sabe que sos puto?, me susurró al oído.

    -Bisexual, nene. Pero me recalienta que me digan puto cuando me cogen, no te preocupes. Terminá de secarte y vestite que vamos al departamento de mi amigo, si te parece bien.

    Me parece genial.

    -¿Viste qué fuerte que está?

    -Sí, se lo ve copado, pero algo le pasa.

    -Está triste porque supo que la novia se coge al jefe, pero le vamos a levantar el ánimo.

    -¡Uh! ¡Qué garrón!

    -Ya se le va a pasar. La novia está fuertísima y no la tiene que dejar escapar.

    Le agarré la pija, que aún estaba parada y le comí la boca nuevamente.

    -Salgo yo primero, porque van a sospechar. Lo que no sé es cómo me voy a tapar el bulto.

    -Llevate mi mochila, así después los alcanzo.

    -Gracias, le dije y le di otro morreo.

    No podía despegarme de la boca, de la pija ni del hermoso culo de Gonzalo.

  • Tropa Loca (4)

    Tropa Loca (4)

    Ya conté que varios compañeros del grupo de tercero de prepa nos juntábamos para salir de paseo o ir a las fiestas. Mi novio, Saúl, no formaba parte de esta bolita porque él estudiaba ya su licenciatura. Precisamente en estos paseos, después de las fiestas, era donde se daba la parte sexual. En los paseos se hacían parejitas, que no necesariamente eran novios, y se perdían por un rato para darse mimos, toqueteos y algo más. Producto de ese algo más, nos obligó a juntar dinero para pagar dos abortos a las compañeras más inexpertas.

    Yo estuve a punto de coger con uno de los amigos que más me gustaba, Felipe, pero no lo hicimos, en ese momento, sino varios años después y lo conté en el primer relato de esta serie. También relaté en la segunda parte cómo cogí años después con Soto, un compañero muy tímido que me gustaba mucho y en la época de estudiantes. En la tercera parte relaté mi encuentro con Otilio, “El Geronte”.

    Un caso más, y con esto termino la serie de mis aventuras con los compañeros de la prepa, fue el más cómico, pues se trató de Pepe Silva, el más pequeño de estatura, del salón. Todos cantábamos “Fuiste a Acapulco” una rola de moda y me tomó de la mano diciendo “Ven conmigo, Tita”. Lo vi decidido y reí antes de preguntarle “¿Para qué?”. Simplemente me jaló de la mano y masculló algo. Algunos de mis compañeros gritaron algo burlándose de ambos. “A menos que seas “Pepito” el de los cuentos, no sabrás qué hacer con ella”, dijo otra. “¡Te vas a ahogar, las tiene muy grandes!”, gritó uno más de quienes ya me habían chupado el pecho. Entre las risas de mis amigos nos fuimos tomados de la mano.

    –Eres la más bonita de todo el grupo, y de la prepa –dijo sin soltarme de la mano–. Quiero darte un beso –expresó, abrazándome.

    En la boca o aquí, dije extrayendo una teta de mis ropas. Su cara se encendió y abrió la boca; con las dos manos agarró mi chiche y la mamó un buen tiempo. “Ahora en la boca”, dije, y lo besé tomando su pene erguido al meter mi mano por la cintura de su pantalón. El beso duró lo suficiente para que, con las caricias de mi pulgar en su glande distribuyendo el abundante presemen, el eyaculara. Saqué mi mano y se la ofrecí llena de semen para que me la limpiara con su lengua, pero él se quedó asombrado. Me chupé la mano y le di un beso “Sabes rico, mira…” le dije. Me besó y luego ambos lamimos mi mano hasta dejarla limpia. Regresamos con el grupo. “¿Tan rápido?, ¡Sí que es precoz!” dijo alguien y todos se rieron y se burlaron, más cuando Pepe Silva se puso colorado. Yo solo sonreía.

    Pues sí, Pepe se quedó con ganas y a mí me pareció muy divertida mi actuación al jugar así con él y por lo que lo bromearon. Pero el destino nos da más sorpresas…

    Varios años después, yo estaba viendo algunos discos en una la zona de casetes y vinilos de una conocida librería adonde había acudido para comprar un disco para mis hijos. Mientras los veía, yo esperaba a una de las dependientes a quien le había pedido “Los músicos ambulantes”. Cuando ella llegó, me lo entregó ya dentro de una bolsa que tenía ése y otro disco más, además me dio el comprobante de pago, diciéndome “Ya están pagados”.

    –Yo sólo le pedí uno, además, aún no lo pago –señalé.

    –Pero yo ya los pagué –me dijo, atrás de mí, una voz varonil que parecía a la de un locutor de radio UNAM, o de Radio Educación. Lo vi, guapo, fornido, alto, bien vestido, rasurado y peinado, pero no lo reconocí.

    –¿No te acuerdas de mí? –preguntó y extrajo de la bolsa un LP de los Apson con el título “Fuiste a Acapulco”–. Soy Pepe Silva, y esa canción quedó pegada a mi historia.

    En ese momento entendí quién era el sujeto y recordé a aquel joven lampiño ahora convertido en un rico melocotón que daban ganas de encuerarlo en ese momento. “¡No puede ser! ¡Cómo has crecido y qué guapo estás!”, exclamé y lo abracé. Él también me abrazó. “¿Tienes tiempo de platicar?, me gustaría recordar lo nuestro”, me dijo con voz melosa. “Sí, a mí también” dije y, tomados de la mano, subimos a la cafetería de allí para actualizarnos.

    –¿Tú sólo jugaste conmigo o sentiste algo más? –me soltó, cambiando la plática.

    –Éramos muy jóvenes, y tú más… –dije a manera de disculpa.

    –Los muchachos decían que sólo te gustaba jugar con nosotros para calentarnos. ¿Hiciste el amor con alguno de ellos? –preguntó directo.

    –En esa época, no –contesté ambiguamente, pero para entonces ya me había tirado a dos de los compañeros y no le iba a decir a quiénes.

    –Contigo, con la más hermosa y tetona de la prepa, tuve la primera experiencia sexual de mi vida. ¡Me marcaste! Te he tenido recurrentemente en mis sueños, pero ahora que te veo más hermosa que antes, quiero pedirte que sosiegues mis ganas de ti, ¿Habrá oportunidad? –espetó enfáticamente, sin trabas ni vueltas, pero muy seguro de lo atractivo que él era para mí en ese momento. Lo miré, le acaricié su rostro cargado de indagación.

    –Sí, pero tiene que ser ahora, y antes de las siete –precisé, recordando que mi hermana cuidaba a los niños mientras yo salía de compras.

    No dijo más, me tomó de la mano y abrazados fuimos a recoger su auto. No me preguntó más. Pero en ese momento recordé que me esperaba Eduardo, mi amante, en su departamento. “Ni modo, pero a este rorro yo me lo tiro” me dije a mí misma. Nos subimos al auto y fue al mismo hotel, a la salida de la carretera vieja a Cuernavaca, al que cotidianamente me llevaba Felipe, el primero de los compañeros de la Tropa Loca que me había tirado y que durante años seguimos haciendo lo mismo. Como casualidad, no sólo fue el hotel, sino que la primera vez con Felipe, también dejé plantado a Eduardo.

    En el hotel, sin más preámbulo que un beso, Pepe me comenzó a desvestir y yo hice lo mismo con él. Me encantó el cuerpazo musculoso y marcado en los músculos, el cual acaricié y besé a mi antojo mientras yo me dejaba llevar por sus caricias.

    Me cargó de pie y me subió hasta llevar mi pubis a su boca. Yo reía y le suplicaba que me bajara pues podríamos caer. “No, Tita, ahora la pequeñita eres tú” dijo y me sacó el primer orgasmo con su lengua. Luego me depositó en la cama y se acomodó para hacer el 69, sacándome más orgasmos. Yo lamía y chupaba su miembro, me colocaba sus enormes huevos en la barba y en el cuello mientras se la mamaba. Recuerdo que yo gritaba con tanta lengua que él me daba y escuchaba cómo tragaba Pepe el abundante flujo que me provocaban las caricias de su boca al meterla muy adentro de la vagina y las chupadas de clítoris.

    Descansé un poco, acariciando el vello de su pecho y lamiéndole los pezones. Pepe me acariciaba las chiches, jugaba con ellas moviéndolas hacia el centro de mi cuerpo y luego las soltaba para que la gravedad hiciera que cayeran y rebotaran, él las veía y sonreía.

    Se sentó en la cama y, como si fuera una muñeca de trapo, me cargó para quedar yo sentada en su miembro, sin penetrarme. Me movió asiéndome de las tetas resbalando su pene en mi inundada raja, el cual veía salir y ocultarse en mi pelambre. Volteé mi cara para besarlo y sentí cuando entró su tranca en mi vagina, continuó con el movimiento, resbalándome de arriba abajo hasta que me vine otra vez, volviendo a gritar.

    Me dejó reposar, con su miembro tieso adentro de mí. Me pidió que me pusiera en cuatro y me cogió de perrito, con mucho brío sacándome un tren de orgasmos hasta quedar exhausta. quedé con la cara en la cama, sollozando y soltando lágrimas, pero las nalgas en vilo porque me detenía con sus manazas de la cintura. Sentía palpitar su verga dentro de mí y pensaba “¡Hasta cuándo se irá a venir este muñeco!”, pero la muñeca era yo…

    –Ya no aguanto más, Pepe, déjame descansar –le supliqué débilmente.

    Se salió de mí y quedé acostada bocabajo.

    –¡Sigues siendo muy bella! y tienes las chiches más grandes –dijo acariciándome lo que de ellas salía de mis costados. Me cubrió la espalda y las nalgas de besos. Me abrió las piernas y se puso a saborear el flujo que me salía. Lamió el periné y su lengua llegó a mi ano. Metió la punta de su ápice lingual varias veces. Pensé que quería cogerme por el culo. “No se te vaya a ocurrir metérmelo por allí”, le dije sin moverme ni abrir los ojos. Me lamió las nalgas y la espalda, también la lengua recorrió la parte sobresaliente de mi busto. Dormí un poco mientras él me contemplaba y acariciaba las piernas.

    Por último, cuando dieron las seis. me puso bocarriba, me chupó las tetas mientras me abría las piernas y, sin despegar la boca de ellas, me penetró. Se movió hasta venirse, yo ya no podía sentir orgasmos, pero me dejaba hacer el amor a su gusto. Sentí el calor de su venida, abundante y dejó caer por unos instantes sus casi cien kilos sobre mi cuerpo. Se colocó para acostarse a mi lado y miré un hilo blanco desde mi vagina hasta su pene. No lo pensé dos veces, me incorporé para mamárselo y exprimirle lo que pudiera haberse quedado en cuerpo de su falo. Luego lo besé. “¿Verdad que sabe rico…?”, le dije recordando la vez que probamos su semen.

    Pepe y yo cogimos y chupamos muy rico, él eyaculó hasta que el tiempo de concluir se agotaba. Disfruté a ese roperote de voz cálida y envolvente quien me trató con ternura. Nos vestimos, sin bañarnos, ya no había tiempo para más.

    Me dejó a una cuadra de mi casa, pero no nos intercambiamos números telefónicos, ni quedamos en volver a vernos. Me dio gusto saldar esa deuda con amor.

  • Nuestro primer trío con el señor de internet

    Nuestro primer trío con el señor de internet

    Relato porno real de nuestro primer trío con un señor que conocimos por Internet.

    Hola amigos me presento soy Ricardo hombre de 50 años y mi esposa Bárbara de 39 años. Llevamos casados 7 años y tenemos una vida sexual muy activa, tenemos muchas fantasías, y tenemos muchas cosas en común. Ella es caliente, es muy fantasiosa. Lo que les voy a relatar es echo de nuestra fantasía y son verídicos.

    Así perdí mi virgo y me encantó.

    Bueno les contaré, mi esposa decidió buscar a un amigo sexual después de hablarlo, después de pensarlo se fue al internet y consiguió a un señor de 54 años bien parecido con un pene de 20 cm muy irresistible y empezó a conversar con él y quedaron en una cita en Chacaíto y de ahí iríamos al hotel.

    El día pautado un martes a las 2 pm hora de Venezuela somos venezolanos ella de 39 años 162 cm de estatura, con un cuerpo irresistible unos senos grandes talla 42 una pequeña cintura y un culo de infarto grande paradito y unas piernas bien torneadas por los ejercicios caminata y el gym, su cabello castaño claro muy coqueta y muy elegante.

    Bueno llegó el día de el encuentro y ella se puso un vestido rojo muy cortico unas sandalias altas y se veía de infarto llegamos al c.c Chacaíto estacionamos nuestro carro y el sr julio llamo a Bárbara que estaba llegando, ella me dice vamos a recibirlo nos fuimos a el restaurant y lo esperamos.

    El llegó y pedimos unos café charlamos un rato y Bárbara estaba bastante nerviosa, le sudaban las manos, primer trío que íbamos a realizar el con mucha confianza nos dice que si de verdad deseamos continuar y Bárbara me pregunta que opinas Ricardo y le dije tu eres la que decides tú eres la que llevas la riendas y eres la que tiene toda la potestad de decir si o no, ella le dice si vamos a ponernos más cómodos en algún sitio más íntimo, pagamos la cuenta y nos dirigimos a su camioneta el dice que el hotel queda cerca.

    Llegamos, él pagó la habitación, compró unos preservativos, unas cervezas y pasamos a la habitación, el destapa las cervezas y dice brindemos por nuestra amistad y por su primer trío, brindamos y el se va quitando toda la ropa y se mete al baño, al ratico salió y era el turno de Bárbara, se bañó, se puso un hilo de maripositas delantera con unas medias y un collar se veía súper, entré yo al baño y ellos seguían conversando.

    Yo salí y tome mi cerveza y tome un sorbo cuando Bárbara dice, Julio quítate la toalla de la cintura, cuál fue su expresión, Julio estaba súper, tenía el pene muy grande y viendo hacia el techo yo empecé a besarla, ella empezó a pajearlos y la besó, ella seguía besándola y yo tomé su pecho y le mame una teta y empezó a gemir.

    En seguida ella empezó a bajar por el cuello de Julio su pecho hasta llegar a su pene y lo lamió y dijo Julito nada que ver con las fotos, es inmenso este niño y llegó y abrió la boca y empezó a mamárselo como una campeona.

    Yo seguía chupándole el clítoris, sus labios vaginales y decidí quitarme para ver el espectáculo y ellos ya estaban súper calientes y Julio agarró a Bárbara y se puso entre sus piernas y empezó a chuparle, a pasarle la lengua a el clítoris, cuando ella está a su máximo y logro hacer su primer orgasmo intenso y largo ella se posesionó de mi pene y lo mamaba como loca.

    En eso Julio busca un preservativo se lo coloca y pasa su pene por los labios vaginales para abrir camino para su entrada, era un espectáculo ver cómo la vagina de Bárbara iba abriendo y se iba insertando centímetro a centímetro de ese pedazo de carne de 20 cm hasta que ella dio un gemido de placer.

    Estaba todo dentro de ella y empezó a moverse a besarla hasta que ella tuvo otro orgasmo muy intenso y el seguía dándole duro, suave, hasta que se fue dentro de ella, acabo en su preservativo le saco el pene y se fue a bañar.

    Salió y yo estaba dándole y ella le dice que se acerque y empezó a manárselo de nuevo hasta que de nuevo estaba listo y me dijo mámaselo, lo dirigió hacia mi y lo puso en mis labios y me dijo abre la boca y el empezó a metérmelo en la boca y ella lamiendo sus bolas el daba brincos hasta que ella le hizo el beso negro y el muy puto se dejó hasta que ella le dijo que se colocará en la cama y después ella se sentó arriba de el y se puso a hacer cuclillas.

    Me decía que le hiciera el oral a el y a ella hasta que ella tuvo otro orgasmo, en eso ella se bajó y cambiaron de posición y la puso en 4 posición de perrito, la clavo y me dijo para hacer un 69, ella recibiendo bombazos y yo recibiendo una mamada súper que era increíble y me levantó las piernas y me empezó a mamá el culo y a meter el dedo y luego 2 y cambiamos de posición, yo arriba de ella y ella abajo cuando siento que me agarran las nalgas y me pasan la legua, uno en mi pene y otro en el culo, tomando un ritmo muy delicioso cuando ella dice agarra eso y úntaselo…

    Me untó un aceite y después sentí como su cabeza del pene jugaba con mi orificio hasta que entró la cabeza, era doloroso pero después se convirtió en placer, ella se quitó y se coloca encima de mi para abrirme más las nalgas para que entrara todo, y se puso debajo para que yo la penetrara y así tuvimos otro orgasmo, yo dentro de ella, ella chillaba más duro y se retorcía y yo quedé sin fuerzas.

    El seguía dándome hasta que acabo dentro de mi en el preservativo, el se fue a bañar y salió y dijo brindemos y brindamos, perdí mi virgo con Julio que fue súper, descansamos, ya iba a ser hora de irnos y ella se dio una ducha yo también y dijo todavía hay tiempo.

    Agarró y otra vez fue por el pene de Julio y se lo mamó hasta que se volvió a parar como estaca, ella se puso a 4 patas y empezó a bombearla y mientras ella me hacía un oral a mi y le dije ahora te toca a ti y me dice no creo que aguante y le dije Julio ya va, ella se monto encima de mi y Julio la agarro por atrás y le hicimos la doble penetración vaginal, ella acabo como loca y le dije Julio ahora por el culo…

    Ella pela los ojos y dice poco a poco, se lo fue metiendo poco a poco hasta que ella se le salieron dos lágrimas después el dolor se convirtió en placer y ella decía más y más, hasta que otro orgasmo vino y otro mas y así tuvo muchos orgasmos.

    Yo solo había acabado 1 vez y tocaron la puerta, es hora de salir, Julio apresuró el paso y acabó dentro de ella, como siempre dentro del preservativo. Nos vestimos nos fuimos.

    Nos dejó en el c.c Chacaíto, ahí agarramos nuestro carro y empezamos a hablar, me dijo que la paso súper, a mí me dolía el culo pero era sabroso, ella me dijo que le dolía todo y nos fuimos a casa, llegamos preparamos comida, cenamos y nos acostamos hablando de lo sucedido y empezamos a hacerlo, el culo de ella todavía estaba dilatado así que no hubo problema en penetrarla por el culo y así lo hicimos casi toda la noche, varias poses y por todos lados.

    Al día siguiente Julio escribió que fue grandioso y quedamos en vernos en 15 días y así ahora Julio es nuestro amante.

    Si deseas y estás en Caracas, Venezuela, y deseas conversar con nosotros te puedes comunicar al correo: [email protected]. Deja tu comentario si les gustó.

  • Flor y Carlos (parte 3 y final)

    Flor y Carlos (parte 3 y final)

    Todos exhaustos nos quedamos tendidos en la cama, comenzamos a reírnos de ciertas situaciones que habían pasado. A los 10 minutos Flor se fue a bañar, mi novia quedó en medio de nosotros.

    Carlos: “vamos a ver si a Belén le quedaron energías como para seguir jaja”.

    Belén: “claro que tengo energías, quieren ponerme a prueba?”.

    Yo: “le quedan de sobra”.

    Carlos le toma la mano a Belén y la pone en su verga, Belén lo comienza a masturbar, mientras con su otra mano me comienza a realizar lo mismo conmigo. Los 2 penes comenzaban nuevamente a despertar.

    Mi novia detiene su labor y nos dice: “debemos pasar por la ducha antes, vengan conmigo”.

    Fuimos, abrimos la puerta, Flor aún estaba en la ducha. Mi novia le dice si nos da permiso de pasar. Ella toma su toalla, y sale de la ducha. Belén le toma la mano a Carlos, ambos entran a la ducha, yo me quedo mirando, pero mi novia estira su mano y me hace pasar con ellos, abre la llave y nos comenzamos a bañar.

    Cada uno comenzó a jabonar su propio cuerpo, mi novia era la encargada de repartirnos el jabón. Belén lavó sus piernas, vientre, trasero, tetas y vagina con la atenta mirada de nosotros. Terminando con su cuerpo comenzó a repasar con sus manos mi espalda, trasero y piernas. Luego hizo lo mismo con Carlos. Nos pidió darnos vuelta, volvió a mi cuerpo, recorrió mi pecho, brazos, piernas y finalmente comenzó a lavar mi verga, la cual estaba casi a su tope de erección, primero pasó el jabón por la cabeza, siguió por toda la extensión de mi pene y fue bajando hasta mis bolas, lavó hasta casi mi ano, y eso había hecho que la erección fuera aún mayor. Prosiguió con la verga de Carlos, la cual estaba más dura que la mía, realizó los mismos pasos que hizo conmigo. Todo esto fue atentamente observado por Flor, la cual frotaba su clítoris.

    Una vez terminada la limpieza comenzó a masturbarnos, una mano para cada quien, luego nos pidió que nos juntáramos más y pasó nuestras vergas por su cara. Mirando atentamente a Flor le comenzó a succionar las bolas a Carlos, el cual gemía con la mirada hacía el cielo. Flor no resistió mucho tiempo más, me agarró de la verga y me sacó de la ducha y le dijo a Carlos: “tienes luz verdad para lo que quieras hacer”.

    Belén: “pásenlo bien, nosotros también lo haremos”.

    Cada uno se puso su bata, salimos de la habitación y nos fuimos a la suya. Cuando llegamos me dijo: “quiero que este intercambio sea completo, ahora serás solo mío”.

    Tomé a Flor con fuerza de la cintura para besarla, quité su bata y recorrí su delicioso cuerpo con mis manos, sus senos eran más grandes de lo que se sentían hace instantes, su cintura pequeña y su trasero bien formado era un espectáculo al tacto y a la vista, la giré sólo para mirarla al detalle. Ella iba bajando para darme un oral, pero yo la detuve. “Es mi turno”, le dije. Bajé para finalmente probar esas tetas que llevo tiempo deseando, sus pezones estaban duros, pasé mi lengua por ellos, luego la fui empujando hasta su cama. Abrí sus piernas y comencé a jugar con mi lengua en su clítoris, estaba nuevamente empapada, su lubricación estaba deliciosa, dediqué mucho tiempo a sólo explotar su vagina, con mis dedos abría sus labios, metía mi lengua dura en su vagina. Juntaba sus labios y apretaba sobre su clítoris, el cual ya sentía duro. Ahora si comencé a pasarle mi boca con más dedicación, pasé mi lengua suavemente y con el pasar de los segundos le fui dando intensidad a la comida de vagina. En un momento la noté demasiado agitada y comencé a bajar el ritmo, ella lo notó y me quedó mirando, pero antes de que dijera algo metí 3 dedos dentro de su vagina y comencé nuevamente a succionar. Luego, tomé las manos de Flor y las puse sobre mi cabeza, ella apretó fuerte mi cabeza contra su pelvis. Nuevamente fui bajando la intensidad.

    Después de un rato, subí por su cuerpo, me dirigí directamente a sus tetas, estaban duras y se notaban incluso más grandes. Ahora sí que me di un festín con ellas, me las comí con mucha habilitad, apreté sus pezones y los mordí suavemente, para luego pasar mi lengua a toda velocidad por ellos.

    Continúe subiendo, nos pusimos frente a frente, tomé su mano y la puse sobre mi verga, “frótate con mi verga sobre tu clítoris”, le dije.

    Flor estaba muy caliente y no se hizo esperar, me dijo: “me vas a volver loca, no te muevas por favor”.

    Alzo sus caderas levemente, comenzó a toda intensidad, ya estaba por acabar. Cuando la noté muy cerca, agarré sus muñecas, levanté sus brazos y me puse sobre ella, metí mi verga dura y muy lubricada en su vagina. Pensaba darle varias embestidas, pero cuando llevaba apenas algunas comenzó a acabar, se agarró de mi cuello, para sus últimos gemidos.

    Flor: “Wow, estuvo increíble”.

    Yo aún seguía con la verga dura, pero ya estaba totalmente satisfecho, ella se va a su bolso de viaje y saca un conjunto de lencería, y sin darme detalle me pregunta cual me gustaba más, en realidad no podía ver nada en cuanto a diseño. Sólo vi que uno era rojo y el otro negro. Elegí el rojo.

    Al volver lo traía puesto, ¡se veía espectacular! Una vez más lo diré, sus senos eran impresionantes, espectaculares, el tamaño era perfecto, grandes y de pezones color café clarito, sus aureolas eran pequeñas. Que delicia de mujer, sus muslos eran gruesos y exquisitos.

    Su traje tenía tirantes en las caderas que conectaban con sus piernas, sus muslos estaban para comérselos. El conjunto incluía una pequeña tanga, que con suerte cubría su monte y sus nalgas se comía ese delgado trozo de tela. La parte de arriba era totalmente traslúcida y sus pezones se notaban a la perfección.

    Flor: “quieres sacarme una foto?”.

    Yo: “claro”.

    Le saqué un par de fotos, mientras comenzó a liberar sus tetas, seguí tomándole fotos, luego quitó su tanga, quedando solamente con los tirantes en la cadera hacía sus muslos.

    Se acercó a mí que estaba acostado, se metió mi verga completa a su boca, se la sacó y me succionó las bolas que estaban hinchadas nuevamente.

    F: “que rica verga… sé lo que quieres”.

    Al decir eso puso mi verga entre tus grandes senos y comenzó una paja deliciosa con ellas. Además de hacer la rusa/cubana, a ratos también se comía mi verga.

    F: “la quiero dentro ahora”.

    Sin esperar se montó sobre mí, haciendo desaparecer mi verga en su vagina caliente. La tomé de las caderas y la acerqué hacía mi para comer sus pezones, les pasaba la lengua como desesperado, ella se movía lento pero intenso.

    Se acercó a mí y al oído me dijo: “quiero toda tu leche en mi boca, dime cuando estés por acabar, me la voy a tragar toda para recordarte”.

    Terminando de decir eso, aceleró sus movimientos y wow, que manera de montar, sus caderas tenían una soltura increíble, estuvo varios minutos así. Sus tetas grandes rebotaban mucho, que espectáculo me estaba dando. Para continuar se acomodó para saltar sobre mi verga. En eso sentimos los gemidos de mi novia que venía de la habitación de al lado, bien fuerte.

    Flor: “escucha que fuerte están cogiendo”.

    Eso me calentó aún más y Flor se dio cuenta de ello.

    Me hizo unos últimos sentones muy fuertes, y se bajó a chupármela.

    Flor: “que rico, tu verga sabe a mi vagina también”.

    Aceleró sus movimientos con la boca. En ese momento escuchamos los gemidos de Belén y Carlos.

    Flor me miró, mamó con todo y yo no aguanté más, la agarré fuerte de la cabeza, alcé mi pelvis hacía ella y le tiré todo el semen hasta su garganta. No se ahogó ni nada menos, cuando retiró su boca de mi verga, sonrió, fue una gran sonrisa. Lamió mi verga varias veces más y finalmente le dio un beso y me dijo: “ojalá quieras repetir otro día, esta vez solos”.

    Esperamos unos segundos mientras recobrábamos el aliento, fuimos a la habitación continua. Ahí estaba Carlos profundamente dormido y Belén saliendo del baño.

    Flor lo despertó y se fueron a su habitación, yo pasé a la ducha, al volver Belén estaba profundamente dormida. En la mañana nos fuimos a duchar juntos, le levanté una pierna para darle un rico oral, luego ella se arrodilló y me dio una buena mamada, fue muy intensa, pero se nos estaba pasando la hora del check out y debimos terminar la ducha. En el desayuno nos juntamos los 4, conversamos de temas variados, pero nada sexual, tampoco mencionamos lo ocurrido en la noche anterior.

    Antes de subir al auto, Flor me dijo que me fuera adelante con Carlos. Comenzamos a hablar de autos y de fútbol mientras las chicas cantaban sobre la música.

    Ese día hacía mucho calor, a mitad del camino hicimos una parada en una bencinera, compramos agua fría y emprendimos rumbo, no sin antes pasar al baño.

    Para nuestra mala suerte el aire acondicionado del auto estaba comenzando a fallar, y pese a ir con las ventanas abiertas el calor era insoportable.

    Flor: “estoy empezando a sudar, menos mal me saqué la ropa interior en el baño”.

    Todos miramos a Flor, y ella atinó a abrir sus piernas evidenciando su vagina al desnudo.

    Belén: “no era mala idea con este calor”.

    Carlos: “pues hazlo entonces”.

    Yo: “si hazlo”.

    Flor: “yo te ayudo”.

    Mi novia cambió de posición apuntando hacía Flor, abrió sus piernas y levantó su pelvis para que ella tomara delicadamente su pequeño colaless y lo retirara sin apuro alguno.

    Las chicas andaban con vestidos sueltos y ligeros hasta los muslos, lo que facilitaba mucho la situación.

    Belén se volvió a sentar correctamente y dijo: “se siente más fresco así”.

    Carlos: “te hubieses quedado en la posición anterior”.

    Belén: “bueno vuelvo a como estaba”.

    Sin necesidad de decir nada Flor se ubicó y comenzó a comerle el clítoris a mi novia.

    Yo que era el que menos vista tenía de aquella escena, me di vuelta y vi a Flor comer la vagina de Belén con muchas ganas. Mi novia corrió su vestido y se quitó el sostén. Flor, que ya estaba sin sostén pasó sus pezones por la vagina de novia, eso fue MUY excitante. Yo a esa altura ya me la estaba sobando por sobre la ropa y Carlos hacía lo que podía mientras a la vez conducía.

    Flor subió a comerle las tetas a Belén un buen rato y luego a besarla, ambas estaban sin temor a ser vista. Flor subió un poco más y puso sus tetas en la boca de mi novia, la cual se las comió con mucha sensualidad.

    Después de un rato ambas se sentaron correctamente, y casi a la par abrieron sus piernas para masturbarse. En primera instancia cada cual se masturbaba así misma, pero después de un rato mi novia puso su mano sobre la vagina de Flor, y la de ella en la suya. Se frotaban el clítoris muy intenso, tanto que se escuchaba lo mojada que estaban.

    Carlos desvió el auto y aprovechando una entrada apartada a lo que parecía una parcela, se estacionó.

    Abrió su puerta, luego la de Flor, observó que no hubiera nadie por el lugar, bajó sus pantalones y se la acercó a Flor, que sin dudar se la metió a la boca. Por mi parte hice lo mismo, pero a diferencia de Carlos, tomé a mi novia, puse su trasero hacía la calle y le metí la verga.

    En un momento escuchamos un ruido de un vehículo acercándose, nos metimos como pudimos al auto, fue una situación graciosa después de todo.

    Flor: “vengan acá estamos un poco menos a la vista”.

    Fuimos a un rincón entre el auto y unos arbustos, Flor se arrodilló para comerse mi verga y mi novia hizo lo mismo con Carlos, estuvieron así unos momentos, pero luego cambiaron y cada chica volvió a comerle la verga a su pareja.

    Volvió a escucharse otro vehículo, nos metimos rápidamente al auto.

    Carlos condujo un poco más adelante, donde nos encontramos con un espacio más escondido. Del equipaje sacamos unas toallas, las pusimos en el pasto y nos empezamos a coger muy duro a nuestras parejas en 4. Parecía una competencia a esta altura, pero las ganadoras sin duda eran las chicas, las cuales eran embestidas con todas nuestras fuerzas al aire libre.

    Belén puso su raja bien parada y me la empecé a coger así. Flor hizo lo mismo. Aceleramos las embestidas con todo, las chicas cada vez gemían más fuerte, iban casi sincronizadas hasta que Belén comenzó a acabar con unos gemidos deliciosos, Flor se le unió y fue un orgasmo increíble de ambas.

    Ellas cambiaron de posición y comenzaron a mamar nuestras vergas, al poco rato les acabamos en sus boquitas calientes.

    Nos limpiamos y continuamos nuestro viaje de regreso.

    Han pasado algunos meses de esta aventura y hemos intentado repetirla, pero no hemos coincidido, tal vez se vuelva a dar, quien sabe.

    Algunas veces con Belén fantaseamos nuevamente recordando esa experiencia inolvidable mientras cogimos.

  • Ello lo indicó: debía ser la hembra

    Ello lo indicó: debía ser la hembra

    Ya cuando mi esposa me agarra una nalga y la aprieta, es porque deja en claro sus intenciones.

    Igual yo intento:

    – Amor, hoy quiero hacerlo al modo tradicional.

    Se ríe como si fuera absurdo, y su risa resuena por las paredes del comedor.

    – Amor, hace rato que no la pongo.

    Me da vuelta como un palillo y me da una nalgada, firme, fuerte.

    – Dios no te dio esa envidiada cola por nada. Esta para ser usada y abusada. Anda y vestite.

    Camine lentamente, pensando las palabras a decir. Llegué a la puerta del cuarto, me di vuelta y dije, casi implorando:

    – Hoy quisiera hacer de hombre.

    Se río de vuelta, con esa tonalidad perversa que no escuche en nadie más.

    – Bebu, vos ya te olvidaste de cómo ser hombre hace rato. Dale, ponete el camisón que mucho me costó y me gusta como te queda. No me hagas enojar. Sabes cómo me pongo.

    Me puse el camisón blanco semi transparente, que llega hasta poco pasadas mis nalgas, pero cuando me puse la bombacha y el ligero con medias negras, ahí la erección ya era innegable. Cómo puede ser, aún hoy me da vergüenza excitarme cuando me obliga a vestirme de nena.

    Salgo del cuarto y su mirada de triunfo y dominio, perversa, preanuncia la lujuria que verterá sobre mí, sin miramientos y no tengo dudas mi cuerpo quedara dolorido, pero feliz.

    Por lo pronto, me envía de vuelta al cuarto: olvidé los tacones. Elijo unos color azul oscuro.

    Salgo de vuelta y está sentada en el sillón. Me hace señas que me siente sobre su regazo, y apenas así lo hago me abraza, me besa y acercando su boca a mi oreja izquierda, susurra: «nabo, ¿no sabes acaso que así vestida para mí me pones más que todos los machos alfa con los que estuve?, vas a ser siempre mía, mi querida» y ahí es cuando yo ya pierdo todo limite, ¡qué me vista de mina, de mono, que me la clave en medio de la calle, no lo sé, pero mi esposa sabe como seducirme!

    En breve, se sacó la pollera y bombacha y ahí de rodillas estoy yo chupándole la concha, a lo que ella responde apretando el pelo, cuando le gusta y lo estoy haciendo bien. ¡Cuanto placer, cuanta entrega! Mi mujer se retuerce de placer, y nos cruzamos esa mirada cómplice hasta que, pasados diez minutos, dice basta.

    Nos levantamos, me besa y me toma de la cintura como si ella fuese el hombre y yo la mujer (lo que en realidad está ocurriendo).

    Me da tres nalgadas y le pregunto por qué me castiga.

    – Porque me gusta castigarte ¿Está mal?

    Y me da cinco nalgadas más, ya en la última intento apartarme del dolorcito.

    – Que cola tenés bebe. Mis amigas viven comentando.

    Y luego me señala el cuarto y ahí vamos, y le pregunto en qué pose quiere me ponga. No se para que pregunto si siempre es en cuatro.

    Me subo a la cama y obedezco. En cuatro estoy, dándole la cola y siento sus manos acariciármela y acariciar mi espalda, y me dice que voy a ser la putita más feliz del mundo y se va al baño. Va a volver con la pija lista y con la actitud de quien es amo y señor de otra persona, de quien dispone del cuerpo y los recovecos de otro; con esa firmeza, con esa seguridad y placer.

    Me estremezco de solo pensarlo, pero aún más cuando empieza a suceder: me baja levemente la bombacha, siento la punta de su pene en la entrada trasera de mi cuerpo, me lo afloja con leves movimientos y luego, ya con sus manos fuertes y firmes sobre mi cadera, y me avisa:

    – Te conviene portarte bien. No luches. No resistas. Las nenas que se portan bien y conocen su lugar, son las preferidas.

    Y ahí empieza a introducírmela. Firme. De a pasitos. Gozando su poder centímetro por centímetro. Pasó la punta, el capullo y un gemido mío, y ahí mi mujer se desboca.

    – Voy a traer a mis amigas del trabajo para que te vean que sos una nena, les vas a servir los tragos mientras charlamos y nos ponemos de acuerdo quien te coje primera. Te van a dar duro. ¿Sabes el tiempo que llevan esperando, bebe? Ellas saben que te visto de puta y te cojo. ¿Creías que no se nota que sos hembra? Todas te desean, como nena, obvio. Hombres ya tienen.

    Pude llegar a decir que solo era puta con ella y nadie más, que esto es un juego que nos acerca como pareja, pero ella, mientras me estremecía con estocadas más fuertes y firmes, continuo diciendo:

    – Voy a ser la más popular de la ofi gracias a mi novio puta. Nadie se deja hacer esto. Nadie que sea hombre. Voy a ganar plata con vos. Me vas a conseguir un ascenso, o varios.

    Ahí se frena, la saca lentamente y me ordena que me ponga boca arriba. Obedezco mientras ella observa en detalle. Me reclino sobre la espalda, levantó mis piernas y las abrazo para que no se caigan, quedo así totalmente expuesto (o expuesta) a que mi esposa siga poseyéndome.

    Vuelve a metérmela, de prepo, me duele y pegó un gritito.

    – Cállate puta que naciste para esto. Cállate puta que te encanta.

    Mientras me garcha, acerca su rostro y me da besos. Me gusta, me apasiona. Es una mezcla entre rudeza (ella embistiendo mi cola cada vez más inclemente) y la ternura (ella besándome).

    Reitera:

    – Cállate puta abierta. Te tengo que entrenar para entregarte a mi jefe. No es justo que solo yo sea su putita. Vos también vas a serlo. Que te lleve un finde a su casa de la costa, que te haga lo que él quiera, que te vista como él quiera pero volves sí o si con mi ascenso bajo el brazo.

    La imaginación de mi mujer no tiene límites. Incrementa las embestidas, se pierde en el placer, me duele toda la cola. Me duele adentro. Me abre mucho. Su mirada me muestra su disfrute de haber quebrado mi voluntad, doblegado cuerpo, de tenerme a su merced, de quedarse con mi masculinidad, pero además, con la mano izquierda se toca la entrepierna. Disfruta también con su cuerpo. Está por llegar y a medida que se acerca su orgasmo, más duro me da. La mezcla de dolor y placer es un misterio pero una realidad para mi.

    – Amor, más suave porfi.

    – No bebe, para esto estás. Te la tenés que bancar. Para esto servis.

    Ya no lucho, ya no intento alivianar su agresión fálica. La acepto. La entrega es total.

    Siento como ella explota, con una embestida tremenda, que me abre completamente, y cae encima mío, toda sudada, feliz.

    Pasados unos minutos, aclara:

    – Lo de mis amigas es verdad. Tiene que suceder. Te van a coger como mina. No sé cuando, pero va a suceder. No me voy a poder negar por mucho más.

    Y me dio un beso en la mejilla derecha que me encantó, y lentamente saco el consolar de mi cola, que quedó abierta mal.

    – También es verdad que te amo un montón.

    Y agarro mi miembro y en dos movimientos me hizo tirar leche al techo. Dormimos cucharita.

    ¡Qué dolor de cola! (no es un problema).

  • Como me entregué a mi suegro

    Como me entregué a mi suegro

    En ese momento tenía 22 años, rubia de tez pálida y bastante introvertida. Vivía con mi novio y su padre desde hace un año al momento de esta historia, mi suegro era un hombre mayor de 52 años. Un hombre alto y moreno bastante fornido, algo intimidante.

    Al principio, estaba un poco nerviosa porque su padre siempre me veía con deseo y no paraba de hacer comentarios subidos de tono cuando estábamos solos, pero en ese momento no tenía otro lugar donde quedarme y no quería iniciar una discusión.

    Vivir con ellos no era tan fácil, mi suegro, no solo era un desubicado, era un hombre mayor con ideas muy conservadoras, aunque nunca discutí con él por obvias razones.

    Si se preguntan como llegué a vivir con ellos, bueno, mis padres eran muy violentos y nunca me sentí segura con ellos. Cuando conocí a mi novio, Martín, me ayudó a escapar de mi hogar. Me apoyó en todo momento y me hizo sentir segura. Me ofreció vivir con él y su padre y desde entonces estoy muy agradecida con él.

    Aunque a veces me sentía incómoda, sabía que era mi oportunidad para comenzar una nueva vida lejos de ni problemática familia. A pesar de todo, sabía que era lo mejor para mí en ese momento.

    Un día, mientras mi novio está trabajando su padre me llama a su habitación. «Ven aquí un momento», dice. «Quiero hablarte sobre algo».

    Me acerco a él, sin saber qué esperar. Él se acerca y me sujeta por la cintura sin previo aviso. «¿Sabes que te aprecio y quiero verte bien? Que quiero que seas feliz en la vida».

    Yo retrocedí instintivamente.

    «Eduardo, por favor, no. Soy la novia de tu hijo.»

    Agarrándome suavemente del brazo dijo: «Querida, te deseo desde que te vi por primera vez. Quiero tenerte, no me importa lo que pase».

    Comencé a sentir su respiración en mi cuello mientras me habla y sus manos se deslizan por mi cuerpo. «Te he estado observando», susurra. «Y sé que no eres feliz con mi hijo. Él no te da la atención que tu mereces. Pero yo sí, puedo hacerte feliz y hacer lo que él no hace por ti».

    Estaba sorprendida y asustada por lo que estaba sucediendo, pero algo en su voz me hace sentir extrañamente cómoda. En un momento el me deja caer sobre la cama y comienza a desabrochar mi blusa, comienzo a sentir una sensación extraña de excitación.

    Mi mente estaba confundida y mi cuerpo ardía. «Por favor, para», le rogué a mi suegro. Él simplemente se río ligeramente y continuó acariciando mi cuerpo con sus manos. Traté de resistirme, pero era más fuerte que yo. Sentí su boca en mi cuello, y mi cuerpo tembló. «Puedo sentir lo caliente que estás, sé que lo quieres», dijo mi suegro, y supe que había perdido la batalla. Me rendí demasiado fácil, quizá porque hace meses que mi novio no me tocaba, quizás porque soy una pervertida o solo quería vivir el momento.

    Mis labios se separaron en un gemido, incapaz de contener el placer que recorría mi cuerpo mientras mi suegro me tocaba como un experto. Mis manos se aferraron a sus hombros, mientras su boca continuaba explorando mi cuello. No podía creer lo que estaba haciendo, pero no podía evitarlo, la pasión me consumía poco a poco.

    «¿Y si tú hijo se entera?» le pregunté.

    Mi suegro siguió recorriendo mi cuerpo mientras me susurraba al oído: «Te lo dije, no me importa lo que pase. Pero por el momento las únicas personas que sabrán lo que está pasando entre nosotros eres tú y yo, nadie más». El tono de su voz era firme, pero a la vez tranquilizador. Sentí como su mano se deslizaba hacia mi entrepierna, haciendo que mi cuerpo se arqueara de placer.

    La idea de que mi aventura con mi suegro pudiera ser descubierta me asustaba un poco, pero el deseo que sentía por él en ese momento era más fuerte que cualquier preocupación. Sabía que estaba haciendo algo malo, pero no podía evitar seguir adelante.

    Mi suegro me hizo arrodillarme frente a él y acarició mi cabello suavemente mientras me miraba. Sabía lo que quería que hiciera y sentí una extraña excitación al pensar en complacerlo.

    «Muy bien, cariño. De rodillas» me arrodillé sin dudarlo, «Demuéstrame lo buenas que son más chicas de tu edad». dijo él mientras tomaba mi cabeza con ambas manos y la acercaba a su entrepierna.

    Tomé su miembro en mi boca y comencé a hacerle el mejor oral que pude, explorando cada centímetro con cuidado. Poco a poco fui aumentando el ritmo mientras él gemía. Logré meterla toda en mi boca, mi habilidad oral era algo que a Martín siempre me gustó de mí.

    La sensación de sumisión y dominación me hacía sentir viva y excitada como nunca antes. Sabía que estaba haciendo algo que no estaba bien, pero en ese momento solo quería complacer a mi suegro y satisfacer mi propia lujuria.

    Un rato mi suegro estaba cerca de llegar al clímax, y pude sentir su miembro duro palpitar en mi boca. Seguí moviendo mi cabeza de manera intensa, buscando llevarlo al éxtasis.

    Al final, su cuerpo tembló y se tensó, y pude sentir su semen llenando mi boca. Tragué todo, sin derramar ni una gota, y me levanté lentamente para mirarlo a los ojos.

    Mi suegro me rio con satisfacción y me acarició cabeza, y aunque yo estaba un avergonzada y humillada, también sentía un extraño sentido de orgullo por haberlo complacido tan bien.

    Después de que tragara el semen de mi suegro, me dijo que me diera la vuelta.

    Me di la vuelta y me apoyé en la cama, ofreciéndole mi cuerpo. Mi suegro comenzó a acariciar mi espalda, suaves caricias que me hacían estremecer.

    Luego, sentí sus manos agarrando mis caderas con fuerza, y su miembro rozando mi entrada. Me agarré a las sábanas mientras sentía cómo me penetraba lentamente, profundizando con cada empujón.

    El placer era inmenso, y me dejé llevar por las sensaciones, sin pensar en nada más que en el momento presente. Podía escuchar su respiración agitada detrás de mí, y sus gemidos se mezclaban con los míos.

    Mi cuerpo temblaba de placer mientras mi suegro me monta con intensidad. La sensación de sus manos fuertes en mi cintura y sus embestidas profundas me hacían chillar. Cada vez que entraba en mí, sentía como si todo mi ser se desvaneciera en un mar de sensaciones.

    Me sentía vulnerable y entregada a él, como si nada más importara en ese momento que el placer que me estaba dando y yo le daba. A pesar de todos los problemas que podría traer lo que estábamos haciendo, no puedo negar que lo estaba disfrutando como nunca.

    «Eso es, mi niña, me encanta escuchar tus gemidos» decía.

    Sentí cómo su mano apretaba mi trasero con fuerza mientras seguía moviéndose dentro de mí. Mis gemidos se mezclaban con sus palabras de aliento, y no pude evitar sentir un poco de vergüenza al escucharlo llamarme su «niña». Pero al mismo tiempo, sus palabras me hacían sentir tan bien que no podía resistirme.

    «Cariño, sigue así», dijo mientras acariciaba mi cabello. «Eres tan hermosa cuando te entregas así. No te detengas».

    Sus palabras me animaron a seguir moviendo mis caderas, y me dejé llevar completamente a la pasión del momento. Cada vez que nos movíamos juntos me sentía viva.

    De repente, sentí cómo su cuerpo se tensaba y la metió con más fuerza. Un momento después, gritó mi nombre mientras se corría dentro. Yo lo miré fijamente, con la respiración agitada y el corazón latiendo con fuerza y al poco tiempo también me vine. Ambos quedamos sudorosos y cansados.

    Cuando todo terminó, llegó la culpa. Me sentí mal por engañar a mi novio, con su propio padre, un hombre con más del doble de mi edad.

    Antes de que pueda moverme, mi suegro me agarra del brazo y me mira a los ojos. «No te reprimas, mi niña», susurra mientras acaricia mi mejilla. «Lo que acabamos de compartir es nuestro pequeño secreto. Y te aseguro que no será la última vez que hagamos esto». Me quede paralizada, no sabía qué hacer ni qué decir. Él me suelta y me permite irme, pero se que es algo que no terminara aquí.

    Tome mi ropa rápidamente y me fui a mi habitación. Me sentía sucia y avergonzada. No podía creer que había hecho eso.

  • Las tres etapas con mi cuñada: Etapa 1

    Las tres etapas con mi cuñada: Etapa 1

    Mi cuñada y yo tenemos una excelente relación, ella es 4 años menor que mi esposa, cuando yo empecé a salir con mi mujer mi cuñada tenía solo 19 años y ya estaba en embarazo, mi esposa me conto que su hermana era bastante “alegre” (perra), el futuro esposo y papá de su hija cuando inicio la relación con mi cuñada tenia pareja, lo que quiere decir que mi cuñada era la moza y quedo embarazada.

    Después de su embarazo ya la pude conocer de verdad, le gustaba salir mucho de fiesta, tenía varios “amigos”, aprovechaba que su esposo laboraba como policía y lo enviaban a lugares muy retirados durante largos periodos de tiempo para hacer de las suyas, siempre recibía regaños de la mamá y de mi esposa, pero no cambio, hasta el sol de hoy sigue igual.

    Siempre viste muy llamativa y provocativa aprovechando el súper cuerpo que tiene, además es muy deportista, lo que le permite mantenerse muy bien, ella se hizo la lipoescultura, a partir de esto la relación entre ella y yo cambio, ella me pidió el favor de que le realizara el postquirúrgico, dentro de este tratamiento tuve que verla desnuda casi siempre, las sesiones las hacíamos en mi casa y siempre estaban mi suegra y mi esposa, aunque en el procedimiento estábamos solo ella y yo.

    Ella se hizo la cirugía a escondidas de su esposo, este se molestó mucho con ella y tuvieron una pelea muy fuerte, pasaron cerca de unos 6 meses y mi cuñada me pidió que le hiciera unos masajes tonificantes en ciertas partes para mejorar su figura, el primer día de tratamiento estábamos solos en mi casa y para mi sorpresa ella se desnudó totalmente para la sesión, vio mi cara de asombro y soltó a reírse, ay no cuñis, no me digas que te dio pena verme así, si me tuviste un mes completo pelada, me dijo, yo solo atine a responder: “te quedo muy bien la cirugía”, hicimos el tratamiento que duro más o menos 2 semanas, ella siempre se desnudaba completamente, aunque los masajes eran en zonas específicas, cada día nuestras conversaciones eran más íntimas, un día llegamos al tema de su esposo y me conto:

    Cuñada: estoy muy aburrida, su ausencia y su comportamiento dejaban mucho que desear, siempre que regresa solo discutimos por x o y motivo y sexualmente es poco lo que vivimos, me gustaría estar, así como tú y mi hermana, que a diario hacen el amor, que salen a bailar, a motelear, a viajar, pero es muy difícil esta situación.

    Yo: ¿y a ti quien te conto que tu hermana y yo hacemos el amor a diario?

    Cuñada: ay cuñis, yo conozco a mi hermana, ella no desaprovecharía ninguna oportunidad de estar en la cama contigo, además ustedes cada que se quedan en nuestra casa hacen el amor, los gemidos de mi hermana son inconfundibles. (ambos reímos)

    Yo: ¿viste o escuchaste a tu hermana hacer el amor antes?

    Cuñada: si claro, ella hacia e amor en nuestra casa con sus exnovios Diego y Ever, la vi y la escuché varias veces, es más cuando era novia de Diego, de vez en cuando también se acostaba con Ever, ella me dijo que ustedes son muy abiertos en este tema, que ella a ti te había contado todo su pasado con pelos y señales, ojalá yo tuviera esa confianza con mi marido.

    El esposo de mi cuñada llego un día sin avisar y descubrió que mi cuñada estaba saliendo con su jefe, los siguió y los vio entrar a un motel, la espero en casa y se armó un problema el tremendo, obviamente por la relación familiar me vi involucrado y tuve que intervenir, el esposo de mi cuñada me escucho y las cosas no pasaron a mayores, pero el ambiente estuvo tenso durante varios meses, para colmo de males al esposo de mi cuñada lo trasladaron a la ciudad y vivían de pelea en pelea, mi cuñada estaba muy dolida porque la habían descubierto y no quería perder su hogar, pero no hacía nada en pro de estar bien, lo único que hacía era buscar pretextos para discutir, y mi esposa y mi suegra vivían atacándola.

    Y lo peor estaba por pasar, el exesposo consiguió nueva pareja, eso fue otro gran problema, mi esposa me pidió que hablara con su hermana, pero ella no entendía que su expareja era libre de hacer una nueva vida, paso más de un mes y todo pareció calmarse, una tarde que está en casa me llamo mi cuñada llorando, que si podía ir, que quería que la escuchara, lógicamente le dije que sí, ella llego y despache a un paciente que tenía para poder atenderla, apenas estuvimos solos me abrazo y lloro, me dijo que se arrepentía de haber sido mala mujer de no respetar su hogar, en fin cosas así, yo solo la escuche y le di mi opinión de lo que pasaba, ella pareció calmarse y me abrazo de nuevo, y hablamos esto:

    Cuñada: cuñis, pero es que es muy difícil no sentirse deseada por la pareja, él nunca valoro que todo lo que yo hacía era para que él me viera bonita.

    Cuñada: siempre hubo desconfianza de parte de él, y yo me sentí deseada por otro hombre y pues me refugié en él.

    Yo: eso ya paso ahora deben pasar la página y hacer sus vidas, entiende que él no quiere volver contigo y menos si tú vives buscando formar problemas.

    Cuñada: me da envidia mi hermana, que tiene un hogar estable, que tú, su esposo la complace en todo, que viven en idilio, yo también quería eso para mí.

    Yo: tranquila que pronto te llegara esa oportunidad, pero por ahora debes estar tranquila.

    Cuñada: y para rematar mi jefe ya no me quiere ver, me quede sin el pan y sin el queso.

    Yo: nooo, de verdad también lo estabas buscando a él.

    Cuñada: cuñis llevo 4 meses sin sexo, estoy mamada de masturbarme y para rematar mi mamá tiene un amorcito y se la pasan haciendo el amor, me tienen loca.

    Yo: jajaja

    Cuñada: y este fin de semana fueron ustedes y les da también por hacer el amor, mi hermana bien bullosa que es y tomada peor.

    Yo: jajaja, perdón.

    Cuñada: cuñis que pena la pregunta, ¿es que tú la tienes grande?, es que mi hermana el sábado no hizo sino alabar tu pene.

    Yo: jajaja, normal.

    Cuñada: no creo que mi hermana lo dijera solo por decirlo. (yo estaba excitado y mi verga estaba a mil)

    Cuñada: déjame verla cuñis, tú me conoces a mí, solo quiero salir de la duda.

    Yo: no cuñis, no confundas las cosas, yo te vi como mi paciente,

    Cuñada: no me vayas a decir que cuando ves a tus pacientes desnudas no te excitas.

    Cuñada: me voy desnudar ya mismo para que me veas como mujer

    Yo: nooo (ella se desnudó)

    Cuñada: ¿no te parezco atractiva?

    Yo: si cuñis, eres muy bella, pero por favor evitémonos más problemas

    Cuñada: déjame ver tu pene y me visto

    Yo: nooo, vístete cuñis, te voy dejar a tu casa

    Cuñada: muéstramela y me voy, sino me quedo así hasta que llegue mi hermana

    Yo: nos mata, jajaja, semejante celosa

    Cuñada: me la muestras o te la saco

    Yo: cuñiiis, vístete primero y te la muestro

    La verdad mi cuñada estaba demasiado buena, aunque su piel no era muy bonita, se veía espectacular, se vistió sin dejar de mirarme, yo tenía la verga muy parada, se acabó de vestir y me dijo:

    Cuñada: ya cumplí, ahora tu

    Yo como quien no quiere la cosa, baje el pantalón de mi uniforme y le saque mi pene

    Cuñada: eso no es normal, de razón mi hermana se la pasa feliz y quiere a todo momento hacer el amor contigo, así estén enojados.

    Yo: es normal, del promedio

    Cuñada: esa cabeza y ese grosor no son normales cuñis, te lo digo yo que he tenido varias

    Yo: bueno cuñis vámonos, te dejo en tu casa, trato es trato.

    La casa de mi suegra no estaba muy lejos de la mía, así que decidí no ir en el carro sino en la moto, nos subimos y a las pocas cuadras mi cuñada me empezó a tocar la verga por encima del pantalón, yo la volteé a mirar y ella estaba muerta de risa, paramos en un semáforo y me dijo:

    Cuñada: así dormida de pronto puede ser normal

    Yo: ahora quien se aguanta tu molestadera, más bobo yo que me deje chantajear

    Arrancamos y ella metió su mano por dentro de mi pantalón, así se fue acariciando mi pene hasta que llegamos a su casa, obviamente mi pene se había despertado con su estimulación.

    Mi suegra nos sintió llegar y salió a recibirnos me invito a entrar y me sirvió café, mi cuñada me miraba con cara de picardía, mi suegra salió a la tienda a comprar el pan y mi cuñada mientras yo esperaba sentado en el comedor, entro a su habitación que quedaba justo al frente y se quitó la ropa quedando solo en los pantys, se colocó una camisa de tiras un short de pijama que dejaba ver bastante, salió de la habitación y me dijo: “déjame ver cómo te puse, yo sentí como se te fue parando”, ya viene tu mamá, le dije, por eso déjame verla rápido cuñis, me repitió, me la saque y estaba casi erecta, mi cuñada se subió la blusa y me puso sus tetas en la boca, para ese entonces aún no se las operaba, así que eran pequeñas y caídas, se las chupe y la tome por la cola, sus nalgas son muy tonificadas, ella me tomo de la cabeza contra su pecho, le bese ambos senos unos minutos y ella se apartó cuando vio venir a su mamá, se sentó a mi lado en el comedor y tomo el café conmigo.

    Mi suegra salía al gym después de que mi cuñada estaba de regreso después de trabajar y ese día no fue la excepción, así que mi cuñada y yo nos quedaríamos solos, mi suegra me pregunto si ya salía y mi cuñada le dijo que yo le iba a hacer una terapia, no me dio tiempo de responder, apenas mi suegra salió, mi cuñada me llevo a su cuarto y nos tiramos a la cama, se quitó la blusa y me dijo: “siga cuñis en lo que estaba, que estaba haciéndolo muy rico”, yo me pegue de sus tetas y con mis manos acariciaba sus enormes nalgas y ella sobaba su vagina sobre mi pene, empezamos a besarnos, así estuvimos unos minutos, mi cuñada se levantó y se desnudó por completo, me pidió que me parara y seguimos besándonos, yo empecé a acariciar su vagina y note que estaba muy mojada, ella tenía mi pene en sus manos y empezamos a dialogar:

    Cuñada: que rica la tienes cuñis, quiero que me la metas toda, que me quites estos meses de abstinencia, quiero que me hagas gemir como a mi hermana.

    Yo la voltee y la pegue contra la pared, metí mi mano entre sus piernas y la dedee mientras nos besábamos, cuando estuvo muy lubricada me baje el pantalón y así parada la penetre, ella es de la misma estatura de mi esposa, por lo que no tuve problema en darle duro y profundo desde el inicio, apenas entro pude sentir que estaba más estrecha que mi esposa, ella tuvo parto por cesárea, tal vez por estaba así, apenas le entro ella dio un salto, y me dijo: “ay cuñis, está muy rica, de razón mi hermana muere por ti”, yo le estaba dando sin freno, sonaba mi pelvis contra sus nalgas de una forma brutal, sus gemidos eran intensos y se movía muy rico, me pidió que la dejara voltear y quedamos de frente, ella misma se metió mi verga nuevamente en la vagina y continuamos, llevábamos unos 5 minutos y ella empezó a pedirme más y a decir: “me vengo cuñis, me vengo”, yo acelere mis metidas y ella suspiraba y jadeaba muy fuerte, eso signo de su orgasmo, le pedí que se colocara a borde de cama y cuando se estaba acomodando sonó la moto de mi suegra, ella salió corriendo al baño y yo como pude me acomode la ropa, mi suegra había olvidado algo, entro y antes de salir nos dijo que ya estaba por llegar la hija de mi cuñada, hasta disfrutamos ese día.

    Al día siguiente tipo 10 am, ella me escribió, me pregunto dónde andaba, le respondí que, en casa, que había llegado temprano, genial me dijo, ya voy para allá, en menos de 10 minutos estuvo ahí, andaba con uniforme de oficina, ese día le tocaba falda, ni bien abrí la puerta y ya estaba besándome, se quitó los tacones y desfajo su camisa, y me dijo: “te amo cuñis, hace mucho no me pichaban tan rico, tu verga “normal” me dejo encantada, hoy quiero sentirla en mi boca, me hizo sentar en el sofá de la sala y se dispuso a mamar, la verdad toda una experta, nada que envidiarle a la hermana, lo hizo con todas las ganas del mundo, no se lo tragaba todo, pero me dio mucho placer, me pregunto si mi hermana lo hacía rico y le mostré un video de su hermana mamándomela, como hace para tragársela toda, que loca, dijo, y continuo con su labor, se paró y se desnudó, mi cuñada casi siempre usa cacheteros, al contrario de su hermana que solo usa hilo dental, tenía los pezones de sus pequeñas tetas muy parados, lo que indicaba que estaba muy excitada, se subió en mí y me cabalgo, me repetía que le gustaba estar así conmigo y me besaba, me gemía al oído ya que en el segundo piso de la casa habían otros inquilinos, te amo cuñis me decía, me encanta ser tuya, hazme lo que quieras, yo apretaba y mordía sus téticas, acariciaba sus nalgotas, empezó a decir: ”ay Dios, cuñis, me voy a venir, me quiero venir”, no duro ni 2 minutos y se estremeció, yo la seguí penetrando hasta que se recuperó, la puse en cuatro y me divertí dándole nalgadas y haciéndole doler, así estuvimos unos 10 minutos y ella tuvo su segundo orgasmo, la pase a la cama y la coloque al borde de cama, ahora si mátame cuñis , me dijo, abrió y subió sus piernas al máximo y yo feliz le di una cogida súper rica, ya en la habitación y a puerta cerrada, pudo gemir con toda tranquilidad, me pedía más, dame duro cuñis, me decía, me preguntaba si me gustaba como ella hacia el amor, yo le respondí que estaba en el pódium, ella me cogía de las nalgas y me apretaba cada vez que se la metía, me iba a venir y me pidió que la llenara pero yo quería venirme en ella, la saque y mi semen voló hasta su cuello, sus pechos y su abdomen, callamos un rato y luego ella se paró, me dio un gran beso, entro al baño se ducho y seguimos hablando un rato más y después ella se fue a seguir trabajando.

    Estuvimos cerca de un mes y medio haciendo el amor casi 3 veces por semana, lo hicimos en todas las poses, en todos los lugares de mi casa y su casa, visitamos varios moteles, lo único que no hicimos en esa etapa fue el anal, lo intentamos pero ella no lo aguanto y lo paradójico fue que mi esposa en ese transcurso de tiempo también estuvo muy activa conmigo, quería hacer el amor a todo momento y en todo lugar, esa etapa termino cuando mi cuñada consiguió un novio y se dedicó a su relación, de cuando en vez nos besábamos pero nada más, eso se volvió como una costumbre, que hasta el sol de hoy tenemos, nuestra relación no cambio, cada vez que ella tiene problemas yo la escucho y si puedo la ayudo o la aconsejo.

    Hasta un próximo relato.

  • Hotel Paraíso

    Hotel Paraíso

    Trabajo en un hotel, arreglando las habitaciones haciendo las camas y limpiando. No es un gran trabajo pero me sirve y no es que de grandes oportunidades para ascender, ni para nada mas.

    Aunque alguna vez si que depara sorpresas agradables. En ocasiones he encontrado alguna cosa de valor olvidada por algún cliente que se había marchado. Si no se reclama, ya sabéis quién se la queda.

    O como esta mañana cuando al abrir la puerta de la última habitación que me tocaba hacer. Ya estaba sola en la planta, el resto de las compañeras habían terminado. O habían pasado a otra secciones del hotel.

    Cuando me encuentro al huésped completamente desnudo dormido sobre la enorme cama. Es un hombre, joven, musculoso de piel clara y revuelto cabello castaño largo. Tumbado boca abajo solo veía su culo musculoso y duro y su enorme espalda, no sé qué estaría mirando yo. No podía ver el color de sus ojos cerrados.

    Me quedé atontada. Ya había metido el carro dentro de la habitación y cerrado la puerta cuando me di cuenta de todo eso. Incluso había sacado el plumero. Y eso no va con segundas.

    Se despertó con el ruido que hice y sin darse la vuelta giró la cabeza y me miró con unos bonitos ojos color miel. Me saludó y sonrió mostrando sus dientes blancos perfectos.

    – Creo que olvidé colgar el cartel de no molestar, pero anoche llegué muy tarde del trabajo y muy cansado.

    – ¿Quieres que vuelva luego?

    Le pregunté.

    -No, continua, no querría interrumpir tu labor.

    Menos mal por que irme en ese momento me hubiera partido la mañana. Además de que la humedad que empezaba a notar en la entrepierna bajando por el interior de mis muslos casi me impedía moverme.

    Se puso boca arriba sin cubrirse con la sabana y pude ver sus genitales completamente depilados. El hombre gastaba una buena polla. Otra cualidad más a añadir a todo lo que había visto. Mientras hacía mi trabajo pensé que me miraba con cierta lujuria, más o menos como lo estaba mirando yo.

    Ese día llevaba el cabello largo, rubio de bote suelto a la espalda, había perdido la goma que lo sujetaba en una cola de caballo en la habitación anterior. Y desde luego no me había maquillado. Hacía un calor terrible.

    Solo cubría mi cuerpo con una bata de trabajo y un mínimo tanga que se trasparentaba a través de la suave tela. Ni siquiera un sujetador sostenía mis grandes pechos algo caídos, llevaba las chicas sueltas. El guarda polvo se apretaba marcando mi cadera. Los muslos se descubrían por la abertura de la bata. Él no dejaba de contemplarme. Me dijo:

    – ¿No estas cansada? Puedes sentarte un rato aquí a mi lado.

    Le contesté:

    – No debo. No se me permite y ésta es la última habitación.

    – Precisamente porque es la última, puedes.

    Pero sobre todo porque no sabria si me contendría de agarrar esa bonita pieza que descansaba sobre el desnudo muslo. La tentación podría conmigo si me sentaba en la cama junto a él.

    Se levantó y pasó a mi lado rozándome con su cuerpo felino, durante un segundo su mano descansó en mi cadera y me estremecí. Entró al baño justo detrás de mí sin cubrirse. La puerta es de cristal así que no le perdía de vista ni un segundo. Estirándose frente al espejo, luciendo su cuerpo perfilado.

    Tenía que limpiar el baño también, así que vista la confianza que se había tomado hasta ese momento podía ser tan bueno como cualquier otro. Entré tras él, muy cerca, en el reducido espacio, rozaba su suave piel con mi cuerpo cada vez que me movía.

    – ¿Te molesta que esté aquí contigo?

    – No claro, es tu habitación. Le dije temblorosa.

    Algunas veces al inclinarme tocaba su miembro con mi culo, o era al revés, aunque claro sin hacerlo adrede. Mi mente no sabría distinguirlo. Me puso las manos en la cintura. Yo le daba la espalda, si lo mirase me rendiría y empezaría a besarlo con ansia.

    Cerré los ojos, si viese su mirada a través del espejo yo misma me arrancaría la ropa. Aún así fue él quien me apretó a su cuerpo y me besó en el cuello.

    En un tono bajito y sensual me decía:

    – Estas muy buena, como para saborearte sin prisa.

    – Tu también estas muy rico y pienso comerte también.

    Sonreí con lascivia. Sus labios ardían sobre mi piel. Frente al espejo del baño veía allí reflejados sus avances sobre mi cuerpo. Su mano en mi pecho abriendo despacio los botones de la bata y apoderándose de uno de mis pechos ya al descubierto.

    A esas alturas yo gemía excitada, incontrolada. Mi pezón durísimo era apretado entre sus dedos con suavidad. Notaba en mi culo su dura polla y en mi cuello y hombros su lengua subiendo hacia mi oreja y nuca. Terminó de abrir mi bata mirando mi cuerpo en el espejo.

    Se separó lo justo para retirar la prenda y dejarla caer al suelo entre ambos, despacio lamiendo mi espalda. Sus manos no cesaban de acariciar mi piel frente al espejo. Eso me excitaba aún más como si las dos personas que había frente a nosotros nos estuvieran dedicando el espectáculo. Ya solo con mi reducido tanga pegué mi espalda a su poderoso torso y el culo a la durísima polla, como una barra de acero templado.

    Bajó por mi espalda besándome y bajando la bata, paseando su lengua por la columna mientras la iba destapando. Bajó lento el tanga con las manos, enrollándolo por los muslos, mientras clavaba la lengua entre mis nalgas. Yo mas inclinada, casi recostada sobre el lavabo y él agachado tras de mí. Lamiendo y besando mis nalgas, abriéndolas y clavando su lengua en mi sensible ano.

    Me encanta que me coman el culo, me pone muy, muy burra, me excita. Lo tenía donde quería, justo detrás de mí y donde él parecía querer estar. Me tenía a su merced que era lo que yo deseaba desde que vi su cuerpo masculino desnudo en la cama. Me incliné aún mas y alcanzó mi vulva con la lengua. Sentía su nariz en el ano y su lengua removiendo mis humedades en mi coño.

    Ya no podía abrir mas las piernas pues me daba con la pared. Por fin conseguí articular algo coherente y le dije:

    – Llévame a la cama y ¡Clávamela!

    Conseguí separar mi culo de su cara lo suficiente para juntar la poca dignidad que me quedaba y salir de allí meneando las nalgas. Como una gata en celo subí a la cama que aún estaba deshecha. No creo que le importara un bledo que la hiciera, mientras yo estuviera desnuda encima de ella. Girando la cabeza le veía mirarme sonriendo con lujuria y seguirme despacio.

    A cuatro patas pasó sin prisa la lengua por mi piel subiendo desde el culo por toda la espalda. Y por fin lo sentí en mi interior abriéndose camino por mis entrañas como una barra de acero al rojo. El glande separando mis labios encharcados y entrando en mí hasta que mi culo frenó su pubis.

    Sus manos agarrando mi cadera. Mi cabeza clavada en la almohada mordiéndola para ahogar mis gritos. Un momento más tarde y me acaricié los senos, retorciendo mis pezones, seguí bajando la mano entre mis piernas para acariciar mi clítoris. Tocando también la base de su polla entrando y saliendo de mi coño y podía agarrar sus huevos depilados y suaves.

    En mis nalgas notaba perfectamente la piel de sus muslos a cada golpe. A cada penetración y si me las abría con las manos notaba la piel de su vientre hasta en mi ano.

    Se ensalivó un pulgar y empezó a masajear la entrada del ano rodeándola, excitándome suave pero insistente. Lo clavaba un poco en mi interior siguiendo el ritmo de la follada o lo sacaba para volverlo a mojar de saliva.

    Lo sentía en todo mi cuerpo, en el interior y en el exterior. A veces se echaba sobre mí y sus manos se apoderaban de mis tetas. El peso de su pecho en mi espalda clavándome al colchón. Su lengua en mi nuca y mis hombros. Mi cabello rubio pajizo revuelto en la almohada.

    No sé cuanto tiempo estuvo follándome. No podía contar los orgasmos que sentía. Después de disfrutarlo todo lo que quise la sacó sin haberse corrido aún, dura, granitica.

    Ahora fui yo la que me metí aquella maravilla en mi boca exprimiéndola hasta que me dio su leche. Yo mientras le comía le clavaba un dedo bien ensalivado en su ano para excitarlo más. Que culo más duro, pero se abría fácilmente al roce de mi mano.

    Con prisa recogí mis bártulos y salí de allí. He de confesarme a mí misma que bien follada. Al día siguiente tenía la duda de volver a esa habitación. Era de lo que más ganas tenía. Y por ello volví a dejarla la última.

    La lencería que me puse al día siguiente era más sexi y con más transparencias. Un sujetador de media copa sostenía mis tetas pero los pezones salían por encima del encaje. La bata que me puse por encima era la más fina y lavada con lejía que tenía. Alguna compañera se fijó en eso.

    Ni siquiera me había dicho su nombré ni yo lo había buscado en el registro. No era ese tipo de relación. Él estaba tumbado, esa mañana boca arriba y la fina sábana apenas le tapaba el vientre un poco por encima del pubis depilado.

    Sus ojos entrecerrados me seguían por la habitación. Esta vez nos dedicábamos a darnos espectáculo el uno al otro, a provocarmos. De vez en cuando abría alguno de los botones de la bata.

    Y yo lo miraba de reojo. Así me fui dando cuenta de que su polla tapada por la sábana se ponía dura al verme. La carpa que se formaba allí era un buen indicio. Me di cuenta de cuando se levantó pero yo seguí a lo mío, haciéndome la distraída.

    Cuando me incliné para limpiar algo la sentí en mi culo y sus manos recogiendo mi ropa. Hasta ponérmela en la piel desnuda de mis nalgas sobre la goma del tanga.

    – Creía que seguías dormido.

    – Ya me he despertado y además con un bonito espectáculo.

    Me acariciaba el culo amplio con las manos y yo me desabroché la bata del todo para sacármela. Pero no lo hice todavía. Solo pude apoyarme en la cama y dejar toda mi grupa a su alcance. Se agachó sin dejarme mover para lamer mis nalgas, mi culo, mi ano y cuando sentí allí su lengua una corriente eléctrica me recorrió entera. Despacio me bajó el tanga de encaje y siguió comiéndome el culo.

    Me arranqué la bata, el sujetador aún contenía mis pechos pero él alcanzaba a acariciar mis pezones sin esforzarse demasiado. Yo me limité a apoyarme, dejarme hacer y gozar de su lengua en todos mis rincones. Recorriéndome del culo a los labios de la vulva.

    El día antes solo había podido ver su expresión de pura lujuria a través del espejo pero entonces quería verla directamente. Hurté mi trasero a sus caricias para indicarle que se subiera a la cama.

    – Túmbate, hoy te follo yo.

    – Así que quieres mandar, me parece perfecto.

    Levanté sus rodillas hasta el poderoso torso para saborearlo yo. Tenía ganas de probar ese duro culo y clavar mi lengua en el ano. El gemido con que regalo mis oídos fue suficiente recompensa. Deslicé un dedo en su interior y no protestó por ello. Chupé sus huevos como caramelos. Y subí lamiendo el tronco hasta el glande rocoso, firme y rojo como un rubí. Dejé descansar sus piernas en el colchón para trepar sobre ellas y dejar mi pubis sobre el suyo.

    Hoy lo quería allí donde la espalda pierde su casto nombre. Aunque me lo había estado lamiendo y rociando con su saliva ese calibre no iba a entrar tan fácil. Había tomado la precaución de llevarme mi propio lubricante y me lo había puesto en un descuido mientras lo lamía. También lo había dejado bien limpio por dentro y por fuera.

    Levantándome un momento sobre mis rodillas puse el nabo en mi entrada con mi propia mano. Despacio me dejé caer, dejando que entrara en mí. En ese momento se dio cuenta de por dónde iba su aparato.

    – ¡Que traviesa! Esto no me lo esperaba.

    – Tenía ganas de sentirte en todos mis agujeros.

    – Por mí adelante.

    Estiró la mano para masturbarme. Cuando llegué al final y mis nalgas se apoyaron en sus muslos, él todo un caballero, acarició mi clítoris para darme más placer. Me masturbaba con suavidad mientras yo subía y bajaba despacio. También se agarraba a mis tetas grandes cuasi maternales pellizcando mis pezones. Favor que yo devolvía en los suyos pequeñitos, oscuros y muy muy duros.

    Ya no podía parar, no hasta que me llenase el intestino de semen. Y con sus caricias, mi culo lleno y toda la estimulación que estaba sintiendo yo me corrí varias veces antes de que eso pasase. Y no fue pronto, el chico aguantaba follando. Pero todo se acaba, incluso algo tan bueno. Él no quería que la cosa quedara así.

    Me levanté despacio y me tendí boca abajo a su lado notando como la lefa rezumaba de mi ano. Me gustaba esa sensación. Pero él no paró ahí, se echo encima de mí volviendo a comerme la raja lamiendo el semen que de allí salía. Y volví a correrme con solo eso, con el morbo que me estaba dando.

    Me avisó que abandonaba el hotel, así que esa era nuestra despedida. Y no podía dejarlo marchar sin volver a probar ese manjar que salía de su polla. Y a ello me dediqué con todas mis ganas. A exprimirlo sin piedad lamiendo toda la piel que podía excitarlo.

    Primero para volver a ponerlo duro y después ya sin prisa pero sin pausa hasta conseguir que se corriera en mi boca. Chupar sus huevos, su ano y meterle un dedo de nuevo, incluso bajar hasta sus pies o subir hasta sus axilas, cualquier cosa valía para conseguir su leche.

    Volví a recomponerme, como pude, pues aún me temblaban las piernas. Ponerme mi poca ropa y con mi carro y mis bártulos salir de allí sabiendo que había disfrutado, con ese chico lascivo, como pocas veces antes y que no se repetiría muchas veces en el futuro.