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  • Andrea, la rubia de mi trabajo (parte 2)

    Andrea, la rubia de mi trabajo (parte 2)

    Hola a todos. Primero que nada pido excusas porque perdí mi usuario y claves y tuve que crear esta cuenta nueva. Por eso no había publicado esta parte de mi historia con Andrea.

    Después de ese primer encuentro con Andrea en la oficina tratamos de llevar las cosas entre nosotros como si nada hubiese ocurrido, para que ningún compañero de trabajo sospechara nada, incluyendo a su novio. Aunque no desaprovechábamos ninguna oportunidad a solas para darnos un beso y yo agarrar sus deliciosas nalgas. Al no existir un código de vestimenta en nuestro trabajo ella se daba la libertad de vez en cuando de ir con ropa que facilitase que pudiera manosearla tocarla mejor, como vestidos anchos, pantalones ajustados, y en ocasiones se quitaba las tangas al llegar al trabajo para facilitar el acceso, y me las mostraba en secreto. La verdad que es toda una calentona y eso me vuelve loco, y me hace ser muy morboso con ella, más de lo normal.

    También comenzamos a escribirnos por WhatsApp un poco más seguido, sin tocar ningún tema sexual porque su novio le revisaba el teléfono de vez en cuando, pero cuando este comenzó a hacer muchas preguntas acerca del tipo de amistad que teníamos decidimos comunicarnos solo para cosas de trabajo y así no perjudicar su relación ni su imagen. A fin de cuentas yo solo soy una aventura y lo tengo muy claro.

    Un día tuve que pasar todo el día haciendo trabajo de campo, por lo que no la vería, sin embargo a la hora del almuerzo ella me escribe para preguntarme si podía hacerme una vídeo llamada porque necesitaba consultarme algo. Obviamente le dije que sí, y cuando respondí la llamada después de saludarnos me pregunta si estaba solo, intuyendo de lo que podía tratarse me puse los AirPods y me aparté del resto del equipo a un sito privado del set en donde estaba.

    -Listo, ya estoy solo, que ocurre? -pregunté.

    -Tío Andrés mira que lo que te estás perdiendo hoy -me dijo con cara de pícara, mientras bajaba la cámara de su teléfono desde su cara lentamente recorriendo sus tetas su vientre y llegando a su coñito, que ya estaba tocando con su otra mano y estaba totalmente empapado.

    Estaba sentada en el w.c. de la oficina totalmente desnuda, sosteniendo el teléfono con una mano y con la otra abriendo los labios de su rosado, apretado y gordito coño chorreante. Tocaba su clítoris ágilmente y de vez en cuando se metía un par de dedos para luego sacarlos y regar su flujo por sus labios mayores y su clítoris. Podía escuchar el chapotear de sus dedos en su húmedo coño cuando metía los dedos y también cuando con ellos recorría toda la raja que divide sus labios mayores. Luego de unos minutos comenzó a contorsionarse como la vez que estuvimos en la sala de descanso, haciéndome saber que estaba por correrse y en efecto no me equivocaba, ella hacía un gran esfuerzo por no gemir, y podía escucharlo, de vez en cuando ponía su cara en la cámara y podía verla aguantar la ganas de gemir mientras estaba a punto de correrse. Cuando por fin lo hizo pude ver como de su coño brotaba flujo vaginal que empapaban sus dedos. Yo a todas estas solo podía tocarme la verga sobre el pantalón, no la sacaba para darme la paja que semejante espectáculo merecía por temor a que llegase alguien y me viera, y como estaba con los AirPods no podía escuchar si alguien se aceraba.

    Cuando terminó permaneció unos instantes con sus dedos dentro de su vagina, y al recuperar el aliento los sacó y los llevó a su boca, deseé probarlos yo, y luego lamer ese rico coñito, pero debía conformarme con el contemplar de momento.

    -Viste de lo que te perdiste? Me desperté tan caliente hoy que estaba dispuesta a cogerte aquí en la oficina, ya me haces falta, han pasado muchos días desde aquel día. (Había pasado ya más de un mes) -me dijo susurrando mientras saboreaba sus deditos llenos de sus jugos- Bye tío Andrés

    La muy putita colgó la video llamada sin permitirme decirle nada, y aunque me había dejado muy caliente y con la verga bien dura, también me había dado el mejor show de toda mi vida. Esta niña era más perversa y morbosa que yo y me volvía loco. Deseaba tener eso más seguido sin el temor a que su novio nos descubriera. Así que después de pensar un rato se me ocurrió la idea de comprarle un buen teléfono de segunda mano solo para comunicarnos. Al salir de la pauta de trabajo antes de llevar los equipos a la empresa, fui a donde un amigo y le compré el teléfono y la línea.

    Al llegar a la oficina vi algunos compañeros ya se habían marchado, pero aún su mochila estaba en su silla de trabajo y su computador encendido, sin embargo ella no estaba en su cubículo, así que sin que nadie se percatara puse la caja del teléfono dentro de su mochila.

    Dentro había una nota donde le explicaba lo que había planeado.

    Cuando ya estaba por marcharme vi que salía de la oficina del jefe con unos documentos, nos saludamos tranquilamente y me despedí de ella no sin antes decirle que había dejado algo en su mochila.

    Cerca de las 11 de las noche, cuando casi ya me estaba durmiendo recibo una videollamada, era Andrea de su nuevo número.

    -Hola viejito! Al fin se fue bobo de mi novio… no veía el momento por ver lo que me habías dejado!

    -Te gustó? Funciona bien? -le pregunté

    -Está genial! Las fotos quedan perfectas, mira unas que te mandé, las borras después que las mires!!! -me ordenó

    Abrí los mensajes y tenía varias foto de ella solo en bra y cacheteros. De inmediato se me puso dura.

    -Ufff Andre! Como me mata ese culito, esos cacheteros te quedan deliciosos!

    -Te encanta mi culo cierto? Eres un viejo pervertido! -me dijo en tono de sarcasmo

    -Sí mi vida y no veo el día que te pueda tener otra vez para mi y probarte toda bebé! Esa vídeo llamada de esta tarde me dejo con la verga bien parada y con ganas de darte una buena cogida!

    -Sí daddy? Que deseas de mi? Por donde me vas a coger? -me preguntaba con voz de putita y cara de perversa, mientras me parecía que comenzaba a desvestirse poco a poco-

    -Deseo ese coñito gordo, depilado y rosado bebé. Hoy mientras te tocabas deseaba meter mi lengua y darte una buena mamada de coño

    -Dónde daddy? Aquí? Y enfocó su coñito con el teléfono, ya estaba algo mojado y al igual que en la tarde lo abría con los dedos de la mano que tenía libre

    -Sí bebé, en ese coñito quiero meterte esta verga! -yo que estaba en boxers ya tenía mi brega afuera bien dura y se la mostré

    -Uffff que rica verga de viejo que me vas a meter daddy, al fin una verga de macho va a entrar en mi coñito.  Me lo vas a dejar bien rojito daddy?

    -Sí bebé, rojito e hinchado de tanta verga que te voy a dar!

    -Mmmm daddy que ricooo! -gemía mientras se metía dos dedos en el coñito hasta donde podía- Donde más me vas a dar viejito morboso?

    Esa pregunta me calentó mucho, sabía que esta niña ya quería llegar lejos y estaba dispuesta a todo, ahora entendía el por qué le gustaba mirar porno.

    -Por tu hermoso y delicioso culo putita rica!!! -le dije con una voz de viejo verde que hasta a mi me sorprendió, pero esta niña estaba sacando mi lado más morboso y pervertido.

    -Ufff sí papi? Por mi culito que tanto te gusta? Por aquí?

    Entonces colocó el teléfono en un sitio donde se mantuviese fijo y se puso de lado como si fuese a hacerlo de cucharita y permitiéndome ver su culito y su coño haciendo una especie de hamburguesa a la vez, y entonces comenzó a deslizar su dedo medio entre los labios de su coño, metiéndolo brevemente para mojarlo bien y llevar esos jugos a su culito.

    -Sí putita, por ese culito delicioso, pero primero te lo quiero comer, me encantaría darte una buena lamida de culo

    Y en cuanto le dije eso inmediatamente se metió el dedo medio en el ano por completo, y gimió muy rico!

    -ufff viejo verde que rico! Muéstrame la verga que me vas a meter en este culito! Esa verga que me va a partir en dos!

    Hice lo mismo que ella. Ubiqué mi teléfono en una silla que tengo en la habitación de manera que se viera mientras me hacía una señora paja con esa vídeo llamada

    Ambos comenzamos a masturbarnos muy rico, yo escuchaba sus gemidos ahogados, mientras yo contenía las ganas de correrme disfrutando de ese espectáculo. Ella metía ahora dos dedos de una mano en su coño y un dedo de la otra en su culito. Sus movimientos eran frenéticos pero con mucha habilidad. De pronto me dice que quiere correrse y que lo haga junto con ella, yo estaba más que dispuesto a hacerlo así que me dejé y comencé a correrme a chorros, no sé de donde salió tanta leche, cayó casi toda en mi abdomen y mis manos. Ella se corrió con muchos espasmos y cayó casi rendida!

    -Ufff viejito, que rico me hiciste acabar! Es una lástima que toda esa lechita se vaya a perder! Quisiera estar ahí para lamerla toda

    -Y yo ahí para lamer tus dedos, tu coñito y tu culito bebé.

    -Ay sí papi, lamiéndome el coñito despacio, lento, para calmarlo un poco! Mmmm -decía mientras se apretaba y amasaba las tetitas, pequeñas pero perfectas- Viejito estoy agotada, tengo sueño, me voy a dormir. Gracias por el regalo, aunque fue para mi lo vamos a disfrutar mucho ambos.

    -De nada bebé. Feliz noche. Descansa.

    Y así fue la primera de muchas videollamadas con esta chica que resultó ser más caliente y morbosa de lo que yo imaginaba. No transcurrió mas de una semana cuando ya estábamos en mi apartamento cogiendo como conejos. Pero esa historia queda para el próximo relato.

    ***********

    Relato anterior:

    “Andrea, la rubia de mi trabajo”

  • Le ayudé a mi jefe a vengarse de su esposa infiel

    Le ayudé a mi jefe a vengarse de su esposa infiel

    Todo empezó hace unos meses, tengo 21 años y aun me queda un tiempo en la universidad. Desgraciadamente, mi padre perdió su empleo y me vi en la necesidad de encontrar uno yo para no tener que dejar la escuela.

    Después de varias semanas, vi que estaban contratando en una Ferretería que está muy cerca de la universidad, así que pasé a dejar una solicitud y al día siguiente me llamaron para hacer una entrevista.

    Quien me entrevisto fue la esposa de el que ahora es mi jefe, me dijo brevemente que mi trabajo seria en la parte de la venta, me habló del horario y comentó específicamente que debía llevar cierto tipo de ropa.

    Yo soy bonita, no me considero una Miss Universo, pero tengo lo mío. El único pero que podría ponerme o la que podría decir que es mi mayor inseguridad, es el sobre peso que tengo. Aunque, aun así tengo esa grasa bien distribuida, podría decirse.

    En fin, por esa misma inseguridad, siempre trato de vestir holgada y no llevo maquillaje, así que supongo que eso le dio algo de confianza a la esposa de mi jefe para decir que si a la contratación.

    Durante las primeras semanas todo iba muy normal.

    No tuve que gastar nada de dinero en comida porque me invitaba. Además que ni siquiera estaba todo el tiempo en el lugar, ya que se la pasaba en el taller, haciendo envíos y todas esas cosas mientras yo solo me quedaba en el frente de la tienda.

    Aquí se hacen inventarios todos los días con un software, semanales se checa con el inventario manual y una vez al mes se revisa todo lo de la bodega.

    Entonces, es en un día de inventario mensual donde todo sucedió. Era un sábado y ese día todos salen a las 3 de la tarde, pero me dijo que si podía quedarme a hacer algunas horas extras junto con los otros compañeros, a lo que accedí pues ese dinero me ayudaría a comprarme algo extra.

    Y como es costumbre en esos lugares, pidieron algo de comer y se compraron algunas cervezas para beber cuando fuimos terminando. A demás, era día de paga, por lo que todos estábamos muy contentos.

    Entre que mis compañeros estaban echando relajo, escuche que hablaban sobre un tipo que ya no trabajaba ahí y no pude evitar preguntar por qué. Así fue como me enteré que la esposa de mi jefe lo había engañado con uno de ellos, el cual renunció cuando fue descubierto.

    Cuando dieron las 9 nos empezó a pagar y todos se fueron medio borrachos, yo quede al final porque quise pasar al baño, ya que aunque la universidad me queda cerca, mi casa estaba al menos a una hora de camino y con la cerveza que traía encima, sabía que a cada rato me iban a dar ganas de orinar.

    Cuando salí del baño, solo estábamos el jefe y yo. De repente me preguntó si podía quedarme una hora más porque acababa de recordar que le hacía falta contar unas cosas. Un poco sorprendida le dije que si, pero solo una hora porque ya era tarde. -No te preocupes, yo te llevo a tu casa.- Respondió.

    Fuimos a la bodega y me pidió que subiera a la escalera para sacar una caja que estaba arriba de un estante. La verdad es que si estaba algo mareada, por lo que casi me caigo al subir y solo sentí como el me agarró del trasero y se río. Contamos lo que tenía la caja y la subí. Pero, al bajar él se puso detrás de mí y pude sentir su pene erecto.

    -Me gustas mucho, Mar.- Me dijo tomando mi cintura y pegándose más a mí.

    -Usted está casado.- Respondí, pero la verdad es que en ese momento sentí como mis pezones se volvían tan duros como rocas al oler su aliento con olor a cerveza en mi cuello y su pene duro que parecía que se saldría del pantalón.

    Suspiró muy fuerte. -No te hagas como si no escuchaste lo que sucedió, no lo quiero recordar. Pero, creo que es más que claro que las condiciones de mi matrimonio no son las mejores. A demás, yo sé que también te gusto.- Me dijo mientras empezó a rozar mis pezones ya por debajo de la playera.

    En ese instante solo pude sentir como un líquido espeso salía de mi vagina y llenaba de humedad mi ropa interior. Empecé a lamerme los labios y como si fuera un animal en celo, levanté mis nalgas buscando sentir mas placer.

    De un solo jalón me volteó y comenzamos a besarnos como si todas esas semanas fuera lo único que estuviéramos esperando, empezó a bajar por mi cuello, levantó mi playera con todo y el top que llevaba, encontrándose con mis tetas grandes y gordas, coronadas con unos pezones duros que empezó a chupar como si nunca hubiera visto unos.

    Yo me sentía tan húmeda y excitada, por mi mente solo pasaba que me la metiera ahí mismo. Pero él tenía otros planes.

    Me agarró de las nalgas como si pesara menos que una pluma y me sentó arriba de una mesa que se utiliza para colocar las cajas y contar. Yo solo gemía y gemía sin control, pues el alcohol y lo increíble del momento me tenían muy caliente. Mi jefe si me parecía un hombre atractivo, pero en ningún momento me imagine que lo vería así.

    Entre tanto frenesí, yo lo rodeaba con mis piernas tratando de pegarlo lo mas que podía. Entonces él tomó los leggings que llevaba, junto con la ropa interior y los tiró en un solo movimiento.

    Así, en cuestión de minutos yo estaba encima de una mesa, completamente desnuda y con las piernas abiertas mientras él se detenía a olerme.

    Primero, pasó dos dedos desde el inicio de mi monte de Venus hacia abajo, como si hiciera esa mano en forma de pistola, solo que al llegar a mi húmeda vagina, en lugar de disparar, los metió. Comencé a retorcerme de placer mientras el hacía un movimiento con ellos que hacía que sintiera que en cualquier momento iba a venirme.

    En lugar de dejarme hacerlo, paró y me miró un segundo, luego lamió sus dedos y en su rostro se reflejaba un placer, como si fuera lo mejor que había probado. -Hace décadas que no me he comido una tan joven. Te molesta si me tomo mi tiempo?-. Solo pude mover la cabeza diciendo que no.

    Lo siguiente que vi fue como metía su cara entre mis piernas, lamiendo de arriba a abajo. Yo estaba luchando por no gemir muy fuerte, pero no podía, aquello era tan delicioso. Solo podía sentir como chorros y chorros espesos salían de mi vagina, mientras su lengua se movía dentro de mi.

    Empecé a tomar su cabeza y hundirla más y más, diciéndole en donde exactamente me estaba volviendo loca. Hasta que llegué a ese punto en el que no pude más y solté un orgasmo lleno de placer y gemidos.

    La mesa chorreaba, yo estaba sudada y mis piernas no podían dejar de temblar. Literalmente mi vista se había nublado y cuando pude respirar correctamente, solo vi como se ponía un condón y me jalaba para bajarme, poniéndome ahora con el pecho sobre la mesa.

    -Lo planeaste todo, verdad?- Le dije mientras seguía respirando agitada.

    -Eso importa?- Dijo riendo un poco y tomando mi cuello mientras besaba mi espalda.

    Ni siquiera pude responder cuando sentí como tomó mi cabello, como si tuviera una coleta y lo jaló hacia abajo, soltando yo un gemido de dolor y excitación.

    -Lo único que me importa en este momento es por fin poderte meter la verga y convertirte en mi zorra personal.- De nuevo no me dejó ni responder porque inmediatamente sentí como se metió en mi.

    La sensación es indescriptible, podía sentir como palpitaba y se deslizaba en toda esa humedad que no dejaba de salir de mi.

    Por primera vez escuché como gemía y a cada gemido mío el respondía jalando más mi cabello, nalgueándome y en ocasiones poniendo su mano en mi cuello, no tan fuerte, pero si lo suficiente para yo sintiera más y más placer.

    -¿Eres mía?- Me preguntaba – ¿Eres mi puta ahora?

    -Si- respondía yo con la voz entre cortada.

    -Quiero que me veas a los ojos y me lo digas-. Dijo, sacándola de golpe y volviendo a subirme a la mesa dejándome completamente abierta de piernas. -¿Vas a dejar que te coja cada que yo quiera, verdad?-. Decía con su verga en la mano poniéndola en la entrada de mi vagina y empezando a meterla otra vez.

    -Serás mía!- Alzó la voz mientras me jalaba del cabello y la dejaba ir hasta el fondo de mi.

    Yo no paraba de asentir y gritar que si a cada pregunta que me hacía, pues por alguna razón entre más rudo se ponía, más me excitaba. Era tanto lo que sentía que en ese momento empecé a tocarme y terminé en un orgasmo que me hizo perder el control de mi cuerpo, chorreando más y más.

    Casi al mismo tiempo el dio un suspiro muy largo, gimiendo y me di cuenta que también había terminado.

    Tardamos unos minutos en recuperarnos y cuando nos dimos cuenta, eran casi las 11 de la noche. Llevábamos casi 2 horas haciéndolo.

    Me bajé de la mesa con un poco de vergüenza, tome mi ropa y me cambié lo más rápido que pude. Si hubo un silencio incómodo, que el rompió dándome un beso diciéndome: »Dijiste que si».

    Ese día llegué tarde a mi casa, adolorida y cansada. Por suerte al día siguiente fue de descanso.

    El pago de las horas extras fue sorprendentemente bueno. Ha pasado algo de tiempo y el trabajo es más divertido que nunca, de repente nos metemos al baño y lo hacemos rápido.

    Me encanta hacer el inventario.

    Mi jefe hizo algunos cambios al uniforme, así que cada que no va su esposa puedo llevar falda, u omitir la ropa interior. Hemos visitado otros lugares fuera del trabajo bastante lindos.

    El único problema que tengo ahora es que mi hermano se enteró y está muy molesto. Esa es otra historia que si quieren se las contaré después.

    ¿Debería seguir trabajando ahí? ¿Estoy mal por ser parte de la venganza de mi jefe?

  • Cuñada soltera

    Cuñada soltera

    Esta historia es verdadera y la viví hace cuatro meses. Mi esposa Gabriela recibe una llamada de mi cuñada la cual le platica que se encuentra en una situación complicada, ella es madre soltera desde hace un poco más de cuatro años, y por lo tanto vive sola en otra ciudad diferente a la nuestra sola con sus dos hijos.

    Mi cuñada le pide ayuda a mi esposa (son las únicas hermanas) mi esposa al ver la situación no puede decir que no, pero le dice que la espere unos momentos mientras lo comenta conmigo, yo no puedo negarme ya que tengo que ser empatizo con la situación y con Gabriela.

    Ella llaga a vivir con nosotros una temporada junto con sus hijos, preparamos la habitación de al lado de nuestro cuarto, confieso que los primeros días no la veía con ojos de lujuria, hasta que después de casi dos semanas ella tenía que lavar su ropa y nosotros teníamos que salir a trabajar, pero por cuestiones del destino en mi trabajo hubo una falla y nos regresaron a todos a descansar, al llegar a casa me encontré con mi cuñada parada sobre una cubera intentado tender su ropa, en calzones cacheteros de color carne, en ese momento mi pene se erecto a full, y ella al notar mi presencia se puso muy roja y se fue a encerrar a su recámara rápidamente.

    Mi cuñada y yo manteníamos una relación seria pero de confianza y siempre platicábamos, bromeábamos un poco pero hasta ahí, nunca pasamos ningún límite ni tampoco ella me dio algún tipo de provocación para yo pensar otra cosa. Me gusta entrar al baño siempre después de que ella se baña, ya que en casa dejamos un cesto para la ropa sucia en el baño, puedo sacar sus calzones, y sentir el flujo que deja y el aroma de su vagina aun caliente y masturbarme imaginando que la penetro.

    Un día mi cuñada sufrió un tropiezo y torció su tobillo, Gabriela me pidió que le diera un masaje y le pusiera pomada, confieso que nunca había visto sus pies y esta situación me puso muy erecto, ella se recostó en el sillón y le dije que tenía que retirar su calceta, ella se puso muy roja, y me dijo que no tenía otra opción, la retire y pude observar su pie sus dedos y en ese momento sentía ganas de chupar sus patas y lamer su vagina marcada por esas mallas ajustadas que tenía puestas.

    Los días pasaron y cada vez me excitaba mas mi cuñada, me excitaba hasta sus axilas con los vellos apenas creciendo de ellas, me gustaba todo de ella y me decidí, sabía que tenía que coger con ella pasara lo que pasara.

    Un día por internet encargué unas pastillas de viagra femeninas, ya tenía un plan elaborado en mi cabeza y me ponía muy duro imaginar ese día.

    Llegaron las pastillas y justamente ese día Gabriela se tenía que ir a visitar a su mamá y no regresaría hasta la noche, los hijos de mi cuñada estaban con su papá y no regresarían hasta el fin de semana, así que quedamos solos en casa, nos pusimos de acuerdo ella preparó las botanas y yo unos tragos, desbaraté la pastilla y eche el polvo en su bebida, nos sentamos en la sala y ella casi de un solo trago se dispuso a tomarla, empezamos a platicar y le pregunté si tenía mucho sin estar con un hombre, ella me dijo que sí que desde que se separó de su marido nadie no ha metido a nadie en su cama, que últimamente está muy cachonda, ni la más masturbación puede detener a los demonios de querer que la cojan.

    Cuñada: escucho mucho como cogen tu y mi hermana por la noche y te confieso que me he tenido que tocar un poco, tengo un consolador en mi cuarto y lo meto dentro de mi sin poner lubricante de lo majada que me pongo.

    Le ofrezco un masaje en las piernas para calmar su cansancio ya que noté que la pastilla avía echo efecto, ella al principio se negaba pero empecé a masajear su cuello, hombros y noté su excitación, me pidió unos momentos para poderse poner algo para dejar sus piernas libres para el masaje.

    Tardo un poco y salió con un vestido pegado, un poco largo para mi gusto ya que llagaba a su rodilla, le pedí que pasara a bistró cuarto y se recostara boca abajo en la cama ella lo hizo y me dijo que me tomara mi tiempo que se quería relajar, comencé a masajear sus pies sobre sus calcetas, las retiré poco a poco y bese sus pies, ella no decía nada, después puse un poco de crema sobre mis manos y continué deslizando mis manos sobre sus piernas, le pedí que un poco más su vestido y lo dejo de modo que podía mirar sus nalgas y su tanga de color negro de esas de tela de seda.

    Comencé a frotar mi pene contra sus pies y mis manos casi tocaban sus nalgas, ella no decía nada, subí su vestido dejando su trasero al descubierto y ella solo gemía, buscaba mi pene con sus pies, le pedí que retirara su vestido para hacer un masaje completo, ella no traía sostén y solo se confió con sus manos para que no la mirara se puso boca abajo y acariciaba su piel y sentía como se retorcía tocaba su cuello y ella gemía.

    Me dispuse a decirle que tenía que ponerle boca arriba para continuar con el masaje, le pedí que pusiera una almohada sobre su cara y solo disfrutara, me dejo sus dos grandes chichis de fuera, las agarre y mordí sus pezones, seguí bajando hasta su abdomen y la bese ella solo apretaba la almohada, retire su tanga y ella abrió sus piernas, tenía una vagina grande y peluda (me imagino que todo el vello púbico es por el tiempo sin sexo).

    Me dispuse a darle besos en la ingle y sus piernas, notaba su agitación, y como escurría de lo empapada que estaba, roce un poco mi lengua con su clítoris y pegó un grito grande retiró su almohada y me pidió que se la meta, la bese y estiró sus manos dejando sus axilas al descubierto, las chupe y el olor me prendió aún más, baje a su vagina y la empecé a chupar cuando sentí que se vendría le metí tres dedos dentro y comencé a sacarlos y a meterlos rápido.

    Ella terminó con una gran explosión de sus jugos, me dejo la cara empapada, me saque el miembro le dije que se pusiera en cuatro, le escupí el culo y la cacheteé, labi desde su vagina hasta su año por varias ocasiones y sus famosos eran más fuertes, la penetre sin condón, la embestí duro la puse como quise y cuando sentí que ya no podía mas ella me dijo que terminara dentro, me vacíe dentro de ella, chupe nuevamente sus axilas y sus patas, el sexo continuo durante toda la tarde.

    Después de esa tarde de arrabalerismo ella me dijo que no sabe que le sucedió que no es así, me pidió disculpas y me dijo que no le contaría nada a Gabriela y que en esa misma semana dejaría la casa, así fue como sucedió, y hasta la fecha la sigo recordando.

  • Infiel por mi culpa. Puta por obligación (9)

    Infiel por mi culpa. Puta por obligación (9)

    12: 57 P.M. 31.5° Celsius y 64% de humedad. Qué día tan diferente, tan especial. ¡Ni muy nublado ni completamente despejado! Mi esposo da los últimos mordiscos al crocante patacón y en mi plato reposan los restos espinados del «Piska kora» bien asado con el que Kayra me sorprendió. Arroz con coco, papitas fritas y patacones, complementaron su excelente receta.

    — ¡Ufff, que calor! —Le hago el comentario a Camilo y veo en su frente el sudor. Una gotita baja de su sien huyendo hacia el pómulo, continuando el recorrido de una anterior, girando por la esquina derecha de su mentón, tentada a caer.

    —Sí, Melissa, tienes razón. Si deseas puedes darte una ducha mientras yo recojo la mesa. ¡Hay toallas en!… Bueno, tú sabes dónde están. Anda, ve y te refrescas. Estás en tu casa. —Le respondo con amabilidad, dándole la razón. El almuerzo nos ha dejado más que satisfechos. Kayra se ha esmerado en prepararnos un exquisito Pargo rojo y esos patacones crujientes le quedaron… hummm, sencillamente espectaculares.

    — ¿En serio? ¿Me puedo duchar? Me gustaría darme ese baño, muchas gracias. —Le miro con cariño, agradecida con su actitud conciliadora, –con la mirada de siempre– aunque no sé si mi esposo es consciente de ello.

    Mariana, con su rozagante rostro, quizás un poco ruborizada, me agradece colocando esa amorosa mirada, la que solía obsequiarme cada vez que yo hacía o decía algo con el fin de satisfacerla y que tanto he extrañado. Se pone en pie y antes de retirarse, acaricia mi mano con disimulada ternura, más no pronuncia palabra alguna.

    ***

    Al empujar la puerta de la habitación puedo observar el orden con la que la mantiene arreglada y bien alisada encuentro nuestra cama. El juego de sábanas con diseños geométricos en variados tonos de azul, le dan un toque fresco y juvenil. El aroma a su colonia se mantiene flotando aun en el ambiente y el cuadro sobre la cabecera, pintado al óleo por nosotros dos a cuatro manos, no lo ha retirado. Nuestra heterosexual imitación de «En la cama: El beso», la obra de Toulouse-Lautrec. Mi rostro, pintado por él y el suyo, por mis manos.

    El antiguo armario de madera y chapa de dos puertas, con solo el espejo de la hoja izquierda sobreviviendo a tantísimos años de uso está cerrado, pero las llaves cuelgan de la cerradura, permitiendo adentrarme en una intimidad que desde hace meses, me es ajena. Y con esta extraña sensación, –anteriormente cotidiana– giro la llave y abro de par en par las puertas, que chirrían un poco agudas; un tanto cohibida, desplazo mi mirada por los anaqueles de la mitad para arriba. Su ropa que no es mucha, está bien doblada, –raro en mi marido– del lado derecho. Al izquierdo esta la mía que tampoco es tanta, resguardada del polvo, las polillas y otros bichitos, envueltas con esmero dentro de bolsas transparentes de delgado plástico con cierre hermético.

    De la mitad para abajo están los amplios cajones donde guardábamos nuestra ropa interior, las medias que por supuesto en este clima, casi nunca usábamos y en el de bien debajo, dos juegos de cama y las toallas. A un lado el espacio para los zapatos, donde veo que los tiene bien apilados con tan solo tres pares de zapatillas de diferente color, un par de botas de piel marrón «Brahma» con suela amarilla y unas chanclas negras de caucho con doble correa.

    Lógicamente no hay zapatos míos, pero al fondo observo una pequeña caja de cartón amarrada tanto a lo largo como a lo ancho, con una cintica roja como si fuese un regalo de alguien, que una vez abierto, sin gustarle lo ha devuelto y ha quedado allí a medio cerrar. ¿Un regalo para mi marido? ¿O de él para alguien más?

    Siento la tentación de fisgonear un poco más pero escucho los pasos de Camilo, llevando seguramente los platos al fregadero para lavarlos y me contengo. Mejor abro el cajón y tomo una de las toallas, la que tiene un gran Mandala estampado con sus figuras magentas, violetas y azules, tan espirituales.

    Mis manos deshacen el nudo del cordón en mi cintura y por la cabeza me saco el vestido. Hago un doblez a lo largo y lo coloco descuidadamente sobre la cama. No me preocupa quedarme así, de hecho también libero mis tetas de la opresión del ajustado top blanco y solo me quedo con los «cucos» negros puestos. He decidido no cerrar la puerta como mi esposo lo hizo anteriormente, mucho menos la ventana que da al pequeño patio de ropas. Si me quiere ver que me vea, –como me gustaría– aunque lo dudo, pues le escucho ahora tararear «Girls Like You» de Maroon Five, mientras enjuaga la loza.

    Entre cierro la puerta del baño, dejando la toalla colgando de la percha atornillada al caoba tablero y descorro la cortina de la ducha. Hay una barra de jabón casi nueva y por supuesto un frasco de shampoo, pero ni loca me lo pienso lavar de nuevo. Caen refrescantes por delante las gotas frías, descendiendo desde mi cuello y mis hombros hacia la redondez de mis pechos. Reaccionan mis pezones endureciéndose involuntariamente y me giro un poco de izquierda a derecha para empaparlos de una buena vez. Deslizo sin afanes el jabón sobre cada una de mis bubis, sosteniendo el peso de su operada redondez en la cuna de mi mano libre, para luego recorrer las axilas, cada uno de los brazos y mis manos.

    Espumas blancas rodean mi vientre plano con su hundido ombligo y la suave depresión en mis pocas estrías, –apenas visibles después de mi embarazo– reciben la leve presión de la barra de jabón. Igual mi cintura estrecha y los conejitos en mis caderas, albergan el mismo trato. La nalgas si me las sujeto y las aprieto con los dedos, después de enjabonarlas; mis caderas y los muslos, mis pies… siendo mío todo el cuerpo, aquí sola con los ojos cerrados, deseando que vuelva a ser de él.

    Con cuidado de no mojar mis cabellos, voy girando dentro de la ducha, para que el agua borre con la presión de sus chorros, lo que quede del jabón. Me siento tranquila y alegre después de todo, aunque temerosa de enfrentarme a lo que me resta por contarle. Pero pienso en este instante, –cerrando el grifo– que no me ha ido… ¡No nos ha ido tan mal! ¿Dudas? Persisten sí, continúan para Camilo muchas y algunas nuevas para mí.

    Se supone que se ha mantenido solo y me han contado que me extraña, que aún me ama. Pero… ¿Y Maureen? Ese intercambio de miradas, su cariñosa complicidad, ese beso tan sonoro en su mejilla y aquel abrazo… ¿Estará esperando a que me vaya rechazada para quedarse aquí con él? ¿Y Elizabeth? Ella podría estar igualmente interesada en mi marido, –a pesar de estar casada– demostró congeniar bastante con él y tuvo además, la férrea voluntad de no dejarse enredar por la telaraña de piropos que Chacho le decía para llevársela a la cama aumentando un renglón más, su lista de conquistas. Lo cual le encantó de ella, como me lo confesó hace un rato Camilo, diferenciándola de mí. ¿Seguirán en contacto? Y mientras la toalla absorbe la humedad sobre mi cuerpo, siento una gran curiosidad por esa cajita casi escondida qué encontré. ¿Qué podrá contener?

    ***

    Mariana se está demorando en el baño, como lo hace usualmente. Mientras tanto preparo dos sencillos pero efectivos «Indianápolis», algo cargados la verdad. Creo que se me ha pasado la mano con la medida del vodka, que no a si con el Blue Curaçao. Cuatro cubitos de hielo nadando en cada vaso y ya está.

    Paso de la cocina hasta el porche, insistiéndome a mí mismo en no voltear a mirar hacia mi alcoba, evitar la tentación de esa puerta abierta, respetando su intimidad y aunque mi corazón si lo desee, mi razón exige bienestar sentimental. Ya suficiente tuve con aquellos recuerdos sobre mi afición por sus pies. La esperaré sentado, fumando.

    ***

    Aun envuelto mi cuerpo por la toalla, anudada por la mitad sobre mis pechos, salgo del baño más fresca y bastante relajada. A mi marido ni lo veo por ahí y tampoco lo escucho cerca, tan solo la música sonando proveniente de la sala. He dejado mi bolso en el suelo, –a un costado del sofá– así que debo ir por él, tal cual como estoy. Camilo está fuera, sentado en su silla mecedora fumando y sumido con seguridad en sus pensamientos, no se da cuenta de mi travesía. Me regreso a la alcoba, me deshago de la toalla y aterrizan sobre la cama, desnudas pero secas, mis nalgas y a mi lado el bolso, frente a las puertas abiertas del armario.

    Hummm, suspiro hondamente al tener frente a mis ojos la tentadora visión de aquella cajita de cartón. Imagino que mis brazos se estiran y mis manos la alcanzan. Tengo instalada en mi ADN, la curiosidad desmedida de los felinos, así que dando una rápida mirada hacia la puerta para confirmar que no existan moros en la costa, sigilosa me arrodillo y la tomo con cuidado. No pesa mucho, pero siento que se desplaza libre algo dentro de ella.

    Desanudo la cinta roja y levanto la tapa, para llevarme una sorpresa. Un carrito a escala, réplica exacta en miniatura de mi Audi rojo con el techo negro, se encuentra dentro. Se aceleran mis pulsaciones y me echo para atrás, soltando la caja repentinamente frente a mis rodillas, para llevar mis manos a la boca, tan abierta por el desconcierto como mis ojos. ¡No, no puede ser posible!

    Solo me queda comprobar algo, pero tiemblo de solo pensar que sea cierto. ¡Pufff! Tomo por el techo el modelo, lo levanto y finalmente, –temiendo hacerlo– le doy vuelta y compruebo que sobre la parte negra, pintadas en esmalte, se encuentran las dos emes rojas con las cuales Camilo lo marcó para mí.

    ***

    — ¿Melissa, por qué tanta demora? Se están deshaciendo por el calor los cubitos de hielo del coctel que te preparé. ¿Te encuentras bien? —Le pregunto y me pongo en pie, dirigiéndome hasta la alcoba.

    Me encuentro a Mariana desnuda y de rodillas en el piso, al frente del armario abierto y en sus manos el «Bburago» a escala, vuelto al revés. Sus cabellos secos, el rostro pálido con un gesto de preocupación y las curveadas pestañas, humedecidas por unas nacientes lágrimas.

    — ¿Fuiste tú, cierto? —Le pregunto a mi esposo, al borde de un nuevo llanto.

    — ¿Yo, qué? —Respondo con rapidez haciéndome el distraído, frunciendo el ceño, levantando mis hombros y junto a ellos en mis manos, su coctel y el mío.

    — ¡No existió tal accidente de motocicleta! Lo fuiste a buscar y se pelearon. ¿No es así? —Camilo sigue de pie, exactamente recargado contra el marco de la puerta, sin atreverse a dar un paso más, pero cambia de pose, ahora muy recto y petulante, la faz de su cara se transforma y me responde altanero…

    — ¡Y qué, si fui yo! ¿Te duele mucho como le quedo la carita? ¿Por eso estas llorando?… ¡No lo puedo creer! ¿Por ese hijueputa malparido?… ¡Si claro! Que más se puede esperar de una mentirosa, falsa, hipócrita y puta de mierda que aparte de ponerme los cuernos con el tumbalocas ese, decidió hacerle regalitos a su amante, entre ellos este modelo que yo… Melissa… ¡Yo te regalé! —Mariana continua postrada a un metro de mí, y llorando.

    —Me lo entregó Rodrigo cuando puso en mis manos las llaves del Audi que te compré. De milagro no terminaste traspasándole a él, la propiedad de tu automóvil, aunque incontables veces sí que ocupó el puesto del piloto, lugar que te pertenecía y que nunca me cediste.

    Y respiro hondo, tragándome el orgullo. ¡Yo y mis putas cagadas! ¿Qué podría decir? ¿Cuál excusa sería ahora valedera? ¡Ninguna por supuesto! Decido quedarme rendida en el suelo, desnuda de mentiras como mi piel, sin fijarme demasiado en sus groserías, pues el amor que siento por mi esposo, puede más que sus malas palabras. Lo que me duele más es verme descubierta, por mi propia curiosidad.

    — ¡Creo que es mejor que te vistas y te marches! No tiene sentido seguir buscando una salida a tu infidelidad. ¡Ya no eres mi esposa ni nada para mí! —Con rabia y un inmenso dolor en mi corazón le grito, al no hallar en mí, la serenidad que tanto me pidió mi amigo. Me doy vuelta y sobre el mesón de la cocina dejo los dos vasos. En la sala desconecto con furia el cable de alimentación del mini componente y me hundo en el sofá… a llorar en silencio.

    — ¡Noooo, nooo, no!… ¡Mi vida!… ¡Amor, yo!… —Le grito cuando lo veo salir furioso de la alcoba. Agitada apoyo mis brazos cruzados al borde de la cama y sobre ellos oculto mi cabeza sin dejar de llorar a mares, entre hipidos, suspiros y una gran falta de aire.

    ***

    ¡Maldita sea! Lo he perdido ahora sí, –pienso– y no llega a mi mente ninguna solución. Solo el recuerdo de esa tarde, cuando fui a su casa a buscarlo después de hablar con Carmen Helena en la oficina y comprobar que entre los dos, efectivamente no había sucedido nada. ¡Un premio, por tu fidelidad! Sonriéndole coqueta le dije cuando le entregué en su caja original, negra por detrás y amarilla en los costados, pero en el frente con su acrílica vitrina, la réplica a escala de mi automóvil, sin papel de regalo por envoltorio. Así de simple y de sencilla, sin importarme regalar lo que mi esposo meses atrás, al empezar todo este maldito teatro, me había obsequiado.

    Limpio mi humedecida nariz con el antebrazo derecho y empiezo a colocarme de nuevo la ropa. Ya vestida de nuevo guardo el modelo dentro de la caja, lo amarro con la cinta y lo dejó como estaba, al fondo del armario. Cierro las puertas y echo llave, dejando todo como antes, menos la toalla que esta húmeda y la llevo conmigo, pasando cabizbaja por la cocina hacia el angosto patio de ropas para colgarla.

    Al regresarme, observo a mi esposo sentado en el sofá. Vencido, llorando derrotado casi en silencio y humillado por mí culpa también. Y yo, sigo con mi llanto y mis lamentos, unidos a los de Camilo, entre espaciados suspiros. Quizá sea la última vez que lo veré. ¡Esta vez no pude vencer al destino!

    Recojo mi sombrero, las gafas y mi bolso, pero antes de darme la vuelta para salir, extraigo del interior, la carpeta plástica blanca y el sobre de papel amarillo. Se los alcanzo pero mi esposo no quiere recibírmelos.

    —Sigo siendo tu esposa. Bueno, hasta ahora. —Le digo extrayendo del interior de la carpeta, los folios partidos a la mitad de la solicitud de divorcio que mi abogado redactó y Camilo firmó sin rechistar, el día antes de marcharse de la casa. Me arrodillo y se los pongo en sus manos.

    —Seguimos estando casados, Camilo. Nunca dejé que el abogado los presentara ante el notario. Pero eso ya no importa. ¿No es verdad? —De pronto mi marido levanta por fin la cabeza, me mira detenidamente con sus ojos aguados y luego los posa en las blancas páginas, leyéndolas con desgano.

    —Ese juguete no significaba mucho para mí, lo siento pero es la verdad. Nunca jugué con carritos ni aviones, mis hermanos nunca me dejaron. Las muñecas y cocinitas de plástico eran todo en mis juegos, en mi imaginado mundo infantil. Sin embargo sí que debí darme cuenta de que a ti, por ser hombre, te gustaba mucho y te importaba. —Camilo tira los papeles al piso, pero me escucha con atención.

    —Desprecié tu obsequio y nunca me imaginé que al regalárselo a él, sería el motivo final para que me despidas de tu vida. Lo lamento, lo siento mucho, Camilo.

    — ¡Es una maldición entregar a otro, lo que con cariño te han ofrecido! —Me responde sin añadir nada más, mirando de nuevo al suelo.

    — ¡No empecé a llorar por él! De hecho se lo pronostiqué más de una vez. Sabía que algún dia, tarde o temprano le iba a suceder, y claramente se lo merecía. —Le digo a Camilo al verlo sentado en el sofá, encorvado con la cabeza gacha y con sus brazos estirados, descolgados por entre el abismo de sus piernas abiertas, entrelazados sus dedos… ¡Descargando en lágrimas, su dolor!

    —Lloraba por mí, de vergüenza al verme descubierta por ti de esa manera. Nunca debí regalarle ese autito, jamás debí haberme metido con él. Te herí también en aquella ocasión, cuando llegaste a casa feliz para entregarme las llaves del auto nuevo y cuando me entregaste igualmente la caja con ese modelo a escala, y otro idéntico para Mateo, sin darle la debida importancia a tu obsequio. Lo dejé por ahí, colocado en una estantería de tu biblioteca para que lo vieras unos días y luego de unos meses, cuando estabas de viaje supervisando las adecuaciones de una de las casas que yo había vendido, limpiando el polvo decidí guardarlo, debajo de unos cuadros que dejé pintados a medias, al comenzar a trabajar en la constructora.

    —Claro, por supuesto. Más güevón yo, pensando que finalmente se lo habías entregado a nuestro hijo. ¡Qué estúpido soy! ¿Cierto? —Y tomo con afán, los papeles de piso, juntándolos de nuevo y mirándola, le digo a mí todavía esposa…

    —Supongo que me tocará volver a Bogotá y tendremos que empezar de nuevo todo esto, desde ceros. —Le digo decepcionado.

    —Pues si no quieres escucharme ni verme más, como siempre me has dicho Camilo… ¡Como quieras, quiero! —Y me marcho, sollozando hacia la casa.

    ***

    Entro en la cocina para buscar a Kayra, agradecerle sus atenciones y despedirme. Será imposible ocultarle la amargura de mi estado y el rojo en mis ojos, por lo mismo sigo adelante con los lentes puestos.

    — ¿Kayra? —Pronuncio su nombre pero sigo sin ubicarla. Tal vez se encuentre arriba en el segundo piso, arreglando las habitaciones, así que salgo al comedor y me dirijo hacia las encaracoladas escaleras, centradas frente al amplio salón.

    — ¡Mi niña! ¿Me necesita? —La escucho hablarme, sin embargo no la veo aparecer en la curva que dibujan los escalones al descender.

    —Pufff –exhalo– ¡Me voy! Solo quiero despedirme y agradecerte por todo. —Tomando aire para tranquilizarme, le respondo.

    — ¿Pero cómo así? ¡No puede ser! ¿Tan rápido? —Y ahora si la observo bajar un tanto apurada, limpiándose las manos con la esquina de su delantal blanco.

    Al terminar de bajar las escaleras y colocarse a mi nivel, sin decirle nada, me abrazo a ella, recostando de medio lado mi cabeza sobre su pecho. En seguida siento como la corpulencia de su cuerpo me acoge cálida, abrazándome con sus poderosos brazos. Una mano suya, –creo que la derecha– me acaricia los cabellos con maternal ternura y ya no puedo detener mis suspiros e inconsolable, tampoco mis sollozos.

    —A ver, a ver… Cuéntele a esta vieja sus pesares, mi niña. ¿La ofendió el joven Camilo? —Me pregunta y aunque deseo responderle de inmediato, se me atragantan las palabras con las cuales deseo explicarle a Kayra, que mi marido no es culpable. ¡Gagueo y suspiro, lloro y balbuceo! Al momento puedo decirle…

    —Él no… ¡Mi esposo, no!… aghhh, fui yo… Yo, me… Ehhh, le abrí las putas patas a otro. ¡Camilo es inocente!… Y yo, Kayra… Una hijueputa infiel.

    —Llora mi niña, llora. Aquí estoy a su lado para que vierta sobre mí hombro, sus desconsoladas lágrimas. No soy quien la tiene que juzgar, ni tengo porqué. Ni siquiera mi niño. —Me responde dándome repetidas palmaditas en mi espalda.

    —Por lo visto él ya ha dictado su parecer, pero será usted la que tomé el camino que su decencia le dicte. Si se va ahora y lo deja intranquilo, o si por el contrario levanta su cabeza y se devuelve a su cabaña, para en frente del joven Camilo abandonarlo en paz, al confesarle las circunstancias que la envolvieron para hacerle lo que le hizo, y asumir con decoro el destino que usted con su decisión escribió para sí. Y si en ese camino escogido, su esposo no la acompaña más, no lo fuerce ni le desvié usted, de la elección que él tomó. —Kayra tiene mucha razón, pero el valor se me acobardó ya dentro de mi inseguro interior, a pesar de dejarlo así adolorido, para que otra mujer venga y él… ¡La pueda amar!

    — ¡Pero lo amo! ¿Qué hago, Kayra? Nunca dejé de hacerlo y nunca lo dejaré de amar. —Le respondo pero continúo aferrada a ella, con mi apenado llanto.

    —Si lo ama, como me dice, creo entender que entre usted y él, no existieron contrariedades graves, por lo tanto no comprendo… ¿Qué necesidad tenía usted de buscar problemas, deshaciendo sabanas de otro camastro? —Y al terminar su pregunta me aparta de ella, tomándome por los hombros, para luego retirar con sus gruesos dedos, mis lentes de sol y auscultar con sus iris negros, los enrojecidos ojos míos.

    — ¡Un error! Un tentempié ni dulce ni salado. Nunca fue fuego que me hiciera arder, una brizna encendida, que al final me quemó. —Le explico.

    — ¿Y le duró mucho la calentura, mi niña? —Me pregunta Kayra, con un desacostumbrado gesto de seriedad.

    —No mucho, porque tampoco deseé darle muchas largas. Apenas lo suficiente para que dejara en paz a una amiga y darle un escarmiento, haciendo que se enamorara de mí. Pero ya ves, al final logré completar una de esas metas, la otra la conseguí a medias. Y esas pocas veces fueron suficientes para desarmar las bases de mi hogar. ¡Camilo no me va a perdonar nunca! Y jamás, lo olvidará. —Ahora soy yo quien tras terminar de hablar, le acaricio el rostro y empinándome un poco, beso su mejilla izquierda.

    — ¡Te quiero mucho, Kayra! No te olvidaré y prometo llamarte de vez en cuando. ¿Y Maureen ya se fue? Me gustaría darle un abrazo y hacerle prometer que cuidara muy bien de Camilo. —Le pregunto, pero ella primero gira levemente su cabeza hacia la izquierda, luego se le forma una H en la mitad de su frente, justo encima de la nariz e inquisidora, aguza su mirada como intuyendo hacia donde van mis palabras.

    —Maureen salió hace rato, acompañada por ese par de inmorales caprichosos. Pero si no se encuentran por ahí, con gusto se lo diré. Siempre será bien recibida en esta casa. El señor William la extrañará tambien. Y por el joven Camilo… ¡Descuide que entre todos lo cuidaremos bien!

    —Gracias por todo, Dushi querida. ¡Dios te bendiga! —Con esas palabras me despido y aunque espero que Kayra me escolte hasta la salida, no lo hace y se da la vuelta para dirigirse hacia la cocina. Me enfrento de nuevo al sol de estas tardes, protegida por mi sombrero y la oscuridad de mis lentes.

    Abro la puerta de madera y tras de mí se queda mi marido y yo sin él, mi felicidad sin la suya y de paso le incumplo la promesa a nuestro pequeño hijo. ¿Qué le diré cuando me vea llegar sola, sin su amado papito agarrado de la oreja?

    ***

    Sumido en los dolorosos recuerdos que me dejó Mariana, con las manos tapando mis oídos intentando no escuchar mis pensamientos, escucho de nuevo algo afónicos los golpes en la madera del marco de mi puerta…

    — ¿Joven Camilo? ¿Podría intercambiar con usted, algunas palabras?

    —Por supuesto. Claro que sí, desde que no sea algo que tenga que ver con ella. Ya se marchó y espero que no vuelva.

    —No se mienta y mejor muérdase esa lengua, mi niño. No desee para usted un mal que después con el tiempo, no lo podrá reparar. La señora Melissa se va a ir de nuevo sola y lastimada. Y usted aquí se va a quedar con más nubes negras, que con su cielo despejado. Creo mi niño que es mejor salir de estas cuatro paredes de madera y se dé prisa para buscarla, no vaya a ser que su mujer cometa alguna locura. Se ha ido con el corazón en el puño, sin conseguir lo que vino a buscar.

    —Pero Kayra, si yo no hice nada. —Le comento levantándome del sofá y ella me responde con su caribeña sabiduría…

    —Precisamente mi niño, bien lo dice su alma buena. ¿Va a dejarla ir, sin hacer lo que al abandonarla, tuvo que hacer primero? Usted debió preguntarle con la razón y ella responderle desde el corazón. Usted escucharla desde el comienzo y luego mi niño, decirle al final lo que sentía. Y ella, y de eso estoy muy segura joven Camilo, con resignación le iba a oír, acatando su parecer. —Mi negra hermosa se acerca, con sus manos carrasposas y trabajadoras me acaricia las mejillas, limpiando con sus blancas palmas mis cristalinas lágrimas.

    —Es usted un hombre bueno, inteligente y servicial. –Continúa hablándome cariñosa. – ¡Amoroso con su hijo, con su mujer y los amigos! No es menos hombre que ningún otro, mucho menos de ese aparecido amante. ¡Valórese! Y no tenga miedo de perderla, mi niño, porque en sus ojos azules acabo de ver la tristeza que le produce alejarse de usted, y no es más que la clara señal de que el hombre que ella ama en verdad, es este que mis ojos están mirando ahora y que algún día se los comerán los gusanos. ¡Y nunca fue ese otro! —Me abraza con fortaleza, rodeándome de su aroma, confrontándome con sus palabras.

    —No se trata de barrer todo el polvo de la casa, si por pereza de botar los desperdicios a la basura de lo que le han hecho a su hogar, decide nada más levantar la esquina del tapete de la entrada y esconder la mugre allí, esperando que en los tiempos del olvido, la fortuna tarde o temprano los desaparezca. —Se aparta y prosigue.

    —Joven Camilo, usted la ama y aunque está en su derecho de apartarla de su vida, para restablecerse por completo y hacerlo a conciencia, quedando en paz con usted mismo, alcáncela y dejé que ella le explique porque decidió jugarse su prestigio de mujer bien casada, en ese juego de locas pasiones, que como puede usted ver, lo apostado lo perdió buscando algo que tenía ganado en casa. —Sin remedio, al escucharla se me hace un nudo en la garganta y con mi voz entrecortada por el llanto le comento mis temores.

    —Pero es que yo… Me va a doler Kayra. Tengo miedo de escucharla y de saber… ¿Y si no fui para ella suficiente?

    —Mi niño, no se preocupe por eso. Duele el amor porque esa es la ley de la vida. Tiene todos los bonitos colores del arco iris, aunque se vea tan solitario en un dia gris. Y no solo será de ese azul que tanto le gusta a usted. Vaya mi niño, vaya. Y demuéstrese que tanto vale usted y que tan grande es su amor… ¡Para su mujer!

    ***

    Encontré aliento en las palabras de mi negra hermosa, sí, pero a mis piernas aun no parecía llegar la orden desde mis neuronas, en claro conflicto con el palpitar de mi corazón. Me muevo lento bajando por la calle, pero con ganas de verla en la distancia, aunque no la encuentra mi mirada. Quizás hubiera tomado un taxi, y no me enteré de en cual hotel se hospedaba. Sin embargo al llegar a la esquina, la veo sentada en el andén a mitad de la poco transitada calle Frederikstraat. Dejando pasar una minivan blanca y un sedán rojo con la pintura perjudicada por el sol, me voy acercando y observo como busca desesperada algo dentro de su bolso negro.

    —Hola de nuevo, Melissa. ¿Qué se te perdió? —Le pregunto y Mariana sin levantar la vista, no me responde porque no quiere, o sencillamente no se ha dado cuenta de que estoy justo al pie, pero parece murmurar algo consigo misma.

    —No te tendré… No tengo nada… Ni un puto cigarrillo. ¡Maldita sea!

    Entonces saco del interior de mi mochila sus dos paquetes nuevos de Parliament y se los pongo en frente de su rostro. Levanta su cabeza y me sonríe, pero no las recoge de mis manos. Sopla más fuerte el viento y entonces si reacciona, llevando su mano izquierda a la cabeza para mantener en su sitio, el sombrero de paja.

    — ¿Melissa, estas bien? —Preocupado le pregunto.

    —Dentro de lo que cabe, si, por supuesto. Ahh y gracias por los cigarrillos, estaba que me fumaba. —Extiende su mano derecha y se los coloco ahí.

    — ¿Has venido a buscar respuestas? —Le pregunto a Camilo sin mirarlo, mientras rasgo el celofán del empaque de mis cigarrillos. —Sigue mudo y le hablo.

    —Fue la tercera vez que me acosté con él. —Recordando, hablo en voz alta.

    — ¿¡Qué!? ¿De qué estás hablando, Melissa?

    —El día anterior, le había prometido un premio si se comportaba como un caballero con K-mena. Si rechazaba las estúpidas intenciones de mi amiga. No era exactamente con lo que él pretendía que le recompensara su «fidelidad». —Y entrecomillo con los dedos de ambas manos, la última palabra. Camilo aprieta la mandíbula con fuerza, y se acomoda sobre el hombro izquierdo, el ancho tejido de la correa de su mochila.

    — ¡Él quería darme por el culo! Al igual que tú y que muchos hombres más. Le encantaba la forma de durazno de mis nalgas, la textura suave y su dureza. Y deliraba con la idea de poder metérmelo por atrás, sobre todo por la fascinación que le causó saber que yo era virgen por allí. ¡Quería ser el primero y el único! Cuando le entregué en sus manos ese carrito, aunque no se alegró del todo, si pude observar en el verde oliva de sus ojos, ese brillo de felicidad que colocan los niños cuando reciben su regalo. —Llevo el enrollado tabaco a mi boca y luego de medio lado, elevo mi rostro para mirar a Camilo y preguntarle…

    — ¿Y mi encendedor? —Me pregunta, levantando el negro marco de sus lentes.

    —Lo tienes en tu otra mano. –Y Mariana se ríe de su torpeza. –Creo que los dos necesitamos hablar… Yo… Necesito saber la verdad. —Reúno el valor suficiente y se lo digo, tal cual Kayra y Rodrigo me dijeron.

    —Me parece bien, si quieres vamos andando y hablamos. —Le respondo mientras acerco la llama de mi encendedor al extremo del cigarrillo. Y como no me dice nada, pues lo amenazo.

    —Te lo voy a contar todo, con pelos y señales. Si ya me estas odiando, quiero que sepas bien como pasó, a pesar de que te va a doler como un putas… ¡Para que me aborrezcas bien!

    —De acuerdo. Uhum, me parece excelente. —Le respondo un poco sorprendido por su cambio repentino de actitud o… ¿Personalidad?

    — ¿Y esa mochila? —Se me hace raro verlo así, con ese bolso de tela marrón y beige, que le llega a la cintura. Mi esposo me tiende su mano, la tomo para levantarme y echar a andar.

    —Hummm… ¿Esta? Me la regaló Maureen al mes de llegar, cuando me acompañó a comprar los víveres. —Le respondo con naturalidad.

    — ¡Ahh caray! Está bien bonita. ¿Es Wayuu? —Pregunto para distensionar un poco el ambiente tras haberle expuesto aquel recuerdo, que con seguridad le supo a hiel.

    —Sí. Es artesanía original. Y… ¿Cuántas veces, Melissa? ¿Muchas? —Aunque me duela, tengo la necesidad de saberlo. ¡Masoquista que es uno!

    —Varias, sí. No tantas como te imaginas ni como él ansiaba. Si por Nacho fuera, nos la pasaríamos culeando dia y noche, donde fuera. Te diré que lo hice con él, las veces suficientes. ¡Las necesarias! —Si su intención es restregarme la traición, pues yo no me voy a amilanar por eso. ¡Del ahogado, el sombrero!

    — ¿Cómo así? ¿Necesarias para qué? —Se nota más altiva, más segura de sí misma, y más directa en sus respuestas.

    —Para que Nacho se enamorara de mí. —Le respondo en un tono suave pero pleno de sinceridad. Camilo sigue caminando a mi lado pensativo.

    ***

    ¿Enamorarlo? Me quedo de una sola pieza, abstraído aquí a un paso por detrás de ella, mientras dejan de transitar los vehículos y por un momento se hace silencio entre los dos, solo roto por el cotorreo de una pareja de loritos verdes apostados sobre un cable de la energía, –en un poste cercano– distanciados uno del otro, como ella lo está de mí.

    — ¿Y tú? ¿Cuántas veces lo has hecho con ella? —Le digo, reclamando su atención, casi llegando los dos a la esquina de la calle Breedestraat y en frente está el bar donde solíamos pasar algunas noches bebiendo algunas «Polar», para calmar la sed.

    — ¡Qué! ¿Con quién? ¿De qué hablas? —aquella aseveración me intriga, pero creo saber por qué y sobre quién.

    —De Maureen, por supuesto. ¿Existen otras más? –De una vez se lo pregunto pues necesito sacarme esa espinita. – ¿Te puedo invitar a unas cervezas? —Le consulto y antes de que me responda, me cruzo la calle dirigiéndome al lugar.

    —Ni una sola vez con ella… ¡Hasta ahora! Solo se ha quedado a dormir junto a mí, unas pocas tardes. Solo unas horas Melissa, nada importante. Es menor de edad todavía, a pesar de que en un mes cumpla diez y ocho. Y no, no he estado con otras mujeres.

    —Humm… ¿En serio? Tranquilo, si te quedaron gustando los virguitos por mí está bien, no pasa nada. ¡Fresco! Está muy claro que no me debes lealtad. —No dejo que me responda, subo los cuatro escalones de concreto y entro en el bar, para luego dirigirme al cantinero…

    —Bon tardi ¿Y dónde está Ernesto? —Pregunto al muchacho «buenorro» que atiende pues no lo veo por ahí y quería saludarlo.

    —Buenas tardes, señora. Ehhh, don Ernesto salió hace media hora. Pero no creo que demore en regresar. ¿Quiere usted que lo llame? —Me pregunta el cantinero de manera cordial.

    —No te preocupes bizcocho, muchas gracias. Solo quería ver como se encuentra. A ver, a ver… Necesito dos «Amstel» bien frías, por favor. —Le solicito sonriente y guiñándole un ojo.

    — ¡Claro que sí! ¿De cuál prefiere la señora? ¿Original, Oro o sin alcohol?

    — ¡Melissa!… No me gusta que me llamen señora, o… ¿Es que me ves muy vieja para ti? ¡Jajaja! —Y le extiendo mi mano para saludarlo. El joven se turba un poco pero sin dejar de sonreírme coqueto, me la recibe con algo de firmeza. Tiene las morenas manos algo húmedas y frías.

    —Creo que mejor sírveme dos de las que contienen zumo de limón. Y de nuevo muchas gracias, Dushi querido. —La cuestión es calmar la sed y no emborracharme para poder contarle con claridad a Camilo, lo que tanto desea saber.

    Solo quedan dos mesas libres, ubicada una cerca de la entrada y otra más en el fondo del local, con la suficiente privacidad para continuar hablando, –con la bandera de Colombia, justo encima del barandal– a pesar de que se encuentre cerca a los baños. Pero es que además, tiene el silencioso ventilador de aspas color marfil, exactamente sobre ella. Y sin preguntarle me dirijo hasta allí, colgando en el respaldo del asiento mi bolso, en una silla plástica deposito mi sombrero y en el centro de la mesa, los lentes, mis cigarrillos y el encendedor.

  • Sexo con esposo de mi prima y su papá

    Sexo con esposo de mi prima y su papá

    Hola que tal, bueno, es mi primera vez escribiendo y también confesando lo que pasó un día que la verdad nunca pensé que haría, y fue algo tan caliente que sentía la necesidad que confesarlo.

    Todo comenzó en una fiesta familiar en dónde estaban lógicamente familia, primos, sobrinos, tíos etc., pero ese día llego una prima con su esposo y el papá de su esposo que no los habíamos visto en años, entonces cuando llegan saludan a todos y cuando llegan a mi el esposo de mi prima siento como me abraza de más y me da un beso en la mejilla que el mismo tiempo me dice «que guapa te ves prima» mientras sus manos estaban en mi cintura, la verdad no lo tome a bien ni a mal.

    Solo sonreí, paso el tiempo y se sentaron justo enfrente de nosotros, el me miraba mucho al igual que su papá y solo murmuraban y se reían, en algún punto ya tarde de la fiesta todos estaban bailando y bueno ya nadie estaba en su lugar, así que los dos se acercaron más y el esposo de mi prima me decía que era muy linda, que la blusa me quedaba muy bien, y le decía a su papá que me viera, de pronto él dijo así sin pena ni nada «pues échatela, tu esposa está distraída».

    La verdad no supe que hacer y solo sonreí, y el esposo de mi prima dijo que si quería hacerlo conmigo, paso el tiempo y entre a una casa del dueño de la fiesta a conectar mi celular y cuando voy entrando el papá me toma del brazo y me pregunta «porque te vas, aún no comienza la fiesta, deja que mi hijo te acompañe» yo solo le dije que iba a conectar mi celular pero que si.

    Que si quería me acompañara, entramos y escuché como él le dijo, «aprovecha, se ve que si quiere» y si no quieres yo si, la verdad me puse muy nerviosa pero sentí como algo dentro de mí se calentó de una forma muy fuerte, entramos a una habitación y él me dijo que todo el día estuvo pensando en mi y que estuvo esperando este momento entonces me tomé de la cintura me acerco a él y me comenzó besar, sentí como todo mi cuerpo hervía, no pude decir que no y lo seguí, nos besamos.

    En algún momento le dije que parará que mi prima nos vería, pero él dijo que su papá vigilaba, eso hizo que perdiera el control, ya no me importo nada, me quito la ropa y comenzó a penetrarme, él me dijo que estaba muy mojada y como no!

    Sentía como su pene rosaba todo por dentro, me levantaba para besarme acariciarme y me ponía en otra posición, se la chupe tan rico que casi se venía, de pronto escuchamos algo extraño en la entrada y nos dimos cuenta que era su papá, tenía su pene afuera y se estaba masturbando, su hijo le dijo «aún quieres? El respondió viéndome, si puedo?? Y la verdad estaba tan caliente que sonreí y le dije que si.

    Sin importar que podrían vernos, entonces rápidamente se acercó, se bajó el bóxer, me subió a un sillón y me abrió el culo y entro en mi, sentía una y otra vez como salía y entraba mientras apretaba mis nalgas, no tardo mucho cuando me dijo «ya no puedo más».

    En ese momento lo tome de las manos y no deje que saliera, y solo escuché su gemido de que rico!! Y sabía que había terminado adentro de mi, lo mire y le dije que me había encantado, me dio un beso y me dijo que estaba deliciosa, mientras su hijo se vestía y le decía a su papá que tuvo mucha suerte, entre al baño a limpiarme, salí y ya estaban afuera de la casa con todos los invitados.

  • Con mi cuñado Elías

    Con mi cuñado Elías

    Llevo 7 meses saliendo con mi novio Juan, pero desde que él me ha presentado a su hermano Elías todo ha cambiado. Lo que sucede es que Elías es mucho más atento conmigo y está más atractivo que mi novio, lo que me llega a pensar que me equivoque de elección.

    Desde que Elías y yo nos conocimos tuvimos mucha cercanía cuando Juan no estaba cerca, hablamos de todo un poco, nos dimos muchos abrazos super tiernos y hasta una noche me quede dormida en los brazos de él.

    Cuando sucedió lo que yo tanto quería, Juan no se encontraba en casa, pues, se había ido a jugar al fútbol con sus amigos.

    Ingreso a la sala de estar donde Elías se encuentra acostado en el sofá mirando tele.

    -Hola Elías -lo saludo con un beso en la comisura de sus labios

    -Hola Catalina -me responde al beso con otro más cerca de los labios

    Luego se aparta un poco para indicarme que me acueste en el sofá junto con él y así lo hago.

    Pone uno de sus brazos alrededor de mi cintura y con su mano libre me acaricia el cabello.

    Yo mientras tanto pongo mi trasero lo más cerca de su miembro para sentir su pene.

    -Al fin solos -me dice dándome numerosos besos en la mejilla

    -Estar así contigo me encanta

    -A mi igual y tenemos la casa solo para nosotros dos durante unas cuantas horas

    -Que lindo, entonces podríamos hacer unas cuantas cositas

    -¿Que cositas? -me pregunta pero hay un tono pícaro en su voz

    Me incorporo y luego me acuesto sobre él, pongo mis manos en su abdomen y comienzo a acariciarlo suavemente para desprenderle los botones de la camisa, luego acerco lentamente mi cara hacia la de él y unimos nuestros labios en un beso lento y apasionado.

    Mientras lo voy besando le termino de quitar la camisa y el para de besarme para lanzarla al suelo.

    Luego me quito la blusa con un sensual movimiento mientras mi cuñado me mira maravillado, después vuelvo a unir mis labios con los de él, pues, besa tan rico que parece de otro mundo, pero esta vez sus manos recorren mi espalda hasta que encuentra mi sostén y me lo quita dejando en libertad mis tetas para el.

    Él se levanta del sillón y empieza a desnudarse mientras me dirige una mirada que quiere decir: que rico que la estoy pasando con mi cuñada, yo me quedo sentada en el sofá mientras me saco el resto de ropa que me queda.

    Cuando lo vuelvo a mirar me doy cuenta que él ya está completamente desnudo, se acerca a mí y no me da tiempo a nada, me abre la boca y rápidamente me mete su pija entera en el fondo de mi garganta, esto casi hizo que me ahogara con su verga pero me gustan los tipos que son dominantes en la cama así que esto me fascina demasiado.

    Me acaricia el pelo con una mano mientras mueve sus caderas rápidamente para penetrarme la boca con su polla, yo en respuesta muevo mis labios alrededor de su pija, luego con la mano que le queda libre me empieza a dar suaves caricias en la vagina.

    En un momento, Elías aumento mucho las embestidas a mi boca y eso hizo que la estimulación a mi vagina también cambiara el ritmo, en ese instante apenas lo pude seguir con la velocidad que mis labios recorrían su hermoso pene y fue ahí donde el eyaculo y una cascada de semen fue directo a mi garganta.

    Después él me dijo que me iba a estimular todo mi cuerpo y que la técnica que utilizaría para ese objetivo me iba a encantar.

    Se incorporo lentamente del sofá y luego hizo un movimiento hacia adelante para tocarme el rostro con su pija, me hizo una sonrisa picarona y luego se levantó del todo y fue hasta la cocina, abrió la puerta de la nevera y vino con un pote de chocolate líquido.

    Mis ojos se iluminaron porque ya me hacia una idea de lo que él tenía en mente.

    -¿Chocolate líquido? -pregunte en un susurro

    -Así es y está destinado a estimular el perfecto cuerpo de mi cuñada para que lo pueda saborear mejor -dijo esto, abrió el pote y puso una buena cantidad en su mano que me esparció por todo el muslo, luego por el otro, lo siguiente fue que me puso también en el abdomen.

    Después él se agacho quedando con su hermosa boca en mis muslos y empezó a chupármelos suavemente, se notaba que disfrutaba el sabor de mi piel mezclado con el chocolate y se veía tan lindo, tan sensual, chupando mis muslos mientras yo le ponía mis manos en su pelo y lo animaba a que chupara más rápido.

    Fue subiendo con su lengua hasta la zona del abdomen donde hasta mi ombligo recibió su buena dosis de lengua, pues, Elías era muy bueno con su boca y metió su lengua muy profundamente en mi ombligo mientras hacía movimientos circulares y alargaba sus manos para tocar mis pechos.

    Cuando termino en la zona del abdomen, agarro todo el pote de chocolate y lo vacío completo en mis tetas (que era una buena cantidad) ahí fue donde se dio el verdadero festín porque mis pechos estaban llenos de chocolate, pero a el eso le gustaba y a mí por mis gemidos de placer se podía notar que también me encantaba mucho.

    Me chupo las tetas con mucho entusiasmo, los movimientos lentos de parte de Elías desaparecieron, pero a pesar de que me estimulaba los pechos de manera rápida sin parar esa fue la mejor chupada de tetas que me han dado en su vida.

    Recién cuando mis tetas quedaron bien limpias y sin huellas del chocolate en las dejo de chupar pero se dedicó a manoseármelas por unos buenos minutos.

    Luego él se sentó en el sofá con su pija bien elevada invitándome a que me siente para clavarme su verga.

    Luego yo me senté a horcajadas y la pija entro de una sola embestida adentro de mi concha y para darle más ritmo y profundidad a la metida de verga el me tomo de los muslos y me ayudo a saltar sobre su miembro durante unos buenos minutos.

    Una de las cosas más ricas es que estaba bien de frente con mi cuñado Elías y podía ver por su cara que estaba gozando mucho, y el hasta sentía mis gemidos en su oído.

    Después de unos cuantos minutos embistiendo mi vagina cambiamos a otra posición, a una donde pudiéramos estar más cerca y unidos.

    Yo me acosté de costado en el sofá y él se acostó de la misma manera que yo pero atrás mío.

    Eleve bien alto una de mis piernas y Elías me agarro de la cintura y con un movimiento de su pelvis me penetro bien rico.

    Elías siguió penetrándome y clavándome su verga con toda su potencia pero con la mano que tenía libre me agarro las tetas y me las masajeaba y yo lo que hacía mientras tanto era entregarme a él, al placer y al amor que nos unía.

    Mi correo es: [email protected].

  • Besos en la frente

    Besos en la frente

    Besos en la frente,

    besos en la frente le dan;

    besos en la frente,

    nadie trata de ir más allá…

    yo quise probar

    Soy algo mayor, víctima de una educación farisea y de unos padres reprimidos. Todo lo relacionado con el sexo era malo, pecado o engordaba, por eso todavía soy virgen, «técnicamente». Soy resultado de una educación de colegio de «alto nivel» y muy tímida, mi virginidad… bueno si a esto puede considerarse virgen, ninguna polla ha penetrado en mi coñito ansioso. Los años han ido pasando y yo me he dejado llevar.

    Pero el deseo, la fantasía, estaba ahí, por debajo de todo eso. Manteniendo un fuego, oculto pero que siempre ha estado ahí. Unas brasas que me quemaban por dentro deseando avivarse en cualquier momento. Así que mientras cara al exterior era la perfecta chica buena y pija, por dentro soy una calentorra con un montón de fantasías y morbos, que nunca me atreví a exteriorizar.

    Me gusta el placer, me gusta disfrutar de mi cuerpo. Habitualmente tengo que hacerlo a solas. Pajera compulsiva pero siempre a solas y escondiéndome. Excepto en ocasionales raptos de locura o valor. Por todo ello no me queda mas remedio que masturbarme como una loca.

    Mis formas de excitación sexual son variadas: empecé manteniendo correo erótico con varias personas. Hablo de una época en la que esos contactos se hacían a través de revistas publicadas en papel. Me encanta la pornografía Al principio comprada muy lejos de mi casa y escondidas. El hacer de mirona, de voyeur, viendo a alguien me ofrece esa posibilidad, de igual modo a escondidas, de lejos y con buenos prismáticos.

    Las nuevas técnologias con Internet a la cabeza me permiten excitarme manteniendo mi soledad y mi anonimato. Para el correo con desconocidos o desconocidas, para mis compras de juguetes, lencería y para la pornografía, videos, fotos, relatos.

    Jamás me había acercado a ningún chico de forma consciente y planeada. Tenían que ser ellos los que intentarán ligar decía mi madre. Pero los pocos que reunian el valor de aproximarse eran espantados por la terrible cara de ogro de mi padre. Ninguna polla de carne ha penetrado en mi coñito ansioso. Y no digamos ya lo de las chicas. Solo el pensar en lo lésbico, algo totalmente antinatura, mi pobre progenitora se ponía histérica. Aunque ella tenía que haber sentido el rabo de mi padre en su interior al menos una vez «creo».

    Pero me gusta el placer, insisto, me atraía el sexo como todo lo prohibido. Acariciarme los pechos en la soledad de mi dormitorio, o deslizar la mano por debajo de mis castas y aburridas bragas. No me queda más remedio que masturbarme como una loca, como la perra calentorra y en constante celo que en realidad soy. Aún mantengo correo con esas personas que, no voy a decir conocí pues nunca las he visto en persona, varias personas que descubrí a través de una revista de contactos de suscripción por correo. Ahora por email evidentemente.

    Ya he descubierto internet y su privacidad, El realidad he visto toda su evolución. Adoro la total libertad de relacionarte con alguien sin conocerle. Viendo la cara y todo lo demás por cámara o de oir su voz por el micro. De poder decir y escuchar las mayores barbaridades, las mas calientes y cachondas sin una relación real. Solo con enseñarle las tetas a la cámara consigo parte de lo que necesito para satisfacer mis deseos.

    Aunque si he llegado a tocar algunas pieles y hecho algunas cosas en directo que son el objeto de este relato. Mis locuras, mis raptos de valor les llamo. Algunas manos han acariciado mi piel lo que me vuelve aún mas deseosa de vencer toda los complejos que me atormentan.

    Hace tiempo aprovechando un viaje a Madrid. Han deducido bien, soy de provincias, era evidente después de mi historia. Yo sola, sin responsabilidades y sin nadie cerca que me cortase. Por entonces ya tendría algo más de veinte años.

    Salí a la calle desde el hotel sin ropa interior solo con una falda larga y una blusa suelta, los senos libres y la vulva al aire, la tela arremolinandose alrededor de mis piernas. Y la brisa acariciando mi vulva.

    Me fui a los alrededores de la Plaza de Castilla donde había cines x y una buena cantidad de sex-shops, algunos con cabinas de peep shows vivo, por entonces. Estuve curioseando por las estanterias, admirando las revistas que me ponían cachonda. Viendo los dildos que me imaginaba dentro de mi coñito, de mi culo, de mi boca y que no me atrevería a comprar. Todo el material que me excitaba solo con verlo y no había las virguerias que hay hoy en las tiendas eróticas. Por entices solo era plástico feo y duro.

    Por fin me decidí por una de las cabinas de video, que funcionaban con monedas. Entre los tropecientos canales de porno que se me ofrecía la que más me llamó la atenció fue una de temática lesbica. No lo hice adrede, pero de alguna forma las bellas formas femeninas exhibiendose me atrajeron. Ya en la primera escena salían dos chicas besándose, se desvistieron la una a la otra cosa que no les costó mucho por que llevaban la misma ropa que yo, faldas y blusas sin lencería.

    La privacidad de la cabina me permitía masturbarme a gusto, están hechas para eso. Incluso había papel higiénico para limpiarse después. Me fui subiendo la falda lentamente mientras me acariciaba las nalgas que son uno de mis puntos flacos.

    Ni siquiera pensé en los restos que otros culos, coños o pollas habrían dejado donde yo tenía puesto el mío. Cuando la recogí toda a mi espalda comencé a acariciarme el clítoris tocándolo suavemente, me excité sin apartar los ojos de la pantalla aquellas dos chicas seguían besándose.

    Una de ellas tenia en la mano uno de los pechos de la otra y se masturbaba a la vez y la otra tenía las manos en el culo de la primera. Amasándolo con ganas. Se estaban comiendo la boca de forma que sus salivas caían hasta sus desnudas tetas.

    Yo tenia la mano izquierda en mi chocho. y con la derecha desabrochaba los botones de la blusa. Estaba abriéndola del todo y sacandola de la cintura de la falda para poder tocarme los senos. Para acariciármelos suavemente bajo la tela apartada, pellizcar mis pezones.

    Quedaba el mínimo de piel cubierta con la falda recogida al completo en la cintura y la blusa abierta del todo. Exponiendo los pechos duros grandes, los pezones excitados. El coño rojo, hambriento, ofrecido, pero sin nada mas que mis dedos finos y largos para darles el consuelo que necesitaba. En ese momento lamentaba no haber comprado primero un consolador y haberlo metido conmigo a la cabina.

    La imagen que me veía en el espejo del techo de mi misma me excitaba casi tanto como el vídeo. En ese momento a las dos chicas de la pantalla se les unió una tercera, amiga de las anteriores que se desnudó de forma inmediata. Se puso a chupar uno de de los dos sexos de sus amigas y con las manos sobaba los senos de la otra que esta había procurado dejar a su alcance. Yo soy tan caliente que esa escena me excitaba, pero mucho, y eso que nunca podría acercarme a una chica con esas intenciones, al menos no sin mucho alcohol en mi organismo. Y por mucho que lo deseara.

    Mientras todo eso ocurría yo había tenido dos orgasmos proclamados por mis gemidos que competian en volumen con los que lanzaban las mujeres del vídeo aunque había puesto el volumen lo mas alto posible para tapar los ruidos que mi excitación provocaba. Quería más. Comencé a tocarme el culo levantandome un poco de la butaca.

    En la pantalla también prestaban atención especial a los anos. Las tres lo tenían precioso perfectamente depilado. ¿Quien hubiera tenido un pene? y estado allí entre ellas. Si hubiera sido yo habria sabido cómo tratarlas estaba saliendo mi ramalazo bisexual, mi atracción latente por los cuerpos bellos de otras mujeres. Hubiera querido meter esa teórica polla por todos esos agujeros que veía en la pantalla.

    Yo mientras me tocaba con la izquierda las nalgas iba de orgasmo en orgasmo con la diestra. Hasta que comenzó a dolerme el sexo de las veces que me había corrido. La mancha de fluidos sobre el tapizado de la butaca me delataba sin remisión. El sexo encharcado y el culo penetrado por mis propios dedos. Entonces me arreglé y sin terminar de ver la peli salí de la cabina.

    Me lo había pasado bien, pero hasta ahora solo había sido una paja. Mejor y más mórbida que cualquiera de las anteriores pero solo un dedo.

    Roja de verguenza y con la cabeza gacha intenté deslizarme fuera del local, todo inutil. El dependiente, un aburrido pero simpático muchacho, de algo más de mi edad alrededor de los veinte, con un cierto ramalazo gay. Me miraba mientras intentaba escabullirme entre dos estanterías.

    Era guapo, delgado, fibrado, alto y con una bonita melena castaña.

    Me salió al paso antes de llegar a la puerta y cortando el paso, en medio de un pasillo se puso a colocar unas revistas. Venciendo mi natural timidez por el calentón fenomenal que llevaba le propuse al chico que con aire inocente ordenaba las publicaciones:

    – ¿Sabes? Ahora te mamaría la polla.

    ¡Y salió de mí! Sin cortarme y sin vacilaciones. Aún a día de hoy no sé de donde saqué el valor. Y todavía estoy buscando ese mismo valor para repetir esa u otra experiencia similar.

    – Y yo dejaría que lo hicieras. Y no hay nadie en la tienda ahora.

    Aceptó y nos metimos en la trastienda. Donde arrodillandome entre las cajas de material pornográfico le bajé la bragueta. Le saqué picha y testículos de los pantalones. Algo muy duro, recto. El glande notado parecía apuntar directo a mi cara saliendo de una mata de suaves rizos castaños.

    Estaba súper cachonda y ya no me contenía. Era yo la que actuaba. Antes de seguir me saqué los pechos de la blusa y le dije que podía tocármelos.

    Mientras él me tocaba, yo metía su polla en mi boca y la sacaba apretando los labios. Le acariciaba y chupaba los testículos con las manos de una forma delicada. Había visto mucho porno como para no saber como hacerlo, aunque era la primera vez que hacía una mamada.

    Cuando salió el semen que tenía un ligero sabor amargo me lo tragué todo. Luego él me izó, cogiendome de los sobacos y me besó largamente en la boca donde conservaba el sabor de su propio esperma que parece que le gustaba.

    Me cogió de la cintura y fue recogiendo la tela de la falda hasta dejar de nuevo mis nalgas al aire. Como había imaginado su preferencia era el culo Las acarició lentamente excitandome aún mas si era posible. Volví a agacharme y sin la menor piedad por mi parte seguí chupandoselo. Sintiendo primero como decrecía y luego como volvía a recobrar su fuerza y dureza en mis labios. Estaba desatada.

    Cogió un tubo de lubricante nuevo de una caja y apoyandome en los mismos embalajes entre los que un momento antes me había arrodillado. Me untó el ano con el gel, que tenía al alcance de la mano en aquel almacén. Introdujo dos y hasta tres de sus dedos para distribuirlo y abrir el orificio. Y se lo puso él mismo en su duro nabo. Yo ya había jugado mucho con esa parte de mi anatomía como para que no me gustara lo que iba a pasar.

    Me lo penetró de una forma casi salvaje, de un solo empujón entro a media asta. Yo estaba muy dilatada y lubricada. El segundo lo llevó hasta el fondo sentí sus testículos golpear mi perinneo con la fuerza de sus embestidas. También era mi primer anal por lo menos con una polla real, no así con mis propios dedos. Así que no le costó mucho abrir mi ano.

    Me dolió un poco cuando su fenomenal rabo entró dilatando mi esfinter. Pero pronto pasó del dolor al placer y sus meneos dilatandome, me estaban llevando al paraíso. Yo misma me acarciaba el clítoris para hacer completo mi placer. No recuerdo cuantos orgasmos disfruté mientras me penetraba el culito y yo misma me mastubaba.

    Cuando despues de lo que me pareció una eternidad por fin se corrió inundando mi vientre con su semen no me dejó moverme. Se hincó de rodillas detras de mí y sentí sus dientes mordisqueando mis nalgas, sus manos dulces, separandolas, para poder alcanzar el ano con su juguetona lengua.

    Del agujerito rezumaba su jugo y lo lamió con ansia sin dejarme un respiro. Deslizó una mano entre mis muslos para alcanzar mi virgen coñito y acariciarlo mientras sin descanso me lamia el culito. Lo tenía encharcado, bueno lo tenía así desde que salí del hotel y ya había perdido la cuenta de mis orgasmos.

    Yo seguia corriendome sintiendo un dedo suyo en mi clitoris o introduciendose juguetón en mi interior todo lo que mi estrechez permitia. Agotada quise volver a probar la miel de sus labios. Me arrodillé frente a él para poder recoger el sabor de su esperma de su dulce boca. Arrodillados ambos en el suelo.

    Nunca llegó a penetrar mi coño. El habia desatendido su negocio mucho tiempo y yo necesitaba calmar mis nervios enervados por la excitación. Tomar el aire y refrescarme dando un paseo hasta el hotel.

    Con todo y alguna aventura más, algún rapto de locura similar, sigo teniendo el himen intacto. Técnicamente sigo siendo virgen. Pues el dildo que me regaló el bello muchacho como pago al buen rato que pasamos juntos solo lo uso por mi ano para recordarlo follandome el culo.

    Si algún día puedo vencerme a mi misma y a mi timidez quizá pueda tener relaciones normales con hombres, o con mujeres o con ambos pues sigo pensando en las orgias, en los trios, en el sexo en grupo, en mantener mucho sexo, lo que me sigue obsesionando.

  • La amiga de Carla va a la pensión

    La amiga de Carla va a la pensión

    Estimados: Superados ciertos temas que no vienen al caso, retomo la publicación de los relatos de nuestras salidas con Carla, mi amante, y algunos amigos.

    Lo primero, contarles que Marianne, la esposa del capo de multinacional, M , quienes mantienen un matrimonio totalmente liberal, vino junto con él a visitar la pensión de todos conocida, donde he llevado a Carla dos veces cuando ha estado con ganas de manos ásperas.

    Marianne, franco belga de origen, le llama “experiencia canalla” y quiso ir sola, a efectos de un total disfrute. Su marido M quedó con Carla, y conmigo para aprovechar el tiempo ja ja.

    Habíamos conversado con el dueño de la pensión del barrio Sur y con uno de los que allí viven, Richard, el albañil y amigo nuestro desde antes de ir a la pensión.

    Arreglamos que todos, Richard, el dueño, y otros cuatro residentes, tuvieran los análisis al día al igual que Marianne.

    El relato será breve, pues es lo que ella nos contó y los machos del caso nos confirmaron.

    Se trasladó a la pensión en un coche de compañía de traslados, los llamados remisse, y ya de ida, muy seria, jean y camisa (aún era época de calor intenso) se fue tocando y acariciando las tetas, para desesperación del conductor.

    Al llegar le pidió que fuera a hacerle el viaje de retorno tres horas después, que estacionara y llamara a la puerta, para no esperarlo afuera.

    Llegó, varias vecinas, con quienes los huéspedes lo habían comentado, esperaban en sus ventanas y hasta dos de ellas sentadas en la vereda, para ver llegar “a la puta francesa que se viene a hacer dar en la pensión”. Y vaya si lo hizo.

    Entró y besos a todos, que ya habían llegado de sus trabajos, limpios pero a pedido de ella, “en ropa de pensión de hombres”, en short y camiseta, o solamente short, chancletas, y cosas así.

    A su pedido, habían llevado al patio cerrado central (vieja casona) una cama grande. Le pidió a Richard que colocara sábanas nuevas que ella llevaba, y fue al baño a cambiarse. La opinión general es que resultó ser una muy linda mujer, alrededor de 40 le estimaron, muy elegante, y que habla muy bien español, y lo digo yo, tres idiomas mas.

    Se fue al baño con su bolso mientras y les dijo, “vengo a que me follen, los quiero desnudos”. Y así la esperaron, desnudos y medio desconcertados, todos juntos, desnudos, aunque ya se conocen de estar con Carla.

    Y aparece Marianne… típicamente a la francesa, tacos, y lencería de marca (LP), tanga pequeñita al frente y tipo hilo por detrás, portaligas a la cintura, con cuatro tiras largas que oscilaban, sin medias a las cuales sujetarse y soutien transparente, todo en suave color rosado con toque de puntillas blancas.

    Pelo en típica melenita corta, (según le dijo a Carla, “así no me molesta al chupar pijas”). Sabe caminar, sabe lucirse… se puso entre ellos, y dijo, ahora hagan lo que quieran conmigo antes de comenzar a follar, y no se preocupen por la lencería, si se rompe algo no importa, veces mezcla diferentes palabras en español ja ja, como eso de follar.

    Según nos contaron al momento la manoseaban por todos lados, besos de lengua, le sobaban las tetas por encima del soutien. Alguno ya le corrió hacia el costado el hilo de la tanga para tocarle el culo a gusto.

    En pocos minutos, estaba toda babeada, y la concha ya húmeda según dijo ella y confirmaron los participantes, ja ja…

    Vamos a la cama contigo dijo, y señaló a uno, pero el resto puede ayudar…

    Voló el soutien, le arrancaron la tanga, que se rompía fácilmente, y se quedó con el portaligas puesto.

    El tipo desesperado bajó a chupar concha, una delicia, opinión unánime. Mientras tanto Richard le dio a chupar, ella se prendió y en un minuto lo previsible, zás… acabó desesperado en boca, ella siguió chupando y tragando, hasta mostrarle la lengua limpita, y le dijo: me debes otro mas tarde…

    El que le chupaba la concha, no quiso meter oportunidad y la puso en cuatro, entrándole de inmediato (“me encanta cuando ni preguntan”), y así siguieron, algunos acabando adentro, el dueño de la pensión en la cara, y ella siguió tranquila, y otro le rellenó el ombligo de leche.

    Al terminar la primera ronda, ya chorreaba semen por los muslos y caían gotas o hilos de semen de la, concha a la sábana, ella hasta en el pelo, el portaligas todo manchado.

    Y mas de lo mismo en la segunda rueda, con alguno masturbándose para que se le parara cuanto antes. Richard y el dueño no perdieron la oportunidad de acabarle adentro y tres le hicieron la cola que le habían preparado con abundante gel.

    A bañarse y esperar, desnuda, a que llegara el remisero preguntando por ella.

    Fue a la puerta, lo metió a la pensión y le dijo… ”no te vas de aquí con ganas, vi que me deseabas”. Y prácticamente ella lo cogió, aunque él encantado.

    Cuando volvió al apartamento donde la esperábamos con su marido y Carla, traía el jean mojado de lo que seguía escurriendo de la concha, y solamente dijo: cansada pero feliz! Me hicieron de todo! Seguro voy a volver!

    Y hasta aquí, con poco detalle y quizás algunas imprecisiones, lo que pasó en la pensión.

    El próximo reporte será de nuevo con protagonismo nuestro, organizando algo totalmente nuevo.

  • Mi vecino hetero

    Mi vecino hetero

    Durante varios días estuve navegando por una famosa aplicación de citas gay. Al principio todo normal, la gente me enviaba fotos de su pene pero no me daba seguridad de hacerlo, por miedo a contraer alguna enfermedad. Cuando de la nada, me llega un mensaje de un chico cercano, aproximadamente 100 metros y yo empecé a pensar quien era.

    Su foto me daba pistas de quien era, así que accedí hablar con él. Sus fotos eran muy candentes y su pene, si bien no tan grande, muy grueso. Yo le mandé fotos con hilo y una falda muy corta, así que no hubo problemas en ponerme.

    Prácticamente tuve que caminar 20 pasos para llegar a su casa. Me abrió la puerta y accedí a pasar primero y aproveché la situación para ir bajando mi pantalón mostrando el hilo rojo y mi gran culo blanco. Al llegar a su cuarto, prácticamente solo estaba en hilo y el agarrando mis nalgas de forma tosca.

    No desaproveché el tiempo y me puse de rodillas, el rápido entendió y se bajó el pantalón y dejó ver su pene gordito. Enseguida me empecé a mojar y lo chupé de manera muy rica, enseguida él me dijo:

    – «Que rico chupas, ahora toca que me comas las bolas»

    Sin dudar, obedecí y lo dejé bien mojadito para que entre a mi culo sin tener problemas. Pero no fue así, mi culo estaba súper estrecho y empecé a meter lo dedos, así que le dije:

    -«Te la voy a chupar y tú me vas abriendo el culito. ¿Si?»

    Así que empecé a chuparla en 69 y era una sensación increíble sentir esas cosquillas en mi ano y automáticamente mi ano se relajó y al notas eso empezó a cambiar de posición:

    -«Ahora si perrita, ponte en 4 que me toca probar ese ano»

    -«Todo mi ano es tuyo, rómpeme el culito»

    Cuando empezó a meter su pene mi ano, traté de no hacer ruido para no incomodar, pero llegó un momento donde no pude más y solté unos gritos:

    -«Ahhh, hazme tuya papi!!, dame duro por favor»

    Al escuchar eso, mi vecino empezó a acelerar sus movimientos que encantaban. Después de varios minutos en esa posición, le dije para que ponga las piernas las hombro. Así que me puso las piernas juntas y me la metió duramente.

    Yo soñaba con un momento así, y por fin se había cumplido. Yo seguía gritando:

    -«Que rico papi, soy tuya. Quiero montar tu verga»

    -«Eso quería escuchar perrita»

    De inmediato cambiamos de posición y me senté en su verga, empecé a moverme como nunca. Yo sabía que le gustaba por como lo disfrutaba, así que lo hice invertido para que vea todo mi culo.

    -«Dame nalgadas papi»

    Empezó a dejarme las nalgas rojas y me encantó que lo haya hecho, porque la verdad que me encanta.

    -«Papi, quiero que me pongas en 4, por favor»

    -«Claro que si».

    Me puse en 4 y nuevamente las embestidas brutales que me daba. Yo ya estaba cerca de venirme y le decía.

    -«Me vengo papi, no pares por favor, no pares que me vengo».

    Después de unos minutos me vine y el seguía sin importar nada, me gustaba que sea así de salvaje. Después me dijo:

    -«Me vengo puta»

    -«Dame leche en mi boca por favor»

    -«Quiero darte en la cara puta»

    Así que me puse de rodillas y empecé a chuparla para acelerar y cuando se iba a venir, puse mi cara y sentí todo su esperma caliente en mi casa. Se lo chupé para dejarlo limpio y le dije que me toma una foto de mi cara con todo su semen.

    Yo estaba súper contento de poder hacerlo con él. Así que descansamos un poco, mientas yo estaba descansando el me tocaba las nalgas. Después de 1 hora, ya era hora de irme. Pero yo me había quedado con las ganas de tomar semen.

    -«Papi antes de irme puedo chupártela poque quiero leche»

    Él se sentó en el sofá y yo mientras lo chupaba yo lo miraba con una cara de puta ansiosa. El me agarró y me puso en 4 y empezó a follarme como nunca. Así que nuevamente empezamos a follar y disfrutar de un momento más rico.

    Me puse boca abajo y me la metió y yo gemía despacio. Nuevamente le pedí que me diera su leche.

    Así que me puso de rodillas y me dijo:

    -«Abre a boca puta»

    -«Dame leche papi»

    Sentí todo su semen en mi boca y me lo tragué.

    Al terminar, me cambié y traté de salir de su casa de manera sigilosa para que no me vean.

    Espero les haya gustado mi experiencia.

  • Sumiso con el pene grueso y rico de mi hombre maduro (7-8)

    Sumiso con el pene grueso y rico de mi hombre maduro (7-8)

    Sentía las paredes de mi culo estaban muy abiertas, tener dos penes grandes y gruesos en mi culo, era un reto, duramos un poco más follando en esa posición hasta que, me bajaron y me fui hasta la cocina, Calvin me llevo cargado y me iba besando, ellos se quedaron en la sala viendo la TV, Sentía que estaban comentado de mí y Calvin le dice a Dirmero que tiene suerte de tenerme.

    Una vez terminando el desayuno, se los llevo hasta donde están, comemos y me siento en medio de ellos dos, hablamos y nos reímos mucho, hoy nos toca una faena sexual muy dura y placentera, al rato mis dos hombres se levanta y van a la cocina a lavar los platos, yo los espero con ansias, y cuando regresan a la sala, lo estoy esperando con mis nalgas para que me vea en plenitud, los dos se vienen y empiezan, Calvin mete su glande en mi culo, el mismo ya estaba abierto por qué se adaptó al miembro grueso y rico de Calvin, empieza a meter y sacar con mucha suavidad, y luego con fuerza, así estuvo un buen rato mientras chupaba el pene de Dirmero, le daba lengüetazos y ricos besos en su glande.

    Dirmero se sentía emocionado con tan espectacular mamada rica el cual le daba, hubo un momento que sentía el pene grueso de Calvin un poco apretado, estuvimos toda la mañana cogiendo duro Calvin termina llenando de leche mí culo, Dios, fue mucha esperma que recibí de su hermoso miembro, mi hombre se dirige hasta mí ano y empieza a lamer para mezclar con mucha saliva, Calvin se sienta para ver cómo cogemos Dirmero y yo, acá empiezo a mamar muy rico el pene de mi hombre, le hago mamadas profundas, el pene de mi pareja es grande, y en mi mente estaba que tengo que meterme lo que pueda de ese tronco lleno de saliva en mi garganta, me coloco boca bajo dejando ver ese hermoso pene de Dirmero y le digo, amor quiero que metas todo lo puedas en mi boca, está emocionado, empieza a escupir su mano y llevar saliva espesa, en todo su esplendor y rico pene, una vez lubricado me acomode para recibir todo lo que pueda de su miembro, empieza a meter y yo recibo lo que pueda de su pene, me estaba empezando ahogar y luego controlé para recibir todo su pene hasta mi garganta, Calvin estaba alucinando, se acercó y veía como me estaba tragando todo el pene de Dirmero, ya tenía más de la mitad de su miembro dentro de mi boca, lo sacaba y metía, fue muy placentero y rico para mí, llegando un momento en que termino dentro de mi boca y me trague todo su semen.

    Quedé muy excitado, le digo a Calvin que cojamos rico y duro, que mi hombre nos va a ver, en la sala tenemos un colchón para estar más libre, lo tome por el pene y lo jale hasta donde estaba acostado, lo tumbe y empecé a mamar rico su hermoso miembro, empecé hacer mamadas profundas y ricas llenas de babas, estuve un buen rato chupando, luego me voltee y le dije, Calvin mete tu pene rico, le escupí su glande y lo deje lleno de saliva, una vez abierto y a disposición mis nalgas totalmente para su pene, en el procede a meter su glande en mí culo, y entró con facilidad este pene ya tenía la entrada libre en mi culote, me cogía duro y rico, Dirmero se acerco hasta donde estaba y me empieza a besarme rico, tenia el pene flácido, y me lo mete así en mí boca, empiezo a mamar rico y su pene empieza a ponerse duro, estaba gozando mucho, otra vez tenía el pene grueso y rico de mi hombre y el de Calvin para mí todo, así mismo estuvimos un rato, nos levantamos y le dijo a Calvin, quiero que te cojas a Dirmero, se prepara mi hombre para ser embestido por el tronco de Calvin, le ayudo abrir las nalgas de mí hombre para ver cómo introduce el enorme pene este negro hermoso a Dirmero.

    Dirmero estaba listo para recibir todo el pene de Calvin, ellos a tenían coito, desde hace tiempo, empiezan a coger rico, los veo y me emocionó muchísimo, mientras cogen rico, beso a mi hombre, chupo su lengua y el gime mientras recibe penetración dura.

    Hacemos una pausa y descansamos un poco para tomar energía, decidimos pedir comida a domicilio para comer algo diferente, mientras esperamos el pedido, Dirmero va a la ducha a lavar todo el cuerpo y yo me quedo con Calvin en la sala, aprovecho y besar su rico pene, le doy ligeros besos en la punta del pene, un poco flácido y botando líquidos preseminales aprovecho en seguir succionando mientras esperamos la comida, Dirmero sale del baño y me ve que estoy mamando el glande de Calvin, hago una pausa y comento que voy al baño para asearme, Calvin accede a ir conmigo y Dirmero se queda en la sala para esperar el pedido de comida, le doy un beso a Dirmero para mí aprobación y el me dice que coja rico y que piense en él, ya en le baño Calvin y yo, nos duchamos y nos lavamos bien para estar limpios, una vez duchando nuestros cuerpos, me pongo en cuatro, y espero que meta su pene rico y grueso, doy un grito de susto porque está vez lo sentí todo adentro y más grueso, Dirmero va hasta el baño y pregunta que ha Pasado, le dije que Calvin metió su pene hasta el fondo en mi culo, y el estaba conmigo y me da aliento para que pueda continuar dejándome meter el pene grueso de Calvin, me salva la campana y suena el timbre del apartamento, llegó el pedido de la comida.

    Hacemos una pausa y descansamos para alimentarnos, Dios fue muy placentero y doloroso sentir el pene de Calvin, me gusto mucho y sentí un poco de dolor, descansamos mucho, yo estaba un poco agotado, después de comer, le dije que me voy a dormir, me fui al cuarto de baño me duche y me acosté quedándome dormir, a mis dos hombres de pene grueso los dejé en la sala para que estuvieran solos, le juro que me quedé dormido hasta el domingo, me levanté a las 9 am, cuándo despierto observo que Dirmero y Calvin están dormidos a mi lado desnudos y con el esplendor de sus penes grandes y rico, los veía tan espectacular y lindos que me levanté y le di a cada pene un beso rico, me fui al baño y abrí mis nalgas frente al espejo, logrando ver cómo estaba abierto mi ano, igualmente abrí la ducha caliente y lave mis nalgas, la rasure un poco y luego salí del baño, para aplicarme aceite de coco para que tengo un olor muy rico, siempre me hecho crema por todo el cuerpo para estará aseado, y tener un olor muy limpio, también suelo colocarme un poco de labial en mi boca con un color medio rojo para provocar a mis hombres y estar disponibles para ellos.

    Me fui a la sala para estar viendo una película y esperar que ellos despierten, luego de dos horas ellos llegaron y se sentaron a mi lado desnudos, me saludaron y me dieron besos ricos, yo tenía puesto mi hilo dental para que ellos vieran que estaba listo para la acción.

    Nos relajamos un poco, hablamos comimos y como ya es el día final, domingo de bendiciones teníamos que hacer una sesión de sexo fuerte y puro muy diferente, en realidad estaba un poco triste porque sabía que estar con dos hombres de pene grueso y rico no es fácil, porque no cualquiera está con hombres de estos calibres, Calvin empezó a masajear suavemente mi ano, se sentía muy rico sentir sus dedos gruesos y llenos de crema para ampliar mi ano.

    Continuará.