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  • Raquel pierde los tapujos

    Raquel pierde los tapujos

    Raquel era diferente a Silvia en cuestión de sumisión en el acto sexual. Ella le gustaba que le informara de ante mano algo nuevo que íbamos a explorar. Silvia era más simple, ella se entregaba toda. Raquel me citó en su casa el sábado por la tarde, su hija Karla, se había ido con amigas de la universidad a otra ciudad y no volvía hasta el viernes. Raquel no sospechaba que Karla haya sido la “otra” que estuvo presente en la última sesión de sexo, así que la relación de madre e hija era normal a pesar que la chica comenzó a estar más fuera de casa en sus días libres. Por su parte Karla, no sabía qué hacer cuando las dos estaban juntas en casa y estaba casi segura que su madre sospechaba algo.

    La soledad, los celos y el tiempo de sobra hizo a Raquel llamar a Héctor para pasar un tiempo juntos. Ella siempre tuvo reparos de estar con él por ser amigo de la familia. Pero con él, ella había despertado su apetito sexual, volviendo a sentirse mujer sin importar las perversiones que hacían juntos. Un sentimiento de culpa le invadía después de estar juntos, porque su madrecita que estaba en el cielo que vaya a pensar. Y no solo eso, que pasaría si la gente, sus conocidas, se enteraran que le gustaba que la cogieran por el culo. Al mismo tiempo, muy dentro de su ser, le picaba la lengua contárselo a una íntima amiga para darle celos.

    Su joven amante llegó a la hora pactada, 2 pm. Introdujo su auto en el garaje de la casa, abrió la puerta y se fue al baño a ducharse. A Héctor siempre le gustaba bañarse antes de tener sexo, o venía ya limpio duchándose antes. Esto no fue nada extraño para Raquel que lo esperaba de rodillas en el piso, con el vientre sobre el colchón al pie de la cama. Solo vistiendo un calzón blanco, estilo dental que cubría su cuerpo.

    Su cuerpo se puso rígido por saber lo que se venía al escuchar pasos en la sala, ya se lo había dicho a Héctor que es lo que ella quería. Raquel se sentía sucia de todas esas ideas morbosas, pervertidas y pecaminosas que rondaban en su mente. Necesitaba un hombre que la corrigiera, que la haga sentir mujer, rompiendo con todas esas barreras cucufatas con la que había crecido. Y quien mejor que Héctor, un hombre más joven, con mucha vitalidad y del cual siempre ella admiró y secretamente se enamoró muchos años atrás.

    Las nalgadas comenzaron en los dos cachetes, su culo se enrojecía y ella gritaba rígidamente aguantando el dolor, como si golpease el dedo meñique del pie a cada rato. Era el mismo sonido que emitía cuando se la cogían por el culo. Por momentos soltaba gritos muy femeninos cuando ya no resistía más el dolor y el placer. Movía el culo para arriba al sentir el aire que empujaba la mano castigadora, estaba rojo de placer. Héctor la agarró de sus cabellos ondulados y jalando para atrás, las nalgadas se intensificaron hasta hacerla gritar sin control.

    Rápidamente le apartó el hilo del calzón para entrar completamente en ella, mojada del placer. Con una mano apoyando todo su peso sobre cuello, Raquel era asfixiaba mientras sus gemidos sordos llenaban a ambos de placer. Ojos bien abiertos eran la señal que estaba por desmayarse, Héctor la soltó y cachetadas llovían sobre sus mejillas. Raquel jadeaba del placer, casi llegando al orgasmo. Así como de rápido comenzó, su amante saco repentinamente su miembro de ella causando que Raquel busque con su mano el pene de Héctor para tenerlo otra vez a dentro.

    Esta vez Héctor no la perdonó y le dio de alma con sus manos en las nalgas. Raquel trataba de evadirlas moviendo el culo para arriba tratando de pararse, pero su amante la tenia de los pelos bien sujetada sobre el pie de la cama. El castigo no paraba, Héctor sudaba, Raquel gritaba. Le abrió las piernas para darle cachetazos a su vagina, la vieja mostraba su desesperación mediante gritos que inundaban su casa de dos plantas. Las cachetadas a su vagina eran mojadas, Raquel disfrutaba todos esos estímulos, sus gritos la dejaban sin aliento, de pronto todo paró y pudo tomar un respiro.

    Héctor alzó a Raquel para luego tumbarla de espaldas para la cama y en posición “G”, con sus pantorrillas sobre el hombre de Héctor, Raque recibía toda su furia. Con ambas manos apoyando todo su peso en sus piernas, su amante la penetraba como nunca. Las propias rodillas de Raquel chocaban con sus hombros, ella se sentía que la iba a romper. La artritis y sus dolores se mezclaban con el placer y de hecho el orgasmo que no tardaba en venir. Todo su cuerpo quemaba, sus gigantes pechos se hinchaban y Héctor se los apretaba con rabia. Las manos de su amante dejaron de empujar su cuerpo para presionar con una mano su cabeza a la cama y con la otra meterle dos dedos a su boca. Raquel sentía candela pura y no quería parar hasta el orgasmo así que ella misma se agarraba las piernas para tener a Héctor todo adentro. Los gritos se entrecortaron, Raquel sintió una explosión dentro de que hizo temblar su cuerpo, abrir su boca y mirando hacia arriba se vino…

    Héctor se retiró de ella para verla como se sacudía lentamente sobre la cama, agarrando sus propias piernas como si tuviese 40 de fiebre. Raquel tembló por unos minutos, se sintió más mojada de lo normal, ella había hecho “squirting”. Se sintió como una chica de 20 y esas de videos porno que veía en sus solitarias noches.

    Después del temblor, Héctor posicionó a Raquel en cuatro patas sobre la cama y con la cabeza sobre edredón mojado con sus jugos. Con el cinturón de sus pantalones, Héctor azotó a la tetona varias veces. Su cara se embarraba en las colchas con cada azote, sus puños las apretaban las cobijas, sus gritos salvajes era camuflados al morder la cama. Sus nalgas cafés pasaron de rosado a rojo, ella recibía cada correazo lo mejor que podía, las lágrimas no faltaron, pero ella no salía de esa posición, con el culo bien arriba recibía todo con gusto. Un par de minutos después, Héctor se acercó y de los pelos la volteo boca arriba, puso sus huevos sobre la boca de Raquel y ella los lamió desesperadamente. Y ocurrió lo impensable para Raquel.

    Su amante se corrió en dirección hacia su cabeza dándole su ano para que se lo lamiera. Las manos de Raquel se levantaron en protesta y con sus ojos cerrados se rehusó hacerlo. Héctor se levantó, la miró fijamente y con dos cachetadas la puso en su sitio para retomar la posición anterior. Le llevo su mano izquierda hacia su pene, y Raquel con los testículos en sus ojos, trato de darle el beso negro lo mas que pudo mientras le daba una paja con su mano. Héctor no había hecho con nadie esto, y tenerla en esta posición lo excitó bastante pero no quería terminar la sesión todavía con Raquel. Por el otro lado, la vieja le gusto verlo disfrutar, así como ella lo hacía cuando se lo comían a ella.

    A jalones de pelos, el joven puso a la vieja al borde de la cama con el cuello colgando para afuera. Raquel no había estado en esta posición, aunque todo era casi nuevo para ella en cuestión de sexo, nunca había experimentado esto. Ella pensó que iba ser un 69, como antes lo habían hecho de forma tierna, pero no tampoco se esperó lo que iba a pasar. No debería haberle causado sorpresa, ya que su mensaje fue claro para Héctor en el trato acordado. Otra cachetada en su mejilla derecha la despertó del sueño, y con la cabeza colgando fuera de la cama, recibió primero el glande de su hombre y luego más y más su miembro.

    Con las tetas apretadas y un dolor intenso en su pecho, Raquel tomaba cada empuje del pene como podía. Su respiración era agitada, su garganta expresaba placer y des confort al mismo tiempo. Se asfixiaba de tener ese pedazo de carne casi dentro de su garganta en cada metida y sacada. Sus ahora ojos rojos se llenaban de saliva que chorreaban de su boca. Héctor no la estaba perdonando, se la metía hasta el fondo de su boca, dejándolo por momentos más de 20 segundos y al mismo tiempo le exprimía sus grandes tetas mezclando el placer y el dolor al mismo tiempo. Su boca se estiraba, parecía romperse pronto. Por momentos parecía que iba a vomitar, se tiraba a un lado para zafarse de la posición y poder respirar. Cachetadas le caían después de este desaire al placer de su macho, para luego repetir las acciones y llenarse de mocos y saliva. Le paso por la cabeza si esto hacía con Silvia…

    La boca de Héctor fue a la vagina de Raquel, un par de dedos a su ano y con todo el peso sobre ella, Héctor bombea su boca como nunca lo hacía con sus otros dos orificios. Raquel allí descubrió que su a amante le excitaba mucho dominarla de esa forma. Su chucha era lamida, mordida y golpeada mientras su boca recibía el castigo mayor. Su cabeza estaba por explotar por tanto abuso, sentía los ojos se le salían, sus cabellos rizos estaban embarrados de sudor, saliva y moco. Pensaba que pene le iba entrar hasta el esófago y mientras se la dejaba dentro de ella, su amante le tocaba con una mano su garganta para ver hasta donde llegaba su miembro. Raquel no pudo soportar más, en una de esas se zafó con las pocas fuerzas que le quedaban y se tumbó de la cama para sentarse en el piso y toser desesperadamente. Le faltaba el aire, se estaba atorando con tremendo pene en su garganta. No vomitó de milagro para sorpresa y alegría de ambos amantes. La vieja no tenía reflejo nauseoso, algo que la hacía diferente a Silvia.

    En el piso y sin aliento, tomó un poco de agua que Héctor le brindó y una vez ya mejor, la sujetó de los cabellos y la puso en cuatro patas con la cara mirando hacia la cámara que estaba filmando el encuentro. Abriéndole las nalgas y escupiendo en el ano de Raquel, Héctor comenzó a penetrarla. La tarea no era fácil y a falta de lubricador, su amante le “lavo” la cara con su mano y toda esa saliva recolectada se la unto en su ojete. La gallina vieja estaba apretada, el glande entró con mucha dificultad, Raquel se quejaba tras varios intentos. Anteriormente su ano era lubricado y jugueteado con unos dedos antes de recibir verga, esta vez, el trato fue diferente. Con todavía esa sangre de tos en la cara, Raquel miraba a la cámara con dolor y desesperación. El glande ya estaba adentro, adicionales escupitajos se agregaron al tronco de su amante. Raquel por un momento bajo la mirada porque el dolor era intenso. De los mechones Héctor le levantó la cabeza para que mirará la cámara mientras poco a poco comenzó a meter su miembro hasta que todo estaba dentro del culo de la vieja. Raquel apretaba los dientes y cerraba los ojos.

    Repentinamente, Héctor sacó su pene dentro de ella haciéndole sentir un ardor en su ano produciendo un grito y un suspiró que resonó en el dormitorio. Raquel puso la frente al suelo para sentir el refrescante piso de madera. En eso escucho un sonido, era un consolador de color fucsia de 7 pulgadas que Héctor enseño en la cámara. No pasó mucho para metérselo dentro de su vagina provocando un rico placer en Raquel. Sus ojos comenzaron a ponerse blancos del placer, un par de escupitajos más, el pene de Héctor trataba de entrar otra vez. El placer ahora se combinaba con el dolor que causaba el rompimiento de su culo. El glande entro lentamente, sus gritos eran intensos, decía lisuras y palabras sucias mientras Héctor trataba de estar completamente adentro. Sin condón y sin lubricante la completa penetración tardó unos minutos. Raquel ahora con los ojos cerrados, y con lágrimas en los ojos gritaba de placer y dolor al mismo tiempo. Pensó que su culo iba a explotar. Miraba a los costados con desesperación buscando ayuda, gritar la varias veces la palabra “NO” no tuvo efecto.

    Héctor estaba poseído, se la sacaba casi hasta el glande para penetrarla otra vez con mucha fuerza. El amante estaba en su mejor momento físico y lo estaba demostrando ante la cámara. Raquel por su parte gritaba desesperadamente, pero no un grito de niña sino de una mujer en celo. Parecía por momentos un burro emitiendo sonidos de su garganta, se tiró al piso porque sus rodillas flaquearon, Héctor no detuvo el ritmo, más bien lo intensificó. Entrelazando sus pies entre los tobillos de su vieja, Héctor la bombeaba en el piso. Ambos cuerpos rebotaban el piso de madera, el sonido mojado de la piel sobre el piso era un condimento especial. Raquel estaba en lágrimas, mordiéndose los dientes y ahora mirando a la cámara con los ojos cerrados luego de que Héctor le levantara su cara para que la vean. Con la lengua en su oído de Raquel, un estímulo que funcionaba maravillas con su amante, Raquel comenzó a temblar de placer mientras sus dos orificios estaban llenos. Una mirada de Héctor y una pequeña sonrisa delataban su intención frente a la cámara.

    Raquel no sabía cómo estaba resistiendo el abuso, la estaban rompiendo, sus senos eran apachurrados contra el piso, su chucha estaba rellena, así como su ano, la cadera la tenía a morir y pensaba que algo se le iba a descolgar además de su ano. Con las dos manos, su rostro fue puesto en el suelo, Héctor estaba por venirse y lo hizo casi simultáneamente con Raquel. Ella pudo contar al menos 3 orgasmos mientras estaba tirada como un objeto sexual. Mientras su ano era llenado de semen, sus cabellos eran jalados para atrás como si fuera un caballo. La admiración de su amante fue expresada con un par de cachetadas en su mejilla izquierda. Raquel sentía como el miembro de su amante disminuía de tamaño dentro de ella.

    Karla estaba disgustada de que su mamá sea una puta y de que se deje tratar así. Durante todo el video quiso cerrar la laptop y salir corriendo. Por alguna razón no lo hizo, sus calzones estaban mojados y sus pezones duros. No le encontró explicación a lo que sentía, entre el dolor de ver a su madre y su propio placer al verla. En su mente, no culpaba a Héctor por haberla hecho testigo a esto ya que este le pregunto antes si quería vero, así que decisión fue de ella misma.

    La imagen se cortó justo cuando su madre toda lagrimosa, miró a la cámara después de quedarse tirada en el piso del dormitorio. La imagen siguiente, dejo a Karla atónita. Raquel aparece bebiendo semen en un vaso de vidrio. Karla no podía creerlo… ¿Eso era el semen de su propio ano?

    La chica volvió a su teléfono para ver el texto de Héctor. El video fue hace 3 meses, ahora su madre se iba a ir fuera del país para visitar familiares y había dejado encargado a su amante de regar sus plantas. Héctor le dejo las fechas y horas en la cual iba estar en su casa de ambas, Karla y Raquel. Ahora todo dependía en Karla si deseaba pasar por casa para estar con Héctor y así ella también experimentar el placer que su puta madre disfrutaba con él.

  • La visita de una tía inesperada (2)

    La visita de una tía inesperada (2)

    Luego de la increíble noche que habíamos pasado con mi tía, nos sentamos a tomar unos mates y charlar, para esto ya era como el medio día y nos llaman diciendo que vayamos a almorzar con la familia, ella que es a quien llaman, les dice que recién nos estábamos levantando y tomando unos mates, que en cuanto terminemos vamos para allá, ahí es que me dice que lo de anoche fue maravilloso y realmente la hizo sentir una mujer completa, pero que estaba mal, porque yo era su sobrino, porque estaba pasada de alcohol, porque se sentía despechada, porque ella no es así, etc., etc., etc.

    Miles de motivos más por lo que lo de anoche no decía repetirse, yo solo escuchaba y le di mis argumentos de que fue lo que pasó anoche, que si bien estábamos bastantes pasados de copas, es lo ambos deseábamos con muchas ganas aunque no hubiéramos tomado alcohol, (ella asintió con la cabeza y me sorprendió), le dije que es una mujer muy atractiva y sensual, que cualquier hombre desearía cogerla, que desde adolescente me encantaba su culo y soñaba con cogérselo (aunque no era verdad, ya que de adolescente yo la veía como mi tía y no como mujer), que fue muy hermoso lo que pasó esa noche y que nunca una mujer me había hecho sentir así, que fue el mejor sexo de mi vida y que iba a quedar grabado por siempre en mi, bla bla bla, muchas cosas más.

    Cosa que ella interrumpe y dándome un beso en la boca me dice, «tratemos que no pase», ahora vamos que hay que almorzar con la familia, su beso y su frase me confundieron, pero bueno, nos bañamos y fuimos a almorzar con la familia, pasamos una linda tarde, charlamos bebiendo menos que el día anterior y comiendo de todo un poco.

    En un momento coincidimos ella saliendo del baño y yo entrando, y como algo instintivo le agarro su gran culo, ella se da vuelta y creí que me diría algo, por el contrario, me regaló una sonrisa y en ese momento supe que habían surtido efecto todos los motivos que le había dado para seguir con nuestras noches de sexo, al entrar la tarde ella me dice, «ya estoy muy cansada, vamos así me recuesto un poco», si claro, y saludando a todos nos vamos, al llegar a casa me dice, pone para tomar unos mates (como toda persona del interior).

    Lo hago y nos sentamos a tomar, ahí entre charla y charla me cuánta muchísimas cosas de la familia de las cuales yo no tenía ni idea, casi me hace desmayar con todo lo que me contó y que hicieron que de ahí en más, mire diferente a toda mi familia, me cuenta que mi abuelo se cogía a todas sus hijas (incluida mi mamá), que mi tío siempre se cogió a mi tía que cumplió 50 años, que ella se había cogido a varios sobrinos (ahora incluido yo), y que sabía que había sobrinos que se cogían entre ellos, incluso a uno que le gustaba la pija y se lo cogía un tío, toda esa conversación me desoriento y me calentó a la vez.

    Así que de golpe agarré su cabeza y comencé a besar sus labios con mucha pasión, ella me saca y me dice que no, que espere a la noche que tenía una sorpresa para mi por ser tan buen sobrino.

    Llegada la noche, después de cenar algo tranqui, mi tía va al baño y al rato vuelve, me agarra de la mano y me lleva a mi habitación, una vez ahí me abraza y me besa con gran pasión, yo devolvía sus besos y a la vez agarraba y acariciaba su enorme culo, realmente parecía un adolescente que estaba por coger por primera vez y sobre todo a su tía, luego de un rato ella me pide que me saque la ropa, cosa que hice con gran velocidad, me recuesta en la cama, y empieza a lamer y chuparme la pija con gran maestría, como solo ella lo sabe hacer, me hacía volar de placer.

    Cada vez que metía toda mi pija en su boca era indescriptible la sensación, solo ella supo cómo darme tanto placer con su boca (en otro momento me contó que había aprendido mucho con un amante de muchos que había tenido en su provincia, y la había hecho hacer de todo en el sexo y que en otra ocasión les contaré la conversación), subía y bajaba con su lengua sin olvidarse de los huevos que lamía y los metía dentro de su boca para no dejar de disfrutar cada milímetro de mi pija, en lo mejor que estaba disfrutando empiezo a sentir algo extraño.

    Era mi tía que intentaba meter un dedo en mi culo, con una mano trato de sacarla haciéndole saber que no quería, pero no le importo y siguió con su trabajo, era una sensación entre dolor por el dedo en el culo y placer por como me chupaba la pija mi tía, de a poco se fue transformando todo en placer, parecía que la pija me quería explotar, nunca había sentido algo así, tenía la pija hinchada, venosa y bien colorada, a los pocos minutos la forma en que acabe fue increíble, nunca había largado tanta leche que fue a parar a la cara y pelo de mi tía, a las sábanas y sobre mi.

    Ella muy gentilmente me la limpia con la lengua y me dice «te gustó mi sorpresa», lo que respondo «me encantó, pero yo te quería coger, no acabar tan rápido», quédate tranquilo me dice, que recién estamos empezando y hay más sorpresas, y al decir esto se la vuelve a meter en la boca, esta vez la chupaba muy suave y lo disfrutaba mucho ella, se le notaba en la cara, luego de un rato y con mi pija algo flácida esperando que se vuelva a reponer, me dice ahora se viene la segunda sorpresa, y sacándose la tanga me indica que le chupe la concha.

    Algo que deseaba con toda mi alma, pero justamente para mí sorpresa ya no estaba esa mata de pelos del día anterior, su concha estaba suavecita y lisita, se ve que se había depilado cuando fue al baño, solo para que yo me deleite con ella, la suavidad al tacto de mi lengua fue glorioso, su humedad, su sabor, era todo lo que esperaba y más, me encontraba devorando el clítoris de mi tía como nunca lo había hecho, subía y bajaba, metía mi lengua hasta lo más profundo de su ser y ella lo agradecía con sonoros gemidos, realmente estaba en un éxtasis saboreando su concha, luego de varios minutos y ya repuesto de mi primer acabada me decidí a cogerla, cada vez que entraba en su interior totalmente mojado era un placer indescriptible, no quería parar y lo hacía cada vez con más fuerza hasta arrancarle su primer orgasmo, que deseaba sentirlo y disfrutarlo, todos sus jugos empapándome era lo que ansiaba.

    Y continúe con el frenético mete y saca para que se extendiera por más tiempo, estuvo más de un minuto acabando en forma ininterrumpida que ambos disfrutamos, al bajar la velocidad ella cambia de posición y se sube en mi para clavarse mi pija hasta lo más profundo, se movía de adelante para atrás en una forma única, no paraba un segundo y con gran fuerza haciendo que mi pija sienta como chocaba con sus órganos uterinos, no se hizo esperar su segundo orgasmo y cayo desplomada sobre mi, era espectacular como lo estábamos pasando, tanto sexo y lujuria que nunca había imaginado que ella lo tendría.

    Yo me movía muy lenta esperando que ella se repusiera, me besaba diciéndome que realmente la estaba haciendo feliz, era una mezcla de ángel y demonio que había en su interior y yo disfrutaba de ambas, ella se baja sin dejar de besarme y se recuesta a mi lado, pero yo no quería dejar pasar la oportunidad de coger su gran culo, así que la tomé de la cintura y la hice arrodillar en la cama, ella sabía muy bien lo que deseaba y con las fuerzas que le quedaban me sorprendió abriéndose las nalgas con ambas manos, mi visión de ese culo abierto de par en par era extraordinaria y mi excitación se multiplico.

    Apoye la cabeza de mi pija en su entrada y de a poco la fui metiendo con más facilidad que la vez anterior, era un monumento al culo el de mi tía, y yo lo estaba cogiendo como deseaba, no para un instante, y sus nalgas chocando contra mi era la mejor sensación del mundo, estaba tan excitado que a los poco minutos ya estaba a punto de acabar, y se lo hago sabe a mi tía, pero para mí sorpresa ella se sale y mete mi pija en su boca esperando mis descargas que no tardaron mucho en llegar, era hermoso ver su cara con mi pija en la boca tomando toda mi leche, es algo que no se me va a borrar nunca de mi mente, cuando ya no me quedaba ni una gota, también caí desplomado, así abrazados nos quedamos en silencio mirándonos sin poder creer lo que estábamos viviendo, nos besamos unos segundos y nos dormimos.

    Al día siguiente yo debía trabajar al medio día, así que nos levantamos, desayunamos y salí, diciendo a mi tía que trataría de volver pronto para que no quede sola, pero al volver ella me sorprende, pero eso se lo cuento en la próxima.

    Si les gusto espero que me lo hagan saber.

  • La licenciada esconde un secreto (parte 1)

    La licenciada esconde un secreto (parte 1)

    Estaba cansada como cualquier otro día, la espalda me mataba, resultado de usar tacones el día anterior, según yo estoy acostumbrada a ello, no quería levantarme de la cama, eran las 6:20 am, sabía que en 10 minutos sonaría la alarma, me dispuse a intentar dormitar los 10 minutos que podía, no lo conseguí, me sentía cansada, incomoda y algo extraña.

    Pude notar con algo de asombro que mis bragas amanecieron algo húmedas, algo fuera de lo normal a decir verdad, no me sucede desde la adolescencia, intente convencerme que quizá sea por el periodo que estaba cerca, pero luego recordé la fecha, el periodo aun no debería llegar, así que revise con curiosidad, decidí introducir la mano por debajo de mi calzón blanco, (usaba un calzón tipo pantaleta para dormir, los típicos de abuelita).

    Noté que había una sustancia de aspecto viscosa en mi calzón, que salía de mi vagina, mientras examinaba, sin querer rose mi vagina a lo que la sentí muy sensible, palpe con cuidado mis labios, estaban muy húmedos y sensibles, deslizaba el dedo lentamente desde el clítoris hasta la entrada de mi vagina, ese movimiento empezó a provocarme y no tuve remedio más que acariciar mi clítoris con cierta desesperación y ansia al sentir toda esa excitación, ¿que lo habría provocado? Algún sueño quizá, pero la pregunta real era ¿con quién había soñado?

    Seguí masturbando mi clítoris un par de minutos, hasta que muerta de ganas, tome de mi mesa de noche mi juguete favorito , un dildo de silicona de unos 17 cm de largo y al menos 5 centímetros de diámetro, con tal humedad la penetración fue sencilla, me introduje el juguete hasta el fondo, escuchaba el rechinar de mi vagina con tal humedad, generaba sonidos chirriantes y sensaciones húmedas, me introducía el dildo una y otra vez hasta que conseguí el orgasmo y al unísono de un gemido mío sonó la alarma, habían dado las 6:30 am y debía arreglarme para el trabajo.

    Me levanté, fui al inodoro como de costumbre cada mañana, me metí a bañar y mientras tallaba mi cuerpo pude notar esa sensación de nuevo, tenía los pechos súper sensibles, apenas el roce con el jabón me provocaba un jadeo y querer morder mis labios, el jabón vaginal que usualmente uso me hizo sentir más sensible la vagina, algo estaba pasando me y yo no sabía que era, ¿Por qué me sentía tan excitada y deseosa?

    Mi itinerario era algo ajustado así que no pude darme cariño durante el baño, lo cual me dejó algo frustrada, seguía sintiéndome muy excitada y deseosa lo que me provocó ganas de ponerme ropa muy sexy, busque entre el cajón de mi ropa interior algo que me hiciera sentir súper sexy, sabrosa y buena, soy de las chicas que ordena su ropa interior por tamaños y por color, decidí elegir una tanga satinada de color negro, tenía unos tirantes cruzados y muy sexys, en la parte de atrás tenía una argolla que unía todos los tirantes, incluyendo el que bajaba por el culo y se mete entre las nalgas, decidí ponerme un liguero a juego, satinado, negro y sobrio, elegí unas medias lisas, negras que tenían un brillo especial, ahí estaba yo, viéndome a mí misma en mi espejo de cuerpo completo, me excitaba con mi propio reflejo, verme tan sexy envuelta en esa lencería que parecía una segunda piel en seda hecha solo para mí, viendo aún mis pechos al aire que con solo la brisa ya se sentían estimulados.

    Nuevamente mis alarmas me sacaron de mi delirio y me continúe vistiendo, me coloque el brasier a juego, sabía que una lencería así solo podía lucirse con una ropa muy pegada, muy justa y a juego, por lo que elegí una minifalda azul marino pegada que apenas y me cubría las nalgas y unos centímetros de más por debajo, casi se notaban las tiras del liguero, continue, con la blusa que era azul cielo de botones, se transparentaba un poco mi brasiere a contra luz, decidí peinarme con una sola coleta, me gustan los accesorios elegantes por lo que solo me coloque una pañoleta en el cuello de la blusa, mi saco a juego con la falda, elegí mis tacones de charol negro, que me aumentaban por lo menos unos 10 centímetros de altura, estaba dispuesta a robar miradas en la oficina, y dejar a los hombres babeando, me sentía con mucha seguridad y muy sexy, pero aún me sentía muy deseosa, por lo que se me hizo una idea fabulosa asistir con un juguete escondido.

    Veía el reloj sabía que tenía el tiempo justo, así que lo tome como reto personal, afortunadamente tengo lubricante en mi buró así que trate de tardarme lo menos posible, hice a un lado mi tanga, me coloque lubricante en las yemas de mis dedos y comencé a lubricarme lentamente el culito, solo con esa acción pude sentir que nuevamente mi vagina se humedecía, decidí colocarme mi plug anal, lentamente intente introducirlo, el tiempo estaba en mi contra así que no podía esperar a que mi culo dilatara lo suficiente, así que apenas entró la punta, lo empuje lentamente hasta el fondo, lo cual me provocó un grito de dolor que luego se convirtió en placer, mi plug no es muy grande y tampoco es el más pequeño del mercado pero cumple su cometido, me mire el trasero contra el espejo y solo se veía aquella joya color rosa en medio de mis nalgas, sentía todo el corazón latiendo a toda marcha, un poco de sudor resbalaba por mi pecho, ya era tarde y ahí estaba yo en mi habitación gozando con esa penetración anal, debía irme pero aún me sentía incompleta.

    Decidí colocarme mi vibrador a control remoto en la vagina, ahora sí estaba lista para irme, me acomode la tanga y me baje la falda, tome las llave del auto e intente conducir sin distracción al trabajo, cosa que fue imposible, en cada cambio de velocidad, alto, tope y cruce sentía como aquel juguete con forma de pica se introducía en mi ano, baje de mi auto lo más rápido que me permitía aquel plug, tome el ascensor a mi oficina ya eran 5 minutos tarde, al menos no era tanto, entre a mi despacho y solo pude sentarme, trataba de fingir una cara lo más normal posible.

    Comencé mis labores, intente olvidar que tenía el plug anal puesto pero la tarea era imposible, cada que me movía o respiraba si quiera sentía como mi esfínter se comprimía contra el acero del plug provocándome una rica sensación en el culo, sentía como mi tanga se humedecía más, no pude evitar cerrar la puerta de mi despacho, sacar el control remoto de mi vibrador y comenzar con la velocidad más baja, poco a poco fui incremento la velocidad, hasta que involuntariamente solté un ligero gemido, oí pasos hasta la puerta de mi despacho y mi mente quedó totalmente en blanco hasta que se disipó toda la excitación cuando escuché que tocaban a mi puerta…

  • Mi novia se la chupa a un pibe

    Mi novia se la chupa a un pibe

    Hola soy Darío, 29 años, mi novia es Cami y tiene 25 años, somos una pareja liberal como ya conté en otros relatos y hoy les quiero contar algo que hicimos y me daba algo de miedo contar pero decidí hacerlo.

    Fue una tarde del verano pasado cuando con Cami estábamos cachondos y con ganas de algo nuevo entonces nos surgió la idea de salir y buscar un desconocido en algún lugar donde no haya mucha gente y ver cómo podíamos tener sexo con esa persona.

    Muchas veces habíamos ido a un parque de una ciudad vecina que tiene varios senderos para ciclismo, algunos de esos caminos se meten en un monte alejado dónde rara vez pasa gente caminando, solo algunos ciclistas. Decidimos que ese sería buen lugar, un día de semana donde no iba a haber casi nadie, pero conocíamos un sector donde hay rampas de tierra donde suelen ir chicos a pasar el rato con sus bicicletas.

    La idea era ver el panorama e instalarnos a descansar en algún lugar entre los árboles buscando si alguien nos viera y seguramente nos quisiera espiar. Allí fuimos y efectivamente no había casi nadie, solamente 3 pibes que daban vueltas en sus bicicletas, los cruzamos unas 3 veces por los senderos y note cómo miraban a Cami que tenía una calza que marcaba muy bien su culo.

    Decidimos parar a unos 20 metros de la zona de las rampas y nos adentramos en un pequeño camino unos 30 metros más entre los árboles más cerrados, pudimos ver a los chicos que nos vieron meternos por ahí aunque siguieron haciendo de las suyas, pero poco después los sonidos de las bicicletas no se escucharon más, pudimos ver a 2 de ellos que se alejaban camino a la ciudad, el otro no sabíamos dónde estaba pero sospechamos que estaba cerca o espiándonos, con Cami nos recostamos en una pequeña manta que llevamos y comenzamos a besarnos, pasados unos 5 minutos pude escuchar ruidos de ramas rotas como si alguien se acercara, nos hicimos los disimulados y seguimos con lo nuestro cómo si no escucháramos nada, fue entonces que pude ver al pibe mirándonos entre las plantas a unos 15 metros nuestro.

    Le dije al oído a Cami y eso la éxito mucho, ella se arrodilló y me pidió que le sacará fotos, empezó a hacer poses y yo le sugerí sacarse la remera, ella accedió y se la quito quedándose en corpiño, un deportivo negro que le dejaba bien paradas las tetas, yo daba vueltas a su alrededor sacando fotos mientras veía al niño observando a lo lejos mientras fingía arreglar su bicicleta.

    Le dije a Cami si se animaba a sacarse la calza y riéndose nerviosa me dijo que si, se sacó sus calzas y quedó con su tanga color azul y empezó a hacer poses para las fotos, sabíamos que el pibe la estaba viendo y nos moríamos de morbo, en ese momento pensé en ponerme a coger con Cami y dejar que nos espíe pero lo pensé un poco y dije, no vinimos para eso, la idea era buscar a alguien para ver si podíamos animarnos a algo más.

    Entonces me acerque a Cami y le pregunté si se animaba con el pibe, se puso muy nerviosa y lo dudo bastante pero sabía que estaba muy excitada mientras seguía en tanga y corpiño. Me dijo que le dijera al pibe que venga pero a ayudarnos con las fotos y luego veíamos hasta donde llegaríamos.

    Ella se puso las calzas y se quedó sentada mientras que yo tome mi bicicleta y me fui despacio por el sendero, el pibe me vio y se fue rápido hacia el lado de las rampas, yo fui hacia allá y él estaba andando y saltando como si no supiera que estábamos ahí, me pare a un costado y cuando paso cerca lo saludé y en poco se detuvo y me acerque para hablar con él, le pregunté por su bicicleta y por los trucos que hacía cuando saltaba, de cerca note que el pibe era muy chico y le pregunté su nombre, Nicolás y su edad, tenía 18 años, eso estuvo a punto de frenarme pero recordé que Cami estaba muy caliente y si la había convencido no podía dejarla sin nada.

    Le comenté a Nicolas que estaba con mi novia y le hable sobre su bicicleta, le dije que si quería verla estábamos cerca y el accedió a ir conmigo hacia donde estaba Cami, nos acercamos y Cami seguía en corpiño pero no sé preocupó por vestirse ya que era un deportivo y hacía calor, se saludaron y nos pusimos a ver su bicicleta, Cami solo reía mientras miraba su celular. Cuando ya me estaba quedando sin más que hablar sobre bicicletas le dije a Cami si se quería seguir sacando fotos, ella se río entendiendo la indirecta y me dijo que sí, pero que quería fotos conmigo también, entonces le dije a Nico si se animaba a ser nuestro fotógrafo, él enseguida dijo que si y nos pusimos a posar para algunas fotos sin importancia, Cami le decía que sacaba mejores fotos que yo entonces yo fingiendo estar enojado le dije bueno que siga sacando él jajaja.

    Y Cami le dijo a Nico, si mira las otras fotos salieron re mal y le hizo mirar hacia atrás las fotos del celular, pude ver en su cara cuando empezaron a pasar las fotos de Cami en tanga, miraba asombrado y sonreía. «Creo que te está viendo las fotos en tanga» le dije a Camí, ella fingió sorprenderse cómo que había olvidado esas fotos y le dijo «ay perdón esas fotos no eran jajaja» todos reímos y Nico dijo que no pasaba nada. Era la oportunidad y no quise esperar más, le dije a Nico que como era buen fotógrafo tal vez podía sacarle esas fotos a Cami nuevamente, Cami se río y él dijo que no tenía problema en ayudarnos.

    Cami tuvo un poco de vergüenza pero después de unas 10 fotos en corpiño, le dije, «dale sacate el pantalón», ella se sonrojó y se reía, «me da vergüenza» me dijo, Nico más en confianza le dijo también, «dale no pasa nada, no te preocupes», ella lo pensó unos segundos y finalmente dijo «bueno está bien» y comenzó a bajarse sus calzas de frente a Nico que la miraba como si nunca hubiera visto una chica desnudarse delante de él. Ella se quedó nuevamente en tanga y corpiño y empezó a posar para Nico que siguió tomando fotos aunque se notaba más nervioso. Le saco unas 30 fotos aproximadamente y no parecía querer terminar de hacerlo.

    Cami finalmente le pidió el celular y se sentó en la manta a ver las fotos, lo invito a sentarse y quedaron los 2 juntos sentados mirando el celular y yo un poco más alejado sentado en un tronco de un árbol mientras revisaba mi bicicleta, Cami por momentos me miraba y hacía caras como insinuándome algo pero no le podía entender, me acerque con mi teléfono en su chat abierto y un mensaje preguntando «que pasa?»

    Me escribió: «estoy re caliente», y me lo devolvió, volví a escribirle: «hace lo que quieras amor», me volví a alejar hacia mi bicicleta y pude ver cómo ella se sentaba más cerca de Nico que no podía parar de mirarle las tetas y ella fingía buscar algo en su mochila y se ponía en 4 patas dejando su culo entangado hacia Nico que estaba que explotaba, entonces como sabía que Cami no se iba a animar a empezar nada, tomé la iniciativa y fui por ella, me senté a su lado empecé a besarla con mucha pasión mientras Nico nos miraba, ella parecía estar re caliente y me comió la boca mordiéndome, la aparte de mi y se dio vuelta hacia Nico que también se acercó y la empezó a besar con muchas ganas, no podía creer que estaba viendo a mi novia con un pibe de 18 años comiéndole la boca.

    Aproveche como buen morboso que soy y tome la mano derecha de Nico y la apoye en el corpiño de Cami, él la besaba pero no sé animaba a hacerle nada más, entonces Camí se animó y tomando su mano se la metió debajo del corpiño haciéndole que le apriete las tetas, ella empezó a gemir y empezó a tocar la panza de Nico por debajo de la remera, él se empezó a soltar y fue bajando su mano hasta quedar arriba de la tanga de Camí, ella estaba sentada y empezó a abrir las piernas, yo me alejé y dejé que hagan lo que quieran, aunque me quede viéndolos.

    Cami siguió bajando su mano y empezó a tocarle el bulto por encima del pantalón, Nico seguía comiéndole la boca y empezó a tocar la concha de Cami por encima de la tanga, por la forma de gemir de ella me imaginé que estaría muy mojada en ese momento, y entonces la vi como se corrió la tanga y él empezó a meterle los dedos en la concha que ahora sí se escuchaba mojadita, Cami no aguantó más y bajo su pantalón dejando salir su pene que estaba erecto, la tenía de unos 15 centímetros aproximadamente y bastante ancha por ser un pibe.

    Nico empezó a masturbarla más rápido y ella no aguanto más y empezó a gemir casi gritando entonces se fue hacia abajo y fue directo a pija, se la empezó a chupar agarrándole los huevos y se la empezó a meter toda en la boca, él la masturbo muy fuerte y en unos 3 minutos le dio un orgasmo, ella siguió chupándola haciéndole garganta profunda y Nico empezó a suspirar muy fuerte y en unos 2 minutos acabo en la boca de Cami haciéndola escupir todo sobre su panza, los 2 se recostaron exhaustos por un minuto y luego Cami se reincorporo y empezó a vestirse, Nico hizo lo mismo.

    Lo salude con un apretón de manos y todavía tenía la humedad de la concha de mi novia, ella le dio un pico como cerrando todo y él se fue rápidamente en su bicicleta, 5 minutos después salimos nosotros a tomar el tren para volver a casa. Llegamos a casa y tuvimos sexo como corresponde para saciar mis ganas y para hablar de la calentura que le había dado a Cami dejarse tocar por un pibe de 18 años y haberle comido la pija hasta hacerlo acabar en su boca. Pasaron varios meses y no volvimos más al parque por miedo a encontrar al pibe, que seguramente le conto a sus amigos aunque probablemente nadie le crea que una mina de 25 años se dejó sacar fotos en tanga y termino chupándole la pija en medio del monte.

    Espero les guste el relato tanto como a mí me dio morbo cuando nos pasó y lo relaté.

    Saludos

    Darío

  • La amiga de mi señora

    La amiga de mi señora

    Cuando llegué a la casa las encontré una arriba de la otra, ambas me miraban con los ojos bien abiertos, estaban desnudas, mi señora estaba sobre su amiga, mi primera reacción fue de enojo, pero después lo pensé mejor.

    La amiga de mi esposa estaba casada con un buen amigo mío, siempre me llamó la atención por ser muy alegre y linda y tremendamente voluptuosa, era de esas mujeres desinhibidas, que existan sensualidad aunque no lo quieran y con mi señora eran las mejores amigas y confidentes, sabía que hace algunas semanas las cosas no estaban bien entre ella y mi amigo, al parecer él no la estaba satisfaciendo como ella quería, eso me contó mi esposa hacia unas noches mientras nos comíamos un pastel, además en esa ocasión me contó que esa amiga se había comprado un dildo de juguete para satisfacer sus deseos justo después de pelear con mi amigo, cuando me lo dijo pensé «pobre de mi amigo», luego pensé que si esa amiga fuera mi señora y tuviera ese apetito sexual, probablemente estaría todos los días siendo su dildo con accesorios.

    Lo que pasó es que poco antes de llegar ellas estaban hablando y riendo del dildo, las mujeres solas en general son muy explícitas en sus conversaciones, y la amiga de mi esposa sacó de su cartera el famoso juguete, entre risas una cosa llevo a la otra y al final la amiga de mi señora le terminó mostrando como usaba su dildo.

    – eso no me cabría a mi!!

    – jaja a mí me cabe entero!!

    – mentira! Esa cosa es enorme!

    – te juro que me entra! Quieres ver?

    Creo que mi esposa al verla con las piernas abiertas y con el dildo metido en su concha debió calentarse, no la juzgo, verle la vulva a esa mujer excitaría a cualquiera, el olor que emanaba del sexo de su amiga en un momento se hizo irresistible para mí señora, comenzó a salivar, sin darse cuenta ella misma ayudaba a su amiga a meterse el dildo, luego se quedaron mirando, mi señora sin apartar los ojos de la mirada desafiante de su amiga, tocó esa vulva húmeda y expandida por el dildo, luego sacó el tremendo utensilio de la concha de su amiga, y su lengua termino en el lugar en que estaba el dildo, mi señora la lamió, y su amiga se dejó lamer, luego se besaron y se chuparon enteras, ya desnudas sobre la cama estaban tan calientes que no notaron mi llegada.

    Al verme ahí, ambas se taparon pero ya era demasiado tarde, las había visto frotarse una contra la otra, y disfrutarlo, las había oído gemir y decirse cosas sucias al oído, en ese momento ya no tenía rabia, sólo tenía unas ganas locas de participar y la verga muy muy dura, ellas asustadas y consternadas de inmediato se separaron «no es lo que tú crees» fue lo que mi señora dijo, la amiga de ella sólo estaba en silencio y miraba a la pared queriendo morir de la vergüenza.

    Yo sin decir nada me acerqué a ellas, tomé a mi esposa por el cabello con autoridad y empujé con fuerza su cabeza contra la vulva de su amiga, en ese instante ambas sorprendidas entendieron que desde ese momento los tres íbamos a ser un poco más que amigos.

    Mientras mi señora hundía la lengua en su amiga, yo acaricié suavemente las tetas de su amiga con la mano, luego abrí mi pantalón, saque mi verga ya enorme, y obligué a mi esposa a chupármela frente a su amiga, eso encendió a nuestra amiga, luego mi señora y yo juntos lamimos la concha abierta y húmeda de su amiga, mientras las lenguas entraban en su concha, ambas se tocaban en un beso de lujuria desesperada, la amiga de mi señora solo gemía de placer y apretaba nuestras cabezas hacia su concha.

    Sentir la saliva de mi esposa y los jugos de nuestra amiga me excitó muchísimo y también a ellas, deje a mi señora que siguiera lamiendo a nuestra amiga y puse mi pene duro frente a la boca de nuestra amiga, ella sacó la lengua y lo lamió, pasó su lengua por los costados y luego abrió la boca para que yo pudiera meterlo hasta su esófago, mi pene se perdió entero en su garganta…

    Era una experta en tragar todo mi tronco desapareció en su boca, ella asfixiada con mi pene salivaba y su saliva escurría por mis bolas, luego de que las lágrimas en sus ojos comenzarán a salir me compadecí de la amiga de mi señora, tomé a mi señora y la senté en la boca de su amiga mientras tanto yo hundí mi verga en su vagina empapada por la saliva de mi señora, las tetas de nuestra amiga eran enormes! Una excelente operación del cirujano a mi parecer, las chupé, se sentían un poco más duras que las de mi esposa pero sus pezones anchos eran suaves y la punta se iba endureciendo a medida que los mordía pellizcándolos y estirándolos con mis dientes para luego soplarlos con el aire frío que salía de mi boca, bajé a mi señora de la boca de su amiga y la di vuelta dejándolas abrazadas una encima de la otra, tal como las había encontrado, sus bocas pegadas, sus labios rozándose, sus vulvas cerca una de la otra, llevé mi pene hasta aquellas jugosas vulvas, y mientras ellas se besaban, yo fornicaba a una y a otra de vagina en vagina, de forma aleatoria, el dildo que tanto las había hecho reír, ahora me ayudaba a mantenerlas rellenas y satisfechas.

    Las vulvas de ambas se empezaron a acercar, los labios mayores de ambas hicieron contacto y sus pelvis se movían de forma sinuosa, y mi pene iba entrando en cada una de ellas, en un momento, ya no me dejaron espacio para entrar por sus vaginas…

    La verdad siempre he sido alguien que busca soluciones más que problemas, acerqué mi cara al culo de mi señora, y le escupí el ano ella ni cuenta se dio, estaba en otra dimensión probando la boca de su mejor amiga, entonces metí el dildo en el culo de mi señora, ella ni siquiera se quejó, elevé un poco la cola de su amiga y metí mi pene resbaloso en el culo de la amiga de mi señora, ella se quejó un poco, luego siguieron besándose, mientras con mi mano follaba el culo de mi señora con el dildo, con mi pene podía sentir el estrecho ano de la amiga de mi señora, terminé acabando y llenando el culo de esa amiga… Ellas siguieron besándose y rozándose las vulvas… Me senté a descansar un poco, pero verlas tan entusiasmadas, me obligó a seguir aprovechándome de esa hermosa escena…

    Ellas acabaron la segunda vez que yo acabé, y desde ese día, cada vez que llegó de mi trabajo, cruzó los dedos por encontrarme a mi señora con su amiga…

    Gastón Lemark.

  • Una experiencia nueva (parte 2)

    Una experiencia nueva (parte 2)

    Al llegar a la carpa, Javiera y Daniel cenaron, fumaron y conversaron de lo mucho que les había gustado ver otra pareja en acción.

    Pasado el rato se calentaron y debido a la oscuridad comenzaron a tener sexo sobre la mesa del puesto de camping.

    Javiera se subió sobre su pareja y lo empezó a cabalgar, primero fuerte, pero la mesa no daba mucha seguridad y disminuyó el ritmo. Estaba tan oscuro que no lograban verse del todo.

    Luego Daniel puso algo de ropa para apoyar el trasero sobre el asiento de madera, su pareja se montó sobre él y comenzó a decirle cosas al oído, pero no las cosas que hablan a menudo, sino:

    Javi: “te gustaron las tetas grandes de la rubia!?”.

    Daniel: “más me gustan las tuyas”.

    J: “amor dime, te gustaron? ¡¡¡Dime la verdad!!!”.

    D: “estaban bien”.

    J: “dime lo que piensas exactamente de ella, quiero saberlo”.

    La chica en ese momento comenzó a moverse más fuerte que antes, estaba realmente caliente.

    Javi: “amor dime, si la chica tenía unas tetas enormes, hasta yo me sentí con ganas de tocarlas, ¿¿te gustaron??”

    Daniel: “Claro que me gustaron, ¡¡¡eran enormes!!!”.

    Javi: “te hubiera gustado probarlas”.

    D: “eeemmm uuff”.

    Antes que Daniel le contestara a Javiera le dijo: “porque yo estaba ganosa por probar ese tremendo pico del pelado, se me hizo agua la boca probar otro pene”.

    Él la quedó mirando y en vez de enojarse o decirle algo, se puso de pie con ella, la puso en cuatro sobre el colchón de camping y empezó a embestirla con todo. Ella nunca había confesado algo así, esto le tomó por sorpresa a su pareja y aunque se sintió celoso, lo encendió como nunca.

    Daniel: “así que quieres probar una verga que no sea la mía?”.

    Javiera: “siii amor, tengo muchas ganas”.

    D: “que puta eres!”:

    J: “siii lo soy, cada día necesito más”.

    D: “¿has mirado o tocado otros bultos desde que estamos juntos? Dime la verdad”.

    J: “¡¡¡si amor!!! Lo siento, soy una puta caliente”.

    D: “cuando tocaste otro?”.

    J: “una vez que salí a bailar… bailé con un chico con muy buen cuerpo y me calenté. Lo siento”.

    Cuando le contó eso, Daniel se enojó y a modo venganza le metió el pene por su ano sin previo aviso. En primera instancia le dolió y se quejó, pero a la segunda embestida lo empezó a disfrutar. Cabe mencionar que ella no lo dejaba entrar muy seguido por ahí. Pero ahora entre la mariguana que habían fumado y toda la escena que habían vivido con los desconocidos ella estaba muy caliente, lo que la fue dilatando.

    Daniel: “¿y en qué momento se la agarraste? ¡Cuéntame!”.

    Javiera: “ven te cuento, pero quiero así ahora”.

    Ella se puso arriba de su pareja, quedando frente a frente, esa era de sus poses favoritas, pero su objetivo principal era quedar cerca de su oído para seguirle contando. Ella misma se volvió a meter el pene de su pareja, pero ahora por su vagina.

    Javi: “se la toqué un par de veces en la disco”.

    Daniel: “que puta eres”.

    J: “no veo que te desagrade, la tienes más dura que antes”.

    Ella baja para chupársela y vuelve a montarlo.

    Javiera: “mmm parece que te gusta mucho lo que te estoy contando”.

    Daniel: “sigue, quiero saber más”.

    La Javi se comenzó a mover más lento, pero a la vez más sensual. Se acercó más al oído de su pareja y le siguió narrando su aventura.

    Javi: “¿recuerdas ese día que fui con mi grupo de amigas a bailar a la disco y usé este vestido negro cortito y apretado que te gusta tanto?, bueno ese mismo día fue, estábamos en la pista de baile y un tipo se acercó a mí con intenciones de sacarme a bailar, yo le dije que no. El entendió y se disculpó. Avanzada la noche fui al baño, a esa altura yo estaba con algunos tragos en el cuerpo. Al salir lo veo mirándome, me saluda y me dice si me puede invitar un trago.

    La verdad yo no recordaba su apariencia y sólo lo reconocí por su voz. Por primera vez lo miré bien y lo encontré rico, brazos marcados, espalda grande, se notaba un cuerpo tonificado y trabajado. Acepté el trago, hablamos, él no dejaba de mirarme. La música que sonaba era música actual, pero en un momento cambiaron de estilo y pusieron salsa, él me contó que había ido tomado clases este año, me atreví y le dije “muéstrame entonces”. Me tomó de la mano y bien firme de la cintura, sentí todo su cuerpo, su pecho amplio, sus manos y sus brazos. La verdad es que bailaba muy bien lo cual sumaba puntos. En un momento decidí ir más allá y le puse todo mi poto en su bulto y ¡WOW! Le sentí todo, estaba bastante duro, y eso me calentó bastante, tanto así que me sentí algo mojada”.

    “Tenías ganas de más?”, le preguntó Daniel.

    Javi: “la verdad, si”.

    Él estaba muy caliente imaginando la escena, nunca pensó que ella, su Javi, fuera así de caliente.

    Daniel: “se la tocaste?”.

    Javi: “tenía muchas ganas de sentirla…”.

    D: “¿pasó algo más mientras bailabas con él?”.

    J: “seguimos bailando, le puse mi culito en todo su bulto. Se lo movía rico, el dejó de bailar y sólo me agarraba de las caderas. También me preocupaba que mis amigas pudieran verme, así que lo llevé de la mano hacía algún lugar con menos gente”.

    Su pareja la volvió a poner en cuatro, la tomó del cabello y la empezó a penetrar fuerte. “¡Oooh que rico, dame así, me gusta, justo así, que rico”, exclamó Javiera.

    Daniel se detuvo y le dijo: “sigue contando, no te detengas”.

    Javiera: “sigo, nos fuimos al segundo piso donde había sofás, y una que otra pareja. Antes de ir a sentarme fui al baño, estaba hirviendo, mi ropa interior estaba muy húmeda. Sonó mi celular, era un mensaje de una de mis amigas preguntado donde estaba, y que estaban por irse del lugar. No le contesté y salí buscando al tipo”.

    En eso él tomó a Javiera de los hombros y le dijo: “¿te sentías puta deseando otra verga?”.

    Javi: “muy puta y muy caliente, me dejaba llevar por el momento y por el calor de mi vagina, que a gritos pedía más”. “Estaba muy caliente por sentir a otro cuerpo que no fuera el tuyo”.

    Al escuchar eso, Daniel estuvo a punto de acabar y necesitó bajar el ritmo, quería escuchar la historia completa. Pasaron algunos segundos. Luego la tomó de los hombros y le dijo “sigue contado, tengo ganas de inundarte la vagina de semen, pero quiero saber el fin de la historia, quiero saber de qué más fuiste capaz”.

    Javi: “volví donde él, no sé con qué cara porque me dijo “¿todo bien?”, “si” respondí. Él estaba sentado en el sofá y me hizo señas para sentarme a su lado. Me senté y mi vestido se subió, se subió bastante. Él se quedó pegado mirando mis muslos, subí mi vestido un poco más de la cuenta para que mirara bien. Tomé su chaqueta y la puse sobre mis piernas, tomé su mano y la puse debajo. No esperó ni un segundo y comenzó a tocar mis muslos, al sentir el tacto de sus manos se me erizó la piel, él fue subiendo la mano, acercándose bastante a mi pelvis. Yo no quería perder tiempo, así que levanté mi trasero, bajé mi pequeña tanga, la cual quedó a la mitad de mis muslos y le dejé acceso libre a mi vagina. Sin esperar más bajé mis manos y le dije al suavemente al oído: “permiso”. Bajé su pantalón liberando su verga dura y bastante mojada. Era de buen tamaño, tal vez más grande que la tuya amor. Lo comencé a masturbar, mientras el comenzó a dedearme”.

    En ese momento Daniel se encontraba muy enojado y celoso, pero estaba profundamente caliente. Javiera se dio cuenta que estaba por acabar y le dijo: “espérame, falta el final”.

    Javiera: “mientras nos masturbábamos mutuamente sonó mi teléfono, miré al chico y contesté, justo eras tú quien me llamaba, me preguntabas si estaba por llegar. No recuerdo nada más de lo que hablamos, estaba en éxtasis. Mientras intentaba disimular mi excitación agarraba ese rico pene que tenía cada vez más ganas de meterme a la boca. Te corté la llamada y al instante mi teléfono volvió a sonar, era mi amiga del mensaje anterior, esa si no contesté y le dije al chico “me tengo que ir”, solté su verga, me subí el colaless, me puse de pie, ajusté mi vestido y empecé a caminar.

    El chico se acomodó como pudo y salió tras de mí, me agarró rápidamente de la mano y me llevó al primer lugar que encontró, yo no opuse resistencia. Nos metimos a un baño, se bajó el pantalón y por fin pude contemplar ese pico grande y gordo, puso mi mano en su miembro, lo comencé a masturbar fuerte, me acerqué a al tipo, sentí su olor a perfume. Me puse bien cerca suyo, tenía ganas de mucho más pero el tiempo no ayudaba. Quería sentirlo, y lo notaba cerca de acabar.

    El me agarró de la raja con bastante fuerza, eso me gustó, pero ahora no tenía espacio para masturbarlo. Bajó sus manos, subió mi vestido, sentí su pene duro entre mis piernas a más no poder. Empezó a masturbarse con el espacio entre mis piernas y mi pelvis, sentía su pene fuera de mi vagina, no aguanté más, me corrí el colaless (el cual estaba empapado) y froté mi clítoris contra su pico duro, me movía fuerte para sentirlo, fuimos subiendo la intensidad. De repente volvió a sonar mi teléfono, lo saqué para contestar, pero el tipo me lo quitó de las manos y lo guardó él. Nos dio vuelta a ambos, pero estaba vez yo estaba de espalda contra la pared, siguió frotando su miembro contra mi clítoris. Me tomó de la cintura con fuerza y aumentó la intensidad. Se sentía tan rico que estaba cerca de llegar al orgasmo.

    El tipo empezó a gemir cada vez más fuerte y me dijo “no doy más”, me agarró de la cara y me besó intensamente. Poco a poco iba cambiando el beso por jadeos mientras comenzó a soltar chorros de semen a milímetros de mi vagina, sentía su pene palpitar furioso, por mi parte tampoco aguanté y con mi vagina con restos de su semen comencé a tener un fuerte orgasmo. Lo sentí por todo mi cuerpo”.

    Al contarle eso, Daniel empezó a cogérsela con todas sus fuerzas, le dio una embestida final, inundando su vagina de leche caliente. Los gemidos se escucharon por todo el camping.

    Luego de tener sexo se pusieron a conversar, ella le pidió disculpas, diciendo que nada de eso estuvo planeado, fue una mezcla entre falta de sexo, rutina y lo ebria que estaba.

    Daniel: “Esto pasó la vez que llegaste a chupármela a las 5 am?”.

    Javiera: “si, esa misma noche, pero a él no se la chupé y quedé con muchas ganas de hacerlo”.

    D: “aún tienen contacto?”.

    J: “no nada, no supe ni su nombre”.

    D: “y como haremos para que pruebes otro pene?”.

    Continuará…

  • Confesiones de Diana Marcela

    Confesiones de Diana Marcela

    Cuando me enteré que rehízo su vida, quise sentirme mujer nuevamente y acepté las invitaciones de un amigo que terminarían por decirle que quería sentirme mujer y que me hiciera el amor.

    Así empezó una cadena de relaciones sexuales que me llevaron al éxtasis y un recuerdo en mi piel.

    Fue para el año 2011 que me enteré y acepté salir. Una tarde le propuse que me hiciera el amor, fuimos a un motel y al entrar un poco nerviosa, pero decidida lo empecé a besar, él me correspondió y empezó a acariciar mi cuerpo desnudándome poco a poco quedando solo en una pequeña tanga hilo blanca y mis grandes tetas a su disposición.

    Me acostó en la cama y se arrodilló abriendo mis piernas y haciéndome un delicioso sexo oral lamiendo mi vagina y chupando mis labios succionando mi clítoris, mientras con sus manos jugaba en mis pezones pellizcándolos y apretando mis tetas empezó a sentir una gran excitación apretando su cabeza y gimiendo. Cuando estuve lista lo jalé hacía mi besando su boca, me incorporé bajando su pantalón y su bóxer y tenía un pene blanco de unos 20 cm, lo masturbé y le coloqué el condón ya que no quería quedar preñada.

    Sentí como su miembro entró de mí dando un pequeño gemido sintiendo cómo era abierta. De nuevo empecé a mover mi pelvis mientras era besada y con más fuerza y movimiento viendo cómo disfrutaba mis tetas, me coloque en 4 y sentí como sus piernas y testículos golpeaban mi cuerpo mientras sus manos empujaban mis caderas hacia el sentía rebotar mis tratas con un placer inmenso solo deseaba que me diera más duro sentí mi primer orgasmo cayendo en la cama lo que aprovechó para clavarme de nuevo sentado en mis nalgas con mis piernas cerradas jalándome el cabello fue ufff sensacional así estuvimos un buen rato hasta que sentí su leche dentro de mi cuerpo.

    Se retiró de encima mío y pude ver el preservativo lleno de semen, el cual retire y lamí su miembro sentí la necesidad de seguir manándoselo hasta que termino en mi boca.

  • Repartidora de pizzas

    Repartidora de pizzas

    Llegué tarde del trabajo, cansada y desde luego no me apetecía cocinar. Hacía mucho calor esa tarde, así que me deshice de todo la ropa sudada que había llevado por la calle. Me quedé solo con el tanga mas pequeño que tenía y un fino y pequeño kimono de satén por encima. Así que para no cocinar pedí comida a domicilio por teléfono.

    El repartidor aparcó el viejo ciclomotor tras la verja del jardín, vino hasta la casa sacándose el casco. El polo de la marca de pizzas le quedaba justo y cuando me fijé un poco mas me di cuenta de sus pechos pequeños, duros y muy firmes. Era delgada y su cuerpo fibroso. Su melena suelta al quitarse la protección enmarcaba su bonita cara de rasgos finos y definidos.

    Estaba trabajando así que le echaba unos diez y nueve o veinte años muy bien aprovechados. Llevaba la caja y la bolsa con los refrescos en sus manos pequeñas y bonitas, con las uñas pintadas de un rojo vivo. Un auténtico bocadito con el que acompañar mi cena.

    – Traigo las pizzas.

    Me dijo con una sonrisa.

    – Genial, tengo mucha hambre.

    Le contesté con mi expresión más lasciva a ver si ella pillaba el doble sentido. Con la impresión que ella me había causado intentaba provocarla.

    Al darle la espalda para buscar la cartera en mi bolso me incliné un poco mas de la cuenta. Sin doblar las rodillas y su vista se clavó en mis nalgas desnudas y puede que en la fina tira de tela que las separaba. Luego de frente para pagar, el escote abierto hasta el ombligo, le mostraba mis pechos casi hasta el pezón.

    Siguiendo su mirada incliné la cabeza y me di cuenta de que ella los había visto perfectamente. Yo a mi vez miraba sus pezones duros marcados en la tela fina de la camiseta, justo al lado del logo de la marca. No parecía que llevara sujetador y ese par de tetitas duras no debía necesitarlo.

    Se la notaba excitada, la respiración mas rápida, la piel enrojecida. Un rubor cubría sus finas mejillas al cruzar su mirada con la mía. No se atrevía a decir nada.

    En un gesto descuidado solté el cinturón de seda que cerraba el kimono dejándole ver casi todo mi cuerpo desnudo. El poco encaje rojo que apenas cubría mi depilado pubis a donde fueron casi de inmediato sus ojos. Mientras yo le pregunté:

    – ¿Te queda mucho para terminar?

    Por suerte me dijo que mi tardía entrega era la última.

    – Con esta pensaba irme a casa y relajarme.

    Así que le ofrecí compartir la comida que me había traído. Visto el interés que había demostrado en mi anatomía no esperaba que rechazara una invitación.

    – Para mi sola es demasiada cantidad. Podías ayudarme a consumirla, así que te invito a cenar.

    Cerré la puerta a sus espaldas con la frase:

    – ¡Ponte cómoda!

    Todo un cliché, pero efectivo para saber si de verdad ella se encontraba a gusto.

    Yo andaba descalza y ella empezó por ahí dejando junto a la puerta de entrada sus playeras y sus calcetines. Sus pies lucían cuidados con las uñas pintadas de un suave tono rosa más ligero que el de sus manos. Aunque debían estar sudados me encantó verlos, finos, bonitos y cuidados.

    Todo ello sin cerrar la prenda que apenas me cubría. Me fijé en que seguía mi cuerpo con la mirada y la conduje al salón. Empecé a colocar la comida en bandejas, platos y sacar vasos para los refrescos. Dejé la comida en la mesita frente al sofá y me libré del kimono dejándolo caer al suelo.

    -¿No tienes calor?

    Le dije mirándola de frente sin ningún pudor en mi desnudez casi completa. Sin más empezó a abrirse los vaqueros, despacio y sensual. Se fueron deslizando por su cadera dejándome ver su tanguita algo mas serio que el mío y de color crema. Con una sospechosa mancha de humedad donde el algodón cubría los labios de la vulva.

    Se sentó a mi lado rozando nuestras desnudas piernas. Al principio inicié una charla insustancial para no asustarla demasiado. Intenté alagarla, sonsacarla algo mas de su vida, de su tenia novio, o novia. Me confesó que tenía alguna experiencia con amigas sobre todo para experimentar y ninguna relación estable. Pronto empezó a animarse y también me preguntaba a mí.

    Animada así deslicé una mano suavemente por su pierna subiéndola despacio desde la rodilla. Noté su piel erizada y no rechazó la caricia. Sujeté el borde del polo y mirándole a los ojos comencé a subirlo descubriendo más de su suave piel. Como suponía no llevaba sujetador. Sus duros pechos que no lo necesitaban para nada lucían bronceados de top less.

    Levantó los brazos para que pudiera terminar de sacarle la prenda y le sujeté las muñecas con ella para poder besarla por primera vez. Separó los labios de inmediato para recibir entre ellos mi lengua y me apoyé en ella. Sobre ella.

    Mis voluptuosos pechos frotándose con los suyos. Mis piernas enredándose con las suyas. Solté sus manos que fueron derechas a agarrar mis nalgas. Al notar la fuerza con la que me amasaba el culo clavé la lengua mas dentro de su boca.

    Mis manos bajaron por su cuerpo acariciando sus tetitas firmes, retorciendo sus pezones duros, sus marcadas costillas, hasta la cadera. Pero aún no quería llevar mis dedos bajo su tanga, así que bajé por los muslos. Ella también recorría mi espalda con sus manitas hasta mi nuca.

    La cena se estaba quedando fría olvidada sobre la mesa. Mientras yo bajaba besando su cuello, las axilas sudadas, mi lengua buscaba sus pezones erizados, la piel bajo sus pechos, su vientre plano deteniéndose lamiendo el ombligo.

    – Eres preciosa.

    Su sabor salado, a sudor, sus feromonas, después de su jornada de trabajo excitaba más mis fosas nasales. Volví a asaltar su pubis lamiendo las piernas, la parte de atrás de la rodillas, las pantorrillas hasta sus bonitos pies. Me los pasé por las tetas apoyando en ellas las plantas y dejando que ella acariciara mis pezones con los pulgares, antes de llevarme uno de esos a la boca. No me importaba su sudor.

    Lamía el pulgar de su pie como si fuera una pequeña polla. Usando la lengua y mojándolo de saliva, bajando a la planta donde su sonrisa me decía que le hacia cosquillas. Pero forzándose a si misma a no apartarlo debido al placer que yo le daba. Luego subía al empeine sin dejar de besar y pasar la lengua por su suave piel.

    Esta vez seguí subiendo por la pantorrilla bronceada, el muslo torneado y el encharcado coño. Ahora sí que hice a un lado la lycra del tanga y clavé allí la sin hueso para devorarla. Ella tampoco había parado, su otro pie había seguido acariciando mis pechos, mi vientre y ahora gracias a mi postura alcanzaba sin problemas los labios de mi vulva. Aún por encima del encaje podría notar mi humedad y los gemidos que de vez en cuando me hacían separar un poquito mi boca de su piel.

    Alcancé su clítoris que se me ofrecía sólo entre sus labios hinchados. Noté su mano acariciando mi melena mientras oía sus suspiros y gritos, según iba tocando sus puntos sensibles. Pasando la lengua por los labios, por la vulva recogiendo sus jugos. Por el clítoris acariciándolo con la sin hueso. Tras su primer orgasmo que me llenó la boca de su humedad separé y levanté sus muslos haciéndole arquear la espalda.

    Cuando se dio cuenta de mis intenciones hizo un solo intento de evitarlo cerrando los muslos. Pero una suave palmada en la nalga consiguió que me permitiera continuar. Supongo que pensaría que estaba sucia. Pero el olor que emanaba de su culo era casi solo a sudor y yo deseaba lamer todo su cuerpo. Rindiéndose a lo inevitable se giró en el sofá y a cuatro patas sobre el mueble. Ella misma se abrió las nalgas y se las agarró con las manos ofreciéndome las bellas posaderas a mis dientes.

    Aproveché para darle mordisquitos antes de llevar la lengua a la sudada raja. Harta de su tanga la liberé de él de un tirón, diciéndole que le regalaría el que quisiera de los míos. Fue entonces cuando clavé la lengua en su ano, apenas mas oscuro que el resto de su piel y sin vello. Notaba como se retorcía de gusto entre mis manos.

    Separando aún más el apoyo de sus rodillas conseguía alcanzar con mi lengua culo y coño y penetrar los dos orificios todo lo que podía con ella.

    Sabia que se estaba corriendo. Lo notaba en los estremecimientos de su cuerpo, en los espasmos de su coño cuando la penetraba con un par de mis dedos, buscando el punto g.

    Hasta ahora prácticamente se había dejado hacer, pero se dejó caer en los cojines girándose boca arriba. Llamándome con la sonrisa lasciva de alguien que estaba disfrutando. Durante unos momentos apoyé mi vulva en la suya intercalando las piernas para que no estorbaran y aprovechamos para frotarlas.

    Pero ella quería probarme, tiró de mi cuerpo y me comió las voluptuosas tetas mamando con fuerza de mis pezones, lamiendo mis axilas también bastante sudadas. Yo había conseguido librarme del tanga mientras lamía su culito.

    Ella seguía subiéndome hasta sentarme sobre su cara. Con una rodilla entre su cabeza y el respaldo y el otro pie en el suelo mi cadera fue bajando despacio sobre su cara hasta notar el electrizante contacto de su lengua en mi xoxito. De inmediato me la clavó lo mas profundo que pudo provocando el primer orgasmo que ella me daba de forma intencionada. Ya antes había tenido alguno casi sin tocarme por la excitación de habérmela ligado.

    Sujetando mis nalgas con sus fuertes manos curtidas por el trabajo me llevaba donde ella quería, adelante y atrás tocando mis labios, el clítoris, el perineo y el culo que tampoco le dio ningún reparo lamer. Estaba chorreando sobre su cara pellizcando mis propios pezones. Llegué a notar su naricilla respingona penetrando mi vulva mientras respirando por la boca me echaba el aliento en el perineo.

    Me arrancó tres orgasmos antes de que me tumbara a su lado a comerle la boca con el sabor de mi coño en ella. Con la mitad de mi cuerpo sobre el suyo cruzábamos las lenguas mientras mis dedos volvían a acariciar su coño tiernamente.

    Deberíamos darnos una ducha y seguro que lo hacíamos juntas pero en ningún momento nos había importado a ninguna de las dos el olor corporal de la otra. Acariciarnos con el agua y el gel resbalando por nuestras pieles.

    Pensaba saciarme de su cuerpo, llevarla a dormir a mi cama. No dejarla salir hasta el día siguiente y conseguir que volvieramos a darnos placer la una a la otra. El ciclomotor aparcado en mi puerta estaría bien allí toda la noche.

  • Infiel por mi culpa. Puta por obligación (10)

    Infiel por mi culpa. Puta por obligación (10)

    Debo admitir que verla con esa actitud tan resuelta, tomando decisiones sin contar conmigo, me recordó a la mujer que convivió junto a mí los últimos meses, generando en mi interior un conflicto de sentimientos y sensaciones diversas que tenía que saber disimular y contener.

    — ¿¡Pero qué estupideces estas diciendo, Melissa!? Para más líos, mejor quedarme con el que tengo. ¡Que me basta y me sobra! —Le respondo con toda la intención de calmar el hambre de sus celos y siguiéndola dos pasos por detrás, con verdaderas ganas de sentarme a beber algo frio.

    —Pues no se Camilo, eres hombre y comprendo tus necesidades. Que no te puedas aguantar sin… –Con mi dedo índice saliendo y entrando por el hueco del puño casi cerrado de mi otra mano, le hago el gesto de culear. – Han sido muchos meses y es apenas entendible que necesites desfogar tus ganas. —Le digo mirándolo fijamente, sin temor a su reacción, y luego me enciendo un cigarrillo.

    —Pues estas muy equivocada. No todos los hombres estamos cortados por la misma tijera. Al menos yo no he sentido la urgencia de meter mi pene en cualquier hoyo, por más bueno y virgen que se encuentre. No soy así y eso, Melissa, es algo de lo cual deberías de tener muy en claro, con todos los años que llevas de conocerme. —Le respondo subiendo el tono de mi voz, un tanto indignado la verdad.

    —Lo sé, pero como todos cambiamos pues yo… ¡Sinceramente lo comprendería! ¿Sí me entiendes? No te enfades, please. —Le contesto tranquila.

    —Claro. ¡Como el que las hace se las imagina! Pero yo Melissa, sigo siendo el mismo romántico y tradicional de siempre. —Refuto su arcaica idea, dejándole muy en claro que no soy como los demás.

    —Uhum, por supuesto. ¡Y eso lo aprendí de ti! La conquista para ti, es lo más divertido e interesante al iniciar una relación, antes de llegar a… En fin, dejémoslo ahí, que intuyo para dónde quieres ir y yo Camilo, no quiero pelearme más contigo. —Y veo al musculoso cantinero acercarse a nuestra mesa.

    —Aquí están sus cervezas bien frías. ¡Espero que pasen un rato agradable! Si usted necesita algo más, no dude en pedírmelo, Melissa. —Y el moreno cantinero me obsequia una mirada picara, acompañándola de su amplia sonrisa, con esa expresión en su rostro de… ¡Te quiero comer, enterita!

    —Gracias, Dushi querido. Ehhh, no recuerdo tu nombre. —Le pregunto.

    — ¡Es por qué no quiso averiguarlo! —Me responde inclinándose un poco hacia mí, flexionando rítmicamente sus fuertes pectorales. ¡Pavoneándose!

    — ¡Si, si!… Jajaja, lo lamento es que soy a veces muy despistada y tú eres lindo pero egoísta. —Le digo a son de broma, logrando sacarle una carcajada.

    — ¡Jajaja! Mi nombre es… —Me responde a medias pues Camilo lo interrumpe con elegancia.

    —Yo diría que no es por ser egoísta, sino más bien un hombre prudente. No es así, ¿Andrew? Mira, te presento a mi esposa y su nombre pues… Ya te lo memorizaste. Y muchas gracias por tu atención. —Termino la amigable charla, observando como Mariana me mira con cierta intriga y de paso le entrega al cantinero dos billetes de veinte dólares. ¿Tanto?

    —Deja el cambio para ti. ¡Ahh!, y por favor podrías bajarle un poco al volumen de ese televisor. –Le señalo el aparato que está a mi izquierda. – No sé cuál sea la importancia del partido de futbol de hoy, pero creo que el que esté interesado en verlo, lo puede observar en alguna de las otras pantallas. ¿No crees, Andrew?

    —Por supuesto, no hay problema señora Melissa. —Me responde ya más serio, cohibido por la presencia de… ¿Mi esposo? —Y pensando en esto, bebo un poco de cerveza, pero me atraganto por la risa y sin poderlo evitar, escupo un chorro encima de la mesa, alcanzando a Camilo.

    — ¿Y ahora qué…? —Le pregunto mientras observo como se lleva la mano a la boca, con los pómulos inflados después de beber, en un vano intento por no escupir el trago. No puede y como si fuese una manguera perforada, se le escapa y me alcanza a salpicar de cerveza.

    —Lo…Lo siento, Camilo. De verdad, fue sin querer. —Y de mi bolso tomo el paquete de pañuelos faciales y le alcanzo varios, pues con las dos servilletas que nos dejó el cantinero, no le alcanza para limpiarse bien su camisa nueva.

    —Okey, okey. Tranquila, que tampoco fue para tanto. Ahora sí, ¿qué te pareció tan gracioso? —Le pregunto mientras termino por limpiar mi camisa y un poco el rastro de cerveza en la mesa.

    —Pues que te dijera, ¡esposito mío!… ¡Jajaja! Que se te da bien eso de espantar los moscos que se me acercan. ¡Jejeje! —Si siente celos, –pienso– es porque existe una luz de esperanza todavía. Aunque yo la vea tan solo como una tenue chispita, brillando en esta oscuridad.

    —No es eso. Es que… Pues nada, que según los papeles aun somos marido y mujer. En fin Melissa, ¿será que ya puedes continuar? —Le digo y después le pego un buen sorbo a mi cerveza, un poco avergonzado.

    —Te preguntaras porque yo, teniendo toda mi vida tan perfecta y arreglada, hice lo que hice. ¿No es así? ¿¡Esposo mío!? —Le digo a Camilo sin poder evitar la risa y noto como tuerce la boca, blanquea los ojos como diciéndome… ¿Hasta cuándo vas a seguir mofándote con eso?

    —Me he preguntado, cuáles fueron los motivos para que terminaras enredada con ese tipo. Es que no me cabe en la cabeza que volvieras a enamorarte de la copia al carbón del abusador de tu ex novio. Por qué ese hijueputa engreído, ¡esposita mía!, es más de lo mismo. —Y Mariana manteniendo la compostura e incluso dejando en sus labios una medio sonrisa, me contesta…

    —No fue buscando amor, si es lo que te parece, pues ese ya lo tenía contigo. Lo tengo en mi hijo, con mi familia y el cariño de algunas amistades. No, no fue ese el motivo, Camilo. ¿Para sentirme hermosa y deseada? Pues tampoco, ya que bonita siempre me he sentido, y deseada tambien. Muchas miradas y piropos en la calle me han lanzado, más de uno se ha tropezado por voltear a mirarme el culo, y te consta.

    —Entonces Melissa… ¿Que hice mal y porque te perdí? —Le pregunto antes de llevarme a la boca un cigarrillo y encenderlo.

    —Yo tuve la culpa, tu ninguna. Eso quiero que te quede claro. ¡Ahh! Y Camilo, nunca me perdiste. Yo me desvié bastante, que es distinto. —Y suspiro.

    —Creí que nos entendíamos bien, en todo y… ¡Que eras feliz conmigo y te daba buen sexo! O eso es lo que yo entendía. —La bulla de los clientes por un gol italiano, detienen por segundos su respuesta.

    —Eso tampoco me motivó. Lo que pasó con Jose Ignacio no fueron ganas de sexo por fuera de mi casa. Eres más hombre que él. ¿Me entiendes? Mira cielo, ni la tiene más larga ni más gruesa, mucho menos es mejor amante que tú. De hecho yo… ¡Yo le enseñé algunas cosas que aprendí contigo y otras que leí por ahí! Tuve relaciones, sí, varias pero… No me proveyó de orgasmos tan románticos e intensos como los que he sentido contigo, pero si me vine algunas veces con él, obviamente. El placer me lo conseguí yo misma sometiéndolo a mis caprichos, y no simplemente por el sexo, aunque ese fuera precisamente el cebo… ¡Pufff!

    Mariana se ha quedado callada y pensativa, fumando. ¿Añorándolo? Aspira suave y lento, tan eróticamente sensual como pocas mujeres saben hacerlo, prolongando milimétricamente sus labios; manteniéndolo dentro de la calidez de su boca un rato para ingresarlo más profundo a su interior y luego disfrutando al exhalarlo en cámara lenta, extendiendo la condensada humareda, formándose en la atmosfera un anillo que va creciendo y por dentro de aquella circunferencia, –meditando– logra hacer pasar varios anillos más y todo en frente de mi… ¡Jugando! Maldita sea, no sé a qué atenerme con ella. Me niega que el sexo conmigo fuera el problema, y entonces yo no sé…

    —Fue por mis ganas de vivir otra vida, cortar mi rutinario y privilegiado estilo de vida, del cual te lo aseguro, nunca pretendí alejarte; de hecho por eso la idea de Fadia y del hijueputa de tu amigo Eduardo, me pareció peligrosa pero genial. Fue mi decisión y las circunstancias o las personas que nos fueron rodeando, las que me llevaron a… ¡Hacerlo! —Observo un gesto de seriedad en la cara de mi esposo, con su postura recta, bien apoyado contra el espaldar de la silla y con los brazos cruzados, el pucho en medio de sus labios, subiéndolo un poco y bajándolo después, nervioso sí, pero prestándome mucha atención.

    ***

    La mujer que está aquí sentada en la mesa, dista mucho de aquella que sin ser sumisa, me rendía explicaciones sin que yo se lo pidiera. Como amaba de Mariana, el que me incluyera para cualquier decisión que fuera a tomar, por ridícula que fuera… « ¿Cómo me queda esta blusa, amor? », me decía después de llegar de sus compras. ¡Pero sin ella puesta! Con los dos brazos estirados a la izquierda y colgando por las hombreras desde sus dedos, esa prenda por muleta, cual si fuera ella la mejor torera azuzando a la bestia, en el centro de nuestra alcoba. Mariana con su esbelto torso desnudo, de suave piel blanca, incitándome a embestirla por un lado a la altura de su seno izquierdo y posteriormente para el otro, con los pezones empitonados por el deseo; risueña y picara, atrayéndome para comenzar la faena, como ahora lo hace con sus recuerdos, llevándome de aquí para alla…

    — ¡Andrew! ¿Se te olvidó o qué? —Le grita exigente, logrando sobresaltarme, y preciso cuando me voy a girar, veo cómo se silencia el televisor, la pantalla se ennegrece y Mariana triunfadora, se sonríe rejuvenecida y posteriormente, estira los labios formando un carnoso punto rosa, que luego deja escapar el sonido de un beso lanzado hacia él y que suena a ficticia gratitud, casi rozándome el cartílago de la oreja izquierda. ¿En venganza por el que me envió Maureen?

    —Gracias Dushi, querido. ¡Por favor nos traes otras dos! Es que estas no van a darnos ni un brinco. — De nuevo le guiña el ojo y yo dándole la espalda, sin poder girarme para no darle la impresión a Mariana de que empieza a molestarme con sus provocadores devaneos, y mucho menos que me siento algo celoso; pero me imagino el rostro conquistador del cantinero, –feliz y dichoso– suponiendo que ha captado la atención de mi esposa y de paso burlándose de mí.

    La observo tan bella como antes, como siempre lo ha sido para mí. Distinta en su carácter y… ¿Tan espontánea e intrépida? Sabe quién es, como la ven los demás y las armas corporales y gestuales que tiene para mostrar. ¡Ahora se hace notar y sentir! No puedo negar que eso me gusta de ella, de la nueva Mariana. Ha cambiado bastante, aunque ella tal vez no quiera reconocerlo.

    Antes más recatada, mi mujer me pedía la opinión para comprar la marca de los mejores oleos para pintar, aunque ella con su mirada radiante ya los hubiera escogido con anterioridad, o cuando para hacer las compras más mínimas en el supermercado, requiriera de mi aprobación para las cantidades y los precios, pero porque ella así me lo exigía con cariño. Detalles pequeños que yo apreciaba de Mariana. ¡Mi mundo era ella y en el suyo, tan solo existía yo! Maldita la hora en que acepté casi a quemarropa, esa proposición.

    —Eventos que sucedieron sin buscarlos en un principio, –continuo hablándole a Camilo, que parece estar en otro universo– pero que luego empecinada en salvar del desastre a una relación de un par de recién conocidos, terminé enredada y tuve que buscar la manera de afrontarlos, tomando medidas apresuradas y ahora con la distancia y el tiempo transcurrido, me parecen tan pueriles. —Siento en mis ojos esa pasada sensación de ardor, las ganas de dejar escapar el llanto pero, debo hacer el esfuerzo por serenarme.

    — ¿Salvar a quiénes? Y… ¿De quién? No te entiendo Melissa, me tienes más perdido que el hijo de Lindbergh. Podrías por favor, enfocarte más en las causas, porque siento que divagas mucho y me confundes. —Le digo y ella solo se sonríe. Bebe de un trago largo el poco líquido del envase y me indica con su dedo en alto, que ya va a continuar.

    —El lunes, una semana antes de tu cumpleaños, Fadia me dio la noticia que esperaba. Eduardo había conseguido que reubicaran a tu amiga Elizabeth en el departamento de proyectos bajo tu cargo, aprovechando que ella estaba por culminar su carrera de arquitectura. Convenció a don Gonzalo de que era necesario darte una mano para que pudieras terminar con la construcción de las últimas casas y las adecuaciones de las ya negociadas, para comenzar a desarrollar las ideas que tenías sobre un complejo hotelero que le vendría de perlas a la constructora. —Desvío la mirada del precioso café de sus ojos, al observar que se acerca sonriente el morenazo de nuevo, con la bandeja verde en una sola mano, equilibrando a la perfección el nuevo par de cervezas, un cenicero limpio con publicidad de Heineken y un pequeño plato de cerámica blanca con maní salado, mezclado con uvas pasas.

    — ¡Pero qué servicio tan eficiente! Eres un amor de hombre. Danki, Dushi querido. —Le agradezco.

    —Jajaja, es un placer servirle señora Melissa. Ya sabe que si necesita algo estoy para… —De nuevo Camilo lo interrumpe abruptamente y esta vez quien paga las cervezas es mi esposo, con algo de desgano y celos. ¿Será?

    —Gracias Andrew, eres muy gentil. Ya sabemos que estas a su disposición. —Le respondo al nuevo pretendiente de mi esposa, pasándole los florines suficientes, –casi exactos– para cancelar esas nuevas bebidas y de paso, para que se marche cuanto antes. — ¿Y por dónde íbamos «esposita mía»?

    — ¿Ahhh? ¡Ah, sí! Pues que tu amiga me dejaba el espacio libre para vincularme como asesora comercial en el grupo de ventas que dirigía el malparido ese. —Camilo me mira con mala cara ya que detesta las groserías y más si provienen de mi boca. Es que hasta en eso yo cambié. — ¡Oppps, Lo siento! Disculpa la grosería pero es que lo detesto. Ya verás por qué.

    —Okey, pues que eso, que solo necesitábamos tu aprobación pues el inconveniente que existía de que trabajaran parejas de novios o matrimonios dentro de la organización, Fadia que es muy amiga de la señora Carmenza, jefe de recursos humanos, la convenció de echarnos una mano, para evitar aquella prohibida norma. ¡Favor con favor se paga! Me dijo Fadia sonriéndose maliciosamente. Nunca supe cuál sería la deuda de Carmencita para con ella. Tampoco me interesé en preguntárselo. Estaba feliz por trabajar de nuevo y sobre todo porque lo iba a hacer junto a ti. Bueno, casi. Nos separarían únicamente, dos pisos de distancia.

    — ¡Si claro! Lo recuerdo bien, Melissa. Algo me decía que Eduardo con esa invitación a cenar crepes y wafles, –con la excusa de mi cumpleaños– se traía algo entre manos. Pensé de todo… Un préstamo de dinero o que necesitaría la casa para venir a veranear algún fin de semana con Fadia. No sé, pero lo tuyo… ¡Eso jamás se me atravesó por la mente! —Le respondo, pero ella se levanta de la mesa.

    —Espera ya regreso, voy al baño un momento. Salí muy apresurada de la casa y con estas cervezas pues… Estoy que me reviento. ¡No me demoro! —Y Camilo se queda pensativo, como si no me hubiese escuchado. Por el contrario, siento la mirada del cantinero recorrer mis curvas de pies a cabeza, tal vez creyendo tener alguna oportunidad para acercárseme con discreción. Lamentablemente para él, tanto los baños como a mi marido, los tengo justito al lado.

    ***

    Mientras Mariana camina hacia el baño, con mi cabeza oscilando de lado a lado, vuelvo a negarlo como aquella vez. ¿Pero qué será lo que a Mariana le habrá hecho Eduardo? Me contaron por encima algo y me entregaron la información, pero que por amor a ella o por cobardía mía de saberlo todo, no la revisé por completo. Cierro mis parpados y me voy remontando hacia ese maldito pasado.

    — ¡Barriga llena corazón contento! — Exclama mi amigo, limpiando el poco sudor en su frente con un pañuelo blanco y luego sobándose a dos manos la barriga, sonriéndose satisfecho, fué achinando bastante los ojos, ya de por sí pequeños.

    Recuerdo como ese sábado por la tarde, dos días antes de mi cumpleaños, me había invitado sorpresivamente a cenar en compañía de su esposa Fadia y por supuesto de Mariana. Tuvimos que dejar al niño en compañía de mi madre y mi hermana. Igual, al dia siguiente, saldríamos a las afueras de la ciudad para almorzar y celebrar mi nueva vuelta al sol con mi familia y la de Mariana.

    — ¿Y qué dice el cumpleañero? ¿Qué se siente llegar al tercer piso? —Me pregunta Fadia, pero sin sonreír demasiado.

    Y es que ella desde que la conocí, era así de seria. Algo introvertida y bastante mandona para con Eduardo. Pensándolo bien, creo que no lo ama lo suficiente y solo está con él por algún interés oculto. No lo sé, pero ya que no se metía conmigo y como se había vuelto tan buena amiga de mi mujer, no reparé en eso y por supuesto que no le paré bolas a su permanente estado de silenciosa seriedad.

    —Pues Fadia, que puedo decirte. Primero que todo, les agradezco el detalle de invitarme a esta cena. ¡No me cabe ni un gramo más de waffle! Fue una verdadera sorpresa. Y en segundo lugar, no siento nada raro la verdad. No me duelen las rodillas ni una muela todavía. ¡Jajaja! Estoy feliz de tenerlos a ustedes a mi lado, su amistad y su aprecio. Y por supuesto, de tener la permanente compañía de una preciosa muñeca de porcelana, que además es mi amada esposa. —Y besé a Mariana en la mejilla, quien mantenía su mano apretando la mía.

    — ¡Bueno, bueno! ¿Qué les parece si nos tomamos un amarillito en el bar de la terraza? Me han dicho que allí se pasa genial, pues es un ambiente más sosegado y apacible para nosotros los viejitos. ¡Jajaja! —Exclamó Eduardo paseando la palma de la mano izquierda por su brillante calva, lisa completamente como una bola de billar.

    Y nos dirigimos hacia allí, mirando de paso algunas vitrinas de ropa y calzado. Mariana y Fadia se detuvieron un momento en frente de la joyería e ingresaron pero no se demoraron demasiado. Tal vez no le gustó nada de lo allí expuesto o ya habían decidido con rapidez que venir a comprar después. ¡Pero más tarde me enteraría bien!

    El lounge bar tenía un ambiente de relax ciertamente muy agradable. Confortables sofás, sillones y sillas de diseño ergonómico y puffs con cojines grandes, ubicados a prudente distancia unos de otros, brindando mucha intimidad. Decoración minimalista, de colores pastel compaginando con los ornamentos de tipo vintage del resto del local. Luces indirectas nos iluminaban tenuemente, otorgándonos mayor privacidad y la música estaba sencillamente genial. Habían dado en el clavo para mi gusto. Jazz, Bossa-nova, swing y algo de techno pop. Me relajé bastante la verdad.

    Nos acomodamos en un mini-reservado con cuadrados sillones blancos de piel sintética y con algunas guirnaldas de luces ambarinas, pendiendo del techo y otras blancas descolgándose de los muros. El verde de la plantas, –situadas estratégicamente– complementaban el cálido sitio cortando a la perfección con la pintura blanca de las paredes y el negro ceniza de los pisos cerámicos. Era todo muy encantador y sobre todo, podríamos hablar sin gritar.

    A pedido de Eduardo, pronto nos sirvieron dos vasos de whiskey. Para él con soda y para mí con hielo. Fadia se decidió, al igual que mi esposa por los cocteles. Un Tom Collins para ella y un Daiquirí para mi mujer. Yo estaba muy tranquilo pero en un momento dado, me pareció que ellas dos se encontraban un poco intranquilas.

    —Mi amor… Te tenemos una sorpresa más. —Me dijo Mariana con dulzura, después de brindar todos por mi cumpleaños.

    — ¿Otra más? Pues espero que me la den con calma porque ya a esta edad puede darme un patatús. —Y nos reímos por mi apunte.

    —A ver Camilo, –intervino de pronto Fadia, ligeramente sonriendo pero mirando a Mariana– pues que Melissa ha encontrado trabajo ya. —Me eché para atrás en el sillón y me sonreí.

    —Ahh, ¿era eso nada más? Pues que bueno, ahora si podré pasar el lunes la carta de renuncia y ponerme a descansar. ¡Jajaja! —Yo me rei… ¡Solo! Ninguno más lo hizo.

    —A ver en serio… ¡Es una broma! ¿No? —Les pregunté, aunque solo me fijé en el rostro de Mariana. Y Eduardo tomó la palabra.

    —Tu esposa ha pasado las pruebas perfectamente y desde la primera semana de abril, entrará a reforzar mi grupo de ventas. Me quitaste a Elizabeth y ahora yo te robo a tu esposa, ¡Jajaja! De seguro que esta belleza de mujer lo va a hacer muy bien. Van a tener estos días para buscar una niñera que cuide bien de Mateo mientras ustedes dos trabajan. ¿Qué tal la sorpresa? —Me lo soltó así, como si fuera lo más normal del mundo y tal vez si nuestra situación financiera fuera otra, de seguro que me alegraría, pero no, estábamos muy bien. O eso creía yo.

    Ganaba buen dinero y Mariana tenía siempre su cuenta corriente boyante, bien cubierta por las entradas que le generaba ser dueña de la tercera parte de la empresa de frutas y verduras que su padre había dejado en manos de los hermanos mayores, antes de morir. Recuerdo que se escuchaba en el ambiente la percusión lujuriosa de «I Know You» en la sensual voz de Skylar Grey, de la banda sonora de la película «Las 50 sombras de Grey». Pero yo, desconocía totalmente esa pretensión de trabajar en mi esposa y no entendía nada de lo que sucedía.

    ***

    — ¿Camilo? ¡Hey! ¿Camilo? Óyeme… —La voz de Mariana me regresa a este presente. — ¿Ehhh? ¿Sí, dime? —Le respondo al sentir como con su mano derecha se mueve sobre mi hombro izquierdo.

    — ¡Jajaja! Estabas elevado pensando. ¿En quién y en dónde? Si se puede saber, ¡esposito mío!

    —Yo… En ti, en mí y en ellos. Estaba haciendo memoria de esa noche en Bogotá en el centro comercial, cuando me dieron la sorpresa, que no me alegró para nada y fastidió mi cumpleaños. ¿Recuerdas? —Le respondo, mientras ella se sienta de nuevo, toma un trago y se enciende un nuevo cigarrillo.

    Yo me quedo mirándola embobado, extasiado con su belleza, que ha incrementado con el contorno negro alrededor del azul de sus ojos, el leve rosa claro dando vida a sus pómulos y el brillante carmín, resaltando las curvas encantadoras de sus tentadores labios.

    — ¿Qué? ¿Ahora que me miras? —Le pregunto al verlo como me observa algo asombrado. ¡Y yo sé bien el por qué!

    —No es nada, tranquila que no se te ha parado ningún bicho. —Le contesto de inmediato.

    —A ver… Que me he visto en el espejo del baño y me he dado cuenta de que tenía cara de culo. Oops, disculpa. ¡Demacrada! Así, que un poco de rímel, delineador y polvitos mágicos para verme un poco mejor por fuera, ya que dentro de mí sigue deambulando la procesión. ¿Quedé bien? —Hago la consulta a Camilo y mi marido por respuesta suya, me obsequia una sonrisa.

    —Sí, estas mejor. Quiero decir que te ves bien. — ¡Estas hermosa mi amor, como siempre! Lo pienso, pero no se lo digo y sin embargo se me escapa para ella, una sonrisa.

    — ¿Y en que recuerdo ibas? Ah, sí. Cuando te enteraste de que iba a trabajar con tu amigo Eduardo. Pusiste cara de espanto. Yo lo sabía, le comenté a Fadia que no te iba a gustar y que lo mejor sería buscarme otro lugar para trabajar. Pero ella insistió en que a ti te iba a agradar tenerme cerca y que además ya tenía todo perfectamente calculado. Y Eduardo la secundó en todo lo que nos expuso esa noche. ¿No te pareció raro? —Camilo asiente con la cabeza.

    —Pues sí, bastante. Aunque si te soy sincero, en ese momento entré en shock y no fui capaz de reaccionar de la forma en la que debería haberlo hecho. —Y después de hablarle, mi mente me regresa a esa noche…

    —Camilo, no pongas esa cara, mira que tu esposa se aburre en casa. Llevas ya qué, Melissa… ¿Cuatro meses desde que llegaron? Entiende que necesita ponerse a hacer algo y sentirse viva. De lo contrario esa rutina acabará tarde o temprano con la bonita relación que tienen. —Me dijo Fadia, tratando de hacerme entrar en razón. Pero yo no lo vi tan claro como ella.

    —Pues mi cielo, es que yo no sabía que tú te sentías así. Debiste habérmelo dicho y yo te ayudaría en lo que pudiera para que ubicaras algo relacionado con lo que te gusta. Es que vender casas y apartamentos… ¡No te veo en eso, la verdad! —Mirándote, te lo dije con sinceridad, sin querer ofenderte o queriendo imponer mi voluntad.

    —Lo se Camilo, nunca pensé que me fueras a poner trabas, no eres ese tipo de hombre dominante y prepotente. Sin embargo si me hiciste sentir mal, porque tenías razón, yo debí hablarlo antes contigo y pedir tu opinión. Pero me dejé embaucar por Fadia y su loca idea de… De crear entre los dos un juego de roles, crear una obra de teatro, donde tú no serias nada mío y yo, nada de ti. Una calculada pantomima que nos haría disfrutar más nuestra relación matrimonial. Recuerdo que te respondí algo así como…

    —Amor, solo quiero sentirme útil. Hacer algo con mi vida, que se me van a pasar los años y como dice Fadia, podríamos llegar a aburrirnos y… Y yo no quiero sepárame nunca de ti. —En ese momento tu querido amigo metió la cucharada, o mejor… ¡La cizaña!

    — ¡Exacto Meli! Es un peligro en el matrimonio, dejarse atrapar por la monotonía. Haciendo las cosas bien, sin delatarse ante nadie, lo van a disfrutar bastante y me tendrán que dar las gracias. Y a mi esposa, por supuesto, que es quien se ha ocupado de planear con rigurosidad la estrategia a seguir y las reglas del juego que ustedes dos, deberán seguir al pie de la letra para que todo salga a pedir de boca. ¿No te parece bien, mi futura vendedora estrella?

    —Me empalagó Eduardo con su labia, pero creo que a ti no. Y como si fuese una premonición, tampoco he podido olvidar que el «Mea Culpa» de Enigma, pero en una versión extendida, se escuchaba en ese instante.

    —Uhum, así lo recuerdo yo tambien, Melissa. Entonces les comuniqué, que me iba a tocar renunciar a la constructora. ¡No está permitido que trabajen parejas en la empresa! ¡Es una regla muy clara! Les dije, sobretodo fijándome bien en la cara de Eduardo, que se mantenía a la expectativa. Pero el me respondió con severidad…

    — ¡No seas tan güevón Camilo! No vas a abandonar tu trabajo apenas empezando y con un gran futuro por delante. Ya he dejado caer a los socios la idea que tienes del centro vacacional ecológico y les ha llamado poderosamente la atención. Mira ya tengo todo planeado y cubierto, nadie en la constructora se va a enterar si hacemos las cosas bien. ¿No es así cariño? —Le preguntó a Fadia, tomándola con cariño de las manos, pero solo fue por breves segundos, pues ella con sutileza, posteriormente se la apartó para decirme…

    —Míralo de esta manera Camilo. Van a poder verse más horas, estar juntos durante el día, cerca pero no revueltos. Será para ustedes como un juego divertido de roles, eso de verse pero como si fueran dos desconocidos. Hablándose como lo harían dos extraños, con cosas diferentes por contarse, mientras comparten con los compañeros el almuerzo, sentados en la misma mesa, pero alejados manteniendo la distancia, aunque con ganas de compartirse con cariño algún bocado.

    —No lo sé Fadia, yo veo eso muy arriesgado y de verdad innecesario. Puede que parezca divertido pero estar todo el dia sin hablarnos para no levantar sospechas, sabiendo que en cualquier momento con un desliz, podríamos ser descubiertos, pues yo a eso no le veo el gusto. —Le respondí a ella pero en realidad, lo hice para todos, pero tú…

    —Va a ser genial, mi vida. Ya lo veras. ¡Ver y no tocar! Deberemos aguantarnos el apetito de estar juntos los dos, hasta llegar a nuestra casa y desfogar toda esa pasión. Vamos a renovar cada noche nuestro amor, contándonos las cosas que hicimos en el dia, sobre las personas que iré conociendo con los negocios y los logros que te aseguro mi amor, vas a alcanzar con tu inteligencia. Ambos lograremos descrestar en esa constructora, mi cielo. Podremos meternos en los baños y llamarnos a escondidas o hacernos videítos subidos de tono. ¡Jajaja!

    —Intervine muy emocionada, lo sé. Y en serio que esa noche yo lo estaba, porque Fadia me había explicado ya como lo lograríamos y en verdad que no lo vi tan difícil.

    — ¡Primero que todo deben cambiar esas sortijas! —Nos dijo ella, pero yo me negué rotundamente y te miré para que me ayudaras a razonar con ellos y que te echaras para atrás. Sabes que nunca, ni para lavarme las manos me quitaba el anillo, menos lo iba a hacer para darles gusto, aunque tu estuvieras tan involucrada.

    —Al menos tú Melissa. La gente no es boba y puede caer en cuenta de ese detalle. ¿Los dos con iguales alianzas de matrimonio? ¡No, eso no! Mira aquí te entrego esta para ti. Tiene un labrado diferente a la de Camilo y si les da por pedírtela algún dia para chismosearla, por detrás está escrito el nombre de otro hombre. —Continuó Fadia explicándonos su planeada estrategia esa noche. Pero entonces fue cuando preguntaste…

    —Veo que lo tienes todo bien planeado. ¿Y cómo se supone que se llama ese otro? A ver déjame ver. Y me sentí peor al leer aquel nombre. ¡Diego Javier Jaramillo! Pero que buena idea. A quién se le ocurrió usar a tu ex. ¿A ti o a Fadia? —Y con el gesto que hiciste al bajar tú mirada, –nerviosa y apenada– con eso me bastó.

    —Tambien las redes sociales. —Dijo de pronto Eduardo, dejando sobre la mesita, su vaso de whiskey ya terminado. —Tienen que dejar de tenerlas públicas y colocarlas privadas. Por Camilo no veo problemas pero con la tuya si, Melissa, pues tendrás que relacionarte no solo con tus nuevos compañeros de trabajo sino con los futuros clientes y muchos querrán por gusto, morboso interés o pura necesidad comercial, contactarte por ahí. Debes crear un nuevo perfil, con fotos tuyas donde no aparezca por supuesto el rostro de mi amigo, ni por asomo. Pueden ser fotos del pasado, estaría mucho mejor si subes algunas donde aparezca tu ex novio. ¡Total, se supone que él será tu esposo!

    —En ese momento yo giré mi rostro para mirarte y me encontré con la sorpresa de que te sonreías de forma nerviosa pero alegre, como una niña pequeña que está a punto de cometer alguna «pilatuna». —Y de nuevo presté atención a las palabras de mi amigo Eduardo.

    —Y algunas otras donde estés visitando otros lugares y por supuesto que Fadia te colaborará para escoger el Nickname nuevo. Eso te daría mayor credibilidad. De todas maneras se te entregara un móvil empresarial y podrás mantener el tuyo personal solo para llamar o mensajearte con Camilo, pero cuidando de no delatarse o ser escuchados. Las paredes de las oficinas tienen muchos ojos y oídos. ¡Pero cambia esa cara Camilo, por Dios! Tranquilo que yo para tu esposa seré como su ángel de la guarda. Descuida que yo te la cuidaré muy bien.

    —Y como han pensado hacer para que nadie se dé cuenta de que vivimos en el mismo conjunto residencial. ¿Qué tal que un día, a algún compañero le dé por acompañarla o a uno de sus clientes, seguirla? Tambien pueden pedirle que haga alguna reunión y preste su casa para ello. ¿Ah? ¿Entonces qué? —Les comenté, queriendo buscar una salida digna y efectiva a aquella locura de propuesta.

    —A ver Camilo, ese conjunto residencial es demasiado grande y reservado. Además cuenta con dos entradas. Una por la carrera, la principal con una dirección y la otra por la calle, la auxiliar con numeración diferente. Decidan ustedes por cual van a salir. ¡No es tan difícil! Y por si algo, la dirección que tiene registrada la constructora en el currículo de Melissa, es la del apartamento de soltero de Eduardo y que ahora está vacío. Además no queda muy lejos de la casa de ustedes. Tranquilo que todo lo tengo muy bien planeado. —Me respondió Fadia, tan decidida y seria como siempre.

    —Finalmente ante aquella encerrona y el gesto de niña consentida que tenías, no tuve más que aceptar aquello. Era tu sueño Melissa, y yo no iba a ser quien te lo arrebatara.

    —Lo sé bien, mi am… Camilo. ¡Siempre has sido así! Consintiendo mis caprichos, brindándome la seguridad para realizar mis ideas. Eres un sol de hombre, un compañero estupendo para mi vida. —Le respondo, agradecida recordando que siempre me ha ofrecido su sincero apoyo. ¡Y te quiero de vuelta!

    ***

    Mariana, –bebiendo su cerveza– me regala una mirada de alegría, como la de aquella noche, cuando di mi aprobación final a aquella representación en la cual no preveía que en el futuro, fuera a salir nada mal, pues total, la verdad yo por esa época estaba muy ocupado rediseñando y terminando con las construcciones. Además que casi nada compartía con Eduardo y su grupo, salvo algunas esporádicas salidas a tomar unas cervezas y ya.

    No podía ser egoísta con mi esposa, si ella quería hacerlo pues la apoyaría. Y terminamos saliendo de allí, con ellos tres bien felices y yo, con motivos fundamentados, algo pensativo. Me preocupaba era Mateo. ¡Dejarlo en manos de quien sabe quién!

    —No estabas muy convencido pero durante el trayecto para llegar a la casa al verte tan callado, fui pensando en la manera de terminar por persuadirte y… Compensarte. Llevabas algún tiempo con una idea dando vueltas en tu cabeza. Me refiero a la de arriba pero con seguridad tambien a la de abajo, –continuo recordando esa noche, con Camilo pendiente del movimiento de mi dedo índice, indicándole que se acercara para no tener que hablar muy alto– y yo pensé que aquella noche estando tan solitos, podría finalmente entregarme a ti por completo y gemir libremente, gritando a todo pulmón sin preocuparme por despertar a nuestro hijo y por supuesto darte todo mi amor en cuerpo entero y lo que tu soñabas lograr… ¡Dejar que me dieras por el culito!

  • Los pies de Lourdes y los míos

    Los pies de Lourdes y los míos

    Desde que empecé a tener relaciones y con los 5 chicos con los que mantuve relaciones formales (novios) mis pies fueron protagonistas, incluso con mis relaciones esporádicas.

    Tengo que decir, que los hombres y las mujeres, me comentan que tengo unos pies muy bonitos y excitantes, con una talla de calzado muy normal 39 europeo.

    Hace unos años, tuvimos una pequeña crisis de pareja, decidimos hacer algo para salvarlo o estropearlo, pero acabar con ello, la idea era ser un poco más liberales y en un momento dado el estar con otras personas, pero eso os lo cuenta mi esposo.

    Un día apareció mi amiga Lourdes en nuestra casa para pedirme que le prestase unas bailarinas blancas, como buenos fetichistas, dispongo de un montón de calzado y por supuesto se las deje para el compromiso que tenía.

    Lourdes es una chica muy guapa y tiene unos pies perfectos, los cuales le encantan a mi marido.

    Cuando se marchó con ellas, Carlos me comentó lo caliente que le parecía el saber que luego me las pondría yo, además por el bulto de su pantalón y porque se pasó los dos días siguientes preguntando cuando me las devolvería su excitación era muy grande.

    Decidí intentar hacerle un pequeño regalo a Carlos y hablé con Lourdes del tema, (las dos somos bixes, aunque no tenemos muchas relaciones con otras chicas) y ascendió a ayudarme.

    A los dos días Lourdes, apareció en mi casa como yo la dije, con mis zapatos puestos y solicitándome que le prestara unas sandalias planas, por supuesto que ascendí a dejárselas, se quitó los zapatos y se puso las sandalias, lucían sus pies preciosos, Carlos se sentó para disimular su excitación, en ese momento la recrimine que sus uñas no estaban pintadas y que mi amiga tenía que ir impecable con esas sandalias.

    Le dije

    – quieres que te las pinte?

    – que bien, pero me darás también un masaje?

    – claro

    Carlos estaba como ido, se puso un cojín delante de su pantalón, siempre me decía que una fantasía suya era verme tocar y que tocase los pies otra chica

    Me dijo Lourdes:

    – luego te las Pinto yo a ti

    – vale, del mismo color

    Se quitó las sandalias y me puso sus pies en mis piernas.

    -que suaves y bonitos tienes los pies, dan ganas de besarlos

    -los tuyos también son preciosos y seguro que suaves.

    Me quité la bailarina y le puse uno de mis pies en su mano.

    -también son para besarlos

    -si quieres hacerlo?

    -lo mismo te digo

    Empecé a besar su pie, mientras Carlos miraba la escena alucinado y dio un suspiro cuando Lourdes empezó con el mío.

    Me empecé a animar y saqué mi lengua, la metí entre sus dedos uno a uno, después chupé sus dedos.

    – ahora te toca a ti

    – sabes que me estoy excitando?

    Empezó a chuparme los pies.

    – Carlos, quieres probar? dijo Lourdes

    Le tendí la mano y lo sentamos entre medias de las dos, le puse mi pie izquierdo en la cara y Lourdes el derecho y con los otros empezamos a frotar su entrepierna, que estaba totalmente abultada.

    Él nos besaba, lamía y chupaba como loco, en un momento dado, note como mi pie, se mojaba con un líquido caliente.

    – bueno Marta, ahora sigues tu

    – claro, te tengo que pintar las uñas

    Cuando las tuvimos pintadas las dos volvimos a la carga con Carlos.

    Después nos dio las gracias a las dos y nos pidió repetir otro día, como algunos saben, yo le suelo conseguir a mi marido, de vez en cuando, algunos pies diferentes a los míos.

    Os iré contando.