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  • Una experiencia nueva (parte 3)

    Una experiencia nueva (parte 3)

    Luego de que Javiera le confesara a Daniel la aventura que tuvo con un desconocido, él buscaba complacer sus deseos.

    Javiera: “estás seguro de que quieres eso?”.

    Daniel: “claro que lo estoy”.

    Javiera: “me pone nerviosa el tema, pero me da mucho morbo”.

    Pasaron algunas semanas, Daniel fue pensando en cómo hacer que Javiera cumpliera su fantasía. Comenzó a buscar algunos clubes de intercambio de parejas, encontró uno en su ciudad.

    En la noche tuvieron sexo y él le confesó que verla con otro hombre también se había convertido en su fantasía. Javiera aceptó.

    El fin de semana fueron a conocer el club, lo principal era sentirse cómodos. Javiera vistió un gran escote, sus senos notaban deliciosos, se puso una falda de cuero negra, hasta la mitad del muslo. Debajo tenía un puesto un hilo dental negro que apenas le cubría su intimidad. Para coronar se puso tacones, el cual lograda que sus piernas y trasero lucieran imponentes.

    Al entrar al club, se dieron cuenta que el primer ambiente era similar a una disco. Mucho baile, alcohol y locuras. Siguieron recorriendo el lugar y se encontraron con un pasillo donde había parejas jugando entre ellas con menos ropa, también había tipos solitarios observando y masturbándose. Siguieron avanzando y se quedaron en otro salón donde la gente estaba mucho más desinhibida y de lejos ya se lograba ver que algunos estaban teniendo sexo. Se sentaron en la barra a observar. De lejos se notaba una chica chupando un pene mientras el otro hombre la penetraba.

    De pronto se les acercó un tipo de unos 50 años aproximadamente, aspecto normal, contextura media, no hay mucho más que destacar. Al parecer el frecuentaba ese tipo de sitios. Les preguntó si eran nuevos, ellos les dijeron que era su primera vez en ese tipo de lugares.

    Les invitó un trago, aceptaron. El hombre les dijo que se fueran a otro sector en el segundo piso. La primera en subir fue Javiera, Daniel hizo que el tipo esperara algunos segundos y le dijo “adelante”. El tipo quedó con la mejor vista mientras iba subiendo, las piernas de la chica. Al llegar a arriba la miró de pies a cabeza y le dijo a Daniel “tu mujer está muy rica”. El besó a su pareja con muchas ganas, le agarró el trasero y le dijo: “si, lo está”.

    Javiera quería bailar y sacó a su pareja, bailaron un par de canciones mientras el hombre los veía desde su mesa a unos cuantos metros. El tipo le preguntó a Daniel si podía bailar con ella. Además de bailar, ellos se hablaban constantemente al oído y se sonreían cada cierto tiempo.

    El tipo los invitó al VIP de lugar, donde podían estar solos. Aceptaron, entraron a una habitación con un sofá grande y otros dos pequeños, luz tenue y música más tranquila a un volumen más moderado.

    Los hombres se sentaron en el sillón grande. Daniel le pidió a su chica que les bailara. En un principio ella algo nerviosa sólo le bailaba a su pareja, la chica bailaba mientras él le tocaba la pierna, levantaba la falda e iba abriendo poco a poco su escote.

    Ella se subió sobre su pareja, lo besó con mucha intensidad y en aquel momento, él le tomó la mano y la puso sobre la pierna del tipo.

    Daniel: “no me bailes sólo a mí”.

    Javiera: “estoy nerviosa”.

    Ella se acercó al tipo y le fue bailando lentamente, con movimientos suaves y sensuales fue calentando más al hombre. El desconocido se comenzó a sobar el pene sobre la ropa.

    Para calentar más la situación Daniel la desvistió liberando sus tetas, ella en primera instancia se tapó por instinto, luego quitó sus manos y sus senos quedaron a la vista del tipo. Ella besó a su pareja, luego se subió sobre el tipo, el cual sin pensarlo comenzó a comerte las tetas. Daniel no aguantó más la excitación del momento, se quitó los pantalones y sacó su miembro para masturbarse. Javiera se dio cuenta de eso y le dijo que se sentara al lado del desconocido para ella poder masturbarlo, estuvieron así varios minutos, tiempo que aprovechó ella para besarse con el tipo.

    A continuación, el desconocido le pidió permiso a Javiera, se puso de pie quedando frente a la pareja, liberó su pene y se volvió a sentar.

    Daniel le dijo al desconocido: “quítale la falda”. El tipo actuó rápido, y la chica sólo quedó en ropa interior.

    Ella se arrodilló al mismo tiempo que su pareja se puso de pie, el desconocido hizo lo mismo que Daniel. Ambos miembros quedaron a la altura de su cara, la chica no dudó y se metió el pene de su pareja a la boca y con su mano buscó el pene duro del desconocido para pajearlo. Ella miró a su pareja y esta vez se metió a la boca el miembro duro del otro tipo. Por fin había cumplido sus deseos de probar otro pene. Pero este era sólo el comienzo.

    Al ver con las ganas que ella chupaba el pico duro del tipo, Daniel se desesperó y se la quiso meter. La acostó, le quitó el diminuto hilo que tenía en la raja, se acostó con ella poniéndose detrás. Se acomodó y se la empezó meter con fuerza, Javiera intentaba chupársela al desconocido, pero le era imposible con las embestidas de su pareja, ella notó que Daniel estaba por acabar, entonces le pidió cambiar de posición, ella quería seguir disfrutando.

    “Se lo puedo meter yo”, dijo el desconocido.

    Javiera: “si, por favor”.

    El desconocido se puso condón y la chica naturalmente se puso en cuatro. El tipo acomodó su pene, la tomó de las caderas y la comenzó a embestir, ella empezó a gemir muy fuerte, gemidos que fueron silenciados por el pico de su esposo en la boca. Por un momento ambos la fueron follando, uno por la vagina y el otro por la boca. Daniel estaba demasiado excitado y no aguantó mucho tiempo más y le llenó la boca de semen a Javiera, ella pudo tragar algo, pero las embestidas del desconocido no la dejaron tragar bien y terminó por botar gran cantidad de la leche de su hombre.

    Daniel se retiró unos momentos del cuarto, oportunidad que Javiera aprovechó y cabalgó sobre el pene del tipo.

    Javiera: “que rico tu pico duro”.

    Desconocido: “te mueves rico puta caliente”.

    Javiera se comenzó a cabalgar con mucha fuerza, se frotó el clítoris, y por primera vez en años terminó acabando con otro hombre que no fuera su pareja.

    Luego ella se arrodilló, le quitó el condón del pene y se lo comenzó a chupar con la idea de hacerlo explotar.

    Javiera: “lo quiero en la boca”.

    El desconocido se comenzó a masturbar frente a su cara, ella no alcanzó a abrir bien la boca cuando él empezó a acabar, por lo que, el primer chorro fue en sus labios, los siguientes fueron en su cara y mentón. En ese momento regresó Daniel con tragos en sus manos, y alcanzó a ver salir los últimos chorros de semen sobre la cara de su pareja, la cual estaba llena de leche.

    Luego de beber, se arreglaron, y antes de irse quisieron regalarle el hilo dental que usó Javiera esa noche al hombre, la prenda estaba toda mojada.

    Ambos reconocieron que no fue un trío perfecto, los nervios y la calentura hizo se descontrolaran mucho las cosas. No conocieron el nombre del tipo y nunca más supieron de él.

    Esa experiencia hizo que se les abriera un mundo de posibilidades. Acordaron repetir un trío o mejor aún un intercambio de pareja, pero esta vez querían estar con gente conocida y de confianza. Pensaron en alguna persona con que tuvieron sexo en el pasado y que tuvieran ganas de repetir. Aún tenían mucho por fantasear y experimentar.

  • La exótica esposa del tío Willy

    La exótica esposa del tío Willy

    Me han pasado cosas raras, algunas realmente sobrenaturales, pero la historia que les pretendo contar es sobre la más grandiosa experiencia que he vivido. Les voy a contar lo que pasó aquella noche en la que el “tío Willy” nos presentó a su señora.

    Corría el año 1998 y rondábamos los 12 años. Marcelo, René y yo (Claudio) nos conocíamos desde los 6 y éramos inseparables. Marcelo tenía un tío joven apenas 5 años mayor, de nombre Guillermo.

    Ese año con 17 primaveras un día se subió a un buque mercante y durante los siguientes 10 años, Marcelo, recibió de su parte, cada 6 meses, una postal alusiva a un distinto lugar. De tanto en tanto llamaba por teléfono para saber de la familia y los amigos de su sobrino regalón, es decir, René y yo.

    Recuerdo que fue un jueves. Estaba helado y oscuro a pesar de no ser aún las 3 de la tarde. El cielo encapotado de pesadas nubes transportadas por un cálido viento boreal anunciaba un esperado diluvio. Arreciaba el invierno, mas del cielo no caía una gota de agua.

    Me estiraba sentado frente a una mesa repleta de libros y cuadernos. Miré la hora. Llevaba más de dos horas estudiando sin tregua. Moví mi cuello. Terminaba de restregarme los ojos cuando el teléfono sonó. Era Marcelo.

    Marcelo: Qué haces, Clau???

    Yo: acabo de terminar de estudiar… me estoy tomando un descanso para seguir… ¿por?

    Marcelo: es queee… lo mejor es que lo veas tú mismo… Estoy con René… en el bar… no te demores…

    Una hora después, desde el umbral del acceso al bar noté que mis amigos estaban en nuestra mesa favorita. Los acompañaba un tipo grande y de largo pelo hecho una trenza, de espalda a mí. Al saludarme los chicos, el hombre se dio la vuelta y al verme, se levantó de su silla y comenzó a caminar al encuentro.

    Yo: y este barbón quien es??? –nos acercamos, hasta fundirnos en un fraternal abrazo.- Hola hermano mayor… te echamos de menos…

    Willy: eso mismo le decía yo al Marce… es muy bueno verlos…

    Yo: cuándo llegaste…y desde dónde… ¿te quedarás???

    Willy: tranqui… ya te cuento… vamos a sentarnos…

    René:-al llegar- a mí también casi se me caen los mocos… que buena sorpresa…

    Marcelo: imagínate yo… al abrir la puerta de la casa y verlo…

    Willy: quiero contarles tantas cosas… pero lo primero es lo primero… llegué ayer… vengo desde varios lados, pero donde más tiempo estuve fue en la capital de Indonesia…

    René: pero empieza desde el principio, po…

    Willy: está bien… el buque mercante que abordé me dejó en Johannesburgo… ahí…

    Escuchamos al tío buena onda del Marce por horas. Tenía tantas anécdotas y todas buenas que entre copa y copa reímos y charlamos hasta cerca de las 10 pm. En varias ocasiones lo vi jugar con su teléfono. Estando casi todos borrachos Willy comenzó a contar los cuentos más picantes de modo que al momento de levantarnos para partir, todos teníamos el bulto crecido debajo del pantalón. Luego de mirarnos, las carcajadas nos hicieron llorar.

    Willy: oigan… en el departamento (depa) tengo whisky… quien me sigue???

    Marcelo: y tu esposa???

    Willy: qué tiene mi esposa??? Acaso te gusta???

    Marcelo: no se trata de eso…

    Yo: Willy… tranquilo, hermano… creo que el Marce se refiere a que no queremos molestar a tu esposa con nuestra presencia… somos todos gritones y bochincheros…

    René: exacto…

    Willy: ustedes dos… ¿conocen siquiera a mi esposa? –ambos negamos con la cabeza- pues ahí está… vamos al departamento y se las presento…

    Yo: a lo mejor está durmiendo…

    Willy: es temprano…

    René: y si te sale una pelea con ella por esta tontera que podemos repetir mañana y para conocerla la traes contigo al bar…

    Willy: -tras pagar la cuenta- miren pendejos… les voy a preguntar la última vez… ¿vienen o no?

    En el trayecto Willy nos contó que Mori, como le decía, había sido una bailarina de cabaret en Yakarta cuando la conoció hace 7 años. Tras cinco años de interactuar con ella más allá de lo que su profesión le exigía para con un cliente, se la compró a su dueño. Luego de liberarla, se casaron.

    El año pasado Mori supo que por herencia era dueña de una de las grandes fortunas de una de las familias de Yakarta dueñas de la mafia del bullente Hong Kong. Viajaron. Tomaron mucho dinero a cambio de ceder su cuota de poder heredada. Y se marcharon, milagrosamente con vida. En más de una ocasión nos recalcó que si Mori nos contaba algo, nos hacíamos los de la chacra y ya. En otras palabras, no sabíamos nada.

    Luego de 15 minutos en taxi, llegamos al lugar. Era un lujoso edificio del barrio alto de esos con dos departamentos por planta. El ascensor nos llevó al séptimo piso, departamento A. Entramos en silencio, pues estaba todo apagado y en completo silencio.

    Yo: -justo antes de entrar a las penumbras del departamento.- estás seguro Willy… aún podemos arrepentirnos…

    René: parece que está dormida, hermano mayor…

    Marcelo: y si mañana a la hora del almuerzo hacemos un asado???

    René: apoyo la moción…

    Willy: -era el único que hablaba sin bajar el volumen de su voz.- créanme cuando les digo que se arrepentirán… si se van…además, cabros, ya estamos aquí… entren y siéntanse como en su casa…

    Y vaya que lo hicimos. En menos de dos minutos, teníamos las luces encendidas, la música a un volumen moderadamente alto y nos encontrábamos instalados en la sala de estar sentados en sendos sofás de tres cuerpos Marcelo y Willy en uno y separados por una mesa de centro baja de madera nativa, enfrente, en otro sillón igual, René y yo.

    Cada uno con un vaso lleno a la mitad, jugando como niños al ludo. Nuestras risotadas podían escucharse a kilómetros de distancia. Así estuvimos jugando y bebiendo por poco más de una hora más hasta que de súbito una exóticamente hermosa mujer irrumpió en medio de nosotros.

    Vestía una larga y rosada bata de felpa que le tapaba desde el cuello hasta encima de sus delicados tobillos. Iba descalza. Llevaba el lacio y largo cabello negro como la noche, tomado en una cola de caballo. Su piel era tersa y de un claro y sensual color canela. Ojos grandes y casi negros, nariz pequeña, generosa boca y fino mentón le conferían una exótica belleza oriental.

    Medía 1.60 m, atlético y estilizado cuerpo; de proporcionadas curvas, con largas piernas y dos pequeños y finamente bellos pies. Sus senos eran medianos y bien puestos, sus caderas estrechas y su culo pequeño, pero perfectamente formado por dos redondos, firmes y respingados glúteos…

    Hablaba un perfecto español y lo notamos cuando disgustada se plantó en medio de nosotros. El ceño fruncido, las piernas ligeramente separadas, los brazos en ristre apoyados con sus puños apretados en sus breves caderas. De sus ojos salían chispas. Al verla, por instinto Marcelo se cambió de asiento, ubicándose entre nosotros, dejando a Willy solo.

    Mori: cariño… qué $%&é $ está pasando aquí???

    Willy: amor… estos son los chicos de los que siempre te estoy hablando… -apuntándonos al tiempo que nos mencionaba.- él es Claudio y él, René… ya conoces a Marcelo… los traje para presentártelos… -estirándole las manos, invitándola.- venga… no se enoje… quédate con nosotros… un rato que sea…

    Mori: qué va a hacer una mujer en medio de conversaciones de amigos…

    Willy: tonterías… ven… lo pasarás bien con estos chicos… son de los buenos y además graciosos… especialmente ese par… -dijo señalándonos a René y a mí.

    René: si… venga… ¿qué le sirvo???

    Mori: lo mismo que toman ustedes…

    Yo: Y no le haga caso a ese tipo… somos dos hombres serios…

    Mori: jejeje… mmmm… algo me dice que no tengo que creerles… jajaja… en fin, me voy a vestir…

    Willy: tonterías amor… te ves preciosa con lo que te pongas… Marce… párate…-apuntando al espacio que Marcelo había dejado- amor… siéntese ahí mejor… eso…

    Mori: solo si me das una buena razón…

    Willy: porque me das miedo cuando estás enojada, -dijo abrazándose y tiritando.- y si te dan los cinco, prefiero verlo a una distancia segura…

    Mori: mmmmm… entiendo, -dijo y con soltura recorrió la corta distancia que la separaba de su lugar y con un felino movimiento se acomodó.- ahora sí… hola chicos, -agregó al tiempo que recibía de parte de René un vaso con whisky hasta la mitad.-

    Yo: hola Mori… es un gusto conocerte y en nombre de…

    Mori: no es necesario, Claudio…

    Yo: entonces si no hay nada más que agregar… salud!!!

    Charlamos y bebimos por un par de horas. La esposa del tío del Marce reía de todos los chistes que lanzábamos en medio de las conversaciones René y yo. El rato pasó agradable y todos sentimos que el tiempo había pasado volando por lo que a pesar que el reloj marcaba la 01:48 am, tácitamente seguimos con la improvisada tertulia.

    Ya algo ebrios, aparecieron los temas picantes. Willy contó el primer cuento con contenido sexual. Al terminarlo, pude notar una atmósfera más pesada, las respiraciones ligeramente agitadas, las pupilas dilatadas por algo más que el alcohol.

    Marcelo: estuvo buenísima… ¿es real, tío?

    Mori: sí… wiwi, crees que pueda ser yo quien cuente una historia…

    Willy: solo si cumple con dos requisitos… que sea triple x y… real…

    Mori: qué bandido eres, wiwi… ustedes quieren que les cuente una historia así??? –los tres asentimos en un completo e hipnótico silencio.-

    Mori entonces, tomó nuestro silencio como una invitación a empezar por lo que tomó su vaso y, de un tragó, lo vació solo para comenzar a contarnos una historia que desde el principio cautivó toda nuestra atención.

    El relato trataba de una niña de 12 años que fue vendida por su padre a un hombre de turbios negocios quien, luego de casi morir por un ataque suyo, la eligió para ser entrenada como concubina solo para él, comenzándola a usar dos años más tarde, mas solo alcanzando a disfrutarla por un año. A la muerte de su dueño, pasó a ser propiedad de uno de sus hijos, quien poseía un local nocturno, lugar donde las ofició a medias de bailarina exótica a medias de puta.

    Mientras hablaba, Willy no le sacó los ojos de encima. La miraba con amor, respeto y admiración y ella le devolvía lo mismo a través de sus expresivos ojos. Se puso de pie cuando el relato promediaba y tras tomar los controles remoto de la TV y el reproductor de CD; subir a 24 grados el aire acondicionado y dejar solo una pequeña lámpara como única fuente de luz, volvió a sentarse en el mismo lugar, acomodándose.

    La exótica y bella mujer de Willy describía en una cada vez más tronca voz y con todo detalle las escenas donde la protagonista fue sometida a las más despreciables humillaciones proferidas por clientes (casi todos adinerados) y su dueño. Vivió eso por largos cinco años hasta que un hombre bueno compró su libertad, casándose con ella y siendo feliz por siempre jamás.

    Cuando el cuento finalizó, estábamos todos (incluyéndola) prendidos y muy, pero muy excitados. Fue cuando iniciamos una sugerente charla que no nos permitió notar cuando Willy encendió la TV y el reproductor de CD.

    Mori conversaba conmigo y René, lanzando bromas acerca de los bultos que se nos notaban en el pantalón a los dos. Las chanzas iban y venían y las risas abundaban entre salud y salud. Al poco rato nos percatamos que tanto Marcelo como Willy estaban hipnotizados con la pantalla del televisor. Tal vez por eso, durante todo ese tiempo, Mori estuvo desviando la vista de tanto en tanto también.

    Un minuto más tarde toda nuestra atención estuvo centrada en la película. En ella se podía ver a una hermosa mujer japonesa conversando con su esposo, el cual, por diferentes razones (todas depravadas) le pedía que se acostara con otro hombre delante de él.

    De pronto, Mori se puso en pie para dirigirse hacia su esposo. Se ubicó detrás de él y en susurros intercambiaron unas cuantas palabras. No sé si fue coincidencia o el destino, pero ambas mujeres casi al unísono asintieron.

    De reojo noté cuando Mori se acercó a nosotros para sentarse en el mismo sitio entre los dos. En cuanto estuvo en medio, nos sonrió y apoyó su peso en mi torso con el fin de acomodarse y disfrutar del film. Cruzó las piernas y comenzó a balancear una de ellas. No pasó mucho y la verga comenzó a reaccionar de nuevo, pero dado que la tenía hacia abajo, me incomodaba sobremanera.

    Llegó un momento en el cual no pude soportarlo más por lo que le pedí permiso a Mori para que se levantara un poco de modo de poder acomodar la verga para que creciera sin que molestara. La verdad y a pesar de las risitas de Mori, fue un alivio.

    Ella aprovechó la ocasión para sacarse la gruesa bata y quedar en un pijama de algodón de dos piezas con mangas y pantalón corto y muy ajustadamente sexy. Mis ojos se dividieron a partir de ese instante entre los senos de Mori y la pantalla de la TV.

    En la película, la mujer disfrutaba del primer coito delante del esposo con otro hombre. Él observó hasta que en un punto no pudo resistirse más y se unió a la fiesta, Así su hermosa mujer recibió verga, en cuatro patas, por la boca y el coño al mismo tiempo hasta el orgasmo.

    De pronto, el esposo fue por su cámara e inmortalizó a su mujercita en varias instantáneas. Hacía calor y en los encendidos rostros de todos se notaba. En ese momento, Mori, levantó sus piernas solo para estirarlas sobre el regazo de René. Las cruzó en los tobillos.

    Mi amigo, en un acto reflejo, de súbito posó sus manos sobre las rodillas y comenzó a acariciarle sus tersas y contoneadas piernas. Descruzó los tobillos cuando las suaves caricias de René surcaban cancinamente el interior de sus muslos. Levantó la vista y con la mano me invitó a acercar mi oído a su sensual boca.

    Mori: me siento… bersemangat … y wiwi sabe qué pasa cuando me expongo a estos escenarios… él… él… cómo se dice??? Él quiere verme como era antes… como una jalang… me dijo que si llegaba a estar bersemangat a él no le molestaría que me las arreglara por mi propia cuenta…

    Yo: me parece genial… pero no entendí un carajo y… que es bersenosecuanto…

    Mori: -flexionando las rodillas para separar las piernas mientras las manos de René subían y bajaban, rozando en cada pasada sus ya húmedos labios vaginales- bersemangat… mírame… espero no necesitar explicarte más.

    Yo: no es necesario… -miré a Willy fugazmente. Él no le sacaba los ojos de encima a su esposa al tiempo que llevaba su mano al bulto que podía verse bajo su pantalón. Volví mi atención a la exótica fémina. – puedo???… quiero decir… podemos tomar la iniciativa???

    Mori: solo si no me hacen llegar pronto al orgasmo… si pasa eso, la fiesta se acaba…

    Yo: comprendido…

    Mori: y sin besos en la boca…

    René: -mirándome y con una gran sonrisa de complicidad en su boca- eso está por verse, señora…

    Mori: no hay nada por ver, konyol… es un hecho…

    Sin siquiera darle otra mirada al esposo, desnudamos a Mori en un pestañeo para ubicarla en cuatro patas sobre el amplio sofá, quedando su conchita expuesta a mis antojos al tiempo que mi compa se dedicaba a jugar con sus perfectos y proporcionados senos.

    Chupamos, lamimos y mordimos sus senos, vagina, clítoris, ano y nalgas como si aquel fuera el último día de nuestras vidas. Los quejidos que emitía la televisión se superponían a los sensuales gemidos y jadeos que Mori nos regalaba en su lujurioso trance.

    Yo: la chica de la historia eras tú… ¿cierto? –susurré en su oído.-

    Mori: qué rico lo que haces… ahhhh…

    No sé cuánto tiempo estuvimos así, solo sé que de pronto, Mori a grito pelado nos pedía detenernos, pues estaba a punto de irse. Evidentemente hicimos caso omiso de sus advertencias hasta que el brillante y sudado cuerpo femenino comenzó a expresar suaves convulsiones, claro síntoma de su entrada al no deseado clímax.

    En ese instante, introduje mis dedos corazón y anular hasta el fondo de su conchita y a pesar de sus quejas y exclamaciones en indonesio inicié de inmediato un brusco sube y baja, el que prontamente acalló las protestas, reemplazándolas por un entrecortado quejido que antecedió a un súbito y pesado silencio, solo interrumpido por potentes emanaciones de fluidos provenientes de su coño, producidos por una abundante y placentera eyaculación.

    Un segundo después del último chorro, introduje de nuevo mis dedos y comencé con la misma operación, con la salvedad que esta vez no me detuve al momento de eyacular. De esa manera, Mori, alcanzó a acabar 5 veces más, quedando desparramada de vientre sobre el brazo del sillón de modo que mostraba todo su dilatado coño.

    Sus dos orificios palpitaban. Su pequeño culo, desde ese ángulo, se veía hermosamente redondo. Ni un solo vello podía verse en su transpirado y lascivo cuerpo. Balanceaba sus caderas con majestuosa lujuria. Dio vuelta su rostro. Los ojos estaban inundados de deseo.

    Mori: ahora no puedes parar…

    Yo: solo si René no se queda mirando…

    Mori: dije nada de besos… no puse otro límite que recuerde…

    Justo antes de penetrarle el coño, levanté la vista para ver a Willy. Era la segunda vez que lo hacía desde que todo había comenzado, pero la primera en la que nuestras miradas se encontraban. Él y Marcelo estaban vestidos, pero con sus vergas libres, jalándolas con cansina calma. Con un gesto de su cabeza, Willy me instó a continuar.

    René, por su parte, no perdió un segundo y comenzó a follarle la boca con contenida pasión. Los ahogados quejidos de Mori atrajeron nuevamente mi atención hacia su respingado y anhelante culo, palpitaba. Posé mis manos en sus sudadas nalgas y, sin más, le propiné una suave nalgada. De inmediato batió eróticamente sus caderas. Le gustaba.

    Puse la punta de la verga en la entrada de su resbaladiza concha y sin obstáculo alguno, llegué de una sola y suave estocada hasta el fondo, sin alcanzar a introducirla completa, pues no quise cortarle la leche por algo que de todas formas llegaría. Una vez acomodado, comencé un lento mete y saca, dándole una nalgada justo antes de cada embestida.

    De un instante para el otro, la mujer del tío Willy recibía con placer una verga por su coño y otra por la boca con una natural lascivia. Ella era tan exquisita, tan sensual y con tanta clase que tuvimos que iniciar una constante rotación entre mi compa y yo, con el solo fin de evitar acabar.

    Así, cada par de minutos empezamos con René a cambiarnos de lugar. En la tercera oportunidad de tener su coño a mi disposición, comencé a empujar con mi verga en la entrada de su culo. A la tercera embestida ya golpeaba su coño con mis bolas, a todo vapor.

    Los gritos de placer de Mori al llegar al orgasmo fueron demasiado para nosotros, acabando en sus tripas al tiempo que René hacía lo suyo en la boca y senos. Segundos después, Mori se puso de pie y mientras se dirigía hacia su esposo se limpiaba los restos de nuestros líquidos seminales. Al llegar sin preámbulo alguno, tomó asiento sobre su verga. Segundos después, al tiempo que Willy taladraba su delicioso coño, Marcelo recibía la mamada de su vida.

    Menos de medio minuto después Mori disfrutaba de otras dos vergas que se la follaban con tierna rudeza. La exótica fémina intercalaba lascivos gritos y destemplados quejidos con sugerentes exclamaciones en su lengua natal, siendo las que más se repitieron: jadi, lebih kuat y kotoran.

    Al cabo de poco más de 10 minutos y unos cuantos orgasmos femeninos, primero Marcelo y segundos después Willy, acabaron el primero en su coño y el segundo en su boca, senos y cara entre gruñidos y sonoros suspiros.

    Pasaron un par de segundos cuando Mori, al notar que nuestras vergas estaban casi listas, se levantó y mientras caminaba hacia nosotros, fue limpiándose el semen que escurría por sus muslos y abdomen. El bizarramente erótico momento nos puso a mil.

    René: de verdad quieres más, lindura???

    Yo: nosotros podemos esperar si quieres descansar…

    Mori: acaso no quieren continuar???

    René: -nos miramos y sonreímos- nosotros siempre queremos, mija… siempre…

    Yo: así es… por ello si tu quieres descansar, podemos esperar… no queremos que tengas dolores o lo pases mal…

    Mori: después de mi wiwi, ustedes son las únicas personas que me han tratado bien… no me he sentido en ningún momento un pedazo de carne… en realidad me gustaría bañarme y comer algo…

    René: Willy!!! Marcelo!!! Ustedes preparen algo para la reina… dice que tiene hambre… Clau y yo nos dedicaremos a atenderla. Desea un baño… ¿te parece?

    Willy: ¿lo de siempre cariño???

    Mori: por favor, amor… gracias…

    En el baño, empotrado en un rincón, había un jacuzzi para 4 personas. Abrí la llave del agua caliente y más rápido de lo que imaginé, el agua ya estaba a la mitad. Esparcí sales minerales y tras mojarla, enjabonarla y bañarla con un chorro de agua tibia, invitamos a Mori a ingresar.

    En la burbujeante agua y mientras le propinábamos un relajante masaje, charlamos distendidamente como viejos amigos. Mori era una mujer joven, pero con mucha experiencia. En sus ojos uno podía ver siempre sabiduría y amor, cada vez que miraba o hablada de su wiwi.

    Mori: Conocer a wiwi fue lo mejor que me ha pasado en la vida… él me cambió… por él mi vida es maravillosa… y les digo que los ama muchísimo… confía demasiado en su sobrino Marcelo y en ustedes… siempre me dice que los tres son sus sobrinos regalones… ahora entiendo el por qué… No se molesten… pero tengo que decirles que los escuché… y lo hice porque willy me llamó y dejó abierta la llamada cuando hablaron acerca de molestarme y el respeto… luego los escuché ayudar a Marcelo cuando wiwi lo hostigó para responder si yo era bonita o no… y finalmente los oí desde que llegaron… ¿quieren saber lo que hablamos antes de sentarme a ver la película con ustedes??? –Asentimos- le dije qué esperas que pase, wiwi??? A lo que me contestó, lo que seas capaz de imaginar sin caer en la timidez… Entonces le repliqué ¿crees que se la puedan conmigo, wiwi???, obteniendo como respuesta una enigmática sonrisa de su parte y un no pierdes nada con averiguarlo.

    René: y qué nos dices ahora, Mori??? ¿estamos a la altura???

    Mori: no me hagas decirlo… la venganza empobrece el alma…

    Yo: jajajaja… mi querido amigo… me temo que eso es lo más cerca de un sí que le sacaremos a esta hermosa y ruda dama…

    Mori: gracias… pero estoy segura que wiwi sabía algo sobre ustedes que yo no…

    René: espero no te moleste, sea lo que sea… Willy es un…

    Mori: ¿molestarme? Todo lo contrario… me encantó la sorpresa… ustedes me hicieron sentir como nunca antes… en el pasado, cuando era una puta, follaba todo el día con diferentes tipos y no podía permitirme un orgasmo… era una puta que no podía gozar de su trabajo, ya que después de sentirlo, no podía seguir… el dolor era demasiado… y no me excitaba con nada, en no pocas ocasiones, por horas… varias veces me pegaron duro por esa razón… Entonces conocí a wiwi y, con él, al amor…

    Yo: estoy seguro que lo debes saber por boca del mismo Willy, pero el hombre está perdido por ti… nunca antes lo vi mirar a una mujer como lo hace contigo…

    Mori: qué ricas manos tienes Claudio… me siento completamente relajada… estaría mal si me dejan chuparle sus penis antes de irnos a comer algo???

    René: solo si antes me das un besito…

    Dentro del jacuzzi Mori apoyaba todo su peso en mi dorso. Se encontraba entre mis piernas de espalda, mientras René, sentado enfrente masajeaba sus piernas y pies. En cuanto René le pidió el beso, un pesado silencio se apoderó de la situación.

    René no desviaba la vista por lo que deduje que Mori lo miraba con igual intensidad. De pronto volteó la cabeza y con voz clara y firme, mas con los ojos inundados de lágrimas no derramadas me preguntó…

    Mori: acaso tú también quieres un besito???

    Yo: sí y no…

    Mori: eres peor que una mujer…

    Yo: si… deseo besarte desde hace rato… pero entiendo y respeto tus palabras y por eso es no… es no, no porque no quiera y por eso es no, solo hasta que tú digas que no es no…

    Mori: jajaja…me pone de nuevo bersemangat escucharte decir que en el fondo mi cuerpo es mío y solo yo puedo decidir qué hacer con él…

    René: me parece notable todo esto…pero ¿qué pasa con el beso???

    Mori: jajaja… no era acaso un besito???

    Yo: los intereses suben, preciosa…

    Mori: jajaja… -mirando a René.- tú ganas… ven por él…

    Entonces, René se acercó y unieron un par de veces suavemente sus labios para luego, voltear la cabeza y repetir la operación conmigo, pero cuando se alejaba tras el segundo besito, le sujeté la nuca con mi mano para fundirnos en un húmedo y sensual beso.

    A partir de ese instante no paramos de besarnos sino hasta que unos 3 minutos después Willy entró al baño para avisarnos que la comida estaba lista. Los tres nos reímos al ser sorprendidos.

    Dado que en todo el departamento hacía calor, los hombres nos sentamos a la mesa vestidos solo con pantalones cortos deportivos, gentileza del dueño de casa, en tanto Mori se calzó una polera de la NBA talla XL sin nada debajo. Lucía hermosa, exótica y delirantemente sexy con su cabello mojado, la risa a flor de piel, evidenciando lo cómoda y a gusto que se encontraba.

    Cenamos cerca de las 4 am. Tal vez fue el vino, la hora, el cansancio de todo un día o todo junto, pero de todos modos, cuando Willy bostezó, decidimos ir a descansar. Así, los esposos se fueron a su habitación, Marcelo a la suya y René y yo a la que estaba preparada para nosotros.

    Aún no amanecía cuando sentí que alguien levantaba las tapas y se acostaba a mi lado. Al abrir los ojos vi a Mori sonriendo. Con su mano acarició mi mejilla tras lo cual me besó tiernamente.

    Yo: hola, linda…

    Mori: hola, guapo…

    Yo: -luego de casi medio minuto mirándonos en silencio- que bella eres, Mori… no me canso de admirarte… pero… cuénteme, señora… ¿qué puedo hacer por usted???

    Mori: wiwi ronca como camión y no puedo conciliar el sueño…

    Yo: ven… -le dije al tiempo que le daba la vuelta para quedar abrazados en cucharita. Comencé, entonces, a acariciarle el pelo, los hombros y brazos, con ternura.- duérmase, pedacito de chocolate… duérmase, que yo la cuido… -le besé la base de la cabeza.-

    En breve, Mori quedó profundamente dormida. Le acaricié sus sedosos cabellos por un rato más hasta que, sin darme cuenta, también me dormí. Recuerdo que esas pocas horas de sueño fueron dadoras de paz y descanso, pues al despertar, tenía a la esposa de Willy cabalgándome la verga en silencio, pero con inusitadas energías.

    Lo que siguió fue maravillosamente lujurioso y solo les adelantaré que ese día el único que salió de la casa fue Willy y lo hizo para ir a comprar pan. Por planes partían ese sábado, pero se quedaron hasta el lunes, días durante los cuales fui testigo y partícipe de la realización de todas mis fantasías más eróticas.

    Muchas gracias por leerme y será hasta la próxima, si ustedes así lo desean.

  • La visita de una tía inesperada (3)

    La visita de una tía inesperada (3)

    Hola nuevamente, prácticamente estoy haciendo una cronología día por día de lo que aconteció con mi tía esa semana que se vino a mi casa por el cumpleaños de mi otra tía.

    Ese lunes arranque a trabajar, pero con la extraña sensación de dejar sola a mi tía en casa, realmente debo decir que no quería despegarme de ella, pero mis obligaciones me lo impedían, después del mediodía recibo un mensaje de ella donde me decía que pasó a buscarla mi mamá para recorrer el centro y lugares donde ellas iban en su juventud, así que cuando termine mi horario de trabajo y llegué a casa, ella todavía no estaba, así que tome unos mates y me dispuse a preparar la cena para esperarla, cuando llega me saluda con un beso en los labios, y mientras cenamos me cuenta a todos los lugares que fueron con mi mamá, y lo bien que la había pasado ese día, yo estaba cansado por el trabajo y por el maratónico fin de semana que pasamos con ella entre comida, bebida y sexo, ella me dice que también estaba cansada por todo lo que había recorrido ese día, así que terminamos de cenar y fuimos a la cama a darnos unos mimos y descansar, la verdad le mentiría si le dijera que tuvimos sexo como las noches anteriores, uno es humano también y queda destruido, pero si debo decir que fue una de las noches más calientes que pase sin haber tenido sexo.

    Nos recostamos y nos dábamos tiernos besos, mientras nos decíamos lo bien que nos hacíamos sentir el uno al otro, yo como siempre soy muy curioso y decidí hacerle preguntas sobre lo que le había pasado y de su vida mientras no teníamos contacto por la distancia y otras cosas.

    Yo: que pasó, me dijiste que el tío te engaño y te viniste para buenos aires, fue la primera vez que te paso eso.

    Tía: no, no fue la primera vez, pero siempre lo perdonaba porque era algo mutuo, yo también tenía amantes y si bien creo que ambos lo sabíamos, nunca lo blanqueamos, pero hace bastante que yo dejé eso y por eso me dolió esta vez.

    Yo: bueno a veces pasa eso y lo mejor es pensar todo con la cabeza fría, no tomar decisiones apuradas.

    Tía: si es verdad, igual todo esto que estamos pasando acá me hizo pensar mucho y me hace sentir de otra manera, es como que me renueva y me hace sentir deseada otra vez, así que por esa parte creo que lo mejor que pude haber hecho es venir sin él, así que el que me haya engañado no resultó tan mal.

    Yo: viéndolo de esa forma es algo positivo y creo que a vos y a mí nos resultó algo bueno de eso, ¿Y hace mucho que dejaste de tener amantes?

    Tía: hace casi dos años que estoy solo con él, pero antes tenía muchos y muchas proposiciones de hombres, por eso no me afectaba tanto que el también tenga lo suyo, además yo la pasaba muy bien con la mayoría de los que estuve y otros que fueron un verdadero fiasco jajaja.

    Yo: y porque empezaste a tener amantes, el tío ya no funcionaba?

    Tía: no, no era eso, el había empezado a trabajar de noche, llegaba por las mañanas cansado, se dormía y cuando se levantaba yo estaba haciendo algo o no estaba, y eran muy pocas las veces que podíamos estar como una pareja normal, y como verás yo soy una mujer muy caliente, imagínate hace unos años atrás mucho más, así que tenía mucha necesidad de tener sexo, así que empecé a salir por las noches y se fueron dando las cosas, iba a bailar y me encaraban mucho hasta que un día afloje.

    Yo: si, es entendible, vos sos muy caliente y seguro con el cuerpo que tenías todos te querían coger, ¿y encontraste buenos amantes allá?

    Tía: algunos si, otros no, tuve muchos muy buenos y otros que casi ni se les paraba, recuerdo a unos que me decía que me iba a hacer de todo, yo fui más que entusiasmada, al principio todo bien, me chupaba muy bien la concha, sabía muy bien como hacerlo, después empecé a chupársela yo y no se le paraba, después de estar un rato largo chupándosela, por fin se le paró, pero no le duraba ni cinco minutos, así que tenía que volver a chupársela, cada vez que me la ponía se le bajaba, de última tuvo que terminar haciéndose una paja, fue una decepción total jajaja

    Yo: uhhh que mal, que caliente habrás quedado.

    Tía: si, no te imaginas, esa mañana cuando llegó tu tío, lo coji a más no poder, el me decía que nunca me había visto tan caliente jajaja, casi no durmió hasta el medio día que recién se me pasó la calentura y el enojo.

    Yo: pobre tío, aunque seguro habrá estado más que contento, ¿y cuál fue el mejor amante que tuviste?

    Tía: uhhh que tema, hubo varios que fueron increible, pero hay uno que fue el que sacó todo lo que yo tenía adentro y lo potenció mil veces, fue complicado al principio pero supo lo que yo necesitaba para ser lo que soy ahora.

    Yo: y porque fue complicado, no te gustaba el o no le tenías fe de que lo ibas a pasar bien

    Tía: te voy a contar todo desde el principio y vos decime que pensas.

    Yo: si si, te escucho y te digo que me parece.

    Tía: lo conocí en el baile, yo estaba con unas amigas y me lo presentan, yo lo tome como alguien más, me parecía como cualquiera, que seguro me quería coger y nada más, la verdad fue muy agradable toda la noche, muy correcto y bastante gracioso, nos dimos y par de besos y más de eso no paso, en la semana me llama diciéndome que el número se lo había dado una amiga y que tenía ganas de verme, así que le dije que está bien, pero que era mejor al otro día a la noche, esa misma noche la llamé a mi amiga y le dije que porque le dio mi número, me dijo que se lo había pedido y que quería saber todo de mi, y la estúpida le contó todo.

    Yo: que es todo

    Tía: le dijo que tu tío trabajaba de noche y yo salía, y que necesitaba estar con alguien, la verdad me quería morir, ya dudaba en ir al otro día, pero bueno, con más de decirle que no a todo, a lo sumo quedaría como que fui una mala onda nomás, así que fui sin saber que esperar, pero ya mal predispuesta y a tratar de que pase el rato lo más rápido posible, cuando llego, él ya estaba ahí y me recibe con una sonrisa, no sentamos y charlamos, era bastante agradable, pero yo no estaba de humor por lo que había dicho mi amiga, pero de a poco fui cambiando, me hacía reír mucho, y tenía una mirada linda, la verdad me sedujo solo con mirarme toda la noche, ya habían pasado como 3 horas y le digo que ya me tenía que ir, me dice que me lleva hasta casa, le digo que no, que se quede tranquilo, y me dice, «no, como vas a ir sola, tu amiga me comentó que tú marido trabaja de noche y estás sola, no puedo dejar que andes a mitad de la noche», no sabía si morirme por lo de mi amiga o cogérmelo ahí mismo por su caballerosidad, así que termine aceptando, antes de llegar le recuerdo, «sabes que soy casada y no puedo bajar de un coche en casa», ¿Porque no? Me dice, «tranquilamente puedo ser un remis que te deja», y tenía razón, así que le fui indicando y me dejó en casa, me dio un beso en la boca y baje, cuando entre a casa me dije a mi misma, que boluda le tendría que haber dicho para ir a un telo, pero bueno, si no salió de él, así que me voy al baño y cuando salgo escucho que golpean la puerta, lo primero que se me cruzó fue «a este boludo lo asaltaron», así que abrí esperando lo peor, ni bien abro el entra y me empieza a besar, yo sorprendida instintivamente respondí, la verdad es lo que deseaba así que cerré la puerta y le comí los labios, sucedió todo muy rápido, al ratito se la estaba chupando y sin mediar palabra me empezó a coger sobre la mesa, parece que yo lo deseaba mucho, porque en un ratito me hizo acabar dos veces, cuando terminamos me dice que se va porque es tarde y no quiere que lo vean salir de día por tu tío, pero que quería que estemos más tranquilos y más tiempo.

    Yo: pero eso no fue complicado, te cogió y la pasaste bien, que fue lo complicado?

    Tía: después de eso nos hablamos y decidimos vernos un viernes, todavía me acuerdo, nos encontramos en una esquina y nos fuimos directo al hotel, antes de entrar me regala unas flores y me besa con pasión, me sentía en las nubes, entramos y ya en la habitación lo bese y me saque el vestido que llevaba, no tenía nada abajo, así que quede toda desnuda, lo abrace y él de un empujón me saco, yo no entendía nada, y me pega dos cachetazos en la cara, me decía que era una puta y que iba a aprender como se tratan a las putas, empecé a llorar y a querer irme, entonces me tiró a la cama y me empezó a coger, yo forcejeaba y no podía zafarme, hasta que me dio otro cachetazo y me quedé inmóvil, me cogió a su gusto y cada vez que me movía me pegaba, no sabía que hacer, solo lloraba, cuando acabo se acostó a mi lado y me dijo «espero que te haya gustado», yo lo único que hacía era llorar sin decir una palabra, me sentía humillada, con mucha impotencia, me dice que me vaya a bañar y lo hago, no sabía cómo hacer para irme y que no me siga pegando, cuando salgo del baño me llama y me dice que se la chupe, yo me niego y me agarra del brazo, me pega otra vez y me obliga a chupársela, no paraba de llorar, cuando se termina el turno nos vestimos y salimos, quiero irme a tomar un taxi y me mete al auto y me lleva hasta la puerta de casa, antes de bajar me dice que vamos a volver a repetirlo pronto, yo le digo que nunca más quiero verlo, me bajo y entro a casa, me sentía realmente humillada, me sentía una mierda.

    Yo: que fuerte eso, me dejaste helado, nunca pensé que te podía haber sucedido semejante cosa, que tipo hijo de puta, ¿pero si te paso todo eso porque decís que fue tu mejor amante?

    Tía: te dije que fue muy complicado lo mío, no sabía cómo hacer para tapar las marcas para cuando llegaba tu tío, así que me tape toda y trataba de no cruzar frente de el, no quería ni que me toque, pase toda la semana así, en la cabeza tenía nada más los recuerdos de los cachetazos y la humillación que sufrí, tenía mucha bronca, por varios días no quería ni salir de casa, pero sabes que al poco tiempo cada vez que me acordaba de todo tenía menos bronca, llegó un momento que estaba entre risa y calentura cuando me acordaba, en todo ese tiempo no tenía ni noticias de el, como a los veinte días estando en casa sola como siempre, no se porque le mandé un mensaje con un «hola»

    Yo: vos estás loca, después de todo lo que pasaste le mandaste un mensaje, te gusto que te golpeé y te humille, la verdad no te entiendo

    Tía: si, le envié un mensaje y como a los diez minutos me respondió como si nunca hubiera pasado nada, «hola como estas, tanto tiempo, que haces», yo le respondí también como si nunca hubiera pasado nada, «nada, acá en casa, descansando, terminando de hacer cosas de la casa», su respuesta no se hizo esperar, «bien, si tenés ganas podemos ir a tomar algo y charlar», contesto «no, ya es tarde, lo dejamos para otro momento», el «dale, mañana te mando mensaje y te paso a buscar, tomamos algo y charlamos», contesto «bueno, vemos, mañana confirmamos», la verdad no sabía ni yo que estaba haciendo, había algo que me decía que tenía que hacerlo, no se si para buscar revancha o que, pero lo que si estaba segura que no volvería a pasar por lo mismo.

    Yo: y si no querías pasar por lo mismo para que ibas

    Tía: no se, pero antes de que se vaya tu tío a trabajar me había llegado el mensaje de el, me decía a las 23 h te paso a buscar por la misma esquina de la última vez, lo confirme y ni bien se fue tu tío ya me empecé a preparar, cuando llega subo al auto y quiere darme un beso en la boca, le corro la cara y me dice, parece que estás enojada, a lo que le digo «y que te parece a vos, no tengo motivos para estar enojada, enojada y humillada, sos un hijo de puta, como pudiste hacerme eso, sos de lo peor, no se ni para que vine, tenía que decirte todo eso», no dijo ni una palabra, hasta que dice «ya llegamos, tomamos algo y charlamos tranquilos, vas a ver qué todo se va a aclarar», entramos a un restorán y pide para tomar, y me dice «no quiero que estés enojada, yo no soy mala persona, y lo último que deseo es lastimarte, a veces se me va todo de control, pero yo no soy así, vos sos la mujer más hermosa que conocí y deseo llevarte a otro nivel de amor, talvez empezamos mal, pero lejos está de mi querer hacerte daño, sos increíble y te deseo muchísimo».

    Realmente me dejó descolocada, no sabía si creer o no, salvó en ese momento siempre fue atento y agradable, así que trate de estar tranquila y ver cómo seguía la noche, lo pasamos bien y al rato le digo que ya me tengo que ir que ya es tarde, como antes me dice que me acompaña y me deja esta vez a una cuadra de casa, frena el auto y me despido, ahora sí, me da un beso en la boca y se lo respondo, bajo para irme y siento que apaga el auto y baja, «que haces, estas loco» le digo y me responde «te acompaño, no quiero que andes sola», «es solo una cuadra, no me va a pasar nada» le digo, «no importa te acompaño igual», llegamos a casa abro la puerta y el entra atrás mío, me abraza y me besa, le digo «estas loco, no podés estar acá, nos pueden ver y decirle a mi marido», no dijo nada solo siguió besandome, yo tampoco podía dejar de hacerlo, me daba mucho morbo, era la primera vez que estaba en casa con otro hombre que no fuera tu tío, cuando empezó a besarme el cuello explote de calentura.

    Lo agarre de la mano y fuimos a la habitación, en la cama donde el único que me cojia era mi marido, ahora lo estaba por hacer otro, llegamos y le saque la camisa para besarlo todo, cuando baje su pantalón su pija salto como si tuviera un resorte, realmente la chupe con ganas, y cuando lo escuchaba gemir me calentaba más todavía, el me levanta, yo creyendo que para besarme y me vuelve a dar un cachetazo, esta vez no tan fuerte como la vez anterior, yo con bronca y calentura, no se porque, en vez de llorar o tener miedo lo enfrente, y le devuelvo el cachetazo, todo esto ocurría en silencio, el al ver esto me da otro cachetazo más, y cuando se lo quiero devolver me agarra la mano y me pega otra vez, yo tenía mucha bronca, pero de repente me agarra de los pelos con la mano que tenía libre y me empieza a besar como nunca antes, yo quedé incrédula de lo que estaba pasando, pero a la vez me excitaba mucho, así que decidí jugar el mismo juego, lo empuje le di un cachetazo con todas mis fuerzas y le dije que me chupe la tetas, me dijo que no, entonces de di otro cachetazo y se lo repetí, me rompió la camisa y el corpiño que tenía y me las empezó a chupar como un bebé, yo estaba súper excitadísima, y cada vez que le decía que me las chupe más fuerte le daba un golpe.

    No pensé que eso me gustará, siempre fui muy convencional en sexual, pero estas nuevas sensaciones me volaban la cabeza, nunca había sido dominante, siempre tuve el papel de una mujer dócil y sumisa, y dar órdenes me generaba adrenalina como nunca antes, mis demandas se cumplían a base de golpes y me gustaba, recuerdo cuando le ordene que me chupe la concha, al primer golpe me la chupo como nunca me lo habían hecho, su lengua jugando con mi clítoris me hacía estar en el cielo, cada vez que entraba a lo más profundo que podía era empapar su cara con mis jugos, el par de veces que acabe con su lengua solo hicieron que le ordene con todas mis ansias que me coja con todas sus fuerzas, el momento que metió su pija en lo más profundo de mi fue la gloria, lo necesitaba como el agua, pero el juego dio un vuelco cuando en lo mejor que me sentía recibí una bofetada, sabía que habían cambiado los roles y era el momento en que yo debía ser la sumisa.

    Solo me deje llevar por sus golpes los cuales ya no me dolían, eran una descarga de adrenalina que entraban en mi y deseaba otro más, que no se hacía esperar, era tanto lo que había cambiado mi mente en solo unas horas, que el solo sentir su golpe en medio de la cogida que estaba recibiendo me hizo estallar en un orgasmo indescriptible, sabía interiormente que ya nada sería igual, el seguía y seguía cogiéndome a su antojo y sus ya esporádicos golpes eran en distintos lugares, luego de uno de ellos me ordena que me dé vuelta y sin decir nada lo obedezco, cuando apoya con firmeza la cabeza de su pija en la entrada de mi culo, comienza su potente andanadas de nalgadas, cada una de ellas con gran fuerza, y para mí eran caricias de excitación que automáticamente hacían que quiera esa pija entre en lo más profundo de mi, y yo misma la fui metiendo al ritmo de sus nalgadas, el mete saca que yo misma hacía era incontenible, no podía parar, hasta que el apoya sus manos en mis caderas y siento una gran descarga en mi ano, nunca había sentido tanto placer.

    Yo: ahora te entiendo, realmente me dejaste sorprendido y caliente, es muy excitante lo que te sucedió ¿Y siempre te pegaba cada vez que te cogia?

    Tía: no siempre era así, esa fue nuestra primera vez dónde realmente entendí a qué se refería con el llevarme a otro nivel de amor, la primera vez no lo había entendido, pero nos convertimos en esclavos y amos cada uno del otro según lo deseábamos, nos fuimos perfeccionando y nuestros castigos ya no eran en lugares visibles a todos, nuestros juegos eran cada vez más al límite y hacíamos dudar al otro de si se atrevía a llevarlo a cabo.

    Yo: y el tío nunca vio tus marcas, ¿que era lo que hacían en sus juegos, solo golpearse?

    Tía: a tu tío le decía que me golpeaba con cualquier cosa o me raspaba y el no decía nada, y en los juegos no eran solo golpearnos y nada más, hacíamos muchas cosas, el me inicio en tríos y orgías, una vez me hizo hacer de puta en la ruta, el quería cogerme junto con tu tío o que tu tío viera como el me cogia, nunca lo deje, aunque la idea me calentaba mucho, pero tu tío seguro no aceptaría y sería todo un escándalo.

    Yo: era todo un pervertido tu amante, ahora quiero que me cuentes de los tríos y sobre todo cuando te hizo ser puta

    Tía: jajaja sos terrible y calentón, no te voy a dar ideas para que no quieras hacer lo mismo.

    Yo: ahora contame, me estás dejando muy caliente y con la intriga.

    Tía: bueno, te voy a contar, en una de nuestras tantas noches que las pasábamos a full, me dice que quería que hagamos algo nuevo, pero que yo lo tenía que obedecer en todo, «bueno» le dije, pero decime que es lo que querés hacer, porque si no me gusta no lo voy a hacer, por más que me encante nuestro juego de obedecernos, y me dice «no, quédate tranquila que no es nada raro, vas a disfrutar muchísimo y estoy seguro que vas a querer que lo hagamos seguido», yo la verdad no sabía que es lo que tenía en mente, pero como lo pasábamos muy bien, no me preocupe, así que solo espere que llegara nuestra noche para jugar este nuevo juego, ese día me envía un mensaje diciendo que llegaría ni bien se vaya tu tío porque que estemos más tiempo juntos y que llevaría una botella de vino para que brindemos, la verdad estaba entusiasmada, porque a pesar de que era mi amante, y yo lo sabía muy bien, estaba empezándome a enamorar, el me daba la atención y el tiempo que tú tío no tenía, y las pocas veces que cogíamos con tu tío, eran a las apuradas y siempre me quedaba con las ganas, las cuales el me sacaba, así que ni bien se fue a trabajar, a los quince minutos siento golpes en la puerta y sabía que era el, abrí y ahí mismo me encontré con la sorpresa.

    Estaba parado ahí con otra persona, me extraño mucho que venga con alguien más, pero en ese mismo momento ya empecé a sospechar que era lo que tenía planeado, pasaron y se sentaron a la mesa, me pidieron tres copas y destapador para el vino, cuando voy a la cocina lo llamo y le pregunto porque trajo a alguien, me dice que me quedé tranquila que era algo nuevo que quería que hagamos, que confíe en él, que todo iba a ser para mejor, yo no estaba convencida, pero deseaba confiar y ver que pasaba, cuando terminamos la primer botella de vino, el se para, se pone detrás de mi y me acaricia el pelo y el cuello con mucho cariño, siento sus besos en mi mejilla y mi oreja, casi me derrito, y de repente empieza a ponerme una venda en los ojos, la verdad me sorprendió, pero por otro lado sabía que de esa forma me sentiría más relajada y desinhibida.

    Lo único que hacía en ese momento era dejarme llevar por los sentidos y a la vez estar atenta y preparada para recibir algún golpe que era nuestro juego habitual, pero esta vez fue todo lo contrario, fue una de las noches dónde toda la ternura y dulzura afloraron en el, me besaba de una manera suave y pausada, me arrancaba suspiros con cada roce, era una experiencia única, sentía sus manos en mis pechos que los tocaba muy suave sobre mi ropa, en un momento desabrocha mi camisa y saca mis tetas por arriba del corpiño y siento que los empiezan a chupar muy suavemente, sabía que no era el, ya que era una boca distinta a la suya, pero igual la sentía deliciosa, me sentía muy cómoda con esa situación, solo me dedique a disfrutar de esas sensaciones únicas, ya que al no poder ver, cada toque se multiplica a por cien.

    En un momento ambas bocas estaban saboreando cada una de mis tetas, no sabía si gemir, gritar, llorar o lo que sea, mis pezones querían explotar de tanta calentura, una de sus manos acariciaba mi concha, pero ya no sabía de quién era, me agarran cada uno de una mano y me llevan a mi habitación, y siento como lentamente me van sacando la ropa, empiezan a acariciarme todo el cuerpo sin dejar un solo lugar sin hacerlo y con mucha delicadeza me acuestan en la cama, puedo distinguir que el abre mis piernas y hunde su cabeza en mi concha dándome una maravillosa chupada, sabía muy bien que mi clítoris era la llave para que explote de placer, su amigo empezó a golpearme suavemente con su pija en la boca queriendo entra, y obviamente le di con el gusto, su pija se sentía caliente y muy hinchada, tenía un olor mezcla de perfume y el característico olor a sexo.

    Calculo que debía ser por la calentura que tenía, yo chupaba entre gemidos y paraba para poder respirar, pero era tanto el placer y lo caliente que estaba que no quería dejar de hacerlo ni por un segundo, llegado el momento cambiaron de lugares y era su amigo el que me chupaba la concha con mucho esmero, y el metía en mi boca su ya conocida pija que tanto placer me dio en otras noches, de a poco trataba de tranquilizarme para no acabar una y otra vez, pero no podía, eran dos expertos chupa conchas y eran todo míos, cuando siento que deja de chuparme sabía que empezaría a darme la tan ansiada cogida que deseaba, sentí la cabeza de su pija en mi entrada, y la pasaba de arriba hacia abajo, se notaba que esa pija era gorda, ya que entró en mi boca y casi no tenía espacio, sentir cada estocada era una delicia, ya no hacía falta que mueva mi cabeza para chupar la pija de mi amante, ya que con cada empujón de su amigo era suficiente para tragar esa maravillosa pija, estuvimos así un buen rato, disfrutaba mucho el tener dos pijas, era mi primera vez y no sabía lo que me estaba perdiendo hasta ese momento, pero todavía faltaba lo mejor, vuelven a cambiar de posición, pero esta vez me pide que lo cabalgue a mi amante.

    Me subo y clavó su pija en lo más profundo de mi, teniendo una sensación única, estaba en un éxtasis total, cuando siento que su amigo se acomoda detrás de mi y apoya la cabeza de su pija en la entrada de mi culo y presiona lentamente, a medida que va entrando empiezo a tener grandes descargas de electricidad que me recorren todo el cuerpo y comienzan mis innumerables orgasmos, cada uno más intenso que el anterior, no aguante más y me saque la venda de mis ojos para acomodarme sin ayuda, mis movimientos eran frenéticos, estaba en el cielo cabalgando esas dos pijas, no se el tiempo que pasó, pero para mí fue muchísimo por la gran cantidad de veces que acabe, cuando ya no daba más de tanto placer, se salen y se ponen frente a mi pajeando sus hermosas pijas, sabía que querían que me tomé toda su leche y así lo hice, largaron gran cantidad de leche en mi boca, mi cara y pelo, y lo que quedaba en mi cara lo arrastraban con sus pijas hasta mi boca, me sentía increíble y completa, después de unos minutos que quedamos descansando y riendo, su amigo le dice «que hermosa puta que tenés, vamos a tener que cogerla más seguido, lo pase excelente», yo interrumpiéndolo le contesto «obvio que me van a coger más seguido, esto fue lo mejor que me pasó», después de esto, ni yo podía creer lo que había dicho, me habían hecho sentir la mujer más puta del universo y me había encantado, obvio que se repitió muchas veces, cada vez que tú tío iba a trabajar, yo me preparaba para recibir a mis a amantes, juntos o separados, ya que ambos me dieron la mejor experiencia sexual de mi vida.

    Yo: que hermoso lo que me contas y que caliente me dejas, nunca pensé que te gustará tanto la pija.

    Tía: hay muchas cosas que no sabes de mi, pero las vas a ir descubriendo estos días que nos quedan, quiero volver a sentirme como antes, y vos lo estás haciendo, ahora vamos a descansar que estoy muerta

    Yo: pero no me contaste como te hizo hacer de puta en la ruta.

    Tía: eso te lo cuento en otro momento, ahora te saco un poco la leche y descansamos.

    Y ahí mismo me empezó a chupar la pija hasta hacerme acabar, y nos dormimos abrazados, sabía que al otro día tenía que ir a trabajar, pero no quería que pase otro día sin cogerla, me había volado la cabeza con lo que me contó, nunca me había sentido así, tenía un enamoramiento con mi tía, y no quería que termine nunca, era la mujer ideal para mí, con su experiencia y mi morbo, éramos el complemento perfecto para el otro, pero pronto les contaré cómo siguieron los días.

    Espero sus comentarios y preguntas que deseen, trataré de contestar a todos.

  • Juegos en casa

    Juegos en casa

    La chica tenía 19 años, media 1.65, piel ligeramente morena, cabello negro ligeramente rizado, ojos negros, cara no tan redonda, pero con bonitos pómulos, un cuerpo curvilíneo y frondoso.

    -Ya acumulaste 3 castigos y solo te queda quitarte el vestido… que harás?

    Le dije viendo como dejaba las cartas en el suelo y apretaba las manos de forma nerviosa sobre sus piernas.

    -No tienes más opciones, tienes que pagar corazón! -comentó Iris

    -Y que tengo que hacer? -pregunto ella, con la cara inclinada, pero viendo hacia mí, con mirada ansiosa.

    Mire hacia su pecho, podía notar como los pezones se columpiaban libres y cada vez más visibles por cómo se le iban poniendo duros, imagino que entre miedo y excitación, no podían hacer menos que sobresalir del vestido.

    -tienes que pagar… son 3 castigos, vas a pagar dos a alguien y uno a otro – le dijo Iris

    -a quien le debo pagar?- pregunto, pero a la vez miró rápidamente hacia mi antes de ver a los demás.

    -Puedo pagarle los 3 a uno solo?- insistió y nuevamente me miro con intensidad pero de manera fugaz.

    Iris se rio, porque ella no pudo disimular su interés y claro, no se lo dejarían fácil, luego la miro muy seria.

    -No corazón, querías jugar, juega con las reglas-

    Un poco atrás en los eventos…

    Mi amiga Iris estudiaba en la universidad y compartía apartamento con una compañera, el apartamento era de sus padres, ella organizaba pequeñas fiestas de vez en cuando, un grupo pequeño para divertirnos y que no fuera a darse mucho escándalo, para que los vecinos no fueran a delatarla con los papas. Varias noches me quede ahí, invitado por Iris y claro, no me quedaba para el té y galletas.

    A Iris le encantaba que le comiera los pechos y sentarse sobre mí dándome la espalda para que la agarrara del cabello hasta que me corriera, éramos algo parecidos a novios, aunque no lo decíamos, por lo general salíamos a veces con otras personas, pero el sexo nos hacía volver siempre. El caso es que una vez que me quede en su apartamento, me desperté con las primeras luces del día y me dirigí a la cocina a buscar algo de tomar, yo solo me había puesto el bóxer, conocía a la compañera de apartamento, así que ya no tenía pena con ella; estaba en la cocina con un bote de jugo en la mano, cuando alguien salió del cuarto que generalmente estaba desocupado, era una chica, que aun somnolienta venia hacia la cocina, no me había visto aun, pero cuando ya estaba en la cocina se dio cuenta que yo estaba a un lado, dio un pequeño sobresalto al verme, se quedó quieta un rato, en lo que yo le di todo un vistazo, vestía apenas una pantaleta de color negro, que enmarcaba unas formas femeninas muy provocadoras; y un top blanco sin mangas, que delataba sus pechos, formas redondas y firmes con pezones marcados.

    Paso una eternidad en que los dos nos quedamos viendo y creo que deleitándonos, antes de que reaccionara y dijera un muy silencioso –hola- tras lo cual se acercó a la refrigeradora y se inclinó, con lo que la forma de sus nalgas se acentúo y sus pechos se proyectaron hacia abajo por la gravedad, ella se cubrió con un brazo, lo que no evito que les diera un fugaz vistazo; luego saco un refresco, se dio vuelta y corrió a la habitación, con lo que me di un deleite apreciando su trasero y como se movía al caminar.

    No tenía idea quien era, pero me excito la situación, fantasee un rato con que ahí mismo la hubiera jalado hacia mí y hacerlo en medio de la cocina, luego pensé que estaba viendo demasiado porno y me reí. Pero debo decir que al volver al dormitorio y ver a Iris con las nalgas al descubierto y aun dormida, me acerque a ella y comencé a frotarle el cuerpo y arrimarle mi erección, ella aun dormía, su cuerpo fue reaccionando y se mojó, así que la acomode para ponerme entre sus piernas; sus pechos al descubierto eran pequeños pero firmes, sus pezones se proyectaban y comencé a chuparlos como había hecho por la noche, su cara ya reflejaba que le gustaba la atención que comencé a darle, fui bajando con mi boca por su vientre y más abajo, ella mantenía su pubis bien depilado y se estremeció cuando mi boca se posó encima y fui pasando la lengua entre los pliegues, ella abrió las piernas sin reticencia, ya estaba húmeda y me recibió con placer, comencé a bombearla y masajearle los pechos.

    -Así, dame así, que rico- comenzó a balbucear cuando ya se la deslizaba dentro del cuerpo.

    Esta vez no me puse condón, así que si me corría seria todo adentro, trate de aguantar cuanto pude, pero con el jugo que me tome, recupere algo de ímpetu y además con la imagen de la chica desconocida con su bonito cuerpo en mente, no pude resistirme y me corrí. Me corrí con fuerza dentro de ella, gimió fuerte, se terminó de despertar arqueando la espalda, y revolviendo su cabello y frotándose la cara, sus pechos bamboleándose con los pezones como astas… se levantó apoyándose en sus codos y me lanzo una mirada penetrante, pero entre enojo y sorpresa, ella siguió el ritmo de mi cuerpo, mientras seguía llenándola de leche, escurriendo incluso entre sus piernas y mi cuerpo.

    -pendejo, no usaste condón!- me dijo después de un rato, en el que se frotaba entre las piernas limpiándose los restos de semen que le escurrían.

    -ahora tendré que pedirle una pastilla a Karla!-

    Karla era la compañera de apartamento, que era más liberal que Iris, que mantenía siempre pastillas, cuando no quería usar condón con su pareja.

    -Disculpa, se me olvido… pero al momento no te quejaste- le dije, agarrándome la verga aun empapada y recostándome al lado.

    -Cállate! Claro que me gusto la leche caliente, pero avísame antes para estar preparada!-

    -No me quiero preñar todavía!- me grito cuando no le dije nada; pero pasado un rato, ella se acercó a mí, me agarro la verga y comenzó a chupármela un rato y después se levantó, se puso una bata y salió hacia el cuarto vecino; un rato más tarde escuche un chillido y luego risas, luego volvió a entrar con expresión de deleite.

    -La idiota no quería darme una de sus pastillas- luego me dijo que se le acerco a la cara y le dio un beso y le paso las manos por la cara, aún tenía el semen seco encima, entonces la otra al darse cuenta dio un chillido.

    -esa es una zorra, ahorita ya se quedó intrigada por el sabor de tu leche- me dijo riéndose.

    -Dime, quien es la chica nueva?- le pregunte, aun acariciándome la verga ya flácida.

    -mmm? Viste a mi hermanita?

    -hermana! Si, cuando me levante fui a la cocina, ella apareció por ahí,

    -es mi hermana, que se vino de sorpresa-

    -mmm, ok- le dije, como no queriendo darle más importancia.

    -se vino peleada con mis papas, porque la reprimen mucho- me conto mientras se quitaba la bata, para ir a darse una ducha, su cuarto era el único con baño privado, los otros dos compartían el del pasillo, me bañe con ella antes de irme.

    Pasaron varios días antes de volver al apartamento de las chicas, porque Iris me dijo que primero quería establecer normas con su hermanita, una chica de 19 añitos bien formados, de nombre Leila. Me había gustado esa chica, además de lo bien que me corrí dentro de Iris imaginándola a ella. La noche que volvimos a coger en su apartamento, fue igualmente delicioso, pensé que ahí cerca estaba ella escuchándonos y eso me excito más. Iris se durmió desnuda a mi lado, yo aproveche a ir al baño a descargar y como costumbre a buscar algo de la cocina.

    Salí con camiseta y bóxer, en la sala viendo tv con el volumen silenciado estaba Leila, reclinada de espaldas y mirando una película muy atrevida, usaba una camisita de tirantes y pantaloncitos cortos, su cuerpo relajado no dejaba de verse provocador, cuando se dio cuenta que yo estaba por ahí, se giró a verme, no se inmuto al verme en ropa interior, es mas, ni se cohibió sabiendo que su ropita no ocultaba mucho; le dirigí un sencillo –hola-, que ella me devolvió después de un rato de silencio y de permitirme ver descaradamente sus pezones punteando en la reveladora prenda. Sé que se me fue poniendo dura, ella lo notó, su mirada se fue hacia mi entrepierna, me moví hacia la cocina, saque un tarro del refrigerador y bebí de él, no se miraba desde la sala, me tome mi tiempo antes de volver a pasar, tenía la verga hinchada todavía, se notaba en el bóxer, pero igual pase de nuevo, ella me siguió con la mirada, me gire de frente y la deje verme, ella otra vez se acomodó para dejarme ver como se marcaba su entrepierna con el pantaloncillo corto y lo redondo de sus pechos y sus pezones juveniles duros y parados. Disfruta tu película, le dije antes de volver al dormitorio con Iris, ella no dijo más, solo me siguió con la mirada.

    Iris me invitaba más seguido a su apartamento, sin darse cuenta o sin querer admitirlo, coger sabiendo que la otra estaba ahí, me daba un morbo que me mantenía con una parazón de verga de la que ella gozaba. Yo repetía mi salida en la madrugada para tomar algo y ahí me encontraba a la otra espiando cuando podía.

    La última vez me desperté ya muy de madrugada, seguía oscuro, hice exactamente lo mismo de la vez anterior, me dirigí a la cocina pero esta vez solo con bóxer. Me tome mi tiempo en la cocina para tomarme un jugo y buscar algo de comer, hice algún ruido, pero no mucho. Me apoye en el mueble de la cocina esperando un rato, fue cuando la vi aparecer por el pasillo, se paró en seco cuando me vio.

    Sus largos rizos algo alborotados por la almohada, vestía con un camisón grande que le cubría hasta medio muslo. Se quedó de pie, sin decir nada, ambos nos dimos un vistazo completo, ella no andaba descalza, usaba unos calcetines de colores de un personaje de caricatura, lo que era gracioso dado lo sensual que se miraba con la tenue luz brillando entre las piernas y proyectando su silueta en el suelo.

    Hice un movimiento de la mano hacia abajo, llegando a tocar el borde de mi prenda y acomodándome, el solo hecho de que ella siguiera con los ojos el movimiento de mi mano a ese punto hizo que se me fuera poniendo dura. Ella entorno los ojos y no aparto la vista, dio unos pasos hacia adelante y se apoyó en el respaldar de un sofá y me fije que no era un camisón, que en realidad era una bata, que con la mano la fue abriendo, revelando que usaba solo una pantaleta muy delgada que marcaba su bajo vientre, yo deslice la mirada por su vientre, viendo cómo se contoneaba el cuerpo con cada respiración, fui recorriendo con la vista su vientre, subiendo a su pecho, oculto solo por un top tan desgastando que podía ver la curva de sus pechos, apenas escondidos por los bordes de la bata, que no se deslizaron más allá de la forma de sus pezones, que se erguían como picos firmes y proyectados.

    Me comencé a tocar sobre el bóxer y ya tenía una visible erección, ella miraba fijamente a lo que hacía, sus piernas se frotaban inquietas, me gustaba notar el brillo de su piel, lo inexperta que parecía ser y como su cuerpo se prendía en deseos. Me atreví a más y deje de frotarme sobre la prenda y me la saque, mi verga tiene vello púbico alrededor y ya tenía las bolas cargadas nuevamente, me la jale muy despacio y apuntaba a ella la punta del glande; a ella se le escapo un suspiro largo y reprimió un grito de sorpresa, me dio una rápida mirada a la cara y tenía una expresión de susto y placer deliciosa, hasta su boca parecía brillar con sus labios más rojos y gruesos. Comenzó ella también a frotarse entre las piernas, me fije que tenía bastante vello, pero no se miraba feo o descuidado, tenía su bonita forma, sus dedos se hundían entre los pliegues y salían brillosos, note como se arqueo abriendo las piernas para alcanzar hasta lo más profundo, tenía una cintura muy marcada con sus caderas, estaba explotando su sexo, su cuerpo tomo un brillo especial, una ligera capa de sudor se formaba en su cara y pechos, de repente también dejo a la luz sus pechos, unos pezones parados que ya se podían ver, pero que ahora recibían directamente mis miradas, pezones bellos, duros y apuntándome.

    Me la jale hasta dejar el glande al descubierto, ella comenzó a pasar su mano por su vientre y bajando a su entrepierna, se movía incomoda, algo le quemaba en su interior, sus pechos ahora si estaban por salir de su prenda, los pezones duros y parados. Su cuerpo empezaba a mostrar un brillo especial, un sudor fino emergía por su piel, que su insignificante top se transparentaba y se pegaba a la piel, sus pezones se mostraban con todo y aureola.

    Ella ya daba unos suaves jadeos y a mí la verga ya me exigía que la tomase y se la clavara bien profundo, cuando escuchamos una puerta abriéndose y alguien entrando al baño, deje de jalármela y ella rápidamente se acomodó los pechos dentro de la bata y se movió rápidamente hacia su cuarto, apenas giró para darme un vistazo de su pantaleta húmeda antes de cerrar la puerta. Me fui hacia la habitación nuevamente con una nueva carga en mis pelotas, sabia a donde llevarla, así que sin mucho comencé a presionar las nalgas de Iris, que le tomo gusto al chorro caliente que se regaba en su interior y como le escurría después entre las piernas, se hizo partidaria de tomar la pastilla, para sacar el máximo placer…

    Salí de su cuarto casi a las 2 pm, no había nadie en la sala, ni en la cocina, así que tome la mochila que deje sobre una repisa y me fui. Como media hora después ya estaba en mi casa, urge dentro de la mochila buscando algo y me encontré con una sorpresa, la pantaleta de Daniela, me dejo un recuerdo de su propia excitación, se sentía el olor de mujer y las marcas de lo mucho que su sexo se humedeció y calentó, me lo puse en la cara y no pude más que dedicarle una larga paja, tras la que me dormí el resto del día.

  • Nunca me gustó estudiar

    Nunca me gustó estudiar

    Nunca me gustó estudiar así que al salir del instituto mi tío Roberto me propuso trabajar con él en el bar. No es que sea un local de categoría, más bien una cafetería de barrio, pero tenía su clientela y necesitaba algo de ayuda.

    Es el hermano menor de mi madre, grande como un armario de tres cuerpos, a mí me parecía guapo y por ende divorciado. A su ex no le gustaba que pasara tantas horas en la cafetería y tan pocas con ella.

    Así que un día al llegar a casa la pilló con otro en su cama. Aunque mi tío es un buenazo y no iba a liarse a navajazos con nadie, como pasaba en la canción. Se limitó a ponerla de patitas en la calle.

    Por algo dicen lo de cerrar la puerta del establo después de que se escape la burra, digo, los caballos. Fue cuando me contrató. Yo había cumplido los diez y nueve así que era hora de trabajar. Todo eso me dio a mí un curro que me venia bien para no tener que soportar los sermones de mi madre sobre ser una ni ni.

    Pronto mi tío se dio cuenta de que la concurrencia y con ello las ganancias aumentaban cuando yo estaba detrás de la barra. Con diez y nueve recién cumplidos delgada y sexi y con una simpática sonrisa, ni siquiera me hacía falta poneme mis modelitos mas rompedores para aumentar la clientela.

    Ademas de que algunos de mis amigos y amigas empezaron a venir rejuveneciendo en más de veinte años la media de edad de los asistentes. Llegaba cansada a casa, pero satisfecha de ganar mi dinero.

    A veces los inevitables roces de dos personas trabajando en un lugar estrecho me tenían bastante caliente. ¿Ya dije que mi tío me ponía mucho? Con su aspecto varonil, de tiarrón, hacia que salieran a flote mis más bajos instintos.

    Además los piropos que me dedicaban algunos de los clientes y por que no, clientas de buen ver, también ayudaban a que me excitara. Casi nunca había pensado que echarle un vistazo a un generoso escote mientras ponía unas Coca-Colas en la mesa pudiera hacer que mojara el tanga.

    Pero estaba descubriendo cosas de mi misma, además del orgullo del trabajo, que podía excitarme con cosas nuevas. Y nunca había hecho nada con ninguna de mis amigas, por muy borracha que estuviera.

    Buenooo puede que provocarnos un poquito o algún que otro pico en los morritos y quizá vernos desnudas al cambiarnos juntas también me pusiera un poco cachonda. Vale lo admito, alguna tendencia bisex si que había tenido.

    Al principio evitaba, intentaba más bien, evitar los roces con mi familiar echándome contra la barra o la estantería cuando tenía que cruzarme con él. Pero pronto asumí que eso era una tontería y que tendría que estar mas pendiente de apartarme que del trabajo.

    Así que no solo deje de evitarlo sino que además los buscaba poniéndome delante de él cada vez que nos cruzábamos. Dejando que mi duro culito enfundado en ajustados vaqueros o mínimos shorts se paseara por su paquete. Y él todavía me pedía perdón cuando eso pasaba. ¡Que dulce!

    Sabía que si Roberto no encontraba pronto novia me lo iba a acabar tirando y la verdad es que me apetecía. Aunque había un par de cosillas que todavía me hacían dudar. El que fuera mi tío y el que trabajábamos juntos, al fin y al cabo él me pagaba mi sueldo.

    Por lo demás habían pasado algunos meses, el verano iba llegando y no solo mi ropa se hacía más fresca sino también la de la gente que acudía y eso conseguía encenderme todavía más.

    Una noche mi amiga Marta, de vacaciones en la universidad, vino con su novio Alex casi a la hora de cerrar. Ella con su faldita más corta y yo lo sabia por que nos las habíamos comprado iguales y un top que no le conocía y que le dejaba un más que generoso escote que le llegaba al ombligo.

    El chico con unos ajustados vaqueros que marcaban su culo prieto, su paquete y una ligera camisa. Se sentaron en la mesa más apartada tras saludarme con un amistoso par de besos y pedirme su consumición.

    Como no había mucha gente me acerqué a llevárselo con la bandeja. Ya desde lejos pude ver como la mano del chico se deslizaba muslo arriba introduciéndose por debajo de la escasa tela de la mini.

    Ese día yo me había puesto un short de los de media nalga al aire que había dejado a mi tío sin respiración y con la polla dura, cuando llegué a darle el relevo. Estuve alborotando a todos los clientes que esa tarde habían pasado por el bar, mi pantaloncito había levantado pasiones.

    Mi escote no era tan vertiginoso como el de mi amiga pero aun así la camiseta de tirantes les permitió a ambos una buena vista de mis pechos cuando me incliné en su mesa.

    Con mi mejor sonrisa lasciva que desmentía por completo mis palabras les dije:

    – A ver parejita, cortaros un poco. Yo no tengo compañía y los demás clientes empiezan a miraros.

    Mi amiga me respondió:

    – Cielo, lo de la compañía tiene solución. Ese tío tuyo, tío bueno, que tienes tras la barra podría estar contigo. Bien que me he fijado en como te mira el culo tu pariente. Y lo de los clientes, ya sabes, lo que se han de comer los gusanos…

    Le propuse:

    – Cambiámelo por tu novio. Así no tendría que follar con un familiar.

    A lo que me respondió con una risa no del todo de broma.

    – Podría ser ya sabes que también me pone. O incluso tú y yo solas podíamos hacernos compañía. ¿Para qué nos hacen falta los tíos?

    – ¡Pero bueno! Si os poneos en ese plan igual le invito yo a salir y a nosotros no nos harían falta chicas para pasar un buen rato.

    – ¿Hablando de fútbol? Cariño.

    – Oye que es verdad que su tío está muy bueno, no me pondría a hablar de deportes precisamente.

    – Ya sabía yo que eras de gustos amplios, pero no que te iban los maduritos.

    Yo me volví tras la barra dándole vueltas, más vueltas mejor dicho, a la cabeza. Si mi tío hasta le gustaba a otro chico. Y empecé a recoger viendo la hora que era.

    Ellos no se cortaron un pelo claro. Cuando los miraba ella tenía la mano en su paquete amansándolo con suavidad. Y él la suya entre los suaves muslos por debajo de la falda o por dentro de su escote.

    Entre ellos y una pareja de gays que habían estado muy acaramelados en otra mesa durante media tarde a mi me tenían quemando y echando chispas por el potorro, disculpen la burrada.

    Entre bromas y chascarrillos se pasó el último rato y cuando llegó mi tío a cerrar me propusieron ir a tomar algo con ellos. Iríamos a un pub cercano que cerraba bastante más tarde que nosotros.

    A mi familiar lo dejamos mirándonos el culo a ambas, o incluso puede que a los tres, según salíamos por la puerta. Aunque no fui demasiado mala y me despedí con par de cariñosos besos pegando mis tetas a sus fornidos pectorales.

    A esas horas solo quedaba abierto en el barrio el más oscuro pub en el que ponían música suave para animar la conversación y otras cosas que se podían hacer en los cómodos sofás del fondo del local.

    Yo seguía pensando en mi tío. Algo me molestaba, y no era solo el haberle haberle dejado solo cerrando el bar. Tampoco me apetecía estar de sujetavelas el resto de la noche. Le pregunté a mi amiga:

    – ¿Te importa si llamo a mi tío y le invito a venir?

    – Claro que no. Sabes que no me importa volver a echarle un vistazo. Está muy bueno. Y con esa camiseta tan ajustada que llevaba hoy aún más.

    – Mira que eres zorra. Así que te vas a calentar con mi tío para follarte a tu novio.

    Siempre nos cruzábamos esas bromas y nos reímos, aunque sabía que tenía razón y ella tampoco me lo iba a negar. Así que cogí el móvil y lo llamé.

    – Hola tío. ¿Por dónde andas?

    – Todavía cerrando. ¿Por?

    – Estamos en el pub. Pásate y tomamos algo todos.

    – En un rato estoy allí.

    – Te esperamos.

    Estaba nerviosa. Me apetecía estar con mi tío fuera de nuestro bar, en un ambiente más relajado. Aunque fuera en compañía. Y esos dos salidos hasta podrían ayudar. Y ver lo qué podía pasar.

    Ellos no habían dejado de sobarse y yo seguía caliente como un horno cuando lo vi aparecer por la puerta. La camiseta parecía todavía más pegada a sus pectorales y bíceps. Con razón movía barriles de cerveza con una sola mano.

    Le saludé a que viniera a nuestra mesa pero pasó antes por la barra a pedir su copa y se quedó charlando un rato con la camarera de allí. Una chica bastante guapa por cierto.

    Admito que eso me dio celos. Esa noche lo quería solo para mí. Aunque tuviera que sentarme en sus muslos como cuando era pequeña.

    Por fin vino a reunirse con nosotros. Le dio dos besos a mi amiga y un firme apretón de manos a su novio. A mí en cambio me sujetó de la cintura con una de sus grandes manos. Y me pegó a su cuerpo.

    Evidentemente yo colaboré haciéndole notar mis firmes tetas en su poderoso torso. En ese momento me pareció que su mano bajaba de mi espalda a donde esta pierde su casto nombre. Pero puede que solo fueran ilusiones mías tan concentrada estaba en sus preciosos ojos, su bonita sonrisa y el roce de sus labios en la mejilla, tan cerca de mi boca.

    Desde luego que no hice ningún esfuerzo por separarme. Sino que me pegué más a él. Volvimos a sentarnos yo con Roberto en un sofá y en de enfrente Marta y Alex.

    Mi amiga siguiendo en su línea de toda la tarde se dedicaba a separar sus torneados muslos. Nos dejaba ver su tanguita para provocarnos. Su novio colaboraba con ella acariciando con suavidad su fina piel. La mano cada vez estaba más arriba sobre una de sus piernas.

    Yo no me iba a quedar atrás así que pegué el muslo a la pierna de mi tío y como él llevaba unas bermudas bastante cortas nuestras epidermis se rozaban.

    La mano que antes tenía casi en mi culo había pasado a mis hombros. Pero yo estaba tan encajada bajo su axila y su brazo es tan largo que pude sujetar su mano para llevarla hasta una de mis tetas. Tenía los pezones duros como escarpias.

    Conversábamos relajados pero había cierta tensión sexual entre ambos sofás. Marta cada vez mas descarada no se cortaba ni en meterle mano a su chico ni en proponer temas cada vez más subidos de tono. Hasta que llegó el colmo y le preguntó directamente a mi tío.

    – Roberto, ¿Cuanto hace que no echas un buen polvo?

    Este siempre tan amable y dulce hasta tuvo la consideración de responderle sin escandalizarse.

    – Una buena temporada, ya sabes que ahora estoy solo.

    -¡Pues que desperdicio! Con un cuerpo como el tuyo seguro que no te faltan candidatas, ni candidatos si quisieras.

    – Algunas proposiciones he tenido, sobre todo en el bar. Pero me gustaría hacerlo con alguien a quien quiera, me quiera a mí o por lo menos aprecie.

    – Pues no se si que esperas. Ahí mismo tienes a una persona que te quiere mucho. Y si no te vale nosotros también te queremos.

    – Pues claro que te quiero un montón, tito. Y tú pedazo de golfa, no intentes quitármelo.

    – Eso es por que te pago un sueldo.

    – Nunca he dicho que quiera quedármelo, solo compartirlo.

    – No sólo te adoro por eso. Hay más cosas. Siempre fuiste mi tío preferido.

    Todos nos reíamos con esas bromas. Pero a la vez pensábamos en cómo llevarlas a la realidad.

    Y para no dejarlo tranquilo me subí sobre sus muslos de lado y rodee su cuello de toro con mis brazos. Apoyé la cabeza en su pecho y noté como su corazón empezó a latir con mas fuerza. Admito que me estaba encantando ponerle nervioso.

    Por fin noté un avance por su parte. Pasó un brazo por mi espalda y dejó la mano en mi cintura. Noté un escalofrío al sentirla y me pegué más a él. Mi teta y su pecho apenas separados por dos finas capas de algodón estaban muy calientes. El lateral de mi muslo se apoyaba en su polla cada vez más dura.

    Puse mi cara en el hueco entre su hombro y cuello y empecé a darle besitos suaves. Mimosa y morbosa a la vez. Mis amigos nos miraban con cara de lascivia y sin dejar de meterse mano.

    Sabía que lo estaba excitando. Notaba su rabo cada vez más duro contra la piel de mi pierna. Roberto también había tímidos avances acariciando mi espalda y bajando hasta donde esta pierde su casto nombre.

    Cuando noté su mano rozando mis nalgas supe que ya era mío. Nunca había puesto las manos allí ni para darme un merecido azote cuando de niña lo incordiaba demasiado.

    Pero ahora sí. Me acariciaba el culo cada vez con más confianza y firmeza. Buscando incluso la piel de la nalga bajo el pequeño short.

    Para entonces Marta ya había separado los muslos lo suficiente como para que nosotros que estábamos enfrente pudiéramos ver su tanguita de encaje rosa. La mini se le había subido casi hasta la cintura.

    Su vez Alex pasaba sus dedos por allí como si la vulva de mi amiga le perteneciera. Y cada vez que lo hacía la reducida prenda dejaba ver un poco más del xoxito pelado. Ya contemplábamos asombrados uno de los labios y un momento después como con dos dedos acariciaba el clitoris.

    Ella jadeaba en la boca de su novio y yo estaba mojando mi tanga. Así que me decidí y acerqué los labios a la boca de mi tío. Era el primer beso que le daba en los labios y lo recibió sin ningún gesto de rechazo.

    Al principio fue suave. Jugábamos con los labios mordisqueando los del otro. Mientras dejaba que sus manos fueran más aventureras explorando mi piel. Poco a poco las lenguas entraron en acción y al rato ya nos estábamos dando saliva cantidad.

    No sé en qué momento sus dedos llegaron a mi pezón bajo la camiseta. Pero recibí esa maniobra con un gemido que acalló con sus besos.

    Marta se vino a nuestro lado con la sonrisa cómplice de Alex.

    – Nena, ¿me dejas probar? Parece que besa bien.

    – Tio, ¿le haces un cariño a mi amiga?

    Para inclinarse hacia los carnosos y sensuales labios de mi familiar mi amiga tuvo que apoyar sus voluptuosos pechos en mi nuca. Gracias a la poca tela de su top era piel con piel. Era una sensación muy agradable.

    Justo al lado de mi rostro Marta le estaba metiendo la lengua hasta la garganta. Hasta el punto de dejar caer la saliva de ambos sobre mí hombro y brazo desnudos.

    Roberto mirando a los ojos de Alex que le daba permiso con una sonrisa desplazó la mano que no tenía en mis tetas al rotundo culo de mi amiga. Sentí cuando le clavó un dedo en el ano apartando la gomita del tanga porque Marta pasó la lengua por mi oreja.

    Mi querido tío parecía ambidextro con cada mano nos acariciaba a una de nosotras sin dejar de repartir profundos besos. El paquete de Alex parecía muy duro mientras no dejaba e contemplar el espectáculo que me estábamos dando.

    – Aquí empezamos a llamar la atención. Deberíamos ir a un sitio más discreto.

    – ¿Queréis venir a casa?

    – Nosotros estamos vacaciones y Olga seguro que puede poner desayunos con legañas en los ojos. ¿Nos vamos?

    Nos limitamos a levantarnos y buscar el vive de mi tío. Mientras él conducía nosotros mandábamos mensajes a nuestros padres para decirles que pasábamos la noche fuera y dónde y con quién.

    El piso de Roberto es un ático en el edificio más alto de su barrio con una terraza enorme. El suelo cubierto con una alfombra de césped artificial muy suave.

    Por supuesto yo había estado muchas veces. Les hice una gira por la casa a mis amigos mientras mi familiar preparaba las copas. Marta se quedó prendada de la terraza, las vistas y poder estar desnuda bajo las estrellas.

    – ¿Donde estáis?

    Se escuchó el grito de mi Roberto desde la cocina.

    – En la terraza, tío.

    Pensando en que me iba a follar me daba morbo seguir tratándole por el parentesco y no por su nombre.

    Mientras tanto Alex no había pedido el tiempo y había cogido a su novia entre los brazos. Le estaba metiendo la lengua hasta la garganta y le subía la faldita hasta la cintura para agarrarse a su generoso culo.

    Marta tendió una mano hacia mí para unirme a ellos y el beso, en un segundo, en convirtió en uno a tres lenguas.

    Cuando llegó Roberto se nos quedó mirando desde la puerta con los vasos en las manos y una sonrisa en los labios. Le gustaba lo que estaba viendo. Y además ya venía sin camiseta luciendo el poderoso torso.

    – No me habéis esperado.

    – Pero te puedes unir. Todos te queremos aquí.

    Fue Alex el que dijo eso.

    Se acercó despacio dejando las copas que a nadie le interesaban en la mesa. Nosotras le acariciamos cuando llegaba a nosotras tocando los marcados pectorales. Pero el que primero alcanzó su boca fue Alex.

    Roberto no rechazó el beso en absoluto. Nosotras alucinadas y excitadas a ambos lados mirábamos como cruzaban las lenguas. No sabía que a mi tío le gustara la carne y el pescado pero eso me puso aún más cachonda. Si lo sospechaba de Alex en cambio.

    Sin dejar de mirar la lascivia de aquellos dos dejé caer mi short al suelo. Y pronto noté una mano deslizándose por mis nalgas, no sabía de quién era ni importaba. Estábamos los cuatro en sintonía.

    Eché mano a la cintura de mi tío y abrí sus pantalones. Cayeron al suelo con el peso de las cosas que llevaba en los bolsillos. Su slip pequeño y blanco marcaba esa polla que tantas veces había notado tras la barra del bar y deseado.

    Acaricié ese paquete por encima de la tela deseándolo más todavía. Giró la cabeza hacia mí y me dio lengua y saliva. Le correspondí, vaya si le correspondí. Puse en ese beso toda la lascivia y saliva que pude. Mientes notaba como un dedo juguetón apartaba la gomita del tanga y acariciaba mi ano.

    Yo empecé a hacer lo mismo con el tanguita de mi amiga. Y cuando puse una mano dentro del slip de Roberto, en su nalga, ya había una mano allí. Me dejó el sitio y cuando deslicé un dedo dentro de su ano se le escapó un gemido.

    Conseguimos separarnos un poco tanto para recuperar la respiración como para ver cómo estaban reaccionando los demás. Al ver sus amplias sonrisas y expresiones lascivas me di cuenta de que todos lo deseábamos.

    Aprovechamos también para terminar de desnudarnos y arrojar a un rincón las pocas prendas que nos quedaban. Las dos vergas apuntaban al frente duras como piedras tanto como los pezones.

    Tenía muchísimas ganas de mi tío, lo empujé al suelo alfombrado. Me arrodillé junto a su cadera con mi mejor amiga enfrente. Juntas nos dedicamos a lamer el tronco venoso. Una bajaba a por los huevos y la otra subía hacia el glande.

    Roberto gemía y suspiraba pero sólo hasta que agarró la bonita polla recta, larga y fina, bien depilada de Alex. La cogió con su mano y tirando del chico se la llevó a la boca. Entonces la tenía muy ocupada como para hacer otra cosa que lamerla.

    – Joder tito, si llego a saber que tienes tanto vicio me hubiera tirado sobre ti hace meses.

    Se sacó los huevos de Alex de la boca lo justo como para respirar y contestarme.

    – Hemos perdido este tiempo pero así está siendo más morboso y con todas las cartas boca arriba.

    – Nena, es tu tío. Tu debes ser la primera en montarlo.

    Roberto tenía cuerda para rato. Mi amiga me ayudó a incorporarme y subir sobre su cadera. Me fui poniendo en cuclillas. Mientras los dedos de Roberto abrían los labios de mi vulva el glande poderoso se fue abriendo camino en mi interior.

    Agradecida besaba los labios de Marta, teniendo clavado el rabo de mi tío en las entrañas. Ella dejaba caer su saliva en mi boca.

    – Alex cariño, ¿qué tal maneja la lengua?

    – De las mejores mamadas que he recibido.

    – Pues déjame a ver si se le dan igual los coños.

    Ellos cambiaron el sitio. Mi querida amiga se sentó sobre la cara de Roberto con las piernas bien abiertas ofreciéndole su culito y el chumino. Alex vino detrás de mí para acariciar mi ano y dilatarlo con dos dedos.

    – ¿Nos las apañaremos?

    Yo estaba viendo lo que pretendía.

    – Inténtalo. Me encantaría una doble.

    Para ello tuve que inclinarme más hasta besar la piel de mi amiga. Así dejaba mis nalgas bien separadas y ofrecidas al rabo del chico. Que sin prisa pero con firmeza se fue abriendo camino en mi culo. Solo tenía que moverme un poco adelante y atrás para que todos disfrutáramos.

    Estaba entre los tres y las sensaciones recorrían todo mi cuerpo. Sus manos, sus caricias, sus pieles todo rozándome y acariciándome. Aunque los chicos habían aguantado como campeones y las dos habíamos tenido nuestros orgasmos era hora de que ellos llegaran.

    Recibí el semen de ambos en mi interior. Jadeando y suspirando. Marta que ya se había corrido en la boca de mi tío quiso limpiarme con su lengua. Ellos le hicieron sitio y ella se puso a pasar la húmeda por toda mi cadera.

    Pronto noté una segunda lengua hurgando en el agujero que la otra dejaba libre. Buscaban el semen que salía de allí. Eran los dos novios.

    Mi tío me estaba besando, cruzando la sin hueso con la mía. Luego fueron los chicos los que intercambiaban saliva y los restos del semen. Y yo lo hacía con mi amiga. Pero todos muy pegados bajo las estrellas en la gran terraza.

    Descansamos un rato, siguiendo con las copas y la conversación. Tumbados sobre los cojines que mi tío tenía repartidos generosamente por toda la terraza. Por fin pude sincerarme con él e interrogarlo a fondo.

    – Tío, que ganas tenía de pillarte. Llevaba años deseándote pero desde que trabajamos juntos estoy caliente como una fundición.

    – Pues no sabes lo que me ha costado a mí contenerme, arrancarte la ropa y tumbarte sobre la barra y lamer todo tu cuerpo.

    – Que lentos hemos sido. Pero creo que tienes razón, así ha quedado todo claro y sabemos o morboso que somos los dos. Por cierto, siendo tu así ¿qué pasó con la tía?

    – No me enfadé por qué me pusiera los cuernos. De eso ya os habéis dado cuenta. Sino por que no me invitara, por que no tuviera la suficiente confianza, podía haber sido un buen trío o muchos.

    = Si, ahora que te conozco mejor. Estoy segura que te habrías follado a su amante.

    – Si, a los dos. Haberlo hecho morboso para nuestro matrimonio, ampliarlo. Pero ella no quería eso, iba por su lado y me cabreé.

    – Pues conmigo, con nosotros, no hay problemas por eso. Jijiji.

    – ¿Queréis repetir?

    – ¿Quién ha dicho que se haya acabado ya? Veo que tu polla vuelve a ponerse en condiciones.

    – Quería decir después.

    – Creo que todos lo queremos y siendo interesado, tienes todo un piso para ti.

    Llegamos a un acuerdo muy beneficioso y placentero para todos. En resumen seguir follando cuando y con quién nos apeteciera.

    No paramos en toda la noche. Vi como mi tío era penetrado por otro chico. Y al revés mientras nosotras podíamos comer la polla que quedaba libre o hacerles un beso negro para dilatar.

    A partir de ahí, hemos repetido, por parejas, tríos o los cuatro. Además de que el almacén del bar, o todo el bar después de cerrar, ha sido el escenario de apasionados encuentros con mi cariñoso tío.

  • Infiel por mi culpa. Puta por obligación (11)

    Infiel por mi culpa. Puta por obligación (11)

    11. ¿Serendipia? o ¿Catástrofe?

    — ¿Así que por eso fue todo? Un resarcimiento por… ¿Haber aceptado que empezaras a trabajar? —Le respondo cuestionándola y me echo de nuevo hacia atrás en la silla, llevando a mi boca el envase de cerveza para beber dos rápidos sorbos, como si la sed los persiguiera sin piedad.

    — ¡Sí, en parte! Pero es que además para ti era una fecha muy especial. ¿No me vas a salir ahora con qué no te gustó? ¡Porque eso sí que no te lo creo, Camilo! —Le preciso, enfatizando la oración con el movimiento circular de mis manos frente a su rostro, a la vez que de un buen sorbo termino también con mi cerveza, y al igual que él, doy fuego a un nuevo cigarrillo.

    —Esa noche, antes de que dieran las doce campanadas, cual cenicientas, ya estábamos ingresando a la sala de estar en nuestra casa y tú, Melissa, tenías una mirada diferente; hasta tu andar de siempre, tan sobrio y elegante era distinto, exagerando la oscilación de tus caderas, mirándome de soslayo con picardía y recuerdo que llegué a pensar que era por culpa del alcohol. Te dirigiste de inmediato hacia las ventanas que permanecían con las cortinas de tela gruesa abiertas de par en par, y tan solo los ligeros visillos blancos se mantenían ajustados por los bordes —Le expongo mis recuerdos sobre esa madrugada, pero ella me interrumpe.

    — ¡Uhum! Me urgía cerrarlas, y creo que tú interpretaste a la perfección mis intenciones de conseguir mayor privacidad, pues disminuiste la intensidad de las luces de la sala y encendiste el equipo de sonido, para colocar el disco de vinilo que tanto te esforzaste por conseguir; ese de música para hacer el amor, creando una atmosfera tan romántica como deseada y entre tanto yo, para acalorarnos más, encendí con el mando a distancia la chimenea, eso sí, sin dejar de mirarte y paseando la punta de mi lengua por los labios, procurando hacerlos más deseables para tu boca… ¡Coqueteándote sensualmente!

    — ¡Claro que lo recuerdo! Siempre has conseguido de mi lo que te propones Melissa, y más cuando dejas de lado esa cara de ángel inocente para colocar esa otra expresión de niña mimada y malcriada, con ganas de hacer travesuras. Y esa noche en especial, caminabas mirando hacia el suelo para luego elevar un poco tu cabeza y mirarme con algo de timidez también, como si con cada paso que ibas dando, contaras los metros que te acercaban más a mí, y con aquella lentitud, ir liberando a esa espectacular y sexy mujer que habita dentro de ti, deleitándome la vista con ese baile lento que hiciste al rodear la mesita de mármol en el centro de nuestra sala de estar, colocando por detrás de la oreja un rebelde mechón de tus cabellos azabaches y haciéndome señas con tu mano para que fuera a tu encuentro. Pero yo me mantuve firme en mi sitio haciéndome de rogar, como quien no quiere la cosa… ¡Pero la cosa queriendo!

    —Ufff, sí. Y es que al parecer, los tragos en aquel bar no lograron distensionar completamente tu mente ni tu cuerpo y te notaba algo tenso durante el trayecto de regreso, a pesar de que en frente de Fadia y Eduardo, aceptaras con esas fingidas sonrisas al final, darme el gusto de salir a trabajar y consintieras a mi capricho de hacerlo días más tarde en las oficinas del noveno, justo dos pisos debajo de ti. Pero la continuación de aquella noche nos llenó de nuevo con la magia y la ilusión que tanto nos unía a los dos. ¡Yo quería y tu también! Pero te me resistías tímidamente, así que opté por pasar caminando por tu lado de manera muy sexy, provocadora y atrevida, aunque desconocías mis verdaderas intenciones. —Camilo se sonríe, recordándolo.

    —Me dejaste allí de pie, contra la pared de la entrada, como si yo fuera alguna pieza más del mobiliario, aunque sobra decir que nunca me consideraste de esa manera y te dirigiste hacia la cocina. Escuché como abrías el refrigerador y cauto, me asomé para observar como tomabas de la licorera de madera ubicada sobre el mesón, la botella de Baileys, igualmente la de Smirnoff y otra de licor de chocolate. No demoraste mucho en preparar y servir, utilizando las dos copas con forma de gota, aquel dulce coctel. Antes de que te dieras cuenta, yo me había regresado hasta la entrada, para ponerme casi exactamente en la misma posición… ¡Esperándote!

    Y en el rostro de Mariana, puedo observar como desvía el intenso iris azul de sus hermosos ojos, centrándolos en el cielo raso laminado del bar; se le dilatan las pupilas y dibujan sus labios una sonrisa de maliciosa felicidad, –como en aquella ocasión– con seguridad, reviviéndolo todo en su mente.

    — ¡Pero no me acerqué a ti de inmediato! Por el contrario con las dos copas en mis manos, caminé hasta el sofá y sobre la mesa de centro deposité el par de cocteles. Mirándote, me fui despojando del saco de mi sastre, bailando para ti tan suave y lento como la canción que estaba sonando en ese momento. Posteriormente fui deslizando hacia abajo, la angosta cremallera ubicada en la cadera a mi derecha, –liberando mi cintura– dejando que la ley de la gravedad actuara y reclamara nuestra alfombra blanca, las fibras tejidas del paño negro de mi falda, para hacerle juego y por supuesto, compañía. —Hace calor, a pesar de que la brisa que desciende en su rítmico vaivén desde el ventilador nos refresca continuamente.

    Camilo apaga anticipadamente su cigarrillo, ejerciéndole bastante presión contra el fondo del cenicero. Lo noto algo excitado por la conversación. Tiene las pupilas grandes, expectantes. ¿Será por eso qué suda?

    —Te vi mover las caderas en un ritmo lento, flexionado tus piernas suavemente, aisladas bajo unas medias de brillante gris humo, que se sostenían de las tiras negras de un liguero que tampoco te había visto antes. Desabotonaste sensualmente, los cinco o seis pequeños botones blancos de tu blusa de seda, en consonancia con los eróticos susurros y las notas de piano de «Exotique» del grupo Soul Ballet, –si no recuerdo mal– y la dejaste suelta, abierta por los flancos para insinuarme que no llevabas puesto tú sujetador. ¿Cuándo te lo quitaste? ¿La blusa también era nueva? —Le pregunto ahora pues aquella noche aunque lo pensé, no se lo dije por estar pendiente de otras cosas más importantes, como la ondulada belleza de sus formas al enseñármelas a contra luz. ¡Femenina silueta expuesta solo para mí!

    — ¡Jajaja! No te diste cuenta porque antes de salir del bar, fui al baño y allí se me ocurrió la idea de sorprenderte cuando estuviéramos solitos. Y sí, esa noche todo lo que llevaba puesto estaba recién comprado. El traje tipo sastre negro confeccionado sobre medidas, por supuesto el juego de lencería gris con encajes y transparencias, los zapatos de gamuza y tacón alto; también la pareja plateada de anillos pulidos y abiertos, que según tu opinión, lucían preciosos en mis dedos índice y corazón de la mano izquierda. ¡Ahh!, y por supuesto esa delicada cadena de oro en mi tobillo derecho, con el dije en forma de corazón al que le mande a tallar las iniciales de nuestros nombres, que te encantó y lastimosamente se me perdió meses más tarde. — ¡Puff! Suspiro hondamente y guardo silencio, esperando que Camilo no me pregunte por ella, porque siendo un detalle menor, conocer la verdad en este momento, le enfadaría aún más.

    Dejo de prestar atención a su rostro, para llevar mi mirada hacia las baldosas de color terracota a mi derecha, –haciendo memoria de aquel momento– pues en un descuido mío, al levantar la pierna para subirme por segunda vez a la motocicleta de Chacho, la hermosa tobillera se me enganchó con algo y al romperse, la recogí del asfalto para guardarla en el bolsillo de la gruesa chaqueta de cuero que me prestó para verme como una verdadera «harlista» y que después se quedó colgada en el ropero de su habitación, ya para siempre. Y me maldigo ahora por no haberle prestado la debida atención en su momento. Nunca se la solicité de vuelta por olvidadiza y Chacho nunca me la devolvió por egoísta. Ese pequeño accidente se lo tomó él como una muestra del destino, donde se rompía el lazo de unión con mi esposo, por preferir estar a su lado acompañándolo. ¡Infiel aventurera!

    — ¡Nos mirábamos con el mismo deseo de nuestra primera vez! –Mariana levanta su rostro hacia mí al escucharme, luego de haberse quedado en silencio, mirando el suelo. – Te acercaste finalmente a mí, metiendo tus manos por debajo de la chaqueta a la altura de mi pecho y sin dejar de observarme, palpándome con ellas fuiste al encuentro de mis hombros logrando con la ayuda de tus antebrazos, retirarlo de mi torso por el interior del paño y que por su propio peso, –sin esfuerzo de mi parte– descendió manteniendo al principio sus formas, pero lentamente con la ayuda de mis brazos estirados, desde las no tan ajustadas mangas terminó por precipitarse al piso laminado recorriendo mi espalda, rendido a mis pies y revolcado en el poco espacio libre que había entre la fría verticalidad de la pared, y mi cuerpo ya algo acalorado. — Le comento a Mariana, un tanto agobiado al rememorar tan bonitos momentos, que ahora parecen tan extraños y lejanos en el tiempo.

    —Efectivamente así fue mi am… Camilo. Mientras me enfrentaba a ti en puntas de pies, alcanzaron mis labios tu boca y besándote sin premura, fui desanudando esa bonita corbata de seda gris con diagonales rayas azules, para posteriormente, –sonriéndonos– separarme un poco y echando a andar de espaldas, de los extremos de ella aferrados a mis puños, te traje conmigo hacia una esquina del salón. Allí de pie los dos empezamos a bailar con pasos moderados, como siempre lo hacíamos. ¿Recuerdas? No era la primera vez que sucedía, pero a mí se me antojaba así, con esos roces sensuales y eróticos de nuestros muslos armonizados, tú y yo, igual de enamorados como aquella tarde inicial en la que hicimos el amor en aquel motel, ubicado a tres calles de la universidad. —Hago una pausa para dar un nuevo sorbo a mi cerveza, entre tanto mi esposo revisa con rapidez su teléfono, sacándolo del interior de la mochila, seguramente con alguna notificación que le ha llegado pero no hace gesto alguno que lo delate y despreocupado lo deja puesto sobre la mesa, pero de revés. ¿Quién podrá ser? Me asalta la duda, por celos y femenina curiosidad, tras meses sin saber cómo y con quien pudo compartir el dolor que le causé.

    —Pero esa madrugada, no vi en tus ojos azules las nerviosas inseguridades que se te disiparon entre mis brazos, al despertar pegadita a mí después de pasar esas tres horas, juntos. Por el contrario, lucían el brillo de una seguridad apabullante y sin nervios, fuiste liberándome de la opresión del cinturón y con tu frente apoyada en mi pecho, bajaste con mucha habilidad la cremallera de mi pantalón, que por supuesto también cayó, arremangándose en mis pies, dificultando mis movimientos, pero dejándote en claro, al sentir la erección mientras continuábamos bailando, que me tenías donde y como lo habías planeado. —Veo que Mariana tiene sus ojos puestos en el móvil que he dejado sobre la mesa, –tras recibir un mensaje de William preguntándome cómo iba todo– pero parece no haberle incomodado, pues vuelve a mirarme y se ríe.

    — ¡Jajaja! Tus afanosas manos no dejaban de acariciar con delicadeza mi espalda por encima de la blusa, sin atreverte a despojarme de ella. ¡El nervioso esa noche parecía ser otro! Pero yo sí que me las apañé para desabotonar tu camisa y sentir en mis senos la tibieza de tu torso descubierto. Con claridad sentía en mi vientre la presión de tu pene endurecido, atrapado bajo la tela de esos slips azules que te había comprado para la navidad pasada y que aún no los habías estrenado, logrando por supuesto excitarme aún más de lo que ya estaba. —Camilo, aun llevando el envase de cerveza a su boca, no puede desconectarse visualmente de mi cara, sin apartar ni un segundo sus ojos de los míos.

    —Recuerdo besar tu cuello, empezando desde la base, –dejando un sendero con mi saliva– hasta llegar al pulposo y redondo lóbulo de tu oreja izquierda, mordiéndolo suavemente. Tenía muchas ganas de arrancarte toda esa ropa y observarte sin esa blusa blanca encima pero mis intentos los evadiste llevándome hasta el sofá de tres plazas, donde finalmente por tus prisas y mis pies apresados por el pantalón recogido, terminamos por trastabillar, cayéndonos de manera sumamente graciosa y en diagonal, sobre los mullidos cojines de piel. Y allí fue cuando tú, en un ataque de risa me apartaste con tus manos, –pidiendo una pausa que no se me antojaba– para arrodillarte sobre la alfombra y tomar los dos cocteles, ofreciéndome la copa e invitándome a chocar los cristales para brindar por tu próxima vida laboral.

    —Uhum, por supuesto que brindamos pero para ser honesta, aún estaba nerviosa pensando en el final, en ese regalo que yo quería ofrecerte con todo mi amor y que tu tanto ansiabas obtener de mí cuerpo, aunque después de infructuosos intentos no me atreví a dejar que me lo hicieras por atrás y tu como siempre, respetabas mi decisión de postergarlo para un después, hasta que dejaste de insistir. —Camilo se mantiene interesado en la forma en que relato aquel momento, con su mirada fija en cada gesto mío, bien atento al más mínimo movimiento de mis ojos, si los abro mucho o si parpadeo bastante, quizás hasta se haya fijado como levanté el arco de mis cejas y el accionar de mis manos al terminar de hablar.

    — ¡Esa fue otra sorpresa para festejar mi cumpleaños! Ni por un segundo, se me pasó por la mente… –debo callar un momento pues cruza apresurado, cerca de nuestra mesa y en dirección hacia los baños, un hombre no muy alto de aspecto oriental. –… Que me lo fueras a proponer y que tu quisieras esa noche intentar de nuevo que tuviéramos sexo anal. —Le termino por decir a Mariana, bajando un poco el volumen de mi voz para que solo me escuche ella.

    —Siempre me has dado tanto amor y brindado tu comprensión, –le respondo con rapidez– que yo precisaba entregarme a ti por completo, así que esa noche era la más indicada y luego de beber aquel primer trago, solo pensaba en recompensarte de aquella manera. Observé en las dos esquinas de tus labios, residuos del coctel y por eso te los limpié con la punta de mi lengua, aunque tú abrieras la boca esperando un beso más intenso, que no sucedió. ¡Jajaja! —Camilo igualmente se sonríe al recordarlo, sin mirarme eso sí, pues está ahora dándole vueltas sobre la mesa al encendedor, reviviendo con agrado en su mente aquel instante.

    —Eso terminó por desesperarte. ¿Recuerdas? Y apartaste con apuro los laterales de mi blusa, con el fin de empezar un divertido juego, al inclinar tú copa y verter un poco del coctel sobre cada uno de mis senos. Con una sonrisa victoriosa te inclinaste sediento sobre ellas, para luego lamer mis areolas y morder sin afán, primero un pezón, estirándolo entre tus dientes, apretándolo con cuidado de no lastimarme y luego el otro, haciéndome sentir… ¡Pufff! Un placentero dolor.

    — ¡Son muy hermosas! me dijiste acariciándolas con ternura, y yo te respondí que a mi parecer, –a pesar de que me habían crecido un poco tras el embarazo– frente al espejo me las veía algo caídas después de los dos años de lactancia. Pero tú, negando con tu cabeza, desaprobaste mi valoración y te inclinaste de nuevo sobre ellas para volver a besarlas con ansias, mientras que apretabas con tus manos mis nalgas, diciéndome entre murmullos y chupones, que así como las tenía te gustaban más. —Camilo se acomoda diferente en la silla y con disimulo, baja su mano derecha unos momentos, quizás adecuando verticalmente su creciente erección. Sé que debo tener las mejillas sonrojadas y lubricada mi rajita, al recordar esos excitantes momentos.

    —Te seguí el juego –continúo relatándole– y sumergiendo mi dedo dentro de la copa, untándolo bien de licor, dejé caer certeramente algunas gotitas dentro de mi ombligo y tú, por supuesto no te hiciste de rogar. Terminaste con tu boca bien pegada a mi vientre absorbiendo la bebida y con tus manos acariciando la parte posterior de mis muslos, te fuiste apoderando de mis nalgas, provocándome ricos escalofríos; con tus traviesos dedos explorabas en círculos desde atrás sobre la poca tela de la tanguita gris, mi esfínter y el centro de mi mojada y caliente rajita. De abajo hacia arriba, para descender después y reiniciar tus caricias, ejerciendo algo de presión en la mitad del recorrido. Y yo excitadísima, balanceaba mis caderas de forma casi involuntaria, solo para sentirlos mejor. Me tenías bien arrechita, jajaja. ¡Esposito mío! — Sonriente y algo burlona, termino de hablar, para en seguida, saciar la sed con el último sorbo de mi cerveza ya no tan fría, y dejar en el fondo del cenicero la colilla de cigarrillo, bien apachurrada.

    —Desbordabas por los poros de tu piel, toda la atracción de la que eres capaz de generar en mí. ¡No había manera ni escapatoria! Y si la hubiera, con seguridad yo esa noche no deseaba huir de tu piel y menos aún, de los aromas que desprendías, pues necesitaba como un ahogado, respirarte toda. —De nuevo enmudezco al ver que regresa de su urgencia, echándole una rápida mirada a Mariana, el hombre oriental.

    —Después de saborear aquella bebida en tu ombligo, volví a besar tu cuello y mis manos se aferraron a tus muslos y las nalgas, comprimiendo la piel, apartando una de la otra para volverlas luego a juntar. En algún momento, urgido por la necesidad para retirar mis zapatos, las medias, los pantalones y mi slip, aprovechaste para beber un trago y con un poco de licor en tu boca, aun de rodillas y yo de pie con mi verga erecta frente a ti, empezaste por darle una lamida lenta al glande, ensalivándomelo y logrando con ello, hacerme sentir el pálpito del corazón en la punta de mi pene, para luego poco a poco, engullirlo más y más en ese cálido y húmedo interior, succionando y aflojando, llevándome a un éxtasis desesperante que concluiste juguetonamente al morderlo, mientras lo ibas sacando de tu boca.

    A Mariana se le suben los colores al rostro y justo sobre el tabique y las aletas de su respingada nariz, chispeantes gotitas de sudor le brillan, haciendo más radiante y hermosa su fisonomía. Humm… ¡Como si ella lo necesitara!

    —Lo había visto en una película de alguno de los canales porno por suscripción y quería hacértelo, solo que no se había presentado la ocasión y yo no quería parecerte una puta hambrienta de sexo. Me había cohibido varias veces por esa estúpida presunción de que no te gustara, pero esa noche necesitaba excitarte a como diera lugar, y a mí misma más que nunca, para ir poniéndome a tono y no ponerte trabas a la hora de que al pedírtelo, pudiera soportar ese inicial dolor que antes no me había dejado entregártelo y disfrutáramos por fin cuando me lo metieras por mí culito. —Le respondo con sinceridad y hago una pausa para traer a mi mente hasta el mínimo detalle, pero antes de continuar, Camilo se me adelanta y se defiende.

    —Pues no sé por qué pensabas eso de mí, Melissa, si nunca he sido un mojigato. Debiste habérmelo hecho saber con anterioridad, te aseguro que para mí esas sorpresas hubieran sido agradables y disfrutadas. De todas formas, esa noche me tenías loco de deseo por estar contigo pero no para hacerte el amor con los preámbulos y el romanticismo de siempre, sino para cogerte en infinidad de poses y por todas partes, con ganas desaforadas de darte placer lujurioso, pues merecías alguna forma de castigo por haberme ocultado tus sentimientos y necesidades. —Mariana toma un cigarrillo y su encendedor, pero sus ganas de fumar parecen quedarse enredadas en los recuerdos de esa noche y en lugar de darle vida con el fuego, concentra su mirada en el delgado pitillo blanco prisionero entre sus dedos y de su boca risueña, solo salen autobiográficas sus memorias.

    — ¡Sexo fuerte, desenfrenado y rudo! Me tomaste firmemente del cabello, –deshaciendo en un santiamén, la alta moña de mis dos horas en la peluquería– y aprovechando el largo de mi melena, la enrollaste en tu mano halándome hacia arriba con algo de rudeza, logrando que me levantara del suelo, y un gemido mío lo acallaste con un beso acercándome al sofá, haciéndome entender la pose en la que deseabas que me entregara a ti. La ternura rutinaria al hacernos el amor, con seguridad vendría después de quedar exhaustos pero relajados, y haber saciado nuestra excitación, observando abrazados por la ventana de nuestra habitación ese nuevo amanecer. —Camilo acomoda sus brazos en la mesa, cruzándolos, y posa el mentón sobre la muñeca de su mano izquierda, –justo al lado de la lustrada esfera de su cromado reloj Omega– regalándome una sincera sonrisa y sin dejar de observarme con el tostado café de sus ojos, que suele suceder cuando se encuentra sumamente interesado en alguna conversación o en alguien. ¡Como ahora, en mí!

    —Inclinada boca abajo, con tu brazo derecho como apoyo sobre el cojín central, la mano del otro aferrada al respaldo y tus bonitos senos con las areolas rosadas ya expandidas por la excitación, coronadas por tus pezones vigorizados pero… ¡Desamparados de mil caricias! Con tu espalda algo arqueada y tú vientre plano bien sostenido por el ancho brazo lateral del mueble, dejabas a mi disposición la forma de melocotón de tus nalgas para hacer y deshacer deliciosas cochinadas. Te veías además de hermosa, muy excitada y dispuesta.

    —Y claro que lo estaba, mi cie… Camilo. Pero te confieso que esa madrugada sí eché en falta más caricias y muchos más besos intensos, de esos que saben a miel en mi boca y a humedecido deseo en mi cuquita. Sentir el frenesí del «antes de…», con esa intensa necesidad de ser tocada por tus manos, abiertos y explorados los pliegues de mi vagina por tus dedos y luego chupada o mordida por tu boca, pero estabas demasiado eufórico y solo querías penetrarme sin preliminares.

    — ¡Lo sé y lo lamento! Sé que esa vez no hubo sexo oral como preludio ni palabras subidas de tono por anticipo, sencillamente aparté hacia un lado la tirita de tu tanga y sin demasiado esfuerzo ni necesidad de las manos, mi verga ubicó de inmediato tu ardorosa entrada ya lubricada, –un sendero hacía el placer tantas veces recorrido, todas deseadas, cada una de ellas disfrutadas– y tan solo presioné lo suficiente, halándote de tus cabellos enrollados en el puño de mi mano hacia atrás, observando en el espectáculo de tu rostro, una expresión de inusual docilidad y acostumbrada inocencia, con esas mejillas encendidas, tus ojos entre cerrados y en tu boca una sonrisa de satisfacción, por tus metas cumplidas. ¡El resto lo hiciste tú, Melissa!

    Y Mariana sin poderse contener, se rio con muchas ganas, llamando la atención del grupo de cinco hombres que en la mesa de al lado, –cerveza en mano– seguían emocionados las acciones del juego en el partido de futbol.

    — ¡Jajaja! Siiiií… ¡Jejeje! Mientras te sentía entrar y salir, empujando con fuerza al golpear tu pubis contra mis nalgas, –haciéndome perder el equilibrio momentáneamente– tu jadeabas bien rico y excitado, y yo con mis ojos cerrados, mordía mi labio inferior aprisionando con desespero el grosor del cojín al sentirme invadida por el palpitar de tu verga, y pensaba en lo afortunada que era yo al haberme atravesado en tu vida. Me brindabas todo tu amor y compañía. La comprensión para mis caprichos y el respeto a mis ideales. ¡Quería hacerlo, en serio que sí! Lo deseaba y lo necesitaba, pero especialmente lo quise hacer por ti. Más aún, después de que me llevaras al clímax por segunda vez y tú, aguantando tu corrida como siempre pensando primero en darme placer, –sintiendo ya esa sensación de paz espiritual que me queda tras alcanzar el orgasmo con intensidad, y con los espasmos cediendo en su recorrido por mi vulva y las piernas– así que te lo pedí con mis ojos entrecerrados, pues era el momento oportuno y a pesar de que las palabras salieron de mi boca algo entrecortadas y en un tono suplicante, lograste escucharlas con claridad. ¡Házmelo por atrás, por favor! ¡Es todo tuyo mi culito, mi amor!

    ***

    Observo a Mariana agachar un poco la cabeza y mirar de reojo alrededor nuestro, quizás algo apenada por si alguno de los clientes cercanos la hubiese podido escuchar, pero creo que eso no es probable, ya que siguen con sumo interés las acciones del compromiso de la liga italiana y en voz alta comentaban una falta no sancionada.

    —Que dices, ¿pedimos otras cervezas o nos vamos de aquí? —Le hago la pregunta de inmediato a mi esposo, no tanto para evitar algún comentario suyo al respecto, sino porque el local se estaba empezando a colmar de más gente, haciendo que me sienta más acalorada y sedienta. Era eso o por recordar aquellas escenas de sexo entre mi marido y yo. ¡Tan hermosas, como añejas!

    —A ver Melissa… ¿Y a dónde iríamos? Las playas deben estar atiborradas de bañistas y el malecón de vendedores. Creo que por la hora es mejor esperar un poco a que baje el sol. ¿No crees? Si quieres podrías usar tus hermosas influencias, –le digo acercándome bastante a la mesa y mirándole sin recato sus aumentadas bubis– y pedirle a tu adorado míster musculito, que nos haga el favor de poner a enfriar esto que tengo aquí, mientras nos tomamos otras dos pero que sepan de verdad a cerveza y ojalá con suficiente alcohol. —Y le enseño a Melissa, la botella de Ron Viejo de Caldas que cargo dentro de la mochila, observando como en su boca se forma una «O» por la sorpresa, para a continuación delinearse en sus labios una suspicaz sonrisa, y bastante fascinada, utilizar como dos radares el par de ojos que rivalizan con este cielo caribeño, buscando a mi espalda, la ubicación del moreno y enamoradizo cantinero.

    —Okey, dame la botella y espera un momento. —Desplazo hacia atrás la silla, aceptando su reto, y me pongo en pie tomando sin drama alguno por el cogote, la botella de ron; avanzo hasta la barra pero cuatro pasos después, me doy media vuelta y levantando la voz un poco, –debido a la algarabía por alguna otra anotación en el partido de futbol– le pregunto a mi esposo: ¡¿Club Colombia dorada o roja?! —Y mi esposo, saca hacia afuera del cuello de su camisa, una cadena de laminados eslabones dorados en forma de espiga, –levantándola por un extremo del cordón, donde centellea una gruesa argolla– y la balancea sonriéndose e indicándome sin palabras, pero con absoluta claridad, la marca de cerveza de su preferencia. Debe ser la alianza de matrimonio, –pienso– aunque no la lleve puesta en su dedo… Como si lo hago yo. Me giro dándole la espalda a mi marido y sonrió esperanzada pues… ¡Aún la conserva!

    ***

    Mientras la observo caminar hacia la barra con el garbo y donaire tan característico en ella, yo me pongo de pie para dirigirme hacia el baño y evacuar de mi vejiga las cervezas consumidas, y da la casualidad que los hombres y las pocas mujeres allí presentes, –aprovechando el entretiempo en el partido de futbol– momentáneamente centran su atención en la curvilínea figura vestida de negro que se desplaza en medio de las mesas, esquivando blancas sillas plásticas, algunas ocupadas y otras vacías, y con seguridad alguno que otro piropo, mientras se encuentra con el sonriente y fornido Andrew al otro extremo del local.

    He venido aquí en varias ocasiones para ver jugar a mi equipo preferido y en otras, acompañado por Eric y Pierre con el fin de saciar la sed de algunas tardes y distraerme en otras cosas, y no pensar en Mariana. La más reciente fue solo tres días antes de saber que mi esposa regresaría a buscarme y aquí me encontré a medio día con Maureen, para resolverle algunas dudas con respecto a nuestra «amigable» relación, pues aunque ella ya se encontraba enamorada y muy dispuesta, yo por el contrario me sentía todavía dolorosamente engañado y desubicado. Y esta es la primera vez que voy a usar este angosto baño, solo pero acompañado ahora de quien me había hecho mucho daño y tanta falta a la vez.

    Bajo la cremallera sin prisa y con mi mano derecha desenfundo, –gracias a Dios– mí ya serena herramienta. ¡Y es que mear con una erección presente, es un proceso bastante complicado y hasta doloroso! Mientras disparo el chorro de orina contra el pulido pedernal del orinal, cierro los ojos para seguir evocando en mi mente la continuación de esa noche, justo en la parte donde ella lo dejó.

    Mariana había disfrutado conmigo y yo con ella. Si bien es cierto que esa madrugada había resultado infructuosa, –al igual que nuestros primeros intentos de tener sexo anal– por el dolor que ella sintió nada más al sentir la leve presión del glande, intentando abrirse un espacio en su arrugado y ajustado agujerito, no lo pudimos terminar como ella lo había planeado y deseado.

    A la segunda muestra de dolor de su parte, se me bajó la adrenalina del momento por completo y me contuve. Dejé de moverme e insistir, a pesar de que Mariana me rogase que lo probara otra vez. Lo que yo menos deseaba, era causarle dolor físico o emocional, por lo cual opté por cambiar de lugar y ella de pose, para tener una sesión de sexo «normal» por su vagina, sentándome en el centro del sofá, con Mariana a horcajadas sobre mis piernas; sus brazos rodeando mi cuello y sus labios fundidos con los míos en un beso al principio casi eterno, angustiada pidiéndome perdón.

    Se levantaba con decisión, –torturándome con el roce de sus pezones sobre mis mejillas, sin poder atrapar alguno con mi boca– apoyada en los pies sobre los cojines de piel, dejándose caer después al flexionar las piernas, penetrándose ella solita hasta donde podía o quería, y moviendo con ritmo acelerado sus caderas sin dejar de besarme la frente y lamer la punta de mi nariz.

    Se detuvo por un instante que me pareció imprudente, pues yo, conteniendo los espasmos en mi granítica virilidad, –que se resbalaba ruidosamente por su anegado interior– estaba a punto de venirme dentro suyo, y Mariana autoritaria, tomó la decisión de separar por centímetros de mi pecho, el calor de sus sudadas tetas, para mirarme fijamente mientras se clavaba hasta el fondo mi verga y decir, no una ni dos o tres sino varias veces más, lo mucho que me amaba, en medio de sus resuellos y mis jadeos.

    Luego siguieron varios te quieros entrecortados y correspondidos con mi cariñoso… ¡Yo también! Con movimientos pendulares de sus caderas sobre mi pubis prisionero y sus ojos dulcemente cerrados, – lentamente susurrado su… ¡Que rico me pichas, amor!– al inclinar su cabeza muy cerca de mi oreja izquierda y sin el oxígeno que en esos momentos a los dos parecía hacernos tanta falta. Todo ello en medio de los paseos que mis manos realizaban afanadas por la deseada geografía de sus henchidos pechos y con los gemidos prolongados, los suyos y los míos, que con gusto dejábamos escapar bien amplificados desde el interior de nuestras resecas gargantas.

    Una conflagración sexual se reinició de repente entre dos cuerpos calientes y sudorosos, ya los dos de costado, luchando por otorgar mayor placer al deseado contrincante, sin dejar de mirarnos y tampoco de disfrutar la apetecida y contundente lucha sin cuartel en los labios, con nuestras lenguas como dagas; mi verga lubricada entraba con facilidad y al momento salía brillante, –humectada hasta más de la mitad– con furiosas ganas de volver a horadar su candente interior; entre tanto Mariana, con los músculos de su dulce «panochita» intentaba absorberlo y retenerlo dentro suyo por más tiempo, hasta que explotamos minutos después, ella y yo a la vez, sin egoísmos o engaños pero con amorosos rasguños tatuando nuestra piel.

    ***

    Me sacudo con fuerza las manos sobre el lavamanos blanco, tras refrescarme el rostro, salpicando inmisericorde las baldosas ajedrezadas alrededor de mis pies. El espejo rectangular en el que me observo, tiene una delgada y zigzagueante fisura que arranca desde debajo del remache cromado en la esquina superior derecha, y amenaza con avanzar algunos centímetros más hacia la izquierda, –en dirección tal vez al centro– pero no hay peligro de que se termine de vencer al menos por un tiempo, mientras el dueño se apiada y consigue a alguien para que lo reemplace. Curiosa coincidencia con mi situación, qué parece no tener un pronto remedio. ¡En fin!

    La algarabía y el bullicio deportivo anterior, han sido reemplazados por música salsa y varios gritos acompañados por aplausos, celebran emocionados al escuchar los primeros sonidos del bajo, el trombón, la percusión y el piano de «Sigue Tu Camino» la exitosa canción del talentoso maestro Oscar D’ León, quien según William y Kayra, se había fajado tremendo conciertazo el año pasado durante el festival de veleros.

    Ese me lo perdí lastimosamente, pero este año al menos he podido disfrutar de Juan Luis Guerra, Maroon Five y la Emperatriz del Soul, Gladys Knight entre otros, –en el festival de Jazz– acompañado por William, mis dos amigos franceses y por supuesto de Kayra y su adorable hija Maureen.

    Tres apresurados y fuertes golpes en la madera de la puerta a mi izquierda, me traen de nuevo a este mundo. Alguna vejiga en emergencia solicitando auxilio, me reclama este espacio. Al abrir la puerta saludo con un gesto rápido de mi cara, a un apurado hombre barbudo con barriga de camionero, y continuo hacia mi mesa esperando verla con las cervezas frías, más no es así.

    Doy algunos pasos más y se termina la pared que me impide tener un mejor panorama. Desde la esquina me doy cuenta que Mariana se encuentra de pie y de medio lado, con su sonrisa amplía, apoyando un brazo sobre el rojo mesón, –descolgada en el borde su mano, y la otra reposando abierta sobre la cadera derecha– pero cercada por tres hombres cortejándola. O cuatro, si tengo en cuenta al fornido y sonriente Andrew que permanece detrás de la barra al igual que todos, pendientes a los gestos alegres en su albo rostro y con seguridad, a la divertida conversación que sostiene mi esposa con aquellos nuevos pretendientes. ¡Malditos gallinazos de mierda!

    Me invade la característica sensación de celos, con el vacío en mi estómago y la firmeza con la que presiono los dientes, al sentirme nuevamente apartado, confirmando mi disgusto y haciéndome sentir como fuera de juego. Esto no debería sucederme tras el tiempo que ha pasado después de vivir todo aquello, pero sencillamente es más fuerte que yo y me seguirá sucediendo. Lo sé.

    Mariana se da cuenta de inmediato sobre mi alejada presencia y sin sobreactuarse desde allí, asediada más no encadenada en medio del trio de mujeriegos, decididamente seductora me guiña un ojo y apiña los diez dedos sobre el rosado botón estirado de su boca y un segundo después, explota en dirección hacia mí un expresivo beso, –abriéndose espacio por entre un dúo de cabezas y hombros– trastornando sus masculinos egos, al extender de improviso y por completo, las falanges de sus manos, cual granada de fragmentación.

    Intrigados, los tres buitres giran sus cabezas buscando conocer al afortunado que recibió el impacto. No tengo de otra más que levantar mi mano para saludarlos por cortesía, fingiendo una desenfadada sonrisa, pero sintiendo por dentro un varonil orgullo, un tanto olvidado. Lo sé, pienso que es realmente estúpido de mi parte, jactarme ahora de ser lo que ya no soy. Y sin embargo para Mariana, hago la gentil invitación, –con el movimiento en arco de mi brazo izquierdo– a sentarse al lado de su rey bien herido, apartándole caballerosamente por el respaldo, su trono de plástico.

    Ahora ella apurada, se despide de sus nuevos conocidos estrechándoles brevemente sus manos, obsequiándoles una sonrisa hechicera. Le comenta algo al musculoso cantinero, seguramente con la intención de agradecerle la atención prestada y del mesón toma los oscuros envases de cerveza, –cuatro para ser más exactos– y alegre, con un movimiento cadencioso, echa hacia atrás su recortada melena y se abre paso por entre aquellos tres derrotados, camina de manera segura hacia mí, ondulando sus caderas tras cada paso que da y por la rendija risueña de su boca, se asoma el comienzo de su lengua en forma conoidal, juguetona e infantil, toda ella jactanciosa.

    Y lo mejor… ¡Con dos «Club Colombia Doradas» bien heladas en cada mano!

  • El estudiante y la policía

    El estudiante y la policía

    El estudiante de ciencias políticas llamado John, de 25 años, rubio y de tez blanca por naturaleza, salía de la facultad para dirigirse al estacionamiento donde había dejado su auto.

    En cuanto llego al lugar vio a una atractiva mujer policía que estaba escribiendo en un papel y lo puso en el parabrisas de su auto.

    Cuando él se le acerco a ella pudo ver que la mujer tendría aproximadamente 45 años pero sus facciones eran muy bellas y su cabello castaño era a la altura de los hombros y se notaba que tenía un brillo y suavidad increíble.

    Además esta mujer tenía un cuerpo para coger todo el día: cintura pequeña, tetas medianas ni grandes ni pequeñas y el trasero sexy pero muy grande.

    -Hola, soy Florencia, agente de policía- ella le tendió la mano.

    Él se la tomo y se la acaricio más de lo necesario para sentir su suave piel.

    -Hola Florencia, un gusto conocerte, yo soy John, estudiante de ciencias políticas.

    -Ahora que ya nos presentamos debo decirle que le acabo de hacer una multa por dejar su auto en una zona donde solo es para motos.

    -¿De cuánto es esa multa?

    -Cincuenta mil dólares

    -Disculpe, pero yo no puedo pagar esa cantidad de dinero

    -Debería haber pensado antes las consecuencias

    -Solo quería un sitio donde estacionar el auto, comprenda, usted es policía y seguro debe saber que la calle no es un lugar seguro para dejar un auto, así que le pido que por favor anule esa multa.

    -No puedo hacer eso, es mi trabajo y lo debo cumplir.

    -Voy a hacer lo que usted quiera pero por favor considere lo que le dije.

    Una sonrisa ilumino el rostro de la bella mujer.

    -¿Lo que yo quiera? Pregunto con un tono demasiado sensual.

    -Así es- respondió John mientras empezaba a sentir una erección.

    Florencia se acercó más de lo normal a John y le dijo muy suavemente en el oído.

    -Quiero que esta tarde me des el mejor sexo de mi vida y a ti se te nota una verga muy rica- le pidió esto mientras que con su mano acariciaba la pija del muchacho.

    -Te voy a dar la mejor cogida de toda tu vida- le respondió el mientras le tocaba el trasero y se lo apretaba con ambas manos.

    Luego la mujer le paso su número de teléfono y le dijo en que hotel se encontrarían para tener la tarde de sexo (además le anulo la multa).

    Cuando John ingreso a la habitación del hotel la encontró a Florencia con toda su belleza femenina sentada en una silla con las piernas cruzadas y vestía un bonito conjunto de lencería color negro.

    -Me voy a dar un baño- le dijo mientras se desnudó lentamente para provocarlo.

    Pues, estaba claro que Florencia quería estar con John en la ducha.

    El universitario se quedó viendo fijamente el culo de la mujer, pues, era el más bonito y grande que había visto.

    Ella se dio cuenta de eso y abrió las piernas mientras se tomaba ambas nalgas y se las abría lo máximo posible para que su agujero del culo quedara a la vista de John y lo logro con mucho excito.

    -¿Vienes cariño?- lo invito

    El la tomo de la mano, ingresaron al cuarto de baño, el muchacho se quitó la ropa rápidamente y ambos entraron en la bañera.

    Luego, Florencia le empezó a dar los besos más deliciosos y sensuales mientras tocaba la espalda de John y el mientras tanto le tocaba sus pechos.

    -Ya quiero que tu rica verga este adentro mío haciéndome gozar- le decía ella entre besos y suspiros.

    Pues, se notaba que esa mujer llevaba un buen tiempo sin tener sexo por que estaba muy excitada.

    Luego la mujer separo sus labios de los del chico para darse la vuelta y levantar sus nalgas para que el hiciera lo que quisiera con ellas.

    John se las empezó a masajear con movimientos circulares y con ambas manos, pero los cachetes del culo de Florencia escapaban de sus manos (pues era imposible agarrar tanto culo).

    Después le empezó a dar unas ricas y merecidas nalgadas para que su trasero se ponga bien rojo.

    John se bajó lo suficiente para que su rostro quedara a la altura del trasero de Flor para darle un rico sexo oral, le abrió ambas nalgas para introducir la lengua en lo más profundo de su agujero y a la vez que le estimulaba el culo también le masturbaba la vagina frotándosela rápidamente con la mano y metiendo dos de sus dedos bien adentro de esa maravillosa concha.

    John dejo de estimular a Florencia cuando ella dio un largo gemido de placer y toda su eyaculación femenina fue a parar a la mano del (le llego a introducir hasta cuatro dedos).

    Salieron todos húmedos del cuarto de baño de la habitación y el muchacho se acostó en la cama, Florencia se acostó encima de John y le dio un largo beso en sus labios mientras se acomodaba para que él le clave la pija.

    Ya cuando la mujer estuvo bien clavada con esa gran pija en su concha se empezó a mover con movimientos deliciosos, el solo sentía como movía su gran culo que chocaba contra los huevos.

    A John le encanto el cumulo de sensaciones deliciosas que fue estar con esa mujer, en especial le encantaba ella, una hermosa policía madura y con un trasero capaz de tragarse su pija entera por que se estaba hundiendo hasta los huevos de el.

    Luego ella dejo de moverse y se puso en cuatro sola, a él le gustaba las mujeres que estaban tan hambrientas de pija y que se ponían de perrito para recibir el miembro masculino.

    Le observo su bonito trasero y vio que lo tenía marcado por tantas nalgadas que le dio en esos espectaculares cachetes.

    La agarro de la cintura y con un sola embestida la penetro.

    Cuando el empezó a mover su pija dentro del culo de Florencia ella saco un consolador de su cartera y antes de llevárselo a la boca le dijo.

    -Cuando me cogen por el culo me gusta tener otra polla en la boca, me da más placer y así imagino que estoy con dos hombres al mismo tiempo.

    «Cielo santo, esta mujer es un fuego» fue lo que pensó John y aumentó el ritmo de sus embestidas hasta eyacular dentro de ella.

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  • Conocí a mi actual pareja en una sex shop

    Conocí a mi actual pareja en una sex shop

    Estaba en el trabajo harto de seguir allí esperando a que fuera mi hora de salida contando cada segundo como cuando estaba en primaria esperando el receso.

    Trabajaba en una tienda de ropa de cajero, al inicio fue bueno, pagaba los gastos y me sobraba un poco de dinero para salir o comprar algo.

    Pero después de un año de trabajar allí estaba más que harto, mi jefa no sé que tenía conmigo pero la traía contra mi.

    Y ese día estaba peor porque la señorita no había recibido lo que había encargado literalmente el día anterior cuando claramente en la página decía “entrega en una semana”.

    Estaba enojada y se desahogó conmigo todo el día, me puso a hacer trabajo que no era mío, me criticó por como trate a una clienta cuando solo le dije hola y gracias, y para rematar cuando ya era casi la hora de salida me llamo a su oficina y me dijo que me iba a bajar el sueldo porque no hacía un buen desempeño.

    Literalmente hacía la mayor parte del trabajo porque ella me obligaba, para que luego ella viniera a decirme que no hacía un buen desempeño.

    Le pregunté porque y su respuesta me hizo hervir la sangre.

    -por que no atiendes a los clientes con una sonrisa…

    Eso fue la gota que derramó el vaso, le grite todo lo que sentía por ella y renuncie, se los juro que la reacción que tuvo no tiene precio parecía como si quisiera gritar pero llorar al mismo tiempo.

    Salí de allí enojado pero feliz por qué al fin pude salir de ese trabajo, cuando me dirigía a mi casa pase por enfrente de una sex shop, no le tome importancia en su momento hasta que llegue a casa.

    No me podía calmar no importaba lo que hiciera, de repente recordé la tienda y decidí ir por a comprar un juguete para desestresarme.

    Llegue y lo primero que vi al entrar fue un dildo enorme que me hizo preguntarme a quien le podría caber algo así, lo ignore y me dirigi a los dildos normales, mientras veía note que alguien se puso alado mío voltee y lo vi.

    Era hermoso con cabello corto pero no tanto y con una camisa pegada que dejaba ver su cuerpo que se veía que se ejercitaba.

    Me controle lo más que pude y elegí uno discretamente, cuando me estoy dirigiendo a la caja siento que alguien me detiene y voltee y era el.

    -disculpa eres soltero?

    Esa pregunta me confundió por qué nadie te pregunta de la nada si eres soltero y por bromear le dije.

    -en que sentido de soltero?

    El se rio y me dijo que soltero de no tener pareja le dije «no se» en forma de juego y le pregunté que porque la pregunta tan de repente, no soy el tipo de persona que recibe muchas propuestas así que su pregunta me tomo por sorpresa.

    -esto va a sonar raro pero yo ya te conocía

    -en serio? De dónde jaja

    -bueno no conocerte en persona más bien por tu trabajo jaja

    -en serio?

    -si, no recuerdas al chico que una vez pregunto por un pantalón de mujer? Que después me puse nervioso y salí de allí lo más rápido que pude

    En ese momento lo recordé y me di cuenta que el era el mismo, pero diferente de como era antes se veía que le había estado metiendo mucho al gym.

    -eras tu?

    -si jaja solo que ahora un poco más grande

    -si lo noté jaja

    Me dijo que desde que me vio por primera vez no pudo dejar de pensar en mi, me puse nervioso porque nunca antes alguien se había fijado en mi.

    Me dijo que si tenía planes esa noche claro aparte de meterme un dildo hasta desahogarme.

    Le dije que no y me invitó al cine, dude al principio porque literal solo lo conocía de vista y hasta allí.

    Pero acepte, pague el juguete y salimos de allí al cine cuando termino la película salimos y me dije que quería hacer, le dije que el eligiera y lo hizo y temerosamente me dijo al oído si quería pasar la noche con el, acepte por qué mientras veíamos la película se portó muy gentil y respetuoso y como verán actualmente sigo aquí así que si no pasó nada malo.

    Me llevo a un motel… ya sabía lo que venía y lo noté nervioso y le pregunté.

    -estas nervioso? Podemos irnos si quieres

    -no estoy bien solo que no pensé que llegaríamos a este punto

    -tranquilo tomate esto con calma después de esto te daré mi respuesta si estoy soltero o no

    Eso al parecer le devolvió la ganas de entrar jaja bueno entramos pago la habitación y nos pusimos cómodos.

    Saco un paquete de condones y un lubricante que había comprado en la tienda y le pregunté.

    -ya estabas preparado? Jaja

    Me dijo que si y que lo perdonará, le dije que no había problema.

    Se bajó el pantalón y dejo a la vista su pene, era mejor de que había imaginado.

    No perdí tiempo y me puse de rodillas y lo empecé a chupar y el solo podía gemir en voz baja.

    -wow no creí que fueras tan bueno chupando

    -la práctica hace al maestro jaja

    Yo ya había chupado unos cuantos pero seguía virgen ,seguí chupando hasta que se vino, yo trague lo que pude y me dijo que si lo podía meter.

    Le dice que si pero que primero se pusiera un condón y lubricante.

    Me dijo que estaba bien y lo hizo se puso el condón y lubricante y un poco a mi para que resbalara mejor.

    -ahh

    -te duele? Lo saco?

    -no, sigue puedo soportarlo solo que es mi primera vez así que no estoy acostumbrado pero gracias por ser tan considerado

    -que?!! Perdón no quise quitarte tu primera vez así

    -no hay problema jaja me has demostrado que eres buena persona no me importa si tú eres mi primera vez

    -balla eso es muy amable de tu parte jaja entonces sigo?

    -si pero despacio por favor

    La metió entera y se empezó a mover lento como se lo pedí.

    En un punto paro y me preguntó si podía probar algo a lo que acepte por curiosidad, la saco se dio la vuelta a dónde estaba mi juguete y lo saco.

    Le pregunté que estaba planeando y el solo dijo «ya verás» en un tono muy picaro.

    Me pidió que me pusiera en cuatro y procedió a meter el juguete mientras también metia su pene, cuando los tuve adentro se empezó a mover y encendió el juguete (había comprado un dildo de los que vibran).

    Eso me hacia tener espasmos de placer solo podía pensar en el entrando y saliendo y el juguete vibrando dentro de mi.

    Me causo tal excitación que me corrí varias veces antes de que el también lo hiciera, terminamos exhaustos tumbados en la cama recuperando el aliento cuando de repente pregunta.

    -entonces eres soltero?

    Yo me reí y le dije que si, después de eso tomamos una ducha juntos dónde cogimos más y cuando salimos del motel me dio su número y yo le di el mío después de varios meses de salir y coger nos hicimos pareja y hemos estado juntos durante casi 3 años.

    PD: la historia de los tres hombres que me cogieron duro fue una vez que nos peleamos el y yo y no nos vimos durante casi un año, me siento horrible por haber hecho eso pero no puedo cambiar el pasado así que estoy haciendo lo mejor que puedo para compensárselo, se lo conté y afortunadamente lo tomo con calma y me confesó que el también me había engañado y que se lamentaba, ni uno de los dos estaba en posición de enojarse así que decidimos hacer como que nada paso, el no me engaño y yo tampoco a el.

  • Sumiso con el pene grueso y rico de mi hombre maduro (fin)

    Sumiso con el pene grueso y rico de mi hombre maduro (fin)

    Igual Dirmero, me da besos en mí tetillas pará excitarme y al tocar mí pene, estaba erecto y botando líquidos preseminales, el cual tomé para mí, Dirmero se levanta y se acomoda para que tenga todo su tronco a mi disposición, empiezo a mamar su glande, lo escupí hasta estar lleno de saliva espesa, el estaba relajado luego me logré meter un poco más de la mitad de su pene, mientras Calvin, logrando dejar mi ano ya dilatado, mete la cabeza de su miembro lleno de saliva, empezó a meterme su enorme pene con fuerza y ya mi culo se acoplo, empezó a empujar duro, y eso me emocionó muchísimo, mientras mamaba el pene de Dirmero muy rico, Calvin me daba placer anal, luego mi hombre se levantó y me daba saliva rica en mi boca, le dije que por favor me meta su pene grande en mí boca, me estaba cogiendo duro y quería meter todo su tronco lleno de saliva en mí boca, sentía que me ahogaba, me estaban cogiendo duro los dos hombres rico que tenía solo para mí.

    Luego de coger rico, mis dos hombres se levanta y se preparan para acabar en mí boca y recibir toda su esperma, eso deseaba probar y tragar todo sus líquidos, Dirmero es el primero que me da toda su leche el sabe que me gusta saborear y me chupo hasta los dedos, luego acaba en mi boca, Calvin se levanta y me da su esperma también en mi boca, muy rico probar dos esperma de estos dos penes grandes y rico para mí solo.

    Una vez terminando todo el placer sexual nos fuimos a bañar para alistarnos e irnos, estábamos agotados, entre Dirmero y Calvin ellos me enjabonan y me dan un poco de placer mientras nos bañamos juntos, tenían los penes grandes y estaba flácidos, igualmente yo se le daba lengüetazos y besos, salimos y nos vestimos. Me despido de Calvin con un beso rico en su glande y muchos besos en la cabeza de su pene, me subo al coche para que Dirmero me llevará a mi casa y estar tranquilo.

    Luego llegamos a mí casa Dirmero se queda conmigo, hasta irse el lunes, nos relajamos un poco y empiezo hacerle caricias a su pene chupando rico hasta quedarnos dormidos, está fue la vivencia de sexo rica con mí hombre dé pene grueso.

    Luego de esto mi hombre murió y quedé muy triste.

    Les escribiré de mí nuevo hombre maduro con quién estoy actualmente.

    Tiene el pene más grande y grueso.

    Saludos cordiales!

  • Soy su territorio de placer

    Soy su territorio de placer

    Después de trabajar, la tarde del jueves me senté en un banco de la plaza y me relaje observando el paisaje arbolado, respirando hondo y profundo, disfrutando de un momento relajante.

    Al rato paso un muchacho de 40 años más o menos que estaba corriendo, era alto, delgado, con un cuerpo estilizado, se sentó a mi lado y comenzamos a charlar, disfrutando del lugar.

    Hablamos un poco de todo hasta que tocamos el tema sexual y la charla se tornó bien caliente, ya que compartimos gustos, ya que le dije que hace un tiempo estaba pensando en chupar una pija y ser penetrado y el me dijo que era un pensamiento encantador y que tal vez el destino nos unió porque a él le gustaban los hombres, que era activo y que se sentía atraído por mi cuerpo, allí internamente me enloquecí, pero trate de no demostrarlo, le conteste que su cuerpo era hermoso y también me atraía.

    Me invitó a su casa a continuar la charla que quedaba cerca, y allí nos fuimos. Su departamento era hermoso, nos sentamos en un sillón cómodo abrió un vino fino y me sirvió una copa mientras me dijo, disfruta del vino que me voy a poner cómodo, deguste ese vino espectacular y al rato se aparece solo con un short ajustado, que contorneaba la figura de un paquete prometedor y mostrando su pecho desnudo. Yo me derretía por abrazar ese cuerpito musculoso, el se dio cuenta y me dio un beso apasionadamente, los dos nos acariciamos abrazados sin despegar nuestros labios y lenguas, me sorprendió que se haya soltado tanto, pero era lo que esperaba.

    Me comencé a deslizarme hacia abajo, ya tenía una erección, era tremenda esa verga dura, la tomé con una mano y empecé a pasar mi lengua lamiendo a gusto, no me entraba en la boca se la fui mamando, me agarró del cabello me hizo comerme bien su chota. Me la metió hasta la campanilla haciendo que me atragante, me provocó arcadas, me daba mucho morbo la escena, me pasó un brazo por detrás y alcanzó a tocarme bien el orto y enseguida me metió un dedo en mi anillito trasero, sentí la entrada del dedo y me estremecí, solté un quejido, le agarró el gusto a meterme el dedo y metió otro más mientras no dejaba de mirarme sonriendo, entonces dijo…

    -tengo muchas ganas de penetrarte, mientras yo continuaba ese ritual sagrado que todo puto de ley ama, arrodillarse frente a su macho y comer esa deliciosa verga, concentrado en dar placer y disfrutando de ese sabroso bocado hasta que sentí como su pija dura se hinchaba más y más hasta que explotó todo su placer dentro de mi boca, fue delicioso saborear su néctar, es algo que me relaja y hace que me sienta satisfecho de un deber cumplido.

    Nos dejamos caer sobre la cama totalmente relajados, al rato veo que se le vuelve a parar ese monumento placentero, fui al baño y busque jabón, me puse en cuatro me agache mas y subí las nalgas, me puse jabón con el dedo en mi cuevita caliente, muy despacio me la fue metiendo, me dice que respire hondo, que no falta mucho, suspiro, le agarro la pija y apenas había entrado la cabeza, por dios que cosa gruesa, me dice que no me va a hacer doler, entonces, en un momento de locura, empujo hacia atras y el dice «esto es un puto», y yo digo casi gimiendo del dolor, pero duele…

    Ahi, me agarra la cara y me da un beso de lengua que derritió mis últimas resistencias… me estaba comiendo la boca mientras me daba verga, todo eso me hizo volar y olvidar que tenía una tranca muy gruesa entrando en mi… Empezó muy lento a moverse y con cada movimiento sentía que algo en mi se rompía, algo con dolor pero con placer, prefiero las gruesas a largas porque realmente se sienten… todavía no había entrado toda… Que bien que coges… le dije » Y vos que bien la aguantas» fue su respuesta… Saco su antorcha ardiente , se dio vuelta y se acostó con su pija parada para que me siente sobre ella, ahí la veo en todo su esplendor… y le unto un gel lubricante… Y me resigno… La agarro…

    Me acomodo… pafff Hasta el fondo de una y a bancarse que para eso soy puto… Empecé a bailar sobre ese garrote de carne, mientras subía y bajaba rítmicamente, mi esfínter anal lo apretaba sintiendo toda la rugosidad de su tronco venoso y mientras él se puso las manos atrás de la cabeza… Le acariciaba los pectorales, el pecho, el vientre y le dije que increíble el machazo que me esta dando duro… Nuestros ooo aaaah y mmmm sonaban y hacían eco de la música de fondo… me dice que quiere pero más fuerte…

    Mi respuesta fue salirme y ponerme en el borde de la cama y me abrí el ojetee… Su embestida fue un cálido alivio para mis ganas de verga… No sé cuanto paso… Solo se con seguridad que me agarro desde atrás y no me tuvo la menor piedad… Yo, solo podía decir entrecortado seee por favor dame mas… cogeme macho hermoso… Y pareciera que eso lo ayudaba a poner más vigor a sus empujadas…

    Me acuclille y en esa posición me calzaba justo ese tronco duro… Ahí fue cuando me llego una sorpresa… El hombre amable, el que me besaba, el hombre a quien el dolor mío le importaba… Se esfumo para darle paso a un semental que solo empujaba, sacaba, empujaba, se acomoda y empuja más fuerte, solo le importaba acabar…

    Y me dice después de varios minutos de incesante pistoneada, que esta por acabar -Ahhh ohh mmm ahhh dame, dame mi amor dame la leche amor, soy tu puta papi, dámela todaaa, mi vida. Hasta que los gemidos y gritos de los dos se confundieron en uno solo, al acabar juntos.

    Sentí los chorros calientes de su semen inundar mis entrañas… mi verguita flácida larga su torrente de flujo de placer al igual que una hembra, solo su agitado respirar y mis mmmm eran la música del momento… Me pregunto si quería una lluvia dorada que estaba con ganas de hacer pis, yo le dije que si y me llevo hasta su bañadera donde se paro dentro y yo de rodillas ante el esperaba por segundos que esa verga empezara a chorrearme y me dice ahi va, y unos chorros sin control comenzaron a caer sobre mi dándome en la cara cuerpo y bañándome todo yo me acerque para que ese chorro me diera en la boca y pude sentir el saborcito de su tibio pis, y me dice «ahora sos mi territorio de placer» luego de ello nos duchamos juntos.

    Agradezco todos los comentarios que me enviaron sobre mis otros relatos, recuerden mi mail es [email protected] espero que este les guste, y recibir más comentarios, muchos besitos para todos.