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  • Casado con una mujer bien caliente

    Casado con una mujer bien caliente

    Desde siempre supe que María Luisa era una hembra bien entrona y bien caliente. Convertirse en toda una Matriarca era su destino, con esos buenos muslos y sabrosas nalgas incitaba a hacerle hijos. Su carácter de dadora de vida podía vérsele en sus volúmenes y curvas, propios de una de esas mujeres que se desarrollan para atraer al sexo opuesto, y así éste las preñe; su naturaleza se los demanda. Fue por eso que no me importó que fuéramos primos, yo me la chingué desde que pude.

    Y es que a una mujer como ella se le preña de seguro. Hay hembras así, que bien pronto se les ve para qué están hechas, y ese fue su caso, María Luisa tuvo varios hijos, no sólo el mío. Su cuerpo de por sí te tentaba para fecundarlo, pero lo que de plano te conducía a hacerlo era su carácter.

    En casa de sus papás, cuando aún era soltera, ella misma me incitaba. Se bajaba el pants junto con los calzones y me enseñaba las nalgas. Como ya era toda una mujer de vastas carnes invitaba a agarrarla a dos manos, ya fuera de sus cachetes de carne prieta o de sus dos hermosas tetazas. Sus volúmenes incitaban a apretar, pellizcar, lamer y chupetear, dejándole marcas por toda la piel.

    Solía cogérmela cuando mis tíos no estaban. Nos encantaba jugarle al peligro, pues en cualquier momento podrían regresar. Nada más nos quedábamos solos le poníamos, yo me lo sacaba por la bragueta y ella me lo chupaba sin ninguna vergüenza, y con muchas ganas. Por propia mano se metía mi verga en su panocha. Con la cabeza de mi tolete la sentía bien lubricada y caliente de ahí, ella siempre estaba bien jugosa de su gruta vaginal.

    La muy cabrona, había veces, me dejaba bien picado. Dos o tres metidas y luego se echaba a correr con los pantalones y los chones a medio muslo. Era tremenda, le gustaba tentarme para que la persiguiera así por toda la casa. Ahí iba yo con la verga toda erecta y cabeceando tras de ella. Si la alcanzaba se la volvía a meter, pero si no, se encerraba en el baño y ya no salía hasta que regresaran sus papás. Yo nomás le gritaba que saliera, o ya de plano, le rogaba que no me dejara con las bolas llenas. Cuando mis tíos regresaban la veía salir y reírse de mí frente a ellos, y yo con los huevos bien adoloridos por no haberlos descargado.

    Así de canija era María Luisa, ya desde entonces. Cosa que no cambió. Pero valía la pena, aquellas enormes y morenas nalgas se sentían bien rico encima de uno, era la mismísima gloria estar metido en ella, y más cuando me le venía dentro.

    Con los años y las cogidas la embaracé, pero por fortuna ella se lo enjaretó a alguien más.

    Alejandro fue el nombre de aquel pendejo que se casó con mi prima, y dirán que soy un malagradecido con aquél que me salvó, pero, si así lo califico es porque, con el tiempo, le jincó más hijos que él creía eran suyos.

    De verdad que no entiendo cómo duró tantos años así, digo, ¿qué sus hermanos o sus cuñadas no le hicieron ver que María Luisa bien que le ponía el cuerno?

    De seguro que las esposas de sus hermanos (al vivir tan cerca de ellos) podían ver sus “salidas”.

    María Luisa se puso más buena con los años, eso sí, pese a parir hijos frecuentemente. Muy oronda se pavoneaba moviendo sus tremendas nalgas de aquí para allá siempre que salía de casa. ¡Cabrona méndiga! Cuando la veía salir sin su marido ya sabía yo que iba a ponerle el cuerno con algún cabrón. Desgraciado pendejo, yo no sé cómo no se daba cuenta.

    Era obvio. Ninguno de sus hijos se le parecía ni tantito (ni siquiera se parecen entre sí, todos tienen rasgos bien diferentes). Según sé uno es hijo del chofer de una micro, otra, hija de un chamaco precoz, dos de otros primos; y los otros quién sabe de dónde. Bien a bien sólo María Luisa conoce quiénes fueron los padres de sus hijos, lo cierto es que consiguió lo que tanto ansiaba su cuerpo, ser preñado tanto como pudo.

    Las tetas dieron leche en varias ocasiones (considerables cantidades de leche). Por el gran tamaño de sus dos tetazas había prometido tal cuajada desde muy joven, y cumplió, yo le mamé las tetas en tres de sus embarazos, eso lo confieso y no me sonrojo, me di el gusto. Aunque, ¿cuántos no habremos bebido de las mismas tetas? …quién sabe.

    Viéndola caminar de regreso a su casa, solía pensar que vendría con los olores de la faena sexual realizada en cama ajena. Su esposo, quien llegaría más tarde del trabajo, ni se percataría que su mujer estaba llena de la esperma de otro hombre.

    Y es que quién sabe qué extraño placer le provoca a María Luisa ponerle con otro hombre que no fuera su marido y, quizás más, llenarse del esperma de ese otro en espera de salir fecundada. Pues traer hijos al mundo es su verdadero mayor placer en la vida, según creo.

  • La playa desconocida

    La playa desconocida

    Todo sucedió muy rápido, seré breve, no los quiero aburrir con el relato.

    Me llamo Jazmín y vivo con mi hijo Agustín, desde hace dos años solos después de separarme de mi pareja tras una convivencia insoportable. Mi vida pasó a un período de paz, no existían más discusiones por cualquier motivo en casa. Pero la paz también trajo la monotonía, aunque la prefería, necesitaba algún pequeño cambio para zanjarla.

    Agustín había terminado la escuela, ya con 19 años empezaría en poco tiempo sus estudios terciarios, sabía que esto traería cambios en Agustín, lo empezaría a alejar, comenzaría a hacer su vida. Yo no quería perder la oportunidad de disfrutar tiempo con él.

    Tuve una idea, tomar un mes y viajar a cualquier lugar de vacaciones con mi hijo, disfrutar en algún lugar desconocido de nuestra convivencia, que nos quede un lindo recuerdo, tal vez uno de los últimos juntos.

    Casi tengo 38 años, siempre me gusto hacer deportes, lo que me ayudo a encontrar una forma de vida, soy profesora de vóley en varias escuelas, esto me permite, durante el receso escolar, tomar vacaciones por dos meses.

    Le propongo un viaje a mi hijo, no sé negó, todo lo contrario, me propuso preparar todo el recorrido y que no me preocupara en buscar el lugar, que él los elegiría por mí. En pocos días averiguo y planifico todo el recorrido, pero quería darme una sorpresa, pensó que lo mejor sería mantenerlo en secreto, que me sorprenda el mismo día del viaje, solo me dio una pista, que sería en una playa.

    Pasaron dos días y me cuenta que ya tenía todo planeado, que saldríamos al otro día. Un poco me sorprendió el apuro, pero no pude decir nada, no necesitaba preparar muchas cosas, sólo pasar por la depiladora a la que voy siempre.

    Un día antes del viaje paso por el centro de estética para pedirle a mi amiga que me prolije un poco el cavado, tenía que usar una tanga y no quería andar con unos pelos saliendo por los costados, por ahí son cosas en las que solo pensamos las mujeres, para mí sería como un mantenimiento mínimo, como controlarle las luces a un auto.

    Entro al centro de estética y pregunto por mi amiga, me dicen que no se encuentra, que se había tomado el día, que no me preocupe que la reemplaza una chica nueva, que venía con experiencia de otros centros de estética. No me quedaba otra que ir con ella, no tenía tiempo para esperar a mi amiga.

    Entro al cuarto de depilación y la conozco, era una chica de unos 20 o 22 años, flaquita, toda tatuada y con varios piercings. Llevaba puesto un delantal rosa abotonado por delante, como todas las chicas del Centro, con un cartelito azul con el nombre, Lea. Me pregunta cómo me llamaba y que necesitaba, le cuento que iba a salir de vacaciones con mi hijo y solo necesitaba algo rápido como para usar el bikini con comodidad.

    -Bueno Jazmín, quítate la ropa

    – ¿Toda?

    -Si, por favor

    Nunca me había desnudado por completo frente a mi amiga, me dejaba la tanga y me depilaba por los costados, pero para ellas es un trabajo y Lea seguro trabajaba de otra manera, así que me saqué toda la ropa y me acosté sobre la camilla, lo tome como algo normal, tal vez me daba un poquito de vergüenza, pero me trate de relajar.

    Ya sobre la canilla me empieza a mirar, como examinando mi cuerpo, me levanta los brazos y me separa las piernas.

    – ¿Saco todo?

    – No, recortar un poco, es para usar el bikini.

    – ¿No te animas a depilarte toda?

    – Para mí es lo mismo, no le doy mucha importancia.

    – A mí me parece más cómodo, mira.

    De la nada se levanta el delantal, que para sorpresa mía no llevaba ropa interior y me muestra su vagina totalmente depilada, con un piercing en su clítoris y tatuajes a su alrededor.

    – ¿Te gusta?

    – Si, es linda, bueno, no me gustan las mujeres, pero te queda bien…

    -jajaja no hay problema

    – ¿Te duele?

    – ¿Qué cosa, el piercing?

    – si.

    -no, es un instante cuando me lo colocaron, pero después es puro placer, mira….

    Se desabrocha el delantal y me muestra los pezones atravesados por piercings, tenía unas tetas hermosas, no sé porque me estaba empezando a calentar con una mujer, nunca me había pasado antes.

    -Bueno ¿te depilo toda?

    -Dale

    Guarda sus hermosas tetas y se abotona el delantal, va a una pequeña mesa donde tiene la cera de depilación y varias cremas. Toma un algodón y me limpia las axilas antes de empezar a depilarlas, en un poco tiempo las deja sin un pelo, luego hace lo mismo con mis piernas.

    Después le toca a mi vagina, primero la mira y la acaricia con el dedo índice, enseguida se da cuenta que me había excitado. Mira su dedo y estaba brilloso, lubricado con mis jugos pegajosos.

    -Veo que lubricas bien, espera que te seco.

    Toma una servilleta de papel y haciendo presión sobre mi vagina me la deja bien seca, toma los vellos púbicos con una mano y tira suavemente de ellos como midiéndolos, luego me pone una espuma y la mezcla sobre mi pubis con las manos, puedo sentir como roza el clítoris con sus dedos, como se me pone duro. No sé si será la falta de sexo lo que me ponía tan caliente con cualquier roce.

    Tras rasurarme la vagina, me la deja pelada con dos o tres pasada de cera, termina y me pasa con sus dedos una crema suavizante que me la enfría. Pero no termina ahí.

    -Ahora date vueltas.

    – ¿Para qué?

    -Te tengo que depilar el ano, no lo voy a dejar peludito.

    Me pongo en cuatro patas sobre la camilla y abro bien el culo, había perdido toda vergüenza es más me gustaba

    -Qué suerte que tienes

    – ¿Por qué?

    – tienes el ano muy cerrado, ojalá yo lo tuviese igual, ideal para que un hombre lo disfrute.

    -jajaja

    – ¿No me crees? Ven méteme el dedo

    -¿Qué?

    Se da vuelta y me ofrece el culo abierto para que le meta el dedo y no me iba a negar, no podía quedar con la duda de lo que afirmaba. Le meto el dedo y tenía razón entró muy fácil, era un culo entrenado, dilatado por el uso.

    -y … ¿Qué piensas?

    -Bueee…

    -Si ya sé, no hace falta que me lo digas, lo tengo muy flojo, la verdad me gusta meterme de todo y todo el tiempo, jajaja

    Mientras reíamos ella terminaba de depilarme el culo, cuando veo que va a buscar unas cremas para limpiar la zona y no me ve, no me puedo resistir a olfatearme el dedo que le había metido en el culo, casi sin pensarlo lo chupo. No sé por qué lo hice, pero fue una experiencia única.

    Mientras me terminaba de limpiar el lampiño culo me suena el teléfono, era un mensaje de mi hijo, me decía que había que suspender el viaje, que el lugar que había reservado lo había perdido que lo estafaron.

    – ¿Qué pasa? ¿Algún problema?

    -Nada, mi hijo, me aviso que suspendió el viaje.

    – ¿Por qué?

    Y le explico lo que me había contado mi hijo.

    -Tengo una idea, te puedo ayudar.

    – ¿Cómo?

    -Conozco un lugar, una playa privada, es un lugar exclusivo.

    -No hace falta, gracias, no podemos pagar un lugar caro.

    -No hay ningún problema, la dueña es amiga mía y los puede recibir sin cobrarles nada, serían mis invitados. Solo le tienen que decir que son pareja.

    -Pero no te quiero comprometer

    -No es ningún compromiso, fuimos algo más que amigas y ella no se negaría a nada que le pida. Ahora la llamo y arreglo todo, se llama Elsa y es una persona muy buena.

    Termina con su trabajo, quedo sin un pelo como un bebe, me visto y Lea me pasa todos los datos y el lugar de su amiga. Fue la mejor depilación que tuve en años, me costaría volver a depilarme con mi amiga.

    Parto presurosa a casa, tenía ganas de contarle a Agustín las novedades.

    -Hola Agus.

    -Hola

    -Partimos mañana.

    – ¿Cómo? ¿A dónde?

    -Me recomendaron un lugar y es más, es todo gratis.

    -Pero ¿Por qué?

    Ahí le cuento como conocí a Lea, lo copada que era, pero no entre en los detalles, solo le dije que fui a depilarme. Solo nos quedaba preparar todo para partir a destino en la mañana, llegar a las coordenadas de GPS que me había indicado Lea y que preguntará por Elsa, su más que amiga. También le cuento que como única condición me dijo que hagamos como si fuéramos una pareja. Agustín se echó a reír, dijo que trataría de parecer mayor.

    Ese día fue inolvidable, no podía creer que todo haya salido bien, hasta cuando me metí en la ducha me pude masturbar pensando en el dedo que le había metido en el dilatado ano de Lea.

    Al otro día partimos de casa temprano a eso de las 7 am con rumbo desconocido a unos 78,4km, siguiendo las indicaciones de un GPS, sólo sabíamos que íbamos en busca del mar.

    La dirección era la correcta, pero era una zona que desconocía, alejada de toda ciudad. Atravesamos varios kilómetros de altos abetos que se cerraban sobre un camino sinuoso, de repente los altos arboles se abren para dejar ver una especie de cabaña de gran tamaño, era el hotel de Elsa. Eran las 11 h aproximadamente, no se veía a nadie en el lugar, todo prolijo pero vacío. Estacionamos al lado de unos autos que se encontraban estacionados a un costado del hotel. A lo lejos se escuchan ruidos de gritos y gente riendo, el olor a mar era muy fuerte. Descendemos del automóvil y bajamos el equipaje, vamos rumbo al hotel.

    Entramos al hotel y estaba completamente vacío, solo una pequeña campana sobre el escritorio de la recepción. Nos quedamos contemplando una pintura al óleo de un tamaño considerable de una mujer desnuda. Mi hijo toma la campanita y como en una película la empieza a sonar.

    De repente escuchamos la voz de una mujer a nuestras espaldas y giramos los dos a la vez, era Elsa, una mujer de unos 28 años, completamente desnuda.

    -Hola ¿Deben ser Jazmín y Agustín?

    -Si.

    – ¿Cómo están? Mi nombre es Elsa. ¿cansados del viaje?, me avisó Lea que vendrían, es hora de relajarse. Vengan los llevaré a su cabaña.

    Nunca me hubiese imaginado que había sido engañada por Lea, que habíamos caído en una trampa. No sabía que hacer, sólo podíamos mirar el hermoso cuerpo de Elsa, la piel parecía dorada, era increíble su belleza, no podíamos alejar la mirada de su culo, era hermoso como se bambaleaba a cada paso, era un culo perfecto, superlativo. Hipnotizados caminábamos a unos pasos detrás de ella mientras nos acercábamos a una pequeña cabaña, de repente frente a la puerta de entrada se agacha sin doblar las piernas para tomar unas llaves que había debajo de un tapete, conocimos su rosado ano depilado.

    -Llegamos, pónganse cómodos, dejen su ropa, en un rato los paso a buscar y los llevo a la playa, les muestro las instalaciones y así conocen a mis amigos, que le preparan la bienvenida.

    Entramos a la cabaña y cerramos la puerta nos miramos y quedamos en silencio por un rato.

    -No sabía que era una playa naturista, no me dijo nada Lea. ¿qué hacemos? ¿nos vamos?

    -Ya estamos acá, nos quedamos.

    -Pero tenemos que estar desnudos y Lea le dijo que éramos pareja.

    -Igual acá no nos conoce nadie, pero no pasa nada si te da vergüenza que te vean desnuda, no hay problema nos vamos

    -No, yo por vos

    -Yo no tengo problemas en andar desnudo, pero si tenemos que pasar por una pareja, primero te tengo que ver desnuda

    -bueno, dale, que ya nos va a venir a buscar

    Casi no podía respirar, estaba excitada, estaba temblando y tenía vergüenza, pero la situación era muy morbosa, mi hijo estaba sentado a unos pocos centímetros de distancia esperando a que desnudase como una puta. Tome coraje y lo hice, dejo toda la ropa en el suelo y mientras me río en forma nerviosa, levanto los brazos y doy unos giros para que pueda mirar mi cuerpo. Se podría decir que estrene mi vagina pelada ante los ojos de un hombre.

    -Listo, ahora es tu turno. Jajaja

    Tome su lugar en la silla, como un jurado de concurso analizando un participante. Agustín tenía una sonrisa en la cara que no disimulaba, parecía como si hubiera buscado esa situación. Enseguida queda con el torso desnudo y a los pocos segundos se bajó toda la ropa y acá la sorpresa. Salto como un trampolín una enorme pija erecta que me apuntaba y la sacudía orgulloso. No podía alejar la vista de semejante trozo de carne, era impresionante, nunca lo hubiera imaginado de mi hijo, que tenía un monstruo entre las piernas.

    -Veo que estás excitado. No podes estar así, tiene que venir Elsa y te puede ver con esa cosa dura.

    -jajaja que tiene de malo, es natural

    -va a pensar que es por ella.

    -también puede ser por vos, ¿no eres mi pareja?

    -jajaja, no seas bobo, dale te voy a ayudar antes que venga Elsa.

    No sé cómo se me ocurrió la idea, pero no me pude resistir, encontré la escusa justa y no quise perder la oportunidad. Me arrodillo y tomo con mi mano derecha ese hermoso tronco, lo sentía latir en mi puño, no aguanto más y me lo meto en la boca, se lo empiezo a succionar con furia, me lo quería tragar, pasan unos pocos segundos y después de un pequeño gemido siento como me llena la garganta de un espeso chorro de leche que me ahoga. Estaba tan excitada que no me di cuenta que había acabado con un largo chorro en el piso. En ese instante, casi como sincronizados, se escuchan unos golpes en la puerta, era Elsa.

    – ¡Chicos! ¿están listos?

    Así arrodillada como estaba levanto la cabeza y cruzamos miradas, sin decirnos nada miramos la puerta como si nos hubiésemos olvidado que regresaría a buscarnos. Por lo menos había logrado el objetivo por el cual se la había chupado, mi hijo había perdido la erección. Me pongo de pie y sin pensarlo encaro la puerta, ya estaba jugada, quería más.

    -Hola chicos ¿Están listos?

    -Si

    -Bueno, empecemos el recorrido.

    Seguimos a su hermoso cuerpo, luminosos por los rayos del sol, no podíamos alejar la vista de ese cuerpo. Caminábamos unos pasos por detrás, por un sendero cubierto de árboles, cada paso que dábamos era en dirección al sonido del mar. De repente empezamos a pisar arena y caminar con esfuerzo, el culo de Elsa se sacudía con cada paso, el cielo fue creciendo y empezamos a ver el mar, el sonido ya no era solo del mar, sino que se escuchaba un fuerte murmullo de gente.

    Ya estábamos en la playa, el sol nos golpea a pleno, iluminándonos como reflectores en un escenario. Elsa gira la cabeza y extendiendo su brazo señala a sus invitados, un grupo de unas veinte personas, de todas las edades, de todos los sexos, con algo en común, su desnudez.

    – ¡Chicos! Llegaron nuestros invitados. Prepárense para darles la bienvenida.

    Se adelanta una mujer mayor, camina hacia nosotros y toma de la mano a mi hijo y se lo lleva, mientras un hombre también mayor viene hacia mí. Puedo ver que la mujer lleva a mi hijo hacia una fila de mujeres que estaba a unos metros. El hombre me toma de la mano y me lleva a donde estaba un grupo de hombres masturbándose, hombres de todas las edades y tamaños. Miro hacia donde estaba mi hijo y las mujeres lo rodeaban arrodilladas mientras se turnaban en chuparle la pija. El hombre que podía ser mi abuelo en forma descarada, mete su mano en mi culo y me empuja señalando una especie de camilla y me dice que acueste boca arriba, le hago caso, me toma la cabeza con sus dos manos y la acomoda afuera de la camilla, me queda la cabeza colgada en un extremo.

    Primero fue el hombre mayor y luego siguieron los otros, empezaron a pasar uno por uno con sus penes erectos a meterlos en mi boca, prácticamente me violaban por la boca. El abuelo tenía un pene gordo y flácido, lo sacudió varias veces en mi boca y luego lo saco. Después siguió uno con un pene más fino pero duro, ese sí acabó en mi boca, el gusto del semen era diferente al de mi hijo, luego siguieron varios y todos acababan en mi boca. Creo que era el quinto o sexto, que tenía un pene enorme, entró con dificultad en mi boca casi empujando con violencia, sentía que llegaba a mi garganta y cuando lo hizo un golpe de semen me hizo alejarlo porque me ahogo, sentí como pasó el semen a mi nariz. Me volvieron a acomodar y siguieron desfilando hasta que terminé de chupar y tragar todos los penes.

    Cuando terminaron, todos hablaban entre ellos y reían, veo como se acerca Elsa con una gran sonrisa de la mano de mi hijo. Agustín venia con su pene flácido y largo oscilando a cada paso, también traía una sonrisa de satisfacción.

    -Bueno, chicos, ahora es su turno, ya somos una familia, ¡cojan!

    Agustín se acerca y me toma de la mano, me da un beso en la boca y me dice que me ponga en cuatro patas en la arena, tenía el pene erecto, muy colorado, casi morado. Ya estaba en cuatro y me hunde su cara en el culo, me lo empieza a chupar por casi dos minutos hasta que se detiene y me empieza a penetrar por el culo, pego un pequeño gemido de dolor y empieza a bombear con fuerza, todo el acto acompañado por el grito de aliento de nuestros nuevos amigos. Mientras mi hijo me daba por el culo, Elsa se pone delante de mí en la misma posición y me ofrece el culo, no lo dudo, meto mi cara entre sus nalgas, respiro su olor mientras le chupo el ano con desesperación, parecía poseída.

    No podía creer que ese día y en unas pocas horas pasamos a ser una especie de objeto de exhibición para el placer de unos desconocidos, que pasamos a disfrutar de ese placer, que nos gustaba ser parte de eso, era toda una locura, somos madre e hijo, pero no lo podíamos evitar, era como si hubiéramos pasado un portal del cual no podíamos regresar. Tal vez estábamos en el infierno y nos gustaba.

    Cuando mi hijo acaba con mi culo, alejo la cara del culo de Elsa, miro a nuestro alrededor y todo era una orgía, era todos contra todos y nosotros ya éramos parte de ese todo.

    Y sí, todos sabían que éramos madre e hijo, los únicos que no lo sabíamos éramos nosotros.

  • Diana: la vaquita de semen (prólogo)

    Diana: la vaquita de semen (prólogo)

    Esa era yo. En un cuarto oscuro vagamente iluminado por luces rojas y moradas, recostada sobre almohadas y con una mano atada al extremo izquierdo de una cama deshecha mientras mantengo mi vagina cubierta de semen al descubierto. Alrededor de ella y en mis piernas se visualizan palabras en tinta negra adulteradas con leche viscosa y saliva de hombres que follaron mi culo y mi vagina, nombrándome «La vaquita de semen, hueco gratis, puta de fiesta, trozo de carne». Cabizbaja miraba con lascivia mi propio cuerpo sucio semejante al de una ramera de bajo costo, una que tenía toda la pinta de haber sido humillada y avergonzada luego de ser arrastrada, cogida y abandonada como una zorra inservible.

    Podía sentir cómo una amalgama de fluidos escurría sobre mi rostro como lágrimas al llorar, bajando como un río desde lo alto de mi cuello hasta pasar entre mis tetas, que se desbordaban sobre mi barriga dejándome ver expuesta a la realidad por la que estaba pasando. Y sí, eso me excitaba como no tienes idea.

    —¿A dónde vas? —dije con una sonrisa pícara mientras me acariciaba el hueco del coño—. ¿Me dejarás sola aquí?

    —Que asquerosa te ves —dijo él sonriendo, mientras me miraba terminando de abrocharse sus pantalones Jeans—. no puedo creer que te dejaste hacer esto.

    El disfrutaba de haber sido uno de los que dominó mi cuerpo de puta desnuda, débil, atada de manos y bañada en semen. Su ojos café oscuro me miraban con gran dominio y saciadez, me hacía sentir tranquila pero a la vez humillada porque él sabía que lo que me habían hecho era lo que yo quería. Era lo que siempre necesité para saciar mis excesivas ganas de ser usada entregando todos los orificios de mi cuerpo.

    Mientras yo me encontraba aún inmóvil él se acercó en silencio nuevamente hacia mi. Extendió uno de sus brazos y acarició los alrededores de mi vagina casi irreconocible por la cantidad de leche que había recibido en aquella fiesta. Con uno de sus dedos abrió un poco mis labios para dejar ver cómo mi coño se asemejaba a un oscuro poso sucio, pero tan atractivo para él como lo es un pastel relleno con crema caliente para un niño glotón. Pude ver en su rostro una pequeña sonrisa, su postura denotaba dominio a medida que escudriñaba todo el área entre mis piernas.

    De repente me miró a los ojos, asintió inexpresivo dejándome entender que había acabado conmigo. Luego se dio la vuelta en dirección hacia la puerta del cuarto con intenciones de irse y dejarme sola a merced de que otro chico más hiciera conmigo lo que quisiera —Supongo que está vez si se irá —. Pensé. Con pasos serenos se alejaba de mi como si nada hubiera pasado. Eso me calentó tanto que mi vagina empezó a contraerse.

    Encontrándome ya sola empecé a cuestionar mis acciones ¿Como podía haber sido tan zorra? ¿Cómo pude entregar mi cuerpo a 10 chicos en medio de una fiesta? ¿Cómo iba a salir de aquí? ¿Vendría alguien más? Estas preguntas me hacían comprender que todo lo que yo quería se había cumplido. La incertidumbre de lo que sucedería después me excitaba, me llenaba de ansias de ser follada nuevamente y denotaba que mi mayor anhelo era poder volver a repetirlo con el doble de chicos la próxima vez.

    —Soy una vaquita de semen —. Susurré, en medio de un gran silencio.

  • Domingo de despedida

    Domingo de despedida

    Domingo, luego de esa noche espectacular de sábado, con los amigos de Karen, el consentimiento de mi pareja Iván y el sexo grupal con los 3, el broche de oro hasta el amanecer casi con Iván, estaba agotada.

    Iván me despertó dulcemente como siempre, casi sin dormir, eran las 10 am, pero se tenía que ir a trabajar, cómo estás? Me preguntó, abrazándome y besándome suavecito. Agotada le contesté, que hora es?

    Sentí todo pegoteado el semen de los 3 chicos, mi boca que tenía el gusto de la leche que tragué toda la noche, me dio mucha vergüenza, el alcohol, me pone mal, le dije y me puse muy colorada, sentía vergüenza de verdad, que horror, perdóname mi amor, estuve muy zarpada anoche.

    Iván me metió la mano en la entrepierna y frotando mi vagina suavecito, me dijo al oído, me parece que te encantó lo de anoche mi Amor, nunca vi esa cara de placer, esos ojos en otro mundo y tú piel toda encrespada, cabalgatas como nunca, teniendo dos pitos en tus agujeros y otro en la boca, que chupabas con esmero.

    -Qué horror, no me digas eso.

    Ellos estaban fascinados, especialmente Sergio que me decía, que puta divina es tu mujer, nunca vi alguien así me dijo muy caliente y no dejaba de meterte en la cola todo su miembro.

    Yo recordaba todos los detalles, pero no lo podía aceptar, en mi esquema mental. No era yo le decía con mucha vergüenza.

    -Báñate con agüita caliente, come livianito, mi amor, porque a la tarde dijiste que vas a despedirte de los chicos, te despediste con un beso muy caliente de cada uno y les dijiste que vas a despedirte, se van a las 11 de la noche, así que a las 4 tienes que ir.

    -Están locos, yo no voy, que voy a hacer? Estás loco amor, vos qué dijiste?

    -Les dije que si, que hoy vas a despedirte, no trabajas, así que puedes ir, ella viene seguro le dije a Sergio, así que debes ir. Yo trabajo, así que cuando regreso ahora comemos algo y te vas a su casa.

    Me besó, metiendo sus 4 dedos en mi empapada y pegoteada vagina, suavecito me comía la boca y se fue a trabajar. Me dormí hasta la 1, me levanté caliente y sucia, me bañé largo, mucho jabón, me acordé de la escena, me horroricé y me calenté recordando el placer de tener a esos tres guapos, la verdad me encantó.

    Hacía calor, esperé a Iván a almorzar, pechuga al limón, ensalada y jugo de naranja, él ya come en su trabajo, llegó a las 4 apurado y excitado, no estás lista!! Me reprendió.

    -Para qué amor?

    -Para ir a despedirte de los chicos, ya quedaste en ir, te encantó, así que dale, ponte el vestido amarillo, ese cortito que se cruza sobre tus pechos, dale, sin corpiño y la muni cokaless que compramos el otro día.

    Ya me preparó para el disfrute y me destapó un Dr. Lemon bien helado, comimos riendo de sus ocurrencias como siempre, es muy divertido, me besó muy fuerte, estaba muy excitado y luego se meternos la lengua por más de 19 minutos sin parar, ya con la boca buen colorada, me dijo, te amo, me encantó verte gozar anoche con los tres a la vez y quiero que disfrutes otra vez, así después vas a visitarlos a Córdoba y vamos a Brasil a pasear una semana o si quieres te vas solita a coger con unos 30 flacos, me decía esto y yo ya estaba entregada a sus hábiles manos convincentes besos y segundo Dr. Lemon.

    Me puse la micro cola less, el vestido amarillo con flores, me crucé las tiras sobre mis tetas sin corpiño, me puse mis zapatos estileto bien altos, lo miré, -te gusta?

    -Estás preciosa, me dijo, me abrazó, está chévere, te desata las tiras y estás disponible, que rico, me encanta, Sergio te va a pasar su número, para que vayas en su cumpleaños en marzo. Vas a ir como postre al asado me dijo. Así que pilas,

    -Que tarados son, van a disponer de mi cuerpo, están locos, yo decido si quiero o no ir. No ustedes, voy si tengo ganas, ahora voy, porque tengo ganas de repetir lo de anoche le dije enojada y terminé mu segundo trago. Me acompañas?

    Voy hasta la puerta, y se me hace tarde y no me puedo quedar, tendrás que hacer la faena sin mi presencia, espero me cuentes a la noche como te fue, con detalles, me metió la mano como siempre, agarrando mis nalgas y apurando e a salir.

    Karen estaba a solo 5 calles de nuestro nido de amor, así que fuimos enseguida, tocamos timbre y abrió Karen.

    -Hola chicos, pasen, pensé que no vendrías -me dijo.

    Iván insistió le dije y ya se va a trabajar. Vino Mati el del pene más grueso y nos saludó me besó con pasión y me agarró de la mano, estás preciosa me dijo y me llevó hacia adentro, era una casa antigua de pasillos largos y techos altos, me fui sin despedirme de Iván, entramos al cuarto donde estaban los chicos, Sergio estaba en calzoncillos Darío en malla de baño, se acercaron a saludarme, a cada uno le comí la boca con lengua y mirándoles a los ojos, a Sergio le di un trato especial, porque era el más picaron, le agarré de su nuca y le agarré su pito ya duro.

    Tenía las manos de los tres ya jugando con mi cola, me desataron el nudo del cuello y me chupaban las tetas, estaba encantador, ya tuve unos tres orgasmos solo besándonos, se venía una tarde agitada, tres horas de locura. Sergio se sacó su ropa interior y se tumbó en la cama, me subí sacándome los zapatos, con la mini bombacha corridita y el vestido en la cintura comencé a cabalgar lo, Darío en segundos me la estaba metiendo en la boca, recordé lo ancha que era y lo buen que pasé anoche.

    Matías que la tenía muy grande i rica, me la metió en la cola, mu primer sándwich cordobés, full placer, sentía esas tres enormes y jóvenes herramientas entrar de firma acompañada en mis agujeros, estaba disfrutando de verdad, cerraba los ojos y pensaba, que Iván estaría feliz, viéndome así ensartada y gimiendo, la piel de gallina, lubricado a chorros, la cola totalmente poseída, mis tetas chupadas, el pito latiendo en mi boca, siguió moviéndose hasta que Matías estaba al terminar, avisó para que me la tragué, el primer orgasmo fenomenal, se turnaron y todos cuando me metían en la cola, es como que les apretaba más, siempre terminaban eyaculando en mi boca al grito de ya acabo…

    Me apuraba a recibir la leche en mi boca, como un acuerdo que habíamos hecho, cómo que les encantaba que me trague su leche, les daba especial morbo, Iván también disfrutaba de eso, pero a mí gustaba su leche en todas partes, aunque después se la chupe.

    Terminamos tres rondas completas, Sergio estaba muy enamorado de mi, me encanta verte tragar mi leche con ese lunar me encanta esa boquita de petera, espectacular, me cogía por la boca, me entraba hasta el fondo y se movía como loco cogiéndome hasta con violencia en mi garganta, le ponía muy caliente la situación de verme ensartada por sus amigos y terminaba muy rápido. Me besaba con pasión incluso después de que alguno de los chicos terminaba en mi boca, venía él y me besaba apasionadamente dejando el lugar a otro de sus amigos que venían atentos a mu boca.

    Espectacular la verdad, solo quedó tiempo, para que Sergio me deje su contacto para ir a su cumpleaños ya que sería el postre de su asado, que invitaría un amigo más.

    Yo muy caliente quería seguir y hubiera seguido, dos o tres días ahí sin parar, tenía calambre en los muslos de la tensión, pero espectacular.

    Me acomodé las tiras del vestido tapando mis tetas, me despedí de los chicos con beso con abrazo, lengua y franela, creo que alguno sacó foto, me parece, algún vivito.

    Salí rendida y feliz, llegué a casa, me saque los zapatos y me metí a la cama, me tapé con la sábana y me dormí. A las 2 debe haber llegado Iván, yo le esperé para contarle todo, pero no sentí cuando se acostó, recién el lunes que era su franco, yo me fui a trabajar, me desperté a las 5 am, me fui a bañar, salí, me vestí y me fui, Iván ni bola, hasta que regresé del trabajo a las 3 de la tarde, había preparado un ceviche de camarones, unas empanadas y guacamole, comí con mucha hambre, nos besamos toda la tarde, le conté todo con detalles, cogimos toda la tarde disfrutamos de mi actitud de puta relajada, la verdad, esa era mi definición en desacuerdo con Iván, me encanta coger y cada vez más, pierdo la vergüenza y ahora veo un potencial portador de leche a cualquiera que pasa y medio me mira, ya me lo imagino disfrutando de mi cola y mi garganta.

    Le di a Iván el número de Sergio, para ir a su cumpleaños, va a ser una gran faena creo.

  • Maricarmen, vecina madura

    Maricarmen, vecina madura

    Mi historia comienza el verano pasado. Mi madre y yo vivimos solos en un apartamento a las afueras de Valencia. Mis padres se divorciaron cuando yo tenía 7 años y mi madre no ha vuelto a hacer pareja. Una noche mientras cenábamos, mi madre me comenta que nuestra antigua vecina había regresado a vivir al apartamento de al lado, que se la había encontrado en el ascensor. Tenía sentido, pensé yo. Todo el día de ayer había escuchado yo ruidos en el pasillo y en el apartamento de junto. Era la protagonista de esta historia, doña Maricarmen. Durante muchos años ella y su esposo, don Juan fueron nuestros vecinos. Tengo recuerdos de ellos dos, de verlos siempre que volvía de la escuela o cuando salía con mi madre de compras. Doña Maricarmen y su esposo se fueron a vivir a Madrid hace 11 años, allí vivía su único hijo. Pero doña Maricarmen decidió volver a Valencia ya que Don Juan había muerto y quería reconectarse con el pasado… o al menos eso era lo que la anciana le había comentado a mi madre.

    Mi madre me dijo que doña Maricarmen estaba muy cambiada, que tenía un problema en su pierna por lo que cojeaba un poco y que anímicamente se la notaba mal. Mi madre y ella se llevaban bien en el pasado, es por eso que mi madre le ofreció a Doña Maricarmen que yo la ayudaría con lo que necesite, solo necesitaba golpearme la puerta.

    -Pero por qué le ofreces mi ayuda a la anciana? -le dije enojado a mi madre.

    -Ay Manuel, es una pobre anciana y está sola, tú estás aquí todo el día en la casa.

    Mi madre es doctora, se va muy temprano y vuelve muy tarde del hospital y yo había decidido dejar la universidad porque no me convencía la carrera que había elegido, así que como dijo mi madre, estaba yo sin nada que hacer todo el día en mi casa.

    Unos días después de esa conversación con mi madre y como a eso de las 11 de la mañana me despierto con el ruido de la puerta. Alguien golpeaba… me levanto rápido, confundido, me pongo rápido un pantalón que había en el suelo y abro la puerta… era Doña Maricarmen. En ese instante pude observar cómo abría sus ojos, no pudiendo disimular su sorpresa al verme abrir la puerta…

    Aclaro que yo me defino como un chaval normal. Me llamo Manu, soy callado, pero no tímido. Tengo 19 años y físicamente soy de altura media, 1,76 cm, moreno, de ojos y cabello negro. Considero que mi punto fuerte es mi cuerpo. Voy al gimnasio desde que tengo 15 años, además de siempre haber jugado al fútbol. Me gusta presumir mi musculoso y viril cuerpo y sé que a las mujeres les gusta. Además, como cualquier chaval de mi edad, estoy cachondo las 24 horas y me hago al menos dos pajas al día. Me encanta el porno y las mujeres. En fin, la testosterona.

    Estaba yo con la puerta abierta, sin camiseta y esperando una respuesta cuando doña Maricarmen empieza a tartamudear…

    -Discúlpame… Manu… eres tú?

    -Ehhh si, como está señora? Mi madre me comentó que usted estaba de regreso.

    -¡Si, he regresado! ¡Pero tu… que cambiado estás! Donde quedó el chiquillo que conocí…

    En ese momento pude ver cómo una sonrisa atrevida se dibujaba en el rostro de doña Maricarmen. La forma en que me miraba fijamente de pies a cabeza llamó demasiada mi atención y despertó un cierto morbo en mi…

    -Y discúlpame… estabas durmiendo? ¡Pero si son las 11 de la mañana!

    -No se preocupe Maricarmen, estaba en la cama. ¿Necesita algo?

    -Solamente quería pedirte si no me puedes ayudar a ir al mercado, yo sola no puedo.

    -Ehhh si, no hay problema. Me ducho y la ayudo.

    -Si querido, cámbiate y ponte algo que si bien hace calor no puedes salir así jaja

    Fui a ducharme, me puse una camiseta, un pantalón corto y fuimos de compras. Ya de vuelta en su casa, mientras yo voy sacando y acomodando todas las cosas de su bolsa ella me dice que se iba a cambiar porque tenía calor, típico día de junio en Valencia. Al volver vuelve con una blusa rosa, ajustada, con un profundo escote que una señora de su edad no usaría en la calle. No pude evitar mirar los tremendos pechos de la anciana…

    Doña Maricarmen tenía entonces 61 años. Es de estatura baja, 1,60 cm aproximadamente. Ojos negros y cabello rubio (obviamente usa tinte). Rellenita, con piernas grandes pero un culazo y lo más excitante de todo, unas tetas enormes que eran del tamaño de mi cabeza.

    No podía dejar de mirarle las tetas y ella se dio cuenta, mientras me sacaba charla y me agradecía. Mis hormonas estaban ya desquiciadas. Ese día fue así. No pasó nada más, pero sentía que doña Maricarmen se sintió atraída por mí y eso me dio bastante morbo. Al llegar a mi casa, prendí mi ordenador y busqué sexo entre jóvenes con ancianas. Me hice una paja imaginando una posible experiencia así entre doña Maricarmen y yo…

    Durante las semanas siguientes empezó un juego entre ambos. Doña Maricarmen golpeaba mi puerta para ir al mercado todos los martes y viernes antes de las 11 de la mañana, así que un día ideé un plan. Iba a empezar a ducharme a esa hora para cuando ella golpeara la puerta yo abrirle con una toalla y nada más. Quería ver su reacción, todo este juego me generaba demasiada excitación. Finalmente, un viernes llegó el momento, estaba en la ducha cuando oigo la puerta…

    -Ya voy Doña Maricarmen! -Le grité

    -Sisi, aquí espero, no te preocupes.

    Me sequé un poco el pelo, me amarré una pequeña toalla a la cintura y bastante mojado me dirijo hacia la puerta con una actitud desafiante y presumiendo mi musculado cuerpo…

    -Hola! disculpe por hacerla esperar! estaba en la ducha -dije al abrir la puerta-

    Ella mirándome absolutamente sorprendida me dice…

    -¡Ay, te estabas duchando y yo molestándote!… Aunque si me abres la puerta así voy a molestarte todos los días jaja

    -Jaja así como doña Maricarmen? -dije con una risa morbosa-

    -Así querido… pensar que yo te he conocido tan pequeño y ahora te has convertido en todo un hombre! ¡¡¡Y qué hombre!!!

    -Jaja y si Doña, ya no soy un niño.

    -¡Ya me he dado cuenta, mira que músculos que tienes! Nunca había visto algo así… Solamente en los actores de las telenovelas

    -Jaja le gustan mis músculos doña Maricarmen?

    – Ay Manu! ¡¡mira las cosas que me preguntas!! (Dijo nerviosa, pero no dijo que no)

    – Ve a cambiarte y te espero para que vayamos juntos…

    – De acuerdo, vuelvo enseguida -mientras le guiño el ojo y le sonrío.

    Ese día la ayudé como siempre y en el camino de vuelta al apartamento ella me dice que le gustaría invitarme a cenar algún día de la semana siguiente, como agradecimiento a mi ayuda, pero me pide que no le diga nada a mi madre porque no quería “sonar como que abusaba de nuestra amabilidad”. Esa invitación me pareció extraña y me dejó pensando… ¿Por qué Maricarmen no querría que mi madre se enterara de que ella me invitaba a cenar? Cada vez todo era más claro… Doña Maricarmen estaba jugando conmigo. Ya no me quedaban dudas de que ella me deseaba, pero … ¿Podría yo ser capaz de follarme a una anciana que podría ser mi abuela? … Pues con lo guarro que soy, con lo que me gusta el sexo y contando los 42 años de diferencia entre ambos que me generaba demasiado morbo, la respuesta era simple: Si, me atrevo a darle a Maricarmen la follada que me pide a gritos.

    Los días siguieron con el mismo juego entre ambos. Yo siempre aprovechando cada momento para estar sin camiseta, y ella provocándome con esas blusas escotadas y con esas tetas enormes que me ponían la polla durísima. El coqueteo era permanente y la tensión sexual aumentaba …

    Finalmente, el día de nuestra cena llegó. Estaba ansioso. Me puse unos pantalones cortos y una camiseta sin mangas para presumir mis musculosos y venosos brazos. Antes de tocar a su puerta mi corazón ya latía muy fuerte. Ella me abre. Estaba usando un vestido negro con flores con un escote tan grande que podía ver sus enormes y arrugados pechos…

    – Hola Manu pasa… tan guapo como siempre

    – Jaja… a todos los vecinos le debe decir lo mismo

    -Para nada, digo la verdad. Tan guapo y varonil, las chicas deben estar locas por ti…

    -Bueno, pero es que a mi me gustan las mujeres… mas grandes -dije serio.

    – Jaja ah si?… -se ríe con incomodidad-

    – Además … usted también está muy guapa dona Maricarmen

    -Ay … yo ya soy una anciana Manu!

    – La edad es solo un número…

    En ese momento ella intenta cambiar de tema:

    – Ven toma asiento aquí en el sofá

    – Gracias… -me siento-

    – Te gustaría una copa de vino?

    – Me encantaría una copa de vino tinto, si…

    Ella se dirige hacia la cocina, en ese momento comienzo a pensar en el mejor momento para avanzar sobre Maricarmen. Ella vuelve de la cocina con dos copas y se sienta a mi lado, muy cerca de mí. Yo no podía dejar de mirar su escote, la anciana estaba insinuándose y mi polla se estaba poniendo dura. Es entonces que se pone a hablar. Hablaba de su vida ahora que es viuda y empieza a recordar cuando vivían con su marido hace muchos años y me cuenta cómo era yo de pequeño. En ese momento la interrumpo y le digo que eso ya pasó…

    – Bah eso ya ha pasado hace mucho, ya de pequeñito no tengo nada, menos de inocente jaja.

    – Jaaa, ya lo sé! Estás hecho un hombre. ¡Mira que peludas que tienes las piernas!

    -Jaja las tengo muy peludas? -digo mientras paso mi mano sobre mi peluda pierna izquierda riéndome.

    -Siii, bastante peludas las tienes ya!

    -Bueno… no es lo único que tengo peludo Doña Maricarmen…

    -Jaaa, me imagino que no.

    -Sabe qué otra cosa tengo bastante peluda?

    -Jaaa (se ríe nerviosa) Que cosa puede ser?

    -Y eso lo va a tener que descubrir usted si es que no la intimido…

    -No sé de qué me hablas… -nerviosa.

    En ese momento me pongo de pie y me quito la camiseta. Mi corazón latía muy fuerte…

    -Que calor que hace aquí Maricarmen… el vino me da mucho calor…

    -Quieres que abra las ventanas? -mientras traga saliva.

    -Que va… a usted le molesta que yo me quede así sin camiseta?

    -Para nada… a nadie le podría molestar.

    -Ah no? Jaja… o le gusta?

    -Ay Manu mira las cosas que me preguntas!

    -Acaso es algo malo? Le pregunto si le gusta mi cuerpo, nada más…

    -Bueno si… me gusta… y mucho, pero no le digas a tu madre por favor, pensaría mal de mí.

    -Tranquila Doña… todo lo que hablamos y hacemos es entre nosotros.

    -Gracias Manu…

    -Le gustaría tocar?

    En ese momento pude ver cómo ella se aguantaba las ganas y mi polla se iba poniendo más y más dura. Todas esas semanas de juego y seducción estaban a punto de concretarse.

    -Puedo? -me dice mientras muerde su labio inferior.

    -Claro… -dije acercándome a ella.

    Empieza colocando suavemente la palma de su mano sobre mi musculoso pecho:

    —Uuuy que fuerte que tienes el cuerpo Manu!!

    -Toque más Doña Maricarmen… cierre los ojos

    Ella cierra sus ojos y empieza a acariciarme todo el cuerpo con sus manos. Todo mi pecho, mis tetillas, mis abdominales. La anciana acariciando mi viril torso con sus ojos cerrados… hasta que abre los ojos y se detiene…

    -Se encuentra bien? -le pregunto.

    -Esto… esto está bien? -dice con cara de preocupación.

    – Si… aunque no es justo… -dije mientras la anciana masajeaba mis pectorales.

    – Como?… -me dice ella confundida.

    – Si usted toca mis tetas… yo puedo tocar las suyas?

    En ese momento ella hecha un suspiro como dejándose llevar y asiente son la cabeza. Yo estaba en éxtasis, tanto había deseado ese momento. Empiezo a masajear sus enormes tetas hasta que decido quitarlas fuera su escote… las empiezo a manosear, eran tan suaves y livianas, muy arrugadas. Comienzo a acercar mi joven lengua hacia sus pezones color rosa y empiezo a devorarlas, lamerlas, chupando sus viejos pezones. Ella gemía de placer. Hermosas y deliciosas tetas… las chupe y las saboree con muchas ganas mientras ella acariciaba mi cabeza.

    -Ahora es momento descubrir en que otro lugar del cuerpo tengo bastante pelo… -Le dije mientras sostenía en mis manos sus tetas que ya estaban bastante rojas luego de haberlas chupado por varios minutos.

    -Siii… quiero ver! -Me dijo con un tono guarro.

    Entonces me pongo de pie, me bajo el pantalón corto, los calzones y dejo al descubierto mi peluda polla de 19 cm que estaba dura como una roca.

    -Qué grande es!! Es enorme. -Me dijo mientras se asombraba y se deleitaba con la mirada.

    -Esto es lo que tanto buscaba… ¡¿Lo que tanto quería?! Pues aquí lo tiene…- comienzo a sacudir mi polla, invitándola a acercarse a ella.

    Ella se levanta del sofá y se arrodilla ante mí, puedo ver lo excitada que se encuentra. Maricarmen a mis pies, adorándome como su macho. Con suavidad agarra mi dura polla entre sus dedos, podía sentir como temblaba de los nervios. Se lo lleva a la boca. Cada vez más y más cerca… hasta que comienza a chupar mi glande. Puedo sentir su boca caliente inundándome de placer. Llevo mis manos detrás de mi cabeza, como todo un campeón. Contemplo a doña Maricarmen comerme la polla. Mi sueño se había hecho realidad. Comienza a comerme la polla con muchísimas ganas …

    -Ufff… vaya que estaba hambrienta! -agitado de placer.

    -Hmmm… ¡¡¡Que delicia… que macho eres Manu!!! -sigue comiéndome la polla.

    – Ufff… así, va… cómetelo… madre mia ohhh

    Pasados unos minutos comienza a comerme los huevos mientras con su mano derecha comienza a acariciar todo mi musculoso, viril y joven cuerpo.

    -Oooh joder!… como se lo está disfrutando… me encanta verla así -con el seno fruncido de placer.

    -Hmmm (ella gime mientras mi peluda polla sigue dentro de su húmeda boca).

    No puede ni hablar! No quiere dejar de comerme la polla ni un minuto -tomándole la cabeza.

    -Hmmm (diciendo que no con su cabeza)

    – Oooh… vayamos a la habitación -le digo cogiéndola del pelo.

    La ayudo a que se ponga de pie. Mi polla totalmente empapada en su saliva. Ella me coge la mano y nos dirigimos hacia su habitación. Ya dentro, comienzo a desnudarla suavemente… le quito su vestido, acaricio su cuerpo, beso y succiono sus pezones hasta que comienzo a bajarle la braga… Finalmente se la quito, y puedo ver todo su coño. Estaba peludo, con algunas canas. Le pido que se acueste sobre la mano, ella obedece. Yo me monto sobre la cama mientras acerco mi boca… saco mi lengua y comienzo a comerlo, que rico coño. Su pelo me raspaba pero estaba tan excitado que no podía dejar de comerlo… Me detengo y comienzo a masturbarla con mis dedos mientras beso todo su cuello. Ella gemía de placer:

    -Le encantaría sentir mi polla en su coño? -le digo susurrándole en el oído.

    -Por favor Manu… follame -me suplica

    -Ahora vas a saber lo que es follar con un macho!

    Le digo mientras me monto encima de ella, le abro las piernas, tomo mi polla que estaba durísima y la voy acercando a los labios de su peludo coño hasta que de a poco se la voy metiendo. Empieza a gemir y quejarse, la saco y me echo saliva para que esté más lubricada. Poco a poco fue entrando hasta que toda mi viril polla estaba adentro de la anciana. Ella gemía como una puta, en ese momento empiezo a follarla despacio, luego un poco más fuerte y más fuerte mientras le besaba todo el cuello.

    Ella ya no gemía de dolor si no de placer. Toda mi polla enterrada dentro de su coño… ese coño que hacía años no sentía nada. No nos decíamos nada, eran todos gemidos y gritos de placer.

    -Ohhh toma toma toma -La penetro sin parar.

    -Aaaah!!!

    -Que ricooo joder ooohhh -Las gotas de sudar caen desde mi frente.

    -Aaaah aaah!! Dame dameee

    Podía sentir su cuerpo cubierto en sudor como el mío. Empecé a darle duro mientras ella apretada mi culo con sus viejas manos. Yo la follaba como un toro. Ese viejo coño, caliente y estrecho era un sueño…

    -Que ricooo -apretando mi culo

    – Oooh joder me voy a correr

    – Aaaah siii Manuuu

    -Ah tomaaa tomaaa aaah

    Luego de 15 minutos follándola me corro dentro de doña Maricarmen. Dejo dentro de ella mi polla como 2 minutos más. No quería dejar de estar dentro de su coño caliente… Estábamos cubiertos en sudor. Empapados. No decíamos nada. Intentábamos recuperar aire, solo eran jadeos. Podía sentir su corazón aun latiendo fuertemente después de haberla hecho mi puta…

    Finalmente quito mi polla suavemente y me recuesto a su lado. Ella levanta la cabeza y comienza a lamer el sudor de mi pecho…

    -Quiere seguir chupándome? -le digo agitado mientras comienzo a reír.

    -Manu… que delicia de hombre. -mientras chupa mis pezones.

    -Mire todavía tengo algo de leche en la polla, por que no me la deja limpia?

    Sin dudarlo, doña Maricarmen se dirige hacia mi polla todavía dura y comienza a chupar mi glande, tragándose las sobras de semen que quedaban en mi polla. Que puta Maricarmen!

    -No quiere desperdiciarme eh…

    -Gracias Manu… gracias. Jamás me olvidaré de este día! Pero prométeme algo…

    -Qué? Que quiere que le dé más polla?

    -Prométeme que no le contaras a tu madre ni a nadie…

    -Jamás! Jamás lo haré, este es nuestro secreto!

    Maricarmen es desde ese día mi amante, nadie sabe ni sospecha que yo soy el hombre que la hace sentir mujer de nuevo.

  • Marcos, el amigo de Ramiro (parte 2)

    Marcos, el amigo de Ramiro (parte 2)

    Hola a todos, ¿cómo están? he estado mucho tiempo sin publicar nada porque mis días no han sido nada livianos, pero acá ya estoy para actualizarlos con la segunda parte de este relato. Si quieren contextualizar, pueden ir a la primera parte: Marcos, el amigo de Ramiro!

    Marcos, era de la edad de Ramiro, de piel trigueña a morocho, rulos largos, alto, delgadito y con una cinturita de mina, un culo bien formado, sin estrías, marcas ni nada, cuidado, parecía que le hacía un tratamiento de piel semanal a sus nalgas. Suaves pero turgentes y firmes. Piernas largas, lampiño. Pasivo 1000%.

    Después del último encuentro, Marcos quedó obsesionado conmigo, me mandaba mensajes de whatsapp todos los días y varias veces. Muchas veces eran desnudos, o videos cortos metiéndose consoladores, o mostrándome su culo en el espejo. Un día estando en la oficina me envía un video de 10 segundos cogiendo con otro flaco con un mensaje al pie diciendo: me podrán coger otros, pero como vos y tu pija, nadie!!

    La mayoría de las veces, por estar ocupado o con gente no respondía o tardaba mucho en ver los mensajes. El día que fue el sumun de mi paciencia pasó que estaba reunido con clientes, y Marcos empezó a llamarme. Cortaba los llamados, hasta que en un momento cuando realizó el tercer llamado en menos de 5 minutos pedí permiso para salir a atender con la excusa de que por la insistencia de quien me llamaba, podía ser algo urgente.

    Al atender respondo: Hola, porque me llamas?? Estoy ocupado.

    Marcos: Hola papi, es que no me respondías y necesito que me garches. Me gustas mucho y quiero verte! Pasaron varios días desde la última vez.

    Yo: Cuando pueda te voy a contactar pero no me podes estar llamando a mitad de la mañana. La próxima voy a bloquearte de todos lados.

    Corté el llamado y volví a entrar a la reunión.

    La realidad es que Marcos no trabaja, vivía de y con sus padres. Solía estar la mayor parte del día haciendo stories de IG o paseando con amigos. Yo todo lo contrario, me levanto muy temprano y termino mi día tarde y me veo con gente cuando despejo un poco mi día o los fines de semana.

    Ese día más tarde, me escribe Ramiro, a quien yo había conocido en el gimnasio y era todo lo contrario de Marcos, pero él buscaba algo mas serio y yo no. Y además, como que no le cayó muy bien que yo me haya visto un par de veces más con su amigo Marcos, siendo que él lo sumo para hacer un trío. Me dice que Marcos lo tenía cansado, preguntándole de mi, y si me gustaba y si la había pasado bien y demás cosas. Ramiro que es un poco más sensato también había dejado de escribirle y responderle, sumado a que Ramiro trabaja y no podía estar pendiente de él y de sus caprichos.

    Ese mismo día a las 7 de la tarde, estaba estacionando el auto a la vuelta del gimnasio, y camino con el bolso hacía la entrada y, veo que a metros de la puerta de entrada estaba Marcos esperando, vestido con un shorticito de jean cortito y ajustado, una tanga que sobre salía y una remera manga corta que mostraba el ombligo y una riñonera cruzada. Me acerqué y le dije: que haces acá? Sabías que estás muy cerca de que esto sea un acoso y tenga que denunciarte no?

    Marcos: Primero, hola! (se para en puntas de pie y me da un beso en la mejilla), segundo, que lindo te queda ese short y esa remera. Tercero, tengo ganas de verte.

    Yo: flaco, te estas poniendo muy pesado. Me revienta que hagan eso, mejor andate a tu casa para que la cosa no termine mal. Me di media vuelta y entré al gimnasio. Al entrar al gimnasio, lo bloquee de whatsapp y bloquee su contacto para que no pueda llamarme.

    Pasaron dos días sin encontrármelo y sin saber nada, por lo que dije: Ok, mi advertencia funcionó.

    El viernes de esa semana, había llovido torrencialmente todo el día. Moverse en la ciudad fue mas caótico que de costumbre, por suerte pude quedarme en casa a hacer home office y a eso de las 18,30 h salí para el gimnasio. En el lugar había muy poca gente, viernes + lluvia, poca gente quiere ir a entrenar. El gimnasio al que voy, tiene una especie de «atracción de nuevos socios o clientes» donde te dan un free pass por un día para que conozcas las instalaciones y si te gusta, te inscribas y pagues la cuota mensual. Si uno lleva un amigo incluso, suelen ofrecerle un descuento de un 30% menos durante los primeros 3 meses.

    Siendo las 20.30 h, quedaba poquísima gente en la sede, terminé mis clases, me despedí del profesor y entré al vestuario a ducharme. Pocas veces me duché ahí porque al estar con el auto, salgo, y en menos de 10 minutos estoy en mi casa, pero ese día de ahí iba a encontrarme con amigos a cenar. Había llevado la ropa para cambiarme. Ese día se dan dos casualidades, una que el vestuarista se había retirado a las 20 h después de haber limpiado pero había dejado habilitadas las duchas y segundo, que casi no había nadie en el gym y menos en el vestuario, se escuchaba el ruido de una sola ducha abierta y en uno de los ganchos al lado del sector de duchas, había ropa colgada, pero no sabía quien estaba.

    Otra cosa para aclarar, es que los bancos y lockers están apenas se entra al vestuario, hay un pasillo donde al atravesarlo, a la derecha están los mingitorios y baños, y unos metros mas adelante, están las duchas, 4 de un lado donde se puede ver desde el pasillo, y 4 del otro lado enfrentado, donde desde el pasillo no se ve nada.

    Me meto en la primer ducha de ese lado, que no se ve nada, cierro la cortina y empiezo a ducharme, lavándome la cabeza escucho que la cuarta ducha que estaba de mi lado, a lo último se cierra, y alguien sale, y se va para el lado de los lockers. No le di mucha importancia. Segundos después, escucho que la puerta de ingreso al vestuario que es de metal, se cierra. Lo que me llamó la atención ya que se cierra solo cuando el vestuarista (conocido por mi, incluso porque una vez lo asesoré) está limpiando para que nadie entré (incluso pensé que finalmente no se había ido y estaba haciendo el último repaso al lugar), cuando se estaba x cerrar la sede, y en verano, para que no se vaya el aire acondicionado.

    El sector de duchas tiene un ventanal, que siendo de noche no entraba luz natural y la iluminación del sector era escaso ya que no reponían las luces y solo se estaba alumbrando con las luces del pasillo.

    Un minuto después veo una mano que se mete a través de la cortina y me agarra la verga. Me asusté, me hice hacía atrás, abro la cortina y era Marcos. Asombrado, asustado, le pregunto enojado: ¡¿Qué haces acá?!

    Él se pone el dedo en la boca haciendo el gesto de silencio, shhh y con la otra mano vuelve a agarrarme la pija. Demás está aclarar que estaba desnudo. Lo sujeto de los hombros alejándolo de mi y le digo: andate de acá, por favor, sos un loco!! No sé como te metiste acá, pero terminala.

    Me doy vuelta para cerrar la ducha, y al darme la vuelta, estaba arrodillado abriendo su boca, pidiéndome pija.

    Le dije: quedate si queres, yo me voy. Caminé hacía donde estaba colgada mi toalla, y él me agarra de la pierna.

    Yo: Soltame. Estás muy loco, flaco. Voy a avisar a Recepción.

    Marcos: vos que lo haces y yo muestro el mensaje de Ramiro que me cuenta que te lo cogiste en esta misma ducha hace unas semanas atrás. Vas a quedar re mal.

    El mensaje existía. era de antes de conocerlo a Marcos. Me quedé inmóvil pensando que hacer. Marcos se acercó casi gateando y comienza a chuparme la pija. Enseguida se pone dura porque no era que él no me gustaba o no quería tener sexo con él, la posición de obsesión en que se convirtió fue lo que hizo que no quiera verlo más… arrodillado mamaba mi pija y se tocaba el orto. Me apretaba las piernas y pasaba sus manos x mis nalgas, sujetándolas y haciendo movimiento de vaivén para atragantarse con mi pija. Yo siendo lo calentón que soy, me dejé hacer. Marcos me decía: si papi! esto te gusta? sabes que soy tu mejor puta, haceme lo que quieras!!

    Lo sujeté del cuello, y le violé la tráquea… él estaba colorado, las venas de su frente se le hincharon y salía saliva de su boca, sus ojos estaban enrojecidos por la presión.

    Hizo ruido la puerta de entrada, era uno de los socios que entró a orinar. Por lo que lo sujeté a Marcos y lo metí adentro de la ducha. Cerré la cortina, y abrí el agua para que no se escuche su ahogamiento.

    Lo tomé de las axilas, lo levanté, me quiso besar pero no lo dejé. Lo di vueltas, lo puse contra la pared, tomé el jabón, me lo pase por la verga, y la metí adentro del culo de Marcos, Con un brazo lo apreté contra pared a la altura de su cuello y con la otra mano le tapé la boca. Le dije: esto querías? ehh… esto? y violentamente cogí el culo de Marcos. Se quejaba de que le dolía, quería moverse pero lo tenía completamente inmóvil dándole contra la pared.

    Otra vez quería moverse para zafarse de mi violada, pero lo agarré de ambos brazos y lo giré para que quede su cabeza bajo el agua de la ducha… Hice lo que él me dijo que haga, lo que yo quisiese con él. En un momento comenzó a llorar del dolor, y de la fricción que sentía y le dije: vos me dijiste que hiciera lo que quisiera con vos, me perseguiste para que te diera pija, ahora bancatela. No sé como hiciste para meterte acá, pero ahora te la bancas. Vos me buscaste.

    Marcos: Si, perdón, me duele. Esperá…

    Saqué mi pija y vi algo de sangre, evidentemente lo había roto.

    Se sentó en el piso de la ducha con los ojos llorosos y se quiso ir gateando, pero me arrodillé y se la volví a meter. Con fuerza lo penetraba haciéndole sentir que conmigo no se jodía. Quiso llorar mas fuerte y le tapé la boca con la mano derecha y con la otra lo sujetaba de la cintura. Se recostó en el piso boca abajo, llorando, pidiendo que me detenga.

    Yo: yo te pedí 3 veces que pares con el acoso y te hiciste el boludo. Te hacías el femme fatele y ahora no te bancas una buena garchada…?

    Con ambas manos lo tome de la cadera, me posicioné cual toro, lo levanté para que quede en 4, y en 5 embestidas más, acabé. Yo prácticamente relinchaba de la acabada que le había dejado adentro.

    Me levanté, me lavé la pija, cerré la ducha, y me fui a secar. él seguía lloriqueando en el piso, de su culo salía leche y algo de sangre. Le dije: abris la boca, y te meto demanda por acoso y se van a enterar tus viejos, vos pensas que yo tengo mucho para perder? no!, acá con guita lo soluciono, no me jodas más porque va a ser peor, levantate del piso.

    Me fui a vestir, y antes de salir, entra uno de los recepcionistas a avisar que ya cerraba la sede.

    Yo: si si, ya salgo!

    Recepcionista: sabes si hay alguien más?

    Yo: me pareció ver que había otro flaco en las duchas.

    El recepcionista se acerca a ese sector, lo ve a Marcos y le dice: Mira que ya estamos por cerrar, por favor vayan saliendo. Al final que haces? te interesa inscribirte?

    Marcos: No, creo que no. Porque no tengo tarjeta de crédito, mi viejo tiene.

    Recepcionista: bueno, podes asociarte igual, tiene que venir tu viejo con el documento y la tarjeta a firmar.

    Marcos: Ok! Gracias.

    El recepcionista sale, me saluda, y me dice: que onda el día? muy tranqui no?

    Yo. si, mal!! Igual creo que vengo mañana. Mejor que haya poca gente!!

    Recepcionista: pero es un embole para nosotros. Dale!! te veo mañana nene!! Nos vemos.

    Me peiné y ya listo para salir, miro hacía las duchas y con cara de enojado y dolido Marcos me miraba!

    Me fui y me metí en el auto, esperé a ver que saliera y al minuto sale caminando rápido con una mochila en la mano y tomando el celular como para enviar un mensaje. No hice nada, me fui a la cena y esperé a ver que ocurría.

    Al día siguiente volví a la sede del gym, todo normal, sin problemas. Pasaron los días y no volví a saber de Marcos, tampoco de Ramiro.

    Me desvestí, saqué el shampoo, el jabón, el toallón, guardé todo en el locker.

  • La fiebre de la ninfa

    La fiebre de la ninfa

    Ese domingo, al mediodía, se acababa de oficiar la misa en la iglesia de San Moreno, ubicada en Villa Montaraz. Los feligreses se levantaban de las banquetas de madera lustrada y se dirigían a la salida conversando entre si. No así una joven con edad de 18 años, aspecto delicado y tímido, de piel blanca, largo cabello negro y ojos de color azul oscuro, que vestía un traje acampanado y grisáceo que acentuaba aún más su puritanismo. Esta chica, en vez de ir hacia la salida, se acercó al púlpito. Allí el sacerdote había terminado de recoger unos papeles y los había metido entre las páginas de la biblia; daba media vuelta cuando, a su espalda, escuchó la voz de la joven.

    -Padre Yojan.

    -Hija mía -dijo el cura, volviéndose.

    -Es que quería hablar con usted.

    -¿Sí?

    -Bajo confesión…

    -Bueno, déjame guardar unas cosas y ya estoy contigo. Espérame en el confesionario.

    Sacerdote: Alabado sea Jesucristo.

    Feligresa: Sea por siempre alabado.

    S: ¿Cuándo fue la última vez que te confesaste?

    F: Hace como dos semanas.

    S: Y ¿qué pecados has cometido?

    F: Verá, Padre. Lo que pasa es que en estos días he experimentado ciertos cambios… en mí.

    S: ¿Qué tipo de cambios?

    F: Me da un poco de vergüenza.

    S: No tengas pena, hija. Dime lo que quieras decirme sin ningún temor. Soy tu sacerdote. Ya sabes que en mí puedes confiar plenamente.

    F: Padre, hace poco tuve un sangrado por ahí abajo. Tengo miedo.

    S: ¿Por dónde?

    F: Pues… por ahí abajo.

    S: ¿Es decir, por tus partes?

    F: Sí.

    S: ¿Nunca te había pasado antes?

    F: No.

    S. ¿Qué edad tienes?

    F. Dieciocho años, Padre.

    S. ¿Cómo? Debe de haber algún problema. Te has desarrollado tarde. Pero bueno eso no es más que la menstruación. Te ha venido la regla. Todos los meses, de ahora en adelante, te va a bajar sangre por ahí. Es natural. A tu edad, ya es para que hubieses tenido esos cambios. Los cambios propios de la adolescencia. Las caderas se te ensanchan, los senos te aumentan de tamaño, te sale vello ahí abajo, la cara se te brota de acné. En fin, cambios miles. ¿No has hablado con tu madre?

    F: Me da vergüenza, Padre.

    S: ¿Y con tus amigas?

    F: No.

    S: ¿No tienes amigas?

    F: Sí, pero no he hablado con ellas de esto.

    S: Bueno, a fin de cuentas tampoco ellas sabrán mucho acerca del tema.

    F: Padre, no sé qué hacer. Estoy muy confundida. Sobre todo porque también he sentido…, no sé cómo decirle.

    S: ¿Deseos?

    F: Eso, creo. Es algo muy fuerte. A veces los senos se me endurecen en las puntas y siento un calor por todo el cuerpo. Una mañana, Padre, me desperté en mi cama, y al tentarme ahí abajo, vi que tenía la pantaleta empapada de una sustancia babosa.

    S: ¿La oliste?

    F: No. Me dio asco.

    Silencio.

    F: ¿Padre?

    S: Aquí estoy, hijita.

    F: No sé qué será eso. Me siento confundida.

    S: ¿Has tenido sueños eróticos?

    F: ¿Sueños eróticos?

    S: Sí, sueños en los que tú y alguien más juegan desnudos.

    F: No, Padre; la verdad es que no recuerdo.

    S: ¿Te has masturbado?

    F: ¿Cómo?

    S: Que si te has frotado la vulva con los dedos.

    F: Bueno, sí. ¿Es malo hacerlo?

    S: ¡Por Cristo! Es pecado mortal. Hija, me parece que el maligno te ha poseído.

    F: ¿El maligno, Padre?

    S: Sí. Es La Ninfa, un demonio que hace que te de fiebre.

    F: ¡No me diga eso, Padre! ¿Qué es lo que me sucede? ¿Es peligroso?

    S: Si no te exorcizo pronto, sería muy pero que muy peligroso. Yo puedo curarte.

    F: Dígame qué tengo que hacer, ¡por favor!

    S: Calma, calma. Escúchame con atención. Más luego, como a las cinco, vas a venir a la iglesia y vas a entrar por la parte de atrás, ¿entendido?

    F: Sí.

    S: La puerta estará sin seguro. Así que entras y la cierras. Yo voy a estar adentro en la sacristía, esperándote. ¿Vas a venir?

    F: Sí.

    S: Nos vemos entonces. Ve con Dios.

    En la tarde. La joven llevaba ahora un vestido camisero sin mangas de color amarillo. Cuando estuvo ante la puerta trasera de la iglesia, vio que ésta estaba un poco entreabierta, empujó con la mano y entró. En seguida cerró la puerta, pasando el cerrojo.

    En la iglesia no había nadie salvo el cura. Estaba arriba sentado ante un escritorio, y contabilizaba las ofrendas recibidas de la semana. Cuando sintió, afuera, que cerraban el cerrojo, se levantó y se acercó a la ventana. Abajo, por el camino del patio, avanzaba la joven adolescente, hermosa y virginal, con su vestido amarillo y su cabello largo y negro agarrado de una moña por detrás. El cura se apresuró a desocupar el escritorio, luego fue y abrió la puerta, salió al pasillo y bajó por las escaleras hasta el patio para recibirla. Luego, los dos subieron al segundo piso y se metieron en la sacristía. El cura cerró la puerta tras de sí.

    -Bueno, aquí estamos -dijo.

    -Padre Yojan, dígame cómo hago para curarme de eso que usted mencionó al mediodía.

    -¿La fiebre de la Ninfa?

    -Eso mismo.

    -No te preocupes. Lo primero que tienes que hacer, es relajarte.

    El sacerdote se acercó a la joven y le dijo que cerrara los ojos, y ella, obedientemente, los cerró. Luego la llevó hasta el escritorio y la sentó en él.

    -Acuéstate -le dijo.

    Ella se acostó. Entones, él le agarró el borde del vestido, las manos de ella lo atajaron.

    -¿Qué está haciendo, Padre Yojan?

    -No te muevas -dijo él.

    Ella, confusa, insegura, sin entender nada, quitó las manos y él procedió a subir de nuevo el vestido. Tenía las piernas blancas, sonrosadas, los muslos lisos, firmes, la carne tierna. El sacerdote se excitó. A medida que le subía el vestido a la joven, él se iba poniendo más y más caliente. Fue subiendo el vestido hasta dejar al descubierto la tela color beige de la pantaleta. Vio un bulto gordo, con finos vellos negros saliéndose por los costados, sobre la piel blanca.

    -Ahora, voy a quitarte esto -dijo el Padre mientras le agarraba el borde superior de las bragas. Se las quitó alzándole las piernas.

    -Déjalas así -le dijo.

    Había un montoncito de vello encima del clítoris sobresalido. El cura posó su mano en el vello. La joven trató de inquirir algo, pero él levantó la cabeza para decirle que no se moviera, que no abriera los ojos sino hasta después de avisarle. Y volvió a lo suyo. Con los dedos índice y pulgar le abrió los labios de la vulva. Por dentro era rosada. En el fondo contempló una capita de piel que parecía elástica. El cura le tracuteó las paredes vaginales. Luego, inclinando la mitad del cuerpo hacia delante, metió la cabeza entre sus piernas y comenzó a lamerle el sexo. Le pasó la lengua de abajo hacia arriba, primero suave, después rápido, otra vez suave, y la metía y la sacaba como un animal de sangre fría. Dibujaba círculos alrededor del clítoris. De pronto sintió en su boca una sustancia viscosa que no era saliva; eran los efluvios naturales de aquel sexo. Sintió el sabor en la lengua. Era un sabor insípido y nada especial, pero a él le sabía a gloria. Era un tanto salobre, pero a él le parecía dulce. En eso ella le había cogido la cabeza con las manos y, soltando tenues gemidos, le acariciaba los cabellos como si estuviera haciendo un masaje.

    Ya está lista, pensó el cura.

    Se enderezó. Cogió las piernas de la joven y las inclinó hacia su débil cuerpecillo. La joven estaba en popa, con los talones arriba. El Padre Yojan, entonces, se llevó las manos al cinturón y se lo desabrochó, desabotonó el pantalón y se lo bajo con el pantaloncillo. Ahora tenía su pene erecto, erguido frente a la vulva de la muchacha. Pero ella no podía ver lo que tenía enfrente porque sus ojos estaban cerrados. Era un pene grueso, moreno, ligeramente curvado hacia la izquierda, que medía como una cuarta. El Padre se lo agarró y lo acercó a los labios vaginales. Lo deslizó de arriba a abajo, de abajo a arriba, y humectó el glande con la lubricación de ella. El cura recordó unos versos:

    ¡Cuánto mejores que el vino tus

    amores,

    Y el olor de tus ungüentos que todas

    las especias aromáticas!

    Intentó meter el pene. Sólo cabía la cabeza y un poquito más. Luego lo fue empujando lentamente a través del vello húmedo y sedoso de los labios mayores y lo introdujo hasta la mitad. Escuchó un quejido. Miró el rostro de la joven; vio que tenía la boca abierta y el ceño fruncido en una mueca de dolor y placer mezclados. Suavecito comenzó a meter y a sacar el pene mientras le masajeaba el clítoris con el pulgar. Le pasaba la otra mano por el abdomen. La joven lubricaba más y más cada vez que el cura hacía una presión. Entonces embistió con un golpe rápido, sacó y metió la verga hasta el pegue. Algo tronó. La sangre se esparció por el escritorio. No mucha. La joven aumentó los quejidos y el cura le tapó la boca sin dejar de penetrarla… Hasta que se vino, dentro de ella. Luego sacó el pene, se lo limpió con cualquier cosa, y se alzó el pantalón. A ella le puso la pantaleta.

    -Ya puedes abrir los ojos -le dijo.

    La joven los abrió. Estaba un poco mareada. El Padre la ayudó a incorporarse, la ayudó a que se bajara del escritorio. Al hacerlo, no percibió que el vestido amarillo, impoluto hasta hace unos momentos, estaba ahora ligeramente manchado de sangre.

    La joven se llevó una mano a la frente.

    -¿Se te quitó la Fiebre? -le preguntó el cura.

    -No sé, creo que no.

  • Cojo con el chico argentino del gym

    Cojo con el chico argentino del gym

    Conocí a Mateo en el gym. Desde el primer día que llegó nos llamó la atención a todas. En primer lugar, su forma de vestir, leggins pegaditos que nos hacían ver un enorme bulto adelante, pero también unas nalgas muy bien formadas que ya hubieran querido tener más de una de nosotras. Cuando lo escuchamos hablar nos dimos cuenta que era argentino, lo que nos calentó más.

    Si bien era amable, era distante. Sus saludos no abrían la puerta a seguir conversando. Llegaba, saludaba, hacía sus rutinas, se bañaba y se iba. Más de una teníamos la concha muy húmeda de solo verlo. Siempre en leggins, con ese paquete enorme y siempre con unas nalgas que eran notables.

    Pronto asumimos que era gay. Más de una de las chicas lo vio al salir siendo recogido por dos señores mayores, a veces uno, a veces otro. Más rápido que tarde, se nos pasó la emoción de verlo. Igual pensaba que desperdicio con semejante paquete.

    Fueron pasando los meses y ninguna de las chicas hizo ningún avance con él. Tampoco nos hablaba nada más que un saludo al llegar y un adiós al partir. También lo vi siendo recogido por señores mayores y asumí que era un gigolo gay de viejos.

    Cuatro o cinco meses después, luego de la mañana en el gym, fui al supermercado a comprar algunas cosas para el almuerzo. Me encontré con Mateo. Fue muy amable al saludarme, le respondí igual. Empezamos a conversar. Muy distinto al Mateo del gym. Se lo dije, que me parecía muy distinto al chico que conocía en el gym y me respondió que se sentía incómodo por el cómo lo mirábamos en grupo, que no podía superarlo. Y que al final ya se había acostumbrado a la rutina de saludar y despedirse. En ese momento me pareció una explicación muy razonable.

    Seguimos charlando, me cayó muy simpático. Intercambiamos números. Por el WhatsApp comenzamos a charlar esporádicamente. Nada subido de tono, trivialidades, saludos cordiales, intercambio de memes y punto. Nunca lanzó ninguna indirecta, ni yo a él. Nunca hablamos de su sexualidad o de la mía. Todo amable y respetuoso. Estuvimos así varios meses, quizás tres o cuatro meses.

    Una tarde me llegó una foto de su pene erecto.

    Enorme, inmenso. Tal como lo imaginaba. Junto a pene un texto que decía “bebe te extraña”. Supuse se había equivocado, al ver ese pene tan enorme sentí un vacío en el estómago.

    Le escribí diciéndole “te has equivocado”. Me respondió inmediatamente pidiéndome disculpas y borró la foto. Le dije que tranquilo que no había problema. No hablamos por más de una semana.

    Cuando lo veía en el gym la misma lejanía de siempre. Me animé a escribirle, le puse “tranqui, he visto muchos penes, no te hagas rollos”.

    Se rio y me volvió a pedir disculpas. Le insistí que no se preocupara y le mandé el “lo tienes increíble”.

    · ¿Te gustó?

    · Si obvio, es inmenso, se me hizo agua la boca.

    · Jajaja, pero eres casada.

    · Soy mujer.

    · Y si, y eres muy linda, supongo puedes estar con quien quieres.

    · No te creas, ni tanto.

    · Eres muy bonita y eres una mujer genial.

    Seguimos charlando en ese tenor por varios días. Hasta que en un momento de calentura le pedí que me envíe “por error” otra foto. Se rio y me mando dos.

    Se me pusieron tiesos los pezones y mi tanga se humedeció. Que pene que tenía. Se lo dije, que estaba buenísimo y que lo deseaba. Me respondió “voy a ser directo contigo. Eres linda. Pero tiene precio”.

    Me envalentoné y le pregunté ¿Cuánto? Me respondió que US$ 150. Podía pagar ese monto sin problemas. Con el dinero que me daba mi esposo para mis gastos tenía más que suficiente pues todos los meses guardaba algo. Nunca, jamás, ni en mis sueños le había pagado a un hombre por coger. De hecho, soy bastante clásica, si me doy cuenta que alguien quiere conmigo, que gaste pues.

    Pero, la tentación estaba allí. El destino me llevó a ella. Tenía el dinero para pagarle. Le pregunté cuando podría ser. Me dijo que tenía disponible jueves por la tarde o viernes a la hora del gym. Esa segunda opción estaba perfecta. Le dije que aceptaba el viernes a las 10 am y que donde nos encontrábamos.

    Me dijo que vaya a su departamento. Me dio la dirección. A unas 15 cuadras de casa, de hecho, suponía que estaba cerca, por el gym donde íbamos y el supermercado donde lo encontré. No tan cerca que sea riesgoso ni tan lejos que fuese tedioso ir.

    El viernes me depile. Me duche. Me puse la mejor lencería que tenía (y pensar que yo iba a pagar). Tome un taxi que me dejó en una cafetería a una cuadra de su casa. Desde allí caminé. Vivía en un edificio. Llamé por el intercomunicador. Me hizo subir.

    Me abrió la puerta. Lo encontré en toalla. Supuse que completamente desnudo debajo. Con algo de nervios saqué los US$ 150 y me pidió que los deje sobre la mesa. Eso hice. Se sentó en el sofá. Se sacó la toalla y me ordenó que me arrodille y se la chupe. Sin desvestirme lo hice. En segundos la tenía enorme, dura, llenándome la boca.

    Me volvió a ordenar “sácate todo”. Lo obedecí. Me dijo “ponte como perra en la cama”. Lo volví a obedecer. Me preguntó si quería ver porno. Le dije que sí. Prendió la tv y apareció una película porno de gays. Le pedí que lo cambie o lo apague. Lo apagó. Se puso detrás de mí. Me ensalivó la concha. Se puso el condón. Y empezó a metérmela.

    Me sentía extraña. Me dijo ¿quieres otra posición? Le dije que no. Que así me gustaba. Siguió moviéndose. La fricción de su enorme pene me terminó calentando y tuve un orgasmo. Ni bien llegue, la sacó y me preguntó ¿te quieres bañar? Le dije que no era necesario. Me vestí y me despedí dándole un beso en la mejilla.

    Tuve un orgasmo sí. Me comí un pene enorme, también. Pero estuvo demasiado lejos de lo que mis fantasías me hacían presumir. Nunca más le escribí. Cuando lo veía en el gym, mantenía la misma distancia que las demás chicas.

  • Mi suegra, un amigo, Yesica y yo cogiendo en Tepoztlán

    Mi suegra, un amigo, Yesica y yo cogiendo en Tepoztlán

    En uno de esos días jueves que no vendíamos tortas, decidimos irnos de paseo junto a mi suegra Melinda a subir el cerro del Tepozteco. Quienes viven en el centro de México ya lo han de ubicar, para quienes no son de aquí, les contamos que es un municipio de Morelos y una de sus atracciones es un cerro en el cual en una de las partes altas tiene unas ruinas arqueológicas, una de las razones por la cual es un destino turístico.

    En aquellos años teníamos un amigo que vivía ahí en Tepoztlán, con mucha condición física para subir y bajar ese cerro y al haber nacido ahí, conocía muchos senderos y el modo de subir a otras partes más altas de ese conjunto de montañas. Su nombre es Mario.

    En esa ocasión él nos recibió en la caseta de cobro, que era el lugar donde hacían parada los autobuses. Yesica y Melinda prepararon unas tortas y ensaladas, pues la idea era subir y explorar lugares a los que los turistas tenían prohibido pasar, pues en muchas ocasiones ha habido personas que se extravían por no conocer el lugar, pero nosotros llevábamos un buen guía.

    Para Melinda era la primera vez que subiría al cerro, Yesica y yo ya habíamos ido en varias ocasiones, si bien no teníamos la condición física de Mario, sí alcanzábamos a llegar a la cima. A la mitad del camino, Mario nos sacó por un sendero, el cuál debíamos escalar agarrándonos de algunas raíces de los grandes árboles que hay ahí, pasamos por barrancas y en algunos lugares, nos abrazábamos al cerro para pasar de un lado a otro. Y luego de un buen rato y de sortear varios peligros, estábamos en la parte más alta que el de la pirámide a la que se tenía permitido acceder.

    Estando en la parte de arriba y luego de recuperar el aliento, disfrutamos de la maravillosa vista, nos tomamos fotos, exploramos entre los árboles y descansamos bajo la sombra de los árboles, preparamos la manta en dónde comeríamos y nos dimos cuenta que no llevábamos qué tomar, nos reímos nerviosos pues todos teníamos mucha sed, pero nadie se acordó de comprar bebidas.

    Mario se ofreció a ir a comprar, pues él ya se conocía muy bien el camino, calculó que en una media hora estaría de regreso, sólo nos pidió que lo esperáramos para comer. Apenados, le dimos dinero y le agradecimos.

    Nos recostamos sobre el mantel. Yesica y yo nos empezamos a besar, no tardamos en ponernos calientes, pues nunca habíamos tenido la oportunidad de hacerlo al aire libre. Nos quitamos la ropa y les aseguro que disfruté mucho el sabor a sal de su piel, pues habíamos sudado mucho al subir el cerro. Besé su cuello y sus hermosas tetas, le dediqué tiempo a sus pezones, pues me decía sentir rico que el aire fresco que hay a esa altura, secara mi saliva sobre ellos. No podía tocar su vagina, pues nuestras manos estaban muy sucias, al darse cuenta Melinda que mi novia sólo se frotaba una pierna con otra, se acercó y con cuidado abrió sus piernas y metió su cara entre ellas, Yesica se estremeció y levantó más su pecho, mi suegra le hacía un muy rico oral pues ya sabía dónde succionar para hacer que mi novia llegara al orgasmo. Pasó un rato antes que Yesica se viniera entre los labios de mi suegra y poco a poco se recuperaba.

    Ellas se besaron en la boca, yo viendo a mi suegra en cuatro, comiéndose a besos a mi novia, comencé a desnudarla, ella no reparó en despojarse la ropa, echada a cuatro patas como perrita, penetré su panocha tan húmeda y cálida, apretaba muy rico. Hacerlo en un lugar así, nos tenía muy calientes. No me cansaba de penetrar su rica panocha, mientras Yesica me animaba a seguir dándole así de a perrito, nos decía que nos veíamos hermosos cogiendo. Mi suegra gemía fuerte mientras buscaba los labios de su hija, besándose apasionadamente. Melinda se cansó de estar de rodillas así que me pidió que me sentara, me inclinó un poco hacia atrás y se montó en mi verga, se movía delicioso adelante y atrás, arriba y abajo. Yo me deleitaba viendo su hermosas tetas grandes moviéndose sobre mí, ella sudando a chorros y sus hermosos ojos clavados en los míos, con tanto morbo y deseo, no tardamos en venirnos juntos, yo como siempre sintiendo su panocha succionar mi verga, pues tenía un movimiento interior único que me deslechaba delicioso.

    Melinda se dejó caer sobre mí, mientras nos recuperábamos. No nos dimos cuenta que Mario ya tenía rato ahí parado, dándonos espacio por lo que estábamos haciendo.

    -¡Que bárbaros! Me hubieran dicho que habían olvidado a propósito las refrescos, no que ahí vengo corriendo para que no se deshidraten. Pero valió la pena por lo que acabo de ver. – Nos dijo nervioso y agitado nuestro amigo.

    Yesica, Melinda y yo tratamos de cubrirnos, pero Mario ya nos había visto todo. Se acercó a nosotros y nos pasó una botella con agua a cada uno, mientras se deleitaba viendo el cuerpo de mi novia y mi suegra.

    Yesica me veía sonriente, pícara, ya me imaginaba lo que pasaba por su cabeza. Se hincó desnuda frente a Mario y llevó sus manos a desabrochar su pantalón y con su mano sacó una verga gruesa, no tan larga, morena y muy peluda. Se la empezó a jalar, lo masturbaba rico, Mario levantó su cara al cielo y mantenía cerrados sus ojos, disfrutando. Yo me estiré a mi mochila, saqué una tira de condones y se los pasé a mi novia, ella tomó uno y con cuidado se lo colocó a Mario, él no se la creía cuando Yesica se inclinaba a mamarle la verga y tan emocionado estaba que duró pocos minutos, llenando el condón de leche, retorciéndose de gusto, mientras Melinda y Yesica se reían.

    Ver a mi novia mamando verga me la había puesto dura a mí. Teniendo a mi suegra sobre mí, sólo nos giré un poco de modo que ella quedó abajo y le metí mi tronco, levantando sus hermosas piernas y poniéndolas a la altura de mis orejas. Me encantaba verla moverse y disfrutarme, le metía la verga con muchas ganas, pues ella me excitaba mucho, además de la súplica que me hacía para que le metiera más la verga, la pedía con mucho deseo.

    Mientras Melinda y yo estábamos así, Yesica estaba montada sobre Mario, disfrutando del grosor de su verga, moviéndose de adelante hacia atrás y él estaba agarrado a sus nalgas. Ella como casi siempre, entrecerrando sus ojos, buscando su orgasmo, el cual le llegó al poco rato, pues gimió fuerte, casi un grito salió de su garganta. Al igual que Mario, quien se vacío poco después.

    Melinda y yo seguimos cogiendo bien rico, tardamos un buen rato más haciendo el amor, pero nos vaciamos al mismo tiempo en un orgasmo muy intenso. Ella escurriendo mi leche entre las piernas, la tomé por la cintura, antes de que se vistiera, para robarle un beso de lengua mientras el aire fresco nos secaba de a poco el sudor de nuestros cuerpos. Yesica y Mario ya estaban vestidos.

    Mario era un chavo muy tímido y callado, buen amigo y apelando a su seriedad, le pedimos que fuera discreto en lo que habíamos hecho ese día. Él no diría nada y por el contrario, se ofreció a darnos un tour por otros lugares que conocía en otra ocasión.

    Esa tarde comimos y terminamos abajo en el centro de Tepoztlán tomándonos unas cervezas, para ya por la noche regresar en autobús, sentados los tres en un asiento para dos, besándonos y cachondeando, acariciándonos bajo la ropa, ya que el autobús iba muy vacío. De más está decir que terminamos en nuestra casa haciéndonos el amor los tres tan rico como siempre.

    Hasta el siguiente relato. Saludos.

  • Se reavivó el trío en el balcón con Diego y Gonzalo (4)

    Se reavivó el trío en el balcón con Diego y Gonzalo (4)

    Quedamos un poco desmadejados en el espléndido balcón del pent house, Gonzalo y yo nos recostamos en una de las reposeras acolchonadas y Diego se fue a lavar al baño. Increíblemente seguíamos al palo, así que no desaprovechamos el tiempo y empezamos a besarnos y a magrearnos en la reposera, como si no hubiésemos tenido sexo en semanas.

    Se puso sobre mí, en la posición del misionero, con mis piernas abiertas, meneando su pelvis como si me estuviera cogiendo. Nuestras pijas se pajeaban sobre nuestros cuerpos y él se movía como una odalisca, besándome como si fueran a chocar los planetas. Devoró mi lengua hasta el fondo y le retribuí con decenas de lengüetazos, recorriendo con furor su boca suave y cálida.

    Cada tanto, parábamos para respirar, mirándonos a los ojos con lujuria y retomando los besos y chupones cada vez más profundos. Le crucé las piernas sobre la cintura invitándolo a apretarse más contra mi cuerpo, comprendió lo que quería y, sin dejar de besarme con pasión, se retiró un tanto hacia atrás hasta que su pija pasó por debajo de mis huevos, alcé un poco la cadera y pudo penetrar mi culo, de un saque hasta el fondo, pues ya estaba bien dilatado y lubricado por la cogida de Diego y su semen, lo que me provocó una descarga eléctrica en todo el cuerpo que se arqueó de placer ante la estocada que había recibido y di un grito ahogado.

    -¡Guau! ¡Qué bien me la pusiste!, le dije mirándolo a los ojos.

    -¿Te gustó?

    -¡Me encantó! ¡Quiero más, dame más!

    Subí la cadera un poco más para sentir su poronga más en mi interior y empezó un meneo enloquecedor de meta y saca constante, rítmico y apasionado. Veía reflejado el movimiento de su cuerpo en el vidrio polarizado del balcón y enloquecía de placer.

    -¡Mirate! ¡Fijate en el vidrio, mirá que fuerte que estás, cómo te movés! ¡Qué hermoso culo tenés! ¡Cómo me gustás!, le dije absolutamente fuera de mí. ¡No parés de cogerme!

    Se fijó en su reflejo y aceleró sus meneos y acometidas, arrancándome jadeos y gemidos agudos de lujuria, mientras le pedía que me diera más y más, presionando con mis piernas sobre su cintura para que me enculara más adentro aún, si fuera posible. Tras unos minutos se oyó la voz de Diego que se acercaba filmando con su celular:

    -No me dejen afuera, nos dijo y apoyó el teléfono sobre una mesa que había cerca, sin apagar la cámara.

    Se arrodilló a un lado de la reposera, quedando su pija recién lavada y bien parada a la altura de nuestras bocas, por lo que no dudé en atrapar su glande con mis labios al instante y empezar a mamarla ávidamente, mientras Gonzalo no dejaba de cogerme y yo acompasaba su ritmo frenético dilatando y contrayendo mi ano, según su pija entraba o se retiraba. Al notar mis movimientos, gritó:

    -¡Buenísimo!, aceleró sus acometidas y tensó su cuerpo.

    -¡No acabes! ¡Aguantá!, le grité con voz ahogada. Bajá un cambio y ayúdame a chuparle la pija a Diego que está para comérsela.

    Muy a desgano, ralentizó su meneo, que además me volvía loco de placer y me acompañó en la faena de darle una mamada espectacular a dúo a Diego. Nos alternábamos entre glande, tronco y sus huevos suaves y depilados, para juntar nuestras bocas en besos apasionados con el glande de por medio, luchando por retomar cada uno su porción de poronga, limpia pero de nuevo jugosa.

    El chop, chop de nuestra chupada se volvió a mezclar con los jadeos y gemidos de Diego, y Gonzalo recomenzó el tremendo meneo que tanto me gustaba, dejando a cargo de mi boca la pija enhiesta y palpitante de mi potro. Me dediqué a él sin perder de vista el reflejo del precioso culo de Gonzalo en el vidrio subiendo y bajando como un martillo neumático por varios minutos, hasta que aceleró el meneo bien a fondo, me avisó que se corría, apreté más mis piernas sobre su cintura para que me la metiese más adentro hasta que las volví a abrir abandonándome a su cogida espectacular y prometedora, mirándolo ansiosamente a sus ojos lujuriosos y pidiéndole más y más.

    Gonzalo se arqueó, bufó, jadeó, gimió y gritó con voz sofocada cuando eyaculó media docena o más de chorros cálidos de semen en mi culo aún sediento de carne y leche. Pensé que iba a detenerse, pero siguió con su meneo, esta vez en círculos y vaivenes que me sacaban de quicio porque masajeaban mi próstata y me tenían a mil.

    Aceleré mi mamada en la pija de Diego, que ya me cogía por la boca sin freno, aunque sin metérmela tan adentro para que no me dieran arcadas. Lamí, chupé y engullí toda su pija hasta la pelvis, una y otra vez, sin dejar de gozar la cogida interminable de Gonzalo, que no aflojaba en su meneo y tampoco la dureza de su miembro.

    Tenía dos sementales a mi disposición y los estaba gozando a pleno, así que los aproveché, seguí chupando con la boca, dilatando y contrayendo mi esfínter anal y acariciando los preciosos cuerpos de mis amantes durante largos minutos hasta que, cuando ya se me acalambraban los maxilares de tanto tener abierta la boca con el miembro adentro, Diego empezó a respirar más fuerte, más hondo, a suspirar, gemir y jadear como el potro que era y se vino dentro de mi boca con tres o cuatro chorros de leche aún cálida, pero no tan espesa como el semen que había derramado en mi ano, siempre sediento y hambriento.

    Gonzalo paró de cogerme y sin salirse de mi interior se fue apoyando sobre mi pecho y me comió la boca chorreante del semen de Diego, saboreando juntos el mismo néctar. Lo tomé de la cara mirándolo a los ojos y le dije que era la mejor cogida que me habían dado nunca.

    -A cuántos les habrás dicho lo mismo, me respondió con una sonrisa.

    -A Diego se lo dije hace poco, a fin de año y era cierto, tan cierto como la que me diste recién. Cuando vi mover tu cuerpo y tu culo reflejado en el vidrio, me volviste loco de placer. Me parecía estar viendo una película. Pero la noche recién empieza, les dije. Descansemos algo y después vamos a ducharnos porque en una hora debe venir mi mujer.

    Nos volvimos a morrear y a magrear, pero con más dulzura que pasión y unimos las reposeras, para seguir gozando de más besos y caricias entre los tres.