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  • Cuando te pienso…

    Cuando te pienso…

    Cuando te pienso
    me erizo.
    Mis pezones señalan.
    Mi piel cacarea.
    Mi culo se empina.

     

    Cuando te pienso
    me mojo.
    Mis venas se abren.
    Mi vagina late.
    Mi vulva se hidrata.

    Cuando te pienso 
    te siento.
    Embestidas.
    Dureza y fluidos.
    Gemidos, jadeos, palabras.

  • La visita de Laura

    La visita de Laura

    Laura es de las pocas mujeres que se quedaron grabadas en mi mente, sexualmente hablando.

    Hace poco me encontré a su hermana, platicamos un poco y me pasó su número telefónico.

    Con el pretexto del día de las madres le llamé para saludarla. Ella ya está casada y tiene dos hijos. Yo ya estoy casado y tengo tres hijos.

    Después de una larga charla por teléfono, en forma de broma le pedí que viniera a visitarme a mi trabajo. Soy vigilante de una constructora.

    Trabajo en un turno de 24 por 24. Es decir un día trabajo y al otro día descanso. Cuando me toca trabajar trabajo las 24 horas.

    Los trabajadores de la constructora así como los oficinistas se van a las 5 de la tarde.

    En ese momento se queda todo en silencio.

    Hasta el día siguiente que llegan a trabajar a las 8 de la mañana.

    El día 25 de mayo, ella me llamó por teléfono, preguntándome qué estaba haciendo, le dije que trabajando. Me preguntó ¿Puedo ir a visitarte hoy en la noche?

    Mi pene se paró inmediatamente, y le dije que sí. No podía creerlo. Me entusiasmé en gran manera.

    A las 8 de la noche recibo nuevamente una llamada de ella, diciéndome que estaba afuera del lugar de mi trabajo. Yo salí de la caseta para recibirla, y la metí a la caseta, el lugar ya se encontraba totalmente solo.

    Solo le dije Hola con una sonrisa pícara. Ella con una sonrisa lujuriosa me dijo Hola.

    La pasé, y me senté en un sillón que tenemos.

    Le dije ¿quieres tomar algo?

    Sin quitarme la vista de los ojos me dijo sí. Quiero tomar esto, se me acercó y con una mano, me apretó el pene sobre el pantalón.

    Yo no dije nada, solo sonreí y dejé que hiciera lo que quisiera.

    Se arrodilló frente a mí, Me bajó el cierre y sacó mi falo que ya estaba chorreante de excitado. Lo miró fijamente sin dejar de sonreír. Cerró los ojos y con su boca húmeda y caliente comenzó aquel chupeteo. Esa forma de mamar que hace mucho extrañaba.

    De vez en cuando los acaba de su boca para rodearlo con sus pechos, lo apretaba tan rico, que no tardé en sentir que ya iba a explotar.

    Cuando le dije me vengo, se lo metió a la boca y comenzó a mamar como un becerrito. Yo sentía que el corazón se me salía, sentía que mis piernas temblaban, solo pude decir:

    -Haaa -Hooo -Siii -Bieeen -Tómalo todo -Así mi niña, así así…

    Yo seguía respirando agitadamente.

    Y después de un breve instante, ella dejó de mamar y me miró con una cara de satisfacción.

    No le dije nada y la acerqué a mí para besarla, su boca sabía a semen. Pero qué importa eran los míos.

    Comenzamos a cachondear, Yo comencé a besarle el cuello apasionadamente, baje hasta sus pechos para mamárselas, después de un rato, la volteé, así como estaba de rodillas, comencé a lamerle la panochita que la tenía muy excitada. Estaba totalmente mojada, y le seguí mamando muy rico. Después comencé a lamerle el culo como antes lo hacía, preparándolo para mí.

    Ella solo se retorcía de placer.

    Hasta que no pudo más y comenzó a pedirme de forma agitada.

    -Métemela, métemela, por favor.

    Su respiración era muy agitada.

    Yo tomé mi pene y le apliqué un poco de saliva, comencé a pasárselo por la panocha que ya estaba muy lubricada. Después poco a poco se lo fui introduciendo por el recto, ella solo decía así mi amor, así, así.

    Poco a poco fui metiéndole mi miembro

    Ella me decía, estás enorme.

    Creo que ya había perdido la costumbre, porque la sentí muy apretadita. Poco a poco comenzamos a dar un vaivén cada vez más frenético. Ella no paraba de masturbarse con una mano.

    Hasta que me dijo de forma agitada

    -Me vengo. Me vengo. Ay amor. Así. Así. Haaaa

    Sentí como si se hubiera orinado a chorros. Sus piernas le temblaban. Sus ojos permanecían cerrados. Y sus gemidos me excitaban más. Paré un momento aquel vaivén sin sacársela.

    Cuando se recuperó, ella comenzó a hacerse atrás y hacia adelante, nos acomodamos y yo me senté en el sillón. Ella comenzó a darse unos ricos sentones. No tardé en venirme e inundarle los intestinos con mi leche caliente.

    Nos quedamos un buen rato exhaustos, cansados por el ajetreo.

    Nos limpiamos. Y nos vestimos. Después de un breve momento… Solo sonreímos de satisfacción, y comenzamos a platicar.

    Me contó lo desdichada que era su vida en el plano sexual. Me contó que su marido no la tocaba. Yo incrédulo le decía por qué? Si tú eres muy fogosa en la cama.

    Me contó que el problema no era ella sino él.

    Posiblemente su marido tenía algún amante y por eso cuando llegaba a casa ya no tenía ganas de hacerle el amor a su esposa.

    Tal vez el marido ya se había aburrido de tanto sexo. Lo único que sé es que al tipo no le gusta el sexo anal porque le da asco, el sexo oral tampoco le gustaba.

    Cuando muy esporádicamente tenían sexo era solo unos segundos él se venía y se acabó toda la pasión.

    Le dije, triste tu caso amiga…

    Y nos echamos a reír.

    Nos quedamos toda la noche en aquel lugar, me la cogí una y otra vez, porque sabía que eso no iba a ser ni diario ni cada semana ni cada mes. Tal vez sería la última vez que nos veíamos.

    Por eso quería disfrutar cada momento.

    Cuando amaneció, nos despedimos. Le dije que cuando se sintiera sola o ganosa, no dudara en llamarme.

    Nos dimos un beso y se fue

    Regresé a mi caseta, me senté en el sillón, prendí un cigarrillo, y mientras me lo fumaba, busqué en YouTube la canción de Laura no está.

    Mientras me fumaba el cigarrillo y escuchaba la canción, me dije…

    Qué afortunado soy…

    Gracias benditos libros.

    Después de este relato ahora sí voy a publicar lo que les había prometido a mis poquitos pero muy fieles seguidores.

    Cómo conquistar a las mujeres.

    Clases de seducción l, ll y lll

    Nos leemos hasta la próxima. Cuídense.

    Los quiere su amigo.

    PERVERSO 69

  • Mi vecino me abre mi vagina y me rompe el culo

    Mi vecino me abre mi vagina y me rompe el culo

    Hola mi nombre es Nina, soy una chica con unos senos normales soy copa 34 B, tengo una cintura muy pequeña y grandes caderas eso se lo debo a la herencia genética de mi madre, empezaré contándoles que cuando tenía 18 años, me empezó una fascinación, por masturbarme, ya que nunca había tenido relaciones hasta ahora, lo hacía casi todos los días, bueno para que entiendan un poco mi vida les diré que vivo con mi papá y mis dos hermanos mayores que son gemelos ellos tienen 20 años y papá tiene 38 años mamá se separó de papá y se casó ya hace 6 años, mi padre es un hombre muy joven y no dudo de que encuentre el amor de nuevo.

    Pero continuando con la historia, como soy la pequeña de la casa, mi padre amplio mi cuarto y tomo el estudio y ahí me hizo un vestidor, lugar que yo utilizó para masturbarme, me gusta hacerlo frente a la ventana, no sé si es el morbo o quizás el que sabía que la casa de al lado estaba vacía, pero una noche de tantas y mientras utilizaba un masajeador de clítoris y me masturbaba totalmente desnuda y con las piernas muy abiertas pues las tenía en los descansa brazos de la silla de mi escritorio.

    la luz de la casa de al lado fue encendida más exactamente la luz del estudio y fue ahí donde vi al que parecía mi vecino un chico como de unos veintitantos, de tez negra con su gran verga, masturbándose con el mismo ímpetu que yo y en lugar de suspender lo que estaba haciendo por qué el momento me tomo por sorpresa, seguí, abriéndome más de piernas y mostrándole mi vagina y mis fluidos en todo su esplendor.

    Esa noche me vine una y otra vez, quería tener esa verga en mi vagina mis amigas me han dicho que una buena verga es la gloria. Mi mente se puso en blanco y podía imaginar la cara de zorra que tenía en ese momento, era demasiado el placer que sentía y el hecho de ser observada por el vecino me encendía más.

    Así seguí toda la semana restante masturbándome a la misma hora y en el mismo lugar y mi vecino que hasta ahora ni su Nombre sabía hacia lo mismo, me acompañaba en esa lujuriosa tarea desde la distancia.

    Un día sin que lo esperara y como era costumbre todos en mi casa cena vamos juntos y mientras los chicos alistaban la mesa el timbre nos interrumpió y mi padre anuncio que la visita había llegado, los gemelos entendieron pero yo ni sabía que seríamos visitados. Pero en el momento en que abrí la puerta y con solo ver a una de las personas que tenía de frente mojé mi panty.

    – Hola nena soy Miriam tu vecina y él es mi esposo Esteban, tu papá nos invitó a cenar hoy, sabes yo trabajo en la oficina con tu padre.

    Solo pude decir un hola y bienvenidos soy Nina.

    Papá salió y saludo a la pareja con mucha cordialidad, Miriam era una chica blanca y rubia de cabello corto y ojos verdes, contrastaba muy bien con su esposo que es un guapo negro alto y bastante fornido. Mientras tanto los gemelos y yo nos veíamos, papá era muy amigo de la pareja.

    Ya en la mesa papá empezó a contarnos que el había ayudado para que Míriam y su esposo comprarán la casa de al lado, también supe que Esteban es escritor y trabaja desde casa y que se habían mudado hace un mes.

    -Si Esteban trabaja mucho en su nuevo libro, no sale del estudio, él es un hombre muy juicioso. Dijo Miriam

    -A propósito cuántos años tienen ustedes -le pregunté yo a Miriam.

    – Yo tengo 27 y Miriam tiene 25.

    -Ellos están casados hace tres años, se podría decir que están en plena luna de miel. Continuo papá diciendo.

    Al sentarnos en la mesa me tocó al lado de Esteban y quizás la cena transcurría con normalidad hasta que vi su verga afuera se estaba masturbando ahí en la mesa y yo no pude evitarlo y mandé la mano y lo tome, se sentía grande y gruesa, venosa y si me preguntan se veía exquisita, estuvimos así por un largo momento hasta que se vino en mi mano, acto seguido me saboreé mis dedos con disimuló y me disculpé recogí mi plato y me fui a mi habitación, con la excusa de que tenía mucha tarea.

    Esa noche al igual que todas nos masturbamos a la distancia.

    Al día siguiente papá, me anunciaba que él y varias personas de la oficina se irían a un viaje de negocios y que el era el jefe de proyecto, me ofreció ir a casa de mamá para pasar con ella esos cuatro días, ya que los gemelos tenían planes con sus novias.

    – Papá por mi no te preocupes yo me quedo aquí en casa, además tengo que entregar varios trabajos de la prepa.

    – Ok, hija ya sabes si necesitas algo me llamas, en tu cuenta te puse dinero y hay comida de sobra y si algo llamas a tus hermanos van a estar a una hora de aquí en casa de las chicas. Estamos.

    – Si ya entendí, papito. Portarte bien y espero que el proyecto sea un éxito.

    Todo marchaba bien esa noche tenía la seción de todas las noches así que me duche y salí en bata para empezar la función de siempre. Pero me interrumpió el toque de la puerta. Al salir abrir la puerta no había nadie y pensé que me estaban haciendo una broma, pero en realidad, no eran esa puerta la que tocaban si no la de la parte trasera, la que da a la cocina.

    Al abrirla Esteban me beso como nunca antes alguien me hubiera besado, al terminar el beso me susurro al oído, te voy a romper esa vagina hoy pequeña zorra. Yo no supe quedé decir, no niego que me descolocó el pequeña zorra no me esperaba es adjetivo, pero con solo ver esa cara de lujuria de Esteban me calenté así que no le di importancia y solo pude articular un SI.

    Me quito la bata de un solo movimiento y sin esperarlo me subió a la encimera de la cocina.

    – abre la piernas pequeña zorra, está noche te voy romper tu vagina y tú culo, serán todos míos hoy.

    Yo abrí las piernas muy obediente, tenía ansias y solo le pude decir, que nunca había estado con Nadie, a lo que el respondió, lo siento pero no seré delicado.

    Me empezó a lamer la vagina de arriba abajo, lamiendo de apoco mis labios menores y a su vez el clítoris, se sentía tan rico que solo eso salía de mi boca. Rico… si… que ricooo… rico… rico

    Cuando yo llegue al clímax y me vine en su boca el lamió y limpio todo muy bien.

    – Ahora te toca a ti pequeña zorra. Chúpame la verga.

    Así lo hice aún con mis piernas temblorosas me baje de la encimera y me arrodille frente a él.

    Cuando baje su pantalón junto a su bóxer, salió esa verga disparada apuntando a mi cara, me resultó más grande de lo que la recordaba y aunque al principio no podía meterla casi nada a mi boca la excitación y la saliva fueron ayudando.

    La empecé a chupar y a lamer como si del mejor helado se tratará y siento que lo hacía bien por qué Esteban me pedía que no parará de chupársela.

    En un momento Esteban me tomo de los hombre me puso de pie y me besó y me dijo ordenó colocarme de nuevo en la encimera.

    Me abrió de piernas, escupió en mi vagina y en su verga y me penetró, si reparó fue tan doloroso que solo pude gritar pero, Esteban ahogó mis gritos con apasionados besos, después de un rato yo ya no sentía dolor, lo que sentía era un placer inmenso.

    Tanto que le pedía me diera más y más. Esteban me llevo a la sala y me puso frente al espejo de la misma para que yo me pudiera ver, pues el decía que tenía la cara de la puta más satisfecha que el hubiera visto y la verdad era muy cierto, esa posición en la que el me tenía incrustada mi espalda daba contra si pecho y yo quedaba totalmente abierta ante el espejo y solo observaba como su gran verga, me abría la vagina al entrar y salir, Esteban me susurraba» así te la quería meter pequeña zorra, no sabes las noches que deseé romperte está rica y apretada vagina y el saber que soy el primero me llena más de regocijo» me acomodo en muchas posiciones diferentes y me embistió de manera salvaje y sin contemplación, no supe cuántas veces me vine, solo sabía que ese hombre me estaba llevando a la locura, salí de mis pensamientos cunado Esteban que era hora de romperme el culo.

    Y salió para la cocina, trajo sus pantalones y de el saco un frasco que decía “Lubricante y Dilatador”. Yo aún estaba procesando, sabía que me dolería, pero también intuía que me gustaría, pues varias compañeras me decían que ellas amaban el sexo anal. Así que deseaba vivir esa experiencia. Esteban me puso en cuatro y bajo hasta mi ano y empezó a lubricarlo con su lengua, eso se sentía delicioso, después de un tiempo de lamer mi vagina y mi ano, se lo aplicó el lubricante en su mano y empezó a meterme primero un dedo, luego dos, después tres.

    Eso dedos entraban y salían de mi ano con mucha facilidad y aunque al comiendo fue incómodo, el continuo haciendo bien su labor pues sabía que si verga me partiría aún más si no me preparaba bien. Cuando sintió que estaba lista ubicó su gran glande en mi entrada y fue haciendo presión en mi ano y de una fuerte embestida me dejó ir esa gran verga hasta el fondo. Mis lágrimas salieron y el simplemente me decía. Tranquila mi pequeña puta, vas a ver después de que te acostumbres me vas a pedir que te la meta siempre por tu rico culo, después de estar un rato sin moverse, empezó con un Vaivén y lo que era dolor se convirtió en placer yo estaba experimentando algo sublime, por el espejo veía como esa gran verga entraba y salía, se veía fabuloso ver cómo mi culo se la tragaba.

    Estuvimos teniendo sexo duro por varias horas. Después de esa sesión de sexo Esteban se fue de mi casa y yo quedé con la vagina y el culo reventados pero feliz.

    Espero les haya gustado mi historia, me encantaría leer sus comentarios.

  • Cogida en el autobús (2): un trío inesperado con 2 machos

    Cogida en el autobús (2): un trío inesperado con 2 machos

    Enlace a la primer parte del relato al final.

    Cómo les había relatado, Diego me había cogido en el autobús rumbo a la ciudad de Puebla para asistir a la convención de la empresa de cosméticos en la que me había afiliado.

    Después de registrarme en la convención y saludar a Diego con un beso en la mejilla, dónde me susurró que en la noche me daría la mejor cogida de mi vida, estuve curioseando un rato, observando los múltiples stands que se habían instalado con los nuevos productos y platicando con otras afiliadas, intentaba parecer normal, pero la verdad estaba tremendamente excitada, llegó la hora de la primer conferencia y me dirigí al auditorio a tomar mi lugar, las conferencias iniciaron, en resumen fue sobre la historia de la empresa, videos motivacionales, asociados narrando en video sus historias de éxito y lo que me había platicado Diego sobre formar mi red de afiliados para ganar una comisión de sus ventas y así aumentar mis ingresos, sin embargo, no ponía mucha atención, seguía con mi calentura al máximo, imaginaba como me cogería Diego, estaba ansiosa por disfrutar de su enorme verga, aquella que tanto placer me había dado y que no pude disfrutar como hubiera querido por encontrarme en un autobús lleno de gente.

    Nos dan un receso de dos horas para comer y descansar, la comida es cortesía de la empresa, mientras nos sirven la comida busco con la vista a Diego, no lo encuentro, me siento un poco decepcionada, mil cosas pasan por mi mente, incluso que tal vez se hubiera arrepentido, estuve a punto de llamarle, pero me contuve, no quería parecer desesperada o que pensara que lo acosaba, preferí esperar que fuera él quien me llamara.

    Terminando la comida todavía queda alrededor de una hora libre, subo a mi habitación a darme un baño, a fin de calmar mi calentura y cambiarme de ropa ya que mi ropa íntima estaba completamente empapada, me vestí en forma provocativa, un conjuntito de medias negras, tanga y sostén de color negro y un vestido corto de Lycra rojo muy sexy y sensual, se me pegaba como guante al cuerpo, mis pezones se marcaban sobre la tela y hasta mi minúscula tanga no pasaba desapercibida, zapatos de tacón alto, quería verme sexy y sensual.

    Regresé al auditorio para la última conferencia del día, después que terminó sube al escenario un hombre maduro, como de 50 años, con canas en las sienes, pero con buen cuerpo y un porte elegante, se presenta como un Gerente Regional de la empresa, seguido de mi Diego y una hermosa chica, muy joven, más joven que Diego, la vi tomarle de la mano y susurrarle algo al oído, Diego sonrió, al instante sentí que me hervía la sangre, seguro había algo entre ellos, sentí celos, ella era seguramente el motivo por el cual no lo había visto en casi todo el día, llegaron a mi mente imágenes de Diego y esa linda chica cogiendo, me sentía furiosa. El hombre maduro empieza a hablar y me saca de mis pensamientos, nos da las gracias por asistir a la convención, por nuestro esfuerzo, que somos una familia y bla, bla, bla, pero al terminar nos dice que nos tiene preparada una sorpresa, en ese momento sacan dos tómbolas, una la colocan al lado de Diego y otra al lado de la chica, es un sorteo con premios para las asistentes, la chica saca de la tómbola los premios y Diego saca de la tómbola el nombre de los ganadores, los premios son dotaciones de productos de belleza, electrodomésticos y estancias en hoteles de lujo todo incluido para dos personas por 5 días y 4 noches. Casi al finalizar escucho que Diego grita mi nombre, me he sacado una estancia en un hotel de lujo de Cancún, grito de la emoción, me dirigí al escenario, herida en mi amor propio, saqué pecho y me contoneé al caminar, moviendo suavemente mis caderas y sacando mi culito respingón, quería causar sensación y opacar a la hermosa chica, vaya que lo logré, todo el auditorio se puso en silencio, los pocos hombres que había se quedaron boquiabiertos, incluyendo al Gerente Regional, sonreí al ver la cara que puso Diego y por revancha, miré en forma coqueta a su jefe. Cuando recogí mi premio todo el auditorio me dio un estruendoso aplauso y me retiré caminando lentamente sin perder mi porte de diva.

    Terminó el sorteo, estaba contentísima, mis celos se esfumaron, me dirigía a mi habitación cuando me llegó un mensaje de Diego que decía:

    – ¿Te gustó tu regalo?, me dejaste maravillado, estabas despampanante, dejaste a todos anonadados, ven te espero en el bar del hotel.

    Le contesté:

    – ¿Te refieres al hotel de Cancún?, Si mucho, ¿no me digas que tuviste algo que ver?

    – Ja, ja, la verdad tuve que hacer una pequeña trampita, pero me alegro mucho que te haya encantado.

    Pensé que si se había tomado la molestia de arriesgarse a realizar esa trampita para darme gusto, le seguía interesando, tal vez todo habían sido ideas mías y contenta me dirigí al bar del hotel.

    Al llegar al bar no estaba sólo, su jefe estaba ahí, el señor maduro que dirigió el sorteo, el cual no perdió detalle de mi figura y me recorrió de pies a cabeza, de una forma un tanto lujuriosa, Diego me lo presentó.

    – Mi jefe, el señor Don Javier, Gerente Regional de la empresa.

    – Quítale el Don, me hace sentir viejo, simplemente Javier, hermosa, y es un gusto conocer a la asociada más bella, nos dejaste impactados con tu presencia – intervino.

    – Gracias y mucho gusto en conocerlo, Javier- lo saludé con un beso en la mejilla…

    Las mesas del bar eran tipo cafetería, en pequeñas cabinitas con asiento fijo pegado a la pared, nos sentamos, yo al lado de Diego, trajeron algunas bebidas y Diego empieza a hablar:

    – Sabes, ya te había comentado que puedes ganar muchísimo creando tu red de asociados y queremos ayudarte

    – No entiendo, ¿Cómo?- le expresé

    – En ocasiones, se inscriben personas por cuenta propia, sin ser referenciados por otro asociado, podríamos apoyarte para que formen parte de tu red de asociados.

    – ¿No es eso ilegal?, Me parece que te podrías meter en problemas – respondí.

    – Ningún problema, Don Javier está de acuerdo y queremos ayudarte-agregó Diego

    – No te preocupes, al contrario, a mi me beneficia que tengamos redes lo más grande posibles, es la filosofía de la empresa – intervino Javier.

    – Está bien, entonces, supongo.- respondí, no totalmente convencida.

    Brindamos, Javier me miraba fijamente, notaba deseo en su mirada, me le quedé viendo también, a pesar de su edad, era tremendamente atractivo, irradiaba virilidad, muy seguro de sí mismo, su ropa era fina, se notaba que era un hombre de mundo, seguimos brindando, siento la mano de Diego posarse en mi pierna, me acariciaba suavemente, sus caricias fueron subiendo, llegó hasta mi falda y su mano acarició la parte interna de mi muslo, siguió avanzando, sus dedos se metieron bajo mi falda hasta rozar mi tanga, intenté cerrar las piernas, ya que estaba presente Javier, siguió insistiendo e hizo a un lado la telita de mi tanguita, encontró mi coñito empapado y uno de sus dedos masajeó suavemente mi clítoris, no pude evitar dar un suspiro y para disimular di un sorbo a mI bebida, justo en ese instante suena mi celular, era mi esposo, fue mi salvación, le digo a ambos que me permitieran contestar, Diego saca su mano y se levanta para permitirme salir.

    Estuve platicando con mi esposo por unos 20 minutos, me preguntaba cómo estaba y le dije que fenomenal, le conté que me había sacado de premio la estancia en un hotel de Cancún, se puso muy contento y me felicitó.

    Al terminar mi llamada ya me estaba esperando Diego en la puerta del bar, Javier ya se había marchado.

    – Te esperaba, vamos a mi habitación amor.

    Rápidamente tomamos el elevador, en el trayecto me apoyaba su verga en mi culo y yo me repegaba más, provocándolo, llegamos a su habitación, entré y me quedé de piedra, frente a mí se encontraba Javier, sentado en la cama, en ropa interior y con un vaso de licor en la mano, Diego cerró la puerta y tomándome de la cintura y frotando su verga en mi culo me dice:

    – Te dije que hoy tendrías la mejor culeada de toda tu vida, la recordarás por siempre.

    Me sentí turbada, tal vez un poco tonta, los dos machos habían armado todo y querían cogerme entre ambos.

    Javier se levanta y camina hacia mí, sonriendo y sin decir palabra me besa, primero en la mejilla y luego en los labios, Diego mientras tanto me lamía el cuello y la espalda mientras me iba desnudando, sin dejar de besar y lamer mi cuerpo se desnudaron.

    Me llevan a la cama y Javier se tiende en ella, su verga era ligeramente menos gruesa que la de Diego y tampoco tan larga, pero no dejaba de ser una buena tranca, me puse en cuatro patas con mi culito en pompa y abrí mi boca para mamar su verga, levanté mi mirada para verlo a los ojos y saboreé la cabeza, tenía un sabor dulzón, una verga muy limpia, me gustó saborearla, desprendía un olor varonil y me excitó, saqué la lengua y poco a poco me la fui tragando, notaba como ese trozo de carne se deslizaba por mi boca, caliente y tersa, me la metí todo lo que pude, lo escuché gemir y puso una mueca de placer, después empecé a subir y bajar mi cabeza, entrando y saliendo repetidamente su verga de mi boca, salivaba en demasía y mi saliva escurría por el tronco de su verga.

    – Aghhh, nena, vaya que te gusta mamar.

    Diego me toma de la cintura y hunde su cara entre mis nalgas, su lengua recorrió toda mi rajita desde mi culito a mi clítoris, las sensaciones eran únicas, cada que su lengua recorría mi raja me hacía ver estrellas y arqueé mi cintura para entregarle todo mi culo, me acariciaba las nalgas, las apretaba, gemidos ahogados salían de mi boca sin dejar de mamar la verga de Javier, me dio una fuerte nalgada que me excitó y me sacó un gemido.

    – Vaya nena, te gustan las nalgadas- dijo Diego.

    Sentí otra nalgada y luego otra, mis pobres nalgas se pusieron rojas, las volvió a acariciar y las sentía ahora más sensibles, besó mis nalgas y las recorrió con su lengua, nuevamente las abrió y su lengua recorrió la raja entre ellas, cuando su lengua se posó en mi esfínter, sentí una descarga eléctrica y se me aflojaron las piernas, entonces sentí que se incorporó y me tomó de las caderas, su mano hizo presión en mi espalda para levantar más mi culo, sabía que había llegado la hora de que me empalara y abrí más las piernas, pronto sentí la caliente, gruesa y tersa cabeza recorriendo mi rajita, la restregaba una y otra vez por mis labios vaginales, lubricando su verga con mis propios jugos, buscó mi entrada y cuando la ubicó empezó a abrirse paso lentamente hasta lo más profundo de mi vagina, sentía la punta de la cabeza empujar en lo más profundo, completamente llena, y al mismo tiempo un placer tan pleno, mis gemidos se ahogaban al tener la verga de Javier en mi garganta, quien me tenía agarrada firmemente de la cabeza para que siguiera mamando, ahora tenía el miembro de dos machos dentro de mi cuerpo, ensartada por mi coño y mi boca, en mi imaginación me llegó la imagen de un pejelagarto, un pez oriundo del sureste que es atravesado por una estaca de la cola a la boca y se asa a las brasas, empezaron las embestidas, se sincronizaban a la perfección, Diego me embestía con fuerza, clavándome su verga hasta que sus huevos rebotaban en mis nalgas, balanceándome hacía adelante y haciéndome atragantar con la verga de Javier, quien posteriormente me embestía por la boca y me hacía ensartarme la verga de Diego, olas de placer recorrían mi cuerpo, mis tetas se balanceaban hacia adelante y hacia atrás.

    De pronto, siento que Diego abre más mis nalgas y deja caer un escupitajo justo en la entrada de mi anillito de carne, su dedo pulgar masajea la entrada y empuja, siento como mi culo se abre y su dedo se cuela dentro, la estimulación fue máxima, todo mi cuerpo se estremece, sentía como mi ojete se relajaba y contraía apretando su dedo, mi coñito hacía lo propio con su verga, empecé a correrme, dejé de mamar la verga de Javier y me puse a gritar como loca.

    – Aggg, siii, siii, me vengooo, que ricooo.

    Fue un orgasmo larguísimo, Diego seguía clavándome su verga sin cesar y su dedo seguía ensanchando mi culo, mientras que Javier restregaba su verga contra mi cara, cuando terminé de correrme, Javier pidió cambiar de posición;

    – Es mi turno, me muero ensartar a esta rica nena, se nota que es una putita deliciosa.-

    Diego me saca la verga y saca de un cajón un tubito de lubricante que le entrega a Javier, quien agradece el gesto al momento que le dice

    – Ya le dejé el culito abierto, jefe, no necesitará dilatarlo.

    Esas palabras me confirmaron que no era la primera vez que se cogían a una mujer entre ambos, sabía Diego que Javier me iba a encular y me había preparado.

    Diego se recuesta enfrente de mí, restregándome la verga por mi cara y dándome azotes en mi mejilla, llamando mi atención, puse mis labios alrededor de la brillante y rojiza cabeza y tomándome del pelo fue avanzando hacia adelante, al tiempo que me decía:

    – Mmmm, así mami, sigue, mámame toda la verga.

    Cada vez tragaba y tragaba más verga, igual que con Javier me le quedé viendo mientras lo hacía, sé que les da mucho morbo a los hombres ver cómo va desapareciendo su verga en el interior de mi boquita, me encantaba su sabor, sabía a verga de macho, pero también a mí coño, entretanto ya Javier se había puesto detrás de mí y sentí un líquido resbalar justo en medio de mis nalgas, me embadurnó mi ano por fuera, recorriendo con sus dedos mis arrugados pliegues en forma circular, presionó mi anillo de carne y sin ningún esfuerzo se coló dentro de mi anito, me lo refregaba por dentro moviéndolo en forma circular, metió otro dedo y me hizo estremecer, los abrió dentro en forma de tijera, abriendo mi colita y otro chorrito de lubricante se coló dentro de mi hoyito, tal vez, no necesitaba tanta preparación, pero me dejé hacer, por último se embadurnó la verga y posicionó la cabeza de su verga justo en mi hoyito, presionó un poco y toda la cabeza se coló dentro, venciendo la resistencia de mi esfínter con facilidad.

    – Ya está nena, tienes toda la cabeza dentro, que bien se siente, ufff, tu culito es tan suave y caliente, aggh que rico se siente.

    Me tomó de la cintura y despacio pero sin detenerse me fue empalando, sentí centímetro a centímetro como me iba entrando, hasta que sentí sus huevos apoyados a mis nalgas,

    – Ayyy, mami, ya la tienes toda dentro, ¿La sientes?

    Se recostó sobre mi espalda y me apretaba los pechos y pellizcaba mis pezones, sin dejar de empalarme y decirme cosas sucias al oído, me encantaba su forma tan apasionada de coger, parecía un pulpo, acariciando todo mi cuerpo, notaba su verga, me la hacía sentir en lo más profundo, empujando su cadera y golpear con su pelvis mis nalgas, gemía sin parar, la sacaba hasta quedar solamente la cabeza dentro y me la volvía a enterrar, en cada embestida sacaba una bocanada de aire, que escapaba por las comisuras de mis labios, al tener la boca llena de carne de macho, sentía el culo completamente abierto, cada vez Javier me empalaba con mayor fuerza y vigor, a Diego le seguía mamando su verga, sin dejar de acariciar sus pesados huevos con mi mano, me encantaba sentir la suave telita que cubría sus testículos.

    – Espera princesa, ahhh, me vas a hacer correr y no quiero, quiero preñarte, correrme en tu dulce coño.- dijo Diego y me sacó la verga de la boca, Javier hizo lo mismo y me sacó la verga del culo.

    Diego, se acuesta en la cama con la verga parada, mirando al cielo, y me pidió subirme sobre él y montarlo, así lo hice, me puse en cuclillas sobre él y acomodó su verga en la entrada de mi coño, me tomó de las caderas y me fue haciendo bajar, enterrándome poco a poco su verga, primero entró la cabeza y me siguió empalando hasta que mis nalgas reposaron en su pelvis, apoyé mis manos en su pecho y moviendo mis caderas comencé a moverme en forma circular y a cabalgarlo, metiendo y sacando su verga en mí, veía su cara de satisfacción, de lujuria, entonces estiró sus brazos y tomándome de los hombros me hizo bajar para darme un tremendo beso, sus fuertes brazos rodearon mi espalda y me apretaron contra él, me acomoda jalando mis caderas de tal forma que quedo recostada sobre su cuerpo con mi culito levantado, mi vientre contra el suyo, mis pechos sobre su pecho, en ese instante, siento que Javier abre mis nalgas y coloca la punta de su verga en la entrada de mi culo.

    Mi cuerpo se retorció, y un gemido sale de mi boca, me iban a empalar entre dos, pedí un poco de misericordia:

    – Espera, despacio, por favor, no me lastimen

    – No, tranquila, sólo relájate y disfruta- dijo Javier.

    Javier abrió más mis nalgas, y la punta de su verga empezó a presionar, la verga en mi coño provocaba que mi orificio fuera más estrecho, se recostó sobre mi cuerpo y me dijo al oído:

    – Relájate.

    Sentí como mis carnes se abrían y entraba la gruesa cabeza en mi interior, un calor tremendo me envolvió, siguió empujando lentamente, pero sin detenerse, ambas vergas se rozaban entre sí separadas por un delgado pliegue, una sensación indescriptible de placer recorrió mi cuerpo, no fui la única que lo sintió porque Diego expresó:

    – Jefe, siento como entra su verga a través de la nena, aghhh, que chingón se siente.

    – Ahhh, si, que rico, que apretado se siente, no creo poder aguantar mucho, me avisas cuando te vayas a correr, quiero que llenemos de leche a la nena al mismo tiempo.

    – Agggh, creo que nos vamos a correr los tres, ahhh, que rico siento, sigan me encantaaa- repliqué

    Se movían acompasadamente, entre en éxtasis, los tres gemíamos sin control, el sudor bañaba nuestros cuerpos, hasta que Diego anunció su corrida:

    – Ahhh, ya me voy a correr.

    – Aguanta un poco- expresó Javier.

    Me tomó de la cintura y aceleró sus embestidas, me daba con todo, sentía como me clavaba su verga hasta el fondo una y otra vez a un ritmo endemoniado, ya no pude aguantar más, todo mi cuerpo empezó a convulsionar, oleadas de placer recorrían mi columna, mi vista se nubló y me empecé a correr entre gemidos y soltando bocanadas de aire.

    – Ahí te va mi leche, aggh- gruñó Javier.

    Me dio una última embestida, hasta lo más profundo y sentí que su verga se hinchaba para lanzar su primer chorro de semen, en ese momento Diego dejó de aguantarse y tomándome de las caderas me la dejó ir hasta el fondo de mi coño para inyectarme su néctar.

    Entre espasmos pude sentir cada uno de los chorros de leche que me iban inyectando, inundando mis dos agujeros con su esencia, quedamos recostados los tres, sudorosos, mis espasmos no paraban, seguía convulsionando como nunca antes en mi vida, poco a poco los espasmos fueron disminuyendo de intensidad, sus vergas perdían rigidez y fueron saliendo de mis agujeros, Javier se enderezó y se tumbó a un lado de la cama, hice lo propio y quedé recostada entre ambos machos, recuperando el aliento, me empezaron a llenar de elogios, les dije que me habían hecho gozar como nunca y recosté mi cabeza sobre el pecho de Diego, Javier se puso de lado también y su verga flácida quedó recostada sobre mi culo, así nos fuimos quedando dormidos.

    Desperté casi al amanecer, Javier se había ido, pensé en irme a mi habitación, pero me sentía sucia, el cuerpo pegajoso, semen seco en mis nalgas y piernas, así que me metí a bañar en la habitación de Diego, en lo que me bañaba entró Diego y me dijo que tenía ganas de orinar, si no me molestaba que entrara, después de lo ocurrido, sería ridículo que no lo dejara pasar, y lo dejé entrar, de reojo vi su verga, aún flácida era de un tamaño considerable, escuché el potente chorro de orina, me puse shampoo en el pelo y cerré los ojos para enjuagarme, en eso siento una mano que me abraza de la cintura, Diego había terminado de orinar y se metió conmigo a la ducha, me aprieta y siento su verga en medio de mis nalgas, el agua resbalaba por nuestros cuerpos, tomó el jabón y me enjabona la espalda, su verga crecía y se ponía cada vez más dura, fue bajando hasta enjabonar mis nalgas, me hace inclinar sobre la pared, no puse resistencia, metía sus dedos enjabonados entre mis nalgas, la yema de uno de sus dedos encontró mi anito, lo masajeó muy suavemente, una caricia que me hizo ver las estrellas y empinar más el culo, al ver mi reacción me aprieta entre sus brazos y me susurra al oído:

    – ¿Sabes que?, Todavía no he probado tu suculento culito.

    Al instante siento la punta de su verga posarse en mi esfínter, me ardía un poco por el uso que le había dado Javier, pero no me importó, abrí más las piernas e intenté relajarme, empezó a empujar y sentí como poco a poco su verga se abría paso en mi interior, sin soltarme de la cintura y sin parar hasta que la tuve toda dentro, sentía su pelambre acariciando mis nalgas, así me empezó a coger, me la metía y sacaba despacio en forma acompasada, me cogió sin prisas, disfrutando mi culo como unos 20 minutos, mientras me susurraba mil obscenidades en mi oído, me encantaba la forma en que me cogía, por momentos aceleraba sus movimientos y después los volvía a ralentizar, sentí que me desmayaba de placer, su mano bajó a mi coño y acariciaba mi clítoris sin dejar de cogerme, llegó un momento en que las embestidas eran rápidas y profundas y ya no desaceleró, espasmos recorrían mi cuerpo, metió dos dedos dentro de mi coño al tiempo que me daba un último empujón y empezaba a descargar sus chorros de leche en mi culo, la sensación de su verga y sus dedos hizo que también me corriera entre aullidos de placer.

    Cuando terminó de correrse en mi culo me volteó, volvió a abrazarme y me dio un cachondo beso, estaba alucinada, nos metimos nuevamente a la regadera y nos enjabonamos mutuamente, me secó como si fuera una bebé, muy delicadamente y salimos del baño, observé que Diego tenía una bata de baño y me la puse, recogí mi ropa y mi bolso y salí en bata a mi cuarto, que estaba al lado, no sin quedar de vernos en media hora para desayunar.

    Bajamos a desayunar y mientras lo hacíamos se apareció Javier, desayunamos juntos, contando algunos chistes y anécdotas, al terminar el desayuno, Javier se llevó a Diego para que le ayudara, faltaba todavía una hora para que empezara el segundo y último día de la convención, así que subí a descansar un poco y hablar por teléfono con mi marido y mis padres.

    Bajé al Auditorio con la esperanza de ver a mis amantes, pero ya no los ví, ese segundo día solamente presentaron nuevos productos y posteriormente una obra teatral, que no tenía nada que ver con el tema, pero muy divertida, al terminar subió nuevamente Javier para dar el discurso final y terminó la convención, terminó temprano, había que desocupar la habitación y posteriormente una comida de despedida, también a cargo de la empresa, ya no ví a ninguno de los dos, descansé un rato en lo que se daba la hora de salir a la central de autobuses, mi boleto de regreso era al atardecer, tenía que llegar muy temprano para llevar a mi hijo a la escuela.

    A los pocos días de regresar recibí un mensaje de Diego pidiendo mi número de cuenta, había olvidado su propuesta, cumplió su palabra, cada mes que pasa aumenta mi red de afiliados y por lo tanto mis ganancias, al principio no fue mucho, pero mes con mes va aumentando, ya casi llega al nivel de mis ventas.

    Mi esposo contento al verme tan feliz y asombrado por como crecen mis comisiones, no se cansa de halagar mi talento como vendedora, si supiera cuál fue mi talento para lograrlo.

    De vez en vez recibo algún mensaje de Diego, quedamos de vernos en algún lado, y me da su rica y caliente “comisión” , a Javier no lo he vuelto a ver, pero espero con ansias asistir a la próxima convención que será dentro de muy pronto.

    Cualquier comentario, les dejo mi correo, [email protected].

    Primera parte del relato:

    “Cogida en el autobús por un desconocido”.

  • Una mentira piadosa

    Una mentira piadosa

    No podía creerlo, como había llegado a esta situación? Estaba a punto de realizar un trío con dos completos desconocidos. Todo por mi obsceno deseo de ser penetrada por dos penes. De querer experimentar como es sentir que todas mis cavidades sean llenadas por los miembros de dos varones.

    Hace un par de semanas había conocido a unos chicos en una app de citas, Marco y Joel. Al principio las charlas eran amenas y solo tratábamos temas triviales sobre nuestras vidas, pero poco a poco las conversaciones con ambos subirían de tono hasta el punto de enviarnos nudes.

    Tengo que confesar que una de mis fantasías más ocultas era hacer un trío con dos hombres. Ya había hecho uno con un hombre y una mujer, cosa que había sido de lo más sencillo puesto que en la aplicación se podía encontrar a un montón de parejas buscando a otra fémina. Lo realmente complicado era encontrar a dos chicos bisexuales dispuestos a un trío o que una pareja buscara como tercer acompañante a un chico. Nunca había visto este tipo de perfil en la app. Yo no tenía pareja, y dudo que en caso de tener pudiera convencerlo de meter a otro macho en su guarida. Así que pensé que no me quedaba otra opción más que mentir, y está sería la oportunidad perfecta.

    Primero me folle a cada uno por separado. La polla de Marco no parecía gran cosa al principio, hasta que después de unos cuantos besos y tocamientos, lleve la grata sorpresa de ver lo grande que era cuando esta se mantenía erecta. Por otro lado, la de Joel tenía una medida promedio, pero era bastante gruesa. Tan gruesa, que incluso me causo algo de daño al principio. Aunque luego esto se logró mejorar…

    Las sensaciones habían sido placenteras en general y por las conversaciones que manteníamos parecían chicos bastante abiertos de mente, con ganas de experimentar nuevas alternativas en el sexo. Así que, era el momento idóneo para llevar a cabo mi plan.

    Conseguí citarlos a ambos con unos minutos de diferencia en una habitación de un hotel de la zona. Tenía miedo de que llegaran a coincidir si les hubiera dicho la misma hora, por lo que me las tuve que ingeniar. Ellos solo tendrían que recoger una de las llaves en el mostrador de la entrada, mientras yo los esperaría dentro con mi lencería preparada y encima de la cama de aquel dormitorio.

    Escuché el sonido del cerrojo, lo que significaba que mi primer invitado ya estaba aquí. Marco entró y se abalanzó sobre mí nada más entrar.

    -Tendrás que esperar un poco más. Esta noche tengo una sorpresa para ti… -señalé yo.

    -Espero que sea agradable -comento él con una sonrisa picarona.

    Unos minutos después se volvía a escuchar la cerradura de la puerta. Joel se adentró en la estancia y con una cara completamente de asombro, se quedó observándonos fijamente tanto a Marco como a mí.

    -Que está pasando aquí? -Dijo Joel, con un tono entre enfadado y asustado.

    -Eso mismo me pregunto yo. -Contestó Marco.

    Estaba claro que esta no era la mejor manera de proponerle un trío a alguien, pero no tenía otra opción. Intenté explicarles de la mejor forma posible cual era la fantasía que ansiaba por cumplir. Total daño no le estaba haciendo a nadie, puesto que ninguno de los dos quería nada serio y tenían libertad absoluta para irse si así lo prefiriesen.

    Mientras hablaba, comencé a caminar alrededor de ellos. Ninguno de los dos me detuvo, por lo que entendí que ambos estaban de acuerdo con lo que estaba proponiendo. Desabroche la camisa de Joel y lo comencé a besar apasionadamente, acariciando su abdomen hasta llegar a su paquete me giré para centrarme ahora en Marco. Lo empecé a desnudar lentamente, a la vez que mi lengua recorría su torso. Bajando, me acerqué a su bragueta y una vez que su pene estaba totalmente al descubierto acerqué mi lengua a sus testículos. Él se estremecía mientras yo lamía sus huevos y con mucho cuidado chupe uno de ellos. Sabía que esa era una zona muy sensible y no quería hacerle daño, por lo que se los trate con cariño.

    Al rato comencé a subir hacia la cabeza dando pequeños besos, cuando llegué a la cima recorrí la punta dando vueltas con mi lengua y la comencé a succionar con mi boca. Poco a poco iba abarcando más terreno succionando, hasta que casi pude cubrir completamente su pene con mi boca. El resto lo estimulaba con mis manos, ya que aún me faltaba práctica y no era capaz de meter todo su miembro en mi boca sin provocar una arcada. Joel, por su parte, se cansó de ser espectador y se abalanzó sobre mí trasero. Sin molestarse tan siquiera en sacar mi ropa interior, deslizó a un lado mi braguita y rozó su pene entre mis labios logrando estimular mi clítoris.

    Tras empezar su participación, me resultó mucho más complicado felar el miembro del otro chico. Al principio sus envestidas eran lentas, pero a medida que se acercaba al orgasmo sus penetraciones eran más bruscas y yo era incapaz de mantener el ritmo. Así que, Marco agarró mi cabello para guiar mi cabeza mientras él también se aproximaba al clímax. Joel se corrió primero dentro de mi vagina, haciendo que me distrajera notando los azotes de su semen dentro de mi y no lograra apartarme cuando Marco llegó a culminar. Su semen recorría completamente mi boca, era abundante y espeso. No lo pensé demasiado y me lo tragué, él me observaba y no logré ver ningún signo de desagrado en su rostro. Al contrario, parecía que se había excitado de nuevo.

    Tras un breve descanso, cambiamos posiciones. Esta vez, yo fui la que logré correrme primero. Un estridente gemido ahogo los jadeos de la habitación y no tuve más remedio que detenerme por unos segundos, para poder disfrutar el orgasmo vaginal que Marco me habría proporcionado.

    -Crees que puedes seguir? -me preguntó Joel.

    -Sí, solo dame unos minutos -respondí.

    Marco sujetó mi cuerpo, acariciándome y besándome al mismo tiempo. Al rato que lograba recuperarme, me acosté en la postura de misionero sobre un cojín para estar cómoda y a la vez más accesible, y poder masturbar a Joel que estaba tumbado a mi lado (ya que me resultaba muy doloroso hacer dos mamadas una misma noche). Sus rudos gemidos eran cada vez más fuertes y yo también estaba cerca de llegar al que sería mi segundo orgasmo. No sé si fue por la excitación del momento, que solo logré gritar lo primero que se me había pasado a la mente:

    -Joel, por favor, córrete en mi pecho.

    Él se alzó y rápidamente note un líquido caliente sobre mi piel. Mi fetiche por los fluidos me obligó a recoger un poco con mi dedo y llevármelo a la boca. Era más dulce que el semen de Marco. Ojala él se hubiera corrido en mi boca, pensé…

    Aún quedaba por cumplir mi última fantasía, por la cual inicié todo esto, probar «la doble penetración». Intentamos encontrar la mejor postura. Marco me abrazó por la espalda, mientras Joel me sujetaba por delante. No voy a mentir, en ese momento estaba totalmente aterrada, pero Joel logró tranquilizarme con sus palabras.

    -Si en algún momento te sientes incómoda, te hacemos daño o simplemente te agobias, grita la palabra «rojo» y no dudaré en parar -aclaró Joel. 

    Yo simplemente lo miré a los ojos y sonreí aliviada.

    -Se que es la palabra más común, pero es la más útil- contestó devolviéndome la sonrisa.

    -En mi también puedes confiar, no te preocupes -dijo Marco, besando mi cuello.

    Marco empezó penetrándome por detrás, y aún con lubricante resultó algo doloroso para mí. En el momento que Joel me introduzco su pene, un quejido emanó de mi boca y mis uñas se clavaron en su cuerpo. No lo pude evitar, pero no grité la palabra de seguridad, no quería que se detuvieran. Ellos siguieron y poco a poco podía sentir el placer que se generaba al sentir la presión de los penes en la parte posterior de la pared de mi vagina. El dolor y el gozo se unían, y no era para nada desagradable. La fricción, el frotamiento de sus dos miembros producían una nueva y satisfactoria sensación dentro de mí, que jamás había experimentado antes. Esta cada vez se hacía más y más intensa, coronando en una gran convulsión que hizo estremecer todo mi cuerpo a la vez que las lágrimas brotaron de mis ojos. Mi espalda se arqueó, sintiendo ese inmenso placer durante varios segundos para que después mi cuerpo desfalleciera abruptamente en los brazos de esos dos chicos.

    Los tres acabamos realmente agotados, y no era para menos, estaba claro que hacer un trio con dos chicos era mucho más duro que hacerlo con una chica y un chico. Hubiera sido mucho más fácil si hubieran interactuado entre ellos. Igual eso se podría convertir en una nueva fantasía para mí, disfrutar observando a dos hombres teniendo relaciones sexuales entre ellos…

  • Trío con los vecinos

    Trío con los vecinos

    No la había perdido de vista desde dos manzanas atrás. Caminábamos una detrás de la otra, yo mirando fijamente el meneo de su cadera al andar. La pelirroja melena cruzando de lado a lado su espalda bien torneada. Desde que me había dado cuenta que era Sara la vecina del piso de arriba. De su ropa sexi y provocativa que me había llamado la atención aún antes de fijarme en que estaba siguiendo a una vecina.

    Yo volvía a casa de la universidad. Había estado viendo las últimas notas del curso que terminaba. Ella venía de hacer alguna compra por que llevaba una bolsa y yo caminaba tras ella. No podía apartar la vista de su duro culo y su meneo. Era algo hipnótico.

    Siempre me había gustado su look. Ese día llevaba una blusa con los hombros desnudos, blanca y de estilo mexicano, con escote barco. Lo lógico habría sido llevar una falda larga de vuelo puede que plisada y también blanca semitrasparente o de flores muy colorida.

    Pero ella no es convencional, lleva lo que quiere. En este caso unas mallas blancas tan ajustadas que parecían esmalte aplicado sobre madera. Solo el encaje de un sensual tanguita de encaje interrumpía, el triangulito sobre las nalgas, la perfección de su culo. Todo ello resaltaba su perfecta piel bronceada. La rubia melena teñida y su cara expresiva, casi de rasgos duros.

    A mis veinte años no podía presumir de demasiada experiencia real, ni con chicos ni con chicas. Apenas unos besos y caricias robados en la disco o en el portal. Más de un magreo, pero tampoco demasiados o acariciar alguna polla dura por encima de los vaqueros. Aunque un bonito cuerpo me atraiga por igual sea del sexo que sea.

    De frente venía su marido Juan, justo a tiempo para cruzarnos en el portal. Estaba haciendo ejercicio y solo cubría su cuerpo bien trabajado con un ajustado pantalón de lycra, ni siquiera llevaba camiseta y lucia sus pectorales depilados cubiertos de gotas de sudor. No pude evitar deslizar la vista por su torso poderoso, la tableta de su vientre e incluso por el paquete bien marcado en el ajustado pantalón.

    Por un segundo creo que él se había dado cuenta de donde tenía clavados mis ojos, justo en el sitio en el que él puso su mano fuerte, agarrando la nalga con firmeza posesiva. Y lo hizo mirándome a los ojos, a mí, mientras la atraía hacia su cuerpo y la besaba profundamente y con lengua.

    Mientras Sara se colgaba de su cuello pegando sus tetas al poderoso pecho sin importarle su sudor. Un beso lascivo del que no me perdí detalle, viendo como sus lenguas se cruzaban dentro y fuera de sus bocas. Allí mismo justo detrás de la puerta del portal sin cortarse demostrándome la pasión que se tenían.

    Con todo eso yo ya me había excitado y mucho. Solo la tela de mis escasos shorts vaqueros contenía mi calentura. La humedad estaba calando mi tanguita de algodón sencillo. En un segundo mis pezones duros se empezaron a notar en la tela de la camiseta de tirantes a pesar del sujetador de una tela bastante fina. Pero mi timidez me impedía acercarme a ellos y buscar un acercamiento mas íntimo.

    Así que tuvieron que ser ellos, que me habían visto crecer en el mismo edificio, los que me invitaran a pasar el resto del día con ellos. Estaba tan acostumbrada a verla, a cruzarme con ella que me estaba perdiendo detalles.

    Por fin hicieron cómo que se daban cuenta de mi presencia y me saludaron con la misma simpatía de siempre.

    – ¡Hola, preciosa! ¿qué tal? Marta.

    No sabía muy bien que contestar, estaba aún algo cortada por esa efusiva demostración de afecto. Salté por donde pude y al terminar de decirlo me di cuenta que habían sido palabras afortunadas. Sus amplias sonrisas me lo demostraron.

    – Vengo de ver mis últimas notas, ¡he aprobado todo!

    – ¡Genial! eso hay que celebrarlo. ¿Por qué no vienes a casa y tomamos algo juntos? Así que estás de vacaciones.

    Sabían perfectamente que mis padres tardarían en llegar. Conocían sus horarios. Y que podría pasar un rato con ellos sin molestias. Solo esperaban mi aceptación. Y sin pensar mucho haciendo caso más a mis hormonas que al cerebro se la di.

    – Si, claro, me encantaría celebrarlo con vosotros.

    Abrieron su puerta y me hicieron pasar delante. Ahora sé que aprovecharon para echarle un buen vistazo a mis muslos desnudos y mi culo respingón. Al entrar en su casa se descalzaron y me pidieron que hiciera lo mismo. No me costó mucho sacarme las sandalias.

    Sara también se libró del sujetador sin tirantes que llevaba bajo la blusa y sus pechos quedaron libres bajo la fina gasa de su blusa. El ambiente era de total confianza, al fin y al cabo nos conocíamos de siempre. Era media mañana pero aún así pusieron unas copas y algo de música suave.

    Mientras yo me sentaba con ella en el sofá para charlar amigablemente él fue a darse una ducha. A mí me hubiera gustado seguirlo y ver ese espectáculo. Pero el que yo tenía delante en ese momento tampoco era despreciable.

    Cada vez que ella se inclinaba hacia mí para rellenarme la copa o hablar en confianza, podía ver sus tetas, casi al completo, que cada vez tenía más claro que eran operadas. Duras como piedras y redondas. Dejó descansar una de sus manos sobre mi desnuda rodilla y a mi me gustó esa caricia.

    – Disculpa que andemos así por casa pero nos gusta estar cómodos y más con este calor.

    – Es vuestra casa y no voy a venir yo a imponernos nada. Si no viviera con mis padres también andaría por casa casi en bolas.

    Me reí con lo que me pareció una risa tonta en ese momento.

    – Si quieres quitarte algo más hay confianza. Yo no voy a decir nada.

    Tenía ganas de ver más de su cuerpo. Nunca la había visto en bikini o lencería y si eso podía pasar estaría encantada, me podría conformar solo con eso.

    -¿De verdad no te importa?

    Parecía estar pidiendo permiso a la vez que lo estaba deseando. Pero en ese momento volvió Alex de la ducha. Llevaba atada una toalla no muy grande a la cintura y un bóxer que no parecía tener mucha tela en la mano. Se puso el calzoncillo haciendo equilibrios delante de nosotras sin que se le cayera la toalla.

    Aunque por debajo me parco ver solo un segundo unos huevos depilados. Así lo único que tenía puesto era un bóxer aún más ajustado que su malla de deporte y mucho más pequeño.

    Debí quedarme con la boca abierta admirándolo porque ella soltó una pequeña carcajada subiendo a su vez la mano que tenía en mi rodilla por mi muslo. Llegando muy cerca de la tela del short, casi rozando mi xoxito Se me erizó la piel al notarlo y no dije nada.

    – Bueno chicas ¿dónde está mi copa?

    Se la alcancé mientras él rozaba mis dedos que no estaban muy firmes en ese momento para cogerla. Le dio un buen trago y casi junto a mí se inclinó sobre Sara y separando sensualmente los labios le pasó el alcohol a la boca de ella.

    Si antes estaba excitada ahora me estaban poniendo a mil sabiendo que allí no había más espectadora que yo. Y que me dedicaban ese excitante espectáculo.

    – Se nota que os queréis.

    – El amor y el sexo son muy importantes en una pareja.

    Contestó él.

    – Pues en vuestro caso parece que no tenéis ningún problema con eso. Con ninguna de las dos cosas.

    Con una mano de Sara en mi muslo fue ella la que habló en ese momento.

    – Nos gusta divertirnos. ¿Y tú?¿No te diviertes con nadie?

    – Poca cosa por ahora. He estado estudiando mucho.

    La mano subía despacio por mi pierna, acariciando con suavidad mi piel. Excitándome a la vez. Y desde luego no hice nada por pararla. Me estaba gustando demasiado. Se acercó más a mí y me habló al oído rozando mi oreja con sus voluptuosos labios.

    – ¿Nos ponemos algo más cómodas?

    Le di un trago más a mi vaso para darme algo de valor. Y asentí con la cabeza por que sabría que la voz me fallaría. Cogió mi mano con firmeza y confianza y me arrastró a su vestidor. Es evidente que me dejé llevar sin oponer resistencia.

    Su ropa sexi y sus conjuntos de lencería perfectamente ordenados y colgados en perchas. Aunque me daba la impresión que no usaba con frecuencia esos tangas y sujetadores, al menos en casa. Pensaba que le gustaría ir desnuda la mayor parte del tiempo.

    Sin cortarse un pelo ante mí se sacó la blusa, las tetas como obuses apuntaban directamente hacia mi cuerpo. Los pezones parecían bien duros, oscuros, en su piel bronceada sin marcas de bikini ni bañador.

    Meneando el culito prieto empezó a bajarse las mallas. El tanga de encaje era tan sugerente como había supuesto en la calle y fue lo único que se dejó puesto. Empecé a imitarla sin prisa esperando que ella me mirara como yo la estaba admirando a ella.

    Me saqué la camiseta cruzando los brazos por debajo de mi pecho. Al tirar de la tela hacia arriba mis tetas quedaron ante sus ojos sin nada que las tapara. El short siguió el mismo camino arrojado encima de su cama tamaño King size y como ella me quedé solo con el tanga.

    Nos mirábamos sonriendo y al menos por mi parte con ganas de seguir explorando. Pero estaba algo paralizada por mi timidez, así que dejé que fuera ella la que decidiera. Sin más problema se bajó el tanga dejándome ver su vulva depilada al completo. Se giró dando una vuelta sobre si misma y me preguntó:

    -¿Que te parece?

    – Eres preciosa. Vestida y desnuda.

    – Tu sí que estás buena. Vamos nena sacátelo todo. No seas tímida.

    El tanga siguió el camino de las demás prendas sobre su cama y yo también le enseñé mi xoxito pelón.

    – Elige lo que quieras, creo que todo te vendrá bien.

    Sara buscó en un cajón y sacó un par de pijamas de raso francamente sexis. El pantalón reducido a la mínima expresión seguro que se le veía medio culo con eso puesto. La camiseta de finos tirantes y muy cortita solo nos taparía las tetas. En su caso es probable que ni siquiera toda la curva de su parte inferior.

    Sin pensarlo más me empecé a poner aquello, que sabía me quedaría escandaloso. Y me daba cuenta que eso era lo que más me gustaba. Mirándonos en el espejo, que cubría toda una pared, me imaginaba lo que se vería en ese espejo de forma habitual. Estábamos sensacionales, muy sexis, por delante y por detrás, la mitad de nuestras nalgas al aire.

    Cuando salimos al salón Juan ya nos había preparado las copas y puesto música suave. Y desde luego seguía casi desnudo. Se me fueron los ojos de su mujer a su cuerpo casi sin querer. Se notaba todo ese footing y ejercicio. Sus músculos perfectamente cincelados. Nos alcanzó las copas rozando nuestros dedos de forma sensual.

    – Gracias. Parece muy buena. ¿No querrás emborracharme?

    – Lo es. Y solo si tu quieres.

    Desde luego él me estaba mirando. Viendo como me quedaba el pijama de su mujer. Decidí exhibirme para ellos girando sobre mi misma y subiendo un poco el bajo de la camiseta hasta que se me vio la parte baja de mis tetas. Justo como las de Sara.

    Hablando de ella, se me pegó a la espalda haciéndome notar sus tetas en los omóplatos y rodeando mi cintura con las manos. Las apretaba justo en mi ombligo.

    – ¿A que es guapa?

    Le dijo a su chico. Hablando por encima de mi hombro y apoyando la barbilla en mi clavícula. Soplando en mi cuello se me erizaban hasta los pelos que me había depilado esa misma mañana. Cuando acarició mi ombligo casi me corro de pie entre ellos.

    – Preciosa y deliciosa.

    Como me estaban temblando las piernas me dejé caer en el sofá y ni por esas me libré de ellos, ni lo pretendía claro. Se sentaron cada uno a un lado de mí, tan cerca que nuestros muslos desnudos se rozaban.

    – ¿No te importa verdad?

    – No claro.

    Pronto noté una mano en mi espalda acariciando mi piel por debajo de la camisetita. No sabía de quien se los dos era ni me importaba. Pero me gustaba.

    Viendo por donde iban los tiros dejé caer la mano que tenía libre, en la que no tenía el vaso en el muslo más cercano e ese lado. El de Sara que de inmediato separó las piernas aceptando la caricia. Y dejándome subir por su muslo. Notaba el calor de su vulva en mis dedos a través de la poca tela que la cubría. Y a ella se le escapó un gemido.

    Al otro lado Alex había conseguido deslizar una caricia por debajo del pijama y rodear mi seno con sus dedos. Cuando pellizcó con suavidad el pezón lo sentí como un calambrazo en el coño. Y estaba deseando librarme de toda esa ropa que me quemaba en la piel. Seguro que la parejita estaba dispuesta a ayudarme con eso.

    -¡Bésala!

    Sara le dio un trago a su vaso y acercó la cara despacio a la mía. Sabía lo que esperaba de mí y la recibí con los labios entre abiertos esperando a que me pasara el líquido que tenía en su boca. Cuando teníamos los labios pegados como con cola el alcohol y las lenguas pasaron de una a otra.

    Me estaba volviendo loca y más cuando noté los labios calientes y húmedos de Alex en mi cuello. Su mano no había dejado mis tetas. Rodeando el contorno y teniendo mis pezones entre las yemas de sus dedos.

    – ¿También me vais a dar cariño a mi?

    – Todo el que quieras.

    Empezó a subir la camiseta después de quitarme el vaso de la mano y dejarlo lejos de un posible accidente. Ya tenía las tetas al aire cuando tuve que separar el beso con su esposa para levantar los brazos y que pudieran quitármela. No hicieron lo que esperaba, se lanzaron a lamer mis axilas sudadas, una cada uno.

    Me hacían cosquillas pero me excitaba mucho más. Estaba gimiendo como loca. Empezaron en los sobacos pero sus lenguas no descansaban desplazándose despacio hacia mis pechos. Besaban el pezón y lo mordisqueaban sin hacerme daño, solo placer.

    Así animada desplace mis manos a sus cuerpos. con una me hice con una de las tetas de Sara un par de tallas más grandes que las mías. Me fue fácil pues levantaban la tela de la camiseta. Por debajo de veía la curva y por encima un escote escandaloso y precioso.

    En cuanto hice un gesto para tirar de la tela, Sara se separó y se la quitó del todo. Para que no estorbara siguió por el short y quedó desnuda del todo a mi lado. Volvió a pegarse a mí haciéndome notar el calor de su cuerpo.

    Besó a su marido justo ante mi rostro, me miraban de reojo con una expresión de picardía en sus ojos. Así que me uní al morreo dándoles mi lengua y saliva. Yo también quería tocar. Alex estaba a mi alcance, su cuerpo definido y musculoso. Rozaba su piel con el dorso de mis dedos, bajando por los pectorales, rozando sus pezones que se pusieron duros como piedras. Como estaban los míos.

    Fue su mujer la que le indicó que se pusiera de pie ante nosotras y empezó a bajarle los boxers. La polla dura saltó sola ante nuestros rostros. La sujetó por la base y le dio un besito en el glande antes de ofrecérmelo a mí.

    Tengo que admitir que en mis intentos anteriores de hacer una mamada habían sido bastante torpes. Influenciada por el porno que había visto siempre había intentado tragar más de lo que podía. Sara en cambio me animó a tomármelo con más calma.

    – Solo bésala y chúpala. Pasa la lengua con suavidad por ella y por los huevos.

    La imité suavemente besando la piel suave del rocoso miembro. Sacando la lengua y pasándola del tronco al glande y los huevos depilados y suaves. Lo teníamos delante a nuestra merced y él se dejaba lamer y besar.

    Sara le hizo subir un pie al sofá para tenerlo más expuesto. Mientras ella empezaba a tragarse la polla cada vez mas en la boca yo me dedicaba a los huevos entre sus piernas por el perineo. Nuestros labios se juntaban de vez en cuando sobre su piel.

    En ese momento dejé salir mi lado más morboso, mis fantasías más profundas y abrí con las manos esas durísimas nalgas. Pasé la lengua por toda la raja, por el ano cerrado, como estaba recién duchado sabía a limpio.

    – ¡Vaya sorpresa! no ha hecho falta que te animáramos mucho.

    -¡Déjala! que me está encantando. No la cortes ahora.

    – Si lo que tenía eran muchas ganas de vosotros. No me pienso cortar.

    Y no me cortó en absoluto, Seguí comiéndole el culo y los huevos mientras nuestras salivas se mezclaban en su piel y de vez en cuando cruzábamos las lenguas. Yo me había arrodillado detrás de Alex.

    Estaba juguetona, aprovechando algo de esa saliva que sobraba le metí hasta dos dedos en el culo a Alex y en vez de quejarse lo estaba disfrutando. Pero empecé a subir besando su musculosa espalda y pegándome a su cuerpo hacerle notar mis tetas en su piel. Hasta llegar a su cuello de toro, la nuca y las orejas.

    Sara no quería que se corriera y lo hacía con suavidad aunque no dejaba el rabo. Alex echó la mano hacia atrás hasta agarrarme el culo aún tapado por el short y apretarme más contra él.

    – No nos estamos portando bien con la invitada cariño.

    Sara se levantó y dio la vuelta por detrás de su marido para buscarme y llevarme de la mano a su dormitorio. Junto a su cama donde habíamos dejado nuestra ropa se arrodilló a bajarme la poca tela que aún me cubría.

    Acercó la cara a mi pubis y aspiró mi aroma como si fuera lo mejor del mundo. Enseguida pasó la lengua por el monte de Venus. Suave y sin prisa como había hecho con la polla de Alex que nos contemplaba con cara de vicio desde el umbral. Estiró el brazo para tirar toda la ropa al suelo y dejar la cama libre.

    Separó mis piernas lo justo como para poder deslizar la lengua entre mis labios y buscar el clítoris con la punta. Sería obvio decir que a esas alturas estaba más que encharcada, que mis jugos resbalaban por el interior de los muslos y que ella los recogía con devoción.

    Se fue echando en la cama pero tirando de mi cuerpo para que trepara sobre ella hasta dejar mi cadera encima de su carita. Y ella siguió comiéndome pero ahora alcanzaba todo de mí culo y coño sin ningún esfuerzo, ninguno más que separar mis nalgas a lo que yo misma colaboraba.

    Por fin Alex se acercó a nosotras y despacio entre los muslos de Sara le clavó la polla. Yo no lo vi pues le daba la espalda, lo que el aprovechó para pegarme a su torso, lamer mi cuello y nuca y amasar mis tetitas. Al oído y muy suave me dijo:

    -¿Quieres que te folle?

    – Lo estoy deseando, pero ponte un condón.

    Reptando, Sara salió de debajo de mí para buscar en la mesilla lo que les había pedido. Rompió el envoltorio y ante mi atenta mirada se lo calzó al chico. Quería saber como se ponía bien una gomita. Estaba tan dura que no le costó trabajo desenrollarlo alrededor del nabo.

    Me dejé caer panza arriba en la cama con el culo en el borde del colchón. Sara aprovechó para ponerse sobre mi cara y ahora me tocaría a mi comer conejo mientras Alex me follaba.

    Como todo en esa tarde fue tierno y dulce y el glande separaba mis labios despacio abriéndose paso en mi interior. A la vez yo separaba los de Sara con mi lengua al mismo ritmo buscando una penetración más profunda. No podía gemir ni suspirar porque tenía la boca demasiado ocupada en dar placer.

    No sangré porque el himen ya me faltaba de una experiencia anterior para nada placentera y para nada comprable a todo lo que estaba sintiendo entre ellos. Lo mismo con el cunnilingus, había practicado alguno pero había sido tan ansiosa que no lo llegamos a disfrutar del todo ni mi amiga ni yo.

    Pero con Sara me esforcé, fui dulce, tierna, sin prisa, clavando la lengua en su vulva o buscando el clítoris y jugando con él. Mientras Alex entraba y salía de mí llevándome al cielo a cada penetración. Además me acariciaba el clítoris con el pulgar y el pubis con el resto de los dedos. Mientras con la otra mano sujetaba uno de mis muslos.

    – Eres estrechita y muy dulce.

    -Y no veas como me come, cariño.

    Yo no podía hablar, tenía la lengua muy ocupada, solo gemir. Estiré la otra pierna acercando el pie a su cara y aceptó la invitación. Empezó a lamer los dedos de mi pie sin dejar de moverse dentro de mí, chupando el pulgar, lamiendo la planta y hasta el talón y yo no me había duchado desde la mañana.

    Mi orgasmo fue apoteósico, nunca había tenido uno así. pero estaba muy dispuesta a tenerlos mucho más a menudo a partir de entonces. Alex se corrió segundos después dentro del condón, dentro de mi xoxito. No puedo decir que sea multiorgásmica pues me dejó tan agotada que no pude seguir. Aunque Sara si lo es, se había corrido varias veces en mi boca.

    Se bajó de encima para dejarme descansar y se volvieron a poner a mis costados acariciándome con ternura para que recuperara. Y besándome y dándome cariño.

    -¿Te lo has pasado bien?

    – Como nunca, sois maravillosos. No sé cómo he podido pasar sin un sexo tan bueno.

    – Tu también has estado fantástica. ¡Que morbosa eres! Pues cuenta con nosotros de vez en cuando para repetir.

    – No soy la primera que metéis en esta cama ¿verdad?

    – No, ni el primer chico tampoco, pero eso podemos contártelo otro día.

    Efectivamente se había hecho tarde y tenía que volver a mi casa a contarle lo de las notas a mis padres. Aunque lo celebraran, el resto del día me iba a saber a poco. No sería como con los vecinos claro.

    De vez en cuando me vuelven a invitar a tomar algo a su piso. Con ellos y con algún amigo o amiga más. De hecho a mi lasciva y actual novia me la presentaron ellos. Ahora somos nosotras las que e vez el cuando invitamos a chicos y chicas a compartir celebraciones.

  • Infiel por mi culpa. Puta por obligación (12)

    Infiel por mi culpa. Puta por obligación (12)

    12. Cuando dos palabras… ¿Bastan?

    — ¡Pufff, me costó un poco pero lo logré! Tu botella de ron ya está enfriándose en el refrigerador y pues además, estas cuatro cervezas nos han salido gratis, pues su valor fue a parar directamente en la cuenta de aquellos tres galanes. ¡Jijiji! —Riéndome disimulada, con mi mano derecha cubriéndome la boca, le hago el comentario a Camilo sin dejar de mirar en su cara, –algo seria– un rictus de asombro, mientras organizo el cuarteto de envases bien fríos, centrados sobre la mesa.

    — ¿Y que fue esa mímica con todo y beso incluido? ¿Te estaban molestando o te divertías con ellos y conmigo? —Le pregunto casi que acusándola, mientras ella al sentarse de nuevo en su lugar sin responderme, acomoda con delicadeza el tejido crochet de su vestido, después de montar una pierna sobre la otra, –balanceando la sandalia sostenida por los dedos pintados de su pie izquierdo– y buscando al interior del amplio bolso, su teléfono móvil.

    Mariana tuerce la boca en señal de disgusto mirando al aparato con detenimiento y después, aún pensativa, desvía su atención hacia la cuidadosa manera con la que yo inclino el envase para servirle y analizo, –mientras tomo asiento al frente de ella– si es por mi pregunta que le ha incomodado o porque a lo mejor al revisar las notificaciones, nadie le ha escrito ni le dan likes como antes y por ello lo regresa despreocupada al interior del bolso. Sin embargo un segundo después vuelve a tomarlo pero sin desbloquearlo, y lo sostiene en la mano derecha, a treinta centímetros de su rostro.

    Vanidosa, cierra el ojo derecho y entreabre la boca, asomando ligeramente la punta de su lengua. Algo seria se observa en el reflejo de la pantalla, inclina su cabeza hacia la izquierda y se acomoda con los dedos de su mano la alta onda de sus cabellos negros. Da un segundo repaso ladeando un poco más el móvil, palpa ambos pómulos y volteando ahora su cara hacia el otro lado, sonríe ligeramente. Al parecer ya complacida, se desentiende de su apariencia para responderme bastante reposada…

    — ¡Ashhh! Es que a ver, Camilo… ¿Por qué los hombres tienen que ser así? — Le hago esta pregunta levantando mis hombros, un poco angustiada al ver la cara que puso hace unos momentos, al verme reunida con esos pendejos, atosigándome con sus comunes halagos, –¡Que por qué tan solita! o que, ¡si del cielo se están cayendo los angelitos!– y necesito con urgencia que no desconfié más de mí. Que entienda que yo no estaba haciendo nada malo, y solo les respondí a sus piropos educadamente, pues aquí y ahora… ¡No me interesa nadie más que él!

    Golpeo el grueso cristal de mi jarra colmada de espumante cerveza, contra el marrón del envase humedecido, –sostenido con firmeza por la mano diestra de mi marido– para luego llevarla hasta mi boca reseca y degustar de esta refrescante sensación que baja por mi garganta, tras beber un largo sorbo que parece ir lentamente, helándome desde adentro.

    — ¿Asiii…? ¿Cómo? —Le respondo mientras que dejo sobre la mesa mi cerveza después de aceptarle el mudo brindis, y tomo de su cajetilla blanca un cigarrillo, acercándoselo a los labios. Yo me hago con uno de los míos, y apropiándome igualmente de su encendedor, le ofrezco fuego al suyo entre chispeantes y momentáneos reflejos de la llama en sus ojos que me distraen y luego sí, hago arder la punta del que se balancea cómodamente en mi boca.

    — ¡Así de perros y pendejos! –afirmo con vehemencia luego de esparcir hacia un costado, la primera humareda de tabaco. – Tan pronto como el macho alfa se distancia momentáneamente de su hembra, se lanzan en manada para olfatearla con ganas de montarla al menor descuido. Que ridículos. ¡Gasss! —Noto una mueca de disgusto en la boca de mi esposo.

    — ¡Melissa por favor! Asumo que como estuviste metida entre la miel algo se te haya quedado bien pegado, pero quizás podrías moderar tu lenguaje, al menos delante de mí. ¿No te parece? —Le reclamo con seriedad.

    —No te molestes por eso Camilo, solo es un decir. ¡Pufff! –Suspiro para continuar respondiendo a sus recelosas inquietudes. – Lo que quiero expresar, es que tan pronto como se dieron cuenta de que estaba sola en la barra, se me acercaron revoloteando como mosquitos a un foco encendido, y todo porque empecé a mover ingenuamente mis caderas cuando Andrew me hizo caso y colocó música bailable, aprovechando que en el compromiso ese, los jugadores están en descanso.

    —Ya sabes cómo me gusta la salsa y esta canción provoca que… Lo siento, si te sentiste incomodo por la situación, pero es que… Yo… ¡Hace tanto tiempo que no bailo! —Y concluyo mirando con tristeza al café profundo de sus ojos, añorando los tiempos pasados, bonitos y alegres junto a mi marido.

    Mariana expulsa por la nariz en dos filas el humo aspirado, y observa por detrás de mi hombro, el ambiente festivo del local que se ha creado recientemente y se le contraen los labios, torciéndolos un poco hacia la derecha; con su sonrisa suspicaz, más la aguzada mirada azul, investiga lo que sucede a mis espaldas, y mueve su cabeza de izquierda a derecha y viceversa, negando algo que al parecer por su gesto burlón, le parece muy divertido.

    — ¿Qué pasa? ¿Qué has visto? —Le pregunto intrigado.

    — ¡Jajaja! Nada raro. Tan solo que con esos tres hombres no se hace un caldo, y uno de ellos que ha logrado invitar por fin a una muchacha a bailar, pues… ¡Qué te dijera, Camilo! Qué se mueve más un Alka-Seltzer dentro de una mazamorra, que ese tipo. ¡Jajaja! —Me responde de manera graciosa, logrando que me dé media vuelta para mirar.

    Y es verdad. El pobre no da pie con bola. Decidido, me pongo en pie y me giro hacia Mariana. Extiendo el brazo derecho y le ofrezco abierta mi mano por encima del cenicero, de su jarra con media cerveza y del envase casi sin empezar de la mía.

    — ¿Es en serio? ¿Me estas invitando a bailar? –Incrédula le pregunto a mi sonriente esposo. – ¡Pero por supuesto! Será un placer aceptar su invitación, caballero. —Le respondo feliz, con una sonrisa de oreja a oreja y el veloz aleteo de un colibrí es imitado por mis parpados y sus ennegrecidas pestañas, que como alas se mueven festejando esta grata sorpresa, aunque lastimosamente para los dos, a mitad de la canción.

    Poso mi mano delicadamente sobre la suya, –acomodo con celeridad mis pies dentro de las sandalias– y me levanto. Dejo aprisionado en la ranura del cenicero mi cigarrillo y me pongo justito a su lado para comenzar el baile. Frente a frente primero, mirándonos con nerviosismo a los ojos y luego lado a lado, coordinados como siempre, entre medias vueltas a la derecha y de regreso nuevamente 180 grados a la izquierda, distanciamos nuestros cuerpos algunos centímetros, pero como siempre Camilo tan pendiente de atrapar mi cintura con su otra mano.

    — ¿Cuándo fue nuestra última vez? —Y Mariana se gira, en dos compases alejándose a la izquierda. ¡Ella tan liviana y casi etérea, algo seria y pensativa!

    —Hummm, pues creo que lo hicimos en… Fue en la fiesta esa… La de José Ignacio, para su cumpleaños. —Respondo con frases espaciadas que no quería pronunciar, pero aun sintiéndome avergonzada, debo ser honesta y a trompicones se me escapa la verdad en mi respuesta.

    Miro al suelo mientras le hablo, y sin soltarme de su mano regreso hacia él deslizando ambos pies hasta ponerme de nuevo frente a su cuerpo, sintiendo en mi frente la calidez de su agitada respiración, –sin rozar para nada mis senos a su pecho– meciendo aparentemente con el mismo cariño de siempre, mis cabellos. ¿O no?

    —Me refiero a la última vez que tú y yo, bailamos como la pareja de esposos enamorados que éramos y no a esa, que como en esta por apariencias, lo hacemos sin muchas ganas y por simple cortesía. —Mariana hace una mueca de disgusto y sorpresa, con ojos y boca.

    —Fue en la finca de tus papás celebrando las que serían, si tu padre aun viviera, sus bodas de oro. Con tu madre, tus hermanos y mi familia. ¿Tengo razón? —Le termino por aclarar.

    Y ahora soy yo quien suavemente, y en espera de su respuesta, la aparto de mi lado al extender mi brazo, impulsándola con gentileza hacia la derecha.

    — ¡Uhumm! Pues si lo quieres recordar de esa manera, pues sí. Aunque desde mi punto de vista, la última vez nuestra no fue esa, sino en la fiesta por el cumpleaños de él, que como en esta ocasión, no he bailado contigo por aparentar algo que no siento. —Le respondo directa y sincera, dibujando con mis pasos una corta media luna al aprovechar el firme agarre de su mano para ir envolviéndome con timidez al principio en su antebrazo, pero enseguida con ganas en el resto del brazo, hasta quedar ahora sí, con mis tetas oprimidas contra su pecho y su mano diestra descansando bien abierta, unos dedos por debajo de mi cintura.

    — ¡Desde la primera vez Camilo, me ha encantado bailar contigo! Y sí, es cierto que me hubiese complacido hacerlo más pegadita a ti, digamos que bien amacizados como usualmente lo hacíamos, pero tú más que nadie sabes que no era prudente o llamaríamos la atención de todas esas personas. —Camilo callado, asiente y me indica con un movimiento de su mano, que sola y de revés gire 360 grados para luego sin soltarnos, entrecruzar nuestros brazos elevándolos por encima de nuestras cabezas. Mis ojos al hacerlo están clavaditos en los suyos y en su boca entreabierta, que por supuesto me incita a besarlo. Pero mis acaloradas ganas se ven aplazadas para «un después» con las últimas armonías, al darnos la espalda para virar en la vuelta final, rozándonos levemente las nalgas al volver a nuestra posición inicial, lamentablemente finalizando la canción.

    Una andanada de aplausos y chiflidos se nos viene encima sorprendiéndonos, y por supuesto, –sonrojados y acalorados– Camilo y yo les sonreímos a nuestros espontáneos espectadores, a la vez que con teatral gracia inclino mi cuerpo hacia adelante, como muestra de agradecimiento.

    Yo un tanto apenado, sonrío a las personas que han prestado atención a nuestra forma de bailar y con la mano de Mariana aun aferrada a la mía, les doy la espalda con la intención de irme a sentar. Pero la siguiente canción logra mantener los pies de mi señora, anclados como pilotes de concreto sobre las coloreadas baldosas, y su brazo tirando del mío, –con los músculos tensionados– me retiene entre la solitaria mesa que nos espera con las cervezas, y las ondulantes formas de su cuerpo meciéndose y esperándome. ¡Y de remate, con las melódicas frases iniciales de «A blanco y negro», incitándome a continuar bailando con ella!

    Este vallenato especialmente, –del finado Kaleth Morales– lo hemos bailado varias veces. Tan solos ella y yo, pero íntimamente aislados entre la multitud de personas que nos apretujaban en los bares y discotecas de moda. O exteriorizando nuestro amor, sin más compañía que nuestros cuerpos libres de ropas, en las amobladas habitaciones de moteles algo escondidos entre calles estrechas y tan bien conocidas por parejas con ganas de un sexo convenido, así como del placer obtenido, otorgándoselo al cuerpo del otro, sin egoísmos.

    Y me doy vuelta para contemplarla, atractiva y radiante como la he mantenido siempre presente en mis recuerdos. ¡Imposible negarme, inadmisible hacerle un desplante!

    Mariana inclina levemente la cabeza y entrecierra dichosa su par de cielos. Coloca con picardía el dedo índice de su mano derecha, en frente de su sonrisa de comercial de dentífrico, y lo sube lento, indicándome que me fije bien en los alegres brillos, –psicodélicos y arcanos– que destellan en el redondo zafiro pálido de sus ojos. No sé bien cuál es la finalidad, si enamorado de ellos ya me tuvo y liberado por ella misma, aún me mantiene, del mismo modo que me embrujó con los gestos hechiceros en su carita de niña consentida y con cada una de las sensuales poses de su angelical morfología.

    Y yo sigo sin poder ubicar algún lugar en este mundo, donde reparen corazones rotos con curitas resistentes para heridas no cerradas, o con pócimas y raros brebajes que logren desencantarme de ella, ya que he probado con guaro, tequila y vodka durante varios días, embriagándome por las noches y pasmado luego en mis pensativas madrugadas, sin conseguir liberarme del dolor que me causó ni del amor que le profeso.

    …«Ayyy,

    Quiero aprender a volar y si tú me besas yo toco las nubes»…

    Canta el fallecido juglar vallenato con gran sentimiento, después de que el acordeón comenzara a llorar sus notas.

    …«Quiero aprender a cantar y si me acaricias le gano a Diomedes»…

    Y Mariana, mirándome me habla zalamera…

    — ¿Puedo? —Le pregunto a Camilo y sin esperar por su aprobación, levanto mis brazos sobre su pecho y paso alrededor de su cuello mis manos, –atenazando su nuca con dulzura bajo mis dedos– descansando de medio lado, finalmente mi cabeza en su hombro.

    …«Quiero aprender a olvidar y tú eres la única que puede arrancarme del alma esos recuerdos que tanto duelen»…

    — ¿Me permites? —Le pregunto a Mariana y como no se niega, alargo mis brazos hasta rodear su cintura y apoyo con firmeza mis manos abiertas sobre la frontera entre su espalda y el comienzo de sus nalgas, sintiendo de nuevo aquel olvidado pánico escénico de nuestra primera vez bailando amacizados, aquí en mi pecho.

    …«Y tú eres la que puedes pintar de mil colores, mi mundo en blanco y negro, borrar mis decepciones»…

    —Camilo, mi vida. No necesitas pedir mi permiso para tomar lo que es tuyo y no me molesta que lo hagas, ya que me haces nuevamente feliz. ¡De hecho, no te imaginas cuanto lo añoré y supliqué al todopoderoso! —Le respondo sin despegar mi mejilla de su pecho, escuchando con claridad los latidos acelerados de su corazón, y logro de manera furtiva, que mi pierna derecha se acomode hogareña entre las suyas.

    …«Y tú eres la que puede arrancarme los años para ser siempre joven y estar siempre a tu lado»…

    —Para ser completamente sincero, también extrañaba bailar de esta manera. ¡Ejem, ejem! Será difícil, Melissa… Desacostumbrarnos. ¿No lo crees? —Carraspeo un poco, –pues de improviso se atoran en mi garganta las palabras antes de ser pronunciadas– y le pregunto presionando con mis dedos su columna lumbar, mientras damos una media vuelta sin precepitud, flexionando levemente nuestras piernas.

    …«Por tantos años viví en mil amores, viví equivocado.

    Pretendía encontrar una rosa en el árbol caído

    Y por eso casi me caigo al final del abismo»…

    — ¿Por qué te demoraste tanto en el baño? ¿Te encuentras bien? —Le pregunto sin despegar mi cabeza de su hombro, girando feliz a su lado con mis ojos cerrados.

    …«Pero tus ojos con una mirada del fin me sacaron

    Y tú eres la que puede pintar con mil colores

    Mi mundo a blanco y negro, borrar mis decepciones»…

    —Es que tenía retenida una larga inspiración. ¡Jajaja!—Le respondo bromeando y sonriente, aunque ella no se percate de ello, ni de las miradas envidiosas de los tres hombres que la deseaban, al seguir Mariana con su cabeza recostada sobre mí pecho.

    —Ya veo. ¡Espera!… Camilo… ¿No me dirás que por recordar todo aquello te dieron ganas de…? —Y me separo ligeramente antes de que me responda, para darle una rápida mirada insinuándole mis sospechas, pero a la vez, con una sonrisa de complicidad perfilada en mis labios.

    — ¡Jajaja! Ya quisiera y brincos diera, Melissa. Pero no. Tampoco era para tanto. Digamos que solo terminé por recordar lo sucedido y lo que dejaste pendiente, mientras evacuaba la vejiga. Fue una velada insospechada y la manera feroz de tener sexo la hizo diferente. Estábamos completamente desatados y explorándonos libres como si recién nos encontráramos. Sin el problema de acallar nuestros gritos y atar los gemidos con nuestras lenguas, por el temor de despertar a Mateo. Estuviste muy ardiente, a pesar de que te sintieras enojada por no intentarlo más, y que yo abandonara la idea de darte finalmente por el culito.

    …«Asegúrame Jesús, que después de mí,

    No habrá otro que la bese.

    Y te prometo que siempre voy a quererla,

    Hasta el día de mi muerte. »

    —Sí, mi… ¡Mi vida! La verdad es que fue espectacular todo lo que hicimos. Mis ganas y tu paciencia, mi oculta fantasía a medias realizada, con mi entrega postergada por… ¡Enésima vez! Y sin embargo, tu paciencia y el esmero con la que me llevaste a expresar, –con mis pulmones inspirando placenteras sensaciones– cada uno de mis orgasmos, encadenando los guturales quejidos con mis roncos gritos exhalados, aprovechando la tranquila intimidad que con su ausencia, me había otorgado mi bebé.

    El acordeón continúa silbando melodías y Kaleth repitiendo versos, pero mi esposo se queda inmóvil, para luego apartarse un paso hacia atrás de improviso. Desamparada sin entenderlo, en cámara lenta mi mano es liberada de sus dedos y mi cintura nuevamente se halla huérfana del reconfortante apremio de su palma.

    Lo miro intrigada y a pesar de que levanta con rapidez la cabeza, alcanzo a observar en su cara una mueca de disgusto, un gesto de ira o de asco, que ya he visto antes. Y en sus ojos al cerrarlos con fuerza, un poco de humedad que al parecer desea huir por las esquinas de sus parpados ya arrugados. ¿Va a llorar? ¿Por qué? ¡No sé qué pasa! ¿Qué hice o que dije?

    ***

    Dos palabras, tan comunes como corrientes, pero que al volver a escucharlas de su boca han hecho clic, entrando primero por mis oídos al cerebro y posteriormente han producido un profundo crac en mi alma. Se produjo una chispa, provocando un corto circuito mental y una nerviosa contracción muscular en mi maxilar inferior. La festiva actualidad se ausenta y en su lugar, se presenta el amargado pasado.

    Una inflexión posesiva de un sustantivo masculino, ajeno para mí, exclusivamente suyo… ¡Para su amante! Ni mi hijo era «su bebé», –aunque lo es– y mucho menos cariñosa alguna vez, se refirió a mí con ese apelativo. Yo era «su vida» al compartir nuestros días. Y me llamó también por años «su cielo» aun si como ahora, nos anochecía.

    Era igualmente cotidiano que fuera «su amor», cuando requería un favor especial para abrir la tapa de un frasco rebelde, o entregarle de un elevado estante, algo para ella inalcanzable. Así mismo me gritaba «cariño», para llamar mi atención delante de mucha gente, diferenciándome amorosamente del resto de las personas en los atestados almacenes de los centros comerciales.

    Pero eso cambió paulatinamente, –sin prestarle yo la debida atención– unos meses después de que alcanzara con su dedicación, los éxitos comerciales que pretendió al comienzo de todo este maldito melodrama, y que yo fuera quedando relegado de sus celebraciones por las ventas, como al margen de su compañía bastantes fines de semana, dedicada ella como yo, a nuestro trabajo.

    Y al pedir de vez en cuando, pequeñas aclaraciones por sus tardanzas, fui rebautizado por ella con un cuarteto de consonantes y una agrupación de vocales intercaladas. Entre risitas melosas, guiños picaros de su ojo derecho y uno que otro cariñoso codazo en mi costado, como… ¡«Su bobito»! Dos palabras y ocho letras. ¡Mi epitafio!

    Elevo mi rostro para evitar que la humedad en mis ojos, se acumule en mis párpados inferiores y se me desborde. Mi vista algo impedida por lágrimas, se enfoca en una polvorienta y gris telaraña extendida, –semi escondida entre una viga y el cable de corriente que alimenta el ventilador central– dejando de importarme el estruendo musical y también su cercana compañía. De igual manera que no caigo en cuenta, de que el tacto cálido de su mano se disipa entre mis dedos.

    ***

    — ¿Camilo?… ¿Qué te sucede?… ¿Qué pasó, mi cielo? —Me preocupo e intranquila le pregunto, pero mi marido no se inmuta, no me responde y continúa con su cabeza echada hacia atrás y con su mano derecha ocultando de mí, sus ojos.

    ¡Idiota! –Me regaño, atenazando mis lagrimales entre el índice y mi pulgar. – El dique de piel con el que pretendo contener mi llanto, está cediendo a la presión del desengaño justo por las esquinas, –al cerrarlos– y temo que rueden mejilla abajo, precipitándose al vacío sobre la frente de Mariana, revelándole lo que estoy reviviendo.

    Se desenfoca el panorama, veo ya borrosos los risueños rostros de la gente y difuminadas sus danzantes figuras. Del reguero de banderas colgadas en la periferia ninguna ondea, pues no existe brisa que las menee, como a mí sí lo ha conseguido Mariana. ¡Sí! Bastaron dos palabras para explotar la delicada burbuja en la que me encontraba inmerso, despertándome del letargo mágico al que fui llevado por los bonitos recuerdos y este íntimo baile.

    Lo dijo nuevamente, de manera tan automática como inocente. Acostumbrada por supuesto a referirse últimamente y de esa cariñosa manera a nuestro hijo, pero tan solo a comienzos de este año. Antes era «mi pequeño», «mí tesoro» y por supuesto… ¡«Mi príncipe»! Yo era el rey del hogar, Mariana mi eterna soberana y nuestro Mateo, el afortunado heredero. ¡Mi bebé! Dijo sin maldad. ¡Lo reconozco!

    Pero qué puedo hacer si he recordado el desconcierto que produjo en mi razón, el enterarme de su traición precisamente con él, al leer en la quinta o sexta página del informe, –que con seguridad me entregaron por compasión– primero leyéndolo en sano juicio, solo dentro de mi 4×4 parqueado al frente de mi casa, sin atreverme a entrar. Y después vuelto a releer como para corroborar que no era una pesadilla, acompañando mi tragedia con varios tragos de vodka y no recuerdo cuantas cervezas, en un bar no muy lejos de casa. Luego la desilusión y la rabia, al dar un rápido vistazo a los coloreados fotogramas en la última parte del folder. Era ella, era él y… ¿Ella con otros?

    —Dime algo por favor, Camilo. ¿Qué tienes? —Y como sigue sin responderme, le tomo por arriba de las muñecas, sujetándolo con fuerza, intentando de que reaccione y me miré, me hablé… ¡Me diga algo!

    En medio de un llanto silencioso, sorbí las últimas gotas de mi copa antes de que el barman insistiera en solicitar para mí un taxi, ya que era hora de cerrar. Sin aceptar su ayuda, salí tropezando con sillas de madera y paredes rugosas hasta dar a la calle. Me arropé del frio con mi cazadora negra, el maletín de lona gris agarrado a dos manos para no perderlo y con el mi tragedia. Cargando en su interior con mi portátil y las ideas en planos digitalizados que no se verían concretados, las amargas noticias de su traición bien anilladas en el folder rojo y en el pequeño bolsillo interior, una USB plateada que hasta el momento, por temor a tener que aborrecerla, no me he atrevido aun a revisar su contenido.

    No tenía donde ir, o sí. Pero no quería volver ni debía regresar en ese estado, no tanto por ella, sino para que mi pequeño no me viera transmutado en un hombre que no era y que por supuesto, nunca había visto. ¿Qué iba a decirle a Mateo? ¿Y cómo la iba a confrontar? Sentí temor de mí ira y de la reacción al verla. Me abrigó de repente un gran vacío de confianza en mí mismo. No entré y escapé. ¿Fui culpable? ¿En qué fallé? ¿Qué mierdas yo no le entregué? ¿A dónde voy ahora? ¿Dónde putas están los amigos cuando los necesito? ¡Sí es que los tengo!

    Me cuestionaba, mientras caminaba por la iluminada avenida buscando recordar la ubicación del parking, tratando de mantener el equilibrio físico y mental, pero con el andar zigzagueante más el frio de la madrugada, me fui desestabilizando de la sensatez prometida a la persona que me entregó con tristeza la verdad sobre el engaño, mareándome de asco y repugnancia hacia la mujer que amaba.

    Finalmente tropecé con un grupo de personas, pero me agarraron por la cintura evitando mi caída e intenté a esa persona agradecerle. — ¿Don Camilo? —Escuché con claridad esa voz y lo reconocí enseguida. ¡Qué afortunado encuentro!, pensé y le sonreí lo mejor que pude con mi abatida cara de borracho traicionado y mirando doble el panorama.

    Pero al querer saludarlo no me salieron diáfanas ni separadas las palabras y vomité, –justamente sobre uno de mis pies y sus dos zapatos– todo lo que no me había comido pero si lo bebido. Y luego llorando como un hombre al que se le han esfumado los sueños en un tronar de dedos y deshecho la realidad de lo familiarmente construido, en un modesto desayunadero cercano eché también mis penas sobre él, mientras tomábamos un caldo de raíz «levantamuertos» para menguar el guayabo, despuntando la mañana del que sería un largo sábado.

    ***

    — ¡Camilo por favor dime que sucede! ¿Qué te pasa, cielo? ¿Por qué estas llorando? —Angustiada y bastante trastornada, al verle así, le pregunto nuevamente. Camilo sin determinarme, ya no puede retener sus lágrimas. Descienden gruesas y sin cauces definidos ruedan unas por los laterales de su nariz y las otras rodean los pómulos hasta casi reunirse en el mentón. El dolor o la tristeza que está sintiendo ahora, me recuerda que soy la puta causa, el origen de su ruina, y me embarga la desazón, desatando tambien dentro de mí, nuevamente el temor a la tormenta.

    Claramente y varias veces, estaban detalladas esas dos palabras en la transcripción de las conversaciones que Mariana en una amorosa complicidad, sostenía en un chat aparentemente privado con su amante. Desilusión, dolor y hasta repugnancia. Su «bebé» no era tan exclusivo para nuestro pequeño. Su «bebé» primordialmente, era para el hijueputa de Jose Ignacio.

    Mis manos temblorosas se apoderan de sus mejillas, con la intención de que me sienta. Quiero que se entere de que sigo aquí, a su lado. Pero no duran mucho mis caricias palpando su piel mojada, pues se aparta estirando lo más posible su cuello y sin mirarme, voltea su rostro aspirando oxigeno de manera agitada. Me quedo con mis brazos elevados, las palmas abiertas abandonadas y la angustia por saber que le ha sucedido me sofoca. ¡Verlo así me parte el alma!

    — ¡Nada! No me sucede nada. —Escuetamente le respondo y me giro dándole la espalda, con la intención de separarme de ella, tomar una gran bocanada de aire, necesaria para serenarme y no derrumbarme en frente de ella. Pero sí, si me pasa. A pesar de que prefiero ser cruel conmigo mismo y fingir que no me duele, que no me afecta, a pesar de sentirme tan destrozado. Pero me agarra y no me deja.

    Lo tomo con fuerza a dos manos por los costados de la tela de su camisa, deteniendo las intenciones que tiene de retirarse. Y le pregunto nuevamente…

    — ¿Qué dije, Camilo? ¡¿Porque te has puesto así conmigo?! —alzando tanto el tono de mi voz que estoy muy segura de que todos a nuestro alrededor han podido escucharme.

    Finalmente me doy vuelta y la miro. Observo en su rostro la inquietud, su preocupación e intento moderar mi llanto, pero no puedo, sencillamente no puedo. Entre sofocos y temblores se lo digo.

    — ¡Ehh!… Estoy bien. Es solo que… te… tenía la esperanza de que… De que todo esto que me pasó… De lo que nos ocurrió… Fuese una más de las tantas pesadillas que yo he tenido que soportar y que…

    — ¿Qué de qué, mi vida? Haber… ¡Explícate por favor! —Con mi desesperación al alza, le pregunto animándole a continuar.

    —Es que… ¡Jueputa!… Es que… ¡Fuiste suya, Melissa! ¡Maldita sea! —Le respondo hablando tan alto que sin masticarme las palabras, se las escupo en su cara con mi dolor y la rabia, como si fueran balas.

    — ¿Suya? —Le respondo con urgencia, y aunque sé bien de cuál tema está hablándome, no capto en mi radar femenino, la ubicación exacta del momento. ¿Por qué ahora? ¿Y cuándo la cagué? No comprendo. Si estábamos los dos tan delicioso, bailando pegaditos como antes, sintiéndonos tan unidos como… ¡Casi siempre!

    Seco mis mejillas con las mangas de la camisa, –he intento calmarme entre suspiros– a pesar de que ya no importa que me vea llorar. Ni ella, ni los demás que nos observan asombrados. Ya no me interesa hacerme el hombre valiente ante el mundo, el que no llora en el día, porque no le importa ni le duele y le resbala lo sucedido, pero que si me ha lastimado hondamente y solo lo dejo salir estando a solas y embriagado mientras oscurece.

    — ¡Sí, Melissa! Fuiste suya, al tiempo que seguías conmigo y con tus engaños, aparentemente siendo solo para mí, tú eras… ¡Toda de él!… ¡Incompletamente mía! —le grito finalmente y no puedo dejar de llorar.

    Mariana se amedrenta, me libera del agarre de sus manos y a la vez se muestra tan sorprendida como lo están las personas que boquiabiertas, también me han escuchado gritárselo. Abre lo más posible sus redondos ojos celestes, tanto como la muda «O» formada por los labios resecos de la boca, quizás con la intención de desmentirme, pero requiero soltarlo de una vez, así que la contengo, moviendo a la vez mis dedos índices frente a su cara, para que no musite ninguna palabra.

    —Lo que aún no logro comprender y me molesta sobremanera, es cuando y como cambio para ti lo que al principio pensabas de él. ¡Qué putas ocurrió, Melissa! Qué carajos te hizo ese tipo para que… ¿Qué te dijo o que te dio? Por qué para ti, en un cerrar y abrir de ojos, ese malparido petulante pasó de ser un… ¿Cómo era que le decías? —E intentando imitar el tonito aniñado de su voz se lo recuerdo sin dudar.

    —Ahhh si… «Un ridículo y despreciable macho presuntuoso». Para llegar con el pasar de pocos meses, a convertirse en tu…

    Y dejé en suspenso la oración, mientras tomaba fuerza respirando agitado, a falta de las dos palabras que la finalizarían. Después de todo aún me jodía montones siquiera pensarlas, mucho más restregárselas a Mariana en su cara.

    Respiré profundo, y asegurándome de mirarla fijamente a los ojos, con los míos aun vidriosos, finalmente la concluí, pendiente a su reacción.

    — ¡Tu bebé!

    ***

    ¡Esa frase! Esas dos palabras me conducen inesperadamente al origen del desconocido momento y revelan la causa de su repentino alejamiento. No he querido herirlo ni lastimarlo. Fue más por la fuerza de la maldita costumbre que las dije.

    —Qué… ¿Queee? —Sorprendida le contesto, mientras pienso en cómo responderle minimizando el daño. Pero… mi mente se queda en blanco, me estremezco y nerviosa empiezo a temblar súbitamente frente al dolor que observo y puedo percibir en Camilo, tiritando como el reflejo de la luna en una noche despejada sobre la superficie lejana del mar antes de que las olas mueran apacibles en sus playas, y sudo escalofríos. La manera en que me lo ha dicho y cómo se ha puesto, me revela que aún no lo supera y que mi traición la mantiene muy presente y detallada. ¡Cómo le han dolido esas dos palabras a Camilo!

    Y como le duelen a él, me atormentan profundamente a mí también al verlo tan afectado, y le acompaño con mis lágrimas su llanto. ¿Cómo lo sabe? No lo sé. ¿Quién lo puso al tanto? Ni idea. ¿Sería Chacho cuando se enfrentaron?

    Camilo me empuja con brusquedad y si, también con algo de fastidio para darse media vuelta. No puedo dejar que se vaya así para su esquina, y me abrazo con todas mis fuerzas a su cintura. Me arrastra uno, dos pasos. No soy peso suficiente para anclarlo pero se conmueve por algo y se detiene.

    — ¡Perdón mi amor, perdón! —Le respondo por detrás a gritos, aprovechando el receso de este nuevo asalto, con mi frente bien apoyada en su espalda, como una lapa que se adhiere poderosamente a la roca donde sobrevive, yo en este caso lo hago a mi humano acomodo, o sea… ¡Bien aferrada a la tela rosa de su camisa!

    ¡Culpable! ¡Culpable! Finalmente me escucho recriminarme interiormente, asumiendo la más que obvia sentencia. Sin importarme el lugar ni mi entorno, me voy dejando caer lentamente, –recorriendo su posterior anatomía– apenas rozando mis manos por delante sus velludos muslos y deslizándose sin agarre por las huesudas rodillas.

    En actitud suplicante, rendida a sus pies con la cabeza inclinada y mi mentón soportando el peso de mi conciencia sobre el inicio de mi pecho voy abarcando con la fragilidad de mis dedos, delicadamente sus tobillos desnudos, esposándolos para que no se me escape, pero sin apretarlos demasiado por si él desea huir.

    — ¡Perdóname mi vida! ¡Por favor, por favor! Lo siento mí… ¡Amor! Tú eres mi amor, lo has sido y lo sigues siendo. Él… José Ignacio no lo fue, no lo es ni lo será. Yo… Yo tenía que llamarlo de alguna manera para… ¡Para que me creyera! —Le suplico agobiada y vencida por la verdad de su acusación, permaneciendo de rodillas sobre las losas frías, sin importarme que se me llene de polvo y mugre, el negro vestido.

    ***

    ¡¿Creerle?! La escucho decir a mi espalda, mientras la imagino tirada tras de mí en el suelo, encorvada, llorando y sufriendo. ¿Por qué y para qué?

    Inconsolable y con mi llanto avergonzado, he formado sin pretenderlo, un geométrico polígono de lágrimas estrelladas, a unos pocos centímetros de las zapatillas nuevas de Camilo, y de la pequeña etiqueta verde pegada en uno de ellos, con el valor a cancelar escrito a mano alzada, en el borde posterior de la suela.

    Con algo de fuerza separo mis pies de sus manos desplazándome baldosa y media hacia adelante, pero lo hago con cuidado de no lastimarla. ¡Maldita sea! No lo entiendo, pero algo dentro de mí me dice que tengo y que debo… ¡Yo necesito saberlo!

    Al girarme la veo postrada ante mí, sin importarle lo que piensen o puedan comentar las personas a nuestro alrededor. ¡Me duele! Me causa mucha lastima verla así y me conmuevo. Otra grieta puedo sentir abriéndose camino en mi alma. Pero esta sensación es diferente, más profunda y quizá más ancha.

    Y aunque ya he sufrido demasiado por culpa suya sin merecerlo, en esta ocasión el amor que me queda por Mariana y que visto lo visto, es bastante, es quien la ocasiona. ¡Amo a esta mujer! Por encima de todo y de todos, inclusive de mí aflicción. Por debajo en este instante quedan sus mentiras y sus engaños. Para mí en este momento su traición no se equipara a la pena de verla a ella padeciendo este dolor.

    ¡Yo soy el motivo, soy yo su gran tribulación! Y se me hace injusto pedir justicia, observando como sufre la mujer a quien tanto continúas amando. ¡Persiste dentro de mí! Mariana lo fue grabando al buril con dedicación y esmero, en cada capa, en cada tejido de mi corazón desde que la vi. Año tras año, caricia tras caricia, beso a beso.

    Y este corazón lastimado se mantiene palpitando, adolorido claro que sí, pero amándola a pesar de que no quiera ni deba sentirlo. Es más fuerte que el rencor o la tristeza y yo… No puedo verla así, ni dejarla tirada a mis pies. Solidarios mis brazos se extienden, la buscan necesitados y la hallan bien acuclillada. Primero con mis manos acaricio nervioso sus cabellos sedosos por el sendero de la nuca hasta rozar las sienes con mis dedos y luego si, con algo de firmeza palpo la textura suave de los desnudos hombros y un suspiro generalizado escucho alrededor, alabando mi reacción.

    Me doy cuenta de que ya no solo lloro por mí, lo hago tambien por ella y su tragedia. Me entristece verla así, llorando y suplicando con sinceridad por un perdón que yo… ¡Yo puedo dárselo! Si lo siento, claro está. Y no por compasión o altruismo. ¡Me juré no lastimarla! Le prometí no hacerla sufrir, nunca fallarle y estar siempre a su lado.

    ¿Acaso este no es el momento que estuve esperando? ¿El dulce sabor de la venganza? ¿Verla caída y escucharle suplicar, llorando de rodillas? Pues si es esta es la ocasión, me sabe amarga y no la quiero.

    —No me hagas esto Melissa. No te quiero ver así. Ven, –le digo tomándola por debajo de sus brazos–. ¡Levántate por favor y deja de llorar! —Pero Mariana no reacciona como lo espero y mis palabras no consiguen alzar sus cincuenta y pico kilos de peso, y por el contrario vuelven sus manos a alcanzarme, esta vez tomándome por las pantorrillas.

    —Perdón, perdón. Yo te amo Camilo. ¡Te amo, te amo! Perdóname vida mía. —Le sigo suplicando sin querer levantar aun mi rostro ni mi cuerpo por falta de fuerza o por la vergüenza que no me abandona. Puede ser igualmente por cobardía y el arrepentimiento que estoy sintiendo.

    Hace fuerza y me jala para que me acerque y yo lo hago. Pero ella sigue arrodillada, con su cabeza gacha, agitada berreando. Me dice entre sollozos que me ama. Escucho con claridad cada letra vocalizada, cada sonido lastimero, suave y sentido. La percibo agotada y sincera. Me ruega que la perdone sin atreverse a mirarme, con su frente ahora apoyada sobre mi muslo derecho.

    — ¡Lo… lo siento cielo! Yo… ¡Pufff! Yo te juro por la memoria de mi padre que me arrepiento de haberme metido con él, y… Y de haber hecho todo lo que hice a tus espaldas. ¡Perdóname mi amor! —Entre sollozos y suspiros, termino por decirle y caigo en cuenta de que no se escucha música ni la algarabía de antes.

  • El sutil roce

    El sutil roce

    «Es raro… se supone que es algo normal ¿verdad? O sea… lo único que está pasando en este momento es que mi jefe está a mi lado, conversando…

    Cálmate Nadia… no puede un simple roce ponerte así…»

    – ¿y qué le dijo el paciente? Le pregunté a Paty.

    – aceptó el presupuesto, el próximo martes comienza el tratamiento…

    – oye Javier entonces ¿tú crees que podríamos hacer este caso junto? Me pregunto la dra. Da Silva…

    – ¡sí! No veo por qué no podríamos, lo que sí… tenemos que tomarle todas las fotos iniciales. Le respondí a la dra. Da Silva.

    Mientras conversábamos lo normal de todos los días apoyados en el mesón de recepción, podía sentir ese calor que emanaba del brazo de Nadia. ¿quizás se sentirá incómoda por qué estoy apoyándome en ella? Lo único que le dije fue » ¡oh, que estás abrigadita!» Y en el acto nuestros cuerpos se comenzaron a acercar, su brazo izquierdo tocaba mi brazo derecho, y su cadera y pierna izquierda tocaba la mía del lado derecho, estábamos bien pegados, pero podía sentir como su calor me llegaba más adentro de la piel. Ella estaba silenciosa sin participar en la conversación trivial que teníamos, al otro lado del mesón de recepción y sentadas, Paty y la dra. Da Silva no podían ver que nuestros cuerpos estaban rozándose. Yo intentaba seguir la conversación pero siempre sentía ese calor, ya muchas veces con Nadia nos quedábamos mirando por pequeñas fracciones de segundos. Ella tenía su novio y yo a mi esposa, ella era mucho menor que yo, una morena de ojos negros azabache, de silueta pronunciada, solo Dios sabe cuánto disfrutaba verla de perfil usando su uniforme clínico, y aunque era menos de un segundo, lo que mis ojos curiosos recorrían sus hermosas curvas, siempre había tenido la sensación que ella de alguna forma sabía que la miraba, y que no le molestaba o que incluso le gustaba… bueno eso pensaba yo.

    Con Nadia llevábamos trabajando ya casi dos años, y solo era eso, trabajo, una que otra mirada loca, pero ¿qué hombre con buen gusto podría culparme? Además siempre era respetuosa con ella y con todas las chicas con las que trabajaba, bueno… claro, esa vez que salimos todos a celebrar y que con Nadia y Paty nos quedamos en el desafío del shot de tequila, no pasó nada, pero cada vez que la miraba, Nadia ya me estaba mirando.

    Y ahora en algo tan trivial como una conversación de pacientes, estaba con mi corazón acelerado, por sentir la proximidad de mi compañera de trabajo.

    » Sé que él no está haciendo nada, solo estamos pegados uno al lado del otro, pero se siente diferente, se siente bien… Ay dios! Qué diablos estoy pensando, vamos Nadia piensa en tu Carlos… ¿¿Alguna vez te sentiste así solo con un roce de Carlos??… ¡Nadia, Recapacita! Deja de pensar ¡ponle atención a lo que están hablando!»

    Por un segundo sentí como que Nadia estaba intentando sutilmente separarse, pero mi cuerpo reaccionó más rápido y se volvió a pegar al de ella, ¿habrá sido muy invasivo? ¿Muy evidente? Ahora ella está quieta, no la quiero ni mirar.

    Siento que no aguanto, cuantas veces la imagine entre mis brazos y yo entre sus piernas, una sensación de excitación me comenzó a recorrer, y mi brazo se despegó de ella para abrazarla por el hombro, era un abrazo de camaradería decía para mis adentros no tenía nada de malo, sentí como Nadia se quedaba quieta y una leve presión de su cuerpo contra el mío, ¿será que ella también quería que la abrazara?

    » ¡¡Ay dios!! ¡Me está abrazando! Mmmm se siente bien… me siento como en casa cuando él me abraza, es algo raro, pero las pocas veces que me ha abrazado, ¡me quedaría a vivir en sus brazos!, puedo sentir su mano tímida y decidida a la vez, la doctora y Paty no alcanzan a ver, su mano recorre mi brazo derecho. Espera… ¡Me está tocando! Siento como la sangre se hace más caliente» .

    Mientras seguimos conversando acaricio su brazo, y disimuladamente la apretó contra mi, me está costando controlarme, antes de darme cuenta, y no sé cómo mi mano ahora toca su cintura, ups!

    «Veo como Paty, la doctora y el doctor conversan, pero no logro escuchar realmente de qué hablan ni me interesa, solo quiero sentir esa mano, ese calor que estoy sintiendo al lado mío, ¡sabía que yo le gustaba! Ahora ya no me siento tan ridícula por andarme agachando justo en frente del doctor para que me mire, para que me note, ¡pero qué estoy pensando, Él está casado y yo con Carlos! Se siente tan rico solo imaginar que le gusto, pero no es correcto, me está tocando las caderas. Es evidente que esto ya no es cariño puro» .

    Un poco nervioso por la reacción que podría tener Nadia con mi mano en sus caderas, no quería parar ahí, debía seguir, sentía que ella quería que siguiera tanto como yo, me arriesgue y mi mano muy sutilmente bajo hasta uno de sus hermosos grandes y esponjosos glúteos, casi no la tocaba pero sabía que ella sentía el calor de mis manos, de pronto ella levantó la cola rozándola con mi mano, me había dado luz verde para seguirla acariciando. Luego ella disimuladamente bajo su brazo del mesón de recepción y también me comenzó a tocar la cintura. Luego uno de mis glúteos, ninguno de los dos nos mirábamos, era absolutamente increíble que yo pudiera seguir el hilo de la conversación con la doctora y con Paty, agradecía que la sala de espera estuviera vacía, de pronto Nadia coló su mano por dentro de mi polera y comenzó a subir su mano por mi espalda.

    «Mmm me encanta su espalda ancha, se nota que hace ejercicio puedo sentir todos sus músculos, ¡que ganas de comerme a este hombre!, Y ahora siento como su mano hace lo mismo conmigo pero no es mi espalda la que está tocando esa mano inquieta».

    Que suaves y esponjosos son estos glúteos, ¡¡que ganas de morderlos!! No aguanto más…

    – bueno chicas, les dije tengo que ir a ver el próximo caso antes de que llegue, ¿Nadia me acompañas?

    – ¡sí doctor!

    Nos encerramos en el box, con llave, lamiéndonos, besándonos, desnudándonos mientras Paty y la doctora seguían hablando, nosotros silenciosos nos dábamos luz verde en todo, el roce tímido se transformó en un roce total.

    Gastón Lemark.

  • Conociendo a su amiga

    Conociendo a su amiga

    Con mi pareja decidimos hacer una pausa en nuestra calurosa tarde de verano y nos dirigimos a un bar en el centro. Una vez allí, buscando algo refrescante, pedimos una jarra de sangría para compartir.

    En ese momento, mi pareja, Belén, me propuso algo: «¿Te parece si le digo a Cathy que venga? Ahora está con su pareja en el centro y hace años que no la veo». «¡Claro, no hay problema!», le dije.

    Hace algún tiempo, mi pareja me contó que su amiga ahora estaba saliendo con chicas. Cathy, tenía una relación estable de más de dos años con su actual pareja, Emma.

    Las chicas llegaron al lugar luciendo cortos vestidos playeros. Ambas son de baja estatura, rondando alrededor de 1 m y 50 cm. Cathy siempre fue conocida por ser una chica deportiva, incluso había sido porrista en el pasado. Ella es morena, de complexión delgada, pero a pesar de su apariencia menuda, tiene unos senos bastante grandes, además de un trasero y piernas bien formados. Sumados a su energía y vitalidad era una persona bastante encantadora.

    Por otro lado, Emma, cuenta con una contextura media. Su cuerpo es hermoso y aunque no es tan curvilíneo como el de su pareja, ella posee un buen par de senos y un trasero pequeño pero muy lindo. Emma tiene una tez blanca, que contrasta con su cabello oscuro. Ambas comparten la misma edad, 27 años (6 menos que nosotros).

    La noche avanzaba entre risas, anécdotas entretenidas, comida y mucho alcohol. Sin embargo, para las chicas, la fiesta estaba recién comenzando y se sintieron tentadas por ir a bailar. Decidimos ir a una disco.

    Mi pareja, luciendo un vestido corto, se acercó a mí y comenzó a bailar con su cuerpo bien pegado al mío, poniendo todo su gran trasero sobre mi pene. Entre el alcohol y el roce de los cuerpos, mi erección no se hizo esperar y con mis manos la tomé de las caderas mientras besaba su cuello.

    Al nuestro lado estaban las chicas bailando. Muy sensuales se tocaban y besaban sin parar.

    Decidimos tomar un descanso y nos dirigirnos a la barra para comprarnos algo refrescante. Sin embargo, la atención era lenta, había mucha gente esperando y muy pocas personas atendiendo. En medio del tumulto de espera, Cathy quedó justo delante de mí.

    Con cada empujón proveniente de las personas detrás de mí, me fui acercando involuntariamente hacia a la amiga de mi polola. Intentaba alejarme, pero la multitud y la presión me lo hacía difícil. La espera se volvía un tanto incómoda debido a la aglomeración y la falta de espacio. Los empujones continuaron y sin querer le arrimé todo mi pene sobre su trasero por algunos segundos, ella se dio vuelta, yo inmediatamente me disculpé. Belén bajó su mano para sentir mi bulto, y se sorprendió al sentir lo duro que estaba. Me quedó mirando, pero sólo atinó a reírse.

    Con nuestras bebidas en mano regresamos a la pista de baile. En ese momento, el DJ cambió de estilo musical y empezó a reproducir reggaetón antiguo, lo que generó una gran euforia en las chicas. El ritmo pegajoso y las letras conocidas las llevaron a bailar con mayor intensidad.

    En medio de la euforia, notamos que Emma desapareció de nuestra vista. Posteriormente, nos dimos cuenta de que se había encontrado con algunas de sus colegas de trabajo. Debido a eso, nos quedamos solamente con Cathy. Las chicas, entre bromas y de manera divertida, comenzaron a bailar conmigo en la pista de baile. Al principio, el ambiente era muy gracioso y con muchas risas.

    Poco a poco, sin embargo, la dinámica fue cambiando. Las bromas dieron paso a una mayor complicidad entre nosotros. Los movimientos se volvieron más sensuales y las risas se tornaron en miradas cómplices y gestos sugerentes. La diversión inicial se transformó en una experiencia más íntima y seductora mientras continuábamos bailando. Poco a poco mi pareja comenzó a pegar nuevamente su trasero sobre mí, mientras tanto su amiga nos miraba con cara de sorpresa. Por otra parte, cada vez que Cathy bajaba su trasero cerca mío, mi pareja ponía su mano sobre mi bulto a modo de broma, todos reíamos cuando hacía eso. Pero luego dejó de hacerlo y su amiga ya no se detenía al juntar su trasero con mi cuerpo.

    En un momento mi pareja se pone a mi lado, sube su mano a mi cuello y me besa, su amiga siguió con el movimiento de su cuerpo mientras bailaba, pero esta vez fue un poco más allá y puso todo su trasero contra mí, pero está vez fue cerca de mi pene, bastante cerca diría yo. Ninguno hizo nada para para detener la situación, con mi pareja nos seguimos besamos intensamente mientras su amiga movía lentamente su culo cada vez más cerca de mi pene, como acto reflejo yo la tomé firme de su cadera con una mano, mientras con la otra agarraba a mi pareja del trasero. A continuación, Cathy puso su mano en mi bulto tanteando en qué estado estaba, para luego colocar su trasero sobre mi pene erecto, fueron unos breves segundos, pero fue un momento muy intenso.

    El DJ, oportuno como siempre, decidió cambiar el ritmo de la música a algo más pachanguero. Esto nos ayudó a volver a la realidad y dejar atrás el momento.

    Decidimos ir en busca de Emma, quien seguía en una animada conversación con sus colegas. Cuando nos vio acercarnos, nos presentó a sus compañeros de trabajo, mostrándose visiblemente más eufórica que antes.

    Dado que las chicas no vivían cerca de allí, mi pareja les ofreció la posibilidad de quedarse en nuestro departamento por la noche. Agradecidas, ellas aceptaron la oferta. Antes de partir, decidimos hacer una parada en el baño. Salimos de los primeros, y en ese momento Cathy me confesó que le había gustado lo que había sucedido entre nosotros mientras bailábamos, y sin vergüenza me dijo: “quedé caliente”. Y yo con menos vergüenza le contesté: “yo también, muy caliente y con ganas”.

    Decidimos regresar a casa en un Uber. Emma se adelantó y ocupó el asiento delantero, mientras que Belén fue la primera en subir, lo que me dejó sentado al lado de Cathy. Durante el viaje, no ocurrió nada destacable, aparte del hecho de que Cathy apoyó su cabeza en mi hombro y se quedó dormida.

    En mi mente iba la idea de llegar a tener sexo y luego dormir. Pero las chicas al bajarse del auto se animaron y tuvieron ganas de seguir compartiendo.

    Después de un día en la playa, Emma y Cathy nos preguntaron si era posible darse una ducha para refrescarse. Les respondimos afirmativamente, ya que nosotros también queríamos refrescarnos. Entraron juntas a la ducha y no tardaron mucho tiempo. Luego de que ellas salieran, entramos nosotros a ducharnos. La verdad no hicimos mucho, aunque Belén notó lo duro que lo tenía, lo tocó un par de veces y salimos.

    Una vez salimos de la ducha, mi pareja les ofreció a las chicas unas poleras largas para que las usaran mientras continuábamos compartiendo. Por comodidad, ellas las aceptaron. Siguiendo el ejemplo, Belén también se puso una polera similar.

    Sin embargo, debido a que ninguna de ellas llevaba puesto sostén debajo, sus pezones se marcaban ligeramente sobre sus ropas. No puedo negar que esta situación fue un espectáculo placentero para mí.

    Luego comenzamos a buscar un juego para entretenernos. Cathy encontró el juego de la verdad, en el que tenías que elegir entre un desafío o una verdad, y si no cumplías, debías tomar un shot. Sacamos una botella de tequila y empezamos a jugar.

    Como era de esperarse, las preguntas y desafíos fueron aumentando en intensidad. Hablamos abiertamente de nuestras poses sexuales favoritas, de fantasías y en un ambiente de confianza nos contamos varias infidencias. El juego nos llevó a explorar temas más íntimos y atrevidos, creando una atmósfera de excitación y complicidad entre todos.

    En un momento le tocó decir la verdad a Belén. Emma tomó la palabra y le preguntó a mi polola si alguna vez le había causado curiosidad estar con una mujer, mi pareja sin pensarlo le dijo que no, y que realmente nunca se le había pasado por su cabeza, sin embargo, ahora que lo pensaba no tenía nada en contra.

    En medio del juego, Belén, olvidándose momentáneamente de las reglas, le hizo a Emma una pregunta directa: si alguna vez había sentido interés en tener algo con hombres. Emma, sin vacilar, respondió que sí, pero solo por curiosidad.

    Después de un momento de pausa en el juego, decidimos ir al baño y nos servimos algunos snacks para comer. Mientras Cathy estaba en el baño y Emma salió al balcón para fumar, con Belén nos dejamos llevar por la intensidad del momento y comenzamos a besarnos apasionadamente en nuestra habitación, tomé su mano y le puse sobre mi pene, pero ella no perdió tiempo e introdujo su mano bajo mi short. Entonces le dije: “y si me la chupas antes de que salga tu amiga del baño”, nunca pensé que aceptaría, pero la calentura del momento, sumada a la cantidad de alcohol que habíamos bebido aquella noche la animó a hacerlo. Se arrodilló, bajó mi short y lo se lo metió a la boca con muchas ganas.

    Por la música de fondo no nos dimos cuenta de que Cathy había salido del baño, y nos estaba mirando. Mi pareja se giró y la vio, sintiéndose muy avergonzada. Con su dedo sobre la boca le hizo señas para que guardara silencio.

    Cathy: “que rico amiga, aprovechen”.

    Belén: “no les cuentes nada a nadie por favor”.

    Cathy: “tranquila”.

    Volvimos a nuestras posiciones alrededor de la mesa, retomamos el juego y Belén fue la primera en perder. Cathy, la cual ya tenía el desafío en mente, le dijo “quiero que se la chupes a Eric”. Todos quedamos sorprendidos. Belén le dijo que no lo haría, que eso ya era demasiado como parte del juego y que prefería tomarse el shot de tequila.

    Cathy: “pero si es retomar lo que ya le estabas haciendo”.

    Belén: “pensé que guardarías el secreto”, le dijo ruborizada.

    Emma: “está bien, acá todos somos adultos, si no quieres cumplir el reto se entiende. De todas formas, podrías taparte bajo una manta y se lo haces por pocos segundos”.

    Yo: “bueno tiene razón y no es mala idea”.

    Belén me dio un golpe en el brazo y me dijo: “nooo que vergüenza».

    Cathy: “la estás pensando amiga?”.

    Belén: “podría ser, siempre y cuando no vayan a mirar”.

    Su amiga, que tenía todo pensando puso dos sillas y las cubrió con unas toallas grandes, las mismas que habían usado al secarse luego de la ducha y le dijo: “ves?, si nos sentamos no se ve nada”.

    Con Belén fuimos detrás, ella me besó, se arrodilló y dijo, “esperen, cuanto tiempo quieren que lo haga”.

    Emma: “15 segundos”.

    Belén: “bueno”.

    Mi polola me bajó el short y se metió mi pene a la boca, yo me imaginaba que, debido la vergüenza de estar en esa situación, ella lo haría con más mesura, pero lo hizo más intenso que nunca. Yo lo tenía muy duro desde antes y ahora estaba aún más. Las chicas fueron contando los segundos, cuando llegaron a 10 a modo de broma fueron más lento. Cuando finalmente llegaron a los 15, mi pareja no quiso detenerse y me lo siguió chupando, yo tomé su cabeza, hice un moño con su cabello y me empecé a follar su boca. Las chicas quedaron con la boca abierta. Belén se sacó mi pene de su boca, tomó aliento y volvió a metérselo, eso dio pie para que ellas se relajaran, a nivel que comenzaron a tocarse.

    Yo: “que rico lo haces, nos tienes a todos caliente”.

    Belén: “me incluyo, tenía muchas ganas de seguirlo chupándolo”.

    Cathy bajó su mano y comenzó a tocarse. Su pareja hizo lo mismo. En un instante, Belén sacó mi pene de su boca, se puso de pie y se dio cuenta que su amiga al igual que su pareja se estaban masturbando con desesperación. En ese momento levanté la polera de Belén y me di cuenta de que ninguna de las tres chicas estaba usando ropa interior, lo que me dejó más caliente aún. Pasé mi mano por su vagina y me di cuenta de lo mojada que estaba, la besé intensamente. Luego, ella me empuja a un sillón que había cerca nuestro, ubica un cojín en el piso para sus rodillas y comienza a chupármela una vez más.

    Las chicas se pusieron de pie y trasladaron a los sofás. Cathy inmediatamente se sienta y le dice a Emma que le coma la vagina. Ambas parejas nos habíamos olvidado del juego y nos dejábamos llevar por lo caliente que habíamos estado toda la noche.

    Ahora era mi momento de darle placer a mi pareja, me pongo de pie y cambio de posición con ella. Hace mucho que no la notaba así de mojada, comencé suavemente a jugar con mi lengua en su vagina, ella gemía fuerte mientras al mismo tiempo yo jugaba con mis manos en sus pezones. En un momento me tiré un poco hacía atrás para estar más cómodo y pasé a llevar las toallas que nos estaban tapando, las cuales cayeron al piso.

    Cathy automáticamente se dio cuenta de que ahora nos podía ver, mi pareja se dio cuenta también del asunto de las toallas, pero no le importó. Es más, me tomó de la cabeza empujándome más adentro de su vagina. Yo aproveché de meter 2 dedos en su vagina mientras le seguía devorando el clítoris.

    Pasaron varios minutos en los que pareció surgir una especie de competencia entre Emma y yo por brindarle placer a nuestras parejas. Luego Cathy le dijo a Belén: “acabemos amiga?”. Y mi pareja le contestó: “acabemos, estoy casi lista”. Al escuchar esas palabras con Emma subimos la intensidad.

    Después de algunos segundos sentí a Belén soltar sus ricos y calientes fluidos en mi boca, al mismo tiempo que ella no dejaba de mirar a su amiga que también estaba acabando en la boca de su pareja.

    Luego de acabar, Cathy le pide a Emma que se ponga de pie y la desnuda, le quita su polera, e inmediatamente me di cuenta de que Emma estaba totalmente depilada. Cathy la toma de la mano y la lleva hacía nosotros, sin dudar se acercan a mi polola, le quitan la polera y comienzan a jugar con sus tetas, Belén se dejaba hacer mientras era devorada por las chicas.

    Me pongo de pie y veo a Emma bajar su mano por el cuerpo de mi pareja y meter dos dedos dentro de su vagina.

    En instantes me comienzo a masturbar mirando la escena, mientras veo a Cathy acercándose a mi pene y le dice a Belén: “amiga he querido hacer esto toda la noche, puedo?”. Ella se arrodilla y comienza a tocar mi pene.

    Esperamos respuesta de mi polola, pero esta nunca llegó. Al verla nos dimos cuenta del porqué, Emma le estaba dando placer en su vagina, y al parecer era experta con su boca. Al notar esto, Cathy se comienza a meter poco a poco mi pene en su boca.

    Lo chupaba con bastantes ganas, se notaba que hace años que no lo hacía y la verdad era muy buena en ello, por un momento incluso creí acabar, pero ella sabía cuándo bajar la intensidad para evitarlo. Comenzó a succionar mis bolas, sin dejar de masturbarme. Aprovechó que mis genitales estaban rasurados hace poco tiempo para hacer todas sus fantasías acumuladas en el tiempo. Luego lo tomó de la base y se lo comenzó a meter por completo en su boca, la cual estaba deliciosa. A continuación, pasó su lengua desde la base hasta la cabeza de mi pene, finalmente le dio un tierno beso en la punta.

    De momento, la única que aún tenía ropa puesta era Cathy, lo cual me dediqué inmediatamente a cambiar, le pedí que se pusiera de pie y finalmente la desnudé. Sin pensarlo acerqué a mi boca a sus tetas y le comí sus ricos pezones, eran unos senos grandes y deliciosos, me di un tremendo festín.

    Después, la giré para mirarla de pies a cabeza, al hacer esto me di cuenta de que al igual que todas las chicas esa noche, ella también estaba completamente depilada. Luego puse mis manos en su cintura la levanté y la acosté en el sofá. Besé su cuello mientras ella me tomaba del pelo, quería besarla en la boca, pero no sabía si eso estaba permitido, me imaginaba que penetrarla tampoco. En un momento me di vuelta para ver a mi pareja, pero ellas estaban en lo suyo. Siempre me calentó mucho la fantasía de ver a mi chica experimentando con otra, pero ahora no quería pensar mucho en eso, necesitaba concentrarme en Cathy.

    Seguí besándole el cuello, mientras ubicaba mi verga a la altura de su vagina, ella la tocó y la acomodó en la entrada de su vulva. En un momento me miró con cara de querer decirme algo, pero se aguantó las ganas. Proseguí a bajar lentamente desde sus senos hasta su vagina y comencé a chupar su rico clítoris, estaba muy mojada y tenía un sabor delicioso. Mientras tanto, yo me masturbaba lentamente y llenaba mis dedos con mis propios fluidos, los cuales los subía hasta su boca para que ella probara mi sabor, eso le gustó mucho, después hice lo mismo, pero en vez de llevar mi mano hacia mi pene, introduje dos dedos en su vagina y los lleve a su boca para que ella también probara su propio sabor y eso la tenía encantada.

    Comencé a darle más rápido con mi lengua, eso la puso roja y pesé a que no emitió ningún sonido se notaba que su temperatura había subido y su mirada se había intensificado. Volví a subir a sus tetas, sus pezones estaban más duros aún, los mordí suavemente y puse intencionalmente mi pene sobre su clítoris y lo empecé a pasar por ahí, tomé su mano y la puse sobre mi pene para que ella hiciera presión. Pero lo que ella hizo fue meter la cabeza de mi pene en su vagina. Nos miramos fijamente, cuando en ese mismo instante escuchamos a mi polola nuevamente gemir como loca, al parecer había tenido el segundo orgasmo de la noche y esta vez a manos (boca) de Emma.

    Cathy me empuja hacia atrás, se arrodilla y me la empieza a chupar nuevamente, esta vez más fuerte e intenso. Sin embargo, Emma la va a buscar, la toma de la mano, pero Cathy en vez de ir con ella, la hace arrodillarse, quedando con mi verga frente a su boca. Emma sorprendida por la actitud de su pareja, toma mi verga y le dice: “sabes que nunca he hecho esto”.

    Cathy le responde: “por lo mismo, quiero que lo hagas, está verga está deliciosa y quiero que la primera vez que pruebes un pene estés conmigo, quiero verte como lo haces”.

    Emma besa a Cathy y me comienza lentamente a dar sexo oral, se notaba su inexperiencia, pero poco a poco se va poniendo a tono metiéndose mi miembro hasta la mitad.

    Mi pareja se acerca, me besa fuerte, y se pone a mi lado a mirar como Emma por primera vez en su vida prueba un pene. Luego Cathy se pone de pie y también me besa. Belén la queda mirando como pidiéndole explicaciones, pero también la besa a ella, luego nos besamos los tres de forma muy apasionada. Emma algo molesta se pone de pie y besa a Belén. Cathy se ríe, pero no pierde tiempo, me empuja al sofá y me empieza a dar nuevamente sexo oral, esta vez fue más intensa que las anteriores veces.

    Ya no daba más, estaba muy excitado. Cathy me dejó descansar algunos segundos soltando mi miembro, al mismo tiempo que ella jugaba con sus tetas mirándome fijamente con deseo. Se dio vuelta para ver como las chicas se seguían besando. A continuación, puso mi pene entre sus ricas tetas, me hizo una paja con ellas, y cuando se dio cuenta de que ya no podía más me lo chupó con todas sus ganas. No aguanté más, Cathy no dudó un segundo y se lo metió a la boca recibiendo así todo mi semen caliente ante la atenta mirada de nuestras parejas.

    Nos fuimos cada uno a su habitación correspondiente, y cuando parecía que todo había terminado, escuchamos a las chicas teniendo sexo de nuevo, Belén me empezó a masturbar y cuando vio que mi pene ya estaba duro se montó de una vez por todas.

    Cabalgó varios minutos lentamente, sin embargo, poco a poco fue aumentando su intensidad, lo que hizo que sus senos fueran rebotando al ritmo de sus embestidas. Después la puse en 4 y la comencé a embestir fuerte, la tomé de los hombros y se lo metí con todas mis fuerzas. En ese instante se escuchó claramente como Emma estaba acabando salvajemente.

    Pasaron algunos minutos y vemos a las chicas venir hasta nuestra habitación y ponerse a nuestro lado en la cama. Sin decir nada, se enlazaron en una brutal tijera. Sus vaginas estaban tan empapadas que se escuchaban al frotarse una contra otra.

    Tomé del cabello a Belén dándole con todas mis fuerzas, ella acabó con mi pene adentro. Pude aguantar su orgasmo, pero ya no daba más. Emma que ya estaba transformada en una puta se sale del lado de su pareja y me lo empieza a chupar y me dice “quiero tragar por primera vez semen”. Eso me calentó tanto que cuando se lo metió a la boca comencé a acabar, para ser su primera vez lo hizo bastante bien, quedándose con toda mi leche en su garganta, sin desperdiciar ni una gota, se tragó todo el semen. Cathy se acercó a ella, la besa y le preguntó: “te gustó tu primera vez?”. “Me gustó mucho hacerlo”, le contestó Emma.

    Quedamos agotados después de tanta acción y nos dormimos todos en la misma cama. Al despertarnos tomamos desayuno, nadie se preocupó por vestirse, es más, todos estuvimos desnudos hasta que las chicas se fueron.

  • Una noche cariñosa con las cariñosas (partes 1 y 2)

    Una noche cariñosa con las cariñosas (partes 1 y 2)

    Parte 1.

    Después de un par de semanas de estrés, pude distraer mi mente con putas y cheve. Como cada año, en el cumpleaños de mi camarada Toddz y yo fuimos a nuestro putero favorito. Antes íbamos más seguido, pero pues ya saben… la vida.

    En fin, siendo una ocasión especial, lleve algo de dinero y dije “que pase lo que tenga que pasar”.

    Hay una mujer llamada Dora (la Devoradora!). Ella es una mujer entre sus treintas o cuarentas. Una mujer madura bien añejada, pero puerca por la cantidad correcta. Muy buena onda, muy platicadora. A la vez pilla y cabroncita en el buen sentido.

    Siempre viene conmigo porque es muy insistente y nomás no le digo que no porque soy una persona que le quiere caer bien a todos y a me agarro de su pendejo. Llega a mi mesa y me dice “¿qué onda una mamadita?” (Se me está parando de solo acordarme). Y yo dudoso dije “si!”. Y a pesar de que sentí que no iba estar chio, esa ruca me hizo un jalesote bien perron!

    Fuimos al cuartito del privado, me senté en el sillón y me bajé los pantalones. La ruca, se quitó la blusa. Su el de una milf. No está gorda, tiene un abdomen grueso, pero tiene buena figura. Los hombros anchos. He de allí su cuerpo de botella. Pelo rubio, naricita chata. Su pecho tiene alrededor de 65 o 70 cm y un culazo de fábula Sabroso. Cada vez que puedo, me como unos peditos suyos.

    Mi verga no es muy grande, unas humildes casi 6 pulgadas. Me la saco y Dora, sin perder el tiempo, se la mete a la boca. Ella cierra los ojos, y empieza con su boca; “arriba y luego abajo…arriba y luego abajo…”. Mientras hace esto, me acaricia los muslos al mismo tiempo que le acarició la espalda y sus hombros.

    Ella no se puede meter toda la verga a la boca. Yo jugando, le empujo la cabeza hacia abajo. Ella medio se enoja, y me dice con voz molesta pero a la vez tierna y dulce: “¡no hagas eso!” y me pega en los muslos. Yo nomas rio, y me pongo mas duro. Pero trato de no ser un mierda con este mujeron. Ella sabe que lo hago jugando.

    Descansa un poco, me mira a los ojos mientras me masturba y me dice “No hagas eso. Tienes un vergononon! Y me ahogo!”. Me hace sentir como si fuera un puto semental cuando me dice eso.

    Vuelve a repetir el mismo “combo” con su boca y su mano. Para variar un poco, le digo “deja poner mi verga en tus pechos”. Ella se la saca de la boca y lo empieza a frotar entre sus delicados pechos. Me mira al rostro y me dice “¡ya te hacía falta venir conmigo, papi!”.

    Yo contesté con voz: entre cachonda y falta: “Si, ya era justo y necesario.”. Y la bese. A mi no me importa que hayan tenido mi verga en su boca. Soy bien besucón.

    Me pregunta: “te vas a venir?”.

    No les voy a mentir, si una morra me hace una chaqueta no me vengo. Estoy tan acostumbrado a mi manos que tengo que terminar yo. Siendo así, le dije “Si. Déjame terminar”. Empiezo a chaqueteármela mientras ella me mira la verga. Una vez que estoy apunto, le digo “ya va a salir” y ella pone los pecho.

    Allí descargue todo mi semen. Ella me dijo, “ummm que rico”.

    Nos pusimos la ropa, y ella me dijo: “Espera a que me hagan la lipo y culeamos rico”. Yo conteste: “Así te vez bien pinche sabrosa!”. Y le di una nalgada de amor. Ella rio y con una mirada coqueta mirándome por el hombro se despidió, “nos vemos luego. Te cuidas”.

    Por eso me encantan las cariñosas, Majin Boo!

    Regrese a la mesa con mi compa Todds y seguimos viendo a las mujeres. Y de repente veo la oportunidad perfecta para poder cumplir una de mis fantasías. Su nombre era Senaida. Una mujer negra muy fina de Sudamérica. Sonreí y pensé, “vaya, vaya! esta noche aún no termina”.

    Parte 2.

    Media hora después, vi a esta pinché negrita bien sabrosa de Sudamérica; Senaida. El día anterior, Toddz y yo habíamos venido a checar el cuadro y casi todo estaba igual desde la última vez que fuimos. Ese día me había llevado a Senaida a un privado y me preguntó: a ver cuando culeamos?

    El día en cuestión, a Senaida le di un par de dólares durante su baile y se me acercó y con su voz profunda y lenguaje jerguiados me dijo: “Vamos a culear?”. No sabía qué contestar. Me puse nervioso. Se veía muy imponente. Era el feminismo empoderado en carne viva.

    Senaida tenía un bikini azul que no dejaba nada a su imaginación. Piel de canela oscura, labios delgados y delicados. Debe tener entre 27 a 31 años. Su pelo ondulado castaño con puntas magenta. Sus ojos de color ámbar que al verte podrían dominar tu alma. Su cuerpo mide 1.75 m. Medidas 90-60-90. Un cuerazo. Nalgas naturales. Pechos aumentados. Al igual que Dora, no se sienten naturales; sin embargo, se sienten reales porque puedo tocarlos.

    Al desnudarse toda en la pista, le tuve que dar otro billete, se acostó boca-arriba. Me puse encima de ella y le di un beso en los labios, mientras recorría su cuerpo con mis manos de los pechos a sus nalgas. Siempre hace lo del beso. Es muy besucona.

    Estaba dudoso y Senaida estaba perdiendo la paciencia y con tono molesto dijo “Ud. dijo que íbamos a culear”. No sé que tenía su acento. Por lo regular me gusta una morra con voz delicada o aguda. Pero su voz entre grave y femenina fue también como una cachetada de “ponte las pilas, cara de verga! Pinche viejonon!”.

    Siempre he querido estar dentro de sus entrañas, pero han pasado cosas en mi vida que no me han dejado tener erecciones apropiadamente. Sin embargo me armé de valor y conteste, “vamos”.

    Término al baile, fue a mi mesa, discutimos el trato y lo cerramos. Fuimos donde están los cuartos con cama (tipo hotel) y había un chingamadral de gente esperando cuartos (con cama). Así de repente. A la gente le dio por tener ganas de coger. Son como 5 cuartos y en todos había gente echando pata. Y otros 5 en el “lobby” esperando.

    Pensé “Esto otra vez… esto no se va a hacer. El Creador de la Tierra está en contra de mi fantasía interracial bronce-ébano”. Sin embargo, Senaida es muy astuta. Me preguntó, vamos a los cuartos de baile privado. Sin deberla ni temerla conteste: “si vamos”. Pero en realidad no estaba listo. Dora me había ordeñado hace rato.

    Pero el olor de su perfume, el ambiente cachondo del lobby, y el meneo de las nalgas de Senaida me le estaba devolviendo la sangre a mi verga. La vida a mi cuerpo. Al menos un 65%. Suficiente no para gozar del todo, pero para decirle a Toddz: “El Don se ha vuelto interracial”.

    En cuanto entramos al cuarto, la Senaida me ordenó “quítate toda la ropa”. Yo soy muy penoso, pero de alguna manera el Creador me estaba poniendo a prueba. Me estaba diciendo, “esto es lo que has querido toda tu vida, no perro!? Cogerte a una reina nubia. Este es el precio qué hay que pagar hijo mío”. Y en verguiza me encuere mientras ella también. Eso es lo que no me gusta de las cariñosas, la prisa.

    Más de cerca aprecie sus voluptuosas y moderadas nalgas. Tuve que besar una y otra. Toque su panocha con la yema de mis dedos delicadamente. Su culo me invitaba a darle un largo pero delicado beso. Deje un poco de saliva para refrescarlo.

    Me senté en el sillón y ella se puso de rodillas al igual que Dora.

    Al ver mi verga, Senaida con cara sorprendida me dijo, “tu bicho está lleno de brillitos”. La evidencia de que Dora había restregado sus tetas contra mi verga.

    “¿Cuándo fue la última vez que tuviste algo?”, y yo conteste “hace rato con Dora”. Y nomas me miró y se río. Y le dije “a ver si se me para”. Y me dijo “ja ahorita vas a ver!”.

    Y empezó a mamármela. A diferencia de Dora, Senaida me miraba a la cara con unos ojos sensuales, hipnóticos. Y también a diferencia de Dora se metía toda la verga en mi boca. Y cuando digo toda…es toda.

    Después me dijo, quieres que me siente en ti. Y yo, “siii”. Y no sé como estaba erecto, pero lo estaba. Me pone un condón en mi falo y después me monta de espaldas. Cuando se me sube, oooh Dios. Me perdí en el tiempo y en el espacio. De espaldas, Senaida gemía mientras subía y bajaba a sentones con mi falo dentro su caliente panocha. Se sentía como tener un cobertor eléctrico de seda caliente en el nivel máximo en mi verija.

    Y la morrita es muy flexible. Arqueo la espalda y su cara estaba con mi cara a pesar de ella estar de espalda. “¡No pare hijueputa!” me suplico. Con una mano le agarraba los pechos mientras la besaba en el cuello y con la otra lograba frotar su clítoris.

    No pude besarla del todo. Logre lamer sus labios. No me importaba. En ese momento no quería ser del todo cariñoso. Tenía ganas de poder ser lo más puerco y morboso que pudiera.

    “Me voy a venir” grito. Pero la mamada de Dora había desgastado un poco mi erección. Como dicen los comentaristas de fútbol “la tenías de pechito pero la dejaste ir”. Senaida se levantó, se puso de frente y me dijo: “te voy a enseñar mi squirt!”.

    Puso un pie en el sillón mostrando su dulce panochon casi en mi cara. Y se empezó a frotar. Yo con una mano completa le agarre el pecho y pellizcaba el pezón con una fuerza moderada. Lo suficiente para hacerla sentir rico. Mientras con la otra le acariciaba el muslo y una nalga.

    Ella mientras gemía nos mirábamos a los ojos. Ambos con cara de morbo y lujuria voyerista. Yo el espectador y ella la protagonista. Pasaron menos de 10 segundos y sentí sus jugos calientes en mi muslo. Después de eso, con ambas manos la sostuve de su cabeza y le di un par de besos largos y ricos.

    Recuperé un poco mi erección. Senaida se puso de 4. “Métamela” pido. Empecé a embestirla tan duro como podía. Después de 4 minutos le dije me voy a venir. Ya no podía aguantar mas. Me dijo: ”échemelo! lo quiero en las nalgas!”. Violentamente me quité el condón y disparé un par de gotas. Quede un poco decepcionado,

    Y ella ya estaba enfadada de erecciones a medias. Por alguna razón platicamos un poco. Me dijo “la próxima vez viene conmigo primero, eh? No se deje. Que la Dora no lo convenza”.

    Nos vestimos, y al salir de los cuartos me dijo, “Agárreme de las manos pa que nos vean”. Yo con mucho gusto. Senaida era un encanto. Su fuera lo suficientemente hombre me la robaría de ese lugar. Me acompañó a la mesa y ella le dijo al oído al Todds, “Este hombre tiene un bichote que me vuelve loca”.

    Todds solo rio y me dio una cerveza. Miramos un par de bailes y nos fuimos a casa.

    Ahorita estoy juntando dinero y estamina para el round dos.