Blog

  • Mis hermanos gemelos me parten en dos

    Mis hermanos gemelos me parten en dos

    Ya llevo casi tres meses teniendo sexo duro y constaté con Esteban, mi vecino que es casado con Miriam la compañera de trabajo de mi papá. Está es continuación de mi anterior relato, continúo.

    Siempre aprovechamos esos viajes de proyecto de mi padre, pues mis hermanos los gemelos ellos también aprovechan esos días para irse dónde sus novias unas chicas muy lindas y tiernas ya llevan dos años de relación con ellas, estas viven a una hora de nuestra ciudad.

    Hoy estuve con Esteban toda la mañana, el me da unas folladas deliciosas jamás imaginé volverme adicta a esa verga tan gruesa y grande me encanta que me llene entera de leche, en mi vida hubiera pensado que el sexo sería tan exquisito.

    Todo el resto de tarde estuve adelantando trabajos, no quiero descuidar mis deberes para que papá no sospeche nada raro. Cuando me doy cuenta son las nueve de la noche, me levanto a buscar algo de comer y me voy a mi cuarto necesito una ducha y así lo hago. Salgo de la ducha en toalla y voy a la comodidad de mi cama a comer.

    Mientras estoy comiendo mi pizza y tomando mi refresco, recibo la llamada de todas las noches de papá.

    – Cielo, ¿cómo estas, como va esos estudios? Pregunta mi padre.

    – Hola papi, estoy bien y los estudios excelente, tú sabes soy muy juiciosa.

    – No tengo duda de eso mi vida. Has hablado con los gemelos hoy.

    – Si papi, Diego me llamo en la mañana y Tomás en la tarde.

    – Ya sabes, si necesitas algo, los llamas.

    – Ok, tu tranquilo, concéntrate en tu trabajo. Que si necesito algo los llamó.

    Me despido y cortó la llamada. Pensando en todo lo que Esteban me hace, voy a buscar mi masajeador de clítoris, y un consolador grueso que se asemeja muy bien a la verga de Esteban, decido hacerle una video llamada ya que esa noche no podría ir hacerme compañía, pues tenía a la suegra de visita en casa, había llegado en las horas de la tarde, por eso aprovechamos la mañana.

    Ya desnuda en mi cama y abierta de piernas, coloque el teléfono en un trípode al frente de mi cama, esperando que el acepte la llamada, me imagino que espero hasta que su suegra se fuera a dormir.

    – Hola mi hermosa zorrita, que estás haciendo, que estás desnudita y con esos pezones así de parados listo para lamer y morder, me dice Esteban con voz dominante y profunda.

    – Estoy pensado en ti, en tu verga en que me entra duro y fuerte por mi vagina y la sacas simplemente para meterme la en el culo fuerte y duro como me gusta.

    – a ver ábrete esa rica vagina, con ese consolador quiero verte.

    Empecé a meterlo lentamente mientras iba pellizcando mis pezones, la calentura era mucha, pues Esteban tenía la verga afuera y se pajeaba, a mi ritmo.

    – Mi pequeña zorra, masajéate ese rico clítoris, quiero ver qué tan grande y rojo se te pone. Ordeno Esteban

    De inmediato empecé a darme con mi rompe clítoris lo puse en el grado más alto de velocidad, quería que me creciera mucho, deseaba que Esteban lo viera grande y deseara hacerme una buena sesión de Cunnilingus la próxima vez que me cogiera. Estaba en esas cuando mis hermanos interrumpieron mi sesión de masturbación. De inmediato a penas los vi al lado de mi cama, solo me dio tiempo de levantarme como un resorte y colgar la llamada.

    – Así que eres toda un putica, eso es lo que haces cuando no estamos en casa hermanita Dijo Diego.

    – Eso parece hermano, que le gustan las vergas gruesas, y que la follen como toda una puta en celo, que tal si le damos las nuestras, para que disfrute con unas de verdad.

    Inmediatamente se bajaron los pantalones junto con sus bóxer, se nota que estaban espiando me hacía mucho, pues su vergotas estaban duras, grande y venosas y la verdad en mi vida hubiera imaginado lo gruesas y grandes que eran las vergas de mis hermanos. No sé si por lo excitada que estaba o por qué me interrumpieron mi deliciosa masturbación, o el verles la cara en tres enojó y lujuria que tenían los gemelos que cuando.

    Diego me cogió del cabello y me hizo que se la mamara no lo pensé ni por un instante y lo hice como si de un ternero se tratara, quedé en cuatro patas en la cama, le chupaba hasta las bolas eran grandes ricas y como me gusta a mi, depilado por completo. mientras tanto Tomás empezó a darme fuertes nalgadas, si me dolía pero me calentaba más, empecé a sentir como mis jugos se deslizaban por mis piernas, el solo repetía.

    – ¡Vaya zorra que eres, te estás viniendo a mares!

    – mmmm hermanito no puedo evitaaa.

    No puede terminar de hablar cuando el empezó a lamer desde mi vagina hasta mi culo y viceversa mi hermano chupaba tan duro mi clítoris y a su vez de una forma deliciosa, que yo volví y me vine en su boca con una torrente de jugos que el limpio y disfruto como todo un campeón, en ese punto de excitación no quería pensar, que estaba haciendo cosas prohibidas con mis hermanos. Que deseaba que me dieran verga sin medida, no supe en qué momento deje de verlos como mis preciosos héroes, para imaginar los como dos nuevos amantes.

    Tomas me metía tres de sus dedos dos en mi vagina y uno en mi culo, yo solo gemía quería más, deseaba tener las vergas de mis hermanos llamando mis hoyos.

    Empecé a pedir más,

    – ¡Quiero más Tomás!, ¡méteme tu verdad por favor!

    – No tan rápido pequeña puta, primero mámamela a mi. Así que los dos me hicieron arrodillar en la cama para que se las chupara. Eran ricas, ya entendía por qué tenían tan enamoradas a sus novias.

    Ellos me bombeaban su gruesas vergas hasta el fondo de mi garganta, eran demasiadas las arcadas, me estaban ahogando y yo deseaba ser ahogada, Diego me empezó a dar cachetadas ya no solo tenía mi culo rojo si que también tenía la cara igual o peor. En sus ojos no había remordimiento por estar penetrando mi boca o estarme dando cachetadas, en esos ojos había lujuria, por un momento pude ver un rostro que jamás había visto en los gemelos y era una mirada lasciva.

    – Diego, creo que ya es hora de castigar a esta putica, ¿qué dices? Pregunto Tomás.

    – Estoy de acuerdo, vamos a darle lo que le gusta. Respondió Diego.

    Sin darme tiempo Tomás me cogió de los pies y me arrastró al borde de cama y me penetró ferozmente, mi vagina dolió, mis gemidos eran de dolor revueltos con placer, esa verga era gruesa y sentía que me estaba partiendo en dos.

    – haaa, hermanito que grande la tienes, qué rico, mmmm por favor no pares.

    – Si que eres una puta.

    – ¡Si desde hoy soy tu puta y la de Diego! Respondí perdida en el placer.

    – ¿Así que tan puta eres?, dijo Diego.

    He inmediatamente le ordenó a Tomás, alzarme y que mi pecho quedará contra su pecho, sus intenciones parecían que me iba a penetrar por el culo, pero no fue a si hizo que Tomás sacará un poco su verga de mi vagina y metió su verga también. Quedé ensartada por dos vergas gruesas que entraban con salvajismo por mi vagina, yo gritaba del dolor y el placer jamás pensé que los gemelos me castigarían así de delicioso, mis gritos fueron ahogados por los besos apasionados que me daba Tomás, mis dos hermanos me estaban reventado de placer.

    – Putica, bésame ordenó Diego.

    Y así lo hice lo bese como pude, mientras Tomás me susurraba al oído si me gustaba estar así ensartada.

    – Si me encanta, quiero que me llenen de su leche, quiero tenerlos en mi culo también, quiero que me partan en dos, les decía yo. La excitación me estaba llevando a un lugar si retornó, empecé a decirles ¡ Quiero esa vergas solo para mí! ¡Quiero que me follen cuando quieran!

    Los gemelos se tomaron cada frase mía muy en serio y me penetraron el culo con la mismo ímpetu, se empezaron a rotar mis entradas, las embestidas eran tan salvajes que me hacían subir al cielo y volver a bajar,

    Ellos me dejaban besos por todo mi cuerpo acompañados de fuertes palmadas, yo pensaba que con Esteban tenía sexo duro, pero que equivocada estaba los gemelos me estaban dando el sexo más duro y dominante de mi vida, lo paradójico del asunto es lo fascinada que me tenía recibir placer de esa forma. Después de varias horas de sexo duro y salvaje y de estar más llena de leche que nunca, les suplique a mis hermanos.

    – Se que no tengo derecho a pedir nada, pero en verdad quiero ser la puta de los dos, si así lo quieren.

    – ¡Ya eres nuestra puta! respondieron en unísono.

    Me besaron con mucha pasión y salieron de mi cuarto.

    Ellos creyeron que me castigaban, pero en realidad me hicieron un favor, se volverían mis amantes al igual que Esteban.

    Desde ese día los gemelos no respetan ni cuando papá, está en casa para darme esas folladas salvajes y aunque sabemos que estamos en una relación incestuosa seguimos disfrutando hasta donde la vida nos lleve.

    Coméntame si te gustó mi relato. Besos.

  • El que busca, encuentra (III)

    El que busca, encuentra (III)

    Camila entró y vio el charco en el piso «¿Que le hiciste, negra?» Preguntó entre risas, mientras abría una cerveza y tomaba unos puntines de coca.

    «Le llené el culito de leche y de meada, amor. Te lo dejé bien limpito» contestó riéndose perversamente. «Voy a salir por unas horas, pero está bien atadito, cuídalo hasta que yo vuelva» ya estaba vestida, tomó su abrigo y se marchó. Camila prendió la cámara de su teléfono y lo enfocó hacia la cama, dejo una tenue luz solo en el baño.

    Se acostó vestida, su mini negra, sus bucaneras, sus ligas y una remerita de encaje también negra.

    Me acomodó de espalda a la pared y se acostó de frente a mi, pasó sus manos rodeando mi cintura y tomando mis nalgas con fuerza, su pene aún blandito se apoyó sobre mis manos sujetas y sus labios sobre los míos. Sentí su lengua húmeda tratar de penetrar mi boca, su saliva y su aliento invadiéndome, no tenía manera de resistirme.

    Me beso por mucho tiempo, casi apasionadamente, sus manos acariciaban mis nalgas y la puerta de mi ano, su pene crecía y se endurecía rápidamente y se escapaba por un costado de su bombacha y por su mini levantada, mientras su boca llenaba la mía de saliva.

    De un momento a otro sus manos me giraron hasta quedar de espaldas a ella, me volvió abrazar y su miembro, ahora gigante se deslizaba por toda mi zanja, por parte de mi espalda y rozando mi ano.

    Sentía sus gemidos en mi nuca, sus dientes mordiendo con fuerza mi cuello y sus movimientos tratando de llevar su punta ya mojada hasta mi dolorido y lastimado orificio.

    «Que lindo bebé, te voy a hacer el amor como si fueras mi putito novio, así a pelo, para que sientas mi carne bien adentro, amor, tengo ganas de cogerte por horas y dejarte preñado, de dejarte la leche adentro para siempre, putito mío» Mientras me susurraba su punta forzaba mi puerta, su cabeza enorme entraba apenas y volvía a salir, y luego empezó a entrar lentamente pero sin detenerse, parecía no terminar nunca, hasta que sentí sus huevos chocar contra mis nalgas y un dolor bien adentro, cerca de mi columna.

    A pesar de mis lamentos ella se movía en círculos, y en un bombeo corto y profundo «¿Te gusta como te hago el amor, sentís mi pijota como te quiere? Contestame bebé, no me hagas enojar, contestá o va a ser peor!!»

    «Si, si me gusta, la siento» me salió decirle

    «Así me gusta, amor, ahora decime que te preñe por favor, y decilo con ganas y fuerte para que se escuche en el video»

    Ante mi silencio, hundió su pija con fuerza y me ordenó: «decime que te preñe, putito, y decime Camila»

    «Preñame Cami» repetí varias veces

    Me cogia muy rápidamente y se ubicaba para que la cámara filmara con detalles

    -«¿Querés que te llene de leche, amor?»

    -Si Cami

    -¿Te gusta mi pija?

    -Si!

    -pedime, rogame que te de la leche

    Su calentura era mucha, su enorme carne no cabía casi dentro mío.

    -Llename de leche, amor

    -Por favor Cami haceme un hijo

    Sentí una explosión en mi interior, su boca buscó la mía y me beso, escupió mientras acababa a chorros.

    Me había cogido más de dos horas, ya eran las 10 de la mañana. Sin sacármela se abrazó a mi y me dijo «vamos a descansar un rato».

    Aun la tenía enorme y dura, esto todavía seguiría por mucho más tiempo…

    Continuará.

  • Quiero que me comas la concha hasta hacerme convulsionar

    Quiero que me comas la concha hasta hacerme convulsionar

    Quiero que me hagas el amor,

    quiero que me cojas,

    quiero que me rompas toda.

    Quiero que me acaricies,

    quiero que me sacudas,

    quiero que me castigues.

    Quiero que me beses,

    quiero que me muerdas,

    quiero que me comas la concha hasta hacerme convulsionar de placer.

     

    ¿Es mucho para vos?

    Para mí recién es el comienzo.

    ¿En qué pensás cuando me lees?

    ¿Crees que todo lo que escribo es real?

     

    ¿Sentís que estás preparado para hacer que todo se vuelva realidad?

    A esta altura ya no sé que tanto es real,

    que tanto es ficción.

    ¿Siento que estoy preparada para hacer que todo se vuelva realidad?

    A esta altura ya no sé que tanto esperar,

    que tanto desear.

     

    Me preguntas que qué siento cuando escribo,

    y no me sale mentir.

    Pero miento,

    porque en realidad no sé bien que es lo que me pasa.

    Me caliento, sí,

    pero no siento la concha húmeda y caliente.

    Se me acelera el corazón, sí,

    pero no se me ponen duras las tetas.

     

    Pero la paja va más allá de mis órganos sexuales,

    de mis tetas, de mis ganas de comerme una pija.

    No estaría errada en usar el término “paja mental”,

    o “paja ególatra”.

    Pero siento que no te digo nada.

    La mente siempre está presente en una buena paja.

    Y es imposible masturbarse sin la compañía del ego.

    ¿O acaso no todos nos pajeamos pensando en nosotros mismos?

    Bueno, no siempre, pero a veces…

     

    Escribirte a veces me desespera. Siento que nunca podré superar al relato anterior. Pero para mi sorpresa, y para incomodidad de mi incomodidad, hay momentos de lucidez en los que siento que cada vez escribo mejor. Ahora, mientras escribo esto, siento que, de una extraña manera, me estoy auto superando. Y no porque crea que este texto es el mejor, sino que siento que puedo darme el lujo de escribirte cosas que no te calienten, pero que te hagan sonreír. Porque lo sé, ahora estas sonriendo. Porque soy yo, Martina, escribiéndote directamente, abriéndote mi corazón, demostrándote que detrás de la loca incestuosa y pajera, hay una persona real, que siente cosas, que tiene mucho más que decir, más allá de “pija, concha, tetas”. Y esto es lo que soy, lo que te atrae, lo que te llama la atención. Porque si quisieras solo porno, estarías en otro sitio. Pero estas acá, leyendo este extraño delirio escrito un miércoles a las nueve de la mañana, mientras Taylor Swift me hace compañía desde el televisor.

     

    ¿Quiero que me hagas el amor,

    quiero que me cojas,

    quiero que me rompas toda? No sé.

    ¿Quiero que me acaricies,

    quiero que me sacudas,

    quiero que me castigues? Quizás.

    ¿Quiero que me beses,

    quiero que me muerdas,

    quiero que me comas la concha hasta hacerme convulsionar de placer? Interesante, pero…

     

    Por ahora,

    con que me sigas leyendo,

    soy feliz.

    Después vemos lo demás.

    Hoy, más que nunca,

    gracias por leerme.

    Gracias por estar.

  • El as de picas

    El as de picas

    «Las mujeres no deberían jugar póker» decía el gordo casi calvo de mi suegro, detrás de la cortina de humo qué el habano desprendía. Y una vez más para mi desgracia la reina de diamantes le otorgaba la razón. Me levante de la mesa del casino con más palpito y menos dinero, 20 minutos bastaron para dilapidar casi 4 mil dólares en fichas. Y es que deseaba darle una sorpresa a mi marido (qué estaba de viaje) cambiando el auto por uno más moderno y estaba segura de poder lograrlo. La confusa decepción se prolongó hasta el estacionamiento, donde el volante de mi automóvil se convirtió en un paño de lágrimas. No logré ver el mercedes negro de mi suegro cuando se posicionó a mi lado, el vidrio eléctrico descendió y el rostro sonriente del empresario emergió.

    –Estas bien Natalia?

    –Si, gracias. Solo algo frustrada.

    –El azar es así, he ganado bastante hoy. Pero no todo lo que quería.

    Jamás me lleve bien con él, tampoco Carlos su único hijo, con el que no había un ápice de afecto por problemas familiares que no son parte del relato. La cosa es que el cincuentón estaba vanagloriándose de su triunfo y yo no estaba de ánimo para soportarlo.

    –Qué querés William? Una medalla?…

    –No, para nada es mi intención jactarme de tu desgracia. Soy un hombre de negocios, de aprovechar del azar de las oportunidades que rara vez se dan. Así como esta… Quedé absolutamente contrariada, el impoluto William Valencia mi suegro, me estaba proponiendo un negocio.

    –Entonces, te vas a atrever supongo a una propuesta indecente.

    –Por supuesto, que no. Solo trato de comprobar si la mujer de mi hijo es tan osada como creo. Y se me había ocurrido dejarlo en manos del azar…

    –Como sería eso?

    –Vamos, a mi casa. Jugamos una mano de póker… Hizo una larga pausa. Y continuó… Si tu ganas te llevas 10 mil dólares, pero si la suerte me sigue fiel me quitaré todas las ganas de cogerte.

    –No soy una puta. Estallé.

    –Nadie dijo que lo fueras. Me voy, si me seguís es que aceptas el trato sino, obviamente no.

    El vidrio se cerró y el mercedes arranco. Imagine su risa desatada viéndome por el espejo retrovisor y me estremecí al pensar por unos segundos todos esos kilos encima mío. El garaje se abrió para engullir los autos algo a prisa qué entraron. No acepte el Whisky ni ponerme comoda. El capto la indirecta y de inmediato acomodo la mesa ratona qué yacía frente a la estufa, el reloj marcaba la 1 menos diez, cuando mi suegro me entrego el mazo de naipes franceses tomo un gran fajo de billetes en dólares y los dejo caer sobre mi lado en la mesa.

    –Barájalas bien y cuando estés lista…

    Pude notar la excitación del hombre sobre uno de sus muslos y en su pesada respiración. Debo admitir que en ese instante no solo deseaba el dinero sino vencer al sujeto, gordo de ojos marrones y piel flácida qué tenía odiándolo desde hace un buen tiempo. Repartí las cartas 2 para cada uno y luego tres en la mesa, tenía una J en la mano y otra en la mesa., lo que parecía un juego fuerte se desmoronó en el river (la última carta en la mesa) el as de pica cayó y la sonrisa de mi suegro brotó del extremo qué no sostenía el habano.

    –Gané! Gritó azotando las cartas en la mesa, ante mi atónita mirada. Había perdido en buena ley, había hecho un trato con ese ser despreciable y ahora tenía que pagar con mis nalgas por la maldita ambición. El veterano encendió la estufa a leña corrió un sofá y estiró una alfombra oso en el amplio piso del living. Sentí sus gruesos dedos rodear mis glúteos por encima del vestido y los aparté con bronca. El viejo fue hasta la puerta y la abrió y después se desplomó en la alfombra y desabrocho su pantalón extrayendo su grueso miembro ya erecto.

    –Si quieres puedes irte. Dijo entre el crepitar de la leña qué rugía en la habitación. Llegué a la puerta y tome la decisión de aceptar la voluntad de la suerte. Regrese al lado del sujeto qué tanto aborrecía y hundí mi cara en su entre pierna tuve que abrir la boca más grande que de costumbre, para succionar aquél poderoso y corto pedazo de carne firme y ennegrecida.

    –Así Nati, así… Vociferaba arqueado el gordo en el limbo haciendo señales de humo con el habano aun encendido. Estuve mamando la gruesa pipa qué engendro a mi marido hasta que qué dijo basta. Ya sin ropas los dedos de mi suegro entraron hasta el anillo y después de dos venidas intensas solo restaba entrar aquél tronco retorcido, en la gruta inundada propiedad de su hijo y no tardo en incrustarla, los labios se ancharon en sus primeras embestidas y cuando el empuje fue total el pistón, entro en el aro provocando mi total locura.

    Mi suegro me penetro como un animal salvaje producto del azar y la necesidad, aquél as de picas entraba y salía a voluntad y la reina era mi vulva complacida como pocas veces. El grito fornido aviso con anticipación los chorros de semen qué emanaron de la recortada, disparando a discreción. Fue la noche más audaz de mi vida y una de las mejores. Las cosas entre mi suegro y su hijo no han cambiado pero cuando se ausenta de la ciudad ya se dónde me esperan para una buena partida de póker.

  • Puticas en avenida La Cordialidad

    Puticas en avenida La Cordialidad

    Hay días en que tengo hambre y me da pereza cocinar. Entonces salgo, tarde en la noche, camino hasta la Terpel y compro algo de comer, ya sea un pastel de pollo o un bofe con yuca de los que vende Félix, ya sea una de las comidas de Darlene. Depende de lo que me provoque. La mayoría de veces le compro a Darlene, su comida trae carne, arroz, ensalada, sopa. Es más variada (y más sabrosa) que la de Félix, pero la de Félix también es buena. Félix tiene sesenta y un años, es delgado, suele usar gorra para cubrir la calva repelente en la parte superior de su prominente cabeza. Darlene tiene treinta y nueve años y es gordita, rolliza, sus ojos son de color miel. A veces sólo llego y me quedo a hablar con ellos un rato, sin comprar nada, mirando el panorama nocturno.

    Nos tenemos consideración. Incluso más de la que se debería. La vez pasada Félix, al verme, dijo que yo sentía mucho amor por Darlene porque me fijé en la mujer que estaba parada junto a él, la que confesé no reconocer de inmediato. Era, en efecto, Darlene, que se había quitado de su lugar por un supuesto mal olor impregnado cerca en el suelo. Como si no hubiésemos escuchado nada, ella no dijo una palabra, y yo tampoco; pero al volver de nuevo Félix a decir ese es mucho amor, enseguida le pedí respeto, no para mí sino sobre todo para Darlene, y ella me apoyó. Me apené un poco. Yo hablo bastante con Darlene, nos hemos contado cosas íntimas. Hoy, por ejemplo, me comentó de lo necesario que es tener a alguien con quien se pueda, además del sexo, conversar, así como cuando habla conmigo. Dice que el ser humano no nació para estar solo. Sin embargo, Darlene está soltera por el momento, «amorosamente hablando», porque tiene hijos con los que aún vive. Hasta hace poco andaba con un señor que conduce un taxi, un señor muy atento, según ella, pero a la vez supercomplicado. No niego que en ocasiones me parece atractiva, sí, en ocasiones me veo sumergiendo la cara en sus enormes tetas, acariciando cada parte de su rollizo y bronceado cuerpo, en medio de sus piernas, penetrando extasiado su chocho carnoso. Pero esto podría dañar la amistad entre nosotros. No sé.

    Después me acerqué a la panadería de la esquina. El muchacho que la atiende en las noches, Iker, se ha hecho vale mío. Es venezolano y tenemos más o menos la misma edad. Iker me está ayudando a conseguir a Liseth, una de sus compañeras de trabajo, también venezolana. Pero ayudar, lo que se dice ayudar, no; sólo de vez en cuando le mando con él uno que otro mensajito inocente. De parte de un admirador secreto. Liseth me ha visto comprar postres en el día: es ella quien me los despacha. Me las arreglo para que así sea. Desde lejos la observo y, si está atendiendo a alguien, disminuyo el paso, espero a que quede libre y entonces llego. Normalmente le digo: «Hola ¿cómo estás?» Y ella: «Hola. Bien ¿y tú?» La primera vez que me vendió un postre le pregunté cuál era para ella el más rico de los dos que me había sacado, y el que me señaló fue el que compré. ¿Se imaginará que yo soy el admirador secreto que le envía mensajitos con su compatriota Iker? Creo que sí. Al fin y al cabo Iker tal vez ya le habrá dicho

    Mira chica el loco este está enamorado de ti

    ¿Quién?

    El loco este que a veces viene de noche y se pone a hablá conmigo, tú lo conoces.

    Sí, ella me conoce, sabe que Iker y yo somos medio vales, medio panas. Pero quizá no se acuerde. Soy solo uno de los tantos admiradores que debe tener… Empecé a verla allí hace unos meses. Antes estaba en una panadería de La Carolina, me contó Iker. En aquella panadería tuvo un problema con un compañero de trabajo porque le agarró las nalgas, y pidió que la sacaran y la colocaran en otra panadería. Había llorado por el incidente, dijo Iker. Ella es un bombón dentro de lo que cabe. Es bonita, o eso me parece, nunca la he visto sin el tapaboca. Tiene diecinueve años y abundante vellosidad en los brazos. Posee unos glúteos bien formados, redonditos, estéticos. El motivo del problema en aquella panadería.

    Me quedé hablando un rato con Iker. Mientras, llegaban a la panadería conductores, gamines y gente de cualquier tipo a comprar y él los atendía. Había gamines que se ponían a vigilar a los que compraban para después acercarse y pedirles algo, una moneda, un pan, una gaseosa… Cuando pasaba el interludio retomábamos la conversación, y así. Iker me dijo que había visto a una de las muchachas que me llevé el otro día para el apartamento; de las que se ponen en la orilla de la carretera a venderse. Eran dos venezolanas mayores, una de veintisiete y la otra de veinticuatro años, que decían ser hermanas, y con las que había estado. Una es bajita, gruesa, mona, y la otra es delgada, un poquitico más alta que la hermana, y tiene un lunar en la cara. Fue a esta a la que vio Iker. La vio en la bomba que está más adelante, frente a la Olímpica.

    -Ya no está tan delgada, ahora está acuerpada. ¿Le vas a llegar? -preguntó.

    -No sé -dije-. Tengo ganas.

    -Esa chama está más buena que la hermana -dijo Iker.

    Tiene toda la razón. Y no sólo está más buena sino que culea muchísimo mejor. Es una artista en la cama. Con la hermana culeé primero, me la llevé por una noche también, y a pesar de que le pagué noventa mil barras, el polvo no es que haya sido memorable, aunque me brindó algo que la otra no me ofreció: se me vino a chorros cuando la embestía en un ataque de furia animal. Esta me cobró lo mismo, pero, como la había invitado a unos tragos y ya iba a ser la una de la madrugada, le di setenta mil y me los aceptó. No la dejé casi descansar. Fue algo bárbaro, el sol salió y todavía estábamos tirando.

    Luego, alguien llegó a comprar pan y me fui en dirección a la bomba que está frente a la Olímpica. A esa hora (serían las doce de la noche) la avenida estaba semi desierta. Eran escasos los carros que pasaban. Había una chica joven parada en el andén, vestida con un mocho y una blusa ombliguera esperando clientes. Pasé de largo. Cuando llegué a la bomba, caminé hasta la entrada del motel de la bomba, en la que hay una valla de alambre. Detrás de esa valla, de pie, estaba la venezolana, y con ella otra chica, prostituta también, y un man. La venezolana tenía un vestido enterizo corto de color rosado neón con motivos de flores, bien ceñido al cuerpo. Era verdad que estaba más gruesa, la vi más bonita, más sexy. La llamé y se acercó.

    -¿Te acuerdas de mí? -le pregunté.

    -Sí, claro -dijo.

    -¿Estás de servicio?

    -Sí.

    -Vamos a mi casa.

    -No puedo. No me dejan salir.

    -¿Por qué?

    -Lo que pasa es que estoy esperando a alguien. Es un cliente que no demora en venir a recogerme. Si quieres podemos hacerlo en una de las habitaciones de aquí.

    -¿Y si te espero?

    -No te sabría decir. Porque es un buen cliente. Siempre que me solicita se gasta dos, tres horas. La verdad no sé.

    -De todos modos te voy a esperar.

    Tras una breve pausa, agregó:

    -Me hubieras dicho más temprano.

    Como no concretamos nada, se alejó para reunirse de nuevo con el man y la otra muchacha. Yo me quedé recostado en la valla, desde donde la miraba, desde donde contemplaba su ilusoria belleza. Después se fue, acompañada por el man; cruzaron la avenida. Del otro lado los esperaba un muchacho que acababa de llegar. Y los tres tomaron la entrada de Villa Estrella por el costado de la Olímpica.

    Me fui.

    La chica que había visto parada en la acera todavía estaba allí. Por un segundo pensé en detenerme y preguntarle cuánto costaba un polvo, pero me arrepentí. Tenía buena pinta pero su expresión hosca y su apariencia sucia no me entusiasmó para nada. Seguí de largo. A mi derecha, los frentes oscuros de los talleres mecánicos; a mi izquierda, la avenida, el zumbido a algunos carros y del otro lado un enorme complejo de apartamentos de color verde con sus oscuros balcones y sus oscuras ventanas. Al pasar por la panadería, Iker me dijo:

    -¿La viste?

    -Siza.

    -¿Y qué?

    -Nada.

    -¿Nada?

    -Me salió con un cuento raro. Le propuse que se fuera conmigo y me dijo que no la dejaban salir. Que estaba esperando un cliente, que tal.

    -¿No había otras?

    -Sí pero, nombe, las otras están fuleras. Yo me voy es a dormir. Nos pillamos, man.

    -Dale pues.

    Crucé la oscura y solitaria avenida, llegué a mi barrio, caminé hasta la entrada de mi conjunto. El portero había cerrado con llave la reja, estaba durmiendo en la garita; pero al sentirme se levantó y me abrió. Ya en el bloque caminé por el pasillo interior del primer piso, iluminado por las tenues luces amarillas de las farolas, en medio de un silencio y una quietud totales. Subí los escalones, llegué al cuarto piso, ante mi puerta saqué la llave del bolsillo y, a pesar de la oscuridad en la entrada, la introduje a la primera en el ojo de la cerradura. Abrí, entré, cerré la puerta. Pasé a mi cuarto, prendí el foco y el abanico y abrí la ventana; me quité la ropa. Fui al baño, me lavé los pies, los dientes. Regresé al cuarto, agarré El asno de oro, leí un capítulo. Luego apagué el foco y me dispuse a dormir.

  • Casera otoñal muy ardiente

    Casera otoñal muy ardiente

    Tengo viviendo en una habitación rentada por 4 años, la casera es media especial, tiene fama de conflictiva aunque a mí en lo que dure ahí no tuve problemas con ella. Durante este tiempo me ha tocado vivir ahí varias situaciones estresantes y tristes para la señora, las dos más duras fue cuando su esposo quedó en silla de ruedas por un derrame cerebral y el segundo 6 meses después la muerte de su esposo, esto fue ya hace más de un año.

    Entre el primer y segundo evento, es decir ya estaba en silla de ruedas su marido, pasó algo que a ambos nos abrió una puerta que no teníamos en cuenta. Todas las mañanas o la mayoría al menos, me pasa como dice a todos los hombres sanos, nos levantamos con una erección, asimismo todas las mañanas salgo a escasos dos metros de mi habitación a prender el calentador de agua, como es el último cuarto no tengo problema de que me vean así que salgo en short sin camisa y en lo particular a mí me gusta dormir sin calzones, así que la erección se ve más.

    Un día de esos que me levanto más dormido que de costumbre, fui a prender al calentador, pero esta vez la señora estaba barriendo la cochera, yo no me había percatado hasta que sentí su mirada y escuche un “buenos días”. Cuando volteo la veo y ella fija su mirada en mi pene, fueron unos segundos, pero en ese momento me quedé sin habla por un par de segundos, luego le regresé los buenos días, pero francamente solo fue sorpresa porque la mirada que me echó me calentó más. Entré y así terminó ese momento.

    Desde que llegué sabía que era una mujer muy especial, limpiaba todo y parecía andar de mal humor todos los días, pero no dejaba de saludar y ser muy respetuosa. Tiene 67 años, es delgada y la verdad que no es de cuerpo llamativo, solo es delgadita, finita y siempre trae vestidos de señora grande, holgados y sueltos, nunca la vi de otra manera hasta ese primer encuentro.

    A partir de esa vez pensaba y pensaba que sería cogérmela. Hubo otra situación, yo ya me iba a trabajar y salió muy asustada, diciéndome “ayúdeme por favor” y en seguida la seguí a su casa y estaba una silla en medio de la sala, y vi que se subió a ella hincada, le dije “¿qué pasa?”, me dice hay una ratota en mi casa y yo pendejamente le pregunté “¿y su marido?”, me dice “en la recamara”… entonces le dije “espéreme voy a mi cuarto”. Fui por un palo y regresé y encontré la rata atrás de la estufa y la maté, ya la saqué y se la dejé en la cochera en una bolsa, pero ella seguía arriba de la silla.

    Me acerqué y me puse atrás de ella posando mis manos, rodeando su cadera y diciéndole que se calmara, “ya la maté tranquila” y me volteo a ver de reojo y me dijo “gracias”. Se recargó un poco en mi y yo también acerqué mi cadera a la de ella. Yo ya la tenía dura, nos quedamos así un momento y me separé, no sin antes sostenerla de la cadera como cuando las agarro para penetrarlas.

    Le dije “me retiro, tengo que ir a trabajar”. Ya se bajó y me dijo “gracias pero seguía viéndome la verga, me acerqué a ella y le tomé la mano e hice que me la agarrara, la acarició y así sin más la cargué a su comedor, le subí el vestido, moví su calzón y se la metí. Así la estuve cogiendo unos minutos tapándole la boca porque empezó a gemir. La bajé y la volteé, y la recargué en su mesa y seguí cogiéndola. Sin darme cuenta así estuvimos cerca de media hora, abrí sus nalgas y la penetré por el ano. A eso si me decía “no, nooo” pero la verdad me serviría de todo como siempre, ahí si empezó a gritar, solo fueron unos minutos y me corrí dentro de la señora, nos separamos y me salí a mi cuarto a asearme e irme a trabajar.

    La segunda vez que me la volví a coger fue un mes después, dos días después de que su marido falleció, yo estaba en mi cuarto que comenté está independiente a la casa principal, ya eran las11 de la noche y tocó la puerta y ya sabía que era ella, pero no esperaba su visita así que eso me prendió inmediatamente. Entró y venía en su bata clásica de abuelitas, se sentó en mi cama y yo me acerqué a ella, sacando mi pene y colocándolo en su boca, la verdad fue la mamada más larga y deliciosa que me han dado, cada vez que lo chupaba y se lo metía todo al sacarlo en la punta me succionaba de tal manera que casi me corro en tres ocasiones, lo trato como si fuera una barra de dulce e incluso en ocasiones me lo mordía suavemente.

    Me senté en la orilla y la senté penetrándola de espaldas, la señora se veía que no cogía en mucho tiempo, estaba muy intensa, se meneaba delicioso, había ocasiones que se veía su ano de los rico que se meneaba, de repente se quedó quieta gimiendo, se había venido y sentía como palpitaba su vagina, se quedó un ratito, pero yo aún no terminaba y volteo así sentadita todavía en mí y me dijo “que quieres ahora tú”, le respondí “ponte a gatas”. Se acomodó, le chupé su trasero un poco, puse saliva en un dedo y se lo metí, respingó un poco, pero siguió ahí y enseguida la penetré. Mientras la cogía ella gritaba, se me antojo morderla de la espalda, jalarla del cabello, sujetarla hasta marcarle mis manos en su cadera, le di de nalgadas hasta que me corrí muy intensamente.

    Se quedó dormida en mi cuarto, en la mañana volví a hacerle un anal de cucharita, aun cuando ya tenía el pene adolorido. Ha sido la mujer más grande en edad que me he comido y la mejor mamada de mi vida.

  • Escuchando como se cogen a mi mamá

    Escuchando como se cogen a mi mamá

    Lo que les voy a contar sucedió por accidente, pero se convirtió en un placer culposo. Antes que nada me presento, soy Cecy, actualmente estudió la universidad y soy la tercera hija del matrimonio entre Luis y Jessica, mis hermanos (Beto y Julieta) ya están casados y viven en su propia casa, así que en la casa de mis papás sólo vivimos: mi papá, mi mamá y yo, lo aclaro porque lo que les voy a contar pasó precisamente aquí en mi casa. Les describo a grosso modo mi casa; al entrar está la sala, a la derecha la cocina y el comedor, al fondo está la recámara principal (la de mis papis) y a un lado la mía (antes la compartía con mis hermanos) las puertas están prácticamente juntas.

    Bueno esto comenzó una vez que me quedé estudiando en mi cuarto para un examen de la universidad, como no entendía mucho sobre el tema me dispuse a estudiar hasta altas horas de la noche para que me fuera bien y sacar buenas notas, ya que siempre he sido muy aplicada.

    Esa noche me bañé y me llevé una taza enorme de café a la recámara, saqué todos mis apuntes y me puse a repasar uno por uno para entender a la perfección toda la asignatura, leí hasta las 12 am y después elaboré mapas mentales de cada tema, por fin me acosté a las 2 am aproximadamente satisfecha por el trabajo que había hecho, apague la luz e intente dormir, pero era tanto el café que había tomado que no conciliaba el sueño, estuve moviéndome para un lado y para otro pero no lograba dormir.

    Pasado un rato empecé a escuchar ruidos, al principio me asusté y me tapé con la almohada, pero después pensé que tal vez pudiera ser algún ladrón o tal vez algún animal que se había metido a la casa, me quite la almohada de la cabeza y puse atención a los ruidos, eran como rechinidos, me senté despacio y seguí escuchando esos ruidos, por momentos se detenían, pero luego regresaban acompañados de quejidos.

    Me levanté despacio de la cama y sin hacer el menor ruido caminé hasta la puerta y los sonidos se intensificaban, logré deducir que los ruidos eran de la cama de mis papás (hasta ese momento no imaginaba lo que estaban haciendo, era yo muy inocente) abrí muy despacio la puerta de mi habitación casi como un especialista en desactivar explosivos a tal grado que alcanzaba a escuchar los pequeños resortes internos de la chapa, luego abrí lentamente la puerta y fue cuando pude escuchar claramente los rechinidos que se hicieron más continuos y más fuertes mezclados con unos gemidos de mi mamá.

    Muchas cosas pasaron por mi cabeza y cuando más intenso se puso decidí regresar a la cama con la misma delicadeza que me levanté. Ya recostada imaginaba lo que estaba pasando en ese cuarto y recuerdo que sentí un bochorno en mi entrepierna para lo cual bajé mi mano y me toqué sorprendiéndome un líquido viscoso y calentito, me sentí apenada y me quedé dormida.

    A la mañana siguiente mi mamá me despertó, ya tenía listo el desayuno, mi papá ya comía y los dos se veían muy contentos, yo sentía una culpa que no me dejaba verlos a los ojos, terminamos y mi papá pasó a dejarme a la universidad, todo transcurrió con normalidad, pero había algo en mi cabeza que me daba vueltas.

    Llegué a la casa y mi perspectiva cambió a partir de ese día. Por la tarde que llegó mi papá lo observé desde que entró y puse especial atención en él, lo primero que hizo fue darle un beso a mi mamá y susurrarle en el oído a lo que mi mamá sonrió y le lanzó una mirada muy picara, yo seguía observando por el rabillo del ojo para no delatar mi intención de investigadora, mi papá se fue a lavar las manos para sentarse a comer y mi mamá comenzó a calentar la comida, después vi como mi papá le agarró las nalgas a mi mamá y ella las hizo más atrás para que pudiera agarrarlas mejor, también se le acercó por detrás arrimándole su paquete, yo estaba sorprendida de ver esto, porque nunca antes les había puesto atención, les repito era yo muy inocente.

    Para que conozcan mejor a mis papás se los voy a describir. Mi padre es un hombre alto, moreno, de complexión robusta sin llegar a ser gordo, de facciones no muy finas sino al contrario algo tosco, la verdad no sé que le vio mi mamá para enamorarse de él (ahora ya lo sé) es fuerte e imponente, siempre ha trabajado en la construcción por lo cual se ve algo rudo, sin embargo en carácter es muy amoroso y comprensivo.

    Mi mamá al contrario de mi papá es blanca, no rubia, sino de piel clara y de facciones finas, sus ojos son café claro que en ocasiones se ven como verdes, la nariz es fina y afilada, una boca mediana, pero con unos labios gruesos que la hacen ver muy sensual, cabello lacio a media espalda que casi siempre trae suelto y oliendo rico, no es tan alta como mi papá ella es de estatura media y tampoco es tan delgada como ella quisiera, diría yo que está en la categoría de las llamadas gordibuenas, tiene unos senos grandes que presume cada que tiene oportunidad, un trasero muy generoso, ya que es caderona y nalgona, creo que eso llama mucho la atención de los hombre que la ven en la calle, además siempre anda bien arreglada.

    Ese día tuve la curiosidad de volver a escuchar lo que descubrí la noche anterior por accidente, pero sólo me desvelé y no ocurrió nada je, je. Dos días después noté muy cariñosos a mis papis desde la tarde, dándose besitos y de vez en cuando mi papá le daba una nalgadita a mi mami, pensé que ese día tendrían acción así que me preparé para escuchar con más detalle de sus placeres, me preparé un café bien cargado para no dormir, le puse aceite a la cerradura de la puerta para que no rechinara cuando la abriera je, je, no deje nada en el cuarto tirado para no pisarlo en la obscuridad.

    Ya por las 9 de la noche mi mamá se metió a bañar y al salir la vi con una bata muy sexy transparentando una diminuta tanga y no se percibía que trajera bra, le dijo a mi papá que ya estaba listo el baño y él de inmediato se metió a bañar, yo al ver todo esto le dije a mi mamá que ya me iba a dormir y agregué que estaba muy cansada y que tenía mucho sueño (no era cierto, quería que se confiaran que podían empezar pronto) entre a mi cuarto y apagué la luz.

    Ya en el cuarto me dedique a escuchar los ruidos de la sala, pude percibir que salió mi papá del baño hablaron algo y después se metieron a su recámara, ahora a esperar que sucediera lo esperado. Pasaron como 45 minutos cuando se empezaron a escuchar ruidos, me levanté despacio me senté en la cama y seguí escuchando, poco a poco caminé hasta la puerta del cuarto y me quede escuchando, alcanzaba a oír un traqueteo en la cama, agudizando un poco más el oído percibía unos pequeños chasquidos los cuales interpreté como besos entre mis progenitores y susurros indescifrables, luego empezó el rechinido de la otra noche y no aguanté más, así que abrí la puerta delicadamente y me paré exactamente afuera del cuarto de mis padres, pude escuchar con más claridad lo que estaban haciendo, mi mamá gemía muy rico, mientras que a mi papá solo le escuchaba su respiración agitada, el rechinido de la cama había pasado a un segundo plano, se percibían los empellones de mi papá contra el cuerpo de mi mamá la cual se quejaba ligeramente, así estuvieron durante varios minutos hasta que mi papá le dijo a mi mamá “ponte de perrito” imagino que ella atendió rápidamente su orden porque se escuchó un movimiento de reacomodo y luego se oyó un ruido inconfundible, tal vez era cada embestida que mi papá le daba a mi mamá, ella gozaba cada metida porque pujaba muy rico.

    Para ese momento yo ya estaba muy mojada imaginando como mi papá tenía empinada a mi mami y metiéndole toda su verga en la panocha, trataba de recrear en mi mente a partir de esos sonidos una escena pornográfica donde los actores eran mis padres, imaginar a mi madre con su gran culo en cuatro era fácil ya que muchas veces la había visto limpiando o haciendo alguna actividad en la casa en esa posición la cual da una perspectiva muy sabrosa ya que sus nalgas se ven aún más redondas de lo que son, eso me daba algo de envidia, ya que yo tengo un poco menos de nalgas, entonces era verla así, pero sin ropa, su piel más blanca que en donde le da el sol. Imaginar a mi padre era más difícil, aunque seguido se la pasaba sin camisa en la casa y conocía perfectamente su tórax que como lo mencioné antes era fuerte, sin embargo imaginar su verga me costaba trabajo, de qué tamaño la tendría, qué tan gruesa estará, finalmente deduje que grande y gruesa por los gemidos de mi madre y como se escuchaba que la gozaba.

    Después de un rato de ese movimiento se escuchó que mi padre le preguntaba “de quién es este culote” a lo cual mi mamá le contestaba “tuyo papasito” parecía que eso les excitaba más ya que se intensificaban los rechinidos de la cama, después ella le correspondía diciendo “y esa vergota que me estás metiendo” mi papá contestaba tuya chula, toda y mira que rico te la comes, “te la voy a sacar para que le des un besito” mi mami dijo “si papi” y se escuchó unas arqueadas de mi mamá creo que se la estaba comiendo, después se la volvió a meter pero con más fuerza y más seguido, se escuchó una fuerte nalgada y un jadeo de mi papá creo que ahí terminó, yo por si las dudas cerré la puerta con la misma delicadeza con la que la abrí y me acosté sintiendo tanto líquido entre mis piernas que tuve que limpiarme con mis calzones los cuales me quité y dormí así.

    Esta actividad se repitió durante varias noches, ya se me había hecho costumbre escuchar, pero como cualquier vicio yo quería más, estuve a punto de abrir la puerta cuando estaban en plena acción, pero me detenía la sensatez, sin embargo llegó la oportunidad de avanzar más en mí creciente voyerismo.

    Cierto día mi papá se levantó muy temprano y le preparó el desayuno a mi mami, después se lo llevó a su cuarto y le dijo: “Feliz aniversario” ella le correspondió con un beso dándole las gracias y mi papá le dijo. –Esta noche te voy a invitar a cenar para que estés preparada, después se despidió y se fue a trabajar.

    Cuando llegué de la universidad mi mamá me recordó lo de la cita con papá y me comentó que iba a ir al salón de belleza a darse una manita de gato, así que me quedé sola en casa. Cuando ella se fue me dio curiosidad por inspeccionar la recámara donde ellos dormían, vi la cama y me acosté en ella recordando como la hacían rechinar, incluso me di unos sentones para provocar ese sonido que tantas noches escuché detrás de la puerta, también revisé en los cajones de la cómoda y en uno de ellos encontré la ropa íntima de mamá, me sorprendí al ver tantas tangas diminutas de todos colores, ligueros, baby doll.

    Me llamó la atención y no aguanté las ganas de ponerme una de esas tangas, me vi en un espejo que había dentro de la recámara y me gustó como se me veía (yo jamás me había puesto algo así) prácticamente me estaba comiendo el hilo, ya que se me perdía en medio de las nalgas dejando solo un pequeño triángulo sobre ellas, creo que mi mamá era muy caliente en la intimidad aunque a la vista de todos era toda una dama. Después se empezó a gestar un plan en mi cabeza, revisé la puerta buscando algún resquicio por donde observar el espectáculo que seguro me ofrecerían mis padres.

    Después de una minuciosa revisión descubrí una grieta justo al lado de la chapa, pero era muy estrecha y decidí hacerla más grande para poder ver mejor, así que fui por el cuchillo y empujé un poco, afortunadamente dio resultado y la grieta se hizo un poco más grande, lo suficiente para ver en primera fila el show y que no la descubrieran tan fácilmente mis papis, hice un ensayo del espionaje y el agujero daba justo en la cama de mis progenitores.

    Llegó mamá se metió a bañar se arregló y al poco tiempo llegó mi papá e hizo lo mismo, se despidieron de mí dejándome instrucciones para sobrevivir el resto de la tarde-noche y se fueron a festejar, yo quería que ya regresaran para poder observar lo que muchas veces había escuchado, pero esta vez iba a ser mejor, ya que como ingrediente extra vendrían tomados y muy cariñosos…

    Continuará.

  • Un maduro fue mi amante (1)

    Un maduro fue mi amante (1)

    Hola a todos, soy Martatv soy travesti en la intimidad y lo primero que quiero hacer es pediros disculpas por haber tardado tanto en volver a contaros mis vivencias.

    Todo los relatos que os escribiré son reales y fue una época muy especial en mi vida.

    Después del encuentro con el que llegó a ser mi amante me dirigí al día siguiente a la dirección que me indicó, cada paso que daba estaba más cerca de llegar, pero también estaba muy nerviosa, tenía el corazón que me iba a explotar.

    Llegué a la puerta y después de unas segundos llamé al timbre, contestó él con su voz varonil y eso me excitó, subí al primer piso que es donde tenía su oficina, me abrió la puerta y me hizo pasar muy amablemente, fue muy caballeroso, me indicó donde me podía cambiar, era un baño amplio me quite toda la ropa, y comencé a vestirme, me pinte las uñas de las manos de color rojo ya que las de los pies ya las llevaba pintadas, esperé a que se secaran y me puse unas medias negras con un liguero un tanga en color rojo y un sujetador a juego, me puse las tetas postizas y seguidamente un vestido muy corto en color negro, y unos zapatos de tacón de 12 cm, me pinte los labios de color rojo carmín, también me pinte los ojos, un poco de maquillaje y u a peluca rubia que me llegaba por los hombros, me mire al espejo y estaba espectacular.

    Salgo del baño y me dirijo al despacho en el cual se encontraba mi hombre, estaba sentado en su mesa, me dijo que me sentara y así lo hice, estuvimos hablando de cosas sin importancia, me dijo lo guapa que estaba, yo para ese momento estaba muy caliente, con ganas de tirarme encima de él.

    La conversación fue subiendo de tono y me levanté de la silla me puse de rodillas y me metí debajo de la mesa, le quitó el cinturón, bajo el pantalón y veo su polla la cojo con las manos la acarició, comienzo a besarla hasta que llegó a la cabeza la rodeó con mis labios y la voy metiendo en mi boca, subo y bajó lentamente, a él le encanta, y lo sé no porque me lo dijera pero sus gemidos lo delataban, estuve así unos cinco minutos hasta que me hace salir de debajo de la mesa, me besa apasionadamente, me da la vuelta y me hace apoyar sobre la mesa me sube el vestido y me amaría mis nalgas, aparta el tanga me abre las nalgas y mete su lengua en mi agujero, que placer más inmenso.

    No paro de gemir como una puta en celo, cuando noto como me pone algo en el agujero era lubricante, me introduce un dedo luego dos hasta que consigue meter cuatro dedos, me tiene delatada y rendida a él, acerca su cuerpo al mío, noto su polla como roza mis piernas, en ese momento yo no paraba de decirle que por favor me la metiera ya, que no podía más que lo necesitaba dentro, el acercó la punta a la entrada de mi agujero, yo estaba desesperada quería ser suya y por fin noto como empuja mi ano comienza a abrirle paso a su hermosa polla por fin noto como la cabeza a conseguido entrar.

    Mmmm que placer estaba recibiendo, poco a poco fue empujando hasta que note su busto tocando mis nalgas, arg que placer estaba recibiendo, empieza a entrar y salir yo gemía como una loca, no sé si los vecinos me escucharían, pero no me importaba estaba disfrutando como hacía mucho que no lo hacía.

    Cuando llevaba unos diez minutos follandome me saca la polla me da la vuelta me besa de nuevo, me coge y me sube a la mesa, me quita el vestido él está completamente desnudo, pone su polla en la entrada de mi culo nuevamente y me penetra de golpe, mi gemido fue muy fuerte, casi me desmayo del placer que estaba recibiendo, me folla muy duro y me besa al mismo tiempo.

    Estuvo follandome unos quince minutos y me dice, amor me voy a correr ¿Dónde lo quieres?, yo le digo amor hazlo dentro quiero sentirte dentro, me folla aún más fuerte hasta que empieza a gemir y noto como se corre en mi interior, uno, dos, tres, hasta siete chorros de semen noté en mi interior, cuando salió de dentro mío noté un vacío en mi interior y notaba como se escurría el semen por mis piernas.

    Trajo dos cervezas y estuvimos hablando un rato, era viernes y me comentó que los fines de semana normalmente no podía ya que tenía que estar con su familia, pero que le gustaba mucho y quería seguir viéndome, a mi me parecía bien ya que era muy amable y atento, además de ser bueno follando, le di un beso y fui a cambiarme.

    Cuando salí nos despedimos y me dijo la semana próxima hablamos.

    Espero que os guste el relato, si es así decídmelo y escribiré lo que pasó la siguiente semana.

    Un beso.

  • Esposas desesperadas (parte 2)

    Esposas desesperadas (parte 2)

    La señora Elda, pelirroja de 35 años, inconforme con su apariencia desde muy pequeña por las burlas que los niños hacían por el color de su cabello, acostumbrada a vestir de la manera menos llamativa posible, siempre con ropas holgadas o de colores opacos, todo con el fin de que nadie se sintiera con deseo de voltear hacia donde ella estaba.

    Por lo mismo, su vida amorosa tenía el mismo color gris de sus ropas, se casó más por obligación que por deseo, con un tipo que no tenía la mínima idea de cómo satisfacer a una mujer (al menos la de su casa).

    La vida de la señora Elda se reducía a las labores de la casa y por las tardes a actividades de beneficio, mismas que realizaba en la iglesia de su barrio.

    Ahí fue donde pudo encontrar amistad con otras mujeres, todas mayores a ella, que habían encontrado en las obras de caridad una razón para sobre llevar su vida.

    Esta ocasión tocaba recolectar dinero para hacer obras de caridad con la gente pobre que vivía en la zona, de tal suerte que en su grupo de caridad se habían organizado ya en grupos de dos mujeres para cubrir un área más grande y tratar de recolectar más.

    Llego ese viernes por la tarde a la Iglesia, para verse con la acompañante de esa misión, para tristemente darse cuenta que su compañera no había asistido, por tener labores extraordinarias que hacer en casa.

    Así que partieron todas las parejas, cada una en diferentes direcciones según la zona que les habían asignado a cada una de ellas, quedando sola la señora Elda, preguntándose a sí misma que haría el resto de la tarde.

    Si regreso a casa, estaré aburrida, aunque mi marido se encuentra ahí, será como si no estuviera (pensaba), ya acostumbrada a ser ignorada por el marido.

    Así que decidió emprender la colecta ella sola, -tal vez me aburriré menos- se decía a sí misma, mientras se enfilaba a las calles que le habían sido asignadas.

    Desconectada del mundo de la moda, la señora Elda pensó en ponerse ropa que le fueran más cómodas, sin pensar en el efecto visual que pudieran causar (o no).

    Enfundada en unos leggins color gris (obviamente), con una camisa de franela de gran tamaño, que escondía tanto los senos como la cintura de la señora Elda, los cuales bien pudieran ser la envidia de cualquier mujer, solo que por lógica ella no lo sabía.

    Se calzó unas zapatillas de plataforma, pero cómodas para caminar, sin saber que esas plataformas hacían que sus pantorrillas lucieran torneadas por la postura que las plataformas le generaban.

    Muy pronto llego a la zona que debía cubrir, empezando a tocar puertas, mismas que al ser abiertas, eran indicación de empezar un discurso ya ensayado, de quien era ella, de donde venía, y lo que andaba haciendo.

    La tarde transcurrió muy rápida, en algunas casas le daban con gusto, en otras se negaban y en otras no atendían al llamado, era una avenida grande que tenía muchos negocios, por lo que rápidamente noto que era en estos en donde era más fácil que le pudieran dar algo de cooperación.

    Después de un par de horas, pensó en dar la vuelta y regresar, satisfecha de lo recolectado hasta el momento, así que tomo camino de vuelta hacia la Iglesia para reportar la cantidad que había recolectado y posteriormente dirigirse a su casa.

    Apenas había regresado un par de calles, cuando en una esquina al voltear para cruzar, vio en la boca calle un pequeño negocio a unos cuantos pasos, una desponchadora, como todas con varias llantas en la banqueta, por lo que la señora Elda, se dijo: en los negocios me fue bien, y no me desvió mucho, así que nada puede salir mal…

    Llego al negocio y no se veía nadie que estuviera a cargo del local, – buenas tardes- gritó hacia adentro del local, sin recibir respuesta.

    Dio unos cuantos pasos hacia adentro, y poco a poco el ambiente se iba llenando de un penetrante olor a caucho, que hacía pesada la respiración de la señora Elda.

    -Buenas tardes -repitió el saludo, sin obtener respuesta de nuevo, vio hacia el fondo del local, solamente se apreciaba un reflector que apuntaba hacia la calle, sin permitir ver con claridad si alguien estaba en la parte trasera.

    Camino un par de pasos más, llegando casi a la mitad del local, cuando de repente a sus espaldas se escuchó un estruendo, de la cortina metálica al ser cerrada, de inmediato el local se oscureció, ya que el reflector no estaba diseñado para alumbrar una habitación, solamente servía para deslumbrar.

    Era el encargado de la desponchadora, Toribio, un hombre que rondaba los 45 años, de aspecto desagradable, ya que sus vestimentas estaban llenas de caucho de las llantas (con su respectivo olor) y aunque es un trabajo que requiere cierta actividad física, no era musculoso, por el contrario acusaba una barriga que sobresalía por encima del cinturón.

    Cargando en un brazo un six pack de cerveza (probablemente la causante del abdomen) y un caminado que lo acusaba de llevar ya al menos un par de six packs en el estómago, vio la silueta de la señora Elda, la cual al recibir de lleno la iluminación del reflector, haciendo que la holgada camisa se transparentara, dejando ver solo la forma del cuerpo, que sin ser espectacular ni mucho menos, pero se veía una cintura delgada, con unas caderas de buen tamaño, unos muslos torneados y unas pantorrillas que con los zapatos de plataforma lucían de manera espectacular.

    De inmediato la señora Elda volteo hacia la salida, repitiendo el saludo – buenas tardes –a lo que esta vez tuvo respuesta:

    T: Buenas tardes mamacita, pero que linda mujercita me apareció en mi negocio.

    De inmediato la señora Elda repitió el mismo discurso que había dado en todos los lugares en donde había estado recolectando anteriormente, mientras el señor Toribio se acercaba poco a poco a ella, sin dejar de admirar la silueta provocada por la luz del reflector.

    T: Así que ahora mandan estos ángeles a hacer las colectas, cada vez tiene mejores ideas la Iglesia.

    La señora Elda, visiblemente nerviosa trataba de salir lo más rápido posible de esa situación.

    E: Mire señor, estoy de prisa, si no desea colaborar, tengo todavía que recorrer varias calles.

    T: Claro que voy a participar en la colecta, en especial por tan hermosa recolectora que me mandaron, pero primero debes tomarte una cerveza conmigo.

    La señora Elda abrió los ojos de espanto, -pero yo nunca he tomado- respondió casi a gritos.

    T: No te preocupes angelito, esto es casi como un refresco, además ya debes tener sed después de tanto caminar, y sobre todo que es una tarde soleada.

    La cabeza de la señora Elda pensaba a mil revoluciones para poder salir de esa situación, tomando la peor de las decisiones.

    Le aceptaré la cerveza, no creo que me provoque nada y después de eso saldré corriendo de aquí (pensó para sí misma).

    E: Está bien, pero solo tomare una porque debo regresar al templo.

    T: Claro que si preciosa –respondió al tiempo que desprendía una cerveza del empaque y se la ofrecía ya abierta-, de la misma manera le ofreció para sentarse una pila de llantas usadas en las que puso un cartón en la parte de arriba.

    La señora Elda se sentó en el improvisado asiento que le ofrecieron y empezó a beber sorbos pequeños de la cerveza.

    En tanto el señor Toribio recorría con la mirada el cuerpo de la señora Elda, en especial las piernas que lucían por demás espectaculares por la combinación de los leggins y los zapatos de plataforma.

    No cesaba de mencionarle lo hermosa que estaba, mientras la señora Elda solo bajaba la mirada, esquivando la del señor Toribio.

    Después de una metralla de piropos, donde recibió adulación sobre sus piernas, sus ojos, su boca, su cabello, etc. La señora Elda comenzó a sentir algo extraño que nunca antes había sentido, era una calidez que brotaba desde su entrepierna y subía por todo su cuerpo hasta llegar a la cabeza, manifestándose en forma de sudor, que caía en pequeñas gotas de su cabeza, ya no lograba diferenciar si era el encierro del local, o el olor penetrante del caucho, o la cerveza a la que no estaba acostumbrada o que en verdad las palabras de ese hombre estaban desmoronando su fortaleza moral.

    Dentro de esa confusión, la señora Elda cometió el segundo error de la tarde, en su desesperación por salir de ahí, bebió grandes sorbos de la cerveza, para terminar más rápido y poder salir de ahí en menos tiempo.

    Lo único que logro fue que su cuerpo manifestara la falta de practica en la ingestión de bebidas alcohólicas, después de varios sorbos termino su cerveza tratando de levantarse de manera rápida de esa pila inestable de llantas, lo que provocó que la señora Elda perdiera el equilibrio, dando tumbos en varias direcciones, hasta que los brazos del señor Toribio la lograron detener.

    Trato de lograr la vertical de su cuerpo, pero la distrajo un nuevo problema, las manos del señor Toribio que la había detenido por la espalda se encontraban en los senos de ella, las cuales habían iniciado hace ya unos momentos un movimiento circular de masajeo a los senos redondos de la señora.

    A la anterior sensación de calidez en la entrepierna, se unía ahora la sensación de humedad, la señora Elda sentía que de su entrepierna brotaba un manantial de líquido caliente, ya el calor emanado de su vulva la tenía atrapada por completo, giro para ver de frente a su captor y las manos de este dejaron de masajearle los senos para pasar ahora a tomar posesión de sus nalgas.

    Las fuertes manos del hombre amasaban el par de nalgas redondas de la señora Elda, la cual ya vencida por completo rodeo con sus brazos el cuello del señor Toribio al tiempo que recibía de él un torrente de besos en el cuello.

    De la boca de la señora Elda alcanzaba a salir un casi imperceptible – no, no- tratando como última opción de dar defensa a su cuerpo, sin embargo ya era demasiado tarde, de un rápido movimiento el señor Toribio despojo de su franela a la señora Elda, y con la misma pericia la despojo del sujetador, dejando libres a unas todavía desafiantes tetas blancas, coronadas con un rojizo pezón que a estas alturas se encontraban duros como la roca.

    La blancura de la piel de sus tetas era profanada por las manos negras de caucho del señor Toribio, quien brindaba un masaje que ponía erizados los cabellos de la nuca de la señora Elda, pero cuando sintió la lengua de él mamando sus pezones, sintió que algo exploto en su cabeza, estaba completamente perdida disfrutando de esas sensaciones que por alguna razón le habían sido negadas por tanto tiempo.

    Apenas logro entreabrir sus ojos la señora Elda solo para darse cuenta que sus manos estaban mesando los cabellos de su atacante, jalando su cabeza para que atacara a ambas tetas, gozando la diferencia de sensaciones que le daba el ser lamida, chupada y mordida por unos labios que parecía tenían la misma desesperación que ella de recibirlos.

    Una vez más, el señor Toribio hizo gala de destreza, al despojar de sus leggins a la señora Elda, quien ahora tenía solo sus bragas y los zapatos de plataforma, unas bragas que acusaban ya los estragos de la humedad, con una marca de agua justo en el triángulo de la prenda, de inmediato la proyecto al sitio donde el montón de llantas era más parejo, cayendo pesadamente, pero antes de poder recuperarse sus piernas estaban abiertas sujetadas de los tonillos y con el rostro del señor Toribio entre sus piernas, quien lamia de manera desesperada toda la zona púbica de la señora Elda.

    Después de unos cuantos segundos, con un poco de sangre que le llego a la cabeza al señor Toribio, descubrió que era más cómodo despojar a la señora de sus bragas, arrancándolas literalmente, escuchándose e sonido de la tela romper y de manera inmediata un gemido ahogado provocado por la excitación y un poco por la pérdida de aire.

    Ya con el camino despejado la lengua del señor Toribio recorrió toda la longitud de los labios de la panocha inexplorada de la señora Elda, la cual experimentaba descargas de placer a las que nunca había estado expuesta, sintiendo de manera magnificada cada una de las pulsaciones que su vagina enviaba al cerebro, conociendo solo hasta ese momento la gran cantidad de terminales nerviosas que poseía su órgano sexual.

    De nuevo sus manos se fueron de manera instintiva a la cabeza del señor Toribio, las cuales de manera consciente o inconsciente dirigían los embates de la lengua del hombre a lugares que le generaban más placer que otros.

    Rápidamente aquello se convirtió en un festín de saliva y jugos vaginales que mezclados entre si completaban ya un volumen considerable de fluidos que escurrían por los muslos, nalgas y ano de la señora Elda.

    Después que la lengua del señor Toribio irrumpió dentro de la vulva de la señora Elda, esta casi no logro contener el grito, sentía deliciosa aquella lengua gruesa que la estaba prácticamente penetrando, lo que provocó que la vagina se dilatara y ante los embates constantes de la lengua comenzó a tener una eyaculación, la más grande hasta ahora experimentada por la señora.

    Un grito ahogado de placer acompañado del sonido de grandes goterones de orgasmo que reventaban en el piso se escucharon dentro del taller, provocando que la señora perdiera un poco las fuerzas de sus brazos, soltando la cabeza de su captor.

    Hubo una pequeña pausa, la señora Elda respiraba con dificultad, siendo ayudada a reincorporarse, quedando sentada en uno de los montones de llantas, para darse cuenta que tenía frente a su cara el miembro erecto del señor Toribio; ella no era experta en vergas, pero al verla sabía que era de un tamaño inusual, o tal vez por la cercanía pero parecía un monstruo color café que amenazaba con provocar mucho daño.

    El señor Toribio tomo el tronco de carne y lo apunto a los labios de la señora Elda ordenándole. –Abre la boca, que quiero que me la chupes con esa boquita de ángel que tienes.

    La señora Elda jamás había comido una verga en su vida, por lo que desconocía lo que debía hacer, por lo que solamente de manera instintiva abrió la boca que de inmediato fuer llenada por el mástil de carne del señor Toribio; sintió que ese miembro le obstruía la garganta, dejándola sin respirar un momento, por lo que hizo ruidos propios de una persona la ahogarse. El señor Toribio saco su verga de la boca de la señora y le dijo:

    -no te cabe mi camote putita, no te preocupes que de aquí te vas a ir hormada a mi medida -introduciendo de nuevo el miembro hasta la garganta.

    Esto le genero de nuevo una obstrucción en su garganta, por lo que el señor Toribio opto por una nueva estrategia, en lugar de penetrar la boca de la señora, la tomo de la nuca y la fue acercando para que ella se fuera comiendo poco a poco la estaca de carne, esta vez la sensación que tenía la señora era diferente, iba disfrutando el calor que emanaba la verga, iba sintiendo como crecía dentro de su boca y hasta podía palpar con su lengua las gruesas venas que recorrían toda la longitud de aquel duro camote.

    Tardo poco la señora en tomar ritmo, en unos pocos vaivenes se convirtió en una diestra en el arte de mamar vergas, dándose cuenta por los gruñidos de placer del señor Toribio, que eran acompañados de frases como:

    -Que rico mamas putita, en verdad naciste para comerte la verga.

    Al escuchar la señora dirigió su vista hacia arriba. Buscando el rostro de su captor, como tratando de obtener su aprobación, la miro como mientras fijaba sus ojos en el mientras por su boca desaparecía en su totalidad el camote completo, lo que hizo que la sangre le hirviera aún más.

    Le retiro el camote de la boca, para levantarla en peso y colocarla sobre una sucia mesa de trabajo de madera, recostándola de espaldas y tomando de nuevo el control como le gustaba, tomando de los tobillos a la señora abriéndole las piernas para dejar expuesta su vagina, dejándole caer el pesado objeto de carne sobre la rajita.

    Empezó a realizar movimientos hacia adelante y atrás, lo que ocasionaba que su verga fuera acariciando la panocha de la señora en toda su longitud, lo que generó que ella volviera al trance de disfrutar al máximo las sensaciones que estaba recibiendo.

    Producto del vaivén sobre la panocha de la señora, el camote se hizo más duro, encontrando finalmente la puerta de entrada a la vagina, ocupándola por completo con su verga, lo que provocó una vez más el grito ahogado de la señora.

    Ella rodeo su cintura con las piernas, mientras experimentaba la nueva sensación de recibir el rebote de los huevos en sus nalgas, al tiempo que volvía a experimentar la boca del señor Toribio en sus tetas, lo que la elevo a un nuevo nivel de placer, con todas las sensaciones combinadas: el miembro que la penetraba, el choque de los huevos en sus nalgas y la lengua lamiéndole los pezones, hacían que la señora Elda estuviera a un paso de la locura total, jamás había experimentado tal cantidad de placer, ni siquiera había sospechado que existiera.

    Había olvidado el modo pasivo, y esta vez en cada embate del miembro del señor Toribio le pedía: -Dame más papito, dame más.

    T: Resultaste más puta que las mismas putas

    E: Si, soy tu puta, cógeme más por favor

    Alentado por sus palabras el señor Toribio arrecio sus embistes, cada vez más frecuentes y cada vez más fuertes, lo que iba acompañados de gemidos cada vez más escandalosos de la señora Elda, hasta que finalmente un nuevo orgasmo la invadió; espasmos recorrían el cuerpo de la señora Elda, la cual se estremecía al tiempo que su vista se nublaba y su cerebro se enfocaba en el interminable manantial de orgasmo que salía de su vagina, hasta dejar un enorme charco en la mesa; ya no podía más con tanto placer, era algo incontrolable por completo, gritando solamente: ya no puedo más papito, ya no puedo más.

    Esto fue tomado a mal por el señor Toribio, quien sin terminar aun contesto:

    -como que no puedes mas, si todavía te falta que te llene de mecos.

    La desensarto y cual si fuera una muñeca de trapo la giro sobre su eje, quedando boca abajo en la mesa, acomodándole las piernas para que el culo se levantara un poco y la ensarto de nuevo, un estoque hasta los huevos, que hicieron que la desfallecida señora Elda, retomara los gritos de placer.

    El señor Toribio empezó a embestir el culo de la señora, dejando huellas en su piel del castigo, marcas rojizas en varias partes del cuerpo de la señora Elda eran más que visibles, por el color de piel tan blanco, los gruñidos de esfuerzo del señor Toribio opacaba los débiles gemidos de la señora Elda, quien seguía recibiendo las oleadas de placer, pero no tenía fuerzas para seguir disfrutándolas.

    Fue en un movimiento del señor Toribio al tomar las nalgas de la señora para apalancarse y poder embestir más fuerte, que sus manos abrieron las nalgas de la señora, dejando al descubierto el tierno botón color durazno de su ano, que de manera inmediata se convirtió en la obsesión de él.

    Mira nada más lo que me encontré, que hermoso culo tienes putita, estoy seguro que nunca lo haz usado, hay que estrenarlo. Retiro la verga de la vagina de la señora, junto las piernas de ella para que el culo se levantara más, escupió sobre el ojo del ano y haciendo alarde de destreza se paró sobre la mesa para atacar el botón desde un ángulo diferente.

    Apunto su grueso fierro al pequeño orificio y empezó a empujar la cabeza del miembro, mientras que la señora Elda sentía como empezaba a abrirse sus entrañas, lo que lógicamente le genero un tremendo dolor.

    E: Ay! Me duele

    T: Pues no te resistas, afloja el culito para que te pueda caber toda mi mazacuata

    El señor Toribio empujaba con todas sus fuerzas mientras la señora Elda trataba de dominar el dolor para estar mas relajada y no ser lastimada por el garrote invasor.

    Poco a poco fue avanzando el miembro oscuro por el túnel rosado, acompañado de quejidos de dolor de la señora Elda y gruñidos de esfuerzo del señor Toribio, hasta que finalmente los huevos rebotaron en la carne de la señora.

    T: – No que no putita, ya te lo comiste todo

    Permaneció sin moverse unos segundos para que el esfínter de la señora se dilatara y pudiera penetrarla sin oposición, retiro su verga poco a poco, para volverla a ensartar en el delicado culo de la señora, lógicamente arrancándole un grito de dolor.

    Se repitió la operación en varias ocasiones, tal que sin darse cuenta, llego un momento que la señora ya no se quejaba, por el contrario, estaba empezando a disfrutar, los quejidos de dolor habían cambiado por gemidos de placer, lo que animaron al señor Toribio a arreciar los embates.

    T: ¿Ya te gusto por el culo putita?

    E: Si papito, destrózame el culo

    Esto último término por encender al señor Toribio quien embistió ya sin reserva, con toda la firme intención de vaciarse dentro de la señora Elda, la cual disfrutaba de cada embate por ese nuevo lugar, en una tarde llena de cosas nuevas.

    Al poco tiempo de estar taladrando el señor Toribio empezó a ponerse rígido, disminuyendo el ritmo de los embates, se aferró firmemente a las nalgas de la señora y grito: -¡Te voy a llenar de leche puta! -para de manera inmediata expulsar una gran cantidad de semen dentro del ano de la señora, la cual al sentir el torrente de lava dentro de sí, sintió que ese chorro llegaba prácticamente hasta su cerebro, terminado de vaciar también su apetito sexual recién despertado.

    Pasaron solo unos cuantos segundos para que ambos se empezaran a incorporar lentamente, la señora de inmediato busco su franela para ponérsela, sin el sostén, después corrió hacia los leggins para calzárselos sin recordar que sus bragas habían sido destrozadas.

    Una vez que estuvo vestida, volteo hacia su atacante, quien ya se encontraba vestido, con los hilachos de las bragas de la señora alrededor de un billete de baja denominación.

    T: Ahí está mi aportación a la caridad, para que no te vayas con las manos vacías

    La encamino a la puerta, levantando la ruidosa cortina metálica, y al salir la señora, Toribio le dijo al oído:

    T: Nunca me había salido tan barato una puta tan buena.

    Acto seguido se metió al taller cerrando de nuevo la cortina, mientras la señora Elda se encamino a la avenida de la que nuca debió salirse, camino hacia su casa (ya no quiso llegar a la Iglesia a reportar lo recolectado).

    Entro a su domicilio cuando la empezó a invadir un sentimiento de culpa, se vio en el espejo y parecía que se notaba en su piel cada caricia, cada beso, cada mordida que había recibido esa tarde, pero un grito la despertó de sus pensamientos, su esposo: -por fin llegas, dame de cenar.

    Se encamino hacia la cocina tratando de disimular lo desarreglado de su vestimenta, calentó la cena y la sirvió, dándose cuenta que el marido ni siquiera la había volteado a ver.

    E: Voy a tomar un baño, dijo sin obtener respuesta

    Se encamino al cuarto de baño, se desnudó frente al espejo viendo las huellas que había dejado el señor Toribio en ella, mientras pensaba que tal vez debería sentirse mal por haber sido ultrajada, pero no, estaba orgullosa de cada marca que portaba su cuerpo, había despertado a un mundo que no conocía, y tal vez (solo tal vez) era el inicio de una vida llena de aventuras sexuales.

  • Conociendo a su amiga (parte 2)

    Conociendo a su amiga (parte 2)

    Había pasado un año desde nuestra aventura con la amiga de Belén y su pareja. Durante ese tiempo, habíamos tenido conversaciones sobre lo ocurrido aquella noche de locura, y aunque algunas cosas aún no se habían discutido en detalle, había quedado todo claro y en orden. De hecho, no podíamos evitar fantasear de vez en cuando con aquel encuentro.

    A pesar de que mi pareja y Cathy no se habían visto desde aquel día, mantenían contacto a través de mensajes. La semana pasada, finalmente acordaron reunirse para tener una conversación pendiente. Belén salió a encontrarse con Cathy y luego de algunas horas me envió un mensaje preguntándome si estaba de acuerdo en que Cathy se quedara en nuestro departamento. En resumen, Cathy estaba pasando por un mal momento debido a su reciente ruptura con Emma, su pareja en ese entonces.

    Yo: «¿Quieres que la consolamos?»

    Belén: «No seas tonto, está triste. Ha llorado varias veces, así que no creo que tenga la mente puesta en cosas sexuales».

    Yo: «Era una broma, me lo imaginaba. No hay problema en que se quede».

    Esa noche, tanto mi pareja como yo habíamos salido por separado, pero acordamos encontrarnos en un lugar determinado con el fin de llegar juntos al hogar. Al llegar al punto de encuentro, saludé a mi novia y luego abracé a Cathy, su semblante dejaba notar su tristeza. Era evidente que ambas habían estado bebiendo.

    Como la vez anterior, decidimos llamar a un Uber y, durante el trayecto, Cathy nuevamente se quedó dormida apoyada en mi hombro. Al llegar a casa, ella manifestó tener ganas de ver una película, comentando que le costaba mucho dormirse en el último tiempo.

    Belén, debido al cansancio, decidió que viéramos la película en la cama. Al ser principios de diciembre, no estaba seguro de cómo vestirme para que Cathy no se sintiera incomoda, así que opté por usar un short y una polera, sin ropa interior. Cathy, la amiga de mi pareja, se acostó después de mí, llevando puesta una polera larga (al igual que mi pareja). Finalmente, Belén se unió a nosotros, quedando Cathy en medio.

    Conforme la película avanzaba, el cansancio se apoderaba de todos y poco a poco nos fuimos quedando dormidos. Observé a mi pareja ser la primera en caer en un sueño profundo, y yo mismo me encontraba al borde de dormirme. En ese instante, Cathy se acercó y me susurró suavemente si podía abrazarla. Entre el estado de somnolencia, extendí mi brazo y ella acomodó su cabeza en mi pecho.

    Poco a poco, me fui durmiendo. Sin embargo, minutos más tarde, las ganas de ir al baño me despertaron. Al darme cuenta de que la película había terminado, busqué el control remoto para apagar la tv. En ese momento, noté que Cathy aún estaba dormida, con su mano debajo de mi polera y reposando sobre mi pecho.

    Belén se despertó y se levantó para ir al baño. Al regresar, no pareció agradarle la situación en la que nos encontrábamos. Decidí despertar a Cathy y también me dirigí al baño. Al regresar, vi que mi pareja ocupaba mucho espacio en la cama y opté por dormir en el sofá.

    Una vez acomodado en el sofá, noto que Cathy se levanta y se dirige al baño. Pasaron algunos segundos, regresó y se acercó a mí y me dijo: «no quiero que te quedes aquí durmiendo en el sofá por mi culpa», me dijo en voz baja.

    Yo: «No te preocupes, no hay problema».

    Cathy: «Perdóname, me hubiera gustado venir más animada».

    Yo: «No tienes que disculparte por nada. Espero que esta salida te esté ayudando a distraerte».

    Cathy: «Sí, gracias a ustedes. ¿Puedo abrazarte?».

    Yo: «Claro».

    Cathy se sentó a mi lado en el sofá y me abrazó durante varios segundos. «Qué rico hueles», me susurró al oído. «Me recuerdas a aquella noche de locura».

    Ella me da un tierno beso en la cara para despedirse, el cual curiosamente fue bien cerca de mi boca. Sin embargo, antes de irse baja su mano para tocar mi pene sobre el short y me dice: “no creas que no he pensado en ti”.

    Yo: “me hablas a mi cierto? jaja”

    Cathy: “mmm si también jeje, he soñado con probarlo de nuevo”.

    Para poner paños fríos al momento, se pone de pie y se va a la cama con Belén. Mientras la veo alejarme me doy cuenta de que antes de entrar a la habitación se quita la ropa interior dejándola en el piso. Eso me sorprendió bastante.

    Luego de unos 5 minutos escuché algunos ruidos que llamaron mi atención, me levanté lentamente a mirar. Empujé la puerta con suavidad y cuando por fin tengo ángulo de visión, veo a Cathy masturbando a mi polola.

    Con Belén habíamos fantaseado muchas veces lo ocurrido aquella noche, y principalmente la había hecho reconocer más de una vez lo caliente que le ponía su amiga. Es más, varias veces le pregunté si quería repetir y en nuestra fantasía nunca dudaba en darme un “sí”.

    En un momento, Cathy se quita la polera quedando desnuda, se sube sobre Belén, pone sus tetas sobre la cara para ser devoradas por ella desesperadamente. Luego, le quita la ropa e inmediatamente baja a comerle la vagina, Belén la tomó de la cabeza, mientras su amiga hábilmente le daba placer con su lengua.

    Por mi parte continuaba mirando escondido y me masturbaba lentamente para no ser detectado.

    En un momento Cathy fue a buscar su bolso, el cual estaba a un costado de la cama. Belén encendió la luz pequeña y vio que su amiga sacaba un tremendo consolador doble.

    Cathy: “amiga mira, quiero que lo usemos más adelante”.

    Belén: “lo has usado antes?”.

    Cathy: “claro, que sí”.

    Para mi sorpresa y antes de que probaran suerte con su amigo de goma; mi polola le pidió a su amiga que se pusiera en 4 y comenzó a disfrutar de su vagina. Desde mi posición tenía un plano privilegiado de la raja de Cathy y como era invadida por los dedos y boca de mi pareja. Le metió suavemente dos dedos mientras iba succionando y jugando con su lengua, primero en su vagina y luego en su ano. Pasaron varios minutos en esa pose mientras Cathy gemía e intentaba decir palabras entrecortadas, a continuación, tomó con una mano la cabeza de mi pareja para empujarla contra su vagina.

    Cathy: “hazlo más fuerte, estoy apunto”.

    Belén aceleró el ritmo y mientras introducía dos dedos en su interior, con los dedos de la otra mano le frotó el clítoris. Después de algunos segundos Cathy dio sus gemidos finales y acabó de manera furiosa. Sin perder tiempo fue a besar intensamente a Belén, luego bajó a comerle los senos, sus pezones estaban como rocas.

    Cathy siguió bajando hasta la vagina de mi pareja, apretaba sus labios vaginas hasta llegar hasta a su clítoris. Pasaba su lengua lentamente. Después, comenzó a meterle dos dedos mientras Belén la seguía atenta con la mirada.

    Belén: “probemos tu juguete”, le dijo con la voz entrecortada a su amiga.

    Su amiga estiró su mano, mi pareja instintivamente se dio vuelta. Cathy le metió el consolador lentamente, y mientras iba entrando le aprovechó de pasar la lengua por el ano, cosa que Belén disfrutó mucho, cuando notó que la vagina de mi polola ya estaba bien adaptada al juguete, Cathy se dio vuelta y también se metió el consolador por el otro extremo, al darse vuelta me vio de inmediato, pero no detuvo su labor. Ambas chicas quedaron en 4 con el dildo introducido en sus vaginas, así iban cambiando cada cierto rato, hasta que sincronizaron sus movimientos. Me puse de pie, me acerqué a su a amiga y puse mi pene en su boca, ésta la abrió y lo comenzó a chupar con muchas ganas, además puse mis manos en su cabeza, corrí su cabello y empecé a follar su boca cada cierto rato. Se notaba que tenía muchas ganas de chuparlo. Belén se dio cuenta inmediatamente, pero siguió disfrutando del momento, después de un rato fui donde mi pareja y le follé la boca a ella.

    Cathy se quitó el juguete de su interior y se puso al lado de mi polola y comenzó a decirnos: “me toqué tantas veces pensando en ustedes”.

    Belén: “nosotros también lo hicimos”.

    Cathy: “me di cuenta cuando por fin me probaste la vagina, lo hiciste muy rico”.

    Belén: “tenía muchas ganas de hacerlo, la tienes rica amiga”.

    Cathy: “estuvo muy rico, pero también tengo muchas ganas de otra cosa”.

    B: “Quieres que te lo meta Eric?”.

    C: “siii, no he dejado de pensar en eso desde esa vez, la quiero toda adentro”.

    B: “amor, méteselo. Se que lo quieres, lo fantaseamos muchas veces, hazlo ahora”, me dijo Belén.

    Sin decir nada acosté a Cathy, me subí sobre ella, metí la punta de mi pene y pude sentir el calor que emanaba su cuerpo y como prácticamente su vagina estaba escurriendo. Luego subí sus pies hasta mis hombros, y se lo empecé a meter profundo, pero lentamente. Ella estaba con los ojos blancos y su boca abierta. No decía nada, pero por su expresión nos dábamos cuenta como ella disfrutaba.

    Subí poco a poco la intensidad de mis embestidas, mis bolas chocaban contra su trasero mientras mi pene muy duro se abría paso en una vagina bastante apretada, el palmoteo de las penetraciones se escuchaba por todos lados.

    Belén: “fuerte amor, lo necesita”.

    La sometí con todas mis fuerzas, el sudor caía de mi cuerpo. Cathy seguía con los ojos blancos y la boca abierta, luego comenzó todo su cuerpo a temblar y me dijo: “no pares por favor”.

    La sentimos acabar escandalosamente mientras se abrazaba de mí. Después nos confesó que ese había sido uno de los orgasmos más fuertes que había tenido en mucho tiempo.

    Mi pareja me besó mientras Cathy se fue acomodando a nuestro lado y de momento se dedicó a observarnos. Belén se puso en 4 y puso su cabeza en la almohada, la penetré así mientras la tomaba muy fuerte de sus caderas, esa pose le encantaba de sobremanera. Su amiga levantó su cabeza para besarla, estuvieron en eso algunos momentos, por lo que tuve que bajar la intensidad de la penetración.

    A continuación, Cathy se puso debajo de Belén para comerle las tetas. Eso le gustó mucho a mi polola, por lo que yo subí la intensidad nuevamente, pero cuando su amiga la notó casi lista, se puso en un 69 con ella, mientras yo la penetraba. Cathy comenzó a jugar con clítoris de mi pareja y Belén no aguantó más, acabó con un fuerte gemido.

    Mi pareja fue al baño, mientras Cathy quedó acostada de espaldas con su cabeza colgando. Por lo que fue casi natural que se lo metiera nuevamente por la boca. Llevo una mano a su clítoris y la otra a sus pezones, por mi parte le metía todo el pene hasta llegar con mis bolas hasta casi su nariz, pensé que con eso acabaría, pero, en ese mismo momento regresó Belén y se acomodó para darle sexo oral a su amiga.

    Guie a mi pareja para poder lamerle el clítoris al mismo tiempo que ella se lo chupaba a Cathy, la puse de lado, abrí sus piernas y metí mi cabeza entre ellas, le dije “haz lo mismo con Cathy para que la sigas chupando”. Belén entendió el mensaje, al igual que su amiga, la cual hizo exactamente lo que yo esperaba que hiciera y comenzó a meterse mi pene en su boca. Para explicarles bien, quedamos en un perfecto triángulo de sexo oral. Donde yo le daba placer con la boca a mi pareja, al mismo tiempo en que ella le daba a su amiga, y a la vez Cathy me comía el pene. La escena era la perfección y así estuvimos varios minutos. A decir verdad, hace bastante rato que ya no daba más y le dije a Belén: “¿se lo echo todo en la boca a Cathy?”. Pregunta que fue respondida por su amiga “lo quiero todo, me lo tragaré”, nos dijo. No la hice esperar, y sin perder detalle de como mi polola le daba con todo a la vagina de su amiga fui tirando varios chorros calientes de semen hasta la garganta de Cathy, que luego de acabar siguió mamándola como si nada y luego de unos segundos dijo: “estaba tan rico”.

    A continuación, nos pusimos de pie y nos fuimos a refrescar, volvimos a la cama, hablamos y reímos del asunto varios minutos, hasta que nos dormimos.

    No sé cuánto tiempo habrá pasado, estaba profundamente dormido, pero mi sueño fue gratamente interrumpido por la boquita deliciosa de Cathy, que me lo chupaba sin apuro al lado de mi pareja. Aún era de amanecida y cuando ellas notaron que estaba despierto, se besaron intensamente con mi pene casi entremedio de sus bocas. A continuación, su amiga se subió sobre mí y puso mi miembro duro dentro de su vagina.

    Cathy montaba con mucho deseo, acerqué su cuerpo al mío y me comencé a comer sus deliciosos senos que se movían al mismo ritmo de sus caderas, que iban de atrás hacía adelante a toda velocidad. Belén sacó la almohada que estaba en mi cabeza y me dijo que me bajara un poco, se subió sobre mí y además de ser montado por Cathy, tenía todo el gran trasero de mi polola en mi cara. También por los ruidos se escuchaban como se besaban y se comías las tetas entre ellas, sin duda era el mejor despertar.

    Después de un rato ellas cambiaron de posición, Belén se montó sobre mi pene y Cathy se sentó sobre mi boca. Noté a Belén muy caliente en un momento y me di cuenta como poco a poco se acercaba al orgasmo, levanté mi pelvis, ella se tomó de los hombros de su amiga y comenzó a acabar. Sentí un calor abismal sobre mi pene. Luego de haber acabado, se salió y le dijo a su amiga: “móntalo, es todo tuyo”.

    Cathy se metió nuevamente mi pene, esta vez lleno de los fluidos de mi polola y empezó a moverse de adelante hacía atrás, sus tetas me tenían vuelto loco, pero tenía que aguantar. Además, comenzó a frotarse el clítoris mientras estaba arriba. Al mismo tiempo que se frotaba se sacó mi pene y lo fue acomodando en su ano, ambos estábamos muy lubricados, por lo que fue algo sencillo para ella de hacer, una vez bien acomodada comenzó a menearse con mi pene duro dentro de su culo al mismo tiempo que se frotaba el clítoris. Belén regresó luego de ir al baño y sólo atinó chuparle sus ricos senos. Luego Cathy nos dijo: “quiero intentar algo”.

    Con mi verga adentro de su ano se giró lentamente dándome la espalda, y le dijo a mi pareja, “méteme el consolador por la vagina por favor, quiero doble penetración”. Mi pareja lo hizo inmediatamente, su amiga puso sus ojos en blanco y se quedó en silencio, con movimientos lentos y cortos se fue acercando al orgasmo, hasta que finalmente comenzó a acabar con fuertes gemidos y algunos gritos. Que caliente era su amiga, estaba cumpliendo seguramente todas sus fantasías acumuladas.

    A esa altura yo no daba más y se los hice saber. Les pedí arrodillarse en el piso, me masturbé varias veces y empecé a tirarles todo mi semen directamente a sus bocas.

    Nos volvimos a dormir. Al despertar a la mañana me fui a duchar en soledad, pero a los segundos entró mi polola, se tardó muy poco tiempo en ducharse, me lo chupó algunos segundos y se fue. Luego entró Cathy, jabonó su cuerpo de manera muy sensual, puso mis manos es su cuerpo y me dijo “ayúdame, es más rico así”. Metí los dedos a su vagina y luego con su cuerpo ágil ella se subió sobre mí, yo la tomé del trasero y se fue acomodando mientras entraba mi pene en su vagina. La apoyé contra la pared y me la fui follando así, al mismo tiempo en que ella me besaba. Después se salió, bajó a mi pene y me dijo: “Belén me acaba de decir como dejarte loco”. Me lo chupó con todas las ganas de sacarme la leche, estuvo algunos minutos así y la verdad debo decir que entre lo deseosa que estaba ella por chuparlo y lo que le había dicho mi pareja de cómo me gusta precisamente que me lo hagan no quise aguantar más, los primeros chorros fueron en su boca y el resto en su cara, el cual ella se fue esparciendo por todo su delicioso cuerpo hasta llegar a sus deseadas tetas. Fue muy excitante el momento, se enjuagó y se fue.

    Al salir de la ducha, ellas estaban preparando el desayuno, comimos y fuimos a dejar a Cathy hasta la parada, en la tarde conversamos sobre lo ocurrido y acordamos en que no había problema de compartir estas aventuras, siempre y cuando no afectara nuestra relación.

    Con el tiempo Cathy volvió a salir con hombres. Ella nos dijo que lo importante no era el sexo de su pareja, sino la persona en sí misma.

    Todo lo ocurrido con su amiga fue una experiencia inolvidable que nos hizo descubrirnos mucho más como pareja.