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  • Carla: Una esposa la contrata como regalo de cumpleaños

    Carla: Una esposa la contrata como regalo de cumpleaños

    100 % real, salvo los nombres de los involucrados.

    Hola! Que gusto oírte, como estás? Así comenzó mas o menos la llamada de “La Tejedora“ a Carla, siguieron con los saludos y otras cuestiones de norma entre conocidas ya casi amigas…

    –Como? Que extraño! En general es totalmente al revés! Exclamó Carla, que ya me había llamado para que me acercara .

    (Estamos disfrutando de unos hermosos días juntos, por una de las acostumbradas ausencias de mi señora, que ésta vez con dos amigas se fueron a Mendoza y Mendoza, sin planear detenerse en San Luis). Situación que aprovecharemos para estar juntos y también recibir a nuestro gran amigo Pedro y, desde luego, al tío de Carla

    –Sí, sí, te llamo porque sé que Uds. son de super confianza, nunca me defraudaron, y tú en particular, lo has hecho muy bien con los dos amigos a quienes te he recomendado y nunca les has hecho problemas acerca de lo convenido.

    –Sí, amiga, pero no son dos, ya son tres, acordate…el primero,1) el señor de profesión imposible de nombrar siquiera, 2) el capo de multinacional, y 3) el médico de Bs.As. que quiso hacer de voyeur, y como sabes volvió con el hijo y la nuera como voyeurs y luego volvieron ya como trieja, super felices.

    –Cierto! Ya tres recomendaciones y todo perfecto, nunca te fallaron con lo convenido? Siempre en tiempo y forma? –Sí, siempre todo a tiempo todos han cumplido y han quedado re amigos nuestros y siguen y siguen dándome, hablando claro ja ja

    –Ja ja ja Pues lo que te dije al comienzo, suena raro, pero esta vez es una señora quien quiere ver a su marido, por primera vez, no sólo recurren a mi, los conozco personalmente, gente de aquí de mi zona, de lo mejor.

    Ella le quiere hacer un regalo a su marido para verlo, ella sueña con eso, y de paso, dice que lo fideliza, que no se le vaya a ir por su cuenta con cualquiera. Ella asegura que llegado el momento él no se negará a participar, aunque se sorprenda.

    –Genial! Nosotros encantados si nos ponemos de acuerdo. Seguramente tu ya les transmitiste todo, lo básico y lo otro, cero violencia, cero droga, cero enamoramientos, y que prefiero totalmente con análisis previos, pues también se trata de disfrutar.

    –Sí, estuvieron de acuerdo en todo, y solamente me pidió ella, para ver solamente ella una foto social tuya. Ella vendrá a casa a verla y yo la borro. Te parece bien?

    –Si tú lo haces así, de acuerdo… confianza absoluta en ti. Y por supuesto les habrás resaltado que retomé los estudios, que termino en 2024 y que me encanta divertirme y facilitar mis estudios al mismo tiempo. Asegurale a ella que lo voy a sorprender a él y quizás hasta a ambos.

    Así quedaron y La Tejedora hizo los arreglos, manifestó que les encantó que Carla haya vuelto a estudiar, aseguró transferencias, mostró la foto de Carla, una foto social, sentada en un café con Gonza y con el afro de la embajada (rostros de ellos tapados, obvio) cuyo embajador era íntimo y lamentablemente cambió de destino, aunque nos queda como amigo otro y un cónsul.

    Fue ver la foto y la señora quedó encantada con lo que regalaría a su marido. O sea le encantó Carla, y los varones, según supimos.

    Se convino hacerlo en el apartamento de siempre, en el cumpleaños de él. El engaño para llevarlo al apartamento era que después de almorzar cerca, ellos solos, irían al apartamento de una pareja donde la chica es amiga de ella y que sabiendo del cumpleaños los invitábamos al café.

    Pongámonos de acuerdo en llamarlos N a él y C a ella. Por lógica, previamente al día del encuentro, C y Carla se habían encontrado a tomar algo, charlaron un rato y vieron que realmente todo marcharía bien. No hubo pedidos especiales de C a Carla, “te lo dejo, hacé lo que te parezca, él va como amigo, sin saber nada de nada, y yo muero por ver que lo monten, además hace días que me las arreglo para no tener sexo con él y llevártelo con muchas ganas“. Lo dicho mucho mas arriba, una situación muy poco vista ésta de esposa que le hace ese regalo a su esposo.

    Llegados día y hora, se presentaron al apartamento que a esos efectos le alquilamos a Luis, en este caso lo tomamos por varios días para disfrutar a fondo de mi “soltería de 15 días”, por supuesto con importante descuento de parte de Luis dando por seguro que lo invitaríamos a algún encuentro, lo cual obviamente sucedió.

    Llegaron, C y Carla se saludan como amigas de mucho tiempo, “de vernos tomando algo y empezar a encontrarnos deliberadamente a pasar un rato charlando en Carrasco o en Punta Carretas”.

    Cada una presentó a su caballero y comenzamos con lo que teóricamente haríamos, tomar café como amigos.

    Linda pareja, de clase alta, eso se notaba, él quizás 44/45 y ella 40, según le había dicho a Carla.

    Con Carla, somos siempre que se puede de calentar el ambiente lentamente. Para eso, Carla, encargada de ir y venir con las tazas del café que yo preparé “en esa máquina infernal” se había vestido aprovechando la calefacción alta, con un vestido que se hizo hacer a imagen y semejanza de uno de reconocida casa española. La costurera se lo hizo en dos días, una maravilla. Totalmente negro, largo al piso. Con el detalle agregado de un tajo hasta el muslo izquierdo, llegando bien arriba. Zapatos de buenos tacos y medias negras con ligas con cristalitos pegados, justo visibles en el tajo del vestido a la altura del muslo.

    Y arriba… cualquiera diría que eran tres tajos horizontales (y lo eran, pero bien hechos y ribeteados de cristales) uno a la cintura, otro mas arriba casi a mitad del tórax y el tercero justo en lo que llaman el under boobs, o sea justo de las lolas, de tal manera que ciertos movimientos del cuerpo o de los brazos, mostraban la parte inferior de ellas.

    Por la espalda, escote hasta media espalda, y mas abajo, justo unos cinco centímetros mas abajo de donde se forma la raya de la cola, un tajo horizontal, también ribeteado de cristales de famosa marca. Como complemento digamos que detrás de los tajos delanteros y trasero, un muy leve tul negro casi totalmente transparente, daba decencia al modelo sin retacear la vista, ja ja. Honestamente. La raya de la cola, con ese tul negro se vislumbraba como si fuera la puerta del Paraíso.

    En cuanto entraron ocurrieron las presentaciones, C exclamó: Carla! Estás divina! Demasiado lujo!

    Y Carla: como me dijiste que es el cumpleaños de N, quise estar a tono y darle importancia al hecho ! De verdad te gusta el vestido? Si querés después te paso la dirección de mi modista.

    Mientras tanto N trataba de fijar la vista en mi, pero se le escapaban miradas hacia Carla. Y así siguió mirando cuando Carla iba y venía con las dos rondas de café que yo había preparado.

    Mientras tomábamos café y estirábamos la charla, acerca de cualquier tema, oh casualidad! El tajo del vestido de Carla se iba abriendo cada vez mas hasta mostrar la liga, con sus cristales brillando y llamando la atención a pleno. Mientras tanto, Carla no perdía oportunidad de enfatizar alguna exclamación o explicar algo hablando de vestimenta, acompañando sus palabras con una elevación de brazos, que a través de tajo y tul, dejaba ver su underboobs perfectamente.

    Yo, no perdía detalle a la entrepierna de N, y bastó un sutil toque a Carla para que ella supiera que se le estaba parando. Esa señal a Carla fue suficiente para que le volviera a preguntar a C si de verdad el vestido le gustaba.

    –Me encanta! Tanto el diseño como los detalles de cristales, aunque, no sé un detalle no me termina de convencer… (C captó la intención de volver a hablar del vestido).

    –Que detalle?

    –La verdad, el tajo de la cola, divino pero como muy bajo no?

    –Ayyy te parece? Lo hablamos tanto con la modista. Se paró, les dio la espalda para que lo vieran, digamos sin apuro… Los cristales y el tul distraen de lo que hay abajo no?

    –Se te ve un poco la raya, pero igual, sos tan linda que pasa!

    Yo miraba a N, y el pobre se acomodaba el bulto, que digamos la verdad… abultaba.

    Y allí el golpe maestro de Carla: Sergio, mostrale el apartamento a N… que C y yo le vamos a traer el regalo sorpresa de C para él!

    Se fueron juntas, C tenía que ayudar a Carla con algunos detalles de lo que usaría.

    –Te muestro el apartamento N? Yo quería dejarlo en evidencia, con la verga parada.

    –Te agradezco, pero estoy tan cómodo aquí sentado!

    –Vamos N no disimules, no pasa nada! Se te paró verdad?

    –Me vas a matar, no te ofendas… sí, se me puso medio dura, no pude resistir lo que veía, o vislumbraba, y para peor no tenemos confianza, recién nos conocemos.

    –Y eso que veías poco! Ni te imaginás! Pero no te preocupes, no sos el primero al que le pasa, y seguramente le va a pasar a otros. Sé que está buena, y nos encanta que se vista así.

    –Sí, dejame tranquilo así se me baja, ni pensar quiero, pero te felicito

    Llega desde un pasillo una voz… Sergio, en un sofá hay un pañuelo grande de seda, vendale la vista a N para sorprenderlo con el regalo! Así lo hice, se paró, ya con la verga mas blanda pues abultaba menos.

    –Que diablos me traen de regalo?

    Música suave, ruido de tacos… el ruido de tacos cesa evidentemente muy cerca de N, y la señora le dice: Ahora te saco el pañuelo y ves tu regalo de hoy amor. Y lo hace…

    Sorpresa buscábamos y sorpresa fue, tremenda sorpresa. Al caer el pañuelo N ve ante si a Carla, y le dijo C a N, te la preparé para regalo.

    Carla erguida, hermosa, zapatos dorados, altísimos. Desde medio muslo hasta los hombros envuelta en papel dorado, sujeto por una cinta plateada negra atada con un hilo dorado gran moño. Collar de tres largas vueltas de hilo dorado con algunos flecos cayendo desde la última y mas larga de las vueltas.

    –Qué es esto? Balbuceó N… sombrado y admirado por partes iguales, creo. El bulto nuevamente a pleno semejaba una carpa de circo, pese a que en realidad Carla mostraba menos que con el vestido negro.

    –Es tu regalo amor, estoy loca de ganas de verte con alguien, y nuestra amiga ZZ que me enteré que le dicen la tejedora pues teje relaciones ocasionales, me dijo que con Carla no puedo fallar. Vas a desenvolver tu regalo? Se desata la cinta y se rompe el papel, no lo olvides.

    –No entiendo, no sabía de tu deseo.

    –Ahora lo sabes…

    N no tuvo mas remedio que pararse del sofá, el bulto a pleno, un cono hacia adelante.

    Se acercó a Carla, desató la cinta, el papel permaneció en su lugar, pues viendo lo habían pegado con un poco de adhesivo, papel sobre papel.

    –Ahora, mi señor por hoy, rompa el papel, si quiere satisfacer a su esposa… y a mi.

    –Pero no entiendo, con tu pareja presente.

    Intervine yo… Nos encanta… practicamos voyerismo, e intercambio o entrega desde hace seis años. Tenemos varios amigos fijos, y hemos conocido tres de ellos, ahora cuatro a través de La Tejedora, esa amiga vuestra.

    –Ahhh… y N miró a C como para asegurarse de que no era broma, ella asintió.

    N, con su carpa a full y sin acordarse ni avergonzarse de ella, avanzó y tomó el papel en un hombro de Carla. Carla ni le dio tiempo a arrancar una tira, comenzó a girar y el papel se fue desgarrando hacia abajo.

    Apareció primero el “corpiño“ negro, que no era nada mas que un corpiño media copa al cual le habían sacado la media copa de frente, quedando solo el marco de alambre forrado en tela, y las hermosas tetas al aire, los pezones tan duros como se podía adivinar que estaba la pija de N y el collar con las tres vueltas cayendo al centro de los senos.

    A medida que todo el papel se rasgó y N lo dejó caer al piso, quedó a la vista el resto.

    Una hermosa “tanga“ de fantasía, negra, desde luego, también de autoría de la modista, solamente un hilo elastizado, horizontal, alrededor de la cintura.

    Por delante, colgaban cinco hilos, formando un triángulo, el hilo mas largo al centro (justo sobre la línea dela concha, obvio) y a los costados de éste, dos hilos mas a cada lado se acortaban al alejarse del centro.

    Por detrás, del mismo hilo horizontal siete hilos “en triángulo”, ya se imaginan, el mas largo y central, se perdía gozosamente en la raya del culo, y los otros seis, tres a cada lado, progresivamente se acortaban “tapando” los gloriosos glúteos, que tantos amigos y yo solemos disfrutar.

    Lo de N era genuino asombro, y lo de su esposa C, alegría plena. –Te gusta mi regalo amor? Dijo C con Carla quieta de espaldas a él, el culo lucía como siempre, indescriptible con aquellas tiritas negras.

    –Quizás prefiere verme a pleno, dijo Carla, dobló la cintura al máximo abriendo un poco las piernas. El chiquito, hermoso apenas llegaba a ser tocado por la tira central de la tanga, y la conchita apenas se abría un poquito, rosada, hermosa. La boca de N se abrió, aspiró, pero no dijo nada– O será que prefiere verme de frente? Carla se enderezó, giró y se acercó mas a N. – Le gusta su regalo señor? O le pedimos algo por algún delivery?

    N se dio cuenta de que todo iba en serio. Los dedos índice y pulgar de cada mano apretaron suavemente los pezones, duros y rosaditos. Jugaba con ellos. Carla lo abrazó y comenzó, delicadamente con un beso de labios cerrados (ya vendrían después los otros). N se llenó las manos con las tetas de Carla, y un momento después dejó caer las manos a la cintura, perfecta, pero solo de camino a prenderse de las nalgas. Las amasaba, jugaba con los hilos, apretaba a Carla contra su cuerpo, “hasta me acarició el agujerito”… –Por qué no vamos al dormitorio? sugirió C… – ayyy sí, así N se desviste en el baño y puedo ver eso que tanto abulta dijo Carla.

    Así lo hicimos, los tres caminando detrás de Carla para admirar aquel culo apenas disimulado por los hilos que fungían de tanga.

    N fue al baño a desvestirse y Carla se desnudó completamente, esperándolo al costado de la cama, C y yo del otro lado del lecho.

    Apareció N, con lo vellos recortados (siempre los usa así dijo C), verga totalmente dura, una piedra, buen tamaño, no descomunal, y por sobre todo, venosa, de cabeza brillante, ya con alguna gota de pre seminal visible y por sobre todo, cual estatua de Príapo, la verga apuntaba, ligeramente curvada, hacia arriba, los huevos, sin ser grandes, imposible quejarse de ellos ja ja!

    –Que lindo lo que tienes en casa! Le dijo Carla a C. Y con N de pie se arrodilló a darla una primera chupada, no mas de dos o tres minutos, mientras le acariciaba los huevos.

    Se paró Carla y arrancó con besos de lengua, cada vez mas intensos, mientras N le refregaba la verga por los pelitos (dijo que le encantaron) y se la punteaba en la concha.

    Carla, que no deseaba que se le acabara afuera, lo empujó a la cama. Quedó N de espaldas, y ella le dio a mamar las tetas un buen rato, después vino ponerle la concha en la cara. Y sin olvidar que C le había dicho que quería ver como lo montaba, Carla, se lo montó lentamente (cuesta un poquito entrar porque es curva).

    Con todo adentro, literalmente hasta los huevos, Carla se movía despacio mientras N empezó a mojar con saliva el dedo pulgar y a hacer círculos en el culo, y luego a meterlo de a poquito.

    –Que pícaro N, como me lo estás dedeando… es un pícaro el cumpleañero dijo mirando a C… pero C apenas los veía ocupada tocándose las tetas.

    N, desesperado y lleno de leche por la abstinencia que discretamente le había impuesto su mujer, empezó a moverse y a dar señales de que iba a acabar.

    –C! No te pierdas esto! Dijo Carla… dejá de tocarte!

    Y comenzó a subir y bajar sobre la pija de N casi hasta que se salía y justo antes volvía a bajar para que le entrara hasta el fondo.

    Discretamente, con C absorta mirándolos, yo comencé desde atrás a acariciarle las tetas por sobre el vestido… cero reproche… señal de un futuro promisorio.

    –¡Viene! Gritó Carla al sentir el primer chorro, y siguió subiendo y bajando mientras recibía buen en lo profundo de su ser mas chorros, y la pija entraba y salía cubierta de leche y de licor de la propia Carla.

    –¡Que hermoso! exclamó C mientras Carla baba los últimos enviones…

    Y no se esperaba C el chorro de semen y flujo que cayó sobre el vientre de N cuando Carla se sacó la pija, ya blanda.

    Mientras tanto, C nada había dicho ni se había movido ante mi masaje de tetas.

    Carla, servicial como siempre, al instante estaba chupando y limpiándole, la verga a un exhausto N… que solamente dijo. –Que divino

    –Te gustó mi regalo de cumpleaños amor?

    –Me encantó! Lástima que se terminó!

    Y Carla exclamó… aquí no se terminó nada!

    –Se puede seguir? Dijo C.

    –Quiero seguir, es una pija deliciosa y seguro hay mas leche!

    Ni se dudó, solamente C dijo: viste amor que buena gente de recomendó mi amiga?

    A esa frase siguió un hermoso 69 de N y Carla, con algún ocasional beso de C a la cola de Carla que a nadie molestó.

    Con la carga de leche que traía N y la agradable sorpresa de regalo a la cual ya se había adaptado, no demoró en estar nuevamente con la poronga como piedra, luego de la chupada, lengüetazos y chupada de huevos que Carla le propinara.

    –Los quiero ver en cuatro! Fue la sugerencia/ orden que la dama del regalo transmitió a N y Carla.

    Así lo hicieron, la pija de N re babosa por la chupada de Carla, y la concha de Carla llena de saliva de N.

    Meterla fue juego de niños, y ver como entraba y salía era algo que tenía a C como hipnotizada, lo cual aproveché, de nuevo sin resistencia para acariciarle las tetas, desprendiendo como por descuido un botón del vestido, lo que me permitió llegar a acariciárselas por encima del corpiño, y en algún momento hasta directamente la piel. Cero objeción o protesta!

    N empezó con el jueguito de sacarla totalmente y volver a meterla de nuevo en la concha de Carla, que estaba deleitada con ese mete saca. Finalmente acabó, notoriamente se contraía el escroto y suspiraba mientras Carla, muy suavemente le tarareaba un que los cumplas feliz!

    Nuevamente al sacarla, goteo de leche a la sábana y, super excitada C se abalanzó, con Carla todavía en cuatro a chuparle la concha y todo lo que de ella escurría.

    Algún lengüetazo de C al culo de Carla fue inevitable y ambas lo disfrutaron.

    Otra vez Carla le limpió la pija a N a pura lengua… y preguntó… –Cansados?

    A lo cual N respondió… –Yo me animo! –Y yo encantada de ver dijo C. Pero no quiero abusar de lo convenido.

    –Olvidate! Es hasta que querramos, todo incluído en el catering del cumpleaños. Sabes N? La quiero en la boca ahora.

    Y se prendió a chupársela, haciendo gala de todo su repertorio, cabeza, tronco, garganta profunda, lamida de huevos, cabeza buen babeada, otra vez huevos, etc. etc., mientras N le masajeaba el culo.

    Finalmente, vino lo que quedaba, que no era poco… y algo cayó a las tetas de Carla.

    –Puedo? Dijo C… –Claro, dijo Carla. Y le ofreció las tetas sosteniéndolas con sus manos.

    Cuando C terminó de recoger de las tetas de Carla el semen de su marido, Carla le plantó un hermoso beso de lengua. De nuevo sin resistencia ni objeción de C.

    Hubo, lógicamente, duchas y tiempo para un café final. Carla solamente se puso después de la ducha la parte de arriba de un babydoll blanco transparente, sin tanga. En todo momento tomando el café se esforzó por acercarle las tetas a N o mostrarle la concha si estaba sentada.

    –No te arrepientes de nada? Preguntó Carla a C.

    –Nooo… fue el mejor cumpleaños, me encantó verlos y hasta jugar un poquito… tengo miedo de enviciarme, creo que volveré a hablar con La Tejedora… valió la pena este catering.

    –Que puedo decir? Me sorprendieron y quedé encantado.

    –Y quedaría tanto por hacer! Agregué.

    C, ya por retirarse dijo… podríamos hablarle de este cumple a alguna pareja amiga? De verdad nos encantó! Además Carla, en la previa, tu nivel, que bueno que retomaste tus estudios.

    –Y lo que me cuesta! Pero obviamente esto ayuda… Y yo: coméntenlo si se da el caso, pero solamente a gente de bien en todo sentido.

    Le besé la mano a C, y le dije perdón si me extralimité… y ella: para nada ja ja.

    Y cuando Carla en su babydoll fue a despedirse de ellos, lo levantó y se inclinó sugiriendo: un besito mas? A lo cual ambos respondieron con tremendos chupones tanto al culito como a la concha de Carla.

    Una tarde preciosa, de las verdaderamente inolvidables y de las que ayudan a los estudios de Carla.

  • Más allá de la amistad / Sobreviví en la gran ciudad

    Más allá de la amistad / Sobreviví en la gran ciudad

    Más allá de la amistad:

    Era una tarde veraniega, volvíamos de la playa al camping.

    Mi amigo André y yo nos conocimos en la juventud y nos hicimos inseparables, ese día mientras recorríamos en trayecto de 4 kilómetros, en la mitad del camino aproximadamente nos encontramos una chica haciendo dedo (autostop), cruzamos un hola y algún piropo, y la conversación se animó, luego de un rato charlando la convencimos para que pasara la noche con nosotros en el camping.

    Cenamos, y luego de varias cervezas la cosa se puso animada, entramos los tres a la tienda ya casi sin ropa y por alguna razón que aún hoy no sé, Elisa quería sexo conmigo solo.

    Pues así empezamos, besos y caricias, mi boca comenzó a recorrer su piel que era de un color rosa y suave como el algodón, sus curvas eran mágicas y sus pechos disfrutaban de mis besos y mi lengua se metía en cada parte que me abría, cuando llegué a su fuente de lujuria mis dedos y lengua no dejaban de gritar y pedir más.

    A todo eso, André se mantenía a un lado, esbelto, desnudo y excitado de una manera tan loca, que mis ojos solo lo miraban a él.

    Yo ya había tenido alguna experiencia bisexual pero con desconocidos siempre.

    Elisa, loca de placer y cerveza empezó a saborear de mi erecta daga que deseaba penetrar en su herida, pero mis ojos y mi boca solo deseaban esa maravilla sudada, resplandeciente y enormemente erecta que tenía frente a mi.

    Me fui moviendo mientras Elisa y yo nos revolcábamos en gemidos y baile de caderas, cada vez más cerca de André.

    Cuando estuve pegado a él, fue algo irracional, mi lengua empezó a recorrer su vena de arriba hacia abajo, mi boca se llenó de su carne y mientras bailaba con Elisa disfrutaba de mi mejor mamada.

    Si olor a hombre, su sudor y su semen se me mezclaron en toda mi boca y cara, mientras Elisa gemía y saboreaba mis jugos también, André estupefacto al principio, se soltó y sus manos y dedos mágicos comenzaron a recorrer mi cuerpo hasta descubrir mi más profundo secreto que siempre había estado cerrado para el resto de humanos.

    Y casi sin darnos cuenta estaba yo en posición de perrito, disfrutando de toda la potencia de André dentro de mi cuerpo, en un devenir prolongado, entraba y salía de mi y mis gemidos eran de un placer nunca vividos, Elisa, participaba del juego y me dejaba disfrutar de sus dedos húmedos, de su pecho y de su fuente de placer.

    Esa noche me convertí en el amante de André durante meses.

    *****************

    Sobreviví en la gran ciudad:

    Antes de los sucesos con André, en mi anterior relato, viví una situación penosa que me llevó a descubrir mi lado homosexual.

    Con 18 años me escapé de mi casa y junto a André decidimos irnos a la Gran Ciudad.

    Supuestamente íbamos a quedarnos en la casa de un familiar de André, pero las cosas se torcieron y terminé durmiendo en la calle, sin un peso, en pleno invierno y sin trabajo. Pase varios días hasta que un sereno de un garaje de coches (que me permitía dormir dentro de un coche), me paso un dato de un hombre que me podía dar alojamiento y comida y conseguirme trabajo, a cambio de servirle en su casa.

    Acepte corriendo, me habían criado bien y sabía revolver me bien en las tareas de la casa. Asique ni lo pensé. Llegué a su apartamento y me recibe un hombre de 50 y pico, fornido y barbudo y muy velludo también. Yo en ese momento había cumplido 18 años y me encontraba físicamente muy bien, espalda grande, y una buena verga de 18 cm y gorda. Roberto, que así se llamaba este hombre, me invitó a pasar, «ponte cómodo, come si quieres, dúchate, lo que necesites, ya mañana hablaremos de las condiciones para que vivas acá.»

    Ok, dije, comí como lima nueva, (llevaba varios días solo comiendo restos de pizza que me traía André), y me preparé para ducharme, Roberto me trae algo de ropa, según me dijo de un hijo suyo.

    Abrí el agua caliente, me sacó la ropa y en eso Roberto entra al baño, Perdón, me dice, yo que llevaba una temporada buena sin coger, ni pajearme, había empezado a tocarme para darme una buena paja en la ducha, así me descubrió Roberto, con la verga a medio parar, desnudo y no podía dejar de mirarme, noté como se le hacía agua la boca, y su lengua relamía sus labios.

    Yo lo capté enseguida, y entendí que los servicios no iban a ser de limpieza, sino de satisfacción. Sin tapujos ninguno, le pregunté te gusta?, señalando con mis ojos a mi verga, y Roberto se arrodilló ante mi, diciéndome, mucho, puedo tocarla?, Claro, respondí, y me acerque a él.

    Yo me iba a hacer una paja solo, así que si vos querés podés ayudar de la forma que quieras, no tardó ni 1 segundo en agarrar mi verga con las manos y empezar a chupar mi glande, sus manos me acariciaban todo el cuerpo y su boca se llenó de mi verga que ya estaba dura a tope y con muchas ganas de coger, siguió chupándome la verga, entraba y salía de su boca, me lamía toda la vena y los huecos, sus manos pellizcaban mis pezones, y empiezo a temblar, le aviso que voy a acabar y se mete la verga entera hasta la garganta y me apretó de mis nalgas contra su cara, exploté de semen dentro de su garganta, se ahogaba pero seguía apretando, se le escapa a la leche por los labios, pasado unos segundos se libera y tragando toda mi leche, me limpia la pija con su lengua.

    Me dice «Pendejo, que bueno estás, quiero que me cojas todos los días, mientras me cojas, no te faltará de nada”, y yo ni lerdo ni perezoso, lo agarré de la cara y le zampé un beso de lengua que lo enamoró, cuando lo suelto le expongo mis condiciones, le digo, que no hay problema, que yo lo cojo todas las veces que quiera, pero yo no quiero que me cojan, ni chupar verga ni nada.

    -Ok -me dice- está bien.

    Y terminada la conversación nos metimos a la ducha, nos comimos a besos, lo enjabonó todo y yo también, le hago ponerse contra la pared y empiezo a jugar con mis dedos en su culo, no le hacía mucha falta, se ve que se lo cogían muy seguido. Empiezo a metérsela despacio, (era mi primera vez de sexo anal y de un hombre), pero mi verga empezó a penetrar y sentía la presión que hacía si recto en mi verga, Roberto gritaba y gemía sin parar de placer absoluto, lo estuve empotrando durante muchos minutos, se le aflojaron las piernas, pero resistía, cuando fui a acabar lo agarré de los pelos y llene su enorme culo de leche.

    Continuamos toda la noche ya en su cama. Amanecimos los 2 desnudos y él con su mano en mi verga, jajaja, esto recién empezaba.

    Si queréis más historias de Roberto, sus amigos y yo comenten si les ha gustado este relato.

  • Otro trío sexual en la ducha, con Gonzalo y Diego (parte 5)

    Otro trío sexual en la ducha, con Gonzalo y Diego (parte 5)

    Tras magrearnos y morrearnos entre los tres, bastante sudorosos, nos fuimos a duchar con Diego y Gonzalo, el camarero y dueño de casa.

    El baño era de palacio, a mi modesto criterio. Muy amplio, dos lavabos con un gran espejo panorámico, inodoro y bidé separados, bañera para dos personas, con duchas y duchadores en cada extremo, generosamente provistas de gel de baño, champú y crema enjuague para el pelo.

    Nos metimos los tres a ducharnos enjabonándonos mutuamente los cuerpos, principalmente metiendo mano en las nalgas y los genitales, para horadarnos los culos y sobarnos las pijas y los huevos alternativamente, lo que nos puso bien cachondos de nuevo.

    Yo no podía parar de pajearlos afanosamente, mientras ellos me metían sus dedos enjabonados en el culo que los recibía generosamente dilatado por sus respectivas cogidas previas. Decidido a pedir y ofrecer más sexo, una vez que nos lavamos el pelo, empezamos a besarnos apasionadamente, dando y recibiendo lengüetazos profundos que nos quitaban el aliento.

    Generosamente, Gonzalo apoyó sus manos en la grifería de un lado, dejando su precioso culo en pompa a disposición de mi poronga nuevamente dura y palpitante, por lo que no vacilé en tomarlo de su estrecha cintura y apoyarle mi glande enjabonado en la entrada de su ano rosadito y anhelante. Muy suavemente fui empujando para penetrarlo sin que le doliera, lo que conseguí con relativa facilidad casi enseguida, llegando hasta el fondo de su cavidad que envolvía ansiosa y cálidamente mi pija y arrancándole gemidos de placer.

    Me quedé quieto y me apoyé sobre su espalda para lamer y besar su cuello y luego darle un chupón de lengua bastante prolongado, mientras él empezaba a menearse muy lentamente, dilatando y contrayendo su ano a un ritmo enloquecedor, empujando su cuerpo hacia atrás y haciéndome inclinar a mí también hacia el lado de Diego.

    Éste no desaprovechó la ocasión, me abrió los glúteos y hundió su miembro erecto en mi culo como un cuchillo caliente en un pan de manteca. Lo recibí gustosamente con un estremecimiento de placer que me obligó a empujar más mi pija dentro del culo de Gonzalo y Diego empezó un rítmico meta y saca que acompañé hasta llegar a acompasar la cogida suya con la mía a Gonzalo, que movía su pelvis y su cintura como una bailarina oriental, llevándome a un éxtasis casi insuperable.

    Pensé que nos íbamos a correr enseguida, pero las anteriores cogidas y mamadas, nos permitieron más de diez minutos de acometidas más placenteras que furiosas, besándonos continuamente, mientras arqueábamos nuestros cuerpos para atrás o nos inclinábamos hacia adelante para alcanzar la boca de nuestros amantes.

    Yo sólo había acabado una vez esa noche y aunque no quería que se terminase nunca ese trío lujurioso, fui el primero en notar el cosquilleo de la inminente eyaculación, grité con voz ronca

    -¡Voy a acabar! ¡Voy a acabar!

    y tras varias estocadas más en el precioso culo de Gonzalo tuve varios espasmos y lancé chorritos de esperma en su interior, mientras él seguía meneando su cuerpo como un contorsionista y Diego jadeaba por las contracciones que la eyaculación provocaban en mi ano, dándome más y más pija hasta el fondo.

    Cuando me calmé y recuperé mi aliento, mi poronga se fue retirando del ano de Gonzalo, que se dio vuelta para besarme apasionadamente, mientras yo inclinaba mi cuerpo para recibir más adentro la poronga de semental de Diego.

    Cuando recobré un poco de lucidez, me separé de la boca de Gonzalo para besar su cuello, lamer sus pezones y besar sus pectorales y abdominales hasta llegar a su pija húmeda y recta como una estaca para empezar a chuparla al ritmo de las estocadas que Diego me propinaba. Siempre primero el glande en mi boca, para saborear la suavidad increíble de esa piel delicada y rosada y la dulzura del líquido pre seminal, para luego engullirme el tronco hasta que mi nariz tocaba su pelvis.

    Lo lamí, chupé, mamé y tragué rítmicamente al compás de la cogida de Diego tomándome de sus glúteos para sostenerme e instarlo a que me cogiera nuevamente por la boca. Lo hizo con suavidad que agradecí mirándolo a los ojos con deseo, sin dejar de comerme ese manjar de los dioses que me resultaba su maravillosa pija.

    Me cogieron varios minutos más hasta que Gonzalo aceleró un poco su ritmo, y acabó en mi boca algunos chorros de leche un poco más líquida que la primera vez en el vestuario, que tragué saboreándola con deleite, mientras oía los bufidos y jadeos del semental Diego que eyaculaba nuevamente en mi ano sin dejar de embestirme una y otra vez, como si no hubiera un después, gritando con voz sofocada hasta que se calmó y se quedó quieto en mi interior, dejándose atrapar su pija por mi ano contraído que no la quería soltar.

    Muy lentamente nos fuimos recuperando, nos enjabonamos y enjuagamos una vez más, casi agotados por el frenesí sexual que se había apoderado de nosotros. Nos besamos de nuevo, con más dulzura que lujuria, hasta que Gonzalo dijo que tenía hambre y que debíamos pedir comida al bar.

  • Siete vergas para mi sola (partes 1 y 2)

    Siete vergas para mi sola (partes 1 y 2)

    Estoy saliendo de clases ya para vacaciones de mitad de año, Tania una amiga de la prepa me había invitado a la playa con otras tres amigas más. Valeria, Ana, Victoria, en total iríamos cinco, la verdad me pareció genial hace rato no iba a la playa a broncearme y ya lo necesitaba.

    Solo me informo que en la playa a la que iríamos tenían políticas de salud muy específica, que tendríamos que tomarnos unos exámenes, en el momento me pareció una mierda muy exagerada, pero ya en ese punto decidí que eso sería lo de menos, lo importante aquí era avisarle a mi papá y a mis hermanos de esa salida de chicas.

    Al llegar a casa, me bañe, cambié y decidí preparar la cena, los tenía que comprar así fuera por el estómago. Necesitaba que papá diera el “SI” eso arreglaría todo, sabía que a los gemelos la noticia les caería muy mal, pero a decir verdad no me importaba.

    Ya en la mesa papá me hecha flores por la cena, al igual que los gemelos, así que aprovechó el momento «es ahora o nunca»

    – Papi, voy a ir a la playa con las chicas de la prepa, serán doce días ¿qué te parece?

    – Amor me parece bien, tú nunca sales, así que por mí está bien. Ve diviértete.

    – Gracias papi, te amo.

    – Pues nosotros, no estamos de acuerdo que vallas sola, dijeron los gemelos en unísono.

    – Ustedes dos, ¡se callan! Hace un rato me estaban pidiendo permiso por qué sus novias vendrían a la casa por una semana y es más creó que no demoran en llegar, aquí la ley es para todos, Nina también tiene derecho a divertirse y punto. Concluyó mi padre.

    Me levanté como un resorte y besé su mejilla, recogí la mesa y los gemelos me querían matar, pero yo no les di importancia, además ellos tendrían a sus chicas, yo merecía playa, brisa, sol y mar.

    Al día siguiente me encontré con las chicas en la clínica donde nos haríamos los exámenes, sigo pensando que es una exageración y más cuando me hicieron exámenes de todo hasta una citología. “que mierda tan extraña, pensé».

    Mis amigas parecían no importarles, en tres días entregaban los resultados, así que quedamos de vernos, el día jueves que se cumplía el tiempo de la entrega.

    Yo por mi parte después de despedirme de ellas, me fui de compras, no lo hicimos juntas porque según ellas tenían cosas que hacer.

    Me compré dos vestidos de baño muy hermosos que acentuaban mis curvas uno en color blanco y el otro Rojo. Compré bloqueador y un excelente bronceador, quería tener el tono dorado en mi piel como en las películas, que valiera la pena ir a la playa.

    En la tarde le marque a Esteban, y le dije que me iría a la playa por unos días y aunque no le gusto, no sé opuso pues él sabe que no tenemos sino un trato de buen sexo.

    Al día siguiente fui a mi sesión de depilación, me gusta tener mi vagina suave y hermosa y depilada totalmente, tenía que estar lista para lucir esos hermosos bikinis.

    Se llegó el tan anhelado jueves, desayunamos en familia, las novias de mis hermanos habían preparado el desayuno, les había quedado delicioso, papá y yo salimos de casa al mismo tiempo, él para su trabajo y yo para encontrarme con las chicas, al recibir los resultados, Tania leyó los documentos, los cogió en sus manos y nos propuso partir ese mismo día para que estuviéramos desde el viernes disfrutando de la playa, todas estuvimos de acuerdo que era una excelente idea.

    Llame a papá, le dije que partiríamos ese mismo día, el cómo siempre apoyándome, así que tenía ya todo listo, en mi maleta iba todo hasta el plug de joya de corazón púrpura que había comprado días atrás en talla L, Tania había quedado de ir por mí a casa.

    Cuando toco la bocina, yo bajé con mi maleta, no les di tiempo a mis hermanos de nada, me despedí de ellos y de sus amadas y me fui.

    Después de ocho horas de viajes, chistes y risas, llegamos a una hermosa playa privada, era hermosa, ansiaba que fuera de día para ver el hermoso paisaje. Tania entregó los exámenes médicos al encargado era un hombre muy guapo como de unos 30 años, él nos llevó a cada a las cabañas, me sorprendí tenía la idea que nos quedaríamos todas juntas, Quizás en ese momento no me puse a pensar estaba muy agotada y mejor me fui a la cama.

    Tania nos había dicho, que teníamos que estar listas a las 9 am, así que, descansada, radiante y bella y después de hablar con papá, la espere en mi hermoso bikini blanco y con mi plug ricamente ubicado en mi ano, pero tal fue mi sorpresa cuando mis amigas llegaron desnudas.

    – ¿Por qué están así? Pregunté.

    – Nena hoy vamos a estar en una fiesta nudista, así que quítate ese bikini hermoso y muestra ese delicioso cuerpo que te mandas. Dijo Tania.

    Yo obedecí, me parecía genial ir a una fiesta nudista, jamás había asistido a una, solo deje el plug, además tengo muy buenas nalgas no se vería tan fácilmente y no pensaba perderme la oportunidad de ver vergas y vaginas.

    Al llegar mi sorpresa fue mayor cuando había como 60 hombres desnudos y solo éramos 20 mujeres sí que los superábamos.

    El chico que nos recibió la noche anterior estaba más bueno que el pan, madre mía tenía todo lo que me gusta estaba tan entretenida babeando por esa verga que no me di cuenta que anunció la presencia de dos chicas nuevas en la playa y que creen, una de esas chicas era yo, cuando volví en mí, Tania me decía que escuchara, el anuncio que se llevaría a cabo una actividad con las nuevas y esta era “escoger al ganado”. Pregunte a Tania que era esa actividad y su respuesta fue, “espera que eso te va a encantar”

    Nos hicieron pasar a una chica de tez negra y a mí a un salón y a todos los hombres, el chico del micrófono pidió a las demás chicas esperar.

    Cuando estábamos todos en el salón, los hombres se pusieron en tres filas y el chico de los anuncios le pidió a la chica negra escoger las vergas que más le gustaran.

    Ella escogió de las tres filas a tres chicos, para mi ella escogió caras, no vergas, ¿Por qué? aunque las vergas de los chicos estaban bien, había mejores sin duda.

    Cuando fue mi turno, de las tres filas escogí a seis hombres que tenían unas vergotas ricas grandes como me gustan a mí y al momento de acercarme al chico del micrófono le dije

    – También la tuya me gusta,

    Así que en total fueron siete vergas que escogí, quizás tenía la vaga idea, que de todos ellos nos quedábamos con uno solo. Pero no fue así, el chico de los anuncios, saco dos bolsas de sorteo e hizo meter a mi compañera la mano para sacar un papel, en este decía “5 horas de sexo” cuando fue mi turno mi papel decía “la mujer ordena que le hagan”. El chico nos explicó cómo era la temática, mi compañera follaría por 5 horas al igual que yo con todos los chicos que cada una escogió, carajo yo no lo podía creer tenía siete vergas grandes para mi sola por 5 horas.

    Los demás chicos salieron a divertirse, y la chica y yo nos quedamos con el ganado que cada una escogió, vi que ella se alejó al otro extremo del salón, este salón estaba bien equipado con hermosas sillas del amor y muebles muy cómodos.

    Mientras inspeccionaba el lugar, fui sujeta por mi cara por parte del chico de los anuncios quien me preguntaba si quería sexo rudo o suave, la respuesta fue fácil “sexo rudo”

    – Quiero que me follen duro como una puta en celo, quiero que me llenen de leche y me hagan ver las estrellas así que no se limiten.

    Fui rodeada por los siete chicos, en menos de nada tenía a dos chicos pegados a mis tetas mamando de ellas como si fueran niños chiquitos, mordían y chupaban mis pezones, realmente delicioso, otro estaba abriendo mis nalgas y al encontrarse con el plug anunció a los demás.

    Parte 2.

    – Esta putita ya está preparada. Escupió en mi ano y saco el plug para reemplazarlo por su lengua, lamia mi culo como si la vida se le fuera en ello adentraba su lengua hasta donde más podía, por otro lado, uno de los chicos se metió como pudo debajo mío con el propósito de lamer mí ya mojada vagina, abría mis labios y exponía mi clítoris para morderlo de apoco, chupaba, lamia y volvía a repetir la tarea. Mientras yo con mis manos se las jalaba a dos de los chicos, mientras el chico de los anuncios que hasta ese momento supe que le decían J me susurraba al oído.

    – Sabes puta, desde que te vi anoche deseaba saborear tu vagina jugosa y tu culo y te prometo que te los voy a reventar toditos. Me voy a dar gusto contigo estos días, pediste sexo duro y yo soy el que más duro folla aquí.

    – Si papi, reviéntame, tienes con qué decía yo entre gemidos ahogados.

    No termine de hablar cuando me vine a mares y como yo mandaba, les ordené que me limpiaran muy bien mi vagina, les dije que cada uno tenía que lamer mi ano y mi vagina y dejarla lustrosa.

    Era imposible no mojarme, mis jugos salían a mares, mi siguiente orden fue que me culearan entre todos y me fueran rotando como una perra.

    Hice que uno de los chicos se sentara y lo monte, mientras mamaba la verga de los demás, le ordene a otro me penetrara el culo, que me la metiera hasta que sus huevos chocaran con los del otro chico.

    Mi culo y mi vagina fueron abiertos sin contemplación, mis tetas fueron chupadas hasta el punto de estar muy rojas, ardían mis pezones.

    Pedí que me nalguearan, me encanta el dolor y no hay nada más rico que tener el culo bien golpeado y culeado a la vez.

    Me rotaron y todos me clavaron con mucho ímpetu, me sentía abierta, muy mojada de leche y de mis propios jugos, pero cuando fue el turno de J, me metió su gran verga de 23 cm, su grosor era sublime. No lo voy a negar fue dolorosa la penetración cuando pasó el anillo de mi ano, se me escurrieron las lágrimas lo que me decía que era muy grande y grueso, pero sin importarle el ser delicado me la dejo ir hasta el fondo, me sujetaba del cabello, me nalgueaba muy fuerte y me embestía con mucha violencia tanto así que a veces, sacaba la verga de su compañero que yo tenía en mi mojada vagina.

    – Si eres estrecha del culo perra, tengo que probar tu vagina y si es igual, no te salvas de lo que te tengo planeado esta semana.

    – Si papi, dame duro. – hagan conmigo lo que deseen.

    No mintió, se intercambió de hoyo con su compañero y me la clavó en la vagina, él tenía un propósito, romperla dolorosa y exquisitamente. Mis gemidos y todas las palabras obscenas de mi ganado, eran el infierno llevado al cielo comparado con mi otra compañera, que mas bien estaba teniendo sexo suave, mientras yo era rota de una u otra forma, en mi vida imagine estar en una Gang Bang y ser yo el centro de atención.

    En ese momento yo era un contenedor de leche, no sé cuántas veces se vinieron en mi y cuantos jugosos orgasmos tuve yo, lo que sí puedo decir es que toda yo estaba como me gusta, bien sometida y partida por todos mis hoyos, por esas ricas vergas.

    El reloj marcó las 5 horas y ellos me pidieron arrodillarme y abrir mi boca, pensé que se iban a venir de nuevo en mi boca y en mi cara ya había tragado delicioso semen y por cantidades, me darían la despedida eso creí.

    Pero no fue así, todos me bañaron en su orina caliente y al terminar de hacerlo me preguntaron.

    – Eso querías puta, te sientes bien atendida.

    Mi respuesta fue lasciva y contundente, “Si, deseaba ser tratada así por mi ganado”

    J, me coloco de nuevo el plug y me invitó a salir a bañarme en el mar, cuando cruzamos la puerta haya fuera era una orgia total, todos con todas, pero lo hacían muy normalito nada comparado a lo que yo viví adentro.

    J prometió, atenderme como a él le gustaba y suponiendo que a mí me encantaría.

    Si desean que les relate esa experiencia con J, me lo dejan saber en un comentario. Coméntenme que tal les pareció mi relato.

  • Infiel por mi culpa. Puta por obligación (13)

    Infiel por mi culpa. Puta por obligación (13)

    —Melissa… Te pe… –Dudo, lo que dura un suspiro. – ¡Mariana, te pido que por favor te levantes! No demos más espectáculo a estas personas. Vamos a sentarnos y tú con tranquilidad me vas a contar lo que quieras… Lo que tú creas que yo debo escuchar. —Y con firmeza la tomo por debajo de sus hombros y la levanto. Abrazándose a mí con fuerza le dejo que siga sollozando mientras se calma, escondiendo su rostro en el abrigo de mí pecho y como no me mira, decido tomar entre mis manos su cara y alzársela para depositar un beso con síntomas de tranquilidad en su frente.

    Observo con detenimiento la palidez que tiñe de amargura la tersa piel de su rostro y sobre ella perdurando, –sin ganas de desaparecer– la humedad del llanto en la cima de sus pómulos, justo por debajo de los párpados en su par de cielos, ahora enrojecidos.

    Dispares y amorfas se le han formado coloridas manchas de un profundo azul cobalto que se va difuminando en el rosa intenso, casi magenta del maquillaje que minutos antes, primoroso decoraba su mirada alegre y que ahora se ven sombríos por el negro fúnebre del rímel corrido de sus pestañas. Goterones que indomables amenazan cabalgar por las albas mejillas hacia abajo, más con mis pulgares circulando precipitados, bloqueo lo oscuro derramado y disimulo un poco aquel desastre. Y en las palmas de mis manos acuno el contorno de su cara, mojado, triste y de un tibio arrepentido.

    ***

    Con fortaleza me levanta Camilo y me abraza. ¡Mariana! ¡Me ha dicho Mariana por fin! Y además… Además me besa. ¡Sííí, me besa! En la frente, pero para mí es más que suficiente con lo que acaba de hacer. Me toma a dos manos la cara y me observa. Nos miramos, llorosos y abatidos ambos, y yo abrazada a él me empino y lo beso en los labios. Un «pico» fugaz y robado, lo sé. Un leve roce de texturas entre su piel y mis carnes pero que me sabe a gloria en mi derrota y frente a un posible perdón. ¿Será posible que se convierta en realidad lo que tanto deseo?

    Este silencioso e íntimo momento es interrumpido por los animados aplausos que llegan acompañados por el postrero y expresivo coro de un… ¡Awww!, generalizado y cómplice que nos va rodeando. El perfil de sus labios se va estirando levemente a izquierda y derecha formando una sonrisa algo apenada. Yo sonrió igualmente con timidez, pero solo a él. ¡Únicamente a mi marido!

    — ¡Gracias, gracias! Camilo tú… Eres muy generoso, mi cielo, siempre lo has sido y… ¿Sabes algo? Tienes la nobleza de un perrito. Sí, de esos callejeros, –le señalo estirando los labios, al gozque negro con manchas ocres que permanece expectante en las escalinatas de la entrada– de aquellos que parecen no tener dueño y menean el rabo a la primera persona que se les acerca aunque no los determinen, o si lo hacen, reciben los pobres por saludo un grito para ahuyentarlos en el mejor de los casos, o en el más malo, una patada en el costado para apartarlos. Y ellos, angelicalmente agachan sus orejitas y vuelven una y otra vez, –lastimados pero amorosos–, a mover como un ringlete su colita a pesar del mal pago y siguen por detrás a pocos pasos, por varias cuadras, al humano deshumanizado que no los quiere a su lado. —Camilo, al igual que yo, observa al canino que jadeando por el calor, se aleja calle abajo, esquivando con algo de temor a unos jóvenes que en contravía, hacen piruetas montando en sus monopatines.

    —Eres una persona increíblemente buena, un amor de hombre. ¡Eres mi amor! —Le hablo con suavidad acariciándole el mentón, mientras que Camilo intenta dar media vuelta. Pero antes me responde…

    —No tienes que agradecerme nada Mariana. ¿Acaso me has escuchado decir que te he perdonado? Sucede que no me gusta ver tu alma tan atormentada pues la mía conoce de primera mano lo que se siente. —Le respondo con seriedad.

    ***

    En el local la música ya no se escucha, pero en las pantallas de televisión puedo observar que se ha reiniciado el partido de futbol y las personas por lo tanto se desentienden de nuestra situación, pensando con seguridad que todo está ya arreglado.

    — ¡Ok! Tienes razón, vamos a sentarnos que aún debemos charlar largo y tendido. —Me dice, secándose las mejillas y la nariz con la piel de su antebrazo, y marchamos juntos hacia nuestra mesa, mientras su otro brazo por detrás continúa abarcando mi cintura, y el cuello al igual que sus hombros, soportan acalorados pero con gusto el peso del mío.

    Nos sentamos nuevamente pero esta vez, acomodo mi silla justo al lado de la suya por el otro costado, dejando entre los dos un espacio que lo ocupa el plástico asiento con su bolso negro y el sombrero de paja; aparto hacia la izquierda sobre la mesa, los dos envases colmados de cerveza y acerco hacia mí, la cajetilla de cigarrillos y el cenicero. Mariana toma uno de los suyos y por ende, yo uno de los míos. Ella se me anticipa y me ofrece de su encendedor, la candela. Por mi parte luego de la primera calada, bebo un largo sorbo de la mía hasta dejar por la mitad, su contenido todavía frio y refrescante.

    —Sé que te ha afectado y… ¡Ufff! Dolido demasiado, mi vida. —Me habla de improviso, mientras a dos manos balancea su jarra de cerveza sin decidirse a probarla todavía.

    —No creo que por mucho que lo intentes, alcances a imaginártelo. —Le respondo rascando mi barbilla.

    —Lo comprendo, créeme. Pero a pesar de que lo que te voy a decir te vaya a sonar ilógico, mentiroso e incomprensible, yo te juro por lo más sagrado que es así, que lo viví tal cuál… ¡Que lo sentí así! —Suspiro escuchándola, al tiempo que me echo hacia atrás en la silla fumando, y termino de un solo trago lo poco que me resta de la Club Colombia.

    —Tienes corrido el maquillaje. —Le digo dibujando con mi dedo índice un imaginario círculo en el aire, justo al frente a su rostro y aprovecho este momento para recomponer mi ánimo y que no descubra que aún sigo de ella muy enamorado.

    Mariana no da señales de sorpresa y toma sin prisa su bolso para extraer del interior un paquete de pañuelos faciales. Con suma paciencia limpia una y otra vez los parpados del ojo derecho y luego de revisar el contenido con colores desvanecidos del tercer pañito, reinicia la operación de limpieza en el izquierdo.

    Yo fumo y bebo ya de la segunda cerveza, no tan fría como quisiera, detallando los movimientos tan concisos y familiares, recordándome las noches de los últimos meses anteriores al desastre, cuando yo la esperaba junto a mi hijo en casa y ya en nuestra habitación, la contemplaba desmaquillarse antes de meterse –amorosa, mareada y con un poco de aliento a alcohol– en la cama conmigo luego de celebrar con su grupo de ventas el éxito de sus metas comerciales.

    —Lo lamento, Camilo. Pero no te preocupes, más tarde al salir de aquí pasamos por alguna tienda y te compro una camisa nueva para reponerte esa. —Me responde, pero como no comprendo de inmediato, Mariana estira su brazo derecho y con los dedos me toca la mancha índigo, magenta y negra que me ha dejado impresa a la altura del pecho, justo al lado del tercer botón.

    —Hummm, no importa Mariana. Total, el color no le hace justicia al caramelo tostado de mi piel. —Le respondo sin mirarla, pues me dedico a refregar con las yemas de mis dedos, la camisa mancillada.

    Le acepto dos de sus pañuelos y los humedezco con las gotas de humedad que todavía se resbalan en uno de los envases, limpiándome un poco la camisa, sin lograr borrar del todo, el textil tatuaje de sus penas.

    ***

    —Me has visto sufrir y te duele. –Camilo deja de limpiarse, centrando su atención en el casi nulo pestañeo de mis ojos y en el tono suave de mis palabras. – ¡Porque me amas! He observado el tuyo y me hiere igualmente. ¡Porque te amo! Ambos sabemos que esta pena no es de ahora, –doy un sorbo a mi bebida– ni lo tuyo ni lo mío. Solo que no nos vimos sufrir, no te quedaste lo suficiente para demostrármelo y yo… Egocéntrica e irresponsable, te incité a marchar a destiempo sin aclarar todos mis actos.

    Aspiro suavemente el tabaco de mi cigarrillo y pienso en como proseguir mi expiación, entre tanto Camilo en silencio, reúne los pañitos usados, –los suyos y los míos– y arma una bolita de papel con la que juega un poco hasta que la pelotita demasiada liviana, impulsada por la fuerza de sus dedos, termina golpeando el borde del cenicero y rodando cae al suelo, para permanecer allí por el momento.

    — ¿Crees que hasta ahora es cuando sufro? No, mi cielo. La verdad es que cargo con este dolor desde mucho antes y para serte sincera y aunque te cueste mucho creerme, lo vengo padeciendo desde el propio inicio de mis engaños hacia ti. —Expulso por la nariz el humo, desviando mi mirada hacia la claridad de la entrada del local y continúo hablándole antes de que me interrumpa.

    —Te ha dolido que haya estado con él porque caí bobamente en sus redes, atraída por su encanto y su labia como le ocurrió a las demás. Habrás sufrido al imaginarme teniendo sexo con él, conjeturando una y otra vez, que era algo que no hallaba en ti y que tú eras la falla; creyendo que por eso yo lo había buscado por fuera y terminé encontrando esos deseados orgasmos a su lado, desafortunadamente para ti.

    — ¡Pero no fue así, te lo aseguro, créeme! Ni fueron tantos y mucho menos estruendosos o espectaculares. Para nada te superaba, ni en eso ni en nada más, y menos mi cielo, tú me fallabas. ¡Era yo la que te faltaba! Él solo fue la consecuencia y yo la causa. Y no, no lo estoy defendiendo, te lo aseguro. Y es perfectamente entendible que no me hablaras y te exiliaras, aquí. Tu ego de macho lo había ultrajado y como mi esposo, traicionado sin que lo merecieras.

    — ¿Qué no fue así? ¡Por favor! Idiota no soy. ¿Ultrajado? No Mariana. ¡Me mataste! ¡Me destruiste! Haberte acostado con él o con cualquiera, hubiese sido lo mismo para mí. Me fallaste, ¡Maldita sea! ¡Me faltaste al respeto! Yo no merecía recibir eso de ti, porque yo me entregué en cuerpo entero para brindarte a ti y a mi Mateo, un mundo feliz, similar ha como veníamos viviendo los tres en este paraíso —El rostro de mi esposo se congestiona, enrojece y con sus ojitos todavía llorosos, no se pierde de vista mi reacción.

    No sé por qué los hombres tienden siempre a pensar de la misma manera. Se comparan y se miden por el grosor y su extensión. Nunca en emociones o en cómo te hacen sentir y vivir. Deben pensar en si el intruso, al tenerlo más largo y grueso, con solo eso te lo hace mejor y lo convierte en un experto amante, otorgándote innumerables clímax prolongados. ¿Y el empeño o el tiempo que debe durar eso tieso? Camilo hasta habrá pensado posiblemente que también involucré mis sentimientos, porque para hacer lo que hice con Chacho principalmente, pues siendo como es de presuntuoso y hasta pedante, yo no debería haberme fijado ni interesado en tener algo, mucho menos sostener esa escondida relación durante tantos meses.

    —Yo te tenía idealizada, –habla de repente mi esposo, sacándome de mis pensamientos. – encumbrada ante mi familia y la tuya, como una gran mujer. Amorosa esposa y una madre excelente. Inteligente y honesta. Eras todo para mí y no veía sino por tus ojos. Tus deseos eran los míos al igual que tus sentimientos, sufriendo si no te veía feliz. Por supuesto que pensé que era yo el problema y tu Playboy de playa, la solución que encontraste frente a lo que yo dejaba de aportarte. Lo que me cuestioné en un bucle interminable, y aún lo sigo haciendo, es por qué Mariana… ¿Por qué lo hiciste? Por qué no hablar conmigo y simplemente, sin solución a la vista, dejarnos. No habría objetado tu decisión, aunque interiormente me desangrase.

    Camilo continúa exponiendo sus puntos de vista, creyendo como lo supuse, que junto a él me sentía incompleta y que al encamarme con Chacho, conseguí sentirme plena. Quizá yo debería haberme puesto a pensar en eso mismo cuando Camilo se acostó con ellas. Pero no lo hice en su momento, mucho menos me lo llegué a plantear cuando se fue y tan solo me interesé en que mi marido se lo hubiera pasado bien, sin que llegara a imaginar que yo le puse a una de ellas en bandeja de plata para tratar de equilibrar la balanza un poco. ¡Hacerlo pecar y con ello yo, atenuar el peso de mi carga!

    —Te felicito por esa estrategia, lo planeaste tan bien que te creí aun mía esa mañana hasta el mediodía, cuando me enteré que los habían echado de la constructora y yo preocupado por cómo te encontrabas, tan apenada y dolida como yo, al ser descubiertos. Pero seguramente ustedes dos felices y sin importarles nada, se reían nuevamente de mí, del «santo cachón», igual que como tuvo que ser, la primera vez que ese güevón te hizo suya. ¡Y yo creyendo ciegamente, que me amabas en exclusiva! Tú, otra más de sus conquistas. Mi orgullo era creer que solo serias mía para toda la vida. ¡Completa y nunca compartida! —Camilo agacha un poco la cabeza y su mirada se desvía hacia el suelo, con el cigarrillo a punto de ser consumido, sostenido entre su dedo índice y el medio, pensativo apoya el pulgar sobre la frente, formando un pliegue curvo que va dando forma a una pequeña duna en el desierto de su piel, ocultando el comienzo de los pelitos azabaches de su ceja diestra.

    — ¿Suya, has dicho? No mi vida, que pena contigo pero hay sí que te equivocas. Nunca fui de José Ignacio y nunca he sido de nadie más que de ti. De pronto el cuerpo… Este cuerpo, –y me palpo las bubis, el vientre y mis caderas– es verdad que fue admirado y deseado al principio. Acariciado, besado y entregado tiempo después. Pero aquí y aquí, –le señalo la cabeza y mi corazón– y que te quede bien claro, únicamente tú has podido entrar y permanecer. ¡Te lo juro por nuestro hijo! Siempre he sido tuya. Nunca me tuvo mi cielo, en serio. ¡Decidí hacerlo mío, que es muy distinto! —Se bien que Camilo no me comprende ahora, no me cree y por ello frunce el entrecejo mientras da dos sorbos a su cerveza antes de objetarme.

    — ¿Hacerlo tuyo? Si claro, como el pobrecito no podía solo, tu cual samaritana, desinteresadamente le colaboraste… ¡Ofreciéndote en cuerpo y alma! A ver, si quieres explícate mejor. —Me responde subiendo un poco el tono de la voz, pero sin llegar a alterarme.

    — ¡Ok, ok! Está bien. Pero… ¿Estás seguro? —Le pregunto sin parecer retadora, más bien en un tono conciliador.

    —Pues ya que estas aquí, creo que sería estúpido de mi parte no aprovechar tu presencia para que me ilumines con tus memorias detalladas, mis meses de soberana oscuridad. —Me responde asegurándose de mantener la compostura ante lo que se le viene encima. ¡Mis justificaciones bien relatadas!

    —Porque lo más fácil para ambos y lo menos doloroso para ti, mi cielo, sería que lo resuma bastante y pase por alto ciertos detalles que no te agradarán, insinuándote únicamente lo que viví y porque me sucedió.

    —Creo que para cerrar las heridas necesito enhebrar la aguja con un hilo que no poseo y que solo tú con esas verdades me lo vas a proporcionar. ¡Siento que me lo debes! Y Mariana, no vayas a pensar que es por morbo ni por una especie de sumisión o cornudismo, algo que de sobra sabes que no va conmigo. Es que yo requiero conocer por tu propia boca esos motivos para comprenderte y así, poder otorgarte el perdón que has venido a buscar, o repudiarte definitivamente con la justificación que llevo meses buscando dentro de mí. Si te animas y si te parece, yo me arriesgaré a soportar con estoicismo ese dolor y tú, la sentencia tras el juicio que requieres para quedar en paz. ¿Qué dices? —Camilo hace una pausa para dar una última calada a su cigarrillo y libera la colilla en el fondo del cenicero, para que se asfixie al no ser aspirada. Sereno toma entre sus manos el oscuro envase para llevarlo a su boca. Bebe lento y sin afanes, no deja de observarme con la profundidad castaña de su mirada, detallando con seguridad, cada uno de mis gestos. ¡Si le digo todo o si omito cosas para no lastimarlo de más! No quiero ni debo lastimarlo más de lo que ya lo he hecho.

    —Tienes razón. A eso… ¡Para eso vine! Pero sigo preocupada por… No sé cómo vayas a reaccionar, mi cielo. —Le respondo dubitativa y nerviosa, soltando sobre la mesa mi jarra de cerveza, todavía sin probarla.

    —Creo que podré dominar mis demonios, Mariana. —Me contesta con una seguridad que me asusta. ¡Me va a odiar y lo perderé finalmente!

    —Pues que bien, mi vida. Esperemos que así sea y consigas encontrar refugio en mis verdades, de lo que te atormenta. ¿Sería prudente decir ahora que el destino nos enredó los caminos? Tal vez sí, sí llamamos al destino por su nombre… O por los dos. ¡Fadia y Eduardo!

    —Mariana, tú puedes llamarle como quieras, pintar los grises recuerdos de colores pastel si quieres, pero créeme una cosa… Para mi está muy claro. Todo esto ha sido una puta tragedia por seguir con fe ciega tu idea, y el juego de esos dos.

    —Uhumm, como sea. Entonces empecemos de una vez.

    —Estaba emocionada por empezar a trabajar y necesitaba organizar mis horarios, la entrega y recogida de Mateo, tambien indicarle como hacer las cosas a la nana que se encargaría de mi be… De nuestro pequeño. Te pedí consejo sobre el vestuario adecuado y hasta fuiste conmigo de compras, ayudándome con tu criterio a escoger los trajes tipo sastre, las blusas elegantes y poco escotadas, así como las faldas un poco por encima de las rodillas, los pantalones no tan ajustados y tres sacos de lana, más dos abrigos de paño que me llegaban a cubrir por completo los muslos. ¡Ahhh y las medias!

    —Sí, recuerdo que no te conformaste con adquirir cinco pares de pantimedias, que sería lo normal, sino que decidiste llevarte dos docenas. Exageraste un poco, Mariana. —Se cubre la boca con la palma de su mano derecha pero la escucho reír, con ese estilo suyo tan cautivador.

    — ¡Jajaja!… No mi cielo, no exageré. Es que esas medias súper veladas me duran buenas lo que perdura un suspiro. Se rompen con solo mirarlas. —Camilo solidario, igualmente se sonríe al recordarlo.

    —Bueno el caso es que llegado el día, empezando aquel lluvioso tres de abril, decidiste acercarme a las oficinas muy temprano para evitarme el estrés de solicitar un taxi y sufrir esperando uno disponible. Lo recuerdo bien porque aunque iba emocionada, no te puedo negar que tenía en un puño mi corazón al tener que dejar solito a Mateo con esa nana. Me sentí mal por eso. Una mamá cruel y desalmada.

    —Hummm, pero que yo recuerde, Mateo no lloró al despedirnos de él esa mañana. Lo vi muy feliz subiendo con tranquilidad al transporte escolar para ir a su colegio, tal vez para demostrarme que ya se sentía como un niño grande y con responsabilidades. Estaba confiado en que se podría cuidar solito. —Le comento.

    —Quizás así fue para ti, pero una madre siempre sufre cuando se separa de su hijo por primera vez. Lloré un poco, ¿Recuerdas? Pero posteriormente disimulé estar tranquila frente a ti. Sin embargo me marché angustiada al pensar que ya no serían mis brazos los que lo esperarían abiertos de par en par, al bajarse del bus escolar esa tarde y… Y las demás. Era injusta con mi príncipe y egoísta por preferir alejarme de su lado para cumplir el sueño de… ¡Romper mi monotonía!

    —La verdad es que se comportó como todo un campeón. Comprendió bien lo que le dije la noche anterior. ¡Mamita tiene un sueño, y entre los dos le vamos a ayudar a que se le cumpla! —A Mariana se le aguan los ojos nuevamente al conocer lo que desconocía.

    — ¡Pufff! Ahora no sé si debo agradecerte por la comprensión, o abofetearte por dejarme cometer semejante estupidez. En fin, –y me pasó el dorso de la mano por los ojos para secarlos– que ese día me dejaste en la otra esquina, pues tenías una reunión con los ingenieros y el gerente del proyecto. Me indicaste donde quedaba la cafetería más cercana, mientras llegaba la hora. Llamé a Eduardo y se lo conté para reunirnos allí. Sin conocer a nadie lo prudente era encontrarme con él antes y tomarnos algo. Yo al menos un tintico para contrarrestar el frio de esa mañana y calmar los nervios. —Y como si lo reviviera tal cual, froto mis manos, –palma contra palma– a pocos centímetros de mi cara.

    —Luego nos apresuramos a subir al décimo piso. Recuerdo estar bastante nerviosa pero la mano blanca de Eduardo sobre mi hombro, me tranquilizó bastante. Tan pronto me presentó ante la directora de recursos humanos, ella me hizo entrega de unos documentos, ya que había que formalizar con firma y huella el contrato de trabajo, –ni lo leí, pues las condiciones salariales eran lo que menos me importaba– igualmente lo respectivo a las afiliaciones a la salud y los demás perendengues. Esas cosas aburridoras pero necesarias para legalizar mi situación laboral. Carmencita se había encargado de desligarme de ti, al menos lo que ella podía hacer en papeles.

    Cae la ceniza de su cigarrillo ya terminado en medio de sus dedos, pero no dentro del redondo cenicero sino en un recuadro al borde de la mesa. Con un soplo fuerte lanza lejos los grises restos, corriendo las piernas hacia mi costado para que no le caiga encima y manche su vestido. Y hablando de caer, yo caigo en cuenta de que Mariana al llevar ahora el cabello corto, no puede como antes tomar entre sus dedos las puntas de su pelo para buscar imaginarias horquillas, mientras pensaba. Ahora se decide por llevar a su boca entreabierta, el pulgar izquierdo pero no como los bebés que se lo chupan de revés, no.

    Mariana entrecierra el puño y de medio lado, muerde la punta de la uña un poco, aprisionándola entre sus dientes. Parece chuparlo mientras medita, un poco nerviosa. Lo saca y cierra los labios dejándolo allí, –reposando en el medio sin intentar meterlo– esperando a que se le aclaren los sombríos recuerdos. Hasta que rebobina la película y continúa con su vídeo.

    —También el reglamento para uso de… de un teléfono móvil, y me hizo firmar una autorización de acceso a los datos. Lo hice nuevamente sin rechistar. Recuerdo que Carmencita me saludó de manera formal pero cuando ya nos despedíamos y recibía de sus manos el carnet de acceso, en su mirada pude darme cuenta de que desconfiaba, pero sentí que no era de mí, sino de quien me acompañaba. Fue algo extraño y premonitorio, pero cielo yo… No presté atención a esa alerta.

    —Era lógico, tu primer día de trabajo y andabas muy emocionada. Tampoco tenías razones para desconfiar de un amigo. Y yo mucho menos. ¡Continúa por favor!

    —Después bajamos al noveno y allí en su pequeña oficina acristalada, Eduardo me presentó con los que iban a ser mis compañeros de trabajo en la venta del proyecto de vivienda de interés social, al sur de la ciudad. Al otro extremo del amplio piso se encontraban otras personas, reunidos a puerta cerrada. Ese era el otro grupo de asesores comerciales, los encargados de vender el proyecto en el que tú trabajabas. La agrupación de casas para vacacionar en Peñalisa, que por supuesto eran la obsesión de Eduardo. Casas más lujosas y valores más elevados en un lugar exclusivo y paradisíaco. Otro nivel bastante exclusivo para dirigir, negociar, vender y figurar en la constructora, lejano de sus manos por el momento. Obviamente con mejores comisiones y un peldaño más para buscar convertirse en…

    —…El único y renombrado, director nacional de ventas. Sí, Mariana, ese era el sueño de ese pedazo de hijuep… De ese maricón. Lo quería a toda costa pero desgraciadamente para Eduardo, estaba a cargo de Luís, uno de los yernos de don Octavio. —La interrumpo para darle a entender que estaba al tanto del sueño de aquel que consideraba mi gran amigo y que finalmente como Judas, me traicionó también.

    — ¡Ajá! ¿Lo sabias? Bueno, el caso es que me saludé inicialmente con Diana y Elizabeth, entre sonrisas y dos besos en las mejillas como si nos conociéramos de toda la vida. ¡Ummm! Diana fue muy buena amiga, siempre divertida y ocurrente. Parecía una de esas nenas uniformadas, contratadas para atraer con su charla y figura delicada, –con esos ojos verdes resaltando tras sus lentes recetados para ayudarle con su miopía y sus cabellos lacios, de brillante dorado– a la clientela dispersa en el supermercado.

    — ¡Una promotora, querrás decir! Una chica de esas que te invitan a probar primero lo que no te gusta ni necesitas, pero que luego con insistencia y sonrisa de… ¡Llévalo por mí, aunque no te guste!, terminas por echar al carrito del mercado los productos que promociona. —Le doy a Mariana una veloz lección de conocimiento comercial.

    — ¡Jajaja! Efectivamente. Pero al conocerla con el paso de los días, me llevé un chasco con ella, pues era todo lo contrario. Una loca de atar que te asombraba con sus graciosos apuntes, pero trabajadora como la que más, además de responsable madre soltera y con una honestidad a toda prueba. Y pues Elizabeth… Ella más aplomada y serena, inteligente y muy fashion al vestirse… Humm, pero algo aseñorada para su edad, ¿no te parece? Bella de rostro y figura menuda, de un hablar suave y delicado; finos modales, demostrando a leguas ser una mujer con bastante alcurnia, confirmado por sus ostentosos apellidos. En fin, ¡que te podría decir a ti, si de ella sabes tú más que yo!

    —Pues no mantuve mucho trato con Diana, pero en las pocas ocasiones en que coincidimos si me dio la impresión de ser, aparte de bromista, una mujer confiable y dentro de sus locuras, excelente trabajadora. Y de Liz, pues proviene de dos familias con mucho abolengo, aunque en declive financiero por un pésimo negocio. Por una parte tiene sangre española y por la otra, ascendencia italiana. Hermosa, inteligente, muy buena consejera y amiga. Y muy fiel a su marido, a pesar de reconocer ella misma que por más que quisiera ocultar su figura, la sensualidad de su andar, la manera tan culta de expresarse y sobre todo las facciones de su rostro, atraían más de una mirada, despertando el deseo en los hombres y la envidia en las mujeres. —Le expongo a Mariana, la impresión que me llevé de cada una de ellas.

    —Luego con un estrechón de manos, muy respetuoso me saludó Carlos Alberto. Flaco y alto, no muy bien vestido ni hablado, pero atento y servicial cuando se encontraba solo. Falto de carácter eso sí, y no tan buen vendedor. Con los meses pude comprobar lo que intuí al principio. ¡Personalidad de perrito faldero! El caso es que todos estábamos allí muy puntuales para empezar la reunión, pero faltaba uno más.

    —No es difícil de adivinar. ¿Te ayudo con esta? —Le pregunto y por supuesto le muestro su Club Colombia Dorada no empezada, justo al lado de los envases vacíos de las dos mías.

    —Si claro, ayúdame por favor porque me siento embuchada. Es más, ¡Me termino esta y ya no quiero saber de cerveza por el dia de hoy! Y sí, tienes razón. Aquella mañana llegó él, retrasado diez o quince minutos, para nada apenado. Al contrario, muy sonriente y sin impórtale el retraso de la reunión por su tardanza. Saludó de beso en cada mejilla a Diana, y muy, pero muy cerca de la boca hizo lo mismo con una enojada Elizabeth, quien por poco y le da una bofetada, solo que él mucho más ágil, alcanzó a quitar la cara. —Camilo nuevamente se acomoda hacia atrás en la silla y aunque no me diga nada, por la expresión en su rostro puedo adivinar que quisiera decirme, con justificada razón un… ¡Te lo dije!

    —Pude sentir al igual que tú, su falta de modestia y el aroma que desprendía, no tanto de su colonia en verdad muy penetrante, –que me hizo recordar el aroma a lima y roble de la Brut que usaba mi padre– sino de las feromonas de macho petulante que desprendía al pasar por mi lado sin determinarme, al principio. Y no mi vida, no quedé flechada por su altanera entrada en escena, aunque no te voy a negar que si me pareció un hombre muy atractivo, diferente al resto de compañeros, de por sí bastante normalitos y sin la seguridad que él demuestra al caminar, mucho menos la elegancia en su forma de vestir.

    — ¿Te gustó ya entonces? ¿Te impresiono desde el primer día? —Le pregunto interesado en conocer su respuesta a pesar de que intuyo que para mi pesar, será positiva y terminará por hacerme más daño.

    No sé si deba decirle que me fijé en su porte, en la rectangular forma de su rostro y el engominado pelo negro con el corte de cabello a lo James Rodríguez, desbastado a los lados y peinado de medio lado. Su piel blanca como la mía y unas manos grandes pero con dedos finos, una argolla ancha y gruesa de oro con una rectangular piedra de ónix en el dedo corazón de la izquierda y en la muñeca de la derecha un pesado reloj plateado, buena imitación de un Rolex de tablero negro y numeración blanca. Las uñas bien cuidadas y pulidas, más no pintadas. Y aquella mirada de travieso granuja, acentuada con esos ojos de color verde aceituna y chispitas marrones que se los hacían ver tan especiales, redonditos y más brillantes. Y la sombra bien definida que realzaba la angulosa mandíbula formándole un candado sexy, tanto en su barbilla como alrededor de su boca. Sus labios delgados y rosa pálido que aquella mañana y en muchas ocasiones más, él sabía cómo utilizarlos al enarbolar una bonita sonrisa. Obviamente, también me gustaron. ¡Sí, es mejor guardarme esos detalles que exponer a Camilo a otra estúpida y dañina comparación!

    — ¿Gustarme, gustarme?… Sí, no te lo voy a negar. Me pareció bastante guapo, tan alto como tú y con una atractiva sonrisa. Pero no le di mayor importancia y de hecho me desilusionó su manera de saludarme. Con esa actitud displicente y su tono de voz tan frío, como si mi presencia allí le estorbara, a pesar de que yo educadamente lo saludé de primeras…

    —… ¡Mucho gusto, mi nombre es Melissa López! Me presenté girándome en la silla y estirándole la mano derecha. —Poco caballeroso, tomó asiento al lado mío mientras me la estrechaba con firmeza, pero sonriéndome eso sí.

    — ¿Así que tú eres la nueva adquisición de la oficina? —Esas fueron sus primeras palabras, y te aseguro que me irritó la forma en que lo dijo. Como si yo fuera un objeto, un mueble más de la oficina o una herramienta que ya le pertenecía a la constructora, y no una persona; una mujer con deseos de trabajar, superarse profesionalmente y ganarse la vida. Pero me contuve, aunque sentí en ese preciso instante que los colores se me subían al rostro por el enojo al no poder contestarle como realmente me lo pedía el cuerpo.

    —Pues yo seré entonces el encargado de enseñarte los trucos que se deben conocer en este negocio. ¿No es así Jefecito? –Dijo dirigiendo su mirada a Eduardo. – ¡Puedes llamarme Nacho, bizcochito! Como me dicen los demás. —Petulante, narcisista y agrandado me respondió.

    —En ese momento mi cielo, recordé aquella vez que me comentaste algo sobre un tipo soberbio y mal educado que conociste en el bar tomando algo con Eduardo y obviamente lo relacioné. Te di inmediatamente la razón. ¡Pedante, pretencioso y presumido! Todo un playboy de playa, como lo bautizaste. Igualito al Pepe Cortisona, el antagonista de las historietas, que tantas carcajadas le sacaron a mi papá.

    —Si ves… ¡Te lo dije! Y a pesar de ello terminaste acostándote con ese tipo, convirtiéndote en una más de su conquistas. —Mariana no sé porque motivo, se ríe sin disimulo y al parecer sin remordimiento.

    — ¡Jajaja! Discúlpame cielo, pero es que… ¡Te habías demorado en decírmelo! —Termino de reírme, después de aclararle la razón.

    Ahora soy yo la que hago una pausa para encenderme un nuevo cigarrillo y beber un trago de cerveza. Al levantar la jarra para hacerlo, descubro a Andrew mirándome embelesado, atendiendo un nuevo pedido de la mesa donde se encuentran sentados los tres hombres que me habían piropeado y que con poco disimulo, igualmente me miran, comentando algo. Supongo que somos el tema de conversación.

    —Bueno, el caso es que Eduardo le puso fin a su presentación, diciéndole que no se preocupara por mí, ya que el mismo se encargaría de dirigirme y enseñarme el manejo de la oficina y el tema correspondiente con los créditos hipotecarios, así como de darme algunas clases para enfrentarme a las objeciones de los clientes para lograr cerrar las oportunidades que se me presentaran, mientras me acomodaba a mi nueva vida laboral.

    —Y empezó la reunión. Escuché atentamente como cada uno presentaba sus informes. Carlos se anotó en el tablero de metas mensuales con tres apartamentos vendidos, Diana con cinco al igual que Elizabeth; un tal Juan Carlos, figuraba en el listado pero con cero negocios. Luego me enteré que lo habían despedido y que yo era su reemplazo. Finalizando la lista estaba su nombre. José Ignacio Cifuentes. Ni siquiera se puso en pie sino que le pidió el favor a Carlos de que en su casilla escribiera una cifra. ¡Doce ventas concretadas! La diferencia era notoria y eso… Eso mi cielo, sí que me impresionó de él.

    —El resto de la mañana siguió igual de distante conmigo. Apenas si se fijaba en mí, casi no cruzábamos palabra, desde aquel saludo con su ofrecimiento y nada más. Por eso te escribí por WhatsApp que todo marchaba bien. Eduardo enseñándome los procesos, algunas tácticas de ventas y ordenándome revisar y perfilar en la tarde los mejores prospectos de una base de datos que el tal Juan Carlos, había dejado registrado en el CRM y que ahora me pertenecían. Aunque al medio día, cuando tú y yo nos encontramos en el restaurante del primer piso sin podernos hablar, –disimulando ante todos no conocernos– él si me dedicó mayor atención.

    —Pero como no, si eras la novedad. A pesar de haberme sentado en la otra mesa donde usualmente me reunía con Eduardo, don Luis y los otros ingenieros, yo te observaba con disimulo y pude darme cuenta de que eras el centro de atracción. Hablabas con todos y todos se interesaban en ti. Te veías tan feliz que me enorgullecí de tenerte a mi lado, y mi preocupación inicial se fue disipando, aunque vi como ese tipo te comía con la mirada y quería a toda costa acaparar tu atención. Supuse que era lógico pues también para los demás hombres, tu belleza no permitía que pasaras desapercibida.

    — ¡Ajá! Así sucedió. Y él me pregunto lo usual. ¿De dónde eres?, ¿Qué estudiaste?, y un… ¿Eres feliz? Qué salió de su boca, al terminar de masticar su último bocado.

    —Por supuesto que se fijó en el anillo falso de mi mano y me preguntó cuánto llevaba de casada y si tenía hijos. Por mi parte al contestarle que efectivamente lo era, yo le contra preguntaba sobre lo mismo y así me enteré que vivía solo en una casa ubicada en las Villas, propiedad de los suegros, pero que no convivía de lleno con su novia. Alquilaba las habitaciones a dos hombres, uno de ellos su mejor amigo, para ayudarse a pagar el canon de arriendo mensual. No hubo nada fuera de lugar, a pesar de que dos veces lo pillé observándome las piernas al estar sentada al lado de él. Pero nada más, ni tan siquiera comentarios fuera de lugar, ni ese dia ni los demás de aquella semana… ¡Hasta esa noche del viernes!

    —La invitación al famoso sitio ese para jugar al billar y de paso celebrar tu ingreso. Y por supuesto, a la que yo no estaba invitado.

    —Yo no quería ir y dejar de nuevo solo a Mateo con la Nana, por eso te pedí el favor de que fueras temprano a la casa y lo cuidaras mientras yo me desocupaba. No podía negarme y tú lo sabias al igual que yo. Además yo iría acompañada por Eduardo y estaríamos reunidos todos los de la oficina. Diana, Elizabeth, Carlos y también los compañeros del otro grupo de ventas. Pero tú no pudiste resistir la tentación y te apareciste por allí como a la hora y media de nosotros haber llegado.

    —Era algo nuevo para mí, eso de dejarte salir por ahí con gente desconocida. No eran celos como tal, te lo aseguro, sabes bien que nunca tuve motivos para desconfiar de ti, pero si he de reconocer que me angustiaba saber cómo se comportarían contigo. Si te respetarían o por el contrario te acosarían. Sí en algún descuido de Eduardo, ese tipo u otro hombre, intentaría propasarse contigo. Por eso dejé a nuestro hijo al cuidado de la nana por unas horas más, y luego llamé a Eduardo para saber dónde se encontraban y si me invitaba a tomar unas cervezas. Y les caí de sorpresa.

    —Disimulaste muy bien, lo admito, al verme llegar cerveza en mano y seguir inclinada sobre la mesa, midiendo la fuerza del golpe con el taco para lograr la carambola, dejando que ese aprovechado se ubicara detrás tuyo, restregándote disimulado su entrepierna, y sugiriéndote al oído, –echando su torso sobre tu espalda– posicionando sus manos sobre las tuyas, supuestamente para ayudarte a dar bien el golpe. —Mariana apoya los codos sobre la mesa y encaja su rostro entre la cuña que forman sus dos manos, muy atenta a mis palabras.

    —Por el contrario yo estaba muy nervioso y hasta tartamudeaba al saludarte algo distanciado de la mesa y delante de tus compañeros con ese… Bue… ¡Buenas noches señora!

    — ¡Arquitecto! Pero que milagro verlo a usted por aquí. —Fue su saludo enderezándose al verme que los observaba y antes de que tú me respondieras.

    —Me imagino que se le escapó esta noche a su mujercita, o… ¿Esta vez sí le dio permiso de venir? ¡Jajaja! Míreme, yo aquí enseñándole a la niña nueva a golpear bien las bolas. —Y volvió a sonreír.

    — ¡Hombre! Al contrario. Ella confía tanto en mí, que me impulsa a salir de vez en cuando para despejarme de tanto trajín en el trabajo, aunque a veces deba rodearme de gente bastante idiota. —Le respondí sonriendo.

    — ¡Qué bueno, qué bueno! Pues entonces bienvenido. Y dígame Arquitecto… ¿Nos echamos un chico de billar o prefiere mejor que nos pasemos a la mesa del pool y le metemos unos billeticos para hacer más atractiva la apuesta? Porque supongo que usted con tanta trazadera de curvas y líneas rectas en esa oficina, debe ser bueno para embocarlas en las troneras, así como lo hago yo, que al punto en el que me fijo, de una le meto la bola. ¡Jajaja! —Y esa vez se carcajeó estruendoso, haciendo reír a los demás con su morboso apunte. Incluso a ti que me observabas de soslayo, mientras él guiñándome un ojo y sacando la punta de la lengua, –presionada entre su dentadura– dejaba caer su mirada sobre tus nalgas, atractivamente redondas bajo el paño gris de tu pantalón, al mantenerte reclinada sobre el borde de la mesa. —Ceso de hablar y noto a Mariana algo incomoda. ¿Por mis palabras o por recordar lo sucedido esa noche?

    Mueve su trasero en la silla plástica. Descruza las piernas y apoya ambos pies con firmeza sobre las baldosas cuadradas y despreocupada, separa ligeramente las piernas, deslizando las nalgas un poco hacia fuera, hasta dejar su culo a medio camino entre la mitad del asiento y el precipicio de la orilla, haciendo rechinar las patas al desplazarse unos centímetros. Se recuesta sobre el blanco espaldar y apoya su nuca sobre el borde curvo y al echar la cabeza algunos grados hacia atrás, va tensando los músculos del cuello mientras mantiene presionado entre sus dedos, un cigarrillo recién encendido.

    Lo lleva hasta su boca entreabierta, con despreocupada lentitud. Le da una bocanada con ganas, pero el humo no lo aspira por completo y tan solo lo mantiene flotando nebuloso y espeso dentro de su boca aún a medio cerrar. Meditando en algo, desganada deja que se le escape lo fumado lentamente en un desordenado remolino blanquecino que le oculta parte de los labios y se eleva lentamente sobre su respingada nariz.

    Pero igualmente puedo escuchar que huye del interior de su pecho hacia el exterior, un pesado y prolongado suspiro. Con los ojos bien abiertos mira hacia el techo, pero no parece interesada en hallar un objetivo específico. Simplemente sus hermosos ojos azules miran hacia la nada, y aun estando ella aquí presente, percibo como se ausenta dentro de aquel limbo, con seguridad atorándose de imágenes, sonidos y palabras del comienzo de nuestro pasado.

  • Me gusta exhibir a mi esposa

    Me gusta exhibir a mi esposa

    Hola soy Martin y desde que era joven soy voyerista.

    Cuando me casé, me gustaba ver a mi esposa limpiar la casa con vestidos cortos.

    Somos un matrimonio normal; pero para excitarnos y ponernos más calientes, le pedí a mi esposa que cuando saliéramos a lugares públicos, se pusiera vestidos cortos, tangas sexys y se maquillara más de lo normal.

    A veces le pedí que no se pusiera nada abajo, que se pusiera ropa transparente.

    Mi propósito era verla bien putona en la calle y que otros hombres vieran a mi esposa con morbo.

    Yo me imaginaba que otros hombres; viéndola así, se la querían coger.

    Al principio pensaba que solo yo me calentaba exhibiendo a mi esposa; creía que a mi esposa le daba pena enseñar el culo en público; sin embargo, cuando regresábamos a casa de nuestros paseos exhibicionistas y, cogíamos, mi esposa estaba bien caliente, mojada de su conchita y las pantaletas «babosas».

    Me di cuenta que a ella también le gustaba enseñar y sentirse deseada.

    Antes de coger le preguntaba:

    Por qué estás tan caliente? Ella me decía que alguien la había visto con morbo y que a ella le hubiera gustado que también se la cogiera.

    Entonces yo me imaginaba a mi esposa cogiendo con otro hombre y el fierro se me ponía bien caliente.

    Yo tengo fantasías para coger, pero mi esposa tiene fantasías más salvajes. Ella quiere coger con varios hombres a la vez y que se la metan por adelante y por atrás, por la boca; que la dejen toda llena de semen, que le rompan las bragas, que le rasguen la ropa. Que se la cojan entre varios sujetos, en un carro, en un parque o en un callejón.

    Quiere que la lleven a un hotel «de mala muerte», que la emborrachen o la droguen y le hagan de todo.

    Por eso, siempre, después de salir a exhibir a mi esposa, las cogidas son más ricas y yo me aprovecho porque ella se pone bien caliente, puedo hacer con ella lo que me antoja.

    En casa me cojo a mi esposa parada, frente al espejo, porque mientras le meto la verga por delante, por atrás le introduzco una verga enorme de plástico y la veo por el espejo.

    Me gusta ver me como le entra la vergota por el ano. No entiendo cómo le cabe por su hoyo tan pequeño, ese vergon de plástico.

    Cuando le meto la verga de plástico, la miro por el espejo, lo hago despacio, para verla y disfrutar: primero le pongo lubricante en el ano, luego con las dos manos, le abro las nalgas y veo su culo bien abierto. Cuando ella está bien caliente, le introduzco la verga de plástico, puja y dice groserías, pero no quiere que le saque el vergon del culo; por delante, con sus piernas, aprieta mi verga y se mueve bien rico.

    Es excitante ver cómo le cabe el vergon en el ano; pero es más excitante cuando ella me dice: «Me gustaría que la verga fuera de mi compadre o la de tu primo». Claro que yo me imagino a mi esposa bien ensartada por otro hombre y me vengo a chorros.

    Como todo matrimonio normal, vamos al supermercado, a centros comerciales, lo que nadie sabe es que mi esposa abre las piernas o se agacha discretamente, lo hace para mostrar su «pucha» o sus nalgas; la gente piensa que es un «accidente», pero es algo que mi esposa y yo planeamos.

    Mientras mi esposa abre discretamente las piernas para que le vean las bragas, yo veo las reacciones del tipo que mira a mi esposa. Me calienta ver como desean a mi esposa.

    Algunas veces, en los pasillos del supermercado, mi esposa se agacha por «algo», ella se empina discretamente, lo suficiente para que le vean las nalgas. A veces algún hombre le busca plática, otras veces la siguen para ver si se vuelve a agachar o vuelve a abrir las piernas; aquí es donde nos vamos a casa.

    Mi esposa se exhibe en lugares públicos con gente, como restaurantes, otras veces lo hace con algún tipo solitario; depende de su humor. A mi me calienta mas cuando se exhibe con jóvenes, porque están en la «edad de la calentura», seguro que con el recuerdo de mi esposa se la jalan bien duro. Me hubiera gustado que cuando yo tenía esa edad, alguna señora me hubiera dejado verle los calzones.

    Mi esposa y yo hemos tenido buenas experiencias con voyeristas, cuando vamos al super o centros comerciales; después te cuento las travesuras de mi esposa.

    Yo soy Martin, a mi esposa le dicen La Güera.

    Me gusta que mi esposa enseñe.

  • La octava luna (S2 C1): ¿Amor o Manipulación?

    La octava luna (S2 C1): ¿Amor o Manipulación?

    La F.P.E. se encontraba en una misión nuevamente, una bastante peligrosa, su objetivo está vez se trataba de una bruja de poder misterioso, llevaba un rato escondida pero lograr encontrarla gracias a las migas que su magia dejaba.

    Rav, la bruja esmeralda logro rastrearla sin problema alguno, para está misión el equipo estaría formado por Liori, La Shinobi felina, Rade, el caballero eléctrico, Rav, la ya mencionada bruja esmeralda y r’yleh, la demonio Ruby, todos ellos bajo las órdenes de la comandante Elizabeth.

    -Localizar y eliminar a la bruja, no se confíen su fuerza es descomunal.

    Con esas palabras Elizabeth guiaba a su equipo y sabía que sería algo bastante difícil pero no para el alto mando de la F.P.E.

    Llegaron rápidamente al lugar, un bosque en las afueras de la ciudad de México cerca de la carretera México-Toluca por el misterioso kilómetro 31.

    En el lugar Liori seguía el rastro de la bruja y Rav utilizaba su magia para sentir su presencia, Elizabeth parecía no tener ninguna habilidad sobre humana… ¿o si?

    Rade noto una presencia desconocida a unos metros frente a ellos, pero la esencia de esa magia era tan poco común y extraña que no podía afirmar si se trataba de su objetivo.

    El equipo se arrojó en esa dirección y para su suerte, ahí estaba.

    «Carnal Witch, el pecado encarnado»

    Se trataba de una mujer con apariencia de no más de 25 años, cabello naranja con rizos y ojos verdes, vestía una túnica con capucha, pero bajo está podía notarse que solo vestía una muy atrevida y sensual lencería de encaje negro con mallas y medias hasta los muslos.

    Su apariencia no era lo que esperaban y claramente fue muy desconcertante para ellos, pero aun así el equipo tenía una misión y puso marcha para cumplirla, Liori dio el primer golpe, su velocidad meta humana fue la suficiente para acertar el ataque pero no hizo gran daño.

    Carnal Witch respondió con una especie de polvo rosa que arrojó sobre ella, al inhalarlo se sintió muy mareada y rápidamente cayó inconsciente tras dar un par de tocidos.

    -Liori, estás bien- Pregunto Rav al ver caer a su compañera

    Rav se volvió con Carnal Witch, sabía que sería un oponente muy fuerte, pero no tuvo ni la oportunidad de atacar, Rade se adelantó, era el doble de Rápido que Liori y su habilidad principal de daba aún más fuerza, lanzó un rayo contra su rival y logro derribarla, pero su confianza lo traicionó.

    Rade se acercó creyendo que todo estaba terminado y Carnal Witch inconsciente, pero nada más lejos de la verdad, Rápidamente abrió los ojos y arrojó el mismo gas rosa contra Rade y Rav, la bruja resistió un poco más que sus compañeros pero finalmente cayó rendida.

    Al despertar todos se encontraban en la enfermería de la F.P.E. con una duda.

    ¿Elizabeth terminó el trabajo?

    Resulta que no, Elizabeth al ver la facilidad con la que la bruja los derribo tomo la decisión de retirarse salvando a su equipo.

    Y no era para menos, aquel gas alteró a todos de una forma extraña, algunas de sus hormonas estaban muy agitadas, Rav sentía un cosquilleo incontrolable en su cuerpo y su corazón golpeaba fuertemente su pecho pero pensó que debía ser parte del veneno así que lo ignoro y decidió descansar.

    Mientras tanto Rade y Liori se encontraban en mejor estado y volvían a sus recámaras pero ellos nunca se habían llevado muy bien, tendían a discutir por cosas como estás y está no sería la excepción pues camino a sus habitaciones ambos discutían como de costumbre.

    Pero está vez sus voces comenzaban a elevarse más y más a medida que sus tonos se iban volviendo cada vez más cálidos, como si esta discusión fuera algo más que una mera diferencia de opiniones. El aire alrededor ellos se sentía cargado de energía, desafiándolos a acercarse y descubrir como acabaría esto.

    A los dos les preocupaba que su discusión culminara como siempre, con una pelea y su enemistad de por medio. Sin embargo, la energía detectada cambió sus planes cuando descubrieron que lo que sentían era algo más que odio o coraje. Sentían algo extraño e intenso que no podían describir, algo tenía ese gas que rápidamente altero sus pensamientos en esa situación.

    Poco a poco comenzaron a ceder hasta que cayeron de lleno en un impetuoso beso. El deseo les invadió aún mas, hasta el punto que ninguno de los dos supo quien tomó la iniciativa para pasar a actuar y descubrir el placer que habían estado ignorando por tanto tiempo.

    Rade y Liori no podían resistir más. Se besaban apasionadamente mientras él desabrochaba los botones de la blusa de Liori para deslizar sus manos sobre sus senos desnudos. Ambos respiraban agitadamente de excitación y Rade comenzó a bajar lentamente sus besos hasta el cuello de Liori, siguiendo todos sus contornos hasta que sus bocas se unieron una vez más.

    Rade y Liori se entregaron a su deseo.

    Se encontraban frente a la puerta de la habitación de Liori y entraron a la habitación mientras se besaban, Liori lo quería ya dentro de ella y pidió a su compañero que la penetrara.

    Rade, emocionado y ansioso de satisfacerla, la besó con intensidad mientras rodeaba sus caderas con sus manos y los movimientos de su cuerpo guiaban el lento camino de su miembro dentro del cuerpo de Liori.

    Ella gemía de placer y dolor al ser su primera vez ella solo tenía 19 años mientras Rade reciente mente había cumplido 22.

    Estando tan mojada que estaba escurriendo con cada movimiento.

    Liori, estaba completamente inundada de deseo y debía de contener gemidos de placer al mismo tiempo que las quejas del dolor de su primer encuentro sexual.

    Liori estaba tan incandescente que su mojada intimidad fluía con cada movimiento de Rade en su interior. Ella gemía de placer con cada penetración, pero también de dolor. Rade fue aumentando su ritmo mientras sus cuerpos se entrelazaban en una danza ardiente y terrenal. Él sintió la explosión de su orgasmo al mismo tiempo que Liori, y se dejaron llevar por el intenso placer que proporcionaba el sexo entre sus cuerpos.

    Liori sintió la presión del pene de Rade contra sus dulces entrañas mientras él introducía lenta e inexorablemente su miembro dentro de ella, cada milímetro invadiendo más y más su cuerpo. Una oleada de placer la recorrió, y sus emociones la llevaron al cielo.

    Sintió cada detalle de aquella penetración, el traqueteo de los músculos de él, el sudor que brillaba en su piel, el sabor salado en sus labios, y su respiración entrecortada al penetrarla más y más profundamente.

    Liori estaba en el borde del placer y del éxtasis, y su respiración se aceleró cuando Rade comenzó a mover sus caderas en un ritmo implacable. Él besaba apasionadamente sus labios, su cuello, su hombro, mientras empujaba sus caderas hacia adelante y hacia atrás con una fuerza irresistible. Ciñó sus brazos alrededor de él, mientras se movían como uno.

    Y entonces, el placer llegó. Una oleada de intensidad se apoderó de ella, presionando cada zona de su cuerpo y empujando sus gemidos a un crescendo, y su cuerpo temblaba de placer mientras los movimientos de Rade la llevaban más y más cerca del éxtasis. La sensación era indescriptible, su cuerpo se abrió a él, compartiendo cada momento de aquella conexión profunda y sensual.

    Luego vinieron los múltiples orgasmos, cada vez con más intensidad, y su placer reverberó dentro de su cuerpo. Y entonces, finalmente, cayeron en un abrazo dulce, exaltados y satisfechos del rito de unidad que acababan de celebrar.

    Rade estaba emocionado después de tener aquel encuentro apasionado con Liori. Su última aventura nocturna le había dejado una sensación de liberación, pero a la misma vez sentía algo extraño dentro de su cuerpo. Por la mañana había un largo camino que llevaba desde su habitación hasta la sala de entrenamiento, así que decidió detenerse en la habitación de Hibari, una de sus compañeras.

    La puerta estaba abierta, así que entró sin anunciar su llegada. Al verle, ella le saludó con una sonrisa y un ligero brillo en sus ojos. Puede que fuera sólo producto de su imaginación o del brillo de la luna, pero había algo en él que le empujaba a insinuarse.

    «-Hola, Rade-» dijo Hibari.

    «-Hola-» fue su tímida respuesta, al tiempo que intentaba mantener las distancias.

    Aunque no lo había notado antes, Hibari era mucho más joven que él había cumplido 18 años hace menos de una semana, Por un momento el silencio se hizo entre ellos. Por un momento sucedió algo para el que no estuvo preparado, dio un paso hacia adelante y lo besó.

    Rade se alejó rápidamente. No tenía la intención de herir a la joven, así que rápidamente se disculpó y salió de la habitación sin mirar atrás, algo extraño paso en ese momento, pues hasta ese entonces Rade solo veía a Hibari como su compañera, tal vez una hermana menor, ese impulso de ella por besarlo, no era normal.

    Mientras caminaba, pensaba en lo que había hecho y en lo que había sentido. La intimidad de esos momentos habían sido algo prohibido para él, pero en su interior cayó en cuenta de que no debía dejarse llevar por sus sentimientos. No porque fuera inapropiado, sino porque no era algo correcto.

    Rade caminó lentamente hasta la habitación de Carolina, llamando suavemente a su puerta. Sabía que ella estaba ahí, rl había rechazado las intenciones de Hibari y esperaba que algo diferente saliera de esta encrucijada.

    Cuando la puerta se abrió, Rade se encontró cara a cara con la hermana de Hibari, Carolina. Rade esperaba que ella fuera diferente y pudiera entender sus razones, pero pronto quedó claro que estaba equivocado. Carolina suplicó a Rade que la dejara tener relaciones con él. Rade estaba bastante incómodo con la oferta, y se negó a complacerla, algo estaba mal.

    A Carolina no le importó nada de eso, atrapó a Rade con sus brazos, levantó la cabeza y lo besó. Rade intentó resistir, pero era demasiado tarde. Carolina luego empezó a desvestirse, dejando su cuerpo desnudo ante él. Rade quedó en shock, Carolina era la melliza de Hibari tenía la misma edad.

    Rade tembló de emoción al ver los hermosos contornos de su cuerpo, con algunas cicatrices por su pasado, el quería tocarla y hacerla suya, pero su mente le gritaba que no. Carolina empujó a Rade dejándolo en el sofá y se montó sobre el tratando de besarlo pero este se separó de ella y en una fracción de segundo derribo a Carolina en el sofá y salió de la habitación dejando a una Carolina desnuda, excitada y confundida.

    Rade sabía que sus acciones habían causado mucho daño pero su intriga seguía, el comportamiento de Hibari y Carolina no era normal pero sería esto una situación general o aislada, algo paso tras su encuentro con la bruja, algo no estaba bien.

    Después de rechazar las insinuaciones sexuales de las hermanas Hibari y Carolina, Rade se dirigió hacia la oficina de la comandante, Elizabeth. Ella era mayor que él, la comandante era una mujer de 27 años con mucha más experiencia en todos los campos, él le contó sus inquietudes acerca de su comportamiento. Pero Elizabeth se limitó a reírse de él, cerrando la puerta con seguro, asegurándole que era algo normal, siendo tan irresistible.

    Rade cayó en cuenta que cometió un error al buscar ayuda en alguien que claramente no podría resistir, mientras ella se acercaba para besarlo, Rade se vio seducido por su cuerpo maduro y sensual. Por una tercera vez él no pudo resistirse y cedió a su deseo.

    Se quedaron arrumbados en la oficina, completamente entregados al momento de placer que estaban experimentando.

    Por un rato, la pasión y el deseo se encargaron de tomar el control de ellos. Se besaron con profundidad, explorando sus cuerpos y ahondando en el placer que les estaba provocando su encuentro.

    Rade fue arrastrado a un mundo completamente nuevo al sentir los labios de Elizabeth en los suyos. Se sentía como si estuviera volando, como si el tiempo se hubiera detenido. Sentía cada movimiento de Elizabeth, así como la suavidad de su piel y su aroma exótico, un aroma a sangre…

    La comandante Elizabeth tomó el control de la situación y fue moviendo su cuerpo contra el de él. Mientras se besaban, sus manos comenzaron a explorar su hermoso cuerpo. Él ya estaba perdiendo la noción de la realidad y se abandonó a las caricias de Elizabeth, que le acariciaba hasta llegar a su entrepierna.

    Rade suspiró al sentir como los dedos ágiles de ella lo hacían estremecer. Estaba perdido en una sensación de placer que poco a poco fue aumentando. La lujuria entre los dos cada vez más profunda, sus manos se deslizaban mientras se besaban intensamente.

    Ya no había vuelta atrás, las necesidades de ambos se estaban haciendo cada vez más evidentes con solo suspiros y palabras suaves, Elizabeth se encargó de desvestir a Rade para recordarle que desde el momento en el que estaban juntos él tenía que rendirse ante ella.

    Sin hacer preguntas Rade se dejó guiar por el cuerpo de Elizabeth descendiendo cada vez mas abajo hasta llegar al punto sin retorno, sobre el que cayeron luego de besarse con un desenfrenado ardor, culminando en una perfecta unión llena de pasión, deseo y lujuria.

    Elizabeth tomo el miembro de Rade y lo metió a su boca, la sensación era inigualable, se notaba la diferencia entre Liori una joven primeriza y Elizabeth quien tenía más experiencia, Rade no podía aguantar más, el sentir la lengua de Elizabeth recorrer desde la base hasta la punta su miembro mientras con sus manos lo acariciaba, pero eso no quedó ahí.

    Elizabeth se levantó para sentarse en el escritorio y con sus pies jalo a Rade hacia ella dejando su rostro frente a su intimidad, Rade supo lo que tenía que hacer y comenzó a besar y lamer su húmeda vagina, Elizabeth gemía de placer y la lujuria en su mirada se veía cada vez más, ella estaba al borde del éxtasis cuando su deseo no pudo contenerse más tiempo.

    Tumbó a Rade en la silla para luego montarse en él, sus caderas se movían rápidamente con desesperación, Elizabeth realmente estaba disfrutando esto mientras Rade no podía ni siquiera pensar, sujeto a Elizabeth por la cadera y se movió a su ritmo aún más rápido.

    Su habilidad meta humana hizo que Rade le diera pequeñas descargas eléctricas a Elizabeth quien solo gritaba y gemía hasta que ambos llegaron al clímax, Rade dejo ir toda su carga dentro de ella, y Elizabeth explotó en un orgasmo que baño completamente el miembro y las piernas de Rade con sus fluidos.

    Ella solo temblaba en la silla tratando de recuperar se, pues el sexo para ella era algo genial, pero con un meta humana eléctrico fue un placer que jamás había experimentado y que seguro trataría de repetir.

    Rade no espero mucho para salir de ahí con Elizabeth aún desnuda ante él, este solo salió para buscar alguien que pudiera explicar el por qué de este comportamiento tan raro, Liroir, Hibari, Carolina y Elizabeth, que estaba pasando

    Mientras Rade continua su investigación está sería la primera noche juntos de Atsuna y Reku, era una noche hermosa, estaban en su cita romántica desde hace horas, sus palabras se mezclaban y sus corazones se juntaban.

    Todo lo que hacían estaba lleno de intimidad y pasión. Sabían que era el inicio de algo maravilloso. El ímpetu estaba en su piel, una caricia, un beso, un deseo.

    Por primera vez, decidieron dar el siguiente paso de su relación y avanzar hacia un nivel más íntimo. Una mirada, una caricia, un beso… Todo se entrelazaba. El aire de la habitación se llenó de calor y deseo, cada vez era más difícil resistirse.

    Con cuidado, uno por uno, todos sus prejuicios y temores se empezaron a desvanecer, y el amor e intimidad ganaron claramente, Atsuna y Zero cedieron a la pasión de su amor, tímido y soñador.

    Era la primera vez que tenían relaciones sexuales Reku por su tribu se había abstenido durante sus 22 y Atsuna al haber nacido en medio de una guerra no tuvo espacio para eso pensamientos en su cabeza hasta ahora a sus 19 años.

    Era todo lo que habían esperado y más. Sus cuerpos se adaptaban perfectamente el uno al otro en un baile de placer y desenfreno.

    La luz de la luna penetraba por la ventana, presenciando la escena de amor entre Atsuna y Reku.

    Ya estaban irremediablemente enamorados y atados por un lazo eterno de amor. Se habían atrevido a tomar el paso final para sellar su relación.

    ¡Esa fue una noche maravillosa!

    Aún que está se vio interrumpida…

    Volviendo con el extraño evento de Rade.

    Rade no estaba seguro de que es lo que habría hecho al venir a ver a Serina. Había tenido un encuentro sexual apasionado con la comandante Elizabeth, que lo desconectó por completo. Pero ahora estaba aquí, a solas con una de las sirenas más lindas de toda la costa.

    Serina estaba actuando extrañamente, como si hubiera experimentado los mismos sentimientos que Rade, este la miraba a la distancia mientras ella realizaba lo que parecía un ritual, sin darle importancia, Rade se aproximó.

    Al hablar con Serina, está le contó que existen diferentes tipos de magia, la magia blanca, dedicada a la sanación, la magia negra, dedicada al daño, la magia gris que suele ser neutral, pero hay otros tipos de magia y claro brujas.

    Tomo a Rav como ejemplo, se trataba de una bruja esmeralda laa cuáles son conocidas por su conexión con el inframundo, las más poderosas de ellas (como era el caso de Rav).

    Podían traer a los muertos de la tumba.

    Carnal Witch, como su nombre lo decía debía tratarse de una bruja carnal, está se alimentan de la lujuria y los placeres de los humanos, ella podría estar manipulando a Rade o a la gente que lo rodea para que tengan sexo y de esa forma ella comer esa energía.

    Tal vez ese gas rosa, era polvo de esa magiar, tras la explicación de Serían Rade agradecía y tomaba camino para buscar a su otra compañera r’yleh pero antes de salir.

    Serían con su canto y su estilo de bailar seductor, hipnotizó a Rade. Él podía sentir el calor que emana de su flujo venéreo y su fuerza profundamente latente. Pronto el poderoso abrazo de la sirena lo arrastro al abismo de la seducción, sin tiempo para pensar. Serina se acercó a Rade y lo tomo en sus brazos.

    «-¿No quieres algo más?-«, preguntó la sirena con la respiración entrecortada.

    Rade no podía reaccionar, la forma en que esa criatura mítica se movía era como el oleaje mismo, fluido e irresistible. Antes de poder responder, la sirena beso profundamente a Rade. Fue un beso como nunca antes había sentido, lánguido y profundamente sensual. Su lengua tomo el control de su cuerpo y la calidez de los labios de Serina desataron en Rade una lujuria desconocida.

    Cuando ella se acercó a él, Rade no tuvo la capacidad de resistirla. Serina lo tumbó rápidamente y empezó a quitarse la ropa.

    Rade estaba perplejo y nervioso, pero al mismo tiempo estaba encantado por la sensual figura y la piel suave de Serina. Se abrazaron con intensidad, probando los más deliciosos besos y caricias y mientras se movían al compás de sus cuerpos, el canto y los gemidos de la sirena eran música para los instintos más profundos de Rade.

    El fuego entre ellos no paraba de crecer y el crescendo de su éxtasis iba aumentando, hasta que los dos al unísono llegaron a un orgasmo que los hizo temblar.

    La sirena comenzó a gemir de placer, sus gemidos eran acompañados por una melodía hipnótica, atrayendo aún más a Rade hacia ella. Su cuerpo se entregaba cada vez mas, hasta que los dos se entregaron a un inimaginable goce. Serina abrazo a Rade con fuerza, besándole los labios y moviendo sus caderas hasta nuevamente llegar ambos a un orgasmo del cual ninguno quería salir.

    Rade podía sentir como la húmeda vagina de Sería apretaba con fuerza su miembro mientras está se movía al ritmo de las caderas de la Sirena, su aroma era irresistible y cada vez más la voz de Serían era más y más excitante para Rade.

    -Dese tenerte dentro de mi desde hace mucho, quiero ser la última que te tenga.

    El canto de la sirena cesó cuando ambos llegaron al clímax final, Serina perdió fuerza y Rade retomo conciencia y pudo apartarse de serina para tomar sus ropas y salir del lugar.

    Ahora debía buscar a r’yleh.

  • La mediadora

    La mediadora

    El cuarto es muy simple, cabe una cama, un clóset de techo a piso de madera clara y un pequeño tocador con algunos cajones. Las cortinas son blancas, pero no dejan ver hacia afuera. Es un cuarto de azotea, alrededor hay un lavadero y un pequeño baño contiguo. Se oyen algunos sonidos de vendedores y autos. Hay algunas sábanas ya secas colgadas que tapan la entrada de las escaleras y forman un pequeño camino hacia el cuarto.

    El hombre, “el Güero”, se encuentra de rodillas frente a la parte inferior de la cama. Las manos esposadas por la espalda y con un paliacate rojo en los ojos. Viste sólo con un short y sandalias; quizá de unos treinta y tres años, medio blanco y delgado.

    Las mujeres entran al cuarto. La primera es de unos treinta y cinco años, se llama Denisse, es de facciones finas y está un poco asustada, trae sandalias y está enfundada en una bata lila; la otra mujer se puede apreciar mayor, quizá casi de cincuenta años, se llama Mónica, es de ojos muy pequeños y rasgados; es una mujer movimientos decididos y de acciones firmes.

    “Párate ahí y ahorita que te diga te quitas la bata, te arrodillas” le dice Mónica con tono directo, pero sin alzar la voz, a Denisse y le indica con señas dónde debe pararse. Mónica se pone a las espaldas del hombre y le dice: “Ahora sí Güero” y le quita el paliacate de los ojos. Lo que ve el Güero es a Denisse, una mujer de facciones finas despojarse de la bata, no lo mira a los ojos, sus movimientos son algo lentos y se le nota su nerviosismo. Su cuerpo es maduro y firme: se puede apreciar una piel suave y uniforme; sus senos son medianos, un poco alargados y de pezones altos; sus muslos son gruesos; sus nalgas son un poco más pequeñas que su cadera, pero al arrodillarse se extienden y se hacen más grandes, esféricas, tersas e impresionantes.

    “Hazte un poco hacia atrás mamacita” le dice Mónica a Denisse, quien obedece. “Ahora tú, Güero, apoya tus codos en la cama y acerca tu cara”. El hombre puede ver de cerca esas nalgas, su respiración se agita y siente una erección que le estira el short. Mónica les dice: “les tengo una pequeña sorpresa a los dos” y abre las puertas del clóset. Un gran espejo refleja la escena. “¡Ahora sí, inicia Güero!”.

    Denisse siente una gran humedad que le recorre como una brocha la cadera, esta se desliza en el nacimiento de sus nalgas y avanza hacia la rugosidad del ano. La lengua escudriña, picotea, lame, quiere vencer resistencias, busca abrir lo abrible. Denisse se siente excitada aún en contra de su voluntad. Al girar la cabeza puede ver la escena en el espejo. Es muy extraña la situación, pero ella la pidió así. Mónica le pide que se agache, que se recargué en su cabeza. La cadera y las nalgas se le paran y abren más a Denisse. Hay más espacio y oportunidad para maniobrar. Siente lengüetonazos por todas partes. Una de sus manos sostiene sus senos, la otra aprisiona las sábanas.

    Le sorprende sentir la adrenalina en el pecho y la excitación desde el pubis, acelera sus movimientos. Su cara muestra las expresiones de placer, se ve sonrojada y deja salir algunos gemidos. Mónica le pellizca con suavidad un pezón y le retuerce con giros hacia los dos lados el clítoris, lo que le provoca un orgasmo violento. Al final con resoplidos recupera un poco el control y abre los ojos para ver la escena en el espejo.

    “¡Ahora voltéate Güero!” escucha decir. El güero se detiene y se retira un poco, recarga los brazos al filo de la cama y espera. Se gira, se arrastra por debajo de Denisse y se coloca boca arriba entre las piernas de esta. Le cuesta un poco de trabajo por tener las manos sujetas por la espalda. Mónica le baja el short y se puede apreciar una gran erección. Denisse trata al inicio de evitar verle el miembro, pero a la vez no puede dejar de mirarlo. “Anda, síguele”. Sobre su vagina siente el movimiento y embate de una lengua urgida de frotar, succionar y recorrer todo. Mónica le toma el miembro al güero y se lo mueve. Denisse se siente nuevamente excitada, no para venirse nuevamente, pero sí experimenta el calor en el vientre y las piernas, el placer de sus pezones sobre su mano y brazo. Se dice que esto no está bien, pero le es imposible dejar de sentir el gustito y mover la cadera.

    “Ahora con el pájaro” Dice Mónica. Y lleva a Denisse a colocarse sobre el Güero y ayuda a que la penetre guiando el miembro. Denisse mira por el espejo su cuerpo hermoso siendo penetrada por ese hombre cuyo deseo le llevo a hacer el trato y pagar. Siente olas de placer, pero le gusta ver el efecto que provoca en el deseo del hombre.

    El güero no resiste mucho, el miembro se le hincha y se le pone más grande, se viene entre grandes jadeos. Mónica se previene con paliacate rojo que traía y lo limpia. Denisse disfruta observar como se retuerce y se relaja.

    “Ya puedes irte” le dice Mónica mientras le soba los senos y le beso un hombro. Denisse se incorpora, se pone la bata y las sandalias y se va del cuarto, alcanza a escuchar un “Ahorita bajo”. Mónica le dice al Güero: “acuéstate un rato para que te repongas … ¿te gustó?”. El Güero da resoplidos y con el antebrazo sobre los ojos asiente con la cabeza.

    Denisse en el piso de abajo se acaba de vestir. Mónica llega y saca un periódico de un librerito atestado con figuras corrientes de imitación de porcelana y recuerditos de bodas y de bautizos. Lo abre y le da el fajo de billetes. “Tú me dices si le seguimos”. Denisse se encoge de brazos, aprieta los labios y se va. Cuando ya no la ven sonríe para sí misma.

  • Mi primer masaje tántrico

    Mi primer masaje tántrico

    Quedé literalmente doblado, el dolor en mi espalda era insoportable, tuve que dejar de atender y cancelar a todos mis pacientes.

    –doc… Ya le pedí una hora con el kinesiólogo, acá está la dirección, me dijo Kat con una sonrisa pícara… Mientras se miraba con Débora.

    Tomé el papelito doblado en 4 y como apenas podía caminar, pedí un Uber para que me llevara al lugar, le pasé el papel al chófer y me dejó en una casa no muy lejos de mi clínica, me bajé como pude y toqué el timbre.

    –hola? Contestó una voz femenina.

    –hola… dije aguantando el quejido, tengo hora a nombre de Gastón Lemark, mi secretaria la pidió…

    –¡pase! Dijo la voz y se abrió el portón automático…

    Cuando entré el olor a incienso y la poca luz de la sala me hicieron caer en el motivo de la risa de las chicas… De pronto apareció una mujer de cabellos castaño oscuro, vestía un delantal blanco de doctora que le llegaba hasta el pliegue de sus nalgas, abajo en sus piernas las ligas negras daban el contraste preciso.

    –disculpe, seguro es una confusión… necesito un masaje descontracturante.

    –la señorita con la que hablé me pidió un masaje tántrico… Me dijo la chica

    Dudé en seguir hablando, miré a la hermosa chica de rasgos exóticos y me fui a la camilla, increíblemente más aliviado de mi dolor. La señorita me hizo sacar la ropa, incluso me ayudó, sus manos estaban aún frías, cuando me abrió la camisa, se dio el tiempo de mirarme bien a los ojos mientras uno a uno mis botones se iban soltando.

    –¿es tu primera vez? Me preguntó con tono juguetón.

    Yo me sonreí sutilmente…

    –¿se nota mucho?

    –jaja, me dijo ella con una mirada penetrante y cara de estar planificando lo que me iba a hacer.

    Me guio suavemente con sus frías manos para recostarme en la camilla, yo desnudo y ella aún con su uniforma de trabajo, vertió un poco de aceite con olor a sándalo en sus manos y las friccionó para calentarlas, cuando puso sus manos en mi espalda aún se sentían frías, un movimiento involuntario de mi musculatura se lo hizo notar.

    –¡uy! Perdón, ¿están muy frías?

    –no te preocupes… le dije

    –¿acá te duele? Me dijo presionando exactamente el punto gatillo.

    A pesar del dolor, sentir la cercanía de la chica, me hacía incluso disfrutar ese dolor, mi musculatura tensa de la espalda le respondió un rotundo sí.

    La chica comenzó a masajear, de forma sutil hasta que poco a poco me fui relajando, la música de relajación con el sonido de olas y campanas, sumado al aroma del ambiente, ese silencio casi sagrado, los movimientos rítmicos que se emparejan con mis latidos, me sentí entrar en un estado de conexión con ella y con la vida misma, el dolor pasó, en su lugar una relajación profunda me llenaba el cuerpo y el espíritu.

    Cuando estaba casi al borde de dormirme la chica se detuvo y se sacó su uniforme, se puso a mi lado mientras abría el cierre de su delantal blanco inmaculado, no traía brasier, sus pechos dulces y discretos, caían como dos grandes gotas de agua, mantuvo puesto su colaless negro, y se quitó sensual y calmadamente las ligas y panties, subiendo sus pies a una silla de madera que estaba a su lado, se veía sexy, se veía salvajemente calmada, y yo en ese estado solo quería mirarla por siempre.

    Se quedó a mi lado mientras la miraba, intenté levantar mis brazos para poder tocarla pero ella con un gesto casi maternal me dijo «shhh» y puso de nuevo mi brazo a mi lado. Luego ella sacó un poco de aceite y con una cucharilla de madera lo vertió en sus pechos, el aceite escurrió recorriendo sus senos hasta llegar a sus pezones que se notaban blandos, relajados, imperturbables, el mismo aceite luego transitó por su vientre hasta llegar a su colaless donde se perdió en su entre pierna, mientras ella me miraba y con calma esparcía el aceite por sus senos con la boca entreabierta y ojos de nostalgia, yo sentía la más profunda envidia de ese aceite.

    La chica se puso a mi lado y se subió arriba mío, se sentó en mis glúteos y apoyó sus manos a la altura de mi cuello en la camilla, poco a poco se fue acercando a mí, cuando pude sentir en mi espalda el contacto de la punta de sus pezones aceitados con mi piel, una descarga eléctrica profunda me recorrió desde la cabeza hasta mi miembro que extrañamente aún estaba relajado. Luego ella siguió apoyándose con sus pechos blandos en mi espalda, hasta que sentí el peso de su cuerpo sobre mi espalda, y a pesar que yo no me movía se sentía como un profundo abrazo de dos amigos milenarios.

    Cuando empezó a moverse sobre mi espalda podía sentir como sus pezones se iban endureciendo con el roce, además sus piernas rozaban con las mías, los dedos de sus pies acariciaban la planta de mis pies, la pude sentir completa toda ella contactando conmigo, una sutil erección, y flashes de imágenes en que intempestivamente me daba vuelta y la tomaba para follarla me desconcentraban de la sensación del roce de nuestras pieles.

    La chica se dio vuelta arriba mío y comenzó a frotar ahora su espalda contra la mía, sus glúteos contra mis glúteos, y ella intentaba separar sus nalgas aceitadas separando mis nalgas, el roce fue tan intenso y excitante que mi erección ya no era sutil precisamente. Mis manos inquietas intentaron tocarla, pero ella tomó mis manos y se levantó para quedar sentada en mi trasero, con mis manos tomadas y los dedos entrelazados, comenzó a cabalgarme en el trasero, frotando su vulva con mis nalgas comencé a sentir como mis testículos se iban mojando con los fluidos que salían de mi terapeuta. Tragué saliva… no sabía cuánto más podría aguantar así.

    Pronto ella se bajó de mi y me ayudó a darme vuelta, mi pene erecto y apretado tuvo por fin un respiro, ella me miró.

    –no me puedes penetrar, ¿puedo confiar en ti?

    No sabía que decirle, si le decía la verdad, no seguiría sintiendo su piel en mi piel, así que le dije un rotundo sí intentando poder cumplir.

    La chica se volvió a subir mirándome de frente y puso sus senos en mis ojos y me hizo un masaje facial con sus tetas moviendo las con las manos, fue bajando y luego frotó sus senos con mi pecho, podía sentir como el calor de la vulva de aquella chica se iba acercando peligrosamente a la punta de mi acalorado y sediento pene, ella adivinando el esfuerzo que estaba haciendo para quedarme quieto y no tomarla con mis brazos, me miró a los ojos y me dio un beso corto en los labios.

    –¡lo estás haciendo muy bien!

    Luego ella siguió bajando por mi abdomen, la punta de mi pene tocaba ya su vulva, pero ella moviéndose hábilmente hizo que se fuera hacia arriba y atrás, para quedar en sus nalgas, mientras sus senos seguían bajando por mi cuerpo usados como elementos de masaje por las manos de la chica, mientras más bajaba más presión sentía en la base del tronco de mi pene, estaba cada vez más tirante entre sus nalgas luego, la tensión se convirtió en un dolor tan excitante, cuando el peso de su cuerpo aceitado empujaba para abajo mi rebelde pene erecto, la sensación de que un movimiento en falso haría que mi pene se introdujera en ella hasta lo más profundo, sumado con la suavidad de esos senos, me tenía loco de excitación, pensaba que iba a eyacular en ese momento, y comencé a tratar de pensar en otras cosas.

    –no te cierres al placer, deja que te inunde, no tengas miedo, déjalo que tome todo tu cuerpo. Me dijo la chica en el momento exacto que solo la cabeza de mi pene estaba afirmada entre los labios mayores de su vulva, podía sentir como mi glande intentaba meterse entre ese húmedo y estrecho pasaje, de pronto ella siguió bajando y mi pene fue liberado por su cuerpo, sentí alivio y desilusión de que ese movimiento en falso nunca hubiera llegado. Pronto la chica me masajeaba los pies con sus senos y yo pensaba que ya todo había acabado.

    Luego la chica rápidamente volvió a subir hasta llegar a mi cara, y me besó con pasión, su lengua sin ningún tipo de vergüenza se adueñó de mi boca, volví a sentirme en el cielo y el infierno a la vez.

    La chica dejó de besarme y súbitamente se dio vuelta poniéndose sobre mi de espaldas, y ahora moviendo sus nalgas comenzó a bajar, mi pene que ya no aguantaba otra oleada estaba duro, cuando su vulva ahora un poco más abierta y anfitriona tocó mi glande, sentí como la mitad de la cabeza de mi verga, entraba entre sus labios mayores, si ella seguía bajando esta vez terminaría yo dentro de ella, luego sentí la mano se la chica acomodando mi verga para que no entrara y quedara acariciando el clítoris de ella, la chica solo bajó unos centímetros antes de sentarse sobre mi, con su mano apretaba la cabeza de mi pene en su clítoris moviéndose ella de forma ondulante, cada vez se movía más y más rico, apretando por un lado con sus manos y por otro con su vulva.

    La escuché gemir y de nuevo sentí el calor del líquido que escurría por el tronco de mi pene hasta mis testículos. Fue bajando y bajando, ejerciendo cada vez más presión en mi pene hasta que de nuevo mi pene fue liberado, luego sin clemencia alguna en vez de bajar hacia mis piernas, retrocedió apretando ahora mi pene con sus glúteos y con su mano, abriendo sus nalgas para que mi tronco pudiera tocar el principio de su acalorado ano. Frotó así su ano con mi tronco, mi pene convulsionaba como si fuera a eyacular, pero ella sabía perfectamente cuando detenerse para que los estertores pasaran y cuando seguir para volver a provocarlos.

    El líquido preseminal de mi pene empapaba las manos y las nalgas de mi terapeuta, y cuando por fin me dejó de hacer sufrir con sus movimientos, los hilos de mis fluidos lubricaban su mano.

    –¡me hiciste abarcar dos veces! Me dijo luego.

    –pensé que la gracia era no acabar… Le dije.

    Entonces la chica se volvió a subir arriba mío mirándome a la cara.

    –se supone que no tienes que acabar… Pero te daré un regalito por ser tu primera vez.

    La chica me comenzó a besar y me comenzó a morder, luego con ojos de fuego la chica se fue bajando y bajando, mirándome, esta vez dejó que mi pene entrara en ella, y cuando estuvo adentro mis manos pudieron tocarla a destajo como ansiaba hacerlo desde que prácticamente empezó con el masaje.

    Fue curioso pero las ganas inminentes de acabar se me habían pasado, como si de verdad hubiese acabado, ella terminó en el suelo de la habitación en cuatro siendo penetrada por mi con furia, mientras su cabeza chocaba con el piso me decía…

    –¡¡por qué carajos no acabas, Acaba!!

    –saqué mi pene de ella y eyaculé tal cantidad de semen que le manche el culo, la espalda, la cara el piso y el uniforme que estaba colgado…

    Luego de eso ella y yo nos derrumbamos.

    Jadeando de satisfacción ella solo me daba golpecitos en el antebrazo, teníamos la boca seca. Nunca supe cómo se llamaba pero, sin duda no sería la última vez que tendría una contractura en la espalda.

    Gastón Lemark.

  • Mi primer baño de leche (parte 1)

    Mi primer baño de leche (parte 1)

    Mi nombre es Maylen y soy una chica muy diferente a las demás. Soy alguien muy liberal y siempre hice lo que quise. Tengo cero vergüenza y cero pudor, soy capaz de ir a trabajar sin ropas que no tengo ningún problemas con que la gente me mire. Soy media desfachatada en ese sentido, y además es algo que me divierte y mucho al igual que el sexo.

    Contado esto procedo a contarles como soy físicamente para luego contarles la anécdota. Yo soy una chica no tan alta (mido 1,66), tengo el cabello largo y oscuro, soy delgada y tengo unas buenas tetas que no son tamaño melón pero tiene un buen tamaño y las tengo bastante firmes.

    Ahora que saben como soy, les cuento que hace unos años atrás tenía un novio que me llevaba mucho a su casa y este tenía una piscina, con lo cual, yo durante el verano me llevaba la bikini y me metía. Crease o no, no hice ninguna locura en la piscina aunque en más de una ocasión me apetecía desnudarme y/o practicarle sexo oral o fornicar debajo del agua.

    Sin embargo, cuando su madre se fue a cuidar a su abuela que se había lastimado realicé cierta locura muy propia de mí. Delante de mi novio, de su padre y de su hermano me saqué la bikini y ante su atenta mirada me puse a tomar sol completamente desnuda boca abajo.

    Ahora bien ustedes se estarán preguntando porque lo hice y la verdad no tengo ni idea porque lo hice, quizás porque no estaba la madre, pero igual estaba el padre y el hermano o quizás fue que me excitó estar sola y rodeada de tres hombres, seguramente fue esto segundo ya que me generaba bastante placer que ellos tres me estén mirando.

    Me encantó enseñarles el cuerpo y como ellos me miraban metidos en la piscina, me excitaba verlos morderse los labios y como me comían con sus ojos. Querían los tres echarse encima de mí y tocarme toda. Tener esa sensación hermosa de ser deseada me llevó a querer mostrarles más mi cuerpo.

    Al rato me di vuelta y les enseñé las tetas y en vez de tener las piernas cerradas las abrí y les enseñé también mi raja. Ellos que se encontraban dispersos en la piscina se juntaron en un extremo para observarme mejor. Estaban desesperados por ver lo que tenía entre mis piernas y cuando un hombre está desesperado te podes dar el lujo de jugar con él.

    Yo ante sus atentas miradas comencé a tocarme con un dedo y fue algo hipnótico para ellos, quedaron hipnotizados con el movimiento circular de mi dedo por toda mi raja. Los había convertido en unos zombies que en vez de querer comerme el cerebro me querían comer otra cosa. Solo tenían una cosa en mente y para su propio placer y el mío, cerré los ojos y comencé a masturbarme introduciéndome uno de mis dedos por mi coño. Por lo tanto, comencé a gemir y a imaginarme a los tres tocándome toda. Esto hizo que me excitara más y cada vez más a tal punto que me empecé a tocar las tetas también y cuando me encontraba en el punto máximo de calentura sentí una mano sobre mi cabeza.

    Estaba tan perdida en mis pensamientos sexuales que no me había dado cuenta que mi novio había salido de la piscina y se había colocado a mi lado. Apoyar su mano sobre mi cabeza hizo que volviera en sí y al abrir los ojos lo encontré a él parado a mi lado con su short en el piso y con su pene erecto apuntando hacia mí. Quería que yo le practique sexo oral y justo llegó en el mejor momento ya que yo estaba deseosa por chupar pija.

    Entonces me acomodé con mi rodillas sobre el pastito, agarré su poronga con mi mano derecha y de una la introduje dentro de mi boca. Mis labios envolvieron su pene y por dentro de mi boca, mi lengua comenzó a juguetear con su cabezota. Mientras hacía esto observé como ahora el padre de mi novio salía de la piscina y como se acercaba hacia nosotros. Él vino y se colocó a mi izquierda y como yo lo tenía a mi alcance, comencé a tocarle el bulto con la palma de mi mano. Su pene en cuestión de segundos se puso erecto, con lo cual, decidió bajarse el short como lo había hecho su hijo.

    Su pene peludo quedó apuntado hacia mí y yo no dejé de pasar esa oportunidad única que tenía a mi alcance. Se la agarré y luego de darle una última chupada a la de su hijo pasé a la de él. Antes de metérmela en la boca le pegué una lamida por abajo y cuando llegué a su cabeza, ahí si me la tragué. Entonces como hice con su hijo, se la envolví con los labios y se la empecé a succionar. Era la primera vez que hacía una doble mamada y todavía faltaba uno.

    El otro hijo de mi suegro salió de la piscina y rápidamente se acercó hacia nosotros tres. Él se ubicó en el único lugar que faltaba ocupar y que era enfrente mío. El como su hermano, se bajó el short sin que yo se lo pidiera y acercó su pene medio erecto hacia mí. Yo que tenía ya mis dos manos ocupadas agarrando dos porongas no pude agarrársela sino que como pude me la metí en la boca. Esto le permitió a él agarrarme de la cabeza y hacerme tragar por completo su pene. Luego de unos segundos me soltó y me la sacó de la boca. Al sacarla estaba ya más enorme de como me la había metido y toda baboseada y pegoteada por mi culpa.

    Tenía ahora tres hermosas porongas a mi alcance y no me desesperé, tenía todo el tiempo del mundo para poder disfrutar de esas bendiciones.