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  • La señora Luisa

    La señora Luisa

    Hace poco me invitaron al aniversario del club de patinaje donde laboré por más de 6 años, asistí con mi familia y me encontré con viejos conocidos, entre ellos la señora Luisa, que a pesar de haber pasado 10 años de no verla no perdía su elegancia, nuestro saludo fue efusivo, yo alabé su belleza y ella se sonrojó, debe estar cerca de los 65 años ya, pero aún conserva algo de figura.

    A ella la conocí cuando llevaba a sus nietos a los entrenamientos, aunque en un principio se mostró muy parca y algo engreída, de a poco fuimos compaginando muy bien, nuestra confianza creció y por eso nuestras chanzas eran algo pasadas de tono, ella siempre iba vestida de licras deportivas y se notaba mucho sus gruesas piernas, sus caderas anchas y sus buenas nalgas, su rostro denotaba sus años, pero era muy elegante, en ocasiones asistía en pantalones vaqueros que hacían marcar más sus atributos.

    Una de las mamás del grupo un día requirió de mis servicios de rehabilitación y debido a sus buenas referencias la demanda de mis servicios se aumentó en un alto porcentaje, tanto que llegué a solo atender a padres, madres y abuelos del club, entre mis pacientes estuvo Daniela la hija de la señora Luisa, en las dos primeras sesiones no me encontré a la señora Luisa, la tercera vez me encontré con una gran sorpresa, llegué a la cita y toqué a la puerta, me abrió la señora Luisa vestida en un top negro y un pequeño calzón, ella pensó que quien llegaba era su hija, se puso colorada al verme, se disculpó, me invitó a pasar y salió corriendo a su cuarto a colocarse más ropa, cuando ella regresó yo la molesté mucho por lo que había visto, me ofreció algo de tomar mientras su hija llegaba, ella seguía apenada por la situación y repetía que estaba avergonzada.

    Su hija no tardó en llegar, yo realicé mi labor y me retiré para seguir trabajando.

    En el siguiente entrenamiento ella volvió a repetirme que estaba apenada, yo la miré de arriba abajo y le dije: “voy ser muy sincero, creo que más de una de las mujeres que están aquí, quisieran tener los atributos que tienes tú”, ella abrió los ojos asombrada y no dijo nada, espero que eso no cambie en nada la bonita relación que tenemos, cerré diciendo. Ella sonrió y yo continúe con mis labores.

    Visité su casa tres veces más y el día de la última terapia de su hija, la encontré cubierta solo por una toalla, ella disponía a bañarse y su hija no estaba en casa, pasa, ponte cómodo, mi hija está en camino, me dijo, y se metió a la ducha. Me senté a esperar la llegada de mi paciente, pasaron varios minutos y vi pasar a Luisa hacia su cuarto, minutos después ella salió vestida muy elegante, nunca la había visto en tacones y la verdad se veía divina, alabé su belleza y ella me respondió con un gracias, ella llamo a su hija y esta le respondió que estaba en medio de un trancón y que estaba demorada, me pidió que la disculpara y que por favor la esperara.

    Yo mientras tanto bromeé con Luisa, le dije: “lástima que hoy se acaban las terapias, estoy seguro que con una más me habrías recibido sin ropa”, ella soltó a reír y me dijo: “te quedarías sin ojos al ver mi celulitis, mis estrías y mis gordos”, ¿y tú como sabes?, le dije, no juegues con mis sentimientos, me respondió, yo la miré directo a su cola y luego a sus ojos y ella me hizo gesto de reproche, pero ambos reímos, llego su hija y esa conversación quedo ahí.

    Varios días después tuvimos otra ocasión para dialogar, yo había terminado el entrenamiento y ella estaba junto a los demás padres en un grupo, me acerque para saludar e informarles algunos asuntos del club, cuando estuvimos solos, ella me reclamo por las miradas que le había hecho a sus nalgas mientras estábamos en la reunión, yo sonreí y le dije que eso era culpa de ella, que no podía olvidarlas, me miro mal en juego y me dio un pellizco.

    Yo seguí molestándola alabando sus piernas, te voy a dar otro pellizco, me dijo, yo seguí el juego y ella me dijo: “vaya moleste a la señora Gabriela, o a doña Paula, a esas que le piden terapias con final feliz”, yo solo sonreí y le dije: “hoy quiero molestar a Luisa, a la que me recibe de la mejor manera cuando voy a su casa”, ella se me acerco y se recostó en mi hombro y se rio, me dijo: “eres muy malo, no te burles, no juegues con los sentimientos de una vieja”, la vieja más linda, le respondí, la abracé fuerte y le di un beso en la mejilla, ella miró a todos lados y me dio un pico en la boca, tonto, aprovechado, me dijo, yo la tomé fuerte por la cintura y le di un beso, metí mi lengua en su boca y ella respondió, aquí no, me dijo, yo la solté y ambos buscamos la salida del lugar, en el camino le dije que quería hacerla mía, ella dijo que también quería estar conmigo, quedamos en que la recogiera el día lunes en la mañana cerca a su casa.

    Llegó el día y pasé por ella, la vi de lejos y estaba vestida con unos vaqueros bien ajustados, una blusa blanca elegante de botones y unas plataformas, apenas se subió nos besamos apasionadamente, le dije lo linda que estaba y ella me respondió con más besos, no sabía dónde podía llevarla, le pregunte donde quería que fuéramos y ella respondió que cualquier lugar donde estuviéramos solos era perfecto.

    La llevé a la zona de los moteles y entramos a uno que para mi gusto es el mejor, una vez dentro de la habitación nos besamos con más pasión, mis manos recorrían su cuerpo, besaba su cuello, amase sus nalgas con todas las ganas del mundo, ella también me tocaba, lentamente le fui quitando la ropa, hasta que la tuve completamente desnuda, me apodere de sus tetas con mi boca y busque su vagina con mi mano, ella respiraba fuerte y me acariciaba la cabeza, le pedí que se acostara en la cama y pude ver su cuerpo desnudo, metí mi cabeza entre sus piernas y le hice un oral, con mis manos acariciaba sus senos, ella empezó a dar leves gemidos, que de a poco se hicieron más sonoros, coloco sus manos sobre las mías y las apretaba a medida que yo acariciaba sus senos, empezó a gemir más fuerte y a decir: “no pares por favor, no pares, se siente delicioso”, no sé cuánto estuve en medio de sus piernas pero ella se vino dos veces.

    Luego ella se puso de pie, me desnudó y me pidió que me acostara, me dio una mamada de las mejores, me hablaba y se entrecortaban sus palabras cuando se metía mi verga en la boca, me dijo que quería subirse, y así lo hizo, me confeso que llevaba 2 años sin acción, se montó y a medida que mi verga entraba en ella sus ojos se iban volteando y su boca se abría, una vez tuvo mi pene dentro de su vagina, me miro y empezó a moverse en círculos, resoplo y me dijo: “me encanta montar, y a ti, te voy a disfrutar al máximo, me siento como una quinceañera y te quiero dar el mayor placer posible”.

    Empezó a subir y bajar y a gemir como loca, la verdad tenía un movimiento de cadera espectacular, ver sus tetas subir y bajar, sus pezones paraditos y sentir sus nalgas chocar contra mi pelvis fue algo inolvidable, antes de venirse empezó a decir: “que delicia amor, me voy a venir, métemelo hasta el fondo, quiero venirme mucho”, se vino y cayo rendida sobre mí y respiraba entrecortado, yo seguí penetrándola y ella me beso y me dijo que quería ver cómo me venía en ella, nos colocamos en posición de misionero, le di lo más rápido y profundo que pude, ella me decía: “quiero tu semen, quiero sentirlo en mí, chorreame amor”, no dure 5 minutos y me vine, la mayoría de mi semen cayo en su abdomen y algo en su pecho, que rico, amor, me encanta sentir el semen caliente en mi cuerpo, dijo ella, apenas me recosté a su lado con sus manos rego el semen por todo su abdomen y su pecho, y se lamio sus dedos y sus manos.

    Estábamos retomando la acción y ella recibió una llamada, tenemos solo treinta minutos me dijo, quiero que me hagas temblar las piernas de nuevo, me dijo, nos manoseamos mutuamente, una vez mi pene estuvo erecto nuevamente, la puse en cuatro y le di con todas mis fuerzas, ella gemía y se movía muy rico, le di nalgadas y eso hizo que gimiera más duro y se moviera más, juegue con mi dedo pulgar en su ano, ella no se molestó, ni dijo nada, lo que me dio a entender que también eso estaba disponible para mí, empecé a meter mi dedo de a poco en su culo, ella me volteo a mirar y me hizo una mirada picara, ambos aumentamos nuestros movimientos.

    Metí todo mi pulgar en su ano y ella me dijo: “me gusta que seas atrevido”, con mi otra mano busque su clítoris y eso la puso a mil, no deje de acariciar su clítoris y jugar con su ano hasta que ella se vino, le pedí que se acostara boca abajo y la penetre por la vagina, ella giro su cabeza y me beso, dame duro papi, soy tuya, me dijo, la cambie de posición, la puse boca arriba con sus piernas muy abiertas, me asombro su flexibilidad, ella misma se abrió al máximo y mi pene entraba muy profundo, me quiero tomar tu semen, me dijo, quiero sentir tu sabor, me gemía en la cara y me pedía que me viniera, eso me gusto y me vine, así como ella lo pidió se lo eche todo en la boca, se lo trago y me dio una mamada corta, nos duchamos y salimos del motel, la deje cerca a su casa y así termino ese primer encuentro.

    El día viernes de esa semana había una actividad del club para recoger fondos para salir a unas competencias, mi esposa no me podía acompañar porque trabajaba los sábados, le conté a la señora Luisa y me dijo que quería que nos fuéramos ese día temprano los dos solos, llego el día viernes, yo tenía que colaborar en la portería del sitio, a eso de las doce de la noche me relevaron y pase a la barra a ayudar con la venta de las bebidas, el sitio estaba a reventar.

    Luisa me vio y con la excusa de pedir una bebida me dijo que me esperaba afuera en veinte minutos, calcule el tiempo y salí, ella estaba parada junto a mi carro, le abrí y salimos del lugar, me dijo que teníamos su casa para nosotros solos, ella estaba bastante tomada, me besaba y metía su mano dentro de mi pantalón, ella estaba vestida con un enterizo gris ceñido al cuerpo que resaltaba su cintura y su gran culo, se bajó las mangas y se quitó el sostén para dejarme acariciar sus tetas, saco mi pene del pantalón y mientras hablábamos me masturbaba, llegamos a su casa y entramos por el garaje, se acabó de desnudar en la sala, ¿te gusta esta vieja?, me pregunto, eres hermosa mujer, me encantas, le respondí, me besó y me desnudó.

    Me hizo sentar en el sofá y me cabalgo, primero de frente y después de espaldas, gemía muy duro, estaba muy excitada por los tragos, luego la puse en cuatro sobre el sofá y allí se vino, me llevo a su habitación y nos tiramos en la cama en posición de cucharita, así yo podía tocar sus senos y jugar con su clítoris, así tuvo su segundo orgasmo, me empezó a dar una mamada y a preguntarme que quería que hiciéramos, le dije que quería metérselo por detrás, ella sonrió y me dijo que por supuesto, que sabía que le iba a doler mucho, pero que ella era mía y que yo podía hacer con ella lo que quisiera, para mi gran sorpresa, se paró, subió un pie en la silla de su tocador, tomo una crema de manos y lubrico su ano, metiendo primero uno y luego dos dedos, quiero que me des igual de duro por detrás como lo haces por delante.

    Se acostó al borde de la cama y abrió sus piernas, yo las puse sobre mis hombros y ella puso mi verga en la entrada de su culo, se lo metí despacio, una vez estuvo toda dentro de ella empecé a meterla y sacarla cada vez más rápido y profundo, a pesar de que me decía que le dolía no quería que se la sacara, ella se adaptó muy rápido a mis movimientos y acompañaba mis metidas, empecé a acariciar su clítoris y eso hizo que se relajara más, a los pocos minutos ya estaba con sus piernas totalmente abiertas y pidiéndome que no parara, definitivamente la señora Luisa era una delicia, ella misma se puso en cuatro y continúe disfrutando de su culo, no dure mucho y le dije que me iba a venir, ella me dijo que lo hiciera en su cara, se acostó en la cama y coloco la cabeza colgando por el borde, me masturbe en su cara e hice lo que ella me pidió, ella me beso los testículos un rato y luego fue al baño a limpiarse, ya era muy tarde y yo tenía que regresar a mi casa, me despedí y quedamos de vernos al otro día.

    Al día siguiente después del entrenamiento le invente una excusa a mi esposa para poder cumplir mi cita, la faena estuvo espectacular, Luisa y yo hicimos el amor en todas las poses posibles, la señora disfruto cada orgasmo como si nunca antes lo hubiera hecho, me gustó mucho la flexibilidad que ella tenía, siempre trataba de hacerla abrir al máximo sus piernas, así podía tener más roce y más profundidad en mis penetraciones.

    Nuestra relación duro unos 9 meses, poco a poco nuestros encuentros fueron más esporádicos, ella consiguió una pareja, pero aun así continuamos con nuestros encuentros, todo termino cuando ella se fue a vivir con su pareja, se disfrutó y se aprendió de la señora Luisa.

    Hasta un próximo relato.

  • Las enormes tetas de mi hijastra y nuestra gran follada

    Las enormes tetas de mi hijastra y nuestra gran follada

    Tras la espléndida y placentera mañana de sexo con Sara, mi hijastra mayor, llegó el momento de relajarnos con una buena ducha y otro café y volver a la normalidad. Ella me invitó a quedarme a comer y, si me apetecía, a quedarme también en casa todo el día y de nuevo a dormir ya que yo me encontraba solo por ausencia de mi mujer.

    Se marchó a su habitación a quitarse su vestimenta sexy tras nuestra majestuosa follada y a cambiarse de ropa, disponiéndose posteriormente a preparar la comida para cuando volvieran los niños del colegio mientras yo le ayudaba a realizar las tareas domésticas de la casa antes de bajar a tomar una cerveza en un bar cercano para hacer tiempo sin que se me fuese de la cabeza lo que me había comentado Sara y la idea de poder follarme también a Rocío, mi hijastra pequeña, de 24 años, a la que le tenía enormes ganas desde hacía mucho tiempo, volviendo a hablar con ella sobre el tema y diciéndole que si provocaba ese encuentro con su hermana se lo dijese antes y le comentase que yo le había dicho que me gustaría follármela en lencería sexy, con liguero y medias, ya que me excita muchísimo y sé que posee varios conjuntos, unos comprados por ella misma y otros regalados por su madre.

    A lo que me respondió que no me preocupase ya que se lo diría a solas cuando llegase a casa tras recoger a los niños del colegio y pidiéndome que me fuese preparando ya que me la follaría esa misma tarde, lo que me excitó muchísimo pensando en la morbosa situación y me provocó una erección que Sara notó y se encargó de aplacar en la cocina con un buen masaje a mi polla por encima del pantalón mientras yo le magreaba su culo y le tocaba el coño por encima de las mallas de leopardo ajustadas que llevaba puestas y una posterior y extraordinaria mamada que volvió a llevarme al éxtasis de placer y que consiguió bajarme un poco el calentón aunque no llegué a correrme, guardando las ganas para hacerlo por la tarde con Rocío, proponiéndole yo que si a ambas les apetecía me gustaría hacer un trío y follármelas a las dos juntas después de hacerlo con su hermana, mostrándose encantada por ello.

    Seguidamente y para hacer tiempo bajé a un bar muy cercano a su casa a tomar una cerveza regresando en poco más de media hora, cuando llegué al piso ya se encontraban allí los niños y Rocío, mi hijastra pequeña, quien se dirigió a mí con una mirada muy lasciva y una pícara sonrisa al conocer ya lo sucedido durante la mañana entre Sara y yo.

    Vestía un vaquero muy ajustado que le marcaba un muy buen culo, con botas altas de fino tacón por encima de las rodillas y una blusa amarilla tras la que se ponía de manifiesto el hermoso par de tetas que posee, nos saludamos muy cariñosamente con un abrazo fuerte y dos besos en las mejillas, sintiéndome yo muy excitado al tenerla delante de mis ojos y pensando en lo que podía ocurrir más tarde entre los dos.

    Sara se dispuso a servir la comida cuanto antes para agilizarla y mientras lo hacía en el salón Rocío y yo nos quedamos a solas en la cocina unos minutos aprovechando ella para decirme «¡Qué hijo de puta y qué cabronazo eres, vaya follada que le has pegado a mi hermana durante toda esta mañana. Joder, tío!», a lo que le respondí «Le tenía muchas ganas desde hace tiempo, como a ti, y la siguiente en caer, esta misma tarde, vas a ser tú, no lo dudes, mi amor!».

    En ese momento se abalanzó sobre mí y comenzamos a besarnos y morrearnos mientras nos abrazábamos, susurrándole yo al oído «¡Esta tarde te voy a comer entera y te voy a follar como te mereces! Le he dicho a tu hermana que quiero follarte en lencería, con medias sexys y liguero, ponte algún conjunto de los que tienes y ya sabes, amor mío…», contestándome ella «Tengo muchísimas ganas, estoy muy caliente y cachonda desde esta mañana. Y no te preocupes por eso, me lo pondré».

    Continuamos morreándonos con pasión y en ese momento entró de nuevo Sara en la cocina, al vernos comenzó a reírse pícaramente diciendo «¡Joder, ya habéis empezado la fiesta y aún no nos hemos ido!», se acercó a nosotros y yo, abrazándolas por la cintura a las dos les dije «Y no os preocupéis, haremos un trío y os follaré también a las dos juntas», momento en el que Sara me cogió la cara, me besó apasionadamente y me contestó «¡Eso espero, cariño mío. Ya te he dicho que me encanta que me folles y que voy a ser tu puta zorra siempre!».

    Salimos los tres de la cocina y nos pusimos a comer con los niños, a los que Sara les dijo que cuando terminasen los llevaría con ella y una amiga a hacer unas cosas y a merendar fuera de casa, mientras a mí me recorría un cosquilleo por el estómago pensando en lo que sucedería después. La comida se desarrolló con normalidad aunque con rapidez y mientras yo ayudaba a Sara a recoger las cosas y fregar la vajilla, Rocío le dijo a su hermana «Voy a casa un momento, en un ratillo vuelvo. No tardo», saliendo del piso mientras yo la miraba con ojos de auténtico deseo.

    No habrían pasado ni 45 minutos desde que se marchó cuando Rocío regresó de nuevo al piso de Sara, que en esos momentos se encontraba terminando de preparar a los niños y de arreglarse ella para salir a la calle. Al sonar el timbre me dirigí a la puerta y al abrirla no pude por menos que sorprenderme muy gratamente cuando me encontré a Rocío ante mis ojos guapísima, con su largo pelo suelto y vestida con una camisa blanca de seda entreabierta bajo la que botaban sus espléndidas tetas, una preciosa y corta minifalda y unos maravillosos zapatos de tacón que realzaban su figura escandalosamente.

    Cerré la puerta, nos miramos, me cercioré de que no nos viera nadie y comencé a besarla y morrearla con un vicio y una pasión desmedida mientras nos abrazábamos, experimentando yo una dura erección que ponía de manifiesto que mi polla tenía nuevamente ganas de «fiesta».

    Al llegar al salón, Rocío se dirigió a la habitación de su hermana para dejar una bolsa y tomó asiento en el tresillo, casi pegada a mí, le pregunté si quería un café y aceptó, me levanté y fui a la cocina para prepararlo, echándome yo otro para acompañarla. Cuando llegué con ellos al salón mi sorpresa fue tremenda y mayúscula al encontrármela cruzada de piernas mostrando sus preciosas medias sexys de color carne y parte de las tirantas de su liguero, que se dejaban entrever al subírsele la minifalda. Al verla solo pude exclamar «¡Jodeeer, madre mía Rocío, amor mío!», respondiéndome ella «¿Te gustan, eh…? Sabía que al verme así te pondrías muy caliente y cachondo y eso me encanta».

    Sara lo ultimaba todo en la habitación para marcharse de inmediato mientras que nosotros nos tomábamos el café con tranquilidad sentados en el tresillo aprovechando yo para, sin que nos vieran, meter mi mano en la entrepierna y en el coño de Rocío y acariciarla por encima de las medias y del tanga mientras que ella hacía lo propio con mi ya durísima polla por encima del pantalón.

    Varios minutos después y tras guiñarnos un ojo a ambos, Sara y los niños salieron del piso y se marcharon quedándonos solos Rocío y yo. Por nuestra tremenda excitación no aguantamos ni dos minutos y comenzamos a meternos mano mutuamente mientras nos besábamos con toda la pasión y calentura del mundo ya muy cachondos y deseosos el uno del otro.

    Tras desfogarnos un poco, Rocío se levantó y se dirigió a la cocina para servir otro café y tomarlo sentados en el tresillo del salón antes de «entrar en acción». Cuando la vi levantarse y de pie en la cocina con la minifalda medio levantada, mostrando sus medias sexys, las tiras del liguero y sus tacones inmensos, no pude por menos que levantarme e ir tras ella.

    Con mi polla ya bien tiesa comencé a refregársela por detrás para que la sintiese bien dura en su culo por encima de la minifalda mientras que con mis manos la abrazaba por la cintura besando al mismo tiempo su cuello, desplazándolas hacia arriba para comenzar a acariciar y masajear sus enormes tetas por encima de su excitante camisa de seda, unas tetas que se encontraban libres de sujetador y botaban sueltas, notando con rapidez cómo sus grandes aureolas y pezones iban endureciéndose al tiempo que ella me decía «¡Qué ganas tenías de tener en tus manos mis grandes tetas, cabrón.

    Te lo llevo notando desde hace mucho tiempo, viendo cómo me las miras cada vez que me tienes frente a ti. Goza con ellas, son tuyas. Agárramelas fuerte y sóbamelas, que me encanta y me pone muy cachonda. Me tienes muy caliente, hijo de puta. Sigue… Sigue… Sóbamelas! ¿Te gustan, cabrón… Te gustan mis tetas…?».

    Acto seguido se dio la vuelta y se puso frente a mí, nos abrazamos y morreamos y mientras le pasaba un brazo por el cuello le metí mi mano derecha dentro del tanga para acariciarle su peludo coño y sus labios ya húmedos por el calentón. Le abrí la camisa poco a poco y ante mí aparecieron las tetazas que llevaba tanto tiempo deseando y por las que suspiraba. Comencé a besárselas y chupárselas con énfasis y terrible deseo. ¡Qué par de enormes tetas, qué pezones y aureolas tan calientes!

    Ella, cachonda perdida llevó su mano a mi polla dura y tiesa y comenzó a acariciármela por encima del pantalón mientras me decía «¡Jodeeer, qué polla tienes, por Diooos. La quiero toda en mi coño. Quiero gozar con ella como goza mi madre y ha gozado mi hermana hoy. Quiero que me folles hasta que te saque la última gota de leche de tus huevos. Soy tu puta y soy tuya!». Sus palabras me pusieron tan cachondo que comencé a acelerar mis chupadas a sus tetas y pezones mientras ella se estremecía de auténtico placer cuando, de repente, me dijo, abrazándome fuerte, entre gemidos, jadeos y chillidos «¡Me corrooo, mi amor, me corrooo… Jodeeer, me corrooo… Qué gustazo por Dios. Sigue, por favor, sigue… Me corrooo…!». Introduje mis dedos en su coño y pude notar su monumental corrida, llevándolos a mi boca y saboreando su delicioso jugo juvenil mientras ella me abrazaba con fuerza y besaba mi cuello.

    Acto seguido marchamos nuevamente al salón con el café y allí aproveché para desnudarla por completo, quedando ante mis ojos su hermoso cuerpazo portando tan solo liguero, medias sexys y sus espléndidos tacones. ¡Qué maravilla poder contemplar a la vez sus grandiosas tetas, su riquísimo coño peludo y su precioso culazo! Con una excitación máxima contenida me quité la camisa y el pantalón, quedándome solamente con el bóxer puesto y marcándose debajo el enorme bulto de mi polla tiesa y dura.

    Rocío comenzó a acariciármela con suavidad mientras mordía sus labios y me miraba como una buena zorra, me lo quitó y ante sus ojos quedó mi enorme polla erguida, la que ella tanto deseaba, la comenzó a acariciar con su mano de arriba a abajo mientras la pasaba también suavemente por mis huevos repletos de leche hasta que me dijo «¡Jodeeer, vaya pedazo de polla que tienes, cómo me gusta. Me la vas a dar entera y me vas a follar todo lo que te apetezca. Quiero toda tu leche!».

    Acto seguido y sin mediar más palabra se la llevó a la boca para chuparla y brindarme una mamada extraordinaria y placentera mientras yo le decía extasiado de gusto «¡Qué maravilla, gran puta. Cómo la chupas de bien. Trágatela toda. Sigue mamándola, zorra, que eres una puta zorra que me tiene cachondo y caliente a todas horas, como tu hermana y como tu madre. Os tengo que follar a las tres juntas, ya lo verás!». Ella se excitaba aún más con mis palabras y mientras me la mamaba, con la otra mano se tocaba su húmedo coño. Minutos después y en pleno éxtasis por el gustazo tan grande que recibía en mi polla con su excepcional mamada le dije a Rocío «¡Para, mi amor. Para y déjame que la meta entre tus enormes tetas. Hazme una cubana!», a lo que accedió sin dilación colocando mi polla entre sus tetazas y apretándolas con fuerza mientras que mi verga se desplazaba de arriba a abajo entre ellas aprovechando mi hijastra cada varios movimientos para detener la monumental paja que me estaba regalando y chupar mi capullo con frenesí.

    Tras varios minutos de gozo impresionante por mi parte, le pedí a Rocío que parase y entre grandes gemidos y jadeos comencé a correrme, dándole gran cantidad de leche que le repartí entre sus maravillosas tetas y su boca, una corrida que saboreó hasta la última gota como merece una buena zorra y puta como ella.

    Extasiado por el gustazo recibido me senté en el tresillo para tomarme el café mientras Rocío fue al baño para limpiarse la gran cantidad de leche con la que acababa de bañar sus grandes tetas por mi corrida. Regresó al salón y se sentó nuevamente junto a mí para tomarse también su café. Yo no dejaba de mirarla y de nuevo comencé a acariciar sus piernas y sus tetas mientras la morreaba por lo que mi polla volvió a experimentar otra erección, mi hijastra me mostró que tenía ganas de continuar y con su mano contribuyó a ponérmela dura y tiesa nuevamente, masajeándola suavemente de arriba a abajo mientras yo le susurraba al oído lo buena que está y mis enormes deseos de follarla, lo que la puso de nuevo muy cachonda y húmeda.

    Acto seguido, entre los dos, apartamos la mesa hacia el centro del salón para dejar espacio suficiente, me senté en el tresillo y le pedí a Rocío que se sentase encima clavándole mi dura polla con suavidad en lo más profundo de su coño mientras ella, con los ojos cerrados, comenzó a cabalgarla repleta de inmenso placer. ¡Qué gustazo tan enorme sentí! ¡Por fin tenía mi polla dentro del coño que tanto había venido deseando! ¡Por fin me estaba follando a Rocío, mi hijastra buenorra que había venido siendo hasta ahora una de las musas de mis placenteras y gustosas pajas y que había propiciado a mi polla inmensas y majestuosas corridas!

    Ella, como loca, se abrazó a mí mientras me besaba apasionadamente y me pedía entre jadeos que le chupase y comiese sus tetas y pezones, se las cogí con ambas manos pasándole toda mi lengua por sus inmensas aureolas y sobándoselas mientras sentía un inmenso placer en mi polla, toda dentro de su majestuosa raja. Ella no paraba y extasiada por completo por el inmenso placer que le estaba proporcionando mi follada me pedía a gritos que no parase y que continuase follándola de la misma forma.

    La sujeté por los maravillosos cachetes de su fabuloso culo mientras le decía «¿Te gusta, zorra…? ¿Te gusta cómo te follo…? ¿Te gusta mi polla dentro de tu coño…? ¡Goza con ella, gran puta, que es lo que eres una gran puta y una zorra maravillosa!». Ella, por su parte, me decía entre gemidos profundos «¡Sí me gusta. Me encantaaa…! ¡Fóllame, cabrón, fóllame sin parar. Soy tuya, toda tuya y para ti! ¡Dame tu leche dentro de mi coño y préñame, no me importa, hijo de puta, préñame. Quiero sentir tu lechada caliente dentro de mí, cabrón!».

    Estas palabras aceleraron aún más mi ritmo de follada provocando en ella una inmensa corrida a gritos mientras yo le decía «¡Córrete, gran puta, córrete con mi polla bien dura! ¡Estaba deseando follarte, puta zorra! ¡Cuántas pajas me he hecho pensando en ti y en tu hermana, puta mía. Las veces que me he corrido gracias a ti, zorra. Me vuelves loco, perra!». Acto seguido le pedí que se apartase y se pusiese de rodillas ante mi polla soltando una inmensa cantidad de leche en su boca que ella se encargó de tragarse mientras me miraba con ojos de puta viciosa y limpiaba mi capullo con su lengua.

    Tras la espléndida follada, ambos procedimos a tomarnos un descanso en el que no faltaron las caricias, besos y calientes morreos que poco a poco fueron calentándonos de nuevo, descanso que aprovechó Rocío para hacerme una nueva mamada sentado yo en el tresillo y para chuparme la polla de arriba a abajo a la perfección, algo que me dijo la maravillaba y volvía loca, pidiéndome que le prometiese que cada vez que ella quiera se la dé para que goce, asintiendo yo con mi cabeza y replicándole que ella también tenía que estar para mí cada vez que yo tenga ganas de follarla, lo que también aceptó encantada.

    Mientras proseguía con su gran mamada a mi polla le dije «¡Pónmela bien dura, puta guarra, porque quiero follarte ese grandioso coño que tienes a cuatro patas y te la voy a meter por el culo para que goces como tiene que hacerlo una puta como tú!». Estas palabras mía provocaron que ella se pusiese nuevamente cachonda perdida, le pedí que cesase en su extraordinaria mamada y con mi rabo ya todo duro y erguido la situé en el tresillo a cuatro patas introduciéndolo de nuevo hasta lo más profundo de su coño mientras ella, solo con sentirlo volvió a comenzar a jadear y gemir como una posesa. ¡Qué gozada tan inmensa follarla así mientras le cogía fuertemente sus majestuosas tetas por detrás!

    Solamente el verla en esa posición, con sus medias, liguero y tacones puestos, provocaban en mí inmensos deseos de correrme otra vez. Poco a poco fui acelerando mis embestidas hasta que decidí clavársela con suavidad en su culazo inmenso al tiempo que ella se tocaba el coño desesperada de placer y me decía «¡Fóllame el culo, hijo de puta, fóllamelo y no pares! ¡Qué gusto me das, cabrón! ¡Soy tu puta, soy tu puta guarra y zorra! ¡Métemela así y no pares, por Diosss…! ¡Sigueee… Sigueee…! ¡Me voy a correr otra vez, me voy a correeer…! ¡Me corro… Me corrooo… Me corroooo…!», mojando abundantemente el tresillo con su delicioso néctar juvenil mientras yo tocaba y frotaba su coño por detrás con mis dedos, chupaba su corrida y aceleraba mis envestidas sin detenerme para gran gozo de ambos.

    Seguidamente, Rocío volvió a pedirme que me corriese dentro de su coño para sentir mi leche caliente y que la preñase, algo que no quería, diciéndome que no me preocupase porque tomaría la píldora del día después si me corría dentro. Esta petición aumentó aún más mi calentura por lo que saqué mi dura polla de su culo introduciéndola de nuevo en su coño mientras acariciaba y sobaba las grandes cachas de su culazo a cuatro patas.

    Continué follándola con fuerza cuando, minutos después, entre gemidos y jadeos le anuncié mi monumental corrida: «¡Me corrooo, gran putaaa… Me corrooo, zorraaa… Toma mi leche en tu coño como querías, zorra guarra… Tomaaa, gran putaaa… Ahí tienes mi leche como querías… Voy a preñarte, zorraaa… Voy a preñarteee…!»; ella llevó los dedos a su coño y comenzó a tocárselo como loca, agarrando mi polla para que no se la sacase mientras me decía «¡Sí, préñameee… Sí, préñameee, lo deseo… Préñameee, por Diooos… Ahhh… Ohhh… Ahhh…! ¡Qué rica tu leche caliente en mi coño! ¡Cómo deseaba que te corrieses dentro de mí… Ahhh… Ohhh…!

    Extasiado de nuevo yo tomé asiento en el tresillo mientras Rocío me chupaba la polla de arriba a abajo y me la comía con excepcional maestría para saborear hasta la última gota de mi leche, consiguiendo tras varios minutos que volviese a correrme en su boca aunque en menor cuantía. No parecía satisfecha y se sentó junto a mí en el tresillo, se abrió de piernas e introdujo dos dedos en su maravilloso y peludo coño para embadurnarlos con mi corrida dentro de ella y llevándoselos a la boca para continuar tragando mi leche.

    Con un apasionado morreo y con su promesa de tomar la píldora del día después pusimos fin a una maravillosa tarde de follada para los dos aunque aún nos quedaba por disfrutar un poco más en la ducha que juntos nos dimos. Una vez ambos dentro de ella, bajo el agua comencé a acariciarla por detrás y a sobarle y comerle sus enormes tetas mientras introduje dos dedos en su coño y comencé a pajearla consiguiendo que de nuevo se corriese como una buena zorra. Ella, por su parte, quiso que yo también gozase y de nuevo me regaló una extraordinaria mamada que hizo que mis huevos quedasen del todo vacíos por una nueva corrida que ella se encargó de tragarse con la maestría propia de una grandiosa puta.

    Tras salir de la ducha nos vestimos y, ya viendo la televisión, esperamos a que llegase Sara de la calle con los niños, lo que no tardó en ocurrir. Al vernos imaginó todo lo que había pasado entre su hermana y yo y noté en sus ojos un brillo especial, síntoma de que se estaba poniendo muy caliente y cachonda por la situación, invitándome a quedarme una noche más en su casa, a lo que no accedí, prometiéndole que nos veríamos nuevamente en breve. Tras despedirnos de Sara y los niños, Rocío y yo salimos del piso juntos aprovechando para volver a meternos mano y morrearnos en el ascensor con el compromiso por ambas partes de que volveríamos a repetir muy pronto, marchando cada uno a nuestra casa.

    Por la noche, ya en mi cama y al encontrarme solo, volví a pajearme activamente recordando todo lo vivido con mis hijastras durante las últimas horas. Por la mañana, bien temprano, ambas hermanas me realizaron una videollamada grupal a través del móvil y juntos volvimos a corrernos mientras nos pajeábamos y nos mirábamos a través de la pantalla, corriéndonos nuevamente de gustazo y placer y coincidiendo los tres en que nos hubiese gustado mucho más hacerlo en directo, juntos. Antes de finalizar la videollamada Sara me propuso hacer un trío con ella y con su hermana cuanto antes a lo que accedí gustoso prometiéndoles que ese momento no tardaría en llegar.

  • Mi amiga Julieta, su jefe y un polvo que le cambió la vida

    Mi amiga Julieta, su jefe y un polvo que le cambió la vida

    Julieta me pidió que no le dijera esto a nadie. Supongo que escribirlo, es diferente a decirlo, así que espero no estar rompiendo mi promesa de silencio. La conocí en la facultad, hace ya bastantes años. Desde el primero día, en el cual compartimos asientos, no nos separamos jamás. Incluso, rendimos nuestra tesis juntas, por lo que pasamos a ser hermanas de recibida. Finalmente, nuestros caminos se separaron cuando decidí volver a Buenos Aires a ejercer mi profesión. A pesar de ello, no perdimos contacto. Aunque, como es lógico, el mismo se hizo más distante. Por eso me sorprendió bastante que hace un par de noches me llamara a la tres de la mañana para contarme esta historia.

    Julieta trabaja desde un año antes de recibirnos en una importante editorial en la ciudad de Córdoba. Comenzó como lectora beta y fue ascendiendo hasta su puesto actual: sub coordinadora editorial. Básicamente, está (o estaba) viviendo mi sueño, profesionalmente hablando. Ella es una chica colorada, con pecas y un cuerpo más que interesante. Sus formas están muy bien definidas y su tonada salteña le da un aura angelical y voluptuoso que forman un cóctel totalmente explosivo. A pesar de su apariencia, es tímida por demás, cuestión que durante nuestros años de universitarias le generó bastantes conflictos, ya que le cuesta relacionarse con las personas fuera del ámbito laboral. Quizás este es uno de los motivos por lo apresurado de su llamado de anoche.

    Bruno es su jefe. Un tipo de casi cuarenta años del cual las dos supimos estar enamoradas, cuando fue nuestro profesor de Sistemas editoriales. En aquella época, dijimos que a la primera que le dé bola, la otra la iba a bancar. Al ingresar a trabajar en su editorial, yo perdí un poco las esperanzas y no me quedó otra que alentarla. Su formalidad la llevó a ver imposible el hecho de tener algo con su jefe, pero igual yo jamás abandoné esa posibilidad. Con el tiempo nos olvidamos de él y solo lo trajimos a nuestras conversaciones al hablar de trabajo. Pero las relaciones humanas son tan complejas que siempre queda lugar para las sorpresas.

    Su relación siempre fue cordial. Ella siempre lo vio como un ejemplo a seguir dentro del ámbito laboral. Pero con el tiempo comenzó a notar en él algo diferente. Intentó convencerse de que no era más que admiración por sus logros, aunque, muy internamente, anhelaba algo más cercano. Hasta que pasó. Ese día tuvieron varias reuniones que se extendieron hasta la noche. Había serios problemas con el distribuidor de papel, que, sin previo aviso, había aumentado el valor de un gran cargamento de papel casi en un cien por ciento, cosa que perjudicaría de manera sustancial a la editorial. Resignados ante la imposibilidad de negociación, como así también a la de cancelar el pedido, decidieron que abrir un vino no sería una mala opción, como para cerrar una larga jornada que acarrearía todavía más problemas en el futuro cercano. La tercera botella de vino los encontró totalmente entregados a olvidar el motivo de la primera, como así también las relaciones y el entorno laboral en el que se encontraban.

    Julieta comenzó a llorar previniendo el vendaval de cosas malas que vendrían para la editorial a causa de estar obligados a aumentar todos los servicios. Bruno, con mucha más experiencia en el campo, trataba de consolarla diciéndole que esas crisis estaban a la orden del día y que muy pronto podrían reacomodarse. Ella confiaba en él, pero nada que dijera la hacía entrar en razón. Se sentía perdida, estafada, dolida, desesperada. Quizás fue en un acto de desesperación por no poder calmarla, ayudado por el vino, que él utilizó una de las tácticas más antiguas y, ¿por qué no?, más efectivas para calmar a una mujer: un beso.

    Un beso suave, delicado, incluso algo tierno, al que ella respondió con una violencia avasallante. Al sentir apenas el contacto de sus labios, saltó como un conejo en celo, colgándosele del cuello y rodeándolo con sus piernas. Suspendida en el aire, su lengua ingresó a la boca de él sin que ninguna barrera le impidiese el paso. El alcohol le jugó una mala pasada a sus piernas, que siendo obligadas de repente a cargar con el peso de otro cuerpo, decidieron dejarse vencer. Cayeron al suelo con un golpe seco, amortiguado por la impoluta alfombra bordó.

    El golpe no hizo más que encender la, hasta el momento desconocida, pasión de Julieta. Sin cortar con el beso, desprendió de un tirón todos los botones de su camisa, dejando sus prominentes pechos apenas cubiertos por el corpiño negro con bordes de encaje. Esto no iba a durar demasiado tiempo así, ya que, con un movimiento magistral, Bruno desprendió el sostén para liberarle las tetas. Recién ahí, y con gran esfuerzo, el hombre pudo desprender a su boca de la de mi amiga, para llevarla directamente a sus tetas. Envalentonado por la sorpresa y la repentina calentura, no las chupó, las succionó como si de eso dependiera su vida.

    Afuera, una terrible tormenta comenzaba a caer sobre el cielo de Córdoba. Tormenta que no le llegaba ni a los talones a la que arreciaba dentro de la oficina. Con las tetas ya con marcas de mordidas, Julieta le quitó la remera a su jefe, dejando al descubierto un cuerpo bien trabajado en la zona de brazos y pectorales, pero con algo de pancita en la zona abdominal. Sin siquiera pensar todavía en lo que estaba sucediendo, mi amiga empujó a su jefe para que se recostara sobre la alfombra. En esa posición, era mucho más fácil quitarle los pantalones y el bóxer. Lo hizo, para encontrarse con una pija de tamaño estándar, pero totalmente erecta y apetecible.

    Julieta comenzó a chuparle la pija de forma atolondrada, ansiosa, caliente, dispuesta a comérsela entera. Él tuvo que pedirle varias veces que bajara un poco la intensidad, hasta que logró encontrar el ritmo adecuado. El pete duró aproximadamente quince minutos, hasta que Bruno dijo que no podía más. Mi amiga tomó esto como indicio de que ya era su momento de disfrutar, por lo que se subió la pollera hasta las caderas, corrió su tanga y se sentó de una embestida sobre la pija que tenía a su disposición, liberando inmediatamente un orgasmo tan potente que sintió que, por un momento, su cuerpo comenzaba a convulsionar. Esto no hizo más que encenderla. Apoyó una de sus manos al costado de la cabeza de él y con la otra se masajeaba el clítoris, mientras cabalgaba de atrás hacia adelante con desesperación, soltando gritos y alaridos que le hacían competencia a los atronadores sonidos que desprendían de la tormenta del exterior.

    Su segundo orgasmo llegó exactamente en el mismo instante que el primero de él. Sus jugos se encontraron en el interior de su concha generando una colisión que ella sintió rebotar por todos los rincones. A pesar del cansancio, no estaba dispuesta a dejarlo todo ahí, por lo que de inmediato abandonó su posición y volvió a la inicial. Bebió de su pija ese cálido coctel naciente de sus sexos, sintiendo que era Afrodita disfrutando de una dulce jarra de ambrosía. Bebió y chupó hasta sentir que la pija estaba nuevamente en su esplendor. Esta vez fue él el que tomó las riendas, abandonando su cómodo puesto recostado sobre la alfombra, para hacerla poner en cuatro y embestirla sin aviso desde atrás. Tenía la concha totalmente empapada, por lo que el pijazo entró con gran facilidad, como deslizándose por una suave alfombra de seda. A pesar de la poca resistencia ejercida por la concha de mi amiga, el polvo que se pegaron fue igual de sublime que el primero. Al parecer, la posición dominante en la que se encontraba el jefe le dio confianza, de cierta forma le hizo recordar “quien tenía el poder”.

    “Hace mucho tenías ganas de que te culee, ¿no, trola de mierda?; si sabía que eras tan puta te hubiera culiado cinco años antes, pendeja; un par de vinos y ya abrís las piernas, ¿tan fácil sos, hija de puta”.

    Frases horribles, a las que mi amiga solamente respondía, entre gritos y jadeos, “Sí, jefe”. Ante esta excitante sumisión, Bruno comenzó a nalguearla cada vez con más intensidad. Esto no hizo más que acrecentar los gritos de placer de ella y precipitar la monumental segunda acabada de él. Cayeron los dos rendidos sobre la alfombra, cada uno por su lado. Ella, en busca de algo más de intimidad, se arrastró hacia él para besarlo apasionadamente. Luego del beso quedaron abrazados en silencio, con la mirada perdida en la nada. Hasta que una luz azul que titilaba en el techo los puso en alerta.

    A esta historia la estoy escribiendo yo, Martina, pero tranquilamente podría hacerlo Paulo, el guardia de seguridad de la editorial, que vio todo muy cómodo desde su puesto de vigilancia a través de las cámaras. Son las doce del mediodía. En un rato tengo que ir hasta aeroparque a recibir a Julieta, quien, acorralada por la vergüenza, renunció a su trabajo y está de camino a Buenos Aires, con la idea de reiniciar su vida, totalmente convencida de que un par de buenos polvos pueden ser un punto de inflexión total en la vida de una persona.

  • Mi fantasía de ver a mi novia cogiendo

    Mi fantasía de ver a mi novia cogiendo

    Soy Ramiro y mi novia se llama Jimena, una chica de piel morena clara con tetas de buen ver y un culo no muy grande, pero rico y antojable. Aquí les dejo mi relato.

    Primero que nada esta fantasía empezó al ver un video que no era de los que yo veía, salió así como de la nada en la página y el video era donde el novio veía cómo se cogían a su novia y desde ese día me entró la curiosidad y noté que al ver más videos de ese estilo, me llegó la curiosidad de saber qué excitante es ver que se cogen a tu novia y así comenzó la fantasía…

    Mi novia es muy cachonda y le encantan las cosas con adrenalina y las cosas pervertidas, pero también es de esas mujeres que son fieles y leales a un hombre me costó mucho convencerla de coger con otro hombre frente a mi.

    Me di a la tarea de buscar el hombre adecuado para mi novia en app de citas o páginas de la misma categoría encontré muchos hombres que se anunciaban para hacer tríos, pero en realidad yo no quería un trío, quería ver cómo se cogen a mi novia. Les escribí a varios hombres, pero ninguno le llegaba a los gustos de mi novia ya que es algo exigente, hasta que vi un anuncio de un jamaicano de buen ver, cuerpo atlético y una verga que seguro volvería loca a mi novia. Él se llama Raúl y es joven de 30 años. Sin pensar lo contacté y le propuse la propuesta, le mandé fotos de mi novia y no pensó en aceptar, nosotros somos de Colombia y Raúl estaba recién llegado al país.

    Yo hablé con él para planear todo, pero él me respondió “tú solo preséntame a tu novia y entrégamela y disfruta del show”, eso me gustó porque así no perdería tiempo. Esa misma noche de viernes salimos mi novia y yo hacía un bar donde nos quedamos de ver con Raúl.

    Todo el día tenía en la mente que se llegó el momento de ver esa fantasía, mi novia estaba toda la tarde arreglándose para esa cita con su negro. Cuando llegué por ella me paralicé de lo sexy que se puso, llevaba un vestido pegadito donde sus tetas casi se salían y su culo se veía genial llevaba una tanga de encaje, la verdad me la quise coger pero ella me detuvo y me dijo que hoy no se arregló para mi sino para su cita con aquel negro.

    Llegamos al bar y Raúl ya estaba esperándonos, en cuanto vio a mi Jimena se levantó y se presentó tomándola de la cintura y beso en la mejilla empecé a sentir celos, pero de rato se me pasaron.

    Ya con el alcohol todo empezó lo bueno, mi novia estaba ya bromeando con Raúl y tocándolo de sus brazos así como no queriendo, tuve que ir al baño y después de volver, sorpresa vi a Raúl besando a mi novia me quedé retirado para ver cuando tiempo se besaban y fue bastante tiempo.

    Llegué de nuevo a la mesa y mi novia con su cara de cachonda después de rato pusieron música para perrear y ella le pregunto a Raúl que si le gustaba bailar y respondió que si Jimena me pidió permiso para bailar con Raúl, pero él le respondió si te va dejar coger conmigo claro que te dejara bailar y se fueron a la pista de baile. Yo no podía ver mucho ya que estaba algo retirado y con poca luz.

    Después de bailar un rato regresaron pero mi novia ya estaba bien cachonda y me dice al oído casi Raúl me coge en la pista de baile, en ese momento Raúl se fue al baño y le dije “cuéntame bien cómo que casi te coge” y ella “si pues estábamos bailando y me empezó a tocar toda y noté que poco a poco la verga se la ponía dura y yo lo provocaba cada vez más hasta que desabrocho su pantalón y se sacó la verga no se la vi pero sentí lo caliente entonces me subió poquito el vestido y me puso la tanga de lado empezó a sobarme la vagina con su verga y creí que solo me estaba dando a probar pero en eso sentí que la apunto en la entrada de mi vagina que ya estaba muy mojada y sentí como jalo de la cintura para penetrarme pero no lo logro y le dije no aquí porque no verá mi novio y ese fue el trato y por eso nos venimos a sentar porque si no si que coge”.

    Nos fuimos al hotel empezó lo emocionante cómo Raúl ya estaba bien caliente sin pensarlo agarró a Jimena y se empezaron a besar. Después Raúl se bajó el pantalón dejando solo su bóxer y le dijo a Jimena dame una buena mamada y ella obedeció le saco la verga grande y gruesa pero gruesa, en su boca no le cabía ni la mitad de esa verga, yo veía como se la chupaba toda. Raúl solo gozaba de la boca de Jimena.

    Raúl le dijo “ya detente ahora serás mía putita” la agarroó y la puso en cuatro, le alzó el vestido y le puso la tanga de lado y le dijo “ahora si te va entrar”, vi la vagina de mi novia bien mojada y pensé si le va entrar pues su vagina era pequeña y esa verga está muy gruesa.

    Quedé sorprendido cuando de una sola embestida le entró casi la mitad y soltó un gemido que me erizó la piel, ya con mi verga dura me empecé a masturbar, solo escuchaba cómo gemía de dolor y placer Jimena y viendo cómo ese negro se la cogia sin piedad.

    Jimena ya estaba derramando su crema en la verga del ese negro Jimena quiso sacársela y Raúl no la dejó y le dice “estas bien rica” para parar después de varias embestidas Raúl empezó a bufar se estaba viniendo adentro de Jimena.

    Sacó su verga y la vagina de mi novia escurría de sus jugos y el semen de Raúl.

    Jimena me voltea a ver y me dice “ahora ven y méteme tu verga que no llene” y yo sin pensar fui, pero para eso me dice “primero límpiame la vagina con tu boca”, me quede pensativo un segundo y me dice “qué pasa hazlo es lo que querías” y sin pensarlo más lo hice, le estaba lamiendo la vagina con semen de Raúl, pero estaba bien caliente que me gusto limpiar a mi novia después que Raúl se la cogió.

    Me la cogí un rato y me vine adentro de ella y Raúl ya está esperando que terminara para cogérsela otra vez. Cuando Raúl se dispuso a cogerla ella lo detuvo y le dijo “ahora límpiame tu mi vagina” y él se negó y Jimena le respondió “entonces ya no disfrutarás mi vagina” y él cedió a lamerle la vagina ya que termino, le dio unas embestidas duras y le dejaba ir toda la verga y así duró un rato y después terminaron cansados.

  • Casi trío

    Casi trío

    Hola, antes de dejar la segunda parte del relato anterior (nuestro primer intercambio) quería contar una experiencia que tuve en una junta de colegas. Cómo ya saben mi nombre es Carlos y mi mujer se llama Camila, aunque este relato no se trata de ella.

    Hace algunos años (2018) en mi antiguo trabajo hacíamos juntas con colegas, la mayoría hombres ya que era un trabajo pesado, aunque había unas cuántas mujeres entre ellas, Javi, que casi siempre iba a nuestros asados, junto a caro otra colega. Javi era una especie de familiar político de mi mujer, ya que era sobrina del padrastro, yo la conozco desde que tenemos 18 años aproximadamente, a esa edad ella era, muy, muy buena, sobre todo por su tremendo culo paradito y gigante, ella al día de hoy ya está casada y su esposo generalmente en conversaciones que tenemos en grupo, sobresalta el tremendo culo de Javi, ella solo se ríe.

    Javi tenía la edad de mi mujer, 29 en ese entonces (2018), su estatura como 1.7 m, de piel trigueña, pelo negro, contextura rellenita pero no de más, un culo grande, como les decía antes, que generalmente lucía en pantalones apretados y unas tetas de tamaño normal pero que se veían bastante ricas, nos veíamos regularmente en juntas familiares ella iba con su marido, en el trabajo bromeábamos que éramos primos.

    Caro un poco más pequeña como de 1,6 m, se notaba más rellenita por ser más pequeña aun así, no era de más, de buen culo y buenas tetas.

    En una de las juntas que hicimos, fueron las dos, y otros colegas, Jano, Fred, Matías, Lalo, Gonzalo y yo. Estuvimos en un sector público de la ciudad donde se puede beber y hacer asados, a mi generalmente me tocaba hacer la carne en las juntas así que, procedí, estuvimos mucho rato conversando y tomando cerveza, por ahí salieron unos porros, y algo más fuerte pisco y whisky, seguimos durante largo rato, en cierto momento estaba conversando con Javi, Jano y Fred, de varios temas, siempre tirando algún piropo a Javi, ella traía un jeans que le quedaba apretadito, su culo se veía muy lindo, además traía unas botas con taco que le ayudaban a resaltar su trasero, arriba traía un chaleco y por lo que se traslucía se notaba que abajo traía solo su brasier.

    En un momento Javi fue al baño, y Jano aprovecho para contarnos, a Fred y a mi, que hace un par de semanas antes había convencido a Javi para ir a un motel, nos dijo a grandes rasgos que era bastante caliente y sus gemidos eran intensos, además que su culo era tremendo y lo aguantaba bien por atrás, que le gustaba. A todo esto la mayoría de los que estábamos en la junta éramos casados, solo Lalo y Gonzalo eran separados. Mientras hablábamos apareció nuevamente Javi y venía con la caro, caro traía una jeans apretados igual que dejaba ver su culo, y una polera suelta pero arriba con un escote generoso que dejaba ver bastante de sus tetas, se veían deliciosas.

    Seguimos conversando y riendo los 5, el resto estaba por otro lado. De un momento a otro Fred dijo -podríamos ir a otro lado, esto ya está muriendo, además pronto van a apagar las luces-

    El resto dijo si de inmediato, yo pregunté -donde podríamos ir?

    Fred contesto nuevamente en tono de broma -a un motel, ahí seguimos tomando

    Todos reímos y Javi dijo -y a qué quieres ir a un motel

    -a conversar y seguir tomando, yo creo que no podemos ir a la casa de mi uno de los que estamos aquí- dijo Fred

    Javi pensando que era broma dijo -ya, vamos a un motel- y yo para no dejar escapar la situación dije -pido un Uber enseguida- y me dispuse a pedir uno en la aplicación.

    Caro estaba dubitativa no quería ir, de a poco la convencimos. Al cabo de un rato llego un auto a recogernos, yo le dije a Fred que se fuera adelante, atrás se subió Jano a la ventana, caro al medio y yo, nada de tonto, le dije a Javi que se subiera a mis piernas. Íbamos bastante apretados, le dijimos al chófer que queríamos ir a algún motel, a lo que contestó -la mayoría a esta hora están llenos- eran tipo 4 am, -pero ahí buscaré alguno- continuó. En el camino íbamos conversando y riendo el trago y, a mi la hierba, nos tenía bastante locos.

    Yo conforme avanzaba el viaje más toqueteaba a Javi, aludiendo a qué íbamos apretados, le tenía la mano derecha en la pierna y la acariciaba, y la mano izquierda en su espalda baja, dónde comenzaba su gran trasero, subía y bajaba la mano acariciando su espalda, con el movimiento del auto el culo de Javi se fue acercando cada vez más a mi verga, que ya estaba a media asta, ella la sintió y me miró con una risa un tanto picarona, cómo la luz del auto estaba apagada comencé a acariciar su pierna más arriba casi llegando a su entrepierna, ella no hacía ni decía nada que me impidiera seguir, seguí así por un rato. Al cabo de unos minutos llegamos a un motel pero no había cabaña disponible, media vuelta y fuimos en busca de otro.

    Con tanta caricia yo ya estaba bien caliente, levanté a Javi y la acomode bien quedó encima de mi pene ya erecto ella se recostó un poco en mi pecho, se sentía su rico perfume que era un tanto frutal, ya en esta posición le quedo más espacio y abrió un poco las piernas, yo lo note y aproveché para avanzar con mi mano derecha hasta llegar a su entrepierna con mi dedo comencé a masajear suavemente su concha, sentía como ella comenzaba a excitarse. Al cabo de unos minutos se incorporó y se acomodó poniendo nuevamente su culo en mis piernas, pensé que se había incomodado o ya no quería seguir con el juego, pero estaba equivocado se cruzó de brazos y disimuladamente comenzó a agarrar mi paquete, lo acariciaba y apretaba por encima del pantalón, comenzó a meter sus dedos por encima hasta llegar a la cabeza de mi verga, cómo una experta con dos dedos corrió mi prepucio y dejo el glande sin funda, comenzó a acariciarlo estaba mojado, yo estaba al máximo de caliente.

    Casi al borde de acabar, para mí suerte llegamos a otro motel y en este si había cabañas disponibles, no recuerdo el número de la que pedimos pero tenía obviamente una cama grande, jacuzzi, baño con ducha y al lado de la cama un par de sillones y una mesa.

    Al llegar nos servimos tragos, yo a esa altura era el único que fumaba hierba de los que quedábamos, para que no les molestará, salí a un pequeño balcón que había con vista a la cuidad. Al regresar caro al parecer estaba en la otra pieza, donde estaba el jacuzzi, no precisamente en él, si no que la había llamado el esposo, Jano estaba sentado a los pies de la cama Fred en uno de los sillones y Javi parada conversando y bebiendo, yo me senté en el otro sillón, al principio estábamos un poco cortados, la situación era bastante caliente y creo que ninguno había estado en algo así, de pronto Javi dijo -están muy callados pongamos música- cortando un poco la tensión.

    Fred le dijo que el pondría su teléfono con música, puso una canción como de striptease, y dijo ya Javi -puedes comenzar a bailar-

    Ella se largó a reír pero comenzó a bailar, fue donde Fred y le bailo, se giró y se sentó arriba de él, poniendo su tremendo culo, que a duras penas entraba en el pequeño sillón, en la verga de Fred, Fred quedo loco, tomaba sus caderas y la miraba con una calentura que se le notaba, Javi se levantó y fue donde estaba yo, me bailo, me tomo la polera y comenzó a sacarla, yo por supuesto no puse reparo, la saco y acercó sus tetas a mi cara, sentí su rico olor, que ya había sentido en el Uber, pero ahora era más intenso, se giró y la agarre de la cintura, la senté en mi verga y ella comenzó a mover su culo en círculos me tenía la verga durísima, comencé a bajar la mano para acariciar lo que podía de su culo.

    Al rato Javi se levantó y se acercó al Jano que seguía a los pies de la cama, en eso entro caro y dijo que se quería que ir, la había llamado su esposo, Javi la convenció para que se quedara un rato más, Fred que siempre sintió atracción por caro le dijo sentemos acá en la otra pieza, la del jacuzzi, se fueron al otro lado, -les dije pásenla bien- y les cerré la puerta

    Javi continuó con el baile que había comenzado al Jano le pasó las tetas por la cara, yo seguía atento ya que Javi en esa posición me mostraba en su culo todo su esplendor, me imaginaba penetrándola a lo perrito, con ese culo seguro se tragaba cualquier verga sin importar largo ni grosor, Javi empujó al Jano y se acomodaron en la cama.

    Yo con esto apague la luz de nuestra pieza y solo deje la de una pequeña lámpara que iluminaba lo suficiente, ella le seguía bailando hasta que se puso al medio de espada a la cama, tras esto yo me tire al lado de Javi, ella se giró y quedó mirando a Jano, cómo me dio la espalda la abracé y la acaricie, sentí que Jano le estaba tocando las piernas, estuvimos así un rato jugueteando.

    Al parecer Jano tomo la iniciativa ya que se escucharon sonidos de besos, alcé mi cabeza y los vi besándose, tras esto subí mis manos por debajo de la ropa hasta las tetas de Javi, cómo tenía el brasier puesto con la otra mano lo desabroché y quedó más holgada para poder tocarla con mayor facilidad, Jano desabrochó el pantalón de Javi y lo bajo hasta las rodillas junto con su calzón, casi al mismo tiempo bajamos cada uno nuestros pantalones y boxers, dejando expuestas nuestra vergas que a esa altura ya estaban a tope.

    Javi se giró y quedó de espaldas a la cama, comenzó tocando la verga de Jano, y luego llevo su otra mano a la mía, nos pajeaba muy rico, se notaba su destreza ya que estaba usando ambas manos al mismo tiempo, desde hace algún tiempo tenía ganas de experimentar un trío, de hecho se lo había propuesto varias veces a mi mujer, aunque al principio se oponía, ya la tenía un poco convencida.

    Javi se terminó de sacar su pantalón y calzón ella misma con sus piernas, quedó al descubierto su concha, totalmente depilada, le separe sus piernas para ver su concha entera, sobresalían un poco sus labios y su clítoris, nos tenía a cada uno de nosotros a su lado, Jano a su derecha y yo a su izquierda, comenzamos a tocarla y acariciarla por todas partes, le sacamos su chaleco y su brasier, Jano chupaba sus tetas y yo la besaba mientras con mi mano le tocaba su conchita, estaba muy mojada y caliente.

    Roce por largo rato su clítoris que a estas alturas estaba hinchado listo para nosotros, daban ganas de meter los dedos, así que de una sola vez le clave dos dedos en la concha y la masturbe al principio despacio y luego subí la intensidad, soltaba gemidos leves, tal vez par que no escucharán caro y Fred que seguían en la otra pieza. Jano soltó las tetas de Javi y comenzó a besar su vientre, siguió bajando hasta llegar a su chorito, yo saqué mi mano y el comenzó a chupar a esas altura Javi estaba que soltaba un grito, arqueaba su espada y apretaba la cabeza de Jano con las piernas.

    Yo le chupaba sus pezones, estos eran pequeños a pesar de que sus tetas eran de un tamaño bastante bueno, chupe y mordí por un rato.

    Luego me levante para ponerme de rodillas junto a su cabeza, puse mi verga en su boca, la chupa muy bien, pasaba su lengua por todo el largo del pene y con su mano me pajeaba, luego me chupo los huevos, yo masajeaba sus tetas y apretaba su pezón, Jano se incorporó y se ubicó nuevamente a la derecha de Javi pero igual que yo, de rodillas junto a su cara, en esa posición se podía apreciar la verga de Jano era un poco más larga que la mía pero más delgada, ella comenzó a chupar ambas vergas, intercambiando, chupaba ambas cabezas y con cada mano nos masajeaba los huevos, nosotros por nuestra parte seguíamos masajeando sus tetas y a ratos bajábamos a su concha para acariciar su clítoris y meter un par de dedos, de repente tocan la puerta, y gritan -ya me quiero ir- era Caro.

    Nosotros metidos en lo que estábamos ni nos acordamos que Caro y Fred estaban en la otra pieza, rápidamente y para que no abriera la puerta le grite -danos 10 minutos- como sabía que no teníamos tanto tiempo me moví y me acomode entre la piernas de Javi, para penetrarla, pase mi verga por su concha para notar que estaba mojadita, lo lubricada que quedó con la chupada que le dio Jano momentos antes, casi chorreaba, se la restregué unos segundos, luego la puse en la entrada del chorito y lentamente comencé a penetrarla se sentía muy rico, su concha era cálida y daba un calce perfecto a mi verga.

    Javi aún seguía chupando la verga de Jano, pero este le tenía la cabeza agarrada con las manos y prácticamente la estaba penetrando como si fuera su concha, con mucha intensidad, la metía y sacaba completa, Javi se atragantaba por el largo de la verga que tenía en su boca y que al parecer le llegaba a la garganta, estábamos en éxtasis por todo lo que habíamos bebido y yo por la hierba que tenía fumada, al cabo de unos segundos se escucha la manilla de la puerta, era caro que entró diciendo nuevamente que se quería ir, nos vio a los tres en pelota, quedó por algunos segundos en shock por la escena pero rápidamente se repuso y dijo -Javi vámonos, ya pedí el Uber viene llegando.

    No tuvimos más opciones que dar por terminada nuestro intento de trío, nos vestimos con bastante molestia, en el resto de tiempo que estuvimos juntos y en el trayecto del Uber nadie hablo.

    Yo lo único que pensaba era que, desde ahora, Javi era casi un objetivo, en algún momento tenía que ver ese pedazo de culo en 4, a lo perrito, para llenar de leche ese culo y concha, así que comencé a planear alguna manera de hacerlo, en otro relato se los contaré.

    Espero sus comentarios para saber si quieren que les cuente que pasó.

    Saludos

  • El día de mi boda

    El día de mi boda

    Al leer el relato «Una boda y un secreto familiar», publicado por Lynette, me recordé de golpe, algo que paso hace más de medio siglo y que ya había olvidado. El día de mi boda, poco faltó para que tuviera un coito con alguien que no era mi esposo.

    Los antecedentes venían desde dos años antes, en que nos conocimos Roberto y yo cuando fui de vacaciones con mis padres a la ciudad donde él vivía. Roberto es primo de otros primos míos, y aunque ya lo relaté a detalle, reescribo, a manera de síntesis.

    En una fiesta, bailábamos en la terraza del salón y al concluir la música, nuestras bocas se unieron apasionadamente. En el abrazo, él pudo sentir la suavidad de mi pecho y recargó en mis piernas su turgencia. Me alarmé al sentir que su deseo también hacía crecer el mío, y le pedí regresáramos al salón. Ahí concluyó ese embate pues ya no me separé de mis padres.

    Al día siguiente, fuimos a un paseo familiar y apenas estuvimos fuera de la mirada de los demás, Roberto empezó a hablarme de amor. Me alabó, a la par que acariciaba cada parte, enfatizando, lo hermoso de mi rostro, lo suave de mi piel, lo negro de mis ojos y, claro, lo exuberante de mi pecho. “Nunca había conocido a alguien tan hermosa e inteligente como tú”, insistió y se declaró completamente enamorado de mí: “Quédate por siempre en esta ciudad. Convence a tus padres de que te permitan quedarte a vivir aquí, con tus tíos. ¡Necesitamos conocernos más!”. Pero eso no entraba en mis planes a los 19 años.

    Al retorno a mi tierra, al lado de mi novio, poco me acordaba de Roberto, quien con cierta frecuencia me escribía o me hablaba por teléfono.

    Al año y medio de haber estado allá, donde él vivía, se dio pronto otra oportunidad. Mis padres regresaron a la ciudad de Roberto para preparar su estancia definitiva. Disfruté al lado de él esos quince días. Sus besos fueron más apasionados y, aunque antes de conocerlo, ya había perdido yo la virginidad, me cuidé lo suficiente de que el atrevimiento de sus caricias no llegara al umbral donde yo sabías lo irremediable de las siguientes acciones. La maestría con la que yo dominaba esas situaciones y evadía los requiebros, llegó a su extremo en un paseo familiar que hicimos a las ruinas de una antigua ciudad colonial pues me dijo “Aunque no me creas, quizá por lo repentino, pero quiero que sepas que te amo y deseo que te quedes aquí, a mi lado: ¡Casémonos hoy!”, concluyó ante mi asombro, enfebrecido por el placer que él adivinaba en mis brazos.

    “No es posible hacer eso de repente, una decisión tan importante hay que meditarla. ¡Lo dices porque estás enamorado! Pero sabes bien que por ahora eso no es posible. Me iré pronto y te olvidarás de esto”, le contesté. “¡Cómo voy a olvidarte, si desde que te conocí estoy pensando en ti!”, me expresó fervorosamente y rodeó mi cintura con sus manos. “Después, cuando vuelva a venir, hablaremos de ello”, le contesté con dulzura, acariciándole el pelo con una mano y metiendo la otra bajo su camisa para excitarlo más. “Al menos déjame hacerte mía, para que así vuelvas a mí con seguridad” me suplicó al tiempo que me resbalaba sus manos en la espalda, bajo la blusa, y me abrazaba para darme un beso que correspondí. Su lengua jugó con la mía, deslizó una de sus manos bajo el tirante del sostén y dejé que la corriera por ahí hacia el frente hasta quedar de costado, donde empezó a sentir mis axilas y lo suave de mi pecho. Aprisioné con el brazo su mano derecha para que no continuara, pero la izquierda había bajado hasta mi cintura y, con sus dedos meñique y anular, entre mi piel y el resorte de la pantaleta, se trasladó dificultosamente hasta mi ombligo e intentó desabotonarme el pantalón. “¡No! Nos pueden ver, le dije al oído quitándole las manos del botón de mi pantalón. Lo volví a abrazar y separé ligeramente el brazo, liberándole la mano que estaba a punto de entrar en la copa del brasier, para que sintiera mi pecho, el cual acarició con mi complacencia.

    “Eres muy hermosa y yo muy caliente”, dijo mientras se deleitaba acariciándome bajo el suéter. “Vamos con los demás”, le pedí, bajándole las manos hasta que las sacó de mis ropas y me separé. “Antes, prométeme que alguna vez haremos el amor”, me pidió después de tranquilizarse por lo abrupto de mi separación y sin soltar mis manos me dio un beso en la frente.

    “Quizás…”, le dije, y sonreíste imaginando que seguramente eso no llegaría a ocurrir, pues al día siguiente regresarías a la ciudad donde yo vivía y estabas comprometida para casarte en pocos meses más con Saúl. Yo tenía la seguridad de que esto sólo habría quedado en el recuerdo de una agradable aventura en vacaciones. “No. ¡Asegúramelo!, exigió, mirándome seriamente a las pupilas. “Sí, la próxima vez que nos veamos” concedí, antes de darle un beso en la mejilla que él completó, deteniendo mi cabeza, para que su lengua entrara en mi boca, al tiempo que pegaba su pubis al mío.

    Y hete aquí, que el día de mi boda por el civil, él estaba entre los presentes…

    Durante la espera a que el Juez de Paz llegara, subí a mi recámara para darme los últimos arreglos, pero, sin hacerse notar, Roberto me siguió y entró tras de mí a la alcoba, cerrando suavemente la puerta y le colocó el seguro. En ese momento descubrí que me había seguido.

    –¿Qué haces aquí? –exclamé.

    –Sólo trato de que cumplas tu palabra: “Haremos el amor la próxima vez que nos veamos” –dijo dándome un beso.

    ¡Me encantó su arrojo! ¡El beso fue dado con la pasión de un enfebrecido amante que se había sacado el pene! Sin dejar de besarme, levantó mi falda y colocó su verga entre mis piernas. Yo hervía en calentura, hice a un lado la pantaleta y, al momento de dirigir su falo hacia los labios de mi vagina, escuchamos unos fuertes toquidos que daba mi hermana Helen a la puerta, al tiempo que decía “Tita, ya llegó el Juez y dice que tiene prisa”.

    –¡Voy! contesté separándome abruptamente de Roberto y le indiqué un lugar para esconderse.

    En cuanto me cercioré de que Roberto estaba oculto, me lamí la mano para limpiarme el presemen que traía; me alisé la falda para disminuir las arrugas en el frente; abrí la puerta y tomé a Helen de la mano para bajarnos a la sala. Cuando ya estábamos en la firma del acta matrimonial, vi que Roberto ya estaba entre la concurrencia. Después de despedir al Juez, ya no me solté de la mano de Saúl. Bueno, a veces me separaba un poco para recibir los abrazos de las felicitaciones, pero pegada a mi flamante esposo como si fuésemos siameses.

    Me causó admiración que ese suceso tan intenso fuese olvidado por mí durante tanto tiempo. Más aún, ni siquiera lo recordé cuando, un año y medio después hicimos el amor por primera vez Roberto y yo. Gracias, Lynette, por haberme recordado con la lectura de tu relato esos momentos con Roberto, que en paz descanse.

  • El abismo de la pasión

    El abismo de la pasión

    En el fuego de tus ojos ardientes,
    se enciende la pasión de mis deseos,
    y en la piel se desatan los vientos,
    de un amor prohibido, insolente.

    Tus labios, dulces néctares seductores,
    provocan el fuego que arde en mis venas,
    y en un torbellino de caricias tiernas,
    desnudamos nuestros cuerpos sin temores.

    La danza de tus manos sobre mi piel,
    despierta susurros y gemidos intensos,
    mientras nuestros cuerpos se enredan,
    en un abrazo ardiente y trascendental.

    El vaivén de nuestras caderas en sintonía,
    se convierte en una sinfonía de placer,
    y en cada instante, más nos enloquecemos,
    bajo las sábanas que se convierten en el mar.

    El éxtasis nos envuelve, nos consume,
    y nos perdemos en el abismo de la pasión,
    en un vaivén desenfrenado y voraz,
    hasta que nuestros cuerpos encuentren la calma.

    Y así, en el silencio de la noche dormida,
    nuestros cuerpos se abrazan en reposo,
    mientras en nuestros labios queda impresa,
    la huella del amor que nos ha unido.

  • Esposas desesperadas (parte 1)

    Esposas desesperadas (parte 1)

    La señora Carmen, entrada ya en los 40 años, trabajadora de una dependencia gubernamental, conservaba de manera adecuada sus atributos de juventud: hermosas y torneadas piernas, senos de tamaño considerable y bien tratados por la gravedad, y un enorme y redondo trasero que había sido objeto de acoso durante muchos años.

    Casada desde hace 15 años, con una hija pequeña, la vida de la señora Carmen había transcurrido devorada por la monotonía, sus primero años de matrimonio desperdiciados en celar al esposo y posteriormente el estar lamentando rechazar todos los ofrecimientos de intimar que le realizaban sus compañeros de trabajo, mientras en casa la relación se tornaba cada vez más fría, distante y monótona.

    La señora Carmen trato por diferentes medios ser atractiva a su marido, se arreglaba diario en diferentes estilos pero siempre cuidando su imagen de señora respetable, pero sin descuidar el toque de sensualidad que hiciera despertar el libido de su marido.

    Así se fueron perdiendo los años, en una relación estéril, hasta que se acercó a su cumpleaños número 40, seguramente por la necesidad imperante de sexo, la señora Carmen ideo un plan para tratar de hacer reaccionar a su marido de alguna manera.

    Ese día de su cumpleaños, se arregló un poco más provocativa de lo habitual, mostrando un poco más de tobillos por debajo de su falda, tacones un poco más alto de los normales, un escote más provocativo.

    La segunda parte de su plan fue el inventarse pretendientes, para lo cual, un día antes de su cumpleaños visito dos florerías y se envió a si misma un par de arreglos florares de enigmáticos admiradores, que según ella causarían la reacción de su marido y pondrían fin a su indiferencia.

    Así que llego a su lugar de trabajo, con su atrevida vestimenta que denotaba una nueva actitud, sonriente como nunca antes, de excelente humor, dejándose manosear por los compañeros que aprovechaban el pretexto de la felicitación para darle un buen arrimón de paquete, o los mas osados un leve rozón de senos para comprobar al menos la firmeza de estos.

    Transcurrieron solo unas pocas horas cuando comenzó “el desfile” de arreglos florales, que ella misma se había enviado, haciendo su cara fingida de sorpresa recibió el primer arreglo floral, trato de ruborizarse pero sus dotes de actriz no le dieron para tanto, con el segundo arreglo hizo un poco más de aspavientos, lo que género que las compañeras curiosas se acercaran a conocer el origen de tan enigmáticos regalos, los cuales convenientemente llegaron sin tarjeta.

    Tan solo unos cuantos minutos bastaron para que el bullicio producto de la curiosidad bajaran de nivel, todos los compañeros de la señora Carmen volvieron a sus quehaceres, cuando por la puerta iba atravesando un tercer repartidor, el cual traía consigo un enorme ramo de rosas rojas, que hizo que la señora Carmen se pusiera del mismo color.

    Tal parecía que el repartidor caminaba en cámara lenta en dirección a la señora Carmen debido a la descarga de adrenalina que esto estaba generando, recibió por tercera vez en el día el envío, buscando desesperadamente una tarjeta que le indicara quien había mandado ese nuevo presente.

    Rápidamente ubico dentro del ramo una pequeña tarjeta, la cual solamente tenía escrito un número de teléfono, la cual tomo y escondió rápidamente antes que se pudieran dar cuenta los mirones.

    Su pulso latía a 1000 por hora, sentía que el corazón se le saldría por las orejas, trataba de tranquilizarse a sí misma de manera inútil, era una mezcla de curiosidad, enfado y halago el que sentía.

    Todos estos sentimientos fueron interrumpidos por un mensaje en su teléfono, vio la pantalla y de inmediato checo el número en la tarjeta recibida, era el mismo número, abrió la aplicación para ver el mensaje que decía:

    – Hola

    La señora Carmen como por instinto respondió de manera inmediata.

    – Hola

    Después de unos pocos segundos, de estar viendo el icono que indica que la otra persona está escribiendo un mensaje, finalmente llego:

    – Espero que este pasando un excelente día de cumpleaños, espero que no le hay molestado el presente que le mande, pero ya no podía aguantar más tiempo sin decirle que me parece la mujer más hermosa que he visto.

    Este mensaje dejo pasmada a la señora Carmen, por una parte el rubor por el desconocimiento de tal situación, su posición como señora casada; y por otro un inmenso calor que salía desde su entrepierna y subía hasta su cabeza, la tenían por demás confundida.

    Al no saber qué contestar, guardo su teléfono para tratar de concentrarse en su trabajo, sin embargo todo fue en vano, su cabeza no dejaba de dar vueltas sobre la identidad del nuevo admirador, sobre la batalla entre el deseo y la moral, ya que una parte de ella deseaba olvidar ese incidente, pero otra parta más grande le gritaba que arriesgara todo por dar rienda a su deseo.

    Así transcurrieron las horas, hasta que llegó el momento de ser festejada por sus compañeros de trabajo, quienes le ofrecieron un pequeño convivio, lo que sirvió para que la señora Carmen se relajara un poco, y en ese momento de bajar la guardia, saco su teléfono para responder al mensaje anónimo:

    – Muchas gracias, contesto, acompañada de un coqueto emoji

    En pocos segundos, recibió un nuevo mensaje, que la hizo perder el equilibrio por completo, ya que de no haber estado sentada en su silla hubiera ido a parar en el suelo.

    – Me gustaría poder darle un regalo de cumpleaños a la altura de sus expectativas, quisiera me permitiera hacerla sentir mujer, como nunca lo ha sentido en todos sus años de casada.

    Ese mensaje rebasaba por mucho los límites de la señora Carmen, había sido demasiado para lo que estaba acostumbrada a tolerar de cualquier persona, por lo que sin dar respuesta, volvió a guardar su teléfono dentro del bolso, regresando de nuevo al trabajo, lógicamente sin lograr concentrarse en lo que estaba realizando.

    Convencida que la conversación habría llegado demasiado lejos, decidió darla por terminada, pero ante la falta de práctica y de malicia, no lo hizo de manera adecuada.

    – Disculpe, Pero no puedo, tengo apenas el tiempo justo entre la oficina y mi hogar, me es imposible darle el mínimo de tiempo, gracias.

    Nuevamente observo el icono que indicaba redactar mensaje, para de manera inmediata recibir uno nuevo.

    – ¿Pero si tuviera el tiempo se atrevería?

    La señora Carmen no respondió mas, continuo con su trabajo y se decidió a olvidar el caso, pero al poco tiempo apareció el jefe de la oficina acercándose a ella –Señora Carmen, me entere que es día de su cumpleaños, de parte de la empresa me mandan felicitarla y decirle que puede retirarse a festejar con su familia.

    Así que de buenas a primeras la señora Carmen tenía el espacio y la propuesta para realizar lo que había pensado durante años, tener una relación sexual plena.

    Camino a su vehículo de manera pausada (cargando la serie de obsequios que se auto regalo, además del obsequio anónimo que la tenía pensativa. Entro a su vehículo, pensando unos pocos segundos saco su teléfono para contestar el último mensaje recibido:

    – Tengo el tiempo ahora (y con las manos temblorosas pulso enviar)

    Con la misma velocidad que los mensajes anteriores, se estaba redactando la respuesta, misma que llego en unos pocos segundos

    – Llega al motel “Rojo”, que está de camino a tu casa, no tienes que desviarte, entra y dirígete a la habitación 11, mete tu vehículo y cierra la puerta.

    De manera autómata, encendió su vehículo y condujo hasta el motel que efectivamente quedaba de camino a su casa, redujo la velocidad, volteo hacia todos lados y de una rápida maniobra entro, una vez adentro redujo la velocidad al mínimo para ver los números de habitación.

    En voz alta fue enumerando cada una de las habitaciones que iba pasando: 8, 9, 10 y 11; realizo la maniobra para entrar en la peque cochera del cuarto, al apagar el motor de manera inmediata comenzó a cerrarse de manera automática la puerta, en tanto que el interior de la cochera se empezaba a oscurecer, hasta quedar completamente a oscuras una vez que la puerta cerro en su totalidad.

    Una vez cerrada la puerta se encendió la luz interior, dejando ver la puerta de entrada al cuarto, la señora Carmen descendió, tomando solo su bolso de mano, donde guardo las llaves del automóvil y en pocos pasos llego a la puerta del cuarto, donde observo colgando sobre la manija un antifaz para dormir con una pequeña nota que decía “por favor póntelo antes de entrar”.

    La señora Carmen decidió que ya era muy tarde para hacerse cuestionamientos, por lo que ubicando la posición de la perilla, se colocó el antifaz y abrió la manija de la puerta y dando pequeños pasos se adentró en la habitación, solamente dio un par de pasos dentro de ella cuando sintió que la tomaban por la mano:

    – Con cuidado que hay un escalón (dijo en misterioso anfitrión), mientras cuidadosamente la adentraba al cuarto.

    Al pasar por una pequeña mesa de centro, le quito el bolso y lo deposito sobre ella, continuando con pequeños pasos hacia la cama, una vez llegando al pie de ella se detuvo, de inmediato él se colocó frente a ella, tomando sus brazos y enredándolos sobre su cuello, mientras le comenzaba a besar el cuello y le masajeaba sutilmente las enormes nalgas.

    Esto provocó que la señora Carmen se abandonara por completo, en ese momento se disiparon las dudas, las desconfianzas, los miedos, todos esos sentimientos y pensamientos la abandonaron, quedando solo uno: el deseo de disfrutar el placer al máximo.

    Sentía que le quemaban esas manos que al acariciarle el trasero, poco a poco levantaban su vestido, mientras que su aliento en el cuello le quemaba la piel y le provocaban un incendio adentro de sus bragas.

    Le pareció eterno el tiempo que tardo su amante incognito en despojarla del vestido por encima de la cabeza, quedando solo en ropa interior y zapatos.

    Cesaron las caricias del anfitrión, para inundar el ambiente con un sonoro chiflido que adulaba la presencia de la señora Carmen, lencería color perla, con encajes, de una medida menor a la requerida, hacían que los pezones fueran visibles a través del encaje, y que sus grandes nalgas casi desaparecieran por completo las bragas, un collar de perlas y zapatos de tacón completaban sus nuevo atuendo.

    Pasaron unos pocos segundos cuando la piel de la señora Carmen se erizaron al escuchar al oído: de saber que estas tan buena desde hace mucho tiempo habría hecho por cogerte, empujándola suavemente hacia la cama; aun no terminaba de caer cuando ya estaba la cabeza del incognito hurgando en su entrepierna, mientras sus manos ya se habían posado en cada una de las nalgotas, mientras hundía su rostro en la zona del monte de venus de ella, tal cual, parecía que estuviese comiendo una sandía partida por la mitad, por la voluminosidad, los jugos y el ruido que estaba generando, era un festín de carne, de jugos y de gemidos lo que se había generado, el puente de las bragas perdidos por completo entre las nalgas y la panocha de la señora, solo era un delgado hilo empapado en jugos.

    De repente se vino una pequeña pausa, que aprovecho el anfitrión para desprender de lo más profundo de la raja las bragas, apenas logro sacarlas de entre las piernas, lo boto lo más lejos posible y abrió por completo las piernas de la señora Carmen, ahora si pasando su lengua por toda la longitud de la raja, empezando por la vulva donde trataba de meter su lengua lo mas posible, recorriéndole los labios hasta llegar al clítoris, donde movía su lengua en círculos mientras el órgano hinchado le devolvía la cortesía; y luego recorría de nuevo por todos los labios hasta la vulva y una que otra vez hasta su ano, que dilataba constantemente como si quisiera tomar aire por ahí.

    El anfitrión haciendo un desplante de pericia, paso una de sus manos al frente, acomodando los dedos para hacer un perfecto “candado”, mientras su índice penetraba con facilidad el ano de la señora Carmen, su pulgar masajeaba los labios de su vulva y la lengua atacaba salvajemente el hinchado clítoris.

    No tardo mucho tiempo en soltar un escandaloso orgasmo proyectando un gran chorro sobre la superficie de la cama, mismo que se prolongó durante varios segundos mientras disminuía la intensidad del chorro, se detenía y volvía a expulsar otra pequeña cantidad de orgasmo, todo esto mientras la señora Carmen convulsionaba y gemía, hasta que paulatinamente alcanzaba la normalidad.

    Durante ese periodo de tiempo, el incógnito amante saco los dedos de dentro de la señora y detuvo los embates con la lengua, mientras ella trataba de tomar aire y de normalizar su pulso, ya que estaba convencida que estaba al borde de un ataque cardiaco, de tan fuerte y rápido que le latía el corazón.

    Apenas empezaba a normalizar su pulso, cuando sintió que un objeto pesado y caliente reposaba sobre sus labios, antes de abrir su boca, de manera instintiva llevo sus manos hacia el objeto extraño, para identificarlo de manera inmediata: mientras una de sus manos acariciaba el tronco, la otra sopesaba los huevos, como tratando de determinar el tamaño de semejante tronco.

    Una vez determinados los parámetros, dirigió su boca a la cabeza, abriendo para dar cabida a toda su circunferencia, al empezar a introducir la cabeza, su lengua salió a recibir la visita, dándole una serie de lamidas a lo largo de su circunferencia e introduciéndolo después poco a poco, mientras iba cerrando sus labios al embate del mástil de carne.

    Empujo su cara hacia adelante con la encomienda de devorar completo ese tronco de carne caliente y palpitante, pensó que fallaría en la misión cuando sintió que la campanilla de su garganta reclamaba, pero se sintió aliviada al sentir el par de bolas de semen columpiarse frente a su barbilla.

    Ahí empezó el ritmo para simular que aquel miembro venoso follaba su boca, pero en ese momento tuvo un antojo, saco la verga de su boca y se enfilo hacia el par de huevos repletos de semen, los tomo con una de sus manos acercándolas a su cara, como acercando un fruto para comerlo, abriendo grande su boca para meter a ambos dentro de su cavidad, fracasando, por lo que tuvo que conformarse con chupar uno a la vez, mientras que su otra mano masturbaba suavemente el tronco venoso.

    Era tal su desesperación que succiono por demás fuerte que arranco un pequeño grito de dolor al propietario de las bolas, saliendo de su trance y abriendo su boca para liberarlas de su hambre de huevos.

    Esto lo aprovecho su amante incognito para levantarse, se bajó de la cama y con un movimiento de manos hizo que la señora Carmen quedara boca abajo, la coloco de rodillas, con el culo levantado, le abrió un poco las piernas y se puso detrás de ella.

    Mientras le pasaba la verga dura por lo largo de la rajada, le decía: con que te gusta comer eh puta, pues te la vas a comer toda, acto seguido le hundió hasta el fondo todo el camote, hasta que las bolas rebotaron en la pared formada por sus enormes nalgas, haciendo que la señora Carmen perdiera un poco de aire, soltando un grito ahogado.

    Esto no impidió que el incognito se convirtiera en un pistón de carne, entrando y saliendo de la vulva empapada pero aun hirviendo de la señora Carmen, la cual ante cada nueva embestida soltaba el mismo grito ahogado de la primera vez.

    El extraño bombeaba con todas sus fuerzas, como si quisiera el completo entrar dentro de la señora, chocando su pelvis contra las nalgotas de la señora, provocándole un círculo rojo en cada una de ellas, producto de los golpes.

    En un momento el extraño paro, como para tomar fuerzas de nuevo, lo que aprovecho la señora para empezar a mover su cuerpo hacia atrás y hacia adelante en un gesto que indicaba que no deseaba parar aun.

    Los embates eran en la misma intensidad y con la misma frecuencia que como había iniciado su anfitrión, solo que esta vez ella era la que determinaba el ritmo y la fuerza de la penetración, lo que facilito la llegada del ansiado orgasmo, en unos pocos embates con mayor fuerza, la señora empezó a temblar de nuevo, mientras de su vagina caían gruesos goterones de jugo de vulva que mojaban por completo el camote del extraño.

    Nuevamente se tomó su tiempo para deleitarse de cada uno de los espasmos que le generaban la expulsión de cada chorro de orgasmo, clímax que llego cuando el extraño saco su venudo miembro de su panocha y quedaron liberados todos los componentes de su vagina, vaciando por completo el líquido contenido.

    Pensaría la señora Carmen que habría terminado todo, sin embargo equivocada que estaba, el sostén, liberando las tetas, aunque sus pezones ya habían sido mordidos en esa sesión, el extraño le ordenó levantarse, camino despacio junto a él, dándose cuenta que él se había sentado, mientras le ordeno: ahora vas a venir a sentarte encima de mi verga puta, par a ver si me hacer lo que acabas de hacer ahorita que te tenía ensartada.

    Ella espero las instrucciones, levanto una pierna por encima del mueble quedando con un pie de cada lado y su cuerpo exactamente encima de él, sintiendo sus manos en la cintura mientras recibía la orden: vas a bajar encima de mi verga puta, y le vas a sacar todos los mecos mientras me como ese par de tetas que te cargas.

    El movimiento de agacharse lo realizo despacio, más por inseguridad que por otra cosa, hasta que con una mano ubico la posición de la verga (que aguardaba erecta apuntando en dirección de su panocha), y hasta entonces empezó a bajar ya con conocimiento de donde se encontraba el objetivo.

    Una vez que tuvo claro el destino se dejó caer con todo su peso sobre el mástil duro de carne que la esperaba, fue una estocada firme, directa y profunda, estaba segura que sus nalgas reposaban sobre los huevos del incognito.

    Simultáneamente las manos del extraño coparon las nalgas para amasarlas de manera individual y separarlas entre si, para dejar al descubierto el culo escondido de la señora Carmen, también su boca ataco el par de tetas que caían por gravedad directamente a su boca.

    La señora Carmen podía sentir claramente cada uno de los frentes, las chupadas alternadas de esa boca desconocida sobre sus pezones y aureolas; el manoseo sobre sus nalgas y la exposición de su culo al viento y sobre todo el estar cayendo de manera directa sobre un poste venoso de carne que la recibía gustoso, acariciando los pliegues de su vagina y llenándola por completo.

    La mezcla de estas sensaciones acabó con la señora Carmen, quien empezó a gemir cada vez más y más fuerte, al tiempo que aceleraba el ritmo del movimiento de sus caderas y sus piernas, así como los gruñidos del extraño que cada vez se hacían más intensos.

    La panocha de la señora Carmen comenzó a generar fluidos que escurrían como una fuente sobre el tronco del anfitrión, al tiempo que emitía un último gran grito de placer, su cuerpo se ponía rígido y detuvo los movimientos quedando sentada sobre el garrote que estuvo cabalgando.

    El extraño, levanto en peso a la señora Carmen, sin dejar de tenerla por las nalgas, abrió estas al viento y dejo salir de su verga una dotación generosa de mecos que impactaron de manera directa en el ojo del culo de ella, quien al sentir el chorro caliente de leche, sintió una última sacudida de electricidad recorriendo su cuerpo.

    Finalmente sus piernas no pudieron sostenerla más, cayendo de manera pesada en el sillón, estaba sudorosa, temblorosa, tan excitada que quería experimentar más orgasmos, pero su cuerpo ya no respondía, tal vez por algunos minutos se quedó dormida, porque regreso a la conciencia con un beso en la espalda del incognito anfitrión, quien le dijo en voz baja: en verdad eres una mujer que puede convertirse en la puta más puta, cuando gustes puedes descubrirte los ojos, yo me retiro, que sigas teniendo un feliz cumpleaños, pero tus bragas son mi regalo.

    Acto seguido se escuchó azotar la puerta, la señora Carmen se retiró el antifaz, por la falta de costumbre se empezó a adaptar a la iluminación de a poco, empezando a reconocer la habitación, vio el sillón donde había terminado aún empapado de sus jugos, volteo a ver la cama semi destendida con grandes círculos de humedad en las sábanas en diferentes zonas y una pequeña salita donde se encontraba su vestido perfectamente doblado y su sostén, ahora ya sin las bragas que completaban el conjunto.

    Se quitó los zapatos y se dirigió a tomar una rápida ducha, al ver su reloj se dio cuenta que era ya casi la hora a la que salía habitualmente, se vistió, se vio al espejo y salió de manera apresurada, abrió el portón automático y salió en su coche, llegando en cuestión de minutos a su casa.

    Bajo del carro con los regalos falsos y el auténtico, siendo vista por el marido que la esperaba impaciente: ya es hora de comer, ¿Qué son todos esos arreglos florares?

    La señora Carmen contesto con enfado: son regalos que me dieron en el trabajo, por si no lo sabes hoy cumplo años.

    M: Claro que lo sé, pero estoy seguro que fuiste capaz de mandártelos tu sola, no creo que nadie se molestara en mandarte algo.

    C: Pues te sorprenderías (así como yo) pensó

    Al día siguiente llego al trabajo como de costumbre, ya sin los reflectores de ser la cumpleañera, se encontraba con un grupo de compañeros platicando ya las trivialidades del nuevo día, cuando escucho a lo lejos por detrás de ella una voz que la hizo mojarse de inmediato:

    – Buenos días, ¿me permiten pasar a revisar los contenedores de basura?

    Esa voz tan conocida resulto ser nada más y nada menos que del nuevo conserje que apenas y completaba el mes de trabajo en esa oficina.

  • Buena vecindad

    Buena vecindad

    Al casarse Carlos y Marisa se instalaron en el apartamento que ella tenía en el barrio de Tetuán, de Madrid. Se lo había comprado con la herencia que había recibido de una tía, que había fallecido soltera.

    Aunque era muy pequeño pensaron que hasta no tener hijos sería suficientemente cómodo para vivir los dos. Esta situación se prolongó porque no habían tenido hijos. Cuando paso un tiempo prudencial y se hicieron pruebas de fertilidad los resultados señalaron que Marisa era estéril.

    Pese a que nunca lo manifestó claramente, Carlos tuvo una profunda decepción ya que estaba muy ilusionado en tener descendencia. La relación se fue enfriando paulatinamente y los proyectos que habían estado elaborando durante el noviazgo y la primera época del matrimonio se fueron olvidando y su convivencia se convirtió en una simple presencia doméstica carente de toda pasión. Carlos perdió interés por el sexo y sólo ocasionalmente se acercaba a Marisa. Ésta, se sentía responsable y, aunque con frecuencia tenía apetencias de sentir un orgasmo, no se atrevía a tomar la iniciativa y esperaba a que fuera Carlos quién la buscara.

    El clima de la pareja se fue deteriorando con el paso del tiempo y prácticamente llegaron a tener una convivencia similar a la de dos extraños que compartieran piso.

    Finalmente, Carlos, conoció a una chica joven y planteó la separación. Marisa entendió que era la mejor solución para ambos. Se repartieron a partes iguales los ahorros comunes y ella se quedó en su piso de soltera. Carlos alquiló un apartamento y, al poco tiempo, lo compartió con la chica que había conocido.

    Marisa siguió con su trabajo habitual y se propuso no comprometerse con nadie, al menos a corto plazo.

    Conocía a varios vecinos de su comunidad, especialmente a un matrimonio con el que compartía el rellano de la escalera. Sus ventanas interiores daban enfrente a través del patio de luces y sus tendederos eran comunes. Sin tener gran confianza los contactos eran habituales. La mujer, era poco comunicativa y se limitaba a breves y escuetos saludos. El marido, por el contrario, era una persona afable y con cualquier excusa entablaba conversación. Al enterarse de la separación de Marisa se mostró especialmente atento y cuando tenía ocasión se interesaba por su estado de ánimo.

    En una ocasión coincidieron al llegar a casa, subieron juntos en el ascensor y el vecino, Joaquín, le preguntó si sabía como se hacía una lasaña, quería prepararla para cuando llegase su mujer del trabajo. Marisa le contestó que no era muy fácil si no se tenía práctica. Cuando llegaron s la planta le invitó a pasar a su casa para explicarle la receta. Joaquín tomó nota de las aclaraciones culinarias de Marisa y coincidió en que sería complicado cocinar ese plato. Marisa le ofreció una cerveza y estuvieron charlando animadamente durante un buen rato. Joaquín, gran conversador, definió su situación como de pasivo consorte. Empleado de banca había sido prejubilado a los 54 años y había quedado en una situación extraña. Su mujer, algo más joven que él, tenía por delante muchos años en su trabajo de enfermera en uno de los grandes hospitales de Madrid. Al no haber tenido hijos, no aclaró la causa, habían entrado en una etapa monótona y tediosa.

    Marisa, contagiada por la locuacidad de Joaquín, estuvo tentada de hacerle alguna confidencia sobre el riesgo que la rutina suponía para una pareja pero prefirió callarse. Ella era más reservada.

    Al despedirse Joaquín se ofreció para lo que pudiera necesitar. Él presumía de «manitas» y se entretenía en hacer chapucillas en su casa.

    A partir de entonces, cuando se veían a través del patio, o en las ocasiones en que coincidían en las salidas, fueron incrementando la fluidez de sus conversaciones. Eso sí, Marisa percibió que en presencia de su mujer, Joaquín era menos parlanchín.

    En otra ocasión fue Marisa la que le pidió a Joaquín ayuda. Uno de los automáticos de la caja de conexiones eléctricas parecía averiado y no tenía fluido en parte de la casa. Llamó a su puerta y le preguntó si podía echar un vistazo antes de llamar a un electricista. Joaquín cogió una caja de herramientas e hizo una rápida comprobación. Confirmó que aquel disyuntor estaba averiado y sin dudar un segundo dijo que iba a comprar el repuesto. Marisa se sintió violenta por haberle comprometido y le quiso disuadir pero Joaquín, sin dejarla terminar, ya estaba llamando al ascensor.

    Visto y no visto, en diez minutos estaba de vuelta y en otros diez el automático sustituido y la corriente repuesta.

    Marisa quedó encantada. Pensó que cuando él presumía de manitas no exageraba. Incluso le tuvo que insistir para abonarle el importe del repuesto que había comprado.

    Le ofreció una cerveza y preparó unos pinchos con un par de latas de piquillo y atún.

    Estuvieron charlando y se interesó por saber donde había aprendido electricidad. Joaquín le contó que él hasta los 17 años había vivido con sus padres en un pueblo de la provincia de Soria. Su padre había sido maestro nacional y tenía derecho a vivienda. Con mucha sorna aclaró que el derecho lo tuvo pero que aquello no era una vivienda sino poco más que una chabola. Pensar que el Estado iba a costear las reparaciones era creer en el hada madrina por lo que su padre, al terminar sus clases, se dedicaba, lentamente, en ir adecentando y arreglando aquel desastre. Joaquín, que en un principio, tenía ocho años, se limitaba a mirar como trabajaba su padre y, como mucho, le acercaba alguna herramienta. Día a día se iba fijando en como su padre iba convirtiendo aquella mala cuadra en una vivienda modesta pero digna. En un determinado momento le pidió a su padre que le permitiese ayudarle en tareas sencillas, lo que causó gran satisfacción a aquel. Y entonces, con gran sorpresa, descubrió la destreza del niño, que tenía solo nueve años. Se reveló como un hábil albañil, fontanero y electricista. Lo único que se le atragantaba era la carpintería, por lo que el padre se quedó con el arreglo de puertas y ventanas y Joaquín de todo lo demás. En esas condiciones la rehabilitación se aceleró y terminaron mucho antes de lo que su padre había previsto.

    Por eso, para Joaquín, tener la oportunidad de hacer bricolaje suponía una vuelta a su niñez que le resultaba más gratificante que cualquier deporte o actividad lúdica.

    Marisa se percató de la satisfacción que irradiaba Joaquín, no sólo realizando la tarea sino recordando y haciéndole participe de sus vivencias de infancia.

    Cuando llevaban un buen rato de charla le preguntó si no le estaría esperando su mujer. Joaquín dijo que ese día tenía guardia en el hospital y que no volvería hasta la mañana siguiente. Marisa entonces le propuso cenar juntos, a lo que Joaquín accedió sin hacerse rogar. En su honor Marisa sustituyó su habitual tortilla francesa y su yogur por una cena especial. Descongeló en el microondas dos raciones de rape y preparó una escalivada de primero. Del frigorífico sacó una botella de excelente Albariño, y sin más ceremonias se sentaron a cenar en la mesa de la cocina.

    La conversación tomó un tono intimista cuando Joaquín le preguntó como llevaba su vida de separada. Marisa le confesó la verdad. Para ella había supuesto una liberación ya que la situación se había vuelto insostenible. Joaquín insistió en si no echaba de menos la compañía de un hombre, pero Marisa reiteró que sola vivía más cómoda y más tranquila. Él pensó en la falta de relaciones que ello suponía pero no se atrevió a profundizar en temas íntimos. No obstante, Marisa, captó su intención y espontáneamente le confesó que por supuesto se echaba de menos el sexo, pero que esa era una carencia que venía de muy atrás ya que hacía tiempo que no lo practicaban.

    Joaquín quedó meditando el comentario en silencio y, tras una pausa, decidió compartir el tono confidencial. Reconoció que su experiencia era muy similar. Marisa se sorprendió. Tenía la impresión de que su mujer y él parecían ser una pareja muy unida. Joaquín confesó que así era pero no en el aspecto sexual. Su mujer había sufrido una intervención quirúrgica que la había incapacitado para tener relaciones sexuales. Como consecuencia su carácter se había agriado y había perdido la espontaneidad que la había caracterizado en su juventud.

    Cuando terminaron la cena pasaron al salón y Marisa descorchó una botella de cava. La charla siguió en el mismo tono intimista y ambos descubrieron que sus situaciones emocionales tenían factores comunes.

    Los dos sintieron en su fuero interno una atracción mutua pero el pudor les impedía manifestarlo expresamente. Marisa decidió tomar la iniciativa y le preguntó si le gustaba bailar. Joaquín confesó que era negado para el baile. Su torpeza era total. Ella le animó a probar, abrió el portátil y buscó música melódica. Tras los primeros pasos comprobó que Joaquín no había exagerado nada. Aparte de no coger el ritmo la pisó un par de veces. Pese a ello Marisa no cedió en su intento. Le fue llevando lentamente y poco a poco consiguió que, al menos, no se moviera de forma sincopada. Se estrechó en sus brazos y se encontró cómoda y relajada. Joaquín también encontró la actitud muy placentera, sentía la atracción de una mujer muy sensual y, sunque trató de evitarlo, no pudo contener una fuerte erección.

    Trató de distanciarse de Marisa, pero esta, se encontraba tan plácidamente abrazada a él que reaccionó instintivamente en sentido contrario. Se pegó literalmente a su cuerpo. En ese momento advirtió la dureza de Joaquín en su pubis y separándose prudentemente le pidió perdón por haberle provocado. Joaquín se encontró violento. No sabía si ella se sentía ofendida y, aunque no era precisamente tímido, no supo como enfocar aquella inconveniencia.

    Decidió irse cuanto antes y buscó una excusa `poco verosímil. Marisa se dio cuenta de que estaba desorientado y sin soltarle de sus brazos le pidió que se dejara llevar y estrechándose de nuevo se pegó totalmente contra erección que en aquel instante era desmesurada. Al tiempo le besó en los labios y provocó que él rompiera su timidez respondiendo con un beso apasionado que le hizo unir sus bocas abiertas y juntar sus lenguas. Él, superado el momento de vacilación, acarició lujuriosamente las nalgas de Marisa que contagiada por la pasión de Joaquín se excitó totalmente y sintió estremecimientos en su vulva que notaba humedecida.

    Siguieron durante unos minutos en aquel estrecho abrazo y ella, sin hacer ningún comentario, arrastró literalmente a Joaquín hacia su dormitorio. Allí, sin decir ni una sola palabra, desabrochó su pantalón. Le bajó la ropa y le desnudó completamente. Al tiempo, con pocos y rápidos movimientos se desnudó a sí misma y tumbándose en la cama atrajo a Joaquín hacia ella. Quedaron enlazados en un abrazo.

    Marisa estaba impresionada por el tamaño que había alcanzado el pene de Joaquín. Ella sólo había sido penetrada por su marido por lo que por un momento temió que aquella mole no cupiese en su vulva y su vagina. Rápidamente se levantó y en el cuarto de baño se aplicó una buena dosis de crema hidratante, lamentando no disponer de un gel adecuado. De nuevo en la cama atrajo hacia sí a Joaquín que, conmocionado por la sorpresa, no deba crédito a la situación planteada. Marisa le pidió que la penetrase lentamente y parase si le avisaba. Poco a poco aquel miembro gigantesco fue absorbido por la vagina de ella en un chapoteo apenas perceptible pero que les produjo a ambos una sensación de plenitud y satisfacción desconocida hasta entonces. Poco a poco se incrementó el ritmo de la penetración, al tiempo que él mordisqueaba los pezones de Marisa que estaban erizados por el deseo.

    A Marisa le sobrevino un orgasmo brutal, sintió que su vagina se estremecía como jamás lo había sentido con su exmarido, pensó que el grosor y la longitud de aquel miembro creaba una tensión enorme interior. Joaquín aún no había llegado al clímax y siguió sus movimientos, lentos y profundos. Ella esperó a que él llegase a su orgasmo disfrutando al sentir la plenitud de la penetración. Con aquellos movimientos sintió una nueva excitación que fue aumentando de intensidad hasta el punto que experimentó otro orgasmo tanto o más intenso que el anterior. Al mismo tiempo Joaquín se estremeció y explosionó con una copiosa emisión de semen.

    Ambos se quedaron abrazados y relajados. Cuando al rato, Joaquín insinuó que iba a volver a su casa, Marisa le sujetó y le pidió que se quedara a dormir con ella.

    A partir de aquella tarde repitieron los encuentros con relativa frecuencia aprovechando las ausencias laborales de la esposa de Joaquín.

    De común acuerdo mantuvieron durante muchos años aquella secreta relación de especial amistad tan cercana al amor.

  • Me lo meten en la entrevista de trabajo

    Me lo meten en la entrevista de trabajo

    Estaba una vez con un grupo de amigas tomando un café, mientras una nos contaba que llevaba tiempo sin encontrar trabajo y en la última entrevista que fue, el jefe era un viejo verde que todo el tiempo estaba mirándole las piernas, el escote y de vez en cuando, le tiraba una frase en doble sentido, incluso, al terminar la entrevista, el viejo la fue a dejar a la puerta de su oficina para despedirse y puso su mano más abajo de su cintura, llegando al inicio de sus nalgas.

    Se puso roja de vergüenza y salió de ahí hecha furia, pero sin saber por qué no había sido capaz de enfrentar al viejo y eso la tenía un poco descolocada. Nosotras la animamos haciéndole ver que a veces una se bloquea con éstas situaciones y que ella no era culpable de nada, que lo mejor era olvidarse de aquello y seguir en la búsqueda de empleo en otras empresas.

    Sin embargo, no pude evitar imaginarme yo en la situación de ella, siendo deseada por un vejete bien caliente… Mmm de solo pensarlo me humedecí, pero tuve que dejar la imaginación para otro momento, para seguir con las conversaciones entre mis amigas y yo.

    La junta siguió de lo más alegre, contando y escuchando anécdotas que nos habían pasado desde todo el tiempo en que no nos habíamos visto ni hablado y yo, cada tanto, volvía a imaginarme esa escena del viejo, pero con su mano en mi culo y eso me gustaba. Volví a mi casa y aquella imagen no desapareció, es más, cada día se le agregaban más detalles hasta que por fin, se me ocurrió hacer algo.

    Llamé a aquella empresa y pregunté si había algunas vacantes disponibles (a pesar de que yo sí tenía trabajo), me dijeron que sí, que necesitaban una secretaria de gerencia responsable, porque habían ido varias chicas, pero ninguna se quedaba en el puesto, pedí si podía agendar una entrevista y me citaron para el lunes siguiente a las 9 am.

    Mi corazón latía a mil cuando corté el teléfono, así que me puse a hacer un curriculum falso (yo no soy secretaria jijiji) y preparé una ropita muy sexy, una falda muy cortita que lucieran mis piernas y el borde de mi culito, una blusa con bastante escote si le suelto algunos botones y lo mejor fue la ropa interior, elegí un sostén de copa abierta (es decir, que tiene solo la copa pero quedan los pechos al aire), portaligas y un calzoncito de encajes muy chiquito que apenas me tapa la conchita y todo lo demás es solamente un hilo finísimo. Todo en blanco, por supuesto.

    Pedí la mañana de ese lunes, libre a mi jefe para ir a hacer unos trámites y el aceptó, así que, el plan funcionaba a la perfección.

    Y llegó el día, me preparé con mi ropa normal para mi oficina y llevé un bolso donde iba el atuendo que usaría para la entrevista, para que mi novio no sospechara nada. Me despedí de él y fui en rumbo de aquella empresa, era un sector industrial donde no había mucho flujo de personas así que estacioné mi vehículo a unas 2 cuadras de la empresa, me pasé a los asientos traseros y comencé a cambiarme de ropa.

    El solo hecho de saber lo que estaba a punto de hacer, me calentaba enormemente y me motivaba a ser más atrevida aún, así que, una vez lista, bajé del auto con esa mini cortita, me puse gafas oscuras y comencé a caminar lentamente, cada camión que pasaba, era un silbido agudo de su conductor al verme y varias veces me gritaron algo que no pude escuchar bien, pero ya imaginarán que cosas podrían ser jijiji.

    Llegué a la empresa y avisé que venía a la entrevista, salió un guardia que abrió los ojos como huevos fritos cuando me vio, me dijo que avisaría y que lo esperara ahí. Al rato salió y me dijo que pasara, caminé firme sabiendo que por detrás me estaba mirando el culo, todo eso ya me tenía muy caliente y le di los buenos días al jefe que veía algo en la pantalla de su computadora.

    –Buenos días –dije yo.

    –Buenos días señorita, tome asiento, la atiendo enseguida –Respondió sin voltear.

    Eso me dio tiempo para sentarme y buscar una pose sugerente, así que abrí mi blusa y crucé mis piernas, sabiendo que a él le gustaba eso, aproveché también para mirarlo y no era un tipo tan viejo, debe haber tenido unos 55 años como mucho, de pronto se da vuelta y casi se le cae la boca cuando me ve.

    –Perdón señorita, pero tenía que enviar esos mail de forma urgente, dígame ¿viene por el cargo de secretaria?

    –Sí, si, aquí tiene mi curriculum –Al abrir mi carpeta, separé las piernas, sabiendo que quedaría a la vista todo el triangulito blanco de los encajes de mi calzón y que él no perdería la oportunidad para verlo– Espere, que por aquí lo dejé –demorándome en encontrarlo para darle más tiempo para su visión– Tome aquí está.

    El hombre estaba como shockeado, no atinó a recibir mi curriculum y tuve que insistirle que lo tomara, para eso, me incliné hacia adelante dejando que se vieran mis tetitas y sus ojos se fueron directo a mis pezones.

    Hizo como que lo leía y me miraba de reojo, yo mientras tanto, miraba la oficina poniendo cara de tonta y que no me daba cuenta de que tenía mis piernas abiertas y que se veía todo desde la posición en que estaba él.

    –Aquí en su curriculum no dice que tiene experiencia como secretaria de gerencia.

    –No, no tengo, pero aprendo bien rápido.

    –¿Segura? Aquí es mucho el trabajo

    –Sí señor, yo hago lo que sea.

    –¿Lo que sea?

    –Sí, lo que usted me diga, muéstreme que hay que hacer.

    –A ver venga, acompáñeme –Por primera vez sentí que él había recuperado el control de la situación y a mí no me quedaba más que entrar de lleno al papel de la secretaria tontita que no se da cuenta de nada.

    Nos paramos y fuimos a un sector de su oficina donde había una fotocopiadora, me preguntó si sabía usarla, le dije que no pero aprendía si él me enseñaba.

    –Ok –me dijo– párese acá.

     Me puse frente a la máquina y él se puso detrás mío, pero no muy cerca y me iba explicando cómo se usa, después la hice funcionar y le dije:

    –¿Ve que aprendo rápido?

    –Muy bien, ahora venga por acá –llevándome a otra zona de su oficina (era muy grande) donde había muchos archivadores.– Aquí hay que ir ordenando todos estos papeles por año y archivarlos donde correspondan, todas esas cajas de ahí también.

    –¿Todas estas? –le pregunté agachándome y que pudiera ver mi culito– Uuuy, tantos papeles –siguiendo agachada. De pronto me enderecé y lo miré, tenía su pico parado, se le notaba, me hice la inocente y le pregunté– «¿y qué más?».

    Me dijo, «volvamos a la entrevista, tome asiento, ¿quiere un café? Esta vez se lo preparo yo pero las otras tendrá que servírmelo usted si es que queda en el puesto».

    —Ayyy gracias, si yo quiero quedar en el puesto.

    Mientras me preparaba el café, volví a mirar su entrepierna y aún lo tenía duro, yo ya estaba re caliente, pero tenía que mantener mi actuación de niña inocente para disfrutarlo más.

    –Aquí tiene su café.

    –Muchas gracias (En ese momento se me ocurrió derramar el café en mi ropa y lo hice)– Ayy me quemé, estaba muy caliente –parándome de prisa y levantándome la falda para «limpiarme» el café, lo miré y estaba con la boca abierta, le pedí el baño y me dijo «sí, pase».

    Ya dentro del baño, pude verme, estaba muy sexy de verdad, mi atuendo había sido escogido muy bien, pero ahora debía de dar un paso más y decidí quitarme el calzoncito y guardarlo en mi cartera, limpié mi blusa y mi falda y volví a salir y a sentarme frente a él.

    –Perdone señor, es que me quemé cuando tomé la taza, por eso me manché.

    –No te preocupes, ha de ser culpa mía por hacerlo muy caliente ¿Quieres otro?

    –No gracias, mire como quedó mi ropita de manchada, mi calzoncito quedó peor, hasta tuve que guardarlo en mi cartera.

    Abrió los ojos como platos y me dijo:

    –¿Qué? ¿Te has sacado tus calzones y ahora estás sin nada?

    –Sí señor, es que no traje otros

    –Pero niña, con esa faldita se te va a ver todo

    –¿Qué tiene de malo mi faldita?

    –No, de malo no tiene nada, pero es muy cortita y podría verse toda tu cosita.

    –¿Usted cree que es muy cortita? ¿Si quiere puedo venir a trabajar con otra más larga?

    –No, a mi me encanta que sea cortita. Pero si andas por la calle sin calzones y con esa faldita, todos te verán completita.

    –A ver, dígame si se me ve algo.

    Me puse de pie muy rápido y comencé a caminar por la oficina, de un lado a otro, él me miraba con un deseo gigantesco, me imaginaba que tendría todo el pico parado en ese momento, pero yo no podía verlo detrás de su escritorio.

    –No, la verdad no se alcanza a ver nada, pero si te agachas probablemente sí.

    –¿Usted cree? A ver dígame si se ve o no –Me di vuelta y me agaché sin doblar las rodillas– ¿Se me ve algo o no?

    –Es que estoy muy lejos, de aquí no veo nada, deja acercarme

    Me quedé en esa posición, lo sentí acercarse hasta que llegó justo detrás mío y dijo «Sí, se ve y qué rico lo que se ve» , y metió su mano en mi culo.

    –Ayyy señor, qué me está haciendo, mmmm, que rico.

    Me acariciaba las nalgas y yo en la misma posición disfrutaba sus manos tocándome, él agachado detrás mío abre mis cachetes y mete su lengua en mi vagina que ya estaba toda mojada.

    –Uuuy que rico señor, se siente rica su lengüita ahí, ahh, ahh, ahh.

    De repente, se para, me pega unas nalgadas que disfruté muchísimo, se baja los pantalones y me mete el pico hasta el fondo.

    –Ayyy señor, ¿esto también es parte del trabajo? ¿Haremos esto todos los días? Si es así, acepto, culéeme todos los días con ese tremendo pico que me encanta.

    –Sí, me la voy a culear como la putita que es, todas las mañanas, para disfrutar de este culito rico.

    –Sí, sí, sí, así sigaaa, siggaa, metamelo fuerte, hasta el fondo aaah, ah, ahhh, qué pichula tan deliciosa, dame más, dame, dame ah, ah ah.

    No pasó mucho tiempo para que yo llegara al orgasmo mientras él seguía taladrándome, yo seguía disfrutando que me tuviera ensartada ahí en esa oficina hasta que sentí que su pichula se hinchaba y empezaba a disparar chorros de su semen adentro de mí y eso me hizo acabar nuevamente. (mmm qué rico).

    La verdad es que aquello no duró mucho, luego él fue al baño y yo aproveché para salir de ahí son que se diera cuenta, me subí rápidamente a mi auto, me cambié de ropa y me fui de ahí, sin saber nunca, nada más de él.

    Lo divertido y malévolo de mi parte (jijijiji) es que el nombre y el teléfono del curriculum que puse, eran los de una tipa de mi empresa que me caía muy mal, así que cuando la llamaban insistentemente para citarla de aquella empresa, ella no entendía porqué.

    Mientras más comenten mis relatos, más me motivan a que les siga contando más de mis aventuras, besitos, ale.