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  • Sueños en el espejo

    Sueños en el espejo

    Llegas a casa después de una larga jornada. Mil retos diferentes te han puesto a prueba cada una de las horas que has pasado allí fuera y nuevamente los has superado poniendo la mejor de tus caras aun y cuando te sientes agotada.

    Casi sin darte cuenta, como una autómata, dejas el bolso sobre la cama y bajas la cremallera del vestido dejándolo caer al suelo. Los pies se levantan alternamente arrastrando tus sandalias de tacón y dejas atrás la veraniega prenda. Manos atrás para buscar el broche del sujetador mientras te diriges a la cómoda en busca de un pijama que llevarte a la ducha cuando te cruzas con tu propia mirada en el espejo.

    -Solo te dejaría esos zapatos puestos.

    Sus palabras resuenan en tu cabeza y te detienes ante el espejo.

    Contemplas tu cuerpo semidesnudo en el espejo recordando las muchas veces que te ha piropeado en la oficina, retiras el sujetador dejando tus pechos al descubierto y te examinas con ojo crítico poniendo defectos a tu cuerpo mientras recuerdas todas y cada una de sus frases.

    -¡Eres una preciosidad!

    -¿Será realmente sincero? ¿En verdad me cree atractiva? Te preguntas sorprendida al notar como se endurecen tus pezones.

    -Solo te dejaría puestos los zapatos.

    La frase taladra tu mente y sientes como te vuelve a invadir una extraña sensación mezcla de calor, inquietud y algo de vergüenza. Dejas caer el sujetador al suelo y llevándote las manos a las caderas, introduces los pulgares bajo la goma de las braguitas, las deslizas hacia abajo sin dejar de mirarte en el espejo. Tu pubis aparece reflejado y sientes la caricia del aire en tu cuerpo desnudo, la piel se eriza mientras moviendo las rodillas dejas que las braguitas caigan al suelo.

    Liberas el pie izquierdo y luego con un movimiento del derecho arrojas lejos la prenda. Te observas frente al espejo tan solo con los zapatos puestos, tal como él quisiera tenerte. Te sientes sexi y hermosa mientras notas el calor que te invade y tu corazón palpita al imaginar lo que él diría al verte así.

    Casi puedes verle también a él reflejado en el espejo, lo imaginas detrás de ti, apartándote el cabello un lado y besándote el hombro mientras inclinas la cabeza a un lado ofreciéndole el cuello. Pronto sus labios lo recorren con suaves caricias, besos y pequeños mordiscos que te hacen estremecer mientras sus manos avanzan por tus caderas rodeándote con los brazos y atrayéndote hacía él

    Sientes su excitación y la haces propia al desear que las imaginarias manos suban hasta tus pechos para apretarlos, acariciarlos y que sus dedos sientan los sensibles pezones reaccionando a las caricias. Late el pecho desbocado y la respiración se agita al desear que no se viertan más caricias sobre el papel y que por una vez sea tu piel el papiro que las reciba.

    Pero el ruido y la discusión llegan a tus oídos, los niños te reclaman y pronto será la hora de la cena. La realidad te expulsa de tu sueño y te despides de él hasta mañana, horario de oficina.

  • Con mi profesora de natación

    Con mi profesora de natación

    Hace unos meses que he empezado a hacer natación, estar en el agua siempre me ha encantado, me brinda una sensación de frescura y felicidad que no la cambiaria por nada en el mundo, pero estoy totalmente cautivada con mi profesora de natación.

    Es una mujer de 30 años, de piel morena, cabello negro hasta la cintura, ojos verdes y cuerpo totalmente delicioso, siempre anda con esos corpiños ajustados que se le escapan un poco las tetas pero a mi me encanta vérselas lo máximo posible.

    Cuando llego está nadando y parece una verdadera sirena.

    -Hola profe Sami- la saludo ya que su nombre es Samira.

    -Hola cariño- se acerca nadando y me da un beso en la mejilla.

    Yo le sonrío y me pongo el traje de baño.

    Ingreso a la piscina y me voy hacia donde esta ella.

    -Hoy te voy a enseñar una técnica para que tus piernas tengan más fuerza cuando nades- me explica mientras baja su mano y me acaricia los muslos.

    -Bueno

    Se pone a mi lado y me sigue explicando.

    -Debes tener las piernas relajadas pero no las tienes que dejar de mover nunca y si quieres nadar más rápido debes acelerar los movimientos pero nunca tensionarlas del todo- ella se aleja para nadar un poquito y hacerme una demostración de lo que acaba de decir.

    Hago lo mismo que Samira durante unos minutos y luego nado de vuelta hacia donde está mi profesora.

    -Lo hiciste muy bien, mi cielo, pronto serás una nadadora profesional

    -¿Como tu?

    -Vas a ser mejor que yo

    -Ya que tengo tan buen desempeño, creo que merezco un buen premio

    -Tu lo mereces todo- me dice suavemente en el oído mientras me toma de la cintura para acercarme mucho a ella.

    Yo le apoye mi cabeza en sus abultados pechos y susurre:

    -¿No crees que merezco un premio mejor?

    Me separe de su abrazo para tomarle su bonito rostro entre mis manos y besarla.

    La bese muy suavemente haciendo que ella abriera su boca y me dejara introducir mi lengua.

    Me tome el tiempo para saborear sus bonitos labios antes de que nuestras lenguas se encontraran.

    Ella al principio me beso con duda y sorpresa pero luego me ha seguido el ritmo y nuestro beso se convirtió en lo más ardiente.

    -Ha sido el mejor beso que me han dado- me dijo Samira y le gusto tanto que me volvió a besar

    Después de darnos tantos besos estando en la piscina, salimos del agua completamente empapadas y ya algo excitada.

    La mire y la visión de su traje de baño mojado y pegado a su bonito cuerpo me pareció lo más sexy.

    Me acosté en el suelo y ella hizo lo mismo pero arriba mío.

    Su sostén con sus pechos escapándose quedaron justo en mi boca.

    Primero le pase mi lengua por toda la tela del sostén que contenía sus senos, hasta bebi agua de ahí, con el movimiento de mi boca sus pezones se escaparon por los bordes y también los chupe mientras rozaba cada pezón con la punta de mis dientes.

    Samira se quitó el sostén por completo y mi nariz quedo en el medio de sus tetas morenas mientras ella me masturbaba por encima de la tela de mi tanga.

    Luego mi boca paso a devorar sus tetas, a llenarme de ellas y a tomar todas las gotitas de agua que aún quedaban en su bella piel.

    Ella me quito mi sostén con un movimiento de sus manos y empezó a masajearme los pechos con movimientos circulares, yo la imite e hice lo mismo con sus senos, cuando aumentamos la velocidad de la masturbación nos acercamos un poco y nos fundimos en un gran beso con nuestros gemidos ahogados.

    Después nos quitamos nuestras tangas al mismo tiempo y mi vista fue directa a su vagina, porque era la más bonita y rica que hubiera visto.

    La hice darse vuelta por que quería masturbarle el trasero y Samira se puso en cuatro.

    Le abrí las nalgas con ambas de mis manos para escupirle en el agujero de su culo y luego enterré mi lengua en esa zona, lo hice bien profundo para que sintiera la rica chupada que le estaba brindando.

    Seguí chupándole el culo metiendo y sacando mi lengua, escupiéndole abundante saliva en su agujero mientras con mis manos le tocaba las nalgas y ella se masturbaba frenéticamente ya que estaba loca de deseo.

    Cuando termine de masturbarle el culo le di un beso para que sintiera su propio sabor y ella me dio de chupar sus tres dedos que habían estado dentro de su concha.

    Llego el momento de frotar nuestros coños y Samira se situó arriba mío otra vez, pero en esta ocasión su vagina hizo contacto directo con la mía y fue mucho mejor, pues, mi concha se mojó al instante al sentir la de ella.

    La sexy profesora se empezó a mover de arriba a abajo y yo le seguí el ritmo con mis caderas mientras le agarraba sus nalgas que ya habían sido estimuladas por mi.

    Lo que más me encanta de coger con chicas es el momento del frotamiento de las conchas y Samira lo estaba haciendo espectacular, mucho mejor que ninguna y gemía muy cerca de mi cara y luego de unos minutos me le uní yo con un largo gemido producto de que ya me había venido y descubrí que ella también había eyaculado por la humedad de su concha.

    -El mejor sexo de mi vida- murmuro Samira y nos besamos.

    Mi gmail es: [email protected].

  • Hermana follada y amordazada en pandemia

    Hermana follada y amordazada en pandemia

    Estalló la pandemia y quedamos encerrados, encapsulados en un departamento de tres ambientes, Laura y yo, dos hermanos de 20 años. También estaba Julia, nuestra tía unos pocos años mayor que prácticamente nunca abandonaba su habitación. En realidad, Laura era como una especie de asistente de July, esta sufría de un extraño síndrome que no le permitía abandonar su dormitorio con baño. El asunto había empezado hace unos años, y de a poco, como una “casa tomada” a la inversa, dejó de utilizar el balcón, luego el living- cocina, para al poco tiempo recluirse en su dormitorio de donde rara vez salía. Por lo demás, trabajaba online en el sector finanzas y su economía estaba asegurada. Laura y yo vivimos del interior a estudiar y fue natural terminar alojados en su departamento del piso diez en Puerto Madero.

    Laura es una chica castaña, con ojos marrones claros, labios ovales siempre rojos, lunar en pera y de contextura delgada, llegando al metro setenta. No es llamativa, salvo por su boca mullida; tal vez su nariz sea un poco alargada en el respingue, sin embargo, le da un aire jocoso y afable cuando sonríe. Mi hermana llevaba un año viviendo con July y yo había llegado hace un par de semanas, encomendado por mi madre, en precaución a una seguidilla de fuertes gripes que habían deteriorado la salud de Laura.

    El aislamiento calaba hondo en nuestro ánimo y compartir la casa con una persona encerrada en su cuarto que apenas percibimos, no facilitaba las cosas. Para colmo la fragilidad de Laura había robado de su rostro la mueca cálida y divertida.

    En la fila del supermercado, tuve la idea de permitirnos una celebración como hacía tiempo no teníamos. Sería bueno para el ánimo, entre tanta amargura, pánico y ansiedad.

    -Laura querida, ponete linda que hoy festejamos, vamos a cambiar la pila, dale loca, birra, música baile -vociferé mientras levantaba un pack de cerveza en la mano.

    Laura miró incrédula, ni siquiera se había peinado

    -Dale loca, arriba, haceme el favor sino yo también me caigo…¿querés que ande en joggings barbudo y con olor a huevo todo el día? -me quede quieto mirándola fijamente, esperando una señal, rogando una mueca positiva.

    Laura se quedó quieta, escudriñando, como explorando con la mirada y estirando la tensión

    -Y… daleee. -dejo expandir en su rostro una hermosa sonrisa que hacía ratos no veía.

    -Ponete linda, dale -suplique

    Mande las prepizzas al horno y la cerveza al freezer. Me acerque a la puerta de July y le pregunté si quería unirse y tras unos segundos escuche el clásico chasquido repetitivo que significaba «no».

    Cuando Laura salió de su dormitorio, el cambio en su aspecto me noqueo: yo me había acostumbrado a verla deambular por el departamento en horribles jeans laxos y buzos estirados, convertida en un paciente de clínica. Llevaba una blusa negra como emplumada y unos diminutos shorts de cuerina azul con botas bajas. Su boca estaba rojísima por el pintalabios y olía riquísimo. Pasó a mi lado y mi mirada se fue con su cola satinada.

    Laura subió la música y abrazada al ritmo de la bachata se acercó y me tomo de la mano. Bailamos, mano en cintura, girando, pasando mi cara cerca de la suya, oliendo su aliento, maravillado. Comimos y bebimos, reímos; nos mirábamos a los ojos divertidos, sonrientes, felices como hacía mucho tiempo no lo hacíamos.

    Mi hermana se puso de espalda a lavar los platos.

    -¿Me vas a mirar la cola toda la noche o me vas ayudar? -me dijo jocosa.

    Me tenía en offside, durante toda la «fiesta» en cada oportunidad de distracción, la había mirado disimuladamente o no tanto como ahora me hacía saber.

    Me acerqué con las manos en alto, sonriente. Ella me tomó del cuello de la camisa, acercó su cara y me lamió la mejilla. Paso a un costado y sin poder controlarme la tome de la mano y con el otro brazo acerque su cintura a la mía y la bese… no hubo resistencia, solo un cálido gemido.

    Súbitamente comprendí el horror y di un paso atrás trastabillando. Laura solo se dejó caer sobre el sofá con las piernas y los brazos extendidos, la cabeza de costado. Yo quedé parado en el medio de la habitación, intentando suspirar una disculpa. Laura volvió la mirada hacia mí y explotó en una risa insana. La blusa emplumada voló por el aire, quedando en corpiño, entonces, se incorporó.

    -Que boludo que sos -dijo entrecortada, lagrimeando- Vení acércate -volvió a susurrar.

    Camine unos pasos manteniendo distancia prudencial.

    -En circunstancias excepcionales, medidas excepcionales… te espero en mi habitación si querés… te la puedo mamar, la cola, lo que quieras… pero si no venís ahora nunca más te hablo -dijo con mirada terminante.

    Vi el culito encuerado desaparecer tras la puerta entreabierta. Me quedé tomando aire en el balcón toda la madrugada…

    No fue un mal sueño, habíamos transgredido un límite y solo podía pensar en seguir más allá de allí. Laura salió de su habitación cerca del mediodía. Desalineada, con una mini vaquera se sentó en el inodoro con la puerta abierta. Orino y se limpió, vi todo.

    -Hermana, te pido disculpas -susurre desgraciado.

    Mi hermana cruzó un dedos sobre su boca -shhh. Camino hasta la mesada y sacó un rollo de cinta plateada de un cajón, corto un pedazo y lo pegó en su boca, bien ceñido a los labios carnosos.

    -Supongo que vas a cumplir tu promesa de no hablarme más -mire de reojo

    -mmpff -contestó

    -Es ridículo, ¿te sentís bien?

    -mpph -señal de fastidio

    Laura se sentó junto a mi en el sillón

    -mmpfhh -señalando la boca

    -¿un beso? -pregunte

    -mph -afirmó

    -¿con la cinta? -extrañado

    -mph -afirmativo

    Apoyé los labios sobre su mordaza y no pude evitar llevar mi mano a su entrepierna. Ella gimió entre la aprobación y el deseo. No puedo explicar como, enseguida estaba yo penetrándola con la dulce sensación de sentir el húmedo y estrecho conducto aflojar su resistencia, provocando bocanadas de placer. Con las piernas abiertas sobre el sillón, gimiendo, sus manos en mi espalda subían y bajaban acariciando mi cuello, mi pecho. En los últimos empellones movimos el sillón de lugar. Finalizamos, transpirados, uno arriba del otro, abrazados, su boca amordazada sobre mi pecho.

    -Sacate la mordaza -susurre

    -mpffh -en clara negación.

    Laura recogió sus prendas y desapareció tras la puerta de su habitación. Espero volver a sentir su boca, suspiré.

  • El deseo de la mente

    El deseo de la mente

    Sonó mi teléfono y era un WhatsApp. En un semáforo lo miré y vi su mensaje:

    «Estoy sola en casa, trabajando online, y me estoy acordando de ti». Decía el primero de tus mensajes.

    Se puso el semáforo en verde y continúe mi camino hacia el centro comercial a donde me dirigía. Bajé al parking subterráneo y después de aparcar volví a abrir el teléfono.

    «Estoy en una vídeo y me aburro como una ostra. Me estoy acordando de la última vez que nos vimos y me estoy poniendo cachonda. Puedo decirte que se me han humedecido las bragas», decía el siguiente mensaje.

    Al leerlo sentí como el miembro se me endurecía, también me acordaba de esa última vez, de como estuvimos follando y mi cabeza se llenó de ese sexo salvaje que me provocaba dicha visión.

    «Cómo vas vestida?» Fue lo primero que se me ocurrió escribir.

    «Llevo una camiseta, pues la parte de arriba se me ve en la videoconferencia, pero abajo solo llevo un tanga rojo, que como te he comentado se me ha mojado un poco». Fue su respuesta, y mi polla no tardó en reaccionar poniéndose más dura. Estuve a punto de sacarla del pantalón, pero me contuve, tan solo pasé la mano sobre la abultada tela.

    «Me ha venido a la cabeza cuando te vendé los ojos, tu cuerpo semidesnudo esperando mis manos y mi boca, mientras mi cerebro no paraba pensando en todo lo que te iba a hacer y eso me ha provocado una fuerte excitación».

    Mi polla siguió dura esperando su respuesta.

    «Lo recuerdo, y también me excita pensar en ese momento. Acabo de bajar la mano y estoy tocando con mis dedos la zona húmeda de mis bragas». Su respuesta me excitó más. Pensaba en esa vulva cálida y deliciosa, y podía saborear los jugos que manaba tan solo con mis pensamientos.

    «Tengo la polla que me va a estallar! Estoy por sacármela y hacerme una paja!». Fue mi respuesta instintiva y poco moderada.

    «Me gusta ponerte cachondo, me excita mucho! Y no veas lo guarra que me pone cuando te siento excitado!». Fue tu respuesta inmediata, igual de poco moderada. Mientras pensaba que decirle volvió a llegar otro mensaje suyo.

    «No te gustaría que te hiciera una buena mamada en vez de pajearte?». La cosa se calentaba y mi erección iba en aumento.

    «Me encantaría, pero estoy en el parking y tú en tu casa en una vídeo. Parece bastante improbable que me la puedas chupar».

    Su respuesta apenas tardó en llegar.

    «Puedes venir a mi casa».

    «Pero estás en plena video! Y tu marido?”.

    Ahora su respuesta tardó algo más. Su mente pensaba en cómo afrontar la situación y la respuesta fue larga, pero muy clara y concisa. “Mi marido está trabajando y no va a venir. Podrías arrodillarse bajo mi mesa y ponerme más guarra de lo que estoy comiéndome el coño mientras acaba la reunión con estos pesados. Después te dejaré que me vendes los ojos y que me hagas todo lo que te apetezca.»

    Sabía que su oferta sería difícil de rechazar, pero continuó con más aderezos.

    “He metido dos dedos en las bragas y se han humedecido más!”

    Mi mente se turbo al leer su oferta. Sentado en el coche, con la polla cada vez más dura, intentaba tomar una decisión. Tenía un par de horas para hacer las compras que había previsto, pero mi deseo ya era tan fuerte que no podía rechazar esa deliciosa oferta. «En quince minutos estoy!» .Fue mi respuesta inmediata. Solté el teléfono y arranque el coche. A los quince minutos ya estaba aparcado frente a tu casa. Bajé del coche con la polla todavía dura, y miré el teléfono, había más mensajes. «Te dejo la puerta entreabierta pues tengo que hablar ahora en la vídeo. Estoy deseando que llegues. Cada vez estoy más mojada!».

    Si quedaba algún espacio en mi mente para el deseo, se llenó de inmediato. Mientras me acercaba al portal iba mirando a todas partes por si había alguien, no quería que me vieran con el pantalón abultado. Al llegar vi que alguien salía, y protegiendo mi abultado pantalón me apresure para que no se cerrará la puerta. Monte en el ascensor y apreté el botón con impaciencia, estaba tremendamente excitado, y la sangre circulaba por mis venas a gran velocidad. Metí la mano dentro del pantalón y comencé a sobarme la polla. Sentí las venas que recorrían el tronco totalmente hinchadas, pensé que iban a estallar. En mi mente podía verla con esas pequeñas bragas mojadas y las piernas abiertas bajo la mesa. Era una imagen que se había quedado fijada como un clavo en la pared.

    Salí del ascensor y vi que la puerta, aunque parecía cerrada, estaba mínimamente abierta, casi inapreciable. Empuje con suavidad y se abrió. Pasé como un ladrón sigiloso y la cerré sin hacer ruido, tan solo el pestillo chasqueó turbando el sonido de tu voz lejana que se oía hablando a través de los cascos y el micro que llevaba puestos. Me asomé al llegar a la esquina del pasillo y la vi de espaldas, sentada en una banqueta por la que sobresalía su hermoso culo apoyado sobre ella. La sensación visual fue deliciosa. Me agaché para que no se me viera a través de la cámara del portátil sobre el que estaba trabajando, y me deslicé como un gato pegado a la terraza donde no se me podía ver a través de la cámara. Sonrió intentando disimular mientras hablaba por el micro, y abrió un par de veces sus piernas para provocarme más. De inmediato me quite la ropa quedándome tan solo con los bóxer, y pudo ver de reojo lo abultados que estaban.

    Tiré de ellos y la polla saltó como impulsada por un resorte. Al verla no pudo evitar pasar la lengua por tus labios. Noté que sus palabras se entorpecían y eso me provocó cierto morbo. Me deslicé hasta el suelo metiéndome bajo la mesa sobre la que estaba el portátil, sus piernas se abrieron de inmediato y pude ver el pequeño tanga que apenas cubría los abultados labios de su vulva. Acerque mi cabeza, y mi boca y mi nariz se pegaron a esa pequeña tela húmeda y caliente para percibir, primero un olor que estímulo mi apetito sexual, después, cuando mi lengua paso por las húmedas bragas, el sabor llenó mis sentidos. Oí como sus palabras se entrecortaban y le debieron preguntar si le pasaba algo porque solo pude oír su respuesta, -No, no, estoy bien… bueno… tengo la boca… Sus palabras se iban enlenteciendo, como un tren al llegar a la estación, y las pausas entre una y otra se hacían más largas cuando comenzó a sentir mi lengua metiéndose entre la marcada raja que se formaba en sus bragas.

    – Puedes seguir tu… Juanjo? La oí decir entre algún jadeo disimulado.

    Note como ponía una mano sobre mi cabeza mientras miraba a la pantalla donde aparecían ocho cuadrados rellenos de caras interrogantes. Su cara intentaba disimular las sensaciones que llegaban a tu mente cuando retire la tela de las bragas y mi lengua buscó el endurecido garbancito en lo más alto de su vulva.

    Juanjo decidió terminar la reunión y las caras fueron desapareciendo. Sus ojos se abrían y cerraban y ya no hacía caso a la pantalla del portátil, tan solo sentía mi lengua lamiendo tu coño, como un perro lame en un charco sediento después de una larga carrera. Pensó que ya se habían retirado todos de la vídeo y apagó la pantalla sin molestarte en apagar el ordenador, ya solo disfrutaba de la deliciosa sensación que producían mis lamidas en tu húmedo coño, mientras yo, bajo su mesa, de rodillas como un perro obediente, chupaba y mordía sin parar hasta hacer que los jugos de tu vagina salieran impregnado mi boca de un delicioso sabor. Su cara se iba transformando en un gesto de rotundo placer que Juanjo, que no había desconectado, podía ver a través de la cámara del portátil. Él no sabía que ella había apagado la pantalla y pensaba que quería que lo viera. No decía nada, pues la veía con los cascos quitados, y tan solo miraba algo desconcertado sin saber muy bien lo que estaba pasando.

    -Sigue, sigue!! Llevo largos minutos deseándote! Susurró mientras movía la pelvis para sentir más mi lengua.

    -Desde que escribiste que venías, estoy mojada pensando en esto!

    Juanjo seguía sin saber lo que pasaba, tan solo podía ver la parte del cuerpo que enfocaba la cámara tras la mesa, pero la expresión de placer que veía en su cara le estaba poniendo más caliente que una sartén de aceite hirviendo.

    Mi boca abierta, lamiendo todo tu coño, ya degustaba los jugos que partían del interior de su vagina. Disfruté de ese sabor a la vez que mis oídos se deleitaban con sus jadeos ahogados. Toda mi cara se empapó al cabo de unos segundos y los jadeos llegaron a convertirse en gemidos y gargajeos impregnados de lujuria.

    Retiré mi boca de su coño y gatee bajo la mesa para salir cuando la oí decir con la respiración alterada.

    -Ven, quiero tu polla en mi boca! Te la voy a chupar hasta dejarte seco!!

    Juanjo estaba estupefacto. En ese momento no sabía si se lo decía a el, pero al instante supo que no era así. Vio como mi cuerpo aparecía por un lateral de la pantalla y ella se tiraba de la banqueta para agarrar mi polla con las manos con los dedos curvados como garfios. La lengua salió de tu boca y sentí una lamida deliciosa en mi glande hinchado y brillante. Juanjo ya se dio cuenta que ella no sabía que seguía conectada. Su polla también estaba dura y la pajeaba con una mano mientras miraba con los ojos muy abiertos la escena. Su boca se abrió y mi capullo penetró en ella, sentí una suave succión, y otra y otra…

    -Como me has puesto de cerdo por el WhatsApp! Se me ha puesto dura en el parking y desde entonces no se me ha bajado! -Susurré mientras sentía como mi polla ya entraba y salía de tu boca.

    En ese momento la sacó para decir. -Tenía ganas de chupártela, pero después de la comida de coño que me has hecho… ahora ya no son ganas, ahora es un deseo asquerosamente lascivo!

    Su boca se abrió de nuevo y sentí como se metía mi polla hasta el fondo de la garganta. Cerré los ojos para sentir esa sensación caliente y húmeda de tenerla entera en tu boca. Noté como la chupaba una y otra vez, cómo hacía que mi capullo penetrara en tu estrecha garganta haciendo que disfrutara como un verdadero cerdo rebozándose en el barro.

    Juanjo estaba viendo en primer plano como me la chupaba, como desaparecía entera en su boca, y pensó que nunca la había imaginado así. Siempre hablando de trabajo o de cualquier otra cosa irrelevante, pero el tema sexual había sido tabú, y al ver cómo me la chupaba había despertado sus instintos más animales, ya solo pensaba en proponerle algo la próxima vez que la viera.

    – Si sigues chupándomela así, vas a hacer que te llene la boca de leche!

    Sacó mi polla de tu boca y con sonrisa maléfica susurró.

    -Todavía no, nos quedan muchas cosas por hacer antes de que me impregnes de semen!

    Se levantó de la silla subida en los altos tacones y se abrazó a mi cuello besándome profundamente. Sentí sus labios carnosos, y su lengua paladeando mi boca. Después penetró la mía y lamí todo el interior de la suya que ardía como un volcán. Mis manos tiraron de su camiseta sacándola por la parte de arriba de tu cuerpo. Sus tetas, con los pezones duros y turgentes, fueron un deleite para mi vista, y también para la de Juanjo, que pudo ver todo su cuerpo desnudo tan solo cubierto por las pequeñas bragas rojas. También vio como mis manos la manoseaban, bajando por toda la espalda, palpando cada centímetro de tu fina piel, hasta llegar a tu hermoso culo y apretarlo con deseo, ese deseo que poco a poco se iba apoderando de mí como una droga.

    -Has sido mala? Susurré a tu oído mientras lamía su cuello.

    -Muy mala!! Vomitó con lascivia.

    -Tendré que castigarte!!

    -Estoy deseando sentir esos azotes!

    -Yo estoy deseando calentártelo hasta ponerte muy guarra! Zas! Zas!

    Sintió como mi mano abierta te daba un par de azotes.

    -Ya estoy muy guarra! Pero quiero que me pongas jodidamente guarra! – Fue su expresión descarnada cautivando mis sentidos con la lujuria de tu aliento.

    Cogió mi polla y la puso entre tus piernas. Sentí mi capullo entre los labios que daban paso a tu vagina, y cómo su rico coño la engullía como un depredador hambriento. Movió las caderas he hizo que penetrara a la vez que mordía mi labio inferior.

    -Te gusta verdad, cabron! -Susurró mirándome con ojos brillantes y felinos.

    -Me gusta, zorra! Y te voy a follar por delante y por detrás!

    -Eso espero, que me folles por todos lados! Estoy más salida que una perra en celo y quiero correrme como una cerda!

    Su mano sujetaba el trono venoso de mi polla y su cuerpo se movía sin parar haciendo que entrara y saliera de tu vagina. Mis manos apretaban su culo con más fuerza, y mis dedos se clavaban en él como garfios afilados.

    -Aprieta fuerte, cabron!! Ya sabes que he sido muy mala!!

    Su provocación hizo que lo azotara de nuevo… Zas, Zas!! Después lo abrí, lo cerré y lo volví a apretar. El deseo desbordaba mi cabeza, y en mis ojos ardía la lascivia y el deseo que provocaban más su lujuria. Su mano se clavaba en mi culo para que mi polla penetrara más. Su boca ya no me besaba, solo se habría para jadear, y la mía recorría su cuello estirado y sus pechos turgentes llenándolos de cálida saliva.

    Note como su coño se volvía a llenar de jugos cuando su cabeza se inclinó hacia detrás y su boca comenzó a emitir gritos ahogados de placer.

    -Diosss, como me puedo poner tan zorra follando contigo! Has vuelto a hacer que me corra como una perra!!

    Se echó hacia detrás, y todavía jadeante me dijo.

    -Necesito una ducha!! Estoy ardiendo por fuera y por dentro!!

    Sus piernas chorreaban de tus propios fluidos mientras la veía caminar hacia el baño. Su culo moviéndose subido en los altos tacones me excitó más de lo que ya estaba. Sabía que lo estaba mirando con deseo y antes de entrar en el baño giró la cabeza y se dio un suave azote provocador.

    -Lo quieres, verdad!

    -Ya sabes que me encanta!

    Se inclinó levemente abriendo mínimamente las piernas y susurró con la cabeza girada mirándome.

    -Después te lo dejaré para que me lo abras con tus manos y me lo revientes con tu polla!

    Le gustaba provocarme y sabía que esas palabras me iban a poner como un puto cerdo salido.

    Juanjo miraba a través de su pantalla mientras se masturba como un poseso. No se había corrido pero estaba a punto. Pensó en desconectarse, pero el deseo de seguir mirando era superior a cualquier otra idea. En el fondo le encantaba mirar y ya lo había reconocido alguna vez.

    Salió del baño con el tanga y sin camiseta, se veía tu deliciosa carne húmeda y brillante, y mi apetencia por ella se hacía cada vez más voraz. Las deliciosas tetas avanzaban delante de tu cuerpo, y como armas punzantes sus duros pezones las precedían. Yo la miraba desde el medio del salón con mi polla como un mástil, húmeda todavía de los jugos de tu coño. Mi mano la sujetaba fuerte para que mantuviese la dureza en espera de tu llegada, pero se paró en el marco de la puerta de la habitación.

    -Que te apetece? Me dijo con una mirada maléfica en la que se reflejaba el deseo.

    -Quiero follarte, y ver a la vez como te follo! Dije con deseo impaciente.

    -Y como lo vas a hacer?

    -Conectaré el móvil a la tele y pondré la cámara enfocándonos de lado!

    -Pues dime dónde me coloco!

    -Ponte detrás de la mesa baja mirando a la tele y lo pondré sobre el brazo del sofá, así veremos los dos como te follo!

    -Eso quizás me ponga más guarra!

    -Eso espero! A mi seguro que si!

    Movió un poco la mesa y se inclinó apoyando las manos sobre ella. Al momento ya había conectado el móvil y lo coloqué en la posición adecuada para una buena visualización. Miró a la tele y pudo verse de lado… inclinada… expectante.

    Me acerqué hasta ella, me puse detrás mirando tu hermoso culo, lo acaricie, lo bese y lo sobe con sobradas ganas. Podías ver cómo agarraba mi polla y la metía entre tus piernas a la vez que sentías como mi capullo rozaba los labios de tu coño todavía algo húmedo de la ducha. Lo restregué varias veces hasta hacer que esos ricos labios se abrieran, se calentarán y se impregnaran de deseo. Mi capullo penetró lentamente y pudo ver en la tele la expresión de lujuria que emitían las facciones de mi cara.

    Mi polla penetró hasta el fondo y la mantuve así unos segundos abriendo tu culo con las manos. Fueron unos segundos maravillosos sintiéndola dentro, rodeada y apretada por la fina piel de tu vagina. La saqué y volví a empujar, ahora algo más fuerte. Otra deliciosa sensación me invadió a la vez que oí un suave gemido de placer.

    -Venga, dame más!! -Susurró mirando en la pantalla como me apretaba contra tu culo.

    Mi cara empezó a cambiar cuando comencé a embestir con más fuerza.

    -Así, perra? Te gusta así!! Dije con los dientes apretados mientras empujaba una y otra vez contra tu coño. Ella veía cada embestida, cada empujón, y también podía ver mi cara de salido de la que desprendía un deseo animal. La furia se apoderaba de mi cuerpo a cada penetración y las embestidas se hicieron más brutales.

    -Síii, me gusta, dame más fuerte!! Quiero verte y sentirte muy cerdo!!

    Juanjo estaba viendo lo mismo que nosotros en su pantalla, y se pajeaba con tantas ganas que su polla estalló saltando la leche por sus pantalones.

    – Joder, que manera de follar, diosss!! Fue su expresión cuando acabó se sacarse toda la leche.

    Ella ya no paraba de gemir, de gritar, de sollozar como una verdadera perra caliente y salida.

    -Venga cabron, dame más que me voy a correr como una puta perra!! Quiero toda la leche dentro de mi coño!!

    -Toma zorra!! Tomaaa!! Tomaaa!! Gritaba yo agarrado a tu culo mirando como se movía todo tu cuerpo a cada empujón.

    Note como chapoteaba tu coño cuando en uno de los empujones mi polla estalló dentro de tu mojada vagina. La leche comenzó a manar entre los gritos mezclados que salían de nuestras bocas.

    -Siiii, siiii!! Más fuerte!! No pares!! La quiero todaaa!! Gritaba sintiendo como llenaba su ardiente vagina de leche hirviendo.

    Mis embestidas provocaron que su inundado coño se desbordara, y el líquido blanco mezclado con tus jugos comenzó a resbalar entre tus piernas

    -Diosss, que placer!! Fueron tus palabras después de la última embestida que me dejaba exhausto.

    Mis ojos se cerraron y disfrute de ese momento de tremendo placer.

  • Zapping de sexo en la televisión

    Zapping de sexo en la televisión

    La noche estaba horriblemente hermosa. Viento, lluvia, tormenta. Ideal para coger hasta que salga el sol. Lamentablemente, como la mayoría de las noches, estaba sola. Todo parecía estar destinado a una nueva paja solitaria y triste. Me acomodé en el living, dispuesta a cerrar los ojos y a liberar tensiones, cuando sentí que debajo mío estaba el control remoto. Me dije a mi misma que era una señal, que quizás estaría bueno masturbarme no solo con mi imaginación, así que encendí la tele y desbloquee el paquete premium de canales para adultos, que vaya a saber por qué sigo pagando.

    Una pareja. Juan y Carla, llamémoslos. Cenaban a la luz de las velas. Copas grandes, vajilla impoluta, comida que a kilómetros se notaría que era de utilería. Sonreían y charlaban, aunque sus voces eran tapadas por un pianito con melodía sexi. De repente, Juan se pone de pie, rodea la mesa y se para detrás de Carla, al parecer, con la intención de masajearla. Y comienza con eso, pero de inmediato pasa a los besos en el cuello. Eso, a ella, parece excitarla mucho. El sonido de la música abandona la escena, para dejar oír los gemidos de ella y los suspiros de él. Lentamente, Juan baja los breteles del vestido de ella, liberando dos tetas pequeñas, pero perfectamente redondas y empinadas. Desde atrás, las acaricia, sin dejar de besarle el cuello. Del cuello, pasa a su boca. De las tetas, una de sus manos baja por el vientre de la mujer, para instalarse directamente en su concha. Ya sé lo que sigue. Cambio de canal.

    Tres hombres de piel chocolate brillosa, de pie, con sus pijas enormes, apuntándole directamente a una muchacha rubia, con rostro y apariencia aniñada. Esta, se come con ansiedad la pija del que está en medio, mientras masturba a los que se ubican en los costados. Luego va intercambiando posiciones, chupando un rato cada pija. Instantes después, dos hombres se sientan en un sofá rojo. La chica, siempre de rodillas, se ubica frente a ellos y sigue comiéndoles la pija. Primero a uno, luego al otro, después a los dos juntos. Esto le genera gran trabajo, pero consigue comerse ambas pijas a la vez. El tercer hombre se arrodilla detrás de la chica y le come el culo mientras le mete uno de sus grandes dedos en la concha. Cambio de canal.

    Una rubia y una morocha se besan apasionadamente debajo de la ducha. Sus enormes tetas se rozan mientras con sus manos masajean cada una la concha de la otra. La rubia besa las tetas de la morocha, mientras esta gime de placer. La rubia sigue bajando, hasta llegar a la concha. Le hace levantar una pierna y la chupa con intensidad, mientras de a poco comienza a meter un dedo, luego dos. El plano se abre y un hombre de cuerpo tonificado y pija totalmente erecta ingresa en la ducha. Acaricia a la rubia mientras besa a la morocha. Ambas mujeres se arrodillan y le chupan la pija, aprovechando para besarse entre ellas. Luego de un rato, la rubia arquea su cuerpo apoyándose en la pared y el hombre la penetra por la concha, mientras la otra se arrodilla debajo de la rubia y le chupa la concha, intercambiando también con las bolas de él. Cambio de canal.

    Vuelvo a Juan y Carla. Él está de pie junto a la mesa, totalmente desnudo. Ella, de rodillas, con una pija bastante grande entre sus tetas. Lo pajea mientras lo escupe y le dice frases como “¿te gusta?; Como me calienta tu pija; ¿me vas a dar toda la lechita?” El hombre solamente gime y dice “si, si”. En una escena típica y totalmente innecesaria, luego de ayudarla a ponerse de pie, el hombre tira de un manotazo todo lo que está sobre la mesa. Qué desperdicio. Ella, sin esperar orden alguna, se apoya sobre la mesa, dejando su culo y su concha en primer plano. Él se acerca y le apoya la pija en la concha, mientras le susurra cosas en el oído. Los gemidos de ella comienzan a intensificarse, hasta que se convierten en grito al ser penetrada. La danza de los cuerpos comienza lenta, pero su intensidad va aumentando. Juan la toma por los brazos, atrayéndola hacia él. El primer plano de las tetas y el rostro de la mujer es perfecto. Se muerde los labios, los saborea. De repente, él deja de penetrarla, se arrodilla detrás de ella y comienza a chuparle el culo. Ahora el primer plano es de su cara introduciéndose entre sus nalgas. Los gemidos de la mujer son cada vez más intensos. Cambio de canal.

    Un joven con remera roja y gorra que tiene la palabra “Delivery” se está cogiendo a una rubia madura de cuerpo voluminoso. Ella, apoyada contra la mesada de la cocina, al lado de la heladera. Él, de pie, detrás de ella, con el pantalón en sus tobillos. Ante la corpulencia de la mujer, el hombre parece demasiado pequeño, lo que hace que su gran pija resalte de manera interesante. La mujer gime exageradamente, mientras él le dice que así va a aprender a tener efectivo para darle propina a los repartidores. Cambio de canal.

    Uno de los hombres de piel de chocolate está sentado en el sillón rojo, la chica rubia montada sobre este, mientras otro se ubica detrás de ella. El tercero está de pie sobre el sillón, dándole pija por la boca. La chica intenta cabalgar, pero el tener todos sus orificios llenos de pija, le impide hacer demasiados movimientos. Son ellos los que llevan el ritmo. El que está detrás, dándole por el culo, la tiene agarrada de los brazos, tirándola hacia atrás. El que está sentado y dándole por la concha, le chupa con voracidad las tetas, mientras que el tercero le llena la boca con pijazos intensos. La chica está demasiado excitada, pero no puede gritar. El placer se le escapa en forma de lágrimas a través de sus ojos verdes. Cambio de canal.

    Un hombre muy mayor, vestido de granjero, ingresa a una especie de granero, con un farol en la mano. Mira hacia el interior y sonríe. De inmediato, se muestra el primer plano del rostro de una tierna e inocente oveja. CAMBIO DE CANAL.

    Carla está sentada sobre la mesa, con sus piernas abiertas. Juan le introduce la pija en su concha de un solo golpe. La mujer grita, lo insulta, él sonríe. De repente, el cuerpo de ella se tensa, anunciando el orgasmo. Una vez que estalla, él se arrodilla y le chupa la concha, tomándose los jugos que salen de esta en gran cantidad. Luego de un rato, él se sienta en una silla, y ella lo monta, dándole la espalda. En un primerísimo primer plano, vemos como su pija comienza a meterse lentamente en el culo de la chica. La cámara se queda ahí, viendo como como cada vez la penetra más. Una vez que la pija se pierde completamente, ella comienza a moverse de arriba hacia abajo, intensificando cada vez más los gritos de placer. Él la toma con fuerza de las tetas, abarcándolas en su totalidad. Cambio de canal.

    Dos de los hombres morochos están de pie, con la chica rubia montada sobre uno de ellos. Uno la penetra por la concha y otro por el culo. El tercero está sentado en el sillón, observando mientras se masturba. El contraste de las pieles de chocolate con la chica extremadamente blanca en el centro, es perfecto. Sus pijas negras entrando y saliendo de sus agujeros rosados es algo totalmente excitante. Ella grita de manera histérica, emitiendo sonidos que parecen ser palabras, pero que no se entienden del todo. El hombre que está frente a ella, le pega cachadas con fuerza, mientras le escupe la cara y la boca. Ella lo disfruta y le pide que le pegue más fuerte. Este hombre saca su pija de la concha de la chica y esta deja escapar un gran chorro de squirt, que le empapa la pija y parte del abdomen. El hombre se agacha, el que estaba en el sillón se acerca, y entre ambos le chupan la concha, mientras el otro la sostiene en el aire, sin sacarle la pija del culo. De inmediato, la chica vuelve a soltar otra intensa ráfaga de líquido caliente, que ellos reciben con gusto. Cambio de canal.

    Un hombre está recostado sobre la cama. Una mujer, a su lado, pero en posición opuesta, le pasa los pies por la cara, mientras este los chupa al mismo tiempo que se masturba. La escena dura tres largos minutos, hasta que él acaba potentemente. De inmediato, ella se pone de rodillas y recolecta la leche con su boca. Cambio de canal.

    Una pareja de jóvenes se besa desenfrenadamente dentro de un auto. Después, uno de ellos se agacha y chupa la pija del otro. Luego de un rato, se quita los pantalones y comienza a cabalgar la pija de su compañero. Pasan varios minutos, hasta que, al parecer, uno acaba y le llena en culo de leche. Vuelven a besarse con intensidad. Cambio de canal.

    La chica rubia esta de rodillas, con los tres hombres morenos al frente. Simplemente abre la boca mientras se masturba. Los hombres se masturban con intensidad, pegándole con sus enormes pijas en la cara. Acaba el primero, llenándole la boca de leche. El segundo, dándole de lleno en un ojo. El tercero, descargando con fuerza entre el cuello y las tetas. La mujer hace gran esfuerzo por juntar la mayor cantidad de leche y llevarla a su boca. Los hombres ayudan pasándole las pijas por donde está la leche y arrastrándolas hacia su boca. La chica chupa con intensidad. Una, dos, hasta que logra comerse las tres pijas juntas. Poco después, queda rendida, sosteniéndose de los hombres para no caer, con las tres pijas todavía muy erectas apoyadas en su cara y en sus hombros. La cámara comienza a alejarse, difuminando la imagen hasta hacerla totalmente borrosa. Cambio de canal.

    Una morocha de pelo corto y ojos celestes le chupa la pija a un joven recostado en una camilla de masajes. Luego sube sobre él y se sienta sobre su pija. Lo cabalga por varios minutos hasta que el hombre le llena la concha de leche. Cambio de canal.

    Juan sigue sentado. Carla, de rodillas, masturbándolo con la boca abierta. De repente, una gran descarga de leche golpea con fuerza en el rostro de la mujer. Esta intenta tragar todo, pero algo del líquido cae por sus tetas. Ayudada de sus manos, lleva el líquido hacia su boca, saboreándolo con gran placer. El hombre, totalmente agotado, acaricia con suavidad la cabeza de la chica. Luego de saciar su sed, ella se le sienta en la falda y se besan con ternura e intensidad. La imagen de a poco comienza a fundirse a negro.

    Acabé tres veces durante la maratón. No sé en que momento me quité la ropa, pero puedo asegurar que no muchas veces terminé tan cansada y desbordada de placer. Si en algún momento pensé que no tenía sentido pagar el pack adultos, debo decir que estaba totalmente equivocada. En épocas en las que ya casi nadie mira televisión, me siento agradecida conmigo misma por haber descubierto este nuevo y tan placentero vicio.

    —————-

    Me gustaría saber cuál fue tu parte favorita del relato, o cual te gustaría que, en el futuro, escriba más detalladamente. Contame en los comentarios.

  • Infiel por mi culpa. Puta por obligación (18)

    Infiel por mi culpa. Puta por obligación (18)

    Mientras avanzamos por la mitad de la calle, no tan cercanos como Mariana quisiera, pero si con la desnudez de su hombro rozándome el brazo y escuchándola con atención, intento mantener la cordura aunque me moleste demasiado convertir en imágenes su relato. Debo ser paciente, evitando cuestionarla antes de tiempo.

    Le noto incomoda pero honesta, –elevando a veces el tono de su voz– animada narrando algunos acontecimientos que le deben de parecer importantes y en otros, escucho su voz endeble, desvanecida su mirada, demostrando con el flojo movimiento de sus manos y la contracción inusual en la comisura de sus labios, el temor y su vergüenza tanto por lo ocurrido como por lo que está verbalizando.

    Pero yo continúo con mis dudas, mis recelos, mis miedos…, acentuados ahora con esta nueva información, produciendo descargas eléctricas que parecen intentar desconectar mis neuronas. ¿Por qué tuvo que ser infiel y más con ese güevón? ¡Hasta ahora solo he percibido que ella lo detestaba, como yo!

    Entiendo que se sintió ofendida por los comentarios machistas, burlones e hirientes, y que por ello se le metió en su cabeza la idea de obtener una ejemplarizante venganza, llevándola a cabo al utilizar a su amiga Carmen Helena como carnada para acercarse y saber más de él. Pero si ya se me dificultaba comprenderlo, ahora con esta nueva sáfica declaración, la entiendo menos. ¿A que jugaba? ¿Impresionarlo para su bien? ¿O llamar su atención para mi mal?

    Camilo se ha quedado pensativo e inclina su cabeza hacia abajo y con una expresión mohína, mira hacía el suelo. Me tocará traerlo de regreso, bajándolo de las nubes para poder seguir contándole esta parte de mi historia. ¿Será que lo pellizco? ¡No, mejor no hacerlo! Me respondo mentalmente y tan solo le aprieto un poco del brazo para reclamar su atención.

    —Camilo, cielo… ¿Me escuchaste? —Le pregunto con voz cariñosa.

    — ¡¿Qué?!… Ohh, lo siento. Me quedé embobado recreando en mi mente lo que me has contado y no te presté la debida atención. ¡Discúlpame! Me decías que la habías elegido por su inocencia y… ¿Entonces qué hiciste al final de cuentas? —Por fin me responde y entonces asintiendo, continúo con mi cuento.

    —Pues le contesté… ¡Sí, tu! ¿Quién más? ¡Tranquila que no te morderé! Y la ayudé a ponerse en pie, pues se había puesto pálida por mi inusitada elección y más aún por lo que ello suponía. La llevé tomada de la mano hasta llegar al borde de la piscina, buscando un lugar más íntimo y con menos luz para estar más tranquilas. Además, con la clara idea de apartarnos del campo visual de Eduardo, al quedar nosotras dos en diagonal a su mesa y ocultas de esa manera, nos arrodillamos quedando ella en frente de mí. Sus nerviosos temblores y la angustia que demostraba su rostro, provocaron en mí una mezcla de sentimientos encontrados.

    —Por una parte ternura, al ver en su carita el temor ante la próxima experiencia y por otro lado, un poderío soberano al mirar a través de sus ojos grises, las disimuladas ganas de experimentar, disfrutar y perder conmigo algo de su ingenuidad y extraña inocencia. Sentí la urgente necesidad de lucirme ante el idiota de José Ignacio, así que la miré con deseo y ella lo comprendió.

    —Ladeé mi cabeza, solo un poco, y su mano zurda alcanzó a rozar mi mejilla pero continuó su recorrido para cumplir con su cometido de retirar mis cabellos, pasándomelo por detrás de la oreja, causándome un inusitado escalofrió. Sin dejar de observar cómo se encontraban de carnosos y deseables sus labios, acaricié con suavidad su mejilla derecha, sensualmente arañándola con la punta de mis uñas, provocando que K-Mena se mordiera el labio inferior al sentir como yo, poco a poco acercaba mis dedos a su boca.

    —Dibujé el contorno de su labio superior con la yema de mi pulgar y ella sin dejar de acariciar con ternura mi oreja, entreabrió su boca y aproveché para introducirlo escasamente, –apenas apoyando un tercio sobre sus dientes– hasta sentir la humedad de su lengua. Duró un segundo o dos, y lo retiré. Pero aquella lengua salió de su húmedo escondite buscando con ansías humectarlo más y, sin embargo inconvenientemente para sus intenciones, se encontró con mi dedo índice y la decisión de apoyarlo sobre la abertura de su boca, para acallar los suspiros que ya se le escapaban de su garganta.

    — ¿Nos queda ron todavía? —Le preguntó a Camilo de improviso. Se detiene para destapar la botella y me planto en frente de él para recibírsela. No es que tenga demasiada sed. ¡Es que yo necesito calmar los nervios!

    — ¡Queda muy poco! —Me responde y me la entrega. Pensando en él, un sorbito apenas doy para dejarle algo. ¡Para ahora o para más tarde!, le digo y se la devuelvo. Lo medita pero no bebe, y le enrosca de nuevo la tapa.

    —Me sorprendió con aquel gesto y ella aprovechó para chuparlo adelantando su rostro, –sin dejar de mirarle a los ojos prosigo relatándole.– aprisionándolo dentro de su boca, rodeándolo con su lengua, ensalivándomelo y de pasó, haciéndome sentir cositas raras en el estómago y sí, pequeños picores en mi cuquita. Mientras ella se entretenía succionando mi dedo, rápidamente eché una ojeada hacia nuestra mesa. Diana y Carlos se sonreían expectantes y él, bebiendo un trago de su cerveza nos miraba muy tranquilo, por encima del borde del vaso.

    —Me fijé a la distancia en lo que hacía Eduardo y lo vi, distraído charlando con el administrador y otro señor que no se me hizo conocido. Posiblemente algún otro huésped del hotel. Y me tranquilicé. —Más no así le sucede a mi esposo, pues levanta su mano izquierda para retirarse la gorra. Sistemáticamente se rasca la coronilla y la nuca, para volver a colocársela, esta vez con la visera para el frente.

    Un grupo de chicas y muchachos, –con latas de cerveza en sus manos– pasan corriendo muy cerca de nosotros, tanto que alcanzan a empujarme contra el pecho de Camilo. Sus brazos me reciben, me rodean y como siempre, me protegen. Puedo aspirar el aroma a colonia que expele su cuello, anteponiéndose al olor del tabaco en su boca, y alejo mi rostro para mirarlo, sonriéndole agradecida por su noble gesto. ¿Será que la vida está empeñada en reunirnos de nuevo?

    — ¡Gracias! —Le digo, y luego se me escapa un suspiro y tras de aquella sentida espiración le lanzó sin avergonzarme un ¡Te amo!, respaldándolo con una caricia tenue sobre su mejilla y mi mano con su tibia concavidad, va cambiando paulatinamente de forma; se aplana y resbala sin querer, rozando con mi pulgar la esquina de sus labios, para lanzarse de manera casi suicida desde el acantilado de su mentón hasta detenerse finalmente atravesada la palma entre el inicio de mis puchecas y el dorso con mi alianza matrimonial, rozándole su pecho.

    Camilo inclina la cabeza y me mira. No hay palabras que se integren tan siquiera en una corta frase de respuesta por su parte ante mi amoroso gesto, pero a sus ojitos cafés le regresan los cariñosos resplandores y a sus mejillas algo de color. Tiritan sus labios y los aprieta. Le cuesta expresarse, pues se debate entre el amor que aun siente hacía mí y el odio que desea sentir. Entre el perdón que le indica su corazón que me otorgue, y la sentencia que todavía no se atreve a emitir por su cordura. Lo comprendo y lo asumo, separándome con suavidad de nuestra inusitada cercanía. Camilo necesita su espacio y yo he de dárselo, aunque dentro de mí, se esté librando una encarnizada batalla de sentimientos.

    Y soy yo quien le agarra por el brazo, invitándolo a seguir caminando hacia la cercana plazoleta, con sus esbeltas palmeras erguidas como si fuesen cuatro gigantes que resguardan la cristalina fuente de agua, a estas horas iluminada por los interminables flashes de móviles y cámaras fotográficas de los turistas.

    — ¿Seguimos? —Le pregunto tras dar el primer paso.

    —Me parece bien. Continúa por favor. —Me responde, dejándose llevar por mí hacia adelante, sincronizando su andar con mi segundo paso.

    —Cuando me centré nuevamente en lo que hacíamos, K-Mena ya chupaba con desespero dos de mis dedos. Los retiré con provocadora lentitud de su boca, –causando una imagen sensual para aquellos que nos observaban– y dirigí la mirada hacia José Ignacio, de manera rápida pero sarcástica, para que tuviera muy en claro mis intenciones. ¡Malas para él, pero muy buenas para K-Mena y para mí!

    — ¡¿Y lo hiciste?! —Sin podérselo creer mi marido pregunta entre admirado, apenado y sorprendido.

    —Pues mi cielo, tocaba hacerlo o quedar ante todos como la estúpida mojigata, dándole la razón a José Ignacio. Así que pensé… «A Santa Rosa o al Charco», y me lancé por ellos con mi boca abierta, sedienta de seguir con aquel ejemplarizante beso, acariciando antes su mejilla sin apartar la mirada de sus ojos grises, a la vez que deslizaba mi dedo índice hasta su gordito labio inferior ejerciendo presión sobre él, precipitándoselo hacia abajo. Mis ojos se desviaron hasta su boca al retirarlo y de inmediato posé mi boca sobre la suya. —Le respondo a Camilo y sin darle tiempo a procesarlo, prosigo con la historia.

    —Al principio fue un beso tierno, podría decirse que para las dos fue un estreno lésbico moderado, rayando en la improvisada timidez, pues nuestras lenguas se resguardaron en el interior dejando que solo los labios disfrutaran; yo chupando el superior suyo y ella a su vez, el inferior mío, hasta que emocionada K-Mena con sus dientes me lo mordió con prudencia, estirando y jalando el labio y entonces con despreocupación, busqué nuevamente con mi lengua la humectada calidez de la suya, escondida en el interior de su boca.

    — ¿Y ella no se apartó? ¿Te permitió que la besaras así como así? ¡Un beso entre dos mujeres! ¿Dónde carajos dejó sus estrictos y religiosos conceptos? —Me pregunta Camilo mientras vamos esquivando las mesas de madera con sus parasoles azules y colmadas de enfiestados grupos de personas sentados alrededor, y yo le respondo con naturalidad…

    —Los dejó confinados muy profundo en su alma, por el susto o por la emoción de sentir algo nuevo. ¡Yo que sé! El caso mi vida, es qué recibió el beso con algún sobresalto inicial pero me permitió invadírsela con la punta de mi lengua, y sentí entonces su tibieza, aquella carnosa humedad con sabor a cerveza y con seguridad para K-Mena en la mía, a ron blanco mezclada con un toque de limón. Me separé unos centímetros de su rostro para admirarla. Tenía sus ojos grises cubiertos por el velo de sus parpados. No quería ver pero si sentir y así los mantuvo cerrados, agitada su respiración esperando a que yo continuara. —Pliego mis parpados para concentrarme en recordar. No sé qué puede estar pensando mi marido pero ya empecé mi confesión. ¡Él lo quiso y no puedo ni debo parar!

    —Ella con su boca entreabierta esperaba mi siguiente movida, y yo con mis labios busqué hacer mayor contacto sobre la suave textura de los suyos. Escuchando sus gemidos, percibiendo su aliento y ella el mío, nos fundimos con mayor pasión y dedicación en un beso explorador, más prolongado, con mucha intensidad y más apasionado. Iba a cerrar mis ojos, cuando sentí que sus dedos abandonaban el lóbulo de mi oreja y posaba su mano sobre mi hombro y con la otra, se aferraba ya sin timidez, a mi cintura, acercando nuestros cuerpos más y más, hasta sentir que mis tetas hacían contacto con las suyas y su vientre se aplastaba contra el mío.

    — ¡Tranquila! –le susurré al verla tan emocionada. – Hagámoslo despacio pero sin tocarnos con las manos, tapemos la boca de los que nos están mirando. Ella se acercó a mi oído y me respondió que no podía.

    — ¿Que no puedes?, le pregunté y K-Mena me respondió… ¡Es que no puedo dejar de acariciarte! —Y entonces, mi vida, la dejé que lo hiciera.

    —Nos distanciamos unos centímetros para mirarnos las facciones, y con un delgado puente de saliva, manteniendo la conexión entre su boca y la mía. Excitadas, nos sonreímos y, aunque ya la lección de un beso pasional estaba dada, volvimos a juntar nuestras bocas, saboreándonos los contornos, haciendo ruidos al chuparnos los labios, desprendidas de la inicial vergüenza y, fue entonces cuando su mano, la que tenía en mi hombro, bajó hasta mis pechos, ahuecándola sobre mi endurecido seno por encima de la tela, acariciándolo, presionando con delicadeza y seguramente, sintiendo ella la excitada turgencia de mi pezón. —Sin querer, cierro mis ojos para rememorar el momento, quizá sintiendo un delicado placer al narrárselo y al mismo tiempo sin ser capaz de adivinar qué piensa mí marido de lo que le estoy contando.

    —Me dejé llevar también por lo que sentía y tuve ganas de acariciarla y aunque obviamente no debía, mi cuerpo lo pedía. ¡Pero qué mierdas!, pensé y no me resistí más. La abracé con determinación y descolgando luego una mano le apreté la nalga, no recuerdo si la izquierda o la derecha, pero sí que le pegué su buen estrujón.

    — ¡Y ya! –Abro los ojos, me atrevo y miro a Camilo. – La separé con cariño y pocas ganas la verdad, pero ya estaba hecho. Intenté mantener la compostura y el control de mis sensaciones después de aquel acto, sin embargo era mi primer beso con otra persona distinta a ti y de mí mismo sexo. ¡Una mujer, mi vida! Con ella, mi boca te traicionó por primera vez y fue, –para qué negarlo– diferente, delicioso y excitante para K-Mena y para mí. Lo lamento, en serio.

    — No sé qué más puedo decirte, pues no salgo de mi asombro ya que no pensé que además de lo que ya sabía, tuvieras guardadas más sorpresas para ofrecerme, pero en fin… ¿Y ellos que decían o que hacían? ¿Supongo que el tumbalocas estaría muy animado de verlas a ustedes dos en acción?

    —Por supuesto que estaban asombrados y excitados por igual. Diana con sus manos unidas por las palmas, metidas en el medio de sus piernas manteniéndolas bien apretadas, subiéndolas y bajándolas repetidamente. Carlos boquiabierto y en calzoncillos, no podía ocultar que lo había pasado fenomenal. ¿Me entiendes? Se le notaba que tenía la verga tiesa por debajo de su bóxer.

    —En cuanto a José Ignacio pues… ¡Sorpréndete! Estaba serio y pálido. Me dio la impresión de que no le había gustado y si bien intentó disimularlo posteriormente detrás de una leve sonrisa, lo noté enojado. Sí, lo que has oído, él se veía enfadado.

    —Hummm, cuando nos acercamos nuevamente a la mesa, fuimos recibidas por un admirado ¡Wow, chicas! ¡Eso fue súper-deli y re-intenso! de Diana, el característico silbido lujurioso por parte de Carlos, que sudaba excesivamente, y yo me esperaba el comentario burlón con sabor a frustración por parte de José Ignacio. ¿Pero sabes qué? Enmudeció, no dijo nada.

    —Aquella reacción hizo que yo estallara por dentro de júbilo, me hizo sentir vencedora y empecé a sonreírle con ironía, mientras caminaba por detrás de él y estirando mi brazo, lo tomé descuidado y le quité de su mano la braga del bikini, diciéndole: ¡Creo que esto es mío! ¡Y esto también!, retirando del centro de la mesa mi fucsia sostén. Luego me ubiqué en mi lugar y le di un gran sorbo a mi Daiquirí para menguar lo alterado de mis pulsaciones.

    Camilo prosigue caminando sin fijarse en mí y sin alterarse, lo cual me desconcierta. Esperaba un reclamo airado, alguna sentida objeción a mi comportamiento infantil, traicionero y lésbico, pero no me demuestra nada, salvo su desconcierto.

    — ¡Jueputa Camilo, dime algo por Dios! –mirándolo extrañada, se lo reclamo airada. – ¡Cualquier insulto, alguna reacción a lo que te acabo de contar!

    Por fin se detiene y me mira de soslayo. Me pongo nerviosa conjeturando que me va a responder algo así como que soy peor persona de lo que él pensaba, o que esto que ha escuchado de mí no se lo esperaba, ya que en su semblante puedo observar algo de asombro y frustración, quizá también ahora habité en su corazón mucho de decepción.

    ¡Y Dios me escucha!, pues mi esposo justo terminando la adoquinada calle, en la rotonda frente a la entrada al Fuerte Rif me habla finalmente, –pero en un tono muy calmado– para decirme que lo espere aquí un momento, y caminando con rapidez se adentra por el escarzano arco de piedra, –con sus retorcidas rejas abiertas de par en par– invitándole a perderse de mi vista dentro de su penumbra; perpleja me quedo a solas nuevamente, con los dos pilares maquillados de un amarillo mostaza frente a mí, sosteniendo entre sí, el gran letrero gris con sus letras vino tinto, dándome la bienvenida.

    Abandonada ahora por mi marido, me veo rodeada de amplias sonrisas y cordiales saludos de las personas que pasan por mi costado, mientras que algunas familias que se quedan cerca buscando urgidas una mesa libre para descansar, y otras parejas de enamorados que saciados de besos, caricias y alcohol, abrazados se marchan buscando tal vez mayor privacidad. Y así van transcurriendo los minutos, colocando en pausa no solo los agridulces recuerdos, si no esta conocida sensación de liviandad corporal y aturdimiento mental causado por el delicioso ron.

    Muchos semblantes son de trotamundos que entusiasmados, se cruzan por delante de mí aguzada visión, compartiendo su alegría y algún que otro trago con cualquier desconocido, sin ningún tipo de egoísmo. Y rostros más serios pero respetuosos, demuestran que a pesar del cansancio de trajinar durante el día, están dispuestos como siempre a colaborar con alguna indicación solicitada. La gente local es muy Dushi y amable, a pesar de que a estas nocturnas horas, tan solo deseen llegar cuanto antes a sus casas para descansar.

    Reviso el móvil mientras que regresa Camilo y al no tener mensajes, decido llamar por la aplicación de mensajería a Iryna para saber algo de mi hijo, y aunque la veo en línea, mi «amiguis» rusa no me responde. Espero unos minutos más y la sigo viendo conectada, tal vez ocupada chismoseando como de costumbre con alguna de las otras vecinas.

    De piedra, como los fortificados muros de este fuerte quedo yo, al escuchar con excesiva claridad mi nombre, –lo oigo no demasiado lejos– y darme cuenta que haciéndose un hueco entre dos señoras que vienen carreteando un cochecito para bebes, y un señor de barba rubia, bastante panzón con tres o cuatro bolsas de las compras en sus manos, sale de la oscuridad mi marido presuroso, acercándose mientras sostiene en su mano izquierda una nueva botella de Ron Viejo de Caldas, y en la diestra su teléfono alejado unos treinta centímetros de su faz. ¡Feliz y muy sonriente!

    —Bueno loquito mío, –es la conversación que le escucho a mi esposo y me siento gratamente sorprendida– te voy a pasar a tu mamá y me alegra que te divirtieras con Natasha y con Jorge en el centro comercial. Nos veremos pronto. ¡Ahhh! y te lavas los dientes después de cenar. ¡Te amo! —Con razón. ¡Por eso es que Iryna no me contestaba!

    — ¡Loco túuuu! Chao, papito feíto. ¡Jijiji! —Observo en la pantalla como le responde mi hijo con su lengüita asomándose burlona por su rosada boquita y con sus cachetes inflados, feliz de ver y hablar con su padre. Mi be… ¡Mierda! En serio tendré que morderme la lengua. Cuando ya me ve en la pantalla, mi pequeño príncipe me saluda, cariñoso como siempre.

    — ¡Mamiii, mamitaaa! ¡Mira lo que me compraron en el centro comercial! —Y mi pequeño me muestra un camión amarillo de construcción muy grande. Tan inmenso es, que creo que Mateo va a poder sentarse encima de él y no lo aplastará.

    — ¡Qué lindo, hijo! ¿Diste las gracias a Naty y a Jorge? —Le pregunto y tan solo mueve su cabecita hacia arriba y hacia abajo, confirmándome eso sí, con carita de apenado.

    — ¡Llego la pizza! —Escucho la voz de Naty gritar al fondo, por supuesto sin que la pueda ver en la imagen y mi travieso Mateo de inmediato salta de la dicha, dándome la espalda y echa a correr hacia la puerta.

    — ¡Oyeee, al menos despídete de tu mama! —Le grito, pero mi pequeño muy emocionado ha decidido cambiar a su madre por su comida preferida. O sea, por un pedazo de masa con queso mozzarella, aceitunas verdes, alcaparras, salsa de tomate y unas sabrosas anchoas. ¡Perdonable su hambrienta inocencia!

    —Meli, ya te lo traiga para acá de una oreja. ¡Niñito malcriado venga para acá a despedirse de la mami! —Le habla Iryna, caminando apresurada detrás de él, y la imagen que me brinda la cámara de su móvil se balancea bruscamente, logrando marearme un poco.

    —Fresca amiguis, déjalo que ya mañana nos veremos. Y muchas gracias de nuevo por cuidármelo. —Le comento sonriente.

    —Tu quédate muy tranquila, Meli. Y terminen de hablarlo todo con calma y mucho de comprensión. —Me responde serenándose, con su enredado acento.

    —Ok. Ahora disfruten su pizza. Hasta mañana amiguis. —Y termino la videollamada, para darme cuenta de que Camilo, ubicado a mi costado, mantiene una expresión de felicidad y relajación. Le hago entrega de su teléfono celular y entonces él me habla pausadamente…

    —Bueno Mariana, pues ya que estamos más tranquilos sabiendo que Mateo se encuentra bien, tú y yo podemos continuar donde lo dejamos. Si quieres seguimos caminando o si prefieres descansar tus pies, podemos sentarnos por allí. —Y me enseña con un gesto de su boca una mesita disponible, con cuatro sillas de madera justo al lado del muro de piedra.

    —Me parece bien, cielo. De paso nos preparamos otro ron con Coca-Cola pues creo que lo vamos a necesitar. —Le respondo con seguridad y caminamos hacia el lugar, no muy apartado de las demás personas, pero ellos están felices en su cuento y mi marido y yo, por el contrario, sumidos en nuestra tragicomedia.

    Me acomodo en la silla lateral cercana a la antigua pared de piedra, que desprende todavía el calor acumulado durante el día, y Camilo lo hace en la parte opuesta acomodando la suya para quedar mirando hacia la fuente, dándome cuenta que se encuentra demasiado relajado. ¡Pobrecito, no sabe lo que le espera!

    —No creí que te lo fueras a tomar tan bien. Pensé que al contarte de cómo te había sido infiel por primera vez, te iba a afectar sobremanera. Pero ahora veo que no. ¿Es porque lo hice con una mujer? ¿Acaso con ella o con otra mujer no implica para ti infidelidad? O la traición se minimiza para ti, porque a la larga eres como todos los demás hombres, que fantasean y se excitan al ver a dos mujeres acariciarse y besarse. —Le cuestiono.

    —No es por eso Mariana. Por supuesto que estoy sorprendido y sin embargo al escucharte con atención, no me siento traicionado pues era parte de una respuesta tuya hacia ese estúpido que te retó por aquel juego, y además porque ese beso no implicó ningún sentimiento en ti, fuera de darle un escarmiento. O tal vez es porque a tu historia le falta una parte importante. ¡Lo presiento!

    —Y es como si ahora reviviera dentro de mí la angustia, similar a la que sentí aquella noche, cuando me acosté con Mateo en nuestra cama, apagando todas las luces para intentar que se durmiera pronto y yo a pesar de intentarlo, intranquilo no podía descansar, porque un presentimiento en mi interior me alertaba de que contigo algo no anda bien. ¿Me equivoco? —Mientras que está hablándome, Camilo procede a destapar la botella de ron, y de su mochila extrae dos copitas plásticas que seguramente adquirió en la tienda, para verter en ellas la bebida hasta colmarlas. Luego con cierta parsimonia, en el usado vaso de cartón sirve hasta la mitad, la ya caliente gaseosa.

    —De nuevo estas en lo cierto. —Le respondo, y a pesar de que los dos llevamos esta conversación tan calmada, los nervios nos traicionan.

    A Camilo el ansía por saber más detalles, le provoca que el cigarrillo que toma de su cajetilla, al darle golpecitos al filtro contra la superficie de la mesa para apretar más el tabaco, salte de sus dedos por el aire y se le caiga al suelo. Y a mí, por querer alcanzarle mi encendedor para que lo encienda, en un momento de torpeza, riego igualmente sobre la mesa el contenido de mi copa, al tropezar sin querer con mi codo el pequeño envase.

    — ¡Oopss, que torpe! —Le digo cuando clava su mirada de extrañeza sobre el amorfo charco de ron, después de recoger su cigarrillo, y tomo del interior de mi bolso, los pañuelos faciales para limpiar este desastre. ¡Ojala todo lo que he destrozado en mi vida, fuese tan fácil de arreglar!

    —Tranquila, Mariana. ¡Que este primer trago, sea para aquellos que ya no están entre nosotros! —Y con su dedo índice, –repitiendo la operación hasta tres veces– encausa el pequeño pozo hasta lanzarlo por el borde de la mesa hacia los adoquines.

    Yo sonrío y le ayudo secando con dos pañitos faciales los restos de mi estropicio, mientras él enciende su cigarrillo y sosteniéndolo entre sus labios sirve, nuevamente, el ron en mi copa. Sin afán toma uno de los pañuelos de papel desenvolviéndolo, lo dobla en dos a la mitad y lo envuelve con cuidado en su dedo índice, para terminar dándole forma de cucurucho y lo coloca aplastándolo por la base en el centro de la mesa para utilizarlo como cenicero.

    De manera humilde le doy las gracias y tomo mi copa elevándola frente a su rostro, para libar con serenidad, mojando de a poco mis labios cual si fuese un ritual religioso, saboreando este exquisito ron antes de pasármelo de un solo envión y de clavarle a mi esposo el puñal que no esperaba recibir de mí en su pecho. ¡Pufff! Suspiro y tomo aire, necesitada de un impulso para continuar.

    —Cómo te decía y tú lo sospechas, esa noche ocurrió algo más. Diana propuso seguir jugando pero yo tras dar el último sorbo al coctel, me puse en pie y les respondí a los cuatro que para mí ya estaba bien de juegos. K-Mena retirando por fin las manos de su rostro me miró angustiada, como si creyera que era por su culpa que yo me marchaba e hizo el intento de detenerme agarrándome de la mano.

    — ¡Te queda la mitad de la cerveza, flaquis! Tómatela con calma y nos vemos en un rato. Voy a llamar a mi marido para saber cómo se ha portado nuestro hijo. —Le dije y ella con su bonita sonrisa, manteniendo el rubor en sus mejillas, aflojando el agarre se volvió a acomodar en su asiento. Fui directamente a la recepción para solicitar la llave de la habitación y reclamar de paso las tres toallas.

    —Como sabes nuestra habitación estaba ubicada en el tercer piso, así que deseché la idea de subir por el elevador y utilizar las escaleras. En el rellano del segundo piso tuve la sensación de ser perseguida, por lo que me arrimé hacia la alfarda agarrándome nerviosa de la barandilla y me detuve un instante para observar si alguien me seguía o era simple y llanamente un temor irracional, más no ví a nadie. Unos escalones antes de llegar al tercer piso, todo permanecía a oscuras y al colocar mi pie sobre el último peldaño, el detector de movimiento se activó, iluminando por completo el pasillo.

    — ¿Me sirves otro trago, por favor? Lo necesito. —Se lo solicito pues me siento ahora bastante apenada con Camilo. Mientras destapa la botella, yo me llevo a la boca un cigarrillo y nerviosa lo enciendo. Luego recibo la copa y doy un corto sorbo, mientras mi mirada no abandona la tristeza de sus ojitos cafés.

    —Descuidada, dándole vueltas a lo vivido con K-Mena, caminé hacía la habitación con la llave en mi mano derecha, apretando bajo el brazo las toallas, colgando del hombro mi pequeño bolso y en la mano izquierda bien agarradas las dos piezas del bikini fucsia que me había quitado delante de ellos. Con la llave puesta en la cerradura a punto de girarla para abrir la puerta, sentí el ardor en mi nalga derecha de una palmada bien dada, sonora y obviamente no esperada. Instintivamente me giré hacia ese costado para ver quién era él chistoso o la graciosa. No vi a nadie y al volver mi cabeza hacia el otro lado, me encontré con un rostro que se aproximó al mío en fracciones de segundo. Apuntó su boca hacia mis labios y me besó. Me sorprendió. ¡Te lo juro, mi vida que fue así!

    —Déjame adivinar. Era ese hijo de puta. ¿No es así? ¡Dime por favor que al menos le diste un merecido bofetón! —Camilo se enfurece y me habla fuerte sin importarle que las personas se enteren de nuestra conversación.

    —No pude cielo, pero lo intenté. –Le respondo y un… ¡Malparido abusivo!, se le escapa de la boca a mi marido. Más bajo de tono, eso sí.

    —Sin embargo fue más ágil que yo y me sujetó de la muñeca, dejándome el brazo derecho en lo alto. Aún sorprendida, mantenía la otra mano con el puño cerrado, ocupada con la braga y el sostén. Aprovechando su corpulencia, terminó él por darle vuelta a la llave y me empujó hacia el interior de la habitación, trastrabillando en medio de la penumbra, me vi sometida ante su fortaleza y terminé con mi espalda recostada contra la puerta cerrada del baño.

    Camilo se levanta un poco de la silla y apoya sus dos manos sobre la mesa, inclinándose hacia mí, –con la mitad del cigarrillo consumido entre sus dedos– rojo de ira, totalmente enfurecido para preguntarme por algo que podría usar para justificarme, si continuara siendo deshonesta con él. Si volviera a ser la de antes.

    — ¿Te forzó? ¡Mariana, dime!… ¿Ese malparido te violó?

    — ¡No! —Monosilábica le respondo y observo como su semblante cambia en este instante. Palidece y se derrumba mi marido en medio de sus erradas suposiciones nuevamente en su silla, la desdicha lo vence por la corta pero sincera contundencia de mi respuesta. Sus ojitos cafés de nuevo le brillan pero esta vez por la dolorosa humedad que le causa conocer mi verdad y yo, avergonzada, cubro de a cuatro dedos por ojo los míos, para hacerle un sentido coro a su llanto con mis lágrimas.

    Transcurren los minutos, entre el festivo ruido circundante y nuestro incomodo silencio. Le escucho llorar quedamente, aspirando oxigeno por la boca y expulsarlo nuevamente por allí con fuerza, igual a como lo hago yo, suspirando de la misma manera como sollozo yo, sorbiendo con un ruidito fuerte y corto, igualito a como succiono la humedad de mi nariz. ¡Mi esposo descargando en llanto su dolor y yo, cargando de pena y remordimiento cada lágrima que derramo!

    —No sé qué decirte, ni siquiera sé cómo debo de tratarte de ahora en adelante Mariana, –suspira hondamente. – ¡Pufff! Porque una cosa es haberte imaginado haciéndolo con él y otra muy distinta es escucharlo de tus labios.

    Resignado, claramente decepcionado me habla Camilo, retirándose la gorra de beisbolista con una mano, sosteniéndola por el borde de la visera, abanicando con ella el espacio vacío entre sus rodillas y manteniendo clavada su mirada hacia el piso; con la colilla apagada en el medio de sus dedos, sin arder y sin vida. ¡Como ahora se encuentra él!

    —Camilo yo… ¡Yo te entiendo y me pongo en tu lugar! Comprendo tu dolor, tu rabia e impotencia. Es lo lógico ¿No? Y puedes llamarme como lo sientas o prefieras. ¡Puta!, ¡Ramera!, ¡Sinvergüenza! Sin embargo, tus suposiciones están erradas, al igual que las expectativas de José Ignacio esa noche. ¡Porque no sucedió lo que te imaginas! No al menos tan complejo y de la forma que lo has recreado en tu mente. —Levanta mi esposo su cabeza, la gira y me observa con detenimiento. Su mano izquierda se desplaza sobre ambas mejillas para retirar el cauce de sus lágrimas y deposita dentro del cucurucho de papel los restos de su cigarrillo, luego con sus ojos aguados y enrojecidos me observa y contrae los labios, con la clara intención de preguntarme algo que todavía oscurece su razonamiento.

    — ¿Qué intentas decir? ¿Acaso es qué no sucedió? ¿Qué más te falta por contar? —Dispara sus inquietudes en seguidilla.

    —Te digo que lo puse en su lugar. Tal vez en uno que es distinto a lo que sospechas y que él mucho menos se lo esperaba. Y te aclaro de antemano, que yo en esos instantes no pensé que José Ignacio lo aceptaría, así como así.

    —No entiendo nada Mariana. A ver, explícate mejor o terminaras por hacerme explotar la cabeza.

    —Camilo, me da pena contártelo porque lo único es qué… ¡Fue mi culpa! Maldita sea, saqué el valor necesario para enfrentarlo, para minimizarlo. Solo quise vengarme y sobreponerme a su prepotente actitud. Por querer hacer más esa noche con él, hice menos el resto de mis días contigo.

    —¿Me sirves otra copa, por favor? Y de paso bebe conmigo otro trago, porque lo necesito para darme valor, porque te va a hacer falta para que me entiendas y tengas algo de claridad. ¡Al menos un poco, por ahora!

    Y me sirve. Espero a que colme su copa. Levanto la mía y el la suya. Bebemos al tiempo, sin decirnos nada pero mirándonos nos decimos todo. Camilo con su orgullo herido y su amor por mí, agonizando. Espera a que continúe y yo con vergüenza, sin poder borrar ese absurdo pasado y siendo rehén de mis acciones, prosigo con los recuerdos.

    —Después del estupor que me causó, le dije: ¡Oyeee!… ¿Pero qué mierdas crees que haces? ¡A mí no me tratas así! Que confiancita la tuya. ¿Qué quieres Nacho? Y le grité con bastante enojo, mientras él me mantenía sujeta con mi brazo derecho en alto y su rostro a pocos centímetros del mío. Su torso bien pegado a mí y con su otra mano libre sin brusquedad pero con determinación, apoderándose de mi cuello.

    —Me han dicho que las feas como tú, hacen el amor como locas. ¿Es verdad? —Me habló sonriéndose, enseñándome su dentadura perfecta y enrareciendo con su respiración el aire que entraba por mi nariz, con su aliento a cerveza.

    —Por supuesto. ¿Te gustaría comprobarlo? —Le respondí franca y directa, intentando demostrarle que para nada me sentía intimidada.

    — ¡Obvio, bizcocho! —Como lo supuse, me respondió confiado e hizo de nuevo el intento de besarme. Giré mi rostro y sus labios fueron al encuentro de mi oreja. Allí se entretuvo soplando con cálida suavidad, recorriendo con la punta de su lengua la curva del hélix, humectando con su saliva cada cavidad; posteriormente chupándome el lóbulo, jugó con su lengua a balancear mi candonga de oro, una y otra vez. No pude evitarlo y algo sentí revolcarse en mi estómago y, te puedo jurar que no fueron mariposas, esas sensaciones solo las sentido contigo. Sin embargo he de reconocerte que desde mi vientre bajó una corriente eléctrica hasta mi entrepierna, pero no se lo demostré.

    —Jajaja. Claro, claro. ¡Ya quisieras y hasta brincos dieras! En serio, déjame en paz que las otras no demoran. ¿Qué quieres? —Le pregunté, a la vez que apretando el puño de mi mano izquierda, –sin soltar las piezas del bikini– intentaba ejercer sobre su pecho, la fuerza necesaria para apartarlo y liberarme de su acoso.

    — ¡Enseñarte cómo es que un macho como yo, besa a una hembra como tú! Y por ellas no te preocupes, que le recomendé a Carlos que las mantuviera bien entretenidas. —Me contestó con su característica forma de hablar de los demás, soberbio y petulante.

    Camilo termina de beber su copa de ron y luego toma un poco de la gaseosa, inquieto y divagando con seguridad entre lo que le estaba revelando y las ilusiones que él tenía, reflejadas en su rostro, de que esa noche con Chacho, no hubiese ocurrido nada inconfesable.

    —Sí cielo, esa fue su respuesta. Normal en él por su alborotado ego. Pero para un adonis altanero, su contraparte sería yo. ¡Una blanca diosa pero muy oscura! Tan deseable como prohibida, inalcanzable para él siendo mujer ajena y hasta ese instante digna. Le pondría en su lugar arrebatándole sus narcisistas ínfulas, poco a poco. Y meditando con celeridad, pensé… ¡Sí tanto lo quiere, que se esfuerce y le cueste!

    —Jajaja, si por supuesto. Ya vi como de apasionado es que besas tú y se me hace que no me pierdo nada raro ni estimulante. «Nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir.» Citando aquellas palabras terminé por contestarle.

    —Extendió su brazo izquierdo a mi costado derecho apoyando la palma de su mano en el marco de la puerta del baño y tras liberarme de su agarre, con los dedos de su mano derecha acarició mi mejilla izquierda para posteriormente pasear las huellas dactilares del dedo índice por el borde bermellón de mi labio superior, deteniendo el tacto al llegar a mí arco de venus, deslizándolo después por la contigua arista hacía mi labio inferior, presionando el lugar que tanto te gusta de mí, como aprendiéndose de memoria los senderos hacia mi boca.

    — ¿Tu lunar? —Me pregunta, aunque sé que mi marido conoce con claridad la respuesta.

    —Sí, cielo. Lo más sexy de mi boca, según tú. Y no me opuse, le dejé que lo hiciera. Pero le sonreí de manera sarcástica y con un lento movimiento, aparté hacia el otro lado mi rostro y su dedo apenas si rozó el mentón, para terminar apoyando los demás dedos de su mano en la base de mí cuello. Poderosa me sentí, pues teniendo su boca a escasos centímetros frente a mí, –buscando y deseando algo más– aquel estúpido que me había ofendido tanto, no logró su fin; no le brindé mi boca ni le dejé saciar su sed en mis labios, para que continuara sintiéndose el «siete mujeres», deseado por todas. Y rechacé con diplomacia esa petulancia de siempre, con sus aires de conquistador flotando en aquel beso que intentó darme y yo… ¡Se lo desprecie!

    —Con soberbia le aparté aquella mano, que ya deslizaba por mi cuello con la intención de agarrarme una de mis bubis, –aprovechando que la oscuridad reinaba nuevamente en el pasillo– la de la izquierda, que era cubierta por la tela azul con el escudo estampado de tu equipo del alma. Por eso lo recuerdo bien.

    — ¿Que intentas hacer? —Volví a preguntarle, con serenidad.

    —Sentir como tienes de duros este par de garbancitos. Se nota que estás «arrecha» y me deseas. ¡Ya no mientas, ellos hablan por ti! —Me respondió excitado.

    —Es verdad, Lo estoy. Pero ni creas que sea por ti. Por supuesto que me excité y se me humedeció todo, pero por el beso que nos dimos con K-Mena. —Le respondí altanera, rebajándome a su nivel, utilizando su mismo lenguaje soez, y él se arrimó más a mí, introduciendo su pierna en medio de mis muslos.

    — ¿En serio te gustan las mujeres? Hummm… ¿O juegas a dos bandas? En fin, a mí no me importaría compartirte en la cama con otra mujer, como supongo que a tu esposo tampoco. Si es que él está al tanto de tus amplios gustos. ¡Pero en verdad lo dudo! Y sí, estuvo bien pornográfico ese beso pero yo lo hago mejor y más completo. —Me comentó en un tono bajo, casi susurrando al estar su boca muy cerca de mi oreja.

    — ¡No me disgustó probar! Así que puede que de ahora en adelante, si se presenta la ocasión por supuesto que lo haré con ella o con otra mujer, pero no a escondidas sino con el consentimiento de mi marido y ante su presencia. Y deja de intentar tocarme las tetas, que ya estoy enterada de que no te agradan este par de huevos fritos, y ya que no traes encima ni un solo gramo de sal, he decidido no dejártelas probar. —Murmurando como él, yo le respondí. Burlona, honesta, desafiante.

    — ¿Pero quién te dijo esa mentira? Si hoy al ver como se te mueven al caminar, no hiciste más que hacerme desear pasarme las horas de esta noche chupándotelas sin descanso alguno. —Me dijo, mintiendo con pasmosa serenidad, aunque si me sentí halagada.

    —Se te podrá parar durante las horas de esta noche todo lo que quieras, pero vas a tener que hacerte una paja pensando en cómo las tengo en verdad, si al caso en un descuido te dejara verlas. —Le contesté, burlándome de él, amparada en la penumbra de la habitación.

    — ¡Jajaja! Cómo eres de quisquillosa. Está bien preciosa, dame entonces ese beso, déjame chuparte esas téticas así quedamos en paz y de paso compruebas que no lo hago tan mal como crees. —Me desafió, esperanzado en que cayera rendida a su labia y a su encanto.

    —Hummm, primero debo verificar que sea cierto lo que dices. —Le contesté, y a pesar de que no podía verle bien, estaba segura que sus ojos avellanas se le tuvieron que agigantar por lo sorpresivo de mi respuesta, y debido a lo fuerte de su respiración, percibí que acercaba nuevamente su boca hacía la mía con la intención de besarme.

    Observo a mi esposo que ahora inquieto, se enciende un nuevo cigarrillo.

    —Pero otra vez le contuve. Las dos piezas de mi bikini cayeron a mi lado sin que él se diera por enterado, y con los dedos de mi mano izquierda le apreté la nuez de Adán y le clavé un poco las uñas para decirle con autoridad…

    —A ver Nacho, ¡¿qué parte de no, no entendiste?! —Y fue entonces cuando se me ocurrió, así de repente, una locura con la que intentaría, literalmente, ponerlo de rodillas en frente de mí.

    —Vamos a probar como besas unos labios, pero no me refiero a estos, no. A los que tengo como dices que te imaginas, bien mojados aquí abajo. Arrodíllate y me demuestras como besas. Si lo haces bien, puede que te deje probar estos de aquí arriba. Si no me apetece cómo los haces, ve olvidándote de obtener el resto de mí cuerpo. —De improviso Camilo se pone en pie, como si un resorte ubicado en el asiento lo hubiese eyectado.

    Me asusto pensando que quiera marcharse y dejarme allí, a punto de revelarle nuestro comienzo. El del inicio de mi relación con Chacho y el génesis de mis continuadas mentiras, extendidas en el tiempo para con el único hombre que debería haberme importado, mi marido. Por ello también me levanto de la silla y decidida, rodeando la mesa me acerco lo suficiente para tomarle por las manos, apretándoselas con fuerza porque siento que él no quiere escucharme más; sentirme la piel sobre la suya, mucho menos.

    — ¡Lo lamento mi amor! Sé que te duele escuchar mis verdades, como si fueras un simple amigo y confidente, y no el abatido esposo enamorado al que yo le fallé. Pero lo necesito mi vida, en serio. Me urge explicarte todo, ahora que me has concedido por fin la oportunidad de encontrarnos para confesarme, después de casi siete meses sin saber nada de ti. ¡Ya falta poco mi cielo, para terminar de contarte como putas fue que inicié todo esto!

    —Yo lo lamento más Mariana, créeme. Que injusta que a veces es la vida, pues para obtener tu perdón, ahora te ves obligada a lacerarme con los recuerdos de tus fallas y de tu traición. Y sin embargo como lo juras, tuviste que llevarme siempre en tu corazón incluso en múltiples ocasiones, por encima del amor que le profesas a nuestro hijo.

    —Duele mucho Mariana, no te imaginas cuánto. Prometí a Rodrigo y a Kayra escucharte y es lo que intento hacer. No es fácil para mí y comprendo que para ti debe ser vergonzoso. Sigue hablando y terminemos con esto. —Me dice Camilo sin apartarse, dejando que sin hablarle, lo invite a sentarse nuevamente y yo me acomodo en la mía para continuar con lo que me falta por contarle.

    Y soy yo quien ahora llena las dos copitas con el ron y el vaso de cartón con lo que nos queda de Coca-Cola. Un cigarrillo para mí, otra calada para él. Fuego para el mío suministrado por su encendedor.

    —Pensé que diría que no, que yo estaba loca si creía que él se atrevería a chuparme la vagina. Pero silenciosamente se apartó hacia atrás un paso y dejé que sus manos se apoyaran respetuosamente en mi cintura. Resopló y agachó la cabeza intentando observar en medio de la oscuridad, cómo lentamente mis dedos desabotonaban el short.

    —Cielo, te juro que lo hice pues no creía que él se atreviera, ya que si tanto alardeó de que nunca lo hizo con ninguna de sus conquistas, pensé que así el desistiría y me dejaría en paz. Que equivocada estaba, José Ignacio había perdido una batalla conmigo y por eso precisamente, deseaba continuar guerreando contra mi propuesta e intentando mantener intacto su orgullo.

    —Separé hacia los lados cada extremo, los tres botones dorados hacia la izquierda, las alargadas aberturas de los ojales hacia la derecha. Dudé esperando su reacción y crucé sobre mi pecho los brazos. ¿Y sabes Camilo? Él se arrodilló, lo hizo hincando solo la rodilla derecha sobre la baldosa de cerámica y pude sentir el lento recorrido del tacto de sus manos por mi silueta, bajando por los costados hasta mis caderas. Luego dobló sus pulgares, enganchándolos dentro los bolsillos, jalando hacia abajo mi short, con algo de esfuerzo para evadir la amplitud de mis caderas y la redondez de las nalgas.

    —Sí cielo, lo hizo sorprendiéndome y así me quedé de pie ante él inmóvil, exponiendo a media luz mi desnudez al escrutinio de sus ojos, de cintura para abajo.

    — ¡Jueputa vida! Creo que me urge otro trago y esta vez sin rebajarlo con nada. Puro y duro como lo que me acabas de confesar ¡Tú necesitas otro! ¿O me equivoco? —Expresivo y grosero como casi nunca lo había escuchado hablar, me pregunta mi esposo sin levantar demasiado el tono de su voz, y yo asintiendo simplemente atino a desplazar la copa hacia su lado, sintiéndome muy avergonzada.

  • Un reconocimiento médico inesperado

    Un reconocimiento médico inesperado

    Salí de trabajar y me dirigí directamente a una clínica para hacerme un reconocimiento médico a cargo de la empresa donde trabajo.

    Después de anunciar en recepción que había llegado, a los 5 minutos me llamaron para que entrara a consulta.

    Pasé y me encontré a una doctora. Muy guapa y sexy. Aproximadamente debía de tener entre 40 y 45 años. Llevaba puesta una blusa blanca a juego con la bata de doctora, falda negra a la altura de las rodillas y sandalias, dejando ver sus bonitos pies. La verdad que me puse un poco nervioso al verla. Le entregué un bote con una muestra de orina y me hizo una serie de preguntas sobre mi historial médico y, a continuación, estuvo leyendo para sí misma los resultados del análisis de sangre que me habían hecho pero sin decirme nada en especial.

    Me tomó la temperatura y después chequeó la visión y me exploró los oídos y luego me revisó la garganta.

    –Todo bien. Quítate la ropa de cintura para arriba –me dijo ella.

    Creía que iba a ser una consulta rápida pero parecía que se iba a alargar un poco. Me quité la americana, me desanudé la corbata y después me quité la camisa. Con un estetoscopio comprobó los latidos del corazón. Lo hizo por delante y después por la espalda y me dijo que respirase hondo.

    Una vez hecha esta parte se me quedó mirando y me dijo:

    –Ahora necesito que te quites los pantalones y los calzoncillos –me dijo de forma decidida.

    Me quedé pálido y después rojo de vergüenza en cuestión de segundos.

    –¿Me tengo que quitar todo? ¿Por qué? –dije casi sin saliva en la boca.

    –En la analítica se te ha medido el volumen de PSA de la próstata y lo tienes más grande de lo que lo deberías de tener así que debo de hacerte una exploración manual ahora mismo.

    –¿Te han hecho alguna vez una revisión urológica? –me preguntó de manera seria.

    –No. Nunca me he hecho una…

    –A tu edad deberías hacerte una cada año –me interrumpió– Es importante hacerse este tipo de chequeos periódicamente a partir de los 40 años –continuó diciéndome.

    No sé qué me dejó más desconcertado: si lo que me dijo de la próstata o el hecho de tener que desnudarme.

    –Pásate a esta sala, te quitas la ropa y cuando te desnudes ponte este camisón abierto por detrás –me dijo ella.

    Iba en serio: me tenía que quitar toda la ropa y por primera vez me iba a desnudar en una consulta médica siendo ya adulto y además me iba a explorar una doctora que era toda una belleza.

    Me descalcé y a continuación me desabroché el cinturón y el botón del pantalón y después me lo bajé y quité. Después mis pies quedaron al descubierto cuando dejé los calcetines sobre los zapatos y ya solo me quedaba quitarme los calzoncillos. No me lo pensé más y empecé a bajármelos hasta que me los quité y ya me encontraba sin ninguna ropa. Lo que creía que iba a ser una revisión de trámite se había convertido en que me encontraba en pelotas y apenas habíamos empezado. Me puse el camisón que me dejaba con el culo al descubierto. Unos segundos después me preguntó la doctora si ya estaba listo y dije que sí.

    Las sorpresas no habían terminado: entró la doctora acompañada de una enfermera que debía tener unos 25 años y también muy guapa. Llevaba únicamente una bata de enfermera y, por lo tanto, enseñaba generosamente sus piernas.

    Yo cada vez estaba más y más nervioso.

    –Como nunca te han hecho una revisión urológica, además de la próstata, te voy a revisar el pene y los testículos para comprobar que todo está bien –me dijo la doctora mientras se ponía unos guantes y la enfermera otros.

    Esto fue algo que me pareció bastante morboso, especialmente al oír el ruido del látex cuando se los ajustaron en sus manos.

    –Súbete el camisón –me dijo la doctora.

    Me quedé inmóvil sin obedecer lo que me había dicho.

    –Tienes que subirte el camisón, si no, no te podemos hacer nada– me comentó la enfermera de manera amable.

    –No te preocupes. Desnudarse aquí, en una consulta médica es algo muy normal. Estamos aquí para ayudarte. Tú simplemente levántate el camisón y nosotras nos encargamos de todo –me dijo la doctora sonriendo.

    Había llegado el momento de la verdad. Me descubrí y la doctora y la enfermera pudieron ver mis genitales completamente afeitados. Empezó por las ingles y después se detuvo en el pene. Retiró la piel para atrás y me miró el glande con detenimiento y después lo empezó a tocar y me inspeccionó el orificio de la uretra. Yo estaba intentando pensar en otra cosa pero al final pasó lo que me temía: la erección hizo acto de presencia. Observé que la enfermera, que estaba viendo sin perder detalle todo lo que me hacía la doctora, se quedó colorada. En cambio, la doctora actuaba como sin darle importancia al endurecimiento de mi miembro viril. Además aprovechó la erección para comprobar el grosor del pene y me tocó desde un lado hasta el otro. Después me palpó los testículos agarrando primero la bolsa escrotal y después palpando un testículo y después el otro.

    –Ahora túmbate en esta camilla –me ordenó.

    Observé la camilla: me recordaba a las que utilizan las mujeres en sus revisiones ginecológicas pero evidentemente también servían para hombres como iba a poder comprobar irremediablemente en unos segundos.

    Me tumbé y la enfermera me dijo que acercara el culo hasta el borde de la camilla. Corrí el culo hasta donde me dijo y después me ayudó a colocar los pies en los estribos. Cuando puse un pie en cada estribo comprobé que me quedé muy abierto de piernas por lo que estaba muy expuesto y a entera disposición para que me hicieran lo que tuvieran que hacerme.

    La doctora me fue a palpar el pubis pero había algo que se lo impedía.

    –Alicia, sujétale el pene –dijo la doctora.

    La enfermera me agarró mi pene erecto con una mano para que la doctora me pudiese palpar el abdomen y el pubis con facilidad. La erección era tan grande que el pene la impedía revisarme con facilidad el pubis. Yo estaba que no sabía dónde mirar de la vergüenza que estaba pasando. Me palpó el pubis y después el abdomen apretando ligeramente en esos lugares. Después se sentó en un taburete entre mis piernas y su cara quedó justo enfrente de mis partes íntimas y me volvió a inspeccionar la bolsa escrotal pero esta vez con más detenimiento. Me palpó los testículos delicadamente. Los tenía en ese momento separados del cuerpo, colgando bastante, así que abierto de piernas era más fácil poder tocármelos.

    Después, cuando me estuvo explorando el testículo derecho, en un momento dado, me hizo un poco de daño pero se me pasó el dolor enseguida.

    Una vez hecha la exploración genital completa le dijo a la enfermera:

    –Dame otros guantes y prepara el lubricante.

    Ya sabía lo que me iba a hacer: le tocaba el turno a mi trasero.

    Cuando se puso el par de guantes nuevo, me empezó a palpar los alrededores del ano. Supongo que sería para ver si tenía alguna fisura o algo parecido.

    –Alicia, lubrícale, por favor –le dijo a la enfermera.

    Pude ver como ella tenía el gel lubricante en la mano y después noté como me lo untaba en la entrada anal. De hecho, metió un poco su dedo a lo que mi pene respondió moviéndose a ese estímulo. Me dejó listo para ser penetrado.

    Estaba tenso y nervioso y con una erección bastante incómoda.

    –Relájate y no aprietes el esfínter –me indicó la doctora mientras se lubricaba su dedo índice de la mano derecha.

    A continuación, dicho dedo lo metió dentro de mi ano. Lo hizo con decisión pero teniendo cuidado a la vez. Al principio debió de meter medio dedo y empezó a explorarme cerca de la entrada y un rato después lo introdujo completamente. No sentí dolor. Supongo que entre el lubricante y la excitación que sentía ayudaron para no tener ninguna molestia.

    Así estuvo penetrándome, calculo que durante dos minutos. Después sacó su dedo y, cuando creía que ya me podía vestir, me dio la siguiente orden:

    –Date la vuelta y ponte a cuatro.

    Evidentemente la revisión anal no había terminado.

    Me di la vuelta y el camisón me estorbaba porque se me estaba cayendo.

    –Quítate el camisón para que estés más cómodo –me dijo la enfermera.

    Sin nada que me tapara me puse en cuatro. La postura parecía más humillante que la anterior y mi culito blanco quedó bastante a la vista.

    De nuevo la doctora, que se puso de pie, volvió a introducir su dedo dentro de mi cuerpo.

    Miré hacia la derecha y vi mi ropa que la había dejado colocada en una silla. Con el traje de ejecutivo me sentía con poder. Pero la realidad era bien diferente porque estaba completamente desnudo, indefenso, desprotegido, expuesto, a cuatro patas, con mi culete ofrecido, a merced de dos mujeres , penetrado y obedeciendo todas las órdenes que me indicaban tanto la doctora como la enfermera. No podía hacer nada para impedirlo. Mandaban ellas y yo solo me limitaba a hacer lo que me ordenaban. Estaba en una situación de vulnerabilidad pero a la vez natural y, reconozco, también morbosa.

    Tan morbosa era que estaba goteando semen y, como estaba en cuatro, estaba mojando la camilla.

    Se me vino a la cabeza cuando una novia que tuve me comentó que en una visita al ginecólogo, cuando la revisaron los pechos se empezó a excitar y, cuando se tuvo que abrir de piernas, estaba completamente mojada y pasó mucha vergüenza. Así era como me encontraba yo en ese momento y podría decir que ya sabía lo que sentía.

    Volviendo a mi exploración, el dedo de la doctora estaba de lleno tocando mi próstata. Era indudable que me estaba excitando y no lo podía disimular. Al fin y al cabo estaba estimulando mi punto P, el equivalente a punto G femenino.

    La enfermera, al ver la situación, trató de tranquilizarme.

    –No te preocupes que ya estamos a punto de terminar –me dijo.

    –¿Notas dolor? –me preguntó la doctora.

    –No, dolor no siento –respondí.

    –¿Y ganas de orinar?

    –Sí, tengo ganas –respondí.

    –Bien. Es normal en este tipo de exploraciones. Recuerda que a partir de ahora te las tienes que hacer a menudo –comentó la doctora.

    Movía el dedo de un lado para otro. Lo giraba continuamente y en otros momentos lo dejaba fijo en algún lado.

    Estaba siendo una revisión rectal tan exhaustiva que no debía de quedar ni un milímetro del recto que no hubiese explorado la doctora.

    –Tose. Necesito que tosas –me pidió la doctora.

    Tosí y en ese momento noté que estaba a punto de eyacular. Si mantenía el dedo dentro de mi culo unos segundos más iba a ocurrir. Tenía una erección tan fuerte que tenía el pene completamente rojo. Una situación así no se daba todos los días.

    Cerré los ojos e intenté pensar en otra cosa pero era imposible. Dos mujeres estaban dominando mi culo y pasó lo inevitable: automáticamente me empezó a salir el semen… sin tocar el pene. Solo con la estimulación prostática. Empecé a gemir del placer que sentía mientras eyaculaba.

    La enfermera, en un bote, recogió el semen. No me dijo el motivo. Supongo que sería para analizarlo y cuando terminé de expulsarlo todo, la doctora sacó su dedo del interior de mi recto.

    –Ya hemos terminado –dijo ella mientras se quitaba los guantes.

    Me quedé quieto, aún en posición de cuatro y sudando después de lo que había ocurrido. La enfermera me limpió el ano y después me dijo:

    –Date la vuelta y túmbate.

    Me limpió los restos de semen que tenía en mi glande.

    –Gracias –dije muerto de vergüenza.

    Ella me sonrió y me dijo que ya me podía vestir.

    Después la doctora me dijo que el informe que había hecho lo llevara para hacerme una revisión urológica.

    Claro, realmente ella no era uróloga pero se veía que dominaba esa especialidad.

    Salí a la calle y, evidentemente, pensé que fue un reconocimiento médico que no iba a olvidar en la vida. Reconozco que me gustó y que no me importaría repetir.

    Solo quedaba un detalle: ¿Qué le iba a decir a mi mujer cuando me preguntara cómo había ido la consulta?

  • Sammy en el extranjero (Universidad) (partes 1 y 2)

    Sammy en el extranjero (Universidad) (partes 1 y 2)

    Mi nombre es Samuel, pero desde muy chico siempre me han dicho Sammy, tengo 18 años, mido 1,65, y peso 80kgs, si, sé que van a pensar que soy muy gordo para mi estatura, pero en realidad saque la contextura física de mi madre, o sea que soy demasiado culón, además de tener un rostro bastante delicado con facciones muy femeninas lo que provocó que durante toda mi niñez y adolescencia fura blanco de burlas por mis compañeros de clases.

    El caso es que eso me hizo ser un chico bastante aislado, solo hacia deportes en mi casa, nunca tuve un amigo y ni hablemos de novias ya que incluso las chicas se burlaban de mí, y alguna vez escuche a una compañera hablar feo de mi por tener más cola que la mayoría de ellas.

    Esto hizo también que me enfocara mucho en los estudios, por lo que al finalizar mi educación secundaria, en un examen que hacen en mi país, fui el joven con la calificación más alta de todos los colegios del país, lo que me hizo acreedor de una beca para estudiar en la universidad que yo deseara, tanto dentro del país como en los Estados Unidos

    Inmediatamente consulte con mis padres y tome la decisión de estudiar una carrera de derecho en una U de los Estados Unidos

    La beca cubría mi estadía en el campus de la U, en una de las habitaciones que debía compartir con otro chico también becado, aparte de que me daban un puesto en la cafetería del campus para que pudiera cubrir mis gastos de comida y libros o cualquier cosa que necesitara.

    Cuando estaba organizando mi cama y arreglando mis cosas de mi lado de la habitación, tocaron a la puerta, al abrir había un chico rubio, de casi 2mts de estatura, musculoso, con una pequeña maleta.

    T: hola, mi nombre es Helmut, este es el hall C, habitación 105?

    Y: hola, si esta es

    H: las directivas de la U me enviaron hacia acá, creo que vamos a ser compañeros de habitación

    Y: claro, ven, pasa pasa, precisamente yo me estaba organizando en este lado de la habitación, pero si quieres cambiar de cama o algo así me dices

    H: no hay problema, esta habitación es grande y esa cama se ve igual de comoda jeje

    Y: oye, que pena preguntarte esto Helmut pero noto un cierto acento, tú no eres de aquí cierto?

    H: no, yo soy alemán, me gane esta beca en mi país, también noto que no eres de aquí, y por el hermoso tono de tu piel y tu figura me imagino que eres latino?

    Esas palabras me descolocaron, hermoso tono de piel?, mi figura? Empecé a sentir un pequeño cosquilleo en mi colita

    Y: wow, que coincidencia, yo también soy becado, y si soy latino, de Colombia, me llamo Samuel

    H: mucho guzzto en conocerrte, y voy a practicarr mi espanol contigo, perrdon si escuchas mal algo jejeje

    Y: por mi mucho mejor, así también conservo mi español y me puedo relajar hablándolo contigo, y por cierto hablas muy bien el español

    Nos hicimos buenos amigos con el pasar del tiempo, el también entro a estudiar Derecho, así que compartíamos las mismas clases, nadie me molestaba porque siempre andaba con él, era como tener a un gigante de amigo.

    Él era un tipo bastante estricto, tenía un régimen de ejercicios severo en el gimnasio del campus que nunca le pude seguir, además de que su cama y su lado de la habitación permanecía en perfecto orden, a diferencia del mío, que no mantenía sucio, pero si con libros encima de la cama o abiertos en la mesa de estudio, en lo que yo era muy estricto era en la limpieza del baño que compartíamos en la habitación, los fines de semana lo limpiaba a la perfección y me tomaba hasta una hora en hacerlo

    Para esto siempre me ponía unas pantalonetas que por mi gordo trasero me quedaban super apretadas y corticas, lo que hacía que se me metieran por la cola quedando prácticamente como una especie de cachetero, dejando mis nalgas expuestas.

    Cuando esto pasaba, Helmut sacaba un asiento y lo ponía frente a la puerta del baño, para ver como hacia el aseo, una vez le pregunte porque hacia eso y solo sonrió.

    H: deberrias de hacerr eso mas seguido

    Y: porque? Crees que no queda bien hecho?

    H: no, parra que te pongas esas pantalones mas seguidos

    Mi corazón empezó a latir más fuerte, se aceleraba cada vez que el hacia algún comentario así, sentía una extraña sensación en mi parte trasera

    Y: jajaja como crees Helmut, antes ya estoy que los boto porque me quedan muy cortos

    Él se levantó del asiento y fue a donde estaba yo

    H: ya no puedo aguantar más, mira cómo me tienes

    Y diciendo esto se bajó su pantalón, saliendo disparada su enorme verga, yo estaba agachado así que quedo a escasos centímetros de mi cara.

    Y: que haces Helmut? Que pasa contigo?

    Dije esto sin moverme de mi sitio, y mirando su enorme anaconda albina, su olor me penetraba en las fosas nasales mandándole señales a mi cola que se contraía y aflojaba.

    H: desde que te conoci solo imagino tocarr tu enorrme culo

    Acercando más su verga a mi cara y yo no la retiraba, mi sentido común me decía que no lo hiciera pero mi cuerpo me traiciono, al tener su verga tan cerca mío, mis labios rozaron con su enorme cabeza, instintivamente saque mi lengua y lamí su agujerito, el clímax llego a mí, abrí toda mi boca dejando que el la penetrara con su gran trozo de carne, era una sensación maravillosa, sus manos tomaron la parte de atrás de mi cabeza haciendo que tragara más de su hermosa verga, dándole el ritmo a mi mamada, mire hacia arriba encontrando mi mirada con la de Helmut, que se encontraba en un placer indescriptible, yo solo le sonreí con su verga en mi boca, agarre su verga y empecé a masturbarlo mientras seguía lamiendo su cabeza, empezó a engrosar aún más, luego me dijo unas palabras en alemán que no comprendí y tomo mi cabeza haciéndola hacia atrás, tomo su verga y me la puso de nuevo en la boca mientras la agitaba vigorosamente, disparo su leche directamente a mi paladar, en abundancia, 4 chorros de leche espesa y abundante, que lleno mi boca y salía por la comisura mis labios.

    H: trágatelo

    Empecé a tragarlo, no me molesto su sabor, luego tome nuevamente su verga y termine de succionarle hasta la última gota de su delicioso semen, le di un beso a su polla y lo mire a los ojos nuevamente.

    H: eso estuvo muy bueno, pero aún no he terminado contigo.

    Parte 2:

    Seguía arrodillado en el piso del baño, con la inmensa polla de Helmut que ya estaba flácida pero aun gigante cerca de mi rostro, su sabor a semen delicioso en mi boca, totalmente confundido y esperando la reacción de él, que se encontraba aun con cara de placer.

    H: tomemos una ducha

    Me tomo la mano para ayudarme a levantar, luego se quitó su ropa y pude verlo totalmente desnudo por primera vez, su cuerpo era como esculpido en mármol, todo en él era proporcional a su tamaño, yo empecé a desvestirme pero el me detuvo.

    H: yo lo hago

    Me quito la camisa lentamente mientras tocaba mi pecho, luego empezó a morder mis pezones con sus labios, mientras agarraba mis nalgas con sus manos, hizo que me diera vuelta y se arrodillo, me quito mi short con ligereza y se prendió de mis nalgas a besarlas y morderlas, esto arrancaba gemidos de mi ser, luego se levantó y me tomo de la mano para entrar a la ducha, abrió el grifo y me abrazo mientras el agua caía sobre nosotros, besándome el pecho, volvió a arrodillarse y me dio vuelta dejando mi enorme trasero en su cara, mientras el agua caía sobre mi espalda, arqueo mi cuerpo apoyándome en la pared mientras el abre mis nalgas con sus manos en introduce su boca en mi ano dándole un beso, luego empezó a mover su lengua arrancando un pequeño gritico que casi hace que pierda la razón, se levantó y se echó un poco de jabón liquido en su verga que ya estaba nuevamente erecta, acerque mi mano para tocarla y se sentía aún más dura.

    H: voy a hacerrte mi mujerr

    Retiro su polla de mi mano y apunto su enorme cabeza en mi hoyito, hizo un poco de presión y lo fue introduciendo lentamente, tomándome de las caderas siguió metiéndolo, ya tenía la mitad de su enorme miembro en mi culo y no sentía dolor, por el contrario cada cm de enorme verga entrando me generaba más placer, cuando su cuerpo por fin toco el mío teniéndola toda clavada, empezó a mordisquear mi cuello sin mover su verga, mientras mi culo se adaptaba al enorme pollon que tenía en mi interior, luego empezó a sacarlo lentamente y lo volvía a meter, mis gemidos empezaron a ser más fuertes al igual que sus embestidas en mi cola, acelero sus movimientos mientras hacía que arqueara mi espalda y se aferraba a mis nalgas, dándome nalgadas suaves abriendo más mi culo para que su verga entrara con más facilidad, cada vez que aceleraba sus movimientos me sentía en el paraíso, voltee mi cabeza para poder tener una visión de su rostro y contemple la cara de placer y éxtasis que tenía Helmut al tener su enorme verga en mi culo, su verga empezó a engrosarse y a acelerar más sus movimientos, boto su enorme descarga de leche que golpeaban con fuerza en mis cavidades anales, mandándome al éxtasis mientras el orgasmo de Helmut seguía descargándose en mi cola.

    Seguía con su polla en mi cola mientras me besaba el cuello y mientras se ponía flácida y salía solita de mi culo, al salir empezó a brotar de mi ano toda la cantidad de leche que había derramado en mi interior.

    Empezamos a lavarnos el cuerpo de una vez, el paso el jabón por mi cuerpo enfocándose nuevamente en mi cola, luego me enjuago, yo hice lo mismo con el enfocando igualmente en su verga, pero esta al tener el primer contacto del jabón con mis manos empezó de nuevo a ponerse dura como piedra.

    H: ves lo que provocas?

    Yo solo sonreí, enjuague el jabón de su pene y volví a meterlo en mi boca hasta que nuevamente derramara su leche para mi satisfacción oral.

    Salimos de la ducha, cuando iba a ponerme mi pijama, el me tomo de las caderas e hizo que me acostara en su cama.

    H: oh no, mi mujerr no duerrme con rropa

    A partir de ese día me convertí en su mujer, mi culo, mi boca y todo mi cuerpo era solo suyo cuando él quisiera.

    Pero…

    Continuará.

  • D. Luis y la camarera

    D. Luis y la camarera

    Hola soy Anita, TV de closet, solo tengo contactos por video llamada con unos pocos amigos que viven muy lejos. Tengo que permanecer bastante en el anonimato por razones y convencionalismos sociales. Así tengo a un desahogo cada vez que me cito con alguno de mis amigos telemáticos.

    Lo anterior solo es relativamente cierto porque tengo un amigo (follamigo) en la ciudad que vivo y que es mayor que yo y que tiene una problemática social similar a la mía. Le llamo D. Luis. Pues bien D. Luis y yo nos vemos de vez en cuando y hacemos lo que llamamos “un teatrillo”. Nos vemos en algún hotel lejos de la ciudad en que vivimos. Vamos como dos amigos que van a pasar el fin de semana pero previamente hemos acordado que es lo que vamos a hacer. Por ejemplo D. Luis es el jefe y yo la secretaria, o el profesor y la alumna, etc. Lo preparamos con tiempo suficiente y definimos que papel vamos a hacer cada uno y compramos ropita que pudiera sernos necesaria.

    Esto que os voy a contar es uno de nuestros teatros que ocurrió el 17-18 de junio de este año, hace tres días.

    Acordamos que el teatrillo sería el encuentro en un hotel de un cliente que ya conoce a una camarera golfanta y que se la va a follar.

    Yo fui la camarera y me compré un mini delantal blanco y una pequeña cofia para el pelo.

    Cuando llagamos al hotel, comimos y Luis se quedó en el lobby mientras yo subía a la habitación para vestirme. Me puse una blusa blanca abotonada por delante, sostén negro, tanga negro transparente medias y liguero, zapatos de tacón y el delantal blanco y la cofia. Me maquillé como una golfa y llamé por el móvil a Luis, que ya podía subir, que ya estaba lista.

    Cuando subió, como habíamos acordado, yo estaba cerrada en el cuarto de baño, él entro y se sentó en un sofá que tenía la habitación. Yo llamé desde dentro a la puerta del cuarto de baño y esto fue lo que pasó.

    (para no escribir tanto, he identificado las frases)

    –Es D. Luis

    –Soy yo (Anita)

    Toc, Toc

    –Adelante, pase

    –Hola Anita cuanto tiempo sin verte, está tan guapa como siempre

    –Buenas tardes D. Luis, cuanto tiempo, le hemos echado mucho de menos

    –Yo también a ti Anita, echo de menos tus cuidados.

    –Muchas gracias, D Luis, tengo mucho gusto en hacerle la vida agradable.

    –Bueno, guapísima, para gusto el que me diste tú el último día que nos vimos.

    –Ay, D Luis, por favor que me voy a ruborizar.

    –Nada, nada estuviste deliciosa, y que ¿sigues con el mismo novio?

    –Pues sí, pero la verdad es que estoy muy descontenta porque me tiene muy abandonada.

    –¡Pero como puede ser!, ¿no te da lo que tu mereces?

    –Pues ya ve usted, salimos con poca frecuencia y llego a casa toda insatisfecha porque no me da mi merecido.

    –Ese tío es un picha fría, con lo rica que estás

    –Pues ya ve D Luis, no sabe usted lo que sufro. Gracias que me acuerdo de usted cuando le dejo por la noche y así puedo tranquilizarme yo solita.

    –¿Quieres decir que te haces una paja pensando en mí?

    –Pues sí, pero es que no puedo remediarlo, en cuanto me acuesto, empiezo a pensar en usted y se me van mis deditos a mi tesorito.

    –Pues guapísima habrá que hacer algo por ti esta tarde.

    –Por Dios D Luis no he querido decir eso, pero la verdad es que pensar en usted por la noche es lo único que me da gusto.

    –Bueno cariño, sírveme una copita de champan y otra para ti.

    Me fui contoneando al minibar en el que ya habíamos puesto una botella, la saqué, preparé dos copas que coloqué en una mesa baja delante de D. Luis, abrí la botella y serví las copas dando la espalda a D Luis, con lo que él podía ver mu culito con la tirita del tanga. Como me esperaba, D Luis me acarició el culo y me dijo

    –Que culito más suave tienes.

    –Por favor D. Luis no me toque que voy a derramar el champan

    –Yo sí que me voy a derramar.

    Me dijo que me sentara a su lado y que compartiéramos las copas, pero le dije.

    –Por favor D. Luis, ya sabe usted que la Dirección del hotel no permite estas confraternizaciones con los clientes.

    –A la Dirección me la paso yo por el arco de triunfo, siéntate ahora mismo.

    –Está bien D. Luis, como usted mande

    Me senté a su lado y como era de esperar la faldita solo ocupaba una parte mínima y se me veía casi todos los muslos con las tiras del liguero, las medias y ya se me anunciaba el tango negro y transparente que llevaba.

    –Vamos a brindar por una buena tarde.

    –Como usted diga

    –Chin Chin, por nosotros

    Mientras levantamos las copas, D. Luis me acaricio los muslos y la verdad es que me cogió desprevenida y derramé un poco de champan sobre mis piernas.

    –Uy D. Luis me he mojado los muslos, voy a por una toalla para limpiarme

    –De eso nada, yo te limpiaré.

    Acto seguido se giró hacia mí y empezó a acariciarme y lamerme los muslos donde había caído el champan. Eso era nuevo y me excitó.

    –Por Dios D. Luis, que una no es de piedra. Eso no me lo habían hecho nunca.

    –Pues hoy te haré más cosas que no te habían hecho nunca y que te van a encantar

    Dicho y hecho, me desabrochó la blusa y empezó a acariciarme las tetas mientras yo estaba toda pasiva con la copa de champan en la mano.

    –D. Luis tenga compasión de mí que solo soy una débil damita, que está loca por usted y que espera con ilusión los días que usted nos visita

    –Eres un amor Anita, pero yo sé que eres un poco guarrona y que también me harás algo que me haga disfrutar.

    Dejé la copa sobre la mesa y mientras me abrazaba y chupaba mis pechos, empecé a desabrocharle el pantalón, para liberar lo que ya estaba bastante duro y hacerle lo que ya había pensado, pero dejé que las cosas se desarrollarán

    Me pidió que le desnudara y no me hice rogar, poco a poco le desabroche la camisa y le bese los pechos lamiéndole suavemente los pezones, hasta que se le pusieron bien duros y tiesos.

    Le quité los pantalones teniendo buen cuidado de pasarle la mano por la polla que ya estaba bien dura.

    –Anita, he traído un poco de música porque me apetece mucho bailar contigo

    –Lo que usted diga D. Luis

    Puso en el celular una canción muy romántica y nos pusimos de pie para bailar.

    Yo le puse mis dos brazos alrededor de su cuello, apretándome bien contra sus cositas El me cogió por la cintura, pero en seguida me magreo las cachas apretándolas más contra él.

    –Voy a hacer algo que no te he hecho nunca y que te va a gustar

    –Sorpréndame D. Luis

    Luis se desprendió del calzoncillo y me metió la polla entre los muslos muy fácilmente porque yo soy bastante más alta que él

    –Oh Ohhh que sensación

    –¿Te gusta eh cachonda? Seguro que no te lo habían hecho nunca

    –La verdad es que nunca y me gusta, me gusta

    Estuvimos restregándonos un buen rato, yo me dejaba hacer todo lo que él quería, me chupaba los pezones, me sobaba el culo y de vez en cuando me volvía a meter la poya entre los muslos y hacia como si me follase. Yo trataba de contonear mi cintura para frotar su polla con mis muslos para ponerle más caliente y, por los mugidos de toro bravo que daba creo que lo conseguía pero al mismo tiempo temía que se me corriese antes de lo querido.

    –Oh Ohhh Me está usted poniendo a cien, D Luis y yo también quiero hacerle a usted algo nuevo.

    –Ya me imaginaba yo que algo nuevo me harías, a ver que me haces

    –Vamos a sentarnos

    Nos sentamos en el sofá, yo con la blusa desabrochada y él desnudo del todo., entonces y puse la luz de la habitación en penumbra y le dije que le iba a enseñar una nueva manera de beber champan, que no se moviese y que me dejase actuar.

    Teníamos las copas casi llenas ya que habíamos bebido muy poco,, le cogí la poya, la descapulle y metí dos dedos en una copa, los mojé con el champan y le mojé el capullo, acto seguido me lo metí en la boca y lo saboree con la lengua.

    –Que viciosa eres, nunca me habían hecho nada parecido

    o Pues pienso beberme así las dos copas o si el señor aguanta, toda l botella.

    –Calla y sigue bebiendo que esto no me lo esperaba, golfa.

    Lo volví a repetir varias veces mientras D. Luis se retorcía cada vez que me la metía en la boca. Llegado un momento mientras yo me agachaba a chupársela con el champan, D. Luis me magreaba las nalgas con la mano que tenía libre, me dijo

    –Yo también quiero beber champan

    Mojo dos dedos en una copa y me empezó a magrear las nalgas, pero en un momento que yo estaba desprevenida, me metió un dedo en el culo.

    –Ay, por favor D. Luis me está poniendo que no me puedo resistir.

    –Yo tampoco me puedo resistir, ponte a lo perro apoyada en la cama

    –D. Luis ¿qué me va a hacer usted?

    –Lo que estas deseando que te haga

    Me puse como me dijo, a cuatro patas con El pecho apoyado en la cama y esperé abierta de piernas, la verdad que con muchas ganas. D. Luis se quitó el bóxer, pero no la camisa, le dije que Eso no estaba bien y que quería sentir su pecho sobre mi espalda.

    –Por favor D. Luis no me haga sufrir más, pero métamela suavecito, que yo lo vaya notando.

    –Lo que tu digas.

    Fue empujando despacito como yo le había dicho, noté como me entraba el capullo y luego toda entera, hasta que sus huevos se apretaron contra mi culo.

    –Ahh Por favor hágamelo suavecito como usted sabe

    –Como te gusta que te folle despacito, te voy a volver loca

    D. Luis la sacaba casi del todo y luego me la metía poco a poco para notar como me entraba y sensibilizar mii tesorito, una delicia.

    –Ahhh D. Luis que bien lo hace usted,

    –No hables, solo disfruta y jadea si te apetece, que sabes que me gusta ver que lo pasas bien

    D. Luis siguió metiendo y casi saliendo una y otra vez y cada vez me daba más gusto cada vez que empezaba una entrada del capullo, yo no podía reprimir un Ahhhh y hasta me olvidé de lo de D. Luis

    –¡¡Así, así sigue follandome así, como pares te mato!!

    No tardé mucho, por las metidas cada vez más rápidas, de notar que se iba a correr. Yo también estaba a punto. Se apretó más contra mí y me abrazo por delante y dio un mugido y se vino con un

    –Toma toma toda mi leche

    Yo estaba tan caliente que, al notar su mano sobre mi polla, no pude aguantar y me corrí también con un largo mugido y un ¡ahhh!, que debió escucharse en todo el hotel

    Nos quedamos abrazados hasta que se salió su polla de mi culo

    Nos levantamos los dos con los bajos llenos de leche y nos miramos.

    –Vaya polvazo que hemos echado

    El resto de la tarde también fue muy agradable.

    Me encantaría recibir vuestros comentarios.

  • Carla: con abogados, padre e hijo (1)

    Carla: con abogados, padre e hijo (1)

    0 % real, salvo los nombres, obviamente.

    El tío y su amigo habían aportado los datos básicos que la memoria colectiva del pueblo originario de la mamá de Carla, guardaba. No era mucho pero sí muy concreto. (para entender mejor ver relatos anteriores, “tercera vez con el tío”, y “el tío la coge y la prostituye”.

    Joven estudiante iba a pasar un par de semanas en verano con familiares en el pueblo, noviazgo con chica linda, embarazo, y desaparición súbita…” si te he visto no me acuerdo“. La chica mantiene su embarazo, nace una niña y la madre la mantiene como puede, empleada de comercio, ayuda familiar, tareas de limpieza en casas de familia.

    Cuando no puede mas, se va del país, deja a su hija Carla de 10 años con los tíos la (la hermana de ella y su marido (a quien ya conocen, ver relatos), rehace una modesta vida en pareja muy lejos, pero nunca pierde contacto con su hija ni con los tíos.

    Los tíos siempre mantuvieron como pudieron a Carla y entendieron cuando a los 20 años se vino a Montevideo a tratar de estudiar. Luchando y limpiando casas logró hacerse traductora de dos idiomas, una mejora considerable. Un largo noviazgo y convivencia facilitaron su vida hasta que a los 27 años se terminó. Buscó consuelo, me encontró y el resto lo saben.

    El tío trajo los datos y entre polvo y polvo le contó todo a Carla. Ella siempre quiso terminar de conocer su pasado, cosa que su madre, con quien mantiene excelente relación a distancia, nunca quiso revelarle.

    Rápidamente, con los datos de que su padre era estudiante, un apellido y casi nada más, un investigador, que existen, en dos días le pasó el informe completo, que al presente, Carla, pudo pagar sin problemas.

    Habiendo retomado sus estudios de Derecho, hablando con compañeros, no tenía dudas de su situación, pero deseaba que se lo confirmara un profesional reconocido, para total certeza.

    Fue directamente a un estudio jurídico en Ciudad Vieja, como casi todos… Digamos Dres J y J (h) abogados, como luce en la puerta.

    Solamente pudo obtener hora para el final del día, a las 16 y 30, algo a la larga favorable. Sabes Sergio? Debe ser lindo estar con padre e hijo, ya me encanta con el del banco y sus hijos… por que no pruebo de invitarlos al apartamento? Me acompañas? “Obvio que sí! Puede estar buenísimo!” .

    Llegó Carla puntual, la secretaria ya se iba por ser viernes, le queda mejor irse antes del rush… Carla pagó por adelantado la (cara) consulta. Y pasó a la oficina. Muy tradicional. Calefacción ya apagada por ser última consulta, Carla mantiene su abrigo escrupulosamente cerrado.

    Presentaciones de rigor, aunque Carla se guarda un detalle pues solamente tenía consultas genéricas, luego de explicar su situación.

    Tengo derecho a compensación económica por el abandono de mi padre?

    Podría, si quisiera, recuperar mi apellido? Solamente para saberlo, no me interesa, dijo.

    Las respuestas confirmaron lo que ya Carla sabía y le habían confirmado sus compañeros avanzados de estudios.

    —No le corresponde compensación, prescribió la obligación.

    —Sí, podría recuperar si quisiera su apellido, y su filiación, es un simple juicio solventado por análisis de ADN, que todo juez autorizaría.

    Algo mas de información, intrascendente, mas que nada para justificar los honorarios. Y Carla se despide, saludando y con un “debo irme, no traje el coche porque hoy viernes a esta hora es una locura!”.

    —Hacia donde va?

    —Hacia el Golf digamos, me espera mi pareja, no convivimos pero nos pudimos tomar unos días juntos.

    —Si acepta la llevo, paso por allí obligatoriamente hacia casa.

    —Sería un gran favor, y entonces lo invitamos a un café.

    —Acepto gustoso! J ya estaba apreciando la onda y belleza de Carla.

    Corta caminata hasta el parking, viaje excesivamente demorado hasta el apartamento, en el viaje, pese al abrigo largo, Carla se las arregló para cruzar las piernas y mostrar al menos hasta las rodillas sus elegantes botas y medias negras, y el borde de una falda azul oscuro muy seria.

    Al llegar, Carla le dice a J que llamará al portero, (sí, ese portero) para que pese al coche desconocido, les habilite la entrada al garaje del edificio, “por seguridad y discreción” —Que detallista! Dijo J… va a ser buena abogada! —Eso espero! Bien cara es la universidad privada. Pero terminaré rápido, espero poder pagarla,

    Subieron al apartamento, Carla me presenta a J, me dice que es quien la ha asesorado y le quito el abrigo y se va a preparar el café prometido a J…” espero que no esté apurado, así le cuenta a Sergio por si se me escapó algún detalle”.

    Debajo del abrigo había aparecido una versión muy seria de Carla, tailler azul oscuro, camisa blanca no muy escotada, botas y medias negras.

    Mientras preparaba el café y se demoraba, nosotros conversamos del tema jurídico.

    Y en la cocina, Carla se levantó la falda mas arriba de la cintura, desprendió dos botones de la camisa y justo antes de traer los cafés, me llamó al celu. Yo fingí que era una llamada de trabajo y me disculpé con J, yendo a otro ambiente.

    Carla trajo los cafés, retomaron el tema, Carla ampliando información intrascendente… ”dicen que mi papá de joven era terrible, no se le escapaba nadie”.

    De pronto, “uyyy, Sergio no vuelve, y con la calefacción tan alta las botas me están matando y el cierre es un poco corto, me ayuda J?”. “Obvio, sí, aunque sea como para compensar el frío de la oficina porque ya habíamos apagado la calefacción”.

    Carla bajó el cierre de cada bota y estiró las piernas. J se acercó, se agachó y tiró de las botas sacándolas, se demoró dos o tres segundos mas de lo necesario, y seguramente vio una buena porción de muslos con medias y portaligas.

    Volví (estaba atento a la situación) y Carla dijo tomate tu café Sergio, yo me cambio y vuelvo, ahora muero de calor.

    Mientras ella se fue y volvió, hablé con J de su estudio jurídico, en sociedad con su joven hijo, de 29 años, también abogado obviamente, de la fama de mujeriego del padre de Carla, y deslicé que “algo de eso heredó de él”.

    Volvió Carla totalmente deportiva, zapatillas, calza negra con franjas transparentes en cada pierna, de cintura a tobillo, y camiseta bien ajustada. Tetas y culo un espectáculo, J se notaba interesado.

    —Me pareció oír que hablaban y le contabas algo de mi supuesto papá? Por eso J es que Sergio y yo somos amantes, libres y liberales . Otra ronda de café?

    —No no, Carla, muchas gracias, ya debo irme, se me hace tarde.

    —Que lástima! Podríamos conversar mas del tema. Mañana tiene tiempo libre? El café es bastante bueno y quizás su hijo pudiera aportar algo al tema.

    — El café es bueno de verdad, y mañana sábado de tarde en vez de ir al fútbol, le puedo decir a mi hijo de venir por un delicioso café y conversamos mas.

    —Te parece bien Sergio? —Excelente, amor.

    —Nos vemos mañana a las 15? Los esperamos —Perfecto.

    J se paró para irse, visiblemente “nervioso” sobre todo cuando Carla se adelantó a abrirle la puerta, luciendo ostensiblemente el culo . Y lo despidió con un beso en la mejilla, pero apoyándole las tetas en el pecho,

    —Viste Sergio? Se fue entusiasmado… —Se fue super excitado me parece, lo preparaste bien. Lo de las botas debe haberle encantado. —Sí, se demoró para mirar! Ja ja.

    Al otro día, sábado, 15 minutos antes de lo convenido, ya llegaron Jo (padre) y Ju (hijo), llamémosles así para diferenciarlos.

    Debido al adelanto de los visitantes, Carla se hizo esperar un ratito. Vino, aprovechando la calefacción con un vestido corto, floreado, arriba de la rodilla sin ser mini, cerrado al frente con un largo cierre zipper, con una borla y flecos en la presilla de cerrar/abrir y tacos bien altos, complementados con medias negras.

    Presentaciones, comienzo de la conversación y ronda de refrescos… básicamente, no podía ser de otra manera, el hijo opinaba igual que el padre… cero posibilidad de reclamo económico y certeza, si a Carla le interesara, de hacer que su padre la reconociera como hija, ADN mediante. — No me interesa para nada…sería una ofensa a mi madre.

    Lentamente fuimos derivando al tema de como hace 33 años también se daban embarazos no deseados, como las costumbres se han ido haciendo mas laxas, “hasta en parejas serias” acotó Carla.

    —Bueno, es solamente sexo, por lo general, acotó el joven Ju.

    —Cierto, acoté yo, es muy común disfrutar del sexo independientemente del amor.

    —Lo dice por nosotros acotó Carla, solemos disfrutar mas allá de nuestro amor.

    —Ciertamente, acoté…

    Sorpresa es poco para describir la reacción de nuestros invitados.

    —Eso es cierto? preguntó el padre! —Yo creo que nos invitaron por eso acotó Ju.

    —Te parece Ju? Dijo Carla mientras hacía un tremendo cruce de piernas que hizo correrse el vestido hasta donde el portaligas se sujeta a la media en una de las piernas.

    —Ves papá? Ayer cuando me comentaste que tenías sospechas de algo te dije que seguramente eran swingers o cuckold o algo así.

    —Y parece no haber dudas.

    —Alguien lo duda? Dije, mientras acariciaba el muslo de Carla. — Si tienen dudas podemos hacerles una demostración para darles certeza. Y le iba levantando el vestido hasta mostrar los muslos, completos.

    —Doctores, dije, (recordemos que en Uruguay a los abogados se los suele llamar doctores)… gustan quedarse o por sus compromisos prefieren irse?

    — Yo no tengo compromisos dijo Ju enfáticamente… que vas a hacer vos papá?

    —Yo salí al fútbol contigo y sigo contigo!

    —Querido no se si querrán que me entregues a ellos o si uno de ellos me desviste, son gente de nivel y vamos a respetar su gusto, acotó Carla.

    —Mejor si Sergio nos la entrega, así no hay dudas y nosotros disfrutamos viéndola.

    Como tantas veces, lo habíamos planificado, y pensábamos repetir algunas cosas.

    Situado detrás de ella, comencé a acariciar su cuerpo, sus caderas primero, subiendo el vestido hasta mostrar el puño de las medias y los enganches del portaligas. Luego lo dejé caer, y fui subiendo las caricias hasta los pechos, mientras le besaba el cuello y se lo lamía.

    Carla giró la cabeza y nos empezamos a besar, mostrando el juego de lenguas… uffff dijo Jo.

    Comencé de nuevo a sobarle los pechos y a bajar lentamente el cierre frontal del vestido. Notaba que los pezones se endurecían con las caricias. De a poco apareció el corpiño, hecho expresamente… formato tradicional, pero en vez de copa de tela, tres delgados hilos verticales, todo en negro, uno al centro por encima del pezón y uno a cada lado, un poco separados. A esa altura, el pezón levantado ya salía por el costado de su hilo. Aproveché para pellizcar levemente los pezones y pasar dedos ensalivados suavemente por cada areola. Carla gimió y Ju dijo que hermoso!

    Seguí bajando un poco el zipper hasta que el vestido podía bajar por sí solo. Lo fui bajando y me detuve cuando SORPRESA! Aparecieron los pelitos… Divino! Dijo el padre, yo te dije que si se daba iba a ser re lindo, no tenía dudas después de como nos despedimos ayer.

    Si había sido todo lento, mas lento aún lo hice a partir de allí, bajando milímetro a milímetro hasta que apareció un mínimo triángulo negro, que oficiaba de micro tanga hilo. Ahí dejé caer el vestido, y la pudieron ver de frente en todo su esplendor.

    —Mirá lo que nos vamos a comer viejo! Exclamó Ju fuera de sí. —Sí, pero yo soy mayor, me toca primero, dijo Jo poniendo a su hijo en su lugar ja ja.

    Carla sacó los pies del vestido caído al piso, avanzó dos pasos y estuvo a medio metro de ellos medio minuto o algo así.

    Giró, mostrando el culo solamente con el hilo negro, estuvo diez segundos y caminó hacia mi.

    Le bajé la tanga, mini tanga, micro tanga, ultra micro tanga, como la llamemos, y vieron que con o sin hilo el culo seguía siendo hermoso.

    Suspiraron…

    —Todavía no, les dije, pero si quieren desnudarse, adelante…

    Carla se arrodilló en la alfombra y yo detrás de ella comencé a acariciar su concha, con mis dedos que mojaba el la boca de ella. Ellos ya en bóxer mostraban evidentes erecciones.

    Paré de masturbarla y vi que el hijo ya desnudo se tocaba, de forma muy particular, pues se acariciaba los huevos.

    Me acosté al piso y Carla se sentó sobre mi cara, yo le lamía la concha y ella se masajeaba los senos y gemía, de a ratitos se relamía. La concha re húmeda.

    Me salí de abajo de ella, nos paramos ambos, nos acercamos.

    La pija de Ju re dura ya, doblada a la izquierda, de las que dan trabajo, la de Jo, el padre, a medio parar, gruesa y se notaba que a full iba a ser cabezona, los huevos, muy colgantes, y ambos con los pelos bastante recortados.

    —Creo que Carla está en condiciones de entrega… aceptan? Y en ese momento Carla los tomó de la pija a ambos, lo cual fue como mágico en la de Jo, que se endureció al instante… —Te gusto Jo? —Desde ayer en el estudio y cuando te traje. Pensé seguramente ésta es putita… sin ofender! — Para nada ofendés! Pero Sergio siempre el mismo desprolijo! Sabés que me gusta que me entregues de novia! Como para disfrutar lo que mi mamá nunca pudo!

    —Cierto amor, preparate y venís.

    Fue a vestirse de nuevo, con la lencería que ya los lectores conocen… aunque omitió las medias para ganar tiempo.

    Nosotros, nos miramos, los tres desnudos, pija dura, nos reímos…y para disimular nos sentamos el par de minutos que Carla demoró.

    Volvió haciendo sonar los tacos como aviso, había cambiado sus zapatos negros por otros blancos altísimos, mini tanga blanca nacarada, atada a los costados, encima de la cadera, dejando ver la tira de pelitos, prolija, hermosa, un corpiño media copa con pezones al aire y velo de tul a la cabeza.

    —Ahora sí voy a disfrutar de haber sido entregada! Los tomó a ambos del brazo y fuimos al dormitorio.

    Llegamos y los dejó, se paró frente a ellos, —Y bien, quien es el novio? —Yo!!! Exclamó Jo, haciendo valer sus galones.

    Carla se acercó, le refregó su cuerpo aún en lencería…lo besó y en segundos entrelazaban las lenguas, él le quitó el velo. Ahora vos Ju, desnudame para tu padre!

    Con la verga como piedra, Ju se acercó y le quitó el corpiño y desató la tanga, que se la quedó en su mano para olerla.

    Carla volvió a besar a Jo apasionadamente, con lengua a fondo, pasándole saliva a la boca de él que le acariciaba el culo con gran placer, notorio placer.

    De a poco Carla empezó a bajar hasta la pija, se arrodilló y comenzó a lamer los huevos, luego lamió el tronco y apenas le besó la cabeza de la verga un par de veces… no quiero que te vengas muy pronto…

    Y de allí, parándose lo llevó a la cama. Lo puso boca arriba y le ofreció la concha a chupar, montándolo como había hecho conmigo.

    Una seña mientras Jo le chupaba concha y clítoris y yo le pasé a Carla un forro ya abierto. Ju se seguía tocando, acariciando los huevos, quizás con miedo a acabar súbitamente.

    Quiero ponerla dijo Jo… Carla le puso el forro, que entró ajustadísimo por el grosor de la pija, y con la pija en la mano comenzó a metérsela, ahora puesta de espaldas a él.

    Carla pensaba, y pensaba bien, que ver como ella subía y bajaba, y que haciendo algún guiño anal, Jo estaría encantado. Y así fue, pero resonó una advertencia… — Avisame cuando estés por acabar! Quiero verte acabar sobre mí. Y empezó un lento subir y bajar, los ojos de Jo no parecían poder captar toda la belleza de ver como la concha super ajustada a la pija subía y bajaba sin pausa, y a veces, el ojetito hacía un guiño juguetón.

    Poco tiempo pasó y Jo avisó: falta poco y me acabo!

    Lentamente Carla subió hasta que se salió la pija, le dio un instante de respiro a un agitado Jo, le sacó el forro y volvió a meterse la pija hasta el tronco, con un sube baja más rápido.

    —Pero… balbuceó Jo… —Pero nada papá te va a ordeñar todo. Dijo Ju

    —Ama la leche, les dije.

    En instantes Jo apretaba las mandíbulas y su escroto se contraía y aflojaba mientras acababa dentro de Carla. Ella siguió y siguió hasta que la verga de él, blanda, se salió de ella.

    —Te la voy a limpiar… y se la chupó mientras yo hacía señas a Ju de que era su turno. Se acercó y aprovechando que Carla estaba casi en cuatro limpiando a lengua la verga de Jo, el joven se dedicó a besarle la espalda y la raya del culo, acariciaba sus nalgas. Cuando Carla terminó de limpiar la pija de Jo, se dio vuelta, como invitando a Ju, y él hizo algo que nunca le habían hecho a Carla…

    Se puso perpendicular a Carla, sobre su cara y prácticamente le metió toda la pija en la boca, apoyado en las palmas de las manos y la punta de los pies, comenzó a cogerle la boca, mientras, super excitado yo le chupaba las tetas. Estuvo así un rato y la sacó. — Ufff dijo Carla ese juego es nuevo para mi, y me gustó, aunque casi me asfixio ja ja. En un segundo, Ju estaba sobre ella, la besaba, le salivaba dentro de la boca, le chupaba las tetas… hasta que empezó con la cabeza de la pija a recoger el semen que escurría de la concha y a refregarle la pija en los pelitos, iba y venía iba y venía, los pelitos brillaban ya cubiertos de leche y de flujo, y entonces Ju pasó a los labios de la concha.

    El mismo trabajo, ayudado ahora por los jugos cada vez mas abundantes de la conchita de Carla. Entonces, síntoma inequívoco de penetración, después de dejarle los labios casi rojos de frotarlos, se detuvo, ensalivó abundantemente el glande y puso las piernas de ella sobre sus hombros. Apunta y meterla fue todo uno, sin prisa, sin pausa y sin forro se la metió hasta los huevos, realmente hasta que los huevos tocaban el perineo.

    Se movía lento y Carla acompañaba, se besaban, ella le mordía los hombros, y dale y dale… al final, él dijo adentro o en la boca? —Adentro! Me encanta! Y allá fue la acabada de Ju, pasando a la consabida limpieza en cuatro, lo cual aproveché para yo también ponérsela, una delicia de encharcada como estaba… me acoplé al ritmo con que ella se la chupaba para limpiarla y en dos o tres minutos también mi licor se mezclaba a los restos de los otros.

    Seguimos chupando todo su cuerpo, besándola, nos chupaba… de pronto miro a Ju y ya estaba de verga dura de vuelta. Sabiendo que Carla se había preparado con enemas pre anal, le comencé a chupar el culo, inmediatamente atraje la atención de Ju que miraba atentamente… —Que lindo culo tiene! —Lo querés? Te lo preparo, dije ensalivándolo y tomando de la mesita de noche un sachet de gel .Le unté bien el agujerito, metí un dedo… mas gel… y se lo señalé. —Es tuyo.

    Ju le apuntó la cabeza de la verga y comenzó a meterla despacio, la curvatura de la verga dificultaba la entrada, pero, al final, entró. Ayyy me duele pero me encanta decía Carla, pero no me acabes adentro, la quiero en las tetas. Miré a Jo y vi que se masturbaba frenéticamente, pero con la verga gomosa. —Podré? Me dijo. —Ojalá dije yo. Cuando la tuvo dura le pidió el lugar a Ju, que así cumplía con no acabarle adentro . La entrada de la cabeza de la verga de Jo fue monumental, gel, empuje, quejidos, mas gel mas empuje mas quejidos, y de pronto plop! Entró. El ojal, estirado al máximo por el grueso tronco, Carla entre quejidos y gemidos de placer. Ju se masturbaba y al ratito la pija de Jo flaqueó y la sacó. Los dos se masturbaron a full, los tres en realidad, y le dejamos en las tetas lo poco que a cada uno nos quedaba.

    —No recuerdo un día como hoy!!! Exclamó Carla, mientras con sus dedos recogía la leche que dejamos en sus tetas y se la tomaba. Eso de que me cogieran la boca!

    Esa verga curva adentro… que delicia! ésa cabezona entrando en mi! Ni con mi tío!

    —Como!? Te coge un tío? —Sííí y muy bien me coge, en realidad es marido de mi tía, pero como hoy, nada. Y se prendió a besar a los dos en la cama, ya cansados, pero intercambiando salivas, restos de leche y entusiasmo, mucho entusiasmo.

    —No te voy a mentir dijo Jo, para nosotros ha sido una experiencia inigualable.

    —Estoy seguro que repetiremos dije… —Síí por favor! Dijo Carla. —Tan seguido como podamos dijo Jo, siempre con la voz cantante.

    Seguimos con las caricias y los besos, alguna lamida de concha hubo y al final, fuimos duchándonos y vistiéndonos, también prendimos la tv para que al menos supieran el resultado del partido que supuestamente habían ido a ver.

    Ya vestidos y distendidos, Carla tomó la palabra: Volverán? —Síí, unánime. Ha sido espectacular… “Yo volvería mañana mismo dijo Jo”… Serías capaz? Preguntó Carla… —Muy capaz! Mi mujer todos los domingos se va a tomar el té con amigas y yo salgo a caminar, visito algún amigo o me voy al estudio a preparar casos difíciles.

    —Mmmm que lindo que me tengas tantas ganas. Y vos Ju?

    —Yo desesperado quisiera, pero no puedo, me comprometí a un asado en Punta del Este y no puedo fallar… pero lunes o martes te llamo si me das el número.

    —Igual! Divino solitos Jo, Sergio, y yo! Y tú cuando quieras. Voy a ser sincera, con la cogida de hoy serán bien recibidos siempre. Y Sergio les pasa su celu, siempre es él el que consigue el apartamento y sabe si ando con ganas de recibir. Aunque casi siempre sí, y con ustedes… una delicia, no sé, nunca me pasó, tenerlos adentro y sentir su leche era como el paraíso para mi.

    Se sentó en la falda de Jo, lo besó un ratito, “te esperamos mañana, Dr. “.

    Beso de lengua a Ju y se marcharon, eufóricos.

    —Viste Sergio? Te aseguré que no fallaba, y no falló!

    A continuación, vendrá el relato de la tarde de domingo con Jo, y una gran sorpresa.