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  • Compartiendo camarote en la terminal de autobuses

    Compartiendo camarote en la terminal de autobuses

    Quiero contarles de la vez que me tuve que quedar a dormir en la terminal del Pulman de Morelos por causas de fuerza mayor.

    Sucede que a mi querido esposito no le dio la gana ir a recogerme al trabajo esa noche, prefiriendo quedarse con sus amigos en casa viendo futbol y alcoholizándose mientras su indefensa esposa se ganaba el pan de cada día con el sudor de sus nalgas; recientemente entré a trabajar como afanadora en esa línea de autobuses, realizando la limpieza interior de los mismos, al tener trato directo con los operadores, se fue dando cierta camaradería y confianza, al grado que comúnmente, no sé si a las otras chicas, pero a mí me ofrecían su camarote si en algún momento lo necesitaba, a lo cual solo evadía las invitaciones considerando que no era apropiado por ser una mujer casada; debo decir que me casé muy chamaca, quince añitos apenas, con un tipo que, ahora que lo pienso, solo quería ser el primero en disfrutar este cuerpecito delicioso que dios me dio, con esa candidez característica de niña inocente, en fin.

    Resulta que esa ocasión, fin de semana largo, en el que se carga el trabajo porque hay mucha afluencia de vacacionistas, me fue imposible regresar en transporte público a casa por lo tarde que era, así que decidí llamar a mi esposo para que me recogiera en el trabajo, recibiendo una negativa rotunda de su parte, así que molesta, pensé en la forma de buscar donde pernoctar, cosa que no fue problema, considerando que a mis diecinueve recién cumplidos, mis formas ahora son más voluptuosas y difíciles de disimular, despertando cualquier pensamiento turbio en los operadores; el caso es que me animé a pedirle a Robert, un señor en los cincuenta muy varonil por cierto, quien me ha ofrecido su camarote en repetidas ocasiones cuando no le toca salida, me dejara pasar la noche en su “nidito de soltero”, a lo cual no puso objeción.

    Solo te recuerdo Mary que no me dio tiempo de hacerlo habitable para ti.

    No te preocupes, sé cómo son los hombres de desordenados, solo dormiré unas horas y antes de entrar a laborar, te lo dejaré rechinando de limpio.

    No es precisamente el desorden lo que me apena linda pero bueno, ya mañana me preocuparé, vengo muerto de cansancio, que descanses rico, bay.

    Una vez solucionado el problema del dormitorio, me fui a las regaderas a refrescarme para descansar a gusto; me dispuse a desnudarme quitándome la ligera ropa, la cual consistía en tan sólo un top que permite apreciar mis pezoncitos ji ji, he de decir que mis tetas son pequeñas y prácticas pues me permiten ser muy ágil en ciertas actividades, una mini, que con solo bajar la cremallera se deslizó hasta caer al piso y deshaciéndome por último de mi sexi tanguita, me sentía picarona y un tanto curiosa por conocer un camarote, sobre todo por los comentarios de algunas compañeras que han pasado ratos agradables con los tremendos operadores.

    Así, sentada en la banca, totalmente desnuda, y sabiéndome sola por la hora que era, recapitulaba el porqué de mi relación marital, para mi esposo, ya no era atractiva, si tenía suerte me cogía una vez al mes y si no, cada que nos invitaban a alguna fiesta, creo eso le elevaba la lívido porque era cuando yo podía gozar de un buen trozo de verga, lástima que las fiestas no eran tan seguidas.

    En eso estaba cuando sonó mi celular, era mi comadre de México quien me avisaba que llegaría con mi compadre para pasar un rato ameno con nosotros, le platiqué que no sería posible pues debía trabajar; así, entre plática y plática nos abrimos a temas más íntimos, terminando en confesiones muy candentes, donde a través del cel., ellos podían percibir que me masturbaba, pues de vez en vez, hablaba entrecortado por lo excitante de la plática, mientras que yo claramente escuchaba como mi compadre le chupaba su cosito a la comadre con total descaro, al menos de eso estaba segura porque, aunque no me lo decían, se escuchaba ese inconfundible slurp, slurp de un buen sexo oral, y los ocasionales gemidos ahogados de mi comadre; mmm que rico y qué erótico.

    Tan concentrada estaba escuchando, imaginando y acariciando frenéticamente todo lo largo de mi peludita vulva, sintiendo como poco a poco invadía mi cuerpo un delicioso estremecimiento desde lo más profundo de mi vagina, que no me percaté cuando repentinamente abrieron la puerta del vestidor, siendo imposible parar, solo pude decir con voz entrecortada “no pa-sen”, como pude colgué y me encogí apretando mi mano entre mis piernas pues era superior a mis fuerzas; el orgasmo llegó simultáneamente con Rita mi compañera, quien cubría el turno de la noche.

    Perdón, perdón amiga, no vi nada, no vi nada…

    Cerrando tras de sí, se retiró muy apenada, quizá más de lo que yo podía estar pues debo confesar que me prendió enorme saberme sorprendida dándome placer en los vestidores.

    Una vez repuesta, me duché con agua fría y ya fresca y perfumada, me puse encima solo una blusa que cubría apenas el nacimiento de mis nalgas, así sin nada debajo, me enfilé hacia donde estaba estacionado el autobús, abriendo el compartimiento lateral de éste y de un salto me introduje al dormitorio cerrando tras de mí.

    Como al cerrar se oscureció todo, busqué a tientas el contacto y una vez que lo hallé, encendí la luz, quedando tremendamente sorprendida, jamás me imaginé que pudiera ser tan agradable un dormitorio de este tipo; frigobar, pantalla, cama King sise pero lo que me encantó fue el costado de su cama, pues lo que por fuera es un tragaluz de cristal corrido, por dentro resultó ser un espejo que solamente se veía hacia afuera… me encantooo; ya sin sueño por la emoción, me dispuse a curiosear, encendiendo la pantalla y desnudándome por completo, me acomodé con cierta coquetería posando frente al espejo, acariciando mi cosito, que para ese momento seguía mojadito por la excitación, en eso estaba cuando se cargó la pantalla y apareció un video casero; por dios, no podía creer lo que ante mi apareció, resulta que mi cuñada Rosa, la que me recomendó en el trabajo, la hermana de mi marido, era la protagonista; solo ver lo que sucedía, me puso a volar iniciando una rica masturbación.

    Ahí estaba Rosita en cuatro y de espalda a la cámara con un leggins blanco súper ajustado que permitía ver que no llevaba nada debajo y con el torso desnudo, al fondo estaba Rob hincado, desnudo con la verga en total erección apuntando deliciosamente a su pecho “mmm que rica” pensé; al acercarse a gatas, Rosita tomó sus bolas con una mano, no pude evitar admirarlas, eran muy lindas, cubiertas totalmente por una fina vellosidad, mientras con la otra hacía presión a su pene hacia abajo como si de un trampolín se tratase, soltándolo repentinamente rebotando en su abdomen de lo tenso que estaba, seguía jugando con él y se empinaba quedando sus nalgas en alto frente a la cámara revelando como su delicada pelambre coronaba su lubricada vulva que ya mojaba el leggins transparentándola totalmente, mientras se adivinaba que le estaba haciendo una mamada mundial a Robert, en tanto que éste le acariciaba las nalgas por debajo de su delgada prenda, alcanzando sus labios inferiores con su travieso dedo medio, lubricándolo para luego pasar a su íntimo hoyito e invadirlo parsimoniosamente, mientras ella gemía delicioso disfrutando lo que Rob le hacía, moviendo sus caderas con verdadero frenesí.

    Yo moría de la emoción, jamás imaginé a mi cuñis en una situación así y menos que disfrutara con las caricias de que era objeto, bueno, considerando que a mí jamás me han tocado de esa forma mi virginal anito y creo que ni en mis fantasías más eróticas cuando me masturbo, he imaginado algo así; acto seguido, ella misma sin dejar de dar placer a Robert con su boca, se fue desprendiendo del leggins, mostrando ante la cámara plenamente como esas expertas manos le daban placer, pues ahora con ambas recorría desde el nacimiento de sus nalgas hasta llegar al clítoris, que para ese momento lucía totalmente erecto, para mi mayor sorpresa.

    Debo decir que jamás terminas de conocer a la gente, mi cuñada es el tipo de persona que jamás quiere salir a divertirse, siempre alega que le resulta aburrido y de salir con chicos, ni hablar, y ahora, al verla a través de la pantalla en esa situación, lejos de enfadarme, me provocaba una terrible excitación, sobre todo porque era muy notorio que ella no estaba enterada que era video grabada, por lo que actuaba con total desinhibición; confieso que me excitó mucho imaginarme en un video de esos con Rob, pues dicho sea de paso, más de una vez le he dedicado mis momentos de intimidad, incluso he llegado a fantasear con él al estar cogiendo con mi maridito ji ji ji

    Y aunque no soy muy asidua a masturbarme, cuando tengo un buen nivel de excitación, me gusta disfrutar plenamente, sin inhibiciones ni remordimientos, soy el tipo de mujer que expresa su orgasmo sin tapujos y cuando estoy al borde del clímax, oh dios, me ausento de la realidad y no pienso en nada, si me ven o me escuchan no me importa, creo que eso no es muy bueno, pero que caray también creo que es lo más delicioso que nos obsequia nuestro cuerpo.

    Así, viendo cómo se desarrollaba la escena, continué elevando mi lívido, acariciando mis tetas, pellizcándolas, hundiendo mis dedos en mi cosito, sacándolos sólo para castigar mi erecto botoncito y regresándolos al fondo de mi candente vulva.

    Mmm delicioso, ahhh que delicia, ohhh dios, que delicia, me viene, me viene.

    Cuando estaba en lo más intenso y sentía inevitable el orgasmo, comencé a gemir pidiendo verga, imaginando a Robert haciéndome suya.

    Por favor… dámela aahhh me viene, aahhh así, así papi, la quiero atrás papi, como a Rosa, así como penetras a Rosa, quiero saber si es rico, quiero probar… por favor, mmm.

    Cuando súbitamente una descarga recorrió todo mi cuerpo y sentí desfallecer, apreté mis manos con las piernas en un instinto reflejo y abriéndolas, para venirme en un orgasmo etéreo, sin percatarme que Rita mi compañera, veía insistentemente a través del tragaluz, tratando de percibir si era de ahí de dónde provenía el ajetreo, fue tanta mi excitación de saberme nuevamente sorprendida auto erotizándome esa misma noche, que mi orgasmo se prolongó deliciosa e inexplicablemente.

    Aaggg, mmm, dios, aaggg, esto es delicioooso sííí aahhh.

    Y aun sabiendo que podía ser observada si miraban con detenimiento, me derrumbé disfrutando la calma después de tan intensa tempestad, solo cerré los ojos apenas unos instantes, y de repente zaz, se abre la puerta de golpe, entra la luz cual rayo que decide fulminar la retina más resistente; abro los ojos tratando de acostumbrarme a la claridad sin resultados, solo atino a cubrirme el rostro para poder reaccionar.

    Mmm que sucede? que hora es?

    Cuando logro acostumbrarme a la luz, ahí frente a mí con la mirada de total sorpresa o excitación, está Robert.

    Hola Mary, perdón no creí encontrarte aquí y menos en esta situación upps.

    Ahí estaba yo, diez de la mañana, totalmente desnuda, con rastros de mi último orgasmo sobre las blancas sábanas tratando de entender cómo fue que pude quedarme totalmente dormida y por tantas horas.

    Ou, ou, ou, si así va a ser siempre que utilices mi camarote linda, mmm creo que me agradará mucho ja ja ja.

    Una vez repuesta de mi amodorramiento y al percatarme de cómo me encontraba, pegué tremendo grito que se escuchó en todo Morelos; dios mío, estaba totalmente desnuda con las piernas abiertas y contraídas mostrando en todo su esplendor mi pubis, con las tetas al aire retadoras de cualquier mirada; acto seguido, jalé lo primero que tuve a la mano para cubrirme, privando a Robert del espectáculo que le brindaba por accidente.

    Pero qué hora es?

    Las diez de la mañana.

    Y que haces aquí?

    Me dispongo a salir de viaje, exactamente en dos minutos linda.

    Y yo? No tengo ropa para salir.

    Bueno, que sigas teniendo dulces sueños.

    Que significa eso?

    Que no puedo retrasar mi salida, que me tocó viaje especial a Acapulco y que será un placer comprarte un biquini para pasear por el malecón una vez hayamos terminado el viaje.

    Es que… yo… no puedo, es decir, no debo, es decir, me quiero bajaaar.

    Al intentar asomarme y en el estado de desnudez en que me encontraba, solo ver que en los patios varios operadores e intendentes se daban cuenta de lo que pasaba y seguían mis movimientos con sonrisas pícaras, no pude más que meterme de inmediato al camarote.

    No te preocupes linda, no soy tan mal compañero de viaje, veras que mañana por la tarde estamos de regreso puntuales y con una aventura más que contar a nuestros nietos.

    Mañana? Por la tarde? Mi viejo me matará por dios.

    Temo que sí chiquilla, por lo pronto descansa que ya te llamaré para almorzar en la primera parada que hagamos.

    Y cerrando tras de sí la enorme puerta, se oscureció como la noche anterior en que ingresé; ya en la oscuridad y el silencio reinante, me encogí acurrucándome y sonriendo emocionada de como se había portado este lindo operador; así, quedando dormida un rato más y sin pensar siquiera en el estúpido de mi marido, desperté con los toquidos que daba en la puerta Robert anunciando que abriría y yo, cubriendo mi desnudez.

    Hola chiquilla, es hora de salir, anda que nos espera un rico almuerzo, que bien que lo necesitas para recuperar la energía perdida durante la noche.

    Al escuchar eso, solo atiné a lanzarle una almohada y hacer un gesto de niña descubierta en sus travesuras.

    Pero… no puedo salir así Rob.

    Eso supuse y me tome el atrevimiento de comprarte algunas cositas, espero comprendas que esto no es Liverpool y que lo que te traje es del área de souvenirs del paradero linda, ya en Acapulco tendrás oportunidad de elegir a tu gusto, así que andando, te espero en el restaurante en cinco minutos porque en veinticinco más, nos vamos.

    Y cerrando nuevamente me dispuse a vestirme lo más pronto posible con lo que me había comprado.

    Que es esto?

    Por Dios, qué los hombres no saben que también usamos ropa interior?

    Reí para mis adentros pues solo me había comprado un leggins a la rodilla y un sujetador para niña que apenas cubría mis pezones, cosa que me dio ternura por ver su inexperiencia en este tipo de compras; el leggins como pude me lo enfundé y me quedó como si fuera mi piel en color blanco, mientras que el sujetador, era imposible salir con él sin nada arriba pues por los lados de los diminutos triángulos asomaban impertinentes mis areolas de un color café tenue, por lo que para poder salir y además verme sexi, opté por convertir la blusa con la que abordé el camarote, en una mini pechera que solo cubría mis tetas; vi mi reflejo en el espejo e hice un gesto de “te ves rica perris”; acto seguido, salí y dirigiéndome al restaurante, ubiqué la mesa de Robert quien aguardaba mi llegada, y al ir acercándome, sentí como tanto hombres como mujeres e incluso gente del paradero, me miraban con cara de deleite, cuando percibí esto, comprendí que mi vestimenta era por demás muy atrevida y no tuve más remedio que continuar avanzando con un aire de libertad y aventura que quizá esperaba desde hacía mucho.

    Robert por su parte, al estar de espalda, veía los gestos de la gente sin saber porque, pero cuando me puse frente a él y lo saludé, quedó en shock.

    Caramba Mary luces hermosa pero ven, toma asiento.

    Sucede algo?

    Nada, solo que no comprendía el desasosiego de los comensales pero ahora lo entiendo todo, me siento afortunado de ser el elegido de tu compañía, te ves hermosamente sexi, me tomé el atrevimiento de ordenar por ti, te importa?

    Que amable, pero dime, me veo muy atrevida?

    Pues en una escala del uno al diez, diría que te ves súper cogible, con todo respeto; además, parte de la culpa es mía.

    Parte? Toda la culpa es tuya, algunas mujeres acostumbramos usar de vez en cuando ropa interior ehh, te recuerdo.

    Te equivocas, solo parte de la culpa es mía pues si no fuera por ese hermoso cuerpecito, la ropa o los trapitos que te compré no serían nada, además aquí difícilmente encontraría más ropa de la que te di.

    Y es que, ya con calma me percaté que efectivamente se transparentaba en su totalidad mi monte venus y arriba, los triángulos del sujetador eran levantados salvajemente por mis pezones que rebosaban lujuriosos y erguidos como nunca los había sentido.

    Al sentirme adulada y deseada, cosa que hacía mucho que el estúpido de mi marido no hacía, me propuse disfrutar al máximo ese furtivo paseo, que además prometía mucho, a pesar que estaba consciente de que Rob solo buscaba llevarme a la cama como uno más de sus trofeos y que me estaba jugando el futuro “estable” con mi marido; así que sin pensarlo, opté por atreverme, total, más mal no podría estar, considerando que a mi esposo no le importó lo que pudiera pasar al dejarme la noche anterior en la terminal.

    Tierra llamando a Mary, no vayas hacia la luz, despierta chiquilla despierta ja ja ja.

    Tan ensimismada estaba, pensando en lo que podía pasar que se me fue el tiempo, así que comí en segundos y nos dispusimos a abordar; como era de esperarse, al saber que era acompañante del conductor, cual más quería esperar a que yo abordara para no perderse el espectáculo gratis que se ofrecía ante ellos.

    Y como fue, al levantarme y por el calorcito que ya permeaba, el leggins se me embarraba al cuerpo cual si fuera mi propia piel pues el sudor de mis nalgas hacía que se metiera totalmente dibujándolas como si no trajera nada, hoy que lo recuerdo, no sé cómo explicar la sensación de libertad que experimenté, era como si nada me importara, como si estuviera dispuesta a hacer todo lo que siempre quise sin dar explicaciones a nadie ni aguantar celos absurdos, era como si el saberme admirada y el saber que despertaba los más bajos instintos, me llenara; así que eché a andar contoneándome y sintiendo como la delgada tela dividía mis labios presionando mi vulva, haciendo arder mi clítoris al roce con la cadencia de mis caderas; una vez arriba y habiendo cerrado la puerta de los pasajeros, me acomodé en el asiento del acompañante, pensando mil cosas.

    Te puedo pedir algo?

    Lo que pidas dalo por hecho chiquilla.

    Quiero que este viaje sea inolvidable, quiero ser tu amante, cumplir y que me cumplas cualquier fantasía que nos venga en gana, no seré una carga lo prometo, traigo algún dinero en la tarjeta y me lo pienso gastar contigo vale?

    Y abrazando mi carita con sus manos, me dijo con voz suave cosas dulces que causaban en mí algo desconocido y que jamás había escuchado de mi marido pero que provocaban en mi pecho algo hermoso.

    No pienses en eso, solo sé tú misma y divirtámonos, sabes? Eres una chiquilla deliciosa.

    Y tú me atraes mucho papi… puedo?

    En ese momento comenzaba mi aventura pues sin pensarlo, me acomodé a lo largo del asiento, recargada en el cristal y viéndolo de frente, comencé lentamente a deslizar mi traviesa mano debajo del leggins lo que permitió que mis labios vaginales quedaran expuestos a mis caricias, mientras hacía esto, con la otra mano corrí los triángulos del sujetador, liberando de inmediato mis erguidos pezones, que exigían ser excitados, pellizcados, mordidos…

    Quiero que me lo hagas como a las putas que has llevado a tu camarote papi, ahhh, mmmgf.

    Él sin perder la atención al camino, me invitó con tono seductor.

    Solo disfrútalo, chiquilla.

    Ahhh, que delicia mmm no creo contenerlo más Rob aah sí, sí, que rico, aagh, mmm, no puedo apartar de mi mente la imagen de tu ardiente verga, así como la vi en tus perversos videos mmgm, no aguanto, oh cielos, ardo en deseos de saborearla, ya, ahhh, ay ya, mmgffm, me viene, me viene papi, aahhh.

    Explotando en un orgasmo delicioso y una vez que llegó la calma, me acomodé nuevamente el leggins que solito encontró su posición embarrándose en mi sudorosa vulva y pensativa, me dispuse a disfrutar del paisaje en esa loca aventura.

    Te ves muy atractivo en tu papel de piloto.

    Te parece?

    Mjm, ahora que recuerdo, solo espero que no hayas dejado encendida tu camarita anoche ji ji ji.

    Lamento decirte que se activa desde mi celular preciosa y créeme, te veías deliciosa.

    Imaginarme grabada en esa situación me enardeció tanto que acercándome a él, le susurré al oído:

    Te cogeré como ninguna puta te lo ha hecho papito.

    Y pasando mi lengua por su cuello, me retiré para no desconcentrarlo.

    Cuando hubo dejado el autobús en el puerto y quedó libre, me comentó que había pedido dos días de descanso, aduciendo que se sentía un poco fatigado, situación que me alegró sobremanera y en un impulso espontáneo me lancé a sus brazos besándolo en la boca con verdadero… amor?

    Por dios, que te sucede? esto es una aventura Mary, me repetía a mí misma sin saber porque reaccionaba así, pero ahora que lo pienso, sé que el cabrón de mi esposo fue el motivo de mi comportamiento tan efusivo; en fin, la aventura me gustaba.

    Vamos chiquilla, instalémonos en un hotel antes que oscurezca.

    Y tomándonos de la mano como dos verdaderos enamorados, nos dirigimos a lo que sería el refugio de nuestra pasión; una vez registrados, abordamos el elevador que nos conduciría a la suite en un décimo piso, ya adentro, nos pegamos cuerpo a cuerpo, ambos sudorosos y con la respiración agitada, me tomaba las nalgas, las estrujaba, sus manos se perdían no sé hasta dónde pero me hacía gemir mordiendo su boca y susurrando que me cogiera, que me tomara ahí mismo, y metiendo sus manos dentro del leggins las posó directamente sobre mis nalgas introduciendo un dedo en mi delicado hoyito diciéndome que sería un placer invadir tan deliciosa cavidad; en ese momento se abrió repentinamente el elevador, quedando de frente a una pareja de extranjeros en los cuarenta que vio con deleite nuestras ganas de coger y la sensualidad con que lo expresábamos.

    Avanti carissimi, il tempo lo richiede, non credete?

    Sonriendo, prácticamente corrimos a la habitación huyendo de miradas furtivas, al entrar nos encontramos con una panorámica hermosa que daba a la playa, al acercarme al balcón y disfrutar de la postal que tenía frente a mí, sentí como por detrás se apoderaba nuevamente de mi con ambas manos, deslizándolas a lo largo de mis caderas, desprendiéndome de mis ligeras ropas y él de las suyas.

    Espera amor, que haces?

    Quiero cogerte Mary.

    Ven, vamos a la ducha, quiero que me enjabones todos los rincones que vayas a disfrutar de mí, quieres?

    Sin pensarlo me giró levantándome, mientras yo me abrazaba a su cintura con las piernas y a su cuello con los brazos sintiendo su firmeza invadir de una sola vez mi cosito que ya anhelaba ser poseído.

    Ahhh delicioso, dame, dame aahhh me llenas papi aaggh así, así lo siento pleno mi amor.

    Y cabalgándolo, suspendida en el aire, me llevó a la regadera, mientras yo como podía, regulaba la temperatura del agua, al tiempo que él no cejaba en su cometido, me subía lento permitiendo sentir el recorrido de su ardiente verga hasta sacarla para luego soltarme penetrándome hasta el fondo.

    Mmm que delicia, jamás me habían cogido así, jamás; sigue, sigue, siento que me viene mmmm sigue aahhh, aahhh aggg

    De repente me invadió un calor centelleante que recorrió en segundos mi cuerpo entero, convulsionándome, subiendo y bajando yo misma al grado que me desprendí de él para quedar en el piso, derramándome en un torrente de sensaciones deliciosas mientras él, que no había logrado terminar, se deleitaba contemplando mi tremendo orgasmo.

    Jamás pensé siquiera que pudiera tener un orgasmo así, me enloqueces papito.

    Ya recuperada, lo jalé a la regadera y tomando el jabón comencé a recorrer su cuerpo, primero su espalda en la cual posaba mi mejilla y la deslizaba sintiendo su calor, pasaba el jabón por sus nalgas que dibujaban hilillos de vellos cubriéndolas, deslizaba mis manos por su ano, que dé inicio se resistía a ser invadido, relajándose después y aceptando mis caricias, (confieso que siempre quise hacer eso pero jamás me lo permitió mi marido) así, pasé a sus testículos tan delicados, me arrodillé en el chorro de la regadera y ahora pasaba por toda mi cara su pene, lo sentía, lo besaba, lo engullía disfrutando su fuerte erección, en ese momento le entregué el jabón y le di la espalda.

    Mmm, hazme sentir rico si?

    Sin más, su verga recorría la línea que divide mis nalgas haciéndome sentir sus venas inflamadas.

    Aagg mmm es divina.

    Me tomó los brazos, los elevó y dejándome en esa posición, recorría con sus manos resbalosas todo mi cuerpo, jugaba mis pezones, bajaba a mi monte venus y enredaba sus dedos en mis rizos, y esa sensación de su vello corporal en mi espalda mmm era rico de veras, recorría mi vulva, sus traviesos dedos se perdían cada vez más adentro sin dejar de pasar su candente verga por mis nalgas, sus caricias se intensificaban cada vez más hasta llegar a un punto en el que sentí que mis piernas no soportarían mi peso, así que me fui doblando para no caer pues sentía que explotaba… Dios, esas ganas de orinar mezcladas con una descarga eléctrica que me hacía contraerme sin saber por qué sentía tan delicioso, y fue que nuevamente me hizo derramarme entre gritos de verdadero placer.

    Por dios, que es eso Robert, que es lo que me haces, acaso quieres volverme loca?

    No entendía, siempre pensé que el clítoris era mi punto más erótico y ahora, Rob me hacía tocar el cielo y ni siquiera me había penetrado y aquí estaba, viniéndome como una verdadera puta, sin prejuicio alguno y lamentando no haber experimentado esta sensación tan placentera antes; sin embargo, el juego continuaba pues él aún seguía con esa deliciosa erección.

    Ven chiquilla déjame enjuagar ese rico cuerpecito.

    Me levantó e hincándose a mis espaldas, buscó con su lengua la parte más vulnerable de mis nalgas y pasaba, y pasaba por mi virginal rinconcito trasero haciéndome suplicar por su verga.

    Ya Rob, ya, dámelo, dámelo todo.

    Quiero conocer tu delicado hoyito chiquilla… puedo?

    No preguntes solo hazlo.

    No podía negarme a que invadiera mi tan reservado hoyito, si me había demostrado que era una inexperta en las artes amatorias, ahora solo quería que me enseñara a ser una verdadera amante.

    Así, sin pensarlo, se fue levantando sobre mi espalda, recorriendo con su lengua toda mi columna hasta llegar a mi cuello girando mi cabeza para entregarnos en un beso apasionado, mientras con su verga hurgaba en mis nalgas hasta sentir mi ano, que delicadamente iba siendo invadido dispuesto a recibir su castigo.

    Aaggg, aaggg me matas papi aahhh así.

    Hubiera jurado que no podría hacerlo pero fue tan sencillo que lo único que sentí fue placer líquido.

    Lo siento hirviendo mmm me llena, dame duro, dámelo todo… te amo papi.

    Mientras me tenía contra la esquina pellizcando muy rico mis pezones, yo me daba placer en mi vulva, metiendo mis dedos y sacándolos para seguir con mi botoncito que para ese momento hervía; yaaaa, le grité sin importar quién me escuchara, me tenía con las piernas al vuelo recibiendo completamente su verga en un vaivén que creí que no acabaría nunca.

    Repentinamente se quedó quieto, temblaba, bufaba, en ese momento descargaba su semen en lo más profundo de mí.

    Aaggg, me viene ahhh, deliciosa chiquilla aahhh, te amo.

    Poco después, salimos de la ducha y así como estábamos dimos un salto a la cama y quedamos como si hubiéramos caído de un tercer piso.

    Al otro día, desperté reposando mi mejilla en su pecho, mientras terminaba de despertar, jugaba sus pezones, los lamía dibujando pequeños círculos y poco a poco fui bajando hasta su ombligo, jalando sus sexis vellitos con mis labios un momento y bajé; es hermoso como los hombres amanecen siempre con esa deliciosa erección, por supuesto él no era la excepción, así que me dispuse a disfrutarla, al sentir mi cálida boca devorando su verga, liberándola después, pasando mi lengua por sus testículos, rebasando el límite del pudor masculino y rosando apenas su hoyito prohibido, comenzó a despertar.

    Mmm golosa.

    Y al tiempo que sufría mi invasión, tomó el teléfono y pidió el desayuno a la habitación, ordenando que lo pasaran directo, acto seguido, me tomó de las piernas y me montó sobre sí, colocando mis nalgas en su cara, pasando su lengua deliciosamente a lo largo de mi vulva hasta mi oscuro anito apenas adornado por unos tímidos vellos, regresando a mordisquear ms labios vaginales, primero despacio y luego succionándolos deliciosamente, mientras yo respiraba de forma entrecortada disfrutando cada beso, cada lamida que me prodigaba mi caliente amante.

    Mmm divino papi.

    Él no se detuvo, por el contrario, con un movimiento suave pero firme, me enderezó y me hizo girar para quedar de frente, ahora con toda mi panocha inundada de ese cristalino líquido, expuesta ante su boca, en esa posición entendí claramente lo que deseaba, así que totalmente erguida con las manos en la nuca, los ojos cerrados y las tetas expuestas, inicié un vaivén lento, pasando mis mojados rizos sobre su cara, mientras él con la lengua los separaba alcanzando mis labios inferiores y mi erguido clítoris.

    Ohh papi, sigue así, que delicioso es amarte.

    En eso y sin llamar a la puerta, entró una chica con uniforme del hotel, trayendo el servicio; al percatarse de lo que sucedía, sólo atinó a observar nuestra escena tan candente, mientras nosotros dábamos rienda suelta a nuestra pasión sin inmutarnos.

    Mmgf, mmgf, me viene yaaa papiiito.

    Al escuchar esto, me levanto tomándome de la cintura y de uno sólo, me ensartó en su ardiente verga para continuar con esa rica sesión de sexo por no sé cuánto tiempo, provocando una explosión tremenda en ambos.

    Aahhh, ahhh

    Ohh ahhh

    Mmffg, mffgg

    ¿???

    Realmente éramos tres quienes disfrutábamos de un potente e intenso orgasmo, pues la chica del servicio se mantuvo en silencio, pasiva, masturbándose por debajo del uniforme y al ver que habíamos terminado, con mucha sutileza se acomodó las bragas y notoriamente ruborizada por lo excitante del momento, se retiró satisfecha cerrando tras de sí.

    Y así pasó el primer día de mi debut como amante, no sé cómo sería al final de ese viaje mi relación marital, ni como terminaría ésta loca aventura, pero de algo si estaba segura… jamás me arrepentiría de haberme quedado esa noche en la terminal de autobuses del Pulman.

  • Seducida y cogida por un papá del aula

    Seducida y cogida por un papá del aula

    Como había comentado antes, soy profesora de educación inicial. Trabajo en un colegio particular, pequeño, pero bonito y con un muy lindo ambiente. Como parte del servicio a los padres de familia, tenemos reuniones bimensuales con ellos para informarles sobre el avance de los chicos y para atender sus consultas.

    Casi siempre van las mamás. Algunas veces acompañadas por los papás o alguna abuela. Este año me llevé una sorpresa en la reunión de abril. Llegó el papá de uno de los alumnos. Me sorprendió mucho. Un hombre joven, de unos 28 años. De estatura media, pero cuerpo trabajado en gimnasio. No diría que especialmente guapo, pero tiene su encanto.

    Sorprendida le pregunté por la mamá del chico y me dijo que era viudo. Miró mi cara de sorpresa y me dijo que si, que todos se sorprendían, pero que así es la vida. No pregunté más. Seguí con el protocolo del reporte bimensual, me hizo algunas consultas y se retiró.

    Dos o tres días después me escribió un mensaje en el WhatsApp. Tenía mi número del chat grupal del aula. Me hizo una consulta muy tonta, le respondí amablemente, pero era obvio que quería abrir contacto.

    Un par de días después me hizo otra consulta tonta y desde ese momento nos enganchamos a conversar. Me preguntó si era casada, le dije que sí, que tenía dos hijos. Seguimos hablando generalidades y poco a poco escalando a temas más íntimos. Al final ya era una conversa super sexual. Me calentaba demasiado ser la maestra de su hijo y haberlo conocido en la reunión bimestral con los padres.

    De tanto charlar nos dimos cuenta que nos veríamos en la reunión de junio. Comenzamos a imaginar cosas sexuales durante la misma. Mil cosas fluyeron de la conversación. Pero, si bien estaríamos solos en el aula, serían 15 minutos, seguro con alguien esperando afuera para el siguiente turno.

    Llegó el día y estaba muy nerviosa. Recibimos a los padres en el buzo del colegio. Pero me arriesgué y me puse una tanga coqueta. Me miré y me remire en el espejo y nadie podría darse cuenta que debajo del buzo tenía una tanga puesta. Le conté al papá como iría vestida y le encantó la idea.

    Cuando llegó su turno lo hice pasar. Cerré la puerta del aula y nos besamos. Tiernamente, nada apasionado o sexual. Solo mucha ternura. Maestra y papá. Algo que había surgido sin pensar.

    Estuvimos un par de minutos como tiernos enamorados. De pronto me soltó y me dijo “profesora, quiero ver su tanga”. Acepté. Le pedí que se sentará sobre mi silla de maestra y coquetamente me bajé el buzo. Lentamente, hasta que todas mis nalgas estuvieron al aire, solo cubierta mi rajita por la tanga más pequeña que tenía.

    Se puso loco. Se le acabó la ternura y me dijo que me quería coger. Lo pensé un instante. Miré las ventanas cubiertas por cortinas, miré la puerta con seguro, miré las carpetas de mis alumnos y me decidí. Le pedí que saque su pene.

    Lo sacó, lo recorrí con mi lengua para humedecerlo y me senté sobre él. En mi silla de maestra. Me tuve que morder los labios para contener los gemidos. Tuve un orgasmo que fue llegando lentamente, pero se quedó en mi por muchos segundos y que se fue cuando sentí que su semen me inundaba.

    Ambos llegamos y me volvió la cordura. Pensé en el olor a sexo y semen. Me metí al bañito de los niños, oriné y me limpié. Jalé dos veces la palanca. Volví al escritorio. Le di un pico y le dije que su hijo estaba muy bien. Salió y entró la madre del siguiente turno de reunión.

  • Mi novia Lena (4): Con el señor K en un congreso

    Mi novia Lena (4): Con el señor K en un congreso

    El señor K se había sorprendido mucho al ver los vídeos de mi novia en el apartamento de la playa. Ciertamente era él quien lo había preparado todo para que ella estuviera allí con sus mejores socios y con un poco de suerte aceptara satisfacer alguno de ellos, quizá incluso a los cuatro, pero nunca hubiera imaginado lo que mostraban las imágenes. El jefe de mi novia no podía dejar de ver una y otra vez los videos y, aunque le molestara aceptarlo, le excitaban mucho. La esposa del señor K se sorprendía al ver como su marido había recuperado su apetito sexual y cada noche le hacía el amor. Estuvo planteándose despedir a Lena del estudio de arquitectura porque, aunque había demostrado ser una gran arquitecta, no veía bien tener a una mujer tan descocada y caliente como empleada. Pero en realidad era él quien la había empujado a comportarse así. Además, los socios le habían hablado maravillas de ella y aun viendo lo poco recatada y muy fresca que era, explicaban al señor K que en realidad se trataba de una chica educada y elegante, aparte de guapa y cariñosa. Ciertamente el señor K, aunque les costara reconocerlo, no quería dejar de tener a mi novia cerca. Aparte de alegrarle la vista y gustarle y excitarle como nunca nadie antes, ella era una arquitecta brillante y además le estaba sirviendo muy bien para sus fines menos confesables, como son los de contentar a sus socios o facilitarle buenos negocios. Así que decidió seguir con Lena en el estudio. Y no sé arrepintió.

    Mi novia volvió de la playa muy feliz y contenta. Me dijo que le fueron muy bien esos días de desconexión. Aunque estuvo amable y cariñosa conmigo, no quiso tener relaciones sexuales en una semana o más. Me extrañó porque pensaba que después de días sin estar conmigo, se moriría de ganas, como me pasaba a mí, pero claro, respeté sus negativas. Ella estuvo saciada de sexo durante días, aparte de escocida y sensible. No dejaba de preocuparle que yo me enterara o que los socios del señor K le contaran lo que pasó en el apartamento, pero se fue tranquilizando al ver que él no parecía saber nada de eso y que ellos cumplían su palabra. Lena ignoraba la existencia de los videos y que su jefe los miraba una y otra vez. Mi novia, algo avergonzada y arrepentida, y quizá para compensar, se mostró muy educada, discreta y elegante en el estudio, en parte queriendo olvidar lo que hizo esos días, aunque sólo recordarlo, la excitaba. Cuando se cruzaba con el señor K, se ruborizaba sin poderlo evitar. Pero ella pensaba que él nunca sabría lo que había ocurrido esos días en la playa y eso la tranquilizaba.

    El señor K, aunque había estado con muchas de sus empleadas y con otras mujeres de lo más guapas, se daba cuenta de que con ninguna había disfrutado tanto como con mi novia. Él quería a su esposa, pero eso nunca le había impedido tener relaciones con otras chicas. Saber que mi novia había protagonizado esas escenas tan fuertes en su apartamento de la playa por un lado le daba algo de reparo, pero sobre todo le calentaba y no dejaba de pensar en ello. Casi era una obsesión. Quería estar con ella y ser también él el protagonista de lo que veía en las imágenes una y otra vez. Pero no podía plantearle de montar una fiesta sexual porque ella nunca reconocería que le gustaba estar con varios hombres y no podía saber que él lo sabía todo. Por otro lado, ella estaba algo distante y fría con él, muy educada y recatada. Lena, aun reconociendo que se lo había pasado muy bien con tantos machos, se avergonzaba de haber actuado peor que una cualquiera y sabía que si el señor K se enterara, dejaría de respetarla como arquitecta y como mujer decente. Además de que nunca volvería a querer estar con ella, con alguien así. Pero en eso se equivocaba. Precisamente anhelaba estar con ella por saberla tan capaz y deseosa de dar y de obtener tanto placer y de ser una extraordinaria bomba sexual.

    – Hola, Lena! Hace días que no hablamos. Desde que llegaste de tus pequeñas vacaciones en la playa. Es que acaso no estuviste bien allí?

    – Sí, sí, quiero decir… no, no, sí, sí, ya sabe que se lo agradecí, sí, me gustaron esos días de descanso, sí, señor K. Gracias! – muy ruborizada.

    – Ya, ya, pero no sé, te veo distinta, como más distante.

    – Yo… bueno, me centro en mi trabajo.

    – Sí, sí, y esto está bien. La verdad es que reconozco que eres muy buena arquitecta. Todos en el estudio hablan maravillas de ti. Eres de las mejores. Precisamente de esto quería hablarte. Habrá un congreso de arquitectura en Bilbao y estoy pensando con qué arquitectos voy a ir. Tú creo que serías una buena opción. Aparte de una gran profesional, eres joven y guapa. Das muy buena imagen al estudio.

    – Ah, señor K, usted me halaga. Pero, bueno, supongo que usted irá con sus socios, verdad? – se ruboriza más al pensar en ellos.

    – Bueno, no sé. Estoy pensando que la prioridad sería ir contigo. Si tú prefirieras ir también con ellos, bien. Y si no, tú y yo solos. Quizá te gustaría ir con todos nosotros, verdad?

    Mi novia se humedeció al imaginarse otra vez con los cuatro socios del señor K y esta vez además con él. Pero enseguida pensó que nunca estaría con ellos delante de su jefe, que pensaría que es una cerda y nunca más la valoraría ni como arquitecta ni como mujer respetable. Mejor que fueran ellos dos solos y quizá así tendría oportunidad de que, por fin, se fijara más en ella y le llegara a enamorar y a quererla.

    – Bueno, no sé, señor K, como usted desee, quizá mejor ir usted y yo solos, no?

    – Seguro que no te gustaría conocer mejor a mis socios? Son muy amables y simpáticos. Y seguro que tú les encantarías!

    – Ay, no sé, como a usted le parezca mejor. – le arden las mejillas- Usted sabe que… bueno, ya sabe que yo… que usted…

    – Ya, sí, bueno, pero será un viaje profesional, eh? Yo estoy casado y…

    – Y yo tengo novio!

    – Sí, sí, por eso. Sé que eres una chica educada y fina.

    – La verdad es que sí. Gracias, señor K. Mejor usted y yo solos, si le parece bien. Sí, mejor! -y nota que siente un cosquilleo y humedece las braguitas

    Durante el viaje en avión a Bilbao, el señor K y Lena se muestran amables y educados. Al llegar al hotel, Lena se lleva una pequeña decepción al ver que tienen reservadas dos habitaciones, una para cada uno. La verdad es que se había hecho ilusiones y había pensado que el viaje era en realidad una excusa que se había montado su jefe para estar unos días con ella. Pero no era el caso. Después de ducharse, mi novia se vistió muy elegante, aunque muy sexy, y se dirigió al comedor para la cena con el señor K. Llevaba una falda azul claro muy corta con unas medias negras muy finas que llegaban a medio muslo donde terminaban con una bonita liga de encaje. Vestía una blusa blanca semitransparente y una chaquetita corta del mismo color que la faldita. Y zapatos con un buen tacón. Y debajo, unas minúsculas braguitas blancas y un sostén de encaje que aún realzaba más su bonito pecho.

    En realidad, no se quería dar por vencida y trataría de asombrar al señor K con su belleza y que él no pudiera resistirse a querer pasar la noche con ella. Sólo de pensarlo, notaba que ya empapaba las bragas. Pero la cena discurrió sin que el jefe de mi novia pareciera fijarse en lo guapa que estaba. Hablaron de temas profesionales. Aunque el Señor K se mostró agradable con ella, no dejó de parecerle muy frío, más que en el viaje en avión. Decidió desabrochar otro botón de su blusita, para mostrar mejor su escote, pero él no pareció bajar la vista para mirar su pecho en ningún momento. Le vino a la cabeza lo que ella hizo esos días en la playa y temió que el jefe supiera lo que había pasado en el apartamento y pensara que era una puerca y que por eso ya no la miraba con ningún deseo. No sabía que precisamente saber lo que ella había hecho allí es lo que obsesionaba y excitaba al señor K. Se despidieron enseguida después de la cena, sin ni un beso en la mejilla, y el señor K se alejó a su habitación, a la otra ala de la planta.

    – Buenas noches, que descanses bien! – dijo fríamente el señor K. – Mañana tenemos que madrugar.

    – Sí, cierto. –apenada- Buenas noches, señor K!

    Sin ni siquiera un beso en la mejilla, mi novia entra triste y decepcionada en la habitación y se tumba en la cama. Sus ilusiones se ven frustradas. Quizá debería haber pedido al señor K si quería estar con ella, o al menos habérsele insinuado. Pero eso sólo habría servido para que él pensara que era una chica fácil y ella había decidido que ya nunca más se permitiría mostrarse así ante él. Quería que la respetara. Aun sin desvestirse, duda de si masturbarse y a ver si así le pasa un poco el disgusto. Se tumba en la cama, se sube la falda hasta la cintura y aprovechando que las medias le llegan sólo a la mitad del muslo, se quita las braguitas, ya transparentes de tan mojadas, y empieza a introducirse un par de dedos en la vagina mientras se acaricia el clítoris. Enseguida se excita y empapa sus dedos de flujo mientras susurra “señor k, señor k”. En eso que llaman a la puerta:

    – Señorita Sala?

    – Sí, sí, un momento! – Lena se levanta de la cama de un salto, estira al máximo la faldita hacia abajo y abre la puerta – Sí?

    – Señorita Sala – un empleado del hotel alto y guapo – me han pedido que le de esta nota.

    – Ah, vale, gracias! Adiós!

    – Adiós, señorita. – abre los ojos como platos ante el escote y los muslos de mi novia.

    – Oh! Es del señor K! “Señorita Lena, te invito a una pequeña fiesta íntima que organizo en mi suite, para usted. Espero que le agrade esta sorpresa que le he preparado. Por favor, si lo desea, venga enseguida!”. Oh, bestial! Que callado se lo tenía!

    Lena sale de su habitación sin pensárselo dos veces y casi corre por el largo pasillo. Ni se da cuenta que dejó sus braguitas encima de la cama. Se cruza con una pareja algo mayor y el hombre se gira a mirarle el culo que casi ve en su totalidad apenas cubierto por la breve falda. Llega a la suite Emperatriz, la habitación de su jefe, y llama a la puerta.

    – Entra, entra, Lena. Que bien que viniste! – la abraza y la besa en la boca. Le mete la lengua hasta el fondo. Ella le corresponde y durante unos segundos juegan con sus lenguas. Ella se excita sobremanera y entonces recuerda que no lleva bragas. También nota la erección bajo el pantalón del señor K. Éste le agarra las nalgas y se las masajea.

    – Señor K, qué cariñoso!

    – Ya echaba en falta tu culo, Lena!

    – Oh, señor K! No sea usted…

    – Veo que no llevas bragas! Vaya cerdita estás hecha!

    – No, no, ha sido sólo que…

    – No quieres perder tiempo, verdad?

    – No… es que…, yo… me tumbé en la cama y… oh, señor K! – él le mete un dedo en la vagina.

    – Estás mojada como lo guarrita que eres!

    – No, señor K, es que usted me gusta! Y yo… oh, ah! – él no para de mover su dedo dentro de ella y además ya le mete un dedo en el ano muy caliente – Ay!

    – Te gusta, eh? A ver, toma, huele y lame mis dedos! Así, bien limpios de tu culo y tu chocho. Quítate la chaquetita. Que blusa más bonita!

    – Gracias, señor K! Me la puse para usted!

    – Me gusta, muy fina! Lástima que no quedará nada de ella dentro de un rato.

    – Señor K!

    – Eso te excita, verdad?

    – Bueno, algo sí, sí. Oh! –él le mete ahora dos dedos en el sexo y otro en el culo mientras con la otra mano le acaricia los pechos.

    – Señor K! Hmmm! Oh!

    – Estás muy mojada, marranita!

    – No diga usted eso!

    – Es en plan cariñoso, mujer! Ya sé que eres educada y elegante. – sin parar de penetrarle vagina y ano con sus dedos juguetones empapados.

    – Sí, soy una buena chica. Es solo que usted… hmmm!

    – Espera un momento. A ver. Mira, brindemos con champán.

    – Oh, señor K, qué detalle! Chin, chin, je, je, je! -cubriéndose como puede estirando la falda.

    – Chin chin, guapa! Y ahora, mira, deja que te vende los ojos.

    – Oh, señor K, para qué?

    – Bueno, verás cómo te gusta!

    – Me da morbo! Que pillín que es usted!

    – Ya, ya! Sé que te van estos jueguecitos! Mira, siéntate en la cama. Así. Ves algo?

    – No, señor K! nada de nada!

    – Vale, perfecto. A ver, súbete un poco la falda, sí, sí, así, muy bien, por encima de las ligas. Qué sexy estás así, sabiendo que no llevas braguitas.

    – Es que me las dejé en la habitación, así, con las prisas!

    – No, no, si está muy bien. A ver, desabróchate un par de botones más de la blusita. No creas que no me di cuenta de que en la cena te soltaste algún botón para exhibirte.

    – No, señor K! De verdad que… bueno, quizá sí, pero sólo para usted!

    – Ya, ya. Oh, qué escote! Estás para comerte! – le besa el pecho aún con el sostén.

    – Hmmm, gracias señor K! Que cariñoso es usted! -nota que se le endurecen los pezones.

    – Es que estás muy buena, Lena! Que bien hueles!

    – Bueno, es que antes de la cena me puse un perfume que…

    – Hueles a hembra en celo!

    – Señor K!

    – A ver, espera un momento! Date la vuelta un momento. Arremángate la falda! Oh, qué culo! A ver, así, inclínate un poco más! Me encanta! Verás… espera…

    – Señor K! Oh! Ay! Qué…? Uy!

    – Es el tapón anal rosa que ya conoces, para preparar tu agujerito, que sabes que tu culo caliente y abierto enamora!

    – Ay, señor K, despacio, oh! Ay! No entra, ay!

    – Espera, que te lubrico bien el culo con tus propios jugos! – le unta bien el ano con su flujo, que no cesa de fluir. – Sé que te entrará fácil, abre, abre más tu culo para mí!

    – Ay, sí, señor K, hmmm! Para usted! Eso me excita mucho! Oh! Ay! Hmmm!

    – Ya está, lo tienes todo dentro! Que bonito se ve tu culo con el brillante!

    – Oh, suena mi móvil! Será mi novio! Ahora!

    – Contesta, contesta a tu novio, je, je, je! Pero sigue así, en pompa!

    – Uy, bueno, pero… hola, Juan! Sí, sí! Bien! A punto de meterme en la cama. Hmmm! No, es que… nada, no, es … uy! – el jefe no cesa de mover un par de dedos en la vagina de Lena – oh! No, no soy yo… es la tele… hmmm… bueno, Juan, que… mañana hablamos… tengo mucho sueño… ay… oh… sí, ya hace rato… cada uno en su habitación, claro… Qué te has pensado?

    – Va, cuelga, Lena!

    – Un besito, Juan! Sí, yo también! No, yo más! Hmmm.

    – Te gusta, eh, Lena? Tengo cuatro dedos en tu sexo caliente!

    – Hmmm, sí, gracias, señor K! Ay! Oh! Y eso? Hmmm! Es…? – mi novia nota como algo duro y húmedo le toca los labios y los empuja. Enseguida ella los entreabre y empieza a lamer y a chupar a ciegas. – Oh, qué rica! Y mojada! Oh, cuanto liquido en la punta, hmm! Sr. K! Ay, que me excito mucho!

    – Te gusta, Lena? – pregunta mientras le aparta el sostén, le agarra los pechos por encima de la blusita y los masajea.

    – Sí, señor K! Oh!

    – Recuerdas mi sabor? Te gusta?

    – Sí, sí! Es muy sabroso! Es que usted me gusta mucho, Señor K!

    – A ver, seguro que recuerdas el sabor de mi polla, Lena?

    – Hmmm, hmmm… sí, claro. Lo rico que está su pene, señor K. Lo deseaba! Me encanta! Hmmm! – sin dejar de besarlo y sorberlo y mordisquearlo suavemente.

    – A ver, Lena, deja que te quite la venda de los ojos.

    – Sí, como usted quiera. Oh! Pero… Félix! Tú? Aquí!

    – Hola, guarrita! Chupa, chupa! – le empuja la cabeza. – Qué bien la mamas, mamona!

    – Señor K! Qué vergüenza! – exclama Lena aunque no se la entienda al tener la boca llena del miembro de Félix.

    – Tranquila, Lena. Come, cómete la polla de mi socio, ya que dices que la encuentras tan sabrosa! Ja, ja, ja!

    – Yo, no! Señor K, pensaba que era la suya! Yo… – intenta apartar la cara del pene de Félix sin conseguirlo, porque el socio del Señor K le empuja la cabeza.

    – No pasa nada, Lena! Mira, aquí están todos mis cuatro socios.

    – Oh! Ramiro! Jonás! Sandro!

    – Hemos preparado un “todos contra una”. A que te gusta! – dice Sandro.

    – No, señor K! Oh! Yo soy una señorita! No! Yo nunca haría eso! – aparta por fin la cara del pene de Félix, con los labios rezumando y la barbilla empapada, se levanta de la cama y se baja la faldita que casi tenía en la cintura. Se arregla el sostén como puede.

    – A ver, no te hagas la modosita delante de mí! Lo sé todo! – dice el señor K mientras le vuelve a arremangar la falda y muestra a todos su pubis y sexo completamente rasurado y le introduce los cinco dedos de la mano en la vagina. – Qué bien que entra! Estás muy abierta, para nosotros!

    – No… Oh, ah, me engañasteis, se lo contasteis al señor K! – muy excitada. – Ay, pare, por dios! Me mentisteis!

    – No, no es eso, Lena. Ellos no faltaron a su palabra. Es solo que lo he estado viendo todo en un video. El apartamento estaba repleto de cámaras y lo he mirado una y otra vez, con todo detalle. Has demostrado ser una putita aunque reconozco que eso me excita! – dice el señor K mientras sigue masturbando a mi novia con casi toda la mano en su sexo.

    – Oh, ay, qué vergüenza, señor K! No, yo no quería, ay, yo ya les dije que no!

    – A ver, Lena! Pero si follaste con todo el pueblo! – le contesta Sandro.

    – Ay, no, no! Es que… ay, por favor! Oh! – aunque avergonzada no puede dejar de excitarse y empapar la mano de su jefe.

    – Va, ponte en cuclillas, así! – le empuja la cabeza hacia abajo- Venga, socios, vayamos pasando y que ella nos la chupe como una buena mamona que es!

    – No, no, yo no… no soy lo que usted cree! – solloza, se levanta y se da la vuelta y corre hacia la puerta enseñando el brillante en su culo a todos.

    – Lena! No, mujer, no te vayas! Por favor! – suplica Jonás.

    – Usted me engañó, Señor K! Y ustedes, también! Oh, qué disgusto! – se va apresurada, llorando por el pasillo.

    – Vaya, se terminó la fiesta! – dice Félix!

    – Quizá deberíamos haber sido más amables con ella. – contesta el señor K.

    – Sí, es que la chica es educada y no le ha gustado como la habéis tratado! – se queja Jonás.

    – Ella es muy caliente pero, claro, eso no quiere decir que… – explica Sandro.

    – Creo que está enamorada de ti! Y se ha sentido engañada, pobre.

    – Quizá sí, no sé. Desde siempre que me ha estado buscando, la verdad. – responde el señor K.

    – Y eso que tiene novio!

    – Sí, vaya un cornudo, ja, ja, ja!

    – Ella es mucha hembra para un solo hombre!

    – Creo que alguno deberíamos seguirla y pedirle disculpas – propone Jonás, el más joven de los cuatro.

    En el pasillo, Lena se encuentra con el empleado del hotel que se sorprende al verla llorando y casi enseñando todo el pecho. Se da cuenta de que tiene las medias algo manchadas.

    – Buenas noches, señorita!

    – Buenas noches! – sollozando.

    Ander, que ese es el nombre del chico, decide no meterse en asuntos que no le incumben, pero se gira para ver por detrás a mi novia y, al mirarle el culo, se da cuenta de que parece que no lleva bragas. Eso le sorprende tanto que entonces no puede evitar dirigirse a ella. Quizá es su ocasión para estar con una chica tan distinguida y todo un pivonazo.

    – Perdone, señorita. Tiene algún problema?

    – No, no… bueno… es que…

    – Usted está llorando. Algo le pasa. Puedo ayudarla?

    – No, no, gracias, me voy a mi habitación. – sollozando.

    – Creo que usted ha tenido algún problema, quizá alguien la maltrató?

    – No, no es eso, aunque… no sé… mi jefe… yo… ellos…

    – A ver, mire, señorita, venga, mire, venga aquí, le preparo un té y se relaja. Y me cuenta qué sucedió. Quizá debería avisar al encargado del hotel. – aunque él piensa que esto es lo último que haría ya que quiere estar con ella a solas. La acompaña a una sala que tienen los empleados en esa misma planta.

    – Eres muy amable, gracias…

    – Ander. Y usted como se llama, señorita? – no puede evitar mirarle el escote. Y los muslos cuando ella se sienta en el sofá muy confortable.

    – Lena, Lena Sala.

    – Oh, un nombre muy bonito!

    – Gracias… Ander. – aun sollozando mientras él sólo piensa en la manera de descubrir si realmente ella va sin bragas.

    – Le preparo el té? Sí?

    – No, no, es que el té, no… no me gusta…

    – A ver, espere, mire qué tenemos aquí los del hotel. – y saca una botella de vodka de la nevera.

    – Oh, yo… es que casi no bebo…

    – Mire, le pongo un poco así mezclado con este refresco de naranja fresquito… verá cómo le va bien y se calma. – él nota que la chica huele de maravilla y eso le enamora, una mezcla de perfume y olor intenso de mujer.

    – Bueno, un poquito, gracias!

    – Beba, beba! Si no le importa, yo también tomaré un poco de vodka.

    – Sí, sí, claro. Hmmm, está rica esta combinación de naranja con el licor.

    – Verdad? Riquísima! – él piensa que es ella quien está riquísima.

    – Sí, muy sabroso!

    – Tome, tome un poco más. – le sirve más vodka y aprovecha para mirarle el escote y olerla a fondo. Ella no puede evitar darse cuenta del enorme bulto que el joven tiene en la bragueta y se abrocha un par de botones de la blusa.

    – Perdona, no me daba cuenta de cómo iba, con el disgusto…

    – Se entiende, Lena, no tiene por qué avergonzarse, es usted muy atractiva – mirándole el pecho descaradamente, le pone una mano en la espalda y la otra en el muslo. Ella la aparta educadamente.

    – Bueno, tú debes de tener mucho trabajo. Y yo… debo ir a mi habitación.

    – En realidad, ya terminé mi turno. Precisamente la encontré cuando me dirigía a cambiarme de ropa.

    – Ah, pues vete a casa, que estarás muy cansado.

    – Lo más importante es que usted esté bien. – se sorprende al ver que la chica está mojando el sofá con su flujo, lo que prueba que no lleva bragas y la hace irresistiblemente deseable. – No tengo prisa, no. Primero debe sentirse bien. Yo la cuido hasta que haga falta.

    – Bueno, ya estoy un poco mejor. Esta naranjada hace milagros, je, je, je. – se levanta y la falda le sube hasta casi mostrar su vulva y ella la estira para abajo avergonzada. – me voy, ya estoy mejor.

    – De acuerdo, señorita, pero deje que le de un abrazo, verá que es reparador!

    – Bueno, sí, claro, eres muy amable! Venga! – no deja de gustarle la idea de abrazar a un chico tan atento y tan guapo. Él siente el pecho de mi novia y le encanta. Ella nota el bulto del chico pegado a su cuerpo. Sin pensárselo, Ander baja sus manos hasta las nalgas de Lena, pero ella se aparta y se da la vuelta para marcharse. Él se sorprende al ver el brillante en el culo de mi novia. – Adiós, Ander!

    – Adiós, señorita!

    Mi novia, a medio pasillo, se detiene y duda de si volver con Ander. Ha sido muy amable con ella y la verdad es que es muy guapo. Y ella está muy excitada. Mira hacia la habitación de su jefe. No se ve a nadie en el pasillo. Piensa que no debe ser tonta y perder una ocasión como esta de estar con un chico tan guapo y atento. Ir a la habitación a masturbarse es una tontería cuando puede estar con Ander. No puede dejar de pensar en el bulto que mostraba bajo el pantalón. Y que notó rotundo en el abrazo. Si va a esa sala con Ander ni su jefe ni nadie lo sabrá. Y le servirá para olvidarse un poco del disgusto. Pero qué pensara el muchacho si vuelve y se presenta así, sin bragas y con el plug en el culo?

    – Primero iré a la habitación a ponerme las braguitas. Y me quitaré el tapón. No quiero que Ander piense que… Oh, pero me ha dicho que terminó el turno y que ya se podía ir. No, no, voy enseguida, que no quiero perder la oportunidad. Le daré el pecho, se la chuparé y él que me masturbe con sus dedos y ya está, solo eso.

    Llama a la puerta y el joven le dice que entre.

    – Oh! – Ander está completamente desnudo. – Perdón, yo…

    – No, tranquila, me estaba cambiando para irme. Que quería, Lena? – sin esconder su verga empinada.

    – Yo, bueno, pensé que… – él se da cuenta que ella, con sus ojazos, no puede evitar mirarle el miembro bien parado – Has sido muy amable, Ander. Y yo…

    – Ven, ven, guapa. Sé lo que quiere! – se acerca a ella, la abraza y la besa. Ella se desabrocha la blusita y clava los pezones en el cuerpo del joven. Él le agarra las nalgas, las acaricia, las abre y empieza a jugar con el plug. Se besan apasionadamente.

    – Tiene usted un brillante muy bonito en su culo, muy elegante!

    – Oh, lo viste!

    – Con esta faldita tan corta! Y sin bragas!

    – Qué vergüenza!

    Ella suspira y empieza a gemir. Lena, deseosa de comer el pene del muchacho, se pone de rodillas sobre la moqueta y agarra las nalgas del joven para acercarlo a su cara y empieza a lamerle los testículos hasta que se mete la punta de la tranca en la boca y empieza a chuparla, a lamerla y a besarla.

    – Que bien la mama usted, señorita Lena!

    – Es que está muy sabrosa! Hmmm! Casi no me cabe toda dentro, que gruesa y larga!

    – Es que me excita mucho, Lena! – y empuja más dentro de la boca de mi novia hasta que se atraganta. – Ay, oh, espera, espera… que no puedo aguantar! Me voy a…

    – No, no, aún no. – se levanta y abraza al muchacho, le besa en la boca y él siente el sabor de su propio líquido mezclado con la sabrosa saliva de ella. – Quiero que me hagas el amor, Ander. Estoy muy triste. Y cachonda!

    – Ven, así, date la vuelta. Antes vi que no usas bragas. Oh! Qué culo! Y ese brillante!

    – El tapón no es mío, no, es solo que… – de rodillas dando la espalda al joven, en pompa, con la falda en la cintura y con el sexo, el culo y los muslos empapados de sus jugos.

    – No debes avergonzarte. Te queda de fábula. Estás divina! Irresistible! A ver… Oh! – le arranca de golpe el tapón y se asombra al ver el agujero enorme, muy húmedo y abierto para él. – Qué culo, oh! Te voy a dar por culo! Te voy a dar por culo!

    – Sí, sí, Ander! Métemela toda! Ah! Oh! Dame por culo! Ah! – le resbala el flujo por los muslos.

    Él, aprovechando el ano tan abierto de mi novia, se la mete de golpe con toda la fuerza y también un par de dedos en la vagina empapada y ella empieza y una sinfonía de ayes y uyes hasta que explota en un multiorgasmo que inunda la mano del joven que se la acerca a su boca y sorbe toda la ambrosía de mi novia y vuelve a meterle todos los dedos en su sexo y con la otra mano le masajea el clítoris y ella grita de placer y eso excita tanto al joven que no puede evitar eyacular abundantemente en sus entrañas de manera que su semen no cabe dentro y resbala por su vulva y muslos mientras ella sigue contando orgasmos.

    – Ander, qué callado te lo tenías!

    – Jacob, mira qué pibón me estoy follando! – presume ante su compañero de trabajo, bastante mayor, que acaba de entrar en la sala mientras sigue bombeando a mi novia en pompa, con casi toda una mano en su vagina y agarrándole los pechos con la otra.

    – Oh, ay, qué vergüenza! – dice mi novia. – Por favor, váyase, señor! Ay! Hum! Y cierre la puerta!

    – No, no, terminé mi turno y… pero por mí podéis seguir, ja, ja, ja!

    – Ander, no, no, delante de él, no! Para, para de… ay! – los dedos del joven en el sexo de mi novia y el pene aún empalmado en el ano la enloquecen y cierra los ojos – Ay, para… ay! hmmm, me corro, me corro, no, no pares, no, por favor! Ah! No la saques todavía, no!

    Al cabo de unos diez minutos y de varios escandalosos orgasmos de Lena:

    – Yo ya estoy, ya… me ha dejado seco, señorita! – saca su pene ya algo flácido.

    – Oh, qué culo! – se asombra Jacob al ver el enorme agujero de mi novia rezumando el semen de su compañero.

    – Ya estás, Ander? Oh! Pero… yo… – titubea Lena – todavía… es que… yo. Ya la sacas?

    – Sí, me he vaciado completamente en tu culo caliente!

    – Le ha usted ordeñado bien, señorita!

    – Es que yo, bueno, ya… pero… aún… – exclama algo triste mi novia, tomando semen de su culo y llevándose a la boca y tocándose el clítoris, todavía a cuatro patas y con la faldita en la cintura.

    – Mire, guapa, si quiere yo… – dice Jacob desabrochando la bragueta del pantalón del uniforme y sacándose una tranca bien parada.

    – Oh! Pero, Jonás, está totalmente empalmado! – casi grita mi novia.

    – Es que está usted tan buena!

    – Oh! Ay, no sé… me da vergüenza! Qué vais a pensar de mí si…! No, no!

    – Tranquila! – dice Ander. – Jacob es un buen compañero.

    – Sí, ya se ve. Y tiene… y está… – sin poder dejar de mirar el pene del empleado mayor y abriendo las nalgas para enseñarle su culo deseoso – Es que yo… bueno… todavía estoy algo triste!

    – Él puede consolarla, verdad, Jacob?

    – Sí, mire cómo estoy! – agarra el pene con su mano y lo enseña a mi novia.

    – La verdad es que me muero de ganas, Jacob! – sin poder apartar la vista del miembro parado, ella mueve su cuerpo para poner su culo enfrente de él – Quizá le da reparo que lo tenga lleno de la leche de su compañero! Espere, espere, que lo limpio!

    – No, no, me muero de ganas de darla porculo, señorita!

    – Sí, sí, pues por favor! Métamela toda! Ay, sí, hmmm! Fólleme el culo! Oh, qué bestia! Ay! Sí, sí, así! Ay!

    Jacob le agarra los pechos, se los masajea como si la ordeñara mientras la encula con fuerza y ella empieza de nuevo a gemir y suspirar.

    – Qué tetas tiene, niña! Es usted una bomba! – sin dejar de bombear a mi novia.

    – Mira qué llevaba Lena en el culo! – le enseña el plug.

    – Hostia, que bonito! Y que grande! Y le cabe todo dentro!?

    – Qué vergüenza! No es mío, yo solo… ay, no pare, no!

    – Sí, lo hace para tenerlo a punto, el agujero muy acogedor! – se lo acerca a la boca de Lena y la invita a comerlo, cosa que ella hace al momento mientras él juega con él ahora dentro y ahora fuera hasta que decide que para darle más placer todavía la va masturbar con él y la penetra suavemente y ella hace para que le quepa todo dentro. – Mira, Jacob, todo el tapón en su coño!

    – Qué animal, niña! Hmmm! Qué caliente, me quema la polla en su culo!

    – Ay, métamela toda, señor, más adentro, más, por favor!

    – La tengo entera en su ano, señorita!

    – Ven, Ander, please, fóllame la boca, sí, oh, qué rica, así, sí, ya empieza a crecer! Así, oh, todos mis agujeros llenos!

    – Pero qué caliente es usted, niña! – sin parar de encularla con fuerza y masajearle los pechos. – Qué tetas! Nunca había tocado unas así!

    – Ander, tengo ganas de tener otra vez tu polla en mi culo, venga, que ya la tienes bien empinada! – grita la chica, aunque casi no se la entiende por tener la boca llena del pene del joven.

    – No, no, espere, espere, señorita, que yo aún no… – se queja Jacob.

    – Córrase, córrase, inúndeme con su leche sabrosa! – aumenta su propio placer y el del hombre mayor con el movimiento del cuerpo y contrayendo y relajando los esfínteres rítmicamente.

    – Espere, quiero seguir dándole por culo, señorita, que está muy rico! – y aumenta sus embestidas y le masajea los pechos con fuerza.

    – Ven, Ander, junta tu polla al de Jacob, quiero las dos pollas en mi culo!

    – Pero, niña, eso es imposible!

    – Lena, no creo que…

    – Ven, ven, mira, mira como abro el culo para ti, acerca tu polla… así, sí, oh, ya, ya… ah, ay!

    – Ya tengo la punta dentro!

    – Aprieta más! Con fuerza!

    – No cabe más! Aunque me muero de ganas de metértela toda!

    – Espera, me saco el tapón del coño! Oh! – lanza un chorro de flujo.

    – Ahora sí, oh, toda dentro, toda! – grita satisfecho Ander.

    – Dos pollas en mi culo! Ah, ah! – se corre como una loca y lanza cantidades de squirt mientras los dos hombres no paran de bombear con fuerza.

    – Lena! Pero qué puta estás hecha! Te has ido de mi habitación haciéndote la señora ofendida y ahora… Pero si tienes las dos pollas en el ano! Serás guarra!

    – Señor K! Qué hace usted aquí? Parad, parad, por favor, Ander, Jacob, parad!

    – No, de ninguna manera, niña! Le estaremos dando porculo hasta que se lo inundemos de lefa! – avisa Jacob.

    – Ay, qué vergüenza! No es lo que parece! Pero… ah, hmm, bestias, ah, oh! Cómo sabía usted, señor K, que yo… que estaba aquí? Parad, parad, animales, ay… no, no… no paréis, más, más! Señor K, oh, qué… cómo? Oh! Me corro, me corrooo!

    – Jonás te siguió para pedirte disculpas, para consolarte, pero ya veo que… que no hacía falta! Él nos dijo que entraste a esta sala con un empleado del hotel.

    – Señor K, es que estaba muy triste, hecha polvo, ay, hmmm!

    – Venid, socios, venid, mirad qué bien se lo pasa nuestra arquitecta preferida! – dice el señor K.

    – Pero, será cochina!? – dice Félix al ver Lena que está siendo enculada por dos empleados del hotel.

    – Ay, calla, Félix! No paréis, más, más! – grita mi novia y gime y lanza más y más chorros de squirt por toda la sala!

    – Esta niña es una fuente! Qué bestia! Ay, no puedo más, la polla me arde! – exclama Jacob con placer y saca su pene del ano de mi novia y le rocía las nalgas, la faldita y la blusa con abundante semen.

    – Jo me correré en tu culo, Lena!

    – Sí, sí, por favor, inúndame otra vez con tu lefa!

    – Ay, ah, ya… ya… ah!

    – Oh, tu leche arde, Ander!

    Al cabo de unos minutos, el joven ya saca su miembro del ano de mi novia, que muestra abierto, enrojecido y rebosante de semen.

    – Bueno, Lena! Ahora es mi turno! – dice el señor K, muy excitado ante la escena.

    – No, no… yo me voy a mi habitación! – contesta mi novia- Ya está. Yo no…

    – De ninguna manera! Sé que te mueres de ganas de que te folle!

    – No, Señor K. Ya sabe que yo… no… – aunque sabe que su jefe tiene razón. – Yo, he tenido un mal momento… estaba muy triste, ustedes… allí… en la suite…

    – A ver, Lena, yo te voy a consolar, seré muy cariñoso contigo, de verdad.

    – Señor K… usted sabe que yo… que usted… mire, si acaso, me voy a limpiar, que mire como estoy, y, si quiere, después, usted y yo podemos tomar algo, solos.

    – No hace falta que te laves, de verdad! – dice el jefe de mi novia, que ya está de pie, con los muslos, las medias, la faldita y la blusa empapadas de jugos diversos.

    – Pero mire cómo estoy! Voy hecha una… estoy sucia.

    – A mi no me importa, de verdad! En realidad, me gustas así, muy marrana!

    – Oh, señor K… no sé… – se muere de ganas de estar con él – bueno, pero que no haya nadie más aquí, si acaso, usted y yo solos.

    – Pero Lena! – se queja Félix – No sabes cómo estoy, a punto de reventar!

    – Lena, hija, todos sabemos que a ti te gusta… bueno, hacerlo con todos!- dice Ramiro.

    – No, yo… no… ay, no sé.

    – Seremos muy cariñosos contigo.

    – Sí, te trataremos como una señorita que eres, educada y elegante.

    – Una señorita!? Pero… no veis cómo está? Empapada con la leche de estos dos empleados que la han dado por culo! – dice Félix. – Si le resbala el semen por los muslos.

    – Yo, dos veces! – se enorgullece Ander.

    – Ay, qué vergüenza!

    – Félix, no seas mal educado con la señorita! – le riñe Ramiro.

    – Señor K, o usted y yo solos o con ninguno!

    – Pues… no puedo hacer este feo a mis socios, Lena. Vamos a dejarlo pues. -guiña un ojo a sus socios.

    – Pero yo… usted… yo… me gustaría… es que mire cómo estoy, señor K! – se da la vuelta, se arremanga la falda y enseña el culo y el sexo empapados a su jefe.

    Félix no resiste la tentación y se arrodilla tras ella, le agarra las nalgas y le empieza a lamer el sexo y el culo.

    – Félix, no, tú no! Me puse así para el señor K!

    – Que sabroso que está tu coño, putita!

    – Para, para! Ay! – él le mete un dedo en el coño y le masajea el clítoris. – Hmmm, ay, oh! No… bueno, vale, dejo que me beses y lames, hmmm, qué excitante! Ay, mmm, no pares, no, Félix! Oh! Ay! Así ante todos! Oh! Hmmm! Señor K!

    – Qué guarra que eres! Me estás llenando la cara con tus jugos! Pero qué ricos! Puerca!

    El señor K se saca el pene del pantalón y lo acerca a la cara de mi novia que, deseosa, sin dudarlo se lo traga de golpe y empieza a lamer, a mordisquear y a chupar. El señor Ramiro, muy excitado, decide juntar su miembro al del jefe y también penetra la boca de la chica.

    – Qué bien la chupas, qué lengua, hmmm, qué labios!

    – A ver, Félix, aparta, que quiero dar porculo a la chica! – exclama Sandro.

    – Por qué tu? Ahora estoy yo!– se queja Félix.

    – A ver – dice el señor K sin parar de follar la boca de la chica– ya visteis que a Lena le caben dos pollas en su ano, por tanto, no hace falta que discutáis! Verdad?

    – Sí, sí! – no puede evitar decir ella, sin dejar de chupar – Oh, qué vergüenza! Mirad, lo abro para vosotros, veis? Así! Metedla, metedla! Oh! Ay!

    Sandro y Félix, ante la visión del enorme agujero y empapado, enculan enseguida los dos a la chica, a cuatro patas, y ella empieza a suspirar y a gemir. Jonás le desabrocha la blusita, le quita el sostén y sus pechos aparecen rotundos y excitados ante todos y él los empieza a besar y a lamer mientras Félix le arranca la blusa para dejarla sólo con la falda en la cintura y le agarra los pechos y es como si los ordeñara para Jonás, que no para de mamar. Ella se corre incontables veces con suspiros, gemidos y súplicas.

    – Más, metédmela más a dentro! Por qué uno no me folla el coño? Señor K, por favor!

    – A ver, si lo pides tan bien…

    – Sí, sí, señor K! Follé mi coño! Y llénemelo de su leche caliente y sabrosa!

    – No sé si va caber… tienes dos pollas en el culo!

    – Para usted… sí, verá como me puede penetrar… señor K, le quiero dentro, es que me arde el coño!

    El señor K no se resiste y se pone debajo de mi novia y ve como el glande entra con algún problema, pero ella está tan mojada y abierta que enseguida puede meterla toda dentro y empieza un mete-y-saca que vuelve loca a Lena. Mientras, Jonás ha sustituido a su socio en la boca de la chica, que lame los dos penes con fruición y eyacula cantidad de squirt continuamente, con los cinco hombres dentro de ella.

    – Eres feliz, Lena?

    – Señor K, sí, me moría de ganas que usted me hiciera el amor!

    – Pues, ya ves, toma, toma!

    – Hmmm, ay, hmmm! Córrase, señor K, lléneme de su leche caliente!

    – Espera, espera, Lena, deje que te folle más!

    – Sí, sí, hmmm, ah! Fólleme, fólleme! Más, más!

    – Caballeros, si a ustedes no les importa, nosotros ya volvemos a estar… miren! – dice Ander con su pene completamente inhiesto.

    – Oh! – se sorprende Lena – ya vuelves a… pero si te corriste dos veces en mi culo.

    – Es que está usted tan buena que… es irresistible!

    – Gracias, eres un sol, Ander! – dice aunque casi no se la entiende con los dos penes en la boca.

    – Señorita, caballeros, nos hemos tomado la libertad de invitar a nuestros compañeros a la fiesta. – informa Jacob, desnudo.

    – Oh! – dice Lena!

    – Por nosotros no hay ningún problema! – ríe el señor K cuando ve entrar varios empleados a la sala con cara de sorpresa y deseo.

    – Pero… yo… no puedo con más hombres! Aunque… bueno, si quieren quedarse a mirar…

    – Te da morbo que todos te vean así, verdad, Lena? Desnuda y siendo follada por nosotros cinco!

    – Sí, sí, señor K, la verdad es que sí, es bestial ver que tantos machos quieren follarme! Quedaos a mirar, venga! Pero desnudaos, que quiero ver… vuestros… ya sabéis…

    Los siete recién llegados se bajan los pantalones y los calzoncillos y Lena se sorprende al ver que sus miembros ya están completamente erectos. Ellos, junto a Ander y a Jacob, hacen un corro alrededor de mi novia y los cinco hombres que la están follando y empiezan a masturbarse. Sus penes van creciendo y sus glandes, humedeciéndose. El señor K y sus cuatro socios dentro de ella y la visión de los nueve empleados del hotel excitados para ella la vuelven loca de placer.

    – Ah, hmmmm! – tiene un orgasmo y los recién llegados se sorprenden y excitan al oír gritar, gemir y suspirar a mi novia. Y más cuando el squirt sale a presión y ducha a la mayoría de admiradores.

    – Serás guarra! – la insulta Félix sin dejar de bombear en su culo.

    – Yo no puedo más, ah, hmmm, ah! – grita Sandro y quita el pene del culo y ducha las nalgas y la faldita de mi novia con su semen.

    Como si eso fuera una señal, los otros cuatro hombres no resisten más y todo empiezan a eyacular en Lena; Félix en su ano, sin dejar de bombear y llamarla de todo; el señor K grita “Lena, Lena!” y le llena la vagina hasta que le rezuma; Jonás lanza toda su leche a su cara y ella se relame, y Ramiro eyacula abundantemente en su garganta, tanto que no puede tragarlo todo y resbala por su barbilla, juntándose al semen de Jonás. Ella se corre más y más.

    – Caballeros, si ustedes lo desean, esta señorita les agradecerá que le den toda su leche. Verdad, Lena?

    – Oh, señor K! Bueno… si ellos lo desean… – a cuatro patas, relamiéndose, guiña un ojo a los empleados y todos se acercan más a ella y aumentan el ritmo de su masturbación.

    Ander ya añora el culo de mi novia y se lo penetra con facilidad mientras que Jacob la folla la boca. Al cabo de unos minutos, el joven no puede resistir más, saca su pene y ducha las nalgas de mi novia. Enseguida otro empleado le sustituye en el ano de Lena y lo mismo hace otro cuando Jacob empapa la cara de la chica. Se van turnando en el culo y boca de ella, que no para de suspirar, gemir y pedir más y más. Cuando ya todos se han escurrido encima de ella, los primeros vuelven a estar a punto para encularla y para que ella se la chupe.

    Ya de madrugada, con mi novia completamente empapada de semen, los catorce hombres ya están agotados y deciden irse a dormir. Cuando ella va hacia su habitación, vestida solo con la faldita y con las medias completamente rasgadas, se encuentra con el encargado del hotel en el pasillo.

    – Aquí no queremos putas, señorita! Váyase ahora mismo y no vuelva más!

    – No, no, qué vergüenza! No es lo que usted cree! -intenta taparse con sus brazos.

    – O se va o llamo a seguridad para que la echen! Pero mejor no montar un escándalo.

    – No, pero yo… tengo una habitación, me alojo aquí. – tapándose como puede el pecho.

    – En este hotel de cinco estrellas? Usted? Una…

    – Sí, sí, mire, venga… ve? – ella abre la puerta de la habitación con su tarjeta.

    – Esto es muy raro… voy a llamar a seguridad. Espere un momento. Sí, habitación 404, un problema de seguridad. Vale, Aquí os espero.

    – No, no… hemos hecho una fiesta… y yo… bueno… había muchos hombres… es que era la única chica allí y…

    – Me está diciendo que usted no es una puta pero que ha estado en una fiesta con varios hombres? – nota como empieza a excitarse ante la visión y olor de mi novia.

    – Bueno… dicho así… parece que… allí… mi jefe… sus socios… y empleados del hotel…

    – Cómo? Has estado con mis empleados?

    – Es que han sido muy amables y cariñosos.

    – No me extraña! Con lo buena que está usted!

    – Oh, gracias. Vale, ya está, todo aclarado.

    – No, no, de eso nada. Ahora, cuando vengan los de seguridad, veremos.

    – Pero señor… mire usted… yo… si quiere… – aparta las manos de sus pechos para enseñárselos al encargado y se sube la faldita para él, se pone en cuclillas, le baja la cremallera de la bragueta y aparece el miembro en punta como un obús. Ella lo lame y chupa.

    – Señorita, que bien la mama!

    – Agárreme las tetas, caballero!

    – Sí, sí!

    – Cree ahora que venía de una fiesta de esas, de todos contra una? Ve lo caliente que soy? Pero no soy puta, eh?

    – Sí, sí! Ay, cómo la chupa!

    – Ay, ya vuelvo a estar cachonda! Que rica que está su polla, señor! Si quiere, puede correrse en mi boca y yo me lo tragaré todo.

    – Pero sí que es usted puerca, sí! Hmmm!

    – Ya le digo! Hum, que buena y caliente que está su tranca!

    – Pero, a ver, si usted es tan guarra, quizá yo… podría…

    – Qué? Qué le gustaría, señor?

    – Bueno… es que su culo… yo nunca he podido… con ninguna mujer… nunca me han dejado…

    – Ay, qué pícaro que es usted caballero! Es que lo tengo ya muy delicado… muy escocido… es que me han estado enculando toda la noche, los catorce hombres de la fiesta. De dos en dos.

    – Dos pollas en su culo! Ya no vendrá de otra, señorita. Me muero de ganas!

    – Es que lo tengo lleno de semen de los otros. – sin dejar de mamar.

    – Me da igual!

    – No va usted a denunciarme por ir desnuda por el pasillo y eso? Ni llamar a los de seguridad, verdad?

    – Bueno, ya les llamé. Pero, si me deja que la de porculo, luego lo aclaro todo.

    – No, si, ganas sí tengo, muchas.

    – Pues venga!

    Ella se pone de rodillas y levanta el culo para el encargado y él la penetra de golpe.

    – Ay, con suavidad, bestia!

    – Le estoy dando por culo, le estoy dando por culo!

    – Sí, sí, tóqueme el coño, por favor, el clítoris!

    – Claro, qué buena que está! Su culo quema!

    – Para usted, caballero! Venga, deme más fuerte, más! Agárreme las tetas!

    – Tome, tome! Qué clítoris más respingón!

    – Ay, me corro, me corro! Me vuelve loca, caballero! Ah!

    – Esta es la habitación. Se oyen unos gritos. A ver. Oh! Pero… señor Garostegui!

    – Ah, los de seguridad! No, no pasa nada, Guzmán, Kepa, López… – sin dejar de encular a Lena.

    – Perdone usted… como nos avisó que…

    – Un malentendido, hmmm… nada, nada, podéis marcharos y continuar con vuestra…

    – No, no! – suspira mi novia – pueden quedarse, pueden quedarse…

    – Te gusta que te vean todos mientras te doy por culo?

    – Sí, sí, por favor… os podéis quedar a mirar! Me gusta que me veáis así, desnuda, mientras él me folla el ano caliente. Bueno… y si lo deseáis… yo…

    – Qué hacemos, señor? Nos vamos o…? – deseando poderse quedar, claro.

    – Si la señorita desea que miréis, pues, por mí, podéis quedaros.

    – Sí, sí! Hmmm! Pero además… quizá os gustaría… bueno… que podéis masturbaros si os gusta lo que veis!

    – Mucho! – grita Guzmán sacándose el miembro sin pensárselo. Los otros tres hacen lo mismo. Mi novia se alegra al ver que todos ya están bien trempados y se acercan a ella.

    – Si lo deseáis, os la puedo chupar mientras el encargado me folla el culo.

    – Qué guarra que es usted, señorita! Bueno, si alguno desea que este pivón se la chupe… por mí…

    – Sí, sí! – todos corren hacia ella, que se pone a cuatro patas.

    – Hacer una fila y vais pasando por turnos! Y si queréis y el jefe os deja, también podéis darme por culo vosotros!

    – Cuando yo termine, cuando yo termine!

    Después de que los seis se corrieran varias veces en la boca y ano de mi novia ya eran la ocho de la mañana. Lena se despidió con un besito y un abrazo y la promesa que la noche siguiente les dejaría volver a estar con ella.

    Lo más sorprendente es que a las nueve, sin haber dormido nada, ella estaba guapísima, a punto de empezar a trabajar, habiéndose duchado, maquillado y vestido muy elegantemente. Y con el plug bien ensartado pensando en lo que le esperaría la noche siguiente. Pero esa es otra historia. Una historia que, si lo deseas, querido lector, te puedo contar también pronto. Ya me dirás.

  • Infiel por mi culpa. Puta por obligación (21)

    Infiel por mi culpa. Puta por obligación (21)

    Por una entrega, un beso.

    Al llegar al otro extremo en Punda, frente al central reloj de forma octogonal que marca las veinte horas algo ya pasadas, me giro hacia las tres esculturas de corazones de amor enmallados, y le doy la espalda a Camilo. Suspiro hondamente y me acerco al más grande. ¿Debería contarle que esta mañana ya he estado aquí, buscando el nuestro sin hallarlo, y decirle que pensé que quizás con su ayuda, entre los dos con más calma, podríamos encontrar nuestro candado?

    — ¿Buscas esto? —Escucho con claridad su voz y de inmediato me doy vuelta para darme cuenta de que en su mano derecha, Camilo sostiene sobre su palma abierta, el pequeño candado que yo tanto busqué.

    —Co… ¡¿Cómo es que lo tienes?! —Le pregunto gratamente desconcertada y Camilo entre tanto, levanta los hombros sin responderme nada.

    — ¡Juntos lanzamos las llaves al mar! Desde allí. ¿Recuerdas? —Y le señalo justo al lado el espacio vacío entre los dos cañones.

    — ¿Sabes? También se mentir. ¡Venían tres y me guardé una! —Le respondo a Mariana, que al escucharme ladea la cabeza prestándome atención, y sus hermosos ojos ya de por sí decorados por el arco de sus espesas cejas negras, de repente se le iluminan por el reflejo del flash de alguno de los tantos turistas que a estas horas pasean por este lugar, tomando infinidad de instantáneas en esta coloreada oscuridad. Para la posteridad pensaran con seguridad las personas.

    ¡Mientras les dure el amor! Les auguro yo mentalmente, a esas parejas ahora bien enamoradas.

    —Pensaba en esa época que con el pasar de los años, los dos volveríamos aquí perpetuando nuestro idílico romance, y era mi deseo que al encontrarlo ya descolorido y oxidado, pudiéramos de nuevo entre los dos renovarlo por uno nuevo y continuar haciéndolo así el resto de nuestras vidas. Una tradición por nuestro amor sólido y duradero. —El gesto feliz en su rostro se desvanece en segundos y cambia a uno más serio y triste, como igualmente sucede en el mío.

    —Como ves Mariana, no esta tan maltrecho y fácilmente pude meter la pequeña llave en la cerradura y retirarlo. Como lo hiciste tú conmigo, apartándome con el tiempo de tu corazón, cansada tal vez de verme todos los días, tan prendido a tu vida.

    —Todos somos reemplazables, pero no repetibles y ahí, Camilo… es donde radica la diferencia. Y tú eres eso último para mí, aunque ahora con razón, creas justamente lo contrario. —Le respondo para luego después de una pequeña pausa, confirmarle mi sentimiento.

    Sin responderme Camilo levanta su brazo y se inclina hacia atrás un poco, balanceándose con la intención de lanzar nuestro pequeño candado al fondo de la bahía.

    — ¡Nooo, por favor! —Le grito, deteniendo su intención y asustando de paso a varias personas que se encuentran tomándose fotografías delante de la escultura.

    — ¿Para qué carajos lo quieres? —Le pregunto y ella extiende su brazo con la palma abierta para recibirlo.

    —Si a ti no te interesa ya, yo sí quiero guardarlo y tenerlo por siempre como recuerdo. ¿Me lo das?

    —Bueno, ok. Tómalo —Y se lo entrego.

    — ¿Y la llave? —Me pregunta.

    — ¿También la quieres? ¿Y eso, para qué?

    —Para mantenerlo abierto, por supuesto.

    —Uhum, ¿para cerrarlo en el corazón enmallado cuando me encuentres un reemplazo?

    — ¡No seas ridículo! Si regreso aquí, será contigo y con nuestro hijo, y con nadie más. ¿Comprendido? —Un tanto enojada me responde y le hago entrega de la pequeña llave.

    Lo observo, lo mimo con la yema de mis dedos y lo aprieto entre mi puño cerrado atesorándolo, para luego colocarlo a buen resguardo dentro de mi bolso. Por supuesto que lloro, recordando esos hermosos momentos que son ya pasado. Camilo y yo tomados de las manos, su boca entreabierta y los labios estirados, presionando mis párpados, humedeciendo la punta respingada de mi nariz, deteniéndose y exhalando sobre mi boca, besándonos suavemente, tan enamorados y ajenos al futuro, viviendo ahora tan distantes, en este presente tan amargo. ¡Por mi puta culpa!

    Carnavalesca la plaza, ruidosa, enfiestada y con gran movimiento, iluminados permanecen los frentes de las edificaciones, destacando sin necesitarlo sus vivos colores por los reflectores y los faros de los autos que transitan a esta hora en fila india por la angosta Handelskade. Como cambia todo y como da de vueltas este mundo, haciendo girar nuestras vidas. Esta mañana este lugar se veía muy distinto, solitario y tan abandonado, como yo lo estaba.

    La miro acariciar el pequeño candado, lo aprecia cual si fuera una obra de arte o un tesoro, y quizás lo fue o para Mariana lo siga siendo. Lo hicimos entre los dos, más temprano que tarde, recién terminamos las obras de adecuación de la casa. Entre lágrimas lo guarda con cuidado al fondo de su bolso negro. Me duele verla así tan triste, seguramente arrepentida recordando cuando ella y yo, después de tirar las llaves al mar, nos quedamos un rato de pie observando el pequeño candado aferrado a la escultura, y ella sosteniendo entre sus brazos el amoroso sueño de nuestro cansado Mateo.

    Recuerdo que me enternecí al mirar aquella imagen de mis dos amores y descendí con mis labios sobre sus ojos suavemente. Los besé, al igual que su nariz y luego terminó mi boca junto a la lengua, meciéndose infantilmente sobre la suya. Éramos tan felices aquí los tres, pero el destino nos puso una zancadilla con esa inoportuna llamada de Eduardo para ofrecerme ese trabajo en Bogotá y de paso, hacerme caer en el pecado del descuido y de la exagerada confianza, convirtiéndome en un ciego enamorado. El caso es que aquí estoy, tan cercanamente separado de la mujer que más he amado. ¡La perdí, y todo por mi hijueputa culpa!

    —Ok, y ahora, ¿Qué vamos a hacer? ¿Hacia dónde quieres ir? —Le pregunto, mientras su antebrazo se desplaza de derecha a izquierda sobre las mejillas, y así Mariana se retira las lágrimas.

    Giro un poco el cuello y miro hacia mi derecha, al fondo la plaza Piar, no tan transitada y en ruta directa al hotel. ¿Querrá ir por allí? ¿Estará dispuesto a subir y hablar conmigo en mi habitación? Humm, no lo sé, en verdad como están las cosas, no lo creo.

    Doy un paso hacia adelante, giro el tronco y volteo a mirar hacia la izquierda. Bajo los toldos del Iguana Café, –donde tantas veces nos sentamos a beber un delicioso tintico para descansar de las compras en el mercado flotante– la gente se arremolina a uno y otro lado de la calle. Demasiada falta de privacidad para lo que le tengo que seguir relatando. Por lo tanto lo miro y le tomó del brazo dirigiendo nuestros pasos hacia la plaza más desolada.

    —Bueno ya veo que has tomado la decisión correcta. ¡Mira allí! Al finalizar la calle hay una banca de madera donde podremos sentarnos a charlar sin que nadie nos moleste. —Le digo a Mariana, al ver cómo me toma del brazo y me hace andar junto a ella, por la explanada de la gobernación hacia la plaza con la estatua del recordado héroe, Manuel Carlos Piar, bordeando con su muro bajo construido con piedras multiformes y blancas, esta parte de la bahía; entre cinco palmeras no muy altas y tres señoras gordas vistiendo blusas amarillas, rojas y blancas, junto a los anchos shorts blancos, azules y beige con delgadas rayas, que cubren ampliamente sus prominentes nalgas, amenazando con sentarse en ella antes que nosotros, y un farol iluminando con su amarillenta luz el alrededor, creando una atmosfera un tanto… ¿Romántica?

    —Ajá, la veo. —Le respondo y continuamos caminando en silencio hasta allí. Nada más llegar le escucho pronunciar tres palabras.

    —Fue muy rápido. —Y se sienta sobre las oscuras tablas de la banca.

    — ¿De qué hablas? —Le pregunto pues no sé a qué se refiere.

    —Todo. Su asalto y tú rendición. —Me responde colocando entre sus piernas la mochila y extrayendo la botella de ron.

    — ¡Ahhh! Ehmm, no cielo, de nuevo te equivocas. No sucedió nada más. ¡Créeme! —Le respondo mientras veo como sirve de nuevo las dos copitas hasta el borde.

    —La programación de Eduardo me permitió vivir los siguientes días de aquella semana sin sobresaltos, pues no me tocó trabajar en la sala de ventas al sur de la ciudad en su compañía. Era Diana o Carlos quienes me acompañaban en la labor de atender a los interesados en esos apartamentos.

    —Pues la calma de esa semana fue entorpecida por las nocturnas visitas de Iryna y su hija, que se fueron incrementando poco a poco por culpa de Mateo y sus pataletas si no lo dejábamos jugar hasta tarde con Natasha. —La interrumpo rememorando esas fechas.

    —No te quejes tanto cielo, porque tú no la pasaste tan mal. Mientras yo echaba chisme con Iryna, que me ponía al día sobre los problemas con la administración del conjunto residencial, tú jugabas a videojuegos con Mateo y Naty en la consola. —Le respondo y en seguida retomo el hilo de lo que le estaba diciendo.

    —El fin de semana próximo atrapó toda mi atención pues allí sí que esperaba encontrármelo nuevamente y…

    Tengo que hacer una pausa, pues recibo de su mano la copita de ron y al igual que él, me hago con un nuevo cigarrillo, lo llevo a mis labios y me inclino hacia el fuego que me ofrece su encendedor. Bebe primero que yo, solo un poco y hace gestos de desagrado. Enseguida lo hago yo pero a fondo blanco, desocupando el pequeño envase y sí, también hago muecas de desagrado cerrando los ojos, al sentir como me arde la garganta. Me observa con detenimiento y yo quedo conectada a su mirada. ¡Nos sonreímos los dos, al mismo tiempo!

    —Por suerte y sin saberlo, –continúo el comentario– hasta llegar allí a Peñalisa, no fue así. Extrañada le pregunté por él a Diana, que siempre andaba enterada de todo lo que sucedía en la constructora. Me explicó que de la oficina de recursos humanos lo habían llamado para exigirle tomar sus vacaciones pues ya acumulaba dos periodos. Prácticamente lo forzaron, no tuvo otra opción y el resto del mes lo dejé de ver. ¡Casi!

    — ¿Cómo así? —Intrigado le pregunto.

    —No me escribió al chat ni me llamó a la oficina, por si lo quieres saber. Creí que podría entonces descansar todo el mes, pero no fue así. Los clientes escasearon para la compra de las casas campestres, los pocos interesados posponían la decisión, haciendo que el mes de Julio no realizáramos más ventas. E igualmente bajó la afluencia del público con ganas de ser propietarios de uno de los apartamentos de interés social. Fue un bajonazo general en el mercado inmobiliario y eso provocó varias reuniones de la junta directiva con Eduardo y el jefe del otro grupo de ventas. Cuando regresaban los dos al noveno piso, sus rostros reflejaban las consecuencias de un buen jalón de orejas.

    —Pues yo no me enteré de eso, aunque un viernes por la noche en el bar, me tomé unas cervezas con él y lo noté preocupado pero no me comentó nada y yo simplemente supuse que tenía algún problema con Fadia.

    —Pues no cielo, no fue por eso. Finalizando el mes, la última semana, tú estabas por terminar las últimas casas de la tercera etapa, y ya no tendrías que viajar tanto, lo cual te hizo muy feliz al poder compartir más tiempo con Mateo y conmigo. Curiosamente, Eduardo me llamó a su oficina y me entregó una carpeta plástica con documentos esenciales para una posible venta. No, no eran clientes míos. Aquel negocio era de José Ignacio, y Eduardo me pidió el favor de que se los entregara con urgencia, en su casa.

    — ¿Por qué yo? Para eso están los mensajeros. ¿No lo crees? —Le pregunté extrañada.

    —Ellos están ocupados entregando documentación en los bancos y realizando otras diligencias. Además Meli, Nacho no ha hecho nada más que preguntarme por ti, por lo tanto de paso se pueden poner al día con sus temas. —Me respondió con una tranquilidad inquietante.

    — ¿Qué temas? ¿No comprendo? —No me dijo nada y tan solo sonrío, pero con esa mirada rara, igualita a la de esa noche en la discoteca, me preocupé y palidecí, imaginando que José Ignacio le hubiera contado algo de lo sucedido en el hotel.

    —Es urgente, hazme ese favor. Sabes donde vive, ¿No? —Negué con mi cabeza y entonces escribió la dirección en un luminoso pos-it amarillo. Me lo entregó, diciéndome para finalizar…

    —Hazme ese favor, y si no tienes nada pendiente aquí, puedes tomarte el resto del día libre si lo necesitas. —Y más sorprendida me quedé.

    —Con desgano tomé los documentos, no me apetecía verlo. Deambulé en el auto por las anchas calles siguiendo las indicaciones del navegador. Es un barrio realmente hermoso, ubicado muy cerca al club y del humedal, bastante arborizado y con casas amplias de dos plantas y techos inclinados. Antejardines de gran tamaño, con plantas y flores de variados colores. Fachadas en ladrillo a la vista y espacio al lado de la entrada para dejar aparcados en el garaje hasta dos o tres autos. Se respira un oxígeno diferente, más puro y limpio que en el resto de la ciudad, y a pesar de ofrecer a la vista un ambiente un tanto aburrido por lo solitario, a la vez brinda la sensación de obtener allí mucha tranquilidad.

    —A tres casas desde la esquina vi el Honda blanco en la calle, estacionado en frente de la entrada. Detuve mi Audi detrás del suyo y descendí del automóvil, tomando la carpeta con los documentos que debería entregarle. Cerré la portezuela y al girarme me fijé que él estaba afuera de la casa, justo al lado y casi al fondo del poco iluminado garaje. Agachado dándome la espalda, no se dio cuenta de que había llegado. Estaba ocupado revisándole algo al motor de una motocicleta enorme, anticuada pero de poderoso aspecto.

    —Vestía una camiseta sin mangas, de blanco algodón, de esas del tipo chaleco pero enmallada, tan perforada que le dejaba ver la piel y desnudos los esculpidos hombros, donde sobre el izquierdo, se suspendía sobre la espalda un trozo de trapo rojo algo sucio y grasiento, ocultando a medias un tatuaje en tonalidades negras con algún diseño difícil de distinguir a esa distancia, pero que iniciaba desde el omoplato ascendiendo por el hombro, recorriendo el brazo hasta llegarle por encima del codo. Esos brazos trabajados, que tensionados por la labor que estaba realizando, me permitieron detallar las formas curvas –y atractivas, lo pienso aunque no se lo menciono– de sus musculosos bíceps y tríceps. Y cuando se enderezó para responder al casi insonoro saludo que le hice desde la verja sin cruzar el antejardín, noté que tenía puesta por pantaloneta, una hecha de un viejo y descolorido blue jean recortado seguramente por el mismo, y que le llegaba a medio muslo.

    Durante todo este tiempo, Mariana no ha dejado de mirarme con sus ojos de un azul encendido por los brillos de sus recuerdos, a pesar de que la piel tersa de su rostro no refleja ningún trazo de emoción. Ni buena ni mala. Sin embargo no se aguanta las ganas y balancea la sandalia con la punta del pie, al vaivén del movimiento de su pierna. Fuma despacio, con cortas aspiradas, suavizando la expulsión del humo por la angosta fisura que se le forma entre sus labios.

    —Su cuerpo era atlético, fuerte y delgado. Brillante la piel por el sudor que en gruesas gotas bajaban desde su cuello hacia el tórax, y blanco el tono de su piel, similar a la mía, muy lisa y no se le veían vellos en el pecho, despejados tenía los antebrazos igualmente, ni siquiera en las piernas. Diferente en todo a ti, pensé en ese instante.

    — ¿Comparándome? —Le pregunto, y pienso que…

    … ¡Que este es el momento por el cual estaba esperando! El de las odiosas comparaciones. ¿Qué le vio a él, que no tuviera yo? ¿Qué fue lo que tanto le llamó la atención? Me van a molestar sus respuestas si son francas, lo sé. ¡Y me dolerán putamente, con seguridad!

    —Pues que quieres que te diga. ¡Sí, lo hice! Lo estaba haciendo sin pensar, de manera automática, sin embargo, dejé de verlo y detallarlo, pues de pronto un corpulento pero hermoso perro de cabeza ancha y orejas puntiagudas salió de la penumbra, por detrás de la motocicleta y empezó a caminar con lentitud hacia mí, –continúa Mariana recordando, y yo me dispongo a servir otra ronda de ron– moviendo su gran pelaje entre gris y negro, con una hermosa y esponjosa cola blanca, enroscada por encima de su lomo.

    —Levantó el hocico olfateando la atmosfera que le antecedía de aquella intrusa, y empezó a recortar la distancia que nos separaba trotando hacia al muro, y solo las delgadas rejas blancas del pequeño portón me separaban de una segura mordida. Parecía querer echárseme encima, o esa fue la impresión que me llevé inicialmente y me asusté bastante, aunque alcancé a retirar mi mano del pasador metálico y llevarla hacia mi pecho, pero de la misma impresión me quedé estúpidamente petrificada, pálida con seguridad y completamente muda.

    Ahora si su rostro refleja algún grado de emoción al relatarlo y se le dibuja una sonrisa breve, escasa, pero al fin de cuentas me demuestra la conmoción que vivió en ese momento.

    — ¿Otro ron? —Y sin esperar a que vocalice su respuesta, vierto la bebida hasta el borde en las dos copas y le extiendo la suya.

    —Se fue acercando con cautela y desconfianza, para detenerse imponente a medio metro o menos de distancia, mirándome con esos almendrados ojos castaños pero con una mirada noble. Insólitamente no ladró y me extrañó, pero luego días más tarde al hablar con José Ignacio, me enteré de que esa raza, los Alaskan Malamute, no lo hacían y tan solo como sus salvajes parientes, solamente aullaban.

    — ¿Nacho? —Lo llamé pero sin levantar mucho el tono de mí voz para no espantar al perro, a pesar de que la que se estaba muriendo de miedo, –casi orinándome del susto– era yo.

    — ¡Amarok! Ya desayunaste, así que deja en paz a la señora. —Le gritó, y el can le obedeció de inmediato retrocediendo un poco agachando su gran cabeza, para posteriormente volver a levantarla y mirarme con esa graciosa mascara gris oscuro que bordeaba sus ojos, –confiriéndole ese aspecto imponente y agresivo– pero lo que hizo fue sentarse tal cual si fuese una persona que me cedía el paso invitándome a pasar, pero eso sí, sin cerrar el hocico ni guardar su ancha lengua rosada, que le sobresalía por encima de sus blancos colmillos.

    —Bueno, señora Melissa, ¿Qué estas esperando que no pasas? Anda, echa pa’dentro que ya has encontrado al que has venido a buscar. —Fueron sus palabras exactas, irónicas si cabe. Las recuerdo tanto porque no me saludó como yo esperaba que lo hiciera, molestándome como solía hacerlo.

    — ¡Brrrrr! ¡Buaghhh! Todavía me está entrando en reversa. —Le comentó a Camilo después de darle un moderado sorbo a la bebida, en cambio en el rostro de mi esposo no le noto ninguna mala reacción. Por el contrario, se pasea la lengua por los labios, paladeando su sabor.

    —Fue tan egocéntrico como inesperado su comentario. Igual abrí con cuidado la pequeña puerta de rejas blancas y sin dejar de observar al enorme Amarok, pasé por su lado diciéndole muy bajito: ¡Tranquilo perrito lindo, perrito hermoso!, porque se levantó y me siguió muy cerca, husmeándome las piernas con su hocico por debajo de la falda, incluso mis tobillos o algo que había pisado con mis zapatos de gamuza negra y que me había comprado el dia que salí de tiendas con K-Mena, para hacerle juego a la falda gris ratón a cuadros y al abrigo tres cuartos de paño negro que me habías obsequiado para que empezara a trabajar en la constructora. ¿Recuerdas? —Le pregunto a Camilo, que se encuentra divagando, con la pequeña copa apoyada sobre su labio inferior, observando al frente, hacia las luces de la colorida Otrobanda, mientras se le consume el cigarrillo entre sus dedos.

    —Sí, por supuesto. Como olvidarlo. —Le respondo y llegan a mi mente las imágenes de esa noche, cuando llegué a nuestra casa y me encontré con la sorpresiva visita de Fadia y Eduardo, sentados en nuestra sala, y así mismo recuerdo haber leído, –todavía sobrio sentado ante la barra del bar– en las primeras páginas del informe que mantengo aquí, guardado dentro de mi mochila, sobre esa ocasión mencionando su primer encuentro en ese lugar…

    …«9:43 A.M. De un vehículo rojo con matrícula xxx-xxx, se ha bajado una mujer caucásica de cabello largo. Viste un gabán de paño negro, blusa blanca y falda gris por encima de las rodillas. Medias veladas gris humo y zapatos negros de tacón. Procedo a tomar fotografías para el registro. 9:49 A.M. Al parecer se conocen de la oficina, pues la mujer lleva prendido a la cintura, la identificación de la compañía. Tiene en sus manos una carpeta de color rojo que le quiere hacer entrega al susodicho. Hablan algo y luego la mujer entra a la casa portando la documentación mientras el sujeto permanece en el garaje, reparando la motocicleta. 9:52 A.M. La mujer sale de la casa y nuevamente se…»

    — ¿Camilo? ¿Cielo? Oye…

    —Ehhh… Dime, te escucho. —Le respondo a Mariana.

    — ¡Que te elevaste otra vez y te vas a quemar los dedos! —Le digo y él cae en cuenta y tira la colilla al suelo, pisándola con la punta de su zapatilla.

    —Ya, listo. Muchas gracias. ¿Y entonces que pasó después?

    —No seas iluso Nacho, no vengo a buscarte. –Le respondí mientras acariciaba suavemente la cabeza de Amarok. – He venido a traerte esto para que trabajes, aunque ahora veo que estás haciendo algo productivo con tus días de vagancia. Y le sonreí.

    — Interesante imagen. –le comento con toda la hiel que se puede acumular en mi boca. – ¿Y que más pasó?

    —Hmmmm, pues al llegar a su lado y extenderle la carpeta con los documentos, me mostró sus manos sucias y una mueca en su boca, –que compaginó con las arrugas de su frente y la redondez de sus ojos avellanas– fue suficiente explicación para mí y busqué con la mirada un lugar plano y limpio donde dejar la documentación.

    —En la mesa del comedor si eres tan amable, bizcocho. Y muchas gracias por ofrecerte a traerlos. —Me dijo con el mismo tono y estilo dominante de siempre.

    —Cielo, sabes como soy de despistada a veces, y en ese momento miré a mí alrededor y no veía la entrada a la casa por el garaje, a mi espalda solo se hallaba el muro de ladrillos y solo una puerta, que abierta de par en par, daba acceso al patio trasero.

    —Da la vuelta Meli, la puerta está sin seguro. —Me dijo con naturalidad y sonriendo, volvió a agacharse para continuar con sus arreglos.

    —Retrocedí dos pasos y efectivamente de manera lateral, unos metros al fondo estaba la dichosa entrada a la casa. Entré con sigilo, cual si fuese yo una ladrona, –acompañada por un perro que no era guardián– y me encontré después del recibidor con un área amplia de paredes blancas y limpias, sin cuadros grandes ni pequeños, donde se hallaba la mesa del comedor, ovalada y de madera lacada, dispuesta para seis personas, lo cual me llamó la atención.

    —Posé la documentación en el extremo más cercano, fijándome que en el centro había un frutero grande, pero con frutas plásticas como decoración, y al girarme eché una ojeada hacia la sala que está situada como sabes, en un nivel inferior bajando tres escalones. Solo dos sofás de tres puestos acomodados en «L», y una mesita de centro de madera con dos o tres libros gruesos encima por ornamento, dándole un aspecto demasiado minimalista y en verdad, poco acogedora a pesar de la clásica chimenea de ladrillos al natural y la lámpara de techo de seis brazos, con los cristales tallados. Salí de allí con prisa y me lo encontré, a cuatro patas buscando algo que se le había caído al suelo.

    —Una clásica decoración masculina sin el toque detallista de unas manos femeninas. —Le comento, y Mariana asiente, alisando la tela de su vestido sobre el muslo que ha encaramado sobre la otra pierna y continua hablándome de su pasada visita por esa casa.

    —Listo, me voy. —Le dije y el volteó a mirarme, revolcándose aún más los largos cabellos negros que le caían brillantes y humedecidos sobre la frente, con el dorso de su mano izquierda, sonriéndose pero sin dirigirme la sonrisa exactamente a mí, sino a los dos, y me dijo:

    —Ya que te has vuelto tan amiga de mi mascota, podrías por favor sacar a Amarok al potrero de enfrente y esperar que haga sus necesidades. Estoy desde temprano en estos arreglos y no he podido hacerlo yo. ¡La correa está allí tirada! —Y me la señaló estirando sus labios, ensombrecidos por el candado de pelitos de una barba crecida en los últimos días.

    —Óyeme, ¿pero quién carajos te crees que soy? Ni tu mensajera ni la paseadora de tu perro. Y menos con estos zapatos me voy a meter en ese pastizal. —Le respondí, enojada y con mis brazos en jarras.

    —Vamos Meli preciosa, –se refirió a mí, marrullero– el césped esta recién cortado y no te vas a demorar mucho. ¡Amarok, trae tu correa! —Le ordenó y el bendito animal le entendió, recogiendo con su hocico un extremo del lazo.

    — ¡Ni creas que voy a recogerle el popó a tu perro! —Se lo dije con claridad.

    —No te lo he pedido bizcocho. Deja que se cague donde quiera y te haces la loca con eso. Igual, cuando crezca el césped volverán para recortarlo y alguien más recogerá los desechos que encuentre. —Me respondió con esa desfachatez tan acostumbrada en él.

    —Y de nuevo cediste ante él, convirtiéndote otra vez en la obediente y sumisa «Sor Mariana, Patrona de los desamparados». —La interrumpo y ella reacciona con una falsa tranquilidad a la mofa que le he hecho, extendiéndome la mano con su copa vacía, y botando al suelo la colilla de su cigarrillo, –al igual que yo lo hice– pero estampándole por encima, el tacón de su sandalia.

    —De mala gana le coloqué la correa, ajustándosela al collar, y salí con él hacia el antejardín. Aunque sería más correcto decirte que fue él, Amarok, quien salió conmigo, pues tan pronto como cruzamos por la pequeña puerta, me arrastró detrás de él y cruzamos la ancha calle como una exhalación. Afortunadamente no cruzaba ningún vehículo y solo vi a una pequeña minivan de reparto, parqueada en la esquina, como buscando alguna dirección. —Camilo alcanza su copa ya colmada de licor y sin darle una probada, decide mejor darle vida a un nuevo cigarrillo.

    Recordando aquella mañana se viene el momento que tanto he temido. Contarle lo que sigue le va a molestar y no sé cómo debo decírselo. ¿De cuál manera menos dolorosa contárselo? ¿Mejor me lo callo y bebo? No. Eso me haría ser más deshonesta con él. Gústeme o no, debo contarlo todo, tal como sucedió.

    Me resulta llamativo en ella, el leve temblor de la mano que sostiene su copa al acercarla a la boca, pues también percibo un sutil estremecimiento en sus labios antes de apoyarla en ellos, manteniendo los ojos cerrados. Para desgarrar este silencio incomodo, le pregunto con naturalidad por aquel después.

    — ¿Y al final te tocó recogerle la mierda al perro? —Y tras beber un pequeño sorbo, Mariana sin soltar al ambiente el suspiro retenido en sus pulmones, abre los ojos, me mira e iluminando su rostro con una picaresca sonrisa, me responde…

    —Por supuesto que no. ¡Cómo se te ocurre pensar eso! Lo dejé que hiciera sus necesidades al amparo de un arbusto y decorando con dos bollos grandes unas preciosas margaritas. ¡Jajaja! Caminé un poco detrás de él, dejando que oliera el césped y volviera a orinar sobre unas piedras y una montañita de arena de rio, luego me volví con Amarok a mi lado, de nuevo hacia la casa. Cuando llegamos le solté la correa y me di cuenta de que José Ignacio ya no se encontraba en el garaje.

    —Amarok se dirigió hacia el patio trasero y como dice el refrán: « ¿Dónde va Vicente? ¡Donde va la gente!». Así que lo seguí. Un olor dulzón, mezcla de flores cítricas, madera mojada y gasolina, captó mi atención. Me lo encontré recostado sobre la perlada máquina para lavar la ropa a un costado del patio, fumándose un cachito de marihuana, con los ojos abiertos y elevados hacia las nubes blancas que surcaban con lentitud el cielo, todavía azul a finales de julio.

    —Ni se inmuto por mi presencia, pero me invitó a probar un poco. – ¡No! no cielo, no abras así los ojos, porque se lo rehusé. – Me recordó una época lejana y amarga que vivimos en nuestra casa con mi hermano mayor, sumido en las drogas. Casi no logramos que saliera de ese infierno, pero la enfermedad de mi padre le hizo abrir los ojos. Se lo comenté a él también, me entendió y no insistió, pero sí lo acompañé, al fumarme un cigarrillo justo enfrente de él. Y hablamos de varias cosas.

    —Tengo curiosidad, le dije. —Y cruzándome de brazos, le pregunté… ¿Ese negocio es de un cliente nuevo?

    —Hummm, algo así. Es una recomendada de un primo lejano de mi novia. —Me respondió en calma.

    —Y por qué Eduardo tenía los documentos. ¿Se conocen?

    —No mucho. Se habla más con la esposa de él.

    — ¿Con Fadia?

    —Sí, con ella.

    —Pues qué bueno que te caen los negocios del cielo y te ayuda el jefe.

    — ¡El que es lindo es lindo! Jajaja. —Me contestó, tan burlón como siempre.

    —Pero no te veo feliz. Si quieres pásame el negocio a mí que me hace falta.

    —Hmmm, lo que sucede Meli, es que para lograr cumplir con todos tus objetivos, a veces debes entregar una parte de ti, aunque te desagrade muchas veces hacerlo. ¡Y tú no tienes la sangre para eso!

    —Ya veo, por supuesto. En cambio a mí se me han cerrado las puertas de los buenos negocios.

    —Sí, ya me comentó Eduardo que la están pasando mal.

    —Entre otras cosas, Eduardo me hizo el comentario de que preguntabas demasiado por mí. ¿Puedo saber el motivo de tanto interés?

    — ¿En serio te dijo eso? Yo solamente pregunté por cómo iban las ventas de todos. En general. ¡Créeme!

    — ¿Seguro? O… ya le contaste a Eduardo algo sobre lo nuestro.

    — ¡Qué te pasa bizcocho! Ni a él ni a nadie. Igual lo dejaste muy claro. No existe entre los dos un «nosotros»… Por ahora. Así que despreocúpate que no tengo nada que contar.

    — ¡Me parece bien! —Le respondí, mientras que José Ignacio, agotando ya su porro sujeto entre el pulgar y el dedo índice, lo arrojó al cesto de basura y sin decirme nada entró por la puerta que da acceso a la cocina y me ofreció un café.

    —Me quedé a solas allí, terminando con calma mi cigarrillo y evaluando si era cierto que él no había preguntado por mí, y si era así, me pregunté el motivo por el cual Eduardo me había mentido y enviado a entregarle esos documentos. Pasó un tiempo y no llegaba él con mi café. Entré a la cocina y la cafetera ya expulsaba entre cálidos vapores el rico aroma, pero no estaba allí. Solo dos pocillos de porcelana, un tazón mediano con azúcar hasta la mitad y dos cucharitas de plata. Dispuesto todo sobre una blanca bandeja de plástico.

    —Negué con mi cabeza por aquel olvido suyo, pero serví la bebida caliente para los dos y con la bandeja en mis manos, salí al comedor. Lo llamé desde allí y escuché su voz lejana diciéndome que subiera a la segunda planta. –Camilo se lleva la mano derecha a la frente. – ¡Sí, sé que no debí haberlo hecho!, pero no se había comportado mal. No había intentado nada conmigo y me sentí… Segura.

    —Subí los escalones de madera y al llegar al pasillo observé dos habitaciones con las puertas de color caoba bien cerradas, un baño auxiliar con la puerta entre cerrada, y solo la del frente permanecía bien abierta. Dudé en seguir. ¿Sabes por qué? —Le pregunto a mi marido, pero Camilo tan solo alza los brazos, extiende las manos y aprieta los labios, con cierta tristeza, esperando a que yo misma me responda.

    —Escuché el ruido de la regadera. Se estaba dando un baño. Me sentía incomoda pero a él todo le daba igual. Y allí de pie con la bandeja sostenida por mis manos me llegó de repente un Deja-Vu. Me sentí familiarmente ubicada en aquel espacio, como si estuviera cómoda reviviendo una situación tan cotidiana.

    — ¿Cómo si estuvieras llevándome el café al estudio por la noche mientras yo trabajaba en mis proyectos? —Le sugiero a Mariana.

    —Si cielo, fue más o menos así.

    —Ingresé despacio y noté la puerta del baño abierta de par en par, al igual que las cortinas en la ventana. No había un lugar libre donde poder descargar la bandeja, así que me senté en una esquina de la cama y la coloqué con cuidado a mi lado. Mientras daba el primer sorbo al café, curiosa fui dando una repasada a su amplia habitación. La cama era de grandes dimensiones, cómoda, bien mullida y con un edredón totalmente negro como las fundas de los dos almohadones.

    —Por encima del cabecero, en el zócalo rectangular en la pared, permanecía iluminado un acuario con varios pececitos dorados y un submarinista amarillo de plástico que subía y bajaba, impulsado por el chorro y las pequeñas burbujas. Miré las paredes y sobre las dos mesitas de noche, buscando retratos con datos visuales de su familia o de su famosa novia, pero no existían más que dos lámparas de noche con caperuzas de grueso pergamino amarillento, y en la pared del fondo un diploma enmarcado justo al lado de dos guitarras colgadas dentro de sus estuches.

    — ¡Ahhh! Y afiches de superhéroes. Batman, Superman, El Guasón, El hombre Araña y la mujer maravilla, y otro donde aparentemente Godzilla destruía una ciudad similar a Tokio. Y bajo ellos, varios modelos de automóviles a escala, como el que me obsequiaste, sobre la repisa de un mueble viejo, y dentro de este, tras los vidrios transparentes muchos otros cientos, pero más pequeños.

    —Al lado de la puerta del baño un alto espejo rectangular, y al costado derecho un perchero solterón de madera barnizada, con su vestido de paño negro perfectamente colgado, la celeste camisa bien doblada y en un anaquel más abajo las medias azul oscuro y… Sus pantaloncillos blancos. Los zapatos negros por supuesto, bien lustrados, esperaban en el piso ser calzados nuevamente.

    —Tuviste la oportunidad de irte y dejarlo… mantener todo como siempre. Pero no lo hiciste Mariana. ¡No quisiste hacerlo! —Me interrumpe Camilo colocándose en pie, con un cigarrillo nuevo en su boca sin encender, la mochila Wayuu terciada sobre el pecho y en su mano derecha la copa llena de licor.

    Lo sigo con la mirada. Se aleja dirigiéndose hacia el bajo muro de piedra. Se planta allí a mirar hacia el horizonte, donde el mar se une con este firmamento oscuro. Me sirvo otra copita de ron y me dirijo hacia donde se encuentra mi marido adolorido. Voy a fumar con él, a sufrir junto a él, contándole los otros detalles.

    —Salió del baño, con una toalla azul anudada a la izquierda de su cintura y con otra más pequeña y beige secándose el cabello, arremolinándolo al hacerlo, y mientras se acercaba, –caminando despacio mirando al suelo y fijándose en cada paso que daba sobre el piso laminado– yo fui detallando su cuerpo con tranquilidad. Estaba como quería, es verdad que lo pensé. Totalmente blanco empalidecido, como una rana platanera, y depilado por todas partes, ni siquiera un pelito en las axilas. Las tetillas de un rosa pálido y del tamaño de una moneda de cien pesos, parecían querer ocultarse de mi vista entre sus fornidos pectorales. Los abdominales los tenía muy marcados y tonificados por horas de ejercicio, dándole forma a un envidiable «six pack».

    —Levantó la cabeza al llegar a mi lado de la cama y se deshizo de la toalla, –lanzándola a la cama por encima de mí cabeza– con su pelo negro revuelto y aun húmedo por el agua, pero su barba descuidada, ya la había desaparecido su máquina de afeitar. Aparentemente sin intención o disimulándola bien, se le aflojó el nudo de la toalla azul que lo cubría de cintura para abajo y se giró hacia el perchero para tomar sus ropas, dejándola caer a sus pies. Pero alcancé a observar sus muslos fuertes y acuosos todavía, dejando rodar en desordenada caída, algunas cristalinas gotitas de las rodillas para abajo.

    —Y sí, también volví a ver su pene pero esta vez colgando, agitándose insolente por el movimiento, –golpeando al caminar la bolsa arrugada y rosada de sus… grandes testículos– flácido sin el grosor por la emoción, ante mi mirada impertinente. Quizás se debía a que lo tenía completamente depilado, pero me dio la impresión de tenerlo más grande y grueso que aquella vez que me lo enseñó en la oficina. A pesar del frío de aquella mañana y de tenerlo relajado e indiferente, –cayéndole pesadamente hacia un lado, a la altura de la mitad del muslo– me pareció que… qué bien… excitado, debería alcanzar un tamaño… considerable. ¡Pero muy similar al tuyo! —Camilo agacha la cabeza, suspira y exhala el aire de sus pulmones. Aprieta ambos puños pero no los lanza contra mí ni contra nada, conteniendo su ira, absolutamente comprometido con su promesa de escucharme.

    —Yo lo miraba de reojo, José Ignacio hacía lo mismo mirando mi imagen reflejada en el espejo, aunque aparentaba no fijarse en mí. Se iba a empezar a vestir pero se arrepintió y regresó desnudo, para sentarse a prudente distancia de mí.

    —Espero que no te incomode que me tome el café a tu lado, desnudo como estoy, pero es que no me gusta beberlo frio. ¡Me gusta todo lo calientico! —Me dijo. ¡Y el incómodo ahora es mi marido!

    —Para nada, no es la primera vez que un hombre hace lo mismo. A diario lo hace mi esposo. ¡Normal! —Le respondí intentando mantener una conversación desapasionada ante esa situación tan inusual.

    — ¡Ahh! Es que pensé que te ibas a espantar de verme así. —Esperaba a que se sonriera como lo hacía usualmente, pedante y altanero, pero no lo hizo. Me habló con serenidad.

    — ¿Por qué lo haría?, le respondí. ¡No es el primer culo pelado que veo en mi vida, ni será el último! Además ya te atreviste a mostrarme tú… tú «coso» el otro día. —Le respondí mientras volvía a sorber despacio mi café.

    —Eso fue una estupidez mía, pero pensé que debíamos quedar en paz.

    — ¿En paz? ¿Cómo así? No sabía que estábamos en guerra. —Le contesté mirándole a los ojos, sin desviar la mirada a otro lugar.

    —Pues bueno, me refiero a que tú «panocha» ya me lo mostraste, y yo me sentía en deuda. Pero reconozco que no fue el momento apropiado.

    — ¿Y ahora en tu casa y en pelotas, crees que sí lo es? —Le interrogué.

    —Estamos solos, no hay nadie más y te has ofrecido a traerme los documentos. ¿Por algo será no? —Me respondió, ahora sí con su tonito arrogante.

    — ¡Nacho por favor!, no seas ridículo, que no vine por gusto sino obligada porque Eduardo me pidió el favor. De hecho no tendría por qué estar aquí a estas horas y a solas contigo. —Le respondí fastidiada.

    Miro al rostro de Camilo para ver como se lo está tomando. Está descompuesto y mortificado. ¡Con justa razón!

    —Él se echó hacia atrás apoyándose sobre la palma de una mano y con la taza en la otra bebió de su café, abriendo más las piernas. Pude ver con aquel movimiento, como su pene había adquirido cierto grosor, pero todavía caía hacia abajo y se le ocultaba por detrás del muslo.

    —Yo seguía sentada, ya había desocupado la tacita de mi café y aunque pensé que ya debía irme, el hecho de que José Ignacio estuviera todavía desnudo, enseñándomelo todo y estuviese tan tranquilo haciéndolo sin forzarme a nada, me hizo sentir confiada en que no pasaría nada más que una extraña charla.

    —Se levantó y caminó hasta el perchero de madera y me permití observarlo con detenimiento por la espalda. –Y mi esposo ya me mira con esa mirada suya, perspicaz y acusadora. – Te… tenía unas nalgas redonditas y… deseables. ¡No tan nalgón como tu delicioso trasero! Pe… pero no estaba mal de la retaguardia. Lo tenía bien puesto y… ¡Lisito como el culito de un bebé! Salvo por otro tatuaje en la parte baja. Letras y números romanos en color escarlata. Y en la nuca otro más, con tres triángulos equiláteros de diferente tamaño, tatuados con tinta negra en secuencia de menor a mayor. Unas buenas piernas, y su espalda ancha, trapezoidal y musculosa.

    — ¿Te puedo ser sincera? –Camilo ni me mira. – Me entraron ganas de pegarle una buena palmada y para curarle el ardor, darle un buen mordisco a ese culo tan redondito y pálido.

    Camilo justo ahora voltea a mirarme y unas cuantas lágrimas parecen querer emparejarse a la altura de su mentón. ¡Me duele que sufra por lo que le estoy relatando, pero es necesario que sepa toda la maldita verdad!

    —Se empezó a vestir con calma, sin apuros al frente de mí. Y esa sensación de haber vivido anteriormente esa experiencia, siendo tan nueva, regresó a mi mente.

    —Pensé en ti, porque era como si yo estuviera en mi casa, sentada sobre mi cama, admirada por la despreocupante prisa con la que te colocabas la ropa cada mañana antes de salir apurado hacia la constructora. ¡No sentí angustia ni remordimiento! No estaba haciendo nada malo, solo hablaba, aunque si lo hubieses llegado a descubrir en su momento, con seguridad te hubieras enfadado conmigo y tal vez me hubieses abandonado en ese instante, justamente por hacerlo con el hombre que tanto detestabas, a pesar de que solo charlaba, precisamente con aquel atractivo hombre totalmente desnudo a mi lado.

    — ¿Pensaste en mí y en cómo me sentiría? ¡Qué amable de tu parte Mariana! Pero… ¿Pensaste en ti y en qué clase de puta mentirosa te convertías?

    —No lo hice cielo, porque no me sentí a su lado como lo estarás pensando.

    —No estaba excitada si es lo que te imaginas. Era otra sensación, un tipo de bienestar diferente el que sentía por hallarme allí después de todo, tranquilizada por sus nulas muestras de intentar algo más íntimo conmigo.

    —Era conocimiento lo que yo buscaba hallar y me encontré con la posibilidad de quitármelo de una vez por todas de encima. Portándome así delante de él, –desnudo y yo sin amedrentarme–, le demostraba que no era ninguna estúpida mojigata y que salir corriendo al ver cómo le colgaba su pene entre sus muslos, no era la mejor opción. Eso quedaba para una virgen y timorata adolescente, o tal vez para una mujer con nula experiencia y apenada como… ¿K-Mena?

    —Y me la imaginé a ella después de reponerse del susto, palpando esas nalgas, de rodillas adorando a ese pene con su mirada de luna llena, chupándole la cabeza rosa y hasta sus colgantes pelotas; y después sin mucho esfuerzo por parte de Nacho, abriéndole las piernas tras algunas tímidas risitas, dejándose penetrar por él, perdiendo no solo su virginidad o su inocencia, sino también a su prometido.

    — ¡Por eso si me asusté! Y no por presenciar sin aspavientos de mi parte, su piel de armiño. Yo era una mujer ya casada y que no tendría motivos para espantarme al verlo como Dios lo trajo al mundo. Y creo que José Ignacio lo comprendió así y lo valoró.

    —Por supuesto. ¡Tan tolerante tú y tan comprensivo él! —Le respondí de cínica manera. Mariana tuerce la boca, no le gusta mi comentario, pero continúa hablándome.

    —Me levanté y me arreglé la altura de mi falda. Acomodé en la bandeja las tazas para salir de su habitación y antes de cruzar la puerta me dijo…

    — ¡Ahora eres tú, quien está en deuda conmigo! —Y me detuve para preguntarle sin darme la vuelta, pero girando un poco mi cabeza.

    — ¿En deuda? ¿Y cómo por qué motivo, razón o circunstancia?

    — ¡Por qué tu todavía no me has mostrado las tetas! —Me respondió elevando el volumen de su ronca voz.

    —Y me giré regresando hacia el interior de su alcoba, cruzando por su lado sin dejar de mirarle a los ojos, con el fuego de la furia en los míos. Dejé la bandeja nuevamente sobre la cama y me di vuelta para encararlo. Me acerqué a él y lo tomé por la corbata, que aún no terminaba de anudarse. Entonces si se asustó y echó hacia atrás la cabeza, presumiendo que lo iba a abofetear.

    — ¡Ven acá!, le dije jalándolo hacia mí. Me empiné y… Lo besé. No fue largo ni muy atornillado, aunque si metió su lengua dentro de mi boca y yo… No solo lo dejé, sino que le correspondí por un breve instante. Se emocionó, y la dureza de su pene la sentí oprimir mi vientre y una mano suya, la derecha, intentó alcanzar mi seno izquierdo, y la zurda conquistar la redondez de mi nalga derecha.

    — ¡Quieto querido, es suficiente! –Le dije con firmeza. – Sentí que te lo debía y ya lo he pagado. Con respecto a lo otro, ni lo sueñes. Has visto muchas, seguramente tendrás más para acariciar o te conformaras con besar las de tu novia, pero estas dos puchecas, –y me las sostuve con las manos– no se las muestro a nadie ni me las dejo tocar sino por las manos y la boca de mi marido. Además eres muy perro. ¡Olvídate de ellas y juega con otra!

    —Y salí de su habitación, bajando sin afán las escaleras. Tomé el abrigo que había dejado colgado en el respaldo de una silla del comedor y me fui de su casa.

    Camilo llora amargamente, suspira frecuentemente y absorbe con fuerza la goteante humedad de su nariz. ¿Y yo como estoy? Igual, o mucho peor.

    En algún lugar recóndito dentro de mi cabeza, se forma un pequeño cuarto oscuro, donde se van revelando las palabras que han entrado por mis oídos, formando con lo negativo de aquella secuencia detallada, imágenes que se van imprimiendo a colores, –lúcidas y penetrantes– tras el telón de mis párpados cerrados.

    ¿Por qué sigo aquí escuchándola? ¿Por qué razón no me abandona este calor intenso que siento recorrerme por dentro? Lógicamente no es por el Sol, pues él tan soberano e inteligente, hace horas que se le escapó al martirio de ver a la Luna tan lejana y rondando a una pelotica azul. Ni por el ron, con el que continuamente he hecho arder mi garganta hasta sentirlo hervirme en el esófago.

    ¡También era algo normal! Pues no lo voy a negar, el maricón ese estaba bien plantado, con ese porte de protagonista de novela y su sonrisa engatusadora como su labia, tan accesible a sus manos al estar a su lado mostrándose sin vergüenza, cual escultura griega con su piel de mármol tan bien pulida. ¿Qué mujer podría resistirse a sus encantos? Elizabeth hasta donde tengo entendido lo hizo. Mariana no, por supuesto, tan cercana a ese playboy de playa empelotado a su costado. Era normal que ella se mantuviera allí sentada en su cama excitada, a solas con el tipo que traía a más de una mujer en la constructora, completamente bobas.

    —Lo… ¡Lo lamento mi vida! En ese momento yo… yo no sabía en lo que me iba a meter por mi estupidez y mi soberbia. Y en todo el dolor que te iba a causar. ¡Perdón, perdóname! —Me dice llorando, y se abalanza sobre mí, apretándome con todas sus fuerzas, su frente sobre los rastros de la mancha en mi camisa, y mis brazos sin la acostumbrada fortaleza, se rebelan y no la abrigan como siempre. Parecen estar agotados de abrirse para ella y por ello ya no rodean su cuerpo para protegerla. ¿De quién? ¿De estos sentimientos míos tan diversos?

  • Carla: Coge con el hermano, padre y yo presentes (3)

    Carla: Coge con el hermano, padre y yo presentes (3)

    100 veraz. 

    Al día siguiente, ni idea de que podía ocurrir tan temprano, a las 9 Carla me llama a la oficina… “me llamó Ju y me dijo que iba al apartamento del Golf, le dije que lo devolvimos anoche y le di mi dirección. Podes venir?“. “Sí, salgo para ahí, dejá la puerta del apartamento sin llave” (los dos empleados de la oficina saben que soy de salir de improviso y que si me necesitan siempre los atiendo al celular, pero tenía otra llamada pendiente y me demoré un poco).

    Evidentemente ya Ju estaba en camino desde mas cerca, y yo arrancaba desde Ciudad vieja, él llegaba antes seguro, pero no me parecía que fuera un problema si se había enterado del tema. 

    El relato que sigue, mezcla cosas en tiempo real (lo que estaba pasando) y cosas que después me contó Carla de la llegada de Ju y otras cosas mas.

    Cuando llegué al apartamento de Carla y entré, pues como acordamos me dejó la puerta sin llave para que no se enteraran de mi ingreso al abrir con la mía, el espectáculo fue increíble e inesperado. 

    Carla había colocado un sofá para una persona justo frente a la puerta a unos tres metros o algo así. 

    Sentado en el sofá, desnudo, su hermano, Ju, Carla con el babydoll blanco con que lo había recibido, aún puesto, ensartada en la verga de Ju, de frente también a mí, subía y bajaba, sonriente. Y lo sorprendente, a quien no esperaba, el padre, desde atrás del sofá le sobaba las tetas a Carla a veces por encima del babydoll, a veces directamente sobre la piel. 

    Por cierto no me esperaba la presencia del padre, ya que lo convenido era la visita de Ju, “pero aparecieron juntos y papá quería explicarme todo lo que sintió al leer mi nota de ayer y quiso venir, y claro ya que estaba…” 

    Simplemente arrimé una silla, ni dije nada y me puse a mirar, desvistiéndome. Carla subía y bajaba en la pija del hermano, ya no lo llamaremos medio hermano para simplificar, y su padre le bajó el babydoll a la cintura y le seguía manoseando las tetas. Ahí me di cuenta… quedaba libre la boca de Carla! Y su sonrisa era una invitación, me acerqué y comencé a besarla con desesperación, entrelazando nuestras lenguas. 

    Un par de minutos y el cuerpo de Carla empezó a estremecerse, señal inequívoca de uno de sus pocos orgasmos. Al momento, me incliné a mirar de cerca como seguía subiendo y bajando sobre la verga de su hermano, y empezó a deslizarse flujo de su orgasmo, que me di el lujo de lamer. Al poco tiempo Ju acabó y un poquito después se salió de ella con el el consiguiente derrame. 

    El padre y yo erectos, deseosos, la escoltamos al dormitorio, donde en un segundo ya Jo se la estaba metiendo con fuerza en la conchita super lubricada, y ella gemía a cada embestida de aquella cabeza. Cuando tuvo todo adentro, me dediqué a chupar sus pezones mientras el padre la bombeaba con toda la calentura que previamente había acumulado hasta acabarle lo poco que le iba quedando después de cogerla varias veces sin saber y sabiendo quien era. 

    Por lógica era mi turno y cumplí con todo placer, en cuatro, para que pudiera chupar cómodamente a Ju, acabé siguió chupando al hermano hasta que le terminó en la boca. Nos miró, sacó la lengua cubierta de semen, y tragó todo. Luego los besó, primero a Ju y luego al padre. 

    “Ves Sergio? Todo bien entre nosotros, sin reproches, en confianza, lo pasado, pasado” 

    Por supuesto se ducharon Carla y Ju, luego el padre y por último yo, antes de salir a almorzar y ellos a atender su estudio, aunque avisaron a la secretaria que llegarían un poco tarde. 

    Entre duchas y almuerzo me fui enterando de la reacción de desesperación del padre al leer la nota en la calle, estacionado, pues lo carcomía la intriga de que diría la nota mencionada en el relato anterior. 

    Lo desesperaba el regreso de un tema largamente olvidado, lo intrigaba la posible reclamación de algo de Carla y finalmente lo tranquilizó su tono conciliador, ella realmente piensa así, que a él no le debe nada, debe todo a su madre y a sus tíos a quienes realmente ama (al esposo de la tía digamos que le da total acceso, pero eso ya lo saben).

    Por otro lado, es evidente como goza con su padre y hermano, el orgasmo con Ju lo demuestra. 

    Y está encantada con la soltería de Ju, que evita cualquier problema. 

    Por otro lado, nunca ha pensado Carla en complicar la vida de su padre, la esposa no tiene nada que ver en el tema. 

    Para Carla, simplemente cerró el círculo de su vida, conoce todo lo necesario. Y comprende que pudo haber circunstancias que ocasionaran lo que pasó. 

    Finalmente… al terminar el almuerzo… la gran pregunta… Y ahora? Dijo el padre…

    -Ahora… si alguna vez quieren, nos juntamos… para ya saben qué, los sentí muy especiales adentro, me encanta el sexo y eso no cambiará, tampoco mi relación con Sergio. Sépanlo, prefiero que no sea en mi casa… Sergio les dirá como alquilar apartamento frente al golf. 

    Si alguna vez precisaran un favor muy muy especial a la orden, y les reitero para coger cuando quieran pero sin exagerar! Ja ja. 

    —Hija, quiero decirte algo; mencionaste que a fines de 2024 terminas tus estudios de Derecho que retomaste. Quedan tres trimestres. Hemos hablado con tu hermano que nos haremos cargo de eso. Un agradecimiento a tu acto generoso de no reclamar filiación ni nada mas allá de lo que corresponde y lo que no. 

    -Gracias papi beso de lengua

    -Gracias hermanito , beso de lengua.

    El resultado de todo esto es que al fin del día siguiente el hermano se la volvió a coger, a la tardecita, conmigo presente entregándosela, me encargué de sacarle toda la ropa, desde el abrigo hasta el corpiño y la tanga, pero no el portaligas ni las medias, que quedaron manchados como para tirar, pero que Carla insistió en llevar al lavadero, pues le encanta la cara que pone el dueño cuando recibe prendas así ja ja.

  • Invitados a una fiesta swinger (parte 1)

    Invitados a una fiesta swinger (parte 1)

    Si hay un trabajo ideal, es aquel que uno lo hace porque le gusta, el cual si no le pagaran lo haría igual, pero encima le pagan plata, y a veces mucha. Puede ser un hobby, viajar y generar contenido, cocinar, y por qué no, el sexo.

    Por un lado yo había llevado a mi mujer a pensar que con el sexo podía hacer plata, habíamos tenido varios encuentros y al final yo le pagaba. Era un engaño, porque la plata de uno iba al otro, pero el segundo la podía gastar libremente y el primero conseguía realizar algunas fantasías, que por los años de matrimonio ya era difícil ejecutar. Peeero, en todo hay un pero, se nos había ido un poquito de las manos en el último encuentro, donde yo le pagué para que tuviera sexo con otro, delante de mí, y ella ante un malentendido y en un momento de furia se largó a trabajar por cuenta propia.

    Tuvimos largas charlas y búsquedas de información referente al tema prostitución, las enfermedades, la violencia, pero coincidimos que si no hacíamos de esto un modo de vida y si actuábamos siempre juntos y cuidándonos no iba a haber problemas. La contra que teníamos era vivir en una ciudad chica donde todos se conocen, por lo que tendríamos que movernos en círculos íntimos o fuera de la ciudad, coincidimos en que el encuentro que habíamos tenido con una pareja swinger, la cual no conocíamos, nos podía abrir caminos, bueno, a ella le iba a abrir algo más que caminos. El hecho de que íbamos a ofrecernos siempre como pareja y no individualmente nos protegía, uno siempre sabía lo que el otro estaba haciendo y como la estaba pasando el otro, así no había posibilidad de celos ni malos entendidos y si había una propuesta interesante pero era condición actuar solos lo consultaríamos entre los dos.

    La nueva oportunidad no tardó en llegar, la pareja con que habíamos estado hacía un mes en un hotel, me había reenviado una invitación a una fiesta que organizaba anualmente una tercera pareja excéntrica y millonaria, en una casa de campo que alquilaba con ese fin. No sabíamos si habría más gente invitada y aún no nos quedaban claras las reglas. Por lo que pudimos saber, las parejas invitadas tendrían habitaciones separadas que eran inviolables, en los lugares en común se podía tener sexo libremente con cualquiera de los participantes a cualquier hora del día. El organizador de la fiesta corría con todos los gastos incluso los de traslado, hasta allí no dejaba de ser una fiesta swinger, una orgía, pero acá venía no bueno. El tipo tenía una empresa de publicidad que también filmaba películas y se estaba dedicando al porno amateur, iba a aprovechar la oportunidad de filmar a los participantes teniendo sexo, y pagaría a las personas cuyas escenas de sexo fueran incluidas en el la película final.

    Estaba todo debidamente aclarado en un segundo mail.

    El sexo debía ser sin protección, al llegar cada uno debía presentar un certificado de salud donde especificara no tener ninguna ETS (enfermedad de transmisión sexual). La habitación de cada uno era inviolable y cada uno tenía derecho de ir en cualquier momento del día. Había zonas de aseo dispuestas en toda la casa y en el área de piscina y parrillero que incluían duchas, jabón, toallas descartables, y lubricantes disponibles. Las cláusulas de vestimenta estaban establecidas y sólo se podía vestir a la hora de cenar y desayunar, el resto del tiempo se debía permanecer desnudo. El pago ya estaba estipulado de antemano, por escena incluida en la película final era un monto en dólares por segundo de filmación y si se veía la cara de la persona era el doble, para esto último había que dejar firmado el consentimiento / contrato autorizando a la empresa que editaba el video a usar libremente las imágenes y en caso que la persona no autorizara a publicar imágenes con su cara la persona llevaría una identificación en su muñeca. Nos llegaría una copia del video ya editado, con una lista de las escenas y una transferencia a nuestras cuentas con los importes.

    Sólo dependía nuestro, cuan fotogénicos fuéramos y cuan osados a la hora de tener sexo para conseguir la mayor cantidad de apariciones en cámara. Nos consultamos si lo podríamos hacer, tuvimos algunas dudas pero había cosas que nos tranquilizaban, como el tema de los certificados de salud y el cuidado de las imágenes y dimos el OK. Bromeando le dije.

    -Nunca en tu vida vas a tomar tanta leche junta

    A lo que se rio y me dijo

    -Y vos no vas a dejar culo sano. Me dijo.

    Aunque quedaba claro que la que dominaría los límites sería ella, porque para un varón hacer performances osadas necesitaba de una mujer que se lo permitiera

    Pasaron los días y esperábamos la confirmación de la fecha, iba a ser por mail, y un día llegó un mensaje de [email protected] , la fiesta sexual era en el campo, a cinco horas de distancia de nuestro hogar, por caminos sin pavimentar a cien kilómetros de la población más cercana y a quince kilómetros del vecino más próximo. Teníamos hora de llegada que debíamos respetar con una tolerancia de 10 minutos, nos asignarían la habitación y no podíamos salir de ella hasta que no estuvieran todos los participantes en sus habitaciones, allí nos enteramos que los participantes éramos, además de los dos dueños de casa, seis parejas más, por lo tanto íbamos a ser siete varones y siete mujeres, ya conocíamos de vista a dos participantes, bueno en realidad yo los conocía de vista. Mi mujer sólo conocía mi pija y el pedazo de carne que tuvo adentro y casi la deja desmayada.

    Luego de un viaje relativamente largo, llegamos, nos presentamos a la hora justa 10.30 y nos asignaron un lugar donde estacionar el auto y lo taparon con una capa, para que ninguna mirada indiscreta pudiera reconocer nada, me pareció bien, pero para los que sabemos de autos nos dimos cuenta que además de nuestro VW había un JEEP, Posrche, Ford y otro VW. Nos dirigimos a nuestra habitación privada, que tenía todos los servicios, un buen aire acondicionado, buena cama, fresco y ventilado, daba la sombra de un árbol en la ventana, y un cofre donde debíamos dejar los teléfonos apagados y se abriría al finalizar la fiesta. Había un camino de tablas desde nuestra habitación hasta la zona de piscina y la residencia principal. Por las ventanas se veía poco, algunos movimientos de empleados pero no vimos a ninguna otra pareja hasta la hora 12 en que el anfitrión hizo sonar una campana y se presentó desnudo junto a su mujer en una sombra al lado de la piscina.

    Tímidamente salimos de las habitaciones y nos fuimos mezclando y formando un apretado grupo casi en contacto cuerpo con cuerpo, donde las parejas en principio se mantuvieron pero al final no. Todas personas aparentaban entre cuarenta y sesenta años, en algunas parejas, los hombres parecían mayores que las mujeres pero podía ser solo una sensación. El dueño de la fiesta aparentaba más de sesenta pero la mujer apenas cuarenta, el estado de ella era diez veces mejor que el de él. Vi la pareja con la cual compartimos mi mujer pero ninguno dio signos de conocer a nadie, en realidad no conocíamos a nadie, tampoco veníamos a eso, sin dudas que la selección había sido muy bien hecha. Todos los penes estaban apuntando al suelo, tal vez de timidez, o de impotencia, unos circuncidados y otros no, unos pequeños y otros que en reposo ya asustaban. El dueño de la fiesta pedía a las mujeres que no olvidaran los anticonceptivos y recordaba que el uso de preservativos no estaba permitido y a los hombres que necesiten un suplemento para mantener la erección tienen disponible en sus habitaciones, también nos presentaron al grupo que filmaba, allí había hombres y mujeres y ellos podían tocar a los participantes o limpiar una escena en pos de lograr una mejor imagen, todos ellos de guantes de látex y anteojos. Y una última aclaración, en la piscina no se podía tener contacto físico y había que entrar luego de una ducha con jabón y las chicas haberse dado una ducha vaginal.

    Un par de veces coincidimos con la mirada con mi mujer, ambos sabíamos que si todo andaba mal, nos podíamos refugiar en la habitación y desde allí renunciar e irnos, implicaba perder toda paga.

    Terminada la presentación, caminé rápidamente hacia la habitación como la mayoría de los invitados, atrás a pocos pasos me seguía mi mujer, poco dispuesta a ser abordada en ese momento. Luego, ya dentro de la habitación bromeamos con eso. Me pidió que la lubricara y la dilatara, así le evitaba incomodidades y dolores, ella había visto algunos penes realmente grandes, le comenté que iba a tomar una pastilla por lo menos para comenzar, sino tal vez me jugaba una mala pasada y estuvimos de acuerdo que ella iba a salir primero, yo iba a esperar unos minutos e iba a salir después, y buscaría de encontrar algo cerca de ella, nos propusimos estar siempre en contacto visual.

    Luego de jugar un rato con mis dedos dentro de su vulva, con mucho lubricante, y ella estar atenta a mi erección decidimos que era hora de comenzar el juego. Le dije

    -Recuerda que te van a estar filmando, cuanto más sexo tengas mejor va a ser la paga, y cuanto más extrema la performance mejor, así que si haces sexo oral, trágala toda, y si haces anal, dilata y olvídate del dolor, y luego enseña a las cámaras tus agujeros llenos de leche. Y si se da la oportunidad deja que te hagan una doble penetración.

    Ella salió a paso decidido hacia la piscina, tenía un poco de complejo por el cuerpo, algunos rollitos y algo de flacidez, pero sabía que tenía armas y las iba a usar. Yo salí de la habitación a los cinco minutos, la rigidez de mi pene hacía mucho que no la veía ni la sentía, me intenté correr el prepucio para descubrir la cabeza y me dolió por el tamaño que tenía el pene. Allí estaba ella, en la piscina, hablando con un tipo, mas allá otras tres personas, en un sillón un hombre y una mujer haciendo un sesentainueve, dos personas filmaban la escena, y en una baranda que daba al jardín otra dama de pie, mientras el hombre le daba frenéticamente por el culo mientras el que filmaba hacía malabares para captar la imagen. Con el rabillo del ojo veo que mi mujer sale del agua, se seca con una toalla, el tipo de pene erecto que era chico, más bien fino y largo, ella se sienta en un camastro y le empieza a dar una mamada, en eso aparecen una chica iluminadora y un tipo con la cámara, los rodean, ella le lame la cabeza y baja hasta sus testículos, abre la boca, se pone el pene en la boca, saca la lengua y le hace una garganta profunda, habrán demorado un par de minutos y el tipo explotó en su boca, algo de semen cayó de sus labios pero gran parte la conservaba en su boca para mostrarla la cámara antes que se fueran a otra pareja.

    Yo hablaba en la piscina, que se había transformado en el punto de encuentro, con una chica mayor que yo, la invité a salir del agua y me dijo que tenía miedo, que ella no quería estar ahí pero su esposo la había forzado.

    -Ven, no te voy a hacer daño, le dije.

  • Nuevo gusto (7)

    Nuevo gusto (7)

    Su miembro ya semi flácido salió de mi y me incorporé para voltear hacia él, me arrodillé para limpiar aquel hermoso caramelo mientras de mi ano brotaba una gran cantidad de semen, leche deliciosa que había visitado mi interior y salía ahora dejando un sendero de felicidad, me incliné y mi lengua recorrió todo el largo de ese hermoso trozo de carne en reposo que felizmente reaccionó a mis caricias recobrando fuerza inmediatamente, su sabor era delicioso, una combinación entre mi sabor y el de él…

    Sin mediar palabra, después de dejarlo bien limpio y erecto de nuevo, me condujo a la cama «ven niña, te voy a coger de nuevo» me dijo y sus palabras fueron música en mis oídos. Ya una vez en la cama me recostó y alzó mis pies a la altura de sus hombros tomándolos por los tobillos de manera que mi culo quedó completamente abierto y a su disposición, mi ano estaba totalmente lubricado gracias a la impresionante corrida que acababa de recibir, ese macho fuerte no tuvo más que dirigirlo hacia mi entrada y empujar, mi cuerpo recibió a fondo ese gran trozo de carne y de mi boca se escapó un grito que terminó en gemido de placer profundo.

    Me miró fijamente a los ojos mientras tomaba mis tobillos y colocaba mis pies en su pecho haciendo presión para que mis nalgas pudieran abrirse aún más y penetrarme completamente, entonces tomó mi pie derecho y comenzó a pasar su lengua por mis dedos ¡Uff fue una sensación inolvidable! En esa posición y con lo caliente que estaba no duré mucho y comencé a eyacular sobre mi estómago y mi pecho, al percatarse de eso él se calentó mucho y sus embestidas fueron mucho más fuertes hasta que gritó «¡cómetelos putita te los doy!» Una nueva eyaculación dentro de mí recorrió mi carne interna, yo estaba poseída totalmente moviéndome frenéticamente recibiendo toda la leche de mi macho…

    Continuará…

    Gracias por leer queridos como siempre les dejo mi correo para que me mantengan calientita [email protected].

    ¡Besos!

  • Inmigrante

    Inmigrante

    Empezaba a hacer frío, amanecía tarde y los días eran cortos. Mi marido trabajaba todo el día, mis hijas estaban en el colegio hasta la 3 de la tarde, yo estaba estudiando francés.

    Las clases eran aburridísimas, pero se había formado un lindo grupo, éramos todos inmigrantes, nos estábamos adaptando a este nuevo país y a muchos nos estaban pasando la mismas cosas.

    Como en todo grupo, uno tiene más afinidad con algunos que con otros, era difícil poder reírnos de las mismas cosas con un chino, o un filipino, pero era mucho más fácil con un peruano, un colombiano o un cubano.

    Por momentos uno se olvida que es adulto y te transformas en esa persona que fuiste cuando eras joven. Te divertís con cosas bobas, te haces la linda con los chicos lindos y la graciosa con las chicas de tu grupo.

    Un día, y sin buscar nada, me di cuenta que un chico me miraba, me gusto, era algo que no sentía hace mucho, noté que me sonreía e iniciaba conversaciones con migo cada vez que podía, y yo empecé a hacer lo mismo, una de mis amigas me hizo notar que yo le gustaba, a lo que le respondí que no podía ser, él estaba casado y yo también, pero en el fondo yo sabía que algo estaba empezando a pasar. En algunos cursos había que armar grupos, y un día yo le pregunté si quería hacer grupo con migo. Me gusto ver su cara se sorpresa y alegría a la vez. Cuando salíamos en excursiones siempre caminaba a mi lado y a la hora del lunch compartíamos la mesa. Era una amistad, o al menos eso parecía para el resto de la clase, pero los dos sabíamos que había algo más.

    Yo mucho no sabía de él, pero siempre, desde que tengo uso de la razón, cuando conozco a alguien atractivo, me gusta imaginarme como hacen el amor, y esto me llevo a comenzar a fantasear, a imaginarme escenarios y hasta posiciones que haríamos, todo en mi cabeza comenzaba a calentarme, por las noches, en casa, con mi marido hacíamos cosas que antes no hacíamos, en el baño, en la cocina, todo este ratoneo me había vuelto más sexy, más erótica y esto a Jorge le encantaba.

    Yo sé que el algo sospechaba, él sabía que algo había cambiado en mi, no era la primera vez que pasábamos por esto.

    De novios yo había tenido amantes y él lo sabía, lo loco es que nunca le molesto, por lo contrario, le gustaba, me pedía que le cuente y con detalles, se excitaba imaginándome con otro. Pero ya hablé mucho de él por ahora, volviendo al chico que les estaba contando, su nombre era Juan, solo sé que había llegado hace poco, que era cubano, estaba casado y que era el lindo del curso, rubio y con ojos claros, jajaja, siempre escuché buenas cosas de los cubanos y su acento me encantaba.

    Pasaron las semanas y nada cambiaba, algunas bromas, con doble sentido, muy clásico en los latinos que daban pie a risas pícaras y miradas lujuriosas. Una mañana en la el descanso entre las clases, con la excusa de buscar un baño, o un café para tomar, nos separamos del grupo y en una escalera escondida, me agarro de la cintura y me beso como hacía mucho no me besaba nadie, nos quedamos ahí unos minutos besándonos apasionadamente, acariciándonos y calentándonos como dos adolescentes. Nos miramos, nos tocamos y nos dijimos cosas que aun hoy me excitan cuando las recuerdo.

    Volvimos con el grupo pero esta vez, al final del día lo llevé a su casa, yo estaba muy nerviosa, y supongo que el también, los dos sabíamos lo que estaba por pasar en unos minutos, los dos sabíamos que no estaba bien y esto lo hacía aún más atractivo. Al llegar a su casa, fuimos directo a la habitación, el comenzó a besarme y a desnudarme a la vez. Yo ese día traía botas de invierno, me acosté en la cama y el me las saco, luego yo le saque la remera, lo empecé a besar por el pecho y fui bajando lentamente, desabroché su pantalón y con mis manos busque en su calzoncillo y Encontré lo que quería ,me arrodillé y lo empecé a chupar.

    El me agarraba del pelo, y movía mi cabeza hacia adelante y hacia atrás. Luego fue su turno, me chupo, y lo supo hacer muy bien. Después Me puse en cuatro y al fin lo sentí dentro mío, ese momento es único, especial, es como si lo hubiera deseado durante meses, casi como la primera vez, como decía el, se sentía bien rico, pero el problema era que ninguno había llevado condones, y cuando me pregunto que hacer, le respondí que mejor terminara en mi cola, creo que lo sorprendí, su cara cambio, se acomodó y con tan solo un poco de saliva entro fácilmente, noté que su nivel de exultación subió, y el mío también, empezó a decirme cosas, cosas que nunca había escuchado, con ese acento cubano, cuando termino dentro mío sus movimientos fueron más lentos, más suaves, como que quería disfrutar cada segundo que quedaba, fue mejor de lo que esperaba, fue apasionado, pero dulce y tierno a la vez.

    Nos quedamos unos minutos relajados en su cama, la cama donde esa noche dormiría con su mujer, sé que no está bien, pero esto sumo a la situación, le dio ese toque prohibido que hace que las cosas sean mejores. Él se quedó en su casa y yo me fui, a la mía, mientras manejaba sentía su leche salir de mi cola, llegue y pensé en bañarme pero preferí esperar, en un rato llegaba mi marido y tenía algo para contarle, algo que yo sabía le iba a gustar.

  • Un buen amante y una clienta atrevida (2)

    Un buen amante y una clienta atrevida (2)

    Ya pasó un día desde mi encuentro con aquella clienta. Nos hemos escrito, y cada vez nos conocemos un poco mejor. Resulta que vivimos bastante cerca durante un tiempo, sólo que en una zona con clases sociales muy polarizadas. Además, tenemos conocidos en común… sorpresa tras sorpresa.

    Ella quiere que se repita lo de ayer, pero trabajamos varios masajistas en la empresa y es difícil coordinarnos para que sea yo quien le toque.

    La última vez que revisé nuestro chat me encontré con una foto de sus preciosas tetas. Estuve duro desde entonces y ansioso porque llegara la hora, pero ya voy de camino a su casa.

    Al llegar, nos saludamos con mucha naturalidad. Nos sentamos en un sofá y ella me ofreció un poco de vino.

    Charlamos y jamás me he sentido tan bien teniendo una conversación, podría estar así toda la noche. Su hermosa voz me excita un poco, más al recordar sus gemidos de ayer.

    Poco a poco nuestra charla fue subiendo de tono. Tenía la intención de llegar a algo, porque realmente estaba muy caliente. Decidí preguntarle directamente cuáles eran sus fantasías.

    Noté que se sonrojó un poco. Soltó la copa y se acomodó en el sofá.

    -Ummm, hacerlo con un policía. Tu turno.

    Pensé por unos segundos, tener sexo con un desconocido.

    -Eso ya lo has hecho jajaja

    -Entiendo —dije mirándola a los ojos— tengo una fantasía que todavía no he cumplido y puede ser realidad justo ahora.

    -Si querías calentarme lo estás consiguiendo. En mi caso ya lo logré hace rato, tu bulto en el pantalón te delata.

    Me puse de rodillas frente a ella, que estaba sentada con las piernas abiertas.

    -Quiero que te toques para mí.

    Desabroché y bajé su pantalón mientras ella se quitaba la camiseta. Dejé a la vista una preciosa tanga roja que hacía juego con el sostén y estaba humedecida por la excitación. Se quitó el brazier y comenzó a manosearse ambos pechos, yo sólo miraba mientras frotaba sus piernas.

    En este punto mi verga estaba a punto de romperme el pantalón, empeoró cuando ella bajó su mano hasta su tanga y empezó a frotarse por encima. Yo lamía y besaba sus muslos mientras veía de reojo ese espectáculo.

    Después de un rato, se quitó la tanga. Cuando empezó a frotarse de nuevo me volví a acercar.

    -Ayúdame con tus dedos —soltó un gemido que me excitó aún más.

    Obedecí, sintiendo de nuevo esa rica sensación. Casi no podía aguantar, pero verla disfrutar así era suficiente.

    Me pidió que me pusiera de pie, sacó mi verga y me dio las mamadas más ricas de mi vida. La sacó de su boca ya estando completamente lubricada por su saliva. Se recostó en el sofá y abrió las piernas.

    -Ven, rápido, quiero que me des duro.

    -No tienes que pedirlo.

    La penetraba mientras besaba su cuello y ricos labios. Escuchándola gemir y sintiendo sus tetas presionándose contra mi pecho. Luego la puse en cuatro y pareció encantarle, noté que con una de sus manos empezó a frotar su clítoris.

    Pareció notar que estaba a punto de venirme y me pidió que lo hiciera en su boca. La dejé chupármela hasta que acabé.

    -Esta es otra de mis fantasías —dijo con una sonrisa pícara.

    No nos fuimos a la ducha sin antes yo regalarle un rico oral, ambos estábamos cansados y agotados. Esa noche dormimos juntos, y descubrimos que nuestra fatiga era más débil que nuestro deseo…

    (Continuará)

  • Follada de nuevo (2)

    Follada de nuevo (2)

    Hola de nuevo, soy Pinny y les voy a contar lo que me pasó una de las noches que me invadió una lujuria enorme, tanto que me sentía como mareada y con ganas de gritar a los cuatro vientos que necesitaba, que deseaba que un hombre me hiciera suya. Necesitaba con todo mi ser un pene resbalándome hacia el interior de mí orificio. En cuanto llegué del trabajo (uno normal, pues de día soy un niño), me encueré y me metí a bañar para quitarme un poco el calor, me di una manita de depilación en todo el cuerpo y al salir comencé mi ritual de nena, me puse una tanguita de encaje color negro con bordes rojos, de hilo dental y con un triangulito de seda por delante, como mi pene era ridículamente diminuto no me costaba trabajo esconderlo.

    Me puse un brassier color violeta, también de encaje, que levantaba mis pechitos copa B, casi naturales, con broche al frente y tirantes de espagueti. Luego, me puse un liguero, también color violeta y unas medias súper transparentes negras. Escogí una micro faldita de licra muy pegadita que resaltaba mi trasero, de por sí voluminoso, redondo y muy bien formado, luego una blusita transparente sin mangas y muy cortita casi arriba del ombligo. Luego, me puse unos tacones divinos, destalonados y de tiritas hasta el tobillo, color plateado.

    Me miré al espejo y estaba súper atractiva como mujer trans, salí al bar de costumbre y al llegar me fui directo a la barra, me senté cruzando la pierna en una actitud de muy zorra caliente y no tardó en abordarme un señor madurito, velludo, fornido y muy platicador. Luego de 10 minutos de conversación, le dije de repente al oído, -mi rey, vamos al hotel que está a un lado del antro-, él asintió gustoso y salimos. Pagó una habitación y al entrar me abrazo por detrás y me puso su pene en mi trasero, yo me le re-pegué hacia él y puso sus manos en mis pechos, sobándolos y subiendo la blusita.

    Me voltee y le bajé el zíper, luego la trusa y saltó un enorme y hermoso miembro, grueso, suave, durísimo, caliente y babeando su precum, se me hizo agua la boca y le dije –papi, quiero mamarte tu hermoso pene- me puse de rodillas y acerqué mi boca, lo olí y su aroma era delicioso, a sudor de macho, revuelto con orines y resbaloso al tacto, se la basé varias veces y me la introduje en la boca, me la metí casi toda y practiqué las técnicas mamatorias que había aprendido a lo largo de mi carrera de putita. Pasaba mi lengua por toda su largura, lo chupaba con los labios, le daba besos tronados y luego suaves en la punta y me lo metía de nuevo varias veces hasta que me cupo toda, llegando hasta mi garganta donde la oprimí y me la metí lo más que puede. Casi se viene en mi boca, pero para detener su orgasmo me saqué su pito y puse la punta de mi lengua en su orificio, con lo cual, se detuvo.

    Me tomó de los hombros, me puso de pie y me volteó, ya de espaldas hacia él, me incliné hacia adelante, parando mí culo, me subió la faldita e hizo a un lado el hilo de la tanguita que se me había metido en la zanja de mis nalgas, entonces, me puso la cabeza de su miembro en medio de mi trasero y como jugando me la pasaba de arriba abajo por la rajada de mis pompas, mientras me las apretaba y abría con su manotas, de repente, me puso la cabeza de su pene en la entrada de mi ano introduciéndomela lentamente y sacándomela, sin meter aún el tronco…yo gemía y deliraba de deseo, quería que ya me llenara el culo con su pedazo de carne viril, pero dijo, -mi reina ponte dilatador y pasa un condón, ¿no traes?- Yo me sentí realizada de escuchar que me trataba como mujer, y le contesté –Ay papi sí traigo, pero si quieres métemela ya así, quiero sentir que me abras el culo y sentir tu fierro caliente abriendo cada centímetro de mi entresijo, quiero que me destroces el culito de marica que tengo sólo para ti. Y él, se animó al escucharme tan caliente y deseosa, y de un solo empujó ¡me la dejó ir toda hasta el fondo!, pude sentir cómo su vello púbico y sus testículos rozaban mis nalgas en una comezón deliciosa.

    Entonces, ambos de pie y ya con toda esa verga adentro de mí, que era como mi sueño dorado, se quedó quieto unos segundos que me parecieron un fugaz instante. Mi ano se dilató por la fuerza viril de ese miembro, mis pliegues rectales se pegaban a él con locura como queriendo atraparlo para siempre, y entonces, comenzó a moverse lentamente, primero en círculos con todo ese pitote dentro de mí y luego la sacaba lentamente hasta dejar sólo la cabeza, repentinamente me la introducía toda con desesperante lentitud. Yo estaba ya como loca, en otro mundo, creo que en el cielo de las putitas, adorando esta verga que me taladraba, varios minutos después, empezó a moverse rápidamente, acelerando su ritmo, yo gritaba de placer, se me salían las lágrimas y empujaba mi grupa hacia atrás, yo abría más las nalgas y pujaba para que se me deslizara con facilidad.

    Me cogió y recogió de lo lindo, me hizo gozar como nunca, y de repente, explotó dentro de mi ano irrumpiendo un torrente de semen tibio y pegajoso, buscando mis entrañas, pensé que me preñaría este hombre, su esperma se me metía por las tripas hasta la sangre, llegando a mi cerebro y haciéndome sentir una verdadera mujer, la mujer más sensual, más puta y feliz de todo el mundo.

    Finalmente acabó y su miembro se puso flácido, me lo sacó escurriendo de su semen y mis líquidos anales, con un poco de sangre por la salvaje cogida. Pero yo estaba más feliz que nunca, se puso su ropa, me dio un beso en las nalgas desnudas y salió diciendo que me llamaría. Yo me quedé otro rato ahí acostada, semi encuerada y escurriendo semen por las nalgas y las piernas, con el ano hinchado, pero satisfecho por ese pene encantador.

    ¡Bye!