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  • La licenciada esconde un secreto (2)

    La licenciada esconde un secreto (2)

    –¿Quién es? –Pregunte algo nerviosa.

    –soy yo Migue.

    Traté de relajarme un poco, aún el vibrador estaba encendido y por los nervios no pude apagarlo.

    –Pasa Migue. –traté de disimular mi voz con poco éxito.

    –Licenciada, necesito que me ayude a firmar estos reportes para el cierre de mes.

    Trataba de disimular, sentía el vibrador en lo interior, estaba en la velocidad más baja, pero aun así lograba distraerme y hacerme temblar, hablaba con muchos nervios, se me notaba algo en la cara, trate de no morderme los labios, pero sobre todo trate de no gemir.

    Mientras firmaba los documentos sentía que mi vagina se humedecía más y más, Miguel no dejaba de mirarme, sentía que su mirada se perdía en mi escote podía sentir su mirada que me recorría desde los tacones hasta el moño de mi peinado.

    –¿Se siente bien Lic.?

    –Si Migue solo estoy algo estresada y tengo mucho trabajo que hacer, por favor cierra la puerta al salir.

    Migue cerró la puerta y se retiró, en cuanto se fue, salí a la par y corrí al sanitario.

    Mi respiración estaba agitada, sentía muchas ansias y demasiada excitación, no era algo normal en mí, aproveché la soledad del baño para poder darme placer.

    Procedí a subir mi falda, y a bajar mis bragas que estaban muy mojadas, al tocar mi vagina sentí como estaba demasiado lubricada, el fluido quedaba entre mis dedos y se aferraba a ellos como una especie de telaraña.

    Encendí el vibrador y comencé a acariciar a la par mi clítoris, no podía evitar sentir tanto placer, mis piernas se contraían, mis mejillas se enrojecían e inevitablemente sudaba mi pecho, las vibraciones acompañadas de la sensación del plug anal, me llevaban lentamente por las corrientes más dulces de un orgasmo exquisito, solté algunos gemidos, no lo noté en ese momento y es que no podía evitarlo, yo estaba perdida en un éxtasis de placer y deseo, cada vez sentía más placer y gemía más fuerte hasta que en una catarsis de placer sentí como mi pelvis se apretaba, mis labios se hinchaban, una sensación de orina me invadió y un líquido se expulsaba por mi vagina, terminé agotada.

    Me retiré mi plug anal y vibrador, subí mis bragas, me acomodé lo más que pude la ropa, procedí a lavar mis juguetes en el lavabo para después guardarlos.

    Para mí fortuna los baños estaban en un sitio muy privado al finalizar un pasillo por lo que no me escucharía nadie o eso creí.

    Abrí la puerta del baño y para mí sorpresa allí estaba Miguel, tenía una cara de desesperación, como si estuviera esperando algo o a alguien por mucho tiempo, estaba sudando y estaba muy rojo.

    Yo moría de vergüenza al imaginar que había escuchado todo, confirmé mis sospechas cuando me percaté que una mano suya acariciaba su entrepierna por encima del pantalón, traté de disimular.

  • Por güevon una mujer me tumbó a mi esposa

    Por güevon una mujer me tumbó a mi esposa

    Hola a todos. Les voy a platicar mi triste historia ¿De cómo me ganaron a mi vieja?, y ni las manos pude meter para conservarla; y se los voy a contar incluyendo todo lo que me dijo gachamente mi Lupita. Comenzó una mañana de la siguiente forma:

    –¡Por una calamidad José! ¡No es posible! ¡Ve la hora! ¡Son las doce del día y tú todavía echado como vaca atropellada por tráiler en carretera! ¡Levántate!

    Yo cubrí mis ojos cuando mi esposa corrió las cortinas para que entrara el sol a la habitación, contestando.

    –Tranquila vieja pos que no miras que estoy bien desvelado. Ando crudo. No seas ingrata ¡Cierra las cortinas que soy vampiro! Dame otra media hora de sueño.

    –Ah, Desvergonzado. Mendiga peste tienes aquí en toda la habitación. ¡Mueve esa panzota de chelero y vete a bañar!

    –Vieja me va a dar un torzón

    –Muévete o te echo agua. Ya sabes que si lo hago. Ponte a buscar trabajo porqué en esta casa las tortas de aire no nutren

    –Ok, oye no seas gacha ¿Hazme un caldo de pollo con mucho chile para cortarme la resaca?

    –¡Otra cosita patrón! ¡Cínico! ¡Trabaje si quiere tragar!

    Con pesadez me levanté de la cama. Ya en la regadera, me decía así mismo.

    –Yo no nací para trabajar. Solo me gusta el vacilón.

    Luego viéndome el rostro al espejo y después de mandarme besitos, dije.

    –¡Arrooz! ¿Cuántas nenorras no quisieran tener esta chulada de machote mexicano? Si mi vieja sigue así de pesada conmigo me cae que se va a perder de este cuerpecito sabrosón. Soy una belleza natural mal valorada.

    Terminada la ducha me dirigí a la cocina a buscar alimentos. Abrí la alacena, refrigerador y sin encontrar bocado para llevar a la boca fui a los lavaderos en donde se encontraba mi esposa, a quien le dije.

    –Lupita, no me levantes tanto la canasta. Mira que sufro ¿Acaso mi reina quiere matar a su rorro de hambre? Ándale dile a tu mami me regale un taco y una Pepsi.

    Mi cónyuge sin voltear a verme siguió lavando ropa. Quise abrazarla pero me rechazó diciéndome.

    –Atrás de la raya que estoy trabajando. Vergüenza debería de darte que ni para un taco hay en esta casa

    –Te prometo chiquita que ya me voy a poner a trabajar. Perdóname por ser tan insoluto. Te hablo con el corazón

    –Ni me vengas a tratar de convencer que ya te conozco musaraña

    Sabiéndome acorralado eché mano de mis artes escénicas. Hincado lloré a los pies de mi esposa. La mujer al principio se resistió al engaño pero su noble corazón la hizo ser indulgente conmigo.

    –Okey, te voy a dar tu última oportunidad. No me vayas a fallar como siempre. Ya levántate y sécate esas de cocodrilo. Ayer mi hermano Antonio me dijo que te consiguió chamba. Vas a irte de chafirete de microbús a la terminal Pantitlán. Al dueño de la unidad, le entregaras la cuenta de lunes a sábado a tres mil pesos diarios. Tú pagas el diésel y lo que sobre de los pasajes será para nosotros. Vas a tener que traer bien movida la nave. Hoy mismo te vas a trabajar. Te esperan a las tres de la tarde. Ya vente a comer

    –Gracias Amor por ser tan buena conmigo. No te voy a decepcionar

    –Espero que no. De todos lados te ha corrido por guevon. Te advierto José que si esta vez manchas tu alma o sea qué si me fallas, me divorcio de ti

    Por la tarde don Gilberto, me entregaba las llaves y documentación básica del vehículo de transporte público, dándome de inmediato a trabajar. Por la noche regresé a mi hogar y di los primeros quinientos pesos a Lupita, que contenta los recibió.

    –¿Ves Pepito como si puedes aplicarte? Neta pensé que eras un caso perdido

    –Me tuviste fe mi Lupita y ahí están los primeros frutos de mi trabajo fecundo y creador

    –Mi Gordo hoy si te ganaste tu merecido premio

    –¿Me vas a dar tetita?

    –Si, también mi tesorito. Nada más déjame dar un regaderazo para oler rico y te des buen agasajo. Ahora si te vas a poder atascar porque va a ver mucho lodo

    Ansioso esperé quince minutos. Cuando vi a mi esposa bien bañadita y vistiendo un baby doll corto. La empecé a besar. Al envolverla en mis brazos, le quité la prenda, diciéndole

    –Vengase mamazota. Acérquese, vamos a ver lo que esconde el chichero

    Al descubrirle los senos, exclamó

    –“Santa cachucha Batman” pero mira nomás Lupita que mamilotas evenflo tan grandotas tienes. Son una delicia. Ahora veamos qué se esconde debajo de esa tanguita coqueta

    Al quitarle la tanga, exclamó

    –¡Órale chamacos! ¿Ese tamalito calentito bien depilado es para mí? ¡Qué ricas piernotas y nalgotas! ¿También son mías?

    Lupita excitada por el toque de mis manos en sus partes íntimas, contestó

    –Si Corazón. Te lo ganaste a pulso. Sírvete con la cuchara grande

    Ni tardo ni perezoso la desnudé. Jalando con los dientes un pezón la llevé hasta la cama. Ahí le dije

    –Estás bien bubulubuena. Ya me tenías muy castigado. Dos semanas sin aquellito pero por fin hoy cena Pancho

    Ella respondía

    –Tú estás bien guapo. Ya sé que te fascina que me deshaga de buenota por eso me paso dos horas diarias en el gym pero oye papi, eso de estar a dieta de chile a veces no conviene porqué cuando te castigo pues a mí también me toca bailar con la fea pero echo mano de las manuelas para masturbarme y bajarme las ganas de mi fuego ardiente. Dale a la amamantada que solitas piden

    –Que ricas evenflos. ¿Anda nena dime en que pensabas mientras te masturbabas?

    Mientras esperaba la respuesta de Lupita, me di a la tarea de succionar uno a uno los senos para luego juntar los dos pezones y chupar ambos a la vez. Mi esposa más excitada por fin contestó la pregunta

    –Amor me da pena confesar pero lo haré porque te has portado bien. Primero me encierro aquí en la recamara. Cierro bien puerta y ventanas para que nadie me escuche y para correr menos riesgo pongo música en alto. Abro la laptop que me regaló mi hermano Antonio para buscar páginas porno de preferencia de lesbianas. Me gusta ver videos de mujeres de ébano tetonas y nalgonas con rubias hermosas. Ya entrada en las escenas del video comienzo a acariciarme despacito. Pienso que las dos chicas me acarician y maman las tetas. Lo mejor es cuando se me empapa la panocha y eso me pasa cuando las veo hacer tijeras. Mis deditos empiezan a entrar y salir frenéticos al grado que empiezo a pedir lengua de mujer

    En mi mente me imaginaba cada escena que describía mi mujer y mi pene chico se ponía duro y erecto. Bajé a la pelvis de Lupita para abrirla de piernas y lengüetearle la vagina. Al entrarle la lengua en el surco de la vulva, dije

    –¿Todo eso te imaginas?

    –Si, y todavía más

    –Eres golosa, sigue diciéndome que más haces al ver esos videos lésbicos

    Ella estimulada, continuó

    –Cuando llego al máximo de mi calentura tomó el cepillo más grande que tengo para peinarme. Levanto mis piernas y me meto todo el cabo hasta el fondo. Es cuando comienzo a retorcerme y gemir. Ya más estremecida empiezo a pedir una puta para mí solita, al tiempo que digo “Mamita, mamita chula, chupa rico mis tetas. Si me cumples te mamo tu panochita. Anda perrita pórtate salvaje con tu gatita. Te prometo llevarte al cielo”

    Silencié a mi mujer al introducirle mi pequeño falo en la boca, diciéndole

    –Ah eres una pervertida. Mi vieja es bisexual. Mama fuerte mi verga. Ponte de chivita en precipicio para cogerte rico y aventarte mis mecos calientes

    Así hizo ella. Ya penetrada sintió como me chorreaba en ella, al tiempo que le decía

    –Me vengo, me vengo. Te amo Lupita ¡Qué rica sorpresa me has dado!

    Ella sonriendo me besó pero inmediatamente me quedé dormido.

    Ya con el tiempo supe todo lo que ella pensó mientras dormía pues me confesó que en sus adentros se decía

    –¡Me lleva la que me trajo! ¡Este atarantado como botella de sidra se vació y yo apenas iba calentando motores! Otra vez tendré que usar los de dulce

    Sin esperar mayor trámite Lupita con los dedos de la mano derecha apretó sus pezones y con la izquierda se dedeó hasta lograr su orgasmo. Su gemido fuerte marcó el final de la jornada.

    La nueva luna de miel duró todo un mes. Fui aplicado en realizar el trabajo. A diario llevaba hasta mil pesos, sin embargo, al iniciar el nuevo mes, aflojé el paso. Nuevamente me levantaba tarde, alegando cansancio. Después de las cuatro de la tarde acudía a trabajar, así qué, el dinero de nueva cuenta escaseó. A un reclamo de ella, tenía una excusa. La tensión aumentó cuando a veces de noches no regresaba a dormir a la casa, sin embargo, por las mañanas aparecía todo borracho y sin dinero. Más le purgaba a ella, encontrarme las camisas con manchas de bilé labial.

    Un día mi mujer me escuchó hablar por teléfono, diciendo

    –¡Va qué va mis cuates! Cuenten con este califa ¿Dónde vamos a aterrizar? Ah ok, en el Pistachón Zigzag, entendido y anotado. Si, de la Gestapo yo me encargo. Ni se las va a oler. Tengo bien dominada a la fiera. Allá nos vemos. A las nueve.

    Ella, de inmediato pensó

    –Desgraciado chaparro panzón, bigotes de agua mielero, me las vas a pagar. Voy a dejar que te vayas perro, pero si te caigo en el bailongo de dos guamazos que te dé hasta voy a hacer que vomites todo el pulque que te hayas tragado. No te me escapas

    Efectivamente a las tres de la tarde de la casa salí contento muy bañadito, bastante bien perfumado. Lupita fingiendo no estar molesta me despidió con amabilidad. Dejó pasar unas ocho horas. Después de checar su reloj tomó su bolso al que echó una plancha pesada. Se hizo un chongo corto y enfundada en un pants deportivo, salió de casa. Al cerrar la puerta de la calle la abordó un Señor delgado, canoso, de unos sesenta años, al que reconoció como don Gilberto. El sujeto muy educado la saludó

    –Buenas noches Señora Lupita. Busco a José o en su defecto a Antonio.

    Contestó ella

    –No se encuentra ninguno. ¿En qué puedo servirle don Gilberto? –dijo el señor

    –Me da pena. Su marido tiene diez días de no entregar la cuenta. Me debe Treinta mil pesos. El microbús tampoco me lo ha llevado. Ya no le voy a dar trabajo. Necesito que me entregue la unidad y el dinero.

    Lupita avergonzada por la bochornosa situación, respondió

    –Más pena me da a mí. Precisamente voy por él a sacarlo de un congal. De seguro el micro debe tenerlo ahí estacionado. Si desea le proporciono mi número de celular para dar razón de mi esposo

    Don Gilberto, anotó el número en el celular de su esposa, y dijo

    –Yo la llevó. Traigo mi camioneta. Viene conmigo el chofer y mi esposa Patricia.

    Abordaron la Journey 2023 que esperaba al patrón. Don Gilberto se fue de copiloto, atrás Lupita acompañada de Doña Patricia, a quien pasó el celular. Esta era una cuarentona de 1.70 de estatura, blanca de piel, de unos 80 kilos de peso, bastante bien distribuido y rostro agradable.

    La esposa del dueño del microbús, al ver a mi chava, le dijo

    –¿Eres la esposa de José? Eres bella. Con el debido respeto wow tienes un cuerpazo.

    Lupita sonrió, sin embargo, durante todo el viaje sintió que Patricia la desnudaba con la mirada. Los nervios le atacaron cuando su acompañante le acarició la pierna izquierda con insistencia. Quitó doña Paty su chamarra dejando al descubierto su escotada blusa por la que asomaban unos duros, redondos y grandes senos. Sacó su celular y anotó

    –Te veo nerviosa ¿Qué pasa? Anota respuesta

    Mi mujer al leer, escribió

    –Nada estoy bien. Pienso en José.

    La mujer madura reescribió

    –¿Te gustaría ver mis senos?

    Lupita abrió los ojos de sorpresa cuando sin esperar respuesta Patricia, se bajó el escote y brassier, quedando al desnudo durante unos diez segundos sus muy hermosos senos. Al volver a colocar sus prendas apuntó en el celular

    –¿Qué te han parecido? ¿Quieres tocarlos?

    Lupita por mensaje respondió

    –Ahora si estoy nerviosa. Tendrá una pastillita. Apenas y puedo pasar saliva. Me tiemblan las manos y hasta tartamudeo para escribir. Hasta tembeleque me dio en unos de mis ojos. Por favor Doña, no se pase de lanza conmigo ya me tiene toda paniqueada, capaz que me da un paro cardiaco

    La madura con mirada picara tomó la mano de Lupita y la guío a sus pechos. Mi vieja descubrió lo terso y duro de esas tetas. Su corazón latió rápidamente cuando sin permiso la Doña alcanzó a meterle la mano entre la tela del pants y la piel para tocarle la vagina. Los rozones hicieron a mi Esposa apretar los labios y no gemir a pesar de sentir gran placer. Cerró los ojos brevemente y al abrirlos vio a la Señora sensualmente con la lengua de fuera probando el néctar de la vulva batido en los dedos.

    Lupita tenía su vulva muy mojada por la excitación. Le faltaba poco para venirse pero fue interrumpida cuando el transporte llegó al antro “El Pistachón”. Las mujeres se pusieron quietas y bien portadas. Todos bajaron. Buscaron el microbús y a mi, sin nada que encontrar. Decepcionados prefirieron regresar a la casa. Al tomar por otra vialidad, a un kilómetro, descubrieron el transporte público estampado en un poderoso árbol. Sobre la banqueta, rodeados de policías, estaba yo junto con cinco hombres y siete mujeres sentados. Al ver a don Gilberto rápido idee una argucia en lo que era atendido por los paramédicos. Preguntó don Gilberto por lo ocurrido. Tartamudeando traté de aventarle mis ya acostumbradas choco aventuras.

    –Patrón me quedé sin frenos. Todo el pasaje quedó para el arrastre. Ya hasta me estaban reclamando y yo sin deberla

    En eso el chófer de don Gilberto, me dijo

    –Carnal te vas a ir al infierno por mendigo mentiroso. Mientras te atendían los de urgencias, esos chavos que te acompañan dijeron a los policías que todos salían del antro y tú por andar jugando con tu novia perdiste el control de la unidad.

    –Nel, no es cierto

    –Claro que es neta ¿Y qué crees pinche tlacuache? Te cayó el chahuistle. ¿Ve quién está platicando con tu novia? Ni más ni menos que la fiera de tu esposa. ¡Mamaste rata sarnosa!

    Quedé helado al ver a Lupita acercarse. Traté de explicarle la situación pero ésta de dos golpes en plena jeta me echó al suelo. En el piso, le dije

    –Ya, por favor, con el primer cañonazo me aguadaste las piernas y con el segundo casi me desintegras. Amor y paz gordita.

    –Cínico desvergonzado. Preferiste a esa señora de dudosa moral que se dice tu novia, que a mí, que hasta los calzones te lavo. Inmunda bestia peluda, solo porque don Gilberto, se atravesó, que si no hasta patadas en tus costillitas te andaba dando. Te salvaste por un pelo de rana calva.

    Don Gilberto, habló

    –Los daños los calculo en 100 mil pesos y 30 mil pesos de la cuenta. En total son 130 mil pesos. José o me pagas o te vas a prisión por ser tan abusivo.

    –Patrón, si le pago, deme tiempo y le cumplo

    Y queriendo yo decirle algo a mi esposa, ésta sin dejarme hablar, mencionó

    –¡Sáquese perro ojón! ¡Ni me hable! Y por sus garras ni vaya. Hoy mismo se las quemo. Todo el cantón lo desinfecto para que nada huela a grasa de usted

    Desterrado de casa, las semanas pasaron. El patrón, fiel a su palabra, logró enviarme a la cárcel. Dentro de prisión lloraba por salir. En la única llamada telefónica que tuve con su mujer, le rogaba, me sacara de ese infierno. Ella, contestó

    –Voy a intentar chisparte. No prometo ni maíz palomas pero me darás el divorcio. Si te conviene y si no pues púdrase ahí mijo

    Según me dijo mi ex, al día siguiente, fue a la casa de don Gilberto. La sirvienta la hizo pasar a la sala de la casa. Tras breve rato apareció sonriente doña Patricia, a quién explicó el motivo de su presencia. La doña, tras pensarlo, le mencionó

    –¿Crees que valga la pena hacer tanto por ese vago?

    –Yo le prometo señito, que le cumplo. No sé cómo le haga pero le junto su lana completita. Nomás écheme al José pa fuera. Si quiere le hago el quehacer de casa, todo el tiempo necesario, sin que me pague una sola moneda

    –Gilberto está muy enojado. Claro él, como es un buen marido siempre me complace. Dime ¿Qué tal, la pasaste conmigo ese día?

    Lupita, se sonrojo. Respirando profundo, dijo

    –No me cargue pila. Me entran las vergüenzas. Soy de poca resistencia al voltaje.

    Patricia, sonriendo dijo

    –¿Quieres ser mi novia?

    Lupita, más colorada, respondió

    –Ya entiendo por dónde va. Que tal y le digo que no

    –Fue broma. Tu marido va a quedar libre. Te lo prometo. No tienes que darme nada a cambio. Anda ve a tu casa sin preocupación. En veinte días lo tienes afuera

    –¿En serio? ¿No me miente?

    –Te lo doy como premio por la otra vez

    Lupita, corrió sobre los brazos de Patricia, plantándole un esplendoroso beso en la boca. La madura entrada en confianza le besó con ternura el cuello, erizándole los vellos de la piel. Las manos de la esposa de don Gilberto, le comenzaron a explorar la espalda para bajar a las firmes caderas. No quedó pedazo sin estrujar.

    Ambas se alejaron un medio metro. No pronunciaban palabras pero con sus ojos una a otra se admiraba los cuerpos. Patricia, más segura de sí, le cerró los ojos a mi mujer y poco a poco le retiró la ropa. Lupita con respiración agitada sintió cuando le fueron quitados los pantalones y la tanga. Patricia, se excitó mucho al verle la vagina carnosa. Levemente la giró para con ambas manos abrirle las perfectas nalgas, asomando su anito muy cerrado. Lupita por su parte, sacó de las copas del brassier de la cuarentona aquellas dos maravillosas mamas. Quedó como hipnotizada en esas dos montañas que llamaban al pecado. Sin protesta de la madura, comenzó a chuparle cálidamente los pezones grandes y parados.

    Patricia, sin trabajar mucho había conseguido a una joven amante lesbiana inexperta y dijo a Lupita:

    –Pequeña no perdamos tiempo. Vamos a mi habitación antes de que llegue mi marido

    Una vez en la cuarto, la esposa de don Gilberto, no espero para desnudarse. Con ingenuidad Lupita se arrodilló. La veterana sobre la silla de la cómoda puso un pie. Sus recortados pero oscuros rizos vaginales saltaron bañados en los abundantes fluidos que brotaban de la regordeta vulva que protegía en el fondo una carne rosa brillante.

    A Lupita le fue maravilloso separar los labios vaginales y ver el gran clítoris que orgulloso asomaba, al tiempo que escuchó de Patricia

    –Esto es lo que habrás de lamer por mucho tiempo

    Mi esposa, fue zambulléndose en esa cueva húmeda de la que manaba leche quedando todo su rostro blanquecino. Patricia, en tanto, empujaba para atrás su propia cabeza. De su boca entreabierta salían gemidos al roce de las suaves lamidas.

    A mí dama, el calor vaginal que sentía en la lengua, le hizo decir

    –Ya probé y neta capireta, quiero más. Parezco perrita olfateando cosas deliciosas

    La mujer mayor, con voz entre cortada, dijo a la ahora su amante

    –Ahhh chamaca maldosa. Haces que mi clítoris palpite. Lo siento muy parado. Eres la mejor mamadora que haya conocido en mi vida

    Luego de pronunciar tales palabras, se arrojó a la cama. Levantó sus rodillas hasta pegarlas al pecho y mostró tanto su vagina como su culo a Lupita que sin cesar resbalaba su lengua con mucha velocidad desde el culo hasta el clítoris, sin separar la lengua.

    Patricia, por la excitación no reparaba en su tono de voz demasiado alto, pero eso no le impidió, decir a mi chava.

    –¡Hazme venir rico! ¡Seré la envidia del club de lesbianas al que pertenezco cuando sepan que tengo una bella muchacha como amante!

    Mi consorte, entregada en pasión, sentía sus propios jugos espesos resbalar por sus piernas. Luego de un rato dijo a su compañera

    –Te toca darle a mi tesorito unos ricos lengüetazos.

    La madura, experta en las artes lésbicas, sobre la cama posó boca arriba a la joven. Capturó y apretó con su boca toda la vagina juvenil. Era tan salvaje y sin pudor la acción sexual que eso le fue encantando a mi esposa quien apretaba fuerte sus quijadas, capturando con sus piernas la cabeza de la madura. En donde ya no pudo aguantar fue cuanto Patricia la penetró con tres dedos. De tan profundo y rápido que se lo hizo, lanzó un alarido de placer.

    Patricia, tomó su turno, así que entrelazó sus piernas en las piernas de mi pior es nada y talló con energía su vagina en la otra. Parecía que iban sincronizadas pues ambas al mismo tiempo se vinieron. Al final, Lupita se bajó de la cama y empezó a chupar y besar los pies de la madura.

    Poco retozaron pues casi era hora de que regresara don Gilberto, así que se vistieron. Con un prolongado beso en la boca se despidieron.

    Después de veinte días, salí de prisión. De inmediato me dirigió a mi domicilio. Llegando a la casa, vio a mi esposa salir muy arreglarla, al acercarse, le dije

    –Ya estoy aquí de nueva cuenta contigo bomboncito. ¿Me extrañaste?

    Lupita, respondió

    –Que bueno que ya saliste del botellón pero ¿Qué crees? Ya inicié el trámite de divorcio, así que a echar pulgas a otro lado

    –Pero Lupita I love you

    –Ya te dije, nunca quisiste agarrar mi estilo de batalla, así que háblele a su mamá, no vaya hacer que se pierda en el camino

    –Pero bizcocho, sé sincera ¿tienes a otro?

    Lupita, se me quedó viendo a los ojos, y dijo

    –Mírame bien a los ojos que te voy a hablar al chilazo. Tengo un quelite pero no es hombre. Es mujer

    Con mirada desconcertada pregunté.

    –¿Qué? No me hagas eso ¿Cómo que es mujer? ¿Quién es?

    Me respondió

    –Es mi Paty, la esposa de don Gilberto. Ya llégale que me quitas minutos de pasión con mi vieja. Tuviste tu oportunidad y perdiste ante alguien mejor que hasta me hace venir rico cada vez que nos damos nuestros encierros. Bye chaparro,

    Desde entonces ya no me era raro ver a Lupita pasear con Patricia muy acarameladas. Por guevon una mujer me tumbó a mi esposa. Chale.

  • Espuma y mar

    Espuma y mar

    Mi cuerpo se siente pesado, osado con mis dedos palpo mi primer reconocimiento al levantarme. Mis manos escurren como si arena se tratase, al caer aterrizó en una especie de mata.

    Un sobresalto agudo me responde, entonces escamosa sensación entre mis dedos. Deslizo para volver a aquellas movedizas arenas, entendiendo ya unas blandas carnes, invitándome a jugar.

    Un femenino murmurar intenta evadir torpemente mi cariño, crece mi tubular, aventurándose en una cálida humedad.

    El vaivén espumoso acompaña el ritmo de mis caderas, grumos, bombeo en ese gomoso palpitar. Delicias estallan en mis sienes, Codició unos labios que buscando los míos se aventura sobre mi cuello.

    Entrelazo mi tentáculo bocal con la suya una vez me encuentra, invadiéndome una salada lujuria entre esos puntiagudos dientes. Unos escamosos brazos rodean mi espalda, siento un eléctrico estrangular por todo mi cuerpo.

    —Splash… Splash… Splash

    Perversos alaridos llenan nuestros alrededores, sintiendo mis pectorales chocar contra sus blandas protuberancias. Embisto con fuerza aquella gruta palpitante, incitó a no soltar aquel placer desorbitarte.

    No entiendo donde estoy ni como acabe aquí, pero sin duda en esta isla me podría quedar a vivir. Los estímulos me obligan a mantener los ojos cerrados, pero me imagino con la mente menguada, los maravillosos colores que aquellas suaves escamas guardan. Los mismos que explotan al sentir mis últimos empujones en tan melosa cavidad, pues atiza golosa las convulsiones que nuestros cuerpos unidos sueltan.

    Nos mecemos en un relajante derramar, una vez sanar mis instintos, una vez crecemos, y otra descansar. Entonces, cuando puedo pensar en la gravedad de lo ocurrido, es muy tarde para entenderlo como una pesadilla.

    Despierto carraspeando la garganta, sal y arena escupiendo. Tras sulfurar por la molesta y cálida humedad, y procurar mi fatigado cuerpo levantar. Lento pero seguro, entre la mojada arena trepo. El sonido del vaivén espumoso es lo primero que llega a mi oído. Me froto la frente buscando alejar el malestar que hostiga mi mente. La cegadora luz atrasa mis intenciones de abrir los parpados…

    Como silla utilizo una roca cercana y en la orilla visualizó los pedazos de nuestra arca. ¿Qué había pasado en aquella tormenta?, no importaba ya, el naufragio era ya un hecho. No habíamos creído los cuentos sobre sirenas en ese entonces, creyéndolo una fábula que buscaba la continencia en los adolescentes.

  • En trío con mamá y su amante

    En trío con mamá y su amante

    Siempre supe que mamá le ponía los cuernos a papá. Me dolía y molestaba pues papá era y es un hombre genial. Hasta hoy, con más de 70 años, mi papá sigue trabajando y cumpliendo todos sus caprichos. No intervenía pues a pesar de ser joven sabía que meterme era peor. Ellos se llevaban super bien y mi papá se veía siempre feliz con ella. Supongo que hasta ahora nunca supo, ni siquiera sospechó, de los enormes cuernos que le montaba mamá.

    Cuando yo tenía 19 años, mi papá (que es ingeniero) empezó a trabajar en una mina. Estaba 21 días en la mina y 10 en casa con nosotras en casa. En poco tiempo, con descaro, mamá empezó a meter a su amante a la casa. Se quedaba a dormir con ella, aunque eran noches enteras de gemidos y suspiros.

    Con la mayor frescura, mamá me dijo cuando la enfrente, “amo a tu papá, pero tengo necesidades”. Me pidió que sea discreta y que por favor no le cuente nada a papá. Ya iban varios años que sabía de sus aventuras, pero nunca había llegado tan lejos. Igual, para no disgustar a papá, decidí seguir quedándome callada. Igual él cuando venía de la mina era dichoso y feliz con mamá, que lo atendía como rey. Aunque, para ser sincera, jamás escuché entre ellos los gemidos y suspiros de cada noche entre ella y su amante.

    Como una se acostumbra a todo, con los meses se hizo rutina el verlos entrar, escucharlos coger y verlos desayunar juntos. Nunca les acepté desayunar con ellos, ni cenar, ni hacer nada juntos. Amaba y amo mucho a papá, y me apenaba que sea el tercero “feliz sin saber”.

    Pero, como dice la canción “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”. Y, sin querer, participé de un trío con mi madre y su amante.

    Un viernes a la noche salí de fiesta con unas amigas. Cómo estaba algo cansada, regresé temprano a casa. No eran ni las 12 de la noche. Al ingresar encontré a mamá arrodillada en la sala, chupándole la verga a su amante. Estaban tan distraídos en su acto sexual que ni se percataron que yo había entrado. Mamá estaba sólo en tanga, ya se había sacado todo lo demás. Él vestido todavía, solo con el pantalón desabrochado y con la verga afuera.

    La escena me sorprendió. Los había escuchado coger ya por muchos meses, pero nunca había visto nada. Cuando se dieron cuenta que estaba allí mamá se levantó y me dijo “hija, pensé que llegarías tarde”. No le presté atención. Estaba concentrada en el enorme pene de su amante. A mis 19 años ya había cogido con varios chicos, pero ninguno, ni en mi mejor sueño, había tenido un pene así de enorme. Sólo había visto de esos en las porno que veía entre copas con mis amigas.

    Él y mamá se dieron cuenta del como me quedé sorprendida. Por mi mente pasaron mil cosas. Entendí la locura de mamá con el tipo ese. Entendí su desvergüenza de traerlo a casa, arriesgando su matrimonio. Entendí, sobre todo, esas noches llenas de gemidos y suspiros. Todo en un instante.

    Ellos se miraron y antes que pudiera yo decir algo, él me dijo “la quieres gozar”. Mamá lo quedó mirando como desubicada. Yo me quedé lela, sin reacción.

    Él insistió y mamá seguía desubicada. Me daba cuenta en su rostro con expresión estupefacta. Yo tenía unos tragos encima. La atracción de ese pene me venció y le dije “ok, pero sólo si mamá no se molesta”. La miré y ella volvió en sí. Nunca supe que pasó por su cabeza pues nunca hablamos de ese tema. Sólo sé que respondió que sí, que lo haga.

    Me arrodillé y comencé a chuparla. Definitivamente no era una experta, lo había hecho, pero jamás a un pene tan grande y obviamente más allá del morbo de estar con la hija de su amante, mi chupada no era la gran cosa para él. Mamá se dio cuenta y se arrodilló a mi lado y sin mediar palabras comenzó a chuparla e intercalábamos ambas. Me di cuenta el como ella la recorría con su lengua, la acariciaba con sus labios y fui aprendiendo. Pronto las dos estábamos articuladas en una mega chupada.

    Él se iba sacando la ropa. Me pidió que lo hiciera. Pronto estuvimos los tres desnudos, pues mamá también se sacó la tanga, que era lo único que tenía encima. Yo a mis 19 años estaba peludita, ella a sus 38 (me tuvo muy joven) completamente depilada.

    Mamá dijo “vamos a la cama” y los tres nos movimos hacia su habitación. La de ella y papá. Me sentía algo aturdida, pero vencida por el deseo y el morbo. Todos nos dejamos llevar por la lujuria. Mamá tenía mejor cuerpo que yo. Eso ni dudarlo. Nalgas firmes y grandes, de mucho gym, senos más grandes que los míos y también muy firmes. Yo era una chica delgada y desgarbada. Mi única ventaja eran mis 19 años, mi juventud y para ser sincera, mi poca experiencia comparada con la de mamá.

    Él se acostó y ambas seguimos chupándosela. Yo quería ser penetrada ya, pero tenía vergüenza de pedirlo. Nunca supe si mamá se dio cuenta o simplemente fue casualidad. Ella me dijo “ponte como perra”. Me puse como sabía, como lo hacía con mis novios. Ella me acomodó distinto. Con la cabeza sobre la cama y la cintura muy quebrada, con el culo levantado al máximo. Él se puso detrás de mi. Se colocó un condón y antes que pudiera reaccionar tenía todo su enorme pene dentro.

    Me dolió. Nunca había tenido un pene tan grande dentro y menos así de golpe, hasta con violencia. Comencé a gozar tan rápido como se iba yendo el dolor. De pronto tuve un orgasmo intenso, brutal. Temblaba.

    Mamá me dijo, “ya listo, vete a tu cuarto”. Sentí rabia en sus palabras. Estaba tan satisfecha que fui a mi habitación y me quedé dormida casi al instante, así desnuda. Desperté luego de las 10am. No estaban ni mamá ni su amante. Ella volvió al caer la noche. No me habló. A él nunca más lo vi.

    Nunca más llevó un amante a casa. Nunca hablamos del tema.

  • ¡Llegó Julio!

    ¡Llegó Julio!

    Hace ya medio año tuve un encuentro con el hermano menor de mi mamá y quedamos en volverlo a repetir.

    El domingo le envié un WhatsApp, preguntándole si me podría recibir el lunes. La respuesta fue inmediata: “Para ti, estoy las veces que quieras”. Así, después de unos intercambios subidos de tono, formalizamos el encuentro.

    El lunes, yo cantaba mientras le servía el desayuno a mi marido, así le digo, aunque es mi amasio porque no me divorcié del padre de mi hija.

    –¿Por qué tan contenta? –me preguntó mi marido.

    –Porque me encanta despertar con tu trancota adentro. ¡Qué bueno que Dios los hizo así para despertarnos con alegría! –contesté sonriente y extendí mi mano para acariciar su pene sobre el pantalón.

    –Bueno, en realidad, mi verga se despierta antes que yo y busca cobijo en un lugar tibio y húmedo, así que también despierto con mi “trancota” en un buen lugar –aclaró, y su falo se puso duro en mi mano mientras me acariciaba las nalgas.

    Unos pocos arrumacos y manoseos más y nos pusimos a desayunar para que saliera él a tiempo, y yo también para el encuentro con mi tío. Así, empezamos felices la semana.

    Aún con los resabios de semen en mis labios interiores, llegué a la casa de mi tío Efraín, quien bañado y rasurado me esperaba sólo en bata de baño, lo cual me agradó, pues era claro a qué iba yo.

    –¡Bienvenida, Ishtar! –dijo dándome un beso y un abrazo al cerrar la puerta, los cuales prolongaron: el beso hasta enredarse nuestras lenguas y el abrazo masajeando mi espalda y nalgas.

    –¡Qué rico recibimiento, pero quiero irme bien-venida! –dije con descaro.

    –Habrá de todo “mhija”, te irás con lo que tengo de varios días –contestó con igual deseo.

    –¿Cuántos días llevas sin ejercicio? ¿Ordeñas manualmente o en compañía? –pregunté indiscretamente.

    –A veces lo hago en solitario, con los recuerdos, principalmente de Saraí… –expresó con tristeza, refiriéndose a su finada esposa–. Otras me auxilian algunas viejas amistades y familiares, las cuales no te nombraré, así como guardo tu nombre en secreto –contestó directa y firmemente. Aunque, según supe por otras fuentes, también coge con mi tía, también viuda, y otras de mis primas.

    –¿Me recordaste alguna vez en este medio año? –pregunté metiendo mi mano entre su bata y acaricié sus huevos y la gran erección que ya babeaba…

    –¡Claro que sí, Estrellita! Dejaste una impronta placentera y muchas ideas de cómo agasajarnos. No hay semana que no me acompañe tu recuerdo antes de dormir –contestó empezando a quitarme la ropa.

    Yo seguí acariciándolo, ahora a dos manos, sólo separando alguna, y luego otra, para que me quitara las mangas de la blusa. Aproveché para quitarle la bata, haciéndola caer al piso. Al final, quedamos desnudos y volvimos a besarnos. Su glande se refocilaba entre los vellos de mi triángulo, humedeciéndome con el presemen. Nos tumbamos en la alfombra e hicimos un apasionado 69 que saboreamos más de diez minutos y él lo suspendió de golpe, dejándome sin el caramelo.

    –Espera, golosa, no te vayas a tomar todo tan pronto. Ya vienes bien cogida y quieres más… –me dijo, seguramente porque el sabor delató el saludo matutino de mi marido, pues su lengua navegaba cada vez más profundamente en mi cuca, probando mi venida y la de mi cónyuge.

    –Bueno, lamento que no sea sólo mi sabor, pero debo cumplir con mis deberes conyugales –dije a manera de disculpa.

    –Al contrario, hijita, me gusta chuparlas cuando están cogidas y las hicieron venir mucho, el sabor es un poco distinto, pero más rico –contestó sin remilgos–. En cambio, las que no tienen quien las atienda frecuentemente, sueltan los jugos hasta que la lengua ha trabajado mucho –explicó, pero yo me quedé extasiada cuando me dijo “hijita”.

    Lo mismo me ocurrió momentos antes, cuando igualmente cuando se dirigió a mí como “Estrellita” o “mhija”. Así que cerré los ojos, lo abracé y antes de besarlo le dije “Cógeme, papasito”, colocando su falo a la entrada de mi vagina. Me colgué de su cuello, le rodeé la cintura con mis piernas, me tomó de las nalgas y así, penetrada, caminó conmigo cargada, quien cabalgaba en ese palote de 20 centímetros, y me llevó a la recámara. Grité por los orgasmos que tenía al pensar que ere mi papá quien me cogía, pero él me decía suavemente “tranquila, mi niña, no te voy a soltar”.

    con el palo adentro de mí, me puso de espaldas en la cama y colocó mis piernas en sus hombros. “Sigue papá, ¡cógeme mucho!”, le suplicaba sin abrir los ojos para que no se fuera de mi mente la figura de mi padre. Mi tío seguía de pie, pero encorvado, moviéndose con mucha enjundia, sacándome gritos de placer y muchos orgasmos “¡Dame tan rico como le das a mami, papacito!” decía yo y mi tío reaccionaba moviéndose más de prisa, hasta que desfallecida me solté de su cuello.

    Mi tío me acomodó en la cama, arrastrándome como si fuera una carga muerta, y sudoroso se acostó a mi lado. Mientras descansaba, abrió la botella de Tequila que tenía en el buró y le dio un trago. Antes de que cerrara la botella le pedí que me la pasara y le di dos pequeños tragos antes de regresársela.

    –¿Así te cogía mi cuñado? ¿Lo hice tan bien como él? –me preguntó y dio un pequeño eructo–. Perdón, es que no me he desayunado, a ver si no se me sube y no pueda darte lo que te guardé… –dijo y yo me reí.

    Le conté que varios años atrás, a escondidas, vi cómo cogían mis padres y siempre deseé que mi papá me penetrara con tanto ahínco y dulzura como penetraba a mi madre, pero él no se dio por enterado y murió antes de que yo le pudiera pedir algo de eso “y seguramente hubiera recibido una gran reprimenda en lugar de lo que yo pedía”, concluí.

    –Bueno, al parecer, ya sentiste a tu papá, al menos en tu imaginación –manifestó.

    –No es la primera vez. Ya me había ocurrido con un señor un poco mayor que tú, y mi confesor sabe que gocé con ello –le dije, y pasé a platicarle lo de José, aunque no dije su nombre, ni que lo tenía como amante.

    –Pues a ese señor que dices, le ha de haber pasado como a mí: me calenté más y quise darte como creí que tu papá lo había hecho –reveló.

    Seguimos tomando y conversando sobre las parejas que hemos tenido, las posiciones que más nos han gustado. Le agradecí el 69 que me dio y le platiqué de la renuencia de mi esposo para el sexo oral y el gusto enorme que yo siento al chupar y ser chupada. Seguimos tomando el tequila hasta que se acabó.

    –¿Cómo quieres cogerme ahora? –le pregunté arrastrando la lengua– Quiero que me cojas como se te antoje. ¿Te gustaría metérmelo por el culo, como querías la otra vez? ¡Éntrale!, pero ponme lubricante, pues tu trancota está como la que tenía mi papá: ¡enorme! –le decía moviéndole el tolete en círculos, tomándolo de la base con el índice y el pulgar teniendo los dedos restantes y la palma de mi mano en sus huevos, que también recibían el masaje del movimiento.

    –Bueno, ya que quieres, te daré por allí –dijo y se levantó.

    Regresó con un pequeño recipiente conteniendo aceite de oliva y un algodón. “Supongo que esto servirá para que no te duela”. Me coloco de rodillas y, recargada en mis extremidades superiores, levanto la grupa para que mi tío trabaje en mi ano.

    –Ponle mucho, y también a tu verga, para que resbale suavecito… –le pido y miro de reojo el mástil enorme.

    –Listo, Ishtar, si te duele, me dices para hacerlo más despacio… –me dice al ponerse de rodillas atrás de mí y colocar el glande a la entrada de mi ojete.

    Siento con poco dolor cómo se abre paso esa estaca de carne dura y tibia, el Tequila me da suficiente valor para no quejarme, pero a la mitad del camino me muevo hacia atrás obligándolo a que me empale completamente, lo cual hace y yo suelto una carcajada al sentir el golpe de sus pubis en mis nalgas.

    –¡Ja, ja, ja, ya entró todo y no me dolió! Dale fuerte y rápido, lléname las tripas con tu leche, tío, haz de cuenta que es Mague a la que tienes ensartada, ¡va por ella! ¡Cógeme para que ella sea feliz allá en el Cielo! –le pedí y Efraín me tomó de la cadera para mover mi cuerpo con mayor facilidad.

    Mis tetas rebotaban al ritmo que me imprimía el viaje de veinte centímetros de mete y saca. Sentí el primer orgasmo y grité “¡Vente, has feliz a mi hermana!”. Como si ese fuera el abrir del grifo sentí la tibieza del semen, cual si fuese una lavativa de amor…

    Al terminar de venirse, recargó su cuerpo sobre el mío y me acosté abotonada, pues la verga no disminuía de tamaño. Mi esfínter palpitaba queriendo exprimir su miembro que, pasado casi un minuto comenzó a ponerse flácido y salió. “Con una mujer como tú, no es necesario el Viagra” dijo y rodó su cuerpo a mi lado.

    Dormimos plácidamente, hasta que el teléfono móvil me despertó. Tuve que correr a la sala para sacarlo de mi bolso, pero ya había dejado de sonar. Era mi marido. Volví a la cama y mi tío no estaba allí, había entrado al baño a limpiarse. Al salir, me invitó a bañarnos y le hice el ademán de que guardara silencio, par que yo pudiera regresar la llamada a mi esposo.

    –Hola, ya estoy orillada, me pescaste en tránsito –dije, y estiré mi mano para jalarle el escroto a Efraín.

    –Hola, mi mujer, ¿sigues feliz? –preguntó.

    –Sí, hay motivos para ello, la cogida estuvo riquísima –contesté agitando la verga de mi tío, refiriéndome a la que Efraín me había dado, pero haciéndole creer que aludía al “mañanero” con el que me desperté.

    –¡Qué bueno! Te hablo para avisarte que llegaré un poco retrasado a comer, hay unos profesores que quieren hablar conmigo –explicó.

    –Bueno, te espero –dije y nos despedimos. Colgué y me puse a mamar en la mamila que le había crecido a mi tío.

    Salió presemen y el semen acumulado en el tronco. Lo degusté con placer mientras que crecía más. Me tumbó en la cama, boca arriba, se agarró de mis chiches y me la dejó ir hasta el fondo. “¡Ah…!”, exclamé abrazándolo y, entre besos y su vaivén, hubo un coito más, también muy rico…

  • Follada otra vez (3)

    Follada otra vez (3)

    ¡Ay! La verdad adoro chuparles el miembro a los hombres, antes de metérmelas en la boca tengo el fetiche de su olor. Les olfateó su olor a sudor y cebo púbico de macho mezclado con orines, aspiro todo esto, muy concentrado por estar guardado en una trusa. Me lleno de ese olor que me hace sentir que se me moja la cola, entonces, me entra un loco deseo de ser perforada y que me chorreen semen en mi interior.

    Una noche de lujuria salí a la calle vestida de súper puta, casi encuerada por las ropitas tan cortas, con unos altísimos tacones destalonados y de tiritas, muy maquillada y una larga y abundante peluca rubia. Mi cola gritaba de deseo, podía escucharla pidiendo una polla enorme, gruesa y larga en su interior ¿o me lo imaginaba?, ay, no sé, pero seguí caminando y contoneándome. En eso se detuvo un auto a mi lado y un señor me invitó a subir, yo lo hice de inmediato, enseguida puso unos billetes en mi regazo, pero le dije –Ay no, papi, no cobro, te le voy a dar gratis, vamos a un hotel. Rápido enfiló a uno que estaba en la esquina.

    Llegamos a la habitación y me abalancé encima de él, poniendo mis manos en su entrepierna, para mi fortuna ¡se notaba enorme!, se lo apreté suave, pero firme y le dije al oído –Mi rey, ¿quieres te la bese y te la mame antes de que me la metas?- Y sin esperar respuesta lo halé a la cama, me senté y le desabroché el pantalón bajándole la trusa, brotó un pene flácido, pero enorme, grueso, largo y cabezón, se lo olí y comencé a pasarle sutilmente mi lengua por su capullo hasta comerme todo su sabor y olor.

    Luego, empecé a besarle la cabeza mientras acariciaba el tronco con una mano, se la besaba y me introducía en la boca sólo su capullo, paraba mis labios y lo absorbía, pasaba mis labios por todo su tronco hasta las bolas y las absorbía, luego, me metí todo lo que me cupo, que era como la mitad de sus deliciosos 28 cm.

    Me metía su miembro y lo sacaba de la boca varias veces, mientras lo pajeaba, le daba pequeñas mordidas en la cabezota ya hinchada, brillosa y dura, pero suave. Con mucho amor y deseo, lujuria y morbo me la metí casi toda abriendo bien, en garganta profunda, ya dentro la oprimía con los músculos del cuello aguantándola unos segundos, pero haciendo el intento de meterme aún más ese pene maravilloso.

    Luego me la saqué y seguí besándola y lamiéndola durante varios minutos. Me la sacaba de la boca y le daba unas pajeadas aumentando mi ritmo. Por fin, me la saqué de la boca y le pregunté -¿Papacito, ya me la quieres meter por mi colita caliente? Quiero que me perfores el ano y me llenes con tu semen el entresijo, ¿cómo quieres que me ponga, cariño?- Contestó –ponte en cuatro, mi reina, mientras me pongo un condón- Ay no, métemela a pelo, al cabo estoy bien sanita del culo.

    Me subí la faldita, me quité la tanguita y me le puse de a perrita en la orilla de la cama, con las nalgas bien empinadas, abriendo los cachetes de mis pompis con ambas manos y poniendo una mirada muy morbosa ante la expectativa de que este señor me llenaría el entresijo con un gran pedazo de carne viril. Me escupió en el ano y me puso la cabeza de su vergota bien dura en la entrada de mi agujerito de amor.

    Yo lo hacía palpitar abriendo y cerrando como haciendo guiños a este señor pito, me metió la cabeza y la movió en círculos ayudándose con una mano, me empecé a mover hacia su pene jugando, iba a su encuentro y m retiraba un poco, lo hice repetidas veces, con mi culo de experta lo atrapaba con mis nalgas y lo hacía resbalar arriba y abajo de la zanja, me retiraba soltándolo y me acercaba de nuevo justo atrapando su capullo e introduciéndolo un poco. Era un juego delicioso y excitante. Al mismo tiempo, yo empecé mi ritual de gemidos y griticos como respondiendo a sus propios movimientos, cuando atrapaba su cabeza me la metía un poco y en cada empujón de tripas que me deba, yo gemía como una perra en celo, empujaba su fierro de carne y me introducía unos cm., más, y yo gemía más fuerte diciéndole -Ayssh, papi, así, méteme tu rica vergota, Aysh, la tienes enorme, destrózame el culo-, y yo daba más grititos de placer, pero grititos de putita al fin.

    Él se animaba más hasta que me la introdujo toda en el recto, me resbaló sin dificultad pues mi ano estaba dilatado por tantas vergas, ya que en esa época me cogían varios machos cada día, yo vivía casi siempre ensartada, mi culito estaba hinchado y me dolía un poco cuando no estaba follando, pero ya saben las mariconas como yo, la medicina era darme de sentones en un miembro y entre más grueso y grande, más sentía un gran alivio, cuando se vaciaban en mi interior lo sentía refrescado.

    Este señor me cogió y me recogió como unos 20 minutos con una creciente fuerza, aumentando su ritmo, su pito me enviaba al cielo y me hacía gozar como una loca piruja, mi ano hinchado se apretaba alrededor de su tronco y su cabeza me llegaba hasta muy adentro, abriéndome todo el interior de la cola. No quería que terminara, quería que me cogiera por el resto de la eternidad. Que me perforara el ano y me lo dejara más dilatado. Finalmente, explotó varios chorros de semen tibio en mi entresijo y mi deseo descansó momentáneamente. Pero pronto encontraría otros hombres que me hicieran muy feliz. Amo ser transexual y que me claven el pito. ¡Bye, chicos!

  • Mi año sabático (3 – final)

    Mi año sabático (3 – final)

    Después de esa maravillosa noche y del maravilloso sexo en la ducha con mi amiga Rebeca, mi vida en el pueblo playero cambió completamente. Bueno, no completamente. Nuestra rutina seguía siendo muy parecida, con nuestro día a día y las clases de baile. Lo que se cambió fue nuestra vida sexual. Nuestra rutina comúnmente era interrumpía por asombrosas y cachondas sesiones de sexo. Lo hacíamos casi todos los días. En algunas ocasiones, varias veces al día. Rebeca resultó ser una amante insaciable. Cuando aceptó la nueva dinámica de nuestra relación, fue la que más la disfrutó. Por así decirlo.

    En nuestro día a día, nuestra relación volvió a ser la de antes. Con todo incluido. Las bromas, los chistes, los regaños, e incluso las peleas ocasionales. Pero de cuando en cuando, todo eso se veía interrumpido por un arrebato de lujuria. En esos momentos, Rebeca, paraba lo que fuera que estuviésemos haciendo y se abalanzaba sobre mi como una fiera. Como una hembra en celo cuyo instinto la obligaba a copular en ese momento, o si no, su cordura se perdería.

    Otra veces era yo quien tenía la libido en el techo, y cumpliendo mi promesa, la tomaba casi por la fuerza y la utilizaba. Como si mi amiga dejara de existir y su cuerpo le perteneciera a una zorra, cuya única función fuera mi desahogo sexual.

    Nuestra paradisíaca cabaña playera, se convirtió en una habitación de motel extra large. Cogíamos, en todas partes. El sillón, nuestras camas, y la ducha, solo eran los lugares más recurrentes. Pero para cuando se cumplía un mes de nuestro trato, no había un metro cuadrado de nuestra vivienda, que no haya sido escenario de nuestra película porno privada.

    Hubo una vez que Rebeca, tuvo un calentón, mientras yo me encontraba preparando el almuerzo. Todo terminó con ella dándome una mamada mientras mecía la salsa de tomate para que no se pegara. Otra tarde, mientras hacíamos la limpieza. Me excité muchísimo al ver a mi amiga inclinada ordenando unas revistas sobre una mesita. En ese mismo momento, bajé el short suelto que llevaba y la penetre por atrás, con ella aun tratando de recuperar el equilibrio apoyándose contra la pared.

    Mi cogida favorita fue después de una clase. Teníamos un grupo nuevo de turistas que nos habían pagado una semana de clases de salsa sensual. Esa noche, les estábamos enseñando una figura simple en la que después de un giro la pareja termine muy junta. Mientras bailábamos, era evidente como Rebeca y yo nos íbamos calentando. A tal punto que, cuando el último de los turistas se fue, no perdimos tiempo y lo hicimos en el piso del salón que a veces hacía de sala de clases. Esa noche me corrí como un geiser dentro de Rebeca mientras ella me montaba.

    Más o menos esa fue nuestra vida. Puedo asegurar que nunca había tenido tanto sexo como en esos meses. Y aun así había algo que me volvía loco. No me podía sacar de la cabeza, aquella noche en la ducha, cuando Rebeca al fin se había entregado a mi por completo, y la tenía contra la pared, dándome la espalda. Acariciaba su sexo, abriendo sus nalgas. Desde el clítoris hasta el ano. Y cuando me abrí paso con el dedo por ese estrecho agujero, ella no se había negado. Todo lo contrario, se había entregado más y me había pedido que la penetrara. Pero yo me negué, puesto que no tenía experiencia en ese campo.

    Después de eso no habíamos vuelto a hablar del tema. Cogimos de todas las formas imaginables. Pero nunca más mencionamos el sexo anal. Pero era un tesoro que deseaba. Y lo conseguiría. Algo así como unos 2 meses después de la noche de la ducha.

    Era una mañana de domingo. Ese día no teníamos mucho que hacer por lo que yo me la había pasado en el sofá revisando mi celular. Rebeca se había levantado como todos los días y casi sin mediar palabra, se metió en la ducha. Al salir la vi medio desnuda, mientras caminaba unicamente cubierta por la toalla, y dejando una estela de vapor a su paso. Se me ocurrió que una buena forma de comenzar ese día sería con un buen polvo. Así que me levanté y fue tras ella. Al abrir la puerta de la habitación la encontré terminando de ponerse unas bragas de color celeste. Por lo demás estaba completamente desnuda. Durante unos segundos me quedé embobado por la visión. Tal vez era mi imaginación. Pero tenía la impresión que desde que empezamos a coger, Rebeca se veía cada vez mejor. Como si sus curvas se acentuaran y su piel se hiciera más brillante. Además me encantaba como se veía con el cabello mojado. Me recordaba a la noche que se entregó a mí en la ducha.

    Rebeca: Tenía la impresión que vendrías. -dijo, interrumpiendo mis pensamientos.

    Yo: enserió. Y se puede saber por qué? -Respondí

    Rebeca: Después de este tiempo ya no puedes ocultar tus intenciones. Pude ver tu erección desde la puerta del baño. Y eso que solo me viste en toalla.

    Yo: imagínate como la tengo ahora

    Rebeca: No necesito hacerlo. El pequeño Mati está queriendo salir a saludar.

    Yo: El gran Mati, querrás decir. -dije fingiendo indignación

    Rebeca: mmm. no creo que le queda mejor pequeño Mati. -Respondió entre risitas

    Yo: Pues eso no fue lo que decías a noche. Como era? «cógeme con esa vergota» creo que eso fue lo que dijiste. Aunque puedo confirmarlo con los vecinos, porque con lo fuerte que lo gemiste, estoy seguro que ellos nos pueden sacar de la duda.

    Rebeca: Por que mejor no vienes y me lo demuestras otra vez, pendejo. – dijo finalizando la conversación.

    Yo no perdí tiempo en responder nada más. me acerté a ella y la tomé por la cintura para besarla. Ella me rodeo el cuello con sus brazos y respondió mi beso, de una forma sensual y apasionada. La única forma que Rebeca conocía.

    Si algo debo admitir de mi amiga es que en lo que respecta al sexo y los placeres carnales, no hace las cosas a medias. En esos meses nunca me dio un beso desabrido, o una mamada sin ganas, menos aún un mal polvo. Ella lo daba todo. Con cada beso te hacía sentir el último hombre sobre la tierra, sus mamadas se sentían como si quisiera extraerte ambrosía a través del pito. Y cuando te cogía, se entregaba en cuerpo y alma. Fuera ella, o no quien comenzaba el acto.

    Sin mayor ceremonia, mientras nos besábamos la fui con diciendo hacia su cama. Al llegar, de manera brusca la empujé sobre ella, y me abalancé. No sin antes detenerme a ver por un momento a la escultura de mujer que tenía frente a mi. Completamente desnuda excepto por las bragas, y su cabello aun húmedo esparcido por la cama.

    Me arrojé sobre ella como una bestia. Sin control alguno. Con hábiles movimientos libere mi pene de la Bermuda que llevaba. Y mientras que con una mano hacía a un lado las bragas celestes de mi amiga, con la otra dirigía cual dardo mi poderosa erección hacía los carnosos labios inferiores de Rebeca. Me llevé una sorpresa al sentir que en cuanto mi pene toco la entrada de su vagina, se deslizó con completa facilidad hasta su interior. Sin parar hasta tocar el fondo de su útero. El interior de Rebeca estaba aún mas húmedo que su cabello.

    Yo: Eh, pendeja, al parecer no era el único que estaba antojado.

    Rebeca: Cállate y cógeme

    Yo: No, hasta que lo digas – trataba de sonar como si tuviera el control, pero la verdad era que estando dentro de ella, cada vez era mas difícil mantenerme quieto.

    Rebeca: Qué quieres que te diga? – al ver que yo no comenzaba con el bombeo, Ella trataba de mover sus cadera arriba y abajo emulando el movimiento sexual, pero yo tenía todo mi peso sobre ella, y era muy difícil.

    Yo: Ya lo sabes.

    Rebeca: Mierda! está bien. Si, chucha, si. Yo también me muero de ganas de que me cojas cada vez que te ve…

    No dejé que terminara la frase. Fue suficiente para mi. Comencé a embestirla con toda la fuerza y brusquedad que mi cuerpo me permitió. Mi verga entraba y salía de su interior como el pistón de un motor bien engrasado. El sonido de sus gemidos eran acallados por el chocar de nuestras caderas y el ruido húmedo que provocaba.

    Rebeca: Si!, mierda, Siii!

    Escucharla gemir era una delicia para mi. El saber que lo gozaba tanto, o mas, que yo me excitaba aún más. La inmovilice tomando sus muñecas y presionándolas contra el colchón. Mientras que la penetraba fuertemente. Lo que hacíamos, no era romántico, ni cariñoso. Era sucio, violento y agresivo. Pero era como nos gustaba.

    Rebeca: No pares. Cógeme! Cógeme!

    Sentía como los jugos vaginales de Rebeca se escurrían con cada penetración.

    En esa ocasión no cambiamos de posición. La tome así durante un buen rato hasta que sentí que estaba a punto de venirme. Entonces saque mi verga y descargue chorros de espeso y blanco semen sobre todo su abdomen y pelvis. No era necesario, ya que Rebeca tomaba anticonceptivos. Lo sabía desde la primera vez que lo hicimos. Pero Había algo muy excitante en correrme sobre ella. Manchándola con mi esperma. Era, de alguna manera, una forma de demostrar que la poseía. Que dijera lo que dijera. O pensara lo que pensara. Ella era mi perra.

    Y ella lo sabía porque después de descargarme, se quedó por un momento como estaba. Sudada, pegajosa y semidesnuda. Acostada sobre la cama. Y mientras la veía, con los dedos de su mano izquierda todo un poco del semen que había en su bajo vientre y se lo llevó a la boca. No sé como explicarlo, pero hay algo tremendamente sensual en ver a una mujer saborear tu semen.

    Yo: Te gusta?

    Rebeca: Sabes que si. Me encanta tu leche

    .

    Al escuchar eso solté una risita tonta

    Rebeca: Qué?

    Yo: No dijiste que te gusta «la leche». Dijiste que te gusta «mi leche».

    Rebeca: Es lo mismo

    Yo. No, no lo es. Hay una gran diferencia entre «la leche» y «mi leche»

    Rebeca: Okay… Tu ganas. Debo admitir que, a pesar de mis dudas, a la final todo esto ha ido muy bien.

    Yo: Todo esto?

    Rebeca: Ya sabes. Tu… y yo… Cogiendo. Resultó mejor de lo que esperaba.

    Yo: Creías que no lo sabía hacer tan bien?

    Rebeca: No es eso. He hablado con algunas de tus exs. Y sabía que lo hacías bien. Pero creí que sería raro. En serio nunca te había visto de una forma sexual hasta la primera noche que lo hicimos.

    Yo: Entiendo. Me pasaba lo mismo. Creía que hacerlo contigo sería como hacerlo con mi tía Marta.

    Rebeca: Gracias por compararme con tu tía más vieja

    Yo: Sabes lo que quise decir.

    Rebeca: Y ahora? Me sigues viendo como tu tía Marta?

    Yo: Para nada. A mi tía Marta jamás le hubiera hecho lo que te acabo de hacer… Hubiera sido algo más cariñoso.

    Rebeca: Idiota – dijo riendo mientras me lanzaba una almohada a la cabeza

    Durante ese tiempo Rebeca se había quitado las bragas para limpiarse el resto de mi esperma con ellas. Quedando desnuda frente a mi. No podía apartar la vista. Incluso después del tiempo que llevábamos acostándonos, su cuerpo tenía un efecto Hipnótico. No era un cuerpo voluptuoso, ni extremadamente tonificado. Incluso en ciertos lugares tenía sus «llantitas» Pero era un cuerpo sensual. Sus senos, sus nalgas, sus piernas. Era un cuerpo que al verlo solo te incitaba al sexo y nada más. Y mi pene empezó a reaccionar a eso otra vez.

    Rebeca: Parece que no tuviste suficiente. Y me alegra porque yo tampoco

    Antes de que pudiera decir nada, mi amiga se acercó a mi tomando mi pene a media erección con la mano. Acercó sus labios a la punta de mi glande y comenzó a lamerla. La boca de Rebeca era una delicia. Sus mamadas eran suaves, sensuales y metódicas. Cuando chupaba un pene, lo hacía a conciencia, sin dejar un solo milímetro de piel sin lamer, besar o succionar. Sabía el momento y ritmo adecuado siempre. Y manejaba un amplio arsenal de trucos, Desde los suaves besos en la punta del pene, hasta la salvaje garganta profunda. Y aunque no hacía contacto visual todo el tiempo, cuando lo hacía, su mirada era de vicio puro.

    Durante uno de esos momentos en que nuestras miradas se cruzaron, mi amiga paro la mamada, pero no dejo de masturbarme.

    Rebeca: Que pasa? no te gusta como lo estoy haciendo?

    Yo: Sabes que lo haces increíble

    Rebeca: Gracias. Siempre me he enorgullecido de ser una gran mamadora. Entonces, que pasa?

    Yo: Reb. te quiero coger el culo – lo dije directo, sin rodeos

    Ella paró en seco el sube y baja de su mano. Por un momento nos quedamos petrificados, viéndonos a los ojos. Su mirada era inquisitiva, como si tratara de adivinar era enserio o una broma.

    Yo: Pero necesito que me enseñes – continué. Avergonzado desvié la mirada hacia un lado – Pero necesito que me enseñes. Como te dije, no tengo much…

    Como ya era costumbre, Rebeca no me dejó terminar. Había soltado mi falo y con sus dedos me sostuvo la barbilla. Tenía su cara casi pegada a la mía y me miraba profundamente. De la nada, me beso. Igual que tantas veces antes en todo el tiempo que lavábamos cogiendo, pero al mismo tiempo, muy diferente. Era la primera vez que me besaba con más cariño que pasión. O eso me pareció. Cuando terminamos de besarnos le pregunté.

    Yo: ¿Qué fue eso?

    Rebeca: Tú me puedes hacer todo Mateo. Lo que tú quieras. Si quieres mi culo, te lo voy a dar.

    Sin decir media palabra mas. Se levantó dejándome en su cama. Acostado, desnudo y con cara de idiota, sin saber que había sucedido. Rodeo la cama y abrió el cajón de la mesita de noche. Del interior extrajo una botellita translucida con un líquido transparente. Lubricante.

    Yo: Estabas preparada…

    Rebeca: Pues si. Desde esa noche que lo hicimos en el baño. Me excitó muchísimo que quisieras hacerme la cola. Así que quería estar lista para cuando te decidieras.

    Me tendió la mano. Cuando se la tomé, me halo para que me incorporara. Nuevamente quedamos frente con frente, con nuestros cuerpos desnudos pegados. Nos besamos con una mezcla de lujuria y pasión renovadas. Cuando se separó de nuestro beso, mi amiga se subió a la cama, arrodillada. Cuando apoyo las manos, levantó su exquisito trasero apuntándolo hacia mi en una pose felina. No dijo ni una palabra. No era necesario. Sus ojos lo decían todo. acerqué mis rostro a sus nalgas, Hundiendo mi nariz en los pliegues de su carne. Disfruté de su olor a sexo y hembra, antes de pasar mi lengua en un amplio recorrido desde su vagina hasta el borde superior de su ano. Rodee la entrada con mi lengua esparciendo la sustancia húmeda que quedaba de nuestro anterior encuentro. Podía escuchar como la respiración de Rebeca se agitaba con cada lengüetazo. Sentía como mi barbilla se humedecía con el nuevo flujo de excitación que emanaba de su interior.

    Rebeca: Ya no aguando – dijo en voz suplicante – házmelo ya!

    Yo: Quedamos que esta vez me guiarías tu – dije sacando mi cara de sus nalgas.

    Mi amiga, y ahora amante, me alcanzó la botella que aún tenía en la mano.

    Rebeca: Esparce esto en todo mi ano. Usa bastante.

    Tomé el frasco lo destape. y poco a poco comencé a derramar el líquido espeso. Estaba nervioso y me temblaban un poco las manos, por lo que algo del líquido cayó en sus nalgas.

    Rebeca: Sin miedo hecha más – su voy mostraba entre premura y calentura – Con tus dedos espárcelo por todo el contorno y también en el interior.

    siguiendo sus indicaciones tome mi dedo medio y fui rodeando la entrada de su culo. Acariciando cada estría de piel que formaba los bordes del agujero. Cuando lo sentí bien lubricado, Con mi dedo fui reuniendo el exceso de líquido que quedaba en toda su zona y lo acumulé en orificio abierto. Entonces introduje mi dedo, primero la punta, poco mas que la yema. y luego un poco más hasta llegar a la primera falange. Un gemido se le escapó a Rebeca en ese punto.

    Yo: Estás bien? te hice daño?

    Rebeca: No, Estoy bien, Sigue, sigue por favor – dijo, apenas controlando sus gemidos – Mételo más, y después otro dedo más

    Nunca había escuchado a mi amiga hablar con esa voz. Con voz de perra en celo. Continué introduciendo mi dedo como me lo pedía. En un movimiento de entra y sale. Pero por cada centímetro que retrocedía, avanzaba tres. Y cada uno era acompañado con otro gemido de Rebeca. Cuando todo mi dedo estaba dentro. lo extraje completamente y de un solo empujón lo volví a introducir, pero esta vez acompañado por mi dedo indice. Eso la sorprendió y soltó un largo grito entre dolor y gusto. Pero esta vez no paré ni le dije nada. Me gustaba la sensación que me dada todo esto. No lo pude controlar y mientras continuaba con la estimulación con mis dedos en su culo, tomé mi verga, que volvía a estar tiesa como el acero y penetré su encharcada vagina.

    Rebeca: oooh!! – el grito de gusto por la doble penetración de sus agujeros llenó toda su habitación.

    Mi amiga se derrumbó sobre la cama, dejando su culo en pompa, completamente a mi disposición. Quise seguir penetrando su concha, pero con una fuerza que creía inexistente me detuvo.

    Rebeca: No, por ahí no. Lo quiero en mi culo, ya. – lo dijo de una forma que estaba a medio camino entre la orden y el ruego.

    No me puede resistir. Saque mi verga de su húmeda vagina y con mi mano dirigí la punta de mi pene a la entrada de su dilatado ano. Estaba rojo y brillante por el lubricante. Apoyé mi glande en su orificio y poco a poco fu introduciéndome en ella, a través de un camino nuevo para mi. Un gemido bestial y delicioso me avisó que la punta de mi verga había entrado por completo. Me detuve un momento para saborearlo. Para sentir la exquisita presión de su ano sobre mi glande. Escuchaba la respiración de mi amiga, agitada y entrecortada.

    Fue Rebeca que reanudó mi trabajo. Inesperadamente, comenzó a presionar sus nalgas contra mi, haciendo que mi verga penetrara aún mas en su interior. Antes de darme cuenta, tenía ya la mitad de mi miembro dentro de su culo. Fue entonces cuando el ansia animal volvió y de un solo empujón terminé de introducir mi verga. Rebeca pegó ahora si un grito de dolor. Pero al contrario de asustarme, eso me excitó más.

    Presionando su cabeza contra el colchón con mi mano, inicie un frenético movimiento de bombeo. Sentía como su estrecho culo se iba abriendo con la entrada y salida de mi pene. El sonido de aplauso que hacían sus nalgas al chocar con mi pelvis aumentaba la velocidad en cada minuto. Sus quejas de dolor eran remplazadas por gemidos cada vez más claros.

    La sensación de mi verga en su ano, era algo absolutamente nuevo y diferente a lo que había sentido antes. Era estrecho y rugoso. Áspero incluso con el lubricante. Cada vez que la penetraba, sentía como sus nalgas se tensaban y su ano se se cerraba alrededor de mi pene. Era una sensación deliciosa. Y a eso se le sumaba lo excitante que era tener a mi amiga con el culo en pompa, gimiendo y gritando.

    Rebeca: Me vas a partir en dos cabron!!! – gritaba, pero sin el menor ademan de parar – Siento como se mueve dentro de mí!!!

    mo de las penetraciones. Fue aumentado. Al igual que nuestros gemidos. Era imposible para mí controlarme. Sentía como el agujero de mi amiga se iba ensanchando.

    Yo: este culo es mío Reb! – le dije inesperadamente. Agarrando fuerte sus nalgas para demostrar la posición – puede que el resto de ti se lo des a alguien más. Pero este culo de ahora en adelante es mío.

    Supe de inmediato que mi actitud posesiva la excitaba. Porque liberó una de sus manos como pudo, y empezó a masturbarse con ella furiosamente.

    Rebeca: Mateo!!! Me voy a correr! me corro! me cooorrooo!

    Con una fuerza que nunca hubiera esperado de ella, me empujó, sacándome de su interior. Para luego, desplomarse sobre las sábanas como una muñeca de trapo. Vi como empezaba a convulsionar. Esta vez no temblaba. Convulsionaba como una posesa. Trataba de hundir la cara en el colchón para ahogar sus gemidos. Pero el resto de su cuerpo vibraba, se doblaba y movía sin su control. Pude notar el gran flujo de líquido que salía de su interior, a pesar de que se tapaba la vagina con una de sus manos, porque la cama bajo ella estaba empapada. Igual que la de una niña que se había orinado durante la noche.

    Nunca la había visto correrse de esa manera. Durante todo este tiempo que llevábamos cogiendo, había tenido orgasmos intensos. Pero ninguno comparado con esto. Cuando terminó. Se quedó acostada en una posición poco natural. Entre fetal y relajada. La parte de su pecho que estaba apoyada en la cama, subía y bajaba. Al igual que su vientre que se hinchaba y vaciaba al ritmo de sus profundas respiraciones. Su cabello, húmedo, ahora no solo por la ducha sino también por su sudor, se pegaba y apelmazaba sobre su rostro y hombros. Y sus nalgas, y entre las piernas eran un desastre de fluidos.

    Yo la contemplaba, más excitado que nunca. Tenerla así. En ese estado de excitación, y sumisión. Era delicioso. Creo que nunca había tenido tantas cagas de tener sexo con nadie. Era una mezcla de sensaciones confusa e inquietante. Distinguía la lujuria, la excitación, el éxtasis. Pero también había rabia, odio, agresión. Sentía que quería matarla con mi verga. Meter mi falo por todos sus agujeros y cogérmela de tal manera que su cuerpo quedará inservible.

    Me acerque, sopesando la idea de aprovechar su estado de vulnerabilidad, para utilizar su cuerpo como me plazca. Rodeaba la cama viéndola fijamente. Y siempre apuntando mi palpitante pene hacia ella. Entonces fue cuando una mano rápida como un borrón en el aire, agarro mi pene, firmemente. Apretaba tanto que me dolía. Cuando quise soltarla, pude ver la mirada de Rebeca bajo el pegoste de cabello en su rostro. Y en su mirada vi lo mismo que sentía yo. Solo que ella se encontraba agotada, y esa incapacidad la enojaba más. Empezó a masturbarme. Su mano, mantenía el agarre fuerte, pero con todo el lubricante, sus fluidos y mi propio líquido preseminal. Su mano resbalaba de fila deliciosa.

    No sé cuánto dure. Solo sé que esa ha sido la mejor paja de toda mi vida. El movimiento furioso de su mano, junto a la imagen extasiante de esa chica rendida por el sexo. Era una combinación increíble. Cuando me corrí. Lo hice de forma apoteósica. Mis huevos soltaron tanta leche como para llenar el vaso de desayuno. Mi semen salió disparado por todas partes, incontrolable. Cayó sobre la cama, sobre la espalda, hombros, brazo, cuello, cabello y cara de Rebeca. Sin mencionar su mano, que quedó toda embarrada, como si hubiera querido agarrar yogurt con ella.

    Al terminar, me se te junto a ella, en esa cama, que seguramente quedaría inservible por la cantidad de fluidos que derramamos sobre ella. Acaricié a Rebeca por todas las partes de cuerpo que tenía a mi alcance. Su espalda, sus hombros, su cuello y nuca, sus habría, su espalda baja. Esparcía mi semen por todo su cuerpo como si fuera una crema. Con cuidado, para que no hubiera ni un solo centímetro que no tuviera mi esencia. Lo hacía con ternura. Toda la lujuria, y la rabia que sentía hace un momento se había disipado. Ahora solo quedaba cariño por mi amiga.

    Rebeca: necesito otro baño – su voz era entrecortada, como de alguien que se acabará de levantar.

    Yo: aunque me encanta verte llena de mi leche, creo que sí – dije alegremente – y también una cama nueva, está quedó inundada. Y no creo que sea fácil limpiarla

    Rebeca: puedo dormir contigo hoy?

    Yo: Dormir? – dije riéndome – eso es muy de parejas, no? Si vas. Mi cama ni hubo va a dormir

    Pero esa noche si dormimos. Pero también cogimos. A lo largo de la noche alguno de los dos se despertaba y teníamos una nueva sesión de sexo. A veces intenso, otras lento y suave. Hicimos todo y por todos lados, ahora que tenía acceso total a su cuerpo, podía elegir en que agujero o quería hacerlo cada vez. Y después de cada sesión, nos volvíamos a dormir, para un poco después despertar y repetir.

    Viví junto a Rebeca en la costa durante algo más de un año. Y gran parte de ese tiempo ambos fuimos amantes. El sexo que tuve con ella, fue increíble y diferente a todo el que había tenido y fuera a tener el resto de mi vida. Y estoy seguro que lo mismo pasó con ella. Aun así nunca llegamos a ser pareja. Teníamos un trato no verbal de exclusividad, sobre todo para que la pudiera coger a pelo sin riesgo a contagiarnos de nada. Pero nunca fuimos una pareja formal. Seguíamos siendo amigos, camaradas, colegas. Y lo seguimos siendo.

    Cuando me ofrecieron un increíble trabajo en la ciudad. Tuve que regresar. A pesar de todo lo bueno de la vida en la costa, sobre todo el sexo con Reb. Era una oportunidad increíble, que no podía evitar. El día antes de irme Rebeca me despidió de forma inolvidable. Fornicamos todo el día. Para ese momento ambos sabíamos muy bien lo que le gustaba al otro, y lo que lo volvía loco. Ella se aprovechó de eso para tentarme a quedar. Cogimos hasta que nuestros cuerpos nos dijeron que era suficiente. Hasta que mi verga palpitaba y mis testículos dolían. La vagina y el culo de Rebeca quedaron tan rojos como la bandera de china. Y sus pezones se partieron y cortaron por mis mordidas.

    Regresé a visitarla un par de veces y en todas ellas cogimos, con condón está vez, pues sin mi ahí, Rebeca se dedicó a chaparse a todos los hombres de la localidad. Pero hubo una vez que no cogimos. Cómo dos años después de que regresará a la ciudad. La hija de Rebeca fue a vivir con ella unos meses. Con ella ahí fue difícil encontrar un momento para nosotros. Y por las noches era imposible pues sabíamos que en la forma que lo hacíamos, su hija no solo nos escucharía sino que sería realmente incómodo.

    Lo que Rebeca no sabía era que su hija era igual que ella solo que con la batería extra y la calentura que da la juventud. En ese viaje lo comprobé…

    Pero esa historia es para otra ocasión.

    Muchas gracias por leer. Se que me he demorado muuuucho en terminar el relato, pero estoy comenzando y es súper complicado encontrar el mood para escribir este tipo de historias. Espero que les guste y recibo con agrado cualquier recomendación o sugerencia.

  • Follé a mi madre sin que se diera cuenta

    Follé a mi madre sin que se diera cuenta

    Para ponerlos en contexto con la historia, les contaré primero como es mi familia.

    Mi madre tiene 45 años, mide 170 centímetros, su cuerpo parece el de una mujer de 20, ella se cuida bastante, hace yoga, come muy saludable y aunque no va al gym, ella sale todas las mañanas a trotar. Su torso es lo mas atractivo de ella, ya que es bastante marcado y tiene unas caderas muy pronunciadas, sus tetas son grandes y firmes, su culo es carnoso y parado, tiene unas piernas hermosas, mi madre es la envidia de todo el vecindario. Ella es una ama de casa típica.

    Luego está mi padre, policía de 50 años, mide 185 centímetros y también se cuida su físico bastante, el casi no mantiene en casa ya que a veces le toca quedarse semanas prestando servicio.

    Por ultimo estoy yo, un chico de 18 años, y como ya suponen, toda mi familia es muy atlética y alta, no me podía quedar atrás, mido 180 centímetros, hago bastante ejercicio así que considero que tengo muy buen cuerpo, soy bastante cuidadoso con mi apariencia física, trato de mantenerme lo mejor posible.

    Me gusta salir con mis amigos, ir al gym y estudio mucho ya que quiero ser un gran profesional.

    Ahora mismo en vacaciones la paso en casa con mi madre, la acompaño al supermercado, le ayudo a ordenar la casa, y luego voy a mi habitación a jugar videojuegos, aprovechando mis vacaciones.

    Un martes y como costumbre mía, me levanté bastante temprano, me di una ducha rápida y bajé a desayunar con mi madre, luego le ayudé con los oficios de la casa, y al terminar subí a mi habitación para jugar videojuegos.

    Mientras estaba jugando, escuché que tocaron la puerta varias veces, nadie abrió, me dispuse a bajar para ver quien era, justo antes de llegar a la puerta, mamá salió y me dijo que era un pedido de ella, así que dejé que ella lo recibiera.

    Volvía mi habitación y escuché que mamá también entró a su habitación.

    Me pareció muy raro que ella entrara a su habitación en el día, ya que nunca lo hace.

    No le tome mayor importancia así que seguí jugando videojuegos.

    En la noche salimos a cenar todos en familia, hablamos un rato de temas sin importancia, entre tantos temas y tanto hablar, mi madre con vos un tanto picarona, le dijo a mi padre.

    – amor, ya llegó el pedido que encargaste

    Él le respondió con una mirada coqueta.

    Me pareció muy extraña sus miradas, sabía que algo había en ese paquete.

    Al llegar a casa yo le dije a mis padres que iba a salir con mis amigos al cine, así que llegaba tarde.

    Ellos se miraron de nuevo de esa forma picarona.

    Yo la verdad no iba a salir con mis amigos, solo les dije eso para que pensaran que tenían toda la noche solos en casa, y así yo pudiera ver que era lo que iban a hacer con ese paquete.

    Me fui un rato al parque para que ellos pensaran que estaban completamente solos y nadie los iba a molestar.

    Al rato volví a casa, abrí la puerta sigilosamente para que no me escucharan, toda la casa estaba a oscuras, así que subí las escaleras y puede ver que la puerta de la habitación de mis padres estaba entre abierta.

    Cuidadosamente miré sin que me escucharan o vieran, la habitación estaba medio oscura y con una luz roja tenue, me acerqué un poco mas a la puerta y lo que vi me dejó petrificado, mi madre estaba usando una lencería.

    Uff no podía creer que mi madre que nunca vestía ni con un escote, ni faldas cortas, estuviera usando esa lencería.

    Acerqué un poco mas mi cabeza a la puerta para ver al con detalle esas prendas que dejaban ver su culo completamente, esas medias veladas y sus tetas cubiertas con una delgada tela que dejaba ver un poco sus pezones gruesos y erectos.

    Insisto, no podía creer lo que estaba viendo, ella estaba al lado de mi padre que estaba con unas esposas amarrado a la cama, mi madre lo estaba dominando, lo tenía a su merced.

    De fondo se escuchaba una música tenue y relajante, mi madre tomó una vela encendida y le echó su parafina en el pecho de mi padre, se podía ver como los dos disfrutaban y se excitaban.

    Mi madre se acercó a la entrepierna de mi padre y empezó a hacerle una mamada, yo tenía el culo de mi madre abierto viendo hacia mis ojos.

    Yo estaba demasiado excitado, pero no soporté ver mas a mi madre así, yo nunca había sentido ninguna atracción sexual hacia ella.

    Me sentía mal por lo que estaba sintiendo, así que me aparté de la puerta, tome un respiro y volví a salir de casa sin que me notaran.

    Llamé a mis amigos para reunirnos en el centro comercial y ver alguna película, quería distraerme y olvidar lo que había presenciado en casa.

    Pasarón las horas y volví a casa prácticamente estaba amaneciendo, abrí la puerta y subí las escaleras, vi que la habitación de mis padres ya estaba cerrada, así que entré a mi habitación y me acosté en mi cama.

    No podía dormir, hacía sino pensar en el culazo de mi madre, mi cabeza daba vueltas.

    Pensaba solo en ese cuerpazo y las cosas que le haría si lo tuviera frente mío, estaba obsesionado con el cuerpo de mi madre.

    Pensando en ella, caí dormido, cuando desperté bajé a la cocina y estaban mi madre desayunando.

    – hola hijo cómo amaneciste.

    Mi madre estaba hermosa, tenía su pijama, que no dejaba ver ese cuerpazo que vi ayer.

    -Hola mamá, cómo amaneciste? Si descansaste?

    Le pregunte en un tono sarcástico ya que sabía lo que había hecho con mi padre esa noche.

    Ella titubeó un poco se sonrojó y me dijo.

    – claro hijo, me acosté apenas saliste ya que estaba muy cansada.

    Me senté a desayunar con ella y le dije que si me daba permiso para irme unos días a la casa en la playa de un amigo.

    – claro hijo, tu ve y disfruta las vacaciones con tus amigos.

    Perfecto, obviamente tampoco tenía esa salida con mis amigos, lo hice solo para que ella pensara que estaría días sola con mi padre, y así poder hacer lo que quisieran, sin límites.

    -Gracias mamá, la verdad me ilusiona salir con mis amigos, voy a ir a mi habitación para empacar la maleta y salir.

    Subí a mi habitación pero no entré, me fui a la habitación de mis padres y vi todos los accesorios que tenían, desde dildos extraños hasta látigos tenían.

    Mi intención de entrar a la habitación de mis padres era porque ya tenía un plan para poder tener solo para mi ese cuerpazo de mamá.

    Mi padre, todos los días toma unas pastillas que le recetó el doctor para calmarse, ya que su trabajo es demasiado estresante y agotador.

    Cambié las pastillas por unas que hacen dormir unas 8 horas profundamente, solo con una dosis.

    Mi padre se tomaba 3 pastillas de ese tarro, así que con 3 pastillas para dormir, quedaría como si estuviera en coma.

    Además puse una cámara espía, para saber en qué momento llegar a la habitación y que mi madre no sospeche que mi padre de esté durmiendo.

    Me despedí de mi madre y salí a un hotel. Esperé a que anocheciera y que mi padre llegara a casa y comenzarán su show sexual.

    Prendí la cámara espía y podía ver todo desde mi celular.

    Luego de esperar unos minutos, mis padres entraron a la habitación, se comenzaron a poner sus prendas eróticas y escuché que mi padre le dijo a mi madre.

    – acuéstate en la cama que hoy la que va a estar esposada eres tú, ponte estas vendas en los ojos, que te voy a hacer sentir el placer como nunca antes.

    Nada podía ir mejor, ya que con mi madre atada y con sus ojos vendados, tenía todo a mi favor.

    Mi padre sacó sus pastillas, y como lo esperaba se tomó 3 de golpe, ató a mi madre y le puso las vendas en los ojos, empezó a masajearla y a masturbarla, ella gemía como loca.

    Luego de unos 15 minutos las pastillas empezaron a hacerle efecto a mi padre.

    – amor voy al baño un momento que necesito tomar un poco de agua, ya vuelvo.

    -No te demores que estoy muy caliente. Dijo mamá

    Era mi momento de entrar en acción, así que fui lo mas rápido posible a mi casa.

    No me demoré mas de 5 minutos en llegar.

    Abrí rápidamente la puerta y entré a la habitación de mis padres, mi madre estaba esperando, le decía a mi padre que saliera rápido que estaba muy caliente.

    Entré al baño y vi a mi padre inconsciente.

    Todo salió perfecto, rápidamente me quité toda la ropa y fui donde mi madre, primero le sobé el cabello, luego la besé con delicadeza por todas partes.

    Ella gemía como loca.

    – amor dime palabras sucias que me excitan mucho.

    Yo obviamente no podía hablarle, así que le puse mi dedo en su boca y le di a entender que yo era el que decide que hacer.

    Ella entendió y me dijo que siguiera haciendo lo que quisiera, solo que le diera placer a mas no poder.

    Yo estaba super excitado, no podía creer que estaba besando a mi madre por todo su hermoso cuerpo.

    Bajé a su entrepierna y empecé a lamerle el coño, ella se retorcía y estaba bastante mojada.

    Luego de unos minutos lamiendo su coño, y con mi polla dura, fui directamente a su cara y le metí toda la Berga de tirón, ella ya estaba completamente sumisa, no hacia la mas mínima repulsa, al contrario lo disfrutaba como loca.

    La sacaba y metía y así seguí por unos minutos, luego saqué mi polla de su boca, volteé boca abajo a mi madre y le empecé a lamer el culo como nunca.

    Ella de retorcía y llegó al punto de tener espasmos, sabía que ese era mi momento, así que puse mi polla le abrí el culo y vi que lo tenía bastante cerrado, mi madre era virgen analmente.

    Eso me excitó como nunca, mi polla estaba a reventar, la tenía demasiado parada,

    Sabía que era la primera vez que le daban por el culo a mi madre, así que le metí un poco mi dedo pulgar en su ano, ella gritó un poco, pero de lo caliente que estaba empezó a gemir.

    Le pegué unas nalgadas y le abrí el culo, no podía creer que le iba a quitar la virginidad anal a mi propia madre.

    Le tire escupas en su culo y le puse el glande en el ano, fui lentamente hundiendo mi polla, ella gemía muy fuerte.

    – aaaah no recuerdo que tuvieras tan grande y gruesa esa polla, amor!!

    Y es que no era nada de menos, ya que mi polla mide 20 centímetros de largo y 16 centímetros de circunferencia, era una polla tipo plátano, con un poco de curvatura hacia abajo, mi tronco era el mas grueso, así que no se imaginaba lo que venía.

    Continúe metiendo el glande y cuando lo metí todo, lo volví a sacar, mi madre gemía como loca, volví a meter el glande y lo volvía a sacar, así por unos minutos, para que se abriera mas su culo.

    Saqué mi polla y de golpe esta vez si se la metí toda.

    – aaaah que rico amor que polla tan rica, aaaah

    Se la metía y sacaba duro y por unos 25 minutos estuve así,

    Ella al final tubo un orgasmo anal, se retorcía como loca y estaba ya con todo su cuerpo mojado.

    Me dijo que parara, que la dejara descansar.

    Yo no le hice caso así que le tome su pierna la puse de lado y le empecé a dar por su coño.

    Estaba super mojada, los sonidos de mi polla golpeando su culo retumbaron en toda la casa, le di por unos 40 minutos, ella ya parecía desmayada, gemía de una forma que se notaba que estaba inundada de placer.

    Sabía que no me quedaba mucho tiempo sin correrme, así que le tomé la cintura y la puse encima mío, le tomé las dos piernas y se las alcé, le estaba haciendo una posición sexual llamada full nelson, siempre había tenido ganas de follar a alguien en esa posición. Quien diría que esa fantasía se cumpliría con mi propia madre.

    Le metí la polla y le di bastante duro, ella gemía y gemía, todo su cuerpo estaba mojado y la cama también, sus fluidos me mojaban todo, estaba demasiado excitado.

    Luego de 50 minutos dándole así la volteé para que sus tetas me miraran, le chupé los pezones que tenía super erectos, y le metí la polla una vez más en su coño

    Luego de unos minutos, la puse en cuatro y le di unas fuertes nalgadas, le metí mi polla en el ano y le volví a dar por unos ,20 minutos.

    Ya no podía más, nunca antes había follado tanto tiempo, le di unas nalgadas más y otras embestidas, y me corrí como nunca.

    El semen salía por todo su culo y mojó toda la cama, ella ya estaba prácticamente desmayada, así que yo le di unas últimas nalgadas, y me fui de la habitación, me puse la ropa y salí de casa para el hotel.

    Lo mejor de todo es que había quedado grabado ese momento y podía jalármela cuando quisiera, y además podía tal vez chantajear a mis padres con ese video, y volverlos en mis esclavos jajaja.

  • Sexting con mi pareja y una confesión inesperada (II parte)

    Sexting con mi pareja y una confesión inesperada (II parte)

    Ya el otro día les he contado como practicando sexting con mi mujer terminé sorprendido y excitado al enterarme de que ella se revolcaba con otro tipo desde hace años.

    Les conté lo que ella me dijo, ahora les confesaré lo que he buscado, visto y averiguado sin que ella se entere.

    Confesión: Su celular

    Admito que desde ese día muchas cosas no son iguales. El sexo ha mejorado, cuando estoy muy caliente la siento sobre mí y le pido que me relate sus encuentros con lujo de detalles. Se mueve con ritmo, la siento mojarse como nunca y yo, pues no hago más que gozar. Sin embargo, afuera de la cama me estaba ocasionando problemas, cada vez que sonaba su teléfono, cada vez que la veía sonreír mientras contestaba un texto, todo me causaba celos que me hicieron cuestionarme sobre cómo poder manejar la situación de sus infidelidades.

    Así, un día no pude más. En cuanto ella se metió a bañar, decidí revisar su celular. Qué sorpresa me he llevado. No tenía ni diez minutos de que había recibido un video de él. No soporté la curiosidad y lo reproduje. El tipo se grabó mientras se bañaba, con el celular cuidadosamente colocado para grabar hasta el último detalle. De repente lo he reconocido y un frío recorrió mi espalda. -Era Pedro, era el tipo de las infidelidades, era el maldito Pedro. -Sentí un ardor en el estómago que no puedo explicar, pero al mismo tiempo me sorprendí con una erección rígida y fuerte.

    De repente, ver el cuerpo de Pedro, contorneado de tanto ejercicio, todo enjabonado debajo de la ducha y acariciando esa enorme verga me hizo sentir muy inseguro y celoso. Ya era obvio para mí porque mi mujer seguía cogiendo con él desde hace años. Y aunque me sentí humillado, verlo masturbarse para ella me excitó muchísimo, -fue una mezcla de emociones que tampoco puedo explicar, lo más que puedo describir es como punzadas frías en el estómago y en la verga- él se masturbaba con fuerza y yo me tocaba sobre mi pantalón imaginando a mi mujer mamar esa verga. Al verlo desnudo recordé todas las confesiones de mi esposa y de repente tenían rostro. Ahora era Pedro el que se venía en las tetas de mi mujer y luego le lamía su propia leche, ¡Maldito Pedro, el muy puto!

    Al terminar de ver ese video de menos de 5 minutos, mis sensaciones fueron tales, que me desnudé, entré al baño con mi mujer y le he metido la cogida de su vida. Le di vuelta, la incliné un poco y le di verga con furia. Luego me arrodillé y metí la cara en su culo mojado. Por último, la masturbé hasta que la hice orinar. Luego me masturbé hasta venirme en su rostro. Cuando terminé le di una cachetada y la halé del cabello con disciplina. Nunca le he dicho que revisé su celular o que ahora sé que es Pedro el tipo de sus infidelidades, pero creo que, desde ese día, en el fondo ella lo sabe, sabe que lo he descubierto. Aunque ninguno se anima a ser honesto con el otro.

    Pero ese día le di verga con ira, odio y excitación. Me niego a creer que el puto de Pedro le haya dado una revolcada como la que le he dado ese día a mi mujer. ¡Eres mía, puta!

  • Primera doble de Carmen

    Primera doble de Carmen

    Hola a todos los lectores de CuentoRelatos, soy Jonny. Para los que no han leído nuestros relatos, somos una pareja madura en los 50 iniciándose en este mundo liberal.

    Carmen es de cabello negro, corto hasta los hombros, rizado, de cintura pareja por la edad y los embarazos, con estrías, pechos grandotes 36c aún firmes y parados a pesar de la edad, culito recién estrenado por mí y reestrenando por el corneador, apetitosa todavía para algunos hombres que aún la chulean en la calle.

    Jaime nuestro corneador, tiene 15 años menos que nosotros, apiñonado delgado, simpático, con un caramelo de 16 cm, grueso, imaginativo, aguantador y muy lechudo.

    Yo soy delgado, blanco, aún con pelo con un caramelo de 15 cm, también imaginativo y caliente.

    Vivimos en el Edo. de México cerca de la CDMX.

    Precisamente por cuestión de mi calentura sexual de ver coger a mi esposa con otro, le insistí a Carmen para dejarse compartir, al principio casi me cuesta el divorcio me argumento que ya no la quería, que si no era una trampa para dejarla, en fin mil cosas, la llegada de Jaime a la oficina e n donde trabaja Carmen, y la atracción la atracción física en ambos, facilitó las cosas, se pudo convencer después de mucho tiempo, solo puso la condición de que ella escogería al candidato y la primera vez lo haría a solas con él, por supuesto, el candidato ya estaba escogido, después de algunos encuentros, abrió también la oportunidad de convencerse de estrenar el culo, el cual me había negado, y lo aceptó pienso yo que más por mí, por darle ese gusto también a Jaime nuestro corneador, con el cual sigue muy entusiasmada.

    Carmen antes fue conservadora y hasta cierta forma tímida, este viernes vi en Carmen el cambio que ha tenido, desde su forma de vestir, la forma de maquillarse, de comportarse en la cama, etc., ahora muestra un semblante distinto, está más dispuesta habla de sus gustos sexuales, de fantasías, de platicar con la confianza de no enojarme ni recriminarle, la forma y posiciones como se la coge Jaime, la diferencia que siente con su verga y la mía, dice que cada una tiene si magia sexual y que ambas la satisfacen, pero también por la juventud del corneador disfruta más las metidas de verga que Jaime le da.

    Aprovechando la plática, me dijo que este viernes quedó con Jaime para volver a hacer el trio y por primera vez tener una doble penetración, que sintió curiosidad y se le antojó pues una de sus amigas de la oficina les contó que ya lo probó y que se siente muy rico.

    Hemos convenido narrar está historia desde los dos puntos de vista, de Carmen y el mío pues cada uno tiene diferentes perspectivas.

    Por la ventaja que tienen ambos de salir a las 3 de la tarde los viernes, se nos facilita hacer planes ese día, sin que Jaime tenga problemas en su casa.

    Así que el viernes pasé por ellos a su oficina, Carmen me pidió que le llevará una bolsa con ropa que compró en la semana para la ocasión, por curiosidad la revisé y vi una minifalda tableada negra, un body de encaje rojo, con copa media para lucir sus pechos, con broche en la entrepierna para usar sin calzón o tanga y facilitar cualquier maniobra en esa zona, medias de auto ajuste color rojo, zapatillas negras con tacón del 7 para parar más la nalga.

    Esta es mi versión:

    Seguro Jaime le pidió que se vistiera así y no dudo que le pidió su parecer al comprarlas, pues al cabron igual que a mí le causa morbo cogerla sin desnudarla totalmente.

    Como esposo lo veo desde mi calentura y mi gozo qué me da verla compartir con el otro.

    Nos fuimos al bar de la vez pasada para tomar algo antes de ir al hotel, pedimos la mesa en la zona más discreta para poder platicar y acariciar a Carmen como un preámbulo de lo que recibirá en el cuarto del hotel.

    Carmen se disculpó para ir al baño a cambiar su ropa, mientras platique con Jaime sobre sus salidas con Carmen, me dice Jonny tienes una mujer extraordinaria, dispuesta al placer, ¿siempre ha sido así? Le dije que no, que a abrió su sexualidad a partir de la primera salida con él, y que él es el segundo hombre al que le abre las piernas y ahora también el culo, y me responde pues no lo puedo creer, se ha portado muy puta y creí que ya tenían experiencia, esto lo hace más excitante, como si la terminase de desvirgar, y reímos.

    Cuando regreso Carmen a la mesa la chuleamos, se veía divina con sus prendas y muy bien maquillada.

    Se sentó a un lado de Jaime y le plantó un beso en la boca metiendo su lengua y dejando que él también la metiera, y le pidió una probada de lo que le vanos a hacer, en eso llegó el mesero con las bebidas que pedimos, después de cuatro copas muy cargadas, Jaime la tomó por la cintura y se la empezó a fajar, comenzó acariciando su pierna y subiendo la mano hasta la vagina para darle una buena sobada, ella abría las piernas para facilitar aún más la maniobra, con la otra sobaba sus pechos y Carmen le daba una tremenda sobada de verga poniendo la vega de Jaime parada a todo lo que daba, Carmen se dejaba hacer y jadeaba de lo caliente que estaba, y le pedía a Jaime que le dijera ¿qué le va hacer?, Jaime le decía, que en cuanto se subieran de nuevo al carro le haría mamar su verga y le daría dedo en el camino para ir aflojando sus entradas, y Carmen le respondía con un siii, eso quiero también llena de lujuria.

    Yo viendo y oyendo tenía la verga igual que Jaime, bien parada como queriendo salir de la bragueta, solo estuvimos una hora en el bar, ni siquiera salimos a bailar, pagué la cuenta y abordamos nuevamente el auto para dirigirnos al hotel, ya nos urgía meterle la verga en sus deliciosos agujeros de Carmen, ella misma también lo pedía, diciendo ya quiero sentirlos a los dos.

    Jaime le pidió a Carmen abordar en el asiento de atrás, mientras yo el cornudo manejaba al hotel, donde le darían verga a su mujercita.

    Aparte del espejo retrovisor del auto le puse otro para ir viendo como atiende Jaime a mujer.

    Inmediatamente que subieron ajuste el espejo y partimos al matadero, Jaime acarició sus piernas a través de sus medias y llegó a su entrepierna para desabrochar y darle dedo, sintió la humedad y lubricación de Carmen pues le dijo, gran puta mira como vienes chorreando, y aprovecho para lubricar sus dedos y meter uno en la vagina y otro en el ojete, lo supe por qué Carmen le dijo con cuidado, mételo despacito me dolió un poco, sin embargo se empezó a mover como pidiendo mayor profundidad en la embestida con los dedos, yo solo veía parte pero los gemidos de ambos y lo que se decían, me prendía mucho, Carmen ya tenía los pechos fuera y Jaime mamando, sus dedos abajo hurgando profundo su intimidad, después Jaime se levantó y terminó de sacar su miembro de la bragueta para pedirle a Carmen que se la chupara como ella sabe hacerlo, todo esto me daba mucho morbo, pensar que hace poco tiempo no quería ni mencionar algo así y ahora parecía a zorra pidiendo casi suplicando le dieran verga, me pidió que apurase a llegar al hotel, tuvo varios orgasmos pues ella es multiorgásmica, Jaime le aguanto sin venirse aunque ella suplicando le pedía que se corriera en su boca,.

    Entramos al primer hotel que encontré de buena apariencia, en el garaje se compusieron un poco la ropa para pasar a la recepción.

    Jaime me dio para pagarlo mientras se la seguía manoseando, sin importarle que hubiera más personas entre ellas había dos trabajadores del hotel que no quitaban la vista de las piernas y culo de Carmen que se veían al levantar la falda con la manoseada que le daba Jaime, además de lo caliente de la manoseada ayudaron las copas que había ingerido ya que esto la desinhibe.

    Una vez asignada la habitación nos dirigimos al elevador, solo alcance a oír de alguno de los que estaban en la sala, que mujer, seguro que le van a dar un buena verguiza entre los dos cabrones.

    Los dos la abrazamos para seguir disfrutando de sus encantos y ella de las caricias que le propinamos.

    Entrando a la habitación Carmen se dirigió al baño para arreglarse y maquillarse nuevamente.

    Se dirigió al tubo para pole dance y nos deleitó con un estupendo baile erótico, arrimamos dos banquitos y Carmen nos pidió quitarnos la ropa, bailó al rededor del tubo con sus limitantes por no ser una profesional pero estuvo muy bien, nos hacía señas con su dedo como si estuviera mamando, y se movía muy sensual, se empinaba frente a nosotros mostrando las nalgas y las apretaba como si tuviera la verga dentro, poco después se acercó a nosotros y se hincó para agarra con cada mano las vergas que estaban duras y clamando atención de su boquita, nos masturbó por un momento antes de darnos una mamada alternando a cada uno.

    Yo a pesar de estarla viendo, no me la creía después de que se resistió tanto para ser compartida.

    Jaime se paró para empinarla subió la falda y abrió los broches de la entrepierna para dejar libre su panocha, apuntó con la punta de la verga y se la dejó ir, tomó sus caderas y la bombeo mientras me la chupaba a mi, volvió a tener otra serie de orgasmos intensos que la hicieron gritar de placer, seguro la escucharon en el pasillo del hotel.

    Yo ya no pude aguantar y me vine en su boca, se tragó toda mi leche, Jaime aguanto un poco más dándole duro también hasta que se vino dentro de ella inundando con un buen chorro de leche.

    Descansamos un ratito para dar tiempo a reponernos.

    Carmen aprovechó para hacer una llamada.

    Regresó para ponernos listos otra vez, inició con Jaime, le hizo otra manada de verga mientras a qué a mi me puso a limpiar su vagina con la lengua para que me tragara la leche del corneador, sabe que eso me calienta, cuando estuvimos listos lubrico el ano y nos tomó a los dos del pito y nos llevó al potro para que le hiciéramos la doble penetración, ella llevo la batuta, primero me puso a mi recostado, y de frente a mí fue clavando mi verga en la vagina, ya que la tuvo adentro se movió un poco para acomodarse, empino un poco el culo para después pedir a Jaime que ahora el se la clavara en el culo, le pidió hacerlo despacio para no lastimarla, primero ella con su mano la dirigió a su ojete para iniciar la cogida, después le pidió a Jaime que lo termine de meter con cuidado, cuando ya se la dejó ir toda hasta el fondo, se acostumbró a tener ambos miembros dentro se empezó a mover con un ritmo lento gozando cada movimiento, suspirando y gritando par de cabrones me están partiendo pero que rico se siente, yo aproveché para sacar y lamer sus tetas, atrás Jaime le

    tomaba por las caderas metiendo y sacando del culo con ritmo lento para no salirnos, Carmen no aguanto tuvo un orgasmo intenso y nos gritó, vénganse conmigo también, quiero sentir su leche caliente inundar por dentro mis dos agujeros, se vino Jaime y después yo, nos quedamos un momento largo hasta que la verga de uno y otro se pusieron flácidas, al sacarlas por las orillas salieron unos hilos de semen juntándose ambos por las piernas de Carmen, fue una experiencia increíble, nos sentamos a la orilla de la cama y estuvimos un rato acariciando nuestros cuerpos, en algún momento nuestras manos coincidían en la cuquita o bubis de Carmen ella a su vez tocaba los testículos y nos besaba en la boca en forma alternada, nos dormimos un rato y nos vestimos para salir, entregué la llave en el lobby y nos dirigimos al garaje para abordar el auto.

    Esta narración es desde el punto de vista de Carmen.

    Hola lectores, pues bien como les dije la vez anterior soy nueva narrando así que disculpen si tengo fallas en el relato.

    Pues bien como dice Jhonny esto es lo que yo viví en esta experiencia.

    Jhonny en su narrativa me hace ver muy puta, pero me preguntó el y Jaime ¿que son? si hacemos lo mismo a la hora de coger, Jhonny compartiendo a su mujercita que antes tildaba de conservadora y mojigata ¿lo llamaremos pervertido?

    Jaime engañando a su mujer y participando con nosotros, ¿lo llamaremos hipócrita?

    Por qué eso sí, ambos son calientes hasta la chingada.

    Voy a empezar desde que Jhonny nos recogió a la salida de la oficina.

    Para no despertar malos comentarios en la oficina yo me fui adelante y Jaime atrás, llegando al bar tomé la bolsa con la lencería en rojo y negro que compré para agradar a este par de cabrones, me esmeré en un maquillaje un poco mas cargado, y un día antes fui a qué me arreglaran el cabello y las uñas y me rasure la entrepierna dejando solo un mechón de pelo, si esto es verme muy puta que será cuando me maquillo para una fiesta o me rasuro para andar en bikini en la playa o en el balneario.

    Simplemente el lugar y el objetivo es diferente.

    En el bar con la calentura de lo que platiqué con mi amiga Lupe de un trío con doble penetración y como lo ha gozando y los tragos que hacen que yo pierda la cordura ya se imaginarán, así que en cuanto Jaime me empezó a dar el faje, solo me puse flojita, cooperando y participando también, cuando me tocó las piernas tuve mi primer cosquilleo de calentura sexual y ya no quise parar, así que me dejé llevar y di las facilidades para que Jaime me tocara como y dónde quisiera, de la misma forma que yo le toqué y sobe su rica verga, nos besamos con mucha pasión, así que no pudimos aguantar más y nos fuimos al hotel, en el auto Jaime y yo nos fuimos en el asiento trasero.

    Jaime me acaricio las piernas disfrutando de la textura de las medias que al igual que Jhonny los enloquece, llegó con una mano a la entrepierna, yo abrí las piernas para facilitarle la maniobra, con la otra me sobaba las nalgas, se siente delicioso, no sabes a cual caricia hacerle caso y solo aprietas tu sexo como para evitar que se escape.

    Jaime se acomodó mejor para hacer a un lado el broche y meter sus dedos para masturbarme, me pidió subir un poco la nalga para darme dedo también en el chiquito, así lo hice pero me dolió un poco, le pedí que tuviera cuidado, una vez dilatado y lubricado con mis jugos se facilitó el mete y saca de sus dedos, yo también hacia lo mío y le saque la verga para masturbar, baje las copas del body para que me diera una manada de chiches, gozando mucho, ya que es mi punto débil, poco después me empujó la cabeza para mamar verga, así que bajé a darle lo que pedía, con su mano seguía dando dedo y yo con mi boca le daba placer oral, que delicia de orgasmo tuve.

    Casi cogíamos en el asiento trasero, le pedimos a Johny que se apurarse a llegar al hotel.

    Johny veía por el espejo, la forma en que me agasajaba Jaime, y sobaba su entrepierna excitado de lo que miraba.

    Por fin Johny se metió al garaje del hotel, tardamos un poco en pasar a la recepción pues tuvimos que medio acomodar nuestras ropas.

    Jaime le dio dinero a Johnny para que pagará la habitación ya que así fue el acuerdo de compartir los gastos, aprovechamos mientras para seguir fajando en el lobby, sin importarnos que nos vieran algunas personas, sentí la mirada de algunos de ellos pero no me importó inclusive si veían mis piernas y nalgas cuando Jaime me abrazaba para besarme y subía la falda que es tan corta que con poco se veía.

    Cuando nos asignaron la habitación nos dirigimos al elevador, alcance a oír que alguno de los que estaban el lobby comento con otro, seguro le van a dar una buena cogida entre los dos, que envidia.

    Entramos a la habitación y les pedí que me dejaran pasar al baño.

    Hice mis necesidades y me lavé para que me pudieran mamar a gusto mi chochito, me acomode la lencería y volví a maquillar, vi que la habitación contaba con tubo, así que pensé en hacerles un baile erótico para hacer más memorable la ocasión.

    Vi la cara de asombro en ambos, sobre todo cuando les pedí que se desnudaran y se sentasen enfrente, puse en el celular una melodía de las que se usan para stripers y les enseñaba las tetas un momento y las volvía a cubrir, lo mismo me empinaba para mostrar las nalgas y las apretaba y aflojaba como invitándolos a penetrarlas, hacía como si estuviera mamando una verga, me acerque a ellos y tome sus miembros una con cada mano, estaban duras y palpitantes, las empecé a subir y bajar dándoles el placer de la masturbación, abrí la boca para darles una mamada alternada, poco después Jaime se levantó y me empinó, subió la falda y desabrochó el body de la entrepierna, me la dejo ir desde atrás, yo jadeaba y gritaba de placer teniendo otros orgasmos intensos y escandalosos, Johnny se vino en mi boca y me trague todo el semen que arrojaba, Jaime me siguió dando pito hasta que soltó un buen chorro de leche, volví a tener otro orgasmo más, era una locura de placer.

    Johnny y Jaime se recostaron un momento para reponerse, yo mientras realice una llamada a mi amiga Lupe para preguntar cómo le hacía para la doble dándome algunos consejos y me pidió que lo disfrutará al máximo, así que regresé con mis dos amantes y a Jaime le levanté el ánimo con otra buena mamada, mientras le dije a Johnny que me mamara la cuca y la limpiara del semen del corneador, eso lo calienta, cuando los sentí listos de nuevo tomé el lubricante y me lo puse en ambas entrada, les tome de la verga y los jale hacia el potro, puse a Johnny recostado boca arriba y de frente a él me monté y me fui clavando en su verga, sintiendo por adelantado el placer que me darían ambos miembros al estar clavados en mis agujeros me empine un poco para parar el culo y mostrar la entrada de mi ojete al que dirigí con mi mano la punta de la verga de Jaime, le pedí que me la clavara despacio para después moverme lentamente para sentir el placer enorme de las dos vergas dentro, sentir como pegan una y otra, me vinieron. varios orgasmos más, que disfruté y más cuando ambos soltaron sus chorros de leche caliente dentro, dándome un placer enorme, lo prolongaron dejándome las vergas clavadas hasta que se hicieron flácidas y sentí como escurrí el semen de ambos por las piernas.

    Nos recostamos nuevamente en la cama y acariciamos nuestros cuerpos, yo palpaba sus pechos, vientre, testículos, ellos se también acariciaban mis pechos, nalgas y panocha para prolongar mas el placer recibido.

    Nos dormimos un rato y al despertar nos vestimos para salir del hotel.

    Jhonny entregó la llave en el lobby, los trabajadores que encontramos cuando entramos aún estaban ahí, a propósito me agaché para que se dieran un taco de ojo viendo mis nalgas, salimos al estacionamiento y abordamos el auto Jaime y yo en la parte trasera, ya no fajamos solo nos besamos y platicamos, dejamos a Jaime en una esquina donde pudiera tomar su transporte a casa, le di un beso de despedida y le agradecí la compañía para esta experiencia, me pasé al asiento de adelante con Jhony, me acarició las piernas y yo le sobe la verga, me preguntó, ¿comiste sientes?, ¿lo volverías a repetir?, le dije que muy satisfecha, y que si pero que dejaría pasar un tiempo.

    Llegando a casa vimos una película en la TV y después nos fuimos a dormir.

    Gracias por tomarse el tiempo para leer.

    Me gustaría leer su opinión, ¿qué les pareció? y si hay lectoras su punto de vista.