Blog

  • Entrevista con el jefe de mi esposo

    Entrevista con el jefe de mi esposo

    El jueves a las 11 am, luego de una larga y tensa espera, por fin tendría mi ansiada entrevista de trabajo en la empresa donde trabaja mi esposo Charly.

    La situación de nuestro matrimonio era crítica. Realmente estábamos pasando uno de los peores momentos económicos de la historia. Los gastos fijos se multiplicaban por doquier. Las deudas, el alquiler y la crianza de dos niños pequeños no facilitaban las cosas. El sueldo de mi esposo empezó a quedarnos chico, sobre todo en los últimos días del mes. Con casi 45 años no me es fácil conseguir un buen empleo. Entonces decidí jugar todas mis cartas. Vestirme a tono y cueste lo que cueste ganarme el puesto. Luego de la primera entrevista me sentí muy conforme conmigo misma. Si bien estaba muy nerviosa, la charla fue muy distendida y relajada.

    El entrevistador sabía que era la mujer de Charly. De forma cómplice me dio entender que tenía más posibilidades que otras postulantas. Luego de unos días tuve la segunda entrevista, la cual fue ante una serie de responsables de distintos sectores. Al final de la misma se me informó que la vacante de secretaria estaba entre mí y otra joven postulante. Ambas candidatas íbamos a ser entrevistadas por Juan. El cual decidiría quien sería la que se quede con ese puesto. Debía obtener ese puesto a como de lugar. Por tanto decidí dar un giro en mi look y ser mucho más provocativa. Deseché el aburrido pantalón negro por una apretada y corta falda que dejaba ver las curvas de mi cadera. A lo cual le sume unos zapatos con tacos de gran porte. Para maximizar está locura me puse una camisa blanca la cual abotone solo hasta la mitad dejando ver gran parte de mi generoso escote. Ya que mi marido nunca leerá este relato debo confesar que bajo mi falda no llevaba ropa interior. Quedando lista para la guerra.

    Fue así como me presenté delante de Juan en su oficina. Sin preámbulos estábamos él y yo solos. Era una persona muy joven. El cual no dejaba de mirarme los senos. Sus ojos libidinosos parecían violarme una y otra vez sobre la silla en la que estaba sentada. Su mirada me recorría de abajo hacia arriba incesantemente. Mientras casi podía suponer que estaba teniendo una erección. Saber que mi cuerpo producía ese efecto comenzaba a excitarme. La entrevista duro menos de 10 min. Donde rápidamente me comunicó que no era la seleccionada para la vacante de secretaria. Una gran desilusión corrió por todo mi cuerpo. El desánimo me invadió por completo. Realmente creí que ese puesto era mío. Miles de preguntas pasaban por mi mente. Juan de modo muy caballeroso se levantó de su silla con el fin de recordarme cordialmente donde era la salida. Casi sin poder asimilar lo que ocurría, entendí que debía irme.

    Me levanté de la silla y tomé mi cartera. Quedando de espaldas a Juan casi sin quererlo. El cual rápidamente metió toda su mano bajo mi corta falda manoseándome el trasero. Sus garras se clavaban en mis nalgas, mientras yo permanecía inmóvil. El jefe de mi esposo apretaba mi cola con sus dos manos a la vez que empezaba a besarme el cuello, algo que me calentaba de sobremanera. Sus manos no tenían vergüenza. Una se dirigió directamente a mis senos, más la otra empezó a hurgar en mi intimidad.

    La poca ropa que llevaba facilitaba todo este preludio. Hábilmente desabotonó mi camisa para jugar con mis largos pezones los cuales se pusieron duros al instante. Seguramente no era la única ni la primera de las postulantas que iba a tener sexo exprés con Juan es su oficina. Su lengua recorría mi cuello, al ritmo que ya podía sentir una a una sus falanges dentro de mí. Cada vez que me tocaba hacía que me moje más y más. Intentaba comprender como podía regalarme tan fácilmente a un hombre, pero la calentura del momento me nublaba la razón. Rápidamente me giró sobre mi eje y comenzó a besarme. Con la camisa completamente abierta mis pechos se exhibían delante de este. Para que instantes después me tirara sobre su escritorio, dónde caí desparramada. Instintivamente abrí las piernas para que Juan posicionara su rostro a la altura de mi pubis.

    Comenzó a hacerme sexo oral, como un animal. Una máquina que solo se dedicaba a darme placer con su lengua. No podía recordar ¿Cuánto hacía que nadie me la chupaba de ese modo? Quizá, Raúl (el mejor amigo de mi esposo, pero eso es otra historia). Cada impacto de lleno de su lengua sobre mi clítoris me llevaba a un clímax sin precedentes haciéndome gozar como nunca en una infidelidad. No tarde mucho en venirme con su habilidad oral, que pude resumir en un grito casi desgarrador que retumbó en las cuatro paredes de esa oficina. Ese fue el momento en que Juan puso mis piernas sobre sus hombros. Rápidamente extrajo su pene de sus pantalones y comenzó a penetrarme sin mediar palabras. Podía sentir su duro cuero, ya que no estaba usando condón. Su pene era por lejos mucho más largo que el de mi esposo.

    Me hacía ver las estrellas cuando llegaba a fondo. Mis piernas temblaban. Su calce profundo me dejaba sin aire, pero recuerdo haberle rogado por favor que no se detenga. Su cadera empujaba a fondo todo el venoso aparato dentro de mi ser. Sus genitales rebotaban una y otra vez sobre mis nalgas. Mientras esté me tenía de la cintura remachándome contra el escritorio. Mis pechos saltaban para todos lados por la violencia de sus movimientos. El escritorio parecía estar en medio de un terremoto saltando de aquí a allá. El joven jefe me usaba de una manera rápida y descarada, mientras yo gozaba como una loca con cada uno de sus movimientos.

    Me hizo llegar por segunda vez a un orgasmo en menos de 15 minutos algo que en 45 años nunca alguien había logrado. Sus movimientos se volvían más duros y la frecuencia de su respiración iba en aumento. Tomándome de los senos con ambas manos como si fuesen 2 asas me sacudía sin piedad. Desde ese ángulo podía ver en primer plano como él también gozaba mientras me hacía su hembra. La escena era cuasi de una película porno, como esas que miro a escondidas de mi esposo y que tanto me calientan. En medio de su espectacular performance y teniendo su miembro completamente dentro de mí se detuvo para escupir toda su fértil semilla.

    Varias oleadas impactaron en lo profundo de mi ser inundando por completo mi canal vaginal hasta hacerlo rebalsar. Intenté limpiarme la entrepierna rápidamente de ese blancuzco y pegajoso líquido con poco éxito. Así que baje mi falda hasta los valores lógicos de una dama, cerré mi camisa como la moral de una digna mujer casada lo indica y me retiré de esa oficina con la frente en alto.

    Esa noche ya en mi hogar, tuve sexo con mi esposo varias veces imaginando y deseando que él fuese Juan.

    Hoy, hace 6 meses soy secretaria.

  • El pasado sexual de mi novia

    El pasado sexual de mi novia

    Yo estaba acostado viendo a Andrea con un morbo que hace años no le tenía. Ella completamente desnuda se aproximaba a la cama, su pelo castaño caía sobre sus impresionantes pechos y sus ricos muslos iban acercándose a mi verga completamente dura, sin usar las manos puso su vagina en la punta de mi miembro, completamente rasurada se sentía como si deslizara con tanta facilidad, ella estaba más que mojada y lentamente iba introduciéndose mi pene muy dentro suyo.

    Llevábamos más de un mes sin tener relaciones debido a situaciones laborales y familiares de ambos, ella había estado toda la semana suplicando por un tiempo a solas y a mi no me faltaban ganas para dárselo, queríamos disfrutar el momento y como pareja abierta que somos no iba a tardar mucho en que el morbo se apoderara de la situación.

    -Últimamente te has masturbado? pregunté

    – Sí, hace una semana no pude aguantar las ganas y tomé el vibrador. Dijo Andrea, haciendo movimientos circulares solo en la punta de mi miembro.

    Sonreí y me dispuse a abrir la caja de Pandora. Le pregunté qué había imaginado ese día que sus ganas la invadieron.

    -«un recuerdo» contestó

    Curioso y todavía muy excitado, le pregunté si era algo que habíamos hecho, ella negó con la cabeza. Era inevitable a ese punto que su vagina estaba bajando cada vez más por mi verga y la respiración de ambos se hacía más y más sonora.

    Hace años Andrea había vivido con 2 compañeros de habitación durante su época de estudiante universitaria. Compartir piso y una beca le habían permitido el lujo de estudiar fuera por unos años cuando estaba iniciando sus 20s, yo no sabía pero durante este periodo hizo cosas que aún hoy recuerda con mucha humedad en sus piernas.

    Según me comentó sus dos compañeros eran algo tímidos pero muy caballerosos, uno de ellos era muy atractivo y el otro aunque no era gran cosa tampoco era un tipo desagradable. Ella notó como ambos la miraban de una forma un poco sospechosa, pero nunca a un punto de incomodarla, para esta historia que me contó ya había vivido un año con ambos, yendo a fiestas juntos las cuales en su mayoría eran realmente reuniones en casas de otros compañeros

    Un día Andrea estaba tomando en su casa con compañeros de universidad cuando empezaron a jugar por retos, el ambiente se fue calentando poco a poco y a Andrea una amiga que sabía lo atractivo que ella encontraba a su compañero de piso la retaron a besarlo por 2 minutos. Ella aceptó y frente a todos cumplieron el reto.

    En ese mismo juego surgieron retos tontos y algunos más incómodos. Entonces fue el turno de otro de sus compañeros de piso, la pregunta es si creía que Andrea era atractiva, él tipo algo tímido respondió que sí, entre nervios…

    El morbo estaba claro desde ese momento, ella había descubierto que sus dos compañeros de piso le llevaban ganas y fiel a su naturaleza exploradora, esta idea más tarde iba a resultar en algo más.

    Luego de varias rondas, todos se fueron a sus casas y Andrea quedó sola con sus compañeros de piso, Iván y Ricardo. Los 3 acomodaron un poco la casa, limpiaron vasos y platos, pero ninguno de los 3 tenía realmente sueño, así que decidieron poner una película…

    Invadida por la curiosidad y el aburrimiento, Andrea sugirió «y si seguimos jugando»

    – Solo nosotros? preguntó Iván

    – Sí, contestó Andrea

    Ricardo fue de nuevo por vasos y licor, empezando la pregunta «a quién de los dos te parece más atractivo»

    Sin apenarse Andrea contestó que ambos eran atractivos pero que Ricardo era más «su tipo»… él le sonrió

    Entonces Andrea lanzo una pregunta a ambos. ¿Alguna vez han estado con una mujer?

    Ambos se negaron. Ninguno de ellos había hecho nada, ni si quiera habían visto un pecho en la vida real.

    Según avanzo la conversación Andrea confesó que ella tampoco había realmente visto un miembro en su vida y con unas copas demás sugirió «tal vez deberíamos ayudarnos».

    Los 3 acordaron no hacer nada sexual, pero para saciar su curiosidad, se enseñarían aquello que no conocían.

    Andrea se puso de pie frente a ambos y con un poco de nervios tomo su minifalda y la deslizó por sus piernas. Ella noto cómo la miraban con gran atención y eso la estaba volviendo loca. Según me iba contando esta historia me cabalgaba más y más rápido.

    Se subió la blusa y quedó completamente en ropa interior frente a ellos. – «Están listos?» preguntó.

    Con sus manos temblándole un poco pudo notar que Ricardo así de fácil ya tenía una erección, un bulto se asomaba nada discreto en su pantalón. Sin perder la vista de su miembro decidió acercarse, ponerse de rodillas ante los dos y liberar sus tetas.

    Ambos con la mandíbula casi caída hasta el suelo, se acercaron también, las inspeccionaron y ella les permitió tocarlas, ambos masajeaban sus pezones y eso le encantaba. Tras un buen rato en silencio, ella se puso en pie, les dio la espalda y procedió a bajarse la ropa interior que le quedaba, exponiendo su vagina frente a ambos.

    Ricardo, sin si quiera preguntar puso su mano en el clítoris, ella lo permitió. Estaba empapada y él lo noto en sus manos.

    Iván también quiso tocar y en este segundo tacto ella sintió un escalofrío de placer.

    Tras un rato observándola y explorando su cuerpo. Andrea decidió que había sido suficiente, ella también quería ver algo.

    Ambos se pusieron de pie, visiblemente ya duros. Ella se sentó con sus tetas descubiertas a observar el show.

    Ambos empezaron por la camisa, el pantalón y con nervios parecían no quererse quitar la ropa interior. No sabían quién lo haría primero, estaban en discusión.

    Andrea tomó el mando y decidió ayudarlos, con una mano en la ropa interior de uno y la otra en la del otro, les quito lo que les quedaba y dejó a luz dos vergas desconocidas.

    Ambos hombres estaban nerviosos, pero ella estaba fascinada y con una mano en cada una decidió empezar a masturbarlos.

    Sin poder realmente poner mucha atención a ambas, decidió empezar a turnarse su mano entre una y otra…

    «No sé qué me pasó», me dijo mientras me contaba la historia… «pero decidí que tenía que usar la boca»

    Aproximando su lengua mamó la primera verga y después de un rato, la segunda.

    Estuvieron un rato así hasta que Iván no pudo aguantar y eyaculó en el pelo y cuello de Andrea… ella con un dedo se chupo el semen y le agradeció.

    Iván, no podía creer lo que acababa de pasar. Y después de un rato los 3 conversaron y decidieron irse a dormir. Iván fue a su cuarto y dejo a Andrea y Ricardo solos quienes todavía seguían desnudos.

    Andrea fue al baño a limpiarse y tras un rato apareció Ricardo, todavía desnudo y con su verga dura al aire.

    – Sabes, me gustó el beso que me diste, dijo Ricardo

    – A mi también, dijo Andrea todavía limpiándose el semen de su pelo…

    Ricardo se acercó y le robo un beso que fue correspondido. Ambos se estaban besando apasionadamente y sentían sus lenguas chocando la una con la otra.

    Andrea sintió una mano que se deslizaba por sus nalgas y empezaba a masajear la entrada de su ano…

    Haciendo a un lado a Ricardo, le tomó la verga con la mano y como si fuera una correa lo llevó a su habitación donde ella lo cabalgó, pero la excitación era tanta que no duró mucho en llegar al orgasmo. Se acostó encima y con su manó empezó a masturbar al tipo diciéndole lo mucho que quería volver a sentirlo adentro otra vez…

    Ricardo estaba aguantando lo más que podía y ella estaba comenzando a desesperarse… Volvió a introducir la verga en su vagina y tras hacer muchos movimientos rápidos con su cadera, él finalmente avisó «me voy a venir»…

    Ella no se apartó, sintió el líquido entrando por su cuerpo, caliente y espeso, lo sintió deslizándose por sus piernas…

    ….

    En eso fue lo que pensé… dijo Andrea recordando su pasado.

    Te gustaría hacer algo así más a seguido? pregunte.

    Me gustaría exhibirme, contestó.

    No pudimos aguantar mucho más de la historia hasta que ella tuvo un orgasmo increíblemente fuerte, tan fuerte que pequeños chorros de agua salieron de su vagina…

    Andrea también estaba sorprendida, entonces le pregunte mientras dejaba que ella me masajeara la verga… ¿Qué más pasó?

  • Vení, cogeme mientras escribo

    Vení, cogeme mientras escribo

    Quisiera saber que sentís cuando me lees. Más allá de la calentura, del morbo. Más allá si pensás que lo que escribo existió en la realidad o simplemente nació de una mente con mucha imaginación. Entiendo que una vez que una idea se materializa sobre el papel, el sitio en el que fue gestada pasa a un segundo plano. Y está bien. No creo necesario conocer el origen más puro de una obra de arte para poder disfrutarla en plenitud.

    Ahora te digo, estoy frente a la computadora, tecleando lo primero que se me viene a la mente. Esa imagen no es del todo excitante. ¿Pero si lo estoy haciendo desnuda? Ahí la cosa cambia. Quizás me conoces y me imaginas a mí, con mis formas, mi talle. Quizás no, y preferís creer que quien está del otro lado del relato es tu amor de la infancia, esa compañera de trabajo que te calienta a mas no poder, esa estrella de la televisión o del porno a la que le dedicaste tus mejores pajas. Desnuda, frente a la computadora, tecleando estas palabras. Yo te imagino a vos, pensando en cuando arrancará el porno. Y está bien, ahora empieza.

    Mi cuerpo desnudo me encanta. Verlo, tocarlo, darle cariño, mucho más allá de la masturbación. ¿Te gustaría tocarlo? ¿Sentir su textura, su calidez, su olor? Cruzaste la pantalla, no me preguntes como. Me ves desde atrás. El tatuaje que tengo en la parte alta de la espalda se te hace lo más hermoso del mundo, seguido por la delicadeza de mis hombros y la catarata de pelo apoyándose en mi espalda. Me ves abstraída en lo que estoy haciendo, por lo que preferís acercarte sin interrumpir. Crees que lo más conveniente sería hacerme masajes. Apoyas una mano en mi hombro, luego la otra. Ante mi falta de reacción, me acaricias. Mi cuerpo se tensa un poco, pero no reacciona de manera desalentadora. Tus manos bajan por mi espalda, luego suben. Van hacia adelante y se encuentran con la firmeza de mis tetas. No lo percibo, pero en la habitación hay otra cosa que está comentando a erectarse con firmeza.

    Me masajeas las tetas, mientras me besas el cuello. El aroma de mi pelo y de mi piel son algo totalmente embriagador, algo que relacionas directamente con un paisaje paradisiaco. Y la suavidad de mi piel te transporta a momentos de extrema placidez que creías olvidados. Mi respiración se agita en señal de que lo estoy disfrutando. Eso te libera de toda atadura sensitiva haciéndote saber que estoy con vos, que soy consciente de lo que está pasando y que lo estoy disfrutando tanto como vos. Buscas mi boca y me besas con un beso apurado en el que nuestras lenguas son las protagonistas. Es como si media docena de lenguas bailasen de boca en boca. También las manos que me presionan y me acarician parecen ser las de un ejército hambriento por despedazarme. Me haces doler, pero me encanta. Mientras nos besamos, no dejo de escribir. Vos, con gran destreza, te quitas los pantalones, haciéndome sentir la dureza de tu pija clavándoseme en el pecho. Es una puñalada hermosa, preámbulo de lo que los dos sabemos que está por venir.

    Cuando siento que tu lengua caló tanto que podría comenzar a descender por mi garganta, separo nuestras bocas, te miro a los ojos y agarro tu pija con una mano, sin dejar de escribir. La acaricio con suavidad, pero con ganas. Te pajeo un poco, disfrutando de esa cosa que crece más a cada segundo, y de tu mirada perdida y cargada de satisfacción. Está muy dura, por lo que decido acomodarla entre mis tetas, indicándote que las aprietes y obligándote a que me las cojas. No es la posición más cómoda para escribir, pero no puedo dejar de hacerlo, como tampoco quiero dejar de darte placer. Tras cada subida recibo un golpecito en la pera que me llena de placer. De a poco siento como la humedad comienza a apoderarse de mi concha. Te deseo, deseo que entres en mí, tan fuerte y profundo, hasta hacerme olvidar de mi propio nombre.

    La transición de tu pija desde mis tetas hacia mi boca se da tan gradualmente que, cuando me doy cuenta, tu pija está entrando y saliendo de mi boca con violencia, llenándola completamente e impidiendo que mi respiración sea normal. Con una mano me sostenes del pelo, mientras con la otra me pegas en la cara. Me decís que soy tu puta, que me encanta chuparte la pija, que me la voy a tomar toda. Yo escribo todo lo que decís, mientras en mi mente cada imagen se va haciendo real. En mi mente y, sobre todo, en mi cuerpo. De repente me ahogo y comienzo a sentir arcadas. Eso, en lugar de hacer que bajes tu intensidad, te vuelve loco. Tu pija entra cada vez más profunda dentro de mi boca, haciendo que mis ojos se llenen de lágrimas. Me liberas por un instante de tu pija, te acercas a mi cara y me chupas los ojos. Eso sí que se siente extraño, pero extremadamente placentero.

    Al parecer, ahora estás en eso de chupar. Corres un poco mi silla, te arrodillas entre mis piernas y me chupas la concha, totalmente empapada, mientras yo sigo escribiendo. A medida que pasan los minutos, mi cuerpo se tensa cada vez más. No es cómodo escribir mientras una aspiradora humana te succiona la concha como si de eso dependiera la no extinción de la humanidad. Y lo disfruto, pero me cuesta mantener la vista en la pantalla. Te ves tan lindo ahí abajo, se siente increíblemente bien. El sonido de tu boca al saborear mi primer orgasmo, es algo que me destruye la mente. Me destruye, pero a la vez me relaja y me enciende aún más, sin importarme la contradicción en esto. Con una mano te tomo del pelo y te hago poner de pie. Sabes lo que quiero. Sin soltarme la mano, me tiras hacia vos y me paro a tu lado. Nos besamos. Me encanta sentir en tu boca el sabor de mi concha.

    Dejando de escribir durante algunos segundos, con ambas manos te agarro la pija. Siento tremendas ganas de volver a chupártela, pero el deseo de sentirte adentro de mi concha me puede más. Te pajeo por unos instantes, para luego invitarte a sentarte en mi silla. Me siento sobre vos, volviendo a escribir. Froto mi culo y mi concha sobre tu pija durísima, queriendo que este momento dure para siempre. pero, sin aviso previo, la siento entrar adentro mío. El placer que me genera esa sensación es inmenso. Me muevo cada vez más rápido, primero con movimientos circulares, después con sentones violentos que me hacen sentir como tu pija hace tope con el interior más profundo de mi concha. Tus manos presionan mis tetas con mucha fuerza, produciéndome un dolor hermoso. Dejando el teclado por un segundo, agarro una de tus manos y la llevo a mi boca. Chupo un dedo, luego dos, llegando a extremos impensados de placer. Acabo nuevamente, esta vez con tu pija llenándome toda la concha. Me sacudo con movimientos convulsivos, sintiéndome que ambos flotamos en el espacio.

    Sin sacarme la pija, te pones de pie, haciendo que yo también lo haga. Me coges un rato más así, de pie, tumbada sobre el escritorio, sin dejar de escribir. Siento como tu pija abandona mi concha, te arrodillas detrás de mí y me chupas el culo. Qué hermoso. Un dedo ingresa en él sin problema, luego el segundo, para después sentir como la cabeza de tu pija comienza a jugar en la puerta de entrada. Entra un poquito, la sacas. Entra otro poquito, la sacas. Te pido que por favor me rompas el orto, algo que sucede de inmediato. Toda tu pija está nuevamente adentro de mí. Te movés cada vez más rápido, y yo acompaño el movimiento en dirección opuesta. Tu pija adentro de mi culo me genera un placer que me cuesta describir en este relato, pero no dejo de intentarlo. Es una sensación abrumadora, totalmente carente de sentido. ¿Cómo puede ser que una actitud animal, totalmente primitiva, sea lo más real y placentero del mundo? No encuentro respuesta, tampoco la necesito tanto. Solo necesito que me sigas dando placer.

    De repente tu pija sale de mi culo y tu mano vuelve a tomarme del pelo con violencia. Me arrastras hacia el piso, haciéndome poner de rodillas. Volvés a cogerme la boca, llenándola totalmente con la explosión de tu orgasmo. Siento tu leche tibia y espesa adentro de mi boca. La saboreo, sintiendo como lentamente el líquido baja por mi garganta. Me acaricias la cara con una mano, las tetas con la otra. Cuando ya me queda poco por tragar, escupo lo que queda sobre tu pija, la unto de ese néctar, para volver a chuparla. Sigue dura, no tanto como hace instantes, pero igual logro disfrutarla tanto como vos de mi lengua esforzándose por limpiar toda la superficie.

    Mis dedos teclean como autómatas. Siento todo mi cuerpo envuelto por una atmosfera húmeda y caliente. Estoy toda sudada, con la ropa empapada pegándoseme en el cuerpo. En mi concha hay una océano salado y caliente, un rio de fuego más abrasador que el propio Flegetonte descripto por Dante. Miro hacia mi alrededor, buscándote. Pero caigo en la realidad. Necesito con toda intensidad saber que sentís cuando me lees.

  • Froto mi polla con el culo de la amiga de mi hija

    Froto mi polla con el culo de la amiga de mi hija

    Mentiría si dijese que era la primera vez que me fijaba en ella, Mireia era preciosa tenía un cuerpo espectacular, joven y suave y creo, para decir la verdad, que ella también se fijó alguna vez en mi. Era la mejor amiga de mi hija y tenía dieciocho años.

    Conociéndolas a ella y a mi hija sé muy bien que nunca habría estado con ningún hombre. Un día en verano en la piscina de la urbanización no sé qué me pasó… la verdad es que nada de lo que paso en ese día lo entiendo bien, el caso es que no pude aguantar y la demostré descaradamente con mi mirada que me apetecía disfrutar de su cuerpo, ella yo creo que lo entendió perfectamente pues sonrío y no fue ésta la primera mirada que le hice esa tarde en la piscina que fuese respondida con vergonzosas y picaras miradas hacia mí.

    Ese día su cuerpo lucía espectacular y la verdad que me dio hasta un poco de vergüenza el descaro con el que la miraba teniendo incluso miedo de que mi hija se diese cuenta. En un momento dado ella estaba apoyada en el borde de la piscina descansando y me acerque a ella, antes había colocado mi polla de forma que se notase mas para que ella al hablar conmigo la viese, como digo me acerque a ella y saque cualquier tipo de conversación, inmediatamente y sin ningún remilgo ella miro descaradamente a mi polla que por la emoción aparte de notarse por el traje de baño había aumentado un poco de tamaño y era totalmente apreciable… ella no respondió a la tontería que la pregunte y fijo su vista en mi rabo… yo disfruté viéndola turbada y la mire a los ojos… unas décimas de segundo fueron pero lo suficiente para que al cruzar nuestra mirada el deseo estuviese presente ya…

    La semilla estaba puesta, mis huevos estaban ya sufriendo la presión del deseo y todo estaba preparado para que ocurriese lo que ocurrió cuando salimos de la piscina. Mi hija, Mireia y su amigo Roberto subieron conmigo a casa a seguir jugando a cartas, habían estado jugando en la piscina y ese día quisieron seguir la partida en casa. Como sólo eran tres me pidieron si podía jugar yo con ellos y como yo no tenía nada que hacer acepté.

    Se sentaron los tres en el suelo y empezaron a repartir las cartas mientras yo preparaba algo de merienda, en seguida me llamaron para que acudiese a jugar la partida y allí me tumbé junto a ellos. De forma casual quedé tumbado detrás de Mireia. Ella llevaba una camiseta blanca larga que la llegaba hasta casi las rodillas y por debajo llevaba el traje de baño aún mojado. Pues bien, como digo me puse detrás de ella y comenzó la partida… en algún momento de esta nuestras miradas se cruzaron y ella me sonrió yo no me lo podía creer!!! Estaba tonteando conmigo y la sonreí yo también.

    En un momento dado mi polla y su culo se juntaron, no sería más de un segundo o dos pero el contacto fue evidente. En cuestión de otros dos segundos mi polla empezó a crecer y como se suele decir de los hombres que cuando nuestra polla se pone dura deja de haber sangre nuestro cerebro se me ocurrió, sin saber muy bien porque, acercar la polla de nuevo esta vez sin complejos a su culito, así lo hice y de repente me encontré con mi polla dura en contacto con su culo de nuevo, había establecido contacto permanente ella y Mireia no hacía ademán de alejarse más bien al contrario mantenía su posición para que siguiese el contacto.

    Yo no sé si hacía lo correcto, pero también continue en esa posición forzando el contacto. Mi polla se hizo un lugar en la rajita de su culito y de repente me encontraba moviendo mi cadera suavemente y frotando mi rabo en su culo, evidentemente a ella le gustaba pues mantenía firme su posición. Yo ya no hacía caso la partida de cartas e incluso mi hija me dijo:

    -Papa que toca tirar!!

    Mireia sonrío y yo la mire y sonreí mientras seguía frotándome suavemente con ella… incluso ella comenzó también a mover su culo… yo pensaba que me iba a correr en cualquier momento… estuvimos así por lo menos un minuto o dos y yo ya había perdido la noción del tiempo, puse mi mano en su culo acariciándoselo, seguí con mi dedo hacia su agujerito y logre hacer contacto con su vagina, estaba humedisima y la acaricie suavemente, a ella le gustaba pues podía escuchar su alterada respiración.

    La tensión de estar frente a mi hija y su amigo me daba mucho morbo aunque también, evidentemente me preocupaba, yo ya había perdido el control y sólo pensaba en sentir en mi polla su culo. Por algún milagro no me corrí aunque la tela suave de mi traje de baño y del suyo hacían que el contacto fuese muy directo. De repente mi hija dijo que quería ir a por una comprar unos helados y Roberto dijo que él también, Mireia instantáneamente dijo que no quería, que ella se quedaba esperándoles en casa yo no me lo podía creer lo que estaba escuchando me levanté empalmado y aunque no me gustó perder el contacto con ella sabía que tenía que hacerlo, tenía que levantarme y darles dinero para que Roberto y mi hija fuesen a comprar helados y nos dejasen solos. Era increíble lo que estaba pasando!! Ese día los astros se habían conjurado para que Mireia y yo estuviésemos juntos.

    Mi hija y Roberto se fueron y Mireia y yo nos quedamos solos en casa, en cuanto cerré la puerta de la calle la mire… se había quitado la parte de arriba del bikini y sus pezones sobresalían en la camisa blanca de verano que llevaba y me miraba fijamente, riéndose, la dije sí le había gustado mi polla… yo ya había perdido toda vergüenza y ella sonrió me dijo que si y que muchas veces ese verano había pensado en algo parecido pero que nunca había habido la ocasión y que daba vergüenza yo la dije que mí también me daba vergüenza. Mientras se acercaba lentamente mi polla estaba a punto de explotar como digo… aquel día yo perdí totalmente los estribos y sin decir nada más le puse una mano en los pechos acariciándose los suavemente, sus ojos verdes me miraban fijamente y su carita rojiza por el sol hacía su dulce mirada algo mas allá del morbo.

    La dije que no sabía cómo había podido aguantar sin correrme antes y ella sonrió suavemente se agachó y se puso de rodillas delante de mi mientras se inclinaba y me bajaba el traje de baño. Mi polla como digo estaba completamente dura y para cuando me di cuenta me estaba dando un beso en ella, la iba a decir que me acariciase los huevos también pero para cuando abrí la boca ya lo estaba haciendo.

    El simple contacto de sus labios en mi rabo me hizo pensar que me iba a correr, respire hondo y la deje que continuase, mi cabeza y mi mente estaban en otro mundo, empezó a chupar suavemente, muchas veces, metiéndosela de repente dentro de la boca, me dijo que era la primera polla que se metían la boca en su vida y según lo dijo se metió mis 16 centímetros hasta la garganta… pude sentir en mi capullo el calor de su garganta y como un animal la agarre la cabeza y comencé a apretar mi rabo contra su garganta.

    Se que esto dificulta la respiración y tras unos pocos segundos la saque… ella respiro fuerte y sonrió como una loca extasiada… con las manos empezó a apretarme los huevos y dijo que la gustaba mucho acariciarlos. La deje que me los acariciara un buen rato, ella jugaba a separarlos uno a un lado y otro a otro, los apretaba suavemente, los frotaba uno con otro, los mordisqueaba… me encantaba ese juego que ella hacia y estuvimos así un buen rato, ella de rodillas ante mi jugueteando y metiéndose en la boca mis huevos suavemente empecé a notar que me corría y la avise la dije -Mirella me voy a correr!! Para mi sorpresa se metió mi polla en la boca y empezó a mamármela otra vez hasta que me corrí.

    La lefada fue abundante porque ella siguió chupando y por la comisura de sus labios comenzó a salir lo que ya no le cabía la boca un pequeño chorrillo de leche que finalmente cayó al suelo. Saqué mi polla de su boca, me miro con cara de asustada y continuó chupándomela suavemente como para dármela descanso. En ese momento sonó el portero automático, eran mi hija de Roberto que ya habían comprado los helados. Me subí los pantalones y la limpie la boquita con la mano. Ella me dijo que tenía ganas de más y que quería que se la meta… pero eso ocurrió otro día…

  • Femdom de cuarentena. De novio a esclavo en castidad (9)

    Femdom de cuarentena. De novio a esclavo en castidad (9)

    La semana siguiente transcurría con normalidad. Yo llevaba sin correrme unos diez días y ya me estaba empezando a acostumbrar a la situación. Estaba estudiando en el cuarto de Nuria para un examen mientras ellas estaban en la facultad. De repente me llamó Nuria por videollamada, cosa que me resultó extraña porque nunca lo hacía. Respondí curioso, e inmediatamente me dejó en shock. El video la mostraba de lado haciendo una mamada en lo que parecía un baño de mi facultad. Colgué sin pensármelo dos veces. Mi corazón latía fuertemente. No me lo esperaba para nada. Mi orgullo masculino se sintió muy herido. No me podía creer que me llamara para enseñarme semejante escena. Sin tiempo para procesarlo más, me volvió a llamar. Después de pensármelo unos segundos, acepté la llamada. Ahí estaba de nuevo, comiéndole la polla. Estaba vez la cámara no la sujetaba ella, sino él. Veía a Nuria de rodillas entre las piernas del chico, que estaba sentado en un retrete. Efectivamente era el baño de la facultad. Nuria miraba hacia la cámara con mirada lasciva. Estaba muy sexy, y eso me hizo no colgar. Entonces Nuria cogió el móvil y me preguntó si me gustaba lo que veía. Yo no respondí. Ella sonrió y me dijo:

    -Bueno, ahora me va a follar. Nos vemos en casa en un rato, ciao. – y colgó.

    Volvió pasadas las dos de la tarde, mientras yo estaba haciendo la comida. Me saludo con un beso rápido y una mirada pícara. Yo fingí indiferencia haciéndole notar que estaba pendiente de no quemar la cebolla, y ella se fue a poner la mesa. Ya comiendo, me dijo:

    -Bueno qué, ¿no vas a decir nada de la llamada? ¿Te ha puesto cachondo?

    -La verdad que no sé que necesidad tenías de hacerla.

    -Pues la verdad que ha sido improvisado. Estaba pensando en que me gustaría que lo vieras y se me ha ocurrido la idea. Me ha puesto muy cachonda.

    -¿Quién es el chaval?

    -Se llama Alex. No le conoces, está en mi clase de bioquímica II. Tranquilo, no le conoce tampoco ningún amigo nuestro y le he dicho que no diga nada o que no repetiré.

    -Ah muy bien, ¿entonces quieres repetir con él? –dije de forma pasivo agresiva

    -Pues sí, tiene muy buena polla. Me dirás que no lo has notado. Si te portas bien igual lo traigo un día. Le ha parecido muy curioso nuestra relación y quiere follarme delante de ti, pero lo siento. No es bisexual.

    -Bueno.

    -No te hagas el duro, sé que te apetece. Te ha puesto cachondo verme comer esa polla di la verdad.

    -Aunque me pusiera cachondo, con la jaula de castidad no hay forma de saberlo del todo.

    -Ya, claro, jajaja. Pues venga, te la quito. –Fue al cuarto a por la llave y me liberó. A continuación puso un video que había grabado de la escena.

    -Ah, que encima has hecho videos. Toma ya.

    Nuria no respondió. Me dio su móvil, y yo me puse a ver el video hipnotizado. La verdad es que esa polla estaba impresionante. Muy grande y venosa. Apenas lograba Nuria meterse la mitad de ella en la boca. Sin darme cuenta ya tenía la polla erecta.

    -Ves como te gusta…

    Yo no respondí, pero seguí viendo el video. Nuria me dijo:

    -Venga, pajeate, que sé que tienes ganas.

    Yo empecé a tocarme, pero a los pocos segundos el video terminó. La miré pidiendo su cuerpo, y la quise besar, pero Nuria retrocedió y me dijo:

    -Admite que te ha puesto cachondo la llamada.

    -Es evidente que me ha puesto cachondo. Me encanta verte comer otras pollas. Pero simplemente no me lo esperaba en ese contexto, y no me hizo nada de gracia no poder participar, solo saber que lo estabas haciendo pero lejos de mí.

    -A mí también me gusta hacerlo contigo delante, pero entiende que no puede ser siempre así. Sobre todo la primera vez con un chico.

    -Ya, eso es verdad.

    -¿Quieres conocerle? – Yo no respondí.

    Sonrió y me cogió de la polla. Empezó a masturbarme y a meterme tres dedos en la boca, luego cuatro, y luego los cinco, mientras seguía masturbándome y mirándome lascivamente. Me gustaba mucho sentir sus dedos en mi boca y garganta, sentirla llena. No resistí mucho más y me corrí, llenándome de lefa el abdomen. Nuria estaba muy cachonda, y empezó a recoger la corrida con su boca, para después , sin quitar sus dedos de mi boca, escupir en ella la corrida. Yo tragué como pude varias veces, succionando los dedos de su mano para limpiarlos de mi semen.

    Volvimos a la mesa y terminamos de comer. Recogimos todo y nos fuimos a la cama a tumbar un rato. Nos dormimos, y cuando me desperté Nuria estaba desnuda. Me dijo:

    -Mira a ver si sabe mi coño a polla esta vez. No se ha corrido dentro.

    Sin decirle nada, me puse a ello.

    -Sí, algo sabe, pero no mucho.

    -Bueno, ya lo catarás mejor, jajaja. –Y con esa idea en su cabeza, me cogió de la cabeza para que chupara bien, y medio minuto después ya se había corrido.

    -Buen chico –me dijo.

    Tres días después, volvió a salir el tema del chico que se había follado en el baño, Alex. Resulta que le había enviado una foto de su polla a Nuria, con el texto “quieres repetir mañana?”. Me lo enseñó Nuria, mientras se reía.

    -¿Qué, repito o no repito?

    -Joder, qué buena pinta tiene su polla. Sí, repite, pero tráelo a casa –le dije. A Nuria le encantó mi respuesta.

    -Vale, pues le digo que venga- respondió ilusionada. Y me dio un beso.

    Al rato me confirmó que vendría el día siguiente, sobre las 19 de la tarde. Yo la verdad que tenía unas ganas locas de verla follar. Incluso aunque esta vez no pudiera comerle la polla al chico. Ya se me habían pasado los celos y malestar que me había producido el video.

    Eran ya las 18:50, y Nuria no me había ordenado nada. Cuando le preguntaba me decía que no insistiera, que ya me diría que hacer. Cinco minutos antes de que llegara, puso una silla en frente de la cama, y me dijo que me sentara en ella. Me empezó entonces a atar las manos entre sí, y las piernas a la silla. Yo seguía vestido. Por último, me dijo que cerrara los ojos. Y al cabo de unos segundos noté como me ponía celo, de ese ancho y marrón, en mi boca. Me sorprendió mucho, porque nunca había usado scotch para taparme la boca, y sabía que dolería al quitármelo. Pero lo que más me sorprendió fue que acto seguido me puso un antifaz en los ojos. Y me dejó ahí.

    Mientras, con el único sentido que podía –la audición– iba oyendo cómo Nuria se desnudaba y se ponía otra cosa. Debían ser ya las 19, pero Alex no llegaba. Quería preguntarle a Nuria al respecto, pero el celo me lo impedía. Aun así, podía intentar gritar, y así lo hice. Nada más hacerlo, recibí un guantazo en toda la cara de Nuria.

    -Como vuelvas a intentar hablar, te doy más fuerte. ¿Entendido esclavo? Afirma con la cabeza.

    Afirmé lo más contundente que pude. Oí como Nuria se sentaba en la cama. Alex seguía sin llegar. El tiempo se me hacía eterno, no veía nada. Me centré en mi respiración, buscando respirar por mi estómago en vez del tórax, ya que me habían enseñado que esa forma de respiración relaja y serena el cuerpo.

    Por fin, después de unos diez minutos más, sonó la puerta.

    Nuria había avisado a las compañeras de piso de que vendría Alex, por lo que estas no salieron de su cuarto. Al entrar, escuchaba como Nuria y Alex hablaban, pero no entendía lo que se decían, estaban muy lejos.

    Entraron al cuarto, y empezaron a desnudarse mientras se besaban. Escuché como caía un cinturón al suelo, y como se bajaban unos pantalones. Después noté como los dos se acercaban a mí. Yo estaba muy tenso, a flor de piel. Me molestaba no poder ver nada, pero eso hacía que percibiera los sonidos de manera mucho más clara. Estaban realmente cerca. Moví mi cabeza hacia ellos, pero Nuria me la volvió a colocar donde estaba. Capté la indirecta. Entonces, empecé a escuchar cómo Nuria pajeaba a Alex. Y poco después, el sonido de su polla entrando hasta la garganta de Nuria. Después, su respiración agitada. Y un escupitajo. Entonces entró en acción el otro sentido que me quedaba accesible: el tacto. Sentí saliva impactar contra mi cara. Me sentía cachondo y humillado.

    Lejos de comparecerse, ellos siguieron a lo suyo. Alex le folló la boca a Nuria un buen rato, y después se pusieron a follar. Podía oír claramente el sonido de los huevos de Alex impactando contra la parte baja del coño de Nuria, y a esta gritar de placer. Estuvieron un buen rato así, cambiando a veces de posición, pero yo no entendía en ningún momento en cuál estaban. Estaba muy impaciente y decepcionado. Ya entendía que probablemente no iba a participar en el sexo. Había asumido, erróneamente, que si un chico viniera a casa podría comerle la polla. Que sería en cierta forma el protagonista. Lo había dado por hecho, y había actuado de esa forma con Nuria. Y ella, viendo las ganas que tenía de comer otra polla, decidió, sin decirme nada, dejarme con las ganas. Y no solo eso: dejarme sin ver absolutamente nada. Es decir, menos que incluso la primera vez que follaron. Porque al menos con la videollamada había podido ver algo. Ahora los tenía en frente de mí, pero a la vez lejísimos. Desde luego que Nuria era una maestra del juego psicológico. Y la suma de admiración y enfado hacia ella se mezclaban en mis pensamientos.

    En esto pensaba, cuando oí cómo las embestidas de Alex se hacían cada vez más lentas. Parecía que se había corrido. Efectivamente, pararon de follar. Sin hablar, volvieron a vestirse. Y ya con la puerta abierta, escuché como Alex me decía:

    -Adiós esclavo. Espero que hayas disfrutado escuchándonos. Qué pena que no hayas podido ni siquiera ver mi polla jajaja

    Nuria salió tras él, y escuché como se despedían en la puerta después de hablar un buen rato.

    Nuria volvió entonces al cuarto y empezó sin decirme nada a desatarme de la silla. Iluso de mí, pensaba que me quitaría el antifaz y el celo de la boca, pero no. Me dijo: desnúdate y ponte en cuatro, que te voy a follar un rato. La obedecí lo más rápido que pude, mientras ella se ponía el arnés con un dildo. Untó lubricante en mi culo perfectamente depilado, y empezó lentamente a follarme. Yo estaba cachondísimo, chorreaba líquido preseminal. Por fin iba a entrar en acción. Sentía que cada vez me daba más placer ser estimulado analmente, y además como no podía ver, el efecto era más intenso. El goce iba aumentando cada vez más, sentía que estaba cerca del orgasmo. Movía mi culo, follándome el dildo yo. Nuria lo notaba, y aumentaba el ritmo. Subía y subía, pero no llegaba al clímax. Era desesperante. Agotado, dejé de intentarlo. Me quedé inmóvil, y fue Nuria quien empezó a dirigir el ritmo nuevamente.

    -¿Qué pasa, te has cansado ya? –me dijo- Pues yo no, estoy muy a gusto.

    Qué hija de la gran puta estaba hecha. Estaba llegando a mi límite, después de la humillación que me había hecho pasar con Alex. Sí, me había puesto cachondo, muy cachondo. Solo ella sabía hacerme llegar a ese punto de excitación psicológica a raíz de la frustración sexual. Pero llevaba follándome más de diez minutos, y mi excitación se estaba yendo, que es lo que me pasaba muchas veces cuando me follaba tanto tiempo. Ella lo sabía, pero al no querer que me saliera con la mía, siguió un rato más. Al parar, me dijo que me tumbara en la cama y me ató de las cuatro extremidades. Entonces me puso el arnés de cara y encima de mi boca con celo puso su dildo favorito, y se sentó encima. Por fin, me quitó el antifaz, y pude ver su coño cabalgando sobre mi cara. Mi cabeza botaba sobre la cama, era incómodo. Pero me puse cachondo de nuevo viendo esa preciosa vista. Al cabo de un rato, me quitó el arnés de la boca, y sin previo aviso me quitó el celo de la boca. Me dolió, pero menos de lo que pensaba. Y antes de que pudiese decir nada, cogió el dildo impregnado en sus jugos y me lo metió hasta el fondo de mi garganta. Sorprendido, tensé todo mi cuerpo. Intenté mover mis manos, sin éxito. Estaba atado, claro. Nuria tenía total libertad para follarme la boca con el dildo, y así hizo durante un rato, aunque tosiera.

    -Lo siento amor, pero la polla de Alex es mía. Y no tengo claro si quiero compartirla contigo. Te tendrás que conformar con este dildo…

  • La que no es puta no disfruta (madre e hija más compañía)

    La que no es puta no disfruta (madre e hija más compañía)

    ¿Cómo descubrí que hay otras forma de sexo? De la forma más loca y con las personas que menos lo esperaba.

    Viuda hace dos años, con cincuenta primaveras en mi haber, criada en el seno de una familia ultra conservadora y religiosa profesante.

    Mi difunto compañero, también creyente, impuesto por mis padres; durante el periodo que duro nuestra relación hasta el día del accidente que lo arrebato de este mundo, dejándonos solos a mi hija y a mí, me hizo conocer el sexo tradicional, besitos, yo abajo boca arriba y el arriba boca abajo, penetración, bombeo, eyaculación y a dormir espalda con espalda.

    Hasta que aconteció lo que voy a relatar.

    No sabía lo que era un orgasmo, yo pensaba que las sensaciones que sentía eran verdaderos orgasmos, pero no, estaba equivocada.

    Mi hija, veinticinco, muy bien llevados años, enfermera recibida, siempre conversaba conmigo, pero hoy tuvimos una charla que cambiaría todo en mí.

    – Hola ma, buenas tardes, ¿almorzamos?

    – Hola mi vida, buenas tardes, te estaba esperando.

    Nos sentamos para almorzar, sin saber que era el preludio de lo que vendría.

    Al terminar.

    – Ma, no quiero ser impertinente, pero necesito preguntarte algo. Desde que falleció papa, no te he visto tener vida social, no salís mucho, perdiste el brillo en los ojos, ¿te puedo ayudar?

    – Hijita, sabes muy bien que tu padre fue todo en mi vida…

    – Silencio ma, bien lo dijiste, fue, el ya no está, veo que por ahí viene la cosa, sos joven, hermosa, físico que chicas de mi edad envidiarían, culta, buena persona. Vamos a hacer un cambio en vos, vas a descubrir un montón de cosas nuevas, yo te voy a ayudar y acompañar.

    – Pero hija.

    – Nada de peros, me baño, mientras lo hago arréglate que vamos a salir, no quiero excusas, peros ni negativas.

    Lo dijo tan segura de sí que no me negué, al salir del baño, estaba yo arreglada y lista.

    Me llevo a la peluquería para color y corte, ahí mismo me hizo maquillar y arreglar las uñas. De ahí a comprar ropa interior y algún jeans con remeras y buzos, todo a la moda actual.

    Al regresar a casa, comenzamos a probar la vestimenta, debo reconocer que me gustaba lo elegido.

    – Bueno ahora a combinar la ropa interior.

    No puse reparos, lo único que me dio algo de pudor eran las tangas, un cuadradito delante y un hilo por detrás.

    Al verme la tanga puesta las dos echamos reír, los pelos de mi pubis asomaban como los bigotes de un caballero antiguo.

    – No ma, eso no puede ser, acóstate que ya vengo.

    A su regreso venía con todo el equipo para rasurar, cosa que, sin mediar palabra hizo sacándome la tanga.

    Al terminar, me puso crema para suavizar, la piel.

    En esa instancia fue cuando puntualmente la historia comenzó a cambiar en lo que a mi vida sexual se refiere.

    Era todo risas, haciendo bromas sobre mi vagina.

    – A ver mama, abrí las piernas, abrí las piernas, abrí las piernas, abrí las piernas, abrí las piernas.

    – Hija no hace falta que me lo repitas tanto.

    – No mama, solo lo dije una vez, ¡¡¡el resto fue el eco!!!

    – Que mala, que sos.

    – Jajaja, a tu “nena” le falta acción, hace tiempo que no se usa.

    – No me hagas poner colorada.

    Mientras hablamos, comencé a sentir algo raro, sensaciones que tanto mi vagina ni mi cuerpo lo habían sentido, mi vulva estaba húmeda por demás, un calor invadió mi zona y mi cara, mi pelvis se movía sola de arriba hacia abajo, casi imperceptible.

    Mi hija acariciaba mis labios externos con suavidad, me deje hacer, los dedos se perdían entre los labios mayores y menores, subiendo hasta el clítoris para jugar haciendo círculos. Mientras con una mano hacia eso, los dedos de la otra ingresaban a mi cavidad vaginal haciendo movimientos de adentro hacia afuera, una electricidad recorrió todo mi cuerpo haciendo que este se tensara, para sentir luego una total relajación, después me diría mi hija que eso era un orgasmo, ¡¡¡mi primer orgasmo!!!

    Ahí no termina la historia, mi hija comenzó a besarme todo el cuerpo, deteniéndose en mis tetas que se encontraban duras en toda su proporción, incluidos mis sensibles pezones, en los cuales se detuvo para chuparlos con dedicación y dulzura, haciendo que nuevamente mi excitación se elevara a su máxima expresión. Fue bajando con sus besos por mi torso, la piel de mi cuerpo estaba erizada, llego a mi ombligo para detenerse a jugar con su lengua, bajando despacio hacia mi entrepierna, eleve un poco mi cabeza para observar, vi como su lengua se perdía entre los labios vaginales, absorbiendo los jugos que emanaba, esa lengua cálida toco mi clítoris erecto produciendo en mi un espasmo que tenso nuevamente mi cuerpo; al notar eso, mientras chupaba ese botón de placer volvió a meter sus dedos en la cavidad vaginal, produciendo otra vez el mismo efecto que había experimentado hacia unos minutos, baje la cabeza recostándola en la almohada mientras escuchaba como bebía todos los jugos que ella había logrado sacar, como si ese, fuera su premio.

    Nos miramos, yo quise hablar y me silencio con un beso en la boca, sorprendiéndome con la invasión de su lengua, correspondí su beso.

    – Hija ¿Qué hemos hecho?

    – Disfrutar mama, disfrutar, olvídate de todos los tabúes, tu despertar al verdadero sexo, recién comienza. Aunque no lo creas, sé muy bien como fue el sexo con papa, o mejor dicho el sexo de papa.

    – Si hija ahí tenés razón, fue mi primer hombre en todo, mi primer y único novio, marido y pareja sexual.

    – Lo se mama, pero a partir de hoy, tu hija te va a poner a día, y vas a disfrutar de todo lo que te perdiste.

    – No se hija.

    – Ya vas a ver…

    Debo reconocer que me gusto, sobremanera, nunca en mi vida había experimentado un orgasmo y del sexo oral solo escuche, sin haberlo hecho.

    Como conté, mi esposo solo ponía su pene en mi vagina y descargaba su semen, verdaderamente ahora entendí que yo, era un depósito de espermatozoides sin derecho a disfrutar.

    Pasados unos días arreglamos con mi hija para ir a cenar afuera, en un restaurante que tiene una cocina fantástica, propiedad de un amigo.

    Cenamos opíparamente, bien regado con unas copas de buen vino tinto que nos obsequió Ezequiel, el propietario, un hermoso hombre, de cuarenta y ocho, muy bien puestos, años, que en alguna ocasión había estado enredado con Clara (mi hija) digamos… amigos con derechos.

    Nos quedamos los tres hablando y compartiendo hasta el cierre, entre risas, postres y vino.

    Al echar llave a la puerta de entrada, Ezequiel ofreció llevarnos a casa, cosa que aceptamos gustosas, clara me hizo sentar en el asiento del acompañante mientras que ella fue en el trasero.

    Lo que duro el viaje íbamos riendo producto de anécdotas y ayudado por el exceso de alcohol, Ezequiel, no paraba de tocarme la pierna.

    Al llegar, Clara lo invita a tomar un último café, aceptando.

    Luego de otra media hora de charla, Ezequiel se despide y antes que se retire me disculpo y voy al baño, al salir el ya no estaba.

    – Clara, que te pareció la salida, la pasamos lindo ¿no?

    – Si mama, la verdad que hermoso, encima Ezequiel es maravillosa persona, muy agradable.

    – Si, agradable y muy buenmozo.

    – Esta para darle y darle.

    – Hay Clara, que cosas decís.

    – Mama, te puedo asegurar por experiencia que te puede elevar al cielo.

    – Bueno hija, me voy a dormir.

    – No mami, la noche está en pañales.

    Se levantó y me beso apasionadamente, obvio que no me resistí, quería volver a experimentar lo vivido recientemente.

    Besándonos fuimos a la pieza, mientras nos íbamos sacando la ropa de camino. Al llegar a la cama estábamos solo con ropa interior.

    – Ahora Raquel, tu hijita te va a llevar a conocer otra cosa que te va a encantar. Hoy vas a hacer cositas que ni lo tenías en mente.

    – Dale Clara, estoy entregada a tus experiencias.

    Apagando todas las luces del cuarto me recostó en la cama acariciando y besando mi cuerpo, al llegar a la tanga ya húmeda de la “emoción” casi de un tirón me la arranco, al tiempo que ella se sacaba la suya. Su lengua comenzó a hurgar mi vagina deseosa de orgasmos.

    Al darse cuenta que yo estaba por acabar, dejo de hacerlo, se subió encima de mi poniendo su vagina en mi cara, hice lo mismo que había hecho Clara, el sabor agridulce de sus jugos invadían mi boca, cosa que me excitó mucho más, rodamos de costado quedando ambas de lado gozando nuestros sexos, lo que luego me entere se llama sesenta y nueve.

    Clara, deja de hacer su “trabajo”, haciéndose a un lado, imaginando que quería ocupar todos sus sentidos en su vulva, introduje, tal cual ella lo había hecho la otra vez, dos dedos dentro, cuando de repente siento otra boca besando mi sexo y lamiendo vorazmente, dejo lo que estaba haciendo y veo a Ezequiel ¡¡¡no se había ido!!! Estaba allí desnudo, aplicándose a mi vagina ardiente, lo deje hacer.

    Ya no respondía de mis actos.

    Al ver su pene palpitante, no era más grande que el de mi marido, pero se veía rico. Clara me tomo de la cabeza y me arrimo hacia esa verga palpitante, mientras me decía al oído que debía hacer y cómo.

    La comencé a lamer tal cual un helado, para besar ese capullo puntiagudo, la introduje en mi boca aprisionándolo entre el paladar y mi lengua, tratando de no hacer daño con los dientes, iba y venía por toda la extensión de ese aparato magnifico, sabroso. Mientras tanto con una mano masturbaba a mi hija y ella hacia lo mismo conmigo, con la otra mano acariciaba y a veces daba pequeños apretones a los testículos de Ezequiel.

    No sé cuánto tiempo pasamos los tres dándonos sexo oral, hasta que mi hija corrió a nuestro caballero hacia un lado. Poniéndome como si fuera un perro, lo coloco detrás de mí y guiando el miembro con su mano hasta los labios de mi vagina, le dijo.

    – Ahora es el momento Ezequiel, dale duro.

    – Si Clarita, no me voy a negar, hace rato que la deseaba.

    Sin más, y de un empujón entro toda esa verga caliente dentro de mi cavidad vaginal, pegue un grito, no sé si de placer o dolor, lo único que sabía es que tuve una vida sexual totalmente desperdiciada hasta ahora.

    Me bombeaba duro, sus testículos pegaban en mis labios vaginales, calara se recostó debajo mío, mientras el frenesí de mete y saca se hacía más y más violento, ella lamia mi vagina y parte de su vigoroso aparato.

    Otra vez esa hermosa sensación recorrió todo mi cuerpo, mis piernas comenzaron temblar y tuve un orgasmo impresionante, más intenso que el provocado por Clara. No me terminaba de reponer que tuve otro y otro, no lo podía creer, estaba extasiada, hasta que sentí como golpeaba en mis entrañas ese líquido caliente que salía a espacios intermitentes. Mi hija se tomaba todo lo que salía de mi vagina, o eso creí, porque luego de “tomar” todo, se acercó a mi boca y me lo paso para que también probara el sabor de tremendo macho, cosa que me gusto e instintivamente me fui a terminar de limpiar su falo aun erecto una vez que lo saco de su encierro, volviendo sentir su exquisito sabor. Clara se unió a la fiesta, le chupábamos entre las dos, alternando una boca y otra.

    Mientras yo, fascinada chupando ese miembro que no perdía erección, Clara le ofreció su concha para que se hiciera un banquete de almeja más joven, chupándola como si fuera la última vez.

    Deje lo que estaba haciendo para sentarme sobre esa pija que me estaba dando placer, mientras subía y bajaba por toda su extensión, no paraba de darle sexo oral a mi hija.

    – Bueno mamita, suficiente, creo que me toca a mí disfrutar de un paseo en verga.

    – Si Clara, lo tenés más que merecido.

    Se puso sobre ese palo brillante de jugos y lo vi cómo se perdía de poco en la depilada vagina de Clara.

    No podía más de la excitación, nunca había visto una película porno, y menos a dos personas cogiendo en vivo y en directo. Me masturbaba como podía, hasta que me pare frente a la cara de mi hija y le ofrecí mi concha para que hiciera lo que sabía hacer, no solo la chupo, si no que volvió a meter sus dedos y le pego un pequeño mordisco suave al clítoris.

    Al unísono pegamos un grito, habíamos llegado al orgasmo los tres la vez.

    Rendidos, agotados, exprimidos y yo feliz, nos recostamos en la cama.

    – Gracias hija, cuanto me he perdido de disfrutar, en estos días aprendí lo que debía haber sabido a lo largo de mis cincuenta años.

    – Bueno mama, creo que aún falta aprender un poco más, con Ezequiel estamos dispuestos a ayudar.

    – Es cierto yo soy materia dispuesta, hacía rato que deseaba compartir cama con vos, lo que no me esperaba era estar con las dos.

    – Es cierto, ¿Cómo es que entraste en escena?

    – Clara lo organizo todo.

    – ¿Es verdad hija?

    – Si totalmente verdad.

    – Si piensan que voy a enojarme, están en lo cierto.

    – ¿Por qué?

    – ¿tan mal la pasaste?

    – Me enojo porque no se les ocurrió antes.

    Nos quedamos dormidos hablando.

    Al otro día, cuando me levante, Clara no estaba y Ezequiel dormía aun, (o eso creí) así que aproveche y me fui a bañar. Cuando estaba enjabonada, siento que dos fuertes manos me toman por los pechos y su duro miembro se apoya en mis nalgas, restregándolo por la línea que divide los glúteos, desde mi clítoris hasta el ano, deslizándolo en varias oportunidades.

    Me di la vuelta arrodillándome engullendo su cipote, para chuparlo desenfrenadamente, que cosa más rica.

    Ezequiel, tomándome de los brazos me levanta y ya depie, me pone de espaldas a la pared, eleva hasta su cintura mi pierna izquierda asestando una estocada a fondo, sentí esa gruesa punta tocar mi útero, ese acto me hizo acabar a los dos o tres bombazos de su miembro, siguió haciéndolo, hasta que vi que comenzó a revolear sus ojos, no me lo quería perder, me arrodille nuevamente y justo alcance a meterlo en mi boca para recibir todo su semen en el mismísimo fondo de mi garganta tomándolo todo, sin desperdiciar una gota, saboreando eso, que ahora era para mí sola.

    Nos terminamos de bañar y fuimos a preparar algo para desayunar.

    Al llegar Clara, que había ido a comprar unas facturas, le contamos todo, con lujo de detalles, a lo que me dijo…

    – ¡¡¡Mama “la que no es puta no disfruta”!!!

    Entendí el sentido de la expresión.

    Después de desayunar Ezequiel se retiró y nos quedamos a solas con Clara.

    – Otra vez gracias hija querida, en un principio estaba atónita pero me deje llevar, cosa que también me gradezco.

    – Bueno ma, te veía triste y sabia de tu vida sexual con papa, no te olvides que era íntimo amigo de Ezequiel y varias veces, pasado de copas le contaba cosas que después me las transmitía.

    – Bueno hija, en estos días entendí que hay un antes y un después de tu padre y me está gustando el después, muchísimo más.

    – Esa era la idea original.

    Para finalizar, les comento que nuestros encuentros son habituales, algunas veces los tres, otras individuales, con Ezequiel o con Clara, otras veces ellos dos solos. A veces mientras los espío me masturbo y uso unos juguetes sexuales que me hizo comprar mi “maestra” la Señorita Clara.

    Con el correr del tiempo, aprendí varias cosas, una de ellas es que el sexo es fantástico ya sea con un hombre o dos mujeres, inclusive sola. Aprendí también algo llamado tijerita y algo que no sabía, ni se me había cruzado nunca por la cabeza, que el culo no solamente me sirve para defecar.

    Pero bueno, esa, esa es otra historia.

  • Sexo con mi hermana mientras mi marido mira

    Sexo con mi hermana mientras mi marido mira

    Cómo ya les había contado hace un tiempo con mi hermana compartimos la verga de mi marido. Bueno, unos días después me tocó disfrutar de su cuerpo mientras mi marido nos miraba coger y se la jalaba bien rico.

    El ver a mi hermana montada en la verga de mi marido me había traído loca durante días, ya no la miraba igual.

    La pendeja sabía eso y no desaprovechaba oportunidad para pasearse con ropa provocativa para ponerle la verga a palo a mi marido, yo disfrutaba de eso y cada tanto cuando estaba sola en casa me masturbaba para calmar mis ganas.

    Un día que quedamos solas en casa la pendeja de mi hermana me dijo que estaba caliente y que si la dejaba cogerse la verga de mi marido cuando él llegara de trabajar. Yo le dije que sí obviamente pero que antes debía hacer algo por mí si es que quería disfrutar a la noche. Mi hermana ni corta ni perezosa aceptó sin saber antes que es lo que yo quería. Yo sonreí y me recosté en el sofá abriendo mis piernas dejando expuesta mi vagina toda caliente y mojada.

    No hizo falta decirle que es lo que yo quería por qué al instante tenía a la pendeja entre mis piernas pasando su lengua.

    Yo estaba tan extasiada que no me percaté que mi marido había llegado a casa y estaba detrás de la puerta con su verga en la mano jalándosela.

    Yo le sonreí pícaramente y sin que mi hermana se diese cuenta me levanté y la coloque debajo mío. Primero probé su mojada concha y pellizque sus duros pezones para luego colocarme encima de su conchita y moverme lentamente haciendo chapotear nuestros jugos. Mi hermana gemía como toda una puta y yo hice pasar a mi marido sin que ella se diera cuenta haciendo que él se pajeara cerca de su cara hasta llenarle de leche. Ésta escena hizo que la pendeja y yo tuviésemos al mismo tiempo un brutal orgasmo dejando el sillón y parte del piso empapados…

  • Boda, fiesta, baile sexo y algo mas

    Boda, fiesta, baile sexo y algo mas

    Mi amiga Ruth me invitó a la boda de su prima, una boda que tendría lugar en una provincia de mi México, Ruth es una muy buena amiga, estudió conmigo la universidad y es la administradora de mis negocios realmente le tengo mucha confianza, ella sabe absolutamente todo de mi, bueno casi todo, ya que no sabe lo de mis tríos, pero si sabe de todos los hombres que han estado en mi cama o más bien de todos los hombres que me han metido en su cama.

    Llegó el día viernes, un día antes de la boda, Ruth llegó a mi departamento ya que nos iríamos juntas a la fiesta, por la noche estuvimos escogiendo nuestros outfits, Ruth iría con un lindo vestido rosa entallado y yo quería ir de blanco con zapatillas rojas, pero no podía ir de blanco así que fui de vestido negro, con mis zapatillas rojas, Ruth es una china muy guapa y buena, incluso mucho mejor que yo, ya que ella tiene sus pechos más grandes que los míos, de hecho siempre le eh dicho que si fuera hombre ya me la hubiera cogido, pero paso algo esa noche, entre varios atuendos nos veíamos y entre copas nos besamos, yo le bese sus pechos y pezones y ella me aventó a la cama y me realizó un delicioso oral, y yo le pague con dos dedos en su hermosa vagina ya que a mí no me agrada lamer los labios vaginales de una mujer.

    Dormimos juntas y desnudas, al siguiente día fui la primera en meterme a bañar y después ella, desayunamos y nos arreglamos, nos fuimos en mi auto y nos fuimos en carretera más de dos horas, hasta llegar al pueblo donde sería la boda, llegamos a la iglesia y estuvimos en misa, la prima de mi amiga se veía hermosa y de ahí nos fuimos a la hacienda donde sería la fiesta.

    Al llegar al salón nos sentamos junto con los papás de Ruth, todo muy bonito, la comida, la fiesta, el baile de novios etc., hasta que inició el baile, yo bailaba con mi amiga y también con su papá, de pronto a lo lejos mire que unos chicos nos miraban, pero se miraban más pequeños como de unos 20 a 23 años, y también había otros hombres, pero con novia, los chicos nos fueron a sacar a bailar y obvio que dijimos que si, pero había uno en especial, llamado Esteban.

    Esteban tenía 22 años estaba por terminar su universidad, y yo, pues un mujeron, no dejaba de verme y de ir a sacarme a bailar, mientras bailábamos le dije mi nombre, pero no mi edad, y así entre tragos y baile terminó la fiesta y la prima de Ruth le dijo que se habían pagado habitaciones en el hotel de la hacienda, por sorpresa nuestras habitaciones quedaron casi juntas a la de los chicos.

    En camino a las habitaciones, nos encontramos con ellos, me grito y me dijo si le daría mi número telefónico, le dije que me invitara una copa y lo pensaría, así que Ruth y yo nos fuimos a la habitación de ellos, Esteban con dos de sus primos, Ruth, yo y una prima de ellos, entre copas le di mi número de teléfono, y sin que nadie se diera cuenta entramos al baño y ahí nos estuvimos besando, hasta que al tocar mis pechos me prendí bastante, quiso meter sus dedos en mi sexo, pero no lo deje porque así de prendida no podría controlarme y gemiría, me dijo que me bajara, sonreí le saque su verga, lo masturbe y obedecí lentamente fui hacia abajo, solo le di unos lengüetazos y unos besitos sin meterlo a mi boca, y le dije duerme rico, pero me insistió, volvía a bajar y solo me lo metí en 5 ocasiones hasta el fondo de mi boca y salí del baño, lo deje prendidísimo, cuando salí Ruth también ya andaba en el faje que tuve que llevármela a nuestra habitación.

    Así terminó la noche, al otro día nos paramos temprano fuimos al recalentado y ahí lo volví a ver, caminamos por la hacienda, me dijo que lo había dejado bien prendido así que solo sonreí, le dije que tenía que irme, de regreso a la ciudad, sola ya que Ruth se iría con sus papas, en el camino me mando mensaje, me preguntó si podría invitarme a algún lugar a culminar con lo de una noche antes, le dije que era un niño, me dijo que le diera la oportunidad, le contesté que el próximo sábado estaba disponible que me sorprendiera.

    En jueves por la tarde me dijo que me invitaba a un balneario en el estado vecino al norte de la ciudad, mi reacción fue reírme ya que tenía años que no asistía a un balneario, y entre risas le dije que si, por la noche del jueves me mandó una foto diciéndome «aquí me tienes recostado pensando en ti por como me dejaste la semana pasada» y empezó un rico juego de mensajes y fotos, yo le mande una de mis labios con una sonrisa, diciendo «yo aquí riéndome de como te deje prendido» de inmediato me contestó con un, que lindos labios ojalá pudieran concluir lo rico que hacían la semana pasada, mandándome una foto en bóxer con su pene erecto, yo tarde en responder y le mande una foto mordiéndome el labio, a lo cual contesto, «que tus labios terminen lo que iniciaron y yo iniciar a besar esas exquisitas piernas» por lo que le mande dos fotos de mis piernas preguntando si cerradas o abiertas, me envió una foto de su pene sin bóxer diciendo «abiertas con esto entre ellas» finalice con una foto mandándole un beso. Y deseándole linda noche.

    Al día siguiente me envió mensaje que venía por mi a mi casa a la que le respondí que yo vivía en el sur de la ciudad, que mejor yo pasaba por el al punto de las 7 am.

    Llego el día del balneario, pase por el muy temprano al lugar donde me indico a lo que pedí que manejara mi auto, en el camino platicábamos pero se veía nervioso, yo veía su pantalón y ya lo tenía muy tenso, llegamos a nuestro destino, el famoso balneario, claro sin antes desayunar y comprar algunas bebidas alcohólicas, al ingresar me preguntó cuando tenía que regresar a mi casa a lo que le contesté que podía llegar al otro día, así que se dispuso a pagar las entradas con casa de campaña, al ingresar al balneario fui rápidamente a cambiarme a los vestidores y él se cambió dentro de la tienda, obvio al salir de los vestidores los hombres y las mujeres apreciaron mi lindo y natural cuerpo, al llegar a la tienda, pude apreciar el tenso nerviosismo de Esteban, nos sentamos sobre el césped mientras me colocaba bloqueador y platicamos un poco.

    Al paso de 30 minutos nos fuimos a meter a la alberca, estuvimos nadando un poco y nos subimos a los toboganes y todas las atracciones por haber, caminábamos en todo el parque tomados de la mano, después de un tiempo nos fuimos a una alberca y parados en la orilla discutíamos sobre nuestros gustos y placeres, hasta que me tomó de la cintura y se dispuso a darme un beso, obvio se lo contesté, de repente salió el tema del fin de semana anterior, estuvimos recordando lo que había sucedido, le pregunté cuántas novias había tenido y me dijo que 3 pero que en ese momento tenía una relación, a lo que reaccioné de sorpresa, pensé que no tenía novia, así que mejor para mi, no se clavaria el chico.

    Le pregunte que con cuantas había tenido relaciones me dijo que con las 3 y que yo sería la 4, le respondí que yo no era su novia, y que no cantara victoria que si hacía algo tal vez solo concluiría con lo de la semana anterior, pero el chico tenía algo que llamaba mucho la atención, ya en la alberca, le pregunté que cual posición le gustaba mas y que le gustaba que le hicieran, a lo que respondió como todos los hombres, oral y que le gustaba de a perrito, me dijo que tenía buen trasero para tenerme así, a lo que le cuestione si era tan bueno para no venirse rápido en dicha posición, solo sonrió y me dijo que lo experimentaría, le respondí, no creo aguantes tanto y le di un beso mordiéndole el labio.

    Vi que se acercaban algunos chicos, eran 3, eran bien parecidos y no es que Esteban estuviera mal pero a mi lado era un niño, cuando se acercaron sentí la molestia y el nerviosismo de Esteban, tal vez su impotencia de no poder decirles algo porque eran 3, me hicieron comentarios que fuera con ellos, que la pasaría bien, decidí ignorarlos y en ese momento besar a Esteban, un beso muy apasionado que mi niño se prendió rápidamente, obvio estos fulanos entendieron la indirecta.

    Cayó la tarde noche fuimos a la ducha y posterior al restaurante del balneario a comer, tomamos unas cervezas y nos fuimos a la tienda de acampar, estábamos fuera sentados en el celular, Esteban se metió a la tienda a dormir estaba cansado de la manejada y la alberca, a lo lejos mire que nuevamente venían los chicos de la alberca a lo que disimuladamente volteé dentro de la tienda me puse a gatas entre y cerré que ya no pude ver la cara de estos fulanos, desperté a Esteban a besos en el cuello me preguntó si por fin terminaría lo que había iniciado una semana antes.

    Lo besé en el cuello, en el abdomen, sus piernas, sus pies hasta subir nuevamente a su pene, el cual no era muy grande pero se veía delicioso y joven, lleno de vigor, apetecible a primera vista, cabía todo en mi boca, obvio tenía que abrir mucho la boca y meterlo hasta mi garganta el tocaba mis pezones, me tomaba de la cabeza metiéndomelo hasta la garganta, chupándolo muy rico hasta llegar a su glande, intentó metérmela en mi sexo, pero no me deje ya que si lo hacía no iba a parar de gemir, ya que soy muy intensa, le dije que en otra ocasión donde pudiéramos estar completamente solos, así que decidí terminar con el cometido y propiciarle todas las mamadas posibles en toda la noche, para mantenerlo feliz.

    Pero algo pasaba, no eyaculaba no soltaba lo que traía dentro por mas que lo estimulaba no terminaba, ya hasta me dolía la mandíbula de estar chupando, pero él estaba feliz tal parecía que quería tenerme todo el tiempo ahí, aunque a mi no me molestaba, me encanta hacer el sexo oral, me encanta tener un miembro en mi boca, pero lo incómodo es que por tener todo el tiempo la boca ocupada, te cansas de estar ahí, le dije que descansaría un poco, y me recosté, el inició a besarme el cuello, mi vientre, mi pezones, mi boca, mis piernas volvió a tratar de convencerme pero no me dejé, fuimos a buscar una habitación en el hotel pero ya no había, estaba agotado.

    Fuimos a la tienda del hotel, compre un helado y unos chocolates, volvimos a la tienda eran cerca de las 12 de la noche volvimos a besarnos y volví a comenzar, esta vez iba a terminar con el cometido, coloque helado en su pene, y lo chupe rico muy rico, al terminarlo puse chocolate y me lo introduje como desesperada, diciéndole cosas cachondas para lograr terminara, colocándole en mi cara, frente a mis ojos, oliéndolo, diciéndole que era su zorra para tenerme ahí comiendo de su rica verga, chupándole y comiéndome sus bolas, deslizando mi lengua por todo su tronco, él estaba super prendido su pene ya estaba muy rojo de lo irritado que lo tenía por la fricción de mis dientes, estaba tan erecto que ya se miraba más grande, ahí estaba tan excitada que en verdad quería tragármelo, me entraba con todo y sus bolas hasta mi garganta, ya estaba exhausta, hasta que por fin logré que vaciara todo su semen en mis pechos, solo sonreí y de mi excitación unte todo su semen en mis pechos, al final chupe mis dedos, el sonrió y abrió sus ojos preguntando si me gustaba comérmelo o que me lo tirara en la cara, le dije que no me desagradaba.

    Pasó media hora y no se le bajaba, la erección le dije que si le había gustado, me dijo que volviera a mi lugar, y me dijo que mi lugar era ahí abajo chupando su rico pene, volví a hacerlo pero que chico tan viril que no bajaba la erección, inicie de nuevo a chuparlo rápidamente volviendo a decirle cosas excitantes y denigrarme como mujer, hasta que logre que terminara pero esta vez lo vacíe en mi cara que al final termine limpiándolo con mi lengua, y así logré que vaciara otras 2 ocasiones en mi cara toda su leche, hasta que dieron la 5 o 6 de la mañana.

    Salimos del balneario cerca de mediodía camino a la ciudad, sin antes pasar a almorzar, durante el camino íbamos platicando de lo sucedido y de lo que nos gustaba en la cama, me dijo que quería meter su verga en mi vagina, yo dije mmm espero que así como duraste dures en la cama, y me dijo que lo probara, le dije que el próximo viernes ahora yo lo invitaba a pasar el fin, de viernes a domingo, me preguntó que si lo había hecho por el culo, le dije que no, pero que es algo que me gustaría, (obvio no le iba a decir que si) le dije que si el viernes me provocaba 3 orgasmos sin que él se viniera, me dejaría hacer lo que él quisiera, al grado de tomarme como su perra y sin decir palabra alguna, me miró y yo solo lo miré, suspire y sonreí, me preguntó como que? Y contesté, lo que quieras y te imagines donde quieras y como quieras…

  • Invitados a una fiesta swinger (parte 3)

    Invitados a una fiesta swinger (parte 3)

    En las partes anteriores, nos invitan a una fiesta swinger, pagada por un excéntrico que iba a usar los videos allí rodados para hacer una film más largo, comienzan los intercambios y las performances más extremas en pos de lograr la mayor atención de las cámaras.

    En la parte dos, tenemos sexo abiertamente y ella tuvo su maratón.

    Esta es la tercer parte, había algo nuevo, ella no se iba a ir de allí sin probar.

    Ya era casi de noche y nos dirigimos al lugar asignado para cenar, había varias parejas conversando solas o entre sí, nosotros elegimos una mesa apartada y ordenamos uno de los tres menús que había, eran casi las veintiuna horas y había una tregua de sexo hasta las cero horas, después habría piedra libre de cero a ocho.

    Mientras cenamos planificamos, dentro de lo que se podía, la noche, y esta planificación incluía, dormir otro rato, cuando hubiera poca gente salir al patio un par de horas y volver a dormir hasta el desayuno del otro día.

    La comida y bebidas eran de primera, todo muy liviano y digestivo por dos motivos, una rápida digestión y rápida limpieza de intestinos y no comer pesado por las dudas, lo que si me llamó la atención fue la cantidad de alcohol que había, demasiado en nuestra opinión, y esto era un arma de doble filo, pero estábamos tranquilos porque había abundante seguridad. No extendimos la cena hasta muy tarde, queríamos descansar, y nos llevamos la botella de champagne empezada al dormitorio y la terminamos sentados en el piso bromeando. Allí desinhibidos por el alcohol le propuse lubricarla y dilatarle para que ella consiguiera alguien que le pudiera hacer su tan ansiado primer fisting vaginal.

    Tres dedos ya entraban sin preparación, cuatro no costaba ningún esfuerzo, y menos con todo el lubricante disponible, quise agregar el quinto y me detuvo

    -Déjame probar con un puño chico y después vemos, dijo

    Paramos ahí, ambos estábamos muy calientes, pasaron unos minutos y probamos de nuevo, cuatro dedos entraron al primer intento y le dije

    -Ya estas pronta.

    Ya era casi la una de la mañana y decidimos salir de la habitación, ella intentaría conseguir alguna chica me dijo que si alguien la quería follar ella no aceptaría, ya bastaba por hoy, se sentó en el borde de la cama y se deslizó lentamente hacia el piso sostenida por sus piernas, yo que no sabía que estaba haciendo, me moví en la cama hasta su borde y vi con sorpresa que, la botella de champagne que estaba en la alfombra, al lado de la cama, ahora estaba más de la mitad dentro de su vagina, solo la parte más gorda de la botella estaba afuera.

    -Que haces? Le dije

    -Nada, ella me invitó a bajar, dijo.

    En el patio casi no había gente, se veían luces en tres de las seis habitaciones que daban a ese patio, por lo que dedujimos que había tres parejas incluido nosotros dispuestos a follar, había una chica sola en la piscina que miraba como tres tipos cogían a otra chica.

    Mi mujer se arrimó a ella, se agachó en el borde de la piscina dejando expuesta su húmeda y lubricada vulva, cerca, muy cerca de ella y le susurraron durante un momento, la chica hizo caras de no saber de qué hablaba. Yo veía que mi mujer le explicaba y le enseñaba como doblar los dedos de la mano para una penetración y ella asentía con la cabeza, salió de la piscina, se secó mientras mi mujer esperaba muy junto a ella mirando para el lado donde los tres tipos seguían follando a aquella mujer. Se dirigieron a un camastro donde daba un foco de luz y se hicieron de un tubo de lubricante, colocaron una toalla sobre el camastro donde iba a apoyar las rodillas, ambas cuidaban la ubicación para que hubiera buena luz.

    Me metí en la piscina y el agua tibia hizo que mi pene reaccionara y tuve una inmediata erección mientras miraba cómo mi mujer se inclinaba hacia adelante dejando expuesta su gran vulva y labios carnosos hinchados. La otra chica la lubricó y se lubricó la mano, tímidamente metió un dedo y mi mujer se giró sonriendo y le dijo algo. Enseguida ella cambió y metió 4 dedos que entraron sin oposición, tenía una mano fina y pequeña.

    La mujer que follaban los tres tipos estaba recibiendo una doble penetración, gemía fuerte y me hizo mirar unos segundos al costado, cuando vuelvo a mirar a mi mujer ya tenía toda la mano adentro de mi mujer y varios centímetros de brazo también. Al principio los movimientos eran lentos, estuvo entrando y saliendo varias veces hasta que mi mujer se giró y le dijo algo, ella sacó la mano y se agregó lubricante y la volvió a meter, esta vez sí vi con la facilidad que le penetraba la vagina con toda la mano, ella gimió y lo escuché por encima del ruido que hacía el otro trío, nuevamente pararon un instante, se volvió a lubricar y cerrando su mano como puño comenzó a meterlo hasta el fondo y sacarlo del todo, los movimientos se hicieron cada vez más rápidos hasta que mi mujer explotó en un orgasmo. Se aflojaron sus piernas y se dejó caer en el camastro, no se podía sostener de la intensidad del orgasmo, la mujer aún tenía el puño dentro de la vagina y la miraba con cara de sorprendida o asustada, ella dijo algo y se relajaron ambas mientras yo veía la película entera desde unos metros mientras estaba tranquilo y solo en el agua tibia de la piscina.

    Se despidieron con un beso en la mejilla y se fueron a higienizar juntas.

    Cuando giro la cabeza tenía arrodillada a mi lado, en el borde de la piscina, a la rubiecita que me miraba con penetrantes ojos y me pregunta

    -Te calentó ver lo que recibía tu mujer?

    Para qué mentir, si estaba con mi pene en la mano a punto de explotar.

    -Quieres que te descargue? Dijo.

    Salí de la piscina con una erección bastante importante, mientras caminábamos ella medía lo que se iba a comer, al llegar a un lugar con buena luz ella me detuvo y se arrodilló frente de mí, me descubrió la cabeza haciéndome doler por el tamaño de la erección y se metió mi pene en la boca, una cámara estaba más lejos y nos enfocaba, ella dominaba mi pene solo con su boca, una mano recorría mis piernas y mi culo y la otra me sobaba mis testículos, sentía una especie de placer y dolor. Después de un par de minutos y luego de agregar bastante saliva se lo tragó íntegro, sus labios llegaron a mi pubis, me pareció que su lengua rozaba mis testículos pero yo no veía, un par de veces hizo eso y le dije que se detuviera que iba a explotar, ella insistió una tercera vez y le descargué un buen chorro directo en el esófago. Siguió brotando semen de mi pene mientras ella me masturbaba y se refregaba el glande por la cara. Habrá pasado un minuto más lamiendo los restos y le di la mano para ayudarla a ponerse de pie. Mi mujer miraba desde lejos la escena.

    El primero en llegar a la habitación fui yo, mi mujer a los pocos minutos, le pregunté como le había ido y me contó que le había encantado, que había tenido un orgasmo y gracias a la preparación previa, no había sentido dolor ni incomodidad.

    -El puño de ella no era grande, no lo sentí como tal sino como un juguete más.

    -Puede relajarme y hacer acting para la cámara y el orgasmo con la arrodillada posterior porque se me aflojaban las piernas, fue todo ficticio, incluso los espasmo de la vagina apretándole la mano, un poco para aumentarle el morbo a ella y otro poco para las cámaras, agregó.

    -Y a ti?

    -Bien, dije.

    -Ella me abordó porque me vio mirándote en el fisting y tocándome en la piscina.

    Muy buena en la garganta profunda, dije y le guiñe un ojo.

    Ella me guiñó un ojo y nos fuimos a costar, me dijo que tenía restos de lubricante en la vagina y que la sentía grande, incluso sentía los labios en la entrepierna al caminar, pero que no se iba a lavar porque había sido solo una mano. Entonces le dije.

    -Hoy has estado fenomenal, una mamada, un polvo con acting, una orgía donde te penetraron seis y un fisting de una chica, también con acting. Has trabajado más que yo. Me di cuenta que hay tipos que lo único que hacen es mirar, son poco activos salvo que los invites. Y hay mujeres también poco activas, o tímidas. Podríamos sacar partido de eso, mañana quieres darle descaso a la vulva y usar el culo todo el día?

    -No estaría mal, dijo.

    -Bueno. Toma unos tragos de este aceite, que me traje de la cena y mañana luego de levantarnos hacemos una limpieza del tubo.

  • Sin absolución

    Sin absolución

    No era pariente mía sino que era familia política del esposo de mi tía. Ni quién comprenda esos parentescos. Por lo que entendí ella era visitante habitual de la casa de mi tía en aquel pueblo donde vivía. La casa y el pueblo lo conocía muy bien porque desde mi infancia la pasaba allí en todos los puentes, días feriados, vacaciones, a la menor oportunidad allí estaba en ése pueblo donde el sol caía como no lo había visto en ninguna parte que lo hiciera, los cielos casi siempre eran intensamente azules, hacía un calor intenso y seco y todo lo que se viera a la redonda por kilómetros y kilómetros era semidesértico.

    En aquellos años, en que se supone que el pueblo ya había crecido, aún había poca gente y en realidad el lugar sabía y olía a pueblo real, no a postal para turistas pretenciosos, el contraste entre la gente lugareña y los citadinos era muy fuerte y verdaderamente uno podía sentirse lejos de la ciudad, del ruido, de la gente, de los problemas, de la contaminación y de todas ésas cosas con las que gustaban aterrarnos por aquellos años: la sobrepoblación, la contaminación, aún no se hablaba tanto del cambio climático pero para allá iban gustosos los progres que en eso creen. Aún era un pueblo.

    Camila, estrictamente hablando, no era pariente mía sino que era familia política del esposo de mi tía. Blanca, de cabello castaño claro corto muy a la moda de por entonces, perpetuos jeans ajustados que mostraban sus generosas redondeces, tenis, fumadora compulsiva y unos ojos verdes muy expresivos. Era muy divertida. Y coqueta como ella sola, en aquel entonces no era muy observador pero imagino que traía en brama a los hombres del pueblo, lo que explica la actitud fría y displicente de mi ultracatólica tía hacia Camila, era harto notorio que le desagradaba la presencia de esa muchacha veinteañera a quien las ideas hipercatólicas de mi tía no sólo la tenían sin cuidado sino que con todas sus actitudes se burlaba de ellas. Por ese sólo hecho me caía muy bien y pasaba todo el tiempo que pudiera con ella. Ni siquiera recuerdo de qué platicábamos. Lo que sí recuerdo es que hacía muchas bromas de doble sentido y me coqueteaba abiertamente, para escándalo de mi tía. Seguramente yo no era el primero en ser seducido por ella en esa casa y por eso mis primas nomás hacían cara de ah qué cosas…

    Una tarde, después de comer y de dormir una siesta, al despertar poco a poco me fui dando cuenta de que no había nadie en aquella inmensa casota. Como de costumbre, se habían ido sin decirme nada, qué novedad. Pero hete aquí que descubro que en una habitación estaba Camila dormida. Acostada boca abajo en una enorme cama, traía una blusa escarlata y sus famosos jeans hiperajustados. Aproveché para poder admirar a mis anchas su cuerpazo, esas nalgas tan antojosas que se cargaba, las piernotas que parecían querer romper el pantalón, sus brazos apetitosos.

    No sé por qué, quizá para aliviar mi ansiedad, empecé a hacerle cosquillas en las pantorrillas y en los pies. Posiblemente llevara mucho rato despierta y me dejó jugar con ella. De las pantorrillas pasé a tocar sus muslos y cuando estaba por tocar sus nalgas, ella se volteó hacia mí, riendo y buscando hacerme cosquillas. Jugamos un rato forcejeando y cuando ya estábamos muy sudorosos y agitados puse mis manos en sus senos. Ni siquiera pensaba realmente tocarlos, tan sólo quería atreverme, provocarla, ver qué podría pasar. Eran los primeros senos que tocaba.

    Esperaba gritos, golpes, reclamos, una escena terrible de consecuencias catastróficas y castigos bíblicos en aquella archicatólica casa, ya me veía excomulgado y corrido de esa casa por un dedo de fuego que me señalaba la puerta y me acusaba de herética pravedad o alguna de ésas hipocresías tan adoradas por los católicos. En lugar de eso, Camila se recostó, sonrió, tomó mis manos y las volvió a poner sobre sus senos y me dijo que los acariciara. Debajo de la blusa podían sentir mis incrédulas manos un sostén muy delgado de encaje (coqueto, totalmente consistente con su personalidad pecaminosa de moral dudosa, diría mi tía la meapilas) que alojaban un par de senos de buen tamaño, muy calientes, firmes y suaves a la vez, con unos pezones de muy buen tamaño que ya se sentían erectos y reclamaban atención.

    Acaricié sus tetas un rato por encima de la tela, sin poder creer lo que estaba pasando, sudando y respirando muy agitado de la emoción y el miedo de que alguien apareciera de la nada y se armara el católico escándalo. Como pude metí una mano entre la blusa, alcancé sus tetas y metí la mano debajo del sostén para poder palpar la carne desnuda de sus magníficos senos. No estuve tan lejos de desmayarme. Ni en mis más salvajes fantasías había yo soñado que una muchacha tan guapa y tan buenota me dejara siquiera acercarme a ella. Y lo gozaba, sonreía, me acariciaba el cabello, me decía palabras de aliento con su voz grave y deliciosa, me guiaba. La verga me reventaba. Luego de mucho se me prendió el foco y entendí que debía abrirle la blusa. No podía desabotonarle nada de los nervios que me cargaba, me tuvo que ayudar.

    No creo que ningún arqueólogo sienta lo que yo sentí cuando pude admirar sus tetas desnudas. Generosas, blancas, desafiantes, firmes, de piel tersa y olorosa, el sudor de sus axilas era muy detectable pero muy excitante, con unos pezones rosa obscuro del tamaño de una moneda grande, muy erectos. Sin decirme que se las mamara, le mamé las tetas como yo creo que jamás lo he vuelto a hacer en toda mi vida. Me llevé esos pezones a la boca y no hubo ni antes ni después manjar más delicioso que conociera mi lengua y mi paladar. Las besé, las acaricié con mi rostro sin dejar ni un sólo lugar de ésa carne tan excitante sin acariciar, mis manos aprendieron lo que era acariciar algo tan inconfundiblemente femenino y por todos tan amado y anhelado, sentir su peso, su calor, su textura, la suavidad de su piel, la leve humedad del sudor que nos producía el calorón y el temor a ser descubiertos, mi nariz aprendió a reconocer el olor a carne tibia y ansiosa de ser acariciada, el excitante y potente olor de unas axilas sudadas cuyo olor se impone a cualquier desodorante, el aroma del cuero cabelludo que suda en una mujer excitada.

    Y besé, besé, besé, besé, besé sin tregua y sin cesar, besé como si nunca antes lo hubiera hecho ni pudiera hacerlo otra vez intuyendo que quizá será la única oportunidad que tuviera de disfrutar semejante banquete, besé con método y sin orden, besé delirando y aguzando el oído a la menor indicación de peligro, besé con la boca seca y derramando inverosímiles cantidades de saliva, besé sus pezones con una devoción que mi megacatólica tía desconocía y ya hubiera querido, besé todas sus tetas perdiéndome en la infinita extensión de su piel y por más que ella quiso mantenerse controlada su respiración cada vez más pesada y agitada delataba la invencible excitación que la estaba dominando a cada momento, por no decir que no hay manera que unos pezones se levanten aquella manera si no es como consecuencia de caricias deseadas con lujuria.

    Algo había cambiado en su mirada, me tomó del cuello y me besó en los labios largamente, sin prisas pero con pasión, mordiéndome los labios y disfrutando mi lengua, dándome a degustar su lengua y beber su saliva. Y mientras tan concienzudamente me besaba, me fue desabotonando la camisa y sus manos acariciaban mi pecho tal y como yo acababa de acariciar el suyo, pellizcaba mis pezones, sopesaba mis jóvenes pectorales, me despojaba de la camisa sin dejar de tocarme con deleitación, con inocultable morbo, con ardor. Miró mi verga atrapada por el pantalón y velozmente me despojó de pantalón y trusa, agarró mi verga con sus manos y la lujuria afloró a su cara como no la hubiera visto antes. Estoy seguro que se mordió los labios y luego se pasó la lengua por ellos. Me hizo sufrir un rato más haciendo que le quitara sus ajustadísimos jeans y por eso mismo la operación no fue nada sencilla pero ni siquiera me importaba porque estaba descubriendo el cuerpazaso de un mujerón que quería coger conmigo aquí y ahora sin hacerse del rogar, sin payasadas, sin hacerle tanto al cuento y dar largas y largas mientras se burlan a tus espaldas. Pocas mujeres he conocido en la vida que reconozcan que les gusta el sexo y que no tienen ningún inconveniente al respecto. Cuando al fin estuvo completamente desnuda, me dejó admirarla por unos momentos y me complació posando para mí mostrándome sus tetas, enseñándome orgullosa sus increíbles nalgas y acercándomelas al rostro para que las besara, las amasara, las acariciara, las lamiera.

    En ese entonces no teníamos la obsesión con el ano femenino que hoy tenemos, pero me moría de ganas de comerme su concha. Me recostó y se sentó sobre mi rostro. Y entré al paraíso. Uno hecho de carne caliente y húmeda, fuerte olor que me recordaba al requesón, sabor penetrante y muchos vellos inoportunos que había que estar sacando de la boca a cada rato. Me enseñó a comerle la concha y yo aprendí rápidamente. Acabó por montarse sobre mí y largamente olió mi verga y mis huevos y al final no pudo más y se comió mi verga con la misma pasión, el mismo morbo con que yo me andaba comiendo su concha deliciosa. Ambos pensábamos en las excomuniones, anatemas, escandalizaciones católicas y demás imbecilidades de mi hipócrita tía y eso nos daba más ánimo a pecar con más morbo, más mortalmente, más enjundiosamente, como si estar mamándonos con tanto entusiasmo la concha y la verga derribaran las obsesiones y censuras católicas, tan peleadas con la hermosa realidad de la vida y el cuerpo humano. Si nos iban a excomulgar y correr de la casa, que valiera la pena porque nos acabábamos de echar un cogidón de pecadote mortal sin perdón posible.

    Aprendí a meterle un dedo por la vulva y sentir su quemante temperatura interna y mientras devoraba los labios de su concha y mamaba sin dudarlo todos sus jugos, veía a su ano contraerse cada vez que mis caricias le producían un placer especial. Me faltaban manos para acariciarle las nalgas como yo hubiera querido. Después de un rato que ignoro qué tan prolongado fue en realidad, se separó de mi y me acomodó en la cama con unas almohadas en mi espalda a manera de respaldo que me dejaban cómodamente reclinado para que ella hiciera lo que se le antojara.

    Y lo que se le antojó fue clavarse mi verga. Estaba sorprendida de que no me hubiera venido, lo que ella no sabía es que si alguna virtud tuve casi desde el inicio era precisamente esa, poder resistir. Mi verga y mi bajo vientre estaba verdaderamente empapado de su saliva y más iba a estarlo del manantial de su concha. Se empaló y de un solo sentón se la clavó hasta el fondo. Puso los ojos en blanco, me estrujó en pecho y un brazo mientras me decía al oído, con una voz que sólo una mujer con una verga clavada puede tener, que estaba muy grueso. Me empezó a cabalgar veloz y furiosamente, de inmediato. Me ordenó que la sujetara de la cintura y le marcara un ritmo. Mis huevos dolían con el chocar de sus nalgas pero ese dolor era delicioso al ver cómo enrojecía Camila y gozaba como loca mi verga. Su vagina era poderosa, sentí sus contracciones varias veces, como si su vagina fuera una boca mamándome la verga. Comprendí por qué la gente gime cuando coge, es casi inevitable si la cogida es en regla y forma. Y esta estaba siendo de máximos honores.

    Brillante de sudor y agotada, varias veces satisfactoriamente orgasmeada, se dejó caer a mi lado respirando como cuando íbamos a subir la sierra cercana. Mi verga seguía parada pidiendo batalla. Dijo que eso no se podía quedar así, me empezó a masturbar y a mamar al mismo tiempo y luego de un rato hicimos otro 69 memorable. Me estrujaba los huevos como para exprimirles el semen. Al cabo de un rato de tan exquisita tortura, mi semen salió en cantidades que nunca antes me habían brotado, llenándole la boca golosa que no dejó escaparlo. Con la boca llena de semen, me besó y me lo dio a probar. Era el beso más deliciosamente obsceno que nadie me hubiera dado. Me gustó a qué sabía mi semen.

    Por la luz de la tarde dedujimos que habíamos pasado más de dos horas cogiendo como enajenados, por lo que no tardaría en aparecer la familia. Nos adecentamos lo mejor que pudimos, ventilamos la habitación, etc. Al volver la familia, que en efecto no tardó, ella mantuvo una distancia notoria conmigo. Jamás se volvió a acercar a mí, por más que yo buscara ese acercamiento, y cuando se fue del pueblo nunca la volví a ver en mi vida. He pasado muchos años preguntándome por qué una mujer que tenía en sus manos a tantos machos quiso esa tarde pasarla cogiendo con un novato. Aprendí que el sexo tenía que ser eso o mejor nada. No lo lamento.

    La misma noche de ese encuentro, una prima, de mi edad, se acercó con cara pícara y ganas inocultables de chisme. Dijo una sola cosa:

    — ¿Ya?

    Las palabras se me cuatrapearon en la lengua, posiblemente enrojecí y ella comprendió. En sus ojos vi ira, envidia y celos, todo junto. Como tantas cosas, en ese momento no lo comprendí. Quizá fue mejor que no lo comprendiera.