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  • Fui infiel y me enamoré del ciclista colombiano

    Fui infiel y me enamoré del ciclista colombiano

    Como cada domingo, salí temprano para comprar el pan, los tamales y la salchicha de huacho para el desayuno. Cuando tomé el ascensor me encontré con un vecino, al que no había visto antes, con malla de ciclista. Me dijo “buenos días” y en el acento descubrí que era colombiano. Alcancé a decirle “buenos días vecino” y llegamos al primer piso.

    Unos días después, me lo volví a encontrar en el ascensor, yo salía al trabajo y él igual, esta vez vestido con elegancia, de camisa y saco. Me pareció un hombre mucho más atractivo vestido así que con su traje de ciclista. Nos saludamos, igual que la vez anterior, y cada uno por su lado.

    Me lo volví a encontrar otros días. Salíamos a la misma hora al trabajo y, por varios meses, nos cruzábamos dos o tres veces a la semana. Nunca pasamos de un “hola, buen día”. Finalmente coincidimos otro domingo. Igualmente, él en los pantaloncitos ajustados de ciclista. Por la posición en la que estábamos en el ascensor, a diferencia de la vez anterior, pude apreciar su bulto genital. Me sorprendió el abultamiento y seguro mi rostro lo demostró pues se despidió con un “que tenga un gran día vecina” en un tono que me sonó muy lascivo.

    Desde ese momento las comunicaciones se hicieron más fluidas al encontrarnos. Hablábamos incluso caminando de salida del ascensor. Intercambiamos números y comenzamos a chatear por el WhatsApp. Era casado, pero su esposa estaba en Colombia. Estaba en Lima por trabajo, se quedaría por un año y ya iban como 8 meses.

    Como ya tenía el bicho del deseo creciendo en mí, le pregunté, con toda la mala intención de fondo, como le había ido con las peruanas. Me dijo que mal, muy mal. Que no había conocido una con la que congeniar. No le creí obviamente, pero me dio pie para la entrada triunfal “que extraño, eres un hombre muy atractivo”. Con esa entrada ya todo fluyó.

    En dos semanas ya estábamos en la cama. En un hotel a una distancia media del edificio donde vivíamos. No me decepcionó. El tamaño de su pene en directo y sin ropa de por medio, era tal como lo imaginaba al verlo en su trajecito de ciclista. Su cuerpo era firme, y realmente era un goloso del sexo oral. Podía tenerme muchos, pero muchos minutos gimiendo de placer con su lengua en mi concha y en mi culo. Eso me encantaba y tuve muchísimos orgasmos sin que me penetre. Cuando lo hacía, ya estaba en el clímax perpetuo y me ponía como loca con su verga adentro.

    Cuando se aproximaba su partida iba sintiendo pena de perderlo. La última semana vendría su esposa a Lima y eso me ponía celosa, furibunda, trataba de no enturbiar nuestros momentos juntos con mis rabias, pero me iban consumiendo. Pero sabía que se iría y que no lo volvería a ver. No había perspectiva. Él tenía dos hijos chicos, yo dos hijos también. Vidas hechas y, además, estuvo claro todo el tiempo que lo nuestro sólo era sexual. No soy una mujer fea, pero tampoco soy de una belleza o cuerpo que aloque a los hombres. Nunca me enseñó una foto de su esposa y nunca lo stalkee en redes. La imaginaba una colombiana hermosa y sensual, y prefería no sufrir viéndolo con ella.

    Quise tener con él una despedida inolvidable. Y no sabía que hacer. Alguna vez me mencionó que una de sus fantasías era hacerlo en mi departamento. Pero resultaba imposible, con mi esposo trabajando desde casa, mis dos hijos chicos y la doméstica. Estuve pensado como agasajarlo durante nuestra última semana juntos y nuestro último martes sucedió el milagro.

    A media mañana, nuestra doméstica me pidió permiso. Acepté. No le di importancia. A media tarde mi esposo me dijo que quería salir con los niños al cine, a ver una de esas películas de super héroes que no me gustan. Le dije que vaya tranquilo, que yo me quedaría en casa avanzando mis cosas. Coordinando horas con mi esposo, me di cuenta que tenía unas dos horas seguras para un encuentro sexual con Marcelo (mi colombiano). Luego de confirmar y reconfirmar que mi esposo tenía los tickets del cine, recién le avisé a Marcelo.

    Me dijo que terminaba una reunión y volaba a nuestro edificio. No podía cancelarla, pero si podía acelerarla. Igual, entre que terminaba y llegaba nos quedaba casi hora y media juntos en casa. A solas. Cumpliendo su fantasía y mi deseo de complacerlo con una despedida inolvidable.

    Llegué a casa poco antes que salieran mi esposo y mis hijos. Me quedaba como una hora para alistar todo y ponerme lo más linda posible para Marcelo. Me depilé. Me duche. Saque un baby doll que alguna vez me regaló mi esposo y nunca había usado. Me peiné. No me maquillé ni me puse labial. Cuando tocó la puerta, le abrí, así sólo en baby doll y lo vi deslumbrarse. Me sentí muy feliz. Demasiado feliz. En mi casa con el hombre que me había llenado de ilusión los anteriores dos meses.

    Me besó. Lo bese. Nos besamos. Estaba dichosa por el momento inesperado. Me abrazó y me atrajo hacia su cuerpo. Sentí que nuestros corazones latían juntos y fui feliz. Sus manos bajaron por mi cintura y se adueñaron de mis nalgas. Las apretó con fiereza y sentí como mi concha empezaba a humedecerse por sentir a mi hombre fuerte explorando mi cuerpo.

    Me llevó al sofá de la sala. Con sus manos me acomodó como perrita. Se arrodilló detrás de mí, levantó el baby doll y me sacó la tanga. Se dedicó a lo que le encantaba y me ponía loca, hacerme el oral. Así, de perrita en mi sala, exploró a sus anchas mi concha y mi culo. Tuve un orgasmo y otro. Mientras lo hacía se iba desnudando. De pronto ya estaba de pie, detrás. Separó mis nalgas tiernamente con sus manos y directamente, sin esfuerzo, sin mayor presión, ingresó en mi culo que lo esperaba. Con el movimiento de sus caderas me hizo volver a llegar y él se vació dentro.

    Se separó de mí. Me puse de pie. Sin más palabras me cargó y me llevó a mi habitación. Como una novia llegando a casa luego de la boda. Tuvimos sexo de pareja, de esposos, con palabras tiernas. Con declaraciones de amor. Le dije que lo amaba y en ese momento lo sentía. Me dijo que él también, quizás mentira, quizás verdad, no me importa ahora. Al terminar nos abrazamos. Lloré en su pecho. Sabíamos que todo había terminado.

    A los dos días llegó su esposa. Como la vida a veces es cruel, una mañana abro el ascensor y los encuentro bajando. No era la colombiana despampanante que imagine. Era varios años mayor que él y muchos más que yo. Muy gorda y sin gracia.

    Lloré toda la mañana en la oficina.

  • Relato en el avión

    Relato en el avión

    Estoy volando. Volando entre las nubes. Volando igual que volaré en unas horas. Cuando nuestros cuerpos húmedos y deseosos dancen haciendo el amor y volando entre estrellas.

    Entraré en el bar y buscaré entre la gente hasta que se crucen nuestras miradas de complicidad y se dibuje una sonrisa tímida en nuestros labios. Nos acercaremos, nos abrazaremos fuerte y nos robaremos unos besos tímidos.

    Toca una tarde de vida social: Charlar entre amigos tomando tapas y una copa tras otra. Música, baile, sonrisas, miradas… sabemos lo que vendrá después… y estamos deseosos el uno del otro. Somos cómplices de la diablura que llevamos dentro y como nos vamos a desatar en pocas horas. Sólo lo sabemos nosotros. Nadie más.

    Se que seremos los últimos en irnos del bar, es su día. Despedidas de la gente, abrazos y todo el mundo hacia casa a descansar para retomar mañana lunes una nueva semana. Excepto nosotros. Para nosotros está empezando la noche. Una noche que será larga y llena de vicio y que el lunes recordaré nublosamente.

    Me pide que querré tomar y con la máscara de niña buena que llevo puesta le digo que me da igual, le sonrió y le guiño el ojo. Decido coge un par de botellas y nos vamos a su casa.

    Paseamos agarrados, besándonos, riéndonos, jugando en medio de la calle como si fuéramos dos adolescentes.

    El ambiente se empieza a calentar. Entramos en el ascensor y nos comemos como si no hubiera un mañana. Estamos tan calientes que no sé si vamos a parar el ascensor para un primer round o vamos a poder llegar. Se abre el ascensor y sin dejarnos de besar llegamos a la puerta de su casa.

    Se le caen las llaves. Nos reímos, vamos borrachos y estamos calientes.

    Entramos y seguimos besándonos a lo largo del pasillo mientras dejamos un rastro de chaquetas, bolso y zapatos de tacón hasta llegar al salón.

    Es un salón muy bonito, ventanas grandes que dan a las mejores vistas de la ciudad, techos altos, suelo de madera antigua y muebles muy prácticos para follar. Que recuerdos me trae este salón, lo bien que lo hemos pasado en anteriores ocasiones aquí. No hay ni un mueble que no esté machado de mis corridas que con tanta facilidad me saca. Es un mago. Un mago del placer que me tiene enloquecida.

    Me prepara una raya que me meto con ganas. Ahora empieza la SORPRESA, la sorpresa que no se espera: su regalo de cumpleaños convertido en fantasía y deseo cumplido.

    Me toca mandar. Ahora soy una diva. Una diva que tiene todo el poder del mundo para hacer gozar este hombre deseoso de mí.

    Le pido que ponga música fuerte, que me prepare una copa y otra raya y que me de unos minutitos para prepararle su sorpresa. Lo dejo cumpliendo órdenes en el bonito salón, que, otra vez, será nuestro escenario de hoy.

    Ya en su habitación, me desnudo lentamente, me miró al espejo y contemplo mi cuerpo real. Femenino, ardiente, con curvas, tatuado por la naturaleza con las estrías de la vida y también tatuado a mi voluntad por mis creencias, valores y gustos. Estoy feliz. Me quiero y también le voy a dar un regalo a mi cuerpo y mi alma hoy. Me lo merezco.

    Empiezo a ponerme las medias, empiezo por los pies y delicadamente las voy subiendo hasta mis ingles. Me encanta el tacto de mi piel suave. Ahora toca mi conjunto sexy y caro, de seda roja y encajes negros. Compruebo que me sexo este húmedo y que sabe bien. Me pongo el tanga, el sujetador y el liguero.

    Me subo encima de los tacones finos y me vuelvo a mirar al espejo. Espectacular, explosiva y sexy, muy sexy.

    Me pongo la camisa blanca y la minifalda de colegiala. Estoy lista!

    Le pido que cierre los ojos y me acerco pisando firme con mis tacones el suelo de madera antigua. Me encanta como suena. Me pone. Estoy ardiendo.

    Me acerco a él por detrás, le beso la espalda y le pongo un antifaz negro y opaco. Quiero que dure. Quiero que esté atento a todos los sentidos.

    Ya con el antifaz me lo llevo delante del espejo, me sigue como un perrito sumiso y aturdido. Me encanta.

    Me pongo delante de él y empiezo a divertirme. Me encanta tenerlo así con los ojos cerrados y a mi merced. Incluso parece un buen chico.

    Me acerco a su cara y lo huelo, huele a flores frescas. Recorro su cuello con mi nariz, y subo por su oreja derecha. No puedo evitar morder con picardía su lóbulo y ya se retuerce de excitación.

    Me río. Hoy le haré sufrir. Soy mala y me voy a divertir.

    Hago lo mismo por el otro lado, dejo que note mi nariz dura recorriendo su cuello y que se espere mi mordida en su lóbulo izquierdo. Pero esta vez, no lo muerdo, esta vez lo lamo tiernamente. Y sigo lamiendo y besando su mandíbula hasta que llego a su boquita de piñón. Esta boquita capaz de comerme el coño tan delicadamente como el vuelo de una mariposa y a la vez insultarme duro como un gran hijo de puta. Lo quiero.

    Empiezo a desabrochar si camisa: botón tras botón. Lentamente, tocando su pecho suavemente con las yemas de mis dedos, deleitándome en los pezones. No me puedo resistir, me encanta este pelo que tiene aquí. Me enloquece. Me acerco y beso este precioso pecho, por todos lados, me deleito en los pezones y me bajo siguiendo la parte abdominal. Esta buenísimo. Me pone a 1000 y así se lo hago saber.

    Tiene la piel erizada, respira fuerte y está quieto con los ojos vendados a la espera de recibir más placer.

    Lo miro y me gusta. Me río y le digo bromas. Nos reímos juntos y nos fundimos en otro beso interminable. Mis manos recorren toda su espalda, me encanta su tacto, su piel… Le agarro fuerte el culo y me doy cuenta que aún hay mucha ropa que sobra.

    Le desabrocho el cinturón, el botón y la cremallera. Así libero de la presión a mi amiga, que ya está lista para mí. La toco por encima el calzoncillo y la noto deseosa de mi. Noto la húmeda excitación en la ropa que se la quitó de inmediato.

    Ahora sí. Tengo frente a mí a este cuerpo desnudo con el que tanto voy a disfrutar hoy. Me encanta, se lo digo y se ríe.

    Me acerco y le beso más, por todo el cuerpo hasta llegar a mi amiga y sus fieles compañeros. Le encanta que me los coma y así lo hago sin parar, tiernamente, metiéndome los a la boca y jugando con mi lengua. Me deleito en ello, lo disfruto y le veo disfrutar. Le doy mimo también a mi compañera, me cabe entera en la boca y me encanta notarlo así.

    Lo tengo caliente y mojado y aún no me ha puesto un dedo encima. Vamos bien.

    Me levanto y cojo una de sus manos. Me llevo sus dedos a mi boca llena de saliva debido a la comida anterior. Le lamo los dedos suaves y me pongo aún más caliente. Le llevo estos deditos a mis pezones para que note lo duros que los tengo. Estoy a punto de explotar. Finalmente le bajo la mano para que se adentre en mi sexo. Y así lo hace, con experiencia y elegancia directo a mi punto G. Le encanta hacerme correr. Tiene más arte que el mejor de los artistas… pero aún no toca… Le quitó la mano y se la pongo a su boca porque note el sabor de mi sexo. Se relame la mano y me pide más. Es salvajemente animal y me súplica ya que le quite el antifaz y le deje tocarme.

    Dejo que me toque y empieza a recorrer todo mi cuerpo con sus manos, descubriendo mi sexy ropa de encaje y mi liguero. Ya no se puede resistir, se quita el antifaz y salta encima de mí.

    El resto… no encuentro las palabras para describirlo. Deja volar tu imaginación, igual que yo volare entre las estrellas y ahora mismo vuelo entre las nubes.

    Cada minuto que pasa, falta un minuto menos para verte y tenerte.

  • La búsqueda de Rafael

    La búsqueda de Rafael

    Me llamo Rafael, y he contado mi historia de forma muy breve en otro lugar. Aquí me extiendo más, porque me parece que reduje mucho mis vivencias durante el periodo que estaba contando. Así daré más información y compartiré con ustedes lo que ha ocurrido o vaya ocurriendo (si es que algo sucede).

    Como digo, me llamo Rafael y soy o era ingeniero; tenía un pequeño negocio, de motores; uno de mis intereses siempre ha sido la invención, con lo que siempre estaba ocupándome de mejorar diseños ya existentes o fabricar prototipos y experimentar. Uno de mis diseños tiene unas características que permiten un desempeño superior en ciertos motores especializados, y eso atrajo el interés de una empresa multinacional, que me compró la patente, seguramente con el fin de evitar la competencia. En estos momentos tengo unos ingresos garantizados para toda la vida que me permiten seguir con una vida no de rico pero sí de persona libre; eso es lo que te da el dinero.

    Tengo tiempo para mí, mis gustos y gastos no son excesivos, y creo que en casa vivimos bien, sin estrecheces.

    En casa estamos solamente mi hijo Hernán y yo; él tiene 20 años, estudia en la universidad, y parece contento. Mi mujer falleció hace unos años, y este golpe tan duro lo sentimos enormemente él y yo y lo superamos juntos. Ahora cada uno tiene su vida, más o menos separada del otro, con sus ocupaciones, pues yo sigo dedicándome a investigar en mis cosas y él continúa con sus estudios, amigos…

    Tengo 58 años, y, como dije, mi hijo tiene 20; soy algo mayor para padre de alguien tan joven; la diferencia con mi mujer era de trece años; yo me casé talludito, pero fui muy dichoso. Y dichoso he sido hasta ahora, en que esta obsesión me acomete de continuo.

    Toda mi vida he sido heterosexual, no he sentido la tentación de otros hombres, ni interés especial; como todos, aunque algunos nieguen que les pasa, puedo ver que hay hombres guapos, atrayentes, pero de manera digamos desinteresada, sin que me atrajeran. Tampoco siento asco ni repulsión por los homosexuales, que tanto derecho tienen a querer a quien les dé la gana que consienta como los demás. Eso no ha sido un problema en mi vida. De modo que yo estaba sereno, y después de la muerte de mi mujer, tras un periodo de luto que me mantenía alejado del sexo, volví en algunas ocasiones a tener sexo con alguna prostituta, o alguna masajista, cosa que era lo que más me gustaba, pues me encanta el contacto de las manos, de los cuerpos, las respiraciones cercanas… Tengo algunas chicas de confianza, y a ellas voy de vez en cuando y me quedo satisfecho un tiempo. A mi edad tampoco quiero grandes actividades fiesteras ni excesos.

    No me cuido especialmente, pero estoy bien de salud, si bien con un poco de panza, pero nada excesivo. Tengo bigote, que he llevado toda la vida, y una perilla que de vez en cuando hago desaparecer, y luego dejo crecer otra vez.

    Ya he contado suficiente sobre mis antecedentes, creo, y lo que ustedes quieren saber es lo que va pasando con mi actividad sexual u obsesión, seguro, porque para eso se viene a este sitio.

    Pues bien, empiezo:

    Mi hijo y yo nos vemos diariamente, claro, comemos juntos, nos repartimos las tareas de la casa si hace falta, ya que viene una señora un par de veces a la semana, deja preparadas algunas cosas para comer, y otras las hago yo. Intento aprovechar el tiempo disponible, y tengo ocasión de repartir mi ocio y mi trabajo sin conflictos. Hasta aquí todo va o iba discurriendo con serenidad, sin grandes altibajos en mi bienestar. Me sentía bendecido por los dioses del hogar y la vida social.

    Hasta que llegó el momento. Mi hijo se parece a mí a su edad, el tipo de cuerpo es parecido, hay gestos heredados… Lo normal, se dirán ustedes. Sí, así es. Lo que no es normal es que yo, al verlo, al ir hablando con él o simplemente verlo moverse por casa, o salir con los amigos, o ir a acostarse, me fijaba más detalladamente en él, pues era como yo mismo vuelto a mi juventud visto desde la distancia de mi edad. Un detalle fue el que marcó la diferencia en mi mirada sobre él. Cuando iba o venía acabé fijándome en su paquete, que destacaba en los pantalones. Yo más bien siempre he sido modesto en esos asuntos, pero por cuestión de modas o lo que fuera a mi hijo se le notaba bien claro el paquete de sus testículos y pene, o huevos y verga, si lo prefieren.

    Este interés, que podría haber sido pasajero y carente de significado, sin embargo fue creciendo con los días, pues no podía dejar de mirar su entrepierna, e imaginarme como sería sin ropa. Desde pequeño no le había vuelto a ver sus cosillas, pues una vez alcanzó cierta edad él ya se duchaba solo y yo no me inmiscuía. La ropa se la compraba él, yo le daba el dinero para la general, y si se trataba de algo especial, pues lo sacaba de su asignación; si bien había comprado junto con él alguna ropa exterior e interior, no me había llamado la atención.

    Sin embargo, ahora… ahora sí que no podía pensar en otra cosa que en su verga. La mía se ponía húmeda con esos pensamientos, sin intención mía, no se ponía erecta del todo, pero sí de manera que se notaba, lo cual me obligaba a cambiar de posturas, generalmente buscando la incomodidad, para que se me desinflara la hinchazón, intentando que no se me notara nada; mas los ojos no tenían otro sitio donde mirar, donde acabar cualquier comentario sin relación con el sexo o el cuerpo o la ropa o lo que fuera; que si hacía calor, que si el equipo local iba mejor o peor (generalmente peor), que si las papas las dejábamos freír más tiempo: todo eso acababa en su triángulo, y entre mis piernas se instalaba un pequeño gusto eléctrico sostenido, que me revolvía allá abajo los huevos y la verga, alegre ahora como hacía tiempo que no estaba. Quizá más que gusto era un gusanillo que me corría ombligo abajo hasta la verga tan contenta de recibir aquel regalo tardío.

    Ahora esta obsesión me iba dominando todo el día de todos los días, con un apetito incapaz de saciarse, porque la prohibición superaba el deseo. ¿Cómo resolver esto? He explicado muy resumidamente lo que intenté hacer y lo que logré con mi hijo. Pero hubo otras situaciones que acompañaron a mis intentos de verle la polla, verga, picha, etc. a mi hijo.

    Como yo me decía que aquello no podía ser, intenté solucionarlo mediante métodos tradicionales: me masturbaba, intentando que no fuera pensando exactamente en él, pero qué va, siempre acababa pensando en esa carne suya en mi boca, chorreando el semen para que me rebosara y yo me lo bebiera y disfrutara de aquellos herederos míos que mi hijo me entregaba para que me relamiera, pues su semen era descendiente del mío, según alocadamente yo atisbaba mientras me corría y movía la cadera atrás y adelante, ayudando al gusto que me daba estar en aquella situación imposible. Una vez terminaba de correrme y gozar como hacía tiempo, tanto que casi me desvanecía, y cuando me ponía a descansar de aquella corridota, pensaba que aquella era la última vez, que tenía que poner fin a esta locura que me poseía, la obsesión interminable. Si todo había ido bien hasta el momento, y mi vida se encaminaba a una serena vejez con seguridad material, algo que muchos desearían, qué descenso a los infiernos podía ser esto que me pasaba, si yo dejaba que me arrastrara a un pozo en el que no se veía fondo.

    No les parecerá sorprendente saber que estos buenos propósitos desaparecían al poco, y todo volvía a empezar. En este laberinto estaba yo, con miradas que me traicionaban, masturbaciones cuando Hernán se marchaba, limpieza de mi verga cansada y vuelta a empezar. ¿Qué hacer, qué hacer?

    Lo primero que hice fue volver a mi masajista preferida, para que ella me cansara, me dejara satisfecho y lograra que, agotado, se me olvidara la entrepierna deseada. Al principio sí, Elisa me satisfacía, como siempre, y yo volvía, duchado después del aceitado y manoseado, tranquilo, sereno, dispuesto a volver a mis quehaceres… Hasta que volvía aquel empeño de mi picha en mostrar que no estaba muerta, que estaba de parranda.

    Con todo aquello decidí que lo mejor sería enfrentarse al problema de un modo racional, metódico; mis ganas de aprender no habían tenido límites hasta el momento, con lo que me puse a ver qué pasos podía dar para ir logrando mi propósito. ¿Cuál era? Chuparle la vergota a mi hijo, y después ya se vería.

    Caminando por la calle, que fue donde se me ocurrió esta idea, y más sereno por haber tomado esta decisión, vi que mi apetito se dirigía también a otros jóvenes o mayores que se cruzaban conmigo. Cerca de casa hay un paseo muy concurrido, en el que no faltaban ejemplos de varones a los que observar; con discreción, eso sí, no fuera que me ganara un golpe o unas palabras de más (merecidas, seguramente, en nuestra sociedad, porque con una chica no me hubiera pasado nada). Merecidas por la costumbre, no por la moral ni la ética ni la divinidad, que no tenían nada que ver aquí, y a las que yo había tirado por la borda desde aquel momento.

    Hombres había de todas clases, de todos colores y tonos, de todos tamaños y bellezas. Sí, ahora yo consideraba a los hombres por su belleza, lo que antes había sido algo secundario, en el trasfondo, pero sin alterar mi gustos heteros, o eso me parecía, porque por ahora yo seguía siendo virgen de hombre, ya que ni desde muchacho había tenido esos intereses en que se comparten pajas y para sentir más se la meneas al otro, que así goza más.

    Sentado en un banco veía pasar aquella gente, y en mi fiebre interesada les ponía un pero a este o aquel, aprobaba que los pantalones marcaran culo, o desafiaran con paquete y forma anatómicamente correcta, y tanto; quienes eran gordos podían tener un pasar porque una vez acostados aquellos muslotes y esos brazos amplios podrían darme acogida, y, siempre pensando que la gente no sudara, se hubiera bañado, restregado bien, perfumado… teniendo en cuenta todo eso, a la mayoría podía dársele un pase. Pero ¿un pase de qué? Pues al jovencito me lo llevaba y lo relamía de arriba abajo, y su pronta erección me satisfacía la boca con su carne dura, enhiesta, combativa; al hombre mayor, con la misma operación, se me acomodaba una carne más tierna y cultivada, que sabía agradecer los lengüetazos y los dedos que apretaban pezones, o acariciaban huevos, fueran peludos o no; a los que quedaban en mitad, la cuestión era conocerlos y poder disfrutar de la manera que mandasen, aunque fuera simplemente por compañerismo y morbo de rozar a otro hombre íntimamente, estando los dos solamente dispuestos a colaborar en el goce final, en la corrida que ponía premio al esfuerzo de caricias, besos, chupeteos.

    En aquel banco yo viajaba como cualquier descubridor antiguo, pues todo era tierra incógnita, y no podía fiarme de ningún mapa. Eso reflexionaba cuando se me ocurrió: pero si el conocimiento del mundo, bueno o malo, está en Internet, cómo es que no consulto primero. Así era, yo, que quería ir a la acción, no tenía un plan definido sobre cómo actuar, cómo conseguir hombres que me apartaran de la perdición de perderme a mi y perder a mi hijo en la pasión repentina y pegajosa.

    Mañana sigo.

  • Una noche de lágrimas

    Una noche de lágrimas

    Otra discusión, tormento, odio o lo que sea que pueda llamarse, pero… como llamar odio?… habiendo dos personas que se aman.

    Una pelea más, un desacuerdo más, una noche donde el orgullo es más grande que el sentimiento llamado amor, lágrimas corriendo por nuestras mejillas… uno al otro mal diciéndonos, incluso despreciándonos mutuamente para después arrepentirnos y volver a hacer uno solo. Perfección e imperfección

    El yin y yan.

    La luna y Sol; tan distintos e iguales a su vez… Necesarios el uno para el otro; así son las relaciones?… las parejas?… el ser humano?…

    Van por el mundo dañando y siendo dañados por el mismo… odiando y siendo odiados en situaciones u ocasión amando sin ser amados y algunas ocasiones siendo amados… llevándonos ciertamente a un vacío o inconformidad.

    Nos vemos en la necesidad de llegar a ver la luna y las estrellas admirándoles buscando a toda costa llenar el vacío de nuestra alma, pero como llenar un vacío que realmente no sabemos el porque está allí?…

  • El amarre

    El amarre

    Las luces de la ciudad eran como estrellas caídas en la tierra, reflejándose en los altos edificios de cristal y acero que se elevaban hacia el cielo. Uno de estos era la morada de Arturo, un hombre de 32 años, de vida monótona y sencilla. Su hogar estaba en el décimo tercer piso, un espacio compacto pero cómodo, a la medida exacta de su soledad.

    Arturo tenía como vecino a Patrick, un hombre de su misma edad. A primera vista, Patrick parecía un hombre común y corriente, pero para Arturo, era como un oasis en medio de un desierto. Desde el primer saludo, desde la primera sonrisa, Patrick se había convertido en una obsesión para Arturo. Sabía los horarios de su vecino de memoria, buscaba coincidir con él en el ascensor, en la entrada al edificio, incluso en la calle. Y Patrick, por su parte, solo le veía como un vecino, alguien con quien compartir breves momentos de cortesía.

    La vida de Patrick estaba marcada por la presencia constante de su novia, una mujer que lo visitaba frecuentemente, que llenaba su apartamento con su risa y su perfume. Arturo observaba desde la distancia, anhelando lo que sabía que nunca podría tener.

    Cada saludo, cada encuentro fortuito y cada conversación casual que tenía con Patrick le robaba a Arturo un pedazo de su corazón.

    Un día, paseando por las calles de la ciudad, Arturo vio un anuncio peculiar en un poste de luz: un chamán que prometía amarres de amor eterno. En un acto impulsivo y desesperado, decidió contactar al chamán que ofrecía estos servicios. El chamán era un hombre viejo, con ojos profundos y oscuros, que transmitían sabiduría y un toque de maldad.

    Arturo le explicó su situación, su amor prohibido y no correspondido. El chamán aceptó ayudarlo, pero le advirtió que el amarre que realizaría implicaba un pacto con el señor de las sombras, con el diablo, y que éste siempre cobraba sus favores. Arturo, cegado por el deseo y la desesperación, aceptó.

    El ritual fue oscuro y tenebroso. El chamán entonó palabras en una lengua antigua y desconocida, moviendo las manos con gestos precisos y rápidos. Al final del ritual, le dio la siguiente instrucción: debía realizar fumadas cada dos días con una foto de Patrick ya que si no cumplía con hacerlas la magia se rompería.

    Al regresar a su edificio, el cambio fue inmediato. Patrick lo estaba esperando. Lo invitó a tomar un café, mostrándose más cálido y afectuoso que nunca. En los días siguientes, Patrick mostró un interés creciente por Arturo, las charlas casuales se convirtieron en largas conversaciones, las sonrisas cordiales en miradas llenas de deseo.

    Patrick dejó a su novia y comenzó a pasar más tiempo con su vecino, compartiendo risas, secretos y momentos íntimos. Fue como un sueño hecho realidad para Arturo, a excepción del humo constante del tabaco que ahora formaba parte de su vida.

    Arturo siempre había detestado fumar pero al ver el resultado de las fumadas sentía que valía la pena cada bocanada que daba hacia la foto de su amado pero cada vez se le hacía más difícil encontrar momentos para realizar las fumadas ya que tenía a Patrick la mayor parte del tiempo con él. Sin embargo, supo ingeniárselas para evitar ser descubierto.

    Tres años pasaron desde el inicio del amarre y el humo del tabaco había resentido los pulmones de Arturo provocando problemas en su respiración y aun así, seguía fumando, temiendo perder a Patrick.

    Arturo fue diagnosticado con cáncer de pulmón y ya incapaz de seguir con las fumadas, el amor de Patrick por él se desvaneció tan rápido como había llegado.

    Patrick se encontraba confuso y horrorizado, como despertando de un mal sueño. Intentó volver con su exnovia, pero ella se negó a recibirlo. Destrozado y avergonzado, Patrick decidió mudarse del edificio, dejando atrás a Arturo y sus recuerdos.

    Arturo, abandonado y enfermo, no tardó en sucumbir ante su enfermedad. En su lecho de muerte, recordó las palabras del chamán: «El diablo siempre cobra sus favores». Y así fue. Su alma fue arrancada de su cuerpo y llevada al infierno. Arturo pagó con su vida el amor que nunca pudo tener de forma natural.

    FIN

  • Cogiendo a mi novio con mi hermana

    Cogiendo a mi novio con mi hermana

    Ana es mi hermana menor, tiene 27 años, es médica, muy linda, con muy buenos pechos y cola. Desde chica es mucho más desprejuiciada que yo, que hoy tengo 30 años. Las veces que salimos juntas de noche, lo normal era que por ella, por su simpatía, buen humor, y claro, su belleza, siempre estábamos rodeadas de muchachos. Hace dos años se recibió y por una beca se fue a Boston, EEUU. No pasa semana que hablemos por celular.

    Yo soy Pato, soy parecida a Ana, aunque sin sus pechos y su cola. Mucho más seria, aunque con buen humor. Me casé hace cinco años con Fede. No tenemos hijos, somos felices, los dos profesionales, con una linda casa en un Country Club del norte de Buenos Aires.

    Hace un mes Ana en una llamada me contó que estaba saliendo con un muchacho, que estaba super enganchada, que era muy lindo, “y no sabes como me coge el hijo de puta.” me dijo con su desparpajo habitual. Hace una semana me llamó, que los dos llegaban al día siguiente a Ezeiza. Por supuesto que le dije que los iba a buscar.

    Cuando se abrió la puerta de la sala de espera, fui corriendo a abrazar a mi hermana luego de un año sin vernos. Ni me di cuenta que a su lado estaba un muchacho.

    –Hija de puta, que linda que estas. Le dije luego de los besos y abrazos.

    –Boluda, estoy bien cogida. Jajaja…

    –Sos una bestia… ¿Tu amigo?

    –Novio… Esto que está al lado mío. Dijo ella y se largó a reír.

    Recién en ese momento me di cuenta que un muchacho de casi dos metros, de casi dos metros, raza negra, con un físico imponente, me miraba sonriendo.

    –John, ella es Pato, mi hermana, de la que te hablé. Dijo en castellano.

    –Hola Pato, un place conocerte. Sos tan linda como Any te describió.

    –Gracias… Hola… Dije totalmente sorprendida.

    –Lo que menos te esperabas, Jajaja. Dijo Ana riendo.

    –Totalmente… Vamos, tengo el auto afuera.

    Fuimos al auto, ella se sentó junto a mí y John detrás de Ana.

    –¿Cómo andan tus cosas? Me preguntó Ana.

    –Bien, trabajando, como siempre.

    –Aburrida, sin motivaciones, y mal cogida. Dijo Ana.

    –Ana, por favor, que va a pensar John. Soy una mujer casada, va a conocer a Fede. Por favor…

    –Tranquila que ya me conoce. Tenemos reservaciones en un hotel de Tigre.

    –Dejate de jorobar Ana, se quedan en casa.

    –Prefiero que nos quedemos en el hotel…

    –Ana por favor. Hace un año que no nos vemos, me dijiste que se quedan una semana. Quiero que te quedes en casa.

    –Bueno… Como ves John, es como te dije, mandona como pocas. Te juego que al marido lo tiene cagando.

    –Ana… John, por favor, no la escuches… me hace pasar vergüenza mi hermana. ¿A qué te dedicas?

    –Soy entrenador de un equipo de natación, y corro carreras de aguas abiertas profesionalmente.

    –Con razón el físico que tenés. Impresionante.

    –¿Te gusta hermanita?

    –Ana…

    –Pato, John tiene que encontrarse con unos entrenadores, ¿Sabes dónde puede alquilar un auto?

    –Que use este, yo me tomé toda la semana para estar con vos. No lo necesito.

    –Gracias Pato. Dijo John.

    Por suerte mi hermana se tranquilizó, llegamos a casa, y les mostré su dormitorio. Yo estaba en la cocina, preparando café cuando ellos entraron y me quedé de una pieza al verlos. Mi hermanita con unos leggings multicolor, una remera super ajustada y sin corpiño que no dejaban mucho para la imaginación; John con unas calzas ciclistas y una musculosa pegada al cuerpo. El bulto en la entrepiernas era grande…

    –Sos un infierno de mujer Ana.

    –Por este desgraciado, te aseguro que me llena de felicidad.

    –Que lindo escucharte decir eso…

    –Any, ¿Queda lejos Pilar?

    –Amor, estamos en Pilar, ¿Qué pasa? Preguntó Ana.

    –Un colega vive en Pilar, me dice de juntarnos a tomar un café. ¿Te molesta que vaya?

    –No jorobes, claro que no. ¿Ahora?

    –Sí.

    –Andá tranquilo.

    El solo tomó una riñonera, puso sus papeles y se fue con mi auto.

    –¿Qué te parece John?

    –Muy agradable, tranquilo.

    –Claro… ¿Y…?

    –No te voy a negar que es lindo…

    –¿Te jode que esté en pareja con un negro?

    –No digas pavadas por favor. Claro que no.

    –Por las dudas te preguntaba.

    –Estás hermosa, y tenés una mirada chispeante, se nota que estas muy feliz.

    –Soy muy feliz Pato.

    Estuvimos charlando sobre mi trabajo, me contó que se quedaba en Boston, que estaba trabajando en un Hospital de allí, que no pensaba volver al país, de su casa.

    A las 17 llegó Fede, mi marido.

    –¿En serio sos Ana?

    –Hola Fede, si soy tu cuñada… ¿Cómo estás?

    –Muy bien, gracias. Que linda que estas. Me dijo Pato que viajabas con un amigo.

    –Gracias. Pareja realmente, estamos viviendo juntos.

    –Wow… eso no me lo dijiste Ana. Dije.

    –Esperaba que vuelva John para contarles. Ahí está estacionando. Le voy a abrir.

    Ella fue a abrirle y cuando mi marido lo vio me miro sorprendido.

    –Fede, te presento a John, mi pareja. John, él es Fede, el marido de Pato.

    –Hola… Dijo Fede sin poder sacarse la cara de sorpresa.

    –Hola, un gusto, gracias por recibirnos en tu casa.

    –Por favor, nada que agradecer.

    –¿Cómo te fue amor?

    –Bien… estuvimos charlando hasta recién. Lo que no entiendo es porque todos me miraban sorprendidos.

    –John, mi amor. Esto es Argentina, vos medís 2.05 metros, tenés un físico tremendo, vestido como estas vestido, de raza negra… No jodas… ¿Cuántos tipos vestidos como vos viste?

    –Ninguno.

    –Entiendo. Ah, Carlos, el muchacho con que me encontré me comentó que mañana hay una carrera de aguas abiertas cerca, me pasó la geo. ¿Tenes ganas de correrla? Hay desde 1.000 a 5.000 metros.

    –La de 1.000 me animo. Dale, y los invitamos a ellos. ¿Quieren acompañarnos?

    –Claro, nunca vi una carrera así.

    –Genial. Preparo los bolsos. John, esta noche mejor que nos portemos bien. Estamos en casa ajena y tenemos que correr. Dijo Ana, le dio un beso y fue al cuarto.

    –Tu hermana es tremenda Pato. La amo.

    Esa noche yo hice carne al horno con papas y ellos comieron muy moderadamente. Tomamos un café y a las 22 nos fuimos a acostar. A los diez minutos los gemidos, gritos de placer, insultos de mi hermana eran tremendos. Con Fede nos mirábamos y no podíamos creer. Eran las 23:45 y recién ahí se dejaron de escuchar.

    Como la carrera era a las 10, a las 8 yo estaba preparando el desayuno cuando entraron mi hermana con John sonrientes.

    –Buen día Pato… Dijo John.

    –Hola hermana mayor…

    –Buen día ¿Descansaron bien?

    –Increíblemente bien… Amor, estoy a full, voy a nadar 1.500 metros.

    –Bueno…

    Bajó Fede, tomamos un café y fuimos a la carrera. Se encontraron con el amigo de John, se anotaron y vinieron con nosotros. Por los altoparlantes anunciaron que entre los corredores estaba John, Campeón Canadiense de Aguas Abiertas. Se quitaron los joggings y casi se me cae la mandíbula. Mi hermana con un cuerpo increíble, una malla negra de competición tremenda. John con una malla de competición y juro que se me iban los ojos por el bulto en la malla. Miré a Fede y los miraba sorprendidos a los dos. Cuando fueron a la largada me dijo:

    –Por favor, el físico que tiene tu hermana es tremendo, y John… todas las mujeres lo miran y se babean.

    –Si… Dije pensando que yo era una.

    Ana salió segunda y John ganó con mucha facilidad la distancia más larga. Volvimos a casa, ellos se dieron una ducha y comimos unos sándwiches. Fede salió con John a comprar para el asado de la noche, y con Ana nos quedamos en la pileta de casa. Las dos con mallas.

    –¿Hicimos mucho escandalo anoche?

    –Bastante… y por mucho tiempo… Nunca pensé escucharte gozar así hermanita.

    –Y anoche fue poco…

    –¿Poco? Casi dos horas…

    –Pato, para nosotros es poco.

    –No me jodas Ana, con Fede no llegamos a media hora.

    –Porque es un boludo. No sabe disfrutar a la mujer que tiene. Yo aprendí a disfrutar mi hombre, porque él me hizo abrir la cabeza por completo. A disfrutarlo, gozar como nunca había gozado. Si te contara las cosas que hemos hecho y que hacemos, creo que te desmayas.

    –Ana no creo que sea para tanto…

    –Bueno…

    –En serio, no para que me desmaye.

    –Si te dijera me meto por completo su pija en el culo, que lo monto como loca, que por lo menos una vez por semana nos juntamos con una chica, y hacemos terrible trio, que usamos juguetes, que los tengo en la valija, solos o con la chica, y que su pija es gigante…, que puede estar cogiéndome por el tiempo que se le ocurra, que una vez Tiny, la chica, vino con una amiga y nos destrozó a las tres…

    –¿Me estás hablando en serio?

    –Muy en serio. Vamos al cuarto, te muestro nuestros juguetes, o si querés te muestro un videíto que a amiga de Tiny grabó esa tarde-noche.

    –No puedo creer lo que decís.

    –Mirá entonces.

    Me mostró el video y era de ella montando a John, con su pija en el culo, y otra chica besándole los pechos. Mi hermana, loca de placer.

    –Dios…

    –Viste mi cara, pues cuando estamos solos es peor, lo gozo con todo…

    –Ana…

    –¿Cuánto tiempo se toma Fede para darte placer? ¿Cuánto tiempo se toma para acariciarte, besarte? ¿Cuánto tiempo está entres tus piernas chupándote, y dándote miles de orgasmos? ¿Cuánto tiempo se toma para ponerse aceite en las manos, en tus pechos, tu espalda y acariciarte lenta y suavemente hasta hacerte tener un tremendo orgasmo, solo con caricias? ¿Cuántas veces te coge con todo, haciéndote gozar como nunca?

    –Eh…

    –Mi hombre Pato, no hay día o noche que no me haga el amor, me coja, me dé placer, en la cama, la cocina, el baño. Anoche, por tu cara no hicieron nada… No tiene sangre… y vos seguro que estabas recaliente.

    –Ana, por favor…

    –No lo niegas…

    ¿Te dijo de hacer un trio con una mina? ¿Cuánto hace que no van a cenar y terminan en un hotel? ¿Estuviste con una mujer alguna vez?

    –Ana… Basta por favor.

    –Te jode… Hace cinco años que estas casada Pato, tenés treinta años, te veo dejada, no te brillan los ojos.

    –Pero no todo es culpa de Fede.

    –Seguro que no, pero si él te hiciera sentir mujer, pues serías distinta. Vos eras caliente en la cama, siempre me lo dijiste.

    Ellos llegaron y no volvimos a hablar del tema por el resto del día. A la noche otra vez los gemidos, gritos de placer de los dos y fue hasta la una de la mañana y a las siete nos despertaron. Mi marido apenas me hizo el amor una vez, y como siempre… Y no pude dejar de comparar como gozaba mi hermana a lo que gozaba yo.

    El domingo estuvimos todo el día en casa los cuatro, y por supuesto no volvimos a hablar del tema. El lunes John y Fede se fueron, el primero a una reunión y mi marido a trabajar. Ana estaba tomando un café y le dije:

    –Me hiciste mierda.

    –Perdoname, pero te tengo que despertar Pato. No me banco la cara de mal cogida que tenés. Mirá tenés 30 años, estas a tiempo de abrir los ojos y vivir.

    No le contesté y fui a arreglar mi cuarto, poner ropa a lavar. Cerca de las 11 volvió John, luego del saludar, se fueron a poner la malla para ir a la pileta. Yo los imité. Estábamos los tres sentados en el borde de la pileta y Ana dijo:

    –John, amor, ¿te puedo pedir un favor?

    –Por supuesto.

    –No digas nada.

    –Ok…

    Ana lo hizo acostar y se empezaron a besar con todo, la mano de ella busco la pija de John y la empezó a acariciar mientras le besaba el pecho sin parar… Vi como iba creciendo dentro de la sunga y mi hermana me miró sonriendo. Corrió un poco la malla y cuando vi la pija no podía creer lo grande y gruesa que era… Ella lo empezó a chupar sin dejar de acariciarlo.

    –Acércate Pato. Me dijo Ana.

    –Ana…

    –Que te acerques boluda. Me dijo imperativa.

    Me acerque y ella hizo que lo empiece a masturbar. Yo lo hacía y no podía sacar mi vista de la pija e imaginarme lo que se sentiría si me la metiese. No me di cuenta, pero lentamente fui acercando mi cara, Ana me apoyo la mano en la cabeza haciendo que toque mis labios. Abrí mi boca y como pude fui metiendo su pija en mi boca y lentamente a chuparla. De pronto estaba chupando y sentí la mano de Ana acariciándome la concha por sobre mi malla. No dije nada, y seguí chupando, cada vez me metía más la pija en mi boca, Ana corrió mi malla y me metió un dedo en la concha que estaba empapada por completo.

    –Gózalo Pato. Esto recién empieza…

    Estuve un rato así mientras ella me masturbaba y empecé a tener orgasmos… Ana me saco la tanga de a malla y me empezó a chupar con todo la concha. Yo estaba prendida fuego por completo. De pronto John se puso de pie e instintivamente me puse de rodillas para seguir chupándolo. Ana se puso entre mis piernas y no paraba de chuparme y meterme dedos en la concha.

    Cuando John tomo mi cabeza entre sus manos, y empezó a cogerme la boca, algo que nadie me había hecho, sentí la lengua de Ana en mi culo, y enseguida uno de sus dedos que me penetraba. John cada vez me la metía más adentro de la boca, ella me chupaba con todo, ahora con dos dedos en la concha y uno en mi culo que entraban y salían con todo. Estaba por tener un orgasmo cuando Ana dijo:

    –Vamos a nuestro cuarto.

    Me tomaron de la mano y subimos corriendo. John se acostó y yo seguí chupando su pija como enloquecida. Estaba en eso cuando sentí que algo parecido a una pija me entraba en la concha. Mire y era Ana, con un arnés cogiéndome. Me miró sonriendo y me dijo:

    –Desde los 18 que tengo ganas de cogerte Pato…

    –Hija de puta… Llegué a decir que ella se empezó a mover con todo.

    Me sacaba orgasmos sin parar… De pronto se detuvo e hizo que monte a John. Yo abrí los ojos con todo pensando que me iba a hacer mierda… Fui bajando mientras Ana me empezó a chupar los pechos… Dios, que placer sentir tremenda pija en mi concha… Lentamente me fui moviendo y la excitación cada vez era más. Ana dejó mis pechos y se puso detrás de mí. Me besaba la espalda y de pronto sentí como desde atrás me acariciaba los pechos con algo aceitoso. Tuve un orgasmo increíble cuando sentí que esa pija no entraba más.

    Sentir el orgasmo, las manos de Ana en mis pechos, la cara de placer de John era tremendo. Ana sacó una de sus manos y sentí como un dedo entraba en mi culo y lo empezaba a mover con todo. John con una de sus manos, me retorció suavemente, abrí los ojos con todo, otro orgasmo terrible y otro dedo que entraba en mi culo.

    –No doy más, por favor. Dije.

    –Recién empezamos Pato… no jodas…

    Me metió otro dedo más y me dijo.

    –Te voy a coger el culo.

    –No, nunca…

    Y sentí como me empezaba a penetrar con el consolador. Me quise salir pero ella me dio una palmada fuerte en el culo, John me tomo de la cintura y entre los dos me dieron una cogida bestial, los dos se movían con todo, yo no paraba de tener orgasmos. De pronto John la metió con todo y sentí como me acababa adentro con todo… Cuando soltó mi cintura, Ana dijo:

    –Chupala.

    –Yo nunca…

    –Que la chupes boluda…

    Ella se corrió un poco sin dejar de cogerme el culo y me puse a chupar su pija y para mi sorpresa, a tragarme toda su leche… Ana no dejaba de bombearme al culo, y aunque la pija estaba completamente limpia seguí chupando con todo. Ana se corrió un poco, y sentí como me volvía a penetrar, y tomando mis manos las puso en mi espalda y lo siguiente fue sentir como algo aprisionaba mis muñecas. Quise separarlas y me di cuenta que estaba atada o esposada.

    –Ana, por favor…

    Ella no dijo nada, se sacó el arnés y dejando mis rodillas en el borde de la cama, se puso debajo de mí y me chupaba la concha con todo. John se levantó y segundos después sentí como me metía la pija nuevamente en la concha, tomó mi cintura y nuevamente entraba y salía con todo. Lo que siguió fue meterme sus dedos con aceite en el culo, hasta meterme cuatro. Yo ya no dejaba de gritar de placer. Sacó su pija de mi concha y la apoyo en mi culo.

    –No, por favor, me vas a destrozar…

    –Vos te la vas a meter sola Pato. Dijo John…

    Lo insulté y escuche a Ana.

    –Boluda, que mejor que ese pedazo de carne para perder la virginidad de tu culo.

    Lentamente fui empujando hacia atrás y fue entrando…

    –Me están emputeciendo desgraciados…

    –No Pato, te hacemos gozar lo mujer que sos. Dijo John.

    Escucharlo que tremendo, y empuje para atrás con todo y creo que su pija entro por completo en mi culo. Me quedé quieta unos segundos para ir moviéndome de a poco. Me sorprendió cuando me escuche decir:

    –Ana, quiero chuparte la concha.

    –Va a ser un placer complacerte. Dijo ella riendo.

    Se sentó frente a mi cara, levanto un poco las piernas y torpemente la empecé a chupar. Pasaron varios minutos y vi como ella tomaba el consolador y se lo metía en el culo para masturbarse mientras yo la chupaba. John me tomó de la cintura haciéndome quedar quieta y lo siguiente fue cogerme el culo en forma bestial, enterrándome su pija hasta el fondo, golpeando mi culo con sus caderas. Yo no podía gritar y chupar, Ana me tomo de los cabellos e hizo que entierre mi cara en su concha. Dio un grito de placer y al mismo tiempo John me la enterraba por completo, acabando en mi intestino con un grito de placer. Juro que nunca en mi vida goce tanto como en ese momento. Cuando la sacó, me di vuelta como pude y me puse a chuparla.

    Lo que no esperaba es que él me tome la cabeza y me coja con todo la boca, como segundos antes hacía con mi culo. No lo podía creer, después de dos acabadas su pija seguía dura como piedra. Sus movimientos, hasta donde me la metía me provocaban arcadas, saliva en cantidad, y una excitación como nunca antes había sentido. Ana me soltó las manos, me metió cuatro dedos en mi concha y los movía con todo. Fueron varios minutos hasta que sentí como John llenaba mi boca de leche y yo tenía un orgasmo brutal.

    –Acostate mi amor… Dijo Ana.

    Me tire totalmente destruida en la cama y vi como John se acostaba, ella se sentaba con su pija en la concha, se acostaba sobre su pecho, y se ponía aceite en el pecho y la panza. John se empezó a mover lentamente, mientras la acariciaba dulcemente y le hablaba, contándole como la amaba, como la deseaba y el placer que sentía haciéndole el amor. Como pude me senté mirando extasiada como se amaban.

    Si digo que estuvieron no menos de veinte minutos haciendo el amor de esa forma, no me equivoco. Me di cuenta que él había acabado por la cara de placer de Ana, y porque su cuerpo temblaba por el orgasmo. Ana se levantó, le dio un beso tremendo, le dijo que lo amaba y me miró sonriendo con todo.

    Me tomó de la mano y fuimos al baño a ducharnos en silencio. Nos secamos de la misma forma y volvimos a la cama.

    –Hola Pato. Dijo Ana sonriendo.

    –Por favor, que manera de gozar… en mi vida goce ni la décima parte de lo de recién…

    –Que pena… Dijo Ana y me dio un beso en los labios que no rechace.

    –Me voy a bañar. Dijo John.

    Las dos nos quedamos en la cama y no podía dejar de mirar a Ana que sonreía.

    –Sabes bien que acabas de arruinar mi matrimonio.

    –Prefiero pensar que le acabo de abrir la puerta a la vida a mi hermana. Que es lo que merece por cierto, vivir.

    –No puedo entender como pude gozar tanto.

    –Porque sos mujer, te fuiste entregando al placer, a disfrutarlo… a darte cuenta que el sexo es genial. Y espera que te des cuenta que si hablas, si decís lo que querés, es más genial aún.

    Nos pusimos las mallas y bajamos a la cocina. Minutos después se nos unía John por supuesto en sunga. Se sentó, le serví café y no le quitaba los ojos a Ana.

    –No seas hijo de puta John… Dijo Ana.

    –No dije ni hice nada.

    –Sos una basura, conozco bien esa mirada. Estamos en casa ajena…

    –La de tu hermana… mujer casi tan caliente como vos.

    –John… la puta madre. Dijo Ana…

    –¿Sabes lo que quiere el hijo de puta Pato?

    –No, bah, algo puedo imaginar…

    –Quiere romperme el culo…

    –No… que vos te lo rompas sola. Jajaja…

    –Sos una basura… Dijo Ana.

    –Bueno… Pato, metete tres dedos, prepara tu culo entonces…

    –John…

    –Usa a aceite de la cocina, vamos…

    –Ana… Dijo Pato.

    Ana se corrió, lo hizo parar y vi como la pija de John estaba parada y dura por completo. Ana no dijo nada, buscó el aceite y se metió un dedo. Dejo el aceite en la mesada, donde apoyo sus antebrazos y lo miro a John… Él se paró detrás y corriéndole un poco la malla le metió la pija en el culo para empezar a moverse con todo.

    –Te amo hijo de puta, amo como me haces el amor, como me coges, como me rompes el culo, amo que me desees todos los días, que me hagas gozar cada lugar de la casa.

    Juro que me impresionaba verlo coger el culo de mi hermana y pensar que me lo había cogido de la misma forma. Fue más fuerte que yo, puse aceite en mis dedos, me senté, levante una pierna y me enterré dos dedos en el culo. Cerré los ojos y me masturbaba el culo escuchando los gemidos de placer de Ana… Cuando ella gritó de placer yo tuve mi orgasmo al mismo tiempo. Abrí los ojos y Ana lo estaba chupando. Me levanté, me acosté sobre la mesa con las piernas colgando y dije:

    –Rompeme el culo John…

    –Viciosa. Dijo Ana y se largó a reír.

    John se puso detrás de mí y en un solo movimiento me la enterró hasta el fondo. Fueron varios minutos hasta que escuche a John decir le a Ana:

    –Cógela bien cogida.

    No entendí pero un par de minutos después, sin soltarme John se sentó, yo sobre el con su pija en mi culo y vi como. Ana tenía el arnés puesto frente a mí y se acercaba. Me lo enterró con todo. Los dos me cogían como animales y Ana se puso a chuparme los pechos. Me hicieron tener varios orgasmos hasta que John acabo en mi culo. Apenas me podía mantener en pie. Los miré, bese a John por primera vez y luego a Ana, para después las dos limpiarle la pija y las dos fuimos al baño de su cuarto. Ana dejó el arnés y volvimos a la cocina.

    Juro que pensaba como iba a mirar a Fede cuando llegase. Para mí propia sorpresa, lo saludé como si nada. Nos contó que había tenido un día problemático, con mucho trabajo. Se fue a cambiar y no entendí la mirada de Ana cuando se iba.

    Estábamos cenando cuando Ana le preguntó a John:

    –Amor, ¿mañana vas a ir a reunirte en Capital?

    –Sí, voy a almorzar allá.

    –Genial, voy con vos. Me voy a encontrar con Jimena, ¿te acuerdas que te conté?

    –Claro, tu compañera de facultad.

    –Exacto. ¿Vos te acuerdas de ella Pato?

    –No, si del nombre, pero no de la cara.

    –Mirá, es ella. Dijo Ana mostrándonos a Fede y a mí una foto en su celular.

    Fede casi escupe la comida.

    –¿Qué te pasa Fede? Preguntó Ana.

    –Nada, me ahogué.

    –¿Vos la conoces a Jimena?

    –No…

    –Ah… Fede, que tal si sos honesto, hablas con Pato, juntas algunas cosas y te vas con Jimena o a un hotel.

    –¿Qué decís Ana? Pregunté sorprendida.

    –Fede…

    –Pato, te juro que fue una cosa del momento, ni lo pensé, nos encontramos en una reunión por trabajo…

    –Fede… Dijo Ana.

    –En serio.

    –Pato, la reunión de trabajo fue hace seis meses, y se ven todas las semanas, por lo menos dos o tres veces. Dijo Ana.

    –Junta tus cosas y andate. Ya mismo.

    –Pero…

    –Hola Jimena, Te cuento, en este momento mi hermana está echando de su casa a su marido, que por esas casualidades es tu novio. Dijo Ana llamando por celular con el altavoz.

    –Tal como me dijiste… Tremendo hijo de puta… Si estas escuchando, ni se te ocurra llamarme o aparecer, te parto la cabeza hijo de puta. Así que casado…

    –Jime, escuchame, te paso la dirección de Pato, ven a cenar.

    –Dale, salgo para allá.

    –Ok. Dijo Ana y cortó.

    –Fede, se te van a juntar las dos… Dijo Ana riendo.

    El salió corriendo, armó dos bolsos y salió de la casa.

    –Me explicas por favor Ana.

    –Claro. Cuando termine de avisarte que veníamos, la llame a Jime para vernos. Me dijo que estaba de novia, super feliz, y varias cosas más, y me mando una foto de los dos.

    –No me dijiste nada, ¿Por qué?

    –Porque primero quise que te descubras como mujer. Que veas todo lo que este pelotudo no supo sacar de vos, y que encima te metía los cuernos.

    –Gracias.

  • Dos vergas para mi esposa

    Dos vergas para mi esposa

    Siempre había tenido la fantasía de observar que mi esposa cogiera con algún otro hombre, sin embargo eso nunca había sucedido hasta que cierto día llegó a la ciudad un amigo que hacía muchos años no veía, estuvimos juntos en la preparatoria, eso era cuando teníamos 15 años, ahora tenemos 40.

    Me había enviado mensaje por whatsapp que estaría en la ciudad un fin de semana por la visita que le haría a sus padres, y ese fin de semana había llegado, me llamó cuando ya andaba en la ciudad.

    Le dije que lo invitábamos a la casa a una carnita asada para ponernos al corriente de todo lo que había pasado en tantos años sin vernos.

    Aceptó pero me pidió que antes lo llevara a dar un paseo por la ciudad y tomar unas cervezas. Le dije a mi esposa y con gusto aceptó la salida, ya que ella también lo conocía, dejamos encargados los niños con mi madre y listo, todo resuelto.

    Pasamos en nuestro carro a casa de sus padres y salimos a dar un paseo por la ciudad, fuimos a cenar algo y tomar unas bebidas a un restaurant bar, lo de la carne asada en la casa quedó atrás ya que el tiempo nos ganó.

    Durante el tiempo que estuvimos en el bar los tres la velada estuvo excelente, muy buena platica, además de que mi esposa siempre es muy amable y tiene muy buena plática con mis amigos.

    Estuvimos tomado un buen rato y ya cerca de las 2 am decidimos retirarnos del lugar, para ese momento ya andábamos bien enterados en ambiente, y fue él quien dijo «vamos a la playa» como cuando éramos jóvenes que nos íbamos de parranda.

    Mi esposa dijo que por ella no había problema, así que nos dirigimos hacia la playa. Llegamos a un negocio que vendían cerveza a esas hora, más caro de lo habitual pero no nos importaba eso.

    Yo me bajé del auto para comprar las cervezas, mi esposa pidió tequila y nosotros más cerveza. Desde el local observé a mi esposa pasarse al asiente de atrás con junto a mi amigo, yo estaba feliz de volver a verlo así que no puse atención, pero de pronto empecé a imaginar cómo sería hacer un trío con mi amigo y mi esposa. ¡Qué loco! Eso no pasaría solo en sueños, pensé!

    Regresé al auto con las bebidas y ellos ya platicaban muy contentos de todo, mi esposa dijo «mi amor me pasé para acá para que tu amigo no se sienta solo» y me sonrió. No sé porqué pero volví a imaginar, bueno a desear que algo pasara esa noche, me subió la sangre de volada a la cabeza y me empecé a excitar.

    Rumbo a la playa nos dirigíamos y Marco nos contaba de su trabajo en EE.UU. y sus aventuras, de su divorcio y cómo era ahora su vida, mi esposa le pregunta que si no se llegaba a sentir solo allá y con tanto trabajo y en ese miento le puso la mano en el muslo, como sobándole, mi amigo decía que a veces si se sentía solo porque llegaba a su casa y ya no había nadie y nos empezó a contar que extrañaba mucho tener sexo a diario como lo hacía con su ex esposa.

    Mi esposa seguí sobándole la pierna mientras le decía que si, que ella no se imaginaba cómo sería no tener sexo a diario o tan frecuente porque nuestra vida sexual es muy activa.

    Mi amigo preguntó que si lo hacíamos a diario y así la plática fue subiendo de tono, yo escuchaba, opinaba y veía desde el retrovisor, y en un momento en el trayecto a la playa observé que mi amigo le agarró la mano a mi esposa y se la puso en su verga que ya estaba súper excitado, traía pantalla de mezclilla pero se le veía un bulto muy grande.

    No sé si fue por el tequila, por el momento o qué pasó pero mi esposa no opuso resistencia y comenzó a sobarle la verga, mientras me veía por el retrovisor yo solo le sonreía como diciéndole que siguiera, nunca habíamos hablado de nada de tríos pero ya estaba sucediendo algo en ese momento.

    Mi amigo le empezó a acariciar las piernas porque ella traía una mini falda, ella ya se veía muy rojiza de sus mejillas y me imaginé que ya andaba bien excitada pues en un miento alcancé a ver qué abrió las piernas y mi amigo le metió la mano y empezó a acariciar su vagina, depiladita.

    Yo estaba al mil, súper caliente y les dije «cómo van allá atrás que no los escucho hablar» ellos solo se rieron y dijeron «vamos muy bien»

    Mi esposa dijo vamos muy bien, muy entretenidos y es una noche muy rica, mi amigo solo se reía.

    Llegamos a la playa y nos bajamos del carro, había una luna hermosa y el sonido del mar era de lo mejor, nos instalamos en un área alejada de la entrada, no había carros ni gente ni nada, solo nosotros y el mar.

    Seguimos platicando y tomado, mi amigo dijo vamos a meternos al mar, pero sin ropa, todos reímos pero él lo decía en serio y se quitó rápido toda la ropa delante de nosotros, mi esposa solo le observaba ahí abajo, tremenda verga que se cargaba, morena, gorda y cabezona, seminerecta por la plática que traíamos y ambiente. Nos dijo siguen ustedes, de inmediato le hice caso y me desnudé y le siguió mi esposa, los tres corrimos y nos lanzamos al agua.

    Ya en el agua mi amigo me dijo que estaba feliz de estar ahí y que la estaba pasando muy bien, mi esposa dijo y vamos a pasarla mejor así que salgamos del agua.

    Nos secamos y nos sentamos sobre el carro, así debidos los tres… Fue cuando dije y porque no siguen como veían en el carro hace rato, nos miramos los tres y nos reímos a carcajadas. Fue cuando mi esposa nos dijo que tenía una fantasía desde hace tiempo y que era hacerlo con dos hombres al mismo tiempo, queee, yo no podía creerlo, nunca me lo había dicho, de haber sabido, mi amigo sonrió y dijo «yo acepto» quiero experimentar y yo solo les mostré mi verga que ya estaba muy parada.

    Mi esposa se acercó a mi y me empezó a mamar la verga y mi amigo se acercó ya con la verga parada para que se la mamaran y era una cosa muy grande, mi esposa tenía cara de asombro pero estaba tan excitada que se le abalanzó y empezó a mamar, abrió la boca lo más que pudo y se la metió lo más que pudo aun así no se la comía toda, chupaba la verga de mi amigo y luego la mía y así estuvo un buen rato.

    Se entretuvo un buen rato con la verga de mi amigo y yo me bajé para mamarle la panochita porque a ella le encanta eso, cuando la toque estaba escurriendo, súper mojada, se la mame y ella solo gemía, no aguante, me paré y se la metí de un solo empujón, le entro facilísimo.

    Le estuve dando por atrás pero en la vagina un rato hasta que mi amigo le pidió que se montara sobre él, la agarro por la cintura y se la subió encima, ella agarró la verga y se la apuntó en la entrada de la panocha y se fue bajando lentamente en esa gran verga morena y súper gruesa, yo me alejé un poco para observar la escena, súper caliente, mi esposa montando allá verga de mi amigo, los dos gritaban de placer, mi esposa lo besaba como loca y él le chupaba las tetas, le daba nalgadas y ella brincaba más duro para clavarse toda la verga, me acerqué y pude ver cómo la verga gruesa se abría paso cada vez que se la metía, me puse detrás de ella, le puse saliva en el culo y se la metí despacio, ella solo gemía de placer, se la metí toda y empecé a bombearle el culo y mi amigo la vagina.

    Podía sentir la verga de mi amigo rozando la mía adentro de mi esposa, ella se retorcía de placer y gritaba, se movía y brincaba para que le entraran por completo las dos vergas.

    Mi esposa empezó a gritar más fuerte y supimos que estaba teniendo un fuerte orgasmo, enseguida empecé a darle más duro y mi amigo también, él dijo que estaba a punto de terminar y ella le dijo que acabara adentro, eso me calentó muchísimo y también acabé, me retiré del culo de mi esposa y le escurrís leche por los dos orificios.

    Nos incorporamos y volvimos a meternos al agua, seguimos tomando un rato más y empezó a amanecer, fue cuando dijimos «es hora de ir a descansar»

    Regresamos y pasamos a dejar a mi amigo a casa de sus padres y nosotros a nuestra casa.

    Cuando entramos a la casa mi esposa dijo que quería bañarse pero le embeleca s besar y me la cogí nuevamente pero ahora por la panocha, aún estaba calientita y traía leche de mi amigo, resbalaba mucho y se sentía bien rico, terminé acabando dentro de ella.

    Luego nos bañamos y nos metimos a la cama a dormir.

  • Mariana, la presidenta de colonos (4.2 – final)

    Mariana, la presidenta de colonos (4.2 – final)

    –Verán chicas para empezar el problema es que su ropa interior no combina con la exterior, en ese momento Irina les dio una palmadita en su culito y les dijo – habrá que cambiarles esos trapos de monja que llevan por ropita más sexy, Ángeles se ruborizo, se puso como un tomate incluso creo que se éxito, el efecto de la bomba que les di empezaba a hacer mella en ese par, Vanessa se veía exultante, no paraba de reír y la pobre de Ángeles se le notaba más acalorada.

    Irina aprovecho el momento y se puso tras ella y muy “profesionalmente” le empezó a explicar su punto.

    –Para empezar esta hermosa cola

    Irina tomo Ángeles por las caderas y empezó a levantarle el vestido, mostrando sus bragas color azul claro

    –Esta cola no debería estar con esas horribles bragas y menos luciendo ese hermoso vestido que te has puesto le hablaba mientras aprovechaba para tocarle sus nalgas a placer, mi hija no sabia como reaccionar y se dejaba hacer, Vanessa solo con su mirada fija dejo de reír y su expresión cambio a una de asombro.

    –Tienes unas nalgas preciosas Angie, y empezó a quitarle sus braguitas, al mismo tiempo que ella bajaba para quedar a la altura de su hermoso trasero –estos trapos no las hacen lucir, acerco su rostro y empezó a besarlo y a darle pequeños mordiscos, mi pequeña aún sin reaccionar solo suspiraba, vi como su cuerpo empezó a flaquear y para no caer se sujeto del sillón quedando inclinada en 90 grados, sacando más su cola.

    –Pequeña traviesa, veo que esto te está gustando, dijo Irina al darse cuenta de que mi hija estaba más receptiva cada vez, la tomo de los cachetes de su trasero y lo separó con delicadeza una de sus manos bajo hasta su vulva y empezó a acariciarla, con una sonrisa lobuna se lanzó sin piedad sobre su concha, era una imagen increíble, besaba y lamia suavemente sus labios abriendo poco a poco su rajita, le metió su hábil lengua hasta donde pudo follándola con ella, no dejó ni una gota de sus abundantes flujos.

    Evidentemente Ángeles estaba en el cielo, se retorcía y gemía acariciando sus pequeñas tetas.

    –Mama, se siente muy ricooo!!! Volteo diciéndome

    Irina en lo suyo, hacía caso omiso de sus jadeos y gemidos, ella también se masturbaba, cada vez con más fuerza. Vi que le metía un dedo y al mismo le recorría su vagina llena de jugos con su lengua, la vi que empezaba a correr con un grito de placer arqueando la espalda, no se apiadó ni un instante de ella, sino por el contrario que ahora le empezaba a meter un par de dedos en su vagina y se lo metía lentamente, Angie solo suspiraba y se dejaba hacer.

    –Así, tranquila, relájate, le decía Irina a mi hija, –Mi pequeña putita no te voy a hacer daño cariño, déjate llevar.

    Yo por mi parte, ver a mi hija seducida por Irina me termino por corromper, por lo que me acerque a Vanessa que se veía por demás excitada, abrazándola por la espalda pegando mi cuerpo al de ella

    –Tía…, fue lo único que le permití pronunciar ya que aproveché para taparle la boca con un beso, la coca que había inhalado me tenía muy caliente, sumado al plug que llevaba en mi ano, siguiendo lo que estaba haciendo Irina con Ángeles, decidí bajar la blusa que se había puesto por los costados, mostrando sus enormes tetas solo detenidas por el bra que llevaba, se las empecé a tocar y apretar, la pobre estaba en shock, viendo a su prima y a una persona que prácticamente acababan de conocer le había quitado sus bragas y le estaba mordiendo las nalgas y devorando su vagina, y yo, su tía, la deje con las tetas al aire.

    –Irina tiene razón, comencé a decir, –la ropa que eligieron no combina con su ropa interior, con este tipo de blusa que te pusiste no deberías de llevar sujetador, tus tetas deben estar libres, y en ese momento le quité el bra y al hacerlo volví a besarla y apretar con más fuerza sus pechos.

    –Tienes unas tetas muy ricas y firmes Vane, deberías de dejarlas libres que el mundo disfrute de ellas, así como yo en este momento, la voltee de frente a mi empecé a chupar ese par de bolas que tenia por pechos, –están deliciosas mi niña.

    Vanessa despechada y ya muy excitada dijo:

    –No soy ninguna niña, y en un arrebato de locura me toma por la barbilla y me empezó a besar por voluntad propia, siendo uno de los besos mas deliciosos de mi vida, la agarre por sus nalgas y atraje hacia mi fundiéndonos más y besándonos como amantes de años

    –Obviamente no eres una niña, tienes cuerpo de mujer y a mi entender un cuerpo muy sugerente y pronto será mío, ¿Esa era yo? Estaba irreconocible, hace unos días, no me interesaba saber de nadie más que mi marido y tampoco me atraían las mujeres, pero en ese momento me quería coger a mi sobrina.

    –No se qué me pasa tía, pero también lo deseo, volvió a besarme como si no hubiera un mañana

    Irina por su parte seguía comiendo la vagina de mi hija que ya para ese entonces estaba mas que entregada al placer.

    –¡¡¡Aaaah!!! Que me estas haciendo Irina, nunca había sentido esto en mi vida, por favor no te detengas, se escuchaba Angeles exigirle a la hermosa rusa, ella fue la primera persona en su vida que le estaba haciendo disfrutar, la primera que le comió su vagina, –¡que rico es estooo!¸ grito mi hija, que había sucumbido al cunnilingus que le hacían en ese momento, ahí me di cuenta de que mi hija se convertirá en una puta y una drogata como yo.

    –Así pequeña puta, córrete para mami, suelta todos tus jugos en mí boca, decía Irina que ahora ya no solo le metía un dedo, sino tres, haciendo de su cochito todo un lago, ver a mi hija correrse en la boca de ella fue todo lo que necesito Vanesa para terminar de entregarse

    –Tía hazme lo mismo que a ella, quiero sentir lo mismo, me pidió mi sobrina, por lo que la tumbé al piso boca arriba, empecé a besarla y a retirarle el resto de su ropa hasta dejarla totalmente desnuda.

    –Aaah! Tía, Aaah! Suspiraba Vanesa, luego paré y comencé a besarla por el cuello dándole pequeños mordiscos sin dejar de tocar sus hermosas tetas, bajé por su canalillo, hasta llegar a sus pezones, seguí bajando para lamer todo el largo camino a su ombligo, me retiré un momento y observé su concha abriendo sus labios vaginales con mis dedos.

    – Y esta conchita virgen, ¿Es para mí? – le pregunte.

    – Siii tía es toda tuya, podes hacer con ella lo que quieras.

    Y empecé a pasar mi lengua en su vagina, me sentí morir, eran oleadas de placer que me tenían más borracha y colocada que el alcohol y la droga que había ingerido, le chupaba los labios vaginales y subí hasta su clítoris que estaba hinchadísimo de tanto placer que estaba recibiendo, le comencé a meter un dedo, después otro, mientras mi lengua jugaba con su clítoris mis dedos entraban y salían de su encharcada concha, en eso ella me agarró la mano y empezó a guiar dentro de ella, con otro dedo más, ahora eran 3 dedos que entraban y salían y mi lengua en su clítoris, en ese instante tuvo su primer orgasmo lésbico.

    –aaaah, me vengo, ¡que rico! Grito mi sobrina, soltando muchos jugos de su exquisita vagina, yo los bebía sin dudarlo, –Si, tía no se detenga siga comiéndome, ¡¡¡Que rico es esto!!! Seguí lamiendo su conchita de arriba a abajo y aparté sus labios con mis dedos llenándome la boca de su líquido maravilloso. En medio, como un rubí precioso, sobresalía su clítoris. Lo chupé como quien chupa una golosina deliciosa, lo lamí, lo mordí. Vanessa chillaba como una posesa –¡Me corro! ¡Me corro!

    De repente se escucho un pequeño grito que nos sacó de concentración.

    –Aaay!!! Irina acaba de meterle un dedo en el ano a Angeles, aunque su dedo estaba muy mojado le costaba mucho meterlo en su hasta hace un minuto virgen agujero, –me duele, Irina no hagas eso por favor, sacalooo!!!!

    –¿Te duele mi pequeña putita? Sin dejar de sacarle el dedo de su ano y sacando de su pantalón lo ultimo que faltaba para pervertir a mis niñas, uno frasquitos de Popper, destapo uno y lo puso frente a ella, –tapa uno de los orificios de tu nariz e inhálalo y el dolor desaparecerá en unos minutos, le decía la rusa a mi hija, al tiempo que le perforaba mas su ano con su dedo.

    –Segura que dejara de dolerme? Preguntaba con incredulidad e ingenuidad que la caracterizaba, para esto me acerque a Irina, acerque mi boca a ella dándole un sensual beso y tome otro par de frasquitos uno para Vane y otro para mí, deje de besarla y toda excitada hale del cabello a mi hija y la bese en su boca, a lo que mi hija, primero sorprendida, me correspondió como desesperada, nunca en mi vida me imagine que estaría a besando a mi hija como mi amante, tratándola como una puta y deseando pervertirla aún más.

    –Hazlo hija, disfrutaras como yo lo he hecho, ambas seremos unas putitas, Vane tambien lo será, le dije al mismo tiempo que tomaba el frasco que tenia Irina y se lo volví a acercar.

    Ella aun dudando, empezó a inhalarlo, Irina en ningún momento había dejado de perforar su ano con sus dedos la animo diciéndole

    –Ya verás pequeña putita que te hará sentir bien y ya no sentirás tanto dolor

    Angeles termino de inhalar el Popper y así enculada como estaba, sintió como se le dormía algo muy adentro de sus fosas nasales, para luego sentir como algo en su cerebro empezaba a hacer como su cuerpo empezara a flotar en un gran mar de placer.

    Irina no daba más del gozo, no se explicaba como aquella mujer escrupulosa que conoció días atrás había dado ese cambio tan drástico en pocos días, tanto que convenció a su e hija de consumir Popper y pervirtió a su sobrina, a la cual tambien se lo daría, la cosa era que en estos momentos aquella mujer era muy diferente la que llego al bar hace unos días, era hermosa cuando llego, pero ahora se veía esplendorosa, ella cuando la conoció se la había imaginado que la haría suya y le emputecería, que la tendría desnuda y enculada, pero nunca se la imagino que estaría drogándose con ella, y que le entregaría a su hija y su sobrina, a las cuales tambien las induciría a drogarse.

    –Jajaja así me gusta mi pequeña zorrita ¡¡¡Ya verás que en un momento te vas a poner culear con más ganas!!!

    Irina se puso a follarle su ano con más ganas todavía sabía que era solo cuestión de minutos para que Angie sintiera en su cuerpo los primeros efectos del narcótico, y se pondría a culear como desesperada.

    Angeles sentía como su cuerpo estaba como adormecido, el dolor comenzaba a disminuir y en unos instantes concentrándose en todo lo que le estaban haciendo por detrás, una extraña excitación se apodero de toda su perfecta anatomía, esto la animaron a que ella también se comenzara a mover su culito al ritmo de la penetración de los dedos de Irina.

    Deje a mi hija que disfrutara de las caricias de Irina, y me acerque a Vanessa destapando el otro frasco de Popper y le enseñe como inhalarlo, tal y como había aprendido ayer por la tarde con Irina y la puse boca abajo

    –Ya que quieres sentir todo lo que ha sentido Angie, también lo harás tú, le dije

    Y comencé a ensalivar su ano con mi lengua, poco a poco, penetrando su esfínter con ella. Cuando estuvo bien lubricada, comencé a meterle un dedo.

    –Aaay.

    –¿Te duele?

    –Un poco, pero me gusta. ¡Sigue, sigue! Y mientras mi dedo entraba y salía dilatando su virgen culito, volví a lamer su clítoris. Vanessa no aguantó más, con un gemido profundo se corrió en mi boca.

    –Que rico tía, me estoy viniendo mucho, ¡Aaaah!

    Vanessa soltaba demasiado líquido, era delicioso, el ritmo de su respiración y su movimiento de pelvis aumentó de súbito, noté cómo ella aguantaba la respiración y cesaba en sus estremecimientos, lo que me animo a buscar el consolador que Irina había usado conmigo, para tomar su virginidad, pero Irina me detuvo.

    –No putita, Sergei y Rogelio serán las primeras vergas que reciban en su agujeros, nosotras solo las pondremos a punto. Y me empezó a besar, –Pero no quiere decir que tu no disfrutes de este juguetito, bajando mis leggins, empezó a jugar con en mi vagina con el y moviendo el plug que tetina en mi ano

    ¡Qué situación! Mi hija y mi sobrina, unas chicas de 18 años y medidas de infarto, estaban viendo como una rusa casi desconocida me besaba y gozaba en mi casa, lo peor era que yo quería guerra y quería ser su puta.

    –Con esto te correrás mucho y las chicas verán lo que les espera en un rato más, tu cuerpo está deseándolo y estoy segura de que tambien lo deseas por tu culo. Dijo al mismo tiempo que me metía y sacaba el plug, –Ya estas mojadita deseando que te folle como a una perra, ¿verdad?

    Me terminé de quitar la ropa mientras ella estaba arrodillada delante de mí, dando una rica mamada mi vagina, yo estaba fuera de mis cabales y empecé a gritar toda clase de zorrerías

    –Si, sigue así, soy una zorra, soy tu perra, tu PUTA, hazme a disfrutar como nunca.

    Angeles, no creía lo que acababa de escuchar, Irina estaba comiendo a conciencia semidesnuda. En eso agarro el consolador y me enterro sus 25 cm. con fuerza. Todo esto lo hizo sin dejar de mirarme a los ojos fijamente. Me lo metía y sacaba despacio, pero sin dejar de mirarme con esos ojazos verdes.

    –Que zorra eres Mariana! No cabe duda de que estas convertida en toda una puta

    Realmente era una puta zorra, le cogí de su melena intentando no hacerle daño y obligándola a que me chupara el clítoris y siguiera metiendo toda esa polla de plástico en mi cuquita. Me estaba follando sin piedad.

    –Sigue así puta rusa, sigue cogiéndome soy tuya y mi hija y sobrina tambien lo serán, ¡¡¡Aaaah!!!

    Yo gemía como una autentica perra, estaba en el paraíso con cogiéndome con ese consolador. Lo hacía tan bien que yo estaba cerca de acabar y haciéndoselo saber:

    –Puta!! Me voy a correr. Hazme venir mucho, ¡aaaah!, ¡siii!, ¡me estoy corriendo!, gritaba como loca

    Eso fue demasiado y me corrí como hacía tiempo que no hacía, que puta estaba hecha, cuando acabé de correrme me di cuenta qué Vanessa y Angeles estaban en un delicioso 69.

    Solo ver a esas dos comportarse como putas me calenté de nuevo. Ni en mis fantasías más ocultas podía creer que mi hija y mi sobrina podían ser tan zorras.

    Mientras pensaba en lo que estaba pasando con las chicas Irina bajo su pantalón y se pudo a 4 patas con el culito en pompa mirándome con carita de niña buena me dijo:

    –Te has portado muy bien y te voy a dar un premio Mariana, hoy será la primera vez que yo me entregue a ti, por que te daré permiso de que me cojas como yo lo he hecho contigo.

    Al mismo tiempo que inhalaba su frasco de Popper y esperando a que le rompiera ese culito de ensueño. Yo estaba deseando encularla sin compasión, pero antes de tirármela le dije:

    –Irina claro que te voy a follar hoy y todas las veces que me lo pidas. Quiero que tu tambien seas mi puta.

    –Siii. Soy tu zorrita, tu perra, tu puta particular… ¡¡¡Pero rómpeme el culo putita!!!

    Dando gracias a Dios por la suerte que tenía en ese momento, me cogería a Irina una chica rusa de 29 años con cuerpo de modelo de lujo, mi hija y mi sobrina se estaban convirtiendo en putas como yo, por lo que me acerque a ese culo con consolador en mano y sin ninguna contemplación se lo metí hasta el fondo.

    Ella grito como nunca había visto gritar a nadie.

    –¡Maldita puta! Me has partido en dos, que carajos. ¡Pinche puta podías haber ido con más cuidado! ¡Da igual! ¡Fóllame duro quiero que me rompas en culo!

    – Te gusta zorra? ¡Suplícame que te siga enculando perra!

    – Siii. Follame asi! ¡Qué bien lo haces presidenta puta!

    – Que culito tienes Irina, que gusto y placer poder cogerte

    – Mmmm Sigue así Mariana!! ¡Cógeme mucho!

    Gritaba la rusa desaforada, mientras mi hija y Vanessa ambas ebrias de placer y excitadísimas por el afrodisiaco adulterado que bebieron en el vino empezaron a chocar sus vaginas como si estuvieran cogiéndose la una a la otra

    –Vane, que rico es esto, sigue haciéndolo, no te detengas, decía mi pequeña

    –Prima a partir de hoy serás mi putita y yo seré la tuya, cógeme, ¡cogemeee!

    –Si seremos tan putas como mi mamá e Irina, así sigue así Vane mi amorrr, ¡me vengooo!

    –Yo tambien me vengo prima!

    El verlas me calentó demasiado y empecé a meterle mas duro el consolador a Irina y a meterme duro mi plug, las cuatro nos corrimos como locas y caímos rendidas

    Pasamos abrazadas el resto de la tarde besándonos y tocándonos hasta que Vanessa hizo una pregunta

    –Tía y la fiesta será igual de divertida que esta tarde

    No pudimos evitar reinos por la pregunta tan inocente y a la vez tan candente que nos hizo, decidimos que ya era hora de arreglarnos e ir a la dichosa fiesta.

    Las chicas volvieron a tomar las prendas que habían elegido previamente, pero esta vez Irina proporciono un bello conjunto de lencería para Angeles y otro para mí, tambien una tanga preciosa a Vanessa sin bra, ella tambien eligió mi ropa me entrego tambien el cual consistía en un vestido hermoso de color azul marino algo entallado y con un escote en el pecho y hombros (que bien podría ser usado como vestido de noche en otras ocasiones), ella por su parte se cambio tambien eligiendo un vestido veraniego, aunque el estilo parecía que se pegaba mucho a su figura, dejando ver su gran cuerpo, así mismo las maquillo y las dejo preciosas.

    Al terminar de vestirnos Irina saco de quien sabe dónde, lo que a terminaría de pervertir a mis niñas, dos bolsitas con coca y haciendo unas cuantas líneas empezó a decirles.

    –Muy bien chicas, como vi como disfrutaron del Popper, con esto se sentirán aun mejor y la noche será de lo mejor que van a vivir en sus vidas, Mariana y yo les pondremos la muestra y ustedes tambien lo harán.

    Y sin más inhalo dos rayas de ese polvo y cediéndome el lugar, voltee a ver chicas y un rayo de culpa y de consciencia me llego, en que las había metido, Irina viendo mis dudas se acercó a mi dándome un suave beso me dijo al tiempo que jugaba con mi plug anal.

    –Vamos Mariana, ya eres toda una puta y al mismo tiempo estas deseando que ellas lo terminen de ser, esto será solo el principio de la consumación, estas palabras y el que no dejara de jugar con mi ano me volvieron a mi nueva realidad e inhale, mi hija y sobrina al verme lo hicieron tambien sin dudas.

    –Mama, puedo sentir como baja por mi garganta un sabor amargo, pero me siento mejor que antes, comento mi hija, Vanessa la secundo y las cuatro nos sentimos eufóricas.

    Salimos todas drogadas de la casa, hacia el bar para que mi niñas fueran realmente desvirgadas y gozaron de sus primeras pollas, Irina le echo el brazo por encima a Angeles, le hablaba cual pareja de novios, Vanessa se acurruco en mí y me pregunto:

    –Tía lo que hicimos hace rato nos convierte en lesbianas?

    –No mi niña, eres preciosa pero no eres lesbiana, eres y somos putas y las putas tenemos que probar tanto vergas, como vaginas y en unos minutos mas probaran tu y Angeles las mejores vergas que probaran en sus vidas.

    –Gracias tía, me dijo y me dio un delicioso beso

    Llegamos al bar e Irina se dirigió a mí y me dijo zorrita empieza el espectáculo.

    Cuando entramos al bar, nos estaban esperando Sergei, Rogelio y Alexey, el bar lo adecuaron de tal manera que parecía la sala de cualquier hogar, en la mesa central había varias bebidas, cigarros, Popper y coca, alcance a ver que había algo de polvo blanco en el cristal lo que me indicaba que acababan de esnifar algunas líneas.

    –Bienvenidas chicas, ya tenemos todo listo para la celebración de tu cumpleaños Angeles, aunque creo que ya te adelantaron un poco tu fiesta, nos recibió Sergei con estas palabras al momento que le daba un beso en la boca a mi hija que la tomo por sorpresa, era el primer hombre que la besaba, Rogelio se acercó también y tomo a Vanessa de su cintura y la empezó a besar cual pareja de enamorados, mientras Alexey nos besaba a Irina y a mí.

    –Vaya, para ser primerizas en esto están muy dispuestas a nosotros, comento Rogelio, –la verdad es que no imagine que estuvieran tan ricas estas niñas, nos la vamos a pasar muy bien todos hoy.

    Sergei que hasta ese momento seguía besando a mi hija comento

    –En verdad socio creo que esto es lo mejor que nos ha pasado, vamos a disfrutar esta fiesta, vas a tener el mejor cumpleaños de tu vida Angeles, a partir de hoy nada volverá a ser igual para ti.

    Le empezó a megrear sus tetas y a besarla nuevamente, Rogelio tambien hacia lo mismo con Vanessa, pero ya le había quitado la blusa y se las tocaba directamente.

    Irina y yo empezamos a preparar las bebidas y las líneas de coca para esnifarlas en unos momentos, Alexey se encargo de poner música con la que nos paramos a bailar, aunque se me hacía raro no ver a Dimitri, aún me sentía extasiada por la droga consumida en mi departamento, así como la jornada sexual que habíamos tenido, que el que no estuviera hacia que mi vagina lo extrañara, Dios estaba convertida en toda una puta y, aún no era consciente, pronto todas las mujeres de mi familia seriamos unas putas.

    Alexey se acerco a mi al rimo de la música y me rodeo abrazándome por la espalda, lo cual me hizo sentir su verga en mi trasero, lo que me provoco que mi vagina se humedeciera más, estando en esa postura aprovecho para apretar mis tetas y empezar a besar mi cuello.

    Vi a Angeles y Sergei disfrutar la pista bailando, aprovechaba las vueltas para acercar su verga en su culo o tenerla de frente y tomarla por las nalgas, se veía que mi hija estaba disfrutando lo que estaba pasando, por su parte Rogelio fue más directo, el y Vanessa se acercaron a la mesa y la hizo inhalar un par de líneas de coca y beber cocteles, Vanessa lo hacia sin rechistar, estaba muy entregada a convertirse en puta, Rogelio por su parte le fue quitando sus prendas hasta dejarla solo en tanga, le hizo recostar en el sillón, le empezó a besar y bajar por su cuerpo y le comía las tetas, Vanessa se veía que disfrutaba el momento, vi como apretaba la cabeza de Rogelio en sus pechos, Alexey tambien me desnudo e hizo que me pusiera sobre mis rodillas para sacarle su verga del pantalón, lo cual hice sin objeción.

    En la pista Sergei empezó agarrar las nalgas de mi niña y las comenzó a sobar, ella se dejaba hacer. Entonces se aceró Irina y le comenzó a pellizcar los pezones por encima del vestido. Al rato Sergei le dio a oler más Popper, le bajo el vestido dejando ver el hermoso conjunto de lencería que Irina había escogido para ella, Irina aprovecho y le hizo a un lado la tanga y comenzó a sobarle el clítoris, después le metió los dedos en el coño para calentarla aún más, tras cinco minutos Angeles estaba muy cachonda, Sergei la cargo abriéndola de piernas para que la rusa acercara su boca y le hiciera una espectacular comida de coño, que hacia gritar como loca a mi hija.

    –Aggg, sigue así, cómeme toda

    Alexey se desnudo por completo y me acosto en la pista de baile y me clavo su verga de una, lo cual hizo que me viniera como loca

    –Aggg papiii que rico me la metiste

    Empezó a darme verga como si no hubiera un mañana, estaba soltando liquido como nunca en mi vida, y lo alentaba a que siguiera pistoneando mi útero.

    –Aggg ¿Es así como te follas a una puta?

    Ese comentario hirió su orgullo y me dijo

    –No, me la follo así, me dijo empezando a cogerme salvajemente, penetrándomela hasta al fondo de mi vagina, con saña.

    –Así puto ruso, cógeme, hazme tu puta, métemela mas duro, aaah!, difrutaba de esa cogida que me estaban dando, busque con mi mirada a mi hija

    Vi que ella se desnudó y se montó sobre la polla de Sergei quien estaba acostado de espaldas al suelo, estaba entregando su virginidad a la verga que me corrompió

    –Aaah!!! Exclamo al sentir como ese falo bestial la acaba de desvirgar

    –Ummm que apretadita estas, preciosa, goza de tu primera gran verga, le decía mi ruso, mientras mi hija se auto desvirgaba, se puso a tocarle el culo y a dilatarlo con los dedos

    –Ah me siento tan… llena, que rico es estooo!

    Sergei miraba a aquella preciosa mujer, una jovencita hermosa que bien podría ser su hija, pintada y vestida como una puta, la cual tenía su verga por completo, entrando y saliendo de, hasta hace unos minutos, su virgen coño, quizás en otro momento el seria tierno con ella y la trataría como una princesa, pero ahora era su puta y la trataría como tal, le demostraría que él era quien mandaba.

    –Voltéate y ponte en cuatro., le ordenó

    –Si papi., mi hija obedeció sin rechistar

    –Creo que ya sabes lo que sigue, a partir de ahora, para que termines de ser tan puta como tu mama tienes que recibir mi verga por el culo

    –Me dolerá?, pregunto angustiada mi hija

    –Tal vez un poco, pero es mejor que te duela solo una vez, aunque puedes inhalar un poco de coca y Popper para que no sientas tanto dolor, dijo compadeciéndose de ella antes de encularla, a lo que mi hija asintió.

    –Pues venga, hazlo ya, le ordeno y lo hizo como había aprendido anteriormente

    –Date la vuelta, putita. Ponte como la perrita que eres., escuche a Rogelio que le ordenaba a Vanessa, –Te voy a desvirgar primero tu ano y una vez que este satisfecho lo hare por tu vagina, te hare gritar y aullar como una perra, y serás tan puta como Mariana y tu prima

    –No… por favor, eso no me harás daño, por favor nooo!, la pobre gritaba desesperada

    –A callar puta te voy a follar el culo, aunque no quieras., y empezó a meter la punta de su verga en ese pequeño agujero.

    –Nooo

    Plas!!!

    Le había dado una torta con la mano abierta en al nalga, no fue dolorosa, pero fue la humillación de ser castigada por aquella bestia lo que más le dolió.

    –Estate quieta y relájate. Así te dolerá menos.

    Sintió aumentar la presión, no entraba, el hizo más presión y la punta de la polla venció la resistencia de su ano y se coló, ella sintió una gran punzada de dolor.

    –Aggg

    –Ya se te pasará y verás como te gusta puta.

    Enterró su cara contra el sillón para no darle el gusto de escuchar sus gritos. Él siguió empujando y enterrándole la polla hasta que chocó con su culito.

    –Mmmmm ya está, zorrita. ¿Ves? No es tan malo. Ya tienes toda mi polla dentro de tu precioso culito.

    Vanessa supo lo que era estar llena parecía que la polla había crecido más y así de repente se dio cuenta de que ya no sentía dolor y sólo estaba presente un delicioso placer.

    Rogelio no se movía, no la follaba y le grito exigiéndole que se la cogiera por culo como la perra que era.

    –Fóllame, cabrón… fóllame ya… venga, dame tu verga de una puta vez.

    –Así me gusta, zorra, tienes que ser toda una puta y pidir lo que sabes que deseas.

    Se agarró a sus caderas y empezó una salvaje enculada. A pesar de tener la cara contra el sillón, sus gritos llenaron el salón, pero eran gritos de dolor, sino de placer, gritos de hembra follada por su macho, a fondo, con fuerza.

    Alexey imito a sus compañeros y tambien empezó a perforar mi ano haciéndome llegar a miles de orgasmos por minutos, estaba muy exitada.

    –Así papi, métemela toda, revienta mi culito, le gritaba y exigía.

    Llevaban algunos minutos cogiendo salvajemente a mis dos putitas en ese momento Sergei tomo a mi hija por el cabello y la hizo levantar la cabeza, doblando su cuello hacia atrás. Y entonces le agarró las dos tetas, se las apretó con fuerza y empezó a llenarle el culo con su hirviente lava, lanzada como fuertes cañonazos en lo más profundo de su culo, eso fue demasiado para ella. Su respiración se cortó, todo su cuerpo quedó tenso y se corrió con él cada descarga de semen era una bomba de placer que estallaba dentro de ella y que seguían estallando cuando la polla dejó de correrse.

    Rogelio a su vez tomo de los brazos a mi sobrina y tirando fuerte de ello empezó a llenar su culo de leche de macho

    –Aggg hijo de… putaaa, que rico!, fue el grito de placer de Vanessa al momento que también ella se corría.

    Irina por su parte había estado grabando como desvirgaban tanto vaginal, como analmente a mis niñas, dejo la cámara montada sobre un tripie, después nos enteraríamos que seguiría grabando, tomo un arnés con un consolador del tamaño de la verga de Alexey y se acercó a Angeles y la acostó nuevamente en la pista y tomando aquel enorme consolador con su mano lo apunto a la recién desvirgada vagina, diciendo.

    –Ahora seré yo quien te haga gozar como toda una putita

    Se la metió toda en un movimiento, tan fuerte que mi hija abriera la boca como si fuera a gritar, pero de ella no salió sonido alguno, Irina empezó a moverse delante y atrás, haciendo que la polla de plástico entrara y saliera de su vagina, a veces sólo se la metía hasta la mitad y jugaba haciendo círculos en su conchita, como si quisiera que se expandiera más, otras veces se la metía toda y la martillaba como si quisiera que su vagina fuera tambien muy profunda

    –Siii soy una sucia perra, una golfa que se ha portado mal. ¡¡Castígame como me merezco!!, comenzó a gritar desaforada mi hija

    Angeles comenzó a tener temblores y en ese momento Rogelio se acercó y las hizo cambiar de posición para que Angeles montara a Irina, cual amazona, entonces la penetro por el culo de forma muy dura consiguiendo que ella tuviera su primera doble penetración y llegara al orgasmo.

    –Aaaah!!! Que rico, me están metiendo dos vergas y es riquisimo!

    Sergei se acerco a la mesita donde estaba la coca y esnifo unas cuantas líneas, después acercándose a Vanessa que para ese momento ella se estaba masturbando, viendo el espectáculo sexual de mi hija y yo, le acerco su enorme verga a su boca y ella la acepto gustosa.

    Sin usar las manos y sin perder el contacto visual, se fue metiendo la polla en la boca. Cuando tres cuartas partes estaban dentro de la caliente boca, Vanessa paró.

    –¿Por qué paras?

    –Es que no me cabe más, le respondió sacándosela.

    –¿Cómo? Una buena puta se tiene que tragar toda la polla que le den. ¿Tú eres una buena puta?

    Un chorrito de flujo mojó el sillón donde estaba, le encantaba que la llamaran puta, que la tratasen como a una sucia perra, ella iba a ser la mejor puta, al igual que su tía y su prima, así que se volvió a meter la polla en la boca, esta vez despacito, en su vida había hecho una mamada, pero se estaba esforzando tanto que la llevó al punto en que ninguna otra de las tantas pollas que probaría en su vida llegarían.

    Sergei la cogió por la cabeza y la atrajo hacia el, cuando la punta de la polla rozó el fondo de su garganta, tuvo arcadas y se la sacó de la boca.

    –Serás zorra!

    La agarró por la cabeza y se la volvió a meter, esta vez la sujetó fuerte para que no quitara la cabeza, nuevamente tuvo una arcada, pero la polla no se movió Sergei la sacó un poco, para que se le pasase la arcada, de los preciosos ojos de mi sobrina caían dos lágrimas debido al reflejo y salivaba mucho, hasta el punto de que la saliva bajaba por la polla hasta los huevos y goteaba en el suelo.

    –Vamos otra vez, zorrita.

    Empujó su cabeza, haciéndola tragar la polla, esta vez la metió un poco más que antes, y volvieron las arcadas, pidiendo que aguantara un poco mantuvo la polla unos segundos y la sacó. Vane cogió aire, sus ojos estaban llenos de lágrimas y de su boca colgaban hilillos de espesa saliva, pero en su cara había una sonrisa.

    –Bien, bien, perrita, ahora te la vas a tragar toda.

    Se le empezó a meter y cuando llegó al punto en donde se producían las arcadas, siguió metiendo, metiendo, hasta que toda la polla desapareció dentro de la boca, la nariz de Vane tocaba el pubis de ese macho cabrío que tenía frente a ella, sentía toda la polla en la boca, en la garganta.

    No podía respirar, pero estaba feliz

    –¿Ves cómo lo hice? Soy una buena puta, me he tragado toda tu polla.

    Lo decía con orgullo, feliz, jamás pensó que se pudiera tragar una polla así.

    -Muy bien, putita, muy bien, a ver como lo haces.

    Sergei quitó sus manos. Quería ver como ella lo hacía sola. Vio como abría su boca y la llevaba hacia la polla. Como entraba. Como cerraba sus labios, a los que casi no les quedaba ya carmín, alrededor de su dura barra y como se la empezaba a tragar.

    –Aaah que rico putita que bien mamas, aprendes muy rápido, le escuche decir a Sergei lo que me hizo sentir orgullosa de ella

    Vencida la sensación de vómito, Vane empezó a moverse delante y atrás, haciendo que la verga entrara y saliera de su boca, a veces sólo se la metía hasta la mitad y chupaba, lamiendo con la lengua. Otras veces se la tragaba toda y la mantenía unos segundos en el fondo de su garganta.

    –Aaaah así me gusta, así se mama una polla, la felicitaba y alentaba, –Vas a ser una buena putita.

    Vanessa estaba tan cachonda, que se veía sublime, el placer de estar siendo usada como una puta, somo un simple objeto, para ella era inmenso, como inmenso era el placer que estaba sintiendo Sergei al estar follándose a su preciosa jovencita por la boca, literalmente follándole la boca. Sintió que se iba a correr, la agarró con sus manos por la cabeza y empezó a moverse, dentro, fuera, a fondo, de la boquita de su nueva putita

    –Aggg me voy… a… correr… trágatelo… todooo

    Con la polla alojada en el fondo de la garganta, se empezó a correr, los primeros chorros caían directamente en el esófago de Vane, que los sentía bajar, calientes, cerró sus ojos y se corrió, sin tocarse, se corrió del placer al ser utilizada de aquella manera tan salvaje.

    Alexey que había terminado de cogerme aprovecho el momento para acercarse a Vane y terminar de quitar el ultimo velo de castidad que le quedaba y de un solo envión le enterró sus enorme y monstruoso miembro

    Tan excitada y lubricada estaba que su vagina no opuso resistencia alguna, todo su cuerpo se estremecía. Sus caderas se mecían a un lado y a otro, la manera en que gemía era muy excitante, aumentaron los gemidos y el movimiento de sus caderas, Alexey la estaba haciendo venirse como una perra

    –aaah, fuel grito de exclamación al momento que sus vagina soltaba chorros en demasía

    Durante varias horas los rusos y Rogelio estuvieron cogiéndonos, turnándose nuestro cuerpos, haciendo nos gozar como lo que éramos unas putas, unas zorras, pero las sorpresas aún no terminaban.

    Dimitri llego como a las tres de la mañana, junto con otro dos hombres que no había visto y traían agarrada, tapada de la cara y al parecer amordazada a una mujer, se acercó a Sergei y a mi que en ese momento me encontraba comiéndome su verga.

    –Дело сделано, босс, я привел последнюю шлюху в семью. Le dijo hablando en ruso, a lo que el solo contesto con una sonora carcajada me dijo:

    –Esa mujer esta a punto de ser igual que tu y las putitas que trajiste, ella se le inyecto un afrodisiaco el doble de potente que el que usaste con ellas, señalando a mi hija y mi sobrina y continuo, –Dimitri y mis hombres ya han venido utilizandola, pero aún falta que ella este con una mujer pero, en este caso no solo será una, serán tres, tu y las putitas se la cogerán pero aún no sabrán su identidad hasta que ella empiece a gritar y gemir como toda una puta a conciencia.

    En es momento Irina llego con tres arneses con vergas de plástico descomunales, de unos 25 o 28 cm, similares a la verga de Alexey, que era la mas grande de todas.

    La droga y el alcohol que habíamos consumido no me dejaba pensar con claridad y por mi mente paso, que ella sufriría un poco al inicio pero terminaría gozando como una puta, se uniría a nosotras sin problema, por lo que procedí a ponerme el arnés gustosa e inmediatamente me di la tarea de cogerla por la vagina, mi hija me siguió y la agarro por la cabeza y le metió el consolador por la boca y Vanesa empezó a comerle las tetas y a prepararle el ano.

    En ese momento Dimitri aprovecho para agarrar a mi hija y empezar a cogérsela, junto con los otros dos hombres que llegaron, Irina y Alexey, tambien empezaron a coger entre ellos, mientras que Rogelio y Sergei se estaban masturbando.

    –Mmmm, aaah, solo se escuchaba esos sonido de la boca de aquella mujer, que sin sacarle el dildo me acosté en el piso y la hice que me montara, movimiento que aprovecho Vane para colocarse en la entrada de su ano y la perforo sin piedad.

    Al principio los grito eran de dolor, pero al poco tiempo se volvieron de un placer total

    –Así, sigan matándome de placer, no dejen de cogerme, mátenme de placer, fue entonces que aterradas reconocimos la voz y Sergei cumplo su palabra nos dejo ver su rostro, era mi hermana menor Brenda, la madre de Vanesa, se vino en un gran orgasmo gritando de placer y yo gritaba de terror.

    –No, no puede ser, porque?

    Rogelio se acerco a Vanessa si se la empezó a coger y así evitar que se saliera del ano de su mama, cosa que hizo que Brenda le pidiera más y más, a lo que Sergei le pregunto

    –Te encanta la verga verdad? Se ve que eres una puta, al igual que tu hermana y todas las mujeres de tu familia, y por lo excita y drogada que estaba ella contesto

    –Si, soy una puta deme más, cógeme más Vanessa, hija sigue metiendo ese monstruo en mi ano y tu hermanita no dejes de cogerme soy súper puta

    Sergei el ruso que me profetizo que seria una excelente puta había triunfado, todas las mujeres de mi familia se transformaron en unas putas, adictas a las grandes vergas, al Popper y a la coca, del cumpleaños de Angie a hoy ya van 4 días, ya no vivimos en México, mi marido nunca supo que paso con su familia, trabajamos todas como putas de lujo, aunque si quisiéramos pidiéramos irnos en cualquier momento, pero como dije anteriormente, somos putas y nos gusta que nos cojan y consumir las drogas sin pagar un céntimos, solo por entregar nuestros cuerpos que más podemos pedir.

    Fin

  • Infiel por mi culpa. Puta por obligación (23)

    Infiel por mi culpa. Puta por obligación (23)

    Se mira, pero no se toca.

    Un grupo de jóvenes se nos acerca caminando, no por la acera sino por la cinta asfáltica, aprovechando que no transitan autos. Dos son guapos hombres y tres, bellas mujeres. Uno de ellos, el más bajo, de piel clara y rostro ovalado con un par de ojazos verdes, trae pendiendo del hombro una nevera portátil isotérmica. El otro, más moreno y corpulento, con su corte de cabello casi rapado y una barba incipiente bordeando su quijada, carga en su mano con un mediano altavoz portátil escuchando reggae; afino mi oído y reconozco el sonido, la voz y la letra de «The Way You Do The Things You Do», de Ub40.

    Y dos de las chicas soportan en sus hombros el peso de dos bolsas grandes de tela con sus compras. La que no lleva nada encima, más que su gorra rosada de Hello Kitty y un precioso bolso tipo morral tejido en crochet y en los extremos dos coquetas borlas que le otorgan un toque sumamente chic, –igualmente de color rosa– luce un delicado, casual y corto vestido color marfil; se aproxima al espaldar de la banca y nos saluda levantando su mano derecha, donde entre su pulgar y el dedo índice, sostiene unos lentes metalizados y de ancha montura de pasta blanca.

    — ¡Buenas noches! ¿Cómo están?, ¡¿En que andan, púess?! —Nos saludan en español con marcado acento colombiano. Un dulce y coqueto habladito paisa, para ser más exacta. Y se detienen de forma algo descarada, sin ser para nada ofensiva.

    — ¡Buenas noches! —Camilo y yo al mismo tiempo le correspondemos el saludo, pero es mi esposo quien lo concluye con una evasiva, expresiva y divertida locución… ¡Ehhh, por aquí cazando «pispirispis»! Todo el grupito se ríe, la rubia igualmente. Yo nada, Camilo mucho menos. Y es que ellos no saben que en esta noche, no estamos para reírnos demasiado, aunque puede que en el fondo, envidiemos su deliciosa juventud.

    — ¡Ehhh Ave María!, que gracioso me salió esta «pinta» de hombre. ¿Y además rolito? Jejeje. ¡Vea púess! Entonces mi amoorrr, sí no estás haciendo nada importante… ¿Podrías hacerme un favor? —Acaso… ¿Le está echando los perros a mi marido?

    —Claro que sí, ni más faltaba. ¿Son de Medellín? —Le responde Camilo y de paso… ¿Le sonríe?

    —No señor, ellos son Roberto y Franklin de Pereira. —Y los dos muchachos se acercan y nos saludan. A mí de beso en la mejilla y con mi esposo se estrechan las manos.

    —Y nosotras tres de Manizales. Ella es Valeria, un poco tímida al comienzo, pero cuando entra en confianza, se convierte en un huracán que deja todo patas arriba. ¡Jajaja! —Nos presenta a una chica de unos veinte años, de lacios cabellos castaños que le llegan a media espalda, bajita y algo delgada, escasa de pecho y angosta de caderas, con un piercing atravesando el parpado superior izquierdo y su piel de un tono más oscuro que la mía.

    —Esta morenota de aquí es mi amiga Vanessa, una «tesa» para diseñar páginas web. —Sus definidos rizos ocres, y la tersa piel oscura, contrastan divinamente con el amplio y largo kaftán blanco, estampado con coloreadas orquídeas, bajo el cual se percibe un armonioso cuerpo que se menea voluptuoso al caminar.

    —Y mi nombre es Verónica, para lo que gustes. –Y cada una sin moverse de su sitio, sonriéndose nos saludan levantando sus manos. – Vinimos al congreso latinoamericano de diseño gráfico y unos amigos mexicanos nos invitaron a una lunada en la playa, pero es una lástima que esta noche está nublada y por otra parte, la verdad estamos como perdidos. —En su rostro se gesta con rapidez una expresión de niña mimada, aprovechándose de la ternura que inspira su rostro aniñado, bastante juvenil y de pómulos rosáceos, ligeramente humedecidos por un poco de sudor, acentuándolo al fruncir sus labios y dándole forma a un infantil pero coqueto puchero.

    — ¿Y en que les podemos ayudar? —Le responde Camilo a la jovial y candorosa Verónica.

    —Disculpen púess que les pongamos «pereque», pero… ¿Podrían indicarnos si estamos muy lejos de la playa de los venezolanos? —Nos consulta la chica rubia, finalizando con una amplía y hermosa sonrisa, en concreto creo, más dirigida hacía mi marido.

    —A unos diez minutos o menos. Vayan al fondo por esta misma calle, siguiendo por el fuerte con arcos y cruzan a la derecha. No tienen pierde. —Les señala Camilo la dirección.

    Roberto y Franklin nos dan las gracias. Valeria y Vanessa otro tanto. Ellos cuatro van dando media vuelta, pero es Verónica la que no se mueve.

    — ¡Oigan! Ya que no están haciendo mayor cosa y siendo compatriotas, tan lejos de nuestra tierra… ¿No les gustaría acompañarnos? ¡Vamos y nos divertimos un rato! —Nos dice invitándonos a hacer algo que en otros momentos tal vez hubiera sido fenomenal y divertido pero ahora no es la ocasi…

    —¡Eres muy amable! Adelántense y nosotros les caemos más tardecito. ¿Ok? —Me interrumpe mi esposo lo que pienso, respondiéndole y anticipándose a mi parecer, que obviamente está en sincronía con su pensamiento.

    — ¿Pero seguro? ¿No me van a dejar «metida» esperándolos? —La rubia insiste, colocando los brazos en jarras.

    —Seguro. ¡Fresca que allá les llegamos! —Le contesto colocando mi mano izquierda sobre su hombro, para darle mayor seguridad a mi respuesta y de paso, le oculto en una velada sonrisa, las ganas de que se marche y nos deje nuevamente a solas. ¡Ni mierda! No es momento de festejar.

    La veo alejarse dando pasos cortos por detrás de sus amigos, como si no le apurara alcanzarlos. Mariana a mi lado también la observa y la voz de Ali Campbell cantando «I Got You Babe», –debido a la amplitud de la distancia– se me va haciendo menos audible. La chica rubia gira el tronco, voltea su cabeza para mirarnos y doblando el brazo con su mano abierta abanica el aire, –empequeñecida bajo la sombra enorme de la estatua de Manuel Carlos Piar– sonriente despidiéndose de los dos pero a esta distancia noto que su mirada está dirigida… ¿Solo para mí?

    Doy media vuelta buscando acomodo nuevamente en la banca de madera. Con cierto desconsuelo observo que dentro de la rectangular cajetilla no me aguardan más que dos cigarrillos. Me enciendo el penúltimo y aspiro sin prisas. Mariana también posa con gracia sus nalgas sobre la oscura madera, acomodándose antes el vestido con una sola mano, que templa los hilos negros de la tela que cubre la redondez de su culo, y busca con su mirada el sitio donde ha dejado la pequeña copa de plástico.

    — ¿Quieres otro ron? —Le pregunto y ella asiente.

    Entre sus dedos sostiene el pequeño envase y le sirvo hasta la mitad. En su cara se percibe una mueca de interrogación. — ¡Poquito porque es bendito! le digo y sé que aunque no lo quiera, mi boca esboza una leve sonrisa.

    Apoya completamente la espalda sobre el respaldo de la banca, lleva la copa a su boca, las piernas las mantiene juntas, pero un nervioso y repetitivo movimiento en sus muslos me indica que está pensando en algo y que a punto estoy de enterarme de algo más.

    — ¡Sí, Chacho! Así lo comencé a llamar después de… De que tuve… Luego de hacerlo con él… Por segunda vez. — ¡Esperaba un nuevo comentario pero esto!… ¿Así, tartamudeando y a palo seco?

    — ¡Ufff! Te has vuelto experta en zarandearme sin darme un respiro. Cuando consigo unos pocos momentos de calma, que no alcanzo a disfrutar, porque enseguida… ¡Pumm! Haces explotar sin previo aviso, tus ocultas verdades en mi cara. —Le comento mientras que ahora soy yo el que necesita realmente con urgencia un ardiente trago.

    — ¡Lo lamento tanto, cielo! Pero si para ti es doloroso escucharlo, para mí es un tormento describirte esos detalles, sabiendo de antemano que vas a sufrir. Espero que entiendas la razón por la que lo hago. Deseo ser lo más sincera y honesta posible contigo y no quiero que pienses que me estoy guardando algo. No vine a buscarte para seguir ocultándote cosas de ese pasado. —Camilo en silencio me observa con la mirada perdida, para luego beber un poco de ron y yo decido imitarlo.

    A Mariana, aparte de las piernas, le tiembla la mano que sostiene la copa. Se incorpora y se decide igualmente por llevar a su boca uno de sus blancos cigarrillos; se encorva bastante para formar con su cuerpo una oquedad que le permita con facilidad darle fuego y evitar que la brisa le dificulte la labor de encenderlo. Aspira, me mira y expulsa el espeso humo, al igual que la continuación de sus recuerdos.

    —Recibí en el móvil empresarial un mensaje de… De él. Fue justo después de salir de la oficina, para felicitarme por haber logrado finalizar el mes cumpliendo la meta mínima del presupuesto de ventas. K-Mena, Diana y Carlos me acompañaban caminando esa tarde de viernes hacia el bar, para celebrar como usualmente lo hacíamos. Ninguno de ellos se dio cuenta pero me puse nerviosa, imaginando que me lo encontraría allí. Respiré más tranquila al observar que no se hallaba en el bar y pedimos unas cervezas tras sentarnos en una mesa apartada para poder hablar sin tener que gritarnos, pero aunque aparentaba estar normal, estaba más pendiente del momento en que José Ignacio se apareciera por esa puerta y que luego tú lo hicieras más tarde y como de costumbre, tener que mediar entre ustedes dos si empezaban a tirarse puyas.

    —Finalmente llegaste acompañado por Elizabeth y el hijo de puta de Eduardo, –mi falso ángel guardián– comentando entre ustedes algo del nuevo proyecto hotelero, y tú saludando a todos nosotros de manera cordial; a las muchachas de beso en la mejilla, a Carlos y a mí, guardando prudente distancia, tan solo apretándonos caballerosamente de la mano por encima de la mesa. Ni te imaginas como llegué a sentirme de incomoda en esos momentos. Alejada de ti por mi estúpida idea de jugar a que tú y yo no éramos nada, por mis ganas de trabajar haciéndolo a tu lado y aparte de eso, sintiéndome mal por traicionera, mentirosa e infiel, pero con ganas de que no desconocieras la necesidad retrasada durante el día, por sentir la calidez de tus labios, si no en la boca al estar en frente a mis compañeros, al menos sentirlos como los presionabas con fingida normalidad sobre mis mejillas. ¡Pero no sucedió!

    — ¡Uhum! Ya veo. Pues tan solo hablábamos de mi proyecto y del repentino interés que había suscitado entre los miembros de la junta directiva. Igualmente comentábamos sobre la oportunidad que se le podía presentar a Eduardo de dirigir las ventas a nivel nacional si lograba superar el presupuesto mensual que le habían estipulado.

    —Yo no te había comentado nada acerca del proyecto, pues solamente lo veía como una posibilidad, y hasta que no se concretara, no vi justo ilusionarte con ello. Por eso esperaba a tener más claro el panorama y me guardé aquella noticia. Si se daba, había pensado en festejarlo contigo y nuestro hijo, viajando al exterior del país. No me olvidaba de tu sueño por conocer México y visitar sus museos y las construcciones ancestrales, o hacer un viaje al Perú y ascender en tren hasta Machu Pichu. ¿Recuerdas? Era una sorpresa que guardaba para ti. Pero de esa noticia ya estabas muy bien enterada.

    —Como me hubiera gustado poder realizar ese viaje contigo y con nuestro hijo, pero… ¡Pufff! la recontra cagué.

    Mariana calla al llevar a su boca el cigarrillo para darle una profunda aspirada, mientras su mirada apagada observa hacia el suelo, en consonancia con el tono triste que le imprime a sus palabras al recordar el papel que le tocó representar por su infantil desliz. Escarba con la punta de su sandalia derecha algo que le ha llamado la atención. Son los restos secos de una goma de mascar, usada y deforme, pegada en el centro de una laja terracota miles de veces pisoteada.

    —Y sí, como sabes el malparido de nuestro supuesto amigo me había informado de tu cercano éxito y con ello logró someterme. De hecho Eduardo se me acercó esa noche, –en frente de tus narices– y al oído me comentó sobre tu próximo viaje con los directivos para visitar los terrenos en el Chocó, y donde podría desarrollarse tu proyecto. Estaba feliz de haberte ayudado y no hacía sino reírse por cualquier comentario medianamente gracioso de Diana, pero disimuladamente no dejaba de mirarme con la prepotencia de aquel jinete que es conocedor de que lleva bien sujetas en sus manos, las riendas que le indican a la servil yegua hacía donde debe virar.

    Abandona el intento, pues no logra despegarla y al mirarme de nuevo, cae en cuenta de que la he observado. Con algo de timidez me obsequia una sonrisa, fuma de nuevo y dispuesta a continuar hablando, deja escapar algo de ese humo, entre frase y frase.

    —En verdad que me hubiera encantado.

    — ¿Qué? —Le pregunto y ella hace un gesto de conformidad levantando los hombros, al tiempo que me responde…

    — ¡Conocer las pirámides! –Me contesta visiblemente emocionada–. Ahhh, y pasar algunos días en Acapulco o en Cancún. ¿Sabes una cosa? Quizá todavía podríamos llevar a Mateo… ¡Claro, si superamos todo esto!

    Mariana aprieta entre su pulgar y el índice el cigarrillo llevándoselo a la boca. Fuma lo poco que le queda y aparta la mano, fijando su mirada en la colilla casi terminada entre sus dedos. Sin pena la arroja al suelo y la pisa con la punta de su sandalia, luego se agacha y simplemente la recoge. Niega con la cabeza, tal vez respondiéndose ella misma, –colocando en duda nuestro futuro– y suspira, mientras con tristeza clava su mirada en mis ojos, para continuar explicándome lo que vivió esa noche, entre tanto yo, apenas si soy capaz de mirarla pues me apuñalan sus palabras y sin embargo pienso en lo injusto que es el amor. ¡Mierda, mierda! ¡La amo a rabiar!

    —Aparentaba estar calmada bebiendo a sorbos cortos pero continuos mi cerveza, escuchando con algo de atención los comentarios de cada uno y aportando algún comentario sobre lo complicado que estaba el mercado inmobiliario, apostando por un buen repunte en los negocios y en lo que se vendría para septiembre pues era el tan esperado por el país, «Mes del Amor y la Amistad», y que debería ayudarnos a incrementar las ventas. Pero en verdad estaba nerviosa, con un ojo puesto en tu rostro y el otro en la puerta, esperando esa entrada triunfal.

    —Pues vaya si lo disimulaste bien. O yo estaba tan inmerso en escuchar a Eduardo hablar de sus ideas comerciales para mejorar el récord de ventas de tu grupo, y de recomendarle a Liz hablar con el arquitecto residente sobre unos escombros que no se habían retirado de la tercera etapa, que no me percaté del nerviosismo que tenías esa noche y que ahora me cuentas. ¡Qué idiota fui, y que bien que interpretaste tu papel!

    —Descuida, no tenías por qué saberlo, y en todo caso, siempre he procurado que seas tú el primero para mí. Afortunadamente José Ignacio no apareció, aunque sí que me envió otro mensaje que leí mientras fumaba un cigarrillo en la calle, acompañada por tu asistente que aprovechó para llamar a su marido, aunque guardando las dos una prudente distancia. En el texto se disculpaba conmigo por no poder asistir al bar, ya que se encontraba con su novia Grace en un concierto de música del despecho por el Festival del Verano, pero dejando en claro que estaba impaciente por verme, –en el rostro de mi esposo se refleja el desagrado– y al cual no le respondí nada, dejándolo en visto.

    —Debiste responderle algo, si es que no querías que él pensara otra cosa. ¡El que calla, otorga!

    —Es probable, pero teniendo a Elizabeth tan cerca, me puse nerviosa y opté por apagar el móvil. Además como nuestro grupo debía trabajar al dia siguiente en Peñalisa, al ingresar de nuevo al local, pensé que apurando mi cerveza y negándome a pedir otra ronda, todos captarían el mensaje. Y a ti, te miré con disimulo, apenada contigo sin que tu siquiera sospecharas el porqué. Afortunadamente la reunión no se extendió más de unos minutos y cada uno fuimos despidiéndonos, en mi caso llevándome del brazo a K-Mena para acercarla como siempre hasta su casa, Eduardo obviamente se ofreció a llevar tanto a Diana como a Carlos y dejarlos en sus hogares, y tú…

    —Yo me quedé otro rato con Liz, dándole las últimas indicaciones para ese fin de semana, mientras esperábamos a que llegara su esposo a recogerla. Tuve que encomendarle la supervisión de la ampliación de una habitación derribando un muro divisorio, para una de las casas que habías vendido y era imposible para mí estar presente pues tú tenías que viajar igualmente a Peñalisa y Mateo debía asistir a su clase de natación. Era una obra sencilla pero igualmente urgente para que tus clientes pudieran instalarse lo antes posible. Y de allí salí para nuestra casa a encontrarme con Mateo y contigo. —Le recuerdo a Mariana aquel momento y me pongo en pie de forma impulsiva, para caminar hasta la caneca de basura y apagar contra el borde los restos no consumidos del cigarrillo.

    — ¡Vaya, pues no recuerdo haberla visto por allá ese fin de semana! El caso es que haciendo memoria, no olvido como esa noche ya en privado, tú me felicitaste y expresaste tu entusiasmo abrazándome tan pronto abrí la puerta de la casa, elevándome por los aires tras cruzar el umbral del recibidor; dimos no sé cuántos giros sin despegar tus labios de los míos, en presencia de nuestro pequeño que no paraba de reír, alegre con nuestra divertida y cariñosa manera de saludarnos, –le continúo hablando a Camilo, elevando el tono de mi voz– y luego de cenar y recostarnos los tres en la cama de Mateo mientras tú le leías un cuento y yo lo mantenía abrazado para que se durmiera, utilizaba esos instantes para pensar en la conversación que había sostenido con K-Mena mientras la llevaba a su casa y que me mantenía intranquila.

    Camilo se regresa hasta donde estoy sentada, caminando pensativo, pero se queda de pie observándome, hasta que ya no se aguanta y termina por preguntar…

    —Supongo que te insistió sobre la propuesta esa… ¡De que le enseñaras a tocarse y experimentar con su cuerpo!

    —Ajá, así fue. Con sinceridad le comenté que todavía no había pensado en nada, pero le prometí no posponerlo mucho más y que ya se me ocurriría alguna cosa para hacer. K-Mena me estaba poniendo entre la espada y la pared, presionándome para que le enseñara a… ¡Ya sabes! Y a mí no se me había ocurrido como hacerlo, de hecho por lo acontecido con el malparido de Eduardo, yo no tenía cabeza para pensar en otra cosa y entonces… Al otro día en la entrada a la agrupación en Peñalisa, nos encontramos con la sorpresa de ver de nuevo allí a… José Ignacio.

    En este momento es Mariana quien se coloca de pie y se aleja de mí hasta llegar al muro de piedra. Observa por unos momentos los coloridos reflejos de las luces provenientes de Otrobanda sobre la superficie de este mar casi en calma, y tras un corto suspiro deja caer la colilla en medio de las irregulares piedras y se serena. Ahora se da la vuelta, apoyando manos y nalgas sobre el borde del muro, para decidirse a continuar con nuestra charla.

    —Llegó al parking montado en su estruendosa motocicleta ya reparada por el mismo, vistiendo todo de negro y luciendo una desgastada chamarra de piel con taches metálicos, pantalones brillantes igualmente de cuero, –tal vez con un poco menos de uso– y botas con suela de goma gruesa y hebillas anchas y plateadas justo a la altura de sus tobillos. K-Mena se apartó de mi lado y salió corriendo para recibirlo y sin dejarlo desmontar de la motocicleta, lo abrazó efusivamente. Al hacerlo, él se retiró con una sola mano el casco de apariencia antigua, uno de esos que son abiertos forrado todo en cuero y con pequeños lentes circulares adosados por la parte superior, y pude observar que usaba por debajo de este, un pañuelo blanco y con franjas azules, doblado al estilo pirata cubriéndose la cabeza.

    — ¡Upaaa! Por lo visto nos resultó un verdadero harlista el Playboy de playa ese. Y por lo detallado de tu descripción, a ti también te encantó. Con esto no estoy insinuando que hasta se te hayan mojado la tanga. —Mariana baja la cara y cierra lentamente los parpados, apretando con fuerza sus labios, en clara señal de que no le gusta demasiado mi comentario.

    —Se veía… ¡Estaba distinto! Y aunque no se me escurrieron las babas al verlo, como lo imaginas, pues la verdad es que sí, se veía demasiado atractivo. —Como era de suponer, a mi esposo no le gusta para nada mi femenina sinceridad y reniega moviendo su cabeza de izquierda a derecha y viceversa.

    —Esa pinta de hombre aventurero, viril y rebelde, le sentaba muy bien y claramente llamaba la atención no solo a mí, también a las demás mujeres, incluidas las chicas de la recepción, por aquella imagen de masculinidad que transmitía sentado a horcajadas sobre esa motocicleta. De hecho, desde esa misma mañana K-Mena se mostró muy cariñosa con él, sin despegársele en todo el día para nada, obviamente cuando no tenía personas por atender.

    — ¿Acaso comenzaste a sentir celos de tu amiguita?

    — ¿Celos? Nooo, para nada. Te lo juro, de verdad que no miento. Creo que lo que sentí fue algo diferente. Ehhh… ¿Cómo te lo explico? Una sensación fraternal de protección. Comprendí que debía hacer algo con ella, para calmarle sus inquietudes sexuales y apartarla del peligro que representaba José Ignacio para su virginidad. ¿Me entiendes?

    — Ya. El instinto maternal que te empujaba a meterte donde no te habían llamado. ¿Y él como se comportó contigo, después de lo que hubo entre ustedes?

    —Me saludó un poco más efusivo de lo normal, mirándome con ganas, de arriba para abajo y luego dándome un beso en cada mejilla, además de jalarme hacia su cuerpo y darme un fuerte abrazo. Antes de separarnos a mi oído dejó escapar de su boca un ¡Te extrañé!, que consiguió sonrojarme, pero le respondí de inmediato…

    — ¿En serio? ¡Pues yo no! —Y de hecho mantuve la distancia con él, dándole seguramente la impresión en algunas ocasiones de que intentaba evitarlo, prefiriendo la compañía de K-Mena, Diana o inclusive de Carlos. Sin embargo él continuaba igual que siempre, atendiendo con diligencia a los clientes y paseándose como si fuese un pavo real con las plumas de la cola extendidas cuando veía por ahí a alguna mujer bonita. Y justo durante un momento de relax, tras intercambiar con Diana una de sus bromas, lo vi palmotearle levemente una de las nalgas y en ella una sonrisa de aceptación y complicidad.

    — ¿A Quién? ¿A tu amiga Diana o a la flaca? —Le pregunto a Mariana solo para confirmar.

    —Efectivamente a K-Mena. Y entonces se me ocurrió que era mejor hablar con ella para citarla el martes siguiente aprovechando que teníamos descanso, justo a la entrada de Unicentro para ir por allí de compras, tomar algo y pasar un buen rato entre amigas. De hecho, ¿no se sí recuerdas que estaba empeñada en cambiar el cuadro del comedor por un nuevo bodegón? Pues también pensé en aprovechar y dar una vuelta por las galerías de arte para mirar con que novedad me encontraba.

    — ¿Sor Mariana de nuevo al rescate? —Le suelto mi observación en un tono serio, para que no crea que me burlo de ella, y levantando los hombros me responde…

    — ¡Pues sí!, –restándole importancia a mi mordaz apunte continúa su relato.

    —Tu santa Mariana se preocupó. ¿Contento?

    — ¡Upaa! ¿Pero si me vas a pegar para qué me regañas?… Ok, ok, te ofrezco una disculpa. ¿Puedes continuar por favor?

    —Humm, estaba comentándote que aquel sábado por la mañana todos nos mantuvimos muy ocupados, recibiendo a muchas parejas visiblemente enamoradas pero sin hijos, y a familias completas interesadas en conocer cada casa y espacio de la agrupación. El estúpido de Eduardo se mantenía a la expectativa para ofrecerse a cerrar algún posible negocio. Lo hizo con Diana, igual con K-Mena y un poco con Carlos. Sin embargo para nada se inmiscuía con los clientes que atendíamos José Ignacio y yo.

    —A ojos de cualquier persona podría parecer que nos tenía demasiada confianza, y no necesitábamos de su colaboración. Quizá en el caso de José Ignacio podría ser verdad, pero en el mío no era así del todo, ya que colocaba especial cuidado con aquellas personas que eran atendidas por mí, y sobre todo las interesadas en que yo les realizara alguna cotización por escrito, con la promesa de hablar a la siguiente semana para luego, –algo decepcionada por no poder finiquitar el negocio– despedirlas en la puerta de la sala de ventas, y allí se aparecía Eduardo muy sonriente, acercándose a ellos e intercambiando algunas palabras brevemente e insistía en acompañarlos hasta el lugar donde habían dejado aparcados sus autos…

    — ¿Averiguando cómo se habían sentido atendidos por ti? O… ¿Indagando si alguien estaba más interesado en la apariencia física de la asesora que en vivir allí en la agrupación? —Le pregunto interrumpiéndola.

    —Seguramente que sí. Y eso me ponía de los nervios. No quería que se inmiscuyera demasiado con ellos. ¡Ya te imaginaras el por qué!

    —Supongo que por hacerte revivir lo sucedido con ese profesor.

    —Uhumm, obvio sí. A cada instante que lo veía entablar conversación con alguna de las personas que yo había atendido, sentía que la copa de mi ruina, debido a su avaricia y la lujuria, se podría empezar a llenar.

    —Mariana, aunque esta historia no la podamos cambiar, yo sigo pensando que debiste haber parado con todo eso y hablar conmigo, –por estupidez o por pena, agacho la cabeza y dejo de mirarla– contármelo todo de una buena vez, tener la suficiente confianza en mí, y sí, tal vez hubiésemos tenido un gran disgusto, por supuesto, pero te hubieras ahorrado muchas horas de sufrimiento y de angustia pensando de qué manera seguir cubriendo el rastro de tus mentiras.

    — ¿En serio crees eso? ¡Por Dios Camilo!, si lo hubiera hecho, seguramente que no sería cuestión de afrontar entre nosotros una gran pelea que hubiese evitado todo lo demás, pues con todas las pruebas en mi contra, estoy segura de que hubiera sido una grandísima tragedia para los dos. Me hubiera quedado de inmediato sin esposo, sin trabajo y quién sabe si hubiera perdido también la custodia de mi hijo. Y tú Camilo, no solo te hubieses quedado sin la mujer que tanto amabas, dejando a Mateo vivir con una familia incompleta, sino que además dejarías en el limbo a tu proyecto soñado durante tanto tiempo. ¡Callar, asumir y mentir! Esa era la mejor opción para mí en esos momentos, aunque me costara aceptarlo.

    De nuevo se planta en frente de mí y en medio de su silencio, el despejado cielo de sus ojos estudia mis gestos, queriendo determinar el estado en el que me encuentro, analizando cada una de mis reacciones. Y como nota que lo admito, –casi que hasta la disculpo y quiero darle la razón a su engaño– Mariana prosigue contándome su cuento sobre ese sábado a comienzo de septiembre, hace más de un año atrás.

    —Por la tarde, justo a la mitad de mi hora de almuerzo, compartiendo junto a Diana unas piezas de pollo «broaster» con papitas a la francesa, se nos acercó Eduardo para decirme que unos clientes estaban preguntando por mí en la sala de ventas. Hambrienta y de mala gana, dejé la segunda pieza de pollo a medio terminar y salí apurada dirigiendo mis pasos a su encuentro, pero llevando en mi mano la botella de gaseosa.

    —Eduardo me acompañó hasta la sala y allí me señaló a quienes él decía que eran clientes míos. Se trataba de una señora de una edad similar a la de mi madre, tal vez unos dos o tres años menor, y acompañada por dos hermosas pequeñas, –con similares vestidos cortos de color amarillo– preciosas gemelas de rostros angelicales pero sumamente malcriadas.

    —Y un señor flaco y muy alto, de cabello entre amarillo y rojizo sin ninguna cana visible, –seguramente matizadas por el uso de henna– y muy abundante a pesar de la edad que yo le podía atribuir debido a las arrugas de su rostro, a lo largo del cuello y las que atravesaban longitudinalmente sus huesudas manos. Ataviado de manera muy deportiva, tal vez con la intención de aparentar menos edad, con unos pantalones cortos de color caqui de grandes bolsillos laterales como los que estas usando ahora, una camisa tipo polo de un marrón bastante oscuro y con un pañuelo blanco secándose el sudor de la cara, me saludó de manera muy cordial y de paso le dio un completo repaso a mi anatomía sin percatarse que la señora no había perdido detalle.

    —Sabes que suelo ser algo despistada, pero jamás desmemoriada. ¡A ellos no recordaba haberlos atendido! Se me hizo extraño pero igualmente los saludé con la debida cordialidad que implicaba mi trabajo. La señora, de unos cincuenta y pico de años, con un corte de cabello desvanecido y desmechado, tinturado de rubio platinado, ojos marrones algo achinados tras unos elegantes lentes dorados con montura agatada, y en el cuello luciendo un hermoso collar de perlas. Eso sí, algo subida de peso y con unos pechos enormes, que no podía disimular con su amplio vestido blanco, se presentó como Margarita Peñaranda de Lozada y su esposo simplemente como Fernando.

    —Nos sentamos alrededor de una de las mesas redondas, exactamente en aquella que estaba ubicada justo en frente de la palma de Sagú que tanto te gustó y quisiste sembrar una similar a la entrada de nuestra casa, pero el escaso espacio disponible no te lo permitió.

    —Sí, por supuesto que recuerdo de cual me hablas.

    —En fin, que las pequeñas de unos ocho o nueve años, nietas de aquella pareja, simplemente correteaban por la sala, esquivando a las demás personas que allí se encontraban siendo atendidas por mis compañeros, y jugaban alrededor de las mesas donde estaban exhibidas las maquetas de los terrenos de la agrupación residencial y de los cuatro tipos de viviendas, hasta terminar resbalándose –entre risas y gritos de felicidad– sobre las cerámicas del suelo, logrando menguar la paciencia de más de un cliente y distraer por momentos la atención que me debía prestar el señor Fernando.

    —Eduardo también se sentó con nosotros y entre los cuatro iniciamos una conversación sobre las ventajas de adquirir una vivienda con nosotros, el excelente clima por la ubicación, las tranquilidad de los alrededores y sobre todo la exclusividad de vivir en un lugar así, con tantas comodidades para disfrutar, como las canchas de tenis, los complejos acuáticos, el campo de golf y los relativos bajos costos de inversión versus los beneficios, y bla, bla, bla. Lo de siempre. Ya conoces como es él cuando le dan cuerda y lo dejan hablar para que exponga sus famosos postulados comerciales y las comparativas inmobiliarias. Retahíla de mentiras, que nos aprendemos casi de memoria los vendedores, para ablandar los corazones duros de los probables compradores.

    — ¡Ni me lo recuerdes! Siempre desde que lo conocí fue así. Embaucador y zalamero, hasta que decide que es momento de pegar el mordisco. —Le reconozco a Mariana.

    —Yo veía a la señora Margarita prestar bastante atención, muy interesada en analizar mis propuestas de financiación, pero el esposo por el contrario se encontraba muy disperso, más pendiente del cuidado de las dos pequeñas y de paso, más de una vez lo pillé mirándome las piernas al tener que descruzarlas para cambiar mi postura para enfatizar algún detalle, o embelesado observándome en el rostro, cada expresión mía, cada parpadeo y movimiento de los ojos o de mis manos. No quise darle mayor importancia pues ya estaba acostumbrada a llamar la atención por el exceso de piel que dejaba apreciar el ajustado short azul del uniforme o por los atractivos rasgos de mi cara con el contraste de mi piel blanca, las cejas negras y espesas, el no muy común color de los ojos y mi larga melena azabache. ¡Hombres, al fin y al cabo! ¡Siempre tan previsibles!

    —Al cabo de unos minutos, quizás tras media hora de conversación los invité a mirar nuevamente la casa modelo tipo «A» que tanto le interesaba a la señora Margarita, a quien por supuesto le fascinó la idea, pero a don Fernando no mucho, torció la boca y mirando la hora en el rojo reloj deportivo, comentó para todos que ya se estaba haciendo tarde, pero intervino Eduardo nuevamente, le dijo algo al oído que no logré escuchar y lo terminó por persuadir.

    —Fuimos caminando hasta la casa y al entrar les cedí el paso a la señora y a las dos niñas, que entraron raudas, dichosas por curiosear de nuevo, no solo los ambientes de la planta baja persiguiéndose la una a la otra, sino que subieron corriendo por las escaleras hacia las habitaciones del segundo piso. El señor Fernando caballerosamente me dejó pasar primero, pero al cruzar la puerta pude sentir el leve roce de su mano sobre mi nalga derecha. Sorprendida, volteé a mirarlo y el señor en un gesto avergonzado, levantó los hombros bastante apenado, murmurando un — ¡Lo lamento, fue sin querer!, para así disculparse conmigo.

    —Sentía su mirada repasarme por detrás, de abajo para arriba. A veces volteaba a mirar y allí me encontraba con el girar apresurado de su cara. De nuevo al subir por las escaleras, con la señora Margarita yendo por delante, sentí como sus ojos no perdían de vista el movimiento de mis nalgas al subir por los peldaños. Y al salir de la habitación principal para enseñarles el otro baño auxiliar a la mitad del pasillo, en medio de las otras habitaciones, con las pequeñas corriendo alborotadas, nuevamente dejó salir primero a su esposa y al cederme caballerosamente el paso, los dedos de su mano se hicieron con una parte de mi cabello, tomándolo por debajo de la moña, acariciándolo y acercándolo a su nariz para olfatearlo, como un animal en celo. Me giré entre asustada y enojada por su atrevimiento, y en esa ocasión sin incomodarse, me mostró la perfecta alineación blanca de su dentadura postiza, teniendo como marco sus labios delgados, ligeramente torcidos hacia la izquierda.

    — ¡Definitivamente esta casa me encanta! Está muy bien distribuida y a pesar del calor exterior, se mantiene muy fresca dentro. ¿A ti que te parece? —Algo así fueron las palabras pronunciadas por la señora Margarita, que lograron hacer que tanto él como yo, nos girásemos y dejáramos pasar por alto aquel suceso tan extraño como incómodo.

    —Está muy bien, en general me gusta el diseño moderno de toda la casa, la claridad en las habitaciones y la amplitud de todos los balcones, pero sin querer incomodar aquí a la señorita López, –intervino finalmente el señor Fernando mirándome, pero dirigiéndose a su esposa– creo que debemos mirar las otras opciones que nuestros hijos nos han propuesto antes de decidirnos. Y de hecho mi vida, ya se está haciendo tarde para vernos con ellos en el hotel, y estas dos niñitas deben estar cansadas y hambrientas, así que debemos llevarlas con sus padres. Muchas gracias y cualquier decisión que tomemos se la haremos conocer. Es usted muy gentil, Melissa.

    —Los acompañé hasta la entrada de la sala de ventas y allí me despedí de ellos, para reunirme de nuevo con Diana y sentarme en el pequeño comedor para terminar de almorzar, pero sabes que la comida fría no es de mi predilección y lo que hice fue salir al parking para fumar y de paso para tener contigo una video llamada y saber de ti y de nuestro pequeño.

    —Hummm… Estaba reunido con mi familia en el apartamento de mi mamá y te comenté que estábamos por salir a dar un paseo por la sabana para comer algunos postres, y por tu parte, me pusiste al tanto de tú jornada matutina, comentándome que estaban hasta el tope de visitantes y que presentías que se te podrían dar algunos negocios. Me alegré por ello y te di mucho ánimo. Quedamos en hablar por la noche antes de llevar a Mateo a su cama.

    —Sí, así fue. El resto de la tarde aminoró la afluencia de público y pudimos salir muy puntuales hacia nuestro hotel. Estaba acalorada, sudorosa y cansada, ansiosa por darme un buen duchazo y luego bajar con las chicas a la piscina y pegarme un buen chapuzón, haciendo algo de ejercicio atravesándola unas cuantas veces. Y así lo hice, acompañada por Diana y por Carlos pues a K-Mena preciso le había llegado el periodo, y por eso decidió quedarse estirada en una asoleadora al lado de nuestra mesa leyendo una revista, y haciéndole compañía a José Ignacio que con sus lentes oscuros colocados sobre su cabeza a modo de balaca, no dejaba de observarme, y a Eduardo que ya había comenzado a beber su acostumbrado whiskey.

    —Después de pasarme varias veces la piscina a lo largo, ya más desestresada decidí reunirme con los demás en la mesa, envuelta en la toalla para secarme, y Carlos tan servicial como siempre se ofreció a traernos algo de beber. Para mí pedí una refrescante michelada de maracuyá y tanto K-Mena como Diana se antojaron de un mojito cubano. Los hombres prefirieron cerveza y otro whiskey puro en el caso de Eduardo, –mientras hablaban de futbol para variar, y nosotras tres para no desentonar con la rutina, de los últimos chismes de la farándula criolla e internacional– y Diana a la par de K-Mena, tras agotar las noticias, me pusieron al tanto de los pormenores de sus vidas amorosas, reclamándome como siempre, por no contarles a ellas casi nada acerca de la mía. Tan solo podía mencionarles que mi matrimonio marchaba sobre ruedas y que éramos muy felices.

    — ¿Vivíamos felices? ¡Jajaja! —Mariana al escuchar mi risa cierra los ojos y se lleva la mano derecha a la frente, francamente disgustada.

    —Ok, ok, puede que fuera así, pero lo hacía a tu lado ya engañado. —Con sinceridad, concluyo mi comentario.

    —Lo éramos, Camilo. ¡Que no te quepa la menor duda! A pesar de vivir atormentada por lo sucedido, sin tener con quien hablar de ello y desahogarme, pero si cielo, comprendí que no sería fácil para mí superar ese problema, y por nada del mundo iba a permitir que nuestro matrimonio se fuera a la mierda. Ni tu ni nuestro hijo tenían que sufrir las consecuencias de mis errores, así que me consagré a compartir con mayor alegría e intensidad las pocas horas que nuestros trabajos nos permitían estar juntos, y ya en la oficina, a dedicarme con mayor ahínco en la búsqueda de clientes que me permitieran evitar que Eduardo me obligara de nuevo a entregar mi cuerpo para cumplir su estúpido sueño de escalar posiciones en la constructora.

    Mariana se apropia de uno de sus cigarrillos y yo me adueño del último de los míos. En mi puño cerrado permanece aplastada la rojiblanca cajetilla, y con la otra mano sostengo con firmeza mi mechero encendido y le ofrezco candela para que lo encienda. La llama continúa iluminando mis dedos y parte de su hermoso rostro, para luego parecer extinguirse cuando se acerca la danzarina flama a sus labios rosa, pero de nuevo al aspirar dos o tres veces, momentáneamente resplandece con mayor fuerza hasta que se apaga y en su lugar, incandescentes las virutas del tabaco brillan formando un pequeño círculo en la punta.

    Es mi turno de darle vida a lo que me puede enfermar y que tantas muertes provoca. ¿Debo dejarlo?… Sí, pero no ahora. Quizás después, si logro sobrevivir a lo que a Mariana le falta por decir.

    —Creo que necesito ir hasta la plaza Wilhelmina para buscar al «Mocho» Amado y comprarle un paquete de cigarrillos. Tal vez se encuentre todavía por allí. De camino puedes seguir contándome que más sucedió ese fin de semana. —Le comento a Mariana, decidido a continuar escuchándola.

    —Pues sí, me parece. Igual le compraré otra cajetilla para mí. —Le respondo a mi esposo y cada uno tomamos de la banca nuestras cosas.

    Colocándome el sombrero en la cabeza y Camilo terciándose sobre su pecho la correa de tela de su mochila Wayuu, echamos a caminar por el andén rodeando la estatua de la plaza Piar, dirigiéndonos hacia el parking del casino, completamente atiborrado de vehículos y de… ¡Algunas motocicletas! Verlas me ha hecho recordar algo que debo confesarle y que por supuesto me imagino que no le va a gustar saber. La primera vez que me monté en una de esas y salí a dar una vuelta con Chacho. Algo que jamás hice con Camilo, ni aquí en Curaçao y mucho menos en Bogotá. Siempre negándome a subirme en una de ellas, al sentir temor y un intenso fastidio debido al presente recuerdo del accidente que le causó la muerte a mi primo.

    —Pues a ver que te cuento. ¡Ahh, pues sí! Recuerdo que al caer la noche, K-Mena algo achispada por la falta de costumbre de beber alcohol, muy cariñosa se le acercó a José Ignacio y al oído le dijo algo, que por lo visto en la expresión de su rostro no le agradó, pero ella le insistió con un gesto de niña consentida, fingiendo tristeza y finalmente consiguió que él se pusiera de pie y nos comentara a viva voz, que llevaría a Carmen Helena a dar un corto paseo en la moto. — ¡A ver si me la quito de encima! —Recalcó ya más sonriente y dispuesto.

    —Aproveché para subir a mi habitación y darme una nueva ducha para quitarme el cloro de la piscina y aplicarme el tratamiento para el cabello. Me coloqué el vestido strapless negro con fruncido en diagonal y las sandalias de plataforma. –Camilo achina sus ojitos y luego asiente con la cabeza, recordando a cual me refiero. – Sí cielo, ese mismo que te pareció que me quedaba muy ajustado y corto, cuando en nuestra alcoba lo desfilé para ti. Pero para esas noches calurosas en Girardot, por su tela liviana era una buena elección para sentirme más fresca y por eso me lo coloqué. El caso es que cuando me reencontré con Diana, Carlos y Eduardo en la mesa cercana a la piscina, a la vez regresaban de su paseo, K-Mena ya más calmada, y por el contrario muy alegre José Ignacio, quien sin siquiera dejarme sentar me tomó del brazo y con su sonrisa de conquistador, intentó persuadirme para llevarme con él a dar una vuelta en su motocicleta.

    —Eres muy amable Nacho, pero no me apetece. —Le dije retirando con decencia su mano de mi brazo.

    —No seas antipática Meli. Ve con Nacho a dar esa vuelta, mira que sólo quiere ser amable contigo y chicanear con su nuevo juguete. —Intervino Eduardo, sin que yo le pidiera su opinión.

    —Bizcocho, solo vamos a ir por acá cerca. ¡Te juro que no nos demoramos y te regreso sana y salva! —Me respondió tan vanidoso como siempre y a su vez, tomándome de la mano.

    — ¡No quiero ir y punto! —Respondí con determinación abriéndole los ojos, pero dejándome apretar la mano con firmeza, por sus dedos todavía protegidos a medias por el cuero de sus guantes negros repletos de taches metálicos.

    — ¿Qué te pasa Melisita? ¿Te da miedito andar conmigo? Tranquila que ni muerdo ni pellizco, a menos que me lo pidas. ¡Jajaja! Y fresca que para nada estoy borracho, además a esta hora hay poco tráfico. Deja la pendejada para otro día. ¡Vamos a dar una vuelta y nos regresamos! —Insistió acercándose por detrás.

    —Déjame adivinar. ¡Aceptaste y te fuiste con él! ¿No es así? —Mariana inclina su cabeza y lentamente lleva el cigarrillo hasta su boca para dar una nueva calada, retiene el humo dentro de su boca y lo expulsa por la nariz, formando dos blancas hileras.

    Con este gesto me da la razón. Su respuesta silenciosamente afirmativa, al subir y bajar la cabeza, me aguijonea el alma y siento como se alteran rítmicamente las palpitaciones en mis sienes.

    — ¿Y entonces con ese estúpido sí hiciste lo que aquí conmigo, en la cuatrimoto de William y en la Vespa de Kayra no te atrevías por tu temor a sufrir algún accidente? ¡Pero a él, a ese estúpido si lo complaciste! Bacano saberlo, Mariana.

    —Tienes que entender que me sentía acorralada por las miradas de todos ellos, y presionada por la prepotencia de las palabras de José Ignacio. Yo no quería volver a lo de antes, ser de nuevo su hazmerreir, dejarme dominar por él y perder el terreno que había ganado. Valientemente les oculté mi cobardía, mintiéndoles para no demostrar el pánico que sentía recorrer mi espalda hasta la nuca, a pesar de que el leve sudor frío en mi frente podría delatarme. Perdón. Que estúpida, ¿cierto? —Le comento a mi esposo, mirándole de nuevo, mientras vamos dejando atrás a las personas que ingresan por las puertas del casino, y nos acercamos a los restaurantes y a los bares que se ubican a lo largo del antiguo fuerte por Waterfortstraat, bajo los rocosos arcos de sus entradas, caminando en mi caso sobre la angosta acera, y Camilo en contravía haciendo equilibrio sobre el sardinel, los dos iluminados por los faroles y las luces de una camioneta negra que se dirige sin prisa hacia la plaza Piar.

    —No es por miedo, no seas ridículo. Sencillamente no voy a montarme con este vestido tan corto, para dar espectáculo en la calle. ¿Qué quieres, qué se me vean los calzones? —Le respondí a José Ignacio, intentando mantener mi posición de liderazgo y de paso sacando una excusa estúpida para declinar su invitación.

    —Pues si ese es el problema te los quitas y ya está. —Me respondió burlón.

    — ¡Ahh! Vea pues, pero que inteligente que me has salido. Como no se me ocurrió hacer eso antes. ¿Me esperas mientras voy al baño? O si no te importa… ¡Lo puedo hacer aquí en frente de todos si es tanto tu afán! —Le contesté logrando que los demás se rieran por mi satírico apunte, y que en su boca se le formara una leve sonrisa, que complementó con un suave jalón de su mano para acercarme a él y alejarme del refugio de mi silla.

    —Hágale marica, péguese la rodadita en ese vejestorio. Déjese dar el viento en esas piernas y de paso se la despeluca un poco, que este día ha estado muy caluroso y debe tener esa entrepierna tan recalentada como la mía. ¡Jajaja! Aproveche mijita que aquí no está su marido para detenerla. —Intervino Diana a favor del paseo, diciéndome que al ser de noche y yo vestida toda de negro, no se me vería absolutamente nada. Y tras escucharla, José Ignacio terminó por jalarme con mayor fuerza y mis pies a la brava, fueron siguiendo sus pasos.

    —Recordé que había dejado mi bolso sobre la mesa con los teléfonos y mi billetera. Me solté con fuerza de su agarre para regresarme y recogerlos. Todos ellos sin embargo pensaron que me había arrepentido, pero obsequiándoles una amplia sonrisa, me di la vuelta y me dirigí hasta la salida para encontrarme con él. Tras de mi pude escuchar con claridad a Diana gritarme… — ¡Siií, maricaaa!… ¡Esa es la actitud!

    — ¡Vaya, vaya! Pero que complicidad. Supongo que para eso son necesarias «las buenas amigas». —Le digo a Mariana, entrecomillando las últimas tres palabras, sin focalizar su rostro con mi mirada y lanzando hacia el otro extremo de la calle, la colilla de mi último cigarrillo.

    Hago caso omiso de su último comentario y continúo con lo que le tengo que reconocer en mi siguiente cagada. Y no es por haberme montado con Chacho en su motocicleta, no. Eso es una nimiedad frente a… ¡Mierda! ¿Y a esta vieja que le pasa?

  • El chorizo de Gabriel

    El chorizo de Gabriel

    Con ella solo habíamos tenido una relación de cierta distancia debido a su forma de ser un poco petulante, nunca la había visto con ojos de morbo, pero ese día sucedió algo muy especial, yo había preparado la cena y entre las viandas había unos chorizos, ella de manera jocosa dijo algo como “vamos a probarle el chorizo a Gabriel”, confieso que eso me dio un corrientazo en la parte baja, ella no era dada a comentarios así, pero su doble sentido hizo que pensara en sexo.

    Solamente estábamos mi esposa, su hermano y Alba María la esposa de él, que estaban de visita por ser un fin de semana con lunes festivo y ellos siempre aprovechaban a venir desde la capital para pasar estos días en el pueblo. Habíamos tomado dos botellas de vino y apenas estaba destapando la tercera, cuando mi cuñado dice que tiene mucho sueño por el cansancio del viaje, que se va a dormir para que mañana salgamos a recorrer el pueblo desde temprano, su esposa bueno amor pero este vino este delicioso, terminamos y voy contigo.

    Entonces les serví más vino y continuamos hablando de mas cosas irrelevante hasta que ella habló de la cena y volvió a referirse a los chorizos ya con un tono algo distorsionado por el vino, dice me encanto el chorizo es lo mejor de Gabriel y me miro con algo de picardía. La verdad solo atine a mirar al piso y decir “que bueno ahí lo tienes a la orden”, mi esposa sonrío pero me miro como reclamando por lo pasado del comentario.

    La verdad a mi me dio mucha calentura creo que tuve una erección que se notaba, entonces Alba María me dice que si puedo traerle un hielo para su vino, yo sabía que no podía pararme así, pues se notaba mucho mi falo erecto, entonces hice un giro rápido para ir a la cocina y regrese con el hielo pedido, bueno se terminó el vino y nos retiramos a las habitaciones, deseándonos un feliz sueño cada uno.

    Ya a la hora de irnos a dormir estaba con mi esposa que me dice:

    –cómo te pereció el chiste de Alba María?

    –cual? Le contesto.

    –pues eso del chorizo!

    –ah no, simplemente me pareció raro que haga comentarios de doble sentido. Cierto?

    –pero bueno yo si quiero este chorizo que he probado tanto.

    Y se lanzó a darme una tremenda mamada, parecía poseída como si fuera la última o la única vez que pudiera hacerlo, mi erección al sentir sus labios alrededor de mi verga casi que me hacía estallar, ella chupaba con todo, bajaba su lengua desde la cabeza hasta base y me decía “así es que se prueba un chorizo, así es que se come, o quieres que te lo haga ella?” También me decía otras cosas llenas de morbo.

    Yo realmente estaba disfrutando, pero los comentarios de mi esposa me pusieron a pensar en Alba María, si pensando en que fuera ella quien estuviera dándome esta mamada poderosa, imaginaba que fuera su boca, sus labios, sus manos en acción con mi pene, entonces más excitación sentía.

    Estábamos en eso cuando sentimos un toque suave en la puerta de la habitación, mi esposa se levantó a abrir y yo quede en la cama desnudo y con tremenda erección solo cubierto en algo por la sabana, en la puerta estaba Alba María a quien vi en su piyama de dos piezas muy transparentes eso me dio más morbo, pero yo hacía como que estaba mirando la tele en la que teníamos una película de Netflix, era 365 días.

    Ella vino a pedir si le podía regalar algo para desmaquillarse mi esposa le dice que por supuesto, que pase al baño y tome lo que necesite, ella ingresó y de manera algo picara pregunto si estaba interrumpiendo algo, mi esposa le dijo con una sonrisa algo maliciosa que no que tranquila, ella me miro y también a la tele donde había una escena muy erótica y apenas dice “creo que estaban así, me voy para que puedan seguir”, yo tímidamente dije “pues si quieres te quedas”. Hubo como un hielo en el ambiente pero ella solo atinó a decir “está bien siempre he querido terminar de ver esta película, entonces si me lo permiten me quedo”.

    Mi esposa me miro algo enojada y yo estaba que no sabía que hacer porque estaba desnudo solo me cubría levemente la sabana, fue entonces cuando ella sin nada de tapujos y de una manera sorprendente nos dice “tranquilos continúen yo sé que se lo estabas mamando, yo los escuche y por eso vine no me aguante la calentura, quiero verlos como si fueran los de la película”.

    Los dos quedamos algo en shock, mi esposa apenas dijo “ay no, me da pena” y ella “cual pena más bien pene, si sigue chupando ese pene, ese chorizo que tanto te gusta y que me tiene con la vagina mojada, dale quiero verlos quiero que se la chupes como lo hacías hace un rato y si no te molesta que me dejes chupar a mí también”.

    Los dos nos pusimos muy calientes, pero yo no podía decir nada solo pensaba que si daba muestras de que esto me gustaba, mi esposa se pondría celosa o armaría un escándalo, espere a que ella reaccionara y para mi sorpresa tal vez por el efecto del vino, dijo “si te voy a mostrar como la chupo y también si quieres puedes chuparlo”.

    Entonces me quito la sabana y continuo con esa espectacular mamada, su cuñada con su piyama transparente se ubicó más cerca de nosotros y se metió la mano entre las amplias mangas cortas y se acariciaba la vagina, con la otra mano tocaba sus pezones por encima de la tela yo estaba a punto de estallar, me parecía imposible estar viendo a la cuñada de mi esposa, a esa señora tan seria, tan acartonada ahí frente masturbándose mientras nos observaba yo también le estaba introduciendo los dedos entre la vagina a mi esposa y uno entre el culito después de lubricarlo con sus propios jugos.

    Esto puso mas excitada a Alba Maria que acelero el movimiento de su mano y gemía de manera ahogada tal vez pensando en no despertar a su marido. Apenas pude oír que dijo yo quiero y se acercó a mi verga o a mi esposa no sé, pero metió la cabeza ahí y me lamia la verga y también lamia los labios de mi esposa, que sensación tan impresionante tener dos bocas disputando mi pene, que de vez en cuando se cruzaban y se daban besos intensos entrelazaban sus lenguas como si fueran expertas, el culo de Alba Maria me quedo cerca entonces también lubrique mis dedos con el coño de mi esposa y le fui introduciendo lentamente por el ano.

    Fue espectacular sentir ese culito caliente que succionaba mis dedos también al mismo tiempo como se comían mi verga, yo acerque mi cara al coño y empecé a lamer y chupar su clítoris le recorría toda su vulva con mi lengua y llegaba hasta el orificio de su delicioso culito de donde saque mis dedos y a cambio le hice masaje con la lengua, esa mujer entró en convulsiones se torcía y se mojó mucho en su vulva, me pedía que le metiera mas la lengua y le pidió a mi mujer que se subiera un poco para ella lamerle el coño, estaba desesperada quería comer coño, quería comer verga, quería lengua en el culo, quería dedos en su coño, quería estar con todos sus orificios llenos, yo comencé a sentir que no podía mas y les dije me vengo, me vengo ahí mismo las dos en actitud de muy putas se bajaron a chupar más mi verga succionando los testículos y a esperar el chorro de leche que les llegó a sus caras las cuales se limpiaron mutuamente con sus respectivas lenguas. Los tres caímos extasiados y dormimos, ella salió silenciosamente.

    Ahora no estoy seguro si fue realidad o si lo soñé, solo sé que mientras desayunábamos Alba Marina comento; “lo mejor que he probado es el chorizo de Gabriel”, todos reímos.