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  • Perdido en el campo (3)

    Perdido en el campo (3)

    Ahora el problema era como presentarme en la estación de servicio con el aspecto que yo tenía. Estacioné sobre la banquina antes de llegar al lugar y bajé del vehículo. Sentado en el asiento del acompañante, y con la puerta abierta, me quité las medias y las deseché. Usando el agua que le quedaba al bidón, me lave las piernas y, mojando un trapo, le quité el barro a mis zapatos de mujer. Por suerte en la guantera llevaba otro par de medias de nylon. Me las coloqué y volví a calzarme los tacones. Me puse el tapado que, aunque no tenía cierre, podía mantenerlo cerrado usando una mano. No quería que se me viera el corpiño. Para finalizar me puse un gorro de lana, ya que la peluca había quedado en el campo. Había mejorado un poco, pero seguía temeroso e inseguro.

    Llegué y me estacioné a la par de uno de los surtidores. Por costumbre, encendí del coche y fui a abrir la tapa, para que me cargaran combustible. Ese fue un error. Yo podía haberle dado la llave al que despachaba sin necesidad de apearme. En eso se acerca un tipo de unos sesenta años, delgado y con lentes y me saluda cuando yo me estaba dando vuelta:

    -Buenas noches, señora… perdón, señor.

    – Yo… esteee…

    -No se preocupe, amigo. No es la primera vez que veo a un hombre vestido de mujer. Y no tengo prejuicios.

    -Bue… bueno. Se lo agradezco mucho.

    En ese lugar corría un fuerte viento y yo estaba casi tiritando de frio. El hombre se percató de eso y me dijo que pasara al shop y que mientras el cargaba el combustible me bebiera un café caliente. Como notó que yo dudaba, me dijo que el shop lo atendía su hijo, que no debía preocuparme. Para colmo en ese piso de cemento, mis tacones de aguja hacían un ruido infernal, y ese ruido se acentuó al ingresar al local. Me dirigí a una de las mesas y tomé asiento. Un muchacho joven estaba tras el mostrador leyendo no sé qué cosa. Al notar mi presencia, me observó unos instantes y salió despedido hacia afuera. Yo me estaba preocupando. Habló unos segundos con su padre y, por las señas que hizo, me di cuenta que le ordenó que regresara a atender.

    Me saludó amablemente y me preguntó que deseaba que me sirviera. Le pedí un café negro y fue a buscarlo. No se cual de los dos estaba mas sonrojado. Me sirvió y cuando estaba por retirarse, entró el padre y sentándose en la misma mesa que yo, le dijo que dejara la jarra y le trajera un pocillo. Se sirvió el café y comenzó a preguntarme que me había pasado, ya que vio el auto con barro por todos lados. Le conté que venía a visitar a un amigo, que no lo encontré, y que cuando quise volver me fui a la zanja y me quedé encajado. Obviamente no me referí a como me violaron esos tipos. Le ordenó al hijo que llevara el auto a la parte de atrás y lo lavara. Yo le dije que tenía que seguir viaje, y me pidió que me quedara un rato para conversar, ya que no había encontrado a mi amigo. Acepté quedarme un rato y él me contó que hacía mucho que vivía solo y que le agradaba mi presencia porque así vestido yo tenía un buen cuerpo de mujer. Aunque me sonrojé, me gustaba que lo hubiera dicho.

    Charlamos de cualquier cosa y veía como observaba mis piernas. Él fue hasta el mostrador y comenzó a sonar una música suave. Cerró las cortinas y me invitó a bailar. Yo dudaba, pero me tomó de la mano y me hizo parar. Casi no me había quitado yo el tapado de piel, cuando ya estaba abrazado a mí. Comenzamos a girar y yo ya estaba un poco excitado. Me gustaba moverme abrazado a él. Además me excitaba el ruido de mis tacones en cada paso. Empecé a sentirme mujer. Me dio vuelta y comencé a sentir la dureza de su verga apoyada en mi cola. Y con las manos me amasaba las tetas a través del corpiño. Al girar nuevamente, notó que yo también tenía una erección. Así abrazados me llevó hasta un sillón grande y caímos sobre él. Yo ya estaba caliente y comencé a manotearle el bulto.

    Pasaron unos instantes para que yo estuviera chupándole la verga. No era tan grande como la de los que me habían cogido antes, por lo que sentí un gran alivio. Yo quería mamársela despacio, pero el hombre insistía en querer cogerme la boca. Me la ponía y sacaba fuertemente y al cabo de unos minutos acabó. Debería hacer mucho que no tenía sexo, porque me inundó la boca y la garganta. No me ahogué de casualidad. Me dijo que seguramente yo me había quedado con ganas de sentirla en mi culo y llamó al hijo. Cuando me había terminado de limpiar, se hizo presente el joven.

    Yo estaba con las piernas cruzadas y al chico se le iban los ojos de las órbitas. El padre lo hizo sentar y me pidió que caminara delante del chico para que se vaya excitando con mis movimientos. Yo le desfilé de un lado hacia otro con un hermoso repiqueteo de tacos altos que hacían ondular mis caderas. Paré frente a él y comencé a moverme sensualmente. De pronto se abalanzó sobre mí y me tiro al piso. Ahí nomás sacó su verga y comenzó a apoyármela en la raya del culo. Era una verga más bien chica, pero al metérmela de golpe, sumado a que yo venía con el ano dolorido, me hizo lanzar un grito.

    El chico, con su vitalidad, me cogía lindo y realmente me hacía gozar. Cambiamos varias veces las posiciones, y la alfombrita que estaba al pie del sillón, nos quedaba chica. Mientras me cogía me decía cosas como «mamá como te cojo», «que linda concha que tenés, mamita», «viste como tu hijito te coje». Esas palabras me preocuparon. Parecía una familia un poco degenerada. Pero por suerte no se habló nada al respecto. Siguió cogiéndome unos minutos, y acabó en mis entrañas. Creo que tenía mas leche acumulada que su padre. Se quedó sobre mí un par de minutos. Me estaba haciendo mierda contra el piso. Cuando salió de mí y pude incorporarme, mi culo chorreaba semen en cantidad. Estuve bien «cogida».

    Como ya no tenía nada que hacer, me quedé varias horas en el lugar. Comimos, seguimos bebiendo y bailando. Y yo aproveché para seguir sintiéndome bien mujer. Cuando me marché, el padre me acompaño hasta el auto y cambiamos los números de celulares para seguir en contacto. No me quiso cobrar nada, y lo tuve que aceptar. Me fui con la panza y el tanque de combustible llenos. Y por supuesto el culo lleno… y satisfecho.

    Si les gustó, en la próxima cuento como fui violado en una… ¡comisaría! Saludos.

  • Desnudo ante tu desnudo

    Desnudo ante tu desnudo

    Mis manos empiezan acariciar mi cuerpo
    al recordar el sentir incesante de nuestros cuerpos,
    en su juego de desearse 
    y querer terminar en acciones placenteras.

    Mi erección es duro similar 
    a como trueno con mi palma tu culo.
    Sé que te encanta, que gimes, que pides más ,
    y desbordas de humedad pidiendo mi lengua a gritos.

    Mis manos se inquietan
    al igual que mi lengua
    la cual quisiera estar posada en el punto que te encanta,
    y donde tus gemidos son los que guían su movimiento.

    Desnudo ante el desnudó de tus senos,
    tocándome al ritmo de los besos que devoran tus senos.
    Te imagino a ti en la cama 
    mientras yo en la cama me toco todo el cuerpo.

    Acaricio mi pene con movimientos lentos y rápidos
    y me vuelvo en un éxtasis,
    hasta no aguantar más y explotar
    imaginando que lo hago en tu culo…

  • La amiga del pueblo

    La amiga del pueblo

    ¡¡Hola a todos!! Este es mi primer relato, espero que les guste.

    Esto ocurrió en julio de 2017. Mi amigo Fernando tenía una casa en un pueblo de Asturias en la cual veraneaba, y ese año decidió invitarnos unos días a Emilio (un amigo común del instituto) y a mí. Emilio y yo llegamos a eso de las 12 a la parada de bus, en la cual Fernando nos esperaba para acompañarnos hasta su casa, y allí contarnos su planning de 2 días, el cuál comenzaba esa misma tarde.

    Sin embargo, Fernando nos dijo que, si ninguno de nosotros tenía problema, iba a venir con nosotros estos días su amiga Lucía, una chica de nuestro instituto un año mayor que nosotros la cuál no tenía más amigos que Fernando en el pueblo en ese momento. Nosotros le dijimos que no había problema ninguno.

    Lucía era una chica de cabello largo castaño oscuro, estatura normal (1,50 y pico), cara del montón, en resumen, no destacaba especialmente y yo no me había fijado en ella más que en alguna ocasión de verla por los pasillos del instituto.

    Quedamos a las 17:30 nosotros 3 con Lucía para ir a unas pozas a bañarnos y a pasar el rato. Y vaya sorpresa me llevé, yo al menos, al ver a Lucía en ropa de verano. Llevaba un top en el cual se podían apreciar unas buenas tetas, de las cuáles yo no me había percatado hasta el momento, y junto con el top, llevaba un short en el cual se veía un culo que no estaba mal.

    Antes de empezar la marcha, Fernando nos presentó formalmente (ya que era la primera vez que teníamos contacto) y comenzamos la marcha. Había 20 minutos de paseo hasta las pozas, en los cuáles Emilio y yo fuimos hablando con Lucía y conversando para conocernos un poco mejor.

    Nos contó que había empezado a estudiar Educación Infantil en la Universidad de Oviedo (Fernando, Emilio y yo nos habíamos graduado ese año y empezaríamos la universidad en septiembre), que estaba encantada con la carrera y las típicas cosas que se preguntan cuándo estás conociendo a alguien (que haces en tu tiempo libre, que series te gustan, etc.).

    Al llegar a la poza, nos quitamos los que llevábamos encima para quedar en ropa de baño (mi teoría respecto de los atributos de Lucía era cierta), y procedimos a darnos crema. Yo pensaba que Lucía, quizás por tener más confianza, le pediría a Fernando que le echará él la crema en la espalda, pero el suertudo fui yo:

    Lucía: Oye Marcos, ¿me puedes echar crema en la espalda, porfa?

    Marcos: Claro que si, reina, ahora mismo voy.

    Tras echarme yo la crema, procedí a decirle a Lucía que se echará boca abajo si prestaba, y ella puso la toalla en la hierba, se echó boca abajo como le pedí, y se desató el nudo de la parte de arriba del bikini. Yo me arrodillé al lado y empecé a extenderle la crema dándole un pequeño masaje, ante el que ella soltaba pequeños gemidos, y lo expresaba verbalmente:

    Lucía: Joder, hijo, vaya manos tienes

    Marcos: Si jaja, me lo suelen decir mucho

    Una vez estábamos todos preparados, procedimos a meternos al agua. Fuimos recorriendo las distintas pozas, en las cuales parábamos a nadar un rato y a observar como chocaban las olas contra las piedras, y posteriormente seguíamos a Fernando, que era el que conocía más o menos la zona. Llegamos a una poza en la cual vi un saliente por encima del agua, y les dije a mis amigos que se bañaran ellos, que yo me iba a sentar un rato con la excusa de que antes me había hecho daño en el tobillo al pisar una piedra y a ver si se me pasaba. Mi objetivo de sentarme allí realmente era observar un rato a Lucía, ya que desde lo alto iba a tener mejores vistas jeje.

    Me senté allí y cada poco le echaba alguna mirada, llegando en algún momento a cruzar nuestras miradas, momentos en los cuáles yo rápidamente aparte la vista avergonzado, y a ella se le escapo alguna risita.

    Pasada la tarde, nos decidimos a volver cada uno a su casa, y quedamos a la mañana siguiente para ir la playa. Esa noche estuve pensando en Lucía, en lo buena que estaba y que al día siguiente debía hacer algo, ya que por la mañana del día siguiente de mañana ya tenía que marcharme y debía atar lo de Lucía de alguna manera.

    A la mañana siguiente, fuimos a la playa y armamos nuestro campamento. En un momento dado, Emilio y Fernando estaban bañándose y Lucía y yo estábamos sentados en la toalla charlando, cuando se decidió a «regañarme» por lo del día anterior.

    Lucia: Anda Marcos, que vaya miraditas te vi echarme ayer, de roja y expulsión

    Antes esto, yo me sonrojé de vergüenza, ya que no me esperaba que fuera tan directa

    Marcos: Ehhh, bueno… es que las vistas lo merecían

    Lucia: jajaja, que tonto eres

    Tras esto, ella posó su mano en mi rodilla, y comenzó a subir hacia mi entrepierna, comenzando a despertar a «mi amigo».

    Lucia: Apuesto a que a tu amiguito también le gustaron las vistas

    En esto, llegaron Fernando y Emilio, y Lucía quito la mano de mi pierna y se separó rápidamente, pero el objetivo era claro: me tenía que follar a Lucía como sea.

    Decidimos ir a comer los 4 juntos, y posteriormente a pasar la tarde por el centro del pueblo de bar en bar. Cuando tuve ocasión, le comente a Fernando mi situación, y si me podía ayudar a «forzar un encuentro a solas con Lucía».

    -No te preocupes hermano, que yo te ayudo -dijo Fernando ante mi petición.

    Estuvimos tomando cervezas hasta que anocheció, y ahí fue donde comenzó el plan de Fernando:

    Fernando: Oye chicos, se ha quedado muy buena noche, ¿que os parece si nos damos un baño nocturno como broche final al fin de semana?

    Emilio: Ostia, dale, va

    Lucía: vale, seguro que está gracioso jaja

    La casa de Fernando tenía una piscina disponible para las vecinos la cuál a lo largo del día estaba plagada de niños y padres, pero si íbamos por la noche, no nos íbamos a encontrar a nadie allí (solo nosotros 4), y además estaba algo alejada de las casas.

    Lucía fue a su casa a cambiarse, y nosotros fuimos a la de Fernando a cambiarnos, y a trazar el plan: íbamos a la piscina, y cuándo yo les diera la señal ellos se marcharían para casa con alguna excusa.

    Esperamos a Lucía en casa de Fernando, y posteriormente fuimos andando hasta la piscina. Una vez allí, nos metimos a la piscina, estuvimos haciendo el tonto, salpicándonos unos a otros, yo intentando llamar la atención de Lucía. Llegado el momento en cuál yo pensaba que Lucía ya podía estar receptiva, le hice una señal a Fernando

    Fernando: Oye chicos, voy a acompañar a Emilio hasta mi casa, que se ha olvidado las lentillas (Normalmente Emilio llevaba gafas, y se había «olvidado» las lentillas para ver en la piscina).

    Lucía: Okey

    Lucía y yo nos quedamos hablando en la orilla, y una vez se habían separado lo suficiente, la conversación empezó a subir de tono.

    Lucia: Oye, hoy por la mañana me parece que tu amiguito se quedó con las ganas-dijo mientras subía su mano por mi entrepierna

    Marcos: Si, me parece que si. A lo mejor me podías ayudar hasta que vengan estos.

    Lucía: jaja, te piensas que soy tonta, estos 2 están compinchados contigo y no van a volver, ¿o te crees que no te he visto antes hacerle una señal a Fernando?

    «Mierda, me ha pillado» -pensé.

    Lucía: No pasa nada, cariño, procuraré que su sacrificio no sea en vano.

    Tras decir esto, los dos nos besamos, mientras que ella echaba mano de mi miembro y yo la agarraba del culo. Tras esto, ella me llevó agarrada de mi pene hasta la hierba y me tumbó.

    Lucía: Ahora vas a recibir tu castigo por mirón

    Me bajó el bañador de un tirón (en este momento yo ya estaba más caliente que el palo de un churrero) y se dispuso a chupar mi miembro

    Me estuvo dando una mamada espectacular (se la metía entera a casi atragantarse) hasta que yo estaba a punto de correrme, que le dije que parará que ahora era mi turno.

    La tumbé, le quité la parte de abajo y acerqué mi boca a su coñito y empecé a comérmelo. Pasaba mi lengua alrededor, y lo abría con mis dedos y pasaba mi lengua por él hasta llegar al clítoris, el cuál tomé con mis labios y succioné. Así estuve un rato hasta se vino a chorros.

    Lucía: Ufff, que rico estuvo

    Marcos: Pues espérate que aún queda lo mejor.

    Me tumbé boca arriba y le hice señas de que se montará encima de mí, ella me dirigió una mirada lasciva, se quitó la parte de arriba y se ensartó en mi falo.

    Lucía: Ay, papi, que bien

    Marcos: Uff, que bueno!

    Así estuve un rato bombeándola lento, con mis manos en sus pechos, hasta que decidí agarrarla por las caderas y empezar a darle un poco de ritmo

    Lucía: Uy papi, que bien me follas

    Marcos: Uff, que delicia

    Estuve taladrándola hasta que ya estaba por correrme.

    Marcos: Ay, ay, Lucía, ya me voy a venir

    Lucia: Aghh, da igual, da igual, tu sigue follandome, córrete adentro si es necesario!

    Como era de esperar, a lo pocos segundo exploté y seguimos un poco más hasta que ella se volvió a venir, y terminamos con un tierno beso.

    Lucia: Ufff, que rico estuvo Marcos, esto hay que repetirlo

    Marcos: Cuando quieras, reina

    Recogimos nuestras cosas y nos fuimos cada uno a nuestras respectivas casas.

    A la mañana siguiente, Fernando nos acompañó a Emilio y a mi hasta la parada de bus. Nunca supe nada más acerca de Lucía.

  • Fantasía de tres tríos (segundo trío)

    Fantasía de tres tríos (segundo trío)

    Hasta que pasó una semana de la cogida que me dieron Miguel (mi marido) y Roberto (su amigo), hubo manera de platicar sobre otra acción similar pies nos sentíamos tan unidos y amorosos que nada más había en el ambiente. Vamos, ni se me antojó tirarme a Mario. Pero más bien, fuera de unas sonrisas y comentarios lascivos entre ambos cuando él me acorralaba en el estacionamiento o en las escaleras para presionarme las tetas o abrazarme por atrás para que sintiera su erección, nunca hubo ánimo de acordar otra cogida; entre otras cosas porque no teníamos tiempo.

    Un día me habló Rosalía, mi cuñada, la única hermana de Miguel. Ella se divorció hace algunos años y no le conocemos alguna otra pareja, a veces va a reuniones acompañada de alguien, pero lo presenta como “un amigo” y no siempre es el mismo. Se me ocurrió preguntarle sobre algún novio que ella tuviera en ese momento, “porque siempre andas con alguien”, precisé refiriéndome a quienes lleva a las reuniones. “¡Ay!, qué más quisiera yo, Goya”, me contestó con el mote que siempre me ha dado, en relación a mi nombre. “La verdad, hace más de un año no me encamo a nadie, y estoy desesperada”, dijo sin pudor, “Si quieres, mañana vienes a mi casa y platicamos de eso, porque por teléfono no se debe”, concluyó. Así que al día siguiente llegué a la cita que habíamos acordado.

    –¡Encantada que hayas venido! –me dijo, y pasamos a su sala.

    –¡Cómo iba a perderme de chismes sicalípticos! Desembucha –le urgí mientras ella servía el café.

    –Al rato seguimos con las bebidas de los dioses, y diosas. ¿Por dónde quieres que empiece: Por los cuernos que le puse a mi ex; por los amiguitos que creí me darían alegría, pero me fallaron; o por los que me quiero tirar, pero ellos no lo saben…? ¿Por dónde?

    Yo le contesté que por donde ella quisiera, y comenzó su historia por su ex, quien fue el primero en su vida sexual, aún antes de casarse. Los motivos que ella tuvo para corresponderle a las infidelidades de él, además de restregarle que así estaban satisfechos ambos, recordándole a su marido “la cata de diversas uvas nos da la felicidad, aunque vaciemos los odres propios cuando no hay mosto o caldo ajeno”.

    –Es decir, ¿ustedes consentían a los amantes del otro y aún así se querían? –pregunté un tanto asombrada.

    –Ya verás que Miguel te seguirá queriendo, aun cuando te tires a uno que otro sólo por placer, y viceversa –precisó y yo asentí recordando lo de Roberto y lo de Mario, movimiento que percibió, seguramente incluidas las evocaciones de momentos de la semana pasada que estallaban en mi cabeza–. Pero el machismo de mi marido no soportó que él no fuese el único visitante de mi útero. Así que terminamos –dijo enfáticamente

    Sus palabras me hicieron pensar seriamente en saber si yo resistiría que Miguel se cogiera a otra. De aquí para allá, yo lo justifico, pero ¿al revés? A pregunta expresa, Rosalía siguió con los “amigos” que ha tenido, los cuales hemos conocido a casi todos.

    –Tú nos has presentado a varios caballeros como tus “amigos”, ¿has hecho el amor con alguno? –interpelé directamente.

    –Sí, a todos los que conoces, y a otros más, me los encamé, pero tuvieron un mal desempeño amoroso. Supongo que a mi ex le ha pasado igual, al grado de que a veces nos vemos sólo para coger, pero, al concluir el coito volvemos a pelear.

    –No puedo creer que, acabando de coger se puedan pelear. Es el momento de descansar plácidamente una sobre el hombro del otro, o uno sobre las tetas de la otra –ejemplifiqué.

    –Así serán Miky y tú, que sí tienes tetas grandes, las mías son normales, soy tan normal como mi hermano, quien tiene pito regular pero que tira, o tiraba, mucha leche –dijo haciendo una mueca de haberse ido de la lengua.

    –Bueno, mis medidas se pueden ver a simple vista, no necesitan encuerarme, pero lo del tamaño del pito y, más aún, lo lechudo de mi marido… A ver, ¡explícamelo! –le solicité.

    –¡Ay, perdóname! No quise ofenderte. Se nota lo de las tetas, bien formadas, y es por eso que Miky se prendó de ti. Lo demás tiene su explicación, pero no sé qué tan correcto sea que lo conozcas –me advirtió.

    –No te preocupes por mí, yo soy de mente amplia. Pero si hablar de eso te perturba…, dejémoslo ahí –dije y me arrepentí pues seguramente quedaría cancelada esa vía.

    –Gracias, quizá después lo haga. Bueno, en realidad comenzó como cosas de muchachos calientes –dijo mostrando nerviosismo.

    –¿Ustedes dos tuvieron sexo a temprana edad? –pregunté con asombro.

    –¡No, sexo no! –exclamó –En fin, te lo platicaré, aunque quizá no deba… –Dijo y me platicó lo que yo ya sabía y me había contado Miguel–, pero no paró en la juventud, pues varias veces lo he visto espiándome y yo… Yo me caliento y sigo posándole encuerada –concluyó.

    –¿Él se da cuenta que le posas en esas ocasiones? –pregunté, porque esa parte yo no la sabía.

    –No creo, pero lo que me doy cuenta en las cámaras de seguridad es que suelta más leche que otras veces –dijo con mucha seguridad.

    –¿Cámaras de seguridad…? –pregunté interrumpiéndola y sintiendo mi cuca mojada.

    –Cuando me divorcié, quise tener mayor protección y coloqué ocho cámaras. Uno de los días que vino Miky para llevarme a tu casa, me di cuenta que subió a espiarme mientras me arreglaba, tal como lo hacía de joven. Por eso coloqué otras dos en sitios estratégicos uno acechando la entrada de mi recámara y otro en el sanitario de abajo, incluidos los micrófonos –explicó.

    Aunque lo sospechaba, me confirmó el porqué de esos sitios y lo que Miguel hacía: jalársela mientras la veía y masturbarse en el sanitario. Rosalía lo contaba con una arrechura que me calentaba, y yo, disimuladamente, me apretaba las tetas y me sobaba el pubis. Luego pasó a contarme sobre otros prospectos, pero sin muchas esperanzas en los resultados ya que ellos no parecen entusiasmados. Pero también dijo estar dispuesta a pagar por sexo ya que lo necesitaba y las masturbaciones ni los dildos le daban el cariño que deseaba. Aunque dijo que algunas fantasías mientras se masturbaba le dieron orgasmos muy placenteros, particularmente cuando veía los videos de Miguel husmeando y jalándose el pene, le surgió una en que ella le pedía que pasara a terminar de masturbarse dentro de su recámara.

    –Oye, ¿cogerías con mi marido? –le solté sin más, ella se puso ansiosa sin saber qué y cómo contestarme– Él quiere coger contigo, por lo que me has contado, y tú con él – ¿Por qué no hacerlo?

    –No sé… ¿Y tú? ¿No te molestaría? –preguntó seriamente.

    –Si me invitas a ayudarte a sacarle la leche, ¡sería ideal! –le dije alegremente.

    A partir de ese momento todo fluyó entre nosotras. Comentamos cómo le haríamos y qué le haríamos. Yo no dejaba de meterme la mano en la concha y apretarme las chiches, saboreando las escenas que imaginábamos. Planeamos el encuentro. Ella nos invitaría a festejar su cumpleaños, que estaba próximo, lo emborracharíamos y allí nos quedaríamos a dormir. En la noche, ella entraría a tomar mi lugar, una vez que yo lo hubiese calentado.

    Todo salió como esperábamos, Miguel no tuvo opción. Cuando se le estaba bajando la borrachera, su hermana lo estaba cabalgando y yo le daba teta.

    –¡Me van a dejar seco, par de putas borrachas! –protestaba por tanto uso, ya que nos turnábamos su verga y le dábamos panocha o chiche para que chupara, pero nos seguía cogiendo.

    Obviamente, nosotras no habíamos tomado tanto como él y lo dejamos dormir a ratos.

    –Mira, manita, esta puta tiene unas tetas divinas –le dijo mamándome una e invitando a Rosalía a mamarme la otra.

    Ellos me mamaban y se acariciaron uno al otro. Rosalía le estimulaba los huevos “para mejorar la producción”, decía. También, para ayudar a lo mismo, le chupamos una bola cada una y le dimos lamidas simultáneas por todo el tronco. Las mejores, para mí, eran cuando Miguel le sacaba la verga a Rosalía llena de sus jugos. No creo equivocarme que ella también disfrutaba cuando le limpiaba mis babas de la misma manera.

    Amanecimos abrazados y nos tocó biberón a cada una, porque Miguel se despierta con la vara dura. Nos retiramos felices ya avanzada la tarde.

    Sé que, desde entonces, Miguel le da mantenimiento a su hermana periódicamente. Ella me incluyó en su testamento, “por si las dudas”, me dijo.

  • Tal vez

    Tal vez

    Tal vez no te escriba otra carta,

    Tal vez no vuelva a decir que te amo,

    Tal vez solo pienso en pensar,

    Tal vez nunca estemos unidos como antes,

    Tal vez los planes de ayer ya no sean un futuro,

    Pero recuerda que te quiero como la luna al sol, y que de vez en cuando hay eclipse por muy imposible que sea,

    Tal vez cuando hablen de ti me sienta triste, y un nudo en la garganta no me deje hablar,

    Tal vez cuando me vengan recuerdos a la mente sea con una gran sonrisa y lágrimas en mis ojos, y diga en pensamientos gracias karma por quitarme algo bonito.

    Tal vez sea muy tonta por sentirme así, o tal vez no?

    Tal vez siempre te espere y tú no lo sepas,

    Tal vez encuentres el amor en alguien más y seas feliz.

    Tal vez yo, ya no pienso en encontrar a alguien más, que me haga feliz, que al verle mi corazón se agite, que al decirme amor sienta mariposas y el que me dé un abrazo y un beso me estremezca, que al esperar su llegada este emocionada tanto que no pueda dormir por esperar a que estés a mi lado.

    Tal vez mi vida entera estaré agradecida contigo, porque aunque fue poco el tiempo y los momentos, me diste amor e ilusiones a tu lado.

    Tal vez yo ya no creía que alguien llegaría a mi vida y me llenaría de cariño,

    Tal vez realmente si me amaste.

    Tal vez solo fuiste bueno mintiendo y yo solo caí.

    Tal vez no era nuestro momento.

    Tal vez son solo pruebas que el destino pone en nuestro camino, pero hey no estés triste por mi, solo vuela lejos y traza tu camino que al final yo estaré esperando cuánto tiempo no lo sé… solo no tardes porque mi amor seguirá intacto pero las ganas y la ilusión morirán y a esa chica feliz y entregada que dejaste tal vez sea una chica triste y dura que ha sido golpeada una y otra vez…

  • El mejor amigo de mi ex (parte I)

    El mejor amigo de mi ex (parte I)

    Tuve una relación de casi 3 años con Mauricio, una persona que no se caracterizaba por ser sumamente atractivo, gordito, morenito, no es de rasgos faciales muy finos, siempre que nos veían juntos, levantaba preguntas o comentarios. Yo no soy exactamente una super modelo, o tener un cuerpazo, pero me defiendo, soy delgada, y tengo algo de cuerpo, cabello negro y piel clara. Pero lo que él no lo compensaba con su físico, lo compensaba con su personalidad, siendo sumamente dulce, detallista, empático y condescendiente.

    Si es que tenía una actitud tan buena se preguntaran porque terminamos, el tiempo desgastó la relación, y las discusiones se hacían muy seguidas, e incluso por motivos los cuales no eran importantes, pero las constantes discusiones y peleas terminaron de fracturar la relación.

    Al terminar las primeras semanas para mi fueron tranquilas, tenía más tiempo para pasatiempos, podía salir a divertirme con mis amigas sin preocuparme de que pase algo que moleste a Mauricio, o estar pendiente al celular para responder mensajes. Pero al pasar los meses empecé a sentirme sola, si bien los fines de semana la pasaba con mis amigas, y terminaba casi siempre con algún galán de solo una noche, los días cotidianos se sentían vacíos sin el que me acompañe y me haga sentir bien cada día.

    El día viernes fuimos al cumpleaños de una amiga, no cercana, pero que sí existía estima suficiente como para que me invite a su fiesta, y de mi parte como para ir. Grande fue mi sorpresa al darme cuenta que estaba presente mi ex, además de su mejor amigo Iván.

    Iván era todo lo contrario físicamente hablando de Mauricio, era flaco, pelo no rubio, pero castaño claro, de rasgos muy atractivos. Apenas cruzamos miradas con mi ex se sintió la tensión lógicamente a las amigas con las que me encontraba les pregunte el porque el innombrable se encontraba presente, resultando que Iván era hermano de la cumpleañera, por tanto se tomó la libertad de traer a su mejor amigo, sabiendo esto me arrepentí de ir al cumpleaños. Más sabiendo que con unas copas ya estaría buscándolo para hablar, o discutir, situación que definitivamente prefería evitar.

    Entrando la noche yo hacía todo lo posible por evitar tomar, obviamente por la presión a ratos tomaba unos cuantos sorbos, pero el objetivo de mantenerme sobria se iba cumpliendo. A diferencia de Mauricio que mi presencia creo que motivó a que tomase más de la cuenta, cada vez que dirigía mi mirada a su grupo, solo veía como tomaba y terminaba vaso tras vaso, o directamente tomaba de la botella. Dentro de mí sabía que era cuestión de tiempo que el borrachín de la noche hiciera una escena o se desmaye, lo que pasará primero. Dicho y hecho, entre balbuceos y gritos empezó a llamar la atención específicamente ese grupo de personas, porque Mauricio empezó a querer pelear con otro tipo, el cual no conocía. Entre empujones y su grupo jalándolo, terminaron saliendo todos los de ese grupo de la fiesta. En parte me sentí mal por él, ya que en mi cabeza sentí que había tomado de más por mi presencia, pero en otra gran parte me sentía sumamente aliviada, ya que ahora sí podría tomar libremente sin miedo a terminar cometiendo errores que al día siguiente me arrepienta.

    Empezaba a hacerse tarde, y conforme pasaban las horas y la gente se iba retirando, yo iba terminando vaso tras vasos de alcohol, primero uno de Vodka, uno de Fernet, un poco de Ron y entre uno o dos shots de tequila. Finalmente los que quedamos en la fiesta estábamos todos entonados, como éramos solo 10 personas, decidimos tomar asiento en su juego de sillones para conversar y jugar uno que otro juego para tomar. Antes de empezar, escuchamos abrirse la puerta y escuchar que alguien volvía, yo solo cerré mis ojos y ya me mentalicé que si era mi ex, vendría siendo hora de irme de la forma más disimulada. Fue mi tranquilidad el descubrir que el jugador número 11 sería Iván, el hermano de la cumpleañera y mejor amigo de mi ex. El cual supongo yo que por trivialidades de la vida, terminó sentado a mi lado, y al ser que ya estábamos apretados en los sillones, con el mas en el sillón terminamos muy pegados.

    Empezamos hablando de trivialidades, pero entre copa y copa, Iván terminó confesando que en alguna ocasión mi ex, me habia engañado con una chica de su curso, debo admitir que me dolió mucho enterarme, pero puse mi mejor cara de póker fingiendo que no me afectaba y que se trataba de algo del pasado. Posterior a la cháchara entre todos ebrios, nos dispusimos a jugar Verdad o Reto, donde ventilamos todos los secretos de todos como fantasías sexuales, aventuras que hemos tenido, experiencias en relaciones sentimentales y sexuales, en sí todo aquello que pudiera ventilarse, pero también los retos estaban presentes, en un inicio siendo más graciosos o ridículos, o enfocados en hacer que el que debiera hacer el reto tomará más alcohol.

    Obviamente ninguno se salvó de ventilar verdades, hacer retos humillantes o tomar más alcohol del debido. Se imaginaran que yo ya estaba tanto ventilando posiciones o cosas que hacía con Mauricio, haciendo bailes ridículos y tomando hasta el agua del florero. Todo eran risas, hasta que empezaron con retos más comprometedores, como ser besos, nalgadas, o cosas por el estilo, y sabiendo que eventualmente me tocaría besar a alguien grande fue mi sorpresa que me tocaría besar a Iván, y el reto vino nada más que de su propia hermana.

    En un inicio fue evidente la incomodidad de ambos, sin embargo hubo muy poca resistencia por parte de Iván, finalmente terminamos dándonos un beso, no fue muy prolongado, ni fue solo un pico, sorprendentemente se sintió muy bien, y había por mi parte ansias de que este se prolongue y creo que por su parte igual. El beso terminó con una mirada fija que ambos nos dimos, se sintió como una eternidad cuando en realidad sólo duró unos 2 o 3 segundos.

    Conforme avanzaba el juego en tres ocasiones más terminamos besándonos, cada vez con besos más prolongados y más intensos. Poco a poco la noche avanzaba, y cada vez se iban yendo más y más de los 11 que estábamos jugando. Hasta que al final solo quedamos la cumpleañera, Iván y yo, después de una última ronda de shots, mi amiga se paró, dijo que estaba demasiado ebria y se fue a su cuarto, supongo que a dormir.

    Quede a solas con Iván, nos miramos unos cuantos segundos, y yo al no poder aguantar el contacto visual con una sonrisa solo baje la mirada, a lo que escucho

    ¿Quieres que suceda?

    No necesite mas invitación, me lance a sus labios de forma desesperada, me monte en sus piernas y empecé a besarlo de forma frenética, beso que él correspondió. Sus manos se posaron en mis nalgas, presionando y apretando. De forma casi instintiva empecé a mover mi cintura, frotándome en él, sintiéndome tan bien, sintiendo como aquel roce masajeaba mi parte sensible fue inevitable que pequeños gemidos empiecen a salir de mi garganta, incluso cuando mi boca estaba ocupada devorando la suya. Empecé a sentir como algo empezaba a crecer desde su pantalón, comenzando a presionar en donde estaba apoyada. Yo solo con una sonrisa cómplice le dije en su oído

    ¿Quieres que suceda?

    De manera veloz paso directamente a besar y morder mi cuello, dominándome por completo. Incline mi cuerpo hacia atrás casi por reflejo, regalando totalmente mi cuello, ya no había resistencia alguna en mi mente, me sentía mojada como nunca antes. Una de sus manos no dejaba de manosear mi trasero, mientras con la otra inmediatamente por sobre la ropa empezó a presionar y masajear uno de mis pechos. Era momento de dar el siguiente paso, yo tomé la iniciativa, y quito tanto su polera al igual que la mía, quedando nuestros torsos al descubierto con la excepción que yo aún mantenía mi sostén, pero aún no era suficiente, quería más.

    Pase mi lengua por su oreja, bajando lentamente con un camino de besos y lamidas, pasando por su mejilla, su cuello, su pecho, su abdomen, pero al momento de llegar abajo de su ombligo, encontré su pantalón que aún estorbaba, viéndolo a sus ojos con la cara más inocente posible que podía hacer desabroche su cinturón y baje su cremallera facilitando que le baje sus jeans de un solo tirón, en este punto solo quedaba su ropa interior entre yo y mi objetivo.

    Retiro la ropa interior y como sale inmediatamente su pene, el cual no es fuera de lo común, pero para mi es imposible no compararlo con el de su mejor amigo, tal vez el morbo o una malicia interna mía, pero en definitiva la sacaba un considerable diferencia. No puedo más e introduzco la cabeza entera a mi boca, y comienzo a bajar y subir, intentando en cada ocasión meter un poco más de su miembro. En determinado momento siento como su mano empieza a agarrar mi nuca, dirigiendo y empujando mi cabeza, obligándome a que mayor parte de su virilidad ingrese en mi boca. En esos momentos sentía el choque de su cabeza con mi garganta, y eso no hacía más que ponerme más húmeda, si es que fuese posible. De más queda señalar que ya su miembro entraba totalmente en mi boca, mi mentón con un poco de esfuerzo podría fácilmente chocar con sus bolas.

    Siento como su mano me jala del pelo y me lanza contra el reposabrazos del sofá, dándole la espalda. Siento una nalgada que retumba por todo el cuarto generando que haga un grito ahogado, no puedo evitar sonreír del morbo que me generaba que me traten así. Apoyándose en mi espalda desabrocha rápidamente mi pantalón y me lo quita de un solo tirón, al dar vuelta levemente y verlo, no era el Iván amable y tranquilo que recordaba, era alguien diferente desesperado por cogerme. No se toma el tiempo para bajar mis bragas solo aparta a un lado la tela que cubre mi intimidad y prosigue a apoyar su virilidad en mi entrada.

    Despacio fue entrando en mi, sentí primero la cabeza ingresar, luego como suavemente se desliza dentro mío, cuando termina de meterse totalmente en mi, su abdomen fue acostándose casi totalmente en mis nalgas. Lentamente su mano empieza a recorrer todo mi brazo hasta tomar la mía, entrelazando sus dedos con los míos. Progresivamente el movimiento de cintura empezó por su parte, generando que su pene saliera hasta la mitad, y de golpe vuelva a ingresar en mi. No era un miembro grande, o que el tenga movimientos dignos del Kama Sutra lo que me excitaban, si no era el saber que él era el mejor amigo de mi ex pareja, el morbo de pensar en él qué pasaría si Mauricio se enterase que su novia de tanto tiempo, ahora estaba siendo penetrada por su mejor amigo de toda la vida. Y como si la situación no fuese lo suficientemente morbosa, de golpe aumentó cuando el celular de Ivan empezó a sonar. Sin necesidad de sacar totalmente su miembro de mi alcanzó su pantalón, sacando su celular y contesto.

    -Alo, Mauri, ¿ya te encuentras mejor?

    Era mi ex novio que lo llamaba, la culpa me invadió por completo, pero a la par saber que el pene de su mejor amigo estaba aún dentro mío sin importar la llamada me invadió de excitación. Ya el control en mi era casi nulo, y casi instintivamente empecé a mover mis nalgas de adelante a atrás, empalándome yo sola con el miembro de Iván.

    -Si, si, ya todos se fueron, ahora estoy limpiando todo el desastre. -Decía Iván con la voz entrecortada y nerviosa, viendo mi rostro iluminado con una sonrisa perversa mientras movía mis nalgas.

    -No hermano, no hay chance de que vengas, ya no hay más alcohol además que yo ya quiero dormir.

    Mentía Iván por obvios motivos mientras me hacía señas para que parara y así evitar ser descubierto. Señas las cuales ignoré, e hicieron que mis movimientos sean más profundos y agresivos aumentando el ritmo, obviamente complicando la poca calma que aún le quedaba.

    -Vale, vale, mañana hablamos, hasta mañana. -Finalmente colgando el teléfono

    Lo único que podía hacer era acompañar mi travesura con una sonrisa, mientras lo miraba atrás mío.

    -Dios mío, pero que zorra, casi haces que nos descubran, ahora la pagaras. -Mencionó Iván con una mirada e intención de castigarme.

    De forma agresiva tomó mi cabello jalándolo hacia él, mientras con la otra mano ahorcaba como podía mi cuello. Empezó el mete y saca, pero de una manera más frenética y agresiva. Penetrando constantemente, generando el sonido de aplausos a raíz del choque de su pelvis con mis nalgas. Por si fuera poco, sentía constantemente el rebote de sus bolas contra mi piel. Poco o nada ya me importaba en el despertar a su hermana o a algún vecino. Si antes aguantaba los gemidos, aquello ya era solo una idea, ya que los sonidos que salían de mi boca por poco eran gritos, no pidiendo, sino exigiendo que siga penetrándome.

    -Por favor, no pares, sigue sigue.

    -Que rico, me encanta, así me encantaaa.

    -Dios mío, por favor cógeme.

    Gritaba constantemente ante la mágica cogida que me estaban dando, explotando en un fantástico orgasmo, el cual no fue impedimento claramente para que el siguiera maltratando mi sexo.

    No fueron uno, ni dos o tres minutos que mantuvo este ritmo, si no que ya llegaríamos a los 10 minutos casi de aquello. Él perforando mi coño, y yo gritando que me encantaba lo que hacía. Pero yo no podía seguir a ese ritmo y caí rendida al sillón, dejando mis nalgas levantadas a la disposición de Iván, para que hiciera lo que quiera, de más está decir que ya había terminado con toda mi energía, y él estaba próximo a explotar.

    De repente solo escucho un fuerte gruñido por parte de mi amante mientras se retira de mi interior, y siento como un fuerte chorro caliente de un líquido espeso cae en mi espalda, y algunas gotas chorreando por medio de mis nalgas rozando mi ano y mis labios vaginales. Cuando levanté la vista entre un espacio que existía en el sofá me pude dar cuenta que mi amiga y hermana de Iván estaba espiando desde no se hace cuanto tiempo por su puerta semi cerrada. Antes de poder pensar en él como reaccionar siento como Iván cae a un lado del sofá jalándome y abrazándome por mi hombro.

    *******************

    Han pasado aproximadamente unos 5 meses, desde aquel encuentro con Iván, por unas cuantas semanas el chat era constante con él, aquella sensación de ausencia de cariño que tenía, y de tener ese compañero que me acompañe en el día a día estaba siendo cubierta. Desde las banalidades de contar lo que hicimos en el día o los problemas que me aquejan se los contaba. Hasta que en cierto punto, el me dejo las cosas en claro, lo nuestro no iba a tener un futuro, él era el mejor amigo de mi ex, y por más que yo le encantaba y blablablá. En resumen, que lo nuestro fue un encuentro de una noche.

    Poco tiempo después de quedar en que aquello nunca debía saberse, retome el contacto con Mauricio, mi ex novio. Y efectivamente como muchos estarán pensando, terminamos volviendo a tener una relación. Ya llevamos un mes desde que regresamos, y sé que la única cómplice hasta ahora no hizo comentario alguno, o eso espero.

    Nunca olvidaré esa noche, pero espero de igual forma que nunca nadie, se entere de lo que pasó, y constantemente tengo el miedo de que ese secreto se conozca, es un fantasma del pasado. O eso creía.

  • Sin querer queriendo

    Sin querer queriendo

    Ya habíamos fantaseado con la posibilidad de que mi esposa tuviera aventuras sexuales con otro hombre diferente a mí. En principio mi propuesta le pareció un tanto extraña, pero no lo tomó a mal. Simplemente, servida la oportunidad de contar con mi complicidad, quizá la forma de llevar aquello a cabo le ocupaba su mente. Tal vez el cómo, cuándo y dónde eran las preguntas recurrentes y, pasados los días, realmente no nos poníamos manos a la obra y en consecuencia, no pasaba nada.

    Si bien ella no rechazaba para nada la propuesta, pues tampoco es que mostrara mayor interés en promover iniciativas para encontrar el momento propicio y el candidato perfecto. Y tal vez eso hizo que las cosas, en principio, no se dieran naturalmente. Estuvimos andando por bares swinger y lugares de encuentros, pero, aparte de mirar cómo los demás se entregaban a las más locas aventuras, nosotros, especialmente ella, parecíamos estar ajenos al ambiente.

    Dimos vueltas y vueltas, conociendo diferentes lugares y ambientes, charlando con varias personas, hombres solos y parejas, pero, por alguna razón, no éramos las personas que aquellos invitaran a compartir sus locuras. Nos contaban sus proezas, nos hablaban de cómo habían empezado en aquello, pero no nos hacían partícipes de sus andanzas. Y nosotros, principiantes, tampoco dábamos indicios de querer ser protagonistas de esas experiencias.

    Era tan manifiesto nuestro aparente desinterés, que, ante aquella aparente apatía a la hora de inmiscuirnos en aquellos lugares, llegué a plantearle la posibilidad de ir a esos lugares cuando ella estuviera con ganas de tener sexo, lo cual, según ella, sucedía cada vez que se le acercaba el período. Perfecto, había dicho yo, pues di entonces cuándo es eso y no damos tantas vueltas. ¿No te parece? Sí, había contestado, me parece que es una buena estrategia, porque no sé qué tan lanzada sea en esas situaciones si estoy con ganas.

    A partir de ese momento, entonces, la idea era que ella me contara cuándo estaba sexualmente dispuesta y ver si así, de pronto, las cosas se daban de otra manera. Lo otro, había sugerido yo, tenía que ver con su vestimenta, porque si no muestra la mercancía, los interesados no saben en qué se van a meter. Hubo algo de resistencia en ese sentido porque, siendo ella una señora criada a la antigua, el tema de vestirse como una puta, según ella, no estaba en sus cálculos. Un hombre se interesa en una mujer, vístase como se vista. Sí, había dicho yo, pero tiene que haber alguna señal, coquetería o luz verde para que los supuestos interesados se acerquen y algo suceda. Y, dado que no ha pasado nada anteriormente, tenemos que hacer algo diferente.

    A regañadientes aceptó vestirse de minifalda, usar blusa con escote pronunciado y hombros descubiertos, depilarse la vagina y usar lencería en aquellas salidas. No había nada de malo en aquello, pero su idea de buen vestir en una dama no coincidía con aquello. Aunque le llamaba la atención, y hasta cierto punto le excitaba, observar a las damas vestidas de esa manera en las películas porno, una cosa era verlo y otra diferente hacerlo. Pero, había que probar, a ver si daba resultado el cambio de comportamiento.

    Se llegó el día en que ella, finalmente, se atrevió a comentarme que estaba con unas ganas locas de estar con un hombre y que, de pronto, era la oportunidad que estábamos buscando. Bueno, había dicho yo, pero no es solo las ganas, sino que arranques insinuante y decidida, si de verdad hay la intención de llevar a cabo la aventura, que no es otra cosa que acostarse y tener sexo con un tipo que no sea yo. Sí, había dicho ella, lo sé. Pero una cosa es pensarlo y decirlo y otra cosa es enfrentarse a la realidad.

    Ella es muy conservadora y, no obstante que se había definido que había la intención, aparecieron consideraciones de última hora, dimes y diretes, dudas e incertidumbres. Sin embargo, tal vez por no defraudarme, accedió a que saliéramos y nos fuéramos de cacería a uno de aquellos lugares que previamente habíamos recorrido. Llegados allí, mientras nos tomábamos unos tragos en la barra y observábamos uno de los shows de striptease que allí se acostumbraban, un joven, al parecer solo, se acercó y entabló conversación con nosotros.

    Se presentó como Carlos y dijo haberse fijado en nosotros anteriormente, porque nos había visto por el lugar en varias ocasiones, lo cual era cierto, y, después de conversar sobre la calidad del ambiente y de las personas que frecuentaban el lugar, preguntó qué estábamos buscando. Bueno, dije yo, mirando a mi esposa, tenemos la fantasía de que ella tenga sexo con un hombre que no sea yo, su marido, pero, la verdad, aunque hemos intentado varias veces, por alguna u otra razón no hemos podido concretar la aventura. Al parecer espantamos la oportunidad, si es que en algún momento se ha dado. O es que no sabemos ver si algo tiene o no la posibilidad.

    ¿Y de dónde surge la curiosidad? Pues, la verdad, tanto ella para mí, como yo para ella, hemos sido únicos en la relación. No ha habido nadie más. Y, no sé, las conversaciones de las amistades, los ambientes en los que hemos coincidido, la televisión, las películas, la pornografía y demás, hacen que surja la pregunta. ¡Cómo será hacerlo con otra persona? Y creo que de allí nace la curiosidad. ¿Por qué no? Enseguida nuestro interlocutor fijo la atención en mi esposa y empezó a preguntarle de esta vida y de la otra, quizá tratando de encontrar la coincidencia que promoviera algo más que la simple conversación.

    Carlos, un tanto desenvuelto, dirigiéndose a mi mujer, comentó que no encontraba razón para que ningún hombre, especialmente en aquellos lugares, no se fijara en una señora tan atractiva y que tal vez todavía no era el momento, porque, para involucrarse en esas aventuras, las personas debían estar muy seguras de lo que querían. Lo cierto es que mi esposa lo encontró un tipo agradable y pareció entrar en sintonía. Charlamos de manera informal de lo que allí sucedía, quiénes frecuentaban el sitio, qué se hacía, cómo se contactaban, cómo empezaba todo y un sinfín de detalles para ilustrar la conversación y amenizar la noche.

    Parece que le caí en gracia a su esposa, me dijo Carlos en algún momento. ¿Me da permiso para continuar? Continuar, ¿con qué? pregunté inocente. Pues con la fantasía de ustedes, contestó. Mejor dicho, ¿me da permiso para culearme a su mujer? Bueno, si logra convencerla, ¡hágale!, respondí yo. Gracias, dijo él. Déjelo de mi parte. Espero que no se moleste si algo de lo que hago no le agrada, pero entienda que en este juego el hombre actúa como macho en busca de copular con la hembra en celo. Y me parece que su esposa está con ganas. Hay que averiguar qué tan dispuesta está. ¡Adelante!, comenté. No se preocupe. Haga lo que crea que debe hacer.

    Y lo que hizo fue llevarla a bailar, como normalmente ocurre en aquellos. Algunas parejas lo hacen semidesnudas, otras aprovechan para tocarse, encenderse e iniciarse, nada de lo cual vi que sucediera. Lo que si vi era que bailaban muy juntitos, pegaditos, como enamorados, pero nada más. Lo vi normal, aunque me pareció muy confianzuda mi mujer ya que no se comporta así, pero, dado que la idea era que aquello funcionara, no parecía para nada equivocado lo que allí sucedía.

    De un momento a otro, pasados los minutos, Carlos toma a mi mujer de la mano y la lleva a la sala de fantasías, un cuarto semioscuro donde las parejas desfogan sus energías sexuales como le apetezca. Pensé, bueno, si ella aceptó aquello la cosa va por buen camino. Sin embargo, una vez instalados allí, el tipo guío la mano de mi mujer para que palpara su endurecido miembro mientras él se daba mañas para excitar a mi mujer manipulando su vagina. La cosa, seguramente estaba funcionando, pero, de un momento a otro se interrumpió la escena y volvieron a la pista de baile. Y luego de un rato llegaron a donde yo estaba.

    Parece estar animada y dispuesta, pero me ha dicho que ella no se siente cómoda aquí, comentó Carlos. Si le parece vamos a un sitio donde podamos estar alejados de los mirones. Creo que es eso. Y dónde sería eso, pregunté. No se preocupe, aquí al lado hay unos reservados. ¿Vamos? Sí, respondí yo. ¿Ella ya sabe? Lo mejor es que vayamos para allá, sin comentarios. ¡Hágale, pues, dije yo!

    Carlos volvió a llevarla a la pista, bailaron un corto rato y, nuevamente, tomándola de la mano, abandonaron la pista de baile, pero esta vez con rumbo a los reservados que se había mencionado. Hubo que bajar una escalera hacia el primer nivel, salir del lugar y caminar unos pasos para ingresar al lugar donde alquilaban habitaciones por ratos. Y, llegados allí, mi mujer, nuevamente puso sobre el tapete diferentes consideraciones, que, si el sitio era seguro, que ya estaba muy tarde, que mejor otro día, etc., etc., lo cual hacía prever que las cosas, una vez más, no iban pasar de ahí.

    Carlos me hizo señas de que me alejara y se quedó charlando con ella. Unos minutos después, apareció y me hizo señas de que los siguiera, conduciéndome hasta una habitación. No más entrar le pidió a ella que se sentara en la cama y procedió a desnudarse, frente a ella, con toda la calma del caso, exponiendo su herramienta, para ese momento erecta y totalmente endurecida. Una vez más, guío las manos de mi mujer para que se la tocara, acariciando su tronco de arriba abajo, sus grandes testículos y su brillante y lustroso glande.

    El miembro erecto del hombre, desnudo, llamaba la atención. Tenía un cuerpo era proporcionado, algo delgado, por lo cual su pene destacaba y se veía ciertamente grande. Era curvado hacia arriba y duro al tacto, cosa que a mi mujer parecía atraerle, pues no dejaba de manipularlo. Pudiera decir que estaba fascinada con la experiencia.

    En ese punto, de seguro ella estaba super excitada, pero, vestida, frente a él, a pedido de Carlos se atrevió a chupar aquel miembro. Y lo hizo con algo de prevención, muy delicadamente, mientras seguía acariciando aquel pene con agilidad y mucha intensidad. El, entonces, le dice que la va a ayudar a desnudarse, pero ella se resiste. No se deja quitar la blusa, pero permite que le suelte y le baje su falda y a despojarse de sus pantis. Nada más. El, delicadamente y sin prisas, le pide que se recueste en la cama y, una vez allí, separa las piernas de mi mujer y se inclina para chupar su sexo.

    El tipo, para qué, pero era muy hábil lamiendo el sexo de mi mujer que, no sintiéndose invadida, permitió que él jugara con ella y tuvieran sexo de esa manera. Ella solo se limitaba a presionar sus labios y contorsionar su cuerpo mientras él hacía lo suyo. Y algo estaría haciendo bien, que, pasados los minutos, mi esposa empezó a gemir y a guiar la cabeza del hombre para que continuara en su faena. Y, en esa tónica, Carlos aprovechó para retirar su cara de repente y clavar su verga en la concha húmeda de mi mujer.

    Ella no mostró sorpresa alguna y lo aceptó. Así que el hombre empezó a bombear dentro de mi mujer, sin condón ni protección alguna, algo que no pareció importarle a ella en absoluto, plegándose a la voluntad de aquel macho sin recato alguno. Carlos la agarraba de sus nalgas y la atraía hacia él conforme la taladraba con su dispuesta herramienta. Y ella… como sin querer queriendo, dejaba que aquel hiciera de las suyas. Quiso, en esas circunstancias, seguir desnudándola, pero ella, excitada y clavada como estaba, no lo permitió.

    Entonces, Carlos, sin mayores opciones, siguió montado sobre ella, en posición de misionero, hasta que, después de tanto bombear y escuchar los gemidos crecientes de mi mujer, finalmente sacó su miembro para eyacular sobre sus piernas, que quedaron mojadas con su blanco y abundante semen. ¿Te gustó? Le preguntó. A lo que ella respondió sintiendo afirmativamente con su cabeza, pero sin decir una palabra.

    Después de aquello, ella se entró al baño y se demoró una eternidad en salir. Tanto, que Carlos, que había quedado conversando conmigo, se vistió y se despidió. Laura, hasta luego. Hasta luego, respondió ella sin abrir la puerta. Bueno, hermano, otra vez será. Gracias por la experiencia, de seguro le gustó, pero está avergonzada, seguramente, porque jamás pensó que sería capaz de eso. Está bien, dijo Carlos, su primera vez, frente a usted, con alguien desconocido; la entiendo. Me voy. Nos seguimos viendo por aquí. No se pierdan.

    Al rato, ido Carlos, mi esposa salió de su escondite. Tengo que confesarte algo, dijo. ¿Qué? pregunté. Todavía quedé con ganas. ¿Más sexo? No, contestó ella. Todavía quedé con ganas de tener sexo con otros hombres. Ah, caray, repliqué un tanto sorprendido. ¿No que era difícil pasar de la fantasía a la realidad? Si, replicó ella, pero dado el primer paso ya no hay vuelta atrás. Bueno, comenté, para haber sido sin querer queriendo, creo que estuvo bien esta primera aventura. Super dijo ella, quedé con ganas de repetirla, pero ahora decido y escojo yo… Será en una próxima, muy pronto, antes de que se pasen las ganas…

  • Fantasías con mi suegra

    Fantasías con mi suegra

    Hola soy Juan, este relato es 100% real, es decisión suya si quieren creerlo o no.

    Siempre he sido fiel a mi esposa, pero siempre me ha sentido atraído por mi suegra. Tengo mucha confianza con mi esposa y tenemos acordado decirnos si nos atraen otras personas y hasta podemos salir y tener aventuras con el consentimiento de ambos. Tenemos juguetes sexuales, juegos eróticos y demás. Pero no puedo decirle que me atrae mi suegra. Ella no lo aprobaría. Y creo que mi suegra tampoco.

    Mi suegra es una hermosa mujer de unos 43 años, de contextura media, de ojos hermosos, pero de piel morena, a su edad se mantiene en forma y hace ejercicios algunos días, razón por la cual, de su muy buen estado físico. En ocasiones cuando la visitamos, esta vestida con poca ropa que exponen su figura mientras tenemos conversaciones aleatorias. A veces no puedo dejar de notar sus hermosos senos que se dibujan en su blusita o sus llenitas piernas tonificadas. No estoy seguro si ella nota cuando la miro porque trato de disimularlo, lo cierto es que es un manjar para la vista. Ella es de temperamento fuerte, pero se ve que le gusta mucho ser una putita, tiene un culote, unas piernas carnosas y unas tetas bien grandes y ricas, solo de imaginarla se me pone dura. Y entre nosotros, estoy casi seguro que mi suegro no la satisface sexualmente.

    A veces mi esposa y yo la visitamos y si ella aún no está en su casa, la esperamos. Un día de esos mi esposa se fue a duchar y yo entré al cuarto de mi suegra, le saqué de su cajón unas ricas tangas, estaba lleno de ropa excitante, eso me excitó mucho saber que esa ropa había tocado y apretado ese culo carnoso y redondo.

    Empecé a tocarme y me sentía cada vez más duro, era tan rico, la verdad podía ver a mi suegra mamándome hasta al fondo, tragando mi verga dura, empecé a masturbarme más rápido pensando en cómo sería coger ese culote, ya no aguanté más, esa mujer tenía que ser mía, me vine a chorros, era tanta leche que no cabía en su tanga. Me he masturbado algunas veces pensando en ella y hasta he hecho el amor con mi esposa pensando en ella. Cuando se está viviendo en mi boca solo imagino como sería mamársela a mi suegra.

    Lo cierto es que de tanto fantasear con mi suegra, recientemente soñé que era diciembre, yo estaba en casa de mis suegros, estábamos en la sala sentados en el sofá besándonos, tocándonos y estábamos a punto de empezar a hacer el amor muy duro como nos gusta y en ese momento llegaron sus papas, nos tocó acomodarnos la ropa súper rápido y gracias a que primero está el garaje nos alcanzamos a vestir, nos saludamos y ellos no sospecharon nada.

    Nos sirvieron algo de comida que traían, comimos y hablamos de todo un poco, en eso mi suegro le dijo a mi esposa que lo acompañara a comprar unas herramientas a un centro comercial y de paso cambiarían unos tenis que él había comprado el día anterior y se habían dañado no sé porque, ella le dijo que si y pues iríamos los tres, pero en eso mi suegra me dice que por favor la ayude a correr unas cajas del garaje para armar el árbol y todo lo de navidad mientras ellos iban, yo no puse problema pues para quedar bien con ella obviamente.

    Ellos salieron y yo me dispuse a mover las cajas, ella me las señalo y me dijo que las llevara a la sala para empezar a armar todo, yo las lleve, me dijo que corriera los muebles para que todo fuera más como y así lo hice, empezamos a sacar todo y como las cajas estaban guardadas desde febrero obvio tenían demasiado polvo, entonces ella me dijo que iría a ponerse otra cosa para no ensuciar la ropa traía, fue a su habitación mientras yo sacaba el árbol al bajar quede hipnotizado, tenía una blusa ombliguera (creo que se llaman así) la cual además de que me permitía ver su abdomen y su lindo ombligo, me daba una buena vista de sus senos ya que era un poco escotada y traía puesto unos cacheteros muy arriba, que marcaba su vagina y su rico culo paradito, ella solo se rio y me dijo que despertara, yo me reí y le dije que perdón y seguí en lo mío, con la verga dura, en un momento ella se agacho, yo estaba de espaldas a ella, pero justo en ese momento yo voltee a coger algo y mi cara quedo completamente metida en su culo.

    Cuando ella sintió mi cara se levantó y puso su cadera hacia adelante, yo me quede completamente quieto, no sabía qué hacer, como reaccionar, ella empezó a reírse y me dijo:

    -Tranquilo, no pasa nada -en ese momento me dijo que me parara y era inevitable que mi verga se notara por sobre mi pantalón, ella la vio sonrió y me dijo- Parece que si paso algo -me apretó la verga y me dijo- vamos a ver qué es lo que Leonela (mi esposa) se come.

    Se agachó y me iba a desabrochar el pantalón, pero me puse nervioso y le dije que, si estaba segura, que yo no quería tener problemas con ella ni con el esposo y mucho menos con Leonela, ella me dijo que si, que quería chupármela hace mucho, desde que vio una conversación en el celular de Leonela en la cual yo le había mandado una foto de mi verga.

    Me desabrochó el pantalón, me escupió la verga, me la jalo un poco y me la empezó a chupar muy rico, yo tome su cabeza y hacía que se metiera mi verga completamente en su boca hasta que se ahogara.

    -Que rica verga Juan, Leonela sabe elegir bien sus gustos.

    Me la siguió chupando entonces no aguanté las ganas y le cogí un seno sobre la blusa, me di cuenta que no traía sostén, se los apretaba y le jalaba los pezones lo cual la excitaba mucho, se sacó mi verga de la boca y se levantó.

    -Vamos al cuarto, quiero que me hagas de todo.

    Fuimos besándonos y tocándonos, al llegar a su habitación le saque la poca ropa que tenía y me di cuenta que tampoco tenía tanga, lo cual me excitó mucho, tenía una vagina completamente depilada, me lancé sobre ella y empecé a comerme su vagina, sabía muy rico, ella gemía como loca, mientras yo le pasaba la lengua desde su ano hasta su clítoris y en algunos momentos le metía la lengua en su rica vagina, en otros le mordía el clítoris con mis labios, ella solo gemía y me decía que Leonela tenía mucha suerte, que le hiciera mas así y me jalaba el cabello o me apretaba contra su vagina, después de unos 20 minutos, me dolió la lengua así que empecé a masturbarla mientras le chupaba los senos, le mordía los pezones y se los jalaba con mis labios, le metí primero 2 dedos, luego 3 y pude meterle 4 dedos, se los metía muy rápido y muy duro, tanto así que hacía que se quedara sin respiración.

    Me pedía que parara porque se iba a venir y ensuciaría todo, yo pare y le metí los dedos en la boca, ella los chupo y los labios hasta que ni una pisca de sus jugos quedaron en ellos, me cogió la verga, me masturbo un poco, la escupió y me dijo:

    -Métemela toda.

    Se puso boca arriba, se abrió las piernas ofreciéndome su rica vagina y yo sin pesarlo, me acomodé y se la metí toda, y empecé a penetrarla suave y lento y luego más rápido y más duro, la escupía, le chupaba los senos, y nos besábamos locamente, la voltee, le empecé a hacer oral anal y a darles palmadas en el culo, muy duro pero le gustaba porque gemía y me decía que le diera más duro, cuando se lo iba a meter otra vez en la vagina me dijo que si no quería culito, yo dije que sí y me dijo que se lo metiera pasito que por ahí poco lo hacía, se lo metí despacio, hasta que entro toda.

    Me dijo que esperara y empezó a mover el culo para acostumbrarse a mi verga, pasó un minuto y me dijo ya, métemela muy duro, yo obedecí y se lo empecé a meter muy duro mientras le jalaba el pelo y le daba nalgadas tan duro que le deje las manos marcadas, no aguante más y le dije que ya me iba a venir ella me dijo que la sacara, se arrodillo, me masturbo y me vine. Luego me tiró en la cama, se montó sobre mí, acomodo mi pene y empezó a cabalgarme, saltaba muy fuerte, sus senos pequeños saltaban, yo se los cogí y los apreté muy fuerte, la jalé hacia mí y se los empecé a chupar, luego se lo empecé a meter yo y ella solo se quedaba de cuclillas, en poco tiempo sentí que me venía de nuevo y cuando le dije ella me dijo que me viniera dentro de su vagina que como estaba operada no pasaba nada, así que sin pensarlo cambie de posición, quedando sobre ella, le abrí las piernas, se lo seguí metiendo muy duro y me vine dentro de ella, los dos acabamos al tiempo, cuando se lo saqué salían sus jugos combinados con mi semen, luego me miró se rio y me dijo que nos vistiéramos que ellos ya iban a llegar.

    Nos vestimos, ella fue al baño y se limpió, nos empezamos a besar muy rico y en eso sonó la puerta, nos acabamos de arreglar rápido y yo baje como si nada, y salude a Leonela y a mi suegro, mi suegro subió y Leonela y yo nos quedamos hablando y antes de irme para mi casa mi suegra me dijo que eso se repetiría, yo le di un pico y fui a despedirme de mi novia a la que si bese con locura. En eso me desperté todo mojado. Fui y me masturbé. Luego mi esposa despertó y me la cogí pensando en mi suegra. Luego volví y me masturbé en la tarde pensando en mi suegra mientras mi esposa y mi hijo dormían.

    Es la primera vez que cuento esto. Espero algún día tener esa oportunidad, pero no sé cómo iniciar ya que no quisiera dañar las cosas por querer cumplir una fantasía y tengo poco tiempo con mi suegra por lo cual no he podido hablar ciertos temas picantes con ella.

    Espero les haya gustado, como ya les dije es 100% real.

  • Sorprendiendo a mi esposa

    Sorprendiendo a mi esposa

    Ese día decidí salir temprano de mi trabajo, ir a mi hogar, sorprender a mi esposa y pasar la tarde juntos. Para esto pedí permiso a mi jefe. Con la excusa de tener que realizar un trámite bancario impostergable, conseguí mi cometido. Apenas pasado en medio día ya me encontraba tomando la autopista de vuelta hacia mi domicilio. El día era perfecto, soleado y sin nubes a la vista. La ruta semivacía hacía que el viaje fuera perfecto.

    Completamente entusiasmado por el plan, decidí llamar por teléfono a mi esposa Romina. Efectué dos llamadas, pero en ninguna pude dar con ella. Imaginé que debía estar bañándose o quizá durmiendo una siesta. Algo que era normal en ella durante esas horas del día. Para no levantar sospecha dejé el auto a unos metros de nuestro hogar y así hacer el último tramo a pie. Sigilosamente, abrí la puerta para no delatarme. Ya dentro de mi hogar, descubro que mi esposa no se encontraba en la planta baja. Seguramente estaba en nuestra habitación en el primer piso.

    Cuidadosamente, subí las escaleras, casi en puntas de pie, para causar el menor ruido posible. Al llegar a los últimos escalones comencé a percibir unos ruidos muy extraños. Parecían golpes de martillo sobre la pared. Los cuales iban aumentando su intensidad y frecuencia. Adentrándome en el pasillo pude ver la ropa que usa mi esposa usualmente en la casa desperdigada a lo largo del mismo. Unos calcetines y sus pantalones yacían desparramados en el suelo. Mis pasos se dirigían a nuestra habitación de donde parecían provenir esos incesantes estruendos. La puerta de la habitación estaba entreabierta. La misma parecía ser el final de este tendal de ropa desparramada donde extrañamente había un bóxer y un pantalón de hombre que no era de mi propiedad.

    La sorpresa me tenía de rehén. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo pensando lo peor. Miles de ideas locas y preguntas sin respuesta circulaban por mi mente. El asombro y el descreimiento de lo que había detrás de esa puerta perturbaba mi psiquis terriblemente. Parado inmóvil frente a esta puerta, los segundos se me hacían eternos.

    –¡No! ¡No pares! ¡No pares, mi amor! ¡Eres muy rudo con tu putita! Oí afirmar a mi esposa.

    –¿Te gusta que te pegue? ¿Te gusta así? ¡Plaf! ¡Plof! ¡Plum! ¡Por ser una mujerzuela! Decía una voz masculina la cual descargaba una ráfaga de violentos chirlos que impactaban de lleno sobre las nalgas de Romina.

    –¡Sí, así! ¡Sí, por favor! ¡Soy tuya, toda tuya! Exclamaba la infiel mujer. Romina mantenía relaciones sexuales con otro hombre a escasos centímetros de mí. Parecía calentarle de sobremanera que este la denigre y le falte el respeto. Comencé a sentir que mi matrimonio y toda mi vida se venían a pique, pero por alguna razón seguía oyendo esos tan humillantes diálogos.

    –¡Ponte de perrito, te voy a dar por el culo! Ordenó el viril amante.

    –¿por mi colita? ¿Decís que todo eso me va a caber? ¿No me vas a hacer doler? Preguntó Romina de forma inocente pero muy sumisa.

    –¡No te va a pasar nada, zorrita! ¡Quédate tranquila! Respondió entre risas este hombre. Con la punta de mi pie empujé la puerta para tener una mejor visual de como este hombre iba a propinarle sexo anal a mi mujer. Romina estaba en la posición de perrito sobre la cama, completamente desnuda. Con sus dos manos se aferraba de la cabecera de la cama. Su hombre trabajaba desde atrás para poco a poco ir introduciendo su largo rabo dentro de su pequeño culo.

    –¡Para por favor, me arde! ¡Me arde mucho! ¡Despacio! ¡Más despacio, por favor! Suplicaba. Sonidos parecidos a flatulencias provenientes de la apertura del culo de Romina se mezclaban con sus gemidos asmáticos adornando la escena. Mientras esté hombre, hurgaba en lo profundo de la cola de mi mujer.

    –¡Uf!, ¡ay! ¡Uf! ¡Me estás rompiendo la cola! ¡Con esa verga hermosa! Este fulano sobre mi cama matrimonial, propinaba duro sexo anal a mi esposa como si esta fuera una golfa de las más baratas.

    –¡Tranquila putita! ¡Ya entro toda, bebé! Decía mientras se balanceaba rápidamente ensañado con el pequeño agujero de mi mujer.

    –¡Sí, mi hombre! ¡Sí, así! ¡No me lo saques! ¡Me estás rompiendo en trasero y me encanta! ¡La tenéis como un burro! Confesaba Romina.

    –¿Así de fácil le entregas el culo a tu marido? Pregunto el macho de mi mujer. Cada empujón de este hacía gozar a Romina como nunca.

    –¡No, él cree que soy una señora y me respeta!, ¡No me coge como una cualquiera!, ¡No me coge como vos! ¡No me coge como un macho! Decía mi mujer. El recto de Romina se estiraba por completo por este varón, el cual no la perdonaba ni por un segundo, enterrándose más y más en ella.

    –¡Es tonto, la tiene corta y chiquita! Fogoneaba el corneador entre risas. Cada impulso monumental de este potro salvaje hacía chocar la cama contra la pared y trinar el somier de forma única.

    –¡Sí! ¡Así! ¡Más! ¡Hazme cagar para adentro! ¡Dámela toda! Gritaba Romina a viva voz.

    –¡Muévete! ¡Puta muévete! ¡Gana tu dinero! Ordenaba imperiosamente el dueño del culo de mi mujer.

    –¡Me estás haciendo comer carne por la cola! ¡Soy tuya! ¡Soy tu puta dame más duro! Rogaba la muy zorra.

    Estos dichos hirieron mi orgullo de manera certera. Enojándome de forma desmedida, no podía tolerar tanta infamia y faltas de respeto en mi propio hogar. Así que de una patada violenta termine de abrir la puerta, entre a mi habitación donde estaban haciendo gozar por el culo a mi mujer al grito de:

    –¿Qué dijiste puta de mierda? ¿Quién es este imbécil? Pregunté. Increpando a Romina.

    –¡Pará! ¡Mi amor! ¡Tranquilízate! ¡Te lo puedo explicar! Dijo ella. Intentando explicar algo.

    –¡Cerra el culo, puta de mierda, algo que a esta altura va a ser difícil! Contraataqué sin vueltas.

    Gritaba y los insultaba, mientras ambos buscaban su ropa. Lejos de calmarme, comencé una pelea con el amante de mi mujer, el cual estaba desnudo. Cruzamos empujones, patadas y golpes de puño de los cuales pude acertar algunos. Pero él era muy ágil, luego de un round de batalla termino noqueándome de un golpe certero en el mentón. El cual me dejó desmayado. Cuando desperté no estaba mi mujer, ni su ropa, ni nuestro auto, ni nuestros ahorros…

  • Jamás imaginé lo que esa tarde me pasaría

    Jamás imaginé lo que esa tarde me pasaría

    Dicen que las mejores oportunidades, se presentan cuando menos te lo imaginás.

    Ese día, era nuestro aniversario de bodas, así que decidí hacerle un regalo muy especial a mi esposo.

    Días previos, había hablado con mi madre para llevarle a los chicos a su casa y así poder disfrutar solos de una velada especial.

    Pero jamás imaginé, lo que esa tarde me pasaría.

    Después de dejar a los chicos en casa de mamá, decidí ir al centro para hacer algunas compras. Al cruzar avenida Pueyrredón, vi en la vidriera de un negocio, una bonita lencería y pensé que sería una adecuada ocasión para usarla. Así que, sin titubeos, entré al negocio.

    Al ingresar, el ruido de unas campanitas en la puerta, anunció mi presencia. Desde el fondo del local, una voz muy varonil me dice ”ya voy”.

    Minutos más tarde, un hombre alto, con unos hermosos ojos azules se perfila al mostrador diciendo:

    –¿Si, en que puedo servirte?

    –Estoy buscando una linda lencería animal print para agasajar a mi esposo.

    – Ah si, ya te traigo.

    Al rato, vuelve con un montón de cajitas con diferentes modelos. Empiezo abrir una por una, hasta elegir el que más me gustaba.

    Casualmente en ese momento no había nadie en el local, así que, pensé entrar a un probador para ver cómo me quedaba.

    –¿Me lo podría probar? Le pregunto al vendedor, agarrando mi cartera junto con uno de los modelos que había elegido.

    El hombre me mira a los ojos y dice,

    –si, claro, pasá por acá –abriendo uno de los probadores. Al entrar, el hombre cierra la cortina, aunque no completamente. Pero yo no advertí ese pequeño detalle…

    Me doy vuelta y empiezo a sacarme toda la ropa, apoyándola en la pared del cubículo. Abro la cajita para sacar el conjunto. Luego de ponérmelo, me quedo mirando frente al espejo. ¡No estas nada mal, eh! me decía en voz baja, mientras apoyaba las manos en mis firmes glúteos largando una bocanada de aire.

    Aunque siempre intentaba vestirme con ropa holgada, nunca lograba pasar desapercibida. Era casi imposible no ser el centro de atención de todos los hombres, que, al pasar, sus miradas se clavaban en mi espalda.

    Debo confesar que, si bien esta situación me incomodaba un poco, en el fondo, también me producía una ligera sensación que despertaba en mí ciertos deseos ocultos.

    Al volver la mirada al espejo, percibo que los ojos del vendedor me observan desde el filo de la cortina. Al principio eso me molestó mucho, pero después, encontré en sus ojos cierto sabor sensual que me sedujo…

    Miro al hombre través del espejo, dibujándole una sonrisa insidia. Luego giré mi cabeza para verlo directamente a los ojos, sin la intervención del espejo. ¿Te vas a quedar ahí? Le dije mordiéndome mis carnosos labios. Se que da mirándome sorprendido. Luego va hasta la puerta y la cierra con llave.

    Con cierta timidez, entra y cierra la cortina del probador. Así, de espaldas a él, empieza a besar suavemente mí cuello. Noto que su miembro crecía más y más en mis nalgas, mientras sus manos descendían hasta mi vagina recién depilada sin sacarme la tanga, me estimuló con sus dedos hasta ponerme caliente.

    Entre besos me decía, –me encanta como te queda el conjunto–, seguramente a él le fascinará… Ambos, nos reímos cómplices de una traición honestamente inesperada. Me doy vuelta y nos besamos desaforadamente por largo rato. Mis manos buscan su miembro, que ya estaba grande y duro.

    Me agacho y comienzo a lamber su pene con la lengua, mientras él agarra mi cabello. Lo meto todo en la boca hasta la garganta.

    Luego me incorpora y me pone contra la pared. Penetra mi cola, yo grito al sentir entrar su enorme pene, pero él tapa mi boca con su mano para evitar mis gritos. Me coge fuerte y yo lo disfruto. Luego de siete minutos quiere sacarla porque dice que va acabar, pero le digo que no, que quiero sentir su semen. Me abraza con sus brazos para darme duro. Cierro los ojos… siento su secreción desparramarse por mis piernas.

    El olor a sexo se impregna en las cortinas del probador.

    –Luego me dice, te lo llevas al conjunto? Si, le fascinará a mi marido…