Blog

  • El estanque de aguas termales

    El estanque de aguas termales

    Me encontraba cargando un enorme jarrón de miel, sosteniéndolo sobre mi hombro y sujetándolo con mi brazo izquierdo, mientras caminaba. Algunas personas se detenían y me miraban con deseo de poseerme. Lo cierto es que el peso del jarrón de barro resaltaba las formas de mis músculos, haciendo resaltar mis pectorales, que aunque no eran tan grandes como sandías, sí estaban marcados. Las gotas de miel caían sobre ellos y se deslizaban suavemente hasta mis abdominales. Aunque me excitaba, sabía que después tendría que quitar la miel de la tela blanca que cubría la mitad de mi torso.

    Después de un rato caminando por el suelo de Piedra Blanca, los silbidos de excitación de la gente cesaron y solo se escuchaba el tic-tac producido por el contacto de mis sandalias de oro sobre la piedra. Finalmente, llegué a las enormes puertas de cobre, donde un joven y musculoso guardia vigilaba. El hombre extendió su mano hacia adelante para detener mi paso, se inclinó sobre un pequeño armario de madera y tomó una toalla blanca.

    Bajé un momento el jarrón y comencé a desnudarme. Dejé mi ropa al cuidado del vigilante, quien me miró y dijo al observar mi pene: «Wow, está muy pequeño». No le hice caso, tomé la toalla y me cubrí, agarré el jarrón y continué mi camino. Mientras subía las escaleras de mármol, sentía el frío en mis pies descalzos.

    Finalmente, llegué al estanque, donde el aroma a rosas cubría el lugar, adornado con cuatro columnas sobre las cuales había estatuas de hombres musculosos besando hermosas mujeres. La princesa Atenea entró en el recinto junto con su criada, desnudas quienes tomaron la miel y comenzaron a cubrir sus cuerpos deslizando sus dedos sobre sus enormes tetas. Yo estaba absorto observando a las princesas cuando unas risitas interrumpieron mis pensamientos al mirar abajo pude observar la toalla estaba desnudo y sostenía mi pene con la otra. Me puse rojo de vergüenza, moví mis alas y me fui de allí.»

    Fin

  • Una de mis fantasías

    Una de mis fantasías

    Hola soy yo de nuevo, esta vez vengo a contarles una fantasía que me ha pasado por la cabeza y el porqué no puedo cumplirla.

    Empezaré por el porque, y no daré tantas vueltas, estoy en una relación y si podré ser muy caliente pero siempre fiel.

    Y la fantasía es mucho más caliente quiero creer que por eso mismo, diré que es algo sencilla así que no quiero hacerlos perder el tiempo, tiene que ver en como vestirme para ser una verdadera nena.

    Todo comienza desde la parte donde nos quitamos todo el vello corporal, sentir mi piel lisa, tomar una baño, colocarnos crema en todo el cuerpo.

    La ropa interior me imagino con un cachetero el cual tenga una malla transparente en la parte de las nalgas, un brasier de encaje que combine con mi calzoncito.

    Después ponerme una falda que llegue poco arriba de las rodillas y aquí tengo dos opciones, una falda de pliegues espero darme a entender y la segunda opción es una falda ajustada para resaltar las pompis, en la parte de arriba una blusa o suéter delgado ajustado para poder marchar el brasier por qué pechos no hay jaja.

    Usar tacones de aguja para sentirme modo perra y porque se ven sexy como aretes en los hombres, por último una peluca y algo de maquillaje y listo.

    Salir con un macho el cual en el camino me toque mis piernas comenzando en las rodillas e ir metiéndola por debajo de la falda mientras yo le acaricio el paquete y sentir como se pone duro, para terminar siendo su nena, sumisa, y que me pueda coger a su antojo.

    Espero les guste, pero una como travesti le da mucho morbo el que ponerse y como verse al espejo en particular a mí me calienta mucho la idea, tengo más fantasías que espero si un día no estoy en una relación poder cumplir.

    Besos.

  • Le pedí provocar al albañil, pero ella fue más allá

    Le pedí provocar al albañil, pero ella fue más allá

    Saludos desde Colombia, este será mi primer relato, tengo 26 años mi mujer 29 es bajita, blanca, delgada con un gran culo que solo le gusta usar hilos.

    Llevo meses fantaseando con que me haga cornudo pero nunca me he atrevido a confesárselo, por lo cual he ido empezando pidiéndole cosas más sencillas como salir sexy a la calle, ir a discotecas a bailar con otros hombres etc.

    Poco a poco me ha ido complaciendo por lo cual hace una semana quise avanzar más, vivimos en un primer piso en arriendo y en el segundo piso los dueños de la casa contrataron un albañil/ obrero de construcción para hacer unas trabajos de plomería en un apartamento que próximamente arrendaran, la zona de lavado de ropa está en la terraza en el último piso arriba por lo cual mi mujer sube a diario las escaleras con sus quehaceres del hogar

    El hombre es un moreno acuerpado muy masculino de unos 32 años que todas las mañanas lo veía trabajando en el primer piso cerca de la escaleras al yo salir a mi trabajo, llegó el jueves que siempre es mi día de descanso y me quedé en casa poniendo mi plan en marcha.

    Le pedí a mi novia que lo provocará vistiéndose sexy y subiera las escaleras hacia la zona de ropas (lógicamente tenía que pasar por el frente del albañil) le dije que se vistiera como una puta para que el pudiera observarla y morbosearla, aclaro que mi intención solo era esconderme a ver cómo deseaban a mi mujer, ella lo pensó un momento y acepto mi propuesta, se ducho, se maquillo, se vistió con una minifalda negra de cuero muy corta, es una minifalda que por ser tan corta solo la usa para tener sexo conmigo, en realidad es una minifalda de tipo lencería, pero decidió ponérsela para el juego, también se puso un hilo rojo y se peinó de forma sencilla y salió hacia las escaleras a complacerme, yo rápidamente apague las luces del apartamento para poder observar sin ser descubierto desde afuera.

    Ella comenzó a subir las escaleras muy sensualmente subiendo las escaleras, el al verla paro inmediatamente su trabajo y comenzó a mirarla mientras se tocaba el paquete con disimulo ella seguía subiendo escalones mientras lo volteaba a ver y se mordía los labios, yo miraba todo desde las mismas escaleras pero desde un piso abajo de donde estaba el albañil, ella volvió a bajar, entro a nuestra habitación me vio muy caliente con la situación, le di las gracias por cumplir mi propuesta, me dio una rica mamada hasta venirme, hasta ahí había llegado el juego o eso creía yo.

    Al otro día salí temprano a trabajar y el hombre ya estaba con sus trabajos abajo de las escaleras, lo saludé y me fui, cuando regrese a casa mi novia me besó y me contó algo que si yo lo hubiera planeado no hubiera Sido tan bueno.

    Ella: amor tengo que contarte algo ya

    Yo: dime amor

    Ella: el juego de ayer me gustó mucho y está mañana desperté muy caliente y decidí volverlo a hacer, entenderé si te enojas pero no quiero ocultarte nada

    Yo: hable de una vez

    Ella: yo me puse de nuevo la mini negra pero hoy quise ser más atrevida y pues también me puse los tacones

    Yo: los tacones rojos para que hubiera juego con tu hilo rojo?

    Ella : no amor me puse los negros no había necesidad de combinar color ya que me depile y no me puse nada de ropa interior.

    Yo ya estaba muy caliente escuchando todo

    Yo: dime qué hiciste entonces

    Ella: me solté el cabello y salí a antojarlo, se me veía media nalga y sentía muy fresca mi vagina al no tener nada debajo eso me puso muy caliente amor, empecé a subir muy despacio las escaleras y el me miraba desde abajo, yo en ese momento debo confesarte que yo ya no lo hacía por complacerte lo hacía por mi propio gusto, de la nada se me salió lo perra que llevo dentro de mi y decidí dejar que me cogiera papi.

    Seguí subiendo muy despacio pero él no tomaba la iniciativa por lo cual fui más lanzada y entonces me agache fingiendo que ajustaría mis tacones, sentí que la minifalda se me subió hasta mi espalda, le ofrecí una perfecta vista de mi culo duro y mi cono depilado inmediatamente el reacción.

    Albañil: uy vecina que es todo eso tan rico

    Ella: qué?

    Albañil: tu culo preciosa es muy provocativo

    Ella: y a qué te provoca

    Albañil: a tanquearlo de mi leche

    Seguí subiendo y volví a agacharme descaradamente lo mire y me mordí un labio.

    Albañil: me encanta ese culo putita

    Ella: te gusta?

    Albañil: mucho vecina

    Ella: yo aún agachada mirándolo de espalda le dije : por qué no te lo comes papasito?

    El tipo se volvió loco y subió las escaleras como un animal en celo, me dio un azote en las nalgas duro.

    Albañil: siempre te vistes así como una perra o solo por qué estoy yo en esta casa trabajando?

    Ella: solo porque mi marido me lo pidió

    Albañil: que te pidió tu marido

    Ella: que te provocara a ti

    Albañil: quiere cuernos tu marido?

    Ella: no, solo quiere que me veas y me morbosees

    Yo : entonces por qué estás aquí dejándote tovar de mi?

    Ella: porque el juego de él se acabó ayer, este es mi propio juego papi

    Albañil: entonces vamos a jugar con tu culo y mi verga como protagonistas

    Ella: no pierdas más tiempo baby

    El me tomo del cabello me llevo al baño social me puso contra la pared y me embistió muy fuerte, tuve que poner música rápidamente en mi celular ya que el choque de sus bolas con mis nalgas rebotando hacían un ruido de aplausos fuertes y no quería levantar sospechas con los vecinos. Me cogió por rato en esa posición y sentí como me escurría su leche por mis piernas, me acomode mi mini y baje a mi apartamento y aquí estoy amor confesando todo.

    Me pidió perdón pero yo no sentí celos solo excitación, hoy ya siento celos también pero es una mezcla de sensaciones únicas, le dije que luego hablamos sobre el tema.

    Y así termina mi primer relato amigos ,no sé si habrá más relatos ya que aún no se si quiero ser cornudo de nuevo o no.

    Recibo comentarios y preguntas al correo:

    [email protected]

  • Fantasías del profesor de educación física

    Fantasías del profesor de educación física

    Vivo en Saavedra (Buenos Aires), peor fui a casa de amigos en Recoleta (cerca al hospital Fernández), y la verdad entramos en charla sexual, por lo que empecé a ponerme caliente, y con amigos no hay más que amistad, abro una app de citas y empiezo a hablar con un señor más grande que yo (27/42) y me dice si le podía ayudar con una fantasía por plata. El morbo pudo más.

    No voy a contar lo que me pidió, voy a contar lo que pasó directamente. Lo haré corto.

    Tal como me pidió y contado la discreción llegué a su edificio, a pocas cuadras de mis amigos, él me hace entrar y me dice que subamos por las escaleras, y en un entrepiso me pide la pizza, le dije que me disculpe pero que se me cayó en el camino porque estaba re mal ya que tuve una discusión con mi novio y que por favor no avisará en la pizzería porque me despedirían, me dice que a falta de pizza, le tenía que dar la pija.

    Me empezó a tocar la chota por arriba del short, y me la empezó a sacar por el costado, estaba muy hinchada. Me dice que le gustaba mis muslos ejercitados, que le recuerda a los que él entrena. Sin más me senté en el escalón, con el short bajo, y me abrí de piernas ofreciéndosela, empezó a mamar. Ufff aún recuerdo, me pasaba la lengua por toda la cabecita, yo desprendía preseminal y me dejaba limpia la cabecita, yo estaba en el cielo.

    De a ratos me la agarraba y se daba pijasos en la cara, yo la tenía tan gruesa y tan dura como el acero que me gustaba esa sensación. En un momento no pude aguantar más y le avisé, que ya tenía la leche en la punta de la verga, me pregunta si estaba sano. Claro que lo estoy! (igual arriesgado quien le diría que no).

    Entonces me pide la leche directamente en la boca, para qué… Le empecé a coger la boca, le daba tan fuerte hasta que mis huevos chocaban con su pera, y cuando no aguanté más le dejé toda la leche adentro, se la tomó toda, le dije que me dejé la verga limpia, tal y como la encontró. Así hizo, me paso la lengua tantas veces que ya me había empezado a molestar, entonces levanté mi short, le dije que me pagué el delivery de pija. Me dio la plata, bajamos, me abrió la puerta y me fui.

  • Un segundo encuentro

    Un segundo encuentro

    Continuación de «Tu virginidad es mía”.

    El primer encuentro con Christian había sido corto y bastante apresurado. Él debía irse a la universidad y yo tenía que trabajar, pero nos prometimos un segundo encuentro. Encuentro que se dio mientras mi marido estaba de viaje.

    Debido al trabajo de mi esposo, de vez en cuando tiene que pasar algunos días fuera de casa. Momentos en los cuales yo me aburría a muerte, pero en esta ocasión supe aprovechar muy bien.

    Le avisé a Christian con tiempo de que iba a estar, al menos, tres días sola en casa. Que era hora de darnos ese segundo encuentro. Pese a estar bastante ocupado con la universidad se acomodó para que, al menos unas dos horas y media, podamos estar juntos.

    Le di la dirección de mi casa y le pedí que cuando llegue me saludé como «profe», ya que mis vecinos son muy chismosos y lo último que faltaba eran que le digan a mi marido lo que pasaba.

    Christian llegó a horarios lo hice pasar y le ofrecí algo que tomar, pero como no quiso, y se notaba que ya estaba deseando el encuentro, apuré el trámite fuimos derecho a la acción. Lo primero que hice fue besarlo. Lo besé como si nunca hubiese besado a nadie, permitiéndole que explore todo mi cuerpo a su gusto y ritmo.

    Empezó a acariciarme y a tocarme. Le gustaba pasarse sus minutos masajeando mis pechos, pero como todavía es bastante inexperto en esto del toqueteo le tenía que ir enseñando y guiando, sobre todo cuando se obsesionaba con mis pechos y tocaba nada más. Le enseñé como masajear mi culo, como tocarlo y acariciarlo, como me gustaba que me toquen para encender mi temperatura y como tenía que hacer para arrancarme un par de gemidos.

    Christian me quitó la blusa, hundió su cara en mis pechos y ahí se pasó unos minutos: besando, lamiendo, acariciando… Me quitó el sostén y le dedicó tiempo a mis pezones. Degustándolos y disfrutándolos.

    Con cuidado fui guiándolo hacia abajo. Quería que vaya acostumbrándose aunque no todo en la vida era recibir, pues también había que dar.

    Me quité lo que me quedaba de ropa, y me dije que se acercara, que se venga a la cama conmigo. Así que me hizo caso y siguiente que le enseñé fueron las partes de mi vagina. Se me quedó viendo un buen rato como me masturbaba, como excitaba mi clítoris… Tenerlo ahí viendo todo me hacía excitar mucho.

    Le dije que ponga su boca en mi vagina, que iba a aprender sexo oral. Hizo caso, aunque es obvio que no iba a hacerlo bien a la primera, su lengua y labios eran muy inexpertos todavía, pero hizo su mejor esfuerzo.

    —Ahora me toca ir arriba —le dije. Lo agarré del cuello, hizo que se acostara y me monté sobre él.

    ¿Quieren saber cómo continúa?

  • Mi primera vez con el almacenero

    Mi primera vez con el almacenero

    Hacía tiempo que me había ido a vivir a la casa de mi pareja cuando conocí a un hombre morocho, alto, con una impecable sonrisa, sonrisa que rápidamente llamó mi atención. Pero al estar en pareja, nunca me atreví a decirle nada, si bien siempre sentí una ligera atracción hacia él.

    Mi pareja tiene una discapacidad, pero a mí no me importó eso. Lo que a mí me encantó de él, fue su fuerza de voluntad y la dulzura que trasmitía cuando hablábamos. Así que, al tiempo de conocernos, decidimos de común acuerdo convivir.

    Al principio, nuestra relación era muy caliente, lo hacíamos en todas partes. Inclusive en los baños para personas con discapacidad, éramos muy fogosos. Y a pesar de su dificultad física se movía bastante bien.

    Pero con el paso del tiempo, nuestra relación se fue desgastando y toda esa pasión que en algún momento nos unió, se fue perdiendo.

    Sin embargo, con Marcelo pude generar otro tipo de vínculo. Como tenemos la misma edad nos fue muy fácil entrar rápidamente en confianza. Cada vez que iba a comprar nos quedábamos hablando y entre charla y charla, fuimos entablando una amistad especial… amistad que se nutría de insinuadas miradas y de indirectas…

    Si bien tengo cincuenta y tantos años, no aparento esa edad. Siempre fui una mujer muy llamativa físicamente, ya que la naturaleza me favoreció con un cuerpo epicúreo.

    Pero jamás imaginé lo que esa mañana pasaría.

    Esa mañana me levanté más temprano de lo normal. Después de bañarme, me puse un vestido rojo ajustado al cuerpo. Como mi pareja aun dormía, aproveché para cruzarme hasta el almacén de Marcelo y hacer algunas compras para la casa.

    El negocio aún estaba vacío porque era temprano. Al entrar, inmediatamente percibí como sus ojos perforaron mi vestido. Me sentí un tanto nerviosa y creo que él, lo notó. Pero muy inteligentemente, supo romper ese momento con una broma.

    Yo no pude siquiera mirarlo a los ojos, trataba de disimular lo mejor posible mi nerviosismo. Pero mi cuerpo temblaba al percibir su mirada penetrante recorrer mi espalda y más allá de esta.

    En ese momento, él se acerca y me abraza por detrás. Mi corazón empezó a latir cada vez más fuerte, pues era incontenible la sed que nos teníamos.

    Derramé una bocanada de aire tibio por la boca al sentir su cuerpo con el mío. Su respiración caliente en mis oídos me ponía más nerviosa aún.

    En ese momento, empezamos a balancearnos al ritmo de la pasión que se apoderaba de nuestros cuerpos, sin importar lo que pasara a nuestro alrededor. Entonces sutilmente empiezo a refregarme en él moviendo mis caderas muy sensualmente. Sus manos acompañaban este movimiento. Luego empieza a besar mi cuello con su boca ávida de mi piel. Su respiración agitada en mis oídos que me excitaba provocando pequeños temblores por todo mi cuerpo.

    Entonces giro en circulo sobre mis pies para ponerme frente a él y comerle la boca a besos. Agarro su cabeza entrelazando mis dedos en su cabello para besarlo con más intensidad. Él me agarra de la cintura. Siento sus enormes manos derramar todas sus ganas en mi piel, acariciando mis glúteos bien formados.

    Sin dejar de besarnos me alza y yo enlazo mis piernas a su cuerpo, me lleva hacia la parte de atrás del negocio y me deposita con suavidad sobre una mesa. Lentamente corre mi bombacha para cogerme. Yo desabrocho su pantalón y saco su hermoso pene que ya estaba bien erecto. Lo manoseo un par de veces, muchas veces. Él pasa sus dedos mojados con saliva en mi vagina para dilatarla.

    Luego me penetra, una y otra vez por unos cuantos minutos con fuerza y vigorosidad. Hacía años que no me cogían de esa manera, tal vez desde que me separé de mi ex.

    Mi pareja actual nunca podría cogerme así, pero yo no me di cuenta hasta ese momento.

    Mi excitación llega al máximo con sus investidas contundentes, provocando mi primer orgasmo, que me hace estallar de placer y me deposita en la otra parte del universo.

    sin dejar de besarnos y aún aun con su pene bien erecto dentro de mi vagina, sentí la impresión que esa vez podría ser nuestro primer encuentro.

    Era delicioso sentirlo dentro de mí.

  • Necesito pijas

    Necesito pijas

    Relato de una puta en pandemia.

    Mi nombre es María, trabajó de puta tres veces por semana, tengo seis clientes fijos, que elegí entre varios hombres del pasado.

    Ruben es el más antiguo de mis hombres, besa profundo mi conchita y mueve su lengua dentro mío de tal forma que lo mojo integro, mientras él me mira fijo ,mientras grito y ruego que me meta sus dedos en el culo, pido siempre más

    Carlos, es él que sigue después que Ruben, su verga es dura y prominente y me penetra muy despacio, sabe que la quiero toda adentro, que necesito esa pija clavada en mí, por mucho tiempo.

    Martin, un dulce de 19 años con ganas de ser bien cogido por una buena hembra, un pibe que busca que le traguen la leche, gota a gota…

    Roger, un brasileño color ébano que tiene unos huevos negros grandes y llenos de semen blanco, que cuando acaba se cubren y se vuelven brillantes y suaves.

    Gerardo es italiano, es puerco, chancho y muy porno, me coge el culo como nunca, me orina las tetas y luego se pajea entre ellas, las muerde cuando están repletas de leche, y refriega los huevos en ellas y busca que yo los lama y escupa.

    Y Román, él es albino, su piel es perfecta, y nunca pensé que una verga tan clara y rosada, sería tan rica, la chupo con pasión y dedico toda mi sabiduría para tragarla entera, me ahogo y lo miro y se le ponen duro los pezones rojos…

    Dos veces a la semana suelo dedicarme a cada uno, mi cuerpo queda totalmente extasiado, les confío algo, necesito pijas todo el tiempo y largas sesiones de penetrantes vergas y lamer leche.

    Hasta que llego la pandemia.

    Imagínense, ¿cómo pude soportar tanto tiempo sin que me cojan?, no… de ninguna forma

    Hable con mis hombres y les propuse hacer burbuja sexual, de los 6, cuatro me dijeron si.

    Nos mudamos a una casa muy cómoda y fui la reina de las putas para ellos, que manera de ser cogida, las escenas amatorias eran superlativas, no tenía un orificio sin penetrar, Martin el de 19, no dejaba de chupar mis tetas mientras me cubrían la boca dos vergas, la del brasileño y la del italiano.

    Román, fue el más exótico en estos encuentros, amaba ser penetrada por los dos, y ver mi cuerpo rosado entre la piel blanca y negra, chupar esas dos pijas a la vez, me genera mucha putez, lamer las dos cabezas juntas y acariciar sus huevos a la vez, es fantástico.

    Un día entre los cuatro decidieron cogerme hasta dejarme exhausta, empezaron a manosear mi cuerpo entre tres y otro me penetraba el culo, amo ver como dos chupan mis tetas y otro me lame la concha, y sentir una pija dura en el culo es mi delirio.

    Ellos acaban mucho todos, en algunos días cada uno me acabo más de tres veces, amo ver como sus leche me recorren la piel, mi culo repleto de leche de negro, se mezcla las acabadas del resto y como una gran yegua siento que ese líquido cae por mis piernas.

    Uno de ellos se arrodilla, toma mis caderas por atrás, introduce su pija en mi culo, yo arrodillada también, de espalda, el abre mi concha con las manos y otro se pone boca arriba y chupa, se acercan dos y chupo sus pijas, que placer de los dioses.

    Luego el que chupa concha se para y chupo las tres vergas a la vez y uno más tarde se acuesta y me clavo la pija en la concha, doble y me preparan para la triple…

    Cuando me dilatan bien tengo dos vergas en la concha y una completa en la garganta, la más gorda y grande y me cogen llenando mi cuerpo de leche.

    Así pasamos los días de encierro, cogiendo duro…

    La pandemia terminó y nosotros seguimos juntos, ya que yo necesito pijas…

  • Mi nueva vecina (2): Cumpleaños de Eva

    Mi nueva vecina (2): Cumpleaños de Eva

    Tras mi primer encuentro con Vanesa, empezamos a frecuentarnos constantemente y nos follábamos mutuamente, el haber probado una polla en mi boca y en mi culo, despertó en mí nuevos placeres sexuales, pero por otra parte seguía disfrutando reventándole el culo a Vanesa o de sus mamadas.

    Vanesa: Vaya follada me has metido, me tiembla el culo, pero aun así no puedes resistirte a chupármela y que te llene la boca de lechita.

    Yo: Hacia mucho que no follaba así, ya sabes cuánto me gusta tu polla y tu leche.

    Vanesa: Tengo una proposición para ti, mañana es el cumpleaños de mi amiga Eva y pasado mañana es el cumpleaños de mi amiga Sofía. Verás con Sofía quiero hacer un trio y creo que tú eres la mejor opción, respecto a Eva hace poco que lo ha dejado con su pareja y le he comentado la posibilidad de que tengáis una cita vosotros dos solos y lo que surja. ¿Qué te parece el plan?

    Yo: Los dos son planazos, pero quisiera ver fotos de Eva y Sofía, para previsualizarlas mejor jajaja.

    Vanesa: Veo que el niño no es nada tonto, te enseñaré algunas fotitos.

    Vanesa me enseñó fotos tanto de Eva como de Sofía, y la verdad que las dos eran dos mujerones por lo que no fui tonto y acepté el plan propuesto por Vanesa. Eva era una chica mulata, su piel era de color canela, con el pelo largo rizado y negro, aunque se lo alisaba bastante, tenía tatuajes su brazo izquierdo prácticamente cubierto, y algunos tatuajes en sus muslos y piernas, tenía unos buenos pechos, no tanto como Vanesa pero lejos de ser pequeños y un culo más o menos como el de Vanesa (describiré a Sofía en el próximo relato, ya que la protagonista en este es Eva).

    Al día siguiente, me duché y me preparé para mi cita con Eva, fuimos primero a dar un paseo para charlar un poco y conocernos mejor, después de un par de horas fuimos a cenar a un restaurante. Durante toda la velada hablamos de temas variados sobre ella y sobre mi, nuestros gustos, de su antigua relación… Después de cenar Eva me invitó a su casa, a lo que accedí y durante el camino me sugirió

    Eva: Hacía mucho tiempo que no me lo pasaba tan bien, gracias por tu compañía en el día de hoy, pero la noche apenas acaba de empezar

    Llegamos a su casa y nos comenzamos a besar, a tocarnos, a sentirnos el uno al otro, Eva se detuvo un momento y exclamó

    Eva: Un segundo, ahora mismo vuelvo

    No sabía muy bien que pasaba, hasta que vi que Eva había vuelto completamente desnuda.

    Eva: Hoy es mi cumpleaños, 25 años no se cumplen todos los días y esta es la guinda del pastel

    Comenzó a tocarse su polla.

    Eva: Vanesa me ha dicho lo buen chupapollas que eres, espero que no esté equivocada

    Agarre su polla y empecé a besarla.

    Eva: Deja de darla besitos y métela en la boca

    Me la introduje en la boca y comencé a chupar.

    Eva: La de Vanesa es más grande, pero, ¿la mía no está nada mal no ?

    La saqué de mi boca haciendo un pop.

    Yo: Nada mal Eva, es un pollón

    Eva: Pues sigue mamando, porque veo que Vanesa tenía razón, te encanta chupar polla

    Eva tenía una dotación de 19 cm, continúe con la mamada haciendo cambios de ritmo, haciendo garganta profunda, chupando sus huevos, hasta que me introduje los dos huevos en la boca.

    Eva: Eres un cerdo, te metes los dos huevos en lo boca, me encanta como lo haces pero vamos a parar

    Pare de chupar y le toque las piernas, empecé a besar y lamer esas largas piernas color canela, hasta llegar a sus pies, los saboreé rápidamente y subí a sus tetas.

    Eva: Sigue, sigue, me gusta que tengas iniciativa

    Mordí ligeramente sus pezones

    Eva: Así, así amor, ¿te gustan mis tetas?

    Yo: Me encantan son perfectas

    Eva: Déjame chupártela un rato a mi

    Eva me quito el bóxer y vio que estaba empalmado.

    Eva: Joder, tenemos casi la misma polla jajaja, ¿19 cm verdad?

    Yo: Si jajaja

    Eva: Pero la tuya es más gorda

    Eva empezó a chupármela con un ritmo bastante alto, sube y baja constante, una garganta profunda de diez, me hizo homenaje al meterse mis dos huevos y en ese momento sentí uno de sus dedos jugar con mi culo.

    Eva: Córrete en mi boca con los dedos en tu culo

    Un segundo dedo entro en mi culo, y Eva subió el ritmo que empezaba a ser considerable.

    Yo: Me corro joder, que bien chupas, puta

    Estallé dentro de la boca de Eva, ella seguía chupando y se tragó casi toda la corrida.

    Eva: Deliciosa corrida, tengo que limpiártela

    Me la limpió entera besando y succionando los restos de semen.

    Eva: Este ha sido solo el primer asalto, vamos a descansar un poco tomando unas cervezas, ¿Te parece bien?

    Yo: Si, ha sido bastante intenso, me vendría bien una cerveza

    Continuará…

  • Mis primeras experiencias y mis primeros fetiches

    Mis primeras experiencias y mis primeros fetiches

    Saludos. Soy hombre y contaré mis acercamientos al sexo. Fui una persona que perdió la virginidad a una edad avanzada y pensé que no era atractivo por alguna razón. Mido 1.72, he sido por lo regular delgado; considero que tengo buena apariencia y destaco mucho por mi inteligencia. Sin embargo, me fue difícil tener novia y roces sexuales. No por ello me aburría el sexo. Me masturbaba mucho y yo creo podría haber llenado habitaciones enteras con mi semen, Me encantaba el olor salado y no exagero si digo que me llegaba a hacer entre 10 y 20 pajas al día.

    Mi pene siempre me ha gustado, aunque al inicio tenía serias dudas sobre mi tamaño. Mi largo no es impresionante, 14 cm, pero sí lo tengo ancho y he notado que eso les ha llegado a encantar. Lo tengo derechito, se le notan algunas venas y mis testículos sobresalen por su tamaño. Supongo que la imagen completa sí es excitante, pero antes no lo sabía y me daba inseguridad.

    Me tocó la aparición de las videocaseteras, pero nosotros en casa no teníamos. Ya fue hasta finales de los noventa cuando llegamos a comprar una y con ello que pude ver mi primera película pornográfica. Nunca había visto pornografía y ya era mayor de edad. Entré en shock cuando vi el sexo oral; nunca imaginé que algo así podía hacerse y que una mujer, tremendamente atractiva, podía arrodillarse y meterse el pene a la boca. Imagine que sería lo más placentero del mundo.

    De ahí me obsesione con el sexo oral, pero mi novia apenas me permitía algunos roces. Me daba entrada, pero no total. Por ejemplo, podía tocarle las tetas y las nalgas por encima de la ropa. Nunca me dejó verle o besarle los pechos. Ella nunca me tocaba a mí y ya estaba desesperado de que pasara. Eso me hacía pensar que no era atractivo por alguna razón. Lo que sí es que me encantaba cuando se le veía el tirante bra y ese es otro fetiche que tengo. Me gustan las mujeres que dejan ver los tirantes del bra y que saben que tienen material y lo presumen.

    La primera anécdota casi sexual la tuve en la universidad. Yo seguía con mi novia, pero no fue con ella. Un día estaban dos compañeras solas en el salón y me acerqué a ellas, pues por ahí me sentaba. Yo no iba con un tema especial, pero me sorprendió el comentario y acción de Marisol. Marisol me encantaba porque tenía una actitud muy abierta en lo sexual. En ocasiones se agarraba las tetas y se las restregaba para excitación de todos; en ocasiones decía abiertamente que le gustaría ver los penes de algunos compañeros y lo llegaba a decir también sobre mí. Luego hacía seña de calcular los tamaños y me entró la ansiedad de suponer que yo quedaba muy por debajo de sus cálculos. Ella aparte era atractiva, bonita para mí; pero era una chica como hecha más sexy que bonita y me encantaba su actitud rascando en lo puta. Me gusta mucho una personalidad así.

    Regresando a la cuestión, debo comentar que ese día, por alguna razón, yo iba en pants. Cuando me acerqué a ellas, Marisol estiró la mano y con el dedo tocó mi pene mientras decía: «lo tienes chueco». De inmediato retiró la mano con una sonrisa que delataba que lo había hecho espontáneo y eso lo volvió más sexy. Lo que pasaba es que mi pene estaba en posición horizontal y se notaba, aun cuando flácido, en el pants. La otra chica se sonrió nerviosa, pero no le gustó la situación. Yo, sin pensar muy bien lo que hacía, le dije a Marisol: ‘acomódalo’. Y ella me preguntó si estaba seguro y le respondí que sí. Con su mano, y sonriendo como la chica más sexy del mundo, me tocó por encima e hizo cuchara para calentarlo, mas que para acomodarlo.

    Luego metió sus dedos dentro de mi pants en plan de bajarlo y le preguntó a la otra chica, Claudia, que si me lo quería ver también. Claudia se levantó de golpe y con nervió soltó apenas un ‘no’ y se fue, dejándonos solos en el salón. Marisol ya solamente le gritó ‘echa aguas’. Saliendo Claudia, Marisol me preguntó que si la dejaba ver y yo estaba que no me la creía. Mi verga estaba ya grande y se notaba la punta en el pants. Apenas le asentí con la cabeza y ella jaló mi pants hacia abajo y también mi calzón. Cuando hizo esto un hilo de líquido preseminal se estiró entre mi calzón y glande y ella no dejaba de ver sonriendo la escena. Sigo excitándome recordando la situación, pero más su cara.

    Ella hizo el movimiento con cuidado para estirar el líquido preseminal, sin romperlo. Me lo miró y ya luego me tocó la punta del glande para quitar el líquido. Cuando hizo esto yo respingué porque la situación era muy excitante; ella río, se untó el líquido entre los dedos y lo llevo a su nariz. Lo olió un momento y luego se llevó los dedos a la boca. Hizo gesto de saborearlo, me miró a los ojos y me dijo ‘me gusta tu pito… sabes muy rico’. Y de ahí me marcó para siempre. Me excita mucho que no me le llamen pene, sino pito. No todas usan la palabra, pero me encanta cuando la usan conmigo. Una chica después me decía que estaba muy ‘pitudote’ y ya con eso me ponía listo para la acción.

    Marisol acercó una paleta de caramelo que ya tenía destapada, la lamió y luego con ella me acarició el pito, sobre todo para untarla del líquido que me seguía saliendo. Me lo movía con la paleta y yo quería que me lo chupara y ya le iba a decir, pero entró Claudia corriendo y diciendo que ya venían los demás. Claudio alcanzó a ver que Marisol usaba una paleta para tocar mi pito, pero no dijo algo. Solamente estaba como enojada y se puso muy roja. Me tapé y me senté. Tenía la verga parada y pegajosa y tardé en relajarme, peor porque Marisol seguía saboreando la paleta. La comía despacito y de reojo a veces me miraba. Su boca era muy sexy, labios carnosos y movía la lengua con toda intención de excitarme.

    Tras esa ocasión quise tener acercamiento con Marisol, pero no me dio entrada a más. No me rechazaba, pero tampoco me insinuaba sexo o siquiera la intención de volver a verme. Se quedó en eso y me levantó las dudas de si ya no había querido seguir por mi tamaño de pene. O si finalmente no era yo lo suficientemente atractivo como para que una chica como ella quisiera tener sexo conmigo. Ella me encantaba y aunque fuese ubicada como la puta del salón, me gustaba mucho.

    Tras eso, cuando visitaba a mi novia yo ya me puse más descarado. Si me excitaba, le hacía sentir mi pito cuando estaba junto a ella. Sin embargo, por cosas fuera del sexo la relación terminó y yo comencé a frecuentar fiestas. En una de esas me puse algo borracho junto a una chica y terminamos en un faje. La fiesta era en casa de su tía y era un tanto incómoda la situación. Aun con todo, nos hicimos de una cobija y en un sofá en un rincón oscuro le metí mano. La masturbé por horas y ella feliz, luego se dignó a devolverme el favor. Era la segunda ocasión que me o tocaban y yo ya quería tener sexo de verdad. Lo malo es que a la chica le encantó recibir placer, pero no darlo. Apenas y me sacudió el pene como un minuto. Pero igual pensé que al estarme masturbando no le gustó mi tamaño o algo. En cosa de unos minutos se fue y me dejó ahí con todas mis ganas e inseguridades.

    Todos ya andaban bien borrachos, incluida la tía de la chica -quien además era la dueña de casa-. Ella se acercó a mí, reacomodó el sofá y lo dejó tipo cama. Me dijo que ya quería dormir y que si yo quería quedarme ahí. El pueblo era pequeño y se podía caminar de un extremo a otro en media hora, pero no estaba en realidad en condiciones. Así que me quedé dormido junto a ella. Con unas horas y sin darme cuenta hubo un momento en que desperté y estaba boca arriba y la pierna de la tía, que no era mal formada, estaba en medio de mis piernas. Su muslo calentaba mi verga y me encantó la situación. Ya en plan de provocar algo empecé a dar brincos con el pene, para que ella sintiera y en efecto se despertó; yo fingí seguir dormido.

    Ella se había excitado y comenzó a tocarme y frotarme con sus manos. Ya no había gente en la sala y me sacudió para despertarme; luego me preguntó: ‘¿te la puedo sacar?’ y claro que le dije que sí. Ella estaba en sus 40, no era bonita pero sí atractiva y estaba borracha. Abrió mi pantalón y batalló para sacar mi verga parada. La acarició y a veces se untaba saliva en los dedos para lubricarme. Sentí riquísimo. Luego me dijo al oído que le había sorprendido, que ‘la tenía muy grande’… Y yo sé que mintió, pero ya estaba bien caliente. Me pidió que me quedara quieto y cerrara los ojos. Me masturbó un rato y luego fue hacia abajo. Por fin me lo iban a chupar y yo feliz porque ella tenía unos sensuales labios de mamadora.

    Todavía recuerdo la sensación de su lengua lamiendo primero y luego el rozar de sus labios alrededor de mi pito. Sentía cuando hacía un movimiento como de ordeñar mi pene con la boca y me volvía loco. Luego alcé la cabeza para verla y estaba super sexy. Tenía cabello a los hombros y estaba despeinada y con toda la cara babeada. Se veía porno-porno-porno. Simuló enojo por verla y me pidió cerrar los ojos y tras un rato hizo algo que no sospeché; sin batallar, por lo excitada que estaba, se había metido mi verga en la vagina. No lo disfruté, porque no estábamos usando condón y me dio mal rollo. No duramos un minuto y le pedí que fuera por un condón. Ella captó que yo estaba muy incómodo con lo que había hecho y quiso reparar el error. Me vio alterado y se dispuso a hacérmelo otra vez oral, por mucho tiempo y sin prisas. Habrá durado cosa de una hora y ella se sorprendía de que no me corría.

    Ahora sí me dejaba verla y se restregaba mi pito por su cara y me decía una serie de cosas sucias que a la fecha es lo que me sigue excitando. Pasaba mi pene por su boca como si fuera un labial, luego restregaba mi verga por toda su cara; el maquillaje ya se la había corrido y se veía malditamente sexy. Hubo un momento donde se puso más cachonda y me dijo ‘esto ya es personal’ y me dio un sexo oral muy intenso, un mete saca un tanto rudo y es que me quería hacer venir, pero yo estaba disfrutando mucho. No quería que acabara. Así estuvimos cosa de quince minutos hasta que ya me concentré en tener el orgasmo y sí, lo tuve, pero ella no dejaba de mamar. No sé cuánto eché de leche, pues ella lo recibió en la boca y no dejaba de meter y sacar. Hubo un momento donde se le salió un quejido, casi rugido, y es que había tenido también un orgasmo. Estaba toda brillosa de sudor, saliva y semen. Olía salado. Ella se llamaba Laura.

    Nos dormimos y, antes de que me fuera, Laura me volvió a chupar el pito un rato, sin poderme hacer venir. Así que tuve que masturbarme frente a ella y darle en la cara lo que me sobraba de semen. Esa fue mi primera vez y me sentí orgulloso caminando hacia casa, sintiendo aún mi pene babeado. Me la habían chupado y hecho venir, por fin. De ahí mi obsesión con el sexo oral, con las mujeres que disfrutan hacerlo, con las mujeres que rayan con la actitud de puta, entre otros fetiches. Laura me la volvió a chupar en ocasiones, pero no tuve sexo vaginal con ella porque siempre quería hacerlo sin condón; cosa muy sospechosa. Luego ya me confesó que quería una relación seria conmigo, pero eso a mí no me interesaba. Ella me mandaba mensajes al teléfono comentando ‘extraño mamarte, necesito chuparte, te amo’, y también la sobrina luego me escribía celosa ‘te dejé ir’. Me imagino corrió el rumor.

    Tardé en volver a tener una pareja sexual y seguí con las dudas sobre mi tamaño. Recordaba con mucho morbo como me había visto la verga Marisol; su sonrisa y la cachondería con que me había tratado. Lástima que no sentí su boca en mi pene. De ahí siguió muuucho tiempo para volver a sentir sexo oral. Espero que hayan disfrutado el relato sobre mi inicio en el sexo. Espero que les guste la idea de compartirles más experiencias.

  • Reencuentro, más o menos, en una fiesta

    Reencuentro, más o menos, en una fiesta

    Por fin tuve la independencia que había deseado desde muy joven. Un trabajo más o menos estable y un piso que podía alquilar para vivir por mi cuenta y que, como sabemos, cada vez se hace más complicado de pagar. Pero bueno, políticas de vivienda a parte, el caso es que aquel día empezaron las presiones de mis amigos y amigas cercanos para para que les enseñara el lugar donde había empezado mi nueva vida.

    Lo que viene siendo la clásica fiesta de inauguración.

    Sin remedio, tuve que organizar una pequeña reunión, pero quise que fuera con un reducido grupo de gente conocida.

    Lara, que en ese momento era la amiga en la que más confiaba, me comentó sin embargo, que además de ir con su novio, que vivía en un pueblo cercano, llevaría alguna colega suya para que pudiera ampliar mi “círculo de amistades”, y justo después recalcó que se refería claramente a “amistades”, ya que no tenía pensado hacer de Celestina.

    En el fondo me alegré, ya que no me gusta que me organicen la vida.

    A eso de las 10 de la noche comenzaron a llegar asistentes. Todo el mundo se quejaba de que tendría que trabajar temprano a la mañana siguiente, así que no podía quedarse hasta muy tarde, pero como yo no tenía ese problema concretamente el día de la fiesta, no lo tuve en cuenta cuando organicé todo. Soy así de desastre, ¿qué le vamos a hacer?

    Hice de anfitrión lo mejor que pude, con lo que había preparado de comida y sobre todo bebida y algunas cosas que trajeron también invitados e invitadas y así fue pasando la noche, hasta que en cierto momento me paré a pensar mientras bebía distraído en mitad de una conversación con un grupo de amigos sobre nosequé serie. Por el momento ya había visto a todas las personas que tenía alrededor en la sala. Todos riendo, charlando, pidiendo que les enseñara la casa, mirando la decoración… ¿Dónde estaría la amiga misteriosa de Lara y su novio?

    Parece ser que con tantas distracciones no fui yo el que se encargó de recibirlos, así que no pude ver cómo era la persona que pensaban presentarme hasta mucho mas tarde, cuando después de recibir una bronca por ser tan mal anfitrión y estar desaparecido, me presentaron por fin a una chica que me resultaba familiar.

    Carmina era bastante guapa, aunque se le veía que no pretendía destacar y no vestía de forma que llamara la atención. Llevaba un pantalón largo vaquero, no muy ajustado y una blusa de manga larga de color naranja pastel. Tenía unos labios bonitos, o al menos a mi me lo parecían, siendo el inferior grueso y el superior finito, y lo mismo podía decirse de su pelo, castaño y liso, media melena por detrás, con el flequillo un poco largo para poder ocultar, bajando la cabeza cuando le interesaba, su tímida pero profunda mirada desde sus ojos marrones verdosos.

    En el momento en que hacían las presentaciones me puse muy nervioso, aunque no acababa de comprender bien el motivo. Sentía que conocía a la chica de antes. Su aspecto, su nombre, su forma de ser… Así que después de darme dos besos y ver mi cara de sorpresa dijo algo que confirmó lo que yo pensaba.

    –Creo que ya nos conocíamos… más o menos.

    –Más o menos, si, puede ser… –Fue lo único que acerté a contestar.

    Los asistentes a la escena quedaron sorprendidos y querían saber de qué nos conocíamos y por qué habíamos elegido esas palabras.

    –¿Podéis explicarnos, por favor, que significa eso de “más o menos”? –Quiso saber Lara.

    –¡Eso! La verdad es que suena un poco turbio, ¿eh? –Bromeo Carlos, su novio.

    Pero quise evitar incluso pensar en ello en ese momento, así que prácticamente les supliqué lo dejáramos para luego y continuáramos la fiesta, ya que llevábamos mucho sin saber nada el uno del otro y tanto Carmina como yo teníamos que ponernos al día en primer lugar.

    Por supuesto aquello sería el cotilleo de la fiesta.

    Charlamos un rato sentados en el sofá, todos en general, sobre cosas de la vida y después pasamos a dispersarnos con las típicas conversaciones de grupitos, hasta que llegó la hora en que todo el mundo empezaba a marcharse. Algunos bastante contentillos, cuando se despedían se iban reprochándome que al final no les hubiese contado el por qué de aquél “más o menos”.

    La verdad, tampoco sé si Carmina había soltado prenda, ya que no hablamos de eso en toda la noche.

    Por suerte para mí, Lara me conocía bien y había estado haciendo gestiones para ser, ella y sus acompañantes, las tres últimas personas en salir por la puerta. Luego, consiguió que Carmina se separase un momento de ellos, que habían ido a buscar los abrigos a otra habitación y por fin pudimos quedarnos unos segundos a solas.

    Hacía años que soñaba con estar así con Carmina, a pesar de no haberla conocido en persona realmente. Era algo que no conseguía explicarme. Pero viene de los tiempos en los que algunos chateábamos, y lo hacíamos prácticamente a ciegas, sin fotos, sin webcams, con descripciones y hablando de historias personales durante horas. Aquella chica y yo habíamos tecleado mucho en aquel entonces y conectado de forma muy profunda y muy cerebral desde el minuto uno, y fue algo que duró años.

    Recuerdo que las fotos tardaron en llegar y trajeron algo de decepción, más mía que de ella, la verdad, al ser esos tiempos casi una adolescencia, que suele estar llena de superficialidad y de pensar en que nuestras elecciones vitales tienen que gustar también a los demás. Recuerdo una discusión a través del teléfono y luego un silencio, y unos días larguísimos sin poder hablar con ella. Recuerdo reflexionar y pensar que me gustaba mucho, incluso muchísimo, y que no me había parado a pensarlo porque solo llevábamos una supuesta amistad a distancia… Y eso era todo. Pero sobre todo recuerdo lo estúpido que había sido por pensar solo en tener la aprobación de amigos si algún día la conocían. Porque no se conecta a ese nivel tan profundo… tan cerebral… y de forma tan cómplice con nadie de forma habitual. Y lo peor es que Carmina me atraía también físicamente. Pero no encajaba en el estándar físico que pensaba que tenía que presentar como una conquista y…

    …En resumidas cuentas, yo era joven y bastante gilipollas.

    Menos mal que crecemos, maduramos, aprendemos…

    Aquello terminó solucionándose días después con una charla a corazón abierto y muchas disculpas, y aunque costó que volviera a ser lo mismo, también sirvió para poner las cartas sobre la mesa y ver que no éramos tan amigos como pensábamos.

    Nos gustábamos.

    Nos gustábamos mucho.

    Y empezamos a desearnos y a hablar de cosas que no habíamos hablado antes referidas a nosotros dos.

    Recuerdo de esos meses como subieron de tono las conversaciones. Mensajes a altas horas de la madrugada, sonidos telefónicos de caricias, secretos íntimos, descripciones milimétricas de nuestro cuerpo, jadeos y hasta orgasmos húmedos que me llenaban la cabeza de fantasías capaces de bloquear mi concentración durante el resto del día.

    Pero la distancia, la juventud, el miedo al encuentro, nuestra precariedad para poder mantener una relación que implicara viajar a menudo y la aparición de terceras personas al tener una vida fuera de nuestros momentos de conexión, acabó con todo.

    Y pasaron los años.

    Tantos que ya no tenía esperanza de volver a saber de esa persona y, sin embargo ahí estábamos, sentados en el sofá. Con el tiempo jugando en mi contra, que hizo que comenzara a ponerme nervioso de nuevo. Empezaba a ser tarde, los segundos se me escaparon sin remedio y ella se puso finalmente en pie y me dio dos besos en las mejillas para despedirse cuando llegaron Lara y Carlos dispuestos a abandonar la reunión.

    Seguramente el cerebro tenga capacidad de llenar recuerdos auditivos o visuales y añadirle otros para completar las sensaciones que le faltan. Y es que recuerdo que los dos besos de Carmina se convirtieron en un momento muy cálido que, en mi imaginación disfruté a cámara lenta, respirando el aroma de su pelo, notando el tacto de su piel y sus labios, escuchando su respiración, haciéndome regresar a las conversaciones nocturnas subidas de tono… Hasta que cuando todo pasó y volví al mundo real para despedirme también de mi amiga y su novio, me sentí hundido. La estaba acompañando a la puerta mientras se colocaba su abrigo, dándome cuenta de que mis oportunidades se terminaban, buscando cualquier excusa para que se quedara cinco minutos más… Así que le pedí que esperara y cuando se giró, allí junto a la entrada, me acerqué a ella con cuidado, acariciando sus mejillas con mis manos y la besé.

    Carlos se quedó boquiabierto con los ojos como platos. Lara por otro lado pareció cruzar miradas con su amiga y se dio cuenta de que tenían que ir adelantándose.

    Se despidieron viendo la cara del tipo más avergonzado del mundo en ese momento.

    Respecto al beso… fue corto. Me limité a probar sus labios, cerrar los ojos y suspirar aliviado por haber conseguido atreverme a dárselo antes de que se marchara. Me quedé junto a ella, con una sonrisa tímida que me costaba mantener y bajando la cabeza, por miedo a mirarla y encontrarme con una mala reacción por su parte. Entonces noté como me acariciaba los brazos y me decía:

    –Matthew

    –Perdona, hacía mucho tiempo que quería besarte. –Fue lo único que me salió decirle.

    –¿Quieres que me quede un poco más, verdad?

    No dije nada, solo levante la mirada y volví a besarla. Ella dio unos pasos hacia atrás hasta que estuvo apoyada sobre la puerta, que terminó de cerrarse detrás de ella, y entonces, empezamos a devorarnos de forma más intensa y descontrolada.

    Mis manos pasaron a su cintura y acariciaron sus costados para ayudar a quitarle el abrigo, mientras nuestras bocas se fundían y nuestras mentes se llenaban de recuerdos sonoros y frases que nos habíamos dicho o escrito cuando más nos necesitábamos.

    Chupaba su labio inferior ansioso, aunque recreándome, tirando de él hasta que se me resbalaba y se escapaba, y luego jugaba coger su labio superior para volver a empezar de nuevo, repitiéndolo en una espiral que se hacía más intensa según me sentía más unido a ella. Pronto, con las caricias de su cintura busqué colar mis manos bajo su camiseta y cualquier cosa que me impidiera notar su piel en mis dedos, y en nuestro beso empezaban a participar nuestras lenguas, que resbalaban una sobre otra, se mojaban mutuamente y enredaban en una sensual y ávida danza, al tiempo que nuestras bocas permanecían unidas. No tardé en comenzar a notar mucho calor y sentir que nuestra respiración se aceleraba. Todo iba en aumento, como una locomotora sin frenos que se apresuraba sin remedio, y empezaba a desearla tanto que mi cuerpo me pedía arrinconar el suyo contra la puerta y no parar nunca de explorar todo su ser con una milimétrica expedición digital.

    Me di cuenta de que estaba siendo demasiado ansioso y llegaba mucho tiempo esperando una oportunidad como esa y siempre habíamos hablado de que si ocurría lo disfrutaríamos con calma. Así que, pensando en su comodidad me aparté un momento y le dije que si quería sentarse conmigo en el sofá de nuevo.

    Pareció regresar de nuevo al mundo real igual que yo y haber hecho las mismas consideraciones, así que sonrió y tras colocarse la ropa y el pelo, aceptó la invitación.

    Tuvimos así una pequeña pausa en la que volver a acomodarnos juntos, de hecho, esta vez lo hicimos muy juntos y no tardamos en empezar a saborearnos el uno al otro de nuevo, como si comenzáramos de cero, tranquilos, pero seguros de querer recuperar el momento en el que nos habíamos quedado.

    Me incliné ligeramente sobre ella y me dispuse a acariciar sus muslos ahora, además de su cintura o sus costados. Habíamos recuperado el control para volver a perderlo un instante después de manera inevitable, pero ahora la locura era más certera y podía concentrarme en saborearla de forma más interesante, permitiéndome el lujo de rozar sus labios con mis dientes en forma de mordisco suave o de chupar su lengua lentamente y absorberla de forma juguetona, buscando en todo momento que se sintiera bien, que su respiración se acelerara y que se divirtiera.

    Poco a poco empecé a probarla también por el cuello, recorriendo cada milímetro y tratando de intuir en que parte le hacía sentir más excitada el roce de mis labios. Mis manos trepaban por su cuerpo, moviéndose por encima de su ropa hasta sus pechos, que empecé a masajear de forma suave.

    Aquella sensual parte de su anatomía fue tema de conversación en el pasado muchas veces y mi mente se encargó de recuperar aquel material y mostrármelo en un recuerdo acelerado.

    Carmina siempre describió sus tetas con orgullo, sabiendo que llegado el momento atraerían la mirada y el apetito de cualquier amante. Suaves, tersas, de buen tamaño y deliciosamente adornadas con pezones sensibles y areolas grandes como galletas para el desayuno. Solía hacer bromas con eso y con otro ingrediente válido para la primera comida del día que tendría que añadir yo sobre aquellas delicias… Mientras, entre risas me permitía oír un siseo de cómo las amasaba pensando que era yo quien las mimaba y apretaba.

    Ese masaje mezclando evocaciones del pasado me empezó a excitar mucho y ella se dio cuenta, así que en un instante, viendo que bajaba la guardia se hizo súbitamente con el control de la situación. Subió su mano por la cara interna de uno de mis muslos y empezó a acariciar mi sexo por encima de mi ropa, mientras me dejaba palpar sus pechos y levantar la blusa para empezar a degustarlos. Vio así que aquello lo hacía crecer y endurecerse, por lo que bajó la cremallera, desabrochó el botón de mi pantalón, y metió la mano para sentirlo atrapado entre sus dedos.

    Prácticamente me derretía sentir sus caricias y que ella me permitiera apartar su sujetador lo justo para poder rozar sus pezones con mi lengua, que se paseaba rítmicamente, dejando rastro continuo de saliva y siguiendo la forma circular de sus increíbles areolas. Mi sexo desprendía mucho calor y se volvía cada vez más sensible según notaba las caricias de mi amiga, aún más cuando percibí que lo sostenía entre sus dedos, apretando lo justo para dejar que su mano se deslizara fácilmente sobre él luego trepara hacia el glande, que empezó a hincharse cuando notó el suave contacto de sus yemas.

    Para mí, aquello se tradujo inmediatamente en un latigazo de placer que me recorrió toda la columna.

    Ya había perdido completamente las fuerzas cuando Carmina se acercó a mi oído y, sin dejar de manosearme muy despacio, me dijo:

    –Antes no me has contestado

    –¿A qué? –Pregunté confundido.

    –Si querías que me quedara un poco más, así que creo que voy a tener que convencerte de que me digas que si.

    Y antes de que pudiera decir nada, agachó su cabeza, lo sacó en un movimiento veloz e inesperado se metió en la boca justamente la punta de mi miembro, dejando que sus labios se deslizaran muy lentamente sobre él, abandonando en su superficie un brillante rastro de saliva que quemaba de placer, hasta que quedó fuera de su boca de nuevo. Después, se bajó del sofá para arrodillarse en el suelo frente a mí, ocupando espacio entre mis piernas para mirarme a los ojos de forma traviesa y provocativa, y empezó a darme largos lametones con su lengua en la zona del frenillo antes de volver a coger mi pene entre sus labios y succionarlo un poco más fuerte, inundándome después de sensuales babas que también descendían por sus barbilla hasta estrellarse de forma lujuriosa contra sus preciosas tetas.

    Entonces paró y me preguntó:

    –¿Me quedo un poco más?

    –Quédate la noche entera. –Le dije mientras me acercaba a ella y la besaba ansioso también por probar aquellos fluidos sobrantes.

    Así, relajado en el sofá, con mi amiga delante de mí, empezamos a besarnos un poco más, disfrutando el uno de la boca del otro y le pedí que se levantara y se sentara sobre mis piernas con la excusa de que pudiera no estar cómoda de rodillas en el suelo. Fue así, sin parar de fabricarme un collar de saliva en el cuello con pequeños chupetones que me hacían perder las fuerzas, se levantó y e hizo lo solicitado, momento que yo utilicé para deshacerme de la parte superior de su “outfit”, que ya estorbaba hace tiempo. Su sujetador estuvo delante de mi cara, algo descolocado mucho tiempo por las caricias que le había estado haciendo, pero tenía un diseño de encaje muy sensual que le quedaba muy erótico, así que antes de que lo retiráramos del todo, mis neuronas se encargaron de hacer el trabajo necesario para guardar aquella bonita imagen en mi memoria. Luego, en ausencia de textiles que actuaran de barreras, mi lengua casi decidió por su cuenta que deseaba círculos alrededor de aquellos deliciosos pezones con sus amplias coronas, siendo acompañada de suaves roces de mis dedos que los hacían vibrar. Carmina se echó el pelo hacia atrás extasiada y miro hacia abajo para ver cómo me comía sus tetas sin dejar de fijar mis pupilas en las suyas.

    No me di cuenta que mientras le besaba el escote, ella trataba de contraatacar y tomar la iniciativa.

    No tardó en tener de nuevo mi sexo en sus manos, las cuales movía con dificultad por el poco espacio que tenía entre nuestros cuerpos, pero con intención de hacerme notar verdadero placer. Lo recorría desde su base hasta la punta con ambas manos, y usaba sus yemas para que una gota caliente que salía de mi interior como lubricación, le permitiera suaves caricias, resbalando con facilidad en esa zona tan sensible, consiguiendo que me rindiera de nuevo a ella.

    Humedeció su palma con un pícaro lametón que me mostró con una mirada traviesa y la hizo deslizarse luego por toda la extensión de mi tronco firme, moviéndola arriba y abajo, apretando un poco más en la zona de la cabeza, enrojecida y muy sensible. Traté de reponerme y tomar algo de iniciativa, transformando aquello en una batalla interminable. Luché contra el placer que me hacía sentir mirarla a la cara mientras se mordía el labio y movía sus manos acariciándome, y sin pararla, empecé a desabrochar su pantalón, a bajar la cremallera y meter mi mano para encontrarme con el suave tacto de su tanga humedeciendo mis dedos. Carmina estaba muy mojada y podía sentirlo a través de la escasa tela. Era una delicia notar cómo reaccionaba a los masajes que empezaba a darle a su clítoris por encima de su ropa interior acelerando sus movimientos y sujetando con más firmeza mi miembro.

    Mientras, nos besábamos. Nos besábamos sedientos el uno del otro sabiendo que estábamos disfrutando de un momento que la vida nos había negado hasta aquella noche.

    Pronto pude apartar a un lado su ropa interior, lo justo para poder sentir el tacto directo de su clítoris. Lo masajeaba, lo tocaba, y jugaba también con mis dedos para probar algunas caricias sobre los labios de su sexo, perdiéndome entre sus pliegues, notando como cada vez que encontraba una zona sensible, Carmina intensificaba sus atenciones sexuales manuales y me escuchar su respirar acelerado por el placer en mi oído, entre susurros, diciéndome lo mucho que había querido vivir ese momento tiempo atrás, y solo unos segundos antes de empezar a gemir y anunciar que iba a correrse.

    Y se dejó ir, temblando, jadeando, dejando salir su orgasmo sin contenerse en ese momento clave en el que su cuerpo dejó de obedecerla y la paralizó para disfrutar de varias oleadas de placer que la dejaron exhausta por un instante.

    Paramos para coger aire, mirarnos, concentrarnos el uno en el otro. Tratando de volver a la realidad que estaba rodeándonos pero que durante un rato no había formado parte de nosotros, y la aun excitada Carmina relajó sus músculos para tranquilizarse.

    Había habido juego, competición por ver quién dejaba sin fuerzas al otro y le hacía abandonarse al placer. Pero ahora era el momento de dejar el combate en tablas y pasar al plato fuerte.

    Mi seductora amante, tras terminar de desnudarse del todo y añadir sensuales acompañamientos visuales a mis recuerdos sonoros, acerco la punta de mi sexo al suyo con decisión y habilidad, y ambos sentimos un pequeño, lento y placentero roce, que se hizo más potente cuando empezó a mover sus caderas logrando que mi glande se abriera camino e hiciera que milímetro a milímetro se adentrara entre los labios hasta lo más profundo de su esencia. Notaba ese calor, esa humedad, y miraba el pecho de mi amiga oscilar de forma sensual cada vez que ella subía y bajaba. Le pedí que alzara su culo y lo manosee, antes de darle un azote juguetón y sujetarlo con firmeza. Ahora podía volver a dejarse caer sobre mí y que la gravedad volviera a llevarme de golpe dentro de ella. Y lo hizo gustosa, acompañando el gesto de un delicioso ronroneo, sus ojos cerrados y eróticos gemidos de placer que ya había escuchado en otros tiempos gracias a la línea telefónica.

    Se sentó sin miedo, subiendo y bajando, colocada milimétricamente para que el movimiento de arriba y abajo se transformara para nosotros en dentro y fuera, notando la humedad chorrear por sus muslos y como mi bálano se encontraba hinchado y cómodo de ser el espeleólogo de aquella gruta.

    Por sorpresa la retuve agarrándola fuerte por la cintura, Cuando estaba en el punto más bajo del acto de cabalgarme y le pedí susurrándole al oído que no se moviera.

    Se deshizo durante el pequeño instante en que estuvo estática, con su vagina casi quemándome, palpitando en protesta por detenernos, y disfrutando del gozo de dejar nuestros cuerpos unidos sin que pudiera siquiera pasar el aire entre nosotros, presionando para, tal vez encontrar otro milímetro más de mí que introducir dentro de ella, aun sabiendo que había llegado a lo más profundo.

    Nos besamos más y más. Recorrí su cuello y abrace su cuerpo junto con sus brazos para inmovilizarla y tiré de ella, invitándola a subir lo justo para que solo mi glande quedara en su interior, y poder luego ser yo quien levantara las caderas para volver a enterrar mi sexo entera hasta lo más profundo de su ser. Con fuerza. Mientras le iba describiendo al oído como quería follármela.

    –Quédate así, y siente como me muevo y te la meto toda… Como perdemos el control… Abandónate y disfruta.

    Y mientras le hablaba, me aceleraba y nuestros cuerpos chocaban el uno contra el otro rítmicamente, apresurando el movimiento poco a poco y ralentizando en pequeñas pausas para hacerme rogar.

    Solo aflojé mi firme sujeción para agarrar uno de su pechos y, cuando pude, dejar una mano libre para colarla entre nosotros y prestarle atención a su clítoris con mi pulgar, trazando círculos alrededor de él mientras continuaba con mis embestidas levantando su cuerpo y haciéndolo vibrar en el choque de cada una.

    Olía a sexo, a descontrol, a deseo, y sus mis jadeos se mezclaban con sus gemidos como ya habíamos vivido a distancia en otros tiempos, pero por fin esparciendo sus ondas sonoras en la misma habitación.

    De nuevo anunció que iba a correrse y suplicó que no me detuviera por nada del mundo.

    Aunque me hubiera quedado sin fuerzas no lo habría hecho. Verla retorcerse, agitarse, mirarme con cara placer, las mejillas enrojecidas y esa carita final de satisfacción que me volvía loco era demasiada tentación para perderme semejante espectáculo.

    Gotas de sudor ya caían por nuestra piel, pero aun queríamos más.

    Carmina pronto empezó a agitarse de nuevo. Con los labios de su sexo aun rodeando y acariciando cada milímetro de mi tronco apretándolo un poco con sus músculos interiores a veces, para sentirlo mejor.

    Empecé a sentir necesidad de un capricho. Un cambio. Por eso pedí a mi amiga que sé que se colocara cuatro patas sobre el sofá y me fui por detrás de ella con una idea fija. Besando su espalda, recorriendo con mi lengua su columna y su nuca. Rodee sus pechos con mi brazo, y apunté mi glande hacia la entrada de su sexo, empujándolo de nuevo despacio hasta que pudiera sentirlo todo. Cuando por fin lo me sentí calentito y acogido dentro de ella, me sobrevinieron intensos espasmos que anunciaron que contener el deseo de eyacular sobre su trasero iba a ser una tarea titánica. Pero justo en ese momento algo nos interrumpió y frenó nuestro éxtasis.

    Sonó mi teléfono móvil y nos detuvo en seco cuando vimos que la llamaba provenía de nuestra amiga Lara. Al parecer su chico había perdido las llaves de su casa por algún lugar de mi piso y tuvieron que volver a buscarlas cuando se dieron cuenta de que no podían entrar.

    Carmina, yo y una erección que iba a costar bajar, empezamos a vestirnos apresuradamente mientras nos reíamos de la situación. Nos sentíamos muy unidos en ese momento en el que buscábamos nuestra ropa tirada por el suelo del salón mientras nos dábamos algún pequeño pico que nos hacía sonreír de forma cómplice.

    Casi no habíamos terminado de secarnos el sudor, colocar el sofá para que no se notara la batalla sexual que se acababa de suceder en él y cubrirnos con la ropa bien estirada, cuando llamaron al timbre.

    Tuve que esconderme en la cocina con la excusa de hacer café y así hacer algo de tiempo hasta que dejara notarse un bulto evidente en mis pantalones. Mientras, Carmina abrió la puerta carcajeándose de la situación.

    Carlos y Lara entraron sorprendidos, sin entender que pasaba y preguntaron por mí al ver que a nuestra amiga la risa no le dejaba explicarse. Así que alcé la voz desde la cocina para manifestarme como entretenido con la cafetera.

    Así que allí estaba yo, justo en estancia de al lado, pulsando los correspondientes botones para que la maquina empezará a filtrar, cuando oí como mi amiga se disculpaba ante Lara y se venía para echarme una mano. Entró en la cocina y, aun sonriendo, en voz baja me preguntó si estaba ya mejor.

    Con una leve caricia comprobó que no, me besó de un modo que me pareció especialmente tierno y a la vez erótico, y me empujó un poco hasta que acabé apoyado contra una pared.

    –Vaya amigos, que nos han dejado a medias, ¿eh? –Me dijo al oído entre susurros.

    –Si… muy oportunos.

    –¿Te faltaba mucho para terminar?

    –No lo sé, creo que no mucho, así estoy ahora…

    La voz de Carlos nos notificó el éxito en la búsqueda de las dichosas llaves. Al parecer se habían colado entre los cojines del sofá sobre el que acabábamos de desatar nuestras pasiones.

    Tuvimos que contener una carcajada.

    Y Carmina me besó otra vez de forma increíblemente sensual, dejándome notar su hábil y humedecida lengua.

    –Así, no ayudas a que se me pase.

    –Shhh. –dijo haciendo un gesto de silencio con su índice.

    Y en ese momento acercó su boca traviesa a mi oído y me arrinconó contra la pared, bajo su mano hacia la cremallera de mi pantalón, y la desabrochó. Después, se las apañó para meter sus dedos lo justo para poder hacer salir la cabeza de mi sexo al exterior y empezó a acariciarlo.

    Volvimos a hablar entre susurros.

    –Carmina, que nos pillan.

    –No pasa nada, están viendo la tele y el café tarda un poquito, te da tiempo a correrte.

    –Uff, no creo que tarde mucho, pero…

    –Shhh, tu hazlo. Disfruta para mí.

    Y en ese momento empezó a comerme por el cuello, mientras se dedicaba a recorrer toda la extensión de mi miembro con las caricias de sus dedos hábiles, parando solo para humedecerse la mano y continuar estimulándome con el añadido de la deliciosa sensación de su saliva caliente.

    Todo volvía a acelerarse. Le acariciaba el pecho y sentía sus caricias recorrerme con dedicación mientras escuchábamos la televisión de la sala y la conversación de nuestros dos amigos levemente en la lejanía de la habitación de al lado.

    La yema del pulgar de Carmina se dedicó a la punta trazando húmedos círculos que me recordaban a su lengua, mientras con la otra mano se deslizaba el resto

    Así, empecé a notar que estaba a punto y ya no podía contenerme más. Se lo dije al oído con cierta vergüenza para que me tapara la boca besándome.

    Me hizo caso en el acto.

    Y así, con sus labios y su lengua acallando mis gemidos, mientras yo no dejaba de acariciarla también a ella bajo su camiseta para sentirla mejor, empecé a correrme sin remedio.

    Chorros de leche caliente brotaron en oleadas de mi interior en un orgasmo furtivo y gotearon por sus manos, que ella continuaba moviendo, cada vez más lento, al ritmo de mi respiración, hasta que terminé del todo. Entonces dejo de besarme, me sonrió de forma juguetona, y fue a lavarse las manos.

    Finalmente sirvió el café en dos tazas y se las llevó al salón. Siguiendo yo el mismo camino cuando terminé de limpiarme, asearme un poco y colocarme la ropa.

    Estuvimos charlando un rato con Lara y Carlos, que nos veían mirarnos y reírnos de forma partícipe sin comprender que pasaba. Aunque desde mi punto de vista la cara de Carmina no podía ocultar que acababa de tener dos orgasmos hacía poco tiempo.

    Tuvimos que explicar nuestra historia, como nos conocimos, como no nos gustamos en la primera foto que nos enviamos… Y me cayó una buena bronca por parte de Lara.

    –¿Pero cómo que no te gustó? ¿Estás tonto? ¿Tú has visto que monísima y que par de peras tiene?

    –Jajaja. En mi defensa solo puedo decir que la calidad de la foto era terrible y había un montón de personas entre las que estaba ella con una camiseta amarilla horrible, llamando la atención… ¡Pero para mal! –Respondí entre risas

    –Pues anda que tu foto, en plan chulito y llevando un bigote y una perilla terroríficos… –Se defendió Carmina.

    –Pero… ¿si solo erais amigos por qué os decepcionó ver unas fotos del otro? –Preguntó Carlos, certero.

    Se hizo un pequeño silencio y Carmina y yo nos encontramos en una mirada tímida.

    –Pues porque no éramos solo amigos como creíamos, pero en aquel entonces no quisimos asumirlo. –Respondió Carmina bajando la cabeza.

    –Lara… –Interrumpió Carlos.

    –¿Qué pasa?

    –Vámonos a casa que estos dos estaban follando y sobramos.

    –Joder ¿Y ahora te das cuenta? –Se burló Lara antes de que empezáramos a carcajearnos todos juntos. Aunque en mi caso y en el de Carmina, no sin cierta vergüenza y tratando de disimular, claro.