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  • Papá me lame la cola

    Papá me lame la cola

    Cuando estaba en la universidad, papá solía hacerme masajes. Fue en tercer ciclo cuando empezó a hacerlo. Recuerdo con claridad el momento. Me acababan de jalar en un examen de Mate 2 y llegué a casa frustrada y llorosa. Mi papá miraba tv en su sofá, me preguntó que me pasaba y le conté. Me calmó y me pidió que no me preocupara, que era joven, la universidad difícil y que ellos (él y mamá) estaban muy orgullosos de mí y confiaban en mi esfuerzo, que los resultados llegarían.

    Me preguntó si quería un masaje para relajarme. Le dije que sí. Él siguió sentado en su sofá, me senté delante de él, sobre la alfombra, y me masajeó cuello y hombros. Fue delicioso, hacía un masaje realmente relajante y en pocos minutos estaba distendida y me fui a dormir una siesta.

    Desde ese momento, con alguna regularidad, cuando llegaba a casa y lo encontraba viendo tv, le pedía que me haga masajes. En pocos minutos me sentía relajada y me iba a dormir. La rutina siguió por un par de años. Sin muchas variaciones, tal como fue la primera vez, él sentado en su sofá y yo sentada sobre la alfombra.

    Cuando estaba en séptimo ciclo, tuve una temporada fatal. Terminé con mi novio por su infidelidad. Me fue terrible en los estudios. Perdí el trabajo temporal que tenía. Era un desastre completo. Una noche de viernes llegué a casa en crisis existencial. Había cenado con una amiga y al final de la cena la recogió su novio. Volví a casa pensando en mi “tragedia”, sin novio, mal en la universidad, sin empleo.

    Ni bien abrí la puerta y entré, empecé a llorar. Mi papá me vio. Se levantó y me abrazó para consolarme. Me logró calmar un poco y tras unos minutos le dije que iría a mi cuarto a dormir.

    Me desnudé en la habitación. Me quedé en tanga. Me puse el pijama e intenté dormir. Pero no podía dejar de sollozar. Quizás 30 minutos después mi papá tocó la puerta de la habitación y me preguntó si estaba bien. Llorosa le dije que no. Entró y se sentó a mi lado. Yo estaba boca abajo. Sollozando.

    Mi papá no tenía muchas palabras que decirme. Con mi mamá siempre teníamos mucho de que hablar, pero con él muy poco. Cuando me hacía masajes o charlábamos comiendo, siempre eran preguntas sobre mis estudios o mi trabajo. En ese momento él no sabía que decir y finalmente me dijo “hijita quieres un masaje” y le dije que sí. Nunca me había hecho uno en mi cuarto, pero no me pareció mal.

    Comenzó a masajear mi cuello y mis hombros. Pronto sentí bienestar, alivio, relajamiento. Nunca le pregunté a papá si había estudiado para masajes. Supongo que si pues no creo que pueda hacerse algo así sin estar preparado. Ya luego he tomado masajes profesionales y, quizás por el recuerdo idealizado, nunca he encontrado uno como los que me hacía mi papá.

    Lo cierto es que tras unos minutos de masajes sobre mi cuello y hombros me sentía relajada. Papá me preguntó si quería masajes en la espalda. Le dije que sí. Me dijo que lo mejor sería que me saque el polo del pijama. No tenía brasiere, pero como estaba boca abajo no me pareció mal. Me saqué el polo y me quedé boca abajo. Con la espalda desnuda. En ese momento pensé que mi short de pijama era de un color crema muy claro y medio traslucido y que mi tanga era negra. Me dio un poco de vergüenza pues resaltaría, pero no pensé más en ello.

    Papá comenzó a hacerme masajes desde los hombros. Bajaba poco a poco. Sus dedos firmes encontraban mis contracturas y en movimientos circulares las desactivaban. Me iba sintiendo cada vez mejor. Bajo con sus masajes hasta el borde de mi short de pijama. Justo por encima de donde empiezan mis nalgas.

    Estuvo varios minutos así, en un masaje descontracturante que me reconstituyó. De pronto me dijo, hija, te voy a hacer un masaje “más relajante”. Para mis sus masajes eran relajantes. No lo entendí, pero le dije “sí papá”.

    Cambió completamente de técnica. Sus dedos fuertes y firmes pasaron a ser caricias susurrantes sobre mi espalda. Comencé a sentir sus yemas flotar sobre mi piel y por instantes el ligero arañazo de sus uñas. De pronto se inclinó sobre mí y sentí su respiración sobre mi piel. A una distancia mínima, pero sin tocarme. El relajamiento que sentía se fue transformando poco a poco en calentura. Sus masajes eran ahora una caricia.

    Mi concha se fue humedeciendo. Sin querer separé mis piernas. Mi papá se dio cuenta pues dejó un instante de “masajearme”. Pero luego continúo. Sus dedos ágiles bajaban desde mi cuello, recorriendo toda mi espalda hasta el borde de mi short de pijama.

    En algún momento, sus dedos comenzaron a masajear mis nalgas. Sobre el short de pijama. Con la firmeza de sus primeros masajes, sentí una relajación distinta, mezclada con calentura. Con sus dedos gordos presionaba hacia dentro de mis nalgas, cada vez más cerca de mi culito.

    La calentura mezclada con la relajación me hacía dar pequeños suspiros. Papá estaba, seguro, demasiado caliente ya. Yo lo suponía, pero entre nosotros no había palabras. Sus manos y dedos hablaban sobre mi cuerpo. Papá me preguntó, ¿quieres relajarte más?, suspirando le dije “si papá”.

    Él hizo una pregunta indirecta. Yo le di una respuesta directa. Sin darme más tiempo a reaccionar, jaló mi short de pijama hacia abajo. Me lo sacó y quedé allí, boca abajo, nalgas arriba, sólo en tanga frente a papá.

    Siguió con sus masajes sobre mis nalgas. Sus dedos gordos avanzaban cada vez más hacia mi culito. Mi concha era ya una sopa de tanto placer acumulado. Sin preguntarme nada sacó la tanga. Supongo pensó que preguntar cortaría el momento. Seguía boca abajo, ya completamente desnuda para los masajes de papá.

    Sentí como sus manos, al masajear, separaban mis nalgas y dejaban expuesto mi culito. En ese momento, tenía 22 años, aún era virgen por allí. Poco a poco sus dedos gordos llegaron a mi culito virgen. Comenzaron a acariciarlo, a jugar con él, mientras los demás dedos seguían el juego del masaje.

    Mis gemidos se hicieron eternos, todo el tiempo estaba gimiendo del placer que sentía. De pronto sentí algo húmedo en mi culito. Papá había puesto su lengua allí. Sólo empecé a decir “papá, papá, papá…” comenzó a lamerme los pliegues exteriores. Sus manos de quedaron quietas. Ahora todo era su lengua. Sus manos sólo separaban mis nalgas, mientras su lengua me recorría el culito. Los pliegues externos al inicio y poco a poco hacia lo más profundo.

    Fueron muy pocos minutos. Ya estaba demasiado caliente. Tuve un orgasmo, el primero anal en mi vida, con la lengua de papá en mi culo. Ni bien llegué, papá me puso el calzón y el short. Luego, aún boca abajo, sin comprender a plenitud el momento, me besó en la mejilla y me dijo “duerme hija, ya estás relajada”.

  • Fantasías de mujer (1)

    Fantasías de mujer (1)

    Me llamo Carmen, con mis cuarenta y cinco añazos soy lo que se dice una mujer estupenda, puede que alguna me diga que me sobra algún kilo pero por los comentarios de los hombres (y de alguna mujer) los tengo más que bien repartidos con unas buenas tetas y un culo que es gloria verlo, hago ejercicio con regularidad pero no soy fanática del deporte, lo hago por mantenerme en forma y tener otras relaciones sociales diferentes a mi entorno laboral y familiar.

    Estoy casada y el sexo con mi marido es satisfactorio pero la rutina hace que no tenga mucha chispa y con frecuencia tengo fantasías sexuales aunque no las he podido satisfacer hasta ahora. Al principio el sexo con mi marido fue intenso y variado, sin tabús por ninguno de los dos incluso, en alguna ocasión, aprovechando que Javier, mi marido, viaja con frecuencia por su trabajo, he tenido algunas (pocas) relaciones sexuales pero tampoco para destacar o que me hayan vuelto loca.

    Con los años veo que necesito más sexo y más variado del que mi marido me puede dar. Si, lo reconozco, en mis fantasías soy una cerda, con los años, en mi imaginación, me he ido emputeciendo y cada vez me gusta el sexo más intenso y depravado, aunque no he podido (no me he atrevido) a pasar de ser fantasías, cada vez más guarras.

    Como es corriente en estos relatos y porque en otros posteriores tendrán su protagonismo, voy a describir a mi (pequeña) familia: Javier, mi marido es un hombre de buena planta en la cuarentena avanzada y todavía de buen ver. Si no fuera porque es mi marido y, como decía, la rutina cansa, diría que tiene un buen polvo todavía.

    También tengo un hijo adolescente, Andrea que, como se dice ahora, tiene un género fluido, es varón pero en parte se siente mujer, lleva el pelo largo y el cuerpo depilado. Ni a mi marido ni a mi nos importa su elección personal.

    Como contaba, las pocas relaciones que he tenido fuera del matrimonio, me han ayudado a despertar mi sexualidad aunque no hayan sido extraordinarias. Todo cambió cuando conocí a John, un negro americano guapo, alto y fuerte. Nunca había tenido sexo con personas de raza negra aunque siempre ha sido una de mis fantasías, ahora después de probarlo, reconozco que me volví adicta a las pollas y culos negros.

    En la cafetería donde habitualmente tomamos un café en mi trabajo, estando con mi compañera Sara, otra madura como yo “de las que todavía te la ponen dura”, nos preguntó por algunas de las especialidades de café que se ofrecían y que él desconocía dado que era su primera vez en España; le preguntamos cómo hablaba también español y desconocía las costumbre cafetiles españolas, pero nos contó que era profesor de español, pero que lo había aprendido en Colombia donde había estado varios años ya que su madre era de allí y era su primera visita a España.

    Me gustó todo lo que vi de él, me recordaba al actor Denzel Washington aunque su tez era más negra y aprovechando que mi compañera tenía que irse alargué la conversación y quedamos para vernos al final del día dado que no conocía la ciudad y estaba encantado de estar acompañado.

    Al volver a la oficina mi compañera Sara me preguntó cómo me había ido con nuestro nuevo conocido y le confesé que había quedado al final del día con él.

    Le conté que me ponía muy cachonda y que tenía la fantasía de hacerlo con un hombre negro. Me pidió que al día siguiente le contara con todo detalle lo que hiciéramos ya que a ella también le había hecho tilín John. Sara es divorciada y por la confianza que nos tenemos sé que tiene citas ocasionales y es una mujer abierta en el sexo. Me ha contado sus experiencias sin omitir nada y sé por ello que ha participado en sexo en grupo, con otros hombres y mujeres, con todo tipo de prácticas. Yo también soy sincera con ella aunque no tanto, y aunque sabe de algunas de mis escapadas, no he sido tan franca ni le he contado tanto detalle de estas, aunque dada su vida sexual sé que lo aprobaría. Supongo que al estar casada me siento un poco avergonzada de contar mis (escasas) aventuras, ella en cambio es divorciada y se siente más libre de hacer lo que quiera y de contarlo.

    Ese día estaba cachondÍsima, el rato que había pasado desde que nos conocimos en la cafetería hasta que nos encontramos al final del día había estado pensando en sexo todo el rato, desde luego John tenía un culo gordito que me ponía mucho y me imaginaba que si su polla era tan negra como su tez lo íbamos a pasar estupendamente. En el trabajo no me podía concentrar, no paraba de imaginármelo en la cama follando como descosidos y el tiempo se me hizo eterno hasta que terminé la jornada. No quise hacerme un dedo en el baño aunque tenía el coño empapado de mis fantasías con John, deseaba llegar con toda la pasión a mi encuentro.

    Con la copa que nos tomamos por la tarde fuimos intimando y entrando en calor. Para facilitarle las cosas empecé a cogerle la mano, tocarle en el pecho y él, dándose cuenta, también empezó a hacerme pequeñas caricias que mostraban nuestro mutuo interés, me confesó que cuando nos conoció esta mañana a mí y a mi compañera Sara le habíamos gustado y que se había ilusionado con la cita que había conseguido conmigo. Dado que el lugar no permitía ir mucho más allá de nuestras caricias y roces me sugirió ir a su apartamento que estaba cerca.

    Nada más abrir la puerta y ante las dudas que pudiera tener le di el primer beso que siguió con un morreo descarado y un sobe de polla que le dejó claro mis intenciones y a mí las suyas; me subió la falda agarrándome el culo mientras nos morreábamos. Le solté el cinturón y le ayudé a bajarse los pantalones, tenía curiosidad por verle la polla y al bajarse el bóxer le cogí su polla gorda y negra. Dios mío que maravilla, qué gorda y dura que la tenía, no me pude resistir y de rodillas le empecé a hacerle una mamada de campeonato. No me cabía entera y eso que tengo práctica y una boca grande pero con la chupada cada vez se ponía más dura y gorda. La llevaba toda depilada y sus huevos gordos apenas me cabían en la mano mientras se los sobaba de lo duros que estaban.

    – Mmmf qué rica polla, qué gorda la tienes.

    – Te gusta?, se la cogía con la mano me la frotaba en la cara y me daba golpecitos con ella.

    – Uuum me encanta.

    Me levante y terminamos de desnudarnos, caímos en la cama devorándonos. Me chupaba los pezones como si quiera mamar de ellos; yo también se los chupaba y se veía su disfrute.

    -Carmen que perra eres, tienes unas tetas y un culo para perderse en ellos te voy a chupar y joder hasta que revientes.

    – Eso es lo que quiero cabrón, es mi primera vez con un hombre negro y quiero tu lengua y tu polla en el coño y en el culo, así que empieza a comer. Me tumbé de espaldas en la cama, y le animé:

    – Venga campeón, chúpame el coño que está chorreando y no puedo más.

    Me despatarré por completo y él se amorró a chuparlo primero despacio recorriendo de arriba abajo toda mi raja, metiéndola en mi coño que chorreaba, llegando a mi culo que abrió con sus manos y metiendo la lengua hasta el fondo, volviendo otra vez a mi clítoris; era la locura, me encanta que cuando me chupen lo hagan a conciencia, su lengua se deslizaba por mi raja y cuando llegaba al coño o al culo los penetraba sin pudor. Además de su lengua sus dedos exploraban y me jodían sin piedad mis agujeros.

    -Qué bonito tienes el chocho tan depilado, me encanta cómo está tan mojado.

    -Ahhh, joder como lo chupas cabrón méteme la lengua que reviento.

    El cabrón sabía comer el coño, con sus gruesos labios y su lengua pasaba y repasaba sacándome los jugos que se tragaba sin pestañear, me abrí más de piernas si cabía, me cogí las corvas para despatarrarme y abrirme más el culo y el coño y el, vicioso, me metió la lengua en el culo que es de las cosas guarras que más me pone.

    -Aaaah, maricón cómo te gustan los culos, chúpamelo, méteme la lengua hasta el fondo.

    -Mmmm, joder que culazo tienes zorra, este culo ha recibido muchas pollas.

    -Asiii, sigue, me han metido de todo por el culo, no pares que me corro.

    Con lo caliente que iba no me pude contener, tampoco quería, y me corrí como la cerda que soy. Pasamos a un sesenta y nueve, conmigo encima. Le masturbaba y chupaba y pude apreciar que no me había equivocado, tenía una polla y un culo negros como el carbón, sus huevos, gordísimos tenía ganas de metérmelos en la boca y chuparlos hasta vaciarlos. Su piel lisa y depilada brillaba con el sudor.

    -Joder que gusto da chupar una polla tan gorda, tienes un pollón que me tiene loca. Que huevos tan gordos joder, estás cargado de leche cabrón.

    -Joder como tragas zorra, asíii… hasta los huevos cómetelo todo puta, chúpame los cojones.

    Estuvimos chupándonos con gula un buen rato y mientras, nos jodíamos los culos con los dedos y él se veía, como yo, que también le gustaba y tomaba por el culo por la facilidad que le metía uno y dos dedos mientras le mamaba. El me devolvía con creces la jodienda, si yo le metía dos dedos él me metía tres, por el coño y por el culo. Cachonda como estaba quise probar ese culazo.

    -Anda ponte en cuatro que vas a ver lo cerda que soy, maricón, que te quiero comer ese culo negrazo que tienes. Ábrete el culo que te voy a meter la lengua hasta que chilles de gusto.

    -Pero qué puta eres, mira cómo me abro el culo, méteme tu lengua.

    Era impresionante verlo así en cuatro, con sus manos se abría su culo negrísimo y su polla durísima necesitaba toda mi atención. Le metí la lengua en el culo mientras le sobaba la polla y los huevos, mi negro estaba en la gloría.

    -Aaaah… pedazo de puta, zorra, pero que cerda eres. Asiii… Méteme la lengua en el culo, joder cómo me gusta, siii…

    -Te gusta eh… maricón, te voy a chupar ese culazo hasta que te corras.

    -No pares no pares, joder que gusto méteme un dedo en el culo fóllamelo.

    -Vaya vaya no sabía que fueras tan maricón, pero mira, si te caben dos dedos a ver si al final te voy a meter hasta la mano.

    -Aaah, joder para que me corro, anda ponte tú ahora en cuatro que vas a ver cómo te follo ese coño y ese culo de puta que tienes.

    Ahora era mi turno y fui yo la que me puse en cuatro, mi culo y coño chorreaban con las corridas que había tenido y con la primera embestida me la metió hasta el fondo de mi coño.

    -Aaaah, cabrón asíii hasta el fondo joder, no pares jódeme el coño hasta que reviente.

    -Que puta eres como te gustan las pollas negras, te vas a volver adicta.

    -Siii, me gusta que me follen los negros, soy una puta blanquita, dame durooo.

    Mientras me follaba el coño fue metiendo uno y dos dedos en mi culo, estaba en la gloria, no había echado un polvo tan salvaje en mi vida. No lo hacía con prisa y así evitaba correrse demasiado pronto, por mi parte soy multiorgásmica y no paraba de encadenar orgasmos.

    -Aaaah, cabrón me corrooo.

    -No puedo más Carmen, me voy a correr puta, quieres que te preñe el coño o que llene el culo.

    -Por el culo maricón métemela por el culo y llénalo de lefa.

    -Asiii joder, que polla tienes, cómo me lo abres, que gusto da por el culo, me corro maricón lléname de leche.

    -Zorra, toma, tomaaa, aaah, te lleno el culo puuutaaa.

    Sentí como se venía en mi culo, me lo llenaba con sus trallazos de lefa que se desbordaba y me salía por mi agujero dilatadísimo, yo me corría como una cerda sintiendo mi culo lleno mientras él empujaba una y otra vez su polla hasta el fondo. Se quedó quieto apoyando su pecho en mi espalda, los dos chorreábamos de sudor. Al final se incorporó y lo que no esperaba y me puso más burra y cerda todavía es que se puso detrás de mí me abrió el culo más de lo que ya estaba y comenzó a mamar su propia lefa directamente de mi agujero.

    -Aaah cabrón, qué me haces mariconazo asiii mete tu lengua chúpalo todo.

    -Asiii me corro con tu lengua cabrón. Aaaah

    Su lengua penetraba mi culo abierto deleitándose en su propia corrida, sacaba la lefa con sus dedos y me los metía en la boca hasta que los dos acabamos dándonos un morreo mezclando y chupando nuestras corridas.

    Aunque tengo mucho aguante, me había corrido un montón de veces y necesitaba un descanso por lo que nos quedamos tumbados y dormidos.

    Continuará.

  • Mi hermosa compañera de trabajo

    Mi hermosa compañera de trabajo

    No sé en qué instante, ni por qué razón, entrelacé mi pierna con la suya. Estábamos sentados uno al lado del otro, frente al escritorio y la pantalla de la computadora, intentando resolver un trabajo práctico de la facultad.

    -Necesito que me ayudes -había dicho Ruth previamente, cuando me acerqué a saludarla esa mañana, en la oficina.

    Compartíamos largas horas de trabajo. Ella siendo mi asistente, ayudando con la contabilidad del sector del cual yo era gerente. En el trabajo había una distancia prudencial, pero aquí, los dos solos, en un despacho que ella alquilaba a pocas cuadras del trabajo (era además, estilista y tenía su estudio a unas cuadras nada más), la distancia era ínfima durante casi todo el tiempo, hasta que mi pierna se enrolló a la suya. Su pantorrilla era perfecta, y le daba una terminación finísima y sensual a todo el trazo de su figura, que comenzaba en los hombros, pasando por la curvatura que definían sus senos redondos y pequeños, llegando por la ondulación de sus caderas hasta bajar, como una autopista llena de pasión desconocida para mí, a sus piernas blancas.

    Fue tocarla y sentir que ella eliminaba una barrera. Me había pedido que la ayudara con ese práctico para la facultad y no pude negarme. Un pedido recurrente en realidad, y como siempre accedí sin inconvenientes.

    -Gracias amigo, te debo una -solía declarar. Y yo en mi interior intentaba despejar cualquier pensamiento de doble sentido que pudiera sugerir mi mente.

    Ruth tenía 28 años y yo 40. Ella estaba casada hacía unos años, yo rayaba las dos décadas de matrimonio.

    Sintió mi roce, mi pierna atada a la suya y la miré a los ojos. Ella vestía un conjunto que hacía de uniforme. Camisa blanca, chaqueta y pantalón azul bien ajustado, como pintado a su cuerpo. El primer par de botones de su camisa estaban desabrochados, lo que me permitía admirar ya sin remordimientos su piel blanca y el inicio de la línea que se formaba por la presencia de sus senos. Algunos lunares desperdigados al azar le daban un toque más que exquisito a su pecho. El sostén, también blanco, levantaban sus tetas, provocando mayor deseo de mi parte.

    Cuando sus ojos negros impactaron con los míos, ella sonrió de manera nerviosa. Quedé mudo, decidiendo el próximo paso. Estaba a tiempo de huir, pero no quería. Tenía mis razones para seguir y ver qué estaba sucediendo entre los dos desde hacía unos meses, aunque supiera a la perfección que aquellas razones no eran ni justas ni buenas.

    El dorado artificial de su cabello contrastaba con la oscuridad azabache de sus ojos, que de a poco me internaban en una lujuria ignorada por mi. Miré sus ojos y luego sus labios carnosos. Esa boca que hacía tiempo deseaba con locura. Mi mirada era un subibaja desde sus labios hasta la negrura de sus pupilas. Podía notar en pequeñas ráfagas que ella hacía lo mismo. Subía y bajaba la mirada.

    -Ayúdame amigo, este práctico es de vida o muerte -me dijo apenas nos encontramos en la oficina aquella mañana.

    -Dale, no hay problema -le dije, mientras la besaba en la mejilla.

    -Te voy a deber la vida, ¿sabes? -me dijo, atravesando todos mis sentidos con su mirada oscura y penetrante.

    -Ok, si es la vida te voy a cobrar bastante caro -le dije sonriendo pícaramente, como para seguirle el juego.

    -Lo que vos me pidas -respondió y se sonrió dulcemente, colocando sus brazos en jarra al tiempo que contorneaba todo su cuerpo, fulminándome nuevamente con sus ojos.

    Terminamos el práctico en 10 minutos. Casi ni hizo falta mi ayuda en realidad. Habíamos aprovechado el horario del almuerzo. La nota de aprobado salió al instante.

    Levantó ambos brazos de la alegría, y en ese movimiento su aroma tan dulce terminó de embriagarme. Me abrazó fuertemente y me estampó un ruidoso beso en mejilla. Sentí una vibración en todo mi cuerpo que me incomodó. No quería que se diera cuenta de lo que ella provocaba en mi.

    -¡Gracias, muchas gracias!- me decía mientras se apoyaba su cabeza en mi hombro, los dos sentados todavía, de costado.

    -Te debo la vida, te debo la vida… en serio.

    -Bueno, te voy a cobrar… mira que te lo advertí.

    Allí ella se rio nerviosamente. Percibí un ligero nerviosismo que me hizo dudar por un segundo de sus intenciones. Hacía bastante tiempo que ella parecía insinuarme algo, aunque muy sutilmente. Quizás por el hecho de estar ambos casados. Quizás porque hasta ese día, yo jamás había dado muestras de querer algo con ella.

    Pero a esa risa, le siguió un rotundo: «Sí, aquí estoy, pedime lo que quieras, yo te lo doy».

    Esta vez fui yo quien tambaleó por un instante. Me quedé en silencio, clavé la mirada en el suelo, observando su pierna derecha envuelta por la mía. Sentí que su cuerpo accedía a ese toque. Y luego nos miramos.

    Sentía ahora su respiración más agitada de lo común. No podía haber más preámbulo. No quería decir nada todavía porque temía arruinar el momento.

    La miré con deseo y acaricié su rostro al tiempo que corría un hilo de cabello de sus ojos. Deposité mi mano en su mejilla y allí me quedé. Ella inclinó su cabeza en mi mano, reclinándose tiernamente, cerrando los ojos un segundo, para luego cubrir con su mano mis dedos. Se alejó sutilmente del contacto que mantenía mi mano con su mejilla y me besó en los dedos. Esa era la señal que había estado esperando.

    Me acerqué decididamente y la besé, con el corazón queriéndome salir por la boca. Ella abrió sus labios. Quise caer en su labio más grueso, el que más deseaba. La besé dulcemente. Quería saborearla lentamente, aunque el calor ya empezaba a salirse de mi cuerpo.

    Todavía estaba a tiempo, me dije por un instante. Todavía podía retirarme, disculparme y que todo finalizara allí. Pero ella acarició mis manos y mi poco razonamiento se esfumó.

    La tomé con brusquedad del cuello y la atraje del todo. Abrí la boca y metí mi lengua en la calidez húmeda y fogosa de su boca deliciosa. Nos pusimos de pie y nuestros cuerpo empezaron una lucha frenética de pasión descontrolada.

    Rápidamente me sentí embriagado por ese cuerpo que había deseado desde hacía mucho. Sentirla tan cerca hizo que se agigantara todo el deseo retenido que llevaba. El aroma de su piel fresca me atormenta dulcemente.

    La tomé de la cintura. Ella retrocedió hasta afirmarse en el escritorio. Instintivamente la tomé de las piernas y la senté muy cerca de la computadora. Allí nos separamos un momento.

    -¿Estás seguro?- me interrogó sonrojada, con la voz agitada.

    -Sólo si también lo querés- le respondí con la misma urgencia.

    Ella contestó lanzando su boca nuevamente sobre la mía.

    La aparté unos centímetros para terminar de desabrochar los pocos botones que seguían prendidos de su camisa. Ella hacía lo propio con mi prenda.

    Rápidamente desenganché su sostén y con un movimiento veloz la despojé de su camisa y corpiño al mismo tiempo, para poder gozar de sus pezones rígidos y excitantes.

    Ya con los torsos desnudos, mi miembro empujaba de manera incontrolable.

    Sin embargo quería disfrutar de toda su joven y tierna anatomía. Me alejé un poco para mirarla y tocar sus tetas. Eran senos perfectos. No eran grandes, más bien pequeños, pero parecían tallados. Su piel firme tallaba de manera majestuosa sus tetas cuyos pezones me apuntaban llenos de deseo.

    Me lancé desesperadamente sobre sus aureolas con mi boca sedienta, ayudado por mis manos, cubriendo sus senos.

    Chupé frenéticamente uno y otro pezón sin dejar de tocar el que quedaba libre. Sus gemidos me excitaban aprisionando cada vez con más fuerzas mi erección. Mi pantalón apenas si podía retener mi pene.

    Ella intuyó todo eso y dirigió su mano hacia el bulto, mientras gozaba con mi boca chupándola como un niño hambriento.

    Comenzó a refregarme, palpando mi tamaño, subiendo y bajando los dedos, apretando a veces, haciéndome estremecer.

    Se bajó de la mesa apartándome de manera brusca. Creí que se había arrepentido. Pero sólo lo hizo para seguir tocándome.

    -Voy a saldar todas mis deudas con vos- me dijo y me fulminó con sus ojos.

    Como una experta, se puso de rodillas frente a mi y abrió mi bragueta. Metió su mano en la abertura y refregó mi virilidad que latía y se impulsaba lo que más podía hacia arriba. Vi su rostro sonriente y lujurioso. En ese instante pasó por mi mente recordar que mi esposa jamás había querido chupármelo, pero eso no importaba en ese momento. En cierta ocasión, hacía unos pocos días, hablando de cosas más íntimas con mi compañera de trabajo, surgió esa conversación y yo le había dicho que nunca me habían hecho sexo oral. El fin más probable de esa charla era sin dudas crear el clima apto.

    Mientras pensaba en eso, ella ya me había desabrochado el cinturón y tenía los pantalones en el piso. De un tirón bajó también mi bóxer, y mi verga saltó inmediatamente.

    Se levantó nuevamente y poniendo sus manos en mi pecho, me arrastró hasta el sofá que había en la oficina y me tumbó allí. Terminé de quitarme los pantalones con mi virilidad apuntado firmemente hacía arriba, con su glande queriendo explotar.

    Ella, desnuda de la cintura para arriba, con sus senos mirándome lujuriosamente, terminó de quitarse la ropa. Si bien su pantalón era ajustado, se deslizó suavemente entre sus piernas. No supe en qué momento se había descalzado, lo único a lo que prestaba atención era a su piel blanca y joven, como hacía tiempo no admiraba.

    Ruth no dejaba de mirarme. Si bien no se la notaba desesperada como a mi, veía fuego en sus ojos, en su boca. De vez en cuando bajaba la mirada hacia mi miembro y se mordía los labios.

    Apenas unos vellos imperceptibles observé cuando la tanga quedó enrollada en el suelo. Ella avanzó adonde mi pero nuevamente se arrodilló, arrojándose hacia mi palpitante erección. Me estremecí al sentir el frío y la suavidad de sus manos. La cabeza de mi miembro se hinchó aún más. Creí no aguantar pero me contuve.

    Nunca había creído que mi pene fuera grande. Tampoco me preocupaba. Para mí estaba bien su tamaño. Era un pene normal, quizás 15 o 16 centímetros.

    Pero ahora, viéndolo entre sus manos, cerca de su boca, me parecía inmenso. Y eso me hacía subir más aún la temperatura. Ella parecía disfrutarlo también.

    Comenzó lentamente a masturbarme. Era increíble como lo hacía. Era increíble también pensar que hasta hacía unos días yo me había masturbado por ella, usando un video subido por ella a una red social, con su bikini rosa, muy sugestivo.

    Sin embargo, lo que había imaginado no alcanzaba ni hacer sombra de lo que estaba viviendo en la realidad.

    -Te voy a hacer feliz como nunca en tu vida bebé- me dijo, e inmediatamente abrió su boca para meter todo mi glande en ella.

    «Bebé», me dijo, y luego sentí como su lengua recorría el inicio de mi pene, mientras que con una de sus manos sostenía el tronco erecto. No dejaba de mirarme a los ojos mientras jugaba con su lengua. Soltó mi miembro y lo recorrió de arriba abajo, besándome, haciéndome gemir. En ese instante abrió su boca y toda mi pija se perdió entre sus labios que antes había podido saborear.

    Subía y bajaba lentamente, gozando ella también al parecer de lo que hacía. En mis 40 años, con 20 de matrimonio, nunca había sentido la humedad de una boca en mi pene, nunca había podido experimentar la rispidez de una lengua chupándome. Y ahora la tenía a ella, 12 años menor que yo, de rodillas frente a mi, sometiéndose voluntariamente a una felación extraordinaria.

    Cuando hubo subido y bajado unas cinco o seis veces, me soltó con un sonido húmedo, me miró sonriendo y me dijo: «¿te gusta bebé?”.

    Yo como pude, agitado y con el corazón en la boca atiné a mover mi cabeza afirmativamente. ¿Cómo no habría de gustarme? Me estaba volviendo loco. Todo mi tronco bien erecto estaba empapado de su saliva, moviéndose al compás de mis latidos cada vez más fuertes.

    Ella volvió a sonreír, me tomó de las dos manos y las dirigió hacia su cabeza, al tiempo que volvía a bajar para captar con su boca la dureza de mi pene. Ella guio el movimiento una vez y comprendí. Para que no quedarán dudas de lo que pretendía, colocó sus manos por detrás de su espalda, como si estuviera esposada con grilletes invisibles.

    Se convertía en mi esclava, sometida al máximo, dejando que mis manos guiaran la intensidad de la chupada.

    Gemí otra vez. «Fabuloso», atiné a decir. Sólo eso. Mis manos la hacían bajar y subir. Ella rumoreaba como saboreando un helado.

    -Mmmm-, decía al ritmo de sus embestidas. Yo miraba mis manos enredadas en sus cabellos, que subían y bajaban haciéndome feliz como ella lo había prometido.

    El espectáculo era exquisito. Ruth entre mis piernas, de rodillas, devorándome de placer. En un instante la retuve hasta el fondo, quizás dos o tres segundos. Ella no se quejó sino que gimió como pudo. Cuando la solté, se separó de mi.

    -Haceme tuya-, me dijo sin más. Se incorporó, me dio la espalda y colocó sus manos en el escritorio. En realidad apoyó sus codos, bajando mucho más, abriéndose lo suficiente para que yo entrara. Su cuerpo desnudo me embriagó nuevamente. Allí pude observar la perfecta redondez de sus nalgas. Redondez y juventud como hacía tiempo no veía. Mi excitación era extrema. Me sorprendió el hecho de no haber acabado ya, con todo lo que ella me había hecho y me estaba mostrando.

    Me levanté, desnudo también, y la tomé de la cintura. Me abalancé violentamente y, ayudado con mi mano, la embestí profundamente.

    -Ahhh -soltó un gemido dulce y lujurioso. Estaba lo suficientemente lubricada por lo que me permitió llegar hasta el fondo sin problemas. Sentí su cuerpo estremecerse de placer.

    -¡Ahhhh bebé!, dijo casi gritando, cuando volví a penetrarla.

    Sus labios vaginales palpitaban devorando mi falo así como antes lo había hecho su boca.

    Nos movíamos desordenadamente, ella como queriendo retenerme entre sus piernas, yo queriendo salir y entrar frenéticamente.

    Hasta qué logré imponerme. Con una mano la apreté en la espalda haciendo que de agachara aún más, y con la otra la sostuve por sus cabellos.

    -¡Sí! ¡Haceme toda tuya bebé! Ahhh, sí! Mmm! Ahhh!

    Yo metía y sacaba con más rapidez y lujuria, sin poder creer que estaba cogiendo con mi compañera de trabajo, con ella, Ruth, la hermosa rubia que se sentaba al frente de mi todas las mañanas y me sonreía desde su escritorio cada vez que me hablaba. Ahora ella me pedía que la hiciera mía, y eso estaba haciendo.

    Chocaban nuestros cuerpos dando lugar a ese sonido tan placentero y la vez prohibido para nosotros. Ella gemía haciéndome muy feliz. De vez en cuando me detenía en lo más profundo de su cavidad húmeda y ella gritaba ya, no se contenía. En dos ocasiones sentí como temblaba cuando gritaba.

    -¡Ayy, así, cogeme, cogeme toda bebé!- su pedido me llevaba al límite de mi calentura. Yo, obediente, hacía lo que me pedía. Entraba y salía con total desenfreno.

    En medio de la locura, el placer y la irresponsabilidad, mi cerebro conectó con la idea del embarazo. Allí me detuve un instante. Mi compañera intuyó mi preocupación, y como si fuera lo último que podía pedir, me dijo, en medio de sus gemidos y jadeos:

    -Seguí, no pares. Acabame adentro, quiero sentirte. Hoy no vas a embarazarme bebé. Dale, metemelo todo, haceme tuya.

    Eso me encendió hasta el extremo. Volví a mis arremetidas, con la sola idea de acabar en su hueco jugoso. La sostuve otra vez por sus caderas, caderas propia de quien ha sido madre. Caderas blancas y perfectas. Miraba los lunares en la espalda mientras la escuchaba gemir. Todo lo que deseaba era acabar en su interior. Hacía dos meses que no tenía sexo y una semana que me había masturbado por ella, enchastrándome como un púber. Ahora quería llenarla de la misma manera.

    -Ahhhh Emanuel… ¡qué rico!- dijo y ese fue el final. Ya no quería contenerme. Acometí con furia su vagina. Tras cinco o seis movimientos, solté un chorro potente y contenido, mientras la sujetaba de las caderas. Ella volvió a fruncir su entrepierna, sintiendo la calidez de mi semen. Durante unos segundos mi cuerpo también se estremeció. Sentí flaquear. De mi verga seguía saliendo líquido. Ruth jadeaba. La sentí temblar una última vez

    Yo a mi vez, todo transpirado y aún caliente, me dejé caer sobre ella.

    La mejor cogida de mi vida había acabado, dando lugar al mayor arrepentimiento experimentado hasta ese día.

  • Fantasía de tres tríos (tercer trío)

    Fantasía de tres tríos (tercer trío)

    Ya habían pasado varios meses de que Rosalía y yo nos tiramos a mi marido. Sin nada que lo relacionara, al terminar de comer, Miguel me dijo que iría a ver a Rosalía, su hermana, pues ya hacía dos semanas que no la visitaba. Es decir, era claro que tenía que atenderla. Yo sólo hice un mohín de resignación.

    –No te enojes, volveré temprano… –me dijo abrazándome por atrás y sus manos pasearon sobre mis tetas– Quiero cogerte y al mismo tiempo mamarte esto –completó apretándome los pezones.

    –Ojalá que también te alcance el amor para darme un bibi de leche –contesté poniéndome seria–. Lo malo es que yo sólo tengo un usuario a quien atender… –expresé pasando mis manos hacia atrás y le apreté el pene sobre el pantalón, que ya lo tenía duro con el franeleo que me daba.

    –Es mi hermanita, además, la fortuna de ella será para nuestra hija pues somos su única familia –dijo en plan conciliador.

    –¿Lo haces por el dinero? Pensé que, al menos, te gustaba coger con ella –dije en tono de reclamo.

    –No, yo también la amo, desde aquellas pajas que me hacía al espiarla bañándose, o vistiéndose. También te amo a ti y agradezco tu comprensión –concluyó y se preparó a partir.

    –¡Cómo me gustaría tener otro palo para usar!, aunque yo no lo amara… –dije alejándome de su alcance.

    –¿Quieres que le diga a mi amigo Roberto que venga a atenderte? –preguntó refiriéndose a su amigo con quien hicimos el primer trío.

    –No es necesario, creo que yo puedo seducir a alguien para que te dé apoyo conmigo…

    Se regresó, me dio un rico beso, mientras me sacó una chiche. Al ponerse a mamar me metió los dedos en la panocha, la cual se humedeció de inmediato. “Te entiendo, mi amor. Te prometo que en la noche hablaremos de ello, en tanto, piensa con quién te gustaría que te compartiera”, dijo al dejarme temblando de ganas. Al irse, me sentí falsa e hipócrita después de que me acarició de esa manera. ¡Claro que yo tengo con quien coger!, pensé y no se lo he contado porque… ¿para qué?

    Miguel regresó después de medianoche. Yo estaba acostada, desnuda y fingiendo que dormía. Lo escuché llegar, entrar a la alcoba, desvestirse completamente antes de ponerse a mamarme para dormir como él acostumbra.

    –¿Me vas a dar mi biberón? Yo también quiero chupar y saborear la lechita –imploré

    Miguel se puso de rodillas para poner su verga al alcance de mi boca. De inmediato me calentó el olor a sexo consumado y mamé el pene con sabor a semen y jugos. Chupé y chupé, le acaricié las bolas, le jalé el escroto durante mucho tiempo y sólo se le paró un poco. Quizá, si usara Viagra, nos podía atender a ambas… Miguel se dio cuenta que no lograba hacerlo venir, aunque ya estaba crecido el miembro.

    –¡Pinche Rosy, es muy puta!, me dejó seco –decía entre jadeos por los orgasmos que sentía con mis mamadas.

    –La próxima vez que vayas con ella, pasa antes a mi cama… –le dije después de soltarlo–. Vamos a dormir.

    Al amanecer del día siguiente, sentí en mis labios su falo durísimo. “Querías leche, tómala, mi amor” me dijo mi esposo y yo abrí la boca. Bastaron unas cuantas caricias en el pubis y en los huevos para que me diera una descarga de su riquísimo néctar. “Ahora te va una venida más. ¿por dónde la quieres?” Le abrí las piernas y le di un beso en la boca como respuesta. Miguel paladeó en mi lengua y dientes su lefa cuando recorrió el interior de mi boca con su lengua. En poco tiempo sentí el baño de tibieza en mi interior. Sí, es muy lechudo… pero ahora ha aumentado la producción, hay el doble de estímulo y yo recojo la mayor parte.

    –¿Ya sabes a quién vas a seducir? –me preguntó cuando ya había reposado un poco.

    –Sólo hay dos o tres en mi mente. La verdad, la reduje a dos que alguna vez me lanzaron alguna indirecta. Pero sólo he de escoger a uno para evitar que me lleguen a ver como a una casquivana –le dije mirando hacia el techo, como viendo a los “candidatos”, aunque en mi mente sólo existía Mario para ese propósito.

    –Elige al más discreto. Te lo coges y ya que esté enganchado, te lo traes a casa para que te demos amor entre los dos –me dijo, volviendo a su fantasía favorita–. ¡Quiero ver cómo te coge alguien que te guste! y darte mi verga mientras él te revuelca.

    –El lunes empiezo el asecho con el primero que se me atraviese, ambos son compañeros de trabajo –le dije.

    –Tú puedes ser puta, mi amor, tienes con qué –contestó juntando los pezones de mis tetas y se puso a chuparlos, dándole movimiento trepidante a mis masas con sus manos.

    –Principalmente a esto que te gusta tanto se han referido cuando me echan sus piropos –le aclaré acariciándolo del pelo para presionarlo más hacia mi pecho.

    Llegó el lunes y a la hora del descanso, aprovechando que todos habían bajado a las máquinas de bocadillos, yo le acariciaba el pene a Mario sobre el pantalón. En ese momento decidí hablarle por teléfono a mi marido para avisarle que tenía una invitación para comer algo, además de platicar mientras tomamos un café o una copa al salir de la oficina, “por lo tanto, no haré de comer”, concluí. “Bueno, me invitaré a comer con Rosalía”, contestó antes de las despedidas mutuas. Todo eso ocurrió, frente a Mario, a quien yo había invitado a comer.

    –¿Se enojó? –me preguntó Mario con curiosidad.

    –No sé. Me dijo que iría a comer con su hermana. Espero que sea cierto… –le dije mostrando yo una mueca de supuesta desconfianza.

    Fuimos a un restaurante de comida rápida y el café nos lo llevamos para platicar en una banca del jardín cercano. Nos absteníamos de mimos para no exponernos a que nos viera algún conocido de Mario.

    –¿Qué es lo que me quieres decir? ¿Quieres que ya no nos veamos para hacer el amor? – preguntó algo temeroso, pero confundido por los mimos y manoseos que nos hicimos en la oficina, además del beso que le di antes de que regresaran los compañeros.

    –No, es al contrario. Quiero saber si podemos pasar juntos más tiempo, incluso pasar una noche los dos y no sólo vernos de vez en cuando –le aclaré.

    Obviamente lo tomé de sorpresa, porque una cosa era cogerse a la puta chichona cuando hubiese oportunidad, y otra era tener que abrir espacios entre la vida familiar, para coger más regularmente. Es decir, establecer una relación más formal de amantes. Además, habría que añadir el servicio que él le daba a su hermana Bertha (casualmente, el mismo tipo de mantenimiento que mi marido le daba a la suya).

    –¡Me encantaría!, pero no sé cómo hacerlo sin que se dé cuenta mi esposa –expresó titubeante.

    –¿Cómo haces para que no se dé cuenta cuando te coges a tu hermana? –pregunté tratando de ver una posibilidad.

    –Mi hermana me tiene contratado, y recibo un sueldo, para darle mantenimiento a los equipos de cómputo, comunicación de voz y video electrónicas al negocio de su hijo y a la casa de mis padres, donde ella vive y “acudo cuando ella me necesita” –explicó.

    –¡Qué cosas! ¿Eso lo inventaron como coartada para coger? –pregunté asombrándome de la idea.

    –¡Es real! Mi profesión es la de ingeniero en electrónica con especialidad en comunicaciones. No se requiere tanto tiempo, aunque sí hay imprevistos que requieren soluciones rápidas.

    –¿Aceptarías otro trabajo similar para atenderme a mí? –pregunté zalameramente.

    –¡Con gusto!, pero hay un problema real: mi esposa es quien lleva la contabilidad de mis ingresos… –dijo con tristeza–, y se daría cuenta que es ficticio el trabajo al no haber contrato ni ingresos.

    –El jueves, avísale a tu mujer que irás a hablar con un posible cliente –de inmediato, maquiné una idea con el fin de tirármelo la tarde de ese día– ¿Cuánto cuesta mensualmente el mantenimiento anual a una residencia que usa 10 cámaras de seguridad, más los etcéteras que se usan en una vivienda?

    –Equivale más o menos a la tercera parte de tu sueldo, pero requeriría de dos o más visitas mensuales para respaldar la información –me dijo con una mirada como si pensara en que se me estaba ocurriendo la idea para mi casa.

    –Hecho, haz un contrato con todos los formalismos, para mostrarlo al cliente, aún sin datos del cliente, pero sí con montos y el texto convincente –le solicité a Mario–, y recuerda que el jueves me tienes que convencer como convenciste a tu hermana.

    –¿Serás capaz de pagar porque te coja? Eso puedo hacerlo gratis y yo pago el hotel, ¡me gustas! –expresó, tratando de desistirme y resignarse a no tener coartada.

    –Yo no puedo pagarte, y sí me gusta cómo me coges, ¡que el cornudo o su familia paguen! –dije, pero más que un gesto de festejo, lanzó uno de enojo.

    –¡No me presto para que hagas eso con tu marido! –dijo poniéndose de pie.

    –Pero bien que te coges y le chupas las tetas a la mujer de mi marido, tomas el semen que me deja y le dejas tu leche para que se resbale en el atolito que hacemos tú y yo –le conteste con una sonrisa sardónica.

    Se puso rojo de ira y se notaba su semblante pleno de contradicciones. Me encantó el talante perturbado que tenía, me hacía ver que yo no sólo “le gustaba”. Ya se habían encendido las tenues luminarias del parque y su luz invitaba al romance. Me puse de pie y lo hice caminar tras unos arbustos donde lo besé metiéndole mi lengua en su boca para enredarla con la suya; me pegué para frotar pubis contra pubis y tetas contra pecho. “También ‘me gustas’ tú”, le dije antes de irnos de allí.

    –¡Hola! ¿Cómo te fue en la comida con tu hermana? –le pregunté a Miguel después de besarlo, quien escuchaba música en la sala mientras esperaba mi retorno.

    –Bien, sólo comimos y platicamos. Te manda saludos y cuando le comenté que te habían invitado una copa, me sugirió que no me pusiera celoso. “No vayas a resultar tan machín como mi ex. Déjala que tenga sus aventurillas, se nota que te ama”, me dijo ella. ¿Y cómo te fue a ti?

    –Igual, sólo comimos, pero sí, hubo toqueteos y un par de besos –dije y fingió una sonrisa–. ¿De verdad te pusiste celoso? o ¿por qué fue la llamada de atención de Rosalía? –y su semblante cambió a uno más apacible ante mi pregunta.

    –Te amo –dijo acercándose hacia mí–. Me doy cuenta que es distinto pedirte que alguien conocido te coja junto conmigo a que tú te quieras coger a otro, desconocido para mí –señaló abrazándome y comenzando a desnudarme–. ¡Te amo! –insistió abrazándome, y comenzamos a bailar con la música.

    –Mañana te mando su foto para que lo conozcas, no es tan guapo como tú, pero sí es un tipo confiable –le dije bailando y desvistiéndolo. Esa noche cogimos riquísimo.

    Al día siguiente, me acerqué al escritorio de Mario. “¿Ya estás bien?”, le pregunté en alusión a su enojo de la noche anterior. “Sí, con el beso que me diste, me desarmaste”, contestó. “¡Perfecto! A ver, una sonrisita” le pedí encuadrándolo con la cámara del móvil. Mario sonrió, tomé la foto y se la envié por WhatsApp a Miguel. “No olvides que el jueves tienes que darme un contrato”, le recordé.

    Al regresar a casa, pregunté a Miguel:

    –¿Qué te parece la presa que elegí? Se llama Mario, es casado, con hijos, muy formal, pero siempre ha movido los ojos al balanceo de mis tetas.

    –Se ve bien, parece de mi edad –me dijo.

    Me acerqué a mi marido, lo besé con pasión y le acaricié el pene por encima del pantalón.

    –Es mayor que tú por unos años, pero, al parecer, calzan del mismo tamaño –expresé moviéndole el tronco a través de la tela de casimir.

    –¡¿Ya te lo tiraste?! –gritó, y noté que su pene dio un respingo.

    –¿Cuál es tu prisa? Hoy no hubo cogida, pero el jueves no habrá comida en casa… –dije con claridad para que se enterara– Tú me llevarás al trabajo y él me traerá a la casa. ¿Quieres que te mande fotos de su herramienta o video de cómo la usa? –le pregunté al tiempo que le bajé los pantalones y la trusa.

    –Como tú quieras… –dijo en voz baja, pero con la cara iluminada viendo cómo le movía el prepucio.

    –Bueno, le preguntaré si me deja tomárselas para tener un recuerdo –señalé ante de meterme a la boca el glande que ya estaba escurriendo presemen.

    Cogida en la sala, brindis por mis encantos que emboban a los hombres y a acostarse para seguir en el placer de ser hombre y mujer…

    El jueves también me fue bien, tres veces. La primera, ordeñé a Miguel, quien me dio mucha leche. Se mantuvo con la verga parada para echarme dos palos seguidos. El primero fue el clásico despertar, pero cuando me estaba cogiendo le recordé “Hoy no habrá comida” y se le puso más grande que de costumbre, me zangoloteó diciéndome “Llévale mis saludos al sancho” y eyaculó bastante, pero no se salió de mí. Se dio le vuelta para que quedara yo encima, me enderezó un poco y se puso a mamar.

    –Con éstas nos embobas a todos, ¡qué bueno que duermo con ellas! –gritó y lo cabalgué.

    –¿Estás celoso porque hoy se van a coger a la puta de tu esposa? –pregunté pasando mi mano hacia atrás para tener en ella a sus huevos.

    –¡Puta, sí, mi esposa puta! –exclamo junto a un aullido que me calentó el útero cuando soltó otros dos chorros de semen dentro de mí.

    Quedamos exhaustos, pero felices. A los pocos minutos nos metimos al baño. Le enjaboné el pito, pues yo quería metérmelo por el ano, pero ya no se le paró. Desayunamos y partimos al trabajo. Me puse una blusa con escote pronunciado, que fue muy celebrado por los compañeros que me lanzaban piropos. Mario veía todo de lejos y sonreía. caminé hasta que llegué a su escritorio.

    –¿Trajiste el contrato? –pregunté agachándome un poco.

    –¡Qué lindas chiches! –dijo en voz baja, y me extendió unas hojas.

    –Al rato, en el receso, te daré una probadita, está fácil sacarlas y guardarlas. –le prometí coquetamente.

    En el receso, nos fuimos a la zona acostumbrada, donde no hay cámaras y me mamó. “A la salida habrá más. De todo…” le di mi palabra.

    En el hotel, uno cercano al trabajo, me dijo que me tomaría unas fotos. “Bueno, yo también a ti”. Cuando estábamos desnudos, me hizo posar desnuda para él y yo le tomé unas fotos acostado y también una con el celular apuntándome, pero también se le notaba la verga apuntando hacia mí. Le pedí que me enviara la mejor de las que él tomó. Sonó mi WhatsApp, la vi y se la envié a mi marido, junto con la de Mario y el siguiente mensaje “Comenzamos, ya no estoy para nadie más”. Sonó otra vez el celular. Era un video de la verga de Miguel, con una mano femenina haciéndole una paja; el texto fue “Mi amor, te amo puta” y sonreí.

    –No quiero que te distraigas, apaguemos los teléfonos. Tenemos mucho que hacernos –reclamó Mario.

    –Sí, también qué decirnos –le respondí y me puse a hacer un 69 donde me chupó riquísimo, dándome un tren de orgasmos.

    Después, mirándome en in espejo lateral, me senté en su erección viéndome cómo cabalgaba a mi macho. Me volví a venir y, aún bien ensartada, me acosté sobre él para besarlo. Me acarició la espalda y las nalgas mientras yo reposaba.

    Nos amamos como nunca pues tomamos fotos y videos usando los muchos espejos de la alcoba. Un video que estuvo muy bien, se lo envié a Miguel. Yo acostada boca arriba abrazando a cuatro extremidades a Mario quien se movía y me mamaba una teta. Encima de la cama había un espejo. Yo acariciaba la cabeza de Mario con la mano izquierda y con la derecha sostenía el teléfono móvil. Al hacer el envío, apagué el aparato. Mario sacó otro video donde con un par de espejos laterales se muestra una infinidad de imágenes de nosotros: Yo en cuatro patas, Mario cogiéndome de perrito (de vaquita, perdón) y mis tetas bailando rítmicamente mientras se escuchan nuestros gemidos y mis gritos por los orgasmos que me sacaba. En realidad, Mario aguantó mucho antes de venirse y con la verga erguida por la pastillita azul que había tomado antes (en el video se ve cómo entra y sale su falo).

    Sacamos unas bebidas del mini bar y descansamos, mientras nos transferíamos las respectivas imágenes. La de pose de vaquita se la mandé a Miguel y apagué el teléfono otra vez. Debo aclarar que cuando había vuelto a prender el teléfono, sonaron varios mensajes, los cuales vi.

    –¿Es algo importante? –me preguntó Mario mientras yo los veía.

    –No, sólo besos y saludos. Al parecer está celoso de que me hayas vuelto a invitar a tomar una copa –dije.

    –¿Tu marido sabe que estás conmigo? –preguntó Mario con temor.

    –¡Claro!, y ha de imaginarse, con sobrada razón dónde estamos tomando la copa… –le contesté y se quedó asombrado–. En la mañana le recordé que hoy tampoco habría comida y a cambio recibí una famosísima cogida “Me lo saludas”, me dijo al venirse –Mario sonrió, pero su semblante cambió, desconcertado, cuando le pregunté–: ¿Te gustó el saludo de mi cornudo?

    –Sí, sabías deliciosa… –dijo después de recordar el 69 con que iniciamos.

    Platicamos un poco del contrato y le dije que pensaba preguntarle a mi cuñada si le importaban tus servicios, pero eso será hasta el sábado, el lunes te platico.

    –¿Nos bañamos? me preguntó Mario.

    –Báñate tú, después de darme un chorrito más de amor. Serán tus saludos a mi marido… –le dije acostándome bocarriba con las piernas abiertas.

    –¡Puta…! –me dijo amorosamente cuando se subió en mí.

    –¡Puto…! –le contesté cerrando las piernas para apresar sus testículos al penetrarme.

    El Viagra seguía en funciones. Me sacó varios orgasmos y me llenó la vagina de amor con su despedida. Mientras él se bañó yo me puse a mensajear con mi marido. Le envié una foto con mis vellos alborotados y brillantes con los residuos de las venidas. “También te mandaron saludos” y le gustaron los tuyos, iniciamos con un 69 que me sacó seis o más orgasmos seguidos, no los conté”. “¡Qué puta eres, mi chichona!”, contestó. “Al rato, ya que termine de bañarse, me lleva a la casa, ¿quieres que pase?”

    –¡Sí, a lo mejor te damos una repasada entre los dos! –contestó.

    –No, eso aún no lo acordamos, además él está en desventaja ahorita –escribí–

    –Yo también estoy usado –respondió.

    –Adiós, ya terminó, nos vemos en media hora dije y terminé la comunicación.

    Al legar a casa, vi que el automóvil de Rosalía se retiraba. “Pasas”, le pregunté a Mario. “No sé si deba, tu esposo puede molestarse”, me objetó. “¡Que se moleste!”, dije y lo obligué a bajarse.

    Miguel estaba lavando los trastos que usaron en la comida y suspendió su acción para recibirnos. Hice las presentaciones de rigor.

    –Mario, además de ser compañero de trabajo, se dedica a dar mantenimiento electrónico de seguridad y de comunicación en voz e imagen a negocios y residencias –expliqué– hoy platicamos sobre eso y le pedí una evaluación.

    –Sí, seguro que te la hizo… –contestó Miguel con tono neutro.

    –No, sólo platicamos un poco de ese negocio, pero para eso lo traje, para que conociera el lugar y supiera cuáles son nuestras necesidades –dije en tono alegre y cambié el rumbo de la plática–. ¿Hiciste de comer? ¿Por eso lavabas trastos?

    –No, mi hermana y yo pedimos que nos trajeran de la cocina cercana. No permití que ella los lavara, esa es mi tarea –contestó–. ¿Gustas una copa?

    –Sí, exactamente ese es mi papel en casa. Por ello recibo comida y cama –externó Mario al sentarse, aceptando también el ofrecimiento que hizo mi marido.

    –Pues aquí, ambas cosas son buenas, ya te tocará también probar la comida –le dijo mi marido con muy mala leche y Mario se cohibió un poco y pidió permiso de pasar al sanitario.

    –¡Compórtate mejor con él!, sé amable después de todo, te ayudó hoy… –le dije a mi marido y él me metió la mano bajo la falda llegando a mi panocha al hacer de lado la pantaleta.

    –¡Qué rico voy a cenar hoy! –dijo al lamerse los dedos, después de haberlos sacado húmedos y olerlos.

    La plática transcurrió con amabilidad y se transformó en algo picante, cosa que aprovechó Miguel para abrazarme y preguntar cómo me porto en la oficina, “pues menciona que la chulean mucho”, dijo al acariciarme el pecho. Mario dijo “Pues sí, si belleza resalta a los ojos de cualquiera”. Mi marido metió la mano en el escote y dijo “Es cierto, es bella, y se duerme uno como bebé a su lado”. A Mario se le hizo un bulto en el pantalón que no pudo ocultar.

    “Veo que sí te parece atractiva. ¡Salud por esa franqueza!”, exclamo levantando el brazo y haciendo un movimiento de ojos hacia el pantalón de Mario. Éste, a quien ya se le habían subido los tragos, correspondió al brindis diciendo “Por la envidia de dormir como bebé, asido a unas bellas tetas”. Miguel me sacó una teta y se puso a mamar mientras Mario veía extasiado y cada vez más caliente. “¡Cómo eres díscolo!, compórtate o, al menos, invita a mi amigo…” exclamé yo muy arrecha y algo borracha. Miguel, como respuesta, después de decir “Tienes razón”, me bajó la blusa quedando mis dos chiches al aire y se dirigió a Mario pidiéndole que se uniera: “Para eso tiene dos, acércate”.

    Mario se juntó a nosotros y yo acaricié la cabeza de mis machos mamadores. Mi marido me volvió a meter la mano y ya no aguanté.

    –Pongámonos cómodos –dije poniéndome de pie para quitarme toda la ropa y ellos siguieron mi ejemplo–. Vamos a otro lado –les dije tomándolos de la mano y los llevé a la recámara.

    Lo primero que hizo mi marido fue acostarme boca arriba y me abrió las piernas. “Tú la atiendes con la boca en las chiches y yo tomo el atolito que hicieron”. Mario levantó las cejas, preguntándose cómo sabría mi marido que habíamos cogido. Fue un orgasmo tras otro de mi parte por las mamadas que yo recibía.

    Cuando acabó Miguel con las chupadas yo me puse a limpiarle la verga aún con resabios y escamas de la cogida que le dio a su hermana Rosalía. Se le paró bastante y me la metió en un solo envión, resbaló en la panocha que rezumaba jugo con cada caricia que me daban. Miguel veía la escena y se la jalaba con mucha enjundia. “¡Tengo leche para mi hermosa y amada esposa!, gritó Miguel al venirse. “Te toca”, dijo y se levantó para que entrara Mario, quien me dio una rica cogida sacándome gritos. Miguel se acariciaba el pene mientras veía cómo me cogían.

    Mario se acomodó en posición de 69 y me dijo “Mámamela para que se ponga más dura, quiero metértela por el culo”. Cuando estuvo a punto, invité a mi marido para que me hicieran sándwich. Con trabajos pudieron venirse un poco, pero yo lo gocé mientras se esforzaron.

    Al rato, ya repuestos, Mario entró al baño, se dio un regaderazo, y se fue a la sala, donde estaban sus ropas para vestirse. Cuando regresó a despedirse, le dio la mano a Miguel diciéndole “Mucho gusto en conocerte, espero que nos sigamos viendo”. “Claro que sí” contestó gustoso mi cornudo. A mí me dio un beso en los labios mientras acariciaba mi pecho. “Hasta mañana, chichona hermosa”, dijo y salió de la recámara.

    Al oír el ruido de que cerró la puerta exterior, mi marido se puso a chuparme las nalgas, el periné y la pepa. luego se acomodó con la teta en la boca para dormir.

    Afortunadamente, convencí a mi cuñada Rosalinda que firmara contrato con Mario. “Qué tal si también me da mantenimiento a mí…” Me gusta, dijo, y sacó las fotos de Mario que yo le había enviado a Miguel, pásame otras, sé que tienes más…

  • El juego erótico de mi masajista (2)

    El juego erótico de mi masajista (2)

    Esto es la continuación de mi relato “El juego erótico de mi masajista”. Si no has leído el primero puedes buscar los relatos en mi perfil y debe aparecer a continuación de este. Como preámbulo seré breve en hacer un extracto y es que esa primera hora y media con esta chica llamada Alisa, fue un masaje intenso y erótico donde esta chica tuvo un espectacular orgasmo con ricos gemidos que hicieron a que yo tuviera también una rica eyaculación en ese momento, pero todo esto se daba sin penetración alguna. Ella hasta me lo mencionaba que no habíamos tenido sexo, pues no la había penetrado y todo esto había culminado con solo el roce erótico de sus labios vaginales masajeando los 21 centímetros de mi falo en posición de Alisa montándome.

    Después de todo esto me quedé en que estábamos bañándonos juntos y teniendo una plática reviviendo lo que acabábamos de vivir. De hecho, esta hermosa rubia me quedó viendo la pelvis y me echaba agua para remover todas esas secreciones de sus jugos vaginales y mi liquido preseminal. Me restregaba mi verga ya flácida, me le echó jabón y posteriormente me volvía a secar. A ese punto no sabía si habría más o si esta chica quería llegar a ser penetrada o esto que habíamos vivido era suficiente para ella. La verdad que, aunque mi verga se mantenía flácida después de haber eyaculado, en mi mente pasaban ya imagines y me miraba chupando su rica conchita y penetrándole ambos agujeros. La verdad no sabía a qué estaba dispuesta, pero ya con lo que habíamos vivido con toda seguridad tenía mucha más confianza en explorar las posibilidades.

    Ayudé a secarla y ahora con más tiempo y sin tener esa presión del deseo podía observar la gatita pintada en su glúteo derecho y una pequeña mariposa que a la vez ayuda a camuflar esa cicatriz de una cesaría de la cual me había hablado antes. No había observado muy bien su conchita, pero es de esas con labios gruesos y un clítoris abultado y muy bien depilada que prácticamente parecía que nunca hubo allí vello alguno. En sus nalgas muy bien formadas no se podía ver estrías o celulitis alguna y realmente tenía ante mi a una bella mujer, con unos pechos como dije antes que me parecía perfectos y una carita tan linda con una sonrisa que me parecía hasta erótica. Alisa obviamente es una tentación y creo que ella lo sabe. Fue ella la que resumía la plática:

    –¿Te gustó el masaje?

    –¡No me gustó, me encantó! -le dije mientras ella me daba una sonrisa.

    –Para serte honesta, a mí también me encantó. -decía con esa sonrisa erótica.

    –Me gustaría hacer otra cita para otro masaje. -le dije.

    –Lo podemos agendar si tu gustas.

    –¿Qué tal ahora… tienes tiempo?

    –Creo que lo que tú quieres es algo más que un masaje. ¿Me equivoco?

    –No… creo que lo intuyes muy bien. Después de lo que me has hecho vivir me gustaría sentirte como toda una mujer. – y me quedaba mirando con esa carita muy rica que tiene.

    –Tú eres un hombre que honestamente me atraes, pero nunca había hecho esto con cliente alguno y no quiero que pienses que lo hice para atraer a un cliente por medio de un masaje erótico. Lo hice porque realmente me gustaste y me inspiraste confianza.

    –¿Entonces?

    –¡Es que es complicado! No sé cómo decirlo y no sé si debería decírtelo.

    –¿Decir qué?

    –Mira Tony, te voy a decir algo muy íntimo que muy poca gente sabe de mi y honestamente no te lo puedo negar, me gustaría sentirte como hombre también, pero antes quiero hacerte saber algo que no quiero arruinar y que no deseo complicar. Te dije que estaba casada… ¿recuerdas?

    –Si… si me lo mencionaste.

    –Bueno… estoy casada, pero no con un hombre, es una mujer… soy bisexual.

    –No te preocupes por eso… yo no pienso complicarte en nada tu relación. Y que seas bisexual tampoco me incomoda.

    –En ese caso, déjame llamar a la señora que cuida de mi nena y hacerle saber que llegaré más tarde.

    Ya para cuando llamaba a esta persona Alisa se había puesto unas bragas similares a las que llevaba al principio y sabía que eran otras pues las que mojó anteriormente yacían todavía colgando en el baño. Se miraba deliciosa solo vistiendo esas bragas y no me aguantaba para que terminara con la llamada para que me diera luz verde y comenzar a acariciar tan perfecto cuerpo. Imaginaba comenzar mamando sus tetas y definitivamente quería chuparle esa preciosa panocha y comía ansias mientras ella hablaba. Después de cinco minutos de espera Alisa se acercó a mi y me puso su mano izquierda en mi pectoral y con su mano derecha me tomó el falo y me dijo con su voz aguda y erótica: –¡Me la quiero comer!

    Estaba cerca de las puertas corredizas contemplando el jardín y una fuente de agua que se unía a una piscina y esta linda mujer comenzó con una felación tan erótica como también profunda. Sus labios me atraparon el glande en mi verga que ya había comenzado a tomar volumen por lo que ya imaginaba. Alisa hizo una pausa y me dijo lo siguiente: –¡Tienes una verga hermosa, que realmente dan ganas de mamarla! –Me tomaba de las nalgas y allí tenía a esta preciosa mujer hincada ante mí chupándome la verga eróticamente mientras miraba la escena del jardín, pero por dios… que divino chupaba verga esta mujer. Era una felación en ocasiones delicadamente erótica y por momentos salvaje y profunda. Podía intuir que esta mujer de unos 32 años tenía experiencia haciendo aquello y en esos momentos pensaba, que sorpresas me aguardaban con esta linda chica cuyo rostro parecía ser el de una chica de veinte años. Pasó mamándome por unos siete a diez minutos donde me chupó los huevos con una técnica exquisita que a la misma vez me pajeaba la verga cuando lo hacía y todo esto me estaba acercando a la tierra prometida por lo que hice una pausa para también corresponderle con lo mío.

    Hice que se parara ante mi y le di un beso por sobre los labios gruesos que tiene. Alisa correspondió con otro beso y con este segundo estábamos saboreando nuestras lenguas. Sentí sus hermosos pechos contra mi zona torácica y supe que eran naturales, aunque de vista se miraban sólidos como si fueran de silicona. Pero así eran de perfectos y confirmé que eran naturales cuando los tomé con mis manos y me llevé uno hacia mi boca y comencé a mamarlo. Vi como literalmente se le erizó la piel y entre un gemido y con voz quebrantada me dijo: –¡Qué rico! ¡Qué rica se siente tu lengua caliente y tus labios halando mis pezones! –Me lo decía mientras a la vez con mis manos me apoderaba de tan rico y perfecto trasero y cuando tocaba su zona vaginal descubría que sus bragas que se acababa de poner ya estaban empapadas de sus jugos vaginales. Alisa produce abundante jugo vaginal y es un jugo espeso que literalmente al tocarlos con mis dedos se estiraban como hilos incolores.

    Su piel olía como a frutas dulces y paso a paso y sin dejar de mamarle las tetas haciendo pausas para saborear ambas en tiempos intermitentes me acerqué a la cama y la coloqué por sobre sus espaldas y continué chupando esos pezones y luego descubrí que le encantaba que le besara el cuello mientras con una de mis manos le halaba o apretaba uno de sus pezones. De esta manera pasamos alrededor de unos quince minutos y donde podía escuchar los latidos acelerados de su corazón, los gemidos apabullados por la excitación y Alisa me lo hacía saber que lo estaba gozando y me decía respirando profusamente que a veces no entendía lo que decía: –¡Me encanta como me mamas las tetas… tienes una lengua muy juguetona… Oh Dios, que delicioso… me tienes tan mojada y caliente que quiero sentir tu verga… por favor, Tony, ¡méteme la verga! – Ahora en esta ocasión era yo quien jugaba con sus ansiedades y solo le decía cuando me le acercaba al oído chupándole el lóbulo: -Espera, quiero chupar esa panochita y meterle la lengua a ese hoyito.

    Me decía que yo era malo, que la estaba volviendo loca de placer y yo continuaba prendido de sus tetas y en ocasiones le pasaba mis dedos por sobre esas bragas mojadas y le masajeaba con mis dedos ese clítoris que ya de por si se mira abultado, pero hundida en aquella excitación el clítoris tenía un volumen mayor y podía sentir el golpe sanguíneo que chocaba llevándole una buena dosis de exquisito placer. Creo que Alisa estaba tan excitada que prácticamente me lo pidió de esta manera como si fuese un sincero ruego: –Estoy al borde de correrme, pero quiero correrme sintiendo tu verga pompeándome… Méteme la verga.

    No le quité las bragas mojadas y solo se las hice de un lado. Pude ver esa conchita escurriendo jugo vaginal en abundancia que las sábanas mostraban también humedad en esa zona. Apunté mi glande a su canal vaginal y sentí su humedad caliente y como me lo presionaba. Se la fui metiendo lentamente porque sentí cierta resistencia a pesar de que esta linda mujer estaba más que sobre mojada. Escuché sus gemidos en una combinación de dolor y placer y me alagó con su mirada erótica y me decía con esa voz muy sugestiva que tiene: –¡Que rica se siente tu verga! Dámela con todas tus ganas que estoy a punto de correrme… húndeme hasta los huevos sí quieres. – Me apoyé con mis brazos para no poner mi peso por sobre ella y a la vez ver esos gestos deliciosos cuando le comencé a dar un embate que de cien pasó a mil revoluciones en segundos. La cama crujía y al igual aquel piso de madera y esto llevaba el mismo ritmo de los gemidos de la bella Alisa. Llegamos a ese punto de esta sincronización de baile sexual cuando nuestros ritmos eran precisos cuando le hundí al máximo mis 21 centímetros de verga y ella los recibía con un golpe que podía sentir el choque de mis testículos pegando en sus nalgas y Alisa solo decía mientras cerraba los ojos y fruncía los labios: –¡Qué rico… así, así, dame, dame… me vengo, me vengo… no pares, no pares… por Dios, pégale fuerte… húndeme esa verga… oh, oh, oh… me corro Tony, me corro Tony! –El último embate parecía como un castigo a esa conchita, pues la taladré fuertemente por más de tres minutos y Alisa no paraba con ese jadear despavorido y me arañaba las nalgas y las espaldas y podía sentir su vagina contrayéndose por varios minutos y todo aquello hizo que llegara a mi segundo toque al paraíso. Me corrí y este segundo palo me pareció más rico y fuerte que el primero. La sabana se mojó mucho más y cuando me levanté de por encima de Alisa, pude ver mi esperma vertiendo de la cavidad paradisiaca de esta linda y hermosa rubia. Me dio una sonrisa cohibida y solo me dijo cuando se levantaba: -Tienes una resistencia increíble… No recuerdo a nadie que me haya dado verga de esa manera, me corrí tres veces.

    Obviamente aquello es un halago para cualquier hombre y nos fuimos directo de nuevo al baño y continué viendo como le escurría mi esperma entre las piernas blancas de esta mujer. Antes de que nos cayera el agua Alisa me dio una breve mamada a mi verga flácida y me removió los últimos residuos de sus jugos vaginales y mi leche. Aquella última declaración de Alisa provocó mi curiosidad y fue cuando le pregunté:

    –¿Nadie te había dado verga de esta manera? ¿A qué te refieres?

    –Me refiero a la fuerza, a la constancia y a ese ritmo que logré encontrar contigo… me gustó mucho. Nunca me había corrido dos veces seguidas y mucho menos tres. Tienes una resistencia de admirar y aunque sabía que eras un hombre con mucha experiencia, nunca imaginé que lo harías tan rico.

    –Alisa, no te moleta si te hago una pregunta… de esas personales.

    –Pregunta.

    –¿Cuándo fue la última vez que estuviste con un hombre?

    –Fue con el exnovio que te hablé… unos cuatro años.

    –Me hablaste de que tu esposo no te lo hacía tan rico como lo hacía tu exnovio. ¿Hablabas de tu pareja actual?

    –Mira, es algo complicado hablar de esto. No es que ella no me satisfaga… más bien, extrañaba esto. Sentir una verga verdadera y no un consolador… ¿entiendes?

    Me habló más extensamente de su relación lesbiana cuando nos bañábamos y hasta me insinuó que ellas tenían una relación libre, aunque ella creía que su pareja era cien por ciento lesbiana y que nunca había estado con un hombre. También en esa plática le mencioné que me había quedado con las ganas de chuparle la conchita, que realmente deseaba hacérselo, puesto que me gustaban sus labios y ya me había hecho la idea de probarlos. No le mencioné nunca del sexo anal, pues por su apariencia de chica delicada y sus ademanes finos no me la imaginaba que aceptara que me diera ese precioso culo ni nunca me la imaginé que fuera una de sus preferencias sexuales, pero estaba totalmente equivocado. Cuando le mencioné lo de chuparle la conchita ella me dijo que le gustaría experimentar algo conmigo. Le dije que con ella estaba dispuesto a todo y Alisa se fue abriendo con mas confianza a sus deseos más perversos o cachondos.

    Sacó de su cartera lo que parecía un tapón anal y me pidió que fuera yo quien se lo introdujera en el culo y que luego después me podría comer su conchita. Era como de material plástico de color rosa y obviamente la punta era mas gruesa que el tronco para que su anillo o esfínter lo atrapara y que no se salga de su culo. No tenía lubricante, pero lo embarró con el mismo aceite con el que horas previas me había embarrado a mi buena parte de mi cuerpo. Ella misma se puso en posición de cuatro o de perrito y antes de que se echara del mismo aceite en el culo le dije que esperara, que yo se lo quería lubricar de otra manera. Me hinqué ante esa espectacular vista, pues la verdad esos labios de su conchita eran espectaculares y ese culo de ojete rosadito sin ningún vello era un postre difícil de ignorar y no querer probarlo. Me acerqué a su culo y primeramente se lo soplé para que sintiera mi aliento y luego le acerqué mi lengua a esa abertura deslizando mi músculo oral por las paredes de sus nalgas. Le di un beso al tatuaje de su gatita y luego me lancé a chuparle ese precioso culo. –¡Oh dios… se nota que sabes lo que una mujer desea! – Yo le pregunté: –¿Deseabas que te chupara el culo? – Y ella contestó: -Cuando me chupaste las tetas supe que tenías una lengua picara y muy juguetona. – Y Alisa solo soltaba gemidos de placer mientras le paseaba mi lengua de arriba hacia debajo de sus nalgas sin llegar a su conchita que se miraba húmeda.

    Como dije, el tapón anal de unos ocho o diez centímetros tenía una buena circunferencia en la punta que se asimilaba a la punta de mi verga en su grosor. Lo que no sabía era que funcionaba también como vibrador, pero ella me pidió que no lo pusiera a vibrar cuando después de una buena chupada a su culo, estábamos en ese proceso de invasión. Con mi saliva y el aceite poco a poco su esfínter cedió y ella me pidió que se lo sacara y se lo metiera cuidadosamente de nuevo. Esto lo debí haber repetido unas cinco o siete veces. Podía ver como le quedaba ese culo abierto y mi verga se había endurecido y caía mi liquido preseminal en el piso de madera. Alisa luego se acostó en la cama sobre sus espaldas con sus piernas dobladas listas para que se las abriera. Podía ver el tapón anal de tono rosado clavado en su culo y abriendo las piernas me dijo con sus voz y sonrisa erótica: –Venga, ahora cómase esta conchita como usted quiera. Me abrió las piernas y yo busqué ese agujero impacientemente y saboreé su conchita y esta tenía un sabor dulzón. Sé que hay este tipo de dulces que las chicas se ponen en la vagina y le dan un aroma a frutas y un sabor dulce que con lo salado de sus jugos hacen una buena combinación y me dediqué a chuparle la panochita a placer.

    La llevé donde la acomodé a la orilla de la cama elevando sus dos piernas y yo puse una almohada para que mis rodillas no me dolieran pues era piso de madera y le succionaba el clítoris que ya bien excitada esta mujer se le mira espectacular pues lo cubre en algo una membrana parte de sus labios como si fuese una mariposa. Le hundía la lengua en ese hueco y le paseaba mi lengua desde el clítoris a su perineo mientras con mis manos me apoderé de sus dos pezones y comencé a halarlos y apretárselos. Sé que le gustaba esto, pues sus gemidos de placer me lo hacían saber contundentemente. Luego después de cinco minutos chupándole la panocha, me pidió que encendiera el vibrador a la segunda velocidad de este. Era solo de apretar dos veces el otro extremo que aparecía por su culo y escuche el vibrar del aparato en su culo pues no había mucho ruido en aquel cuarto además de los gemidos de Alisa.

    Volví a lo mismo, le succionaba el clítoris y se lo halaba con mis labios y Alisa solo gemía de placer diciendo: –¡Oh, Dios mío… me vas a volver loca de placer! – Su piel se erizaba y luego le dejé ir un embate con mi lengua pues sentí como sus jugos vaginales vertían y estos se volvían más salados pues creo que el dulce se había drenado por todo ese jugo que vertía. Alisa correspondía ese embate de mi cabeza contraminada entre sus dos piernas y mi lengua hundiéndose lo más profundo a su hueco y no pudo más… Esta vez no dijo mucho y sus espasmos llegaron y levantaba su pelvis buscando el calor y placer de mi lengua y solo le salió como un grito chillón diciendo: –¡No me quería correr…pero esa tu lengua si que es juguetona! –Se la lamí hasta que sus suspiros se fueron haciendo más leves y menos ruidosos. Yo tenía mi rostro lleno de los jugos vaginales de Alisa y ella se incorporó y me besó los labios y me los chupó de una manera muy erótica que parecía me estaba chupando la verga.

    Me dijo que ella esperaba correrse con mi verga en su conchita y con sus piernas elevadas contra mi pecho, pues esta posición le ha ofrecido los mejores orgasmos según me contaba. Le dije que lo podíamos intentar y que mejor sería hacerlo en la cama de masajes, pues por su altura era para mi mucho más fácil. Sin perder mucho tiempo se acomodó en esa posición en esta cama y era la altura precisa para ver como mi verga se hundió en su conchita en la cual yo podía sentir ese vibrar de su tapón anal en su culo. Piernas elevadas y cerradas en contra de mi pecho y comienzo a pompearla con embates más acelerados e intermitentes. Alisa se tomaba de sus pechos y cerraba sus ojos y momentos después ella se apretaba los pezones y hacía muecas eróticas con su bello rostro. Sentir el calor de su vientre y como este me enviaba señales con un calor mucho más intenso e intuí que estaba al borde de otro orgasmo. A mi edad y con dos polvos que ya le había echado, pues a mí me cuesta mucho más llegar a una tercera eyaculación. Le pegué a esa conchita una sacudida que esa camita crujía y prácticamente la empujaba hasta que chocó con la pared y fue allí donde arremetí un último embate y oía el chasquido de ese mete y saca de mi verga gozando de tan preciosa mujer y ella soltó el grito: ¡Dios mío… me corro! Dale, no pares que me vengo. Se la sacudí hasta que ella misma me dijo que no daba más y me pidió que me corriera. Fue entonces que le pedí el culo. Ella en una manera de resignación y podía ver ya ese agotamiento en su mirada me dijo: -Cógetelo… es tuyo.

    Para no hacer las cosas mas complicadas y viendo su agotamiento en su rostro, le saqué en esa posición el tapón anal y vi como ese culo le quedaba abierto y comienzo a meterle los 21 centímetros de mi verga. Ella solo me dijo: -Ven con cuidado, que tu verga si se siente que lo rompe a uno. – Se la dejé ir y a los minutos se la estaba pompeando a placer siempre con sus piernas elevadas y ahora era Alisa quien metiendo su mano entre sus piernas se masturbaba el clítoris. Le pegué varios embates a diferentes velocidades y me lo volvió a anunciar: -Me vengo Tony, por dios me estoy corriendo otra vez. – Aceleré mi embate y en esta ocasión los espasmos fueron tan fuertes o ella estaba tan débil que los ojos se le blanquearon y sus muslos quedaban temblorosos. Yo le seguí taladrando, pues quería encontrar la gloria y ahora con mi espalda sudada y con gotas de sudor cayendo a mis pectorales, le inundé el culo con mi tercera eyaculación. Estábamos ambos respirando profusamente y cuando ella recuperó el aliento me dijo: ¡Bárbaro… eres increíble para coger! Nunca esperé semejante cogida.

    Ya han pasado meses de ese primer encuentro, pero hace tres días me cayó el correo electrónico número cien pidiéndome que les contara lo que aconteció después de mi primer relato con Alisa. A esa persona le voy a enviar una fotografía de Alisa… no mostrando su rostro porque eso para mi es muy confidencial, pero se podrá dar un taco de ojo apreciando la belleza de esta mujer. Desde esa primera vez hemos cogido una segunda vez y es donde le tomé varias fotografías y esto aconteció hace tres semanas. Alisa es una diosa del sexo y realmente fue un rico placer haberla llevado a la cama. Si te gustó este relato escríbeme y haz las preguntas que tú quieras.

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  • Carla: haciendo un gran favor y de vacaciones

    Carla: haciendo un gran favor y de vacaciones

    Dos cosas sorpresivas ocurrieron en el mismo día. Primero fue la llamada de M, el de la multinacional, invitando a Carla a acompañarlo en el hotel tres días que él debe visitar Asunción.

    Desde luego por placer y conveniencia, de acuerdo a lo acordado desde que se conocieron, la respuesta fue un sí enfático. A Carla le encanta M y todo lo adjunto a una estadía con él. Un fin de semana completo y un lunes, no le molestaban para sus estudios, ni para los trabajos encargados por los profesores.

    No habían pasado ni dos horas de esa llamada, Carla ya preparaba el viaje, cuando le llega una llamada de “La Tejedora”, no es que tuviera ahora algo que ofrecerle a Carla, sino que le pedía un favor, gran favor.

    —Tengo una conocida, una dama en todo sentido, mamá inclusive, que tiene necesidad de sexo y quiere que le consiga a alguien muy especial… me ayudas?

    -Conocida? Amiga? Y que quiere? Me estoy yendo a Paraguay, pero queda Sergio y puede ayudarte con todo gusto.

    —Es de altísima sociedad, casi 50 años pero impecable de físico y cara. Quiere tener una tarde de abundante sexo, en mi casa, por discreción, y el hombre seleccionado debe ser muy dotado y debe aceptar que en todo momento ella cubra totalmente su cabeza con un pasamontañas de seda, suave y con apertura generosa en la boca para poder besarse. Tenés a alguien recomendable?

    -Claro que sí, y tengo una idea. Sergio la instrumentará y la va comentando contigo, pues me voy a unas mini vacaciones con encuentro en Asunción. Sergio te llama ok?

    —Ok, y que tengas buena estadía y disfrutes todo!

    Me pasó Carla el tema a mí, y la travesura que había pensado al toque, aún sin hablarla con La Tejedora. Me encantó, y me dispuse a llamarla, bien encerrado en mi oficina.

    Llamada, saludos de rigor, y su acuerdo a que yo me encargara del tema. Acuerdo total. Pasé a las preguntas.

    La señora ponía restricciones de edad? De raza? De físico (más allá de ser bien dotado)? Restricciones de clase? Desea la señora certificados de salud?

    Las respuestas fueron de lo mas simple. Sin restricciones de edad, raza, físico ni clase (aunque si fuera clase media, digamos, mejor y no clase alta por peligro de conocerse). Sin dudas con análisis completos de salud, la dama quiere disfrutar como disfrutaba en su casa, cuando disfrutaba. Y la señora no practica sexo anal. Le expliqué el truco que tenía pensado y le encantó, sin dudas aunque la sorprenderíamos, la solicitante estaría de acuerdo.

    Pese a mi insistencia, no obtuve dato ninguno de la solicitante. Solamente que es una dama de altísima clase, desatendida. Y que tapará su cara.

    De inmediato me puse en contacto con los dotados elegidos. El portero del edificio del Golf, por anonimato total, y el chofer/guardaespaldas de la embajada en la cual tuvimos(ya no), un embajador novio fijo de Carla. Y por las dudas, sin garantía de que ocurriera algo, pero siempre fiel, Pía estaría a la orden en zona Carrasco.

    Ambos aceptaron gozosos, el portero iría primero, supuestamente sería el único que la señora había pedido. De ese modo quedaba libre para llegar en hora al edificio. El chofer, iría como sorpresivo segundo, con la tarde libre que podía gestionar sin problemas.

    La dama los esperaría vestida a su gusto y con la máscara de seda puesta, en un dormitorio de la casa de L.T.

    Así, además, podrían llegar los dos varones sin que ella los viera ni sospechara.

    Se coordinó la escapada de la dama para el día siguiente, nunca es fácil, pero ayudó que pasaría la tarde en casa de La Tejedora, señora amiga y altamente respetada por quienes desconocen su actividad secreta.

    Mientras tanto, ya al día siguiente, Carla estaba en Asunción, llegando al hotelazo al que siempre va M, donde la recibieron de la mejor manera y la instalaron en la suite del amigo. Tenía toda la tarde libre hasta que M llegara de trabajar y salieran a cenar.

    Lo siguiente fue una tarde de compras, fondos no faltan, y el reencuentro con M.

    Pocas palabras y de inmediato, polvazo sobre la cama semi vestidos, el vestido de Carla arrollado a la cintura, una teta afuera forzando el escote, y en cuatro a la cama, con la tanga corrida a un costado. M le lamía la concha desesperadamente, se sacó los pantalones y peló la verga sin sacarse el bóxer.

    Dura como piedra, muerto de ganas, la clavó a fondo. “la verdad Sergio, me puse como loca, gemía y gritaba, me encantó el deseo que tenía de mí”. Acabó en poco rato, el vestido todo manchado de lo que escurrió, a una bolsa de polietileno, y de regreso al lavadero en Montevideo. Se la chupé y se la dejé bien limpita, me escribió. Nos bañamos juntos, nos fuimos a cenar, y al regresar sexo interminable, dos polvos mas. Y un buen rato contándome los planes que tenía para el día siguiente después de una cena con dos ejecutivos de otras compañías, pero eso será tema del siguiente relato.

    Llegado el momento del gran encuentro en casa de la tejedora, con los dos amigos en el coche y Pía a la orden no muy lejos, llamé a La Tejedora. Sí, la señora ya llegó, y sí, lleguen en diez minutos y ella ya estará en el dormitorio esperando.

    Llegamos en ese plazo. Dejamos el coche a una cuadra y fuimos a la casa. Nos recibió L.T. al instante, y casi sin hablar, por si la interesada, llamémosla F para brevedad, nos oía, dirigió al negro N a otro dormitorio, y conmigo y con P el portero fuimos a ver a F. La dueña de casa entró primero y le explicó que entraría el hombre elegido, buena persona, sano comprobado, y guardia de seguridad y portero. A F le pareció perfecto, y entonces L.T. le dijo que me presentaría a mí, pareja de Carla que era quien había ayudado en la gestión y de viaje en ese momento.

    P, a pedido nuestro se había desvestido totalmente, y L.T. hizo un movimiento afirmativo de cabeza al ver lo que le colgaba.

    Entramos primero ella y yo, me presentó a F, que me agradeció haber colaborado y pidió disculpas por cubrirse el rostro totalmente.

    Por mi parte le dije que lo habíamos hecho con gusto y alabé sinceramente su cuerpo, alta y esbelta, en combinación de tanga y sostén, y con tacos. A manera de chiste expresé mi dolor por no tener el tipo de dotación buscada, a lo cual respondió con una sonrisa visible por la apertura de la máscara a la altura de su boca, un poco mas de la apertura necesaria, por si se diera besar o chupar.

    Hicimos entrar a P. Verga caída, larga, con mucha piel y bien cubierta la cabeza, formando apenas un orificio al recubrir el glande, pero que al conocerlo ya sabemos que destapa la cabeza totalmente llegado el momento.

    Fue ver a F y ya empezó a pararse la pija. Atinó a decir “mucho gusto señora” y ya nosotros nos retiramos.

    L.T. dijo a F, quieres la puerta entreabierta por si necesitan algo? Con lo cual daba a entender que protegíamos su seguridad. Ella asintió.

    Luego supimos, por la conversación entre damas y lo que me contó el portero, lo ocurrido. Ambos relatos coincidieron en todo.

    F curiosa, mujer solamente de su marido, se acercó a P y tomó en sus manos la verga aún no del todo dura, miró la cabeza tapada de piel y el orificio del extremo, las arrugas de la piel del tronco… encantada. P directamente le quitó el sostén y comenzó a acariciarle los senos, firmes gracias a un excelente cirujano y de pezones y areolas rosados. Ella seguía encandilada con la pija de P, la cual acariciaba sin llegar a masturbarlo. Repentinamente, levantó la cabeza como pidiendo ser besada, y P no dudó, mas que besarla le metió la lengua todo lo que pudo, ella, sorprendida, no respondió mucho y P moderó su ímpetu y pasó a beso de labios y juego suave de lengua, mientras su pija se petrificaba.

    En un momento ella le dijo: —Perdón no tengo experiencia con extraños, y desatendida por mi marido.

    —No se preocupe señora, déjeme hacer y sígame y si algo no le gusta me lo dice.

    Se agachó y le sacó la tanga, mojada. Un par de lengüetazos y la concha se humedecía y el clítoris apareció.

    Ahí nomas se lo empecé a lamer y se desesperaba dijo P. Volvió a subir, seguían parados, y le acarició y chupó las tetas, y después a besarse con mucho mas énfasis, ella ya seguía sus deseos.

    F le contó a L.T. que mientras tanto P le refregaba la verga en la concha, y que ella se moría de deseos de solamente sentir como iba y venía el miembro entre los labios de su concha.

    Un delicado empujón de P indicó a la homenajeada que se acostara, cayó de espaldas, piernas abiertas, y justamente allí fue a parar la boca de P , lamiendo la concha sin parar hasta que él se incorporó y le acercó a la boca la verga, todavía de cabeza tapada y con una gota de pre seminal en el orificio del glande. Mirá lo que te espera, le dijo. Y ella instintivamente comenzó a chuparlo suavemente mientras él le acariciaba la concha.

    Sacó la pija de la boca y ella le destapó el glande con sus manos. Recordando lo que le habíamos pedido, P dijo: ponete en cuatro y gozás mas!

    Así lo hicieron y ella dijo que cuando se la iba metiendo se sentía cerca del cielo, hasta que le entró toda y empezó él a moverse y ella a acompañar. Ahí empezamos a oír desde afuera de la habitación… Ayyy sí, sí, que bien me cogés. Más, más por favor, tanto tiempo sin coger, más por favorrr. Me acabo! Corrí a buscar al negro, era evidente que ella había acabado y P no demoraría mucho.

    Según le pedimos, P anunció a su vez: Ahí voy! Ya , yaa. Y le acabó unos buenos chorros, deliciosos de sentir según F.

    Entró L.T. Y dijo terminaron?

    Y F en un gemido: Quiero mas, quiero mas.

    —Pero P debe irse.

    —Estoy ardiendo que se quede!

    —No puede, debe trabajar, pero…

    —Que?

    —Con Sergio previmos que podía pasarte esto, estas muy necesitada, y mira lo que tenemos…

    Allí entramos N y yo.

    Nos tomamos la libertad de traer a N por si querías mas.

    N de torso descubierto, trabajado, se descalzó, lentamente bajó su pantalón y para sorpresa de F no traía bóxer ni slip… solamente su tremenda verga colgando, tan negra como todo su cuerpo.

    F no podía creer lo que veía, se intuía el asombro en los ojos que veíamos en su máscara.

    —Es para mí?

    —Claro que es para ti.

    La verga de N, cuando el veía la concha ya llena de leche de F y su excitación evidente, ya estaba casi casi dura.

    Los dejamos, sugerí. Y salimos la dueña de casa y yo.

    Comentamos lo excitada que está F y si dábamos el paso siguiente. Yo aseguré que cubriría lo de Pía, y la llamamos que viniera.

    Desde el dormitorio, después lo supimos, la acción empezó con ella chupando la poronga de M, lamiendo y dando mordisquitos, cuando estuvo como hierro, N ni preguntó. La puso boca arriba y en misionero empezó a puntearle la concha, cada toque de la cabeza a la concha era un gemido de F… hasta que de pronto, aprovechando la concha de F llena de la leche de P, N aprovechó y empujó con fuerza. Media verga adentro.

    — Te gusta?

    —Sííí, seguí, metela toda!

    Dicho y hecho… Ayyy sí, dame! Dame mas!

    Y según nos contaron ambos, el cuerpo de ébano de N empezó un frenético vaivén que no duró mucho.

    Sí, sí, acabame así! se siente caliente y divino, seguí.

    Evidentemente N no decayó y mantuvo la pija dura para un segundo polvo. Pero cambiaron de posición. Aleccionado ya saben por quienes, N se sentó al borde de la cama y se hizo montar por ella de frente a la puerta, dándole la espalda a él que le acariciaba el culo con un dedo bien ensalivado.

    Ella comenzó a subir y bajar sobre el enorme tronco que tiene N, y comenzamos a oír desde afuera el clásico plaf plaf de una concha llena de leche subiendo y bajando sobre una pija, golpeando la base de la verga en cada bajada.

    Pasado un rato, suponiendo que N no aguantaría mucho mas, L.T. Entró con Pía desnuda de la mano, ya Pía y N sabían lo que pasaría y para F no hubo ni presentación ni nada. Simplemente Pía se arrodilló frente a ellos, la concha que subía y bajaba, y el tronco bañado en flujo y leche, al alcance de su lengua, y vaya si empezó a lamer!

    Todo lo que salía de la concha de F, Pía lo tragaba, y sus lengüetazos se estiraban hasta el clítoris de F.

    Cuando N acabó por segunda vez, F pudo tomar aliento, su capucha un poco ladeada para tomar aire mejor, vimos algo de su cara, muy bonita por cierto.

    Y todo esto que fue?

    Un regalo. Acaso te molestó? Dijo La Tejedora.

    Nooo! Pero me sorprendieron! Me encantó todo. Este muchacho es un semental, y P muy bien.

    —Vení tú, seguime chupando, como te llamás?

    —Pía.

    —Que rico como me limpiás!

    Gracias por todo amiga, dijo a L.T.

    Satisfecha?

    Desesperada por repetir! Dijo F mientras Pia habiendo limpiado la concha le lamía el culo.

    Disculpe, pero me permite? Pregunté.

    Claro! Esta chica me vuelve loca con lo que me hace!

    Al instante estaba ella en cuatro y yo clavándola, ya desnudo a la velocidad del rayo. Pía, entusiasmada, la besaba con los labios llenos de leche, y yo no fui, por cierto el que mas demoró en acabar. Mas trabajo para Pía, aquella concha había quedado saturada de leche.

    Nos fuimos duchando y yo me llevaba a N mientras Pía se fue en su auto, pero como F se quedaba un rato mas en casa de su amiga, nos despedimos en conjunto, y una promesa fue hecha… Esto se va a repetir dijo F, aún enmascarada. Y todos dijimos ojalá! Y mejor!

    Imposible, dijo ella. Y nosotros sonreímos.

    Fue excelente lo que me organizaste le dijo F a su amiga.

  • Me vestí de mujer para que compañero de trabajo me cogiera

    Me vestí de mujer para que compañero de trabajo me cogiera

    ¡Hola, hermosuras!

    Estoy muy contenta porque me acaban de dejar bien cogidita y satisfecha, con muchas ganas de contarles lo que he pasado desde hace un par de semanas con Vic, el compañero de trabajo con quien tuve un «rapidín» en el baño de un local donde trabajábamos.

    Debo ponerles en contexto: Desde la vez que cogimos, Vic se volvió muy serio conmigo, al grado de no saludarme o de solo hablarme para lo más indispensable. En mi orgullo decidí respetar esa decisión, ya que entiendo que puede ser un shock tener relaciones con alguien de tu mismo sexo.

    En ese momento me desanimé porque si bien, no fue mi mejor experiencia, pensé que podía tener algo casual con alguien que iba a mantenerse discreto. Me resigné un poco ante tal situación y continué con mi vida de manera normal.

    A la empresa le ha ido bien, tanto como para traspasar la oficina de Vic a un espacio más grande y me encargaron ayudarle a mudarse. Al enterarse hace unos días que me pusieron a cargo de esa labor me escribió diciéndome: «M» espero que no tengamos que pasar por momentos incómodos. Yo le dije que no tenía problema y que no se preocupara.

    La mañana de hoy, Vic ya tenía sus cosas empacadas mientras que yo tuve que contratar a un par de muchachos que rentaban una camioneta de mudanzas. Lo hice un poco en venganza, pero bromeaba mucho con ellos, nos reíamos e incluso hacíamos chistes de doble sentido. Vic se mantuvo serio en todo momento, por lo que pensé que estaba celoso, y decidí hacerlo más.

    Con uno de ellos le decía que tuviera cuidado bajando las cosas pesadas, que se podía lastimar la espalda, y ponía mi mano en su espalda. Hacía comentarios de sus brazos y de sus manos fuertes hasta que Vic de plano decidió alejarse. Con estos chicos no pasó nada. Terminaron su trabajo y se fueron, pero la cara de Vic era una joya por lo molesto que se notaba.

    ¿Todo bien? Le pregunté…

    A lo que Vic respondió: ¿Le coqueteas así a todos?

    ¡Para nada! Solo me parecieron agradables, respondí. A ti sí te coqueteé porque me gustas, le dije.

    Pero yo no soy gay, respondió Vic.

    Tampoco yo, ni te estoy pidiendo que lo seas. Simplemente fue sexo. respondí yo.

    Me acerqué a él y le dije que no se pusiera celoso, que lo nuestro había sido sin compromiso y que si quería podíamos repetirlo.

    Le acaricié el pecho y desabotoné su camisa, aunque él se resistió como 20 segundos jajaja. De inmediato bajó sus manos a mis nalgas y me pegó a su cuerpo. Yo comencé a besarle el cuello y a chuparle la oreja, mientras le decía juguetonamente que si estaba enojadito yo podía contentarlo. Me dejé manosear para que se excitara. Me bajó el pantalón y acariciaba mis glúteos de manera fuerte.

    Ven, chúpamela; me dijo él, y yo sin pensarlo me puse de rodillas y metí despacio su pequeña verga en mi boca. La chupé y la jalé una y otra vez desde los testículos hasta el glande, despacito y profundo hasta conseguí hacerlo venir en mi boca. Me tragué toda su leche.

    Después de eso, se subió el pantalón y me dijo: Me gustó, pero quiero volver a cogerte.

    Como yo me había quedado muy caliente, le dije que sí. Que nos veíamos a las 7 pm en un hotel de paso por el que pasaba de regreso.

    Salí de la nueva oficina con destino a mi casa como una bala. Empaqué una maleta con una peluca rosa, un vestido blanco que me queda muy pegadito al cuerpo, unos tacones, perfume y maquillaje. Me dirigí al hotel, tomé una ducha y me alisté para Vic.

    Quedé súper bonita. Mis labios rosas, sombra gris en mis párpados y unas pestañotas muy lindas. Me puse una loción frutal en el pecho y en la nuca.

    Dieron las 8 pm y Vic no llegaba. Decidí llamarle y me respondió que llevaba 15 minutos en el estacionamiento, pero que no estaba seguro de subir. Logré convencerlo diciéndole que si algo no le gustaba, lo dejábamos y más tranquilo subió.

    Toda esa tensión e inseguridad desapareció cuando cruzó la puerta y me miró. Lo primero que dijo fue: «¡No mames! ¿En verdad eres tú? Sus ojos casi se salen de sus órbitas mientras no dejaba de decir que no parecía ser yo, sino una muñequita «China» de animé. Jajaja.

    Por alguna razón eso me halagó mucho, ya que desde peque he idealizado y admirado mucho a los personajes femeninos de videojuegos y animé, como Chun-Li de Street Fighter, Mai de KOF o Shampoo de Ranma 1/2, entonces con eso me ganó.

    En ese momento el señor indeciso se había convertido en una máquina de besar. Me besó todo el pecho, chupó mis pezones y se fue bajando y dando vuelta hasta acariciar y morderme una nalga. En un segundo sacó su celular y me puso de nuevo a darle sexo oral, solo que esta vez grabó todo. Saber que podría verme chupándole la verga cuando quisiera, me prendió muchísimo y lo hice como si estuviera loca.

    Cuando me di cuenta que no se bajaría su erección, tomé un condón del tocador, puse lubricante de mango en mi ano y me monté en Vic, dejándolo entrar poco a poco en mí. Aunque su verga no es la más grande, me sacó un gemido genuino, porque tenía mucho tiempo de no hacerlo con nadie y fue inevitable sentir un poco de dolor. Traté de hacerlo despacito, hasta que finalmente el dolor se convirtió en puro placer. Vic no dejaba de besarme el cuello y de meter sus dedos en mi boca para que yo los chupara y los mordiera, hasta que sacó su lengua y la metió en mi boca. Nos dimos un húmedo y largo beso francés hasta que me pidió empinarme. Yo me puse en 4, como decimos en México, ofreciendo mi culo a Vic quien no tardó en acomodar su pene para metérmelo.

    ¡Graba! Le dije. Quiero que cuando estés caliente veas como me coges y te la jales pensando en mí. Esto pareció motivar a Vic, quien honestamente, me estaba dando muy rico por el culo. Creo que grabarlo en su teléfono lo hacía poner más ganitas de lo normal. Ambos lo estábamos disfrutando mucho. En un momento yo ya no pude ocultar mi erección, y le dije que no quería voltearme para que lo viera, porque no quería que se bajaran sus ganas, pero él me dijo que siempre había fantaseado con estar con una travesti de Tlalpan, pero le daba temor contagiarse de algo o que alguien lo viera, pero que lo deseaba de toda la vida. Entonces me volteé boca arriba y Vic me cogió subiéndose en mí. Levantó mis piernas agarrando mis tobillos y entró en mi culo hasta que se vino con un último y duro empujón.

    Al terminar nos quedamos acostados, yo abrazando su pecho y jugando con su vellos. Le pregunté si le había gustado y respondió que había sido la mejor cogida de su vida.

    Antes de irnos me pidió dejarme tomar fotos para cuando no nos viéramos y accedí. Me tomó fotos mostrando mis nalgas, agachada, mandando besitos y más. Cumplir sus fantasías me excitó mucho.

    Se despidió y me quedé para contarles lo que pasó.

    Espero que haya una próxima vez.

    Ya les contaré…

    Los quiero, mis amores.

    Besitos.

  • Madrastra malvada: Mi primera relación homosexual

    Madrastra malvada: Mi primera relación homosexual

    No termino de sorprenderme y aprender cosas nuevas relativas al sexo.

    Nuestra nueva vida como “matrimonio” o pareja poliginia, viene resultando fantástica, tanto en lo cotidiano como en la parte sexual.

    Generalmente los fines de semana son nuestros días de sexo entre los tres, luego entre semana, alternamos.

    Esa noche, nos encontrábamos en la cama, Mari, con su suave mano tomo mi miembro a medio erguir, no hizo falta más para que alcanzara su mayor expresión, poniéndose duro y palpitante, mientras yo acariciaba ambos cuerpos a la vez, ellas, se besaban apasionadamente, (saben lo que me excita) me dedique a explorar cual vagina era la que estaba más húmeda, resultando la de Samantha, la receptora de mi masturbación, acariciando sus labios y deteniéndome específicamente en su clítoris, haciendo que se separen del beso, Mari ni lerda ni perezosa se abalanzo a mi pene, introduciéndolo casi por completo en su boca, cada día que pasaba iba mejorando su técnica “mamatoria”, mientras lo hacía introduje dos dedos en su vagina mientras con el pulgar estimulaba su botoncito ya duro de la excitación, como era habitual entramos en un verdadero caos de sexo, todo eran gritos y gemidos, hasta llegar al paroxismo y con este, los respectivos orgasmos, como de costumbre, se pasaban mi semen de boca a boca sin desperdiciar nada.

    Me hicieron sentar en una silla a contemplar el espectáculo, como espectador privilegiado de primera fila.

    Se besaban todo el cuerpo, y cada una respectivamente succionaba los fluidos vaginales de la otra, para terminar en un tremendo y explosivo orgasmo cuando con sus piernas cruzadas hacían rozar sus vaginas húmedas.

    La mayoría de las sesiones sexuales eran muy similares, aunque habíamos incorporado algunos juguetes, tratamos de variar para no caer en la rutina.

    Ya han pasado varios meses, Samantha ha puesto una empresa de venta por internet e Instagram, esta última es la que más resultados le brinda. Haciendo esto se mantiene ocupada y conoce gente, pues ella misma hace las entregas.

    Cierto día, en la cena, Sami largo, podríamos decir, un bomba.

    – Chicos tengo una propuesta para hacer, obvio como siempre, no es una imposición, solo para evaluar la posibilidad.

    Con mi hermana nos miramos y Mari le respondió.

    – A ver Sami, hasta ahora no le erraste con las cosas que has propuesto, ¿en relación a qué?

    – Bueno, espero no lo tomen a mal, pero creo que es viable, desde ya les adelanto que la propuesta no es para que sea en forma definitiva, si no, totalmente esporádica si es que la pasamos bien, digamos que es una prueba.

    – Bueno de una vez, soltalo.

    – Estaba pensando en incorporar una cuarta persona, obvio como dije no en forma definitiva, somos una familia y debemos seguir funcionando como tal.

    – ¿Otra mujer?

    – No en este caso es otro varón, es un muchacho que conocí haciendo las ventas, parece agradable, muy culto y sobre todo lo percibí muy pulcro.

    Nos miramos con mi hermana y los dos tuvimos la misma reacción, fue duda.

    Yo pensaba que no podía ser tan egoísta, pues estaba con dos mujeres y ellas con un solo hombre, a lo que expuse mi razón ante las dos, quienes dijeron que en cierto aspecto tenía razón, mi hermana dijo que si yo estaba de acuerdo, podríamos probar a ver que resulta.

    – Fantástico, ya mañana me pongo en contacto y le hago la propuesta, y el fin de semana que viene, si acepta, creo que sí, lo incorporamos.

    Pasaron dos días y Samantha vino con la respuesta, había dicho que sí.

    La expectativa hizo que la semana se hiciera larguísima, hablamos mucho de lo que se podía hacer y cómo, si íbamos a hacer intercambio de pareja, o cada uno iría con quien elija, la expectativa creo que nos carcomía a los tres. Pero bueno, como dijo Mari, hay que esperar el día para ver qué y cómo surge.

    Mientras tanto, estábamos esperando la confirmación de la compra que habíamos realizado por una casa más grande, cosa que, dejaríamos de alquilar. La respuesta de la compra fue el día martes de esa semana, Samantha dedico todo ese día para hacer efectiva la compra. Mientras tanto, Mari y yo pediríamos las vacaciones para la otra semana y poder mudarnos.

    Llego el día, estábamos los tres muy ansiosos, se veía y flotaba en el ambiente esa ansiedad. Anduvimos de compras haciendo el mercado para preparar una buena cena, que se encargaría Samantha de prepararla.

    Como siempre, la cena estaba espectacular, la mesa preparada de una manera impecable y el ambiente de la casa increíble.

    Estábamos sentados los tres en el sillón tomando un aperitivo para calmar la ansiedad, cuando sonó el timbre, mi corazón comenzó a latir a mil por hora. La miramos a Samantha y ella fue quien se levantó para abrir la puerta. La silueta se dibujaba en el marco de la entrada, era un muchacho alto, hombros anchos y cintura delgada (mucho gym) pelo corto y muy bien arreglado, saludó con un beso a Sami ingresando al departamento con pasos muy firmes y seguros, se acercó a nosotros y de la misma manera que a the girl, la saludo a Mari, con un fugaz beso en los labios, (sabía lo que hacía) yo me levante y le extendí la mano la tomo firme y fuertemente, me atrajo hacia él y me dio un fraternal abrazo.

    – Buenas tardes, me llamo Atilio pero todo el mundo me dice Tito, calculo que Sami ya más o menos les ha contado sobre mí, digo para no aburrir con historias personales, es un placer compartir con ustedes.

    Mari, embelesada con los ojos azules de Tito, le preparo un trago y se lo acerco. Muy agradable y sobre todo inspira confianza, muy de hacer chistes, su llegada trajo a la casa el momento de relajación por la tensión que teníamos por nuestra ansiedad.

    Cenamos a ritmo cansino entre, como dije, chistes e historias personales, las que también incluyeron nuestra mala relación con Samantha antes de nuestra “huida” para Comodoro.

    Al final de la cena, llevamos la vajilla a la cocina y quedamos en lavar luego.

    Nos sentamos en el amplio sillón para continuar la sobremesa, con un vino dulce espectacular que amablemente trajo Tito, luces difusas y muy buena música de los años ochenta, Phil Collins, Erick Clapton, Modern Tolking, Michael Bolton entre otros.

    Luego de habernos regado de alcohol, Tito, tomo de la mano a Mari, la atrajo hacia su cuerpo para comenzar bailando, hice lo mismo con Sami. Al rato de esa danza miramos con mi compañera de baile la otra pareja que se encontraban comiéndose la boca y metiendo mano por todo el cuerpo, hicimos lo propio con Samantha, quien al rato tomo la posta de la situación, separándose de mí, se acercó a Mari arrebatando la boca de ella para fundir su lengua.

    Tito y yo nos hicimos un lado, trajimos dos sillas y nos sentamos a disfrutar del espectáculo.

    Sin dejar de besarse y tocarse, al ritmo de la música se fueron desvistiendo para quedar totalmente desnudas, luciendo sus cuerpos esculturales. Algo le dijo Sami al oído de mi hermana, acercándose ambas hacia nosotros, con un andar de modelos y exagerando la actuación llegaron hasta nuestra ubicación, con sensual baile acercaban sus partes a nosotros para que probáramos sus jugos mientras nos iban sacando la poca ropa que nos quedaba hasta quedar los cuatro en misma la situación, todos en traje de piel humana.

    Sin poder evitarlo, mire de soslayo el miembro de Tito que, sin ser descomunal, era un poco más grande que el mío, sin nada de envidia el mío ya estaba extremadamente duro.

    Ambas chicas comenzaron un espectáculo lésbico en el sillón, digno de una película XXX, el que disfrutábamos, tanto ellas como nosotros.

    Se besaron cada centímetro de su piel, sus tetas parecían hablar cuando cada una chupaba la de la otra, no se reprimían en lanzar gemidos, para continuar por sus vaginas brillantes de la cantidad de jugos que emanaban de ellas.

    En el frenesí de su “sesenta y nueve” yo comencé a masturbarme lentamente, cuando siento que Tito toma mi mano para correrla y así poder agarrar mi verga y masturbarme el, mi primera reacción fue sacar su mano, a lo que me pidió que me relajara y tranquilizara, que lo dejara hacer y disfrute, cosa que hice.

    Estaba en lo mejor de la masturbación, cuando, por instinto hice lo mismo, tome su pene y lo masturbe muy suavemente, lo mire y vi un pequeña sonrisa en sus labios, acercándose me beso, no me resistí, ya estaba en el juego.

    Mientras tanto las chicas ya estaban gimiendo y habían avisado de su primer orgasmo.

    Se sentaron en el sillón con caras asombradas a mirar lo que ocurría enfrente de ellas.

    Tito, se arrodillo entre mis piernas, con sus fuertes manos tomo mi verga y acerco su cabeza a ella, lamiéndolo con suavidad desde los testículos hasta la cabeza palpitante para tragárselo todo, con su lengua pegada a la parte de abajo del pene la empujaba a su paladar con pequeñas chupadas metiendo y sacándola. Cuando ya estaba teniendo la sensación que iba a acabar, se dio cuenta, dejo de hacerlo y poniéndose de espaldas a mí me ofreció su culo para que lo chupara, cosa que ya en este punto no me resistí, con mi lengua dura rodeaba su ano y metía la punta dentro, pasaba por su parte baja y hasta le pase la lengua por sus duros testículos, para regresar a su agujero palpitante, en a posición en que estaba no lo dudo, se corrió un poco hacia adelante y fue bajando de a poco para sentarse en mi verga, le pidió a alguna de las chicas que trajera algo que había en su bolsillo, Mari presurosa le alcanzo un frasco pequeño de lubricante, Tito me lo paso, no hizo falta que me dijeran nada, supe lo que hacer. Pase el líquido por mi verga y luego por el agujero de su ano, introduciendo un dedo para lubricar bien. Debo reconocer que es mi primera relación con gente de mi mismo sexo, hasta ahora me viene gustando y me estoy cebando en demasía, no pudiendo controlar mis impulsos, luego de ese dedo que le introduje con facilidad, ingrese con dos dedos y luego con tres, arrancando un gran gemido por parte de Tito, el que abruptamente se levantó para que sacara mis dedos y se sentó nuevamente en mi verga para perderla de una sola vez dentro de sus entrañas cabalgando, literalmente, mi poronga. Tomo mi mano para que rodeara su cintura y agarre la suya, indicándome que lo masturbe a la vez que el saltaba sobre mi verga, no paso mucho tiempo en que sentí mi mano húmeda de algo tibio que salía de su verga, Tito había soltado todo su semen. Una vez que llego a ese orgasmo, se levantó y nuevamente comenzó a chupármela hasta hacerme llegar a mí, cosa que pensé iba a dejarla caer, pero no la trago toda sin desperdiciar absolutamente nada.

    Hicimos un alto para descansar un poco y tomar un poco más de ese rico vino, en donde nos contó que era bisexual, pidiendo disculpas, en especial a mí, por no haberlo dicho. Nosotros tres le dijimos casi lo mismo, que no se haga problema, ya estábamos en el baile, entonces, ¡¡¡a bailar!!!

    Nos dijo que en principio quería estar con mi hermana, cosa que no nos opusimos, y luego haríamos intercambio si no había problemas. Todos de acuerdo fuimos a la gran cama que había comprado Samantha.

    Tal cual habíamos acordado, cada uno estaba con su pareja, básicamente no hicimos muchas locuras, lo más loco fue ver a mi hermana en posición de perrito y tito atrás de ella, intercambiando su miembro entre culo y vagina, dos o tres bombazos en su culo, dos o tres en su vagina, intercalando con unas palmadas en su nalga.

    Al haber terminado, pero sin quedarnos satisfechos, intercambiamos parejas. Queriendo imitar a mi nuevo amigo, puse a mi hermana en cuatro para hacer lo mismo, vagina culo, culo vagina y así hasta acabar en un orgasmo espectacular.

    Los cuatro caímos de espalda a la cama, me dijeron que vaya a traer algo de tomar, mientras los escuchaba hablar por lo bajo y reír, me sentía feliz porque la pasábamos espectacular, haciendo un recuento de como vivíamos hace mucho tiempo atrás.

    Regreso con las copas llenas y nos sentamos a beber al borde de la cama, a charlar de lo bien que la estábamos pasando y las nuevas experiencias, sobre todo la mía, cosa que les dije, me había gustado, tal vez porque fue de sorpresa.

    Luego de hablar por un largo rato, alguien dijo, la noche está en pañales y debemos aprovecharla.

    Tito se paró, Mari y Sami fueron a la silla donde estábamos sentados al principio.

    Sin entender nada de lo que pasaba, vi cómo se acercó a mí con su verga en erección.

    – Hermanito querido, ahora nosotras queremos ser espectadoras de lujo, les toca a ustedes…

    Acerco su miembro a mi boca, yo sin saber cómo reaccionar me quede paralizado, hasta que tomo mi cabeza por la nuca y acerco más mi boca a su pene, instintivamente la abrí y comencé chupar como si fuera un helado la cabeza de ese miembro que me observaba con su único ojo, la comencé a meter en mi boca tal cual me hubiera gustado que me lo hicieran a mí, haciendo que llegara hasta el fondo para sacarlo suavemente, pasaba la lengua desde el tronco hasta la punta para volver a meterlo, intente meterlo hasta bien al fondo para poder llegar con la lengua a sus huevos pero una pequeña arcada me detuvo.

    Saco su poronga de mi boca poniéndome en cuatro, no me resistí, estábamos probando cosas nuevas y me deje llevar.

    Estábamos muy excitados cuando empezó a tocarme las nalgas, siento su pene rozándolas, para de a poco ir tocando la boca de mi ano, nunca pensé sentir lo que estaba sintiendo en esta momento, se sentía rico, siento el frio del gel esparcirse en mi culo y un suave dedo ingresar, no me molesto por que en alguna oportunidad mi hermana y mi madrastra lo habían hecho, inclusive las dos juntas habían metido un dedo cada una, sabía bien que hasta dos dedos me aguantaba y me gustaba cundo tocaban mi punto P.

    Pero esto era distinto, sabía lo que venía y no estaba seguro de ello.

    – Osqui, te la quiero meter

    Asentí tímidamente.

    Coloco su pene en mi ano y tratando de meterlo sin lograrlo, estaba muy tenso. Al rescate llego Sami, quien se puso debajo de mi para chupar mi miembro y me pudiera relajar, mientras mi hermana ponía más lubricante e introducía uno, dos, tres dedos de a poco para dilatar bien y fuera más fácil meterlo, sentí como de a poco se dilataba, Tito volvió a la tarea de desvirgarme, a la vez que empujaba, mi hermana echaba lubricante y le pasaba la lengua al pene y a mi agujero.

    Al momento de entrar, iba sintiendo como se dilataba, cundo ingreso la cabeza sentí una electricidad que se transformó en dolor, aguantable, pero dolor al fin, como un campeón se detuvo a esperar que pasara esa sensación. Cuando sentí que el dolor había cedido comencé yo a empujar hacia él, habilitándolo a que retome el movimiento. Una vez que estuvo todo dentro, sus movimientos se hicieron más rápidos, mis piernas temblaban y mi ano dolía, pero aguante, trate de relajarme más, mientras Sami seguía chupando mi pene, mi hermana se puso en cuatro delante mío para que haga lo propio con su vagina chorreante.

    Mi pequeño dolor comenzó a transformarse en placer, las arremetidas que me daba Tito me estaban gustando, es más fue ganando en ritmo pero con una suavidad indescriptible.

    Presiento que está por llegar al orgasmo pues acelero el ritmo y sus testículos comenzaron a pegar en los míos hasta que me pareció sentir que su pene se hinchaba más cuando descargo su semen dentro de mi recto su caliente semen, el sentir esa sensación hizo que también yo, llenara la boca de mi madrastra con mi simiente.

    Al sacarla de mi dolorido ano, sentí como el semen chorreaba por mis piernas, líquido que mi hermana no desperdicio, lamiendo todo hasta llegar a mi ano abierto, en el cual metió su lengua haciéndome estremecer.

    Con mi pequeño dolor y gran experiencia nos fuimos a bañar todos juntos.

    Luego de la higiene, nos sentamos a conversar café de por medio.

    – Oscar no era la intención, pero no me pude resistir, te pido disculpas.

    – No hay problema, cuando hace tiempo comenzamos con esta relación nunca se planteó, pero si surgió era porque tenía que darse.

    – ¿Te gusto? O que opinión tenés al respecto.

    – La verdad por la tensión no sabría decirlo de forma muy certera, pero si llegue hasta el punto, calculo que inconscientemente si, pues lo disfrute, fue algo impensado, tan de improvisto que tal vez, si lo hubiéramos charlado no sé si la decisión sería hacerlo.

    En realidad esta vida que elegimos vivir está superando toda expectativa que se podría haber generado.

    En relación a mi experiencia homosexual, si bien estuvo como tal, experiencia, fue buena, luego de evaluarlo por largo tiempo, no me sentí cómodo en un rol pasivo, lo que no quita el hecho que me gusto bastante tener sexo con Tito, por eso como he dicho, de haber futuros encuentros entre los cuatro decidí adoptar solamente una postura de activo.

    Ni que hablar de la relación de familia que hemos forjado gracias a nuestra escapada, Samantha es genial, y gracias a su dureza cuando vivíamos en la capital y como he dicho nuestra escapada, conocimos y estamos por conocer todos o la gran mayoría de los placeres de esta vida.

    Nosotros tres, seguimos “matándonos” en forma habitual, y Tito aun no regreso a ningún encuentro, pues no lo hemos llamado, no lo hable con las chicas, pero creo que no les gusto lo que paso, así de repente y sin haberlo consultado o avisado antes que era bisexual, pero no importa, ya lo charlare con ellas, a mí no me importa hacerle el amor.

    Este relato continuará, falta mucho por contar.

  • Pornorelato (3)

    Pornorelato (3)

    Pamela vivía una relación muy tensa con su madrastra Jennifer; en parte porque esta era casi tan joven como ella y Pamela suponía que, dada su diferencia de edad, sólo se había casado con su padre por el dinero. Además, bien la conocía, Jennifer era muy coqueta. Cada vez que llevaba un amigo o novio a la casa su madrastra flirteaba con ellos. Por eso, esta vez que llevaba a su nuevo novio, lo previno de la actitud de la mujer de su padre.

    —Allí está. No sabes cómo me molesta. Ya te dije, tú no le hagas ni caso —le dijo Pamela a su novio mientras caminaban hacia la casa.

    Jennifer, nada más verlos, les sonrió y su sonrisa no podía ser más maliciosa. Jenny estaba regando las plantas que estaban a los costados del pórtico.

    —Buenos días —se limitó a decir Brandon, al pasar junto con su novia a lado de la otra mujer para poder ingresar a la casa.

    —Buenos días chicos —respondió Jennifer con una sonrisa diablesca.

    Pero aprovechando que el joven venía de su lado, la joven madrastra le pegó el trasero deliberadamente al novio de su entenada.

    —¡¿En serio…?! ¡Es mi novio Jennifer! —le gritó en reclamo a Pamela e hizo a su novio hacia sí.

    Metió a su novio a la casa cerrando de un fuerte portazo.

    —Te dije que era una perra ofrecida. Pinche putona —se dijo Pamela, aunque con voz alta para que la otra le escuchase.

    Sin embargo aquella actitud no era tan simple de explicar cómo lo declaraba la joven. Jennifer no era una mujer que sencillamente pretendía ser coqueta, o quisiera bajarle el novio a su hijastra sólo por fastidiar o andar de caliente. Lo que pasaba es que Jenny quería un bebé, y lo había intentado conseguir del padre de Pamela, no obstante, no había tenido éxito, pese a que había solicitado ayuda profesional. Y por ello Jennifer estaba bajo tratamiento hormonal para incrementar su fertilidad, lo que la excitaba poniéndola al máximo de cachonda. Era de ahí su lúbrico carácter.

    Se le abultaban los senos, se le hinchaban los pezones y se le humedecía la raja.

    Por ello recurría a bañarse más de una vez al día. Trataba de apaciguarse su calentura. Pero esta vez, mientras se secaba luego del baño, Jennifer se decía: “Hoy sí lo consigo”. Y sus tetillas se irguieron como astas preparadas para el ataque.

    Mientras tanto Pamela no perdía el tiempo. En su cuarto ya estaba totalmente desnuda, al igual que su novio, y apoyada sobre sus rodillas en la cama le ofrecía su raja a la boca de aquél que estaba allí recostado, quien la lengüeteaba acuosamente.

    Pamela gemía en aprobación de la actividad lingual de Brandon.

    —¡Oh bebé! ¡Ahhh…!

    Pero mientras la hijastra hacía sexo improductivo Jennifer iba en pos de algo más.

    Cuando Jenny entró a la habitación la más joven mujer se le meneaba en la cara al chico en movimientos circulares. Brandon se había apoderado de las nalgas de su novia y las magreaba. Su verga estaba hinchada aunque aún descansaba sobre su abdomen.

    Fue esa verga en donde Jenny fijó su mirada como su principal objetivo. Se aproximó subiéndose y avanzando a gatas sobre la cama. Su lengua fue la primera en tocar la piel del fuste de carne el cual fue lamido desde su raíz.

    Inmediatamente, tras sentir aquella caricia, Brandon vio hacia abajo y descubrió a la madrastra de su novia lamiéndole el pene. La mujer portaba una sexy lencería negra que, probablemente, incitaba más que la desnudez de Pamela a los ojos de Brandon. Pamela aún gemía sin saber nada de lo ocurrido a sus espaldas.

    —¡Oh bebé, hazme venir! —decía Pamela.

    Jennifer le hizo una seña con un dedo sobre sus labios para que el joven guardase en secreto la actividad que recibía ahí abajo.

    —¡Bebé hazme venir! —insistió Pamela al ya no sentir el trabajo lingual de su compañero.

    Brandon volvió a lo que le hacía a su novia.

    —Eso —dijo la novia a la vez que lo tomó de los cabellos para hacerlo hacia sí.

    La joven que montaba el rostro de su amado meneaba las caderas con pujanza. Era notorio que disfrutaba tal montada. Mientras tanto, a sus espaldas, su madrastra ya de plano chupaba el falo de Brandon metiéndoselo en la boca.

    Jennifer se tragaba la gruesa verga por completo, lo que satisfacía al joven hombre.

    Luego Jenny se decidió. Se desplazó hacia su hijastra; montando sobre Brandon y le dio un sexy beso en el cuello a Pamela.

    —¡¿Qué carajos…?! —exclamó Pamela, y volteó descubriendo a su madrastra—. ¡¿Pero qué… qué estás haciendo aquí?!

    —Tranquila nena. Las dos podemos sacarle provecho a tu chico y va a ser muy rico —le dijo la mujer a sus espaldas y la acarició al mismo tiempo.

    Jennifer continuó acariciando a Pamela y la besó en los labios de tal manera que aquella no puso negativa al sentir un goce más completo pues, su novio, le seguía dando placer oral ahí debajo. La sensación era más satisfactoria que antes.

    Jennifer tomó del falo a Brandon que lo tenía detrás y lo pegó, tan erecto como estaba, al surco que separaba sus nalgas.

    Era evidente que a partir de ahí no habría problema y aquello sería un trío de placer.

    Lo siguiente fue que Pamela y Jenny cambiaron de lugar. La más joven montó a su novio quien la penetró con la excitación que le había provocado la otra, mientras que Jenny se retiró las prendas íntimas, quedando sólo vestida con sus medias negras, y así recibió lengua del novio de su hijastra. La mujer plena de embeleso acarició sus propios pechos a la vez que meneaba involuntaria y frenéticamente su pubis sobre el rostro de Brandon.

    Pamela se sacaba y se metía el pene de su novio, montando con tanta o más enjundia que como lo había hecho con su cara. Viendo a ambas menear sus caderas de mujer parecía que por fin hacían las paces compartiendo hombre. Quién lo hubiera pensado, todo lo que necesitaban para mejorar su relación era un hombre de por medio. Aquello bien podría llamarse “montar la verga de la paz”, y más cuando Pamela le cedió su lugar a su madrastra para que Brandon, su novio, se la cogiera. Compartir ese apéndice de carne de tan buen modo era la mayor evidencia de armonía entre ellas.

    Como Pamela fue a montar nuevamente el rostro de Brandon, mientras su madrastra le comía la verga con su jugosa vagina, ésta última se inclinó lo suficiente como para acariciarle y besarle de las nalgas a la hijastra.

    —¡Qué rico! —tuvo que expresar Brandon al percibir aquello.

    Luego las bocas de Jenny y de aquél se encontraron en el área íntima de Pamela, donde mezclaron sus salivas.

    Las manos del joven se apoderaron de las amplias nalgas de Jennifer y ésta gimió exponiendo el placer experimentado.

    Tras cambiar de posición, y de unión de sexos, Jenny le sirvió de soporte a Pamela quien fue nuevamente penetrada por su chico, pero ahora teniéndolo parado a sus espaldas, mientras ella estaba sobre sus rodillas a la orilla de la cama. Jennifer, sentada en el colchón, sostenía a la otra brindándole su apoyo y cariño, pues le besaba y succionaba de sus pechos, haciéndola gozar aún más.

    La joven se sostuvo de los hombros de su madrastra cuando el joven que tenía detrás incrementó la fuerza y el ritmo de su penetración. El gozo era tan pleno para Pamela que se comió a besos y lamidas el cuello de su, antes, odiada madrastra. Ésta le correspondió metiéndole su mano por su entrepierna y tallándole allí su botoncito de placer.

    Extasiada, Pamela expulsó sonidos guturales en uno de los oídos de Jennifer que, sin ser palabras claras, exponían placer en su más alto grado.

    —Verdad que así es más rico —le repuso Jenny.

    —¡Oh, sí! —expulsó Pamela, a la vez que se arqueaba hacia atrás tomando de su trasero a su novio.

    Como Brandon le pasó todo el brazo por el frente, hasta asegurarla de uno de sus hombros se le fue más veloz y tan profundo como él podía. Jennifer le ayudó tomando de sus caderas a su hijastra y moviéndola de adelante hacia atrás para ser más duramente penetrada.

    —¡Eso, así, con fuerza! —gritaba Jennifer.

    Los cachetazos se escucharon como potentes aplausos.

    Siguieron copulando en trío por varios minutos más.

    Pamela ahora estaba a horcajadas sobre la boca de Jenny mientras veía a su novio Brandon penetrar a la mujer recostada. Era una experiencia nunca antes sentida el recibir sexo oral, a la vez que veía a su pareja copular con otra persona.

    Brandon también gozaba esa peculiar unión sexual. Ver a su novia arquearse de éxtasis mientras era lengüeteada por su madrastra, era incitador para su libido. El vaivén de su pubis se incrementó de manera natural, a la vez que aceptó de buen talante los pechos ofrecidos por su novia. Los agarró y los succionó cada uno con ímpetu.

    —¡Carajo, creo que me vengo! —enunció de pronto y con honestidad el joven.

    Iba a salirse, para no dejarse ir en ese momento, sin embargo…

    Jennifer, la mujer que él penetraba, lo atenazó con ambas piernas y con los talones, que pegaban a la altura de sus glúteos, lo espoleó rítmicamente. Lo sujetaba tan fuerte que sólo le permitía un solo movimiento, el movimiento de culeo sin poder desprenderse de ella.

    Pamela no lo notó y eso que no fue la única señal. Jenny le dejó de dar lengua a Pamela y se encorvó hacia adelante enfocando toda su atención en la unión sexual que tenía con Brandon.

    Pamela sólo se hizo a un costado recargándose en la cabecera para descansar, mientras que Jennifer tomaba a su novio del cuello y con sus piernas que lo envolvían lo obligaba a no desprenderse de la trabazón.

    —Te vienes corazón. Hazlo, vente.

    Apenas ahí, al escuchar eso, Pamela vislumbró lo que venía.

    —¿Qué? —dijo Pamela atestiguándolo todo.

    —¡Hazlo, sólo hazlo! —gritó Jennifer sujetándolo de la cintura con sus dos manos.

    —¡Aaahhh…! —expelió el joven macho al estar inseminando a aquella mujer que recibió su semilla de buen ánimo.

    La cara de Pamela con la boca abierta y sus ojos como platos expresaba sorpresa y desconcierto. No podía dar crédito, su madrastra había sido inseminada por su novio.

    —¡No mames, Brandon, ¿cómo pudiste?!

    El otro no podía emitir respuesta pues estaba agotado y sólo jadeaba de tan tremenda venida.

    —Te le viniste adentro —innecesariamente señaló Pamela —. ¿Eso acaba de pasar?

    —No te preocupes cariño —le expresó Jennifer a su hijastra, quien aún atenazaba al novio de ésta.

    —Que no me preocupe, tú deberías preocuparte. ¿Qué le vas a decir a mi papá si sales embarazada? ¡El médico ya le dijo que es estéril!

  • Me gusta que vean a mi esposa

    Me gusta que vean a mi esposa

    Este relato es verídico y con el fin de que mis lectores me ayuden con sus consejos y tal vez entre todos conviertan a mi esposa en la putita que tiene en el fondo.

    Nos presento, yo soy Daniel un hombre de 1.66 de altura cuerpo robusto con estragos de lo que fue un cuerpo de ejercicio, piel morena y barba cerrada.

    Mi esposa Claudia una mujer morena con una estatura de 1.60 cabello largo y lacio, unas tetas normales en tamaño, piernas torneadas por el ejercicio y un culo que le chulean hasta sus amigas.

    Mi mujer siempre ha sido muy sexi para vestir aunque ella dice que no, a ella le gusta vestir entallada y cuando se presta la ocasión se pone minifaldas que con cualquier descuido dejarían verle hasta el alma.

    Mi relato empieza con un viaje a la playa en el cual antes de viajar mi esposa me enseñó algunos trajes de baño, bikinis que ella se quería poner en nuestra estadía pero había algo que no me decía hasta ese momento.

    Los días en la playa transcurrían normal una pareja común de vacaciones eso sí yo muriendo de ganas de coger a mi señora en todo momento y más con las vistas que tenía de tanta extranjera sin prejuicios.

    Mi momento llegó el último día de vacaciones en el cual entramos a un club de playa y pues cada quien se fue a su vestidor a cambiarse. Yo terminé primero y me senté a esperarla en unos sillones que estaban colocados lateralmente al vestidor de damas por lo cual mi vista era la espalda de las mujeres que salían, cuál fue mi sorpresa cuando salió mi mujer enseñando su culo con un bikini tanga que nunca me enseñó en la casa (de color rosa y con unas costuras raras que hacen que el bikini se le meta en ese rico culito haciendo notar más su forma).

    En ese momento le hablo para que me viera y se voltea de una manera pícara a lo que yo me acerco y le digo «cabrona» con una sensación entre celos enojo y excitación al mismo tiempo, a lo que Claudia me responde «por qué cabronaaa» y se ríe. La tome de la mano y nos fuimos caminando, yo sentía las miradas de los hombres hacia el culo de mi mujer y me prendía.

    Llegamos a un bar con columpios en el cuál ella se sentó parando más su culito a lo que se le metía más y más su bikini y yo súper excitado imaginando como se cogían a mi mujer con la mirada a lo que no aguante y me pare a tomarle algunas fotos a lo que ella se desinhibió totalmente posando muy sexi, lo que nunca!

    Llegamos a la zona de albercas y la misma situación, una sesión de fotos muy rica para mí y supongo para ella.

    El tema fue que al terminar el viaje me pidió que le pasará las fotos y me pregunto que si yo no tenía problema con que ella subiera esas fotos a sus redes y la verdad si sentí muchos celos, pero era algo que yo en el fondo quería hacer también, yo deseaba que mis amigos la vieran como yo la vi y la verdad es que las fotos que le tome si estaban muy atrevidas para una señora casada. Le hice tomas empinada y algunas hasta abriendo más sus nalgas entonces imaginen las pajas que mis amigos le dedicarían a mi esposa, a todo esto le dije que si con una cara disque de enojo pero después reí. Mi interés también era saber que fotos de todas iba a subir, quería saber que tanto quería ser vista, mi sorpresa fue que si! Efectivamente subió las fotos más sexis. Llegada la noche no aguante las ganas y me la cogí de una manera que nunca y tuvimos nuestra primera plática.

    Claudia: Amor no te enojaste por las fotos que subí

    Yo: No

    Claudia: No te dan celos de que otros me vean

    Yo: Si! Pero yo sé que tú eres mía y nunca me vas a traicionar

    Aparte si me prende saber que te ven con morbo.

    Claudia: Te gustaría que fuera putita? Yo de niña siempre quise bailar en el tubo

    Yo: O sea querías ser puta? Que te cogieran

    Claudia: No! Solo bailar sexi, no me gustan los viejos feos y gordos. Pero no soy sexi ni femenina, soy muy tosca

    Yo: Mmm si eres sexi

    Claudia: Te gusta que sea putita? Quieres que sea tu putita?

    En ese momento la empine, le abrí las piernas y le metí la verga a todo lo que podía, no podía creer la excitación que teníamos y que ella con cada metida de verga me paraba más el culo y abría más sus piernas como queriendo comerme todo el cuerpo desde adentro.

    Yo: Cabrona! Te gusta que te vean tu culito?

    Claudia con un quejido me decía mjjj si.

    Yo: quieres que te coja otro?

    Claudia: No! Solo tu yo soy tu putita

    Y más se abría!

    Llegó el momento en que no aguantamos más y nos corrimos los dos todos llenos de fluidos y de sudor.

    Terminamos abrazados y pensando en lo sucedido… Lo que no sabíamos es que era la primera de nuevas experiencias que tendríamos más adelante.

    Somos nuevos como pareja en esto de la sexualidad abierta y la verdad soy yo el más interesado en que pasen muchas cosas nuevas en mi relación pero poco a poco he logrado avances en ella que pronto les contaré.