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  • Mi instructor de manejo

    Mi instructor de manejo

    Siempre me ha gustado conversar con gente grande, así que el día que tuve mi primera clase de manejo, me sentí cómoda al ver al instructor. Claudio tenía unos 55 años y una personalidad un tanto particular; desde que me subí al asiento del acompañante, mantuvimos un buen humor que nos hizo llevadero cada encuentro. Cuando escuchaba en la radio del auto un tema que le gustaba, lo ponía a todo volumen y cantaba muy animado.

    Uno de los que más sonaba, decía: «… cuando te des cuenta, ya lo habremos hecho». Yo, entre incómoda y curiosa, me preguntaba si tal vez sería una indirecta para mí.

    Así pasaron las prácticas hasta que llegó la penúltima clase. Yo todavía estaba con algunas dudas sobre el aparcamiento y quería intentar un poco más antes de presentarme a sacar la licencia. Pero fue Claudio quien me dijo: «te voy a dar mi celular y cualquier cosa que quieras preguntar, me podés escribir». Yo la verdad no sabía si era un ofrecimiento amable o una insinuación, pero, la verdad, en los últimos días había estado pensando en la posibilidad de hacerlo con él.

    No era un tipo especialmente atractivo y casi que me doblaba la edad; pero después de varios años separada, aunque el corazón seguía ofuscado, el cuerpo me reclamaba compañía. Así que, pocas cuadras antes de regresar a la escuela de manejo, me arriesgué.

    –Claudio, puedo preguntarte algo?

    –Decime –contestó en un tono neutro.

    –Vos estás casado?

    –Venite mañana a las 10 –fue toda su respuesta.

    Evidentemente pensábamos lo mismo, pero él, a riesgo de complicar su trabajo, había estado esperando alguna señal. Al día siguiente simularíamos que era una nueva clase de manejo e iríamos, por fin, a sacarnos las ganas mutuamente.

    Me preparé como para una ceremonia que hacía mucho tiempo, demasiado ya, no vivía. Me depilé con cuidado y me puse, debajo de mi ropa normal, un conjunto de encaje blanco para sorprenderlo. Unos minutos antes de las 10, estaba caminando por la misma cuadra donde iba a tomar mis clases para que me recogiera.

    Apenas me vio, Claudio me abrió la puerta del auto sin decir una palabra, pero sonrió ligeramente y puso la música fuerte como de costumbre. Yo estaba algo tensa pero expectante, hacía mucho que no tenía una buena sesión de sexo y esta vez quería que fuera con un hombre con experiencia, que supiera bien lo que tenía que hacer.

    En pocos minutos llegamos a su departamento; suavemente empezó a besarme mientras me acariciaba la espalda y yo me dejé hacer. Me sacó la ropa de arriba con dos movimientos rápidos y acto seguido, me desprendió el corpiño. Empezó a masajearme las lolas con ambas manos sin dejar de meterme la lengua en la boca: ¿cómo hacía este hombre para saber exactamente lo que me gustaba? Mientras tanto, yo solo atiné a posar la palma de la mano sobre su pantalón para sentirle en toda su extensión el miembro erecto y anticiparme al placer de que me lo metiera entero.

    Yo empecé a jadear, entonces Claudio decidió ir más allá y bajó una mano para acariciarme despacito con dos dedos por debajo del jean. Iba y venía, sin apuro, como alguien que sabía lo que hacía. Entonces de pronto levantó un poco la mano y fue por dentro de mi ropa interior; apenas le bastó un roce para comprobar lo mojada que estaba y entonces sí, metió apenas las puntas de los dedos en mi vulva y casi que me obligó a retorcerme de placer y rogarle que me lo hiciera.

    Inmediatamente me quitó el jean e hizo lo mismo con lo suyo. Sin ser brusco pero de forma resuelta, me empujó sobre su cama boca arriba y me penetró de una forma deliciosa, con buen ritmo, besándome hasta lo más profundo de la garganta y con las manos conteniéndome por detrás: a la antigua, sin recursos raros pero como todo un caballero, como el tipo entrado en años que era, haciéndome sentir el máximo placer, hasta que escuchó mi largo orgasmo y, sin dejar de ocultar su satisfacción por el trabajo bien hecho a su alumna, eyaculó él también.

    Volvimos los dos como si nada a la escuela de manejo y nos despedimos hasta la siguiente clase; en esta no había agarrado yo el auto, pero sí que me había dado cátedra sobre cómo tratar a una mujer.

  • Intercambiamos pareja mi esposa y yo

    Intercambiamos pareja mi esposa y yo

    Nos encontrábamos mi esposa y yo viendo una película, cuando entre platicas, caricias le comenté que me gustaría que intercambiáramos pareja con alguien que nosotros conozcamos y que creyéramos que fueran aceptar.

    Mi esposa con cara de asombro me dijo que si estaba seguro de lo que quería. Que por que era algo muy fuerte, le comenté que si que solamente sería cuando nosotros estemos conscientes de eso y pues dijo que lo pensaría.

    Perdón no me presente mi nombre es Ramon, tengo 32 años soy de complexión robusta, mido 1.72cm y me considero que tengo un paquete promedio de 17 cm y un poco gruesa.

    Mi esposa se llama Diana, ella mide 1.68 es de complexión delgada con unas piernas y culo muy bien, un poco escasa de tetas pero pues a mi me gustan como las tiene.

    A los días mi esposa me comentó que si aún seguía pensando en eso de intercambiar parejas, a lo que comenté que si, y comenzamos a analizar y a descartar parejas, comentamos varios primos míos y primos de ella y ninguno nos pareció, después amigos míos y tampoco, luego de varios amigas de ella decidimos decirle a una. Jersey y su novio Fernando. Ella se encargó de ir a un café y platicar de lo que habíamos dicho.

    Jersey accedió y a los días le habló a mi esposa, por lo que nos pusimos de acuerdo para que se vinieran a la casa y ahí sería el intercambio, la casa de nosotros es algo grande cuenta con 4 habitaciones, mi esposa y yo platicamos de poner unas cámaras escondidas en los cuartos donde íbamos estar, pero solamente nosotros sabríamos de eso y luego veríamos los videos ella y yo.

    Llego el día sábado, teníamos bebidas, comida y todo preparado, llego Jersey y Fernando, para romper el hielo y comenzar aflojar el cuerpo nos echamos un shot de tequila, después de ese momento comenté si de una vez intercambiábamos pareja y que estuviéramos platicando como si cada quien estuviera con su pareja, y así fue jersey se sentó a un lado mío, y mi esposa con Fernando, estábamos platicando y Fernando no desaprovechó el tiempo y comenzaba el jugueteo y los besos con Diana, a lo que vi que estaban muy normal y comiénzanos Jersey y yo también con el jugueteo.

    Seguimos tomando, bailando, cantando y comiendo.

    La verdad Jersey se veía muy bien, llevaba una falda corta, blusa escotada y sus sandalias de piso.

    Diana no se quedaba atrás, llevaba un vestido corto e igual traía sandalias.

    Eran como las 12 y el calor de las copas ya empezaba a notarse por lo que después de un rato nos fuimos Jersey y yo al cuarto, ahí se habían quedado en la sala Diana y Fernando, que tiempo después se fueron al cuarto.

    Llegando al cuarto Jersey y yo nos comenzamos a besar la acosté en la cama y comencé a besarle el cuello, atrás de la oreja le fui quitando la blusa y seguí besando su abdomen, le quite su falda y le fui besando sus piernas, sus pies y llegue a sus dedos se los bese y chupe, volví a subir besando todo su cuerpo hasta llegar a su boca, me quitó la camisa y me desabotonó el pantalón y me lo quite, ya se notaba mi bulto.

    Ella lo comenzó a tocar por encima de mi bóxer, yo le quite su calzón de encaje negro, y me dirigí hacerle seco oral, ella me agarraba la cabeza y me la empujaba en su vagina, ella gemía, el aire se le entrecortaba, ya no pudo más y tuvo un orgasmo sus piernas temblaron, ella me acostó, me comenzó a quitar el bóxer y mi miembro salió, ella hizo cara de asombro, le pregunté qué pasaba, es muy grande y grueso a comparación de Fernando, y comenzó a metérselo a la boca, lo chupaba, y jugueteaba con su lengua, también me masturbaba.

    Ya cuando estaba bien húmedo mi pene, se levantó se puso encima de mi verga y comenzó a metérselo en su vagina poco a poco, ponía cara como de dolor, hasta que se sentó por completo puso sus manos sobre mi pecho y comenzó a cabalgar, gemía, gritaba y disfrutaba mi verga dentro, después de como unos 15 minutos terminamos los dos al mismo tiempo mi leche inundó su vagina, se separó de mí y la leche le salía de su vagina y le escurría en sus piernas, se acostó por un lado mío, y mientras volvía a tomar fuerzas comencé a jugar con sus tetas que eran de buen tamaño, se las tocaba, se las chupaba y se las succionaba, hasta que mi pene cobró vida de nuevo y me levante de la cama agarre sus piernas y me las puse en mis hombros, me unté un poco de saliva en mi pene y también en su vagina y le introduje mi verga.

    Esta vez se la metí despacio y fui aumentando el timó, con mi boca besaba sus piernas y sus pies, mientras que con mi mano tocaba sus tetas, ella se mordía los labios y pegaba pequeños gemidos, después de un rato, le dije que se pusiera en 4, coloqué mi pene en la punta de su vagina, la agarre de sus caderas y la ensarte de un solo golpe, pegó un grito fuerte, y comencé a metérsela duro, dándole nalgadas y jalándole el pelo, estaba muy excitado, mis huevos chocaban en su culo, sus tetas se movían para todos lados.

    Después de un rato volvimos a terminar qué buena noche estábamos pasando Jersey estaba cumpliendo mis expectativas esa noche, se estaba entregando completamente, nos relajamos un rato y nos estábamos besando y acariciando, nos dormimos, nos levantamos y tuvimos un último round, y estuvo maravilloso, nos salimos del cuarto y estábamos en la cocina esperando que saliera Diana y Fernando.

    En otro relato les contaré cómo estuvo la noche de Diana y Fernando hasta una foto de cómo iba vestida Diana pondré en mi perfil, si quieren que lo suba pronto háganmelo saber en los comentarios.

  • Carta para ti

    Carta para ti

    Hace tiempo quería contarte:

    No nos conocemos realmente, al menos tú no me conoces a mí, más porque nunca hemos hablado tranquilamente que por otra cosa.

    Solo decir que, con lo poco conversado me he dado cuenta que me gustas. No un amor carnal, a pesar que sé de buena tinta que más de uno suspira por tu cuerpo; sino algo más profundo, una atracción platónica e intelectual, que provoca que intente acercarme a ti.

    A pesar de ser casi mi polo opuesto no tuviste problemas en hablar conmigo: esa facilidad de palabra, esa sonrisa sincera tuya y esa energía positiva que desprendes provocaron que vivieses gratis en mi cabeza por mucho tiempo. Eres un rayo de sol que da calidez sin esperar nada a cambio.

    Lo que todavía me choca es que simplemente te acercaste, con un simple “¡Hola!”, abierta a cualquier cauce que pudiese tomar una conversación en ciernes. A mí me cuesta un triunfo siquiera acercarme a la gente, aunque intente aparentar seguridad. No sé siquiera si realmente te agrado o fue mera cortesía, pero quiero decir que lo agradezco mucho.

    Espero en verdad poder mantener una amistad contigo, y si necesitas algo puedes simplemente decírmelo. No te robo más tiempo, sé muy feliz.

    Con cariño,

    El de la fila de atrás

  • La amiguita de mamá sabía lo que hacía

    La amiguita de mamá sabía lo que hacía

    El presente relato, data del año 2001 cuando rondaba los 19 años y ya estaba cursando la Universidad.

    Desde chico acostumbraba a acompañar a mi madre a su espacio de trabajo y por lo general recibía cariños de sus amigas del trabajo, que a pesar que no he sido de una contextura definida, mi altura me favorece y al parecer mi simpatía, educación, que por ser un poco tímido les llamaba la atención.

    El tema es que me ausenté de esas idas frecuentes por mi ingreso a la universidad y pasaron alrededor de un par de años que volví y pues ya con mi cambio de joven a adulto se empezaba a notar y justamente eso es lo que notó la amiga de mamá, una mujer de unos 40 años, que se mantenía soltera y le gustaba disfrutar la vida, contextura delgada, baja y con unos implantes que siempre se notaban sugerentes para la acción, las cuales fueron musa de innumerables momentos de placer en mi intimidad y mente.

    Al momento del encuentro ella lucía un pantalón de cuero negro, con tacones rojos, una blusa de tirantes blancas que demarcaban la silueta de sus pechos y un labial rojo sangre que incitaban los malos pensamientos. Obviamente llamo mi atención y ella lo notó al instante y se inventó una excusa para que la ayudara a recortar unos formularios en su oficina y cómo yo por lo general ayudaba siempre que iba de visita, ella aprovecho inmediatamente como una experta la oportunidad.

    Una vez en su oficina, estuvimos charlando un rato y me preguntaba sobre cómo me iba en la universidad y cosas sin ninguna trascendencia, mientras yo no perdía de vista esos pechos que ya me tenían con una erección latente.

    Ella parece haberlo notado, es lo que presumo porque se levantó sutilmente y fue caminando a un pequeño cuarto de almacenamiento que tenía su oficina y me llamó para que la ayudara supuestamente a cargar unas cosas. Mi sorpresa cuando entro y la veo reclinada con una mano en la pared en una posición amenazante y con sus pechos al aire y me dice:

    – Así que ya te hacen efecto este par de tetas?

    Sin poder dar crédito a lo que veo respondo acercándome un poco sugiriendo el bulto de mi paquete que no es muy dotado pero visible ante semejante incentivo.

    Ella se acercó lentamente para unir nuestros labios y me dice:

    Ella: No sabes cuánto tiempo he pensado en este momento.

    Yo: Pues, pues yo (tartamudeando) también.

    En ese momento, siguió besándome mientras agarraba mi paquete por encima del pantalón que ya quería salir y llenarla de mi esperma por la excitación que tenía.

    Comenzó a bajar el cierre de mi pantalón y a meter la mano sutilmente en el interior para llegar a mi pene, ya a este punto yo estaba saboreando uno de sus pezones y mi mano recorría la silueta de su trasero sobre el pantalón de cuero que se sentía delicioso al tacto.

    En cuestión de segundos ya la amiga de mamá había sacado mi miembro y con una sensualidad magistral comenzaba a inclinarse para acceder a él y darme la primera mamada de mi vida! No me lo podía creer, la amiguita de mamá, la más rica de todas con sus tetazas al aire, estaba con toda la disposición de tomarse todo mi pene para ella.

    Cuando bajó, se dio cuenta de mi inexperiencia y cómo si un demonio se apoderaba de ella frunció el ceño y la excitó más, abrió su pantalón y se metió un dedo para sacarlo y dármelo a oler, cosa que me puso como un burro y con ganas de cogerla con todas mis fuerzas, ella vio mi reacción y se apoderó de mi miembro, con esa boquita experta, que sabía por lejos lo que tenía que hacer con un novato como yo.

    Estiró el capullo hacia atrás, lo olió y se lo paso por toda la cara, luego lo engulló completamente en su boca usando su lengua para darme placer en el glande mientras sus manos ya jugaban con mis testículos, así estuvo dándome placer por un rato y empecé a sentir un cosquilleo que no estaba acostumbrado producto de sus caricias, ella seguía en lo suyo, lo sacaba, lo metía, se lo ponía entre el cachete y los dientes como una chupeta, hasta que ya no aguante más y ella de lo más natural agarro todo en su boca y se bebió mi néctar como quien se comiera un dulce, lo limpio todo sin dejar desperdicio a medida que seguí dándome lengüetazos en mi pene y en mis testículos.

    Mientras yo me reponía ella agarro mi mano y la metió en su hilo, donde descubrí lo cálido de su cuquita, estaba bien mojada y empecé a tocar para descubrir con el tacto lo que me estaba ofreciendo. Así por instinto y por haber visto algunas películas, comencé a hacer movimientos con mi mano pasando por su clítoris y metiendo en su raja rápidamente, movimientos que ella fue correspondiendo y moviéndose con más ahínco, hasta que se detuvo por un momento y me llenó mi mano de sus fluidos producto de un orgasmo, inmediatamente me abrazo y no sé si me beso o me mamo la boca por unos minutos más, una delicia sentir esa boca querer tragarme.

    No dimos crédito del tiempo que pasamos allí, no sabemos realmente lo que demoramos, pero luego de nuestros orgasmos como que salimos de un trance en el que estábamos inmersos y nuestra razón comenzó a cobrar vida. Por suerte, cómo era costumbre que yo ayudaba siempre a las amigas de mamá, no había sido de extrañar mi ausencia por el momento, salimos a la oficina y continuamos con nuestro «recorte de formularios».

    Finalmente conseguí el teléfono de la amiguita de mamá y comenzamos a chatear para un futuro encuentro que describiré en un próximo relato si este cumple con las expectativas de la comunidad de lectores.

  • Mi madre y mi amigo tienen una aventura

    Mi madre y mi amigo tienen una aventura

    Me llamo Miryam, vivo en Alicante con mi padre, pero eso ya es otro cuento. Esto que les cuento sucedió hace 2 años en mi país Ecuador, cuando vivía con mis padres teníamos comodidad y éramos felices hasta cuando llevé a mi amigo a vivir a mi casa sin imaginarme que se convertiría en el amante de mi madre, él destruyó mi familia y lo que más admiraba, la imagen que tenía de mi madre.

    En ese entonces yo tenía 26 años estaba en 5 semestre de Medicina cuando conocí a Carlos que tenía 27 años que había llegado de otra universidad, así que un día luego de terminar las clases fuimos a comer una pizza y comenzamos a hablar me conto que su madre lo estaba presionando para que buscara un empleo. Carlos y su madre tenían sus momentos de pelea. Así que hablé con mi madre Carmen que tenía 52 años y mi padre Augusto que tenía 62 años ambos estuvieron de acuerdo y mi madre al llegar Carlos le dijo que se podía quedar en la habitación de huéspedes.

    Un buen día presentamos unas pruebas laborales y el empleo se lo llevo el así que nos fuimos a celebrar y a al cine a ver una película, íbamos para mi casa en su auto, cuando le dije que podía regresar a su casa Carlos me contesto que cuando ganara su primer sueldo volvía para que su madre no lo molestara, luego me dijo que yo le gustaba mucho que si podíamos tener una relación pero yo dije que estaba confundido como yo fui la persona que le ayudo y yo solo lo veía como un amigo luego intento besarme pero yo le dije que no. A sí que le dije que al siguiente día se fuera de mi casa.

    Al día siguiente cuando me despierto y baje a la cocina mi madre y Carlos estaban hablando y mi madre nos había servido el desayuno y luego Carlos y yo discutimos por algo y mi madre me regaño que así no se trataba a los invitados, es cierto que mi madre y Carlos tenían una buena relación pero él llevaba 20 días y no era así que me tenía que regañar mi madre de esa manera.

    Luego me fui para mi cuarto a arreglarme y le grite desde el segundo piso a Carlos tú no te ibas a trabajar me contesto que ya iba a salir yo le dije que me acercara como yo iba a llevar una hoja de vida a otro lugar y me queda cerca. Así que nos fuimos en su auto y dije mientras íbamos conversando que no me gustaba la confianza que tenía con mi madre que lo mejor era que buscara otro lugar o regresara a su casa y Santiago me respondió bien que se iba a ir ese mismo día, ese día fui a pasar mi hoja de vida y conseguí mi trabajo estaba contenta así que llame a Carlos para celebrar almorzamos se me había olvidado la discusión que habíamos tenido y en la noche fuimos a casa a cenar y ahí estuvo un mes más y con el primer sueldo se iba a ir pero mi madre no lo dejaba ir que porque se iba ir que le había chocado que desde ahí podía ayudar a su madre y otras excusas para que no se fuera pero yo le decía a mi madre que él tenía su propia familia que su madre lo extrañaba.

    Carlos siguió viviendo en mi casa. Un día y me enferme en mi trabajo y fui a visitar al doctor quien me examino y me dio 2 días de reposo.

    Ese día llegue a mi casa temprano cuando entro veo ropa tirada y era de mi madre y de Carlos no lo podía creer así que descargue mi bolso en la sala y me dirigí al segundo piso cuando escuche unos gemidos y pase por delante de la puerta de la habitación de Carlos, la cual tenía la puerta medio abierta y dentro mi madre estaba tumbada en la cama, y Carlos encima suyo, la estaba follando con unas embestidas brutales, al ver la escena, me pare, y mi amigo, mirando hacia mí, pudo ver como yo estaba viendo como él se follaba a mi madre. Entonces, dibujando una sonrisa en su rostro, aceleró las embestidas, aumentando con ello, los gritos de mi madre, al tiempo que le decía.

    -¿Quién es mi puta?

    -Yo Carlos, yo soy tu puta, nunca me había sentido tan llena, Dios, soy toda tuya. Resoplaba mi madre.

    Luego Carlos le dijo a mi madre que se pusiera en cuatro. Él se puso detrás de ella y de 2 a 3 metidas leves, comenzó a penetrarla más y más fuerte… »Ah!! Ahhh!! Ayyy siii Carlos asiii!!! Ahhh!!! Damee! Dameee!! Él le daba nalgadas mientras jalaba su pelo y besaba y mordía su espalda sin parar de embestirla una y otra vez, sus senos se movían de un lado a otro sin parar. Tras un buen rato, le pegó 3 embestidas lentas pero duras que hicieron que mi madre cayera boca abajo con él encima de ella mientras gemía de placer al estallar en un orgasmo de placer.

    Luego se subió en mi madre aún boca abajo y colocó su verga entre sus nalgas y poco a poco fue penetrándola hasta tenerla toda dentro de su ano… »Auchh!! Despacio Carlos!! Ahhh me dueleee!! Ahhh!!!…» él se movía duro y lento encima de mi madre, tallando su vientre y sus huevos contra sus nalgas mientras su verga abría camino en su culo. De pronto comienza a bombearla con más intensidad…

    Ella mordiendo y apretando las sábanas mientras soporta la verga de ese animal entrando y saliendo sin piedad de su ano… »Yaaa por favorr Carlos!! Aaaah!! Yaaa!!!»… Al cabo de unos 20 minutos por fin le pega las embestidas finales, sus huevos golpeando las nalgas de mi madre ya rojas de tanto penetrarla… Bramando como toro se queda pegado en su culo mientras descarga todo su semen en ella.

    Luego los vi entrar a ambos en la ducha mi madre abrió la ducha y se escucharon unos gemidos esta vez decidí actuar y al abrir la puerta del baño vi que mi madre estaba de espaldas a la pared del baño y Carlos se lo metía por detrás, al verme mi madre se tapaba como podía les reclame ahí mismo que como podían hacerle esto a mi padre y a mí y les dije que se lo iba a contar a mi padre lo que había sucedido y mi madre me dijo que se lo contara para que se fuera de la casa y que quería hablar con uno a la vez, que se vistieran y bajaran.

    Carlos bajo primero y me dio miles de excusas baratas que mi madre se le había ofrecido, que se le metía al baño cuando se bañaba ,que era primera vez que pasaba, yo no le creí, luego bajo mi madre y me revelo que no era la primera vez, que ellos tenían una relación de más de veinte días, que con Carlos había experimentado muchas cosas que con mi padre no, que mi padre todo el tiempo era o durmiendo o trabajando que con Carlos había conocido que era tener relaciones en la cocina, en el baño, en la sala ,en el comedor, en el armario, y en su auto en un descampado afuera de la ciudad, le dije a mi madre que te pasa, ella me respondió que se volvió a sentir mujer y sonreír.

    A mi amigo lo saque de inmediato pero mi madre me decía que no que me tenía que ir yo pero que Carlos no se iba, mi madre me saco de la casa y afuera de la casa estaba llena de ira y llame a mi padre sin pensar en lo que podía pasar después y mi padre llego a los 20 minutos y le conté que mi madre se estaba acostando con mi amigo y todo lo que mi madre me había dicho y mi padre se sienta a llorar que ya lo sospechaba y le digo que porque no me había dicho nada, me conto que una noche llego y mi madre estaba diferente, que su olor era diferente que la cama estaba desordenada, que había encontrado a mi madre sin ropa y mi madre le dijo que lo estaba esperando a él, que él esa noche no pudo tocarla porque mi madre olía a mi amigo, le dije a mi padre que si iba hacer algo pero me dijo que no que quizá él había fallado se terminó echando la culpa, que él había fallado como hombre y la había descuidado, mi padre ingreso a la casa y mi amigo ya se había ido por otro lado y fue hablar con mi madre en su cuarto y al rato mi padre bajo llorando y me pide con todo el dolor del mundo que me fuera de la casa que él quería recuperar a mi madre, que quería luchar por su matrimonio y mi madre le había pedido perdón y que alejara mi amigo que le hacía un favor.

    Todos los días mi padre me empezó a llamar y me decía que Carlos y mi madre se seguían viendo y me pide el favor de que me haga novia de el para alejarlo que erala única forma. Un buen día llame a Carlos y le dije que se alejara de mi madre, nos reunimos y el me mostraba conversaciones, fotos y algunos videos teniendo relaciones, que mi madre era la que lo buscaba, que ella no quería más a mi padre y le propuse que nos fuéramos a otra ciudad a buscar trabajo, el acepto e inicie una relación con él, para ver si mis padres volvían a hacer felices.

    De nada valió porque mi madre se fue a esa ciudad a buscarlo, yo me devolví y lo deje tirado allí a él cuándo me entere que mi madre estaba allí y Carlos me mostro el mensaje que mi madre estaba en la terminal y le estaba pidiendo que se vieran. Pensé que ya no valía la pena estar sacrificándome por nada. Me devuelvo donde mi padre y estaba desconsolado mi madre se había llevado todas sus cosas y a hablar con mi padre que se valorara y la dejara y aunque fue difícil lo hizo.

    Fue a visitar a mi madre unos antes de salir del país para Alicante y fui a su nuevo apartamento y toque, como no abrían ingresé con una llave maestra y al entrar se escuchaban los gemidos de ambos. Al salir el divorcio de mis padres, la casa se vendió. Lo último que supe de mi madre fue que seguían viviendo juntos.

  • Conexión telefónica en mente y cuerpo

    Conexión telefónica en mente y cuerpo

    Mónica y yo siempre teníamos “cara de sueño”. O eso solía decirnos una amiga en común, María, que sospechaba que teníamos algún secreto entre nosotros. Y es que para ella había algo muy raro. Aparentemente casi no teníamos ningún trato, salvo los fines de semana en que salíamos todos en el mismo grupo de personas, pero por algún motivo, María era capaz de percibir algún tipo de conexión oculta indetectable para el resto. Su faceta de detective aparecía de vez en cuando y me interrogaba insistentemente, pero nunca conseguía llegar a conclusiones y se retiraba frustrada, observando desde lejos los detalles, hasta la siguiente batalla por la verdad, la próxima ocasión en la cual poder plantear nuevas cuestiones que desmontaran mis respuestas absolvedoras.

    La joven que despertaba las suspicacias de mi colega aspirante a investigadora, era delgada, medía 1,70 metros, de pelo moreno y ondulado. Su mirada era oscura, incluso tenebrosa y distante gracias a unos profundos ojos negros que parecían tener otro universo en su interior. De vida nocturna muy activa, si no la conociera habría pensado que llevaba una doble existencia como vampiresa, con sus atuendos oscuros, llenos de correas, colgantes de extraños símbolos rúnicos y alguna que otra vaporosa transparencia que dejaba ver alguno de los tatuajes que tenía en la espalda y el brazo izquierdo. Misteriosas plantas y alambres de espino con cadenas enroscadas, se mezclaban, casi con vida y realidad propia gracias a la tinta sellada sobre su piel pálida. Así era Mónica. Misteriosa. A la vez temible y frágil. Una joven que tenía que lidiar una discapacidad que no le permitía andar por si misma largas distancias sin ayuda.

    Por suerte su novio y María siempre estaban allí para acompañarla.

    Por mi parte, solo miraba. Aunque siempre estaba allí si me necesitaba, y ella lo sabía.

    Si, lo sabía.

    Como también yo era consciente de nunca ocurriría y podía estar tranquilo desde el banquillo, porque siempre estaría bien atendida y no precisaría nada de mí. Al menos en este plano de la realidad…

    – ¿Qué extraña película tenéis montada? – Me preguntaba María al oído cuando me descubría observándola desde la distancia. – Se nota que te encanta por como la miras.

    Yo sonreía, como tomándome sus insinuaciones a broma.

    – ¿Gustarme, ella?, no digas tonterías.

    Casi siempre había música alta y ruidosa a nuestro alrededor, así que tampoco había conversaciones profundas.

    – Y lo peor de todo. Lo que más me molesta ¿sabes qué es? – Insistía mi amiga. – Que ella te mira igual. Pero nunca interactuáis.

    Es cierto que casi no nos comunicábamos… en público.

    En realidad Mónica y yo llevábamos años hablando, solo que lo hacíamos siempre por teléfono, donde éramos libres de compartir nuestras confidencias y conocernos de forma íntima y precisa. Siempre me llamaba a eso de las tres de la madrugada y recuerdo que hablaba desde dentro de su armario, ya que aún vivía con sus padres y no quería que la escuchasen. Así, de aquella curiosa forma podía aparentar que estaba durmiendo silenciosamente y nadie le preguntaría por sus charlas nocturnas al día siguiente.

    La chica gótica tenía algún problema de vez en cuando, como todo el mundo, pero también aquellos que le provocaban sus dolencias. Sin embargo, en general era feliz y las cosas con su novio le iban bien. Incluso en el sexo que, aunque no era perfecto, era satisfactorio en lo físico.

    ¿Hasta ahora nada suena raro, verdad?

    Pero, aquí es donde venía la peculiaridad de mi amiga en secreto. Había otro plano, otra realidad, otro mundo menos tangible, donde se había estado sintiendo insatisfecha.

    Mónica era ansiosa e impaciente. Alguien a la que la enfermedad le había obligado a bajar una marcha. A ir más lento. Y más lento respondía también su cuerpo, por lo que, en su segundo despertar sexual, cuando tenía unos 20 años, encontró que la mejor forma para lograr su calentamiento y la preparación para que su ser de carne y hueso respondiera de forma tan placentera como deseaba, era a través de su cerebro, y el acceso más fácil a su cerebro era el oído.

    Y ahí es donde entraba yo.

    Susurros, siseos y un deslizar serpenteante del auricular del teléfono surcando su sedosa piel podía ser uno de mis premios desde el día que ocurrió por primera vez.

    Y es que desde jóvenes solíamos hablar de cualquier cosa como buenos amigos, pero era tal la confianza, que los temas de conversación se fueron a nuestras vivencias íntimas cuando nos hicimos mayores y empezamos a cotillear de los descubrimientos que hacía con su novio o de los líos que yo hubiera tenido, llegando a preguntar por curiosidades y sobre todo por fantasías.

    Y así comenzó todo, con una dichosa fantasía. Bastante típica además.

    Esa noche me habló de que soñaba con hacerlo en la ducha, con agua caliente cayendo por su cuerpo, y me dijo que no era algo que le quisiera proponer a su novio porque estaba segura de que no iba a ser como ella lo imaginaba. No quería desaprovechar su ensoñación perfecta convirtiéndolo en algo real que la deformara, así que me preguntó cómo me lo imaginaba yo.

    – ¿Yo? ¿Por qué quieres saber cómo me comportaría yo si es tu fantasía?

    – Porque siempre me ha gustado tú forma de imaginar y quiero saberlo. ¿Te da vergüenza ahora?

    – No, vergüenza no… Pero no sé… no me veo haciendo eso con el ligue del sábado pasado…

    – A la mierda tus ligues. Te estoy preguntando cómo sería hacerlo conmigo.

    – ¿Contigo?

    Desde ese mismo momento sabía que estaba perdido y que entrar en aquel juego no acabaría bien.

    – Sí, claro, ¿Nunca te has imaginado follando conmigo?

    – N-No…

    – Eso me ofende un poco…

    – Pero si tienes novio y lleváis juntos prácticamente desde que nacisteis.

    – Exagerado… Además, que tenga novio no te impide que tengas un sueño o un pensamiento sobre cómo sería montárselo conmigo.

    Nunca lo había querido porque sabía que no la volvería a ver de la misma forma. Y es que a Mónica siempre le acompaña un aura de misterio y sensualidad que te vuela la cabeza cuando entra en la misma estancia que tú, y que además es acompañado por su personalidad, siempre creativa, lo que lo hace peor cuando llegas a conocerla bien.

    – Pues no lo he hecho ¿Qué quieres que te diga?

    – Hazlo ahora, intenta imaginártelo y descríbemelo.

    He visto a muchos chicos y también a chicas hacer comentarios sobre el natural erotismo de la presencia de mi amiga y sabía que no era el único que pensaba que mejor no abrir el baúl de ilusionarse con compartir algún día cama con ella. Pero no tenía vía de escape.

    – Vale, no sé, lo… lo puedo intentar.

    – Venga, cierra los ojos, reúnete conmigo en el baño y cuéntame lo que ves.

    Y así, según mi vista fue fundiendo a negro, con total facilidad me vi imaginándome a Mónica parada de pie, delante de la ducha, vestida como de costumbre, con todos sus complicados ropajes y accesorios, pero esperando tranquilamente que me acercara y la desnudara para dejarnos llevar después con el agua deslizándose por nuestros cuerpos.

    Un agradable escalofrío recorrió mi columna.

    Y se lo describí lo mejor que supe. Con total sinceridad, ya que era capaz de visualizarlo al detalle: El olor de su perfume, su vestido negro y morado con transparencias, el poder acariciar sus cabellos y acercarme a sus mejillas para posar mis labios sobre ellas… Narré como beso a beso, cada uno más profundo y húmedo que él anterior, y entre caricias, me iba deshaciendo de sus complicadas prendas. Su top del tipo corsé con correas a los lados, su cinturón y su falda oscura corta, sus duras botas altas, su complicado y bonito sujetador asimétrico de encaje, su sensual culotte semitransparente y finalmente sus medias, de esas que se sujetan en los muslos con silicona. No me olvidé tampoco de sus pulseras y colgantes, excepto una gargantilla que siempre me pareció un poco sombría, que se adaptaba perfectamente a su estilizado cuello y que sabía que no le gustaba quitarse nunca. Todo ello entre caricias, lametones, masajes y una lenta adoración de cada palmo de su cuerpo. Proceso demasiado largo y calculado para contarlo en un pequeño texto como este, pero que a ella parecía gustarle bastante.

    Recuerdo que le excitó el modo en que le quité la ropa interior ayudándome de los dientes mientras ella podía verme disfrutarlo en el espejo. Y que le encantó que la dejara ahí de pie, sin ver cómo caminaba a la ducha que estaba detrás de ella, accionaba el grifo hasta regular la temperatura y me desnudaba para luego cogerla de la mano e invitarla a entrar.

    Yo la miré desde fuera, mientras el agua recorría su cuerpo separándose en pequeñas gotas que la recorrían de principio a fin y a las que llegué a envidiar. Al otro lado del teléfono me susurró que era capaz de imaginarse la forma en que la miraba y parte de la humedad que resbalaría por sus muslos en ese momento salía de su propio cuerpo.

    Le hablé de colocarme a su lado y cerrar la mampara detrás de nosotros. De lamer el agua de su cuello, sus labios o de los pezones duros que resaltaban en sus pequeños y preciosos pechos. De ir por detrás, por su nuca, su columna o su trasero y luego de nuevo por delante. Enroscándome como una serpiente y bajando…

    – ¿No te estás sintiendo un poco sumiso? – Me interrumpió de repente.

    – Soy yo quien tiene el control ahora. – Respondí muy serio. – Solo yo decido el ritmo, y si quiero parar, alargar o acelerar la llegada de tu orgasmo. – Añadí.

    – Pero vas a…

    – ¿A qué? – Le corté la frase.

    – No te pongas tan serio que me voy, ¿eh? – Bromeó

    – De eso nada. Te quedas.

    – ¿A si? ¿Y eso por qué? – Preguntó risueña.

    – Porque te vas a correr en mi boca cuando termine de disfrutarte. – Dije finalmente con seguridad.

    Recuerdo que dijo que aquellas palabras le sonaron como una orden, casi un mandamiento que le hizo estremecerse, incluso una ley que sería un placer cumplir, y a continuación le describí al detalle como tenía pensando hacerle el mejor sexo oral que fuera capaz. Lo visualizaba a cada paso, a cada gesto de lengua sobre su clítoris, a cada juego de mis dedos acompañando en su interior, a las caricias en su cuerpo que no pensaba detener mientras me la comía, mezclaba mi saliva con sus fluidos, la succionaba y disfrutaba de ella…

    Y de repente un gemido ahogado se extendió por mi cuerpo en forma de ondas sonoras y que me hizo vibrar de placer e interrumpió los últimos momentos del apetitoso cunnilingus que estaba paladeando en mi imaginación. Ahogado porque se intuía que se había tapado la boca para contenerlo.

    – Que hijo de… – susurró Mónica con la respiración entrecortada.

    – ¿Qué pasa? – Le pregunté extrañado.

    – Me he corrido…

    – ¿Estabas acariciándote?

    – No, pero me has hecho correrme. – Suspiró. – No podía más.

    – Pero… ¿Es eso posible?

    – Uff, yo que se… estaba ahí metiéndome en la historia y apretando los muslos y de repente notaba que me palpitaba… Y notaba calor… Y he pensado en tu boca… – Me contó ligeramente avergonzada. – Joder, me corrí y ahora tengo ganas de tocarme más.

    Me explicó que no había sido gran cosa, pero no lo pudo evitar. Aquello la había hecho excitarse demasiado y necesitaba notarme a través de sus manos.

    Yo me sentía igual de caliente.

    Y así empezó todo. Aquella noche sincronizamos nuestros cerebros y ya no pudimos parar de repetirlo siempre que podíamos. A altas horas de la madrugada.

    Yo jugaba a la descripción detallada, a la sorpresa, a ser a veces firme y con tono autoritario pero pensando en su placer, porque sabía que aquello le encendía. Le hablaba también mucho de fluidos porque era conocedor de que a Mónica le encantaban los “besos salivosos” y la mezcla de fluidos corporales. Y es que presumía de mojarse mucho y le encantaba la idea de que me vaciara sobre su piel de mil maneras. Ella, por otro lado era creativa para envolverme en los sonidos de sus gemidos y sus largos, sensitivos y sonoramente agradables orgasmos. Se acariciaba con el aparato telefónico para mí o lo acercaba para que pudiera escuchar el chapoteo de sus dedos entrando en su sexo o mimando su clítoris. Solía también chupar sus dedos y hablar con la boca llena y babosa cuando me describía la felación que deseaba hacerme.

    Os aseguro que aquella chica inventó el ASMR erótico antes de que existiera.

    Así, entre fantasías y orgasmos compartidos, milimétricas narraciones que nos servían para hacer un mapa al detalle de nuestros cuerpos y el inevitable tema de llevar aquello a la realidad algún día, llegamos a algo que debía acercarse a la telequinesis. Y es que a veces, mirándonos a distancia cuando nos encontrábamos por ahí, si establecíamos suficiente contacto visual, parecíamos sumergirnos juntos en ese mundo al que solíamos escaparnos para gozar el uno del otro. Solía decirme que su novio se follaba su cuerpo, pero en su mente solo entraba yo. Y nuestra relación se acabó convirtiendo en algo casi obsesivo y puede que no muy sano para los dos, aunque también algo que no podíamos evitar, porque si intentábamos aguantar una semana completa sin escucharnos, los recuerdos nos consumían, e imágenes de lo que nunca ocurrió realmente, pero que se grababa a fuego en nuestra memoria, se arremolinaban en torno a una promesa de escaparnos juntos y dejarnos llevar por fin y poder devorarnos el uno al otro.

    Pero dicen que el cuerpo no puede existir sin la mente, mientras que la mente se siente prisionera si no puede notar el aire fresco de una existencia verdadera a través del cuerpo. Por eso cada vez se nos hacía más difícil disimular y aguantar los metros que siempre nos separaban cuando coincidíamos en persona. Y por eso sabíamos que teníamos que dar pasos, aun a riesgo de ser descubiertos.

    De forma furtiva nos reunimos en un parque cerca de casa de Mónica, donde buscamos un lugar apartado para besarnos y así luego tener referencias de aquel momento en nuestras historias de ficción. Compartir saliva, enredar nuestras lenguas, mordernos, chuparnos, saborearnos… Probamos todo lo que pudimos en el breve espacio de tiempo que tuvimos a solas. Y es que nos costó, además varios intentos, aquel sigiloso encuentro, ya que María vivía en el mismo edificio que Mónica y cuando me veía por la zona tenía que disimular fingiendo que solo pasaba por allí, para que no nos ubicara en el mismo espacio físico.

    Admito que dar pasos en esa dirección era más difícil para mi amiga que para mí, ya que suponía una infidelidad, pero creo que ninguno pensaba con claridad en aquella época y nos dimos cuenta de que nuestra aproximación fue muy fructífera para incorporarla en nuestro vocabulario telefónico que nos unía con más orgasmos y una mayor conexión fuera del plano real.

    Nada podía apartarnos del deseo de repetirlo.

    Y nos fuimos viendo cómo podíamos para hacer pequeñas cosas, incluso aprovechando los descuidos de los demás.

    Una noche que salimos con el grupo de amistades, Mónica me metió en el bolsillo una de sus bragas usadas, perfumadas con su colonia, en un gesto de visto y no visto. En otra ocasión me dejó masajear sus pechos por encima de la ropa durante un rato en un portal… Aunque ese día nos obsesionamos con que alguien nos hubiera visto entrar. Recuerdo también como metiendo su mano en el bolsillo de mi pantalón estuvo acariciando mi sexo con disimulo hasta lograr a endurecerlo y dedicarse a explorar su forma en el mismo parque en el que nos habíamos estado besando una ocasión anterior.

    Quizás podíamos haber escapado en más ocasiones al dichoso parque, o más tiempo. Pero era una tortura el marcaje al que nos tenían sometidos.

    Una caricia disimulada en el trasero cuando nadie miraba, un susurro cercano en la oreja en mitad de una fiesta multitudinaria, compartir saliva a través de una botella…

    Cada vez necesitábamos más de esos pequeños acercamientos y fuimos asumiendo mayor riesgo. Porque las sensaciones aprendidas empezaban a ser fundamentales en nuestras narraciones nocturnas y porque el anhelo del piel con piel era inevitable.

    Llegamos así a lo que llamamos “el incidente”, ocurrido durante una fiesta privada en un garito donde casi todo el mundo bebió bastante. Acercándose el final de la noche conseguimos escaparnos a un baño público vacío por separado, primero ella y luego yo, y nos encerramos en uno de los cubículos con ansia desmedida por probar y descubrir en unos minutos todo lo que pensábamos que nos faltaba. Algo difícil de lograr antes de que notasen nuestra ausencia, porque teníamos demasiadas cosas pendientes.

    Nos besamos como locos…

    Recuerdo que prácticamente nos comíamos, jadeábamos, colábamos las manos bajo la ropa y nos acariciábamos con urgencia, descubriendo nuestro cuerpo por zonas, recorriendo y explorando nuestra piel con devota admiración.

    Recuerdo también que quería pasear mi lengua por todo su cuerpo.

    Nuestros deseos eran como un torrente que se estampaba sin remedio contra una presa. Se iban amontonando por ser los primeros, los seleccionados para tener la oportunidad de probar esa sensación de la que habíamos hablado mil veces.

    Así, por fin pude tener sus tetas en la boca y verla echar la cabeza hacia atrás de placer, deslizarme por su cuello, introducir mi mano en su ropa interior y notar cómo se mojaba por mí, excitado, y sintiendo a cámara rápida lo que quería vivir a cámara lenta. Empezó a masturbarme con fuerza y se arrodilló para meterse mi glande en la boca y dejarme sentir su mano acariciarme con prisa diciéndome que necesitaba ver cómo me corría en ese momento, solo para ella, mezclando mi líquido con su saliva y bañando su escote después.

    Me habría encantado.

    Pero con esa avidez era imposible concentrarse y dejarse llevar por una sola cosa. Solo queríamos tenernos de mil maneras, en cien posturas y que no llegara nunca un orgasmo para que aquello no terminara.

    Y el tiempo jugaba en nuestra contra.

    De pronto nos sobrevino el ímpetu y nuestras mentes se sincronizaron como de costumbre. Mónica se puso de pie y aprovechando que tenía una erección importante y el pantalón desabrochado, le di la vuelta apoyándola contra la pared del cuartucho, aparté su tanga bajo su falda y la penetre tan profundo como pude, desde atrás, quedándome dentro e inmóvil, respirando en su oído, con nuestros cuerpos perfectamente adaptados como dos cucharas iguales y unidas.

    El tiempo se detuvo.

    Y no quisimos movernos ni un milímetro. Mis manos recogían sus preciosos pechos pequeños y notábamos el calor que desprendíamos, incapaces de recuperar el ritmo natural de nuestros latidos o nuestro aliento. Por fin me sentí llenarla y ella se sintió repleta, con espasmos en su interior, con la violencia animal que tenía aquel momento detenida por la pasión de conectar y que aquello durara eternamente…

    Por desgracia el tiempo solo se había detenido para nosotros, y alguien entró en el baño para quebrar nuestra eternidad en mil pedazos.

    – ¿Mónica? ¿Estás ahí? – La voz de María nos heló la sangre. – Tía, ¿estás bien? Hace un rato que no te veo.

    – Estoy bien… Tía, no seas pesada, que te voy a tener que dar hasta el horario del baño. Solo tengo dolores de regla. – Respondió la chica que en estos momentos seguía teniéndome en su interior.

    – ¡Vale! ¡Joder, que borde! Encima que me preocupo por ti…

    Los labios vaginales de Mónica se habían cerrado ligeramente del susto y me hacía daño, pero no queríamos movernos y temíamos que a María se le ocurriera en algún momento mirar por encima de la puerta y encontrarnos semidesnudos y perfectamente acoplados.

    Hubo un silencio largo.

    – Me voy – Se rindió al final.

    Y escuchamos sus pasos hasta que abrió la puerta de salida y pudimos respirar… O eso pensamos.

    – ¿Has visto a Matt? – Dijo deteniéndose antes de abandonar del todo el baño público.

    – ¿Matt? ¿Y yo qué coño se? Ni que lo tuviera yo escondido. – Contestó con indiferencia mi amiga gótica.

    La puerta se cerró por fin. Y con un poco de calma y cuidado pudimos separarnos y dejar escapar el aire contenido.

    – ¿Por qué has dicho eso? No hacía falta darle pistas. – Susurré por si María seguía escuchando detrás de la puerta.

    – Perdón, me puse nerviosa y…, lo siento… joder. ¡Qué pesadilla de mujer! – Respondió Mónica mientras nos vestíamos y volvíamos a la realidad.

    Y nos besamos por última vez antes de que mi furtiva amante saliera por su cuenta del baño, encontrándose en la salida a la detective metomentodo plantada e iniciando una pequeña discusión con ella, que hizo que ambas se alejaran de allí.

    Me quedé un buen rato encerrado recuperando la compostura antes de salir, y finalmente cuando aparecí y me reuní con el resto del grupo, entre las que estaban las dos chicas de esta historia, tuve que soportar miradas inquisitoriales de sospecha de una, y una fingida apariencia de importarle una mierda mi existencia de la otra.

    Aquella situación me agobió un poco, así que me propuse darme una vuelta y entretenerme mirando las estrellas sentado en una calle escondida.

    Necesitaba aire fresco.

    Nadie contaba conmigo ya. Y de hecho fue solo cuestión de una media hora que se hiciera evidente. María y el novio de Mónica salieron riéndose juntos por la puerta trasera del local sin notar mi presencia y empezaron a enrollarse.

    Aquello explicaba muchas cosas, pero ninguna que no hubiera sospechado antes. Y es que siempre estuve seguro de que ese deseo de sorprendernos que tenía María, nacía de que se estaría acostando con aquel tío y buscaba la manera de quedárselo para ella sola.

    Me escondí detrás de unos vehículos y vi como empezaban a calentarse. Así, sin pausa, las manos del tipo pronto estaban manoseando las grandes tetas que ella tenía. Estaban como locos, apoyados sobre un coche, y no tardaron en, tras asegurarse de que nadie pasaba por allí mirando a un lado y a otro, apartar el mínimo de ropa necesario, y colocándose María de forma que ofrecía su trasero, empezar a follar sin ningún tipo de discreción en uno de esos polvos rápidos que terminan con unas cuantas embestidas descontroladas, algunos gemidos apresurados y una corrida dentro que quedaba recogida en el condón que en algún momento se había puesto el.

    Me pareció un desahogo que podría haber ocurrido en más ocasiones. Pero no tenía pruebas.

    Después de aquello, María encendió un cigarro con aparente rostro de frustración, mientras contemplaba a su amante limpiarse con frialdad y girarse hacia la puerta para volver al garito. La puerta, sin embargo, se abrió antes de lo esperado y dejó escapar el sonido de la estridente música electrónica al exterior. Sin embargo, desde donde me encontraba, la hoja del portón tapaba la persona que la había abierto, aunque viendo las caras de los dos protagonistas del polvo callejero me lo pude imaginar.

    El novio de Mónica pareció apartar la cabeza a un lado soltando un bufido chulesco de desaprobación y volvió a meterse al antro cerrando la puerta insonorizada y dejándonos de nuevo el silencio… Y sobre todo permitiéndome ver quien acababa de hacer acto de presencia.

    No hará falta decir que se trataba de la propia Mónica.

    Ella y María se miraron calladas unos instantes, en medio de una incómoda tensión, mientras la segunda terminaba de dar las últimas caladas. La chica gótica no llegó a ver nada explícito de lo que acababa de ocurrir, pero era evidente por qué estaban los dos allí y seguramente el humo del tabaco no era capaz de tapar el olor a sexo de aquel momento.

    – ¿Has visto a Matt? – Terminó por preguntar Mónica a su, ahora seguramente ex amiga, que seguía apoyada en un coche.

    Y la contraria hizo una mueca al tiempo que decía que no con la cabeza y se ponía en movimiento hacia la entrada del local.

    – Espero que no pretendas ahora hacerte la victima cuando todos sabíamos lo que estaba pasando. – Le reprochó María sin dejar de caminar cuando estuvo a la misma altura que Mónica para que esta pudiera escucharle con claridad.

    Y una respuesta final no quiso perder la oportunidad de salir de la sensual boca de su dueña antes de quedarse sola de pie en aquella fría acera.

    – Tú siempre has creído saber más de lo que en realidad pasaba.

    Y de nuevo el silencio nocturno… Hasta que salí de mi escondite y me aproximé a Mónica para tratar de consolarla. Sin embargo, mis labios se movieron un momento sin emitir sonido alguno antes de que ella se me adelantara para iniciar la conversación.

    – Ya hace tiempo que lo sabía. No te preocupes, que estoy bien. – Dijo con los ojos vidriosos y mirando las estrellas.

    – Pero…

    – Lo único que me jode es que ellos no se estaban preocupando de ser tan discretos como nosotros. – Continuó en una especie de monologo.

    – Hemos perdido mucho el tiempo escondiéndonos cuando era algo inevitable, y ahora es tarde.

    – ¿Tarde? – Pregunté apenado por lo que le estuviera pasando por la cabeza de mi amiga.

    – Mi padre ha encontrado trabajo en otra ciudad y quiero seguir estudiando. – Me miró por fin. – Aun no puedo mantenerme sola, así que me mudare con mi familia.

    – ¿Muy lejos? – Inquirí con mis preguntas cortas, limitadas por mi nerviosismo del momento.

    – No lo sé aun, pero lo mejor para mí, en este momento, es que fuera lo más lejos posible de aquí.

    En ese instante me sentí un poco menospreciado y no acababa de entender aquellas palabras, pero no acerté a pedir las oportunas explicaciones.

    – Tranquilo. – Dijo finalmente. Y después de besarme y dedicarme una sonrisa que parecía forzada por enfrentar su estado de ánimo real, añadió: – Nosotros siempre estaremos conectados a través de la línea telefónica.

    Y se metió de nuevo en el local de la fiesta dejándome en la calle con mis pensamientos.

    Un poco jodido. Un poco más furioso. Mucho más preocupado.

    Esa noche en el grupo ya no cruzamos miradas y cada uno se fue más o menos por su lado, aunque por supuesto en los bandos que se organizaron tras “el incidente”, Mónica y yo habíamos quedado en la oposición, por lo que tuve que salir del banquillo y acompañarla a casa por si se sentía mal.

    Me gustó caminar a su lado a pesar de que casi no hablamos nada durante el trayecto y al llegar a su portal, me despidió con dos besos en las mejillas.

    Con el tiempo se olvidó aquella noche y recuperamos nuestras conversaciones a distancia, pero esa distancia era ahora tan grande y tan real, que resultaba pesada como una losa. Además, el proceso ya había comenzado y quedo roto. Nos empezó a faltar lo físico, lo real, aquello que habíamos empezado a descubrir y necesitábamos.

    Fue por aquello por lo que terminamos por perder el contacto definitivamente.

  • Un mundo vacío

    Un mundo vacío

    Vacío lo que hoy mi corazón está sintiendo, muchos años he vivido deseando ser amada por alguien; podrán decir la víctima siempre, más no comprenden, no es el hecho de ser la víctima, es el hecho de sentir dolor con cada suceso o palabra que tal vez sin intención te susurran el alma para herirla y atormentarla y entonces soy la víctima?

    Claro que no simplemente soy un ser humano, pero una persona como tú o incluso la más débil por así decirlo, tal vez creyéndose la fuerte e inmune a todo y es allí donde realmente dónde te enfrentas al miedo cara a cara, siendo golpeada y humillada una y otra vez, callando y aguantando con miedo a gritar lo que realmente podemos estar sintiendo y en ese preciso momento es donde callamos por miedo, orgullo e incluso por justificar a quien nos está agrediendo olvidando nuestra dignidad como personas, viéndonos así unos simples conformistas que dejan atrás lo que realmente importa y si, esa es la palabra correcta «conformistas» eso soy yo tanto que hasta el día de hoy sigo escribiendo a escondidas para desahogar todo este sufrimiento que no me deja ser feliz, pero que más se puede hacer?

    Si no tenemos aún el valor necesario para dar a conocer la voz de tu alma lo cual de verdad es muy necesario en este mundo tan vacío como este.

  • Cogiendo con un maduro vergón que conocí por una aplicación

    Cogiendo con un maduro vergón que conocí por una aplicación

    Esto pasó hace como dos semanas, yo nunca he sido el más guapo o el interesante, siempre he sido el que se queda hasta atrás para que no lo molesten o el que se inventa excusas para no ir a fiestas, ese soy yo.

    Por ende pueden suponer que no tengo pareja, la verdad esto no me interesaba hasta hace unas semanas.

    Estaba aburrido y caliente así que decidí ver unos vídeos de ya saben que para distraerme un rato.

    Todo estaba normal hasta que llegué a un vídeo de un muchacho de mi misma edad y un señor que decía en el vídeo que tenía 46 años, primero lo quise saltar, pero no pude no sé porque, pero ese vídeo despertó algo en mi, un deseo sexual de ser cogido por una verga grande de un maduro.

    Cómo no tengo las suficientes habilidades sociales para salir a conocer gente opte por abrir un perfil en una aplicación de citas.

    Al principio solo recibí unos cuantos likes, pero no me interesaban yo iba decidido a conseguir un maduro vergón, pasaron los días y nada hasta que una mañana me levanté y lo primero que vi al entrar a la aplicación fue un mensaje de un señor de unos 37 años preguntando si quería salir a tomar algo o a pasear.

    Yo estaba emocionado porque al fin iba a cumplir mi fantasía, le dije que si y me dijo que nos reuniéramos en un parque que quedaba cerca de mi apartamento, cuando llegue lo vi sentado en una banca.

    Me vio y dijo que si estaba listo y le dije que si, la cita fue normal fuimos al cine y a una tienda de electrónica dónde me compro unos audífonos Bluetooth, le di las gracias y me susurro al oído «agradecerme de otra forma».

    Ya sabía lo que venía y estaba más que listo para ser penetrado por él, le dije que me siguiera que yo conocía un motel cerca de allí (había investigado los moteles cercanos a mi por si acaso jeje).

    Llegamos y pago una habitación, cuando entre a la habitación me tumbe en la cama boca a abajo porque estaba cansado y nervioso, el aprovecho para agarrarme el trasero y apretarlo.

    Yo ya deseaba ser penetrado y él lo notaba, me dio la vuelta y me empezó a quitar el pantalón hasta dejarme en ropa interior con mi pene casi de fuera.

    Estaba más que listo para que me dieran como cajón que no cierra así que le dije que se la sacara para que se la chupara, cuando lo hizo me quedé boquiabierto.

    Era justo como lo había deseado, una verga grande de un maduro, la acerco a mi boca y no perdí tiempo y me la puse en la boca.

    Era delicioso, estaba muy duro y caliente, me empecé a mover pero me detuvo, me dijo que primero le chupara los huevos porque así se sentía más rico.

    Le hice caso y me puse sus huevos en la boca, los chupaba los lamía y juagaba con ellos, hice eso hasta que dijo que ya estaba listo y que me pusiera en cuatro.

    Lo hice y me bajo el bóxer dejando ver mi pene súper duro y goteando casi implorando que me cogiera, me dijo «veo que no puedes aguantar más» le dije si y que por favor lo pusiera adentro.

    Me dijo que lo suplicará y acepte me hizo suplicar por ser penetrado hasta que decido meterlo de una gran embestida.

    Solté un gemido fuerte y me empezó a dar duro, me daba una embestida fuerte y la sacaba lento para luego dar otra embestida aún más fuerte.

    Estuvimos así por un rato hasta que paro y me dijo arrodíllate que me quiero venir en tu boca.

    Lo hice y abrí la boca sacando la lengua recibiendo un gran descarga por parte suya.

    Terminamos y tomamos una ducha juntos donde las cosas se pusieron calientes, cuando salimos nos cambiamos y nos fuimos del motel.

    Me pasó a dejar a mi casa y me dijo que cuando quisiera lo llamara para otra cita y dos hice porque mañana tenemos otra cita y no puedo esperar.

    Deséenme suerte.

  • En la borrachera todo se permite

    En la borrachera todo se permite

    Los que vienen leyendo mis entradas sabrán que soy una ama de casa con una sexualidad frustrada. Gracias a Dios que existe el porno, los mods de los Sims y otras herramientas o de lo contrario yo me volvería loca. Sí, soy una gamer de los cojones.

    Cuando empecé a salir con mi novio, actualmente mi marido (para mi desgracia) él se pintaba a sí mismo como un «macho cabrío», un adicto al sexo. Qué va, poco más el dios mismo de la lujuria. Menuda estupidez. Si me la logra poner durante más de dos veces en el mes es todo un milagro. Lo máximo que lo hicimos en un sólo mes fueron tres veces, tuve que soportar épocas de sequías con intervalos de tres meses entre un encuentro y otro. Por eso aprovecho las ocasiones cuando mi marido está ebrio.

    Cuando él está pasado de copas, no suele tener control de su cuerpo. De hecho, no se acuerda de nada, o casi nada, de lo que pasó. Y como Dios me dio este apetito sexual voraz, y él no hace ni medio intento en solucionar el problema, pues hay que aprovechar las oportunidades que la misma vida te da.

    Recuerdo que ese día estaba caliente como pocas veces lo estaba. Ya llevaba dos meses sin nada, dos meses sin poder satisfacer la imperiosa necesidad de sentir una verga caliente y dura en mi interior. Y como mi querido esposo había vuelto de una reunión con sus amigos muy, pero muy, tomado, aproveché la situación.

    Como si fuese Rocky Balboa (con la mitad de la cara paralizada) me exigió que le quite las botas. Yo obedecí. Ya se había vomitado en la entrada de la casa, nada que un poco de agua y algo de desinfectante no solucionen. Lo siguiente que hice fue acostarlo en la cama para que él pueda descansar un poco de la borrachera que portaba, y luego, ahí sí, le bajé los pantalones y el bóxer.

    Algunos de mis lectores piensan que mi esposo es poco dotado, pero no. Sólo por eso sigo con él: porque tiene un vergón que pocas veces he visto. Duro, cavernoso, venoso, grueso, y que entra justo en mi vagina.

    Se me hacía agua la boca (y la concha) de sólo imaginar la sensación. Y pese a que mi esposo hacía sus «intentos» de evitar que me le suba encima, a mí me importó un carajo y lo mismo agarré su pija dura y me la metí yo misma.

    Empecé a gemir y a moverme, a estimular mi clítoris mientras imagina que estaba haciéndolo con Franco, uno de los muchachos con los que yo tenía relación gracias a vueltas de la vida, y que, hasta ese momento, seguíamos hablando, mandándonos mensajes, calentándonos, pero nunca habíamos concretado nada. Ganas no faltaban, lo que faltaba era que él se decida a cogerme. Seis años menor que yo, pero con mi misma energía sexual.

    Imaginé sus ojos, sus voz, esas palabras que tanto me gustaban que me dijera, censurables y sucias… Deseo a Franco hasta el día de hoy, y me prometí a mí misma que algún día lo iba a coger.

    Mientras repetía su nombre en mi cabeza, gemía y suspiraba, usando la verga de mi marido como consolador. Mi pobre esposo, pobrecito, estaba verde de las sacudidas que le daba, a punto de vomitar por el alcohol que se meneaba en su interior.

    Me repetía en mi cabeza esas palabras que tanto me gustaba que me dijera: Putita, trolita, hermosa, perrita. Me golpeaba en las nalgas imaginando sus manos, me chupaba los senos imaginando su boca, me metía los dedos en lengua imaginando su pija. Los movimientos se intensificaron y, por fin, pude acabar.

    Terminé temblando de arriba abajo, casi tan mareada como mi marido, pero satisfecha. Muy satisfecha de haber tenido un pequeño desahogo con una pija real y no un juguete de silicona.

    Me retiré de mi esposo mientras él seguía ahí, extendido en la cama, como estrella de mar atropellada, con muy mala cara y con la verga todavía dura. No había acabado, y sabía que, si yo quería podía usarlo aún más, pero no quería correr el riesgo que se desgracie estando yo arriba.

    Lo di vuelta para que, en caso de que se vomite, no se bronco aspire, y me metí en el baño a mandarle un par de fotos a Franco, aprovechando que había violado a mi marido y me sentía la mujer más erótica del mundo.

  • Mi tía se me insinúa y yo no desaprovecho (1)

    Mi tía se me insinúa y yo no desaprovecho (1)

    Un gusto, soy Armando, un joven de 24 años, les cuento soy un estudiante de humanidades, normal como cualquier otro.

    La historia comienza un fin de semana cualquiera cuando mi tía de 62 años me invitó a almorzar (ella era una mujer soltera, nunca se casó, ni tuvo hijos, lo único que tenía era su pensión, una pensión bastante grande) ella es muy querida y desde pequeño siempre me ha dicho que soy muy bello muy simpático.

    Hasta ese día que me di cuenta que se me había insinuado, me halagaba de más, me tocaba las piernas, las manos y hasta noté que me miraba los labios, pero bueno ese día no pasó nada, pero ella no se negó a invitarme a quedarme esa noche en el apartamento de ella, es un apartamento pequeño apenas para una madura como ella (casi una gilf).

    Esa noche no me pude quedar porque mis padres me recogieron, pero no fue hasta unos días después, que tome la valentía de llamarla y decirle que me dejara quedar dónde ella, ella acepto sin dudarlo, me quedé tres días y aquí les voy a contar que paso, (sobra decir que yo también tenía curiosidad, por lo que podría pasar pues me atraía mi tía, que a pesar de ser muy conservadora, tenía mis dudas de que tan desenfrenada podía ser en la cama).

    El primer día llegué en la noche, mi tía me atendió lo más de bien, y llegó el momento de dormir, me tocó dormir con ella porque en aquel apartamento solo había dos habitaciones, uno el estudio, y otro el cuarto de mi tía, un cuarto con decoración digna de una gilf como ella, esa noche dormimos juntos, no pasó nada interesante solo tuve una erección que roce un poco con el culo flácido de mi tía cuando estaba dormida, sobra aclarar que tenía el pene bastante duro y con un poco de líquido preseminal saliendo de el.

    A la mañana siguiente tenía un plan elaborado para atraerla más hacia mi, me fui a bañar y me masturbe, tenía tantas ganas de coger que fue inevitable no hacerlo, el plan fue salir del baño en toalla y dejarla caer.

    Fui al cuarto de mi tía y la vi y le iba a preguntar algo para hacerme el tonto y que se cayera la toalla para que mi tía viera mi pene, yo tengo un pene de tamaño promedio unos 16 cm, pero eso sí bastante grueso.

    En esa época lo tenía bien peludo pues sabía que mi tía era bastante conservadora y por lo tanto le gustaría más un pene peludo que un pene depilado como es la moda (y también estaba peludo porque estaba en vacaciones de la Uni).

    Me le acerque, yo sostenía la toalla con una mano y le pregunté fingiendo que no me acordaba que era, quite la mano de la toalla para rascarme y hacer como si estuviera recordando y así fue la toalla se resbaló y dejó al descubierto mi pene que estaba medio erecto por los nervios, cayo la toalla al piso, y mi tía se quedó mirando sorprendida y yo fingí que estaba pasmado mientras mi pene se iba poniendo más duro por la excitación del momento.

    Paso un minuto y mi tía no quitaba la mirada de seguro se quería quedar con la imagen grabada para siempre en su mente, recogí mi toalla y me cubrí, pero igual el miembro se marco por debajo de la toalla, le pedí disculpas, pero ella dijo que tranquilo, y me halago el pene.

    Parte dos pronto.