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  • Despedida de soltera

    Despedida de soltera

    Conocí a una mujer en una despedida de soltera y cogimos como animales, como todo lo que les platico, esta es una de muchas historias reales que viví, esto pasó mientras visitaba a un amigo en otra ciudad, no mencionaré nombres por privacidad.

    Hace un tiempo fui de visita a ver a un amigo a otro estado, es un amigo muy cercano que se había mudado por motivos de trabajo primero a un estado y luego a otro, ya hacía ya algún tiempo que no nos veíamos por lo que para nosotros vernos era todo un evento, llegué a la ciudad a su departamento dónde el me invitó a quedarme, era un departamento pequeño con una sola habitación y una sala con cocineta, en la sala había un sillón que se hacía sofá cama con un baño a un lado, una vez ahí me instalé en la sala, pasamos el día poniéndonos al día y al llegar la noche decidimos ir al antro más popular de la ciudad.

    Habíamos hecho una reservación para una mesa y como mi amigo tenía poco tiempo de haberse mudado a esa ciudad y no conocía a nadie fuimos nosotros dos solos, una vez en el antro llegamos a la mesa pedimos una botella y continuamos hablando, riendo y a ratos bailando con chicas de las mesas cercanas, a un par de mesas de distancia había una despedida de soltera, con la prometida y todas las damas con sus respectivos gorros distintivos, eran aproximadamente unas 10 mujeres en esa mesa y llevaban la fiesta en grande por lo que me acerqué a hablar con una de ellas, esta chica era de aproximadamente 1.60 de estatura, cabello castaño, ojos verdes tirando a mezclados con café, piel clara, gordibuena con un buen par de tetas, buenas nalgas y buenas piernas.

    Me comentó que se llamaba Isabel, de igual forma me presenté y una vez hablando con ella incluí a mi amigo en la conversación y en cosa de minutos ya éramos parte del festejo, bailando con todas las chicas así como riendo y haciendo chistes, todas eran muy agradables y estábamos pasando un gran rato al ritmo que no nos dimos cuenta como fue pasando el tiempo, en menos de lo que imaginábamos ya era muy tarde y el lugar estaba por cerrar, ya en ese punto les preguntamos si la iban a seguir a algún lado pero nos dijeron que tenían un día pesado mañana entonces ya se iban a dormir, para no dejar las cosas en un “no lo intenté” le dije a la chica a la que me había acercado primero y con quién pasé la mayor parte de la noche que si quería irse conmigo para seguirla nosotros dos y para mi sorpresa me dijo “si, vámonos”.

    Se despidió de sus amigas y nos fuimos mi amigo, ella y yo al departamento de mi amigo, una vez ahí mi amigo que ya estaba más allá de las 10 copas se metió a su habitación y cayó fundido de cansancio, cerró la puerta y quedamos ella y yo en el sofá cama, sin hablar mucho ni mucho menos fuimos directamente a lo que sabíamos que íbamos, comenzamos a besarnos y muy rápidamente nos desnudamos, le quité el vestido quedando ella en tanga y su bra, ese par de tetas grandes que yo había visto en el antro no se comparaban con verlas en el bra casi saliéndosele.

    Veía perfectamente sus areolas saliendo del borde del sostén de un color café claro y muy grandes como del ancho de la boca de un vaso, su tanga de color negro dejaba ver un par de nalgas grandes y blancas que agarré en ese momento, duras y firmes deliciosas, nos besamos más mientras yo me quitaba el bóxer y mi verga rebotaba como resorte al dejarla libre, le quito el sostén y veo ese par de tetas caer y colgar riquísimo, tremendas tetotas, más de lo que esperaba con esas areolas hermosas y grandes, le quito la tanga y veo una hermosa franja de vello púbico vertical lo que llaman “airstrip” que iba desde su pubis hasta su clítoris.

    Me toma la verga con una mano y me dice ¡que vergota tienes, me la voy a comer toda” si preguntarme ni nada se hinca sola y comienza a chuparme la verga directamente profundo, tratando de metérsela toda hasta el fondo de la garganta mientras me agarra de las nalgas, empujando fuerte al grado que siento como mi verga topa con su garganta y se dobla leve hacia abajo, tose un poco y sigue tragando sin detenerse, luego comienza a chupar en forma lamiendo la verga, el tronco y la cabeza, chupando especialmente la cabeza haciendo que se me ponga grande y amoratada de lo excitado, se acuesta en la cama y me dice “métemela” abriendo sus piernas y enseñándome una panocha grande con labios mayores grandes, esa franja de vello y unos labios menores pequeños, sin pensarlo excitado de ver esa panocha hermosa.

    En posición de misionero comienzo a penetrarla mientras sus tetas rebotan, se la meto rápido y fuerte mientras veo su panocha como mi verga entra separando sus labios mayores, una y otra vez la penetro y comienzo a mamar sus tetas, me agarro de sus tetas y como si fueran riendas hago uso de ellas para jalarme y metérsela más fuerte, a los pocos minutos ella se viene rápido y sin avisarme como si no hubiera estado preparada para ese orgasmo sorpresa, no gime ni grita, puja fuerte mientras dice “me estoy viniendo, no pares” se la sigo metiendo rápido hasta que culmina su orgasmo, luego ella misma se quita y se pone de perrito, veo ese par de nalgas grandes y ese par de tetas grandes colgando y se la meto, la penetro fuerte como si fuéramos perros cogiendo fuerte y rápido en el sofá cama completamente desnudos y sin nada que nos cubra, sabiendo que mi amigo pudiera salir al baño o a la cocina por agua en cualquier momento.

    No nos importa, la lujuria y la excitación nos llevan a seguir cogiendo como animales, luego le digo “quiero ver tu panocha” se quita y la cambio de posición ahora acostada de lado con las piernas abiertas, la penetro contra el respaldo del sillón mientras veo su panocha directamente y mi verga entrando y saliendo, volteo a verla a la cara y veo que también está viendo mi verga entrar y salir directamente, en ese momento le digo “me voy a venir” ella responde “vente en mis tetas”, la penetro más rápido y fuerte por unos segundos y luego se la saco, en ese momento ella se hinca y me la jalo unos segundos más, gimo fuerte y me viene un orgasmo en la pura cabeza de la verga como la sensación más placentera del mundo.

    Comienzo a tirar mi leche vaciándome en sus tetas, sintiendo como mi verga hace espasmos y con cada espasmo sale un chorro denso de mecos que cae en sus tetas mientras ella me mira a los ojos con ese par de ojos verdes lindos, excitada y viendo mi cara de placer absoluto, así disparo varios chorros hasta que quedo completamente vacío, nos recostamos en el sofá unos momentos disfrutando el estado de éxtasis post sexo, voy por rollo de papel para limpiarle las tetas ya que con tanta leche era un desastre de mecos y nos dormimos sin ponernos la ropa, por la mañana nos despertamos, nos besamos un poco y ya no alcanzamos a coger de nuevo ya que sus amigas estaban marcándole para que fuera con ellas a iniciar sus actividades, nos despedimos y ella se fue con sus amigas.

    Intercambiamos números de contacto pero por mala fortuna perdí ese teléfono con todos sus contactos y quedé sin forma de ponerme en contacto con ella de nuevo.

  • Mi mamá es excitante

    Mi mamá es excitante

    Este día 26 abril 2023 fui a la casa de mi mamá, yo vivo aparte desde que me casé, como después me separé ahora vivo solo, pero en casa de mis papás tengo aún mi recamara, ahí viven mis dos hermanas, mi papá y mi mamá. Cuando llegué a casa en la tarde como a las tres, mi mamá estaba en la cocina, estaba sola, mis hermanas habían salido y mi papá como trabaja fuera de la ciudad casi no estaba en casa, al llegar saludé a mi mamá como siempre, ella me saludó con un beso y me dijo muy contenta, “¿cómo estás? No te había yo visto”.

    Antes de seguir te voy a decir que mi mamá me gusta mucho la veo muy guapa y lo que me gusta mucho de ella son sus nalgotas, que están muy ricas están grandes paraditas redondas, son una chulada de nalgas. También me gustan sus chichis son grandes redondas y se le ven muy bien y muy ricas y muy mamables.

    Hace unos días cuando yo estaba en su casa en mi recamara, cuando era ya de madrugada como a las 12 de la noche me levanté y fui al baño al regresar y pasar por su recamara vi que la puerta estaba abierta, lo pensé bien y decidí entrar, lo que vi me gustó mucho. Estaba dormida y se había destapado así que le pude ver muy bien todo su cuerpo.

    Tenía un brasier rojo y un calzón negro de encaje, se veía como todas una puta, eso me emociono y la verga se me puso muy dura.

    Después de contemplarla, por qué no puedo decir solo mirarla, me hinque al lado de su cama, así la pude ver más de cerca eso me puso muy caliente, ya emocionado y caliente me decidí a tocar sus tetas confieso que siempre me han gustado sus chichotas, eso fue excitante, nunca las había yo tocado, solo las miraba a través de su ropa y cuando se ponía ropa escotada, ahora que las estaba yo tocando era lo más rico que hasta entonces me había pasado.

    Ya después emocionado y caliente me atreví a sacar sus chichis bajando su brasier y sacando sus dos chichotas fue algo increíble para mí, poder verlas de cerca era algo indescriptible, así la verga se me ponía más dura al tener a la vista las chichis de mi mamá, me acerque más y puse mi lengua en un pezón, este era redondito estaba durito y así lo mame un poco, después pase al otro pezón, le hice lo mismo fue algo único que no te lo puedes imaginar, estaba yo ya tan caliente que ya me importaba así que baje mi mano poco a poco para recorrer su cuerpo y también para que despertara mi mamá, hasta llegar a su bizcochito teniendo su pezón en mi boca, era algo indescriptible para mí, no les puedo decir lo que sentía yo al acariciar su bizcochito, metí mi mano por arriba de su calzón, lo toque y sentí que tenía pelitos se sentía muy bien, como ya estaba todo emocionado y muy caliente con la otra mano agarre una de sus chichis y me las acomode en la boca una primero, estaba muy rica y las saboree a lo máximo la estuve mamando un buen rato luego tome la otra chichi y me la quería meter toda a mi boca, pero no cabía porque es muy grande yo le daba unas chupadas muy ricas, también por abajo acariciaba su bizcochito y sin pensarlo fui metiéndole un dedo ahí sentí que estaba toda mojada pero no sé movía, yo seguí mandando sus chichis y metiendo y sacando mi dedo de su bizcochito, también me agarre la verga y me la empecé a jalar.

    Tan emocionado estaba yo que le di una manada fuerte a sus chichi, su pezón fue el que mordí un poco fuerte, esa fue una pendejada mía, mi mamá se movió y eso me asustó, por lo que ella era, mi mamá, y por lo que le estaba yo habiendo, saque mi mano de su pantaleta, deje de mamar sus chichis y me agache al lado de su cama, así empecé a ir hacia la puerta, pude ver qué ella se levantó un poco y cuando llegue a su puerta me pare para salir, me di un poco la vuelta y la vi mirándome pero no me dijo nada y se volvió a acostar, yo me fui a mi cuarto diciéndome que era yo un pendejo si ya la tenía para mí no la hubiera dejado, así que como aun sentía yo la emoción y recordando lo que había pasado me agarre la verga y me la jale como nunca fue la corrida más grande y rica que había tenido, ni con mi esposa ni con mis amigas ni con mis hermanas había yo gozado tanto como esa ocasión.

    Después me dormí pensando en mi mamá. Al día siguiente me levanté y mi mamá ya estaba en la cocina, me sonrió y me dio un beso y me dijo, dormiste bien se sonrió y luego dijo, que quieres de desayunar y me preguntó, ¿estas desvelado?, parece que no dormiste bien, yo la mire y al ver su cuerpo la verga se me empezó a parar otra vez.

    No me levanté para abrazarla por qué mi verga estaba muy parada y ella lo podía ver, en la cocina si puede disfrutar de la vista que ella me regalaba, tenía puesta una bata de dormir blanca y transparente, se veía que no llevaba brasier, sus los pezones paraditos muy ricos y las nalgas las movía como diciéndome ven y cógeme.

    Cuando ella caminaba se veía muy puta, después me dijo, mijo ahí te dejo me voy a bañar, fue hasta donde yo estaba me abrazo con mucho cariño, me dio un beso y me dijo, si ya te vas ya no te voy a ver, haber cuando vienes otra vez.

    Y se fue moviendo el culote muy rico haciéndolo de aquí para haya. Después yo me fui para mi casa.

    Pasados unos días:

    Hoy al llegar a casa de mi mamá ella estaba sola, mis hermanas no estaban y mi papá tampoco, yo llegue y después de saludar a mamá con un beso, en esa ocasión la abracé pero al abrazarla la tome por la cintura como si fuera algo mi íntimo, ella no se movió, también me dio un beso nos dirigimos a la cocina y volví a mirar sus nalgotas, estas cada día estaban más buenas, así las veía yo.

    Ese día tenía puesta una falda a negra que le quedaba bien, yo me senté en una silla que estaba en la cocina y desde donde la podía ver muy bien todo el tiempo, así estuvimos platicando y yo por supuesto viendo su culote totalmente, eso me ponía muy caliente y la verga se me ponía muy dura y parada, en la plática salió lo del día del padre y le pregunté, que vas a hacer ese día, ella me vio y me dijo, nada, tu padre no va a venir por qué según tiene mucho trabajo, y me preguntó, tú que vas a hacer, yo le dije, nada, pero no te preocupes mamita si papá no viene aquí estoy yo, en esa respuesta decía todo lo que yo quería decir y lo que ella quisiera pensar, me quedé callado y le dije, ¿crees que papá te está engañando? O deberás tendrá mucho trabajo, ella me contestó, según dice el que va a trabajar, si antes tenía tiempo de venir a casa en el día del padre y aquí lo pasábamos ahora como ya tiene a su querida por haya ya no puede venir, ya viene muy poco, pero eso no me importa, que se quede con esa zorra, eso lo dijo molesta y fue algo que yo estaba esperando y me cayó muy bien.

    Luego le dije, por qué te preocupa eso mamá, me levanté de la silla donde yo estaba y camine hasta donde ella estaba de pie cerca de la estufa y le dije, no tenes de que preocuparte, la tome de la mano y de la cintura, casi de sus nalgas, la lleve hasta su recamara frente a un espejo y ya enfrente de él le dije, mira, eres muy hermosa, tienes todo muy bonito, está falda no te hace lucir, ponte otra, ella pregunto, cuál, yo le dije, la de cuadros negros y blancos, con esa te ves muy bien, bueno contigo todo se ve bien pero esa te hace lucir todo, póntela mami, te dejo para que te cambies y me llamas cuando ya estés bonita, le di un beso y me salí de su recamara, un rato después ella abrió la puerta y me dijo, ya me la puse, pásale.

    Al verla me emocioné la abrace por la cintura y le dije, ya viste, la lleve frente al espejo y la acomode para que se viera de frente, la tome de la cintura y le dije, mira cómo te ves, luego la puse de lado y le dije, ve mami, ahí le pase mi mano por sus nalgas las recorrí y le dije, mira, lo que se está perdido mi papá, después de la sorpresa que tenía me vio y me dijo hay hijo, mírame, ya estoy vieja y gorda, yo le dije, como piensas eso mamá, estas en la mejor época de tu vida, le di la vuelta y quedó de espalda al espejo, le dije mira, agarrándole su culo, ella dio vuelta a su cara y vio como le pasaba yo mis manos por las nalgas, antes de que dijera algo, le dije, estás preciosa, ve todo lo que tienes, te ves muy hermosa y estas muy riquísima mamita, ella se dejó tocar sus nalgas y me dijo, tú lo crees hijo.

    Yo la abrace y le dije, estas como queréis, así aproveche y le di un beso en los labios, fue despacito pero largo, saque mi lengua y se la pase por los labios, ella cerró los ojos y me beso también, así estuvimos un rato, yo no quería dejar el momento y le agarre una chichi, ella se dejó, yo le empecé a abrir la blusa y a acaricias sus chichis, ella me dio un beso está vez muy apasionada y de lengua, después se retiró fue frente al espejo y se empezó a ver cómo era, se abrió la blusa y se acarició las tetas los pezones y me dijo, te gusta mis chichis, yo le dije, mami tus chichis están riquísimas y si me encantan.

    Ella se acercó a mí y me dijo, eres mi hijo, lo sabes verdad, yo le dije, lo sé pero también sé que eres una mujer muy hermosa que me encantas y eso nadie la puede impedir ni tú, y sin dejarla hablar le dije, bueno tu si puedes pero yo no podré cambiar mi gusto.

    Me le acerque la abrace y le di besos por las mejillas, por los labios, por los oídos, ahí fue donde ella tembló y hasta suspiro, así ya la tenía toda para mí y le empecé a besar y mamar sus chichis que me gustan mucho, estaba yo muy metido mamando chichis y besándola ella se dejaba hacer de todo, de pronto me dijo, por qué corriste el otro día, sabes que me dejaste muy caliente, estaba yo sintiendo muy bonito, nunca había yo sentido eso, era algo diferente, yo le dije, mami también me gustó mucho pero cuando estaba yo bien emocionado no medí lo que hacía y te mordí el pezón, eso te hizo suspirar y me asusté, mijo suspiré de gusto y ya estaba yo despierta desde que me tocaste las chichis, así empezaste a excitarme mucho, pero no pensé que te hubiera espantado.

    Me dio un beso y me dijo, ahora y si amor, cómetelas son tuyas mis chichis, soy toda tuya mi amor.

    Yo le dije, eres toda mía y todo eso es para mí, agarrando sus nalgas, así estuvimos un buen rato, la desnude toda, cuándo ya la tenía toda desnuda, ella empezó a quitarme la ropa, en bóxer lo bajo muy despacio, hasta que vio mi verga, besándola y me dijo ahora me toca a mi disfrutarte, tu solo déjate y lo demás lo hago yo.

    Era una mujer totalmente diferente, aquí era toda una puta, me besaba por todos lados y cuando tenía mi verga la tomo en sus manos la llevo a su boca, me dio una gran mamada, fue algo que nunca había yo sentido, la emoción de tener a mi mamá en esa forma era lo más fantasioso que se pudiera tener era una fantasía como ninguna, su boca recorría me verga desde la cabecita hasta el fin, su lengua me hacía disfrutar a lo máximo.

    Se sacó mi verga de la boca se acercó a mi cara y me dijo, queréis mamar mis chichis mi rey, yo le dije que sí y me acerque a ellas lo más rápido que pude, la fui acercando a mí y como ya estaba ella toda desnuda me dirigí a su bizcochito y lo bese, le metí la lengua, bese sus labios vaginales, bese su clítoris y goce ese momento como nunca, ahora que tenía a mi mamá en esa forma y besando lo más sagrado de su cuerpo eso me ponía como loco, me fui besado su cuerpo llegando a sus chichis, ahí me detuve y las bese, las mame como desesperado, luego bese sus labios, mi mano ya estaba en su bizcochito y le dije, te gusta así mi amor, ella me dijo si mi rey me encanta todo lo que me haces, me tienes como a una puta de la calle, yo le dije, eres mi puta, te comes toda mi verga, eres la más puta, eres una puta muy chula, sabes una cosa mamita, ¿qué?, me contestó mamá y le dije te quiero, ella me dijo, me queréis pero coger, jajaja yo le dije, si te quiero coger toda, meterte la verga por el culo, por la boca, por tu panocha, te quiero meter toda la verga mi puta caliente.

    Así seguimos disfrutando el momento y mi mano la moví mucho en su biscocho ella decía, así papi así, sigue que me quiero venir, así, así, luego se vino e n mi mano y dijo, me vengo, me vengo haaa, se dejó caer en la cama y después me dijo, eres un cabron perro, me hiciste venir muy rápido, yo le dije, es que eres muy caliente y eso me gusta de ti, mi puta, después la empine y le dije, al fin puedo ver todo tu culote, está muy rico, te lo voy a partir con mi verga y lo bese.

    Fue algo muy rico y excitante ese culo me tenía loco, le di lengua y también bese su biscocho, después ella me agarró la verga y me dijo, ven mi amor quiero tu leche en mi boca, toda tu leche papi, y me mamo la verga lo mejor que ninguna otra mujer lo hubiera hecho, después de un rato cuando sentí que ya me venía yo la agarre por la cabeza y la empuje para que se tragara toda la verga, ya cuando la tenía toda adentro en su boca me empecé a venir y ella se tragó toda la leche, así fue la primera vez que estaba con mamá, un rato después ya repuesto y con la verga parada la acosté para cogérmela, ella me detuvo y me dijo, mijo quiero que la primera vez que me metas tu verga sea mañana para festejar tu día papito y me beso con mucho cariño como una puta besa a su hombre, después me dijo, te quiero mamar tu verga otra vez mi amor, me dejas hacerlo, yo sin decir nada la agarre con fuerza de los cabellos y le di a mamar mi verga, otra y otra vez hasta correrme en su boca nuevamente.

    Eso fue todo por ese día, yo me fui a mi casa y ella se quedó a esperar a mis hermanas.

    Le di un beso muy cariñoso después de la pasión y le dije, te amo mamá. Ella me dijo también te amo mi amor. Así fue ese día.

    Hoy es el día del padre y estaba yo esperándolo impacientemente porque este día era un gran día para mí, así que me bañé temprano me puse loción para oler rico ya que iría a ver a la mejor mujer del mundo, mi mamá.

    Así salí de mi casa y al llegar a la casa de mi mamá encontré a mis hermanas, las dos estaban muy hermosas de todo y eso me consta a mí, tienen todo muy bien hecho y muy bien puesto en su lugar, las saludé con un beso en la mejilla, ellas también así lo hicieron, después llegó mi mamá, no se había arreglado como yo esperaba, le dije hola mami como estas me le acerque y le di una beso, ella me dijo, bien hijo, tu cómo estás, que harás este día del padre.

    Como me di cuenta que no les había comentado a mis hermanas de mi visita del día anterior, solo le dije, nada mami, que puedo hacer yo si estoy solo, mis hermanas me vieron y me dijeron, ya búscate una mujer para que no estés solo, yo les dije, ustedes que van a hacer, mi hermana la más chica dijo, yo voy a ir con mi novio, en su casa van a hacer una comida para su papá, mi otra hermana dijo, yo tengo que trabajar todo el día, el hospital tenía mucho trabajo, así y que esté día no estaré en fiestas, yo pregunté, tu mamá no vas a hacer nada este día, ella dijo, no pues tú podré no va a venir, está trabajando, yo solo moví la cabeza y le dije, su queréis tú te invito a comer, no es igual pero así no iríamos solos.

    Mi hermana la mayor le dijo, acepta mamá, a qué te quedas aquí sola, ve a la calle, vayan a comer o a tomar algo, mi otra hermana agrego, si ve mamá, si yo pudiera los acompañaba pero su papá me invito desde hace días y ya no puedo decir que no, mi mamá dijo, pero de aquí a que me arregle se va a pasar el día jajaja yo agregue, mamá nada más cambia tus zapatos, y nos vamos a comer a ver a dónde, mis hermanas le dijeron, apúrate mamá o no llegarán nunca, ella dijo, espérame un poquito y vamos, se fue a su cuarto y una rato después mis hermanas que ya se iban y se despidieron de mi madre desde la puerta y de mi se despidió mi hermana más grande y me dijo, hasta luego, comen algo rico, y me dio un beso, yo me reí y le dije, eso haremos no te preocupes.

    Después mi otra hermana se despidió también y me dijo despacito, un día de estos te voy a visitar para que no estés tan solito y me agarró la verga, yo le dije cuando quieras, ya me urge, le di un beso en la boca y ella salió de la casa, después salió mi mamá con una bolsa y llevaba puesto un vestido floreado negro, también con ese vestido se le veía un buen culo, yo le pregunté, para que la bolsa, ella me dijo espera y te va a gustar, no seas tan preguntón, al salir de su casa me dijo vamos por algo de comer para llevar y vamos a tu casa, así estaremos mejor, y con una sonrisa me dijo, no lo crees, yo me sonreí y le dije, vamos.

    Al llegar a mi casa ella me dijo. Me dejas bañarme, no me dio tiempo hacerlo, yo le dije si ve y ponte hermosa.

    Ella tomo su bolsa y se metió al baño, después de un rato ya salió bañadita pero vestía con el mismo vestido, le pregunté, no te cambiaste mami, ella me dijo, que no te gusta mi vestido y se dio la vuelta y me dijo, mira bien que no es de todos los días y empezó a reírse, yo la abrace y le dije, no importa lo importante es vivir el momento y eso voy a hacer mami, le di un gran beso como si fuera el último que le daría, ella me respondió igual, con mucha pasión.

    Después se retiró de mí y sin decir nada me vio se dio la vuelta y camino muy despacito moviendo su gran culo cadenciosamente dirigiéndose hacia la ventana donde había un mueble, en ese lugar se detuvo dándome la espalda, al caminar movía todo su culazo, sabía muy bien que tenía todo para excitarme, yo pensé, este si será un gran día para mí, y me puse el ver todo lo que mamá hacía, se movía muy rico y ver su culote, me hizo ver qué en este mudo damos cara diferente a cada persona según el momento, mi madre nunca se hubiera comportado así y hoy está muy diferente y me encanta su fase de puta

    Después de dejarla que luzca su belleza, a lo que más da, me acerque a ella y le dije, eres la mujer más bella que puede haber.

    Si estuvieras conmigo créeme que te estaría cogiendo todo el día y la noche, luego le dije, me chupas la verga mi amor.

    Cuando se agachó un poquito puede ver más bien ese culazo y entre más se agacha más la veía y más me calentaba yo después le subí el vestido poco a poco para ver mejor lo que ya era mío, ella se dejaba hacer de todo, era la mejor puta que pudiera existir le metí la mano a su bizcochito y ya estaba todo mojado, me apure a quitarle el vestido y me lleve una gran sorpresa llevaba una ropa íntima de película lo que más me gustó y me puso más caliente fue ver sus piernas en medias negras y llevaba un liguero con lo que se veía de lo mejor.

    Ella me agarró la verga y la empezó a chupar, después yo la acosté y le bese todo el cuerpo, eso a ella le gustó mucho y me decía papi soy tu puta, soy tu puta méteme tu verga toda tu verga.

    Yo le dije si eres mi puta y te voy a coger como a una perra, la empine y así su culo lucía en todo su esplendor.

    Cómo su culo era de lo más rico que podía haber, lo acaricie primero, después le di una nalgada y ella solo brinco un poco, ahí en el mueble la empine y empecé a bajar su calzoncito, quedó solo con su liguero luego la lleve a la cama donde la acosté, le abrí las piernas y le empecé a mamar su bizcochito, ella solo se retorcía y me decía así papi así sigue sigue soy tu puta papi, después para disfrutar ese gran culo la empine y quedo en una posición donde se podía ver y pensé en todo lo que se hiciera en ese gran culazo sería poco y faltaría imaginación para gozar al máximo ese cuerpo de diosa.

    Le di un beso y puse la lengua por su ano y se lo chupe metí la lengua en ese orificio y me supo a gloria, eso fue algo súper, también le pase la lengua por su bizcochitos también se lo mame y probé nuevamente sus líquidos vaginales que era lo más sabroso que se puede probar, ella se retorcía más y más y no dejaba de decir así, así papi te quiero mucho, después la hice que se montará en mí y se metiera mi verga, así ella se podía mover como quisiera, a todo lo que da su resistencia, después de un rato ella me dijo, papi me vengo me vengo muévete mucho, haya que rico.

    Se acostó sobre mí y así permaneció un rato, después se bajó y me empezó a mamar la verga así siguió y después de un rato me dijo, amor te voy a dar algo que nadie lo ha tocado o por lo menos nadie me ha cogido por ahí, ni tu pendejo padre, mi amor, queréis cógeme por el culo, yo le dije, me lo das a mi amor, ella se empino y me dijo, tómalo es tuyo mi rey, yo me acomode detrás de ella y le puse la verga en la entrada de su ano, ella se empino de tal forma que se le veía todo el culo en todo su esplendor, así empecé a meterle la verga, era maravilloso estar cogiéndomela así a mi mamá, el culo estaba todo cerradito, me costaba trabajo meterle mi verga dura y bien parada.

    Después de un empujón que le di se empezó a tragar mi verga, de verdad mi madre era virgen de su culo, ya adentro, yo me movía lentamente queriendo prolongar ese momento y después empecé a sentir que ya me iba a venir y le dije muévete mi puta, muévete, me vengo y le heche toda mi leche en su culo, fue lo mejor que me podía pasar y aunque era mi madre, no me arrepentía de nada todo valía la pena, ese culazo lo valía todo, después me acosté a su lado y estuve mamando sus tetas hasta que quedarnos dormidos, más tarde despertamos y nos fuimos a bañar, como aún era buena hora nos estuvimos besando y me la volví a coger, ella se movía en todo momento como mi gran puta, cogimos en todas las formas posibles, así fue el día del padre para mí, fue algo inolvidable para los dos, después la fui a dejar a su casa al llegar ya estaba mi hermana más chica y al vernos nos saludó después mi mamá me dijo despacito algo que nunca espera que dijera, a ver si tus hermanas no se ponen celosas de mí, y me dijo.

    Te la vas a llevar ahora o este día solo fue para mí, yo le dije, fue solo el día para ti y para mí, mi amor.

    Después me dio un beso y algo que tampoco nunca me esperaba, ese beso me lo dio en la boca frente a mi hermana.

    Fue todo y al despedirme mi hermana me dijo, mañana te voy a ver. Espero que esté día lo hayas pasado muy bien, mañana te veo y quiero lo mismo, hasta mañana hermano descansa que mañana tienes mucho trabajo.

    Así fue mi hermana al día siguiente, tal y como me lo había advertido, fue un día de intenso trabajo para mi pero ella no se libró de una gran cogida, se portó como toda una puta.

    Lo que pasó con mi hermana ya se los contaré en otra plática.

  • Deseos cálidos en blanco y negro (1)

    Deseos cálidos en blanco y negro (1)

    Llegas tarde y agotada tras todo el día en el trabajo. Te ayudo a desvestirte para que te quedes más cómoda en ropa interior, solo tus braguitas cubren tu cuerpo.

    Nos tumbamos juntos sobre la cama y te abrazo feliz de tenerte a mi lado, deseo sentir el suave tacto de tu piel. Te abrazo, me abrazas. Te beso, me besas.

    Siento tus firmes pechos sobre mi piel. Muero de placer cálido al sentirte. Con tu aliento, rozas sensiblemente mi oído mientras acaricias mi espalda. Tu lengua roza mi cuello… erizas mi piel. Agitas mi respiración. Te deseo mas…

    Noto tus manos jugar sobre mi cuerpo y beso tu oreja, la muerdo. Gimes suavemente excitada. Aprieto mi pecho contra ti. Siento tu corazón latir fuerte.

    Abrazas mi cintura con tus piernas mientras yo te muerdo el cuello con la presión justa que nos gusta; me acaricias el pelo, mientras me pides que lo haga… Me pides que te quite la ropa interior, y que yo me quite la mía. Son sólo dos piezas de tela que nos separan.

    Mis manos descienden descaradamente acariciando tu torso, tus pechos y tu cadera. Rozo tus braguitas y las agarro de su extremo. Comienzo a bajarte las bragas, tu precioso coño me provoca. Está perfectamente recortado y arregladito, me hace salivar. Tus humedecidas bragas salen de ti y las dejo caer a un lado. Tomo mis calzoncillos y los arranco de mí. Estoy muy excitado y mi sexo aparece erecto ante tu caliente mirada.

    Vuelvo a ti. Notas mi dura polla. Te beso apasionadamente. Abres tus piernas quedando totalmente expuesta, mi erección sabe el camino que debe recorrer y no duda en entrar en ti, suave y profundamente, delicado como me gusta ser para ti… Apenas llego al fondo me quedo quieto, dándote unos instantes para acostumbrarte a mi… Te gusta tenerme en tu interior y me abrazas de nuevo con tus piernas y con tus brazos antes de que suavemente me empiece a mover. El calor de tu sexo me atrapa. Sientes mi miembro viril dentro de ti llenándote placenteramente. Ambos quedamos inmóviles, en silencio.

    Te beso con todas mis ganas. Nos rozamos con lengua. Sentimos placer inmenso en esta deliciosa pose. Noto la delicada caricia de tus pechos en mi pecho. Huelo tu pelo. Siento tu pulso arriba y abajo. Suavemente comienzo a moverme. Noto como tu lubricado coño está recibiendo gustoso mi penetración. Entro suave y dulcemente en ti. Mis ojos se clavan en tu mirada entreabierta. Mis manos acarician tu rostro. Te beso más intensamente.

    Entro sin cesar, lenta y placenteramente. Tus piernas me rodean y aprietan contra ti. Nos sentimos plenamente tu yo. Así, primero despacio y después más rápido, más intenso, siento tus gemidos en mi oído y tus dedos apretando mi espalda cada vez más fuerte… Noto tu excitación. Subo mi intensidad al embestir contra tu sexo. Mi polla entra firme y dura en ti.

    Siento tus jugos manar de tu coño caliente. Te como el cuello, mi lengua lo lame lasciva. Te penetro mas y mas fuerte. Tu sexo se derrite. Deseo comerte las tetas. Las muerdo con pasión, y a la vez con delicadeza, sumando a la excitación una nueva fuente de placer. Tus manos bajan por mi espalda, buscando mi culo, apretándolo para impulsar mi ser aún más dentro de ti.

    Me vuelven loco tus jadeos y gemidos de placer al sentir como muerdo tus pezones. Te inundan sensaciones placenteras. Yo recorro con mis manos tu fina piel. Me incorporo un poco. Quedo arrodillado y levanto tu cuerpo metiendo mis manos bajo tu culo. Agarro tu cintura y te traigo contra mí. Te embisto deliciosamente. Con profundidad. Con mucho deseo. Admiro tu cuerpo desnudo y brillante ya.

    Me deleito viendo tu coño frente a mi y mi sexo entrando y saliendo de él. Tu cadera elevada mejora la penetración. Te pido que te toques las tetas y tu coño mientras te follo así… deseo sentirte gozar. Me hablas, quieres que siga así, a este ritmo, justo así.

    Quieres que te mire mientras tus dedos lascivos juguetean con tus pezones y como una de tus manos se desliza por tu vientre hasta alcanzar tu clítoris para moverse en círculos, a un lado, luego al otro, variando la presión cuando es necesario… hasta alcanzar el éxtasis que deja tu coño palpitante. Contracciones que yo noto, estimulándome como nunca.

    Las sensaciones que me transmite tu vagina al contraerse de forma espasmódica se suman al cálido tacto de los flujos procedentes de tu orgasmo y a la belleza de tu imagen, totalmente entregada al placer, acariciando tus tetas y tu sexo.

    Me llevas de esta forma al clímax total, me sumerjo en un éxtasis brutal y mi falo comienza a eyacular dentro de ti con chorros de semen que inundan tu intima cavidad de forma generosa.

    Sientes como mi líquido cremoso te impregna internamente. Tus gemidos y jadeos se ahogan en una deliciosa exhalación de placer que me estremece. Caigo rendido sobre ti. Nos abrazamos. Nos besamos. Nos quedamos quietos y sentimos nuestros corazones. Palpitan. Viven. Sienten.

    Te beso con deseo. Nos besamos lenta y plácidamente.

    Abrázame. Quiero agradecerte tan bonito regalo, quiero agradecerte que hayas compartido conmigo algo tan excitante y delicioso.

  • Conociendo la parte puta de mi esposa: Inicios (1)

    Conociendo la parte puta de mi esposa: Inicios (1)

    Esta es la primera de muchas historias que les contaré sobre lo vivido hasta el momento con la que hoy es mi esposa.

    Debo decir que es una mujer bella, mide 1.65, piel trigueña, cabello rizado, no es una mujer delgada pero tampoco gorda, lo que me encanta es que es una mujer por decirlo de algún modo, con buenas carnes; tiene buenos senos, no exagerados pero si llamativos, un par de piernas gruesas y unas nalgas no gigantes, pero si que hacen juego con sus buenas piernas, su vagina es algo que a mi me encanta, es una vagina de puta le digo yo, ya que es profunda ancha y tiene unos labios grandes, que se marcan muy bien con ropa ajustada, pero a pesar de esto se siente muy rico cuando se penetra… Puede sonar a cliché, pero siempre fue molestada en la calle sobre todo cuando se ponía vestidos o pantalón ajustado, y el objetivo de los hombres siempre fueron sus piernas y sus nalgas.

    Iniciando con la historia 100% real: Éramos novios teníamos apenas dos semanas en la relación aunque no habíamos tenido sexo la primera vez, ya por whatsapp estuvimos compartiendo fotos de nuestro cuerpo y diciéndonos cosas muy eróticas y calientes.

    Llego el día en que fue nuestra primera vez, quedamos de salir a ver al gunas luces porque era diciembre; ella llevaba un vestido largo hasta el tobillo, pero bastante escotado, el cual dejaba ver bastante sus deliciosos senos, ese día, el aroma sexual estaba en el aire y apenas llegó a mi casa subimos al cuarto con la excusa de que yo me terminaría de alistar para salir, pero estando allí de pie, empezamos a besarnos; mi pene no tardó en ponerse duro, era tanta la excitación que ella me acariciaba el pene por arriba de la ropa, y yo subía su vestido acariciando sus deliciosas y gruesas piernas.

    En un punto llegué hasta su entre pierna, la cual se sentía tan suave y cálida que al día de hoy aun lo recuerdo, tan caliente estaba que solo le subí el vestido a la altura de la cadera y le quite su ropa interior para poderle penetrar, su vagina estaba muy húmeda; acto seguido ella me quitó el pantalón y mi bóxer, dejando libre mi pene, el cual sentía que se iba a explotar.

    Fue entonces cuando pasó algo que hoy recuerdo y me excita pero en ese momento fue un duro golpe.

    La puta de mi esposa (mi novia en ese momento), se sienta en la cama mira mi pene y dice:… Ummm pensé que era más grande…

    Te podrás imaginar como me sentí. Mi pene en esa época media 15 centímetros aproximadamente , pero para ella no eran suficientes esos 15 centímetros; así que haciéndome el fuerte, solo dije ,»es que apenas estamos empezando ya verás como crece» y me propuse hacer muy buen sexo oral, ella sobre la cama le dije que se acostara, me arrodillé puse sus piernas sobre mis hombros y empecé a jugar con saborear sus jugos, jugando con su clítoris y metiendo mi lengua lo más profundo que podía; Cuando la note muy excitada empecé a penetrarla con movimientos suaves y luego fuertes, mi pene es curvado hacia arriba. En resumen logre sacarle un orgasmo a pesar de sus palabras que seguro hubieran desanimado a muchos.

    La segunda vez que mostro lo puta golosa que es, fue en un motel aun siendo novios: luego de unos tragos, inicio la faena, pero está vez la desnude por completo, le di su buena dosis de sexo oral y luego empecé a penetrarla en misionero sintiendo esa grande pero deliciosa vagina y besando su cuello, su boca y su cara, luego la putita se puso en cuatro a lo que yo gustoso le di encantado por tener la vista de ese culo delicioso, Pero en un momento quisimos probar otra posición.

    La tenía penetrada en 4 y ella para que yo la pudiera abrazar se pone erguida sobre sus rodillas, mi pene en ese momento se salió de su mojada vagina a lo que intentaba penetrarla de nuevo pero apenas lograba entrar ella se movía y volvía a salirse, fue entonces cuando la muy puta (cosa que ahora me encanta) dice lo siguiente: suelta un suspiro como de resignación y añade… «German (su exnovio) si podía encajar su pene en cualquier posición, ya fuera así o de pie… Pero claro, es que estamos hablando de un pene más grande»… Ella hoy día dice que no recuerda haberme dicho eso, yo me imagino que seguro por los tragos pensó en voz alta; el punto es que ese día, claro que sentí celos, pero también excitación, de imaginarme a mi novia y futura esposa, cogiendo con otro hombre más dotado que yo.

    Desde ese día empezó a crecer el morbo por compartirla y saber que alguien más la deseaba. Un morbo cornudo nació ese día.

    Si llegaste hasta acá y te gustó el pequeño relato te agradezco lo comentes, para comentar que más cosas han pasado hasta hoy día, es la primera vez que escribo esto de esta manera, así que pasen por alto la sencilla redacción.

  • Milka solita masturbándose una tarde de verano

    Milka solita masturbándose una tarde de verano

    Eran las diez de la noche y ya llevaba masturbándome más de seis horas, estaba agotada en verdad, recordé cómo comencé a las 4 pm, solita en mi departamento y viéndome en el espejo de mi baño toda bien pintadita, mis labios rojitos carmesí, mis uñitas de pies y manos color rojo también, mis aretes dorados, un collar dorado con una medalla que decía “Sissy”, pulseras de colores, lencería blanca muy sensual, mis mejillas estaban rosadas y mi cabello negro largo con cerquillo, mis ojos bien pintados con sombras azules, estaba linda en verdad y me tomé una foto para recordar lo bonita que me puse, y sobre todo cómo comenzaba esa tarde hermosa de verano.

    Aromaticé el departamento con lavanda y puse música porno de los años sesentas para inspirarme más.

    Mis nalgas estaban muy suaves y preciosas, redondas, siempre fui nalgona desde pequeña, mi pinguita como siempre diminuta, de travesti, y pienso que a medida que me fui volviendo más zorra con los años se me fue encogiendo más, a veces era como un botoncito, un capullito inofensivo.

    No me pude contener al verme en el espejo tan producida y bajé mi tanguita color blanco dejando ver mi pequeña rajita al separar mis nalgas, mi hoyito ansioso por placer.

    Ahora, es de noche, la luz ya no es natural, sin embargo, la música sigue sonando, el aroma en el aire del departamento ya no es de lavanda, el aroma es una mezcla de olores, de sudor, semen y culo.

    Me veo al espejo y estoy con toda la pintura corrida, en mis labios veo semen, ¡¡en toda mi cara veo semen!!, estoy desnuda, me volteo y veo mis nalgas rojas, el poto lo tengo adolorido, mi anito está muy abierto, lo he conseguido finalmente, he logrado dilatar mi ano bastante, se dibuja un agujero negro bien profundo, es un túnel, me duele un poco pero aun así siento una sensación de vacío y de querer tenerlo lleno.

    Mi cara es de una puta sin remedio, mis pezones están muy rojos e hinchados, mis piernas me tiemblan, mi pinguita está pequeñita pero bien irritada y goteando aún un poco de esperma.

    En conclusión, ha sido una tarde maravillosa de entrenamiento anal con buenos resultados, aquel agujero me lo demuestra, me siento orgullosa de ver una mejor dilatación.

    A eso de las 9 pm ya me encontraba en el éxtasis, cabalgando un consolador enorme, el más grande que he comprado alguna vez, era un sube y baja frenético, mi ano ha sido violentado salvajemente por ese enorme falo, mi mente volaba pensando que me follaba un negro enorme y que me rellanaba como un demente, que delicioso fue verme en el espejo tragándome ese hermoso y venoso pene.

    Necesitaba sexo, llevaba semanas en abstinencia y mi culito necesitaba ser atendido de manera urgente.

    No quise arriesgarme a buscar un macho con el pene pequeño, quería grosor y longitud esta vez, necesitaba contundencia en la penetración.

    A las 10.30 pm estaba dándome una ducha nuevamente, me quedé profundamente dormida hasta las 2 am.

    Me desperté, tomé un vaso de agua en la cocina, prendí la televisión y me quedé pegada viendo una película porno de transexuales teniendo doble penetración anal, fue la gloria, no debí verla, esas caras de gozo me pusieron a mil nuevamente y recordé cómo me corría en mi cara y en mi boca aquella tarde, mi propia lechita sabía tan rico, y el estar así toda doblada fue tan excitante que nuevamente me calenté.

    Esta vez me puse un vestido rojo, tacos, cogí una cartera, me arreglé un poco y salí a la calle de nena, desinhibida y decidida a follar con algún macho de alguna disco.

    Pero esa es otra historia nenes, les mando un beso.

  • Infiel por mi culpa. Puta por obligación (25)

    Infiel por mi culpa. Puta por obligación (25)

    Aprobar y dejar probar.

    Escucharle hablar sobre su pasado, revelándome hasta ahora todos los acontecimientos que me ocultó de aquel presente suyo, no le hace bien y se le nota en la expresión acongojada de su rostro y en la mirada que se enfoca en la lontanza de su perfidia. Por supuesto que a mí tampoco, ya que me lastima saber al detalle lo que realizó con ese hijo de puta «siete mujeres». Cosas que quizá para otras personas desde su apartada perspectiva, las verían banales, estúpidas y sin mayor trascendencia, pero que para un hombre enamorado y traicionado, como es mi caso, todo cuenta y mortifica. ¡Todo duele!

    Por eso intento sobreponerme emocionalmente, reconociendo que por más que lo intenté por mucho tiempo, pensando y deseando ser el único hombre de su vida, el mejor y el primero en todo, no pude serlo por completo, no lo fui totalmente y con seguridad no lo seré nunca más.

    He sido sin embargo afortunado. Fui el primer hombre al que ella le dio el sí para casarse, tras dos cafés con leche y al menos media docena de donas de arequipe y chantillí. Así como también tuve la dicha de ser el primero en convertirla en madre y ella hacerme un padre primerizo y nervioso, pero feliz al tener entre mis brazos a nuestro hermoso Mateo. ¡Y se lo valoro! Sin embargo no puedo evitar sentir cierta inquina porque esto otro no lo hizo primero conmigo, por más que le insistí. Como lo de pasear en moto, ni lo de andar a mi lado, sin usar ropa interior. ¡No se atrevió o no la supe convencer!

    ¿Me ha dicho todo? O… ¿Se ha guardado algo? Existe la duda dentro de mí, pero por su expresión parece ser cierto todo, incluso el gusto que sintió al recordar su particular travesura, y que ella sin querer reconocerlo, con el timbre de su voz me lo hizo saber.

    — ¡Pues no estuvo mal para ser tu primera vez! -Le digo inesperadamente.- Sin embargo Mariana, creo que fuiste demasiado lejos, aunque creas que por no haber besos ni caricias o algo más, no le impulsaras a querer seguir y conseguir más de ti. —Logro hacer que gire su rostro y sorprendida se fije de nuevo en mí, mientras sigo hablándole y me descalzo con parsimonia para colocarme posteriormente en pie, con el cuello de la botella de ron aferrada a mi mano derecha.

    Mariana quiere excusarse o decir algo ahora, pero levanto mi mano, –la que no sostiene nada más que el peso de la brisa– y autoritario la agito indicándole que no quiero que me interrumpa todavía. Me alejo unos pasos sin dejar de observarla, por eso camino hacia atrás hasta la orilla, y continuo hablándole, acortando la distancia.

    — ¡Claro! A no ser que eso fuera exactamente lo que deseabas que sucediera. Provocándole más, haciendo que le gustaras más, y siguiendo el guión de esa loca teoría de vengarte de su petulante ego, colocándote a su nivel y dejándole en claro que si él era un don Juan, libre y empedernido, tú para él, podrías ser otra mujer diferente, mucho más decidida y aventurera. Ni medianamente parecida a la mojigata que él creyó ver en ti al comienzo de todo esto, y que a pesar de estar casada, podías ser tan decidida como él, –mental y corporalmente– solamente cuando querías arriesgarte, a mi modo de ver, de una forma ridícula e infantil de doblegarlo.

    —Pero fue tu decisión Mariana. Tú maldita y egoísta sentencia al iniciar esa cacería, provocándolo con un poco de dulce para después, acabar entregándole todo el manjar, y por supuesto socavando la confianza y fidelidad que tú y yo nos teníamos, creyendo que podrías manejarlo a él y a mí a tu antojo. Y ya ves que en esta vida, tarde o temprano todo se sabe y todo se paga. —Con este pronunciamiento culmino mi reproche y volvemos a permanecer en silencio.

    ¡Ya he llegado! Las plantas de mis pies humedecidas así me lo indican. Se van enfriando, como mi interior. El agua supera el nivel de mis tobillos, doy otro paso más y me agacho, para con algo de esfuerzo, medio enterrar la botella de ron girándola dos veces entre la arena, y más calmado o resignado, –que se yo, ya lo que siento– me regreso hacia donde está ella.

    — ¡Sabes que sí Camilo! Tienes mucha razón. Eso era exactamente lo que quería esa noche. Mantenerle interesado en mí, para que se olvidara de ella. Con su novia y las demás mujeres de su vida podía hacer lo que se le diera la gana, pero con K-Mena no iba a permitírselo. —Le respondo aumentando el volumen de mi voz, pero no porque quiera gritarle, no. Es por la algarabía que proviene del lugar donde se encuentran nuestros vecinos de playa y la música con la que disfrutan de esta noche nublada, lo que me obliga a hacerlo así.

    —Parece que te hubieras enamorado de tu amiga, para importarte tanto si perdía o no, su virginidad con tu…

    — ¿Con Chacho? ¡Dilo! ¿Con mi amante? Pues no señor, no me enamoré de ella y mucho menos de él, ni de nadie más. Solo pretendía que ni K-Mena por estúpida, o él por abusivo, la cagaran con Sergio, haciendo peligrar su matrimonio y su amistad, si llegaban esos dos a acostarse por necesidad y por gusto.

    —Bueno pues, como sea. Tú Chacho, tú bebé o tu amante. ¿Listo? Ya lo dije. Ahora sigue contándome lo que recuerdas de esa noche porque no me queda claro que más sucedió después de que dejaran aquel mirador, donde según lo que recuerdas, no pasó nada más. Pero… ¿Y en el hotel? Fue allá cuando tú y él finalmente… ¡Pufff! ¿Lo hicieron por primera vez? —Consigo decirle después de suspirar y sintiendo varias punzadas que me pinchan como afiladas agujas, la parte baja del vientre.

    —No pasó nada más, te lo juro. No fue allí donde tuve sexo con Chacho por primera vez. Nada más llegar al parking, apresurada me bajé de la moto y le entregué el casco y su chaqueta. No quería habladurías ni comentarios sueltos más adelante en la oficina. Sencillamente le di las gracias y sin esperarlo, me dirigí hacia la piscina del hotel para encontrarme con los demás pero solo estaban Carlos terminando de beber su cerveza, y Eduardo sosteniendo en su mano el vaso de whisky, mirándome con suspicacia y sonriéndose maliciosamente.

    — ¿Y las chicas? —Les pregunté tomando de nuevo mi lugar alrededor de la mesa, y llevando a mi boca la copa con lo que restaba de mi coctel.

    —Carmen Helena no se sentía bien y Diana la acompañó a la habitación. Pero cuéntanos Melisita… ¿Qué tal el paseo? Te gustó bastante por lo visto, pues se demoraron un buen rato. —Me respondió Eduardo reclinándose sobre la mesa.

    — ¡Claro que me gustó! ¡Darme esa vuelta en la moto fue emocionante! —Le respondí después de tomar lo poco del licor que me faltaba, para luego ponerme en pie y decirle a Eduardo muy cerca de su oído…

    —Para tu información, me llevó a un apartado mirador. ¿Pero sabes? ¡No me hizo ver más hermosas las estrellas! —Y me di la vuelta dejándolos solos, para dirigirme hacía la habitación y enterarme de lo sucedido con K-Mena.

    — ¿Se emborrachó y la pateó el «sereno»? —Le pregunto a Mariana.

    — ¡Jajaja! Ya me hiciste reír, cielo. No, ese no fue el motivo de su malestar, ni la causa fue el alcohol y mucho menos tuvo que ver algo la refrescante brisa. Tenía un ataque de cólicos y prefirió irse a recostar. Eso fue todo, en verdad. Salí al balcón para hablar contigo porque te extrañaba. Nos pusimos al día relatándonos nuestras respectivas actividades y aproveché para fumarme el último cigarrillo de ese sábado y desearle buenas noches a mi be… ¡A nuestro hijo!

    — Ok. ¿Y entonces?

    —Al dia siguiente en la mañana, nos fuimos a trabajar juiciosas a Peñalisa, esperanzadas en conseguir cerrar nuevos negocios. No sucedió nada más con Eduardo, que de hecho arrancó para Bogotá a medio día para cumplir con un compromiso familiar junto a Fadia, y tampoco ocurrió nada trascendental con José Ignacio, porque se «encarretó» con una de las chicas que trabajaban en la recepción del complejo y se olvidó de mí. Simplemente a todos se nos fue el día con rapidez laborando, y regresé a casa como siempre en la noche, a tus brazos y a los de Mateo sin ninguna novedad adicional.

    —A quien noté extraño al regresar fue a ti.

    — ¿A mí? ¿Y eso por qué?

    —Pues es que recuerdo que me acompañaste en el estudio sin musitar palabra mientras yo revisaba mis apuntes. De hecho llegué a pensar que me espiabas, al notar como prestabas demasiada atención al movimiento de mis dedos sobre la pantalla del móvil empresarial, para revisar los apuntes sobre los clientes que pensaba que serían los mejores prospectos para ingresarlos a la base de datos. Y al mismo tiempo aproveché para echarle un vistazo las notificaciones de mis redes sociales pues recién durante el trayecto de regreso, había posteado otras fotografías mías en traje de baño, no muchas, solo seis que Diana me tomó en la piscina del hotel, y quise ojear las solicitudes nuevas de amistad en mi perfil falso de Instagram, a las que por supuesto acepté con vanidosa rapidez, sintiendo eso sí, temor de que hubieras llegado a enterarte de algo. Pero no era ese el caso. ¿No es verdad?

    —No, claro que no. –Le respondo sin titubear. – Sucedió que la junta directiva me sorprendió al haber programado un viaje a Nuquí para el martes siguiente, por lo tanto permanecería lejos de ti y de Mateo hasta el sábado próximo, y no hallaba la manera de contártelo para no estropear la sorpresa que te tenia, así que…

    — ¡Así que me mentiste! —Le interrumpo para dejarle en claro que a él también por obligación le tocó ocultarme algo, como yo lo hacía con él. En su caso era por algo beneficioso para nuestro futuro. En el mío, era para no lastimarlo con mi traición e interrumpirle el sueño de construir su anhelado proyecto.

    — ¡No! Solo te dije una verdad a medias. « ¡Vamos a ver un terreno con los socios de la constructora y quieren que yo les dé mi opinión! ». Eso fue lo que te mencioné. No te mentí, tan solo me guardé cierta información. Por eso estaba pensativo, no quería que en la cama antes de dormir, comenzaras con tus juegos de seducción para hacerme confesar a punta de placer, lo que no te quería decir.

    —Ajá, claro. ¡Cómo no! En fin… ¿Será que ya se enfrió? Deja yo voy a mirar.

    Me pongo en pie para ir a buscar la semienterrada botella de ron, enroscando en una mano la parte baja del vestido y elevándola a propósito, muy por encima de la altura de mis rodillas. Sé que a Camilo le fascina la forma de mis muslos, así que le dejaré observarlos un poquito.

    —Lo mejor era esperar al lunes y darte la noticia al medio día, cuando termináramos de almor… —Le escucho decir, pero se queda callado. Recojo la botella con cuidado, doy la vuelta para regresar y me percato de su silencio.

    Junto a mi marido –que permanece arrodillado con el cigarrillo sin encender en su boca– se encuentra la chica rubia, conversando y riéndose con Camilo por algún comentario que no alcanzo a escuchar.

    Se ha deshecho de su vestido y ahora luce ante la vista de mi marido, las sensuales curvas de un cuerpo muy bien cuidado, bajo un bikini blanco con canutillos bordados que lanzan variados destellos por el movimiento, arropando el volumen de sus senos, –de similar tamaño al de mis tetas– y con la escasa braguita tipo tanga, ajustada por pequeños lazos anudados a la parte alta de sus caderas.

    Verónica sostiene en su mano derecha un six pack de Corona Extra y en su otra mano, aguanta pinzados entre su dedo índice y el pulgar, dos vasos de plástico transparente, colmados con hielo picado y rodajas de limón. Se percata de mí arribo y cambia su postura de forma aparentemente inocente, doblando levemente la rodilla de su pierna derecha, empinando el desnudo pie sobre la arena, y magnificando la redondez de su nalga izquierda, obsequiándome una blanca sonrisa. Pero con ese movimiento logra captar la atención de Camilo, que desvía de inmediato sus ojos cafés hacia su culo albo. Ella lo provoca y yo lo sé, porque también lo he hecho para otros. ¡Se luce ante mi marido!

    — ¡Que hubo púess! –Relajada me saluda. – Que rico que se decidieran a venir y no despreciaran mi invitación. Los vi llegar hace un rato pero no quería interrumpirlos. Deberían acercarse un poco más para que nos integremos todos, y de paso les presento a mis nuevos amigos.

    —Hola… ¿Verónica, es cómo te llamas? –Ella asiente coqueta. – ¡Muchas gracias por la invitación! Quizás en un rato vayamos, después de que terminemos de hablar, mi esposo y yo, de un asuntico que tenemos pendiente. —Le termino por responder haciendo énfasis en nuestra relación sentimental.

    La nena rubia permanece con sus ojos claros auscultándome de arriba para abajo. No se azora ni se incomoda ante mi parco saludo, y por el contrario, con naturalidad me dice…

    — ¿Me colaboras con esto? —Me sorprendo ante su pregunta y me hace entrega de los dos vasos plásticos, los cuales recibo de forma instintiva, para verla agacharse sin doblar las piernas, –mostrándole todo el culo a Camilo– y coloca la caja justo al lado de mis sandalias. Con presteza destapa dos botellas, se gira de nuevo, ofreciéndole a mi esposo la vista posterior de su cuerpo y se me acerca.

    Me mantengo serena ante el video que se desarrolla en mi cabeza. ¿Le está coqueteando a mi marido en mis narices o será mi impresión?

    — ¡Haber preciosa, déjame servirte! —Me dice mientras me sonríe, y derrama con precisión la cascada dorada de cerveza en uno de los vasos hasta que la espuma sube peligrosamente sin superar el borde.

    — ¡Listo! ¡Ahora este otro! —Y repite la operación en el vaso vacío, vertiendo similar cantidad con la otra botella.

    Una vez concluida su actuación de bartender, adelanta su rostro y me guiña coqueta el ojo derecho, dejándome percibir el aroma de su perfume. Lo reconozco de inmediato porque cuando lo recibí de sus manos, Chacho me pidió que lo usara exclusivamente el día que me decidiera a salir con él a solas. Las fragancias florales y amaderadas, envasadas en un luminoso frasco negro con noventa mililitros de Black Opium, que mantuve dentro de la guantera de mi Audi, lejos de la vista de Camilo para no tener que mentirle, sí le daba por averiguar su procedencia.

    — ¡Ve y llévale este vaso al papacito de tu marido! Brinda con él y calmen su sed de noticias. Luego los espero allá a los dos, pero para que me lo prestes por un ratico. — Me susurra y posa brevemente sus labios brillantes en mi mejilla.

    —Ehh… ¡Claro, por supuesto! —Le respondo asombrada por su desparpajo y descaro.

    Y Verónica se da la vuelta, para dejar a un lado de la caja, las dos botellas de cerveza con su contenido a la mitad, y se despide de mi esposo con el movimiento circular de su mano, acompañado por un… ¡Ya nos vemos!, con ese acentico paisa que se le escucha muy arrastrado y sensual, así como el vaivén excesivo de sus caderas, –en el que nos fijamos Camilo y yo– al alejarse con pasos parsimoniosos, dejando impresas sus huellas sobre la arena y en nuestras retinas, lo voluptuoso de su cuerpo juvenil.

    —Bueno, creo que le hemos caído bien a la «paisita». —Le digo a Mariana que se encuentra con su mirada ajena a la mía, detallando con seriedad, como se aleja de nosotros la chica rubia.

    —Ajá, si claro. ¡Cómo no! Creo, cielo, que tanta amabilidad hacia nosotros no es más que una excusa para acercarse a ti. Está claro que esa nena está buscando lo que no se le ha perdido y quiere tener algo contigo. Sí hasta me pidió que más tarde le conceda pasar un rato contigo. ¡Y no solo creo que sea para charlar o bailar! —Me responde con cierto sonsonete molesto en su voz. ¿Se ha puesto celosa?

    —Vamos a ver Mariana… ¿No estarás equivocada? La muchacha sólo quiere ser amable con los dos. De hecho, es contigo con quien más se ha tratado. A no ser Mariana, que como dice el viejo y conocido refrán: ¡La que las hace, se las imagina!

    Camilo me ha dejado estupefacta e inanimada con su respuesta, como sí después de convivir durante tanto tiempo, él no supiera quien soy realmente y quedara expuesta a su escrutinio, pillada «in fraganti» con mi intuición para él, incorrecta. Camilo muy pocas veces me ha hablado tan crudamente, pero cuando se decide a ser sincero, puede resultar ofensivo y hasta malévolo. No creo estar exagerando, aunque es probable que al estar separados durante estos meses, sienta más de cerca el peligro de perderlo ante cualquier mujer que se le ponga a tiro. Y esta rubia, –estoy segura– está pidiendo guerra.

    —Pues para que veas que no estoy juzgándola mal, déjame terminar de contarte lo que sucedió con K-Mena y vamos a reunirnos con ellos. Pero solo un rato porque aún debo sincerarme contigo en otros aspectos de esa vida pasada que te oculté por necesidad. —Le respondo un tanto altanera.

    — ¡Ok! Sé que es inevitable, así que cuando quieras quiero. —Le contesto y tomó mi encendedor para darle vida por fin a este cigarrillo, con el fin de que me acompañe a beberme despacio esta refrescante y obsequiada cerveza.

    Con el garbo que la caracteriza, Mariana de medio lado se acuclilla para tomar la cajetilla blanca con la mano izquierda, y con presteza, del paquete apresa entre sus labios un cigarrillo. Inclinada como está, se gira observándome y espera. Comprendo de inmediato y le ofrezco candela. Aspira una sola vez y luego expulsa el humo por la boca, inclinando a la vez su cabeza, fijando el azul de mirada en las arremolinadas estelas blancas.

    —Resulta que en la reunión del lunes en la oficina, convine con Diana en acompañarla por la tarde a visitar a una pareja interesada en adquirir una de las casas ya terminadas de la segunda etapa. La reunión de Diana sería en un restaurante por la zona de La Candelaria y yo la esperaría sentada en otra mesa. De allí ella me acompañaría a la mía, –que era una hora y media después– concertada a pocas calles de allí, en un antiguo edificio de oficinas, donde yo había acordado encontrarme con el joven abogado aquel, en el centro de la ciudad.

    — ¿Recuerdas que te escribí al WhatsApp en la mañana, para preguntarte si sería factible ir en mi automóvil o mejor debería solicitar un Uber para que nos trasladara, por el tema de los trancones y sobre todo debido al temor que sentía por los ladrones? ¡Pero te demoraste en responder!

    Camilo aprieta la colilla de su cigarrillo entre los incisivos centrales, y con los dedos extendidos como un trinche, arregla un poco sus cabellos echándolos hacia el lado derecho de su cara, para luego asentir con el movimiento de su cabeza, ratificando que recuerda bien lo que le acabo de preguntar.

    —Así es. Te recomendé dejar el Audi en un parking de un antiguo cliente, que justamente se ubicaba equidistante de las dos direcciones que habías mencionado. Y también te dije que por la zona no te preocuparas tanto, pues al ser tan visitada por turistas nacionales y extranjeros, siempre contaba con presencia de la policía. Y por si se te olvida, aquella mañana estuve reunido con el personal del onceavo piso y los demás arquitectos e ingenieros, atendiendo la invitación de Aurora, la señora del departamento de relaciones públicas, encargada de organizar el juego del amigo secreto.

    —Si, por supuesto. Afortunado tú, que te tocó en el sorteo endulzar todo el mes a tu asistente.

    —Y dale con el mismo tema. Al menos no me salió en el dichoso papelito al gran jefe pluma blanca, porque no sabría que se le regala al que ya lo tiene todo. A ti tampoco te fue mal, pues en suerte a quien debías sorprender a diario con chocolates y confites, fue al pesado playboy de playa. Y no me lo quisiste decir, hasta que llegó la noche aquella de la fiesta de entrega de regalos.

    — ¡Uhum! ¡El destino interfiriendo, nuevamente! Ok, y entonces después de vernos a la hora del almuerzo, físicamente tan distantes, tú en la mesa acostumbrada junto a los ingenieros y tu asistente, y yo al otro extremo, compartiendo con mis compañeros, mediante una discreta video llamada te dije que te haría caso, –dejando el miedo a un lado– y que nos estaríamos comunicando al terminar la tarde para que estuvieras más tranquilo. Te noté inquieto por algún motivo desconocido por mí en esos momentos, pero no le presté mayor importancia. Sin embargo antes de finalizar esa semana, Eduardo me puso al tanto de lo que se te olvido mencionarme. Tomarías un vuelo al otro día muy temprano, demorándote varios días, y como detalle adicional a tus medias verdades, tampoco me dijiste que en aquel viaje irías acompañado por Elizabeth.

    —Ya te expliqué cuáles fueron los motivos. Y en su momento te aclaré que era necesario que Liz me acompañara, ya que planeaba dejarla a cargo como arquitecta residente, supervisando la ejecución de las obras. Nunca pasó nada entre ella y yo. Siempre me gustó ella físicamente y supe por su propia boca que yo tampoco le era indiferente, sin embargo el respeto hacía nuestras respectivas parejas primó por encima de la atracción que pudiéramos haber sentido en algunos momentos. ¿Comprendido?

    — ¡Uichh! Sí señor. ¡Perdóname pero discúlpame! No pretendo ahora reprocharte nada, ni revivir aquellos celos, como dices, injustificados. ¿Continuamos? —Le respondo con un tono de voz bajo y apacible, haciendo un alto para beber un trago de cerveza.

    —Creo que es lo mejor. ¡Al mal paso darle prisa! Cuando quieras Mariana, soy todo oídos. —Le digo e igual que ella, le pego un sorbo largo a mi bebida y una profunda calada al rubio que se humedece un poco soportado entre mis labios.

    —Ok. Déjame decirte que llegamos un poco tarde a las puertas del restaurante tras perdernos por entre los callejones, al girar dos cuadras antes. Al entrar nos recibió amablemente la joven hostess, y Diana se encargó de indagar por la ubicación de la mesa. A nuestra izquierda y en una esquina del local, estaba sentada la dichosa pareja, y ruborizada por la tardanza, Diana levantó su mano con timidez para saludarlos a la distancia. Yo me separé de ella mencionándole que la esperaría sentada en la barra y hacia allí me dirigí sin dejar de echarle una ojeada a la decoración tan costumbrista de las paredes del local.

    —Pasaban los minutos y mientras ellos bebían en copas altas la sangría, yo repasaba en mi computadora portátil los planes de financiación que le expondría a mi cliente. De vez en cuando levantaba la mirada y le echaba un ojo a Diana. El hombre, con un aspecto algo hippie, usaba sus manos para acomodarse el cabello castaño, –largo como la barba que le adornaba el rostro– con gestos un tanto afeminados, hablándole algo a Diana demostrando su entusiasmo.

    —Por el contrario, la mujer giraba su cabeza de un lado para el otro, meneando los rizos rubios de su alborotada melena con elegancia, observando con su aguda mirada de ojos claramente azules, los alrededores de aquella mesa sin prestarle atención a la conversación que sostenía Diana con su pareja. Al parecer intentaba ubicar a otra persona en el primer piso del local, o simplemente se hallaba poco interesada en asumir aquella negociación, dejando que transcurrieran los minutos fisgoneando a su alrededor.

    —O eso llegué a pensar en un comienzo, pues cuando el perfil de su rostro se giró hacia su izquierda, por encima del hombro de Diana, sus redondos ojos de un azul más claro que los míos, conectaron de inmediato conmigo y allí se quedaron bastantes segundos, auscultándome con detenimiento y esbozando una leve sonrisa en sus labios rosa, marcándosele en la comisura de la boca algunas arrugas a cada lado, propias de su edad, mientras yo le aguantaba la mirada sentada en la barra bebiendo sin afán, un trago de té negro Hatsu.

    —Al rato esa mujer se acercó a su pareja y le dijo algo al oído, para luego levantarse y dirigirse hacia el lugar donde yo estaba. Caminando con distinción, enseñaba su par de piernas un tanto musculosas, –por debajo de una minifalda de piel caoba– a base de trabajarlas con seguridad en el gimnasio, y al pasar por mi lado solamente me miró sonriéndose vanidosa, y aunque no me dijo nada, si me dejó al pasar, envuelta en la fragancia fresca y ligera del perfume que usaba. Era el mismo que le regalamos a tu hermana para navidad y el cual querías obsequiarme otro a mí también, pero te sugerí que me regalaras uno diferente y desde entonces solo utilizo ese.

    — ¿Y quién era ella? —Le pregunto a Mariana, solo por curiosidad.

    —Humm, pues en ese momento no la reconocí. Sabes bien que no soy asidua telespectadora de programas de entrevistas, y menos aún si tratan sobre asuntos de política, por lo tanto hasta que no hablé mucho tiempo después con Diana, no me enteré de quien era ella ni a lo que se dedicaba. Una ex reina de belleza, que se hizo famosa como presentadora de noticieros en la radio, y luego dio el salto a los programas de entrevistas en televisión.

    —El caso cielo, es que ella siguió de largo dirigiéndose por las escaleras hacia la segunda planta, y allí perdí de vista los tacones cuadrados de sus costosos zapatos beige, pues recibí un mensaje al móvil empresarial de José Ignacio, pidiéndome un consejo para el obsequio del juego del amigo secreto, y de paso invitándome a salir el jueves siguiente.

    — ¡Vaya, vaya! El viejo truco de solicitar un favor a una amiga, intentando un posible contacto para después.

    — ¡Ajá! Pues claro cielo. Esa era la intención de aquel mensaje. ¿Y tú lo hiciste conmigo? O… ¿Con otras?

    —Ayyy Mariana, por favor. Obviamente contigo lo hice, algunas veces en el colegio y en pocas ocasiones en la universidad. Por eso es que te he dicho… «Perro viejo late echado». En fin, ¿Y entonces que sucedió?

    —Le respondí al WhatsApp proponiéndole dos o tres posibles opciones para regalarle a su dichosa amiga secreta, y de paso rechacé su propuesta, utilizando como excusa que ese día estaría ocupada con un compromiso escolar de mi hijo. Obviamente insistió en su deseo de que le diera una oportunidad, y propuso que fuera entonces el viernes a la salida del bar. Para quitármelo de encima le escribí que me lo iba a pensar y estando ocupada en ello, no me di cuenta de que Diana se encontraba ya a mi lado, sola y con cara de pocas amigas. Su cita de negocios no había salido como ella pretendía y el cierre de la venta había sido postergado para unos días después. Intenté consolarla y con gusto le hubiera invitado a beber algo pero el tiempo apremiaba para cumplir con mi reunión.

    —Salimos apuradas, pero cuando las cosas están por suceder… —Hago una pausa para darle un sorbo a la cerveza y una nueva calada a mi cigarrillo.

    — ¿Qué sucedió? —Intrigado por su repentino silencio, le pregunto a Mariana.

    — ¡Humm! Pues que recibí una llamada del abogado aquel, cancelándome la cita porque se le había presentado un inconveniente en el juzgado con una audiencia, y no alcanzaría a llegar a tiempo a su oficina. Me prometió buscarme un espacio en su agenda y su secretaria se encargaría de avisarme. Obviamente me ofusqué mucho, pero Diana con su ánimo ya recuperado me propuso aprovechar el tiempo para pasear por la zona.

    —Para resumirte, dimos varias vueltas por las calles empedradas, hasta que entre risas, terminamos entrando a un discreto local donde vendían «cositas» para parejas. Nunca había estado dentro de un sex-shop y ver todos esos artículos con tanta variedad de juguetes sexuales colgando en las estanterías, me hizo sentir avergonzada y subir los colores al rostro, provocándome un ataque de risa nerviosa que intenté disimular sin mucha fortuna. —En el rostro de mi esposo alcanzo a vislumbrar igualmente su dentadura tras una sonrisa baja y eso me da ánimo para continuar relatándole lo sucedido en aquella tienda.

    —Diana preguntaba por los precios de unos vibradores rosados, y dos bolas verdes bellamente decoradas, una de ellas con la imagen de un tigre y la otra con la figura de un dragón, doradas las dos y ligadas entre sí por un delicado cordel, por las cuales, ella preguntó interesada a la muchacha que nos atendía por su utilidad.

    — Y entonces en medio de una vitrina, exhibido vi lo que a mi parecer, podría servirme para lograr cumplir con tu fantasía y la mía, por ello terminé por adquirirlo, atendiendo con sumo interés las indicaciones de la chica, que explicaba con seriedad y profesionalismo el uso de aquel kit para iniciarme en el sexo anal, y tan pronto terminó, pregunté por otros juguetes que me interesaron para usarlos… ¡Con K-Mena al siguiente día!

    Mariana calla de nuevo, tomándose un tiempo para beber su cerveza y fumar otro poco. Aprovecho la interrupción para mentalmente retroceder hasta aquellas fechas, recordando lo felices que estuvimos y pienso que algo bueno salió entonces de aquella malograda visita de negocios, al rememorar como un sábado en la noche, casi finalizando aquel septiembre, me tomó por sorpresa al enseñarme, vestida únicamente con un sexy Baby Doll rojo con transparencias decoradas con encajes florales, la espalda descubierta por completo, y un delicado lazo de satén en medio de sus senos. Un triángulo diminuto que escasamente cubría su pubis por debajo de un liguero igualmente carmín y que rodeando su cintura, descolgaba sus ligas para incrementar la belleza de sus piernas con unas delicadas medias casi translucidas. ¡Definitivamente se veía muy sensual y glamurosa!

    Pero la mayor sorpresa para mí, permanecía oculta a mis ojos incrustada al interior de su culo. Fue una noche inolvidable de besos dóciles, disfrutando la tersura de su piel desde su frente bajando por la raíz y con la punta de mi lengua recorriendo el recto dorso, para terminar besando la coqueta punta respingada de su nariz y saltándome sus labios ya disfrutados, prolongué el recorrido por la longitud de su cuello y las oquedades en sus clavículas, –continuando con esmero y pequeñas pausas– rozando con mis labios el valle de la piel por toda su espalda hasta llegar a la loma de su cadera izquierda. Y allí mis dedos exploradores al abrirse paso por entre la mitad de sus nalgas, se encontraron con un obstáculo circular y diamantado, que impidió su el avance, sorprendiéndome con aquella risa traviesa y mirada de niña mimada.

    Sí, lo recuerdo muy bien. Fue una madrugada inolvidable para los dos, acompañada por caricias profundas y audaces, lamidas y chupones en los escondidos rincones de sus pliegues, jadeantes los dos probando posiciones, más por pura intuición que por la guía explícita de las gráficas del Kama Sutra, y que repetiríamos innumerables veces más.

    Agradecí aquel gesto suyo, –con tan llamativa entrega– a pesar de que siempre he pensado que no se debe dar las gracias a tu pareja por hacerse querer y amar. Amarse es un sentimiento intrínseco en la vida de una pareja, íntimo, compartido, y que así como se ofrece, igualmente se recibe sin pedir algún tipo de contraprestación. Pero después de descubrir su infidelidad, y alejado de ella aquellos quince días y todos estos meses, analizando sus sutiles cambios de comportamiento y otras actitudes que pasé por alto, me devané los sesos pensando en ese sexo que manteníamos los dos, que a mí me parecía el súmmum de nuestro idilio, pero al parecer para Mariana, era insuficiente.

    A pesar de que disfruté con ella haciendo realidad aquel deseo mío y siendo el primero en penetrarla por atrás, no he podido evitar imaginarla ofreciéndoselo a ese… ¡Jueputa vida! Es que me duele y me ofende, ya que no creo haber sido el único en aprovecharse de aquel invento que nos allanó el camino hacía el sexo anal, y eso me martiriza, pues siento haber quedado en entredicho como macho, dejando mi ego lastimado y herido de muerte, hasta el día de hoy.

    — ¿Y entonces, Camilo? ¿Un roncito y así aprovechamos el hielo para tomárnoslo frio, antes de que se convierta en agua? —Le digo a mi esposo que permanece callado y extrañamente pensativo.

    — ¿Ehh? Ahh, si por supuesto. A ver si coges impulso y continuas con tu historia pues casi se nos viene encima la medianoche. —Observando mi reloj le respondo a Mariana, alcanzándole mi vaso desechable y depositando la colilla de cigarrillo dentro de la botella desocupada de cerveza.

    —Esa noche cuando nos encontramos en casa, después de cenar titubeando me diste la noticia. ¡¿Toda la semana?! Te pregunté sorprendida, y agachaste la cabeza para responderme que era necesario y de carácter obligatorio. Te abracé y te dije que Mateo y yo te íbamos a extrañar. También mencionaste que tu vuelo saldría de madrugada, así que los dos nos reunimos en la alcoba de nuestro hijo para esperar a que se durmiera mientras le leías una de las fabulas de Esopo.

    —Recuerdo que me ofusque un poco pues quería al día siguiente, darte la sorpresa mostrándote el juguetico que había comprado para empezar a acostumbrarme, pero como no sería posible, decidí quedarme callada y no decirte nada a la espera de tu regreso. Así tendría tiempo para probar con los diferentes tamaños. Los otros artículos que adquirí los mantuve lejos de tu vista, guardados dentro del baúl del Audi.

    —Al otro día muy temprano, luego de tu partida, llamé a K-Mena para confirmar el lugar donde nos encontraríamos. Esperé a que la nana llegara de dejar a Mateo en la parada de la ruta escolar y salí para cumplir con la cita. En la entrada principal del centro comercial me encontré súbitamente con tu hermana, hablamos por un rato, poniéndonos al día con los chismes familiares y además le pregunté por su nueva apariencia, alabándole que le sentaba muy bien aquel cambio.

    —Cielo… ¿Por qué no me habías dicho nada con respecto a la operación de aumento del busto de tu hermana?

    —Pues a ver… Es que no le di mayor importancia. Además Mariana, fue muy reciente y se me pasó por alto comentarlo contigo.

    —Ajá. Sí claro cómo no. ¿No sería tal vez para que yo no me antojara?

    —No, por supuesto que no. Sencillamente se me olvido. Tanto tú como yo estábamos demasiado ocupados con las cosas del trabajo. Al regresar del viaje pensaba darte la sorpresa al reunirnos en familia para el almuerzo dominical.

    —Ok, bueno te creo. El caso es que al ver a tu hermana así, se me hizo agua la boca y le saqué toda la información pertinente. En aquel momento fue cuando decidí operarme lo antes posible. Como ves, no influyó para nada los comentarios que José Ignacio había hecho sobre mis bubis, pero te confieso que sí llegué a pensar en la cara que pondría al verme con unas tallas de más. E igualmente pensé en ti y en tu renuencia a que lo hiciera. Pero yo lo quería, era mi sueño desde que culminé el periodo de lactancia. ¡Por eso tomé la decisión de hacerlo a escondidas tuyas!

    —Tu hermana debía asistir a una cita oftalmológica y se despidió de mí, justo en seguida recibí la llamada de K-Mena, informándome que ya estaba fuera esperándome. Al reunirme con ella nos saludamos con normalidad y tomándola por el brazo nos dirigimos hacia la galería de arte y allí nos demoramos muy poco, menos de media hora, pues me decidí rápidamente por un bodegón precioso del maestro García. Cancelé su costo con agrado y les encargue que me lo hicieran llegar el sábado siguiente por la mañana. De allí salimos tomadas de la mano, teniendo ya en mente lo que iba a hacer, claro que después de desayunar en uno de los restaurantes de la zona, y con algo de nervios, sin decirle nada a ella, me dirigí hacia el norte de la ciudad. Tenía el día libre y prácticamente hasta después de la hora nona para cumplir con lo pactado, así que sin dudarlo, entramos al motel que está ubicado sobre la autopista.

    — ¿La llevaste a un motel?

    — ¿Y adonde más? ¿A nuestra casa?

    —Pensé que usarías el apartamento de soltero de Eduardo, donde se supone que vivías.

    —Ese lugar tiene, aparte de malas vibras, pésimos recuerdos para mí. Además necesitaba un lugar adecuado, con la intimidad y comodidades necesarias para actuar conforme a las circunstancias. No se me ocurrió nada mejor.

    Camilo de un solo sorbo culmina con el ron y destapa una nueva cerveza. Abre la cajetilla roja y blanca, extrayendo un cigarrillo. Espero con calma a que lo encienda y se acomode nuevamente, juntando sus piernas y sobre la rodilla izquierda, ubica el envase de cerveza y me mira, esperando a que prosiga mi relato.

    —En la habitación del motel tras cerrar la puerta y quedar las dos a solas, encendí la televisión y como era de esperarse, estaba sintonizado en un canal porno, con una película ya avanzada. Opté por bajarle un poco al sonido pero no cambiar de canal. Aquellas actuadas imágenes podrían servirnos a las dos como inspiración para calentar el ambiente. K-Mena ruborizada sin apartarse de mi lado, miró por unos segundos aquella explicita escena de dos bocas con labios carnosos, brillantes y carmesíes, disputándose el sabor de una verga rígida y venosa, gruesa y ensalivada, lamiendo cada una por su lado, el tronco y un rosáceo glande en primer plano. Un instante después, dejó de observar la pantalla, para repasar con la vista la tonalidad de las paredes, y escudriñar por todos los rincones, detallando la decoración y el mobiliario, sin dar crédito a lo que por primera vez en su vida, sus ojos grises veían.

    Permanezco en silencio observando la reacción en el rostro de mi esposo, mientras bebe un sorbo de su refrescante cerveza. No da señales de incomodidad, por lo tanto doy otro sorbo al exquisito ron y aspiro mi cigarrillo, a la vez que me acomodo mejor en frente de él para continuar con este cuento.

    Mariana termina por despejar sus rodillas de la tela negra de su vestido y las afirma sobre mi camisa extendida. Bebe un poco de su vaso, mientras que descansa las nalgas sobre sus talones, –todavía decorados por un ocre centenar de pequeños gránulos de arena– y tras escucharle hablar, con su voz pausada e impregnada de un halo de melancolía, me decido a intervenir.

    —Es apenas comprensible, Mariana. Supongo que fue la primera visita de ella a un lugar de esos. ¡Y la tuya también! ¿O me vas a sorprender de nuevo y me vas a confesar que ya habías estado en una situación similar con otra mujer?

    —Para nada cielo, yo jamás había pisado un motel para parejas… ¡Con otra persona! Fuiste tú el primero en llevarme a un lugar de esos. Nunca te lo conté porque nunca lo preguntaste, pero con Javier las veces que tuvimos sexo, lo hacíamos en la casa de sus padres, aprovechando que ellos dos trabajaban hasta tarde en el negocio familiar. ¡Bueno, ¿puedo seguir contándotelo?! No es para que te enojes, –le digo al ver que se intranquiliza– pero es que interrumpiéndome a cada rato, pierdo el hilo de los acontecimientos.

    — ¡No, pues qué pena con la señora! La próxima vez que quiera opinar sobre algo tendré en cuenta qué como en el aula de clases, debo levantar la mano para realizar una pregunta. ¡Continúa por favor! —Le termino por responder, algo seco y sarcástico lo sé, pero no me gusta el tonito fuerte de su voz.

    —Tan poco es para tanto, Camilo. Y por supuesto que puedes preguntar lo que gustes, solo que… ¡Compréndeme un poquito! Ahora me siento muy incómoda revelándote estas intimidades y preciso concentrarme para utilizar las palabras correctas y menos dolorosas. —Por fin Camilo se decide, relajado deja su vaso a un lado y toma su mechera para darle fuego al cigarrillo, cruzando sus piernas.

    —En fin, que según como lo recuerdo, K-Mena anticipándose, me pidió que la disculpara por las probables torpezas que podría llegar a cometer. En verdad que las dos estábamos muy nerviosas, así que decidí que mejor sería sentarnos y tomadas de la mano, lo hicimos al costado izquierdo de la cama, en mi caso para hablarle despacio, –casi cuchicheándole al oído– diciéndole que no se preocupara y que todo saldría bien, o que si llegaba a sentirse inquieta por algo, podríamos detenerlo todo en ese mismo instante sin problema alguno, y para transmitirle mayor seguridad le coloqué mi mano derecha sobre la zurda suya.

    Mariana se entrega a sus memorias y observo con detenimiento en su hermoso rostro, la natural gestualidad con la que se expresa y que me enamoró de ella. Abre los ojos, me mira para luego desviar su mirada hacia el otro lado de la playa. Y en el azul de sus iris se alcanzan a reflejar las lenguas de fuego de la fogata, que con seguridad danzan al vaivén de la brisa, y se escucha levemente el chisporroteo de los troncos de madera, recostados unos contra los otros, ardiendo estoicamente como lo hago yo; resistiendo un poco antes de convertirnos en brasas al rojo vivo, tal cual lo hace mi pecho, quemándose tras cada nueva revelación de mi esposa. Ahora sus párpados se interceptan, y así logra concentrarse para seguir… ¿Mortificándome?

    — ¿Sabes, cielo? Fue ella misma, quien rompiendo el silencio que nos asediaba, –abstrayéndome de mis pensamientos– me habló sin rodeos…

    — ¿Y ahora qué hacemos? ¿Nos quitamos la ropa?… ¡Chikis, no te veo muy convencida para comenzar a explicarme! Creo que fue una mala idea haber venido contigo. Quizás con Nacho no sería tan complicado y todo sería para mí, mucho más fácil.

    —Por unos cuantos segundos, qué se me hicieron eternos dentro de aquella habitación, una súbita disfonía se apoderó de nuestras gargantas, alterando el timbre de nuestras voces, mientras las dos continuábamos indecisas. K-Mena temblorosa y sin decirme nada, levemente movía la cabeza en un claro gesto de negación, casi de arrepentimiento, y yo apretaba mis muslos con fuerza, apoyando la punta de mis zapatos en el suelo, despegando un poquito los tacones de la alfombra esponjada, pues a pesar de sentirme incomoda y perturbada, tan solo analizaba la forma o las maneras de cómo emprender aquella enseñanza sexual.

    — ¡No es eso flaquis! Por supuesto que quiero enseñarte, pero la verdad ahora teniéndote aquí de frente, no sé por dónde empezar. —Con sinceridad le respondí así, y entonces K-Mena, –quien tras suspirar con profundidad– soltó mi mano y se puso en pie, para empezar a caminar con lentitud, rodeando la cama y tras colocarse en frente del mini bar, se agachó para abrirlo y curiosear, hablándome sin tener que mostrarme los rubores en su cara.

    —Estaba pensando que lo mejor sería si me vas relatando alguna experiencia tuya. Ya sabes, una donde hayas tenido un sexo espectacular con tu esposo o con alguno de tus novios anteriores. ¡No lo sé! Sólo cuéntame algo que te haya impactado y que logre hacer que lo recuerdes cuando tú te acaricias… ¡Cuando te tocas la cuca! ¿O cómo ya eres casada no tienes necesidad de masturbarte? —De forma inocente me preguntó mientras revisaba el interior, sin atreverse a tomar ninguna de las botellas de agua o de licor.

    — ¡Por supuesto que a veces me masturbo! –Le respondí con firmeza y enseguida le puntualicé…

    —No es algo usual hacerlo, pero cuando mi marido está de viaje, solemos hacernos video llamadas, hablamos sobre lo mucho que nos hemos extrañado y nos expresamos con palabras bonitas nuestro amor. Luego me voy desvistiendo lentamente porque sé cuánto le excita que me quede en ropa interior, sorprendiéndolo algunas veces con algún modelito nuevo y así, ¡jejeje!, empezamos a crear el ambiente propicio para iniciar una conversación subidita de color.

    —K-Mena me observaba en silencio, seguramente recreándolo todo en su cabeza y seguí contándole lo que tú y yo solíamos hacer.

    —Le incito a que se desvista y me demuestre con su desnudez, con cuanta firmeza su verga desea penetrarme, –le dije imprimiéndole un toque de sensualidad a mi voz– e iniciamos por tocarnos en los lugares donde sabemos que nos enloquece más sentir; por ejemplo, sus manos sobre la parte posterior de mis muslos, y las mías con las uñas recorriendo los costados de su espalda. Yo le digo por donde lo besaría, y él en qué lugares me chuparía con ganas, y vamos viéndonos por la cámara del móvil, como si lo hiciéramos presencialmente. Apasionados nos hablamos con palabras fuertes, una que otra grosería para hacer las frases más excitantes, y terminamos escuchando nuestros gemidos a la distancia, mientras que intentamos retrasar lo más posible el orgasmo. Por lo general soy yo la que llega al clímax a lo último.

    — ¿No es capaz de resistir demasiado? —Me preguntó curiosa.

    — ¡Jajaja! Mi esposo aguanta bastante, flaquis. –Camilo mantiene su postura rígida y suspira, exhalando a la par una bocanada de humo. – Pero sucede que a veces el pobre está muy urgido de sexo, y al ver cómo me penetro con los dedos, simulando con tres de ellos el grosor de su pene, abro bastante mis piernas para que él pueda observar con claridad cómo se vería su verga entrando y saliendo de mi interior, ofreciéndole un primer plano de mis dedos humedecidos con el viscoso flujo estirándose entre ellos, y advirtiéndole lo que le esperará cuando nos encontremos de nuevo en la casa y estemos solitos… ¡Frente a frente!

    —Que rico debe ser eso. ¿Si ves chikis? Ya me estas enseñando cositas para hacer en un futuro con Sergio. ¡Sigue, sigue que esto me está gustando! —Me dijo más animada y la verdad, yo igualmente me fui estimulando y seguí contándole más cosas de nuestras vidas.

    —Flaquis, algunas veces después de terminar la llamada, continúo con ganas y de nuevo me dedeo antes de dormir, recordando lo que hemos acabado de hacer o imaginándome otras escenas, con otras poses diferentes en frente de la cámara y hasta nuevas palabras groseras que no le dije pero que pudieron haber servido para hacerlo excitar aún más. En otras ocasiones, a solas y sin la presencia de mi esposo, lo hago en el baño mientras me ducho. Para ello uso mi imaginación y el chorro de la regadera, recordando algunas locuras realizadas con mi marido y en otras, incluso pienso en alguna escena romántica y sensual que he visto en alguna película erótica. O… ¡Jejeje! Simplemente me acuesto y coloco en la computadora portátil algo de porno duro, mientras me masturbo.

    —Vaya, vaya, Mariana. ¡No tenía idea de que te dejara a medias! —Apesadumbrado ante esta nueva información, la interrumpo bastante contrariado.

    —No te lo confesé pensando en que quizás te hiciera sentir mal. Obviamente, cielo, no sucedía a menudo. –Le aclaro al ver como frunce el ceño. – ¿Sabes? ¡Creo que también me han dado ganas de fumar!

    —Y volvemos al tema de la confianza. No me hubiera molestado que me lo comentaras y así, creo que hablando podríamos haber buscado otras maneras de lograr que terminaras tan satisfecha como yo. Pero ahora veo que no nos conocíamos tanto, ni nuestra intimidad era tan gratificante para ti.

    — ¡Ayyy por favor, Camilo! Tampoco es para que exageres. Siempre me he sentido plena contigo, en todos los aspectos. Ya te comenté que no fue por esas raras ocasiones, que yo terminé encamada con otras personas. A ti también te sucedía. En los últimos meses yo llegaba cansada a casa, llena de preocupaciones y con poca disposición para sostener relaciones sexuales, y tus intenciones en nuestra habitación eran muy diferentes a las mías. Yo ansiaba utilizar la cama para dormir a pierna suelta, y tú por el contrario deseabas abrírmelas para desfogar tus ganas. Obviamente terminaba cediendo a tus caricias, pero eso sí, sin fingirte nada, tan solo deseando que alcanzáramos rápido nuestro orgasmo para poder descansar.

    —En tu mirada muchas veces atisbé que tu sed de sexo no menguaba, y me reproché el hecho de que mi entrega en esas ocasiones, no fuera similar a otras noches más apasionadas y me sentí culpable de dejarte a medias. Te calmabas en el baño, lo sé porque te escuchaba gemir a solas masturbándote, sin invitarme a presenciarlo, y yo recostada esperándote, me sentía mal por ello. Pero era tu privacidad, el espacio que buscabas y no quería perturbar tu intimidad. Nunca me hiciste mala cara ni me lanzaste algún reproche por mi falta de pasión. Fíjate que tú tampoco fuiste muy honesto conmigo.

    —Por qué te amaba y reconocía que mi apetito sexual por ti, en lugar de decrecer se intensificaba más al tener menos tiempo para los dos, por culpa de nuestros viajes de trabajo. Cada ocho o quince días eran demasiado tiempo de abstinencia para mí, pero era consciente de que llegabas extenuada e imaginaba que con un poco de sexo, lograría yo aliviar un poco tu estrés.

    — ¡Que estupidez la nuestra! Por mi parte, cielo… ¡Te pido mil disculpas!

    —Pienso lo mismo y lo lamento Mariana. Debimos hablar y mencionar sin temor nuestros miedos, todas las dudas, y por supuesto hablar de nuestras ocultas fantasías. ¡Como la que realizaste con tu amiga!

    —Uhum. ¡Sabes que sí! –Le respondo con firmeza, algo altanera. – Honestamente quería saber cómo era tener sexo con una mujer, y después de aquel beso entre las dos, creo que se me intensificaron las ganas de llevarlo a cabo… ¡Completamente! Pero deja te sigo contando como fue que la materialicé. ¿Quieres? ¿O prefieres que siga de largo y obviemos esta femenina traición?

    —Ya que mierda le vamos a hacer. No voy a llorar sobre la leche derramada. Dale que la noche es joven y la verdad Mariana, me intriga saber cómo la volviste realidad.

    —Pues ya que insistes te seguiré contando mi experiencia. Acomódate bien y pásame por favor la botella de ron para darle un trago y tomar impulso.

    — ¿Vas a mezclar? —Le pregunto, pero acatando su deseo destapo la botella y se la alcanzo.

    —Lo hemos venido haciendo todo el día y no nos han cogido los tragos. Uno más o uno menos, no creo que hagan mayor diferencia. ¡Y en verdad lo necesito! —Le respondo para luego llevar a mi boca el pico de la botella, sedienta por darle un sorbo largo que caliente mi garganta, animándome a continuar.

  • Relaciones en el baño de un cine

    Relaciones en el baño de un cine

    Había ido con mis amigas al cine, estaba por empezar la película cuando me estaba dando ganas de ir al baño, decidí aguantarme a que terminara la película.

    Ya a mitad de la peli, empezó una escena +18, y gracias a las hormonas de la edad, no aguante más y fui al baño sin avisarles a mis amigas, las ganas que tenia de ir al baño se me fueron enseguida reemplazada por la excitación del momento, entré en un cubículo y empecé a masturbarme. Al parecer no había cerrado bien la puerta con la traba porque se abrió mostrando a un hombre vestido con un uniforme de limpieza, en ese momento me entró pánico, me quedé helada.

    Él se me acercó me dijo un par de palabras confundibles y me empezó a tocar, por la masturbación de hace unos segundos, mi cuerpo reaccionó a él de buena forma, por lo que me dejé llevar, él con la otra mano cerró la puerta con la traba, se arrodilló y estaba acercando su boca a mi intimidad, le dije que no estaba bien, que teníamos que parar, que él tenía que parar. Pero no me escuchó, siguió con su trabajo y empezó a jugar con su lengua en mi vagina, sentía que me penetraba con ella, en un momento sentí que acercaba su otra mano e intentaba penetrarme con su dedo, sólo me dejé llevar.

    Empezaba agitarme y a gemir muy bajo, era la primera vez que un hombre me hacía eso, fue cuando se paró que me asusté, empezó a bajarse su pantalón con su bóxer dejando salir su pene, su gran pene.

    Me indicó que le masturbara con mi boca, en ese momento sentí que era demasiado, quería salir de ahí, lo antes posible, le dije que no, me estaba por parar del retrete cuando él me tira hacia abajo para sentarme y empujaba mi cabeza hacia su masculinidad, me obligó a hacerlo.

    Era tan grande que lloraba de lo doloroso que me causaba abrir la boca, estuve chupándoselo unos diez o quince minutos, en los cuales mas de 3 ahorcadas di, cuando él me levanta y me apoya contra la pared del cubículo y me empieza a besar desesperadamente. Al ver sus intenciones quise zafarme de él lo más rápido posible, no quería que me penetrara con su pene, era tan grande que ya sin haberse acercado a mi vagina ya sentía dolor en ella.

    Desesperadamente le supliqué que no lo hiciera, pero no me escuchó, con cada palabra que decía, más se excitaba él, de un sólo golpe me penetró, iba a gritar del dolor pero me atrapó con su boca en un beso lleno de pasión y violencia. No podía parar de llorar silenciosamente, se quedó quieto un par de segundos y empezó a hacer movimientos circulares con su cuerpo, para que yo me pueda acostumbrar a él, yo seguía diciéndole que parara pero seguía siendo en vano, por lo que me obligué a tranquilizarme y tratar de disfrutar obligadamente el momento.

    Empezó con sus embestidas despacio y lento para poder acomodarse e ir subiendo de velocidad, me sentía en las nubes, desde hacía años que me masturbaba en mi cuarto a escondidas, hace 2 o 3 meses que empecé a meterme dedos, pero no más que eso. Al dejarme llevar de la violación por parte de este hombre de unos 30 años, empecé a sentir una electricidad en mis piernas que iban subiendo por mi cuerpo, en ese momento pareció darse cuenta porque aumentó la velocidad y la rudeza de sus penetraciones, me dijo en el oído «vamos mi amor, correte para mí, correte para papi» «daleee, me estoy por venir!! Dale mi amor, vengamosno juntitos», yo sólo seguía llorando y gemía despacio para que no escuchen, él seguía hablando me cosas sucias en el oído, lo que causó que me corra y a los pocos segundos se vino él dentro de mí. Parece haber vuelto a la vida y darse cuenta de lo que había hecho, ya que sólo se alejó de mí, me rogó que le perdonara, que no sabía lo que hacía se subió los pantalones y se fue.

    Yo todavía excitada cerré la puerta de vuelta y continúe masturbándome recordando lo que me hizo sentir cuando me corrí, no pasó mucho cuando volví a correrme. Salí del cubículo, me miré en el espejo, me acomode y salí del baño hacia la sala, la película ya estaba por terminar y una de mis amigas me pregunta donde estaba, que por qué tardé mucho, le dije que al baño y que me quedé hablando con un conocido que me había encontrado.

    Al regresar a casa, ya era algo de noche, fui al baño y recordé lo que había sucedido, no pude evitar otra masturbación.

    Espero que les haya gustado, es la primera vez que escribo un relato erótico. Y si quieren seguir leyendo, díganme. Besos en donde quieran.

  • El amigo de mi hijo se masturba con mi ropa

    El amigo de mi hijo se masturba con mi ropa

    Hola, me llamo Lucero, quiero contarles lo que estoy viviendo en estos momentos. Soy una mamá de 35 años y tengo un hijo de 18 años, de cuerpo me considero gordibuena, cabello negro y corto, no tengo mucha buby, pero estoy nalgona, me gusta usar vestidos cortos, y debajo tangas con sostén y una que otra ocasión licras me depilo todo el cuerpo menos la vagina.

    Quiero contarles que hace poco mi hijo invitó a 3 amigos de su edad, yo me encontraba en casa por lo que traía puesto un vestido azul arriba de la rodilla y holgado yo me encontraba en el cuarto cuando escuché que mi hijo llegó con sus amigos por lo que decidí bajar a recibirlos ese día no traía sostén por lo que mis pezones eran visibles.

    Cuando baje a recibirlos encontré 3 chicos altos y deportistas además de mi hijo lo que me sorprendió fue que sentí sus miradas de morbosidad viendo mis bubys y mis piernas, me sentí extraña pero les di la bienvenida. Debo contarles que soy mamá soltera y tengo un negocio de abarroteria el cual me ayuda a atenderlo mi madre entonces medio día me encuentro en casa y medio día en mi negocio.

    Más tarde prepare algo de comer para los chicos con unas aguas de sabor así que decidí llevárselos a la sala de la casa pero una vez más sentí la mirada de morbosidad de algunos amigos de mi hijo, los chicos me pedían me quedara con ellos, pero tenía cosas que hacer así que no pude hacerlo posteriormente subí a mi cuarto a cambiarme y decidí ponerme una licra ajustada con una tanga azul y una blusa casual blanca así que el vestido que traía lo deje en la cama junto con la tanga anterior debo aclarar que esa ropa me la puse desde el día anterior así que baje de nuevo y le comenté a mi hijo que saldría unos minutos y que no tardaba a lo que respondió que si fuera con cuidado también me despedí de sus amigos.

    Tarde aproximadamente 40 minutos, pero cuando regrese ya se habían retirado sus amigos así que le comenté que tal se la había pasado y me respondió que muy bien a lo cual lo felicité ya posteriormente subí a mi cuarto y pude ver qué estaba abierto recordando que yo lo cerré pero cuando entre encontré mi ropa anterior diferente a como la había dejado con una nota que decía lo siguiente.

    “Hola señora no pude evitar entrar a su cuarto y oler su vestido me encantó me puso la verga muy dura cuando vi su tanga sudada y olorosa me masturbe que rica esta.”.

    Cuando leí esa nota me sentí rara además pude ver que la tanga estaba mojada y viscosa pude ver qué se había venido en ella además de que olía a semen.

    Por la noche no pude dejar de pensar en eso que un chico de 18 años haya manoseando mi ropa, que la haya olido y tocado pensando en mi eso provocó que me mojara toda la noche.

    Ya les contaré que más sucede con esta situación.

  • Mi instructor de manejo (parte II)

    Mi instructor de manejo (parte II)

    Eran las ocho de la tarde cuando terminamos nuestra última clase de manejo. Había sido una hora difícil, pero lo había hecho bien: las maniobras de aparcamiento eran las que más me costaban, pero había valido la pena reservar el último turno disponible ese día para practicar antes de obtener mi licencia. Ya no nos quedaba mucho tiempo y ambos lo sabíamos.

    Aquí en invierno oscurece temprano, por lo que ya hacía rato que se habían diluido los últimos rayos del sol y era prácticamente de noche. Exhausta por los intentos, me subí al asiento del acompañante mientras Claudio tomaba nuevamente el volante. Comenzamos a regresar a la escuela de manejo, la rutina que había sido habitual en las pocas semanas que compartimos juntos, pero el recuerdo del último encuentro empezó a espesar el aire dentro del coche y ambos nos dimos cuenta por nuestro mutuo silencio. Al llegar al primer semáforo, giré el rostro y le clavé a Claudio la mirada, una mirada transparente y anhelante, que él me devolvió. Fueron segundos que parecieron eternos y, sin embargo, bastaron para que él diera un volantazo y fuera en una dirección diferente a la que habíamos tomado.

    Aparcó poco después, en un parque público donde había poca luz. Vio una sombra de duda en mi mirada, no porque no quisiera hacerlo en el coche, sino porque el lugar me parecía inseguro; despejó mis dudas con un «tranquila, no pasa nada». Y sin salir del auto, nos pasamos los dos a los asientos de atrás.

    De inmediato Claudio me levantó con ambas manos por la cintura y me hizo sentarme a horcajadas sobre él. Al igual que la vez pasada, empezó a besarme profundamente moviendo bien su lengua dentro de mi boca; esta vez se tomó más tiempo que la anterior, porque mientras lo hacía, me frotaba suavemente contra él como si me estuviera cabalgando. El roce de nuestras entrepiernas al ritmo pausado de sus besos, fue haciendo que nos pusiéramos cada vez más calientes, hasta que los jadeos de ambos se hicieron insoportables y me apartó al costado para quitarme los pantalones. No fue difícil porque yo llevaba calzas, pero lo ayudé para hacerlo más rápido, y ya él me iba a quitar las bragas de encaje cuando le tomé la mano con un breve «chh!», simplemente porque quería que me lo hiciera con la ropa puesta.

    Claudio se sonrió y me dejó hacer, al final, era solo un detalle; él se bajó lo imprescindible la ropa para dejar su potente miembro al descubierto, y yo inmediatamente volví a montarme sobre él; y entonces sí, la gloria, se agarró el pene por la base para introducirlo sin ceremonias mientras yo bajaba la pelvis directo hacia él. ¡¡¡Cómo me enterré!!! Dejé, como la vez pasada, que fuera él quien marcara el ritmo tomándome firmemente con ambas manos por la cintura, mientras yo las descansaba en sus hombros y me iba en gemidos en su oído, uno atrás del otro, sin poder evitar mojar hasta los asientos de lo excitada que estaba.

    -Mi amor- susurró mientras yo me deshacía en un orgasmo quedo con los ojos cerrados.

    Como todo un caballero, se aseguró de que yo acabara antes de hacerlo él mismo y entonces sí, por unos segundos me bombeó con una fuerza que creí inusitada en él hasta que se descargó por completo en mi interior. A tientas buscó unos pañuelos de papel en la gaveta y mientras yo me limpiaba, se abrochó los pantalones y volvió al asiento del conductor, sin decir una palabra más y sin mirarme, dejando que me compusiera. No podía creer que después de lo que habíamos hecho, encima me diera ese espacio de intimidad para que yo no me sintiera avergonzada.

    -Gracias, Claudio- fue lo único que atiné a decir.

    Gracias, Claudio. Gracias por haberme cogido tan bien después de más de 6 años de abstinencia tras una separación muy dolorosa. Gracias por enseñarme a manejar y confiar en que podía aunque a mí me parecía imposible.

    Por alguna razón, esta vez no puso la música fuerte como siempre, sino que regresamos en silencio mirando desde el coche las luces naranjas de la noche que despertaba en la ciudad.

  • Mi hermano y yo. Una tarde caliente

    Mi hermano y yo. Una tarde caliente

    La primera vez que me calenté con mi hermano antes de coger era cuando yo tenía 20 años y él acababa de cumplir los 18. Fue sin querer que una noche entré a su habitación mientras él dormía y le vi como en su short se le marcaba si verga parada. Ni hablar como me mojé en ese momento y corrí a mi habitación a darme dedo a más no poder. Me saqué mi short y corriendo mi tanga fui jugando con mi hinchado clítoris, con mis ojos cerrados y pensando en mi hermano, en lo linda que debía de verse su verga si ese cacho de tela encima.

    Me habré corrido un par de veces y dejé de hacerlo por qué ya sentía ardor al tocarme. Desde ese momento empecé a ver a mi hermano con otros ojos, cada que podía apoyaba mis tetas en su espalda o me apoyaba en él. Al parecer a mi hermano no le era indiferente ya que él empezó a hacer lo mismo conmigo, siempre que podía se pegaba a mí, obvio podía sentir como su verga se ponía dura y como él se alejaba y se metía al baño con excusas de bañarse o hacer sus necesidades pero sabía que era para jalársela porque encontraba mis tangas todas pegadas o lavadas cuando era obvio que yo las dejaba secas y en el fondo del cajón de ropa para lavar.

    Bueno así pasó un tiempo hasta que un día me decidí y cuando quedamos solos sin pensarlo dos veces jale a mi hermano del brazo y lo hice sentar en una silla. No hizo falta calentarlo por qué ya estaba bien duro así que bajé su short y corriendo mi tanga me subí en su verga. Diablos que eso estaba más que duro y con lo mojada que estaba entró hasta los huevos, ambos nos miramos a los ojos con cara de lujuria y yo comencé a moverme suavemente mientras mi hermano rasguñaba mi espalda cosa que me hacía calentar aún más.

    Aunque mi hermano trató de besarme a la boca no lo dejé pero sí le pedí que succionara mis tetas las que estaban más que duras. Él obedecía a todo mientras yo le pedía que no se corriera dentro que quería su leche en mi cara más tarde. Mi hermano me decía a todo que sí y yo estaba contenta de poder manejarlo así. Yo estaba con mi cabeza apoyada en sus hombros gimiendo de placer cuando sentí uno de sus dedos entrar en mi culo… uff menuda calentura me dio eso que pedí que no lo sacara al sentir la doble penetración.

    Para ese momento ni nos importaba si alguien llegaba a casa, en ese momento solo deseaba tener el mejor orgasmo de mi vida y si que lo hacía uno tras otro porque esa verga llegaba a tocarme hasta el útero y bien que mi hermano se la aguantaba por qué se notaba en su cara las ganas de correrse.

    Después de un rato quise terminar con su tortura así que me arrodillé y tomé si verga con mi mano masturbándolo y dándole una mamada, mi hermano me suplicaba que lo dejara acabar así que lo dejé pidiéndole que se parara mientras yo seguía de rodillas en el piso, él tomó su verga y jalándosela tres veces soltó toda su leche caliente en mi cara la cuál cayó parte en la comisura de mi boca tragándomela.

    Me levanté y besé su mejilla agradeciéndole los ricos orgasmos que tuve esa tarde. Él sonrió y me dijo que estaba disponible cada vez que yo lo necesitara.

    Me fui a mi habitación y me metí debajo de la ducha para quitarme el sudor y recordando lo que acabábamos de hacer, sonreí y una vez más acaricié mi clítoris para tener nuevamente un orgasmo…