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  • El gemelo impostor

    El gemelo impostor

    Mi nombre es Lizette, tengo 32 años y quisiera contar una de las experiencias eróticas más extrañas qué he vivido.

    Actualmente vivo con Alex, mi pareja y llevamos ya varios años juntos. Nuestra relación se podría decir que es estable y nuestra vida sexual es digamos satisfactoria, nada extraordinario.

    Lo curioso de estar con Alex, es que él tiene un hermano gemelo llamado Axel qué prácticamente es idéntico a él. Inclusive el tono de su voz es muy similar y solo prestando mucha atención podría diferenciarlos, pero no siempre puedo.

    Muchas veces me he llegado a equivocar en las reuniones familiares pensando que le hablo a Alex, pero Axel me ayuda diciéndome que él no es Alex, sino Axel. En esos momentos, le agradezco por su sinceridad, sin embargo un día todo cambió.

    Fue en una ocasión que Alex y yo salimos de vacaciones a visitar a su hermano quien vive en una zona montañosa y con mucha vegetación. Llegamos y nos recibió como siempre, con una gran sonrisa gustoso de vernos.

    Ese día que llegamos a su casa yo llevaba puesto un pantalón de mezclilla y unas botas. No es por nada pero una de las cosas que más me gusta de mí es mi trasero, lo tengo como levantadito, por lo que se me ve muy bien la ropa ajustada. La noche llegó y Alex y yo nos acostamos. Hablamos un poco y nos quedamos dormidos, pues estábamos cansados del viaje qué fue un poco largo.

    Durante la mañana me lave los dientes, me desnude y me metí en la ducha dejando la puerta semiabierta. Poco después entró Alex mientras yo me enjabonaba el cuerpo, o eso fue lo que yo pensé.

    Comencé a enjabonarle la espalda y le pedí que diera vuelta para enjabonarle el pecho. Mientras lo hacía el observaba mi cuerpo como admirándolo.

    –¿Estas bien? –Le pregunté

    –Si, es solo que me gustas mucho Liz –Me dijo

    Como me agradó lo que me dijo, le di un beso. Después que nos enjuagamos, Alex se colocó detrás de mí y me tomo por la cintura.

    –Sabía que me buscarías, como ayer en la noche no hicimos nada… –Le dije.

    –Así es Liz, tú sabes cuanto te deseo –Me dijo Alex.

    –¡Y yo a ti! –Le respondí gustosa de entregarme a él.

    Alex no tardó mucho en encontrar mi entradita húmeda y empezar a moverse de atrás hacia adelante. De hecho, lo sentí más animado qué de costumbre mientras me hacía suya por detrás. Mis gemidos comenzaron a inundar todo el cuarto de baño, pero el agua de la regadera lo disimulaba un poco. Alex finalmente salió de mí se vino en mis nalgas, pero afortunadamente estaba en la ducha por lo que fue muy fácil para enjuagarme. Alex me beso, se colocó una toalla en la cintura y salió del cuarto de baño.

    Al estarme enjuagando me quedé pensando en la forma en como me había hecho el amor.

    –Seguramente está contento porque estamos de vacaciones. Me gusta verlo así. –Pensé dentro de mí.

    Baje las escaleras y encontré a Alex y a Axel hablando en la cocina. Les pregunte que querían que hiciera de comer, hice mi lista de compras y me subí al auto. Mientras iba manejando hacia el supermercado, un pensamiento extraño surgió en mi mente.

    ¿Y si el qué había entrado en la regadera había sido Axel y no Alex? Me pregunté y de pronto una extraña ansiedad se apoderó de mí.

    Tanto que me detuve a un costado del camino.

    ¡Pero qué cosas pienso! Me dije hacia mis adentros y descarté rápidamente aquella loca idea.

    Conforme iba adentrándome por los pasillos del supermercado, aquel pensamiento volvió a surgir en mi mente, especialmente cuando caminaba por donde estaban los jabones y los shampoos.

    Trataba de no pensar mucho en eso, pero el pensamiento seguía ahí en el fondo, como esperando a que lo reconsiderara e hiciera algo al respecto. No tenía la certeza pero empecé a tener un fuerte presentimiento de que había tenido intimidad con Axel en la regadera, ya que Alex es un poco más tranquilo, pues le gusta llevar un ritmo más lento cuando me hace el amor.

    Tenía dos opciones, llegar, reclamar y hacer un drama; o tratar de relajarme y disfrutar de la nueva experiencia, fingiendo que no sabía nada. Opté por la segunda opción, pues si he de ser sincera me gustó lo que había sucedido en el cuarto de baño.

    Al día siguiente salimos muy temprano para ir a visitar un lugar turístico famoso en ese lugar. Note que Alex y Axel iban vestidos prácticamente igual, pero no le di mucha importancia. No era la primera vez que lo hacían.

    Al llegar nos encontramos con unos amigos y desayunamos ahí. Más tarde cada quien se fue con quien quiso. Alex me tomó de la mano y nos adentramos en el bosque.

    Mientras íbamos caminando le lance una pregunta muy específica para saber con quién de los dos estaba.

    –Es muy bonita esta área. Me recuerda cuando fuimos a escalar. ¿Te acuerdas? –Le pregunté.

    –Si, lo recuerdo. A mí también me gusta zona. –Me respondió.

    Claramente me encontraba con Axel, ya que nunca he ido a escalar en mi vida con nadie.

    Al llegar a una área apartada Axel se colocó detrás de mí y comenzó a besarme el cuello.

    –Te deseo tanto Liz –Me dijo mientras me restregaba su miembro.

    –Lo sé Alex, y yo a ti. Pensé que lo haríamos en la noche.

    –Si, es solo que esos jeans te quedan muy bien, hacen que se te levante el culito.

    –¿Quieres culito? –Le pregunté mientras Axel manoseaba mis pechos.

    –Si, sólo por esta vez hagámoslo aquí –Me dijo Axel al oído.

    –Bueno, pero rápido. No sea que alguien nos vea –Le dije mientras desabrochaba mi pantalón de mezclilla.

    Axel me bajo los pantalones y la tanga, al tiempo que yo intentaba desabrochar su pantalón.

    Mientras se bajaba el pantalón, yo estaba inclinada apoyándome en un árbol, esperando, como cuando espera uno a ser inyectada por el doctor. Finalmente Axel encontró el camino y entro en lo más profundo de mi.

    –Oh si, Alex, ¡dame rico como me gusta! –Le dije.

    Axel empezó a moverse, despacito al principio, pero después mucho más rápido, y volvió a cogerme con el mismo entusiasmo con el que me hizo el amor en la ducha.

    Alex se mueve tan rico. ¡Me hace sentir tan sexy, tan deseada! Pensé dentro de mí.

    ¿En dónde estará Alex? ¿Sabrá que me fui con Axel? Fue otro de los pensamientos que tuve.

    Axel salió de mi por un momento. Aproveché para hincarme y hacerle sexo oral. El pene de Axel era muy similar al de Alex, pero sabía ligeramente diferente. Lo dice alguien que conoce el sabor de su pareja después de miles de prácticas orales.

    Axel me ayudo a levantarme y volvió a darme rico por detrás, haciendo que me invadieran varios microorgasmos.

    Supe por la forma de gemir de Axel qué se iba a venir, por lo que me hinque de nuevo y comencé a masturbarlo.

    Cuando las primeras gotas de su esperma empezaron a salir, metí mi pene en mi boca, quería conocer el sabor dulce de su semen, pues no sabía si volvería a tener la oportunidad de tener sexo con él. Al terminar nos besamos apasionadamente, aunque me preocupaba un poco que percibiera un sabor extraño en mis labios, un sabor a sexo, a su propio semen.

    –¿Y Axel está con alguien actualmente? –Pregunté mientras volvíamos por el bosque.

    –No actualmente está soltero. Estaba en una relación, pero se terminó hace unos meses –Me respondió.

    ¿Será posible que hayan intercambiado lugares solo para poder sacar la necesidad sexual de Axel? Pensé dentro de mi. Si es así, me alegra que cada vez que me ve el trasero, me lo pida haciéndose pasar por Alex.

    Las vacaciones estaban llegando a su fin y Alex y yo regresamos a nuestra casa. Retomamos nuestra rutina y por las noches Alex me hacía el amor a su manera, tierno y dulce a diferencia de Axel que era todo vigor.

    Realmente nunca quise preguntarle a Alex sobre lo que había ocurrido en casa de su hermano. No tengo idea porque dejó a su hermano a solas conmigo, mientras él se hacía el desaparecido. Al principio, cuando me di cuenta, me molesté, pero siendo sincera me gustó estar con Axel. Era como estar con Alex, pero de una forma de más pasional.

    Los días y las semanas pasaron y me olvidé por un tiempo de lo que había sucedido, sin embargo Alex me contó que Axel nos visitaría en unos días. Mi corazón latió con fuerza, pues sabía lo que podría ocurrir.

    Axel llego a nuestra casa y se instaló en una de las habitaciones. Al llegar la noche Alex y yo comenzamos a tener relaciones. Como yo me encontraba arriba de él, yo marcaba el ritmo que me gustaba.

    Alex y yo íbamos a intentar otra posición, pero me dijo que saldría a apagar la luz del pasillo. Alex volvió e hizo qué me apoyaría en mis 4 puntos. Alex acarició mis nalgas por un momento, me tomó por la cintura y se introdujo en mí, por lo que empezó a darme muy rico por detrás, tanto que hizo qué me sujetará de las sábanas al tiempo que mis nalgas chocaban con sus muslos. Mis gemidos eran cada vez que más fuertes y de pronto lo supe, su forma de moverse me recordó los encuentros que tuve con Axel en la ducha y en el bosque. ¡Axel estaba detrás de mí, cogiéndome como él sabe hacerlo!

    Axel salió de mí, e hizo qué me recostara de espaldas.

    –Te extrañaba –Le dije solo para ver que decía.

    La habitación se quedó en silencio por un momento.

    –Lo sé –Se limitó a responder después de un breve silencio. Su forma de responderme me impidió saber si había entendido mi indirecta.

    Axel me tomo de nuevo por la cintura y lo volví a sentir dentro de mí. Aquellos movimientos rápidos qué me volvían loca volvieron, al grado de que mi culito rebotaba una y otra vez con la ayuda del colchón. Después Axel se apoyó en la cama con los dos pies, puso sus manos en mis hombros y empezó a moverse de nuevo, dejando caer su peso en mi culo haciéndome gemir como loca de placer.

    Mientras Axel me hacía suya, comencé a pensar en Alex:

    Alex seguramente está afuera escuchando como su hermano me da muy rico una y otra vez. Pensé dentro de mí

    Alex salió de pronto y sentí un líquido caliente que caía en mi espalda y en mis nalgas. Me volteé buscando con mi boca las gotas de semen que aún eyaculaba su pene.

    –Iré por un vaso de agua Liz –Me dijo Axel después de que nos tranquilizamos.

    –Está bien –Me límite a responder.

    Un gemelo entró a la alcoba y toqué su pecho para saber si estaba agitado.

    Me sorprendió que no estuviera agitado ni sudoroso después de semejante forma de hacerme el amor, por lo que claramente era Alex.

    Ah si, claro, se me olvida que le gusta pedir apoyo para poder satisfacerme. Volví a pensar dentro de mi

    Sin embargo Alex no pudo ocultar su excitación al escucharme gemir con todo mi ser, se puso detrás de mí y empezó a hacerme el amor de forma más lenta hasta que se vino. No lo cuestioné sobre como se recuperó tan pronto del encuentro anterior, pues claramente no fue así.

    Cada gemelo mi hizo suya esa noche, y siendo sincera me encantó darles el culo a los dos.

    El día siguiente fue muy similar. Los gemelos me buscaban, me manoseaban los pechos, el trasero y terminaba dándoles lo que querían: mi culito delicioso. Ese día, los gemelos me cogieron de lo más rico, cada uno por separado y yo me sólo me limitaba a gemir y a disfrutar.

    Como Axel tenía que volver a su casa, lo acompañamos a su auto.

    –Gracias por haberte venido –Le dije en voz baja al oído mientras me despedía de el con un beso.

    –Axel me miró como un poco desconcertado –En ese momento se dio cuenta que ellos no habían podido disimular del todo, pues su forma de hacerme el amor los delataba.

    Axel se marchó y no supimos mucho de él. Tiempo después me enteré que Axel estaba en una nueva relación. Las visitas a su casa o a la nuestra ya no eran como antes, pues ya tenía quien lo vigilara. Ahora solo hago el amor con Alex y me gusta, pero hay días que extraño la energía de Axel.

  • Una madre corrompida

    Una madre corrompida

    Mi nombre es Juan. Tengo 48 años. Actualmente, desempeño las funciones de profesor de matemáticas y jefe de estudios en un colegio muy importante y reconocido de la ciudad de Buenos Aires. Siendo jefe de estudios entrevistó semanalmente a gran cantidad de padres de niños y adolescentes que tienen diversos problemas de conducta, de adaptación o de aprendizaje. Con el fin de articular medios para poder ayudarlos y reinsertarlos en el estudio. Y así derivarlos a talleres de refuerzo para las áreas donde se encuentren en problemas. Esto suele ser una buena alternativa ante estas situaciones. También mi función es disciplinaria, castigar a aquellos revoltosos que no cumplan las normas de convivencia dentro de la institución. Debo confesar que en este aspecto suelo ser muy duro y estricto.

    Había un caso en particular en el que me voy a centrar para contarles esta historia. Este caso es el de la familia Velázquez. Estos padres eran habitué en las entrevistas. Solíamos hablar 5 o 6 veces por año, conociéndonos a la perfección. Mayormente, las entrevistas eran por el mal comportamiento de sus hijos, que con el paso del tiempo se iban agravando y ponían en jaque el bienestar estudiantil. Hace un tiempo mi opinión ante el comité disciplinario fue de expulsar a estos problemáticos estudiantes y así poder cortar de raíz las cuestiones generadas por estos.

    En las últimas entrevistas solicitadas por la institución, la señora Romina Velázquez asistió extrañamente sin su marido. En medio de una de estas entrevistas dio a entender que con su pareja estaba transitando un doloroso divorcio. Entre líneas nos solicitaba un poco de paciencia y comprensión ante esta difícil situación que le tocaba transitar. Cuestión que afectaba directamente a sus hijos en todos los órdenes. Meses después me vi obligado a volver a llamarla de urgencia por un hecho perpetrado por uno de sus hijos que involucraba la rotura de varios cristales del edificio. Estaba claro que esta situación ameritaba una expulsión directa.

    La señora Velázquez asistió puntualmente a la hora y día en la que fue citada. Cómo siempre muy bien arreglada para sus 35 años. Oliendo a rosas y envuelta en su tapado negro que hacía juego con su cartera y lentes. Entramos a mi pequeña oficina donde tantas veces ya habíamos tenido algunas charlas. Guardó sus lentes en su pequeña cartera. Mientras la invitaba a tomar asiento y ponerse cómoda. Despojándose de su tapado, tomó asiento frente a mí. La charla sería breve, pero debí hacer una pequeña introducción por una cuestión de formalismo.

    — Señora Velázquez, ¿está notificada de los hechos vandálicos que ha efectuado su hijo contra la propiedad escolar, verdad?

    — Sí, señor lo sé y quiero comprometerme a pagar todos los daños que estos efectuaron.

    — Mi estimada, lamentablemente estamos muy cansados de estas actitudes y no creemos que esto pueda arreglarse con dinero.

    — ¿Qué quiere decir? Preguntó asombrada

    — ¡Vamos a tener que expulsar a sus hijos del establecimiento! Lamentablemente, ya hemos tolerado muchas situaciones críticas. Espero que me entienda, pero hasta aquí hemos llegado. A partir de mañana, los mismos ya no estarán en la nómina como alumnos regulares.

    — ¡No, por favor! ¡No pueden hacerme esto! ¡Le pido que tengan un poco de consideración y algo de piedad!

    — Lo lamento, señora Velázquez. Ya hemos tenido suficiente consideración. Le agradezco su visita.

    — ¡No! ¡No, por favor perderán el año escolar! A estas alturas no puedo conseguir otra vacante en otro establecimiento educativo.

    — Lo siento, no puedo hacer nada, ya es una decisión tomada.

    Mirándola fijamente, pude ver cómo sus ojos se llenaban de lágrimas, hasta romper en un llanto desgarrador. Sentada en la silla intentaba contener sus lágrimas que brotaban a mares. Casi sin aliento y con la garganta cerrada me explico poco a poco su compleja situación marital.

    — Señor, entiéndame, mi marido se fue con mi mejor amiga. Me dejó sola con los niños. No me pasa dinero. Tuve que volver a trabajar. Estoy peleando completamente sola. Gracias a unos ahorros y a mi madre estoy pudiendo sacar esto adelante, pero le pido por favor que consideren mi situación.

    — Señora Velázquez, yo la entiendo a nivel personal, pero realmente no puedo hacer nada. Discúlpeme.

    Sentada en el centro de la oficina, lloraba con ambas manos sobre su rostro. Inmediatamente, le ofrecí un vaso de agua para que su angustia no sea tan dolorosa. Pero el llanto era constante, su maquillaje empezaba correrse y su rostro se volvía de color rojo intenso. La angustia y la pena invadían su ser. Parándome junto a ella, intenté consolarla. Posando una mano en su hombro, le dije algunas palabras de aliento.

    — ¡Ya está, señora Velázquez, tranquilícese por favor!

    — ¡Tiene que haber algo que pueda hacer, profesor! Respondió. Sentada, sola, sobre la fría silla. Sus manos cubrían por completo su rostro mientras su respiración se entrecortaba. Aprovechando su distracción, baje el cierre de mi pantalón y saque mi pene, el cual estaba a mitad de una erección. Recomponiéndose de su ataque de llanto, quitó las manos de su rostro y observó mi pene a centímetros de su faz, asombrándose.

    — Señor, ¿Qué está haciendo?, ¿Por quién me tomó?

    —¡Le estoy dando una solución rápida, señora Velázquez!, si no le gusta puede retirarse. Allí está la puerta. Gracias por venir y buena suerte. Dije Mientras señalaba la puerta.

    Guardé mi miembro y me volví a sentar en mi silla. Ante la atenta mirada de esta. Boquiabierta y secándose las lágrimas dijo:

    — ¿Usted piensa que soy una zorra? ¿Una de esas que se regalan en cualquier sitio? Cuestionaba con una gran indignación.

    — Yo no opino nada, señora. Puede retirarse, Mañana sus hijos tienen prohibida la entrada.

    Un silencio de misa recorrió la oficina. El aire estaba enrarecido de dudas en medio de una guerra de miradas. Luego de unos instantes de silenciosa negociación dijo:

    — ¡Está bien, se la voy a chupar, pero yo no soy una de esas madres putas! ¿Me entendió? ¿Me garantiza que mis hijos terminarán el año lectivo en esta institución? Preguntó mientras suspiraba de mala gana.

    — ¡Depende de lo que usted haga con esa boquita, querida mía!

    — Usted es una basura, ¿Lo sabe? Es un mal nacido, un ser despreciable. Tomando valor se puso en pie. Con su jean ajustado y su camisa blanca hizo el pequeño recorrido hasta posarse en frente de mí. Para luego arrodillarse delante de mi silla. Rápidamente, saqué mi pene, el cual estaba completamente erecto. Y con un gesto indiqué que comenzará su acto oral.

    — No puedo creer que se la tenga que mamar al maestro de mi hijo. ¡Ni siquiera mi marido me hacía hacer esto! Confesaba. La zorra de la señora Velázquez comenzó a lamerme el pene de una manera fabulosa. Refregaba su lengua una y otra vez por toda la longitud de mi verga sin ningún tipo de vergüenza.

    — ¡oh, sí! ¡Señora Velázquez! ¡Sí! ¡Todo para usted, señora Velázquez! Llegué a decir.

    Introdujo por etapas todo mi pene en su boca hasta llegar lentamente a su garganta y darle arcadas. Mamaba mi verga como pocas a un nivel extremadamente profesional. Era una puta callejera de venida en una honrada y respetuosa madre de familia. Tomándola de la nuca, me hundía a mi antojo en lo hondo de su boca. Haciéndole brotar lágrimas de sus ojos para rápidamente correrme en lo profundo de su garganta. Una erupción seminal bañó lo profundo de su tráquea dejándome seco.

    — ¡Sois un hijo de puta, nadie me hace esto! Girando la cabeza hacia un costado, escupía el semen que había eyaculado en su boca. Mientras con su mano intentaba limpiar el excedente de semen de la comisura de sus labios.

    — ¡Qué buena chupada de verga, señora! Tiene que empezar a cobrar, le aseguro que se hace millonaria.

    — Vete a la mierda. Respondió enojada

    — Siéntese un rato arriba de esta, señora Velázquez. Es hora de que tengamos un vínculo más profundo.

    Rápidamente, se quitó su jean dejando ver una pequeña ropa interior de encaje blanco que me volvió loco. Aprovechándome de la situación, empecé a manosear su vulva bajo su diminuta braga. Sorpresivamente, tenía la concha bien peluda, algo que me calentaba de sobremanera. Mis dedos hicieron que quede mojada a tope rápidamente.

    — Súbete. Ordené.

    Apoyando sus rodillas en los pocos centímetros sobrantes del ancho de mi silla, se posicionó sobre mi pene. Bajando lentamente su vientre, comencé a penetrarla hasta casi perder de vista mi verga en esa hermosa y caliente vagina peluda. Mi lengua se entretenía con sus puntiagudos senos de madre divorciada que refregaba sobre mi rostro. Tomándola de la cintura, acompañaba sus movimientos ascendentes y descendentes en repetidas ocasiones. Podía sentir mi pene completamente dentro de su ser. Rebotaba como una pelota de básquet una y otra vez. Su vagina mojaba levemente mi miembro dando la lubricación justa para este acto. Rápidamente, se olvidó de su exesposo y comenzó a jadear mientras mi lengua iniciaba un segundo tiempo sobre sus oscuros pezones. Mis manos la tomaron de las nalgas para marcarle el ritmo adecuado de sus movimientos. Su vagina era por demás estrecha y se me ajustaba perfectamente. Sus muslos parecían tener una gran resistencia, podía estar toda la tarde subiendo y bajando sobre mí.

    — ¡Vamos, señora Velázquez! ¡Gáneselo! ¡Trabaje por sus hijos! ¡Mueva el culo!

    Mis dedos como garras salvajes se clavaban en su trasero haciéndola brincar sobre mí. Esta mujer necesitaba un buen service y era yo quien le media el aceite con mi vara. Mi boca realizaba un festín con sus carnosos senos, mientras mi lengua degustaba cada centímetro de sus mamas. Sus nalgas temblaban como gelatina. Mi pene estaba duro como una piedra mientras su concha lo envolvía con una temperatura descomunalmente alta.

    — ¡Sus hijos nunca se enterarán de que su madre se regalaba conmigo, señora Velázquez! Dije con voz entrecortada.

    Desde mi posición podía ver como la ranura fogosa de esta madre se deformaba cuando mi verga hacía tope. Su ropa desparramada en el piso de mi oficina era testigo de nuestros más bajos instintos. Pude sentir como esta llegó a tener un orgasmo, ya que el exceso de flujo proveniente de su intimidad empapó mis huevos y la frecuencia de su respiración se multiplicó varias veces. Instantes después, sus vertiginosos movimientos hicieron que me corra de forma desmedida dentro de ella. Recuerdo haber llegado claramente, pero seguí copulándola unos minutos más con el pene completamente erecto para volver a terminar dentro por segunda vez consecutiva.

    Sus hijos siguen en la institución.

  • Club de los deseos (parte I)

    Club de los deseos (parte I)

    Mudarme a este nuevo sitio significó una experiencia de vida impactante. Cambios en el ámbito laboral, nuevas proyecciones influenciadas por el entorno cultural, estilo de vida y los horizontes prometedores de la ciudad.

    En mi antigua ciudad traía una fantasía, que más que por deseo, era una inmensa curiosidad por vivir la experiencia. Después de una salida con una chica de la U, conocer a una mujer un poco mayor y otras salidas de fin de semana, quise experimentar la sensación de follar en un club swinger. Si bien el sitio es fácil de conseguir, admito que es difícil proponerle a tu pareja una salida de ese tipo y la chica que aceptaba, complicaba un poco la ida por la distancia, así que veía el panorama perdido.

    Por fin vine a esta ciudad, sin mayores expectativas salía a tomar unos tragos, comer y disfrutar los paisajes de la eterna primavera, hasta que conocí a una chica en una aplicación para citas. 26 años, alta, morena, con unas tetas llamativas que ocultaba bajo su chaqueta y agraciada para compartir. Probamos un par de cervezas mientras decidíamos si comer algo o buscar un sitio más cerrado y acorde a los gustos musicales que apenas descubrimos en la conversación.

    Para sentir la libertad de expresarme, la llamaré Isabela, y proteger su nombre real. Así que por fin decidí con ella buscar un sitio para compartir en un ambiente plenamente musical, alzar un poco la voz; pero entrando en confianza con preguntas básicas de nuestras vidas, pasatiempos, deportes, lecturas y relaciones. Fue en esto último donde el tema se profundizó y por intuición o simple interpretación de sus gestos, vi expresiones distintas en su cara. De vez en cuando me regalaba una sonrisa coqueta y respondía con una de vuelta hasta que nos dieron las 12 y cerraron el sitio.

    Era una hora prudente para irnos cada uno a casa, pero la intriga se apoderaba de cada uno; así que seguimos conversando, ya un poco más cerca, más animados por la cerveza artesanal y con preguntas más comprometedoras. Mis manos tocaban su hombro con mucha sutileza. Isabela me miraba sonriendo y apretaba suavemente mi brazo. En medio de todo, llegaba el silencio y las miradas eran tan profundas que un beso no era nada imprudente, sino más bien deseable. Y cuando digo deseable, no imaginan las ganas que se transmitían en casa beso, el deseo expresado en las caricias y una calentura que nos hacía olvidar que estábamos en sitio público.

    En un beso a su cuello, acariciaba uno de sus senos con una mano, con la otra apretaba su espalda y la respiración de Isabela era más potente, más sentida. Mi verga se iba poniendo dura y no quise esperar para proponerle ir a un hotel cercano. Así que fuimos lo rápido posible mientras me explicaba que era un poco raro follar con un extraño de Tinder. Y le explicaba que era más raro aguantar tremendas ganas.

    Cuando llegamos, quité su ropa y al ver su panty estaba mojada. Así que me emocioné y abrí suavemente sus piernas, rocé su clítoris con mi lengua para despertar el deseo de ser devorada. Disfrutaba su cara queriendo ser penetrada, así que aumentaba más su calentura, chupando su coño, mostrando mis ganas en cada lamida y disfrutando su humedad. En medio del oral le regalaba una mordida en sus piernas y una apretada de cintura para seguir concentrado saboreando su coño. Era excitante ver cómo su cuerpo se estremecía. Mi verga se endurecía viendo a Isabela pidiendo que la penetrara y escuchando sus gemidos de placer.

    Así que decidí hacerlo de la forma más tortuosa. Le regalaba un baile rozando mi verga por su vagina antes de entrar. Lamía sus senos, los mordía y apretaba su cuello mientras sus piernas inquietas intentaban atraparte para ser penetrada. Mis ganas eran demasiadas, pero verla deseándome adentro me prendía tanto que quería sentir sus latidos, sus movimientos y gestos.

    Por fin metí mi verga en su coño y el placer fue mutuo. Los gritos de Isabela pidiendo que le dé más me emocionan. Su cara mientras mis manos apretaban su cuello y la abofeteaban aumentaba mi calentura. Quería follarla y hacerla mi puta. Ella no quería menos. Marcaba sus dedos en mi pecho y subía la mirada al techo.

    Con suavidad la acomodé en cuatro en el borde de la cama, me levanté en el piso inclinando mis piernas y le dije que sea mi perra, mientras mis manos azotaban sus nalgas. Se lo metí suave y al son de la música; pero incrementaba el ritmo hasta darle duro y tomarla por su cabello con una mano y aruñando su espalda con otra. En medio de los gritos y el placer, Isabela se retorció y se vino. Con mi boca lamí su vagina mojada y totalmente excitado metí mi verga nuevamente.

    Deseaba correrme y quería explotar, así que cogimos como bestias. Con las ganas de dos personas que se acabaron de conocer; pero totalmente conectadas, me corrí y vi su sonrisa pícara al verme acabando. Cansados y tumbados en la cama respiramos hasta tener aliento para hablar y en el tema de los anhelos, fetiches y fantasías, le hice una propuesta que tomó a broma, hasta ver la seriedad con que la hacía y finalmente aceptó: la próxima vez sería en un club swinger.

  • Nuestro primer intercambio

    Nuestro primer intercambio

    Hoy les vengo a contar la historia de nuestro primer intercambio.

    Todo empezó un fin de semana que los amigos de mi novio organizaron una salida a acampar hace rato no salíamos, así que aceptamos, el plan inicial era ver las estrellas y desconectarnos de todo y todos.

    Finalmente viajamos 5 parejas todos en plan de pasar un buen rato, lejos de imaginarnos lo que realmente sucedería.

    El lugar era cálido y aislado de todo, al llegar armamos los campings y preparamos lo esencial para nuestra estadía. Estamos en verano así que el calor era abrumador las chicas decidimos colocarnos los trajes de baño e ir al río.

    Pude notar como mi novio se quedó viendo con deseo a la mujer de su amigo, (ella era realmente muy linda tenía unas tetas grandes y buena cola) él no logró disimular su deseo por ella y no lo juzgo realmente era una mujer muy guapa, bajé la mirada a su pene y pude notar que lo tenía duro.

    Transcurrió el día y llegó la noche, hicimos una fogata y empezamos a beber, todos estábamos muy animados y disfrutábamos del momento. Luego uno de nuestros amigos sugirió que jugáramos a la botellita, así que accedimos, iniciamos con preguntas sexuales y poco a poco el juego se puso más candente.

    Decidimos subir el nivel y empezamos a jugar a quitar prendas y ahí empezó todo, luego de un rato todos estábamos desnudos sentados frente a la fogata, una de las parejas sugirió que continuáramos con los retos, pero las demás parejas se retiraron y se fueron a sus carpas a dormir, mi novio y yo accedimos.

    Así que solo quedamos 2 parejas, y justo estaba la mujer por la que mi novio había tenido aquella erección.

    Mi novio lanzó la botella y le cayó a ella, y él la retó a que se tocara en frente de todos y ella accedió, todo vimos cómo empezó a tocarse y no podía dejar de ver la cara de placer de mi novio.

    Luego el turno fue mío y reté a amigo de mi novio a besarme las tetas, realmente lo disfruté lo hacía muy bien, mi novio empezó a masturbarse al ver aquella escena.

    Luego la novia de nuestro amigo y yo empezamos a besarnos y a tocarnos, y nuestras parejas estaban muy excitados.

    Ella muy traviesa se fue donde mi novio y le empezó a chupar la verga, él estaba muy emocionado pues no creía lo que estaba pasando, nosotros al ver aquella escena empezamos a repetir lo que ellos hacían.

    Mi novio no aprovecho la oportunidad así que la empujó al suelo y la puso en 4 y la empezó a penetrar ella solo gemía de placer mientras el jalaba su cabello y la nalgueaba.

    Yo por mi parte solo los veía y me tocaba era muy excitante aquella escena.

    Ella se subió encima de él y empezó a cabalgarle encima él le tocaba las tetas y su cara lo decía todo, estaba muy excitado nunca lo había visto así ni siquiera conmigo, ella bajo hasta su verga y se la chupo hasta hacerlo venir, su semen salió como una explosión y le salpicó la cara, él estaba muy complacido y yo también lo estaba al verlo.

    Fue una noche de locura después de eso nos fuimos a nuestro camping e hicimos el amor como nunca fue una noche mágica.

  • Los deseos de mi ama

    Los deseos de mi ama

    Ocurrió un viernes de primavera. Puede que de mayo. Quizás fuera Junio, pero recuerdo bien que tú todavía estabas en Galicia y yo seguía en Madrid. Por la mañana, después de saludarnos por Skype, me preguntaste qué tal tenía el día, aunque conocías mi agenda perfectamente, pues tienes control total de todas mis cuentas y movimientos), insinuaste:

    “Qué aburrida se presenta hoy tu mañana, no cariño?”.

    Yo te contesté que siempre que estuviera hablando contigo la mañana sería cualquier cosa menos aburrida, y entonces me sorprendiste con un mensaje muy concreto:

    “Te quiero en 45 minutos en la casa de Boadilla. Sin preguntas, zorra. A las 8:56 en punto quiero que me llames por Skype desde la cocina de casa. Recuerda que estaré pendiente de tus movimientos con las cámaras que tengo instaladas. Vas justa de tiempo, guapita… corre”.

    Y colgaste. Vi que cerraste la sesión, porque de pronto el punto verde que declara que estás online se volvió gris, así que supe que de forma voluntaria (y para perderme aún más) habías decidido desconectarte. No tenía tiempo que perder, eran las siete menos cuarto de la mañana y no quería arriesgarme a verme envuelto en un atasco que me hiciera llegar tarde, así que le mandé un whatsapp a mi jefe y a mi equipo diciendo que me encontraba mal y que estaría desconectado y bajé a la calle a por mi coche para dirigirme a tu casa de Boadilla.

    Durante el trayecto no paraba de comprobar si me había saltado alguna notificación tuya al Skype. También estuve pendiente del teléfono por si me llamabas. Adoras ponerme más puta todavía cuando voy hacia Boadilla, pero sin embargo, aquellos 40 minutos de coche fueron extrañamente solitarios.

    Llegué a tu casa, aparqué y antes de entrar, miré el reloj. Eran las 8.47, así que había llegado con tiempo suficiente. Abrí la puerta, desconecté la alarma y desde la cocina abrí Skype, pero seguías offline.

    Estaba nervioso y me di un paseo rápido por la casa. Era consciente de que me estabas observando desde la aplicación con la que controlas las más de 10 cámaras que tienes distribuidas por todas las habitaciones, así que me acerqué un poco a una de ellas y te lancé un beso. Pero no hubo contestación en Whatsapp, ni en Skype… ni de ningún modo, así que entendí que tenías clara tu hoja de ruta y que -como siempre haces- no pensabas saltártelo por nada.

    A la hora indicada cogí el teléfono, abrí Skype y te hice una videollamada y te vi sentada en el salón de tu casa, con las piernas en el sofá y esos ojos verdes que me vuelven loco mirando fijamente a la cámara. Tenías la boca abierta y no me dijiste nada. Tan solo escuchaba tu respiración entrecortada, mientras la cámara se movía rítmicamente. No entendía nada, pero enseguida empezaste a jugar conmigo, porque te escuché decir:

    “Más rápido. No pares ahora… aghhh”

    Inmediatamente sentí ese calor que te sube como si estuvieras enfermo desde lo más profundo de tu estómago hacia tu cabeza. Eran celos. Era humillación. Me has humillado con otros muchas veces, pero esa mañana no lo esperaba y mi mente me está jugando una mala pasada. Por un lado, estoy como sin aire y enfadado… pero no puedo controlar una potente erección que asoma en mi entrepierna.

    Te das cuenta de mi sorpresa y con la voz rasgada, me dices:

    “¿Qué pasa puta? ¿No te alegras de verme? Estás muy callada”

    Contesto que sí, que estoy feliz de verte… pero que no esperaba que estuvieras con nadie un viernes a las 9 de la mañana. Te reíste y seguiste gimiendo mientras la cámara de tu teléfono apuntaba a tus labios y a tus ojos. No podía ver un plano más amplio, pero mi imaginación hizo el resto mientras te escuchaba decir:

    “Vamos puta. Más rápido… no pares. Quiero correrme en tu cara”.

    Debí poner cara de circunstancias. Sé que eso te excita aún más, y en menos de diez segundos sentí que te estabas corriendo mientras, entre gemidos, no parabas de gritar unos cortos pero muy evidentes:

    “Sí, sí, sí, sí, síii”

    A la vez que gemías, tus labios se separaban y tus ojos se volvían casi en blanco. Durante el tiempo que duró tu orgasmo pude darme cuenta como la cámara de tu teléfono no era capaz de enfocar correctamente, fruto de los movimientos de tu mano y de todo tu cuerpo, y empecé a ver el techo, la puerta de la cocina, la librería que está detrás del sofá de tu casa y otros elementos decorativos que me ayudaron a darme cuenta de que tú orgasmo había sido efectivamente muy intenso.

    Estaba excitado y humillado a la vez, y mientras recuperabas algo de pausa, pensaba en las ganas que tenía de estar a tus pies. Por fin enfocaste la cámara de tu teléfono a tus ojos y me preguntaste si había disfrutado de tu orgasmo. Contesté que sí. Que había disfrutado mucho y -tratando de provocarte- te pedí que le dieras las gracias al sumiso que tenías entre tus piernas por haberte proporcionado tanto placer. Te pedí que le dieras la enhorabuena.

    Entonces cambió tu mirada, y fui consciente de que habías estado jugando conmigo cuando dijiste:

    “Estás muy equivocado, puta. Aquí entre mis piernas no hay nadie. Estoy jugando con el vibrador que me regalaste, pero ya que estás tan interesado en darle la enhorabuena a alguien, voy a darle la clave del Lush al primero que encuentre en el chat de mazmorra y durante el resto de la mañana será otro quién elija el tipo de vibración que me lleve a un orgasmo tras otro”.

    Se me quedó cara de tonto. Otra vez los celos y mi chulería me habían jugado una mala pasada, y no pude decir otra cosa que un pírrico “Como desees, Ama”, que todavía te molestó más. Mirando el reloj, con aire despreocupado me preguntaste qué hora marcaba mi reloj. Contesté que eran casi las 9.30 y entonces, dijiste:

    “Muy bien puta, entonces tenemos que darnos prisa. Quiero que vayas al salón y te desnudes completamente. Quiero que te quedes a cuatro patas con la frente apoyada en el suelo y tu culo bien arriba. Desde el momento en el que estés en esa posición pon tu teléfono en silencio y no quiero escucharte ni una sola palabra salir de tu sucia boca. Sé una buena zorra y hazme sentir orgullosa de ti, ¿vale bonita?”.

    Contesté automáticamente un “Sí, Ama. Así lo haré” y me dirigí al salón. Nervioso me desnudé para comprobar cómo de mi ridícula polla no dejaba de emanar mi líquido preseminal y supe que si estuvieras aquí conmigo agarrarías mi pollita por el pellejo para reírte de mi tamaño y de lo zorra que soy, siempre empapada. Pero no estabas, y yo acababa de ver que estabas en tu casa de Galicia… lo que me dejaba desconcertado por completo. Pero no pensé en nada. Simplemente obedecí tus órdenes y después de desnudarme y doblar la ropa, puse el teléfono en silencio y me coloqué en la posición que deseabas.

    Y luego, el silencio.

    Sabía que estabas observándolo todo por las cámaras de la casa, y tenía muy presente lo que acababas de decirme de que le darías el código de control del Lush a cualquier sumiso que encontraras en el chat, pero no entendía para qué me habías hecho ir a Boadilla, salvo darme cuenta de lo ridículo que era por haber caído en una trampa tan sencilla. Yo, el que presume de ser tu sumiso perfecto. Y todo por las ansias de estar contigo y por los celos.

    Estaba dándole vueltas al momento que acabábamos de vivir y a lo mal que lo había hecho cuando sentí ruido en la puerta. Mi primera reacción fue esconderme, pero entonces entendí por qué me preguntaste por la hora y al ver que eran casi las 9.30, me ordenaste que me desnudara y colocara en dicha posición. Habías hecho ir a alguien a casa. Efectivamente escuché el ruido de la puerta cerrarse a mi espalda y como unos pasos resonaban en el suelo de parqué hasta quedarse detrás de mí. No sabía si era hombre o mujer, pero por el ruido de sus pasos al acercarse a mí, parecía evidente que no iba en tacones.

    Me colocaron dos auriculares inalámbricos y seguidamente una máscara en la cabeza. No tenía agujero para los ojos, así que de golpe todo se convirtió en oscuridad. Apretaron fuerte las cuerdas que tenía en la parte de atrás de la máscara y con la mano volvieron a colocar mi cabeza en el suelo. Entonces escuché que en los auriculares que acababan de ponerme sonaba un timbre de llamada, e inmediatamente tu voz:

    “Hola princesa. Espero que estés bien. Veo en la cámara que mi amiguito te ha puesto la máscara que no tiene agujeros en los ojos, tal y como le había ordenado. Es un sumiso tan servicial, cariño… estoy seguro de que le va a encantar obedecer mis órdenes hoy por la mañana. Bueno, otras veces lo he usado y me lo he follado, así que sé de sobra que es obediente y que hará punto por punto todo lo que le ordene. Hoy podrás disfrutar de su polla como lo hice yo, zorra”

    “Mira cariño. Quiero que estés tranquilo, porque aunque esté lejos hoy te vas a entregar a mi amigo como si lo hicieras a mí. Todo lo que él haga será porque yo se lo voy a ordenar a él. Y tú obedecerás como si fuera yo quién está usándote. Además no tienes que preocuparte por la comunicación. Convertiré esta llamada en una llamada a tres y podrás escuchar mis órdenes, sus comentarios y de paso los dos escucharemos tus gemidos y tus ruegos. ¿Lo tienes claro, mi amor?”

    Contesté que sí, pero estaba nervioso. Sentía mi corazón latir a mil por hora, y tenía esa sensación de miedo y de ansiedad. Apenas pasaron unos segundos, cuando escuché que me decías:

    “Pedro. Deseo humillarte de esta forma, pero si no te sientes preparado ahora o en cualquier momento, sabes que puedes y debes pararlo. Pero si me das tu consentimiento y estás dispuesto a seguir, quiero que me hagas sentir orgullosa de la puta que tengo, ¿está claro?”

    Sentí una potente erección y mis ganas de complacerte se multiplicaron por mil. Cogiendo aire y con la voz quebrada, respondí:

    “Haz conmigo lo que quieras, Ama. Te pertenezco”

    Y tú, con alegría en tu voz, contestaste:

    “Esa es mi chica. Vamos a disfrutar mucho los dos… bueno no… los tres o los cuatro”

    No entendía nada. ¿Cuatro? Me habías dicho que debía entregarme a un hombre en tu casa, pero no entendía a qué te referías con esa nueva persona que de pronto aparecía en escena, pero no quise preguntar. Agaché la cabeza y traté de gestionar lo mejor posible el calor que subía desde lo más profundo de mi ser. Me habías hecho interactuar con otros hombres muchas veces, pero siempre estabas conmigo. Hoy sería diferente, y me preocupaba no estar a la altura.

    Mientras gestionaba mis nervios y mi excitación, escuché un pitido en los auriculares y después, escuché tu bonita voz, que comenzaba a sentir rasgada a causa de tu excitación.

    “Pedro, te presento a mi amigo Fer. No puedes verlo, pero pronto tendréis una relación más íntima. Fer, esta que tienes aquí delante a cuatro patas y con la cabeza en el suelo es mi puta. Te he hablado de ella bastante durante las últimas semanas. Espero que sepas ceñirte a mis órdenes, y nada más que a ellas. No me gustan las sorpresas, ni las improvisaciones. Confío en ti por la amistad que nos une, y por todas las veces que te he tenido a mis pies en el pasado. Si te portas bien podrás volver a follarme pronto. Te lo prometí y yo siempre cumplo mis promesas. Pero si te pasas de listo avisaré a una persona que está atenta de mi llamada y que tiene llaves de mi casa. No te gustará que lo haga, así que compórtate, ¿vale guapito?

    Fer contestó con un escueto “Sí, Señora. Haré todo lo que usted desee y nada más de lo que usted desee” y se hizo el silencio. Un silencio que se rompió con tu bonita voz dándole a tu amigo nuevas instrucciones:

    “Fer, imagino que recordarás dónde está el armario oculto, en mi habitación. Sube y coje los juguetes que te comenté ayer. Como tendremos la llamada a tres activa durante todo el tiempo, puedes preguntarme lo que quieras si tienes dudas, pero no quiero que te saltes lo que hemos hablado bajo ningún concepto”

    E inmediatamente después, te dirigiste a mí, con una voz más calmada, y diciéndome:

    “Cariño, mientras tu nuevo amiguito sube a la habitación a por unas cosas, voy a entrar en Mazmorra para buscar a algún sumiso que dirija mi placer a distancia y maneje el Lush que tanto te gusta manejar a ti. ¿Te parece bien, zorra? ¿Te gusta que otro me de placer mientras tú te lo pasas bien con mi amigo sumiso?”

    Con una potente erección que no pude controlar, y con cierta zozobra te contesté que me parecía genial que otro te hiciera disfrutar mientras yo obedecía a tu amigo, y así disfrutabas físicamente mientras lo hacías visualmente. Te reíste y, con esa voz alegre que ya no recordaba, me dijiste un “Te quiero” que me alegró la vida. Al rato escuché un silencio mientras te escuchaba teclear y después de un rato te escuché decir:

    “Qué bien, cariño. He encontrado a un chico que además es de Pontevedra y al que ya he dado acceso al Lush! Mmm… tengo tantas ganas de correrme mil veces mientras disfruto de cómo te entregas a otro hombre para mí. Estoy feliz!”

    Sonreí mientras te imaginaba en el sofá de tu casa de Pontevedra con fuego en tus preciosos ojos verdes, conocedora del disfrute asegurado que tenías por delante las próximas dos o tres horas. De pronto, un fustazo me hizo retorcerme de dolor. No lo esperaba y me quemó. Después otro, y entonces te escuché:

    “Pedro, cariño… dale las gracias a Fer por tratarte como una puta y por azotarte como si fuera yo la que lo estuviera haciendo. Quiero escuchar alto y claro tu agradecimiento después de cada fustazo”.

    “Fer, ¿te importa azotar a mi puta cincuenta veces? Tengo ganas de ver cómo se retuerce y me entrega su dolor”.

    Fer contestó un “como desees, Señora” y comenzó a azotarme con bastante fuerza y con un ritmo que apenas me dejaba darle las gracias entre fustazo y fustazo, sin embargo me esforcé porque escucharas claramente mi “Gracias, Fer” después de cada impacto, aunque alguno estuvo a punto de hacerme caer.

    Sentía mi piel abrirse y mi culo arder de dolor, pero todo se esfumó cuando escuche en los auriculares tus gemidos aumentando de nivel, y como segundos después te dejaste ir fruto de lo que claramente era tu primer orgasmo de la mañana. Te conozco bien, y distingo las fases de tu placer tan solo escuchándote… y del mismo modo que sabía que te habías corrido, estaba seguro que querrías correrte otras tres o cuatro veces más de forma consecutiva. De hecho, te escuché decir:

    “Mmmm… qué placer, cariño. Este sumiso que he encontrado en Mazmorra sabe usar el Lush mejor que tú, zorra. Más vale que mejores si no quieres que te quite el puesto. Voy a pedirle que me lleve hasta otro… pero estaba pensando que me ayudaría ver cómo le comes la polla a Fer mientras tanto. ¿Te parece bien, cariño? ¿Vas a comerle la polla a Fer como si fuera yo misma la que lo estuviera haciéndolo?”

    Mientras escuchaba cómo Fer se quitaba la ropa, contesté que le haría a Fer una mamada antológica para que estuvieras orgullosa de tu zorra. Me coloqué de rodillas y estiré mis manos, buscando su polla. Como seguía con la máscara puesta y mis ojos tapados, no sabía exactamente dónde estaba, pero pronto me encontré con algo en mis manos. Escuché cómo te reías y me decías:

    “¿Es grande, verdad cariño? A mí me costó un poquito metérmela entera en la boca, pero con lo zorra que eres, seguro que tú puedes hacerlo. ¿Lo harás para mí, preciosa?

    Contesté que sí, que lo haría encantado, y que le haría disfrutar para ti. Entonces, me dijiste:

    “¿Cómo se piden las cosas, mi amor?

    Y yo, furioso por dentro y excitado, contesté:

    “Por favor Fer. Déjame comerte la polla. Lo estoy deseando… te lo ruego… te lo suplico. Permíteme darte placer y demostrarte lo puta que soy”

    Escuché un gemido al otro lado del teléfono e inmediatamente te escuché:

    “Fer… ¿te importa pegar un poco a mi zorra? Te aseguro que lo está deseando. Pedro, de rodillas y las manos a la espalda”

    Obedecí inmediatamente y esperé el primer tortazo. Pero no fue eso lo que me golpeó la cara. Primero una vez. Después otra… y otra. Escuché tu risa mezclada con tu placer y entonces supe que Fer me estaba golpeando la cara con su polla. En vez de retirarme, abrí la boca y en cada pollazo que me daba en la cara intentaba lamerle. Eso te excitó, porque te escuché cómo decías:

    “Pero qué puta eres, cariño…. ¿quieres polla, verdad? Tendrás polla, no te preocupes. Fer, coloca a mi zorra en la posición que quedamos ayer y fóllate su boca. Vamos… Estoy muy cachonda y quiero volver a correrme. Este chico de Mazmorra me está llevando al límite… aghhh”

    Sentí que Fer me colocaba una brida en mis muñecas, y agarrándome por los codos me levantó con cierta violencia. Me colocó encima del sofá. Boca arriba y con el cuello colgando en el aire. El peso de mi cuerpo aplastaba mis manos inmovilizadas en la espalda, y sin poder apenas moverme, sentí cómo Fer empujaba su polla contra mí. Cogí aire, abrí la boca y ni siquiera pude comerle la polla como me hubiera gustado… porque comencé a sentir que era él quién me la follaba. Al principio poco a poco, mientras sentía que la comisura de mis labios iba a romperse en dos, por lo gruesa que la tenía. Luchaba por respirar mientras él empujaba su polla hasta el fondo de mi garganta, provocándome arcadas.

    Cada vez que llegaba al final y me provocaba una arcada, echaba para atrás y comenzaba otra vez. Me la estaba follando muy lentamente, y escuchaba sus gemidos de placer en los auriculares que llevaba debajo de la máscara. Sus gemidos se entremezclaban con los tuyos, y entonces, te escuché decir:

    “Mmmm… cómo me gustas, Pedro. Fer, yo creo que mi puta tiene ganas de un poco más de violencia. Fóllatelo aunque vomite, y no pares hasta que te corras en su garganta. Es una orden. Vamos… ¡Ahora!”

    Fer apenas contestó un “como desees” y me folló la boca violentamente. Sus embestidas eran rápidas y profundas, y yo sentía que los mocos salían de mi nariz, los ojos me lloraban y las babas que salían de mi boca mezcladas con su preseminal y me empapaban la máscara por dentro hasta los ojos. Me sentía sucio, pero estaba excitado entregándome a otro hombre para ti. El ritmo de tu amiguito no paraba de aumentar, y yo estaba haciendo verdaderos esfuerzos por no vomitar, porque sabía que le habías dado una orden y, aunque lo hiciera… no dejarías a Fer que parara hasta que se corriera en mi boca.

    Varias arcadas después, sentí que Fer empujaba su polla contra mi garganta y dejaba caer parte de su peso sobre mi cuello. Estaba corriéndose. Escuché perfectamente sus gemidos mientras sentía su leche caliente en mi boca, bajando por mi garganta. También pude escuchar tu orgasmo. Largo e intenso, y con esos grititos que me encantan:

    “Sí, sí, sí, síii. Ahhh… me corrooo”

    Unos segundos después, Fer fue liberando su presión sobre mí y entonces sacó su polla de mi garganta. Tenía la boca llena de leche y aún así le di las gracias. Entonces, sin esperarlo comenzó a pegarme. Al principio flojo, en la cara… y a través de la máscara no dolía demasiado… pero poco a poco fue incrementando la fuerza. Entonces me di cuenta de que no le había dado las gracias por correrse en mi boca como tú me habías enseñado , y le dije:

    “Gracias por correrte dentro de mí. Soy la puta de Laila. Gracias por hacerme sentir que le pertenezco en cuerpo y alma”

    Entonces te escuché:

    “Muy bien cariño. Estoy muy orgullosa de ti. Para tu tranquilidad, quiero que sepas que pegarte no ha sido una iniciativa de Fer. Le había ordenado que si tardabas en agradecerle su orgasmo o no lo hacías con la fórmula acordada, te pegara sin decir nada… y me alegro que te hayas dado cuenta tú solito, porque no tenía permitido dejar de pegarte hasta que se lo agradecieras correctamente”.

    Estaba recuperando el resuello y sentí que los tres nos habíamos dado un descanso. Escuchaba tus gemidos y los de Fer, y entonces me dijiste:

    “Me encantaría que estuvieras aquí, mi amor. Estoy empapada de estos dos orgasmos tan intensos, y odio tener que limpiarme yo. Cariño… estoy muy cachonda… Voy a escribirle al chico de Mazmorra y le voy a decir que se pase por aquí a limpiar mi corrida. Además tengo muchas ganas de follar… y tú no quieres que me quede así, ¿verdad bonita?”

    Apretando los dientes y sintiendo un torrente de calor subir desde mi estómago hasta la cabeza, te dije que me parecía perfecto… que merecías que una lengua limpiara tus orgasmos, y que lo más importante era tu placer. Pero una sombra cruzó mi alma, y pensé que quizás ya tenías a esa persona localizada con anterioridad, o que incluso podía haber sido algunos de los sumisos que habías usado en tu pasado… y sentí que perdía fuerzas.

    No sé si fue por el tono de mi voz o por mi expresión corporal, pero enseguida me dijiste:

    “Te prometo que ha sido casualidad que este tío viviera aquí. Pero sabes que no tengo que darte explicaciones, así que no te diré nada más. Solo te diré una cosa. Pienso follármelo y correrme con él todas las veces que pueda, mientras tu le pones el culo a Fer para que te folle mientras follo yo. Y no podrás verme. Tan solo vas a escuchar mis gemidos de placer. Eres una puta. Una zorra… pero eres mía, y aquí las cosas se hacen como yo quiero. No vayas a olvidarlo, guapito”

    No dije nada. Agaché la cabeza y escuché a Fer que me decía:

    “Levántate y ponte de pie. Tu Ama me ha ordenado que te vista de mujer”

    Sin decir una palabra, hice lo que me ordenó tu amigo. Cuando estuve de pie, sentí como cortaba la brida que unía mis muñecas. Moví las manos para desentumecerlas y me di cuenta que estabas en silencio. Era evidente que te habían molestado mis dudas y que de algún modo me lo harías pagar con tu silencio. De hecho, se había producido un incómodo silencio entre los tres, que solo estaba siendo interrumpido cuando Fer me decía que levantara una pierna para ponerme el tanga, las medias, o que subiera los brazos arriba para seguir vistiéndome. Después de un buen rato me dijo que en el suelo, pegado a mis pies había unos zapatos de tacón. Con cuidado me subí en ellos y entonces te escuché:

    “Estás preciosa, zorra. ¿A ti qué te parece, Fer? ¿Te gusta mi zorrita?”

    Fer contestó inmediatamente:

    “Está muy guapa, Señora. Además es una puta obediente y entregada. Tienes mucha suerte”

    “La verdad es que tengo a la mejor zorra que he tenido jamás, pero tengo que trabajar algunas cositas con ella… ¿verdad, puta?”

    Agachando la cabeza, susurré un casi imperceptible “Sí, Ama”, pero no obtuve respuesta de tu parte, sino el sonido de tus teclas mientras seguías chateando con el responsable de tu placer y al mando del Lush, y con quién -imaginaba- estarías concretando los detalles del encuentro, para asegurar que fuese él quien limpiase cada uno de tus orgasmos, y también para follárselo mientras Fer hacía lo mismo conmigo.

    Continuará…

  • Mi novia, una golosa que no imaginé: Inicios (parte 2)

    Mi novia, una golosa que no imaginé: Inicios (parte 2)

    Lo que voy a contar transcurrió aun siendo novios, ya pasados un par de meses luego de la historia anterior.

    Como se podrán imaginar, al darme cuenta de los golosa y exigente de mi novia, me tuve que esforzar por siempre dejarla satisfecha en la cama, si mi pene no podía llenar su vagina de puta, la cual por lo visto estaba acostumbrada a tallas más grandes, no considero que mi pene de 15-16 centímetros sea pequeño, sé que es normal, pero también sé que para ella no ha sido suficiente, así que tendría que usar mi ingenio para atraparla, ya que solemos olvidar que como seres humanos y hombres somos mucho más que solo una pene.

    El hecho es que lo logre; manteniendo juegos picaros por WhatsApp, preocupándome por siempre por su placer, y muchas otras cosas que no tiene que ver con el acto sexual; pero eso si, siempre en cada sesión de sexo lograba sacarle como mínimo un orgasmo, y fue así que tanto el apego emocional como la química sexual fue creciendo al pasar de los días.

    Investigando y husmeando un poco en su pasado, descubrí que si bien no era una puta que se acostaba con cualquiera, si me había encontrado a una mujer caliente y fogosa; por ejemplo descubrí que en su época de colegio y a inicios de la universidad solía jugar con unos amigos y amigas suyas verdad o reto, y por lo menos las únicas fotografías que pude ver las cuales las tenía en su correo electrónico, las cuales fueron enviadas por una de sus amigas para que las tuvieran como recuerdo.

    Vi que las mujeres (ella incluida) al final del juego quedaban prácticamente desnudas, con brasier e hilo, incluso una de sus amigas solo con un diminuto hilo, y en dos de las fotografías se veía como le habían aplicado lo que parecía ser arequipe en los senos y dos hombres muy a gusto usaban su lengua para dejarlos muy limpios, en ese momento pensé en porque no era esa mi novia, la que estuviera ofreciendo sus deliciosas tetas a esos dos tipos en vez de la otra chica (cosa que me sorprendió); ya se imaginarán como al descubrir eso, me produjo una calentura de puta madre.

    ¿Qué pasó después de que dejaron de tomar fotografías? ¿cogieron todos juntos, se tocaron, alguno o mas de uno se habrá cogido a mi novia? Eran las preguntas que pasaban por mi mente.

    Luego les contaré más sobre este punto y como ella me lo rebeló, por ahora volvamos al presente de esta historia.

    Se acercaba un día feriado en Colombia, y planeamos una escapada los dos por dos días a un balneario ubicado en una ciudad cercada a la ciudad de Bucaramanga, todo transcurrió con normalidad, hasta que llegó el día y viajamos en la tarde para instalarnos ese en ese lugar; es un lugar con una gran piscina y cuartos o cabañas al rededor, cuenta con 2 restaurantes y un sitio para bailar durante la noche, también spa, turco y servicio de masajes.

    Instalados fuimos a nadar un rato, yo esperaba que ella luciera un traje de baño revelador pero el que llevó era mas bien normalito, de una pieza, nada muy santurrona pero tampoco mostrona, luego salimos y nos alistamos para ir al restaurante, y fue cuando vino la primera estocada por parte de ella.

    Yo no creo que ella hiciera este tipo de cosas de manera premeditada, lo que concluí es que ella al haber terminado una relación y pasar tiempo con sus amigas estaba acostumbrada a hablar o expresar sin tapujos sus deseos sexuales, y apenas se estaba acoplando a una nueva relación. Ya verán porque se los digo.

    Ese día para ir a cenar, le pedí que se vistiera sexy, que luciera esa piernas tan provocativas que tiene, a lo que me hizo, caso, se puso un vestido de dos piezas, que constaba de una vestido de tiras negro (básico) que le tapaba un poco mas abajo de sus nalgas, digamos unos 4 dedos y sobre este un vestido negro de tela trasparente que le llegaba unos 10 dedos por arriba de la rodilla, (se veía sexi pero muy elegante y hermosa).

    Mientras esperábamos la cena en el restaurante, en las pantallas salía un actor muy conocido en Colombia, a lo que ella sin pensarlo, ni bajar la voz un poco, dice a viva voz y casi que salido de sus mas profundos deseos… ¡¡uyyy… Papasito!!!… Jajaja en ese momento ella se percató que no estaba con una amiga, sino que estaba con su novio, a lo que sin saber que hacer simplemente se quedó callada mirando al horizonte, como quien no sabe que hacer para enmendar su error, y yo para romper el hielo, le digo es tu amor platónico me imagino…

    Y ella saliendo de su trance, me dice he… Si… Si… Es que es simpático, pero nada más; y yo tratando de que sacara la puta que lleva dentro le pregunto, y alguna vez te has imagino teniendo sexo con ese hombre? Y me dice no no, es mi amor platónico pero no como para pensar en eso… (obvio no le creí) en el fondo ella hubiese querido ser poseída y usada de mil maneras por ese tipo sin importarle nada, pero lo revelaría mas adelanta, aun necesitaba tiempo y confianza.

    Como podrán imaginarse, esa noche tuvimos una buena sesión de sexo, recuerdo que la cogí como una perra, en 4 patas y le jalaba el cabello, ella por su puesto estaba encantada, luego subí sus piernas sobre mis hombros ella estando boca abajo, y la penetre duro, tanto como podía (para que supiera que era mi y no del actor jaja), dado que mi pene es curvo hacia arriba aun poco, ella empezó a sentir dolor por la posición y por lo duro que le estaba dando verga, pero no me importaba, yo seguía con mis embestidas hasta que me empujo un poco hacia atrás y lo entendí, luego ella me cabalgó ya que es su posición favorita para llegar al orgasmo, porque puede frotar libremente su clítoris con mi pubis, esa fue una noche de dos orgasmos, no estuvo nada mal, peor lo mejor estaba por venir al día siguiente.

    Siendo de mañana nos llevaron el desayuno al cuarto, y yo en mi mente con sentimientos encontrados por la mujeres que se estaba revelando ente mis ojos.

    Luego del desayuno fuimos a la piscina donde lo mas caliente que paso, fue que la arrinconé contra una de las paredes y empecé a dedearla abriendo esos enormes labios (porque debo reconocer que son grandes, es una vagina de puta al fin y al cabo), tuvimos que parar porque empezaron a llegar más personas, nos quedamos un rato y luego pasamos por el turco. Allí decidimos darnos un masaje relajante, así que subimos a un segundo piso donde estaba la sala de masajes, y tuvimos que esperar un poco a que adecuaran el lugar dado que acababa de salir una pareja, esperando afuera había dos hombres jóvenes, calculo yo entre 25 y 30 años (de nuestra edad) los dos estaban en traje de baño, pero había uno que por traje de baño tenía un nadador (es algo que parce un calzoncillo), lo que pasó en ese momento me marcó tanto que tengo el recuerdo muy claro y vivido:

    Le dije algo a mi esposa y al ver que no respondía (lo cual se me hizo extraño porque estaba a mi lado) la voltee a mirar y me doy cuenta que estaba concentrada mirando algo en frente y su mirada estaba clavada en el bulto de aquel hombre (debo reconocer se veía que debajo de ese bañador tenía guardada una muy buena herramienta) parece mentira lo que les diré, pero esa mujer estaba tan absorta en lo que tenía enfrente y solo dios sabe que cosas que pasaban por su cabeza, que no se daba cuenta de que yo la estaba observando, no se dio cuenta de que su novio estaba ahí presente viendo como ella veía con deseo a otro hombre, de como ella estaba deseando la verga que tenía justo enfrente…

    ¡¡Que puta me he conseguido por dios!! (pensé yo) pero eso hizo que mi pene también empezará a palpitar de la excitación… Sin mentir, pasaron cerca de 25 o 30 segundos en los que ella solo tenía ojos para ese hombre y su verga, que cuando por fin salió de aquel trance (y lo que les diré es 100% la verdad) ella sacudió la cabeza para los dos lados, como diciendo: no, yo no debo hacer esto, fueron dos sacudones, y me imagino que por su sentido de culpa no me miró sino que volteo a ver a otro lado, y luego si regreso conmigo… me habló, conversamos un rato y luego entramos al masaje.

    Una prueba de que lo que pasó la había calentado, es que antes de pasar al masaje nos guiaron a un jacuzzi relajante para pareja, y apenas como nos dejaron solos, esa mujer se lanzó sobre mi, me saco el pene de la pantaloneta, y empezó a masturbarme con sus manos y besarme, no tardé en ponerme duro debido a la excitación que ya traía; era tanta su calentura que trató de ubicarse sobre mi para que la penetrara allí mismo, pero no era muy incómodo el jacuzzi ya que era pequeño y además estaban muy cerca las masajistas (cosa que al parecer le excitaba). Pero era muy arriesgado así por eso desistió de la idea.

    Pero luego del masaje ese día, hicimos el amor 4 veces, la primera en la tarde, luego en la noche, y luego que nos dormimos, yo me despertaba pensando en lo que había ocurrido con aquel tipo y la despertaba para darle lo que tanto estaba desando, verga, aunque no fuera de la talla que ella quería, pero si sabiendo como hacerla gozar.

    Durante una de las cogidas de ese día ella me pidió el celular para tomar fotos a mi pene mientras la penetraba en la posición de misionero. Luego ella las veía y decía umm que delicia verlo así grande… Cosa que me hacía recordar las fotografías descubiertas en su correo y pensar, en las cosas que no quedaron registradas con esa cámara ese día con sus amigos… Pero será para después.

    Si les ha parecido interesante y quieren que continúe, agradezco sus valoraciones y/o comentarios.

  • Me cojo a su esposa dormida

    Me cojo a su esposa dormida

    Esto es algo real que me sucedió en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, México, voy a omitir mencionar nombres por privacidad de los involucrados, cómo saben esta es una de muchas vivencias que he experimentado durante mis años en el ambiente swinger y sexual.

    A través de una página de contactos swinger vi un perfil que me llamó la atención con un muy buen par de nalgas como foto de perfil así que hice contacto y comenzamos a platicar, me contestó el marido quién me platicó de las pocas experiencias que tenían en el ambiente swinger y las múltiples fantasías que les gustaría cumplir como pareja, de entre todas las fantasías me comentó que su esposa tenía una fantasía la cual era la que más la excitaba y nunca se habían animado a hacerla, ella siempre había querido que un desconocido se la cogiera dormida, me dijo que con frecuencia cogían y platicaban de eso con lo que ella se venía en cuestión de segundos así que él estaba buscando a alguien que cumpliera ese rol, me platicó como se había puesto de acuerdo con ella para que sucediera y ella estaba de acuerdo pero no tenía que saber qué día pasaría, tendría que ser absoluta sorpresa para ella.

    Desde que se habían puesto de acuerdo hasta este momento ya había pasado 6 meses y no había sucedido nada ya que el esposo no había encontrado al candidato ideal y no se habían alineado los planetas en cuanto a que sus hijos estuvieran dormidos también o que ella se hubiera dormido desnuda y demás, en fin pasaron unas semanas en lo que platicábamos y nos poníamos de acuerdo cuando se dio el día ideal, un día por la noche me mandó un mensaje y me dijo “Está bien dormida ya y hoy se durmió desnuda” a lo que de inmediato respondí “voy para allá”.

    Era alrededor de la 1 de la mañana cuando llegué a su departamento, le mandé un mensaje al marido y me abrió la puerta muy discretamente, al entrar el me indicó dónde estaba la habitación así que él y yo nos desnudamos en la sala para estar preparados y entrar desnudos a la habitación (Pendiente) me comentó que con frecuencia él se la empezaba a coger dormida así que si lo hacía de cierta forma y con cuidado ella no se daría cuanta que no era su marido sino hasta estar ben ensartada, llegamos a su habitación, él se quedó en el marco de la puerta jalándosela mientras yo entré a la habitación en total oscuridad, la vi dormida de lado cobijada y por su respiración me di cuenta estaba completamente dormida.

    Me acerqué lentamente y le quité las cobijas con suavidad para no despertarla, me acosté suavemente junto a ella con la verga bien dura por la excitación del momento comencé a tocarla de las nalgas muy suave deslizando mis dedos hasta su panocha completamente depilada los froté un poco en los labios que se sentían levemente lubricados y comencé a lubricarlos más con los dedos, no introduje mis dedos y en su lugar me mojé la verga con saliva la puse en la pura entrada de su panocha y comencé a empujar despacio, cuando mi cabeza comenzó a abrir sus labios suavemente ella despertó pero no volteó a verme.

    Con una voz modorra con sueño dijo “un rapidín y nos dormimos otra vez” yo no contesté y se la metí toda, ni cuenta se dio que no era su marido, así que seguí penetrándola hasta el fondo duro y constante metiendo y sacando la verga toda lubricada por ella riquísimos muy excitado con al verga durísima y la cabeza hinchada a todo lo que da, me hinqué para cogerla mientras ella seguía de lado ya con los ojos acostumbrados a la oscuridad pude ver sus tetas y su cara claramente así como su pelo chino oscuro lo cual me excitó más, ella pujaba y gemía rico mientras decía “así dame así” con una voz que claramente iba perdiendo ese tono de sueño.

    En ese momento mientras yo me la cogía estando arriba ella abrió los ojos y volteó a verme a la cara, dentro de la oscuridad se tardó unos segundos en darse cuenta que no era su marido y justo cuando se dio cuenta que no era yo su marido sino un desconocido que se la estaba cogiendo desde hace unos minutos hizo una cara de sorpresa que nunca olvidaré y acto seguido dijo “tú no eres mi esposo” creo que quiso decir otra cosa pero no alcanzó porque en ese momento en lugar de hablar soltó un gemido y la vi hacer los ojos hacia arriba casi en blanco y gemir de un orgasmo muy intenso mientras le temblaban los muslos y las nalgas, se estaba viniendo como nunca mientras se la cogía un desconocido en su cama.

    En ese momento la penetré más fuerte y más rápido hasta completar su orgasmo por completo, cuando ella volvió a si mientras yo la seguía penetrando su marido se acercó a su lado la besó en la boca y le dijo “te dije que te iba a cumplir tu fantasía” así todos sudados y cogiendo le saqué la verga y lancé varios chorros de leche blanca y espesa los cuales cayeron en sus tetas, chorros y chorros blancos de placer con mi verga punzando en un constante orgasmo ya que esa no solo había sido la fantasía de ella sino que había desbloqueado una fantasía en mi.

    Tras esto que sucedió hicimos una buena amistad a pareja y yo y seguimos cogiendo durante un tiempo hasta que ellos se mudaron de estado por trabajo, todavía es ocasión que si paso por su estado procuro visitarlos.

  • Tres travestis traviesas (parte 3)

    Tres travestis traviesas (parte 3)

    Esta es la tercera parte de una relato de fantasía que he venido publicando en esta página por partes, a quienes lo disfruten pueden encontrar las dos primeras partes en esta misma página, a quienes aburra quiero pedirles excusas, estos relatos son producto de mis fantasías y disfruto escribiéndolos, publicándolos y compartiéndolos con otras personas mientras estoy vestida como una hermosa señorita y esperando que a su vez sean de su agrado, no soy escritora y por motivos de facilidad prefiero escribirlos como me van surgiendo, casi siempre como descripciones o narraciones de hechos que algunas veces no tienen todo el sentido que tendría una experiencia real. Quería hacer esta aclaración pues he disfrutado tanto con este relato que quiero extenderlo, he estado pensando que las tres travestidas pueden estar juntas tres días y recibir una visita de un macho, esperemos que pueda lograrlo.

    En las dos partes anteriores realizamos la fantasía de Ana de estar las tres bien apretadas con fajas y ropa muy ajustada, como todas unas damas, luego con la fantasía de Claudia estuvimos vestidas de con trajes de novias y disfrutamos jugando juntas con nuestros culitos y verguitas, así que todas mojadas y muy excitadas queríamos hacer nuestra última fantasía del día, la mía, yo quería que ellas fueran mis niñeras y yo su princesa mimada, así que era perfecta para terminar el día, pues todas debíamos dormir juntas y despertar aun vestidas. Como aún era temprano comenzamos a quitarnos los vestidos lentamente, lo tuvimos que hacer una a la vez primero fue Ana quien se quitó el vestido con nuestra ayuda y se quitó la ropita bailando para nosotras hasta quedar solo en sostenes y pantis, luego siguió Claudia, quien se quitó la ropa más rápido y por ultimo quede yo, en mi caso fueron ellas quienes me quitaron toda la ropita, mientras comenzaban a tratarme como una princesa mimada, muy delicada y femenina.

    Primero me quitaron el vestido de novia mientras hacían comentarios sobre lo femenina que me veía, luego siguieron las enaguas, con esas aprovecharon para revisar mi culito mojado y siguieron con mis medias, accesorios y cuando estuve solo en sostenes y pantis me llevaron a un baño en donde me limpiaron con toallas húmedas, luego me cambiaron mis pantis por unos sueltos de encaje y luego de quitarme los sostenes y mis tetas falsas comenzaron a ponerme crema por todo el cuerpo, era una crema corporal que yo misma había llevado y que olía a rosas y cereza, era un olor delicioso, ellas me cubrieron bien con la crema, luego Claudia fue por otra crema y la puso en mis piernas, mis pechos, mis nalgas y en una gran cantidad entre mis piernas, yo me sentía feliz, así delicada y sumisa, muy femenina y sintiéndome toda mojada, toda humectada y suave como una princesa, ellas se pusieron crema también y fueron por las ropas que había llevado para mi fantasía, primero se vistieron ellas con las pantis de encaje rojo con sostenes a juego que les había incluido, luego se colocaron las medias de liguero negras y las batas trasparentes negras que les había comprado, yo las miraba y me excitaba cada vez más mientras ellas felices se vestían como dos hermosas hembras. Cuando llego mi turno ellas me llevaron a la habitación de la cama grande, allí sacaron mi bolsa y regaron todo el contenido en la cama, ahí estaba mi pijama de bata rosada, mis sostenes deportivos de algodón rosados con imágenes de princesas, medias de liguero con algunas ligas blancas, mis pantis de algodón blancos con estampado de princesa, varios juguetes eróticos, un labial rosado y una hermosa diadema para mi cabello, primero ellas me pusieron nuevamente mis tetas y comenzaron a vestirme, primero fueron los sostenes, luego las medias, mientras me vestían me sentía súper suave, sentía mis piernas muy femeninas y me encantaba como ponían mis medias, me sentía como una princesa, luego me quitaron la panti que tenía, la cual por cierto estaba muy húmeda y me pusieron mis pantis de princesa, después mi pijama y ya estaba lista para ir a la cama con ellas.

    Ana prendió el televisor y coloco una película erótica en caricaturas y nos acostamos juntas a mirarla mientras comíamos algo y tomábamos una última botella de ese delicioso vino que nos había comprado Claudia para nuestro primer día, luego de comer, fuimos al baño y mientras terminábamos nuestra botella de vino nos concentramos en la película, la cual ya había pasado de unas colegialas travestis en clase a las mismas en un dormitorio en pijama como nosotras y con muchos juguetes a su disposición, yo estaba en la mitad y ellas comenzaron a decir que me debían complacer y educar para ser una buena reina en la cama, comenzaron a poner cada una su mano en mis piernas y mientras iban subiendo y acariciando mis piernas yo las fui abriendo obediente y femenina, cuando llegaron a mis pantis me dijeron que estaba muy mojadita, como una buena hembra y mientras me tocaban Ana comenzó a besarme mientras Claudia se acomodaba para meter su mano entre mis pantis hasta llegar a mi culito, yo obediente me dejaba hacer entre gemidos, besos y entonces comencé a tocarlas, primero fueron sus piernas y luego mis manos subieron hasta llegar s a sus pantis, allí sentí sus vergas duras y calientes, a punto de explotar entre esas pantis de encaje que estaban usando.

    Ana dejo de besarme y se incorporó para poner su verga junto a mi boquita y levantando su batica me puso a lamer sus pantis, mientras Claudia tomo uno de los juguetes y corriendo mis pantis lo metió en mi culito haciéndome gemir, volvió a acomodar mis pantis y me dijo que me pusiera en cuatro como una perrita, yo la obedecí y mientras lo hacía Ana se acomodó acostada con sus piernas abiertas frente a mí, ya en posición baje mi cabeza para seguir lamiendo los pantis de Ana mientras Claudia me daba unas nalgadas, me bajaba las pantis y sacaba y metía el juguete que tenía en mi culito caliente y mojado, después de un rato tomo un plug vibrador y lo metió prendido entre mi culito, me subió las pantis nuevamente y comenzó a frotarse excitada contra mi nalguita mientras besaba a Ana quien ya estaba súper excitada, después de los besos me cambiaron de posición esta vez acostada, mientras lo hacía Ana bajo sus pantis y metió su pene en mi boquita y mientras yo lo chupaba Claudia se colocó entre mis piernas y después de bajar un poco mis pantis me levanto las piernas para que le ofreciera mi culito bien abierto, teniéndome así saco el vibrador y siguió jugando con el dildo que tenía mientras me decía que era el entrenamiento que una princesita como yo necesitaba, luego cambio por otro juguete más grande y que vibraba y se comió mi culito con el mientras Ana seguía con su verga en mi boquita y ambas me trataban como una mujercita caliente.

    Luego de un rato Claudia saco el dildo y me metió su verga dura y caliente de un solo golpe, yo gemí y me comencé a moverme como una hembra en celo mientras seguía chupando la verga de Ana. Ellas me tuvieron así abierta y comida por un rato, luego cambiaron de lugar y después de estarme dando por mi boquita y mi culito un rato sentí como Ana se venía toda en mi culito, sentí como me llenaba toda con su leche, como se vaciaba dentro de mí y me calentó mucho, me encanto ser su princesa, ella termino y lo saco poniendo un plug vibrador en mi colita mientras Claudia tenía su verga en mi boquita y me felicitaba por ser tan buena puta, por ser una hembra caliente y mojada.

    Mientras Ana se recostaba para descansar Claudia se colocó encima de mi haciendo un 69 y sacando mi verguita de las pantis comenzó a chuparme mientras yo hacía lo mismo, yo la mamaba, la chupaba mientras ella rítmicamente me penetraba por la boquita, se sentía delicioso, estaba súper excitada así, con mis piernas abiertas, una verga dura y caliente en mi boquita y sintiendo como Claudia me chupaba toda y jugaba con mi culito, entonces ella comenzó a meter su verga más duro, más rápido en mi boquita, yo sentí como se ponía más caliente, más dura, sentí que se hinchaba en mi boquita y eso me ponía a mil, entonces ella la metió bien adentro y descargo en mi garganta los primeros chorros de leche, yo sentí mi gargantica caliente y llena de leche, entonces ella saco rápidamente su verga de mi boquita y termino de descargar su semen en mi boquita y mi carita, luego volvió a meterá en mi boquita para que la limpiara, mientras lo hacía Ana se animó nuevamente y tomando un tomando un dildo grande saco el vibrador de mi culito y comenzó a penetrarme mientras Claudia se bajaba y me comenzaba a tocarme como a una mujercita mientras decía que me debía mojar toda en su manito para poder darme a tomar mi propia lechita, yo me movía excitada sintiendo ese dildo en mi culito abierto y mojado todavía con el semen de Ana y después de una rato comencé a venirme toda en la mano de Claudia, ella tomo la leche en su mano y después de sacarla toda la llevo a mi boquita para que la tomara, yo lambí su mano y chupe cada uno de sus dedos obediente mientras Ana sacaba el dildo de mi culito y me volvía a subir las pantis sucias y mojadas.

    Luego de eso las tres nos acomodamos juntas para dormir, las tres estábamos satisfechas y agotadas Después de terminar cada una de nuestras fantasías, así que rápidamente nos quedamos dormidas así vestidas como unas princesas, yo, mientras me dormía, solo pensaba en que al otro día habíamos acordado que uno de los amigos de Claudia, Andrés se uniera a nosotras y que lo debíamos recibir vestidas con trajes de sirvientas pues el disfrutaba mucho de someter, humillar y castigar a mariquitas travestis como nosotras.

    Desperté al otro día, ya Claudia se había levantado, Ana seguía dormida a mi lado con su pijamita arriba y las pantis en las rodillas, me levante y luego de ir al baño y organizar mi ropita todavía húmeda Salí al pasillo y me deje guiar por el olor a café y el sonido de la cocina, cuando llegue Claudia estaba en una silla tomando café, me señalo con la tasa la cafetera, allí vi que había dos tasas más, ambas de muñecas, tome la que más me gusto, de una muñeca popular rubia y delgada y después de servirme, me senté a su lado, realmente no comenzamos a hablar hasta que nos servimos nuestra segunda tasa, estábamos contentas y muy a la expectativa de nuestro segundo día.

    Como Ana seguía dormida decidimos comenzar a organizarnos para la llegada de Andrés, así que ella me enseño una ducha y mientras me desnudaba y entraba a la ducha regreso con una ropa deportiva que dejo cerca con una toalla, como no queríamos calentarnos antes de tiempo ella fue a tomar su ducha en otro baño, yo me bañe bien y muy juiciosa mientras sentía como el agua pasaba por mi piel todavía suave por las cremas, se sentía delicioso, me sentía muy femenina y delicada.

    Hasta aquí llega lo que había pensado en escribir inicialmente, creo que voy a animarme a seguir este relato con lo que se me ha ocurrido, con mi fantasía de ser una sirvienta sumisa mezclada con un encuentro de tres travestidas, creo que me pude funcionar, aunque una nunca sabe, algunas veces quienes escriben se bloquean y lo que parecía una buena idea resulta que no es tan divertida o excitante como se pensó.

    Espero que este relato sea del agrado de quienes visitan este tipo de páginas buscando este tipo de relatos, me encanta recibir comentarios y sobre todo fantasías.

  • Crónicas de Amaris (I)

    Crónicas de Amaris (I)

    Introducción

    Amaris es un continente compuesto por una gran masa de tierra y algunas islas. La gran cantidad de recursos y el buen clima abundan en todo el territorio, por lo que está densamente poblado y sus habitantes gozan de buena salud. La historia de sus países y ciudades es larga y extensa y buena parte de sus habitantes viven en una buena situación. Pero mucho antes de que se alcanzase este clima de paz generalizado, las guerras llevaron al continente al límite del exterminio. Para evitar que esta situación se repitiese, los 5 Grandes Imperios de Amaris alcanzaron un acuerdo; sólo pelearían una vez cada 100 años y durante un periodo de 3 años. Las batallas se librarían en ejércitos o de manera individual y el ganador podría arrebatar al vencedor territorios, personas e incluso su propio cuerpo.

    Con el paso del tiempo este acontecimiento pasó a conocerse como ‘Las ‘Batallas de la Centena’ y lo que en un principio comenzaron como grandes guerras por territorios acabaron por convertirse en batallas con un carácter más personal e íntimo. Los 5 Grandes Imperios habían alcanzado la estabilidad y el deseo de nuevos territorios disminuyó, así que en las victorias pasó a pedirse lo siguiente estipulado: el cuerpo de los derrotados. Ahora, Las Batallas de la Centena comienzan de nuevo, y para todos aquellos que luchan en Amaris significan una oportunidad o una calamidad: follar o ser follado, ese es el destino que espera a todos los habitantes de Amaris durante este periodo.

    Lyria, Duquesa de Mirith.

    Lyria Mirith se encontraba vigilando los movimientos del enemigo. Desde muy pequeña, sus padres habían puesto especial hincapié en que su hija recibiese una exquisita formación militar, física y mágica. Ahora, se encontraba al mando del destacamento de soldados de Mirith, inspeccionando la frontera de Mithra con Alear. El Ducado de Goth era el territorio de Alear que limitada con Mirith, y a la semana de empezar Las Batallas de la Centena habían detectado movimientos sospechosos por parte de sus vecinos. Lyria había estudiado a fondo todos los territorios que rodeaban a Mirith, tanto Goth, su vecino de Alear, como los otros que rodeaban su Ducado y eran parte de Mithra. En estos tiempos, no podías fiarte de nadie. No sería la primera vez que algún territorio se llevaba un susto invadido por sus vecinos que eran considerados aliados. El hijo mayor de los Goth, Leo, había ido a la Gran Universidad Mágica de Alear por lo que había estado ausente gran parte de su infancia y adolescencia así que no sabía demasiado de sus capacidades y por eso no iba a bajar la guardia.

    En general, estas batallas no involucraban la muerte de nadie, aunque no dejaban de ser pequeñas escaramuzas con magia y eso siempre tenía sus peligros. En la actualidad, lo que generalmente solía pasarte era que si perdías tenías que tener sexo con quién te vencía. Dicho sea, esto no era obligatorio. El vencedor de una batalla en esta época podía simplemente rechazar su derecho de solicitar el cuerpo del vencido. Muchos despreciaban estas leyes arcaicas que venían de tiempo atrás, pero sin estas épocas para desfogarse entre Imperios, era posible que las grandes guerras volviesen, y eso podía también asustaba a la gente. El resultado era que había muchas personas descontentas con esto y otras muchas encantadas. Para Lyria, esta época era una auténtica molestia y no se alegraba de haberla vivido.

    No hacía mucho que había cumplido 23 años. Era joven e inexperta en el sexo aún. A pesar de su belleza, no se sentía interesada por el otro sexo y se sentía mas atraída por las chicas, pero en Mithra, y más aún en Mirith, esto era algo aún bastante tabú, por lo que había llegado a sus 23 años sin haberse acostado con nadie, aunque más de una vez lo había deseado.

    Lyria tenía el pelo del color de la arena. Sus ojos eran de un color pardo con motas verdes bastante atrayente. Tenía buena figura, atlética por su entrenamiento, aunque sin derivar en una guerrera. No en vano su principal aptitud era la magia de agua. De hecho, lejos de llevar una armadura, Lyria tenía una túnica con sigilos mágicos que le permitía manipular mejor el agua a su alrededor. Los hechiceros no abundaban en Mithra, así que en cierta forma ella era especial y eso le gustaba.

    Ante la falta de movimiento del enemigo, Lyria descendió de la Atalaya de Vigilancia dejando a los soldados algunas instrucciones preventivas. Estaba anocheciendo y quería tomarse un baño. Al bajar, vio a Rolden, su segundo al mando. Era el hijo del capitán de armas de su padre y le había enseñado a manejar la espada.

    -Hola Rolden. Parece que hoy tampoco tendremos movimientos por parte de los Goth. Voy a darme una ducha y luego volveré a mi tienda a terminar unas lecturas. He dejado a los soldados instrucciones de qué hacer si el enemigo nos asalta, pero en medio de esta oscuridad dudo que pudiesen hacer mucho. No me fío de Leo Goth, así que doblaremos la guardia hoy.

    Rolden era mas alto que ella, de complexión atlética y algo musculoso. Tenía el pelo castaño y los ojos verde musgo. Ante las instrucciones de su superior, alzó el puño en señal de respeto e inclinó leventemente su espalda.

    -Duquesa Mirith, no se preocupe. Me encargaré de que todos los soldados hagan su guardia y ninguno holgazanee. Estar siempre alerta impedirá cualquier tipo de asalto o, al menos, nos ayudará a repelerlo con eficacia.

    Las palabras de Rolden agradaron a Lyria, que se despidió de él con una sonrisa y se marchó a su tienda de baño. Esta estaba algo alejada de la tienda de mando, ya que para ahorrar agua la habían puesto cerca del río. El precio era un suministro continuo de agua limpia que calentaban con facilidad gracias a ascuas mágicas de fuego. Lyria Mirith tenía reservada esta hora para bañarse ella y nadie podía usar la tienda durante este tiempo ya que el resto del día era mixta. Ella prefería guardar algo de intimidad.

    Llegó a la tienda y se dirigió al vestuario. Como imaginaba no había nadie allí. Se despojó de su túnica. Debajo tenía una pequeña camisola que también retiró y luego se quitó el sujetador y las bragas.

    Lyria se miró a un espejo que había allí mismo y pensó para sus adentros.

    -¿Siempre he tenido tan poco pecho? Será que ahora que estoy con el resto de tropas veo a otras mujeres en el servicio. Uhmm, en cualquier caso, estoy contenta con mi figura.

    La chica salió al pequeño estanque vallado dónde estaba el agua caliente. Allí se tumbó en silencio y se relajó por unos segundos. Como maga de agua, siempre se había sentido muy cómoda dentro de ella. Disfrutaba mucho de dejarse llevar cuando estaba en algún río o incluso en la ducha. Su magia era uno de sus mayores orgullos.

    -Otro día tranquilo en el frente-. Pensó. Esperaba que hubiese muchos así.

    Sorpresa Nocturna.

    Lyria se despertó alarmada por los gritos de los soldados del campamento.

    -¡Nos atacan! banderas Goth aparecen desde el bosque. ¡Coged las armas!

    La chica fue presa del pánico durante unos segundos. Había doblado guardias e incluso colocado algunos hechizos de alerta en el bosque. ¿Cómo había podido ocurrir esto?

    Por suerte, su entrenamiento se adueñó de ella y pudo superar el momento de terror. Corrió al armario y cambió su pijama por su túnica apresuradamente. No tenía ningún báculo y se lamentó porque sus padres hubiesen escatimado en gastos pero no era el momento de lamentarse.

    La duquesa salió al campamento para ver como todo era un caos. Los soldados Goth habían superado la empalizada en varios puntos y la batalla se sucedía en algunos frentes. Tal y como le habían enseñado, la violencia cristalizaba en sexo. Muchos de los soldados que vencían sometían a los vencidos en diferentes juegos sexuales a lo largo del campamento. Lyria se dio cuenta de que la mayoría de los soldados sometidos tenían su bandera.

    La chica hizo acopio de su poder y lanzó algunas salvas de agua a diferentes soldados que entraban en el campamento. Ella podía acercarse y reclamar su precio; yacer con ellos, pero no tenía ningún interés. Las reglas dictaban que mientras estabas yaciendo con otro nadie podía atacarte y de hecho, luego podías volver a tu campamento sin represalias si tu ejército había sido vencido. Estas batallas eran totalmente absurdas.

    La maga empezó a sembrar el pánico en las filas Goth, que no tenían la formación suficiente para lidiar con una hechicera. Lyria vio a una chica que aceptó ayer en su filas desnuda sobre una mesa, siendo follada por uno de los soldados Goth. La expresión de la chica era de vergüenza y asco pero no podía hacer nada por ella. Quién no aceptaba estas reglas estaba condenado en esta sociedad.

    Pronto, sus sentidos la alertaron de unos hechizos tras ella. Se giró a tiempo de proyectar su escudo de agua, que repelió un poderoso misil de sombras lanzado por Leo Goth.

    -Maldita sea, Magia de Sombras-. Pensó Lyria. -Tenía que ser esa estúpida magia que siempre lo ocultaba todo. Así han podido acercarse al campamento, pero aun así… mis guardias deberían haberlos vistos-. Concluyó la duquesa.

    Leo Goth era alto, de pelo negro y tez morena. Sus ojos eran oscuros, y su expresión algo siniestra. Llevaba una armadura ligera también negra, pero hecha de un extraño material que simulaba el acero. En su mejilla derecha había una extraña cicatriz en forma de rayo.

    -Estaba buscando a la hija mayor de los Mirith. Mira que bien, por fin te encuentro. Tú eres mía.

    Sin previo aviso, unos fuertes látigos de sombras salieron del suelo y golpearon a Lyria en el rostro. La sorpresa de la chica fue mayúscula y no pudo convocar el escudo a tiempo, recibiendo un proyectil directo en el estómago que la derribó.

    La mente de la chica era un caos. A pesar de su entrenamiento no era fácil para ella imaginarse en este contexto. Aun así, en una maniobra desesperaba intentó encerrar a Leo Goth en una cúpula de agua pero el chico, que vio sus intenciones, apresó sus manos con los látigos. Lyria se encontraba completamente indefensa. Entró en pánico.

    -Yo, Leo Goth, te reclamo como parte de Las Batallas de la Centena.

    Y una fuerte patada impactó de nuevo en el estómago de la chica, que se dobló con un gesto de gran dolor.

    -Has sido derrotada-. Dijo Leo mientras la agarraba de la túnica. La voluntad de Lyria para pelear estaba bajo mínimos.

    Con un fuerte tirón, el chico rompió la bonita túnica, dejándola tan sólo en camisola.

    -Date la vuelta y ponte a cuatro patas. Ahora voy a follarte como nunca.

    Lyria no sabía muy bien qué hacer. Estaba paralizada y se sentía completamente impotente. Nada venía a su mente pero cuando miró a los ojos a su vencedor supo que tenía que darse la vuelta o las consecuencias serían peores. Nadie mataba en estas guerras, pero eso no estaba prohibido, sólo que la recompensa de follar era mucho mas atractiva.

    La duquesa de Mirith se giró con lágrimas en los ojos y se puso a cuatro patas sobre la tierra. Detrás suya escuchó a Leo bajarse los pantalones y reírse.

    -Este culo que tienes me va a entretener toda la noche. -Dijo el chico.

    -Soy virg…

    Las palabras de la chica quedaron amortiguadas por un fuerte azote de Leo. El culo ardía a Lyria a rabiar. No se lo esperaba y la había pillado totalmente por sorpresa. El chico la cogió del pelo y acercó su cabeza a la suya.

    -Me da igual que seas virgen, he venido aquí a follar.

    Leo Goth cortó las bragas de Lyria con algún hechizo y se las guardó. Sin quitarle la camisola ni el sujetador y sin previo aviso, empezó a devorar el coño de la duquesa. Su lengua se metía sin ninguna consideración dentro de los labios vaginales de la hechicera, que tan sólo podía cerrar los ojos y esperar que todo terminase rápidamente. La lengua del chico se iba abriendo paso entre sus interiores lentamente. Su vagina se hacía poco a poco al ritmo que su lengua estaba imprimiendo sobre su sexo. Lejos de disfrutar, la chica comenzó a llorar. En su estúpida mente había pensado en la posibilidad de que si algún día era derrotada el sexo se produciría con respecto y de mutuo acuerdo, como decían que casi siempre ocurría. No podía estar mas ocupada.

    Leo despegó su cara del coño de Lyria. A cuatro patas, como estaba, la chica ofrecía una vista espectacular. La cogió por el pelo y le mordió el cuello, subiendo lentamente hasta la oreja. Allí, le susurró lentamente.

    -¿Estás preparada para el plato principal? Sólo estábamos con los entrantes.

    Lyria negó con la cabeza y se lamentó de estar ahí. Leo agarró las caderas de la chica y con una fuerte embestida sin ningún tipo de consideración la penetró hasta el fondo. Lyria gritó de dolor. Se fijó en que algunos de sus soldados la miraban boquiabiertos. Otros habían sido derrotados y, tanto chicas como chicos, pagaban el precio tal y como lo estaba haciendo ella.

    Las embestidas de Leo eran salvajes. El chico las alternaba con algunos azotes que dolían más a Lyria por humillantes que por fuertes. La duquesa deseó que todo terminase pronto. Las reglas estipulaban que el coito no podía ser mayor a dos horas. Pasado ese tiempo, los combatientes no podían volver a enfrentarse y tener sexo entre ellos en al menos una semana.

    Leo disfrutaba de cada penetración. Su polla se abría paso en los labios vaginales de la chica rubia sin ningún tipo de dificultad. Estaba en éxtasis. Había nacido para esto. Llevaba peleando y ganando batallas desde joven, y sabía que el momento de su plenitud sería en Las Batallas de la Centena. Cogió a Lyria por ambos brazos e intensificó sus embestidas. La chica había empezado a gemir de forma inconsciente, y eso le puso aún más. Deseaba haber completado ese ritual de sangre que tanto había querido pero todavía estaba estudiándolo, cuando terminase… esto sería aún más divertido. Regodeándose en ese sentimiento, se dio cuenta de que iba a correrse pronto.

    -Perra, prepárate para que te llene entero tu coño.

    -No, por favor, no-. Lyria imploró. Incluso en las batallas había una especie de código de honor. Procurabas no correrte dentro de la chica para evitar problemas innecesarios. Que se te corriesen dentro de la boca y del coño eran una humillación, que se te corriesen dentro del culo era la mayor de las humillaciones. Eran cosas que siempre se recordaban.

    Para Leo, esto era un aliciente. Riéndose como un depravado agarró las caderas de Lyria y lanzó una última embestida que aprovechó para correrse dentro de la chica. Lyria notó como el semen de Leo llenaba toda su vagina y se lamentó y maldijo por todo lo alto. El chico soltó a Lyria, que cayó cansada al suelo bocabajo. Dentro de ella sentía el fluir de ese líquido espeso y estaba totalmente traumatizada. Se giró intentando levantarse para irse lo antes posible pero Leo la detuvo.

    -¿A dónde crees que vas?

    La polla de Leo seguía erecta. Era la primera vez que Lyria la miraba. Era bastante grande y se preguntó como había podido caber todo eso dentro de ella. Leo la acercó a su cara. Lyria lloró un poco más.

    -Esto no ha hecho más que empezar, putita.

    Aproximadamente 2 horas mas tarde…

    Lyria se encontraba tumbada en el suelo de su campamento con los ojos vacíos de todo color. Tenía semen por todos lados y su boca y su vagina habían sido folladas innumerables veces. Su coño aún rebosaba semen y se sentía muy pegajosa. La chica no tenía fuerzas ni quería levantarse. Cerró los ojos y deseó que ese día nunca hubiese ocurrido. Aún podía escuchar la risa de Leo y el sabor de su polla inundaba su boca.

  • Enculando a la sobrina de mi mejor amigo

    Enculando a la sobrina de mi mejor amigo

    Hace casi tres semanas volví a ver Sasha, una chica que en unos tres meses cumplirá sus 21 años y a quien conozco por medio de un buen amigo a quien llamo Rivas. Es la sobrina de este buen amigo y quien parece ser una de sus sobrinas favoritas, pues es mi amigo quien le paga los estudios universitarios. En los últimos tres años ha sido Sasha quien se ha quedado cuidando la casa de mi amigo Rivas, pues coincidentemente él se va casi todo el mes de julio a vacacionar a México y es su sobrina quien atiende y cuida de esos dos perros Rottweilers, pues ella por este tiempo está de vacaciones.

    A Sasha la conozco desde esos años de su infancia y luego de adolescente, pero como la veo poco en el tiempo, me sorprendió en la chica hermosa que se había convertido cuando vino por primera vez a cuidar de la casa y los perros de su tío. Ella al principio también me llamaba tío Tony, pero ahora ya hecha toda una mujer solo me llama Tony. Hace dos años que vino y se quedó todo ese mes, al igual me convidaron a esa reunión que Rivas hace para ese 4 de julio, donde celebramos la independencia de este país. Recuerdo a Sasha vistiendo una especie de camisón colorido semi transparente y con su traje de baño de dos piezas, con un bikini pequeño sin llegar a ser tanga, pero donde se podía ver una bonita figura. Debo decir que Sasha debe medir el metro y sesenta y cinco más o menos, con un peso que estimo en las 130 libras. Tiene cuerpo atlético de piernas alargadas, pechos acordes a su cuerpo, ni muy pequeños ni grandes, pero si le resalta un trasero que además de su cara linda y angelical, creo que es lo más fuerte de ella.

    Siempre hemos platicado y siempre han sido platicas triviales con cosas relacionadas a sus estudios en la universidad, pero en esta ocasión creo que traspasé toda esa confianza que mi amigo Rivas había depositado en mí, pues al igual que las otras veces siempre aconsejó a su sobrina que en cualquier eventualidad, ella podía contar conmigo, pues yo solo vivo a unos 10 minutos en conche de esta casa. Ese 4 de julio que mi amigo Rivas le volvía a recordar lo mismo a su sobrina pues me pareció la frase repetitiva de otros años atrás y como dije, con esta chica todo eran trivialidades, nunca sentí un coqueteo y yo nunca le mostré un interés abierto, aunque si debo admitir que en mi pensamiento cuando la miraba, fantaseaba desnudarla y hacerle todo lo necesario para escuchar sus gemidos, pero eso solo quedaba conmigo y estoy seguro de que nunca le di la más mínima insinuación ni de broma.

    Este 4 de julio que la vi, estaba con uno de eso pantalones cortos y realmente cortos de color beige y una pequeña camiseta que mostraba su ombligo de color blanca. Se le notaba los relieves de la tanga cuando le daban los rayos del sol en ciertos momentos, los que miraba y creo lograba disimular detrás de mis gafas oscuras. La verdad que Sasha se ha convertido en una chica muy linda, una mirada de miel, una sonrisa fresca y perlada, siempre bien maquillada para la ocasión y, se mira que se cuida muy bien. Esa tarde del día de la independencia pasó como las últimas otras. Me despedí de todos a eso de las diez de la noche y me fui a casa a descansar.

    Realmente no esperaba escuchar más de Sasha, pues como dije en un principio, la frase repetitiva de su tío Rivas, era para darle esa sensación de seguridad, pero los dos años anteriores que estuvo a solas cuidando de la casa y los perros por un mes, pasaron siempre para mí en silencio hasta este pasado viernes. Me llaman de un teléfono de área desconocida y cuando contesto es Sasha, contándome que uno de los perros se ha escapado y ha salido corriendo por la vecindad. Por suerte, estas vecindades son solitarias y me he ido en pantalones cortos, de esos deportivos de algodón y recorro el vecindario y por suerte lo encontré casi a la salida de esa colonia. Para mi sorpresa T Bone (así se llama el perro) atendió a mi llamado y con su aptitud jovial y loco se subió a mi camioneta y lo llevé a su casa.

    Sasha me esperaba a la puerta, aliviada que había encontrado al perro. Le puse su cuerda y lo adentré al patio de la casa. Esta chica vestía unos pantalones cortos y grises de algodón, que tal parecían cacheteros, pues media nalga se le salían fácilmente y un bustier del mismo color que me dejaba ver un sensual ombligo en el cual tenía un piercing. No creo que llevase bragas de algún tipo y sabía que se me haría imposible el que mi amigo de allá abajo no tuviera reacción y es que la verdad esta nena se miraba sensual y exquisita vistiendo de esa manera. Me dio las gracias por ir a su rescate y me ofreció algo de tomar, pues el calor era muy fuerte a esas horas de la tarde. Me tomé una cerveza que me dio y aunque luché por no tener una erección, creo que Sasha lo notó pues nunca había visto su mirada inclinada al nivel de mi paquete. Con ese tipo de pantalón corto y de esa tela suelta, es muy difícil ocultar una erección. Hablamos más de la experiencia del perro, otras cosas triviales por diez minutos y nos despedimos.

    Llego la tarde de este domingo pasado y a eso de las cinco de la tarde recibo otra llamada y es el mismo número de Sasha. Volví a imaginar que se trataba del mismo perro, pero en esta ocasión una hora y media antes había caído una tormenta eléctrica y parte de los circuitos eléctricos de la casa no estaban funcionando, así que había lugares de la casa donde había electricidad y en otras no. Por teléfono intenté decirle lo que tenía que hacer, pero creo que la electricidad y las mujeres son como las serpientes y las mismas… le temen. Terminé yendo de nuevo a la casa, aunque esto era una cosa simple. Por ser julio y un calor de los mil demonios en la zona, siempre estoy con mis típicos pantalones cortos deportivos y unas sandalias. Solo me puse una camisa deportiva y me fui al rescate de Sasha.

    Como sé cómo es la casa, pues fui yo quien se las vendí, me fui directo donde estaba el panel eléctrico que es en el sótano donde está la lavandería. Sasha me recibió con esa sonrisa amigable que tiene y de antemano me daba las gracias por molestarme he ir en su ayuda. Al igual que días atrás, vestía uno de esos pantalones cortos que podrían pasar como cacheteros, pues le levantan las nalgas y dejan ver buena parte de estas y lo único que me pareció inusual en esta ocasión fue que ahora bajo una camiseta blanca desmangada se notaba obviamente que no llevaba sostén. Llevaba un perfume rico, algo que no noté las veces anteriores y pasé directamente al sótano donde está la lavandería y Sasha venía detrás de mí. Por suerte la lavandería estaba iluminada y los circuitos que no funcionaban era el de unas habitaciones y las fuentes de energía de mayor voltaje como el aire acondicionado y la misma lavandería. Cuando entré a la lavandería Sasha se disculpó por el desorden, pues según me decía cuando esto sucedió ella estaba lavando y había sacado la ropa aun mojada y la había tendido en colgadores. Pude ver tangas y brasieres tendidos e intuí que se trataba de los que esta sexy chica usaba. Abrí el panel eléctrico, activé los circuitos que automáticamente se apagaron y la luz volvió a aparecer.

    Me dio las gracias con un abrazo, beso y una sonrisa eufórica, algo que se me hizo inusual, pero que lo tomé de lo más natural. Quizá aquello fue el mayor acercamiento que se había dado entre los dos hasta ese momento. Iba a ser esto breve pues la verdad que sentía esa morbosidad y esos pechitos se translucían de esa camiseta blanca y esta vez al subir las escaleras para el nivel de la sala, Sasha iba delante de mí y ese culo llevaba un ritmo rico y delicioso. Esto me provocó una erección que no pude evitar, pero me dije en mi interior: ¿Por qué debería tener pena por algo tan natural y si además era Sasha, la sobrina de mi amigo quien provocaba inconsciente o conscientemente esto? Pensaba despedirme, pero a la vez esperaba que me ofreciera algo de tomar… quería que hiciera esto último pues la verdad era una delicia ver a esta chica con esas vestimentas. Eso pensaba cuando llegó la oferta:

    -¿Qué le ofrezco… una cerveza, un coctel?

    -Con este calor, te acepto una cerveza. -le dije.

    -Tiene razón, con este calor cae bien una cerveza… yo no soy mucho de cerveza, pero en esta ocasión le voy a acompañar con una.

    Pasó a la cocina y creo que volteaba a ver hacia atrás para confirmar que no alejaba la vista de su culo, pero obviamente con mis años uno cree que lo puede disimular. Regresó e hicimos una especie de brindis y en sus ojos vi un brillo diferente, sentía que de alguna manera esta chica me estaba coqueteando. Pensé que era cuestión de mi imaginación, pues creo que el ego o ese deseo de macho me llevaba a pensarlo de esa manera. Hablábamos de su estadía en esta casa y de cosas banales y de esa manera llegamos a la segunda cerveza, cosa que Sasha decía era el máximo que ella había tomado pues de una manera maliciosa me decía que odiaba esa sensación de ir a orinar a cada rato. En veinte minutos de plática ya nos habíamos tomado la segunda y llegó la oferta de la tercera. Yo en forma de broma le dije que sí la aceptaba siempre y cuando ella me acompañara en lo que le dije era la última. Ella se miraba ya como entonada y su rostro se miraba más encendido y sonrojada. Aceptó el reto de tomarse una tercera siempre y cuando la esperara pues ahora debería pasar al baño. Y ella mientras se alejaba me decía: -Se lo dije… se lo dije. La cerveza es lo que me obliga a hacer.

    Entró al baño, encendió la luz y noté que dejó la puerta abierta… no la podía ver desde ahí, pero me pareció extraño. Regresó con dos cervezas más y ella enfatizaba que era la última para ella, pues decía que se sentía un poco entonada, pues también mencionó que solo había desayunado y ya eran como las 6 de tarde. Ya habíamos consumido la mitad de la tercera cerveza cuando ella con un rostro como iluminado y sonrojado me preguntó algo muy personal:

    -Tony… ¿Por qué no se volvió a casar?

    -Siéndote honesto Sasha, me gusta la vida de soltero.

    -Disculpé la pregunta, pero ya con esta cerveza como que tomé valor para saciar mi curiosidad.

    -No hay problema… puedes preguntarme lo que quieras.

    -¿Seguro? Hay cosas que me darían pena preguntar, pues la verdad nunca imaginé preguntarle algo así.

    -No te preocupes… la verdad me puedes preguntar lo que quieras y aprovecha, pues ya con esta tercera cerveza me puedes sacar muchas verdades. -le dije sonriendo.

    -Mire que entonces me voy a aprovechar. Sabe, usted me parece un hombre muy elegante… guapo y muy inteligente. Creo que usted lo sabe.

    -¡Guapo e inteligente! Gracias Sasha… me has hecho el día.

    -¡No de veras! Usted me parece muy interesante y con mucha experiencia por supuesto. Sabe lo que me gustaría saber: ¿Cómo una mujer puede conquistar a un hombre como usted?

    -¡No entiendo tu pregunta! ¿Conquistar a un hombre como yo?

    -Bueno, pongámoslo de esta manera: Si yo quisiera llevarme a un hombre como usted a la cama, ¿qué es lo que uno debe hacer?

    -Una chica como tú, joven, sensual, inteligente no tiene que hacer mucho para llevarse a un hombre como yo a la cama.

    -Pues parece todo un reto y déjeme decirle que creo que ahora es la cerveza hablando. Lo he intentado por una hora y parece que yo no le intereso.

    -Disculpa Sasha, pero eres la sobrina de mi mejor amigo y tu edad…

    -Olvídese de mi tío y soy mayor de edad

    La verdad que nunca me esperaba esta conversación, aunque si había notado su coquetería en sus movimientos y cómo me miraba desde que llegué a su auxilio. El hecho de dejar el baño abierto me estaba invitando a curiosear, a que yo tomara el paso. Lo que no sabía esta niña que uno a esta edad es más reservado en conllevar esos pasos y especialmente si se trata de la familia de los que uno considera sus mejores amigos. Sasha estaba frente a mí con solo una camisa donde prácticamente podía ver su areola y donde sus pezones erectos se marcaban fácilmente. Ese pantalón corto mostrándome esas bonitas piernas y la mitad de sus nalgas eran en ese momento un coqueteo directo hacia mi persona. Quizá me rehusaba a mirarla así, hasta que empujada por los efectos del alcohol le dio el valor para ser totalmente directa. Ella prosiguió con una pregunta muy directa al ver que no tomaba la iniciativa y me quedé como paralizado sin insinuar un acercamiento:

    -¿Oh no le gustan las mujeres de mi edad?

    -No es tu edad… eres una mujer muy hermosa, pero es cuestión que eres la sobrina de mi mejor amigo.

    -Ya le dije que se olvide de eso. Esto es entre usted y yo nada más.

    Sasha le dio el último sorbo a su cerveza y se fue acercando a mí con ese contacto directo de sus ojos café. Llegó cerca de mí y me puso una de sus manos en el mentón y luego me dio como una especie de abrazo. Yo estaba parado inclinado con mi cuerpo contra una isla de granito en medio de la cocina y sentí su mano recorriendo entre la manga de mi pantalón corto y me tomó la verga con una de sus manos sobre el bóxer. -¡Tienes una verga bien grande! ¿Te la puedo chupar? – Esto nunca lo esperé en mi vida y hasta ese momento me había ganado el pudor, pero esta chica hizo de lado mi bóxer y sin bajarme los pantalones cortos me sacó la verga y comenzó a besarme la punta de esta. Ya mi verga estaba erecta, pero con ese toque de sus manos, con ese calor se me puso ya muy firme. Se agachó como hincada para chuparme la verga y haciendo pausas me decía: ¡Tienes una verga preciosa… quiero que me rompas como tú quieras con este hermoso palo!

    Ya dejé de pensar en las consecuencias y sentía el calor de su boca y como la punta de mi verga se hundía entre esas paredes. Lo que me llegaba a la mente era que no tenía condones y obviamente lo que menos quería, es que la sobrina de mi mejor amigo saliera embarazada y se armara un escándalo y de esa manera romper esos lazos de amistad. Olvidaba todo esto cuando miraba esos ojos cafés y como con su pequeña boca me cubría y chupaba el glande. Me pajeaba la verga o cuando me la chupaba me masajeaba los testículos, hasta el punto de que con unos de sus dedos cuando me tomaba las nalgas me masajeaba el ojete. Lo sentía incomodo por sus uñas, pero me lo aguanté porque sabía que ella gozaba haciendo aquello.

    Le pedí que se levantara y comencé por quitarle es pequeña camiseta desmangada y por primera vez veo sus dos pequeños meloncitos y su areola café oscura y esos pezones puntiagudos. Se los chupe y de uno me pasaba al otro y esta niña se mantenía en silencio y apenas gemía, aunque miraba su piel que se ponía como de gallina. Le pregunté: -¿Te gusta? -¡Me encanta! – me contestó con una voz que denotaba excitación. Metí mis manos entre ese pantalón corto después de desabrocharlo y estaba equivocado, esta chica llevaba una pequeña tanga cuyo hilo estaba hundido entre sus nalgas… realmente aquello no le cubría mucho, pues posteriormente que le bajé el pantalón era prácticamente un hilo blanco.

    La levanté ya sin su pantalón corto y la subí a esa isla de la cocina de un granito de tonos rosados, hice que se acostara sobre sus espaldas y hasta alcancé una de esas sillas giratorias y altas que se ven en las cantinas y me quedaba perfecto para comerme esa conchita. Era pequeñita y con unos cuantos vellos recortados y note ese brillo húmedo y dobló sus piernas para acomodarse hacia la orilla y me quedó ese manjar perfectamente al alcance para disfrutarlo. Sus jugos vaginales estaban saladitos y con un sabor exquisito de una conchita fresca. Su clítoris pequeño estaba inflamado y es lo primero que chupé y se lo besé como de esos besos que llaman de piquito. Le sobaba con la punta de mi lengua el clítoris y luego pasé a hundirle mi lengua en su huequito saladito. Estaba tan caliente que ella levantaba la pelvis para encontrar la presión de mi cabeza metiendo lo más que podía mi lengua en su agujero. No decía mucho y solo se limitaba a masajear mi cabeza y de vez en cuando se le escaba un gemido hasta decir de una manera quebrantada: ¡Que rico!

    Bajé a su perineo y por lo cómodo que estaba le podía sobar con mis dedos el clítoris. Ella elevaba sus caderas como queriendo encontrar ese ritmo y sentí salir de repente una corriente de jugos que cayeron abundantes entre sus nalgas y fue en ese momento que me dijo que ya no aguantaba y quería que le metiera mis dedos en su vagina. Con mis dedos sentí las contracciones de esas paredes y no sé si alguien puede corroborar, pero las paredes de una vagina joven me parecen hasta cierto punto algo carrasposas… eróticamente toscas, como si tuvieran tracción y es algo que ya no encuentro en mujeres después de los 25 años.

    Vi los espasmos en sus piernas y le chupé su concha de una forma bestial hasta volver a caer con los minutos a ese sexo oral erótico. Mi rostro estaba lleno de sus jugos vaginales y con toallas de papel convenientes en la cocina me limpié lo mejor que pude. Sasha había salido hacia el baño y escuche cuando los grifos se abrieron y se tomó una breve ducha. Yo me había lavado la boca en la cocina y miraba esa camiseta blanca y esos pantalones cortos tirados en el piso y no me lo podía creer lo que estaba pasando. Sasha salió del baño envuelta con una toalla y me dijo que nos fuéramos hacia el cuarto donde dormía por esos días. Subimos las gradas ambos desnudos y me dijo que me acostara y que quería montarme. Yo apenas me había sentado a la orilla de la cama y ella se acercó de espaldas y me ofreció su conchita de esa manera. Miraba su culo mientras buscaba la abertura de su vagina y fue ella quien se la metió no sin antes dar unos gemidos creo que de dolor. Ella solo dijo algo así: -Tienes una verga grande… apenas me entrara la mitad.

    La verdad que se sentía sumamente apretada y conforme pasaba el tiempo un poco más se la metía y estuvimos así en esa posición por unos cinco minutos. Mi edad y el alcohol como que no combinan ya para estos trotes y apenas mantenía una erección y creo que Sasha no lo notó porque, aunque yo la sentía que se me ponía flácida, para ella era una gran verga. Luego pasamos a su idea original de montarme y creo que logré reivindicarme pues sentí que nuevamente mi verga reaccionaba con una erección potente porque miraba como se la metía y su cuerpo temblaba. Era una chica estrecha y quizá han sido unas pocas que las he sentido así. Se metía mi verga y a la vez ella se masturbaba el clítoris y es algo que me llamo la atención, pues en mi época de joven no recuerdo a chica alguna haciendo esto… masturbarse ante tu pareja era como un tabú. El ritmo se alteró y esa chica con esa conchita estrecha se sacudía buscando llegar a la gloria y de repente explotó con un grito y gemidos que le taladré ese orificio como una máquina buscando petróleo. Sentí ese calor incomparable, esa mirada erótica de excitación y fue hasta ese entonces que supe que mis 21 centímetros estaban dentro de esta chica. Ella después de este nuevo orgasmo me lo preguntó: ¿No te puedes correr?

    La verdad que el alcohol combinado a mi edad como que no van para este tipo de encuentros y por mi experiencia busqué la mejor de las excusas: -De correrme podía correrme, pero no sé si te cuidas y no quiero que luego estés preocupada por un embarazo. De por si hemos tomado un riesgo, pues uno no tiene que eyacular para que un espermatozoide salga y te germine. Sasha sin tabú alguno me dio sus dos opciones y por la última me quedé bastante sorprendido: -¿Quieres que te la mame o te quieres correr por detrás? -Siempre me ha tocado rogar para encular a la chica en turno y aquí estaba la sobrina de mi mejor amigo ofreciéndome de esa manera simple el culo. Le pedí que me le diera una mamada nuevamente para lograr la mayor erección, pero que definitivamente me gustaría acabar en su culo. Creo que mi respuesta le elevó su nivel de morbosidad y con una sonrisa muy provocadora me hacía los siguientes cuestionamientos:

    -Tony, ¿deseabas abrirme el culo?

    -¿Por qué me lo preguntas?

    -Cuando subíamos las escaleras, sentí que es lo que tu vista me enfocaba.

    -¿Qué te puedes imaginar? Las tenía frente a mis ojos.

    -¿Pero… si te gustan? ¿Te lo quieres coger?

    -¡No sé porque me lo preguntas! Tú sabes que tienes un apetecible trasero y verdaderamente deseo comérmelo.

    -¿Comértelo?

    -Si… quiero chuparte, comerme y cogerte el culo hasta que me digas que ya no aguantas.

    -¡Vaya que me encanta tu amenaza! Ven para acá… quiero chupar una vez más ese pito tan hermoso que tienes… quiero ver esa verga que me romperá el culo.

    Nunca imaginé que Sasha fuese esa chica liberal puesto que siempre se me mostró como una chica reservada de la manera que siempre habló conmigo. Siempre se ha vestido un tanto provocativa pero nunca imaginé que esa muestra de libertad se tradujera de esta manera en la última hora. Le gusta que le hable de esta manera y creo que se excita mucho más cuando se le susurra al oído o simplemente comunicarle de una manera en un lenguaje sucio sexual de como uno desea cogérsela. La verdad que eso es fácil expresarlo después que ella misma se ha abierto y te invita ha hacerlo. Sasha me tomó de la verga y nuevamente se hincó ante mí y ahí tenía a esa chica de mirada café dándole placer a mi verga.

    Nuevamente mi verga tomó una erección potente y ahora llegaba mi turno para preparar ese rico culo de cachetes voluptuosos para una cogida que espero esa chica la recuerde como una de las mejores de su vida. Le pedí que se acostara sobre sus pechos en la cama y podía ver esa curva de sus nalgas y la verdad esta mujer tiene bonito cuerpo. Me hinqué por sobre sus espaldas y comencé chupándole el lóbulo y diciéndole que había llegado el momento de comerme su culo. Su piel se erizaba y me fui lamiendo sus hombros y sus espaldas hasta llegar a la última vertebra de su columna y comencé a besar sus nalgas. Hice una pausa para elevar sus nalgas con una almohada y mi lengua recorría de arriba abajo por las paredes de esas nalgas donde descubría algunos pequeños lunares hasta que poco a poco llegué a descubrir ese ojete que miraba como lo contraía cuando recibía esos toques eléctricos que le producían mi lengua. Besé su ojete y Sasha se movía como uno de esos pequeños caracoles cuando alguien les echa sal o limón. Le mordiscaba sus nalgas y regresaba con mi lengua a ese ojete con la suprema intención de penetrárselo con mi lengua. Esto realmente me enciende y puedo pasar chupando un bonito culo por largos minutos. La mayoría de las chicas solo aguantan entre quince a veinte minutos para lograr un orgasmo, aunque algunas nunca lo logran. Este no era el caso de Sasha, pues llegando por esos límites de tiempo comenzó a gemir profusamente y solo se escuchaba que decía en el idioma que ella domina que es el inglés: Oh my God… you’re gonna make me come (Oh dios, me vas a hacer acabar. Le lengüeteaba el culo de forma frenética, pero percibí que le gustaba cuando mi lengua le cubría el ojete y se la paseaba con presión por toda la hendidura de sus nalgas. Un minuto constante haciéndole esto y su cuerpo comenzó a temblar y gimió despavorida y luego pareció que se reía y me dijo: ¡Por Dios… que corrida más rica! -Sus piernas temblaban y sus glúteos tenía un efecto de tic nervioso. Movía su pelvis como queriendo recibir verga y no le despegué mi lengua hasta que llegó de nuevo a relajarse. Fue un rico y potente orgasmo según me dijo ella posteriormente.

    Si una chica nunca ha experimentado sexo anal, esta es una buena manera de incentivarla, aunque hay diferentes percepciones, pues muchas tienen tabús y tienen pena con la idea que alguien les bese el culo. Me he encontrado con chicas así, pero puedo decir que a la mayoría les gusta este accionar y terminamos abriéndoles el culo. Este no era el caso con esta chica Sasha, en este caso obviamente ella ya tenía experiencia analmente, aunque nunca se lo pregunté, pero me admitía posteriormente que era primera vez corriéndose, estimulando expresamente su culo. Todavía no lo entendía y ni podía describir el placer que sintió y solo me decía que fue riquísimo y muy fuerte, muy diferente a un orgasmo vaginal.

    Se puso en cuatro a la orilla de esa cama y me la había dado otra mamada a la verga y primero se la volví a meter en la conchita y miraba como su ojete se contraía. Con sus mismos jugos vaginales pues le saqué la verga y se la puse en el canal de sus nalgas y comencé a lubricar ese culo y a dilatarlo para la penetración. Le metía la verga a la conchita y con mis dedos comencé a penetrar uno o dos o simplemente le metía uno de los pulgares. Con los minutos estimé que su esfínter se había dilatado lo suficiente y le puse mi glande a la entrada. Un empujón y entró no sin escuchar el gemido de Sasha diciendo: -Despacito que me duele. – se la saqué y le volví a meter solo el glande y así pasé por un par de minutos hasta que la misma Sasha se iba contraminando a mi pelvis y ella misma controló la penetración. Mis 21 centímetros estaban adentro de es culo y mis huevos pegaban en su conchita. Comencé con el vaivén en un ritmo que Sasha y yo parecía que habíamos ensayado, pues realmente había armonía en esas mecidas. Que delicioso es ver y tener un culo así donde tu verga entra y sale y escuchar los gemidos de esta mujer de una manera tan erótica. Pensé en un principio que lo hacía para estimularme pues a la vez me tomaba de los huevos en una especie de masaje mientras tenía mi verga hundida en ese precioso culo. No pasó ni cinco minutos y me lo comenzó a anunciar nuevamente: -Tony, oh dios me voy a correr…. Dame así, no pares que me voy a correr. – Sasha sacudía su culo con un rico ritmo y yo arremetí ese culo con un embate bestial y se fue contra la cama y yo no solté sus caderas pues todo aquello me tenía al borde de también yo tocar el cielo y en ese gemir constante de esta linda mujer estallé con mi primer polvo. Recuperamos la respiración y ahora ambos entrabamos al baño.

    En el baño Sasha me enjabonaba y luego ella me lo dijo al oído: -Ahora es mi turno de comerme tu culo. – me dijo. Comenzó ahí mismo en el baño y me chupaba el culo mientras me tomaba la verga. Pasamos de nuevo a la cama pues intuía que ahí se le haría más fácil y ella prácticamente me ponía en cuatro. Me chupó ese ojete mientras con una de sus manos me masturbaba la verga o masajeaba mis huevos y no pasaron ni siete minutos y me hizo acabar de esa manera por segunda vez. Perdí la cuenta de cuantas veces esta chica se corrió y mi cuenta solo llegó a tres. El siguiente día volvimos a coger y le eche dos palos, pero esta chica a su edad se corre fácilmente. Ya pasó mas de una semana desde esa primera vez y hemos tenido tres encuentros y me queda una semana, pues su tío, mi amigo Rivas regresa de México a finales de julio.

    Sinceramente nunca esperé que algo así ocurriera y la última vez que cogimos que fue ayer le pregunté porque se fijó en un hombre mayor como yo y ella me decía que siempre le he parecido atractivo, pero que había sido hasta en esa ocasión que llegué porque el perro se había escapado que lo consideró como una posibilidad y me contó que había observado mi erección y desde entonces se quedó con ese morbo de cómo sería tener sexo con un hombre mayor y con ese sentido de lo prohibido, pues a la vez me consideraba como parte de la familia. Me dijo que honestamente el alcohol de esas tres cervezas le habían dado el valor de dar aquel paso y que se sintió nerviosa porque no sabía cuál sería mi reacción, porque siempre me había considerado una persona recta y muy conservadora. Me dijo que se sentía confortable teniendo sexo conmigo y que había aprendido cosas que nunca había imaginado y que deseaba seguir teniendo esa relación clandestina conmigo, pues sabía que su tío se decepcionaría si se daba cuenta que le había dado las nalgas a su mejor amigo.

    Sasha es de esas chicas que me puedo coger más de tres veces o tenerla como una de esas chicas que yo llamo de planta. Me gusta su disponibilidad, me gusta su morbo y que no tiene tabús en el sexo y siempre quiere hacer cosas nuevas y más que todo se nota que disfruta del sexo y te hace sentir realmente que te quiere coger con ganas. No sé qué es lo pasara en el futuro, pero obviamente haré todo lo posible para cuando ella venga a visitar a su tío que se dé una escapada y darle una buena cogida o simplemente tomar un avión y hacer un vuelo de hora y media, pues ella reside en Texas. Creo que esta chica vale la pena el viaje.

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