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  • Primera vez con un hombre

    Primera vez con un hombre

    Ya era un adulto cuando por fin me decidí a tener sexo con un hombre. Claro, llevaba bastante tiempo deseándolo de vez en cuando, pero no había tenido experiencia alguna, salvo por una vez en el Metro de la Ciudad de México, durante un apagón que un hombre me había manoseado. Mi erección, mis fantasías instantáneas de que me llevaba a un hotel para cogerme, me habían demostrado que era cuestión de tiempo que me acostara con un hombre. No había sido esa, por supuesto, la primera vez que había sentido deseo por alguien de mi mismo sexo. Quizá la primera vez había sido una ocasión jugando futbol, como no teníamos uniformes un equipo, el contrario al mío, había jugado sin camisa. Uno de los chicos sin camisa me había dado mariposas en el estómago. En paralelo, me había travestido secretamente algunas veces, lo cual había comenzado tras una vez que me había rasurado las piernas.

    Había pasado cierto tiempo desde esa experiencia en el Metro, y había llegado el punto en que me había decidido a que me la metieran. Había puesto un anuncio clasificado en línea, explicando que nunca lo había hecho con un hombre, decidido a concertar una cita con el primero con que se pudiera. Con un chavo por chat nos pusimos de acuerdo, y nos citamos en la noche en un sitio público.

    Yo estaba muy nervioso, no sabía realmente qué esperar. Cuando llegué él ya estaba ahí, nos reconocimos inmediatamente por la ropa. Caminamos juntos en silencio hasta su departamento, afortunadamente por ser de noche y la poca gente que había en la calle nadie notó mi erección. Cuando llegamos, él puso música y nos sirvió vino. Yo estaba demasiado nervioso como para charlar mucho, pero sí le pregunté si él había tenido sexo con hombres.

    «Sí, no seré un gran experto, pero sí he cogido con hombres antes.»

    Poco después pasamos a lo siguiente. Él me dio un vestido de esos muy corrientes y baratos que luego venden en puestos callejeros, y unos zapatos de mujer de tacón bajo de plástico. Yo me puse los zapatos y el vestido, tomé un plumero que me pasó él, fingí ponerme a hacer el quehacer con el plumero. Habíamos acordado que yo haría el rol de su sirvienta.

    Al agacharme, sentí cómo él empezó a manosear mi trasero. Me detuve, sin decir palabra. Él continuó, levantando el vestido, manoseando mis piernas.

    «Dime, ¿le gustas a tu novio así con las piernas peludas como de hombre?»

    «No tengo novio, señor. Soy virgen»

    «Quiero que te las rasures.»

    Obedecí. Fui al baño, me mojé las piernas en la regadera, y me las rasuré lo más rápido que pude. Cuando terminé, él me tomó de la mano, llevándome a su cama. Me recosté, él se desvistió y me desvistió a mí. Empezó a acariciar mi pecho.

    «Me encantan tus tetas, son tan grandes…»

    Yo me dejaba acariciar, estaba muy excitado. Él tomó un condón y se lo puso.

    «No te quiero embarazar.»

    Yo estaba recostado boca arriba, y él me tomó de los tobillos. poniéndolos sobre sus hombros. Fue un momento indescriptible, fue una sensación muy excitante saber que ya no había marcha atrás, me iba a coger un hombre y el sentir mis tobillos en sus hombros fue como el punto de no retorno. Miré su verga, como grabando en mi mente la primera verga que me iban a meter, la que estaba a punto de desvirgar mi culo. Luego hice la cabeza para atrás.

    Sentí la punta de su verga contra mi ano. Hice por relajar mi esfínter, como había leído en internet que recomendaban. Empujé contra su verga, y sentí cómo entraba en mí poco a poco, cómo estiraba mi ano al entrar. Eventualmente, me la había metido toda o casi toda, y comenzó a moverla hacia adelante y atrás, mientras yo hacía lo posible por responder a su ritmo. Eventualmente él eyaculó, y se salió de mí. Nos besamos en la boca, que también era la primera vez que lo hacía con un hombre. Pasamos la noche juntos en su cama, aunque nunca supe su nombre ni lo volví a ver aunque, por supuesto, sí volví a recibir verga.

  • Fui modelo de webcam

    Fui modelo de webcam

    Ya que mi adorado esposo decía que «yo no aportaba lo suficiente en casa», decidí incursionarme en el mundo del modelaje por webcam

    Fueron semanas de investigación y de preparación, además que un amigo me advirtió sobre ese mundillo y me dijo lo que podía llegar a encontrar. En un mes, ya tenía todo preparado para poder comenzar mi trabajo, había sido mucha la inversión: lencería, una buena cámara, un trípode, iluminación y, lo más importante, algo con que cubrirme el rostro durante mis streams.

    Conseguí una máscara veneciana muy bonita y sensual, me vino de anillo al dedo con la bata de encaje negro que había comprado, así que preparé todo, me senté, encendí la cámara y empecé el espectáculo.

    Reconozco que al principio estaba muy nerviosa, ya que había cientos de personas que podían verme, pero yo a ellos no. Personas que se estaban masturbando con mi imagen, personas que me enviaban dinero por hacer cosas como mostrarles el culo o las tetas, personas que enviaban tokens y hacían que mi lush vibrara en el interior de mi concha con diferentes velocidades. Estaba nerviosa, y excitada.

    Tenía que permanecer ocho horas en stream, ocho horas que de verdad se hacen largas y agotadoras. Ocho horas masturbándose, moviendo el culo, masajeando mis tetas, introduciendo mi vibrador y mi dildo en mi interior, chupando mi senos y cumpliendo las exigencias de los clientes.

    Los hombres que me veían eran gringos o españoles, en su mayoría. Me decían cosas como «chúpate los pezones», «mete tu dedo en tu culo», vamos, cosas normales. Pero luego tenía algunos que me pedían que orine y beba mi orina, que defeque y la huela o me la unte en los senos… No soy para nada fan de ese tipo de fetichismo, pero el cliente manda, y lo tenía que hacer. Con el tiempo aprendí a tener un paquete de toallitas húmedas para una limpieza rápida luego de un show privado, porque la plataforma te da sólo diez segundos para prepararte antes de regresar a la sala de chat comunitaria.

    En ocho horas llegue a atender a más de treinta clientes. Prefería que sean pocos, pero que permanezcan mucho tiempo en el privado, a que sean muchos y solo estén conmigo un minuto o dos.

    Llegué a hacerme de una audiencia fiel, que esperaba a que me conectara para charlar conmigo. Sí, les gustaba verme tocar y acariciar, les gustaba escucharme gemir, pero me di cuenta que más le gustaba mi compañía.

    Fueron tres meses de estar satisfaciendo hombres, y mi propio morbo de sentirme deseada y observada. Tres meses donde trabajé bastante duro, pero la agencia se quedaba con el 75% de lo que yo producía, y eso que yo trabajaba desde casa y no usaba las instalaciones de la empresa.

    Decidí irme por ese tema: el monetario. Pero debo reconocer que extraño el stream. Extraño que me vean y se masturben conmigo. Extraño imaginar quién estará del otro lado, tocándose pensando en mi.

  • Regalo imprevisto a mi madura amante

    Regalo imprevisto a mi madura amante

    Esta fantasía está inspirada en los deseos que me induce mantener un encuentro sexual con una mujer de mayor edad que yo, al imaginarlo me surgen inmensos deseos de entregarme sin límites, gozar y sobre todo aprender.

    Recientemente me invitaron a la celebración del cincuenta cumpleaños de un viejo amigo. La fiesta se desarrollaría en una bonita finca con alojamiento incluido, en la que pasaríamos todo un fin de semana el grupo de amigos, compañeros de trabajo y familiares del homenajeado que habíamos sido invitados.

    Tras el día disfrutando de la fiesta había tenido oportunidad de conocer y saludar a muchos de los invitados e invitadas, y conforme avanzaron las horas fuimos afianzando el grupo, cerrando amistades y disfrutando más acaloradamente de la fiesta.

    Aunque en un principio mantuvimos la compostura, poco a poco fuimos liberando comportamientos y entrando en conversaciones más amigables, cercanas y desinhibidas.

    Mi situación de soltería me hacía estar especialmente atento a los comportamientos femeninos y a lo largo del día hubo un par de mujeres que me atrajeron especialmente, pero no hubo nada mas que risas, miradas y algo de flirteo sin consecuencias.

    Al llegar la noche e irnos distribuyendo por habitaciones el grupo fue perdiendo integrantes, pero no por ello intensidad en su espíritu festivo.

    Yo me había fijado especialmente en ti, en tu atractivo de mujer madura. Deduje que eras algo mayor que yo y estarías en torno a cincuenta y cinco años. Tu figura se presentaba no especialmente delgada, pero si adornada con unos enormes pechos y una maravillosa sonrisa y alegría, algo que para mí era triplemente seductor u atractivo.

    Cuando te vi caminar hacia las habitaciones, entendí que mi interés por tomar más copas de alcohol había desaparecido y que ahora mi atención debía caminar hacia otro rumbo, justo detrás de tus pasos.

    Mientras buscábamos nuestras habitaciones entré intencionadamente en la tuya con la excusa de compararla con la mía. Nos despedimos con un coqueto cruce de miradas y con dos besos tan sonoros como intensos. Ambos queríamos dejar claras las intenciones y dejar abiertas todas las opciones. El recuerdo de nuestra conversación, en la que me habías confesado que tu marido no te comía el coño ni te dejaba chuparle la polla me había disparado las intenciones.

    Llegué a mi habitación, me cambié de ropa y, tras armarme de valor, decidí caminar hacia tu alcoba. Habían transcurrido apenas cinco minutos, pero cuando abrí tu puerta te observé aparentemente dormida, plácidamente tendida sobre la cama.

    Con mucho agrado pude ver que el calor reinante te había hecho dormir solo con tus braguitas, mi vista se sorprendió gratamente ante tan deliciosa imagen y me decidí a entrar hasta la altura de tu cama, llegando a ti.

    Cuando me situé a tu lado, noté tu respiración profunda y relajada. Te miré en silencio, recorrí tu cuerpo desnudo con mis ojos y reparé en tus preciosos pechos, en tus pezones y en tus bragas que permitían intuir un frondoso coño peludo bajo ellas.

    Por tus confesiones e insinuaciones previas yo tenía muy claro a lo que había venido a tu habitación y deseaba regalarte esa noche lo que no te dan en tus habituales noches de matrimonio. Y sin duda, quiero que sea lo mas lindo y rico para ti…

    Acerco mis labios a tus senos, los deslizo plácidamente sobre su fina piel. Te recorro mediante besos y suaves lamidas entre una y otra teta, disfruto de su tacto a través de mis labios y lengua. Notas mi calor y la humedad de mi saliva. Comienza a erizarse tu piel…

    Mi recorrido en círculos sobre tus tetas es suave y cálido. Estimulo tus pezones y se enrojecen y ponen mas duros para mi boca. Tú estás relajada, dejas que mi boca haga tus delicias. Tus suaves gemidos denotan una creciente excitación.

    Esta tarde lo imaginé y ahora estoy haciéndotelo… deseaba probar tus pechos, deseaba mamarte las tetas, ansiaba con todas mis ganas lamerte y probar el sabor de tu piel desnuda. Y tú lo sabías…. y lo deseabas igual que yo. De hecho, mojaste tus braguitas al pensarlo…

    Un poco mas abajo, mi mano comienza a deslizar sobre tus piernas, acaricio por su zona alta y doy suaves pasadas sobre tu vientre y tu zona más íntima. Apenas paso sobre tu entrepierna noto el calor que emana.

    Abres un poquito tus piernas en señal de aprobación y permites que mis dedos accedan con curiosidad a explorar esa parte tan deliciosa como húmeda ya. Percibo el húmedo calor que brota de tu sexo. Subo deslizando y noto el atractivo tacto de tu vello púbico excitando mi evolución.

    Te como las tetas y también te beso los labios. Me decido a subir con mi boca hasta la tuya y te beso con deseo. Compartimos saliva al rozarnos calientes las lenguas.

    Tu calentura asciende junto a la mía. Bésame así de bien por favor, me encanta lo apasionadamente que besas.

    Mi mano, traviesamente ha subido a sobarte las tetas, es pura lascivia porque deseo sentirte más y con todo. Eres puro deseo para mis sentidos. Inmediatamente, vuelvo a bajar con mis manos, pero no superficialmente, ahora ya descaradamente penetran bajo tus bragas.

    Al entrar debajo de tus braguitas, noto con toda su intensidad la fuerza del deseo que irradia tu sexo. Mis dedos se hacen camino entre su vello púbico, alcanzan sus labios vaginales y rozan y estimulan su parte exterior. Se impregnan de tus primeros jugos cremosos. Acaricio tu coño generosamente, con delicadeza y placer. Me llenas de tus flujos varios dedos. Estás muy caliente. Te toco a placer….

    Te sigo besando y te como las tetas mientras mis dedos ya acarician sin pudor toda tu rajita que, empapada, moja mis dedos, tus bragas e incendia mis deseos de ti.

    Decido incorporarme un poquito para situarme mas abajo, sigo de pie junto a tu cama. Tomo tus braguitas por su borde elástico y comienzo a bajártelas. Mueves tus piernas ayudándome en esta maniobra mediante la que quedas totalmente desnuda y expuesta.

    Acerco mi cara a tu oído para anunciarte verbalmente lo que va a suceder:

    – Voy a comerte la panochita mami! Voy a lamer tu jugosito coño…

    Te excitan mis palabras y observas que, tras quitarme el bóxer, me subo a la cama contigo, y me deslizo a lo largo de tu cuerpo, descendiendo desde tu cabeza, hacia tu pecho y alcanzando tu sexo, quedando nuestros cuerpos en un excitante 69.

    Mi cabeza entra entre tus piernas, comienzo a lamer tu rajita de forma deliciosa. Está muy mojada, te pruebo y tu sabor llena de sensaciones mi excitación.

    Estás empapada de jugos y, con mi lengua, lo voy recogiendo todo para mi boca.

    Me ayudo de mis dedos para abrir tu rajita y deslizar mi lengua más adentro. Tu carnoso coño sabe delicioso. Lo chupo y lamo sin tregua. Mueves tus caderas complacida. Tienes un precioso coño. Me encanta comértelo así cielo.

    Mi polla ha quedado a la altura de tu boca. Noto como tus manos la empiezan a explorar. La recorren y aprietan. Empiezas a meneármela suavemente. Juegas con mi verga y también con mis bolas. Ahí te paras un poco mas.

    Mientras tu mano aprieta mi tronco carnoso, tu lengua comienza a recorrer mis huevos que se te ofrecen gordos y depilados para mamarlos. Gustosamente, deslizas tu lengua y aprietas con tus labios mis bolas, mojándome toda la zona con tu saliva mientras agitas ardientemente mi erecto palo, propiciando mi placer.

    Mi lengua se para en tu clítoris. Lo froto y lamo todo. Te estimulo esa zona.

    Todo tu coño sabe delicioso. Los jugos que segregas son puro vicio para mis deseos mas carnales. En ese lance, también lamo tu zona anal. Estoy súper caliente ya y deseo darte mas placer.

    Noto como tu boca ya engulle mi polla dura. La empiezas a meter dentro de ti. Tu boca la frota y lame con maestría. Me encanta como me la chupas. Mis rodillas sobre la cama permiten elevar mi cadera y tu dispones de mas espacio para subir y bajar la cabeza al mamarme la verga. Tus manos van de mi polla a mi culo y a tus propias tetas, que las noto apretadas contra mi vientre.

    Mi lengua aumenta su movimiento sobre tu coño. La punta roza con fuerza tu clítoris. Mis dedos también entran y salen de tu vagina. Cada vez más flujo acude a su entraba para que mi lengua los rebañe a placer.

    Empiezo a mover mi cadera y te follo la boca. La punta de mi falo alcanza tu garganta ocasionalmente.

    Noto que vas a correrte… quiero que me des toda tu corrida y abro mi boca abarcando así todo tu coño. Aprieto con mis manos tu culo. Abro tu rajita y me echas todo… ¡¡¡siii, que bueno!!! Expulsas varios chorros de líquido caliente y empapas mi boca con ellos.

    Al sentir su sabor salado me pongo a lamer salvajemente todo tu chochazo jugosito y noto como tu boca aprieta mi polla con ganas de hacer que me corra.

    Si… siii oooh…

    Me corro dentro de tu boca. Eyaculo dentro de tu cavidad con tres enormes chorros de semen caliente que la llenan de sabor. Sigues chupando, estrujas mi falo y sacas sus últimas gotas. Te lo tragas plácidamente todo. Te trae deliciosos recuerdos el sabor a semen en tu boca.

    Quedamos tumbados, inmóviles….

    Huelo a ti y me encanta.

    Sabes a mí y te vuelve loca de placer.

  • Una joven predicando llamó a mi puerta

    Una joven predicando llamó a mi puerta

    La luz del sol se filtraba por el cristal de mi ventana, dejando ver unas motas de polvo flotar en el rayo de luz que incidía sobre la mesa del salón de mi discreto apartamento. Estaba concentrado y solo escuchaba a mi alrededor el ligero ruido de las teclas del portátil y el motor de una nevera vieja que a veces hacía el amago de detenerse. No esperaba visitas, así que repasé el texto una y otra vez para hacer las correcciones oportunas antes de publicar.

    Siempre se me pasa algún que otro error y me toca lamentarme después.

    Una joven elegante recorría el parking situado bajo el sótano de su edificio con su traje-chaqueta negro, con minifalda y un portafolios a juego. Parecía una ejecutiva en busca del aparcamiento de su lujoso vehículo, pero caminaba con una extraña discreción. O quizás miedo. Mirando cuidadosamente a uno y otro lado como esperando que alguien saltara de repente detrás de alguna columna y se echara sobre ella.

    De repente se dibujó en su rostro una sonrisa de medio lado formada con sus labios, bien hidratados y recién pintados con su carmín granate 2% líquido que le hacía sentir tan segura de sí misma. Luego giró su cuerpo hacia la persona sobre la cual acaba de poner sus claros y azulados ojos, se colocó el cabello, liso y oscuro como la profundidad del universo, y caminó flotando sobre sus zapatos de tacón de marca en esa dirección.

    Ambas se ocultaron detrás de una columna en un lugar apartado, donde sabían que no había cámaras. Se miraron y no necesitaron mediar palabra para comenzar a comerse a besos de forma tórrida y apresurada, como si llevaran días hambrientas y por fin tuvieran delante su plato favorito.

    La chica elegante dejó caer su portafolios al suelo en mitad de la batalla y se acercó al oído de la otra, con los ojos entornados, la respiración entrecortada y rozando su rostro con uno de sus preciosos pendientes de oro.

    –No sabes las ganas que tenía de verte… ya no aguantaba más. –Pronunció entre susurros, recreándose en vocalizar de forma perfecta para que su voz erizara el bello de la nuca de su misteriosa contraria.

    Luego le cogió la mano a aquella chica inocente, que sin duda estaba atrapada en sus redes, dejándole notar en algún punto de su dermis el frio metal de su caro anillo de casada, y le dirigió a su entrepierna para hacerle ver que el outfit que con tanta elegancia había escogido para ese momento no incluía ropa interior de ningún tipo. Algo que la sometida presa pudo corroborar al cien por cien después, bajando la mirada al escote de aquella chaqueta oscura.

    –Ufff. –Fue el único sonido que consiguió emitir la boca de quien, arrinconada contra el cemento de la columna se dejaba llevar a la candente sensación de la humedad en sus dedos, que no decidían su propio ritmo al moverse, pero que disfrutaban de ser guiados y manejados como marionetas…

    ¡Ding Dong!

    De pronto sonó el timbre de la puerta y aquello me hizo regresar al mundo real.

    Por un momento dude si abrir o quedarme sentado en silencio un momento, fingiendo que no había nadie en casa para volver a sumergirme de nuevo en la lectura y retoque final de mi relato. Pero ante la insistencia de una segunda llamada decidí echar al menos un vistazo. Y fue así como me levanté de la silla, me dirigí hacia la mirilla de la entrada, y después, por algún extraño motivo no hice uso de ella sino que simplemente giré el pomo, encontrándome de pronto frente a dos individuos, un hombre y una mujer de mediana edad, que llevaban un montón de folletos, acompañados también de una chica joven a la que incitaban a dar un paso adelante para ofrecerme uno de ellos.

    Parecían predicar sobre algún tipo de religión o culto.

    Mi mano derecha se colocó sobre la hoja de la puerta dispuesta a dejar tres narices planchadas por interrumpir mi proceso creativo con opiniones e historias que en ningún momento había solicitado… Pero mi cerebro, siempre alerta, me detuvo ansioso por escuchar cualquier cosa de la que pudiera extraer un mínimo de inspiración.

    No puedo evitarlo. Leer un periódico, oír una conversación, ver una película… Con todo hay momentos en que en mi cabeza parecen establecerse conexiones neuronales dispuestas para guardar información y recolocarla como un puzle hasta dar con el argumento perfecto para el próximo texto.

    Así que ahí me quedé, acepte el tríptico con imágenes de un supuesto apocalipsis que pronto estaba por venir si la humanidad no corregía sus pecados pronto, y dejé totalmente sorprendidos a los tres visitantes que no esperaban ni por asomo que un tipo como yo, en apariencia incrédulo de casi todo, les llegara a prestar la más mínima atención. Vieron entonces en aquel instante, las dos personas más adultas, la ocasión perfecta para dejar al cargo de la tímida joven atenderme en solitario, a modo de prácticas, y se marcharon a tocar el siguiente timbre del edificio, en la planta superior.

    No me había fijado mucho en la chica hasta ese momento, cuando empezó a leer con ciertos nervios y explicarme lo que a todas luces se había tenido que aprender de memoria por obligación, con una voz de tono amable, suave y relajante. Mis parpados se abrieron un poco más y la observaron desde una posición ligeramente superior que me proporcionaba tener algo más de estatura que ella. Tenía unos bonitos hoyuelos que se dibujaban en su rostro cuando sonreía, el pelo rubio, ondulado como dunas en el desierto y unos bonitos ojos claros, de un azul casi grisáceo. Su atuendo era discreto y recatado, consistente en un vestido largo y holgado, de tonos claros, con un estampado de flores, que solo dejaba ver algo de su figura en la cintura donde llevaba acoplado un cinturón sobre el que traía enredado un vaporoso pañuelo semitransparente. Su maquillaje por otro lado, con rímel para intensificar la longitud de las pestañas, sombra de ojos rosada y los labios perfectamente perfilados, se veía algo más atrevido, lo que me hizo pensar que la ropa no la habría elegido ella misma.

    –¿Quieres pasar y sentarte para explicarme todo esto sin que se nos agarroten las piernas? –Le interrumpí finalmente al ver que parecía agobiarse un poco por todo lo que tenía que contar.

    –Si, por favor. –Respondió aliviada y con una sonrisa, mirando después hacia atrás para comprobar si sus acompañantes estaban cerca.

    Entró en mi casa y pareció respirar cuando cerré la puerta. Le ofrecí una bebida, pero se conformó con un poco de agua fresca. Luego se sentó en el sofá, marcando claramente las distancias entre ella y yo, que ocupé asiento en mi silla de oficina frente a la mesa del comedor, donde escribía mis historias.

    –No haces esto de predicar por gusto, ¿verdad? –Le pregunté, leyendo el ambiente.

    Sonrió dejando escapar a la vez un leve suspiro.

    –Creo en esto. –Dijo enseñándome el folleto.– Pero no me gusta nada predicar, ni vivir con mis tíos. –Añadió.

    Y me contó la historia de su vida. Que había perdido a sus padres y sus familiares se encargaban de ella desde los 18. Que eran un poco estrictos y no quería decepcionarlos en agradecimiento por cuidarle, ya durante más de 2 años, así que por eso les ayudaba predicando para su culto y trabajando si podía, para contribuir con algo de dinero o hacer tareas en casa.

    Olvidamos por completo la información del impreso y charlamos de forma entretenida sobre nosotros, lo que me agradecía todo el tiempo por haberle librado un rato de tantas obligaciones y permitirle un poco de relax y echarse unas risas. Así, cuando llevábamos un buen rato, llamó por teléfono a sus parientes y les dijo que tenía unos asuntos que atender, pero estaba bien. No quería preocuparles por haber desaparecido durante tanto rato. Después, como ya se sentía más confiada de mi presencia, se sentó más cerca, delante de mí y ante la mesa, saliendo el tema de mis historias y queriendo saber sobre que estaba escribiendo en el momento en que me habían interrumpido.

    Como estaba teniendo una charla agradable y me sentía relajado, le di la vuelta al ordenador y le permití leer con total confianza.

    Y se concentró en completo silencio durante la lectura…

    Sus ojos recorrían las líneas del texto de forma tranquila al principio y luego parecieron abrirse de par en par y acelerar sus movimientos en muestra de interés. En ocasiones sus labios carnosos dibujaban una tímida sonrisa y otras, la joven se pasaba la lengua ligeramente por ellos para humedecerlos o se los mordía para que no se le secara la boca, y a veces, me miraba directamente a los ojos, rehuyendo a la velocidad del rayo en cuanto hacíamos contacto visual.

    De pronto giró el dispositivo hacia mí, se puso en pie, alejándose, y tímidamente dijo que le parecía que escribía bien, pero era muy largo para leer hasta el final.

    Por un momento pensé que igual era un poco escandaloso lo que estaba escribiendo esa tarde para una chica muy devota y tradicional, aunque le había advertido antes de que quisiera curiosear que se trataba de una historia subida de tono. Pero entonces, tras dudar un instante, decidió darme explicaciones.

    –Perdona, pero estaba empezando a pasar un poco de envidia.

    –¿Envidia? –Pregunté pensando que se refería a un deseo de ocupar el lugar de la protagonista del texto.

    –Me gusta mucho leer relatos, pero en casa me tienen bastante controlada y no me dejan cerrar la puerta de la habitación, así que siempre acabo muy… caliente, y no puedo… bueno… ya sabes. –Se lo pensó un segundo antes de seguir.

    –Tú vives solo, ¿no? –Curioseó.

    –Si… Ya ves que no puedo pagar el alquiler de un piso muy grande, pero vivo solo, si.

    –¿Ves? Tienes intimidad. Puedes hacer lo que quieras y seguramente, si escribes esto, significará que tienes una vida sexual activa y has experimentado cosas así. O si no al menos te puedes hacer una paj… ya sabes… cuando quieras. –Se explicó tratando de autocensurar lo que podía considerarse lenguaje un poco explicito.

    –Bueno… Un poco sí. Tengo intimidad.

    –Es que… si lo leo entero y pongo mucho, porque me estaba acalorando, la verdad, cuando llegue a casa tendré que buscar escondite en el baño para tocarme rápido. En cinco minutos. Sin disfrutar, sin explorarme un poco y a veces hasta sin llegar a correrme. Y estoy un poco harta de eso, sinceramente. –Ella sola se fue librando de las restricciones a su vocabulario.

    Y entonces pensé algo de forma impulsiva y poco calculada.

    –¿Y si te vienes aquí?

    –¿Cómo? –Me miró levantando las cejas.

    –Si, a ver, hay una habitación con cerrojo, o puedo irme y dejarte intimidad para que te tomes tu tiempo y hagas lo que quieras. No solo para eso, también si necesitas silencio para leer o descansar de todo… No sé. –Contesté dándome cuenta según hablaba que le estaba dando demasiada confianza a una desconocida.

    –¡Hombre claro! Para espiarme, o grabarme, o a saber, ¿no? –Claramente no le gustó la ocurrencia.

    –¡No! A ver… Lo digo por ti. Porque me ha conmovido tu historia y quería quitarte presión de encima y…

    –Ya, pero es que no nos conocemos de nada y es raro –Dijo, alejándose más.

    –Okey, si, en eso tienes razón, perdona. ¿Cómo te llamas?

    –Helena. Pero escrito con hache.

    –Yo soy Matthew. Encantado. Es cierto en que no lo he pensado al decirlo y ha sido claramente una mala idea.

    –Me voy. Lo siento.

    Y la joven predicadora salió de mi casa dando un portazo de indignación mientras yo me quedé sintiéndome un auténtico imbécil con buenas intenciones, pero poco tacto y la boca muy grande.

    Lógicamente esa tarde ya no me iba a concentrar después de lo ocurrido, así que guardé y cerré el documento en el software que usaba para escribir, y me puse a ver alguna serie que me distrajera.

    Después, cuando me fui a dormir, soñé con ella.

    Entré a mi habitación sin ningún cuidado y me la encontré desnuda, sobre mi cama, con las piernas abiertas y masturbándose de forma descontrolada con la mano derecha, mientras sostenía un libro erótico con la izquierda. En seguida dejó el libro a un lado de la cama mientras cerraba los ojos y se acariciaba y apretaba los pechos al tiempo que arqueaba su espalda y gemía con intensidad, como a punto de alcanzar un orgasmo impresionante. Por mi parte solo pude quedarme allí de pie, mirando, paralizado por no dar crédito a lo que estaba ocurriendo, hasta que abrió los ojos, me vio, y tras gritar y llamarme “pervertido asqueroso” mientras se cubría los pezones con el brazo, me lanzó todo lo que tenía al alcance: El libro primero y después su ropa interior.

    Joder.

    Me desperté temprano y me di una buena ducha para continuar con la revisión de mi historia.

    La joven de cabello rubio se sentía hechizada por su amante que disfrutaba del poder que tenía sobre ella. Controlaba sus manos sujetándolas con firmeza, marcándole el compás al que quería que la tocara, que apretara sus pechos o deslizara sus dedos en su clítoris. Luego le empujó la cabeza hacia abajo para que se sentara con la espalda apoyada sobre la dura columna y le introdujo el pulgar en la boca para juguetear y humedecer su boca y parte de su rostro con su propia saliva.

    –Venga, abre bien la boca y saca la lengua para mí. –Ordenó la mujer con pinta de ejecutiva con cierto aire de autoridad.

    Y cuando su joven trofeo obedeció, se levantó la falda, abrió su sexo con sus dedos y se dispuso a rozarlo contra su ensalivada cara con irrefrenable deseo.

    Aquello siempre fue la tónica general de esos encuentros. El ritmo siempre lo marcaba la empleadora que contrató a una precaria universitaria para limpiar su casa y cuidar de su hijo unas horas cuando quería marcharse de compras. A la empleada le serviría para ganarse un dinerillo y poder pagar sus estudios o ahorrar algo con lo que poder hacer un viaje de vez en cuando. Lo que no se esperaba ni por asomo es que acabaría fijándose demasiado en su jefa, haciendo evidentes sus miradas fantasiosas, captadas al instante por esa señora, clasista y estirada que se relamió cuando se dio cuenta que la tenía en su punto de mira.

    La joven canguro no tardó mucho en caer y convertirse en su juguete sexual, además de empleada con horario a la carta. Siempre que la llamaba acudía y dejaba todos sus compromisos sociales, ilusionada por si habría un instante para besarla, acariciarla… disfrutar juntas de su atracción, e incluso, tal vez llegar a enamorarse y escapar las dos de la aburrida vida que tenían. Pero por desgracia nunca ocurría como en sus ingenuos anhelos. Aquella persona no la tocaría, ni la acariciaría. Como mucho habría besos para calentarse, con mucha lengua, saliva y algún insulto o menosprecio para disfrutar de su posición de poder, si venía a cuento. Al otro lado de la extraña pareja, no existía más una entrega en cuerpo y alma. Casi un sometimiento sin condiciones provocado por un irrefrenable deseo de lamerla, de saborearla, de masturbarla y ser la protagonista de sus momentos más placenteros. Aunque la joven empezaba a entender poco a poco que jamás le practicaría el cunnilingus de sus sueños. Tendría que conformarse con que el clítoris de la señora fuera quien se deslizara por su húmedo pero inmóvil órgano muscular, que solo obtendría como premio un delicioso sabor a orgasmo que hacía palpitar de emoción a sus papilas gustativas…

    ¡Ding dong!

    –¡Maldita sea, otra interrupción! Voy a tener que desconectar el timbre.

    Y al abrir la puerta y ver a la joven predicadora allí plantada me sobrevinieron imágenes del sueño de la noche anterior.

    En el interior de mi garganta la nuez y sus anexos musculares hicieron las gestiones necesarias para ayudarme a tragar saliva.

    –Espero que no te imagines nada raro. Solo he venido porque perdí mi pañuelo favorito en la visita que te hice ayer.

    Me giré para echar un vistazo por el salón y enseguida lo localicé.

    –Ah sí, perdona, parece que se te quedó enganchado en la silla donde estuviste sentada y… –Dije mientras me disponía a girarme para ir hacia aquel apreciado trozo de tela y devolvérsela.

    –No te preocupes, si me dejas pasar yo misma lo cogeré.

    Pensé que aquella tarde parecía incluso más enfadada que la anterior y simplemente le dio asco que lo tocara.

    –Claro, adelante, si, discúlpame.

    La joven entró y cerró la puerta tras de sí, lo que me resultó extraño. Luego me sobrepasó y se acercó con decisión para sacar el pañuelo semitransparente de su enredo con un tirón que hizo a la silla que lo retenía tambalearse y me miró con las mejillas enrojecidas.

    –Me dijiste que había cerrojo en tu habitación, ¿verdad? –Me espetó de repente.

    –S… Si. Se cierra por dentro.

    –Y no hay cámaras ni nada raro, ¿vedad? –Siguió preguntando con desconfianza.

    –¿Para qué iba a tener cámaras en mi dormitorio? –Respondí arqueando una ceja.

    –¡Tú sabrás!

    –A no ser que las instalara la CIA, diría que las únicas cámaras que hay en este cuchitril son las de nuestros teléfonos y la del portátil. que por cierto está tapada con cinta. –Quise tranquilizarla mostrándole el dispositivo con una tira roja en la parte superior.

    –Vale, perdona, es que estoy muy nerviosa y no me puedo creer que me lo haya estado pensando.

    –Bueno… En primer lugar, siéntete tranquila. Y en segundo lugar, si que tengo que decirte que tenemos que poner unos límites. Obviamente no puedes venir sin avisar, las veces que te apetezca y a cualquier hora. Quizás necesite la casa para mí o no me venga bien en ese momento. –Marqué mi posición con rotundidad.

    –No te preocupes, será solo hoy.

    –¿Cómo, ahora?

    –¿No puedes?

    Mire el cursor parpadeando en la pantalla. Estaba claro que no iba a terminar el relato tampoco ese día.

    –No es que tenga ningún compromiso ineludible pero…

    La chica se echó hacia atrás su brillante cabello rubio y lo sujetó entre sus dedos como si se fuera a hacer una coleta, pero suspirando con cierto agobio al mismo tiempo.

    –Es que es la situación… Desde que leí eso… y… desde que dijiste que podía venir aquí y dejarme llevar… Me siento… Uff. Te juro que no he podido dejar de pensarlo y me… me excita bastante. –Terminó su mini discurso con una mirada que no sabría si calificar de calenturienta o lastimera. Pero estaba claro que pretendía convencerme con ella.

    –Está bien, me iré a dar una vuelta y te dejaré la casa para ti un par de horas.

    –No, no, no, espera. Quiero que te quedes. Me sabe mal que te tengas que ir de tu propia casa. –Se giró para no mirarme a los ojos al decir lo próximo– Y me pone un poco saber que puedas estar escuchándome o pensando en lo que haga.

    Admito, que ese comentario consiguió que a mi cuerpo lo recorriera un cierto cosquilleo gustoso…

    –Vale, pero la verdad es que no pensé en esto cuando lo dije y ahora no se cual debería ser el procedimiento… –Le dije mientras abría la puerta de mi habitación.– Hay una cama de matrimonio con sábanas limpias, puedes cerrar la ventana o las cortinas según la luz que quieras… Hay también una mesita de noche con una lámpara para una iluminación menos natural… Y, emm… Da igual si sientes curiosidad de mirar en los cajones porque ahí prácticamente no guardo nada. Mi ropa está en ese armario de la esquina que esta medio vencido a un lado y ya parece la Torre de Pisa.

    Mientras le mostraba, sin atreverse a acceder del todo al cuarto, asomaba la cabeza con curiosidad y escuchaba mis indicaciones.

    –Y cómo ves, la puerta tiene cerrojo y se cierra por dentro. Oh, y ahí tienes un baño, por si necesitas papel o limpiarte por lo que sea… ya sabes. –Empezaba a sentirme como el enfermero de una clínica de donación de esperma.– ¿Crees que necesitas algo más?

    –¿Tienes algún relato de un chico y una chica? No es que no me gustara el de ayer o que tenga nada en contra de las relaciones entre mujeres, pero… es que a mí me excita más leer algo sobre un chico que lo haga con una chica y ponerme en el lugar de ella. –Dijo ligeramente cohibida mientras, debido a nuestra cercanía podía escuchar el latido acelerado de sus nervios.

    –Pero que no hagan nada extraño ni violento si puede ser… –Añadió con decidido tono aclaratorio.

    Y busqué entre mi colección de obras una que me pareció adecuada, le entregue el portátil y la dejé sola en mi cuarto, pensando después, que si resultaba ser una ladrona de ordenadores, esperaba que no le resultara fácil escaparse por la ventana de una tercera planta con el mío.

    Escuche un suspiro y el sonido del pestillo al otro lado. Luego la persiana y las cortinas, y un instante de silencio. El corazón se me aceleró a la espera de algo y mi mente, expectante, decidió que le apetecía dibujar imágenes de lo que iba a pasar ahí dentro en base a la información que mi sentido auditivo le fuera suministrando.

    ¿Por qué no me lo pensé bien antes de hacer aquella oferta?

    Pasó un rato y me pareció oír un siseo de ropa o sábanas. Mi oído parecía haber adquirido superpoderes y se centraba únicamente en captar algo, tanto que por un momento pensé que no estaba pasando tanto como yo me imaginaba que sucedía. Luego un leve gemido me hizo estremecer. No sabía si había empezado. Pero imaginaba que si su queja era que no podía hacerlo con calma, se iba a recrear bastante.

    Me pareció escuchar algún gemido más.

    Notaba que las ondas sonoras se colaban por mi canal auditivo, acariciaban mi cerebro y comenzaban a producirme una inevitable erección, y lo que es peor, me tentaban a acercarme a la puerta y pegar bien la oreja en busca de una mejora en la calidad o volumen del audio.

    Me acerqué unos pasos, con mucho sigilo.

    De pronto oí pasos también al otro lado, la puerta se abrió y Helena se asomó dejándome ver unas bragas oscuras y unos bonitos y abultados pechos que tapaba con su brazo, haciendo que se deformaran sensualmente, desbordándose por arriba y por debajo de su sujeción

    Creí que me había adivinado las intenciones y había sido descubierto, sin embargo…

    –Me cuesta un poco concentrarme. –Me dijo mientras su respiración acelerada hacía subir y bajar su busto y su cuerpo parecía desprender calor.

    Y clavó su mirada unos segundos en el evidente bulto que se notaba bajo mi pantalón de chándal de estar por casa.

    –¿Te apetece entrar conmigo y mirar como lo hago? Es que… Creo que me pone un poco la idea. –Dijo con un tono de voz entre sensual e intrigante.

    Lógicamente acepté sin pensármelo.

    Me moría por captar esos tonos tan eróticos de sin que hubiera pared de ladrillos y yeso que los silenciara. Me encantaba esa voz y gemidos como los de antes que me atravesaban el cuerpo como una flecha. Y claro está, obviamente también estaba loco por ver como su cuerpo desnudo, con sus virtudes y sus imperfecciones, se retorcía mientras se daba placer sin complejos.

    Fue así como acabé ante una escena similar a la de mi sueño, solo que Helena no me llamaba pervertido ni trataba de echarme. En su lugar apartaba su ropa interior para tener acceso directo digital a su clítoris mientras se sentaba al borde de la cama con sus piernas subidas al colchón y me miraba directamente con mirada obscena, la boca abierta y la lengua ligeramente fuera.

    Se masturbaba extasiada, con rapidez, chapoteando con sus dedos y golpeando a veces su clítoris con la palma de su mano mientras ronroneaba y me envolvía con aquel acto que me hacía temblar de deseo. Aun así me quedé quieto. Firme e imperturbable. Aunque con aquella evidente y palpitante erección, que casi dolía.

    Me pidió que me quitara la camiseta.

    El glande, enrojecido y esponjoso, ya no cabía en el espacio de mi ropa interior y asomó al exterior sobrepasando la goma del pantalón.

    Y ella se mojaba y se masturbaba de manera que me pareció descontrolada.

    –Uff, no puedo más, sácatela, quiero ver cómo te haces una paja y correrme ya.

    –¿Tan pronto? Creí que querías disfrutar un buen rato sin que te interrumpieran. –Le dije dándome cuenta que no habían pasado ni cinco minutos.

    –No puedo más, luego te dejaré hacer conmigo lo que quieras, pero ahora no puedo parar. –Me dijo con lujuria desenfrenada en su rostro, enseñándome los dientes mientras se frotaba y jadeaba.

    Por mi parte me tomé un segundo para sacar un condón de la caja que tenía en uno de los cajones de la mesita y me lo guardé en el bolsillo por si lo pudiera necesitar. Luego me incliné, le sujete las manos, deteniendo su frenética masturbación al límite del orgasmo y la bese abriéndome camino dentro de su boca con mi lengua.

    –¿Qué te parece si te ayudo a alargarlo y lo hacemos más interesante?

    –Si, por favor… –Consiguió pronunciar sin que su cuerpo dejara de temblar.

    Cerró las piernas y apretó los muslos al ver que detenía sus manos. Era incapaz de contener su necesidad de explotar. Por eso la tumbé en la cama y me puse con las rodillas entre sus piernas impidiendo que las cerrara y le sujeté las manos por encima de la cabeza un momento. Finalmente se fue calmando y respirando más lentamente. Y fue cuando empecé a comerme sus tetas de forma ansiosa, mientras se revolvía entre las sábanas tratando de soltarse.

    –Uff ¡fóllame o hazme un dedo, joder, pero no pares ahora, por Dios!

    Y empecé a masajear su clítoris con mis dedos, de manera que de nuevo empezó a acelerarse y revolverse intentando bajar las manos o apretar los mulos.

    –¡Si, así, no pares! ¡Me corro, vamos! ¡No pares!

    Pero paré. Y abrí el envoltorio del condón con los dientes sin soltarle las muñecas, tratando de colocármelo con una mano. Sin embargo, como no pude, se me ocurrió alcanzar su prenda favorita: Aquel vaporoso pañuelo sedoso y semitransparente que pude usar para atarle con cuidado las manos al cabecero de la cama.

    Le gustó la idea a pesar de que seguía con el ansia de correrse inmediatamente.

    Mientras lamia su cuerpo me coloque el preservativo.

    –¡Joder¡ Si, por favor, fóllame, métemela. Te juro que no puedo más, me estas matando de gusto.

    Pero mientras la empujaba hasta el fondo y contemplaba como arqueaba la espalda cuando la llenaba entera, le susurré al oído que no iba a dejar que terminara hasta que no la hubiera visto disfrutar un buen rato.

    Y así fue, unas cuantas embestidas fuertes, haciendo que su cuerpo se agitara deliciosamente, y asegurándome de que justo al borde del orgasmo nos deteníamos y tomábamos aire para empezar de nuevo.

    Helena estaba algo rellenita, pero muy bien proporcionada, y admito que me estaba encantando hacerlo en esa postura en la que yo estaba de rodillas entre sus piernas, levantando un poco su trasero y clavándosela toda mientras veía sus carnes agitarse con cada acometida.

    –Haz conmigo lo que quieras, no aguanto… –Dijo cuando recuperaba de nuevo el aliento.

    Y eso pensaba hacer, sabiendo que la tenía tan caliente que no iba a perder excitación y podía mantenerla un poco más al filo del orgasmo.

    Le di la vuelta y la coloqué a cuatro patas para abordarla desde atrás y dejarle disfrutar de cómo mi glande se abría camino de nuevo entre los labios de su sexo y llegaba hasta el fondo, con una colisión de mi pubis y su trasero que se fue acelerando de nuevo, justo hasta el momento que al sentir las contracciones musculares de su orgasmo en mi miembro.

    Se lo saqué para que se calmara.

    Y así continué, mientras ella estaba como loca, con una deliciosa frustración sexual que la mantenía al límite sin cruzar la última frontera.

    Nos dimos placer mutuo en varias posturas y no dejé de acariciar su clítoris con mis dedos y de sujetarla para que no se me escapara. Al mismo tiempo, la lamia y la besaba por todas partes, me perdía entre sus cabellos y le susurraba al oído que estaría follándomela por toda la eternidad, masajeaba sus pechos y pellizcaba sus pezones…

    Pero cada vez podía estimularla menos tiempo porque cada vez tardaba menos en aproximarse a ese punto de no retorno.

    Finalmente me suplicó y dijo que no podía más y que necesitaba correrse de cualquier forma. Así que por fin decidí apiadarme de ella.

    Decidido descendí por su cuerpo y me acomodé entre sus piernas, sujetando sus muslos con fuerza y una mirada de concentración absoluta con una sonrisa de medio lado.

    –Uff, si, si, por favor, cómemelo. Hare lo que me pidas, pero cómemelo….

    –¿Ah sí? Así que eso quieres, ¿correrte en mi boca? –le dije mientras la penetraba con dos dedos fácilmente debido a lo mojada que estaba.

    –Si, por favor… –Me dijo con los ojos ligeramente vidriosos y las mejillas enrojecidas.

    Y mientras la estimulaba por dentro, en una zona rugosa y cálida moviendo mis dedos como llamando a alguien para que se acercara, separé con la otra mano los labios de su vagina para encontrarme con ese clítoris hinchado y palpitante al que le di algunos extensos, acelerados y salivosos lametones.

    Aquel momento final olía a sexo y desenfreno y tenía como banda sonora unos gemidos y súplicas que no olvidaría en mucho tiempo.

    Coloqué entonces mis labios de forma que envolvían su clítoris y succioné como pude, al tiempo que hacia el juego con la punta de mi lengua para que lamida a lamida, por fin Helena tuviera su deseado orgasmo.

    Y anunció como se corría.

    Y lo repitió varias veces.

    Un “me corro, me corro, me corro” que me excitó sobremanera, mientras su cuerpo temblaba y le venían oleadas de placer que la hacían revolverse, expulsando a la vez un pequeño “squirting” que brotó de su interior y goteó entre mis dedos sobre las sábanas.

    Por supuesto mi boca no se despegó en ningún momento de su clítoris y la mantuve bien sujeta para asegurarme de ello, hasta que se calmó.

    Saqué con cuidado los dedos y me incorporé para mirarla respirar con agitación, con los ojos cerrados y mencionando lo mucho que le había encantado y lo bien que se había quedado. Luego, cuando fui a desatarla insistió en que me corriera. Así que bajó sus manos por fin libres y me arrancó el preservativo para sujetarla por mi tronco y sacudirla con intensidad hasta que acabe derramándome con varios chorros que calientes que alcanzaron su vientre y su monte de Venus.

    Estaba claro que tenía prisa para todo.

    Aquel día tal vez existía la posibilidad de que Helena tuviera varios orgasmos rápidos, pero ya que me había revelado que su intención era la de escapar de esos momentos explosivos breves y apresurados a los que estaba obligada por su falta de intimidad, decidí asistirle lo mejor que supe. Y así, con el tiempo y alguna visita más, conseguimos extender la duración de sus placeres y calmar sus ansias de terminar tan rápido.

    Así que no ocurrió solo un día como ella misma se había propuesto.

    Y terminó enganchada a que controlaran su ritmo y la obligaran a frenar para pasear el mayor tiempo posible en el filo del orgasmo.

    Pero eso ya es otra historia de la que siempre sería testigo su pañuelo favorito.

  • El alumno holgazán

    El alumno holgazán

    Jhon se encontraba caminando a su casa después de la productiva tarde de «trabajo» en casa de la profesora Rivers, en términos generales había sido genial, pero se había quedado con ganas de más.

    No es que no hubiera podido quedarse y divertirse pero el riesgo aún era muy grande sabía lo chismosa que podía llegar a ser la gente y que el esposo de la profesora se enterará era un problema que él quería evitar lo más posible hasta que ellos mismos se separarán pero no quería matarse las ganas que tenía con una paja, mientras reflexionaba su celular sonó y noto que era su tía así que simplemente respondió.

    —¿Qué pasa tía Alice?— respondió Jhon.

    —¿Ya terminaste con ese trabajo?— dijo la mujer al otro lado de la línea.

    — Pan comido, ya voy a casa— respondió él.

    —¡Espero que está vez no te pagarán con tarjetas de regalo!— respondió la mujer.

    — Oye, eso solo pasó una vez— respondió el chico.

    — Pasarías por un par de cosas para la cena— dijo la mujer.

    Él asintió mientras tomaba nota de lo que pedía su tía.

    —¿Es todo tía?— preguntó Jhon mientras guardaba la nota.

    — Así es no tardes— respondió ella.

    — Nos vemos entonces catulus meus est in æstus— dijo Jhon sintiendo su propia respiración.

    Escuchó un gemido ahogado de la persona al otro lado de la línea antes que se perdiera la comunicación, el solo colgó y simplemente caminó por la calle como si nada hubiera pasado.

    En ese momento Alice había soltado su teléfono y se encontraba controlando su propia respiración buscando mantener el control sobre sí misma, sabía que ese muchacho había hecho algo con ella pero que era imposible evitarlo, ir con alguna autoridad era una locura nadie le creía que su sobrino la había hipnotizado o algo por el estilo, salir de ahí no era tampoco opción sabía que tenía poco tiempo antes de que empezará a quitarse la ropa hasta quedar en ropa interior la gente de su vecindario ya la catalogaba como una paria gran ayuda a su imagen salir corriendo mientras se desvestía.

    —¡No tengo mucho tiempo!— se dijo a sí misma mientras empezaba a cerrar puertas y ventanas de toda su casa esperando dejar a fuera a su sobrino.

    Cuando se aseguró que la última ventana estaba bien cerrada se empezó a desvestir quitándose la falda larga y la blusa negra que lleva puesta quedando solo con un sencillo pero muy elegante conjunto íntimo el sostén de media copa que realizaban su aún géneros busto la pantaletas de corte francés resaltaba su generoso y aún firme trasero, sus piernas estaban cubiertas por unas pantimedias todo estaba en color negro que resaltaba sobre su pálida piel de porcelana.

    Ella se vio en un espejo de cuerpo entero que tenía en su sala principal sintiendo como su excitación aumentaba en ese momento.

    — Tengo que ocultarme, ¡si me encuentra estoy acabada!— se dijo a sí misma y salió corriendo rumbo a su ático.

    La mujer subió la escalera de acceso al ático y se aseguró de cerrar el lugar por dentro, por lo que tomó un pequeño respiro.

    En aquel lugar guardaban los adornos para festividades y cosas que no usaban aún que su sobrino pudiera entrar a la casa sería imposible subir al ático, él tendría que hacerla regresar a la normalidad o no bajaría y sabía que su sobrino no sabía ni calentar el horno solo tendría que esperar.

    —¡Hola tía Alice!— dijo su sobrino Jhon detrás de ella.

    El rostro de la mujer se transfiguro a terror cuando escucho aquella voz y trato de huir pero no pudo evitar que las ágiles manos de su sobrino capturaron sus pechos y este empezó a jugar con ellos.

    —¿Cómo demonios?— dijo ella con dificultad ya que Jhon estaba estimulando los pezones por encima de su sostén.

    —¡Un buen mago nunca revela sus secretos!— mientras decía eso usó sus dientes para abrir el broche del sostén una vez que lo logró lamió la descubierta espalda de la mujer que solo pudo gemir en respuesta.

    —¡Ese truco era de tu tío! ¿Dónde lo aprendiste?— preguntó Alice recordando lo apasionado que fue su fallecido esposo.

    — Ustedes no eran muy discretos en esas noches— respondió el chico mientras dejaba caer el sostén dejando al descubierto los pechos de la mujer.

    Ella se apartó de él cuando vio esta oportunidad y trató de encararlo mientras se cubría sus pechos con ambas manos.

    —¡Aléjate o gritaré!— dijo ella tratando de sonar amenazante.

    — Tía Alice, tu y yo sabemos que el ático está insonorizado, nadie nos puede escuchar— respondió Jhon con gran naturalidad.

    Ella intentó correr a la puerta del ático pero fue atrapada por su sobrino quien logró levantarla mientras ella empezaba a patalear para intentar zafarse del firme agarre de su sobrino, este la arrastró hasta un par de colchones inflables donde dejó caer a su víctima.

    Esta cayó de espaldas sobre los mismos e intentó levantarse y escapar, momento que aprovechó Jhon para desgarrar las pantimedias y las bragas de su tía dejándola desnuda, cuando Alice sintió que esas prendas habían sido destrozadas se quedó quieta en aquella comprometedora posición dejando su intimidad al descubierto.

    Jhon aprovecho ese momento y se abalanzó al descubierto sexo de la mujer para hundir su lengua entre sus húmedos labios vaginales.

    Alice quedó en shock mientras sentía como la lengua de su sobrino hurgaba en su intimidad ya que era como si no fuera la primera vez que esa pasará.

    A su mente llegaron los recuerdos nítidos de «sueños húmedos» que habría tenido a lo largo de ese último mes donde siempre acababa dejando una gran mancha de sus líquidos íntimos en sus edredones, pero como si todo hubiera sido aclarado en ese momento ella reaccionó.

    —¿Fuiste tú todas… esas noches?— dijo la mujer con dificultad ya que sentía como la excitación aumentaba.

    Jhon se detuvo un momento de su labor para responder.

    —¡Y dirás qué nunca te gustó!— respondió Jhon

    —¡Sucio muchacho soy tu tía!— dijo sin mucha convicción la mujer mientras se aferraba a los costados de aquel colchón inflable.

    —¡Eres la mujer que se casó con el hermano de mi padre!— respondió aquel muchacho— ¡No tenemos ningún lazo sanguíneo!

    La mujer le devolvió una mirada de furia que fue respondida por el joven que dijo.

    — Sabes creo que es momento de pulir tus garras minina— dijo Jhon mientras se levantaba y sacaba una tablet.

    Jhon activó la pantalla y activó uno de sus programas que empezó a reproducir una espiral rosada cuando se la mostró capturó inmediatamente la mirada de la mujer.

    — Esa espiral— dijo Alice apenas en un susurró

    —¡Oh!, La recuerdas— dijo Jhon mientras le sonreía.

    — Yo… trabajo… pensar— decía la mujer con dificultad sin apartar la mirada de la pantalla.

    —¡Ah, ah, ah! ¿Que te he dicho de pensar mientras ves la espiral?— dijo Jhon mientras le sonreía.

    — Yo… no… pensar… yo… solo… obedecer— repitió ella con dificultad

    —¡Así es tú no debes pensar!— dijo él— Solo tienes que obedecerme.

    Tras unos minutos Jhon noto el cambio de actitud de su tía por lo que empezó a modificar su psique.

    —¡No debes tener resistencia jamás!— dijo Jhon

    —No debo tener resistencia— respondió ella

    —¡Tu eres mi hembra y yo soy tu amo!— continuo Jhon

    — Yo… yo soy tu hembra… y tu eres mi amo— respondió la mujer

    —¡Ya no debes correr ni esconderte!, debes esperarme lista sumisa y obediente cuando yo llegue a la casa— ordenó Jhon

    —No… debo correr… no… me debo esconder… yo… debo esperarte… sumisa… dócil… obediente… cuando llegues a casa— respondió ella

    John se sintió satisfecho por lo que aceleró la velocidad de la espiral al mismo tiempo que un sonido blanco apareció de la nada provocando una extraña reacción en la mujer.

    La mujer empezó a recitar una letanía de adoración y obediencia a su sobrino mientras empezaba a masturbarse.

    —Soy la esclava sexual de mi macho— llevo una de sus manos a su entrepierna y otra a uno de sus pechos para estimular su pezón.

    — Soy su sumisa hembra— dos de sus dedos entraron dentro de su húmeda vagina.

    — Tu palabra es mi ley— al terminar esa frase su cuerpo colapsó debido al orgasmo auto infligido.

    Pasaron unos minutos antes de que ella se levantará por si misma y se colocará de rodillas frente a su amo

    —¡Su hembra está aquí mi amo!— dijo ella esbozando una sonrisa maliciosa en su rostro.

    Jhon se colocó frente a la mujer y esperó.

    Ella llevó sus manos al pantalón del afortunado joven, el cuál abrió para empezar a acariciar suavemente aquel pene que estaba empezando a erguirse.

    Jhon acariciaba suavemente la cabeza de la mujer sintiendo como ella atendía con devoción su miembro, ella empezó a lamer su pene como si fuera una paleta desde la base hasta la punta dando suaves besitos en sus testículos.

    —¿Dime tía seguirás resistiéndote a ser mi hembra?— preguntó Jhon como si no supiera la respuesta.

    —No mi amo cómo podría resistirme a esta enorme verga soy adicta a ella— respondió con franqueza la mujer.

    Después de unos maravillosos minutos Jhon se vino en su cara y tetas, la visión de su tía con su rostro cubierto de semen fue suficiente para recuperar su erección que debía ser atendida adecuadamente.

    Jhon se recostó al lado de su tía y simplemente le dijo.

    —¡Monta mi verga!— dijo Jhon con firmeza a su nueva esclava.

    —Por supuesto amo como usted ordene— respondió ella rápidamente adoptando la posición de «vaquerita invertida» para empezar a penetrarse a sí misma, subía y bajaba de aquel falo con un inusitado deseo.

    Jhon se sintió extasiado, su tía era mucho más hábil en la cama que la profesora Rivers, lo cual era mucho decir para una viuda.

    —¡Mueve ese culo puta! Lo estás haciendo muy bien— dijo Jhon mientras azotaba el trasero de su tía.

    —¡Gracias mi macho!, Lo que sea para complacerte— fue la respuesta de la mujer.

    Alicia continuó bombeando el falo de Jhon hasta que sintió como su cuerpo llegaba al final deseoso.

    —¡Mi macho estoy por correrme!— dijo Alice con la vos cargada de deseo.

    —Yo también mi puta ¡Lista para recibir mi semen en tu coño!— fue la respuesta de Jhon.

    —¡Si mi amo! No sabe cómo espere este momento— respondió Alice sintiéndose en éxtasis total.

    Jhon no lo dudo un momento y dejo todo dentro de la mujer quien la recibió con una extraña alegría.

    Ella se dejó caer sobre el cuerpo de su ahora amante, Jhon solo podía sonreír no esperaba realmente tomar tan rápido el control sobre su tía pero no sé quejaba.

    Algo le decía que en los próximos días su verano sería sumamente excitante.

    Ambos estaban cansados por la acción así que se quedaron dormidos en el ático uno al lado del otro.

    Los primeros rayos del sol se filtraban por la pequeña ventana del ático cuando el celular de Jhon cobró vida en su pantalón.

    El somnoliento chico busco a tientas el aparato en su pantalón sabiendo bien quien estaría llamándole.

    Cuando aceptó la llamada la voz de su profesora la señora Rivers se escuchó del otro lado.

    —¡Hola Jhon! Buenos días— dijo la vos cantarina de su profesora.

    —¡Para nada Sra. Rivers, ¿que deseas?— dijo el mientras veía a su lado como su tía estaba aun profundamente dormida.

    —¿Señora Rivers?, Me dices así jovencito después de esa noche llámame Clara— fue la respuesta de la mujer.

    Jhon esbozó una gran sonrisa en ese momento ella había asimilado correctamente toda la nueva programación que le había dado.

    — Muy bien Clara, a qué debo está llamada— dijo él sintiéndose el hombre más afortunado del mundo.

    —¿Habrá algún inconveniente en que ahora yo vaya a tu casa?— dijo ella con un tono juguetón y cariñoso en su voz.

    —No Clara, no habrá ningún inconveniente— respondió el chico acariciando suavemente a la mujer a su lado para despertarla.

    —¡Ok!, dame una hora y estaré contigo— respondió la mujer mientras colgaba.

    — Llegó el momento mi amada gatita— dijo Jhon mientras veía como se despertaba tranquilamente.

    —¿Encontraste la olla de oro al final del arcoíris?— dijo la mujer con aire somnoliento.

    — Y voy a necesitar de tu ayuda amor— respondió él mientras acercaba su rostro para darle un apasionado beso.

    — ¡Claro mi amo!, tus deseos serán órdenes para mí— respondió la mujer.

    Continuara…

  • Cogiendo con el maestro de mi hija

    Cogiendo con el maestro de mi hija

    Hola queridos lectores, después de haberles platicado algunas de mis experiencias sexuales hoy les voy a compartir un relato que una amiga lectora me hizo llegar a mi correo para que le dé el visto bueno y se los publique a mi nombre. Comencemos.

    Soy una mujer felizmente casada desde hace 8 años, mi esposo es mayor que yo por 15 años, siempre me gustaron los hombres más grandes que yo, se me hacen más atractivos y además tienen más experiencia en todos los sentidos.

    Cuando me casé yo tenía 18 años y él 33 así que conocí el mundo de su mano. Tenemos 2 niñas hermosas, una de 6 y una de 4 años respectivamente, mi marido trabaja para el estado y gana muy bien así que me podía dar una buena vida, tenemos una bonita casa, un coche de modelo reciente, me compra lo que se me antoja y en la parte sexual es muy caliente y quiere hacerme el amor a todas horas y en cualquier lugar, yo feliz de tener todo lo que una mujer puede pedir.

    Un día a mi marido le llegó una oferta de trabajo, pero era de Estados Unidos específicamente de Los Ángeles, me platicó que era buena la paga, pero era un contrato por tres años y no quería dejarme sola tanto tiempo, yo le dije que no se preocupara que iba a estar bien, además mi papá y mamá viven en la misma cuadra le dije que si ocupaba algo les podía llamar y rápido acudirían a nuestra casa, después de pensarlo unos días se decidió a irse y le dijo a mi papá que me cuidara.

    Cuando llegó a Los Ángeles me contó que el trabajo estaba muy bien y que le habían dado un departamento y coche por parte de la empresa, diario me llamaba por teléfono y me hacía videollamada, así fue durante 6 meses, sin embargo me hacía falta su presencia física al igual que a mis hijas.

    Mi hija más grande que ya iba en primer grado de la primaria y apenas comenzaba a leer tuvo en bajón en sus calificaciones y a presentar problemas en sus tareas, el maestro me mandó llamar para informarme sobre su bajo desempeño a lo cual le tuve que platicar de que mi esposo se había ido a trabajar fuera del país y él era el que la apoyaba en sus tareas y lo extrañaba mucho, el maestro me comentó que tal vez era por eso, pero que iba a darle seguimiento más de cerca para que se regularizara y me pidió mi teléfono para estar en comunicación, yo accedí por el bien de mi hija y también registré el número del maestro; a mi marido no le comenté nada de esto para que no se preocupara y tampoco a mis papás porque pensé que iban a pensar que estaba haciendo mal mi trabajo de madre.

    Todos los días pasaba a recoger a mi hija a su salón y le preguntaba al maestro si mi hija había trabajado, el maestro muy amable me respondía que sí y me explicaba la tarea del día, el pasar diario con él fue dándonos un poco más de confianza y hasta bromear un poco.

    El maestro se llamaba Alfonso era un hombre como de 38 años, no era muy guapo, pero si muy carismático en la escuela todos le hablaban: alumnos, maestras y mamás de otros grados, siempre vestía muy bien y olía rico, era delgado, estatura promedio y se mantenía en forma, algunos rumoraban que había sido jugador de futbol profesional, al platicar con él se notaba que era muy culto porque sabía de cualquier tema.

    Un viernes no pude pasar por mi hija al salón y mandé a mi mamá, así que no supe cual era la tarea y se me hizo fácil mandarle un mensaje por WhatsApp al maestro Alfonso para preguntarle, pero no me contestó sino hasta las 11 de la noche disculpándose por la hora y justificando que no traía batería, ya me explicó y se volvió a disculpar por la hora, le dije que no había problema que acababa de hablar con mi esposo y todavía estaba despierta, el profe me empezó a hacer preguntas sobre mi marido, su trabajo, etc.

    Para eso ya mis hijas estaban dormidas en su habitación, sin darme cuenta ya eran casi las 12 de la noche y seguíamos mensajeando, le pregunté que si no se molestaba su mujer por estar mandando msj tan tarde y me dijo que él era de otro estado y vivía solo, su esposa estaba con sus hijos a 3 horas de distancia y sólo iba a verlos en vacaciones.

    Poco a poco fuimos platicando con más confianza y me preguntó qué extrañaba más de mi marido, yo le contesté que su compañía, él me dijo que si no extrañaba el sexo… de momento me sonrojé y quise bloquear su número, pero por otro lado el morbo me calentó y le dije que sí, pero que me tenía que aguantar que mi marido me había dejado sola por trabajo, después me dijo que él también extrañaba a su esposa y que la quería mucho, pero que las ganas le rebasaban y no tenía nada de malo desahogarse con alguien.

    La plática cada vez subía más de temperatura y platicábamos sobre posiciones sexuales preferidas, las que me gustaban a mí y a él, la ropa interior que usaba y me pidió que le mandara una foto, yo le dije que sí pero que también él me debía mandar una. Rápido busqué un baby doll que me compró mi marido y me lo puse y me saqué la foto en el espejo mostrando mi gran culo con hilo dental puesto, luego me saqué una foto de mis tetas que también son grandes y por último una de mi panochita y se las envié.

    Alfonso elogió mucho mi cuerpo y me decía que era una diosa y después me envió una selfie en donde se veía su torso y otra en donde se le veía su verga, era enorme y gruesa, para ese momento yo ya estaba toda mojada. El profe me propuso que nos quitáramos las ganas, yo le pensaba porque se enteraran mis papás o los vecinos, él propuso que después de dejar a mi hija en la escuela lo esperara a dos cuadras y él iba a pedir permiso fingiendo sentirse mal, yo acepté porque si me había puesto muy caliente y necesitaba sentir una verga dentro.

    Tal y como lo planeamos pasó por mí me subí a su coche y le dimos rumbo a la salida de la ciudad que es donde se encuentran los moteles, yo iba muy nerviosa pero ya entrando al cuarto me olvidé de todo.

    El maestro Alfonso me empezó a besar apasionadamente, me abraso fuerte y me agarraba las nalgas como desesperado, me quitó el vestido y empezó a chupar mis chiches metiéndoselas alternativamente en la boca, pasaba la lengua muy rico por los pezones lo cual me hacía retorcer de placer, me quitó las bragas y ya estando completamente desnuda retrocedió unos pasos para admirarme diciendo que estaba buenísima y que mi marido era un pendejo por dejarme sola, la verdad es que mi cuerpo era mi orgullo, siempre me había cuidado y tenía las nalgas muy firmes, unas piernas largas y torneadas, mis tetas eran grandes y duras a pesar de tener 2 hijas.

    El maestro no podía creer todo lo que se iba a comer, recorrió mi cuerpo con su lengua desde la punta de mis pies hasta mi cuello, yo estaba que explotaba de caliente. Me acomodó en la cama y empezó a chuparme mi cuquita tan rico que yo gritaba de placer, tenía una técnica depurada para introducir su lengua en mi vagina, me puso en cuatro y siguió dándome sexo oral, pero ahora la técnica incluía una lamida de ano, algo muy rico que nunca antes había experimentado y como me sacó unos gemidos continuó con más énfasis en esa área, pero ahora trataba de introducir su lengua dentro de mi orto lo cual disfrutaba muchísimo.

    Alfonso se quitó su pantalón y dejo ver el monstruo que tenía entre las piernas, el largo era como el de mi marido, pero el grosor era lo doble, me hizo metérmelo en la boca, pero me costó trabajo metérmelo, así que decidí mejor lamerlo por los lados y pasear mi lengua por su gran cabeza, los dos estábamos tan calientes que me lo metió de un empellón, yo sentí que me partía en dos, me dolió pero pronto me acostumbre a esa vergota, era un dolor placentero que nunca había sentido con mi esposo, a pesar de que el maestro Alfonso ya estaba maduro tenía la energía de un tigre o tal vez eran la euforia de coger con una mujer menor que él.

    Yo agradecía esa experiencia porque practicó en mi muchas posiciones que no conocía y me daban mucho placer era la mejor cogida que había recibido en mucho tiempo, tal vez era por el tiempo que tenía sin coger o la gran verga del maestro o el cuarto del motel o todo junto, pero me sentía la más puta del mundo y la más satisfecha, Alfonso no se cansaba seguía metiéndome una y otra vez su macanota, dándome nalgadas, apretándome las chiches y yo feliz, pensé que no acabaría esto, pero nos dimos cuenta que ya casi era hora de la salida de la escuela y tenía que pasar por mi hija y el maestro tenía que regresar a la escuela, así que empezó a acelerar las metidas de verga que me estaba dando, para ese momento ya estaba yo bien abierta.

    Cuando Alfonso sintió que ya venía su leche me preguntó que donde la quería, yo le dije que en mis nalgas, él sacó su pitote y me aventó toda la leche en mis nalgotas y luego empezó a barnizarlas para que quedaran todas cubiertas de su jugo que fue mucho.

    Nos vestimos y salimos del motel, regresamos me dejó a 3 cuadras de la escuela, caminé, pasé por mi hija lo saludé de lejos como si nada hubiera pasado y nunca nadie se enteró de esa aventura extramarital que tuve.

    Fue la única vez que lo hicimos porque al final del ciclo escolar él regreso al lugar donde vivía.

    Le agradezco a mi amiga lectora por la confianza de enviarme su relato para publicarlo en mi cuenta y con esto desahogar un poco su culpa, además de recordar y volver a vivir.

    Les dejo mi correo por si alguna otra amiga me quiere compartir su experiencia: [email protected].

  • Una experiencia entre amigos

    Una experiencia entre amigos

    Hoy les vengo a contar la historia de nuestro primer intercambio.

    Todo empezó un fin de semana que los amigos de mi novio organizaron una salida a acampar hace rato no salíamos, así que aceptamos, el plan inicial era ver las estrellas y desconectarnos de todo y todos.

    Finalmente viajamos 5 parejas todos en plan de pasar un buen rato, lejos de imaginarnos lo que realmente sucedería.

    El lugar era cálido y aislado de todo, al llegar armamos los campings y preparamos lo esencial para nuestra estadía. Estamos en verano así que el calor era abrumador las chicas decidimos colocarnos los trajes de baño e ir al río.

    Pude notar como mi novio se quedó viendo con deseo a la mujer de su amigo, (ella era realmente muy linda tenía unas tetas grandes y buena cola) el no logro disimular su deseo por ella y no lo juzgo realmente era una mujer muy guapa, bajé la mirada a su pene y pude notar que lo tenía duro.

    Transcurrió el día y llegó la noche, hicimos una fogata y empezamos a beber, todos estábamos muy animados y disfrutábamos del momento. Luego uno de nuestros amigos sugirió que jugáramos a la botellita, así que accedimos, iniciamos con preguntas sexuales y poco a poco el juego se puso más candente.

    Decidimos subir el nivel y empezamos a jugar a quitar prendas y ahí empezó todo, luego de un rato todos estábamos desnudos sentados frente a la fogata, una de las parejas sugirió que continuáramos con los retos, pero las demás parejas se retiraron y se fueron a sus carpas a dormir, mi novio y yo accedimos.

    Así que solo quedamos 2 parejas, y justo estaba la mujer por la que mi novio había tenido aquella erección.

    Mi novio lanzo la botella y le cayó a ella, y él la reto a que se tocara en frente de todos y ella accedió, todo vimos cómo empezó a tocarse y no podía dejar de ver la cara de placer de mi novio.

    Luego el turno fue mío y reté a amigo de mi novio a besarme las tetas, realmente lo disfruté lo hacía muy bien, mi novio empezó a masturbarse al ver aquella escena.

    Luego la novia de nuestro amigo y yo empezamos a besarnos y a tocarnos, y nuestras parejas estaban muy excitados.

    Ella muy traviesa se fue donde mi novio y le empezó a chupar la verga, él estaba muy emocionado pues no creía lo que estaba pasando, nosotros al ver aquella escena empezamos a repetir lo que ellos hacían.

    Mi novio no aprovecho la oportunidad así que la empujó al suelo y la puso en 4 y la empezó a penetrar ella solo gemía de placer mientras el jalaba su cabello y la nalgueaba.

    Yo por mi parte solo los veía y me tocaba era muy excitante aquella escena.

    Ella se subió encima de él y empezó a cabalgarle encima él le tocaba las tetas y su cara lo decía todo, estaba muy excitado nunca lo había visto así ni siquiera conmigo, ella bajo hasta su verga y se la chupo hasta hacerlo venir, su semen salió como una explosión y le salpicó la cara, él estaba muy complacido y yo también lo estaba al verlo.

    Fue una noche de locura después de eso nos fuimos a nuestro camping e hicimos el amor como nunca fue una noche mágica.

  • Carla: Tío, padre, hermano y yo, fiestón familiar

    Carla: Tío, padre, hermano y yo, fiestón familiar

    Absolutamente verídico. Era evidente, los primeros días desde que padre y hermano, en realidad medio hermano, supieron la verdad y comenzaron a tener relaciones con Carla (en lo posible yo presente), era cuestión de que llamaban y llamaban para darle. Insaciables.

    Entre polvo y polvo, y en la previa, se fueron enterando de nuestra liberalidad en lo sexual, e inevitablemente surgió el tema de posibles favores. Favores con clientes de cuyas compañías ellos llevan todo el temario jurídico. Carla lo puso claro desde el principio, no estaba muy dispuesta a hacer favores a quienes nada debía, ya es demasiado coger con ellos (y lo disfruta de verdad), pero, si todos salían ganando, entonces sí. Y había otra condición que también gustó a los abogados… nadie sabría de la relación familiar.

    Por otro lado, en sus mas que frecuentes diálogos telefónicos, Carla puso al tanto de todo al tío, y le dejó bien en claro que es el tío el preferido y que si hay conflicto de horario o de días, el tío tiene la preferencia, solamente por detrás de M, el de la multinacional, a quien por razones que imaginarán se le da preferencia absoluta. Incluso yo he obsequiado a M mi preferencia absoluta. Sobre la fiestita que M hizo con Carla en Asunción, la relataré en otro post.

    Y a veces las cosas se dan a pedir de boca, y mi esposa, que hace poco regresó del Sur Argentino con sus amigas de viaje, partió con las mismas amigas a Cataratas. Como se suele decir, “miel sobre hojuelas”.

    Con nosotros libres, padre e hijo en estado de permanente erupción seminal y el tío sin ver a Carla desde unos 40 días, al regresar ella de Asunción se imponía una reunión familiar.

    Así lo hicimos, el tío vino desde su ciudad con la excusa de sus negocios y para poder aprovechar y escaparse, dijo que vendría el sábado temprano para ir a pescar conmigo sábado y domingo.

    El abogado Jo se sumó a las supuestas salidas nuestras, diciendo que somos nuevos clientes; y el junior Ju es libre y hace lo que quiere.

    De hecho, dado que sería reunión en familia, nos reunimos en el apartamento de Ju.

    No había dudas, sería un día de mucho sexo, pero con orden, terminando de ordenar el tema familiar, y como se suele decir, estableciendo “el orden de picoteo”.

    Nos citamos para el sábado después del almuerzo. El tío tuvo unas tres horas de descanso, y el resto almorzamos, Carla y yo juntos, y fuimos para el apartamento de Ju, lógicamente ya Carla se había hecho su tratamiento para impecable sexo anal.

    Para la reunión, eligió un sencillo vestido blanco, de algodón, todo abotonado al frente, sin transparencia y sandalias de taco alto. Muy sencilla y acorde al calor del sábado pasado, insólito en invierno. No había necesidad de vestimenta impresionante, ya todos sabíamos que íbamos a charlar de lo familiar y a coger.

    Al comienzo, luego de la charla intrascendente y de que el tío T y Jo reconocieran haberse visto alguna vez hace unos 34 o 35 años, Carla dijo que quería dejar cosas bien claras.

    “El derecho absoluto a sexo lo tiene Sergio que es mi pareja, pero por conveniencia mía le cede ese derecho absoluto a M, el de la multinacional, que me mima y consiente mucho además de ser extremadamente generoso. Sergio le cede su derecho pero está por encima de todos los demás, aunque a veces mira y a veces participa. Los siguientes, en igualdad digamos, son mi tío a quien debo mucho, de antes y de ahora, y Pedro, un estanciero genial y a quien le gané un desafío que quiero repetir, casi casi como M. Después viene usted papá y luego Ju, mi hermano, lo considero hermano completo.

    Los induje a cogerme simplemente como una especie de revancha y para que se sintieran mortificados, y resulta que nos terminó gustando a todos.

    El orden de precedencia no se discute, salvo que Sergio o yo lo cambiemos por diversión, conveniencia, o por un gusto especial. Y todos con análisis periódicos para disfrutar bien a gusto.

    Si alguien no está de acuerdo, se va, o nos vamos Sergio y yo, ja ja”.

    Todos de acuerdo, comprendieron y aplaudieron ja ja. “Menos mal, dijo el tío, llevo como 40 días sin verte, y cada conversación telefónica me la deja dura, ya desde antes de llamarte”.

    Paca cuando dijo eso, sabiendo que todos queríamos lo mismo, sentado como estaba al lado de ella, que se había ocupado de que al sentarse se le subiera un poco el vestido a los muslos, comencé a desabotonar el frente del vestido. Poco a poco el vestido se abría, los muslos se veían cada vez mas, hasta que finalmente, abriendo las piernas dejó ver que en su concha lucía un pequeño moño negro. Se paró y abrí bien el vestido hasta la cintura, mostrando de frente su mini tanga hecha por encargo por su costurera. La concha apenas cubierta por un moño de seda negro, por debajo de los pelitos, que juguetonamente mantiene en forma de landing strip pero los ha dejado crecer un poquito mas de largo, y por ello ahora mas suaves y sedosos.

    Dos hilos negros suben a otro negro horizontal, a manera de cinturón, y el hilo que pasa entre sus nalgas, sube a unirse al cinturón en su espalda en otro moño negro. Siempre mostrándoselas de frente a sus machos de la familia, algo muy muy fuerte créanme, terminé de desprender los botones del vestido, dejando al descubierto sus hermosas tetas, cuyos pezones, erectos de excitación familiar, hacían juego con las vergas ya casi duras de sus familiares que ya desnudos la contemplaban encantados.

    Para excitarlos mas aún, comencé un suave masaje a los senos, con el resultado de algunos gemidos, y rápidamente Carla giró su cabeza para enlazar nuestras lenguas.

    Unos cuantos segundos de besos de lengua y masaje de tetas y la hice girar, para, de espaldas a ellos, dejar caer el vestido y que vieran ese fabuloso culo, partido al medio por un mínimo hilo negro y coronado por su moño de seda, justo tapando los ganchos que cierran la tanga. Suspiros y un pequeño aplauso coronaron esa visión.

    Desenganché los hilos que sostenían la tanga y también la dejé caer, masajeando las dos hermosas mitades del culo.

    Sufrían ellos, pero yo quería marcar un poco mi mandato, y como se imaginarán, la fui guiando a doblar su cintura y abrir sus piernas, para frente a ellos lamerle culo y concha. Luego me arrodillé frente a ella, y lentamente fui descubriendo su hermoso , rosado y pequeño clítoris, que succioné y lamí a gusto, mientras Carlita ya chorreaba de excitación, por lo mío y por la situación, sobre todo al ver la verga del tío, como hierro de dura.

    Al ver que la situación haría que el tío acabara al aire si demoraba mucho, me incorporé y con un gesto caballeresco de mi mano, mostré a Carla diciéndole al tío: “tu turno”.

    De inmediato la levantó en sus brazos como novios en noche de bodas y la llevó al dormitorio, seguidos de padre y hermano, mientras yo tranquilo, me servía un gin tonic, siempre bueno en días de calor y fui el último el llegar al dormitorio, sentándome a mirar en una de las butacas.

    “Venga tío” dijo Carla, después de una pequeña serie de besos de lengua, “le voy a hacer un poquito la salchicha al pan”.

    Lo puso boca arriba, se montó sobre él y separando bien los muslos, abriendo los labios externos puso la verga entre ellos, horizontal, tal como un frankfurter en su pan. Allí comenzó a moverse hacia atrás y adelante, mientras nos preguntaba, “se ve bien?” Era hermoso ver como los labios se envolvían alrededor del largo de la pija, la cabeza afuera sin cubrir… hasta que el tío no pudo mas: por favor amor, metétela!

    Carla elevó su cuerpo, puso vertical la verga del tío y bajó lentamente sobre ella hasta que estuvo metida a fondo.

    -40 días es demasiado tío, tiene que venir mas seguido, me va a inundar! Y comenzó a subir y bajar cada vez más rápido.

    Se le veía en la cara, el hombre no aguantaba más; y en un par de minutos cerró los ojos y solamente dijo: Ahhh.

    Mi dios dijo Carla, que chorro! Siga! Siga! Re caliente lo siento. Que divino!

    Otro par de minutos con el tío aún con la verga dentro de Carla mientras recuperaba la respiración, y dijo: sigo sintiéndome lleno de leche, voy por otro!

    Y nadie pudo decir nada, salvo Carla: Ayyy sííí y tengo una idea!

    Se salió de él, y tras la verga cayó un auténtico chorro de semen, mientras Carla se lanzaba a limpiar el miembro del tío y yo a seguirle chupando la concha, al haber visto la seña de dos que Carla me hizo.

    Por supuesto el tío le manoseaba las tetas, con semen del que había caído a la sábana.

    Con el miembro del tío erecto nuevamente, y con el padre y hermano desesperados, me senté al borde de la cama, Carla me montó de espaldas a mi (una delicia entrar en esa concha inundada), tanto Carla como yo nos echamos hacia atras y su concha quedó disponible para que el tío completara la doble penetración, que ya hemos hecho pero en cucharita, y por cierto esta es mas difícil. Pero la calentura puede mas. Le dimos a satisfacción y logré acabar primero, luego Carla comenzó a temblar y gemir y enseguida el tío le tiró la segunda acabada, que vaya si sentí fluir sobre mi miembro.

    Jadeamos, nos salimos y mientras Carla se la limpiaba al tío, yo aventuré: ahora el papá. Y Carla: Sí, concha y culo quiero papi.

    Ni tiempo le dio. Así en cuatro mientras terminaba de limpiar a T y me limpiaba la mía, el padre la clavó en la concha, “para lubricar la pija” una delicia según comentaba luego.

    Solícito, Ju, el hermano comenzó a ponerle gel en el culo, de a poco, con movimientos circulares hasta empezar a meter un dedo y luego dos, entonces dijo: listo papi.

    Al momento Jo la sacó de la concha, bien bañada en leche y flujo y la apoyó en el mas bello agujerito. Habiendo jugado Ju con sus dedos, simplemente apoyó la gran cabeza con la que su pene ha sido favorecido, y empujó de una, confiado. Se oyó Ahhh! Y vi que Carla clavaba las uñas en la sábana, pero teniéndola adentro atinó a susurrarle no me acabes adentro, la quiero en la cara. El ritmo fue un in crescendo perfecto, lento al principio, cada vez mas rápido y fuerte hasta que los cuerpos chocaban y se oía el plaf plaf de los cuerpos al darse uno contra el otro. A. Eces el ritmo bajaba, y Carla levantaba las nalgas para que le entrara mejor. Por dos veces llegó la prueba suprema, el padre sacó la verga y se la volvió a meter a fondo uno vez, dos veces… “siento que me vengo” dijo y la volvió a sacar.

    Carla se giró, de rodillas expuso la cara mientras Jo se masturbaba para acabarle. Los chorros, como cuatro fueron generosos, frente, pómulos, nariz y labios recibieron su parte de chorros o de lo que escurría. Lo que fue a los labios y lo que estaba cerca, se lo devoró Carla, mirando al hermano y a mi. Yo explotaba de alegría, ya vacío desde hacía rato, y el hermano recibió un pedido: Quiero lo mismo del otro día, cogeme la boca. Y se acostó boca arriba.

    —Sí, dijo Ju, pero primero un poco de concha.

    -Bueno, pero por favor culo no, no doy mas en mi culo, mi papá es terrible…

    El joven la montó en misionero, le abrió bien las piernas y comenzó a pasarle la verga por los labios llenos de leche, hasta mojarle de la mezcla de semen los pelitos, que de inmediato me puse a acariciar.

    La verga del hermano le entró sin esfuerzo, iba y venía con la fuerza de la juventud, hasta que dijo: Ahí voy!

    La sacó y como la vez anterior, se puso perpendicular a la cara de Carla, le metió la verga en la boca todo lo que pudo y apoyado en sus manos y la punta de sus pies, con el cuerpo un poco curvado, le cogió la boca hasta acabarle.

    -Gracias hermanito dijo Carla, vení que creo que tiene mas, y se la chupó y lamió a gusto un poco mas.

    Como siempre, por turnos nos fuimos duchando, Carla y yo fuimos juntos y últimos.

    Al salir, ya todos vestidos, nos pusimos a charlar nuevamente de unas y otras cosas.

    El padre insistió en si eventualmente Carla le podría hacer un favor con algún amigo o cliente del estudio.

    -Papá, ya le dije que favores a quien yo quiero, el resto o busca por otro lado o paga, pero con mi concha nadie hace favores! Verdad tío?

    —Muy cierto Jo, hace un tiempo vine con un amigo, cliente además, y Carla para que pudiera coger, al saber que había venido a vender novillos, le pidió el equivalente a tres. Mi amigo terminó aceptando porque Carla amenazó con echarnos, a él y a mi por querer entregarla.

    -Tengo una vida que vivir y mucho que prosperar, divertirme me divierto cuando y con quien quiero. Vos papi y mi hermanito no lo saben, pero he cogido albañiles, pintores, carpinteros, un carnicero, dos pisteros de estación de servicio, pero porque yo quise. Soy o me obligaron a ser fuerte y a depender de mi. Sepan eso. No la aplaudieron, quedaron duros, pero merecía el aplauso.

    Rápidamente volvimos a cambiar de conversación, y en un aparte, Carla me cuenta todo, el tío le preguntó y ella le respondió al oído, cual había sido el desafío del estanciero que ella había cumplido. El tío abrió los ojos como platos y dijo bajito… Vaya desafíos! Pues en realidad ella había mencionado uno al comienzo pero fueron tres y los tres los cumplió.

    -Un favor les pido, sobre todo a usted tío, quiero descansar mañana domingo, pasear con Sergio y nada mas. Ya que se va el martes, en lunes de noche venga a dormir a casa.

    —Con gusto sobrina, y si quieren mañana almorzamos o cenamos juntos, aprovechando la libertad de Sergio

    -Ya nos comunicaremos.

    -Gracias por invitarnos a tu apartamento hermanito, pero no te envicies! Y tu tampoco papá. Y saben bien que podemos hablar cuando quieran, como familia, y saben también mis condiciones para los favores de negocios.

    Por cierto quiero que preparen si es viable legalmente, un documento en donde yo renuncio a cualquier derecho, incluso sucesorio, respecto a mi familia paterna. Me avisan y paso por el estudio a firmar.

    Cuando íbamos a retirarnos, entre apretones de manos y besos de lengua, lo imprevisto!

    Besó a su papá y a su hermano, y Carla se dirigió a su tío: Lo llevamos al hotel? Oero tío que veo! Sigue de duro!

    —Sí sobri, no quedé vacío, venía muy cargado, de 40 días.

    -Pues yo estoy agotada, se aguanta hasta el lunes, y nada de deslecharse con otra! Ja ja.

    —Resistiré lo que sea sobrina! Pero preparate para el lunes de noche.

    Nuevo saludo de Carla a sus familiares, y nos fuimos. Conducía Carla y tomó la ruta de su apartamento, no la del hotel donde ésta. Es se alojó el tío.

    —A donde vas Carla?

    -A casa tío y tomamos algo y charlamos

    —Ahhh bien.

    Llegamos, subimos al apartamento de Carla, y ella fue a cambiarse de ropa, para mas comodidad, pues para volver al hotel le llamo un taxi tío.

    Nos quedamos conversando de la experiencia familiar, le conté al tío que no era tan poco común, Carla y yo conocemos y hemos disfrutado la experiencia de Marife y sus hijos Sofi y Gonza.

    El relatarle eso, puso al tío de pija mas dura, y cuando al rato volvió Carla después de otra ducha y vestida solamente con el último vestido de red que le regalé, la exclamación fue: Carla! No podés hacerme eso, me queda por lo menos otra acabada trancada en los huevos y te aparecés así!

    Había venido de sandalias de taco bien alto, como siempre, y mi último regalo; un vestido de red color turquesa, comprado en la boutique de productos eróticos que suelo frecuentar.

    Sin nada debajo, red amplia, de mas o menos 3×3 centímetros delante y detrás, mientras que a los costados, la red es de mas o menos 1×1 centímetros. Los pezones afuera, todo a la vista.

    -Me voy a sacrificará por usted tío! Un polvo mas, de concha y boca, pero primero dígame si le gusta el vestido que me regaló Sergio.

    Decir que el tío se sintió como yendo al paraíso es poco. No podía creer que iba a cogerla de nuevo (yo tampoco, después de todo lo que le habíamos dado), y ella comenzó a mostrarse cada vez mas cerca mientras el tío se desnudaba.

    Tampoco yo resistí mucho y me desnudé, guiñé un ojo al tío, que asintió, y comencé a acariciarla desde atrás, ya desnudo. Le hice señas a T de que se acercara y él la acariciaba desde adelante y se besaban mientras yo le lamía la nuca apartando su cabello, y le refregaba el miembro entre sus hermosos glúteos.

    Estábamos calientes como al comienzo de la tarde. Al rato no aguantamos mas y cambiamos las ubicaciones, él pasó hacia atrás y yo adelante, con lo cual me dediqué a acariciarle y chuparle las tetas, besarnos profundamente de lengua, prácticamente echándonos saliva el uno al otro, mi pija refregaba sus pelitos y a veces le tomaba la cara con las manos y le lamía las mejillas. El tío parecía una máquina de amasarle el culo con sus manos, deleitándose con el tacto de las manos sobre la red del vestido, mientras su miembro iba y venía entre las nalgas, sin atreverse al agujerito tan forzado por el glande del padre de Carla, que dicho sea de paso, disfrutaba enormemente todo el manoseo.

    Finalmente, aprovechando que el vestido es simplemente un tubo de red elástica, sin breteles, comencé a bajárselo desde los hombros. Me detuve a lamer y chupar al liberar los senos, aunque gracias a la red, ya lo había hecho antes, sensaciones bien distintas.

    Lo bajé hasta sacárselo y me hinqué a chuparle la concha mientras T y ella se besaban. Luego le dejé todo el frente al tío mientras yo le acariciaba y besaba su hermosa espalda, y también su culo.

    -Que bien se siente ahora, dijo!

    Suavemente la conduje al sofá de cuero del living, captando la idea, ella dobló su cuerpo sobre el posa brazos, exponiendo la concha y el culo a pleno.

    La penetré sin dudarlo, la facilidad con que entró sugería que quedaban restos de leches de la fiesta familiar, mientras el tío, arrodillado en el sofá, se la daba a chupar.

    Siempre igual, en pocos minutos acabé y casi que en dos saltos el tío y yo intercambiamos posiciones.

    Aún cargado, T no duró mas de seis o siete minutos, y por los gestos y el modo en que yo, ya libre y desde atrás de él miraba contraerse su escroto, no menos de tres o cuatro chorros volvieron a homenajear la vagina de Carla.

    Ella de tiró al sofá, y dijo: siento como me va a chorrear, menos mal que el sofá es de cuero y no mancha!

    Siendo los caballeros que somos, enamorados de ella, primero yo y luego T nos ocupamos de hacer misionero, y lo que se salía, un poco volvíamos a metérselo en la concha (una delicia de sensación, tanto hacerlo como verlo) y otro poco se lo frotábamos hacia los pelitos púbicos.

    Al final, agotados de verdad, nos fuimos a tirar a la cama, nos acariciamos y jugamos un rato. Otra ducha! Y T se fue a su hotel, habiendo acordado almorzar los tres en domingo, cumplir con el descanso a Carla y que se encontrarían al terminar T su trabajo para dormir juntos, solos, el lunes de noche.

    Yo dormí, realmente dormimos, con Carla, y el domingo temprano fui un rato a mi casa a llamar a la turista que disfrutaba de las Cataratas.

  • Devorado como un cordero

    Devorado como un cordero

    Llevamos varios meses sin vernos por su viaje a Chile y un día después de varios intentos al fin logramos encontrarnos.

    A la misma hora de siempre llego a su departamento, esta vez tiene que bajar a abrirme porque cambiaron las reglas del edificio, la espera me genero ansiedad y el nudo en el estómago que no puedo evitar en estos encuentros.

    El portero y otra persona me inquietan hasta que al fin la veo salir del ascensor.

    Me pareció más flaca y con sus piernas aún más largas, tiene puesto un vestido negro aunque suelto no puede ocultar sus grandes senos, su pelo desordenado como siempre y sus grandes ojos negros.

    Me hace una seña y voy.

    Subimos por el ascensor del frente que lleva al otro ingreso que tiene el departamento.

    El ascensor es muy pequeño estamos muy cerca me mira fijo jugando con su sonrisa y haciendo muecas, muestra su boca de buzón, se muerde el labio inferior y roza su mano apenas por el bulto de mi pantalón que comienza a tomar consistencia.

    Entramos al departamento por la cocina y luego pasamos al comedor que está totalmente vacío, ya no tiene el sillón, ni la lámpara de luces rojas en piso.

    -Veni pasa!! Me invita a su habitación.

    Mientras escribo resuena en mi cabeza su voz. Ella no paraba de hablar y contarme historias de su viaje, algunas las conocía de por haber leído su blog de relatos eróticos.

    Ya en la habitación me llama mucho la atención un sillón de cuero ecológico blanco muy grande, antiguo como el sillón presidencial.

    Pequeños picos, su vientre que se mueve lentamente apoyado en mi ya abultado pantalón, me abraza con sus brazos por arriba de mis hombros y no puedo dejar de mirar sus labios que ahora están ocupados con su dedo índice, el mismo gesto que tiene en su foto de perfil.

    -Ahora vuelvo. Me dice.

    No tiene sentido que me quede con la ropa puesta la erección que me provoca esta mujer no puede ser contenida por mi pantalón.

    La espero sentado en el sillón blanco, desnudo con la pija mirando el techo me tiro hacia atrás apoyando mi cabeza sobre el gran respaldo. “Reposando como un Rey” ella escribió alguna vez en un relato sobre un encuentro nuestro.

    Haciendo un paso de baile estirando la pierna y levantando los brazos hace su aparición con un vestido hecho de un hilo negro formando rombos, ajustando sus tetas naturalmente operadas que quieren escapar entre los hilos. Sus pezones grandes del tamaño de la tapa de un frasco de mermelada ocupan varios rombos.

    Sigo en el sillón y ella comienza a caminar lentamente rodeando la cama hasta llegar a la mesita donde tiene dos copas. Lamento no poder tomar con ella luego tendré que seguir con mi rutina, sirve Chandon y sensualmente retoma el camino con su copa en la mano en busca de su presa. Ya está arrodillada frente al fierro, apoya la copa en el piso y agarra el pedazo hirviente con una mano desde el tronco, con la otra mano apoyada en mi pecho me guía suavemente hacia atrás. Besa mis bolas aprisionadas por la terrible erección, le gustan se queda ahí un rato y comienza a tragar el falo, le pido que lo haga lento, sostengo su cabeza para guiar el ritmo y comienzo a entrar en su mundo muy lentamente.

    Atrapado en ese sillón siento que voy a ser devorado como un cordero, ella se para y elimina los rombos de su cuerpo, trepa mi tronco agarrándose de mi cintura, con la otra mano me toma de ambas muñecas y estira mis brazos. Con increíble habilidad y sin utilizar sus manos guía con su concha mi pija al sitio correcto solo le queda flexionar un poco sus rodillas para ser penetrada.

    Se mueve suavemente buscando que mi pene llegue hasta el fondo de su envase, su orgasmo fue con pocos movimientos, sentí erizar su piel, sentí mi vientre mojado por sus jugos, sentí su concha caliente, sentí sus tetas enormes aplastarse contra mi pecho, no tiene sentido estirar el tiempo quiero extinguirme en este momento mágico junto a ella.

    Quedamos inmóviles en el sillón abrazados en silencio por varios minutos.

    Fue solo un anticipo de la terrible cogida que vendría, todavía recuerdo la potencia de esa mujer desenfrenada sobre mi pija pidiendo más y más.

    Vuelve en busca de su copa pero olvida que la dejó en el suelo, rodea la cama hacia la mesa de luz nuevamente para servir la copa que hubiera sido mía, me acuesto en su cama de respaldo capitoné negro, entre mullidos almohadones blancos y rojos.

    Sensualmente se sienta en posición de yoga en la cama al lado mío, con su copa en la mano sigue contando historias la escucho atentamente sin poder sacar la vista de sus pomelos y su vientre tatuado. Imágenes de encuentros anteriores aparecen en mi cabeza mientras ella sigue con historias. Su risa endiablada me desconcentra y veo que comienza a pajear mi garrote que ya recibió la señal de mi cerebro, pasa por arriba de mis piernas con un movimiento rápido como si le faltara algo y vuelve con su portaligas colocado en la cintura y ahora si se traga la pija hasta el fondo de su garganta, no para de mover la cabeza a gran velocidad la voracidad que tiene por comer mi pedazo me da un poco de miedo.

    -Ponete de espaldas. Le pido.

    Abre sus piernas y me abro a paso hacia el centro de su ser queda en mi retina pasmado para la eternidad esa instantánea. Cabalga un poco pero no está cómoda.

    Nuevamente de frente vuelve a colocar el pedazo en su boca y lo devora golosa.

    Satisfecho su apetito toma el producto creado con su labios y lo entierra en su quinta, en ese momento pensé, agárrate fuerte, presiento una cogida extrema.

    Sus movimiento fueron bestiales sentía mi verga muy grande apretada por su vagina, sin parar de moverse a un ritmo muy intenso que apenas podía soportar. Coloca sus tetasas en mi cara y me dice -Chupame mucho por favor!!

    Abriendo mi boca lo más grande posible engullo ese pezón enorme, muy duro y moviendo mi lengua rápidamente intento calmar a la bestia de mujer.

    -Mordeme un poquito! Sigo sus instrucciones con el pecho izquierdo.

    La cabalgata feroz no para. Con la mano izquierda amaso su pecho derecho no puedo agarrarlo totalmente. Hubiera deseado tener dos bocas. Cambio la boca al pecho derecho y chupo como un bebote y coloco la mano derecha a la teta izquierda. La cabalgata es más intensa interminable al ritmo de mi lengua.

    -Dame más ya viene!!! Es casi un grito ahogado.

    Sigue cabalgando y yo chupando e intercambiando de pezón, descanso y ella cabalgaba más fuerte. Casi ahogado necesito respirar y no me deja.

    -Seguí chupando más!!! Grita.

    Fueron muchos sonidos de placer ufff, uaaah, uyyy, dame más, dios.

    El orgasmo la hizo aflojar un poco y dije es mi turno. La acomode en 4 atravesada en la cama y la ensarte sin cuidado con mi fierro empapado por sus líquidos estaba totalmente loco y vengue su locura en esa posición por mucho tiempo.

    Satisfecho yo, arrodillado en la cama me saque el preservativo, exhausta ella se acostó boca arriba a mi merced y decore su hermoso tatuaje con mi semen.

    Silencio sepulcral de nuevo. Debo irme y seguir con la rutina, miro mi celular y tengo varios mensajes.

    -No te vayas!! Me dice.

    Comienzo a vestirme baila un poco. Me hace escuchar su canción favorita intenta retenerme un poquito mas y se interpone levemente en la salida. Debo irme.

    Me hubiera quedado si hubiera sabido que esta sería la última vez en verla.

  • Con mi cuñada la flaca (2)

    Con mi cuñada la flaca (2)

    Que tal mis amigos lectores… la continuación del relato con mi cuñadita.

    En eso la recargué de frente a la barra de la cocina, con la carita en la barra y sus piernas colgando hacia abajo, sabía que no había mucho tiempo, le baje sus pantalones, traía unos boxercitos negros que le apretaban bien rico las nalguitas, también se los baje, después me incline y empecé a mamarle la panocha y el culito que se veía bien apretadito al mismo tiempo que me estaba dando unos jaladones de verga!!!

    F: ahhh así cuñadito así, que rico ya no aguanto voy a terminar.

    J: Que rico cuñadita vente en mi cara!!

    F: Hay me vengo me vengo cuñadito.

    J: Cállate nos van a escuchar!!!

    En ese momento de vino a chorros (igualito que su hermana), respiraba de forma agitada, no decía nada, yo todavía no me venía pero ya traía la verga bien parada. No había mucho tiempo ya habíamos tardado mucho así que no iba a dar tiempo que me la mamara, así que se bajó de la barra se asomó su bóxer negro y cuando se iba a subir el pantalón le dije que de perdido me la jalara.

    J: De perdido jálamela cuñada no me puedes dejar así, traigo la verga bien parada.

    F:La verdad si está muy grande, pero rápido…

    Me empezó a jalar la verga con su manita y con la otra me apretaba los huevos, entonces por primera vez la bese, estábamos muy cachondos nunca me imagine estar en esa situación con mi cuñada, tan apretada que se veía.

    J: Ya me voy a venir cuñada.

    F: Vas a manchar el piso.

    J: Ábrete poquito el bóxer.

    F: No manches no.

    J: Si ándale ya me voy a venir… aaaah ahhh

    Entonces se alcanzó a despegar su bóxer negro y le eche toda mi leche, la verdad es que me salió bastante leche, fue un orgasmo delicioso. Ella rápido se acomodó la ropa, me dice me dejaste toda manchada de leche.

    J: Mañana nos perdemos o que cuñadita? nos salimos una hora antes y nos vamos por ahí??

    F: No se cuñado, la verdad si estuvo muy rico pero tengo remordimiento, si se entera mi hermana me muero.

    J: Nadie se va a enterar, aparte estoy seguro que te gusto y te quedaste con ganas de más y yo también.

    F: La verdad si me quede con ganas de que me la metieras, pero te admito que me da un poco de miedo la tienes muy grande y gruesa, mi novio tiene mucho menos que tú.

    J: Ándale vamos si se ve que eres bien cachonda, se te va a ir toda como a tu hermana.

    F: Bueno mañana vemos, no te prometo nada.

    Después de eso, cada quien se fue a sus cosas, el día termino con normalidad, bueno, ahora con algunas miradas de mi cuñada no podía dejar de pensar en lo que le había hecho y se me paraba la verga nada mas de imaginarme como iba a estar de apretadita, aunque debo admitir que también tenía miedo que le ganara la consciencia y se fuera de boca con su hermana, mi esposa!

    El día termino, salimos, pase a dejarla a su casa en el camino no decía nada ni yo tampoco, una cuadra antes de llegar se despide de mi y la verdad es que no sé qué pasó, pero nos dimos un beso de piquito y solo fue un hasta mañana…

    Llegue a casa todo normal con mi esposa, la verdad es que seguía muy cachondo y en la noche le metí un cogidon a mi esposa, no pude evitar comparar y encontrar similitudes y diferencias entre ambas, si bien son muy parecidas del rostro, mi esposa tiene un culo mucho mas formado, con unas caderas deliciosas, de pechos son muy similares, pechos pequeños supongo que es de familia, lo que si es que se mojaban igual cuando se venían.

    Al día siguiente todo normal en la oficina, con un poco de ansiedad si mi cuñada si iba aceptar que me la cogiera, ese día en la mañana estaba radiante con un vestido a la rodillas color celeste, de tirantes, muy linda, muy niña como es ella, con unas zapatillas al piso, cabello suelto y sus lentes que no pueden faltar que le da ese aire de todavía más inocente. El día transcurrió normal, cuando se acercaba la hora que le había dicho le escribí en el chat, le dije si o no?, tardo algunos minutos en responder, pensé que se había echado para atrás cuando me llego su mensaje, «Ok, vamos pero de esto nadie lo tiene que saber ni tu almohada, le comente que me iba a salir yo primero y que 5 minutos después ella saliera.

    Cuando salí, fui por mi coche ella vino rápido a donde yo estaba, cuando la veía venir ya traía la verga bien parada, cuando subió al coche no dijimos nada, arranque a un motel muy cercano que había de donde estábamos, no quería perder tiempo. Después de pagar, entramos a la cochera, le dije espera, te abro la puerta, cuando me di la vuelta y abrí la puerta ella estaba muy nerviosa, con la respiración entre cortada, cuando entramos a la habitación la abrace por atrás, empecé a besarle el cuello y apretarle sus chichitas.

    J: Hay mi cuñadita por fin se me va hacer comerme esto que tienes aquí.

    F: Hay cuñado la verdad es que estuve a punto de decir que no pero me gano la cosquilla de meterme todo esto, siéntate en la cama.

    Cuando me senté, ella se bajó los tirantes de su vestido y cayó al suelo, madre santa de dios, traía un brasier blanco con florecitas y una tanga blanca, nunca en mi vida me imagine a mi cuñada tan apretada con una tanga!!!! se miraba deliciosa.

    F: Te gusta?? me la compre ayer toda apenada en una boutique que está por mi casa.

    J: Me encanta estás deliciosa.

    F: Quítate el pantalón, te la quiero chupar ya.

    Me baje los pantalones con todo y bóxer, de una me quite la camisa que traía y mi cuñada se iba a quitar la ropa interior y le dije que no, que yo se la iba a quitar. Entonces se acercó y se puso de rodillas tomo mi verga con sus manitas como examinando su tamaño su grosor, yo estaba muy cachondo, entonces me la empezó a chupar.

    J: ahhh cuñada que rico, por fin se me hizo tenerte así.

    F: ghhh ghhh si cuñado está muy grande no me cabe en la boca, apoco mi hermana si se la mete toda en la boca?

    J: Si, se la mete toda, le encanta chupármela, tu hermana es muy puta y muy cachonda como tú.

    Cuando le dije eso me la empezó a chupar más rápido la ponía cachonda cuando le hablaba de su hermana, me la estuvo chupando un rato hasta que la hice ponerse de pie, le di la vuelta y le baje la tanga mientras se empinaba, la aprete sus nalguitas que aunque no eran muy grandes si las tiene bien puestas y formaditas.

    J: Me encantan tus nalgas, no sabes las veces que he fantasiado con ellas.

    F: Hay no digas eso, mi hermana tiene mejor nalgas que yo.

    J: O sea que le has visto las nalgas a tu hermana?

    En eso la empine en la cama con las rodillas en la orilla el culo bien parado y su carita en el colchón y se lo empecé a mamar su panochita y su culito delicioso no se imaginan la visión de ese culito.

    F: ahh cuñado, que me haces, que rico, así se lo mamas a mi hermana?

    J: Siiii, te pone cachonda imaginar como me cojo a tu hermana verdad putita.

    F: ahh ahh cuñado me voy a venir, cuñado ahhhh.

    J: Eres una putita muy enferma, quieres ver como le meto la verga a tu hermana, quieres ver a tu hermana cogiendo??

    F: ahh cuñado mámame así chúpame así, méteme un dedito, no quiero ver está mal…

    J: Que mal ni que nada putita.

    En eso le puse un video que tengo mi esposa mientras se la estoy dando por el culote que tiene.

    F: Hay no mames que rico se ve, apoco se la estás metiendo por el culo?

    J: Si putita a ella le encanta ( en eso se la deje ir por su panochita que ya estaba escurriendo).

    F: aaaah cuñado si me entro toda ahhh ahhh ahh

    Gritaba y pujaba como no tienen idea, no dejaba de ver como me cogía a su hermana.

    F: ahhh ahhh ahhh cuñado dame mas, dame mas cógeme fuerte como a mi hermana.

    J: te pone cachonda tu hermana verdad putita?

    F: siii ahhh siii ahhh tiene unas nalgas muy grandes y se come toda tu vergota.

    J: Le mamarías la panochita a tu hermana putita mientras te la meto

    F: ah no se no se si estoy cachonda como ahorita igual y sii, a cuñadoo me vengo ahhh

    Se vino a chorros la cabrona, me mojo los huevo, verga y toda la sabana, ni mi esposa se venía tanto como ella, rápido le di la vuelta e hice que se montara, aún no se recuperaba del orgasmo que había tenido pero lo puta es de familia y se ensarto y me empezó a montar mientras le mamaba las tetitas, ella pujaba y pujaba, yo no iba a aguantar mucho, en eso le empecé a meter un dedito por el culo mientras brincaba, estaba super apretada.

    F: Hay cuñado ahh ahhh me estas picando el culo, ahhh no mames no mames ahhhh me voy a venir.

    J: ahh yo también cuñada no aguanto.

    F: échamelos adentro échamelos adentro aaaah

    Se vino igual o mas, se vino a chorros!!! yo no pude aguantar y la rellene como pavo de navidad, le eche toda la leche, me vine tanto que hasta me dolieron los huevos.

    Nos quedamos así un rato, muy agitados los 2, bañados en sudor, en sus venidas, estaba ella casi que se dormía.

    Cuando se empezó a poner e vestido le quite la tanga y le dije que me iba a quedar con ella de recuerdo, solo sonrío, me abrazo y me dio un beso muy tierno, la lleve a su casa, me agradeció por el palo que echamos y me dijo que por favor no dijera nada a nadie. Ella entro a su casa yo me fui a la mía y esta historia no termina ahí.

    Saludos cordiales su amigo Junior Mty.