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  • Bendito mezcal

    Bendito mezcal

    Una amiga me invitó a comer para una consulta profesional sobre un tema legal, estaban ella y su esposo porque sus hijos se quedaron con sus abuelos, la comida fue muy rica, su esposo me ofreció de beber algunas cervezas y tequila, como estamos en el mes patrio, yo llevé una botella de mezcal, la comida terminó, entre plática agradable y bromas de mi amiga, tocando sólo un poco el tema de la consulta a petición de su esposo, todos aceptamos dejarla para la sobremesa.

    Una vez satisfechos por la comida, ofrecí el mezcal para que nos ayudara a la digestión, ya habíamos bebido algunas cervezas y tequila, así que el mezcal para quienes no lo acostumbran puede ser peligroso, mi amiga nos sirvió a los tres un poco del destilado, tocamos el tema de la consulta, su marido quedó muy satisfecho por la solución que les ofrecí, era una opción que le agradó mucho, así que eufórico no paraba de decir salud constantemente, cabe mencionar que mi amiga es una mujer muy agradable de carácter alegre, sentido del humor inteligente y ácido, con un par de tetas que es imposible dejar de mirar de vez en cuando, además de su sonrisa encantadora, sus amplias caderas, su sensualidad natural es irresistible.

    Después de unos tragos más, el esposo ya estaba muy mareado, yo me tomé un café muy cargado, porque tenía que manejar de regreso, él bebió otros tragos, yo otro café, finalmente me despedí al verlo más mareado, por momentos se quedaba callado, cuando me despedí me ofreció otro trago, le respondí que no, pero insistió un poco al igual que mi amiga, así que accedí, bebí otro caballito con el mezcal, sin embargo, este último fue fulminante para el esposo de mi amiga, cuando nos dimos cuenta estaba completamente dormido, me ofrecí a ayudarle a mi amiga a llevarlo a su habitación, ella me agradeció, se adelantó a preparar la cama, regresó y entre ambos los llevamos a su cama, cuando ella lo acomodaba pude ver parte de sus ricos senos al agacharse, ella sintió mi mirada, volteó a verme y sonrió con un brillo perverso en sus ojos.

    Una vez que lo acomodamos regresamos al comedor, me disponía a despedirme, pero ella me invitó otro trago, acepté encantado para platicar a gusto con ella, después de unos tragos, chistes risas, la temperatura aumentó, no sé exactamente cómo, pero nuestros cuerpos se empezaron a acercar, tanto que podía sentir su aliento, de pronto nuestros labios se pegaron, nuestras bocas se abrieron, nuestras lenguas se enredaron en un intercambio de ricas caricias, nuestras manos acariciaban el cuerpo ajeno, las de ella iban de mi pecho a mí pene, la mías de sus grandes tetas a sus piernas, un ruido proveniente de la recámara nos sobresaltó, ella corrió yo seguí sus pasos, era su marido que se había caído, con un poco de esfuerzo lo subí de nuevo a su cama, lo acomodé de lado para evitarle un accidente, ella puso una colchoneta en el piso por si volvía a caer, al terminar intercambiamos una mirada de complicidad, retomamos las caricias.

    Nuestras bocas se besaron con mayor intensidad, besé su cuello, ella pegó su cuerpo al mío, de inmediato nos arrancamos la ropa, ella me dijo «cógeme, méteme tu verga» no hice caso, la recosté en la cama, la besé, fui bajando a sus tetas, a sus pezones, a su vientre, al llegar a su vagina ella abrió más sus piernas, con mis manos separé sus mojados y calientes labios para meter mi lengua más profundo, estaba muy mojada caliente, cuando mi lengua se detuvo en su clítoris para jugar con él, besarlo, chuparlo, una mano fue hacia su culo, al acercar mis dedos su ano se contraía de forma involuntaria, con mi otra mano mis dedos hacían lo suyo dentro de su vagina, de pronto todo sucedió en un instante ella empujó con una mano mi cabeza, con la otra tapó su boca, su esposo se movió y emitió unos ruidos extraños, al mismo tiempo sentía un caliente chorro en mi boca y mano, nos quedamos quietos, su esposo seguía inconsciente.

    Todo eso nos prendió aún más, ella me volvió a decir «cógeme, cógeme ya», la ignoré de nuevo, la tomé por el cabello, acerqué mi verga a su boca y le dije mámala, ella lo hizo de inmediato, de un solo movimiento metió toda mi verga en su boca, podía sentir con la cabeza de mi pene la suave textura de su garganta, arqueó un poco, pero siguió mamando como si de ello dependiera su vida, al sentir que me iba a venir traté de sacar mi verga de su boca, pero ella me detuvo, trató de decir algo, pero no pudo, sacó rápidamente mi falo de su boca y me dijo “voy a tragarme tu leche”, volvió a meterse todo mi miembro y continuó mamando hasta que vacié mi chorro caliente dentro de su boca, cabe decir, que ha sido una de las mejores mamadas que he recibido en mi vida.

    Después de limpiar hasta la última gota, sacó nuevamente mi falo un poco flácido de su boca, para decirme, “ahora te voy a preparar para que me cojas cabrón y bien cogida”, al terminar la frase engulló nuevamente mi polla para volver a dejarla dura y lista para introducirla dentro de su caliente vagina.

    Al sentirla lo suficientemente dura dentro de su boca, la saco, me miró y me dijo más bien me ordenó, “ahora sí cabrón méteme esa verga” al decir esto se acomodó en su cama, cuidando de no “molestar” a su marido que seguía inconsciente, abrió sus piernas mientas acariciaba sus tetas, acto seguido, me coloqué encima de ella para meter toda mi verga dentro de su cavidad vaginal, estaba completamente mojada y muy caliente, parecía tener vida propia, ya que cada vez que entraba y salía parecía ajustarse por completo a mi falo, los movimientos aumentaron de intensidad, cada vez más rápidos e intensos, en eso su esposo hizo ruidos nuevamente, pero seguía dormido.

    Entonces decidimos bajarnos a la colchoneta, esta vez yo me coloqué debajo de ella para ver, acariciar y morder esas increíbles tetas, ella subía y bajaba en miembro, primero lento y suave, aumentando la velocidad y la intensidad de sus movimientos, por momentos la atraía hacia mí, para besar su boca, su cuello, sus tetas, por momentos ella se contorsionaba doblando su espalda hacía atrás enterrando sus uñas en mis muslos, hasta que en un instante, se agachó, pasó sus brazos alrededor de mi cuello, lo apretó mientras ahogaba un grito y dejaba escapar sus calientes fluidos sobre mi verga, siguió moviéndose unos segundos más mientras me decía el oído, “vente cabrón, vente ya, lléname de tu leche”, como si fuera una orden, con unos movimientos más la abracé y dejé salir mi leche dentro de vagina, al tiempo que ella dejaba escapar otra carga de su caliente líquido.

    Nos quedamos en esa posición abrazados unos segundos o minutos, en realidad no sabría decir exactamente el tiempo, pero unos ronquidos de su esposo nos hicieron volver a la realidad.

    Ese fue el inicio de varios encuentros, ambos confesamos que siempre nos habíamos sentido atraídos uno del otro, pero eso ya es otra historia.

  • Culona degenerada se coge a su hijo por un ascenso

    Culona degenerada se coge a su hijo por un ascenso

    ¿Qué tanto estarías dispuesto a hacer por alcanzar aquel puesto de trabajo que tanto deseas? ¿Estarías dispuesto a hacer lo que sea (y cuando digo lo que sea es LO QUE SEA) con tan de cumplir tu más ansiada meta? Pues esta historia habla un poco sobre eso, sobre una milf que, con tal de lograr su más ansiado objetivo, termino cayendo en la más absoluta depravación.

    En una casa como cualquier otra, habitaba una pequeña familia conformada por:

    Olga (42 años): una milf gruesa y muy alta, de cuerpo atlético, musculoso y femenino, cabello rubio, ojos celestes, piernas gruesas, pechos grandes, y un culo gordo y parado. Ella es muy dedicada a su trabajo como oficinista en una agencia de seguros, y su aspiración más grande es ser la gerente dela empresa, lo que le daría muchos beneficios (un sueldo más alto, estacionamiento reservado, vacaciones pagas, etc.) y un mayor estatus social. Solía estar casada pero se terminó divorciando.

    Nelson (18 años): Es un joven amable, bajito, y con un cuerpo delgado y poco musculoso. Termino la secundaria hace relativamente poco y aún no ha podido decidir qué carrera seguir.

    Nuestra historia comienza una tarde en la que Olga acababa de regresar a su hogar después de un duro día de trabajo. La milf musculosa vestía con una camisa blanca y ajustada que ayudaba a resaltar sus músculos y sus enormes senos, una minifalda negra que apenas podía retener sus gigantescas nalgas, y usaba tacones altos que hacían destacar sus largas, gruesas, y musculosas piernas.

    “¡Nelson, ya volví!” exclamo la madre, mientras se sacaba sus tacones y dejaba su maletín en el suelo

    “¡hola, mama, bienvenida!” exclamo el hijo, quien se puso en punta de pie para saludar a su madre con un beso en la mejilla (Olga era tan alta en comparación a su hijo que este le llegaba a la altura de los senos) “¿Cómo te fue en el trabajo?”

    “¡muy bien, y te tengo excelentes noticias!” exclamo ella, contenta “te lo explicare en la cena”

    Un rato después, madre e hijo se sentaron a comer, y Olga, con mucha emoción, le comenzó a contar a su hijo lo que le había ocurrido.

    “¡mi jefa me llamo a su despacho esta mañana, y me dijo que está considerando seriamente darme el puesto de gerente a mí!” exclamo ella, emocionada

    “¿de verdad?” pregunto Nelson, contento “¡te felicito, mama! ¿y cuando te dirá si te da el puesto o no?”

    “dijo que aún lo tiene que pensar, pero que me tendrá en mucha consideración” dijo Olga “por cierto… Nelson… ¿tienes algo que hacer mañana temprano?”

    “no ¿Por qué?”

    “bueno… mi jefa sabe que yo soy madre, y me dijo que estaría interesada en conocerte y en hablar contigo, así que me preguntaba si podrías acompañarme mañana al trabajo”

    “¡Por supuesto, no tengo problema! Lo que no entiendo es porque tu jefa quería verme”

    “no lo sé, a lo mejor quiere saber cómo soy como madre, lo cual creo que serviría para definir si soy apta para el cargo de gerente o no”

    Al día siguiente, por la mañana, madre e hijo van a las oficinas de la empresa, Olga deja a su hijo en su cubículo de trabajo y se va al despacho de Emira, su jefa, la cual era una mujer afroamericana con un cuerpo muy similar al suyo.

    “¡buenos días, jefa!” exclamo la rubia

    “buenos días, Olga ¿Cómo estás?” pregunto amablemente la mujer “¿hiciste lo que te dije que hicieras?”

    “si, ya traje a mi hijo, está esperándome en mi cubículo”

    “¡excelente! Cuando te de la señal, llévalo a la sala de reuniones, y luego ya sabes que hacer. Estaré viendo todo desde mi oficina”

    “¡como ordene, jefa!”

    “Por cierto ¿estas segura de que quieres hacer esto? Mira que luego no me hare responsable si te arrepientes”

    “por mí no hay problema” dijo Olga, con confianza “¡ya le dije que estoy dispuesta a lo que sea con tal de que me del puesto de gerente!”

    “¡esa es la actitud que me gusta!” exclamo Emira, contenta “entonces quedamos así”

    Un rato después, cuando llega la hora de almorzar y aprovechando que todos los empleados se habían ido al comedor de la empresa, la jefa le manda un mensaje a Olga, y esta lleva a su hijo a la sala de reuniones. Dicha sala era una habitación amplia sin ventanas, la cual tenía una larga mesa de madera y con unas cuantas sillas.

    “¿Por qué me trajiste hasta aquí, mama?” pregunto Nelson, con curiosidad “¿Cuándo veré a tu jefa?”

    “de hecho, ella ya nos está viendo, desde la única cámara de seguridad que ahí en toda la habitación” dijo ella, y señala la cámara “espera que le demos un gran espectáculo”

    “¿Cómo que espectáculo?” pregunto él, confundido

    “¡espera vernos coger como animales!” exclamo Olga, mientras se desabrochaba la camisa y su sostén, dejando libre sus enormes y pesadas tetas.

    “¡QUE!” grito Nelson, sorprendido “¿a qué te refieres?”

    “veras, hijo, resulta ser que mi jefa es amante del incesto entre madres amazónicas e hijos debiluchos, y ella me prometió darme el puesto de gerente si le daba un espectáculo porno en vivo, por eso te pedí que me acompañaras” explico ella, mientras se acercaba con firmeza a Nelson “¡así que quítate los pantalones ahora mismo y démosle a ella lo que quiere ver!”

    “¡ni se te ocurra acercarte o gritare!” exclamo él, preocupado

    “hazlo si quieres, pero nadie te oirá. Esta sala de juntas fue diseñada para que ningún sonido que previniera dentro de ella se pudiera escuchar en el exterior ¿Por qué crees que te traje hasta aquí?”

    Rápidamente, Olga se abalanzó sobre su hijo, lo levanto con mucha facilidad, lo acostó boca arriba sobre la mesa de la sala y, de un solo movimiento, le quito su pantalón y su ropa interior. La sorpresa que se llevó la milf fue mayúscula al ver la tremenda verga de su hijo, la cual venia acompañada de dos inmensos y pesados testículos.

    “¡Puta madre, que inmensa que la tienes!” grito Olga, sorprendida “¡dios, jamás vi algo tan inmenso!”

    “¡mama, no hables así!” exclamo Nelson, sonrojado “¡haces que esto sea aún más vergonzoso de lo que ya de por si es!”

    “¿te digo algo? Antes dude si cometer incesto o no pero, después de ver la verga que te cargas, ahora no me queda ni la menor duda: ¡quiero de hacer de todo contigo!”

    “pero… pero…”

    “¡pero nada! Solo relájate y disfruta ¡deja que mami se ocupe de esta manguera de bomberos que tienes por pito!” exclamo la madre, y lamio el cuello de Nelson

    Rápidamente, Olga le dio un intenso beso a Nelson, en el que sus lenguas se entrelazaron. Dicho beso provoco en Nelson una gran erección, la cual Olga vio de forma lujuriosa y lasciva.

    “¡eso no está bien, esto no está bien!” exclamo el joven, quien intentaba retener toda la excitación que sentía

    “¿y qué importa que no esté bien? ¡Lo que importa es que se siente muy bien!” exclamo Olga, y soltó un tremendo escupitajo contra la verga de su hijo, lo que le hizo a este emitir un leve gemido “y, a juzgar por tu expresión, creo que te sientes muy bien aunque lo niegues”

    La milf envolvió la verga de su hijo con sus enormes tetas, y le empezó a hacer una para rusa mientras le daba una gran mamada. Nelson, con la cordura que aún le quedaba, intento detener a su madre, pero esta le agarro las manos, se tiro más adelante. Luego, Olga centro su atención en las bolas de Nelson, las cuales lamio, chupo, y escupió.

    “¡se ve que fuiste un buen chico y no te has masturbado!” exclamo ella, mientras le mordía levemente un testículo al joven “¡estoy ansiosa por dejar estos hermosos huevos sin una sola gota de semen! Pero primero quiero que me devuelvas el favor”

    “¿de qué favor estás hablando?” preguntó el joven, confundido

    “yo te hice sentir bien, ahora quiero que tú me hagas sentir bien a mí con tu lengua”

    “¡lo hiciste porque quisiste, yo no quiero esto!” exclamo Nelson, indignado

    “eso no te lo crees ni tú mismo ¡ahora has tu trabajo!” exclamo Olga, quien agarro la cabeza de su hijo y la coloco contra sus abdominales perfectamente marcado “¡pasa la lengua por aquí!”

    Nelson, con mucha excitación y vergüenza, acato la orden de su madre, y le comenzó a besar y lamer los abdominales. Olga utilizo la lengua de su hijo como si de un juguete sexual se tratase, forzándolo a este a lamerle no solo los abdominales, sino también los bíceps, los muslos, las tetas, y el cuello.

    “¡que linda lengüita tienes!” exclamo Olga, quien le dio un beso de lengua a Nelson, el cual fue tan intenso que a ambos se les corto el aliento “¡quiero todavía mas de ella!”

    Olga hizo que su hijo se acostara boca arriba, con la cabeza apoyada sobre el borde de la mesa de reuniones, y se levantó levemente su falda en frente de la cara de él, mostrándole no solo que nunca había usado ropa interior, sino también dándole una vista perfecta de su coño húmedo y perfectamente depilado.

    “¡fuera ropa!” exclamo ella, mientras le sacaba la remera a Nelson, dejándolo completamente desnudo

    “¡ya basta, esto ya es demasiado!” exclamo Nelson, quien ya no podía aguantar la vergüenza que sentía “¡esto es muy humillante!”

    “tú te quejas de lo humillado que te sientes, pero tu verga sigue tiesa como un mástil, además de que tampoco has puesto mucha resistencia” dijo Olga, mientras le masajeaba los pezones a Nelson “¿será que, en realidad, te gusta ser violado pero tienes miedo de admitirlo?”

    “¡cállate, yo no…!” exclamo el joven, pero no pudo terminar su frase, pues su madre lo callo violentamente, obstruyendo su boca con su coño

    “¡solo sigue chupando y cállate!” exclamo ella, mientras refregaba su coño contra la boca de Nelson, al mismo tiempo que le masajeaba y le pellizcaba los pezones.

    La milf gimió con fuerza al sentir la lengua de su hijo estimulándole el clítoris y, tras un buen rato de estar recibiendo sexo oral, ella se dio vuelta, se levantó un poco la parte trasera de su minifalda, y se sentó en la cara de Nelson.

    “¡chúpame el culo, hijo de puta!” exclamo ella, mientras presionaba con fuerza sus nalgas contra el rostro de su hijo.

    Nelson, con rabia y excitación, acato la orden de su madre, primero pasándole la lengua alrededor de su ano, y luego metiéndola tan profunda como pudo dentro de este.

    “¡eso es, buen chico!” exclamo Olga, entre gemidos de placer “¡has que mami se venga! Démosle a la jefa la visión de un excelente orgasmo”

    Luego de varios minutos de un intenso y largo beso negro, Olga tuvo su primer orgasmo, y fue recién allí cuando despego su culo de la cara de Nelson.

    “¡yo… no se cuanto pueda aguantar… ya es suficiente…!” exclamo Nelson, agitado “¡esta sensación entre culpa, vergüenza, y placer que estoy sintiendo me está matando por dentro!”

    “pues aún no hemos terminado” exclamo Olga, quien agarro las piernas de su hijo “aún falta el plato fuerte del espectáculo y el que mi jefa más ha estado esperando: ¡Una larga e intensa sesión de sexo anal!”

    “¡no lo hagas, mama!” suplico el joven “¡no quiero perder mi virginidad de esta manera!”

    “¡pues lamento decirte que no tienes opción!” exclamo ella, completamente eufórica por la excitación del momento, mientras se quitaba la falda “¡Te guste o no perderás la virginidad en el culo de tu madre!”

    Antes de comenzar el último acto de su video, Olga se subió a la mesa de la sala, se dio vuelta, y le muestra a su jefa y a su hijo su gigantesco culo el cual, en su nalga derecha, tenía escrito “madre violadora” con lápiz labial y en letras muy grandes y llamativas.

    “¡creo que no existe mejor frase que me defina mejor que esta!” exclamo Olga, mientras se nalgueaba a su misma “¡te sacaste la lotería al tener una madre tan degenerada y con un culo tan grande, Nelson!”

    Rápidamente, Olga se tiro sobre su hijo, se colocó encima de él, se puso en posición amazónica, y empezó a tener sexo anal intenso arriba de la mesa de la sala.

    “¡me duele el pito, tu culo es muy apretado!” exclamo Nelson, entre lágrimas “¡siento que me va a triturar la verga!”

    “¡solo relájate, que ya viene lo bueno!” exclamo Olga, mientras le daba fuertes sentones al joven, y luego escupió dentro de la boca de este.

    Los sentones de Olga fueron aumentando progresivamente su ritmo, de lo más bajo a lo más alto y, mientras más rápido se metía y se sacaba la verga de su hijo del culo, mas temblaba la frase “Madre violadora” que tenía escrita en las nalgas. Tras un buen rato de sexo anal intenso, Olga decidió cumplir un último fetiche, pero no uno que su jefa le había ordenado que hiciese, sino una propio que deseaba concretar.

    “¡maulla como un gato!” ordeno la milf, entre gemidos y sentones

    “¿Qué… que…?” pregunto Nelson, quien tampoco podía dejar de gemir al sentir los bruscos movimientos de su madre

    “¡Dije que maullaras como si fueses un gatito!” grito ella, mientras lo estrangulaba con su brazo derecho “¡Maúlla!”

    “¡Miau, miau!”

    “¡Eso es, que lindo gatito!” dijo Olga, y beso apasionadamente a Nelson “¡Sigue maullando, ya casi llego a mi clímax definitivo!”

    Finalmente, madre e hijo tuvieron un orgasmo al unísono, y Nelson vacío todo el semen que tenía acumulado dentro del culo de su madre, el cual mancho gran parte de la mesa.

    “¡Jesús, que bueno que estuvo!” grito Olga, mientras bajaba de la mesa agitada “¡así si da gusto venir al trabajo!”

    “yo… no puedo creer… todo lo que paso” pensó Nelson, quien aún seguía sonrojado y acostado sobre la mesa de reuniones “mi madre… mi propia madre me ha violado… y lo disfruté”

    Unos instantes después, la jefa ingresa a la sala de reuniones, y se encuentra con Olga y con Nelson, quienes aún seguían desnudos.

    “¡estuvo fenomenal el espectáculo que armaste, Olga!” exclamo la mujer “¡ni las películas porno incestuosas más sucias que tengo se comparan a lo que tu hiciste hoy! Ten por seguro que te daré el puesto de gerente”

    “¡gracias, jefa, significa mucho para mí!” exclamo Olga, contenta “aunque, siendo sincera, no lo hubiera podido lograr sin ayuda de mi hijo”

    “¿ayuda?… ¿Ayuda?” grito Nelson, indagando “¡mama, tú me violaste! ¿De qué ayuda me estás hablando?”

    “no exageres, chico ¡se nota que lo disfrutaste como ninguno!” exclamo la jefa

    “es cierto, Nelson” dice Olga “solo admite que te gusto ser abusado por tu madre culona, créeme que será lo mejor para ti”

    Tras pensarlo por unos instantes, Nelson agarro el lápiz labial que estaba en el bolso de su madre y le escribió, en la nalga izquierda, “yo amo a mí”.

    “¡hermosa frase!” exclamo la jefa quien, al verle el culo a Olga, podía leer: “yo amo a mi madre violadora”

    “creo que esta frase define a la perfección lo que siento por ti, madre” dijo Nelson, y besa a Olga.

    “¡me alegra que pienses así porque, a partir de hoy, deberás tener cuidado, porque el cualquier momento te puedo agarrar y someter por la fuerza como hice hoy!” exclamo la milf, excitada

    “¡estoy esperando con ansias ese momento!” exclamo el joven

    “¡qué lindo es ver que madre e hijo se lleven tan bien!” exclamo la jefa, con una gran sonrisa.

  • Sesión de fotos hot

    Sesión de fotos hot

    Hace calor, estoy sentada bajo la sombra de un árbol mirando el cielo y las hojas mecerse suavemente. Agarró el celular y veo una foto en Instagram de una mujer con bucaneras color rosa y una chaqueta de jeans, casi sin ropa, sus curvas son perfectas, está casi de perfil por lo tanto aparenta no tener nada puesto debajo, muy atrevida y extremadamente sexy. Una cola perfecta firme y a la vez carnosa.

    Mi marido está leyendo en el estudio. Yo mientras miro la fotografía pienso en cómo luciría así vestida o… ¡casi desvestida! Recordé que tengo unas botas largas de color rojo guardadas por ahí que una vez utilice para una fiesta de disfraces, me las había regalado una amiga que las había traído de un viaje, voy por las botas y la chaqueta de jeans con mucha picardía riéndome de la idea que he tenido de emular esa sesión de fotos.

    Frente al espejo de la habitación me quito toda la ropa, paso crema en todo el largo de mis piernas, en el busto, en los glúteos y brazos, quiero verme un toque brillante. Sube la temperatura de mi cuerpo mientras me unto suavemente la crema y práctico alguna facción de fem fatal con mi rostro. La idea me divierte y a la vez me pervierte bastante. Cambié mis bragas de uso habitual por una más pequeña y con encaje, también de color rojo. Ya con las botas puestas practico algunas poses, posicione mi móvil junto al espejo para tomarme unas fotos, estoy sorprendida de lo bien que se me da el posar como una porno start.

    Me excita mucho verme y sentir como se incrementa la humedad en mi cuerpo, como mi boca se abre de una manera seductora mientas intento cubrirme las tetas o más bien algo de ellas con la chaqueta, estoy de perfil, me inclinó un poco hacia adelante para que la chaqueta cubra un poco mi pubis, eso más los tacos hacen que mis nalgas se vean maravillosas no puedo dejar de pasar mis manos por ellas, que lindo se siente.

    Las fotos me gustaban cada vez más, estoy verdaderamente excitada, un jadeo sale de mi cada tanto. Me siento observada, alzó la vista y veo a mi marido mirándome desde la puerta, puedo ver debajo del pantalón su pene totalmente erecto. Sin decir una palabra y con una mirada de fuego se acerca hasta mí, me pone de espaldas, con sus manos arquea mi espalda y jala fuerte mis caderas contra él, puedo sentir lo duro que esta su pene.

    Solo sé que lo quiero dentro mío de inmediato, escucho que baja el cierre de su pantalón y luego siento su pija entre mis nalgas, me nalguea con su mano derecha con un golpe fuerte y secó y me dice que eso es por vestirme como una zorra. -Ahora quiero verte coger como una. Me lleva las manos hacia adelante sobre el espejo, desde ahí puedo ver su rostro serio y como se muerde los labios mientras me nalguea otra vez y luego me acaricia todo el lugar del golpe y más, su pene cada vez lo siento más duro.

    Yo estoy mucho mas excitada que antes, con mi cola al descubierto contra sus caderas, desliza su mano hacia mi clítoris, la misma con la que me nalgueo y comienza a tocarme suavemente.

    -Me gusta que las zorras no griten, dice y me tapa la boca con su otra mano, cada vez me frota el clítoris con más fuerza corre mi flujo por su mano, cada tanto mete sus dedos en mi vagina, voy a morir de placer, soy una vela ardiendo bruscamente.

    Deja de masturbarme y me indica que siga yo tocándome. Me separa un poco las piernas y me penetra intensamente, rebota mi cola contra sus caderas. Con cada envestida yo muerdo su mano. Con cada movimiento corto y constante de su pene dentro mío, se me escapa un gemido, en ese momento me tapa aún más fuerte la boca y alterna con penetraciones suaves y lentas para luego darme con todo, tiene un pene grande y gordo lo puedo sentir como entra todo bien adentro.

    Como me calienta este hombre, como me caliente verme y sentirme como una puta cogida con tantas ganas, mi figura en el espejo es de escándalo siendo penetrada tan ricamente.

    No aguanto más y doy un fuerte y largo grito, con la exhalación se libera de mi vagina un caliente fluido que corre por mi entrepierna. Otra vez su mano pesada sobre mi cola, nalgueándome ferozmente

    – Te dije que mi zorra no grita!! Su voz áspera y firme en mi oído me deja sin aliento, siento su pene duro dentro y solo quiero que me siga cogiendo, así duro salvaje, siento mi glúteo caliente por la nalgada y vuelvo a gritar quiero más de ese tortuoso placer.

    Quien me está cogiendo? Quien es este hombre que me está haciendo su zorra, su puta? Es mi marido, ese que leía apaciblemente su libro, el que nunca me dijo una grosería y es muy tradicional en el sexo? Es él? Woo todo mi ser explota de placer me coge como una vestía.

    Me tira a la cama dejándome boca arriba, la chaqueta se abre y quedan mis tetas al descubierto, me mira extasiado, abre mis piernas, se para en el borde de la cama, me mira fijamente, agarra su pene con la mano derecha y me pregunta si quiero más; asiento con la cabeza no me atrevo a hablar, quiero ver a donde me lleva esto, siento que tanto él como yo estamos en otro plano.

    Se tiende arriba mío, me frota el pene en el clítoris y me besa con fuerza, me muerde la boca, luego el cuello, baja a mis pecho y succiona mis pezones y los muerde como si comiera la fruta más deliciosa del mundo. Gimo, grito y el con cada grito me muerde más fuerte. Mete sus dedos en mi concha y haciendo presión hacia arriba me dice – ahora me toca comerme está.

    Empieza a lamer mi vagina de abajo hacia arriba la llena de saliva, su lengua pasa por encima como si fuera un helado, la chupa, la absorbe, succiona mi clítoris, vuelve a meter sus dedos y me da el sexo oral más delicioso de mi vida, no puedo parar de venirme una y otra vez.

    Un dedo del él juega en mi ano, como una buena zorra después de semejante comida de concha, me doy vuelta y me pongo en cuatro, sabiendo lo apetecible que se ve mi culo acompañado de esas botas de un rojo lujurioso, ya no me cabe dudas de ello. Sin decir una palabra se lo meneó, le muevo rico mi cola. – Como me conoce mi putita, ya era hora de que me dieras ese culito.

    Ufff esa voz parece que viniera del fondo de la tierra. Sólo pienso hijo de puta, rompeme el culo que quiero sentirte venir dentro mío!!! No hacen falta palabras, en una fracción de segundos tengo su pija entrando en mi culo, va lento, se escupe la pija, y siento como milimétricamente va entrando, me llena de placer… y siii hasta el fondo, si, si, así, fuerte, sí soy tu puta ahora y siempre.

    Siento en mi espalda el aire caliente de tu boca, tu respiración agitada me dice que ya viene, plac, plac, se hunden tus caderas en mi culo, una y otra vez. – ahí viene, ahí viene putita, zorra rica, puta de botas rojas, que te vuelva a ver tocándote sola el culo en el espejo, putita rica, daleee grita ahora, grita que te estás comiendo la pija de un demonio liberado, grita puta, te gusta, te gusta ahhh sí te gusta!

    Leche rica, leche caliente. Nos desplomamos en la cama, yo boca abajo, él sigue adentro mío. Sin palabras, creo que ninguno quiere salir de este estado. La curiosidad me llevó al Olimpo del sexo!!

  • Madre enamorada

    Madre enamorada

    Mi nombre es Helena, y soy una madre soltera de 49 años. No busco que se me entienda ni pretendo justificarme; simplemente deseo contar mi historia con mi hija Belén.

    Vivimos en una hermosa ciudad costera del norte de España, cuyo nombre omitiré, pues deseo que esta historia sea lo más anónima posible. Soy una mujer de tez aceitunada, cabellos rubios y ojos marrones. Mido 1’75 cm y tengo unos senos grandes aunque algo caídos. Mis pezones son gruesos como granos de café y mis aureolas anchas y oscuras.

    Me considero una mujer muy fogosa y amante de las mujeres… Sí, soy lesbiana. Aunque mi profesión es la de médico, no ejerzo, vivo, de la sustanciosa herencia que me dejaron mis padres; ambos pertenecientes a ricas familias de la comarca.

    Mi hija Belén vive conmigo. Tiene 19 años y es estudiante de medicina. Su cabello es castaño y es más baja que yo. Mide 1’70 cm, ojos azules, pechos medianos pero bien tiesos… Es preciosa y muy buena, siempre me dice que soy su referente; y es muy cariñosa y atenta, todo un amor…

    Nunca tuve relaciones con hombres, aunque siempre tuve el deseo de ser madre. Acudí a una clínica de fertilización y decidí ser madre con el esperma de un donante anónimo. Lo que nunca pude imaginar, es que mi hija llegase a ser no solo la persona que más quiero en este mundo, sino también la mujer de la que me enamoraría como nunca lo hice con nadie…

    Ya no recuerdo cuando me empecé a enamorar de ella. Creo que fue poco a poco, y a partir de que se hizo mujer. Su manera de ser: su dulzura, su cuerpo, su voz… Cada minuto que pasábamos juntas era puro deseo y excitación por mi parte. Tenemos tanta complicidad y pasamos tanto tiempo juntas… Pero, ¿Como decirle lo que siento por ella? ¿Como reaccionaria? ¿Se alejaría de mí? Dios mío, ¿Por qué tuve que enamorarme de ella?

    Después de mucho reflexionar sobre mis sentimientos por Belén, decidí que debía ser valiente e intentar seducirla. La amaba y hacerla el amor era lo que más deseaba. Cuando bajaba a desayunar en ropa íntima y sin sostén marcando sus pezones, yo no podía hacer otra cosa que mojarme toda. Incluso llegué a correrme en alguna ocasión.

    En el instante de escribir estas líneas, los primeros rayos de sol mitigan la soledad de mi habitación; anunciándome la proximidad de la hora del desayuno. Ese grato momento en el que podré disfrutar de la figura de mi amada, la cual para mí es como la de una diosa en la Tierra…

    — Buenos días, mama

    — Buenos días, mi amor, ¿Café y tostada?

    — Sí, por favor, responde Belén con voz dulce y suplicante.

    Mi corazón comenzaba a acelerarse como cada vez que mi Belén compartía tiempo conmigo. Ya no soportaba más esta situación. Debía hacer algo para olvidarla como mujer; o, por el contrario, dar un paso adelante y conseguir lo que más anhelaba, ser amantes.

    — Cariño, he pensado que podíamos pasar el fin de semana en la casa de campo; ¿Te parece bien?

    — Sí, mama, no tengo ningún plan y sabes que adoro ese lugar. Además, podemos salir y pasar tiempo juntas paseando por la playa.

    — Claro mi amor, respondí yo.

    — También podríamos cenar en algún restaurante del pueblo. Adoro la comida de ese al que me llevaste una vez; como se llamaba ¿El Llagar?

    — Sí, así es mama. Iremos si tú quieres, lo pasaremos genial; respondió Belén risueñamente.

    Mi amor había bajado a desayunar en camiseta y braguitas. No llevaba sostén y sus pezones se mostraban desafiantes debajo de la tela. Sus bragas eran verde claro y la finura de su tela permitía adivinar la frondosidad de su vello púbico. Yo disfrutaba de su belleza absorta en mis pensamientos y deseos…

    — Mi amor mientras acabas tu café iré a darme un baño y luego preparamos el equipaje ¿Sí?

    — Ok mama, respondió Belén fijando su mirada en la taza de café, aún humeante y lista para ser degustada.

    La templada agua de la ducha recorría mi piel. La imagen de mi hija en el desayuno hacía que mi vagina chorrease ávida de deseo y lujuria. No podía contenerme, mis manos pellizcaban mis pezones haciendo que se hinchasen casi de manera sobrenatural, haciéndome emitir mis primeros jadeos. Tímidos y temerosos de ser descubiertos por mi hermosa hija. Mi mano derecha abandono mis voluptuosos senos y colonizo mi empapado y frondoso coño. Masajeaba mi obeso clítoris proporcionándome una maravillosa sensación de placer…

    — Belén mi amor… Pronunciaban mis labios al compás del movimiento de mis dedos, traviesos ellos, ya dentro de mí. El placer y el morbo de mis tocamientos me proporcionaron el primer orgasmo.

    — Oh, si Belén, te amo, te amo… Susurraban mis labios… Quede unos minutos exhausta, quieta en mi bañera, absorta en mis pensamientos y convencida de intentar lo prohibido; seducir a mi hija Belén…

    — ¿Mama te falta mucho?— Preguntaba Belén desde el pasillo…

    Continuará.

  • Fantasías de mujer (2)

    Fantasías de mujer (2)

    No es imprescindible leer la primera parte, pero lo recomiendo.

    Al día siguiente en la oficina, Sara me esperaba para someterme a un tercer grado. Aprovechando que trabajamos juntas y relativamente aisladas del resto del personal le tuve que contar con pelos y señales todos los detalles de mi encuentro sexual con John. Cuando trataba de resumir y evitar entrar a fondo me pedía más detalles de su polla, su culo, cómo me había jodido el culo y el coño, todo en definitiva. Mientras lo recordaba y lo contaba me iba poniendo cachonda y Sara igual, se movía en la silla y se notaba que estaba deseando hacerse un dedo cuanto antes.

    –Joder Carmen sí que eres una putona y eso que yo creía que te ganaba en zorrería pero veo que somos las dos de la misma cuerda.

    –Verás Sara, reconozco que soy calentona, lo que pasa es que nunca había encontrado un hombre como John, una no se suelta si tu pareja no está a la altura.

    –Desde luego, en tu caso, hay que reconocer que ese hombre te ha puesto al día.

    –Y tú qué, veo que no paras de moverte y que te has puesto cachonda.

    –Cachonda yo?, lo que tengo es el coño a mil, necesito hacerme un dedo ya.

    –Pues yo estoy igual que tú, venga vamos al baño que no aguanto más.

    Nunca lo había hecho con otra mujer salvo experiencias breves en la adolescencia con amigas, pero estaba desatada, si Sara estaba caliente yo no la dejaba atrás y estaba deseando hacerme un dedo con ayuda de ella o sin ella. Allá que nos fuimos las dos y en cuanto entramos nos metimos en un cubículo y empezamos a morrearnos descaradamente.

    –Carmen cómo me has puesto so cerda, anda tócame, hazme un dedo que no aguanto más.

    –Joder puta lo tienes encharcado, anda siéntate que te voy a comer ese coño de zorra que tienes.

    Sara se subió la falda, se sentó en el inodoro y yo como una perra me amorré a comérselo todo mientras se abría de piernas.

    –Mmmm, pero qué puta eres Sara, mira qué depiladito lo tienes, cómo te chorrea el coño. Mi asunto con el negrito te ha puesto a cien.

    –Siii, zorra, cómemelo que a ti te ha dado por el culo un negro y encima te lo ha chupado todo.

    –Mmmm, eso te gustaría zorra, que un negro te la meta por el culo. Quieres chuparme tú el culo? A lo mejor queda algo de su lefa para que la pruebes.

    –Aaaah, siiii puta te voy a comer ese culo de cerda que tienes.

    Sara tenía el chocho empapado, aprovechando que estaba despatarrada y que se cogía sus corvas para ofrecerme su coño y culo mi lengua iba explorando a lo largo de toda su raja penetrando los agujeros del culo y coño que me ofrecía.

    –Aaaah cerda chúpame el coño, jódeme con tu lengua méteme un dedo por el culo, asiii, asiii, no pares que me corro puta.

    Su coño era una fuente le saqué la lengua del culo, le metí dos dedos que entraron sin resistencia, y me amorré a su coño dispuesta a recibir en la boca la corrida de Sara.

    –Aaaah puta me corrooo, dame por el culo, dame maaas.

    Ahora era mi turno, Sara había quedado despatarrada sin moverse después de una corrida antológica pero ahora me tocaba a mi, yo también estaba cachondísima y no podía volver al trabajo sin satisfacerme, me puse de rodillas inclinándome sobre el inodoro y abriéndome las cachas la animé,

    –Venga Sara es tu turno enséñame lo que haces con la lengua.

    –Uuuuum Carmen, puta, pero cómo tienes de abierto el chocho y el culo, se ve que ese cabrón te jodió bien.

    –Has visto perra cómo tengo el culo de abierto. Así es cómo te lo dejan después de una buena enculada.

    –Joder Carmen, todavía lo tienes dilatado, ese cabrón la debía de tener gorda y te dio bien por el culo.

    –Siii puta, me dio bien por el culo, anda chúpalo, prueba la lefa del negro directamente.

    Sara se amorró como la zorra que es y metía su lengua en mi culo alternándolo con mi coño, sus dedos exploraban allí donde su lengua no alcanzaba, me metía dos o tres dedos y mi coño chorreaba. Lo tenía encharcado y yo añadí un dedo mientras Sara con su lengua exploraba mis agujeros.

    –Aaaaah me corro puta me corrooo, fóllame (Sara metía sus dedos en mi culo y mi coño y los sacaba bien pringados de mis caldos.

    Ya un poco recuperadas, nos arreglamos el desaguisado que habíamos organizado, nuestras bragas estaban empapadas y estaban para un buen lavado. Antes de irnos de vuelta a nuestros puestos me dijo.

    –Oye Carmen, yo tampoco he estado nunca con un negro y me has puesto cachondísima. ¿No te importaría quedar con John y conmigo y tener un asunto los tres? Como ves me va la marcha y a ti veo que también, si el chico vale lo que cuentas los tres lo podríamos pasar de maravilla.

    –Oye pues no es mala idea, yo ya sabía que eras una calentona y con la lengua haces maravillas, déjame que le llame y quedemos, tú puedes aparecer por casualidad y así no parece todo tan preparado.

    Llamé a John que estuvo encantado de volver a quedar y nos citamos al final del día. Sara y yo acordamos que ella aparecería unos minutos más tarde y, como ya la conocía de nuestro primer encuentro en la cafetería, suponíamos que todo iba a ir como la seda.

    Me encontré con él como acordamos y pedimos un par de copas. Al rato, apareció Sara y se unió a nosotros. John se desenvolvía bien con las dos pero nos dijo que tenía un antiguo amigo colombiano que se conocían de hace mucho y podíamos quedar los cuatro para no estar tan “descompensados”. Ni Sara ni yo esperábamos más personas, pero tampoco era cuestión de oponerse, así que esperamos mientras John llamaba y quedaba con su amigo Fidel.

    Cuando éste llegó me quedé encantada y, por la cara que puso Sara, también. Era un hombre alto y fuerte, del estilo de John, más mulato que negro.

    Fidel nos animó a ir a un sitio de copas caribeño en donde se podía bailar y aunque no era nuestro plan inicial allá que nos fuimos. Menos mal que ese día mi marido seguía de viaje por lo que no tuve que dar explicaciones si llegaba tarde.

    Estuvimos bebiendo y bailando, Sara y yo nos alternábamos con ellos en los bailes y la bebida nos fue alegrando a todos hasta que Sara, que no quería perder más tiempo, nos ofreció acabar en su apartamento. Allá nos fuimos los cuatro, pusimos música y seguimos con los bailes, yo empecé con Fidel y John con Sara que enseguida le ofreció la boca para un beso tórrido. Por mi parte, igualmente desatada, me comencé a besar con Fidel y de un beso suave y erótico pronto pasamos a un morreo metiéndonos la lengua. Sus manos sobaban mi culo y notaba su pollón apretándose contra mí.

    Sara tomo la delantera y cogiéndole la mano, se metió con John en su dormitorio, sus jadeos y gemidos indicaban la calentura de la pareja. Fidel y yo nos conformamos con el sofá, no había más habitaciones, nos fuimos desnudando, y cuando se sacó el bóxer, dios mío que pollón, si el de John era grande éste era un monumento, cuando lo cogía me costaba cerrar la mano de lo gorda que la tenía, empecé a masturbarlo despacio, cogí con la otra mano sus huevos gordos y duros e intenté meterla en mi boca, tarea casi imposible, pasé a lamerla como si de un helado se tratara.

    –Vamos Carmen, chúpamela, prueba despacio a comértela ya verás como te cabe.

    –Cabrón pero qué polla tienes, no sé cómo me va a caber todo esto.

    Fidel y yo oíamos como Sara y John no perdían el tiempo

    –Asiii cabrón chúpame el coño, méteme la lengua.

    –Mmmm, puta, que rico lo tienes cómo te chorrea

    Dada la incomodidad del sofá, le propuse a Fidel que nos uniéramos a ello y allá que nos fuimos; menos mal que la cama de Sara era grande que si no… Sara estaba tumbada de espaldas con las piernas abiertas mientras John, de rodillas al borde la cama, se deleitaba chupándola el coño. Me acosté a su lado y cogí una de sus gordas tetas mamándola y dándole duro a los pezones. Fidel tampoco perdió el tiempo, se puso de rodillas en el otro lado y empezó a pasar su verga por la otra teta y, finalmente, intentando metérsela en la boca.

    –Uuuum cabrones qué me hacéis pero qué polla tienes.

    –Carmen zorra, chúpame los pezones que me encanta.

    Fui deslizándome por su cuerpo y finalmente me puse en un 69 conmigo encima. Le cogí las piernas y las hice pasar por detrás de mis brazos, ahora sí que estaba despatarrada, empecé a comerle el chocho a conciencia, y John aprovechando que Sara estaba en el borde la cama, con todo el culo abierto, comenzó a chupárselo como si le fuera la vida en ello.

    –Aaaaah, cabrones, no paréis joder, chupármelo todo.

    –Carmen, puta cómo me comes el coño, me estáis jodiendo a fondo.

    –Estás hecha una zorrita Sara, putón, como te gusta que te follemos con la lengua.

    –Aaaah, si, darme duro.

    Chorreaba, esa es la palabra, en un momento Sara se corrió como la cerda que es. La lengua de John y la mía se enredaban en el sexo de ella, nuestros dedos la follaban todos sus agujeros, estaba en la gloria, nosotros recibíamos y bebíamos la corrida de Sara como si nos fuera la vida en ello.

    –Aaaaah me corro cabrones aaaah.

    Menos mal que Fidel no perdía el tiempo, aunque Sara había olvidado chuparme mi coño con su orgasmo, él se ocupaba de abrirme el culo y el coño y meterme su gorda lengua aprovechando que estaba en cuatro sobre Sara. Aprovechando que ella había quedado KO me volví para devolver a Fidel la mamada que me daba, parecía que mi boca se había ensanchado y aunque no entera, ya me cabía una parte de ese pollón. Mi sorpresa fue cuando John se puso también mi lado y cogiendo la polla a Fidel se la metió en la boca.

    –Mmmm John, putita, echaba de menos esa boca que tienes, cómetela toda.

    Miraba admirada y sorprendida cómo podía caberle a John la enorme polla de Fidel. No imaginaba sus gustos bisexuales aunque la situación, tan caliente, propiciaba todo.

    Se la chupábamos entre los dos aunque a John sí le cabía casi toda la polla de Fidel. Me puse detrás de John, estaba en cuatro comiéndole la polla a Fidel así que aproveché para abrirle su negro culazo y meterle la lengua hasta el fondo.

    MMmppfpf, apenas podía articular palabra con todo el pollón de Fidel en su boca pero arqueó su culo más para que mi lengua y dedos le abrieran su culazo. Mientras le chupaba le daba cachetadas en su culo que le ponían más verraco todavía. Él si se comía la polla entera de Fidel que la metía hasta los cojones. Joder que vicio teníamos, no parábamos.

    Sara se fue recuperando de su polvazo y se unió a John para chuparle la polla a Fidel; se turnaban, le comían los cojones, le follaban el culo con los dedos, eso era vicio en estado puro.

    –Aaaah putitas chupármelo todo, zorras.

    –Saraaa puta, méteme los dedos.

    Ahora era mi turno, mi sueño de tener una doble penetración, incorporándome pedí a Fidel que me metiera su polla en el coño, menos mal que lo tenía como un charco y despacio me la metió hasta el fondo, si no me hubiera desgarrado.

    –Aaaah, joder, reviéntame el coño cabrón.

    –Toma puta te la meto hasta los huevos.

    John se incorporó y poco a poco, detrás de mí, me la empezó a meter por el culo. El dolor inicial de semejante penetración me hizo sentir llena y puta como nunca. Mi primera doble penetración y era con dos negrazos con unas pollas de campeonato.

    –Aaaaa cabrones, me vais a matar.

    –Sara, extasiada, miraba cómo esos dos sementales me sostenían en volandas y me mataban a pollazos.

    –Joder, qué puta eres Carmen, como te joden estos cabronazos.

    Cada vez sus pollazos eran más rápidos, yo no paraba de correrme, me destrozaban pero el placer era mayor, Sara debajo mío veía como los dos sementales aceleraban la follada y se corrían en mis agujeros llenándome el coño y el culo como nunca.

    –Aaaa puta toma lefa, te voy a llenar el culo.

    –Aaaah me corrooo cabrones, llenarme el culo y el coño.

    Notaba los trallazos de semen en mi culo y como se deslizaba por mis piernas.

    John se salió de mi culo y, abierto como estaba, Sara se puso detrás, me abrió mis cachas y me metió la lengua en el culo sacándome toda la lefa de mi negrito.

    –Sara zorraaa, cómeme el culo trágatelo todo so puta.

    –Mmmm pero que culo más abierto tienes putón como te lo han llenado dios mío.

    –Con un último pollazo Fidel también llenó mi coño, su leche desbordaba y Sara seguía chupándolo todo pasando de mi culo a mi coño.

    –Aaaah qué rica leche, estabais cargados cabrones

    Estaba reventada, me habían jodido a base de bien, me entraron unas ganas de mear enormes.

    –Aaaah Fidel, no puedo más necesito mear.

    –Y a qué esperas zorra, tu amiga putita te está esperando.

    La cara de Sara era un poema, la tenía toda llena de la lefa que se había comido de mi coño y culo. Me miraba con deseo con su rostro pegado a mi chocho. No podía más, eche una meada tremenda que Sara bebía con deleite mientras seguía comiéndome el coño.

    –Aaaah puta cómemelo, todo para ti.

    Era lo más guarro que había hecho en mi vida, me habían hecho una doble penetración, me había comido pollas, culos y chocho a discreción y la guinda había sido echarle una meada a mi amiga mientras me lo comía todo.

    A pesar de que estaba todo hecho una pocilga, lleno de corridas y meadas, seguimos follando mientras el cuerpo aguantó; me morree con Sara chupando su cara pringada de semen y meada, los chicos miraban cómo nos comíamos sus corridas y pasamos a hacer un 69 guarro entre las dos, nuestros culos y coños estaban abiertos así que le dimos trabajo a nuestras lenguas y dedos, nos penetrábamos y chupábamos sin parar. A nuestro lado Fidel y John replicaron nuestro 69 y ellos también comenzaron a comerse sus pollas y culos. Nunca había visto una relación homosexual en directo y, si estaba ya caliente, me puse todavía más, Sara creo que estaba tan sorprendida como yo pero no dejaba de chuparme y joderme por ello. Deshicimos nuestro 69 y me quedé viendo como ellos seguían sin descanso. Sara se incorporó y, buscando en su armario, sacó y se puso un strapon con una señora polla de veinte centímetros por lo menos; aprovechando que John estaba en cuatro con todo su culazo abierto se puso detrás y mientras Fidel le abría el culo se la fue introduciendo hasta el fondo.

    –Aaah puta, cómo me gusta en el culo, métemela hasta el fondo.

    La enculada a John hizo que engullera más si cabe la polla de Fidel que no dejaba de abrirle el culo y chuparle la polla a su vez. Yo miraba y me masturbaba con mis dos agujeros abiertos de par en par y chorreantes. Sara paró de encular a John y les pidió que le hicieran una doble penetración.

    –Ahora es mi turno, maricones quiero que me jedáis los dos a la vez.

    Sara se puso en cuatro y Fidel, detrás suyo, comenzó a metérsela por el culo.

    –Toma puta a ver si te cabe esta polla en tu culo de zorra.

    –Maricooon, métemela joder, hasta el fondo.

    Era increíble ver cómo ese pollón se introducía en su culo, cualquiera hubiera imaginado que se la iba a sacar por la boca pero John se puso delante de ella y se la metió en su boca llena de babas de los morreos y chupadas que nos habíamos dado. Yo, caliente como estaba, dejé de sobarme el coño y deslizándome debajo de ella se lo mamaba mientras veía cómo el enorme pollón de Fidel martilleaba en su culo, sus huevazos me daban en la cara mientras le comía el chocho que destilaba sus caldos y pringaban mi cara. Como los chicos ya se habían corrido conmigo tenían cuerda para rato y no paraban, cada uno por su lado, de darla por el culo y por la boca. Para acelerar la corrida de Fidel aproveche mi posición para meterle un par de dedos en su culo y follárselo sin parar, eso fue mano de santo el tío se corrió como un campeón en su culo.

    –Aaaah putas me corrooo.

    Sara no podía hablar con la boca llena de polla pero por sus movimientos y gemidos se estaba corriendo sin parar como una cerda, su coño destilaba jugos que bebía con gula. Al retirarse Fidel le dejó el culo rojo y abierto, con mis manos se lo abría más y no dejaba que se le cerrara, Sara se arqueo y me puso su culo, abierto como un túnel, en mi boca así que le metí la lengua todo lo profunda que pude para chupar y tragar toda la corrida de Fidel. John saco la polla de su boca y se le empezó a mear en ella.

    –Toma puerca mi meada, bébetela toda.

    –Aaah dámela maricón méate en mi boca de puta.

    El chorro de John le llenaba la cara y la boca y caía sobre mi coño que Sara acabó chupando con deleite. La guarra de ella aprovechó que le comía el culo y también se empezó a mear en mi cara, me puso frenética y no paraba de comérselo todo mientras me llenaba la boca y la cara con su meada.

    –Chúpame el coño cerda, tómatelo todo.

    Acabamos todos derrengados y tumbados sobre la cama que estaba hecha una porquería, al rato nos aseamos y los chicos se fueron prometiendo repetir la experiencia.

    Continuará.

  • Ultimo adiós a mi inocencia (padre e hija)

    Ultimo adiós a mi inocencia (padre e hija)

    Nunca pensé volverme voyeur, si tal cual, cada vez que puedo observo a mi padre en total estado de desnudez, pero ese voyerismo, se convirtió en algo más que solo ver… y quise más.

    Todo comenzó al escuchar en una reunión, a cuatro amigas de la familia hablar con mi madre, sin que ellas se dieran cuenta, me acerque lo más posible a ver que decían, en base a sus gestos y caras parecía estar jugosa la charla, sobre todo cuando pude escuchar la frase “me deja de cama cada vez que lo hacemos”.

    Tengo veinte juveniles y muy bien puestos años, juego hockey, mi alimentación es muy sana, no tengo vicios. Con mi edad y mi altura, un metro casi setenta centímetros, un culito respingón y endurecido, piernas fuertes con músculos bien marcados, tengo a varios de mis compañeros que quieren hacerme el “entre”. Nunca un novio oficial y menos de larga data, todos fueron filos que solo querían tener relaciones conmigo, las que hasta el día de hoy no las había tenido.

    Pero volvamos a la charla. Como dije me acerque disimuladamente a la conversación haciéndome la distraída y me senté cómoda con un jugo sobre un cómodo sillón, para escuchar bien.

    -La verdad y como te dije me deja de cama, me pega unas sacudidas impresionantes, de todas las formas y poses imaginables, si me preguntan alguna cualidad que sobresalga, debo decir que son dos, me hace un sexo oral que me deja temblando las piernas y tiene un miembro que si bien no es inmenso tiene unas medidas que salen del promedio.

    -Bien que hiciste Raquel, se ve un hombre de respeto en la vida social.

    -Si chicas, en la vida social y diaria es así, me respeta y me tiene como una reina, lo mismo que a nuestra hija Sara.

    La conversación siguió y cuanto más alcohol más picante y con lujo de detalles se ponía.

    -El otro día sin ir más lejos me hizo una propuesta, ya que él es quien inventa o trae cosas nuevas en el sexo, de usar disfraces y hacer como que no nos conocíamos, hacer el amor sin sacarnos las máscaras. Cosa que le dije sin dudarlo que sí, pero dentro de un tiempo, así tendríamos tiempo de elegir bien los disfraces.

    La cuestión es que al revés de los otros adolescentes, que les da cosa escuchar la actividad de sus padres, a mí me apasiono, llegando al punto de mojar toda mi bombacha y llegar a casa derecho a la cama para masturbarme. Luego de realizada la tarea de desfogue, comencé a urdir un plan para ver los atributos de mi padre, cosa que me resulto fácil, lo comencé a hacer tres días después, cuando fuimos a la casa que tenemos para fines de semana en la playa.

    -Raquel, ¿vas a ir a comprar algo para la cena?

    -Si Diego, ahora estaba justo agarrando dinero para ir.

    -Bueno mi amor, mientras vas me doy una ducha.

    -Dale mi vida.

    Cuando escuche eso, saque mis cuentas de lo que tardaría en volver, ya que quedaba un poco lejos el mercado, calcule aproximadamente unos veinte minutos a media hora, cosa que me daba el tiempo para mi plan.

    La casita era una del tipo alpino, abajo living cocina comedor todo junto y justo en medio, debajo de la escalera el baño y arriba las dos piezas, todo se dividía con madera. El descanso de la escalera quedaba justo arriba del baño. Ya había visto con anterioridad que la madera que separaba tenía unos nudos flojos, los había probado y salían fácil, pero solo uno me daba la visión que necesitaba.

    Al escuchar el agua golpear el piso de la bañera subí sigilosamente la ruidosa escalera y al llegar al descansillo, saque el nudo que oficiaba de tapón, viendo el escultural cuerpo de mi papa, con su rubio pelo ya mojado y entre sus piernas un gran pene, más pequeño que los vistos por mí en las películas XXX pero sin envidiarle nada a ninguno de los actores, se comenzó a enjabonar, mi excitación crecía, sintiendo la humedad de mi entrepierna que mojaba la parte baja de mi malla de baño.

    No pudiéndome contener, mis manos comenzaron a jugar con los pezones ya erguidos y duros, dándole pequeños pellizcos, mientras mi otra mano acariciaba la vagina por encima de la malla, para ir buscando un lugar por donde ingresar a mis labios depilados. Encontrando la ubicación justa deslice mis dedos por un lateral acariciando los inflamados labios vaginales que debido a la humedad reinante permitieron fácilmente el ingreso de dos dedos en mi virginal cueva, mientras hacia el movimiento de entrar y salir, prendí la cámara del celular para que ella me ampliara la escena, poniéndola justo en la abertura del descanso y así tener la otra mano libre y observar a gusto. Mi otra mano fue directo al clítoris duro de la excitación, presionándolo suavemente y con movimientos circulares.

    No tarde mucho en tener un orgasmo totalmente mudo, pues como un soldado en posición de ataque no podía revelar mi posición.

    A la vez que terminaba de poner el tapón del agujero, mi padre se aprontaba a salir del baño, alcance justo a bajar, mi madre entro en la casa y mi padre salió. Ninguno noto mi agitación.

    Varias veces repetí la operación tapón del baño mastúrbate zorra. Inclusive una vez me anime cuando se bañaron juntos, observando un polvo de película, fue cuando dije, eso quiero para mí, organizando un plan para poder cogerme a mi papa, quería que mi primer hombre sea él.

    Lo primero que hice fue un mail nuevo con datos falseados obvio, le puse “tu hada azul”.

    Intercambio de mail.

    -Hola Diego, no me conoces, pero quiero saber si deseas hablar conmigo.

    -Hola hada azul, la verdad nunca había recibido un mail tan intrigante. Generalmente me escriben por trabajo. ¿de qué quieres hablar?

    -La verdad no se bien, pero un comienzo es un comienzo, tenía la duda si me responderías.

    -Soy un caballero, aunque sea por duda, siempre respondo.

    No escribí más para dejarlo en ascuas y ver si tenía intenciones de seguir el juego.

    En casa no hizo ningún comentario al respecto.

    Como a los cuatro días recibo un mail de él.

    -Hola hada azul, ¿se te pasaron las ganas de hablar?

    -Hola diego, no, no quería molestarte tanto.

    -¿Qué edad tenés?

    -La suficiente, para conocer muchas cosas.

    -Relativas a que.

    -Ufff, te adelanto algo, no tengo tanto, pero si la necesaria.

    -¿Puedes mandar foto?

    -Tal vez.

    Otra vez lo deje sin más contestación. Hasta que me acorde de algo escuchado en la reunión, disfraces… comencé a sacarme fotos disfrazada de un montón de cosas, sobre todo eróticas, para así luego elegir una, tal vez su fantasía del disfraz hacia más fácil y rápida la cosa.

    Nuevamente a los días le envié una foto de cuerpo entero con un disfraz de diablesa, una tanga que dejaba ver la silueta de mis labios vaginales con dos tirillas que iban hacia atrás para converger en una sola que se perdía entre mis nalgas tímidamente cubiertas con un capa, un sostén tan pequeño que apenas cubría la totalidad de los pezones y su areola con un triángulo de tela. Para no descubrir mi identidad una máscara de goma completa, de una diabla muy bonita, con sus cuernos y haciendo juego con el traje, de color rojo.

    -Vaya que hermosa diablita, ¿sos tan así?

    -Mi señor, si desea averiguar tendría que probar…

    Enseguida me mando también una foto disfrazado de policía vestido con cuero, pantalones cortos, muy cortos que dejaban ver su sabroso bulto, calculo que se estuvo tocando para que crezca y se vea grande. Completaba su atuendo un antifaz a media cara, que si no fuera mi padre no lo reconocería y en ambos lados de la cadera colgaban unas esposas.

    -Señor policía, ¿no quiere arrestarme?

    -Si es posible si, te espero el sábado en… me pasa la dirección conocida por mí, la casa de la playa, a las veintiuna horas.

    -Dalo por hecho, ahí estaré.

    -Pasa, te voy a dejar la puerta abierta, obvio te espera dentro “el policía”

    -Bien, entonces ahí estará la diablesa para que puedas arrestarla.

    No era raro que yo saliera los sábados, pero quería ver como se la arreglaba mi padre para salir. No le fue tan difícil, la preparo de a poco, le dijo a mi mama que se iba el sábado al mediodía a la casa de la playa, unos amigos querían ir a pescar y lo invitaron, como a él no le gusta la pesca, tenía que hacer el asado. Que volvería el domingo a media tarde.

    Llegue casi puntual, con mi auto, el que deje estacionado a una cuadra, me vestí dentro del coche y cuando vi que no había nadie fui presurosa a la casa. Entre, estaba todo a media luz y con música suave, pero de mi padre ni noticias, no se veía por la casa, más bien dentro se veía muy pero muy poco, había colocado luces rojas, que después me dijo eran para ambientar.

    Haciéndome la que no conocía la casa, revise todo cual si fuera un ladrón, hasta que siento que me toman por detrás, torciéndome suavemente los brazos hacia la espalda y poniendo las esposas en mis muñecas.

    -Te atrape diablita, no te me vas a escapar vas a ir a prisión.

    -No por favor señor policía, déjeme ir, hago lo que sea para que me suelte.

    Besándome el cuello me llevo hasta la escalera y me esposo a un escalón alto, solo la planta de mis pies tocaba el piso, pies que amarro con un cepo para mantener las piernas separadas y a este lo ato con una cuerda a un escalón más bajo, imposible de moverme, ya me estaba poniendo nerviosa, pero mi vagina chorreaba jugos por doquier.

    Me pregunto si había llevado ropa, a lo que le respondí asintiendo con la cabeza. Comenzó arrancándome la bombacha, para seguir con el sostén, me dejo la capa y la máscara.

    Sus labios se posaron en mi cuello besando toda la circunferencia, con lo poco que se podía ver de mis labios que estaban al descubierto, me robaba unos cálidos besos, para ir bajando por mi pecho haciendo una escala en mis tetas, dando pequeñas mordidas a mis pezones duros de la excitación que tenía. Sus manos recorrían mi cuerpo haciendo que se erice la piel, esos besos se acercaban a mi entrepierna deseosa de ser vulnerada, siento esa cálida lengua rozar mis labios vaginales en toda su extensión, no hizo falta mucho tiempo de jugar en la zona, al tocar con ella mi clítoris, de mi boca escapo un gran gemido y un grito de placer indescriptible, mientras escuchaba de la suya…

    -Si así me gusta, disfruta que en un rato viene lo mejor, que rico sabor el de tus jugos, mientras conversamos por mail me lo imaginaba, pero es mucho mejor de lo imaginable.

    -Te aviso mi amo, aun soy virgen, pero tenías que ser vos quien se quedara con mi inocencia, nadie más que vos se la merece.

    Subió unos escalones hasta quedar con su verga la altura de mi boca, sin dudarlo me acerque a ella besándola suavemente hasta hacerla perder dentro de mi cavidad bucal, casi no me entraba toda en la boca, calculo que su excitación era mayúscula, porque no me permitió seguir chupando, si no que empezó a cogerme literalmente la boca, siento que su miembro se comenzó a hinchar, y en su palpitante ir y venir, descargo mucha cantidad de su semen, ese que tantas veces saboreo mi madre.

    Luego de haberme entregado todo ese líquido viscoso y sabroso, entre suave, picante, dulce y amargo, me dejo atada y se acercó a su bolso para sacar algo, regreso con algo que luego me entere se llama fusta, tal cual la que usan los jockey´s para castigar a los caballos, e hizo lo propio conmigo, azotando mis glúteos, no para hacerme daño, no era dolor era un ardor que encendía más mi excitación y me gustaba.

    Cuando creía que terminaba todo, esas fuertes manos acariciaban mis glúteos en el mismísimo lugar de los golpecitos, tomo ambos glúteos, los dedos pulgares llegaron a ambos lados del esfínter anal, separándolas, su lengua comenzó a jugar en dicho esfínter, primero suave y en círculos de afuera hacia adentro y más luego endureciendo la lengua la ubico justo en el centro para introducir una porción de ella, estaba ya en ese punto pidiendo gritos que me la ponga, quería que mi papa me haga el amor, lo necesitaba dentro.

    Cuando estaba en lo mejor de mi calentura, fue a traer el colchón del pequeño futón que estaba en la sala, colocándolo en los peldaños de la escalera, me desato, para volver a amarrarme en la escalera sobre el colchón de esa cama improvisada, se posó sobre mi cuerpo tembloroso de primeriza, esa enorme verga se fue abriendo camino en mi canal vaginal, hizo tope con el himen intacto e incorrupto hasta ahora, solo había sido vulnerado con mis dedos al masturbarme.

    Sello mis labios con un beso cálido, creo que para callar mis gritos que iban en aumento, su pene había empezado su trabajo y dolía un poco, diría bastante, sacaba y metía hasta hacer tope con la famosa “telita”, en una de esas embestidas suaves de un solo empujón me la introdujo hasta topar con el cuello del útero, si bien no podía gritar pues su boca y lengua sellaban la mía, la abrí inmensamente y escapo un gran grito, mezcla de dolor y placer, sentía que me quemaba por dentro pero me gustaba, se detuvo un instante.

    -Avísame cuando pase el dolor, para poder seguir. -Me dijo.

    -No te preocupes, fue mi decisión, seguí por favor no pares.

    -¿No tenés miedo de quedar embarazada en tu primera vez?

    -No, cuando emprendí esta aventura comencé con pastillas, pero por favor seguí, no aguanto más.

    Continuó con su labor, para que contar que por ser mi primera vez la estaba pasando de diez, ya llevaba mi tercer orgasmo cuando su bombeo era más, por así decirlo, salvaje, sin miramientos ni contemplaciones, su tronco iba y venía llenando mi vagina, chocando contra el fondo de ella, hasta que sentí su semen llenar todo el espacio que quedaba libre dentro.

    Que felicidad, estaba sintiendo las mismas sensaciones que mi madre, cuanta envidia me daba, poder disfrutar cuando quisiera de semejante hombre y tamaña verga tan llena de sus jugos tibios que ahora compartimos.

    Me desato y se fue al baño, ocasión que aproveche para irme raudamente hacia mi auto, así como estaba, solo vestida con la capa, por suerte debido a la hora no me cruce con nadie. Me vestí con mi ropa en el vehículo y salí presurosa para casa pensando en la noche que había vivido.

    Al llegar lo primero que hice fue ir al baño para borrar vestigios que pudieran quedar de esa primera vez, la toallita protectora tenía un líquido rosado como recuerdo de la inocencia perdida, líquido que mezclaba el olor al semen de mi padre y las trazas rojas de mi sangre.

    Ahora le creía más a mi madre cuando dijo que la dejaba de cama, me dolía mucho, pero era un dolor soportable y lleno de gusto.

    Al otro día, llega mi padre, luego de saludar efusivamente a mi mama, me revuelve el pelo acariciándolo y me dice algo que me llama poderosamente la atención.

    -Hola mi diablita, como estuvo su noche, la pasaste lindo.

    -(sin titubear) si papito a dios gracias fue muy linda la juntada.

    El resto del día transcurrió demasiado normal, pero aun daba vuelta en mi cabeza la frase de mi papa, “hola mi diablita”.

    A los dos días de haber ocurrido mi primera vez, recibo un mail.

    -Hola diabla, o preferís que te llame mi hada azul, pues veo que tienes varios personajes.

    -Hola, podes llamarme como gustes, ¿te gusto la sorpresa que te di?

    -¿Cuál de todas? Tu primera vez, que estabas linda, que te fuiste sin avisar o la otra.

    -¿La otra? ¿Cuál sería?

    -La que no se puede ocultar por mas mascaras que se te usen, el instinto de padre no falla nunca.

    -¿te diste cuenta?

    -Si Sara, desde que abriste la puerta.

    -¿Por qué seguiste mi juego?

    -Por qué siempre estuve enamorado de vos.

    -¿Estás enojado conmigo?

    -Para nada, solo te voy a pedir que sea un secreto entre los dos.

    -Obvio papa, nadie debe enterarse que somos amantes ni que fuiste mi primera vez, nadie, nadie se lo merecía más que vos.

    -¿Qué somos amantes?

    -Sí señor, quiero que esto siga, ¿o te arrepentiste?

    -Para nada, pero veamos que surge.

    -Papa tenemos teléfono con WhatsApp, podemos a partir de ahora hablar por ahí ¿no?

    -Jajaja si, si hija tenés razón.

    De ahí en más seguimos nuestra relación amorosa, haciendo el amor donde podíamos, en casa, un hotel, la casa de la playa o el auto, todo es bienvenido.

    Cierto día mama se fue a bañar, quiso darse un baño de inmersión en la bañera, como siempre, tarda aproximadamente tres cuarto de hora, aunque a veces una hora.

    Yo estaba haciendo la cena en el momento que papa se acercó tomándome por detrás, amasando mis tetas fue bajando sus besos por mi espalda a través de la ropa, me bajo el short y comenzó a jugar con mi cola, ya intuía lo que pretendía, comprobándolo cuando unto sus dedos con aceite de cocina y lo esparció en su pene y mi cola, intento introducirlo pero el dolor era impresionante, estuve a punto de gritar cuando lo saco y me susurro al oído.

    -Para la próxima, lo vamos a ir preparando bien, me vuelve loco tu culo hermoso.

    -Si papito, como hija “diablita” y obediente va a ser tuyo.

    Pero esa es otra historia, por ahora nos contentamos con lo que venía ocurriendo y programando una salida de padre e hija para redecorar la casa de la playa.

  • Le fui infiel a mi novio con un actor porno en un bus (2)

    Le fui infiel a mi novio con un actor porno en un bus (2)

    (…) Se sentó en su sitio y de inmediato apoyé mi cabeza en su hombro. Él me abrazo y comenzó a acariciarme la cabeza y la espalda. Me quedé dormida. Horas después, llegando a Mendoza, me despertó. A pesar de que por un instante me sentí confundida al despertar en los brazos de un desconocido, pude acomodarme rápidamente a mi nueva situación. Tanto fue así, que al llegar a la terminal, lo primero que hice, fue cancelar la reserva en mi hotel, decidida por completo a pasar el fin de semana entero con él. Lo que pasó durante esos tres días en su compañía, es algo que contaré en siguientes relatos. (…)

    El hotel que había reservado era de mucha más categoría que el mío, lo que de entrada me entusiasmó aún más. Era casi medio día, pero a pesar de que los dos estábamos hambrientos, lo que más necesitábamos era una ducha. Máximo, muy atento, ofreció que yo me bañe en primer lugar.

    ─Se me hace que el baño es inmenso, por lo que podemos aprovechar y bañarnos juntos. Para ahorrar agua, digo ─dije, no pudiendo evitar ocultar mis verdaderas intenciones.

    Él entendió de entrada y me apretó contra su cuerpo para darme un beso hermoso, mientras me quitaba la ropa. Desnuda, me colgué de su cuello rodeándolo con mis piernas. De ese modo me llevó hasta el baño. En el lujoso cuarto, me separé para dejar que se desvista. Lo hizo en silencio, despacio, sin quitarme los ojos de encima. Mientras tanto, yo abrí la ducha y regulé la temperatura del agua. Algo que realmente poco importaba, debido a que los dos estábamos por demás calientes. El agua tibia me acariciaba el cuerpo de manera encantadora, cuando sentí algo que se me clavaba en la espalda baja. Giré con la intensión de mirarlo a los ojos con expresión seductora, pero mi mirada fue directamente hacia esa tremenda pija que tenía tan cerca de mí. Con la luz del baño se veía, incluso, mucho más grande y apetitosa que en la penumbra del colectivo. Lo besé apasionadamente mientras comencé a pajearlo con suavidad. No pasó mucho tiempo para que él me guie hacia abajo.

    ─Sí bebé, comete toda la pija de papi. Así, así…

    Obedecí con mucho gusto. De inmediato me puse a merced de esa hermosa pija que, por ese fin de semana, seria toda para mí. Con el agua cayendo sobre mi espalda, de rodillas, hice mi mejor esfuerzo para hacerle el mejor pete de su vida. Y al parecer, lo estaba disfrutando tanto como yo. Mientras se la chupaba, el comenzó a enjabonarme la espalda con una esponja. Sus manos grandes y fuertes ejercían una presión que me gustaba. Me costaba mantenerme quieta, ya que su fuerza me impulsaba hacia abajo. De igual manera, pude disfrutar muchísimo de su pija en mi boca.

    ─Papi, ¿te gustan mis tetas? ─pregunté con el tono más de trola que pude.

    ─Sí bebé, tenés las tetas más hermosas del mundo ─dijo entre jadeos.

    De inmediato, acomodé su hermosa pija entre mis tetas y comencé a pajearlo. Sus gemidos se hicieron intensos y sonoros. Era como pajear un grueso y duro palo de amasar. Un poco me hacía doler, pero me fascinaba. Sentía que quería vivir con esa pija entre mis tetas para siempre.

    ─¿Querés la leche de papi, nena?

    ─Sí papi, dámela. Me la quiero tomar toda.

    No pasó mucho tiempo más, hasta que sentí como un tremendo lechazo se estrellaba contra mi cara. Ojos, nariz, mejillas, boca. Toda mi cara totalmente empapada de ese delicioso liquido espeso. Ante mi total sorpresa, máximo se arrodillo frente a mí y comenzó a chupar su semen de mi cara, para luego besarme y pasar todo el líquido de su boca a la mía. Fue hermoso y totalmente excitante. Me puse de pie, me imitó y me colgué nuevamente de su cuello para continuar con el beso. Su pija daba golpes en la entrada de mi concha, como pidiendo permiso para entrar. No fue necesario el consentimiento, ya que ella sola encontró la entrada. Me sentía demasiado pequeña colgada de ese cuerpo fibroso, mojado y caliente. Me tomó de la cintura con ambas manos y comenzó a marcar el ritmo de la cogida. Su pija entraba y salía de mi concha haciéndome gritar de placer.

    Acabé dos veces mientras él me manejaba en el aire como si fuese una muñeca de trapo. En cierto momento, todo el mundo parecía estar de cabeza. Pero no, era yo quien estaba a contra mano, ya que, en un movimiento rápido y extraño, me puso de cabeza. Tomándome con fuerza de la cintura, ubicó mi cara pegada a su pija. No tuvo que pedírmelo. Yo solita, de cabeza al piso, comencé a comerle la pija. En realidad, era él quien con movimientos precisos de su pelvis me estaba cogiendo la boca.

    ─Sí pendeja, así. Como te gusta la pija, hija de puta.

    Sus palabras no hacían mas que calentarme. Eso, sumado a como comenzó a comerme la concha, me hizo sentir en el paraíso. Tanto, que volví a acabar, esta vez directamente en su boca.

    Luego de un rato, con delicadeza, me sacó de esa posición y me hizo apoyar las manos en la pared. Me abrió las piernas, me chupó la concha durante varios minutos, para después penetrarme de pie con mucha fuerza. Su pija hizo tope con el fondo de mi concha, haciéndome sentir mucho placer. Me cogió aproximadamente durante media hora más sin parar. Ya casi no sentí mis piernas, ni mi cuerpo. Toda mi energía se concentraba en la unión de su pija con mi concha, hasta que sentí como una doble explosión me devolvía a la realidad. Nuevamente mi concha desbordaba de su leche y de la mía, haciéndome sentir como que flotaba. Nunca me habían dado tremenda cogida.

    Con delicadeza terminó de bañarme, se bañó él y me llevó en brazos a la cama. Se recostó a mi lado, pero de inmediato me trepé sobre su cuerpo y apoyé mi cabeza sobre su pecho. Su respiración estaba tranquila y se acoplaba a la perfección con la mía. Su pija, incluso en reposo, era grande y dura, por lo que sentirla pegada a mi concha era una sensación hermosa. Nos dormimos así. Al menos, yo lo hice. No sé exactamente por cuanto tiempo, pero al despertar nos besamos tiernamente, llenándonos de caricias.

    ─¿Tenés hambre, bebé? ─me preguntó.

    ─Siempre ─respondí desviando la mirada hacia su pija.

    Los dos nos reímos, nos levantamos y nos vestimos con intención de ir a comer.

    ─Siempre tuve la fantasía de coger y filmarme ─comenté como al pasar.

    ─Todavía nos quedan tres días, nena. Lo que me pidas, será tuyo.

    Luego de un par de besos y manos inquietas, salimos a comer. A pesar de disfrutar de la comida y de la charla, no pude dejar de pensar en la siguiente vez en que tendría esa hermosa pija adentro de mí.

  • Infiel por mi culpa. Puta por obligación (26)

    Infiel por mi culpa. Puta por obligación (26)

    ¿Vale más una imagen que mil palabras?

    Su blanca mano se aferra con firmeza al cuello de la botella y bebe. Una primera libación breve, seguramente para que su paladar se acostumbre al sabor, y ya pasado el gesto del primer ardor, da un segundo trago más prolongado, sin que su rostro manifieste alguna desagradable conmoción. ¡Por el contrario, se saborea!

    Entre el pulgar, el dedo índice y el del corazón, sostiene la botella por el gollete sin prisa alguna por devolvérmela. Una nueva cerveza destapo, e igualmente sin apremio alguno la sirvo dentro de mi vaso, inclinándolo un poco para no causar demasiada espuma. Dispuesto estoy a bebérmela muy despacio, mientras me dispongo a escuchar por su boca esta inesperada historieta con visos de infidelidad.

    Mariana con ansiedad balancea la botella en el aire, –a escasos centímetros de la piel alba de su muslo derecho– y centra la mirada en el doblez de su mano con los dedos girando el envase, para proseguir desvelándome su maquinada aventura con aquella amiga suya. Tras de mí la rumba no cesa, pues la bulla se hace más intensa y efervescente, captando de momento mi atención, al ver como algunos ya descalzos bailan emparejados, y otros se mecen solos, –tanto los chicos como las «peladas»– en medio de risas y gritos, saltando sobre la arena de esta playa cuando se escucha por el parlante, el sonsonete pegajoso y champetúo de «El Serrucho», uno de los éxitos del cartagenero Mr. Black. ¡Con seguridad Mariana, a mí también me va a clavar!

    —Como te venía diciendo, K-Mena se mantuvo callada por algunos segundos, asimilando con seguridad los alcances de mi respuesta, y se le alteró el color de sus mejillas, –casi siempre pálidas– tornándosele al instante en un rosa encendido mientras se iba acercando nuevamente a la cama, y de medio lado se recostó colocando su cabeza sobre mi regazo, buscando algún mimo mío; y tras recobrar un poco la tranquilidad, aquel exaltado rubor menguó y así como la palidez de su tez retornó a sus pómulos, la creciente curiosidad hizo lo mismo sorprendiéndome con su siguiente pregunta.

    —Chikis… ¿Tú nunca has tenido sexo con alguien más, aparte de tu esposo? O… ¿Quizás te gustaría hacerlo con otro hombre, solo por probar?

    — ¡Ufff! Hace años ya de eso. Con mi segundo novio tuve sexo por primera vez, y antes de que preguntes… ¡No! Para nada fue tan bueno como el que ahora obtengo con mi esposo. Aunque para serte sincera, en ese momento de mi vida al ser tan primeriza, no podía compararlo con nada ni con nadie, pues con mi primer novio tan solo experimenté los iniciales besos con lengua, y las caricias por encima de la ropa, por supuesto inexpertas e infantiles. Así que cometí el natural error de no exigirle que me complaciera mejor, y di por hecho que con lo que me hacía sentir era más que suficiente. ¡Y no! Claro que no me gustaría mantener relaciones sexuales extra matrimoniales y ponerle los cuernos a mi marido. ¿Por qué la pregunta?

    — ¿Ahh?, por nada. Es solo curiosidad. —Me respondió con determinación, pero se quedó pensativa un instante y luego prosiguió hablándome, sin dejar de jugar a hacer espirales con las puntas azabaches de los mechones de mi melena, enroscándolas entre sus dedos.

    —Chikis, ya sabes que en la oficina se escuchan comentarios sueltos por ahí, no en específico sobre ti, no te preocupes, pero sí sobre las mujeres casadas en general, que llevan años y años conviviendo con el mismo hombre. Y exponen con total naturalidad sus pensamientos sobre el sexo con sus parejas, y les escucho decir que aunque no sea del todo malo, sí se va convirtiendo en algo rutinario y casi que programado, ya sabes, por el exceso de trabajo tanto en el uno como en la otra. Y les he escuchado también decir que suele suceder con el transcurrir del tiempo, que las cosas en la pareja se van enfriando, o sencillamente las ganas de sexo no alcanzan a ser las mismas de antaño, y los horarios para la intimidad se van espaciando e incluso, tampoco coinciden esos momentos libres con las ganas retrasadas. —Calló nuevamente y antes de que yo pudiera intervenir, ella acariciando con sus finos dedos mi mentón, continúo hablándome.

    —Y escuchar sobre esos temas maritales me preocupa viéndome con Sergio en un futuro, porque ellas dicen que eso las conduce inevitablemente a cometer con mayor facilidad una infidelidad, acostándose con algún amigo cercano, o buscando de nuevo al ex, y si no, lo hacen con un compañero de trabajo. Ehhh, yo me preguntaba si… ¿A ti no te atrae alguna otra persona? ¿No te has sentido atraída por un cliente, tal vez? ¿Nadie en la oficina te llama la atención?

    —Al hacerme ese comentario, dudé. ¿Y sabes, cielo? Me hizo sentir bastante incomoda, logrando que yo titubeara al pensar en si K-Mena estaba enterada de algo, ya fuera por culpa del boquiflojo de José Ignacio, imaginándomelo por ahí en los pasillos, pavoneándose ante los demás, de lo sucedido entre él y yo, o si de repente Eduardo en alguna de sus salidas a tomar, le hubiera soltado prenda a José Ignacio sobre lo acontecido con aquel profesor, y este a su vez lo hubiese comentado con Carlos e incluso con el mismo Sergio, y por eso ella estuviera al corriente.

    —Podría ser que los nervios te estaban jugando una mala pasada, y ella solo quería saber qué opinabas al respecto. O cómo bien dices, tu amiguita podría estar al tanto de todo, si por boca de su novio al compartir la vivienda con tu aman… ¡Con ese tipo!, el hijo de puta por vanagloriarse, le hubiese contado con detalle sobre todas sus conquistas, incluido lo que hiciste a mis espaldas.

    Sin descruzar los brazos de su pecho y sosteniendo entre sus labios, –casi en horizontal– su cigarrillo sin encender, finalmente interviene Camilo.

    —Puede que tengas razón, –le contesto. – Pero finalmente me quedé con las ganas de averiguarlo en ese momento, porque yo misma decidí cambiar el rumbo de la conversación al responderle más o menos así…

    —Flaquis, pues por ahora estoy muy feliz al lado de mi marido y creo que no hemos llegado a ese punto donde como dices que has escuchado, la monotonía resquebraja la solidez de la convivencia marital, y nos puede lanzar, a él o a mí, hacia los brazos de otras personas.

    —Y para dirigir el curso de sus indagaciones, tras aquel cuestionamiento, se cruzó una idea muy loca por mi cabeza, viendo a mí amiga ahí tan atenta y totalmente metida en el cuento. — ¡Te propongo algo, solo si tú quieres, flaquis! –Le dije. – Mejor realizamos una parodia, en la cual dejaremos volar nuestra imaginación. En tu caso para que te liberes y logres perder el miedo a tocarte, y en mi lugar, intentaré enseñarte a acariciar otro cuerpo y usar tus manos, diciéndote cómo, –en un hipotético evento– me gustaría que me abordara un amante pasajero, atreviéndome a tener sexo con alguien diferente a mi marido. ¿Te parece?

    — ¿Qué locura es esa? Pero sabes… ¡Me gusta tu idea, chikis! —Me respondió, iluminándosele el par de plenilunios que tiene por ojos.

    —Te dejo a ti escogerle el nombre, flaquis. ¡Incluso hasta ponerle rostro y cuerpo a mi amante imaginario! —Le dije para ver con quien se le ocurriría emparejarme.

    — ¿En serio? Hummm, veamos… —Y se llevó el dedo meñique a su boca, mordiéndose levemente la uña mientras lo meditaba.

    — ¿Qué tal Nacho? —Finalmente lo nombró.

    — ¿Y él por qué y no otro? —Y sí cielo, por supuesto que también hice la misma mueca que haces tú ahora, arqueando las cejas y blanqueando los ojos. Por eso mismo, enseguida le propuse otros hombres.

    — ¿Qué te parece Ricardo, el ingeniero de sistemas? Ese podría ser un buen amante. Es joven, alto, no muy delgado ni tampoco tan fornido. Y es muy servicial aparte de jovial.

    — ¡Nahhh, pero que gusto tan maluco tienes chikis! Sí para mí, ese ingeniero lo único que tiene es una bonita sonrisa y una pestañas preciosas, pero esos ojos tan oscuros me intimidan mucho, ya que más de una vez, lo pillé desnudándote con la mirada, y para variar, todo el día se la pasa sudado, como si fuese un robusto percherón. ¡Guacala! Además debe oler a pescado.

    —Ok. Entonces… ¿Qué me dices del arquitecto del undécimo piso? Ummm… ¿Camilo García, es su nombre? Ese tipo está que se pasa de bueno. Es un hombre inteligente, sereno, cordial y sumamente interesante. ¿No lo crees? —La observé de inmediato para saber su gusto, a pesar de que ya intuía su respuesta.

    —Pues el arquitecto a pesar de tener distinción y un porte atractivo, es demasiado serio y muy analítico para mi gusto. Yo imagino que debe ser un tipo monótono en la cama, y además está comprometido. ¡Tiene esposa y un hijo! No chikis, él tampoco es para ti. A ver, creo que tu amante debe ser otro, con un talante distinto, más guapo y… ¡Explosivo! Uno con el que puedas disfrutar de un buen momento de sexo desmedido, y del que a pesar del engaño, no te arrepientas demasiado por haberle puesto los cuernos a tu marido. Sí, definitivamente debe ser un tipo con bastante recorrido. ¡Alguien como Nacho!

    — ¡Jajaja! ¿En serio no se te pudo ocurrir alguien más? —En medio de una risotada franca le contesté, y enseguida la fustigué con una nueva pregunta.

    —Muchas gracias por tu opinión, pero mejor doy un paso al costado y te lo cedo. También él se vería bien a tu lado, obviamente si no tuvieras novio. ¿A ti te gustaría estar con él y perder tu virginidad a su lado, sin esperar a que sucediera con tu novio?

    —Nahhh, chikis. ¡Dios me libre! Creo que yo sería infeliz a su lado porque no le doy la talla debido a mi ingenuidad. Pero obvio que algunas veces sí que lo he llegado a imaginar. ¿Cómo sería acostarme con un hombre tan recorrido como él? ¿Cómo me haría sentir? ¿Me volvería adicta al sexo con él? ¿Me convertiría en una puta por él? Pero todo se queda allí en mi mente y me arrepiento al instante, persignándome y orando diez Padres Nuestro y nueve Aves María, pidiéndole mentalmente perdón a Dios y de paso a Sergio, por pecar con el pensamiento. —Momentáneamente silenció su voz, y después de unos segundos, hablo de nuevo.

    —Sin embargo no sucederá nada, ya que Nacho tan sólo me ve como a una hermanita menor a quien debe cuidar y proteger, en consideración a la amistad que le une a Sergio. Y conmigo no sostendría jamás una relación duradera. Quizás solamente acceda a dejar que yo, si le insisto un poco, practique por unos minutos con su… ¡Cosito! Por lo demás, como mujer prácticamente soy invisible para él. Y además, Nacho solo tiene ojos para las mujeres casadas, pues le encanta el riesgo y la aventura, más si son aparentemente inalcanzables. ¡Como tú, por ejemplo! —Me respondió, dejándome ver su perlada dentadura al sonreír con amplitud, antes de enderezarse y recobrar su postura de niña buena, sentada al borde de la cama, sin cruzar las piernas pero con las rodillas muy juntas, y con los brazos echados hacia atrás de su cuerpo, tal si fueran un par de soportes.

    —Él y yo somos como el agua y el aceite, flaquis. Incompatibles como un par de fichas sueltas, pertenecientes a dos rompecabezas con imágenes impresas de dos paisajes distintos, e igualmente con tamaños diferentes. Como dices, Nacho es un tipo inconstante y yo, yo estoy muy bien con mi estabilidad matrimonial. —Le contesté colocándome de pie, mientras que descargaba sobre una silla cercana, la cartera y la bolsa con los juguetes que había adquirido el día anterior en el sex-shop, colgando en el respaldo mi cazadora de mezclilla decolorada y estilo «oversize».

    —Pues mi mamá siempre me dice que los polos opuestos se atraen y… ¿Quién quita que entre ustedes dos pueda surgir algo en un futuro? ¡En serio pienso que los dos se complementarían bastante! —Me habló de improviso cuando yo todavía le daba la espalda.

    —La miré con detenimiento, –dejando de observar la ilustrada y explícita imagen de la caja de cartón que contenía el Strap-On, enseñando en la contra-portada como usarlo– pues deseaba adivinar por intermedio de sus gestos, si eran ciertas mis sospechas de que K-Mena estaba al tanto de algo, o simple y llanamente eran mis propios temores los que me hacían ver horripilantes demonios donde no había más que un inocente raciocinio.

    — ¡Espera Mariana! Aguanta un momento que me perdí. ¿Mirando un qué? —Me pregunta Camilo.

    —Ah, eso es un arnés, –Camilo arquea sus espesas cejas negras y echa la cabeza levemente para atrás– o sea, una especie de cinturón con correas que se ajustan a la cintura y en los muslos. En el centro lleva una anilla para adosarle un… Un pene de silicona, para… ¡Pues creo que ya podrás imaginar para qué se usa!

    —Ummm, ya entiendo. Pero haber, Mariana… ¿Acaso tu preocupación no consistía en preservarle su virginidad? —Me sonrío ante la lógica inquietud de mi esposo.

    — ¡Jejeje! Así es, y efectivamente no lo compré con la idea de penetrarla. Ya había pensado la noche anterior, mientras acariciaba con mis uñas tu espalda, para relajarte y que te fueras durmiendo, en darle otro uso. Sé que andas un poco despistado, pero por eso déjame terminar de recordar lo que hicimos ella y yo, aquel mediodía y parte de la tarde. ¿Te parece? —Le contesto con premura, aprovechándome de que no es propio en él, ser un hombre con poca sindéresis.

    —Claro, dale. ¡Adelante! —Me responde Camilo, haciéndome la venia al estilo militar, al llevar su mano con la palma hacia abajo a la sien derecha.

    Ahora observo como la baja, para colocarla en frente de su boca, rascando finalmente la rueda dentada de su mechero con el pulgar. Y así, la amarillenta flama consigue su cometido y arde la punta del cigarrillo, iluminando las leves arrugas en las comisuras de sus labios, y en los hoyuelos que se le forman en sus mejillas al aspirarlo concienzudamente.

    —Y… ¿Cómo lo harías con él? —Me preguntó K-Mena sin darme un respiro con curiosidad, y sin dejarme responder insistió al decirme…

    —O sea, quiero decir en qué lugar te parecería más cómodo estar a solas con Nacho, hablando solo imaginariamente, por supuesto. ¿Irías a su casa y lo harían en su cama? O… ¿Te dejarías invitar a una habitación de un motel como este?

    —Pues creo que lo más adecuado sería en un lugar que me ofrezca intimidad. Sí, vendría con Nacho a un sitio como este. —Le contesté de inmediato y luego las dos guardamos un cómplice silencio, que aproveché para observar a mí alrededor, buscando el lugar más adecuado para relatarle mi imaginario encuentro sexual con nuestro compañero de trabajo.

    —Las pesadas cortinas de terciopelo escarlata permanecían completamente cerradas, brindándonos la intimidad necesaria, –cierro mis ojos y visualizo en mi mente aquella habitación. – aunque detrás de ellas no existiera realmente un ventanal sino una fría y alisada pared. Esperando a mi derecha, acomodado en una esquina de la habitación, flanqueado por un ovalado espejo en la pared y encima de este, otro de forma circular adosado al techo, un «sillón del amor». Con las sinuosas curvas tapizadas en negro y rojo, similar al que de novios dimos tan buen uso tu y yo en tantas ocasiones, para saciar nuestras ganas de explorar nuestros cuerpos, entregándonos completamente y obtener placeres más intensos, probando tantas posiciones como nos era posible, hasta alcanzar varios orgasmos durante las tres horas de alquiler. Sin embargo aquel, era un mueble al cual yo no le podría dar en esos momentos un uso adecuado con K-Mena, así que la mejor opción para nuestra primera vez, seria utilizar el jacuzzi, así que me dirigí hacia el baño para abrir los grifos y ponerlo en funcionamiento.

    —Mira K-Mena, –le dije cuando regresé a su lado. – Tú te vas a convertir en él, en mi amante. Y juntas, vamos a recrear ese encuentro ficticio. Harás exactamente lo que yo voy a ir diciendo, actuando como si esta fuera la primera vez que le fuera infiel a mi esposo junto a Nacho. ¿Vale?

    Abro mis ojos para encontrarme con el marrón de los suyos, bien clavaditos a mi cara, esperando quizás que algún gesto le revele mi interés en que fuese con Nacho.

    —Y no cielo, no me mires así pues yo no fui quien propuso que aquel juego fuera con él. Además, pensé que era la oportunidad perfecta para poder conocer si mi amiga estaba enterada de algo o eran solo imaginaciones mías. ¿Continuo?

    —Por supuesto, haz de cuenta que estas en el confesionario de una iglesia, declarando tus pecados para obtener la piadosa sentencia. ¡Prosigue por favor!

    —Ok, entonces como te venía contando, le dije a ella…

    —Flaquis, antes que nada, necesitamos crear el ambiente adecuado. Es primordial que ambas estemos cómodas y nos pongamos en situación. Presumamos que en esa hipotética cita, yo estuviera vestida justo como ahora, recién escapados los dos de la oficina. ¿Qué cosas te imaginas que ese hombre tan diestro y aventurero como dices, me haría ya estando aquí los dos a solas?

    —Pues chikis, imagino que él… ¿Te daría un beso? —Me respondió segundos después de meditarlo un poco.

    —Ajá, sí. Es probable que nada más cerrar la puerta Nacho se me eche encima, me acorrale contra la pared y me bese. Y entonces flaquis… ¿A que estas esperando? ¡Ven y me lo das! —Le ordené, y ella entre sorprendida e intimidada, se me acercó con cautela.

    Noto a Camilo bastante interesado en mi relato, pero guardando un prudente silencio mientras fuma de manera apurada; por el contrario bebe su cerveza muy despacio y el café de sus ojos expectantes, escudriña cada mueca mía. Intenta en silencio detallar mis emociones y por lo mismo se acomoda diferente sobre la arena, de medio lado recostado para descansar sus brazos y cambiar la posición de sus piernas, estirándolas. Y yo con algo de vergüenza, me dispongo a continuar relatándole lo que falta.

    —Vi como su rostro se colocaba directamente frente al mío algo tensa, y tras cerrar sus ojos, ladee mi cara y temblorosos sus labios se juntaron lentamente con los míos, ejerciendo una suave presión que duró muy poco, como aquella vez en la piscina del hotel. Yo igualmente me encontraba nerviosa pero me sobrepuse y continué en mi papel de instructora dominante.

    — ¡Así no! Hazlo con determinación, con ganas y gusto. Metete en el papel de ser él, el tipo de hombre conquistador y dominante que se supone desea «culiarse» a una mujer casada y prohibida como yo. ¿O es qué Nacho no te ha dicho que le gustaría llevarme a la cama y «culearme» hasta hacerme ver las estrellas?

    — ¡Noooo! Con Nacho nunca hemos hablado de eso. No te ha mencionado chikis, lo juro. Solo escuché alguna vez y sin querer, estando en el bar esperando a que Sergio me fuera a recoger, que le decía a Carlos lo mucho que le atraes, y que tarde o temprano, lograría seducirte y hacer cochinadas contigo. —Cada una de sus palabras, las pronunció con una vocecita de niña regañada, aunque sentí que me había respondido con franqueza, y yo con fingida despreocupación le respondí más o menos así…

    —Ah, ok. Discúlpame flaquis, es que has insistido tanto con él y además como lo conozco, supuse que él te hubiera hablado alguna vez de mí y de paso, como suele ser común en él, fanfarronear diciendo que ya había logrado calmar sus ganas de acostarse conmigo. ¡Bueno sigamos en lo que estábamos! —Le dije, ya saciada mi curiosidad.

    —Como no se decidía, con mi mano izquierda la tomé por la cintura atrayéndola hacia mí, y con la derecha le acaricié con ternura su mejilla intentando calmarla, e inclinando mi cabeza un poco, y con mi boca entreabierta… ¡La besé!

    —Pude sentir la calidez de su aliento. Advertir su respiración agitada cuando forcé la rendija de sus labios y toqué su lengua húmeda varias veces con la mía, hasta que finalmente ella se decidió a enroscarla, entregada y más apasionada. ¡Pufff! —Y se me escapa un suspiro al recordarlo, y el cual no logro ocultárselo a Camilo.

    —El beso duró bastante. Tanto tiempo que ambas probamos a recorrer externamente varias veces, cada uno de nuestros abullonados y carnosos labios, tan jugosos como apetecibles, lamiéndolos sin pausa. El superior suyo contra el inferior mío, o al revés, lubricándolos con nuestras salivas; reteniéndolos y estirándolos más de una vez con los dientes en una erótica mordida, para continuar la labor de exploración con nuestras bocas bien abiertas, abarcando por completo nuestras «cumbambas», e incluso dándonos tiernos besitos sobre los parpados, hasta llegar a chuparnos la punta de nuestras narices.

    —Desaparecida ya su pena, y con sus nacientes jadeos floreciendo, decidí no desaprovechar la oportunidad y la abracé con fuerza, descolgando mis manos hasta alcanzar sus firmes nalguitas, presionándolas y arañándoselas, jalándola hacia mí hasta poder juntar nuestras bubis y los vientres, frotando mi abultado pubis, continuamente contra su pierna, demostrándole igualmente mi creciente grado de excitación.

    — ¡Ahora sí! ¡Así si es como debe ser! Éste sí es el macho que me va a poseer, y colmará las ganas de sexo que me ha provocado con esos besos tan deliciosos e intensos, y con el que me voy a convertir en una esposa infiel. —Le dije tan pronto como nos apartamos para tomar un respiro.

    Y precisamente Camilo, todavía de medio lado toma bastante aire. Su pecho desnudo se expande y el vientre se le hunde, pero no lo retiene en sus pulmones por mucho tiempo, y lo deja salir produciendo un curioso sonido que no puedo determinar si es de aceptación o indignación. Se le ha consumido el cigarrillo entre sus dedos sin darse cuenta, más pendiente de mis palabras y de mis gestos. Llevo de nuevo el pico de la botella de ron a mis labios resecos, para darme valor con un nuevo trago. Mi esposo por igual, levanta su mano con el vaso de la dorada cerveza y bebe, saboreándola parsimonioso. ¿Disfrutando de mí historia? ¡No lo puedo asegurar, pero sea o no así, continuaré!

    — ¿Lo hice bien? —Me preguntó K-Mena con timidez.

    —Shhhh, sí. ¡Mucho! –Le respondí enseguida. – Pero recuerda flaquis, que ahora no eres tu quien está aquí conmigo. Estoy a solas con él, y un amante tan experimentado, como suponemos que es Nacho, no rompería el hechizo del momento haciéndome esa pregunta tan tonta. Un hombre tan habituado a complacer a tantas mujeres, sabe reconocer de inmediato el nivel de excitación que ha proporcionado con sus caricias y esos besos. Ese macho presumido y adiestrado, sin hablar o solicitar permiso, continuaría el proceso de seducción, dando el siguiente paso. Cierra los ojos y usa tu imaginación. ¿Adivinas cuál es?

    —Justo antes de que ella pudiese responder, la melodía de mí teléfono móvil sonó, vibrando dentro de mi bolso. Sé que no puse buena cara. ¡Para que te voy a mentir! En ese preciso momento tu llamada era inoportuna, pero finalmente la tomé sorprendida, caminando hacia la esquina más apartada de la cama, recostando mi espalda contra la empapelada pared, para poder charlar con algo de privacidad en frente de ella. Sin embargo no dejé de mirarla y te saludé menos efusiva que de costumbre, eso sí, sin mencionar tu nombre, saludándote con un… ¡Hola mi cielo! ¿Cómo te fue? —Y me asusté más por aquel imprevisto cambio de itinerario, por tu llamada fuera del horario que habíamos previsto.

    — ¿Medellín? ¿Pero cómo así? ¿Acaso no ibas para el Chocó? —Prácticamente te acribillé con mis preguntas, desentendiéndome por un breve instante de la compañía y del lugar donde me encontraba, preocupada por tu situación. Y extrañada por aquel cambio en tu itinerario, enseguida tú me respond…

    — ¡Te escuché en la voz, un tono de angustia! –Interrumpo a Mariana de súbito. – Y te expliqué que era necesario tomar el vuelo de allí hasta Nuquí, pues desde Bogotá estaba todo copado por la alta demanda de turistas, colombianos y extranjeros, interesados en disfrutar aquella temporada del avistamiento de las ballenas jorobadas. Tontamente creí aquella vez, que mi amorosa mujer se encontraba preocupada por el nuevo paradero de su esposo, pero ahora que me estas describiendo en donde estabas y para hacer con tu amiga lo que me imagino, me siento un completo estúpido, el tonto que no se enteraba de nada.

    — ¡Pero no me hagas caso y continua por favor! —Le digo ahora y observo como Mariana desplaza con los dedos sus cabellos, desde adelante hacia atrás, deformando la alta onda sobre su frente, y avergonzada ante mi afirmación, lleva la misma mano hasta su boca, para en un acto cotidiano en ella, pensativa desviar su mirada hacia el distante malecón y morderse nerviosa, la punta de la uña del pulgar.

    —No pretendo ignorar algún detalle de mi pasado, pues mi intención no es otra que ser lo más sincera que pueda contigo. No para que te duela o incomode, si no para que reconozcas que estoy siendo completamente honesta en mi arrepentimiento, al despejarte todas tus incógnitas, y al final de toda esta confesión, puedas darme un veredicto justo.

    —Pues bien, aclarada tu situación, con algo de intranquilidad terminé tu llamada deseándote un buen viaje y haciendo que me prometieras hacerme una videollamada en la noche, para que Mateo y yo pudiésemos verte y quedar más tranquilos. Pero igualmente, con la finalidad de no desaprovechar el tiempo de alquiler. K-Mena me observaba, sentada a un costado de la cama, con su semblante serio y en su mirada un halo de curiosidad.

    —Era mi marido, que como ahora ya sabes, se encuentra en otro de sus viajes de trabajo. Y esta llamada me ha hecho caer en cuenta de que deberé ser más precavida y silenciar los móviles para que nadie me interrumpa mientras concluyo con mi imaginaria infidelidad. Apaga los tuyos también flaquis, y sigamos con lo nuestro. ¿Te parece? —K-Mena obediente se puso en pie, y de su bolso beige tomó tanto su móvil personal como el empresarial, para silenciarlos.

    —Me arrimé a ella y sonriente tomé su mano. La llevé de nuevo hasta la cama y en la esquina nos sentamos, cada una de medio lado, y cerrando mis parpados, entre abrí mi boca ofreciéndole la imagen de una mujer sedienta por volver a disfrutar de sus labios. Pero K-Mena tenía otra idea metida en su cabecita, y comenzó por devorar con besos, la extensión lateral de mi cuello, al tiempo que su mano izquierda se colmaba con la redondez de mi teta derecha.

    —Con seguridad podría sentir la dureza de mi excitado pezón, y juraría que con esa acción suya, mis piernas temblaban de ganas por estar ya abiertas. Entre tanto, permití que su mano derecha explorara por debajo del borde de mi blusa, el camino desde el costado hasta mi ombligo. En algún momento, mientras nos comíamos las bocas, sus dedos intentaron sobrepasar la frontera de la pretina de mi minifalda, por lo cual le facilité las cosas ahuecando mi abdomen, y por fin rozaron sus dedos la parte superior de mi tanga.

    — Ummm… ¡Lo estás haciendo muy bien! ¡Sigue así Nachito! —Le susurre al oído y de pronto las dos nos quedamos petrificadas, mirándonos fijamente, y en seguida nos echamos a reír, cayendo en cuenta de lo graciosas que aquellas palabras mías, –verdaderas y sentidas– habían salido de mi boca con la intención de premiarle a ella su buen papel de amante en nuestra mentirosa cita amorosa.

    —Entonces K-Mena de improviso, engrosando la voz, en un chistoso intento por imitar a José Ignacio, me dijo…

    — ¡Bizcochote! Esto apenas es el comienzo. ¿Entiendes? No voy a dejar de saborear con mi boca, cada centímetro de tu piel. ¡Te voy a comer enterita, por todos tus rincones! —Y volvimos a carcajearnos las dos, hasta que las lágrimas asomaron en nuestros ojos y así, luego de unos minutos tomándonos con las manos nuestros estómagos, recostadas una al lado de la otra, respiramos profundamente y callamos.

    —La pillé dándome un repaso y la miré, pero no lo hacíamos a los ojos, cielo, si no a nuestras bocas. Se irguió sobre mi rostro y con ansias me besó. Me entregué por completo a la sensación de sentir el grosor de sus labios circulando nuevamente, húmedos sobre los míos. Abrí la boca y le ofrecí mi lengua. Ya aprendida la lección, con ternura la absorbió al principio, luego con decisión la succionó y con ello provocó qué me dieran ganas de tocarla en medio de sus piernas, palpándole su cuquita por encima del pantalón.

    — ¡Sembraste vientos donde antes existía solo calma, era apenas lógico que recogieras tempestades! —Le comento a Mariana, obligándola a iluminarme con la mirada azul de sus esplendorosos ojos, que hasta hace un momento los había mantenido distantes, –incluso hasta cubiertos por el velo de sus parpados descoloridos– durante algunos instantes rememorando aquella situación con anhelo, pues noté que mientras lo narraba, dos coquetos paréntesis se le habían formado en la comisura de sus labios, enmarcando una tímida sonrisa. ¡Le había gustado besarse con esa mujer!

    Sin musitar palabra alguna, debatiendo mi razonamiento, Mariana toma de la cajetilla un cigarrillo y lo enciende inhalándolo dosificadamente. Ahora muy cerca de mi rostro, exhala el humo con su habitual elegancia y extraña calma. Levanta la mano izquierda con la botella aunada a ella, da medio giro a su muñeca y bebe un corto sorbo de ron. No deja transcurrir muchos segundos para fumar nuevamente, y sin demostrarme remordimiento alguno, continúa hablándome con desconcertante normalidad.

    — ¡Eso me encantaría, papacito rico! —Le respondí así a K-Mena, siguiendo el curso de nuestra actuada cita amorosa. Y sí, Camilo, ella comprendiendo la idea continuó en su rol de amante masculino, y encaramó por completo su cuerpo sobre el mío. Con una mano desplazó mis cabellos extendiéndolos sobre el blanquecino cobertor, dejando desnudo mi cuello. Comenzó a pasear su boca entre abierta, ascendiendo por el con besitos espaciados, desde la clavícula hasta por detrás de mí oído izquierdo, para detenerse y catar el lóbulo, sorbiéndolo un poco, empapándomelo de su saliva.

    —Sentí muchas cosquillas, –sabes de sobra que me ocurre eso porque me lo has hecho– pero de allí, se ensañó su lengua al humectar de saliva los cartílagos y hurgó su lengua con inclemencia en la concha de mi oreja, y aunque en ese momento al cerrar los ojos para disfrutar, tu imagen haciéndome lo mismo se apareció por mi mente, aquella evocación no fue suficiente para arrepentirme por lo que estaba dejándome hacer, sintiendo muy rico y similar a lo vivido hasta entonces sólo contigo, pero era eróticamente diferente, pues a pesar de que en su carita los rasgos suyos tan inocentes y característicos seguían presentes, aquel aspecto casto ya no habitaba en ella, y supongo que K-Mena en el mío advertiría lo mismo. ¡Solo fogosidad y deseo! Únicamente ganas de sexo, y por eso se difuminó tu imagen al abrir mis ojos y atreverme a decirle…

    —Es hora de que Nacho me desvista y observe por completo lo que tanto ansía. ¡La hermosa desnudez de la mujer prohibida que por fin se le va a entregar!

    —Comprendiendo mi orden, con desesperación las manos de K-mena tensaron la tela de mi blusa por el frente, y sus finos dedos consiguieron desabotonar los tres botones restantes del costado izquierdo, dejando expuesta la piel de mí pecho y el sujetador blanco, con su coqueto encaje decorando el borde de las copas que cubrían mis senos. Entre tanto los míos con algo de dificultad, –sin dejar de observar el brilloso gris de luna en sus ojos– consiguieron desenganchar el garfio metálico que aseguraba su pantalón de lino, y bajarle la cremallera, esa sí sin aprieto alguno.

    —Paseé mis dedos por el borde elástico de su braga y pude percibir en su respiración la excitación que le causaba aquello. Mi mano se aventuró a bajar un poco más, palpando y frotando suavemente su vulva por encima del calzón. Estaba muy mojada, como yo. Imitando mis caricias, mientras continuaba encima de mí, dándome piquitos de lado a lado del cuello, bajó una mano y la introdujo por debajo de mi falda, en medio de mis muslos. La otra la mantenía entrelazada con la mía, acalorada y sudorosa. ¿O era yo?

    —La cuestión cielo, es que K-Mena seguía arañando con sus uñas la piel a una cuarta de mis rodillas, –exageradamente delicada para ser el amante afanado que suponía sería José Ignacio– por varios minutos sin decidirse a posarla sobre mi vulva, hasta que ya desesperada, le di la vuelta recostándola hacia el lado contrario a donde me encontraba yo, y sin perder el tiempo me apoderé de la tela de su pantalón y lo deslicé hacia fuera, halándolo de la cintura, besando un muslo y enseguida el otro, hasta llegar a los tobillos y detenerme allí para descalzarla con premura, lanzando sin mirar y a cualquier lugar, aquella prenda.

    —Embelesada con aquella imagen, me lancé a tomarle de un pie, el derecho creo recordar, y lo besé. Empecé por allí, la planta primero y después su empeine, dejando que mi boca entreabierta recorriera palmo a palmo la piel de su pantorrilla hasta llegar a la ingle, esquivando la protuberancia carnosa del pubis, y sin apartar su calzón, dejé que mis fosas nasales inhalaran el fuerte aroma de su excitación.

    —Es hora de que obtengas tu premio y contemples lo que tanto has deseado ver. —Le dije, y con sensualidad me deshice de la blusa y el sujetador, dándole la espalda. Contoneando mis caderas y cubriéndome los senos con el antebrazo izquierdo, le lancé a la cara el sostén, provocándole una sonrisa.

    — ¡Por fin! Déjame verlas. —Me respondió feliz, pero esa vez no simuló la voz de él, sino que me habló con la normal dulzura de su voz. Por lo tanto comprendí que al igual que Nacho, era igualmente un deseo reprimido en ella.

    —Aparté mi brazo con premeditada lentitud y con algo de soberbia, llevé mis manos hacía atrás, para deslizar la cremallera de la minifalda, dejándola caer a mis pies y quedar ante su mirada ardiente, desierta de atuendos, solamente con mi tanguita blanca. Era ya su turno, y no tuve necesidad de sugerirle u ordenarle nada. También K-Mena tenía ganas de que la observara desnuda, y el buzo de lana que cubría su torso fue levantado a dos manos, sacándoselo con facilidad por encima de la cabeza, revolcando su peinado, y quedó ante mí con un poco revelador brassier de crudo color crema, que no dudó ni un segundo en deshacerse de él, y permanecer en las mismas condiciones que yo.

    Camilo sigue bebiendo de su vaso, pero ahora se recuesta de espaldas sobre la arena. Ya no me mira. Sus ojos cafés observan el nublado cielo sobre nosotros por un instante, y los cierra. Cruza los brazos sobre su pecho, respira hondo y queda en aparente calma.

    —Ya al tenerla frente a mí, parcialmente desnuda, no pude contener mi femenina vanidad y mi interés de compararme. —Continúo relatándole e igual que él, mojo mis palabras con otro poco de ron y me estiro boca arriba con inmediatez. Junto mis parpados y me dejo llevar por las imágenes, rememorando aquella escena.

    —Su cuerpo es… ¿Cómo explicártelo? ¡Tal vez menos obsceno y provocador que el mío! El suyo me encantó por su juvenil delgadez e inocencia. El mío creo, más curvilíneo y de por sí dotado de mayor sensualidad. Un cuerpo de mujer hecha y derecha, más acariciado o usado si lo quieres ver así. Bello cuerpo de mujer, aunque algo pubescente. De complexión fibrosa y atlética, con su torso estrecho, naturalmente marcados los costados y los músculos del abdomen; atrayente me pareció su ombligo, circular y protuberante, muy diferente al escondido mío. Y las caderas estrechas, que apenas si bosquejan una sutil curvatura, quizá debido a ello, la redondez prieta de sus nalgas bajo la tela de la ropa, no las hacía tan visibles para los ojos que pugnaran por visualizárselas desvestida.

    —No así sus senos de impresionante lozanía y firme redondez, sin ser exagerados. ¡Muy hermosos! De una bonita perfección, formando un semicírculo que altivo, descuelga su volumen por encima y ensombrece levemente las costillas. Los pezones más prominentes que los míos, un tanto descentrados pero de un rosado tentador como el color de sus circulares areolas.

    —Clandestinos permanecían nuestros pubis, ocultos bajo la tela de su calzón de abuela y del triangulito de mi tanga. Quería verla desnuda por completo, pero reprimí las ganas y no hice el intento por exponer aquella parte de su anatomía. Eso lo dejé para después, ya que lo primordial era que K-mena disfrutara de la mía, enfrascada en su papel de Nacho, y mientras recorría con sus ojos grises la blancura de mi piel, de pies a cabeza, ella aprendiera viéndome cómo… ¡Mamar una verga!

    Camilo se sobresalta por mi lenguaje soez, pero no me dice nada y tan sonrojada como apurada, aprovecho su silencio para continuar.

    —Falta un pequeñísimo detalle, flaquis, para que esta lección sea completa. —Le dije sorprendiéndola.

    —Me dirigí hasta el sillón y de la caja extraje el arnés junto a aquel realístico falo de silicona, dándome vuelta enseguida para enseñárselo. Asombradísima quedó K-Mena al verlo, y mucho más cuando se lo entregué en sus temblorosas manos, mientras yo me apresuraba a asegurar con las cintas negras su cintura, al igual que arrodillada, lo hice con las otras correas alrededor de sus muslos. Ataviada a medias, le pedí que me entregara el dildo para asegurarlo en el frontal anillo y al hacerlo, K-Mena me preguntó con curiosidad…

    — ¿Así de grandes son los penes? Algo así no me va a caber, chikis.

    —No todos, flaquis. Los hay pequeños, medianos, grandes como este, y extra grandes como los de algunos actores porno. Y si, créeme que te lo vas a poder «comer» por completo.

    — ¿Y así lo tiene él?

    — ¿Quién? ¿Nacho? ¡Jajaja! Ni idea flaquis.

    — ¡Pero tú se lo viste! ¿O fue una mentira lo que nos contó aquella tarde, y no sucedió nunca aquella broma pesada?

    — ¡Eh, pues!… Lo tenía delgado y circuncidado, muy blanco y con el glande rosáceo. Sí, él me lo mostró tal como se los contó, pero lo tenía flácido. Supongamos que lo puede llegar a tener a sí de largo, grueso y duro, pero será mejor que continuemos con lo nuestro. ¿Dónde estábamos? —Le pregunté para no dejar que se nos bajara el nivel de excitación.

    — ¡En que tienes unas tetas preciosas, bizcochote mío! —Me dijo con aquella simulada voz gruesa, retomando su papel de José Ignacio. Esa vez no me rei y menos ella, que aprovechando mi cercanía, se apoderó por segunda vez en mi vida y en la suya, de la tibieza de mi teta izquierda, con su mano derecha.

    —Con sus labios y su lengua ensalivando la mitad de mi pecho, palpité de sexual emoción, y por supuesto, mis dos hinchados senos despertaron pasiones irrefrenables en K-Mena, pues succionó como pudo, consumiendo entre su boca mis areolas, y mordisqueó cuanto quiso la dureza de mis pezones, mientras mis dedos se hundían entre sus cabellos, meciéndoselos agradecida con sus atenciones.

    —Chikis, esteee… ¡Tengo ganas de besarte alla abajo! ¿Será que puedo? —Inocentemente me preguntó K-Mena, después de tomarse un descanso.

    —A ver Nacho, que parte de… ¡Nunca preguntes! ¿No entendiste? Solo tírame a la cama y haz conmigo lo que deseamos, eres el macho, domina a tu hembra. —La regañé por su desatención y enseguida simulé que, –extendiendo uno de sus brazos– me empujaba y me dejaba caer boca arriba y patiabierta en la cama. A horcajadas se acomodó encima mío, para besarme una y otra vez. Y entre beso y beso me suplicaba perdón por sus torpezas. La perdoné mentalmente, más sin embargo de forma física, mi deseo era castigarla, pero me llevé la sorpresa de ver en su rostro de pómulos sonrosados, la decisión de querer hacerme «la miné», y por supuesto que la dejé abriéndome para ella.

    —Sujetó mis piernas con ambas manos y corrió la tela blanca de mi tanga a un costado de mi cuquita, y pasó cautamente sus dedos sobre mi hendidura, acercando luego su boca y posar la punta de su lengua por todo el borde de mis labios mayores, e introduciéndola con exquisita consistencia, recorrió desde mi clítoris hasta la abertura de mi vagina. La tomé del cabello y apreté su cabeza contra mi entrepierna para que continuara lamiéndome, con algo de timidez al principio y luego con mayor soltura y presteza, succionó toda mi rajita.

    —Puedo recordar con claridad cómo me hacía sentir y vibrar, jadeando y gritando su nombre, el del hombre que tanto detestas, sin temor a que me escucharan, camareros o amantes pasajeros en el pasillo, tras la puerta de aquella habitación, cuando logró hacerme alcanzar el primer orgasmo.

    —Sí, lo mencioné, mi cielo. –Le digo, pues noto la mueca de disgusto en su rostro. – Pero no ocurrió por desearlo como lo estarás suponiendo, sino para que K-Mena se emocionara y se metiera aún más en el papel. Recuerda que era un juego que propuse y ella exclusivamente escogió representar aquel papel. ¡Otra más de mis estúpidas tonterías!

    Y observo como Camilo levanta la cabeza, pienso que va a contradecir mis palabras con un movimiento negativo, pero sorprendentemente, tan solo lo hace para culminar con su cerveza de un solo trago y tomar de su cajetilla otro cigarrillo. Lo enciende y de nuevo regresa a su anterior posición, más un brazo lo acomoda por detrás de su nuca, y con la otra se acomoda… ¿Un bulto en sus bermudas?

    Ya no queda mucho ron, es mejor guardarle un poco a mi esposo por si se decide a cambiar de sabor. Destapo una cerveza y bebo directamente de la botella un sorbo, y urgida por tener entre mis dedos algo para paliar mis nervios, también extraigo de la cajetilla mía un cigarrillo, pero no lo prendo. Lo utilizaré como un juguete desestresante, ante lo que me falta por declararle.

    —Ahora recuerdo como eché para atrás mis caderas, apartando su boca de mi vagina, pero ella continuó empecinada en seguir jugando con sus labios alrededor de los pliegues de mi vulva, hasta que después de unos segundos, se levantó triunfante, manchada su boca de mis ambrosías, echándose sobre mí, y yo, necesitada del sabor de su saliva mezclada con mi flujo, la besé de nuevo.

    —Ven Flaquis, te enseño algo. Un hombre, mi marido o Nacho, en estos momentos ya estaría desesperado por abrirme las piernas y así como estamos, meterme su pene. Cógetelo con una mano y llévalo hasta mi vagina. Haz que su hinchada cabeza, rocé mis labios. Ábrelos con los dedos de tu mano libre y pasea el glande por la abertura de mi raja, de arriba para abajo y súbelo de nuevo hasta ejercer presión sobre mi clítoris. ¡Hazlo así varias veces, hasta verme suspirar!

    —Así lo hizo, retirando con ambas manos mi tanguita. La fui guiando hasta donde ya no podía resistir más, y en serio le dije que ya me lo metiera dentro, tomándolo con una mano y con firmeza lo hundiera dentro de mí. Después de algunos movimientos dubitativos de su cintura en intentos vanos por penetrarme, empezó a mover su cadera con mayor decisión y por fin pude sentir como me invadía poco a poco, aquel pene artificial, imaginando que era uno de carne y hueso. El tuyo tan conocido y deseado, o el de Nacho, tan imaginado por las dos.

    —Acompasé el movimiento lento de sus caderas con las agitadas mías, levantando mi culo y llevando la pelvis a su encuentro, al sentir cada invasión de aquella verga falsa en las paredes de mi vagina, introduciéndomelo por completo, bajando después las caderas hasta sentir la colcha bajo mis nalgas, y la longitud de aquel pene de plástico, retirándose tan solo unos cuantos centímetros para regresar con mayor ímpetu, colmando con su grosor, todos los rincones de mi interior. Hasta que el sudor en nuestros rostros y por todos los poros de nuestro cuerpo, humedecidos los mechones de sus cabellos, y el chapoteo producido por el contacto de su vientre sobre el mío, le recordó a mi cuerpo mediante leves espasmos en mi vientre y electrizantes ráfagas de placer en mis muslos, que un nuevo orgasmo se avecinaba para mí.

    —Pude sentir como un escalofrío recorría mi cuerpo, desde mis pies hasta el cuero cabelludo, y prácticamente me deshice frente a sus ojos, entre jadeos y gemidos. No aguanté mucho, por más que intenté demorar el clímax, y un grito que amenazaba por escaparse de mi garganta, finalmente se escabulló cuando abrí la boca para tomar el aire que me faltaba, colmando de sonidos apasionados aquella habitación, y alentándola a continuar penetrándome con ese falo de silicona, unos segundos más pero a mayor velocidad, y para ello de las nalgas con mis manos la obligué a moverse con mayor rapidez.

    —Abrí los ojos para observar aquella escena, procurando retener en mis retinas lo que estaba sucediendo en medio de mis piernas, y me encontré con la visión de su cabeza gacha y los ondulados cabellos tinturados de aquel rubio ceniza, libres y sueltos ocultándole el rostro, pues estaba embobada mirando como el glande de aquel ariete siliconado y brilloso por mis fluidos, se abría paso y luego salía con asfixiante rapidez, –para mí desesperado bienestar sexual– desde el refugio rosa y humectado de mi cuquita.

    —Cuando K-Mena aumento el ritmo de aquel «mete y saca, saca y mete», me di cuenta que tanto el diámetro como la extensión de su pezones había aumentado ostensiblemente, haciéndolos más perceptibles, tanto a mis ojos como a la dureza de los propios, que por momentos se rozaban entre sí, al brincar sus tetas hacia adelante y hacia atrás, sincronizadas con el pendular de sus caderas sobre mí vagina, ya muy hinchada y abierta. Eso logró que mi excitación fuera incrementándose por lo que le dije al oído, aunque en verdad fue prácticamente gritándole…

    — ¡Me estás haciendo venir delicioso, papacito rico! ¡Muévete más por favor y dame más duro! Así, Nachito, así. Píchame más fuerte, sigue así. ¡Húndeme bien esa vergota que tienes, porque estoy a punto de llegar! Y K-Mena se esmeró, ondulando su cintura con mayor rapidez hasta que alcancé un prolongado orgasmo y después de susurrarle al oído un… ¡Ufff, flaquis que rico me hiciste venir!, desfallecí bajo el peso de su cuerpo, con sus bonitas tetas pegaditas a las mías, con los brazos extendidos sobre mi cabeza, y nuestras manos entrelazadas y sudorosas.

    —La pasaste muy bueno entonces esa tarde, mientras que yo me peleaba con el desesperante calor, la excesiva humedad del Chocó, y uno que otro mosquito, –que esquivaron burlonamente la palma de mi mano– mientras esperábamos en el muelle turístico en Nuquí, a que una vetusta lancha recogiera a nuestra delegación, para que casi una hora después, zarandeados por el fuerte oleaje durante el trayecto, pisáramos tierra firme en aquella playa del corregimiento, y de allí caminar con nuestros trastos al hombro hasta el hotel. —Sin levantarse, ni tan siquiera ladear la cabeza hacia mí, Camilo refunfuña, sacándome los trapos al sol.

    —En serio que lamento mucho que te enteres de lo que hice con K-Mena, pero creo que de esta manera, franca y directa, es lo mejor. —Le respondo y enseguida doy otro sorbo a mi cerveza. Aspiro de nuevo mi cigarrillo y aprovecho este breve instante para recomponer la tela de mi falda, que por el viento ha descubierto bastante mis muslos, y medito sobre lo que me ha dicho.

    De nuevo y con razón, el sentimiento de culpabilidad me estremece, al igual que lo hace ahora esta brisa fría, pero así fue como sucedieron las cosas, o casi todo, las dos primeras veces que lo engañé, y aunque la idea es no mentirle más, al menos debo maquillar un poco la verdad, suavizándola con leves trazos de pasión y otro tanto de erotismo, –aunque mi mente lo visualice, en el fondo, como algo pornográfico– para que no le duela tanto mi infidelidad. Y sin dudarlo, me aviento a relatarle el final.

    —Creo que nos quedamos dormidas algunos minutos, cansada yo de aquellos orgasmos y ella de proporcionármelos. Sobresaltada me levanté. No quería que aquella tarde se tornara monótona y aburridora, o que el desaliento se apoderara de nuestros cuerpos prontamente, así que decidí llevarla conmigo hasta el baño, –agarrándola por una mano y del falso pene– y sumergirnos en la reparadora calidez de las aguas del jacuzzi, liberándola de un probable desasosiego. Ninguna decía nada, y ese silencio denso, como el vapor tórrido que flotaba sobre aquella semi-circular bañera formando una suave neblina, lo corté de tajo al decirle…

    — ¡Ya es hora de que observes como se hace! —Y ella sin comprenderme hizo el intento de separar el dildo del cinturón, más no era esa mi intención. Por lo tanto aparté su mano con delicadeza y llevé ambas manos a su cintura para acomodar longitudinalmente mi vientre sobre aquella imitación de verga, y así de cerca, comencé a tocársela imaginando que era… ¡La suya!

    —Entonces le pedí que me alcanzara una de las toallas y se mantuviese de pie, para enseñarle como se debía dar sexo oral al hombre para excitarlo, y coloqué, –como testigo de mi decisión– la toalla sobre las ajedrezadas baldosas y me arrodillé sobre ella para empezar con la clase.

    — ¡Mírame bien, flaquis! Porque así es como lo tendrás que hacer después.

    —De manera muy tierna lo comencé a besar, iniciando por la hinchada punta del falso glande, y sin dejar de mirarle a sus almendrados ojos grises, lo fui metiendo despacio en mi boca hasta donde pude hacerlo debido al tamaño. Sobre aquella venosa superficie, –perdurando el olor y el sabor de mi cuquita– hice el transito habitual como lo he hecho contigo, recorriendo el tronco desde la base hacia el orificio de la uretra con mi lengua, simulando acariciar y plegar hacia atrás, la tibia piel que lo debería de cubrir, mientras con la otra mano acariciaba por encima de la tela de la braga, su vulva, imaginando amasar los inexistentes testículos y le indiqué…

    —Debes hacerlo más o menos así, recorriéndolo centímetro a centímetro, con tus labios y las manos. Y que sepas que en tu posición, un hombre cualquiera, como mi esposo o Nacho, movería el culo buscando atragantarme cuando tenga este pedazo de carne metido dentro de mi boca. ¡Anda, papacito rico, mueve bien ese culo!

    —La puyé, y terminé la explicación, manteniendo mi papel de instructora y amante infiel, mostrándole como mis labios rodeaban el grosor de esa verga, y sintiendo como el glande falso tocaba mi campanilla. Oprimiéndole las nalgas con mis manos, la obligué a moverse hacia adelante y luego hacía atrás, hasta que cogió ritmo y confianza, follándome la boca pero la verdad, cielo, sin prestarle a la felación, demasiado entusiasmo.

    —Imagino que a Nacho le encantaría «culiarte» nuevamente dentro del jacuzzi, así que será mejor para las dos, meternos dentro. ¿No te parece? —Y sin esperar por mi respuesta a su propuesta, ella misma con prisa se retiró aquella braga mata-pasiones, dejando antes mis ojos la visión de su felpudo pubis, y con cuidado de no resbalarse, apoyada en mi antebrazo se introdujo hasta dejar su espalda semi-sumergida, apoyada contra la pared opuesta a la escalinata.

    —Suaves y tersos, el volumen de su par de senos los exhibía ya sin vergüenza frente a mí, hinchadas la areolas, endurecidos y altivos los pezones, toda mojada la piel, brillaban más hermosos que nunca ante mis ojos. Y ya no me pude resistir a tocárselos, sintiendo al tacto de mis dedos, su esponjosa firmeza y la dureza de sus pezones. ¡Quería acariciárselos más! Hasta que no aguanté y acercando mi boca, se los chupé, saboreando su salado sabor con mis labios, y milimétricamente mí lengua se dio un paseo por toda aquella epidermis.

    —Suspiraba con sus ojitos cerrados, hasta que sorprendida por el toque que mi par de dedos, como torpedos lanzados por un oculto submarino navegando bajo las aguas burbujeantes del jacuzzi, impactaron con precisión en el medio de su raja, localizando de inmediato el apreciable clítoris. Con circulares movimientos sobre su pepita, y separando sus protuberantes labios vaginales, con esmero la fui masturbando hasta que sus tímidos gemidos se convirtieron en un placentero lamento, y sus ojos se cerraron, tan firmes con la tensión que pude observar en sus dedos aferrados a mis hombros y de su boca abierta surgieron varias expresiones que me alegraron y asustaron a la vez.

    — ¡Queee ricooo! ¡Diosito santo, que delicia! Ummm… Cuanto había soñado con esto. Te quiero mucho flaquis. Muchooo… ¡Aghhh!

    —Mientras K-Mena recuperaba el aliento, cambié de posición dentro del jacuzzi arrodillándome en frente de ella, y acerqué mi boca a la suya con precaución, para besarla tiernamente por algunos minutos, y al separarnos le pedí que se estirara y pasara sus largas piernas por mis costados, levantando sus caderas para dejar sobre la superficie y a mi alcance, aquel mástil de silicona con el fin de poder cumplir con una fantasía mía, y que no había podido llevar a cabo contigo.

    Camilo abre los ojos súbitamente, me mira asombrado echando la cabeza hacia atrás y se sienta precitadamente, dando un vuelco a su vaso de cerveza y alejándose un poco de mí. Me da la impresión de que la piel de su rostro palidece, y en sus ojos observo las pupilas dilatadas, a la vez que un leve temblor sacude sus mandíbulas.

  • Nueva autora joven y erótica

    Nueva autora joven y erótica

    Hola!! Soy Selene (mi nombre artístico) pero me llamo Mónica, tengo 19 años y hace unos días descubrí esta página, quería masturbarme leyendo, pero ahora quiero aportar hablando de mis calientes y húmedas experiencias.

    Soy una chica de pelo oscuro, ojos marrones oscuros, nariz pequeñita y recta, labios gruesos y pequeños (hablo de los de arriba jajaja), de piel blanquecina, estatura de metro sesenta y cuatro. Sobre mis aptitudes: lo que más destaca de mi es mi culo bien entrenado y mis muslos, sobre todo por ser bajita, también tengo unos pechos medianamente grandes, con pezones y areolas pequeñas y rosadas oscuras.

    Sobre mi sexualidad he de decir que soy bisexual, aunque me tiento más por las mujeres, suelo tener sexo no muy a menudo pero cuando lo tengo lo hago con ganas, me he acostado con mucha gente y he hecho cosas muy calientes tanto con mis novios como con amigos o amigas o incluso personas desconocidas, por ello espero que mis historias os calienten tanto como a mi, aunque desde el anonimato claro, un beso a todes, XX.

  • Los deseos de mi alma (segunda parte)

    Los deseos de mi alma (segunda parte)

    Rompiste el minuto de silencio que ocupó la habitación con una orden muy sencilla.

    “Fer, ponle la peluca rubia y cuando lo hayas hecho quiero que sienta el plug con hinchador que nos has regalado hoy”.

    Fer buscó la peluca entre las cosas que le habías hecho traer de la habitación y me la colocó encima de la máscara. Estaba sudando, y la peluca no hizo sino aumentar mi situación de calor. Entonces, escuché cómo te reías y en los auriculares te escuché decirme:

    “Ahora baila para mi amigo, cariño. No quiero que te desnudes. Baila como una profesional. Quiero que vea lo zorra que eres. Lo capaz que eres de excitar al más macho. Vamos, preciosa, saca tu arsenal de miraditas y de gestos de zorra que me ponen tan cachonda. Hazme sentir orgullosa de ti, cariño. Haz que desee follarte ese culo tragón que tienes. Pero antes, quiero que te pongas a cuatro patas y le ofrezcas el culo a Fer… ya tiene el plug en la mano y parece con ganas de metértelo”.

    Inmediatamente me coloqué a cuatro patas en el suelo. Apoyé mi frente en el suelo y levanté las caderas en señal de ofrecimiento, tal y como te gustaba que me ofreciera a ti y a todo el que quisiera disfrutar de mi culo. Sin esperar ninguna orden ni siquiera sentir el roce del plug en la entrada de mi culo, decidí moverlo en círculos, tratando de provocar a Fer. Escuché tu sonrisa en los auriculares e inmediatamente sentí como una mano agarraba con firmeza mis caderas, impidiendo moverme como lo estaba haciendo. Sin esperarlo sentí que Fer empujó el plug en mi boca, mientras decía:

    “Lubrica esto, zorrita. Te vendrá bien, porque te va a romper en dos”.

    Tragué y casi me hace vomitar. Era anchísimo y de un tamaño considerable. Pero era consciente de que no podía fallarte, y haciendo un esfuerzo no solo me lo tragué hasta la base, sino que simulé una mamada para excitar a tu amigo y, por supuesto, también a ti. Te escuché gemir y supe inmediatamente que había conseguido hacerlo. Fer metía y sacaba el plug de mi boca y sentía que mis labios iban a estallar. Si antes me costó comerle la polla, esto era otra dimensión, pero hice un esfuerzo para satisfacerte y que te sintieras orgullosa de mí.

    Después de varias folladas, lo sacó de mi boca repentinamente, y cogí todo el aire que pude, volviendo a apoyar mi frente en el suelo. Entonces sentí cómo presionaba el plug en mi culo. En apenas unos segundos, desapareció por completo dentro de mí. Lo supe porque noté que mi culo le daba la bienvenida, y yo mismo solté un suspiro de placer al sentirme lleno para ti. Entonces Fer se encargó de recordarme que era un plug hinchable, y poco a poco sentí más y más presión en mi culo. Gemí. Apreté los dientes y también los puños. Me estaba doliendo. Sentía que iba a explotar, pero lo único que ocurrió es que una lágrima se deslizó por mi mejilla… dentro de la máscara, y llegó a mis labios.

    Recordé todas las veces que me habías hecho llorar. Bien por dolor físico o -sobre todo- por humillaciones extremas a las que me sometías. Lo llamábamos “las lágrimas de la felicidad”, y efectivamente tuvo el efecto vigorizante que esperaba, porque apreté fuerte los labios y respiré profundamente, tratando de relajarme, tal y como me habías recomendado hacer muchas veces.

    Entonces, y mientras mi culo se acomodaba al plug y ya estaba pensando que tendría que ponerme de pie para bailar y excitar a nuestro amigo, escuché hablar. Con la tensión de la follada del plug en la boca y el momento que acababa de vivir tratando de resistir al incremento de tamaño del mismo, no había tenido tiempo de percibir que tu nuevo amigo de Mazmorra había llamado al timbre de tu casa. Pero no había otra explicación posible, porque escuché claramente cómo te presentabas ante otra persona:

    “Yo también estoy encantada de conocerte, Miguel. Antes de nada, gracias por los dos orgasmos tan maravillosos que me has regalado. No pensaba que pudiera haber alguien que lo manejara con semejante destreza. Ahora veremos si es lo único que sabes hacer o si también eres bueno haciendo otras cosas”

    Te reíste, y escuché cómo Miguel se rio e inmediatamente después, te dijo.

    “Soy buen comedor de coños y todas me dicen que aguanto mucho sin correrme, pero si quieres comprobarlo tendrás que pedírmelo tú misma”.

    Sentí calor. Sentí fuego. Un machote. Habías metido un machote en casa, en vez de un sumiso. Y yo estaba a 650 km de distancia. Cuando lo estaba pensando, volvió a darse una de tantas serendipias en nuestra vida, porque dijiste:

    “Mira cariño. Acaba de presentarse en mi casa uno de esos machotes de los que tanto disfrutas. ¿Y sabes lo mejor? Después de que me coma el coño mientras bailas para Fer pienso follármelo a la vez que Fer te folla a ti. ¿Te parece bien que le demuestre a este campeón quién cabalga a quién, mi amor?”

    Sonreí por dentro. Eras tan dominante que no te gustaba que cualquier machote se vanagloriarse de follarte a pollazos, sino que eras tú quién lo cabalgaba a él. Aunque no siempre era así, y en ocasiones te dejabas follar simplemente por el placer de ver mi cara de rabia y de frustración mientras tus gemidos inundaban cualquier habitación de hotel, o en nuestra propia habitación. Entonces supe que disfrutarías de tu nuevo amigo, y una mezcla de placer y de humillación recorrió todo mi cuerpo.

    Estaba pensándolo cuando te escuché decir:

    “Miguel. Quítate la ropa y ven aquí, guapo… tengo muchas ganas de que me comas el coño. Y tú, zorra… ponte a bailar para mi amigo. Despierta esa polla que tiene morcillona para que te reviente ese culo dilatado que tienes ahora. Venga chicos, cada uno a lo suyo. Ahora”.

    Me puse de pie sobre los tacones y casi me caigo. Mirando a Fer a los ojos fui dando pasos pequeños hacia atrás, hasta colocarme en el medio del salón. Sin dejar de mirarle, comencé a contonearse como si fuera una auténtica puta de salón. Mis manos bajaban desde mi cuello hasta mis pechos al compás de una música imaginaria. Mis caderas se movían de forma exagerada, mientras me ponía de perfil y le lanzaba besos y ponía morritos. Me estaba comportando como una auténtica zorra. Como lo que soy. Como la puta de Laila. No había música, pero te encargaste de que tus gemidos de placer ocuparan mis oídos. De forma acompasada y cada vez con una respiración más comprometida, tu placer iba en aumento.

    Mi excitación aumentaba, y no pude disimular mi erección debajo de la falda corta con la que me había vestido Fer siguiendo tus indicaciones. Se dio cuenta inmediatamente de que un bulto asomaba entre mis piernas, y comenzó a masturbarse sin dejar de mirarme. Su polla, larga y gruesa aumentó de tamaño mientras seguía frotándose sin descanso. Tus gemidos seguían resonando en mis oídos cuando te escuché:

    “Pedro, de rodillas. Acércate y ponle un condón a Fer con la boca. Y tú Miguel… no pares ni un segundo… estoy a punto de correrme”.

    De rodillas, me acerqué gateando como un gatito hasta los pies de Fer, y sin que lo esperases, comencé a lamerlos. Fue entonces cuando te escuché estallar en tu tercer orgasmo del día.

    “Joooder Pedro… eres perfecta, preciosa. Qué zorra tan increíble eres. Me estoy corriendo… oh… si, sí, sí, síii. Miguel, ahora quiero que me limpies despacio. Limpiar es limpiar. No quiero que lamas, sino que limpies mis piernas, mi culo, mi coño, el sofá y todo lo que haya manchado con mi orgasmo. Hazlo despacio… Quiero recuperar un poco la respiración antes de follarte mientras mi puta es follada por mi amigo Fer”.

    Tu amigo Fer me miraba fijamente, mientras agarraba su polla por la base y me decía:

    “Ven aquí, puta. Llevas un ratito provocándome… y te voy a dar lo tuyo”.

    Me acerqué, me coloqué de rodillas y abrí el envoltorio del condón. Lo coloqué sobre su base e inmediatamente me di cuenta que no iba a poder ponérselo simplemente con la boca. Había que hacer presión para que el condón quedara perfectamente fijado en su polla. Después de un buen rato sin poder bajar el condón hasta la base simplemente con los labios, me apartó bruscamente y me dijo:

    “Vas a tener que aprender a comer pollas mejor. Tendré que comentárselo a Laila, y te anticipo que no creo que le haga mucha gracia”

    Apesadumbrado observé cómo él mismo se colocaba el condón y vi que efectivamente estaba apretando su gruesa polla. Entonces, sin apenas mirarme, me agarró del cuello y me dijo:

    “Súbete la faldita, cariño. Voy a sacar el plug y lo voy a sustituir por una polla de verdad”.

    Sin decir nada, agaché mi cabeza contra el suelo, y apoyándome simplemente con las rodillas y con la frente, eché las manos hacia atrás y subí la faldita por encima de mi cintura. Violentamente bajó el tanga que tan cuidadosamente me había puesto y sentí que aflojaba la presión del plug. No duró mucho tiempo el alivio, porque con un movimiento violento, lo sacó de mí y sin dejarme recuperar la compostura, sentí como su polla ocupaba el espacio que antes ocupaba el plug hinchable. Noté sus fuertes manos agarrar mi cadera y embestir con violencia mientras decía.

    “Zorra barata… eres una zorra barata y te voy a tratar como mereces. Voy a follarte hasta que no puedas andar en una semana”.

    Yo recibía cada una de sus violentas embestidas mientras sentía que iba a empotrarme contra la pared contraria. El culo me ardía mientras sentía que iba a caerme al suelo fruto de la violencia con la que me estaba tratando Fer. Entonces, cuando me concentraba en relajarme y en dejarme hacer por tu amigo, te escuché decirle a Miguel.

    “Ven aquí, Miguel. Siéntate en el sofá y ponte el condón. Me muero de ganas de follarte”.

    Intercambiasteis unas risas, sentí perfectamente sus caricias, sus mordiscos y tus ojos de vicio, aún sin poder verte. Sentí tu placer y tus ganas de follártelo. Sentí tus ganas de humillarme con tus gemidos… con tus orgasmos. Estaba seguro de que sus manos recorrían tu cuerpo, y te imaginaba perfectamente con la boca abierta, excitada… mojada a pesar de que acababa de limpiarte con su lengua. Sentía sus besos e imaginaba perfectamente cómo te estaría comiendo las tetas, mordiéndote los pezones, el cuello… cada vez más excitado, cada vez más duro, y con el condón preparado para entrar en ti. Quise escuchar el momento en el que cabalgabas su polla. El momento en el que la sentías dentro de ti por primera vez, porque siempre me lo haces saber. Cuando estamos juntos y te follas a otro, dejas que su polla desaparezca poco a poco dentro de ti mientras me miras a los ojos fijamente, e imaginaba que me harías saber que habías sentido sus huevos, lo que significaba que estaba dentro de ti hasta el último centímetro.

    Pero no pude concentrarme como me hubiera gustado, porque Fer comenzó a azotarme cada vez más fuerte. Me agarraba la boca con sus dos manos y me usaba de palanca para seguir follándome más fuerte, mientras yo gemía y balbuceaba que me estaba haciendo daño. Pero lejos de seguir, apretó sus manos en mi boca y me atrajo hacia él, para decirme:

    “Ahora va a ser tu culo el que se folle esta polla. Y lo quiero fuerte y rápido, así que venga… ponte a hacer un poco de deporte y más vale que te concentres en darme placer, porque te noto algo distraído”.

    Tenía razón. Estaba más pendiente de tu placer que de complacer a tu amigo Fer, así que me concentré en follarme su polla, empujando mi culo contra él con movimientos rítmicos y profundos. Estaba destrozándome las rodillas, pero sabía que estarías orgullosa de mí, aunque quizás en ese preciso instante estuvieras algo distraída cabalgando a Miguel. Mis oídos se llenaron de gemidos y de gritos. Escuchaba por duplicado los gemidos de Fer cada vez que su polla llenaba mi culito tragón. Escuchaba a Miguel decirte:

    “Joder, menuda folladora que eres, nena… voy a tener que quedar más veces contigo. Sigue… no pares y sigue corriéndote todas las veces que quieras… a mi me queda un buen rato”.

    Pero sobre todo, te escuchaba a ti. Escuchaba tus gemidos, tu respiración, tus ruidos… tus “sí, sí, sí, sí” que anticipaban cada uno de tus orgasmos, y entonces me di cuenta de que te habías corrido ya un par de veces desde que empezaste a follar con Miguel. Me encanta lo mucho que te excitas, y esa capacidad para correrte seguido 6,8… 10 veces. Realmente todas las que quisieras, y es que cuanto más cachonda estabas, más querías. Estaba pensando en las ganas que tenía de follar contigo cuando Fer me hizo volver a la realidad.

    Sin esperarlo, salió de mi culo y me agarró de la peluca, atrayéndome hacia él, para decirme:

    “Dime, puta de Laila. ¿vas a abrir la boquita para que me corra en tu garganta o prefieres comerte el condón con el riesgo de tragarte tus propios tropezones?”

    Le miré a los ojos y por respuesta, le quité el condón y comencé a comerle la polla con devoción. Con ganas. Como me habías enseñado. Era enorme y me estaba costando muchísimo conseguir metérmela entera sin provocarme arcadas, pero estaba dispuesto a hacerle recordar ese día a cualquier precio.

    Con una mano cogía su polla mientras le masturbaba y mi boca hacía el resto del trabajo, y con la otra, masajeaba sus huevos, lamiéndolos de vez en cuando. Entonces, cuando sentí que estaba a punto de correrse, mirándole a los ojos aumenté el ritmo y la profundidad de mi mamada y en mi boca, explotó su corrida. No dejé de comerle la polla ni un segundo, a pesar de que sentía su leche caliente inundarme, y salir por el poco espacio que su gruesa polla dejaba en mis labios, permitiéndome seguir pajeándole con su propia leche haciendo de lubricante. Sentía sus manos empujar mi cabeza contra su polla, y unos movimientos de cadera cada vez más profundos, me dejaron ver que le había sacado hasta la última gota.

    Entonces, sin dejar de mirarle, me tragué la leche que había en mis labios, en mi barbilla y en mi mano, y sin esperar un segundo comencé a lamer su polla, que iba adquiriendo un tamaño más normal… tragándome la leche que había quedado esparcida. Siempre me decías que no se podía desperdiciar nada, y así lo hice. Entonces, le di las gracias y apoyé mi cabeza en sus pies mientras recuperaba la respiración.

    Fue en ese momento cuando sentí otro de tus orgasmos. Había perdido la cuenta de cuántos llevabas, pero desde luego eran unos cuantos. Estaba pensando que al menos la promesa del machote era cierta, pero como si estuviéramos conectados, te encargaste de confirmarlo:

    “Joder Pedro. Quiero a este tío en mi vida siempre que quiera follar con otro hombre. Qué manera de aguantar. Qué polla tan deliciosa, cariño. Tienes que probarlaaa”

    Y otro orgasmo inundó mis auriculares mientras mantenía la cabeza apoyada en los pies de Fer, que recuperaba el resuello y también parecía disfrutar del espectáculo sonoro de tus orgasmos, de vuestros gemidos. Entonces, sentí una lágrima deslizarse por mi mejilla.

    La lágrima de la felicidad. De nuestra felicidad. De nuestra forma de amarnos, y de disfrutar de la entrega de una forma bidireccional y absoluta. Sin esperarlo, escuchaste:

    “Soy la puta de Laila. Gracias por entregarme tu placer, preciosa. Disfruta mucho, mi amor”

    Tú no pareciste escucharme, o no pudiste contestar porque justo en ese momento escuché tu enésimo orgasmo. Pero lo que sí pude escuchar claramente fue algo que me llenó de rabia y de frustración. Era increíble la capacidad que tenías de seguir dando vueltas de tuerca y apretar más y más:

    “Pedro, mi amor… voy a colgar el teléfono y a quitarme los auriculares. Me apetece disfrutar de este chico hasta que no pueda moverme. No te preocupes por mí, estaré bien. Despide a mi amigo Fer, date una ducha y descansa en el sofá hasta que te llame. Adiós, preciosa… aggh”

    Y entonces, el silencio. Y mi rabia. Y mis ganas de llorar. Y el calor que sube por mi cuerpo como si estuviera encima de un volcán. Y mi cabeza hizo el resto. La inseguridad. Los celos. La frustración. Y las lágrimas empapando mis ojos, impidiéndome ver que Fer se había puesto de pie y se había dirigido a la ducha.

    Me quedé en el salón. Me hice una bola, acostándome en el suelo en posición fetal hasta que escuché el ruido de la puerta. Supe que Fer se había marchado de casa. Cerré los ojos e intenté evadirme de todo lo que estaba sintiendo imaginándote disfrutar de otro hombre sin que yo estuviera allí de ningún modo.

    Y entonces, la oscuridad.