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  • Sexo con el diablo

    Sexo con el diablo

    Tuve la oportunidad de viajar al norte argentino con una amiga.

    Contraté un paquete turístico que incluye pasaje, hotel y excursiones.

    El viaje sería en micro, un viaje largo, recorriendo varias provincias y realizando paradas estratégicas durante el camino.

    Por la distancia a recorrer viajamos en un coche cama, con servicio de refrigerio y películas, para unas 30 personas a bordo, entre pasajeros, conductores y dos jóvenes coordinadores y estudiantes de turismo, Alexis y Gustavo.

    Mi amiga es muy enamoradiza y con mucha libertad sexual, ambas sabíamos que este viaje tendría varias aventuras, y que seguramente Alexis sería su enamorado del momento.

    Con el correr de las horas y los kilómetros recorridos la onda entre Alexis y mi amiga era cada vez más evidente.

    Se reían de chistes malos, buscaban excusas para estar cerca y conversaban animada y cariñosamente.

    Para la cena llegamos a un parador que la empresa había ubicado estratégicamente al costado del camino, lugar en el que mi amiga aprovechó para utilizar los vestuarios del lugar para enredarse entre besos y caricias con Alexis.

    Abandonada por mi compañera de viaje, me ubiqué en una silla contigua a la de Gustavo para esperar la comida.

    Pasados unos cuantos minutos mi amiga y Alexis se sumaron a nuestra mesa y comieron con nosotros, entre risas y gestos sugestivos.

    Retomamos el viaje, la noche recién empezaba y aún quedaba mucho camino por recorrer. Mi amiga y Alexis eligieron la oscuridad del último asiento para continuar con su encuentro caliente.

    El sueño me atrapó y me desperté con la noticia que en aproximadamente en una hora llegábamos al hotel.

    Mi amiga seguía dormida a mi lado, después de haber trasnochado junto al joven coordinador en un rincón del vehículo.

    Llegamos al hotel, fuimos cada cual a la habitación designada y luego de una ducha estábamos todos en el hall del hotel para partir hacia la primera excursión.

    Los nuevos enamorados seguían cada vez más juntos, y Gustavo se acercaba cada vez más a mí.

    Al principio me hice la tonta ante sus constantes cumplidos y su interés por mi compañía, pero al cabo de unas horas acepté su juego y comencé a seducirlo.

    Esa tarde recorrimos hermosos paisajes, lugares turísticos bellísimos.

    Por la noche al volver al hotel, nos dispusimos a prepararnos para la cena-show que ofrecía el hotel.

    Mi amiga no se había separado de Alexis en toda la tarde, y nuestro juego con Gustavo era muy excitante.

    Terminada la cena del hotel, algunos pasajeros decidieron ir a descansar, algunos pocos quedamos en el salón, disfrutando del show.

    La música comenzó, el baile en parejas se había puesto en marcha, obviamente mi amiga movía su cadera para Alexis, yo lo hacía junto a Gustavo.

    Bailamos varios ritmos, pero la Bachata provocó excitación en nosotros, con sus acordes y el movimiento sensual la atracción corporal ya no se disimulaba entre nosotros.

    Tomando mi cintura desde atrás Gustavo rozaba su pelvis contra mi, moviéndose sensual y delicadamente como la música lo sugería.

    Sentí como su entrepierna se abultaba, crecía con el roce de los cuerpos, eso me excitó de sobremanera.

    Tome sus manos entre las mías, sin dejar de movernos y lleve una de ellas debajo de mi short.

    -El baile me excito -le dije.- Mira -y moje su dedo con mi excitación.

    En ese instante su pene reaccionó, lo sentí apoyado sobre mi culo.

    -Seguí, tócame más -le susurré.

    Con su dedo índice tocaba mi clítoris y con el resto de sus dedos jugaban con mi vagina empapada.

    Al compás de la bachata, pegamos nuestros cuerpos y sus manos entre mis piernas me llevaron al éxtasis, gemí casi en silencio el orgasmo alcanzado.

    Y bailamos hasta la madrugada, y nos dimos placer.

    En la mañana siguiente, durante el desayuno nos informaron que el Carnaval Jujeño, evento al que no podíamos faltar por ser el más importante de la provincia, comenzaba en unas horas y hasta allí nos dirigimos.

    Después de unos 45 minutos de viaje, la muchedumbre se hizo presente en nuestro camino, y pudimos observar largas filas de cientos de personas con atuendos coloridos y brillantes, gorros, ponchos y hasta “los cuernos del diablo” dirigiéndose hacia el lugar de la celebración.

    Al descender del vehículo dos organizadores nos entregaron algunos de estos accesorios para unirnos a la fiesta.

    Rápidamente comenzamos a bailar y saltar entre la multitud.

    En el carnaval, la gente baila mientras recorre las pequeñas calles del pueblo, en una mezcla de bailes, gritos, trajes coloridos, música, etnias y nacionalidades convirtiendo el evento en una gran fiesta.

    Gustavo aprovechó el tumulto para tomarme de la mano y perdernos entre la gente, lejos de nuestros conocidos, perdidos entre los turistas, tomó mis caderas por detrás, como la noche anterior y apoyó su cuerpo contra el mío.

    Y nuevamente sentí su erección contra mis nalgas, sujeté sus manos y moví mi culo en respuesta.

    La excitación de la noche anterior continuaba y el anonimato que los trajes y la multitud nos permitió el juego sexual.

    Al llegar al cruce de dos calles, nos encontramos debajo de un puente, el lugar estaba oscuro y repleto de personas, era el escenario perfecto para tener sexo sin ser vistos.

    Gustavo metió sus dedos debajo de mi ropa, como la noche anterior, y comenzó a masturbarme.

    Yo estaba excitadísima, muy caliente, su dedo entró en mi vagina y mi humedad inundó su mano, sentía como su pene se endurecía contra mi culo, queriendo entrar.

    Nos recostamos contra el muro, abrió el cierre de su pantalón, corrió mi short para un lado y me penetró, fuerte, contra el muro y nos cogimos. Nuestros cuerpos se movían, gozaban y estallaban de placer y entre la multitud se contraían y se relajaban de éxtasis.

    Nuestros gemidos se transformaron en gritos. Cogimos fuerte, muy fuerte, y continuamos bailando entre la gente, con mi sombrero colorido, sus cuernos de diablo y un tremendo sexo entre nosotros.

    Continuamos la fiesta, volvimos al hotel, me duché y me dirigí a la habitación de Gustavo, me metí en su cama y le practique sexo oral.

    Fue un viaje lleno de aventuras y sexo caliente.

    Un viaje en el que tuve sexo con “el diablo”.

  • Comenzando como cornudo (1)

    Comenzando como cornudo (1)

    Te contaré un secreto.

    Todo comenzó cuando estaba revisándole el celular a mi novio (David) mientras él dormía, pensarás que es algo tóxico hacerlo, pero tenía mis dudas.

    Pasó un buen rato y no encontraba nada, fui avanzando a chats antiguos y me encontré con el chat de su ex (entonces novios) como de hace dos años.

    Por curiosidad lo abrí y me encontré avanzando en las conversaciones, que se habían compartido un video de ellos dos cogiendo, mi novio le metía su pene en posición de perrito y el otro idiota gemía de placer.

    Me excitó bastante ya que es algo íntimo de ellos, por otro lado, mi novio tiene un pene grueso y de unos 18 centímetros, siendo honesto, para mí eso es grande.

    El video apenas duraba 1 minuto, y quedé con ganas buscando más, pero no había. Frustrado procedí a dejar todo en su lugar para que no lo notara.

    Pasaba el tiempo y yo seguía buscando algún indicio de engaño y nada.

    Por sorpresa era bastante fiel, hablaba de mi con sus amistades y familia, lo que me ponía contento también.

    Preparé un plan, consistía en introducir lentamente en conversaciones íntimas con él, el tema de hacer un trío, sobre que pensábamos y esas cosas, a lo que se negaba porque es celoso.

    Le insistí unos días, le decía que lo pasaríamos bien y al pasar un tiempo, estábamos acostados en la cama antes de dormir y le propuse que yo no participaría, que podía observar solamente, por lo que él me preguntó seriamente si es lo que yo quería.

    Le respondí que sí, que me excitaría si el preñara a un puto que no fuese yo.

    Toqué su pene para ver su reacción, y lo tenía duro. (Esa era una buena señal)

    Le dije que me haría muy feliz si él se culeaba a otro idiota y le demostraba quien era el macho.

    Él aceptó diciendo que solo lo haría por mí. Antes de que cambiara de parecer, al otro día comenzamos a organizar una cita por una App para que pudiera cogerse a algún mariconcito.

    Llegó el día, se duchó, llevó su popper, un condón y listo, yo lo esperaba en casa, fantaseando en cómo se cogería a ese tipo. Este era un hombre mayor que nosotros, tenía unos 35 años, peludo y musculoso, con un culo enorme, de estatura baja y moreno.

    Mi novio llegó a eso de las 9 pm a casa, se notaba nervioso, fue una experiencia nueva.

    Se acostó a mi lado y dijo que lo había hecho.

    David, mi novio me dijo:

    Ya me lo cogí.

    Yo: cuéntame detalles.

    Él: bueno, llegue a su departamento, él estaba con una camisa playera y un short, me ofreció vino, pero fui a besarlo enseguida, nos dimos besos apasionados mientras el tocaba mi pene por sobre el pantalón, lo desvestí, lo tire sobre la cama y le chupe el hoyo mientras él se retorcía de placer, tenía un culo grande, depilado en el centro.

    Inhalamos popper y le metí toda la lengua…

    Yo: ¿te gustó?

    Él: si, se sintió muy rico, me puse el condón y golpeaba su ano con mi verga y la deslizaba para que se le dilatara más.

    Le di unos besos y procedí a meterle la cabeza de mi verga. No fue necesario presionar tanto, estaba dilatado, cuando pujé gritó como puta, le tome del pelo y presione su cara contra la almohada.

    Le pregunté si quería más a lo que me suplicaba que sí, así que le di fuerte a ese maricón.

    Cogíamos como animales

    Mientras me contaba eso, yo le comencé a abrazar, y él me susurraba en el oído, mientras deslizaba su mano bajo mi bóxer para saber si me estaba gustando, sorpresa se llevó cuando toco mi pene duro con líquido pre seminal.

    Comenzó a masturbarme mientras me relataba la historia más rica que había pasado hace unos instantes atrás.

    El problema con mi pareja es que ambos somos más activos y nos cuesta ceder al momento de entregar el culo, pero esta vez me vio tan caliente que se quitó el pantalón y la ropa interior, y se subió a mi pene, y lentamente se lo trago con el culo.

    Algo que no me esperaba.

    Mi pene se deslizaba solo por su ano caliente, sin condón, sin nada, sentía todo su ser, mi pene palpitaba de lo excitado, mientras que David comenzó lentamente a dar unos sentones mientras me apretaba los pezones con furia.

    Al cabo de unos minutos, mientras le metía todo mi pene a más no poder, y el gritaba de dolor y placer, acabé clavando todo mi pene en sus entrañas, mí semen salió disparado dentro de él, y en un beso pasional cerramos el acto con un abrazo.

    Esa noche cumplí mi fantasía y me llevé una cogida exquisita, pero quedé con ganas de más.

    Es una puerta que ya no podía cerrar, quería estar más presente.

    Convencí a mi novio de cogerse putos para mi disfrute, pero al mismo tiempo descargo mi semen en su hoyo.

    Esta es solo una introducción a lo que sucede después, es una historia 100% real y sucedió hace poco, aún estoy con David, así que estaré actualizando este relato.

    Gracias por leerme.

    Dejo mi correo por si alguien desea platicar:

    [email protected]

  • Hotel Artemisa (capítulo I): El despertar de Luciana

    Hotel Artemisa (capítulo I): El despertar de Luciana

    1

    La mejor amiga de Luciana era una chica dos años mayor que ella. Se llamaba Daniela y era una médica cirujana que se había casado apenas terminó la universidad con uno de sus profesores. Nunca había ejercido realmente y se pasaba los días haciendo compras y tomando café en los mejores restaurantes. El día que empezó todo realmente, Daniela había invitado a Luciana a un almuerzo en un hotel de lujo.

    Luciana llegó puntual envuelta en una blusa blanca, falda negra que le llegaba a la mitad de los muslos y unos tacones que hacían que sus piernas largas se marcaran. Iba elegante. El pelo negro suelto hasta los hombros. El sol resaltaba su piel morena y casi todo el mundo (incluidas mujeres) se volteó a mirarla apenas llegó al restaurante.

    Daniela ya había pedido por ella dos copas de vino blanco. Se dieron un abrazo y después de una corta conversación sin importancia, Daniela le lanzó una granada:

    —Ayer me encontré con Felipe.

    Luciana no quiso reaccionar al principio, pero su amiga la conocía a profundidad y se dio cuenta que sus palabras habían dado en el blanco.

    —Está saliendo con una rubia desabrida —continuó—. Nada que ver contigo.

    —Dani…

    —Pues es la verdad. No debió cambiarte y ahora va a sufrir por idiota.

    —Él no me «cambió». Terminamos de mutuo acuerdo —explicó Luciana pacientemente—; habíamos dejado de ser compatibles.

    —Apuesto que se estaba acostando con esa rubia —soltó Daniela mientras bebía un sorbo de su vino.

    —¿Para eso me llamaste?

    Luciana hizo un ademán de levantarse. Pero Daniela la detuvo con un gesto y una mirada suplicante. A ella no le quedó más remedio que quedarse y aguantar lo que tenía que decir su mejor amiga.

    —Creo que es tiempo de un break —Daniela parecía sonriente.

    —¿Un break? —Luciana estaba confundida y no seguía el hilo de la conversación.

    —Un descanso de la ciudad. Necesitas un tiempo para reencontrarte a ti misma.

    —No puedo…

    —Si puedes —Su amiga la interrumpió antes de que pudiera objetar.

    En ese instante, Daniela sacó del bolso su celular y después de unos instantes buscando algo, lo puso sobre la mesa para que Luciana lo pudiera ver.

    La pantalla mostraba una casona vieja en la mitad de un bosque. Era un anuncio para un hotel. «Hotel Artemisa».

    —Te vas desde el viernes y vuelves el lunes. Igual le puedes pedir a tus pacientes que aplacen las sesiones —Daniela continuó—. Te desconectas un fin de semana, ¿qué dices?

    Luciana miró el anuncio. El hotel parecía estar bien y prometía soledad y privacidad. Y aunque el anuncio no lo decía explícitamente, todo tenía aire de ser exclusivo. Entendía que su amiga se preocupaba por ella y todo esto era para sacarla de la tristeza de su reciente ruptura, pero no estaba segura. Igual sabía que Daniela no iba a dejar de insistir con el tema.

    —Lo pensaré —dijo tratando de ser convincente, sabiendo que probablemente el anuncio se le borraría de la memoria cuando llegara el postre.

    Daniela aceptó esa respuesta de todas formas y levantó su copa en señal de celebración.

    El resto del almuerzo siguió su curso normal. Y terminaron por despedirse después de un par de copas de vino más.

    Cuando llegó la noche, Luciana no era capaz de conciliar el sueño. Era una noche de calor e insomnio. Las palabras de Daniela se hacían cada vez más cercanas. Tal vez ella tuviera razón, tal vez era tiempo de una desconexión. Un fin de semana no estaría mal. Alejarse de todo por un segundo era un buen consejo. No muy diferente a los consejos que les daba a sus pacientes.

    Tomó su celular y buscó el nombre del hotel de aquel anuncio (no había olvidado su nombre durante el postre y eso era bueno). Encontró la página web.

    Leyó cuidadosamente los servicios: piscina, restaurante, gimnasio y una habitación exclusiva. Quedaba a una hora de la capital en un lugar recluido rodeado de naturaleza. Tenían reservas las 24 horas.

    Llevada por un impulso, Luciana escribió un email a la dirección que aparecía en la página. Lo único que quería era información. Para su sorpresa, la respuesta fue casi instantánea: le dijeron que efectivamente les quedaba un cuarto para el viernes. Que podía quedarse hasta el lunes si así lo deseaba. Incluso le dieron la opción de poder extender su estadía a un buen precio y con los mismos servicios.

    Ella aceptó sin saber muy bien el porqué. Daniela la había convencido, como siempre lo hacía.

    Cuando iba a dejar su teléfono de lado, se le hizo curioso un pequeño detalle: los emails del hotel iban firmados por alguien llamado Sade.

    2

    Decidió salir temprano el viernes. El día anterior había puesto todo en orden y sus pacientes ya sabían que ella se iba el fin de semana.

    Se dio a la carretera a las 7 de la mañana, luego de desayunar ligero. Y la hora de viaje no le pareció tan larga como esperaba. Unos minutos después de las 8, avistó el pequeño camino y el letrero que indicaba que ya había llegado a su destino. Se adentró en el sendero de tierra y no tardó en avistar la casona.

    En verdad, las fotos del anuncio no le hacían justicia a la vista que tenía delante de ella. El hotel Artemisa era una mansión colonial que habían restaurado. Su fachada blanca casi parecía brillar con el sol y el bosque de fondo remataba esa especie de pintura clásica. Indudablemente, a Luciana le pareció un lugar hermoso.

    Aparcó en un parche de grama que estaba puesto allí para los autos de los visitantes. Era la única que había llegado. Descendió con su pequeño equipaje y entró a la casona.

    El interior era casi una extensión de la elegancia de afuera. Sus pisos de madera brillante, las paredes limpias y decoradas con cuadros construidos con maestría. Eran escenas eróticas que mostraban personas de todos los colores de piel y de todos los géneros, pero que no llegaban a ser escandalosas, más bien eran atractivas y elegantes, que invitaban al espectador a observarlas atentamente.

    Ese primer piso hacía de lobby y tenía una pequeña sala organizada con un sofá de terciopelo blanco y dos pequeñas sillas del mismo material. En el centro, una mesa de roble con un viejo teléfono y algunos libros (de los que se usan como decoración y nunca se leen). En el centro del lugar, un escritorio que, Luciana supuso, era la recepción, aunque en ese momento no había nadie. Solo una campanita de bronce.

    Ella hizo lo obvio y le dio un toque. Una figura apareció de un pasillo. Una mujer alta, de piernas largas y piel blanca. Parecía hecha de una porcelana frágil. Tenía el pelo de un rojo intenso y lo llevaba recogido en una trenza. Iba vestida con una falda negra que le llegaba a medio muslo y una camisa negra, profesional. Los labios tan rojos como su cabellera. Y a pesar de llevar tacones, Luciana no pudo oír sus pasos.

    La mujer se acercó al escritorio y Luciana vio esos ojos: grises.

    —Bienvenida —El tono de la mujer era tan frío como sus ojos, pero a pesar de eso, no parecía molesta—, ¿en qué te puedo ayudar?

    —Si…eh… tengo una reservación —Luciana se escuchó titubear sin razón aparente.

    —Claro —La mujer dibujó una sonrisa—. ¿A nombre de?

    —Luciana Domingo. La hice por internet.

    La pelirroja buscó en un pequeño libro que estaba sobre el escritorio. No tardó en encontrar lo que buscaba.

    —Efectivamente. De hoy hasta el lunes.

    —Si.

    —Por favor —La mujer le señaló la escalera y se puso a su lado.

    Las dos subieron las escaleras de madera que daban al segundo piso y a Luciana se le hizo que la mansión era más grande por dentro que por fuera, aunque ese hecho parecía imposible a toda lógica.

    En el segundo piso se encontraron con tres puertas. La pelirroja la llevó hasta la puerta más alejada de las escaleras, al lado de un corto pasillo donde había otras escaleras que ascendían.

    —Esta es tu habitación. La número tres —dijo la recepcionista mientras abría la puerta—. Tiene vista al bosque al que se puede acceder por la puerta trasera en el comedor.

    Luciana solo se limitó a mirar adentro de la habitación.

    —Por allí se sube a la piscina —La mujer hizo un gesto hasta a las escaleras del pasillo—. Y también se da el servicio de masajes, pero este se da por las tardes a partir de las dos.

    —Bien —Luciana no sabía si mirarla a los ojos o no.

    —Tenemos servicios de restaurante desde las 8 de la mañana hasta las 9 de la noche, sin embargo, es posible llevar comida a los huéspedes a sus habitaciones las 24 horas del día.

    Luciana asintió, dando a entender que había entendido. No quería decir mucho. La mujer le causaba una extraña sensación (¿atracción?) que no podía poner en palabras.

    —Por último, darte de nuevo la bienvenida al hotel Artemisa. Mi nombre es Sade y estaré dispuesta a ayudarte en todo lo que necesites. Siempre me puedes encontrar en recepción —dijo esto y le entregó las llaves de la habitación a Luciana.

    Antes de retirarse, puso una cinta roja en la manija de la puerta, dando a entender que esa habitación ya estaba ocupada. Luciana la vio perderse escaleras abajo, sin hacer el menor ruido.

    Entró a la habitación. La encontró enorme. Tenía un pequeño sillón y un escritorio de madera con su silla. Varios armarios para poner allí sus pertenencias. El baño también era grande, con un vestidor y una ducha y una tina. La ventana que daba al bosque era clara y cubría la mayoría de la pared; pero sin duda alguna la atracción principal era la cama. Luciana pensó que allí dormiría un batallón sin llegarse a tocar, así era de grande. Si no iba con cuidado, podría perderse en las sábanas mientras dormía.

    Deshizo su maleta y lo guardó todo en un armario al lado del baño. Se sentó en la cama. No sabía muy bien qué hacer. No había planeado el fin de semana. Eso de la desconexión no lo veía muy efectivo. Después de unos minutos se decantó por ir a la piscina. Tomó su vestido de baño y una toalla que encontró en uno de los armarios. Se armó con un libro; una novela policiaca que alguien le había recomendado y subió por las escaleras que daban al tercer piso.

    3

    Era una terraza grande. Estaba completamente sola. Como esperaba, la piscina era igual de cristalina que todo lo demás. No era muy extensa, pero era más que suficiente para poder relajarse. Cuatro o cinco tumbonas cómodas. Y tres habitaciones que enseguida identificó como el gimnasio, el salón de masajes y los vestidores para cambiarse. Escogió una tumbona y puso allí sus cosas. Se dirigió a los vestidores. El cuarto tenía tres divisiones para tres personas. Se metió al primer vestidor y procedió a cambiarse. El bikini que había llevado era rojo, corto, que exponía mucha piel. A Felipe nunca le había gustado, pero a ella le encantaba, la hacía sentir segura y hermosa. Se miró al espejo y se recogió el pelo. Se le dibujó una sonrisa al ver el reflejo que la miraba atentamente. Una mujer morena, de piernas interminables y de curvas pequeñas pero firmes. Muchos se habían preguntado porqué había escogido ser psicóloga y no una actriz o una modelo.

    Salió del vestidor y se acostó en la silla que había escogido. El sol le llegó tenue pero igual dando un poco de calor. Se quiso entregar a la novela, pero la dejó a los pocos minutos. Su mente estaba en otra parte. Decidió irse a nadar.

    El agua estaba fría sin estar gélida. No le tomó mucho tiempo acostumbrarse. Le gustaba la sensación que le caía en la piel. Y después de dos o tres vueltas, se detuvo y se relajó. Le gustaba la soledad de ese lugar. Sintió el agua y el sol pelearse por la atención de su cuerpo. Se salió de la piscina y se sentó en el borde. Las gotas de agua que quedaban se fueron secando mientras el sol se abría paso entre las nubes. A su mente le llegaba la imagen del espejo (y la imagen de Sade, por algún motivo). Ahora que ya no estaba con él, había empezado a sentirse más libre. Se vestía con faldas cortas, vestidos ajustados y este bikini rojo. Se daba cuenta de todas las miradas que le daban al pasar. Y seguramente, aunque allí no había nadie, podría en ese instante ser el foco de todas las miradas. Sacó los pies del agua y se tumbó en el suelo.

    Sus manos se encontraron dándole caricias a su estómago, a su abdomen, a sus muslos. Cerró los ojos y se imaginó una fila de espectadores sin rostro, todos observándola llenos de deseo. Sus dedos se deslizaban de arriba a abajo por sus piernas y su pecho, apenas rozando sus senos y su pelvis.

    Soltó un pequeño, apenas sonoro, gemido. Y sintió como se mojaba. Continuó con las caricias. Pensó que si Felipe no quería disfrutar de ella, la decena de voyeurs imaginarios si lo harían. Y por eso les dio un poco de espectáculo: encontró los hilos que sostenían la parte de arriba de su vestido de baño y los deshizo. Sus senos quedaron descubiertos y sus pezones oscuros listos para jugar.

    Llevó sus manos a su parte superior y tocó suavemente sus pezones. Primero el derecho y luego el izquierdo. Suavemente, sin que el tiempo fuera una preocupación.

    Dejó salir otra tanda de gemidos débiles.

    Bajó a su pelvis. Y puso su mano sobre el bikini. Hizo pequeños círculos sobre la tela. Lentos.

    Sentía el placer subirle por los pies, recorrer sus piernas, atravesar su sexo y acabar en su pecho y en sus labios.

    Deslizó su mano derecha dentro de la prenda. Sus dedos se inundaron de los jugos que su cuerpo creaba. Estaba mojada. Estaba excitada.

    Como lo hizo anteriormente, hizo círculos con sus dedos. Tocó su vagina suavemente. Explorando cada rincón de sus labios. Apenas acariciando el clítoris. Con cada toque, pulsaciones de placer recorrían su pelvis y subían hasta su boca que las convertía en gemidos más y más fuertes.

    Se quitó el bikini y quedó desnuda. Su pubis con apenas una línea de vello quedó libre.

    Los círculos se volvieron más rápidos y pronto se transformaron en la necesidad de sentir sus dedos adentro. Y así obedeció. Metió primero uno, que se deslizó fácilmente. Lo dejó adentro uno o dos segundos y luego lo empezó a mover.

    Dentro y fuera. Primero de manera delicada y después con algo más de rapidez.

    Gimió otra vez mientras su otra mano encontraba el clítoris y sus dedos presionan y bailaban en ese punto.

    Decidió que era momento de otro dedo. Y ahora eran dos los que estaban adentro. Y repitió el proceso:

    Dentro y fuera. Al principio lento y luego aumentó el ritmo. Dentro. Fuera. Dentro. Fuera. Los dedos de la otra mano hacían círculos en su clítoris y todo salía en forma de gemidos.

    Dentro. Fuera. Y todavía no era suficiente. Tal vez era momento de un tercer dedo.

    Lo introdujo. Si, eso era lo que necesitaba. Lento al principio y después con algo de ritmo.

    Cada vez más rápido. Sus dos manos trabajaban juntas y a la misma velocidad. Mientras una salía y entraba, la otra se movía en círculos cada vez más cerrados, tanto que por momentos se movía de arriba a abajo.

    Toques de placer que no la dejaban hacer más que temblar y gemir.

    Lo sintió formarse en la punta de sus dedos y luego se fue construyendo desde vagina y desde sus muslos, viajando hasta su abdomen, sus senos, su cuello. Su cara. Perdió el control de su cuerpo. Sus piernas cedieron. Una sutil y pequeña convulsión. Vio negro por una milésima de segundo mientras su corazón se paraba y volvía a latir.

    Era esa pequeña muerte que estaba buscando. Sus labios dejaron salir una última ráfaga de gemidos, mientras sentía como su vagina explotaba y dejaba sus dedos húmedos.

    Suspiró profunda y largamente. Y escuchó cómo se reía. Los espectadores imaginarios se habían ido, pero se habían llevado una vista de su orgasmo de primera.

    Se secó con la toalla mientras recuperaba la fuerza. Se metió desnuda, así como estaba, en el vestidor uno. Se miró otra vez en el espejo. Jamás se había visto tan hermosa, con el pelo revuelto, los pezones erectos y su vagina tan sensible. Se dio una vuelta. Su culo, pequeño pero firme. Se dio una nalgada de amor.

    Felipe se podía quedar con la rubia desabrida, que Luciana sólo se necesitaba a ella. Daniela siempre tenía razón.

    El fin de semana que se avecinaba iba a ser justo lo que venía necesitando.

    Se volvió a poner el bikini y se tumbó a leer, ahora con la mente más clara. Pudo reconocer el nombre en la portada de la novela: Julián Cadavid. El mundo es pequeño, pensó y se entregó al crimen que le proponía el relato.

    4

    Luciana no se dio cuenta de que Sade la observaba desde las escaleras. Presenció el espectáculo, tal como a ella le hubiera gustado.

    La pelirroja sonrió y bajó, tan silenciosa como había subido.

  • Mi primera vez con un nerd

    Mi primera vez con un nerd

    Cómo podría empezar a escribir esto sin dejarme de tocar y morderme los labios cada vez que pienso en aquel miembro sabroso, grande y algo largo que me comí hace unos años en la preparatoria. Dejaré mis pensamientos calientes y empezaré a darte el contexto de mi aventura dentro del colegio.

    Hola cariño, mi nombre es Fer, aunque puedes decirme cómo más anhelas y el día de hoy te llevaré a cuando tenía 18 años y estaba en la preparatoria. Antes de contarte debo decirte que mi cuerpo actual tiene poco pecho, siempre ha sido así y a pesar de eso, mis pechos se hacen grandes con algo apretado (sí, si tengo una polla entre ellas parece como si las tuviese grandes) y mis piernas tienen carne de donde agarrar, al igual que mi culo, el cual está de un tamaño medio, como puedes ver, el tanga del bikini me queda estupendo y si, está depilado, es rosita y sabe delicioso.

    En fin, el relato no tiene que ver con ninguna salida a la playa ni tampoco conmigo midiéndome diferentes trajes de baño, sino que tiene que ver con una aventura sexual en la preparatoria, en eso tiempo tenía 18 años y para ser honesta aún seguía virgen, no tenía pensado en tener que follar muy pronto, quería que fuera especial.

    Recuerdo que ese día tenía que quedarme hasta tarde gracias a unas clases de matemáticas ya que me fue tan mal en el último semestre que tuve que tenerla para no tener que repetir y así fue, me tuve que quedar con otros tres chicos y dos chicas. Las chicas no estaban tan mal, pero lo importante eran los chicos, sin embargo dos eran novios de esas chicas y solo quedó un muchacho.

    Recuerdo que era un día viernes y en ese instituto era día de llevar cualquier prenda de vestir, él llevaba los típicos converse de toda la vida, usaba unos jeans demasiado pegados a su piel, le miré como se le marcaba el miembro, me gustan las pollas gruesas.

    Usaba una camisa blanca y unos anteojos redondos, era un maldito nerd, era bueno en matemáticas y yo necesitaba pasar esas clases. En cambio, yo me veía súper sexy, usaba unas vans junto con un short de mezclilla grisáceo, también vestía un top con el dibujo de un corazón en el pecho, el top me llegaba arriba del ombligo y arriba de el llevaba una sudadera negra.

    En fin, las clases comenzaban a eso de las cinco de la tarde y aún eran la una de la tarde cuando todos salimos de clases. La escuela quedó vacía para eso de las dos, solo quedaban las parejas de novios, la maestra, el conserje, yo y Bruno que así se llama el nerd.

    La escuela era de tres pisos, mis clases terminaron en el último piso y entré a orinar, me bajé el short y mi tanga morada y comencé a pensar en el miembro marcado de Bruno, me toqué en círculos el coño mientras que con la otra mano me ahorcaba y me tocaba los pechos, empecé a gemir y en ese momento alguien me escuchó, entro al baño de chicas y tocó la puerta…

    “Está todo bien ahí dentro?” preguntó un chico, yo no le respondí a su llamado y de repente miró debajo de la puerta y vi que Bruno me miraba el cuerpo desnudo y mojado. Abrí la taquilla del baño y lo dejé entrar.

    “Estás loca Fer?” me preguntó mientras me quitaba la ropa quedándome solo en ropa interior morada.

    “Escucha, estoy demasiado horny, quiero mucho comerte la polla” le dije sin rodeos.

    “Estamos en el colegio, puta enferma” me respondió groseramente, pero me dio igual.

    En ese momento tomo mi mochila, metió toda mi ropa en ella y tirándome del brazo me llevo a la cabina de radio en la última planta, él era el encargado de ese lugar y tenía la llave ese día. A pesar de verse muy inocente y demasiado nervioso esto era mentira pues se bajó los pantalones y noté que no era virgen. Eso me puso en un lugar extraño y en cambio de sentirme excitada me asustaba un poco.

    No le di mucha importancia y me puse de rodillas frente a su miembro, media poco más de 20 cm.

    “Buenas tetas tienes, Fer” me dijo mientras me golpeaba con su polla en la cara. “Lo mismo digo, Bruh”.

    “Tenemos casi una hora, cómeme” me dijo mientras metía su polla en mi boca, y luego la sacó y me dio una cachetada.

    “Déjate de tonterías y hagamos esto a mi ritmo” le dije por inexperta.

    Me acosté sobre su cuerpo, mientras yo le comía la polla, Bruno me comía el coño hasta el punto de meterme sus dedos y morder mis labios, yo gemía demasiado aunque yo no me quedaba tan atrás ya que le comía las bolas chupándolas y metiéndolas a mi boca, eran deliciosas.

    Le di un buen masaje a su polla, me la metí hasta el fondo y la deje dentro hasta que el semen y mi saliva salían por las comisuras de mis labios. Seguí mamándole la polla hasta que no pude más, en cambio él me escupía y me metía los dedos, para excitarme me comenzó a dar nalgadas y dejarme rojo el culo.

    Estaba mi coño muy mojado y su polla seguía durísima y llena de mi saliva, yo estaba preparada para irme hasta que me detuvo y sacó un condón, se lo colocó y me dijo “sé que quieres esto putita, sé que eres una virgen come pollas”.

    No pensaba en nada más que en tener su miembro erecto, grueso y duro dentro de mi, y de sentir mis nalgas rebotando encima suya.

    Me metió a un cuarto en donde los gritos no se escucharían. Me subió en la mesa del cuarto, me abrió de piernas y metió su gruesa polla en mi, primero fue despacio y después me la metió toda, empecé a gritar por el dolor, sentía como mi sangre cubría ese condón. Me tomó de la cintura mientras lo tomaba a él con mis piernas, me levantó y seguía dándome duro, me arrancó el bra morado y me golpeaba despacio los pechos mientras los apretaba y chupaba. “Te amo papi, hazme tú zorra” le grité y me dio la vuelta, mientras me nalgueaba me tomo del cuello y me siguió penetrando con fuerza, después bajó su mano y me apretó los rosados pezones que me cargo. Lo aparté por un momento y le quite el condón mientras le comía el miembro y yo me metía los dedos en mi mojado coño.

    “Eres toda una zorra, Fernanda” pensé que estaría mal pero estaba tan excitada que no me importaba. “Lista para el clímax, perra?” Me lo preguntó mientras me subía a la mesa de nuevo, me puse de perrito y mientras él se subía, me puse con el culo bien abierto. El tomo su miembro y antes de meterlo y lamió bien mi ano, lo llenó de saliva y de pronto, me lo metió, estaba adolorida y sudada de todo esto. Bruno me siguió embistiendo con fuerza hasta que me la sacó, yo me sentía cansada y adolorida de cada agujero de mi cuerpo, al final me llevó en sus brazos a las duchas del instituto, y mientras nos dábamos un baño, su polla sacó mucho esperma cubriendo mi gran y pechos, al final nos terminamos de dar el baño y fuimos a nuestras clases, no hablamos de lo ocurrido.

    La mejor primera vez, hubo muchas formas de follar entre ambos, lo disfruté. Ambos teníamos 18 años.

  • Primera vez con mi novia en un bar swinger

    Primera vez con mi novia en un bar swinger

    Les contaré la primera vez que junto a mi ex pareja, visitamos un bar swinger en la sucursal del cielo, Cali, Colombia.

    Empezaré describiendo a Lisa (mi ex pareja a quien cambié el nombre por obvias razones), es una mujer de 26 años, contextura delgada, senos pequeños, pero exquisitos, cabello negro, ondulado y largo que llega hasta su cintura. Llevábamos de relación aproximadamente 5 años, sin embargo, las cosas no iban en su mejor momento.

    Un día, estando en mi casa empezamos a jugar la verdad o se atreve, y entre reto y verdad, le pregunté cuales eran sus fantasías sexuales, a lo que ella me insinuó que la excitaban los juegos de roles, sin embargo, la verdad no era lo que esperaba puesto que la actuación no es lo mío. Al ella devolverme la pregunta, le dije que había algo que me causaba mucha curiosidad y era visitar un bar swinger donde las personas podían tener sexo libremente.

    Para mi sorpresa, su reacción no fue lo que esperé, por el contrario me dijo que buscáramos un lugar así para ir, algo que obviamente yo ya tenía estudiado, saqué mi laptop y le mostré un lugar que en mi concepto era el mejor en el tema en nuestra ciudad, a lo que después de revisarlo cuidadosamente decidimos ir en las próximas semanas ya que se realizaría una fiesta de disfraces a la que al parecer iban a asistir muchas personas y seria la ocasión ideal.

    Llegó el día, eran aproximadamente las 9 pm y fui a recogerla a su casa. Al llegar la observé en su traje de diablita sexy, se había puesto ropa interior de encaje totalmente negro, unas mallas, su colita de diablita saliendo de ese espectacular cachetero que parecía mas tanga y unos cachitos adicional al maquillaje que se había aplicado.

    Lisa: Como me veo?

    Alex: Wow, estas divina!

    Lis: Te parece?

    Alex: Definitivamente, vamos, vamos.

    Por mi parte, opte por disfrazarme de policía, llevé una esposas, un sombrero de policía, unas gafas y una camisa abierta. Nos dirigimos hacia el lugar, sin embargo, íbamos vestidos como si fuéramos a una discoteca normal puesto que era nuestra primera vez y no sabíamos como era el protocolo y no queríamos llegar en ropa interior sin saber como estaría el ambiente y las demás personas.

    Al llegar, observamos que por fuera era una casa común y corriente, nada extraño sucedía, los nervios nos comían por dentro pero finalmente, decidimos entrar. Nos recibieron muy amablemente, pasamos por una pequeña oficina donde pagamos la entrada y poco a poco empezamos a ver como iban llegando parejas y mas parejas. Algunos eran jóvenes, otros un poco mas mayores y ahí confirmé que definitivamente íbamos a ver de todo.

    Junto a nosotros entró una pareja, él un chico moreno alto, acuerpado, que debo admitir me intimidó un poco con sus abdominales y músculos bien trabajados. Junto a él iba una chica rubia, de buena contextura, senos grandes operados y un trasero que iba a hacer babear a mas de uno.

    Entramos al mismo salón de cambio y para mi sorpresa Lisa se empezó a quitar su ropa, delante de ellos hasta quedar en su ropa interior de encaje y mientras terminaba de completar su disfraz, pude observar como la rubia se desnudaba y dejaba a mi vista esos hermosos senos redondos que ya tenia ganas de devorar.

    No quise mostrar mucho el hambre, así que nos cambiamos rápidamente y nos subimos a la segunda planta donde era la discoteca. El ambiente pintaba muy bien, muchas parejas, todos disfrazados sensualmente y se podía sentir el ambiente liberal.

    Debo admitir que entre mis planes estaba realizar algún contacto junto a otra pareja, sin embargo, Lisa era un poco mas reservada en ese aspecto y entre sus planes estaba solo el conocer y pasárnosla bien entre nosotros.

    Entre baile y baile, ambos notábamos como mas de uno se deslumbraba con su delgado cuerpo y con ese culo y se les veían las ganas de querer agarrárselo. Mientras tanto yo estaba feliz de presumirlo y agarrarlo delante de todas esas personas que la deseaban. Después de un rato decidimos irnos al área húmeda que era una piscina con bar, estaba algo sola, solo había una pareja mas de aproximadamente 35 años ambos y totalmente desnudos.

    Nos hicimos a un costado y seguimos tomando licor, hablando, hasta que poco a poco empezaron a llegar mas parejas y el ambiente se puso un poco mas caliente. Las mujeres que llegaban, llegaban desnudas y a interactuar con sus hombres y algunos suertudos con dos mujeres para ellos solos. Me metí en bóxer a la piscina y Lisa me siguió, no estaba segura si quitarse su brasier pero a la final opto por dejar sus pequeños pero deliciosos senos a la vista de todos.

    Nos hicimos en uno de los bordes de la piscina y una pareja se nos acercó, era una chica local llamada Diana, quien estaba acompañada de un extranjero francés que hablaba español llamado Ethan.

    Diana: Hola chicos, como están?

    Lisa: Hola, mucho gusto, soy Lis y él es Alex.

    Diana y Ethan: Hola chicos, un placer, habían venido antes?

    Alex: No, la verdad es nuestra primera vez y ustedes?

    Ethan: La verdad es nuestra tercera vez, solo venimos cuando estoy en el país, por lo que Diana es muy complaciente conmigo, deja a su esposo en casa y venimos a pasárnosla bien.

    Sonreímos y posteriormente nos miramos, no creíamos lo que habíamos escuchado, Diana estaba casada y venía a un bar swinger con su amante francés.

    Diana: Bueno bueno, basta de tanta charla, ustedes interactúan con otras parejas?

    Lisa: Directo al grano Diana jajaja pues la verdad no y no sé si me anime.

    Diana: Lastima, Ethan vámonos a buscar a otra pareja.

    Ethan: Vale nena, ve tu yo ya te alcanzo.

    Ethan decidió quedarse un rato mas con nosotros platicando, en especial con Lisa que me imagino no perdía la fe de poder tener algo con ella.

    Después de un rato de platica, Ethan interrumpió.

    Ethan: Oye Lisa, entonces estas segura que no interactuarías con alguien mas.

    Lisa: La verdad no me siento muy segura, me gusta el ambiente pero nunca hemos hecho algo así.

    Me miro.

    Alex: Tranquila amor, no te preocupes por mi que yo estoy bien, lo que tú quieras hacer, por mi está bien.

    Empecé a besarla por el cuello lentamente, mientras con mis manos rosaba su cintura, dirigiéndome a su trasero, luego subí lentamente y empecé a tocar sus senos mientras Ethan veía la escena. Lo mire y dije:

    Alex: Oye amor, dejarías que Ethan toque tus senos, mira la cara del pobre, Diana lo ha dejado aquí y nosotros no ayudamos antojando y antojando

    Lisa me miro y dijo: Estas seguro?

    Alex: Si, adelante.

    A lo que la desplace lentamente hacia Ethan, quien no dudo ni un segundo en tomarla por la cintura y acercarla a él mientras que con su mano derecha empezó a tocar uno de sus senos, lo movía en círculos lentamente, disfrutando cada segundo. Yo no sabía como sentirme, era la primera vez que alguien mas tocaba a mi novia y en mi presencia, sin embargo decidí solo observar la escena. Ethan añadió su segunda mano y empezó a tocar su otro seno, no aguanto mas y la empezó a besar por el cuello, mi corazón se aceleraba, Lisa tenia sus ojos cerrados y estaba concentrada disfrutando de los roces y besos de Ethan. Me acorde y tome la mano de Ethan y la puse en una de sus nalgas a lo que ambos entendieron que tenían mi aprobación.

    Ethan empezó a subir lentamente a los labios de Lisa, Se miraron fijamente y se besaron lentamente, podía ver sus lenguas entrelazándose, mientras las manos de Ethan se posaban en sus senos y en sus nalgas y así sucesivamente.

    Después de un momento, Ethan se subió a la orilla de la piscina dejando ver una gran erección provocada por Lisa y a lo que se entendía claramente las intenciones de Ethan. Lisa me miro, a lo cual asentí. Ella se acercó a la orilla y tomo con su mano esa gran verga y la observaba sorprendida de lo que estaba haciendo puesto que nunca habíamos hecho algo así. Ethan agarro su cabeza, la miro y le dijo, chupa cariño.

    Lisa se acercó a la verga de Ethan y empezó a saborearla lentamente, pasaba su lengua por su glande y se la empezaba a introducir lentamente haciendo movimientos hacia arriba y hacia abajo. La cara de placer de Ethan podía mostrar el buen trabajo que Lisa estaba haciendo con su verga. Mientras Lisa continuaba con esa espléndida mamada, Ethan se inclinaba para seguir tocando sus senos lo cual me excitaba demasiado. Los movimiento de Lisa empezaron a ser cada vez mas rápidos y la respiración de Ethan era cada vez mas agitada.

    Ethan: Oh si bebe, que bien la chupas, sigue así, sigue así que me voy a venir.

    Y después de un par de segundos mas, Ethan exploto de placer, viniéndose a chorros en la boca de mi novia quien para mi sorpresa se tragó todo su semen, algo que conmigo nunca había hecho.

    Ethan suspiro de placer y dijo: Diablos, que mamada tan espectacular me ha pegado tu chica, tienes suerte.

    Alex: Lo se jajaja

    Ethan: Bueno chicos, los veo en un rato, debo ir a buscar a Diana que quien sabe donde estará ocasionando líos, nos vemos

    Ethan se retiró del área de la piscina a lo que Lisa me pregunto si estaba bien a lo que afirme, la abrace y se fue al baño para limpiarse la cara y seguir viviendo la noche que apenas empezaba…

  • Follada otra vez (4)

    Follada otra vez (4)

    Hola amiguis, les cuento mi última aventura, ojalá les guste y se pajeen pensando en una chica trans. ¿Qué creen? Para que el ano se me hiciera de nuevo apretadito ¡dejé de follar un mes!

    Así, que al terminar este período estaba muy caliente y deseosa de que un hombre me metiera su virilidad en mi colita, como si fuera de nuevo virgen. Le llamé a un amigo por teléfono, y quedamos de vernos en un hotel. Me arreglé lo más sexy que pude y maquillada como una zorra, sobre todo me gustó mucho una linda peluca rubia hasta los hombros.

    Llegué a la hora fijada y pasé a la habitación. De rato llegó él y abriendo la puerta me abalancé sobre su cuerpo, le bajé pantalón y trusa y de inmediato se la empecé a pajear y a besar desde la punta hasta la base del tronco en su pubis.

    Se la mamé como una experta durante 10 minutos, luego, me quité la tanga hasta la mitad de las piernas y me le puse en cuatro, le dije que me la metiera sin condón y sin lubricante, sólo escupió en mi colita y me metió toda su polla de 25 cm, de un solo empujón.

    Me dolió un poco, que era lo que quería y mis pliegues anales se pegaron como lapa a su pene, yo estaba como loca con ese miembro taladrando mi botoncito de amor y él me decía que estaba bien apretadita y que se vendría pronto.

    Yo le pedí que se aguantara y me cogiera por más tiempo, que quería sentir su polla dentro de mí. Me la metió súper rico hasta que me dejó abierto el ano e hinchado, de pronto se chorreó dentro de mí, sentí como que me inundaba el entresijo de semen y dando un último empujón de su pito me lo dejó adentro varios segundos.

    Yo estaba delirando de placer, tanto que se me salieron unas lágrimas de felicidad y empujé mi trasero hacia su cuerpo, empecé a gritarle que me destrozara la cola y llegué al orgasmo anal, apretando su polla y exprimiendo hasta la última gota.

    Por fin, me la sacó y yo estaba escurriendo de su semen, mis líquidos anales y un poquito de sangre, jijiji.

    Nos vestimos y salimos del hotel ambos felices y enfilamos a un restaurant-bar a cenar y festejar ese delicioso reencuentro.

    ¡Bye, chicos, hasta la próxima follada!

  • Propuesta indecente a una chica quizá inocente

    Propuesta indecente a una chica quizá inocente

    Por más está decir que me encanta el sexo he intento siempre hacer todo lo posiblemente humano para conseguirlo y a veces llego a maniobras inmorales para unos y hasta ilegales para otros, pero lo único que nunca voy a hacer para conseguir lo que quiero es forzar a nadie de ninguna manera para lograr llevarme a una chica a la cama. Mira que han pasado muchas por mi cama que hasta una colección de pantis tengo como trofeos. Tengo 55 años y siempre pensé que a mis 50 todo esto iba a disminuir, pero me he equivocado… las experiencias han aumentado. Eventualmente llegará ese momento, pero mientras sienta ese vigor y una linda chica de alguna manera quiera experimentar sexo conmigo, pues yo siempre estaré disponible.

    Últimamente como que todo se ha activado y es que como todo en la vida siempre hay mejores temporadas. Igual que los hombres las mujeres quieren coger o hacer el amor, muchas lo buscan con la misma ansiedad mía, otras es cuestión de darles un empujoncito y ceden, otras se toman mucho tiempo para decidirse, pero todas lo quieren. Últimamente me he encontrado con muchas de esas ansiosas y otras que solo necesitan ese empujón o en otras palabras un incentivo y esto es lo que me sucedió con esta chica de nombre Loren a quien conocí sorpresivamente en un corredor de comida de los que hay en esas tiendas departamentales. Intentaré hacerlo lo más breve, pues esto no se da de la noche a la mañana y para que tengan una idea ese primer encuentro casual sucedió en diciembre del 2022 y la base o desenlace de este relato sucedió anoche.

    Estoy disfrutando en las mesas de este corredor de comida mi almuerzo cuando veo pasar a esta chica con un cuerpo deliciosamente descomunal. Iba vestida con una especie de vestimenta que creo le llaman overol. Pantalones y camisa unidos en una pieza y esta era de un color turquesa. La chica camina hacia una de las mesas frente a mí y por Dios, que hermoso culo movía. No podía ver su rostro, puesto que cuando apareció solo le podía ver de espaldas. Cabello oscuro hasta llegar cerca de esa cintura estética y atléticamente marcada, verdaderamente tenía esa figura sensualmente llamativa y cuando volteó a tomar el asiento pude ver un bonito rostro de tez clara, bien maquillada con unos pechos llamativos pues su escote permitía que mis ojos se alegraran, pero lo que me llamó también la atención, fue ese hueco que se le hacía debajo de la pelvis, en medio de sus piernas. Realmente mágicamente sensual.

    Obviamente se me fue el hambre, pero otra especie de hambre se apareció en mi ser. De solo verla de esta manera me provocó una erección pues también a través de esos apretados pantalones se notaban los relieves de su tanga. Simulé comer, pero no comía y todas esas ideas se me pasaron por la mente y debatía interiormente si acercármele o simplemente disfrutar de ese paisaje que se posó ante mí a tres metros de mi mesa. Como dije, hombres y mujeres buscamos esa intimidad sexual y todos tenemos ciertos parámetros y en esta situación sabía que lo más probable nunca la volvería a ver y eso de conquistar a una chica que aparenta menos de 25 años, como que ya no está en mi archivo de mis reales estrategias. Por su manera de vestir sabía que le gusta llamar la atención y sé que para ella recibir un cumplido y halagos va a ser de lo más común. Sin muchas ideas opté por la más simple y también más directa. Me levanté con mis bolsos y todavía debatiendo me acerqué a su mesa y le dije:

    -¡Hola! Mi nombre es Tony. Me acerqué solo para decirte que eres una chica muy hermosa. Esta es mi tarjeta… si gustas llámame que me gustaría hacerte una oferta.

    -¡Gracias! -dijo. -¿Y de qué tipo de oferta hablamos?

    -No quiero interrumpir tu almuerzo… cuando tengas tiempo si gustas me hablas.

    Me sonreí con ella y tomé el camino en busca de mi coche. Ya el golpe de adrenalina me había levantado y se transpiraba a través de mis poros. No recuerdo si fue el tercer día o cuarto día cuando encuentro un mensaje de texto, el cual contesto haciéndose una breve platica:

    -Mi nombre es Loren, usted me dio su tarjeta y me habló de una oferta. Contésteme cuando pueda.

    -¡Hola Loren! Mi nombre es Tony. Eres una chica muy hermosa y me gustaría saber si estas interesada para posar en una sesión de fotografías. – Fue lo único que se me vino a la mente.

    -¿Sesión de fotografías? ¿Usted trabaja para alguna revista o algo así?

    -Seré sincero contigo… no, no trabajo para nada de eso. Si miras mi tarjeta, yo no me dedico a eso, pero como te dije… eres una chica muy hermosa y estoy dispuesto a pagar por unas fotografías.

    -¿Y qué tipo de fotografías quiere hacer?

    -Algo sensual, algo íntimo. -le dije.

    -Esto como que no me está gustando… realmente nunca he hecho algo así y no creo ser la persona que usted busca.

    La platica por texto se extendió por algunas preguntas más y hasta le di un número de dólares que le podía pagar, pero finalmente rehusó mi propuesta y nos dijimos ambos: ¡Adiós y buena suerte! -Pensé que no volvería a saber de ella y nunca agregué su nombre a mi lista para identificarla. Hace dos semanas se volvió a poner en contacto conmigo para mi sorpresa:

    -Sr. Zena soy Loren. Espero esté bien. Le contacto para saber si todavía está en pie su propuesta.

    -¡Hola Loren! Gusto de saber de ti. Realmente ya no lo tenía en mente, pero si tú estás interesada podemos hacer algo. -le dije.

    -¿Pero solo serían fotos verdad… o hay algo más que usted espera?

    -Honestamente me gustaría algo más, pero no deseo que te sientas ofendida. – (me tomé minutos en pensarlo y contestar).

    -Prefiero que sea honesto y saber qué es lo que busca… no me gustan las sorpresas.

    -Imagino que tú sabes lo que un hombre como yo busco, pero dame una respuesta cuando quieras si todavía no te sientes confortable.

    -¿Y cuánto está dispuesto a pagar?

    -Eso lo decidirás tú y si puedo luego nos ponemos en contacto.

    -Está bien… si me decido yo se lo hare saber.

    Sábado por la mañana me cae un texto de Loren y me da un número de mil dólares. Me dice que tiene tiempo esa tarde y que espera que la mitad de lo acordado se lo envié por una de esas aplicaciones que tenemos hoy en día. Le digo que no hay problemas siempre y cuando me envíe una foto de ella totalmente desnuda. Esto lo debatimos por algunos textos y luego cedió y recibí no una, sino que tres fotos de esta mujer desnuda. Envío el dinero acordado y quedamos que a las dos de la tarde en un motel conveniente para ambos. Miraba aquellas fotos y no creía que esta chica que vi hace 8 meses me estaba enviando fotos desnudas y que en horas me la estaría cogiendo. Ese día no estaba urgido de sexo puesto la noche anterior le había dado una follada a una amiguita de mi entorno, pero esto se daba repentino y el solo ver las nalgas con esa diminuta tanga de esta mujer esa verga comenzaba a reaccionar.

    Una hora antes a la cita me estaba bañando y preparando. Siempre con mis pantalones de vestir, una camisa deportiva, me aseguro del resto del dinero y algo más para luego salir para la tienda y comprar un paquetito de tres condones. El motel corre por mi cuenta y tomo una habitación en este hotel de 3 estrellas y subo a un segundo piso y me pongo a la espera del contacto de esta hermosa chica de nombre Loren. Cinco minutos antes de las dos me hace saber que está en el estacionamiento. Le doy el número de la habitación y minutos después escucho unos pasos y un toquido tímido a la puerta. Abro la puerta y por Dios, ahí tenia a Loren vistiendo un vestido de tubo que le ceñía preciosamente sus curvas y que a la vez me permitían apreciar esa silueta transluciente a través del vestido y que sabía llevaba una tanga. Se mostraba un tanto tímida e insegura, pero tomó más confianza cuando la tomé de la mano y le daba un beso en la mejía. No quería apresurar la situación, aunque cuando uno tiene a una chica de este calibre de belleza, uno se quiere abalanzar con desesperación hacia ella. Iniciamos una breve platica:

    -Te miras muy hermosa… ¿Cómo estás?

    -Muy… pero super nerviosa.

    -Relájate y solo piensa que ya mañana solo será un recuerdo o espero sea un bonito recuerdo.

    -¿Usted hace esto todo el tiempo?

    -La verdad muy pocas veces… solo cuando una chica como tú que me guste tanto.

    -¿Eres casado?

    -No… soy soltero.

    Para calmar sus ansiedades conllevábamos esta plática donde descubría era recepcionista de un médico dentista, que había roto con su novio desde ese diciembre que la conocía, que nunca había hecho algo así y ni lo pensó, pero que lo hacía más por la necesidad de hacerse de algo de dinero, pero también por la curiosidad y el morbo que esto le provocaba y por último quedé yo, pues me dijo que también le había parecido agradable desde que me vio por primera vez.

    Ella estaba sentada a la orilla de la cama y yo frente a ella en un sofá cerca de la ventana. Podía ver sus potentes y torneados muslos cuando cruzó sus piernas para ponerse cómoda. El vestido era de color celeste y era de una tela delgada y cuya falda le llegaba por arriba de sus rodillas. El escote no era tan atrevido como la vi la primera vez, pero estimaba que de por lo menos me encontraría unos melones de talla doble D. Me habló de que nunca había modelado, que no se siente cómoda haciéndolo y que esperaba no decepcionarme. Comencé por eso y saqué una cámara semi profesional y le dije que solo posara de lo más natural y que la clave era siempre mostrar una sonrisa. Comencé a dispararle algunas cuantas fotos de diferentes ángulos. Le pedí que se sentara contra el espaldar apoyada en las almohadas y que subiera una pierna. Lo hizo sin ninguna duda y yo podía observar esa tanga celeste que llevaba, al igual que esas entrepiernas con una piel joven y tierna. Nunca le pregunté su edad, pero estimo que Loren tiene entre 20 y 25 y verdaderamente esa frescura y ese perfumen que llevaba comenzó a embriagarme.

    Con lo de las fotos pareció tomar algo de confianza y se puso en varias poses y me gustó mucho cuando se puso en cuatro sobre la cama aun vestida, pues esa tanguita se traslucía en esa delgada tela de su vestido que prácticamente era como verla desnuda. Creo que se puso algo tensa cuando le dije que se desvistiera mientras de diferentes ángulos le tomaría fotografías. Removió su vestido celeste y poco a poco solo quedó con su brasier, la tanga, una cadena de oro, unos aritos y su reloj. Tiene un cuerpo espectacular, aunque en cierta área de sus glúteos se puede ver algo de celulitis. No era muy obvio, pero qué más da… no hay nada perfecto en este mundo. Le pedí que se fuera contra el espaldar de nuevo y que se pusiera con las piernas abiertas y que se hiciera la tanga de lado. Esto lo hice en toma de video, aunque no creo que Loren se haya dado cuenta de esto. Quizá por la follada de la noche anterior mi verga no se había puesto firme. Si se me paraba al ver estas escenas de esta chica, pero no tenía la presión de un día antes que había pasado sin follar una semana.

    Creo que debería ser yo quien llevara el liderazgo en esta acción pues sabía que Loren todavía flotaba en el nerviosismo. Le dije que se pusiera y se sintiera cómoda y que si algo no le gustaba que me lo dijera. Me fui a buscarla a la cama y le removí el brasier y liberé estos dos ricos melones que eran una delicia apreciarlos. Una areola oscura de piel carrasposa y un pezón redondo e inflamado. Los chupé cuidadosamente hasta intentar meterme a la boca toda esa teta. Intercambiaba y Loren solo ponía una de sus manos por sobre mi espalda. Le besaba el cuello y regresaba a sus tetas y parecía que Loren se mantenía fría y en mucho silencio. Le tocaba sus manos con mi mano y estas estaban frías y temblorosas. Pensé que sería mejor que ella invadiera mi cuerpo y se lo propuse de esta manera:

    -¿Quieres chuparme la verga?

    -¡Si usted quiere! – respondía.

    Nunca hablamos de todo este proceso, si debiera usar condón o no y en este momento no lo íbamos a discutir. Me levanté de la cama, me saqué la camisa y removí mi pantalón y mi verga ya había mojado el bóxer. Lo puse frente a su rostro y Loren solo se abalanzó y comenzó a mamarla. No era una gran mamada que digamos, pero si me la chupaba y en cierto momento me chupó hasta los huevos. Sus señales o ademanes no eran necesariamente claros y no sabía si lo gozaba o todo esto era una mecánica totalmente forzada. Por un momento estuve decepcionado y quizá hasta enojado que estuve a punto de decirle a Loren que se fuera a la mierda. Decidí intentarlo de nuevo y le dije que se acostara sobre sus espaldas en la cama.

    Le pedí que subiera sus glúteos para quitarle esa tanga celeste y descubrí que la tenía mojada. Ese hueco en una concha de medio tamaño sí que estaba excitado… y me fui directo a darle placer con mi lengua. Al igual, nunca hablamos de que tipo de sexo, la palabra sexo lo hablamos en general e incluso nunca mencionamos condones o nada así. Comencé a saborear delicadamente los jugos saladitos de esta llamativa panocha de labios gruesos y un clítoris cafesoso que se miraba inflamado. Podía ver esa marca más clara que le dejan los pantis que regularmente usa y paseaba mi lengua por toda su rajadura sin que esta chica dijera mucho. Ya para este momento sabía que no era muy expresiva, pero que mi sexo oral la estaba encaminando a ese abismo mágico del no retorno. Comenzó a mover la pelvis con un ritmo armonioso de un baile sexual y sus gemidos comenzaron a aparecer tímidamente. Hice una pausa y le pregunté:

    -¿Te gusta… quieres que continúe?

    -¡Si usted quiere!

    -¿Pero… te gusta?

    -¡Si me gusta y mucho!

    -¿Quieres que continúe?

    -¡Por favor! -dijo con una voz erótica y quebrantada.

    Podía escuchar en su voz que se le atragantaba en las mieles de la excitación y también en la miel que emanaba su joven vagina, pues literalmente sentía la abundancia salada que producía. Con mis labios comencé a chuparle el clítoris que era de medio tamaño y se lo sobaba con la punta de la lengua con un movimiento frenético. Loren expulsaba suspiros de placer y parecía que la mujer extrovertida comenzaba a aparecer, pues de repente me decía mientras le halaba el clítoris con mis labios: -Así, así… ¡qué rico! – Y esta nena movía las caderas con un ritmo cadencioso buscando el placer que le daba mi lengua. Fue por ese momento que una de mis manos alcanzó su pezón y se lo apreté y halé suavemente y me volvía a decir: -¡Oh, Dios, ¡me va hacer correrme así! –Yo haciendo una pequeña pausa entre sus piernas le pregunté: -¿Te gusta? – a lo que ella contestó: -¡Me encanta… estoy a punto de correrme!

    Parecía que Loren hoy si estaba gozando de este sexo oral y no quise hacer ninguna pausa para yo ponerme un condón y dejar que se enfriara el momento. Yo no estaba urgido por penetrarla y correrme y si gozaba mucho sintiendo el placer que le transmitía a esta joven y hermosa chica con la que prácticamente éramos dos desconocidos. La verdad que me encanta dar sexo oral es rico estar chupando una bonita panocha de una chica que realmente es espectacular de lo bella que es. Yo no llevaba prisas y bajé el ritmo de mi lengua para prolongarle el placer a Loren, pero ya estaba en el borde y ese toque de mis dedos en su pezón como que le echaron más leña al fuego. De repente dio una especie de murmuro y se llevó sus manos a sus dos hermosas tetas y comenzó a mover su pelvis frenéticamente hasta dejar escapar un pujido seguido por un grito que de alguna manera camufló. Elevaba su pelvis al punto que sus hermosas nalgas se despegaban de la cama y yo seguía con mi lengua en su hueco empujándola hacia abajo y sentí el manantial de sus jugos vaginales cuando se estaba corriendo. Su respiración se hizo profusa y con los segundos o quizá un minuto se quedó quieta solo sobándome la cabeza y mi lengua todavía paseándose por su conchita lentamente.

    Para mí, solo el haber escuchado esa primera corrida de Loren había valido la pena pagar lo que le había pagado. Para mí, eso es una de las cosas más ricas del sexo, escuchar y ver los gestos de una mujer cuando llega a la cúspide de ese momento. Para mí, todo de aquí en adelante sería ganancia y esto solamente era el comienzo de las tres horas y media que estuvimos en este hotel. Loren salió directa al baño a ducharse medio cuerpo y yo me lavé el rostro en el lavadero. No me decía nada ni yo tampoco le dije nada cuando estábamos ahí. Cuando ella salió de la ducha yo ya estaba de nuevo sentado en la cama totalmente desnudo y ella me preguntó:

    -¿Qué quiere que hagamos?

    -¿Tú tienes alguna idea?

    -Si… pero aquí el que manda es usted.

    -No me lo hagas creer te lo aconsejo. Dime tú… ¿Cómo te gusta que te cojan?

    -Uh… la verdad que me fascina que me den por detrás… así en cuatro.

    -Loren… ¡eres una chica muy linda!

    -¡Gracias! Usted es un hombre muy guapo también… créame que no hubiera aceptado esto si es que me hubiese parecido agradable.

    -Entonces déjame probar tu conchita así de perrito y déjame decirte que yo me quedo trabado como todo un perro.

    -Con esa vergota que tiene ya me lo imagino. Venga pues, pero primero déjeme darle un chuponcito a su amigo.

    Ella se quedo sentada a la orilla y yo me paré para ponerle mi verga semi flácida en la boca. Esta vez era una mamada más fluida y esta chica mostraba deseos. Me la pajeaba, me daba una mirada erótica y se la volvía a meter lo más que podía. Estuvimos en eso por alrededor de seis minutos y con mi verga ya inflamada pasé a invadir esa vagina en posición de perrito. Loren se volteó y esas nalgas me quedaban servidas y esas nalgas son perfectamente voluminosas que para ver el ojete de esta chica literalmente hay que abrírselas. Busqué el canal de su vagina y Loren me asistió en el proceso tomando mi verga y frotándose la misma por toda la abertura y ese calor se sentía delicioso. Recordé los condones y se lo hice a saber a esta chica y ella me dio la opción: -Es cosa suya… yo me cuido. – No lo tuve que pensar, no hay nada más rico que disfrutar una buena panocha al natural. Puse el glande a su entrada y ella misma se lo iba empujado contraminando sus dos perfectas nalgas contra mi pelvis. Era una invasión lenta y delicada y sentí como esa membrana de sus labios me apretaban el tronco y podía sentir las paredes de su vagina contrayéndose y dándole placer a mi verga. Que rico se miraba ese culo en esa posición, era un paisaje indescriptible ver el arco de su espalda y esos glúteos a mi disposición. Comencé el taladreo a mi primera velocidad, dando tiempo para que la transmisión calentara lo cual no pasó mucho tiempo pues esa vagina es como un pequeño riachuelo que constantemente vierte ese jugo calientito que uno literalmente puede sentir. Mi verga se deslizaba fácilmente y se escuchaba ese entrar y salir de mi verga a los compas de como crujía la cama. Le tomaba de las nalgas y se las abría para ver como mi verga se hundía completamente en ese deslizadero exquisito de esta hermosa mujer. Le pegué una nalgada que sonó con eco en la pared y Loren me dijo: -Así papi… cógeme… me gusta cómo me la mueves.

    Mi pelvis pegaba en sus nalgas y se oía como si fuese un aplauso, de vez en cuando la volvía a nalguear a lo que Loren contestaba con frases similares: -Si papi, dame verga… soy tu putita papito. Intuía que Loren había pasado de esa tensión a dejarse llevar por la excitación… ya no parecía esa chica cohibida o tímida. Ensalivé mi dedo pulgar derecho y se lo puse en la entrada sobando su ojete que sentía como lo contraía y con los minutos le tiré una escupida a su culo y comencé a perforárselo de esa manera. Ella solo me dijo: ¡Que rico papi… me vas a hacer acabar! Muévelo así, que me vas a hacer acabar. -No sé a lo que se refería, si a mi verga o al dedo, pero mi verga entraba y salía de su conchita ya quizá a una tercera velocidad y mi dedo chaqueteaba o se hundía a placer ese apretado culo. Hice una pausa donde le saqué por completa la verga y me agaché para meterle y darle una breve lamida a ese culo. Loren solo gimió y solo escuché decir “que rico”. Volví a penetrarla con embates sólidos y potentes que hasta sentía como mis huevos chocaban con su clítoris y ella me dijo: -Hazle así… que rico. Hazle así fuerte que me vas a hacer correr. -Era un golpe violento y mi pulgar estaba enterrado en su culo y de repente sentí la contracción de su vagina y su ojete y ese espasmo se hizo visible ante mis ojos y me pidió que le diera fuerte. Gemía y le saqué el dedo del culo y la nalgueaba mientras mi verga entró a una cuarta velocidad y ella se fue hacia adelante y no me desprendí de su cintura y sus gemidos y alaridos me guiaron a encontrar el cielo. Me corrí en su preciosa conchita. Nos fuimos a bañar y yo disfrutaba de tocarla enjabonándola. Besaba su cuello, sus tetas y ella me hizo otro oral mientras nos aseábamos e hicimos una breve plática mientras la manoseaba.

    -¿Te arrepientes de haber aceptado esto, de haber venido?

    -Por el momento no me puedo arrepentir… me lo has hecho pasar bien. Bien dicen que los hombres como tú si saben coger y más que todo tratar a una mujer.

    -¿Quién te ha dicho eso?

    -Nadie en particular… más que todo lo habré leído. La verdad tenía mucho miedo.

    -¡Hay algo que te gustaría hacer, alguna fantasía que te gustaría realizar?

    -A ver… Si, tengo algo que me gustaría hacer, pero yo no soy tan expresiva como usted y me daría pena decirlo.

    -Que no te de pena. Piensa que a lo mejor después de esto no nos volveremos a ver y lo hagamos y decimos se quedará entre las paredes de esta habitación.

    -Eso espero… usted tiene fotos mías muy comprometedoras.

    -No te preocupes de eso… son solo para mi y recordarte. Recordarme de este rico momento. Dime… ¿Qué te gustaría hacer? Con confianza…

    -Algo relacionado a lo que me estaba haciendo cuando me cogía por detrás.

    -¿Quieres probarla por el culo?

    -Usted lo dice fácilmente… yo no tengo esa libertad de hablar así.

    -¿Nunca te han pedido es rico culo que tienes?

    -Si… pero me ha dado pena decir que sí.

    En ese momento estaba remojándola con agua y mi verga flácida estaba entre sus nalgas. Por alguna razón no creía que nunca hubiese hecho sexo anal y más que todo me lo decía de esta manera para ofrecérmelo porque simplemente le encanta. Yo simplemente había seguido con su plática y luego le dije:

    -Loren dímelo así: -Tony, quiero sentir tu verga adentro de mi culo.

    -¡Ay que pena!

    -Dilo y te prometo que nadie te va a comer ese culo de la manera que yo te lo voy a hacer.

    -Ya me puso nerviosa otra vez.

    -Dilo.

    -Tony, quiero que me de verga por el culo. (lo dijo como una forma abreviada en inglés: Tony, fuck my ass).

    Salimos directamente a tomar acción, pues mi verga había reaccionado con esa plática y estaba ya parada y echando líquido. Loren me la volvía a mamar brevemente y la volvía a poner en cuatro, pero esta vez en medio de la cama. Le abrí las nalgas y comencé con el maratón de chuparle el ojete. Solo oía sus gemidos de placer y luego con los minutos me acomodé para seguir chupando su ojete mientras le daba un delicado masaje a su clítoris y me dijo: ¡Por Dios… que rico mamas tú… esto nunca me lo esperé! -Continué succionado su culo o intentaba meterle la lengua a ese apretado ojete mientras mis dedos chaqueteaban el clítoris. Cada vez gemía más y me expresaba cosas de satisfacción. Cuando supe que estaba cerca de ese punto solo me dediqué a darle placer a su culo. Lo succionaba, se lo lengüeteaba por todas esas imponentes paredes y de esa manera la fui llevando y poco a poco se fue sumergiendo a las mieles de ese placer y de la nada explotó: -¡Por Dios… me estás haciendo correr por el culo! – Se lo chupé hasta estuvo relajada y satisfecha, pero era una delicia escuchar a Loren bufando de algo que quizá ya Loren había vivido, pero que simplemente le encantaba y me quería proyectar esa imagen de chica inocente.

    La puse en cuatro y apunté mi glande a su culo. Al principio fue difícil penetrarlo pues en varios intentos me lo rechazaba, pero finalmente ese anillo me lo apretó y se lo dejé ir lentamente hasta sentir mis huevos pegando en conchita. -¡Ay! – me dijo cuando le invadí y me verga entró completamente. Comenzamos un ritmo lento, pero ver mi verga entrar y salir de este hermoso culo me prendió fácilmente que en tres minutos me estaba corriendo. Le dejaba ir mi corría y esta chica me apretaba a la vez los huevos y que sensación más extraña pero rica a la vez me hizo sentir. Primera vez que siento una sensación de escalofríos, muy diferentes a los espasmos cuando uno se corre. Esta energía tan rica pasaba por sobre mis nalgas y se extendía hasta mis espaldas como un escalofrío potente.

    Después de una tercera corrida la cual también llegó dándole por el culo, la cajita de profilácticos que compré había quedado intacta. Loren tuvo dos orgasmos más de forma anal y vaginal y esta tarde ambos la habíamos disfrutado y para nada me dolió pagar lo que había pagado por haber disfrutado de un hermoso culo como el de esta chica bella llamada Loren. Salimos del hotel a eso de las cinco y media de la tarde, ella bien servida yo bien servido y me traje no solo el recuerdo de sus fotografías y lo que habíamos vivido, pero también me traje el olor impregnado de en ella en su tanga. Le dije que la quería tener de recuerdo. La vi salir por la puerta de ese hotel en su vestido ceñido de tuvo y de un color celeste, pero ahora se iba sin calzones a su cara a revivir el momento tan rico que habíamos vivido.

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  • El futbolista y su novia

    El futbolista y su novia

    El futbolista Cesar de 22 años, alto y musculoso debido al deporte que practica se dirige al vestuario, él es el único jugador que todavía no se ha cambiado, los demás ya se han ido. Y es por esa misma razón que cuando entra al vestuario se sorprende.

    Dentro del vestuario se encontraba su bonita novia de 19 años, llamada Brunela, lucia hermosa con su pelo marrón atado en una coleta, sus ojos perfectamente delineados de negro y vestía su mini falda de jean que a él tanto le gustaba y un top color rojo.

    -Mi niña hermosa ¿qué haces aquí? -dijo el rodeándola con sus fuertes brazos.

    -Vine porque extraño a mi novio y necesitaba un rato a solas con él – respondió Brunela abrazándolo desde la cintura.

    Ella era simplemente maravillosa, no le importaba que su novio estuviera completamente sudado.

    -Te necesito como el aire para respirar -le susurro el mientras tomaba el rostro de la chica entre sus manos, primero contemplo su belleza, luego acerco sus labios a los de ella y se fundieron en un beso.

    Brunela entrelazo sus brazos en el cuello de Cesar y él la tomo de la cintura, así abrazados continuaron besándose hasta que se hizo ese torrente de pasión cuando ellos se besaban.

    Cuando ambos lograron salir del encantamiento del beso se dieron cuenta de que estaban sin aliento y que necesitaban un buen sexo aunque sea en el vestuario.

    La fuerza de la pasión y el deseo se apoderó de ellos y se sacaron la ropa lo más rápido posible, pues, estaban muy excitados.

    Ya estaban completamente desnudos, entonces Brunela se acercó a su novio y comenzó a besarle sus formados pectorales, esa era una zona que le encantaba de su amado Cesar, además de la verga.

    Le paso la lengua muy suavemente por ambos pectorales y absorbió las gotitas de sudor que aún le quedaban luego del partido.

    Luego ella se concentró en chuparle cada tetilla por unos cuantos minutos al mismo tiempo que él con ambas manos le masajeaba los pechos.

    Cesar bajo la cara a la altura de los senos de la chica y se metió el derecho en la boca, lo saboreo y le mando mucha lengua a su pezón, después hizo lo mismo con el izquierdo, pero tomándose un poco más de tiempo porque lo exploro muy bien con su lengua.

    Luego usaron un banco largo para hacer el 69.

    A ellos no les gustaba el sexo oral por individual, lo hacían juntos y ambos al mismo tiempo, por lo cual siempre hacían un delicioso 69 antes de la gloria de la penetración.

    Él se acostó primero en el banco y ella encima dejando su culo en el rostro de Cesar y la pija quedo justo enfrente de los ojos de la novia.

    Y así empezaron el 69, Brunela tomo la verga con ambas manos y primero le chupo delicadamente la zona de la cabeza para después chuparle todo el largo del pene y dejárselo lleno de saliva como a él le gustaba.

    Cesar agarro el perfecto culo con sus manos y lo abrió para ver mejor el agujero, primero escupió abundante saliva en el agujero y luego metió su lengua entera quedando con su cara en el medio de las dos nalgas, así que aprovecho sus manos para acariciar mientras su boca se encargaba del resto.

    Estuvieron haciendo el rico 69 durante varios minutos hasta que sus zonas íntimas quedaron estimuladas y húmedas.

    Perfectas para unirse mediante la penetración.

    Ella se sentó con las piernas levantadas mientras se las tomaba y enseñaba la vagina a su novio que ya estaba lista para la penetración.

    Él la sorprendió tomando sus dos nalgas y levantándola, entonces, Brunela quedo bien alto y abrazando la cintura de su chico con las piernas, él la volvió a besar mientras que con una sola embestida la penetro.

    Ella puso su cabeza en el hombro de él mientras que el chico aumentaba sus movimientos de cadera haciendo sus embestidas más salvajes y dándole un mayor placer a Brunela que. Respondía con muchos gemidos.

    Durante unos minutos de estar dándole fuerte a su chica el futbolista empezó a sentir que la pija le explotaba, César conocía lo que eso significaba, ella lo abrazo más fuerte con sus piernas y el descargo todo su semen dentro de Brunela.

    Después ella se puso de frente a la pared levantando las nalgas para que él le diera por el trasero.

    Cesar se posó detrás de la chica, la agarro de la cintura y la empezó a embestir mientras las tetas de la muchacha. Saltaban y se movían por todos lados.

    Al futbolista le encantaba darle por el culo a su fabulosa novia porque lo sentía apretado y húmedo.

    Además como las nalgas eran de buen tamaño él podía ver como su pija quedaba oculta dentro del trasero.

    La empezó a penetrar cada vez más profundo, quería llegar al fondo de ella.

    Durante unos minutos mantuvo el ritmo y la posición, luego saco la pija y eyaculo lo último de semen que le quedaba en la espalda de Brunela.

    Se volvieron a sentar en un banco, ahora ella estaba sentada en sus piernas y él le acariciaba el pelo.

    -Esto es la felicidad -dijo Cesar.

    -¿El que exactamente? -pregunto Brunela.

    -Un buen partido y luego un rico sexo con mi novia.

  • El estímulo auditivo de su compañera de piso

    El estímulo auditivo de su compañera de piso

    Aquella calurosa tarde de primavera, una joven desconocida de cabello corto y moreno, se comía un helado de nata con tranquilidad y con total inocencia. Sin embargo, contemplada a través de los encendidos ojos de Lorena, que tenía las hormonas en ebullición, aquel instante se convertía en una tórrida escena. La chica, con la simple idea de refrescarse, se relamía los labios y se chupaba los dedos sin percatarse de que alguien encuadraba aquello en un primer primerísimo primer plano y sentía un cosquilleo en su propia boca. Una gota blanca y lechosa goteó por el cono de galleta y se fue a estrellar en el escote generoso que ofrecía una ajustada camiseta de tirantes.

    Lorena pensó que no era posible estar tan salida.

    Esperó la llegada del autobús sin poder quitar la vista de los suaves y deliciosos mordiscos que la morena propinaba a la veraniega golosina con su bonita dentadura. Y es que a la hipnotizada observadora le pareció que la joven sería su tipo, de las que enseñan un poquito de encía cuando te reciben con una sonrisa amplia, y se la imaginó dedicándole una especial, acompañada de una mirada picara, solo para ella.

    De pronto un cruce de miradas le hizo salir de su ensimismamiento, avergonzada de ser descubierta.

    Pero con la distracción un poco de nata se derramó por la comisura de los labios de la observada. Luego la recogió con un dedo y se lo chupó sin vergüenza y con mucho placer.

    Por suerte llego el autobús, y Lorena se subió a él, con prisa para poder llegar casa, tomar una ducha fría y quitarse esos pensamientos de la cabeza.

    ¿Tal vez comerse ella misma un helado?

    Tras el trayecto llegó frente a la puerta de su piso compartido, buscó las llaves en el bolso y las introdujo en la cerradura, pero antes de girarla volvió a recordar aquella boca que se estaba muriendo por probar y se recreó en las imágenes guardadas en su memoria durante un instante. Después sacudió la cabeza para volver a la realidad e hizo el giro de muñeca para acceder al interior con un empujón.

    El maldito marco se hinchaba con el calor y había que echarle ganas para abrir.

    Llegó al salón y su compañera Ana estaba sentada en el sofá. Llevaba una camiseta blanca, ancha y bastante vieja que se transparentaba ligeramente por lo dañado que estaba el tejido. La parte más baja de la prenda, intentaba cubrir un poco unas bragas negras de algodón que se adaptaban de forma tan perfecta a la anatomía de su cuerpo, que los labios vaginales se intuían en un sutil trazado de curvas y ondulaciones, formando un mareante circuito que daba paso a sus piernas desnudas y suaves, y también a sus pies descalzos que en ese momento apoyaba en la mesita del café, la cual tenía delante para poder pintarse las uñas para así lucir después unas bonitas sandalias a juego en su próxima cita.

    Ambas chicas se saludaron y comentaron por encima que tal les había ido el día y cuáles eran sus planes para después.

    Lorena se sentó al lado de su amiga y decidió que no quería mirarla demasiado para evitar que su mente imaginara cualquier lascivia de nuevo. Y es que con Ana era mejor no fantasear, porque aquella chica le encantaba. Aunque por supuesto ella no tenía ni idea.

    Inteligente, de mirada salvaje y sonrisa perfecta. Su sedoso cabello pelirrojo como el fuego tomaba una interesante forma asimétrica en la parte delantera de la cabeza, dejando ver su nuca con un ligero rapado en la trasera. Sus ojos grandes, de un intenso verde, eran como el monstruo final de un duelo mundial de miradas que nunca nadie lograría derrotar. Sus labios dibujaban las mejores y más divertidas muecas que a Lorena la hacían reír y enternecerse al mismo tiempo. Además, tenía en su rostro de veinteañera unas preciosas pecas que le daban +10 de monería extra. Por otra parte su cuerpo era pequeño, delgado, pero con voluptuosas y proporcionadas curvas formadas por una piel brillante y tersa.

    En definitiva características que su compañera y admiradora en secreto pensaba que la dejaban a ella la altura del betún.

    Ana tenía planes, como de costumbre, así que la soledad, ya fuera para sufrirla o disfrutarla, quedaba en manos de Lorena que había decidido huir de la ola de calor encerrándose con el aire acondicionado en su habitación. No esperaba sin embargo, que aun le quedara sufrir otro momento de excitación involuntaria al contemplar algo tan simple como que la espectacular belleza con la que convivía decidiera abrir un yogur y ponerse a lamer la tapa con total naturalidad en varias ocasiones, dejándole ver una extensa y poderosa lengua que se deslizaba con ansias hasta dejarla completamente limpia.

    Se levantó y decidió que tenía que huir para tumbarse en su cama de 90 cm y evitar por todos los medios posibles aquellos pensamientos calenturientos y sin sentido… Tal vez reflexionar para calmarse.

    O si se quedaba sola en casa… quizás sería un buen momento para llamar a algún ligue de su agenda y que le quitara las penas.

    Al fondo se escuchó la despedida de su amiga que se había vestido en un santiamén para su escapada, y justo después, la puerta cerrándose, dejando a la confundida joven tumbada en su cama, mirando al techo en un silencio que, en seguida, le trajo a la memoria más fotogramas de su día que no quería recordar. Lenguas moviéndose juguetonamente, labios besándose con húmedas caricias, dientes mordiendo con un interesante y erótico cuidado, escotes amplios y ropa que se transparentaba…

    No, la agenda no era una opción. Las únicas dos personas que responderían una llamada como esa y acudirían sin tardar eran dos chicos que gustaban de follársela de forma apresurada cuando ella les correspondía en sus poco disimuladas pasiones. Sin embargo, en ese momento lo que sentía era la necesidad de un placer más a flor de piel, con atenciones a cada palmo de su ser y estimulantes mimos y sensaciones sin prisa pero sin pausa.

    Su segunda opción era ver algo de pornografía suave y darse placer hasta alcanzar los orgasmos necesarios para calmarse por completo y sentirse relajada y feliz.

    Lo había hecho otras veces y le funcionaba a la perfección.

    Pero dejando a un lado todas las anteriores ideas, respiró y decidió acercarse a su baúl secreto, escondido al fondo de su armario y abrirlo en busca de su viejo aparato reproductor de mp3 que se había quedado obsoleto hace años. Luego sacó unos auriculares de los que cubren la oreja y te aíslan del ruido exterior del primer cajón de su mesita de noche y, tras conectarlos a la clavija del aparato se los puso. Se tumbó boca arriba de nuevo en la cama y empezó a tocar los botones leyendo los títulos de las pistas de audio que estaban guardadas en busca de una en concreto que tenía un nombre, obviamente en clave, para el disimulo y la ocultación de la verdad: “Anna_song_editado_001.mp3”.

    Aquel fichero de audio se trataba de una obra maestra de la edición diseñado en la primera etapa de atracción silenciosa de Lorena por su compañera de piso. Y es que un día cualquiera, durante su periódico ritual de autosatisfacción visualizando videos sexuales explícitos de diferente intensidad, tuvo la enorme fortuna de encontrar una actriz amateur, no muy conocida, de cine para adultos, que tenía casi exactamente la misma voz que la dueña de sus pasiones más íntimas.

    Aquella mujer, de la que buscó y descargó material en una obsesiva y minuciosa navegación por la red de Internet, no se parecía físicamente en nada a su amiga, claro está, pero mientras practicaba intensas felaciones, era penetrada sin compasión o se dejaba sobar con una falsa y bien actuada sonrisa, también gemía, jadeaba y provocaba con su lenguaje obsceno en el mismo tono que alguna vez había escuchado sin querer en su piso a la pelirroja debido a las delgadas paredes que separaban los dormitorios de ambas. Y fue así como con un software apropiado que conocía de su etapa como locutora en prácticas en una emisora local. Dividió los sonidos que más le interesaban de aquel material audiovisual y los recompuso para crear su propia historia de fantasía lésbica dedicada especialmente para su caprichoso deleite.

    Totalmente acomodada, cerró sus ojos de color avellana, se humedeció los labios, carnosos y suaves, respiró hondo por su nariz pequeña y respingona y pulso el “play” con el volumen suficientemente alto para no perderse ningún detalle y que la doble de voz de Ana hiciera vibrar su cuerpo desde sus primeros susurros.

    Pronto un suave suspirar entre algunas sonrisas, se filtraron por los canales auditivos de la ya previamente excitada por la emoción, Lorena, y le acariciaron todo el cuerpo desde el cerebro.

    – Hola cariño, ¿cómo estás? ¿Te gusta lo que ves? Seguro que te va a gustar mucho más cuando empiece a desnudarme y veas lo mojada que estoy para ti.

    Siseos de ropa deslizándose por la sedosa piel de la protagonista y cayendo inevitablemente por efecto de la gravedad al suelo acompañaban las palabras de la actriz, que en la mente de la joven Lore dibujaban el descubrimiento del espectacular cuerpo de su anhelada compañera y amante.

    – ¿Te gustan mis tetas? Mira como me las aprieto y se ponen duros mis pezones…

    – ¿Te gusta mi boca y como me chupo un dedo para ti…? Estoy a mil y no sé si voy a poder contenerme con tanta humedad…

    Las manos de Lorena empezaron a explorar su cuerpo, primero por encima de sus ropas. Un conjunto que al haberse puesto cómoda bajo el abrazo del hogar, consistía tan solo en una camiseta de tirantes blanca, bajo la cual llevaba el sujetador y unas bragas, ambas prendas de color azul oscuro. Aunque poco a poco se fue deshaciendo del sostén con prisa, y sus abultados pechos se desparramaron ligeramente hacia los lados de su cuerpo.

    Se los agarró para juntárselos y amasarlos imaginando las manos de quien no podía parar de desear.

    – Mira como me tienes de mojada… Tengo tantas ganas de sentirte que no puedo evitar empezar a acariciarme…

    Ese suave deslizar de piel con piel, de unas manos descendiendo hacia la entrepierna de la muchacha, para que dos de los dedos más habilidosos de su diestra aterrizaran en un clítoris sensible, hinchado y empapado fue imitado por la oyente, siguiendo con sus palmas masajeando bajo su la camiseta. Se pellizcó los pezones y se retorció sobre las sábanas mientras se satisfacía con la ayuda del estimulo de una leve respiración entrecortada, suspiros, gimoteos, y jadeos que se iban intensificando a veces y que provenían de su archivo de audio secreto.

    – ¿Te gusta cómo abro mi coño para ti? ¿Cómo me toco por ti y cómo se me nota en la cara las ganas que tengo de correrme solo para ti?

    Lorena decidió desnudarse por completo, agarró la almohada y se subió encima para frotarse contra ella apretando con sus muslos. Lo hizo para calentarse unos segundos y luego añadió sus dedos a la ecuación mientras la cabalgaba con extensos movimientos de esas caderas anchas y flexibles que poseía y de las que acababa de perder el control. Y mientras, su pelo rubio, largo y ondulado le cubrió el rostro sin que le importara, pues seguía con los ojos cerrados perdiéndose en su elaborada fantasía.

    – Mira, voy a meterme dos deditos y a follarme bien con ellos.

    – Así… ummm, entran tan fácil que a lo mejor meto otro más. Pensando en que fueran los tuyos…

    – Y tu lengua… No sabes cómo necesito sentir tu lengua aquí abajo.

    Instintivamente Lorena acercó su anular y corazón, sacó su lengua de la boca, salivando y pensando que su propia humedad impregnada en sus dedos era de su compañera. Sus labios gotearon un poco de saliva hacia su barbilla, la cual continúo su trayecto hacia su escote y su precioso vientre de chica curvy.

    E inmediatamente después decidió que ella también necesitaba tener un par de dedos bien dentro.

    Se tumbo en la cama con el brazo derecho estirado entre su cuerpo y el colchón, apretando uno de sus pechos con la mano izquierda y empujando sus dos falanges más largas hasta dentro, de forma rítmica, usando la palma para estimular el clítoris en el mismo movimiento. Así, entraban y salía de su interior acompañando la penetración con un delicioso y placentero roce, una agradable presión o un urgente deslizar que fue cada vez a más y sin ninguna intención de detenerse pasara lo que pasara.

    La oyente gemía y se descontrolaba sin remedio al ser partícipe de una masturbación mutua con su exuberante y admirada compañera de piso. Su cuerpo temblaba en cada latigazo de placer que recibía desde los epicentros de su clítoris y su mente. Y justo en ese momento calculado y esperado por un profundo conocimiento de la obra, la grabación se tornó más intensa y explícita.

    Gruñidos, ronroneos, gritos de placer y choques húmedos de un cuerpo contra el sexo de Ana, que Lorena imaginó que eran sus dedos. Y después, un sensual, largo y sonoro orgasmo que le estremeció y a la vez anunció que se fuera reservando para que ella le tuviera que ofrecer después el suyo como guinda del pastel.

    – Prepárate porque ahora que tú ya has conseguido que me corra, yo te lo voy a comer todo… Ya verás cómo te gusta mi boquita…

    – Umm, así, disfrútalo mucho. – Seguía contando el audio acompañado de sonidos de lametones y chupeteos, mojados, babosos y juguetones.

    Y mientras, Lorena se revolcaba en la cama sin importarle que el cable de los auriculares se enroscara en su cuerpo apretándole como una serpiente y moviera a la vez una de sus tetas, buscando la mejor postura para frotarse de forma acelerada el clítoris, arqueando su espalda, abriendo su boca de par en par y gritando por las oleadas de placer que le venían al imaginar cómo su amiga se la comía sin compasión.

    – Así, dámelo todo, córrete en mi boca. Aquí

    No pudo evitar imaginársela perdida entre sus piernas, sedienta, con sus habilidosos labios degustándola, señalándole donde quería notar el sabor de su placer.

    Además, los deseos de Ana eran órdenes para Lorena, y había que sincronizar milimétricamente el momento.

    Así, la chica puso todo su empeño y usó sus mejores técnicas, colocándose boca arriba y levantado las caderas para penetrarse y a la vez estimularse el clítoris con ambas manos de forma forzada y apresurada tratando de explotar en pocos segundos.

    – Umm si… dámelo… córrete, que ya tengo ganas de sentirlo en mi lengua…

    Lo notaba a punto.

    – Córrete para mí… igual que yo me corrí para ti. Vamos.

    La lengua de Ana se le apareció en imágenes deslizándose por todo su sexo, degustando cada milímetro y deteniéndose especialmente en movimientos que hicieran vibrar y sentirse muy bien atendido a su hinchado clítoris. Aquello unido a los sonoros lametones y chapoteos que salían por los auriculares la llevó por fin al éxtasis. Y se corrió sin ningún tipo de contención en unos últimos gritos de placer, que consiguió que fueran paralelos y se mezclaran con el sonido de la mujer relamiéndose y recreándose en paladear sus jugos. Consiguiendo así un orgasmo que se alargó durante muchos segundos, con contracciones musculares, los ojos en blanco, y movimientos involuntarios de su cuerpo, que se retorcía entre sábanas, ropa que le llevaba sobrando todo el día y el maldito cable de los auriculares.

    Un orgasmo que debió escucharse en todo el vecindario.

    Las piernas le temblaban y el corazón latía como si quisiera escaparse de su pecho.

    Respiró hondo para tratar de recuperar el aliento y se fue relajando, frenando de inmediato la estimulación de su órgano hinchado y ahora demasiado sensible para ser molestado, pero sin sacar sus dedos de su interior del todo. Hasta que cuando por fin los retiró de su sexo se quedó mirando como habían quedado impregnados de su increíble y húmeda explosión de placer.

    Pasaron unos segundos más…

    Tras limpiarse, se colocó el pelo, se quitó los auriculares, se puso su pijama corto de verano gris con dibujos de Mickey Mouse y escondió de nuevo su preciado tesoro en el baúl al fondo del armario.

    Luego se dirigió al salón, feliz, con una amplia sonrisa, caminando descalza por el parqué, para disfrutar de la sensación de libertad y subidón que le había proporcionado llegar al éxtasis con el extremadamente erótico estímulo de la voz que más deseaba en ese mundo…

    Y se encontró a Ana sentada en el sofá con cara de circunstancias, dejándola helada. Deseando que en ese momento un fulminante rayo le hiciera desaparecer para siempre de la superficie terrestre.

    – Me han cancelado los planes… – Dijo la pelirroja acompañándolo de una mueca de inocencia.

    La rubia solo pudo taparse la cara con las manos y sentir tanta vergüenza que sus ojos se tornaron vidriosos.

    Por sorpresa, sin embargo, su compañera se acercó y la consoló, calmándola lo mejor que supo, con un abrazo y diciéndole que era algo natural, algo que todo el mundo hacía y que no pasaba nada.

    Pero lo que le voló la cabeza a Lorena fue la broma que vino supuestamente para templar los ánimos.

    – Joder, tía, vaya forma de correrte. Tiene que dar gusto comerte el coño. Qué pena que no te gusten las chicas.

    Y ante la bofetada que le vino, los ojos de Lorena se abrieron como platos y trató de articular palabra durante unos instantes, sin que el movimiento de sus labios consiguiera el aire suficiente en sus cuerdas vocales para poder emitir palabra alguna…

    Ana ya se daba la vuelta para volver a hacerse un ovillo en el sofá y ponerse a ver alguna serie.

    Y su admiradora consiguió dar la respuesta que quería.

    – Si que me gustan, sobre todo tu. – Dijo finalmente con lo que consistió casi en un susurro inaudible.

    Con la garganta tan seca y enmudecida por los nervios no acertó a la hora de proyectar la voz y que esta alcanzara su objetivo.

    No la escuchó.

    Nunca más podría volver a hacer esa confesión y esa única maldita vez, aquella persona por la que sentía una profunda devoción no pudo oírla.

    Irónicamente para Lorena, aquella tarde, la voz de una Ana falsa le dio uno de los mejores orgasmos que había experimentado en solitario, pero la voz de la verdadera, la dejó muda, y anuló la posibilidad de sentir verdadero placer a su lado.

  • Masaje de final feliz

    Masaje de final feliz

    Desde hace un tiempo había estado algo distanciada de mi pareja esto debido a mi trabajo. Se me han recargado muchas cosas de trabajo lo cual ha implicado que llegue de la oficina y me ponga a trabajar, así como los domingos y festivos. Uno de estos días que llegué a una carga laboral extremadamente alta, por lo cual colapsé por tanta cosa y aquí es donde verdad comienza esta historia.

    En eso punto de gran colapso estaba en el escritorio trabajando en el computador, en esa parte llegó mi pareja y me llevó de la mano hacia la habitación y me hizo recostar boca abajo.

    Y empezó con un masaje en los hombros, todo muy normal hasta el momento pues estaba tan estresada que tenía bastante nudos a lo que fue a buscar un aceite para lograr un mejor masaje.

    Cuando llegó me quitó la blusa, colocó el aceite en la espalda y empezó el masaje, poco a poco fue liberando la tensión.

    Después de un tiempo se acomodó encima de mí y me pidió subir los brazos por encima de la cabeza.

    Lo cual hizo que su posición hiciera que aun más liberara la tensión que tenía represaba.

    Después de unos diez minutos me relajé tanto que había perdido todo mi dolor en mi espalda, luego de estar tan relajada mi pareja me bajó mi pantalón quedando solo en pantis.

    Mi pareja seguido con aceite en la espalda baja y comenzado bajar a mi cola. En tal punto estaba muy relajada que dejé que siguiera me tenía tan cómoda que estaba a punto de quedarme dormida, siguió bajando hacia mis piernas lo cual también liberó mucho estrés.

    Aplicó un poco de aceite desde mi cola hasta la mitad de la espalda, después de esto sentí su pecho en mi cola y subiendo por mi espalda, hacia una masaje de cuerpo a cuerpo desde ese momento empecé a sentir un pequeño calor entre mis piernas, poco a poco ese calor fue aumentando ese pequeño calor, el masaje de cuerpo a cuerpo fue aumentando lo cual me gustó mucho, pronto empecé a sentir su pene totalmente erecto pasando por mi cola, sentía como cada vez que subía y bajaba su pene pasaba por mi cola, eso me hizo mojarme demasiado.

    En eso quise seguir con el movimiento y elevé mi cadera, en eso su pene se deslizó y empezó a rozar con mi vagina, estaba tan mojada que en el siguiente movimiento entró todo.

    Esa sensación y sentirlo adentro fue una explosión de sensaciones, empezamos a generar unos movimientos y con cada uno de ellos fue llegando mas y mas sensaciones, (les juro que he tenido sexo cientos de veces, pero nunca con este preámbulo que genero esa suma de sensaciones).

    Poco a poco sentía como mi pareja se emocionaba y empezaba a aumentar sus movimientos eso implicaba que estaba a punto de venirse, lo cual no lo impedí, cuando eyaculó cayo en mi espalda totalmente agotado y extasiado mientras yo sentía su pene dentro mío como arrojaba las ultimas gotas de semen.

    Él cayó en la cama, pero para mí no era el final me di la vuelta lo besé y lo empecé a masturbar para que no perdiera la erección, al tenerlo así me coloqué encima de él, muy rápidamente volví a tener su pene dentro de mí y como aún estaba mojada y llena de semen entró supremamente fácil y suave, lo cual generó sentirlo muy rico.

    Empecé a moverme hacia adelante y hacia atrás, muy rápido cogimos sintonía, le cogí las manos y las puse en mi cadera y yo coloqué mi manos en su pecho, quería mas así que lo hice sentirse y aun encima de él me moví hacia arriba y hacia abajo y de una llegó mi orgasmo, me estaba retorciendo de placer cuando mi pareja me tapó la boca, lo cual me llenó mas y lo gocé aún más.

    Ha sido uno de los mejores orgasmos que he tenido. Tal vez fue por toda la liberación del masaje.

    Hace un días volvimos a repetir el masaje, pero esta vez mi pareja se vino en mi cola, eyaculó preciso arriba de mi ano lo cual causó que todo su semen se resbalara por mi ano, lo cual les puedo decir que es muy rico.

    Sentirlo de esa forma ha sido la mejor terapia anti estrés que he tenido.