Blog

  • Madre enamorada (2)

    Madre enamorada (2)

    Los primeros rayos de sol asomaban con fuerza en la habitación, eran las 7 de la mañana. Hoy, mi amada Belén y yo iniciaríamos nuestra escapada a la casa de campo. Confieso que estaba muy nerviosa y expectante ante la oportunidad de disfrutar de ella para mí sola. De estar juntas y compartir nuestro tiempo. ¿Sería capaz de dar el paso y seducir a mi hija? O, por el contrario, seguiría reprimiendo mis deseos y sentimientos por ella como llevaba haciendo ya tanto tiempo. Pronto saldría de dudas…

    El silencio reinaba en la casa. Belén seguro seguía dormida, ni una bomba nuclear conseguiría despertarla. Era una auténtica dormilona. Una dormilona preciosa…

    Ella era mi primer pensamiento al despertar. De manera inmediata mi libido se activaba y comenzaba a acariciar mis abundantes senos. Mis pezones oscuros se convierten en dos titanes erectos, mi respiración se acelera y mis labios pronuncian su nombre desesperadamente.

    —Belén mi amor —te deseo tanto…

    Mi vello púbico está empapado y mis dedos invaden mis labios vaginales saciando mi deseo. Froto mi clítoris una y otra vez. Mi cuerpo se arquea de placer y mis labios no pueden contener mis gemidos…

    —Ah mi amor.

    El orgasmo se acerca y mis manos aceleran sus acometidas. Mi vagina es un mar de fluidos y el roce de mis dedos emite un sonido húmedo y repetitivo. Mi cuerpo se crispa y de mi esfínter emana un hilito constante; mezcla de orina y fluidos que me hace estremecer de placer. Sin poder evitarlo, emito unos grititos que aumentan mi disfrute ante el temor a ser escuchada por mi hija…

    —Ah, si joder, qué bueno… Ah, oh, uf…

    Después de darme una ducha, bajé a preparar algo para desayunar. Lo hice en camiseta sin sostén y en bragas negras con encaje que permitían a mi vello púbico ser divisado con nitidez. Quería mostrarme más sexy ante mi hija Belén. Quería comprobar si se fijaba en mi cuerpo o si, por el contrario, se mostraba completamente indiferente ante él.

    Para mi sorpresa mi amor ya estaba desayunando. Vestía unos leggings negros que permitían divisar su ropa íntima. Era una de las prendas con las que más disfrutaba ver a mi hija. El que se marcasen sus bragas a través de su pantalón me excitaba sobre manera. Mis bragas, recién puestas tras mi baño, ya lucían completamente encharcadas, empapadas, húmedas de deseo.

    Lucia, una camiseta blanca con tirantes que dejaban contemplar sus brazos y el color negro de su sostén; a la vez que sus axilas depiladas que tanto deseaba oler y lamer…

    —Buenos días, mamá, ¿Cómo dormiste? Hoy me toco a mí preparar el desayuno —saludo Belén emitiendo esa sonrisa tan dulce y a la vez sexy que me vuelve loca.

    —Buenos días, mi amor, descanse muy bien, gracias. Amanecí feliz y el día comenzó de forma maravillosa— sonreí yo con mirada cómplice.

    —¿A si? Y ¿Eso? ¿Cómo comenzó?

    —Nada cielo son cosas mías, apresurémonos a desayunar, son dos horas de viaje hasta la casa de campo y debemos aprovechar el día ¿Sí?

    —Tienes razón mama.

    Las dos horas de viaje transcurrieron amenas y llenas de momentos de complicidad entre nosotras. El día acompañado de un hermoso sol y una ligera brisa marina resultaban hermosos.

    Con el equipaje ya desempacado y todo acondicionado, Belén me propuso dar un paseo por la playa hasta la hora de comer.

    Nuestra casa estaba solo a cinco minutos de la misma. Era una pequeña cala, muy poco visitada en esta época. La marea estaba baja y nos permitía pasear y disfrutar de la finura y suavidad de la arena; propia de la costa Cantábrica.

    —Mamá, gracias por esta escapada a la casa de campo— dijo Belén tomándome de la mano y fijando sus bellos ojos azules en mí.

    —De nada mi amor, que pasemos tiempo juntas, es lo más importante para mí. Eres lo que más amo— respondí perdiéndome en la profundidad de sus ojos.

    —Uf mama, nadie nunca me ha dedicado palabras tan hermosas. Me haces sentir especial. Gracias, tú también eres lo que más amo— contesto Belén dándome un abrazo y besándome en la mejilla.

    Mi corazón se aceleró. Sentir la suavidad de sus labios contactando con mi piel, sus tiesos senos apretarse con los míos; y su perfume invadiendo mis pulmones produjeron en mí tal estado de excitación que mis manos no pudieron evitar acabar sobre sus glúteos.

    —Perdón mi cielo, no sé por qué hice eso— me disculpe nerviosa mientras permanecíamos aún abrazadas.

    —No pasa nada, mamá— respondió mi hija con una sonrisa mirándome a los ojos apenas a unos centímetros de distancia.

    Por un instante creí verme capaz de besarla apasionadamente. De devorar su boca y sentir su sabor… Pero no fui capaz. Nuestro paseo por la playa continuo tomadas de la mano y comentando trivialidades hasta el momento en que decidimos regresar a casa y comer algo; luego echar una pequeña siesta, pues el viaje, aunque no fue muy largo, había producido en nosotras cierto cansancio.

    La comida resultó rica y ligera, y acompañada por una pequeña siesta hizo que me levantase con ánimos y energía acrecentadas. Me apetecía invitar a cenar a Belén y después tomar algo en los locales nocturnos del pueblo cercano.

    —Cariño, ¿te falta mucho?

    —Ya voy mamá, enseguida estoy lista— respondió mi hija.

    Eran las siete y cuarto de la tarde y mi amor Belén, como siempre que salíamos juntas, me hacía esperar. Yo me había adecentado rápido. Llevaba un vestido hasta los tobillos de color negro y la chaqueta fina y blanca que permitía mostrar mi abundante escote. Mi cabello rubio estaba recogido en un moño que reposaba sobre la parte superior de mi cabeza, proporcionándome un aspecto más juvenil y desenfadado. Por fin, Belén apareció en el salón, donde yo esperaba sentada fumando un cigarrillo.

    —Ya estoy lista mama, ¿Cómo me ves?

    —Preciosa tesoro— conteste yo con devoción.

    Lucia una camiseta ajustada de color negro con un escote generoso. Sus pezones lucían altivos a través de la tela. Los leggings blancos que vestía definían perfectamente su cuidada figura; y permitían adivinar sus labios vaginales, haciendo de ella una mujer tan deseable…

    Por unos instantes sentir darme vueltas la cabeza. Logre recobrar la armonía y salidos de casa rumbo al restaurante.

    Eran las siete treinta de la tarde. El sol aún lucia altivo, y mi Belén y yo nos disponíamos a disfrutar de una velada que, al menos yo, deseaba fuese fructífera e inolvidable.

    Tras unos minutos empleados en tomar una copa de vino, el camarero nos invitó a pasar al comedor y disfrutar de nuestra cena. Durante la misma todo transcurrió sin nada destacable. Conversamos amenamente de cosas de nuestra vida diaria, familia y de lo felices que éramos siempre que veníamos al pueblo. Hubiese pasado horas en compañía de mi amor, de mi hija Belén…

    —Mi amor había pensado que podíamos ir a tomar una copa antes de volver a casa— sugerí con voz melosa y ávida de encontrar complicidad en ella.

    —Me parece una idea fantástica mama— contesto Belén posando su mano sobre la mía con actitud de aceptación y dulzura.

    Sentir el contacto de su piel con la mía a través de nuestras manos produjo en mí una inmediata sensación de excitación. Note mi ropa íntima encharcada, y en mi rostro un calor que no recordaba desde mis tiempos de adolescencia. No quería que ese momento terminase nunca. A la vez que sentía su mano sobre la mía, nuestras miradas se cruzaron. Y tuve la sensación que mi hija, en ese momento, me leía la mente y conocía mis sentimientos. No fui capaz de aguantarle la mirada y llamé al camarero para pedir la cuenta y así salir de ese momento tan tenso.

    La noche era hermosa, el cielo despejado y ya de noche ofrecía un espectáculo divino. Las estrellas eran el colofón a un día que ya terminaba y daría paso a una noche larga e inolvidable…

    —Mamá, esta es nuestra tercera copa— exclamo Belén con ánimo dulce y suplicante.

    —Los sé cariño, estamos de vacaciones y no tenemos por qué madrugar mañana.

    —¿Tienes miedo a emborracharte y que me propase contigo? Ja!

    —Uf… ¡No ja ja! Sé que eres una dama y me llevarías a casa y me acostarías en mi cama.

    —Oh gracias ji ji… Veo que tienes un buen concepto de mi cariño. Pero no olvides que no soy de piedra, ja!

    —A ¿Sí? Y ¿Qué me harías? Si se puede saber— pregunto Belén haciendo gestos con su risueña y hermosa faz.

    —Uf Belén mi cielo, de todo— respondí yo instintiva e inconscientemente…

    Un incómodo silencio se apoderó del momento a la vez que mi hija tomaba un trago de su gin tonic y su mirada parecía buscar un lugar donde evadirse. Intentando salir de ese momento de tensión sexual, al menos por mi parte, tome la mano de Belén y la sugerí que bailásemos antes de volver a casa.

    Pasaron los minutos y tras varias canciones, bailes, sonrisas y miradas consideramos ya era la hora de regresar a nuestra casa.

    Hacía una temperatura fantástica, La luna brillaba de forma intensa y hacía de la anoche algo muy agradable. De camino a nuestro auto Belén me tomo del brazo. Me encantaba cuando lo hacía, Me hacía sentir plena. Entramos en el automóvil y nos abrochamos el cinturón de seguridad.

    —Quisiera que esta noche no acabase nunca— comento Belén con voz segura y suave.

    —Ni yo mi amor, cuando estoy contigo todo es armonía en mí— respondí con absoluta franqueza y veneración.

    —Mamá, qué cosas me dices, harás que me sonroje— replico Belén mirándome fijamente a los ojos.

    —Cielo, si supieras lo que me haces sentir cada segundo que pasamos juntas— conteste a la vez que mi mano acariciaba su mejilla.

    —Quisiera que esta noche no acabase nunca— comento Belén con voz segura y suave.

    —Ni yo mi amor, cuando estoy contigo todo es armonía en mí— respondí con absoluta franqueza y veneración.

    —Mama que cosas me dices, harás que me sonroje— replico Belén mirándome fijamente a los ojos. —Cielo, si supieras lo que me haces sentir cada segundo que pasamos juntas— conteste a la vez que mi mano acariciaba su mejilla. —Mama ¿Cómo es que nunca me dijiste nada? Sabes que te adoro y siempre será así… Dios mío todo esto es tan increíble- —Por miedo a que te alejases de mi tesoro. A que pensaras que era una mala madre, una loca pervertida— respondí casi con lágrimas en los ojos.

    Belén tomo con sus manos mi cara y me beso. —Jamás me apartaría de ti mama, eres todo para mí y lo sabes— Se acercó más a mí y continuamos besándonos apasionadamente como dos adolescentes. Mi excitación era tal que no perdí ni un segundo en meter mi mano dentro de sus leggings buscando su ropa interior. Pocos segundos después alcance su caliente y empapado pubis, pues Belén no ofreció ningún tipo de resistencia. A la vez que nuestras bocas se devoraban la una a la otra; mi mano masturbaba a mi hija centrándose en su hinchado clítoris. Sentía la humedad de sus fluidos en mis dedos, produciéndome ansiedad por penetrarla con los mismos. —¿Te gusta mi amor?

    —Si mama, fóllame con los dedos. Hazlo antes que me arrepienta de esta locura— suplico mi Belén con voz entrecortada. —¿Así?— pregunté yo a la vez que dos de mis dedos profanaban su chorreante y peluda cavidad. —Si mama no pares que me voy a correr— contesto su boca cerca de mi oreja. Acelere mis embestidas. Quería sentir su orgasmo. Quería tener su corrida en mis dedos… —¡Ah!, ¡Oh! ¡Joder mama me corroo!!! ¡Ah siiii!!

    Fue increíble como su cuerpo se arqueaba, sus espasmos eran incontrolables; y su ropa interior, a la vez que mis dedos, un auténtico mar de fluidos. Su orgasmo duro al menos medio minuto. Yo, mientras mi hija seguía con sus espasmos y jadeos incontrolables, olía mis dedos para disfrutar el aroma de mi amada. Me coloqué la ropa desabrochada producto de las caricias y magreos de Belén y seguidamente mese mi cabello lo mejor que pude mirándome en el espejo retrovisor. —¡Dios mío! Lo puse todo perdido, me siento avergonzada— comento mi hija mientras se colocaba la ropa y tocaba el asiento con su mano comprobando lo mojado que estaba… —No te preocupes mi amor, lo limpiaremos— conteste acercándome a ella y besando ligeramente su boca. —Llévame a casa mama, quiero darme un baño y cambiarme… —Si tesoro mío ya es tarde— asentí acariciando su hermoso rostro.

    De camino a casa apenas intercambiamos palabra alguna. Más bien, solo fui yo quien intentaba sacar algún tema de conversación para hacer menos tensa la singladura que nos llevaría a nuestra casa. Afortunadamente, eran quince minutos de viaje, aunque parecieron más. Al entrar en la casa, Belén se dirigió a la habitación para buscar la ropa con la que dormiría tras tomar su baño, y yo, me dirigí a mi habitación. Ambas en silencio y sin saber qué decir… Una sensación de vértigo e incertidumbre me acompañaban en aquel instante. ¿Cambiaria nuestra relación lo que había ocurrido entre nosotras? ¿Belén correspondería a mi amor o solo fue un calentón para ella? Me quedé dormida, echa un mar de dudas, miedos y preguntas sin respuesta, a la par que con la sensación de haberme quitado un gran peso de encima. Mi hija Belén ya sabía lo que yo sentía por ella. Además habíamos tenido un encuentro sexual y muy satisfactorio…

    A la mañana siguiente desperté y todo estaba en silencio. Mire el reloj y eran las diez y veintisiete. Me extraño que Belén no me hubiese llamado; pues está acostumbrada a que yo sea la que madrugue. No le di demasiada importancia y me incorporé buscando el baño para hacer el primer pis del día. Me limpié y asee un poco y me dirigí a la cocina. —¡Belén cariño! ¿Por qué no me has despertado?— No encontré respuesta por su parte y empecé a preocuparme. En la mesa de la cocina había una nota. Sin duda reconocí la letra de mi hija, me senté y comencé a leerla:

    «Hola mama, en el momento de leer estas líneas ya me habré ido. Lo que ocurrió anoche es algo muy fuerte y necesito pensar. No me arrepiento, pero creo que ambas debemos reflexionar sobre ello en soledad. Cuando llegue a casa te mandaré un mensaje al móvil para que sepas que llegue bien a casa. No creas que te juzgo, o que pienso algo malo de ti. No estoy huyendo, lo que te dije anoche lo mantengo; pero necesito estar sola y reflexionar. Te quiero Helena.» Nunca me había llamado por mi nombre. Era la primera vez que lo hacía. En ese momento no sabía muy bien cuál era el motivo… De mis ojos marrones comenzaron a brotar las lágrimas. Cada vez de forma más intensa y acompañadas de unos sollozos inconsolables. Solo el abrazo de Belén, de mi hija, a la cual amaba como mujer, podría hacerlo…

    Continuará…

  • Puta del gimnasio (1)

    Puta del gimnasio (1)

    Esta es una obra de semi-ficción. Algunos nombres, personajes, empresas, organizaciones, lugares, acontecimientos y hechos que aparecen en la misma fueron modificados por la autora en el uso de su libertad literaria.

    Después del nacimiento de mi tercera bendición (Infracciones de tránsito capítulo 1) empecé a ir al gimnasio después de que mi Mor hiciera un comentario sarcástico sobre mis muslos.

    Estábamos sentados juntos en el sofá, viendo un programa de televisión que le gustaba. Durante una pausa comercial, salió al aire un anuncio sobre una bicicleta estática. Mi Mor miró como un idiota el anuncio durante unos 20 segundos, luego me miró. Apretó mi muslo entre sus dedos.

    Mi Mor: Parece que te estás dejando mucho ¿no crees, bebé? podrías usar uno de esos -Señaló la pantalla del televisor, que mostraba a una chica que parecía pesar 50 k, apenas vestida con pequeñas piezas de licra, pedaleando a ciento cincuenta kilómetros por hora en la bicicleta estática.

    Me sentí insultada y herida, pero no sorprendida. Sé que no me quiso insultar. Simplemente no tenía filtro. A veces me preguntaba si mi Mor tenía un trastorno de personalidad no diagnosticado. Parecía no tener idea del efecto de sus palabras en la gente. Definitivamente las habilidades sociales no eran los suyo.

    Más tarde, cuando estaba sola en el baño, razone que lo que dijo había sido cruel, pero tenía razón. Aumenté de peso a consecuencia del ultimo embarazo. No estaba gorda, pero tampoco flaca. Había sido delgada toda mi vida, pero el estrés, la mala alimentación y la falta de ejercicio habían pasado factura.

    Me quité la ropa y me di la vuelta frente a un espejo de cuerpo entero. En algún lugar, en la parte racional de mi cerebro, sabía que mi cuerpo se vería bien para la mayoría de las personas. Pero para mi propio ojo crítico, mi cuerpo no era ideal. Tenía un poco más de grosor de lo que quería en mis muslos, mi cintura, mis brazos y mi cara.

    Mi trasero todavía se veía bien. Me alegré. Desde que era adolescente, la gente siempre me había dicho que tenía un lindo trasero.

    Pero ahora con tres bendiciones y el reloj corriendo no podía contar solo con la juventud para que me verme bien.

    Al día siguiente, me inscribí en un gimnasio en el mall, justo al lado de una tienda de ropa deportiva. La tienda había abierto unos tres años antes, y su dueño, un chico que había conocido en una fiesta recientemente, había abierto el gimnasio solo unos meses. Pensó que irían de la mano: comprar ropa deportiva alentaría a las personas a inscribirse en el gimnasio para usar la ropa, y registrarse en el gimnasio obligaría a las personas a comprar ropa de gimnasia.

    Fui al gimnasio para inscribirme, el dueño Ricky, fue quien me recibió. Después su asistente Alan me mostró el gimnasio, llevándome a través de la sala llena de equipos cardiovasculares, la estación de pesas libre y la gama completa de máquinas de pesas. Había una sección del piso despejada de todo menos de tapetes azules donde los miembros podían estirarse y hacer yoga. Alan era un lindo estudiante universitario que estudiaba para convertirse en un experto en nutrición y entrenador personal. Lo pillé mirándome un par de veces. Fue halagador. Mi Mor no había dicho nada agradable sobre mi apariencia durante meses, y mi ego ocupaba un refuerzo positivo. Las miradas furtivas y rápidas de Alan dieron resultado.

    Me presenté al día siguiente para comenzar mi entrenamiento, comenzando con un ligero calentamiento en una máquina para subir escaleras antes de pasar a las pesas y máquinas libres. Hice un buen sudor. Se sintió genial. No estaba demasiado lleno de gente. Ricky todavía estaba aumentando la membresía del gimnasio. Noté que la mayoría de los miembros eran chicos. Eso estuvo bien para mí. Había una especie de vibra en el lugar, y la presencia de hombres me hizo sentir que tenía que ser más competitiva.

    Inmediatamente, el gimnasio se convirtió en una parte regular e importante de mi vida. Iba varias veces a la semana, temprano en la mañana o después del trabajo. Pasé menos tiempo en casa con mi Mor, pero él no pareció darse cuenta, excepto cuando se quejó de que la cena no estaba lista a tiempo. Descarté sus quejas.

    En solo cinco semanas, perdí todo el peso que había ganado durante los meses anteriores. Me sentí genial, y si el espejo decía la verdad, también me veía mejor: más elegante, más en forma, más sexy. El adelgazamiento y la firmeza de mi cintura y mis muslos también acentuaban mis nalgas. Me gusta eso. Y también a algunos de los muchachos en el gimnasio, de acuerdo a las frecuentes miradas que les sorprendí haciendo a mis espaldas (o mejor dicho debajo de mis espaldas). Me comían con los ojos.

    Debido a la alta proporción de hombres vs mujeres, no había muchas mujeres a las que mirar, y tuve que admitir que era una de las más lindas. El único golpe en mi contra fue mi ropa. acostumbraba a usar camisetas viejas y pantalones cortos sueltos que había acumulado a lo largo de los años de competencias de futbol.

    Un día, después de un entrenamiento al final de la tarde, Ricky, el dueño del gimnasio, me pidió que entrara en su tienda, detrás del mostrador, para hablar sobre algo.

    Ricky: Te ves genial – mirando mi cuerpo sudoroso de arriba abajo -Parece que el gimnasio realmente te conviene.

    Y: Gracias, Me siento como una mujer nueva. He perdido peso e Incluso he ganado algo de músculo. Siente eso -Le ofrecí mi bíceps y él lo apretó.

    Ricky: Nice, Sabes hable con tu esposo la semana pasada que paso por aquí.

    Yo: ¿Con mi Mor? ¿Y eso?

    Ricky: Si estaba feliz de tener una esposa tan sexy y en forma.

    Yo: ¿Mi Mor? – sorprendida- No creo que se haya dado cuenta. No me ha hecho un cumplido por mi apariencia en meses. Lo único que felicita estos días es mi cocina.

    Ricky: Que raro, hasta dijo que debes ser la sensación del lugar, a lo que tuve que admitirle que varios de los muchachos les tenías flechados.

    Yo: ¿En serio? -Sabía que los chicos me habían estado mirando, pero me sorprendía de dijeran eso de mí, y más que mi Mor platicara esas cosas con Ricky

    Ricky: De verdad, le platique a tu marido, que los chicos siempre hablan sobre lo linda que eres y algunos incluso me preguntaron tu nombre y si eras soltera.

    Yo: Vaya, no tenía ni idea.

    Ricky: No creo que no sepas lo atractiva que eres, Eleny. Lo que me lleva a algo que me comento tu esposo, que tienes el porte para lucir mejores conjuntos deportivos pero que te niegas a hacerlo.

    Yo: Ay ese Mor, no le hagas caso, es muy necio.

    Ricky: Espero que no te moleste, pero tu marido y yo pensamos en ganar-ganar ¿Si estarías interesado en modelar algo de la ropa de deportiva de mi tienda? ¿Ya sabes, usarla durante tus entrenamientos?

    Escaneé la tienda, admirando el inventario de ropa deportiva colorida que cubría las paredes por todos lados.

    Yo: Ricky, estaría feliz de hacerlo, pero no estoy segura, tu tienda es muy cara. Y no quisiera gastar nuestro presupuesto en vanidades.

    Ricky: Bueno, eso es lo interesante de esto, No tienes que pagar por ello al 100%. Si usas algo que escoja tu marido les hare un descuento del 75% y si me dejas elegir algunas cosas para que te pongas, puedes tenerlas gratis.

    Yo: ¿Hablas enserio? –pensando nuevamente en mi odiosito metiéndome en líos a mis espaldas- Ricky, eso es muy amable de tu parte, pero no debería aceptarlo

    Ricky: Eso dijo tu marido que dirías, y que cuando eso sucediera le mandará un mensaje para que el hablara contigo.

    Yo: No, no lo hagas- sabiendo la letanía constante que me esperaba en casa- acepto tu oferta

    Ricky: No puedo creerlo. Gracias muchas – abrazándome eufóricamente- va ser la sensación que tú promociones mi marca dentro del gym va ser la mejor publicidad.

    Le di mis medidas y tallas, Ricky me dijo que, al día siguiente, tendría un atuendo para que me lo pusiera. estaba emociones contrapunteadas. Me ahorraría el gasto en ropa deportiva con la única condición de seguir haciendo ejercicio en su gimnasio. Eso no fue problema. Me encantaban los entrenamientos y lo que hacían por mi cuerpo y, para ser honesto, disfrutaba algo de la atención que recibía, lo desagradable era que el detonante de esta situación era la intromisión de mi Odiosito amado, como me molestaba que ese hombrecito me metiera en cada situación.

    Al día siguiente, me presenté a última hora de la tarde, ansiosa por ver qué atuendo Ricky había elegido para mí a sugerencia de mi Mor. Me acompañó hasta un pequeño vestuario en la parte trasera de la tienda. Cerré la cortina detrás de mí. El atuendo yacía doblado sobre un taburete.

    No se parecía a ningún atuendo de gimnasio que tuviera, ni a ninguno de los que había usado. No era una mojigata con mi cuerpo, pero tampoco lo había sido nunca. Este atuendo era escaso y luciría mucho. La parte inferior consistía en mallas ajustadas a la forma. La blusa sin mangas y ceñida al cuerpo. Lindos calcetines de tobillo diminutos y zapatos de gimnasia completaban el conjunto. Me quité la ropa, la metí en una bolsa y me puse el atuendo que Ricky me había elegido. Cuando terminé, miré los resultados en el espejo.

    ¡Dios mío! Cada curva de mi cuerpo quedó expuesta. La parte superior tenía un soporte incorporado que sostenía mis senos firmemente en su lugar, pero si mirabas de cerca, el contorno de mis pezones era visible debajo de la tela. Fue una suerte haber perdido peso, porque el atuendo no dejaba ninguna imperfección oculta en la forma del cuerpo. Una pequeña franja de mi torso desnudo era visible entre la parte superior de las mallas y el borde inferior del top. Si usara el atuendo en el gimnasio, estaría exponiendo parte de mi abdomen a los otros miembros, en su mayoría hombres.

    Salí del camerino, nerviosa. Ricky estaba dando vueltas cerca, mirando por encima de un perchero. Cuando me vio, sus ojos se iluminaron.

    R: ¡Vaya, Eleny! -dijo con una gran sonrisa. -Te ves fantástica.

    Y: ¿Eso crees? -girando nerviosamente frente a él- es terriblemente apretado.

    R: Se supone que es así. Te acostumbrarás. Eso me han dicho. Es genial para los entrenamientos. Total, libertad de movimiento.

    Noté a otro tipo en la tienda, a unos metros detrás de Ricky, mirándome furtivamente. Sentí un hormigueo en la piel. Estaba avergonzada. Pero también se sentía bien que me observaran.

    R: Pruébalo hoy y veamos qué pasa.

    Crucé la puerta de la tienda al gimnasio. Inmediatamente, descubrí por qué Ricky quería que apareciera a última hora de la tarde. Fue un tiempo con mucha ocupación para el gimnasio. Hoy estaba lleno. Y casi todos eran hombres.

    A lo largo de mi entrenamiento, parecía que los ojos de los hombres estaban sobre mí, incluso más de lo normal. Seguí mi rutina normal y no hice nada intencional para llamar la atención. Pero no pude evitar exponer más de lo normal con este atuendo. Hice algunas flexiones de isquiotibiales, donde me acosté en un banco y presioné mi pantorrilla contra una barra acolchada y apreté la barra, conectada a una serie de pesos, hacia mi trasero. Estaba muy consciente de exhibir mi trasero durante esta serie, y estaba consciente de todos los muchachos en mi cercanía, mientras apretaba los músculos de mis glúteos y sentía los músculos de mis piernas delgadas tensarse. Estaba montando un espectáculo.

    Pasé por mi rutina normal, consciente en cada segundo de las partes de mi cuerpo que estaba mostrando a la clientela masculina del gimnasio.

    Después, Ricky me agradeció y me dijo que podía llevarme el atuendo a casa, pero que tenía que volver a usarlo en el gimnasio. Me dijo que tendría más atuendos para mí. Conduje a casa, empapada en sudor tanto por el nerviosismo como por el ejercicio.

    Mi Mor notó el nuevo atuendo cuando llegué a casa. Estaba esperando como perrito sin dueño mi llegada, no podía apartar ni su mirada ni sus manos de mi cuerpo, pero, decidí castigarlo un poco por su impertinencia.

    Me duché, me vestí y preparé la cena. Mientras estaba de pie frente la sartén, friendo pollo, me pregunté sobre seguir castigándolo con la huelga de piernas cruzadas o ceder al calor de mis hormonas tenía ganas de sexo. Pero mi Mor, estaba castigado y tenía que ser fuerte.

    Las cosas se volvían cada vez más divertidas en el gimnasio. Ricky y mi Mor tenían nuevos atuendos para mí de forma regular. Todos eran sexys, breves y ajustados. Me volví más atrevida y me sentí más cómoda. Pasé de usar una camiseta sin mangas corta a un sujetador que no podría haber sido más escaso y aún se mantuvo en su lugar durante los entrenamientos. Pasé de usar leggings a shorts cortos estilo compresión. Cuando golpeaba la cinta de correr, era muy consciente de que la parte superior del sujetador, a pesar de su ingeniería de ropa deportiva de última generación, no podía evitar que mis senos se movieran y rebotaran mientras corría.

    Lo admito, me gustó. Me gustó presumir y me gustó la atención que recibí. Me sentí como una persona en casa y en el trabajo, y otra persona completamente diferente en el gimnasio. Fue como jugar una vida doble. Me acostumbré a ello, pero la emoción de ser observada nunca desapareció.

    Un día, después de hacer ejercicio, platicaba con Ricky sobre cómo iban las cosas en la tienda.

    R: Eleny, es gracioso, El negocio va bien, pero no de la forma que esperaba. Esperaba impulsar las ventas de productos: conseguir que más chicas se inscribieran en el gimnasio y comprar ropa, y conseguir que los chicos, después de verte, compraran más material de gimnasia para sus novias. y esposas. Hemos visto un aumento en las ventas, pero no mucho. Pero hemos visto un gran aumento en las membresías del gimnasio. Creo que tú eres parte de la razón. A los chicos les gusta un gimnasio duro donde pueden obtener una buena rutina de ejercicio, y donde puedan mirar a una chica bonita. Así que ha sido genial, pero no de la forma que esperaba.

    Me sonrojé ante el comentario de la niña bonita. Me sentí bien. Estaba disfrutando del espectáculo que estaba dando, al igual que los muchachos del gimnasio, y también estaba obteniendo ropa de gimnasia. Ganar-ganar.

    Mientras hablaba con Ricky, noté a un hombre al que no había visto antes, hojeando un perchero de pantalones cortos. Era alto, de hombros anchos y cabello oscuro. Lo miré discretamente varias veces y vi, curiosamente, que ni una sola vez me miró.

    Ricky me vio mirando al chico.

    R: Ese es David, Nuevo miembro. Es dueño del concesionario BMW a unas calles. Creo que tú eres la razón por la que se unió- Ricky se rio- Un par de los vendedores que trabajan para él se unieron hace unas semanas, y los escuché hablar sobre la ‘la buenota’. Tú. Dos días después, apareció David, preguntando por una membresía.

    Y: Bueno, dudo que haya tenido algo que ver con eso, No me ha mirado ni una vez-dándole la contra-

    R: Me sorprende, Eleny, Te lo he dicho antes: eres más hermosa de lo que crees.

    Podría haber aprovechado un buen rato. No estaba obteniendo mucho en casa. Las sesiones de gimnasio eran divertidas, pero no me proporcionaban ningún alivio sexual, y con mi Mor castigado en la casa, me encontraba cada vez más a menudo frotándome en la ducha, sola. En esos días, estaba muy cachonda.

    Ricky tenía razón: había una afluencia de nuevos miembros y el gimnasio estaba cada vez más lleno. La mayoría de los novatos eran chicos. Empecé a ver a David en los entrenamientos. No pude evitar notarlo. Era apuesto como una estrella de cine, con una mandíbula cuadrada y un cuerpo en forma. A menudo parecía ejercitarse al mismo tiempo que yo. Pero lo curioso fue que nunca me miró. Oh, nuestras miradas se encontraron de vez en cuando. Pero nunca, nunca lo pillé comiéndose mi cuerpo con los ojos. Me pregunté si tal vez Ricky estaba equivocado y si era gay.

    Me di cuenta, que estaba haciendo un esfuerzo especial para presumir ante él. No quería ser demasiada obvia al respecto, pero sabía que lo era. Arqueé la espalda un poco más cuando él estaba cerca. Me propuse estirar las nalgas un poco más cuando él estaba en el gimnasio, y siempre en su dirección. Se convirtió en un desafío para mí verlo mirándome. Pero nunca lo hice. Fue frustrante.

    Es posible que todo mi tiempo y esfuerzo exhibiéndome en el gimnasio no haya atraído la atención de David, pero sí tuvo otros efectos.

    Por un lado, atrajo la atención de todos los demás. Podría decir. Si miraba en los espejos de cuerpo entero que cubrían las paredes, podía ver a los chicos mirando a escondidas mi cuerpo mientras hacía ejercicio, especialmente mi culo. Entonces, pasé mucho tiempo haciendo ejercicios frente al espejo de cuerpo entero en la pared, mostrando mi revés al resto de la habitación detrás de mí. Se convirtió en un juego: contar cuántas veces podía atrapar a tipos que miraban furtivamente mis nalgas. Llegué a amarlo.

    Suena patético, lo sé, como si fuera una Barbie de gimnasio de baja autoestima desesperada por llamar la atención de chicos cachondos. Pero en casa el castigo a mi Mor permanecía y no pensaba ceder. Me sentí como una actriz interpretando un nuevo papel cada vez que entré en el gimnasio. Y me encantó, debo admitirlo. Aumentó mi confianza.

    También hizo maravillas con mi físico. No solo presumí mi trasero, trabajé como un demonio. Perdí la cuenta de cuántas repeticiones sentadillas y estocadas hice. Y todo ese ejercicio funcionó: esculpí mi trasero en una pequeña deliciosa, suave y dura, porción de carne.

    Nunca usé bragas debajo de mis pantalones cortos ajustados. Me gustó la sensación de la lycra, o lo que fuera la tela de la era espacial, en mi piel. Me afeité con regularidad para mantenerme tersa debajo de la tela fina y ceñida

    Y comencé a tener ideas. Ideas sexys. Con tanta atención centrada en mi suave y acicalado postrero, con tantos ojos de chicos centrados en él en cada entrenamiento también, comencé a pensar en … bueno … sexo anal. Nunca lo había sentido así.

    Un día antes de comenzar mi entrenamiento le pregunté a Ricky si podía elegir mi propio atuendo para usar ese día, y él dijo: Sí.

    Elegí el atuendo más pequeño y sexy que pude encontrar. Encontré los pantalones cortos más pequeños que vendió Ricky, que pensé que irían bien. Encontré un sujetador a juego, igualmente revelador. No usaba bragas de ningún tipo debajo de los pantalones cortos, y ellos y el sostén se pegaban a mi cuerpo como una segunda piel.

    David ya estaba en el gimnasio cuando entré y comencé a hacer ejercicio. Hice más espectáculo de lo habitual, estirándome de manera exagerada sobre las alfombrillas azules cerca de donde él estaba levantando pesas, y corriendo más rápido y más saltarín de lo normal en la cinta. Cuando llegó el momento de comenzar a levantar pesas, tomé mi posición en el press de banca. Presioné mi trasero y mis hombros contra el banco negro y presioné mi barriga y mi pecho hacia adelante antes de poner mis manos en la barra. El peso era un poco pesado para mí, pero pensé que podría manejarlo, y quería que David viera mi cuerpo tensándose contra la barra cargada con pesadas placas de metal. Sabía que los pantalones cortos se amontonaban firmemente sobre mi coño y la tensión de mis pezones contra la fina tela del sujetador formaba hoyuelos notables.

    Apoyé mis manos contra la barra y me preparé para levantar. Mi cuerpo se apretó.

    David: ¿Necesitas asistencia? -Escuché una voz profunda preguntar.

    Era David, de pie sobre mí, a un lado, mirándome a los ojos. No miró mi cuerpo, aunque yo quería que lo hiciera.

    Y: Claro, – Me alegré de que se ofreciera.

    Sería bueno conseguir ayuda, y ahora se vería obligado a pararse junto a mí. No había forma de que pudiera evitar mirar mi cuerpo ahora.

    Levanté la barra, de su soporte y la bajé hasta mi pecho. David mantuvo sus manos firmes justo debajo de la barra sin tocarla. Levanté la espalda, los hombros y los brazos al unísono, forzando la barra y las pesas por encima de mí hasta que los brazos se extendieron.

    El peso de la barra me obligó a prestar atención a lo que estaba haciendo, lo que me impidió vigilar mucho a David, pero le eché unas cuantas miradas para ver si estaba mirando mi cuerpo. Sin suerte. Estaba concentrado en la barra. Me alegré de que estuviera allí, porque no podría haber terminado la última repetición sin su ayuda.

    Me senté, con el pecho agitado de manera exagerada, después de que terminé.

    D: Hola, Soy David.

    Y: Elena, pero mis amigos me dicen Eleny.

    D: Eres la modelo de Ricky – con una pizca de picardía en su rostro.

    La franqueza del comentario me puso nervioso.

    Y: No, no soy modelo, Ricky me pidió que usara ropa de gimnasia de su tienda para ayudar a promocionarla. Obtengo buenos descuentos.

    D: Entonces, en cierta forma te pagan por lucirse, Es un buen acuerdo.

    Y: No es así

    D: Suena así – acercándose, su rostro atento, pero con esa misma sonrisa maliciosa- Puedo decir que te gusta lucirte. especialmente. Exhibes tu trasero por aquí todo el tiempo.

    Las palabras de David y la franqueza con la que las dijo me pusieron nerviosa. No supe que decir. Me había acostumbrado en el gimnasio a que los chicos se pusieran nerviosos a mi alrededor, pero David no estaba nervioso en absoluto. Quería discutir con él. Pero no pude. Él estaba en lo correcto.

    D: No hay nada de malo en mostrar tus ancas, especialmente porque las tuyas. Son grandiosas. Es una de las cosas que hace que valga la pena venir a este gimnasio.

    No supe qué decir, de nuevo. Me sonrojé. Quería decir algo, pero David habló antes de que yo pudiera.

    D: Por cierto, tus posaderas se ven realmente lindas con esos pantalones cortos nuevos que estás usando.

    Su comentario me molestó y me halagó a la vez. Me encontré desarmado por su franqueza y solo pude balbucear una débil respuesta.

    Y: Uh, gracias. Supongo.

    D: Por nada. Date la vuelta para que pueda verlas mejor.

    No sé por qué no le dije que se fuera o algo similar, pero no lo hice. Sin pensar en lo que estaba haciendo, contra mi mejor juicio, por haber escuchado mi culo descrito como lindo, me di la vuelta hasta que mi lindo, redondo y recién esculpido culo quedo frente a él.

    D: Eso es un delicioso culo. Escucha, es bueno hablar, Eleny, pero tengo que irme, Hasta luego. –

    Me volví hacia él, pero en ese momento él ya se había dado la vuelta y, en unos segundos, había salido por la puerta. Me dejó junto al banco sintiéndome pequeña, expuesta y frustrada. Él había visto a través de mí y no tenía nada que decir. Él me lo ordeno, ¡ni siquiera me preguntó! – mostrarle mi trasero, y lo había hecho. Negué con la cabeza. No podía entender qué me pasaba.

    Cuando David se fue, tenía el gimnasio para mí sola, sorprendentemente. Toda la charla sobre mi culo me dejó sintiéndome cachonda, y una idea traviesa de repente apareció en mi cabeza. Me di la vuelta en el banco, así que estaba frente a la barra y el espejo más allá del banco. Levanté las piernas y puse mis tobillos sobre la barra, abriendo mis piernas ampliamente. Me incliné hacia atrás, pero me apoyé sobre mis codos, para poder verme a mí misma, especialmente mis nalgas, en el espejo. Entonces me puse realmente juguetona. Levanté mi culo del banco y saqué los diminutos pantalones cortos de mi cintura hasta mis muslos. Ahora, mirándome en el espejo, vi la hendidura de mi desnudo coñito y mi pequeño esfínter arrugado, completamente expuesto. Nunca antes había pasado tanto tiempo mirando mi culito.

    Escuché voces y rápidamente me puse los pantalones cortos. Reanudé mi entrenamiento.

    Las siguientes veces que me encontré con David en el gimnasio, charlamos. Llegué a saber más sobre él y él de mí. Mencioné a mi Mor. Obviamente, él estaba atento a mis palabras, así que traté de tener cuidado con lo que decía. Pero siempre tuve la sensación con David de que le decía todo lo que quería saber sobre mí a pesar de mis mejores esfuerzos por ser discreta.

    D: Entonces, eres casada, y él sabe acerca de tu actuación como modelo, ¿Cómo se siente que exhibas tu cuerpo con atuendos escasos en un gimnasio lleno de weyes cachondos?

    Todavía no podía acostumbrarme a la forma en que me hablaba. Mi voz seguía sonando pequeña y vacilante después de la suya.

    Y: Él no le molesta, al contrario, se enorgullece de que cuido mi cuerpo viniendo al gimnasio, y eso es todo.

    D: ¿Nunca ha venido aquí?

    Y: ¿Mi Mor? No. No es del tipo de gimnasio.

    D: ¿De qué tipo es? Si no te importa que te lo diga, no parece un gran esposo.

    Y: No es así, Quiero decir, no siempre hacemos las cosas juntos, pero él es un buen hombre. Buen esposo y buen padre.

    D: Ah, Él es un buen proveedor.

    Me quedé impactada.

    Y: David, …

    D: Ahórratelo. Puedo verlo. Puedo decirlo. Tengo razón. Él es tu proveedor.

    Y: David, eso no es agradable. No soy ese tipo de mujer.

    D: Oh, no me vengas con eso, dijo. Eres exactamente ese tipo de mujer. Hay un nombre para eso, pero no necesitamos decirlo.

    Quería abofetearlo, pero se dio la vuelta y se alejó antes de que pudiera responder. Estuve en el gimnasio después de que se fue, pero una vocecita sonó dentro de mí para contrarrestar mi indignación.

    Esa noche, sintiéndome cachonda pero también queriendo demostrarle a David que estaba equivocado, decidí tener sexo en casa. Le pedí a mis padres que cuidaran de las bendiciones para tener espacio con mi Mor, llegué a casa mucho antes que él y preparé pollo a la parmesana. A mi Mor le encantaba la comida italiana y cocinar era la forma más segura de recibir una palabra amable de él. Yo también era un buen cocinero y me gustaba cocinar para otras personas.

    Condimente las cosas con tacones y tanga debajo de mi delantal de cocina.

    Por un tiempo, pareció funcionar. Mi Mor me dijo que me veía sexy y elogió la cena. No hizo falta mucha persuasión para llevarlo al dormitorio después. Le hice un pequeño striptease. Parecía tener su atención. Nos desnudamos en la cama juntos, y después de que pasaron unos minutos agradables de retorcernos y juegos previos, las cosas se dirigían en la dirección inevitable, cuando decidí probar las aguas e intentar conducir las cosas de otra manera.

    Me puse a cuatro patas, me alejé de mi Mor, con mi culo desnudo hacia su cara.

    MM: Mmmmm- tarareó, apreciativamente.

    Y: ¿Te gusta?

    MM: Me encanta, bebecita – Comenzó a acariciar mi coño mojado con sus dedos. Se sentía celestial, pero ansiaba una sensación diferente.

    MM: Puedes mover los dedos hacia arriba si quieres.

    Mi Mor pasó sus dedos desde mi clítoris hasta el surco de mi coño.

    Y: Allí no, para el otro lado.

    MM: ¿Qué quieres decir?

    Y: Mi colita. Toca mi pequeño culito.

    MM: Uh, Eleny, y ahora porque tan motivada- sarcásticamente

    Y: ¿Vamos a hacerlo por ahí, ¿sí? Cógeme por mi culito.

    MM: Sabía que era buena idea, lo de los conjuntos deportivos

    Y: No es eso, no te puedo pedir algo sin, que me cuestiones

    MM: Solo reconoce que te pones así por las exhibidas que estás dando

    Y: Ay ya, olvídalo- molesta, pero sin dejar de estar cachonda

    No fuimos donde yo deseaba. En cambio, después de un minuto más o menos de juegos previos, nos acomodamos en la rutina habitual. Me subí encima de él. A mi Mor le gustaba que lo montara en la posición de vaquera. Supuse que era porque podía recostarse y no hacer nada. Era la posición sexual del perezoso. Se sentía bien, pero estaba frustrada por sus comentarios y no lograr que me cogiera por donde yo quería, y realmente no lo disfruté. Cuando llegó mi Mor, fingí venir también, terminamos y luego miramos la televisión hasta que llegó la hora de dormir.

    Más tarde, en la cama, mi Mor se durmió de inmediato y yo me quedé despierta en la cama durante un tiempo, molesta. Porque tenía que cuestionarme y manipularme siempre.

    Unos días más tarde, cerca del final de un entrenamiento al final del día, David caminó hacia mí mientras terminaba una serie de prensas de hombros por encima de la cabeza con dos mancuernas. Éramos los últimos en el gimnasio. Mi cuerpo estaba cubierto de una película de sudor.

    D: Oye, ¿puedo hablar contigo un minuto?

    Miró alrededor del gimnasio, aparentemente para confirmar que estábamos solos.

    Y: Claro, David, ¿qué pasa?

    D: Pues, veras

    Caminó cerca de mí de una manera conspirativa. El olor varonil de su sudor golpeó mis fosas nasales. Me gustó mucho.

    D: Algunas personas me llaman idiota. Especialmente las mujeres. Tal vez pienses que lo soy. Pero no lo soy. No realmente. Soy muy directo. Si quiero algo, pregunto, puedes decir que sí, puedes decir que no. Pero voy a preguntar. Así soy en todo: negocios, amistades, amor, SEXO- Puso un énfasis extra en la última palabra.

    Mi curiosidad estaba en un tono alto. No dijo nada de inmediato. Me miró de cerca, como para determinar de una vez por todas si estaba tomando la decisión correcta sobre algo.

    La tensión en el aire era, digamos, muy alta.

    Y: Escúpelo, David, dije. ¿Qué tienes en mente?

    D: Está bien, va, dijo. Sabes que me gusta tus nalguitas, ¿verdad?

    Y: Uh huh, – con una voz pequeña y temblorosa. Quería decirle que dejara de hablar de esa manera, o que se fuera al infierno, pero no encontré esas palabras.

    D: Quiero cogerte, Quiero reventarte el culo, Eleny. ¿Qué dices?

    Mi conmoción fue completa.

    Y: ¿Qué dijiste? -fingiendo ignorancia

    D: Sabes lo que dije. Quiero follarte el culo.

    Y: David, Eso no es gracioso. Es ofensivo.

    D: Escúchame, Como dije, soy directo. Lo llamo como lo veo. Me has estado mostrando tu culo durante semanas. No lo niegues. Es un gran par de nalgas. Apuesto a que eres te falta una buena culeada con ese looser de tu esposo.

    Y: Él no es un…

    D: Eleny, cállate -con autoridad

    Dejé de hablar.

    D: Quiero decir lo que digo. Quiero follarte el culo. Eres libre de decir ‘no’. Pero creo que te gustaría. Te he visto echarme un vistazo. Puedo ver la forma en que me estás mirando en este momento. Puedes negarlo, pero estarás mintiendo, y probablemente mintiendo. a ti mismo. Hagámoslo.

    Y: David, – tartamudeando-, no te conozco tan bien, y soy casada. Lo que preguntas es ofensivo y está fuera de discusión.

    D: Sabes que lo necesitas- firme y sus ojos fijos en los míos.

    Y: ¿Cómo demonios sabrías lo que Yo necesito? – tratando de sonar tan indignada como pude.

    D: Vendo autos de lujo, Eleny, Es mi trabajo saber lo que la gente necesita.

    Y: David

    D: Te pagaré

    Sus ojos oscuros se clavaron en mí. Los sentí atravesar todas mis defensas e inseguridades, sentí su mirada al descubierto mis necesidades y deseos más íntimos. Fue necesario un esfuerzo extremo para reagruparse y oponer resistencia.

    Sabía, de alguna manera vaga, que debería abofetearlo por lo que acaba de decirme, pero no lo hice. No pude mover mis manos. Apenas podía mover mis labios.

    Y: Eso no tiene gracia,

    D: No lo dije como una broma, Eleny, deseas ser tratada como puta, pues como puta te tratare, diez mil.

    Continuará.

  • Mi caliente mañana

    Mi caliente mañana

    Como lo he dicho antes, soy una joven casada, tengo 26 años, he estado con la misma persona toda mi vida, él ha sido mi todo, incluso hasta mi primer beso. Ha sido un largo camino en el sexo, con bastante tropiezos, algunos bastante dolorosos, pero finalmente siempre nos hemos levantado con más fuerzas y más ganas jajaja.

    Lo que somos hoy en día sexualmente no es más que un arduo trabajo mutuo de comunicación y ganas.

    Particularmente llegué a pasar por noches donde repudié el sexo, donde no quería que me tocara, mientras que ahora duermo desnuda para facilitarle que me toque y si no me toca yo le pido que lo haga, puede ser mis senos, mi vagina o mi trasero, da lo mismo cuál de las 3 sea, pero algo debe tocar para yo poder dormir tranquila.

    Él siempre ha sido muy caliente, así que generalmente todas las mañanas despierta con ganas, además que le encanta el sexo en las mañanas, desafortunadamente pocas veces se da por temas de logística.

    Esta mañana me desperté para ir al baño y era muy temprano y aunque él es muy dormilón no tiene el sueño pesado, siempre se despierta cada vez que yo me levanto de la cama, así que cuando volví del baño lo abracé y sentí su pene erecto y comencé a tocarlo, aunque honestamente no lo toqué mucho porque me ganaron las ganas de llevarlo a mi boca.

    A mí me encanta en grandes niveles el sexo oral, así que agarré su pene lo paseé por toda mi cara, me di un par de cachetadas aprovechando lo duro que estaba, luego lo pasé por mis senos un poco y luego paseé mi lengua por todo su miembro, chupe sus bolitas antes de metérmelo a la boca y comenzarle a hacer delicado oral en forma de vaivén con mi boca, mientras que con mi lengua jugaba con su cabecita, paré un poco para prepararme y hacerle mi parte favorita y es meterlo completo hasta la garganta, lo saqué jugué con mi lengua y su pene y retomé el vaivén, chupe un poco más las bolitas y finalicé la mamada con otra penetrada hasta mi garganta.

    Se colocó sobre mí, me lo metió y comenzamos una rica y delicada cogida, sin apuros, me meneaba y movía mi culo para que hiciéramos juntos el vaivén mientras me penetraba, fuimos tomando ritmo y él se vino dentro de mí, sin sacarlo, yo me comencé a tocar y tuve mi primer orgasmo de la mañana.

    Retomamos el descanso mientras él me abrazaba desde la espalda, de forma que mi culo calzaba junto a la altura de su pene. Yo continuaba caliente y sabía que él quería más, así que de forma intencional comencé a mover mi culo para que rozara con su pene y así estuve un rato hasta que sentí que su pene ya estaba erecto de nuevo, él sin dudarlo aprovechó mi humedad y era más que evidente que yo quería más, así que me lo metió de nuevo y me cogió en esa posición un buen rato, la verdad estaba tan sabroso que no quisimos cambiar, él se volvió a venir dentro de mí y luego me abrió las piernas y comenzó a masturbarme él hasta venirme.

    Nos volvimos a acostar, esta vez yo estaba acostada en su pecho y una me dio por comenzarle a tocar las bolitas, sin intenciones de seguir, porque ya era la hora y él se tenía que ir a trabajar, pero sin querer queriendo se volvió a poner erecto y comenzó a masturbarse, a mí me encanta que me lo metan en cuatro, así que me posicioné en cuatro y me comenzó a coger, esta vez con 0 delicadeza y suavidad, sino más bien muy duro, mientras que con mucha fuerza contraía mi vagina y con mi mano tocabas sus bolitas y así fue que se vino por tercera vez.

    Yo me masturbé para él mientras se cambiaba para irse a trabajar. Se despidió con un beso y quedamos en continuar en la noche.

    [email protected].

  • Me comí toda la leche del papá de mi amiga

    Me comí toda la leche del papá de mi amiga

    Todo pasó hace un par de meses, una amiga estaba estrenado novio y estaba organizando plan para ir a la finca, pero pues no quería ir sola con él sino que fuéramos más personas. Al final fuimos cinco personas. Llegó el viernes y todo se había cuadrado para que apenas termináramos la jornada laboral poder arrancar en los carros para la finca. La finca queda a las afuera de un pueblo que queda a tres horas de la ciudad en la que vivimos. Nos fuimos en dos carros. Todo empezó muy bien. Paramos saliendo de la ciudad y compramos un poco de comida y de tomar para el camino. Yo me fui en el carro del nuevo novio. Llegamos como a las 11 de la noche a la finca. Repartimos alcobas y todos a dormir pues había sido un viaje largo y pues la madrugada del trabajo.

    Al día siguiente nos levantamos y como era de esperar a la madrugada se escucharon algunos gemidos de mis amigas pues cada una aprovechó para divertirse con sus parejas y pues yo, pues nada… Cuando todos salieron de las habitaciones nos pusimos de acuerdo para organizar el día. En esas llegó el papá de mi amiga en una super camioneta. Mi amiga muy sorprendida fue y lo saludó y lo trajo y nos presentó. Era un señor ya algo mayor, pero no le paré mayor cuidado.

    Después desayunamos y quedamos de ir a la piscina. Yo me fui a cambiar y ponerme un vestido de baño. Saqué mi bloqueador y bronceador. Salió mi amiga y nos aplicamos el bloqueador mutuamente y todo. Al rato salieron los demás y de una metieron a la piscina. Pronto mi amiga también entró a la piscina a jugar con el novio.

    Al rato llegó el papá de mi amiga. Trajo unas cervezas, se acercó a mí a entregarme una cerveza y se quedó a hablar conmigo. Prácticamente hablamos de varias cosas casi por dos horas. Luego dijo que estaba calentando un montón y entró a la piscina. Me quedé viéndolo y empezó a nadar de lado al lado de la piscina, se notaba que sabía nadar muy bien, por lo cual me entusiasmé y entré a la piscina.

    Ya en la piscina lo fui a buscar A nadar junto a él. Pronto estábamos haciendo competencia en nadar de un lado hasta el otro lado. Poco a poco incrementó la distancia ida y vuelta. Estamos en esa cuando me dio un calambre a lo cual me dolió tanto que casi me ahogo, pero el señor me pudo agarrar y sacó del agua rápidamente. Todos llegaron rápido a auxiliarme y me sacaron de la piscina.

    Estaba súper apenada con el papá de mi amiga. Él se quedó conmigo y me empezó a hacer un masaje para liberar el tendón lastimado, tenía que ir al baño, al cuál se ofreció a llevarme a la casa para que no apoyara el pie. Me llevó a mi habitación y pues entré al baño y él se quedó esperando.

    Cuando salí del baño lo vi con unas tangas mías en la mano, rápidamente las arrojó en la cama y dijo que las vio en el piso. No recuerdo dejarlas ni en la cama y mucho menos en el piso. Fue algo tenso el momento y él preguntó que si me sentía bien a lo que afirme que sí. Entonces dijo que volvería a la piscina.

    En el resto del día no cruzamos mayor palabra. Luego los demás salieron de la piscina, nos arreglamos y nos dispusimos a bajar al pueblo a almorzar.

    Ya en el pueblo llegamos a un restaurante, el papá de mi amiga tomó distancia, pero preciso en la mesa quedamos de frente, él poco me miraba y yo buscaba la mirada de ese hombre que me agarró y sacó de la piscina. Poco se dio, pero para pasar ese momento lo acaricié con mi pie en su pierna expresándome que gracias al masaje que me dio después del calambre me sentía mejor. El volvió a sonreír y todo volvió a la normalidad.

    Luego fuimos a comprar víveres para la noche y nos devolvimos a la finca, pero está vez yo me fui en la camioneta con mi salvador. Fuimos hablando hasta la finca y me comentó que yo tenía un cuerpo hermoso que, si hacía gimnasio, yo me sonrojé y le dije que de vez en cuando iba. Hizo un par de halagos más y en eso envió su mano a mi pierna el cuál acepté y coloqué mi mano encima de la de él. Aunque pronto la retiró por eso de manejar.

    Al llegar a la finca los demás quisieron meterse de nuevo a la piscina, pero mi salvador me dijo que si quería conocer la finca a lo cual accedí, entonces nos fuimos a dar una vuelta. Era una finca grande por lo que dimos la vuelta en la camioneta. Cuando volvimos ya eran casi las seis de la tarde y la puesta del sol estaba hermosa a lo cual tomé un par de fotos, cuando él me dice que desde el altillo de la casa se ve mejor, a lo cual nos fuimos al altillo.

    Pues el altillo era la habitación de mi salvador. Me llevó a la ventana y como afirmó se veía mucho mejor la vista tanto del sol como de mi compañía. Estaba tomando las fotos cuando se acercó y me dijo que si quería me tomaba un par de fotos. Me organicé y pose para él, digo para que saliera bien en las fotos. Cuando terminó la sesión de fotos se me acercó mucho, cuando estábamos prácticamente cara con cara me dio la vuelta y me dijo “mira el atardecer” mientras me abrazaba completamente.

    Sentía su respiración en mi cuello lo cual me hacía sentir bien y cómoda. Hasta que empecé a sentir cómo empezó a tener una erección. Pude sentir cómo ese bulto crecía en mi cola, quiero decir que me gustó que pudiera causar una erección a tal hombre.

    Pronto bajamos con los demás y mi amiga me mandó un mensaje al celular, dónde me preguntó que si todo estaba bien con el papá. A lo que respondí si, me estaba mostrando el atardecer.

    Ahí empezamos a tomar unas cervezas y a bailar. Ya que todos tenían pareja menos yo. Pues tocó bailar con mi nueva pareja. Y a medida que pasó la noche el trago se acabó y la energía también. Ya todos estábamos casados y nos fuimos a descansar.

    Mi pareja me dejó en mi habitación y me dijo que si necesita algo lo podía buscar en el altillo. Me dio un beso en la mejilla muy coqueto y se fue. Yo entré, pero no podía dejar de pensar en él. Que era el papá de mi amiga y pues era mucho mayor que yo. Me recosté, pero no me cogía el sueño así que me levanté y salí de me habitación sin hacer mucho ruido. Me dirigí al altillo.

    Cuando ingresé lo vi en la cama acostado simplemente con unos bóxeres. Podía hacer lo que quiera, pero no sabía si estaba dispuesta a hacerlo. Me paré frente a la cama. Aunque lo dudé un poco me acerque a él. Con mis manos le bajé los bóxeres y vi su pene ahí pequeño, lo masajeé y lo llevé a mi boca, poco a poco fue creciendo y colocando bastante duro, no pasó mucho cuando se despertó, a lo que dijo pero que hacía, subí y lo besé.

    Le dije que le quería agradecer por ser mi salvador en la piscina y empecé a bajar para volver a hacerle un buen oral. Su pene ya estaba súper erecto y grande. Jugué con mis labios un rato. El me jalo hacia él y me dijo que lo dejara volverme a salvar. Me dio la vuelta y quedo encima de mí. Se arrodilló en la cama y se acercó lo suficiente para que siguiera masturbando. Con mi boca le succionaba la punta del pene y con una mano lo masturbaba y con la otra le acariciaba los testículos. No duró mucho cuando mandó su cuerpo hacía adelante provocando que me metiera todo su pene en mi boca y ¡pum! este señor se ha podido venir en mi boca, ya en ese punto teniendo su pene bien adentro de mi boca estaba dispuesta a recibir todo su semen.

    Coloqué mis manos en su cola intentando hacer que tuviera bien adentro su pene para que cuando eyaculara siguiera derecho a mi garganta y pues así fue, eyaculo cómo unas diez veces, apenas sentía como botaba chorros y choros de semen, la verdad me tenía encantada cómo cada vez que botaba chorros la cabeza de su pene se ponía muy caliente.

    Al terminar se tiró a la cama supremamente agitado, y pronto quedó dormido y su erección comenzó a disminuir, aunque yo quería seguir por más tal vez la edad y ese tipo cosas no permitió hacer más cosas, me arrunché un rato con él hasta quedarme dormida en sus brazos.

    Al día siguiente me levanté muy suave y me fui para mi habitación. Al rato todos se despertaron fuimos a desayunar, y todo como si nada, pero esta vez al sentarnos a la mesa él se sentó a mi lado y hablamos de más cosas, al despedirnos para volver a la ciudad nos despedimos de beso en la mejilla y ya. No nos hemos vuelto a ver ni nada.

    Después ya en la casa agradecí que no hubiera pasado nada más pues no quisiera tener que hablar del tema con él o peor con mi amiga.

  • Mi mejor amiga me folló enfrente de mis padres

    Mi mejor amiga me folló enfrente de mis padres

    Vale, puede que el título suene a nombre de un relato fantasioso y realmente fetichista, pero dejadme que me explique. Bueno, hace un año mis padres, mi mejor amiga y yo fuimos de viaje al sur de España, concretamente a Cádiz. Alquilamos un piso para unas cuantas noches, no era un piso especial ni nada, tenía 3 habitaciones: el salón con una cocina, un baño y el dormitorio donde había 3 camas, una cama matrimonial y 2 camas pequeñas que mi amiga (a la cual llamaremos Lucía) y yo juntamos, os podéis imaginar donde pasó todo.

    Por las noches normalmente Lucía y yo nos quedábamos en el salón pero aquella vez nos fuimos a la cama pronto para estar más cómodas y ver tiktoks juntas porque no nos entraba el sueño, mis padres por el contrario ya estaban dormidos. El caso es que estábamos muy juntas una de la otra, rozando brazo y piernas, yo no le daba importancia pero sí es verdad que me sentía algo excitada por tener su cuerpo tan pegado al mío. Yo llevaba una blusa con un sujetador y una braguita mientras que ella usaba una camiseta con sujetador y unos shorts, por lo que había mucho roce de piel contra piel.

    Empezaron a salir tiktoks un poco sugerentes, de chicas bailando y haciendo twerking cosa que a mi me ponía y a Lucía también, entre unas pasadas y otras ella le dio corazón a algunos tiktoks.

    -¿Te gustan como se mueven eh? -La pregunté susurrando.

    -Me encantan, te juro que hay veces que me ponen cachonda.

    -No sabía que te gustaban las mujeres.

    -Yo tampoco pero últimamente hay veces que me fijo mucho en ellas y joder, me gustaría follar con alguna y probar. -Dijo sensualmente mientras me miraba.

    Tras eso, empezó a rozar mi vientre descubierto con sus uñas.

    -Con quien te gustaría hacerlo?

    -Con alguna chica sexy y que sepa lo que me gusta, ¿no conocerás a alguna, no?

    Sonreí y en eso apagué el móvil sabiendo lo que iba a pasar.

    -No lo sé, pero tú sabes muy bien quien es esa chica, ¿verdad?

    Lucía levantó su cabeza y empezó a besarme sin aviso alguno, yo sin resistirme le seguí el ritmo, mordiéndola y jadeando de rato en rato, dejando que nuestros labios entrasen en fricción lo que me mojaba ahí abajo. Le agarré la cintura por debajo de la camiseta, ella se puso encima de mi y siguió besándome mientras me apretaba las tetas suavemente, yo pensaba que iba a ser solo eso, unos besos y tocamiento por encima, pero no.

    Al rato de besarnos y compartir lenguas, ella se separó, sentada encima de mi cadera empezó a sacarse la camiseta poco a poco y después el sujetador, yo no sabía qué hacer, mis padres estaban a unos pasos de nuestra cama conjunta, no sabía si oponerme a ello o seguir. Dejé de pensar cuando ella me agarró las manos y las guio a sus tetas: eran suaves y pequeñas pero para mi eran perfectas, con sus pezoncitos duros, me levanté y empecé a lamerle los pezones, ella me quitaba la blusa y luego el sujetador mientras gemía en voz baja y de nuevo me empezó a tocar las tetas pero esta vez totalmente desnudas y a su vez apretarme los pezones, cada vez que lo hacía sentía dolor pero a la vez placer.

    Me separé de ella y dije:

    -¿Quieres seguir?

    -Por favor, no nos dejes a medias. -Dijo a gatas mientras se tocaba un de sus pechos.

    -¡¿Aquí?!

    -Sí joder, ¿donde sino?

    -Lucía están mis padres aquí y yo tengo novio.

    -¿Y? Cielo, te va a encantar.

    Al decir eso ella me tumbó de un empujoncito, se quitó el resto de la ropa y me quitó la braga que la tenía mojadísima. Ya todas desnudas y con toda la ropa tirada a un lado de la cama, me empezó a tocar mi coño y a lamerlo a la vez, yo abrí las piernas aún más para que ella pudiese hacerlo más fácil, poco a poco empezó a aumentar el ritmo hasta llegar a lamerme el ano, después de un rato de mojármelo aún más sin avisarme me metió dos dedos, me pilló desprevenida y lancé un ligero gemido al aire, me tapé la boca y miré a la cama de mis padres quienes seguían dormidos, Lucía empezó a dedearme rápido y lamerme el clítoris hasta que entre gemidos tapados y vibraciones tuve un orgasmo con un pequeño squirt.

    Ella con la cara mojada me besó y se puso encima de mi cara, empujó mi cabeza a su coño y empecé a lamérselo rápido, mientras ella se aguantaba los gemidos y se agarraba al cabecero de la cama, sus fluidos vaginales me empezaron a mojar toda la cara eso me puso más caliente y creo que a ella también porque al rato empezó a temblar encima de mi, soltó un suspiro largo de placer. Se bajó, encima de mi otra vez me empezó a besar diciendo:

    -¿Ves? No se han despertado, venga ponte en cuatro, te voy a hacer algo muy bonito.

    Me levantó, me puso en cuatro mirando a mis padres. Sentí como acercó su cara a mi ano mientras me agarraba las nalgas, empezó a lamerme el agujerito cosa que me excitó, me apoyé en mis antebrazos dejando el culo más hacia arriba, ella no paraba de lamérmelo y metió sus dos dedos de nuevo empezando a penetrarme la vagina con ellos, yo resistía mis gemidos y jadeos pero dejaba escapar algún ruidito de mi boca hasta que tras soltar alguna lágrima de placer y temblar tuve mi segundo orgasmo, lo cual llevó consigo una segunda oleada de fluidos.

    -Joder sí que te mojas rapidito cariño. -Me dijo al oído mientras me acariciaba el pelo.

    Me levanté y cansada me senté en la cama viendo la escena y analizando lo que estaba pasando: Sexo en una habitación oscura en la cual solo entraba la luz de la calle entre los agujeros de la persiana, mis padres durmiendo a unos metros, yo totalmente desnuda y mojada y Lucía mirándome con su cara igual de mojada mientras se rozaba el clítoris con sus dedos. Al rato ella se levantó y empezó a rebuscar en su maleta.

    -Esperate… -Dijo sin miramientos.

    Yo me levanté y me acerqué a ella viendo como estaba agachada con el culo al aire e intentando ver qué buscaba. Tras encontrarlo, lo ocultó y me dijo que vaya al salón, yo desconcertada y preocupada fui donde ella dijo, me senté en el sofá. Vi como su silueta desnuda se acercaba a mi con pasos sensuales y con un juguete en la mano, era un vibrador.

    -Mónica cariño, quiero que me la metas toda, que me folles. -Dijo mientras se acercaba.

    -Ven.

    Me dio el juguete, se sentó encima de mis muslos agarrándose a mis hombros. Yo empecé a chupar el vibrador como si fuese una polla mientras la miraba tocándose encima de mi, cuando acabé, le metí el vibrador entero y lo activé, ella empezó a saltar mientras yo lo sujetaba y me masturbaba a la vez. Veía cómo mi mejor amiga botaba encima de mi y jadeaba con lujuria y placer cerca de mi oído, cosa que me puso muy cerda y empecé a masturbarme más fuertemente. Después de un buen rato ella se vino primero, al hacerlo ella agarró el vibrador, se lo metió en la boca y me la metió para luego yo tener otro orgasmo mientras me besaba y pellizcaba mis pezones.

    Esta vez las dos estábamos cansadas y después de un largo rato besándonos y tocándonos en el sofá nos pusimos a limpiar, secar y cambiar las sábanas de la cama. Luego en el baño nos lavamos la cara y nuestras partes, recuerdo mi cara toda roja y mojadita en el espejo. Después nos cambiamos de ropa y por fin, después de un largo rato de aquí para allá nos acostamos.

    -¿Te ha gustado cielo? -Me preguntaba mientras me abrazaba por la espalda.

    -Me ha encantado. -Dije con los ojos cerrados.

    -Podemos repetir cuando tú quieras.

    Y ahí acaba mi relato, fue una experiencia que nunca pensaría que viviría y ojalá se volviese a repetir pero espero que lo hayáis disfrutado de verdad. Besosss.

  • Calvin mi nuevo hombre de pene grueso (1)

    Calvin mi nuevo hombre de pene grueso (1)

    Un saludo cordial para mis lectores…

    Desde que murió Dirmero, fue muy triste su partida, y algo muy inesperado, pasó una temporada que no pude superar su muerte.

    Calvin me dio mucho consuelo y así nos volvimos pareja, recordando aquellos tiempos que pasamos juntos, cómo disfrutamos mucho.

    Calvin me propuso vivir con él, para estar más tranquilo y despejar la mente, eso hice y me fui a su departamento ya estamos viviendo juntos.

    La primera noche dormimos juntos y desnudos, estuve contemplado su hermoso pene grueso, empecé a chupar su glande, muy hermoso su pene, grande, grueso y con buen sabor, al rato de chupar y chupar supe que tenía que tragar toda su esperma, así logre dormir hasta el día siguiente.

    Ya mudándome a su casa fue el fin de semana que debíamos tener mucho sexo rico y duro, era sábado y amaneció el día muy nublado, para no salir de la cama, Calvin despertó y me dio un beso con lengua que me excitó muchísimo, pude ver cómo su pene aumento de tamaño y ya muy húmedo su glande, pase mis dedos para saborear su líquido preseminal, que encontré un buen sabor en su pene.

    Él se levantó para ducharse y me invita para ir al baño juntos, accedí ir a la ducha, una vez bañándonos, lavé su miembro y le daba mamadas muy ricas, nos depilamos y quedamos muy limpios, Calvin aprovecho en depilar mi ano y así pasaba su lengua por mi culo, me lamía mucho mi ano, era una sensación muy divina, sentía mucha saliva en mis nalgas.

    Pasamos del baño para el cuarto para arreglarnos y prepararnos y tener nuestro coito sexual, mientras nos alistamos aproveche para meterme un dildo tipo pequeño con figura de diamante y me queda ajustado para que dejara un poco mi ano abierto y para prepararme de recibir el hermoso pene de Calvin ya que es muy gruesa y grande, me aplique mucho aceite de coco en mis nalgas para que tenga un olor rico.

    Una vez realizado esto, observo a Calvin masajeando su pene, vi que lleno su palma de la mano derecha de saliva húmeda y la frotaba en todo su miembro, esto me excitó muchísimo, me hizo seña para que le diera masajes en tu pene.

    Me senté frente a su hermoso pene y le di besos en el glande llenando toda la cabeza de saliva espesa, así pude meterme un poco más la cabeza de su pene grande y grueso, estaba deleitado por tan rico sabor y textura, me recordaba las mamadas ricas que le daba a mi primer hombre, Dirmero, pero el pene de Calvin era mucho mejor, tenía algo especial, él se cuida mucho su piel siempre se aplica unas cremas para el cuerpo y más entre su partes íntimas, trasero, entre sus piernas y todo el cuerpo, él sabe que me gusta mucho la saliva espesa, Calvin se aproxima hasta mis labios me pide que abra mi boca para darme su espesa baba.

    Continuará.

  • Encontré fotos sensuales en el celular de mi hermana

    Encontré fotos sensuales en el celular de mi hermana

    Hace un par de meses, mi hermana de 28 años y yo, que recién cumplía 20 años, estábamos de viaje por Francia.

    Una noche, de curiosidad, revisé el celular de mi hermana en busca de alguna foto comprometedora. Así que mientras ella dormía en el mueble, tomé su celular y entré a galería. Mientras revisaba foto por foto, poco a poco sentía mi pene más duro por el morbo.

    Después de bastante tiempo, logré encontrar varias fotos. En ese momento mis latidos se aceleraron y mi pene estaba más duro de lo normal.

    Las fotos parecían ser tomadas en el baño de un hotel en un viaje que hizo meses atrás. Ante la excitación del momento procedí a tomarle foto a las imágenes antes de que se apague su celular ya que no tenía batería. En ese mismo momento fui al baño y con el pene bien duro y lubricado coloqué el celular sobre el lavamanos y empecé a masturbarme con las fotos.

    La primera era una donde estaba casi de espaldas frente al espejo usando solo un calzón negro bordado. Podía ver un seno redondito y con un poco de caída, esa típica y sensual caída que tienen los senos, además de su culo que podía verse todo.

    En la siguiente foto tenía el cuerpo casi de frente y se veía sus bellos senos y pezones casi rosados. Su senos se podían ver de perfil y eso me excitaba más.

    La tercera era parecida a la anterior pero ahora podía verse mejor el perfil de su ceno izquierdo. Perfectamente veía el pezón pequeño y erguido.

    La siguiente era un de espaldas mostrando todo el culo, pero con un polo verde. En esta foto su era grande y su calzón marcaba muy bien los bordes de sus nalgas.

    Y por ultima, la foto era totalmente frente al espejo pero con un sostén rojo vino y calzón negro. No era la gran cosa pero podía ver la forma de las caderas y sus muslos.

    Seguí masturbándome pasando las fotos. Hasta que finalmente sentía que iba a eyacular, mi pene está demasiado duro y podía ver las venas bien pronunciadas además de tener toda la mano y el pene lleno de líquido preseminal. Era obvio que ver las fotos de mi hermana semi desnuda me excito como nunca antes lo había imaginado. Antes de correrme puse la foto donde se veía sus senos y agrandé la imagen para poder ver mejor los pezones.

    Era el momento perfecto para eyacular, pero me dominaron las ganas de imaginarme cogiéndome a mi hermana y corriéndome en su bello culo. Así mientras tenía esa imagen en mi cabeza, cambié la imagen con mi pene hacía la foto donde se veía en primera plana todo su culo y sus nalguitas.

    Seguí masturbándome hasta que finalmente no pude aguantarme más, y eyaculé. Sentí como desde dentro de mi pene bombeaba todo el semen acumulado a por chorros, fueron al menos 5 chorros bien largos y contundentes de semen. Podía sentir como mi pene bien duro latía y mis testículos se contraían para botar todo.

    El lavamanos tenía líneas de semen, procedí a limpiarlo y mi secar mi pene ya que estaba todo húmedo. Salí del baño aun con el pene duro y parado, procedí a echarme en otro mueble y dormir como si nada hubiese pasado. No podía creer que acababa de masturbarme y eyacular con fotos de mi hermana mientras imaginaba como sería correrme en sus nalgas. De las mejores corridas que nunca tuve.

    Si les gustó, tengo dos historias más relacionadas con el celular de mi hermana. Una donde encuentro conversaciones sexuales con su pareja y otra donde encuentro fotos borradas de su galería.

  • Milf coqueta

    Milf coqueta

    Fue en el módulo de “Materiales” del Diplomado sobre Decoración de Interiores y Exteriores donde lo conocí. De profesión arquitecto, desde un principio me gustó la forma de impartir los contenidos del módulo, a diferencia de otros expositores. También influyó que en ese entonces esos contenidos me interesaban por razones laborales. En las clases se dirigía por mi nombre, en atención especial a mi persona, mirándome a los ojos con insistencia pero discretamente. Intercambiábamos miradas y en algunas ocasiones sonrisas. Diría que desde un principio hubo un clik. En esa época trabajaba de medio tiempo en un despacho de arquitectos. Mi marido, en cambio, tenía una jornada laboral de más de ocho horas. Con más tiempo libre, sin tener que cuidar a los hijos por ser mayores de edad, mi tiempo lo distribuía como yo quería. Temprano iba al gimnasio; después a trabajar y dos veces por semana en la tarde al Diplomado.

    En una ocasión, después de clase, y aprovechando el interés que expresé por algunos contenidos del módulo (materiales y diseños: lo recuerdo muy bien), me dijo que estaba programado un Congreso-exposición en un par de meses. Preguntó que si me interesaba me proporcionaría después la información completa. Le respondí que sí. Me complació su interés por mis inquietudes y la forma atenta en que se dirigía a mí, independientemente de que me agradaba su personalidad. Era alto y bien proporcionado físicamente; siempre pulcro y arreglado en su vestir. Sin más interés que en el curso, esperaba con gusto esos días a la semana aunque, reconozco, me arreglaba más de lo normal esos días.

    Consciente o inconscientemente, entré o ¿entramos?, sin proponérmelo o proponérnoslo, en el juego del coqueteo. Sin pretender involucrarme emocionalmente ni nada, pues tenía claro que no existía interés en llegar a algo más. Por muy atractivo que me pudiera parecer, era consciente de los riesgos y los límites que debía establecer ante una situación de este tipo para que no se malinterpretara y más en mi condición de mujer casada. En ese sentido y por el simple placer y emoción que aporta el disfrutar de esos momentos compartidos, sin perseguir ninguna otra meta que no fuera sentirme, en mi caso, todavía atractiva y valorada a mi edad fue que entré en dicho juego. Simplemente no me negué al juego de coqueteo y sentir que todavía podía tener poder de seducción. Casi cincuentona, con varios años de casada, satisfecha sexualmente y emocionalmente con mi marido, no sentía necesidad de algo en particular, sino más bien, me sentía satisfecha conmigo misma, pero no me cerraba a experimentar sensaciones nuevas. Aunque el coqueteo se limitaba a miradas, sonrisas, y conversaciones sobre intereses comunes, siempre terminaba despidiéndome diciendo “me espera mi marido”.

    En las últimas sesiones, y como parte del juego, empecé a sentarme en la fila de adelante. Me vestí de diferentes formas, tanto formal como informal pero siempre discreta. Reconozco que me complacía sentir sus miradas, sobre todo por no ser insistentes. Ni siquiera compartimos teléfono.

    Cuando ya faltaban pocas sesiones para que finalizara el curso me arreglé de otra manera: me alacié el cabello, me pinté un poco más. Por ejemplo, una tarde me puse una falda corta pero con medias negras, con tacones y una blusa color azul pastel. En esa ocasión sentí más sus miradas que de costumbre, pues nunca me había presentado a clase vestida de esa manera. Cuando cruzaba las piernas sentía su nerviosismo entre que deseaba mirarme y no. En consonancia con el juego, ese día no me quedé a conversar después de la clase, terminó y me retiré. Cuando me despedí junto a los demás compañeros con un “hasta luego”, se sorprendió pues pensaba que me iba a quedar como en otras ocasiones. Esa noche había acordado ir a cenar con mi marido por un aniversario más de nuestro matrimonio y por supuesto que habíamos festejado con una gran noche de sexo.

    De igual manera, y como parte del juego, el penúltimo día de clase me pinté un poco más y me puse la misma falda negra corta, con tacones, pero sin medias y una blusa blanca. Llegué antes de la clase y me senté, como lo había hecho en clases pasadas, en la fila de adelante. Cuando llegó y me vio sentada con las piernas cruzadas y sin medias, percibí nuevamente su nerviosismo. Mis piernas blancas llamaban más la atención que con las medias negras. Saludó a todos. Desarrolló su clase pero su mirada regresaba frecuentemente a mí. Esta clase fue diferente, no fue como las otras, pues estaba desconcentrado y se iba de un tema a otro tema. Tampoco me quedé al final de esa clase, más bien me salí antes, desconcertándolo, supongo, todavía más.

    Finalmente llegó el último día de clase del módulo. Recuerdo que ese día mi marido tenía una cita de trabajo en Cuernavaca a mediodía y había programado regresar hasta el día siguiente. Ese día amaneció con mucho calor. Me duché dos veces, en la mañana y antes de irme a la clase de la tarde. En la mañana, al despertar, mi marido me había despertado con su miembro pegado a mis nalgas, abrazándome por detrás. Sentir la dureza de su miembro me excitó. Después cambió de posición colocándose boca arriba y yo descansé mi cabeza en su pecho. Luego mi mano derecha empezó acariciar su torso y poco a poco fue bajando hasta llegar a su miembro. Lo empecé a acariciar encima de su trusa, de diferentes maneras, con mis dedos, con mi mano completa… después, como tantas veces, por debajo de su trusa, sintiendo ya su humedad. Esto me excitó más. Sentí deseos tanto de que me penetrara como de hacerle sexo oral. Preferí lo primero.

    Me coloqué encima de él, hice a un lado mi tanga amarilla y acomodé su miembro en mi vagina. Como chorreaba de humedad su miembro no hubo necesidad de ir por el gel lubricante. Empecé a cabalgar, de arriba hacia abajo; después inicié un movimiento en círculos sobre la punta de su miembro y sentí como aumentaba su excitación. Me detuve un poco, no quería que eyaculara tan pronto. También yo deseaba gozar, sin embargo, no pudo contenerse y eyaculó al poco tiempo. Me seguí moviendo pero su miembro ya no estaba completamente erecto. Me quedé con deseos de gozar más. No disfruté como hubiese querido y cuando esto sucede, quedo caliente. Así estuve ese día, demasiado caliente, por lo que consideré masturbarme con mi juguete sexual. No quería esperar hasta el otro día a que llegara mi marido para tener intimidad con él. Pero recordé que era la última clase. Me pareció que el sentirme caliente podría ayudar a experimentar algo diferente bajo la dinámica del juego de la coquetería con el profesor.

    Me volví a bañar en la tarde. En la ducha me toqué y consideré nuevamente masturbarme, me sentía muy excitada, pero no lo hice. Me depilé el pubis. Me unté crema en todo el cuerpo. No sabía que ponerme de ropa. Fui al cajón para sacar mi ropa interior. Como repertorio la puse en la cama para escoger. Respecto de si ponerme una falda, un vestido o un pantalón para esa última clase no sabía qué elegir, pues no quería enviar mensajes equivocados o mostrarme muy explícita, sino insinuar de manera sutil. Como la tarde todavía estaba cálida, pensé en un vestido corto con los hombros descubiertos, pero como ya me había puesto faldas y vestidos cortos, mejor opté por un vestido largo, ajustado, de licra, floreado, color azul celeste, con los hombros descubiertos y de largo hasta los tobillos, ceñido de arriba, pegado a las caderas y un poco suelto de abajo. Pensé en unos zapatos bajos, pero me veía muy casual.

    Decidí ponerme unos zapatos con tacones altos. Me recogí el cabello. Me vi en el espejo y me gustó como me veía. Los tacones altos resaltaban mis curvas al igual que mi trasero. Consideré cambiármelo, pues cuando me miré al espejo y caminé un poco noté como mis nalgas se movían a cada paso. Pero recordé que cuando compré este vestido venía incluido un sweater largo o coordinado, como también se le llama, de color azul celeste también. De tal manera que no llamara tanto la atención. Me gustaba la textura de este vestido, pues a pesar de ser muy delgada la tela, ésta no se transparentaba, por lo que generalmente, cuando me lo ponía, era sin ropa interior.

    Llegó la última clase. En esta ocasión no me senté en la fila de adelante sino en medio, lo que le sorprendió nuevamente cuando llegó, pues siempre que llegaba al salón sentía como su mirada me buscaba en la primera fila. Cuando terminó la clase esperé un momento mientras se desocupaba con otras compañeras y compañeros. Ya después me dijo que había olvidado el programa del Congreso-exposición en su auto y que lo acompañara para que me lo entregara.

    Fuimos a su auto y me entregó el programa y me dijo que podríamos ir juntos al evento pues él conocía a algunos de los expositores. Le respondí que sería interesante. Después me preguntó si tenía tiempo y sí podíamos ir a tomar algo esa tarde noche. Le dije que no existía inconveniente de mi parte, pues y, deliberadamente, mientras le ofrecía una sonrisa pícara y mirándolo a los ojos, le dije: “mi marido salió de viaje y regresa mañana”. Sonrío y me dijo que para no irnos en dos autos nos fuéramos en el suyo y que después regresaríamos por el mío.

    Fuimos al restaurante-bar giratorio del WTC que se encuentra en el último piso. La conversación fue amena, hablamos de diferentes temas. Sabiendo, supongo, del juego que estábamos jugando, el coqueteo era muy sutil, nos mirábamos y nos reíamos. Como a las dos horas escuché un mensaje en el teléfono: era de mi marido, diciéndome que habían cambiado los planes y que llegaría a casa antes de las once de la noche. Le dije que me tenía que ir antes pues mi marido había decidido llegar el mismo día. Pidió inmediatamente la cuenta y dijo que no había problema. Esto me gustó pues no expresó molestia ni nada, tampoco me presionó para quedarnos más tiempo. Divorciado y con 11 años menos que yo, lo percibí sincero en todo lo que me dijo. Antes de salir del restaurante cada quien fue al baño. Cuando salí sentí mucho calor. Pensé en quitarme el sweater pero no quería llamar la atención. Rumbo a los elevadores me preguntó si no tenía calor, le respondí que sí. (En el baño me quité el sweater pero después me vi en el espejo y la verdad consideré que había exagerado con esos tacones, pues resaltaban demasiado mis curvas y mis nalgas). Entonces me preguntó que si no tenía más calor con el sweater. Me lo quité y él se quitó el saco. Después de unos breves pasos caminando, me percaté como unos hombres me voltearon a ver.

    El edificio era de 50 pisos, así que teníamos que bajar por el elevador. Había demasiada gente y no quería demorarme más de lo debido, pues quería llegar a casa antes de mi marido. Logramos entrar apenas al elevador de tanta gente que subía y bajaba casi al mismo tiempo, pues el otro elevador estaba descompuesto. Ya en el elevador, completamente lleno y con mucho movimiento, él terminó por quedar detrás de mí. Sentía su respiración en mi cuello y la fragancia de su loción. Me gustó su aroma. De repente me dijo que si podía poner sus manos sobre mis hombros. Parecía incómodo: su espalda casi se “incrustaba” en la pared de metal del elevador por tanta gente. Voltee a verlo, sonreí y con la cabeza asenté que sí.

    El elevador se detenía casi en cada piso pero nadie bajaba y todos seguíamos apretujados, como si fuéramos en el metro en una hora pico. Ante tal situación y no por él, sentía como mi cuerpo se pegaba más al suyo mientras más personas entraban al elevador. Irremediablemente sentí su bulto casi pegado a mí trasero. La tela delgada del vestido provocaba una sensación demasiado cercana. Recordé esa mañana el miembro de mi marido pegado a mis nalgas también, pero erecto y en otra posición y yo con una tanga puesta. Ahora otro miembro estaba pegado a mis nalgas. Supuse que se estaría excitando, pues sentí como su respiración se entrecortaba un poco. Salía gente y entraba. Había momentos en que nos separábamos para después estar otra vez pegados. Pensé que sin los zapatos altos que traía no se hubiera dado esta coincidencia. Me sorprendí como se humedecía mi vagina de inmediato, algo ya inusual por mí edad. Disfruté nuevamente la sensación de humedad en mí vagina. Me sentí más sensual al saber y sentir que no traía ropa interior. Esto, debo decirlo, me excitó. Cuando llegamos al piso del lobby, bajó casi la mitad de la gente. Al haber más espacio me separé un poco de él. Bajó sus manos de mis hombros pero las colocó alrededor de mi cintura. No me opuse.

    Entonces sentí, ya no su bulto, sino su miembro, completamente erecto, ligeramente pegado a mis nalgas. Al sentirlo me separé. Cerraron las puertas. Sutilmente me acercó hacia él con la fuerza de sus brazos. Dudé en aceptar la propuesta implícita. Sin embargo, acepté y nuevamente mi cuerpo se juntó al suyo. Con la fuerza de sus brazos hizo que me pegara a su cuerpo. Para continuar con el juego del coqueteo, voltee mi cabeza para mirarlo a los ojos y al mismo tiempo froté mis nalgas en su miembro. Ambos nos sonreímos.

    Finalmente llegamos al piso donde se encontraba el estacionamiento y nos dirigimos a su automóvil. Me abrió la puerta para subirme al auto, y después le dio la vuelta para dirigirse a la puerta del conductor. La humedad no cesaba, sentía como resbalaba un líquido pegajoso al interior de mis muslos. A pesar de lo excitada, con mi corazón latiendo más de lo debido, me controlé. Ya en el volante, encendió el auto y nos dirigimos al estacionamiento de la escuela donde se encontraba mi auto. Llegamos. Se estacionó. Bajó, y dio la vuelta al auto para abrirme la puerta. Me ofreció su mano para bajar, la acepté. Caminamos a mi auto. Abrí la puerta y antes de subirme nos despedimos con un breve beso en la mejilla, mientras me decía al oído “fue un placer tu compañía”. Le respondí “para mí también”. Se acercó a mí, pretendiendo abrazarme, pero me retiré de él sin rechazarlo y opté por despedirme. Solo me dijo que esperaba verme el día de la inauguración del Congreso-exposición: “Espero poder ir”, le respondí. Ya en mi auto, frente al volante y antes de arrancar, nos despedimos ofreciéndonos una sonrisa.

    En el trayecto a mi casa pasaron por mi mente muchas cosas. Desde cierto arrepentimiento por lo que había hecho, hasta pensar en que pude haber llegado a más con lo excitaba que estaba. Llegué a casa. Ya había llegado mi marido.

    Me preguntó que de donde venía, y por qué tan arreglada. Le dije que había sido el último día de clase del diplomado y que se había organizado una reunión por ese motivo y que había aceptado la invitación. No entré en detalles. Traía una botella de vino y me dijo que bebiéramos una copa. Cuando terminamos nos levantamos y me dijo que le excitaba verme vestida así, con ese vestido y que con esos tacones resaltaban mis curvas y mis nalgas, pues nunca me los había puesto con ese vestido. De repente me abrazó por detrás. Sentí su bulto en mis nalgas. Al sentirlo recordé la situación del elevador. Empezó a besarme el cuello, lo que me excitó todavía más. Su miembro empezó a crecer, estando ya duro me lo restregaba en mis nalgas. Volví a recordar que hacía unos minutos otro miembro estaba pegado a mis nalgas y esto me excitó todavía más: saber lo que provocaban mis nalgas con ese vestido.

    Voltee a verlo y nos besamos. Luego nos abrazamos de frente y empezó a acariciar mis nalgas sobre el vestido, buscó el resorte de mis calzones y se dio cuenta de que no traía ropa interior. Nos empezamos a excitar y me dijo que subiéramos a la recamara. Ya en la recamara me preguntó que como quería que me cogiera: no dudé en decirle que por detrás. Me acerqué a la cama, subí mis rodillas y puse mis las palmas de mi manos al frente. Entonces levantó mi vestido y mientras acariciaba mis nalgas, mis muslos y mis pantorrillas y luego el interior de mis muslos, sintió mi humedad y me preguntó porque no me había puesto bragas si sabía que no iba a estar con él ese día. Le respondí que todo el día había estado caliente, que me había dejado deseosa desde la mañana y que había decidido no ponerme ropa interior para sentirme sexy.

    Empecé a sentir la urgencia de que me penetrara. Pero antes tocó con sus dedos mí vulva y sintió mi humedad excesiva. “Estás muy mojada”, me dijo, preguntando “por qué”. “Me excita tu verga restregándose en mis nalgas”, le respondí (sabiendo que le excita que le hable de esa manera), pero sin saber que, con mi autorización, le había ofrecido la carnosidad de mis nalgas a otro hombre, quien con su atractivo, discreción, seducción me había provocado esa humedad, como hacía mucho tiempo no me sucedía. Entonces le dije: “No hace falta el gel lubricante, penétrame”.

    Me penetró suavemente pero no totalmente y después se retiró y continuó con sus dedos hurgando mi vagina y luego mi clítoris, todo ello magistralmente, sin prisa y delicadamente, como bien sabe lo que me gusta. Mi excitación empezó a aumentar, él lo sentía perfectamente pues identificó el instante perfecto y empezó a penetrarme. No me envestía, lo hacía suavemente, por lo que mi gozo se iba acumulando. Sentía su miembro y su erección firme. Me sorprendió que su miembro se mantuviera más rígido de lo normal, sin la urgencia de eyacular. Entonces le dije que no se moviera, que se mantuviera quieto. Yo empecé a mover mis caderas en forma circular y él coordinaba el movimiento con sus manos en mis caderas. Me estaba gustando hasta que, continuando con el mismo movimiento, sacaba un poco mi vagina de su miembro para concentrarme en su punta, del tal manera que sentí como su excitación aumentaba y como venían en camino sus fluidos. En ese preciso instante yo también sentí como iba en camino a un fabuloso orgasmo, después de estar todo el día caliente y estar coqueteando con otro hombre.

  • Super heroína prostituta

    Super heroína prostituta

    Hola, me llamo Alicia tengo 20 años de altura promedio, piel blanca, tetas medianas, cintura delgada, culo algo grande y cabello originalmente castaño pero teñido de rubio.

    Soy una gran fan del héroe arácnido y cuando salió la película fui a verla repetidas veces y en una de ellas compré y usé un traje de Spider-Gwen, le dije a mi novio que fuera conmigo, pero no quiso ir pues estaba con sus amigos así que decidí ir sola.

    Aún estaba molesta con mi novio, si era la tercera vez de verla, pero no podía evitarlo, sabía que el traje era muy pegado y podía marcarse así que lo usaba debajo de una falda y un top para que aún se viera, al salir del cine me di cuenta que era tarde así que llamé a mi madre si iba por mi, pero no contestó así que no me quedaba más que esperar un taxi y como la plaza estaba cerrando tuve que salir y me senté en un pequeño parque frente a la plaza a esperar.

    Entre las personas que igual salían un hombre, de al parecer 24, se sentó a pocos metros de mi, llevaba una playera del héroe así que, como no tenía más que hacer, le pregunté si había ido a ver la película, dijo que si y me acerqué a charlar con él y me preguntó mi edad después de decirle tuvo más confianza, estuvimos un buen rato hablando y me dijo que le gustaba el traje, me sentí feliz por eso y le levanté quitando la falda y top (igual llevaba ropa interior) para que lo viera mejor.

    Se levantó y me pasó una mano por la cintura, me sonrojé un poco y su otra mano empezó a acariciar mi rostro, por un momento imaginé que pasaría así que me dejé llevar y cerré los ojos, me dio un sexy beso metiendo su lengua e hice lo mismo, su mano bajó de mi cintura a mis nalgas y las apretó, nos separamos y dijo «si no te molesta me gustaría hacer algo más» estaba sonrojada y el beso me había puesto caliente así que le dije que si.

    Me tomó de la mano y fuimos a una parte un poco más apartada ahí me miró, nervioso y sacó su billetera con un billete de 200 y dijo «¿podrías darme un oral con esto?». Al ver el dinero me sentí sucia, pero igual no cargaba mucho dinero y no sabía cuánto cobraría un taxi, tomé el dinero y me arrodillé frente a él, le abrí despacio el pantalón hasta que salió su verga la cual en realidad estaba muy limpia y rasurada, pero sobre todo dura, acomodé mi cabello y la metí despacio.

    Él soltaba unos pequeños gemidos que me parecían muy tiernos y yo lo miraba a él o cerraba los ojos, no me preocupaba mucho que llegara alguien, estábamos solos pero aun así la situación me ponía el corazón a mil y a la vez me excitaba, estuve un buen rato chupando su verga que la chorreaba saliva y estaba muy caliente, me separó unos segundos para tomar un mini descanso y me dio un toque en el hombro, levanté la vista y llevaba un billete de 500 en la mano y dijo «no se podríamos hacer algo más…».

    Me levanté y lo mire diciendo «¿Qué cosa?» Llevo de nuevo una mano a mis nalgas y dijo «tener sexo… Aquí» cuando dijo eso algo se encendió en mi y casi de inmediato respondí que si y tome el dinero (para después buscar un hotel donde dormir o algo) se fue unos minutos dejando su mochila y regreso con unos condones en mano, volví a bajarle el pantalón y chuparla para ponerlo aún más duro y ayudarlo a ponerse el condón.

    Me levanté dándole la espalda y él bajo el cierre de mi traje el cual apenas llegaba a la espalda baja, no quería desnudarme en el parque así que le dije «si quieres puedes romperlo, ya viste que tengo más ropa aquí» dijo que si mientras frotaba su verga en mis nalgas, sentí sus manos en mi culo y como de un tirón rompió el traje, dejando el cierre abajo, sentí sus manos directo en mi piel y como sacaba mis bragas que se habían metido entre mis nalgas, para después hacerlas a un lado y frotar su verga entre mi coño y ano.

    Estaba nerviosa y el metió una mano desde mi espalda tocando una de mis tetas bajo mi sostén y de un suave movimiento su verga se resbaló dentro de mi, empecé a gemir y él movía suavemente sus caderas mientras sostenía las mías, con cada embestida aumentaba la velocidad hasta hacerlo de una forma «normal» mis gemidos también eran normales pero un poco bajos en volumen, no porque no le gustará, en verdad se sentía muy bien su verga, pero para que no nos fueran a descubrir.

    Lo estaba haciendo excelente y para compensarlo tome la máscara en mi mochila y me la puse dejando mi boca expuesta, cuando me vio sus caderas se movieron aún más rápido haciéndome gemir más fuerte, él no me veía del todo pero sabía que debajo de la máscara estaba mi rostro excitado, tomo mi barbilla y me beso, su verga era excelente y me tenía loca y aún más que bajo su mano para frotar mi clítoris, mis piernas estaban temblando y mis manos estaban apoyadas en la banca pero una de ellas fue a su vientre como si fuera a bajar la velocidad pero en su lugar fue un aviso de mi orgasmo.

    Me puse de puntas y una corriente eléctrica recorrió todo mi cuerpo, él la metió toda y se quedó quieto unos segundos mientras mis jugos salían mojando su verga, el suelo y el traje, me beso y quitó la máscara durante el beso, saco su verga y me senté en la banca abriendo las piernas y el me recostó mientras me quitaba las mangas y la parte de arriba del traje igual que mi sostén para ver mis tetas.

    Se subió en mi y nos besamos, durante el beso él empujó de nuevo su verga dentro, muy rápido, mis gemidos eran fuertes pero el seguía el beso, mis manos lo tocaban todo lo que podía, estaba muy sensible por el orgasmo y aún más caliente por la situación, pensar que era un completo extraño y lo rico que lo hacía me nublaba la mente por el placer, sin darme cuenta lo estaba abrazando con mis piernas, nos dejamos de besar y ahora aguantaba un poco mis gemidos pero, según él, mi rostro mostraba todo el placer que tenía.

    Estuvimos unos minutos así hasta que me dijo «ya casi» escuchar eso fue como un alivio porque sentía que me iba a desmayar le dije que siguiera sin darme cuenta que cada vez apretaba más mis piernas y brazos, sentí como la intento sacar y volví apretar hasta mantenerlo dentro, por el condón no lo hizo directo en mi coño pero si pude sentir como llenaba el condón, nos quedamos unos segundos así y saco su verga a la cual se le salió el condón y después saco el condón intacto y lleno de semen.

    Me acomodo las bragas y me senté en la banca mientras sacaba mi ropa de la mochila y me vestía, y me dijo «soy Arturo por cierto…» No me había dado cuenta que no había preguntado su nombre y le respondí con el mío, buscamos juntos un hotel y nos quedamos a dormir en el mismo cuarto, tome un baño y… Bueno no dormí jeje lo hicimos otra vez, ya a la mañana cambiamos números y cada uno se fue a su casa.

    He hablado mucho con él y las ganas de repetirlo, ustedes que dicen ¿deberíamos tener otro encuentro? Y también díganme si quieren saber lo que pasó en el hotel, gracias por leerme y no olviden un «gran poder…».

  • De comprar un colchón a estrenarlo

    De comprar un colchón a estrenarlo

    Era una tarde noche de verano, como cada viernes, mi amigo y yo compartíamos una cerveza en el bar local, con la encomienda que la mayoría de las veces por esos tiempos nos mantenía enfocados: follar a una nueva chica entre los dos.

    ¡Y no era para menos! Habíamos ya tenido algunos encuentros con chicas que él frecuentaba, y aunque era claro que eventualmente cada una de ellas se encontrarían cogiendo duro con él, no era precisamente lo que nosotros esperábamos. Nuestro objetivo era (después de depurar nuestro discurso y nuestra técnica) convencerlas de tener una experiencia con los dos.

    El juego era simple, yo fungía como un desinteresado intelectual, haciendo preguntas raras, a veces incómodas pero justas y en el límite de lo decente; teníamos claves secretas, para quitarle atención, para subir el tono, para bajarlo, para sacarla de control y por supuesto… para proponer nuestras intenciones, veladas en un sutil juego de desinterés y de erotismo extraño, fresco e indescriptiblemente irresistible.

    Fue así como logramos de forma hollywoodense hacernos de un rol en los encuentros que realmente eran de amistad pura, en su mayoría.

    Después de este contexto, he de contarles la historia que hasta ahora es la preferida de mi memoria para pasar del estado intelectual, sobrio y educado al animal sin control que las mujeres desean para desquitar una buena noche casual.

    Como les decía, queridas lectoras; estábamos en un bar, casi resignados a pasar el resto de la noche inhalando cocaína, bebiendo cerveza y platicando sobre teorías de conspiración e ideas alocadas que seguramente continuarían hasta el amanecer.

    De repente, mi amigo pidió ágilmente la cuenta. Como si alguien o algo lo estuviera presionando. Se veía nervioso y ansioso, tan ansioso que se levantó y antes de que llegara la cuenta, fue a pagar a la caja.

    Le pregunté por lo que le pasaba, y él simplemente se contenía y me sacaba “la vuelta”. Lo más que dijo fue: “tenemos que llegar a la casa en 20 minutos”.

    La cuenta se pagó, subimos al coche y en menos de 15 minutos estábamos metiendo una ronda de cervezas en el refrigerador de su casa, tomando asiento y calmando las ansias.

    Una vez logrado el cometido de estar en casa, volví a preguntar lo que pasaba, y justo cuando él estaba dispuesto a explicarme, sonó el teléfono, anunciando la llegada de una visita…

    El misterio prevalecía, preferí esperar a saber qué estaba por pasar, mientras veía a mi amigo caminar de un lado a otro como león enjaulado, pensando y pensando como nunca le había visto antes.

    El timbre sonó, él abrió la puerta y entró una mujer que definitivamente no era del tipo de mujeres que mi amigo atraía…

    Ella mostraba un semblante seguro, su rostro producido de manera natural, dejaba ver algunas arrugas en sus ojos; lo cual sugería que era una persona ocupada, con experiencia, responsable e inteligente. Nada que hiciera referencia al tipo de mujeres que mi amigo solía invitar…

    La saludé como si se tratara de la mejor amiga de mi amigo, y es que para ese momento, yo pensaba que se trataba de eso; una visita de amistad, casual e intrascendente…

    Gracias al destino, esa noche habría de reconocer una faceta que no conocía de mi. Una vez que me había presentado con aquella chica, no pude resistir y recorrí de pies a cabeza con la mirada. Llevaba unos pantalones entallados, muy entallados. Negros y de un material parecido al cuero que conducían sin remedio a sus muslos, grandes y torneados y al final a un espectáculo de carnes que sobresalían de forma redonda y perfecta justo debajo de su espalda.

    Fue solo por un momento que me perdí en mi pensamiento imaginativo y pervertido, imaginando desde el sabor de su cuerpo, hasta los sonidos que de ella emanarían después de montarla desenfrenadamente cual animal en celo que volteé mi mirada para ver como mi amigo se encontraba bajando ese pantalón y exponiendo la ropa que en ese momento supe que había elegido para coger con él.

    La conversación efímera que montamos se estaba viendo truncada por las salvajes manos de mi amigo, que poseídas por la excitación, rompían el límite que había sido roto segundos antes. Ella dejó de contestar, y yo me adentré en mi rol, observando la intensidad con la que las caricias se volvieron castigo para sus nalgas y muslos. El ambiente se llenó solo del sonido de su piel siendo agasajada, seguida de algunos gemidos que apenas dejaba escapar, y la voz de él, pidiéndole que “se la mamara”.

    Aquello era un espectáculo, realmente no sabía lo que estaba pasando, pero lo estaba disfrutando demasiado. Ella sacó su pene, encontrándose con lo que había imaginado: un pene duro, pálido, curvo… justo cuando lo metió a su boca, me miró.

    Fue la mirada de una mujer que estaba dispuesta a saber por qué me limitaba solo a ver el espectáculo, sin mover un dedo, sin parpadear un solo segundo para ver a aquella mujer que hace 10 minutos llegaba como cualquier vecina hincarse para darle placer a mi amigo.

    La escena duró lo que duró la impaciente necesidad de mi amigo por aguantar tremenda eyaculación y dar paso a abrir las piernas de aquella mujer, que desde mi posición cobraban vida y exigían ser usadas para el placer máximo de un hombre. Yo veía con templanza, confiado de que mi rol por el momento era observar, no hacer ningún ruido, movimiento, expresión o reacción que pudiera interferir con el performance que estaba sucediendo a dos metros de mi. Enfoqué mi mirada en las manos de él, hurgando vigorosamente las nalgas y los muslos de ella. Mi expresión: taimada, calmada, calculadora… inexpresiva y ocultando todas las sensaciones que realmente sentía en ese momento y que estaban a punto de salirse de control…

    “Vamos arriba” dijo mi amigo manipulando su verga húmeda y grande, resultado de haber estado dentro de la boca de aquella chica, mientras su otra mano alcanzaba ya el húmedo y excitado sexo de aquella mujer.

    No se dijo más, no pedí permiso, subí con ellos y permanecí pegado a la pared del cuarto, de nuevo sin hacer ningún ruido, como si de un juez analizando pruebas se tratara.

    Él la subió a la cama e hizo lo que cualquier hombre habría hecho primero con ella. La colocó en posición animal, ella sentía el rozar de su verga erecta sobre su mojada vagina, estaba sin duda lista para enseñarle a mi amigo cómo se cogía a una mujer de verdad. Sus nalgas pedían a gritos que aquella verga la penetrara, solo antes de dejarse llevar por ese coño hinchado y mojado, ella pidió que se pusiese condón. No puedo narrarles el momento en el que él metió su herramienta dentro de ella, y no puedo narrarles porque mi atención fue robada por su mirada, la cual no abandonó ni un segundo la mía incluso cuando aquél animal estaba a punto de penetrarle. Lo que les puedo decir es que no pude controlar aquél juego de contención. Bastó con que con esa mirada, abriera su boquita y me invitara sutilmente a participar en aquella experiencia.

    Me acerqué a ella sutilmente, mientras él la bombeaba sin reparo alguno, mi verga tenía ya una erección que no había sentido en años, ella se miraba curiosa de conocer por fin lo que se escondía bajo mi pantalón de cordones, que fueron removidos al mismo tiempo que aquella verga dura e hinchada se escapaba de mi ropa interior, sin perder un solo segundo, la metí en su boca.

    A diferencia de otras mujeres, ella imprimió un ritmo especial. Sentía que mi miembro iba a explotar de lo grande y ancho que estaba, aun así mi rol prevalecía aún, y solo miraba como ella se comía centímetro por centímetro aquella recompensa de carne, la miraba a los ojos, llenos de placer, humillada; siendo penetrada y al mismo tiempo procurando usar su boca como merecía aquella experiencia única.

    La erección de mi amigo llegó a su fin, sin eyacular. No hubo discurso, se quitó de atrás y ella, sacándose mi verga de la boca, me pidió ponerme un condón para disfrutarla.

    Solo quedaba uno, uno era suficiente. Me lo puse un poco nervioso, pero seguro de que tenía delante de mi una mujer que quería premiar mi locura y disciplina, que de alguna manera sabía que se transformaría en una energía que haría que mi amigo fuera simplemente un elemento más de la verdadera experiencia.

    Lo que pasó después fueron quince minutos de mi mejor desempeño dentro de una mujer. Ritmo, olor, sabor, ruido. Aquél mirón que estaba de manera extraña provocando lívido era ahora el que rebotaba las nalgas de aquella puta una y otra vez. No sé si se vino. No importaba, en ese momento la persona que estaba detrás de ella, bombeando, golpeando, penetrando cada centímetro de verga en aquella mujer, que con sus sonidos me hacía sentir que ya había sido más de lo que esperaba.

    Terminé después de incrementar el ritmo, nunca me ha parecido incómodo el condón, de hecho me causa más placer el hecho de que lo vean ser retirado lleno de semen, provocado por una cogida de campeón.

    Gracias. Fue lo que dijo, mientras mi amigo solapaba “te pasaste de verga”

    Gracias a ti.

    Y pensar que todo fue por la venta de un colchón.

    Extraño solo mirar. Extraño tomar sus caderas y entrar y entrar y entrar.