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  • Infiel por mi culpa. Puta por obligación (27)

    Infiel por mi culpa. Puta por obligación (27)

    Un discurso… ¿Provocador?

    — ¡No mi vida! No te sobresaltes pues no es lo que imaginas. En eso si fuiste el primero, lo juro. Era algo más de mí… ¡De mi incumbencia! Un reto personal, que una vez impuesto a solas para vencer mi fobia, –y aprovechando la ocasión– quería superar para después poder practicarlo contigo. —Le digo a Camilo, mientras lo retengo. ¡Espera, cielo! No te apartes y déjame explicártelo.

    Mariana extiende su brazo izquierdo y me toma por el tobillo, angustiada por mi reacción. Como idiotizado por la suplicante melodía de su voz, o por el hechizante azul celeste en sus ojos, –ennobleciendo con la mirada su gesto suplicante– me paralizo a menos de un metro de la arrugada tela rosa de mi camisa, que le sirve a sus nalgas como un humilde trono.

    Permanezco quieto respirando sosegado, y eso parece tranquilizarla, pues afloja lentamente el firme agarre de su mano y sus dedos, que con decisión han oprimido mi empeine brevemente, paulatinos se apartan y los veo alejarse, elevándose hasta hallar un nuevo refugio, ya extendidos, en el centro de sus senos. ¡Liberándome de aquella sensación táctil tan familiar y extrañada!

    — ¿El primero, has dicho? –La cuestiono mirándola. – Ok, Mariana, te otorgo el beneficio de la duda y haré de cuenta que es verdad lo que me dices. Sin embargo me queda el sinsabor de que es altamente probable que no haya sido exclusivo para mí, ni yo el último en disfrutarlo. ¿Me equivoco? —Le dejo caer la pregunta mientras que palmoteo mi trasero con fuerza para quitarme de encima la arena acumulada y por supuesto para erradicar de mi mente estos malditos pensamientos.

    —Nuevamente estas en lo cierto, Camilo, pero eso no es óbice para declarar que contigo lo disfruté más a pesar de las molestias iniciales, pues te lo entregué por amor y no obligada o comprometida como la última vez. ¿Te queda claro? —Y mi esposo asiente con la cabeza en una actitud tolerante, más mi vista se enfoca más atrás de su elevada figura, pues a la distancia observo como Verónica acuciosa, nos observa. Se da cuenta de que la he pillado, más la rubiecita no me aparta la mirada y por el contrario, en una actitud despreocupada me sonríe.

    — ¿Entonces puedo finalizar y así explicarte lo que pretendí superar? —Le preguntó nuevamente a mi esposo, centrando nuevamente la atención en el café de sus ojos noctámbulos, y acomodo diferente mis nalgas y las piernas, apretándolas contra mi pecho, asegurándolas con las manos y entrecruzando los dedos sobre mis rodillas, para proseguir con el final de aquella tarde junto a K-Mena.

    —Con algo de temor, tomé la verga de silicona con una mano, –que vertical sobresalía de la superficie desde su pubis como un periscopio– y nuevamente acerqué mi rostro hacia ese falo artificial. Lo empecé a recorrer con mis labios de una manera disciplinada y fui llenándome parcialmente la boca de toda su longitud, para posteriormente lamer el tronco con aquellas venas simuladas y mis manos las sumergí alojándolas bajo sus caderas, hasta darles la forma adecuada a las palmas para ayudarla a flotar, sosteniéndola de cada nalga y meciéndola lentamente, logré que no se hundiera.

    —K-Mena acariciaba mi frente, despeinando de paso con sus pulgares mis cejas, logrando de esa forma que cerrara mis ojos y me concentrara en la lección que le ofrecía. La succioné y lamí varias veces, para luego sacarla de mi boca y alzar la mirada para confirmar que aquellos bellos ojos grises me estuvieran observando, percatándose de mi accionar, pendiente de la forma en que yo le enseñaba a hacerle sexo oral a ese imaginado amante.

    —Fue tal emoción que la embargó, o quizás por gastarme una broma, –no lo supe bien en ese momento y tampoco se lo pregunté– pero ella apoyó sobre mi coronilla las dos manos y presionó mi cabeza hacia abajo con firmeza, haciendo que me atragantara con ese pene y reaccionara sacándola de inmediato de mi boca y casi asfixiada, la mirara con algo de disgusto.

    — ¿Qué pasa bizcocho? ¿La tengo tan grande, que esa boquita tuya no es capaz de tragársela por completo? ¡Jajaja! —K-Mena levantando los hombros, ampliando el volumen del pecho inhalando aire, e imitando la apariencia presumida y varonil de aquel Nacho imaginado, –incluida la gruesa voz– burlándose me retó a hacerle una mamada más profunda y completa.

    —Creo que la miré con furia y de inmediato acepté su desafío. Escupí una gran cantidad de saliva sobre la cabezota rosácea de aquel consolador de silicona, y mirándola desafiante, con determinación lo introduje hasta la mitad dentro de mi boca, sin dejar de hacer contacto con sus ojos grises, muy redondos y expectantes.

    —Enseguida ella, juguetona se sonrió, y movió hacia abajo sus caderas sacándolo de mi boca, hundiéndose dentro del jacuzzi, alejando ese pene de mi alcance para volver a sacarlo a la superficie y volverse a hundir. ¡Allí fue! En ese preciso momento, con decisión tomé suficiente aire y metí mi cabeza bajo el agua, buscando aquel mástil sumergido con los ojos cerrados. Lo sentí y lo capturé de nuevo entre mis labios, rozando aquella circunferencia contra el filo de mis dientes y las paredes del paladar, reteniéndolo dentro de mi boca por bastantes segundos. No muchos en verdad, pero aguanté la respiración lo más que pude, mientras ella movía sus caderas hacia arriba y hacia abajo, follándome la boca.

    —Sumergida, abrí los ojos para observar cómo se escapaba por mi nariz el oxígeno, formando hileras de burbujas que ascendían frente a mi rostro pero no me alarmé por ello, y satisfecha por mi logro, saqué finalmente mi cabeza a la superficie sin premura, tomando una bocanada de aire en medio de una victoriosa mirada hacia aquel rostro… ¡Precioso y sorprendido!

    —Sonriente, volví a hacerlo, y así unas cuantas veces más hasta que estuve satisfecha. A dos manos retiré de mi rostro los cabellos mojados, y obsequiándole una mirada perversa, me sentí feliz pues había vencido finalmente mi irracional temor a sumergir mi cabeza, manteniéndola bajo el agua sin miedo a ahogarme. Mis dos amantes, aquel hombre imaginario y la real mujer hechos uno, desprovistos ya de su soberbia, en frente de mí al otro extremo del jacuzzi, simplemente se reían por su travesura.

    —Yo para vengarme, tomé a K-Mena por sus corvas y la jalé atrayéndola hacia mí, consiguiendo que al resbalarse también hundiera cabeza y cuerpo bajo el agua. Como chiquillas jugamos a salpicarnos con el agua por un tiempo, formando charcos fuera del jacuzzi, hasta que el timbre del citófono de la habitación sonó unas cuatro veces, recordándonos que el tiempo de alquiler de aquella habitación estaba por cumplirse.

    —Nos duchamos y vestimos con rapidez en completo silencio, las dos satisfechas pero muy pensativas. Luego de cancelar por el servicio de la habitación, ya dentro del automóvil, K-mena vuelta a su estampa tradicional, –algo apenada– me agradeció por todo lo que le había enseñado, y yo manteniendo mi consumada posición de esposa infiel, besé su mejilla y le solicité que lo sucedido en aquella habitación, quedara entre nosotras y que no se lo contara a nadie, porque de lo contrario, si llegaba yo a enterarme que por los pasillos de la oficina se corría el rumor, jamás volvería a repetirse algo así, y sus deseos de disfrutar más de mí, se quedarían en eso. ¡Simplemente en ganas!

    — ¿Y así concluyó todo, Mariana? Porque le demostraste como se hacía, más a ella no la dejaste probarlo. ¿No era precisamente esa, la intención de aquella cita? —Intervengo intrigado.

    —Así es. Y ella también como tú, con suspenso me lo preguntó.

    — ¿Qué le dijiste?

    —Le respondí que la próxima vez, ella se convertiría en la mujer.

    —Entonces… ¿Simplemente la dejaste con las ganas, porque a ti se te dio la gana? ¿Qué pretendías acaso? ¿Mantenerla interesada en ti? ¿No llegaste a pensar en esa posibilidad?

    —Por supuesto que lo pensé. Tuve la certeza de que me había convertido en la primera persona, –de hecho en la primera mujer– en acariciar no solo su cuerpo, sino también su alma, permaneciendo para siempre incrustada en sus memorias al proporcionarle sus primeros orgasmos, y obviamente enseñándole a disfrutar de su naciente sexualidad.

    —Y para ser completamente sincera contigo cielo, no podré olvidar fácilmente la conmoción que observé en su rostro, por la revolución física y la congestión mental que yo le provoqué cuando alcanzó la cima del insospechado clímax, y que por su temor a caer en el pecado, K-Mena se había negado a experimentar a solas. Para fortuna mía, aquella vez junto a mí, ella no advirtió el dolor de la primera penetración, y en cambio con mi boca y las manos, aquella tarde se le avivó la sonrisa por el placer que sintió y el que me proporcionó. Únicamente nos entregamos por completo al goce lésbico de disfrutarnos, hasta lograr alcanzar juntas el inefable paroxismo del orgasmo, insólito en ella, exótico para mí, y definitivamente tan novedoso para las dos.

    La verdad es que absorto, observo el rostro contrito de Mariana, y no sé qué pensar de todo esto. He comprendido a las malas, que para ella no fui el único, ni antes de conocernos y claramente tampoco después de dejarme enredar en ese maldito entramado, donde sació sus ganas de trabajar y palió su aburrimiento con placeres nuevos, defraudándome de paso. ¿Y ahora esto? ¿Llevarse a la cama de un motel a una mujer, para supuestamente enseñarle algo que cada quien debe aprender a su manera? Y en el medio de ellas dos y sus cuerpos, en la mente de ambas la presencia del tumbalocas ese. ¡Fantástico para ellas, desilusionante y tan amargo para mí!

    Dudas y más dudas. Si como me acaba de contar, no podrá olvidar fácilmente ese rostro y sus gemidos, es porque realmente lo disfrutó a plenitud y sin arrepentimiento. Lo mismo puede que le suceda con todo lo demás, lo que hizo o deshizo con ese playboy de playa, y… Solo Dios sabe que más. ¡Mierda! ¿Cómo podré estar seguro de que, si volviera a su lado, cuando hagamos el amor nuevamente, no estará rondando en su mente el rostro de ese tipo, o el de su amiga? ¡Jueputa vida! Y para completar mi desdicha, el sabor de esta cerveza no ayuda, está al clima y no tengo hielo para enfriarla.

    Camilo se inclina para tomar una nueva cerveza, y se rasca la cabeza. Al hacerlo mis ojos se centran en la casi hipnótica oscilación de la cadena de oro que cuelga del cuello, con su sortija de matrimonio sirviendo como contrapeso. Hace mala cara tras dar el primer trago y me mira. Esta caliente supongo, y eso no le gusta para nada, como a mí tampoco me agrada su reacción, tan apacible como las olas de este mar sereno, pero oscuro. Su reacción tan calmada, normalizando al parecer la infidelidad que le acabo de relatar, me angustia, pues puede que no solo esté asimilándolo, y ese estoicismo sea el anticipo a la tragedia y al llanto, –suyo y mío– que se nos avecina.

    Comprendo bien que esto que le acabo de confesar es una infidelidad, pero curiosamente no le duele o no lo lastima, como el hecho de haberse enterado de que mantuve una relación, –para mí solo sexual, para Camilo hasta sentimental– con José Ignacio. Tal vez la razón se deba a que fue una experiencia para calmar la curiosidad de K-Mena o por cumplir con un deseo escondido de mi parte, por lo tanto mi marido lo ve lícito, y que a la larga como a la mayoría de los hombres, también eso había estado presente en su mente como una fantasía sexual no confesada. ¡Ver a su esposa gozando del sexo con otra mujer!

    Pero nunca me la mencionó, tal vez por temor de lo que pudiera pensar de él. Nos complementábamos sexualmente, en lo físico y en lo mental, por ello jamás llegamos a pensar o hablar sobre el tema de incluir a otras personas fantasiosamente en nuestros encuentros sexuales. ¡Éramos felices como pareja y nos bastamos los dos! ¿Entonces cuál es el motivo para no observar molestia alguna en las facciones de su rostro, y por el contrario, al llevar sus manos al frente de su entrepierna, acomodárselo y disimulado enderezarlo, intentando ocultar la evidente dureza de su pene bajo la tela de sus bermudas?

    — ¡Alcánzame tu vaso por favor! –Le digo con suavidad para que no piense que es una orden mía. – Voy a pedirles el favor a las muchachas de que nos obsequien otra ronda de hielo picado. ¡Ya regreso y continuamos!

    —Ajá. ¡Sí claro, cómo no! ¿Y piensas ir así? —Le digo señalándole con mi dedo su notoria excitación, y mi marido de inmediato dirige el café de sus ojitos hacia la ingle, y al darse cuenta de lo notorio de su situación, se lo cubre con la mano derecha, mientras los dedos de la izquierda, simulan labrar surcos sobre una cuarta parte de su sudada frente.

    —Lo lamento Mariana, no me di cuenta. Creo que me ha traicionado el subconsciente, quizás debido a tu manera tan fidedigna de relatarme tu magistral lección sexual. —Le digo avergonzado evitando conectar con el cielo de sus ojos, y para calmar la ansiedad respiro con profundidad varias veces, como cura milagrosa para bajar mi erección y mi malograda dignidad.

    Tan pronto como mis manos se apoderan de los dos vasos, doy media vuelta y me alejo de Mariana con taciturna lentitud, pues intento borrar cuanto antes de mi mente esas eróticas imágenes, y busco entre el grupo de alocados jóvenes, –que gritando, brincan y bailan–, a la amigable chica rubia. Mis ojos no demoran en ubicarla, pues a pesar de estar de espaldas, rodeada por sus amigas, destacan por sobre todas las demás, sus doradas ondas sueltas y libres en la melena alborotada.

    Una de ellas, la más alta y morena, se percata de mi cercanía y con cierta complicidad no verbal, –tan usual entre las mujeres– me señala con sus labios estirados y los ojos bien abiertos, consiguiendo que Verónica gire el torso un cuarto de vuelta, y me deje observar cómo resplandece el ovalo de su rostro por el calor, que se sitúa sonrosado a la par en sus definidos pómulos, y su jovial sonrisa se torna enseguida más amplia y expresiva.

    — ¡Qué más púess! Hasta que finalmente al señor le dieron permiso de arrimarse al parche. —Me saluda y de paso me reclama con su sensual acentico paisa.

    —Para nada Verónica. Nunca he solicitado permiso para reunirme y hablar con alguien, si es que lo dices por ella. Sucede que ahora estamos hablando sobre algunos temas que tenemos pendientes, y como no hemos concluido la conversación, pues por eso es que no nos hemos acercado. —Le respondo con sinceridad.

    —Uhum, sí. Por lo visto, «rolito» precioso, deduzco que ella es la culpable. —Me sorprende con su apunte.

    —Pues sí, algo así. Los inevitables desencuentros del matrimonio. ¿Qué comes que adivinas?

    —No estoy a dieta y por lo general no le hago asco a nada. Me como lo que se me atraviese por el camino, si me apetece. Y aunque soy muy poco de telenovelas, sí tengo bastante de calle. Tu mujer fue muy parca y desconfiada al saludarnos. Emana de su aura una energía plomiza, pero no es del todo negativa, por el contrario, en su rostro y los gestos nerviosos de las manos, es fácil adivinar que en ella habita el desespero por sanar una… ¡O mil heridas! Aunque tú no lo sepas, por mis venas corre sangre gitana y aparte de diseñadora gráfica, a veces hago de pitonisa para mis amistades más queridas. Y ella con ese desespero que exterioriza, no puede ser otro que el querer curar un corazón lastimado. ¿El tuyo? —Me manifiesta igual de sonriente, y logra que me ría con ganas por su último comentario.

    —Oye Verónica, vengo para pedirte el favor de recargarme estos dos vasos con otro poco de hielo. La cerveza al clima me entra en reversa. —Le contesto, cambiando el enfoque de nuestra conversación, restándole interés a sus directas averiguaciones, que en cierta medida me avergüenzan.

    — ¡Vamos pues rolito! Aprovechemos que el camino está despejado y la nevera portátil se encuentra sola y sin guardias, por lo mismo no hay que hacer la cola. ¡Jajaja!

    De inmediato Verónica, –sin dejar de mostrarme la alineada blancura de su dentadura– se empina un poco y mira por encima de mi hombro hacia donde permanece sentada la que legalmente sigue siendo mi mujer, y pasa su brazo por debajo del mío enganchándome para girarse de inmediato y caminar junto a mi muy pegada, tanto que al avanzar sobre la arena suelta hacia la esquina izquierda del lugar donde arden los leños de la fogata, su cadera constantemente golpea un poco por debajo de la mía, con un contoneo evidentemente coqueto, que de seguro debe estar siendo observado por Mariana. ¿Qué podrá estar pensando ella al verme junto a esta chica rubia, que sin lugar a dudas me está «echando los perros»?

    ¡Maldita perra asquerosa! –Entre dientes murmuro. – ¡No, perra no! —Lo pienso mejor. Una hiena que con su mirada satírica y esa risita burlona, me enseña la blanca dentadura, con la cual aspira a darle a mi marido una buena mordida. Se lleva a mi esposo unos metros más allá, mientras lo abraza y mueve el culo de forma exagerada. Con seguridad piensa que el cuerpo de mi esposo ahora es la carroña con la cual, –si me descuido– puede saciar sus ganas de macho esta misma noche y en esta playa. ¡Que equivocada estas, paisita de mierda!

    A pesar de que me dan la espalda, por el contorno de sus caras me doy cuenta que están hablando. ¿De qué? Ni idea, pero ambos demuestran interés. Y no solo conversan sino que Camilo le sonríe y yo atenta hacia aquella naciente complicidad, de repente me estremezco por un escalofrió que recorre mi espalda, consiguiendo que me enderece, mientras un raro calorcito se agolpa primero en mi pecho y luego le siento ascender hasta mi cara acalorando mis mejillas. Estoy consciente de que tras lo sucedido, lo puedo perder en cualquier momento. Cuando su razón se vea obnubilada por el instinto básico y natural, de intentar olvidarse de mí buscando por una u otra razón, su aplazado placer en otro cuerpo, aunque su alma y ese amoroso corazón, le dictamen interiormente que todavía me pertenece.

    Mirándolo ahora lejos de mí y abrazado por esa rubia que parece querer comérselo con la mirada, caigo en cuenta de que al contarle todas mis verdades con tanto detalle, también me expongo a perderlo definitivamente. Pero su amigo Rodrigo me aconsejó que fuese lo más sincera posible y eso he hecho. Iryna igualmente me dijo que fuera prudente. Ocultar es un verbo regular que usé demasiadas veces para no arriesgarme a perder lo que tenía entre mis manos. Pero como ya no lo tengo a mi lado… ¿Debo «disfrazarle» aquella pasada realidad? ¿O me la juego de una sola vez, al todo o a la nada con completa honestidad? ¿No vine acaso para eso? ¡Mierda, mierda! No sé qué voy a hacer con mi vida si lo pierdo, si eso llega a pasar. ¡Pufff! Me palpita el corazón. Siento las pulsaciones percutir con intensidad en mis sienes. Debo calmarme, sí. Serenarme y pensar. Otro cigarrillo me vendrá bien.

    — ¡Qué «bacano» sería bailar con vos! —Tras llenar los vasos hasta la mitad con hielo picado, Verónica con el característico desparpajo paisa me habla con naturalidad, mientras los coloca con delicadeza sobre la tapa de la heladera portátil.

    —Pero es qué estoy algo oxidado para bailar salsa «choke». ¿Te parece si mejor, cuando suene algún merengue o un vallenato, bailamos? —Le respondo de esta manera, en un vano intento por evitar «hacer el oso», y regresar cuanto antes al lado de la mujer que he dejado abandonada.

    — ¡Ja, oílo! Vamos púes, que esto no es una competencia de baile y nadie se va a fijar si lo haces bien o mal. —Me dice y me arrastra.

    Voy justo al lado de ella, pues su mano con firmeza me empuja por la espalda, dirigiéndonos al epicentro de la dicha y la alegría ajena, en medio de sus amigas que continúan disfrutando de la rumba. Me saludan las chicas y los muchachos por igual, levantando las manos, yo tan solo por cortesía, ladeando la cabeza saludo con una sonrisa un tanto tímida, y Verónica comienza a moverse con agilidad en frente de mí, tal si fuera una contorsionista experimentada. Hago el intento de seguirle el ritmo imitando lo mejor que puedo sus movimientos de baile, pero mis pies sobre esta arena no se deslizan como usualmente lo harían en una pulida pista de alguna discoteca, así que simplemente me limito a dar pequeños saltos de un lado al otro removiendo la arena, y con mi torpeza consigo esparcir polvorientas tempestades.

    Para mi fortuna, los vívidos sonidos de las trompetas, la armónica vibración de la marimba y los caribeños tonos bajos y secos de las congas, van amainando en volumen hasta que finalmente logran apaciguar con su silencio, el ondulante movimiento de las caderas de Verónica y sus amigas, todas ellas muy alegres a mí alrededor.

    A la distancia, observo a Mariana fumando y aparentemente en calma, ajena a este jolgorio, ensimismada con lo bueno y lo malo de sus recuerdos. Aprovecho el momento de descanso y en un descuido, me doy la vuelta encaminándome hacia la heladera portátil para recoger los dos vasos y regresar con ellos, al sitio donde me espera mi ella.

    — ¡Rolo! ¿Te vas tan rápido? —Le escucho gritar y me detengo. Al girar mi rostro, la observo carcajearse por algún comentario jocoso que le han hecho sus amigas y en calma la espero.

    No quiero parecerle desagradecido o que se forme una imagen mía equivocada, pensando que soy el típico «cachaco» aburrido. Pero es que… No me siento cómodo estando aquí, en medio de tantos gritos felices y transpiraciones bastante alcoholizadas, mientras Mariana se encuentra sola aguardando mi regreso, pensativa y huérfana de un refrescante trago de ron bien frio con estos cubitos de hielo.

    — ¿Guaro o miedo? —Me reta risueña y acerca a mis labios una copita plástica, que contiene apenas el volumen de un tercio de aguardiente y en el borde, impregnado el residuo de su pintalabios.

    —Solo uno porque ya debo irme. ¡Pero que sea doble, con cara de triple! —Le respondo y hago mi pose de súper héroe que no le teme a nada, –la favorita de mi pequeño Mateo– y Verónica sin perder su entusiasmo se hace con la botella de aguardiente, que se encontraba junto a otras más de distinto licor a un costado de la heladera, y la colma hasta el borde atendiendo mi petición.

    Bebo de un solo sorbo el aguardiente sin hacer una mínima mueca, –aunque sí que me arde la garganta– mirándola fijamente mientras la escucho hablar con sus palabras acentuadas con ese tonito paisa, tan encantador y arrastrado. ¡Y saboreo el anís, pasando la punta de la lengua por mis labios!

    —Vete púess, y ojala terminen pronto de arreglar sus cosas. Y sí gustas regresar solo, –coqueta me guiña el ojo– o acompañado, por acá en un rato te espero y prometo colocar la canción que más te guste de la Playlist, y así bailamos otra vez. Pero eso sí, rolito, asegúrate de que tu mujer no me vaya a hacer una escena de celos tironeándome de las mechas. ¿Te parece?

    —Puede ser Verónica, pero no te prometo nada, pues todavía existen algunas lagunas mentales por aclarar y espacios vacíos en nuestras vidas por rellenar. —Le respondo con franqueza y cierta tristeza en el tono de mi voz.

    Me acerco para besarle en su mejilla, y degusto sin querer, el sabor salado del sudor sobre su piel. Verónica me mira con picardía sin dejar de sonreír, y su mano se eleva para acariciar brevemente mi mentón mientras le hago entrega de su copa, –con unas pocas gotas de aguardiente en el fondo– pero ya sin la huella de su labio inferior en ella.

    — ¡Y muchas gracias por el hielo! —Gritándole le agradezco, al ir ya unos cuatro metros distanciado de su calor corporal.

    Por el rabillo del ojo observo que Camilo ya se regresa. Respiro hondamente para calmarme, pues me encuentro confundida y furibunda. ¿Celosa? Por supuesto que sí. ¡Mierda! Aunque puedo sentirlo, no debo concebirlo así, ni mucho menos reclamarle. No ha hecho nada malo ni ha permitido que esa bruja rubia se sobrepase con él, aunque se haya movido terriblemente mal al bailar el «Ras-Tas-Tas» con esa perra asquerosa.

    Ahora es que me pongo en su lugar, tras verme a mí hacerlo con Chacho en aquella fiesta, bailando más juntos que como lo han hecho ellos, y por mi parte estúpidamente, hacerlo con mayor sensualidad. Dejé ante su presencia, que el hombre al cual mi esposo detesta tanto, obscenamente me restregara en mis nalgas su endurecida virilidad bailando reguetón. En este momento es cuando comprendo que aquel acto de rebeldía de mi parte, estuvo francamente mal y fue inapropiado. Y no. ¡No se siente para nada bien!

    Llego hasta donde se encuentra Mariana, arrodillada y fumando. Me planto a prudente distancia, con los dos vasos plásticos que enfrían las palmas de mis manos, y le consulto sin mirarla…

    — ¿Cerveza o ron?

    — ¡Tengo ganas de orinar! —Es lo primero que me responde, más sin embargo no me afano y sirvo el ron para los dos, hasta exprimirle la última gota. ¡Mierda! Se ha terminado. Me rasco la nuca mientras la observo apretar los muslos y mover sus pies, refregándose el empeine primero de uno con la planta del otro, y luego repite el mismo movimiento cambiando de pie.

    Me mira y sin decirme una sola palabra adicional, extiende su brazo derecho y hacia el encuentro de la mía, llega su mano extendida. Coloco los vasos desnivelados peligrosamente sobre la arena y se la recibo, percibiendo la suavidad de sus dedos estilizados, adornadas las uñas con su cuidada manicure, y reluciente la gruesa argolla matrimonial, –la original– destacando con dorados fulgores por encima de su nívea piel.

    Con el otro brazo semi doblado, se apoya con la mano izquierda sobre la manga de mi camisa y de medio lado se levanta, plantando su escultural figura a escasos centímetros de mi cuerpo, respirando yo la floral fragancia que se encumbra desde sus cabellos, y ella con seguridad, –a más baja altura– respirando mi anisado aliento.

    Afirma sus cincuenta y pico de kilogramos sobre la arena que parece no resistir, pues rendida ante el peso de aquella escultural belleza de mujer, la misma hermosa playa parece preferir no equiparársele, y aparta los miles de gránulos blancos y ambarinos, a lado y lado de las rosadas superficies onduladas de sus plantas, sin cubrir por completo los talones, trazando un horizonte por la parte inferior hasta casi cubrir por completo los dedos, aplastándose finalmente bajo la forma griega de sus dos pies.

    — ¡Pues sabes qué, Mariana! ¡Yo también! —Le respondo mirando para ambos costados, pero la solución al problema la veo bastante lejana.

    — ¡Ni modos, no tenemos de otra! —Sin apartarle la mirada le hago el comentario y despreocupadamente, desabotono mis pantalones y deslizo la cremallera, obligando a mis shorts a que irrespetuosamente acaten la ley de la gravedad, y con la punta de mi pie izquierdo logro levantarlos para con ambas manos, sacudirles muy bien la arena antes de doblarlos y descuidadamente, colocarlos encima de mi mochila Wayuu, revisando de antemano la pantalla de mi teléfono, con bastantes notificaciones de mensajes que no me preocupo por responder, –unos de William, varios más de Eric– y me quedo solamente con mis bóxer negros.

    — ¿Pero qué estás haciendo? ¿Estás loco? —Mariana con los brazos en jarras, me mira asombrada pero finalmente se sonríe.

    Aún nos entendemos sin hablar, y sus blancos brazos se levantan y se pliegan, para aventurarse por separado hasta alcanzar la parte posterior de su cuello, y con bastante prisa Mariana desanuda los tirantes de su vestido que se precipita sobre la arena, arremangado y ocultándole los pies.

    Me obsequia una visión de su torso, cubiertos sus senos por un top blanco que se tensa ante sus redondas formas y le deja al descubierto la llanura de su vientre y el pozo de su ombligo. Y más abajo mis ojos recalan en su cintura estrecha y las caderas amplías, cubiertas por un sexy cachetero negro con encajes de flores. Mariana se da cuenta de que me he quedado embobado admirando su belleza y sin disimular su satisfacción, en el azul de su mirada igualmente observo la común expresión que asume ante una sorpresa y sus ojos toman por objetivo mi entrepierna, llevando su mano hasta la frente, sonriéndose de forma burlona. ¿Qué pasó? ¡Mierda, no puede ser! ¿Olvidé también desprenderle las etiquetas?… ¡Un momento! Estos bóxer no son nuevos.

    —Vamos ya cielo, que me hago pis. Pero recuerda quitarte ese bóxer y darle la vuelta cuando te lo vuelvas a poner, pues lo tienes puesto al revés. —Y camina apurada hacia la orilla.

    — ¿Te divertiste? —Me dice mientras los dos con felina cautela nos adentramos hacia la oscuridad de estas aguas, calmas pero frías.

    —No tanto como tú lo hiciste con esa mujer. Necesitaba tomar aire y pensar en lo que hiciste a mis espaldas. Además ya me conoces y no le iba a hacer un desplante a esa muchacha, con lo amable que se ha portado con los dos. —Mariana suspira y calla e igual que yo, en su piel erizada vislumbro el cambio de clima.

    Avanzamos con lentitud y la baja temperatura del mar acrecienta nuestras ganas de orinar. Más o menos al llegar a la mitad de esta piscina natural, protegida por el malecón en forma de «L», nos detenemos. Mariana con una sola mano desliza hasta las rodillas sus panties, y se agacha cubriéndose hasta que el nivel del agua alcanza la parte inferior de su top blanco, para con la otra, –la diestra– aferrarse con total naturalidad a mi antebrazo, consiguiendo mantener el equilibrio.

    —Cielo, sucedió algo mientras salíamos las dos de aquel motel, y que debes saber igualmente. —Me dice mientras orina.

    — ¿Más sorpresas? —Le respondo mientras doy una mirada alrededor, esperando a que Mariana termine.

    —Desafortunadamente así es. Dentro del auto tomamos los móviles para revisar mensajes o llamadas. Ella preocupada me enseñó la pantalla de su móvil privado pues tenía tres pérdidas, una de su mamá y otra dos de Sergio. En mi caso, ningún mensaje o llamada en el privado de tu parte o de mi familia, pero al encender el móvil empresarial, saltaron las alarmas. Dos llamadas y un mensaje de voz, de un número telefónico que no recordaba y cinco llamadas pérdidas de Eduardo y dos de José Ignacio.

    — ¿Terminaste? —Y Mariana asiente, acomodando con algo de dificultad su calzón y enderezándose nuevamente.

    —Me alarmé bastante, cielo. Tanto que K-Mena me quitó el móvil de las manos y se enteró de quienes había recibido las llamadas. En el caso de Eduardo, que era en verdad lo que más me angustiaba, no me afectaba que se hubiese dado cuenta, pero con las dos de José Ignacio no supe en ese momento que le diría si me preguntaba.

    Ahora es mi turno. Introduzco mis dos manos bajo la tela de mi bóxer por las nalgas y con rapidez me los bajo, agachándome un poco para sacármelo por completo y darles la vuelta, mientras voy desocupando mi vejiga, sin caer en cuenta que una pareja muy acaramelada, agarrados por las manos, están algo cerca caminando sobre la pasarela de madera desde la esquina opuesta y nos están observando.

    — ¡Ajá! ¿Y entonces qué? —Desentendiéndome de los mirones le pregunto y con una mano me apoyo en su hombro para levantar una pierna e intentar meterla por el hueco de la emparamada tela, sin éxito.

    Mariana cruzada de brazos buscando mantener el calor, se ríe. Yo no le presto demasiada atención y hago el segundo intento, dejándolos flotar un poco. Levanto una pierna y la punta del pie la encesto en la rendija de la tela, y al sumergirlos lo logro. Con la otra pierna ya es más fácil y por fin me los acomodo, esta vez al derecho.

    —No me preocupé por responderle a ninguno, –continúo hablándole a Camilo mientras su cuerpo se balancea– y le dije a K-Mena que «cada día trae su afán» y no debíamos preocuparnos pues era nuestro día libre. La llevé hasta su casa y allí nos despedimos con un prudente beso en la mejilla y una cogida de manos tierna y delicada, acompañada por una cómplice sonrisa. Luego me pasé el resto de la tarde jugando con Mateo y por la noche esperando tu llamada. Pero a la vez miraba constantemente el móvil intrigada por aquella nota de voz y la cantidad de llamadas, sin atreverme a darles respuesta. No quise demostrarle a nuestro hijo la intranquilidad que me embargaba por dentro y al recibir tu video llamada, compartiendo la alegría de nuestro Mateo al verte y hablar contigo, distrajo mi mente y producto de eso, me embargó una aparente calma.

    —Pero por supuesto. ¡Oh, Santa Mariana! Preocupada por los demás, menos por haberme sido infiel con esa muchacha, y esta vez con todos los juguetes. Gozaste tu tarde, y la única duda tuya era saber que querían Eduardo y el playboy de playa de ti. ¿Pero y yo? ¿No sentiste una pizca de remordimiento? ¿Nada? ¿Te llegaste a plantear en qué lugar quedaba yo? —Le pregunto con un tono de disgusto.

    —Estas en todo tu derecho de pensar eso, pero mi respuesta a esa inquietud que te taladra el alma, es que sí la disfruté Camilo, pero tal vez el hecho de haberlo hecho con ella, viviendo esa experiencia por primera vez con una amiga a la cual pretendí enseñarle algo, disminuyó en mí el sentimiento de culpa o de traición. No me preocupé demasiado por eso y lo minimicé cielo, pues para mí fue una traviesa lección, un deseo interior que cumplí y por lo visto… ¡A ti, igual te gustó!

    — ¿Intentas envolverme con tus historias para que me convierta en un cornudo esposo que consiente tus aventuras extra matrimoniales? ¿Construyes todos esos escenarios para provocar que mis tristezas escalen desde el fondo y alcancen la cima de una repugnante tentación? ¡Pues no! No aclares que te oscurece. ¡Conmigo te equivocas! Me tomaste por tonto pero gracias a… Gracias a esa persona tuve lucidez. Amarga y dolorosa, pero ahora Mariana, ya no me puedes manipular. Creo que pretendes alimentar las llamas de la fantasía que todo hombre suele tener, de ver o estar con dos mujeres a la vez, para tu beneficio. Y sí, por supuesto qué me llegué a excitar con tu relato porque sigo siendo humano, y a veces la mente con la razón, de la mano van por un lado, y las ganas con el deseo se juntan, marchando hacía otros lugares del cuerpo, pero no vayas a creer que dejé de verle como lo que en verdad fue. ¡Otra traición injustificada!

    —No es así, Cielo. No es como lo imaginas. Por más que te lo parezca, deja de pensar que todo esto se trata de mi interés para lograr que ahora me aceptes de regreso en tu vida, con todo y mí pasado simplemente porque sí, intentando romper con tus creencias y pensamientos sobre mi comportamiento sexual.

    Mariana intenta defender su punto de vista, pero hay algo bajo el agua que le hace dejar de mirarme y agacha la cabeza intentando observar algo, sin dejar que sus manos flotando a los costados, rocen las suaves ondas al mover su torso de manera nerviosa, atisbando su alrededor.

    —Una nueva mentira tuya, Mariana. Todo relatado con la intención de que yo acepte que el sexo que tuviste con ella y con él, no fue nada más que un acto físico sin mayor trascendencia, ya que según tus palabras, nunca involucraste los sentimientos y jamás dejaste de estar enamorada de mí. —Le respondo pero ella sigue pendiente de mirar al fondo, intentando descubrir que es lo que la inquieta.

    —La verdad es que te necesito y que no me siento capaz ni fortalecida para seguir viviendo sin conseguir tu perdón, pues este peso encima de mis hombros, este cargo de conciencia me resta fuerzas para sobrevivir y hacerme cargo de seguir adelante sola, sin tu presencia para ayudarme con la educación de nuestro hijo. Camilo, cielo… ¿Podemos regresar a la playa? Hay un pez o algo que ronda mis pies.

    — ¿Pensaste que cambiaría de pensamiento? —Le respondo al mismo tiempo que doy la vuelta para volver sin que a mí me roce algo.

    —Pues no señora, nunca seré ese tipo de hombre que le fascina consentir que su amada esposa se revuelque en otras camas y se dé el gusto de compartirla con otras personas. Puede que me duela comprender que te fui perdiendo sin haber tenido nunca la sensación de haberte abandonado, pero como has podido ver, sigo «vivito y coleando», a pesar de que no creí poder lograrlo sin ti. Así que yo jamás, Mariana, jamás hubiese consentido ni consentiré compartir con alguien más, mujer u hombre, el corazón y el cuerpo de aquella que logre conseguir conquistar de nuevo mi corazón.

    —No pretendo complicarte la vida Camilo, –le respondo mientras avanzamos despacio– ni solucionarlo simplemente convirtiéndote en un cornudo que consienta, acepte y comparta sin vacilaciones, todo lo que hice a tus espaldas. Quiero que sepas que a pesar de todo lo horrible que hice sin que lo supieras, no dejé de amarte y pretendo seguir haciéndolo, pues yo egoístamente, te seguiré llevando dentro de mi corazón, no tanto por obstinada sino porque tú te lo ganaste hace muchos años atrás. Me arrepiento como no te imaginas, Camilo, a pesar de venir hasta aquí para revelártelo todo, pero hacerlo a destiempo. Finalmente estoy haciéndome cargo de mis culpas y de los errores, que por estupidez, orgullo y vanidad mía, e inclusive por el chantaje ejercido por el hijueputa de Eduardo, cometí contra ti.

    Escucho mayor algarabía y desvío mi atención hacia el grupo de parranderos, dándome cuenta que han decidido seguir nuestro ejemplo y la mayoría de chicas y muchachos, se han metido al agua, incluso lo hace Verónica corriendo por la orilla, salpicando de agua a sus amigas.

    —Ok, Mariana. ¿Y entonces podrías decirme que carajos querían contigo con tanta insistencia? —Centrando de nuevo mi atención en ella, para saciar mi curiosidad finalmente le pregunto.

    —Al dia siguiente obtuve la respuesta. Un inmenso ramo de rosas rojas decoraba mi escritorio y a su lado, una caja de chocolates con una tarjeta blanca y escrito en letras negras, todas mayúsculas, la usual dedicatoria… ¡Para mi preciosa e inalcanzable amiga, de su amigo secreto! Pero en el jarrón de las flores había otra, con letra cursiva y diferente que decía: ¡Para la más sonriente y bella asesora comercial, de un muy bien atendido cliente! Y la cara de felicidad que tenía en ese momento, se diluyo con rapidez al llegar Eduardo a la oficina y posicionarse a mi lado con cara de amargado. Ni siquiera me dejó sentarme o dejar colgado mi bolso, y por saludo me tomó del brazo y me hizo acompañarlo, casi a rastras, hasta la cafetería del primer piso.

    — ¿Dónde carajos estabas metida ayer? Debes estar pendiente de mis llamadas y sobre todo de las de los clientes. —Encolerizado, fue lo primero que me dijo.

    —Le respondí que era mi dia de descanso, y lo había dedicado a realizar diligencias personales. Me comentó que habían ido a buscarme unos clientes con la intención de gestionar la compra de una de las casas de la agrupación y que se disgustaron mucho al no poderme ubicar. Finalmente logró calmarlos y ofrecerles que otra persona los atendiera en representación mía, pero estaban renuentes a ello y mucho menos al ver que era José Ignacio la persona designada. Ellos primero deseaban charlar conmigo antes de tomar una decisión.

    — ¿Y quiénes eran?

    — ¿No adivinas? Pues la pareja de jubilados. La señora Margarita y el manilargo de su esposo.

    — ¿Y eso era todo el alboroto? ¿Por eso Eduardo se enfadó contigo?

    —Sí, aunque después de su regaño me explicó que él mismo había conseguido hablar con ellos y los convenció de darme una oportunidad, prometiéndoles una pronta reunión. Y la preocupación nació de nuevo en mi interior… Oye cielo, tengo la impresión de que algo quiere picarme o morderme. ¿Nos salimos ya?

    —No exageres. Tan solo serán algunos pececitos inofensivos. No te preocupes. ¿Y entonces los llamaste?

    —Obvio que llamé al número desconocido del que me habían llamado para disculparme primero que todo. Y quién me respondió era ella, efectivamente la señora Margarita, que de manera cordial aceptó mis disculpas y pactamos encontrarnos más tarde ese día para hablar, en una cafetería cercana a la plaza de la iglesia de Lourdes. Al comentárselo a Eduardo, de inmediato le cambió el semblante y se ofreció a acompañarme. Prevenida me negué a ello, diciéndole que yo manejaría la situación y que diera como un hecho esa venta, pues a como diera lugar yo cerraría si o si, esa negociación. Y seguí la mañana trabajando con normalidad, chateando contigo a escondidas en el baño y enviando con la señora de la cafetería, una chocolatina grande que había comprado en la maquina dispensadora del décimo piso para endulzar a mi amigo secreto.

    —Cielo, regresemos ya que me estoy congelando, y nos van a salir escamas si seguimos metidos aquí. —Me solicita Mariana, tiritando ligeramente.

    —Bueno está bien, salgamos ya. —Le respondo a Mariana y me doy la vuelta para salir del agua impulsándome con el movimiento de mis brazos, usando mis manos como un par de remos para facilitar mí avance.

    — ¡Ayyy! —Grita Mariana detrás de mí, al igual que escucho un chapoteo desesperado que consigue hacerme girar con rapidez. Mi mujer se ha hundido y estando de espaldas alterada patalea, aunque la profundidad aquí es poca, sin embargo Mariana no… ¿No soporta mantener su cabeza bajo el agua? Me da igual ahora, y mis brazos se extienden hacia ella para socorrerla con premura, y le abrazo por la cintura, logrando izar su cuerpo, sacándola del agua.

    Boca muy abierta, ojos desorbitados y respiración agitada. Con su carita más blanca que de costumbre y estremecida, se sujeta a mi cuello con fuerza y tose mucho, escupiendo en exceso.

    —Ya pasó Mariana, tranquila. Calma, por favor. —Le digo y ella afablemente me hace caso, cierra los ojos y apoya su cabeza en la cuna que se forma entre mi hombro y el cuello.

    — ¿Qué sucedió? —Le pregunto al depositarla con cuidado sobre mi camisa y su vestido, mientras le reviso cada una de las plantas de sus pies, sin hallarle nada.

    — ¡Te lo dije, había algo y no me hiciste caso! Me mordió la pierna. —Le respondo a Camilo y de inmediato me la reviso. En la pantorrilla derecha veo sangre. No mucho y mi pulgar recorre el área con cuidado, limpiando la herida.

    —Fue tan solo un mordisquito de algún pez curioso por la atractiva blancura de tu piel. No es para tanto escándalo, afortunadamente. ¿Tienes pañitos para limpiarte? —Le comento a modo de broma para quitarle yerro al asunto y Mariana toma su bolso y del interior saca los pañitos húmedos para entregármelos.

    Con uno solo acaricio el área enrojecida, visualizando cuatro puntitos rojos por los que asoma un poco de su sangre. Puede que le vaya a arder un poco pero tomo uno de los vasos con ron y hielo, para derramar un poco sobre la mordida.

    Mariana exclama un repentino… — ¡Jueputa, me arde! Sopla. ¡Sóplame por favor! —Y por supuesto que me inclino y lo hago con… ¿cariño? Decido aplicar un poco de hielo sobre la herida y el cubito de hielo lo mantengo presionado con dos dedos sobre su piel.

    Mi mujer relajada, se deja caer de espaldas sobre la arena, cerrando sus ojos y mordiéndose el dedo meñique, todavía asustada y adolorida, pero con seguridad disfrutando de mis cuidados.

    Mis ojos la observan completamente húmeda, con sus cabellos negros y lisos, escurriendo salinos goterones, en tanto que sus labios se han estirado hacia los lados, dándole forma a una avergonzada sonrisa. Su apariencia sigue siendo la misma. La mujer hermosa, delicada y con ese infinito azul en sus ojos tan celestes, que me alteran las emociones. Tan serena y en calma ahora mi adolorida reina, a pesar de que segundos antes estando a medias seca, gritaba como princesa asustada.

    Pero sigo viéndola, como siempre lo ha sido para mí desde que la conocí. ¡El ser más frágil y precioso del universo!

  • Madre enamorada (3)

    Madre enamorada (3)

    Tras la lectura del escrito que mi hija Belén me había dedicado, y ya mitigados mis sollozos tras la misma; una sensación de soledad me sobrecogía. Por mi mente pasaba cada escena del día anterior. Nuestro paseo por la playa, las sonrisas emitidas durante la cena, nuestro paseo con la luna como testigo, y sobre todo, lo que ocurrió en el auto antes de volver a la casa…

    Podía rememorar cada beso, caricia, palabra o gesto de aquel momento y me sentía turbada. Me preparé un café y tras degustarlo y tomar una ducha rápida decidí caminar por la playa. Necesitaba pensar y asimilar todo lo ocurrido. No hacía más que pensar en Belén, si estaría bien, si necesitaba un abrazo, si sufría por lo ocurrido, si pensaba en mí…

    Mientras caminaba descalza por aquella hermosa cala de arena suave y sedosa, no hacía otra cosa que mirar mi teléfono móvil anhelando la posibilidad de un mensaje de mi amor. Algo que me hiciese sentirla cerca, algo que me permitiera olvidar aquella extraña sensación de vacío.

    Me armé de valor y le envié un mensaje…

    —Hola tesoro, ¿Cómo estás?… Sé que me pediste tiempo para reflexionar, pero la sola idea de que sufras y no estés aquí conmigo hace que me sienta extraña y culpable. Cuídate mucho mi cielo, sabes que te amo.

    *****

    Mi paseo por la playa termino unos minutos después de enviar el mensaje. Me puse a preparar mi comida y tras tenerla lista me puse a leer una revista de decoración.

    A los pocos segundos de comenzar mi lectura, mi teléfono emitió el sonido propio de haber recibido un mensaje. ¡Presurosa me abalancé sobre mi móvil ante la posibilidad de que la emisora de dicho mensaje fuese Belén; y sí, era suyo!

    —Hola Helena, estoy bien gracias por tu mensaje, necesitaba recibirlo y me encanto que te atrevieras a enviármelo; a pesar de que te dije que necesitaba estar sola para digerir todo lo ocurrido. No quiero que te sientas culpable, las dos somos adultas y fue consentido por ambas. Pero no me negaras que la situación es muy fuerte y fuera de lo convencional. Es esto lo que me hace necesitar tiempo para asimilarlo. Un fuerte abrazo mi Helena, yo también te amo.

    Su mensaje me reconforto. Ya veía de otra manera todo lo ocurrido la noche anterior. Solo una cosa me seguía inquietando… Helena, ahora siempre se refería a mí con mi nombre, nunca como había hecho siempre; llamándome mamá.

    Reconozco que me producía una enorme curiosidad saber el motivo y decidí preguntárselo en un nuevo mensaje…

    —Gracias por tu mensaje cielo, me reconforto mucho. Hay algo que no deja de darme vueltas en la cabeza. ¿Por qué ahora te refieres a mí como Helena? Siempre me llamaste mama… Quisiera saberlo tesoro

    Pasaron varios minutos, que me parecieron siglos, hasta que por fin mi teléfono sonó y una sonrisa de adolescente fue reflejada en mi rostro deseosa de leer el nuevo mensaje de mi amor…

    —Después de lo que paso entre nosotras ya no puedo verte solo como una madre. Ahora también lo hago como mujer. La primera con la que tuve una relación sexual, pues siempre me considere hetero. Una mujer muy hermosa, elegante, culta y dulce que me hace tener sentimientos profundos y encontrados que necesito discernir. Ese es el motivo de llamarte Helena, mi dulce Helena.

    Deposité el teléfono sobre la mesita del salón, recliné mi espalda sobre el sofá y abrí mis piernas ansiosa por masturbarme, pues estaba ardiendo de deseo. Metí mis dedos debajo de mis empapadas bragas blancas y acaricié mi hinchado clítoris; el cual rodeado de mi húmedo vello púbico me proporcionaba mis primeros jadeos. Mis pezones estaban tan duros que hasta el roce con la tela de mi vestido me producía dolor. Me imaginaba a Belén entre mis piernas, embrutecida con mis íntimos olores y fluidos; su lengua penetrándome con su habitual dulzura, para acabar recibiendo una lluvia mezcla de orina y fluidos propios de un orgasmo.

    Absorta en mis lascivos deseos y pensamientos, mi vagina, ya con mis dedos dentro, comenzó a eyacular una cascada de jugos como nunca creí que fuese a experimentar. Mi cuerpo se arqueó, y era un reguero de espasmos a la par que mi boca exhalaba gritos de placer libres de ser escuchados por nadie; pues tenía como único testigo de mi depravado comportamiento al sonido de las olas del mar llegado de la cercana cala en la cual mi hija y yo habíamos paseado en tantas ocasiones.

    Después de haberme corrido tres veces pensando en mi hija, y comprobar que mi sofá era un mar de humedades, me sentía satisfecha y feliz. Y puede que algo inconsciente también, pues producto de la misma sentí el deseo de enviar a mi hija una foto.

    Quería enviarle una foto que describiese lo que había ocurrido instantes atrás. Y que era el resultado de la lectura de su último mensaje. Tras meditar unos instantes tomé el valor y me hice una foto de mi vagina húmeda y peluda, llena de fluidos y con los labios abiertos por mis dedos; mostrando la cavidad rosácea de mi chocho. La gran definición de la cámara de mi móvil permitía contemplar la imagen hasta el más mínimo detalle.

    Después de comprobar el resultado de mi foto y tremendamente cachonda, se la envié a mi hija con el siguiente texto:

    «Leí tu mensaje, mi amor y no pude contenerme. Te extraño tanto tesoro.»

    Unos instantes después sentí la necesidad de añadir una frase y le envié otro mensaje…

    «Como deseo que estuvieses aquí cielo, como hija y como mujer»

    Seguidamente, me di una ducha con la esperanza de recibir un nuevo mensaje de mi Belén, pero no se produjo en el resto del día. Quise respetar su tiempo de reflexión y pase el resto de la jornada disfrutando de la lectura y mi música favoritas…

    ******

    Un nuevo día comenzaba y al despertar de mi descanso mi hija fue mi primer pensamiento. Con la sonrisa y los nervios propios de la pubertad tomé mi móvil y ¡sí! Un nuevo mensaje de Belén enviado una hora antes permanecía inerte, esperando ser leído por mí. Contenía una foto de sus bragas verde claro. Se podía observar con nitidez la cara interna de las mismas, completamente llena de fluidos vaginales, propios de una gran excitación y disfrute. Estaban colocadas encima de la cama para ser fotografiadas. La foto iba acompañada del siguiente texto:

    “Gracias por la foto de tu coñito mi dulce Helena. Me pasé la noche acariciándome como una gata en celo. Así están mis bragas cada vez que pienso en ti. Besos”

    No pude, sino que cerrar mis piernas y correrme como una loca en el mismo instante de leer sus letras. Contemplar sus braguitas con las que tantas veces había bajado a desayunar, proporcionándome tan inolvidables momentos…

    Continuará…

  • Una incestuosa familia feliz (1)

    Una incestuosa familia feliz (1)

    Capítulo 1: Una excelente oportunidad

    En cuanto nos enteramos de lo que estaba por suceder, mi hermano Edgar, y yo, nos pusimos muy tristes, realmente nos afectó la noticia, pues ya no podríamos contar con la presencia de nuestra queridísima Silvia y no era para menos, pues estábamos muy acostumbrados a contar con ella para todo. Sucede que a Silvia le habían ofrecido un excelente trabajo como sirvienta en los EU, algo que de ninguna manera podía despreciar pues el sueldo era de 6,000 dólares al mes, solamente trabajando como sirvienta, cantidad que ni soñando podría obtener aquí en México, además de eso eran otros 6,000 dólares al mes para su hermano Francisco laborando como chofer y jardinero de una área de la casa. Indudablemente se trataba de una familia muy acomodada y de buena clase en la ciudad de los Ángeles.

    Nos comentó Silvia que ya habían trabajado en los EU pues tanto su hermano como ella contaban con residencia ahí por haber nacido en los EU y nosotros sabíamos que anteriormente los dos ya habían trabajado ahí, ella había tenido la ocasión de trabajar como niñera, con un sueldo muy por abajo del que ahora les planteaban ahora a ella y a su hermano pero en esta ocasión no podían desdeñar el trabajo ya que la paga era por mucho, superior a la de otras ocasiones que habían tenido la oportunidad de laborar.

    Contaba quien los quería emplear según nos dijo con dos muchachas jóvenes dedicadas a la cocina Laura y Olga de no más de 18 y 19 años e Inés que era ama de llaves, que resultaba ser la tía de ellas, tendría unos 29 años, y era la hermana menor de la madre de sus sobrinas. Aunque la casa estaba distribuida en un solo piso, ésta era muy amplia y el terreno en que estaba construida era bastante grande ya que contaba con un área de jardinería en la parte del frente y con otra en el patio trasero, por lo que se podía adivinar que la construcción, abarcaba gran parte del terreno. Además en la parte de atrás contaba con unos departamentos amplios en uno de los cuales vivían las muchachas de la cocina junto con su tía y la otra estaba asignada para ellos dos. Tenían alberca y un jacuzzi muy amplio en el que cabrían cómodamente de ocho a diez personas, todo esto enmarcado con árboles algunos frutales y otros de hermoso ornato que en conjunto tapaban la vista de miradas indiscretas para quienes hicieran uso del jacuzzi.

    Silvia además de ser una excelente amiga, también era la novia y amante de Luisa y de Edgar, sin embargo, ellos sabían que Silvia quedaría en buenas manos con su hermano Francisco, pues al igual que ellos, es decir Luisa y Edgar, compartían las mismas preferencias sexuales.

    – Estoy, realmente muy apenada contigo Luisa y con tu hermano Edgar, -le dijo Silvia a Luisa consternada, pues era obvio que ambas estaban ya muy enamoradas y dependían casi enteramente una de la otra, la ropa que usaba una, era igual a la que usaba la otra, lo mismo con el color de cabello y el peinado, por lo que parecían más bien hermanas de sangre.

    – No sé qué vamos a hacer ahora que no los vamos a tener con nosotros, Silvia y Francisco, nos gustaba mucho eso de los intercambios entre nosotros, Francisco que la hacía de novio de mi hermana y yo de novio tuyo,

    Cuando iban los cuatro y se hospedaban en un hotel, la hermana de Edgar era su esposa y Silvia se registraba como la esposa de Francisco y cuando hacían intercambio, Silvia se acostaba con su hermano y Edgar con su hermana.

    Dos semanas antes, Silvia había ido a los EU con su hermano Francisco para entrevistarse con la señora de la casa, ambos habían quedado en un bonito hotel pagado por quienes les ofrecían el trabajo y pasaron unos regios días aprovechando para el disfrute de ellos de una pequeña Luna de Miel.

    – Créeme que voy a sentir mucho el que te vayas de nuestro lado al igual que mi hermano, ya sabes todo lo que disfrutamos los cuatro juntos y con nada lo vamos a reemplazar ya que tu eres irremplazable –dijo Luisa.

    – Yo también comparto lo que te dice mi hermana, Silvia y créeme te vamos a extrañar mucho mi hermana y yo, vamos a extrañar nuestros queridos juegos sexuales.

    – Pero ustedes se llevan muy bien como pareja que son y yo me siento muy bien de que así sea, además no va a ser por siempre. Hemos de volver al lado de ustedes, pues forman parte de mi cuerpo y de mi ser ya que junto con mi hermano y ustedes formamos parte de ésta hermosa familia que disfrutamos.

    ************

    Magda es la dueña de la casa en un condado de Los Ángeles. Ella era una persona que aunque contaba con 42 años, se miraba más joven de lo que aparentaba, que al parecer de Silvia tendría unos 30 cuando mucho, tenía muy buen físico, sus pechos se miraban grandes, tenía buenas piernas y por la parte de atrás sus nalgas eran redondas y exquisitas según lo que había apreciado Silvia.

    Luego de un mes de estancia en aquella casa de placer, en que sucedieron varios flirteos relacionados con el incesto y los cuales terminaron en calenturientas sesiones de incesto, pidieron una semana para regresar a México y arreglar algunos asuntos pendientes que tenían, entre ellos venir a visitar a Luisa y Edgar y contarles cómo fueron las cosas por allá. Para Luisa y Edgar fue algo que no esperaban y juntos debían aprovechar el tiempo.

    Grata fue la sorpresa cuando les hablaron por el celular y les dijeron que ya estaban en México y que irían a quedarse toda esa semana con ellos. Ni que decir que Luisa y Edgar brincaron de alegría. Luisa se vistió con su mejor vestido, por cierto con un escote bastante recortado que casi hacía que se salieran sus pechos, marcándose media luna de la areola de sus pezones, y sin ropa interior que pudiera impedir las caricias de sus amados hermanos, como todos ellos se decían.

    Mientras disfrutaban junto con Luisa y Edgar del café, pastel y cigarrillos, empezó Silvia a hablar al tiempo que acariciaba las piernas de Luisa y metía sus dedos recorriendo los labios de su vagina, en tanto Francisco dejaba que Lusa acariciara entre sus delicados dedos su miembro el cual había sacado de fuera del pantalón, en tanto Edgar sentado al lado de Luisa acariciaba sus piernas y sus pechos los que descubrió para agasajo de su hermana que no cesaba de lamer y mordisquear los hermosos pezones de su amada.

    – Fue una gran experiencia para mi hermano y para mí, en realidad fue algo más de lo que pudiera decirse caliente.

    – Pero nunca creí que fuera un sueldo tan alto por nada, ¿No habría algo más? Me pregunté, Silvia porque ¿no te parecía extraño que les fueran a pagar tanto?-dijo Luisa

    – Sí eso mismo pensamos mi hermano Francisco y yo, ya que nos parecía raro que dos de las muchachitas que nos presentó como sus hijas, se estuvieran, besando en la boca como si nada, no enfrente de nosotros, pero sí cuando fuimos a ver el jardín de la parte de atrás y vimos que se metieron desnudas al jacuzzi mientras mi hermano y yo mirábamos los árboles frutales que tienen. Parece ser que no se inmutaron cuando las vimos besándose desnudas como si nada, como si fueran amantes las dos, no podíamos dudar que fueran realmente hermanas como nos las había presentado por su físico tan parecido.

    Mientras todo esto se decían Luisa no dejaba de tomar un sorbo de café y besar la boca de Silvia intercambiando lengua, en tanto Edgar sacaba su miembro para ponerlo en medio de las nalgas de su adorable Silvia a la cual le había quitado ya la breve tanga que lucía, sin embargo, como si nada de esto estuviera pasando, Luisa se montó sobre el miembro de Francisco y una vez llena su vagina con lo que a ella gustaba. Se quedaban quietos casi sin moverse, pero disfrutando los pequeños movimientos que acentuaban la calentura de los cuatro.

    – ¿Y qué les dijo la señora Magda? ¿Acaso permitía que se besaran sus hijas como si fueran amantes? ¿Así como tú y yo nos besamos, hermana?

    – Solo nos dijo: Ay, estas muchachas no saben lo que es ser recatadas enfrente de las visitas. Pero me encanta lo calientes que somos, hermana, mira como tienes la verga de mi hermano dentro de tu linda y hermosa vagina, pero déjame continuar.

    – No se preocupe señora Magda, nosotros no nos espantamos por eso, cada quien es libre de ser feliz como mejor prefiera. Nuestras preferencias sexuales de mi hermano y mía a lo mejor son bastante parecidas a las de sus hijas. –le contesté en ese momento, aunque sabía que era una arma de dos filos

    – ¡Acaso le contestaste eso! Es muy fuerte Silvia –dijo Luisa sin dejar de besarla en la boca.

    – Ella no se inmutó y nos dijo: Si me contestan una pregunta que es crucial, el empleo es suyo, además pueden contar con un bono de $24,000 dólares a fin de año como aguinaldo. –esa frase me abrió los ojos.

    – Hasta a mí me los hubiera abierto, Silvia –contestó Luisa

    – Sí quieres puedo comentarle que ustedes están interesados en unirse a su familia –dijo riendo Silvia

    – Estaría bien pensarlo esta noche en la cama con mi hermano –agregó Luisa, ¿no crees, hermanito?

    – ¡Sí! Piénsenlo bien los dos ahora que estén en la cama juntos –contestó Silvia y continuó, en tanto Luisa había empezado con un leve movimiento apretando y tratando de sacar el semen de la verga de Francisco, puesto que ella ya había tenido un ligero orgasmo.

    – ¿Cuál es la pregunta, señora Magda? –Le Pregunté realmente ansiosa, nos decía Silvia, -en tanto Edgar ya le había desprendido la falda y el brasier que aún estorbaba.

    – Bueno, me dijo Magda, pero antes de que me contesten tú y tu hermano, que es bastante varonil por cierto, sin que desmerezcas tú con tu belleza que me tiene impresionada, déjame contarles algo, pero vamos a la casa para platicar cómodamente con una buena taza de café, galletas y un cigarrillo.

    – Oye, Silvia pero cómo se enteraron de ese trabajo, no es que no me parezca estupendo, pero como fue que les informaron de esa oportunidad.

    – Cuando trabajaba como niñera la señora de la casa era divorciada y se había juntado con una de sus amantes, las dos conocían a la señora Magda y supongo que no sabían de lo que se trataba en realidad ni del sueldo que se ofrecía. Yo tenía sexo con las dos por aquel tiempo, pues las llenaban mucho hacer tríos y fue algo grandioso, mi hermano trabajaba muy separado de mí, sin embargo nos permitieron a los dos alojarnos en su casa donde yo tenía también aprovechaba para tener sexo con Francisco.

    – Además el hotel donde nos quedamos y que ella nos ofreció y del que es socia la señora Magda, debieron haber puesto cámaras, pues mi hermano descubrió una de ellas cuando salíamos para la entrevista y a Francisco y a mí nos gusta expresarnos con palabras relativas a nuestro gusto por el incesto cuando estamos cogiendo y supongo que debieron haber grabado con sus cámaras nuestros cuerpos desnudos a la hora de copular y la cantidad de nuestros orgasmos.

    – Mientras íbamos hacia la casa pasamos por donde estaban las dos hermanitas, que eran gemelas, idénticas. Ellas nos sonrieron saludándonos y no se inmutaron por estar desnudas y besándose en la boca como si fueran dos amantes. Eso he de admitir que provocó que me mojara un poco e igual le pasó a mi hermano al que se le levantó el bulto.

    – Interesante, Silvia, yo también me hubiera mojado o me hubiera unido a ellas.

    – Ganas no nos faltaron de unirnos, pero ya sentados en la sala, Magda, cómo quiso que le dijéramos y que le habláramos de tú. Nos contó la historia de su vida. Cuando se sentó pudimos observar que su ropa nos permitía ver perfectamente la redondez de sus pechos, el canalillo que formaban y no pude fingir mi mirada poniendo atención sobre sus pezones que se abultaban deliciosamente marcados por la tela de su vestimenta.

    – Son ustedes muy hermosos, hasta puedo verlos como si fueran mis hijos y me gustaría mucho que me llamaran Madre a partir de ahora, si ustedes aceptan.

    – Por nosotros encantados, ¿verdad hermano?

    – Sí nos encantaría a mi hermana y a mí llamarte Mamá.

    – No se diga más a partir de ahora soy su mamá y ustedes dos son mis queridos hijos, aparte de los cuatro que tengo.

    – Magda prosiguió: Cuando mi marido nos dejó, yo tenía a mis dos hermanos Julia y Enrique que inmediatamente se hicieron cargo de mí y de mis hijos. Tengo cuatro hijos, mis dos bellezas de hijas que son gemelas Martha y Elena como pudieron darse cuenta, tengo también otra hija que se llama Cristina y un hijo que se llama Carlos. Me dio gusto que no se sorprendieran de lo que mis gemelas estaban haciendo, eso lo aprecio mucho de ustedes, ya que ellas se quieren mucho y así se lo demuestran.

    – ¿Y cuál sería la pregunta tan importante, Magda? –le dije a ella como presagiando lo que venía y que me imaginaba que tenía que ver con sus gemelas, tal vez hablaría de incesto y cosas por el estilo.

    – Miren ya que estamos en confianza, le quiero preguntar qué opinión tienen del incesto. Porque como me dijeron anteriormente no se espantaban por lo que vieron, y que cada quien era libre de ser feliz como mejor le pareciera. Y añadiste que las preferencias sexuales de ustedes a lo mejor son bastante parecidas a las de mis hijas y me imaginé que te referías de ti, así como a tu hermano Francisco. Porque veo que se toman de la mano y se las acarician como si fueran novios, díganme por favor su opinión.

    – Bueno –yo tragué saliva, mi hermano me apretó la mano, al parecer tendríamos que decir algo y de ese algo podría depender nuestro empleo-

    Se hizo un breve silencio Magda no perdía la mirada de los ojos de Silvia ni ella de la mirada que ella había puesto sobre el cuerpo y la cara de Silvia, poniéndola caliente de esa forma.

    – Ay, Magda, cómo te dije cada persona tiene determinado tipo de preferencias sexuales, mi hermano y yo las tenemos y no criticamos a quienes puedan tener una unión, tal vez de tipo… inces…tuoso, eso debe ser maravilloso, dependiendo de que lo tomes por el lado amable, porque nuestra sociedad tal vez condene el incesto entre familiares, pero eso no es lo que pensamos mi hermano y yo, creemos que cada quien elegimos la forma de tener sexo y lo que esto pueda implicar para las personas que se aman, aún con alguien que sea de la familia, padre, madre, hermano, hermana, primo, prima.

    – ¡Mmmhhh!, Eso que dices me gusta, otra pregunta: ¿Tú y tu hermano alguna vez han tenido sexo de tipo incestuoso? -Lo dijo con mayor seguridad, yo suponía que ella ya lo sabía por todo lo que habíamos aprovechado por todo el incesto que tuvimos en el hotel mi hermano y yo, indudablemente lo sabía por la forma en que me miraba.

    – Pues, vaya, te hemos de confesar que sí, y que es de lo más hermoso que puede haber. –le dije, al fin y al cabo todo estaba echado y lo peor que podría pasarnos es que regresáramos con nuestros honores, que sinceramente lo dudaba. Por cómo se estaban dando las circunstancias.

    – ¿A ti y a tu hermano les gustaría tener sexo… conmigo? Los considero como mis hijos, ahora y me gustaría disfrutar de un poco de incesto con ustedes, cómo lo hago con mis hermanos y con mis otros hijos.

    Todo ya estaba claro, toda la familia estaba volcada sobre el incesto y lo disfrutaban, al igual que nosotros, no había nada comparable para poder disfrutarse en familia que el incesto, no lo pensé ni siquiera así que le dije:

    – Sí tú nos lo pides claro que sí… mamá –de verdad lo quería, estaba muy caliente y Magda era muy guapa y antojable.

    – Lo dices porque depende de eso el empleo…

    – ¡No! Lo digo porque mi hermano y yo somos amantes de hace mucho, cuando éramos adolescentes nos gustaba compartirnos con quienes tenían nuestras mismas preferencias sexuales, pero siempre con respeto y mucha limpieza.

    – ¿Tuvieron alguna aventura antes?

    – ¡Sí!, hemos de confesar que en México dejamos a nuestros amantes con quienes compartíamos largas sesiones de incesto, ella se llama Luisa y él se llama Edgar, los dos también son hermanos como nosotros y nos gusta deleitarnos teniendo relaciones sexuales entre nosotros.

    Se hizo el silencio, en tanto la tía Inés que era la ama de llaves, se acercó para llenar nuestras tazas con más café y ofrecernos unos canapés que se miraban deliciosos. Fue entonces que reparé en lo hermosa que era y me sorprendió verla en ese preciso momento con tan solo cubiertos sus pechos con el peto del blanco uniforme, pensé que no llevaba puesto nada más que eso, por dentro estaba totalmente desnuda pues al ver más detalladamente ni siquiera llevaba brasier ni calzones. En tanto que Magda más descaradamente le metía la mano por detrás de las nalgas y se las sobaba ante nuestra vista, provocando que el ambiente se fuera calentando. La verdad que la tía Inés parecía una señora de un cuento de hadas, muy guapa también, cómo serían sus sobrinas que se encargaban de la cocina -pensé.

    – Pues permítanme decirles a los dos: ¡Felicidades! Es suyo el puesto, nada más díganme si quieren hacerme el amor ahorita mismo porque me siento bien caliente.

    – Pero es que nos pueden ver sus hijas y la señora Inés y las muchachas que están en la cocina.

    – De eso no se preocupen ellas son hermanas y tienen relaciones con la tía de ambas, con Inés, así que aquí es muy común andar sin ropa o casi sin ella. Todos disfrutamos del nudismo y del sexo. Como podrán apreciar más adelante. Esta es a nuestra consideración la casa del Gran Incesto para que lo tomen en cuenta. Todos aquí lo practicamos, mis gemelas, mis hijos Cristina y Carlos que hacen pareja como de recién casados, mi hermana Julia y mi hermano Enrique y ahora ustedes.

    – Aquí la mayor parte del tiempo estamos desnudos y nos gustaría que ustedes también anden desnudos como toda nuestra familia.

    Me quede viendo a mi hermano Francisco, sabía que él era todo un semental y al igual que yo era una casi insaciable sexual. El asintió con la cabeza y llevó una de sus manos sobre mis piernas metiéndola hasta dentro de mis calzones ante la mirada caliente de Magda, Por lo visto era una mujer muy caliente y al parecer estaba muy de acuerdo en eso del incesto, pues por lo visto todos participaban, lo practicaban y lo disfrutaban. Era un paraíso inclusive para mi hermano francisco y para mí.

    – Un Paraíso del Incesto, ¿verdad? –dijo Luisa

    – Así es mi querida Luisa, un verdadero Paraíso…

    – Primero quiero verlos a ustedes comenzando, me gusta ver antes de intervenir y agregarme a lo que veo. –nos dijo Magda

    Mi hermano se acercó a mí, creo que ambos nos pusimos calientes con todo esto que estaba sucediendo.

    – Hermano, no sé aún cómo empezar.

    – No te preocupes, hermana, tú solo déjate llevar, has de cuenta que estamos con Luisa y quiere ver cómo nos cogemos tú y yo-

    Francisco se arrimó para darme un beso en los labios, un beso con lengua que fue haciéndose más intenso, muy húmedo y relativamente largo. Magda estaba muy atenta, mientras veía como me besaba mi hermano. Volví a pensar en qué momento se nos uniría para participar con nosotros.

    – ¡Quiero ver como desnudas a tu hermana! –nos dijo Magda, me gusta ver como se cogen entre hermanos de la misma sangre, porque en mi familia llevamos el incesto bien clavado en nuestros genes y en nuestras venas. Nos encanta coger en familia, todos contra todos. Ya verán todo lo que hacemos y ni se preocupen por el trabajo, en realidad solo era el pretexto para tener con quien aumentar el gozo dentro de nuestra familia. Su sueldo está seguro, ya tenemos quien nos va a hacer labores de servidumbre y también un chofer y un jardinero.

    – Me levanté para ayudar a mi hermano a que me desnudara, lo hizo con mucha pasión en tanto Magda no nos perdía de vista, vimos cómo se acercaba Inés y también la ayudaba a desvestirse, le quitó con mucha maestría la ropa que llevaba puesta y al momento de quitarle el brasier, sus grandes pechos saltaron. Tenía unos pezones gruesos y bastante mamables a mi parecer, los cuales chupaba Inés con gran maestría y luego de eso nosotros unimos nuestras bocas, en tanto mis manos y las de mi hermano acariciamos nuestras partes íntimas. La vagina de Magda tenía unos labios muy carnosos, que a mi hermano y a mí se nos antojaba lamer.

    Magda no perdía detalle de los besos que me daba Francisco, ni de la manera en que me estaba desvistiendo, se quedó mirando mi vulva con detenimiento, siempre fue todo un arte coger con mi hermano, diez años de amasiato nos habían formado como grandes amantes del incesto en todas sus formas y poses. Cuando él sacó su verga de unos 20 centímetros y bastante gruesa ayudado por mi mano, Magda abrió sus ojos de tal manera que no quería perder detalle, éramos juguetitos nuevos para ella, sus ansiados juguetes para un pleno incesto en familia, que más bien calificaríamos como una plena orgía incestuosa.

    – Quiero llamarlos mis hijos a los dos, es que eso me excita mucho más sabiendo que estoy cometiendo incesto con mis dos amores de hijos, bueno aunque en realidad así trato a todos mis hijos, y a mis hermanos como podrán darse cuenta más adelante.

    – Por nosotros encantados, mamá, sabes que somos tus hijos y que nos gustaría coger contigo, madre

    – No se diga más, mis queridos e incestuosos hijos que se quieren coger a su madre, vengan conmigo, acérquense con su madre

    – Gracias hermanito, ¡Sabía que también estarías de acuerdo! – comentó dándome otros besos, sobre mis labios y los de nuestra ahora madre. Besos con mucha lengua.

    – Yo movía mis nalgas contra la verga de mi hermano que comenzaba a ponerse dura.

    – En ese momento sentí la sensación de que todo iba sobre ruedas. –dijo Francisco

    – Volvió a besarme mi hermano, Magda no perdía detalle mientras Inés le chupaba la vagina y ella nos miraba, pero de una forma promiscua y lasciva. Los labios de mi hermano envolvieron los míos y su lengua penetró en mi boca buscando la mía. Sentí como me devoraba con un ansía arrebatadora. Estaba claro que no pensaba esperar más y que el gran juego morboso y lleno del más caliente incesto acababa de empezar.

    – Silvia te necesito aquí entre mis piernas, esto es demasiado para mi, necesito venirme sobre tu boca, amor

    – Vaya Madre, ¡Estás estupenda! Quiero coger contigo – le dije

    – Eso es incesto, hijita soy su mamá y ustedes mis hijitos ¡Pero es que tienes unas nalgas hermosas, y a mí también se me ve el hasta el culo, hijitos!

    – Tienes unas nalgas estupendas tú también querida mamá– le dijo mi hermano poniendo su verga en el canal que forman sus nalgas sin ningún pudor.

    – Noté la cara de sorpresa de Magda al sentir la verga de mi hermano deleitándose con su culo, pero reaccionó volviéndose hacia él para besarlos en los labios y meterle la lengua, en tanto Laura y Olga junto con su tía Inés que se mostraba también desnuda, no dejaban de observarnos y besarse entre ellas, al parecer también estaban muy calientes. Metí la mano bajo la vagina de nuestra ahora madre y le metí dos dedos en su clítoris con suavidad, cómo invitándola a participar un poco más a tener un orgasmo.

    – ¡Tu vagina también es preciosa hija! ¡La tienes estupenda cariño!

    – Para ese momento mi hermano y yo también en calidad de sus hijos, ella era ya nuestra mamá e iba a saber lo que era coger con sus dos hijos Silvia y Francisco.

    Las dos mujeres estábamos una frente a la otra Magda que era nuestra Madre ahora nos mirábamos con intensidad aunque la expresión de nuestros rostros era distinta. La de Magda emitía una exacerbada calentura, pero la mía expresaba un deseo incestuoso contenido.

    – ¡Sabes una cosa, hija! ¡Me está gustando sentir tu mano en mi culo!

    – Me gustas mucho madre, te deseo y quiero cogerte junto con mi hermano

    – La expresión de calentura de nuestra madre cambio a otra de deseo plenamente incestuoso.

    – ¡A mí también me está gustando sentir tu mano sobre mi culo! – le contesté con el deseo contenido que expresaba su cara.

    – Pasé la otra mano por detrás para agarrar las dos hermosas nalgas a la vez. Mi madre me imitó y mi hermano vio atónito como nos manoseábamos nuestros culos. Comencé a acercar mi boca a la de mi nueva madre con lentitud, mi madre esperaba el contacto de nuestras bocas abriendo levemente sus labios.

    Fue un beso largo y jugoso, cargado de deseo, la lascivia y la lujuria se abrieron paso hacía el tan deseado nuestro primer incesto Madre e hijos. Las caricias eran tiernas y suaves con una exquisitez absoluta, mi hermano se acercó a nosotras en ese momento, ya tenía su verga dura como el acero y sin decir palabra la hundió en la jugosa vagina de nuestra madre.

    – ¡Me siento muy feliz abrazada a ti, mamá! –realmente sentía que ya era mi madre y ella también me trataba como si también fuera su hija

    – ¡A partir de ahora lo tendrán todo, hijos míos!

    – ¡Gracias mamá! –dijo mi hermano, abrazándonos a las dos y metiendo y sacando su pene dentro de la vagina de Magda que debió haberse venido porque fluía mucho néctar de los labios de su vagina y bajaba por entre sus piernas.

    – ¡Me gusta tanto que me abracen y me toquen, hijos míos que creo que se los pediré más seguido! –Nos besamos en la boca los tres, cuando sentí la mano de Inés sobre mis nalgas, también debe haberse calentado viéndonos. Ella estaba ya teniendo sexo pleno con sus dos sobrinas y aprovecho el momento para tocarme las nalgas.

    – Así fue de maravillosa nuestra entrevista con Magda, y hasta me gustaría que ustedes vinieran con nosotros para armarla en grande. Ellos no tienen vicios, más que únicamente el gusto por el incesto en familia.

    – Pues yo ya me calenté con todo esto que nos estuvieron contando, ¿verdad hermano? –contestó Luisa

    Edgar ya tenía la verga de fuera en tanto las manos de su hermana Luisa la abrazaban, antojando de esa forma a Silvia y a su hermano Francisco, después de todo ellos ya formaban parte de la familia de ellos. Juntos volverían a gozar de una tarde incestuosa como siempre lo habían deseado, hermanos con hermanas cómo siempre habían gustado del incesto.

  • Hermanas calientes

    Hermanas calientes

    Me dirijo a la habitación de mi hermana Alejandra a preguntarle si debía salir a comprar algo, pero me detengo en la puerta porque se escuchan ruidos raros y suspiros provenientes de la habitación de Ale.

    La puerta está lo suficientemente abierta para ver el interior de la habitación y lo que veo me sorprende y me excita a la vez: mi hermana mayor esta acostada en su cama completamente desnuda, abierta de piernas, metiéndose un consolador con forma de pija en la concha y gimiendo como una verdadera puta.

    Me quito el jean quedando solo con mi tanga y mi remera sin mangas y decido entrar a la habitación de Alejandra -¿Qué haces aquí? Estaba pasando un momento rico hasta que tú llegaste.

    -Por eso mismo es por lo que he entrado, verte masturbándote me ha excitado muchísimo y quiero darme el mismo placer.

    -Quiero ver lo excitada que estas- me responde ella.

    Me quito la blusa dejando mis pechos al descubierto, ella saca el consolador de su concha para tomarme la cabeza y posarla justo enfrente de su vagina, yo abro la boca para empezar a chupar ese maravilloso coño.

    -Ay, sí, chúpame la concha, puta-. Me dice Alejandra entre gemidos Alejandra agarra más fuerte mi cabeza y yo aumento la velocidad y la presión, meto mi lengua en su delicioso clítoris a la vez que hago movimientos circulares para abarcar toda la zona de su concha y no dejar ningún lugar sin chupar ni saborear.

    Alejandra agarra más fuerte mi cabeza y yo aumento la velocidad y la presión, meto mi lengua en su delicioso clítoris a la vez que hago movimientos circulares para abarcar toda la zona de su concha y no dejar ningún lugar sin chupar ni saborear.

    Nunca había mamado una buena concha, pero ahora que se lo estoy haciendo a mi propia hermana comprendo lo maravilloso y rico que es comer una vagina.

    Ella empieza a hacer movimientos con sus caderas de arriba a abajo y mi boca queda toda manchada con los fluidos de su concha.

    La concha de Alejandra es tan rica que no quiero dejar de chupársela, le paso mi lengua por unos minutos más y luego me animo a mordérsela un poquito con la punta de mis dientes y eso a ella parece gustarle porque se arquea de placer y empieza a gemir mucho más fuerte.

    Me inunda la boca con sus fluidos vaginales y se la sigo chupando un poco más hasta beber todo lo que sale de ese maravilloso coño.

    Me quito mi tanga quedando totalmente desnuda.

    -Ponete en cuatro- dice Alejandra mientras agarra el consolador que todavía está mojado por su eyaculación.

    Obedezco y ella me mete el consolador húmedo por el culo haciéndome gemir.

    Con una mano sostiene el consolador mientras me embiste con él y con su otra mano me toca las tetas y las aprieta prestando una atención especial a los pezones que es esa zona donde más me manosea.

    Es tan rico ser penetrada por mi hermana que les aseguro que estoy sintiendo el doble de placer que cuando yo le chupe la concha a ella, sus embestidas me encantan y lo disfruto mucho aunque sean descontroladas y violentas.

    Saco el consolador de mi culo y me di cuenta de que estaba el doble de húmedo que cuando me penetro.

    Lo colocamos en el centro de la cama y lo chupamos las dos a la vez como dos buenas putas chuparían la pija de un hombre, le pasamos toda la lengua a lo largo y luego cada una lo chupamos entero.

    Después Alejandra se subió encima de mí y nuestras vaginas quedaron unidas, ella se empezó a mover con movimientos circulares y hasta daba pequeños saltos haciendo que su concha rebote contra la mía.

    Yo le abracé su cintura con mis piernas y ella se acostó encima de mí para empezar a besarme en los labios, pero no dejo de mover su pelvis.

    Y así terminamos mi deliciosa hermana Alejandra y yo, hicimos el amor de una manera inolvidable.

  • Consiguiendo el examen final

    Consiguiendo el examen final

    Mi nombre es Estefany, y dentro de poco tendré mi examen final. Obviamente los nervios están a flor de piel. No importaba qué tanto estudiará, seguía totalmente asustada de la posibilidad de reprobar. Comentándolo con mis compañeros, la sensación era igual e incluso para algunos podría decir que estaban mucho peor que yo. Días antes del examen, realizamos un grupo de estudio con algunos compañeros, con los que nos apoyamos constantemente, en temas de estudio, consolándonos sobre los nervios y demás, lógicamente en ciertas ocasiones nos distraemos y terminamos perdiendo alguna horas conversando de distintas banalidades.

    En alguno de esos momentos, hablando de temas con poca relevancia, un amigo mencionó un rumor, de cómo una chica del año anterior, siendo de las peores alumnas aprobó con una nota de excelencia, se decía que el docente que hacía el examen, le cedió un día antes las preguntas a cambio de dinero o de un favor sexual. Entre chiste y chiste sobre el rumor, un amigo me dice.

    Deberías tomar la bala por el equipo y convencerlo al viejito verde- Dijo en tono de chiste.

    Cabe destacar que soy de físico delgado. No senos grandes o un culo prominente, pero si nalguitas trabajadas en el gym. Pelo oscuro y piel entre morena y blanca, al menos de entre mi grupo con los que estábamos hablando, era la chica mas simpática y también por que no, la más “promiscua” según decían algunas personas. Entonces lógicamente un chiste de ese estilo sería dirigido a mi.

    Esa misma noche no podía conciliar el sueño al ser que faltaba cinco días para el examen y el paisaje era desolador en las posibilidades de aprobar. Finalmente pude dormir unas cuantas horas antes de despertar de manera abrupta, por un sueño. En este sueño, yo estaba bailando en lencería negra, de manera sensual, acercando mi culo a la cara de alguien, al momento de darme cuenta de a quien estaba bailando era mi profesor ante el que tendría que rendir mi examen. Estaba sentada, pensando en el sueño, lo primero que se me vino a la mente era lógicamente en el sueño y porque estaba pensando en eso, llegando a la conclusión que era a raíz del chiste de la tarde, parece que me calo más de lo que debería. Me vuelvo a acostar y apenas empiezo a acomodarme me doy cuenta de que estaba muy mojada, la entrepierna era fuego de lo caliente que estaba, aparentemente en medio del sueño tuve un pequeño orgasmo, era peculiar, tuve un sueño humedo con mi profesor, ni siquiera lo veía con deseo o lujuria, básicamente soñar con él me hizo venir.

    A lo largo del día siguiente no podía borrar de mi mente ni el sueño, ni la sensación o el morbo de todo el contexto. Incluso a momentos terminaba perdiéndome en mis pensamientos impidiendo concentrarme, cómo era posible que mi mente me jugase esas pasadas, y con ese hombre de entre 50 y 60 años, canoso con entradas notorias, un estómago que denotaba su falta de deporte y que si mal no estoy equivocada era divorciado. En toda mi vida siempre tuve un patrón de que mis parejas sean de mi edad o un poco mayores, fornidos, de cuerpo atlético y mayormente un cabello castaño o claro, no entiendo porque en este momento estaba fantaseando con alguien todo lo contrario a mis gustos. Incluso podría decir que me ponía incómoda y en negación de que el solo imaginar a este hombre me este poniendo inquieta.

    Faltaba un día menos, y no pude estudiar en casi todo el dia, la mezcla de aquel sueño húmedo y el estrés acumulado evitaba que pueda concentrarme. Ni bien pude pegar la cabeza con la almohada me dispuse a pensar en cómo administrar mi siguiente dia, pensar en que momentos estudiaría, pero mi cerebro empezó a jugarme una fea pasada pensando en el profesor.

    Cuánto medirá su pija.

    Será gordita, será larga, o sera pequeña.

    Tendrá podado el jardín.

    Porque pensaba en esas preguntas bobas, no es como que vaya a intentar algo con él, ¿verdad? y sería muy malo si consiguiera aprobar por otros métodos. No me refiero a acostarme por mi nota, si no a tal vez convencerlo de que me pase las preguntas del examen. Al fin y al cabo no estoy haciendo trampa, solo estoy consiguiendo otro lugar para estudiar.

    ******************

    Buen dia Profe- Digo después de entrar al aula en la que siempre se encuentra en las horas libres.

    Como estas Teficita- Me dijo mientras daba dos palmaditas al asiento que tenía a lado suyo indicando que me siente ahí.

    Me senté a su costado iniciando una charla totalmente banal de algunos minutos, concluyendo con el preguntándome sobre cómo iba el estudio para su examen. Le expliqué las complicaciones que tenía obviamente obviando las distracciones por sobre el sueño erotico.

    No se si hay la oportunidad, de que me pueda tal vez indicar alguna pregunta que hay en el examen- Dije en un tono tímido y sumiso.

    Puedes estudiar, todas las respuestas están ahí- Dijo en tono burlesco

    Entramos en un tira y afloja constante entre los dos, intentando vanamente convencer. En eso estábamos hasta que él se levantó del asiento y me indicó que ya venía su hora de retirarse. Nuevamente conforme iba a su vehículo, yo le rogaba, cuando llegamos a su auto, le dije.

    Profe juro que me subire a su auto hasta convencerlo- Le dije medio sería, medio en broma.

    A ver, Estefany, porque tal insistencia, entiendo que estés nerviosa y que sea difícil, pero yo no puedo hacer lo que me pides- Replicó poniendo seriedad.

    Cruzo por mi mente la idea de que pasaría si lo intentaba seducir. Entre nervios y emociones me lance al éxito. Hice un puchero simulando un niña regañada, y mientras bajaba un poco el cuello de mi polera mostrando claramente el tirante de mi sostén le dije.

    De verdad no hay manera que me ayude, hágame el favor y yo le puedo hacer otro.

    Cuál platos se abrieron sus ojos, y en medio de nerviosismo por la situación, ya sea por escapar de la situación o por ver una oportunidad tartamudeo.

    Bueno, ven a visitarme a mi casa está tarde pasada las 5:30, y ahí discutimos.

    Anoto cómo pudo en un papel su dirección y me lo entrego con su mano sumamente sudada.

    ***************

    Pasan las horas y ya es momento de visitarlo, me pongo un jean blanco ajustado y top negro. Quiero verme atrevida, pero sin parecer una zorra. Mi plan no es hacer algo físico, sino seducirlo, hasta que acepte darme las respuestas. Llegó a su casa, y me invita a pasar, me ofrece un café, el cual aceptó con una cálida, sonrisa. Luego de un poco de charla casual y vana, finalmente tocamos el tema que realmente nos interesaba.

    Sabes que para mi es imposible poder darte la respuestas del examen sería injusto para tus compañeros y para ti que tienes deber de aprender- Me intentaba explicar de la forma más tierna y calmada posible.

    En serio no hay forma que pueda hacerlo cambiar de opinión- dije mientras recostaba mi cuerpo en la mesa dándole una vista entera a mis pechos presionados por el top.

    Su mirada se clavó totalmente en mi pecho, y era evidente su morbo e interés. Toda esta situación que me ponía como una provocadora lanzada me hizo prender y definitivamente calentar la entrepierna. No pude mas, la tentacion y situación pudo mas, no me importo el como lo veria despues y me lancé a el dándole un apasionado beso, e invadiendo totalmente su boca con mi lengua mientras mi mano se lanzó a acariciar su paquete por encima del pantalón.

    Nos ponemos de pie mientras mantenemos el beso y me empuja suavemente contra la pared más cercana que hay, mientras mi mano sigue presionando y cada vez con un poco más de fuerza su paquete él empezó a apoyar sus manos en mi trasero. En un inicio simplemente acaricia y palpa, pero conforme pasan los segundos el agarre se vuelve muchísimo más desesperado y empieza a apretar e incluso empujar mi cuerpo contra el suyo generando pequeños choques entre nuestras pelvis.

    No sabría explicar a exactitud si estuvimos unos cuantos segundos, o unos varios minutos así, solo diré que posterior a estar un buen momento así, agarro mi mano y me dirijo a su sillón. Se sienta y yo me siento en sus faldas dándole la cara a él. Seguimos un tiempo más entre besos, sus manos presionando y jugando con mis nalgas y yo meneándome sobre él.

    Entonces, ¿ gane las respuestas del examen?- pregunte mientras todavía un hilo de baba colgaba entre su boca y la mía.

    Te las puedes ganar si haces un trabajito ahí abajo- me dijo en medio de jadeos resultado del momento.

    Como pude aun encima de él desabroche su pantalón, al complicarse la maniobra, bajo y me pongo de rodillas. Apenas bajó de un tirón tanto el pantalón como la ropa interior, sale disparado su amigo junto a un líquido viscoso delatando su excitación, además de algunos pelos púbicos canosos. Por lo general acostumbro a ver penes depilados, pero entiendo que tal vez no sea una costumbre para personas ya mayores. Sin perder mucho más el tiempo empiezo a masturbarlo. Jalando de arriba a abajo su miembro no circuncidado, cada vez un poco más rápido, mientras mi mirada se dirige a su rostro, el cual se esfuerza por no deformarse y caer rendido a sus emociones. Luego de unos muy pocos minutos así con sus manos me detiene, una apoyándose en mi frente y la otra frenando mi mano, destacar que en ese punto ya mi movimiento era agresivo, dejando sin pellejo totalmente su cabeza y parte de su tronco.

    Tranquila amor, que si sigues asi no podre disfrutar de lo que realmente quiero- Dijo exaltado

    Qué es lo que quieres disfrutar- Dije viéndolo a los ojos

    De tu boquita- dijo

    Una sonrisa se dibujó en mi rostro, y sin mediar alguna palabra más y sin perder más tiempo introduje casi de un solo intento y de una bocanada su miembro entero en mi boca. No soy ninguna experta en los blow, pero era un miembro un poco más pequeño en el largo que el promedio pero definitivamente más gordito que la media. Casi inmediatamente agarro mi nuca, dirigiendo un poco la velocidad de cada vez que salía y volvía a entrar su miembro. Lo disfrutaba, a momentos salía todo el tronco dejando únicamente su cabeza en mi boca, y volvía a meterlo entero en mi boca. Una vez que sentí que estaba por terminar y lanzar todo su líquido, lo saque entero, dando una pausa de unos segundos. Escuchaba su jadeo constante, por mi mente pasó la idea de que fue suficiente descanso.

    Nuevamente introduje su miembro entre mis labios, pero esta vez solo teniendo la cabeza dentro. El intento agarrar mi nuca para nuevamente dirigir la velocidad, yo retiré su mano, en esta situación yo dirijo como se hace. Acomode su cabeza en mi cachete y empecé a mover casi de manera lateral mi cabeza empujando su miembro contra mi mejilla. Estoy segura que la visión que él tendría sería como aquel vulgar gesto que hacen los niños simulando tener algo en la boca haciendo referencia a una felación, mientras empujan con su lengua su mejilla. Pues esa exacta imagen quería darla. Eventualmente escuchaba ese sonido húmedo de su miembro rodeado de saliva. Eventualmente mi cuello empezó a cansarse por su posición diagonal, la que tenía para mamarla de esa forma, así que sencillamente me retiré momentáneamente.

    Una vez más dirigí mi mirada a su rostro, me encontré con una mirada de fatiga, un tono de piel rojo cual tomate, y claramente estaba sudando como si hubiera estado haciendo ejercicio. Me sentí orgullosa, no porque esté dando una mamada a mi profesor (que en parte igual me daba cierto aire de victoria) si no por que aquel hombre que tenía apariencia de ser formal, y eventualmente serio, lo tenía desarmado y derrotado por mi. Era momento de acabar, dar la estocada final.

    La piel que tenía sobre su miembro no circuncidado, lo jale, haciéndolo retroceder hasta dejar expuesta totalmente la cabeza, escuchaba un quejido, que no sabia si era mas una exclamación de dolor, o un gemido, viendo, sus ojos estaban cerrados con mucha fuerza y sus labios presionados entre sí como si de aguantar un grito intentaran. Con una mano empecé a masajear sus huevos, mientras con la otra empecé a masturbarlo, con más fuerza que antes. Su cabeza al total descubierto lo introduje entre mis labios y sacando la lengua empecé a tocar suavemente la puntita. Si antes intentaba silenciar sus gemidos con sonidos guturales, En este punto claramente ya había fracasado, casi gritaba frases como:

    Dios mio

    Carajo

    Finalmente me empujo poniendo su mano en mi frente, saliendo de su boca la frase.

    Estefany, me vengo.

    Me aparte dibujando una sonrisa en mi rostro e inmediatamente como si de un chisguete se tratara, sentí como su liquido balnco y espeso salpicaba mi cara, cayendo en mi mejilla, mi nariz, mi boca y una parte en la tela de mi crop top. Luego de un largo suspiro por su parte volvemos a cruzar miradas, dibujando una coqueta sonrisa con mi dedo limpio algunas de las gotas que cayeron cerca de mi boca, y ese mismo dedo embadurnado, lo dirijo a mi boca y lo empiezo a chupar sin romper la mirada.

    *****************

    Es la hora del tan ansiado examen, estoy confiada, leí una y otra vez las respuesta que el profe me paso, me las memorice, de acuerdo a cada pregunta que en teoría iba a entrar. Llamame egoista, pero no pase estas respuestas a nadie, se que si le mostraba las respuesta a algún amigo, surgirían preguntas del cómo las conseguí, y no puedo arriesgarme a que alguno siquiera sospeche lo que hice, en vez de inventar una excusa creíble prefiero mantenerme callada.

    Recibo el examen, coloco mi nombre, y al momento de empezar a contestar las preguntas me pongo casi pálida.

    Se encuentra bien señorita- Dice el docente con una sonrisa cómplice en su rostro

    Si, si solo los nervios- respondo casi sin poder ocultar mi enojo

    El bastardo hizo un examen diferente al que me pasó, es imposible reclamar, a quien puedo quejarme, si abro la boca seré la zorra del salon.

  • Heber el hijo del encargado

    Heber el hijo del encargado

    Después de la asamblea de consorcio de mediados de junio, donde los propietarios tuvimos que elegir nueva administración, despedir al encargado anterior ya que sus cagadas lindas se había mandado y contratar uno nuevo, después de poner dinero en un fondo común para solventar gastos extraordinarios, finalmente se pudo elegir un encargado nuevo. A diferencia de los dos anteriores que había antes, éste es casado, oriundo de un pueblito del norte de nuestro país, hace 30 años viviendo en Buenos Aires, casado. Su mujer aparenta ser muy amable, educada y es la que suele ir detrás de él indicándole las cosas que faltan por hacer o se hicieron mal.

    Tienen un hijo de 23 años, bajito de 1.60 m, tez oscura, delgadito, que según nos habían contado, era el primero de la familia en ir a la universidad. Estaba estudiando para Contador. Lo había visto de lejos ya que aparenta ser bastante tímido y no sociabiliza mucho con nadie.

    Pasaron las semanas y los propietarios estábamos atentos a esta nueva familia. Es un edificio grande, con las cocheras sobre una calle, la entrada sobre el otro, la garita de seguridad, un pequeño parque con plantas y el encargado anterior desatendía la gran mayoría y las quejas eran recurrentes sobre la suciedad o la falta de limpieza de varios sectores comunes.

    Una tarde de sábado, yo volvía del gimnasio, sudado, con una remera roja ajustada al cuerpo, mi short también bastante ajustado al cuerpo y el bolso. Vivo en un 6to piso y subiendo a mi departamento, en el piso 2 se detiene y sube el hijo del matrimonio encargado. Con una bolsa de consorcio en una mano, la escoba en la otra, remera blanca y pantalón azul oscuro con zapatillas, y cara de pocos amigos. Lo vi, le sonreí y le dije: Buenas tardes! Mientras me arreglaba el pelo mirándome en el espejo del ascensor.

    Me mira de arriba a abajo, siendo que soy alto, mido más de 1.80 y me dice: Hola, Buenas tardes! Ud. Sube no?

    Si, le respondo, voy al 6º.

    Ah Ok, yo necesito ir a las cocheras.

    Bueno, ya llegamos es rápido, tocá rápido subsuelo así vas. Nos vemos!

    Entré al departamento y me quede visualizando aquel encuentro ya que este chico me hizo acordar al que limpiaba mi oficina hace un par de años atrás, Roger (los relatos con él están en mi perfil). Pero a diferencia de Roger, no parecía ni por asomo ser un pibe del bando.

    Un par de semanas después, un domingo por la tarde, bajo con un chonguito con el que cada tanto me junto a garchar cuando anda por la zona y suele venir los sábados a la noche, y después de garche salvaje, cena, garche, dormir, garche, dormir, garchar de nuevo, desayunamos, como su cola le duele y la tiene irritada, me la chupa, me hace acabar, y se va; y a él las plumas se le notan. La cuestión que, bajo a abrirle y estaba sentado en la mesa de la recepción el hijo de los encargados, jugando juegos en el celular, lo saludo, sin despegar la mirada del celular me devuelve el saludo. Levanta la vista, me ve que este chico para saludarme medio que me da un pico, y se va. Vuelvo a entrar, lo miro a Heber, que se queda medio extrañado de haber visto lo que vio y subo al ascensor.

    Al día siguiente, lunes, comienzo de la semana, voy a bajar con el ascensor, y al detenerse en el 6to, estaba Heber con la bolsa de consorcio en la mano y la escoba. Yo: Buen día! Él, mirándome de arriba a abajo, me dice: Buen día señor!

    Yo: ehhh como señor? Todavía no tengo 40. Doctor en todo caso, o Juan!

    Él: ah perdón, pensé que era Ud. Mas grande. (con un gesto de pena mirando hacia abajo).

    Yo: jajaj ano pasa nada, como van los estudios? Me contaron tus papás que estas estudiando para contador! Que bueno que lo hagas. En que año estas?

    Se abren las puertas del ascensor en el subsuelo ya que tenía que sacar el auto, y él me responde, voy a la recepción.

    Yo: vení, acompáñame y me contas de la carrera.

    El: estoy en tercer año, es que me cuesta bastante y voy medio atrasado. Me distraigo mucho y mis papás quieren que trabaje con ellos porque dicen que yo también tengo que colaborar para ganarme la plata que me dan y este edificio es muy grande y se pierde mucho tiempo.

    Yo: en forma de consuelo, lo tomo del hombro y le digo: si me das permiso, voy a hablar con tus papás que tenés que concentrarte en el estudio y que antes una sola persona se hacía cargo del edificio, ahora son dos, no se necesitan 3 y menos si estas estudiando. Tenes que salir adelante. Cuando vuelvo, hablo con tus viejos.

    Él: Ud. Me dijo que era doctor, no? Es médico?

    Yo: no, soy abogado y ahora me estoy yendo a la oficina, y vos tenés que estudiar para lograr progresar. Después nos vemos.

    Me subí al auto y me fui. Heber era un chico que parecía frágil, enojado con sus padres, pero que algo raro tenía en su actitud.

    Regresando a la tarde al edificio, salgo del auto y subo a la planta principal y me encuentro a Don Aurelio, el padre de Heber, y les pregunté porque había visto trabajando a Heber si los que fueron contratados para hacer el trabajo eran él y su esposa, no el chico.

    A lo que me responde, sabe doctor, en mi pueblo se acostumbra que cada quien tiene que ganarse el dinero con trabajo, con el sudor de la frente, y a este chico le gusta la tecnología, le gusta tener para sus estudios y salir de vez en cuando, así que si quiere dinero, nosotros le vamos a dar pero tiene que trabajar.

    Yo: Señor Aurelio, no es el acuerdo que se hizo por contrato, el chico tiene que estar estudiando o trabajando por motus propio en otro lado que él haya elegido. Uds. Como padres sabrán cuanto dinero le dan por el simple hecho de estar en la universidad que, como nos dijeron, era el primero en varias generaciones que lo hacía, así que están en Capital Federal, en Buenos aires, acá las cosas son muy diferentes. Como abogado y siendo parte del consejo de propietarios, no quiero ver a ese chico realizando tareas que Ud. Y su mujer tienen que realizar. Espero haya quedado claro.

    Por 3 o 4 días, no volví a ver a Heber. Un par de días después salía con el coche del edificio y lo veo cruzando la calle en diagonal a donde hay una parada de colectivos. Doble con el coche, le toque bocina, pero iba con auriculares. Seguí viaje.

    Al día siguiente, saliendo para el gimnasio, lo veo a Heber en el subsuelo, hablando por celular. Le toco bocina, levanta la vista y me hace un gesto de saludo. Le hago señas para que se acerque. Camina hasta el auto mirando el celular, y le digo: Eyyy, como andas? Como anda todo?

    Me responde que no muy bien, que como sus padres no lo dejan trabajar mas en el edificio, le dan el dinero justo y necesario para la facultad y que no tiene crédito en su celular. Y que quiere hablar con sus amigos y lo puede hacer desde el subsuelo donde llega el wifi público de la plaza de la otra cuadra.

    Le dije: mira, concentrate en tus estudios, desde una aplicación muy conocida que se usa en argentina, llamada Mercado pago, le dije: pasame tu número de celular. Me lo dice y le cargo $2000 pesos para que tenga crédito para usar datos. Me dice: No doctor, no sé como devolvérselo.

    Yo: no me tenés que devolver nada, quiero que aproveches esto y le metas pilas a los estudios y si necesitas ayuda o algo, me venís a ver. Yo estoy en el 6º B. O si necesitas hablar, igual. Tus papás pueden ser medio cerrados con el tema de como se vive en Buenos Aires, pero dale tiempo. Ok. Me tengo que ir.

    Él: le super agradezco doctor Juan.

    Pasaron un par de días, y no tuve noticias de él. Aproveche que me había quedado su celular registrado con la carga del crédito, lo agendé y le escribí por wasap. Como va todo?

    Pasadas unas horas me responde: Quien es?

    Y le digo: soy yo, el doctor Juan del 6º B.

    Él: ah como le va doctor? Bien bien, todo bien, saliendo de lo de unos amigos.

    Ok, volviste a tener problemas en tu casa?

    Él: No, no, por ahora no.

    Yo: me alegro, agenda mi número, cualquier cosa me escribes.

    Semanas después, vuelvo a verme con el chico que es mi garche esporádico, y cuando está entrando, justo salía Heber. Yo: que tal estás?

    Él: (mirando mucho al otro chico). Bien, bien, todo bien. Me voy.

    Yo: suerte! Me avisas cualquier cosa.

    El domingo a la mañana mientras me duchaba y el otro chico estaba aún en la cama, me tocan timbre. Yo, medio extrañado que un domingo a las 9,30 am me toquen timbre, me cubro con la toalla, me seco rápido y miro por la mirilla de la puerta, solo veía una cabeza y que suena nuevamente el timbre.

    Abro despacio y digo: si? Ahhh Heber! Está todo bien? Que pasó?

    Perdone doctor, que lo moleste, le mande mensaje de wasap pero como no me respondíó lo vine a ver.

    Yo: pero pasó algo malo? (tratando de hablar bajo para que no se despierte mi garche)

    Él: quería saber si tenía un amigo o contacto que dé clases particulares de matemáticas?

    Abro un poco mas la puerta quedando solo cubierto por la toalla y le respondo: Heber, que susto, mira, estuve ocupado no miré el celular, dejame que piense y te diga. Heber atónito con su mirada en mi cuerpo.

    Él: Doctor, que cuerpote que tiene! Perdón que lo mire así pero solo vi hombres como Ud. En la tele.

    Yo: jajaja gracias. Bueno. Mira, después hablamos, me tengo que cambiar y mas tarde respondo tu mensaje.

    Al cabo de unas horas Heber estaba sentado en la mesa de la recepción del hotel con el celular y nuevamente me ve despedir a este chico.

    Yo: que tal Heber? Como va todo?

    Él: Es su novio ese chico?

    Yo: jajaja no, digamos que es un buen amigo.

    Él: Ud. Es de esos hombres que salen con hombres no?

    Yo: Si, soy gay y ese chico también lo es y digamos que es un amigo con derechos.

    Él: ah ya ya, entiendo.

    Yo: Si queres preguntarme algo, hacelo eh, no tengo problemas.

    Él: No… Bueno, pasa que no le he contado a mis padres porque el algo dificil que lo entiendan. Pero, yo siento que después de conocerlo a Ud., yo me he sentido raro, como atraido hacía los hombres también. Ud. Me llamó mucho la atención.

    Yo: gracias Heber, me siento halagado. Mira, vos tenes que hacer tu búsqueda y explorar con chicos de tu edad y después iras conociendo mas gente. Seguro en la facultad hay un montón.

    Él: si, pasa que por momentos me da miedo, y por momentos como que me gustaría poder hacer algo con alguien. Sabe que? Allá en Tucumán en mi pueblo, yo tenía un chico con el que nos veíamos a escondidas, cuando ibamos con mis papás para las fiestas de fin de año a visitar a la familia. Eramos como Ud. Y ese otro chico. Y con él digamos que dejé de ser virgen. Él siempre era el, como se dice acá? El activo y yo el pasivo. Yo lo quería y disfrutaba mucho el sexo. Era como nuestro momento especial de la semana. Pero él después se puso a salir con una chica y no nos vimos más.

    Yo: uuhh lamento escuchar eso. Y lo que me contas le ha pasado unos cuantos chicos que han venido del interior para acá. Igual tranqui, tenes que salir un poco más, conocer gente del ambiente y de tu edad, y hacerte amigos. Vas a ver que así vas a conocer a alguien que te guste mucho.

    Él: y Ud. No tendrá así amigos como Ud.?

    Yo: Como yo? Jajaja son todos de mi edad, bastante mas grande que vos, pero anda despacio con los de tu edad. Mis amigos están en otra.

    Él: ahhh bueno, que pena. Ud. Es muy atractivo.

    Yo: jajaja muchas gracias Heber. Bueno, me voy para el departamento hablamos.

    Heber me tenía ganas. Que momento y que confesiones, sabía que algo se tenia guardado este chiquito. Y la verdad que me morseaba hacerle cositas que quizás jamas le hiceron. Pero por razones de mantener las distancias con sus padres, preferí abrirme y dejarlo pasar.

    Luego de un par de semanas de no cruzarnos y yo haciendo la mía. Llegando al edificio, veo a varios vecinos reunidos hablando con los padres de Heber. Dejó el coche en la cochera y subo por las escaleras a la recepción.

    Hola, que anda pasando?

    La vecina del 2º: a vos te parece? Estoy sacando unas cajas acá al cuarto de reciclaje, y bajando con las cosas por las escaleras, me encuentro en el descanso de las escaleras al hijo de ellos, teniendo sexo con otro chico. Pero no se puede creer esto!

    Yo: a ver, paren, son cosas de chicos, está mal lo que hizo, pero hablen con él, tranquilos, despacio. Él quizás les querrá contar algo que no se anima, y tienen que entenderlo.

    La vecina: pero no escuchaste lo que dije?

    Yo: si, escuché, de la misma forma que hace un año atrás todos escuchamos que el encargado anterior, tenía sus cosas con la señora del 8vo en el cuarto de maquinas y nadie dijo nada, tardaron meses en echarlo y lo echan por ser descuidado pero no por eso. Acá hablamos de un chico que está descubriendo su sexualidad.

    El padre de Heber. Mi hijo no tiene que descubrir nada. Él es un hombre.

    Yo: si, es un hombre que le gustan los hombres, que problema hay? Ud. sabe cuantos chicos del interior vienen a Bs As a escaparse de ambientes sofocantes familiares para dar rienda suelta a su sexualidad acá?

    Otra vecina: Bueno, vamos a estar atentos. Pero que no se vuelva a repetir. Como dice acá el doctor, es un chico y está descubriendo cosas. Perdón, pero en esto no puedo estar ocupándome.

    La vecina del 2º. Bueh, ahora acá no paso nada y los p…tos pueden hacer cualquier cosa.

    Yo: vecina, regule sus palabras porque puede ligar una demanda por discriminación y maltrato. Así que cálmese. Sus padres van a hablar con él. Nosotros ya no nos podemos meter mas de lo que ya llamamos la atención.

    La madre de Heber: Gracias doctor por entender.

    Cada uno se fue a su casa.

    Mas tarde a la noche le mandé un mensaje a Heber: Me enteré de lo que pasó! Está todo tranquilo en tu casa?

    Pasaron las horas y no me respondía.

    Al día siguiente, al mediodía, estando en la oficina, recibo un mensaje de él. Diciéndome que sus padres se sentían decepcionados de su único hijo, que se haya aprovechado del trabajo y de su estancia en ese edificio para hacer lo que hizo. Que además esperaban de su único hijo le diera nietos. Que estaba en la Facultad en ese momento y que sólo quería responderme los mensajes para agradecerme por mi buena onda y para que me quede tranquilo que estaba bien.

    Le respondí: Ok, si necesitas algo, podes contar conmigo. No estás sólo.

    Pasaron las horas, los martes a la noche sus padres aprovechaban para ir a la iglesia. A eso de las 20.30 h mientras preparaba la cena, me tocan timbre.

    Abro la puerta y era Heber, se lo notaba que había estado llorando.

    Lo hago pasar, y le digo que me espere que apagaba los fuegos para que no se me queme la comida. Y le digo: estuviste llorando! Que te pasó? Y me dice que se sentía triste porque su amigo, con quien se veía cuando él viajaba a su pueblo, le contó que en unos meses se convertiría en padre y al decirle eso, sintió que se había roto definitivamente el vínculo con él. Soltó un par de lágrimas, y me generó abrazarlo. Él parado me llegaba a la altura de mi pecho apenas mas abajo. Me apretó de la cintura y me agradecía por escucharlo. Me senté en el apoyabrazos del sillón para tenerlo mas a la altura. Vuelvo a abrazarlo, y corre su cara y me da un beso en la mejilla, lo miro, lo agarró de la cara, y le doy un beso en la boca. Él casi paralizado me mira, y lo vuelvo a besar y a abrazar. Con sus bracitos delgados me los pone alrededor de mi cuello, y nos comemos las bocas con pasión, como que había algo reprimido y lo pudimos soltar.

    Baja sus brazos y comienza a acariciarme los pechos por encima de la chomba. Me saqué la chomba quedando en cuero y le saco su remerita. Veía un cuerpo delgadito, moreno, lampiño, sus costillitas se marcaban. Él apretaba y acariciaba mis pechos y le digo: chupalos. Sin mediar palabra, bajo su carita a mis tetas y las chupo como si fueran el último chupetin del mundo y necesitaba algo dulce. Le acariciaba la cabeza. Mi pija estaba engarrotada cual piedra dispuesta a destrozarle el culo y la boca. Con sus manos acariciaba mis brazos, mi torso. Vuelve a besarme y yo bajo mis brazos a su cola, empiezo a apretarle las nalgas, y el baja su mano a mi pija. Y me dice: Doctor, no, esto es enorme, no voy a poder con esto.

    Yo: Shhh yo te ayudo. Le bajé el pantalon y tenía un slip medio desgastado. Se lo bajé, lo di vuelta, y me puse a observar su culito. Apenas pelo, chiquito, redondito, olia a recién bañado. Le mordí una nalga y se retorció de placer.

    Yo: Si eso te da placer, sentí esto… Me puse a chuparle el orto y a pasarle la lengua desde la base de sus huevos hasta donde empieza su espalda, empezó a gemir y a retorcerse como si fuera lo mas excitante que había sentido en su vida. Con ambas manos abri sus nalgas y me puse a cogerlo con la lengua.

    Él: si si si, doctor, soy suyo!!

    Lo di vuelta, lo besé y lo empuje desde el hombro para que baje a chuparme la pija.

    Me desató el nudo el cordon del pantalon, me lo bajó y tenía puesto un slip gris que explotaba, mi pija se salía por el costado. Él la miraba y me miraba, yo asentando con la cabeza que era para él. Se puso a amasarla y a sentirla, con su mano, con la lengua, con la nariz. Parecía algo exótico y nuevo para él y que lo deseaba mucho. Me baja el slip y con su manito me la masturba un par de veces y se la pone en la boca. Se la sacó y me dijo: que rico huele, pero es muy grande, no vi nunca una así.

    Yo: dale, despacito. Yo te ayudo. Se la puso en la boca nuevamente y con su lengua trataba de acariciarla pero yo lo tomé del cuello y lo fui empujando. Se ahogaba y hacía arcadas. Seguimos intentando un rato pero con los dientes me raspaba un poco a pesar de que le ponía onda. Evidentemente será algo que tendré que enseñarle como se hace.

    Lo levanté, le hice upa, y lo llevé abrazado hasta la habitación. Ahí lo puse boca abajo, sobre mi cama, le abrí las piernas y volví a jugar con mi lengua en su cola. El apretaba las sabanas y con un almohadón se tapaba la boca. Después de unos minutos así, me incorporé, me acerqué a la mesa de luz, y saqué lubricante. Él al ver que saqué el lubricante y que mi pija tenía sus 24 x 8 cm venosos en su plenitud, me pidió que sea cuidadoso y que sea suave. Le dije. No te preocupes! Como te gustaría empezar?

    Él: encima suyo, lo cabalgo.

    Yo: dale. Me puse lubricante en toda la pija y le puse bastante mas en su culito. Me acosté en la cama y él se subió encima mío, agarrándose fuerte de mis pectorales y pidiendome que no me mueva. Yo: tranquilo, manejala vos.

    Con cierto gesto de dolor puso la cabeza mi pija en la entrada de su culo, y se quedó quietito. Yo: shhh, despacio, dejá que se adapte. Empezó a bajar un poco más y se quejaba, le dolía y me dijo que no podía. Le dije que se apoye en sus pies, como sentándose, y lo sostuve desde sus nalguitas, y comencé a moverme despacio. Él tenía cara de dolor, me sujetaba de los pectorales y pedía despacio.

    Yo: Shhh, tranquilo, shhh.. Así, mi pija entró un poco mas, hasta la mitad, pero el resto del tronco quedaba afuera. Ya con eso empecé a moverme, a mi me encantaba este desafío, era como desvirgarlo. No quería lastimarlo, sólo que lo sienta. Él no se movía, casi llora de dolor. Me senté con él encima y empecé a besarlo. Eso lo relajó y cuando quiso dar cuenta, casi toda mi pija estaba adentro. Le digo: ves?, tenes que aflojarte. Me responde que es enorme y que yo soy bestial y que él se siente muy excitado pero dolorido. Le sonreí, lo tomé de la cintura y empecé a moverme, lo penetraba con cierto ritmo que lo haga sentir cómodo. Tomó una almohada, se la puso en la cara y gemía y gritaba. Mi cabeza apoyada en su pechito, y mi pelvis que se movía hacia arriba y hacia abajo. Mi pija estaba totalmente lubricada. Cuando ya lo sentí más cómodo, lo abracé y lo tiré hacía atrás yendome yo encima de él. Me pidió que vaya despacio.

    Le levanté sus piernitas y las paoyé sobre mi torso y comencé a cogerlo así, tomó nuevamente la almohada y se la puso en la boca y ahi aceleré las embestidas. Con sus manos me sujetaba de la cintura para frenarme pero no tenía suficiente fuerza, por lo que seguí con mi ritmo. Le saqué la almohada de la cara y comencé a besarlo. Él me abrazó y me besaba con mucho cariño, pasión, como quieran llamarlo.

    Lo levanté nuevamente, y le pedí que se pusiera en 4. Cuando saqué mi pija noté que había sangré. Le pedí que se lavé y me lavé yo también. Él se asustó y le dije que no se asuste, que era normal. Le pregunté si quería que siguiera. Y me responde que si. Estando en el baño y una vez limpios los dos, le puse una crema hidratante especial en el orto y yo me puse en la pija, lo puse sobre el vanitory quedando su culo a mi disposición y el tirado sobre la bacha. Comencé nuevamente a cogermelo. Se tapaba la boca, y aceleré las embestidas, a él se le caían las lagrimas y se notaba como aguantaba a pesar de todo. Yo me pusé a gemir y a acelerar mi respiración, le dije: voy a acabar, salgo? Me responde que no, que siga!! Aceleré las embestidas, y no pudiendo aguantar más, estallé adentro de él. Rebuznando y volviendome un toro que quería salir al rodeo… Casi que me desmayé sobre su espalda y él suplicaba que no salga, que le encantaba sentirme así. Nos quedamos así un rato, y cuando mi pija empezó a ponerse gomosa, salí. Volvió a aparecer algo de sangre. Apenas saqué la pija, salía leche de su orto como si fuesemos 5 personas los que lo hubiéramos cogido.

    Me dice que es la primera vez que le pasa esto y que se sentía raro. Lo besé y le dije: duchate tranquilo.

    Se duchó, se lavó, estuvo un rato, su cola estaba casi desflorada, y le dije que se ponga crema y que para mañana ya iba a estar bien. Que cualquier cosa tome un antiinflamatorio. Cuando salió a secarse, entré yo. Él me observaba y me dice: no puedo creer lo que me acaba de pasar. Ud. es un Dios griego. Si lo llego a contar no me lo creen.

    Yo: mira, como están las cosas, por ahora no digas nada. A tus amigos si querés si, pero nada a tu familia.

    Él: no no, a mi familia nada. Podremos repetir?

    Yo. Obvio, pero tranquilo con esa colita que si no se va a lastimar seriamente y por un mes no vas a poder hacer nada con nadie.

    Se vistió, aún nervioso, me abrazó, lo besé y se fue.

    A la semana siguiente, volvimos a repetir.

    Él: gracias doctor, siento que me saqué un peso de encima contándole esto.

  • ¿Existe la maldición generacional? (abuela – nieto)

    ¿Existe la maldición generacional? (abuela – nieto)

    ¿Existe la maldición generacional? ¿Los hijos repiten la historia de los padres cuando adultos?

    ¿Será que en forma inconsciente la familia influye en que eso ocurra?

    Ya con mis dieciocho años son dudas que me asaltan a menudo. Provengo de una multitudinaria familia, con ancestros jóvenes, aunque yo rompí el estereotipo.

    Les cuento brevemente.

    Toda mi familia, tuvo la particularidad que las mujeres tuvieron su primer hijo a los quince años de edad, cosa que hoy con la mía, tengo una madre muy joven y una abuela con cuarenta y ocho años. Es aquí donde la verdadera historia comienza.

    Mis padres habían viajado a un congreso en España, (son de profesión Odontólogos) quedando al cuidado de mi abuela, viuda muy joven a causa de un accidente que sufrió el abuelo.

    Lela, como me obliga a llamarla (se niega a que le diga abuela) la susodicha, muy bien físicamente, profe de educación física y personal trainer, en su juventud había jugado hockey, lo que hacia sus piernas torneadas y su culo impecable.

    Me describo brevemente, mido un metro setenta y ocho, como soy introvertido practico calistenia en casa, lo que hace también mi cuerpo atlético, no me describo como un adonis, pero tengo lo mío.

    Pocos amigos, diría casi ninguno, pues mi personalidad los aleja. Introvertido como pocos, mis amigotes me definen y me apodaron el depresivo, pues, es así tal cual me ven.

    Cierta noche, me encontraba leyendo un libro cuando de repente suena un alerta en el móvil, era de una aplicación de citas, alguien le había dado un me gusta a las fotos que había subido, sobre todo a una que había comentado las medidas de mi miembro (la impunidad que da el anonimato es impresionante).

    – Hola G (me puse así de nombre en la app) como estas llevando esta noche.

    – Hola hermosa, aquí leyendo un poco consumiendo horas.

    – Qué plan más aburrido, yo estoy jugando conmigo misma.

    – ¿debo entender?

    – Si tal cual, entiendes bien, aun mi cuerpo me lo permite.

    Y si, ella tenía un escultural cuerpo que se dejaba ver en las fotos, el único inconveniente era que todas las fotos estaban sacadas a contraluz, en la paya, una plaza, avenidas, parques, pero todas con el sol que solo dejaba adivinar su tallada silueta por detrás de ella.

    – Tu foto me calienta G, tenés un físico privilegiado, lástima que no se observa tu rostro.

    – Creo que estamos en igualdad de condiciones.

    – Jajaja tenés razón, que ágil de respuesta sos.

    – Lo aprendí de mi mama y mi abuela.

    – ¿Qué edad tenés?

    – Estoy a puertas de los diecinueve.

    – ¿No te importa hablar con alguien mayor que vos?

    – Para nada, de hecho me encantan las mujeres mayores, estoy totalmente caliente con mi abuela de casi cincuenta años.

    – Bueno mi dulce, yo ando por ahí, si querés puedo ser tu abuela por un rato cuando gustes.

    – Podría ser, pero… ¿Qué me harías?

    – ¿tenés miedo? Nada que no te pueda hacer cualquier mujer deseosa de un hombre.

    – Miedo no, seria… curiosidad.

    – Te comería a besos para empezar, sacándote la ropa hasta quedar totalmente desnudo, disfrutando de esos dieciocho centímetros que promocionas. Llevarlos a mi boca sedienta, para comerlo todo hasta exprimir tus dulces jugos los que con gran placer depositaria en mi interior sin desperdiciar absolutamente nada.

    Por cierto mis manos ya se encuentran jugando con mi sexo húmedo, deseoso de vos. Te cuento que dos de mis dedos se perdieron solos entre mis labios vaginales, deslizándose por la humedad reinante mientras con la palma de la mano estimulo mi clítoris hirviendo.

    De repente se hizo un silencio, no escribió más, cortándome a mí la calentura y la masturbación.

    – Hola sexi50, ¿sigues ahí?

    – Si mi pequeño amante virtual, sigo aquí, solo que estaba disfrutando el orgasmo, te juro pendejo, nunca antes había acabado tan rápido. Por favor, llámame A.

    – Bueno A, me halagas con lo que me has dicho, ahora me quedo con ganas, pero bueno, en un rato te voy a dedicar una que vas a sentir los gemidos desde tu casa.

    – Jajaja que ocurrente.

    – Te dejo, nos hablamos mañana, ¿te parece?

    – Perfecto.

    – Un gran besito.

    – Otro para vos.

    Me preparo después de mi primera experiencia virtual, para ducharme y entregarme a una buena sesión de masturbación, pensando en A.

    Salgo de mi cuarto para el baño al mismo tiempo que mi abuela, ambos en ropa interior (era habitual que anduviéramos así)

    – Lela, ¿vas al baño también?

    – Si amorcito.

    – Bueno entonces las damas primero.

    – Gracias que galante.

    – Usted las merece.

    Prendió la luz del baño y al hacerlo quede sorprendido y casi sin respiración, al quedar mi abuela entre la luz y yo, esa silueta se volvió a incrustar en mi retina, era igual a las vistas en Tinder… y sin poder aguantar, de mi boca se escapó…

    – ¿Sexi50?

    – Si G soy yo.

    Con más dudas que preguntas quede inmóvil en mi lugar.

    – Veo tu cara de sorpresa, no se corresponde con la mía. Ya sabía que eras vos desde el primer momento y me lo confirmaste cuando dijiste que estabas leyendo, tu cuerpo lo podría reconocer hasta ciega.

    Sin permitirme decir una palabra me tomo de la mano llevándome hacia el interior del baño, acciono el comando de la luz para bajar la intensidad, manipulo las llaves para acondicionar el agua a la temperatura justa y nos guio hasta dentro de la bañera.

    Aun con la ropa interior puesta se vislumbraba la bestia que quería salir

    Ocurría todo tan rápido que no tenía tiempo de reacción, a la vez que hacia las cosas la bañera iba completándose de agua; Me introdujo en ella y arrodillada del lado de afuera sobre una fina alfombra mullida, comenzó a bajarme la ropa interior mientras besaba mi pecho y bajaba hacia mi abdomen. Cuando el calzoncillo estaba por los tobillos su rostro quedo a la altura de mí ya endurecido miembro, levante una pierna y luego la otra para que me despoje de ellos, una vez hecho paso su lengua desde la base al prepucio, jugo unos segundos con el agujero de mi uretra y se detuvo, parándose de repente se retiró del baño, yo, no entendía nada.

    No sé cuánto tiempo paso; “november rain” comenzó a sonar en las bocinas del equipo de música llenando todo el departamento.

    A apareció nuevamente, desfilando cual modelo y totalmente desnuda, sus pechos turgentes y duros (naturales), cintura definida, sus infaltables “ravioles” en el abdomen y una pelvis total y cuidadosamente depilada, su melena con unos bucles que caían sobre sus hombros y unos ojos negros penetrantes, volvió a su tarea en el borde de la bañera, pasando su lengua por mi miembro, perdiéndola en su cavidad bucal para hacerla aparecer centímetro a centímetro, todo esto lo hacía mirándome a los ojos fijamente, repitiendo secuencialmente todo el proceso hasta que, creo, debió darse cuenta que estaba por eyacular, dejando de lado la faena.

    Se paró, ingreso al receptáculo de la bañera cerrando los grifos del agua. Nos sentamos ambos en cada una de las puntas, roció unas sales aromáticas, con un jugueteo de sus piernas comenzó a disolverlas, lo que me dio tiempo de ver sus labios vaginales rosados y tersos, antes que se haga una leve espuma por la superficie del agua.

    Sus piernas se ubicaron entre las mías; los delicados pies parecían manos cuando tomo mi pene para masajearlos, subiendo y bajando creando una sensación indescriptible que recorría todo mi cuerpo erizando cada centímetro de la piel. Elevo sus piernas pasándolas por encima de las mías adoptando la posición inversa en la que estábamos, para darle mis “masajes de pies”.

    No tenía idea, pero copie los movimientos de mi Lela. Acercando la planta acaricie sus labios en toda su extensión, deteniéndome unos instantes en su clítoris, para luego volver al recorrido, así varias veces, hasta que comenzó a abrir más las piernas y su boca, poniendo los ojos en blanco lanzo un gemido casi interminable.

    Se levantó y me ayudo para hacer lo propio, tomo una toalla secándome a mi primero.

    Ya secos emprendimos a un viaje sin retorno, con destino su cama.

    Nos acostamos sobre las sábanas impecables extendidas sin una sola arruga, tela de seda color azul que hacia el contraste perfecto con el blanco de su cuerpo.

    Acariciándome dijo a mi oído con voz sensual y caliente entre suspiros.

    – Aquí estamos, ahora soy completamente tuya, tenés la libertad de hacer conmigo y con mi cuerpo todo lo que esa mente pueda llegar a imaginar.

    – Mi imaginación vuela, sé que me conoces bien, pero no te das una idea lo que mi cerebro puede llegar a pensar.

    – ¿Debo repetir? Tenés la libertad.

    Comencé por hablarle muy sucio de las cosas que tenía pensado mientras la acariciaba suavemente recorriendo con las yemas de mis dedos, cada vez que rozaba su vagina notaba la humedad de ella, su cuerpo se estremecía cada vez que tocaba sus ya inflamados labios vaginales de ese cuerpo yaciente boca arriba con unas piernas inquietas que se movían al roce de mis dedos totalmente separadas una de la otra. Comencé por meter dos dedos dentro del canal húmedo, haciendo movimientos de adentro hacia afuera, literalmente le estaba haciendo el amor con mi mano. No tardó mucho en tener su primer orgasmo, primer y copioso orgasmo, empapo mi mano de sus jugos. Seguí con el mismo procedimiento, quería hacerla terminar de nuevo, cuando me dice…

    – Fíjate en mi mesa de noche, úsalo como te plazca.

    Estiro mi brazo, abro el cajón de la mesa y encuentro un vibrador, de dimensiones similares a mi falo, dieciocho cm. Y el grosor casi igual.

    Comienzo por frotarlo sobre su vagina, pero su humedad hacia que se pierda en su interior, la masturbe con él, no hizo falta mucho tiempo para el segundo orgasmo, pero eta vez al tenerlo tenso su cuerpo y se arqueo hacia arriba.

    Pasado unos segundos se relajó, calculo que pensó que ahí terminaba todo, pero no, recién comenzaba.

    – Ponte en cuatro (le ordene)

    Sin prisa, pero sin pausa hizo caso, apoyando la cabeza en la almohada y su hermoso culo elevado hacia el techo, dejando todo su sexo a mi disposición. De rodillas detrás de ella, enfile mi miembro a su entrada vaginal, para de un solo embate perderla toda dentro de ella.

    Ese grito mezcla dolor y placer me encendió mucho más, incentivando mi morbo aún más de lo que traía, en el fragor de las envestidas, no dude ni un segundo, tome el consolador que había dejado sobre la sabana y lo chupe para lubricarlo bien con saliva. Comencé a jugar alrededor de mi pene, hasta que el aparato hizo lugar por sí solo, encontró un espacio para entrar junto al mío, con mis dedos lo sujeté al verdadero y con dos miembros dentro comencé a moverme, esta vez más despacio. Ella solo podía gritar, gemir y suspirar, cosa que pude disfrutar a pleno.

    Al tener otro de sus copiosos orgasmos, no la deje descansar, en la misma posición en que estaba, saque mi palo y el que había tomado de la mesa, con sus mismos jugos lubrique el ano, que al roce empezó a palpitar.

    – Siii, por favor, también es tuyo, lléname las entrañas de tus jugos.

    Penetre esa pequeña puerta trasera, esta vez mas cuidadosamente, no quería arruinar el momento. Cuando estaba toda dentro, puse el consolador en su vagina y cuando salía uno, entraba el otro y a la inversa, la sentí temblar, sus espasmos anales comprimían el cuerpo del falo, lo que apresuro la salida de mi semen, llenando toda su víscera. Gritó algo que no alcance a distinguir y literalmente cayó sobre la cama desmayada.

    La gire asustado, pero por suerte despertó enseguida, diciéndome que era la primera vez que le pasaba, sabía que podía ocurrir, pero ella nunca lo había experimentado, me lo agradeció con un beso en la boca y una limpieza de mi pene aun chorreante de semen.

    Tardamos un rato en reponernos. Al hacerlo, nuevamente fuimos a la bañera, pensé que ahí seguiríamos, pero no. Ya sumergidos en la tina, hablamos de lo sucedido, lo bien que la pasamos y sobre todo como un hombre de mi edad pudo darle tanto placer.

    Obvio que hicimos un convenio de confidencialidad, nadie, ni los amigos debían enterarse, que estos encuentros debían seguir y, sobre todo, cerrar Tinder definitivamente.

    Los cuatro días que siguieron, hasta la llegada de mis padres, continuamos haciendo el amor, en cada rincón de la casa.

    Llego el día que ambos no queríamos, arribaron mis padres.

    – Hola mama, hijo, como les fue durante estos días.

    – Hola hija, bien la pasamos muy bien, un poco aburrida, tu hijito todo el día con sus libros.

    – Si mama, pero Lela se la pasaba todo el día con el móvil, (para hacerla enojar) la “abuela” también es aburrida, no se le ocurre nada.

    Mama y papa reían de las gansadas que decíamos con la abuela.

    Llego el momento de irnos a casa, salimos por el largo pasillo y una vez dentro del auto, les dije que me había olvidado algo, regresé, abrí la puerta y le di un beso de despedida, su boca se acoplo a la mía y nuestras lenguas intercambiaron saliva, me retire triste.

    Obvio que seguimos hablando por teléfono o mensajes, programando nuevos encuentros, que nunca se daban.

    Pasado un tiempo, llego de la calle y mis padres estaban sentados tomando una merienda.

    – Hijo, toma asiento, tenemos que hablar con vos.

    – ¿Tan grave es? (pensé que se habían enterado)

    – La verdad no sabemos, eso lo tendrás que decir vos.

    – Bueno, vamos larguen la que duele.

    – El tema es que llamo la abuela para que vallamos a su casa pues quería hablar con nosotros.

    – (Asustado) ¿Qué les dijo? Yo no hice nada.

    – No al contrario, no te asustes, nos dijo que te portaste muy bien, más de lo que ella creía que te podías portar por ser adolescente.

    – ¿entonces?…

    – Nos preguntó, más bien nos comentó, que te había visto muy feliz y contento, que la pasaste bien y disfrutaron mucho el tiempo compartido. Si nosotros no teníamos inconveniente y vos querías, como ella estaba muy sola y la casa es grande, irte a vivir con ella.

    Mi corazón latía a mil por hora, una combinación del miedo por si se habían enterado y la alegría de convivir con mi amante secreto.

    – Tendría que pensarlo, déjenme consultarlo con la almohada y mañana les contesto, ¿sí? (ellos saben que soy de evaluar las cosas)

    – No hay apuro, cuando gustes.

    A la noche le envió un mensaje.

    – Sexi50, ¡zorra!

    – (emoji, cara riendo) era sorpresa para vos.

    – Te amo.

    Al cabo de aproximadamente diez días ya estaba instalado en la casa de mi abuela, acondiciono un cuarto para mí (que nunca se usó) y el matrimonial para los dos.

    La primera noche hicimos el amor hasta el amanecer, descansamos un rato y salimos a hacer compras.

    Salió del sex-shop con una bolsa llena de cosas para experimentar.

    Hoy, hace nueve años que vivimos esta vida de “trampa” aunque creo mi mama debe saber algo, pues después de la separación de mi padre, madre e hija se acercaron mucho, haciéndose grandes confidentes.

  • La amiguita de mamá gatea de noche

    La amiguita de mamá gatea de noche

    Mi hermana se encontraba cumpliendo 15 años y como en toda familia se acostumbra a hacer una celebración especial para ese día y pues muchos invitados de ambas familias y amigos de nuestros padres e incluso nuestros fueron invitados.

    Cómo buen hermano mayor debía estar vestido de traje y atendiendo a todos los invitados a su llegada. Entre tantos invitados de repente veo llegar a la amiguita de mamá, la misma de mi relato anterior, vestida con una falda sobre las rodillas blanca, una camisa de lentejuelas negra dejando ver sus ricas tetas, unas botas negras a mitad de muslo de cuero con tacones, unas medias pantys negras, pelo negro liso y su boca pintada de rojo. Después de un rato de observar cómo caminaba e imaginarme todo lo que podía hacer, mi padre casi con un regaño me indica que la lleve hasta su mesa y la reciba, lo cual accedí con todo gusto.

    Me saluda con una sonrisa malvada y guiñando el ojo, a lo cual respondo tomando su brazo y diciéndole Bienvenida! En un tono más que pícaro y la llevo a reunirse en la mesa con el resto de sus amigas que ya habían llegado.

    Durante la fiesta tuvimos algunos encuentros cercamos algo normal, roces, agarres mientras la invitaba a bailar, pero cómo había mucha gente, ambos tratábamos de comportarnos. Aprovechábamos cada vez que apagaban las luces para meter un poco de mano y sobarnos mutuamente, yo trataba de disimular mi erección y cada cierto tiempo iba al baño a acomodar mi miembro de manera que se notara lo menos posible, ella solo reía y se me quedaba viendo con cara de querer comerme cada vez que me retiraba al baño.

    Las horas fueron pasando y los tragos empezaron a hacer lo suyo. Algunas personas ya empezaban a retirarse y como nuestra casa queda en las afueras de la ciudad cerca del restaurant donde era la fiesta mi madre había planeado que algunos de los invitados se quedaran a dormir en la casa y para mi sorpresa ella era una de esas.

    Mi papá me envía en el carro a hacer algunos viajes desde el restaurant a la casa para ir llevando a la gente que se quedaría en casa, unas tías medio borrachas se suben en los puestos de atrás y la amiguita de mamá se apresura a subir de copiloto. Durante el viaje veo cómo mis tías ya casi dormidas se inclinan entre sí y están entre dormidas y despiertas, lo cual es notado por ella y sin perder tiempo comienza a manosearme el miembro por encima del pantalón que ya quería salir de su encierro. Así estuvo todo el trayecto, se bajó la camisa para que viera esas tetas que tanto me gustaban, pero por desgracia ya habíamos terminado el trayecto y tocaba bajar a las tías del carro.

    Cómo pude me arregle y con un dolor en las bolas por tantas ganas de coger, me tocó empezar a cargar a las tías. Una de ellas una regordeta poco agraciada a la que moví rápidamente y dejé en un sillón, y la otra con una figura voluminosa que se le marcaban unas buenas tetas y un culo protuberante, aproveché en cada paso de meter mano mientras la llevaba a la cama para calentarme un poco mas, en ese proceso hale un poco el hilo negro que se le notaba y saqué de su pantalón para poder verlo y excitarme un poco mas mientras con la otra mano le agarraba las tetas hasta que llegamos a la cama y la dejé completamente dormida.

    Cuando iba al encuentro con la amiguita de mamá veo que el resto de personas está llegando a la casa y mi mamá procede a organizar los dormitorios de cada quien rápidamente, y en ese momento pienso que todo el juego había llegado a su fin.

    Cada quien se fue a su dormitorio y me puse a imaginar a esa madurita desnuda y todo lo que me podría haber hecho esa noche, lo que me provoco una calentura y erección descomunal.

    A los pocos minutos siento que la puerta se abre y pienso que es mi madre o padre para que ayudara con algo adicional de la fiesta pero no veo entrar a nadie, me quedo quieto para que no me descubrieran y hacerme el dormido porque no podría levantarme con el pene erecto. Medio abro los ojos y la puerta se va cerrando lentamente y sigo sin ver a nadie a la altura de lo que me deja ver la cama.

    De repente ya el dormitorio con poca claridad, siento que algo se mueve al borde de la cama y una mano se mete bajo las sábanas tratando de buscar algo y yo con la calentura que tenía me dejo llevar.

    La mano tocó mis piernas en primera instancia y lentamente fue descubriendo la posición de mi cuerpo hasta que llego a mi pene y descubrió mi erección. La mano comenzó a moverse, a pajearme y agarrar mis bolas lentamente. Ufff que bien se sentía, que rica mano me estaba dando placer y aliviando mi dolor de bolas por toda la noche de calentura.

    De pronto ya no era una mano, sino dos y por la sensación del momento no me di cuenta cuando la persona que me daba ese rico placer ya estaba encima de mi cama, con su boca a punto de comerme el pene. Y empezó a subir por mi abdomen hasta que llego a mi cara y era ella! La madurita con la que estaba soñando hacer mía esa noche. Y me dice: Sabía que me estabas esperando!

    Para mi sorpresa ella se había desnudado y estaba sin rosita en mi cama, podía sentir su calor en mi cuerpo, mi miembro chocaba contra sus piernas y ella me devoraba la boca.

    Ufff papi, quiero ser tuya, me has tenido toda la noche chorreando de lo mojada y ahora quiero que me mates estas ganas.

    No había terminado y la volteé y la puse boca arriba en la cama y me dispuse a hacer un 69. Quería comerme esa cuca, quería que me comiera el pene y sentir y dar placer al mismo tiempo. La calentura era tremenda, esa cuca estaba mojada, mi lengua se iba y mis dedos también, ella gemía de placer con mi pene en su boca, no lo sacaba la glotona. De repente metió un dedo en mi culo y empezó a masajear, no pensé la sensación que me podía producir esto pero lo estaba pasando tan bien que me deje llevar, yo hice lo mismo, y ambos nos estábamos comiendo y dándonos placer mutuo en nuestros culos, y al cabo de unos minutos ambos nos contorsionarnos con varios espasmos y tuvimos un apoteósico orgasmo.

    Inmediatamente me di la vuelta y fui al encuentro de su boca, ella se subió en mi juntando su cuquita con mi pene algo flácido y se sentía rico. Empezó a decirme que la cogiera, que necesitaba mi pene adentro y esos susurros hicieron que me prendiera de nuevo, ella lo noto y se subió a cabalgarme. Empezó lento, metiéndosela toda en su cuquita, se movía hacia adelante y hacia atrás mientras ella misma se masturbaba, se agarraba las tetas y yo con las dos manos le agarraba su rico culo. Empezó a decirme groserías, me decía: eres un puto, morboso, vi cómo agarrabas a tu tía, quería que fuera yo la que le manoseabas las tetas, métemela que soy una zorra, una perra, cógeme, cógeme! Soy tuya puto baboso! Mira cómo me tienes abierta para ti! Y no aguante mas y me vine con tremendas chorreadas mientras ella poco a poco gemía de placer.

    Me di cuenta que ella no había llegado al orgasmo y busque una toalla rápidamente para limpiar mi esperma y comencé a chuparle nuevamente la totona, pero esta vez ayudado con mis dedos, metí el índice y hacía una seña como cuando llamas a alguien. Empecé a rozar su cuca por dentro con mi dedo mientras mi boca se pegaba a su clítoris, ella empezó a sentir y me agarro fuerte por el cabello, sentía que me quería meter hacia adentro, cosa que me gustaba pelear contra su fuerza mientras la mamaba, pasaron algunos minutos y de repente me llevo la cara de una mirada tremenda!, me subí hasta su cara y empecé a besarla como loco, el cuello, las tetas mientras ella se venía.

    Había pasado como una hora que estábamos en esa cogida y yo me estaba quedando dormido ya, cuando de repente veo que se abre la puerta, me asusto pensando los iban a descubrir pero no veo a nadie, me hago el dormido y la puerta se cierra nuevamente y allí descubro que no hay nadie a mi lado, mi mente vuela y caigo en cuenta que se ha ido de la misma forma en que llego, gateando la amiguita de mamá.

  • Le fui infiel a mi novio con un actor porno en un bus (3)

    Le fui infiel a mi novio con un actor porno en un bus (3)

    Volví del baño desnuda y me senté en la punta de la cama. Máximo estaba de pie, desnudo, detrás a la cámara. Hacia algo con el lente, presionaba algunos botones, parecía querer buscar el plano correcto.

    ─¿Falta mucho? ─pregunté

    ─Ya casi. Tené en cuanta de que cuando alguien hacia esto, yo esperaba ahí donde estas vos.

    ─¿Y cómo esperabas? ¿Qué tan real es lo que vemos?

    ─Si te cuento, te vas a llevar una gran decepción, querida.

    Luego me contó que el problema menor era acomodar las cámaras y las luces. Que, a pesar de que los actores llegaban a excitarse, había todo un trabajo previo que no tenía nada que ver con lo romántico. Y tiene sentido. Cuando empezamos a ver un video, el actor siempre esta con la pija dura y enorme, algo que, para que suceda en la realidad, lleva su tiempo. En el porno también. Me contó que minutos antes a comenzar el rodaje, los actores suelen encerrarse en un baño a mirar porno y masturbarse. En primer lugar, para lograr la erección. Y en segundo, luego de acabar, para que la cogida dure más tiempo. Aunque reconoció que también un problema frecuente es el hecho de no poder acabar durante la escena, por lo que es común detener la grabación y volver a masturbarse para, finalmente, llegar al orgasmo que nos muestran.

    Luego de varios minutos, dejó el sitio en el que estaba y se acercó a mí. Su pija grande, pero no erecta, me llenó de ternura. Comencé a acariciarla despacio, mientras sus grandes manos me amasaban las tetas. Llevé su pija a mi boca, grande, suave y gomosa. La chupé cada vez con más ganas, sintiendo como a cada instante se ponía más dura, para finalmente llenarme la boca. Durante largo rato dejé que me cogiera la boca, para después concentrarme en comerle las bolas. Su suavidad y redondez las hacían deliciosas.

    Después de un rato, hizo que me recostara en la cama, con las piernas abiertas y colgando, y dedicó media hora a chuparme la concha. Primero, con suaves y tiernos lengüetazos, para ir subiendo la velocidad a ritmo frenético. De a ratos me metía uno, dos dedos, haciéndome desbordar de placer. Luego de mi primer orgasmo, me hizo poner en cuatro, con mi culo apuntando directamente a la cámara. Me lo besó, me dio algunas mordidas que me encantaron, para luego chupármelo con gran deleite. Casi sin esforzarse demasiado, su lengua me penetró completamente. Era extraño sentir algo con esa forma y esa textura adentro de mi culo, pero me encantaba. Mientras chupaba, sus dedos no dejaban de entrar y salir de mi concha.

    Cuando estuve totalmente lubricada, sus dedos comenzaron a entrar de uno a mi culo, haciéndome gritar de placer. No daba más, necesitaba sentir su pija adentro mío, sin importar por cual agujero entrara. Estaba delirando de deseo, cuando de repente me tomó de los brazos, tiró hacia él y me puso de pie, para luego sentarse en el borde de la cama. Me hizo girar, quedando de frente a la cámara. Yo me senté en su falda y busqué su boca. El beso fue apurado y corto, porque de inmediato buscó mis tetas. Las chupó por varios minutos con intensidad, nada delicado, y me encantó. Me sentía muy pequeña siendo acunada por sus brazos fuertes, haciendo que el morbo me encendiera aún más.

    Sin esperar indicación alguna, me puse de pie, le di la espalda y me senté sobre su pija. Mirando directamente a la cámara, comencé a moverme lentamente, haciendo círculos y frotando mi concha contra esa pija que parecía una espada decidida a destruirme. El deseo fue mucho más fuerte y no pasó demasiado tiempo hasta que sentí la necesidad de comerme esa delicia con mi concha. Ubiqué su cabeza en la entrada, y bajé despacito, sintiendo como toda la concha se me iba llenando de un calor eléctrico y vibrante. Estaba demasiado caliente, por lo que mis movimientos fueron bravos y descontrolados desde la primera sentada. Sus manos me tomaban con fuerza de la cintura, como dos bloques de cemento que me mantenían unida a él para siempre. Y me encantaba que así sea. Sentía que por nada del mundo quería vivir sin esa hermosa pija adentro mío.

    Luego de un rato en esa hermosa posición, giré, dándole la espalda a la cámara, y me senté sobre él, mirándolo fijamente a los ojos. Seguí cabalgándolo, mientras él me rodeaba con sus brazos y yo lo rodeaba con mis piernas, dándole de comer mis tetas. Sentí como su pija parecía inflarse, tomando un tamaño que podría haberme destruido por dentro. De inmediato, una ráfaga caliente de leche me bañó la concha entera, desbordando y saliéndose por el poco espacio libre que había. Eso me incentivo a acelerar mi cabalgata, forzándome a acabar cuanto antes para mezclar esa leche caliente con mis jugos. El orgasmo llegó un par de minutos después, convirtiendo a mi concha en un hermoso volcán en erupción.

    Bajé de su cuerpo y me arrodillé frente a la cama para chuparle la pija. Nada me gusta más que el sabor de la mezcla de mis jugos y de la lechita ajena. La chupé hasta dejarla tan limpia como al inicio. Era increíble ver como su pija seguía igual o más dura que cuando empezamos. No pude resistirme, y la metí entre mis tetas para hacerle una linda paja. Me encanta hacer eso, pero jamás me había topado con una pija que convine tan bien con mis tetas. Luego de que la excitación comenzó a tornarse en dolor, sentí que ya era momento de ponerle la frutilla al postre. Con mi voz más de puta que tengo, le pregunté:

    ─Papi, ¿ahora me vas a romper la colita?

    Él no respondió, ya que los jadeos lo habían dejado casi sin aire. Se sentó en la cama, poniendo mi culo frente a su cara y empezó a chupar con gran destreza. Si no fuera por sus fuertes manos aferrándose a mi cintura, hubiese perdido el equilibrio y caído al piso como una bolsa de papas. Minutos después, luego de introducir varios dedos en mi culo, se puso de pie, aferró con fuerza mis brazos, aprisionándome, y comenzó a penetrarme despacio, con delicadeza, pero sin pausa. Con toda su pija en mi culo, y con mi rostro muy cerca de la cámara, me sentí una estrella porno. Mis jadeos se convirtieron en histéricos gritos de placer, lo que incentivó a que sus envestidas fueran cada vez más fuertes y profundas. La mitad de su pija llenaba mi culo, pero él parecía ir por más. El placer ya se había convertido en dolor, pero me encantaba. No dejaba de pedirle que me coja más fuerte, que no parara, que me rompiera toda.

    El desenlace, fue el mismo de siempre. Luego de quince minutos destruyéndome el culo, me tomó del pelo e hizo arrodillarme frente a él. Tomó la cámara, haciendo un primer plano de mi cara y de su pija, para dejar registro del instante en el que me llenaba de leche la cara, el pelo y las tetas. Luego del estallido, caí rendida al piso, como desmayada, delirando de placer. Él se arrodillo, frente a mí, cámara en mano, y metió su pija en mi concha, para darme la última gran cogida de la noche. Fueron aproximadamente cinco minutos en los que, casi desmayada, sentí como me destrozaba la concha. Acabó de nuevo adentro mío en el preciso instante en el que un orgasmo me sacudía entera. Luego de eso, manteniendo su pija erecta adentro mío, se recostó sobre mí. Creo que nos dormimos durante varios minutos. Al abrir los ojos lo primero que vi fue la cámara apoyada en el piso, apuntando directamente a mi cara. Suspiré, sonreí y le guiñé un ojo, asimilando que no existía otra manera de terminar el mejor fin de semana de mi vida.

  • Doña Lupita

    Doña Lupita

    Hace 3 meses me cambié de departamento, el nuevo lugar es más familiar, que el anterior, hace una semana colgué un anuncio en la puerta del edificio que dice “Servicio técnico a computadoras”, letras negras sobre fosfo, la vieja confiable.

    Hoy una vecina, Doña Lupita me trajo una Allinone, esas computadoras que son físicamente un monitor donde viene dentro el CPU, me pidió que le pusiera un antivirus porque sus hijos la usaron y esta lenta, así que proseguí a hacer lo acordado.

    Encendí el equipo, se tardó 15 minutos en arrancar, una vez apareció el cursor me puse a revisar que procesos estaban funcionando empecé a “matar procesos” hasta que me permitió más libertad, esta computadora tenía Windows 8 así que cuando presioné la tecla de inicio mostro parte de las galerías todo normal, fotos de default de Windows, luego fotos de niños y de pronto una mariposa blanca sobre fondo café, después más niños y después bebes.

    Esa mariposa se veía rara así que localice las carpetas de esa galería estaba dentro de “mis imágenes” revuelta entre un montón de fotos de niños, al localizarla y ponerme a ver bien la foto, era de una de esas tangas como de encaje de color blanco siendo usada por una mujer morena, doña lupita supongo, busque más imágenes y localice 4 en total, parecían haber sido tomadas el mismo día, ya que la tanga blanca era la misma en todas y déjenme decirles que doña lupita tiene buen trasero.

    Copie las imágenes a uno de mis discos duros en una carpeta con el nombre “Doña Lupe 206” no hace falta señalar que el 206 es su número de departamento, corrí un antivirus, tenía 2 troyanos, le instale un antivirus y le marque a su departamento donde ella con ese tono de voz tímido me contesto y quedamos que mañana pasaría por su equipo.

    Al día siguiente llego doña Lupe y hasta ese momento nunca había puesta atención a doña Lupe, cuando abrí la puerta ella estaba con una expresión que si fuera una niña de 8 años sería una expresión adorable, pero en una señora con hijos da un poco de pena, con los labios entreabiertos y los dientes de arriba descansando sobre su labio inferior, unos lentes muy gruesos y los codos y manos pegados al cuerpo usando sus manos para taparse el casi nulo escote.

    Nos damos los buenos días, ella pasa a mi departamento a la sala/oficina y le entrego su computadora ella me paga, se da la media vuelta y se va, aquí es cuando por primera vez noto su bonito trasero o solo será que está usando unos leggins. No estoy seguro pero me imagine esa diminuta tanga debajo.

    Los días pasaron y cambié el nombre del contacto de “doña Lupe” a “mariposa nalgona” de vez en cuando ella ponía en sus estados del whatsapp alguna foto con sus hijos o su marido, pero empecé a notar que ella no sonreía en ninguna en todas tenía esa expresión vacía en su mirada, aparentemente es una madre ejemplar y una ama de casa dedicada.

    A mi mente venia el recuerdo de la imagen de la mariposa repetidamente y cada vez terminaba conmigo frente el monitor de la computadora masturbándome usando las 4 fotografías de la tanga de mariposa así que un día me arme de valor y a su whatsapp le mande una fotografía de mi pene sobre la foto de su tanga blanca con el mensaje “cuando se te ofrezca”. A continuación, silencio total, dejo de estar “en línea” y deje de ver su foto de perfil.

    Ya valió dije, viví los siguientes días al pendiente de si venia el marido a golpearme o si venia la policía, pero no pasó nada.

    Durante mis 3 meses en el edificio he notado que vecinos se pelean, que vecinos salen a correr etc., etc. Pero la mariposa nalgona nunca he visto que haga otra cosa que no sea ser madre y ama de casa hasta ayer que escuche a doña Lupe reclamar una supuesta infidelidad a lo que él respondió varias cosas, pero la única que vale la pena recordar es “y si quieres, si no la puerta está muy grande” a lo que ella según me cuenta solo se limitó a agachar la cabeza.

    Esa noche, así me cuenta ella se fue a dormir al sillón y mientras estaba ahí queriendo hacer sueño saco su celular, busco mi conversación de whatsapp, para ver mi foto sobre su tanga.

    A la mañana siguiente a las 8am en punto tocan a mi puerta y es doña Lupe, en mi mente pensé “viene a pedirme que borré la foto” pero me dijo “Pues hoy se me ofrece” con un tono como indignado y una mirada seria.

    Yo me limite a hacerla pasar con una cara de sorprendido, cerré la puerta y puse el seguro, cuando me di la media vuelta ya estaba entrando a mi recamara, cuando la alcance estaba bajándose los pans morados que traía puestos revelando una tanga morada de tela transparente, se quita los tenis, se sube a la cama y se pone en 4 con las nalgas paradas, me acerco a ella pongo mi mano en una nalga y la muevo entre las nalgas y rosando su ano y sus labios ella hace un ligero gemido y empieza a chorrear.

    Le quito la tanga y empiezo a lamerla toda, empezando por los muslos, subiendo por su vagina y terminando en su ano, regreso a su vagina y lamo el exterior de abajo hacia arriba, luego de un lado al otro, en círculos, luego cual si fuera Tony Montana metiendo mi cara hasta donde se podía, mi lengua repetía y alternaba los movimientos, sus jugos se desbordaban de mi boca pero solo salía a tomar aire y volver a entrar, me dedique tanto a lamer, chupar que no me di cuenta que marque mis manos en sus muslos.

    Siento múltiples espasmos y mi lengua es presionada dentro así que sigo poniendo más empeño en el movimiento y en la alternancia de los movimientos, la escucho gemir agresivamente acompañada de un espasmo y seguida de otro gemido sofocado.

    Cuando me quito de mi boca escurren sus jugos, en mi cama esta una mancha húmeda justo debajo de entre sus piernas y ella tiene su cara presionada contra una almohada que al retirarse de la cara una línea de saliva queda saliendo de su boca y de otra mancha húmeda.

    Ella se tumba a la cama y se toma de las piernas haciéndose bolita, yo pongo la mano en su muslo y ella tiene otro pequeño espasmo, la dejo descansar y me voy a mi computadora.