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  • Miss Fortune y su musa

    Miss Fortune y su musa

    Al ritmo de la música movía mis dedos, mi respiración estaba agitada y mis gemidos querían dar a conocer el acto perverso que llevaba a cabo en mi cama. Lo sentía cerca, un poco más y llegaba, un poco más tal vez un dedo adentro y obtendría esa liberación que tanto ansiaba. Aunque ese placer nunca llegó por qué el bendito celular sonó.

    —¡Carajo! —grite desesperada y un poco aturdida— si no es importante me a dar un…

    Mire el teléfono y era una llamada de nada más y nada menos que Natalia, mi mejor amiga y mi crush de desde que tenía diecinueve años. Éramos tan amigas que ella era la única que sabía que yo era «Miss Fortune», un seudónimo que usaba en Twitter para publicar dibujos que aspiraban a igualar el cómic japonés, además de abordar el género Hentai.

    —Bueno —conteste tratando de nivelar mi respiración.

    —¡Hola, Sasha! —escuchaba su risita alegre— estoy justo frente a tu edificio y con una cantidad insana de frituras y alcohol para pasar el rato.

    —Vale, ya bajo por ti.

    Cómo era costumbre nuestra, usábamos los viernes para juntarnos y platicar o simplemente pasar el rato viendo películas y alguna que otra serie. Lave mis manos y tome mis llaves para salir por mi amiga, unos escalones después y ya estaba en la puerta de entrada y recibiéndola. Natalia era una chica un tanto delgada, alta más o menos calculaba de 1.70, cabello castaño y unos bonitos ojos color miel.

    —Vaya bajaste rápido.

    —Ja, si no lo hacía ibas a empezar a llamar como loca. Lo juro, recibo más llamadas tuyas que de mi propia madre.

    Ambas comenzamos a reír y subimos al departamento. Ya ahí preparamos algunos recipientes para las frituras y unos vasos para el vodka que había traído, platicábamos de cualquier cosa; algunas cosas de su trabajo y familia y yo hablando de las comisiones de dibujo que me habían llegado está semana. Aunque la notaba un poco rara, su lenguaje corporal era algo nervioso, apretaba los muslo y mordía su labio inferior, tal como si quisiera decir algo.

    —¿Nat estás bien? Te noto nerviosa.

    —Yo… —me desvió la mirada— es que quería pedirte algo. Pero…

    —Si es dinero o que le rompa la cara al imbécil de tu novio, déjame decirte…

    —No seas tonta Sasha y para tu información Alonso y yo, ya no somos novios. Es otra cosa lo que te quiero pedir.

    La mire un poco sorprendida, por la noticia de su novio bueno ahora ex, pero también estaba intrigada por saber lo que quería y la tenía nerviosa.

    —Sasha, quiero que me dibujes, no al estilo ese raro que te gusta. Sino algo realista.

    —Vaya y ¿por qué no lo dijiste antes? Sabes que no te lo negaría.

    —Bueno es que… —comenzó a desabotonar su vestido— quiero que posar desnuda para ti.

    En ese momento sentí que la cara se me ponía roja, cuando terminó de desabotonar su vestido lo dejo caer al suelo y dioses arriba, no llevaba ropa interior, lo único que quedaba en ella era un par de media que llegaban hasta su muslo.

    —Nat, estás segura de que esto no es un intento raro de replicar esa escena de «Titanic» —dije tratando de sonar graciosa y no tan nerviosa.

    Ella simplemente me sonrió y se fue a recostar en el sillón. Sobre su espalda y abriendo un poco la piernas mientras ahuecaba con ambas manos sus tetas, volvió a sonreírme, un gesto que conocía muy bien, ese que Natalia tanto usaba justo antes de hacer alguna travesura.

    —Anda, Sasha toma tu libreta de dibujo y aprovecha esta oportunidad. Recuerdo que dijiste que querías practicar más y como buena amiga quiero ayudar.

    Por alguna fuerza divina me moví, tome mis cosa y me senté en el suelo para comenzar con el dibujo. A pesar de cada trazo, estaba nerviosa al punto de temblar cada tanto, sentí su penetrante mirada sobre mi. Si alguien está mañana me hubiera dicho que mi mejor amiga posaría desnuda para mí, lo más seguro es que me hubiese reído muy fuerte.

    Cada minuto y yo estaba más nerviosa y ahora con el plus de sentir como la húmeda de mi coño se filtraba en mis shorts. Seré sincera, talvez estaba un poco nerviosa, pero una parte de mi mente, la más pervertida de hecho, quería que pasara algo más.

    —Ah, si así.

    Quite la vista de mi libreta, solo para darme cuenta que Natalia tenía una mano entre las piernas mientras la otra pellizcaba su pezón con fuerza. El espectáculo solo hizo que me mojara más, cielos quería tanto usar mis dedos para calmar mi coño que palpitaba con necesidad. Esa llama que se había apagado antes de que ella llegara, se avivó y pedía ser atendida.

    —¿Que sucede Sasha? ¿Te gusta lo que ves? —gimió ella agitada.

    Yo solo me quedé callada con mi respiración cada vez más pesada. En seguida Natalia abrió más sus piernas y comenzó a meter su dedo medio en ella, su coño estaba mojado lo que provocaba que sonidos de humedad se escucharán en toda la estancia.

    —Vamos, dime qué no has imaginado como me follo con la mano.

    Yo solo me quedé callada. Si, tal vez Natalia era mi amiga, pero eso no me detuvo de tener un pequeño enamoramiento por ella, eso no me detuvo de masturbarme la mayoría de la noches pensado que eran sus dedos y no los míos los que entraban y salían de mi coño necesitado.

    Por alguna fuerza externa, deje mi libreta y lápiz a un lado. Y me acerque gateando a dónde estaba Natalia, si los dioses me habían dado la oportunidad de cumplir por lo menos una de mis fantasías, aprovecharía hasta el último segundo.

    En acto de valentía pase mi lengua por el interior del muslo derecho de mi amiga, desde el inicio de su media hasta la ingle. Ella abrió los ojos sorprendida y simplemente me sonrió agregando su dedo anular a su coño, tome su mano y empecé a guiar cada movimiento que hacía, puse mi otra mano en su monte de Venus y con el dedo pulgar hice círculos en su clítoris ya hinchado.

    —¡Si! Así Sasha, sigue así, haz que me corra.

    Seguí moviendo con entusiasmo su mano y mi dedo, sabía que estaba a punto de llegar pues su cuerpo comenzaba a temblar. Era todo un espectáculo, un poco más y Natalia soltó un gemido tan fuerte que supe que había llegado a su orgasmo. Saque sus dedos de su coño y un hilo transparente aún los conectaba con su labios húmedos, además de ella salía ese flujo blanco que tanto me excitaba, sin pensar saque mi lengua y la pasé por toda su raja recogiendo el tan ansiado líquido. Natalia simplemente jadeo.

    —Así que dime, Nat ¿cuál es tu juego? —tome sus dedos mojados en mi boca y comencé a chuparlos con los ojos fijos en los de ella.

    —Siendo sincera —tomo una larga respiración—, desde hace un tiempo quería follar contigo.

    —¿Si? Por eso rompiste con Alonso —fue más afirmación que pregunta.

    Ambas nos miramos por un segundo, ella jadeando y con su cabello pegado a la cara por el sudor, se veía tan sexi. Era una obra de arte que quería adorar, coloque su mano a un lado de ella y acerque mi cara a su coño, su olor no podía describirlo pero en ese momento me pareció lo más dulce y atrayente que había experimentado.

    —¿Estás segura? —yo sabía la respuesta pero quería oírlo de ella.

    —Si, oh mierda, ¿es que masturbarme frente a ti no fue suficiente?

    Con esas palabras solo sonreí, saque mi lengua y fui directo a ese botón sensible que tanto ansiaba probar. Con lamidas de gatito, movía su clítoris, sus gemidos indicaban que iba por buen camino, una, dos, tres lamidas después aplané mi lengua en toda su raja y la movía de arriba abajo. Las manos de Natalia se enredaron en mi cabello y escuchaba mi nombre susurrado, metí mi lengua en su coño y esto la hizo gemir más fuerte

    Yo estaban tan mojada, que sentía mi gasto escurría por mis muslos, lleve mi mano izquierda entre mis piernas y sobre mis shorts y ropa interior moví mis dedos para dar la atención que mi clítoris necesitado tanto pedía. Cualquiera que viera la escena sabría que era la visión más erótica que tendría, yo con la cabeza entre las piernas de mi amiga y una mano masturbando me y ella pidiendo más y jadeando desnuda en mi sillón.

    —Sasha, por favor sube aquí, quiero probar también el sabor de tu coño.

    En menos de un minuto me levante y quite toda mi ropa mientras Natalia se acostaba en el sillón. Cuando termine me senté directo en su cara, sabía que ella quería eso, jadee fuerte cuando sentí que su lengua empezó a jugar con mis labios, la sensación fue tan fuerte que tuve que agarrarme en al reposa brazos con una mano, mientras la otra iba a estrujar mi pezón que ya estaba duró.

    Sentía como su lengua paseaba por mis labios, hasta mi clítoris y algunas veces entraba en mi, quería moler sobre su cara pero me contuve. Ahora agradecía al cielo que interrumpiera mi pequeña sesión de placer con la llamada de mi amiga, de pronto sentí como uno de sus dedos, entraba en mi coño lo que me hizo gemir más fuerte, su lengua en mi clítoris solo y su dedo curvado golpeando mi punto dulce hicieron que me acercara más a mi orgasmo.

    Mi coño apretaba su dedo, un poco más y llegaría a mi termino, la idea de llenar la cara de Natalia de mis fluidos también hacía que la excitación creciera. Antes de llegar me levanté de su carita, su barbilla está brillante por la mezcla de saliva y mi flujo. Sin decir nada ella solo me miró, me retire al lado opuesto del sillón y me recosté de manera que su pierna izquierda quedó sobre mi vientre.

    Ambas nos miramos sabiendo que la otra entendía y así juntamos nuestros coños mojados, frotándonos en un tijera que cada vez se volvía más desesperada. Su cuerpo se movía en dirección contraria al mío y ver sus tetas rebotando me hizo desear en tomar una en mi boca y mamarla hasta el cansancio.

    —Sasha ya voy a correrme.

    —Un poco más Nat, un poco más nena, quiero correrme contigo.

    Y así, ambas llegamos a nuestro clímax, gimiendo y jadeando. Me recosté en el sillón tratando de regular mi respiración, sentía mis piernas entumidas por mi reciente liberación y la húmeda ahora se sentía fría en mi coño hinchado.

    —Sasha —jadeo Nat notablemente cansada—, me gustas y quiero… Quisiera repetir lo que hicimos otra vez.

    La mire, si bien acabábamos de tener un buen polvo, la verdad es que yo me sentía insegura. Natalia acababa de romper con su novio y lo más seguro -aunque no lo crítico- es que esto solo fuera por qué estaba explorando sus intereses y pasiones.

    —Nat, por mi no hay problema, pero hay que tener la cosas en claro. ¿Estás segura de lo que dices?

    —Si, ahora sé que ya he terminado de comprobar que solo las mujeres me satisfacen y me traen. Incluso más que un hombre.

    La mire, tenía en sus ojos decisión y seguridad de lo que decía. Bueno, dicen que el que no arriesga no gana, aunque espero que en las relaciones sea igual.

    —Bien, porque necesito seguir practicando y más inspiración para subir dibujos como Miss Fortune. Entonces ¿Natalia quieres ser mi musa?

    Ella me sonrió y me beso, algo me dice que esto ya no es una relación de amigas y espero disfrutar tanto como sea posible.

    *************

    Hola gente, espero que les haya gustado este relato, el primero de muchos que deseó brindarles. Si tiene algún comentario sobre esta pequeña obra háganmelo saber, se los agradecería mucho y así me ayudan a mejorar. Sin más me despido, ¡besitos!

  • Hotel Artemisa: La llegada de Julián (capítulo II)

    Hotel Artemisa: La llegada de Julián (capítulo II)

    1

    —¿Has escrito algo? —Julián reconoció la voz al otro lado de la línea. Era su agente, que lo llamaba por doceava vez esa semana.

    La verdad, él la entendía. En la editorial se esparcía el pánico y la rabia porque el nuevo manuscrito de Julián Cadavid no llegaba. Y si ella lo había telefoneado tantas veces era porque alguien en la editorial la había cansado a punta de mensajes y llamadas y correos electrónicos.

    Dudó un segundo antes de contestar a la pregunta, mientras decidía si debía mentir o no.

    —Escribir es como desnudar a una mujer: hay que tomarse el tiempo debido —dijo Julián finalmente.

    Un segundo de aire muerto inundó la comunicación. Él se la imaginó sentada en la oficina a punto de sufrir un ataque de nervios. Rio para sí mismo.

    —¿Te estás haciendo el idiota? —Estaba furiosa—, ¿o te acabas de caer de la silla?

    —¿Seguro que quieres una respuesta?

    —Lo que quiero es una novela en mi bandeja de entrada.

    —Eso lo veo difícil —admitió él por fin—. Estoy en un atasco.

    —Rezo porque sea de tráfico y no literario.

    —Entonces tu dios no quiere escucharte.

    La sintió tomar un respiro. Incluso hablando por celular podría dibujar cada ademán que ella hacía, cada movimiento, cada emoción que reprimía con las respuestas que él le daba. No le iba gritar directamente, Gabriela no era así, pero seguramente ya había pensado en formas de vengarse. Él la quería, pero a su vez le tenía miedo. Oyó tres leves golpecitos: ya tenía una respuesta. Un consejo que darle (aunque eran más similares a una orden).

    —La ciudad te dejó tonto —soltó Gabriela—. Me parece que necesitas tiempo lejos del ruido.

    —A mi me gusta el ruido —Julián protestó, incluso sabiendo que no iba a servir de nada.

    —Te hice un favor.

    —¿Qué favor?

    —Le dije a la editorial que necesitabas algo de inspiración, que pronto les ibas a mostrar algunos capítulos. Eso los quita de tu caso un rato.

    —¿Y necesito inspiración?

    —Necesitas mucha —dijo secamente la agente—. Te reservé una habitación en un hotel.

    —Yo tengo donde dormir —Julián hizo el chiste sin humor.

    —Queda a las afueras de la ciudad. A una hora. Reencontrarte con la naturaleza te hará bien.

    —¿Y así voy a encontrar inspiración?

    —Pues la tienes que encontrar porque no hay mucho que hacer —Gabriela soltó otro suspiro que le llegó a Julián entrecortado y con un tono robótico—. Camila y yo fuimos el año pasado, queda casi que en la mitad de un bosque, y mejor, no hay distracciones.

    —¿Lo puedo pensar? —preguntó abatido el escritor.

    —Lo puedes pensar de camino allá. Te esperan alrededor de las once.

    Julián miró su reloj: las 9 y 15 minutos.

    —Te llevas tu portátil y escribes el fin de semana. Vuelves el lunes con inspiración —continuó Gabriela.

    —¿Cómo se llama el hotel?

    —Artemisa. Ya te mando como llegar.

    Y con eso colgó, dejando a Julián con la obligación de organizarse y salir lo más pronto posible. Con los ánimos en frío, le dio la razón a su agente. Un fin de semana lejos de todos no era tan mala idea. ¿Cuándo había sido la última vez que no había recibido llamadas de periodistas o de casas culturales o de colegios…? Necesitaba tranquilidad y tal vez un poco de ayuda del panteón griego.

    Hizo un equipaje ligero, con lo necesario para pasar el fin de semana y escribir. Decidió que para esa aventura se llevaría la moto. Así le iba mejor.

    2

    Dejó la ciudad atrás a eso de las 10 de la mañana. Inmediatamente sintió que Gabriela lo conocía mejor de lo que él se conocía a sí mismo. Aunque no sabía si iba a encontrar la inspiración que estaba buscando, el aire que se sentía en carretera le había despejado la mente.

    Y con ese cambio de mentalidad, se le fue pasando el viaje sin que se diera cuenta. Casi de sorpresa, dio con el letrero y el caminito de piedra que llevaba a la casona.

    Se encontró con algo inesperado. Si bien su agente no le había descrito la casona, tampoco era el lugar acorde a lo que su mente se imaginaba. Una casona grande, colonial. De un blanco puro, de donde tal vez le llegaba el nombre: virginal como la diosa. Notó un pequeño parche de grama en la que estaba estacionada una camioneta y decidió dejar la moto allí. Entró a esa especie de mansión.

    Adentro todo era perfecto. Elegante. Alguien había logrado encontrar la combinación perfecta. Era como si el único piso posible para ese lugar fuera es de madera, que los únicos cuadros que le quedasen a esas paredes fueran las escenas eróticas que mostraban, que aquél espacio que servía de lobby solo pudiera aceptar esos muebles que formaban la sala.

    Julián la vio llegar, pero no la escuchó. Una mujer elegante, de piel de porcelana y con el pelo rojo fuego, envuelta en una falda que le llegaba a la mitad del muslo y una camisa formal. Cualquier descuidado la podría confundir con una muñeca o con un ángel (si les llegaba la ocasión).

    —Bienvenido —A Julián le pareció que podría crear hielo con ese tono, aunque no había furia en sus palabras—, ¿en qué puedo servirte?

    —Eh… mi agente… me hizo una reservación —respondió él con un temblor en la voz.

    —Bien. ¿Cuál es tu nombre?

    —Julián Cadavid.

    Ella abrió un cuaderno que tenía sobre la mesa que solo podía ser de recepción. Rápidamente lo cerró y se acercó a él.

    —Si, te voy a llevar a tu habitación —dijo mientras caminaba hacia las escaleras. A él no le quedó de otra que seguirla.

    Al llegar al segundo piso, a pesar de haber tres puertas, ella se detuvo en la primera que se encontraron. La abrió con una llave que parecía de oro, y le habló directamente a Julián:

    —Esta es la habitación número uno. Que está reservada a tu nombre hasta el lunes —Procedió a señalar un pasillo y unas escaleras que subían al tercer piso—, y allí está la piscina. También hay servicio de masajes, pero ese solo se hace por las tardes.

    Julián asintió, tratando de pelear contra el impulso de mirarla a los ojos.

    —También hay servicio de restaurante desde las 8 de la mañana hasta las 9 de la noche, pero los huéspedes pueden pedir comida a sus habitaciones las 24 horas del día. Y puedes acceder al bosque por la puerta trasera que hay en el comedor.

    —Entendido —Todavía sentía el temblor en la voz. No sabía cuál era la razón.

    —Por último, darte la bienvenida otra vez —Le entregó la llave de la habitación—. Mi nombre es Sade, y estoy para servirte. Me puedes encontrar en la recepción.

    Antes de que Julián pudiera responderle, la mujer se alejó, no sin antes poner una cinta amarilla en la manija de la puerta, como identificación.

    El escritor miró a su alrededor y un pensamiento ilógico se apoderó de él: el hotel era más grande por dentro que por fuera, aunque eso fuera prácticamente imposible. Notó que en la puerta junto al pasillo había una cinta roja.

    Entró a su habitación. Lo primero que vio fue el ventanal que cubría la mayoría de la pared y que le dejaba ver parte del bosque. Luego se dio cuenta que la habitación era más grande de lo que parecía. Un sofá, un escritorio, varios armarios. El baño también era lo suficientemente grande para tener una ducha y una tina que estaba a unos pocos milímetros de convertirse en jacuzzi. Sin embargo, la atracción principal era la cama. Ocupaba el mayor espacio del cuarto. A Julián se le hizo que entre las cobijas alguien podía cometer un asesinato y nadie encontraría la escena del crimen. Era inmensa.

    Se tomó unos minutos para organizar sus pertenencias y se sentó en el escritorio a mirar al bosque. No había nada de distracciones tecnológicas, pero las palabras se le quedaban atascadas en la cabeza y no lo dejaban llenar la página en blanco que tenía enfrente.

    Estaba a punto de admitir que no tenía nada cuando la vio bajar por un sendero en el bosque.

    Creyó que estaba viendo cosas. Que tanto había pensado que estaba delirando. Pero era muy real. Se preguntó cómo era posible que alguien que no había visto en 10 años, reapareciera en medio de ese hotel encantado.

    Salió de la habitación y bajó las escaleras tan rápido como pudo. Tenía que verla de cerca, cerciorarse de que en verdad era ella y no un espejismo o una doble. Enfiló al comedor. No le costó encontrar la puerta.

    Salió al follaje verde del bosque donde estaba ubicado el hotel. Movió la cabeza desesperadamente tratando de ubicar el rastro de la mujer que acababa de ver. ¿Izquierda o derecha? El sendero iba hacía los dos lados y la maleza era tan verde y espesa que no podía ver más allá de unos cuantos metros. Se quedó en silencio unos segundos. Escuchó pájaros. Hojas cayendo de los árboles… ¿pasos? Por el rabillo del ojo vio una figura.

    A la izquierda.

    Iba a correr a ella, pero la prudencia le encadenó los pies. Puede ser que te tome por loco, pensó Julián. Era mejor ir a distancia y acercarse de manera gentil cuando hubiera una oportunidad.

    Y así tomó el sendero de la izquierda, andando lento e intentando no llamar la atención de a mucho.

    3

    Caminó detrás de ella por unos minutos. Mientras más avanzaban por ese sendero de piedra, más podían apreciar del bosque. Flora de todo tipo y una fauna tan viva que a Julián imaginó por momentos que nada era real, que todo estaba hecho de magia y que en estos momentos él estaba soñando. Pero sentía las piedras en sus botas y escuchaba sus pasos. Hasta que ya no lo hizo.

    Ella se detuvo. Y como él estaba a unos cientos de metros detrás, tardó unos segundos en ver el porqué.

    La mujer llegó a un lago, con el agua tan clara y cristalina que más se asemejaba a un espejo líquido. Pequeñas olas se formaban en donde caía una cascada desde una roca blanca.

    Julián pensó que este era un buen momento para acercarse y saludar y comprobar si los ojos le habían fallado o si el destino era tan bufón para ponerla a ella en ese mismo hotel.

    Dio unos pasitos para salir a su encuentro, pero cambió de opinión. Ella se quitó el pequeño vestido de verano que traía, dejando a la vista un pequeñísimo bikini rojo que a fuerza de voluntad solamente le cubría los senos y su entrepierna, y lo hacía más porque las reglas de la sociedad le prohibían andar desnuda.

    Julián encontró un lugar para esconderse entre la maleza. Y se fue acercando con tanta delicadeza como le fue posible. Y allí todo le pareció perfecto.

    En efecto, cuando le vio la cara supo que era ella: Luciana Domingo. Y su mente lo retrocedió diez años atrás, lejos de la fama de sus libros, cuando todavía estaba en el colegio y le robaba miradas de adolescente en el patio o en el aula de clase.

    Ahora era una mujer que paraba el tiempo con la mirada. El rostro seguía teniendo esa belleza juvenil, pero el cuerpo se había convertido en el de una mujer que abría puertas con solo caminar hacía ellas. Las piernas largas que parecían no acabar nunca, el abdomen plano y esos pechos pequeños, pero firmes que muchas veces había dibujado en su imaginación.

    Luciana se metió al lago y caminó hasta el centro. Y allí se quedó por unos segundos. Julián miró la escena atento, conteniendo la respiración y sintiendo como una erección se formaba en sus pantalones. Luego ella se sumergió, momento que aprovechó el escritor para poder cambiar de sitio y estar más cerca de lo que pasaba en el agua.

    Desde dónde estaba podía ver perfectamente la cascada y la gran mayor parte del lago. Se sentó expectante, con el pecho vibrando; el corazón le latía tan rápido y tan fuerte que temió que le fuera a dar un infarto.

    Luciana volvió a salir a la superficie y nadó hasta la cascada. Se colocó debajo de ella y dejó que el hilo de agua le cayera en la piel. Miró hacia todos lados. Julián reaccionó agachando la cabeza y metiéndose entre el arbusto que le servía de escudo.

    Cuando ella se aseguró de que allí no había nadie (y no habría porqué haberlo, el hotel era exclusivo y estaba alejado), se encogió como si quisiera sumergirse otra vez, pero no metió la cabeza al agua. Él no entendió lo que estaba haciendo hasta que vio la prenda salir a la superficie.

    Luciana se había quitado la parte de abajo del bikini y ahora deshacía los hilos que sostenían. Sus pechos quedaron expuestos. Los pezones oscuros quedaron desnudos.

    Julián no podía quitar los ojos del lago y de la cascada. Ni siquiera las imágenes que tan pacientemente había construido en su cabeza a través de los años eran tan hermosas como lo que estaba viendo.

    No aguantó más y se desabrochó el pantalón, dejando salir su miembro que ya estaba erecto.

    Subió y bajó suavemente a lo largo de su polla, al mismo tiempo que admiraba la figura perfecta de Luciana. Quería, no, deseaba poder estar allí metido. Besarla, tocarla, entrar en ella y poder permanecer en este instante para toda la vida. No volver a la ciudad y olvidarse de la página en blanco que no hacía otra cosa que matarlo lentamente.

    Casi sin darse cuenta, aumentó la velocidad. Arriba y abajo, en tandas cortas y largas.

    Luciana, por su parte, se lavaba en el agua y acariciaba su cuerpo, de una manera inocente, sin ánimos más que disfrutar de la frescura de la cascada.

    Arriba y abajo. Arriba. Abajo. Julián recordaba que ya había hecho esto muchas veces en honor de Luciana, pero ahora que la tenía enfrente, disfrutaba como si fuera la primera vez.

    Cada vez más rápido. Con la mano izquierda encontró sus testículos y los acarició. El líquido preseminal le sirvió como lubricante para aumentar otra vez la velocidad.

    Ella cerró los ojos, bajando sus manos por su cuello, su pecho, sus senos. Los acarició suavemente y después bajó a su abdomen.

    Julián se detuvo un instante cuando ella abrió los ojos y nadó hasta la orilla donde había dejado su vestido. Salió del lago.

    Su vagina cubierta apenas por un hilito de vello púbico.

    Ella se sentó un rato, así desnuda en la orilla, a disfrutar unos minutos del sol.

    Julián movía su mano cada vez más rápido, sintiendo como se iba construyendo su orgasmo. Mantenía la mirada en ese cuerpo desnudo, en esa cara angelical.

    Arriba. Abajo. Abajo. Arriba.

    Un movimiento largo de la mano y sintió como explotaba y dejaba salir todo en un orgasmo que no había sentido en mucho tiempo. Incluso se le escapó un gemido.

    Cuando se escuchó, presa del pánico, se organizó como pudo y se escondió más en ese arbusto.

    Luciana no pareció haberlo escuchado. Pero decidió que era hora de marcharse. Se puso el bikini de nuevo, se envolvió otra vez en ese vestido blanco que con el sol de frente se transparentaba un poco, y retornó al hotel por donde había llegado.

    Julián esperó unos metros para salir de su escondite y regresar al hotel detrás de ella, intentando mantenerse oculto.

    Imágenes que ya conocía muy bien se fueron agrupando en su mente. Poco a poco ese bloque creativo, se le fue pasando.

    4

    La habitación de Sade quedaba en el primer piso del hotel, en el pasillo que quedaba detrás de la recepción. Aunque era más pequeña que las de los huéspedes, a ella siempre le había parecido la mejor del hotel, porque tenía vista a ese lago cristalino y a aquella cascada que tanto le gustaba.

    Los vio llegar al lago. Lo vio a él esconderse y a ella meterse desnuda en la cascada. Pensó que el fin de semana iba a ser especial, como en esos viejos tiempos.

  • Provoqué a mi suegro y me cogió a la fuerza

    Provoqué a mi suegro y me cogió a la fuerza

    Cuando el presidente Vizcarra anunció el inicio de la cuarentena por la Pandemia del Covid, estaba justo charlando por Whatsapp con un amigo, con el que habíamos planeado encontrarnos al día siguiente. La noticia nos cambió los planes. Dejamos de hablar pues él tenía que coordinar que hacer con su esposa y yo con mi esposo. Fue una noche larga planeando los 15 días enclaustrados.

    Cuando empezó la cuarentena tenía 32 años, llevaba seis de casada y tenía dos hijos, de 4 y 2 años. Pequeñitos. Mi primera preocupación fue con su nana. Ella debía llegar el lunes a primera hora, para cuidarlos mientras mi esposo y yo íbamos al trabajo. A los pocos minutos de la noticia me llamó para decirme que no podría ir al día siguiente. Luego me llamó mi mamá, llorando aterrada. Que era el fin del mundo y mil cosas más. Mis papis viven en Sullana, a más de 1.000 km de Lima. Felizmente cerca a ellos mis dos hermanos y mi hermana menor. Así que la tranquilicé y luego empecé a preocuparme por nosotros.

    Mientras hablaba con mamá, mi esposo hablaba con la suya. Colgamos casi juntos y me dijo que su mamá le había propuesto que vayamos a su casa a pasar los 15 días de cuarentena. En un instante acepté. Vivíamos (y seguimos viviendo) en un minidepartamento de dos habitaciones pequeñas, un cuarto matrimonial donde sólo entra nuestra cama y el armario y uno aún más pequeño donde mis hijos duermen en camarote. Sala, comedor y kitchenette minúsculos, un baño pequeño y una ínfima área para lavar y tender la ropa. El edificio es precioso, eso sí y en medio de Miraflores todo me encanta.

    Pero, imaginar 15 días encerrados en un espacio tan pequeño me daba cosas. Usualmente estábamos siempre en los parques con los niños o yendo al cine o comiendo fuera. Por eso, cuando recibí la propuesta de mi suegra, sin dudarlo acepté. Alistamos algunas cosas para el traslado al día siguiente. Por la mañana fuimos a nuestros trabajos, pero antes de las 12 ambos estábamos de vuelta. Nadie sabía qué hacer en las oficinas y nos dejaron libres para prepararnos para los 15 días de cuarentena.

    Armamos las maletas con todo lo necesario para la estadía. Llamamos un taxi y partimos. Mis suegros viven en San Juan de Lurigancho, por las Flores, en una casa enorme. Debe tener más de 500 m2 (o más) de área, con patio afuera y jardín adentro. Esas casas que los migrantes (mis suegros son de Huancavelica) van construyendo de a pocos, todo grande, todo sin gusto, pero espacios que alcanzan para todo. La casa tiene 6 dormitorios, el más grande de mis suegros, cuatro para cada hijo (pero los tres hermanos de mi esposo viven ahora en EEUU, así que libres) y otro más “para visitas”. Cocina grande, sala grande, comedor grande, comedor de diario, sala de estar (que mi esposo ocupó para trabajar tranquilo, yo trabajaba desde el cuarto, en su escritorio de universitario).

    Espacio de sobra y, además, una piscina de plástico, instalada en el jardín, que mis suegros habían comprado el año anterior cuando llegaron los nietos de EEUU.

    Me llevaba muy bien con mis suegros. Soy norteña, blancona y ellos andinos, como mi esposo. Desde que me conocieron ya querían que nos casemos.

    Mi suegra nos esperaba con una super cena, pues llegamos hacia las 6pm. Mi esposo y yo pensábamos ir al supermercado llegando, pero ellos ya habían comprado de todo, como para 2 meses de encierro. Todo lo que pudieron y más.

    Los primeros días todo muy normal, nada que me llamara la atención. El cuarto o quinto día lave nuestra ropa. Justo mi suegra había colgado su ropa, incluyendo sus calzones. El contraste entre los suyos y mis tangas me llamó la atención y, por cierto, me generó más de un pícaro pensamiento. La tela de las 4 o 5 tangas que había lavado no hacían ni la mitad de uno de sus calzones.

    Desde la habitación donde dormíamos, por una ventana podía mirar hacia el jardín y la piscina, por la otra hacia el tendedero. Al día siguiente, mi esposo bajó al escritorio donde trabajaba, mi suegra recogió a mis hijos para llevarlos al jardín y la piscina donde eran felices y yo me puse a trabajar. Cada cierto tiempo miraba hacia el jardín y en una de esas miré (no sé porque) hacia el tendedero. Me sorprendí muchísimo pues vi a mi suegro olisqueando mis tangas. Me quedé medio tonta y miré buen rato como pasaba de una tanga a otra olisqueando. Estaban recién lavadas así que, si a algo olían, era a detergente.

    Al rato mi suegro se retiró y deje de mirar. Me quedé pensando en lo que había visto y tras la sorpresa vino el gustito de sentirme deseada por otro hombre, así fuese mi suegro. Desde esa misma tarde lo sentí más atento, más cordial conmigo. Siempre había sido atento y amable, pero en su parquedad andina. Quizás fueron ideas mías, pero lo sentí algo distinto.

    De pura casualidad me quedaba usar mis tangas más coquetas. Cuando volví a lavar (a los cinco días) me quedé atenta a lo que hiciera mi suegro. Y no me falló la intuición. A la mañana siguiente, mientras mi suegra jugaba con mis hijos en el jardín y mi esposo trabajaba en la sala de estar, volvió a meterse al tendedero a olisquear mis tangas y, más aún, a tocarse por encima de su pantalón. No podía ver mucho, pero era claro que se acariciaba el pene.

    Cuando dieron la noticia de la ampliación de la cuarentena, por quince días más, no nos sorprendió. Era algo que se esperaba. Pero vi que mi suegro fue el único que parecía feliz con la noticia.

    Uno de esos días, al subir del desayuno, me desnudé para bañarme y cuando puse la ropa en el cesto de ropa sucia me di cuenta que estaba movido. Sin sutilezas se veía claramente que la ropa estaba removida. Suelo ser ordenada y poner todo alineado, incluso en la cesta de ropa sucia, la que no estaba como lo había dejado la noche anterior. Revisé y no estaba la tanga sucia que había dejado el día anterior.

    Supe que había sido mi suegro quien la había cogido. Me duché, me vestí y bajé a “conversar” con mi esposo. Cuando regresé al cuarto, la tanga ya estaba en el cesto. Supe lo que había pasado. La cogí y tenía algunos restos de semen. Me excité un poco. A partir de ese día. Cada vez que me sacaba la tanga para bañarme, antes de ponerla en la cesta, la humedecía dentro de mi vagina, y algunas veces me la pasaba entre mi cola.

    Tenía a mi suegro loco con eso. La rutina era de cada día, mientras desayunábamos, en algún momento, mi suegro entraba al cuarto, sacaba la última tanga sucia. Luego, cuando yo bajaba a charlar con mi esposo la devolvía a su lugar.

    Me excitaba ese juego. Me excitaba como me miraba mi suegro. Me excitaba el morbo de estar en casa ajena jugando con fuego.

    El martes 21 de abril teníamos ya más de un mes en cuarentena. Estaba en una charla hot por el Whatsapp con mi amigo caliente, mientras ambos trabajamos. No me había duchado aún. Estaba en pijama, sólo con tanga debajo. Un pijama de short y blusita medio transparentes y tanga negra. En eso tocan la puerta de la habitación. Pregunté quién era y mi suegro respondió que quería sacar unas cosas del armario. Miré por la ventana y mi esposo y mi suegra acompañaban a mis hijos alrededor de la piscina.

    Pude ponerme algo más discreto, pero calentona como estaba por la charla con mi amigo y por todo lo que pasaba a escondidas con mi suegro, decidí provocarlo un poco más.

    Le abrí la puerta. Sentí como me desnudaba con la vista. Le pregunté que necesitaba y me dijo algo del cajón. No recuerdo que. Caminé unos pasos delante de él, sé que moví el culo más de lo debido. Sentí que cerraba la puerta y ponía seguro. Antes que pudiera reaccionar me cogió con la mano izquierda por la cintura y con la derecha me tapó la boca. Me empujó contra la pared.

    Al oído. A media voz, como imaginando que podían escucharnos, me habló. Su mano sobre mi boca no me dejaba hablar.

    Eres una perra de mierda. Sólo las más putas usan esas tangas que tu usas. Seguro le pones cuernos a mi hijo. Él se muere por ti y tú eres sólo una perra de porquería. Eres una basura Lucía. Eres una basura y te traje a mi casa.

    Siguió un par de minutos diciéndome lo puta que era, la perra que era. Luego se quedó un instante en silencio. Con su cuerpo ya me tenía dominada contra la pared. Me siguió tapando la boca con la mano derecha y con la izquierda me bajó el short de pijama. Quedé sólo en tanga. Comenzó a manosear mis nalgas. Con fuerza, fiereza, sin cariño ni ganas de calentarme. Sólo con fuerza y toscamente. Pero, me calentaba.

    Con sus piernas separó las mías. No opuse resistencia. Metió su mano entre mis nalgas y sentí sus dedos sobre mi vagina, aún sobre la tanga. Estaba húmeda yo lo sabía. Él se dio cuenta. Volvió a hablar.

    Lo sabía. Eres una puta Lucia. La más puta. Estas acá mojada con el padre de tu esposo.

    Puso de costado la tanga y me metió un dedo. Gemí. En ese instante me soltó la boca.

    –Don Ricardo, que hace, por favor déjeme

    –No perra de mierda, bien que te gusta. Tienes la concha mojada, sucia de porquería.

    –No don Ricardo, estoy nerviosa, esto no debe pasar.

    –Que nerviosa, calienta huevos, a cuantos te cogerás sin que mi hijo sepa.

    –No es así don Ricardo, le juro que no. Que jamás le he fallado a su hijo. Que soy una mujer fiel.

    –Calla perra de mierda, no sirves para nada.

    Me metió en ese momento un segundo dedo y sentía placer del momento. Una parte de mi quería entregarse, pero otra se mantuvo en razón y no quería.

    –Don Ricardo por favor, saque sus dedos, me lastima

    –Que te van a lastimar dos dedos perra de mierda, cuantas pingas te habrás comido

    –No diga eso don Ricardo

    Me di cuenta que se estaba desabrochando el pantalón y comencé suplicarle que no, que no hiciera eso. Mis palabras negaban lo que pasaba. Mi concha seguía húmeda. Era como dos yo. Me pegó más a la pared y con sus manos me hizo respingar el culo. Yo seguía casi implorándole que no lo hiciera, pero me penetró igual.

    –Así Lucia, así te quería tener, que rica puta eres. Blanquita, así como me gustan. Blanquitas y putas.

    –Don Ricardo no siga por favor

    –¿Qué no siga mierda? bien que gozas puta de porquería.

    Y si, no quería, pero a la vez si quería. Mis palabras lo negaban, pero mi entrepierna estaba gozando. Me quedé en un estado de estupefacción. Sentía placer, pero no entendía nada. Hoy lo recuerdo como en un sueño. Él insultándome al oído, yo respondiéndole que no, que por favor no, que me deje, pero mi concha llena de su pinga, gozando.

    Pocos (o muchos) minutos después, se vino dentro mío. Se subió el pantalón. Yo seguía pegada a la pared. Me cogió con las dos manos. Me dio vuelta. Me dijo que me subiera la tanga y el short. Lo obedecí. El semen caía por mis piernas. Se fue. Empecé a sollozar y luego me duché.

  • Carta para Claudio

    Carta para Claudio

    Querido Claudio:

    Las clases de manejo han llegado a su fin y te escribo esta carta a manera de despedida, porque sé que nunca te voy a escribir un mensaje. Y no sé si vos tampoco, esperando el mío.

    De semana en semana, te vi acercarte poco a poco. Pasamos de despedirnos con un «hasta luego» al aire, a un beso en la mejilla, que después incluyó las manos, y uno de tus brazos que se demoró una milésima de segundo más de lo necesario en mi cintura. Una tarde pasaste en el coche mientras yo caminaba a casa y me tocaste bocina, poniéndome ojos que me parecieron de cordero; pero tenías como un ansia en la mirada…

    Pasé semanas meditando si pedirte el teléfono, ¡pero accidentalmente fue tan fácil!: desaprobé mi licencia y cuando me viste así, de inmediato me lo ofreciste para volver a practicar una tarde de domingo. Sonriendo para evitar llorar, solo te dije «voy a tener que rendir de nuevo» y encimé la cabeza un instante en tu hombro, gesto que correspondiste de inmediato, ¡se sintió tan lindo! Mientras escribo es que me doy cuenta que me estoy muriendo de la soledad y que quisiera confesarte que…

    Me hubiera gustado enviarte un mensaje para visitarte en tu departamento, y dejar que me sacaras la ropa besándome los muslos lentamente. Que me tiraras sobre la cama y me comieras el sexo a besos y lamidas, lentamente, hasta que me diesen dos o tres orgasmos. Me hubiera gustado que siguieras por arriba jugando con mis senos en tu boca, y que me besaras profundo como si tu lengua fuera una serpiente, devorándome, haciéndome tuya; que me sujetaras el cabello con firmeza para comerme el cuello despacio, poseyéndome por completo, sorbiéndome el alma hasta dejarme sin fuerzas.

    Me hubiera gustado, Claudio, que me sometieras poniéndome en cuatro y penetrándome desde atrás, y luego de costado, y después de frente sobre mí hasta haber agotado las posiciones posibles. Y que cuando me dejaras exhausta, me estrecharas en tus brazos para sentirme protegida tan solo por un momento. Abandonarme, totalmente vulnerable, a un hombre que me lleva 20 años pero que me ha encendido de deseo tan solo con su risa, sus ojos de topacio y un ligerísimo roce de su piel.

    Claudio: te sorprendería saber cuánto te deseo y qué sola me siento a veces; que no hubiera podido soportar que me dijeras que no porque me habrías roto el orgullo, y que por eso me quedé con las ganas y las dudas. Hemos jugado y nos hemos divertido; pero tal vez has adivinado que soy una «chica bien» y que las chicas bien no hacemos esto, las chicas bien trabajamos y criamos niños y no nos quejamos y no nos permitimos ni un desliz. Espero que te hayas quedado esperando mi primer paso en lugar de sentir pena por una mamá soltera demasiado bonita para estar sola.

    Gracias por el roce de tus dedos y tu mirada ansiosa, Claudio. Ojalá me hubiera animado, al menos, a partirte la boca de un beso como último gesto antes de no verte nunca más.

    Con amor,

    Claudia

  • Venganza en agosto

    Venganza en agosto

    Un día caluroso de principio de agosto, pudiera ser un martes, martes 2 de agosto.

    Estaba cubriendo las vacaciones de su compañero, solo tenía un día de descanso a la semana, y trabajaba 9 largas horas allí encerrada.

    El verano estaba en plena efervescencia, el sol quemaba las aceras, las piscinas repletas, ni alma por la calle.

    Recibió una llamada de su jefe. Que querrá este ahora pensó ella.

    Hola Maite, que tal todo por allí? te llamo porque como ya sabes todos los años tenemos gente que viene a hacer prácticas con nosotros, mañana se incorpora un chico que estará todo el mes contigo, irá de 16 a 21 de lunes a viernes, se llama Víctor.

    Víctor…ese nombre resonó en su cabeza como un eco del que no te puedes desprender. Víctor, nah, no es posible, hay muchos Víctor por ahí seguro que no es él.

    Él.

    La persona de la que llevaba intentando desprenderse desde hacía meses, la persona que le provocaba insomnio, y cuyo recuerdo atormentaba de vez en cuando.

    La persona que ocupaba su corazón y su mente, día si y día también.

    Maite colgó el teléfono y siguió a sus cosas, pero con el pensamiento puesto en el día siguiente.

    No la gustaba socializar demasiado, y aún menos ganas tenía de enseñar a nadie a realizar su trabajo, pero que remedio, pondría la mejor de sus sonrisas y a seguir.

    Maite se arregló un poco más que de costumbre ese día, quería causar buena impresión.

    Se puso ese vestido veraniego de flores, que dejaba a la vista sus hombros ligeramente bronceados y sus bonitas piernas.

    Después de comer se tomó un té rojo con hielo en la terraza del trabajo, esperando que llegaran las 16.

    Piiiii, sonó el telefonillo a las 15.56.

    ¿Si?

    Hola soy Víctor.

    Esa voz… le resultó familiar, pero no era posible, es imposible Maite, Víctor nunca ha querido dedicarse a esto, como va a ser él, relájate, es imposible.

    Maite abrió la puerta y esperó impaciente a que se abriera la puerta del ascensor.

    La boca se le cayó al suelo, y las bragas también, cuando esa puerta se abrió, cuando esa maldita puerta se abrió.

    ¿Qué coño haces aquí? le espetó.

    Hola Maite, yo también me alegro de verte, ¿qué tal estás?

    Chulo, engreído, prepotente de mierda, no has cambiado ni un poco, pensó ella.

    Hola Víctor, ¿qué haces aquí?

    Si me invitas a pasar te lo explico todo.

    Se sentaron y Víctor le explicó que había hecho el curso de monitor y que había pedido las prácticas en esta empresa, pero no el ámbito donde ella estaba, pero como el cupo estaba completo y le mandaron allí.

    Resignada por lo que le esperaba en el próximo mes ella escuchó. Que mal lo iba a pasar, horas, días, allí metida con el chico que le había roto el corazón hacía unos meses.

    Maite le explico un poco el funcionamiento de las cosas, le advirtió que al ser verano aquello estaba muy aburrido y que tampoco había mucho que hacer, le presentó al resto de personas y le advirtió que allí nadie debía saber que ellos dos se conocían y mucho menos que habían tenido una relación.

    A las 21, él se despidió. Hasta mañana Maite, guiñando un ojo.

    Uff que día más largo, y que mala es la intuición femenina que siempre acierta.

    Jueves 4 de agosto, 40 grados a la sombra, que horror, encima los jueves son los días más aburridos, no hay nada que hacer y esto queda prácticamente vacío.

    Víctor llegó puntual como siempre, con esa sonrisa de chulo de playa, y esos malditos ojos azules que siempre la hipnotizaban. Maite optó por hacerse la dura, era su escudo, él se merecía que fuera una hija de puta.

    Oye Maite, que guapa estás hoy, el verano te sienta muy bien.

    ¿Qué pretendes? Si por mi fuera no estabas aquí, no me toques los cojones que bastante tengo con soportarte un mes entero, por cierto mi jefe me pedirá que te evalúe ándate con cuidado, vas a estar muy puteado, lo siento.

    Uff que bien sentaba esa venganza, estaba en la gloria, se sentía poderosa.

    Lo que tu mandes jefa, solo quería firmar una tregua contigo. Se que he sido un cabrón que me he portado muy mal contigo y que te he causado mucho dolor, no fue mi intención, simplemente me venía grande lo nuestro, nunca he tenido una relación de verdad, ahora lo sé, no me vas a creer pero he madurado, y me he dado cuenta de muchas cosas, entre ellas que nunca te he merecido y que no he sabido tratarte como te mereces, me arrepiento mucho de todo, aunque sé que ahora disculparse no sirve de nada, pero quiero que lo sepas.

    El corazón se le hizo un nudo. MALDITO BASTARDOOO!!

    Tenía que venir ahora a remover todo y ablandarme como él bien sabía hacer, pues no esta vez no iba a caer, no podía tenía que hacerlo por ella misma.

    Gracias, espero que toda ese discursito que acabas de soltar te le creas de verdad, estaría bien…

    Maite salió de la habitación, no quería seguir con esa conversación.

    Viernes, último día de la semana en que vería a ese pequeño rompecorazones, tendría dos días para recuperarse de las emociones de la semana.

    Maite estaba radiante, sudaba sex appeal, se había puesto un vestido blanco con una cremallera en el centro de arriba a abajo, no llevaba sujetador, hacía demasiado calor.

    Víctor la vio aquella tarde y una descarga eléctrica le recorrió la espalda.

    Trago saliva. Hola Maite, ¿qué tal la mañana?

    Bien, todo tranquilo, estamos solos, todos han salido, volverán tarde.

    Me voy a hacer un té helado, ¿ quieres otro?

    Si, estaría bien.

    Pues ven conmigo a la cocina y me ayudas, que no soy tu criada.

    Como le ponía esa mala hostia, sonrío encantado.

    Maite saco los hielos de la nevera, mientras Víctor hacia el té.

    Que fresquitos están los hielos, que gusto con el calor que hace. Maite paso un hielo por su cuello, la sensación provocó que sus pezones se pusieran duros, las gotas de agua recorrían su pecho, mojando ligeramente el vestido.

    Víctor intentó guardar la compostura al ver semejante escena, pero los pantalones le empezaban a apretar.

    Cálmate, está mal, no te la mereces, no vuelvas a lo de antes, pensó él.

    Maite fue a por dos vasos, estaban en la última estantería, tenía que ponerse de puntillas para llegar. El vestido se le ceñía al culo, ese precioso culo que a Víctor le volvía loco. Él al verlo le dijo, espera déjame ya te ayudo.

    Víctor se puso detrás de Maite, la encerró contra la encimera y él. Maite sintió su excitación en la espalda. Seguían teniendo esa maldita química, esa química que jamás habían sentido con nadie.

    Víctor dejó los vasos encima de la encimera, aquí tienes preciosa.

    Maite se giró, estaban a dos centímetro de distancia, con la respiración acelerada, Víctor le aparto el pelo de la cara y no se aguantó más, la besó desesperadamente, apretando su cuerpo contra el de ella.

    Maite se dejó hacer, sabía que no debía, pero él era su debilidad, había fantaseado con ese momento tantas noches… recibió su lengua encantada.

    Se sobresaltó cuando él la puso encima de la encimera, recorrió su cuello con la lengua y fue bajando la cremallera del vestido, mordiendo sus pezones, tan apetecibles como siempre señorita, dijo él.

    Estaban solos, pero corría el peligro de que alguien volviese antes de tiempo. La situación era excitante.

    Víctor cogió una silla, se sentó con Maite en brazos. Sentía su polla dura.

    Cuanto he echado de menos esto, nadie me pone como tú, he soñado con tu coño todas las noches.

    Maite le arrancó la camiseta y le araño sus fuertes brazos.

    Víctor clavó sus manos en el maravilloso culo de Maite.

    Estaban sudando, cachondos, como perros en celo, se deseaban, se ponían como nadie más en el mundo.

    Maite se puso de pie y se quitó el minúsculo tanga que llevaba, se apoyó en la mesa quedando su coño expuesto y le dijo, métemela.

    Víctor se bajó los pantalones y los bóxer como un loco desesperado y agarrando ese bonito trasero, se la clavó.

    ¡Ohh!, gimió ella.

    Música para mis oídos, tus gemidos son mi banda sonora favorita, no hay nada que se le compare.

    Víctor entró y salió de ella a placer, apretando sus tetas por detrás, tirándola del pelo, azotándola como a ella le gustaba, sentía un calor tremendo en la punta de la polla, ese coño le volvía loco. Cuando no pudo más se corrió en su espalda, y 5 segundos después se puso a llorar abrazándola.

    Perdóname Maite, he sido un gilipollas, un niñato, no he sabido tratarte. Eres el amor de mi vida, te necesito, te necesito como no he necesitado a nadie en mi vida, llevo meses asqueado, solo. Eres una mujer increíble, lo tienes todo, no quiero vivir ni un solo días más sin ti, te amo, te amo…

    Maite, ojiplática, miraba el hielo en la encimera derretirse… que acababa de pasar… el sueño de su vida echo realidad, todas esas palabras con las que había fantaseado, ahora las estaba escuchando de verdad en la boca de Víctor.

    Maite se giró, no dijo nada, abrazó a Víctor y lo estrechó entre sus pechos, le dio un beso en la frente y pasó su mano por el pelo castaño de él, con ternura, con mimo, como tantas veces había hecho.

    Cuando Víctor se calmó, miró a los ojos de Maite esperando una respuesta.

    Maite, le miró con cariño y le dijo, me has dejado a medias con tu declaración de amor, que te parece si terminas lo que has empezado y después hablamos. Maite se subió encima de la mesa y abrió sus piernas, dejando su sexo a la vista.

    Víctor respondió obediente, si cariño, se arrodilló ante ella y comenzó a succionar con condescendencia el clítoris de Maite.

    Maite triunfadora, ganadora de la batalla, no cabía de gozo en su cuerpo, estaba pletórica. Disfrutó de su cunnilingus como si fuera el primero de su vida.

    Maite, te lo mereces.

  • Madre enamorada (4)

    Madre enamorada (4)

    Eran ya las 5 de la tarde, y me disponía a tomar una taza de té mientras veía televisión. Fue cuando mi teléfono tomo vida. Tenía un mensaje nuevo, y era de Velen:

    «Hola cariño, no soporto estar alejada de ti por más tiempo. Mañana llego al pueblo en el autobús de las seis de la tarde, por favor ven a recogerme ¿sí?, tuya siempre.

    Leí varias veces su escrito, cada palabra que me dedicaba; por más trivial que fuese, era importante para mí. La televisión, la taza de café; que ya debía estar fría e inolora, habían dejado de tener sentido. Solo podía pensar en el momento de volver a verla. Que sentiríamos al cruzar nuestras miradas, escuchar su voz de ángel, sentir sus labios en mi piel, su abrazo al saludarme en nuestro reencuentro.

    Mi corazón, mi respiración, todo en mi se aceleró. Fui a la cocina y tome un pepino del refrigerador. Me dirigí a mi habitación y después de lavarlo muy bien lo seque y cubrí con un condón. Estaba muy, muy caliente y necesitaba sentirme penetrada.

    Me tumbe boca arriba en mi cama y abrí mis piernas con premura ansiosa de comenzar mi sesión de placer onanista. El pepino surco mi coñito con facilidad, pues estaba tan húmedo que se asemejaba a un cuchillo cortando mantequilla. Pronto mis labios comenzaron a pronunciar su nombre:

    «Belén, Belén, mi amor… Deseo estes aquí cariño»

    Mi respiración se aceleraba, mi boca apenas podía exhalar el aire de mis pulmones debido a mi calentura, mi mano derecha metía y sacaba el pepino cada vez a mayor ritmo. Chupe los dedos de mi otra mano y los dirigí a mi ano humedeciéndolo, imaginado la lengua de mi hija intentando penetrarlo. Esa imagen en mi mente provoco el primer geiser de fluidos. Siempre fui de escupir mucho liquido al correrme. La acústica de mi habitación aumentaba la sonoridad de mis jadeos y grititos de gata traviesa e incestuosa. Mis pezones, hinchados en sumo grado, me dolían como nunca. Y mi cuerpo empapado en sudor se había convertido en un temblor incontrolable y delicioso.

    Tras varios minutos de placer, temblores, chorros y corridas mi cuerpo se relajó y mis ojos se cerraban despacio. Sentía una dormidera agradable y mi boca dibujaba una tenue y sugerente sonrisa. Quede dormida con la imagen de Belén y el brillar de sus azules ojos atravesando mi ser.

    ***********

    Desperté feliz y con una gran energía. Eran las siete y veinte de la tarde. La habitación exudaba sudor y sexo. Tras ventilarla y asearme, tome el auto y me acerque al pueblo a comprar comida, la nevera estaba vacía y mañana llegaba mi amor.

    **********

    Hoy era el día, Belén regresaba a casa y mi cuerpo era un mar de emociones. La mañana me pareció eterna, la pase limpiando. No hacía más que mirar el reloj y los minutos parecían horas. Después de comer algo me di un paseo por la playa, necesitaba mover las piernas y oxigenar el cuerpo. Tome un baño y me vestí. Pues eran ya las cinco de la tarde y debía acercarme al pueblo a buscar a mi hija. Llegué al lugar con tiempo suficiente y me puse a fumar, los nervios de volver a ver a mi amor me consumían.

    Con puntualidad británica el autobús llego a destino. Sus puertas se abrieron y me acerque a la zona trasera con ansiedad y nervios. Cada pasajero que bajaba parecía hacerlo con suma lentitud, provocando en mi cierto grado de ansiedad sin llegar a incomodarme. Y de pronto todo cobro sentido, su faz de diosa apareció delante de mis ojos, una sonrisa cómplice me invitaba a ir en su búsqueda. Sentía un enorme deseo de abrazarla. Con hermosa destreza mi Belén se acercó a mí con aires de dulzura y cariño pronunciando mi nombre, su voz daba sentido a cada letra, cada gesto y mirada. Los convertía en belleza poética.

    -Hola Belén, ven que te abrace- me imploro mi hija con dulzura.

    -Hola cariño, ¿Como estas?, como te extrañe. ¿El viaje bien?- pregunte displicente.

    -Muy bien cariño, contando los minutos para estar de vuelta, extrañe el pueblo, y sobre todo a ti. ¿Me invitas a un café? Muero por un café Helena.

    -Claro que si mi amor, tomémoslo antes de volver a la casa ¿Si?

    Frente a la parada de autobús había una cafetería, llevaba abierta al público desde hacía más de treinta años. Siempre que nos acercábamos al pueblo tomábamos algo en ella, ya era como un ritual. La tarde era calurosa e invitaba a sentarse en su amplia terraza. Una joven camarera de melena morena y rizada nos sirvió dos cafés con leche. No podía creer que estuviera en la compañía de Belén, mi felicidad era plena.

    Belén lucia tan bonita. Su cabello rubio recogido en un moño, esa sonrisa tan natural, nada fingida, me volvía loca. Llevaba un vestido blanco que le cubría hasta los tobillos, dejaba ver sus delgados y fibrosos brazos. Su escote era amplio y dejaba ver su precioso canalillo, lo que motivo que mis bragas se mojasen.

    -Dime Helena, ¿me has echado de menos?- me inquirió Belén fijando sus ojos azules en mí.

    -Muchísimo mi amor, en todo momento pensé en ti. ¿Lo dudas?-respondí aguantando su mirada.

    -Tus fotos y mensajes lo dejan claro cariño, no tengo duda ninguna. Yo también te pensé y extrañe mucho. Por eso he vuelto tan pronto, quiero estar contigo Helena.- Afirmo Belén acariciando mi mano con la suya.

    El contacto de nuestras manos erizo mi vello y me sentí estremecer.

    -Voy un momento al baño cariño-

    -¿Quieres que te acompañe Helena?- me inquirió Belén con mirada seductora.

    -Si por favor quiero que vengas-

    Yo estaba excitadísima y tomando a Belén de la mano me dirigí a los lavabos donde nos encerramos en uno de los aseos. Cerramos la puerta y accionamos el pestillo. Sin palabras ni preámbulos nuestras bocas comenzaros a devorarse. Mis manos fueron a parar a su escote, pronto mis dedos entraron en contacto con sus pezones, los pellizcaba. Belén puso sus manos en mi culo, lo apretaba, mientras su lengua jugaba con la mía. Fui levantándole su vestido, quería meter mi mano en sus bragas, penetrarla con mis dedos, sentir su humedad. Sin dejar de besarme, Belén me ayudo a meter mis manos dentro de sus braguitas. Su vello estaba ya empapado y me invitaba a entrar en su coñito. Es lo que hice.

    Al mismo tiempo Belén hizo lo mismo. Y busco con gran habilidad y rapidez mi chorreante coño. Nos dedeábamos la una a la otra, a la par que nuestras bocas continuaban unidas, mitigando el sonido de nuestros gemidos producto del placer que sentíamos.

    -Así cariño no pares, no pares… Estoy casi a punto. Ahhh, ohhh, mmmm… Así, así… Que bien lo haces Belén mi amor-

    -¿Te gusta así amor?, estas empapada Helena, y eso me tiene a mil- respondía mi hija mientras aceleraba su mete y saca en mi chocho.

    -Si no pares, no pares que me estoy corriendooo!!

    Casi a la par nos corrimos, nos limpiamos las manos con un poco de papel. Nos aseamos como pudimos y tras pagar nuestra consumición tomamos el camino a casa. Era tal nuestra excitación, que a mitad de camino decidimos parar en una zona discreta y allí estuvimos besándonos por unos minutos. Fueron instantes de miradas, caricias y palabras llenas de cariño y dulzura. Nos deseábamos y queríamos estar juntas. Al llegar a casa haríamos el amor…

    A solas y en la intimidad de nuestro hogar, tras tomar un baño, Belén me tomo del brazo y nos dirigimos a mi habitación en silencio. Comenzamos a besarnos y acariciarnos. Mi hija me quito el albornoz y mi cuerpo excitado quedo expuesto:

    «Que hermosa eres Helena»

    «¿De veras te parezco hermosa amor?

    «Mucho…»

    Me recosté en la cama y deleite mis ojos viendo el cuerpo desnudo de Belén. Se abalanzo sobre mí y comenzamos a besarnos. Mis manos fueron a sus glúteos, jóvenes y fibrosos, los abría y acariciaba con deseo. Mis dedos viajaron a su húmeda vagina para después visitar su ano y humedecerlo con sus fluidos. Mis pezones hinchados me proporcionaban un gran placer dentro de su boca. Belén besaba mi vientre, abrió mis piernas y comenzó a besarme cerca de mi vello púbico. Beso mis labios mayores y busco mi agrandado clítoris para chuparlo poco a poco, como si quisiera alargar el placer y hacerlo infinito:

    «Así cariño así no pares… Te amo amor»

    «¿Te gusta Helena?… Me gusta tu sabor»

    «Gracias tesoro, me gusta mucho»- Respondí mientras mis manos apretaban su cabeza contra mi coñito.

    Belén comenzó a besar y chupar mi vagina, saboreaba mis fluidos y me penetraba con su lengua. En ese momento tuve mi primer orgasmo y un fuerte chorro emano de mi esfínter regando la cara y la boca de mi hija…

    «Ohhh, siiii. Ah. Así, así cariño sigue, sigue… Ahhh»

    Mi cuerpo se arqueaba y convulsionaba sin poder controlarlo. Belén continuaba entre mis piernas saboreando y oliendo mi corrida. Seguidamente se incorporó y compartió con un lascivo beso mis sabores íntimos. La abrace y nos besamos con extremo deseo. Me puse encima y comencé a comerme sus tiesas tetas. Tras mordisquear sus pezones y besar su ombligo fui directa a su peluda vagina. Me le quede mirando un instante como solicitando su aprobación:

    «Hazlo ya mama, estoy empapada»- suplico Belén con voz entrecortada.

    Obediente bese sus labios y escupí su vagina comenzando a lamer su clítoris. Mi hija apretaba mi cabeza contra su chochito y sus caderas se movían buscando aumentar el placer. Mi lengua viajo a su ano y lo chupe con deseo:

    «Asiii que rico lo haces Helena, harás que me venga en tu boca!»

    «Hazlo amor, es lo que quiero. Tus jugos en mi boca!» -respondí llena de excitación.

    A la vez que le chupaba su ano Belén se frotaba el clítoris. En ese momento me apretó fuertemente contra si con su otra mano y pude sentir un enorme chorro de sus fluidos en mi cara, en mi boca. Era una cascada de aromas y sabores que no quería dejar de sentir:

    «Ahhh, siiii cariño, asiiii cómeme amor»-jadeaba Belén en pleno clímax.

    Tras deleitarme entre sus piernas y poseída por una enorme calentura me gire y quede encima de mi hija en posición de sesenta y nueve. Enseguida pude sentir en mi vagina los labios de Belén, me comían sin pausa y ansiosamente. Yo movía mis caderas haciendo que mi chocho se frotase con su boca, a la vez que me comía su vagina adornada por sus mojados vellos. No tarde en correrme de nuevo sentada en la cara de mi hija:

    «¡¡Ahhh me corro!!, ¡¡Sii joder siiii!!»

    Belén se puso a cuatro como una perrita y yo, detrás de ella, comencé a comer su coñito. Mi boca viajaba de sus labios mayores a su ano, a la vez que mis dedos penetraban mi chocho:

    «Helena que bien lo haces, ¡me matas amor!»- suspiraba Belén sumida en sus espasmos.

    «¿Te gusta cielo?… Quiero comerte sin descanso mi amor».

    Belén tuvo otro orgasmo. Y baño mi rostro y mi boca con sus jugos, provocando mi enésimo chorro de placer. Pasaron escasos minutos de silencio, caricias y miradas. Belén tomo mi mano y nos dirigimos al baño, se arrodillo ante mí y dijo:

    «Estoy muy excitada Helena, necesito sentirme tuya por completo. Quiero que te orines en mi cara.»

    Confieso que a pesar de la tarde noche de sexo y amor que habíamos tenido me quede sorprendida por unos instantes, y queriendo cerciorarme de si lo que estaba viviendo era real le pregunte:

    «¿Estas segura amor?, no es necesario que lo hagamos. Se que me amas al igual que yo te amo a ti».

    «¿Es que tu no lo deseas? No hagas que te suplique Helena, hazlo ya mi amor lo necesito.

    Sin más dilación agarre a mi hija de su cabello acercando su cara a mi empapada vagina y comencé a regar su hermoso rostro con mi orina:

    «¿Te gusta tesoro?» -pregunte excitada y feliz.

    «Ahhh siii mucho cariño gracias…! Mas, quiero más sigue!» -suplicaba Belén mientras acariciaba sus senos empapados de mi orina… Me acerque a ella y bese su boca probando mi liquido dorado.

    Tras darnos un baño dormimos abrazadas y desnudas hasta el mediodía siguiente.

    Continuará.

  • Isa, de rancia reprimida a sumisa caliente (I)

    Isa, de rancia reprimida a sumisa caliente (I)

    Mi nombre es Miguel, 59 años, 178 cm, ojos azules, 90 kilos al que la vida no ha tratado físicamente mal más allá de la perdida de parte del pelo entrecano y ganancia del perímetro abdominal pertinente.

    Pero no desagradable o al menos eso dicen.

    Isa como la solían llamar tiene mí misma edad aproximadamente, y si bien los años que coincidimos laboralmente no hubo nada más que conversaciones triviales, siempre tuve la sensación de que teníamos muy buen feeling, y que podíamos haber llegado a más si no hubiera sido porque yo estoy casado y ella es sumamente cortada.

    Ella es una mujer delgada, morena, 1,68 m, culta, con unos ojos azules espectaculares, atractiva, con aire melancólico y daba la impresión de ser algo maniática, posiblemente fruto de su soltería y de vivir sola.

    Había ido ascendiendo en la empresa hasta secretaria de Dirección, lo que no le dejaba mucho tiempo para congeniar con el resto de la plantilla, situación que ella agradecía, por lo que muchos pensaban que era un bicho raro, en algunas ocasiones se definía así misma como rancia, la primera vez que la oí utilizar ese término para definirse lo primero que pensé que lo que la hacía falta era un buen polvo.

    Debido a reajustes en la empresa tuve la oportunidad de hacer una prejubilación, en unas buenas condiciones, unos meses más tarde me envió un whatsapp para decirme que también se prejubilaba, alguna vez lo habíamos hablado, que quería disfrutar la vida, ahora que todavía se encontraba con una salud más que aceptable.

    Empezando por un viaje con una amiga de unos pocos días. A su vuelta la llamé pues pensaba ir con mi familia al mismo lugar y que me contará su viaje, me envío algunas fotografías de rigor en las que no aparecía, le dije que para eso ya están las postales. Instantáneamente me envió fotos suyas, me gustó la rapidez y disposición con que lo hizo.

    Al poco tiempo teniendo que realizar unas gestiones la llamé para tomar un café y ponernos al día, quedamos en el centro pues no tenía muy claro donde vivía, apareció con falda, una blusa y zapatos con algo de tacón, me agradó el conjunto elegido, en los más de 10 años que trabajamos juntos tan sólo la vi con falda en una ocasión.

    Empezamos hablar de banalidades, recuerdos, proyectos, aficiones, etc., en un momento quedándose reflexiva apareció una mueca de resignación y me dijo que era una pena no poder compartir ese tiempo con nadie. Aproveché diciéndole que, siendo una mujer tan atractiva, no tendría problemas para “compartir su tiempo” con amigas/–os y que nunca era tarde, me contestó que solo para hacer alguna visita a museos y exposiciones pero que no le gustaba en exceso la gente, se había acostumbrado a estar sola, a lo que añadí que estar con la gente tenía el inconveniente de tener que quedar con ella para socializar, como nosotros con el café.

    Me miró y dijo que eso era distinto mostrando en su mirada un gesto de complicidad.

    Se notaba que el tema de la soledad le incomodaba, por variar, me peguntó si seguía haciendo bricolaje en casa con pequeños arreglos pues alguna vez se lo había comentado, me hizo una consulta sobre un mueble que quería reparar, le contesté que me mandara un par de fotos para poderla asesorarla mejor, a lo que me creo que más por inercia, sin pensarlo me invitó a ir a verlos pues vivía cerca, dado que todavía era temprano accedí.

    Pagué y paseamos hasta su casa, se veía que se tensaba según nos acercábamos, al llegar bromeó con lo que podrían decir los vecinos, si veían un hombre acompañarla.

    –Supongo que no será la primera vez.

    –Ni en sueños, soy muy celosa de mi privacidad, no me gustan que hablen de mí –dijo mientras abría la puerta.

    –Tras esta puerta todo tiene la privacidad que tú quieras, si no había venido ningún hombre es tu problema, no de los vecinos, ya somos mayorcitos para hacer lo que queramos, nos lo hemos ganado y más a estas alturas de la vida.

    En ese momento me dio la razón y me volvió a decir que como era tan sosa y rancia, que nunca había dado el paso.

    Revisé el mueble tras unos minutos se lo reparé, me ofreció algo de beber, retomando la conversación al despedirme, la animé a socializar más y a dar el paso, que ya iba siendo hora. Que los tiempos habían cambiado y mucho.

    Ella bajó lentamente la mirada y como si de un golpe se tratara, tragando saliva, temblando como un flan

    –Es que al final nunca me atrevo a darlo. Quiero, pero me bloqueo y pierdo el momento. Me ha pasado siempre. Por eso me he resignado. Soy así de rara.

    Me acerque a ella invadiendo un poco su espacio, tome su barbilla con mi mano y sosteniéndole la mirada la bese suavemente, ella abrió los ojos de par en par, pero no retiró su boca.

    Después dando un paso atrás me recordó mi situación.

    –no puede ser, no está bien

    –te ha gustado?

    –esa no es la cuestión, estás casado.

    –te ha gustado?

    –si, pero es que…

    La tomé de la mano y le dije que teníamos derecho a disfrutar los años que la vida nos concediese, que ahora las normas se las teníamos que poner nosotros a la vida, pero que era una decisión suya, ya había dado un primer paso.

    –Te arrepientes?

    Negó con la cabeza, intentado ordenar sus pensamientos. Dudo durante un segundo.

    –Si,

    –Si qué?

    –Que me ha gustado y tienes razón

    –No pareces muy convencida –le dije recriminando su tibieza.

    –Es que estoy perdida, no sé qué hacer, como actuar

    –déjate llevar

    La rodee con mis brazos y le di un beso más profundo lo que acabó en todo un morreo, ella lo acepto con deseo, la sentía estremecerse, agitando la respiración, estaba librándose de todos estos años de recatamiento, pero se intuía que había tomado la decisión, dejándose llevar y que esta vez no lo dejaría pasar, al menos en ese momento.

    Una vez apagado ese sofoco inicial la llevé al sofá y le dije que antes debíamos pactar unas bases y unas reglas.

    Ella me miraba como quien recibe las instrucciones con un coche nuevo, solo asentía y se notaba la impaciencia por conducirlo.

    –Isa, supongo que tendrás la cabeza a mil, haciendo conjeturas de donde nos puede llevar esto.

    –Si bien no lo tenía planeado creo que podemos tener una buena relación

    –Que esperas de esta relación? Ya sabes de mi estado civil y no estoy dispuesto a cambiarlo.

    Ella mirando al suelo.

    –A mí también me ha sorprendido, y entiendo tu situación, empezó a contestarme con tópicos:

    –Un compañero, alguien con quien hablar, con quien poder compartir tiempo, inquietudes, deseos, contarle mis cosas…

    –Y qué más?

    –Bueno pues no sé, que me cuide, quiera, que mire por mi…

    La corté en seco.

    –Bien creo que lo que me cuentas es el ideal de novio para una adolescente, pero ahora además es tiempo de vivir la vida a tu manera, en el fondo creo que quieres quitarte todos estos años de prejuicios y vivir la vida que tu misma te has negado.

    –Me equivoco?

    En ese instante cayo una lagrima por su rostro como a quien se pilla en una mentira y no tiene escapatoria. Quedó abatida.

    –No sé qué, o como hacer, he tenido un par de relaciones, pero siempre buscando lo mismo y de una manera brusca, sin importarle yo lo más mínimo, al final me resigné y me fui cerrando en mí misma, alguna de mis amigas a veces me ha comentado sus relaciones y en ocasiones con cosas escandalosas, me generan curiosidad, incluso envidia por ser tan decididas, lo he intentado alguna vez, pero es que a la hora de la verdad me quedaba paralizada y no daba el paso.

    Vi que iba a entrar en un bucle de lamentos. La agarré firme por los hombros

    –¿Qué quieres hacer ahora, en este momento?

    –No pasará nada que no quieras.

    Me miro, en sus ojos había dudas y en sus labios entreabiertos, deseo, la abracé y la volví a besar, está vez la dejé ver hasta donde llegaba. Abrazos y algún gracias nada más, no arrancaba.

    –Piensas dar el paso ahora?

    Dudó un instante y bajo lentamente su mano por mi costado hasta el cinturón, la pare y la hice ponerse de pie, en ese momento metí la mano bajo su falda que despedía un calor inequívoco y fui subiendo mi mano, al llevar al borde de sus bragas ya se notaba su humedad, mirándola fijamente le pregunté:

    –es lo que deseas?

    Ella suspiró.

    –en este momento, más que nada en el mundo. Uff

    Se notaba que mantenía una lucha interna y que se quería desbloquear, la tomé por la cintura y entre besos nos dirigimos al dormitorio, la deposité suavemente en la cama y besándola mientras la desnudaba, ella cerraba los ojos recorriendo mentalmente mis movimientos, le quite las bragas y mostrándoselas.

    –a juzgar por como están, lo estás deseando

    Sonrió nerviosa, y dijo un tímido “Si”.

    –pero antes, vamos a ver hasta qué punto.

    Deslizando mi mano hasta su vagina, jugué un instante con un pequeño triangulo de bello, (me descolocó lo cuidado que lo tenía para no ser una activa sexual) introduje un dedo, un pequeño suspiro y el poner su mano sobre la mía empujándola hacia dentro, indicó que le hacía falta algo más, seguí besándola, chupé sus pechos que, aunque pequeños todavía estaban tersos y fui bajando hasta empezar a lamer sus labios y su clítoris, ella hizo ademán de separarme incorporándose un poco, pero mi insistencia, su calentamiento y el movimiento de su pelvis indicaban que le estaba gustando, volviéndose a dejar caer.

    –Nunca te lo han comido?

    –No, tampoco ha habido muchas ocasiones dijo con una sonrisa nerviosa

    –relájate, esta es un regalo.

    Metí un dedo en su vagina, a la par que, lamida su cuerpo, ella se estremecía, su respiración se agitaba más, ponía sus manos sobre mi cabeza, comenzó a dar pequeños gemidos. Había vencido su bloqueo, se dejaba llevar completamente.

    A los pocos minutos empezó a convulsionar teniendo un orgasmo intenso, creí que no iba a parar, se quedó en la cama desparramada un instante hasta recomponerse, se incorporó y me dio un beso pasional, como pocos.

    –Gracias, gracias.

    Me levanté, seguida por su mirada y salí de la habitación sabiendo que eso la descolocaría:

    –ponte algo, te espero en el salón.

    Al momento salió con un albornoz y cara de preocupación.

    –He hecho algo mal?, quiero que me guíes.

    –Mira Isa tenías un tremendo calentón y necesitabas que te lo quitarán, pero antes de seguir tienes que saber qué es lo que espero de ti y si estas dispuesta a darlo.

    –Estás son mis cartas:

    –Soy dominante, y si inicias esta relación no te abrirás a otras opciones sin mi permiso. (jugaba con la ventaja de su soledad)

    –No me llamarás a menos que te diga que lo hagas.

    –Acudirás cuando y donde te diga.

    –No me inmiscuiré en tu vida social (poca vida social), ni familiar. Ni tú en la mía jamás.

    –En la calle seremos dos cordiales amigos, pero de puertas adentro serás la más caliente de las mujeres.

    –Te dejaré un par de días para que lo pienses, si dices que No, … Esto acaba aquí, si aceptas te convertirás entregándote a mí en aquello que siempre has deseado y no te has atrevido

    Por tu forma de comportarte creo que tú eres sumisa, y que solo pensarlo te pone a cien.

    ¿Dominante, Sumisa? Parecía no entender que implicaban esos términos. Le dije que buscara información, incluso leyera algún relato. Le di alguna indicación.

    –La decisión es tuya.

    Haciendo intención de irme ella me sujetó la mano y me dijo:

    –Tengo la cabeza y el cuerpo a mil, no tengo que pensarlo, ha sido una locura, pero me gusta y quiero más. Deberás tener paciencia conmigo, guiarme.

    –Te has quedado con ganas de más?

    –Uff, ha sido bestial, cuanto tiempo deseando dar el paso y claro que quiero más.

    Le tiré del cordón del albornoz hacia mí y dándole un morreo se lo desbroché.

    –Creo que no te voy a explicar muchas cosas, que prefieres descubrirlas por ti misma.

    Esbozó una picara sonrisa asintiendo baje mis manos hasta su culo, apretándola contra mí, sentía el calor de su sexo.

    Parándose en el beso me regaló una mirada de vicio, me cogió de la mano llevándome de nuevo al dormitorio.

    Esta vez la senté en la cama y me desaté el cinturón.

    –Necesitas alguna explicación?

    Lo desabrochó con rapidez y al ver mi polla, dudó que hacer.

    –Ja, ja. Tampoco la has chupado? Supongo que habrás visto alguna película ¿no?

    –No, es la primera vez, he visto alguna, pero me da reparo.

    –empieza a lubricarla con los labios y la saliva.

    –Abre la boca –la cogí por la cabeza y se la introduje, después de recorrerla con la punta. Al principio intentó quitarse tímidamente, pero se fue animando ella misma, estaba claro que no tenía experiencia. Pero si interés. Tras unos instantes.

    –Para, ya practicarás más adelante. Túmbate.

    Terminé de desnudarme, y poniéndome a su lado volví a pasar mi mano por su vagina, era un volcán.

    –Vaya, parece que necesitas algo más,

    Esta vez no hubo sonrojo, solo una mirada de lujuria.

    –Uff, Quedan dudas?

    –De lo que eres ahora o lo que quieres?

    –Soy tu aprendiz y quiero hacerlo.

    –mejor eres una zorra y quieres que te folle, por lo caliente que estás.

    Se quedó algo contrariada, mientras seguía jugando con su vagina, manteniendo su calentón.

    –¿Que eres y que quieres?

    Y aunque le costó el vocabulario entró en el juego.

    –Soy tu zorra y quiero que me folles.

    Me coloqué encima de ella y apoyando sus piernas en mis hombros jugué con mi polla en la entrada de su coño, se la metí despacio hasta que se fue acomodando, comenzó a acompasar los movimientos con su cadera, empezando a ronronear, yo estaba cada vez más excitado, me tenía a punto, se la metí de un golpe, ella soltó un grito que pensé que la había hecho daño, se notaba estrecho de no haberlo usado habitualmente, pero su corrida anterior fue efectiva, empezó a moverse como posesa.

    –Mmmm, Si, si más, más, me gusta, no pares, uff, como me gusta, lo que me he perdido, voy a aprender muy rápido…

    –Sigue moviéndote así, que lo vas a recuperar con creces.

    –Mírame quiero ver tu cara de vicio mientras follas, su cara era un poema, se apretaba los pechos, se ponía sus manos en la boca para tapar sus gemidos, dibujada por una sonrisa de satisfacción seguimos un rato.

    –Date la vuelta ponte a cuatro.

    Contrariada por la petición, aunque en ese momento no era mi intención.

    –Por ahí, no, nunca lo he hecho y dicen que duele

    –Hoy no será, es de tanteo para ver lo caliente que estas, al principio si duele, pero lo prepararemos pues no va a quedar virgen y al final te va a gustar. –Dije dándole una palmada. Asintió con una picara sonrisa, ya no había reparos.

    Clavándosela de nuevo en su coño, soltó otro grito y se puso de nuevo a moverse.

    –Parece que esta postura también te gusta, zorrita.

    Si, quiero más, me encanta, si, si.

    Le di un par de azotes no muy fuertes.

    –te gusta?

    –Me gusta todo, los azotes, que me digas esas palabras, que me folles, quiero más, más, Agg, Agg, umm que gusto.

    Isa estaba fuera de sí, viendo que iba a llegar aceleré mis empujes, corriéndonos a la vez, ella seguía con pequeñas convulsiones, mientras notaba escurrir por sus muslos, el fruto de otro orgasmo.

    Una vez bajo el ritmo, le di un beso y le dije:

    –Ahora te será más fácil, límpiamela.

    Con una sonrisa de par en par, se puso a la tarea eficazmente sin dejar de mirarme, buscando mi aprobación, dando un morbo increíble.

    Una vez acabó, nos duchamos entre besos y caricias.

    Y esta vez sí me despedí:

    –Vuelvo a decírtelo, ya sabes lo que espero, si estás de acuerdo en dos días me mandas un whatsapp, tómate tu tiempo. Sino entenderé que no quieres continuar, ha sido un placer. Pero una vez comenzado no habrá medias tintas. Tú decides…

    Intento darme de nuevo una respuesta, pero la pare con un suave beso.

    –recapacítalo y me escribes…

    Sólo había dado unos pasos desde el portal, cuando saltó un whatsapp.

    –Si acepto. Lo he pensado, todavía me tiemblan las piernas, que liberación.

    Apagué el teléfono y volví a casa.

    Continuará…

  • Con mi hijo Kang

    Con mi hijo Kang

    Hace unos meses que me he separado de mi esposo porque nuestro matrimonio ya era irreparable.

    Pero desde ese tiempo mi hijo Kan de 20 años se volvió más cercano conmigo, ahora dormimos juntos y abrazados todas las noches, nos besamos apasionadamente en la boca, hasta él me abraza por atrás y me da pequeños besos en el cuello.

    Al principio me parecían raros todos estos comportamientos tan cariñosos de mi hijo conmigo, pero luego ya me he ido habituando y la verdad es que ahora me encanta tenerlo cerca para mí todo el tiempo posible.

    Luego de unos minutos llego Kan.

    -Hola mami- me dijo dándome un beso en la mejilla y otro en la boca.

    -Hola amor- le respondí yo mientras le ponía mis brazos en su cuello y fundí mi boca con la suya.

    Él aprovechó el beso apasionado para levantarme de la silla y agarrarme mis dos nalgas con sus manos y así continuar besándonos como dos amantes.

    -¿Cómo te ha ido en la facultad? Mi amor- le pregunto mientras pongo mis brazos en su cintura para abrazarlo, Kan estudia para ser economista en el futuro.

    -Me ha ido muy bien, pero me siento mejor estando aquí contigo- con sus labios busco mi cuello y empezó a dar lambidas en esa zona mientras que con su mano me levantaba la tela de mi vestido para meterme mano en la concha.

    He empezado a hacer movimientos para que él me toque más profundo y más rico la concha y está funcionando de maravilla porque mi vagina ya está empezando a humedecerse.

    -Muy bien, entrégate a mí, quiero ser tu macho y que tú seas mi puta.

    -Por favor, seguí, yo soy tu puta y tú eres mi macho- le respondo mientras él acelera la velocidad de la masturbación y empieza a meter 3 de sus dedos.

    Yo ya venía queriendo esto desde hace meses porque desde que me separe deje de ver a Kan solo como mi hijo y lo he empezado a ver como un hombre, mi hombre.

    Él solo deja de tocarme la concha cuando siente mi humedad completa en su mano.

    -Que concha más rica y húmeda que tiene mi mami- me dice en el oído.

    -Es que tú me tocas demasiado rico- le respondo.

    Me saco el vestido y quedo completamente desnuda porque no tenía ropa interior puesta, después lo ayudo a Kan a quitarse su ropa hasta que su maravillosa pija queda libre.

    Nunca creí que la visión de mi hijo desnudo me excitaría tanto al punto de lanzarme a su pene sin pensarlo y meterlo entero en mi boca con él arqueándose de placer y agarrando mi cabeza para que la mamada sea más profunda.

    Siguió acariciando mi cabeza y haciendo movimientos con su pelvis para penetrarme la boca y su pene entraba cada vez más profundo en mi boca.

    Era difícil seguirle el ritmo porque embestía muy fuerte, pero, yo ya he chupado muchas vergas antes de la de mi hijo así que he sabido como manejarlo dándole un gran placer.

    Él gemía, gritaba pidiendo más, me decía que siguiera mientras que con mi mano le había empezado a tocar los huevos también.

    La caricia en sus testículos le otorgaba a Kan un doble placer, entonces, dio un solo grito y una cascada de semen bien caliente inundo mi boca dejando satisfecha mi garganta de beber leche.

    -Gracias por la mejor chupada de verga de mi vida, mami, pero ahora me gustaría explorar mi fetiche contigo- me dijo mientras me besaba en la boca otra vez.

    Yo ya estaba enterada del fetiche con los pies que tiene mi hijo Kan porque él ya me lo había comentado en repetidas ocasiones así que le permití experimentarlo.

    Subí mis dos piernas y mis pies quedaron a la altura de su bello rostro.

    Él agarró primero mi pie derecho y me hizo unas caricias muy sensuales, me hizo masajes circulares alrededor de la planta y me toco todos los dedos, ese mismo procedimiento volvió a repetir con mi otro pie.

    Luego volvió la atención a mi pie derecho y lo que hizo fue verdaderamente maravilloso: saco su lengua y la paso por toda la planta saboreando mis pies hasta que quedo satisfecho de esa zona y se metió mis dedos del pie en su boca para chuparlos también.

    Hizo la misma chupada con el pie izquierdo y me encanto.

    -Me encanta tu fetiche- baje mi pierna y con mi pie derecho le empecé a tocar suavemente su pija durante unos minutos que para él fueron la gloria misma.

    Saque mi pie de su verga que ya estaba muy erecta y lo mire a los ojos en los cuales vi el deseo desenfrenado de poseerme, de entrar en mí y que me funda con él en un solo ser.

    -Penetra a tu mami, cariño- le pedí con la voz ronca por mi excitación.

    Nos fuimos al sillón de nuestra sala de estar, el tomo mis caderas y me acomodo para que su pija quede clavada en mi vagina, yo eleve las piernas a la altura de su cintura y con ellas lo abrace mientras empezaban las violentas embestidas.

    El sexo con kan es maravilloso, es lo más sublime, la manera en que me embiste mientras entierra sus dedos en mi cintura me provoca mucho placer.

    Me dio un beso mientras hacia sus más descontroladas embestidas dándome el más rico sexo.

    Durante muchos minutos estuvimos en esa posición hasta que él se corrió e hizo un intento para eyacular fuera de mi vagina, pero yo no se lo permití, apreté más fuerte mis piernas alrededor de su cintura y todo su semen quedo dentro de mi concha.

    Con todo el deseo y lujuria que recorría mi cuerpo no me importo quedar embarazada de Kan, es más, si él me preña eso me daría mucho más morbo y el sexo sería diez veces más delicioso.

    Luego nos pusimos de costado los dos y él me penetro en esa posición.

    Y para suerte mía en la sala de estar hay un espejo lo bastante grande y gracias a eso pude ver a perfección los movimientos de Kan y su pija entrando y saliendo de mi agujero.

    Luego de unos diez minutos ya habíamos terminado cansados los dos y nos dormimos en esa posición y yo me dormí con su pene adentro mío.

  • El urólogo

    El urólogo

    Solo les cuento que soy diabético insulino, tengo varios problemas de salud, en especial dos, uno es que tengo disfunción eréctil y tengo problemas de próstata, tengo 64 años, soy una persona mayor.

    Me toco sacar una cita con el urólogo, pues comencé a tener problemas al orinar. Como saben ese examen es metiéndole a uno e dedo el culo. Llegue y me atendió un señor también de edad, debería tener unos 60 años, muy guapo, muy varonil, me gustó mucho. Hablamos de todo un poco hasta que me dijo que tenía que hacerme el examen, me comentó que solo tenía que relajarme y que el solo me metería el dedo, se me escapo decirle “¿nada más?”. No me dijo nada, me dijo que me bajara el pantalón y que me acostara boca abajo en la camilla, dilo, vas a sentir un poco de frio, es por la crema que te voy a echar para que, entre mejor, deje que si era KY, que esa era muy buena, le estaba tirando unas indirectas y la entendió.

    Comenzó por separarme las nalgas y a hacerme un masaje en el culo, no pude más y comencé a gemir, me dijo, te gusta, claro que me gusta, me metió el dedo muy suave, me hizo el examen y siguió, un dedo, dos dedos y hasta tres, luego me puso a la orilla de la camilla, se sacó la verga y que verga, gruesa y larga, me la metió en la boca, se la chupé, la saboreé lo más que pude hasta que se vino en mi boca, sin saberlo a mi espalda estaba su secretaria, le dijo que me echara lubricante en el culo, me la metió hasta que casi me hace llorar, entraba y salía de mi culo de una manera extraordinaria, me culeó muy rico hasta que se vino.

    Me vestí y le di las gracias, ahora voy a cita con él una vez a la semana.

    Así comenzó una relación que todavía perdura.

  • A la cama con una puta

    A la cama con una puta

    Cerca de mi casa a unos tres minutos en coche tengo una de esas estaciones de gasolina que son a la vez una tienda de conveniencia. Además del producto principal venden bebidas de todo tipo, pizza, bocadillos de desayuno y cosas así. Yo de vez en cuando voy por las mañanas a tomar un café pues también tienen sillas y mesas en el interior o exterior del lugar, pues afuera tienen bonitos jardines. Los que les voy a relatar hoy me sucedió hace un poco más de un mes, pero me han pasado cosas muy interesantes en los últimos días que no he tenido tiempo de escribirlos.

    Estaba en la línea para pagar mi café y veo a esta chica muy bien vestida, pues parecía una de esas chicas que van cada mañana a su oficina o a sus trabajos y se estaba tardando mucho para pagar y hablaba y a la vez esculcaba su cartera. Aparentemente no encontraba su tarjeta para pagar y es cuando me involucro y le pago su café y $10.00 de gasolina que necesita pues decía que su tanque estaba ya vacío. En total no fueron mas de $13.00 y ella me pedía mi número de teléfono para luego ella transferirme ese dinero a mi cuenta. Le dijo que no se preocupara, me da las gracias y ella sale del lugar y yo salgo con mi café y busco un asiento en el jardín, pues estos son los días de verano por este lado del mundo.

    Siempre estoy al acecho de chicas, pero esta mañana los radares los llevaba desconectados y esta chica que me pareció más que simpática no me motivo para intentar ligármela. Quizá porque me parecía que iba para su trabajo y la observé con cierta prisa, pero inclusive cuando me pedía el número de mi celular, se lo había negado y quizá ahí estaba la oportunidad de comunicación con una chica nueva. Chica de tez clara, cabello oscuro a media espalda, muy bien maquillada que, si no vestía insinuadora, pero si se le miraba un escote generoso, con un vestido cuya falda caía sobre sus rodillas, un perfume llamativo, pero aun así no le lancé ninguna insinuación. Desde la mesa del jardín la observé echándole la gasolina que le había regalado. Veo que arranca el vehículo, pero en vez de salir hacia la calle, se estaciona frente a los jardines cerca de mi mesa y sale en dirección de donde yo estoy. Ya cerca me da una sonrisa y me dice:

    -Disculpe, mi nombre es Marie y verdaderamente me gustaría pagarle el favor que me acaba de hacer.

    -No te preocupes Marie… mi nombre es Tony. Ha sido un placer ayudarte.

    -Gracias nuevamente… ¿Le puedo acompañar… no espera a nadie?

    -Toma asiento… será un placer.

    Rápidamente la conversación se matizó con los colores de la coquetería, pues esta chica se sentó cerca de mí, pues era una banca y con los minutos esta chica me había puesto su mano sobre mi pierna e intuía para donde todo esto iba. Hizo las preguntas pertinentes y creo que Marie intuía a la vez que yo era un buen candidato. Esta chica a quien estimé de unos 23 a 25 años no sé si se dedicaba completamente a la prostitución, pero fue de esta manera que me lo iba proponiendo.

    -Mira Tony, espero no me lo mal entiendas, pero estoy pasando por fase de mi vida un tanto con problemas y más que todo económicos. Si tú me ayudas con un poco, yo podría hacer algo por ti también… si me entiendes. – y me pasaba su mano sobre las rodillas.

    -¿Y cuánto necesitas Marie?

    -¡No sé! ¿Con cuánto me puedes ayudar?

    -Yo te puedo dar $100.00, pero dudo que eso solucione tus problemas.

    -¿Me podrías dar $150? Te aseguro que te la haré pasar muy rico.

    -¿Tienes algún lugar donde ir y qué podría esperar de ti?

    -Yo te lo puedo dar todo lo que tu quieras y mi apartamento está a cinco minutos de aquí.

    -¿Tienes condones… protección?

    -No… pero puedes conseguir unos en la tienda. Tony, la verdad yo no me dedico a esto… te puede parecer tonto, pero siempre me ha dado morbo hacer algo así.

    -Por un momento pensé que ibas a tu trabajo.

    -La verdad que para allá iba, pero alguna excusa les voy a dar.

    Le di mi número de teléfono para que me enviara su domicilio, en la misma gasolinera compré unos condones y saqué dinero para pagarle por la cogida a esta chica de nombre Marie. Como he dicho, por estos días me han aparecido todas estas oportunidades y desde el comienzo del 2023 se me han dado todos estos acercamientos de diferentes maneras y con chicas muy jóvenes. La verdad no sé si esta chica Marie era del todo honesta, pero al llegar a su apartamento me pareció algo de los más normal. Era un pequeño estudio lo que significa no tenía una habitación. Lo único compactamente separado era una pequeña cocina y el área del baño. Era un lugar muy ordenado y me parecía que era el lugar de una sola persona y algo así me explicaba Marie. Entré y esta chica iba directo a lo que íbamos y por un momento pensé que me iba a llevar a las ligeras, pero esa sensación me dio. Despachar rápido a un cliente.

    Me dijo que me pusiera cómodo y ella comenzó a removerse el vestido dejándolo colgado en un armario adyacente y quedaba con un brasier blanco y unas bragas normales del mismo color. Ella se acercó a mí y me asistió a quitarme la camisa y luego el pantalón. Mi pene comenzaba a reaccionar y esta chica me lo acarició todo y me dio su primera reacción: ¡Por Dios, tienes una enorme verga! – No hizo mucha pausa y comenzó con una felación muy rica. Sabia como mamar verga, pero lo que me gustaba de esta chica eran las ganas y deseos que mostraba al mamarme la verga. Me lo mamaba al natural y por lo menos me la pasó chupando por unos diez minutos. Cuando sentí que me llevaba a esa cúspide la interrumpí y le dije:

    -¿Te puedo chupar esa conchita?

    -¿Te gusta chupar conchita?

    -¡Me encanta! ¿Puedo?

    -Te dije que harías todo lo que quisieras conmigo. Lo que me mostraste esta mañana sin ningún interés muy poca gente lo hace hoy en día. Eres un hombre muy guapo y generoso… Te voy a dar la conchita y todo lo que tú quieras.

    Me hablaba muy eróticamente coqueta. Tenía sonrisa fácil y muy bonita. Cuerpo esbelto y atlético de una altura del metro sesenta. No tenía grandes pechos, pero eran de medida media, de copa C por lo menos. Un culo redondito y esas bragas blancas le iban muy bien a esa simetría de esas curvas. Le quité las bragas y ya las había comenzado a mojar. Comencé a chuparle las tetas mientras mis manos tomaban sus nalgas y luego le comencé a chaquetear la conchita con mis manos y yo continuaba chupando sus pezones. Ella me dijo: Me gusta como mamas las tetas, si sigues así vas a hacer que me corra aquí parada. Esta acción solo tomó cinco minutos y Marie movía su pelvis como queriendo enterrarse mis dedos en su concha. Le seguí chupando las tetas y mis dedos se movían entre su concha y le comencé a chaquetear el clítoris. No aguantó mucho más y sus piernas se debilitaron y movía su pelvis y me abrazó cuando vivía ese primer orgasmo.

    -¿Estabas caliente? -le pregunté.

    -¡Tenía de no coger por más de un mes! – me respondió.

    -Difícil de creer. ¿Y no te masturbas?

    -La verdad que no me gusta masturbarme. Pero me corro fácil sintiendo el calor de alguien diferente.

    -¡Y no llegué todavía a tu conchita!

    -Me harás correr igual.

    -¿Cómo te gusta que te cojan?

    -Me encanta de perrito, me gusta montar también y me gusta el misionero y mucho más si me maman las tetas.

    -Quiero chuparte la conchita.

    -Adelante… es toda tuya.

    Se acostó en la cama, me abrió las piernas y su entrepierna estaba ya mojada de la corrida que acababa de vivir. Fui directo a su concha, saboreé su concha y le hundía mi lengua. Ella a los dos minutos me dijo: Méteme la verga en la panocha, que estoy a punto de correrme. – Me puse el condón apresuradamente y me fui por sobre ella en posición del misionero y mi verga se hundió pausadamente y esta chica solo me decía: -¡Por Dios… que verga más rica tienes! Ya me la imagino cómo se siente en el culo. – me decía esta chica con un gemido alucinante. Agarramos un ritmo rico, mientras le chupaba una de sus tetas y esta chica me decía:

    -¿Te gustan mis tetas? ¿Esta rica mi conchita? ¿te gustan?

    -¡Me encantan! -le contestaba soltándole el pezón.

    -¡Que rico Tony… me vas a hacer acabar! Si así Tony, muérdeme las tetas y quiero que te corras conmigo… Dame, dame… ¡que rica verga tienes!

    Le di un embate frenético sin soltarle la teta con mi boca y esta chica bailaba esta danza sexual y me abrazó con sus piernas y sentí la contracción de su vagina y solo me seguía diciéndome: Así… me corro, córrete conmigo… Oh Dios, me estas haciendo acabar, que rico que delicioso… dame, dame, vacíame tus huevos… échamelo. – No lo pude contener más y mis testículos se fruncieron y eché mi primera corrida en el condón. Seguí dándole mientras todavía conservaba su dureza y esta chica recuperaba su respiración. Marie me abrazaba y nos dimos un beso de lengua como si de dos enamorados se tratara. Escuchaba el chasquido de mi verga aun entrando y saliendo y como mi pelvis pegaba entre sus entrepiernas. Me incorporé y esta chica me quitó el condón y comenzó a chuparme la verga de nuevo. Esa sensación de una felación después de una buena corrida sí que se sentía deliciosa. Pasamos al baño a asearnos y comenzamos con una plática prácticamente hablando de la siguiente escena.

    -¡Que rica verga tienes! ¿Me la vas a enterrar en el culo, ¿verdad?

    -¿Te encanta que te den por el culo?

    -¡A mi me fascina! Para mi una buena faena sexual significa una buena cogida también por el culo. Y esa verga se me antoja sentirla en mi trasero. ¿A ti te gusta abrir un culo?

    -También me fascina. – le dije.

    -Lo imaginaba… Creo que a la mayoría de los hombres les encanta.

    Esta chica no perdió el tiempo y quizá pensaba que yo tenía su juventud y me volvía a parar la verga con una mamada y me hablaba a la vez de como quería que le rompiera el orto. Me decía que le gustaba de perrito y que le tomaran del pelo y que le fascinaban las nalgueadas. Tenía la verga a mil de solo tener esta plática con esta chica y sin esperar mucho Marie asumía la posición, le chupé el culo por un par de minutos, pero ella me ha interrumpido diciendo que quería sentir mi verga en su ano. Parecía desesperada por que se la clavara y no recuerdo a chica alguna con esa genuina ansiedad a que le rompan el culo. Ella me tomó el falo y lo apuntó hacia su ojete el cual contraía ese esfínter. La cabeza entró y me dijo: -¡Que rico se siente tu verga! Rómpeme con esa verga tan hermosa que tienes. – Mi verga se hundió en su totalidad y mis 21 centímetros entraban y salían de ese culo rojizo.

    La tomé del pelo y la comencé a nalguear y Marie se chaqueteaba el clítoris mientras mi verga entraba y salía de ese precioso culo. Movía esas caderas divinamente y más tarde me mostraría ese movimiento montándome mientras se clavaba mi verga en su culo, pero en esa posición de perrito me lo comenzó a anunciar que estaba a punto de correrse. Le di un fuerte embate a su culo y ella continuó chaqueteandose la conchita y de repente explotó con una potente corrida que hizo como si su respiración fuese angustiosa. Aquellos sonidos me excitaron y la halé del pelo otra vez y le sacudía mi verga en ese culo que salía y entraba con golpes violentos de nuevo y ella me lo dijo de esta manera: -Me estas haciendo acabar por el culo. – Y era una secuela que su respiración se volvió de nuevo profusa y se fue contra la cama y eso me excitó tanto que le disparé mi segunda corrida en el culo. Hizo lo mismo, me sacó el condón y volvía a darme otra mamada.

    Pensé que esto de $150.00 dólares iba a ser breve, pero comenzamos una tercera hora con esa misma intensidad. Se volvía a correrse analmente montándome de enfrente y a la inversa, pero creo que su mejor orgasmo fue el último, pues la puse en posición del misionero, pero entrándole por el culo. Le mamé las tetas por un par de minutos y se volvía a correr terminando con otro beso de lengua como si fuéramos novios o enamorados. Me quitó de nuevo el tercer condón y me la lamia haciendo pausas diciéndome:

    -Tienes una verga muy hermosa… definitivamente has nacido para dar placer. ¡Me gustas!

    Sali satisfecho de esa faena de tres horas cogiendo a Marie. Desde entonces la he repetido una vez más y por la misma tarifa y hemos agendado otra para este fin de semana. No sé si ella a esto se dedica, pero siempre me habla del trabajo, pero también de como disfruta sintiendo mi verga en ese rico y apretado culo.

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