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  • Mi cuñada se pasó

    Mi cuñada se pasó

    Estábamos en el carro, la acababa de recoger en el aeropuerto y debía llevarla a la casa que está a media hora, hablamos de manera informal del clima y otras banalidades, en un momento debí dar reversa y al pasar la palanca de cambios rocé accidentalmente su pierna izquierda, inmediatamente le dije; oh disculpa y ella me dice; tranquilo la puedes dejar ahí o sube un poco…

    Esto me puso a mil, con ella hablábamos poco y siempre muy seria, pero esto me dejó con la cabeza dando muchas vueltas, pero claramente retiré mi mano lentamente, ella sonrió y vio como mi cara estaba roja y mi verga se endurecía, entonces puso su mano sobre mi entrepierna y me dijo “dale tranquilo que tenemos tiempo para ver como nos va, que rico se siente tu miembro duro”. Ahí me desinhibí y entonces le respondí:

    -es que con esta mano cualquier pene se endurece!!

    – entonces como será si le doy un besito.

    Esto mas me puso en excitación nunca hubiera imaginado que iba a tener una relación mas allá con mi cuñada y menos que fuera ella quien tomara la iniciativa. Ella tiene 50 años y aún conserva sus atributos de una mujer muy bella en su juventud, tenía un short algo amplio y una blusa de color blanco con un brasier algo transparente que dejaba visualizar sus pezones que se ponían erectos. Yo también tenía un pantalón corto debido al verano intenso que estamos viviendo.

    Me pidió que estacionara el carro en la entrada a la vía de la finca que es muy poco transitada y mi carro tiene vidrios polarizados que no dejan ver nada hacia adentro, saco su teléfono y llamó a su esposo le dijo que estaba apenas bajando del avión y para reclamar su equipaje había mucha gente, por tanto parece que se demoraría en llegar, que le daba mucha pena conmigo que la tuviera que esperar tanto afuera en el aeropuerto, él le contestó que tranquila que eso pasa. Entonces nos podíamos demorar mas o menos una hora mas en llegar.

    Me miró con una picardía que más me excitaba, me abrió el pantalón suavemente y tomó mi verga con sus manos, apenas murmuró “que rico” y de inmediato se deslizó a darme una tremenda mamada, que espectacular la forma como introducía toda la verga en su boca, le daba lengüetazos a la cabeza y bajaba hasta las huevas chupando cada una y se venía lamiendo todo el falo al llegar arriba, se lo introducía por completo en su boca solo gemía y murmuraba “me gusta, que rica verga, por qué no lo había hecho antes?”.

    Me tomó la mano dirigiéndola a su coño al que pude entrar muy fácil por un lado de su pantalón que era algo ancho, sentí que estaba muy mojada y solo corrí un poco sus pantaletas para que mis dedos estuvieran dentro de ese coño húmedo y caliente, pero yo quería también lamer, entonces bajamos la silla y quedamos casi acostados. Ella sabía y se ubicó de tal forma que su coño quedó a pocos centímetros de mi boca.

    Ella seguía chupando mi verga y yo de una vez también me pegué de ese caliente y húmedo chocho, me sabia a gloria, con mis dedos humedecidos comencé a buscar su culito y le fui introduciendo el dedo medio que a pesar de estar lubricado con sus propios jugos no entró fácil, ella gritó de placer con mi dedo dentro del culo y aceleró el ritmo y también lamía y sentía como se mojaba cada vez mas de pronto, gritó “me vengo, me vengo”. Igual sentí que yo también me corría, le avisé y ella siguió chupando más fuerte…

    -dámelo en la boca vente quiero semen! Eso dámelo todo!!

    Yo sentí como se venían mis chorros y todo a esa boca que también se le salía por los lados, entonces subió un poco y me beso en la boca, se dio una mezcla de mi semen con sus jugos vaginales que sensación mas fuerte…

    Retiré mi dedo de su culito, me dijo:

    -la próxima quiero la verga ahí…

    Reímos un poco, nos limpiamos con pañitos húmedos que siempre tengo en el carro, continuamos camino a casa, seguimos como si nada, llegamos su marido la recibió, me dio las gracias por haberla llevado, igual mi esposa me recibió y también en nombre de su hermano me agradeció, yo solo dije:

    -es con mucho gusto y no se preocupen cada vez que lo necesiten estoy disponible.

    Mi cuñada solo dijo:

    -yo creo que lo voy a necesitar mucho en estos días!!

    Así me despedí de ellos…

  • Infiel por mi culpa. Puta por obligación (28)

    Infiel por mi culpa. Puta por obligación (28)

    Traición por compensación.

    El tiempo parece detenerse mientras disfruto de sus cuidados. Se preocupa todavía por mí, aunque afortunadamente nada grave me pasó. ¡Y eso es una buena señal!

    En su reloj, un poco más de la una de esta nueva madrugada observo, y en mi smartwacht, –aparte de mostrarme la misma hora– la saturación de oxigeno se encuentra al 97% y mi ritmo cardiaco ya permanece estable, aunque me alarmo enseguida al escuchar que chapoteando sobre las suaves ondas del mar que llegan hasta la orilla, el ruido de pasos apurados se están acercando y de inmediato giro mi cabeza.

    — ¡¿Pasó algo?! —Con la estridencia del grito, la pregunta rompe este apacible momento. Proviene del joven más alto y corpulento que conocimos antes, el encargado de cargar el altavoz portátil, y de quien ahora no recuerdo el nombre.

    — ¿Estás bien? —La voz aguda y dulce de la rubia, ubicada al costado del muchacho, direcciona su fingido interés hacia mí.

    — ¡No dejes que se acerquen, porque mira como estoy! —Alarmada le digo a Camilo y de forma automática mi antebrazo derecho cubre el translucido volumen de mis senos, y con la mano izquierda extendida, oculto mi emparamada entrepierna.

    — ¡Si tranquilos, no es nada grave! Gracias por el interés. No se preocupen y mejor continúen con su rumba. —Les dice Camilo deteniéndolos al levantar su brazo y doblar la mano haciéndoles la señal de alto.

    —Listo parcero, pero si necesitan algo ya saben dónde encontrarnos. —Se despide el fornido moreno dando media vuelta, y por la cintura se lleva casi a rastras a la sonriente rubiecita, que sin embargo nos echa una última ojeada. ¡Más a mi esposo que a mí, por supuesto!

    Pero ese adiós funciona como una puerta que se abre entre mi marido y yo, pues nuestros ojos se encuentran, desencadenando entre los dos un silencio diferente, acompañado por una sonrisa cómplice en la que apenas si nos mostramos los dientes, y que libera en Camilo una mirada a la que ya estoy acostumbrada, pero que he extrañado demasiado todos estos meses, tras retirar con lenta sensualidad el brazo de mis pechos exhibiéndoselos, y llevándolo hasta atrás, sobre la palma de la mano, acomodo suavemente mi cabeza.

    ¿Y esta otra? –Pienso. – Y con parsimonia igualmente la alejo de mi pubis exponiendo el canal de mi intimidad, –tan deseada por tantas personas anteriormente, pero que ahora solo es importante atraer la atención de mi marido– ya que se alcanza a visualizar el espacio que divide los labios de mi vulva, tras la tela de mis emparamados cucos, abriendo un poco el compás de mis muslos para mi gozo y su tentación.

    Observo sus ojos clavaditos ahí, en la protuberancia de mi vulva, por lo que levanto brevemente la cadera simulando acomodarme, exponiéndome al escrutinio de sus vivaces ojos cafés, y… ¿Qué es lo veo en su mirada? ¿Deseo? Quizás… ¿Lujuria y ganas? Y mi interior reacciona, –a pesar de la situación anterior– al poder de lo que tanto me gustaría que sucediera, lubricándome para estar dispuesta a todo con Camilo, desnuda por completo para él, sin vergüenza o cobardía, aquí y ahora en esta playa, delante de los que quisieran observarnos. ¡Sí tan solo mi amor me lo pidiera!

    Sus ojos y los míos se han encontrado nuevamente, pero como en tantas otras ocasiones, –ya lejanas en el tiempo– ahora nuevamente sin cortarme para nada, se desencuentran de su hechizada mirada azul y los hago descender muy lentamente desde su sosegado rostro, hasta las cúspides de sus operados senos para detenerlos sobre las rosáceas areolas, transparentadas tras la liviana y mojada tela del top que se le adhiere como una segunda piel, apenas ajustándoselas sin aplastarlas ni coartarles su leve movimiento al respirar.

    Y en el centro de cada una de ellas, muy erectos como apuntando al firmamento y desafiando mi abstinencia, sus pezones cautivantes y endurecidos por el frio reclaman por completo mi atención. Pero no me detengo por mucho tiempo en ellos ya que Mariana mucho más tranquila y apoyada sobre los talones, –con bastante arena cubriéndole ambos arcos plantares, cual si fuesen un par de granuladas sandalias–, se acomoda mejor sobre la arrugada tela de su colorido vestido, abriendo las piernas sin recato o pudor alguno, revelándome la forma abultada de su «panocha», cubierta por las mojadas fibras de algodón en su sexy cachetero negro, que sigue goteando hacia el interior de sus glúteos, la salina humedad. ¡Mi hermosa exhibicionista!

    —Cielo… ¿No sientes frio? —Camilo se encoge de hombros, mientras sigo mirándolo con picardía y permanece en mi rostro solo para él, mi maliciosa sonrisa.

    —Un poco, sí. —Le respondo y me hago el loco ante su velada propuesta de acercamiento tras este incidente. Busca que la abrigue, pero a pesar de que muero por hacerlo no debo, y mejor me agacho hasta alcanzar los dos vasos de ron y con cortesía le ofrezco el suyo.

    Lo sé, lo sé. ¡Qué estupidez la mía! –Me reprendo mentalmente. – Sigue siendo muy pronto para él y me rehúye, tras esa pregunta más que ridícula por la hora, también la brisa un poco fría de esta madrugada, y por la malsana curiosidad de aquel pez o lo que fuera, que provocó que nos mojáramos más de la cuenta. Pero igual se la he hecho, en un desesperado intento por atraerlo y me brinde su calor corporal en un nuevo abrazo, concediéndome la dicha de sentirlo cerca, escuchando los latidos de su corazón como sucedió momentos antes.

    Ubicado bajo mis pantalones nuevos, al lado de mi mochila Wayuu, encuentro la cajetilla de mis cigarrillos y extraigo uno. Tengo frio pero también nervios y algo de inseguridad al tenerla así, casi desnuda ante mí. ¡No puedo flaquear ahora!

    Dos pasos largos me permiten ubicarme por detrás de Mariana y sin decirle nada acomodo las nalgas sobre la mitad sobrante de mi camisa, –arrugada y bastante mojada–, con mis piernas cruzadas casi en posición de loto, espalda contra espalda. No es el abrazo que desea ni el que yo quisiera darle, pero de esta manera un poco de calor nos podemos brindar. ¡Algo es algo y peor es nada!

    Me incorporo y le recibo el ron, juntando las piernas contra mis tetas para conseguir aumentar la temperatura, ya que mi esposo no me quiere abrazar. Camilo con su vaso en la mano y el cigarrillo encendido aprisionado entre sus labios, pasa por el lado izquierdo y justo ahora, contra todos mis pronósticos, se ubica por detrás, sentándose a mis espaldas. Me remuevo ligeramente al sentir como recarga el ancho de su anatomía sobre la mía y me enderezo. Aún no quiere abrazarme, pero a su manera me brinda el bendito calor de su piel, juntando su zona sacra contra la lumbar mía, y desde allí la tibieza que me ofrece su piel, –rozándome respetuosamente– asciende hasta hacerme sentir como se clavan cariñosamente las puntas triangulares de sus omóplatos sobre mis escápulas, sin llegar eso sí, a golpear con la parte posterior de su cráneo, los cabellos húmedos que cubren mi occipital.

    — ¿Te encuentras mejor? —Interesado por su bienestar le pregunto.

    —Si claro. ¡Mucho más tranquila! —Le respondo a Camilo, pero en verdad continuo con algo de frio y me gustaría por supuesto, que nuestra posición fuese diferente y no mirando cada uno hacia un panorama diferente.

    — ¿Entonces retomamos desde donde lo dejaste? ¿Te reuniste finalmente con aquella señora? —Y en este instante, tras presionarla para continuar, tras de mi la escucho suspirar a profundidad, lo que me lleva a suponer que se me viene encima otra tempestad.

    Tras sus preguntas, dejo escapar con fuerza el aire por la escasa abertura entre mis labios. Camilo se desvive por saber y no se lo puedo negar, aunque un sentimiento de vergüenza dentro de mí se anticipe, –haciéndome suspirar– ante lo que me falta por decir.

    Debo remontarme nuevamente a aquella semana de septiembre, donde Camilo lejos de nuestro hogar, ignoraba casi por completo mi rutina diaria. Solo hablamos en el día lo escasamente necesario y por supuesto a escondidas. Ambos para interesarnos por conocer nuestro estado de salud y por la noche con mayor libertad, vernos por videollamada atentos a las preguntas emocionadas que Mateo le profería a su padre: « ¿Y las ballenas, papito? ¿Ya las viste? ¿Son muy grandes?» Camilo le respondía que no había tenido tiempo pero le prometía una y otra vez que buscaría la manera de salir a navegar al día siguiente para avistarlas. Mi pequeño príncipe por supuesto se durmió con una sonrisita de satisfacción, esperanzado en que su héroe sin capa, lograra encontrarlas y acercarse lo suficiente para fotografiarlas o filmarlas, y por mi parte, intenté sonsacarle más datos sobre las reuniones que mantenía con los socios de la constructora, sin conseguir que él me soltara prenda.

    —Con la satisfacción en mi rostro tras conseguir aquella cita con la señora Margarita, fui a buscar en su oficina a Eduardo para mostrarle como había diligenciado el contrato y despedirme, pero ya no estaba. Por lo tanto me dediqué a cuadrar mi agenda y trabajar en la consecución de otros negocios, antes de salir del edificio, sin vislumbrar para nada lo que me esperaba más tarde.

    Imagino a Camilo con el pucho en su boca y el vaso de ron vacío, tirado en el medio de sus piernas, pues percibo como acomoda los brazos por detrás de su cabeza, entrecruzando los dedos, rozando sin querer mi cabellera. Y yo aspiro mi cigarrillo y retengo la maldita nicotina en mis pulmones para seguir contando lo que resta.

    —Además cielo, me preocupó ver que K-Mena, no sabía ocultar bien sus emociones, lanzándome desde su escritorio imprudentes miradas demasiado cariñosas, y cada que podía, buscando cualquier excusa, se acercaba a mi escritorio para acariciar mis mejillas o retirar de mi cara algún mechón acomodando mi peinado, e incluso retirar alguna mota inexistente en la solapa de mi blazer, para rozar disimuladamente el contorno de mis tetas, y eso cielo, me puso muy nerviosa pues al hacerlo de forma reiterativa, evidenciaba un desconocido interés en mí, demasiado evidente para los demás.

    —Supongo que impresionada por aquellas muestras de afecto, Diana fue la primera en hacerme el comentario, cuando me acompañó hasta la cafetería del primer piso para fumar un cigarrillo, mientras bebía mi diario cappuccino. Y luego por mensaje de texto, fue José Ignacio el que insinuó con cierta malicia, que me estaba inmiscuyendo demasiado pronto en sus terrenos, notando que las hormonas de K-Mena estaban alborotadas ese día, tal como sucedió anteriormente, y su atención ahora estaba centrada más en mí y ya no en él, como sería lo usual. — ¡Me gustaría verlas «arepear»! Fue su último mensaje, tan borde y explicito como solía ser él.

    —Tuve que buscar un momento libre de miradas u oídos indiscretos en el noveno piso antes de marcharme, y ya a solas conseguí hablar con ella, haciéndole caer en cuenta de su excesiva muestra de afecto hacia mí, exigiéndole mayor prudencia para evitar ser el foco de las habladurías. Se sorprendió por mi comentario pues para ella, conmigo solo actuaba como siempre, pero sin enojarse me prometió que intentaría moderar sus miradas y dejar un poco su meloseria, aunque me confesó que no lograba apartar de su mente los momentos que las dos habíamos vivido. Y me preocupé bastante, pues aquella requerida clase de sexo, en su mente estaba tomando un cariz muy diferente por lo que sintió en su cuerpo, y se me podría escapar de las manos esa situación, si permitía que en K-Mena surgiera un sentimiento diferente al de la simple amistad que nos unía, y que pusiera en riesgo su relación con Sergio.

    —Uhumm, una vez que se prueba el sabor de lo desconocido, llega el momento de las comparaciones y si lo probado nos subyugó y encantó, pues es obvio que para esa muchacha, te convirtieras en su plato preferido y se obsesionara contigo, convirtiéndote en el foco de atención. ¡Eso se veía venir, Mariana! —Intervengo para brindarle mi opinión, dejando una estela de humo blanco sobrevolar en espirales desordenadas nuestras cabezas, al echarme hacia atrás y golpear sin querer su nuca, sintiendo todavía la humedad de la tela de su top, gotear por su espalda.

    —No caí en cuenta de aquel peligro pues como te comenté, para mí solo se trató de una lección sexual para calmar sus ganas de conocimiento, y jamás llegué a medir el alcance de mis acciones. Sin embargo a raíz de aquello, me fui alejando de ella, eso sí, sin dejar de observar su comportamiento hacia los demás y en especial en aquella preferencia suya por estar peligrosamente, muy pegada a José Ignacio.

    —En fin, dejemos esa historia para después pues ahora preciso recordar con detalle la reunión que sostuve con la señora Margarita, pues fue importante para nuestras vidas, aunque por mi silencio y tus ocupaciones no te dieras por enterado. —Le comento a mi esposo y el olor a tabaco me incita a buscar mi cajetilla de cigarrillos haciendo un poco de tiempo para ordenar mis pensamientos.

    —Espera un momento Mariana. ¿Importante para los dos? ¿En qué sentido?

    —Tranquilo cielo, deja que ruede el video de mis recuerdos y si no lo llegas a captar, te lo explicaré al final. ¿A ver, por donde iba?

    —Humm, pues como te dije, la cita fue en una cafetería muy amplia y cuidadosamente decorada, muy cerca a la iglesia de Lourdes. A pesar del tráfico, llegué antes de la hora acordada, y sin embargo al ingresar al local, ella ya se encontraba allí, sentada en una mesa al lado del ventanal.

    — ¡Queridaaa! Qué bueno que has podido venir. —Me saludó con sendos besos en mis mejillas y un afectuoso abrazo como si fuera yo, una amiga de toda la vida.

    —Las gracias son para usted, señora Margarita, que me ha permitido enmendar el error de no contestar sus llamadas. No me percaté de que había silenciado el móvil al entrar al banco para cancelar la factura mensual de mi tarjeta de crédito y muy tarde ya en casa, me di cuenta de ello. —Más o menos recuerdo haberle respondido así, con aquella mentirita piadosa para subsanar aquel impase y me fijé en el movimiento de sus labios, muy finos pero me dio la impresión de que aun los conservaba suaves y brillantes, coloreados de un carmesí intenso.

    —Ohh, no tienes por qué disculparte por eso. A todas nos pasa de vez en cuando. De todas formas tu jefe fue muy gentil y nos atendió tan pronto se enteró que andábamos buscándote sin lograr contactarte, y alejó a ese joven impertinente quería a toda costa que nos dejáramos atender por él. —Me contestó y de inmediato con un suave empujón de su mano por detrás de mí cintura, me ofreció sentarme a la mesa, justo en frente de ella.

    —Recuerdo que le hizo una señal al mesero y muy presto se acercó para atender su llamado. Cortésmente tomó nuestro pedido, apuntando en su tableta lo solicitado. Una copa de un joven Malbec argentino para ella y el infaltable Chardonnay francés para mí, con la intención de mezclar con la salinidad de unos deditos rellenos de queso gouda, y mojarlos en un dip de tomate con cebolla y otro de espesa mayonesa, para picar y compartir mientras hablábamos del negocio.

    —La idea, cielo, como me lo explicó al principio Eduardo en sus charlas de ventas, era hablar poco y escuchar mucho, así que tan pronto como tuviese el contrato firmado en mis manos, escapara de allí rauda, ante el posible arrepentimiento de aquella cliente. No fue necesario hacerlo, porque sin yo saberlo, ella ya lo tenía firmado dentro de una carpeta oculta a mis ojos, bajo su bolso, ubicado a su costado en el asiento de una silla contigua.

    —Tampoco fue una o dos las copas que bebimos esa tarde. La señora Margarita es una buena persona y además excelente conversadora, por lo que cada una nos tomamos nuestras respectivas botellas. Hablamos inicialmente de cosas triviales, ya sabes, me conto algo de su vida, de sus hijos y de una joyería, herencia familiar que contaba con varias sucursales en el país y otras más en el exterior.

    —Yo le relaté algo de la mía. Le expuse que diseñar y decorar los interiores era mi pasión y mi hobby la pintura. Por ello pintárselos a mis clientes con la paleta de colores pastel o amueblarlos con lo último en tendencias enseñándoles los bocetos en mi tableta digitalizándolos, era mi gran ilusión y a pesar de que lo podía hacer encerrada desde mi casa obviamente, era más satisfactorio hacerlo en vivo y en directo, mientras les enseñaba los espacios, logrando incidir con mi buen gusto, en la mente de las personas hasta convencerlos y convertirlos en los orgullosos dueños de aquellos inmuebles. Eso me hacía bien, le dije y también le mencioné que me sentía más libre trabajando fuera de casa, y mucho más servicial implicándome tanto con los clientes en su decisión de compra.

    —Ella tomando la vocería parecía ser la experta vendedora, –exponiendo sus ideas– y yo, la ingenua cliente que escuchaba, atónita a decir verdad, sus insólitos argumentos de compra.

    — ¿De compra, Mariana? ¡¿Cómo así?! —Interviene Camilo sobresaltado, girando levemente su espalda hacía mi diestra, pero no es el momento de detenerme para explicarle, y prosigo recordando aquella conversación. ¡Ya se dará cuenta!

    —Con Fernando hemos estado hablando de…

    —Sobre la posibilidad de comprar la casa, me imagino. —Imprudentemente la interrumpí.

    —Pues sí, querida. Pero no estrictamente de eso. —Puntualizó.

    — ¿Entonces? —Con bastante intriga le pregunté.

    —De ti, Melissa. —Me respondió y en el café oscuro de sus iris observé una chispa de emoción, que aparte de dilatarle las pupilas, se los hizo irradiar de un marrón más intenso, opacando las líneas de expresión.

    — ¿De mí? ¿Y eso por qué si puedo saberlo? —Le indagué con bastante curiosidad.

    —Aquella tarde cuando visitamos la casa modelo, –me respondió y su sonriente semblante cambió por un gesto de seriedad que me alarmó– me di cuenta de que mi esposo te estaba observando demasiado, de abajo para arriba, con el brillo de un deseo intenso que creí olvidado en él, y del que hacía muchos años no veía en sus ojos, y curiosamente sin importarle si yo me daba cuenta.

    —En un comienzo me sentí incomoda, extrañamente celosa pues a esta edad mía, ese sentimiento lo creía sepultado, y pues querida, eso me sucedió solo un poco con Fernando al principio de nuestro matrimonio, cuando de jóvenes disimuladamente miraba a otras mujeres en la calle y yo le pegaba su buen pellizco en el brazo, pero luego al oído me susurraba que no me preocupara, pues el solo tenía sus ojos puestos en mí. —Terminó su comentario con un tono en su voz que me sonó a que se estuviese excusando por la actitud de su marido.

    —Me decía siempre que yo era su reina, y así me lo hacía sentir con bonitos detalles durante el día y por las noches en nuestra cama con sus esmeradas atenciones, –pude notar en sus mejillas y en el risueño arco esbozado en sus labios, como se alegraba al recordarlo– y después terminábamos riéndonos, haciendo el amor con mucha pasión y yo continuaba pasando por alto aquellas tonterías. ¡Nunca querida, pasaba a más! —Lo dijo con sumo orgullo.

    —Jamás lo pillé en cuentos raros con sus secretarias o empleadas, aunque descuidadamente por la calle y abrazados, me hiciera pasar disgustos para después reconciliarme, prodigándose en regalos, paseos o caricias con mucho esmero. Pero luego llegaron los hijos, y con ellos se nos pasaron los años y esos devaneos suyos se moderaron hasta quedar en el olvido, llegando al punto de convertirse en un hombre demasiado serio y bastante antipático. Muy parco para expresar sus emociones hacia los demás, gruñón por todo o por nada, seco y poco afectuoso con sus hijos. —Una mueca de desesperanza o resignación, sirvió de colofón para detener su charla, y recuerdo que mientras bebía otro sorbo de aquel violáceo Malbec, sus ojos conectaron con los míos y dejando la copa sobre la mesa, me sonrió antes de continuar.

    —En nuestra intimidad procuraba ser el mismo, pero había dentro de su ser, un deseo aplazado. Hasta que nos atendiste en la sala de ventas y del pasado sin esperarlo, regresó a nuestro dormitorio aquel hombre del ayer, nuevamente cariñoso, divertido y esmerado en atenciones para mí.

    — ¡Me alegra por ustedes dos! –Le respondí mientras dejaba a un lado del móvil empresarial mi segunda copa, y en su borde, la huella de mi pintalabios. – Y a continuación le pregunté…

    — ¿Pero yo que tuve ver? No comprendo.

    —¡Mucho Melissa, mucho! Mientras te esmerabas por enseñarnos todos los espacios, la hermosura de aquellos jardines antecediendo a la entrada, la claridad y amplitud de las habitaciones, detallando cada uno de sus rincones, esa sensación de inseguridad mía al principio, fue cambiando hacia algo que no podía determinar pero que ahora puedo describirla con una sola palabra. ¡Admiración! Para mi esposo por recuperar tan espontáneamente su ego de hombre coqueto y «picaflor», y en ti, por tu buen hacer y sobre todo, saber cómo comportarte ante una situación tan embarazosa, centrándote en tus metas, sin sobresaltarte de más ni formar un desproporcionado escándalo, –justificado por demás– debido al interés que suscitaste en Fernando, tantos años después.

    —Tal vez ustedes no se dieron cuenta, ni tu jefe y mucho menos tu o mi marido, no se dieron cuenta, pero salí de aquella casa modelo con una sonrisa de satisfacción, por dos motivos. El primero es que sí, Melissa, esa casa sencillamente me encantó. Las modernas fachadas y la perfecta distribución de los espacios de sala y comedor, esa cocina tan moderna y clara, la cuidadosa y esmerada decoración, la amplitud de las habitaciones, en fin Melissa… ¡Me fascino todo!

    —Suspire aliviada, cielo, pues di como un hecho que aquel negocio estaba concluido y cerrado, sin embargo se me encogió algo en el vientre cuando ella prosiguió con su discurso, hilando más recuerdos.

    —Y en segundo lugar, me reía por dentro al haber visto a mi marido, intentar flirtear con una mujer tan hermosa como tú, mucho más joven que él, y tan puesta en orden ante su coqueteo. Otras vendedoras en tu lugar, hubiesen aprovechado ese aspecto de burro viejo buscando comer pasto biche, y usando su juventud como anzuelo, con seguridad hubiesen intentado utilizarlo para cerrar el negocio. Sin embargo no podía dejar de pasar el hecho de que se había descarado haciéndote pasar un mal rato y por eso en el viaje de regreso a nuestro hotel, le hice el justificado reclamo.

    — ¡Señora Margarita, le juro que yo no provoqué a su esposo! —Sintiéndome acusada y nerviosa me defendí, pensando que aquel hombre hubiese usado la tradicional excusa de que yo me le había insinuado, para calmar la ira de su mujer y la venta por ese motivo estuviera en riesgo.

    —Lo sé querida, –me respondió enseguida tranquilizándome– me di cuenta de algunas cosas, no todas seguramente, pero si noté que no te quitaba los ojos de encima y hasta se atrevió a tocarte y olerte el cabello. Lo vi hacerlo gracias al reflejo del espejo que está ubicado en la pared adyacente en el pasillo, y sé que aunque no dijiste nada, quizás para no formar un altercado y dañar tu venta, por la cara que le hiciste no te agradó para nada y lo supiste poner en su lugar. Pero seguiste adelante con la demostración, centrando tú atención en mí o en mis pequeñas nietas, y eso me encantó de ti, querida Melissa. Te comportaste como toda una dama y con solo una mirada lo pusiste en su sitio. Eso me gustó de ti. Pero… ¡A mi esposo también!

    Mientras apuraba un sorbo de mi Chardonnay, –recibiendo con agrado sus halagos– me fijé en la estudiada elegancia de sus ademanes, y en la sobriedad de su vestuario, discreto y acorde con su edad. De color blanco aquella blusa de exquisito chifón semi translucido, salpicada por pequeños lunares negros y abotonada hasta el límite impuesto por el discreto escote en «U» que de todas formas me permitía recorrer con la vista las atravesadas arrugas verticales que se le asomaban en su escote e igualmente me fijé en los surcos horizontales en la piel morena de su cuello, engalanado eso sí, por el mismo collar de satinadas perlas que le vi aquella vez en Peñalisa, haciendo juego con los primorosos pendientes en sus orejas; y aquel corte de cabello tinturado recientemente de un color platinado, ciertamente estupendo para una mujer como ella, con ralla lateral, flequillo largo ligeramente ondulado, desvanecido por los laterales de la cabeza hasta la nuca, y con el cual intentaba con seguridad y femenina gracia, restarle años a sus días.

    — ¡Me lo confesó al llegar a nuestro apartamento! –La escuché decir y enfoqué mi mirada en las manos que se juntaron para tomar su copa, salpicada la epidermis por diminutas pecas pardas, pintadas las uñas largas y postizas de un llamativo rojo coral.– Ya tenemos varios años de casados, de hecho estamos por cumplir los cuarenta, y en todo este tiempo «mi muñeco», así le digo yo con cariño, –hizo la aclaración tal vez por la sonrisa de admiración que le enseñé, ladeando mi cabeza– no ha dejado de ser el mismo hombre preocupado por mi bienestar, aunque años atrás como todos los hombres, se dejara llevar por los vaivenes del deseo jamás consumado, y sus ojitos con poca discreción, dejarlos ir por detrás de las redondas formas de las nalgas de cualquier mujer bonita.

    —Pero mi muñeco, nunca jamás ha llegado a más. No me ha sido infiel, al menos con su cuerpo. De pronto con su mente sí, pero eso hasta me ha pasado a mí, cuando al hacer el amor llegué a imaginarme estar con algún actor de cine para motivarme a alcanzar el orgasmo, o al recordar con nostalgia al primer novio de la adolescencia y con el cual jamás llegué a tener sexo. ¿A ti no te ha sucedido? —Y sus ojos marrones se le agrandaron e iluminaron tras sus lentes dorados.

    —Culminó de un pequeño sorbo con su copa y colmándola de inmediato, suspiró como si necesitara tomar impulso.

    —Bueno querida, el punto al que quiero llegar es que le gustaste demasiado y obraste en él un milagro. Como has visto, mi muñeco ya tiene sus añitos, por lo mismo la esperanza de que tenga una aventurilla por ahí fuera de la casa, cada vez es más reducida. Nos amamos todavía a pesar de tantos años viviendo juntos, no vayas a creer que no, pero nuestros encuentros sexuales decayeron por su problema de disfunción eréctil, algo inevitable por el paso de los años. Él se esfuerza pero no logra que… ¡Se le endurezca por mucho tiempo! —Apenada, ella giró la cabeza hacia su derecha y su suspiro dibujó un efímero vaho sobre el cristal del ventanal, antes de continuar confesándome sus verdades.

    —Es entendible que por su edad ya no pueda cumplir con… –Y dubitativa calló por unos segundos, pero tras tocarse el lóbulo de su oreja derecha continuó. – ¡Con sus deberes conyugales! ¿Si me entiendes? Pero una de mujer, aprende a convivir con la persona amada sin que esa parte rígida sea indispensable. O sea querida, a vivir sin el sexo de nuestros mejores años, y tan solo recibiendo el placer de antaño por los dedos de mis manos en solitarios momentos de las noches, o si le insisto un poco a mi esposo, de su boca y la lengua, proveyéndome de los orgasmos del pasado, aunque la verdad no es que sea tan seguido. —Llevó a su boca la copa para beber, pensativa sin dejar de mirarme a los ojos, y yo la imité igualmente, sosteniéndole la mirada, eso sí, sorprendida por aquellas íntimas revelaciones.

    —Y así lo había asumido, Melissa querida, hasta esa misma noche del domingo pasado, cuando hablamos sobre lo sucedido en nuestra visita a la casa modelo, sincerándose conmigo, al confesarme lo hermosa que le habías parecido, alabando igualmente el conocimiento e inteligencia que demostraste al hablarnos sobre los beneficios de comprar aquella casa y de las muchas actividades que podríamos hacer en la agrupación de Peñalisa. Lo impresionaste gratamente por tu don de gente, con esa capacidad para afrontar las situaciones incomodas por las que Fernando te hizo pasar, y créeme querida, que nos quedamos despiertos hasta muy tarde, y no precisamente hablando sobre la posibilidad de gastarnos esa suma de dinero para adquirir la casa, sino de tu peculiar belleza.

    — ¡Favor que me hace! —Le respondí colocando en mi rostro la mejor de las sonrisas y aprovechando el momento para mojar la punta del dedito en el dip de mayonesa y darle el primer mordisco.

    Me muero de ganas por verle el rostro a Mariana, y analizar sus gestos mientras me relata aquel encuentro con su clienta para intentar adivinar el camino por el que me quiere llevar, –al recordar con tanto detalle esa conversación– pero tal vez para mi sea mejor continuar así, pegado a sus espaldas, sin verla a la cara.

    —Hablamos con la sinceridad que nos otorga el vivir juntos tantos años reconociendo nuestras inquietudes, –continuo hablándole a Camilo, que meditabundo y silencioso, continúa fumando por detrás de mí– y curtidos de prejuicios por tantos años vividos con el amor y la confianza existente entre nosotros, como dos viejos amigos sostuvimos esa charla sobre las utopías no confesadas.

    —Mi muñeco lo hizo sobre ti, emocionado detallando cada aspecto de tu físico y de tu juvenil belleza, causante de haberlo impactado tanto. Por ejemplo, lo escuché hablar de la espectacular caída lisa de tus cabellos negros, aunado al embriagador olor en ellos. O de la tierna tersura de tu piel, alabando igualmente la realzada forma de tu precioso rostro, acentuado por el embrujo marino de tus ojos azules y esas espesas cejas oscuras.

    —Y hablando de ojos, Fernando cerró los suyos para describir cada parte llamativa para él de tu cuerpo, mientras mis dedos iban desabotonando la camisa de su pijama de mangas cortas, con mis manos apartando la tela a los costados y mientras tanto, mis uñas consentidoras arañaban seductoramente su pecho intentando excitarlo, para posteriormente mientras mi muñeco hablaba de ti, descenderlas por su vientre hasta el borde superior de sus calzoncillos. Y le propuse, sin saber muy bien el porqué, que imaginara como sería tener una noche de pasión contigo. ¿Qué te haría? ¿Cómo y en dónde? Y obviamente… ¡Cuánto estaba dispuesto a pagar por ello!

    — ¿Pagar? —Le pregunto a Mariana, temiendo que finalmente en esa reunión, la transacción por esa casa incluyese a mi mujer.

    —Si Camilo, así es. Me asombré primero al oírla, y me asusté enseguida al cuestionarme mentalmente si la habría escuchado bien. Y cielo, estoy segura de que fruncí el ceño, incomoda tras escuchar esos comentarios sobre mí, porque ella se removió en su asiento y dejó de acariciar el borde de su copa con la yema de su dedo índice, para luego retirarse los lentes, doblarlas y acomodarlas a un lado sobre la mesa. Aduladores sus comentarios… ¡Sí! Pero igualmente transgresores y obsesivos, casi que haciéndome sentir violada, utilizándome en su intimidad. Mas sin embargo, mi visible incomodidad no la contuvo lo suficiente y prosiguió con el detallado relato de esa noche diciéndome… ¡Espera déjame recordarlo bien! Ah, sí. Sus palabras fueron más o menos así…

    —Y querida, al abrir en su mente la caja de Pandora, mis dedos sorprendidos abarcaron con firmeza el contorno de su pene, tan acostumbrados a la lamentable flacidez, más le insté a que fuera relatándome lo que imaginariamente él te estaba haciendo, y de esta manera se le fue poniendo rígida, no tanto como años antes, pero Melissa querida, le duró más o menos tieso por varios minutos hasta que con la invasora ilusión de tu ayuda, y la corporal mía, relatándome lo que en su imaginación te iba haciendo, mi muñeco pudo por fin eyacular algunos tibios goterones que se le escurrieron por entre mis dedos, reposando finalmente sobre su vientre.

    — ¡Ufff!… ¡Wow!… No sé si sentirme halagada por la reacción tan positiva que provoqué en su esposo, u ofendida por utilizar sin mi consentimiento la imagen de mi cuerpo. —Le respondí de manera tajante, pero intentando no parecerle descortés, aunque me moví un poco hacia atrás en la silla, sin poder disimular mi asombro.

    Siento la brisa fría colarse entre los dos. Camilo seguramente ha terminado de tomarse su ron e intrigado y preocupado se ha encogido, curvando su espalda como lo estaba yo al principio, separándose un poco de mí. Él escuchándome con atención, mirando hacia las fachadas poco iluminadas de los apartamentos ubicados al otro costado de la plaza, y yo mirando por encima del malecón hacia el sur oscurecido de la bahía, hablándole de como una extraña pareja de clientes, habían hecho un trio imaginario con su esposa, para obtener un placer bizarro y difícil de conseguir por su avanzada edad.

    —Al otro día en la mañana estuve pensando en la sorpresiva resurrección de su órgano sexual, y su rehabilitación, después de haberlo probado todo, con diversos tratamientos aquí en la ciudad o con terapeutas sexuales en Nueva York, pero nada funcionó, y los dos nos resignamos hasta que todo cambió de improviso gracias a ti. Hablé con Fernando sobre ese suceso casi milagroso y tomé la decisión de darle vía libre para que buscara la manera de acercarse a ti e intentara hablar contigo, para cortejarte y hacerte una propuesta, pero con la mirada que le hiciste, lo cohibiste bastante y se mostró renuente a hacerlo. No podía dejar que su recuperación fuera flor de un día, y como quiero darle un regalo especial por nuestro próximo aniversario, pensé en ayudarle un poco enviando un ramo de flores a tu oficina.

    —Así que fueron ustedes. Muchas gracias están muy hermosas. —Le respondí de inmediato.

    —Te lo mereces, querida. ¡Eso y más! Sin embargo nos encontrábamos nerviosos esperando tu llamada, pero no obtuvimos ese día una respuesta de agradecimiento por tu parte, e imaginamos que te hubieses molestado. No era mi intención molestarte, por lo tanto lo convencí para que fuéramos a buscarte con la excusa de dialogar sobre la compra de la casa, así que ubiqué a tu jefe, que tan buena persona me pareció, para confirmarle que haríamos el negocio, pero no con ese otro joven que nos atendió tan pronto se enteró que te buscamos. Me pareció soberbio, bastante petulante y además abusivo al decirnos que era lo mismo negociar con él o contigo. A Eduardo, tu jefe, le mencionamos que solamente te la compraríamos a ti y únicamente después de poder hablar personalmente contigo y se mostró muy interesado en saber los pormenores de nuestro interés. Y bueno Melissa, aquí estamos, tu y yo, para negociar los términos.

    —Precisamente he traído algunas propuestas con diferentes planes de financiación para que los revise y me dé su opinión. —Le dije y busqué dentro de mi maletín el computador portátil para mostrarle las opciones de adquisición de la casa, con intereses blandos muy favorables para ellos, teniendo en cuenta su avanzada edad, pero para nada la sorprendí. La sorpresa me la llevé yo, cielo, al escucharle decir…

    —El negocio lo haremos a nombre de la compañía de mi esposo y que ahora dirigen mis hijos. Ellos se encargarán de realizar los trámites respectivos, utilizando la figura de leasing habitacional que nos ofrece nuestro banco, por eso no hay problema, Melissa.

    —Me alegré por ello, mi vida. Pero la dicha se me esfumó antes de siquiera poder abrir el folder con el contrato previamente diligenciado, pues la señora Margarita colocó su mano sobre la mía, evitando que pudiera abrirla.

    — ¿Qué sentido, después de tantos años, tendría para mí evitar que Fernando se animara a acostarse con otra mujer? Ninguna. Por el contrario, se me hace imprescindible qué mi muñeco aproveche esta nueva efervescencia, y poder verlo de nuevo como era hace tan solo unos años atrás. Un hombre atractivo, jovial y seguro de sí mismo. Así que pensé que debería hablar primero contigo para hacerte una propuesta diferente, así pienses mal de mí o me tomes por una mujer desesperada, a la cual se le debe de haber corrido una teja de la cabeza, pero querida créeme una cosa, por mi muñeco soy capaz de cualquier cosa, cuésteme lo que me cueste.

    —Obviamente, mi vida, esa señora me parecía demasiado rara y hasta absurda con esa posición. Pero tras esa desesperada locura, solo encontré la fortaleza mental y sentimental de una mujer todavía enamorada de su esposo, dispuesta a ceder para que su esposo conservara su mejoría, y que pretendía con su complacencia, cumplirle en el otoño de sus días, con uno de sus jamás cumplidos sueños. Y para nada la juzgue mal. Es más, me pareció demasiado romántico.

    —Y cómo te convertiste para Fernando en una sanadora ilusión, –prosiguió con su charla– no lo dudé ni por un segundo y me he puesto manos a la obra. Loca, obsesionada o como quieras verme, pero con la clara idea de hacerle realidad su sueño fallido de tener un affaire por fuera de casa y con una mujer tan joven y bella como tú, pues he pensado en ofrecerte una bonificación adicional, muy superior a la suma que te puedan pagar en tu empresa por la venta. La cuestión, querida Melissa, es si aceptarías salir una noche con nosotros a cenar y luego darle el gusto a mi muñeco de intentar tener sexo contigo.

    — ¿Disculpe?… ¿Cómo dice? ¿Esta insinuando que me voy a acostar con su marido a cambio de dinero? No se por quién me ha tomado, –le hablé ya sin disimular mi enojo– pero soy una mujer casada que como usted bien ha observado, tiene las cosas muy claras y los limites bien establecidos. Me está ofendiendo con su propuesta señora Margarita. No soy una fulana cualquiera. Si usted quiere puede conseguirle a su marido una escort de las tantas que existen anunciándose en los periódicos o por internet, con mejores cualidades físicas y experiencia sexual que las que yo poseo.

    —No te sulfures ni me hables así, y mucho menos me mires de esa manera, por favor. Para nada quiero ofenderte y mi propuesta solo obedece a una urgente necesidad. ¡Piensa algo querida! Si esa recuperación se debe a ti, y tan solo usando la imaginación, convertirlo en una realidad, debe ser para Fernando el mejor regalo que yo le pueda ofrecer en agradecimiento por su amor, entrega y fidelidad durante todos estos años. Es mi muestra de amor. Mira esto. —Me dijo.

    —Recuerdo que ladeo su cuerpo, y levantando ligeramente el bolso que mantenía a su lado, sobre el asiento de la silla a su diestra, se hizo con una carpeta marrón y la colocó sobre la mesa.

    —Aquí tienes el primer pago a tu dedicación y esfuerzo laboral. Este es el contrato de compra venta ya firmado, junto a la consignación en el banco al número de cuenta de tu empresa. Tu jefe me lo entregó cuando nos reunimos esta mañana, y junto a Fernando hace dos horas lo revisamos y acordamos los términos. Es una buena suma de dinero como anticipo por la compra de la casa.

    — ¿Cómo así? ¿Ya se reunió con él? ¿Por qué no me lo informó? —Sorprendida le pregunté, pero ella no se inmuto ni aclaró mis preguntas. Y de nuevo cielo, la preocupación se instaló dentro de mí y se me removieron las tripas, palideciendo en frente de esa señora.

    —Y en este otro cheque de gerencia, la bonificación por el favor que estoy segura que me harás, al aceptar acostarte con mi esposo. Querida, será cosa de una sola noche, unos breves instantes para ti, pero un momento de suma importancia para mí. Puede que pase algo entre ustedes, como puede que no. Eso ya no depende de mí. Será cuestión de cómo utilices tus encantos con él, y de mi muñeco, si reacciona su hombría ante tu desnudez. Eduardo ya nos comentó las necesidades económicas por las que estás pasando. No vayas a pensar que nos estamos aprovechando de tu situación. Madre de dos hijos pequeños y con un padre desempleado, alcohólico y drogadicto que no vela por el bienestar de su familia, dejando todas las cargas del hogar exclusivamente sobre tus hombros. ¡Nos haremos un favor mutuo, por una sola vez! Espero que lo pienses con detenimiento, antes de rechazar mi propuesta.

    —Esas fueron sus últimas palabras, antes de pedir que llenaran de nuevo nuestras copas y conmigo convertida en una estatua, con la boca abierta como mis ojos, sin dar crédito a la manera en que el hijo de puta de Eduardo había negociado de antemano la adquisición de esa casa y la virtud de su empleada.

    — ¡Necesito ir al tocador un momento! —Fue lo único que se me ocurrió en aquel momento decirle, para pensar cómo actuar y no mandar a la mierda… ¡Todo! A esa señora loca y al malparido de Eduardo. Y por supuesto, desbaratar de paso la venta de una de las casas más costosas de la agrupación.

    —Marqué desesperada y emputada a su móvil. Primero al empresarial, tres o cuatro veces pero no me cogió la llamada. Dos veces lo intenté al personal pero tampoco respondió. Necesitaba pensar que hacer y urgentemente un cigarrillo para calmar los nervios. Justo cuando iba a retirarme del baño, para salir de allí para fumar, recibí una llamada suya desde el teléfono empresarial.

    — ¡¿Qué carajos has hecho Eduardo?! ¿Cómo se te ocurrió decirles tamaña mentira? ¡Eres un hijo de puta! Sigues utilizándome para saciar tu mente desquiciada y de paso, llenarte los bolsillos de dinero a costa de canjear cuando y como te plazca, el honor de la esposa de tu mejor amigo. Mira a ver como arreglas esto porque yo no pienso dejarme tocar ni un cabello del vejete ese. —Le dije gritándole ya que me había asegurado de que era yo, la única persona en el baño de mujeres.

    —Mira Melissa, primero que todo le vas bajando al tonito y me respetas. Y segundo, puta de mierda, que te quede claro de una vez por todas que harás lo que yo diga, porque es por el bien de los dos. Y metete en tu linda y pequeña cabeza, que yo siempre cumplo con mi palabra. Se las di a esa pareja, y te consta que la mantengo, porque he mantenido mi boca cerrada y cubrir así, tus deslices para con mi amigo. Ahh… ¿Y sabes que hace un rato hablé con él? Y como que lo está pasando de maravilla en ese zancudero donde se metió, pues ni siquiera me preguntó por ti ni te envió saludes. Qué raro. ¿No te parece? Si tu esposo siempre ha sido tan amoroso y no deja de pensar en su mujercita todo el tiempo. Mira Melissa, mejor te acomodas bien las tetas, te subes un poco esa falda, con dos botones sueltos en tu blusa, le adicionas una sonrisa a esa bonita cara, y te acercas de nuevo a la mesa que te estamos esperando para festejar nuestro acuerdo.

    —Efectivamente recibí una llamada suya, indagando primero por como transcurría el viaje y si los terrenos los veía aptos para desarrollar en ellos mi proyecto hotelero. Además y a modo de broma, para averiguar si me habían tratado con hospitalidad las mujeres chocoanas. La verdad era usual recibir sus llamadas por lo que no le di demasiada importancia, y estaba más pendiente de conseguir información con los lancheros sobre los avistamientos y los horarios, para lograr filmar alguna ballena y darle gusto a Mateo.

    —Pero espera un momento Mariana. ¿Acaso no estaban ustedes dos a solas en ese lugar? —Le pregunto intentando despejar mi duda.

    —Eso mismo creía yo, cielo, pero igualmente tan sorprendida como tú lo estás ahora, lo estuve yo al reunirme de nuevo con la señora Margarita y verlos a ellos dos allí sentados. Eduardo con su falsa sonrisa reluciendo, hablando muy animado con el señor Fernando como un par de viejos conocidos, quien nada más verme, de manera caballerosa se puso de pie y retiró una de las sillas para que me acomodara junto a él.

    —Me da alegría verlo de nuevo don Fernando. Hola jefecito ¿Cómo está? ¡Qué sorpresa verlo por aquí! —Los saludé sonriéndoles, pero tragándome el enfado.

    —Y bien Melissa, te veo mucho más reposada. ¿Cuál es tu decisión? —Me preguntó la señora Margarita.

    —Tomé mi copa y la levanté en frente de todos ellos, y de inmediato captaron la indirecta sumándose con las suyas a aquel brindis.

    — ¡Es un hecho! —Les hablé a todos, pero sonriéndole directa y exclusivamente a don Fernando, además colocando mi mano izquierda sobre su hombro para decirle con claridad y voz sensual…

    — ¡Solo falta que me digas cuando, donde, y a qué horas, quieres que me reúna contigo, para tener el tiempo suficiente de ponerme linda y cuadrar las cosas en mi hogar!

    —Pues podría ser en la noche de este viernes próximo, ya que tu marido estará ocupado fuera de la ciudad. ¿No es así? —Intervino Eduardo imprudentemente, haciéndome un guiño que él creyó, pasaría desapercibido, más no fue así para la señora Margarita quien después de chocar su copa contra la mía por segunda ocasión, nos comentó emocionada que le parecía fenomenal esa fecha.

    — ¡Sí, seria genial pero no puede ser! —Les solté aquellas palabras que les cayeron como un balde de agua fría, sobre todo al malparido de Eduardo, que se removió en su silla como un león enjaulado y con cara de disgusto. Pero si él quería seguir usándome para su beneficio y vender mi cuerpo al mejor postor, ya había tomado la decisión de hacerlo bajo mis términos y mi completa disposición. Yo sería en adelante, sin negarme a sus morbosas y oscuras propuestas, quien tomaría las riendas de la situación.

    — ¡Precisamente me acaba de bajar la menstruación! Es una lástima, pero ni modos. Tendremos que posponer nuestra salida para la próxima semana. Y ahora si me disculpan, debo ir a recoger a los niños donde la señora que me los cuida, y tenerle lista la comida a mi esposo para que no se enoje y termine golpeándome o algo peor. Les avisaré por intermedio de mi jefe, de la fecha y el lugar a donde creo que Fernando me podrá llevar a ver las estrellas.

    —Tomé la carpeta que estaba sobre la mesa, revisando que estuviera bien diligenciada y firmada. También la consignación y el cheque a mi nombre, y salí de allí, dejándolos con las bocas y los ojos muy abiertos. Eso sí, él y ella admirados y felices conmigo por haber aceptado su propuesta. Y al hijo de puta de Eduardo, sorprendido por mi complaciente respuesta, pero agobiado ante mi dominante actitud.

  • Madre enamorada (5)

    Madre enamorada (5)

    –Helena mi cielo despierta, es hora de levantarse.- Anunció Belén mientras abría el cajón de la cómoda y elegía la ropa íntima que me pondría después de mi baño.

    Desde que éramos amantes Belén escogía mi ropa interior cada día. Era algo que me hacía sentir especial, deseada… Me excitaba y hacía feliz. Y sé que a ella también.

    -Ya va cariño aún es temprano- respondí somnolienta y perezosa.-

    -Si lo sé, pero tenemos que volver a la ciudad y antes quería dar un paseo por la playa. Apurate por favor.

    -¿No me das un beso de buenos días?, lo necesito.- Suplique mimosa.

    -No sé si te lo mereces, estás muy perezosa hoy.- Respondió Belén acercándose a nuestra cama y dándome un pico.

    Aproveche la coyuntura y la abrace besándonos con deseo. Nuestras lenguas se unían húmedamente y mis manos recorrían su culo con descaro…

    -Ya, cariño ya, ahora no podemos… Venga levántate, date una ducha y demos ese paseo por la playa, por favor ¿Si?.- Imploro Belén con su dulzura de siempre.

    -Ok mi amor, me daré prisa lo prometo.

    Tras tomar mi baño me puse la lencería rosa con flores lilas que Belén me había elegido. Me dirigí a la cocina y allí estaba mi amor. Desempaquetaba algo que acababa de recibir mediante mensajería.

    -¿Qué es eso mi cielo? – interpelé curiosa.

    -Luego te cuento Helena, el desayuno se enfría y quiero mi paseo por la playa tomadas de la mano.

    -Que linda eres tesoro mío.- Conteste emocionada.

    -Lindo es amarte cariño.

    Nos besamos y tras un ligero desayuno fuimos a disfrutar de la playa y esa brisa Cantábrica tan húmeda y a la vez tan natural.

    -¿Y bien, qué es eso de lo que me querías hablar?, ¿Me tiene intrigada ese paquete que recibiste?

    -Son juguetes.

    -¿Juguetes?.- Pregunte ávida de respuestas.

    -Juguetes sexuales, para nuestra intimidad.-Respondió Belén mirándome con ojos traviesos.

    -Y ¿Qué clase de juguetitos son amor?, me tienes en ascuas.

    -Verás, son dilatadores anales y algún que otro vibrador, también unos arneses. Ah y unas bolas chinas ji ji.- Explico mi hija como si estuviese hablando de la cesta de la compra.

    -Ah bueno, parece que lo tienes todo muy bien planeado, miedo me das ja!

    -Lo pasaremos bien amor, no podemos caer en la rutina. Por cierto, tengo ganas de hacer pis. Busquemos un lugar discreto porque no me aguanto.- Replicó Belén mientras me agarraba de la mano buscando un lugar donde aliviarse.

    Enseguida alcanzamos la zona de las dunas, allí Belén se bajó los leggings y las braguitas y comenzó a miccionar sus dorados líquidos. Contemplar y escuchar el sonido de sus fluidos me excitaba mucho. Ella me miraba a los ojos fijamente.

    -¿Te gusta verme, Helena?.- Interpeló mi hija.

    -Mucho Belén, eres muy traviesa, me calientas y luego me dejas a medias, como esta mañana al despertar.- Respondí pícaramente.

    -Bueno, todo a su tiempo cariño. Tal vez pronto me supliques clemencia ji, ji…

    Se limpió su velluda vagina con un clínex e iniciamos el camino de vuelta a casa.

    *********

    ¡Belén tesoro, mi equipaje ya está listo!

    -Mamá, ¿Puedes venir un momento?- Solicitó mi vástago desde la habitación de invitados.

    -Si ya voy amor- Contesté solicita

    -¿Necesitas que te ayude con tu maleta cielo?

    -No, es que quiero que antes de irnos nos pongamos un dilatador anal. Necesito saber si alguna de tus exnovias te desvirgo tu ano. Quiero que me entregues tu ano. Y quiero entregarte el mío. Dios que caliente me pone todo esto.- Confesó Belén con cierta timidez.

    -Guau… Cariño, no te andas por las ramas. Te diré que sigo siendo virgen por detrás. Todas mis exnovias fueron muy convencionales, y no les gustaban esas cosas para mi desgracia. Yo siempre fantaseé con ello, pero no se dió

    -Entonces, ¿Quieres estrenarte conmigo, amor?- Inquirió Belén con impaciencia.

    -Si mi cielo, ¿Lo dudas?- Respondí con entrega, devoción y deseo.

    -Quítate las bragas y los pantis. Nos los pondremos antes de partir a la ciudad. No me aguanto mas.- Solicitó Belén con su dulzura habitual.

    Me quité mi pantyhorse, mis bragas y me puse a cuatro apoyando mis manos sobre la cama. Belén se arrodilló detrás de mí y besó mis nalgas. Se untó las manos de lubricante, abrió mis glúteos y besó mi oscuro ojete. Lo lubricó con saliva y después con sus húmedos dedos para acabar penetrándolo con una de sus falanges. Me sentía empapada, mi piel se erizaba, y mis caderas eran incapaces de estar inmóviles. Antes de poder darme cuenta sentí un pequeño ardor. Belén ya me había penetrado con su juguete nuevo.

    -Ya está amor, ahora las bolas chinas en tu coñito y estarás lista para el viaje, ¡ja!

    Me sentía penetrada doblemente por primera vez, a mis cuarenta y nueve años. Me encantaba la sensación de entrega total con Belén. Mi vagina chorreaba y no pude evitar correrme. Mi hija me ayudó con su mano, pues era plenamente consciente de mi ardiente estado.

    -¡Oh Belén mi amor!, conseguiste lo que buscabas; hacerme estallar. ¡Ah! ¡Mmm!, ¡si!

    -Disfruta mi Helena, después yo misma te asearé y me harás lo mismo a mí ¿Sí?- Aseveró mi incestuosa amante mientras frotaba mi clítoris rítmicamente.

    Tras varios chorros y espasmos, mi hija me lavó y preparó ropa limpia, para después solicitarme le insertara sus juguetes con una escueta frase:

    «Ahora me toca a mí».

    Se retiró su falda negra y bajo sus bragas azules dejando a la vista su frondoso matojo negro. En posición de perrita y apoyando sus brazos en la cama, me permitía contemplar todo su culo y vulva, ambos aún por lubricar.

    -Date prisa amor, quiero sentirme llena- Imploró Belén mirándome un instante.

    Me lubriqué la mano y seguidamente lo hice con su ano y labios vaginales, aunque estos últimos no lo necesitaban; pues ya los encontré encharcados.

    La penetré el ano con mi dedo índice, permaneciendo en su interior unos instantes. Quería sentir el calor que desprendía mi hija y a la vez que ella disfrutara de tenerme dentro. Sabía que Belén deseaba entregarme su virginal retaguardia. Yo también anhelaba entregarle mi culo virgen, quería que ella fuese quien me sodomizase. Pero no era el momento, ahora debía colocarle el dilatador anal y así lo hice, con sumo cuidado y bien lubricado fue cuestión de segundos que lo tuviera dentro.

    -Ya está cariño, ¿te sientes bien?- Le pregunté solícita.

    -Si Helena gracias, se siente rico. Ahora faltan las bolas chinas, quiero sentirme doblemente poseída por ti.- Me dijo excitada y con cierta impaciencia.-

    Mi intención era obedecer y marchar de camino a la ciudad, pero mi grado de calentura había superado el límite.

    -Un momento tesoro, voy por una toalla, enseguida vuelvo.

    -¿Una toalla? – Preguntó Belén, incrédula y curiosa.

    -Si amor, es que no me aguanto.

    Coloqué la toalla entre las piernas de mi hija, me lubriqué generosamente la mano y comencé a rozar su vagina. Le introduje con suavidad todos los dedos a la vez en su chocho. Estaba empapado. Notaba como su vulva apretaba y succionaba mi mano con suma facilidad. Apenas apreté un instante y todo el puño estaba en el interior de mi amada. Inicié un movimiento lento, pero cadencioso, al que las caderas de Belén pronto acompañaron rítmicamente. Mi puño estaba follándose a Belén, era lo que ella quería, sentirse penetrada doblemente. Por mi puño, y por el dilatador anal.

    Su espalda se arqueaba, proporcionando más placer y más fuerza a sus caderas. Su cuerpo ya sudaba, su boca empezaba a delatar, que estaba excitada, y que disfrutaba enormemente.

    -¿Te gusta Belén?- Interpelé excitada.

    -Demasiado cariño, gracias lo deseaba. No quiero que pares, estoy cerca de explotar.

    Contemplar a Belén a cuatro, su culo con su dilatador, moviéndose al ritmo de mi puño hacía que mis pezones se endureciesen como si fueran granito. De pronto su vagina se convirtió en un mar de fluidos, escupió varios chorros a los que ayude con mi mano a aumentar. No pude evitar acercar mi boca a su vulva y sentir como su íntima cascada regaba mi rostro e inundaba mi boca.

    -Ah, oh, mmm Helena, me matas amor, ah!- Pronunciaba Belén agotada y en éxtasis.

    Permanecimos varios minutos abrazadas, sin movernos, de rodillas. Solo el sonido de nuestro respirar reinaba en la casa.

    -Se nos hace tarde, cariño comentó Belén, recuperada ya de nuestra enésima travesura.

    El viaje transcurría en orden, Belén se lo pasó con los ojos cerrados, escuchando música en su MP4. Yo no dejaba de pensar en lo deprisa que había ocurrido todo. Aún me costaba creer que ya éramos amantes, descubrir el lado sumiso y morboso de mi hija en la intimidad. Mi ser era un mar de sentimientos, sensaciones, vivencias que me hacían sentir joven y plena. Amaba a Belén y era consciente de la situación nada convencional que estábamos viviendo, pero no estaba dispuesta a renunciar a algo tan hermoso y tan real. Aunque era consciente del riesgo y de lo prohibido que era nuestra relación. La vida era un suspiro y quería beberla trago a trago sin importarme lo que era correcto, moral o prohibido.

    Tras dos horas de travesía llegamos a casa. Era una gran vivienda de estilo montañés. De dos plantas, la primera adornada con un amplio arco de entrada y la segunda con una gran balconada de madera que recorría todo el frente de la misma. Las paredes eran de piedra caliza, y el tejado de roja teja. Ambas le daban un aspecto entre noble, robusto y añejo. El jardín era amplio, el césped bien cortado, de eso se encargaba un lugareño que teníamos contratado; meticuloso y efectivo. Rodeando la finca lucían unos antiguos hayas, plantados en una época lejana por mis abuelos en los primeros años del siglo pasado. Nunca pude concebir un lugar mejor para vivir, era donde había nacido, crecido, mis mejores recuerdos estaban allí. El sitio favorito de Belén era la piscina, adosada a la casa, se edificó por parte de mis padres cuando yo era una niña. Era con techo y climatizada para poder utilizarla durante todo el año, dadas las inclemencias climatológicas propias del norte de España.

    Ya de vuelta en nuestro hogar dediqué la tarde a ordenar mi estudio. Era donde pasaba gran parte de mi tiempo. Era aficionada a la pintura, sobre todo me gustaba pintar paisajes, admiro a Sorolla o Marcelo Fuentes. También me atrevía a pintar desnudos, pero en raras ocasiones.

    Belén se pasó la tarde en la piscina, le encantaba nadar. Cuando estábamos a solas lo hacía desnuda. Amaba sentir el agua sobre su piel y yo, amaba disfrutar de su hermoso cuerpo.

    Apareció en mi estudio. Lucía divina, con su cabello mojado, y su desnudo cuerpo apenas abrigado por un albornoz verde que yo le había regalado el invierno pasado.

    -Hola cariño, aún no me dijiste donde me llevaras a cenar.

    -Hola mi cielo, cenaremos en un restaurante del centro. Ya lo conoces, ¿Recuerdas donde celebramos tu cumpleaños?-.

    -Si claro, ¿Cómo se llamaba?, ¿Los Tamarises?

    -Exacto, me gusto mucho la comida, tengo un grato recuerdo de aquel día.

    -Yo también Helena.- Respondió.

    *************

    Eran las siete y media de la tarde y Belén, como siempre, se hacía esperar. Yo escogí un traje chaqueta tipo esmoquin en rojo. Los pantalones entallados a mi justa medida, me gustaba resaltar mis largas y estilizadas piernas; y blazer con solapas y botones satinados sobre una fina combinación con encaje, calzaba zapatos blancos con un tacón medio.

    Ya cuando estaba por consumir mi segundo cigarro apareció ella, Belén, con un minivestido lencero de Zara en tonos nude. Le había añadido un cinturón que resaltaba su silueta y lo combinaba con unas zapatillas que le aportaban un look muy deportivo.

    Decidí que no iríamos en auto, el restaurante estaba en el centro y así también nos permitiría tomar una copa si surgía la ocasión. Además, el tráfico a estas horas es mortal.

    La cena trascurría y nos sentíamos felices, disfrutando de nuestro amor y compañía. Era tan hermoso perderme en sus ojos azules, su sonrisa nacarada, sentir el tacto de sus manos.

    -Dime Helena, ¿Qué tal lo llevas?.- Me inquirió Bélen con su dulzura habitual.

    -¿El qué cielo? – Repliqué sin saber.

    -Lo que llevamos puesto desde esta mañana, ¿Cómo te sientes?.- Contesto esbozando su pícara sonrisa.

    -¡Oh!, eso… Me siento como nunca, excitada, mojada, echa un mar de sensaciones. Como si estuviese penetrada por dos hombres a la vez. Es una sensación nueva, y te confieso que muy placentera. Y tu tesoro, ¿Cómo estas con los juguetes dentro de ti? – Le pregunté ansiosa.

    -Pues verás, me siento ardiendo todo el tiempo. Húmeda, excitada y de muy buen humor. Es el mejor antidepresivo que pude imaginar ji, ji… -Sonrió mi hija.

    -Me alegro mucho que así sea amor. Tuviste una gran idea comprando esos juguetes.

    -Pidamos la cuenta mamá, quiero invitarte a una copa en un pub. Quiero que lo conozcas, he estado un par de veces y es muy agradable.

    Pedí la cuenta y nos dirigimos al lugar. Estaba a unos diez minutos en auto desde el restaurante. Tomamos un taxi. Durante el trayecto, Belén me explicó que conoció el pub por mediación de una amiga suya de la universidad. Trabajaba allí de camarera para ganarse un dinero y así poder financiarse sus estudios.

    Pagamos el taxi y entramos en el Bar de copas. Tenía un aire a pub inglés, se llamaba Morgan, todo en el sitio era de madera y las paredes acabadas en ladrillo rojizo, dándole un aspecto sobrio y vetusto. Nos acercamos a la barra y pedimos nuestras bebidas favoritas. Nos atendió Susana, la amiga de mi vástago. Era alta y delgada, de tez blanca y cabello moreno. Llevaba tatuajes en los brazos y un pequeño anillo en la nariz. Sus ojos eran grises y sus labios finos, a la vez que su boca pequeña. Me pareció muy sexy y simpática.

    -¡Hola Belén, que placer verte por aquí, y en qué buena compañía! Nos saludó Susana amablemente.

    -Buenísima compañía, ya lo creo.- Respondió Belén mirándome con ojos de complicidad.

    -Te dije que vendría más veces a visitarte, y aquí me tienes. Ella es Helena, una gran amiga.

    -Encantada.

    -Es un placer Helena-. Contestó Susana dándome dos besos, uno en cada mejilla.

    Nos sirvió nuestras bebidas y continuó con su trabajo. Disfrutamos de la copa hablando de nuestras cosas, mirándonos, tocándonos… En definitiva coqueteando. Susana no paraba de observarnos, aprovechó un momento y se acercó a nosotras.

    -Perdonad chicas, quisiera recomendaros el club privado, merece la pena.-

    -¿El club privado? – Preguntó mi hija.

    -¿Veis aquella puerta roja del fondo? -Señaló Susana.

    -Pagando una módica cifra, cada una podéis pasar el tiempo que queráis, merece la pena de verdad.

    -Gracias por la recomendación, y encantada de conocerte Susana.- Le dije risueñamente.

    -El placer fue mío bombón, me contesto Susana con mirada de pantera en celo.

    Me sentí halagada por aquella joven tan sexi, aunque pude ver en Belén cierta mirada celosa. Lo cual me calentaba mucho. Agarré a mi hija de la mano y nos dirigimos a la puerta roja. Pagamos veinte euros cada una en la máquina que estaba insertada en la pared y abrimos la puerta. Bajamos por unas escaleras estrechas y llegamos a un amplio local decorado como en los años 30 del siglo pasado. Todo muy elegante y nuevo. Sonaba música jazz, tenía una barra de madera adornada con un acabado dorado, una zona para bailar y otra en la que te podías sentar y tomar una copa. Las lámparas eran grandes y te hacían recordar a las películas de antes. Pero noté algo que me sorprendió por encima de todo, todas las que estábamos en el lugar éramos mujeres.

    -Cielo, ¿Esto es un club lésbico verdad?

    -Si mamá, quise que fuera una sorpresa. Me apetecía tener una cita contigo y que te sintieses cómoda conmigo.- Explicó Belén con dulzura.

    -Amor siempre estoy cómoda contigo.- Le dije poniendo mi mano en su nuca mientras la besaba.

    -¿Te gusta?

    -¿Quién cielo?, no entiendo.-Respondí confusa.

    -Susana. La deseas, me fijé en como os mirabais.

    Los ojos de Belén se mostraban llorosos. Pude ver tristeza en ellos, eso me mató. Acaricié su rostro y besé suavemente sus labios:

    «Te amo cariño, Susana solo es una joven bonita, nada más.»

    Pasamos un rato agradable bailando, yo estuve todo el tiempo mimándola. Intentaba hacerla sentir bien, pero ella, detrás de su sonrisa de diosa etrusca, escondía un halo de tristeza.

    -Tesoro, quiero que volvamos a casa, quiero entregarte mi culo virgen. Sé que lo deseas y quiero que sea esta noche.- Le susurre en su oreja mientras bailábamos agarradas con mis manos en sus glúteos.

    -Te dolerá, ¿Lo sabes verdad? – Me contesto seria y mirándome fijamente.

    -Lo sé mi amor, quiero que me folles y revientes, si eso es lo que deseas.- Asentí retando su mirada.

    Belén me tomó de la mano y nos volvimos a casa. No pronunció una sola palabra en todo el trayecto. No me soltó la mano tampoco. Permanecía absorta en sus pensamientos mientras yo me sentía cada vez más excitada, imaginando nuestra noche de sexo prohibido…

    *************

    Entramos en casa y Belén seguía sin soltarme de su mano. Me condujo en silencio a nuestra habitación y con voz seria me ordenó:

    «Quítate la ropa y acuéstate sobre la cama boca abajo»

    Debo confesar que interpretar el papel de sumisa me tenía ardiendo. Mi coño parecía la albufera valenciana, una laguna de fluidos deseosos de ser degustados. Belén ya estaba desnuda, permanecía de pie y lubricaba un consolador anal. Era más delgado y corto que un pene de látex convencional. Se puso de rodillas en la cama y me abrió los glúteos sacándome el dilatador anal de forma brusca.

    -¡¡Ah cielo más suave me haces daño!!

    -¡Shhh!, ¿te he dicho que puedas hablar? Hoy te portaste mal cariño, mereces un castigo. Hablarás cuando se te diga.- Sentenció Belén dando varios azotes en mis nalgas.

    Jamás pude imaginar que este juego de sumisión me pusiese tan cachonda. Los azotes fueron demasiado para mi coño y de mi esfínter comenzaron a emanar varios chorros que sorprendieron a mi hija.

    -¡Guau!, parece que sigues queriendo portarte mal, ¡mira que eres puta Helena!

    Se sentó sobre mi espalda y agarrando el consolador me penetró mi ano de manera brusca. Sentí un fuerte dolor, acompañado de un ardor intenso. Mi boca mordía las sábanas, no quería darle el gusto de gritar. Belén con su otra mano me retiró las bolas chinas de mi chocho, bruscamente por supuesto; y comenzó a masturbarme. La mezcla del dolor en mi ano, y el placer de sus dedos en mi coño me tenía en un clímax casi permanente. Sentía que mi hija estaba excitada y disfrutando tanto o más que yo. Eso me hacía feliz, como nunca lo había experimentado con ninguna otra mujer.

    -¿Te gusta ser mi puta Helena?

    -¡Siii, ahhh, mmmm no pares, siii! – Respondí en medio de mi segundo orgasmo.

    -Si ¿Qué? – Insistió mi hija azotando de nuevo mis nalgas.

    -Siii, ohh, ¡Dios no pares que me vuelves loca!

    -¡Contesta a mi pregunta Helena, harás que me enfade aún más!- Exigía Belén mientras seguía azotando mi pompis.

    -¡Sí adoro ser tu puta!, ¡Oh, ah, me corroo! – Respondí fuera de mí, incapaz de controlar la catarata de chorros que salían de mi peluda vagina asemejándose a una tubería averiada que vierte agua sin control.

    Mi hija, al ser consciente de aquel orgasmo brutal, dejó el consolador en mi ano y acerco su boca a mi íntimo manantial probando mis lascivos fluidos como lo hacen los sedientos al llegar a un oasis.

    Ya embrutecida de mi íntimo elixir, se incorporó y colocó sobre su cintura y vagina un arnés. La verga era larga y gruesa. Se ajustó bien el juguete y lo lubricó con premura. Mientras yo, entre jadeos, me deleitaba con su cuerpo desnudo y sudado que pronto abriría mis entrañas de nuevo.

    -Ponte a cuatro.- Ordenó Belén impasible.

    Obedecí rauda y veloz, deseaba me follara con esa verga de látex como si fuese una yegua a la que preñar. Nunca me había sentido tan excitada y caliente como esa noche, sentir a mi hija tan dominante, enfadada, y distante conmigo; permitió descubrir en mí cosas que ni yo misma conocía.

    -Helena, abre tus nalgas con las manos.-Sentenció Belén con voz más dulce.

    Obedecí ansiosa de tener a mi amor dentro. Acercó la verga a mis labios, empapados tras varias corridas, y me penetró despacio. Permaneció unos instantes dentro de mi chocho, después rozó mi agrandado clítoris con el glande, lo que hizo que volviesen a salir de mi ser pequeños chorros de flujo que iban acompañados de espasmos y respiraciones aceleradas.

    -Mmmm, ah, oh, pufs… ¡Tesoro que bien lo haces, fóllame duro, hazlo, por favor, no aguanto más!

    -¿Te di permiso para hablar?, contestó Belén.

    -Perdón mi amor.

    -Veo que no acabas de obedecer del todo, abre la boca.- Ordenó con voz firme.

    Dejó de penetrarme y me folló la boca con su arnés, provocando casi de manera instantánea mis primeras arcadas.

    -¿Ves lo que ocurre si no te comportas como es debido cariño?, tengo que enseñarte buenos modales.

    -Si amor, tengo mucho que aprender, enséñame tesoro.- Contesté torpe e ininteligible con la polla en la boca.

    Fue en ese instante cuando sentí a mi hija totalmente excitada. Se incorporó, y se desató su arnés con suma prisa. Volvió a la cama y se sentó en mi cara con agilidad felina, comenzando a frotar su enorme botón. Un chorro grande, brusco y largo bañó mi rostro y alimentó mi boca por varios segundos.

    -¡Ah joder me corro!, ¡Helena, te amo!.- Gritaba Belén fuera de sí mientras yo era incapaz de articular palabra. Me sentía en un permanente estado de felicidad y plenitud. Viviendo momentos que jamás pensé ni imaginé.

    De pronto, mi amor se incorporó y mirándome dijo:

    «Esta noche dormiré en mi antigua habitación. Sigo celosa y enfadada.»

    -Cariño, quédate a dormir conmigo, no te marches.- Suplique enamorada.

    «Trata de dormir mamá, mañana todo estará olvidado.»

    Belén se marchó desnuda de la habitación, dejándome bien follada y con ganas de repetir.

  • Chat hot en una página

    Chat hot en una página

    Contando rápidamente a inicios del 2020 fue cuando comencé a tener curiosidad por los hombres y me costó casi 3 años aceptarlo, actualmente soy bisexual.

    Apenas este año comencé a buscar hombres y comencé por instalar una App de citas y me hablo un chico cercano a mi casa y platicamos un poco hasta que me pregunto que me gustaba del sexo y si había tenido sexo con alguna mujer cosas así, fue cuando me pidió mandarle fotos, hicimos intercambio de nuds y cuando vio mis fotos quedo fascinado con mi culo y pene, cuando vi foto de su pene me genero una palpitación enorme tenía ganas inmensas de que me cogiera.

    Para poder calmar esas ganas me he cogido con consolador, por la misma app he hablado con varios hombres aunque pocos me atraen sinceramente ya que los hombres no me atraen en el ámbito sentimental, caso contrario a una mujer.

    Por varios días cuando me masturbaba me lo imaginaba en ocasiones cogiéndome duro sin parar y hemos tenido varios chats así y si me ha dicho que cuando hacemos encuentro pero hay dos problemas una es que nuestros horarios son distintos y casi no se puede y otra es que no me he sentido listo para dar ese paso el coger con un hombre porque me encantaría pero luego me arrepiento ya que suelo ser muy desconfiado.

    Después contare otras historias así.

  • Con el carpintero Manuel

    Con el carpintero Manuel

    Soy de Argentina, pero me vine a vivir a México por razones laborales y económicas.

    Cuando llegué a México instalé una aplicación para conocer gente de aquí, ya que no conocía a nadie en absoluto.

    Gracias a esa maravillosa aplicación he empezado a hablar con un hombre. Solo sé dé Manuel lo básico, es carpintero, tiene 45 años, dos hijas mujeres y 1 hijo, casado y con una muy buena verga porque ya me la ha enseñado en fotografías.

    Tal vez piensen que soy una mala mujer por hablar con un hombre que ya está casado, pero la tentación es más fuerte que yo y la verdad que no me importa demasiado.

    Él también sabe de mí muy poco, que tengo 20 años y soy escritora de novelas de terror.

    Por eso mismo es que decidí enviarle un mensaje a Manuel hoy, porque quiero un mueble para mis libros hecho de madera y también conocerlo en persona.

    Él me respondió que no hay problema y que dentro de unas horas cuando lo termine me lo va a traer a mi domicilio.

    Las horas pasan y por fin escucho el timbre de la puerta.

    Cuando abro veo a un hombre alto, de pelo negro medio gris, pero aún no se nota mucho, cejas gruesas del mismo color del cabello, ojos oscuros, en fin un hombre atractivo y a su lado había un mueble de madera.

    -Manuel- apenas me salió la voz por mi sorpresa.

    -Eres tan hermosa- me dijo el y la calma me invadió cuando entro a la casa y me dio un gran abrazo como hacía rato que no recibía.

    No quería separarme nunca de su abrazo, pero lo hice para verlo a los ojos y que él me diese un beso en la boca como yo lo esperaba.

    Estaba besando al hombre con el cual he hablado tanto tiempo y ni aun así lo podía creer, por eso ambos decidimos ponerle más énfasis al beso.

    Él abrió un poco más la boca y yo puse mi lengua adentro y luego la de Manuel asalto la mía tomándola prisionera para saborearla despacio y luego con velocidad.

    Nos olvidamos del mueble afuera y yo tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para romper ese beso y entrarlo.

    -Disculpa, me he dejado llevar- dijo Manuel.

    -Sigamos en lo nuestro, mi amor- le respondí acercándome devuelta y uniendo nuestras bocas para que podamos saborearnos nuevamente.

    Pero esta vez él hizo algo más que solo besarme. Bajo sus manos libres a mi cintura y luego fueron lentamente a tomar mis dos nalgas para masajearlas.

    Dejo de besarme en la boca para empezar a besarme en el cuello con mordidas mientras que sus manos seguían en mi trasero y esos besos fueron mucho mejores.

    Luego me levanto para que quede arriba de él para caminar hasta mi habitación sin dejar de besarme en las mejillas.

    Cuando llegamos al dormitorio él me poso en la cama con mucha suavidad como si yo fuera el cristal más valioso del mundo.

    Se acostó encima de mí, yo puse ambos brazos en su cuello y nos volvimos a besar, pero esta vez los besos fueron lentos.

    Con esos besos tan dulces nos quitamos la ropa lentamente y ambos nos pudimos contemplar desnudos, Manuel se inclinó hacia mí para hacer un camino de besos con su maravillosa boca que empezó desde mi cuello, luego toda la curva de mis pechos y finalmente llego a mis tetas donde puso ambas de sus manos al mismo tiempo que succionaba con su lengua y yo gemía mientras le acariciaba su fuerte espalda.

    Siguió lambiéndolas con mucho frenesí hasta que ya no pudo aguantar más y con un movimiento de su pelvis coloco su grueso pene entre mis tetas y empezó a moverse.

    A partir de esa acción la estimulación tomo otro rumbo por parte mía que hasta el momento me estaba dejando hacer por ese hombre.

    Saque la lengua y abarque toda la cabeza de su pene mientras Manuel seguía haciendo movimientos con su pija en mis senos.

    Después decidí ir más a fondo y me metí toda su pija entera en mi boca.

    El no dejo de moverse nunca aunque mi boca estaba llena de su verga, pues, quería que yo se la chupara profundo y así lo hice mientras le acariciaba sus testículos.

    Con una violenta embestida su pene llego al fondo de mi boca y exploto todo su esperma caliente y abundante hasta llego a la zona de mis senos de la gran cantidad que era baje la vista hacia mis tetas y estaban llenas de gotas de su caliente leche, pero Manuel no me dio mucho tiempo para mirarme porque me agarro de la cintura y me clavo su pija en la vagina de repente.

    Yo quede a horcajadas encima de él con un gesto de sorpresa y excitación por su precipitada acción de empezar a penetrarme, tampoco he podido pensar mucho en eso porque volvió a poner las manos sobre mis caderas para elevarme y hacerme saltar sobre su verga al mismo ritmo que sus embestidas.

    Era tan rico sentir su verga entrando y saliendo de mi coño mientras que sus dedos me apretaban para hacerme saltar más fuerte, más rápido.

    Llegamos a una velocidad que es considerada como sexo salvaje y con una embestida final para mi vagina tuvimos un delicioso orgasmo los dos al mismo tiempo.

    Pero se ve que Manuel tenía más ganas de seguir cogiendo porque después me puso en cuatro y me penetro el trasero con una de sus manos en mis pechos y la otra dándome unas fuertes nalgadas que sonaban muy fuerte contra mi piel.

    Su pija era gruesa y con una buena cabeza, por lo tanto a las embestidas por el trasero las sentí y las disfrute muchísimo y Manuel también porque con una final eyaculo lo que le quedaba de semen.

    Se acostó en la cama y yo me acosté con mi cabeza en su pecho, nos volvimos a besar y él me acarició el rostro.

    -Nena, eres maravillosa y ahora que te encontré no voy a dejarte nunca- me dijo esto y me dio otro beso mientras yo le pedía que se quedara a dormir.

    -Van a ser así todas las noches, mi amor- me aseguro.

    Y desde esa tarde soy su novia a escondidas.

  • Con mi amigo de vacaciones

    Con mi amigo de vacaciones

    Cuando conocí a mi actual mejor amigo él tenía novia, pero cortaron no mucho después de conocernos, para ese momento yo empecé con mi novio.

    Recuerdo una vez, estaba yo apoyada en la parada del bus y él enfrente de mí y juro que quería besarle para ver si me gustaba.

    Ahora mismo estoy de vacaciones con él y llevo un mes sin ver a mi novio por lo que estoy muy muy cachonda y tengo muchas ganas de que alguien me toque o al menos de correrme, pero estamos constantemente juntos.

    Ayer por la noche le empecé a hacer cosquillas y al final él me sujetó e hizo la cucharita para que no me moviera, seguí molestándole y creo que él también andaba con ganas porque no dejaba de ponerse encima de mí.

    Amo a mi novio, pero necesito hacer algo, no puedo con lo caliente que estoy, he intentado masturbarme, pero siempre acaba siguiéndome a todas partes.

    Sé que debo de aguantar y no ser infiel, pero si yo le paro después de que él empiece no pasará nada, por lo que no soy culpable si le incito inocentemente.

  • Carla y su fijo M con dos amigos en Asunción

    Carla y su fijo M con dos amigos en Asunción

    100% real. Al día siguiente del reencuentro con M en Asunción del Paraguay, M trabajaba todo el día pero tenía una cena planeada con dos amigos ejecutivos de otras compañías, a la cual obviamente concurriría con Carla.

    A pedido de uno de los amigos, la cena pasó a ser almuerzo, M hizo un lugar en su agenda y se lo hizo saber a Carla.

    Para evitar grandes desplazamientos, el almuerzo se realizó en el mismo hotel en que se alojaban M y Carla.

    Lo convenido fue que Carla estría en la pileta tomando sol, el clima estaba perfecto en Asunción pese a ser invierno, y al encontrarse M y sus dos amigos en el lobby, le avisaban y mientras ellos conversaban y pedían mesa, Carla subiría a la habitación y se cambiaba, bajando a almorzar con ellos.

    Todo esto me lo detalló por teléfono y luego, ya personalmente.

    Todo, obvio, fríamente calculado con M para que si se daba, Carla disfrutara y obtuviera provecho de los amigos durante la tarde.

    Carla calculó la hora prevista de llegada de ellos y se metió al agua en la pileta del hotel. Bikini negro bien chiquito tipo hilo. Cuando los vio acercarse a la pileta salió, chorreando agua, se había preparado mientras disfrutaba del agua. Bikini metido en la concha, dejando los labios a la vista, algunos pelitos a la vista por encima de la tanga del bikini, la parte de arriba del bikini, un poquito baja sin mostrar nada escandalizante.

    Al llegar M y los visitantes, Carla fingió sorpresa, salió del agua y saludó a M con beso en los labios, tendió la mano a los dos amigos, manteniendo distancia como para no mojarlos, pero al mismo tiempo se aseguraba que la vieran de frente.

    -Voy a vestirme para almorzar y vuelvo! Y se fue a ponerse la bata que tenía en su reposera, asegurándose que la vieran de atrás, sólo el hilo de la tanga, el culo firme y hermoso con gotas de agua brillando al sol.

    -No te vistas demasiado formal, ganarás tiempo y creo que mis amigos piensan llevarte a conocer la ciudad después del almuerzo, así irás mas cómoda, le dijo M.

    -En serio? Que gentiles! Entonces no me aburriré paseando sola.

    —Justamente, no queremos que te aburras, acotó uno de ellos.

    En no mucho tiempo ya Carla bajó, vestido fresco, mini, plisado, blanco con cinturón y con el frente desde la cintura hacia arriba, abotonado con pequeños botones azules, sandalias de taco muy alto.

    El frente, con tres botones desprendidos que permitían suponer la ausencia total de corpiño, corroborado por el visible movimiento de las tetas bajo el vestido, aunque éste no era del tipo con transparencias. Sandalias acordes al calor imperante, de taco alto.

    Sobre las 14 y 30 ya habían terminado de almorzar, muy sencillamente, y M debía regresar a su trabajo. Lo hizo no sin antes encargarles que se divirtieran, y que sus amigos cuidaran de Carla.

    -Nos encontramos de nuevo aquí amor? Dijo Carla.

    -Sí, sobre la tardecita, a eso de las 18 o algo mas, depende de mis reuniones. Diviértanse!

    -Sí? Sin límites amor?

    -Desde luego, tú sabes divertirte.

    Se despidieron y salió Carla con los amigos de M a recorrer la ciudad. SUV de gran tamaño, vidrios negros, uno de ellos y Carla adelante, y el otro en el asiento trasero detrás de Carla.

    Al subir, ya el vestido mini quedó por los muslos. El conductor miraba y el que iba atrás se esforzaba por mirar ja ja.

    A los doscientos metro de manejo, ya el que iba detrás tocó la, cintura de Carla, seguramente avisado por M de su liberalidad, con el pretexto de indicarle que mirara algo.

    Al minuto fue el que conducía quien le apoyó su mano derecha en el muslo izquierdo para indicarle que mirara algo.

    De pronto, Carla recordó que había estado mirando prendas en sitios web de sex shops de Asunción.

    Mientras, ya el conductor, llamémosle Miguel, había levantado el vestido casi totalmente, y el acompañante, Carlos, le acariciaba las tetas desde atrás y por encima del vestido, y accedieron a llevarla al sex shop que Carla sugirió.

    Llegaron, estacionaron y siguieron algún minuto con el manoseo, ya con acceso las desnudas tetas y concha de Carla. Antes de acabarse en el coche, decidieron bajar y Carla se tomó su tiempo comprando lencería para lucir en Montevideo, y simplemente porque siempre viene bien tenerlo, un nuevo strap on de gran tamaño y color negro, de los de inserción, sin cintas de ajuste.

    Lógicamente ellos, generosamente pagaron la cuenta, y Miguel propuso ir hasta su casa de descanso sobre el Río, que lógicamente estaba vacía en un día de trabajo.

    Con Carlos que seguía fregando con entusiasmo las tetas de Carla, quien se había subido al asiento trasero en el sex shop, llegaron a la casa de Miguel, se refrescaron tirándose desnudos a la piscina. Es hermoso como se está aquí dijo Carla, voy a llamar a M para que venga.

    Hecha la llamada, acordado con M que viniera a la casa, y de acuerdo Carla con M en que se divirtieran como fuera, siguieron jugando en la piscina.

    Desnudos, ellos de verga dura, hasta que se sentaron ellos al borde y Carla desde el agua, les comenzó a practicar oral alternadamente, hasta hacerlos acabar y con gran jolgorio hacerlos terminar manualmente arrojando el semen al agua.

    Salieron, la manosearon y le chuparon y mordisquearon todo, desde los pies a la nuca. Deteniéndose con regocijo a chuparle y lamerle concha y culo y obviamente los pezones.

    Pasaron un rato descansando tendidos en el césped, con esporádicas caricias y besos de lengua, mientras Carla les contaba de mi y de nuestras aventuras. Quedaron impresionados con “La Subasta”, les encantó la idea; y con el hecho de que ella fuera capaz de ubicar a su padre, no reclamarle nada, y coger con él a modo de descarga espiritual.

    Interesados en el tema subasta, dijeron a M en cuanto llegó, que para su próxima visita a Asunción querían que volviera a invitar a Carla, por mas tiempo, y así organizar algo similar a la subasta de Punta del Este.

    Con los posibles interesados que ellos conocen, no dudaron en aventurar cifras astronómicas. A todo ello accedieron M y Carla sin problemas y anticipando diversión y provecho.

    Otro punto de interés para Miguel y Carlos resultó ser el gusto de Carla de que le acaben adentro. Lamentablemente ellos en ese momento no tenían análisis a mano pues no suelen escaparse de sus casas, y dijeron enfáticamente que para la siguiente visita, en un mes aproximadamente, tendrían sus análisis a mano y también encargarían a los participantes de la futura subasta que se los hicieran.

    Con un mes de tiempo, les aseguraron que tendrían a lo mejor de lo mejor del mundo financiero-industrial de Paraguay, pujando por Carla!

    Respecto a esa tarde, visto la imposibilidad de hacerlo sin protección, y que ya era el segundo de los tres días de ella en Asunción, Carlos y Miguel les dijeron que les respetarían las ganas que seguramente tenían M y Carla, y que ya habría tiempo de cogerla en alguna visita de ellos a Montevideo o en la próxima de Carla y M a Asunción.

    M y Carla les agradecieron infinitamente, “ves Carla? Éstos son amigos!”

    Sin embargo Carla dijo que aunque apreciaba el gesto, no quería dejarlos con solamente un oral a cada uno. Que les haría otro y que para informar de sus bondades a los futuros participantes de la subasta, la verían cogiendo con M, a cuenta de lo que cogerían esa noche.

    Sin esperar respuesta se hincó en su toalla sobre el césped, y comenzó a chuparse los dedos y a masturbarse, lentamente primero, más rápido después, hasta que pidió: Tráiganme la bolsa de compras por favor! La trajo Miguel, rápidamente, y Carla sacó a relucir el strap on, no para usarlo como tal, sino que se lo metió en la concha lentamente, en toda su longitud, mostrando que bien le entraba.

    Luego sí, se lo calzó metiendo las protuberancias correspondientes en vagina y ano, y haciendo que vieran como parecía un hombre con excelente pene bien duro. “A mas de uno se lo vas a meter” comentaron… “Y a mas de una también” respondió ella.

    Vuelta a la normalidad, M ya desnudo, Carla hizo el acostumbrado show de doblar la cintura frente a ellos, mostrando concha y culo… “Por favor me la refriegan un poquito?” Les susurró.

    Mirando a M que asintió, Miguel y Carlos se acercaron, Miguel le refregó la verga en la posición en que Carla estaba, rozando los labios y el chiquito sin penetrar, mientras que Carlos prefirió refregársela en misionero, por los labios y el capuchón del clítoris, llegando a veces hasta sus admirados, y bellos, pelitos.

    A continuación, en cucharita y con Carla de frente a los amigos, fue el turno de M, que obviamente se la metió a fondo, mientras le susurraba que “es el comienzo de todo lo que te daré en la noche”. A veces el movimiento de vaivén era de M, a veces era Carla la que se movía con la verga adentro.

    Al rato llegó la eyaculación, y Carla le limpió prolijamente su miembro a lengüetazos, y a continuación fue el turno de los orales a Carlos y Miguel, admirables orales como siempre, con chupada, lamida, garganta profunda y eyaculación en la boca, mostrando la leche en la lengua y tragándola con una sonrisa. Nueva masturbación de Carla, aprovechando los fluidos que escurrían de su concha, y todos a la piscina a refrescarse.

    Abandonaron la casa, dejaron a Carla y M en el hotel y se citaron para una vez mas en Montevideo o Asunción, lo que se diera primero.

    Carla y M cenaron, pasaron una noche a puro sexo. Carla se interesó por Marianne, la esposa de M, a quien tiene ganas de volver a ver. Y así llegaron al día de la despedida y regreso de Carla a Montevideo, sola, pues M se iba a otro lado.

  • Follada otra vez (5): Recuerdos

    Follada otra vez (5): Recuerdos

    Hola amiguis, les cuento otra aventura. Hoy me levanté pensando en un chico que fue mi amante hace años, su nombre era Chano.

    No era muy guapo, pero sí fortachón y con un miembro exquisito. Grande, como 25 cm, grueso, como de 10 cm, en la base, todo lleno de venas, de color entre rosadito y morado, muy suave pero duro cuando se ponía erecto, con un aroma delicioso y sin circuncisión.

    Esto me encantaba pues cuando se lo mamaba, le bajaba la piel de la cabezota con mis labios. Recuerdo que me relamía con su delicioso sabor.

    Bueno, una vez estaba en mi apartamento, de noche, gozando con mis ropitas de mujer. Me paseaba por todas las habitaciones, en liguero, medias, tanga, brassier de media copa, todo de encaje blanco, me había metido un plug en el ano, peluca rubia, tacones altos tipo sandalia y destalonados, me maquillaba y bebía unos tragos.

    De repente tocaron el timbre, me tomó por sorpresa y no supe qué hacer. Escuché una voz masculina que me decía que abriera la puerta. Yo aún era de clóset, pero estaba tan caliente y deseosa de macho que decidí abrir. Era este chico, entró rápido y me miraba con sorpresa y lujuria. Me dijo que me veía hermosa y muy sexi, que no sabía que yo era trans, pero que no le extrañaba, pues mi comportamiento era “raro” a veces.

    Le pasé un trago y tomamos asiento en un sofá. Me sentía confundida, pero muy excitada, avergonzada y temerosa. Le pedí que lo mantuviera en secreto y que lo recompensaría en ese mismo momento.

    Asintió y me rodeó con sus brazotes, me besó en la boca y yo grité (mentalmente) de placer. Puse mis manos en el bulto en medio de sus piernas y se lo sobé, sentí como se empezó a poner duro y grande.

    Le dije que si quería que se lo mamara y sin responder se bajó pantalón y trusa. Saltó un enorme miembro e hice un gesto de súper zorra al verlo, lo tomé con ambas manos y acerqué mis labios, le besé la cabeza y me lo metí hasta donde me cupo. Le practiqué todas las técnicas para mamar pene, que conocía porque fue lo primero que le hice a un hombre, cuando yo era adolescente.

    El sabor de su fierro era riquísimo y se la mamé durante 20 minutos. Me la metía toda en la boca y se la oprimía con la lengua contra el paladar, me la sacaba hasta la punta y se la absorbía, se la besaba y se la pajeaba, luego le chupaba todo el tronco hasta las pelotas.

    Me la metía de nuevo, toda esa vergota en modo de garganta profunda, con movimientos de saca y mete, me dejaba toda su largura adentro unos segundos hasta que me ahogaba, la sacaba rápido y se la besaba, chupando sus líquidos precum. ¡Ay, adoraba chupar y besar un pito así de sabroso!

    Ya estaba como una loca, anticipando que me perforaría el ano con esa hermosa herramienta viril.

    Así, que en seguida le pregunté si ya me la quería meter y que me le pondría en cuatro, cosa que hice mientras él se ponía condón.

    Me quité la tanga y el plug de mi botoncito de amor ya dilatado, me acomodé en el sofá en dog style, abriendo bien mis nalgas y poniéndome un poco de dilatador, pues su pene parecía amenazar con romperme el culo.

    Él se colocó detrás mío colocando su enorme y duro miembro viril en la entrada de mi orificio, estaba feliz ante la expectativa de ser penetrada por un hombre en un instante más, aunque ya estaba bien experimentada en ser follada, me sentía como si fuera la primera vez.

    Me empezó a introducir su enorme y deliciosa polla poco a poco, podía sentir cada uno de sus duros centímetros abriendo mis pliegues anales.

    Luego de un par de minutos, ya le tenía toda dentro de mi cola de mujer trans. No había duda, adoraba ser cogida por un hombre, el único requisito era que tuviera una hermosa, dura, gruesa y grande verga.

    Ya con su pitote adentro de mí, se empezó a mover sacándomela hasta la punta y luego empujándola toda, hasta que podía sentir rozando mis nalguitas su vello púbico, era un enorme placer sentir sus movimientos, los repetía varias veces en un ritmo enloquecedor.

    Después de varios minutos y cuando sintió que mi ano bien dilatado, aumentó su ritmo y yo empujaba mi culo hacia atrás, al encuentro de su verga, mientras pujaba con los músculos del recto, lo cual, hacía que su pene se me resbalara con mayor facilidad. Ya conocen este truco las chicas trans putitas, este movimiento realmente nos abre bien el ano y las vergas de nuestros machos nos entran toda hasta el fondo.

    Siguió cogiéndome que era una locura, yo estaba delirando de placer y ya no pensaba nada, sólo gemía con cada empujón de tripas, sólo podía pensar en ese miembro entrando y saliendo de mi vagina anal de mujer trans, pero muy putita. De repente, aumentó hasta el paroxismo sus movimientos provocando que yo gritara de placer como una loca y explotó dentro de mi entresijo.

    Sentí varios chorros de su semen tibio y pegajoso invadiendo todo el interior de útero trans, sus espermatozoides buscaban cómo preñarme y entraban en mi torrente sanguíneo, provocándome una mayor feminización y un mayor sentimiento de ser toda una puta. Terminó de cogerme y me la sacó escurriendo de erotismo y lujuria.

    Ambos nos quedamos tirados en el sofá y luego, se fue plantando antes un beso en mi botoncito de amor, lo cual, fue tierno y muy erótico.

    Ojalá les guste este relato y se hagan muchas pajas a la salud de alguna chica trans. ¡Hasta la próxima!

  • La ninfómana esposa de mi jefe (parte 1)

    La ninfómana esposa de mi jefe (parte 1)

    Contoneaba sus caderas, como insinuándose a mí, lo intentaba sin que su esposo se diera cuenta, era muy discreta, apenas él se volteaba y empezaba a hacer algún movimiento para que la viera o para que se le descubriera un poco de piel…

    La esposa de mi jefe es una mujer hermosa, con un cuerpo casi perfecto, cabello castaño y ojos negros y grandes, un culito redondo y unas lindas tetas que se marcaban en sus apretados vestidos de encaje, era un diva, yo sabía, por sus insinuaciones que era una malportada, pero no pensé en llegar más lejos…

    Esa tarde fue la última vez que la vi con un poco de respeto, pues la semana siguiente la hice una sumisa mientras se deleitaba con mi verga, que atragantaba en su garganta, como desesperada.

    Al día siguiente de esa tarde en la que movía sus caderas y dejaba ver el culito, me llegó una foto a mi teléfono, era ella, pensé en revisarla, pero tarde por estar ocupado, al abrirlo, una foto de sus blancos y redondos pechos apareció en mi pantalla, la mente se me puso en blanco, no pensé en nada, no me despertó una erección inmediata, volví a mi mismo y contemple un hermoso par de tetas, sostenidas por una mano de Dalia, mientras sacaba la lengua, cerré la foto y no vi ningún mensaje, de inmediato escribí:

    –Dalia? Te equivocaste?

    Quería un error, no sé porque, pero no me gustaba del todo la situación.

    –Era para otra persona, perdón Favio… La viste?

    No me esperé esa respuesta, un tanto frívola.

    –Si, tranquila, no pasa nada, quedará entre tú y yo

    Dalia: Papi, no digas estupideces, yo sé que se te sale la verga del bóxer, te tengo vuelto loco con sólo mostrarte los muslos, déjame ver… Déjame ver cómo está.

    “Zorra» pensé, pero se desvaneció ese pensamiento contra Dalia al ver de nuevo la foto, sus pezones estaban paraditos y se veían mojados, y sacaba la lengua haciendo la foto una chispa para una gran erección, rápidamente me latió el corazón, me palpitaba la verga, ya no pensé en nada, me metí al baño y me tomé una foto…

    Dalia: Ahh!!! Pero que…!! Hasta que no me meta eso en la boca, no te creo…

    Yo: En la boca, en la boca es el primer lugar donde estará, esa carita de ninfómana que me pusiste pide por todos lados verga, deja de decir mentiras, tienes ganas de estar encima de mi polla toda la noche rebotando y gimiendo como una perrita…

    Dalia: Y tú te mueres de ganas de comerte esto…

    Video: sus dedos, mojados por un brillante líquido, reflejaban la luz mientras tocaba su clítoris y apretaba los labios vaginales, con la tanguita medio bajada, que se veía húmeda, el rosado coñito palpitaba, mientras abría y cerraba sus entraba cada vez que sentía un espasmo de placer, acompañada por sus ahogados gemidos, pues se tapaba la boquita.

    El domingo ella le dijo a su esposo que saldría con unas amigas, se puso un vestido apretado, pero largo, de los que acostumbraba a usar, para que no sospechará, luego, como siempre que salía con sus amantes, empaco en sus cartera la mejor lencería qué tenía.

    La pasé a buscar en mi auto, parecía un poco nerviosa, pero se veía muy buena, más de lo acostumbrado, tuve que disimular la erección, pues está vez usaba un escote más abierto, que dejaba ver el nacimiento de las ricas tetas que vi en la foto, le abrí la puerta del auto, ella subió, y me puso una mano cerca de la entrepierna, nerviosa y riendo manoseaba, y la erección crecía, con las caricias acertadas a la cabeza de mi miembro.

    –Contento? (Mientras bajaba el cierre) mientras más me pongo a pensar en que me vas a hacer, más me mojo.

    Apoyé mi mano en sus tetas y acaricié poco a poco para luego meter la mano entre el escote y manosear.

    –Me vas a chupar la pija, toda la tarde, vas a quedar llenita…

    Mi erección creció desproporcionadamente cuando sus manos fueron directo a mi verga, sin más preámbulos, con suavidad le daba masajes a la cabeza, se mordía los labios y me abría las piernas para que le tocara el clítoris.

    –Tú me pones tan caliente, de sólo hablarme ya estoy húmeda, imagínate cuando me cojas…

    Estacioné en el hotel, de inmediato subimos a la habitación, al entrar, la empujé contra la puerta y la empecé a desnudar.

  • Club de los deseos (parte II)

    Club de los deseos (parte II)

    Esa noche recibí la visita casi inesperada. Era poco frecuente porque siempre cuadrábamos para vernos. Cuando tocan la puerta y veo a Isabela radiante, me sentí sorprendido pero emocionado. En mi relato anterior había mencionado que era una negra alta, con piernas gruesas y un culo llamativo. Así que su ímpetu y la combinación de chaqueta y short impulsaban un poco mis deseos.

    Nos saludamos casual y hablábamos de banalidades. Si bien ambos sabíamos que terminaríamos cogiendo, quería calentar el ambiente, llenar de fuego el espacio con música amena o alguna conversación interesante. Así que busqué cervezas para compartir, mientras nos contábamos nuestro día, nuestra semana y su expresión iba revelando las ganas que tenía de follar… imagino que mi cara también iba mostrando el deseo de hacerla mi perra.

    Nuestras piernas se empezaron a cruzar, mi mano apoyada en su muslo le daba un suave masaje que de vez en cuando apretaba y sentía como sus suspiros hablaban por ella. La noche apenas empezaba y estábamos prendidos, en parte por alcohol y un poco por la calentura de querer devorarnos; pero insistía en generar un ambiente sensual para comernos como bestias así que pensé en demorar un poco más en los juegos, las caricias y la conversación sucia antes de pasar a la cama.

    Creo que los jugueteos calientes fueron tanto porque pasadas las 8 pm llegó Camila, mi prima. Cuando tocó la puerta no sabía si pasar a abrir porque mi verga estaba erecta, así que Isabela se lanzó a mirar quien era. Camila entró como sintiéndose en casa y contando la travesía, pero por su mirada y cambio de tono, parecía haber notado el ambiente tenso, como interrumpiendo una chupada.

    Me atrevo a decir que nuestras mentes imaginaron rápido alguna forma de no incomodar el momento porque Isabela y no conocía a Camila. Se que Cami y yo hemos charlado y compaginado, muy mente abierta y sin prejuicios; pero queríamos salir de la tensión y, por mi parte, recuperar después esos masajitos que estaba teniendo con Isabela porque esa noche mis ganas de follar eran increíbles. Así que pasé a la nevera por otras cervezas, le brindé a Cami y tomé una para mí.

    En medio de la charla, la muy pendeja nos pregunta cuánto llevábamos saliendo y que estábamos haciendo. Al principio pensé que era raro decir que la había conocido en una app y que estábamos jugueteando pero ya grandecitos y por la confianza que le tengo le dije:

    -Isa es mi cita. Ahorita andábamos conociéndonos un poquito mas jaja.

    Por la risa, vi que Cami se puso roja y que confirmó lo que seguramente había pensado cuando entró. Pensé que cambiaría de tema, pero siguió preguntando bobadas. A veces Isa le regresaba una pregunta para empatizar; pero en lugar de enfriar el momento, todo se iba calentando porque ya hablábamos de fantasías, fetiches, de sexo prohibido. Mi mente empezó a imaginar a Cami. Creo que ella lo notaba por la forma en que la miraba y lanzaba una que otra indirecta que me ponía el corazón a mil.

    Isa parecía estar entre una mezcla de celos y deseo. Era una combinación perfecta para continuar conversando. Por mi parte con mucho cuidado de mi dañar el ambiente. Cami ya empezaba a moverse y preguntar qué planes había como si quisiera insinuar algo. Siempre fui cuidadoso porque Isabela me había contado que había cogido con otras chicas, pero a Cami siempre la conocí tan perra, tan cachonda, pero siempre experiencias hetero. Así que seguimos preguntando y conociéndonos de otro modo. Me sorprendió cuando mi primita dijo que le encanta estar amarrada y totalmente sumisa.

    Intenté manejar la calma, pero sé que mi cara demostró mis ganas de nalguear a Cami y hacerla mía. Cuando llegaron a mi turno, solo se me ocurrió la idea de mencionar ese club que despertaría pasiones y deseos ocultos. Y por mi calentura, quise extender la invitación a Isa. Quería follar con ella en otro lugar.

    -¿Y Camila? Pregunto Isa cuando ya nos preparábamos.

    -Puede venir con nosotros. Allá puede distraerse viendo o participando.

    Isabela ya sabía para donde íbamos. Había visto la publicidad, las reglas y todo. Camila tal vez no tenía idea, pero su única pregunta fue que si podía ir con esa ropa.

    -Así estás perfecta, le dije. Le di un apretón de cintura y la tomé suavemente por el brazo.

    En su cara vi nuevamente que se sonrojaba y miraba a Isabela que le devolvía una tierna sonrisa.

    Tomamos el taxi y en el camino íbamos totalmente en silencio. Cuando llegamos al sitio, entramos por la escalera, nos recitaban las reglas del lugar y escuchábamos con atención: «Deben dejar toda su ropa en el casillero, está prohibido pasar con celulares, ingresas en toalla, desnudos o traje de baño bla bla…» Camila aprieta mi antebrazo y me pregunta que a dónde la traje, pero por su sonrisa y su cara de nervios le digo al oído:

    -Es un regalo de tu primo. Diviértete.

    Entramos al club. En apariencia una disco, pero la TV mostraba porno y las demás personas estaban como nosotros. Sentados, en toalla o vestidos de baño. La música nos permitía bailar pero también conversar, así que fuimos rompiendo el hielo con preguntas casuales mientras mirábamos el lugar. Pedimos ron con hielo y no fue difícil volver a la confianza que traíamos en el apartamento. Esta vez con más gente alrededor.

    En medio de las charlas, veíamos como una chica le pegaba tremenda mamada al muchacho que la acompañaba. Era algo curioso, pero emocionante. En medio de la emoción empecé a tocar a Isa y le dije: Terminemos lo que Cami nos interrumpió.

    -Los estoy escuchando, me dice Camila.

    -Es para que escuches, le contesto.

    No sé si era por el momento, pero la sonrisa de Cami me generaba una extraña excitación. Así que mi mano seguía tocando a Isa. Masajeaba su coño, acariciaba su clítoris y con mi otra mano abrazaba a Cami que estaba sentada al lado opuesto de Isa. Era un abrazo sin mala intención, pero en medio de la excitación apreté uno de sus senos. Cami me toma por el brazo y me acaricia. Mis ganas fueron aumentando así que le di un masaje a Camila en sus tetas. Mi mano izquierda estaba mojada. Isabela estaba muy cachonda y me decía que la quería tener adentro. Cami se mantenía en silencio y cuando veía como cruzaba sus piernas, mi calentura se hacía más fuerte. Creo que ambas sabían lo que estaba haciendo, pero era rico y muy excitante. La tensión ya era poco y ahora quedaban las ganas de devorarnos.

    Suspendimos las tocadas cuando pasó una chica a ofrecernos hielo. Fue un poco inoportuno pero lo necesitábamos para el ron. Le dijimos que sí así que nos aguantamos hasta que volvió con más hielo. Cuando vuelve, le pregunto a Cami si antes había ido a un sitio igual, aunque sabía que su respuesta era un No rotundo. Isabela, por supuesto, también estaba conociendo pero ya me había aceptado esa salida.

    -Voy al baño un rato, nos dice Isa.

    El momento había pasado a ser tan incómodo que le propuse a Cami caminar para conocer el sitio, los cuartos que había y dar un vistazo. Me siguió y entre varias habitaciones, entramos a una que tenía dos esposas colgadas y un látigo para azotar. No dije nada, pero me imaginé muchas cosas, por lo que le propuse a Cami un masaje. Ella accedió y me limitaba a sus piernas y espalda. Con sus movimientos al pasar mis manos me fui excitando y subimos el nivel. La voltee suavemente, acariciaba con una mano sus senos y con la otra sus muslos, creando esa rica tensión al saber que habrá algo más.

    Le quité su pantys con suavidad, aunque no niego que quería arrancarla sin compasión. Metí uno de mis dedos y un gemido puso mi verga bien dura. Cami acercó sus manos para tocarme, pero le hice señales que se dejara atender. Le regalaba una masturbada y en medio de todo le pregunté si quería ser amarrada, mirando las esposas en la pared izquierda. Cami accedió y la terminé de desnudar. Completamente esposada, la puse de espaldas, le di un par de nalgadas que me correspondió con unos gritos de placer y usaba el látigo para completar el juego.

    Su cara de excitación me hacía mantener mi verga muy dura. Así que bajé mi bóxer y pasaba mi verga por sus nalgas. Con mis manos apretaba su espalda dejando mis uñas marcadas. Sus piernas se movían y me decía que quería más. En ese momento la acomodé en cuatro. Acaricié sus nalgas y le dije con ternura:

    -Primita, quiero que seas mi perra…

    -Quiero ser tu puta. Toda tuya, me dijo.

    Su respuesta me activó aún más. Así que pase mi verga alrededor de su coño para despertar más sus ganas. Sentía su humedad. Tenerla así de mojada me causaba más deseo.

    En ese momento llega Isabela. Con voz muy baja nos dice se cansó de esperar y pregunta si nos puede acompañar. Inicialmente, solo se sentó y veía con una cara malvada como cogía en cuatro a Cami. Ver la cara de Isa me enloquecía y ver la forma en que se empezó a masturbar delante de nosotros era mágico. Me cogía a mi prima muy rico. Nos comíamos como salvajes. No queríamos parar, pero desabroché las esposas para cambiar de posición y Cami la toma por el brazo. Le dice que se la quiere chupar mientras yo le sigo dando con mi verga. Nos acomodamos quedando Isa sentada en la boca de Cami.

    -Que rica estás preciosa, le digo a Camila mientras la penetro.

    -Se nota las ganas que le tenías, dijo Isa mientras disfrutaba un oral de Cami.

    No sé si era la primera vez que Cami le daba un oral a una mujer, pero estaba muy apasionada y parece que lo hacía muy bien. Isa la toma por el cuello muy suave y le pide algo al oído. Supongo que fue lo que hicieron porque me acuestan boca arriba, Cami moja mi verga con su boca y para mí sorpresa fue Isabela la que se subió, diciendo que tenía que acabar con esas ganas. Si coger con Isabela es muy placentero, es mucho más al sentir que Cami pone una de sus tetas en mi boca.

    Seguimos follando como animales y decidí chuparle el coño a mi primita. Me encantaba su sabor, su humedad, su cuerpo retorciéndose. Clavé mis manos en su cintura y lamí su vagina, mojé su clítoris con mi lengua y sentí como Cami gritaba y se corría en mi boca. Esa puta gritona me llenó más de placer, mi verga quería explotar y le hice señas a Isa que me masturbó muy suave, incrementó el ritmo, la metió en su boca y me dejó correrme en ella.

    Bonito club, nos dejó agitados y al tiempo llenos de vida. Nos cambiamos, salíamos a recoger nuestras cosas y volvimos al apartamento a conversar pendejadas, con una que otra caricia entre nosotros…