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  • Yes daddy

    Yes daddy

    En el mundo existen todo tipo de conexiones, familiares, laborales, cósmicas, neuronales; entre ellas sexuales.

    No lo conozco en persona, pero él ha aprendido a conocerme y conoce las partes que me calientan. Es posible coincidir con más de una persona en la vida y crear conexión? La respuesta es, en mi caso, sí.

    He ido aprendiendo un poco el juego de seguir órdenes, disfrutar y sentir placer sabiendo que puede usarme.

    Y es que aunque estamos lejos, él me moja demasiado, sabe que palabras usar para detonar en mi la necesidad de tocarme, con sólo leerlo me puede mojar.

    Veo su verga y lo único que quiero es sentarme en ella una y otra vez, hasta que me llene de leche toda. Me la imagino como entra en mi una y otra vez, como él me permite comérsela y saborearme en ella, como me penetra la vagina mientras mete un dedo, dos, por el culo.

    Imagino como al sentarme frente a él, con una mano toma mis brazos y los sujeta detrás de mi espalda, mientras subo y bajo sobre su verga y con la otra mano me sujeta del cuello, para acercarme a él y decirme al oído que soy su perra, pero también su babygirl. Como muerde mis pezones para excitarme aún más y hacerme gemir de placer.

    Los escenarios que crea mi mente con su voz, su verga, sus ojos, sus manos recorriéndome entera son interminables.

    Él sabe cómo mojarme, como saber que cuando daddy habla yo obedezco, que si él pide yo lo hago.

    Y sí, él y yo jamás nos hemos visto en persona, pero estoy segura que el día que la vida nos haga coincidir será un encuentro que ninguno de los dos olvidará. Mientras tanto, lo que él pida yo seguiré respondiendo “Yes daddy”…

  • Me gusta ser observada

    Me gusta ser observada

    Somos una familia típica mexicana: papá, mamá, y dos hermosos hijos (niño y niña). Mi nombre es Verónica y soy una mujer de 34 años dedicada cien por ciento al hogar y a mis hijos, me mantengo en forma debido a que me gusta hacer ejercicio, mido 1.67 y peso 65 kg. Soy blanca y tengo pecas en la cara, aunque estás no me quitan lo bonita que estoy, je, je, pelirroja y el cabello me llega hasta la cintura, lacio natural.

    Mi cuerpo es mi mayor orgullo y lo presumo todos los días con cualquier ropa que me ponga, mis nalgas son redonditas y paraditas, duritas por el ejercicio que hago todos los días, al igual que mis piernas las cuales luzco cuando me pongo short y los hombres voltean a verme, mi vientre es plano sin llegar a tener cuadritos como Bárbara de Regil pero sí sexy, una cintura menudita y por último unas tetas como un par de naranjas, mi marido me presume cada que puede y él no se queda atrás, también es muy atlético y guapo.

    Bueno, les contaré lo que para mí ha sido hasta hoy la experiencia más hot y que me prendió a un nivel extremo, tal vez para algunos de ustedes esto que les voy a relatar es muy simple y sencillo, pero para mí fue algo nuevo y excitante.

    Mi marido desde que nos casamos ha sido muy romántico y en la cama es un tigre por lo tanto no he tenido nunca el deseo de otro hombre, me marido me llena al cien por ciento cada que hacemos el amor es muy intenso y muy creativo, me pone de diferentes posiciones y me da hasta que quedamos cansados de tanto coger, siempre le dedica un tiempo al previo para ponerme cachonda así que cuando me la mete ya estoy bien mojadita, sin embargo como todo matrimonio con el paso de los años caemos en la rutina y aunque mi marido se esfuerza mucho se vuelve poco divertido.

    Lo que les voy a contar sucedió en el verano pasado cuando fuimos por primera vez a la playa, fuimos con mi hermano y su familia, en total éramos 12 personas, mis sobrinas, mi cuñada y mi hermano.

    Todo fue muy placentero, llegamos a un Hotel en Ixtapa donde las habitaciones eran pequeñas cabañas y estaban ubicadas en forma de villa, mi marido reservó una habitación para parejas, en donde regularmente se hospedan recién casados y a mis hijos los mandamos con sus primas, je je en habitación doble.

    Al instalarnos me di cuenta que al lado se hospedó una pareja como de 45 años, el hombre se veía maduro, pero guapo y la mujer era rubia, elegante, pero lo que más destacaba eran sus grandes nalgas que tenía y como eran nuestros vecinos pensé que a mi marido se le iban a ir los ojos con esa señora porque siempre le han gustado nalgonas, pero bueno, las terrazas de nuestras habitaciones estaban prácticamente juntas solo las dividía un pequeño barandal.

    El ambiente en el hotel era excelente, el primer día salimos a la playa y a las albercas en donde pude ver que mi marido parecía perro en carnicería viendo tanta mujer guapa en bikini, pero también yo me daba mi taquito de ojo con algunos muchachos que enseñaban su paquete en sus ajustados trajes de baño.

    Al finalizar el día terminamos muy cansados y nos fuimos a la habitación a dormir; nos acostamos, pero los vecinos estaban muy activos y como las habitaciones estaban una al lado de la otra se escuchaba todo, se oía claramente como la cama pegaba contra la pared con cada empellón que el vecino le daba a su mujer.

    Al principio nos dio risa y nos quedamos callados escuchando, poniendo más atención se alcanzaba a escuchar hasta lo que decían, lo gemidos, las nalgadas y rechinidos del colchón, empezamos a imaginar cómo lo estaban haciendo y eso nos calentó mucho así que mi marido me comenzó a besar y a tocar, aunque yo ya estaba bien mojada de escuchar como se cogían a la vecina, mi esposo me metió la verga un rato en posición del misionero, pero yo le pedí que me pusiera en cuatro y puse mi cabeza pegada a la pared para seguir escuchando la cogida que le daban a la vecina, incluso me la imaginaba recibiendo la verga de su marido.

    Me excitaba más eso que lo que me estaba haciendo mi marido, yo no quería cambiar de posición para seguir escuchando el golpeteo en la pared de la cama en cada metida, se escuchaba con fuerza así que imaginaba lo rico que estaba sintiendo la vecina y lo caliente de su pareja para cogerla con tanta fuerza, así estuvimos hasta que se dejó de escuchar (tal vez terminaron) así que ya no tenía chiste seguir, le dije a mi marido que acelerara para que se viniera y poder dormirnos.

    Al día siguiente cuando fuimos a desayunar al restaurant, los vi de lejos, se veían muy felices y como no si habían cogido como bestias.

    La rutina del hotel era juegos en la alberca, paseos por la playa, bicicletas y muchos más, por la noche después de la cena presentaban un espectáculo en un pequeño teatro al aire libre bailes latinoamericanos y por último la disco en donde ponían música de diferentes géneros para bailar, fue en este evento cuando nos tocó sentarnos en una mesa al lado de la pareja de maduros, no dejaban de bailar una sola canción, nosotros bailábamos 3 y descansábamos 2, como el hotel era todo incluido, había barra libre en la bebidas, pero tenían que formarse ya que eran muchas la personas que pedían alcohol en sus diferentes presentaciones.

    Cuando mi marido se iba a formar, también el vecino se formaba y quedábamos solas, la vecina y yo y fue ahí donde rompió el hielo y me preguntó de dónde éramos.

    Le respondí que nosotros de Guanajuato y ella me dijo que ellos eran de Querétaro y que eran amigos, ambos estaban divorciados y decidieron tomarse unas vacaciones juntos, yo le contesté que pensé que eran casados, ella sonrió y me contestó.

    –Por lo de anoche. ¿si se escuchaba hasta su habitación verdad?

    Le contesté que sí con una sonrisa y me dijo le dije a Omar (así se llamaba) pero él dijo que no, una disculpa. No se preocupe, le contesté, al contrario que bueno que disfrute sus vacaciones.

    Seguimos bailando y tomando y en otra ocasión que los hombres se fueron a formar por otro tequila, volvimos a platicar y me dijo que Omar era muy caliente y quería estar cogiendo todo el tiempo, yo le dije que mi marido era igual y nos reímos, ja, ja.

    Se terminó la disco y tuvimos que irnos a la habitación, mi marido esta vez con el tequila estaba muy cariñoso, así que acompañamos a mi hermano, sobrinas e hijos a sus habitaciones y después nos fuimos a la nuestra, llegamos y al entrar se escuchó música al poner atención de donde provenía nos dimos cuenta que el vecino estaba en su terraza terminándose su bebida, mi marido entró al baño y yo me puse una ropita provocadora, me asomé por el ventanal y vi al vecino todavía tomándose su cuba, pero al abrir la cortina noté que me alcanzó a ver.

    Para ese momento ya traía yo un baby doll muy sexy con una tanga de hilo que me había comprado para esa ocasión, no sé si por los tequilas que me había tomado o por ser un desconocido el que me estaba viendo no sentí pudor, al contrario me gustó la experiencia de mostrarme, me entró una idea maquiavélica en la cabeza y abrí un poco la cortina, fue muy poco, pero lo bastante para que se pudiera ver al interior de la habitación y poco para que mi marido no lo notara.

    Salió mi marido del baño, se abalanzó sobre mí besándome efusivamente sin darse cuenta de la pequeña rendija que yo había dejado en la ventana.

    El pensar en que un hombre desconocido nos fuera a ver haciendo el amor me excitaba muchísimo, total ya no lo volveríamos a ver, mi marido siguió con el mismo ímpetu sobre mí, quiso apagar la luz, pero yo le dije que la dejara así, que me cogiera con todas sus ganas y como ya lo mencioné al principio mi marido era muy creativo, así que me cogía en diferentes posiciones, sólo hacía a un lado el hilo dental con su dedo pulgar para meterme su verga dentro de mi puchita que estaba jugosa desde hace rato, por momentos dejaba de meterme el tronco para darme sexo oral el cual disfrutaba mucho.

    Fue en una de esas acciones cuando mi marido estaba sumido en mi vagina cuando pude ver al vecino pegado al ventanal presenciando el mejor espectáculo de su vida, eso me calentó aún más y le pedí a mi marido que se acostara boca arriba y me senté en su tronco que estaba como si fuera de hierro, duro al cien por ciento, yo me sentaba con todas mis fuerzas intentando sentir ese pito hasta lo más profundo de mis entrañas y pensando en que le estaba mostrando al vecino todas mis hermosas nalgas, mi marido ni en cuenta lo que pasaba por mi mente, pero vaya que lo disfrutaba.

    Después me acomodé en la esquina de la cama, yo boca arriba con las piernas levantadas y le pedí a mi marido que me penetrara para que mi observador viera claramente como me entraba la verga en mi panocha, era una experiencia increíble ser observada, mi mente estaba más en el espectáculo que estaba dando que en la cogida que me estaba dando mi marido, así estuvimos durante un buen rato hasta que mi marido no aguantó más y explotó aventándome toda la leche en las tetas.

    En ese momento fue cuando el vecino se retiró. Fue una experiencia increíble, nunca pensé que ser observada me pudiera calentar tanto, tal vez este es mi fetiche. Hace dos años de esto y no he podido repetirlo porque no hemos ido nuevamente a la playa, espero pronto hacerlo de nuevo.

    Mis agradecimientos a Cecy por ayudarme a relatar esta historia y publicarla en esta página, creo que hay muchas mujeres que tenemos nuestras fantasías, tal vez no sean orgias, intercambios, etc., pero al final de cuentas nos excitan igual.

  • Depilada por mi primo

    Depilada por mi primo

    Mi primo y yo llegamos a vivir al Caribe al mismo tiempo, yo vine buscando chamba de cocinera, me encanta la cocina y el aroma de los cuerpos cuando están trabajando en el calor.

    A los pocos días me escribió mi primo si salíamos por un vinito o cerveza y dije ¡va! un vino en la playa. Charlamos un buen, y recordamos una anécdota de cuando él rozó mis nalgas en una fiesta familiar y me dijo que se quedó con ganas de sentirlas más de cerca, a lo cual me reí, pero mi conchita se mojó de recordar aquel episodio.

    Llegamos a casa seguimos tomando. Ya estábamos algo ebrios y me dijo que no quería llegar a casa de su mamá así porque luego se enojaba que tomara y como no tenía cama, le dije: o te acuestas en el suelo o en la hamaca conmigo, si no tienes problema compartíamos la hamaca. Él respondió que si. Ya en la noche sentí un poco de frío y creo él también que me abrazó y sentí su erección entre mis nalgas y de repente sus manos en mi conchita y dormimos así.

    Al amanecer era mi día de descanso, teníamos resaca y le pregunte ¿Qué quieres comer? y me dijo que le hiciera un caldo de camarón y que el compraba unas cervezas para curarnos la resaca de anoche.

    Desayunamos y yo entré a bañarme, me iba a depilar para ir a la playa más tarde, pero afeitarme la conchita es de las cosas que menos me agrada hacer, así que de la nada le dije ¿Primo, me puedes hacer un favor? y él dijo: claro.

    Y se quedó helado cuando le dije ¿Me puedes depilar mi conchita…? Se saco de onda, y me dijo que nunca había depilado a ninguna mujer y le dije que yo iba a explicarle cómo hacerlo, a lo que accedió.

    Ya en el proceso, entramos al baño y empezó. Las manos le temblaban y vi como se le paro el pito, me empecé a reír le dije que no era para tanto, que mejor aprendiera para cuando su chica se lo pidiera él ya sabía que hacer.

    Y así empezó a afeitarme suavemente, yo estaba sentada en una silla muy abierta, me puse a leerle un texto sobre un ensayo de cocina caribeña mientras él me afeitaba, le pregunté que opinaba de mi texto, a lo que respondió: no te escuché, estoy concentrado afeitando tu conchita.

    Finalmente termino y toco las paredes de mi conchita a lo cual yo ya estaba húmeda, pero no quería decirle que verlo ahí depilando mi conchita me puso caliente, no quería que pensara que era una puta, calienta huevos.

    Le di las gracias y le dije “me voy a bañar, te puedes salir”, a lo que accedió. Actué según yo de lo más normal.

    Seguimos tomando cervezas, ya andábamos enfiestados nuevamente y le dije “vámonos a la playa”. Me puse un traje de baño de tanga y nos fuimos a una playa solitaria, estuvimos todo el día echados al sol, platicando y de repente sentía su mirada en mis nalgas, y si lo estaba provocando, pero gustaba esa sensación de mostrarme, pero que no me tocara. Hasta que en un punto me dijo ¿Puedo olerte el culo, quiero meter mi nariz en tus nalgas? Y le dije ¿En serio? Me dijo si, me encanta hacerlo.

    Esa sensación de sentir su nariz en mi culito me dejo más caliente y el entendió bien el juego que lo hizo un momento (quizá un minuto) que pareció una eternidad de placer. Después se retiró y regreso al libro que estaba leyendo.

    Yo me puse super caliente que quería mamarle la verga ,pero no dije nada me quede nada más mirándolo. Más tarde me dijo quiero probar como quedó mi trabajo. Le dije ¿Cuál trabajo? “pues es de depilador”, me reí a carcajadas y le dije ok.

    Hizo a un lago mi traje de baño y pasó su lengua en mi conchita, observamos que no viniera nadie y continuo lamiendo como un perrito mi conchita caliente y después me dijo, “siento que no quedo bien, debo dejar tu conchita peloncita”. Y le dije “será hasta la siguiente semana porque hoy ya quiero ir a descansar”.

    Regresó conmigo a casa y ahora fue mi primo él que me pidió su pago por adelantado, y le dije ¿Cómo quieres que te pague? A lo que me respondió, puedes darme teta, me gusta dormir tomando teta. Cuando estoy en la ciudad con mi novia ella me da teta para dormir y la extraño. Le dije “está bien te daré teta” y así nos acostamos desnudos en la hamaca y me puse a darle teta a mi primo como pago por depilarme la siguiente semana, mientras tanto sus manos jugaban con mi conchita caliente…

    Continuará con la siguiente sesión de afeitarme la conchita.

  • Puta del gimnasio (3 y final)

    Puta del gimnasio (3 y final)

    Continuó pasando sus manos por mi cuerpo. Se alinearon libremente. Una mano se deslizó por mi vientre desnudo hasta un pecho apenas cubierto y lo apretó. Sentí la fuerza en sus dedos. Una bocanada de su olor varonil atrapó mi nariz. Amasó mi pecho, empujándolo hacia arriba y hacia abajo, de lado a lado. La otra mano aplastó y amasó una de mis nalgas, y luego se movió hacia el frente, y ahuecó mi montículo púbico. Empujé contra él. Sabía exactamente dónde y cómo tocarme, y su largo dedo trazó la línea de mi coñito sobre los finos pantalones cortos de licra. Sus manos fueron a donde querían, agarrándome, acariciándome, explorándome. Me quedé pasivamente, disfrutando de mi rendición.

    Escuché un gruñido profundo pero suave brotar de su pecho.

    D: Tengo que verte.

    Sus manos fueron a mi sostén y tiró, y yo sostuve mis brazos sobre mi cabeza. El sostén estaba ajustado a mi cuerpo, por lo que su extracción fue un poco incómodo, y mis pechos se salieron cuando el sostén finalmente se levantó sobre ellos, rebotando hacia David. Sus ojos se deleitaron con mis pezones, y luego besó y chupó cada uno. Mordió, muy suavemente, en cada teta, y yo chillé de júbilo. Dios, se sintió tan bien.

    Terminó con mis pechos, aunque mis pechos querían más, y se agachó. Me bajó y me quitó los pantalones cortos sin más ceremonia, y me quedé desnuda frente a él, vestida ahora sólo, calcetines y zapatos deportivos.

    Señaló un banco de ejercicios negro.

    D: Siéntate, Eleny.

    Y: Sí, David.

    Me senté, y luego empujó firme pero suavemente mi pecho, y me recosté. Tomó un tobillo con cada mano y levantó mis piernas sobre mí.

    D: Separa las piernas bien y hacia atrás, lo más que puedas. Tengo que inspeccionarte ahora.

    Hice lo que me dijo, y cuando mis piernas se extendieron lo más hacia atrás y hacia los lados que pudieron, supe que estaba completamente expuesta a él, mis dos agujeros al descubierto a sus ojos.

    Al principio no dijo nada y su silencio me puso nerviosa. David había mirado mi cuerpo y mi trasero muchas veces, pero nunca me había visto desnudo. Nunca había visto mi coño. Nunca había visto mi ano, por el cual, había aceptado pagarme para reventarlo. Esperaba que lo aprobara. Quería que él quisiera mi agujero tanto como quería su verga.

    D: Hermoso.

    Suspiré. Él aprobó.

    Las manos de David eran elegantes y estaban bien cuidadas, pero también eran fuertes, y las sentí contra la piel entre mis piernas, acariciándome y abriéndome.

    D: Hiciste un buen trabajo. Sin pelo. Así me gusta bien peloncita.

    Un dedo largo tocó mi clítoris y descendió, trazando el surco de mi vagina.

    D: Tienes una hermosa cosita, Eleny. Algún día también me la cogeré. Tal vez te pagué, tal vez no. Tal vez solo me coja tu panocha porque quiero. ¿sí?

    Y: Sí.

    D: ¿Sí que?

    Y: Sí, señor.

    D: Bien. Entiendes la dinámica. Te compré por dos horas. Tu culo me pertenece. Eso te convierte en una puta. Lo entiendes, ¿verdad?

    Y: Sí, señor.

    D: A veces, durante las próximas dos horas, te llamaré ‘puta’. Puedo llamarte otras cosas. Te llamaré como quiera, y tú responderás con ‘Señor’ y harás lo que yo quiera que hagas. ¿Entiendes?

    Y: Sí, señor.

    Metió un dedo en las profundidades de mi vagina.

    No te cogeré la cuca hoy. Eso es para después. Pero jugaré con él mientras te reviento el culo.

    El dedo se movió dentro de mí. Encontró mi punto G sin ningún problema y le hizo cosquillas. Gemí. Este hombre que tomaba el control de mi cuerpo con tanta facilidad y manejaba sus manos sobre y dentro de él con una habilidad tan experta.

    D: Ahora, echemos un vistazo al plato principal.

    Retiró su dedo de mi coño y lentamente lo trazó hacia abajo, hasta el perineo, y luego aún más abajo. Finalmente, se posó sobre mi pequeño agujero. Lo toqueteó unas cuantas veces y trazó la yema del dedo en un círculo. Me hizo cosquillas y mi cuerpo sufrió un espasmo.

    D: Puta. Se ve apretado. Usaste los tapones anales que te envié, ¿no?

    Y: Sí, señor.

    D: ¿Incluyendo el grande?

    Y: Sí, señor.

    D: Bien. Eso ayudará. Soy grande. Lo verás en un minuto. Necesitarás toda la preparación que puedas. Puede ser incómodo al principio, pero te gustará. ¿Crees que te gustará cuando te chingue la cola, Eleny?

    Y: Sí, eso creo, señor. Pero estoy nerviosa.

    D: Es comprensible.

    Las manos fuertes de David empujaron mis piernas hacia atrás más y su rostro descendió, y sentí su aliento caliente en mi esfínter. Mis ojos se abrieron cuando la punta de su lengua comenzó a rodearlo, tan suavemente que casi no pude sentirlo. Pero lo hice. Me sorprendió. No esperaba que David hiciera eso.

    Pero lo hizo, y cuando la lengua terminó de dar vueltas tocó la diana de mi ano y presionó hacia adelante. Titiló de un lado a otro. Su lengua se sintió sorprendentemente fuerte y dura contra mí. Se retiró durante unos segundos, dándole tiempo a David para escupir en mi estrecho agujero, y luego la lengua volvió a trabajar, esparciendo la saliva y usándola para lubricar el camino.

    Se sentía sucio y extraño. Pero también fue increíblemente excitante. ¡David estaba comiéndome el culo! Su lengua lamió su sabor. Presionó más hacia adelante, y el agujero apretado y cerrado cedió, solo un poco.

    David se apartó.

    D: Esto será un desafío. Estás muy apretada. Me gusta eso.

    Se sentó en el banco y centró su atención en mi rostro.

    D: ¿Te sorprendió que hiciera eso?

    Y: Sí, señor.

    D: Me encanta el anal. Es como un manjar para mí. Hiciste un buen trabajo limpiando ahí abajo. Sabes muy bien. Me excito con ese olor. Ese podría ser el mejor ano que he tenido. alguna vez visto o probado. Vamos a divertirnos mucho. ¿No es así, puta?

    Y: Sí, señor.

    Con eso, me quitó los zapatos y los calcetines y los emparejó ordenadamente en el piso cercano.

    Me miró con fingida consternación.

    D: Eres buena, Eleny. buena puta.

    Y: Quiero ser una buena puta, señor.

    D: Bueno, averiguaremos qué tan buena eres.

    David se puso de pie y se desnudó. Se quitó la ropa con mucho cuidado y la colocó con el mismo cuidado sobre una barra de dominadas cercana. Cuando se quitó la camisa y su pecho quedó expuesto, no pude evitar reaccionar con un sobresalto. Había visto a David en el gimnasio muchas veces y sabía que estaba agraciado, pero no esperaba la escultura de músculos que reveló. Se quitó los pantalones y los colgó también, muy cuidadosamente, y se paró frente a mí con unos calzoncillos negros ajustados. Se apreciaba notablemente una hinchazón dentro de ellos. Yo no era el única que estaba excitada.

    Sin más demora, se quitó los calzoncillos y una de las vergas más deliciosas que jamás había visto saltó, erecta y sobresaliendo casi directamente de su cuerpo. Su longitud y circunferencia intimidaban. Inmediatamente, mi mente comenzó a preocuparse por cómo encajaría en mí.

    David caminó hacia mí, completamente desnudo. Eché un vistazo a los dos en el espejo de la pared. Éramos dos animales hambrientos y completamente desnudos en un gimnasio vacío. David se acercó a mí como un gato de la jungla, como si estuviera a punto de comerme, y en cierto modo, lo estaba. Él sonrió y su verga dura se movió de un lado a otro mientras se acercaba. Era una verga insolente, una verga confiada. Me pregunté cuántos orificios mujeres habría atracado. Y Mi hoyo era el siguiente.

    D: Te gusta mi verga, ¿no?

    Y: Sí, señor.

    D: Aprenderás a amarlo. Quizás es un poco grande para ti, pero si usaste los tapones anales, estarás bien.

    Esperaba que tuviera razón.

    D: Dale la vuelta, Eleny.

    Y: ¿Señor?

    D: En el banco. Ponte de rodillas y codos, con el culo para arriba.

    Y: Sí, señor.

    Hice lo que David me pidió y esperé.

    El silencio cayó sobre la sala del gimnasio. La anticipación fue casi insoportable.

    D: Dios, siempre me gustaron tus nalguitas, Eleny. Tan pronto como las vi. Escuché a los weyes en el concesionario hablando de ti. Ellos seguían hablando y hablando de ti, así que Tuve que echarte un vistazo. Y lo hice y tu cola – era tal y como decían esos cabrones.

    Sin previo aviso, me dio una palmada en el trasero con la mano. Chillé.

    D: Y te encanta mostrarlas, continuó. Jugaste a la chica linda, recatada y tímida, pero esos atuendos de entrenamiento que obtuviste de Ricky se volvieron cada vez más escasos, y te volviste más atrevida y obvia al mostrar tu cola a todos los chicos en el gimnasio. Pensaste que estabas siendo tímido y discreto, pero estaba sobre ti. Me di cuenta de lo mucho que te gustó. Vi la forma en que arqueaste la espalda y pavoneaste el culo para que todos pudieran verlo. Especialmente yo.

    Me pegó de nuevo, más fuerte. Esta vez traté de reprimir una respuesta, pero no pude evitar por completo un pequeño grito que salió de mi boca.

    D: Montaste un espectáculo para mí. Constantemente me apuntaste las nalgas y posaste para mí. Querías llamar mi atención, ¿no es así?

    Me golpeó de nuevo y apreté los dientes.

    Y: Sí, Señor, lo hice. Pero Usted no es como los otros. Nunca pude sorprenderlo mirándome.

    D: Soy bueno en eso. Vendo autos de lujo, ¿recuerdas? Conozco la psicología de la gente. Sé lo que la gente quiere y sé cómo hacer que ese deseo crezca y se convierta en una necesidad, hasta que pueda obtener lo que quiero. de ellos. Luego me abalanzo. Casi siempre consigo lo que quiero.

    Me abofeteó una vez más, tan fuerte como antes. Estaba empezando a disfrutar del dolor, pero me preguntaba qué tan rojas se estaban poniendo mis nalgas.

    D: Lo admito, Eleny, Al principio me preguntaba si actuaba demasiado rápido contigo. Sabía que reaccionarías negativamente, me preocupé por un momento de haberte asustado. Deseo tanto tu ojete, y pensé que tal vez no lo conseguiría.

    Estaba en un estado de locura. Me encantó escuchar que David se había preocupado, aunque solo fuera brevemente, por no poder cogerme por el culo.

    D: Pero aquí estás.

    Me golpeó de nuevo, hice una mueca de dolor y gemí de placer al mismo tiempo.

    Y: Aquí estoy… Señor.

    D: Es hora de follarte, Eleny.

    David se inclinó hacia una bolsa negra en el suelo que no había notado antes, abrió la cremallera y sacó algo. Una botella de lubricante.

    D: Esto te aflojará.

    Me miré en el espejo para ver qué estaba haciendo. Sostuvo la botella exprimible sobre mi cola y abrió la tapa y su mano estrangulo el embace, el lubricante se derramó en un flujo constante, directamente en mi recto. Se sintió raro y se me puso la piel de gallina. El lubricante goteó por el espacio entre mis nalgas. David vertió un poco sobre su verga y dejó la botella. Lo extendió por todo su eje y luego usó sus manos para aplastarlo alrededor y en la entrada de mi anito.

    David miró al espejo y me sorprendió mirando lo que estaba haciendo.

    D: ¿Quieres ver, Eleny? ¿Quieres ver mi verga entrando en tu culo?

    Y: Sí, señor.

    D: OK.

    David movió el banco para que estuviera en un ángulo de 45 grados con respecto al espejo. Empujó mi espalda hacia abajo y mi trasero se elevó más alto en el aire. Entonces lo sentí, la cabeza su verga tocó y se paró ansiosa y erguida en la entrada de mi culo. Sentí el gran bulbo aplastarse contra mi abertura. Volví a mirarme al espejo. Moví la pierna más cercana al espejo hacia adelante para poder ver todo. La verga de David era como una asta bandera. No podía imaginar cómo encajaría en mí. También sabía que, de una forma u otra, lo haría, porque David estaba decidido, y David había pagado por mi cola y David siempre obtenía lo que él pagaba.

    Una de sus manos agarró mi nalga, con fuerza, y lo extendió hacia un lado, abriéndome mi dispuesto y disponible culo.

    Empujó sus caderas hacia adelante y su otra mano agarró el eje de su pene para guiarlo hacia el lugar correcto. La cabeza aporreó mi ano. Mi ano resistió. Pero David no estaba dispuesto a detenerse. Lo vi mover su verga en círculos alrededor de la corona de arrugas de mi agujero, esparciendo el lubricante.

    Empujó hacia adelante su verga y tiró de mi cuerpo hacia él con su mano firme.

    Mi culo cedió poco. La punta de su verga empujó tal vez una fracción de pulgada dentro de mí, y nada más.

    David siguió presionando. Yo también empujé hacia atrás. Yo lo quería. Lo temía, me preocupaba cómo se sentiría mi puerta trasera, llena con esa gran verga, pero aun así lo quería.

    David siguió empujando, empujando su carne contra mi agujero ansioso, pero aún resistente. Quería que cediera. Lo quería en mí. Pero mi ano tenía otras ideas. No estaba listo para rendirse.

    David, sin embargo, no se lo negaría. Siguió empujando, y el empujón se hizo más fuerte. La punta de su verga estaba dura como una roca y se abrió camino justo más allá de la abertura. Jadeé ante la sensación de que mi trasero se estiraba de par en par. La punta empujó más. Mi culo reacio cedió terreno.

    Miré el progreso de David en el espejo. Aproximadamente la mitad de la cabeza de su verga estaba dentro de mí, y el resto todavía estaba afuera.

    Y: Reviénteme el culo, señor, grité.

    David se quitó la mano de la verga. Ambas manos agarraron mis caderas con fuerza. Tiró de mi cuerpo hacia atrás con fuerza mientras su verga se disparaba hacia adelante, y por fin me llenó. Lo vi suceder en el espejo, hechizada.

    El lubricante facilito el camino. David siguió empujando hasta que su verga, toda su longitud, desapareció dentro de mí.

    El consolador y los tapones anales no se habían sentido nada como esto. Esto era algo completamente; inquietante y maravilloso. Sentí que mi recto estaba siendo invadido. Ahora le pertenecía a David, no a mí. Me habría derrumbado si las fuertes manos de David no me hubieran mantenido en mi lugar.

    Apretó su dura verga dentro de mí, rotando sus caderas. Me sorprendió la capacidad de mi culito para adaptarse a él. Fue chocante y alegre al mismo tiempo. En mi vida había sentido tanto placer al entregarme sexualmente a la necesidad de un hombre.

    Comenzó a retirarse y yo me resistí, empujándome hacia atrás, hasta que volvió a embestirme, con fuerza, haciéndome gritar. Esperé pasivamente mientras David se hacía cargo. Siguió saliendo hasta que la gruesa obstrucción de su casco de verga golpeó el anillo apretado de mi ano, pero antes de salir del todo se detuvo y esperé, preparada para que me penetrara el culo de nuevo.

    Lo penetro, taladro y devasto, lo hizo. Empujó, fuerte y rápido, jadeé cuando mi entrada trasera se llenó una vez más.

    David me culeo con embestidas duras, urgentes, rápidas y profundas. Mi ano estaba encantado con sus abusos. Me estaba acostumbrando a la rareza y a aceptar el placer único de ser cogida por el culo. Quería que David entrara en mí, y quería ver su semen derramarse por mi orifico y correr por mis muslos.

    Pero David tenía otras ideas. Me di cuenta de que quería tomarse su tiempo. Tenía casi dos horas conmigo e iba a aprovechar cada minuto.

    Se retiró y mi trasero hizo un pequeño ruido cuando lo hizo. Sonaba fuerte en la habitación silenciosa.

    D: Dale la vuelta, puta.

    Me di la vuelta, de nuevo, con la espalda en el banco de pesas, las piernas abiertas, de cara a David. Puso sus manos debajo de mi trasero y lo levantó.

    D: Piernas hacia atrás, puta. Pies en el banco.

    No estaba segura de a qué se refería, pero obedecí lo mejor que pude y mi trasero se elevó en el aire y mis piernas retrocedieron hasta que mis pies estuvieron detrás de mi cabeza, los dedos de los pies tocando el banco. Mi coño y mi culo miraban al techo y a David.

    Su boca descendió sobre mí de nuevo. Primero probó mi coño, lamiendo en grandes sorbos ruidosos, machacando los labios de mi coñito en todos los sentidos con sus labios y lengua. Luego se movió hacia el sur, y su lengua se arrastró sobre y dentro de mi recto de nuevo, solo que esta vez, con mi agujero preparado y abierto, su lengua entró más lejos. Me folló con la lengua el agujero abierto de mi cola. Mis nervios estaban en llamas. Estaba delirando con un placer extraño. Mi mano fue a mi clítoris para poder salir, pero David la apartó de una palmada.

    D: Te avisaré cuando te puedas venir, puta.

    David me mantuvo en éxtasis con su lengua y sus dedos. Tocó y lamió cada parte de mí allí abajo: pirineo, nalgas, clítoris, labios, ano. Todo. Él conseguiría un ritmo constante y predecible, y yo lo seguiría, preparándome para trabajar hasta un orgasmo, y luego él cambiaría el ritmo por completo. Con habilidad experta me mantuvo excitable, pero sabía cómo no presionarme. Fue puro, puro éxtasis. Un pensamiento surgió de mi cerebro desperdiciado por el sexo: qué extraño era que David me pagara para que Me diera tanto placer. Pero yo sabía que él también estaba disfrutando con eso. Y me complació darle placer: me complació hasta llegar a lugares profundos dentro de mí que nunca había conocido. Mi Mor nunca se había complacido conmigo de esta manera. David fue mi primero Si el primero que me comió y devoro el culo

    Después precipitadamente, me penetro mi ensalivado y lubricado recto, Me puso de pie y me empujó contra la pared y me quedé mirando la forma en que mi cara sonrojada se veía en el espejo, mientras devastaba mi culito con su tranca, constante y rítmicamente.

    Me tiró al suelo y levantó mis piernas en el aire y pensé que la firmeza del agarre de sus manos en mis muslos dejaría moretones, y aun así siguió perforándome el orto. Pasaron los minutos y su invasión a mi culito nunca se detuvo. Perdí la noción del tiempo y aun así seguía culeando. Se mantuvo duro todo el tiempo. No lo podía creer. Nunca había experimentado algo así.

    Así es como se sentiría Lois Lane siendo culeada por Superman, pensé.

    Con el tiempo, mi cola comenzó a dolerme, pero para entonces estaba tan resbaladiza y abierta, y tan necesitada del insistente abuso de David que no me importó. Sigue jodiéndome el culo, David, pensé.

    Me encantó. Me encantó todo. Me encantaba la forma en que me hacía sentir y me encantaba el deseo palpable y urgente que David tenía por mí. Me sentí querida, necesitada, amada. Me sentí llena y completa.

    ¿Quién sabía que el camino al corazón de una mujer pasaba por su culito?

    Después de lo que pareció una eternidad de empujar, llenar y estirar, David me levantó del piso y me puso de pie, y me hizo inclinarme hacia adelante y poner mis manos contra una máquina de extensión de tríceps. Me colocó de modo que pudiera verme a mí misma y ver lo que me estaba haciendo.

    D: No te muevas, puta.

    Y: No lo haré, señor.

    Me dejó unos segundos para sacar algo de su bolso negro. Parecía un huevo violeta parcialmente aplanado. Corrió hacia mí, su gran y dura verga era irreal. Tomó su posición detrás de mí y empujó esa gran verga dentro de mí de nuevo, y gemí. Vi lo que estaba haciendo en el espejo de la pared. Su pulgar frotó el pequeño huevo morado y comenzó a tararear. Comenzó a empujar rápidamente dentro de mi trasero de nuevo, y luego presionó el pequeño huevo contra mi clítoris.

    Pensé que iba a morir, se sentía tan bien.

    Mis piernas se doblaron, pero una vez más David me sostuvo. Su mano firme y su verga gruesa dentro de mí evitaron que me cayera. El zumbido del huevo en mi clítoris combinado con el furioso martilleo de mi trasero fue, pensé, más sensación de la que podía manejar, pero David me mantuvo en mi lugar y no me dejó más remedio que manejarlo. Entonces, me rendí. Me entregué a David.

    Me reventó el culo, una y otra vez, mucho más allá del punto donde estaba estirado y dolorido, y encendió mi clítoris en llamas con ese pequeño huevo.

    Y vine. Vine en una gran y estremecedora tormenta de necesidad reprimida. Vine como una bomba estallando, comenzando en mi clítoris, la onda de choque barriendo mi cuca y culo, la nube en forma de hongo envolviendo el resto de mi cuerpo y llenando el aire sobre la sala del gimnasio. Casi lloro por mi venida. Quizás lo hice. Ha sido uno de mis mejores orgasmos en la vida.

    David no se detuvo. Seguía culeandome. Las embestidas constantes y continuas de su verga en mi culo agotado y dolorido eran casi insoportables. Pero sabía que estaba cerca. No me atreví a alejarme. Después de todo, él había pagado por mi culito, y un trato era un trato, ¿verdad?

    No tuve que esperar mucho. Sentí que se aceleraba el paso y su respiración se hacía más agitada y desigual.

    Lo miré en el espejo, nos vi a los dos, nuestros cuerpos se movían juntos en perfecta armonía, y pronto echó la cabeza hacia atrás y sus caderas se balancearon hacia adelante y sentí un calor húmedo dentro de mí y supe que por fin se venía.

    Nuestros cuerpos temblaron juntos.

    Seguí mirándonos en el espejo, y por unos deliciosos momentos, David pareció perder el control de sí mismo. Salió de mí, y el semen goteó hasta el suelo del gimnasio, de su verga y de mi culo, y sus piernas temblaron. Se tambaleó hacia atrás, hasta que se sentó en otro banco de pesas.

    Me tambaleé hasta mi propio banco de pesas y lo enfrenté.

    Nos miramos el uno al otro, respirando con dificultad, desnudos y agotados, saboreando el dulce y fino final de nuestros orgasmos. Su verga se calmó por fin.

    David miró un reloj en la pared.

    D: Tenemos unos minutos más, Puta.

    Esperé sus instrucciones.

    D: Lámeme hasta dejarme limpio.

    Su verga había estado bastante tiempo dentro de mi recto, por cual, Lo que dijo me pareció un poco repugnante. Pero no iba a decir ‘no’ después de haber llegado tan lejos. Me arrastré sobre mis manos y rodillas por el piso del gimnasio hacia David, y cuando lo alcancé, agarré su verga y me la llevé a la boca.

    Lo chupé y lo lamí hasta dejarla limpia. Cuando terminé, me arrastré de regreso a mi banco y me acosté en él, mirando al techo y preguntándome qué acababa de hacer y en qué me había convertido.

    * * * *

    No sé cuánto tiempo paso en mi fatiga orgásmica. Pero al abrir los ojos, David estaba vestido y listo para irse, y yo todavía estaba desnuda, pegajosa y tendida sobre un banco de pesas.

    Me senté y mis pechos se balancearon, pero los ojos de David, sin distracciones, se mantuvieron fijos en los míos.

    Miré el reloj de la pared. Nuestras dos horas habían terminado. Ya no era la puta de David. Yo solo era Eleny.

    Y: David, necesito hacerte una pregunta. No entiendo algo.

    D: Dispara. ¿Qué pasa, Eleny?

    Y: ¿Por qué te ofreciste a pagarme tan pronto? Eres un chico guapo. Lo sabes. No tienes que pagar a las chicas para tener sexo con ellas. Podrías haber intentado seducirme. Pero no lo hiciste. Me ofreciste pagarme dinero para culearme sin intentar seducirme primero. ¿Por qué?

    No respondió de inmediato, sino que recorrió con la mirada, todavía hambriento y salvaje, mi cuerpo desnudo. Abrí las piernas y supe que aún podía ver mi coño y mi culo mientras hablábamos. Me había acostumbrado en este punto y me gustaba verlo mirarme de esta manera.

    D: Eleny. Tenía muchas ganas de follarte el culo. Pero no solo quería eso. Quería saber que podía convertirte en una puta. Me gusta tener ese poder. ¿Qué puedo decir? Tengo un montón de dinero. Disfruto viendo lo que puedo hacer que la gente haga por dinero. Me da placer. Quizás te sorprenda de lo que le he pagado a la gente por hacer mi voluntad.

    Después de cómo me reventó el culo, no estaba segura de que algo de él me sorprendiera.

    Y: ¿Pero por qué tanto dinero? Eso es mucho dinero para pagar dos horas de sexo.

    D: Yo no pago por putas baratas, Eleny, – mirándome fijamente a los ojos. Me gusta que mis putas sean de primera y caras, como tú.

    Sus palabras fueron como una bofetada, degradante e insultante. Pero, tengo que admitir, me encantó. Solo unos días antes nunca me hubiera imaginado haciendo lo que había hecho, pero, sentada en el banco del gimnasio con mi culo abierto, me encantaba la sucia y desagradable idea de ser su puta de lujo.

    Mantuve mis ojos en los suyos.

    Y: A mí también me gusta.

    D: Lo sé, puta – Empezó a alejarse- Me tengo que ir.

    Señaló con la barbilla mi ropa en un montón de harapos en el suelo.

    D: Puedes vestirte y salir. Ricky cerrará.

    Lo vi caminar hacia la puerta, mis piernas y mi adolorido orto aún abiertos. David se volvió hacia mí antes de llegar a la puerta. Sus ojos escanearon mi cuerpo desnudo y se enfocaron durante segundos en mis agujeros antes de que dijera algo.

    D: Eres una buena puta, Eleny,

    En mi estado de locura, saboreé sus palabras como el mayor cumplido.

    D: Eres realmente buena. Quiero decir, la mejor. Y otra cosa.

    Y: ¿Que?

    Su voz cambió, se suavizó, adquiriendo un tono desconocido de cuidado y sinceridad.

    D: Me gustas, Eleny. Eres hermosa, y hay… algo en ti.

    Y: Gracias.

    D: Si quieres ganar más dinero con tus nalguitas, avísame. Tengo amigos con gustos similares. Hasta luego, Eleny.

    Y: Adiós, David.

    Salió por la puerta y me dejó sola en el gimnasio. Me levanté del banco con las piernas temblorosas. Me miré en el espejo de cuerpo entero de la pared y me quedé sin aliento al ver el reflejo de la joven mirándome. Su cabello enmarañado era un desastre. Su rímel estaba manchado. Marcas rojas manchaban sus brazos y piernas donde unas manos masculinas la habían sujetado unos minutos antes. Algo húmedo e indefinible se deslizó entre sus piernas y se escurrió por uno de sus muslos.

    Me volví hacia un lado y miré mi cuerpo desnudo y usado de perfil. Saqué mis las nalgas.

    Y: Así es lo como luce una puta

    Bajé mi dedo índice entre las mejillas de mi trasero y empujé. Mi culito todavía estaba estirado y abierto de par en par y el dedo se deslizó fácilmente. El semen gelatinoso de la verga de David facilitó el camino de mi dedo hacia el estrecho agujero. Lo moví dentro de mí y lo saqué, lo sostuve frente a mi cara y vi la capa de crema brillar en las luces del techo del gimnasio.

    Me metí el dedo en la boca y lo chupé hasta dejarlo limpio. Se veía desagradable en el espejo, pero no sabía tan mal. Principalmente semen y lubricante, con solo una pizca de culo.

    Cubrí con la ropa deportiva mi cuerpo cansado y pegajoso, agarré el sobre lleno de dinero en efectivo y salí.

    * * * *

    El tiempo transcurrió, y la vida siguió, al tiempo se presentó una gran oportunidad de emprendimiento para mi Mor, le comenté que tenía algunos ahorros para apoyarlo a consolidar ese proyecto, Pero, los diez mil que David me había dado eran suficientes.

    Entonces, hojee mis contactos en el móvil, en busca de quien nos podría apoyar, y miré el número de David en mi teléfono.

    Esperé un par de días más. Y aun nos faltaba algo de capital, y la ansiedad de mi Mor, iba en crescendo.

    Así que exacerbada y anhelante, le mande un mensaje a David.

    Y: Hola

    D: Hola

    Y: soy Eleny.

    D: ¡Eleny! Hola Perdida, Me alegra saber de ti. ¿Qué pasa?

    Y: Pues, aquí saludando…

    D: Espero que ya te hayas recuperado de la última vez que nos vimos

    Y: Si, bien recuperada, de hecho, de eso quería hablarte.

    D: ¿Si? ¿De qué?

    Y: Bueno… como decirlo…

    D: Escúpelo, sin rodeos. ¿Qué tienes en mente?

    Y: David, me preguntaba… mmm… dijiste que tienes algunos amigos que pagarían por mis nalguitas, ¿verdad?…

    FIN

  • Una calurosa tarde de verano

    Una calurosa tarde de verano

    Buenas tardes desde un campo un poco desierto.

    Otra tarde más aburrida y muuuy cachonda. Paso las horas pensando en que llegue el momento de darme bien de placer. En esta ocasión he olvidado mi juguete, pero me bastará sólo con mi propio cuerpo.

    Me daba un poco de miedo escribir este primer relato después de haber leído tantos y haberme tocado tantísimas veces leyendo los vuestros.

    Estoy cansada de vídeos, ya solo me llevan al máximo algunos de otras mujeres y hombres masturbándose, eso si, solo si hay muuuchos gemidos o leer todo tipo de cosas que me ponen tan cachonda, que eso sí que nunca falla.

    Y hablando de gemidos, ¿gemís? ¿Os gusta que os griten bien al oído?

    Ya me estoy mojando joder, voy a empezar por quitarme una falda larga, que creo que me empieza a sobrar.

    Estoy en tanga, negro, de encaje y ah quiero meterme la mano por debajo imaginando que son algunas de las vuestras que estáis leyendo esto. Lo estoy haciendo y espero que tú también hayas llegado a este punto ya. Ahora chúpate los dedos, me gusta demasiado eso.

    Voy a subir mi mano por la barriga haciéndome caricias hasta llegar a mis tetas, que ahí no voy a ser tan cariñosa. Me estoy tocando los pezones, ya duros joder. Y me agarro del cuello como si lo hicieses tú. Que rico si estuviésemos follando ahora, ¿verdad? Se me escapan los primeros gemidos pero tranquilo, todavía tenemos un rato para seguir disfrutando.

    Me imagino en esta cama tan grande en la que estoy yo sola contigo, comiéndome la boca, el cuello, bajando… sólo quiero que llegues ahí, que me lo comas como nadie lo ha hecho hasta ahora,  estoy demasiado caliente… es la hora de hacer círculos y de meterme en el primer dedo.

    Pfff que mojada estoy, me entra solo, quiero más, mucho más. ¿Tu como vas mi vida?

    Voy por el segundo y aún me gustaría que estuvieses reventándome. Me pongo bocabajo para que al moverme como si estuviésemos follando me roce el clítoris y ya no puedo más. Solo quiero correrme, en mi mente estás tú, tocándote y follándote leyendo esto, a la misma velocidad que yo, estoy gimiendo, mordiendo las sábanas, estoy demasiado cachonda y con demasiadas ganas de acabar. ¿Lo hacemos juntos?

    Venga, acelera, un poco más aaah casi lo tenemos joder, sigue, no pares, no pares, me encanta así, buah, más rápido, me corro, me corro.

    Nos vemos en el siguiente, espero que te haya gustado.

  • Intercambio con Rudy y sus amigas

    Intercambio con Rudy y sus amigas

    Soy Marcos y este relato es de la vida real que me sucedió con mi esposa Rudy. Ella es una mujer muy bella, ojos café oscuro, cabello negro abultado, labios rojos; ella es madre de dos hijos por lo que tiene algo de pancita pero no mucho; tiene caderas grandes y un par de nalgas grandotas y bien pronunciadas. Sus senos son de tamaño mediano pero sus pezones son rojos. Su vagina es rosada y un poco café pero depiladita parece una muñeca. Su ano está dilatado por las varias veces que le he cogido por allí, pero sigue siendo mi mayor placer.

    Una noche salimos a un bar en donde ella se encontró con unas amigas. Ellas estaban acompañadas de unos amigos con acento regional. Roberth, José y Diego estaban con Naty y Fernanda en la barra y nos saludaron cuando llegamos. En seguida nos integraron a la barra y pedimos tequila. Se encendió la fiesta en el bar y empezamos a bailar entre todos hasta cerca de la 1 am en donde Roberth propuso ir a su departamento y así los hicimos antes de que los tragos se suban más y no podamos conducir.

    Llegamos al departamento y empezamos a bailar entre parejitas mientras Diego servía bebidas. En un momento noté que Naty se encontraba con las tetas expuestas… Me la quedé mirando porque tenía unos senos enormes y deliciosos; me quedé pasmado porque Roberth enseguida empezó a mamarlos salvajemente mientras ella le desataba el pantalón dejando caer una verga de al menos 20 centímetros venosa y semiparada.

    Mi esposa quedó mirando mi reacción mientras por otro lado Fernanda estaba chupándole el pene a José quién tenía un miembro no tan largo pero era tremendamente gordo que casi no entraba en su boquita. Mi esposa y yo nos miramos y ella empezó a abrirme el pantalón hasta dejar caer mi pene de unos 18 cm generoso, gordo y venoso.

    Le dije que mi esposa si estaba segura y me dijo que lo deseaba. Enseguida le cogí de sus nalgas y como estaba con faldita le saque el calzonario suavemente mientras ella me desabrochaba el pantalón. Mientras esto pasaba Naty estaba encima de Roberth sobándose la vagina con el pene, y así mismo Diego mirando y desnudándose completamente quedando con su pene de 15 cm erecto en su totalidad. Mi esposa estaba mamando mi verga y a mi lado José lamiéndole la vagina a Fernanda.

    Mi esposa le invito a Diego a acercarse y este no desaprovechó y empezó a mamarle la raya del culo a mi esposa… en esas Rudy me lanzo al sofá y continuó mamando mi verga mientras veo a Diego que toma posición mientras Rudy empina el culo. Ella le hizo un señal con su ojete y el cabron metió su verga suavemente en la vagina de Rudy; él la empezó a cabalgar duro mientras por cada embestida mi pene llegaba cada vez más a la garganta de mi esposa.

    Mientras estábamos así, veo a Naty cabalgando esa tremenda verga de Roberth mientras el succionaba sus tetas; en cada sube y baja de Naty podía ver que literalmente se la estaba metiendo toda mientras él le acariciaba el ano; podía ver los jugos que botaba por los lados del pene de Roberth de las tantas veces que terminaba.

    En eso veo a Fernanda quién estaba recibiendo esa verga gorda en cuatro que se movía deliciosamente para adelante y atrás; José la tenía ensartada a su antojo dándole continuas dosis de carne en su vagina dilatada. Estos dos estaban prácticamente a nuestro lado, por lo que le invité a Fernanda a que me mame también la verga junto con mi esposa. Diego ni se inmutó y continuó dándole chorizo a la chepa a mi mujer.

    Rudy y Fernanda empezaron a besarse y a sobarse los senos. Era algo espectacular que estas dos hembras deliciosas empezarán a lamerse los pezones con su lengüita rosadas… luego de un momento, Rudy toma a Fernanda de las caderas y luego la escupe en su chucha y dirige la verga de su marido a la vagina de su amiga.

    Fernanda me empezó a cabalgar de una manera deliciosa, luego me percato que Rudy seguía en cuatro levantando sus tremendas nalgas, en lo que Roberth se percata de ello y se aparta de Naty… dirigiéndose directamente a la chepa de mi esposa con una verga totalmente empinada y empieza a meterle suavemente primero el glande que seguía goteando los jugos de Naty; solo pude ver cómo le salían los ojos a mi mujercita; claro ella tiene un tremendo culo pero literalmente el cabron la estaba abriendo. Empezaron a culear y mi mujer jadeaba mucho porque ella tiene la vagina estrecha y sin duda estaba sintiendo el placer del roce carnal.

    De mi parte yo también gozaba con Fernanda ya que tenía una vagina depiladita y también estrecha. La perra gozaba y se corría a chorros mientras le succionaba las tetas hasta que en un momento saboreaba líquido dulce que salía de sus mamas. Algo me inquietaba y era los gritos de placer de mi esposa quién ahora estaba cabalgando la verga de Roberth; mi esposa estaba frotando su clítoris con el pene erecto de su amante, mientras veo que Diego le lamía el agujero del orto… En un momento escucho un gemido fuerte y veo como Diego le estaba metiendo su pene en el culo a mi mujer mientras esta se sobaba con el pene de Roberth.

    Era increíble ver el culote de mi mujer siendo destrozado por ese pene sin embargo ella disfrutaba sobándose la chepa. Fernanda se levantó y se puso en cuatro patas para que le cabalgue, pero Naty también puso su culo al lado y empecé a meterle mi verga en las dos vaginas alternadamente mientras ellas se besaban de ladito. En eso me percato que Diego, mi esposa y Roberth estaban terminando al mismo tiempo. El primero apretando las caderas y ojete de mi esposa, mientras Roberth estrujando las tetas de mi esposa hasta no poder… Cuando finalizaron estos cabrones le pusieron a mi esposa de rodillas para que los termine de sacar hasta la última gota de semen.

    Me percaté además que José había también ya terminado y estaba sobándose las bolsas mientras nos veía. Acerqué las tetas de Fernanda y Naty y mientras me mamaban les lancé chorros de mi semen en sus caras y tetas; ellas se besaban y se lamían mi leche entre ellas.

    Nos sentamos en la sala y empezamos a platicar sobre lo sucedido y nos reíamos. Luego Roberth le dijo algo al oído a mi esposa, y ella me dice que se va a duchar. Ella salió y Roberth nos dice que tiene algo pendiente y fue atrás de ella. Estábamos conversando hasta que Diego empezó a mamarle las tetas a Fernanda, mientras que Naty se vistió pues su marido estaba por retirarle. José me dice que vayamos a revisar que pasó con Roberth y Rudy que no venían de a rato…

    Nos levantamos de los sofá y nos dirigimos al baño y cuando entro le veo a mi esposa de rodillas apoyada en unas gradas propias de la bañera… Y allí estaba Roberth con su verga totalmente empinada y dándole por el ojete a mi esposa. Pudimos ver cómo ella sacaba el culo totalmente y él le perforaba con cada embestida. Ella se percató que estábamos allí y me veía con una cara de placer y lujuria disfrutando cada centímetro que le entraba en su ano.

    José y yo teníamos completamente parados nuestros penes ya que Roberth sacaba su pene y veíamos a mi esposa con el hueco del ojete totalmente abierto y latiendo con ganas de más carne; José y yo deseábamos cogernos a mi mujer lo antes posible, pero en un momento escuchamos los jadeos de Roberth quien terminaba a chorros de semen en el orto de mi esposa. José y yo nos acercamos y pudimos ver que el culo de mi mujer estaba destrozado y ella no daba mas… nos hicimos al lado y ellos se incorporaron dándose un beso y salió ella toda adolorida deseando ya finalizar con esta sesión de sexo.

    Salimos a la sala y vemos a Naty y a Fernanda sobándose la chepa; me senté en el sofá y le invité a Naty a cabalgar cosa que hizo inmediatamente. Le mame las tetas hasta que le salió leche y en esas aparece José para colocarse atrás de ella y mandarle todo su pene por el culo. Empezamos a hacer el amor de una manera brutal terminado los dos machos al mismo tiempo en sus agujeros. Naty se vistió rápido porque su marido empezó a pitar el auto. El resto nos quedamos dormidos y con mi esposa preferimos salir sin despedirnos.

    Marcos

  • Infiel por mi culpa. Puta por obligación (29)

    Infiel por mi culpa. Puta por obligación (29)

    Ella decide… ¿Por si sola?

    ¿Por qué tanto silencio en mi esposo? Ninguna parte de su cuerpo se ha movido ni un milímetro. Tampoco a mi espalda, ya que en su respiración no percibo alguna molestia. Lo siento muy calmado y me invade la impaciencia. Francamente me esperaba una energúmena intervención suya, pero ha permanecido en silencio aguantando el suplicio de escucharme aceptar, –casi sin oponerme– acostarme con un hombre de avanzada edad por una cifra económica que desconoce. Un cheque de ocho cifras, que con seguridad superaba las ganancias de todo un mes de la mejor de las chicas prepago de los catálogos. ¡Es muy raro que no me haya dicho nada hasta el momento!

    Observo como pasa muy cerca de mis pies, –tan despistado como yo lo estoy– un cangrejo ermitaño caminando de lado y observándome con precaución al parecer, cargando aparentemente sin dificultad con el peso de su hogar provisional. Se detiene un instante, seguramente buscando cual camino tomar, pero de repente mueve sus patas y continúa de manera apurada su recorrido, regresando hacia las rocas que dan consistencia al rompeolas, buscando mayor seguridad. Y ahora sí, siento como Camilo se acomoda diferente, y espero resignada su andanada de recriminaciones.

    Un colorido y bullicioso «Truki Pan», se parquea sobre la calle desolada que está frente a mí, y hacer sonar sus bocinas para llamar la atención de quienes nos encontramos a estas horas en la playa. Con seguridad va retrasado hacia su destino final en Caracasbaaiweg, y como por arte de magia me crujen las tripas, captando toda mi atención. O por la cruda confesión de Mariana, es que necesito evadirme de aquí, unos instantes.

    Al ponerme en pie para colocarme los shorts, me sacudo lo mejor posible la arena pegada a mi húmedo trasero, para ir hacia el pequeño camión de comidas y analizar lo escuchado. Igualmente para comprar algo y traerle a Mariana.

    — ¡Espera ya regreso! Supongo que una buena porción de carnes a la parrilla, con papitas fritas, chorizo y pan, nos caerán de perlas ¡Voy por una picada para los dos! ¿O prefieres otra cosa? ¿Un taco o un burrito, si aún les queda? —Le digo a Mariana, mientras me tercio al pecho la mochila.

    — ¿Tienes hambre? —Me pregunta ladeando cabeza y tronco.

    —Me dieron antojos. Debe ser por el frio porque no creo estar embarazado. —Pretendo ser gracioso y vuelvo a preguntarle… ¿Entonces picada?

    —Bueno, está bien. ¡Y con muchas papitas, por favor! —Me contesta finalmente y me apresuro en acercarme al camión.

    Ahora cobra sentido aquella extraña fotografía, cuando desolado en la barra de aquel bar y envalentonado por el alcohol, le di una ojeada rápida al informe que me fue entregado, y en cuyos folios, –sobre todo en el último tercio– mis ojos se detuvieron en una imagen donde una pareja desconocida acompañaba a mi mujer y a Eduardo, a la entrada de un reconocido restaurante a las afueras de la ciudad. Los cuatro muy elegantes, y Mariana usando un escotado y entallado vestido de brillantes, que yo nunca le compré y que jamás se lo vi colgado en su armario, ni antes ni después.

    Haciendo memoria, después de regresar de aquel viaje junto a don Octavio, Elizabeth, y los demás integrantes de la cúpula directiva, a la semana siguiente con poca alegría en su rostro, Mariana me informó de una repentina invitación a cenar, para concretar una venta. Y como siempre, la animé a hacerlo pues no la veía muy convencida de asistir, aunque eso significaría para ella subir otro peldaño en el escalafón de vendedores de la constructora. Era su sueño ser la mejor y mi deseo mayor, el que consiguiera ser muy feliz al lograrlo.

    Recuerdo que me quedé la noche del jueves a disfrutar de la compañía de Mateo y de Natasha, con quien finalmente nos quedamos hasta muy tarde jugando en línea y en modo cooperativo, uno de los juegos que más nos divertían a los dos. Yo creyendo que le iba a enseñar, mientras cuidaba la integridad de su personaje en la pantalla de los inesperados ataques, y ella tan ágil con el mando, terminó por darme una lección de insospechados saltos y puntería letal, acompañados al final de la súbita victoria, con inocentes abrazos oprimiendo sus pechos contra el mío, más un fugaz y robado beso a mis labios. Y esperé en nuestra habitación despierto hasta que mi esposa regresara.

    — ¿Buenas noches o ya buenos días? —Saludo al empleado y el muchacho me sonríe para responderme cortésmente… ¡Bon día señor!

    —Dos picadas con todo, chorizo incluido. Suficiente salsita Barbacoa y mayonesa. ¡Y bastantes papitas a la francesa, por favor! —Culmino de hacerle el pedido.

    He sido el primero en llegar, pero detrás de mí escucho algunas voces, y entre ellas percibo mezclados los acentos. Dos son mexicanos y el otro asumo que es chileno. Se acomodan a mi costado derecho para leer en el tablero lo que ofrecen en el sabroso menú, y observo como dos de ellos tambaleantes se apoyan entre sí, pues ya están algo perjudicados por el alcohol ingerido. Deben ser parte de la fallida lunada a la cual fueron invitadas, Verónica y sus amigos. Mientras espero que preparen mi orden, me alejo un poco para fumar sin molestar y pensar en lo que me ha relatado Mariana.

    A mi modo de ver, ella siendo tan explícita al recordar aquella reunión, me confirma que no ha omitido nada y está siendo sincera. Por más que me duela saber que aceptó tan fácilmente aquella absurda propuesta, debo mantener la promesa que le hice a Rodrigo, y escucharla hasta el final. ¡Paciencia y tiempo! Me dijo cuándo le entregué las llaves de mi camioneta para que la vendiera, y luego por teléfono al avisarme sobre la decisión de Mariana de venir a buscarme para pedirme perdón. Sin embargo no me puedo mentir… ¡Me ha dolido saberlo! Llorar por dentro y sonreír por fuera al mismo tiempo si se puede, pues lo acabo de comprobar. Cuando se lo cuente a Rodrigo, con seguridad él con su pasada y similar experiencia, me dirá que estaba sumido en un estado de depresión, del cual podré salir tan pronto se levante el oscuro manto que ha cubierto todas mis dudas.

    Y tal vez sea cierto, pero como no estarlo si la soledad y mi tristeza me han acompañado durante los últimos meses, deprimiéndome al no hallar las respuestas, por más compañía que han querido brindarme desinteresadamente mis amigos Eric y Pierre, William y Kayra, pero sobre todo, los consentidores y cálidos abrazos de Maureen.

    — ¿Señor? ¡Señor aquí tiene su orden! —Me reclama el muchacho, alcanzándome el pedido.

    —Gracias. Y para beber dos Coca-Colas frías. ¡En lata por favor! —Le respondo mientras le extiendo los florines necesarios para cancelar mi pedido, y sobre el pavimento a un lado de la llanta del camión, abandonada queda la colilla de mi cigarrillo, humeante todavía.

    De regreso con ambas manos ocupadas, observo como Mariana ya se ha colocado su vestido, y ondea en el aire mi camisa rosada, sacudiéndola con fuerza. No se sonríe cuando se da cuenta que la miro, pero de inmediato tomas todas sus cosas, bolso y cigarrillos, las cervezas que nos quedan y se coloca su sombrero, disponiéndose a acercarse hasta una de las bancas de cemento donde he colocado las dos porciones de carnes, chorizo y las papitas que tanto nos gustan.

    —Hummm, huele delicioso. ¡Ahora si se me ha abierto el apetito! —Me dice en un vano intento por sortear el momento en que retomaré mi acusación.

    Pero antes debemos empezar a comer y al tiempo evitando mirarnos, lo hacemos utilizando nuestras manos. Engrasándonos las yemas hasta hacer brillar la primera falange, con restos de las salsas en la comisura de nuestros labios, y un penoso silencio entre los dos, roto solamente cuando nos chupamos los dedos.

    — ¿No vas a decirme nada? —Valiente me mira y me cuestiona mientras destapa la lata de su bebida gaseosa.

    —Es que ya lo sab… Presentía. Desde que me contaste como ese anciano, al tiempo que simulaba admirarte, te desvestía con la mirada. —Le respondo, sin mirarla pues estoy dejando lo más limpio posible, un huesito de la costilla. ¡Casi la embarro!

    Ella se apodera de las papas a la francesa y las devora con gusto. Entre tanto yo termino mi festín, exterminando el último corte de carne, pero volteo a verla, al escucharle decir…

    —No tenía otra salida, él tenía la sartén por el mango, y la verdad Camilo, me encontraba cansada de sentirme utilizada, ofrecida y vendida como una mercancía. ¿Hasta cuándo fungiría como su obediente puta? Debía ponerle fin a todo eso Camilo, sin que peligrara nuestro matrimonio. Por eso acepté aquella insensata propuesta pensando en hallar más adelante un maldito camino, una bendita salida a ese laberinto.

    En el tinte añil de sus ojos observo el vacío de una persona atormentada y en el tono de su voz, una muestra más de su sinceridad. Mastica otra papa, una de las ultimas que quedan en su plato, yo apenas si he empezado con las mías. Y su mano algo temblorosa lleva hasta su boca la lata de Coca-Cola.

    —No te voy a mentir, se me hizo un nudo en el estómago mientras hablabas. Es repugnante para mí, pensar en que permitiste que ese viejo decrepito te acariciara, lamiera tu cuerpo y besado tus labios. Que me lo hayas confesado, y por tanto te escuchara sin decir nada hasta ahora, no significa que lo acepte y así mismo, que por estar a tu espalda no hayas podido ver como estaba de afectado. Y si, entiendo que el hijo de puta de Eduardo te ofreció y prácticamente te obligó, pero tú Mariana, también fuiste culpable. Aceptaste esa oferta sin casi rechistar, es más, creo que al final lo disfrutaste. Una nueva venta que te representó una buena comisión y el canje por sexo, un dinero adicional. ¿Con esa ganancia ocasional, le hiciste ese costoso regalo a tu amante?

    Mariana se sobresalta y se echa para atrás enderezando su espalda y de inmediato se sacude las manos, palmoteándoselas con fuerza. Busca dentro del bolso su billetera, y tomando con cuidado algo de su interior, me extiende unos trozos de papel. Ocho para ser exactos. Los acomodo sobre mi muslo y me dedico a ordenarlos. Ante mis ojos tengo ya armado el cheque que le entregaron. Por Dios. ¡Diez millones de pesos! Qué barbaridad.

    —Esto es lo que para ellos, valía la entrega de tu esposa. Como ves jamás lo cobré. Y ese regalo al que te refieres, lo cancelé con mi sueldo. —Me responde sin que le imprima al tono de su voz, el timbre de su revancha.

    — ¿Disfrutarlo? ¿En serio crees que pude sentir siquiera un ápice de gozo al dejarle recorrer las partes de mi cuerpo con esas manos arrugadas y callosas? ¿Piensas que me deleité al sentir como su boca babosa se paseaba por toda mi piel, besándola y lamiéndola? ¡Menos en mi boca, pues no le dejé! Y que yo… ¿Qué me divertí al tener sexo con ese anciano? Estás muy equivocado, mi vida. —Me satisface de cierto modo escucharla decir eso, y ver en sus ojos la determinación con la que me responde. Tan firme y segura en su respuesta. Pero Mariana tras suspirar prosigue recordando y me acomodo de medio lado para escucharla.

    —No fue una patraña lo del periodo. Quizás debido a la impresión que me llevé al verme otra vez expuesta a traicionarte, los cólicos me atormentaron a la salida de aquella cafetería y apuré la llegada a nuestro hogar, pues la regla amenazaba con bajarme antes de tiempo. Mateo ya se encontraba en casa jugando en la sala y tras asearme, recibí la visita de Naty. Mi semblante no era el mejor y ella me preguntó la razón. ¡Cansancio y el periodo! Simplemente le respondí eso, y ella amablemente me preparó una agüita de hierbas, con jengibre, anís estrellado y canela, para calmar el malestar.

    —Prácticamente me obligó a recostarme sobre sus piernas, descuidadamente descubiertas por la falta de tela en su falda tableada de colegiala. Hablamos bastante esa noche, ya sabes, cosas de chicas. Le pregunté por su vida amorosa, muy pocos noviazgos me confesó, a pesar de ser ella una niña tan preciosa y atractiva. Iryna no le quitaba el ojo de encima y le espantaba los pretendientes, se me quejó. Y esa era la razón por la cual Naty se mantenía todavía virgen.

    Mariana concentrada, intenta limpiarse la grasa de sus dedos, utilizando dos servilletas. Yo tomó solo una, y con ella decido frotar primero el borde de la lata de mi gaseosa antes de destaparla, y luego si la utilizo para quitar lo mejor posible, las boronas y el aceite de los míos.

    —La otra causa es que los chicos de su edad no le atraían demasiado, le gustaban mayorcitos y con mayor experiencia. Me recordó a mí, que pensaba de manera similar por aquellas épocas de adolescencia. La diferencia era que mientras yo estudiaba en un colegio de monjas, Naty lo hacía en uno mixto. « ¡Quiero perder mi virginidad con un hombre experimentado!». Me confesó mientras sus dedos entretejían trenzas con mis cabellos. « ¡Con alguien que sepa complacer mi inexperiencia, delicado y atento, cariñoso pero osado!». —Puntualizó.

    —En ese momento pensé en ti, pues ella había descrito a la perfección tu personalidad y manera de ser, y entre risas le hice el comentario… ¡Un hombre como mi esposo! Asintió con la cabeza y en voz baja, pero para nada apenada, Naty me lo confirmó. « ¡Sí, con gusto le abriría las piernas a un papacito como él!».

    —No me sentí celosa, cielo, por el contrario. Se me infló el pecho de orgullo al ser yo la única mujer en el mundo, capaz de disfrutarte, de amarte y ser por supuesto, bien correspondida. Eras mío, egoístamente exclusivo.

    —Y mira qué curioso, pero recibí al instante tu llamada, como si ella y yo te hubiésemos contactado telepáticamente. No estabas en el hotel, pues andabas tomándote unas cervezas cerca a la playa, acompañado por tu admirada Elizabeth y los directivos. Por eso recuerdo claramente que tu voz se entrecortaba. Naty fue en búsqueda de Mateo para avisarle de tu llamada, y mientras tanto te dije que te extrañaba demasiado.

    — ¡Me haces mucha falta también! —Amoroso como siempre me respondiste, y ambos al unísono dejamos salir de nuestro interior un muy sentido ¡Te amo! Naty quería quedarse a dormir conmigo esa noche para cuidarme, pero los deberes escolares eran lo más importante, así que convinimos en que haríamos una pijamada la noche del viernes y se quedaría conmigo, jugando las dos con Mateo, hasta que tú regresaras el sábado a mediodía.

    —El jueves en la oficina al presentarle a Eduardo la carpeta con el contrato firmado, ante la mirada de todos mis compañeros, fui muy aplaudida. Fingí una sonrisa ante aquella desabrida victoria. Los dulces y bombones que estaban sobre mi escritorio, obsequiados por mi «amigo secreto», los guardé en mi cartera para entregárselos por la noche a nuestro hijo. Y a mí, se me había pasado por alto endulzar al mío. Evité encontrarme a solas con Eduardo para no hacerle mala cara, quizás también temerosa de que me presionara más, y afortunadamente ese dia, laboré en la sala de ventas de los apartamentos al sur de la ciudad, acompañada por Diana y con sus conversaciones amenas, más las acostumbradas bromas, me alegró la tarde. K-Mena, Carlos y José Ignacio, lo harían al día siguiente, y así pensé que podría negarme con mayor facilidad, al cotidiano encuentro en el bar para festejar por los negocios realizados.

    —Fue ese el día en el que Diana me informó que junto a las muchachas del otro grupo, ya habían planeado la fiesta de fin de mes, para la entrega de regalos por el mes del Amor y la Amistad, y que por supuesto, José Ignacio comedidamente había ofrecido su casa para realizarla allí.

    Veo a Camilo echar para atrás la cabeza y en su cuello, el esternocleidomastoideo se le flexa, rodeando la prominencia de la manzana de Adán. Es la señal inequívoca de que hace memoria y suspira pero de mala gana. Sí, recuerdo que no fue grato para él, tampoco aunque no lo pareciera en el momento, lo fue para mí. Discutimos horas antes por una estupidez mía y pasamos unos días sin dirigirnos la palabra, escasamente para lo indispensable. Todo por una decisión vanidosa, egoísta y errada al elegir mi vestuario. ¡Yo y mis putas cagadas!

    — « ¡Ballenas, ballenas, ballenas!». Exclamó admirado. Los cinco, nuestra vecina rusa y su hija, Mateo, tú y yo, no hablamos más que de eso, cuando te envié los videos que había conseguido filmar en altamar y los descargaste en tu computador portátil para verlos mientras charlábamos. Nuestro pequeño muy emocionado al ver los lomos emerger de las profundidades, y escuchar como exhalaban con fortaleza, no hacía más que ametrallarme con infinidad de preguntas. « ¿Papito, son muy grandes? ¿Tienen barbas largas? ¿Muerden? ¿Las tocaste? ¿Cuándo me llevaras a verlas?». —Y después de responder a todos sus interrogantes, interviniendo todas ustedes de vez en cuando, para aclarar alguna que otra respuesta de mi parte, vi como el cansancio lo venció y se fue quedando dormidito sentado en tu regazo.

    —Sí, y cuando terminamos la videollamada, Naty destapó unas cervezas sin el permiso de Iryna, –me sonrío al recordarlo– pero al estar en nuestra casa no puso problema y nos acompañó un rato más, hasta que una llamada de su esposo le obligó a marcharse para su casa. Y nos quedamos por fin a solas, Naty y yo, comiendo palomitas de maíz, salchichas y gaseosa, haciendo un maratón visual de una serie que ella quería ver, pero entre capítulo y capítulo me relataba algunas cosas de su día de clases, hasta mencionar de nuevo su parte emocional y uno que otro secreto muy personal. Yo por igual le confié algunas intimidades mías, aunque me dejó rondando en la cabeza una idea.

    Camilo se muestra muy extrañado y me mira de forma inquisidora, abriendo demasiado sus ojos cafés.

    — ¡No cielo, no me mires así! Pues no fueron tantas, ni muy explícitas o comprometedoras, pero así nos entretuvimos y dejamos de prestarle atención a la televisión, y pasamos enseguida a la sección de maquillaje, enseñándome ella algunos trucos que había aprendido mirando videos por internet, e inventando para mis cabellos largos nuevos peinados, más juveniles y modernos, actualizándome por igual, en los tonos de moda para pintarme las uñas… Y fotos, cielo. Muchas fotos.

    —Es que Naty encontró tu compacta cámara digital, la que habías dejado abandonada en un estante del estudio, como si fuese una reliquia del pasado. Hasta la madrugada estuvimos modelando, una para la otra, probando mis vestidos. Se colocó una minifalda, la de cuero marrón. Esa me la ayudaste a escoger. ¿Recuerdas? Y Alabé la imagen tan sexy que brindaban sus piernas a medio cubrir, pero ella me respondió un tanto contrariada…

    —Es una verdadera lástima que no pueda salir a la calle con una de estas, sin recibir silbidos indebidos o piropos subidos de tono. Ni dejar de recibir ese tipo de miradas, que a pesar de tener la misma intención, me incomodan cuando provienen de muchachos que no me atraen y si me desagradan. Pero es que al mismo tiempo quisiera que de sus ojos provinieran. ¡Pero para él nos soy nada más que una «culicagada»!

    — ¿De quién hablas? —Le pregunté intrigada, pero ruborizada Naty evadió mi súbito interés, mirando hacía el suelo y tan solo me comentó…

    —De un amor imposible, Meli. De un ser de otra época que se me adelantó en el tiempo, o quizás fui yo la culpable al retrasarme y encontrarlo enamorado de otra. ¿Sabes? Es un hombre especial y divertido, tan tierno y amoroso con su… –Calló por unos segundos mientras daba un rodeo con su mirada al interior de nuestro vestier. – ¿Y aquí que guardas? —Arrepentida me preguntó, cambiando de tema.

    —Tenemos prácticamente la misma altura y medidas similares, por lo tanto ya un poco achispadas por las cervezas, el cajón con mi ropa íntima fue asaltado por sus curiosas manos, y modelamos para la lente y el flash de tu camarita, en ropa interior. Las viste. ¿No es así? —Le pregunto a Camilo y con el movimiento de su cabeza, lo confirma.

    —A su figura, todo lo mío le sentaba de maravilla, y se enamoró de uno de los últimos conjuntos que había adquirido aconsejada por Diana, para sorprenderte con una noche apasionada. Uno verde, en tela sedosa brillante y con indiscretas transparencias, de los más sexys y atrevidos que elegí. Se lo obsequié, haciéndole prometer que lo guardaría para usarlo únicamente cuando decidiera que era el momento adecuado y con el hombre indicado, para disfrutar su primera vez. ¡Y vaya si me hizo caso! ¿No fue así, cielo?

    — ¿Y cómo iba a saber que era un obsequio tuyo? Y no me refiero a la ropa interior. —Finalmente tras responderle sin apartarle la mirada, me pongo en pie para en seguida, sin esperar por su respuesta, tomar mi mochila por la ancha correa y colgármela al hombro. Las dos botellas de cerveza restantes con una mano, y la gorra de los Yankees, la acomodo sobre mi cabeza con la visera puesta al revés, ocultando las ondulaciones de mi melena, miro a mi esposa y le ofrezco mi mano para que se levante. Lo hace, su delicada y tibia mano se aferra a la mía pero no se levanta, tan solo me auscultan los preciosos topacios de sus ojos, y se me ocurre decirle para deshacer el hechizo…

    — Y pues sí. ¡Hacían juego con el color esmeralda de sus ojos! —Por la cara que ha puesto Mariana, creo que la cagué, pero curiosamente, mi mujer me responde muy calmada…

    —No tenías por qué saberlo, es verdad. Ni ella tampoco. Ninguno de los dos tuvo la opción de elegir. Intervine con discreción para que así sucediera, pero no fue cosa de un día, cielo, sino qué se fue dando con el tiempo. Yo la escogí a ella para ti, por su atrayente adolescencia y la graciosa afinidad que tenían ustedes dos, divirtiéndose como un par locos con aquellos videojuegos y las películas de acción que a mí me aburrían. Con algo único y especial que ella si podía ofrecerte. Una joya que yo jamás podría entregarte. ¡Su virginal tesoro!

    — Y para Naty te escogí a ti, al descubrir que eras su amor platónico, –y no precisamente por mi «sexto sentido»–, sino por el brillo que observé varias veces en sus ojos verdes, cada que su mirada adolescente se le perdía en el limbo de tus masculinos gestos cuando estabas cerca, o en su carita emocionada, tan pendiente del movimiento de tus labios cuando hablabas y embobada como quinceañera enamorada cuando sonreías, fijándose en un hombre que no se daba por enterado al estar perdidamente enamorado de mí. Su admiración por ti era mayúscula, creciendo en su interior desde aquella vez que por cosas del destino, terminó ocupando mi silla en el cinema del centro comercial, salvándome de presenciar tantos autos estrellándose sin sentido. ¡Gustos y aficiones similares! Coctel peligroso para una chica con tantas hormonas alborotadas, liberando feromonas cerca de ti.

    — ¿Cómo se te ocurrió esa locura? No solo por su edad ni por mi estado civil. Simplemente yo te ama… ¡No tenía ojos para nadie que no fueras tú, Mariana! Ni tenía espacios disponibles en mi corazón para alquilar a nadie más.

    —Una confesión entre dos amigas, cielo, que no podía pasar por alto ni echar en el olvido, pues me permitiría más adelante, darle un rumbo nuevo a nuestras vidas, si manejaba con cuidado e inteligencia los hilos de su compenetrada afición por los videojuegos de acción y mucho vértigo, superando pruebas para vencer entre ustedes dos y sus amigos, a los enemigos aparentemente imbatibles. Me gustaba verlos festejar sus logros hasta altas horas de la noche, entre gritos emocionados de ella y sobresaltos tuyos, con cervezas para ti y limonada o jugo de Lulo en su caso. Y así fui maquinando en mi mente una estrategia para que fueran más cercanos y de alguna manera, retribuir tu lealtad y amor, en compensación por mis infidelidades. Premiar a Naty por su amistad y compañía, ofrendando al mejor y único hombre de mi vida, como la señora Margarita lo hizo, permitiéndole a su esposo después de muchos años, disfrutar de unos pocos instantes conmigo.

    Camilo niega varias veces al mover su cabeza de izquierda a derecha, sin poder dar crédito a mis palabras. No lo culpo, pero tampoco me voy a excusar por ello, aunque si debo aclararle mis motivos. ¡Será lo mejor para los dos!

    —Bastaba con un simple empujón, o colocar como carnada descuidadamente la cámara al alcance de tus ojos. Un pequeño adelanto visual de unas formas femeninas, nuevas y tiernas, atractivas y tentadoras, para que aquel hombre con más edad y experiencia, se fijara en la bella mariposa que con sus alas extendidas, estaba dispuesta a aventurarse en su mundo, y así mi vida, dejaras de verla como la maravilla recién surgida del complejo ovillo de seda, intocable para tus manos por lo delicada, y prohibida para tus ganas por su mocedad.

    —Qué curioso, Mariana, que para una misma virtud, tuvieras en mente planes diferentes. Para una de ellas, la más extraña y ajena, buscar a como diera lugar preservársela, ofreciendo tu cuerpo en su lugar. Más para la otra, la más pequeña y cercana, sembrabas en su mente adolescente la semilla de vivir un momento placentero e inolvidable, hasta lograr inculcarle que ella debería ser para mí.

    —Y no me arrepiento por eso, mi vida. Era un sueño para Naty y una oportunidad para ti. Acaso te olvidas las muchas veces que tras hacerme el amor, ¿te imaginabas siendo el primer hombre de mi vida? ¿Qué añorabas tanto de mí? ¿La oportunidad perdida de ser el hombre que me desvirgó? Pues como te lo había respondido siempre, eso para mí no fue ni placentero ni inolvidable. Me importan más otras cosas donde tú no solo has sido el primero sino el único, convirtiéndote para mí en ese hombre imperecedero.

    — ¡Mis primeros orgasmos encadenados, por ejemplo! –Le sigo mencionando, sin dejar de acariciar su mano. – ¿Obtenidos gracias a quién? A ti por supuesto. Mi único esposo y padre de nuestro hermoso hijo. El primero en sacarme de la comodidad de mi hogar y la rutina de la ciudad, convenciéndome en seguirlo y viajar a esta isla, alejándome de todo para iniciar una aventura. Has sido para mí el primero en todo, mi cielo, y sin poder remediar lo otro, lo que tanto añorabas, al menos pude entregarte por vez primera mi culito. ¡Ese momento Camilo, si fue importante y primordial para mí!

    — ¿Y entonces me comprendes ahora, cielo? ¿Quién mejor para la pequeña y soñadora Natasha que tú, mi adorado esposo, para volver realidad su sueño de convertirse en mujer y así de paso, cumplir también con el tuyo?

    Desfilan risueñas frente a nosotros, Verónica y sus amigas, húmedas de pies a cabeza, sonrientes y hambrientas. Detrás se acercan sus otros amigos de camino hacia el Truki Pan. El alcohol y los chapuzones en las aguas frías de este mar en nocturna calma, logran ese efecto, y a eso se suma el delicioso olor de la parrillada y las papitas fritas. Pero no alcanzo a escuchar sus voces realizando su pedido, pues Mariana se ha puesto en pie, y sin soltar mi mano, colocándose bien pegada a mi costado, al oído me susurra con su voz delicada y cariñosa, lo que para ella fue nuestro reencuentro, tras regresar de mi viaje.

    —Volviste a mis brazos cuando regresé a la casa al atardecer del sábado, –continúo haciendo memoria– agradecidos al poder aferrarme de nuevo al contorno de tu cuerpo, sintiendo en la fortaleza de aquel abrazo, tu pasión por mí, tu necesidad de mí, y dentro de mi alma y el corazón, la mía de ti. Aferrarme al único hombre que me brindaba tanta paz y tranquilidad era lo que más deseaba y con Mateo ya durmiendo, aprovechamos el tiempo los dos bajo la regadera de la ducha besándonos descontrolados, reiniciamos nuestras vidas al bañarnos juntos, sin sexo por el obstáculo de mi periodo, aunque tus manos inquietas no abandonaron su intrépida costumbre de acariciarme toda. ¡Tú has sido siempre mi refugio, y el polo a tierra que en esa época me mantenía cuerda ante tantas locuras mías, sin que obviamente lo supieras!

    —Tengo frio todavía, Mariana. Aprovechemos que ellos ahora están comiendo y nos acercamos a su fogata para terminar de secarnos. ¿Te parece? —Se sonríe y pasa su brazo por debajo del mío, pero respetuosamente no inclina su cabeza sobre mi hombro. Mantiene con prudencia su distancia y camina con elegancia a mi lado, llevándome de gancho.

    —Comiste muy rápido. ¿Tenías hambre? —Le pregunto asombrada pues pocas veces lo he visto con tan buen apetito. Y Camilo antes de responderme, justo al lado de los leños que arden, destapa nuestras dos últimas cervezas.

    —Quizás sí, o por lo que estaba mojado. No lo sé. Últimamente mi vida se ha basado en saltarme las horas de comida, bebiendo mucho hasta perder la noción del tiempo, dormir muy poco y cuando lo logro, soñar contigo mucho. Pesadillas en realidad, te lo confieso, donde te pierdo una y otra vez, alejándote de mí, arrastrada por una mano de hombre con una buena imitación de un Rolex dorado en su muñeca.

    Bebemos los dos un corto sorbo y después de hacerlo, al tiempo estiramos nuestros brazos hacia el calor que nos brindan las llamas. Estamos casi solos aquí, tan solo la pareja de enamorados que nos observaron anteriormente, han decidido regresar desde el otro extremo del rompeolas caminando por la pasarela de madera, y mientras los observo venir, los vellos de mis antebrazos y la nuca se me erizan sin alguna carga electrostática de por medio, pero tal vez mi sexto sentido me esté avisando sobre la pendiente pregunta de Camilo, para despejar aquella otra duda. Y preciso sus ojos cafés conectan de inmediato con los míos y…

    —Fue aquel dia entre semana, ¿no es verdad? Lo antecedieron unos días de amor en familia y buen sexo en la intimidad de nuestra alcoba, para distraerme mientras que yo ocupado en otros temas que debía de atender… ¿Esperaste a que me fuera de viaje nuevamente a Peñalisa para cumplir con tus obligaciones?

    —No lo recordaba así, pero tienes razón. Sucedió al dia siguiente de tu partida por la noche, cuando al lunes siguiente por la tarde, en la oficina nos enviamos varios mensajes cariñosos después del almuerzo para conocer cómo transcurría nuestro día laboral, y me enteraste de tu obligado viaje semanal a la agrupación, de nuevo acompañado por tu eficaz y guapa asistente. —Se lo menciono con cierto desdén.

    —Ya te lo he explicado infinidad de veces, Mariana. Con Elizabeth nunca sucedió nada. Creíste encontrar algo comprometedor cuando escuchaste su voz, a mi lado dentro de mi habitación del hotel, efectivamente algo tarde en la noche, pero estábamos trabajando. Revisábamos junto al ingeniero, la cimentación más recomendable para un terreno algo blando, cercano al arroyo sur. Pero como él no habló, supusiste que yo estaba a solas con Liz y te enfadaste. Imaginaste un poco de cosas por… ¡El que las hace, las imagina! ¿Esa fue la excusa que necesitabas para marcharte?

    —No, cielo, no fue así. Sí, en efecto me enfadé contigo, sentí celos de ella y tienes razón, no tenía motivos para dudar de ti, es solo que preciso al otro día debía cumplir con aquella cita y se me hizo extraño que tu llamada fuera tan normal, y que no utilizaras el video para vernos. Escuchar esa risa, y luego su voz llamándote, reclamando tu atención… Supongo que todo se juntó y me traicionaron los nervios. ¡Lo siento! —Le respondo y de nuevo siento que se humedecen los ojos.

    —Y sí, pacté con la señora Margarita y con el hijo de… Puta ese, –miro a Camilo, pero ya no me hace mala cara por la grosería– que en la noche de aquel jueves cumpliría con mi parte. No te voy a mentir, cielo ya que no he olvidado esa noche, y la verdad no me gustaría explayarme mucho en los detalles, pues como ya te dije, no lo disfrute cómo tal vez llegaste a creer. La recuerdo más bien por otras escenas que me fueron imposibles de no contemplar, y por algunas frases interesantes de una disertación que escuché con atención y sobre todo por tu madrugadora sorpresa.

    — ¿Acaso que escuchaste o que viste? —Le pregunto a Mariana.

    —Espera cielo ya te cuento, déjame recordar paso a paso. ¿Ok? Y mejor vamos a caminar. Demos un paseo hasta el fondo del malecón, que ya vienen para acá las chicas con tu amiga, la rubiecita esa que te quiere «echar a la muela». —Y Camilo, se gira preciso para levantar su mano y saludarlas sonriente. Yo no lo hago, y pienso que es mejor irme adelantando.

    —El lugar del encuentro fue de nuevo en el apartamento de soltero de Eduardo, donde se supone que yo vivía. –Le comento a mi esposo, tan pronto escucho sus pisadas presionar las tablas diagonales del maderamen, un paso detrás mío. – Allí Fadia por supuesto, se encargó de animarme comentándome que deberíamos salir juntas de compras, para invertir aquella suma de dinero en nuevos vestidos de diseñador, joyas importadas y tratamientos corporales de última tecnología. Me maquilló los ojos con colores fuertes, y en los parpados utilizó escharcha. Delineó mis labios de un rojo intenso, el mismo tono para las uñas de mis manos y los pies. Igualmente se demoró bastante, indecisa entre peinarme con ondas sueltas o dejármelo todo lacio. Y hasta me ayudó a vestir pues me tenía preparado sobre la cama, un modelito en verdad demasiado ajustado, corto e impúdicamente escotado. Decorado con diminuta bisutería acrílica e hilillos plateados, y complementando aquel diseño de princesa discotequera, un par de guantes brillantes que me llegaban dos dedos por encima de los codos. Camilo no aparenta estar sorprendido, por lo tanto continúo comentándole.

    —Aquella pareja nos recogió en una limusina americana negra, y fuimos a cenar. Habían apartado mesa en un restaurante elegante, el que está ubicado por la salida oriental, construido a las faldas de la montaña, eso sí, con una hermosa vista sobre la ciudad iluminada.

    — « ¡Querida, estas divina!», me saludó ella, y don Fernando tras besarme el dorso de la mano al ayudarme a subir al auto, –mirándome como a la última tajada del pastel, con hambre retrasada– igualmente me dijo que estaba preciosa y que con aquel vestido, le parecía estar viendo a la más hermosa de las ninfas.

    —Y yo les sonreí a ambos, pero individualmente a mí misma, pues con agilidad mental jugué con el significado de esa palabra, y para nada me veía como una mitológica deidad griega, sino como una simple y vulgar prostituta, negociando comisiones a cambio de alquilados placeres carnales, y aunque yo no lo sintiera, para ellos y los demás quizá yo sufría un poco de ninfomanía.

    Camilo le pega el último sorbo a su cerveza, mientras que en la botella mía queda todavía más de un cuarto. No tengo sed y se la paso. Mejor será para mí continuar por el siguiente tramo, el más largo, fumándome un cigarrillo.

    —Parecían ser ellos una pareja reconocida y clientes asiduos del restaurante, pues nada más llegar se saludaron a la entrada con varias personas. Escasas las personas jóvenes, abundantes los hombres de avanzada edad, luciendo trajes muy elegantes, al igual que las señoras presumiendo sus vestidos, como si fuesen famosas divas en algún evento benéfico.

    —Entre plato y plato, me iba indicando con prudencia la señora Margarita, a quienes conocía. «Aquel es el Ministro de…» Un ministerio que no recuerdo. «Este otro es el pastor de…» Alguna iglesia que tampoco me importó saber. «Y la de la mesa del fondo, es la cirujana cardiovascular de…» Mucho menos presté atención en cual renombrada clínica prestaba sus servicios. En fin, cielo, que al parecer la crema innata de la sociedad capitalina estaba esa noche cenando allí, y el «hijueputica» de Eduardo parecía niño chiquito en un parque de atracciones, feliz de codearse con aquellas personalidades.

    —De allí salimos hacia La Calera, hasta un chalet ubicado en una vereda, no muy lejos de la vía principal. Nos recibieron una jauría de perros. Siete alcancé a divisar. El cuidandero con un fuerte grito los espantó y luego de correr la verja de madera, se apartó para darle paso a la limusina y no lo volví a ver. La casa de ladrillos a la vista, ventanas pequeñas cubiertas por pesados velos, y el techo de paja cubriendo esa única planta, ya tenía encendida en el salón, la chimenea.

    —Se miraron los dos y sonriéndose, se ubicaron cada uno a mis costados y me tomaron de gancho llevándome hacía el interior de aquella sala iluminada tenuemente, dispuestas varias decenas de espigadas velas rojas y gruesos velones amarillentos, cercanos a un gran ventanal. Y cerca de este, un sofá semicircular de tres cuerpos y dos mullidos sillones isabelinos ubicados diagonalmente en el frente. Me ofrecieron brindar con champagne, Eduardo declinó la invitación y en lugar de ello, haciendo de DJ, colocó en un equipo de sonido antiguo y bastante alto, un disco de música bailable y me invitó a bailar. La señora Margarita hizo lo propio con su esposo y después de dos canciones, para la tercera que sonó, hicimos un forzado cambio de parejas. Nerviosos él y yo, hablamos de cualquier cosa menos de aquello para lo que nos habíamos reunido, quietos en el mismo sitio, sobre los «encerados» listones de madera. Finalmente se relajó y bailó conmigo dos o tres temas de salsa. Guayacán y el grupo Niche eran sus preferidos por lo visto, al igual que los míos, aunque el vestido tan ajustado y los zapatos de tacón tan alto, no me permitieron bailar con la soltura de siempre.

    —Luego ellos dos se acomodaron en el sofá y Eduardo en una de las sillas, y aparentemente entre brindis y sonrisas, festejaron por la conclusión de nuestro negocio. Me acerqué hasta el mesón y serví un largo trago de ron, adicionándole únicamente dos cubitos de hielo. Necesitaba calmar mis nervios y ponerle buena cara a mi molestia. No lo deguste en realidad, pues de un solo sorbo lo envié con ardor hacia mis entrañas. Don Fernando se acercó hasta la esquina donde me encontraba, nerviosa y pensativa, con demasiadas ganas de fumar, y de tener la posibilidad de abrir las ventanas, –pensé– con gusto me escaparía rumbo a nuestro hogar.

    —No lo hice pues de nuevo me invitó a bailar, una melancólica melodía entonada en portugués. Como un inexperto colegial me preguntó por mi vida privada, mientras me apretaba nerviosamente por la cintura, asombrado por el trato que recibía de mi esposo. No el real por supuesto, sino aquel inventado por Eduardo. Por supuesto que le seguí la cuerda un poco, sin brindarle tanto detalle, pero sí explicándole que aquello que estaba haciendo, a pesar de todo, era mi primera y sería la última vez.

    —En medio de la canción intentó besarme en la boca. Fue la primera vez. Logré esquivar aquel intento girando la cabeza, pero ofreciéndole de manera coqueta mi mejilla y la extensión desnuda de mi cuello. Me dio varios besitos con su boca cerrada y al tiempo que lo hacía, le dejé muy claro que tendría de mi cuerpo todo, menos besos en la boca, pues me sentía como una fulana callejera y había escuchado decir por ahí, que a las putas no les agradaba que las besaran en los labios de arriba. ¡Con los de abajo, –le dije– puedes hacer lo que quieras!

    —Antes de finalizar el baile creí sentir su erección, e ingenuamente creí que todo terminaría pronto, si lograba erradicarte de mi mente y dedicarme solo a complacer a ese hombre. Fue una falsa alarma. Y ni modos de darle una pastillita de las azules, pues el Sildenafil estaba prohibido para las personas que como él, sufrían de problemas renales y afección al miocardio. Eso lo había dejado muy en claro la señora Margarita, al preguntárselo con curiosidad durante la cena. Y yo con ese afán de terminar pronto con esa obligación y regresar a casa para estar con Mateo, decidí jugarme la penúltima carta, la de mis manos acariciando su rostro, deshaciendo el nudo de su corbata y desabotonando su camisa. ¡Insinuándomele!

    Ya hemos llegado hasta el final del largo tramo, y Camilo sin decir nada, se ha deshecho del agarre de mi brazo y ahora apoya un pie sobre las irregulares piedras del rompeolas. ¿Enojado y resentido? No me lo parece, a pesar de suspirar y tomar del bolsillo de su camisa lo cajetilla roja y blanca para extraer con los dientes un nuevo cigarrillo, se me antoja muy tranquilo. Yo sin darme cuenta he permitido que entre mis dedos, el mío se consumiese solo.

    — ¿Y cuál fue la última, si puedo saber? —Me pregunta Camilo, expulsando una doble hilera de humo por la nariz.

    —Ya te voy a contar, espera. Tomé la decisión de llevármelo para una habitación, un lugar más privado, dejando a la señora Margarita y al morboso de Eduardo en el salón, y tras cerrar aquella puerta, ir desnudando sus ganas con cautela, desvistiéndome sin prisas, antes de que por su temor y torpeza, don Fernando apurado al arrancarme mis ropas, las convirtiera con sus manos temblorosas, en inservibles harapos.

    — ¡Entonces sí pudo! ¿Te penetró? —Me pregunta desilusionado. ¡Mierda! Será mejor explicárselo.

    —En la alcoba, después de dejarme adorar todo el cuerpo por sus piropos y sus caricias, sin evidenciar algún atisbo de erección, tuve que… Tuvimos que recostarnos y mientras le brindaba a su cabeza un espacio entre mis muslos, yo a él… Ya sabes, se lo chupaba. Le estrangulé con una mano, el tronco desde la base, y con la otra le subía y bajaba el pellejo. Pasaban los minutos, se me cansaba la quijada, me estaba desesperando, hasta que su… ¡Reaccionó! —Camilo impaciente, se rasca la barbilla con el pulgar y el anular, sosteniendo entre su dedo medio y el índice, el cigarrillo.

    —Obtuve una mediana consistencia de su verga y el de mí, con sus dedos y su boca, un único orgasmo. Y creo que exageré un poco mis gemidos, para que negarlo, pero esos ruidos más el movimiento de mis caderas al retirar de sus labios mi vulva para descansar, terminó por envalentonarlo más, y lo estábamos intentando, en la clásica pose del misionero pero por querer besarme en la boca nuevamente, no atinaba a meterlo. Cambié de pose haciéndome de lado y ofreciéndole mi grupa y ocupados en ese intento, fue cuando escuché chirriar la puerta y crujieron las tablas de la entrada.

    —Bajo el marco de la puerta, las figuras a contraluz de la señora Margarita y Eduardo nos observaban expectantes. Me fijé en su mirada. En la de la mujer que había entregado a su muñeco, en los brazos de otra mujer para que se recuperara. Y vi luces, felices brillos enamorados. No me preocupé por mirar a Eduardo, era apenas obvio que disfrutaba del espectáculo. Y aquí es cuando me jugué la última carta, cielo.

    —Que… ¿Qué hiciste? —Le escuchó muy bajito preguntar.

    —Me puse en pie y así completamente desnuda estiré mi brazo y avancé dos pasos hacia ella. La señora Margarita no lo dudó, y comprendiendo mis intenciones, empujó a Eduardo fuera de la habitación y le cerró la puerta prácticamente en las narices. Nos acercamos a la cama, ancha y de madera de fuerte guayacán, y le pedí a don Fernando que me ayudara a desnudarla.

    — ¿Hiciste un trio con ellos?

    —Es lo que parecía, cielo. A ellos también, y eso los emocionó, sumiéndolos en un frenesí de pasiones abandonadas más nunca olvidadas. Pero no era esa mi intención. Los reuní, sí, pero me aparté y en primera fila los vi hacer el amor. Finalmente don Fernando pudo volver a tener sexo con una mujer. ¡Con la suya! Y al final no tuve que entregarme… ¡Entera! Pero si aprendí junto a ellos una lección, mi vida.

    —Entregas sin reserva al amor de tu vida, cuando tu amor parece no alcanzar. Pero recuperas tu confianza, cuando la depositas en alguien más, para que esa persona disfrute con el único ser que amarás por el resto de tus días. ¡Sin egoísmos, sin prejuicios, sin vacilaciones!

    —Y mientras aquellos dos cuerpos se entregaban caricias, entre palabras apasionadas, me fui vistiendo en silencio y con prudencia me retiré de la alcoba. Sin despedirnos salimos con Eduardo y el conductor de la limusina nos regresó a la ciudad. Me cambié en el apartamento de Eduardo y sin responderle a sus incomodas y morbosas preguntas, me fui directo a casa, para llevarme la sorpresa de encontrarte, sentado y a oscuras en nuestra habitación, obviamente con cara de pocos amigos.

    —Sí, es verdad Mariana. Pero en tu rostro no vi señales de amarga sorpresa si no de sincera preocupación. « ¿Mi cielo estas bien? ¿Qué te sucedió?» Y con aquellas dos frases, desataste los nudos de mi molestia. No era demasiado tarde para desearte, tampoco muy de madrugada para soñar con hacerte el amor, así que solo te comenté que me había devuelto para cambiar unos planos que por el afán, había confundido con los necesarios.

    —Tu aliento levemente alicorado, y en tu semblante la felicidad de una cita de negocios exitosa, me hicieron pensar en un final afortunado, así que dejamos el cuestionario de preguntas y respuestas para un después más calmado, y mejor nos entregamos primero bajo las sabanas, luego con ellas arrugadas a un costado de la cama, al insaciable deseo de devorarnos, y finalmente obligados por tener que ir a trabajar, dormimos cansados pero sonrientes, y yo agradecido por tenerte a mi lado.

    —Camilo… Yo no dormí muy bien. A pesar de lo mucho que me hiciste sentir, no fue bastante. Y aunque bastante placer me diste, no fue suficiente para lograr apartar de mi mente la sensación de odio hacia mí misma, por haber pactado sumisamente y a tus espaldas, esa nueva perfidia. —Le contesto compungida.

    —Actuaste tan bien que no me di cuenta de nada. Los siguientes días seguiste tan amorosa como siempre. Conmigo y con Mateo, hasta que llegaste con ese par de bolsas, advirtiéndome que eran nuestros disfraces para asistir a la maldita fiesta en la casa del pedante ese, y a la cual yo no había sido invitado. ¡Todavía!

  • Dos travestis y su semental

    Dos travestis y su semental

    Andrés tenía 30 años y toda su vida había tenido un irresistible impulso de vestir ropa femenina, pero por su educación familiar, para él era algo tabú y su secreto íntimo. Cuando consiguió independizarse, viviendo a 300 km de sus padres, salió con chicas más que nada para disimular, pero la realidad era que prefería pasar su tiempo libre a solas en su departamento vestido de mujer, sintiéndose como una. Así pasó años y para Andrés con eso era suficiente. A veces chateaba con hombres deseosos de verle como una hembra o con hombres de sus mismos gustos, que se vestían y actuaban como mujeres en la intimidad, aunque sus miedos hacían imposible siquiera el quedar con alguien, hasta que un día conoció a Manuel, de su misma edad, soltero también y cuya vida parecía calcada con la de Andrés, hacía 4 meses…

    Andrés y Manuel, por azares del destino tenían la misma edad y de altura tenían los mismos 1.80 m de altura. Ambos eran de rasgos finos y cuerpos lampiños, lo que los hacía verse guapos para las mujeres, pero era algo que aprovechaban para feminizar sus rasgos con maquillaje. De complexiones esbeltas, ambos realmente podían utilizar ajustada ropa de mujer sin que se notaran demasiado sus formas masculinas. Andrés tenía la piel bronceada y su cabello castaño de un tono claro con ojos almendra, mientras que Manuel era de tez clara, pelo rubio y ojos grises, ambos de cabello corto.

    Finalmente, Andrés y Manuel acordaron reunirse, ambos conociendo en persona por primera vez a alguien con sus mismos gustos. Ambos fueron nerviosos a esa primera cita, pero pronto pasó aquello y terminaron en el piso de Manuel. No hubo sexo, puesto que se dieron cuenta de que los dos eran iguales, sintiéndose mujeres por completo. Intentaron comerse sus penes, pero no resultó entre ellos y eventualmente terminaron ambos vestidos de mujer, comportándose auténticamente como mujeres en su nueva intimidad compartida.

    Desde ese día, todo cambió para ambos o mejor dicho, “ambas”. Andrés iba al departamento de Manuel o Manuel al de Andrés y en esos momentos, eran dos mujeres, dos auténticas hembras. Salían de compras por ropa, congeniando ambos desde el primer momento, ambos sin señal alguna de plumas, totalmente discretos y sin que nadie sospechara ni lo más mínimo, compraban aquella ropa diciendo que era para sus “esposas” y terminaban probándose esa ropa, arreglándose con atrevida lencería entre braguitas, ligueros, bodys, vestidos cortos e insinuantes, zapatos de tacón o botas de cuero, así como largas pelucas de sus cabellos naturales o de tonos pastel, mientras realmente actuaban como mujeres, compensando la falta de sexo entre ambas con masturbaciones cómplices mientras se miraban como dos mujeres, sonriendo felices, sabiendo que eso era lo más cercano a tener sexo con hombres que habían tenido en sus vidas…

    Luego de un tiempo desarrollaron el hobby de chatear con hombres mientras se exhibían con sus atrevidos conjuntos y calentarlos, pero no llegar a nada al final por temor a dar ese último paso.

    Eventualmente, una tarde, Andrés llegaba a la casa de Manuel o mejor dicho, Mónica, Mony, como ella misma se había rebautizado en su particular relación, quien ya estaba frente al ordenador con un sexy conjunto, peinada y maquillada. Andrés, dentro de esa intimidad llamada Adriana, Adri, rápidamente se vistió, maquilló y colocó su larga peluca de cabello rizado, para luego servir un par de copas de brandy, mientras su “amiga” le indicaba que estaba chateando con un chico de unos 29 años, quien le decía cómo le encantaba lo que las dos tenían y de hecho deseaba conocerlas…

    Su nombre era Jesús y medía 1.63 m de altura, cabello negro corto, usaba gafas y era delgado. Era bajo en comparación con las dos chicas travestidas, que a pesar de esa diferencia de altura, las dos tenían pollas pequeñas, a lo mucho 12 cm de ya totalmente erectas, las cuales sabían disimular muy bien con los consejos que las dos habían intercambiado desde que se habían conocido.

    Luego de un rato insistiendo, tras verlas a ambas con sexy conjuntos de lencería consistentes en bodys, medias de encaje y liguero, así como tacones de aguja que acentuaban más su diferencia de altura, posando sonrientes para él, Jesús logró que las dos “chicas” terminaran por invitarlo al departamento de Mony luego de bastantes halagos y un par de piropos algo subidos de tono.

    La realidad era que dos motivos las chicas habían accedido a invitar a Jesús. El primero era que al ser más bajo que las dos, no representaba un riesgo y el segundo, era que seguramente, a pesar de su entusiasmo principal, seguramente terminaría por marcharse asustado al verlas en vivo, rajándose en términos más simples. Por otra parte, particularmente ese día, las dos estaban más calientes de lo normal y seguramente, la noche terminaría con las dos masturbándose antes de dormir…

    Mony le envió la dirección a las 11 de la noche y un rato después, luego de que ambas se cambiaran los bodys por ajustados vestidos de tirantes bastante cortos, rojo intenso en el caso de Mony y azul pastel para Adri, que les dejaban buena parte de sus muslos expuestos, dejándose las medias de encaje negro y sus tacones, el portero llamó a su departamento, autorizándole la entrada a Jesús tras unos segundos de mirarse dudosas. Las dos se miraban sonriendo bastante nerviosas conforme pasaba el tiempo entre que el chico recorría el camino desde la entrada al apartamento en el 3er piso del edificio con mochila al hombro.

    Finalmente se escucharon los golpes a la puerta y las dos se ruborizaron, recordando los halagos de Jesús sobre lo sexy que ambas se veían en la videollamada. Entonces Mony puso su mano sobre la puerta y giró la perilla para dejar entrar al chico…

    Jesús ahogó una expresión de asombro al ver a esas sensuales “chicas” en aquellos sexys conjuntos, mientras Adri pensaba en lo caliente que estaba, puesto que era la primera vez que un hombre las miraba en vivo vestidas de mujer. Deseaba que luego de un rato, Jesús se cortara y por fin pudiera masturbarse como siempre con su amiga, apenas pudiendo contener la calentura que la invadía.

    El chico estaba mudo ante la vista frente a él y al levantar la mirada para ver los rostros de ambas, sonrojadas, con sexys sombras azules en sus ojos y con los labios pintados de tono rosado.

    — Pasa, Jesús… —Sonriendo discreta, fue Mony quien rompió el hielo con el tono femenino que había practicado a lo largo de los años—. Bienvenido a mi casa, somos Mony y Adri —se presentó a sí misma y a su amiga.

    — ¡Ufff! Hola, guapas. —Replicó el chico algo más tranquilo, con claro entusiasmo. —En verdad que están como quieren…

    En ese momento, con esas palabras, algo despertó dentro de ambas y sin darse cuenta, las sonrisas en el rostro de las dos se alargaron. Mony y Adri comenzaron a caminar delante de él, para guiarlo al sofá de la sala mientras él se las iba comiendo con la mirada, con pícara sonrisa en su cara ante la visión del descarado contoneo de ambas.

    Jesús tomó asiento en el sofá, frente a una amplia mesa de cristal, mientras las dos sexys travestis iban con rapidez por una cerveza y un vaso con hielos, para servirla delante de él, claramente contentas de asumir sus roles femeninos para atender al nombre que hasta ese momento, solo las había piropeado y halagado. Luego, tomaron asiento en el sofá al otro lado de la mesa.

    Jesús, luego de relajarse tras el primer trago de cerveza, respiró profundo y tomó la palabra.

    — Bueno, siendo honesto, he tenido varios amantes, muchos esporádicos y todos pasivos, porque soy totalmente activo… Pero lo que más me va es lo que ustedes son, hombres que se sienten mujeres y les gusta que las traten como tales en privado, aunque es la primera vez que me toca verlo en vivo y se los digo honestamente, las dos están realmente preciosas, son auténticas amazonas, altas y hermosas… Je, je, je, puedo decir que me acabo de sacar la lotería…

    Las dos sonrieron realmente felices por las palabras de Jesús y luego de eso, la plática se iba haciendo más y más amena conforme los tres iban perdiendo el nerviosismo, con las dos comportándose auténticamente como mujeres en sus gestos y movimientos, a pesar de la distancia entre los tres, mientras él las trataba como tales y se dirigía a ambas en femenino. El chico se fue abriendo poco a poco, comenzando a contarle a las dos chicas travestidas sobre su vida: era programador y vivía solo.

    — Y… —Ya entrados en la charla, Mony cuestionó a Jesús—. Sobre lo que decías en el chat…

    — Bueno… —Jesús sonrió mientras se empujaba los lentes con su dedo índice—. Claro que busco algo fijo, pero sin convivir…

    — Y… ¿Dos no seríamos mucho para ti? —Mony tanteó, con afilada sonrisa.

    — Pues… —Jesús replicó el gesto de Mony con una sonrisa propia—. No sé, todo sería probar… Nadie me ha tirado a las cuerdas, pero yo sí a muchos… —Se puso de pie sorpresivamente para las “chicas”—. Necesito ducharme.

    Luego de que Jesús dejara su mochila en el asiento tras sacar una toalla azul, Adri fue la que se puso de pie y guió al chico al baño mientras Mony los seguía con la mirada, sonriendo con descaro total. El camino fue breve y una vez que llegaron a su destino, la chica le abrió la puerta al joven para luego entrar primero y encender la luz.

    — Es aquí… —Susurró Adri, con la cabeza gacha.

    — Gracias, guapa.

    Mientras Adri dejaba el baño para que Jesús se duchara, éste le dio una palmadita en su culito parado y cerró la puerta antes de que pudiera replicar… Aunque Adri solamente bajó la mirada y con claro rubor en su rostro, regresó a la sala respirando un poco agitada, reviviendo una y otra vez ese sexy momento, sintiéndose no solo como una hembra, sino como una puta, puesto que le había gustado mucho la sensación del manotazo en sus nalgas…

    Se sentía entre avergonzada y cachonda de que ese chico casi de su edad y que apenas le llegaba al hombro o incluso tal vez menos, que al principio veía tan pequeño, la tenía así, como una auténtica zorra que tenía vergüenza de admitir que le gustaría por lo menos recibir otra nalgada. Sumergida en sus pensamientos, tomó asiento junto a su amiga.

    — ¿Y qué te parece? —Mony sacó a Adri de su ensimismamiento.

    — No sé —Adri desvió la mirada, incapaz de reconocer lo caliente que estaba— No sé ni qué hacemos aquí con él…

    — Eso sí… —Mony sonrió decidida— Pero bueno… Ya que hemos llegado hasta aquí deberíamos tirárnoslo y ya mañana le damos una excusa, no sé, que no es nuestro tipo o algo así y luego le damos largas o algo así… Pero necesito hacerlo hoy, estoy muy caliente, Adri…

    — Pues, si es lo que quieres, Mony…

    Luego de unos minutos, mientras las dos seguían hablando sobre la experiencia y con Adri algo ya más tranquila luego de saber que su amiga estaba casi tan caliente como ella, finalmente escucharon la puerta del baño abrirse y sus corazones comenzaron a latir más y más acelerados conforme escuchaban los pasos por el pasillo y después de unos segundos reapareció Jesús, con el cabello alborotado y todavía algo húmedo, acabando de ponerse los lentes, usando solamente un slip negro y con las dos todavía sentadas, sin tiempo a reaccionar, se paró delante de ellas, luego se bajó el slip…

    Los dos travestis en ese momento se dieron cuenta de que Jesús había tomado el mando que le correspondía como hombre, ya que las dos lo miraron levantando la cabeza, primero viendo su cabello alborotado que le daba un aire sexy, viendo cómo él se las comía con la mirada y una sonrisa soberbia, recorriendo su cuerpo libre de vello, bajando poco a poco los ojos para finalmente ver aquella verga, diferente a la de ellos… Gruesa en comparación y a pesar de que estaba flácida, ya era por lo menos del mismo largo que la de ellos en plena erección, asustándose ligeramente de pensar qué tamaño alcanzaría en su apogeo.

    Las dos hermosas travestis miraban esa poronga a centímetros de sus caritas como si estuvieran hipnotizadas, incapaces de apartar la mirada de ella. Jesús posó su mano izquierda en la cabeza de Adri y ante la mirada atenta de Mony, acercó de forma suave, pero con firmeza la cabeza de su ya entregada amiga hacía su polla, para luego tomarla con la mano derecha y guiarla hacia la boca de la dominada chica, quien la abrió para recibirla de forma instintiva…

    Entre curiosa y cachonda, Adri sintió cómo la verga de Jesús fue creciendo poco a poco dentro de su húmeda cavidad hasta que apenas podía abarcarla, mientras Mony se mordía los labios, celosa de ver cómo su amiga se comía su primera pija.

    — Así me gusta, zorrita… —Jesús guiaba la cabeza de Adri, que solo se dejaba llevar, sintiendo cómo la verga del chico salía lentamente unos centímetros para luego entrar de nuevo—. Así, cómela bien…

    Cuando Adri sintió que la verga de Jesús ya estaba bien dura, él la retiró de su boca poco a poco, dejando atónitas y ansiosas a las dos travestis de ver cómo frente a ellas estaba esa enorme poronga casi de actor porno, de unos 20 cm por lo menos…

    — Ahora te toca a ti, preciosa… —Jesús ladeó la cadera para posar su erecto miembro frente a la cara de Mony.

    — Sí…

    Sin que siquiera tuviera que sujetarla de la cabeza, Jesús vio complacido cómo Mony cerraba los ojos para abrir su boquita y alojar en su interior la verga del chico embarrada con algo del labial de su amiga.

    — ¿Segura que es tu primera vez? —Jesús se deleitaba en el vaivén de la cabeza de la sensual travesti—. Te la comes como una auténtica zorrita, justo como Adri…

    La aludida abrió los ojos y levantó la mirada, feliz de saber que para su primera vez, estaba complaciendo al hombre, siendo que su experiencia se limitaba a ver películas porno y practicar con un consolador que no era tan grueso y largo como la verga de Jesús.

    — Pero no es justo para ti quedar fuera, Adri…

    Jesús pronto tomó de nuevo la cabeza de la absorta Adri, que miraba fascinada cómo su amiga se comía esa polla, deseando que fuera de nuevo su turno, reaccionando cuando sintió su cara contra la pelvis del hombre. Ya bastante excitada, como indicaba la pequeña erección visible en su braguita, Adri comenzó a besar el vientre de Jesús, bajando poco a poco hasta llegar a sus huevos y comenzar con besos, para seguir con largos lengüetazos mientras cerraba los ojos al igual que su amiga, para disfrutar al máximos las sensaciones tanto de lo que sentía como de la excitación que la devoraba por dentro.

    Adri y Mony ni siquiera se dieron cuenta de cómo lograron coordinarse para regalarle a Jesús una mamada a dúo, con la rubia dedicándose a su polla y la castaña bien enfocada en atender sus palpitantes huevos. Pronto, ante las atenciones de las dos zorras, Jesús las tomó de la cabeza para separarlas de él, puesto que estaba consciente de que la verdadera fiesta junto a esas putas, apenas estaba empezando. Confundidas, las dos se limitaron a mirar ruborizadas al hombre.

    — Ahora preciosas, las quiero a cuatro patas en el sofá, mirándose frente a frente… Hoy las voy a atender bien atendidas…

    Rápidamente las dos obedecieron, mientras Jesús permanecía de pie. Mony y Adri rápidamente se levantaron para luego subirse al sofá como les había indicado el hombre, quedando de frente entre sí a cuatro patas, con el toque personal de que levantaban sus culitos mientras se miraban con sonrisas cómplices.

    Jesús tomó de su mochila un tubo de lubricante transparente y mientras se paraba de forma que su enhiesta verga quedara entre las caras de las chicas, se extendió el lubricante por sus dedos índice y medio de ambas manos, para luego acercar cada mano a las bragas de las zorritas, acariciándolas por unos segundos, mirando complacido a las putas disfrutar de su tacto para luego meterles los dedos en sus culitos, empezando a trabajarlos dándose cuenta que estaba realmente limpios, mientras las dos travestis reprimían sus gemidos en lo posible, dejándose hacer…

    — Que zorritas tan bien portadas, tienen bien limpias sus colitas… —Jesús miraba extasiado que ni Mony ni Adri retomaban sus mamadas, esperando sus indicaciones.

    — E-Es que… No gusta estar limpiecitas… —Dijo Mony apenas con un hilo de voz.

    — Somos unas zorritas bien portadas después de todo… —Agregó apenas algo más firme Adri.

    — Y claro que lo son, por lo que se merecen una recompensa…

    Jesús agitó de forma sutil sus caderas, dándoles golpecitos en sus labios con su erecta verga, lo que ambas interpretaron como una señal de que podían continuar devorando esa enorme polla, faena que retomaron con entusiasmo, comenzaron a recorrerla con sus lenguas, involuntariamente coordinadas, ya totalmente perdidas las dos en la lujuria y el deseo, dejando de preocuparse por sus gemidos conforme entraban los dedos de Jesús en sus estrechos anos, primero el índice, luego el medio y finalmente los dos al mismo tiempo, dilatándolas a ambas poco a poco.

    — En verdad son las mejores putitas, una auténticas cerditas lujuriosas, unas zorritas de campeonato… —Decía Jesús entre suspiros, disfrutando de las atenciones de las “chicas”.

    En los enturbiados cerebros de Mony y Adri, solo cabían ya las palabras que les decía, sintiéndose como eso, unas cerdas, unas putas, unas zorras que se habían dejado domar por ese hombre, así la auténtica necesidad de ser desvirgadas por Jesús, que las estaba llevando a lo más alto del placer…

    De repente, las dos sintiendo de nuevo las firmes manos de Jesús en sus cabezas y fueron alejadas de la irresistible verga que devoraban con gula. Entonces, con toda la envidia del mundo, Adri vio cómo Jesús tomaba de la cadera a Mony y la acomodaba de forma que su cara quedara contra el respaldo del sofá y su culito levantado justo frente a esa preciosa verga brillosa por efecto de la saliva de las dos. Mony como acto reflejo se sujetó del respaldo con ambas mano, mirando sobre el hombro cómo estaba a nada de perder su virginidad anal, una vez que Jesús hizo a un lado su braguita…

    — Vaya zorrita, estás muy estrecha… — Con cuidado, Jesús ponía su enrojecido capullo en la rosada entradita de Mony y empujaba poco a poco, para no lastimarla y que disfrutara al máximo de la experiencia.

    Finalmente la polla de Jesús entró por completo en Mony, quien soltó un auténtico alarido mientras arqueaba la espalda. Jesús empujó poco a poco, pero finalmente entró por completo en Mony hasta que su pelvis chocó contra las nalgas de la rubia y entonces comenzó el bombeó de caderas. Jesús la penetraba con virgo y firmeza, aferrándose con ambas manos a la cadera de Mony, quien lanzaba auténticos alaridos de placer, empujando sus caderas para empalarse en Jesús una vez que el incipiente dolor de su interior daba paso por completo al placer del sexo.

    — ¡Estás muy estrecha, zorrita! —Gritaba Jesús mientras empujaba su verga hasta lo más profundo de Mony.

    — ¡Soy tu zorrita, Jesús! —Bramaba fuera de sí Mony, totalmente devorada su razón por el placer—. ¡Tu putita, tu cerdita! —Aullaba con la lengua de fuera.

    Adri miraba embobada cómo su amiga gemía, culeaba, gritaba y se moría de gusto mientras gritaba a los cuatro vientos lo puta que era y finalmente se corrió, manchado sus braguitas del frente en el momento en que Jesús le daba el empujón más profundo, con un sonido intenso en el choque de sus carnes justo en el clímax de su amiga…

    A pesar de lo excitante que era la visión para Adri, ésta no se masturbó en lo absoluto. Ella deseaba que Jesús se la cogiera justo como a su mejor amiga. Una simple paja ya no le era suficiente luego de ver cómo su amiga había quedado tendida de lado en el sofá, respirando agitada al tiempo que la leche de Jesús salía de su ano en forma de un fino y sexy hilo blanco que poco a poco recorría su culo…

    — Bueno, esta zorra ya está desvirgada… —Jesús le dio unos manotazos en las nalgas a Mony, quien gimió débilmente—. Necesito lavarme y mear, luego sigues tú, putita… Ven.

    Jesús no esperó respuesta de la arrodillada Adri, que había visto de cerca cómo su amiga había perdido el virgo de su colita. Tomó la mano derecha de Adri y la hizo levantarse para que fuera con él al baño, a lo que ella lo siguió como una mansa oveja…

    Jesús abrió un poco la regadera para limpiarse la polla con jabón, luego se dispuso a mear ante la mirada atenta de la excitada Adri, que al ver orinar al hombre, también le entraron ganas cuando él ya se la estaba sacudiendo, así que se bajó la braguita para liberar su pollita y disponerse a hacerlo parada junto a Jesús…

    — No, no, no… —Jesús la sujetó de la cabeza y haciendo fuerza hacia abajo, le dio a entender que la quería sentada—. Tú sentadita, acostúmbrate conmigo como la buena putita que eres, una auténtica hembra…

    — S-Sí… —Sumisa, Adri tomó asiento en el excusado y se dispuso a orinar luego de bajarse la braguita.

    — Y mientras lo haces, puedes hacer otra cosa…

    Jesús le puso la polla frente a su boca, a lo que Adri de inmediato la abrió para alojar de nuevo esa palpitante verga, mientras cerraba los ojos y ante el sonido de su meada, se regocijaba en el sabor del miembro de Jesús, que recuperaba su dureza conforme entraba y salía de su boca. Cuando terminó de mear, el hombre le sacó la polla y la hizo levantarse para que ella saliera primero. En el recorrido del baño a la sala, Jesús la abrazó por detrás y Adri se limitó a cerrar los ojos y gemir sin dejar de caminar mientras el hombre le restregaba la poronga por su firme culo y le pellizcaba los pezones sobre la ropa, con su cuerpo pegado al de ella.

    Un poco más repuesto, Mony miraba atento a su amiga llegar junto a Jesús, quedando de espaldas al sofá frente a ella. Jesús se dejó caer al sofá mientras Adri quedaba de pie frente a él, regalándose una vista impecable de su culito atrapado por el vestido. Entonces le bajó la braguita y la tomó de la cadera, bajándola poco a poco para empalarla ahí mismo. El culito de Adri presentó más resistencia que el de Mony, tardando más en abrir para recibirlo, pero finalmente cedió al tiempo que Adri soltaba una alargado gemido y Jesús la tomaba de la cadera para terminar de empalarla en su polla.

    — ¡Oh dios! ¡Sí…! —Bramaba Adri, cabalgando de espaldas la verga de Jesús, guiada por él.

    — ¡Dios, estás más apretada que la puta de Mony…!

    Ahora fue el turno de Mony para ver cómo su amiga era desvirgada por ese hombre que realmente las estaba convirtiendo en sus zorras. Miraba totalmente embobada cómo Adri gritaba fuera de sí que era la puta de Jesús, su zorra, su perra… Cómo brincaba gustosa, empalándose en la estaca de carne mientras su rostro se descomponía de placer para finalmente alcanzar el ansiado clímax, aullando auténticamente mientras la polla de Jesús llegaba hasta lo más profundo de sus entrañas justo cuando ella llenada de la simiente del hombre.

    Mony se mordía los labios. Estaba consciente de que Jesús las había sometido por completo y quería más del hombre, quería que volviera a poseerla, pero solo podía mirar cómo Adri terminaba en el suelo, bien abierta de piernas con la leche de Jesús saliendo de su culito igual que ella rato atrás, frente al hombre…

    — Quédate así un rato, como una buena zorra… —Jesús le dijo a Adri, quien se quedó como estaba—. Y tú, ven putita, te toca de nuevo…

    Impulsada por una fuerza invisible, Mony acortó de inmediato la distancia entre ella y Jesús. El hombre no tuvo que decir nada, porque Mony de inmediato le dio la espalda y se puso a cuatro patas, lista para recibirlo de nuevo en su interior.

    Adri, sin dejar de obedecer la indicación que recibió, vio cómo su amiga nuevamente se deshacía en placer ante los embates de Jesús, quien se la follaba con fuerza y rápidamente los dos estaban por alcanzar de nuevo un delicioso orgasmo, por lo que Jesús se salió de ella y la volteó para dejarla de rodillas delante de él, justo cuando ella estaba por llegar, así que se masturbo delante de su cara y mientras Mony alcanzaba el segundo orgasmo de la noche, Jesús le llenaba la cara de su leche.

    El segundo orgasmo fue más devastador que el primero y Mony quedó cabizbaja a los pies de Jesús, con la cabeza baja, respirando débilmente y terminando por caer de lado nuevamente, apenas despierta…

    Excitada por la forma como ambas estaban siendo usadas por Jesús a placer, Adri ni siquiera se movió cuando Jesús se le acercó y le levanto las piernas para acoplarse a ella y nuevamente cogérsela, empujando de forma mucho más salvaje que la primera y con su culito recibiendo mejor la poronga de Jesús. Enloquecida de placer Adri gemía y bramaba lo zorra que era, que era una puta y que le pertenecía a Jesús mientras él le decía al oído que la iba a llenar de leche hasta lo más profundo de su ser, lo que terminó pasando luego de varios minutos, mientras ella se aferrada a la espalda de él y la polla disparaba su simiente hasta lo más profundo de ella…

    Luego de un rato en que las dos zorras se pudieron reincorporar, los tres se decidieron a bañarse juntos, con Mony y Adri quitándose las pelucas y quedando desnudas ante Jesús, quien les metía mano a placer mientras ellas se lavaban a detalle y luego lo lavaban a él, saliendo los tres luego de un rato. Mony le indicó a Jesús cómo desplegar el sofá-cama de la sala mientras ellas se arreglaban y Jesús hizo su parte para luego ver llegar a las dos zorras desvirgadas luciendo ajustadas minifaldas y botas de cuero con top negros que dejaban a la vista sus esbeltos vientres, usando las dos unas pelucas de largo cabello rosado y rizado, usando el mismo labial carmín y cargando un juego de sábanas y cobijas, tendiendo juntas el sofá-cama como auténticas amas de casa ante la mirada complacida de Jesús.

    Después fueron por unas cervezas y finalmente los tres se recostaron a ver la televisión con Jesús en medio de ambas y a pesar de la diferencia de altura, las dos se recostaron en el pecho del hombre, abrazándolo como las enamoradas zorras en las que habían sido convertidas por él. De repente, Adri sintió la mano de Jesús en su barbilla y aunque confundida, se dejó hacer. Él acercó su rostro al de ella y ante la mirada expectante de Mony, le dio un beso húmedo, devorándole la boca con pasión, lo que terminó por someter a Adri por completo, quien le devolvió el beso abrazándolo del cuello como auténtica enamorada. Se comían con deseo hasta que tuvieron que separarse para respirar, pero ante la mirada de Adri, Mony tomó la iniciativa y fue ella quien lo besó a él, tomándolo del cuello como si fuera el último hombre de la tierra, devorándose con la misma intensidad que segundos antes Jesús mostró con Adri…

    Mony vio, luego de que se separaran, cómo Jesús de nuevo volvía a devorar a su amiga mientras le levantaba la minifalda y le metía los dedos en su culito. Adrí gemía, pero el lujurioso beso la callaba y finalmente, nuevamente volvió a poseerla, metiéndosela mientras la tenía bocabajo contra el sofá-cama, mordiéndole la oreja hasta que la hizo alcanzar otro orgasmo mientras Mony se limitaba a ver masturbándose de forma femenina, metiéndose sus dedos índice y medio en su húmeda colita.

    El clímax fue devastador para Adri, que apenas si podía mantenerse despierta luego de la brutal sacudida que recorrió hasta la última célula de su cuerpo…

    Desde ese momento supo que le pertenecía por completo a Jesús y apenas pudo voltear a ver de reojo cómo su dueño se comía la boca de Mony para luego recostarse y ver cómo su amiga cabalgaba como un auténtica puta la verga de su hombre mientras él la manoseaba libremente por detrás y con su destreza, la hacía llegar al mismo clímax devastador. Mony cayó de lado junto a Adri, bocarriba, por lo que Jesús puso en la misma dirección a la apenas despierta Adri, con las caritas enrojecidas y jadeantes de las dos apenas separadas por centímetros. Entonces se arrodilló entre ellas y luego de juntar sus caras de forma que se tocaban sus mejillas, las dos miraban jadeantes cómo su macho, su auténtico semental, se hacía una intensa paja para terminar por venirse en las caras de las dos, llenándolas de leche, marcándolas auténticamente como sus zorras, para terminar recorriendo las barbillas de los dos desarreglados travestis, cuyos maquillajes estaban hechos un auténtico desastre…

    Jesús se levantó y luego de vestirse con el cambio de ropa que tenía en la mochila, fue por la ropa sucia que tenía en el baño y cuando acabó de acomodar sus cosas, arropó a sus zorras y se dirigió a la puerta…

    — Bueno, ya nos llamaremos, ¿No? —Y luego de agitar la mano a manera de despedida, se fue.

    Adri y Mony ni siquiera hicieron por moverse. Totalmente llenas, satisfechas y emputecidas por su hombre, simplemente dejaron que el sueño las venciera, sin siquiera limpiarse la leche de su semental de la cara y quedándose dormidas con amplias sonrisas de satisfacción…

    — Buenos días…

    — Hola…

    Adri y Mony se levantaron para iniciar ese martes con un ánimo resultado de la intensa noche que habían vivido horas antes, ya que todo había sucedido posiblemente en el lunes más movido de sus vidas.

    — Lo de ayer fue, simplemente mágico…

    — Lo mismo digo…

    Se ducharon y ya una vez más como Andrés y Manuel, se prepararon para desayunar y marcharse a trabajar. Platicaron sobre lo acontecido con Jesús mientras retomaban sus actividades normales y finalmente se fueron en direcciones opuestas para llegar a sus trabajos.

    A lo largo del día se intercambiaron varios mensajes, asumiendo sus identidades verdaderas de Adri y Mony en la intimidad de sus teléfonos, recordando con felicidad todo el placer que les dio aquél semental y llegaron pronto a la conclusión de que no podían dejarlo ir, que querían pasar todo el tiempo con él que fuera posible, vestidas de mujer y actuando como verdaderas zorras para él, como sus zorras.

    Apenas salieron del trabajo, Andrés y Manuel se dirigieron al departamento del segundo para liberarse de nuevo como Adri y Mony…

    Se arreglaron por horas, quedando realmente espectaculares: usaban pequeños vestidos strapless negros ceñidos a sus cuerpos que apenas les cubrían la entrepierna y llevaban sendos tacones de plataforma de color negro, con sus depiladas piernas descubiertas. Sus largas pelucas eran de sus tonos naturales de cabello, largo y lacio, llevándolas recogidas en coletas altas, usando el labial carmín y sombras azules en los ojos, con pestañas y uñas postizas.

    Las dos se acostaron de forma sugerente en el sofá-cama y le enviaron una foto con las dos sonriéndole de forma sexy y la respuesta no tardó en llegar cuando al celular de Mony entraba la llamada de su semental. Mony respondió de inmediato y puso su teléfono en altavoz…

    — Hola, guapas… ¿Cómo están?

    — Estamos realmente calientes… —Replicó pícara Adri.

    — Y queremos que nos bajes la calentura… ¿Te gustaría? —Agregó la expectante Mony.

    — Bueno… Me gustaría atender a mis zorritas cada que se pueda, si les interesa ser tales…

    — ¡Claro que sí! —Contestaron con involuntario coro, ansiosas.

    — Pasar buenos ratos y que las haga mías una y otra vez, enseñarles a ser mis zorras favoritas… ¿Les interesa?

    — S-Sí… —Para entonces, Mony ya se estaba masturbando, con sus braguitas a la mitad de los muslos, haciéndose un par de deditos en el culo, justo como le había enseñado Jesús.

    — ¡Queremos ser tu zorritas…! —Gritó Adri, alcanzando un orgasmo anal, replicando la forma como su semental la había hecho alcanzar su primer orgasmo de la noche anterior.

    — Entonces nos vemos en un rato… ¿Están todavía donde Mony?

    — S-Sí… Aquí estamos… —Dijo la aludida apenas con un hilo de voz.

    Jesús no tardó mucho en presentarse en el departamento de Mony y luego de ser anunciado, se dirigió a la puerta y se dedicó a esperar. Cuando la puerta se abrió, no pudo ocultar la alegría ante la visión que tenía delante: Adri y Mony, sus zorritas, con las manos detrás de la espalda, mirándolo hacia abajo con marcado deseo, con sus rostros ruborizados y ansiosas de complacerlo…

    Las dos lo tomaron de las manos y lo metieron casi a rastras, cerrando la puerta tras ellas y apenas quedaron aislados del exterior, ambas se pusieron de rodillas a sus pies, mirándolo hacia arriba con auténtica devoción.

    — Entonces vamos a empezar…

    Sabiendo que esa sería solo la segunda de las noches que pensaba pasar con esa putitas, Jesús simplemente se bajó el pantalón y luego su Slip para que Adri y Mony comenzaran a atenderlo como habían demostrado que podían hacerlo.

    Ese hombre había encontrado a sus dos zorras y esos travestis habían encontrado a su semental…

  • Calvin mi nuevo hombre de pene grueso (3)

    Calvin mi nuevo hombre de pene grueso (3)

    Sentí mi ano muy apretado con su gran pene, resbala muy bien ya que estaba muy lubricado, escupía, sentía una inmensa baba que entraba y cuando paraba me llenaba mi culo de saliva y continuaba bombeando, me tomaba por mis caderas y me cojia muy rico, hubo un momento que tuve que sacar su pene dentro de mi ano, lo tenía muy abierto, eran las 3 de la mañana y nosotros follando rico, muy emocionante coger en plena madrugada.

    Luego vino el reto de tratar de meterme todo su pene grande grueso y rico en mi boca, deseaba vivir esa experiencia, me puse frente a su pene, y el olor era muy divino, lo besé tantas veces que empecé a chupar su cabeza, lo hice un buen rato, luego empecé a meter la mitad de su pene me ahogaba y lo intente hasta que solo pude chupar hasta la mitad de su miembro, volví a introducir todo lo que pude, llegando un poco más de la mitad, le pedí que escupiera mientras mamába, hicimos una pausa y tomamos un poco de bebida para que tenga un buen sabor, y este más espesa su baba, me arrodillé y volvimos al acto, metí mi boca más de la mitad mientras escupía entre su pene y mi boca, entro un poco más por el exceso de saliva que tenía así disfrute mucho mucho más, pero no pude superar todo su pene dentro de mí boca, es muy grande y grueso, me levanté y le di un beso a mi bebé, le dije que descansemos un rato para intentar hacer una garganta profunda, aún no habia llegado eyacular, deseaba tragar toda su esperma.

    Pasado el rato, me acomode para meterme todo su pene grande grueso y rico en mi boca, lo humedecí todo y empecé a chupar su cabeza, para luego meter todo su verga hasta mi garganta, superé un poco más de la mitad y pude chupar mucho mucho mucho, pase más de media hora mamando, como nunca, tenía mucha saliva y mucha energía, hasta que por fin lo hice eyacular, fue un placer tragar toda su esperma mmmm, muy rica, tenía un sabor muy diferente, y un poco dulce, la trague como nunca. Es muy rico tragar leche a altas horas de la madrugada hasta que nos quedamos dormidos a las 5am.

    Fue muy rico follar hasta alta horas de la madrugada, nos despertamos pasado las 12m, me dió un beso tierno y nos quedamos acostado planeando lo que haremos en la tarde, le tomaba su pene en descanso, le daba rico masajes mientras estábamos debajo de las sábanas, me abrazaba, estaba a la altura de su pecho, el cual le daba lenguetazos en sus tetillas, la cabeza de su miembro empezó a destilar fluidos preseminales, jugaba con su pene para excitarlo mucho más, así tomaba con mis dedos el líquido que salía de su hermosa cabeza estaba muy espeso sus fluidos eso me gustaba mucho, ya su pene estaba en plenitud, grande grueso y rico, su cabeza estaba brillante muy rica, dar mamadas que los labios se traen fluidos y quedan así todo chicloso, cuando le das chupadas lentas y con amor, es más placentero.

    Nos levantamos y duchamos para prepararme a recibir su hermoso pene en mi ano, ya deseaba tener por lo menos la cabeza entrando en mi culo, cómo el lo sabe hacer de siente rico que poco a poco entre su glande y va abriendo mis nalgas y este cómodo para que empiece a penetrar todo su miembro, ya que mi culo se acoplo por completo a todo su cuerpo carnoso y sus bolas chocaban con mis nalgas.

    Continuara…

  • Dormí desnudo con mi mejor amiga

    Dormí desnudo con mi mejor amiga

    Hace 4 meses fui a la ciudad donde trabajaba hace muchos años para asistir a la boda de uno de mis mejores amigos. Lo que pasó después fue tan excitante que todavía me pongo caliente de pensarlo, al punto de que escribo esto mientras tengo una erección.

    Cuando me invitaron a esta boda, mi lugar incluía un +1 para llevar acompañante, por lo que decidí invitar a mi mejor amiga del trabajo, ya que los dos somos solteros, nos gusta la fiesta y la pasamos muy bien juntos. El día de la fiesta estuvimos toda la noche bailando y tomando algunas bebidas, al punto de estar animados pero no ebrios. Estuvimos ahí hasta cerca de las 3:30 de la mañana, y cuando llegó la hora de ir a casa pedimos un Uber. El único problema era que la distancia entre el local de fiestas y nuestras respectivas casas era muy grande (más de 40 minutos de camino), lo cual haría que el viaje saliera muy caro. Decidimos entonces que nos quedaríamos en el mismo lugar, y lo más accesible en ese momento era mi habitación de Airbnb que había rentado un día antes.

    Llegamos, muy contentos de haber pasado el día de juntos y todavía con un poco de energía para ver alguna película o estar hablando un rato antes de dormir. Cabe resaltar que la habitación era pequeña y solo había una cama matrimonial, por lo que tendríamos que compartirla. Nos pusimos cómodos sobre la cama, encendimos la TV y pusimos una película en Netflix, la verdad no recuerdo ni cual película era. Mientras la veíamos y hablábamos un poco, yo me iba calentando de tan solo imaginar que íbamos a dormir juntos, incluso si no pasaba nada entre nosotros, la simple idea de compartir cama con ella me prendía mucho. Siempre le he tenido muchas ganas porque tiene un culo hermoso y unas tetas muy ricas.

    Al cabo de unos 45 minutos decidimos que sería momento de dormir, y yo le pregunté si no le molestaba que durmiera en calzones. Es algo que ella sabe que hago y no le molesta para nada, por lo que accedió y me dijo que de hecho ella también lo haría, porque la temperatura estaba un poco alta esa noche.

    El ambiente de la habitación estaba prácticamente oscuro por completo, ya que al apagar la TV todo quedó en penumbra, excepto por una ligera luz que entraba por la ventana del baño, de tal forma que no se veía nada en detalle pero se lograban apreciar formas.

    Procedí a quitarme la camisa y el pantalón, quedando únicamente en calzones, y aunque ella no lo pudo notar en ese momento por la oscuridad, yo estaba muy erecto para ese momento. Ella traía vestido de fiesta, por lo que me pidió prestada una camiseta para no quedar topless. Se la presté, y pude ver de reojo el momento en que se bajó la parte de arriba del vestido, se quitó el sujetador y sus tetas hicieron un rebote muy rico antes de que ella se pusiera la camiseta. Después se bajó por completo el vestido, haciendo que se viera la sombra de culo en calzones. Todo eso me tenía super excitado.

    Nos tapamos con una ligera sábana y nos acomodamos para dormir. De pronto ella me dice «yo pensé que ibas a dormir desnudo, porque siempre me dices que cuando hace mucho calor duermes desnudo jaja», y yo a forma de juego le dije «me estás retando a encuerarme?», a lo que ella respondió entre risas que de cualquier forma no me iba a animar a hacerlo. Yo obviamente lo tomé como un reto muy excitante, y en un rápido movimiento me quité los calzones y los aventé al otro lado de la habitación.

    Ahí estaba completamente desnudo al lado de mi amiga que solo tenía sus calzoncitos y mi playera. Era el mejor sentimiento del mundo.

    Estuvimos bromeando un rato más, y yo la reté a quitarse la ropa también, pero sólo accedió a quitarse mi playera, quedando únicamente en calzones. De igual forma eso me ponía muy caliente, y no quería que esa noche terminara nunca.

    Jugueteamos un poco y nos hicimos cosquillas durante un rato. Rocé muchas veces sus senos con mis manos, y ella hizo lo mismo con mi pene erecto. Lo estábamos disfrutando mucho. Pero al final ninguno de los dos intentamos algo más que ese inocente juego y simplemente nos dormimos abrazados en diferentes posiciones durante la noche.

    Yo realmente no pude dormir mucho, porque la excitación me mantenía despierto y con el pene super duro y húmedo. La ligera sábana con la que estábamos tapados parecía carpa de circo debido a mi erección, y la sensación se intensificaba cada que ella me abrazaba dormida, poniendo una pierna encima de la mía o alguno de sus senos sobre mi pecho.

    Cuando despertamos en la mañana, seguimos bromeando y jugueteando un poco bajo las sábanas. En este punto yo ya estaba super sensible y sentía que me correría en cualquier momento. De pronto, ella se levantó de la cama para ir al baño, y al verla ahí de pie, cubriendo con sus manos las tetas, y con el calzón metido entre sus nalgas, me di cuenta de lo afortunado que era al compartir cama con ella en esa situación.

    En el momento en que ella entró al baño yo me paré para recoger mi calzón, y cuando estaba de nuevo en la cama me toqué un poco el pene jalándolo un par de veces, antes de que ella regresara. Tenía tanta excitación acumulada durante la noche, que después de unas 5 o 6 jaladas me corrí de una forma muy intensa. Manché la sábana con mi semen, y justo en ese momento ella salía del baño. Tuve que disimular mi cara y procedí a ponerme el calzón.

    Nos quedamos un rato más en la cama, semidesnudos y viendo nuevamente algo en la TV, y al cabo de unos minutos empezó a llegar un poco el olor de mi semen derramado. Estoy seguro que ella también lo sintió, pero jamás me ha dicho nada.

    Al cabo de un par de horas, tuvimos que vestirnos porque se terminaba el tiempo de renta de la habitación. Después de eso fuimos a desayunar y cada quien regresó a sus vidas.

    Fue sin duda una noche que jamás olvidaré, y a pesar de parecer extremadamente inocente y que no haya ocurrido nada al final, para mí eso lo hizo aún más excitante. Seguirá existiendo como una fantasía en mi cabeza, imaginando siempre las escenarios que pudieron haber ocurrido esa noche. Algún día seguramente los haremos realidad, ya que los dos nos tenemos ganas y seguimos solteros.