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  • Sabrina

    Sabrina

    Una noche de primavera salí beber con amigos y después terminamos en una disco del centro de Buenos Aires.

    A mis veintinueve años el lugar me parecía demasiado lleno de chicas de secundaria.

    Me aburría en la barra tomando un trago y charlando con mis amigos.

    Entonces, entre la gente, veo venir hacia mi una cabellera rubia.

    Entre el maquillaje, la ropa y la oscuridad del lugar me costó reconocer a mi prima Sabrina.

    -Hola Pablo -dijo sonriendo.

    -Hola Sabri ¿Cómo estás?¿Viniste sola? -pregunte al verla sin compañía.

    Era muy raro verla sin su amiga Ludmila, eran carne y uña, iban juntas a todos lados.

    No teníamos una relación demasiado fluida, yo era 10 años mayor. Pero nos veríamos seguido en reuniones familiares.

    Sabrina es la hija mayor del hermano menor de mí papá.

    Rubia de un metro setenta, con unos labios carnosos que desvían la mirada de un par de ojos azules. Llevaba puesta un musculosa negra que apenas disimulaba un par de tetas sensacionales y aunque desde mí punto de vista no lo veía, un culo carnoso de los que hacen las delicias de quién camina por detrás de ella, se escondía en un jean color índigo.

    -Vine con Ludmi. Salimos porque ella estaba peleada con el novio. Pero cuando llegamos publicó una foto en instagram y al rato apareció el novio. Supongo que se reconciliaron por qué están a los besos por allá atrás.

    -¿Quedaste sola? ¿Tu novio no vino?

    -Es que se supone que era una salida de chicas -dijo mientras se mordía el labio inferior y apuntaba con sus ojos hacia el cielo.

    Le convidé de mí trago y ella lo acepto y tomo un sorbo.

    -Tengo que pedirte un favor primo.

    -Decime. -conteste interesado.

    – Seguro Ludmi va a volver a su casa con el novio y si voy con ellos voy a tener que dormir en la habitación del hermano mientras ellos están juntos. Súper incómodo.

    – ¿Querés que te acompañe a tu casa? No hay problema prima.

    Apunto con la barbilla al suelo y levanto los ojos hacia mí, como un niño que hizo una travesura.

    -Es que en casa dije que iba a dormir de Ludmi para que no estuviera sola, no que salíamos a bailar. ¿Puedo ir a dormir a tu departamento?

    -No sé… ¿Y si me llevo una chica de acá? Me arruinas la noche. -bromee.

    -¿Estás desatado desde que no estás con Paula, no? -dijo refiriéndose a mí reciente separación de un noviazgo largo (y peculiar).

    -Daleee por favor Pablo, por favor, te debo una, dale. -mientras me tiraba del brazo.

    -Ok, hay problema Sabri (automáticamente abandone el prima) pero nos vamos a tener que acomodar. -conteste intentando que no se notase que el corazón latía a 150 pulsaciones.

    -Les aviso a mis amigos y cuando quieras vamos.

    -Dale, yo me voy a avisar a Ludmila.

    Mientras se alejaba mire hacia mí derecha, mi amigo Pedro, que es un pirata de cuidado, me miraba fijamente desde la punta de la barra.

    Me acerque, cuando intenté hablar me interrumpió.

    -Que linda está Sabri.

    -Si, y se viene a dormir a mi casa.

    Abrió los ojos como huevos fritos.

    -Hijo de puta, te vas a coger a tu primita?- Casi gritando.

    -Si puedo, si. -en voz baja.- Cubrime con los pibes y no digas nada.

    -Hecho.- guiñando un ojo.

    Me aleje de Pedro hacía donde se acercaba Sabri, tratando que nadie interfiera en lo que estaba pasando. No quería que una palabra de más o un gesto de alguno de mis amigos echara todo a perder.

    -Listo, ya le avisé a Ludmila.- Me miró a los ojos y siguió hablando. -Pero no hace falta que vayamos ahora sí te querés quedar con tus amigos.

    La agarre del brazo y dije- ¿Tenés que pasar por el guardarropas? Vamos.

    Retiramos nuestros abrigos y su cartera y salimos a la calle. Caminamos una cuadras y con la excusa del frío de la madrugada la abrace pasando el brazo sobre sus hombros.

    Un par de cuadras más y encontramos un taxi. El viaje fue corto.

    Mi departamento está sobre Avenida Córdoba, cerca de Pueyrredón.

    Está en el piso 20, el último piso del edificio. El ascensor llega hasta el 19 y en el 20 solo está mi departamento que es el departamento del encargado y pertenece al consorcio. No hay encargado viviendo en el edificio, yo lo alquilo.

    Me gusta porque no tengo vecinos de piso, tengo privacidad y salida desde la cocina a la terraza, donde tengo un mini deck con un par de reposeras.

    Tomamos el ascensor.

    El departamento estaba frío, así que serví una medida de whisky para los dos, quería que se relajara pero no que se emborrachase.

    Pude un poco de música bajito.

    -Supongo que en esa cartera no traes un pijama.

    -ja, ja, ja- explotó en una risa involuntaria- No, claro que no.

    En habitación busque una remera negra de mangas largas que, mido un metro ochenta, me queda un poco grande, calculando que a Sabri le quedaría como un vestido.

    – Podes usar esto de pijama, si querés.- mientras la daba la remera.

    Sabri tomo la remera, su cartera y entró al baño.

    Tardo unos minutos en el baño y salió con el pelo recogido, sin maquillaje y con la remera puesta.

    Le quedaba hermosa.

    -Guau. Ahora se te reconozco, sos la misma potra rubia que me encontré en el boliche?, ja, ja, ja.

    -Dale tonto… -respondió sonriendo.

    Se sentó en living en el sillón frente al mío y muy coqueta cruzó las piernas para que no se le viera la ropa interior. Sonreía y se la veía cómoda.

    Me cambié en la habitación, me puse un short de fútbol y una musculosa, lo que uso para dormir, pase por el baño y me lave los dientes.

    Volví al living y Le ofrecí un café que tomamos mientras hablábamos cosas triviales.

    -Sabri, terminate el café tranquila que yo preparo la cama en el piso para dormir yo y nos acostamos.

    -Nooo, yo duermo en el piso. -Grito bajito.

    -¿Estás loca? Sos mi huésped.

    -Un huésped auto invitado. -comento sonriendo.

    Prepare una cama improvisada tratando que se viera lo más incomoda posible. Volví al living apague las luces y pasamos a la habitación.

    -¡Que buena tele tenés en la habitación! yo quiero una pero mi mamá no quiere.

    -Yo la uso para dormirme pongo un capítulo de Game of Thrones y me duermo enseguida. -mentí descaradamente.

    -¿Te gusta Game of Thrones? a mí me encanta. ¿Te gustó el final? ¿Ya lo viste?

    -Si, ya lo vi. Pongamos el último capítulo así me duermo al toque, ja, ja. -Volví a mentir.

    Agarre el control remoto y puse el último capítulo. Sabri estaba dentro de la cama tapada hasta el cuello. Me acosté en el piso, a los pocos minutos dije. -No veo nada desde acá y me subí a la cama, quedando sobre las sábanas sin taparme.

    Sabrina no dijo nada. Seguimos viendo la serie. Sabri comentaba las escenas y yo dije- Me muero de frío y me metí bajo las sábanas. Después me empecé a hacerme el dormido. Sabía que Sabri no me iba a despertar para echarme de la cama.

    Cuando terminó el capítulo Sabri apagó la tele y la luz del velador y se giró dándome la espalda. La luz de la luna entraba por la ventana abierta e iluminaba la habitación.

    Yo en ese instante tenía el corazón a ciento veinte pulsaciones y dudaba en que hacer, si avanzar o no. Pero me la jugué y me mande a abrazar a Sabri de cucharita, de última si me decía algo le decía que dormido pensé que estaba con mi ex novia, con quien dormía en esa cama.

    Cuando la abracé no hizo ningún movimiento, ni se sobresaltó.

    Pase mi brazo derecho por sobre su cintura y la abrace a la altura de la panza.

    Mi pene estaba duro a full y lo apoyaba contra sus glúteos. Mi nariz estaba pegada a su cuello y sentía su aroma a mujer joven.

    Sabri hizo su primer movimiento y tomo mi mano con la suya dándome a entender que aprobaba mi avance.

    Con su mano sobre la palma de mi mano fui bajando hasta su sexo, primero acariciándola sobre lo que se sentía como una bombacha de algodón.

    -Ufff. -salió de su boca y mi pija estaba tan dura que me dolía.

    Subí la mano hasta el borde de la bombacha y deslice mi mano por debajo y por el camino me encontré con un poblado monte de Venus. El tacto con sus vellos púbicos disparo mi lujuria hasta un nivel superlativo. Quería cogerla ya mismo, duro y profundo pero me contenía para avanzar a medida que ella de fuera dejándome ir más allá. Mis dedos encontraron su rajita y empezaron a acaricia suavemente su clítoris.

    La poca luz me permitía ver qué tenía los ojos cerrados.

    -shhh, shhh. -la escuchaba respirar profundamente con los dientes cerrados y veía su pecho subir y bajar rítmicamente.

    Mi dedo índice abandonó su clítoris y entró directamente en una conchita ya muy mojada.

    -¿Te gusta? -Pregunte en vos baja con los labios pegados a su oreja.

    -siii- dejando escapar en aire con su afirmación.

    Mis dedos jugaban a gusto dentro de ella y se notaba que la estaba pasando bien pero no sentía que se entregará a algo más que dejarse masturbar.

    Estaba con el corazón a mil y la pija en la estratósfera de la calentura. Entonces con su mano derecha busco mi shorts paso la mano por mi ombligo y bajo a agarrar mi poronga y empezó a masturbarme así de espaldas.

    Entonces giro, dejo de darme la espalda y quedó de frente a mi. Cambio de mano y empezó a masturbarme con la izquierda mientras me miraba a los ojos y sonreía pícara.

    Un miraba que decía «Estoy dispuesta a todo.»

    Sabri gemía con cada ingreso y salida de mis dedos en su conchita mientras masajeaba mi pija con destreza.

    La belleza de su cara de placer me alentó a querer comérmela toda y mi mano libre agarro su nuca y la acerque para que nos comiéramos a besos.

    Su lengua exploró mi boca sin timidez preparándola para lo que mi mente quería hacer a continuación. Sin darme cuenta me puse sobre ella que abrió las piernas más que dispuesta a ser brutalmente cogida. Apoye el tronco de mi pija en su húmeda rajita pero no sé la metí, mis planes era otros.

    Le dije bajito y al oído -Me tenés re caliente.

    Una frase obvia, ya que la dureza de mi pija en su mano lo dejaba más que claro, pero yo no estaba pensando en escribir poesía si no en hacer a mi primita acabar mucho e intenso.

    Con ese objetivo en mente la fui besando mientras descendía hacia el paraíso.

    Sus tetas tenían unos pezones pequeños casi del mismo color que su piel y estaban muy duros y erguidos. Me detuve a chupar esas tetas con dedicación.

    -Siii, Siii.-jadeo.

    Su panza chata quedaba de camino hacia mi objetivo final y la recorrí con la punta de mi lengua, tomando un pequeño desvío en su ombligo.

    Su monte de Venus natural y de un rubio vikinga fue una grata sorpresa visual que anticipo mi llegada a una hermosa y tersa conchita color rosado.

    Olí su aroma a mujer y me sumergí en su sabor.

    La recorrí a gusto, tanto su clítoris como cogiéndola con la lengua.

    -mmm, mmmm, mmmm. -gemía.

    Entrelazó sus dedos entre los pelos de mi cabeza y hundió mi cara en su sexo.

    Su respiración si agito más y más hasta que tuvo un tembloroso y sonó orgasmo.

    -Siii, Siii, que rico… -dijo arrastrando las palabras en un tono ronco que me enamoró.

    Me tenía agarrado de la cabeza y me hizo subir para comerme la boca a besos mientras quedábamos en la posición del misionero.

    -¿Que querés que haga? -La cabeza de mi pija estaba apoyada en la entrada de su vagina.

    -Metemela, cogeme Pablo. Cógeme primo. -dijo mirándome a los ojos.

    Muy lento le metí la cabeza de mi pija a hasta la mitad, la saqué y volví a introducirla hasta la mitad. Sabri estaba empapada y la pija entraba sin problemas.

    Me miró a los ojos, con la barbilla pegada al pecho y su ojos hacia arriba como pidiendo que se la metiera toda. En la tercera embestida se la metí hasta el fondo y Sabri arqueo la espalda al tiempo que cerraba los ojos y decía -Siii, siii.

    Pase mis brazos bajo sus piernas y me puse de rodillas mientras se la metía a fondo y brusco.

    Sabri de mordía su dedo índice con los ojos cerrados mientras gemía -Ah, Ahh, Ahhh- Con cada una de mis embestidas a fondo.

    Me gusta cambiar de ritmo así que baje sus piernas y me acerqué a ella y la besé mientras baja el ritmo metiéndola lento y hasta el fondo. Le comía la boca, le besaba el cuello y la oreja y volví a besarla.

    -Me encanta Pabli, cogeme que me encanta, me encantas vos y tu pija en mi conchita. ¿Te gusta mi conchita? ¿Te gusta? Así, así, asssi.

    -Me encanta tu chochita así toda mojadita. -respondí al tiempo que volví a incrementar el ritmo y la fuerza con la cual la penetraba.

    Ella levantó la piernas doblando el cuerpo por completo dándome total acceso a su concha mientras yo le daba fuerte, duro y al fondo mientras jadeaba como un perro atado que quiere escapar.

    Sus músculos se tensaron y arqueo la espalda, un signo de que llegaba al orgasmo por segunda vez.

    -Ah, Ahhh, siii, siii, siii.-Y acabo en un sonoro orgasmo mientras todo su cuerpo temblaba.

    Yo estaba desaforado y no había acabado, la di vuelta la puse en

    cuatro y se la metí si darle la oportunidad a qué se opusiera.

    La tomé de la cintura y la penetre brutalmente, a fondo y con toda mi fuerza. El corazón me latía a mil y quería llenarla de leche. Sabri giro la cabeza tratando de verme mientras con un brazo trataba de parar mis embestidas mientras que con el otro se mantenía en posición de perrito.

    Solté su cintura, apoye mi panza sobre su espalda y tomen fuerte sus tetas que colgaba bajo ella.

    -aiii, siii, argg. -gritaba con cada embestida.

    Debió sentir que mi pija latía y estaba durísima porque que dijo .- Acabarme adentro que tomo pastillas.

    Es eso momento acabe, dejando toda mi leche en su vagina y me desplome sobre ella.

    Gire sobre mi y quedé sobre mi espalda al lado de Sabri que estaba todavía boca abajo.

    Ella se puso junto a mi. Se levantó solo lo necesario para besarme con cariño en la boca y volvió a bajar cabeza para apoyarla en mi pecho. Así quedamos los dos abrazados, jadeábamos mientras nos recuperábamos del brutal polvo que habíamos echado.

    Estábamos tapados cuando sentí la mano de ella jugar con mi pija intentando despertarla. Sabri levanto la sábana y fue directo a comerme la pija que ya estaba despertándose.

    Mientras la sostenía con una la mano, lamía la cabeza con su lengua. Cuando mi pija ya estaba erecta se la metió en la boca. Primero la cabeza, dando chupadas cortas y muy húmedas que intercalaba con unas más profundas y cada tanto un chupada bien profunda hasta la garganta.

    Su destreza para chupar la pija me asombro y tuve que decirlo.

    – Que bien la chupas Sabri, sos una experta.

    -Es que durante 2 años tuve miedo de debutar con mi novio y para dejarlo satisfecho solo se la chupaba.

    -Aprendiste muy bien -dije mientras jadeaba.

    -¿Te puedo montar? Mi novio nunca me pidió que lo monte y a mi me da vergüenza pedírselo.

    -Me encantaría que me montes Sabri. -conteste maravillado.

    Sabri paso una pierna sobre mí sin soltar mi pija y se la clavó en la conchita.

    Comenzó a moverse a su propio ritmo mientras jadeaba suavemente.

    Su caderas se movían a un ritmo lento y veía sus ojos celestes mirarme fijamente por detrás de sus hermosas tetas que se bamboleaban.

    Se inclinó cuando deje de sostenerla de la cintura para jugar con sus tetas y me las puso lo más cerca que pudo de la boca para que pudiera saborearlas, cosa que hice con gusto.

    Cuando los jadeos de Sabri evidenciaron que estaba por acabar yo comencé a moverme para intentar acabar al mismo tiempo. A Sabri le encantó y también aumento su ritmo. El cabo de unos minutos dijo- Estoy por acabar.

    Yo también los estaba y bombeé a mayor ritmo. Ella Acabo y mientras lo hacía yo también acabé.

    Sabrina se desplomó sobre mi, giro bajándose y se dejó caer sobre la cama.

    De esta manera, en la misma posición en que empezamos la noche, nos quedamos dormidos.

    Al despertar Sabri me daba la espalda, intenté abrazarla con toda la intención de tener un buen round mañanero pero ella quitó mi brazo enseguida.

    Escuche que lloraba bajito.

    Mi cabeza no entendía nada, después de los polvazos que no habíamos echado.

    -¿Que te pasa Sabri?

    -Es que TENGO NOVIO. -Grito casi histérica.

    -Yo no soy así, yo no engaño a mi novio, yo lo amo, además sos MI PRIMO. -otra vez gritó.

    -Anoche la pasamos muy bien, no lo podés negar.

    -Si que la pasé bien y eso está malll. -lloraba.

    Se levantó, ya tenía puesta la bombacha y se fue al baño tapándose las tetas. Cómo si yo no hubiese disfrutado de ellas la noche anterior.

    Me cambié porque sabía que en cuanto saliera del baño iba a querer irse y así fue.

    -Me voy- dijo salida del baño con la cartera bajo el brazo.

    -Te acompaño a la casa de tu amiga.

    -Me voy sola. -Completamente enojada.

    -Que estés enojada, y espero que no conmigo, no quiere decir que te voy a dejar ir sola por la calle después de pasar la noche con vos. -dije tajantemente.

    Bajamos en silencio y casi en silencio caminamos las 10 cuadras que separan mi departamento del de su amiga.

    Al llegar al edificio de su amiga tocó el portero, intercambio unas palabras y la puerta se abrió.

    Yo estaba parado a su lado.

    Con la mitad de cuerpo dentro, sosteniendo la puerta Sabri miro a ambos lados asegurándose de que nadie más que yo la escuchaba.

    -Pabli, anoche la pasé muy bien, en serio muy bien. Pero no puede volver a pasar.

    Lamentablemente la vida no siempre cumple nuestros deseos.

  • Mi hijo, mi plug anal favorito

    Mi hijo, mi plug anal favorito

    Me llamo Claudia tengo 43 años mi físico es robusto pero sin tener panza de más y por lo tanto mis tetas y culo son grandes, de piel morena y vivo con mi esposo que amo e hijo de 21 años que me excita.

    Amo el anal como esta de apretado y que el hombre se puede soltar en ese agujero con embestidas salvajes sin miedo a correrse dentro, mi esposo… No, dice que le parece algo extraño y solo prefiere hacerlo por el coño.

    Tengo juguetes sexuales para satisfacer mis ganas del anal y cuando tengo tiempo los uso, mi esposo lo sabe así que no dice nada de ver mi culo dilatado. Ya con este pequeño contexto les cuento mi relato.

    Todo pasó un fin de semana común en la mañana, mi esposo había salido a trabajar y mi hijo estaba en casa, yo estaba limpiando un poco usando un vestido largo pero que marcaba bien mi figura de la cintura hacia arriba y aún con una falda suelta marcaba mejor mi culo, mi hijo había salido de su cuarto en boxers y me saludo con un beso en la mejilla y un abrazo y a juzgar por su olor a sudor y el ruido de la anterior noche sabía que estaba viendo pornografía.

    No me molesta que vea porno sé que es una forma de liberar su estrés solamente que suele hacer mucho ruido cuando lo hace, después del clásico beso y el abrazo fue diferente pues me abrazo desde atrás con sus manos alrededor de mi cintura y dejando caer su peso para bajar mi espalda y levantar mi culo, en ese momento sentí como se empezó a frotar en mi con su erección tocando mis nalgas.

    Le dije que se detuviera pero en su lugar se frotaba más y tomo los tirantes de mis bragas sobre mi ropa y los jalo hacia arriba apretando mis agujeros, solté un pequeño gemido con eso y sus manos en mi cintura rápido subieron a apretar mis tetas con fuerza mientras me decía al oído «mami estás muy rica, quiero verte desnuda» después de eso me dio un beso en la boca y una fuerte nalgada, estaba muy molesta por eso pero a la vez sentía muy apretada mi entrepierna y veía su erección en sus boxers.

    Lo mandé a ordenar su cuarto, se fue y yo me quedé pensando cómo se había puesto así, llevaba algo de tiempo sin novia y me imaginé que al no tener sexo con una mujer empezaría a tener esos deseos por mi y más que su mayor búsqueda de pornografía era madre e hijo, en ese momento tuve unas pequeñas fantasías con él que quite rápido de mi mente.

    Intenté seguir limpiando pero mis bragas metidas en mi culo me apretaban mucho, decidí irme a cambiar y ya en mi cuarto me quite el vestido y al sacar mis bragas vi que se habían humedecido por mi coño, me toque un poco para ver qué tan húmeda estaba pero rápido mis dedos actuaron solos y me empecé a dedear, las fantasías regresaron hasta que no aguante más y en un gemido grite su nombre.

    Fue un gran grito y mi hijo llegó corriendo a mi cuarto, cuando entro se quedó quieto unos segundos viéndome, se acercó a mi y saco mis dedos de mi coño, vi sonrojada como se los metía a la boca y se quitaba su bóxer, cuando salió su verga me puse nerviosa y la tomé para masturbarlo, es más alto que yo así que levanto mi cabeza y me beso con todo y lengua, cuando nos separamos del beso solamente le dije «no le digas a tu padre, ¿Si?».

    Dijo que si con la cabeza y rápido se pegó a tocar todo mi cuerpo sin parar, abrió mis nalgas y con el espejo vio el reflejo de mi agujeros y especialmente mi ano que se movía mucho, me abrazo y nos acostamos en mi cama, yo seguía masturbando su verga y el bajo su mano para frotar mi coño, cada que levantaba la vista me sonrojaba viendo a mi hijo pero al ver la forma en que me tocaba parecía más un amante.

    Me dio media vuelta y acostó boca arriba y me dijo que ya la quería meter, me levanté un momento y saque un lubricante que uso con mis juguetes anales vaciando sobre su verga, se empezó a frotar en mi coño lo deje frotarse un poco pero cuando sentí que la iba a meter con mi mano tape mi agujero y le expliqué todo, me vio algo desanimado hasta que subí más mis piernas dejando al descubierto mi ano y diciendo «pero la puedes meter aquí» mientras lo acariciaba con mi dedo.

    Se sonrojo y su verga comenzó a palpitar de nuevo, tomo el lubricante y vacío en mi culo metiendo dos dedos que comenzó a mover eso me excito y el al ver mi rostro empezó a jugar con mi culo hasta dilatarlo lo suficiente, saco los dedos y me dio unas nalgadas, me excitaba que mi hijo me tratara así.

    Llevo su verga a mi ano y empujó, lo recibí fácilmente y desde la punta comencé a gemir, el veía mi rostro excitado mientras yo miraba el suyo pervertido, no me había podido masturbar analmente así que mi culo estaba apretado aun así el empujó hasta meterla toda, grite de placer y el me beso interrumpiendo mi gemido.

    Me sentía muy bien de al fin tener una verga real en mi culo igual que mi hijo que soltaba pequeños gemidos cada que se movía en mi apretado culo, en cada movimiento mi culo se soltaba un poco más y sus embestidas eran más fuertes mientras jugaba con mis grandes tetas y mis brazos estaban sobre mi cabeza totalmente dispuesta a él.

    Cerró mis piernas y me acostó del lado moviéndose mucho más rápido que antes, lleve una mano abriendo mis nalgas pero él la quitó y sostuvo dándome fuertes nalgadas, le pedí que no fueran tantas pero me ignoro y lo hizo más rápido mientras yo daba apretones en mi culo con las nalgadas, subió a besarme y me sostuvo la barbilla diciendo «eres una puta, mami» regresando a sus movimientos mientras yo le decía que si con la cabeza.

    Incluso levanto mi brazo y me empezó a lamer y besar hasta llegar a mi axila, bajo un poco lamiendo el costado de una de mis tetas y saco su verga para ponerle boca arriba con el ano expuesto, uso un poco más de lubricante y la volvió a meter con su rostro frente al mío y me dio un beso lleno de lujuria, ver a mi hijo frente a mi con un rostro excitado y como me usa como un juguete sexual me puso al límite, levante más mis piernas y lo abrace con ellas diciendo un dulce pero excitante «acaba dentro de mi» para después darle un beso en la mejilla.

    Después de escuchar eso me abrazo fuerte y sus embestidas eran bestiales, igual lo abrase sintiendo su cuerpo chocando con el mío, en especial en la parte de mi coño, que me llevo al orgasmo inmediato junto con un squirt que terminaron empapando la cama, nos volvimos a besar y, soltando unos gemidos, su verga empezó a vaciar su semen dentro de mi culo sin parar, nos separamos del beso con cada uno jadeando en el oído del otro, se levantó y le dio un beso a mis tetas. Saco su verga viendo mi ano muy abierto y con el semen dentro mientras me acariciaba suave con sus dedos, se acostó junto a mi y lo abrace fuerte y nos acostamos juntos un rato a descansar, después limpiamos todo y para cuando llegó mi esposo todo parecía normal.

    Por supuesto que lo hicimos más veces, tantas que se volvió una rutina, a veces en la tarde tenía sexo anal con mi hijo y en la noche, si quería, sexo por el coño con mi esposo. Disfruto mucho de mi vida sexual ahora aunque sé que a mi hijo le gustaría probar mi coño ¿Debería dejarlo? Espero ver sus respuestas, gracias por leer.

  • Cogí con mi suegro en el matrimonio de mi cuñada

    Cogí con mi suegro en el matrimonio de mi cuñada

    No voy a contar la historia larga. Empecé a coger con mi suegro a los pocos años de casarme. Fue algo que surgió sin buscarlo pero que me resultaba doblemente placentero, por el sexo en si y por el morbo de hacerlo con el padre de mi esposo. No era algo frecuente, pero cuando se podía nos buscábamos. Usualmente cuando venía a Lima y se quedaba de paso en nuestro departamento, o cuando íbamos a Trujillo, donde vive con mi suegra, o en alguna reunión familiar en la que coincidíamos. Nunca programamos algo especial para encontrarnos. A pesar de lo mucho que lo disfrutábamos juntos, se dio así, coger sólo cuando la suerte nos juntaba.

    Cuando la hermana menor de mi esposo se casó, había nacido ya nuestro primer hijo. Tenía poco más 4 meses. Nuestra visita a Trujillo, para la boda, fue la primera que hicimos con el benjamín de la familia, que fue el centro de atención, pues era el primer nieto y primer sobrino. Mis suegros nos habían visitado en Lima, al día siguiente del parto, que se adelantó un par de días. Ellos iban a estar presentes, pero llegaron cuando su nieto ya había nacido. En esos días momento ni se me ocurrió que pasara algo con él.

    El fin de semana de la boda, llegamos a Trujillo el jueves por la noche. Mi esposo había pedido permiso el viernes y tomamos el último vuelo. Mis suegros nos recibieron en el aeropuerto y nos llevaron a su casa. Me di cuenta como mi suegro veía mis senos, llenos de leche para el bebé.

    El viernes no pasó nada fuera de lo normal. El sábado en día de locos por la boda. Luego de la misa pasamos a la recepción. Mis suegros habían dispuesto que la señora que había sido nana de mi esposo nos ayude con el bebe. Antes de salir a la misa me extraje leche y se la dejé para la noche.

    Luego de la parte protocolar empezó la fiesta. En un lindo club de Trujillo del que mis suegros eran socios. Bailamos con mi esposo, luego con mi suegro. Cuando bailaba con mi suegro me decía que quería probar la leche de su nieto. Eso me calentó mucho. Desde el parto había tenido muy poco sexo con mi esposo y andaba demasiado caliente. Pensé que podría ser el domingo en algún momento de descuido de los demás. En ese momento no se me ocurrió que durante la misma fiesta pudiera pasar algo.

    Poco después de las 11 pm, para variar, como no podía ser de otra manera, mi esposo ya estaba borracho y durmiendo sobre una silla. Mi suegra se molestó con él, intentó reanimarlo con café, pero nada. Al final, lo acomodamos bien y el resto de la familia siguió disfrutando la fiesta.

    Un par de veces llamé a la nana, pero todo bien. Mi hijo despertó, tomó su leche y luego volvió a dormir. Sabía que, lo más probable, hasta el amanecer del domingo.

    Poco después de la media noche quise ir al baño. Fui y el del salón de recepciones estaba hecho un asco. Volví y le comenté a mi suegra. Ella me dijo que había varios más al interior del club. Como eran socios, podían usarlos. Le pidió a mi suegro que me acompañe. Nos miramos, ni él ni yo podíamos creer que tuviéramos esa suerte.

    Ni corto ni perezoso, mi suegro se levantó, me cogió del brazo y me llevó hacia los baños interiores del club. A esa hora, sólo estaba el vigilante, que nos dejó pasar pues reconoció a mi suegro.

    Caminamos hacia los baños. Entramos al baño de mujeres. Sabíamos que teníamos unos pocos minutos. Demasiado pocos. Mi suegro tomó la leche de su nieto. Sus labios gruesos maduros, me pusieron a mil en instantes. Mientras lo hacía me baje los pantys y la tanga, dejando mi concha disponible. Mi suegro se desabrochó y bajó el pantalón. Le cogí su pene rico. Me di vuelta. Me incline sobre el inodoro y me cogió. Ambos sabíamos que tiempo no nos sobraba. Llegamos casi juntos, en menos de dos minutos. Cuando llegó se puso el pantalón y salió. Cerró la puerta.

    Me senté a orinar y limpiarme bien. No quería volver oliendo a semen. Mientras lo hacía, escuché la voz de mi suegra. Le preguntó a mi suegro sobre mí y si estaba bien, pues me estaba demorando mucho.

    Algo “molesto” le respondió que estaba dentro y que suponía estaba bien. Mi suegra refunfuñó algo. Salí. Mi suegra me comentó que se había preocupado por que nos demorábamos tanto. Supongo fueron más de dos minutos. Felizmente mi suegro decidió esperarme fuera y cuando llegó mi suegra allí lo encontró. Volvimos los tres juntos a la fiesta.

  • Mi primera vez con mi cuñado (3)

    Mi primera vez con mi cuñado (3)

    Buenos días, hoy quería contarles mi tercer relato, si no leyeron los dos anteriores, los pongo al día, mí hermana mayor, Melisa, está juntada con Gustavo, quienes me propusieron de hacer un trío con ellos, yo era inexperta, pedí a cambio, tomar experiencia a solas con Gustavo, quién me enseñó todo lo que sé. Eso es un pequeño resumen para ponerlos en contexto.

    Yo soy una morocha de contextura pequeña, de cintura marcada y buena cola. Gustavo es un hombre marcado, alto, parecido, con un miembro bien dotado, Meli es más grandota, tiene buen cuerpo, buenas gomas, cintura marcada y buena cola.

    Era el casamiento de un familiar cercano, por los que teníamos la fiesta de noche. decidí ponerme un vestido plateado con brillos, era ajustado al cuerpo, cortito, apenas tapaba mis nalgas, arriba era cerrado, como mencioné mi mejor atributo es mi cola, así que era lo que iba a aprovechar, esperaba ver a mi cuñado y mi hermana, ellos llegaron justo después de mí, ella elegante, con un vestido más largo azul, también al cuerpo, más escotada ella sabía aprovechar sus gomas, también tiene un buen culo, pero al ser más grande disimula un poco.

    Gustavo tenía un traje negro, camisa blanca, clásico, una corbata como plateada, le quedaba muy bien, después de la cena, ellos bailaban, Meli me dijo me cansé y él quiere seguir bailando, anda vos a ver si lo agotas, me dijo, yo acepté, ya sabía que era incansable, hace mucho ejercicio, trabaja, nosotras no hacemos ni la mitad.

    Bailamos de todo un poco, en unos bailes hots aprovechó de apoyarme, yo hacía lo mismo con disimulo, pasamos una hermosa noche. La fiesta estaba terminando, yo estaba por tomar un taxi, mi hermana y Gustavo, me frenaron, se ofrecieron a llevarme, me subí atrás, mientras él manejaba íbamos conversando, comentando cosas, detalles de la fiesta, Meli me invitó a ir a su casa a tomar algo, si quería podía quedarme a dormir, no podía negarme, la noche de algún modo era casi perfecta, aunque ya estaba amaneciendo.

    Pasamos a la casa, bebimos unos tragos más, con música muy sensual, empezamos a charlar de cositas más hot, nos estábamos calentando, ellos comenzaron a besarse apasionadamente, luego Gustavo, me llevó contra su cuerpo, sus besos con esos labios carnosos me hacían mojar de entrada, su mano en mi cintura bajaba a mi cola y subía constantemente, mi entrepierna se apoyaba en su muslo, me daba mucha sensibilidad, al punto de hacerme terminar, una de mis manos buscaba su bulto, me encontré con la mano de Meli, me dio pudor, por vergüenza la saqué, como acto reflejo.

    Meli me tomó de la mano, me la llevó al pene, me dijo no tengas miedo ni vergüenza, yo de algún modo me sentí aliviada, mientras nos besábamos nos fuimos desnudando, Gustavo tenía un bóxer azul medio transparente, era muy sensual, Meli tenía un culote negro de encaje, arriba no tenía nada, le marcaba bien los atributos, yo por otra parte, tenía un corpiño rojo que me levantaba los pechos, abajo una cola less bien chiquita, en cuanto a nuestras partes íntimas, al irnos desnudando estábamos todos bien depilados.

    Al estar desnudas, nos arrodillamos, Meli comenzó a chupar sus testículos, él me asintió con la cabeza, comencé a chupársela, se notaba que gozaba, su cara lo decía todo, Meli me sostenía la nuca e intentaba hacerme tragar más, pero no pude hacerle garganta profunda, ella reía cuando me ahogaba, le dije no puedo más, ella me mostró cuánto podía tragar, comenzó suave, se metió más de la mitad, yo aproveché y la empujé como hizo ella, se atoró, con los ojos llorosos me dijo es todo lo que puedo, es grande me va a reventar la garganta comentó riendo.

    Entre las dos fuimos haciéndole un buen oral, nuestras bocas y lenguas se encontraron en más de una oportunidad, en principio me dio cosita, era besar a otra mujer, más bien a mi hermana, aunque después de varios roces dejó de importarme.

    Ella puso su pene entre sus tetas, lo masturbaba, lo que sobresalía lo chupaba, para eso me dio poquito de envidia sus pechos.

    Nos acostamos al borde de la cama con las piernas abiertas, con Meli nos teníamos de las manos, Gustavo, se arrodilló y comenzó a hacerle un oral a ella, mientras jugaba con una mano en mi conchita, fue intercambiando, siguió comiendo mi conchita, su rica lengua recorría cada centímetro de mi húmeda vagina, con una mano jugaba con dos dedos en mi conchita y un dedo en principio luego dos en mi culito, de la misma manera jugaba con Meli, así nos hizo terminar.

    Seguido se paró comenzó a cogerla a Meli, en principio le daba suave, pero iba aumentando su intensidad, siguió conmigo de la misma manera comenzó suave y fue aumentando de intensidad, cada embestida me hacía ver el cielo, con Meli nos tomamos de la mano y nos apretamos en cada embestida, mis gritos eran fuertes, pero los de Meli no eran menores, pensé que podrían escucharnos, pero a ellos no les molestaba, por lo que me pude soltar completamente.

    Gustavo se acostó en la cama boca arriba, yo fui sobre su cara apoyé mi conchita sobre su boca, él me hacía un oral muy rico, no podía contener ni mis caderas que se meneaban sobre su cara, Meli comenzó a cabalgarlo, bailaba sobre su pene, gemíamos al mismo tiempo, llegando juntas a un orgasmo, las dos nos tomamos de la manos cruzando nuestros dedos, me calentaba ver cómo entraba y salía su pene, sumado que ella miraba como deseosa al ver cómo su macho me comía mi conchita, ella salió de él, yo fui a montarlo pero invertida, él comenzó a comerle la concha a Meli, yo comencé a moverme para darle un buen espectáculo a mi hermana, me dio un buen chirlo en la cola, me dijo que colita pendeja, me hizo excitar aún más, sentí recorrer ese calorcito por todo el cuerpo una y otra vez.

    Nos fuimos al borde, yo me puse abajo, boca arriba, Meli quién se puso arriba mío en cuatro, con sus piernas sostenía las mías.

    Quedando muy abierta, él atrás comenzó a cogernos intenso, profundo, intercambiaba penetración entre nuestras conchitas, yo tenía las tetas de Meli, en mi cara, no aguantaba más y tuve que agarrarlas, a ella no le molestó en lo más mínimo, parecía disfrutarlo, nunca pensé en tener algún momento lésbico, pero no lo sentí así, nomás me dieron ganas de chuparle esos enormes pechos. Gustavo pasó de mi conchita a hacerle la colita a Meli. Sus gestos eran distintos.

    Pude notar como le hacían la colita, ella jadeaba intensamente, él le daba fuerte y profundo, su cuerpo resonaba al penetrarla profundamente, yo estaba deseosa de sentirlo, de su colita pasó a romperme la mía, su pene rígido, venoso, se abría camino de vuelta en mi estrecho culo, él sabía que lo sentía demasiado, era cuidadoso, empezó suave, pero no sé limitó a eso, siguió, hasta el punto de darme sin piedad. Yo sentía como me rompía mi colita.

    Meli me preguntaba, te gusta que te haga colita, entre gemidos respondí que si, me encanta. Vos también sos su putita me dijo yo apenas podía mover la cabeza para decir que si. Meli se puso al borde con las piernas al piso, yo me puse en cuatro encima de ella, era muy sensual sentir su delicada piel, la piel de Gustavo es más áspera, al igual que sus manos, que son firmes, grandes, denotan mucho trabajo duro.

    Él nos siguió penetrando, hacía un intercambio entre vaginal y anal, entre mi cuerpo y el de Meli, ambas estábamos exhaustas, no podíamos dejar de terminar. Él nos dijo que nos arrodillemos, una al lado de la otra, entre las dos lo masturbábamos, juntamos nuestras caritas, y él nos llenó las caritas de leche, era abundante, ambas lo tragamos, lengüeteamos su pene para dejarlo limpito. Meli fue la primera en irse a bañar, al salir se acostó y se durmió profundamente.

    Fui a ducharme mientras me bañaba, golpea la puerta Gustavo, que le urgía ir al baño. Yo le dije que pase, al entrar me dijo que lo había pasado excelente, pero reconoció que era difícil satisfacer a dos al mismo tiempo, pensó que podía ser más fácil.

    Yo respondí, nos dejaste exhaustas, disfruté mucho de hacer el trío, entendía que ahora que cumplimos su fantasía era probable que nuestras aventuras terminen. Gustavo me respondió si vos querés podemos continuar, Meli termina muy rápido por lo que generalmente me quedo con ganas, ella se sintió cómoda y segura que sea con vos con quién me descargue, algo que sinceramente me sorprendió, así que si seguía dispuesta podemos seguir con nuestras aventuras, a solas y con Meli.

    Me gustó mucho la nueva propuesta, yo le dije bueno si es así podemos seguir? Abrí la ducha invitándolo, él entró, me apoyó contra la pared, me beso apasionadamente, me chupó las tetas hasta volverme loca, bajó a mi conchita, me levantó una pierna para poder comerme bien, me hizo terminar otra vez, gemía agarrándolo del pelo, él se reincorporo, yo me arrodillé, su verga rígida y firme frente a mí, con mis dos manos lo masturbaba, con la boca se lo chupaba, lo miraba buscando su aprobación, él con codicia me observaba, me dijo que bien la chupas, yo le sonreí con su pedazo en mi boca, me paré, él me levantó, me tenía entre sus brazos, hicimos el koala bajó la ducha, yo ayudaba y me trataba de sostener con mis piernas en su cuerpo, me hacía saltar. Sentía como su pene entraba en mí con rigor, me volvió loca.

    Se sentó en el piso, yo arrodillada de frente comencé a cabalgarlo, sus manos en mi cola me ayudaban a moverme y me llevaban contra su cuerpo, haciendo una penetración más profunda, me di vuelta, dándole la espalda, guie su pene a mi colita, así comencé a saltar sobre su pene, mis gritos se opacaron, me metió sus dedos en mi boca, para que los chupe, luego me los introdujo en mi conchita, sentía muy estrecho mi interior.

    Me temblaban las piernas, pero quería seguir. Nos paramos, apoyé mis manos contra la pared, levanté mi cola para intentar compensar la diferencia de altura, el atrás mío.

    Me penetraba por mi conchita, intercalando con mi colita, me embestía de tal manera que parecía levantarme del piso, me estaba dejando toda ardida.

    Me puse en cuatro, el atrás mío, no arrodillado, sino parado con las piernas abiertas, me cogía el culo de manera salvaje, yo gritaba, sentía que me desarmaba, su pene entraba a fondo, sus testículos rebotaban en mis nalgas, yo tuve un orgasmo final que parecía que dejaba este mundo, mis ojos blancos no volvían en sí, Gustavo me tiraba del pelo, mientras se volvía más feroz, sentí su pene bombearme semen de a chorros, cada embestida iba acompañado de su leche, al volver en sí, sacó su pene de mi cola, quedé agotada, fui desnuda a la cama, como caí me dormí.

    Así es como siguió nuestra aventura, ese fue el comienzo, gracias por su atención, espero que les haya gustado.

  • Te entregaste, gozaste y seguiste. Así te fue

    Te entregaste, gozaste y seguiste. Así te fue

    Después de cenar, Leonor y yo estábamos viendo un programa de entretenimientos cuando me contó la noticia bomba del día.

    – “Joaquín me olvidé de comentarte que Olga y Dardo se separan”.

    – “Verdad que es algo inesperado y debe tener como causa algo grave para que no haya vuelta”.

    – “Grave y terminante, ella comprobó que hace tiempo le venía metiendo los cuernos”.

    – “Qué lástima, ahora son dos los dolidos y furiosos; evidentemente él no supo, no pudo o no quiso decidirse en el momento oportuno”.

    – “Me parece perfecto que lo haya echado”.

    – “Coincido, puede ocurrir un deslumbramiento, puede sobrevenir una calentura incontrolable, puede acabarse el amor, pero en esos casos lo conveniente es parar y confesar”.

    – “Te parece fácil?”

    – “Seguro que no, pero resulta el mal menor, hay tristeza pero sin heridas, dolor pero sin traición, pena pero sin agresión”.

    – “Lo veo complicado”.

    – “Es todo un desafío, y para que funcione uno debe estar dispuesto a confesar y el otro a aceptar lo que le digan, de lo contrario el conflicto está asegurado”.

    El octavo aniversario de casamiento nos encuentra afianzados en una unión por la que pocos apostaban, pues ella, hija única de un matrimonio con posición económico social alta contrastaba notablemente con la mía que se ubica en una clase media-media.

    Y la diferencia se acentuaba cuando la comparación se hacía en la vestimenta; ella lucía prendas de alta calidad y actualidad, mientras yo optaba por algo clásico, resistente al deterioro y a los dictados de la moda. Y ese enfoque se repetía en casi todos los aspectos de la vida

    Si bien al comienzo de la relación la oposición de los padres fue tajante poco a poco empezó a disminuir cuando percibieron que el amor era recíproco; aunque creo que lo definitorio vino por dos lados. Uno fue cuando amablemente decliné la oportunidad de trabajar en la empresa familiar con el nada despreciable beneficio de una remuneración sensiblemente mayor a la de mi trabajo actual. Y el otro aspecto fue que al proponerle casamiento le sugerí incluir la cláusula de separación de bienes.

    Cuatro años después de la boda fallecieron mis suegros y Leonor heredó esa empresa que funcionaba sola aceitadamente.

    Dos cosas fueron claves para la armónica convivencia, el amor entre ambos y la mutua compresión de que las diferencias no representaban incompatibilidad. Mientras mis ingresos provenían del empleo que tenía en el sector finanzas de una empresa, mi esposa no necesitaba trabajar pues todos los meses se le acreditaba en una caja de ahorro la cantidad dispuesta por su papá y que representaba cuatro sueldos míos. Lógicamente optamos por vivir en la casa amplia y cómoda que le habían regalado sus padres en la cual entraban tres departamentos como el mío.

    De todos modos, en el tema convivencia fue definitoria la enseñanza de mamá. Ella era de carácter más fuerte que mi padre y la que llevaba la voz cantante en el hogar. Consciente de su puntillo de bruja nos alertó para que nuestras mujeres no hicieran lo mismo que ella con papá.

    La relación entre ambos, sin duda amorosa, tenía sus expresiones simultáneamente serias y graciosas, ella proclamaba “Te tengo cagando porque te amo” y se sentaba en sus faldas para besarlo con pasión; y él, después de saborear sus labios respondía “Ahora si descubro que ando al trote pero no por amor, a tu vida le quedarán cinco minutos, que es el tiempo estimado hasta que el corazón se detiene cuando la persona deja de respirar”.

    La enseñanza fue, “El matrimonio es un largo viaje, en cuyo recorrido, hay que acomodar periódicamente las cargas, pues si un costado adquiere peso abrumador a costa de la debilidad del otro, el camino se vuelve impracticable. Lógicamente cada pareja tiene sus tiempos pero lo que no se corrige en el momento oportuno se torna incorregible”.

    Y así se dio el primer acomodamiento. Cuando acordamos los espacios en el guardarropas del dormitorio le dije que un tercio del espacio me era suficiente y así permanecimos un tiempo. Mientras mi vestuario se mantenía sin cambios el de ella empezó a crecer y expandirse a costa mía, hasta que viendo incontenible el avance me pareció conveniente acomodar las cargas; tomé toda su ropa ubicada en mi sector, la llevé a la parrilla y, luego de rociarla con querosene, le prendí fuego. Como era previsible el escándalo fue mayúsculo.

    – “¡Qué hiciste inconsciente!”

    – “Rechacé una invasión”.

    – “Me lo podrías haber dicho”.

    – “Es verdad, y lo mismo vos, si me hubieras pedido ese espacio te lo habría entregado agregándole un beso”.

    – “Eso no lo voy a permitir en mi casa”.

    – “Tenés toda la razón del mundo”.

    Mientras ella entraba al baño yo fui a la habitación donde guardábamos cosas de poco uso, tomé las dos valijas en las que entraba todo mi vestuario y las llené. Cuando salió después de un buen rato, seguramente chateando, me encontró listo para partir.

    – “Qué estás haciendo?”

    – “Me voy, tratando de remediar mi error. Pensé que este era nuestro hogar cuando en realidad es tu casa, otro día coordino para sacar los libros”.

    – “Tené cuidado, al volver podés encontrar el lugar ocupado”.

    – “El lugar es tuyo y podés cederlo a quien quieras”.

    Acostumbrada a hacer su voluntad, debe haber creído que lo mío era un simple arrebato machista, hasta que tres días después la llamó mi hermano para acordar el momento para retirar el resto de mis cosas. Ahí me llamo.

    – “Hola”.

    – “Hola Joaquín, por favor regresá a nuestro hogar, te amo”.

    – “Encantado, porque seguro que a tu casa no voy”.

    – “Por supuesto que no”.

    – “Bien, dentro de doce días, si nadie ocupó mi lugar, estoy allá, porque también te amo”.

    El día anunciado, al término del horario laboral llegué con mis valijas. Apenas crucé la puerta, la abracé, besé, bajé a comerle la conchita y, cuando su jugo fluía hacia mi boca, la hice ponerse en cuatro, con el vestido en la espalda, la bombacha corrida y se la mandé de un solo envión hasta el fondo; cinco o seis movimientos fueron suficientes para el común y explosivo orgasmo.

    – “Qué fue eso?”

    – “Dejé salir el indio que llevo adentro”.

    – “Realmente me siento plena cuando el amor cubre como una capa todo lo que hacemos con el cuerpo, pero de vez en cuando, soltalo al indio”.

    A partir de ese evento, con muy suaves balanceos de las cargas seguimos una hermosa y pasional convivencia.

    Juan llegó como superior inmediato mío unos seis meses atrás, hombre de estatura promedio, buenmozo, soltero y extrovertido, un poco menor que yo que, a mis casi cuarenta, era el más joven de la oficina. Él fue de la sana iniciativa de reunirnos con esposas, novias o parejas por lo menos una vez al mes, para ahondar la mera relación laboral y favorecer el espíritu de cuerpo del grupo.

    Los lugares de reunión se elegían en función de ganas, sea en casas de familia, restaurantes, discotecas y algún otro. Tiempo atrás fue cena en casa, seis matrimonios y el jefe solterón; mi mujer les hizo conocer las dependencias hogareñas y, cuando estábamos en el dormitorio me pareció ver que Juan, señalando la cama, le pasó las manos por las nalgas a Leonor. La alarma saltó con tono agudo pero nada hice, pues una visión fugaz, que no se repitió, era causa insuficiente para acomodar las cargas. De todos modos cuando se fueron los invitados hablé con ella.

    – “Te he visto muy cercana a mi jefe, te sugiero tener cuidado pues en cuestión de faldas es un experto conquistador, y no sería raro que intente algo con vos, pero no es lo único, ha demostrado ser un malparido”.

    – “No estarás exagerando algún rumor?”

    – “Lamentablemente es verdad; él y la señora de Oscar son amantes, y la relación es conocida por todos en la oficina pues Juan se ha encargado de difundir el asunto como si fuera un logro extraordinario para añadir a su historial. No le importa ninguno de los miembros del matrimonio, dando a pensar que lo único valioso a sus ojos es el propio placer y una cierta satisfacción en el ego rebajando al subordinado”.

    – “Y el engañado qué hace?”

    – “Sufrir en silencio. Cumple dos penas siendo inocente; no tiene la culpa de tener una mujer algo ligera que no supo negarse a los avances del galán; tampoco es culpable de que su sueldo sea el único ingreso de la familia que tiene dos adolescentes empezando la secundaria”.

    – “Juan no parece ser así”.

    – “Sin duda, sabe presentarse bien, pero un tipo que denota placer provocando dolor en alguien sin culpa no puede ser buena persona. Es como si odiara a uno que es bueno, por el solo hecho de ser bueno”.

    Evidentemente mi sugerencia de precaución cayó en saco roto; en las reuniones siguientes la cercanía aumentó y, cuando tomé conciencia, ya era tarde para darle una solución capaz de borrar heridas tan profundas que, para cicatrizar tardan muchísimo, tiempo que difícilmente alguien aguanta.

    Ahora los que cuchicheaban lo hacían mirándome, y el viajero frecuente era yo; evidentemente no había posibilidad de marcha atrás así que solo quedaba pensar cómo terminar y esperar el momento oportuno, aunque significara un tremendo esfuerzo de paciencia para soportar la humillación y las burlas encubiertas. El lado bueno era que ese dolor me afirmaba más en la determinación de hacerles pagar cara su insolente maldad.

    No eran muchas mis ganas de asistir a la reunión que Juan propuso hacer, en su amplia y cómoda quinta, el domingo desde media mañana hasta el atardecer. Era una oportunidad perfecta para presenciar el flirteo de mi mujer con el dueño de casa y las burlas soterradas de dos compañeros que todo le festejaban. Acepté pensando que quizá se daba la oportunidad que estaba esperando, y esa posibilidad me proporcionó la paciencia suficiente.

    Promediando la tarde veo a mi jefe retirarse con el teléfono al oído para regresar casi en seguida.

    – “Necesitaría que mañana vieras las ventas de la sucursal Filadelfia, tendrás tiempo?”

    – “Dame un rato que me organice, acuerde con mi hermano algunas cosas pendientes y te aviso”.

    Unos minutos después de cavilar sobre varias conveniencias acepté el encargo que me llevaría todo el día regresando al siguiente, lo cual dio pie a una sugerencia del dueño de casa.

    – “Quizá te convendría salir ahora al anochecer así podés empezar temprano y a media tarde iniciar el regreso, por supuesto si te queda cómodo”.

    – “Sí, creo que es buena idea; querida, tendríamos que irnos antes”.

    – “Ay qué lástima, con lo que estamos disfrutando”.

    La intervención de Juan solucionó el inconveniente.

    – “Si no te parece mal, vos te adelantás para preparar tus cosas y yo más tarde la acerco a Leonor”.

    – “Perfecto, le pediré a mi hermano que vaya adelantando algo. Me permitís usar tu teléfono que me estoy quedando sin batería?”.

    – “Sin problemas, usalo todo lo que necesites”.

    Caminando hacia la mesa donde estaban las bebidas observé la sonrisa socarrona de dos compañeros mientras se hablaban al oído. Decidido a sacarme la curiosidad de ese secreteo tomé el celular y me senté cerca simulando escribir mientras mi atención estaba en sus palabras.

    – “Pobre, se la devolverán mañana con tanta leche adentro que si llora, en lugar de lágrimas, saldrá semen”.

    A lo que el otro se sumó

    – “Acá hay dos posibilidades, o es tan imbécil que no se da cuenta o le gusta; en ambos casos tiene perfectamente merecidos los adornos en la frente”.

    Satisfecha la curiosidad me dediqué hablar con mi hermano.

    – “Necesito que sigas estas instrucciones minuciosamente, 1) Te venís en taxi hasta una cuadra antes de la casa de Juan y me esperás en la esquina; 2) Traés un bolso con mis dos camperas, la negra y la verde claro, el pasamontaña, y la cajita de poxipol; 3) Tu celular debe quedar en casa; 4) Más tarde te avisaré la hora aproximada de encuentro, yo iré en el auto”.

    Enviado el mensaje seguí entretenido con el móvil a falta de algo mejor, cuando escucho la voz de mi esposa.

    – “Qué raro encontrarte solo”.

    – “Algo me perdí que no logro entender lo que estás diciendo”.

    – “Sencillo, es extraño que Raquel, esa puta con cara de mosquita muerta, no esté revoloteando alrededor tuyo”.

    – “Qué bueno que me hayas hecho caer en cuenta, en una de esas tengo suerte y puedo mojar el pan”.

    – “Seguro que ya te estarás revolcando con ella, porque a mí hace más de un mes que no me tocás”.

    – “Es que últimamente por vos siento asco”.

    – “Nunca pensé escuchar eso de vos”.

    – “Así es, pero a veces la vida te da sorpresas, como esos dedos marcados en tu nalga”.

    Mientras rápidamente se cubría con el pareo contestó.

    – “Estás viendo visiones”.

    – “Seguro que vi mal querida”

    Esa respuesta mía fue seguida de dos ruidosas carcajadas de los que antes habían estado cuchicheando. No me iba a hacer el distraído ante la burla, así que me volví hacia ellos.

    – “Así es muchachos, a veces uno se equivoca”.

    Ahí me levanté yendo hacia donde estaba Raquel.

    – “Amiga, sin compromiso de responder, quiero preguntarte por algo que acaba de reclamarme Leonor. Dice ella que debo estar revolcándome con vos, qué pensás, seré capaz de revolcarme o de hacer el amor?”

    – “No voy a contestar”.

    Entonces, tomando su mano derecha para besarla en el dorso, respondí.

    – “Sos un hermosa y deseable dama”.

    – “Y vos un educado y atrayente caballero”

    Después de eso le pedí a mi jefe que me prestara la llave de la puerta lateral, al lado de la entrada para vehículos, ya que necesitaba ir hasta la esquina a comprar cigarrillos y prefería no tener que molestarlos al regreso. Salí, compré, y al volver trabé el pestillo de la cerradura de manera tal que, desde afuera, se pudiera abrir con solo empujar.

    El comienzo del conteo horario comenzó cuando el último matrimonio que quedaba anunció que en media hora se iban. Pasé a mi hermano el horario de encuentro y quince minutos después salía para reunirme con él. Cuando subió al auto trayéndome lo pedido me coloqué la campera negra y el pasamontaña a modo de gorro; dejé mi celular junto a un papel donde indicaba el mensaje a enviar en determinado horario y tomando el bolso, donde guardé la pistola que llevo en la guantera, bajé.

    Caminando hacia la casa que había dejado minutos antes vi pasar al auto de los últimos en irse. Al llegar ingresé con solo empujar y, acomodando el pasamontaña para que lo único a la vista fueran los ojos, recorrí rápidamente los pocos metros que me separaban del edificio. Moviéndome silenciosamente ubiqué a los amantes todavía en la zona de la pileta, ambos desnudos en una reposera y totalmente concentrados en un sesenta y nueve digno de verse, pero no tenía tiempo que perder.

    La casa no me era desconocida pues la egolatría del dueño le llevaba a mostrar con orgullo sus pertenencias y comodidades, algo que repetía ante una nueva adquisición o remodelación de lo existente. Así fui directo al escritorio, saqué el disco que almacenaba lo registrado por las cámaras y luego seguí hacia el tendedero donde corté un pedazo de cuerda de unos tres metros volviendo hacia donde la parejita calmaba su calentura.

    Cuando ambos alcanzaron su placer, matizado con exclamaciones y gemidos, hicieron el natural paréntesis de descanso hablando sobre cosas que, para mí, eran novedosas.

    – “Creo que tu marido es más estúpido de lo que pensaba, o quizá te quiera tanto que eso lo lleve a soportar cualquier cosa con tal de no perderte”.

    – “No lo sé, a veces veo dolor en su mirada y me da lástima, pero cuando te tengo cerca me olvido de todo lo que no sea disfrutar de buen sexo”.

    – “Así me gusta, porque vos sos mi puta, y solo mía; yo no siento la más mínima compasión por ese imbécil, que se va sabiendo que apenas cruce el portón vos vendrás suplicando pija; y no estoy exagerando, apenas arrancó el auto te sacaste la biquini, viniste a mi lado para bajarme la bermuda y, empuñando el miembro lo ubicaste para tragarlo entero de una sentada”.

    – “Vos sos el culpable que me mantenés en permanente excitación”

    – “Puede ser, pero la puta que hace eso en presencia de otra pareja, con la cual no tenemos tanta confianza, sos vos; no te importó que el que recién se iba quede como el rey de los cornudos, el emperador de los astados, el mariscal de los boludos, pero eso importa poco, vamos para arriba que tengo que sacarme las ganas acumuladas”.

    Rápidamente me oculté, viéndolos subir las escaleras llevando como única vestimenta los respectivos celulares. Sus voces me guiaron hacia la habitación donde estaban, ella en cuatro con las nalgas paradas y él vertiendo un líquido espeso en el ano, espectáculo que presencié desde la puerta.

    – “Poné bastante que la última vez…”

    La finalización de la frase quedó en suspenso al darse vuelta y ver un encapuchado con pistola en mano apuntándoles, lo que le hizo decir otra cosa.

    – “Ay madre mía”.

    El laborioso lubricador estaba tan concentrado en su tarea que reaccionó recién cuando mi mujer sin dejar de mirarme se hizo a un costado tapándose la boca; había que aprovechar la sorpresa.

    – “El que se mueve o habla recibe; vos, culito lubricado, con esta cinta uní los tobillos y las muñecas del caballero. Seguro los voy a inmovilizar, ustedes eligen, disparos o cinta”.

    Pálida y temblando hizo lo ordenado y después ató sus propios tobillos; después de unir las muñecas femeninas me senté, pues había llegado el momento de hablar.

    – “Bueno, creo que ahora podré resolver algunas incógnitas”.

    – “Vos debés ser el marido cornudo de esta yegua, y creo que lo más conveniente para vos es desatarnos, pedir disculpas, y salir con la cola entre las piernas, pues tengo que darle duro a tu mujer antes que lleguen dos amigos, ellos también le tienen muchas ganas”.

    – “O sea que sos un tipo generoso”.

    – “Nada de eso, les cuesta una caja de buen whisky, y quiero disfrutar antes, pues no deseo tener semen ajeno en la boca. Si te hacés el rebelde, cuando me desate, contrataré cuatro sicarios que te busquen y, luego de torturarte una semana, acaben con tu mísera vida”.

    Evidentemente mis palabras no iban a ser escuchadas así que callado tomé la cuerda armando el lazo del ahorcado; al terminar e ir acercándome reaccionó el galán.

    – “Qué estás por hacer hijo de puta”.

    Sin responder le puse la soga al cuello y empecé a ajustar hasta que la palidez de su cara me indicó haber llegado al límite y ahí aflojé un poco.

    – “Ahora tendrás ganas de hablar?”

    Tomó varias bocanadas de aire mientras afirmaba con la cabeza.

    – “Cuántos cornudos hay en la empresa?”

    – “En total cuatro”.

    – “Y cuántos aceptan mansamente su condición”.

    – “Ninguno, pero cuidan su trabajo, o no son capaces de hacer algo para frenar eso”.

    – “Y vos pensás que si te enfrentaran o presionaran a sus mujeres la cosa cambiaría”.

    – “No, pero estarían mostrando su disconformidad y manifestando hombría”.

    – “O sea que te gustaría verlos quejarse o enojarse demostrando su impotencia para revertir el asunto”.

    – “Sí, quizá sea eso”.

    – “Última pregunta, cuanto tiempo llevan ustedes de relación?”

    – “Dos meses más o menos”.

    Lo hice acostarse y a ella sentarse sobre la pelvis mirándolo, mientras yo me ubicaba a su espalda con la cuerda en una mano y la otra engarfiada en el pelo a la altura de la nuca. Había llegado el momento de darle un corte definitivo a la cuestión.

    – “Una lástima tu amenaza de hace un rato porque, como te creo capaz de cumplirla, quedo sin opciones, pues entre mi vida y la tuya, sin duda prefiero la mía”.

    – “Te juro que todo era mentira”.

    – “Ojalá fuera posible comprobarlo, pero hay demasiado en juego, y se cumple nuevamente el dicho “El hombre es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras””.

    – “¡Por Dios, sácame esto del cuello, haré todo lo que digas!”.

    Me paré sobre la cama a su lado colocando la planta del pie en el cuello y ajustando el lazo.

    – “Mirá querida, cómo empieza a palidecer, en seguida irá poniéndose azulado indicando que la sangre carece de oxígeno y, cuando las pupilas se agranden y no se contraigan ante la luz, significa que ya no hará más maldades”.

    – “No me hagás mirar eso”.

    – “En algún momento lo vas a tener que mirar, y teniendo en cuenta que tu placer era el contacto íntimo con él, voy a colaborar para que siga”

    Y haciéndola acostar sobre el muerto uní ambos cuerpos con cinta en torso, muslos y tobillos. En ese momento, desde el aparato de mi esposa, hice una llamada perdida a mi teléfono, que era la señal para mi hermano, quien debía en ese momento enviar un mensaje diciendo “Querida ya tengo el pasaje, cuando llegue a destino te aviso”. Luego salí de la habitación al son de los gritos de la infiel y cerré la puerta yendo hacia la salida. Al portón de ingreso vehicular lo dejé levemente entornado para que los invitados a disfrutar del cuerpo de mi esposa no tuvieran dificultad en entrar. Unas cuadras más adelante, viendo que no había cámaras registrando me cambié la campera y tomé un taxi hasta las cercanías de mi casa, donde agarré lo poco que necesitaba y salí rumbo a la terminal para cumplir el encargo del finado.

    Parece que el espectáculo macabro fue encontrado por los dos previstos visitantes que, al no recibir respuesta al timbre o a las llamadas telefónicas, decidieron entrar, alertando luego a la policía.

    Como marido despechado fui el principal sospechoso y, por supuesto, me comí veinte días preso hasta que no tuvieron más remedio que soltarme por falta de mérito.

    Ayer lunes quedé libre y hoy martes mi regreso a la oficina lo hice con cierta inquietud; había estado detenido veinte días sospechado de asesinato, y la infidelidad de mi mujer, antes solo conocida en mi ámbito laboral, había sido difundida ampliamente por los medios de comunicación.

    La reunión con el nuevo jefe fue tranquila, reconocí que mi detención había sido razonable pues era el directamente afectado por la conducta de mi esposa, además ser el único beneficiario en caso de fallecimiento, algo nada despreciable pues su patrimonio superaba en mucho al mío. Le conté que Leonor estaba ahora en una clínica psiquiátrica y que, según la evolución de su salud, resolvería sobre el futuro de la relación.

    La acogida de mis compañeros fue variada pero con un denominador común; en general pensaban que yo era el ejecutor del castigo a los amantes. Los amigos de Juan me saludaron desde lejos y fríamente, mientras que el resto osciló, entre los que me dieron la mano sonriendo, y otros manteniendo el abrazo. Caso aparte fue uno que había compartido mi condición de cornudo, pues mientras prolongaba el gesto afectuoso me dijo al oído “Gracias hermano, tengo unas imágenes que me mandó un policía amigo, pienso que te van a ser útiles, ahora te las reenvío”.

    En seguida que sonó el aviso de entrada, abrí. Ahí estaban tres fotografías del muerto y su pareja; en la toma desde la izquierda la cabeza de mi mujer con el pelo volcado no permitía ver ninguna de las caras; el enfoque desde arriba ofrecía una vista perfecta de las facciones del extinto, apenas las de mi mujer, pero muy bien toda la parte posterior de su cuerpo; la toma desde la derecha mostraba las facciones contraídas y ojos cerrados de la mujer junto a la cara cenicienta del amante. Volviendo a la que mostraba el cuerpo entero de la hembra, dos manchas oscuras atrajeron mi atención y al ampliar viendo lo que había, guardé el aparato en el bolsillo y fui hasta el escritorio de uno de los ejecutores del frío recibimiento y de la carcajada en la casa de Juan cuando me disculpé con Leonor por haber visto mal.

    – “Hola Horacio, podré ocupar dos minutos de tu tiempo? Quisiera mostrarles a Julio y a vos algo que me llegó. Podrá ser?”

    – “Sí, ningún problema. Julio, vení un minuto por favor”.

    – “Se acuerdan del último día en la casa de Juan cuando ustedes se rieron de mi tonta equivocación, y el jefe dijo que seguramente debía haberse golpeado contra la punta de algún mueble?”

    – “Por supuesto, fue algo muy gracioso”

    – “Quería mostrarles que no me había equivocado”

    Y tomando el celular amplié la imagen de las nalgas de mi esposa, cada una de las cuales mostraba los efectos de la presión fuerte y continuada de diez dedos, pero esas marcas en ambos glúteos hacían de marco a algo más prosaico y repugnante, trozos de materia fecal iniciaban el recorrido desde el ano hasta el canal de los muslos unidos por acción de la cinta; luego subí hasta llegar a la cara del muerto con la boca abierta buscando aire y las manos tratando de aflojar el lazo.

    – “Lastima que no esté Juan para sacarlo de su error”.

    En ese momento Julio se dio vuelta y salió caminando rápidamente hacia los baños, pero no pudo llegar, vomitó en el pasillo. Cuando su compañero concurrió a auxiliarlo yo fui a mi lugar de trabajo a retomar la tarea.

    El jueves, como estaba algo complicado con una tarea le pedí a uno de los compañeros que avisara, a quienes estaban de la lista que le di, que el viernes a la noche los esperaba en casa a cenar. Al terminar de pasar los avisos vino a contarme que Raúl y Julio le habían preguntado si ellos también estaban invitados, a lo que respondí.

    – “No, en casa reúno amigos, y ellos son simples compañeros de trabajo”.

    La reunión fue distendida y agradable comparada con las anteriores, en que Juan, valiéndose de su puesto en la empresa, tenía con las mujeres avances desagradables. Yo estuve muy entretenido ubicado entre los esposos Mario y Raquel si bien estaba pendiente de que nada faltara a los invitados. Una de las veces que me levanté a reponer bebidas, uno de los más allegados me acompañó, no para ayudarme sino buscando saciar su curiosidad.

    – “Te la estás tirando a Raquel?”

    – “Difícil pregunta, si respondo que sí miento, si contesto que no, vos, que venís esperando el sí, vas a pensar que miento. O sea que lo mejor es no contestar y dejar que cada uno construya la hipótesis que le más le guste, de esa manera todos conformes y felices”.

    Faltando poco para despedirse la esposa de Mario me dijo que les gustaría recibirme en su casa para cenar mañana sábado, cosa que acepté de inmediato.

    Una comida estupenda en buena compañía son ingredientes seguros para que la reunión sea un éxito. Terminado el postre me pareció percibir miradas de entendimiento entre los esposos lo que llevó a tomar la voz cantante a Raquel.

    – “Te acordás del reclamo de tu mujer para conmigo en la última reunión en la casa de Juan?”

    – “Claro que lo recuerdo, fue cuando no quisiste responder a mi pregunta”.

    – “Pues bien, después de eso, hablé con Mario y decidimos contarte una dificultad que tenemos, pero los sucesos posteriores no llevaron a demorarlo hasta ahora”.

    – “Una introducción así anuncia algo importante, soy todo oídos”.

    – “Desde hace un tiempo largo tu amigo tiene una dificultad funcional para que nuestra intimidad sea completa. En nuestra ignorancia y pensando encontrar solución visitamos psiquiatras, psicólogos y psicoanalistas, variados, con fama y enfoques de diferentes corrientes. Dos cosas hicieron igual, no dar resultados y cobrar mucho”.

    – “Es lo esperable en ese ambiente, hay profesionales buenos, pero encontrarlos es una lotería”.

    – “Ante eso Mario, viendo que algunos días caminaba por las paredes, me sugirió que buscara alguien que me diera la satisfacción necesaria, con una sola condición, que él aprobaría la elección pues deseaba preservar al máximo nuestra unión; por eso Juan nunca estuvo entre los candidatos, en cambio vos sí cuando nos enteramos que Leonor te engañaba.

    – “Gran honor”.

    – “Hay un pedido de mi esposo que no es excluyente, sino un deseo que, aunque no lo aprobaras nada cambiaría. Se trata de la no participación de la boca pues dice que esa parte le resulta como comprometiendo sentimientos que sería bueno mantener al margen”.

    – “Espero adaptarme a esta modalidad, que por supuesto acepto, pero es algo nuevo. De todos modos la mutua afinidad puede influir como buena compensación”.

    – “Mario, te molestaría que hagamos la prueba ahora?”

    – “Por mi encantado, pero me voy, creo no estar preparado para verlo y de esa manera ustedes estarán más tranquilos”.

    – “Creo que en esta nueva circunstancia nos puede ayudar la imaginación. Hagamos de cuenta que mi lengua, asomando por entre los labios, te recorre saboreando, lóbulo de la oreja, cuello, hombro, llega a tus pechos y se prende de los pezones”.

    – “Y por qué no lo hacés, con solo decirlo me estoy calentado”.

    – “Porque eso sería romper el equilibrio a favor tuyo y en contra mía. Mario y vos pidieron esa limitación que yo, no del todo convencido acepté, pero involucrando a los tres para que sea pareja la distribución de ese efecto ciertamente incómodo”.

    – “Ya estoy arrepentida”.

    – “De todos modos, hasta tanto se pongan de acuerdo en hacer el cambio, habrá que seguir así”.

    Un rato más seguimos con las caricias hasta que note la ausencia de cambios en la mutua excitabilidad. Desgraciadamente la fase de meseta en que estábamos si no respondía hacia arriba, era segura su disminución. Mi último intento fue penetrarla antes que desapareciera la natural lubricación.

    Mi orgasmo fue de baja calidad y, el de ella, probablemente peor; mi descanso fue corto como si no hubiera tensión que liberar y ella rompió el silencio que agobiaba.

    – “Gozaste?”

    – “Sí, pero fue nada más que una respuesta fisiológica”.

    – “Así me pareció, lamento no haber podido darte buen placer”.

    – “Seguro que nada tenés que ver en esto, simplemente no hemos sabido adaptarnos a reglas de juego diferentes a las habituales. De otro modo no se explica la satisfacción que siento teniéndote abrazada y unidas nuestras mejillas”.

    – “Qué desgracia puta. Dame algo de tiempo que esto va a cambiar”.

    Por supuesto que nunca fui a la clínica donde estaba internada Leonor. De sus necesidades se ocupaba una persona contratada por la empresa, que había sido del padre y ahora formaba parte de sus propiedades.

    Unos diez días habrán pasado del comienzo de esta etapa, de gozo con limitaciones, cuando un lunes me pidió vernos en casa cuando saliera del trabajo, pues esa tarde Mario pensaba llevar a alguien y no quería incomodar estando presente. La reunión fue de agradable charla, luego preparación de la cena y después la llevé cuando estimó que su marido habría terminado el encuentro.

    Al día siguiente, un rato antes de la finalización del horario de trabajo, me llamó.

    – “A qué se debe la alegría de esta comunicación?”

    – “Necesito un favor tuyo”.

    – “Dalo por hecho”.

    – “Podrías venir a casa con mi marido”.

    – “Encantado”.

    Al llegar me saludó con la efusividad habitual pero a su esposo lo ignoró.

    – “Quería hablar con vos en presencia de Mario, pero primero quisiera ponerme cómoda”.

    – “Por supuesto, lo que quieras”.

    Me hizo sentar en una silla previo haberme dejado desnudo de la cintura para abajo; en seguida se dedicó a erectarme el miembro con manos y boca para de inmediato levantarse la pollera, quitarse la bombacha y horcajándose en mis piernas, clavarse hasta el fondo.

    – “Ahora sí puedo hablar. Ayer cuando me dejaste, apenas crucé la puerta me saqué los zapatos porque sentía dolor en los pies, y seguí rumbo al baño cuando escuché unos quejidos en el living. Al asomarme, oh sorpresa, lo veo a éste con un jovencito en cuatro, ambos desnudos y tu amigo embistiéndolo como si quisiera atravesarlo mientras el mariquita lloriqueaba y se quejaba de los empujes”.

    – “Pero querida. . .”.

    – “No terminé. De pronto este caballero empezó a bufar y a correrse para terminar tirado sobre la espalda del putito. Cuando se dieron vuelta pude ver que el joven, si hubiera tenido pechos y borrado la glotis, se lo podría confundir con una mujercita. También iba en contra de su femineidad una pijita erguida del tamaño de tu dedo mayor. Recién ahí escuche la voz del nene-nena “Yo también me quiero correr”. Por supuesto que mi esposo salió en su auxilio”.

    – “Yo te ayudo chiquita”.

    – “Entonces el diligente, que antes lo enculaba, tomó esa minucia con dos dedos y le hizo el subibaja unas cuantas veces hasta que un miserable chorrito saltó. Pero eso es lo de menos porque mientras lo pajeaba ambas bocas estaban unidas en un apasionado beso. Y así tenemos que quien pidió reservar esa parte del cuerpo fue el primero en entregarla. Silenciosamente, tal como entré, salí nuevamente, di una vuelta a la manzana, abrí la puerta haciendo ruido y directamente fui a acostarme. Cuando el infractor intentó acercarse lo corrí de mala manera”.

    La cara de mi compañero mostraba a las claras lo mal que se sentía, cuando ella prosiguió dirigiéndose a mí.

    – “Ahora macho mío, por favor, dame tu lengua”.

    – “Querida, lo haría encantado, pero estoy al margen de este conflicto entre ustedes. Los dos me pidieron observar esa limitación y yo mantengo mi palabra. Vos ya allanaste lo que te correspondía, ahora le toca a él”.

    – “Perfecto, escúchame bien basura malparido, o conseguís que Joaquín me entregue su boca o una de estas noches te vas a despertar sintiendo cómo, a martillazos te meto un clavo en sien, los dejo hablar tranquilos”.

    – “Por favor hermano, dale en el gusto o esta loca me va a matar, es muy capaz de ello”.

    – “No hay problema, yo me encargo, pero seguro que algo te va a costar”.

    – “Lo que sea, pero sacámela de encima”.

    – “Dónde está?”

    – “Seguro que en el dormitorio”.

    Y allí fui, al entrar me recibió su voz.

    – “Andate, no te quiero ni ver.”

    Sin dejar de acercarme a la cama, donde estaba en posición fetal de espaldas a la puerta, contesté.

    – “Pensé que conmigo no era el enojo”.

    Su respuesta llegó cuando ya estaba arrodillado al costado de la cama.

    – “Perdón, creí que era el porquería de Mario, seguro que te mandó a calmarme”.

    – “Por favor, no te muevas, me ves obedeciendo órdenes de él?”

    – “No, es que estoy con mucha bronca”.

    – “Te pido que con la misma pasividad que tuve para hacer lo que me pedías hace un rato, te dejes llevar ahora”.

    – “Bueno”.

    Al correr la falda hacia la cintura aparecieron las nalgas desnudas, pues la bombacha había quedado en el living y sobre ellas comencé a usar mi boca, recorrí cada glúteo y al incursionar en el canal divisorio fui interrumpido.

    – “Qué estás haciendo?”

    – “Darle algunos besos a ese ojito, tratando de convencerlo para que en poco tiempo y, bien relajado, me dé la bienvenida”.

    – “Ni se te ocurra, una vez probé y me dolió”.

    – “Dejá que él decida, no hay razón para apresurarse o presionarlo, cada uno tiene su tiempo”.

    – “No tratés de envolverme”.

    – “No es mi intención, déjame que lo mime y luego vemos”.

    Seguí el recorrido con la lengua llegando a la entrada vaginal; probablemente la rápida producción de flujo mojando toda la zona fue más producto del deseo contenido que de la sensación táctil. Ni lento y perezoso esparcí el líquido espeso alrededor del anillo estriado, cosa que la sobresaltó haciéndola fruncir el orificio.

    – “Quizá convenga que hagás de intermediaria entre ese ojo precioso y yo, te animás”.

    – “Ya me estás liando de nuevo pero acepto”.

    – “Le gustan mis caricias o prefiere más fuerte”.

    – “Dice que así está bien, pero que no vayas a forzar la entrada”

    – “Podré comerte la boca y las tetitas?”

    – “Sí mi cielo, es lo que deseo con locura”.

    Y para ello se dio vuelta, besándome y dándome de mamar cual bebé, mientras mis dedos seguían incursionando en ambos orificios de la entrepierna, desparramando lubricante natural entre ellos. Evidentemente la intervención de la mente hacía enorme la diferencia respecto de las reuniones anteriores. Su conchita cual pozo surgente expeliendo flujo, los músculos del cuerpo agarrotados y los arcos plantares semejando semicircunferencias, me llevaron a ponerla en cuatro y entrar hasta el fondo. Su sííí prolongado fue el preludio de la corrida convulsa que tuvo mientras yo, desde atrás, le retorcía las tetas.

    Lógicamente la excitación es contagiosa y me invadió llevándome al borde del orgasmo, cosa que deseaba dilatar pues mi intención era aprovechar ese tierno ojito negro que palpitaba frente a mis ojos. En auxilio vino mi yo malvado “Pensá en tu ex y vas a perder hasta las ganas de comer”. Viendo que tenía razón le hice caso y reviví en la memoria el último cruce de palabras con ella “Por Dios, no me dejés así atada a un muerto”, “No te dejo, simplemente respeto tu decisión de privilegiar su compañía por sobre la mía, que ahora esté muerto es algo accesorio”.

    Dicen los estudiosos que el hombre es el único animal que sufre, es decir, hace presente con la imaginación problemas y males, que aún están lejanos, pero los siente como si ya hubieran llegado. En este caso aproveché esa enseñanza para aumentar su desgracia. “Rogá que te encuentren rápido porque ese cuerpo, que antes te hacía tocar el cielo de gozo, va a ponerse rígido y frío, sensaciones francamente desagradables”, “Por lo que más quieras, sácame de acá”, “Imposible pues lo que más quiero es que desaparezcas de la superficie terrestre, además preparate para recibir en la nariz el olor producto de la descomposición, sensación que permanece después que hayan retirado el cuerpo ya que la mucosa nasal conserva las partículas estimulantes, suerte preciosa”.

    Este recuerdo tuvo tal efecto que casi pierdo la erección. Cuando ella acabó y se tendió de boca yo la seguí, dándole cortos besos en cuello y hombros, haciéndole sentir mi complacencia. Tras un corto descanso, apenas ladeando la cabeza me dijo

    – “Tengo un mensaje para vos”.

    – “Si es de quien imagino que venga cuanto antes”.

    – “De él es, dice que está relajado y, si sos cuidadoso, le gustaría recibirte”.

    – “Decile que permanezca tranquilo y confiado, voy a poner todo mi empeño para que esta labor artesanal llegue a buen puerto. Tenés alguna crema neutra o vaselina?”

    – “En el botiquín del baño”.

    Después de buscar un frasquito con vaselina líquida recordé la imagen de mi mujer siendo preparada para su profundo enculamiento e hice lo mismo con Raquel, pero sin expresar verbalmente el recuerdo. Levanté su grupa, quedando cabeza y hombros apoyados en la cama, y delicadamente abría un poco el ojetito volcando líquido que en seguida se deslizaba hacia adentro por simple gravedad, para luego dejarlo contraerse y moverlo en pequeños círculos facilitando una mejor distribución.

    Ahí fue cuando vi que solito hacía pequeñas aperturas y cierres, como invitándome a ingresar, y así lo hice. Una suave y continuada presión me llevó hacia adentro hasta que mi pelvis y las nalgas femeninas quedaron pegadas.

    – “Sos un degenerado, pero lo hiciste bien, solamente sentí una desacostumbrada ocupación de todo mi culito. Dame fuerte mi vida”.

    Fue la corrida más copiosa que recuerdo. Cuando nos repusimos, después de calmar ansias largamente contenidas, ella volvió a la carga.

    – “Quiero cobrarle a Mario lo que me hizo”.

    – “Lo querés?”

    – “Por supuesto que sí”.

    – “Entonces hay que hacer que pague sin salir lastimado”.

    – “Y cómo hago eso”.

    – “Imponiéndole “Una semana sin mujer””.

    – “No entiendo”.

    – “Me explico, toda una semana la va a pasar sin tu concurso. Nada que antes vos hacías por él lo vas a hacer ahora, ni siquiera un miserable vaso de agua. Ese tiempo no nos vamos a ver, vas a seguir siendo la mujer exclusiva de él, porque es el esposo que amás pero te va a pagar sin ser ofendido, degradado o postergado. Si por costumbre te llama “Querida…”, de inmediato respondés “En qué quedamos…”. Es seguro que al no haber rencores la reconciliación será relativamente fácil”.

    Después de eso retomamos esa amistad más cercana de lo habitual sin dobleces ni cosas escondidas.

    Si algo me faltaba para que nada me recordara a Leonor era algo de acción en la cama, cosa que ahora tengo. Por delante se me abren varias posibilidades; la de mínima es que ella se recupere, nos divorciemos, y yo vuelva a mi modesto departamento continuando la austera vida que nunca abandoné; hacia arriba siguen otras para culminar en la de máxima, y es que el diablo decida juntar a los amantes y entonces yo regrese a mi tranquila y recatada vida pero poseyendo una cuantiosa fortuna.

    Don Destino, acepto mansamente sus designios, adelante con los cañones.

  • Carla: el padre la coge luego de 19 días y la vende

    Carla: el padre la coge luego de 19 días y la vende

    100 % real, excepto los nombres obviamente.

    —Sergio? Sonó al teléfono la voz del padre de Carla, a quien hemos llamado Jo, pero para mejor identificarlo, lo llamaré José, de aquí en adelante.

    —Como estás José?

    —Digamos bien, pero desesperado, llevo 18 días sin estar con Carla, en cualquier momento se me derrama “aquello” por las orejas!

    —Bueno, sabés que es así, estuvo en Paraguay, volvió y tuvo cosas que hacer, no te desesperes!

    —Al menos están libres para almorzar? Me gustaría verla, y charlamos los tres. Del estudio se encarga Ju (Juan), si llego un poquito tarde, y está la secretaria.

    —Le digo a ver si puede, solamente a comer, que quede claro.

    Así comenzó algo que nos encantó a Carla, al padre y a mi, y creo que al resto también.

    Charlábamos y almorzábamos, en su desesperación por verla y tratar de estar con ella, o al menos fijar fecha, nos invita, como supuestos “clientes del estudio”, a una reunión con motivo del aniversario de su actividad como abogado y fundador del estudio, 30 años de abogado.

    Era algo simple, un jueves de tarde al cerrar la actividad. A eso de las 18 horas, unos cocktails en un salón de un conocido hotel a la entrada de la Ciudad Vieja. Concurrencia por invitación, obviamente, de muchos clientes del estudio, damas, caballeros, parejas, incluyendo algunos “pesos pesados” de la abogacía.

    El ambiente era muy tranquilo, casi aburrido mas allá de las felicitaciones y algunas bromas al homenajeado. Pero… Carla se encargó de al menos agitar un poco el ambiente. Tacos como siempre altísimos, y vestido ceñido al cuerpo, bien arriba de la rodilla, con el detalle de una abertura de cinco centímetros de ancho desde la axila hasta el borde inferior del vestido. Solamente tres elásticos mantenían el orden de las cosas, uno a la altura del busto, uno en la cintura y uno a medio muslo, por supuesto, había un elástico mas, digamos justo en el comienzo, debajo de la axila, para mantenerlo en su lugar. Obviamente dejaba ver que no había ropa interior alguna, y suficiente también para que al sentarse los elásticos cedieran un poco permitiendo vistas un poquito mas generosas de su piel.

    Admirablemente el raso (creo que era raso) se adhería a su cuerpo sugiriendo todo detalle, en especial los pezones y la raya del culo. Una pintura.

    Para bien o para mal, se transformó en el centro de comentarios de la reunión, desde el infaltable “es una atrevida, como va a venir vestida así”, comentario oído a un par de damas, hasta “que buena está”, comentario de varios caballeros entre ellos o a mi ya que entramos a la reunión por separado, y simulábamos cruzarnos ocasionalmente como desconocidos cualesquiera.

    No faltaron caballeros que habían ido solos al cocktail, que intentaron avances, sin ser rechazados ni aceptados, simplemente lograban alguna conversación intrascendente y la aceptación, sin respuesta, de alguna insinuación del tipo de “por suerte eres cliente del estudio y siempre podremos pedirle a José que arme otra reunión”.

    Sin embargo, uno de ellos, señor mayor muy conocido de José, acertó un poco mas en su avance y obtuvo una linda respuesta de Carla, que conversó con él un largo rato.

    Luego de presentarse, el caballero preguntó directamente: Eres modelo? —No, por?

    —Con ese cuerpo y esa elegancia, pensé que lo serías. No cualquiera lleva tan bien un vestido como ese.

    —Acaso resulta muy atrevido? Alguna señora me dijo eso!

    —Para nada, está justo al límite del buen gusto y sugiere perfectamente lo que no muestra. Y lo llevas muy bien, por eso supuse que serías modelo.

    —Ja ja… gracias, pero no, quise ser modelo y me dijeron que pese a ser alta me faltaban otros 7 u 8 centímetros mas, y me sobran un par de centímetros de cadera. Así que nada!

    —Gente con mal gusto! Deberían haberte aceptado!

    —En realidad lo intenté, una vez en Florianópolis, participé en un concurso de los que llaman de bikinis, pero en realidad juzgan otra cosa, ja ja. Salí segunda y junto a la ganadora nos contrataron para hacer cuatro desfiles a mayoristas seleccionados de la marca. Toda una experiencia fue aquello!

    —Sí? Como fue?

    —Imposible de relatar! Ja ja.

    —Me imagino!

    —La imaginación es libre! Y aquí tuve otra experiencia, como modelo de diseño de lencería, para una de las pocas casas que diseñan y fabrican localmente.

    —Y como es eso de modelo de diseño?

    —Los diseñadores dibujan, perfecto… luego las cortadoras y costureras llevan a la realidad en los talles mas comunes. Y ahí entran las modelos de diseño, se ponen las prendas, y sobre el cuerpo se corrigen los defectos que inevitablemente surgen. Y bueno yo probé como modelo de chica relativamente alta y un poco estilizada.

    —Divina! Diría yo.

    —Gracias! Que atento!

    —Y no sigues?

    —No, la paga no era tan buena, sobre todo para cuanto nos tocaban y miraban, y eso que me encanta que me miren!

    —Mereces ser mirada y admirada!

    —Ayyy que adulador! Y todo por un vestido con abertura lateral…

    —Belleza de vestido. Sería impresionante verte desfilar.

    —Quien sabe! El mundo da vueltas y vueltas.

    —Puedo tener esperanzas?

    —Nunca se sabe, las circunstancias, los amigos, todo puede pasar, o no pasar ja ja.

    —Ja ja… buena respuesta, recurriré a algún amigo entonces.

    —He consultado algún tema en el estudio de José y seguimos en contacto con el y con el hijo, así que tenemos amigos en común.

    Allí se arrimó a alabar su vestido una dama, cosa imprevista, conversaron un rato, la dama expresó que su marido andaba por allí bebiendo, siguió comentando cuanto le gustaba el vestido de Carla y se las arregló para sugerir ir al tocador a retocarse el maquillaje.

    La sorpresa fue que una vez allí, cerciorándose de que no había mas gente, la señora se arrimó a Carla arrimando su cara, prácticamente insinuando besarse. Carla la dejó hacer, y el beso llegó, con la dama tomando la iniciativa. Suficiente para que Carla respondiera con entusiasmo y con lengua, largo y húmedo beso.

    “Algún día te buscaré” dijo la desconocida. “Ojalá” le respondió Carla. Se separaron, y finalizó la reunión después de un rato. Todo había transcurrido a pedir de boca, tal cual lo hablamos con Carla, que me contó todo eso.

    Reconociendo la calentura de su padre, que pese a estar la esposa presente no había parado de mirar a Carla durante toda la reunión, en un cierto momento Carla lo dijo: mañana a eso de las 16 o 17 horas si puede escaparse del estudio, estaré en casa con Sergio.

    Sabíamos que iría desesperado, el hijo cubrió la última hora del estudio y si se diera el caso, cubriría su ausencia frente a la esposa. Y ya sobre 16 y 30 llegó José al apartamento donde vive Carla. Allí lo esperábamos y un café se impuso, El padre se acercó a la cocina, donde estaba Carla, a admirar su jean totalmente rasgado por delante y por detrás; desde la rodilla a la ingle y desde la parte trasera de la rodilla hasta casi medio culo. Realmente, si bien muchos objetan este diseño de jeans, lucía totalmente erotizante. Las rasgaduras del jean en los bajos de los glúteos eran de tamaño importante, como para que pasaran algunos dedos.

    Acompañando al jean, Carla se puso una simple camiseta negra, a la cual le hizo, ella misma, rasgaduras frontales, amplias abajo y un poco mas pequeñas a la altura de los pechos, que igualmente se veían parcialmente por las pequeñas aberturas.

    Al ver que demoraban, me acerqué a la cocina, donde los encontré manoseándose, Carla caso tan caliente como el café, (le encanta la pija del padre aunque no sienta nada especial por él), y el padre hecho fuego le tocaba el culo y las tetas, se besaban y frotaban sus cuerpos uno contra el otro. Me sumé, la besé y acaricié un poco y nos fuimos a tomar el café, ja ja.

    El tema del momento era, aparte de la angustia del padre por cogerla, la atracción que había despertado Carla en algunos concurrentes al cocktail de aniversario. También hubo rechazo o críticas de algunas damas, todo debe ser dicho.

    Especialmente hablamos del cliente del estudio con quien Carla mantuvo su diálogo mas largo, un buen amigo de José ademas de excelente cliente, y ademas integra un grupo de poker de los sábados de noche.

    —Y juegan por nada? Pregunté.

    —Nooo! Apostamos, a veces fuerte, a veces ponemos límites medianos, pero al poker no se juega por nada, nunca.

    Hablamos de la admiración de su amigo por Carla, de su buena onda, nunca atrevido, de su interés cuando Carla le contó del tema de haber modelado lencería en etapa de diseño, y de sus desfiles de malla en Florianópolis, sin detallarle la parte mas picante, mas porno que picante ja ja.

    Rápidamente, las mentes brillantes tienden a pensar de manera similar ja ja ja, elaboramos un plan para el sábado de tarde, supuestamente adelantando la sesión de poker. Y dejamos de conversar para pasar a los hechos que todos deseábamos.

    Sentados uno a cada lado de nuestra chica, retomamos los manoseos y besos, alternándonos, las caricias a las tetas eran incesantes… hasta que finalmente Carla se paró y nos hizo señas de quedarnos sentados.

    Rápidamente se quitó su camiseta y nos la arrojó, bromeando. A continuación, después de dejarnos admirar (como si hiciera falta) sus tetas, se giró y encaró la dificultosa tarea de quitarse el jean, probablemente comprado ex profeso un talle menos para resaltar los desgarrones de la tela y su propio culo.

    La posición que adoptó fue la tradicional para quitarse el jean. (ya nos habíamos desnudado nosotros).

    Desprendió el broche y cierre delanteros, inclinó el torso hacia adelante, insinuando aún mejor su trasero ante nuestros ojos, y comenzó a bajar el jean lentamente, un poco por intención y otro poco por lo ajustado que estaba. De a poco, con esfuerzo el pantalón fue bajando y dejando ver poco a poco esa belleza de culo que la naturaleza le ha dado. El fin de la espalda, el comienzo de la raya, cada vez mas raya y mas abierta… hasta que finalmente logró bajarlo del todo, se lo quitó totalmente, lo arrojó lejos y nos mostraba libremente su hermosa concha y orificio anal, pues obviamente no llevaba ningún tipo de tanga. Nosotros ya desnudos, solamente nos miramos y la llamamos nuevamente al sofá, donde ella se recostó con gusto, su boca sobre mi pija, su concha sobre las piernas del padre, que de inmediato comenzó a masturbarla mientras ella me chupaba la verga a todo ritmo.

    Cuidadosa de que no se produjeran derrames imprevistos, dejó de hacerme oral y se lo empezó a hacer al padre, mucho mas difícil al ser una pija gruesa y cabezona.

    Antes de dos minutos, dijo “vamos a la cama”. Nada mas llegar, le ordenó: “boca arriba papi”.

    Cuando José estuvo así, la poronga como piedra, Carla dijo “usted quietito, yo me encargo”… y ahí imaginé que iba a hacerle “la viborita”.

    Ésta manera de penetrar, enseñada por Lu a Carla, es realmente hermosa y requiere habilidad.

    Carla se acostó sobre su padre, mas o menos con sus tetas sobre la cara, abrió las piernas y yo le chupé un poquito la concha para que estuviera hiper mojada, y entonces, cuando me retiré, Carla comenzó a moverse como una víbora, de un lado a otro, retrocediendo sobre el cuerpo de su padre hasta que (aquí es donde se requiere habilidad y una concha bien húmeda), la concha enfrentó a la cabeza de la pija, y con un retroceso más, zás! Estaba toda la verga adentro.

    Ahhh exclamó José, loco de placer. Poco a poco Carla fue enderezando el torso y comenzó el correspondiente sube y baja, mientras disfrutaba de chuparme los dedos y que yo le acariciara las tetas y el culito con su propia saliva.

    18 días sin coger son muchos, el aguante del abogado fue mínimo y en pocos momentos su cuerpo se puso tenso y se arqueó hacia arriba.

    Sííí papi sííí, esta hirviendo, que chorros! Exclamó Carla, y en instantes cada vez que en su subir y bajar se veía un trozo de pija, aparecía blanco de leche y jugos femeninos mezclados.

    José aguantó erecto el tiempo que pudo, de a poco se le fue ablandando hasta salirse de su hija, ambos agitados y aún excitados. Desesperado, me lancé a besarla, entrelazando nuestras lenguas y mezclando nuestras salivas. Ni siquiera me preocupé cuando ella interrumpía los besos para pasarse los dedos por la concha y chupárselos, mojados de semen y flujo que seguían escurriendo por su hermosa raja.

    Comenzó a chupársela a José hasta ponerlo en pie de guerra, la mía no había acabado y estaba dura desde el comienzo. —Quiero doble, nos dijo. Y quienes éramos para negarnos? Se puso de costado, el padre no tuvo ningún problema en metérsela, aunque es gruesa, por todos los flujos que aún tenía adentro, y desde el frente, una vez que se la metió y le dio unos cuantos bombazos, se la metí yo. Dio trabajo pero le entró en esa maravillosa conchita. Un rato de vaivenes sincronizados, ella misma se estrujaba las tetas y gemía, y el papi me ganó, tanto ella como yo sentimos los chorros tibios de su alivio, y al rato le retribuí, dejando también lo mío.

    “Sigan! Sigan!” Pedía Carla, y lo hicimos hasta que pudimos, y ya blandos, nuestros miembros se salieron de ella.

    Nos limpió a los dos, nos besamos, la acariciamos y otra vez el padre de pija dura!

    Opté por retirarme a un sofá del dormitorio a mirarlos y admirarlos, meditando acerca de que pasaría por la mente de José. Ya sé lo que piensa Carla, una mezcla de morbo, cierto cariño, muy poco, y un sentimiento de que de alguna manera se está vengando, de manera original, al hacer con su padre algo prohibido y mal visto por la sociedad.

    Muy diferente de lo suyo con el tío, lo quiere y le agradece haberla criado junto con su esposa, y haberla respetado sin insinuaciones hasta los 33 años cuando ella se le regaló.

    También muy diferente de lo que siente por su medio hermano, cero culpabilidad de parte de él, obvio. Y Carla siente que lo extraña un poco y cada vez mas, desea coger con él.

    Lo cierto es que mientras pensaba todo esto, cómodamente instalado en mi sofá, a dos metros los veía cogiendo. Carla en cuatro, José a fondo en su concha, estrellando a cada movimiento su cuerpo contra el de ella. El pulgar de él, ensalivado, no paraba de hacer círculos en su ano, entrando un poco a veces.

    Y finalmente, desde la concha comenzó a gotear nuevamente semen a la cama, José había logrado un tercer polvo, ambos jadeaban.

    Nos recuperamos de casi dos horas de sexo a full, y marchamos a ducharnos y ducharla entre ambos, con juegos y manoseos incluidos.

    Y fue en ese momento, al secarnos y vestirnos, que surgió una pregunta…

    —Y esa sesión de poker cuantos son?

    —A veces cuatro, a veces cinco…

    —El señor que habló un rato conmigo y que dice que debería ser modelo es del grupo?

    —Sí, y te digo la, verdad, fue uno de varios que me llamaron hoy de mañana para agradecerme la invitación al cocktail y para mencionarte.

    —Me mencionaron para bien?

    —Siempre para bien, algunos alabándote y otros comentando que sus mujeres se preguntaban quien era la putita esa que mostraba que andaba sin ropa interior ja ja.

    —Saben? Me encantaría desfilar para él o él y alguno mas, así me admiran mas, y te acordás Sergio de la subasta? A lo mejor algo parecido.

    —Una subasta? Dijo el padre. Te venderías?

    —Quiero que usted me venda si se da, sé que sería capaz de dirigir mi venta de servicios a alguno de esos señores clientes de su estudio, de buen nivel, garantidos, o le da vergüenza? Ellos no saben quien soy. Y a Sergio seguro no le molesta y se divierte.

    —Nunca pensé que tendría una hija así, pero me encanta! Y si puedo vender tus servicios, seguro puedo comprarlos, quiero ser cliente ja ja.

    —Se lo he dicho papi, gratis cuando yo tenga ganas y pueda… lo otro ya es otra cosa, y… por que no?

    —Hecho! Ya lo hablaremos, y el poker mejor de tarde no?

    —Sí, pero que traigan algo de dinero, igual si avanzáramos mucho, supongo que usted saldría de garantía de alguno, verdad?

    —Sí, sí, obvio. Y cuanto por desfilar para intensificar el deseo que ya se gestó?

    —250 dólares insinuando. Después, si les gusto, hacemos otro desfile, mostrando, a 500, y si ya se entusiasman, les proponés subasta.

    —Sos una genia…

    —Sé defenderme, fui una chica abandonada, al fin y al cabo.

    —Nunca me perdonarás?

    —Perdonar no, he tratado de comprender y de avanzar, y quiero hacerme un futuro como sea y ya lo voy logrando gracias a Sergio y a mis amigos.

    —Mañana de mañana les confirmo si se hace de tarde, y Uds. consiguen el apartamento ese tan lindo.

    Así quedamos y así fue. A las 14 comenzaba la sesión de poker.

    Avisados de antemano, y encantados, aparecieron tres concurrentes, José y yo, con lo cual José debió poner una parte para completar los 250! Ja ja.

    Hubo anuncio de que vistos los comentarios, cada 10 minutos aproximadamente , al terminar una mano, habría una pasada como modelo de la chica que unos mas y otros menos, habían mirado en el cocktail.

    Todos de acuerdo, se puso el dinero en un sobre y comenzaron a jugar. José y el amigo promotor de todo, digámosle Julio, se sentaron cerca de tal manera de tocarse por debajo de la mesa para que de ser posible, Julio saliera ganando, aunque nada estuviera garantido, en alguna vez les funcionó.

    Cuando ya estaban reunidos, llegamos con Carla, y José me presentó, luego de presentar a Carla, como un amigo y cliente del estudio, que venía a pasar un rato.

    Primera mano, gana Julio, y al terminar dice el abogado: Ahora la primera pasada!

    Golpea las manos y aparece Carla con el ya relatado conjunto de jean y camiseta rasgados, excesivamente rasgados digamos. Sin corpiño, las tetas saltaban y se veían parcialmente debajo de las rasgaduras del top. En el jean, medio culo a la vista.

    Un par de vueltas a la mesa y se fue con aplausos.

    Siguieron jugando dos manos mas y nueva sugerencia para otra pasada, le aviso y aparece nuevamente “la modelo”.

    Ésta vez con impresionante conjunto de blazer blanco sin nada debajo, solamente un botón a la altura del ombligo, tacazos, obvio, y palazzo de gasa negra transparente, pero debajo un culotte negro, aunque de cintura baja, que dejaba ver a través de la gasa del palazzo, el nacimiento de la raya de la cola, una hermosura. Aplausos constantes mientras daba las dos vueltas a la mesa de los jugadores.

    Nuevamente juego, Julio gana un par de manos mas y va sumando ganancia interesante.

    Momento de nueva pasada. Micro vestido plateado, vestido tubo elastizado, escote bajísimo, sin breteles, pliegue bajo de los glúteos a la vista, tacos altísimos para lucir todavía mas sus impecables piernas. Collar símil perlas, lago hasta el ombligo pero con un nudo, que revoleaba con una de sus manos.

    Doble pasada por supuesto, comentarios: divina… agarrará viaje? Se puede proponer? Que cuerpazo!

    Nuevas tres rondas de juego, con José que se retira al comenzar, “no quiero perder mas”. El resto sigue, entre comentarios acerca de Carla se entusiasman y van apostando mas fuerte.

    Pasa la tercera ronda de ésta vez y José golpea las manos, como llamando la atención… “amigos, cuarta y última pasada”.

    Ésta vez, un vestido tipo fiesta, negro, un poco difícil de describir. Sobre un soutien negro, todo el torso es de gasa transparente, con bordado de flores y ribeteado de strass. De la cintura hacia abajo, sobre un culotte de dimensiones un tanto reducidas pero discreto , todo el frente se abría en V desde la cintura hacia abajo, con las piernas totalmente a la vista, y medias negras sujetas por portaligas que no se alcanzaba a ver salvo los enganches a las medias y algo de sus tiras delanteras.

    Para atras, el vestido, totalmente opaco, llegaba al piso y formaba una especie de breve cola, elegantísimo. El total era impecable, y dirigía las miradas de tal manera que se luciera todo el frente, senos y piernas, aunque un serio corpiño solamente permitía imaginar las tetas.

    Suspiros, silbidos, aplausos… así fueron las primeras reacciones. A continuación, un unánime pedido de “Queremos mas!”.

    El padre intervino: “amigos, lo hecho fue lo acordado, pero como abogado que soy me gusta adelantarme a los problemas, siempre es mejor que solucionarlos; y Carla accedería a realizar un desfile de tres pasadas super atrevidas por un arancel de 500 mas”.

    Unánimes exclamaciones de aprobación, se juntan los fondos que se depositan el el sobre mencionado al comienzo.

    Carla saluda sonriendo y se va al dormitorio que le sirve de vestuario.

    Si hizo una pequeña platea, nada de sillas alrededor de la mesa de juegos, sillas en fila y cada uno sentadito esperando el desfile.

    Primera pasada: los mismos zapatos y medias negras, con portaligas a la cintura, ésta vez todo visible debajo de un babydoll negro totalmente transparente, cortito como manda la definición de baby doll, tanga negra whale tail, mostrando generosamente los glúteos y finalmente un bandeau negro traslúcido que permitía vislumbrar los pezones y areolas.

    Aplauso unánime y silbidos de aprobación. Una nueva pasada aún mas cerca, a un metro o algo así del público y se fue a cambiarse.

    Segunda pasada: tacazos y medias blancas, con puño elastizado bordado en negro. Mini tanga hilo dejaba ver el borde superior de los pelitos (gran sorpresa), y la totalidad de su culo, firme sin nada que lo sostuviera, y soutien media copa de haciendo juego con el bordado de las medias.

    El “público”, enloquecido.

    Besos al aire y se retira Carla a cambiarse para la tercera y última pasada. Mientras tanto todos preguntaban, “vos que la conocés José, aceptará dinero?”

    —No sé, pero tengo confianza, le pregunto si siguen igual de entusiasmados…

    Tercera pasada, silencio sepulcral cuando aparece…bata de raso larga hasta el piso, solamente atada a la cintura, blanca, opaca, y zapatos como corresponde, altísimos.

    Pasa una vez, se pone de espaldas y se nota que se desata la bata, gira y con movimiento de hombros hace caer la bata al piso.

    Ohs y Ahs se mezclan, aplausos nuevamente. Lo que se veía era a Carla con una prenda de seda nacarada blanca, hecha por su costurera preferida y de confianza. Inspirada en mallas de baño que se suelen ver en hoteles o playas swingers o naturistas. Mínimo, absolutamente mínimo triángulo que deja ver la totalidad de la tirita de pelos, y casi casi al borde de la comisura superior de la conchita. Desde el triángulo nacen y suben dos tiras de no mas de dos centímetros de ancho que pasan por los senos pezón y areolas tapados por dos flores de tela, las tiras de tela siguen, se unen en una sola en la nuca y ésta baja por la espalda, hasta meterse en la gloriosa raya del culo y se une en la entrepierna al triangulo de tela que tapaba la concha.

    Al ver eso de frente y de espaldas, el impacto fue total. “preguntale, José”, “queremos saber si acepta”, “que te diga que sí, por favor”…

    —Ayyy doctor, que quieren que me pregunte?

    —Algo muy delicado Carla, pues les gustas mucho. Pero Sergio debería decirme si está de acuerdo en que te pregunte, es tu pareja al fin y al cabo, aquí silencio mortal, nadie se esperaba eso!

    —Sí, José, podes preguntarle, son situaciones que nos encantan, acoté yo.

    —Que suspenso! Pregúntame de una vez!

    —Ehhh, bueno, sin vueltas, quieren saber si considerarías una oferta por tener sexo, estamos todos impresionados.

    —Ahhh es eso? Les voy a responder visualmente.

    Se puso frente a los que estaban sentados, y separó hacia los costados las dos tiras cuyas flores le cubrían los pezones, sacudió las tetas y tiró de las tiras hacia arriba, con lo cual, el triangulito de tela se metió entre los labios de su concha, dejándola lucirse. Tomó una silla, y de espaldas a la concurrencia apoyó las manos en el respaldo, abrió las piernas y echó el culo hacia afuera, la concha a la vista con la tela entre los labios, y el chiquito apenas tapado por la tela.

    —Entendida la respuesta? Miren que en poco tiempo vuelvo a buscar las propuestas.

    Pero entiendan bien, hay condiciones: cero violencia, cero cosas desagradables, lo que diga no, es no.

    Mi pareja, si se hace, puede vernos como desee, en persona o en imágenes, si algo se hace hoy, los concurrentes, que han sido gentiles, pueden ver todo aquí mismo en la tv, me deben garantizar salud absoluta, para darme gusto, no tengo obligaciones ni puede haber enamoramientos, y lo mas importante, si la oferta no me satisface… entonces no pasará nada, no hay obligación ni es mi profesión, que por cierto seré abogada en tres semestres. Y el encargado de “venderme” hoy es José. OK?

    —Síí, unánime.

    Se les acercó a 50 centímetros, se la comían con la mirada.

    Se fue y José comenzó su trabajo. —A ver, cada uno escriba su número en un papel, y yo leeré los números sin nombrar a quien lo ha escrito, son de dos a tres horas con ella, según aguante el ganador.

    Todos contaban sus fondos remanentes del juego, dos de ellos con ganancias, y escribieron… 300, 450 y 1000.

    —Vamos amigos, con éstos números ni lo piensa, se viste y se va.

    Manos a los bolsillos, nuevo recuento y propuestas: 550, 1100, 1500.

    Atención! Se oyó decir a Carla, dispuesta a reincidir en el viejo truco de la degustación, que usara en la que fuera su primera subasta.

    Apareció con algo traído de Asunción, una espectacular boa de plumas blancas, y nada mas, salvo los tacazos de siempre, “se debe coger de zapatos puestos, por elegancia”.

    Hizo su entrada completamente desnuda, con la boa de plumas simplemente colgando del cuello. Se paró frente a los oferentes, se mostró absolutamente hermosa y totalmente desnuda.

    Parada de frente a ellos, con su mano derecha llevó la boa sobre su cintura, la mano izquierda llevó el otro extremo de la boa apenas a cubrir la concha. Estaba divina!

    Y ahora algo extra! Y repitió lo que hiciera en la subasta de Punta del Este. “ Les obsequio una degustación de diez segundos, oral a mi, oral a uno de ustedes, besos de senos, besos de lengua. “Les ofrezco cuatro variedades para que todos puedan elegir, y nadie puede repetir lo que otro ya hizo”. Al final eligieron y quedó fuera de juego el beso de lengua.

    Hizo lo prometido con cada uno. Y entonces, escribieron sus números finales. Habiendo recibido guía de antemano de parte de José, Julio arriesgó algo importante, ayudado por sus ganancias en el juego. Si bien el segundo ofertó mas que el último, los dos estuvieron demasiado lejos, y Carla no quiso ni ofrecer la posibilidad de un encuentro posterior igualando la cantidad de Julio.

    Hay un amplio y claro ganador dijo José. El ganador es Julio! Y tenés que decirnos si elegís cogerla aquí y ahora, y que los veamos en la tele gigante por Skype, o si lo haces otro día solamente con la presencia de Sergio, y la mía como garante de que se cumple todo.

    —Mi cuerpo elige! Exclamó Julio. Y se paró, mostrando la erección que levantaba el pantalón.

    —Entonces voy a ponerme de novia, es una tradición, dijo Carla. Y se fue a vestirse, verla irse, desnuda salvo la boa al cuello , el culo firme, las piernas largas, el cabello rubio, fue una delicia.

    Alguien dijo en voz baja: me lo tengo merecido por miserable, no debí perdérmela.

    Rápidamente hice un chequeo del Skype con el televisor del living, pusimos enfrente sillones en vez de sillas para mas comodidad. Hicimos café, alcohol prohibido pues todos habían venido conduciendo.

    Le advertí a Julio. Ahora sabes quien soy, que tengo derecho a estar en el dormitorio, pero solamente lo haré de a ratos para pasarles buenas imágenes por Skype, el resto del tiempo los veremos por cámara fija.

    —De acuerdo, no me importa, ni pensaré en Uds.! Ja ja.

    Todo listo, llamé a Carla, que viniera cuando estuviera en condiciones.

    Apareció en cinco minutos.

    Su vestimenta “fetiche de bodas” que los lectores ya conocen y también el padre.

    Todo en blanco. Zapatos, medias, portaligas, ésta vez mini conchero en vez de tanga, y también cambiando, un corset bien ajustado, del tipo bajo tetas, es decir con las tetas al aire, por supuesto velo a la cabeza, cayendo hasta media espalda, al largo de su cabello, y sostenido por una tiara con cristales.

    Ni que decir, estaba dispuesta a hacerse desear por todos, para mayor admiración de Julio y desesperación de los amarretes, y del padre, que por primera vez la iba a ver coger por dinero y con un extraño, aunque sabe perfectamente de sus varios machos, y él mismo ese día ya le había pedido tener acceso a ella por dinero y no solamente cuando ella quisiera.

    Se paseó delante de todos, maravillados, otra vez, por su vestimenta. El mini conchero y el corset causaban admiración.

    Una Tablet transmitía al televisor un plano general del dormitorio, la imagen centrada mas bien en la cama.

    Carla se acercó a Julio… “Vamos amor?” Lo tomó de las manos y lo hizo levantarse de la silla. —Uyyy que entusiasmo! Dijo con picardía mirándole el bulto.

    Y se lo llevó del brazo.

    La expectativa de la tribuna era enorme. En el plano amplio de la Tablet en ubicación fija, los vimos entrar al baño de a uno.

    Al reunirse en el dormitorio, Carla tomó la iniciativa, se colgó del cuello de Julio y se prendió a besarlo. Era evidente que él respondía, y ella mientras se besaban le soltaba el cinturón y el pantalón cayó. Julio captó la “indirecta” y rápidamente se desnudó, a la vista, una verga que ni impresiona ni pasa vergüenza, ja ja.

    Ahí sí, fue directamente a acariciar las tetas de Carla y tomó él la iniciativa de besarse. Le comenzó a soltar los ganchos frontales del corset, que voló en pocos instantes hacia la cama, seguido del conchero, mientras era evidente que pensaba dejarle el portaligas y las medias puestas, además de los zapatos, obviamente.

    Una de sus manos comenzó a tocarle la concha y la otra el culo, acariciando sin parar.

    Carla se quitó la tiara y el velo, y con el propio velo retorcido se ató el cabello, obviamente para que no molestara al hacerle oral a él.

    Así, jugando parados y ya desnudos (que linda se ve Carla totalmente desnuda en la pantalla gigante) siguieron tocándose, Carla lo masturbó un poquito, se arrodilló y se la chupó no mucho tiempo, luego invirtieron los roles y fue Julio quien arrodillado delante de ella, le chupó un poco la concha. No tenían apuro, habían convenido entre dos y tres horas.

    Seguían besándose y tocándose, era evidente el entusiasmo de Julio con el culo de Carla, ora lo amasaba, ora lo acariciaba. A veces se salivaba los dedos y era evidente que le acariciaba el esfínter.

    De pronto, Carla levemente lo empujó a la cama, algo muy de ella; y lo hizo recostarse boca arriba, con las piernas de él dobladas al piso.

    Yo ya sabía lo que iba a pasar. Ella se arrodilló en la alfombra y le hizo separar las piernas, se colocó entre las piernas de él, también las piernas de ella separadas y mostrando el culo, aunque a cierta distancia de la Tablet no veíamos detalles.

    Sabiendo lo que pasaría, fui al dormitorio, entré y tomé la Tablet, mientras Carla le decía levantá bien las piernas y sostenelas con las manos.

    Miró a la Tablet que yo ya sostenía filmando en primer plano, y comenzó a lamerle los huevos, a veces rápidamente, a veces deslizando apenas la lengua sobre ellos, a veces se metía todo un huevo en la boca y jugaba con la lengua. Y retomaba toda la acción.

    Lo siguiente, obvio, fue que hizo un guiño a la cámara y comenzó un hermoso trabajo de rimming, o sea comenzó a chuparle y lamerle el ano.

    Progresivamente se notaba que él se desesperaba, la Tablet caotaba lo que yo oía, me confirmaron despues, captaba que Julio se quejaba y gemía, “que divino, seguí chupando Carla, siento fuego en el culo, sííí… sííí.

    Lentamente fui moviéndome con la Tablet desde el beso negro, recorriendo el cuerpo de Carla hasta mostrar casi un minuto su propio culo y concha , desde atrás. Sabiendo que estaría allí, Carla guiñaba su esfínter y con esa preciosa imagen volví la Tablet a su soporte y salí de la habitación.

    Me recibieron con hurras y aplausos por el trabajo como camarógrafo ja ja.

    El clima imperante era de envidia a Julio ja ja!

    Lo siguiente fue dejar que Julio bajara las piernas al piso, y exclamó “tengo el culo hecho fuego”, Carla, siempre consciente de la ubicación de la Tablet le dijo que mantuviera la posición, caminó alrededor de la cama, se subió y montó sobre la cara de él, poniéndole la concha en la boca para que le devolviera favores.

    Mientras le chupaba y lamía la concha, Carla, de frente a la cámara se tocada las tetas, y ocasionalmente le pedía una mano y le chupaba los dedos, que Julio refregaba gozosamente por los pelitos de ella.

    Era evidente que llegaba el momento de la primera penetración, y decidí dejarlos hasta casi el final.

    Evidentemente le pidió que lo montara en cowgirl reversa, ella se corrió hacia adelante y lentamente tomó posición, alta, y fue bajando sobre la poronga de él que la sostenía bien derecha.

    Carla, entusiasmada de saber que los mirábamos y por toda la situación, comenzó a subir y bajar rápidamente, él la tomaba de la cintura y le iba marcando a veces el ritmo. Aquello no podía demorar mucho, entré, ni me miraron, esperé y cuando vi que Julio iba a acabar, arrimé la cámara, absoluto primer plano de la pija entrando y saliendo, hasta que acabó, y el semen empezó a escurrir por su pija y hasta su vientre.

    En ese momento Carla se levantó, y sin darse cuenta chorreó el corset con semen que escurría de su concha.

    Ni que decirlo, lo siguiente fue una hermosa limpieza de pija con la boca, lo cual filmé unos momentos antes de volver a retirarme.

    De vuelta, la vista general nos mostró como se fueron quedando distendidos, besándose y con variedad de caricias.

    Nosotros aprovechamos para ronda de café, vimos como muy mimosa Carla puso su cabeza sobre el pecho de él, le acariciaba el miembro, él jugaba con los pelitos del pubis de ella.

    De a poco Carla fue bajando hasta comenzar a chupársela, ésta vez en serio, chupada larga, ensalivada, con bajadas a los huevos.

    Julio dijo algo que la cámara no captó, pero de inmediato Carla se levantó, apagó la Tablet y cerró la puerta.

    Después lo sucedido, a los diez minutos o algo así , se enciende la Tablet, evidentemente en manos de Carla, juguetona, hace un acercamiento a la verga de Julio, muy dura, y deja de nuevo la Tablet en el apoyo.

    Parados, vuelven a jugar, se manosean y Carla se posiciona en cuatro mirando a la cámara, divina con el portaligas con alguna mancha de semen y las medias también manchadas de saliva o de escurrimiento de su concha. Con un dedo hace señal inequívoca de que me acerque a filmar la penetración.

    Voy, y transmito el primer plano de una lenta metida de miembro a la conchita de Carla, húmeda a mas no poder. Un goce ver esas imágenes, y me volví al living dejando la Tablet enfrentada a ellos, lo mas visible la carita de Carla que mostraba disfrutar bien de la cogida.

    De pronto ella abrió la boca y comenzó a tomar aire, instantes despues temblaba y luego una ancha sonrisa indicó que Carla había hecho un lindo orgasmo. Poco después la siguió él y otra vez, leche y flujo cayeron sobre el corset (ni pensar en la cuenta cuando lo lleve al lavadero).

    Todos nos preguntábamos, irá por el tercer polvo? Resistirá? Al menos lo intentará?

    Nuevamente, hubo sesión de oral de Carla a él, besos, arrumacos, caricias, descanso, ya iban dos horas, y se colocaron en 69. Carla chupaba y lamía, lo cual también hacía Julio, hasta que de pronto, él tomó un sachet de la mesita de noche, lo abrió y puso la mitad del contenido en su dedo índice derecho. Lentamente fue poniéndole gel en el culo, girando y girando el dedo y comenzó a meterlo para dilatar.

    —Éste maldito le va a hacer el culo, exclamó el padre, presa de celos.

    —Pagó por eso le respondieron.

    Claro está solamente yo sabía la razón del enojo y el lazo familiar que los une.

    Con el culo bien dilatado, Carla se puso boca abajo con un almohadón bajo el vientre y el culo bien levantado.

    —Esto no me lo pierdo, dije. Y me fui a filmar.

    Justo a tiempo, Julio , parado sobre ella y haciendo gala de buen estado físico, dobló las rodillas, hasta llegar a poner la cabeza del miembro en el sagrado esfínter.

    Respiró hondo y empujó.

    —Sííí brotó de los labios de Carla… y la tenía totalmente metida, los huevos tocando su concha.

    Julio resistió un par de minutos en esa posición, muy cansadora para él, y con un sonoro plop! La sacó y cayó agotado sobre la cama, sin acabar.

    De nuevo dejé la Tablet filmando y me fui, para recibir los aplausos por la excelente filmación ja ja.

    Ambos tirados en la cama jadeaban, se recuperaron, besos, caricias, refregaban los cuerpos, y se fueron juntos a ducharse fuera de cámara.

    Al rato, aparecieran los dos, frescos y limpios, Julio vestido tal como Carla lo llevó, y Carla totalmente desnuda, luego de la ducha no volvió a colocarse ni las medias ni el portaligas, ni mucho menos el corset, solamente los zapatos.

    —Que bien lo pasamos! Dijo ella.

    —Ahorrando desde ya para repetir! Dijo Julio. Si se puede.

    —Siempre que quieras en estas condiciones!

    Pasó ella caminando frente a todos, lentamente, como diciendo “ustedes se lo perdieron”. La miraban con desesperación, la comían con los ojos, aunque en realidad habían aprovechado sus diez segundos de “degustación” .

    Uno preguntó a José: se podría? Por ese valor, obvio.

    —Desde luego, si los estudios le dejan tiempo, y si ella quiere. Dijo el padre mezclando celos y economía.

    Siguieron conversando, preguntando a Julio como se sentía estar dentro de ella, hacerle la cola, sentir su lengua.

    Y para los que quedaron intrigados, Carla me contó y Julio me autorizó a mencionar aquí lo ocurrido cuando apagaron la Tablet y nos perdimos diez minutos de transmisión. Fue una sinfonía de beso negro de Carla a Julio, que pidió que se lo hiciera en varias posiciones, y hasta que le jugara con un dedo.

    “La próxima vez traigo el strap on por las dudas, creo que me lo cojo”, dijo Carla.

    Y así terminó esa tarde de sexo y alegría para Carla, para Julio y para mi, de sentimientos mezclados para el padre y de arrepentimiento para los que fueron amarretes en la oferta. Quedaba abierta la puerta para mejores oportunidades.

  • Entre más fresa más perra (4)

    Entre más fresa más perra (4)

    Al día siguiente no me dejó ir sin darme una última cogida y claro una carga de leche fresca en mi interior, al volver con Edgar.

    Solamente pude fingir cansancio inventando que nos pasamos toda la noche chismeando y haciendo relajo con mis amigas, pues tenía que mantener la mentira que le había dicho, aunque el trataba de sacarme conversación yo no quería más que tomar un baño y una larga siesta, al estar en la ducha y empezar a sacar las bolas de mi ano me llegó a la mente las palabras de mi captor «desde ahora siempre tendrás algo en ese culito hasta que me puedas complacer».

    Sabía que si las sacaba se enojaría y me castigaría pero volví en mi con coraje pensé quien se creía el para usar mi cuerpo y que pensaba si el nunca descubriría que me las saqué, así que tire de ellas todavía tenía coraje y lo hice sin cuidado pero fue un error solté un pequeño gemido y pude notar que empecé a escurrir y no era agua me volví a sentir sucia, saber que mi cuerpo había tenido todo eso durante horas, al salir del baño iba directo a la cama pensando en recuperar varias horas de sueño pero antes Edgar me empezó a decir que tenía un evento en el trabajo.

    Era el aniversario de la tienda donde trabajaban y el corporativo realizaría una cena de gala con todas las sucursales y el recibiría un premio por haber sido el mejor vendedor de toda la zona así que claro tenía que acompañarlo y varias cosas más me decía muy emocionado pero estaba tan cansada que no le pude prestar mucha atención, lo felicité y le dije que claro que iríamos pero que me dejara descansar y más tarde me prepararía para el evento.

    A las 5 de la tarde Edgar me despertó diciendo que ya me tenía que arreglar porque no podía llegar tardé así que me levanté y empecé a arreglarme, me maquille, no es por presumir pero ya soy lo que muchos considerarían bonita y maquillada me veía preciosa, me puse un vestido negro de noche que resaltaba mi cintura y mis caderas y unos tacones de punta que hacían ver mis piernas aún más largas de lo que ya eran, salimos del departamento y en el pasillo estaban los malandros que solo al verme hicieron unos ojos de plato.

    Edgar tardo unos momentos en cerrar la puerta y en eso sonó mi celular era un mensaje del jefe de los malandros, decía «te espero en los lavaderos, no tardes», respondí «no puedo subir voy de salida que no ves?», «no te estoy preguntando, en serio no me hagas enojar que puedo arruinar mas que tu salida».

    Entendí las mayúsculas como su enojo proyectado y al salir del edificio invente que había olvidado mi maquillaje de retoque y que no me tardaría, subí casi corriendo pero con los tacones era un poco difícil al llegar a los lavaderos ahí estaba él recargado en un lavadero y al verme silbó y dijo «mira que tremendo pedazo de puta tenemos aquí» se lanzó sobre mi para abrazarme con un brazo y con su otra mano amasar uno de mis pechos, no pude ni si quiera moverme y el seguía manoseándome, «¿todavía tienes tu cola perrita?».

    Se me saltaron los ojos preocupada porque obviamente no iba a ir a un evento de mi pareja con unas bolas chinas metidas en el culo pero solo lo pensé no tuve el valor para decírselo en la cara, pero al ver mi cara supo la respuesta me dio la vuelta y me puso contra los lavaderos «si mueves las manos del lavadero te voy a atar, destrozare tu vestido de puta y te daré un castigo que tú culo no olvidará».

    Subió mi vestido dejando mi culo expuesto y bajo la tanga que traía dejándola a la altura de mis rodillas, «bueno bueno bueno parece que está perra no aprende por las buenas las órdenes de su amó» me dio una nalgada haciéndome temblar y no por el dolor de la nalgada si no por no saber que vendría, mi miedo parecía entretenerlo porque soltando una leve carcajada dijo «bueno pero soy un amo generoso te daré dos opciones, 1) tengo otro juguete te lo meto, te cojo un rato y luego te dejo ir con tu noviecito llena de mis jugos y prometiendo que siempre traerás la cola que yo te indique o 2) simplemente te empiezo a coger el culo hasta que suba tu novio a buscarte y lo madreo cuando nos encuentre».

    En eso sonó mi celular, era un mensaje de Edgar preguntando que si ya iba a salir, le respondí primero al malandro que la opción 1 pero que no tenía tiempo, «mira perrita aquí tú no me vas a apresurar yo te voy a coger el tiempo que quiera ya tu sabrás que decirle a tu novio o si quieres le digo yo de una vez».

    Empezó a sonar mi celular por una llamada de Edgar, le hice una señal de silencio y contesté, «bueno amor, si perdona es que al entrar mi vestido se atoro con la puerta y se me rasgo y no puedo ir así además ningún otro vestido se me ve así de bonito, si perdona ya sé que tienes que llegar temprano, pero mejor adelántate apartas los lugares y yo te alcanzo en unos minutos en taxi cuando termine de coser el vestido, si te lo juro, te amo adiós».

    – «tremenda puta que eres que fácil se te dan las mentiras solo para recibir tu cogida».

    Si tenía una facilidad para las mentiras pero no tenía nada que ver con la cogida.

    Empezó a acariciar mis labios sin previo aviso «bueno hora de la diversión que así como estás me la pusiste bien dura».

    No sé si ya había aprendido mis puntos o yo ya me había acostumbrado a sus manos pero no pasaron ni unos minutos cuando ya estaba empezando a escurrir y de su bolsillo saco algo que no vi a la primera, pero sentí como algo frío roso mis labios mojados y supe que era cuando lo empezó a empujar, era un dilatador de esos juguetes que parecen pirámides y entre más entran más se van anchando, lo metió sin problema en mi vagina y empezó a masturbarme con el, yo seguía agarrándome del lavadero ahogando mis gemidos, mordiéndome los labios no me importó que se me cayera el labial o arruinar mi maquillaje y cuando estaba a punto de tener el orgasmo se detuvo.

    «Bueno perra ya te divertiste es mi turno y recuerda que no debes de quitar las manos del lavadero» saco su verga que ya tenía bastante líquido preseminal y la apunto a la entrada de mi ano, lo que me hizo poner de puntas ya que recordé lo grande que era y que no entraba fácil, no tuve otra opción que decirle «no, espera si la metes así no podré evitar gemir fuerte, quítame la tanga y ponla en mi boca».

    Él se rio fuertemente burlándose de mí «ves putita antes lo sentías como una violación y ahora tu misma eres la que me pide que le haga las cosas ya estás aprendiendo», al pensarlo tenía razón ya estaba consiguiendo humillarme haciéndome aceptar sus demandas sin rechistar, pero deje de pensar cuando sentí como introducía mi tanga echa bola en mi boca, hizo una coleta con mi pelo y con su otra mano apunto su verga a mi culo, a pesar de que me puse de puntas todo lo que podía no le impedí el acceso a mi culo al contrario parecía que yo misma estaba pidiendo que me clavara su verga cosa que no tardó en hacer.

    Al entrar la punta sentí un impulso en todo mi cuerpo entre no soltar las manos del lavabo donde estaba apoyada, su mano jalando mi pelo hacia el clavándose a su antojo, la mordaza que tenía para evitar el ruido, el dolor de mi ano invadido y eso sin olvidar que todavía tenía el juguete en mi vagina, no pude hacer más que dejarme hacer, empezó a embestirme metiendo cada vez más su polla mi mente se puso en blanco cuando llegue al primer orgasmo hasta que dijo «bueno ya entro la mitad, a partir de aquí ya rompimos récord», en serio solo iba la mitad yo ya estaba derrotada y el iba a seguir usándome como muñeca inflable y no estaba equivocada siguió embistiendo duro jalándome del pelo y diciéndome de cosas como «que rica estas», «tremenda puta me fui a conseguir», «tu ano tendrá mi forma a partir de ahora y serás mi depósito de semen».

    Yo volví a estar en blanco de mi boca escurría baba que no pudo absorber mi tanga, de mi vagina también escurrían mis jugos de los orgasmos que ya había tenido y mis ojos en blanco solo confirmaban que no estaba en mi, descargo en mi ano toda su leche a pesar de que una noche antes me había cogido muchas veces volvió a dejarme una cantidad increíble de semen dentro de mi y cuando terminó dijo «bueno no podemos dejarte sin tu tapón», saco el dilatador de mi vagina y lo metió en mi ano, me jalo del pelo y me puso en el piso.

    «Tu si te irás sucia pero mi verga siempre la tienes que dejar limpia así que ya sabes que hacer», me tenía de una coleta agarrada y con la otra mano saco mi tanga babeada y me fue manejando para que lamiera cada parte de su miembro sin dejar ningún rastro de semen, cuando termine me felicitó dándome dos ligeras cachetadas que parecieron más palmadas y diciendo «muy bien perrita ya estás aprendiendo puedes ir con el cornudo de tu marido pero eso sí no quiero que te limpies mi preciado líquido ni que te saques tu colita».

    Me levanto y me acompaño hasta la calle para tomar el taxi no se si para verificar que no hiciera nada de lo que me había ordenado o para presumir me con sus amigos como si fuera un trofeo.

    Y así pase toda la noche con el culo lleno de semen de otro hombre mientras veía como mi pareja recibía felicitaciones de muchas personas sin saber que le estaba poniendo una gigante cornamenta como corona.

    Este relato no terminará aquí, pueden enviarme sus sugerencias de que otras experiencias podrían pasar.

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  • Intercambio brutal

    Intercambio brutal

    Mi esposa Rudy y su amiga Naty cada vez buscando nuevas experiencias. Esta vez y por motivo de mi cumpleaños, mi esposita invitó a su amiga para una cena en nuestro departamento.

    Era viernes, mi cumpleaños había sido el miércoles pero mi mujer quería celebrármelo de una manera diferente. Llegué de la oficina cerca de las 6 pm y pude percatarme que mis hijos no estaban… acudí al dormitorio para preguntar a mi esposa que sucedía, en donde le veo a ella que había salido de la ducha.

    Mientras hablábamos se colocaba un conjunto con ligueros y encajes. Sólo viéndole se me empinó mis 18 cm de chorizo y enseguida fui por sus nalgas, a lo que respondió que la noche era larga.

    Me duché y me puse ropa cómoda y luego tocaron el timbre; acudo a la puerta y le veo a su amiguita Naty acompañado de su marido. Yo lo conocí alguna vez pero apenas intercambiamos palabras. Pasaron a la sala y se sintieron cómodos. Cenamos y platicamos amenamente hasta que las chicas se levantaron y dijeron que regresaban con el postre. Tardaron un poco pero cuando vinieron pude notar que este cumpleaños iba a ser inolvidable; pude notar que mi mujer venía en ropo interior; su amiga Naty estaba con un traje rojo y claramente se le veían sus enormes tetas.

    Pasamos a la sala y cada uno empezó a bailar con su mujer. Yo empecé abrazando y besando a mi mujer que estaba deliciosa. Apretaba sus nalgas y le sobaba el ano por encima mientras ella me abrazaba y sentía mi paquete erecto. Naty por su parte estaba de espaldas a su marido y este le magreaba las tetas mientras ella sentía el miembro erecto de su marido. Pasó un momento y nuestras mujercitas empezaron a sacarnos la ropa hasta que con el baile, el manoseo y las caricias quedamos desnudos…

    Ambas zorras se hincaron y empezaron su faena. Pude ver una tremenda erección del esposo de Naty, quién tenía una verga grande calculo de unos 18 cm. Tenía el prepucio entero y cubría su glande, a lo que Naty cada vez que lo mamaba, destapaba la piel con sus labios, dejando ver una cabeza roja llena de fluidos de su marido. A diferencia de mi, yo soy circuncidado y por ello cuando mi pene entra en contacto con los labios de una putita, se me hincha la cabeza como si fuera un hongo.

    Nos mamaron a cada uno por cerca de 10 minutos, Rudy me escupía y luego lamia las bolas y el pene, succionando mi uretra y provocando espasmos en mi próstata… Realmente delicioso. Naty le dio la vuelta a su marido y le lamía el niece o zona entre las bolas y el ano. El cabrón jadeaba de tanto placer que le daba. De verdad ya no soportábamos más… incorporamos a nuestras mujercitas y era hora de culear. Le hice a un lado el hilo empapado de mi mujer y le puse en cuatro patas sobre el sofá. Le escupí en la vagina y empecé a meterle mi miembro una y otra vez. Mientras tanto el marido de Naty se acostó con su verga empinada a nuestro lado, y Naty se subió y empezó a cabalgar; sus tetas se movían de arriba hacia abajo y podía ver cómo le entraba la verga complemente de su marido.

    Mi esposa que se encontraba de a perrito se acercó al marido de Naty y se dieron un beso, y el cabron empezó a tocarle las tetas a mi mujer… es decir, le mamaba las tetas a Naty y luego besaba a mi mujer cogiendo sus pezones y apretándolos. Al cabo de un rato, Naty se levanta y se dirige a mi besándome y apartándome de mi esposa. Su marido se levanta y va por las nalgas de mi mujer. Naty se pone en cuatro al igual que Rudy pero esta vez cada una con diferente verga. Le puse saliva en el ojete a Naty y empecé a dilatar su ano con mis dedos… le pasaba mi verga por la raya del culo mientras le daba dedo en su ano. Al cabo de unos instantes me cogí del pene y empecé a mandarlo lentamente por su ojete delicioso. El bombeo era suave hasta que entre todo mi chorizo y una vez adentro empezamos a coger duro analmente.

    En estas me percato que mi esposa tenía el ano totalmente dilatado y el cabron se había puesto en una posición que frenéticamente le metía solo la cabeza del pene en el ojete de mi mujer una y otra vez, provocando un placer bien cochino en ella. Era bien cabron ver la cabeza del pene roja e hinchada abriendo el culo de Rudy y eso me excitaba más. Cogimos duro analmente a estas dos guarras por unos minutos hasta que era hora del sándwich.

    Saque mi pene del culo de Naty y me acosté en el sofá. Naty se acercó y cabalgó su chepa en mi verga y luego de unos cuantos bombeos mientras succionaba sus tetas, veo que se acerca su marido, se sitúa atrás de ella y mete su miembro en el ojete de su esposita; está doble penetración estuvo salvaje ya que el cabron le daba duro a su mujer, incluso tuve que parar mis movimientos para que el hdp se destape en el culo de Naty. Ella estaba hasta el límite de placer hasta que terminaba una y otra vez saliéndole leche de las tetas que yo aprovechaba y le succionaba. En un momento Naty no daba más y fuimos por mi mujer que esperaba a un lado su turno.

    De pie le tomé a mi mujer de las piernas y le hice caer lentamente hacia mi pene penetrándola vaginalmente. Mientras el marido de Naty se acerca por atrás y le inserta su miembro el ojete. Mi mujer dio un grito de placer y empezamos la doble penetración de una manera brutal. Los tres éramos uno solo, culeando y tomando los jugos que nos ofrecía mi mujercita; en un momento sentí como el cabron empezó a terminar ya que su pene vibraba mucho y provocó que yo también terminara con todo. Allí estábamos dos machos dejando todo nuestro esperma en los agujeros de mi esposa mientras ella lanzaba chorros de líquidos a través de su vulva hinchada de tanto placer.

    Nos separamos y descansamos en la sala durante un rato. El marido de Naty me dijo que podía coger con su mujer las veces que quería, siempre y cuando él pueda hacer lo mismo con Rudy. Acordamos esto y decidimos que cada uno dormiría esa noche con la mujer del otro, y así lo hicimos. Naty y yo pasamos culeando toda la noche, mientras escuchaba los gritos de placer que daba mi mujer en el otro cuarto.

    Al día siguiente encontré a mi mujer en la cocina vestida con la camisa de su amante. Me acerqué y quise tocar su culo a lo que me respondió que por favor no porque lo tenía destrozado, sin duda el cabron le dio solo por allí. Desayunamos y tomaron sus cosas y se marcharon. Hasta una próxima oportunidad según vi el rostro sonriente del marido de Naty quién sació sus bajos instintos con mi mujercita.

    Si desean más detalles de nosotros, escríbenos a:

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  • Su pene era muy diferente

    Su pene era muy diferente

    Al bajarle el short y el calzoncillo a la vez a este hombre me encontré con algo muy diferente a lo que estaba acostumbrada ver. Su pene era quizás el doble del tamaño que la de mi joven novio y era también mucho más gruesa. Además tenía toda las venas marcadas y era una cosa curvada hacia arriba y no recta como la que tiene mi novio. No les miento cuando les digo que se me hizo agua en la boca al contemplarla completamente y que se veía tan espectacular que parecía sacada de una película porno.

    Yo con mi mano de princesa se la agarré y desde abajo hacia arriba le pegué una tremenda lamida, en cámara lenta, que recorrió todo su pene hasta llegar a su cabeza. Esto hizo que él se ponga medio tenso y era entendible que eso suceda porque tenía a una chica de unos 18 años, amiga de su hija, en bikini y lamiéndole la poronga en agradecimiento por haberla llevado de vacaciones junto con su familia. Había aprovechado que mi amiga y su madre se encontraban divirtiéndose en la piscina del hotel para agradecerle y de paso saciar mi naciente apetito sexual.

    Luego de esta espectacular lamida que le realicé, le empecé a dar pequeños y dulce besitos a esa enorme cabezota que tiene en la punta de su chota. Obviamente él se volvió loco al sentir esto, cerró sus ojos y de su boca se le escapó un pequeño gemido que resumía el placer que estaba sintiendo en ese preciso momento. Esto me motivo a no detenerme con los besos pero cuando considere que ya le había dado muchos, abrí la boca y me introduje la cabeza de su pene dentro.

    Entonces por fuera tenía mis labios envolviendo toda su poronga y por dentro tenía a mi lengua divirtiéndose con la cabeza de su pene. Este accionar de mi parte lo hizo gozar de placer nuevamente, el volvió a cerrar sus ojos, apoyo sus manos sobre mí cabeza y de su boca se les escapó un «hmmm que rico». Yo al mismo tiempo que hacía esto comencé también a tocarme mis enormes tetas con mis manos pero no me llenaba con tocármelas por encima de la bikini así que me saque la parte de arriba y quedé en tetotas frente a él.

    Ahora bien, como yo tenía mis manos sobre mis tetas y el sobre mi cabeza aprovecho esto para meterme un poco más su pene dentro de mi boca, luego retrocedió retirando esa parte extra que me había introducido para luego nuevamente metérmela. Literalmente comenzó a follarme la boca con movimientos lentos que fueron incrementando su velocidad y como consecuencia de esto se empezó a escuchar el típico «glup glup glup» que hacemos nosotras las mujeres cuando sucede esto. Además y por momentos me hizo atragantarme con su pene ya que cuando me la metía toda se quedaba quieto por varios segundos.

    Al acabar el con esta faena yo volví a tener el control de la situación, volví a agarrar su pene y nuevamente comencé a chuparle la pija a mi manera. Me introduje su pene dentro y con mi lengua la saboreaba toda por todas partes. Esto no fue lo único que hice sino que también y a la vez le lamia todo el tronco de su pene. En otras palabras comencé a devorarle esa enorme poronga que tenía y lo hacía con cierta desesperación ya que me encontraba demasiado excitada y porque no teníamos tanto tiempo.

    Después de esto agarre mis enormes tetas y coloque su pene entremedio de ellas. Entonces apreté mis senos desde los costado y haciendo fricción con ellas comencé a hacerle lo que se llama una paja turca. Haciendo esto estuve entre un minuto y dos porque el en un momento y de manera repentina me dice que me detenga ya que se estaba por venir. Entonces yo me detengo y el enfrente mío se comienza a pajear, con lo cual, yo agarro mis tetas y le indico que acabe sobre ellas. El con un gemido bastante largo, el típico «ahhh», dibujo en mis pechos una gran mancha blanca de semen.

  • Mi mejor amigo me consuela

    Mi mejor amigo me consuela

     

    Pues bueno esta es la historia de la primera vez que le fui infiel a mi novio, para ponerles una idea de mi mido 1.60, tengo el pelo güero y ojos color verde, mi trasero trabajado por el gym y también mis piernas, de tetas son pequeñas pero en su lugar.

    En fin ese día mi novio y yo nos habíamos peleado por primera vez después de meses de ser novios iríamos a una fiesta la cual pasaría mi mejor amigo a recogernos a mi departamento a eso de las 9 pm, el decidió por la pelea no ir, yo por mi parte igual decidí no ir y me quede dormida casi todo el día y no le avise a mi amigo que no iríamos.

    Pasada la noche escuché que tocaron a la puerta y al asomarme vi que era mi mejor amigo, le dije que pasara ya que aún no me había cambiado para la fiesta ya que no iría y se me pasó avisarle, él me dijo que me cambiara rápido que alcanzábamos a llegar a tiempo, le dije que no tenía nada de ganas y le conté el porque.

    Luego al contarle lo qué pasó me dijo que como era posible que mi novio se había peleado conmigo y me dejo así sola que cualquier hombre daría lo que fuera por estar conmigo y no pelear, yo por el momento en el que estaba como que empecé a ver a mi mejor amigo con otros ojos así que le dije que me iría a cambiar pero no para ir a la fiesta, mi amigo sorprendido si saber que pasaría me espero.

    Me termine de cambiar y le dije que pasara a mi cuarto donde yo estaba parada con un pequeño top negro que dejaba al descubierto mi panza y cintura y una mini falda roja con cuadros al verle la cara supe que le encantó como me veía.

    El sin saber que decir ahí parado le dije que se sentara en el sillón que estaba en mi cuarto, seguido de eso me subí encima de él y lo empecé a besar mientras hacía movimientos de cadera y el bajo sus manos a mis nalgas ya que solo tenía una mini falda y una tanguita, seguido de bastantes besos yo estaba muy mojada mi amigo me cargo y me acostó en la cama me levanto el top y mientras me besaba me metía los dedos ya que solo hizo la tanga a un lado.

    También a veces aprovechaba y me besaba mis tetas yo muy excitada metí mi mano en su pantalón y le sentí lo dura y grande que era su verga le quite el pantalón y le dije que se acostara, seguido me subí en él y nos volvimos a besar mientras yo hacía movió de cadera sobre él, le dije que se pusiera condón que quería que me la metiera.

    El solo me dijo que fuéramos poco a poco que se lo ponía en un momento, le hice caso y seguimos besándonos mientras yo me movía sobre él, empezó a frotar su verga en mi vagina poco a poco y de lo caliente que yo estaba no me importo hasta que sentí que su verga me penetró toda se sintió tan rico ya que los dos estábamos súper mojados.

    Yo empecé a brincar enzima de él y no podía con los gemidos de tan rico que sentía su verga dentro de mi procedí a hacer movimientos lentos hasta que me puso en 4 y me cogia súper duro mientras me agarraba de los brazos.

    Empecé a gemir súper fuerte de lo rico que me estaba cogiendo hasta que el saco su verga y se vino en mi culo después de eso solo nos acostamos y nos dormidos.

    Al día siguiente volvimos a coger al despertar, pero esa es otra historia que si apoyan esta la contaré.