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  • Me gusta que vean a mi esposa (parte 2)

    Me gusta que vean a mi esposa (parte 2)

    Continuando con mis fantasías del relato anterior y después de saber que a mi esposa no le desagradaba la idea de ser una putita yo no me podía sacar de la mente el verla con alguien más o simplemente que la observarán o tocaran sin llegar a la penetración.

    Así que una noche en la que salimos a beber con unos amigos y entre platicas sexuales, de pareja, tríos y todos esos temas se me prendió el foco así que ya de regreso en el auto yo sabía que pasaríamos por una zona grande de calles solitarias así que entre el alcohol y la calentura que ya traíamos Claudia empezó a tocarme la entrepierna y a decirme que estaba muy cachonda cuando logro una erección me saco la verga del pantalón y me la empezó a chupar de una forma que pocas veces lo hace, me pidió que me aparcara en algún lugar por qué ya moría por tenerla adentro así que di algunas vueltas tratando de encontrar algún lugar óptimo para cogérmela sin algún riesgo, ese día ella se había llevado una minifalda de vinipiel que facilitaba toda la labor así que se brincó a mi asiento y haciendo de lado su tanguita la empecé a coger…

    Yo estaba super caliente y ella más así que aproveche la situación para proponerle lo que yo ya traía en mente…

    Mientras cogíamos le decía que me gustaría que nos vieran así, a lo que Claudia me respondía que estaba loco, como crees, yo seguí insistiendo diciéndole que quería que me la fuera chupando mientras avanzamos en el auto hasta que nos encontráramos a algún afortunado y yo me pararía a preguntarle cualquier cosa para que el pudiera observarla y tal vez tocarla, Claudia me respondió, te gustaría que me vieran? Pero me da miedo que nos graben y aparte yo no quiero que me toque cualquier wey, a lo que yo le respondí que de eso se trataba de que fuera alguien que nunca volveríamos a ver…

    A fin de cuentas medio la convencí entre la calentura el nervio y todo avanzamos…

    Yo estaba súper excitado al punto de temblar como de frío así que entre el morbo le dije a Claudia que se subiera más al asiento y que se empinara hacia la ventana, que se subiera la falda y que parara su culito, sin pensarlo ella obedeció.

    Así que mientras ella me chupaba la verga yo aprovechaba su posición para hacerle la tanga de lado y meterle mis dedos en esa colita que ya escurría, yo me sentía en la gloria imaginando que alguien nos veía por su ventana hasta que de repente vi que venía un chico caminando hacia nosotros, yo me imagino que venía de su trabajo ya que a esas horas no hay transporte así que me orille y seguí metiéndole los dedos a mi mujer tratando de que el chico la viera, pero no tuvimos suerte, el chico como que se espantó y tomo otro camino sin voltear, de todas maneras fue excitante, pero me arranque y seguí mi camino buscando a alguien…

    Al no encontrar a nadie por la hora y por el nervio de mi mujer decidí aventar la última moneda al aire así que le pedí a Claudia que fuéramos a cargar gasolina y que dejara que el trabajador la viera con la falda alzada. Llegamos a la gasolinera y pues no fue lo que pensé jajaja había muchísima luz, mucha gente, más autos así que mi mujer mediooo dejo ver sus piernas pero no pasó de ahí…

    Llegamos a la casa y cogimos muy rico platicando entre descansos lo que habíamos hecho y con la calentura ella me pidió que le tomara fotitos, así que agarre mi celular la empine en ese hermoso culo le abrí las nalgas y la hice mía con la cámara.

    Entre la plática el sexo y las fotos le comenté a mi mujer que yo tenía ganas de abrir un perfil en Twitter de pareja y que quería subir sus fotos ahí…

    Ella no se negó pero si me dijo lo obvio que nada de cara etc.

    Está fue la pauta para que yo pudiera abrir nuestra cuenta con la que estamos experimentando más cosas…

    De esta aventura me quedo con la imagen grabadisima de mi mujer chupándome la verga y expuesta hacia la ventana con su culito bien parado tratando de ser visto por alguien, no paso nada pero valió la pena!

    Para los que gusten seguirnos nos encuentran como @esposaputitaa y si nos encuentran esperamos sus comentarios cachondos y sus saludos de esta página.

  • Cita fallida termina en cogida brutal

    Cita fallida termina en cogida brutal

    Karina era una chica común de pueblo que estaba estudiando en la gran ciudad. 21 años, blanquita, buenas tetas, linda cintura y un culo grande y firme. Sus brazos tatuados, el cabello castaño y ondulado, 1.63 de estatura y labios carnosos; hacían que sea una mujer muy atractiva para cualquiera, pero ella no se sentía atraída por cualquiera.

    Sus padres la habían mandado a estudiar porque tenía el sueño de convertirse en médica y entonces no podía trabajar para solventarse, por suerte eso nunca fue un problema; ya que sus padres tenían el dinero suficiente como para alquilarle un departamento y enviarle dinero para sus gastos. Además, ella retribuía eso con buenas calificaciones y siendo una niña aplicada —o al menos eso ellos pensaban.

    Es que por más niña buena que una sea, igual es inevitable sentir deseos sexuales. Pero ella creía que podía contrarrestar el estrés del estudio con largas noches de porno y juguetes sexuales. Sí, eran un alivio; pero más temprano que tarde, terminaría necesitando algo de carne entre sus piernas para satisfacer sus deseos.

    Fantaseaba con volver a comerse una buena pija bien dura y venosa, con que la agarren con fuerza y la empotren sin pudor alguno. Hacía mucho tiempo que no sentía el placer de un orgasmo provocado por alguien que no sea ella misma o alguno de sus juguetitos.

    El problema era que los chicos que conocía no cumplían con sus expectativas, y ella no iba a dejarse llevar por cualquiera. Así que se descargó una app de citas y empezó a buscar a su presa.

    Cuando ya se estaba por dar por vencida, se encontró con un chico que le pareció muy atractivo. Se llamaba Axel, tenía 23. De esos flaquitos con los músculos marcados, piel blanca, rubito y con el cabello desordenado. Se veía sexy, ella quería probarlo.

    Hicieron «match» y tras unos días de charla, quedaron de verse el martes en un bar cerca del departamento de ella. Era perfecto, ya que esa tarde Karina había tenido un examen muy difícil para el cual se preparó por semanas y por fin lo logró dar.

    Ella buscaba saciar su hambre de sexo y liberar el estrés con uno de los pocos muchachos que cumplía con sus expectativas. Se imaginó como sería el momento, se ilusionó con que tenga una de esas vengas bien grande, de las que duelen pero se gozan.

    Imaginable la decepción que se llevó cuando, tras una charla de al menos media hora en el bar, se dio cuenta que Axel era el típico pendejo pelotudo e inmaduro que se cree el más groso de todos. Toda la charla se enfocaba en él y sus gustos estúpidos. Ella se limitó a tomar y cuando él propuso ir a «un lugar más tranquilo», ella le dijo que no y que le deje la cuenta, que se veían otro día. Él no insistió y se fue.

    Allí quedó ella, pensando que terminaría siendo otra noche de autosatisfacción y soledad, perdiendo la esperanza de encontrar un macho que la reviente como lo deseaba… pero luego, ocurrió una suerte de milagro de los dioses del sexo.

    El mozo que la atendía le preguntó si quería algo más, ella pidió la cuenta y lo miró fijamente: era negro, alto y fornido; como los de las películas porno que la acompañaban en sus noches de soledad. El contacto visual entre ambos duró unos segundos, que siguieron a una sonrisa cómplice de ambos. Él dejó la cuenta en la mesa y ella aprovechó para, además de pagar y dejar una buena propina, anotarle su número de teléfono.

    Un poco borracha, fue hasta su departamento y unos minutos después, recibe un mensaje:

    «Hola, soy Carlos, el mozo del bar. Ahora cerramos; te apetece tomar algo?»

    Ella respondió de inmediato, le dijo que podía venir a su apartamento y que tomaban algo ahí sin problemas. 10 minutos después, Carlos estaba ahí.

    Pasó y se acomodó en la sala, mientras ella traía un vino que descorcharon y comenzaron a charlar.

    Él le contó que era hijo de inmigrantes africanos, que vino al país cuando era pequeño y que combinaba el trabajo en el bar con sus estudios universitarios. A ella le encantaba su forma de ser, era muy gracioso pero también inteligente y aparte su proteger físico la calentaba muchísimo.

    Luego de un rato, empezaron a acercarse más y la charla fue tomando otro tono. Él dio el primer paso y la besó, ella obviamente respondió.

    Las manos ásperas de Carlos recorrían el cuerpo de Karina, despojándola de sus prendas, mientras los besos y las caricias subían más y más de tono. Ella estaba desnuda, él bajó a darle sexo oral.

    Karina aullaba de placer mientras la lengua gruesa y húmeda de él le devoraba la concha.

    Ella no se aguantó y cuando él comenzó a combinar los lengüetazos con las medidas de dedo estimulando el punto G, tuvo un orgasmo como no había tenido en mucho tiempo, a ese orgasmo le siguieron dos más.

    Pero faltaba lo mejor. Él se incorporó y comenzó a sacarse la ropa. La camisa salió volando, dejando ver sus enormes músculos; luego fue el pantalón y la ropa interior, ahí Karina vio algo que jamás pensaba ver en vivo.

    La verga de Carlos parecía una tercera pierna, algo que ella pensaba que solamente existía en las cintas xxx que la acompañaban en sus noches de soledad, era una bestialidad.

    Negra, muy negra; las venas le saltaban, era gruesa y muy larga, de unos 23 centímetros. Ella hervía de excitación, se le hizo agua la concha.

    Se abalanzó sobre el miembro de proporciones equinas de su amante y la empezó a chupar como nunca había chupado una pija antes. Se tomaba como un desafío el poder meterse lo más que pueda de esa verga en la boca.

    Llegaba hasta donde podía y aún le sobraba espacio para sostener ese enorme miembro con las dos manos. Lo estimulaba pajeándolo mientras lo chupaba y la llenaba de saliva, mientras su sexo chorreaba de calentura.

    Había llegado el momento, no podía aguantar más; necesitaba tener toda esa verga adentro.

    «Por favor, partime al medio. No tengas piedad», le dijo mirándolo a los ojos. Él la recostó en el sofá y comenzó a introducir de a poco su enorme verga hasta la mitad, para luego meter el resto de golpe, con una fuerza que ella jamás había experimentado antes. El dolor fue terrible, pero el placer también.

    Sentía que estaba sobrepasando un límite, entendía que más allá del dolor estaba el verdadero placer. Las embestidas del negro eran brutales, había que el sofá golpee contra la pared y el sonido de ambos cuerpos chocando entre sí retumbaba en todo el departamento, acompañados de los alaridos de placer de la perra en celo que estaba siendo saciada.

    Ella no podía entender cuanto placer le generaba tener semejante longaniza adentro, cada entrada y salida era como un parto, pero ese dolor le generaba un placer que nunca había sentido.

    «Pegame, escupime, ahorcame… HACEME MIERDA», gritaba como poseída. Él cumplía con mi gustos.

    Nalgadas que le dejaron el culo rojo por días, estirones de cabello que la dejaban despeinada y ahorcadas potentes que la dejaban sin aire; eran parte del menú que le servía el mozo mientras le destrozaba la vagina.

    En un momento la levantó y la apretó contra la pared, ahí la ahorcó con una mano muy fuerte hasta que cayó al piso ella, casi desmayada. La despertó de un bofetón que sonó con un golpe seco para levantar la de vuelta. Repitió esto unas 4 o 5 veces. Ella lo gozaba.

    Estando tirada en el suelo, la agarró del cabello y la arrastró hasta el cuarto, una vez allí la levantó con una mano agarrándola aún del pelo y la tiró violentamente a la cama. Ella cayó boca abajo, apenas entendía que estaba pasando. Ya había pasado por tantos orgasmos que había perdido la cuenta, sintió como él se ponía encima de ella, le metía toda la verga sin piedad y la embestía mientras la ahorcaba con el brazo, haciendo fuerza para que ella sienta el enorme bíceps suyo en su garganta cortándole la respiración. El goce de ambos era total.

    Luego de un rato, él se paró, la agarró de la cintura con amas manos y la ubicó de forma que pueda seguir penetrándola de pie, levantándola como si fuese ella una pluma, rodeándolo con sus piernas, aunque no hacía falta, porque la fuerza del hombre era tal que la usaba como si fuese un masturbador masculino.

    Ella se sentía usada como un pedazo de carne, todo lo que realmente quería. Sentía esa descomunal verga entrar y salir de su cuerpo, llevándose todo el estrés y las frustraciones de días y días de soledad.

    Hasta que él no aguantó más, la tiró al suelo y le eyaculó en toda la cara, mientras ella atinaba a abrir la boca para tragar la enorme descarga seminal de Carlos. Es que la tenía como un caballo y sacaba tanto semen como si fuese uno.

    Tragó lo que se le fue a la boca, el resto del líquido espeso y pegajoso se le quedó en el rostro, haciendo que el cabello se le pegue a la cara. Él la dejó tirada al borde de su cama, agarró sus cosas y se fue.

    Ella no daba más, se quedó dormida ahí en el piso. Se levantó a la mañana siguiente, con un dolor terrible en todo el cuerpo, moretones por todos lados pero una sensación de alivio y placer que no había sentido nunca.

    Avisó que faltaría a clases, apenas podía caminar. Caminó con mucha dificultad hasta la sala, aún desnuda y despeinada, con semen seco en la cara.

    Vio si teléfono y había un mensaje de él: «La pasé muy bien, putita. Esta noche vuelvo por más».

    Ella sonrió.

  • El profesor de mis hijas me enseña a dar el culo

    El profesor de mis hijas me enseña a dar el culo

    Mi nombre es Karen, casada desde hace 12 años y madre de 2 niñas gemelas que van en quinto grado de primaria.

    Me casé joven, tengo 32 años, tez blanca, pelo castaño y largo, ojos café claro y me considero guapa, he cuidado mi figura y tengo buen cuerpo, piernas torneadas, culito redondo, paradito y respingón, tetas medianas, pero firmes y me gusta vestir sexy, sin llegar a lo vulgar.

    Mi esposo es agente aduanal y trabaja en una ciudad fronteriza a unas 6 horas de distancia, por lo que viene a casa cada dos o tres semanas.

    Conocí al profesor de mis hijas en la primera junta con padres de familia, después de inscribirlas a quinto grado, en dónde se presentó y nos dio a conocer las reglas y el método de estudio que utiliza. Desde el inicio me impactó, su nombre es Alejandro, alto, como de 1.80 m, cuerpo atlético y bien cuidado, tez apiñonada, muy varonil, impecablemente vestido y perfumado con una fragancia muy masculina, un verdadero galán.

    Además de lo anterior su trato era amable y trataba estupendamente bien a sus alumnos, mis hijas estaban encantadas con su profesor y estoy seguro que también muchas profesoras y mamás de alumnos.

    Llevaba a mis hijas a la escuela y al irlas a recoger siempre me decía alguna cosa bonita a mí o a mis hijas, no en pocas ocasiones me ruborizó con sus halagos, inconscientemente me empecé a arreglar mejor al ir al colegio por mis hijas, mi arreglo no le fue indiferente, notaba su mirada recorriendo mi cuerpo, de pies a cabeza, algo que me excitaba mucho y aumentaron los halagos a mi forma de vestir.

    Un día al recoger a las gemelas, me informa que salieron bajas en sus exámenes y que requerían algunas clases de regularización a fin de no tener problemas para pasar de grado, sin pensarlo le pedí su apoyo, sonriendo aceptó y le di mi dirección para que fuera en la tarde a darle clases a mis niñas.

    Me duché y me arreglé lo mejor posible para esperar la visita del profesor, me puse un conjuntito de sostén y tanga de color negro de encaje, una blusita ajustada y escotada y una falda de tubo ceñida al cuerpo, a la altura del muslo, que hacía resaltar mi culo y mis piernas y zapatos negros de tacón mediano.

    Llegó puntual a la hora acordada, muy bien aseado y arreglado, me saludó con un beso en la mejilla que me hizo estremecer, mi nariz se inundó de su varonil fragancia, olía a perfume y jabón, a limpio.

    Empezaron las clases, le ofrecí un refresco y aceptó, sentí su mirada en mi culo al ir a la cocina, contoneé un poco mis caderas al caminar, le serví la bebida y me senté en la sala a esperar, de rato en rato sentía sus miradas en mis piernas y mi escote, me sentía nerviosa y emocionada.

    Terminó la clase y mis niñas me piden permiso para ir a jugar al parque, vivo en una pequeña privada, muy segura, por lo que no corren peligro y las dejé ir.

    Al momento de despedirme del profesor, sorpresivamente me tomó de la cintura y me abraza, no puse resistencia, nuestros labios se unieron en un largo y candente beso, mordisqueando mis labios, su lengua quemante no se quedaba quieta, entraba y salía de mi boca enroscándose como una serpiente, recorría mi paladar, se fundía con la mía de una forma extremadamente excitante, me apretaba con fuerza, sentía su abultado paquete y el calor de su cuerpo, sus manos recorrían mi espalda y llegaron a mis nalgas, las apretaba y acariciaba con suavidad, poco a poco me fue quitando la blusa, mis tetas acaparan sus besos, sus labios recorrían cada centímetro de mi piel, me susurraba al oído que le gustaba mucho y que desde hace mucho tiempo soñaba con tenerme en sus brazos.

    Antes que me desnudara del todo le pedí ir a mi recámara, al llegar, cerré la puerta con seguro por si regresaban mis hijas.

    Me siguió besando y me fue tendiendo en la cama sin dejar de besarme al tiempo que me iba quitando lentamente mis prendas íntimas, y él también se desnudaba, quedamos completamente desnudos, piel con piel, me apretó contra su cuerpo y sentí que el tiempo se detuvo, cerré los ojos, no paraba de decirme palabras dulces al oído que me volvían loca, mi piel se erizaba al contacto con la suya, su lengua recorrió mis pezones, primero uno y después el otro, cerró sus labios alrededor y succionó, de mi boca escaparon los primeros gemidos, después de unos minutos, continuó bajando, llegó a mi vientre y después a mi coñito, me tomó de la cintura y su lengua recorrió toda mi rajita, desde mi culito hasta mi clítoris, estaba en el paraíso, un nuevo gemido escapó de mi boca, sus dedos masajeaban suavemente mi clítoris, de pronto sus dedos se hundieron dentro de mí coño, mientras su boca succionaba mi clítoris, ya no pude aguantar más, mis piernas empezaron a temblar, mi cuerpo se tensó, mi espalda se arqueo, gritando de placer tuve mi primer orgasmo:

    – Me corro, me corrooo, aggh- gritaba como loca

    Fue un orgasmo largo y delicioso, su boca regresó a mi vagina y succionó con avidez mis flujos vaginales, lentamente el orgasmo fue menguando entre mis alaridos, el placer no disminuía, seguía muy cachonda, estaba deseosa de sentirlo dentro de mí y le rogué:

    – Ámame, quiero ser tuya, mi amor, hazme tu hembra, tu mujer.

    No se hizo de rogar, se recostó sobre mí y su enorme verga buscó mi vagina, ubicó con la punta de su verga mi entrada y empezó a presionar, sentí centímetro a centímetro como entraba su gruesa verga dentro de mi vagina, la sentí llegar hasta lo más profundo, hasta donde ningún hombre había llegado antes, el placer era máximo, me tomó de la cintura y me empaló más profundo todavía, sentía que mi vagina se estiraba por dentro, me derretía de placer, me sentía tan llena y al mismo tiempo una sensación de plenitud jamás sentida, jadeaba y suspiraba sin cesar, me faltaba el aire, me costaba respirar, pero no me importaba, estaba viviendo la mejor experiencia sexual de mi vida.

    – Mi amor, que estrechita estás, me encanta como me aprietas, mmmm, agh, que rico- dijo al iniciar su lento vaivén.

    – Agh, es tan grande, agh, siento que me traspasas, pero que placer, agh, me vuelves loca.

    Sus embestidas fueron aumentando de intensidad, mis gemidos se volvieron incontrolables, cada clavada de verga me hacía dar un respingo y arquear mi espalda, me besaba y susurraba cosas lindas al oído que me hacían estremecer, me acariciaba las tetas y pellizcaba suavemente los pezones, estaba en el cielo, me estuvo clavando como unos 20 minutos sin cesar hasta que de pronto un calambre atravesó mi cuerpo y mi cuerpo empezó a convulsionar, sentí que mis flujos empezaron a escurrir sin control entre mil espasmos, me estaba corriendo por segunda ocasión, mientras me seguía penetrando con fuerza y profundidad, al ver mis muecas de placer, sonrió y aumentando sus embistes expresó:

    – Córrete, disfruta nena, goza sin pensar en nada, quiero gozarte toda la noche.

    Fue un nuevo y larguísimo orgasmo, poco a poco mis espasmos fueron disminuyendo, pero Alejandro no daba muestras de terminar, continuaba ensartándome una y otra vez, tenía una potencia formidable, me miró a los ojos y preguntó:

    – Nena, te han dado antes por el culo?

    Negué con la cabeza, mi esposo es una persona muy convencional y nunca me había pedido tal cosa, sonrió y me sacó su verga, me puso boca abajo y dijo:

    – Que colita más hermosa y firme, no sabes cómo la voy a disfrutar.

    Empezó a besarme y morderme suavemente las nalgas, sin dejar de apretarlas, sentí que separó mis nalgas con sus manos dejando mi lugar más íntimo y recóndito expuesto, me sentí incómoda, pero no reclamé, al instante la punta de su lengua se posó sobre mi arrugado agujero y sentí una corriente de placer que recorrió mi cuerpo, mi cuerpo se tensó y apreté el culo, el placer que sentí fue diferente e inesperado, no pensé que mi culito fuera tan sensible, volvió a abrir mis nalgas y empezó a lamer mi ano con lujuria, todo me daba vueltas, sus dedos se posaron en mi clítoris y empezó a masajearlo sin dejar de lamer mi agujero, me abandoné completamente, era una sensación increíble y cerré los ojos para concentrarme en esas sensaciones que tanto placer me daban, la punta de su lengua cada vez hacía más presión, hasta que venció la resistencia de mi esfínter y entró la puntita, las piernas se me aflojaron, sentía su nariz en medio de mis nalgas y el aire tibio de su respiración, abrí más las piernas, estaba segura de que de un momento a otro me correría nuevamente, cuando de pronto saca su lengua y se dirige al tocador, lo seguí con la vista, buscó entre mis cosméticos y alcancé a ver por el espejo que tomaba una crema corporal, era de mi esposo, acostumbraba usarla para proteger su piel, ya que por su trabajo pasa mucho tiempo bajo el sol, abre el tarro y mete dos dedos en la crema tomando una cantidad muy generosa, aunque excitada empecé a temblar, si su gruesa y larga verga me había dejado el coño adolorido y ardiendo no podía imaginarme que daño le haría a mi estrecho agujerito.

    Se puso detrás de mí, abre mis nalgas y siento sus dedos embadurnados tocar mi arrugada entrada, al contacto me puse tensa y apreté las nalgas.

    – Tranquila amor, no aprietes, tienes que estar tranquila y disfrutar, te va a gustar.- me dijo al momento que tomaba una almohada y la ponía bajo mi vientre

    Intenté relajarme, al sentir nuevamente sus dedos sentí cosquillas pero no apreté, su dedo empujó y sentí que la punta de su dedo se introducía en mi ano y lo hacía girar, presionando mis paredes internas, se sentía raro, pero no me dolió.

    – Que estrechito hoyito, te tengo que dilatar bien para que no te duela, afloja bien, pronto estarás gozando.

    Aflojé más la colita y al momento de hacerlo sentí que todo su dedo se deslizaba en mi interior, con mis manos alcancé una almohada y ahogué un largo gemido .

    No sentía dolor, al contrario, estaba gozando del placer que me daba su largo dedo, lo tenía enterrado muy profundo y sentía como mi culito se contraía y relajaba apretando suavemente su dedo, lo empezó a meter y sacar frotando mis pliegues internos, cada vez sentía que entraba y salía más fácil , cuando metió otro dedo apreté los dientes, sentí una pequeña molestia, pero en segundos se transformó en placer, me estaba dilatando como un experto, casa vez sentía la colita más flojita y empecé a mover el culo en círculos, me encantaba sentir sus dedos dentro de mí.

    Alejandro sonrió y dijo:

    – ¿Te está gustando?, Verdad, sabía que te gustaría, tienes un culo divino y sería un desperdicio no gozarlo como se debe.

    Sacó sus dedos y sentí un vacío, me faltaban sus dedos y volví a culear pidiendo que los volviera hundir al tiempo que levantaba la vista y veía por el espejo como se embadurnaba de crema la inmensa verga, el imponente hongo rojizo brillaba, era imposible que entrara en mi pequeño orificio y volví a tener miedo.

    – Ay Alejandro, tu verga es tan grande, no creo que pueda entrar en mi culo.

    – Shhh, tranquila, tu culito dilata muy bien, verás que si se puede, solo relájate y disfruta.

    Me tomó de las nalgas y me puso en posición, me pidió abrir bien mis piernas y quebrar la cintura, pronto sentí la cabeza del enorme nabo tocar mi esfínter, se sentía divino, la cabeza era tan tersa, sentía su calor y palpitar, presionó un poco y dejó de presionar, solamente refregando la enorme cabeza contra la arrugada entrada en forma circular.

    Me preguntó:

    – ¿Te gusta nena?

    Afirmé con la cabeza, me encantaba la sensación.

    En eso presionó más mi espalda para que quebrara más la cintura, dejando mi culito más levantado, me tomó de la cintura e hizo el primer intento por penetrarme, era demasiado gruesa, mi esfínter se iba abriendo y estirando sentí mucho dolor, como si me rasgaran por dentro, me aventé hacia adelante y apreté las nalgas, haciendo que la verga resbale hacía arriba y recorriera mis nalgas sin lograr penetrarme, me quejé:

    – Noo amor, es demasiado gruesa, no entra, dueleee.

    – Tranquila amor, no estabas lo suficientemente relajada, es verdad que te dolerá un poquito, no te quiero mentir, pero confía en mí, no aprietes ni escondas el culito, aunque te duela debes seguir flojita y relajada.

    Me siguió acariciando la espalda y las nalgas, el dolor desapareció y me convenció de volverlo a intentar, la verdad quería entregarle mi culo, creo que sería algo muy especial.

    – ¿Te sientes mejor?, ¿Podemos volver a intentarlo?

    – Sí, ya no me duele, intentaré hacer lo que me dices, pero no estoy segura de lograrlo.

    Me volvió a acomodar, con sus piernas separó las mías al máximo y aplicó más crema a mi pequeño anito, metiendo nuevamente su dedo y masajeando la entrada, me hizo arquear la espalda al máximo y sentí nuevamente la caricia de su verga en la entrada de mi orificio, suave, tersa, caliente, la empezó a pasar por toda mi rajita de arriba abajo, y presionando suavemente cada que pasaba por mi orificio, poco a poco me fui relajando, me acariciaba y me decía que me relajara, que estuviera flojita, hasta que en una de las apoyadas, no siguió el recorrido y empezó a presionar suavemente pero sin detenerse, sentí como mi esfínter se iba abriendo hasta coincidir con el diámetro de ese tremendo mazo de carne, entró la cabeza y mi esfínter intento cerrarse, apretando el tronco de su verga, un ardor tremendo me invadió, como si me rasgaran por dentro, aventé mi cuerpo hacia adelante intentando zafarme, pero Alejandro me tenía bien sujeta de las caderas y no me permitió el escape, quedé abotonada como una perra, gritaba de dolor, un par de lágrimas rodaron por mis mejillas, gritaba, rogaba por qué me lo sacara, todo mi cuerpo se tensó.

    – Sacalaaa, me matas, agh, me estás partiendo en dooos, agh.

    Alejandro pacientemente me siguió acariciando y tratando de tranquilizarme:

    – Tranquila nena, tranquila, relájate, ya pasará el dolor, no aprietes, ponte flojita, confía en mí.

    A pesar del dolor, traté de hacerle caso, suspirando traté de relajarme, poco a poco el dolor fue cediendo y mis gritos fueron menguando, sentía su gruesa cabeza palpitar en mi culo.

    Al dejar de luchar una de sus manos fue a mi vagina, encontró mi clítoris y empezó a masajearlo, empecé a sentir placer y Alejandro inicio su vaivén, muy lento, avanzando muy lentamente, me metía dos milímetros y me sacaba uno, conquistando poco a poco mi culito, así fue avanzando hasta que sentí sus huevos pegados a mis nalgas.

    – Nena, ya la tienes toda dentro, ¿La sientes?, Aguanta un poquito más, que va a empezar la culeada.

    ¿Va a empezar?, Que había sido todo, sentía mi culo a punto de explotar, pero tengo que reconocer que a pesar del dolor el placer seguía aumentando, me sentía completamente llena, mi culito daba espasmos y apretaba suavemente la verga de Alejandro.

    Me la fue sacando hasta dejar solamente la cabeza dentro y de un solo empujón me la dejó ir entera, un gemido salió de mi boca, era maravilloso sentir como la cabeza de su verga me restregaba por dentro, juro que ví estrellas y la vista se me nubló, lo hacía una y otra vez, sus huevos chocaban con mis nalgas, se recostó sobre mi cuerpo y me empezó a decir cosas sucias al oído mientras acariciaba mis pechos y pellizcaba mis pezones, el placer era máximo, me taladraba con toda su pasión y nuevamente empecé a convulsionar, al tiempo que gritaba:

    – Agh, ahhh, ahí te va la leche, me corrooo, me corrrooo.

    Su verga se ensanchó y lanzó sus ardientes chorros de leche en mi interior, nos estábamos corriendo juntos, y para mí era la tercer corrida de la noche.

    Se desplomó sobre mi cuerpo y nos quedamos unos minutos abrazados, recuperando el aliento, pero me acordé de mis hijas y me levanté para asearme un poco, solamente me enjuagué mi coñito y culito y salí a buscarlas, Alejandro se vistió también y me acompañó al parque, las niñas seguían jugando.

    Estaba cansada para preparar la cena, así que pedí pizza, que amablemente Alejandro pagó y cenamos.

    Así me hice amante del profesor de mis hijas, cuando regresó mi esposo pensé que se daría cuenta que me habían cogido, pero pasé la prueba, sin embargo, a partir de entonces me cuesta tener sexo con mi esposo, al punto de que en una ocasión me quedé dormida en pleno acto, me excusé diciendo que estaba muy cansada por el trabajo y la tarea de mis hijas, y para que no me vuelva a pasar, ahora, cuando tengo sexo con mi esposo, cierro los ojos y me imagino que es Alejandro quien me coge, es una situación difícil, no puedo dejar a mi esposo, ya que mis hijas adoran a su padre, es un buen hombre y no quiero hacerlo sufrir, me darían su opinión?

    Cualquier comentario, les dejo mi correo, [email protected].

  • Infiel por mi culpa. Puta por obligación (30)

    Infiel por mi culpa. Puta por obligación (30)

    Entre máscaras y disgustos.

    Con decepción y mucha rabia, engatillo mí dedo índice contra el pulgar y como una bala disparo la colilla de mi cigarrillo hacia el mar, pero el juguetón viento que encabrita las olas, le impide llegar hasta el lugar que mi vista preveía devolviéndola hacía las rocas, estrellándola contra ellas, chisporroteando sus virutas encendidas, feneciendo ahogada.

    A mi oreja derecha llegan inquebrantables los estertores de las olas al estrellarse contra el grueso muro de piedras del malecón, y entre tanto alcanzan al oído izquierdo, los no tan lejanos sonidos de muchas risas, multitud de voces y notas musicales de algún éxito regional mexicano que no puedo identificar. Pero… ¿Y Mariana?

    Me doy la vuelta y observo como va descalzando las formas griegas de sus pies, dejando bien acomodadas sus doradas sandalias al costado derecho, cercanas a su bolso, lejanas al sombrero de paja y ala ancha que mantiene en su cabeza con una mano, temerosa de que se lo lleve la fuerte brisa que está soplando en estos instantes. Se sienta casi al final de la pasarela, arremangando la tela negra de su vestido hasta descubrir sus albas rodillas, dejando que sus piernas se descuelguen por el borde sin que sus pies alcancen a rozar el agua; y arrinconado entre sus carnosos labios, hacia la esquina donde su lunar negro pasa desapercibido, inclinado un poco permanece su cigarrillo blanco, recién encendido.

    Tiene todos los tintes de una silenciosa pero gentil invitación. Con su silencio decide Mariana convidarme a que me acomode al lado suyo, para seguir enterándome de sus decisiones, recordando como por mi gusto, comenzó por crear entre los dos más de un disgusto.

    —Con las chicas de la oficina, Diana, K-Mena y las del otro grupo de ventas, ya sabes, Carolina y doña Julia, junto a las dos muchachas que atendían en la recepción, —empieza a hablarme tan pronto me acomodo a su lado— aprovechábamos cualquier instante libre para planear la fiesta de entrega de regalos al amigo secreto a fin de mes, intercambiando ideas sobre cómo ir vestidas, indagándonos con quien asistiríamos, esposos, novios, amigos o solas, como obligatoriamente era mi caso. ¡Qué tipo de comida y bebidas deberíamos llevar para ofrecer! Y sobre todo, cuáles de nosotras se encargarían de «hacer la vaca» y recoger de cada uno de los que pretendieran asistir, la cuota y el valor que deberíamos reunir para comprar lo necesario. Encargamos finalmente a la señora Carmencita y a las chicas de recepción, para pasearse por los otros pisos de la constructora y hacer la invitación a la casa de José Ignacio y recaudar de paso los dineros.

    —Tal vez debido a eso fue como logré ocultar mi malestar por haberte engañado nuevamente, y me concentré los siguientes días en finiquitar los otros negocios pendientes, visitando al gerente del banco que estaba a cargo de los estudios de crédito de mis clientes, y junto con otra asesora financiera, conseguí casi todas las aprobaciones, y me sentí feliz de hacerlo sin tener que agradecerle por su «asesoría», al hijo de puta de Eduardo. —Con dos dedos le entrecomillo la palabra a Camilo para aclarárselo, más en su rostro un gesto de sospecha y vacilación, en su frente arrugada, me obliga a ser más precisa.

    —No te imagines cosas que no son, cielo. Sí, evidentemente yo le gustaba al gerente del banco y me aprovechaba de eso, aceptándole con sonrisas picaras sus piropos y halagos, más sin embargo, educadamente le rechazaba sus encubiertas invitaciones para vernos fuera de horario. Cada una de las ventas que realicé de esos apartamentos de interés social, los conseguí legítimamente. No tuve que ofrecerle más que mi simpatía y agradecerle con una invitación a la fiesta esa, en la casa de Nacho. —Mi esposo me observa con detenimiento y da como verídica mi respuesta.

    —Me sentía feliz, no tanto por los reconocimientos o el dinero que ganaría con esos negocios, si no por poder observar los rostros de infinita alegría en aquellas humildes personas al saberse finalmente propietarias de un techo propio, sobre todo el de varias mujeres que eran cabezas de hogar, rebuscándose la vida para conseguirle a sus hijos un hogar más decente y bonito. Y es por ello que me sentiste más amorosa contigo y con nuestro hijo, aunque para mí todo estaba dentro de la familiar cotidianidad.

    —Incluso aquel viernes a mitad de mes, antes de salir hacia el bar para nuestra respectiva reunión semanal, recibí la llamada del joven abogado aquel, alegrándome aún más la tarde. Me confirmaba aquella cita pendiente para negociar una de las casas tipo «C» del condominio en Peñalisa. Iría con su novia y futura esposa, su madre y con su padre, un alto magistrado de las cortes. De hecho casi que me suplicó que se lo atendiera muy bien pues todo el negocio dependía de él. —Camilo de manera similar a la mía se va acomodando en el borde del maderamen, separados tan solo por mis pertenencias.

    Mi marido continúa con su mochila terciada al pecho, su camisa abierta por completo, ondulando la cadena de oro con la argolla matrimonial en el centro de sus pectorales, centelleante con cada movimiento, y su pierna izquierda oscilada hacía abajo, mientras dobla la derecha y apoya la suela de su zapatilla en el puro filo, con su antebrazo presionando la rodilla. Está pensando, y por su característica mirada, –al arquear su ceja izquierda y mermar el tamaño de su ojo derecho–, intuyo que quiere decirme algo, respira hondamente… ¡Y finalmente lo hace!

    —Nunca fue mi intención imponer mi gusto ante tu forma de vestir, pero es que me había fijado en algunos cambios que a pesar de ser obligados por tu nuevo trabajo, en algunas ocasiones descuidadamente enseñabas un poco de más. Por tus gestos comprendí que te molestaba mi forma de observarte desaprobando tus nuevos looks, a pesar de que no me dijeras nada y así de a poco, fuiste dejando de consultarme si te veías bien para salir a la calle a cumplir alguna cita o sencillamente para asistir a la oficina. No era que pensara mal o sufriera de celos como tal, Mariana, sólo que me imaginaba a ese tumbalocas deseándote con lascivia por tu atractiva apariencia, desnudándote con su mirada obscena. ¡Me asqueaba al pensarlo!

    —Y sin embargo terminábamos por discutir, disgustando en ocasiones por mi nuevo estilo de vestir, tan presumida e imprudente. Sí, lo recuerdo muy bien, cielo. No me entendías por qué lo hacía, y yo para nada comprendía tus aparentemente posesivos reclamos. « ¡Qué enseñas esto!» Colocando tu dedo índice en el centro del escote de mis blusas. « ¡Qué muestras aquello!» Indicándome con el gesto acusador de tus labios en punta, la «V» que se marcaba explícita entre mis piernas, con los leggins o mis jeans ajustados. Recuerdo con claridad tus palabras, y yo orgullosa, algo enojada es verdad, te respondía… ¿En serio, cielo? ¡Qué mamera! ¡Déjame decidir cómo creo que debo vestir! Lo lamento tanto mi vida. En verdad que me arrepiento tanto de haberme convertido en esa otra mujer. —Y tras aquellos recuerdos tan aciagos para los dos, dejo con calma y lentitud que se desborden desde mis párpados hacia mis pómulos, algunas lágrimas.

    —Y luego vino aquel dichoso encuentro en el bar, –le sigo recordando a Mariana– unos días antes de aquel fin de mes. En mi caso y en el de Liz, invitados por Eduardo para inaugurar el dichoso Karaoke que allí habían instalado. Cuando ingresamos ya estabas con tus compañeros calentando las gargantas con Vodka y aguardiente, muy dispuestos todos para entonar sus canciones favoritas. No me habías comentado nada sobre la fiesta de cumpleaños en la casa del tumbalocas ese, sólo me había enterado por boca de los ingenieros y de Elizabeth, que a fin de mes celebrarían la entrega de regalos para el amigo secreto. ¿Por qué razón te lo callaste?

    —Yo tampoco lo sabía. Fue Carlos el que lo mencionó esa noche mientras estrenábamos el karaoke, y a Diana junto con K-Mena, se les vino la idea de organizarle el cumpleaños esa misma noche con una fiesta de disfraces, aprovechando que José Ignacio cumpliría los veintiocho en la primera semana de octubre. ¡Pufff! Al enterarme pensé de inmediato en ti y en tu animadversión hacia él, por lo tanto decidí omitir esa parte. Al verte llegar a nuestra mesa, me cohibí demasiado, no sé si lo notaste, y pensé mejor en asistir sola a aquella fiesta y que tú te quedaras cuidando a Mateo, impidiendo nuevas confrontaciones con Nacho, y así evitar que sufrieras más humillaciones. Tampoco quería verte sufrir, teniéndome tan cerca pero sin poder estar tan juntos como tú y yo lo deseábamos. —Le respondo a mi esposo, mientras le doy una última calada a mi cigarrillo.

    —Pues no parecía que estuvieras tan incómoda por la situación, pues junto a tus amigas, –algo ya achispadas por el alcohol– las tres cantaban a pleno pulmón las canciones de Ana Gabriel y Rocío Durcal. Sobre todo aquella que cuenta la historia de un par de amigos ante los demás, pero amantes en la clandestinidad, y aceptando de buen grado que el brazo de ese playboy de playa se acomodara confianzudo y pesado sobre tus hombros con la jarra de su cerveza en la otra mano, chocando tu copa de aguardiente, brindando con un gesto de complicidad. —Le hago la acotación a Mariana, mientras ella callada y pensativa, termina su cigarrillo y ladeando su torso lanza la colilla hacia las salpicadas rocas que tenemos a nuestras espaldas.

    —No estaba cantando para él, aunque por como ahora lo dices, entiendo por qué esa noche viste algo que parecía ser y por ello malgeniado, rehusaste hacerme el amor. ¡Pensaste que lo hacía dedicándosela a él! Pero no fue así. Esa canción nos sale únicamente a los dos, mi vida. Estúpida y obligadamente trabajando separados en esa constructora, y tan deseadamente juntos, amándonos tras las intimas paredes de nuestro hogar. Era en ti en quien pensaba al cantar con los ojos cerrados, creyendo que lo habías captado a la primera, pues por el rabillo del ojo vi como sonreías y después, fugazmente me guiñaste un ojo.

    —Esa sonrisa en mi rostro, solo era una mascarada para disimular mis no tan infundadas sospechas sobre la relación existente entre tú y ese Don Juan de vereda. Además porque ustedes tres desafinaban bastante y Elizabeth a mi oído, también me ofrecía jocosa su opinión. Debía aparentar como siempre. Lo que hicieras o dejaras de hacer, siendo supuestamente ajena, me debía importar un carajo. Pero entonces si no querías que fuera a esa fiesta, ¿Por qué me enviaste ese mensaje? —Y al preguntarle, –antes de responderme– a Mariana se le vuela su sombrero, pero con agilidad estiro mi brazo y logro atrapárselo antes de que caiga a las oscuras aguas.

    —Gracias, cielo. ¡Como siempre tú, tan pendiente de mis cosas! —Cariñosa le agradezco, al recibir de sus manos nuevamente mi sombrero de paja, y lo dejo a mi lado para que no pueda volar de nuevo, y en el extremo del ala coloco encima una de mis sandalias y me apresto a responderle.

    —Si lo recuerdas tan bien como yo, aburridos ya de cantar y «hacer el oso», nos fuimos a bailar a la pista cuando colocaron un mix de salsa, reguetón, bachata y vallenatos. A pesar de sentirme algo mareada al mezclar aguardiente con vodka, mantuve la distancia con José Ignacio, y me enfadé al escucharle hablar como de costumbre, de manera displicente y ofensiva sobre ti, tras una pregunta de Diana.

    — ¿Qué dijo sobre mí? ¿Qué le preguntó ella?

    —Estábamos hablando de su fiesta de cumpleaños y Diana reparó en ti…

    — ¿Y vas a invitarlos a ellos también, Nachito? —Le hizo la consulta Diana, señalándote con sus labios estirados, mientras que hablabas calmadamente con Elizabeth, sentados muy cerca al extremo de la mesa.

    —A ella quizás sí, –le respondió mirándola de reojo– aunque sea una frígida de mierda y fuera de eso, una putica presumida por el abolengo de sus apellidos. Pero su esposo me cae muy bien, y de paso como canta bien los vallenatos de Diomedes, puede que le pida que me lleve una serenata de regalo. ¡Jajaja! —Carcajeándose estrepitosamente, contestó a todo volumen, como era lo usual en él con sus apuntes hirientes.

    —Y al arquitecto… ¿Entonces no? —Volvió a cuestionarle Diana y Cha… Nacho se llevó la mano derecha a la nuca, friccionándosela mientras se lo pensaba.

    — ¡Es una lástima que esté casado y sea más fiel que perro de taller de autos, con lo papacito rico que está! Yo me lo rumbearía toda la noche si se deja, antes de que se madure mucho y se «apiche» ¡Jajaja! —Concluyó Diana, haciendo reír a todos los que estaban cerca de ella, contigo y tu asistente ajenos a estas mofas. Y yo por supuesto sonreí con amplitud disimulando mi incomodidad, pues me sentí de repente cabreada con él y celosa con Diana, pero no por mucho, pues José Ignacio finalmente intervino otorgándonos su veredicto.

    — ¡A ese güevón no me dan ganas de invitarlo! Pero si quiere ir pues que vaya y me presente a su mujercita, para ver que tan buen gusto tiene esa mujer cuando me conozca. Si va me importa un culo, aunque me caiga como una patada en las guevas, y además ¡Mírenlo! Siempre tan prudente, tan desaliñado y seriecito. Parece la imagen viva de un martirizado santo. ¡Además ese maricon no toma nada, ni siquiera el tiempo! —Y volvió a reírse, en esa ocasión secundado únicamente por las carcajadas de Carlos, pues ni Diana, K-Mena o yo, lo hicimos.

    —El marica ese se vanagloria de tener un matrimonio perfecto y feliz, pero eso debe ser solo un video que mantiene metido en su cabeza, porque apenas escucha el pitidito del móvil, se esconde de nosotros para hablar bajito y luego salir disparado para meterse debajo de las enaguas de su esposa. Esa mujer lo tiene bien amaestrado, como un cachorrito regañado. Y quien sabe cómo sea para bailar. ¡Debe moverse más un ojo de vidrio que ese tipo! Jajaja. No lo sé, Dianuchis, si quieres perder tu tiempo intentando rumbeártelo, alla tú. ¡Te deseo suerte con eso! —Terminó por responderle, y yo bastante molesta, de inmediato tomé mi teléfono para enviarte un mensaje, pidiéndote que por favor para la próxima canción, sin importar el género, me invitaras a bailar.

    — ¡Y lo hice! Bailé contigo qué… ¿Dos o tres temas de salsa? No recuerdo cuantas pero me alegré por ese mensaje al poder tenerte un poco más cerca, y bailamos rico, no tan pegados como quería por guardar las apariencias, y sin embargo al estar apartados de ellos, no me dijiste nada. —Le comento a Mariana, que nerviosa, no hace más que darle vueltas y vueltas a su alianza matrimonial, sin desviar hacía mí el profundo azul topacio de su mirada.

    —Las miradas cielo. Podría estar un poquito entonada por los tragos pero aún estaba muy lucida para darme cuenta de que varios pares de ojos nos miraban. Y sí, con nuestra manera de bailar despejaste las dudas que José Ignacio había hecho caer sobre ti. ¡Y eso me encantó! Sin embargo también llamaste la atención de Diana, que se obsesiono contigo, prometiendo delante de todos que en la fiesta, a como diera lugar, ella te iba a rumbear.

    — ¡Debiste mandarlo a la mierda! Con discreción por supuesto, así hubiéramos evitado los disgustos que tuvimos luego por culpa de esos disfraces que elegiste. —Con amargura al recordarlo le hago el comentario y ella quedamente sollozando, agacha la cabeza.

    —Sí, claro que recuerdo bien que discutimos, y no precisamente por nuestros vestuarios, aunque sí, en efecto eso también incidió para que me comportara contigo de la forma en que lo hice en esa fiesta. Pero fueron más tus desmedidos celos los principales causantes de nuestro distanciamiento, al ver como el disfraz que preferí inicialmente para mí, según tu criterio, me hacía ver demasiado vulgar y llamativa. Pero esa mueca tuya de disgusto, tan sorprendido al verme, más esa mirada tuya tan acusadora como si fueras juez de la Santa Inquisición, me ofendió mucho.

    —No pretendí ni burlarme o ridiculizarte con el disfraz de Pedro Picapiedra que elegí para ti. Sencillamente creí que te verías más gracioso y jovial, rompiendo con la presunción generalizada de que eras un tipo amargado y aburrido. Además que así disfrazado, con esa falsa barriguita de espuma, le parecerías menos atractivo a las demás mujeres que asistieran a la fiesta, sobre todo a Diana que tan encaprichada estaba contigo. Y en mi caso al verme con aquel disfraz de Gatubela, me haría lucir provocadora y más atractiva ante todos los invitados, incluido tú.

    —Y a pesar de enojarme contigo por la manera en que me miraste, comprendí muy tarde que tenías razón, pues me quedaba tan ajustado, que se me marcaba vulgarmente la vulva y por eso salí corriendo de la casa, sin despedirme de Mateo ni de ti, pensando cual otro disfraz podría funcionar para mí y que no revelara las formas de mi cuerpo, con la finalidad de no acrecentar tu malestar ni tus crecientes celos.

    De pronto rota su cabeza para fijar sus ojos en los míos, dejándome observar su rostro afligido, encuadrado bajo ese corte de cabello nuevo que le hace ver tan juvenil, pero a la vez le confiere un aire a mujer más arriesgada, mucho más decidida; me apenan sus ojos azules tan tristes y aguados como el mar que nos acompaña a esta hora, con el rítmico sonido de las olas abatiéndose sin cesar, dóciles al arribar a la playa, mientras agonizan sobre los infinitos gránulos de arena, para renacer posteriormente en otra onda que intenta devolverse, encaramándose encima de la siguiente y así alejarse de la espuma, –me da la impresión– lográndolo tan solo a medias.

    — ¡Lo que se permite, se repite! —Escucho a Mariana hablar de repente sin voltear a mirarme, y sin dejarme preguntar a qué se refiere, continua rememorando aquellas fechas pasadas.

    —Los días previos a la fiesta, por culpa de K-Mena que se mostraba muy interesada en estar al lado de José Ignacio por cualquier motivo en Peñalisa, hizo que me mantuviera más pendiente de ella y que tuviera que acompañarlos a todas partes para no descuidarla. Por lo tanto nuestra relación se hizo más apegada y cercana, aunque no tanto como lo has imaginado. Algunos comentarios sueltos alabando el bronceado de mis piernas e igualmente me piropeó lo sedoso y brillante que tenía mi cabello, –recogido con una trenza ahuecada al estilo alemán que Naty se había empeñado en hacerme la noche anterior– pasando sin permiso su mano desde la coronilla hasta la punta, aprovechando de paso, jalar y soltarme a traición la tira posterior de mi sostén, pero por lo demás, sencillamente hablamos de los negocios que yo había conseguido y que por lo visto me harían superarlo en la tabla de vendedores del grupo.

    —También tratamos el tema de K-Mena, a espaldas de ella, pues había cambiado bastante con su novio, mostrándose caprichosa y distante. Sergio le pedía a diario consejos a José Ignacio, mientras que a mí me llamaba a la oficina para preguntarme si sabía que era lo que le estaba pasando. Me sentí mal con él y obviamente le prometí que hablaría con ella e intentaría averiguar por su cambio de actitud. Pero como sabes, yo era la culpable.

    Mariana suspira y lleva enroscados sus dedos índices hasta su par de llorosos cielos, para frotarlos contra los párpados oprimidos y limpiarse la humedad que fluye de sus lagrimales. Toma de su cajetilla un nuevo cigarrillo y lo mantiene presionado por sus dientes blancos, con la boca entre abierta sin encenderlo, balanceándolo tembloroso de arriba para abajo, justo a pocos milímetros del lunar que continúa atrapándome en la telaraña de esa sensualidad que descubrí al primer beso, ubicado en una esquina de su labio inferior.

    —Comencé por reírme de manera farsante con sus bromas pesadas, para terminar confabulándome junto a él, al hacerles chistes y chanzas a los demás. Le acepté su «chambonería», su falta de respeto y de tacto al expresar sus pareceres, aunque luego acercándome a su oído, sin altanería lo recriminaba y reprendía como si de un niño pequeño se tratara. Luego permití que me abrazara ante cualquier insignificante circunstancia por mínima que fuera cuando no estaba ningún conocido cerca, a pesar de sentirme por mil ojos observada.

    —Soporté su majadería y juegos de niño malcriado, al dejarle revolcar mis cabellos, deshaciendo mi esmerado peinado enfrente de Diana, K-Mena y Carlos. Y por la espalda sin que nadie lo advirtiera, cenando delante de mucha gente en el restaurante, ágil desabrochaba mi brassier. Una fulminante mirada se ganó, acompañada de un pellizco en su costado, que le dolió porque gritó, y sin embargo para calmar mi molestia, posteriormente consentí que con carita de cordero degollado, me besara con precipitada efusividad, humectando con su saliva mi mejilla.

    — ¿Y tienes el descaro de decirme que entre ustedes dos no habían pasado cosas antes de esa dichosa fiesta de cumpleaños?

    — ¡No llegamos hasta donde tú crees que lo hicimos! Pero sí, lo sé. Consentí demasiadas cosas, a sabiendas que con esas pequeñas licencias, José Ignacio buscaría obligarme a que tomara un atajo desviándome del camino de la fidelidad, y luego yo vendara la claridad de mi consciencia, como otra de sus amantes casadas, para que él se ilusionara pensando que muy pronto terminaríamos compartiendo en su habitación y con mañita a escondidas de los demás, nuestras pieles desvestidas, disfrutando de nuevos aromas y placeres, sudores y fluidos diferentes, caricias y gemidos desconocidos en una cama distinta a la acostumbrada. Yo solo quería que a fuerza de esos pequeños roces y contactos, él se apartara de K-Mena y que me extrañara por la noche, ya que en el dia me encargaría personalmente a que se acostumbrara a echarme en falta y deseara buscarme.

    —Pensé convertirme en su única necesidad, seduciéndolo lentamente, sin entregarme por completo; hacerlo de manera persistente y disimulada, como si fuese yo la droga requerida por él en sus mañanas, más buscada que su enrollada dosis de marihuana. Pero me involucré demasiado en mi papel, tanto que sin darme cuenta, presionada con el otro tema de Eduardo y el dale que dale de K-mena con su impertinente idea de acostarse de nuevo conmigo o finalmente mamárselo a él para no llegar tan «biche» a su matrimonio, me vi en la imperiosa necesidad de enviciarme junto a él, a escondidas tuyas y de todo el mundo, viviendo en una complicada tríada.

    — ¡La amada esposa que te traicionaba! ¡La deseada amante para él pero para mí, lo pretendía fiel! ¡Y la puta sometida para Eduardo, buscando desesperada una salida! Yo… Mi cielo, lo lamento tanto en verdad. ¡Estúpidamente me metí solita en un atolladero!

    —Y puede ser que lo lamentes aún más, Mariana. Porque colócate en mi situación ahora. En estos momentos en que tú y yo seguimos siendo lo que por tu infidelidad no deberíamos ser, y a pesar de que los dos sabemos perfectamente lo que seguimos sintiendo el uno por el otro, con solo decirte que te perdono y que intentaré olvidar lo que hasta ahora conozco, excluyendo lo que aún te estas guardando, tú y yo no podríamos volver a ser, como fuimos antes de todo esto.

    —Ahora que has venido hasta aquí y que tú quieres obtener algo de mí, Mariana, yo no veo tan claro como seguiremos siendo. Tampoco sé si podré olvidarlo en mis sueños por las noches, y en los días siguientes, volver a confiar en la mujer que anteriormente creía correcta para mí vida. No tengo idea de si podré vivir tranquilo junto a aquella persona que actuando equivocada o presionada, destruyó mi pasado mundo con sus mentiras casi tan perfectas. ¡Creí que eras y que estabas! Ahora dudo en volver a ser o estar para ti y vivir al lado de la mujer soñada que logró, apartándome con un simple golpe en mi pecho, que la amara para toda mi vida.

    —El tiempo con seguridad sanará los destrozos causados por mi infidelidad. Pero ambos al mirarnos desde que regresé, tú y yo tan destrozados por lo que te he ocultado, reconocemos que nos seguimos amando, a pesar de que aún no ceso de hacerte sufrir. Guardo la esperanza de obtener tu perdón, a pesar de que…

    — ¿Me falta por saber mucho? —Le pregunto, más ella no me contesta con un sí de inmediato, si no que decide darle vida con su mechero al cigarrillo y apartarse el cabello de su oreja derecha para mirarme y expulsar tras de una humareda, sus siguientes dolorosas palabras.

    —Al anochecer, en un extremo de la piscina del hotel, K-Mena, él y yo jugábamos a hundirnos y salpicarnos, alejados de los demás que se dedicaban a beber cerveza y cocteles sentados en una mesa. Era un hecho observable en su mirada traviesa que pretendía conmigo algo. Medible sensorialmente al rozarme con sus dedos, la desnudez salpicada de gotitas cristalinas en los hombros, la parte baja de mi espalda y la cintura, pretendiendo no querer hacerlo. Cuantificables sus intentos al querer palparme las nalgas y toquetear disimuladamente mis bubis, juguetón e irrespetuoso como siempre, pero es cierto que a pesar de intentarlo una y otra vez, no me parecía que fuese tan cansón y me di cuenta que aquello me divertía.

    —En medio de nuestras risas, K-Mena se sintió aislada, y aburrida se salió del agua afirmando estar cansada y nos dejó solos. Yo le apartaba aquella mano juguetona y se la sujetaba con todas mis fuerzas, pero me empujó hacia atrás con la otra, y utilizó la poca iluminación de una de las esquinas de la piscina, pidiéndome un beso. Me reí y me negué primero. Insistió una segunda vez acercándose más hasta rodearme con sus brazos por la cintura, presionando su abdomen contra el mío y mis tetas contra su pecho. Con esa sonrisa malcriada me rogó por tercera vez que le diera un beso, hasta que se lo permití una vez, cerrando mis ojos y sin abrir los labios, sin hacerle mala cara ni armarle bronca después. Y cuando una mujer empieza a conceder pues…

    —En un descuido pude sentir las yemas de sus dedos acariciando mi cuello, electrificando mis terminaciones nerviosas, erizando los poros de mi piel, corneando mis pezones la fina tela de mi sostén, y aguijoneando mi inicial intransigencia, tal cual lo haría una puñalada en mis costillas, para doblegarme. O dos, si cuento como la misma mano sin detenerse, exploró la planicie tersa de mi mandíbula hasta mi redondeado mentón, y sus dedos con descaro se pasearon por el contorno de mis labios aceitados todavía por el «gloss» que estaba usando, mientras decidido y mirándome coqueto con sus ojos avellanas, intentaba seducirme para llevarme a la cama de su habitación.

    Camilo justificadamente se descompone, molesto y herido en su masculino ego al escucharme. Pliega los párpados, los oprime con fuerza y echa la cabeza hacia atrás, al igual que lo hacen sus brazos formando un triángulo escaleno entre ellos, –al apoyar sus manos sobre el tablado– el piso de madera y con su espalda como prolongada arista. Respira agitado, más no hay rastros de llanto en sus mejillas, por lo tanto prosigo martirizándolo con mis verdades, las que precisa conocer.

    —Uno solo y fue un simple roce. Pero apenas sentí la presión de los suyos y percibí su intención de querer traspasar con su lengua mis labios cerrados, lo aparté con decisión empujando su vientre con mis piernas, y nadé hasta llegar a las escalinatas, para buscar en la silla mis pantaloncitos cortos y la abandonada toalla blanca. Envuelta en ella me acerqué hasta donde estaban Carlos y Diana, decidida a terminar mi cerveza y fumarme un cigarrillo. Al acabar de hacerlo me fui hasta las duchas para enjuagarme el cuerpo y retirarme un poco el olor a cloro de la piel y mis cabellos, y sin darme cuenta hasta allí llegó silencioso, abrazándome por detrás, diciéndome que no era suficiente para él, girándome con brusquedad para intentar besarme nuevamente.

    —Histérica y enojada, bien recostada contra la pared, le dije que no insistiera, que me soltara y dejara de molestarme con esa obsesión suya, pero a una mujer «emberracada» como yo lo estaba, no la calman fácilmente con palabras o promesas y se le hace callar de otra manera. —Camilo abatido por mi narración, termina por dejar caer su espalda contra el tablado, escarbando con dos dedos entre su cajetilla, necesitado de aspirar, la nicotina y el alquitrán de uno de sus rubios.

    —Introdujo con esfuerzo y rapidez, –continuo recordando– su mano bajo la cremallera abierta de mis shorts y con brusquedad sus dedos recorrieron el surco de mi vulva por encima de la braga del bikini, procurando con su muslo derecho forzarme a abrir más las piernas para facilitarle aquel asalto. Intenté separarme, te lo juro, pero mi rebeldía tan solo enardeció sus ánimos y con ello conseguí que su otra mano tomara con fortaleza posesión de mi cuello, apretando sus dedos alrededor de mi garganta, dificultando mi respiración. Aflojé entonces la tensión en mis muslos y él aprovechó la ocasión para correr hacia un lado el elástico de la tanga y hundir en mi interior un poco, dos de sus dedos; creería que utilizó las primeras dos falanges pero con rudeza de una sola vez. ¡Me lastimó! Y mientras me hallaba casi sin aire, ultrajada y ya vencida ante la fricción que sentía en las paredes poco lubricadas de mi interior, cerré los ojos por el ardor y la molestia que me causaba, y abrí la boca urgida de aspirar más oxígeno. Fue entonces que aprovechó para meterme su lengua, apoyándola sobre la mía, explorando con su punta todo mi paladar.

    —Abrí mis ojos y reaccioné. Cerré mis dientes sobre ella, ejerciendo la presión suficiente para escuchar su ahogado quejido. Aflojó primero la presión de sus dedos alrededor de mi cuello y luego retiró afanado la mano de mi entrepierna. Me miró asustado y esa vez fue la primera que mi mano, esta… ¡Esta, jueputa sea! –se toma con rabia la zurda abarcándola con su diestra a la altura de la muñeca– alcanzó su verga tiesa, por encima de su pantaloneta y recorrió su extensión hasta bien abajo. Le apreté con todas mis fuerzas sus bolas, liberándole la lengua, escuchándolo gemir de dolor y doblegarse ante mí, solicitando compasión y mientras tanto yo al verlo así, sentí un raro placer y un símil orgásmico al escucharle de rodillas pedirme perdón.

    Observo la hora en mi reloj. Ya casi son las tres. Los leños consumidos de una de las fogatas apenas si alumbran. En la otra apenas veo resplandecer un poco sus brasas y tanto el grupo de Verónica y los otros amigos, ya recogen sus bártulos y asean el lugar. A mí se me están entumiendo las nalgas de estar sentado sobre estas duras tablas, quizás a Mariana le suceda igual así que le pregunto…

    — ¿Vamos por un cafecito para calentar las entrañas?

    — ¡Wow! No me lo vas a creer, pero estaba pensando en lo mismo. Además siento que se me está borrando la raya del culo. ¡Oops! Perdóname la expresión tan vulgar. —Le respondo a mi marido pero para subsanarlo, le coloco mi cara de niña consentida, la que le gusta tanto.

    Caballeroso me ayuda a levantar. Tomo mi bolso y el sombrero, calzo mis pies con las sandalias apoyándome en su antebrazo y regresamos lado a lado caminando hasta el extremo de la pasarela, levantando Camilo su brazo izquierdo y agitando en el aire su mano para despedirse de la chica rubia, que se marcha sin conseguir rumbearse a mí marido.

    —Humm… ¿Y a esta hora donde conseguiremos tomarnos ese tintico? —Le pregunto a Camilo.

    —Pues miremos si allí al frente del Ministerio de Finanzas, encontramos abierto todavía algún local. —Le respondo ya casi llegando a la esquina del malecón, para tomar a la izquierda el último tramo y caminar por la playa para cruzar el desierto parqueadero.

    —Y si no, pues nos lo tomamos en mi hotel. ¡Si te parece claro está!

    Levanto los hombros y mis ojos exploran a la distancia las luces multicolores, los movimientos de uno que otro vehículo, y el transitar de las personas. En el bar de la esquina, en el primer piso de los aparta suites no creo hallar la deseada cafeína, pero si más dosis de alcohol.

    — ¿Y estamos lejos? —Termino por preguntarle.

    — ¿De mi hotel? No cielo, tan solo a unas cuadras de distancia. Puede que el Viejo Holandés aun permanezca abierto. ¿Vamos? —Le consulto y Camilo asiente y en seguida retoma nuestra conversación en el punto que más le afana.

    —Pensaba que mi placer y el tuyo, eran exclusivos de la intimidad de los variados espacios de nuestro hogar, cuando nos buscábamos para tener sexo. En la sala los dos desnudos a la madrugada, enardeciendo nuestra piel con cada pieza de ropa retirada, recibiendo en ellas ya desvestidas, el calor que emanaba de las brasas de la chimenea. O en la cocina, recostando entregada tu torso contra el frio mesón de granito, y tus brazos deseosos de acariciarme, echados hacia atrás con tus manos de revés abarcando mi cintura, para terminar clavándome esas uñas postizas en mis nalgas, cada vez que emocionado y empinado, hasta el fondo con mi verga tiesa te penetraba. —En el rostro de Mariana se vislumbra la bonita emoción por mis recuerdos y sonríe con ojos y boca.

    —Igualmente lo hicimos en el cuarto de ropas un domingo por la mañana, cuando despertaba sin hallarte a mi lado y sin mucho más por hacer al desperezarme e ir a buscarte, arremetí contra tu retaguardia y sentándote obligada, sobre la máquina de lavar en pleno ciclo de centrifugado, –entre mi esfuerzo por bajarte tus calzones y tus risas pidiendo una falsa tregua– con dos dedos inmolándose dentro de tu vagina con deseo excedido, y mi boca absorbiendo los flujos de tu vulva, lapidando con pequeños lengüetazos tu henchido y desenvainado botoncito rosado, convulsionada te desparramabas ante mis ojos, muriendo dichosa, disfrutando tu placer.

    —Nuestra alcoba era para otras hazañas más románticas y pausadas, –continúo recordándole, mientras me atoro un poco al aspirar muy deprisa– para prácticas más sentimentales o sacramentales. Nuestro templo para igualmente amarnos pero más delicado y con mayor ternura, sin abrir tanto la boca para que al gemir, no despertáramos a nuestro hijo. El campo de mil batallas sin un claro ganador, pero como lo creí siempre, felices los dos al vernos victoriosos o derrotados por turnos, tu y yo siempre satisfechos. Sí, Mariana. Nuestra cama la dejamos siempre para hacernos… ¿Cuántas veces el amor?

    —Muchísimas, Camilo y por eso es que yo necesito que me perdones y regreses conmigo, pues nunca serán sufici…

    —Compartíamos lealtades físicas, –continúo hablando sin permitir que me interrumpa– superando una a una, cada prueba. Pero jamás llegué a cuestionarme en cuanto a la fidelidad mental. Ni siquiera pensé en esa posibilidad, y para qué, pues si así lo hubiese hecho, no tenía los medios a mi alcance para poder comprobarla. Y allí como tantas veces, con tu cabeza sobre mi pecho, dormida tras nuestras sesiones de sexo, al pensar en esos temas, me sentí traidor y egoísta. Tú jamás me habías demostrado algún tipo de insatisfacción o aburrimiento estando a mi lado, como esposa y sobre todo, como mujer. No era idiota, no lo soy.

    —Vi tus cambios, obviamente. Leves en tus actitudes pero claramente ya con tintes de una personalidad más definida, incluso más dictatorial si cabe. Visibles en tu vestuario, tanto al elegir cambiar el gusto por tu ropa íntima, como los trajes y faldas que usabas para el exterior. Menos tela no te incomodaba, aunque por el nombre del diseñador, pagaras más por menos. Demasiada piel a la vista para mi gusto, pero para ti tan solo era una manera de verte más femenina, juvenil y empoderada. « ¡Y no es por ser mostrona!», me dijiste varias veces al ver mi gesto de contrariedad, aunque para mi modo de ver, te hiciesen demasiado apetecible para los ojos de los demás. Sobre todo para los de tu Don Juan de vereda. Para mí también te veías espectacularmente hermosa, pero mi opinión ya no contaba porque siendo tú marido, según tu nueva forma de ver la vida me decías con cariño… «Tan bobito, disfrutas más que todos ellos, retirándola de mi cuerpo». Y antes de marcharte te despedías de mi con un… « ¡Soy solo tuya!», y sí Mariana, como un bobito te creí.

    —Y de tanto pensar recordé una frase de un famoso escritor norteamericano que me impresionó.: «No podrás nadar hacía nuevos horizontes si no tienes el valor de perder de vista la costa.» Y fue entonces que creí comprender que para alcanzar mi tranquilidad y tu confianza, era necesario arriesgar y soltarte completamente, dejándote vivir tu vida, apartando mi intranquilidad, tal cual como mi madre me decía al comienzo de nuestro noviazgo: «No la atosigues tanto, qué sí la yegua es de paso fino, las riendas las tiene de adorno.» Y me cosí la boca, mordí mi lengua y encadené mis celos lo mejor que pude.

    —No te lo agradecí frente a frente con palabras, más erré con tu silencio, creyéndote convencido de mi perpetua fidelidad. Al final puede que al aceptarme con esos cambios, ayudaste a que terminara de perderme, con mayor tranquilidad.

    — ¡Ves como si tuve la culpa! Te dejé elegir y me conformé con la nueva Mariana.

    — ¡Melissa! Fue ella, la vanidosa y orgullosa, quien se apropió de esa mujer que salía de día hasta la noche a la calle. Tu Mariana seguía siempre igual, amándote y compartiendo tus éxitos dentro del calor de nuestro hogar.

    — ¡Si así lo piensas, pues será creerte! Sin embargo yo vivía con una sola mujer. La que ofuscada se fue de nuestra casa esa tarde para encontrarme después en la fiesta con otra muy distinta. Recuerdo llegar a la ubicación que me enviaste al teléfono celular, sin ninguna frase adicional por disculpa al marcharte molesta, vestida únicamente con ese disfraz tan sensual y revelador. Casi no consigo donde aparcar mi camioneta y al otro extremo de esa poca iluminada calle conseguí un lugar disponible y al bajar, revisé con la mirada donde estaba el tuyo, pero no lo vi. Con las dos bolsas de regalos ingresé en aquella casa. La puerta completamente abierta fue la única que me recibió, así que pasé directamente a mi derecha para encontrarme con Eduardo, Fadia, Elizabeth y su amable esposo. Sin poder preguntarle a ninguno de ellos por tu paradero, descargué los paquetes en la esquina opuesta a la entrada, donde se apilaban los demás obsequios y me saludé con tus compañeros y los ingenieros que trabajaban conmigo en el piso once.

    —La botella de Chivas Regal como presente, fui a la cocina para dejarla y justo allí esperando encontrarme con la curvilínea figura de mi esposa embutida en su traje de látex negro, me topé con la visión de un enorme perro esquimal que hurgaba con su hocico en medio de las piernas de una mujer vestida con pantalones holgados de un llamativo amarillo, chaqueta ancha tipo Frac, con un pañuelo sobresaliendo del bolsillo frontal, igualmente toda del mismo vibrante color, contrastando con sus brillantes zapatos negros de charol y su camisa impecablemente blanca. Corbata oscura y amplia con claros arabescos, tirantes negros abotonados a la pretina del pantalón. Ambas manos, su cuello y la cara maquillada igualmente de verde, a excepción de los labios pintados de un rojo tan intenso como mi cajetilla de cigarrillos, y colgando de sus orejas unos inmensos aros dorados que hacían juego con los botones de su camisa. Y para rematar, en su cabeza usaba un sombrero amarillo de fieltro y ala ancha, adornado con una ancha cinta negra y sujeta a ella, una pluma larga y morada.

    —El can dejó de olfatear su entrepierna y mover su cola esponjosa, –como si a pesar del disfraz la reconociera– para reparar en mí presencia y venir muy seguro a mi encuentro. No me gruñó, pero si se sentó interponiéndose cuan ancho y peludo era, entre la femenina versión de Jim Carrey para la película de «La Máscara» y mi enorme panza de Pedro Picapiedra. No te reconocí, hasta que te volteaste y me saludaste con un irónico… « ¡Hasta que por fin apareció el señor!»

    —Es que estaba cansada por las tres horas que pasé metida en el salón de belleza maquillándome, –aclaro mi situación ante sus quejas– y enojada porqué me sentía fea y ridícula con aquel disfraz. Cuando me di cuenta de mi cortante saludo, apareció por detrás de ti José Ignacio, para entregarme las llaves de mi Audi. Apenas se saludaron y en tu rostro vi la cara de conmoción que ello te causó. Nadie aparte de mi había conducido ese automóvil, ni siquiera permitía que tú los domingos, cuando íbamos a hacer las compras en el supermercado para el mes, lo condujeras. ¡Otra más de mis cagadas! Te enfadaste de inmediato y me preocupé. Ese prepotente enemigo ya había conducido el que tú me habías regalado. Saliste de allí con rapidez y te perdí de vista durante más de media hora.

    —Salí de esa casa necesitando aire, espacio y tiempo para digerir lo que acaba de observar. Y claro que a la entrada del garaje tu auto estaba allí estacionado, con el cofre caliente aún y el techo panorámico sin cerrar. Caminé por un rato, hallando un pequeño bar abierto a dos calles de la casa y decidí pagar por una cerveza para acompañar mi segundo cigarrillo. Los allí presentes me miraron raro y hasta algunas sonrisas les provoqué por la túnica de piel de leopardo hasta las rodillas y mi cabello engominado. Pensé en regresar por la camioneta y devolverme para la casa, pues ya no tenía ganas de permanecer allí pero al acercarme a la verja escuche con claridad la algarabía y la voz de la señora Carmenza encargada de entregar los regalos del amigo secreto y al nombrarme tuve que acercarme para recibir de sus manos el mío.

    —Una caja con fichas blancas y transparentes para armar. Sí, recuerdo bien tu carita de satisfacción al recibirla. Fue un excelente obsequio y le estrechaste la mano con fuerza a…

    —Contreras, el ingeniero civil. Sí me sorprendió, aunque no tanto como la cara de felicidad del playboy de playa, al recibir una pesada chaqueta negra de piel envejecida. Con multitud de cremalleras, flecos, taches cromados y estampada en la espalda la cabeza de un águila y alrededor en letras ardientes, tres palabras.: «Born to Ride». Beso en la mejilla, demorado y apretado abrazo para la persona que se la había obsequiado. ¡Mi querida esposa!

    —Eduardo y Fadia reclamaron mi compañía y hablamos de los disfraces, burlándose de mis piernas velludas y yo alabando la elección de un Drácula muy calvo y una Morticia sin tantas curvas. Luego busqué encontrarte a solas pero vi como hablabas emocionada delante de tus compañeros, al lado del tumbalocas ese y en frente de los otros invitados. No sé qué les podías estar narrando, pues estaba acompañado por el esposo de Elizabeth y del novio de tu amiga Carmen Helena, justo en la otra esquina de la sala y al lado de uno de los altoparlantes.

    —Pero te veía desde allí y a todos ellos los mantenías entretenidos cuando afirmabas algo y echando levemente para atrás tu cabeza, levantabas al tiempo los arcos de ambas cejas, siempre negras y con ese disfraz cubiertas de tinte verde. Pero te expresabas por igual con el movimiento de sus manos, llevándolas hasta el centro de su pecho para luego extenderlas y moverlas suavemente, una encima de la otra, haciendo ondas en el aire, alargando el dedo índice de la derecha hacia adelante pero sin señalar a nadie, recalcando quizás alguna frase importante con el ceño sin parecer un gesto autoritario pero siendo tú, mi Mariana, el centro de atracción.

    Anónimos rostros desfilan frente a nosotros, mueven sus labios expresando un cordial saludo con aliento alicorado, que los dos correspondemos. Por el contrario en la otra acera, despistados transeúntes solamente irguen sus cuellos, altaneros elevan sus cabezas y despreocupados pasan en dirección contraria, al tiempo que nos vamos acercando a la cafetería y a pocos minutos después, la comodidad del hotel.

    —Salí de la casa con la cerveza en mi mano hacia la calle para echarle un ojo a mi camioneta y cuando regresé de fumar, te busqué con la mirada, dando un vistazo rápido a las personas que estaban sirviendo tragos en la cocina. Sin hallarte giré 180 grados y me fijé en las parejas que se encontraban en el comedor pero tampoco estabas entre ellos. Fue al voltear mi rostro cuando te alcancé a divisar rodeada en el centro de aquella sala. Bailabas con ese Playboy de playa, demasiado juntos para mi gusto, aunque debo reconocer que era un vallenato. Me fijé en tus ojos excesivamente maquillados, pigmentado el iris de un azul titilante, dilatadas las pupilas tan atentas al más mínimo movimiento de su boca al hablarte, y en tu semblante, sin reparar en nada más, la radiante felicidad se mantenía imperturbable.

    —Hablábamos de lo que sucedió entre los dos el fin de semana en Peñalisa, de sus mensajes a diario rogando mil disculpas y lógicamente le pedí que se alejara de K-Mena y preservara su amistad incondicional con Sergio. Se reía nervioso y me hizo dudar si ya había sucedido algo. Lo confronté y me lo negó. Me lo pidió de nuevo, mientras bailábamos. Pretendía hacerme caer. Culiarme y ya está.

    —No te esfuerces por sacar mi lado oscuro, pues ya estoy anochecida. Ni me pidas más tiempo de las pocas horas que te puedo ofrecer. No quiero que termines enamorándote de mí. No es mi deseo ni mucho menos lo que pretendo al estar contigo. Tengo esposo y un hijo, muy segura de tener mi vida solucionada. De la tuya y de tu Grace, te encargas tú solito de seguir gozándotela o de fastidiarla por completo, pero a mí no me involucres. Lo que si puedes, es seguir pensándome y desear obtener más de mí. Claro… ¡Si te portas bien! —Camilo no parece haber escuchado lo que acabo de contarle, pues no demuestra sorpresa o enfado y por el contrario sigue su mente recordando los momentos de aquella fiesta.

    —Al darse ustedes una vuelta, bastante lenta por cierto, observé en los ojos de ese hombre la intensidad propia que se produce al observar a una persona que te atrae o te inquieta, y ver en los tuyos una respuesta similar, en la caída un poco tímida pero diciente de sus parpados, y en la sonrisa que a las escondidas de miradas indiscretas, intenta disimular el mutuo agrado. ¡Eras tú el punto focal de los suyos! Y en la tuya, a pesar de existir tantas personas en movimiento bailando a tu alrededor, tan solo existía para tus ojos azules, la encuadrada simetría angular de su rostro, y tu mirada convergía exclusivamente en el movimiento de sus labios, tal si quedases hechizada por ellos, y en trance debido a su conquistadora labia.

    —Le expuse mi punto de vista, me ofrecí como carnada al prohibirle acostarse con ninguna otra mujer y eso cielo, incluía a K-Mena.

    — ¡Ajá! Y supongo que lo conseguiste muy fácil. ¿O No?

    —Lo que pueda llegar a suceder entre los dos, –le fui diciendo con determinación– pasará únicamente porque yo así lo quiera y no porque desees despejar tus dudas y las ganas que me tienes. No creas tampoco que me siento atraída en exceso por tu físico y lo bueno que estas. No me derrito al estar a tu lado ni estoy obsesionada deseando que me «piches». Tampoco espero que termines enamorado de mí. Con seguridad no serás el último hombre con el que me voy a acostar, pero si puede que te ganes el premio de ser el primero con el que le pondré los cachos a mi marido. Puedo darte algo adicional como regalo de cumpleaños, para despejar el enigma de saber si en verdad eres tan berraco en la cama como dicen las demás, pero a cambio quiero que dejes de meter ese pipí tuyo en cualquier hueco. Te permito que lo hagas con tu novia, pues yo seguiré acostándome con mi marido, pero no lo haremos con nadie más. Si lo cumples me tendrás en exclusiva como lo deseas. Si me fallas no me obtendrás jamás.

    Arribamos justo a la esquina del Viejo Holandés y Mariana se aleja de mí dejándome con el dolor en el pecho, con la incertidumbre de saber que le respondió. Pero por los hechos que conocí y ahora ella misma lo constata, el Don Juan de vereda aceptó sin rechistar.

    —Aquí tienes el tuyo. —Me dice Mariana, entregándome una taza de humeante café, sacándome de mis pensamientos. ¡Oscuro y con dos de azúcar como te gusta!

    Y enseguida del interior de su bolso extrae la cajetilla blanca y se hace con uno de sus cigarrillos. Yo tomo uno de mis rubios y acerco al suyo la llama de mi encendedor. Antes de prender el mío doy un cauteloso sorbo a mi café, previendo no quemarme la lengua y a continuación decido darle vida al mío.

    —Aceptó tu ofrecimiento. ¡Serle fiel a una mujer infiel! —Con ironía le comento a Mariana.

    —No de inmediato. —Le respondo y avanzo por la calle, en dirección al hotel, pues algunos clientes permanecen sentados en la única mesa para seis y no quiero oídos ajenos que nos escuchen.

    —Guardó silencio y aprovechó que alguien apagó las luces de la sala, para arrimarme su verga tiesa todo lo posible sobre mi vientre, y cuando pensó que estábamos fuera del alcance de la vista de los demás, sus manos ágilmente se depositaron en mis glúteos; fue un acto imprudente y veloz, sin embargo alcanzó a oprimirlas con determinación. Tampoco pudo resistirse a la tentación de jugar con su lengua sobre el lóbulo de mi oreja izquierda, e incluso logró introducirla un poco hasta qué de nuevo estiré mi cuello hacía el otro lado. ¡Sentí escalofrió y no pude evitar soltar un breve gemido! —Miro a Camilo, preocupada por su reacción. Obviamente esta disgustado y confuso. Su pulso acelerado lo traiciona y riega en el suelo un poco de café. Se ha quemado el costado de su mano pero más le arde el pecho, atravesado por la honesta crueldad de mis palabras.

    —A mitad de la canción, sintiéndole la erección presionar contra mis nalgas, me giró y quedamos frente a frente, la suya con rastros de sudor y sus ojos muy redondos y brillantes como un par de faros. Me engatusaron tanto que no me di cuenta el momento en que sus brazos acortaron la distancia entre nuestros cuerpos y sus manos apretaban mi cintura, mis dedos se entrecruzaron sobre su nuca y arriba con nuestras bocas ambos nos sonreíamos. Abajo permitía que su pene friccionara contra mi ingle.

    —Asustada te busqué con la mirada, pero afortunadamente estabas de espaldas bailando con Elizabeth. Al acabar la canción, se pegó tanto a mí, logrando con ello ocultar a todo el mundo, –incluido tú– su atrevido acto de plantar sus manos sobre cada una de mis bubis, oprimiéndolos, tanteando su consistencia, e inclusive alzarlos y dedicarles una leve caricia con sus pulgares a la circular ubicación de mis pezones excitados.

    —Los había visto, tan cercanos dialogando de algo que solo a ustedes dos los hacia tan felices. Yo alejado de la esposa que tanto amaba, porque se suponía que no era de mi incumbencia lo que hacía, pues esa mujer que hablaba con él, no era nada mío. Y recargando mi cuerpo sobre el borde de la pared que daba acceso al comedor, intentaba auto convencerme de que solamente eran ideas mías, y que tan solo actuabas «amistosamente» para no levantar sospechas. Pero pronto me hirvió la sangre al observar como aquel conquistador, inclinaba su cara y acercaba aventureramente su mejilla sobre la tuya, hasta apoyarla sobre tu piel maquillada de verde, y tú… ¡Se lo permitiste!

    —Desde allí me pareció que te sentías extasiada, entre sus brazos encumbrada sobre la cima de una montaña de… ¿Mucho interés? ¡Y me molestó! Pero la angustia de mis celos no se calmaron cuando finalizó la canción, pues tu adorado siete mujeres no despegaba su mano de tu cintura, quedándose los dos en medio de la sala muy cercanos, mientras se miraban al hablar quién sabe de qué cosas, conectando sus miradas con cierta complicidad, para finalizar separándose sin que desapareciera de sus bocas la mutua sonrisa.

    —Mientras que el agitado palpitar de mi corazón provocó que en mi razón surgiera la idea de que existía una conexión más intrínseca entre ustedes dos, y pensara en la posibilidad, altamente probable, que tú nombre y apellido ya estuviera escrito en algún renglón de su inventario de conquistas. Y ya no quise mirarlos más, prometiéndome mantener la calma mientras más tarde en nuestra casa, pudiera sostener una charla sobre eso.

    —Sí, es verdad. Recuerdo bien que acercó sus labios a los míos, en medio de todos los allí presentes y sentí que el tiempo se detenía, pero el volumen de la música cesó y pude apartarme justo a tiempo, para buscarte disimuladamente con la mirada, más tú ya no estabas y solo me encontré con la sonrisa libidinosa de Eduardo y el gesto de complicidad de Fadia, haciéndome la señal con su dedo índice, indicándome que no me preocupara pues ya estabas afuera de la casa. Me retiré al baño auxiliar, cruzándome con K-Mena y de paso dejando en sus manos mi caluroso y estrambótico sombrero. Allí dentro me refresqué el rostro abanicándome con las manos, y me recriminé mentalmente. ¿Por qué lo hice? ¿Por qué le propuse todo eso? Estaba ciertamente molesta conmigo misma pues yo… Corporalmente lo había disfrutado. Salí del baño y al girar hacia la salida te vi buscándome y suspiré aliviada al saber que no te habías dado cuenta de nada.

    —Y cuando todo parecía jugar a mi favor, me alteré al ver como Elizabeth observándome se dirigía hacia ti y entonces si me preocupé. Me crucé por delante y la atajé para llevármela hacia el comedor con el pretexto de servirnos otro coctel. Y me habló por supuesto de lo que había visto. Me advirtió de nuevo que con Nacho podría quemarme. Apacigüe sus profecías al decirle que lo tenía todo controlado y que yo tenía claro cuando y como bajarle la llama antes de arder con él.

    —Junto a Sergio el novio de tu amiga Carmen Helena, acompañamos al ingeniero hasta el fondo de la casa, y allí en el patio mientras él y yo fumábamos, te vi hablar con Elizabeth, quien ya estrenaba la Pashmina de Cachemira que le regalé al ser ella mi amiga secreta. Luego allí fuera casi terminando de fumar, los tres observamos con claridad como la luz de una ventana en el segundo piso se iluminaba y tras los velos dos figuras se vislumbraban. Una más alta que la otra. Pero la más baja utilizaba en su cabeza un sombrero. Se abrazaron, parecían besarse y la sombra con sombrero aparentemente se arrodilló ante la más alta. ¡Ya te habías acostado con él! ¿No es verdad?

    — ¡No! Te he dicho toda la verdad. No era yo, estaba con tu asistente. Cambiamos el tema pues me interesaba saber con quién ella tanto hablaba antes de bailar contigo. Me enteré que era su primo, muy amigo de uno de los hijos del mayor de los accionistas de la constructora, quien manejaba la venta de un edificio inteligente y muy exclusivo en Cartagena de Indias, demasiado preocupado por la escasez de clientes durante el último trimestre para terminar con la venta de un gran local ideal, para una gran cadena de comercio, y del último de los Pent House que costaba un dineral. Y así mi cielo, sin buscar ni esperarlo, por boca de tu misma asistente y de quien sentía tantos celos, me llegó una luz de esperanza, pequeña al inicio como la lumbre que provoca un fosforo encendido en la cueva más oscura, pero suficiente para idear con posterioridad mi escape de las garras de ese hijo de la gran puta.

    —Haría todo lo posible para encumbrarlo hasta el pedestal comercial al cual él quería llegar, a costa de ofrecerme, vender mi cuerpo y entregarme, pero con la plena seguridad de que al lograr conseguir alcanzar esas metas, lo alejaría de mí y de ti por un tiempo largo, mientras planeaba convencerte de nuevo para aventurarnos hacia nuevos rumbos, desaparecer contigo y con nuestro hijo, libre y fiel a ti nuevamente.

    —Lo siento mi vida, lamento hacerte sufrir al revelarte todo esto y al haber hecho lo que terminé haciendo, pero en serio, estaba dispuesta a salirme del juego de él y de Fadia, intentando que no sospecharan nada, sin perjudicarme al revelarte mis andanzas. Pero cielo, para lograrlo tenía que enlodarme aún más de su mierda, emputecerme un poco más, obediente inclinando mi cabeza y ofreciéndole mis tetas nuevas y la redonda firmeza de mi culo, para todo aquel que Eduardo dijera, mientras hallaba la puerta de mi libertad. ¡La llave ya la tenía!

  • Resaca (moral)

    Resaca (moral)

    Por seguridad, los nombres han sido cambiados, pero está basado en la familia de mi amiga y en sus auténticas ganas de disfrutar de su hijo de esta manera. Por favor si te sientes ofendido con estos temas, No lo Leas. Y si por el contrario te gusta o te sientes identificado, espero que puedas disfrutarlo, tanto como ella y yo.

    Gracias.

    Es un domingo por la mañana, uno de esos amaneceres tardíos en casa donde tanto Rafa como tu hija tenían planes y ambos están fuera. David por su parte, volvió de fiesta con sus amigos en la madrugada y apenas se pone en pie sobre las 13:30 con un dolor de cabeza tremendo.

    La noche anterior tú también te tomaste un par de vinos que te mandaron a la cama de inmediato y al despertar las ganas de quedarte en la cama eran mas de lo normal. Esa mañana Rafa se comporta espléndido y les deja desayuno a ambos en la cocina y lleva a tu hija a una actividad que tiene hasta la tarde.

    Decides quedarte en la cama tumbada y ponerte a ver una película, leer relatos en la cama o escribir con alguien sobre tus incontables aventuras. Lo cierto es que por comodidad o por pura pereza, la ropa que llevas es bastante escaza, poco mas que un short corto, muy corto, y una blusa de tirantes sin sujetador que te permite estar exageradamente cómoda.

    Aun así, el hambre y la sed nos ataca a todos por igual y decides salir a tomarte algo refrescante así que un albornoz para ir a la cocina es la mejor opción para ti esa mañana.

    David estuvo toda la noche detrás de una chica paso toda la noche a punto de fallársela, como le gusta esa chica. Pero las circunstancias ese día no permitieron que tu hijo drenara sus ganas con esa linda muchacha. En su lugar se puso a conversar con sus amigos y tomo mas de la cuenta y ahora no puede recordar cuando y cómo llego a casa.

    La verdad es que le envió mensajes a esa chica borracho y se pusieron las cosas muy calientes por el chat, pero solo ve lo que se escribieron sin recordar como sucedió todo aquello así que es como una victoria poco ganada.

    El dolor de cabeza. Eso si es monumental. David apenas lleva un short de dormir y los calcetines aun puestos. Va despeinado y con el cansancio en los hombros y en las piernas de lo que estuvo haciendo anoche. Además se siente un poco caliente por lo que paso con esa chica por el chat y se siente invencible ya que casi, logra su cometido.

    Él se va casi arrastrando los pies hasta la cocina para tomarse algo y recuperarse pronto y se encuentra contigo inclinada en la mesa de la cocina. David al darse cuenta que no te has percatado de su presencia aprovecha para mirar lo que nunca puede ver. Los pensamientos se le cruzan en la cabeza cuando detalla la forma de la silueta de tus nalgas sobre el albornoz que deja ver claramente el límite de cada nalga y de inmediato mapea tu desnudez sin pensarlo demasiado y valora la idea de que tus nalgas se verían muy bien en esa posición.

    Pero la torpeza de su cuerpo lo delata y sin darse cuenta que notas su presencia, es sorprendido por la imagen de tus pechos al voltearse, que solo afianza sus sospechas de las acaloradas vistas que puedes ofrecer a tus amantes.

    Nota como se marca la aureola de tus pechos en la pequeña prenda de tirantes y sin que pueda reaccionar a tiempo, tras estar viéndote las nalgas, queda en evidencia por sus miradas curiosas ante tu saludo de la mañana.

    -hola cielo, como estas? Tienes resaca?

    -hola ma, estoy muriendo ahora mismo, responde tratando de esconder sus miradas de los pechos que lo acurrucaron de pequeño. Esos que alguna vez vio desnudos y que ahora parecen tan lejanos.

    Notas sus miradas y como en otras oportunidades, has disfrutado el sabor de la curiosidad de David por tus partes erógenas. Ha alcanzado a detallar la dirección de sus ojos que no son mas que la punta de tus pezones que flotan libres en esas ropas.

    No lo haces sentir incomodo, por el contrario disimulas como si nada ha pasado, al fin y al cabo, esos pechos fueron de él algún tiempo atrás. Pero tu estas un poco tocada, has estado chateando con un tipo que te pone muy cachonda en internet y el apetito sexual es considerable cuando, además, tu hijo te encuentra deseable y se recrean admirando como se te ven los pechos hoy.

    David casi balbucea para contarte que estuvo muy buena su noche pero que al final la chica se le escapó mientras trata de buscar el zumo de naranja en el refri. Dándote la espalda.

    No puedes creer como esta de grande tu chico, hablándote de esas cosas medio desnudo y tu con esa calentura que traes de charlar con ese tipo de internet.

    Su espalda es la de un hombre ya y sus piernas están muy bien torneadas, además la belleza de la juventud no hace mas que mostrarte la perfección de hombre que ha salido de ti. Uno que esa chica debería haber aprovechado y que ahora sospechas que esta cachondo como alguna vez estuviste tu a su edad.

    Es un día caluroso de verano y le contestas a David como buena madre sobre como sentirse mejor de la resaca y que en el fondo deseas en lo mas profundo que el este bien y se sienta estupendamente.

    Que subidón del ego sentir que David te descubriera de nuevo atractiva o deseable y con las cosas que has estado escribiendo, se forman nudos de ganas entre tus piernas, pero después de una breve charla con tu hijo, vuelves domesticada a tu cama para poder seguir charlando con este hombre que te pone a mil.

    Una vez ahí en tu cama, con el móvil en la mano y metida de cabeza en las cosas que te dice el charlatán, con las piernas entreabiertas para dejar colar la mano cuando escribe cosas soeces

    Cubriéndote con una manta del frio del aire acondicionado y con las gafas a media nariz tu expresión de goce es espectacular a puerta cerrada.

    Sin aviso alguno David irrumpe en tu habitación sin ser invitado, cosa que no te molesta pero te altera por la interrupción inoportuna de algo que no debería estar pasando. Excitarte como solo deberías de hacer scon su padre.

    Las dudas corren sobre tu vientre y las piernas se cierran de inmediato, pero con soltura y naturalidad transformas tu torso en una expresión de sorpresa feliz de ver a David ahí entrando en la habitación, digna de una mentirosa consagrada.

    El chico se tumba dejándose caer en la cama a un lado de ti como desplomándose rendido por el cansancio

    Su cara totalmente aplastada sobre la colcha de plumas en terrenos de su padre en esa cama mientras tú tomas aliento por el susto sin que pueda verte y también para admirar la forma en que se ve su espalda desnuda y la forma como se marcan las nalgas de hombre bien formadas justo delante de ti que te hacen recordar los comentarios del hombre que hasta hace unos segundos estaba logrando que se humedeciera tu intimidad.

    -que haces? Repone David y se empieza a acomodar a tu lado buscando meterse debajo de la sabana para intentar alcanzar la comodidad plena en tu cama.

    -quería ver una película, mientes pero usas como recurso al haber sido tu primer plan. -pero no sé que podemos ver.

    El chico logra meter debajo de la colcha y siendo un hombre que está descubriendo los terrenos nuevos en el sexo, sin duda reconoce el olor de una mujer excitada debajo de la colcha.

    No está seguro, pero le parece que si es eso. Pero como puede ser, es el olor a sexo de su madre el que está entrando por cerebro? Y lejos de incomodarse lo encuentra suave y apetitoso por lo que se mantiene debajo de la colcha hasta la cabeza.

    Por tu parte, hueles que esto pueda estar pasando y entre la vergüenza y las ganas de que no te descubra le animas a que se acueste a tu lado para que te ayude a escoger una peli entre los dos con el mando en la mano.

    El chico, astuto y vividor, olfatea sin hacer ruido una última vez debajo de la colcha para prepararse a salir y enfrentar tu cara, pero para su sorpresa, tus piernas blancas están con el short muy subido y tiene completa vista de tu muslo casi hasta llegar a la cadera, cosa que a cualquier hombre le parece un manjar delicioso mas si está bien proporcionado como los tuyos.

    David no esperaba ver tus piernas así y cuando sale su expresión es mas de asombro que de malestar por la resaca, aun así, se choca con tu mirada que busca en el algún indicio revelador sobre lo que pudo haber encontrado debajo de la colcha.

    Ambos se miran a los ojos por in instante justo cuando tu aroma de muer sale de la colcha y te pone en evidencia delante de él pero ninguno se atreve a decir nada y todo queda en que David se acomoda a tu lado.

    Sin saber porque, sientes el corazón latir en tu pecho y como los pechos se te ponen duros como preparada para recibir placer, pero es solo David que se acurruca a tu lado pasando una mano por tu vientre mientras intenta mirar la pantalla de la habitación.

    Tartas de cubrir el olor cerrando el escape de aire a la vez que recibes a tu hijo en la cama con una resaca del domingo

    Él está ahí, en el lugar que suele ocupar tu esposo, solo que mucho mas joven y te apetece ahora mismo mucho mas. Con las frases del otro en la cabeza y los conflictos de placer entre tus piernas que hacen que la humedad de tu vagina no desaparezca, por el contrario, ese juego de los cuerpos entre David y tu para encontrar la comodidad mutua te hace parecer una danza erótica de coqueteo entre hombre y mujer.

    Pero si es un hombre, se ve y se siente como cualquiera que llevaras hasta tu cama en el pasado.

    Con la edad que tiene y se acurruca a tu lado como un crio pequeño, poniendo su brazo sobre tu vientre como amague de abrazo mientras sostienen una tertulia típica de escoger una buena película tonteando y complaciéndose mutuamente.

    Lo que sorprende a David no es que no reacciones ante su intromisión así en tu cama y tomarte entre sus brazos sin razón aparente. Claro está que se aman mutuamente, pero un tipo de amor que no da lugar para el contacto tan intimo como el de esa cama. Lo que llama su atención pero que mantiene en silencio mientras responde a tus preguntas para seleccionar la película es el calor al tacto de tu vientre. Tanto el antebrazo como su bíceps se sienten aturdidos por la calentura que les das poco mas arriba de tu ombligo. Lo que le hace prestar atención al resto de tu cuerpo debajo de la colcha y con el pecho descubierto cercano a las costillas, se da cuenta del tremendo calor que expides por toda la piel.

    Quiere asegurarse y rodea una de tus piernas con la de él y atornilla a tu costado como solía hacer de niño. Pero ahora es mas grande y fuerte que tu, y sus brazos los sientes poderosos rodeándote como un protector, como si le perteneces.

    Esta bastante claro para el, estas totalmente excitada y no quieres que él lo sepa y te des cuenta de ello. Pero es demasiado tarde. Ahora puede notar como expides hormonas para seducir a los machos.

    Está seguro de eso y solo puede seguir tu juego de mentiras para escoger una película.

    Aun si, el también esta atraído por tener a una mujer caliente entre sus brazos, no solo por las ganas frustradas de aquella noche, sino por el infinito placer que le da sentirse dueño de tu cuerpo. Él te nota pequeña, indefensa y frágil pero a la vez erótica, caliente y poderosa, despertando un nuevo placer dentro de él.

    Ya no son las simples miradas a tu cuerpo de mujer ni la imaginación fugaz de su madre teniendo sexo alguna vez que les escuchara hacerlo, ahora estas ahí entre sus fauces y su pierna te retiene debajo de él y a corta distancia.

    Sin poder evitarlo la espalda de David se caliente intensamente y su pene se engorda por como te siente a ti, pero lo que le hace perder el control de sus ganas es tu actitud.

    No pones límites con él, no le reprochas nada de lo que hace o como se mueve en esos minutos de conversación hipócrita cuando su mano entra y sale de la colcha, te toma y te suelta sin importar el trayecto y te trata como a una chica de su edad cuando ven una película.

    La resaca está presente, pero la olvida al notar tus muslos que le queman entre las piernas y disimuladamente deja rozar su pene intrépido en tu muslo alto.

    -apagamos la luz? Repone cuando deciden por una te tipo comedia romántica.

    -yo la apago. Responde y se levanta para abrir el interruptor de la corriente y cerrar un poco mas las cortinas.

    A este punto tu solo lo puedes ver como el semental que deseas entre las piernas, sin perder detalle de sus muslos cuando se tensan al caminar y la forma de su torso joven y familiar, agradable y sexy que tiene tu chico.

    Él sabe que lo miras y con toda intención no se oculta para ti, está convencido de que disfrutas la vista tanto como él te ha disfrutado en casa algunas veces y que de igual manera le has dejado verte.

    El bulto de su pene no escapa a la vista, te das cuenta sin dudarlo que no está en su estado natural. Vamos a ver es tu hijo y miles de veces viste su pene en todas sus formas, pero esa mañana te das cuenta que no tienes idea de cómo es la corpulencia de su miembro, porque ahora si está listo para poder ofrecer placer a una mujer.

    Esta vez cuando vuelve la comodidad es aún mejor. Te has quedado semi sentada sobre el respaldar de la cama mientras él te abraza por la cintura y pone la cabeza en tu pecho y te rodea con una pierna. Como si lo hubieran planeado, ambos se acomodaron así sin necesidad de palabras o gestos de algún tipo. Solo se compenetraron en esa cama los dos para ver una película de a quién le importa.

    Las escenas son borrosas para ambos como si no pasara nada pero ninguno quita la mirada de la pantalla. Ambos embelesados con lo caliente que se les ponen los cuerpos y los puntos que se estrujan el uno al otro. Lo suave de tus pechos en su cara y lo fuerte de sus brazos en tu vientre, el peso de su cuerpo que te hace sentir a su merced.

    Ambos se mueven milimétricamente para acariciar al otro pero sin que quede en evidencia porque ninguno quiere dar el primer paso. Ninguno quiere cargar con la culpa de haber intentado seducir al otro.

    Pero llevas las de perder por tu posición, tu pecho está expuesto a él y nota tus latidos en su cara. Es tan detallista que alcanza a notar como tus pechos se te esponjaron cunado sentiste su rostro en ti. Nota tus pezones y las alzas cuando respiras así. Además, tienes un brazo libre y el no así que en todo caso, la primera caricia debería salir de tu propia iniciativa.

    Pero no, es él quien toma la decisión de consentir tu costado poniendo su mano cálida en las costillas debajo de la ropa y acariciarte suave bajo la colcha. Es un poco atrevida su jugada, pero se inmuta gallardamente al abrir su mano en tu costado, a pocos dedos de la base de tus senos. David no quita la mirada de la mejor película de la historia mientras tu finges cosquillas en vez de aceptar el subidón que te dio su mano tomándote como suya. Pero al igual que el no pierdes detalle en la pantalla.

    El sentimiento de culpa te invade por no responder a sus caricias y lo que alcanzas a responder es acariciar su cabello entre tus dedos. Para tu sorpresa, el tacto de sus pelos en la mano te resulta placentero. Todo tu cuerpo está en super alerta de cualquier contacto con David y no distingue si tú lo tocas o él te toca a ti.

    Por varios minutos están así jugando a quererse mucho como madre e hijo, pero ambos desean saber hasta donde se puede llegar con esas intensiones insanas.

    Nuevamente las pautas las dicta David que con sutileza magistral pode debajo de tus piernas una de las suya dejándote casi sentada sobre el solo que permaneciendo acostados. Hábilmente aprieta tu muslo con sus dos piernas del lado en que esta y sin remedio confirma lo que lo atormentaba y que no sabía como revelar.

    Tu respiración se profundiza como un suspiro ahogado entre poses no tan populares como placenteras. Estira las piernas aun apretando la tuya como si se estirara y alcanza a acariciarte con sus pies, pero lo que verdaderamente planea es estimularse con tu muslo.

    No tiene idea de lo alerta que esta tu piel a cualquier caricia y su pene apastado al costado hace que levante la cadera involuntariamente. Como si fuera una reacción de tus instintos de reproductivos.

    Tus caricias no se detienen pero cambian, tu mano le acaricia el rostro amorosamente notando cada rasgo memorizado en tu cabeza. Cada pliegue de su rostro lo conoces a la perfección pero ahora no estas comprobándolo, solo estas devolviéndole el amor que el manifiesta.

    Esta oscuro y la realidad se ve menos, aun debajo de la colcha que parece un sauna por los cuerpos de ambos. Y algo pasa.

    Las caricias de David no son solo ir y venir en tu piel, ahora el ejecuta tactos profundos en tu costado, marcando sus dedos en tu piel de menos a mas. La posición de sus manos también varia y se acerca mas a tu vientre justo debajo de los senos, donde es mas cómodo para el acariciar.

    Pero esa mano inapropiada va cargada de ganas que cualquier mujer detectaría aunque fuera en el abdomen de una madre. David se luce con esas caricias, hacen que en realidad la humedad que le había provocado el otro hombre parezca una sequía absoluta. Puedes notar como lubricas a caudales como si esperaras una follada de bestia. Hace mucho que no te sentías así de húmeda y estas convencida que no solo es por el hombre que te hace sentir eso sino por lo prohibido que resulta que ese chico te tome a su gusto y placer.

    Tu pierna libre se abre descaradamente bajo la colcha sin pronunciar ni una palabra. Ello sabe y tú también. Pero ninguno deja la pantalla como si eso escondiera lo que pasa bajo la colcha.

    Tus caricias se centran en masajearle la cabeza como si fuera un niño pequeño en tu regazo y los de él como si tu fueras más pequeña y no fueras su madre.

    La resaca se ha olvidado y la sangre fluye por todo el con energía y emoción, represada de sopetón en su miembro al sentir que abres la pierna descaradamente pero como si alguien los estuviera observando y ambos disimularan para que nadie se entere de que esas caricias incestuosas los tiene cachondo a los dos.

    Poco pasa para que notes como su mano baja despacio y temeroso por tu vientre como si pidiera permiso o esperara una reprimenda, pero en su lugar tu pecho sube tomando aire muy profundamente dejándole en claro que lo estas esperando.

    Aun así, no puede sacar de su cabeza quién eres y lucha entre la razón y el deseo distraído por el tacto que se encuentra.

    Sus dedos siguen en dirección para arriba con la intención de poner la excusa de que se cae con el peso y no es hasta que siente la pretina del short en su muñeca y aparca en tu vientre y te aplasta suavemente con la mano.

    Ahora su pene está bastante más duro que entonces y sabes perfectamente que te desea y quiere tocarte, pero no termina de dar el salto. También estas aterrada por lo que está a punto de pasar, como sería posible que permitieras eso, pero a la vez, como es que ningún hombre te puso así jamás y precisamente tu hijo sea quien te enloquezca de esa forma.

    Por unos segundos permanecieron así ante la duda, hasta que una leve mueca de tu cadera, aparentemente para acomodarte, le obligue al joven sentir el short en la palma de su mano y sin querer el pubis de su madre oficialmente está a su alcance.

    Quiero que te toques constantemente sobre la ropa y te corras tan rápido como puedas en la tanga que lleves puesta y sin acariciarte directamente, una vez hecho, sigue leyendo mi historia con David mientras aún te recuperas.

    Enmudecida por la película, y de fondo los diálogos en inglés y la música, ambos escondes el pecado bajo una colcha mientras sus mentes proyectan infinidad de placeres y sus cuerpos apenas retienen los actos lujuriosos.

    David esta asustado, y su corazón palpita con fuerza, como si se le fuera a salir por la boca. Tú puedes sentirlo en tu costado y en el muslo cuando le late el pene constantemente, en su cara que te calienta los pechos sin remedio y es la respiración que apenas oyes de su miedo.

    Deja de ser tu niño en el mismo momento que empieza a girar su mano para poner los dedos para abajo y lo hace de una forma lenta y disimulada que no hace más que derretirte las entrañas al sentirle cuidadoso con tu sexo. Ahí está David, palpando apenas el sexo que le dio la vida, el origen de su ser, con intenciones de volver parcialmente a él.

    Sientes su enorme mano abarcar todo tu sexo aun con una pierna abierta y deseando que sus dedos se cierren y que te apriete el coño de una vez por todas y te haga su mujer.

    Pero no, el insensato de tu hijo no hace mas que acariciarte sobre la ropa que nota arder entre humedades mientras escucha tus gemidos ahogados en disimulo. Para tu suerte, el chico descubre tu monte de venus palpitarle en la mano y no olvida presionar progresivamente en las telas que esconde el punto preciso.

    Como si recordara donde encontrar el clítoris y poder estimularlo sin problema, siendo que alguna vez estuvo detrás.

    La valentía queda debajo de la colcha porque ninguno se atreve a aceptar lo que pasa bajo la luz de la pantalla. Así que ambos disimulan la excitación con el otro como si fuera algo que no estuviera pasando, entumecidos para guardar la incómoda posición pero que ninguno quiere perder.

    Finalmente David cierra la mano y los dedos alcanzan la entrada al cielo y mientras empuña a su madre por el coño. Pero no para ahí.

    Aprieta tanto que las pieles de tu sexo se escurren entre sus dedos a pesar de cubrirte la ropa. Estas tan excitada que nada puede lastimarte ahora mismo y David se compra el primer gemido que su madre emite por el de puro placer.

    Tomas conciencia de lo generoso que ha sido yendo un paso al frente por los dos y consideras que es tiempo de tomar parte. Lo que consagras como un acto de guerra para lo que pasara después al tomar el mando del TV y pulsando el diferente botón rojo deshaces los miedos de sus pechos y liberas la oscuridad que permite salir a tus demonios para invitar a los de él.

    No hay palabras, no hay excusas ni señales, solo tu mano sobre la de él justo después de soltar el mando con desespero para guiar sus dedos a meterse donde debe.

    Simplemente gira el rostro para encontrarse entre tus senos y respira ese olor tan familiar y con sabor a seguridad que tuvo en sus primeros años y que ahora percibe con matices de pasión.

    Tu mano lo guía con pasión agarrándolo con firmeza y llevándolo debajo de la ropa como un segundo bautismo que propinas en sus dedos, que te encuentran dispuesta a continuar el duelo.

    El hombre que te huele el pecho y respira tu hedor a hembra que lo excita, pone dos de sus dedos dentro de ti con una facilidad tremenda y cierra tu mano palpando lo rugoso dentro de ti como si fuera un experto de tu sexo. Que de hecho es el único hombre que ha salido de ahí por lo que realmente es el verdadero regente de tu vagina.

    Sueltas su mano y apartas la colcha de a poco solo para gestionar que se baje la ropa de tu vientre y se quede en tus tobillos con la ayuda de tus pies

    Mientras David te toca con poderío y destreza que no esperabas de tu propio hijo pero que te está robando de a poco el placer que te queda antes de explotar

    Él se limita a jadear en tus pechos sin atreverse a besarte, es como una línea que le da miedo cruzar pero que solo la tiene controlada mojándote cada vez mas

    Tus manos buscan su cadera con desespero aprovechando la poca luz que hay y sin problemas encuentras bajar lo suficiente para que su miembro se encuentre libre.

    Como dos animales en celo se acomodan y descaradamente para copular como amantes en cubierto, como si la calma de la mañana no significara nada y se cambiara por el apuro de sentirte follada por David.

    Jadean mutuamente, pero no hablan, solo sonidos de esfuerzos aunque ambos no tardan en sincronizar sus carencias cuando el chico, que ahora es tu hombre, atina a poner el glande de su pene en la entrada chorreante de tu sexo que junto a sus fluidos preseminales que se ocupa de frotar como si se tratara de una brocha para encajar sin miedo el glande adentro de ti, que no hace mas que un estruendoso sonido por la fuerza de tu coño succionando la polla de tu hijo.

    No hay vergüenza ni mentiras, ambos coinciden en gemidos de alivio al alcanzar la pelvis de ambos. Pero cuando David descubre su primer resintió con la punta de su pene que te hace suspirar por el derroche del acto mismo y entre quejidos y manos, lo empotras contra ti.

    **********************

    Paréntesis de descarga:

    si pudiera, te haría follar

    con tantos hombres como acepte tu moral,

    solo para disfrutar,

    el salpicar de tus complejos

    mezclado con el semen viejo

    que otros te hagan supurar

    ********************

    David abrumado por el goce, no puede más que retrasar la inevitable eyaculación que le sobrelleva mientras tú lo acomodas con derecho entre tus piernas abiertas, para que ese hombre te folle como diosa de pasión sin permitirle abandonar el panteón de tu cuerpo donde David entierra su pene llegando a tu útero hambriento que fue donde creaste a semejante semental que te supo calentar solo con sus manos y ahora no es capaz de negar que desea hacértelo duro como imagino alguna vez en su cuarto.

    Sin sacar el pene, Davis se apoya de tu vagina y te aplasta el clítoris con todo su peso cuerpo y te folla conteniendo su placer.

    Podre David, no pudo contener mas cuando escucho de la voz de su madre susurrarle al oído muy suave.

    -me estoy corriendo David

    Y el chico perdió la razón por sentir complacida a la única mujer que sería capaz de amarlo igual que él. Y sus estruendosos gemidos dan paso a la brutal eyaculada que propina a su madre justo donde el mismo cobro vida y ahora es el quien deposita de nuevo en ti.

    La genial y macabra escena no se registró en la vista de ninguno pero no hizo falta porque la atracción de ambos, logros que compartieran el placer en igual medida cada uno con sus demonios, pero a la vez demostrando que carnalmente es como se alimentan y se vuelven más fuertes.

  • Un nuevo encuentro

    Un nuevo encuentro

    Estoy en mi cama adormilada y muy cansada después de un día de trabajo muy agobiante «ya tuve suficiente por hoy tuve clase a la mañana y trabajé toda la tarde y ahora Adriana quiere salir ni loca» aun así mi teléfono no deja de sonar y sonar «ya déjame en paz maldita niña no pienso salir está noche mañana es domingo y pienso estar todo el día en mi cama» sabiendo bien que Adriana no me dejara en paz tomo el teléfono y contesto su llamada.

    – Que quieres ya te dije que no quiero salir

    – Ven será divertido mi amigo tiene un conocido que es muy lindo sé que te gustara estar con el

    – Ve y cógete a tu amiguito yo no pienso salir y al otro que se vaya al carajo no tengo ganas de que un extraño meta su pito dentro de mi

    – Esto haremos te enviaré una foto de su amigo y tú decide

    – Bien igual no me dejaras de molestar hasta que diga que si envíame la foto y entonces decido

    Cuelgo la llamada y no pasan dos minutos y me quedo dormida con mi uniforme del trabajo, a los segundos de quedarme dormida siento como mi teléfono vibra bajo mi mano y me despierta «carajo ahora que» miro mi teléfono y es una imagen que me envió Adriana «eso fue rápido ok veamos de quién se trata» miro la foto y me sorprende un poco «Debo admitir que es lindo pero aun así no estoy interesada» veo que Adriana me envió un mensaje.

    – Te dije que era lindo.

    Le contesto adormilada y un poco nerviosa.

    – Está bien si es muy lindo pero aun así no gracias.

    – Al menos no quieres saber su nombre antes de negarte.

    – Bien cómo se llama.

    – Se llama Fernando tiene veinte y es muy parecido a ti el también es acuario como tú le encanta ser independiente hasta tiene su propio negocio y además vive solo.

    – Que quieres que diga bien por él es joven y es independiente que más quieres que diga aun así no pienso ir.

    – No quería usar esta carta pero yo te salve el culo el mes pasado que perdiste esos mil dólares que eran de tu papá y bueno ahora necesito que vengas conmigo.

    – Te odio tanto ahora mismo bien iré contigo pero estamos a mano.

    – Perfecto iré por ti a las doce ahora descansa amiga.

    – Si, cómo digas te veré más tarde.

    Enojada dejo mi teléfono en mi cama mientras voy a mi armario para ver qué me puedo poner mientras busco mi ropa pienso en la foto que Adriana me envió «Ok debo admitir que es lindo pero un poco presuntuoso con ese peinado largo hacia un lado espero que no sea un tarado como varios que ya me presento Adriana si es un caballero quizás pero quizás lo deje besarme después de eso no tengo idea pero primero debo conocerlo» busco entre mi ropa algún vestido para la noche pero solo encuentro unos jeans y una blusa blanca con encajes en las mangas «creo que tendré que preguntarle a mi mamá en dónde puso mis vestidos» dejo los jeans y la blusa en la cama mientras salgo de mi cuarto, bajo por las escaleras hacia la cocina buscando a mi madre que como siempre estará en algún lado haciendo algo aburrido, sin ganas de buscarla grito fuerte para que me escuche.

    – Mamá donde estás!

    Escucho que ella también grita.

    – Estoy en la sala!

    Sabiendo que está en la sala me dirijo hacia allá, encuentro a mi mamá en el sofá viendo la tele «como siempre está viendo sus novelas en serio no conoce lo que es YouTube o Netflix» y comienzo a hablar con ella.

    – Mamá

    – Qué pasa hija que necesitas

    – No viste mis vestidos hoy voy a salir y los necesito

    – No recuerdas que se los prestaste a tu prima para su graduación tu tía me dijo que debías ir a buscarlos

    – Carajo lo olvide bueno creo que los buscaré mañana ya van a ser las nueve ya es tarde para ir hasta allá gracias mamá

    – De nada hija la cena está en el horno sírvete lo que quieras tu papá y yo ya cenamos

    – Ok buenas noches mamá

    – Descansa cielo no vengas muy tarde

    – Está bien

    «Si tan solo supiera que saldré recién a las doce si se lo digo en ese instante le daría un infarto» vuelvo a mi cuarto y un poco molesta me resignó y decido que usaré los jeans y la blusa para salir «parece que no tengo opción es esto o ir en tanga bueno parece que iré vestida así no está mal pero esto es más para el día que para ir de fiesta al antro un sábado por la noche» sabiendo lo que me voy a poner decido dormir un rato mientras tanto «bueno la señora me dijo que a las doce y ahora son las» miro mi teléfono y veo la hora «Ocho y cincuenta y dos o sea que tengo tiempo para una siesta y para bañarme tranquila y hasta para un momento de relajación con mi vibrador quien sabe ahora me acostaré un rato y luego veré».

    Sin pensarlo mucho me meto en la cama desnuda y me meto entre mis frazadas para luego apagar la luz y poner mi alarma «Bueno pondré la alarma para dentro de una hora con eso será suficiente» pongo la alarma en mi teléfono y lo dejo al lado mío mientras yo me acuesto dé lado mientras intento dormir, pasan cinco minutos y aún no puedo dormir «es enserio estaba muerta de sueño y ahora no puedo dormir esto es increíble sabes que al carajo si no puedo dormir me voy a masturbar eso siempre me relaja» decido dejar de intentar dormir y salgo de la cama hacía una gaveta que está enfrente a la cama «bien en que cajón estaba» busco mi vibrador entre mis cajones y lo encuentro junto con algunos amigos del pasado «dios enserio aún tengo esto aún sigo sin saber en qué carajo pensaba pero debo admitir que ese tiempo con Adriana fue divertido y también un poco doloroso y más cuando me ataba y me estiraba mi vagina y mi cola con este especuló» suelto el especuló y lo dejo de nuevo en el cajón y decido volver a mi cama antes de que tenga una idea muy estúpida «sería bueno después de tanto ahí demonios ya estoy pensando en cosas masoquistas al diablo es mi vagina y yo decidiré que hacer con ella» vuelvo a abrir el cajón y tomo el especuló y vuelvo a la cama.

    Me vuelvo a meter completa entre mis frazadas y decido usar el especuló «bien creo que te usaré un rato espero que no duela siempre dolía un poco cuando comenzaba a estirar, bueno en esos momentos era Adriana la que me estiraba mi vagina no yo y esa mujer era una bruja cuando de sexo se trataba» abro mis piernas y tomo el especuló con mi mano derecha y con mí mano izquierda me escupo la mano con mi saliva para lubricar el especuló antes de meterlo dentro de mi vagina «bueno ahora toca meterlo no sé cómo me dejaba cuando Adriana me lo metía, en ese tiempo tenía dieciséis y era una cachonda todo el día quería masturbarme hasta lo hacía en el baño de la escuela ahora que lo pienso tuve mucha suerte de que jamás me pillaran o ahí se iba a armar el verdadero quilombo» tomo el especuló y con mí mano llena de saliva se la embarró al especuló para lubricarlo antes de metérmelo dentro de mi.

    «Bueno pequeño tú vas aquí dentro» me vuelvo a escupir en la mano y me embarró la mano con mi saliva en mi dedo índice y medio para luego meterlos dentro de mi vagina y lubricar la zona para no lastimarme, tomo el especuló lubricado y me lo coloco enfrente de mi vagina para poder meterlo dentro «bueno ahora toca meterlo es fácil es como un dildo solo debo tener cuidado para no lastimarme» caliente y lista con mi mano derecha que está libre separó un poco los labios para luego comenzar a introducir el especuló «bueno estoy lista comencemos».

    Comienzo a meterme el especuló y siento como el metal está un poco frío «ahí está un poco frío bueno no importa solo quiero disfrutar del momento» mientras me meto el especuló tomo mi vibrador y me lo pongo sobre mi clítoris que hace que gima «ahhh ahhh» al darme cuenta me tapó la boca sabiendo que la habitación de mis padres está solo a unos metros y que no quiero una charla de sexo con ellos y menos que sepan lo que me estoy haciendo ahora «si mi papá supiera se muere y mi madre sin problema me pondría en su regazo para darme unas nalgadas aunque sea una mujer adulta» mientras esos pensamientos desaparecen terminó de meterme el especuló para comenzar la parte dolorosa que es abrirlo y estirarme la vagina.

    Con mi mano pegajosa agarro el tornillo del especuló y comienzo a girarlo haciendo que de a poco se vaya abriendo «carajo soy una mujer normal o soy una masoquista solo sé que me está gustando y que si lo combinó con el vibrador pasará algo muy divertido» mientras sigo girando el tornillo del especuló siento como el interior de mi vagina se va estirando y haciendo que sienta una especie de cosquilleo que hace que cierre los ojos por un momento, vuelvo a abrir los ojos cuando escucho un sonido de mi teléfono «quién es ahora son apenas las nueve» enciendo mi teléfono y veo la hora y me sorprendo al ver que son las once y cuarto «carajo me quedé dormida debo bañarme».

    Dejo mi teléfono y rápidamente pero con cuidado desatornillo el especuló para que mi pobre vagina pueda volver a su sitio y forma mientras yo debo bañarme como el rayo para luego vestirme «carajo me tengo que bañar» saco el especuló y lo dejo sobre mi cama mientras rápidamente voy al baño para bañarme, entro al baño ya desnuda y como el rayo entro a la ducha sin darme cuenta que el agua aún estaba fría «mierda está congelada» vuelvo a salir de la ducha por unos segundos mientras el agua se calienta, antes de volver a entrar en la ducha meto mi mano derecha bajo el agua para ver si está caliente «ya está caliente ahora debo bañarme rápido» al saber que el agua está caliente entro en la ducha y comienzo a bañarme.

    Agarrando el jabón comienzo a pasármelo varias veces por mis largos y finos brazos hasta que de tantas veces que me pasó el jabón se forma una espuma blanca, dejo el jabón en su lugar y comienzo a frotarme los brazos con mis manos para quitarme la espuma del jabón, «bueno ya terminé con mis brazos ahora toca mi pecho» tomo de nuevo el jabón y comienzo a hacer espuma para luego ponerla por mi pecho «mmm me encanta esta parte» me pongo ambas manos sobre mi pecho y comienzo a moverlas en círculos sobre mis senos haciendo que me excité aún más «si no estuviera apurada me masturbaría ahora mismo pero bueno será después».

    Termino de lavarme el pecho lo antes posible antes de que aparezca mi versión sexópata, sabiendo bien que me puse así cuando me lavé el pecho decido dejar mi vagina así como está y paso rápidamente hacia mi cola y volviendo a repetir el proceso tomo el jabón y hago la espuma con el para luego comenzar a limpiar mi colita «ok por dónde empiezo siempre comienzo por el ano y luego las nalgas, ya Miranda estás divagando y sabes que no tienes tiempo para eso limpiaste como siempre otro día veremos cómo lavarnos de forma más rara el culo ahora límpiatelo quizás a él le guste el sexo anal».

    Mientras me limpio mi culo pienso en eso «y si le gusta el sexo rudo no quiero más bien odio que me sujeten primero muerta a qué me den una bofetada o que me agarren del cuello yo no soy esa clase de mujer me gusta el sexo tranquilo que el me toque y acaricié que luego me complazca con su lengua para que yo también pueda complacerlo con la mía no tengo problema en que me dé una o dos nalgadas a mí me gusta mucho y debo admitir que me pone de más humor pero que tampoco duelan el sexo debe ser apasionado mojado y por supuesto lleno de gemidos de ambas partes primero quiero conocerlo y si es como yo espero que sea dejaré que me haga suya pero hasta entonces no quiero saber del tema lo único bueno es que me rasure las piernas hoy así que no tengo que hacerlo ahora».

    Terminó de limpiarme la cola y decido que ya es suficiente «Bueno con esto bastará ahora debo vestirme» salgo de la ducha y tomo mi toalla blanca con rosa del gancho al lado de la puerta para luego envolverme la cintura con ella «jamás me voy a entender se supone que debo ponerla sobre mi pecho no sobre la cintura como los hombres bueno que puedo decir me gusta tener las tetas al aire claro cuando estoy sola cuando estoy con otras personas me la pongo como siempre pero cuando estoy sola tengo mis gustos»

    Salgo del baño y voy hacia mi cama donde está mi ropa, me siento en la cama y sin notarlo tengo mis dedos sobre mi clítoris y sabiendo que van a llegar enseguida me reprendo «dios ya para si no te hubieras quedado dormida no estarías con las ganas ahora vístete» miro el teléfono dándome cuenta que solo tengo quince minutos «carajo me tengo que apurar» me levanto de la cama y rápidamente con la toalla me seco el pelo mojado para después peinarlo, tomo el peine del cajón y comienzo a peinarme lo mejor posible «auh auh esto me pasa por dormir si lo hubiera hecho con tiempo no estaría con este problema».

    Después de un doloroso paso por el peine busco mi ropa interior del penúltimo cajón «bueno ahora que uso si uso azul y blanco estaría bueno complementar con otro color ok solo tengo tres opciones rojo amarillo y negro mis otros conjuntos los puse a lavar así que es esto o ir con la concha al aire» miro la ropa y pienso en que color le gustará a ese tal Fer «usaba una remera roja tal vez le guste el rojo espera por qué pienso en eso ni siquiera sé cómo es y ya pienso en si le gustará el color de mis calzones dios estoy demasiado caliente solo quiero coger o meterme algo para venirme» sabiendo que mi cabeza no me dejará tomo la ropa interior roja «bien cabeza esto quieres esto me pondré».

    Me quedo parada para ponerme la ropa interior «bueno espero que le guste el rojo» levanto una de mis piernas para de forma delicada ponerme la tanga de color rojo hasta llegar a mi entrepierna «bueno ahora toca el sujetador» rápidamente agarro el sujetador y me lo pongo por la cintura para ponérmelo más rápido y engancharlo «listo ahora solo debo girarlo y ponérmelo», después de ponerme el sujetador sobre mis senos de forma rápida tomo el pantalón y me lo pongo y así también repito la tarea con la blusa blanca «bueno ya estoy casi lista solo me faltan los zapatos» veo mis botas altas marrones y sin pensarlo las tomo y me las pongo para dejarme totalmente lista.

    A los segundos de terminar de vestirme mi acosadora amiga me llama y sin opción atiendo.

    – Ya estás lista

    – Si sólo me falta el perfume y ya estaré lista

    – Está bien tu hombre está muy nervioso por conocerte

    – Ahora que dijiste no le habrás dicho algo sobre sexo eres muy capaz de eso

    – No, no le dije nada Marcelo me dijo que él siempre es así le gusta ser callado y un poco misterioso ahora termina de vestirte llegamos en unos siete minutos bye

    «A veces no la comprendo al carajo dónde deje el perfume así ya puedo terminar de vestirme», busco entre mis cajones y encuentro mi perfume y como una loca me lo tiró encima «bien ya estoy lista ahora debo esperarlos afuera», salgo de mi cuarto y bajo por las escaleras haciendo el menor ruido posible para no despertar a mis padres «en serio tengo veintidós años y estoy escapando de mi casa parezco una niña», salgo afuera de la casa y abro el portón que da a la calle».

    – Bien ya estoy afuera ahora debo esperar a que lleguen

    Fin del capítulo 1

  • Por qué las mujeres trans ganan terreno en el mundo

    Por qué las mujeres trans ganan terreno en el mundo

    Todo lo que se dice en este relato no son más que pensamientos reflexivos o crónica.

    Sí hay algo que nos hemos dado cuenta en los últimos tiempo es como ha aumentado el término “Trans” y como los hombres les ha interesado está nueva sexualidad; si profundizamos más sobre por qué esta nueva tendencia, podríamos pensar que solo es una moda una desviación del hombre hacia la mujer.

    Para entender esto hay que entender lo que está pasando en pleno siglo XXI sobre el empoderamiento femenino y las mujeres trans.

    Antes de hablar del empoderamiento femenino tenemos que definir mujer;

    Que entendemos nosotros como mujer: mujer es todo lo relacionado a femenino y femenino abarca todo, su personalidad, sus pensamientos, su comportamiento y su manera de ser, cuando una persona femenina no se acopla a estos patrones no cumple el rol de mujer completamente y ahí es donde vamos con el tema del empoderamiento femenino.

    El empoderamiento femenino es una ideología que abarca muchos aspectos, pero en la parte laborar es importante, pero que pasa cuando se sale de ahí, pues, ahí está el problema del por qué las mujeres trans ganan terreno en el mundo de hoy, ya que para muchas mujeres con el pensamiento de empoderamiento femenino quieren domar al hombre, dominarlo, manipularlo convirtiéndolo en un peón. Un ejemplo claro es el matrimonio que todos sabemos que el que tiene más que perder es el hombre, ya que las leyes de hoy en día le dan todo el derecho a la mujer y muchos hombres se abstienen de casarse, lamentablemente es una realidad.

    Es importante entender que el hombre en la sexualidad tiene como instrumento principal a la mujer, lo que ínsita a un hombre alfa a masturbarse es una mujer, la mujer tiene un papel importante en el hombre, pero al mismo tiempo es una ser obediente y entregado al hombre, podríamos decir que la mujer es inferior al hombre, y en realidad lo es. Solo que muchas mujeres lo mal interpretan y se ofenden y piensan que ser así está mal y deciden actuar de otra forma y al actuar de una forma no dócil y con más exigencia y prepotencia, pues ahí es donde entrar las mujeres trans.

    He estado con muchas mujeres trans y si hay algo que me he dado cuenta es que a pesar de no tener órganos femenino suelen comportarse mejor que la mayoría de las mujeres, ya que ellas saben quién es su macho y saben que ellas son de nuestra pertenencia, esas trans que están por el mundo puedes hablarle y coquetearles y te aseguro que nunca se van a ofender y nunca te van a reprochar nada por el simple hecho de que ellas saben cuál es su rol y que es lo que el hombre quiere.

    Pienso que las mujeres trans se han dado cuenta que la mujer genética de ahora son tan exigente que ellas saben que los hombres terminaran buscándolas a ellas, ya que ellas no andan con tanto protocolo y hablar con una mujer trans es tan fácil y agradable que te haces la pregunta por qué las mujeres genéticas no son así, las respuesta está en que las mujeres genéticas se han dejado llevar por el empoderamiento femenino y las mujeres trans solo quieren amar a sus hombres y no están tan pendiente al poder que ellas puedan ejercer en el hombre sino todo lo contrario que tanta fuerza puede ejercer los hombres hacia ellas.

    En la intimidad las trans no tienen límite y conocen muy bien el papel que le corresponden. Puedes tener una novia trans y no preocuparte si no tienes el último iPhone o auto, simplemente ellas te amaran por lo que eres un hombre alfa.

    Por eso en pleno siglo XXI, hay tantos hombres viviendo con mujeres trans y hombres que a escondida se acuestan con mujeres trans, porque la accesibilidad y la comodidad hacen la demanda. La moraleja que se les puede dar a las mujeres genéticas es ama a tú hombre más no lo ahogues.

  • Tortura

    Tortura

    Te mira desde la cama, sus manos atrapadas en su espalda, sus ojos te gritan todo lo que la mordaza no puede decirte, su pelo es un desastre, apuntando en todas direcciones, el delineado corrido en sus ojos solo lo hace ver mejor, recorres su cuerpo con tu mirada, deteniéndose en su pene, erguido y duro, una gota de presemen brillando en la punta te invita a probarlo y lo haces, la tomas con tu lengua, la saboreas y él se retuerce lo que hace que te ahogues ligeramente.

    – Eso no se hace.

    Le das un golpe en el muslo y vuelves a tomarlo, todo casi entero, de un bocado, lucha por quedarse quieto porque sabe que un azote no es todo lo que va a recibir si sigue desobedeciendo, pero quieres que lo haga, que desobedezca y poder castigarlo, raspas los dientes cerca de su cabeza, seguro habría gritado de no ser por la mordaza, lo haces de nuevo y se retuerce tratando de soltar sus manos, te ríes.

    – uy bebé creo que no me dejas opción, es momento de castigarte.

    Niega desesperado pero sus ojos piden a gritos que lo hagas, que lo rompas, no vas a negar ese deseo.

    Subes tu boca a su pecho y empiezas a morder y chupar, dejando marcas, es tuyo y él lo sabe y todos los demás también deberían, las marcas se ven tan bien, tomas uno de esos pezones y tiras con tus dientes, sabes que duele y quieres que sea peor, tomas su pelo con tu mano y de un tirón lo acercas a tu cara.

    – voy a divertirme tanto contigo.

    Sus ojos ruegan que lo hagas.

    Tomas la fusta y empezas a repartir golpes por sus piernas, subiendo por sus muslos, cuando llegas a su pene la pasa por ahí en una caricia lenta, una promesa, subes con golpes rápido por su pecho, pasando repetidas veces por sus pezones, dejas un golpe corto en su mejilla y luego la pones bajo su barbilla y levantas su cabeza.

    – si aguantas los que faltan voy a dejar que te corras.

    Asiente desesperado, no sabe lo que le espera.

    Descargas un golpe fuerte justo en la punta de su pene, el líquido preseninal chapotea obscenamente, dejas otro más ahí y vas bajando hasta sus testículos, gime desesperado, está a punto, lo ves en sus ojos.

    Sueltas la fusta y Tomás su pene, poniendo tu pulgar en la punta, reteniendo su orgasmo.

    – quieres esto? Quieres correrte?

    Asiente desesperado.

    – me parece que no

    Su desespero aumenta y se retuerce.

    Te ríes antes de tomarlo en tu boca, no tarda nada en correrse.

  • La madrina de mi ahijada

    La madrina de mi ahijada

    Los días previos al bautizo de mi ahijada, mis compadres coordinaron una salida junto con la futura madrina también para conocernos y ultimar algunos detalles de la celebración. Nos encontramos en el centro de la ciudad, y la verdad mi primera impresión al verla fue normal, sin mucho interés, una mujer baja, con unas buenas tetas, cuerpo con medidas normales, un poco mayor que yo (28) para ese entonces yo tenía 23 años y estaba soltero.

    Luego de caminar y comprar algunas cosas, fuimos a comer y la verdad la pasamos de forma tranquila conversando, sin pensar en que algo más allá de conocerla podría pasar ese día.

    Mi compadre para seguir la reunión nos invita a su casa, diciendo que fuésemos a tomarnos una botella de whiskey que quería compartir con nosotros, ella se fue con ellos y yo me fui en mi carro y pase comprando algunas cosas para picar y un poco de hielo.

    Llegue a eso de las 7 de la noche y ya mi compadre había puesto su ambiente de música, unos tragos estaban servidos y mi comadre había puesto a los niños en sus habitaciones a ver TV y dispuestos a dormir.

    Comenzó la charla, la bebedera, chistes, y con la buena música entraron las ganas de bailar. Ella (La Madrina) se levanta y empieza a bailar un reggaetón y me insinúa con un gesto que la acompañe, mientras loa compadres seguían conversando y bebiendo.

    Ella poco a poco se acercaba, haciendo algunos roces de su culo con mi pene que ya empezaba a despertar, también con su mano aprovechaba de recorrer mi cuerpo y se hacía la inocente de que no era intencional. Comencé entonces a observarla mas, cómo se movía, sentía que me seducía con su baile, empecé a ver sus piernas, pequeñas pero bien formaditas que se veían ya que llevaba un short corto, me fije en su culito, y pude observar un hilo que se marcaba bajo su ropa, subía a ver sus tetas que sobresalían de su camisa de tirantes y empecé en mi mente a fantasear mientras bailaba cómo sería cogerla. Esto sin duda provocó una erección en mi que ella intencionalmente estaba buscando y yo por precaución le pedí que nos sentáramos a seguir hablando.

    Mis compadres ya se estaban durmiendo y nos dicen que sigamos bailando que ellos iban a descansar porque habían pasado todo el día con los preparativos del bautizo.

    Bajamos un poco el volumen, pusimos un merengue y ahí estábamos los dos sabiendo lo que nos esperaba. Ella me agarro por la espalda y yo por su cintura y empezamos a bailar un pocos más cerca. Se pego a mi miembro erecto y se movía al ritmo de la música, masturbándose en pleno baile con mi pene. Yo aproveché de bajar mis manos a su culo para acariciarlo sobre la ropa y pegarla mas hacia mi y un gemido salió de su boca que se pegó inmediatamente a la mía.

    Ella bajo mi short e inmediatamente se aferró a mi pene mamándolo y metiéndolo hasta la garganta. Me llevo al sofá para seguir mamando mi pene que no es muy grande (13 cm) pero siempre está despierto. Luego fue subiendo para quitarme la camisa y decirme al oído que quería que se la comiera.

    Tome acción y baje su short descubriendo un hilo negro con encajes como los que usan las mujeres en revistas porno. Ufff al bajar el hilo esa totona depiladita, cachetona como me gustan, con la pepita escondida. Empiezo a pasar mi lengua por los bordes y mientras mis manos trataban de descubrir sus tetas. La volteé y puse en cuatro para observar su culito, su hoyo bien dibujado, rico y se veía que había llevado palo ya. Le di unos mordiscos a sus nalgas y empiezo a mamar su culito, pasando a su vagina de vez en cuando, se empieza a mover, retorcer del placer y me pide que me acueste que quiere coger.

    Colocamos unos cojines en el piso y allí me acosté boca arriba. Se agachó y así empezó a metérselo, subía y bajaba, mientras le agarraba y mamaba las tetas, la agarraba por el cuello a lo que ella correspondía chocando más duro contra mis huevos. Empezó a morderme las manos, me pedía que la nalgueara. Se levantó y se volvió a sentar pero esta vez de espalda, dándome la vista de su culito. La agarre por el cabello, y con la otra mano empecé a jugar con su culo, empezar a meterle el pulgar y esa mujer se prendió más, empezó a moverse y a gemir cada vez más, agarro se ropa para taparse la boca mientras seguí moviéndose.

    Yo por los efectos del alcohol, se retrasaba un poco más mi eyaculación y ella seguía dándose placer. En eso se puso de pie y me pidió que me levantara para ella ponerse en cuatro y que le diera por el culo a lo que sin mucha espera prepare mi pene con un poco de saliva y empecé a metérselo.

    Lo acepto como una veterana, empezó a moverse, a mover su culo y sentía cómo se lo comía por dentro, la tuve así unos minutos mientras aprovechaba de agarrarle el cabello, las tetas, le tocaba el clítoris, la agarraba por sus caderas y ella volteaba con esa cara de malvada, mirándome de reojo conteniendo las ganas de aullar como la perra que es. No aguante mas y la llene de leche, todo el culo chorreando de leche, así se fue al baño para limpiarse.

    Nuestros compadres nos habían dicho antes de dormir que teníamos un espacio donde dormir en la habitación de visita, y decidimos pasar a terminar que se hiciera de día y para nuestra sorpresa sólo había una cama, por lo que creo que ellos ya sabían lo que pasaría esa noche.

    Nos desnudamos y nos metimos a dormir como si fuésemos pareja, esa madrugada seguimos la faena, calladitos, en diferentes poses, por donde me pedía le daba.

    A la mañana siguiente nos despedimos y cada quien a lo suyo.

    Lo que vino después fue una sesión el día del bautizo y una escapada más, era una mujer que no perdonaba pene que se le atravesara.

  • Mi salida en una noche de fiesta

    Mi salida en una noche de fiesta

    Hoy como todos los años se celebra las fiestas de mi ciudad, pero ya no me traerá buenos recuerdos o tal vez sí.

    Quedamos en salir en grupo con mis amigas a un antro en el centro de la ciudad, la idea era lucir bellas en esta noche mágica y tal vez por ahí conocer gente de otros países, ya que por ser fiestas llegan muchos turistas. Así que me bañé, y me puse una lencería especial color vino, que consistía en una tanga con ribetes de encaje y por cierto formaba muy bien mis glúteos y un sostén de encaje con efecto push up que paraban muy bien mis senos, lo cual me hacía sentir muy sexi, me puse un polivestido color vino al medio con mangas blancas con líneas color vino.

    Me sentía muy bien con esa ropa, así que fuimos a un antro a tomar y bailar con mis dos amigas, ahí conocimos a un grupo de amigos que más que bailar tomaban demasiado y nos daban de tomar también, igual trataba de no tomar mucho, pero como no había cenado me estaba embriagando muy rápido.

    Mis amigas estaban muy entretenidas que me dejaron de lado y yo con mi afán de ir a comer algo salí del antro, pero como estaba muy cerca a la media noche había demasiada gente y la única forma de caminar era acoplarme a la fila de personas que se direccionaban a salir del tumulto, pero era una fila interminable y me daba un poco de temor por mi atuendo (podrían hacerme tocamientos indebidos, pero me arriesgué y me metí en el mar de personas, sentía que la persona de mi atrás se me pegaba mucho pero me di cuenta que era una mujer y me sentí más tranquila, hasta que llegué a un punto en el cual no había más pasada y tenía que hacerme camino como sea y fue en eso que sentí en mi espalda como que algo me hincaba y di la vuelta y era un hombre con mascarilla que con la mirada me decía que siga caminando y pude escuchar que me dijo sigue tu camino y no voltees actúa normal y sentí mucho miedo, más aún porque seguía detrás de mí, hasta que llegamos a una parte donde no había pasada y ahí sentí que ya no me hincaba nada, sin embargo sentí su mano derecha en mi vientre y la izquierda subiendo mi polivestido y su pinga a la altura de mis glúteos y me susurraba tranquila,¡ sino ya sabes!

    Yo no sabía qué hacer, me quedé inmovilizada, dejando que me toque las piernas y la concha por encima de las panties y al mismo tiempo su pinga la remolía contra mis glúteos, y por alguna razón me empecé a mojar, no quería sentir ninguna sensación pero lo sentía, me dejaba llevar por momentos, hasta que lo sentí desesperado por quererme romper el pantie y reaccioné y traté de zafar y ahí nuevamente sentí que me hincaba algo y cuando me di la vuelta me percaté que era una navaja, y me dijo al oído, muévete camina para tu izquierda, yo te sigo vamos a otro lado, al inicio me resistí, pero apretó más la navaja contra mí, que tuve que obedecer y empecé a caminar hasta que salimos del tumulto y él inmediatamente me abrazo por el cuello como si fuésemos pareja y me llevó a un hotel donde se hospedaba, me llevó a la fuerza y yo sabía lo que iba a pasar ahí.

    Al entrar a la habitación quise salir pero cerró la puerta con llave, me dijo que en el antro veía como bailaba y que los movimientos que hacía eran muy provocativos que eso lo encendió y por eso ahora yo estaba ahí, me tiró a su cama y me empezó a besar el cuello, más que besar me estaba lastimando porque me mordía y con sus manos levantó mi polivestido y trataba de romper mis panties, hasta que le hizo un hueco a la altura de mi concha y de ahí lo rompió más que pudo tocar mi calzón y se dio cuenta que estaba muy húmeda, lo cual lo excitó más, sacó su pinga y agarró su navaja para cortar las panties y que pueda abrirme las piernas bien, me puso de espaldas a él en el borde de su cama hizo a un lado mi calzón y trató de meter su pinga en mi concha, pero el calzón era algo ajustado que le incomodaba y trato de romperlo y no podía, así que me lo quitó a la fuerza, me volvió a poner de espaldas a él, y ahora si de una sola metió su pinga en mi concha, pero me dolió bastante, pues su pinga era más grande de las que había probado en otras ocasiones, sentí un dolor fuerte internamente que me hizo gritar.

    Me tapó la boca y el seguía ahí embistiéndome una y otra vez, sentía mucho dolor y me dije a mi misma que no quiero que esto sea un mal recuerdo, así que me concentré para pensar que estaba en una situación normal, porque me gusta el sexo fuerte, así que mi mente y yo estábamos concentradas para disfrutarlo y empecé a mojarme y él se dio cuenta que me empezó a dar más fuerte, y yo misma le pedía que me dé más fuerte, sentía el sonido de su pelvis con mis glúteos y eso me excitaba y su respiración agitada aún más, y más, que luego me dijo cambiemos de pose y me quitó el polivestido, me quitó el sostén y me chupó las tetas y luego me puso en posición de perro sobre su cama.

    Ahí el empezó a meterme pinga en mi concha y sí lo disfrutaba mucho, porque lo que muchas veces sabía fingirlo con mis ex parejas ahora era real y lo mejor de todo es que me gustaba. Y así fue que el seguía metiéndome su pinga una y otra vez, una y otra vez y yo gemía de placer, hasta que el sacó toda su pinga y me la volvió a meter con toda su fuerza que hasta mis piernas no pudieron resistir y caí sobre la cama y el encima mío y fue ahí que me dejó toda su leche dentro de mi concha, y sentí que nuestras respiraciones se normalizaron y el sacó su pinga, yo no podía levantarme rápido, me sentía muy cansada, pero pasaron unos minutos me paré y no bajaba nada de mi concha, como en otras ocasiones si lo hacía, pero creo que toda su leche quedó muy dentro mío.

    Él me dijo que no esperaba que yo reaccione así, parecía que yo disfrutaba que él me forzara y yo solo decía no, porque no quería que se diera cuenta que sí lo disfruté.

    Y así pasé una noche de festejo con una aventura real, pero inesperada.